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Priv. || Entre las estanterías ||

Ryan Goldstein el Jue Nov 02, 2017 2:30 am

—¡Eres una bibliotecaria!—Era una afirmación, evidentemente. ¿Y una forma de saludo? El hombre te había atrapado en el trabajo, rodeada de libros. ¿Cuántas otras opciones había? ¿Y el rubio ese, con la sonrisa optimista, era…?—Soy un bibliotecario también.

¿Lo era? Oh, bueno, tenía mucho que contar sobre sirenas y unicornios, pero no parecía el tipo que se queda quieto en un solo lugar. Era un poco, ¿cómo explicarlo? Salvaje, a su propia manera, con un culo inquieto. Imaginártelo como una persona tranquila, con su café en el escritorio y leyendo libreo, era difícil. Pero ey, ése era él. Cuando no estaba montando unicornios voladores.

Ese día Ryan había entrado a una biblioteca y casi se había llevado por delante un par de cajas. Además de hacer rabiar a un hombre bajito, al que se lo tragó en el camino, ¡pero sin querer! Es que el rubiales era distraído. Anduvo un poco ojeando las estanterías, curioseando. Hasta diríase que se olvidó que había llegado allí, por algo. Que venía del refugio. Que era miembro de la Orden. Que Voldemort andaba suelto. Pero al final, te encontró. Y se te apareció de repente, como los sustos.

—Un curador—aclaró, ¿luego de su presentación? Y de nuevo, ¿él era…?—. Curo libros. ¿Estás muy ocupada?—preguntó, casual, mirando alrededor. De pronto, se dio cuenta de algo. Lo podías decir, por la expresión abierta de sus ojos, azules. Y se presentó—: Ryan Goldstein,
¿cómo estás? ¿Necesitas ayuda con eso?

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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Coraline I. Murphy el Jue Nov 02, 2017 7:26 pm

La irlandesa no esperaba recibir ninguna visita aquel día, pues todo indicaba que iba a ser otro día normal dentro de su aburrida rutina diaria. Pero al parecer las cosas se habían torcido últimamente y el mundo quería hacer de la vida de la bibliotecaria algo mas interesante, o al menos poco convencional. Como siempre, estaba centrada en su trabajo de ordenación de libros en las estanterías, leyendo con atención las etiquetas para colocarlos en el lugar indicado y conduciendo el carrito metálico de un lugar a otro de la biblioteca, cuando alguien interrumpió su trabajo y también sus pensamientos. Alguien a quien no esperaba ver en una biblioteca muggle, como ellos solían llamarlas de forma despectiva desde el punto de vista de Cora.

¿Ah si? Pues menuda coincidencia, no tienes pinta de serlo. — Miró al rubio de arriba a abajo dándose cuenta de que se alejaba muchísimo de la típica imagen de bibliotecario aburrido y amargado, al igual que ella misma. De buenas a primeras su rostro no le pareció demasiado familiar, así que le siguió la corriente por simple cortesía. — ¿Curas libros? Quizás querrás decir que los restauras o algo parecido ¿No? — Alzó una ceja, mirándole como si estuviese un tanto loco. Y es que no entendía a que se refería con eso de curar libros, a no ser que considerara que un libro viejo y estropeado pudiese estar enfermo, entonces si que tenía algo de sentido.

Y de repente, al escuchar su nombre, la morena recordó quien era. Ya le había visto antes y sabía de el gracias a su hermano Connor y a la orden, de quienes Cora se había hecho partidaria sin comerlo ni beberlo. Había hablado con el antes, pero por alguna extraña razón no había memorizado los rasgos de su rostro. — Oh si, ya me acuerdo de ti Ryan, perdoname. Tengo muchas cosas en la cabeza y me había olvidado de ti por completo. — Se llevó una mano a la frente y chasqueó la lengua, molesta consigo misma por lo despistada que podía llegar a ser a veces. Despistada y olvidadiza, como un pececillo.

Miró a su alrededor en busca de la insoportable y cotilla de su compañera, no quería que volviera a meter las narices en sus asuntos. — No, no estoy ocupada, puedo dejarlo para otro momento. Seguro que has venido aquí por algo mas importante que ordenar libros de la A a la Z según el apellido de su autor. — Con desgana, soltó el libro que tenía en la mano sobre el carrito de metal y con un gesto hecho con la cabeza le indicó al hombre que la siguiera hacia uno de los pasillos vacíos que había a su izquierda para poder hablar tranquilamente. — Cuéntame ¿Ha pasado algo malo?
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Ryan Goldstein el Vie Nov 03, 2017 4:45 pm

—¿Coraline?—llamó Sissy, una rubia bonita y cotilla, con unas gafas algo excesivamente grandes. Buscaba a su compañera, por entre las estanterías y halló su carrito. Continuó caminando, acomodándose las gafas con curiosidad a medida que avanzaba con un sujetapapeles en la mano—¡Coraline!, ¡ahí estás!—Se detuvo un poco al reparar en el hombre, e hizo una mueca ligeramente desdeñosa. Ryan, tan sonriente, parpadeó un poco confundido, ¿le habría hecho algo? Pero ella volvió la mirada a su compañera—¿Y tu amigo?—preguntó. Y enseguida añadió, sin considerarse inoportuna para nada y con una incontinente verborrea—: Tengo apuntadas las entregas de hoy, incluidas las donaciones. ¡Y se han perdido dos cajas!; ¡dos cajas de libros!, ¿qué hacen las editoriales? Y no, no, las he contado muy bien. ¡Están perdidas! He estado llamando e insistido en ello, ¿y sabes lo que me han contestado? Bueno, no deberías. ¡Pero han sido tan, tan maleducados! ¡Y el señor Polock! Tú sabes, el de mantenimiento, ése que tiene barriga y pelada y está casado con una maestra de esa escuelita calle abajo, que tiene cincuenta gatos en su casa que sólo comen de la marca Whiskas, ¿ese Polock? Bueno, ha dicho por teléfono que está enfermo, ¡y se ha negado a venir! (¿cómo se ha atrevido, justo ahora?) ¿Que por qué lo digo? ¡Porque ALGUIEN tenía que acabar hace dos semanas de pasarle una capa de pintura a esa esquinita del primer piso, ¡está horrible con toda esa humedad! ¡Y corrimos las estanterías y todo!; ¡pero ese desastre no puede seguir así!, ¡hay libros que acomodar y…

