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FLASHBACK — I float away, but you're my gravity [PRIV.]

I. Ezra Sullivan el Dom Oct 29, 2017 9:36 pm

 
31 de diciembre de 2016, 12 de la mañana - Biblioteca

Era capaz de identificar el momento exacto en el que su vida se había hecho pedazos ante sus ojos. El momento en el que la mano de su madre dejó de aferrar la suya propia y sus ojos se cerraron para no volver a abrirse. Había sido rápido y no había sufrido. Por suerte, en su último aliento, no lo había hecho.

- Audra. – Susurró al otro lado del teléfono. – Se ha ido. – La voz de su hermana se rasgó y no hubo contestación alguna por su parte. Sólo llanto y, finalmente, logró articular una sola frase.

- Ya voy. – Dijo antes de colgar el teléfono.

No había sido fácil. Había hecho un esfuerzo por mantenerse firme. Como si de una piedra se tratase. Nunca había sido un hombre que se rompiese ante las adversidades de su vida. Había sufrido suficiente como para mantenerse frío como un témpano de hielo pero la muerte de su madre hizo mella en él. Lloró antes de que Audra llegase desde su casa hasta el hospital en compañía de su marido y sus dos hijas pequeñas. Abrazó a su hermana y a sus sobrinas fingiendo que todo estaba bien, que la muerte no era un mal final. Fingió que estaba bien cuando aquello acababa de romper todo su ser.

De eso había pasado poco más de una semana. Días suficientes para que su padre y su hermano decidiesen que el hecho de tener un squib en la familia podrías servirles para llevarse una buena tajada. Ilusos de ellos, pensaron que al Ministerio de Magia le importaría lo más mínimo contar con un squib entre sus presos. Un squib, ¿De qué servía aquello? Sólo servía para tener una mancha en su árbol genealógico y más cuando no había una madre con vida que se encargase de proteger a uno de sus retoños.

Pero su crimen no había quedado sin castigo. Dejándose llevar por sus instintos más primitivos lo había golpeado hasta dejarlo en estado crítico. Suerte que Ewan había llegado justo a tiempo para ponerle freno a la ira de su hermano menor y, con su varita, había impedido que el castaño acabase con la vida de su padre e incluso con la suya. Por suerte, Ezra había logrado escapar pero en aquellos instantes ya no era únicamente un peligro para la sociedad mágica sino para también para la muggle que ya tenía noticias de lo acontecido en la vivienda de los Sullivan.

Había estado dos días vagando sin rumbo, sin la posibilidad siquiera de poner un pie en su propia casa porque aquello sería como ponerse una soga al cuello. Había pasado por los alrededores comprobando que su casa estaba vigilada y no tenía más remedio que dormir en los lugares más recónditos que encontró. Lugares donde la policía no se atrevía siquiera a aparecer. Lugares donde si te arriesgabas ni siquiera el sol amanecía.

* * *

- Disculpe, ¿Tendría cinco minutos para hablar  con nosotros? – Preguntó el agente Johson a Coraline Murphy después de hablar con la recepcionista.- Su compañera nos ha dicho que usted podría tener información relevante sobre este sospechoso. – Matizó el policía antes de sacar de un sobre de color amarillento una fotografía de Ezra. Una fotografía tomada en prisión años atrás pero que mostraba un rostro reconocible para la castaña. - ¿Ha visto al señor Sullivan en los últimos días? Cualquier información podría sernos de utilidad para su detención.

Pocos metros tras aquel hombre, escondido en la sala de las fotocopiadores donde Coraline le había insistido en que se escondiese al ver a la policía llegar, escuchaba la conversación como podía sin tener casi acceso a las palabras de aquellas dos personas.

No había tenido tiempo para explicarle nada a Coraline. Sólo había podido decirle que necesitaba ayuda y que no sabía a quién recurrir. Y antes de que pudiese dar cualquier otro tipo de información, la policía había llegado hasta la biblioteca acabando con las esperanzas de Ezra. ¿Y si ella no confiaba en él y lo entregaba?
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Coraline I. Murphy el Miér Nov 01, 2017 8:08 pm

Los planes de Cora para aquel día eran muy simples: comprar comida basura, alcohol y varias pelíuclas de terror para pasar la noche de fin de año sola en casa y con una borrachera descomunal de la que se arrepentiría al día siguiente sin ninguna duda. Pero por lo visto el destino quiso cambiar los planes de la bibliotecaria en contra de su voluntad, haciendo que su día diera un giro monumental que significaba tener que cambiar de planes, muy a su pesar. Adiós a la comida basura, al alcohol y a la soledad, aunque bueno, eso último era bueno pese a que las circunstancias no fueran las mejores de todas.

La persona culpable de aquel cambio de planes era la mas inesperada para Cora, Ezra, quien se había presentado a media mañana en la biblioteca pidiéndole ayuda. Nunca antes le había visto de aquel modo, por lo que la mujer enseguida comenzó a preocuparse y entró en estado de alerta, sintiendo miedo por lo que había podido pasarle. Ansiosa por saber que había ocurrido, se tuvo que quedar con las ganas al ver como la policía entraba poco después que el en la biblioteca, viéndose obligada a esconderle en la sala de reprografía. Tras esconderle, se vio acorralada por dichos policías, mientras podía ver como su compañera no les quitaba el ojo de encima, con una sonrisa llena de malicia dibujada en el rostro.

Coraline le dedicó una mirada llena de odio y a continuación puso toda su atención en el policía que le hacía las preguntas, tomando la foto que le estaban mostrando. Al verla, tuvo que esforzarse para que en su rostro no se reflejara ninguna emoción parecida a la sorpresa, que es lo que se había llevado al recibir semejante revelación; Ezra había estado en la cárcel y ella no tenía la menor idea. Y es que desde luego que no parecía un ex presidiario, podía parecer muchas cosas, pero eso no. — Será cabrón, ya sabía yo que este tipo no era trigo limpio. — Comenzó a hablar, de forma exagerada como si estuviese enfadada. — Si, le vi hace unos días, ese capullo estuvo jugando conmigo. Se paseaba por aquí haciéndome creer que le encantaban los libros y que se había enamorado de mi ¿Se lo pueden creer? — Les devolvió la foto, tirándosela de mala manera y a continuación apoyó sus manos en las caderas para exagerar aún mas la situación. — Total, que al final me lo creí y le metí en mi cama ¿Y adivinan que pasó? Pues que al día siguiente me encontré mi cama vacía  al igual que mi billetera. Menos mal que no tengo nada de valor en mi casa. — Suspiró y apretó los dientes para que su rostro adquiriera un tono rojo que indicara lo rabiosa que estaba.

Los policías se miraron entre ellos durante unos instantes, como si estuviesen tratando de comunicarse mentalmente. — Esta bien... ¿Entonces puso alguna denuncia por el robo cometido? — Preguntó el mismo, mientras guardaba la foto. — No, porque tampoco se llevó gran cosa. Pero quiero que me hagan un favor, si logran coger a ese malnacido llámenme, por favor se lo pido. Quiero ver la cara de ese capullo mientras le detienen, si, que sufra mucho. — Miró al vació llena de rabia y apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas de las manos, definitivamente estaba poniendo mucho empeño en su actuación. Por otro lado, su compañera seguía mirando la escena anonadada y aparentemente sorprendida por el relato de Cora, cosa que le hizo suponer que estaba siendo convincente. — Vale, está bien, se lo haremos saber por su propia seguridad y para que se quede tranquila, sin embargo no puedo prometerle que vaya a verle. Ha tenido mucha suerte de que no le haya hecho nada malo, ese tipo es peligroso. Le dejo mi tarjeta, si vuelve a verle llámeme por favor, es muy importante. — Le entregó una tarjeta con su nombre y número de teléfono, la cual ella aceptó de buena gana. Después, el y sus compañeros se despidieron y se marcharon.

