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[FB] El misterio de lo indefinido... | •Priv •Circe Masbecth

S. Ashanti Button el Miér Nov 08, 2017 10:46 am

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
10:29 de la mañana

«El Karma o el Destino... ¿Quién más si no esos dos, iba a poner a Circe Masbecth y a mí en la misma habitación? Es que no hay otra explicación y no sé quién es más cruel, si el Karma; por crusarme con esa peste o el Destino; por querer mostrarme algún tipo de sabiduría cósmica. Vale, tengo que dejar de asistir a la maldita clase de adivinación...

Si pudiese retroceder el tiempo y tan solo hubiera tenido la más mínima sospecha de que era esa puta. Ni si quiera lo hubiera pensado: La habría delatado de una. Y quizás podría sentirme satisfecha de que le quiten la maldita placa de prefecto, a ver si eso le mancillaba el ego.  ¡La habrían castigado hasta la graduación! Hubiera sido mi venganza perfecta... Juro que cada día, hasta el 31 de Julio, habría disfrutado tener que cruzarme con su maldita persona, porqué ella estaría acabada, destruida ¿Cómo fue que no lo noté? Las putas son fácil de reconocer, es qué ¡MALDICIÓN! ¡No puede ser que me hubiera agradado! De todas las personas del mundo ¿Por qué ella? ¿¡Por qué!? ... Tengo que calmarme... Tengo que olvidarme de eso. Eso no pasó...

En todo caso, no puedo sacarme de la cabeza aquella noche. Mientras más lo intento, más se adhiere a mi cerebro, cómo una sanguijuela. Simplemente no puedo dejar de pensar en la chica con la que estuve encerrada por casi dos horas; una persona qué; era agradable, quizás había cosas en las que diferimos pero... Pude identificarme con ella; conectar; porqué me pareció de esas chicas qué; son especiales. Entonces, cuándo por fin tuve la oportunidad de ver su rostro, de saber quién era y jugarmelas todas para invitarla a charlar en otro momento... ¿¡Circe Masbecth!? ¡No tiene el más puto sentido! ¡Ella es un sinsentido! ¡Es una ególatra con ínfulas de grandeza! ¡Es una egoísta, desgraciada sin corazón! No espera; ¡La muy maldita no tiene alma! ¡Eso es lo que pasa! ...
»

La clase de DCAO ya había acabado. Los estudiantes de la primera hora del séptimo curso, comenzaban a guardar sus pergaminos, libretas y plumas. Con la intención de abandonar el aula y disfrutar de tres horas libres, antes de su próxima clase —ya que la profesora de transformaciones, estaría ocupada con el director.—. Ash estaba perdida en... Sabrá Morgana dónde. Mientras el profesor se encargaba de impartir ciertas instrucciones ¿Sobre qué? Lo ignora, solo escucha un Blablabla constante y lejano, cada que mira a los demás.

Quiero los ensayos, para el viernes.— Recuerda a todo el alumnado y se eschan los característicos «Joder, más trabajo.» o «Si follara más, seria menos estricto.» y también «Le pagaré a algún idiota para copiarle la tarea.» —Prefecta Masbecth. Por favor no se vaya aún. Tengo algo que decirle.— Comenta observando a la rubia, para luego mirar a una distraida Ashanti.

••★••

... Señorita Button.— Dice el profesor, es la tercera vez que la llama. —¡Saphire Button!— Grita de repente y deja caer con fuerza la mano sobre la mesa de Ash.

La castaña se alarma y se levanta de golpe.

¿Pero qué mierda te pasa?– Y ¡Bam! Le conecta un derechazo en la nariz al profesor "¿Podría ser mejor?" Pensó sarcástica y alarmada. Ahora si que la había cagado en grande. —Yo... Lo lame...

Algunos alumnos que no han acabado de recoger sus pertenencias se ríen por lo bajo, otros solo se mantienen sorprendidos.

Cierre la boca...— Le dice furioso, más intenta mantener la calma. La nariz comienza a sangrarle. Saca un pañuelo del bolsillo y rápidamente se limpia. —Usted y la señorita Masbecth, serán las encargadas de dar clases de tutoría a un curso de alumnos del segundo año. Necesitan nivelarse, pues van muy rezagados y ya que ustedes...


No me joda. La lleva clara si piensa que voy a trabajar con es...

El tipo cierra el puño con fuerza apretando el pañuelo.

El profesor aquí soy yo. Y les estoy dando una instrucción a la Premio anual y a la Prefecta de Slytherin. Si tiene problemas personales con la señorita Masbecth, los arregla en sus horas libres. Y si tanto le molesta la idea de trabajar junto a ella, entregue su placa. Pero mientras no lo haga, tendrá que hacer lo que se le indique. Se llama responsabilidad.— Se aleja hasta su escritorio. —Es lo que se obtiene cuándo le adornan la capa con un reconocimiento que pocos merecen.

"Sé que no crees que lo merezco, imbécil. Pero lo tengo igual, para desgracia de ambos..." Pensó furiosa mientras observa al mayor con una expresión que describe su odio. Los profesores le tenían manía, quizás no todos pero sí la mayoría. Pero para fortuna de Ash y desgracia de los docentes, la Gryffindor es una estudiante ejemplar —al menos en lo académico — y aunque muchos de ellos desearían poder darle un buen castigo o quizás expulsarla; casi nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo. Quizás hasta ahora ¿Qué podría hacerle ese tipo por haberle lastimado la nariz? Ella lo ignora. Pero el hombre está tan calmado qué, Ash siente los ovarios en la garganta y casi no respira —a pesar que parece más furiosa que nerviosa—. "Voy alegar que fue un accidente, porqué lo fue. Además ¿Quién coño se acerca a una estudiante y pega semejante grito? Si yo falté al pegarle, él lo hizo al gritarme... Una a una."

El profesor coge varios pergaminos que luego entrega a Circe —en lo que viene de vuelta—.  —Allí están los temas que deben explicar. Luego de la clase del viernes se reunirán conmigo, para ver que metodologías y estrategias usarán para impartir los tres primeros temas. Sus tutorías serán los martes por la tarde.— Le indica a Circe "¿Acaso crees que ella es más responble que yo porqué va en tu antigua casa? Malditos Slytherin..." Pensó irritada. —¿Ustedes que hacen aquí? Todos afuera...— Les dice a los demás alumnos que observaban el show. Seguro comentarían lo sucedido en cuestión de horas. El hombre va en dirección a la salida, pero antes de cruzar la puerta observa a las jóvenes. —Quedan autorizadas a usar el aula, organizarse y comenzar a trabajar. Quiero ver para la cena un avance escrito de las ideas que tienen. Según sé, no hay Transformaciones para el séptimo curso.— Sus pasos se alejan ... —Así que sepan aprovechar el tiempo. Y Button, la quiero en mi oficina en una hora y media.— Se escucha antes de que se cierre totalmente la puerta con un golpe sordo. Ash lo escuchó claramente.

Te quedarás esperando...– Susurra la castaña. No iba a ir a ningún lado y si él quería quitarle puntos a Gryffindor, pues le vale poco.

Ashanti se vuelve a sentar. Se pasa una mano entre el cabello y lo aleja de su rostro. Se hunde en el asiento y apoya la cabeza en el respaldo de la silla al tiempo que observa el techo. Escucha ruido a su alrededor y vuelve a ser consciente de dónde se encuentra y con quién. Suspira. No tiene la más mínima idea de cómo tratar con Circe, ahora. Aunque sería capaz de tomar la varita y voltearle encima un pupitre. Aparte aún tenía jaquecas. Los libros habían dejado más de un moratón en sus brazos y hombros si no fuese porque metía las manos para cubrirse, habría quedado K.O, a causa de un golpe de esos libros "¿Exagerar? No, ella es una desgraciada, quizás esa era su intención. Así por la mañana me daban el castigo en la enfermería "  ¿Quién coño es capaz de lanzarle encima a otro, libros de mil quinientas o dos mil paginas y encuadernación dura!? "Nada más que esa puta rubia..."... No, tenía qué trabajar. Ya lleva demasiadas cuentas pendientes con ese profesor, no necesita una suspensión u otra cosa peor. No estando a cinco meses de graduarse. Observa a la rubia...