—¡Oh!, ¿tú necesitas ayuda?—Ryan le regaló una amplia, blanca, fresca sonrisa, que a ella la dejó fría. Otra vez, ¿quién había dicho que era ese tipo?, ¿y por qué parecía tan optimista? El rubiales miró a Coraline, brevemente, con una confianza que no se explicaba. En primer lugar, ¿no le había dado a entender que tenía algo que decirle? Bueno, había abierto la boca para ello (sólo llegó a decir: ‘No te preocupes…’), pero la repentina compañía lo interrumpió. Pero ey, ¿ofrecerse así nada más?, ¿y qué pasa con la oscuridad que asola al mundo mágico?, ¿Y Voldemort suelto?—Se me da bien lo de las remodelaciones—aclaró—¡Y lo hago todo al estilo muggle!—apuró a comentar, hablándole a Coraline, como queriendo tranquilizarla—Es mi pasatiempo.

—¿Qué?—inquirió Sissy, sin comprender.

Ryan, quizá pensando que se habría perdido algo de la conversación, hizo eco a su pregunta:

—¿Qué?

Que se te ha escapado un modismo poco usado en el barrio, rubio. Él ni cuenta. Le sonrió, encantador. Sissy casi se echó hacia atrás, de la negativa impresión que, por alguna razón, tenía de ese extraño. Pero algo se le ocurrió, de repente. Porque tú sabes, Sissy era práctica, por sobre todo, y siempre metía a la gente a llevar a cabo tareas que no les correspondían. Siempre y cuando ella pudiera volver a arreglarse las uñas, sin pensar en cosas por hacer y líos de último momento.

—¡Oh, bien! Tú ven conmigo. ¿Qué? ¡Necesitamos una mano en ello! ¡Y no puedo hacerlo todo yo sola!, ¡no vuelvas a dejarme sola, Coraline!, ¡que hay un montón de cajas!


Y sin pensarlo dos veces, lo arrastró del brazo a que se luciera como albañil de turno, descascarando la pared y pasando por encima el rodillo. Bueno, ese era el plan. ¿Y qué si se manchaba un poco la ropa? Se arremangaba y punto. ¿Él? ¡Estaba tan encantado de sudar la frente!
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Coraline I. Murphy el Jue Nov 16, 2017 10:27 pm

A veces, solo a veces, Coraline tenía la sensación de estar rodeada de locos, sobretodo en aquella biblioteca. Era un lugar público, una biblioteca normal y corriente sin nada que ver con el mundo mágico y aún así parecían ocurrir mas cosas extrañas de las que ocurrirían en la biblioteca de la escuela, por ejemplo. Eso o verdaderamente la frecuentaban personas que no estaban demasiado bien de la cabeza, incluidos los empleados. Entre Doris la "vieja bruja" como la llamaba Cora pese a ser una muggle mas, y Sissy, iban a acabar volviendo loca a la morena, quien volvía a casa casi todos los días con color de cabeza por culpa de aquellas dos cotorras y por las que muchas veces necesitaba acudir al pub irlandés al salir del trabajo para beber algo y relajarse. ¿Por qué no le habían tocado compañeras normales? De esas calladitas con las que se tiene una relación meramente cordial debido al trabajo y poco mas. Además, se suponía que una bibliotecaria debía ser una persona calmada, tranquila y sobretodo con bastante serenidad, no un matojo de nervios como lo era aquella chica. Que desastre...

Interrumpidos por ella, Cora la escuchó tratando de quedarse con todas y cada una de sus palabras, pero era tan difícil... Hablaba demasiado rápido y expresaba demasiada información en muy poco tiempo, lo que dificultaba aún mas las cosas. Por si fuera poco, no hacía pausas y tampoco les dejaba hablar ni a Ryan ni a ella, maldita descarada.  — El no trabaja aquí Sissy, no puedes pedirle que haga nuestro trabajo... — Trató de persuadirla, ya que realmente le sabía mal que el rubio tuviese que ponerse a trabajar de forma gratuita e inesperadamente. Además ¿Que hacía un mago pintando en una biblioteca muggle? Era insólito y por muy amable que fuese aquel chico, Cora pensaba que en el fondo no debía de hacerle demasiada gracia todo aquello.

Entonces, la palabra muggle salió de la boca de Ryan y la morena le miró con cierto pánico en el rostro.

Nada Sissy, es una forma de decir que hace las cosas... Rápido ¿Verdad Ryan? Ya sabes, es una nueva jerga juvenil que utilizan los chicos jóvenes en la calle, es que mi amigo es muy moderno y está al día de todo. — La rubia se le quedó mirando muy interesada, pese a que lo que le acababa de contar era una gran tontería. — ¡Entiendo! Tengo que ponerme al día con estas cosas, yo también soy una chica moderna. — Soltó una risita, arrugando su rostro y mostrando unas patas de gallo alrededor de los ojos que demostraban que joven, lo que viene siendo joven, no era precisamente.

Coraline suspiró, sin estar nada contenta por como la rubia les había enredado a los dos para hacer su trabajo. Les siguió a ambos y al ver como ponía a Ryan a pintar, se le cayó la cara de vergüenza, sintiéndose mal por no poder hacer nada para evitar que tuviera que ponerse a pintar. Por su parte, comenzó a coger cajas con los nuevos libros de la semana y sin apartarse demasiado del rubio, empezó a abrirlas y comprobar lo que había en su interior. — Muy bien, muy bien, entre los tres acabaremos con esto rapidito ¿Verdad guapo? — Sissy le guiñó el ojo a Ryan y cogió la caja mas pequeña y menos pesada para examinarla por su cuenta, estaba hecha una caradura.

