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Agent 007: Die another day [Priv.]

Steven D. Bennington el Mar Oct 31, 2017 7:01 pm



Spoiler:

- ¿Listo? – Preguntó como si buscase encontrar respuesta. En cuestión de segundos, ambos magos dejaban atrás el refugio de la Orden del Fénix donde aún se terminaba de celebrar la fiesta de Halloween.

Utilizaron la salida situada en uno de los locales de comida asiática de la ciudad y avanzaron en dirección a una discoteca de reciente apertura dentro del mundo mágico. Steven llevaba en su mano, doblado por la mitad, uno de los carteles de la fiesta que había conseguido en sus exploraciones en las últimas semanas.

- Se supone que debería estar por aquí. – Señaló el mago sin saber muy bien dónde se habían metido. Volvió a mirar el papel comprobando la dirección y no tardó en divisar a dos brujas que, con máscaras cubriendo su rostro y la mano en la cintura de la otra, reían mientras caminaban haciendo eses. – Sí, por aquí. – Afirmó Steven al ver a aquellas dos chicas que, además, les miraron de arriba abajo.

- ¿Os venís de fiesta? – Preguntó una de ellas.

Su compañera no pudo evitar soltar una risita y tembló en las manos de su amiga.

- Vamos a una fiesta privada en el ático de un amigo. ¿No queréis venir?

Pero los magos ni siquiera frenaron. Siguieron avanzando en la dirección opuesta a aquellas chicas que, después de insistir durante un rato, desistieron y siguieron su dirección al margen de lo que aquellos dos hombres podían tramar.

- Tarde, Bennington. – Una voz femenina surgió de la nada y Steven recibió un golpe en su nariz a manos de una morena que escondía su rostro bajo un antifaz. – Tengo todo lo que me has pedido.  Me debes una gorda, ¿Lo sabías? No sé cómo piensas pagarme esto pero me cobraré el favor, te lo aseguro. – Dijo la chica sin siquiera pararse a presentarse ante el acompañante de Steven.

- Este es… - No le dio tiempo a decir nada más.

- Bien, bien, no me interesa. Los amigos de mis amigos son mis amigos. Encantada amigo de mi amigo. – Dijo la mujer volviendo la vista a Drake antes de dirigirse nuevamente a Steven. – Se llama Diane Dreyfus y es profesora de encantamientos, ¿Te vale? También tengo fichado al idiota de Astronomía y a la de Runas Antiguas. Pero creo que Diane será la que mejor te venga y no sólo porque no sepas nada ni de Astronomía ni de Runas. – Dijo con cierto tono bromista y con una sonrisa enmarcada en sus labios.

- Encantamientos está bien. ¿Mortífaga?

- De las peores pero lleva bebiendo toda la noche. Además, me encargado de que su bebida tuviese un toque especial. ¿Me sigues? – La mujer comenzó a caminar en dirección a la discoteca, donde no tuvieron ningún tipo de problema a la hora de entrar. – Quedó viuda hace cinco años y sus dos hijos están siendo perseguidos por el Ministerio de Magia por no apoyar al régimen. El mayor está casado con una muggle y tiene dos hijos, yo misma les ayudé a salir de país, ahora viven en El Cairo. Menuda diferencia de clima, tienes que ir a visitarlo. ¡Qué pasada!

- Erika, ¿Has bebido?

- Un poco, ¿Por qué?

- Hablas más que de costumbre. Pareces simpática y todo. – Dijo Steven buscando molestar a su amiga, quien le sacó la lengua de manera infantil antes de seguir hablando.

- Diane es una zorra de primera, le estás haciendo un favor a sus alumnos borrando a esa vieja del mapa. Mira, es esa de ahí. – Señaló a una zona donde había un grupo de personas sentadas en unos asientos de cuero. – Es la gorda del medio. No creo que tarde mucho más en irse, hace un rato se estaba quejando de lo aburrida que era la fiesta. Esa mujer está amargada, han sabido cómo organizarlo este año. Se nota que el Ministerio no ha metido sus zarpas en la celebración. – Miró en dirección a Drake. – Si ves a Albus, dile que se le ha escapado medio refugio, creo que me he cruzado con siete miembros de la Orden y con la anciana que siempre se queja de los dolores de muñeca. La del pelo morado.

No estuvieron mucho más en la fiesta. Erika se había encargado de proporcionarles dos antifaces y su ropa había cambiado a golpe de varita gracias a la bruja, quien parecía tener todo un armario de ropa masculina en su posesión. Steven no quiso preguntar de dónde había salido.

- Se mueve. – Observó el castaño hablando en dirección a ambos.

- Mierda.

- ¿Qué?

- No va sola. – Apuntó Erika, quien casi les deja con la palabra en la boca, pues se puso a avanzar en dirección a la salida para no perder de vista a los dos magos a los que ahora seguían.

- ¿Quién se supone que es ese?

- El idiota de Astronomía. – Dijo la morena a quien no parecía hacerle especial gracia la situación y es que ahora contaban con un obstáculo en su camino. Y es que no sólo deberían capturar a Diane Dreyfus y borrarla del mapa sino que también debían encargarse de aquel hombre gordinflón que no podía siquiera sostenerse a sí mismo sin perder el equilibrio.

Mantuvieron una distancia prudencial, siguiendo a los dos magos hasta El Caldero Chorreante. Esperaron unos segundos a que estuviesen en el interior y entraron tras ellos. No había que ser muy listo para saber dónde se dirigían pero pudieron incluso oírlo. Diane, en la chimenea, lanzó un puñado de polvos flu al tiempo que pronunciaba el nombre de uno de los locales más frecuentados por magos en Hogsmeade: Las Tres Escobas. Seguidamente, fue el gordo el que entró en la chimenea para repetir el proceso.

Los tres magos siguieron los pasos de los dos profesores y tomaron ejemplo, desapareciéndose hasta Hogsmeade y caminando por las callejuelas hasta que vieron cómo se dirigían a uno de los caminos secundarios del castillo.

- Si llegan hasta el castillo no tendremos ninguna oportunidad. – Dijo Erika avisando así a Steven y Drake que deberían actuar si no querían quedarse con las manos vacías. – Somos tres contra dos, esto es pan comido.
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Drake Ulrich el Jue Nov 09, 2017 8:22 pm

La vida era una constante incertidumbre. Continua y horrible. ¿Y yo qué hacía ahora? ¿Le decía a mi amada esposa que me iba a ir de la fiesta porque un buen amigo fugitivo me había pedido que le ayudase a raptar a una persona para que pudiese pasar tiempo con su hija? ¿O me lo guardaba? Debería guardármelo. Ella siempre me dice que entre menos cosas sepamos, mejor. Que sí, que ella es la ama de la oclumancia, pero tanta información que guardar no debe ser buena. Además, preocuparla... ¿para qué? Bastante tiene ya con ser una madre aparentemente soltera porque su marido es un inútil que tiene que estar escondido todo el rato. Sí, no debía de decirle nada.

Y si yo fuera ella y me enterase que mi hombre se va a ir a raptar a una persona en la única noche del año en la que su mujer se ha currado una excusa para que pueda pasar tiempo conmigo y con su hija... Tío, se iba a cabrear un montón. Soy un marido horrible. ¡Steven, te odio! ¿No había una noche peor que elegir?

Me enfrenté a Fly antes de irme.

Fly, me voy. —Parecía que me iba a ir por tabaco y no iba a volver nunca más. —O sea, voy a volver, pero me tengo que ir. Un amigo me necesita para una misión secreta super importante. —Fruncí el ceño, inseguro. Me estaba mirando con LA MIRADA, esa mirada que denotaba inquietud y una orden muy clara: que le dijera la verdad. —No vamos a hacer nada peligroso. Solo raptar a una persona. —Ay, me entran los sudores intentando darle explicaciones. —Pero no le vamos a hacer daño, solo raptarla, sabes. —Fruncí todavía más el ceño. Debería de dejar de hablar cuánto antes, antes de que siga cagándola. —Mañana te lo cuento todo mejor. Tu vete a casa con Gabriella. —Le di un besito en la frente a nuestra pequeña y luego uno a mi querida esposa que me estaba mirando con cara de querer tirarme algo en la cabeza. Menos mal que tenía a la niña entre los brazos. Me fui de allí lo más serio que pude, teniendo en cuenta que tenia colita y aún iba vestido de Sullivan.

Me uní a Steven en donde habíamos quedado y, tras vestirme como un auténtico secuestrador, nos pusimos de camino a la discoteca en donde se celebraba la mayor fiesta de Halloween del mundo mágico. En realidad me vestí de negro, simplemente. No tenía ni idea de cómo se vestía un secuestrador, ¿se ponían pasamontañas o eso era exclusivo de los ladrones?

Fue curioso caminar junto a Steven hasta la fiesta, básicamente porque ligamos. Ni yo de joven ligaba tanto. Esto de ser padres debe de darnos un aire de lo más sensual, adulto y machote. Pero obviamente las ignoramos, yo ya tenía a mi flor de pitiminí, alias Fly la que seguro que está cabreada, esperándome en ningún sitio porque vivíamos separados. Pero seguía siendo mi flor de pitiminí igualmente.

Una vez llegamos frente a su amiga, pude darme cuenta de dos cosas: la primera que era bastante activa y la segunda es que seguramente fuese tan activa porque estuviese un poco borracha. Rebosaba seguridad y autoridad, por lo que me limité a asentir con la cabeza cuando se presentó como 'mi amiga' y a atender a todo lo que decía, para ver si había algún plan. Pero en principio no había ningún plan, pero si un objetivo —que oye, es algo—, por lo que nos vistió de gala, nos puso unos antifaces y entramos a la discoteca que probablemente esta noche es la más peligrosa para nosotros. Pero bueno, pasar desapercibido siempre se me había dado bien.

Apenas hablé demasiado, ya que estaba un poco acojonado por estar fuera de mi zona de confort y sin saber muy bien como actuar, por lo que no fue hasta que estuvimos en Hogsmeade, hasta que me mostré participativo, básicamente porque 'mi amiga' estaba dispuesta a ir a por esos dos tipos así, sin más.