Si vamos hacer esto...– Gira levemente su cabeza para poder mirarle con más comodidad. —¿Prefieres que te lance un Obscuro y comenzamos a trabajar? Seguramente tengas una actitud menos mierda que de costumbre...– Se muerde el labio. ¿En serio quería trabajar en paz? ¡Sí! Ella quiere trabajar en paz, pero era imposible no joder el momento, sabiendo lo mal que ha pasado estos meses por culpa de aquella noche. No quería una guerra, pero ya había lanzado la primera Bombarda.

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Circe A. Masbecth el Miér Nov 08, 2017 3:46 pm

Es divertido lo que uno no recuerda. Del momento en el que se encontraba en su propia ceremonia de selección – entre tantos alumnos, nombres que ni se paró a preguntar, historias diferentes con pasados diferentes, presentes comunes y futuros entrelazados – sólo recordaba haber andado en dirección al Sombrero Seleccionador cuando aquella mujer pronunció su nombre. Sintió cierto escalofrío ante lo desconocido, nervios por encontrarse en el foco de atención de todos los presentes y miedo por lo que podía venir después si no seguía los pasos de dos de sus hermanos mayores y el Sombrero Seleccionador decidía jugar al juego del destino – ese juego tan irónico como falto de gracia para quién lo sufre – y colocarla lejos de la casa de las serpientes, compartiendo asiento en el Gran Comedor con su hermano mayor en la mesa de Ravenclaw. No recordaba con quién estaba hablando antes de escuchar su nombre, ni quién se colocó el sombrero en primer lugar o en el instante previo a que ella fuese llamada. No recordaba cómo caminaba por el pasillo rodeada de alumnos de diferentes casas ni como algunos comentaban sobre los estandartes que decoraban el Gran Comedor y como otros comparaban aquel mágico lugar con su pasado muggle. Sólo recordaba la sensación de miedo y cómo esta desapareció de sus hombros tras escuchar aquella voz rasgada que salía del sombrero situado sobre su cabeza. Pero aunque no lo recordase, sabía que había sucedido. Siempre sucedía más de lo que se recordaba.

Pero de aquella noche, lo recordaba todo. Recordaba haber abierto la puerta a toda velocidad para no ser descubierta por el conserje. Recordaba el nerviosismo y cómo su corazón palpitaba como si se le fuese a salir del pecho cuando la puerta se abrió y cómo respiró aliviada al descubrir que era otra persona en la misma situación de apuro que ella. Recordaba cada una de las palabas que habían salido de su boca y también cómo había sentido que podía decir lo que realmente pensase sin ser juzgada. Sin tener que fingir ser ese tipo de chica que carece de algo más que de serrín en su cabezo. Sin tener que estar de mal humor sólo por el mero hecho de respirar.

Y, aunque recordase todo y aquella extraña sensación de paz, la seguía odiando. Incluso más que antes, por todo lo que había hecho y por haberle demostrado, inconscientemente, que había algo en ella que merecía la pena conocer. Que no eran tan diferentes a fin de cuentas.

- Se te ve tensa. – Comentó Alyss mientras se dejaba caer en el asiento situado al lado de la rubia. La chica, una morena con los dientes amarillentos por las grandes dosis de café que tomaba desde que era demasiado niña para ser consciente de lo que hacía, se encargaba de poner de peor humor a Circe, si es que aquello era posible.

- Estoy en clase. – Se limitó a contestar.

- ¿Y?

- En clase se está en silencio y se atiende. No es estar tensa, es estar pendiente de la puñetera clase. Así que cierra la boca y búscate otro asiento. – La morena negó con la cabeza y se marchó de allí, dejando el pupitre al lado de Circe vacío. Maldito Ian Howells y su incapacidad para asistir a la mitad de las clases porque consideraba más entretenido tirarles los trastos a las de quinto y sexto.

Durante el transcurso de la clase se limitó a rayar un folio, hacer pequeños garabatos en él y, como de costumbre, anotar las respuestas a las preguntas que el profesor lanzaba al resto de alumnos pero que Circe jamás respondía en voz alta. Era alguien con conocimientos. Una persona que pasaba muchas horas perdida entre libros y que no era precisamente tonta. Pero prefería limitarse a saber las respuestas sin tener que elevar la mano y demostrarlo ante el resto. ¿Cuál era el fin de aquello? Ni si quiera su tan amado ego necesitaba la aprobación de un profesor o del resto de alumnos que no sabía ni escribir su propio nombre.

Cerró el libro de texto con intención de marcharse del aula. Recogió sus cosas y antes si quiera de tener la oportunidad de salir del aula el profesor llamó su atención. La rubia afirmó con la cabeza, mostrando su habitual delicadeza con los adultos con los que debía mantener esa imagen de perfecta Prefecta.

Apretó los puños pero cerró la boca. No dejó que su mal carácter saliese a flote. No delante de aquel hombre cuyo castigo podría salirle muy caro en un futuro no lejano. Era su último curso y debía dejar que su expediente quedase tan limpio como hasta ahora. Aunque aquello significase dar su brazo a torcer y no soltar un comentario fuera de lugar que solo buscase atacar a Ashanti Button. No lo hizo. Sólo hubo silencio, aunque sí dibujó una leve sonrisa divertida al ver la relación existente entre ambos, desde la distancia.

Terminó de recoger sus cosas y se acercó al estante de libros que había en el aula para comprobar con qué material contaban para las sesiones que debían organizar. Siguió en completo silencio también cuando el profesor se marchó de allí y el resto de alumnos que aún seguían en la clase perdiendo el tiempo lo hicieron. Ni siquiera se paró a mirar la chica, sino que siguió ojeando los libros y el pergamino con el temario que el profesor les había entregado.

- Si vamos a hacer esto te comportarás como una persona madura que sabe mantener lo personal lejos de lo académico. – Corrigió la rubia, cogiendo un montón de libros y poniéndolos sobre uno de  los pupitres de golpe. – Tema uno: Hechizos protectores de nivel básico. Tema dos: Hechizos protectores de nivel medio y avanzado. Tema tres: La defensa mágica a través de los hechizos Nottium Argentum y Protego. – Leyó la rubia y colocó el pergamino al alcance de la chica. – Los dos primeros temas son teoría, el tercero es enseñarles esos dos hechizos. Empezaremos por estos tres temas que son sobre hechizos defensivos. Creo que una clase práctica siempre es mejor que una teórica pero tendrán un examen de conocimientos teóricos igualmente por lo que hay que ver cuál es el nivel exacto que tienen antes de empezar. ¿De acuerdo o quieres tocar los cojones?
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S. Ashanti Button el Jue Nov 09, 2017 3:55 am

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero del 2016
10:43 de la mañana

Ash da un ligero respingo cuándo Circe deja caer los libros sobre el pupitre. Alza una ceja. —¿Está vez no te apetece lanzárselos a alguien?– Mueve la cabeza a modo de negación. —Vaya decencia...–  Se limita a escuchar con atención «el plan». Descruza los brazos y se acomoda  en su asiento con una pequeña sonrisa burlesca en los labios. —¡Gracias!– Dice levantandose de su lugar tomando el pergamino que le dejan al alcance. Pero ni siquiera lo lee. Solo está mirando las letras, palabras, oraciones y frases escritas, pero no está intentando saber lo que significan. Pues eso no es lo que quiere saber...