Lo siento mucho, esta chica sabe enredar a cualquiera. — Bufó, mirándola de reojo molesta. — Ten cuidado con lo que dices, recuerda que este sitio está lleno de muggles y no quiero que te metas en problemas. — Le advirtió, tal y como lo haría una hermana mayor o una madre. —  Me daré prisa con esto para que podamos hablar tranquilamente, me muero de curiosidad. Si no es nada malo... ¿Se trata de algún mensaje de mi hermano o algo así?
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Ryan Goldstein el Miér Nov 29, 2017 4:49 pm


Juvenil, esa idea le hizo gracia. Ryan era un hombre moderno. Bueno, era americano (si eso se suponía que tenía que significar algo. Y sí, olvidémonos del resto de América, como si no existiera otra gente, u otros países). “Sí, sí, claro”, concedió. Se hizo notorio que la actitud de Sissy para con el rubiales cambió drásticamente cuando vio que podía serle útil y que sería una gran ayuda a su causa: pasar la tarde sin hacer otra cosa que pintarse las uñas.

—Oh, no es problema—contestó, servicial. Que agradable, el tipo—Los muggles siempre me resultan gente graciosa. Digo, tú sabes, siempre tan ‘modernos’—No, realmente, no entendemos muy bien lo que quieres decir. Pero le estaba tomando el pelo a la rubia, eso por seguro. Con esa sonrisa tan amable en su rostro—¿La verdad? En la orden queremos saber cómo estás. Es como una pequeña familia—explicó—Y sé que a él le gustará saber de ti. Hacemos lo que podemos. Con tantas restricciones en las visitas y eso, a veces nos ofrecemos para dar parte a los familiares—Lo ponía como algo tan sencillo, que te dirías que el mundo estaba a tan sólo un paso de ser un lugar mejor—Pero esto ha sido un capricho mío. Pasaba por el barrio, por eso de la plaga de Bundimuns—¿Qué?—Te cuento los detalles luego.

Ey, ¡Ryan!, ¡no dejes a la gente con las novedades por la mitad!

Y se largó, ‘a pintar’, dejándote con todas esas cajas. Sí, Sissy abandonó a un extraño con los rodillos y los botes de pintura, toda contenta, sólo pensando en su manicura, mientras él aprovechaba la oportunidad para colarse a investigar esa cañería que le estaba dando problemas a la biblioteca. Porque no se trataba de un problema con el que los muggles pudieran lidiar ellos solitos. El buen señor Pollock era un ejemplo de por qué el asunto no era tan sencillo. Después de todo, no es que se hubiera ‘ausentado’ como la rubia indiferente había dicho, sino más bien que había quedado atrapado en el subsuelo con una plaga de hongos mágicos. Un problema que había aquejado a esa zona recientemente. Los vecinos debían estar preocupados. Y puede que los Bundimuns no fueran lo único sobre lo que debían preocuparse.

¿Dónde estaría el señor Pollock?

—¡Ey, Carol!, ¡aquí!—Allí, bajando las escaleras, entre las tuberías, en la oscuridad húmeda y misteriosa—¡Qué bueno que hayas venido! ¿Ves esto?—Y señaló un GRAN HOYO NEGRO que parecía ser la entrada a la guarida de un topo subterráneo—Creo que quizá tengan algo así como un asunto de ‘ratas grandes’ en la biblioteca—comentó, natural—Tendré que entrar a echar un vistazo. Y esta gorra, ¿es de alguien que tú conozcas? No te preocupes, me haré cargo—Sí, ‘todo estaba bajo control’— Por cierto, Sissy dijo algo de una limonada antes de dejarme. Y me ha dado algo de sed.  
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Coraline I. Murphy el Vie Dic 01, 2017 9:44 am

Coraline miró al rubio con una ceja alzada y cara de incredulidad ¿Que se preocupaban por ella? ¿A Santo de qué? Era otra squib sin mas, con un hermano y un padre magos, pero mediocre y del montón ¿por qué perder el tiempo preocupándose por ella? Intentando buscar una razón, recordó que se había metido ya en varios líos con magos de los que había salido viva de puro milagro y que era raro que aún no le hubiesen hecho nada por ello. En realidad, tal vez no era tan raro que se preocuparan por ella. Aún así a Cora le extrañaba bastante teniendo en cuenta la cantidad de fugados que debía haber y que necesitaban mucha mas ayuda que ella. De todos modos tampoco iba a quejarse, pues era bueno saber que al menos había alguien que se preocupaba por ella aunque fuese de forma efímera.  — Bueno, si ves a mi hermano dile que la próxima vez si quiere saber algo de mi venga directamente a verme. Si es que puede o tiene tiempo, claro... — Ya que don perfecto seguro que debía estar bastante ocupado con tonterías que Cora prefería ignorar.

Continuó con su trabajo con las cajas hasta que perdió de vista al rubio. "Como Sissy vea que se ha ido me va a matar" pensó, entrando ligeramente en pánico al haber perdido a su... ¿Amigo? Si, podía considerarlo amigo, o por lo menos un aliado en quien confiar, por muy rarito que pudiese parecerle. Dejó las cajas de lado y comenzó a buscarle por toda la biblioteca, susurrando su nombre con la esperanza de que la escuchara; hasta que fue ella misma quien escuchó como la llamaba.