La morena respiró profundamente al verles salir por la puerta y se sintió mareada de golpe, producto de la exageración de sus actos y de haber tenido que ponerse roja a propósito. Se excusó con su compañera diciéndole que se encontraba mal antes de que esta pudiera preguntar nada y se marchó en dirección al baño. Esperó a que la vieja bruja se pusiera a hacer sus labores y cambió de camino para dirigirse hacia la sala en la que se encontraba Ezra, cerrando la puerta tras de sí y colocando el pestillo para asegurarse de que nadie les pudiera molestar.

¿Se puede saber que demonios ha pasado contigo? La pasma te está buscando con ganas y dice que eres peligroso, me he tenido que inventar una historia surrealista para que creyeran que estoy en tu contra. — Se pasó el antebrazo por la frente para retirar el sudor frío que tenía.
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I. Ezra Sullivan el Miér Nov 01, 2017 9:13 pm

No lograba alcanzar a escuchar la conversación. Sólo podía ver las siluetas de aquellos hombres junto a la de Cora. Incluso alcanzó a ver cómo le tendían un sobre que suponía que contenía su fotografía pero rápidamente volvió a esconderse al pensar, por un segundo, que estaban mirando en su dirección. Apoyó la espalda contra la pared y respiró hondo. Cerró los ojos y respiró hondo de nuevo, esperando que aquellos interminables minutos pasaran lo más rápido posible. Pero no lo hacían. Los minutos parecían convertirse en horas encerrado en aquella habitación con la única compañía de una máquina de hacer fotocopias.

Escuchó pasos y se colocó en el lado opuesto a la puerta por si se encontraba con una sorpresa y Coraline no era quien se abría paso a la habitación. Dobló ligeramente las rodillas y estuvo a punto de saltar sobre Coraline pensando en la opción de que podía tratarse de uno de los policías. Ni siquiera pensó en las consecuencias que vendría detrás de agredir a un miembro de la policía pero a aquellas alturas ya poco le importaba. ¿Un crimen más que cargar en su espalda? ¿Un nombre más en su lista de agredidos en las últimas semanas? No le importaba. La prisión era lo que le esperaba y no iba a ponérselo fácil. De eso no cabía ninguna duda.

Intentó fingir que no había estado a punto de golpear a la chica por equivocación y se apoyó en la pared intentando fingir tranquilidad. Negó con la cabeza y dibujó una leve sonrisa.

- Se puede confiar en ti, hice bien en venir aquí. – Dijo satisfecho con sí mismo, respirando aliviado por primera vez en mucho tiempo. Y es que, por primera vez, sentía que había dado con un lugar donde poder refugiarse. O más bien con una persona, porque lo de vivir en una biblioteca el resto de su vida todavía no lo consideraba como una opción posible.

Buscó en sus pantalones hasta dar con un paquete de tabaco indiferente a que aquello no fuera una buena idea. Estaba rodeado de papel, en una habitación que posiblemente tendría alarmas anti incendios.  Jugó con el paquete entre sus manos sin siquiera atreverse a abrirlo y miró a Cora.

- Peligrosísimo. ¿No ves que he traído un subfusil bajo el brazo? – Comentó con su habitual sarcasmo, mirando a la mujer antes de volver la vista al paquete de tabaco para abrirlo y colocar un cigarro entre sus labios. Jugó con el moviéndolo entre estos brevemente antes de volver a sacarlo para hablar. - ¿Qué te han dicho? – Quería adelantarse a lo que ahora Coraline sabía para facilitar aquella conversación. O, al menos, adaptarse a los datos que aquellos policías le habían dado a la castaña.

Devolvió el cigarro a sus labios y acercó el mechero para acabar por encenderlo, dando una corta calada  para luego elevar su pierna y apagarlo contra la suela de la bota. No quería que una de esas hipotéticas alarmas decidiese cobrar vida sobre su cabeza y avisar que alguien estaba haciendo lo que no debía en aquella habitación.

- Siento meterte en líos pero… No sabía dónde ir, a quién acudir. – Estaba en problemas. Había metido la cabeza hasta el fondo en los problemas. Los había invocado con algún tipo de danza de la lluvia adaptada a los problemas. O es que él mismo era un problema en sí. Lo había sido siempre. Un maldito imán para los problemas, alguien incapaz de llevar una vida tranquila como la de cualquier otra persona. Él siempre había sido diferente, incluso en algo como aquello. - ¿Puedo confiar en que no les avisarás? – Se atrevió a preguntar antes de comenzar a contarle todo aquello. Quizá por primera vez se cambiarían las tornas y sería él quien hablase.
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Coraline I. Murphy el Jue Nov 02, 2017 7:00 pm

Sonrió al escuchar las palabras del hombre, se sentía bien  al recibir esas palabras por su parte, las cuales eran quizás las mas amables que le había dedicado desde que le conoció. Le gustaba como sonaba eso de que Ezra confiara en ella y le hizo sentirse orgullosa de si misma, de ser una buena persona y sobretodo fiel a las personas que quería. El tema de que hubiese estado en la cárcel con anterioridad no dejaba de inquitarla ni mucho menos y además le provocaba una enorme curiosidad que esperaba que fuese saciada pronto, sin embargo, no tenía ninguna intención de juzgarle. Ezra había sido una buena persona con ella pese a tener ese carácter tan extraño y de haber tenido malas intenciones estaba segura de que ya lo habría demostrado y no se habría dejado conocer por ella. — Pues claro que si ¿No pensarías que iba a venderte a la mínima? Porque eso me ofendería mucho. — Se cruzó de brazos, fingiendo indignación. Sabía que no era momento para hacer bromas, pero no podía evitar hacerlo, sobretodo cuando veía lo nervioso que estaba. Tenía la necesidad de buscar algún modo de calmarle y no se le ocurría otro mejor que hacer de aquella una conversación "normal" pese a las circunstancias.

No me han dicho nada, en realidad. Me han preguntado si te había visto estos últimos días y les he dicho que no, que me llevaste a la cama y me dejaste tirada robándome mi dinero. — Hizo una pausa, rememorando la absurda historia que había contado a la policía, la cual era digna de una telenovela o una película cutre de tarde de fin de semana. — Y aunque la historia que les he contado haya sido bastante mediocre parece que se la han creído, ya que no me han preguntado nada mas. Me han dicho que eres alguien muy peligroso y que si te veo les avise enseguida. — Se sacó del bolsillo del pantalón la tarjeta que el policía le había dado anteriormente y se la pasó a Ezra para que hiciera con ella lo que quisiera; Coraline por su parte tenía muy claro que no pensaba llamar a ese tipo.

Se le quedó mirando, como si tratara de estudiar sus movimientos. No dejaba de sorprenderla todo aquello, su nerviosismo cuando siempre había sido un tipo de lo mas tranquilo y aquel tema de la búsqueda y captura... Sin duda alguna debía de haberse metido en algo muy grave y serio. — Ah y... Seguro que no querías que me enterara de esto pero... — Se rascó la nuca, tratando de pensar en las palabras mas adecuadas para describir su descubrimiento. — Me han enseñado una foto tuya, de cuando estuviste preso. Te juro que ha sido cosa de ellos, yo no se la he pedido. — Le daba miedo que pensara que estaba siendo descarada y metiche, que de algún modo ella había sido quien les había sacado información a los policías, cuando había sido todo lo contrario.