Aquella rubia en la habitación era el misterio más grande que se hubiera podido topar en lo que iba de año. Ni siquiera un buen libro podía despertarle la curiosidad que su compañera de curso le genera ahora. Para Ashanti, Circe estaba vacía, en todos los sentidos. En aquella rubia no había absolutamente nada que Ash pudiese alabar, quizás que es hermosa "Bueno, eso no cuenta realmente." Pero cómo persona, Circe siempre le pareció hueca. ¿Y cómo puede una noche deformar aquél pensamiento? ¡Era feliz sabiendo que Masbecth era una puta! Es qué se cuenta y no se cree... Circe admitiendo que desearía dejar su vida para vivir en un lugar dónde no tenga que ser lo que se espera de ella ¿Qué mala broma era esa, eh? Ella, la orgullosa Slytherin. La popular. La puta desgraciada que te destruiría la vida si le das los motivos suficientes... "No. Circe y la chica de la oscuridad no pueden ser la misma persona. ¿Pero por qué mierda me importará tanto?" La frustración la carcome. Se siente víctima de una puta broma, Circe tenía que estar jodiendole. La rubia seguro sabía que Ash estaba atrapada junto a ella o al menos sabía que alguien se quedaría atrapado con ella. Lo de la biblioteca lo tenía que haber estado...

«Fingiendo. »


Sí, estoy de acuerdo... Me parece perfecto. Haz trabajado duro, mejor tomemos un descanso.– Dice dejando el pergamino sobre el pupitre. Se acerca a la contraria y se detiene en frente. "Vamos... Riete. Ríe y di que todo éste tiempo supiste que era yo." Pensó mientras le mantiene la mirada, esperando que Circe le diga «La verdad». Ash se nota enfadada, Circe podía pensar que podría ser por lo que sucedió con el profesor. Pero la verdad... Era su culpa. Era culpa de aquella rubia que  tenga esa sensación de incomodidad, porqué siente que Circe podría ser alguien que vale la pena conocer. Pero... ¿Y si era una broma? "Solo haz el maldito comentario sarcástico y admite que soy una crédula..." No se puede pasar seis años teniendo un coñazo tras otro con alguien, y una noche simplemente notar que... La puta, en realidad no es tan puta, que quizás tiene un lado amable, agradable, inesperado. Que es más de lo que aparenta. Que puede tener sentimientos...

Joder, ya basta, Circe.– Le dice luego de un largo silencio de solo verle —que pudieron ser solo segundos ¿Pero quién los cuenta?— La señala con ambas manos abiertas. —Vamos, ríe, burlate. Haz un maldito comentario sobre mí estupidez.– La alienta.

Ash respira profundo, se aleja unos pasos y vuelve frente la contraria. —Comportarte cómo la puta reina que crees ser, y dime que lo de la biblioteca lo estabas fingiendo.– Solo necesitaba que la rubia se lo confirmase, que le asegure con su característica arrogancia qué, todo era parte de un juego. —Asegura que todo lo que salió de tu boca no era más que basura. Que solo era parte de un reto planeado por tu séquito de aduladores. Que solo esperabas ver llegar a un maldito incauto para jugarle una broma pesada antes de acabar tu último curso...– Le clava la mirada, si fuera posible la desaparecía. O más bien deseaba desaparecer aquella madrugada en la biblioteca, pues así, solo estaría sentada en algún pupitre ahora, acabando de tomar nota del plan de acción que quería el maldito profesor, para luego largarse. No estaría cuál loca pidiendo explicaciones de comportamientos ajenos. —Era un juego ¿Cierto? Para lastimar y humillar. Porqué eso es lo único que saben hacer las personas cómo tú. – Se siente la rabia en sus palabras. Sí. De alguna manera se estaba descargando con Circe. Por lo del profesor, por lo de la biblioteca "Por los últimos malditos seis años de tropiezos entre ambas." Es qué nunca se había atrevido a decirle nada, porqué siempre había estado respondiendo un hechizo con otro. Pero jamás le había dicho lo que sentía o pensaba de ella... ¿Por qué no aprovechar el tiempo?


¿Tienes idea de cuánto te detesto ahora?– Siente un nudo en la garganta. Sus ojos se empañan un poco. —Las personas como yo no podemos estar cerca de ti.– Sonríe, pero se nota un deje de tristeza en su mirada. —Sucede que las personas cómo tú; son un maldito gas tóxico. Y las personas cómo yo, no podemos respirar en un lugar dónde ustedes se encuentren...– Empuña una mano. —Las personas cómo yo no se interesan en personas cómo tú; porqué no vale la pena.– La mira de arriba abajo. —No nos importan sus insultos, ni sus humillaciones; porqué llevamos claro que ustedes solo se escudan tras su arrogancia, su dinero o su supuesto prestigio, porqué no tienen nada más para ofrecer.– ¿Por qué le estaba doliendo decirle eso? ¿Por qué sentía que la estaba lastimando? —Y no es posible que ahora yo sienta que tú eres más de lo que aparentas... No, tú eres una maldita puta. No estás hecha para sentir. Eres mala, vil, cruel... Nadie en el mundo debería sentir algo por ti, más que lastima. Porqué estás vacía...– Claro, ya sabe porqué le duele tratarla así... Es que realmente creyó en las palabras de Circe, en la biblioteca. Todas y cada una. Y ahora que conocía el rostro de la desconocida... "Circe es cruel y la gente así no sabe ser de otra forma..."

Estaba tan llena de ira, porqué Circe le había demostrado que no todos «los de su clase» eran realmente lo que demostraban. En su inocencia, Ash pensó que quizás su familia podría ser cómo Circe, qué, quizás en algún punto ellos tenían sentimientos, eran buenas personas y que solo... Seguían tradiciones, por mantener vivo un estúpido legado. Pensó que quizás su padre la quería realmente, pero solo deseaba que fuera más leal a los principios de los Button; que sus abuelos no estaban decepcionados, solo querían que ella se sienta orgullosa de dónde proviene; que su madre no la ignoraba a propósito, por pensar diferente y que sus hermanos muy en el fondo querrían tener un cuarto de su valentía, para mostrarle a los adultos de la familia qué, los tiempos cambian y la xenofobia no es necesaria, cuándo todos somos seres humanos y por tanto tenemos los mismos derechos y deberes.

Sí, le habría encantado quedarse encerrada en un habitación a oscuras con su familia y saber lo que verdaderamente pensaban. Para su fortuna no le hizo falta entrar en la penumbra para notar qué; en el fondo, los Button, solo eran más de la mierda que contaminaba el mundo.

La decepción que se llevó con su familia en las vacaciones de navidad, la golpeó más que aquella época dónde notó que su familia tenía ideas realmente erradas sobre muggles y magos. Porqué ésta vez, había en Ash la esperanza de hacerlos ver el mundo  desde una perspectiva más abierta y fracasó de una muy humillante manera.

«¿Por qué Circe siendo tan cruel, podría quizás ser diferente y su familia no? »
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Circe A. Masbecth el Jue Nov 09, 2017 10:45 am

Ignoró por completo las palabras de la castaña. Si tuviese intención de lanzarle los libros encima nuevamente lo habría hecho sin ningún tipo de problema pero en aquel momento no era la situación adecuada para ello. No acababa de pasarse horas encerrada en un armario con alguien que consideraba una persona decente para encontrase la decepción de frente hecha persona. No tenía ningún tipo de rabia en aquel momento. Sólo quería cumplir órdenes y largarse de allí antes de que respirar el mismo aire que Ashanti Button le costase una infección pulmonar.

Dejó bastantes claros los puntos en los que debían centrarse. No pensaba pasarse ahí lo que quedaba de mañana solo porque contase con un par de horas libres en su horario. Prefería volver a la biblioteca – la que había convertido su hogar durante sus años en Hogwarts pero con especial atención en aquel último – y encerrar su cabeza entre los libros para terminar los trabajos a medio hacer y empezar a estudiar los exámenes que estaban por venir aquel año. No quería perder más tiempo del que fuese estrictamente necesario para volver a sus asuntos y dejar de lado aquella estúpida tarea encomendada por un profesor que, al parecer, era tan inútil poniendo orden en una clase como impartiendo su propia materia y por eso debía recurrir a alumnas años menores que él para que hiciesen el trabajo pesado que él no tenía ni la más mínima idea de cómo llevar a cabo.