Fue hacia el lugar en el que había escuchado la voz de Ryan y bajó las escaleras hacia aquel oscuro sótano que daba directamente al alcantarillado de la biblioteca y al cual Coraline nunca se había atrevido a bajar por puro terror ¿Y si aparecía Pennywise o algún otro monstruo? Le entraron escalofríos. Con la ayuda de su teléfono móvil alumbró el lugar hasta encontrar a Ryan, al cual se acercó para ver que es lo que le tenía tan entretenido. — Bundi... ¿Qué? No he oído ese nombre en mi vida. — Normal, solo era una "squib" sin mas. — ¿Ratas grandes? Ay dios, que no se entere Sissy porque le va a dar un infarto... — Y a ella también, pues no le podían dar mas asco aquellos roedores, sobretodo si venían del mundo mágico. Aunque realmente no sabía si de verdad eran ratas u otras cosas. — Esta gorra es de uno de los repartidores de la biblioteca ¿Pero que hace aquí? No me digas que uno de esos bichos se lo ha llevado... — Definitivamente aquello estaba comenzando a tener tintes de película de terror.

Asintió sin mas y volvió arriba para ir a la máquina de refrescos a por una limonada, momento en el que fue sorprendida por la rubia mientras se encontraba limándose sus uñas en el mostrador de información. — ¿Coraline? ¿Que haces aquí? — Preguntó de forma inquisitiva, apunto de reñirla por  no estar haciendo su trabajo. — Bueno, ya que has puesto a mi amigo a trabajar, que menos que llevarle algo de beber ¿No? El pobre está muerto de sed. — Explicó, con cierta malicia en sus palabras para que Sissy se sintiera mal por ser aprovechada. Pero no sirvió de nada, pues la mujer se encogió de hombros y continuó con lo que le interesaba en aquel momento, el tamaño de sus uñas.

Coraline le puso cara de asco y sacó el refresco de la máquina. A continuación volvió a toda prisa hacia el sotanillo, no sin antes colocar arriba de las escaleras un cartel de prohibido el paso para evitar visitas inesperadas y que Ryan pudiese... ¿Trabajar? — Toma, a Sissy no le ha hecho mucha gracia verme sin trabajar ¿Crees que tardaremos mucho en resolver esto? — Hablaba en plural porque consideraba que ella también había acabado metiéndose en la tarea del rubio. — ¿Me puedes dar una descripción de esos bichos? Quizás si veo alguno pueda avisarte... — Entonces, algo la interrumpió, pues le pareció ver algo parecido a un moco verde correteando al final del pasillo. — Ryan... ¿No será esa cosa lo que estabas buscando? — Inmediatamente se puso detrás de el, aquello era mas asqueroso de lo que había imaginado.
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Ryan Goldstein el Miér Dic 20, 2017 8:57 am

—¿Crees que tardaremos mucho en resolver esto?

Ryan la miró, volteando de repente, con la limonada a punto de un sorbo. Se sonrió, se mandó la bebida de un trago largo, y dejó el vaso en el suelo luego de un efusivo ‘¡Gracias!’. Dispuesto a tomar rumbo. Rumbo hacia lo desconocido. Avanzó, con un pie en la entrada del TÚNEL HACIA LO INIMAGINABLE, y se agachó para inspeccionar los restos de moho en el suelo.

—Verdes. Desagradables. Viscosos—comentó, distraído. Pero la llamada de atención de Coraline lo hizo incorporarse, buscando con la mirada avisada el origen de su pregunta. Y contestó, asintiendo levemente—Sí, son esos. ¡Bien, los has encontrado!

Esos, no eran peligro. Ryan apuntó con la varita y un conjuro de limpieza los hizo chillar y desintegrarse como si se tratara de una solución ácida. Pero esos eran sólo reos perdidos, sólo el principio, si estaba en lo cierto. Porque siguiendo el túnel, esos amiguitos se habrían conformado en una masa REALMENTE GRANDE y viscosa.

—Busquemos a tu amigo—dijo a continuación, y se introdujo como si nada en el hoyo en la pared.

Siguieron el camino, un reguero de tierra y escombros y viscosidad. Terreno escarpado, ese. Y estrecho. Ryan tenía que agachar la cabeza para avanzar. Estaban a nivel subterráneo, y el agujero en la pared desembocaba en las laberínticas cloacas de Londres. Eso explicaba el olor, tan penetrante. Ryan le tendió la mano para ayudarla a poner los pies sobre la plana superficie del suelo que bordeaba el torrente denso y oscuro de las alcantarillas, que parecía haber sufrido un desnivel. Al fin, algo de suelo. Le ofreció también un pañuelo limpio, por si quería cubrirse la nariz, con tanto hedor.

—Esto de aquí también—indicó, con el esbozo de una sonrisa amable en el rostro. Le alcanzó un… ¿repelente de insectos?, que había sacado de uno de sus ¿bolsillos? Profundos debían de ser. El envase decía: “potente contra doxys y hongos mágicos, una seguridad para el hogar”—No creerás que te voy a traer conmigo sin armas. Eso sí, puede ser más potente de lo que crees, así que ten cuidado. Estas plagas—continuó, avanzando, con una leve indicación de la cabeza de ‘por aquí’ y la varita en alto, iluminando el camino—, son comunes en las casas de magos. Pero si no las controlas, pueden salirse por las ventanas y las chimeneas de la casa, haciéndola inhabitable. No es raro que al irse de vacaciones y volver al hogar, bueno, pueda pasar que ‘te ocupen el sofá’.

Ryan seguía los rastros de viscosidad en el suelo y las paredes. Al doblar un recodo, lo vieron. En la pared, abierto de brazos y piernas y cubierto de una sustancia pegajosa que lo adhería a la pared, había un hombre, posiblemente el dueño de la gorra. Apenas respondía a los estímulos. Te hacía pensar en una película de Aliens. Ryan se acercó, observando con cuidado, y estaba a punto de cargar al pobre infeliz, cuando se oyó un rumor en el fondo del pasillo.
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Coraline I. Murphy el Jue Dic 21, 2017 10:17 am

La bibliotecaria no pudo hacer mas que observar atónita como esa especie de "flubber" se desintegraba con un movimiento de varita del chico. Era realmente asqueroso y no tardó demasiado en dibujarse una mueca de asco en su rostro, pues además había dejado una peste bastante intolerable. — Wow, eso ha sido... Rápido. — Y eficiente, no se esperaba que fuese tan fácil acabar con esos bichos, es mas, para un muggle habría sido imposible. Pero claro, debía recordar que estaba con alguien cuyos dones no sería capaz de comprender del todo nunca, así que debía procurar no sorprenderse por nada y esperarse cualquier cosa; sobre todo viniendo de alguien tan extravagante como Ryan. — Espera ¿Dices que hay mas? — La situación empeoraba por momentos y no estaba demasiado segura de tener el suficiente estómago para soportar mas explosiones de mocos fétidos.