¿Y el plan? —pregunté sacando mi voz. —Necesitamos un plan o algo. —Yo era fatal siguiendo planes, pero me sentía como más seguro teniendo al menos una base en mente que seguir. —Yo no sé tus capacidades, amiga, pero sé la de Steven y mías y ya que has dicho que esa señora es una mortifaga de las peores, por mucho que esté borracha sigue teniendo varita. ¿Os parece si nosotros nos encargamos de ella y tú del tipo con pocas luces? No parece ser muy amenazante, pero todo el mundo asustado puede llegar a molestar mucho —propuse como plan.

Iba a salir super convencido de mi super plan, pero había algo que había que matizar. No para Steven, pues sabía que era igual que yo, pero a la chica no la conocía de nada, aunque se creyese mi amiga y la verdad es que no me emocionaba nada  trabajar con gente que no conozco. Retrocedí par de pasos para volver a agacharme.

Y nada de hacer daño. Bastante tiene la mujer con que la vamos a raptar y el tipo no parece mala gente, así que a dejarlos dormidos. —Volví a levantarme, con intención de ir a por ellos, pero volví a agacharme para captar su atención, ya que había otra cosa que matizar. —Y tenemos que encargarnos del tipo, no puede decir nada de lo que va a ver hoy o te va a costar meterte en Hogwarts si la dan por desaparecida por un secuestro.

Y ahora sí que estaba todo dicho, por lo que podíamos ponernos manos a la obra. Lo mejor era aparecer por la espalda y llamar su atención, de tal manera se girarían y mostrarían interés en nosotros. No es que yo supiera mucho de secuestrar personas, pero suponía que era muy parecido a capturar malos para Azkaban y más o menos era lo mismo que cuando era Auror cazando malos. Aunque ahora socialmente sería un malo cazando buenos, pero eso es cuestión de perspectiva.

Al aparecer por detrás de ellos, ambos se dieron la vuelta y sacaron la varita, aunque el profesor de astronomía le costó un poco hacerse con la suya, ya que se le atascó en el bolsillo y por casi se le cae.
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Drake UlrichFugitivos

Steven D. Bennington el Dom Nov 12, 2017 7:58 pm

¿Pan comido? ¿Cómo que aquello era pan comido? Steven tenía los nervios como para ser un ladrón profesional de panderetas, hablando irónicamente. Era de ese tipo de personas que en situaciones de riesgo o de mucho estrés se quedan en blanco y comienzan a hacer tonterías. No es que de por sí el pobre Steven no hiciese ninguna tontería, pero cuando se encontraba en situaciones como aquella su capacidad para cometer alguna locura fruto de la estupidez humana carecía de límites.

Por suerte, Drake era Hufflepuff. Y el supuesto idiota de Astronomía también lo era, algo que no tardaría mucho en quedar en evidencia. Pero eso Steven en aquel momento lo desconocía. Él sólo sabía que sus nervios estaban a punto de costarle un infarto y dudaba que Laith estuviese en disposición de hacerle mucho caso aquella noche. No porque fuese un médico de confianza de dudosa reputación y dejase de ayudar a peligrosos fugitivos. Sino porque lo más seguro es que estaría en aquella fiesta de Halloween poniéndose hasta las orejas de alcohol barato – garrafón que mañana le produciría un dolor de cabeza de dimensiones bíblicas – para así engatusar a algún hombre al que llevarse a la cama. Y, con suerte, que le diese de desayunar. En todos los sentidos.

- Apoyo a Drake, ¿Qué tipo de plan es ese?

- Un plan de ataque, Bennington. – Le golpeó en la nariz con el dedo, como si todo fuese algún tipo de juego para ella.

- ¡Pero qué ataque! – Exclamó en típico grito de madre frustrada porque su hijo no ha hecho la cama durante toda la semana. Le había faltado añadir un “ni que ataque ni que ataca” para ser completamente una versión evolucionada y con el pelo más largo de su madre. Y sin tetas y más alto. Y sin tantas arrugas. Y con mejor gusto a la hora de elegir ropa. Porque la madre de Steven tenía la manía de combinar colores de una manera muy extraña y parecía una mezcla entre el payaso de Micolor y Chanquete.

- ¿Era necesario aclarar que dos tenían que ir a por la Mortífaga útil y otro a por el Hufflepuff inservible? Agh, por Merlín, si encima va andando haciendo eses. Está chupado, te digo, amigo. – Dijo la morena, ahora hablando a Drake como si fuesen amigos de toda la vida y añadiendo ese golpe con el dedo índice en su nariz que no paraba de usar para sacar de quicio a Steven.

- Queda claro, queda claro. – Apoyó Steven, quien tampoco tenía ni la más mínima intención de dañar a ninguno de aquellos dos.

- ¿Bromeas? Esa zorra ha llenado sola un pabellón del Área M con los nuestros y tú, ¿Estás pensando en que suficiente tiene con que la vamos a raptar? Esa vieja loca merece pudrirse enterrada viva y…

Steven se encargó de elevar la mano, situándola frente a la cara de  Erika y poniendo un gesto más serio en su rostro.

- No vas a enterrar vivo a nadie, ni se te ocurra.

- Pero…

- Ni peros ni peras. – Ahí, Lauren Bennington marcándose un punto como madre digna de imitar ante los ojos de Drake y Erika. – Nada de enterrar vivo, matar, torturar o  cercenar miembros.

- ¿Y si…?

- Que no. – Dijo muy serio y tajante.

A veces Steven podía llegar a comportarse como una persona seria y responsable. Solía ser raro pero alguna vez sacaba esa vena de padre que parecía tener escondida en alguna parte para situaciones como aquella.

- ¿Entendido?

Erika titubeó y Steven tosió para que dijese algo.

- Entendido.

- Pues manos a la obra.

Y acto seguido el grupo formado por los tres magos se aparecía tras los dos profesores de Hogwarts. La bruja no tardó en sacar su varita y lanzar un primer hechizo sin dudarlo, haciendo que Erika tuviese que apartarse para no recibir un golpe. Por su parte, el profesor de Astronomía demostró esa inutilidad de la que antes hablaban y casi pierde la varita en cuestión de segundos.

- ¡Corre Diane, yo te cubro! – Gritó el profesor Baltimore en cuanto se hizo con el control de su varita, lanzando un Expulso en dirección a Erika, quien no tardó en librarse del hechizo y hacer que el profesor saliese disparado hasta golpearse contra un árbol cercano al salir disparado.

Sí, duró un hechizo el pobre hombre, quien quedó inconsciente en el acto.

- ¿Qué queréis de mí? – Gritó Diane lanzando un primer hechizo en dirección a Steven, haciendo que unas ramas surgiesen del suelo y aferrasen sus pies. Otro hechizo fue en dirección a Drake, haciéndole un leve corte en la pierna y antes de poder hacer un tercer hechizo Erika la desarmó. – Estáis locos si pensáis que…

- ¿Si pensamos qué, Diane? Tú te has encargado de torturar y matar a los nuestros. – De la varita de Erika salió un hechizo que rasgó la ropa de la mujer. – Los has humillado. – Un corte profundo en una mano. – Los has destruido. – Otro en el brazo. – Los has encerrado. – La furia podía verse en las palabras de la chica. – Nos has dado caza. Y ahora es tu turno de pagar por ello.

La bruja volvió a hacerse con su varita, haciendo que Erika recibiese una corriente eléctrica que comenzó a recorrer todo su cuerpo, paralizando a la chica y dejándola caer en el suelo.

- ¡Erika!

Steven salió disparado en dirección a la chica. Intentó que recobrase la consciencia pero no encontró modo alguno de hacerlo. Comprobó su pulso y pudo encontrar que aún seguía con vida aún cuando sus constantes vitales eran mínimas.

- Idiotas, ni tres podéis con alguien como yo. Sólo podéis con ese idiota de Baltimore. – Soltó una carcajada irónica. – Imbécil.
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Drake Ulrich el Mar Nov 21, 2017 10:17 pm

'Ni peros ni peras' dice. Lo miré extrañado porque, seamos sinceros, no me esperaba nada que de repente Steven se convirtiese en la mami de nuestra misión, pero solté un bufido divertido al final de su frase. No había mejor manera de tratar a un borracho terco que sacando del baúl los recursos de una madre. Y si es no funcionaba, la chancla. La chancla era otro recurso infalible.

Comenzamos con nuestro super plan, pero no todo pasó como yo al menos me esperaba. Claro, en mi mente todo era una perfecta utopía. Erika conseguía desarmar al profesor de Astronomía y lo dormiría pacíficamente, mientras que yo me duelaba épicamente con la mortífaga, aguantando lo suficiente como para que Steven pudiese atacarla por un lateral, desarmarla y dejarla totalmente fuera de batalla. Efectividad total. Y claro, yo es que soy muy optimista y quizás nos sobrevaloré, ya que lo que pasó no fue para nada lo que mi mente había procesado hace apenas unos segundos.

Lo primero que pasó fue que quedó bastante claro quién era la persona más borracha de los cinco: el profesor de Astronomía. Porque claro, yo soy Hufflepuff y, como Hufflepuff, nos ayudamos a no quedar de inútiles, por lo que ese intento estúpido de sacar la varita no fue porque fuese Hufflepuff, sino porque estaba borracho. Y fin. Señor Baltimore, los tejones siempre unidos, aunque ahora parezca que somos enemigos. Hasta ahí bien. ¿Pero Erika, por qué odias al pobre Baltimore? En vez de desarmarlo y dormirlo pacíficamente, lo mandó a tomar por culo con un hechizo derribador que lo hizo chocar contra un maldito árbol. ¡Eso podía matar a cualquiera! ¡O al menos hacerle mucho daño! Y ya no hablemos de nuestra increíble puesta en escena frente a la mortífaga... Steven y yo parecíamos dos aficionados. ¡Que yo era auror antes, ¿vale?! Steven fue retenido momentáneamente, mientras que yo recibí un corte en la pierna que me hizo retroceder.

¡Y fue Erika quién desarmó a la mortífaga!