Coraline quería conocer mucho mas a Ezra, pero quería hacerlo bien, sin meterse de forma brusca en su vida y en su intimidad. Quería terminar de ganarse su confianza y que de una vez por todas estuviese seguro de que en ella tenía una mano amiga. — No lo sientas, los amigos estamos para estas cosas. — Volvió a sonreír, esta vez de soslayo. — Te juro por mi madre que puedes confiar en mi y que no voy a contarle nada a nadie, mucho menos a esos "azulones". — Aquel era el modo en el que Cora solía llamar a los policías de forma habitual, haciendo referencia al uniforme azul marino que prácticamente todos solían llevar en todas partes del mundo, o casi todas. — ¿Puedes contarme que ha ocurrido para que lo entienda todo mejor? Me resulta un tanto confuso todo esto, de  repente descubrir que estuviste en la cárcel y que la policía te busca.
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I. Ezra Sullivan el Vie Nov 03, 2017 3:37 pm

Se había acostumbrado a no confiar en nadie. Las personas tenían esa mala costumbre de engañarse las unas a las otras, de poner una cara y esconderla bajo una máscara. No sentía confianza hacia nadie, salvo hacia su hermana en aquellos momentos y es que la otra persona en la que confiaba había dejado el mundo no mucho tiempo atrás. Ver cómo Cora era una de esas personas que merecía la pena tener cerca resultaba ser tranquilizador. Por un largo tiempo encerrado ahí dentro había pensado en lo peor. Había pensado en cómo la policía se abriría paso hasta llegar a aquella habitación y lo apresaría para llevarlo a comisaria. Y eso con suerte. Pues todavía quedaba la opción de ser atrapado por la policía mágica, aquel… ¿Cuerpo de Aurores? Ni siquiera estaba seguro de qué nombre debía darles y de si en aquellos momentos su justicia sería verdaderamente ciega. Su hermana afirmaba que el Mundo Mágico se había sumido en caos, tormento y oscuridad y con ello el mayor de los Sullivan había acabado encerrado en la prisión mágica.

- ¿Por qué no hacerlo? – Preguntó de manera retórica sin seguir la broma de la chica, y es que él no era del tipo de persona que tenía sentido del humor. Es más, su humor era tan peculiar que rara vez podía ser considerado como tal por las personas normales. Él era raro. Un bicho raro por naturaleza. Lo había sido siempre y era algo que tenía más que asumido. – Mi propio padre lo ha hecho. – Añadió con total naturalidad. Y es que había sido este la causa de que estuviese sin rumbo fijo. Él y su hermano se habían encargado personalmente de amargar su vida desde que dio la primera bocanada de oxígeno y no había cambiado ni casi cincuenta años después. Aquel viejo gruñón era a cada día que pasaba más cabrón.

Vaya sorpresa se llevó ante las palabras de la morena. ¿Acostarse con alguien, robarle todo y salir por la ventana sin ser visto? Debía admitir que aquello había sucedido, pero mucho tiempo atrás y no con  alguien con quien tuviese algún tipo de trato. Más bien negocios y no había sido exactamente dinero. Y es que Ezra se había encargado de trabajar para algún mago que necesitaba hacerse con objetos mágicos sin levantar sospechas y él se había encargado de hacer el trabajo sucio.

- Increíble, ¿Pensaron que tenía tan mal gusto? – Aquella vez si bromeó. Incluso se cubrió el brazo más cercano a Cora por si se llevaba un golpe a manos de la chica. Sonrió, una sonrisa que no evocaba alegría, pero al fin y al cabo una sonrisa. – Te debo una. – Añadió después de aquello. Y es que Cora había confiado en él. Había confiado  más de lo que muchas otras personas habían hecho aún a sabiendas que lo que la policía narraba podía ser verdad. – Supongo que no lo habrás hecho. –No imaginaba a Cora pidiendo una fotografía expresa de Ezra cuando había sido detenido tanto tiempo atrás. - Metí una paliza a mi padre por pegar a mi madre. – Se limitó a contestar, con la verdad por delante. – No había sido un problema si no tuviese antecedentes. No tuve una adolescencia tranquila, que digamos. – Se había metido en más de una pelea y además de haber acabado con algún hueso roto, ojos morados y labios partidos, también había acumulado denuncias por violencia que le habían servido para crear su propio historial delictivo cuando fue detenido años después.

Volvió a encender el cigarro para dar una segunda calada, repitiendo el proceso y apagándolo en la suela de la bota antes de que pudiese activar cualquier tipo de alarma. Sería lógico que en una habitación llena de papel hubiese alarma anti incendios.

- Es… Es complicado Cora. – No sabía ni por dónde empezar. – Mi hermano fue enviado a la cárcel y poco después mi madre murió. Cuestión de días, aquello le quitó las ganas de vivir. – Parecía que era una maldita familia de delincuentes, pero su hermano poco había tenido que ver con la delincuencia en su vida. Era un maldito policía mágico que había trabajado por la justicia y la seguridad de magos y gente no mágica. Y así lo habían pagado con él. – Quería irme del país, empezar una vida nueva lejos de todo esto. Pero mi padre se cruzó en mi camino con otro de mis hermanos y avisaron a la policía. Como si yo hubiese cometido algún delito. Me mandaron a casa después de la vista judicial y… No pude evitarlo. – La misma razón por la que había estado en prisión la primera vez. – Así que ahora me buscan otra vez. – Todo era más complicado de lo que parecía pero, ¿Cómo decirle que un grupo de magos con palos de madera que echaban magia al pronunciar palabras en latín intentaban darle caza? – No quiero meterte en problemas, pero no sabía a dónde ir. Pensaba que aquí no vendrían a buscarme.
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Coraline I. Murphy el Vie Nov 03, 2017 6:55 pm

Coraline levantó ambas cejas con sorpresa, no podía creerse lo que acababa de escuchar por parte de su amigo. — ¿Tu padre? Espera... ¿El ha sido capaz de venderte? — No podía creerlo, si era verdad era realmente detestable y una buena razón para no querer saber nada mas de aquel tipo en lo que le quedara de vida. Intentó ponerse en la piel de Ezra, pero aún así no estaba segura de poder imaginar lo doloroso que debía ser aquello y lo mal que debía sentirse al ser traicionado por un miembro de su propia familia. Eso le hizo pensar en la suya, en si ella sería capaz de traicionarles alguna vez o si en su padre y hermano le harían algo a ella. No, no podía ser, por muy imbécil que pudiera ser Connor no le veía haciendo algo asi, Coraline no era tan importante. Y su padre... El pobre era un pedazo de pan pese a sus diferencias con la morena y quería a sus hijos con todo su corazón. Las cosas en la familia de Ezra debían estar muy mal para acabar así. — Con perdón pero... Menudo cabronazo. — Se atrevió a decir finalmente, pensando que probablemente a el no le iba a molestar que insultara a su padre.

Cogió un folio de papel desechado que había en una papelera cercana a ella, hizo una bola y se la lanzó a Ezra cuando le escuchó bromear de aquella forma. Era bueno verle sonreír pese a la situación que estaba viviendo, para Cora era un signo de que aún tenía esperanza, o eso es lo que le gustaba pensar. — Vaya, me debes una y bien grande. Iré pensando como puedes compensarme, para cuando todo esto se acabe. — Mintió, pues no tenía pensado pedirle nada a cambio de su ayuda, al menos nada importante o mas allá de que le pusiera una bombilla en casa o la ayudar a colgar un cuadro. Si, estaba frente a un fugitivo buscado por la ley y ella solo era capaz de ver a un amigo con problemas del que poder abusar para hacer de manitas. Bravo, Cora.

Se mantuvo callada durante el resto de la conversación. Usualmente Ezra no solía hablar tanto por lo que para ella era toda una novedad, además de que estaba de lo mas interesada en escuchar su historia, por fin iba a saber un poco mas sobre el. El tema de su madre hizo que se cambiara la expresión de su rostro por otra mucho mas triste, en esa situación si que podía ponerse en su piel y verdaderamente saber como se sentía. Cora también había perdido a su madre y aunque para ella se marchó demasiado pronto, podía entender a su amigo. Sabía que era estúpido que no servía absolutamente de nada ya que ella incluso había llegado a aborrecer ese tipo de actos cuando su madre falleció, pero aún así se acercó a el para darle un abrazo, siendo prácticamente la primera toma de contacto que había tenido con el. — Lo siento mucho Ezra, de corazón... Probablemente no quieras hablar sobre ello, pero si cambias de opinión, ya sabes. — Le dio un apretón y le frotó la espalda antes de separarse de el para no hacerle sentir mas incómodo de lo que ya debía estar.

Sinceramente, lo que te ha ocurrido es... Una putada de las gordas. — Suspiró, llevándose un mechón de cabello tras la oreja, no valía la pena pararse a buscar palabras finas para describir todo aquello. — No comprendo porque son así contigo y probablemente debes creer que nunca llegaré  a entenderlo. — Y con razón, solo la persona que había tenido que vivir todo aquello era capaz de expresar con claridad como se sentía, Coraline no podía hacer mas que imaginárselo pero ni con una tercera parte de exactitud. Por otra parte no podía negar que le ofendía bastante la idea de que se hubiese marchado del país si tan siquiera darle un aviso, aunque solo fuese una simple nota o un mensaje de texto. En otra ocasión se lo hubiese echado en cara, pero era consciente de que el hombre ya había pasado por demasiadas cosas en muy poco tiempo y no quería darle mas quebraderos de cabeza.