Alzó las cejas sorprendida, ¿Verdaderamente piensa dejar de trabajar después de dos minutos en los que no ha hecho absolutamente nada? ¿Qué tipo de broma es esa? Se dejó caer en uno de los pupitres y abrió el primero de los libros ojeando el índice para comenzar a tomar nota en otro pergamino en blanco.

Cuando Ashanti empezó hablar, Circe elevó la cabeza con cierta sorpresa al oír aquel “Joder, ya basta, Circe”. ¿Qué se supone que había hecho en aquel momento? No es que no sintiese orgullo de causar molestia al resto de seres humanos solo por su existencia pero en aquel momento lo que estaba haciendo era terminar aquellas notas que el profesor había pedido lo antes posible para salir de ahí y alejarse de la castaña a la mayor brevedad posible. Suficiente tenía con volver a toparse con ella cuando se había pasado el último mes evitándola.

Al escuchar el resto de sus palabras, la rubia volvió la vista al papel y siguió escribiendo en este, haciendo pequeñas anotaciones sobre cómo organizar las primeras sesiones con los alumnos de manera general y llevando a cabo un cronograma de cómo organizar el temario durante los próximos meses para lograr que aquellos alumnos se pusiesen al día antes de finalizar el curso y tuviesen que enfrentarse a sus exámenes finales.

Dejó que la castaña se desahogase. Dejó que hablase mientras seguía escribiendo como si lo que estaba pasando a un par de metros de distancia no lo estuviese oyendo. Pero sí lo hacía. Oía cada una de sus palabras y, lo cierto, es que estaban haciendo que a cada segundo que pasaba se sintiese más molesta. Ella no había hecho ningún tipo de actuación para un público inexistente. Ella simplemente se había relajado en el silencio y la oscuridad de la noche para hablar con otra persona que, al parecer, tenía ciertas inquietudes comunes con ella. Había hecho un alto en su camino para no ser una persona borde y desagradable, mostrando una parte de sí misma que pocos conocían y ella tenía la poca decencia de, encima, tomárselo como si de una broma pesada se tratase. Ashanti no tenía culpa de ello, pero para Circe sí era culpable. A ella le importaba bien poco cómo la castaña se hubiese sentido años anteriores por sus redecillas. Poco le importaba cómo otros pudiesen tomárselo.

Cuando aquel discurso terminó, siguió escribiendo y cerró el libro una vez terminó de escribir lo que estaba haciendo. Lo depositó cuidadosamente al lado del resto de libros y dejó el pergamino a un lado. Se levantó y se puso frente a Ashanti. Sin previo aviso, elevó la mano y golpeó su rostro con la palma abierta.

- Vuelve a llamarme puta, una vez más. – No dijo nada más. No iba a amenazarla explícitamente. Pero como lo hiciese, iba a pagar caras las consecuencias. Circe no soportaba aquel término y mucho menos en aquellos  momentos. Porque se sentía como tal. Se había sentido usada. Como si de un mero objeto se tratase. Se había sentido sucia, insultada por todo lo que había hecho. Y esa palabra le causaba verdadero dolor. – Soy mala, vil, cruel y nadie en el mundo debería sentir nada por mí que no fuese lástima. Estoy vacía, no tengo nada que ofrecer, soy arrogante y no me importa a quien llevarme por delante. – Secundó las palabras de la otra chica. – Pero no soy ninguna puta, Button. Así que vuelve a llamarme algo parecido, y puede que sea lo último que puedas hacer en tu miserable vida de Gryffindor amargada de doble moral. ¿Yo soy la mala de la película? Bien, si eso te sirve para dormir por las noches, no tengo problema en cargar con la culpa. Pero que sepas que tú eres tan mala o peor que yo. Yo al menos no finjo ir de buena por la vida y la clavo por la espalda. Pero tú… ¿Quién empezó todo esto, Button? ¿Quién se acercó a la otra por pura diversión para humillarla? Te aseguro que no fui yo. – Dijo recordando aquel suceso años atrás. – Si tan tóxica soy, no te acerques a mí antes de que acabes muerta.

Sus palabras salieron de su boca sin la más mínima emoción en su rostro, ni siquiera en su tono de voz. ¿Estaba molesta? Sí, pero al mismo tiempo estaba decepcionada cuando no debería estarlo. Estúpidamente había pensado que, después de aquello, podría haber una especie de tregua entre ambas donde ninguna se acercase a la otra. Sin volver a tener contacto. Su orgullo al menos no le permitía cruzar palabra con Ashanti pero ella se había encargado de llenar de mierda todo a su alrededor.

- ¿Quieres que sea una broma? Bien. Cree que todo fue una broma de un par de Slytherin aburridos que se cuelan en la sección prohibida en mitad de la noche para burlarse de la Gryffindor de turno. Prefiero que pienses esa mierda a que creas que no estoy vacía. Porque lo estoy, no hay nada en mí que pueda interesar lo más mínimo a alguien tan estúpida como tú. – Cogió el pergamino y se lo tendió a Ashanti. – Yo he hecho mi parte, ahora acaba y nos largamos de aquí. No quiero pasar más tiempo del que sea necesario soportando a una imbécil como tú.
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S. Ashanti Button el Jue Nov 09, 2017 7:56 pm

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
11:05 de la mañana

«Nada...» Solo un rostro impasible. Una rubia concentrada en 'su deber', ajena a un recalmo que la castaña hacia. La ignoraba, cómo si no existiera. Que duro era aquello. Era cómo volver a su supuesto hoga;  gritar a su madre, quejarse de alguna injusticia con ella, esperando un consejo o hasta un regaño, quizás otro grito ¡Solo quería una maldita emoción! Pero no había nada... Nada, hasta que la vio levantarse y...

El golpe la hace soltar aquellas lágrimas que tanto se esforzó por no liberar, pero, allí estaban, surcando sus mellijas. "¡Puta!" Su voz resonó con fuerza en su cabeza. Solo que sus labios no se movieron y la palabra nunca salió de su boca. No es que fuera cobarde, no es que hubiera miedo a lo que Circe fuera hacer, es que simplemente se congeló luego del golpe. Su mejilla arde y no sabe si ahora su dolor es por la bofetada o por haberle ofendido. Miró al suelo unos segundos y se secó las lágrimas. Alzó la cabeza orgullosa, cuándo la rubia volvió hablar. La miró fijamente. La pudo haber atacado, pero la verdad no era algo nuevo que le hubiera hecho Masbecth, al menos agradecía que no hubiera usado la varita, sin embargo, esté ha sido el único golpe que por primera vez le ha afectado a nivel personal.

Quizás tenía razón. Tal vez la castaña hubiera comenzado ¡Pero fue un maldito juego de niños! ¡Eran las malditas riñas de casa! Nunca fue personal, nunca fue con intención de lastimarle más allá de causarle un rato de vergüenza, no tanto a ella, sino a la casa de las serpientes. Ashanti se hubiera disculpado, pero que hizo la rubia, atacó de vuelta, con una advertencia muy clara. Y así... Comenzó la guerra. Los demás sucesos solo fueron reacciones de causa y efecto. Quizás hubo una vez en tercer año, una sola vez, dónde la castaña deseo disculparse sinceramente. Tenía hasta una carta escrita e incluso un obsequio de arrepentimiento, para filmar la paz. Para que cada una simplemente pasase de la otra, pero que se detenga ese sin sentido de pelear... Pero solo le valió ver cómo Circe se encargaba de destrozar casi de modo literaria a alguien, con palabras, para arrepentirse. "Una persona cómo ella se merece el triple de daño que causa..." Pensó en aquel momento. Y en eso se basó, para que sus enfrentamientos quedan cada vez a peor, alguien tenia que hacerle frente a Masbecth y cada que el destino le dio la oportunidad, no lo desaprovecho...