¿Por qué nada salió como debería de haber salido? La madre que nos parió. ¿Seguro que no éramos Hufflepuff lo tres?

Cuando las tornas se giraron inesperadamente, Steven fue a ver cómo estaba su amiga, pero yo apunté a la mortífaga, colocándome por delante de mi amigo para protegerlo.

¿Está bien? —pregunté con respecto a la chica.

Las palabras de la profesora hicieron que sonriese. ¡Tío, todos son iguales! ¿No pueden, al menos un día, asumir que tienen miedo? Somos dos contra ella, ¿en serio se cree que tiene posibilidades incluso estando borracha? No sé, un poco de humildad y temor sería hasta de agradecer para nuestra propia autoestima, ¿vale?

¡Señora! —Le lancé un 'silencius' —¡Cállese!

Miré entonces de reojo a Steven.

Táctica de La Estampida. Vamos. —Me acababa de inventar el nombre, pero esperaba que Steven lo entendiese, básicamente porque no hablaba muchas tácticas con él. Y, no sé, agobiar por un lado mientras le atacas por otro era una táctica buena, incluso tiene sentido que se llame 'Estampida'. Creo que Steven había sido Ravenclaw, pero yo sabía que tenía alma de Hufflepuff y me entendería.

Me giré rápidamente para mirar a la mortífaga, con la varita en alto. Probablemente tuviese los sentidos bien afinados ahora mismo, con la adrenalina de estar siendo atacada, por lo que me limitaría a que todos ellos estuviesen en mí.

Caminé hacia adelante varios pasos, lanzando hechizos a medida que daba un paso, intentando acorralar a la tipa contra un árbol. Casi todos los hechizos que lanzaba contra ella eran ofensivos, mayormente derribadores y algún que otro que podría llegar a dejarla inconsciente o inmóvil. No obstante, lo que mejor se me daban eran los derribadores, por lo que eran los que más rápidos podía llegar a tirar. En cierta ocasión, su varita tornó un tono azulado y uno de mis hechizos impactó contra ella, siendo devuelto hacia mí. Salí disparado hacia atrás con una potencia increíble. ¿¡Me había devuelto mi maldito 'Expulso'?! ¡Esto se llama karma!

Conjuré un Aresto Momentum para no hacerme daño y, justo cuando la volví a tener en el punto de mira, conjuré un Flare que salió disparado hacia ella, sujetándole un pie. Tiré tan fuerte de él que la tipa se levantó en el aire hasta caer en el suelo de espaldas. La cuerda llameante desapareció y caminé hacia ella, no sin antes conjurar un sencillo Expelliarmus para que la varita de la mujer terminase en mi mano.

¡Já! ¡Imbécil decía!

No sé de dónde me vino esa prepotencia inesperada, pero el karma volvió a hacer de las suyas. La señora se puso de pie, alzó la mano y... de repente me quedé petrificado. ¿Cómo narices me había petrificado? Todo mi cuerpo estaba de un color azul hielo, incluida la varita de ella que portaba en mi mano izquierda. No fue muy inteligente por su parte hacer eso, la verdad.

Aunque ahora solo le quedaba Steven y, al parecer, más de una sorpresa en la manga de ma bruja. Se quitó los efectos del Silencius tras apuntarse con su propia mano y me miró.

Imbécil. —Me recalcó con rencor la malbicho esa.

Y entonces miró a Steven, el último que le quedaba.
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Drake UlrichFugitivos

Steven D. Bennington el Jue Nov 23, 2017 10:40 am

Steven no pensaba demasiado en ello – o más bien, no pensaba nunca en ello – pero de hacerlo, se daría cuenta que si un día acababa muriendo por causas naturales era posible que no fuese por tener cáncer o ser viejo. No, sería por la causa natural de ser asesinado por la espalda. Porque si te lanzan un Avada por la espalda lo natural es que te mueras, y por eso era una muerte perfectamente natural. Y es que Steven tenía una facilidad innata para intentar salvar al resto, protegerlos o preocuparse por ellos sin ser consciente de que podía acabar muerto. En eso era como un niño. Un niño que juega el escondite y se tapa los ojos con el pretexto de “si me tapo los ojos y no te veo, tú tampoco me puedes  ver”. Algo así como cuando la gente se cubre con las mantas tapándose hasta la cabeza después de ver una película de terror y escuchar un ruido extraño. Porque todo el mundo sabe que las mantas tienen superpoderes y si un asesino en serie con su motosierra, su máscara hecha con piel humana o su triciclo tétrico se cuela en tu casa, no puede atravesar la manta con su motosierra, su machete o las mil quinientas trampas que tenga escondidas en su garaje. Ley de vida, señor, ley de vida.

Y así fue como Steven, olvidando que Diane aún estaba armada, se volteó en dirección a Erika para comprobar que estaba viva. Por suerte para Erika – y para Steven y Drake, pues parecía la más capaz aún borracha de los tres – esta seguía con vida. Su respiración era lenta pero constante. Y lo más importante, seguía estando ahí.

- Aún respira. – Afirmó el castaño hecho un nudo de nervios mirando en dirección a Drake. Lo único en lo que pensaba era en alejarse lo suficiente de ahí como poder aparecerse en San Mungo y llevarle  Laith, una vez  más, un marrón del que responsabilizarse. Aunque por lo menos Erika no estaba en busca y captura por el Ministerio de Magia como lo estaban Drake o Steven.

De haber estado en mejores circunstancias y si en aquel momento no estuviese tan preocupado por la vida de Erika, se hubiese reído de la reacción de Drake ante las tonterías que salían de la boca de aquella mujer. Esperaba que aquella reacción se debiese a la cantidad de alcohol que había ingerido y no a que se creyese capaz de derrotar por sí misma a tres magos. Bueno, a dos, que Erika ya había acabado como el pobre Baltimore.

Elevó su varita contra sí mismo, conjurando de manera no verbal un Suprasensus, pues si quería conseguir acabar con aquella  mujer y, encima, entender la mitad de lo que decía Drake, necesitaría tener sus sentidos a la máxima potencia.

Pero no, Steven no entendió a Drake. ¿Qué era una táctica de La estampida? ¿Era vocabulario de Aurores y por eso él no lo comprendía? Por Merlín, ¡Qué mal se sentía en aquellos momentos! Y más cuando aún sujetaba entre sus brazos a una inconsciente Erika, quien a veces se movía ligeramente dándole a Steven la esperanza de que se iba a despertar. ¡Pero no lo hizo! El castaño dejó con cuidado a la mujer – con cuidado, porque capaz le partía el cuello al dejarla ahí como si fuese un osito de peluche – y se levantó varita en mano mientras Drake avanzaba en dirección a Diane.

Steven intercaló algún que otro hechizo en un intento por ayudar a Drake manteniéndose a cierta distancia para intentar no convertirse en un problema en lugar de en una solución para su amigo. Un par de hechizos no verbales salieron de su varita sin demasiado éxito. Ni siquiera logró que la mujer  retrocediese pero, en cuestión de segundos, Drake sí salió disparado.

Steven lanzó un nuevo hechizo en aquel momento en dirección a Diane, lo que sirvió para distraer a la mujer en un intento de Steven por derribarla. Le miró con autosuficiencia y con un egocentrismo tal que podía salirle hasta por las orejas en cualquier minuto. Por suerte, no fue algo literal y el egocentrismo de la mujer no tomó forma corpórea para  tener que enfrentarse también a algo tan grande como ese ego. Y, con más suerte aún, acabó cayendo hacia atrás gracias a un hechizo en último momento de Drake seguido de una pérdida de varita.

La sonrisa en el rostro de Steven duró apenas dos segundos, pues tan rápido como habían logrado desarmar a la mujer esta se había encargado de petrificar a su amigo. ¡Con una mano! ¿Pero cómo la gente podía ir así pro la vida? Haciendo magia CON UNA MANO. Por Merlín, si a él a veces se le olvidaba hasta donde tenía la varita de lo muggle que podía llegar a ser a veces.

Dicen que cuando estás a punto de morir ves pasar tu vida en diapositivas a cámara lenta ante tus ojos, como si fuese una película. Por suerte para Steven, Diane aún estaba sin varita y no podía conjurar algo tan complejo como para acabar con la vida de Steven en un solo movimiento de mano. Pero sí logró hacer que se cayese de bruces sin siquiera dar un paso hacia delante. Hizo que la varita de Steven cayese de su mano y lanzó un nuevo hechizo tras desarmarlo, con un Flipendo. Steven intentó apartarse, temiendo ya seriamente por su vida. Erika seguía inconsciente y Drake petrificado.  ¿Y ahora qué?

- Tú. – Lo miró con rabia. – Asqueroso sangre sucia. Te atreves a venir aquí. A atacarme a mí. No te mataré, no temas. – Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de la mujer. – Te llevaré el colegio. Sé quién eres, tu hija va a mis clases. Y me encargaré que vea lo que les pasa a los traidores y ladrones de sangre como tú. Como tus amigos. Me encargaré de que os vea pagar por vuestros crímenes uno a uno. ¿Cómo podías creer que tres idiotas como vosotros ibais a ser capaces de derrotar a alguien como yo? Una bruja de mi calibre, con mi potencial, mi poder, mi…

La frase quedó en el aire, pues el conocido como el “imbécil de Astronomía” había vuelto al campo de juego. ¿Le había ayudado haciendo caer a Diane inconsciente? No, había intentado dar a Steven con bastante mala puntería.

Steven corrió para recuperar su varita – algo que difícilmente habría hecho de no haber logrado conjurar previamente un hechizo capaz de agudizar sus sentidos – y apuntó a Baltimore, lanzándole nuevamente contra el árbol, donde cayó por segunda vez inconsciente. Hizo una leve floritura haciendo que Drake volviese a la normalidad y se tumbó en el suelo – algo que no conllevó mucho esfuerzo dado que ya estaba sentado – y tapó sus ojos con sus brazos, respirando profundamente e intentando recuperar el aliento.