Miró hacia el techo para ver el detector de humos, preocupada por las ansias de fumar que Ezra parecía tener. La luz roja parpadeaba, indicando que estaba comenzando a funcionar, sin embargo todavía no emitía ninguna clase de sonido. — Tranquilo, has hecho bien en venir aquí pese a todo. Además yo atraigo a los problemas como la miel a las abejas. — Bromeó, exagerando la situación. — ¿Tienes algún sitio al que ir o donde puedas quedarte hasta que la cosa se normalice? Me imagino que no podrás ir a tu casa, deben de estar esperando a que aparezcas en cualquier momento. — Lo mas normal es que la tuviesen vigilada, como en las películas policíacas cuando aparcaban coches o furgonetas en el exterior de las viviendas de los sospechosos, vigilando e interviniendo las líneas telefónicas. — Si quieres puedes quedarte conmigo el tiempo que haga falta, total ya me he metido de cabeza en esto.
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I. Ezra Sullivan el Sáb Nov 04, 2017 4:45 pm

¿Con perdón? Debía de estar de coña. A Ezra le importaba bien poco si alguien se metía con su padre o si directamente le golpeaba con un bate con pinchos en la cabeza. Aquel hombre no se merecía ningún tipo de aprecio por parte de su hijo. Nunca lo había hecho, ni cuando era un niño y estaba en edad de colocar a su padre en un altar del que los años se encargarían de hacerlo caer. Él no había tenido un padre como modelo a seguir  en su vida. Más le habría valido fijar su atención en el vecino del quinto para que se convirtiese en su ejemplo digno antes de que su padre se convirtiese en uno.

- No sólo capaz. Estoy seguro de que lo disfrutó. – No quería ser tan bruto con Cora como lo podría ser con cualquier otra persona pero podría haber soltado un comentario de lo menos agradable en aquel momento estableciendo una comparativa entre el placer de su padre al entregarlo a la justicia con una relación sexual. Pero no lo hizo, porque sentía cierta simpatía hacia Cora diferente a la del resto de personas. Una simpatía basada en, extrañamente, una relación de respeto mutuo.

Se esperaba un golpe más físico, por lo que cubrió su brazo más cercano a la chica para impedir llevarse un golpe por parte de esta. Pero, contrariamente a lo esperado, cogió un folio y tras hacerlo una bola golpeó su frente con él. Ezra no tuvo tiempo de apartarlo de su camino siquiera, y cerró los ojos para notar cómo impactaba contra él, dibujando una leve sonrisa que acompañaba a sus palabras previas.

- Siempre olvido que las bibliotecarias atacáis con papel y boli. Por suerte no tenías una enciclopedia a mano. – Añadió temiéndose el golpe que podría haberse llevado de haberse encontrado en uno de los pasillos de la biblioteca y que alguno de los estantes cargados de libros hubiese quedado al alcance de la mano de la chica. – No tengo otro remedio que aceptar, supongo. – Torció la sonrisa y elevó nuevamente la mirada en dirección a Cora. Claro que le debía una. Y bien gorda.

Hablar no era lo que mejor se le daba. Él escuchaba al resto y afirmaba con la cabeza. Puntualmente salía de su zona de confort y realizaba alguna anotación para demostrar que estaba prestando atención a las palabras de su interlocutor. Pero rara vez se sentía en la necesidad de contar algo. De ser él quien abriese la boca y comenzase a narrar la historia de su vida. Aunque cualquier otra persona hubiese usado todo lujo de detalles y él se limitaba a hacer trazos en el papel de un boceto de lo que había sucedido.

- Gracias. – Se limitó a decir a las palabras de la chica. Cualquiera en su situación abría alargado un abrazo entre ambos. Pero Ezra no era cualquiera. Ezra era alguien cuyos sentimientos y emociones parecían estar escondidos bajo llave para que nadie tuviese acceso. Cuya conversación salía a cuentagotas entre sus labios y cuya capacidad por establecer contacto humano era mínima. – Pensaba ir a casa de mi hermana pero al llamarla me dijo que su casa también estaba vigilada. Suficiente que no tenían controlado también su teléfono. – Resopló con desgana.

No tenía ni donde caerse muerto. Aquello era un hecho. No era la primera vez que se encontraba en una situación parecida pero no era lo más agradable con lo que podía soñar, si era sincero. Era como volver a repetir una pesadilla cuyo final ya conocía.

- No puedo pedirte eso, Cora. – Por poder, podía. Pero no era el tipo de persona capaz de hacer algo parecido de una manera tan gratuita. – Ya te he metido en problemas viniendo aquí y no quiero que vaya a más. Sólo quería pedirte un favor. – Le tendió un sobre doblado que guardaba en su abrigo. En él podía verse su nombre completo así como su dirección. El sobre estaba abierto a la fuerza y no había nada en su interior, pero antes se había encontrado ahí la factura del teléfono del mes de junio. – Sé que lo estarán vigilando y que puede ser un problema para ti pero… ¿Podrías ir? No necesito nada de casa, sólo que compruebes que mis gatos están bien. ¿Podrías hacerlo? Y darles de comer, no he podido ir en la última semana. – Sí, lo único que a Ezra le importaba eran precisamente sus gatos.
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Coraline I. Murphy el Jue Nov 16, 2017 9:51 pm

A la morena le gustó la frase de Ezra y pensó en que ojalá todas las personas atacaran con papel y boli, o mas bien con palabras, en vez de usando la violencia y otras artimañas para herir a los demás.  Sería demasiado idílico vivir en dicho mundo, así que no quedaba mas remedio que reservarlo para sus propias fantasías y ensoñaciones. De todas formas le pareció bonita, incluso poética en cierto modo, obviando la parte del no tener una enciclopedia en mano. Le daba un poco de pena que pensara que era capaz de tirarle semejante tocho por mucho que fuese de broma, pero optó por no tomarse demasiado en serio ese tipo de comentarios. Cora era incapaz de herir a las personas que quería, incluso se sentía mal por haberle lanzado una simple bola de papel, así de idiota era la pobre de vez en cuando. — Es una pena, me habría quedado tranquila sabiendo que al menos estarías bien con ella. — Se cruzó de brazos, frotándoselos al notar algo de frío, al fin y al cabo en aquella sala no había calefacción. Estuvo tentada a preguntarle si no tenía algún otro miembro de la familia con el que poder irse, pero acabó por desistir al darse cuenta de que no era una buena idea; según lo que le había contado, ya no le quedaba nadie en quien confiar.

Tomó el sobre y lo leyó con curiosidad, era la primera vez que conocía el nombre completo de su amigo y tuvo la tentación de soltar una broma sobre su primer nombre, pero no era el momento mas oportuno. Le pareció bastante tierna su preocupación acerca de sus gatos e irremediablemente le hizo sonreír. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que Ezra prefería a los animales antes que a las personas, algo con lo que la misma Cora se sentía bastante identificada. — Claro que si, no hay ningún problema. Puedo cuidar de ellos el tiempo que haga falta, incluso puedo llevármelos si la cosa se pone fea y pretenden quitártelos. — Al fin y al cabo, Coraline vivía sola y tenía espacio de sobra para dar cobijo a los gatos de su amigo durante el tiempo que fuese necesario. Incluso a el mismo.