¿Por qué no dejaban de pasar cosas raras a su alrededor? Básicamente, porque solo se juntaba con gente extraña, tanto en el buen como en el mal sentido de la palabra. Aquella misma mañana no se hubiese creído que acabaría metiéndose por un túnel asqueroso hacia las cloacas en busca de bichos extraños. Pero allí estaba, siguiendo al rubio y pensando que todo aquello era un mal plan. — ¿Y si nos quedamos aquí abajo encerrados? No quiero morir sin ver las nuevas películas de Star Wars... — Se quejó, exagerando un poco, bastante, la situación. Aunque para Ryan eso pareciese ser algo de lo mas normal, para Coraline significaba salir de su rutina y meterse en un lío, otro mas que añadir a la lista.

Tomó enseguida su pañuelo y aquel extraño matainsectos, el cual examinó y leyó con detenimiento. Allí abajo olía casi peor y deseó con todas sus fuerzas acabar pronto y poder respirar aire fresco. — Y nos quejamos nosotros de las termitas cuando se comen la madera. Vaya bichos mas extraños tenéis en vuestro mundo, desde luego no os tenéis que aburrir en absoluto. —Comentó, siguiendo con cautela al chico. Al ver al pobre muchacho pegado a la pared, Coraline se puso totalmente blanca y contuvo un grito que hubiese atraído a cualquier cosa que se escondiera por allí. — ¡Dios mío! ¿Está muerto? — Se acercó junto al rubio para ayudarle a sujetar al pobre chico. — Vamos a tener que llamar a una ambulancia Ryan y buscar alguna explicación que no parezca una completa locura.

El ruido que provenía del final del pasillo llamó la atención de la morena, quien dejó a un lado al pobre chico lleno de babas verdes y sacó su teléfono móvil para alumbrar. Había otra persona tendida en el suelo y una especie de ser bastante diferente al moco verde se encontraba encima de el haciendo alguna cosa. Al ver la luz del teléfono soltó un alarido y salió corriendo dejando el cuerpo en el suelo. Pese al miedo y el susto que tenía en el cuerpo, Coraline se acercó corriendo hacia el lugar en el que estaba esa persona y se agachó para revisarle. Lo que vio hizo que diera un salto hacia atrás y cayera de espaldas al suelo.

Un cadáver.

Tenía el rostro carcomido al igual que el pecho y debía ser algo muy reciente, pues su cuerpo aún tenía espasmos pese a estar muerto. Era lo mas horrible que había visto en su vida. — ¡Ryan! — Le llamó a gritos. — ¡Ven por favor! He visto un ser muy raro, se estaba comiendo a este hombre... — Exclamó, levantándose del suelo a toda prisa e iluminando la instancia con su teléfono. Al parecer aquel ser se movía en la oscuridad y si se quedaban sin luz ellos podían ser los siguientes en ser comidos. — ¿No decías que eran pacíficos? Porque ese pobre chico y este hombre me dicen todo lo contrario. — ¿Como iba a explicar eso a la policía y a los médicos? Iba a ser imposible, así que ya podía ir olvidándose de contar nada a nadie.

Entonces, otro alarido hizo eco en las paredes de la cloaca y les recordó que no estaban solos.

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Ryan Goldstein el Jue Dic 21, 2017 8:35 pm

— ¿Y si nos quedamos aquí abajo encerrados? No quiero morir sin ver las nuevas películas de Star Wars...

La mención llamó su atención en la penumbra a través de la que avanzaban.

—¡Oh!, ¿tú también estás al pendiente de esa película?—preguntó, ladeando hacia ella una rápida mirada. Había que decirlo. Ryan había tenido una ruptura amorosa, y desde entonces, sólo miraba películas en su casa. Sí, se había conseguido hasta ¿tele por cable? Sí, sí, en algunas cosas era un verdadero entendido de las curiosidades muggles. Sólo cuando le convenía. Porque en el fondo, un mago siempre se sorprenderá por la existencia de los patitos de hule. ¿Cuál sería su función en este mundo? Y todavía no sabía manejar del todo ese ¿control remoto? Pero se consideraba ‘moderno’, a su modo—Te invito a verla, si quieresSonrió—Y te aseguro que nadie morirá. No es como si fuéramos a tropezar con un cadáver, tú tranquila.

Porque ‘todo estaba bajo control’. Ni si te ocurra preocuparte por la tremebunda incertidumbre de lo imprevisto cuando las fuerzas de la oscuridad acechan en las esquinas. Tú tranquila, que después de todo, incluso si las cosas se ponían feas, ellos eran bibliotecarios. Todo estaría bien. Igual que ese chico cuya cabeza colgaba inconsciente mientras un ‘moco’ lo retenía adherido a la pared. Él también estaría bien.

—No te preocupes. Estuve en la división de ‘Disculpas a los muggles’, alguna vez. Es una de las especializaciones de mi trabajo: las tapaderas. Aunque, desde aquel incidente con trolls en Nueva Guinea y unos muggles algo persistentes en no dejarse comprar con el cuento de una feria de tallas extra grandes—¿qué?—, suelen decirme que espere al grupo de apoyo antes de hacer algo—¿Lo decía como un chiste o era autobiográfico?, ¿o ambas? No era la situación para una broma, amigo. Sólo di que secuestrarás al pobre tipo y lo dejarás en un hospital sin dar explicaciones, porque armarte un cuento creíble te sale muy mal.