- ¿Estás bien? –Dijo mirando de reojo a Drake, quien se había llevado un buen golpe tras haber sido petrificado.
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Drake Ulrich el Vie Nov 24, 2017 8:53 pm

AQUELLO ERA SURREALISTA.

A ver, que yo era auror, ¿vale? ¡Se suponía que debía de ser diestro con la varita, un as haciendo estrategias y el líder de las misiones! Y un mojón. Eso es lo que he sido hoy. Un super mojón, con capa y todo. Pero sin contar mi increíble puesta en escena en aquel momento —nótese la ironía—, hablemos del resto: no sólo nos habíamos encontrado con una señora capaz de hacer magia sin varita, lo cual es jodidamente extraño de encontrar, sino que también nos habíamos encontrado con el Steven más torpe de todo el universo, que parecía que quería capturar a aquella profesora gateando por la vida, para darle ventaja o algo. ¿Qué narices hacía en el suelo? ¿Y el profesor de Astronomía más borracho que una cuba? No sólo era un inútil por no hacer nada, sino que encima había amplificado su inutilidad dándole a su victoriosa compañera un golpe por detrás para dejarla totalmente fuera de combate frente a Steven. Vaya por Dios... si es que aquello no tenía precio...

Cuando mi amigo me quitó de aquel estado horrible de congelación, solo fui capaz de dejarme caer junto a él de rodillas, estupefacto. En serio lo digo: estoy alucinando. Si seguíamos con vida es porque Dios es grande y nos tiene en alta estima.

¿Ha pasado todo lo que han visto mis ojos, verdad?

No sé, quizás era un nuevo y experimental Petricus Totalus que habían inventado en el Área-M y además de congelarte, te hacía flipar en colores psicodélicos. Yo de estas modernidades hechiceriles no sabía nada, que yo con las noticias Área-M no estoy al día. Pero ya me esperaba cualquier cosa viniendo de esta gente.

¿Y tú exactamente por qué me has traído? ¿Porque era auror, verdad? Te creíste que yo te iba a salvar o ser la pieza diferencial de todo esto, ¿a que sí? —Solté una carcajada. Un mojón. —Entre tu amiga la loca que sorprende y el otro subnormal... ¡admítelo, era aliado tuyo y todo ha sido una artimaña para engañarnos!

Porque era imposible que fuese tan gilipollas. Yo defendía mucho a los Hufflepuff y los quería en el alma porque sabía que podíamos llegar a ser muy subnormales en algunas ocasiones, ¿pero lo de ese señor? Lo de ese señor ya era otro nivel. Hasta Fly se hubiera sorprendido de ver eso y eso que mi mujer creía que los Hufflepuff éramos el nivel más bajo, ese que se encuentra en el último peldaño del submundo. Aquel tipo sobrepasaba los niveles de inutilidad de cualquier Hufflepuff. Incluso diría que muchos Hufflepuff juntos no llegaban a ese nivel. Parecía de otro mundo. Yo creo que el Sombrero Seleccionador fue benevolente con él y en vez de mandarlo a su puta casa, dijo: "bueno, si eso a Hufflepuff, que no se nota."

Cogí aire profundamente y me puse en pie, ofreciéndole mi mano a Steven para ayudarle a levantarse de allí. Lo mejor era ponerse manos a la obra, básicamente porque estábamos en medio del camino hacia Hogwarts y podría aparecer cualquier persona. Y teniendo en cuenta nuestra suerte, con la misma aparece el matrimonio Lestrange también borracho y nos humillan a base de hacernos caer una y otra vez con traspié contra el suelo con el uso de un meñique. Menuda muerte más humillante.

Vamos a ponernos serios. —Ahora, cuando ya no hay puto peligro de muerte. Miré a Baltimore, que el pobre desgraciado había recibido dos buenas sacudidas contra un árbol y debía de estar ahora mismo teniendo la mejor siesta de toda su vida. —Me encargo yo de la señora, ¿no? ¿Conservamos el plan inicial de mandarla a Italia a la granja de cabras de mi abuelo muggle? Mi abuela es bruja, se encargará de que no recuerde quién era. Además, les viene bien mano de obra gratuita —le dije divertido, curvando una sonrisa.

Míranos qué monos somos, jopé. Ellos nos capturan y además de torturarnos, nos meten en un lugar lúgubre y horrible en el que nuestro único destino es sufrir, sufrir y sufrir hasta morir. ¿Nosotros? Nosotros te hacemos olvidar tu propósito en la vida, pero te mandamos a vivir al campo, ordeñando vacas, pastando cabras y dándole de comer a los cerditos. ¡Que oye! Lo único que hacemos es hacerle olvidar lo que es, no quién es. ¡Es diferente! Es como traspasar un Sim de una unidad doméstica a otra. Sigue siendo el mismo Sim, pero con otro propósito en la vida. Yo era muy bueno, pero eso de pasar casi cinco meses en Azkaban ha hecho que pierda la pena por éstos cabroncetes.

En fin, voy a dejar de justificarnos porque en verdad dadas las circunstancias eran una puta mierda igualmente y la moral ahora mismo era muy subjetiva.

De tu amiga te encargas tú, ¿pero Baltimore? Es demasiado inútil como para ser malo de verdad. ¿Le borramos la memoria, se la modificamos o intentamos hacernos con un aliado? —pregunté ya más serio, para ver qué hacer con ese daño colateral que evidentemente no esperábamos. —Aunque con su interpretación de hoy, creo que será contraproducente tenerlo de aliado. Pero tú decides, después de todo eres el que se va a arriesgar a meterse ahí dentro —dije, moviendo ligeramente hacia Hogwarts.
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Steven D. Bennington el Sáb Nov 25, 2017 6:07 pm

Steven nunca había sido un gran mago capaz de desenvolverse en cualquier tipo de situaciones con ayuda de su varita. Por eso mismo había decidido estudiar en la universidad en el campo de las transformaciones y  no especializarse para acabar siendo Auror. Él era más alguien hecho para pensar, estudiar y tener ideas. Era la cabeza pensante y no el brazo ejecutor. Es más, contaba con que Drake fuese el brazo ejecutor en aquella misión. O lo fuese Erika en el peor de los casos (ya que consideraba que Erika rozaba un extremismo peligroso que podía meter en problemas a cualquiera y dañar a otro ser humano de manera innecesaria, como el propio profesor Baltimore).

Por suerte o por desgracia, el brazo ejecutor parecía haber sufrido una parálisis o directamente había sido amputado del cuerpo para caer al suelo sin utilidad alguna. Baltimore, haciendo alarde de su inutilidad natural, había sido el encargado de dejar inconsciente a Diane sin siquiera ser consciente de lo que estaba haciendo. Era como un elfo doméstico al que le dejaban una varita y comenzaba a agitarla en un intento de rascarse la espalda con ella.

- Ha pasado todo lo que han visto tus ojos si has visto como el idiota de Adivinación ha dejado fuera de combate de Diane. Sí. – Steven no había llegado a escuchar siquiera el nombre de aquel pobre hombre que podía haber llegado a salvar sus vidas y ahora yacía inconsciente, una vez  más, apoyado en uno de los árboles del camino.

Drake estaba en lo cierto. Steven no había recurrido a él de casualidad. No se había acercado a pedirle ayuda por haber logrado escapar de Azkaban o por su buena relación durante sus años en Hogwarts y tras estos. Tampoco era algo así como una invitación a su boda, como había hecho Drake más de un año atrás. No. Lo había hecho porque confiaba en que Drake, como antiguo miembro del cuerpo de Aurores, sirviese para poder capturar con éxito a Diane y sacarla del país sin hacer que sufriese ningún daño.

- También porque puedes aparecerte en Italia. – Dijo soltando su plan maestro. Si Diane acababa apareciendo y era encontrada en Australia llamaría demasiado la atención y podría poner en peligro la tapadera de, posiblemente, el único metamorfomago australiano que estaba en busca y captura y que podía tener la necesidad necia de colarse en Hogwarts. Pero, Italia, ¿Qué tenía que ver con él Italia? Nada en absoluto. – Yo creo que su subconsciente le ha jugado una mala pasada y ha ayudado al bando que merecía ganar. – Intentaba no pensar en que podían haber acabado muertos pocos minutos atrás de no haber sido de la extraña aparición de Baltimore.

Aquello le venía bien. Y no sólo se refería a la mano amiga que Drake le tendió para ayudar  a que pudiese levantarse, sino también porque ofreciese a que su abuela se encargase de cambiar los recuerdos de aquella mujer. Steven tenía pensado hacerlo por sí mismo pero en aquel momento sentía que era incapaz de lograr algo parecido. Aunque… ¿Y si no funcionaba? ¿Podría vivir con aquel pensamiento toda su vida? Dudando de si la abuela de Drake lo habría logrado con éxito… ¡No podría!

- Encárgate de despertar a Erika, seguro que ese tipo de hechizos se te dan mejor que a mí. – Inquirió cambiando el rumbo de las cosas. – Prefiero encargarme de la memoria de Diane antes de mandarla con tu abuela, prefiero ser yo el que lo haga y no meter en problemas a una tercera persona. Bueno, a otra más. – Lo cierto es que aquello no era del todo verdad. Sí, en parte no quería meter a la abuela de Drake en otro problema. Pero lo más importante de todo es que  quería ser él quien estuviese seguro de haberlo logrado. Y, en caso de que algo saliese mal, ser él el único culpable. – No creo que ese hombre pueda servirnos de mucho ahí dentro. Será mejor que hagamos algo con su memoria, sí. ¿Te encargas tú? – Le preguntó a Drake mientras avanzaba en dirección a Diane, apuntando a su cabeza con su varita.

Steven sólo sabía que Diane era viuda porque su marido – conocido por su lucha a favor de los derechos humanos de muggles y magos –había muerto en extrañas circunstancias antes de la caída del Ministerio de Magia. También sabía que tenía una hija que estaba fugitiva por estar en contra de los nuevos ideales que regían el mundo mágico. En todo lo demás, era un completo desconocido de la historia de Diane. Pero se encargaría de darle nuevos matices a aquello que conocía de la bruja.