No estaba demasiado convencida de dejarle marchar sin mas, tenía un nudo en el estómago y algo le decía que si le dejaba ir no iba a volver a saber de el en mucho tiempo y no estaba dispuesta a pasar por eso. Había perdido el contacto con prácticamente todas las personas que alguna vez le habían importado y era, hablando mal, un auténtico coñazo. Estaba convencida de que acabaría volviéndose loca si seguía por aquel camino y pese a que la situación era demasiado delicada, decidió seguir insistiendo un poco mas y no darse por vencida de buenas a primeras. Su conciencia, actuando como Pepito Grillo, le decía que debía dejarlo estar, como mucho cuidar de sus gatos por la amistad que habían tenido y después olvidarse de el sin mas, ya que no iba a hacer otra cosa mas que traerle problemas, pero... No, no podía dejarlo así. Coraline la cabezota iba a imponerse ante la razón y la lógica.

Ezra, como tu has dicho ya me has metido en esto y la cosa puede ir a mas en cualquier momento, ya sea por tu culpa o por la mía. Lo hecho, hecho está. — Se encogió de hombros. — Quédate al menos hasta que encuentres otro lugar en el que quedarte, hazlo por mi. No voy a poder estar tranquila sin saber donde te has metido, si te han encontrado o si te ha pasado algo peor... — La incertidumbre y el desconocimiento eran lo peor, el pasar noches en vela sin poder parar de darle vueltas a la cabeza, con mil preguntas sin respuesta. Solo de pensarlo le producía una enorme ansiedad, verdaderamente no podía quedarse de brazos cruzados, sentía que cualquier cosa que hiciese iba a ser poca cosa.

Toc, toc.¿Coraline, estás bien?

La morena dio un salto asustada por la llamada a la puerta, la vieja bruja se encontraba al otro lado de la susodicha, tocando y con intenciones de entrar. — Mierda... Escóndete. — Le dio un empujón a Ezra y se cacheteó a si misma en la cara para que esta se pusiera roja y sus ojos comenzaran a lagrimear. Se pegó todo lo posible a la puerta y sacó el pestillo para abrir una rendija. — Estoy bien, dame unos minutos. — Respondió, lloriqueando de forma exagerada. — ¿Seguro? Mira que te advertí que ese tipo no era trigo limpio, te pasa por ser una confiada. Las jóvenes de hoy en día no tenéis remedio, cuando yo tenía tu edad... — Comenzó a hablar, levantando un dedo como si estuviese tratando de darle alguna lección. — Lo se, Doris, lo se, tienes toda la razón del mundo y te pido perdón por no haberte hecho caso. Pero necesito unos momentos a solas ¿Podrías dejarme? — Le rogó, poniendo ojos de cordero degollado.
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I. Ezra Sullivan el Sáb Nov 18, 2017 1:17 pm

En momentos desesperados era necesario tomar medidas desesperadas. Y aquel momento rozaba el surrealismo en la vida de Ezra Sullivan. No podía volver a su casa sin ser perseguido por los agentes de la ley y eso no era todo. Había más gente implicada en todo aquello que la policía. Un grupo de hombres y mujeres que con la única ayuda de un palo de  madera podían hacer mucho daño. Tanto como acceder a su mente y llevarse consigo sus recuerdos. Y de algún modo podrían haberse parado a comprobar que lo que había hecho no había sido un acto de maldad, sino uno con el fin de hacer pagar a su padre su traición y el trato que durante años había dado tanto a su madre como a él mismo. Eso no le quitaba de encima cargos, ni mucho menos. Pero al menos podrían comprobar que no era peligroso y bajar su condena. En condiciones mejores aquello podría haber sucedido pero su hermana le había asegurado que las condiciones en las que se encontraba el Mundo Mágico no eran favorables para él. Sólo le quedaba huir del país, dejar todo lo que tenía y crear una nueva vida. Tirar lo que durante años se había esforzado en construir y cada vez lo veía más como la única salida posible.

- Gracias, Cora. – De verdad que agradecía que alguien pudiese asegurarse que los gatos estuviesen bien. A fin de cuentas era lo único que le quedaban pues sabía que su hermana estaría mucho mejor si él no estaba cerca. Si él dejaba el país garantizaba mayor seguridad para su hermana, pero dejaba a los gatos sin una oportunidad. Pues volver a casa a por ellos era un suicidio.

Antes de poder contestar a Cora la voz al otro lado de la puerta alertó que no estaban solos. El hombre pegó la espalda a la pared situada tras la puerta para que al abrirse no pudiese ser visto por la mujer que, con grandes lentes de contacto y más arrugas que años en su rostro, se abría paso para hablar con Cora y mirar con curiosidad en la sala de la fotocopiadora como si buscase desesperadamente demostrar que Cora mentía.

- Sí, está bien. – Dijo la mujer dubitativa. -¿No quieres que pase? Te vendrá bien hablar con alguien. – Posicionó la mano en el hombro de la mujer y buscó contacto visual. – Cora, tú puedes contarme lo que sea, ¿Lo sabes, verdad?

La mujer insistía, queriéndose ganar un hueco en la confianza de Cora para que esta le contase una verdad más realista que la que había escuchado cuando había puesto la oreja en una conversación que no le pertenecía. Como siempre hacía. Pues era el tipo de persona que incluso había bajado la mirilla de su casa para poder mirar sin tener que colocarse en cuclillas para poder espiar así a sus vecinos cuando pasaban por su rellano.

- Estaré fuera, por si me necesitas. – Pareció entender que Cora necesitaba estar sola, o más bien que no quería estar con ella e hizo además de marcharse pero antes de avanzar lo suficiente, giró sobre sus talones. – Mejor aún, iré a por un café caliente y nos lo tomaremos juntas. Espérame aquí, cariño. – Dijo la mujer echando a correr (en la medida de lo posible teniendo en cuenta su edad y su estado físico) en busca de la máquina de café de la biblioteca.

- Tengo que irme antes de que vuelva o te meteré en problemas. – Miró a Cora y dibujó una leve sonrisa. – Te  debo una increíblemente gorda. – No sabía cómo iba a poderle pagar a Cora todo lo que había hecho por él.

Miró a un lado y luego al otro, comprobando que la mujer no estuviese para salir corriendo en dirección a la salida de la biblioteca, yendo hasta una de las calles secundarias donde había dejado la motocicleta junto con el casco, rezando para que nadie se lo llevase porque le había parecido arriesgado entrar a la biblioteca con él.

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Coraline I. Murphy el Dom Nov 19, 2017 12:20 pm

El segundo nombre de Doris, la vieja bruja, debía ser inoportuna, porque desde luego aquel era un don innato en aquella vieja chismosa. Coraline no se creía que de la noche a la mañana, simplemente por haberla escuchado hablar mal de Ezra, quisiera ser su amiguita y hacer de madre con ella. No, ni de coña, aquella era una vieja cotilla y lo único que quería era enterarse bien de lo que había pasado, meter mierda durante el mayor tiempo posible e ir corriendo la voz para hacer que la reputación de Cora se fuese al garete. No es que le importara demasiado que se hablara mal de ella, estaba mas que acostumbrada, pero eso de que se metieran en su vida, en sus asuntos personales... Eso ya si que no.  — Está bien, un café me sentará bien. Muchas gracias Doris, eres un encanto. — Respondió antes de verla salir por patas de una forma bastante graciosa, para automáticamente poner una cara de asco bastante notable. ¿Un encanto? Si, por supuesto, en alguna realidad alternativa quizás lo fuese.

Ten cuidado... — Apenas le dio tiempo a despedirse de Ezra, pues ese ya estaba saliendo de allí a toda prisa como si llevara un petardo en el trasero, y con toda la razón del mundo.  Por su parte, ella también abandonó la sala de fotocopias y entonces pasó algo que no se esperaba para nada. Mientras estaba en el pasillo, Doris volvía con dos vasos calientes de café sin apenas poder sostenerlos entre sus manos, mientras que del lado contrario se acercaba un hombre vestido de forma bastante llamativa. Llevaba una gabardina marrón algo antigua que bien podría haber pertenecido a su padre en su juventud y un sombrero un tanto ridículo con una enorme pluma sobresaliendo de el. Tenía una de sus manos metidas en el bolsillo, pero aún así pudo ver como algo sobresalía de este, algo que la dejó helada. Una puta varita.

¿En que narices se había metido Ezra? Porque, claramente, aquel tipo pretendía ir en su misma dirección.