La rubia mentía. Ash lo sabe. Ahora se siente peor, porque Circe acaba de confirmarle que realmente hay algo en el interior de la contraria que vale la pena. Estaba tan negada a creerlo, tan renuente a pensar que alguien realmente malo, no es capaz de actuar sino para hacer daño. Porqué su familia es una mierda, y luego de que lo confirmase, no quería que ninguna otra persona cambiase aquella idea. No quería pensar en la muchacha que se cruzo por casualidad y luego tener que ponerle el rostro de Circe. Por ello, por el hecho de que sus padres, abuelos y hermanos, sean unos malditos sin alma, todo aquel similar a ellos, debía ser igual. "La gente cómo ellos, no cambia y mucho menos tiene un lado amable. Solo existen para hacerle notar a los demás, que nadie debería ser igual que ellos." Fue lo que concluyó con amargura, en su viaje de regreso al colegio —luego de las vacaciones navideñas—.

Ashanti tomo el pergamino. Lo observó y luego allí frente a la rubia, lo volvió añicos, rompiéndolo en trozos pequeños que dejaba caer a los pies ajenos. —Ahora no quiero ocuparme de... Eso.– Señala los trozos de pergamino a sus pues. —Me equivoque...– Rogaba porque las palabras no se le queda en atrapadas entre pecho y espalda. Necesitaba hacer esto. "Coopera, cuerpo... Solo hasta acabar con esto." —Creí que si me decías lo que deseaba escuchar, todo volvería a sentirse cómo antes de quedar encerradas aquel día.– Respira hondo. —Juraba que si lo escuchaba de tu voz. Si te miraba a los ojos y veía esa actitud de...– "Puta..." Solo deja que el silencio diga lo que ella calla.—Confirmaría que volví a ser víctima de tu juego. Ese que inició el mismo día que hiciste estallar mis cuadernos y libros...– Se aparta el cabello del rostro. —Y entonces... Podría contraatacar y mostrarte que no me intimidas. Que no te temo, que no me importas y que si mueres, le harías un favor al mundo.– Toma aire. Le mantiene la mirada y se prepara para decirle lo que realmente necesita decir.

Éste iba a ser el capítulo final. Ya estaba harta de esto. De pelear para no ganar nada. De mirar a otro con odio... De mirar a Circe con odio, cuándo realmente no era realmente lo que aparentaba —al menos Ash lo siente así —. Solo... Circe quizás en su mayoría estaba actuando, no estaba siendo quién realmente podría ser; y ahora, Ash está convencida qué, la rubia era la chica con la que estuvo encerrada en la biblioteca, más que la puta que odia. "Que odiaba..." Ya no quería sentir nada más por Masbecth. Deseaba poder verla y... Que solo fuese una estudiante más del colegio, una prefecta más con la que debe trabajar; una chica más.

Quizás solo tenía que aceptarlo, hay malos, hay buenos "Y hay gente cómo yo, que quiere hacer algo para solucionar injusticias, pero quizás nunca toma el camino correcto. No puedo ser la víctima, me niego a ello, pero tampoco puedo ser la opresora y sin embargo no me opongo a tomar esa posición. No puedo tener un bando definido. Ni vivir en el punto medio; porqué es más problemático de lo que podría admitir..."

No soy buena. Lo sé... Pero no tengo una doble moral, Circe. En realidad carezco de una. Actuó bajo mis propios principios. Lo tengo claro.  – Jamás había admitido eso ante nadie. Y se sentía extraño tener que hacerlo ante ella precisamente. —Pero al menos no siento satisfacción haciendo daño a otros por encajar en un canon y mucho menos por placer.– Le deja claro. —Y si soy sincera. Desearía que a partir de hoy sintieses aunque sea una mínima incomodidad, por lo que le haces a otros. O de ser posible, que alguien llegase a tu vida y te haga sentir lo que le haces a los demás.– Niega ligeramente, con una pequeña sonrisa triste en los labios. "Ash, sin rodeos, acaba con esto. "

Para tu desgracia... Ya es muy tarde. Aunque ni siquiera quería admitirlo a mi misma. Ya sabía que eras alguien diferente a lo que asumí de ti. Que realmente eres alguien interesante. Que las dos horas que pasé contigo, significaron muchos más que seis años de duelos y humillación.– Suspira. "Parece que me fuese a declarar... Que asco." Pensó con diversión. —No sé si seré la primera en decirlo. Pero si usas un poco de la mala leche que tienes para repeler a los demás y la conviertes en valentía, para ser la tipa que me encontré en la biblioteca... Seguramente no sería la última en decir, con sinceridad qué: Vales la pena. No estás vacía, Circe. Ahora lo sé...– Se aleja de la rubia y va por su mochila y se la echa al hombro.

Vuelve acercarse a la contraria y la mira fijamente. "Ahora o nunca, Button." —Quiero que sepas qué...– Mira sobre el hombro de la chica. Se siente insegura, pero alguna tenia que dar el paso. —Lo lamento.– Lo dijo. —Primero que nada, por haberte humillado en primer año. Y si de algo sirve... Jamás fue con verdadera mala intención o para hacerte verdadero daño.– Se quita la corbata. Y juega con la misma entre sus manos mientras mira a la otra. —Por todo lo que paso luego, no voy a disculparme... Pero si quiero hacerlo por que te dije mientras te ocupabas del trabajo.– Si iba a ser totalmente cincera, mejor admitir las cosas cómo las siente. —Valoro que al menos una persona que conozco...– No la conoce, pero era una manera de decirlo. —Sea distinta a lo que deja ver...– Y eso lo decía principalmente por su familia.

Puedes burlarte y no creer lo que te digo. Pero oficialmente me rindo.– Le extiende la corbata. —Vamos, agarra. La quemas luego que me vaya si quieres...– Sonríe leve y por primera vez en todo el rato, es una sonrisa que carece de nostalgia. —Ya no quiero volver a discutir, pelear, ni reñir contigo.– Rueda los ojos y le toma la mano a Circe. —Lo siento. Se que no te agrada. Pero de verdad quiero que la tengas.– Le coloca la corbata Gryffindor en la mano y la suelta. —No quiero odiarte nunca más...

Se agacha para recoger los trozos del pergamino a los pies de la rubia y los guarda en un bolsillo de su mochila. Alza la cabeza y mira a la rubia. La observa con detenimiento. Se levanta. —No te muevas, por favor...– Se acerca y le besa la mejilla. Estaba tentando demasiado su suerte. Pero ya le habían dado una bofetada, otra no haría la diferencia. — En otra circunstancia y quizás, con otra vida. Me atrevería a salir contigo.– Sonríe. —Ya puedes hacer una cara de asco. Pero no bromeo.– Y era verdad. A partir de ahora podría ver a Circe cómo la muchacha de la biblioteca. Y claro, le seguirá costando horrores, pero, al menos ya lo acepto y la rabia que sentía en inicio de la conversación, se hubo dicipado en gran medida.

No te preocupes por lo del profesor. Acabaré lo que falta...– Le asegura y se aleja. —Gracias, Circe... Hasta por las trastadas.

De momento se detiene como quién recuerda algo de última hora y se voltea a verle. —¿Tienes algo más que decirme? Considerando que será la última vez que hablemos.– Lo sabe. Sabe que esto no las vuelve mejores amigas. Sabe que esto no cambia nada. Pero al menos se siente en paz consigo misma, porqué ella no sería nunca más la que propicie una pelea con la rubia, por muy maldita que siga siendo la otra. Quizás debería coger experiencia de su madre, he ignorarle bajo cualquier circunstancia.