* * *

Había vivido una vida feliz y el mejor día fue el que su hija llegó al mundo. Había sido la mujer más feliz sobre la faz de la tierra incluso cuando discutía con su marido sobre quién quería más al otro. Siempre con una sonrisa en el rostro, había acompañado cada una de sus acciones y había estado a favor de una unidad fuerte entre magos y muggles.

Cuando el Ministerio de Magia cayó, había perdido a su hija y a su marido en la batalla. Los tres lucharon codo con codo por ayudar a todo aquel que lo merecía, pero no había podido luchar por los dos seres a los que más quería. Ya no le quedaba nada en absoluto salvo ella misma y al encontrarse contra la espalda y la pared en un mundo que sólo quería ver arder la paz, decidió dejar Inglaterra para viajar a Italia donde quedó enamorada del paisaje, su gente y su gastronomía.

Sin dudarlo ni un momento dejó lo poco que le quedaba en su país natal y se mudó a Italia con lo puesto. En una pequeña granja situada al norte del país donde podría llevar una vida tranquila sin siquiera tener necesidad de usar su varita, olvidando así el horrible mundo del que había huido.

* * *

Después de todo aquello, sentía que estaban alejando de su vida a una buena mujer, incluso su rostro pareció estar más tranquilo y sereno después del hechizo.

Steven se giró para mirar a Drake, ya podía llevarse a Diane lejos de Hogwarts antes de que alguien llegase al camino donde se encontraban.
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Drake Ulrich el Jue Dic 07, 2017 2:12 am

Y me permití soltar una divertida carcajada cuando Steven recalcó que el idiota de Adivinación había sido, sin duda, la guinda de aquel pastel llamado 'secuestro'. No hubiera sido tan divertido si no hubiera estado él. De hecho, si lo pensábamos fríamente... ¿si no llega a estar ese gordinflón, hubiéramos podido dejar fuera de combate a la mortífaga? Porque claro, en verdad no fuimos nosotros, sino él. Sin duda había sido un regalo del destino que la pobre profesora estuviese acompañada de semejante inútil. El karma. Ya sabía yo que después de hacer tantas obras buenas por la humanidad algún día se me recompensaría.

Buen punto —contesté divertido cuando dijo que era porque podía aparecerme en Italia. La verdad es que no sabía qué había estado pasando por la cabeza del profesor Baltimore durante todo este tiempo, pero sin duda tenía que ser algo de lo que decía Steven o aquello no tenía ningún sentido. —Probablemente. Después de todo, debía de saber que la señora con la que estaba no era para nada una buena persona.

Después de eso, nos pusimos manos a la obra. Él se encargaría de modificar la mente de Diane, cosa que agradecía, ya que yo de su vida sabía poco y mi abuela quizás estaba un poco verde en eso de modificar las memorias de una desconocida. Ya era una señora mayor con poca acción en el ámbito mágico, la verdad. Mientras él se encargaba de eso, yo despertaría a Erika y le borraría los recuerdos a Baltimore. Aunque decidí hacerlo en distinto orden, ya que Erika era un poco intensa y así no nos molestaría mientras nos metíamos en la mente ajena.

Me dirigí a donde estaba Baltimore tirado en el suelo y me puse de cuclillas al lado de él, colocándole de tal manera de que no pareciese un impresentable indigente borracho, sino solamente un borracho. Le senté en el suelo, apoyando su espalda contra el tronco de un árbol como quién se tira ahí para echarse una siestecita. Cuando estuvo en perfecta posición, fue cuando saqué mi varita y le apunté a la cabeza, conjurando un Obliviate. No iba a andarme con intentos de modificar la memoria, ya que eso se me daba bastante mal, además de que aprovechando que está borracho sería bien fácil que asumiera que no se acordaba de nada por eso. Me preocupé en borrar también parte de la salida de la fiesta, para que fuese mas real. Al terminar de modificar su memoria, vi como ya se le empezaba a caer la baba, por lo que me puse en pie y me retiré, dejando a ese pobre ahí tirado.

Fui directamente hacia Erika, conjurando un hechizo que la despertó casi instantáneamente, como quién de repente despierta tras haber sido ahogado. Miró para todos lados, confundida por no saber qué había pasado. Todavía estaba borracha, por lo que posiblemente sus emociones ahora mismo estuviesen aumentando en todos los sentidos.

¡Ay! —Me abrazó de repente. —¡Pensé que había muerto!

¿Cómo narices había pensado eso si estaba inconsciente? No cuestioné nada, sino que simplemente le devolví el abrazo de una manera un tanto distante.

Estás bien, ya todo acabó —le dije con tranquilidad.

La chica se levantó rápidamente, acercándose corriendo a Steven mientras yo la perseguía.

¿Qué ha pasado? ¿Está muerta? —Entonces la vio respirar. —No, no está muerta. ¿Qué van a hacer con ella?

Steven le ha dado una nueva vida y yo me voy a encargar de trasladarla a ella. No recordará quién era, ni tampoco lo echará de menos, ¿no, Steven? —pregunté, ya que no sabía qué había hecho pero asumía que era lo más lógico.

Sois demasiado buenos, deberíais haberla matado. Ella lo hubiera hecho —respondió, enfadada.

Ya bueno, eso es que lo nos diferencia de ellos —respondí, encogiéndome de hombros. Me acerqué entonces a Steven. —Me la llevo antes de que aparezca alguien. ¿Quedamos en un rato en el refugio? Te ayudaré a practicar la infalible entrevista para que convenzas a los Lestrange de que eres la mejor opción para dar Encantamientos.

Porque habíamos completado una parte complicada, pero todavía quedaba que Steven fuese tan buen actor como para convencer al matrimonio Lestrange, expertos en varias disciplinas mágicas, que era el candidato perfecto y no le pillasen en su primer intento.

Sujeté por el brazo a aquella mujer y me desaparecí con ella, apareciendo directamente en el exterior de la granja de mi abuela. Era de noche, por lo que no se veía absolutamente nada. Agarré a aquella mujer y la cargué en brazos para acercarme a la puerta de la casa, siendo perseguido por varios perros adormilados que más que protección hacia sus dueños, buscaban saciar su curiosidad olfativa. Toqué varias veces en la puerta y ahí apareció mi querida vieja favorita.

¡Hola, Abu, te traigo un regalo! —Elevé a la señora en mis manos.

No sé que sería más difícil, si explicárselo todo a mi abuela, o buscar mañana la explicación correcta con la que dirigirme a Fly. Pero he de decir que explicarle todo eso a mi querida abuela fue más complicado de lo que esperaba y eso que ya le había introducido el tema hacía una semana. Sin embargo, después de todo lo terminó entendiendo y, aunque no estuviese muy contenta con mi actuar —pues soy su nieto favorito y no le gusta que me porte mal— sabe que lo hice por una buena causa y a ella, al fin y al cabo, le hacía falta una mano en la granja, sobre todo para esquilar a las ovejas, que las pobres manos de mi abuela no estaban ya para eso.

Después de un rato, me aparecí en Londres de nuevo, aunque esta vez con un tupper de croquetas en la mano. Volví al refugio en busca de Steven.
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Steven D. Bennington el Vie Dic 08, 2017 4:42 pm

Una vez se hubo encargado de modificar los recuerdos de la vida de Diane pasó a avisar a Drake para que se llevase a la mujer lejos de ahí. Tan sólo esperaba que aquello fuese suficiente y una parte de su personalidad hubiese cambiado al no haber sido ella la causante de la muerte  de su propio marido por no compartir los mismos ideales en cuanto a purismo se refería. Ahora su nueva vida albergaba gran cantidad de recuerdos positivos. De recuerdos que podían hacer que cualquier persona con el potencial para albergar bondad se convirtiese  en mejor persona. Y es que Steven era partidario de esa creencia sobre la existencia de la bondad en las personas. A diferencia de muchos, no afirmaba que las personas nacen buenas y es la sociedad la que las corroe; él apoyaba que todo el mundo era bueno sin importar lo que otros pudiesen pensar, pues ese juicio solo podía darlo uno mismo. Él no se sentía capaz de juzgar a nadie pero debía admitir que, en el último año, había cambiado ligeramente de opinión respecto a sus propias creencias. Ya no pensaba que todo el mundo albergase algo de bondad en su interior sino que había personas que, verdaderamente, habían sido fabricadas – como si de las Supernenas se tratase – con odio, hostilidad, malos  pensamientos y alquitrán.

Esperaba que la abuela de Drake no tuviese que toparse en ningún momento con la versión de Diane a la que se habían enfrentado. Y esa sería una de las muchas razones que harían que Steven no pegase ojo durante semanas e incluso meses. El pensamiento negativo sobre lo que podría sucederle a aquella pobre mujer si Diane volvía a ser lo que había sido. Por suerte, sabía que al menos jamás recuperaría sus verdaderos recuerdos.

-  Sí, yo me llevo a Erika antes de que vomite y analicen su ADN como los del CSI. – Erika miró a Drake y luego a Steven con cara de no comprender qué diablos había dicho su amigo, por lo que se limitó a encogerse de hombros.

- Nunca he vomitado por estar borracha, ¿Lo sabías? – Le dijo a Steven pasando la mano por encima de su hombro como si de dos  colegas de toda la vida se tratase. Apoyó todo su peso sobre Steven haciendo que el castaño tuviese que casi sujetarla para que no se diese de bruces contra el suelo y pudo escuchar como a su espalda Drake desaparecía llevándose consigo a Diane.

- Claro Erika, no vamos a estropear tu record después de tanto tiempo. – Intentó disuadirla Steven pero Erika seguía llevándole consigo mientras dibujaba algo parecido a una serpiente en el  camino con sus piernas.

- ¿Te he contado alguna vez la historia de la noche que salí de fiesta llevándome conmigo al mismísimo Albus Dumbledore? – Ya está. Erika había perdido la cabeza. Definitivamente.

- Será mejor que me la cuentes cuando lleguemos a casa.

- ¡Pero yo no quiero ir a casa! – Se soltó de Steven y sujetó sus manos entre las suyas propias. - ¡Steven, llévame a bailar!