No se lo esperaba para nada, Ezra parecía tan normal... Pero no era el momento de ponerse a pensar en eso, tenía que hacer algo que impidiera que aquel tipo consiguiera llegar hasta el. Doris llegó con el café y le cedió una de las tazas a la morena, quien enseguida empezó a quejarse. — ¡Dios mío, pero esto está ardiendo! Deja que te ayude que debes tener las manos quemadas. — Exclamó, mientras cogía ambas tazas y se situaba de forma torpe en el medio del pasillo cortando el paso al hombre, quien hizo un amago de retirarla con el brazo.

En ese momento, Coraline dejó escapar las tazas de café ardiendo y las tiró encima del hombre, quien comenzó a chillar como un cochino en un matadero. El líquido abrasador cayó también en su propia ropa quemándole la piel, pero la chica aguantó las ganas de imitar a aquel rarito. — ¡Coraline! ¿Se puede saber que haces? Discúlpeme señor, esta chica está atontada y no sabe lo que hace. Es el desamor ¿Sabe? Que las vuelve medio tontas de la cabeza. — Doris se acercó al hombre para toquetearle la ropa y este la miró con cara de pocos amigos, insistiendo en que le dejara en paz. — Que desastre, le ha puesto perdido de café y seguro que le ha quemado, venga, venga conmigo y le ayudaré a limpiarse. — La vieja comenzó a tirar del brazo del mago, quien parecía tenener unas ganas enormes de mandarla a freír espárragos o de usar aquel palo de madera suyo. — ¡Y tu ponte a limpiar todo esto y a cambiarte de ropa, ya hablaremos! — La regañó Doris, volviendo a su actitud habitual y fulminando a la morena con la mirada.

Coraline asintió y esperó a que la vieja hiciera algo bien por  primera vez en su vida y se llevara al rarito de turno. Después, como alma que lleva el diablo, cogió sus cosas y salió corriendo a la calle en busca de Ezra, rogando porque aún no se hubiese marchado. Y tuvo suerte, pues le encontró en su moto dispuesto a irse de allí. — ¡Hey espera! — Dio otra pequeña carrera hacia donde se encontraba su amigo. — Tenemos que irnos de aquí enseguida, la acabo de liar enormemente. — Le explicó respirando con bastante dificultad, si bien antes sentía un enorme calor en el lugar donde le había caído el café, ahora hacía un frío de narices. — Y tienes muchas cosas que contarme, como por ejemplo porqué he tenido que derramar café encima de un tipo que llevaba una varita y que estaba siguiéndote. — Lo lanzó directamente y sin filtros ¿Para qué? Era hora de que hablaran las cosas como dios manda.

Sin esperar mucho mas, se montó en la parte trasera de la motocicleta mientras se ponía su chaqueta, sin dejar de mirar hacia las puertas de la biblioteca. Si todo aquello no le costaba su trabajo iba a ser un auténtico milagro y podría estarle agradecida al karma. — ¡Vamos, donde sea!
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I. Ezra Sullivan el Jue Nov 23, 2017 10:41 am

Puso pies en polvorosa en cuestión de segundos. No tenía intención de quedarse en la biblioteca a la espera que  aquella mujer volviese con un par de cafés que tomarse con Cora en el lugar que había usado para esconderse. No dudaba que en cuanto tuviese oportunidad agarraría el teléfono más cercano y haría una llamada a la policía haciendo que tanto él como Coraline se viesen metidos en problemas. Es más, también cabía la posibilidad – para nada remota – que aquella mujer no hubiese ido en busca de dos cafés, sino de un teléfono para avisar a la policía que sospechaba que aquel criminal tan peligroso estaba escondido en su lugar de trabajo y una de sus empleadas estaba intentando servirle como tapadera.

Intentó abandonar aquel pensamiento, pues aquello significaría que Cora podría meterse en problemas. En el mejor de los casos la policía se limitaría a volver a la biblioteca, comprobar que no había nadie ni rastro alguno del delincuente, harían un par de preguntas incómodas a Cora para luego disculparse por haberle robado, nuevamente, unos cuantos minutos de su tiempo. Pero, al fin y al cabo, eso era meter de nuevo a la mujer en problemas cuando lo único que había hecho era cubrirle e impedir que fuese entregado a la justicia no mágica.

Colocó el casco de la moto sobre su cabeza y metió la llave en el contacto. Incluso avanzó un par de metros en dirección a la carretera cuando la voz de Cora le obligo a frenar en seco. Apoyó un pie sobre el suelo y se volteó para ver como la mujer corría hacia la motocicleta para tomar asiento en la parte trasera.

No dijo nada. ¿Qué iba a decir alguien que parecía no tener palabras?

En cuanto notó que Cora estaba segura en la moto se puso en marcha en la dirección opuesto a la biblioteca sin ser consciente que el mago que Coraline había intentado dejar atrás los seguía muy de cerca en forma de masa de humo de color negro. Apenas hubieron recorrido diez kilómetros para alejarse lo máximo posible de la biblioteca, la motocicleta de Ezra se vio obligada a frenar en seco apartándose de la carretera principal para acabar en un derrape en una zona de arboleda.

La motocicleta avanzó sin ninguno de sus ocupantes y el humo negro que los perseguía y había hecho que frenasen en seco se materializó en forma humana. Aún manchado con el café que ni se había preocupado eliminar de sus ropas, el mago se alzaba varita en mano con paso lento pero firme en dirección a donde Ezra y Cora se encontraban.

El castaño se quitó el casco y lo dejó a un lado para poderse mover. Notaba las piernas doloridas por la caída y no tardó en ver el roto en sus pantalones, a la altura de muslos y rodillas mostrando varias heridas que no tendrían una cura indolora. A su lado, Cora también había acabado por caer de la moto que había acabado por frenar a pocos metros de donde se encontraban.

Agarró el hombro de la chica y la zarandeó.

- Cora, ¿Estás bien? – Si podía andar, pensaba salir corriendo de ahí antes de que el mago se acercase lo demasiado. De no poder hacerlo, estaban realmente jodidos.
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Coraline I. Murphy el Jue Nov 23, 2017 12:39 pm

Aquello empezaba a ser demasiado surrealista, como si se hubiesen metido de lleno en una maldita película de acción como La Jungla de Cristal o Mad Max, con el extra de que la magia había hecho acto de presencia desvelando que ambos sabían de que iba la cosa; por lo menos de forma mínima como Coraline. Y es que en esos momentos le era totalmente imposible pararse a preguntarle a Ezra como era conocedor de la magia y porque tenía a un tío con varita persiguéndole. Se moría de ganas de hacerle un interrogatorio completo a su amigo, tal  como se veía en las películas, en una habitación oscura con una mesa, un par de sillas y una lámpara, haciendo de poli buena y de poli mala según la situación.

Estaba desvariando demasiado.

Pero es que estaba de los nervios, jamás en la vida se había visto metida en algo así ni mucho menos pensaba que podría llegar a estarlo. Sin embargo debía espabilar, aquello estaba pasando de verdad y tenía que dejar de pensar en películas y chorradas varias y centrarse en el presente, en huir de allí a toda prisa antes de que les alcanzaran. Su corazón marchaba a mil por otra, entre otras cosas porque era la primera vez que montaba en moto y le daba un miedo descomunal, sobretodo por la velocidad que se estaban viendo obligados a coger. Estuvo apunto de preguntarle si podía ir mas despacio, pero enseguida descartó la idea por lo estúpida que era, además ¿Sería capaz de escucharla con el ruido que había? Que complicado era todo...

Y ¡pataplof!

En un abrir y cerrar de ojos tenían frente a ellos una nube negra que poco a poco fue obteniendo forma hasta revelar al maldito mago del café frente a ellos. Salieron volando de la moto chocando contra el suelo y rodando sobre el mismo.  Cora trató de recibir todo el impacto en sus brazos y como consecuencia estos quedaron magullados y despellejados, al igual que las palmas de sus manos. Dolía horrores, al igual que su cabeza, la cual también se había llevado un buen golpe. Abrió los ojos y vio a Ezra de forma borrosa delante de ella, sentir su contacto la tranquilizó dentro de lo abrumadora que era aquella situación.  — Si, creo que si. — Se apoyó en el y cuando por fin su vista se aclaró le miró para examinarle y comprobar el daño que se había hecho, al igual que ella estaba hecho un desastre, pero el tenía todo el daño en las piernas. — Estamos jodidos...