Ryan se había arrodillado junto al cuerpo del hombre que habían depositado en el suelo, contra la pared, y chequeaba su pulso, respiración y pupilas, cuando sintió, no sólo él rumor, sino que Cora se escapaba de su lado.  

—¿Qué es?—interpeló, y ambos siguieron la luz que Cora llevaba consigo. Oh, ¿ese era un celular? Su ex pareja quería que llevara uno y se lo regaló, pero él no había tenido idea de cómo funcionaba (cobrándose un montón de reproches por eso) o siquiera… Pero ése no era el momento—¡Usa tu repelente!—recordó, cortando las distancias entre ellos con tono imperativo. No fue detrás de ella inmediatamente, porque el chico frente a él parecía intentar recobrar la consciencia y se volvió hacia el convaleciente para asistirlo. Ryan no pensó que en las alcantarillas podría haber otra cosa que Bundimiuns. Sí, pensaba que una gran horda de ellos se habría solidificado en una masa más, más grande. Y difícil de erradicar, pero no imposible. Habría que localizar la concentración de la plaga y asunto acabado. Eso hubiera querido creer hasta que oyó un chirriante alarido y fue corriendo hacia Cora, antes incluso de que ella empezara a gritar.

El haz luminoso de su varita interceptó a una criatura de un metro y algo de altura, encorvada y de piel gris y arrugada. Escapó, furtiva y amenazada por la luz, emitiendo aquel horroroso chillido, con un andar grotesco pero ágil sobre dos patas. Y sí, lo que había visto por un segundo había sido una fila alucinante de colmillos. Eso, definitivamente, no se mataba con un repelente para insectos. Era otro tipo de plaga. No, era una enfermedad. La enfermedad de los vampiros. Una que les hacía perder el raciocinio y que los hacía mutar de aspecto al de unas gárgolas horripilantes. Pero. Eso habría sido obra de un mago, jugando con la magia oscura sobre otras criaturas, como si fueran simple escoria inmunda. Sin respeto por la vida. Ryan odiaba esa magia. Esa prepotencia.

Para cuando Cora gritó: “¡Ven por favor!”, Ryan ya se había arrodillado junto a ella, caída de espaldas, y tomó su hombro para ofrecerle confort, calmar su pánico, porque con un cadáver se sentiría completamente abatida y presa de la histeria… No, ella era una mujer de acción. Enseguida se puso en pie sin reparar en Ryan, sino más bien alerta, sabiendo que cada segundo contaba. Que si el otro quería cargar con una dama desconsolada, que se buscara a otra persona. En otras circunstancias, el rubio se hubiera sonreído, pero ahora lo ocupaba la preocupación.

—Eso no era un Bundimiun—aseveró gravemente. De pie, junto a ella, alzaba la varita, siguiendo con la mirada el camino por el que el bicho de había ido. El eco de un alarido los atacó desde los cuatro costados. Entonces, Ryan confirmó sus peores sospechas. Y agregó—: Mucho me temo que cuando la plaga de Bundimiuns empezó—hablaba y miraba en rededor, atento a cualquier movimiento imprevisto. A corta distancia, el muchacho desfallecido iba recobrando el conocimiento, o eso intentaba, entre leves espasmos de pesadilla—, los magos que ya conocemos consideraron que sería divertido que los muggles bajaran a las alcantarillas intentando arreglar el problema de la plaga por ellos mismos, y encontrarse con algo que no esperaban. Pero eso no incluye sólo a los Bundimiuns. Algunos ‘bromistas’ habrán soltado otras ‘cosas’. Esa—señaló—, podría ser una posibilidad.

Eso era más fácil que soltar de lleno que lidiaban con un predador chupasangre. Aunque debería agregarlo en algún punto de la tarde. Sí, porque fuera, era la tarde. Todavía había sol afuera. Un precioso día, de hecho. No para ellos.
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Coraline I. Murphy el Miér Dic 27, 2017 8:59 am

Aquello era surrealista, como si se hubiese metido de lleno en una mala película de terror de los años ochenta, de esas en las que mezclaban diferentes monstruos en un solo film con muchísimo descaro y poco amor y respeto por su público. Jamás se hubiese imaginado que debajo de la biblioteca, un lugar común, de lo mas normal y aburrido en muchas ocasiones, hubiese una plaga de flubbers, un chico medio muerto, un cadáver roído y un Gollum caníbal de "El señor de los anillos". Y es que cuando le pudo ver mejor, le resultó imposible no hacer comparaciones con el famoso personaje de la también famosa saga literaria que tanto éxito había tenido en su versión cinematográfica. Tenían el mismo cuerpo grisáceo y delgado, con la misma enorme cabeza que se descompensaba con ese cuerpo tan flaco; la única diferencia era que este bicho tenía algún que otro mechón de pelo negro que caía sobre sus pequeños hombros.

Escuchó la explicación de Ryan y sintió pena por aquella pobre... ¿Cosa? No sabía exactamente como definirlo, ya que desde su punto de vista, aquello parecía un experimento hecho por un doctor chiflado, o al menos así era el equivalente muggle de aquella historia.  — ¿Entonces esto era una especie de trampa para muggles? Tiene lógica, pero no entiendo porque se dedican a perder el tiempo con estas cosas. — Ni si quiera comprendía como eran capaces de pisar una biblioteca muggle con la manía que les tenían a estos, era todo demasiado absurdo.

El joven repartidor comenzó a toser y Coraline volvió a su lado, parecía querer decir algo. — ¿Que hacías tu aquí abajo? Se supone que los repartidores no llegáis mas allá de la entrada de la biblioteca. —El chico volvió a toser hasta que sintió que su garganta se había aclarado por fin y empezó a hablar con un hilo de voz. — Bueno, le pedí a tu compañera Doris que me dejara ir al baño  y en un principio no quiso, así que cuando se despistó me metí en la biblioteca. — Aquello si tenía lógica, Doris era una vieja amargada, casi peor que Sussy. — Me perdí buscando el baño y escuché unos ruidos extraños en el almacén, entonces fue cuando encontré el agujero y entré pensando que podía ser un animal herido y... — Lloriqueó, estaba bastante asustado, además de que no debía tener mucho mas de veinte años, quizá menos; era un pobre crío. — Esas cosas verdes me atraparon y me dejaron pegado a la pared.