No pudo evitarlo. Soltó una carcajada que hizo que el conocido comúnmente como el imbécil de Adivinación se revolviese en el suelo tras dar un profundo ronquido. Eso significaba que, en cualquier momento, podría abrir los ojos y de verles ahí si se acordaría. A lo que ya se sumaba el hecho de poder ser encontrados por cualquier persona que se encontrase por los alrededores de Hogwarts.

- Vaaaamos a bailar. – Mientras decía eso, cogió a Erika en brazos como si de un saco de patatas se tratase, colocándola sobre su hombro derecho y se desapareció directo a una de las entradas de la zona del refugio de la orden, donde no tardaron demasiado en llegar.

- ¡Aquí no se puede bailar, Steven! – Ya era casi por la mañana y no había rastro alguno de los que horas antes habían estado bebiendo, comiendo y bailando en la celebración de Halloween. Sólo quedaban los restos de lo que había sido la fiesta que, muy pronto, alguien se encargaría de limpiar.

- ¿Cómo que no? Es que tú no conoces la pista de baile del refugio, ¿Verdad Erika?

La morena parecía como un perro siguiendo un hueso que él mismo lleva atado a su propio cuerpo y que vuela sobre su cabeza. Y, Steven, que tenía una facilidad para inventarse cualquier tontería, resultaba ser la mezcla perfecta.

No tardó mucho en conseguir llegar al apartamento de la chica insistiendo en la existencia de una pista de baile secreta para, finalmente, dejarla dormir en su cama con ropa y con zapatos incluidos. Como que iba a correr el riesgo de mover más a Erika y que acabase vomitándole encima. ¡Eso era de valientes!

Una vez Erika se quedó dormida – pues Steven se aseguró de ello impidiéndole que se levantase cada dos minutos e incluso optó por, finalmente, contarle un cuento para que se quedase dormida – pudo ir a su propio apartamento para dejarse  caer sobre uno de los sillones antes de que Drake entrase por la puerta.

- Ha sido más difícil convencer a Erika para que se quedase en su cama que dejar fuera de combate a esos dos.
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Drake Ulrich el Miér Dic 13, 2017 3:11 am

Sopesé seriamente eso de ir a mi apartamento primero a dejar las croquetas, ya que si las llevaba directamente al apartamento de Steven, tendría que compartirlas. Y todos sabemos que compartir croquetas... es duro. No obstante, como yo soy un Hufflepuff de pura cepa, la simple idea de ir primero a mi apartamento para guardarlas me pareció de rata, por lo que me dirigí directamente al de mi amigo, con intención de compartir MIS CROQUETAS.

La puerta de la habitación de Steven estaba abierta, por lo que entré detrás de él cuando escuché el 'puff' de cómo se sentaba en el sillón, exhausto por nuestro gran cometido de esta noche. La verdad es que seamos sinceros, lo realmente duro en esa misión no era acabar con esos dos tipos, sino él dormir a Erika y yo convencer a mi abuela de que me diese croquetas como recompensa por la mano de obra. Esa era la auténtica dificultad de nuestra tarea nocturna. En realidad debería pedirle un pago mensual por la mano de obra gratuita y obediente que le acabo de regalar, ¿os imagináis recibir una lechuza con un tupper de croquetas todos los meses? Sería super feliz.

Lo dices como si hubiéramos tenido algo que ver en dejar fuera de combate a aquellos dos —le respondí con diversión. —¿Te recuerdo que estuviste todo el tiempo en el suelo y yo congelado? Somos la definición de utilidad. Por favor, no me digas más nunca de hacer algo así, estoy oxidado. —Y Fly me iba a matar mañana, así que en realidad no habría más oportunidades de repetir. Bueno, no me mataría solo por evitarse la pereza de tener que buscar una excusa que contarle a Gabriella cuando fuese mayor.

Me senté en otro de los sillones de la habitación, el de una plaza. Miré a Steven con cara de "jeje, mira lo que tengo", es decir, refiriéndome a las croquetas, pero más bien parecía de pervertido y parecía que me iba a bajar los pantalones allí para enseñarle el pito. Rápidamente abrí el tupper para que supiese que me refería a croquetas y no a ningún pito, ya que mi manera de poner caras para expresar algo era terrible.

¿Quieres? Me las ha dado mi abuela como pago por darle mano de obra gratuita. En lo que venía para aquí he estado sopesando la idea de pedirle un pago mensual de croquetas —dije, tendiéndole el tupper para que cogiese un par de ellas. Al volver a mí, cogí yo una y me la llevé a la boca. Dulce manjar de los Dioses supremos. Era de bacon. ¡¡CROQUETAS DE BACON!! Si ya la palabra 'croqueta' hacía reverberación en mi interior, si le añadíamos BACON era como si me diese hasta un escalofrío de placer mental sólo de imaginarlo.

Pero allí no estábamos para comer croquetas ni lamentarnos porque fuésemos unos inútiles. Ni tampoco para agradecer a nuestros antepasados, Merlín, el karma o a saber qué mierdas, por seguir vivos cuando claramente deberíamos estar —de nuevo— de camino de Azkaban o siendo comida para las ratas.

¿Entonces? ¿Ahora qué?

Yo y mi capacidad para decir las cosas claras y bien explicadas. Ahí podía caber una contestación simple tal que: "a dormir, baby" como una más elaborada en la que me explicase el por qué de la vida, la causa de acción-reacción y me mandase a la mierda por haberle hecho una pregunta de mierda y haber recibido, como reacción, una respuesta de mierda.

Me refiero, ¿qué tienes pensado? Ir a Hogwarts y hacerte pasar por un profesor, ¿pero tienes cara? ¿Documentos? ¿Coartada? —pregunté curioso. Él me había dicho que tenía la gran mayoría de cosas arregladas, pero yo no me había enterado mucho de los detalles. —¿Y sabes como dar clases? Tío, en verdad lo pienso... —De repente las preguntas se quedaron a un lado. —Tienes unos huevos así de grandes. —Le mostré un croqueta enorme, para comparar. —Yo si tuviera que hacer lo que tú, estaría haciéndome caca en los pantalones. Aunque si lo pensamos fríamente, el único sitio donde no te buscarán es tan cerca del peligro. Irónico, ¿eh? —Y mordí la croqueta comparativa de sus huevos.
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Steven D. Bennington el Jue Dic 14, 2017 5:10 pm

No era por infravalorar el trabajo que diariamente realizaban los Aurores que trabajaban para el Ministerio de Magia así como los Mortífagos que actualmente intentaban capturar a los fugitivos, pero dar caza a un poderoso mago como era Diane no era nada complicado. Era pan comido, por suerte no literal, pues teniendo en cuenta el estómago de Drake y Steven se hubiesen pasado todo el rato comiendo pan en lugar de capturando a aquella mujer. De cualquier forma todo resultaba mucho más sencillo si el compañero que, supuestamente, debería ayudar a Diane se ponía de su parte gracias a sus nulas habilidades con la varita. Todo había salido bien. No como ambos habían planeado previamente pero bien. Aunque también había que admitir que no es que hubiesen planeado mucho. Más bien tenían las ideas claras de lo que debían hacer pero se les había pasado por alto preparar el proceso para llegar a su meta.

Lo que fue misión imposible fue convencer a Erika para que se quedase en su cama en lugar de ir a buscar a Albus Dumbledore para hacer una conga. No entendía por qué quería hacer, precisamente, una maldita conga con Albus Dumbledore pero se la veía tan convencida que Steven sentía que Erika era capaz de lograrlo.

- No sé de qué me estás hablando. – Fingió que él había sido la mano ejecutora de todo lo que había sucedido aquella noche. – Además, no me he pasado todo el tiempo en el suelo. Sólo parte y desde el suelo sigo teniendo acceso a mi varita. No como otros. – Dijo con tono infantil, lo único que le faltó fue sacarle la lengua a Drake en una falsa y exagerada pataleta para demostrar quién de los dos era el menos inútil. Por favor, Drake, que eras Hufflepuff. – Te recuerdo que yo estudié para especializarme en transformaciones, tú se supone que tenías que proteger al mundo mágico de señoras locas como esa. – Claro, es que ahora iba a decir Drake que estaba oxidado. ¡Encima iba a ser eso!

Le dolía la cabeza horrores. Quizá por todos los golpes que se había llevado pero más que nada por el estrés que le había generado toda aquella situación. No sólo el hecho de que Erika no le dejase irse de su dormitorio de una maldita vez para descansar, sino eso de haber acabado casi muerto gracias a que ninguno de los dos estaban preparados para aquel tipo de enfrentamientos. Cada vez tenía más claro que, en caso de necesitar huir del castillo, lo mejor sería irse a las cocinas a comer hasta que le matasen.

- La duda ofende. – Dijo cogiendo una croqueta. Por supuesto que no cogió nada de la entrepierna de Drake por mucho que su cara de pervertido pareciese decir “eh, muérdeme aquí”. Pero no. Steven además de heterosexual era un hombre que no veía las dobles intenciones de la gente, mucho menos cuando no las había. Por Dios, si él nunca había entendido eso de no fiarte de un desconocido que te da caramelos. ¿Por qué alguien te daría comida si no es para comer? – Deberías hacerlo. Aunque… Bueno, ella también te está haciendo el favor de mantener a esa loca alejada de la civilización. Seguro que si quiere irse de mochilera por Europa tu abuela se lo impide. Es como una segurata pero blanca, de medio metro y con el doble de años que uno normal.

Sí, ¿Y ahora qué, Steven? Ahora se le venía el mundo encima.