«Quizás Circe debería darle bofetadas más seguido...»
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Circe A. Masbecth el Jue Nov 09, 2017 11:00 pm

Sentía rabia. Tenía ganas de apretar aún más los puños y dirigirlos hacia el rostro de aquella chica. Tenía ganas de golpear algo y dejar que el mal humor y la furia que sentía en aquel momento se escapase a base de golpes. Si es que aquello servía para algo más que lastimarse los nudillos. La odiaba. Por cada una de sus palabras y por cada una de sus acciones desde que habían tenido la suerte o la desgracia de conocerse. Desde que sus caminos decidieron tomar el mismo camino años atrás y desde entonces no habían dejado de entrelazarse una y otra vez haciendo de aquello una colisión que rozaba el fin del mundo cada vez que sucedía. Pero aquello era peor que todas las veces anteriores. Porque habían hablado como dos personas civilizadas sabiendo que, en el interior de aquella cabeza había algo que merecía cierto interés. Y por eso la odiaba incluso más que antes de haberse quedado encerradas en el armario. Por la sensación durante la conversación y más aún por la sensación de mal estar cuando había descubierto de quien se trataba.

La odiaba por haber la insultado de aquella manera. Circe sabía que era mala. Sabía que no era una buena persona y no se esforzaba en cambiar aquello. Disfrutaba, no sólo molestando a los otros, sino también haciéndoles daño. Verdadero daño, no el que puede curarse con una simple tirita y un par de golpecitos en la espalda. Daño del que se te clava en el interior y corroe todo lo que encuentra a su paso. Un daño como una enfermedad, que ataca al eslabón más débil hasta tomar el control total. Un daño como una maldita infección bacteriológica.

Intentó serenarse mientras rasgaba el papel con la punta de la pluma. Respiró hondo e incluso en un par de ocasiones se aventuró a cerrar los ojos para relajarse aun cuando sabía que no lo lograría con Ashanti a tan corta distancia. Cuando las ganas de gritar, patalear y golpear eran tantas como en aquel momento.

Y ni pudo ni quiso frenar la necesidad de golpear su rostro. Simplemente sucedió y se sintió tan bien que estuvo a punto de repetir el movimiento en cuanto la otra se atrevió a romper el trabajo que había hecho durante los últimos minutos. Apretó las manos en puños bajo la larga túnica que cubría sus manos y apretó los dientes. Notaba el calor en su rostro y sabía que no era debido al cambio de temperatura del exterior con el interior. Sino de rabia. Ardía de rabia. Por sus acciones y por sus palabras. Por ella.

Circe se alimentaba del temor ajeno. Si había conseguido respeto a lo largo de sus años en Hogwarts no era por causar admiración allí donde pasaba sino por la sensación de pánico que podía provocar en cualquier persona que la conociese. Su rostro inocente e incluso infantil no era más que una máscara para lo que verdaderamente la rubia era capaz  de hacer. Y, joder, cómo lo disfrutaba.

Se había sentido orgullosa durante años de sacar lo peor de las personas. De ser capaz de demostrar que todos ocultan una cara llena de maldad que no quieren dejar ver al resto. Pero en aquel momento, la sensación fue similar y al mismo tiempo diferente. No había sacado lo peor de Ashanti como solía a hacer, sino más bien lo mejor. O algo parecido a ello. Una parte oculta, a fin de cuentas. Una parte que se atreve a tragarse ese orgullo tan pesado y valioso que muchas personas tienen. Una parte capaz de dar su brazo a torcer para pedir perdón por haber prendido la mecha que inició la explosión en la que se había convertido su relación en los últimos años de su vida.

Y Circe no dijo nada.

Por primera vez en mucho tiempo, se quedó sin palabras. ¿Estaba bromeando? ¿Quería vengarse de lo que había pensado que había sucedido en la biblioteca antes de Navidad? Quizá fuese eso. Pero Circe ni siquiera lo planteó como opción. Estaba sin estar. Escuchaba las palabras de la chica pero su cerebro no reaccionaba. No sabía reaccionar de otra forma que no fuese con crueldad, comentarios ofensivos y su habitual ironía que la mantenía al margen de cualquier otra persona. Pero en aquella ocasión, esas palabras parecían atascadas en su garganta. O en su cerebro, pues ni siquiera llegaba a procesarlas.

Sin darse cuenta, tenía la corbata de la Gryffindor entre sus manos. Sin darse cuenta, sus labios se habían posado en su mejilla y, sin darse cuenta, había alzado una ceja sin comprender muy bien lo que estaba sucediendo.

Aquello fue una verdadera patada a su estómago, o al menos se sintió como una. Aquello fue una forma de poner el mundo del revés, como si todo aquello fuese una realidad alternativa en la que su amistad tenía cabida. O al menos, dejaría de existir su odio. ¿Y eso era lo que quería? ¿Eliminar esa relación de odio y hostilidad de su vida? Disfrutaba con ello. Disfrutaba sacando de quicio a Ashanti y causándole el mayor dolor posible. Pero también había disfrutado de su compañía, de la calidez de esta. De sus palabras y lo bien que se sentía tener a alguien capaz de pensar de una manera racional y sin un vacío en su cerebro. De sentirse realmente a gusto con una persona, por extraño que fuese. De tener alguien con quien desahogarse, alguien con quien poder ser verdaderamente sincera.

Guardó la corbata en su bolsillo y fingió que nada de aquello había pasado. Circe no era el tipo de persona que mostraba sentimientos, joder, si dudaba que fuese capaz de tener algo que no fuese odio en su interior. Pero si algo sabía es que aquella sensación, esa calidez, quería tenerla cerca aunque fuese por un minuto más. Esa sensación de sentir… Algo.

- El trabajo es de dos, no voy a dejar que lo hagas tú todo. – Movió la silla situada a su lado y tomó asiento en la propia. Sacó un nuevo pergamino y lo colocó sobre los libros. – Arregla el que has roto, vamos a seguir trabajando. – Se limitó a decir.

Se quitó la capa de Slytherin para poder  moverse mejor mientras seguían ojeando los libros y preparando todo lo que debían para la próxima reunión con el profesor que tendría lugar aquella misma tarde.

- Tengo Encantamientos antes de la cena con los de  Ravenclaw. Espérame en la puerta y vamos juntas el despacho. – Comentó cerrando un par de libros para levantarse y dejarlos en su correspondiente estante. – Me caes bien, ¿Sabes? Tienes los cojones bien puestos, y eso se agradece en un sitio donde todos parecen tener miedo de hasta su propia sombra. Pero no voy a comportarme como si te tuviese algún aprecio. Voy a ser la misma zorra de siempre contigo de cara al resto, no esperes un trato preferente o haré vudú a tu corbata. – Dijo como si aquello fuese siquiera posible. ¿Lo era? De serlo Circe no conocía el modo.

Se colocó en cuclillas para coger uno de los libros del estante situado más abajo y volvió hasta donde estaba Ashanti pero, en lugar de dirigirse a la chica, abrió el libro y apuntó su turno de noche como Prefecta de Slytherin en un pergamino que metió en el libro.

- Por si te aburres. – Le tendió el libro y cogió sus cosas para salir de ahí hasta la hora en la que tuviesen que ir en dirección al despecho de Defesa contra las Artes Oscuras.

* * *

Pasillo, cerca del Despacho de DCAO
15 de enero, 21.05 horas

Esperó a que el aula se quedase vacía por completo, incluso con la marcha de la profesora de la asignatura. Y, una vez asegurado, salió al pasillo donde pudo toparse con Ashanti. Dibujó una leve sonrisa y acto seguido su rostro se mostró frío, indiferente.

- Ni me hables. – Dijo al ver que todavía un grupo de alumnos estaban cerca de la puerta. – Está claro que tenemos que trabajar juntas pero eso no significa que tengamos que hablar si no es estrictamente necesario.