El mago se acercó a ellos varita en mano y con la ridícula mancha de café que en cualquier otro momento le habría quitado toda la seriedad, pues hacía una forma bastante graciosa que recordaba a cierta parte íntima de los hombres. — Hasta aquí hemos llegado, podéis venir conmigo por las buenas sin que haya mas incidentes o podemos hacerlo por las malas y creedme cuando os digo que no os gustará que sea por las malas. Vamos, sed coherentes y cooperad conmigo. — Les tendió la mano que tenía libre, con una sonrisa de autosuficiencia que asqueó a la morena.

Toqueteó el suelo en busca de algo que poder utilizar como arma y dio con una piedra de un tamaño bastante importante. Pese al dolor de la palma de su mano, la sostuvo y la lanzó contra el mago con todas sus fuerzas, golpeándole en la cabeza, de la cual comenzó a salir un chorro de sangre. — ¡Vamos! — Se acercó a Ezra y le sujetó, pasando el brazo del hombre sobre sus hombros para ayudarle a levantarse. — Necesito que corras todo lo que puedas. — Sabía que sus heridas debían de dolerle y que le estaba pidiendo demasiado, pero era eso o quedarse allí y permitir que ese tipo les atrapara o les hiciera algo peor.

Con el golpe que le había dado habían ganado unos minutos de ventaja, así que echó a correr cargando con su amigo de la mejor forma que pudo y rogando por salir de allí con vida.  — Añade otro enorme favor a la lista, porque ahora me debes dos bien gordos. — Definitivamente se había metido de lleno en todo aquello. Corrió entre la arboleda tirando de Ezra y con cuidado de no acabar comiéndose de ninguna rama, cuando una especie de rayo extraño estuvo apunto de alcanzarles ¿Eso era un hechizo? — Mierda, pensé que le habría dejado k.o... Empiezo a quedarme sin ideas.
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I. Ezra Sullivan el Sáb Nov 25, 2017 6:08 pm

Estaba cubierto de mierda hasta las rodillas y era plenamente consciente de ello. El mal olor llegaba a sus fosas nasales y tenía un maldito ejército de personas que se lo recordaban a cada paso que daba. “Eh tú, estás a punto de ahogarte en mierda”. Y eso era en lo que su vida se había convertido en las últimas semanas pero en aquel momento más que ningún otro. Aunque todo se hubiese convertido en un círculo vicioso de problemas no había imaginado que podría torcerse de tal manera. Ni mucho menos que sus problemas acabarían actuando como si de una pieza de dominó se tratasen para llevarse también por delante a Coraline. Hubiese querido que la  morena se quedase en la biblioteca recibiendo a los lectores que buscaban la última novela del catálogo u ordenando por orden cronológico las obras anónimas que la anciana de la recepción había desordenado a propósito con la única utilidad de hacer perder el tiempo a la chica.

Pero  en ningún momento, en la peor de sus pesadillas, habría pensado acabar perseguido por un mago y llevar consigo a Coraline. No quería ser el causante de ninguna muerte. Ya había visto muchas personas caer a causa de la magia en las últimas semanas y no quería que Coraline se sumase a aquella larga lista de desconocidos. Porque, a diferencia de  todos ellos, conocía su nombre, su historia y parte de su vida. Coraline era una persona a la que poner nombre, a la que recordar con hechos y sucesos si un hechizo llegaba a terminar con su vida. Durante semanas había visto magos y muggles perecer ante el simple movimiento de un palo de madera y no podía permitir que aquello sucediese de nuevo.

En momentos desesperados la adrenalina alcanza el nivel de las nubes y se encuentran fuerzas cuando parecen que estas no existen. Eso fue lo que sucedió con ambos. Primero salió disparada la piedra de Coraline en dirección a la cabeza del mago del sombrero, haciendo que la pluma cayese de este y se perdiese en la carretera embarrada por las últimas lluvias y la nieve derretida en pleno mes de diciembre.

Ezra hizo un esfuerzo por levantarse aun cuando sus piernas estaban hechas un desastre. Por suerte, la cazadora había protegido sus brazos y el casco le había ahorrado un buen golpe. Lo sostuvo en una de sus manos mientras que la otra agarraba el cuerpo de Coraline mientras ambos intentaban salir de la carretera para perderse en la zona de la arboleda, alejándose del campo de visión del mago.

Estaban acorralados. En circunstancias normales podrían haber tenido una oportunidad, por mínima que fuese. Pero no en aquel momento. Pues poco tenían que hacer dos personas sin conocimiento alguno de la magia contra un mago que quería darles caza. Se sentía un maldito ciervo en un coto de caza frente a una escopeta que ya se había llevado por delante a varios de los suyos.

- Si salimos vivos de esta lo apuntaré. – Dijo intentando sonar algo más animado de lo que realmente estaba.

Casi pierde el equilibrio al ver como una explosión había tenido lugar en el tronco de un árbol cercano y ahora dejaba una mancha de quemadura en el centro de este. Si eso hubiese llegado a alcanzar a cualquiera de ellos estarían muertos.

- Por aquí. – Sin previo aviso tiró de Coraline, obligando a que cayese por una pendiente bastante empinada y repleta de nieve congelada por las bajas temperaturas del clima invernal. Pudo ver su propia sangre y la de Coraline decorando la blanca nieve, por lo que sería imposible pasar desapercibidos.

Comenzaron a correr en el piso inferior, pensando estúpidamente que aquello les serviría como venaje pero la nube de humo negra volvió a aparecer para recobrar su forma humana a pocos metros de donde se encontraban.

Una explosión en la nieve, justo delante de ambos, obligó a que se separasen saliendo volando cada uno hacia un lado. Como si de una maldita mina anti personas se tratase.

- Así que por las malas… Tú no estabas en mi lista, Murphy, pero no tengo problema en añadirte a ella con tu padre y con tu hermano a la lista de fugitivos. A lo mejor si saben que te tenemos deciden entregarse pacíficamente. – Sonrió de lado, como si tuviese todo el poder del mundo por conocer aquella información. - ¿Qué pensabais que podíais hacer contra mí? Dos estúpidos Squibs. –Escupió al suelo, manchando la nieve con su propia sangre.
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Coraline I. Murphy el Mar Nov 28, 2017 12:33 pm

Cada vez veía la muerte de ambos mas cerca que nunca y se preguntaba en que momento comenzaría a ver su vida pasar en modo de flashback como relataban aquellas personas que habían tenido una experiencia cercana a la muerte. Aún no debía ser el momento, pues lo único que era capaz de ver era nieve, mas nieve y árboles; ademas del rastro de sangre que ambos dejaban y el árbol chamuscado que había recibido el impacto de aquel hechizo por ellos. De el salía un humo apestoso y negro que indicaba que podría haber sido un ataque mortal, pero aun así, el hecho de que el tronco no parara de humear y pudiesen verse algunas chispas de fuego salir de el le dio esperanzas a la morena y también una idea un tanto descabellada y con una gran posibilidad de no surgir efecto.

Se dejó caer por el terraplén junto a Ezra y las heridas que antes había olvidado que tenían, ahora le comenzaban a doler enormemente. No era consciente de lo que se había hecho ni tenía tiempo de pararse a ver nada, lo único que sabía es que debían estar bastante jodidos los dos como para soltar aquel rastro. Supuso que el instinto de supervivencia era lo que le ayudaba a mantenerse en pie y no quedarse tirados en el suelo quejándose de dolor, eso y que ambos eran unos cabezotas de mucho cuidado. — Tengo una idea, déjame hacer.... — Comenzó a hablar, pero enseguida fue interrumpida de nuevo por aquel pesado toca narices, por llamarlo de alguna forma medianamente decente antes de comenzar a acordarse de toda su familia y más.