- Ahora tengo que preparar todo para la entrevista de trabajo que tendré mañana. La carta de Diane llegó antes de la fiesta de Halloween así que ya han pedido un nuevo profesor y han mandado una solicitud a un gran experto en Encantamientos, con años de experiencia dando clase en Ilvermorny. – Sí, alguien como él. Exactamente él. Bueno, al hombre que pensaba suplantar. – Adam Widmore. – Le tendió la documentación a Drake. – Murió a principios de septiembre en Utah a causa de una grave enfermedad que lo mantuvo en coma durante años. No tiene familia ni conocidos que se hayan preocupado por él durante su hospitalización. Nadie que sepa que su cadáver desapareció para que yo pudiese suplantarle al otro lado del charco. – No es que fuese un mal plan, pero sí era algo arriesgado. Especialmente cuando iba a meterse en la boca del lobo. – He dado clases de música durante años, no es lo mismo pero no se me dio tan mal intentarlo en el refugio, ¿No? Los encantamientos no se me dieron nunca mal, así que creo que será medianamente sencillo. Lo que más miedo me da es tener que mantenerme impasible si le hacen algo a algún alumno por ser mestizo o porque su familia traiciona al nuevo gobierno. No creo poder ser capaz de quedarme con los brazos cruzados.

Cogió una segunda croqueta que casi engulló antes de ir hacia su habitación, cogiendo una maleta y poniéndola en el salón.

- Le he dejado una nota a Beatrice. Si te pregunta algo dile que estoy bien, y si quieres cuéntale todo lo que sabes. No quiero que te intente matar por no decirle la verdad. – Bromeó, pues no veía a Beatrice capaz de algo parecido aunque era cierto que ver enfadada a su hermana era algo que rara vez sucedía pero que,  de suceder, ya podías cargarte de valor.
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Drake Ulrich el Vie Dic 15, 2017 1:35 pm

Meh, meh, meh. —Moví la mano para quitarle importancia al hecho de que yo no podía acceder a mi varita estando congelado y él, desde el suelo, pues sí. Obviamente tenía razón, pero no se la iba a dar porque esto era orgullo de hombre. —Y lo hacía, amigo. Lo hacía. ¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí recluido? Aunque bueno, no me voy a hacer el batalla, en realidad siempre he sido un poco inútil. Tengo la firme creencia que el karma ha hecho un contrato con la muerte para mantenerme con vida pese a lo idiota que soy, ¿sabes? Que el karma me debe una gorda por lo bueno que soy y como que no quiere que muera. Porque ya me dirás. Lo que viste hoy es cómo siempre soy, sabes.

En verdad me estaba subestimando, aunque ahora hablase muy en serio. Antes no eran tan inútil... quiero pensar que me defendía mejor y tenía bien claro lo que hacer con mi vida para no dejar que una señora borracha me ganase sin una maldita varita en la mano. En serio, qué tristeza. Eso jamás es lo contaré a Fly.

Claro que la duda ofendía, ningún ser humano con inteligencia y estómago podría denegar la oferta de una croqueta. Porque las croquetas son bien.

Esa pobre mujer ya pasará el resto de su vida en esa granja, te lo aseguro. Mi abuela seguro que morirá primero y la obligará a quedarse con la herencia para que las gallinas, las vacas y las cabras siempre tengan un dueño bien enseñado. Y antes de morir adoptará a un negrito o algo así y obligará a esa señora a enseñarlo. Será un bucle. —Y es que lo tenía claro. Mi abuela era la típica abuela de la chancla. ¡Ay, como se le ocurriese a esa pobre mujer intentar desafiar a mi abuela! Aún con cincuenta años, mi abuela le enseña la chancla y se la tira al ojo.

Fue entonces cuando le pregunté por su plan y él comenzó a relatarme su compleja estrategia que ya había llevado prácticamente a cabo. Dejé las croquetas sobre la mesa para sujetar la documentación de Adam Widmore, sorprendiéndome por lo bien hilado que lo tenía todo. La verdad es que escuchar la historia fue un poco triste: el pobre señor en coma y nadie le hacía caso. Así iba a terminar yo mañana después de la bronca que voy a tener con mi mujer.

Continué escuchando, hasta que él se permitió dudar pese a la seguridad con la que me estaba diciendo todo. ¡Eso no se podía permitir! Porque como él dudase de sí mismo, todo se iba a ir a la mierda.

Pues vas a tener que hacerlo, amigo. —Me puse en pie, para acercarme a él y ponerle una mano sobre el hombro en plan amigo super apoyador. O sea, apoyador de que da apoyo. ¿Cómo cojones se dice eso? Tú me entiendes. —Si vas a entrar ahí dentro es para hacerlo bien y cumplir con un papel. No puedes desestabilizarte a la mínima o te vas a poner en peligro a ti y, con ello, a tu hija. Yo también lo pasaría muy mal si veo injusticias, pero lo único que puedes hacer es actuar como un profesor estricto que no pasa una falta de respeto, indistintamente de la sangre. Pero no te metas en ideologías chungas o chungo. —Obvio. Yo y mis explicaciones super profundas. De aquí a filósofo: "no te metas en cosas chungas o chungo. Drake, 2017".  

Lo miré asustado cuando dijo que su hermana intentaría matarme. Si es que todas las mujeres son iguales. Si fuera al revés, seguro que Fly también intentaría matar a Steven. El caso es que al menos Beatrice era así como rubita y parecía una persona más razonable que Fly estando enfadada. Jopé, cada vez me ponía más nervioso por la llegada de mañana. Aunque quería pensar que al verme sano y salvo, me abrazaría y me diría: "¡ay, Drake, cuanto te quiero!", porque yo soy muy optimista en esta vida.

Hecho. Me aseguraré de que se crea, al menos un poquito, que estás bien de verdad. Porque en Hogwarts... Deberíamos tener algún tipo de comunicación extraña en la que puedas decirme que estás bien, cada semana o algo. Una marca en algún sitio en Hogsmeade, o algo así. Así podría trasmitirle a tu hermana más tranquilidad. Y yo también la tendría. Al fin y al cabo, ahí dentro estarás incomunicado porque las cartas entre nosotros son totalmente inviables. —Propuse como idea, para entonces apartarme, agacharme y coger otra croqueta. —Te puedo ayudar a preparar lo que necesites, ¿o te vas a ir ya? —pregunté, ya que la maleta esa ahí me confundía.
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Steven D. Bennington el Vie Dic 15, 2017 9:46 pm

Al parecer conseguir un empleo como Auror en el Ministerio de Magia era tan fácil como ser acosado por los miembros de una ONG en una calle céntrica de la una gran ciudad. Drake parecía haber nacido con una flor en el culo como para después de vivir situaciones como aquella seguir de una sola pieza. Y, además de todo, haber logrado escapar de Azkaban como el que sale de su casa a comprar el pan a primera hora de la mañana. Si es que hasta el idiota de Astronomía – que no de Adivinación como Steven llevaba toda la noche pensando – podría ser un miembro de utilidad del cuerpo de Aurores después de las capacidades resolutivas que había demostrado aquella misma noche. Y eso que en un principio sacar la varita de su pantalón había sido toda una odisea. Si Steven era sincero, no comprendía cómo había logrado sacar la varita sin quitarse los pantalones en el intento. Pero lo agradecía, seguramente llevaría unos calzoncillos amarillentos por el uso, raídos de tal modo que no dejarían mucho a la imaginación y unas piernas debiluchas y delgadas a comparación con el tamaño de su estómago.

- Sí, no  me imagino otra razón por la que puedes estar vivo. – Dijo Steven dándole la razón. Si esperaba que le dijese que no, que era un gran mago, diestro con la varita y con grandes habilidades para el duelo podía ir buscando a otra persona. Steven no era hombre de mentiras pero tampoco de entender cuándo alguien le quería pedir que le dijese algo bueno. ¿Sabéis ese momento en el que una mujer pregunta si un vestido le hacía gorda? Pues Steven contestaba que sería porque había comido mucho ese día.

Teniendo en cuenta el carácter bonachón de Drake era incapaz de imaginar a su abuela como una persona con carácter. Más bien la imaginaba como era Drake exactamente pero con el pelo blanco y rizado, las cejas canosas, un vestido blanco de lunares azules, un par de dientes de menos y arrugas por toda la cara. Sí, un Drake disfrazado de abuela en toda regla.

- A lo mejor adopta una china y monta una tienda de todo a cien con las vacas, las cabras y las gallinas. – Dijo Steven poniendo en duda el tan elaborado plan de Drake sólo por hablar de vacas, cabras y gallinas. ¿Acaso nadie pensaba en las ovejas?

Lo que debería ser una conversación seria entre dos hombres adultos se convirtió en una carcajada por parte de Steven al ver la reacción de Drake. No es que no agradeciese las palabras de ánimo y que alguien le dejase claro que tenía que interpretar un papel del que dependería, literalmente, su vida y posiblemente la de su hija. Sino que, además, añadía esa forma de expresarse tan de Drake que no podía evitar reír ante ello.

- Ideologías chungas o chungo. – Repitió. – Me queda claro, me queda claro. – Dijo cogiendo la documentación para volver a guardarla.

Beatrice era alguien de paz y tranquilidad. Una persona serena que irradiaba felicidad y armonía. Pero no. Cuando algo hacía que su chip de felicidad cambiase era peligroso incluso estar cerca de su propia hermana. Por suerte con los años no había tenido que vivir muchos de esos momentos en la vida de su hermana pero no dudaba que, cuando descubriese que se había ido sin dar ninguna explicación, pediría su cabeza a voz en grito y se llevaría por delante a todo aquel que intentase impedirle llegar a su hermano. Y, en este caso, ese podía ser Drake. Drake y su cabeza bien colocada sobre sus hombros.

- Estaré bien, creeme. – Aseguró sin creer él mismo en que aquello podría ser remotamente posible. Era mejor no ponerse en lo peor o podría acabar sucediendo. – Había pensado usar un teléfono móvil desde Hogsmeade. Pero a lo mejor sería arriesgado. ¿Se te ocurre como podría hacerlo sin levantar sospechas? A Zoe le mandaba pizzas cuando trabajaba en la pizzería cada viernes, luego me despedí para montar todo este jaleo por el que  me matará si lo descubre y… Casi me mata cuando vino al refugio. – Admitió Steven aún con un sentimiento de culpabilidad que le golpeaba al pensar en aquello. Por lo que intentaba no darle demasiadas vueltas. - ¿Pongo una equis en una puerta? Suena muy bíblico. – Rió. - ¿Se te ocurre algo? – Preguntó una vez más en una petición de ayuda.