Bien, el caso del chico estaba resuelto, pero... ¿Y el cadáver? Tenían que averiguar que hacía allí. — Y ese hombre ¿Le conocías? — Preguntó la morena señalando el cuerpo muerto. — No, se presentó aquí cuando me escuchó gritar y de repente fue atacado por esa otra cosa. Fue horrible, incluso asustó a esos bichos verdes, que se fueron corriendo cuando le vieron. Le atacó y empezó a comérselo, entonces me desmayé. — Se limpió las babas verdes de la cara con a manga de su chaqueta. — Y si no llega a ser por vosotros también me hubiese comido a mi. — Sonrió levemente, a lo que Coraline respondió poniendo una mano sobre su hombro para animarle.

Se apartó de el y volvió al lado de Ryan, mientras miraba la batería de su teléfono, la cual iba por la mitad; el problema era que, pronto acabaría por agotarse y debían salir de allí antes de que eso pasara, además de poner a salvo al muchacho. — ¿Lo has escuchado? Esa criatura ha asustado incluso a los Bunbun esos. —No, Cora era incapaz de recordar los nombres de los mocos verdes. — Tenemos que sacarle de aquí y buscar un modo de exterminarlos a todos, tanto a los verdecillos como a Gollum, ¿el insecticida serviría para matarle? — Era una pregunta totalmente seria, estaba dispuesta a utilizarlo si era necesario.
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Ryan Goldstein el Sáb Ene 06, 2018 10:20 am

— ¿Entonces esto era una especie de trampa para muggles? Tiene lógica, pero no entiendo por qué se dedican a perder el tiempo con estas cosas.

—El entretenimiento de los crueles es—Ryan hizo una mueca, recordando en flashes su pasado como un bully escolar. Él mismo fue ‘uno de los crueles’ alguna vez. No tenía comparación con los tiempos que vivían en el presente, pero cuando haces mal, este siempre te vuelve. Y Ryan nunca lo olvidaba, lo cruel que había sido durante su juventud, como un muchachito muy enojado—imposible de entender. Siento decirte que, de hecho, esas cosas suceden a menudo últimamente. Se tratan de casos aleatorios y sin otro objetivo que generar el caos. Sueltan criaturas peligrosas en las cloacas, en pueblos, en sitios comunes para los muggles que se convierten en trampas, entre otros trucos—Y agregó, sinceramente apenado y pronunciando una resignada sonrisa al final de la oración—: Siento que los magos hayamos llegado a esto.  

Coraline era, una mujer muy atenta. El chico de los mocos verdes pareció recobrar la consciencia y ella se apresuró hasta él. Pero fue Ryan el que, acercándose y habiendo escuchado la historia, le preguntó: “¿Estás bien?”, tendiéndole un vaso de agua que hizo aparecer mágicamente. El muchacho recibió el vaso de agua con un ligero asentimiento, sin preguntarse de dónde venía, y carraspeó aclarándose la garganta antes de proseguir el relato que una inquisitiva Cora le instaba a revivir, detalle por detalle. Ryan, acuclillado junto a ellos, seguía el recuento de hechos con el mismo interés. Fue casi al final de la trágica aventura, que Ryan volvió sobre sus pasos, justo cuando señalaban al cadáver. Lo volvió a mirar, varita en mano, buscando signos de algo, aparentemente. Entonces, Cora llegó hasta él.

—Sí. Tanto como nos ha asustado a nosotros. Podrás usar el repelente contra los Bunbun—dijo, completamente serio—Pero nuestro monstruo de las alcantarillas, es otro asunto—Luego, le tendió una mirada evaluadora al sobreviviente de ese día de terror—Él estará bien, lo llevaremos con nosotros—dijo Ryan, muy seguro de lo que decía, y antes de que explicara cómo, levantó la varita, apuntó y ¡un tejón! En frente de tus ojos, un hombre asustado de la vida adquiría la forma de un tejoncito a una velocidad vertiginosa, superando todas las leyes de la materia—¿Qué tal, amiguito?—El rubio se acercó y tomó al animalito del piso, envolviéndolo en una mantita que sacó de su bolsillo (¿qué?, ¿cómo?) y se guardó al amiguito en uno de los bolsillos interiores de su abrigo. Sí, como si nada. En su expresión no había otra cosa que la naturalidad más escandalosa. Y es que, ¿qué había que explicar? De esa manera era una víctima de bolsillo, fácil de cargar—El hombre era un vagabundo—informó, refiriéndose al trágico fallecido—Viviría aquí mismo, en las alcantarillas. Lo siento por él.

Ryan se disponía a seguir, pero entonces reparó en el aparatito de Cora.

—Oh, ¿se te está muriendo? Preferirás volver. Yo puedo hacerme cargo desde aquí—Porque tú eres una civil, hubiera estado bueno agregar. Civil y muggle, que tiene altas chances de matarse en el camino. ¿Por qué no la detenía ese irresponsable? Simple. Le gustaba la compañía. Solo, el trabajo se hacía tan, tan aburrido— Llévate a mi amiguito contigo. Yo estaré bien. Sólo ten cuidado y, ¿crees que puedas evitar que nadie más baje al sótano? Te alcanzaré luego.