Los alumnos de Ravenclaw miraron en dirección a las chicas y no pudieron evitar reír ante las palabras de Circe. En cuanto estos se fueron, la rubia comenzó a avanzar en dirección al despacho del profesor.

- Si mañana tienes encantamientos, cuidado con el Aresto Momentum, hoy dos se han roto la nariz en la caída.

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S. Ashanti Button el Dom Nov 12, 2017 1:51 am

"¿Qué?" ... Solo atina a sonreír. Estaba sorprendida de la reacción de la rubia. Vaya que era alucinante que Circe no se hubiera burlado o incluso le hubiera golpeado. Se sentía tan extraño todo. Tan... Increíble.

Igual tendría que hacer ese trabajo, mejor si lo acababa con ella. Así que se acercó al asiento vacío junto a su compañera. Saco los trozos de pergamino y con un movimiento de varita, estaba en perfecto estado.

No dijo nada. Trabajó en silencio y con eficiencia. Miró varios libros. Se levantó varías veces y consultó una que otra enciclopedia que estaba en el aula.  Mientras la castaña usaba alguna pluma común, su vuela pluma iba haciendo otras anotaciones. Con los años había desarrollado la destreza de pensar y escribir cosas distintas al mismo tiempo. Por instantes muy cortos observa de reaojo a la rubia.

«"Parece tan pacífica mientras trabaja... Podría pasar horas observándola.


Deja de mirar a la rubia, pues pensó que quizás se sentía observada. Observó lo que la vuelapluma hubiera escrito y se sorprende. —Joder...– Rápidamente desliza su pluma sobre aquel pensamiento y lo tacha. —Deberías tener un filtro. Así no escribirías ciertas cosas...– Se queja mirando a la vuelapluma...

Estaba guardando sus cosas en la mochila para cuando Circe vuelve hablar. Alza una ceja, se nota una expresión divertida en su rostro. —Vale. Me parece justo. No me esperaba otra cosa...– Se echa la mochila al hombro. —Sabes... Si me devuelves la corbata no me voy a enfadar.– Le dice con una leve sonrisa y recibe el libro. Lo abre y mira la caligrafía de la rubia. Le gusta. —¿Esto es parte del trato no preferencial? Porqué la verdad me está gustando...– La jode un poco.

La observa salir y luego se concentra en la nota de la rubia. De momento el solo hecho de volver a encontrarse con ella la hace sentir emocionada y casi ansiosa. "Ni pensar que antes hubiera tenido el mal humor de mil demonios, solo por el hecho de tener que verte..." No lo entendía. Esa emoción que sentía. Haber estado trabajando con ella fue... "Perfecto." Sí, no se hablaron mucho y se dedicaron a su labor, pero... Era la primera vez —a plena luz del día — que convivían tanto tiempo sin que un hechizo estuviera de por medio.  Negó levemente sin creerse aún su suerte...

Antes de salir del aula, suelta unos cuántos botones de la camisa, era estúpido llevarla atada al cuello cuándo no tenía corbata.

«Una cita con Circe... ¿Eso era no? »

••★••

Pasillo, cerca del Despacho de DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
21:15

¿Alguna vez experimentaste que un momento en tu vida pasa a cámara lenta? ¿No? Pues Ash lo estaba viviendo ahora mismo. Aunque hubiera sido solo algunos segundos muy mínimos, captó aquella leve sonrisa que Circe le hubiera dado y; Wow ¿Alguien alguna vez obtuvo una sonrisa sincera de ella? ¿Nadie? "Ojalá pueda verte sonreír más seguido" ... Claro qué, el hechizo se acabó cuándo de repente y sin aviso, la rubia la pateó, no literal, pero, la Slytherin no necesitaba hacer demasiado para tratarte cuál basura. Por un momento deseó decir algo ofensivo pero se contuvo. Las risitas a su alrededor no se hicieron esperar. Y en venganza Ash usa la varita para dejar sin voz a los imbéciles de Ravenclaw.

Prometo cuidar de mi nariz...– Le dice con diversión. "¿Ella me está advirtiendo o se está preocupando o ambas?" Esto era demasiado raro y se sentía tan bien. Mejor dicho ¡Es Circe, con un demonio! No se preocuparía por nadie... Y el ver cómo le advierte sobre la clase. Vaya que le sorprende.

Caminaron hasta el despacho. Antes de entrar, Ash observó a la contraria. —Si quieres puedes quedarte aquí... Tampoco tienes que escuchar lo que sea que tiene que decir...– Sabe que el profesor se la iba a montar porqué no fue a su despacho luego de la supuesta hora y media. Pero igual no podía detener a la rubia. Así que simplemente entró al despacho.

••★••

... Cir... Masbecth es quién realmente ideó la metodología a emplear...– Era difícil volver a tener la misma actitud que demostró en la mañana, luego de lo que había ocurrido entre ellas. Así que optó por ponerse en plan profesional.

Yo solo agregaría qué; si está dentro de sus posibilidades, nos dé algún otro día para impartir  las tutorías, porqué los martes tengo varias clases extracurriculares a las que no pretendo faltar.

Me gusta. Tiene un plan bien estructurado.— Dijo el hombre observando el trabajo realizado. Levanta la mirada. — Felicitaciones, señorita Masbecth. Parece que alguien si quiere trabajar.

Ash solo respira hondo y evita mirar al idiota que tiene en frente para evitar darle otro puñetazo.

En todo caso, podrían trabajar en horarios diferentes si lo desean ambas. Una los sábados y la otra los domingos. Pero se tendrían que despedir de sus salidas al pueblo...

Ash no  puede creer lo que está diciendo ese imbécil. Empuña las manos. Esa era su venganza lo llevaba claro. Por eso no le armo un lío en cuanto le vio. "Seguramente el muy desgraciado lo planeó luego que no me presentase en su despacho cuando indicó. Y como no puede castigarme por el puñetazo, se la cobra así. Bravo, es fantástico "

¿Y? ... Los martes; si la señorita Button decide hacer espacio entre sus cátedras extracurriculares o los fines de semana; sin salir al pueblo.

Sabe qué...– Le dice con una sonrisa sarcástica. —Puede dialogar  con la señorita Masbecth y usted decida el horario que le salga del culo. – Estaba harta de ese tipo. —No me va a obligar a jugar con el tiempo libre de ella o los chicos del segundo curso.

Y sin más se larga de allí dando un portazo. Estaba negada a quitarle a los demás el poco tiempo que tendrían para disfrutar y despejarse. Pues eso pasaba cuándo ella podía salir del castillo. Estudiar de lunes a viernes ya era una mierda, ¿Y también hacerlo los fines de semana? Vaya asco.

••★••

Cocinas del Castillo ~• 7mo Curso
15 de Enero
22:31

¿...Del culo?— Magnus no podía parar de reírse con lo que Ash le contaba. —Oye, entiendo que no te guste trabajar con Circe. Pero me parece loable el que no hubieras aprovechado la oportunidad de joderle el fin de semana, Dabrai.

¿Esperabas que diga 'trasero'? Eso es muy rosa...– Ella también se ríe. —Yo... No lo hice por ella. No... En absoluto.– Se apresura en decir. Pero aunque no lo acepte, en el fondo sabe que lo que pasó hoy con Circe, influyó en su negativa hacia la propuesta del profesor.

Magnus y Ash tendían a esconderse en las cocinas para robar algo de comida. Bueno, esa era la escusa. Pero la razón principal era hablar. A pesar de no ser realmente unidos, había una conexión que les ayudaba a contarse ciertas cosas y compartir algunas experiencias y de algún modo, darse consejos, o simplemente escucharse mutuamente.

Ya debo irme... Dame esos pasteles. ¡No! Ni te atrevas a tocarlos...– Se los quita y los guarda en un recipiente con tapa, para luego meterlos en su mochila.