Durante unos instantes todo fue muy confuso, se encontró apartada de Ezra y tirada contra el suelo lleno de nieve, sintiendo un enorme frío en su espalda que le hizo comenzar a tiritar. De nuevo, su visión era borrosa como cuando recibió el primer golpe al caer de la moto, así que enseguida dedujo que debía tener algo en la cabeza y que si se llevaba otro golpe mas acabaría por quedarse tonta del todo... O quizás algo peor. Se llevó una mano a la nuca y efectivamente, estaba sangrando casi tanto como el mago de la pluma en la frente. Buscó algo con lo que taparse, pero no era el momento adecuado, además de que acababa de recibir una revelación inesperada.

¿Que Connor y mi padre que? — Preguntó confundida ¿que significaba eso de que eran fugitivos? No entendía nada, pero la cosa aún no había acabado. — ¿Ezra? ¿Squib? Pero que narices... — Le miró con incredulidad, no podía creerse que durante tanto tiempo esa conexión tan especial que había tenido con el no había sido solo por ser los raritos de la familia, sino porque ambos eran squibs. Ahora lo entendía todo y lo entendía mejor que nunca. — Ya... ya hablaremos tu y yo. — Concluyó, ahora mas que nunca debían salir de aquella situación, pues necesitaba tener una conversación con su amigo, Mr Secretos Sullivan.

El mago comenzó a reírse por lo ridícula que era aquella situación y probablemente Cora también se hubiese reído si lo hubiese estado viendo como espectadora en algún programa de televisión. —  ¿No sabíais que sois squibs? Permitidme que me ría. — Alargó una mano hacia su rostro y se limpió una lagrima que salía de su ojo derecho debido a la risa. —  Que tiernos sois, me da hasta pena tener que llevaros conmigo, como dúo cómico habríais triunfado. Y ahora... Sullivan se viene conmigo y tu, Murphy, si cooperas buscaremos a tu papá y tu hermanito, te dejaré ir por las risas y no te tendré en cuenta esto que me has hecho. — Se señaló la frente aún sangrante y mintió descaradamente, pues tenía claro que ninguno de lo dos iba a salir indemnes.

Coraline miró a Ezra dubitativa, realmente tenían todas las de perder. Entonces recordó su fabulosa y catastrófica idea y decidió llevarla a cabo. — Esta bien... Es mejor que cooperemos Ezra, no podemos salir de aquí. — El tipo sonrió de oreja a oreja asintiendo para darle la razón a la morena, mientras que esta se levantaba del suelo a duras penas. Caminó con torpeza hacia el, pues llevar bambas deportivas para corretear por la nieve no era una buena idea, además de que estaba hecha un auténtico desastre. — Muy bien ¿Veis como podemos actuar como personas racionales y coherentes? — Cuando estuvo a su altura la morena se puso frente a el y le propinó una buena patada en sus partes intimas. El tipo se retorció y se encogió hacia delante, soltando la varita y llevándose las manos al paquete, momento en el que Cora aprovechó para quitársela y correr de nuevo hacia su amigo.

Mira lo que tengo. — Comentó con una sonrisa, enseñándole aquel dichoso palo del demonio. — Vamos ¿Tienes tu mechero por aquí?  Si te apetece, podemos provocar un fuego... — Lo dejó caer como si de una broma se tratara, pero iba muy enserio. Sabía que el clima no les ayudaba y mucho menos la situación, pero... ¿Por qué no intentarlo? — Tenemos que deshacernos de el y de esto de alguna forma... — Señaló la varita.

Ya repuesto de sus dolores "íntimos" el mago buscó su varita con desesperación entre la nueve, momento que Cora aprovechó para volver a ayudar a su amigo a ponerse en pie. —  ¡¿Dónde está mi varita? — Gritó el hombre desesperado. —  ¡De aquí no salís vivos!
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I. Ezra Sullivan el Mar Nov 28, 2017 7:00 pm

Salieron volando por los aires, cayendo cada uno a un lado de la espesa manta de nieve. Ezra, casi al segundo, estaba buscando por la nieve con ayuda de sus manos algo que poder tirar en dirección al mago. Pero por mucho que sus manos rebuscaron en aquella masa blanca e impoluta que les rodeaba no encontró nada. Ni una rama, ni una simple piedra que poder lanzarle para ganar tiempo. Pues bien sabía el squib que contra una varita poco podrían hacer y menos cuando ellos no contaban con ningún arma con la que defenderse. Llegó un momento en el que sus manos dejaron de sentir el tacto debido a las bajas temperaturas a las que se encontraban, por lo que no le quedó más remedio que voltearse para mirar en dirección al mago, quien parecía estarles dando una lección de modales.

Ezra casi bufó. Su cuerpo estaba dolorido por la caída y entumecido por las bajas temperaturas a las que se encontraban. Su cuerpo no reaccionaba si quiera a lo que su mente le pedía, impidiéndole levantarse. Había aprendido con los años y a base de golpes que, de intentar actuar, la que lo pagaría era Coraline y no sólo él. Pero en aquella ocasión si no se movía no era por la seguridad de la chica sino porque su cuerpo se negaba a hacerle caso.

Él no pensaba dejarse atrapar. Si Coraline cooperaba era precisamente porque ella no sería enviada directamente a una prisión mágica donde Ezra no sabía siquiera de qué serían capaces. Él no pensaba darle ninguna facilidad a aquel mago para que lo encerrase y le quitase su libertad cuando no había cometido ningún crimen. ¿El crimen de ser Squib? ¿El de haber golpeado a un mago? Ninguno le parecía razón de peso para pasar lo que le quedaba de vida en una celda pero bien sabía que de ser atrapado por la justicia mágica y no por la muggle sería eso lo que sucedería.

Volvió a buscar entre la nieve sin siquiera sentir sus dedos, desesperado por encontrar algo que lanzarle al hombre según avanzaba. Pero Coraline le hizo volver  a retroceder, esta vez con una patada en la entrepierna.

Con cierto esfuerzo se levantó y sin dudarlo, le quitó a Coraline la varita de la mano. Había visto cómo aquellos palos de madera actuaban cuando se alejaban de su dueño. Las había incluso que descargaban tormentas sobre aquel que las robaba mientras que otras no funcionaban. En su caso, no sólo no funcionarían por carecer del don mágico, sino que era posible que pudiesen lastimarles a ellos mismos en caso de intentar usarlas.

Sin previo aviso, la partió en dos y tiró los trozos hacia la zona más alejada del hombre, tras ellos.

- Son peligrosas. – Sentenció, buscando en sus propios pantalones algo con lo que atacar al mago. Pero el mago pareció no tener suficiente con aquellas explosiones o la patada en la entrepierna que había recibido.

- ¡De aquí no salís vivos! – Gritó hecho una maraña de nervios, pues había perdido su varita y no tenía nada con lo que pudiese enfrentarse a aquellos dos simples Squibs.

- Y una puta mierda. – Susurró Ezra antes de arremeter con todo el peso de su cuerpo en dirección al hombre, haciéndole caer de espaldas contra la nieve antes de propinarle un puñetazo en el rostro seguido de otro. Y otro. Hasta que su rostro quedó convertido en una masa de sangre. La nariz partida y un par de dientes rotos. El resto se vería cuando la sangre estuviese fuera de su rostro y hubiese pasado un tiempo para que los moratones apareciesen.

La respiración del mago era cada vez más inconstante cuando Ezra se apartó a un lado, cayendo sobre la nieve y metiendo las manos en esta para enfriar sus nudillos, llenando la nieve de sangre a su paso.

- Sigue con vida. Busca algo para atarlo. O sujetarlo para que no se mueva. – Pues, aunque ahora no pudiese hacer mucho, aún podía ir tras ellos. – Hay que largarse de aquí, quizá avisó a alguien y pueden venir más. – Con dolor en su cuerpo, se levantó y fue en dirección a Cora.– Tenemos que buscar ayuda. – Y  no lo decía para enfrentarse al hombre o los magos que pudiesen llegar, sino porque el estado en el que ambos estaban no les permitiría llegar muy lejos. – Estás sangrando. – Pasó la mano tras el cabello de Cora, llenándose él mismo de sangre. Necesitaban ayuda urgente.
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