No tardaría en irse. Debía estar a primera hora de la mañana en Hogwarts para la entrevista de trabajo y, con suerte, se quedaría allí para trabajar por lo que quedaba de año. O eso quería creer. Porque como le dijesen que no todo su plan acabaría tirado por los suelos.

- Creo que tengo todo. – Dijo mirando las dos maletas que llevaba y que, como buen nacido de muggles, iban a reventar.

Sin previo aviso, la puerta se abrió de par en par.

- ¡Steven, amigo de Steven, vamos a bailar! – Sí, Erika volvía a hacer acto de presencia.

- ¿Cómo diablos salió de su cama? – Preguntó casi en un susurro (como si Erika fuese a enterarse de lo que decía) antes de ir en dirección a la chica que avanzaba haciendo eses y, sin previo aviso, vomitó en el suelo. Concretamente sobre los pies de Drake. – La que nunca vomitaba.

- Ups.
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Drake Ulrich el Mar Dic 19, 2017 4:16 am

Steven era de los míos. Le contaba alguna paranoia y él siempre me apoyaba o salía con alguna cosa más extraña todavía. Porque ya me diréis que el trato entre el Karma y la Muerte no era una paranoia. Que era curioso porque todo el mundo nos imagínabamos a la Muerte así como La Parca, ¿no? Tenebrosa, así oscura y tal, como un dementor pero con un guadaña de podar. ¿Pero nadie nunca le ha puesto cara a El Karma? Porque La Muerte la pintamos normalmente masculina. Pero yo el Karma lo veo femenino, pese a que en realidad no lo sea, ¿sabes? Yo me imagino ahí a una señora regordeta, india y arrugada, sentada en un trono super poderoso como Reina y Señora de las Leyes de Murphy.

Pues debería adoptar a un negrito y a una chinita, sí. Se lo recomendaré. —Porque todos sabemos que los negritos y las chinitas son la mejor mano de obra, ¿a qué sí? Pero no. Era porque los chinitos y los negritos son las más monos del universo. Por eso. Yo soy muy Hufflepuff como para pensar que es por la mano de obra.

A ver, pensar una manera en la que pudiese comunicarse con nosotros de manera indirecta era complicado, ya que entre que todo ahora mismo tiene una vigilancia extrema y que cualquier acto sospechoso —válgase la redundancia—, pues es sospechoso, pues podría tener problemas a la hora de hacer cualquier tipo de cosa. Cuando dijo lo del teléfono móvil le miré con cara de loco esquizofrénico, ¿en qué momento se le había ocurrido esa idea? Era malísima. Seguro que si se me llega a ocurrir a mí creo que es una buena idea, pero no, es mala. La peste.

Ni se te ocurra llevarte un teléfono móvil a Hogwarts, tío —le dije claramente, mirándole seriamente para que, si lo tenía en alguna de esas maletas, lo quitase a la de ya. —Cómo te vean eso allí, aunque no funcionen, pueden hacerte muchas preguntas innecesarias y sospechar. Lo mejor es algo que parezca que haces de normal... —Por ejemplo, lo de la pizza era una idea FABULOSA, pero claro, ahora no podía ir repartiendo alumnos cada viernes para demostrarnos que estaba bien. —Está claro que lo mejor es cada fin de semana en Hogsmeade. ¿Qué opinas de marcar alguna mesa de las Tres Escobas? Es fácil. Siempre te sientas en la misma un día, un domingo por la tarde que suele haber poca gente en las Tres Escobas y con cualquier cosa haces una marca en el lateral de la mesa. Cada fin de semana tiene que haber una nueva. —Ofrecí como idea. —Eso sí, habría que saber qué mesa sería y alguna forma de que nos lo digas.

Más le valía estar bien y no cagarla en Hogwarts. Que con la bronca que me voy a llevar mañana, más me vale que haya servido para algo, que si no me voy a deprimir. Estuve a punto de despedirme de él para no retenerle más tiempo —pues lo que iba a ser era duro y, al menos yo, necesitaría mentalizarme para eso—, pero entonces de repente la puerta de la habitación de Steven se abrió de golpe. Erika entró como Pedro por su casa, dirigiéndose directamente a mí para vomitarme en los pies.

Tiene que ser una broma —dije, mirando a Steven y poniendo los ojos en blanco. —Anda, vete ya y mentalízate. Todo saldrá bien. Ten cuidado. —Le animé a irse ya antes de que Erika se le tirase encima.

Erika se le tiró encima, agachándose a su lado y abrazándose a un pie.

¡No te vayas! ¿A dónde te vas? ¡¿NOS ABANDONAS?! —preguntó triste. —Me suena que conozco la historia pero no me acuerdo... —dijo entonces, intentando hacer memoria.

Vamos, suéltalo que tiene que irse. ¿Quieres seguir de fiesta? Venga, sigamos de fiesta.

¿Sin Steven? —preguntó Erika, otra vez con cara triste.

Madre mía, qué capacidad tenía la gente para poner cara de perrito abandonado, de esas caras que te ablandan el corazón y lo hacen papilla de manzana.

Steven es un viejo aburrido. Yo soy el divertido.

¡Amigo! —Y se tiró entonces hacia mí, abrazándome mi pierna. Yo le hice unos movimientos con las manos en plan: "fus fus" a Steven para que se fuese yendo.

Me llamo Drake —le dije entonces, ya que no nos habíamos presentado.

¡Y yo Erika! —dijo emocionada.

¿Y yo iba a tener que mandar a esta señora a la cama? Si parecía un búho de lo abierto que tenía los ojos y la vitalidad que rezumaba el brillo de su mirada. Yo creo que podría ser ahora mismo el alma de cualquier fiesta.
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Steven D. Bennington el Miér Dic 20, 2017 4:45 pm

Vale, la idea de comunicarse mediante un teléfono móvil no era buena. Aun cuando consideraba que sería la forma en la que no podrían interceptar los mensajes los Mortífagos por negarse a utilizar un aparato tan muggle y, aún así, tan fácil de interceptar. Pero su ego de Mortífagos prepotentes no les dejaba darse cuenta quela tecnología muggle podía ser utilizada por los fugitivos – especialmente por aquellos con orígenes muggles –y que en caso de rastrearla sería fácil dar con ellos. Pero no. Ellos no usaban el cerebro para pensar algo tan rebuscado como aquello.

- A ver, que no pensaba llevármelo y ponerlo encima del armario de mi despacho. Ni colgarlo con un cable de la pizarra para que los alumnos intentasen lanzarle hechizos. Aunque tampoco es mala idea para una clase… - Negó con la cabeza, cambiando de tema e intentando centrarse en el que realmente importaba. – Pensaba dejarlo en algún lado de Hogsmeade e ir a por él. Aunque claro, ahí también cabe la posibilidad de que alguien lo encuentre y meta en problemas a mis últimos contactos aunque borre el registro de llamadas y mensajes. O que se lo lleve un cuervo pensando que es un objeto brillante y no un Nokia ladrillo que no tiene ni el Snake. – Sopesó Steven, quien comenzaba a pensar de verdad que Drake tenía razón y que el usar un teléfono móvil no era buena idea.

Todo era muy complicado. ¿Y si la mesa estaba ocupada? ¿Y si había un incendio y se quemaban las mesas? ¿Y si entraba un ladrón de mesas y se la llevaba? ¿Y si ese fin de semana se quedaba corrigiendo exámenes o con alguna reunión? Aquel plan cojeaba tanto como las mesas de Las Tres Escobas.

- No creo que sea buen plan. – Dijo mirando al cielo en busca de respuestas divinas. Como si una paloma mensajera se le fuese a cagar encima y, de paso, darle también una respuesta a cómo comunicarse. – Pero gracias. – Añadió rápidamente con tono alegre, incluso apoyando una mano sobre la de Drake a modo de “hey, colega, que agradezco el detalle pero tu plan es incluso peor que el mío”. Pero eso no lo dijo en voz alta porque Steven era una persona muy educada.

Steven tenía intenciones de marcharse de allí. Sería lo mejor que podía hacer para garantizar llegar a primera hora de la mañana cuando ya debían rondar las seis de la mañana o incluso más después de su misión, el viaje de Drake a por croquetas hasta Italia y la lucha de Steven por meter a Erika en su cama.

Pero no pudo ser.

La puerta se abrió de par en par y Erika apareció haciendo una de sus entradas espectaculares bañando el suelo – y los pies de Drake – de vómito. Se levantó como si nada y comenzó a montar un drama al ver que Steven tenía las maletas y se iba a ir a algún lugar de la Mancha de cuyo nombre Erika no podía acordarse.

- Yo ya estoy viejo para esas juergas, Erika – Dijo pasándole la mano por el pelo de manera paternal y es que, aunque Erika no lo recordase, se iba para un largo periodo de tiempo y sentía gran aprecio por aquella mujer. Quién, si seguía así, posiblemente acabaría muerta en los próximos meses y sería su última oportunidad para poder despedirse de ella.

Antes de que Erika abriese la puerta para irse de fiesta a vete Dios saber donde, Steven se acercó a Drake para darle un abrazo de despedida.

- Gracias por todo. Te debo una. – Dijo antes de que Erika volviese, cogiese de la mano de Drake y tirase hacia al exterior. Pero no tenía fuerza y el resultado fue caerse de culo y quedarse como una cucaracha boca arriba, moviendo los pies y las manos en todas las direcciones.

- ¡Amigo! ¡Amigo! ¡Amigo!  - Comenzó a gritar Erika desde  el suelo hasta que se dio cuenta que si intentaba levantarse podía conseguirlo sin mucha dificultad. – Ah, ya pude yo sola. Gracias por nada. – Dijo toda indignada y digna, colocándose el pelo que le caía en cascada sobre la cara para apartarse de Drake sin poder andar en línea recta, lo que le hizo tropezarse nuevamente con sus propios pies para comerse el suelo.

- Anda, ayuda a Erika. – Dijo Steven con una sonrisa en el rostro antes de ver como Drake iba a ayudar a la chica para, finalmente, salir del refugio en dirección a Hogwarts. Menudos meses le esperaban.
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