***

—¡Cora! ¡Pero qué, qué…!—Sissy retrocedió, con un libro en la mano que levantaba a modo de escudo, o con el pensamiento de aplastar de un golpe a lo que fuera que la espantaba tanto—¿¡Qué es esa rata!?, ¿tenemos una plaga en la biblioteca? ¡Oh, Virgen Santa!—La impresión la hacía palidecer y estremecerse. Tuvo que apoyar el culo en alguna parte y ventilarse con una mano, para recuperar el aliento. Mira que era dramática. Sissy la siguió con la mirada—¿Pero qué haces, querida?, ¿a dónde vas? Y qué mala cara tienes. ¡Ah, ya recuerdo por qué te buscaba! Ese amigo tuyo, bien holgazán que está hecho. Me ha dejado los tarros de pintura sin tocar. Yo no sé tú, pero si vas a echarte un hombre, a menos que sea de palabra.

Sissy, tan oportuna como siempre, traía consigo ni más ni menos que a un grupo de plomería, decidida a guiarlos al sótano, para que hicieran las reparaciones pertinentes. Por una vez que hacía algo (no había tenido otra), era para asombrarse la vehemencia con que se consagraba a su deber. Es que, siempre que se tratara de llevar la contra, podías ver cómo le cambiaba la actitud de perezosa mujer a harpía resentida de la vida.

—¡Pero Cora!, ¿qué estás diciendo, querida? ¿No ves que hay gente que sólo quiere cumplir con su trabajo?—Reboleó los ojos, intercambiando con los hombres que venían con ella una mirada que decía a las claras: “¡Lo que una tiene que aguantar!” De repente, diríase que si la biblioteca funcionaba, era gracias a ella y a su labor incansable de todos los días, ¿qué trago se había tomado esa mujer?—Cora, no entiendo de qué va todo esto, ¿no tienes trabajo que hacer?

psss:
jaja Sorry por meter a tu  pj en situaciones random. Cualquier cosa me comentás y edito :3
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Coraline I. Murphy el Lun Ene 08, 2018 2:10 pm

Las palabras de Ryan tocaron hondo en Coraline; no era su culpa, ni de el ni de todos los magos buenos que apoyaban a los muggles y eran personas normales capaces de convivir con los demás. La culpa la tenían aquellos desequilibrados mentales que eran incapaces de aceptar que el mundo era lo suficientemente grande como para compartirlo con diferentes personas y criaturas. Todo aquello daba mucha pena, que en pleno siglo XXI hubiese gente con una forma de pensar tan retrógrada y clasista, que no supiera ver mas allá de sus ideales antiguos y no quisiera evolucionar al mismo ritmo que lo hacía la humanidad. ¿Acaso iban a seguir pensando igual cuando el mundo avanzase tanto que los viajes espaciales estuviesen a la orden del día? ¿Esos magos chalados seguirían creyéndose mejores? Absurdo, todo aquello era simplemente absurdo, como revivir los tiempos en los que un dictador decidía quien era digno de vivir y quien no en base a su religión y color de piel. — Todo se solucionará tare o temprano, hay remedio para todo menos para la muerte. — Intentó consolar al rubio recordando las palabras que su propia madre le había dicho tantísimas veces cuando aún vivía.

Lo que pasó a continuación la tomó por sorpresa, no el hecho de que Ryan sacara un vaso de agua de la nada o tuviese un bolsillo como el de Doraemon, sino que transformara al pobre repartidor en un tejón ni mas ni menos. Coraline no pudo hacer mas que quedarse mirando el espectáculo atónita con ganas de pellizcarse el brazo para asegurarse de que aquello era real. — Pero... — No era capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que se le pasaba por la cabeza en aquellos momentos.

¿Acabas de transformar a este pobre chico en un tejón? ¡Pero como se te ocurre! — Exclamó finalmente con cierto tono de indignación en sus palabras. — ¿Cómo vas a devolverle a su estado actual? ¿Puede seguir oyéndonos como antes? ¿Entiende lo que decimos? — Tenía demasiadas preguntas y no paraba de pensar en que aquello estaba mal, muy mal. Si al final del día seguía recordando lo que había pasado, iba a tener un trauma de por vida que jamás lograría superar.

Pobre chaval.

Fue echada de allí por el rubio sin dejarle tiempo para quejarse y rechazar la propuesta, algo que no hizo mas que aumentar la indignación de la chica, quien no sabía que tenía que hacer con el chico tejón. Subió hacia la biblioteca de nuevo, cargando con el animal, cuando se encontró con la pesada de Sissy, quien nada mas verla soltó una descarga de palabras que Coraline ignoró.

BLA BLA BLA.

Solo era capaz de escuchar sílabas sueltas, no estaba interesada en captar lo que la pesada de su compañera tenía que decirle. Al menos hasta que vio a los trabajadores y sus intenciones de bajar al sótano y las alcantarillas. Ryan aún estaba allí deshaciéndose de aquel bicho, por lo que debía evitar que le descubrieran y de que también se convirtieran en posibles víctimas de aquel chupa sangres mutante mágico. ¿Pero que hacer? Tenía que pensar rápido antes de que el tiempo se le agotara.

Se mantuvo ahí de pie frente a Sissy y los trabajadores, con cara de imbécil y sin dejarles pasar, hasta que una idea cruzó su mente. — ¡Ay! — Gritó y dando un exagerado salto dejó que el tejón saliera volando de sus brazos y echara a correr por el suelo de la biblioteca. A continuación se tiró al suelo y fingió haberse desmayado, mientras Sissy se agachaba a socorrerla. —Ay Sissy, no me encuentro bien, yo creo que me ha contagiado algo... ¡Y va a morder a mas gente! Por dios, tienen que encontrarlo.

¡Que horror de bicho! Por favor, búsquenlo, rápido. — Rogó Sissy a los hombres, quienes perplejos se separaron y empezaron a buscar al chico tejón entre los estantes de la biblioteca. Era un lugar bastante grande, pues estaba en un edificio público, así que le daría el tiempo suficiente a Ryan para deshacerse del problema que tenían entre manos, o al menos eso esperaba.

Lo que estaba claro es que cuando acabara aún tendría otro problema que resolver; devolver su forma humana al pobre repartidor. Si es que los trabajadores no habían acabado con el antes.

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