¡Pero si yo fui quién los robó!— Se queja el castaño con el ceño fruncido. —No vas hacer nada con ellos ¡Ni siquiera te agrada el chocolate!— La sigue hasta la entrada de la cocina. —¿Qué? ¿Cómo que no son para ti!? ¡Dabrai! ¡Espera!— Se ríe por lo bajo. —¡Ya sabes que puedes hacer con ese dedo!— Le dice luego de ver partir a su hermana.

••★••

Ronda de Circe ~• 7mo Curso
15 de Enero
23:02

Había ido a su sala común a quitarse el uniforme —realmente odia tener que usarlo, odiaría cualquier uniforme— y darse un baño. Acabó por vestirse con su particular pijama —que no era una pijama—. Se trataba de una sudadera con motivo alusivo a su casa y un short que... Bueno, algo muy pequeño que solo cubre lo esencial e incluso el borde de la sudadera —que le llega a medio muslo— cubre ese short. En fin...

Miró la hora en un reloj digital —de la compañera que duerme en la cama de al lado— y se apresuró a tomar sus bambas, capa, la placa de la Puta Agonía y la taza donde tiene los pasteles.

Estuvo buscando a Circe por el castillo. No le dijo exactamente dónde iba a estar y solo por un momento pensó en la posibilidad que le hubiera jugado sucio. Que la hubiera engañado y... Que ahora se encontraba fuera de la cama, sin uniforme, en una noche que no tenía que hacer ronda. Bueno, lo de la ropa lo podía arreglar... "¿Y mi varita?" —Maravilloso... La varita en la mochila y yo siendo presa de los profesores...– Respira hondo. Estaba debatiendo a dónde ir o qué hacer...

Estaba por devolverse a su torre, cuándo escucha pasos y voces tras de sí. Pega una carrera y se esconde en una esquina, rogando que no fuese un profesor. En realidad era un estudiante más. Espera se acerque y le toma por sorpresa, deseando muy en el fondo que sea Circe.

¿Que coño...?— El muchacho alza una ceja. —¿Ash, que haces? Si quieres besarme al menos avisa...— Vincent Grant, su compañero de casa y curso. Además de prefecto de Gryffindor.

¿Vin?– La decepción en su voz es perceptible. —¡Asco! No tocaría tu boca ni muerta...– Le dice apartándose solo un poco. Quién los mirase creería otra cosa.

Es la primera vez que una chica siente tanta decepción...— Se ríe por lo bajo. —Circe está de guardia hoy, yo que tú, me escondo ¿Comida? ¡Dame!— Le aparta un poco la capa. Y observa los pasteles.

¡Saca tus manos, asqueroso!– Le golpea la mano con fuerza, pero en realidad esta bromeando. —¿Circe? ¿Dónde está? – La emoción se puede notar ¿Emoción? "Coño..." —Digo... ¿Está aquí? Interesante...– Finge desinterés.

No te hagas la idiota. Tú misma hiciste la orden de guardia de prefectos éste mes, con el líder de Ravenclaw. Recuerdas que te pedí que me dieras las horas en que Circe haría ronda...

Sí...

Cito; 'Te daré las horas más aburridas y largas de la noche'.

Sí, sí.. Lo recuerdo, no sigas. También te dije que Circe no te daría ni la hora, porqué eres imbécil.

En realidad me dijo que iría a la graduación conmigo...

¿Qué?– Eso no le sentó del todo bien. Pero no le dio demasiadas vueltas. —No creo. Da igual... ¿Dónde está?

¿Piensas hacerle algo?

¿Ahora defiendes Serpientes?

¿Desde cuándo te la quieres cruzar tanto?

Vamos, será un 'buenas noches amistoso'

Ash, no me arruines la noche.

Solo dime, te daré pastel...

No sé, cerca de aquí, en algún pasillo... Acabo de hablarle.

Ok.– Le dice y en una carrera se aleja de su compañero de casa.

••★••

El pasillo estaba solo. Lo que era perfecto porque se podía acercar sigilosamente. Trata de hacer el menor ruido posible y se detiene tras la rubia que está en frente. Tuvo la intención de cubrirle los ojos pero recuerda que quizás eso no le gustaría. Se muerde el labio y se inclina solo un poco y sopla suavemente, esperando que el aire alerte a la rubia de que alguien la acompaña. —Lamento la demora...– Se disculpa. —No dejaste un lugar fijo donde encontrarte, así qué; recorrí el castillo buscándote...– Confiesa fingiendo un poco de indignación. —He traído un poco de pastel... Ignoro si te agrada el chocolate, pero... A la mayoría le gusta ¿No?– Sonríe.

Se movió y camino al ritmo de Circe. El tiempo seguramente pasaría muy lento. Al menos la castaña la percibía así cuándo había tenido que hacer ronda. Hablar con la rubia le parecía entretenido. La verdad que no había tenido conversaciones con otras chicas que la tenga tan interesada en el tema. Generalmente Ash pasaba a segunda base luego de veinte minutos de una tonta charla que generalmente era coqueteo. Pero ahora...

¿Al menos hay algún aspecto de tu familia que realmente valores?– La castaña pensaba mucho en ello y era difícil encontrar en su propia familia algo que valorar. Al menos algo que realmente importe, porque si hablamos en el sentido material, Gringotts ya tenía un valor aproximado, en números.


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Circe A. Masbecth el Dom Nov 12, 2017 7:59 pm

Cualquier tutoría antes de la cena era peor que una patada en la entrepierna para cualquier hombre. Siempre que sucedía el profesor en cuestión alargaba tanto su charla que Circe perdía la oportunidad de bajar a cenar en un horario normal y, para cuando quería entrar en el Gran Comedor ya no quedaba ningún alumno sentado en la mesa de Slytherin y, había llegado a tal límite, de ni siquiera contar con una cena que poder llevarse a la boca. Pero no por ello iba a dejar de acudir a las tutorías en ese horario cuando eran necesarias. Aunque Ashanti le hubiese dado la opción de no entrar. Tenía un sentido de la responsabilidad extraño y aún desconfiaba de la chica. ¿Y si se atribuía todo el trabajo? ¿Y si ponía su nombre en mal lugar? Era algo que no iba a permitir, por lo que encontró acompañando a la castaña y teniendo que soportar el comportamiento infantil tanto del profesor como por parte de la chica. Pero ella tenía excusa, era una simple adolescente – como lo era ella, por mucho que mirase al resto desde arriba en cuanto a madurez se refería – , mientras que el profesor ya era un adulto con canas, bolsas bajo los ojos y marcadas arrugas en cada centímetro de su rostro.

Ashanti se marchó dejando a Circe hablando con el profesor. La rubia no esperó a marcharse acompañando a la chica, sino que se quedó sentada en su asiento y, como si nada hubiese sucedido, siguió hablando.

- He comprobado el horario de los de segundo antes de venir. Tienen los martes y jueves libres por las tardes. Comprendo que el martes sería el mejor día para impartir las tutorías puesto que usted no tiene clase y es su horario de tutorías por si necesitamos contar con su presencia. – Empezó a decir de la manera más educada posible. – Pero los jueves el aula de Defensa contra las Artes Oscuras está libre de siete a diez. Podemos ir tarde a la cena, incluso hablar con las cocinas para que no haya ningún problema con eso. – Circe tenía libres ambas tardes, por lo que no tenía preferencia entre una y otra. Pero el fin de semana… Eso era otra cosa. – Si ponemos las tutorías un sábado o un domingo tendrá dos profesoras descontentas que no darán todo por ayudar a sus nuevos alumnos y unos alumnos que se quedarán sin fin de semana y no tendrán ninguna motivación para estudiar. ¿Eso es lo que quiere? Como profesor, sabrá que necesita incentivar a sus alumnos. Sé que lo  sabe, usted es un gran profesor, pero quería recordárselo a la hora de elegir el horario para las tutorías.

Y sin más, la rubia se levantó, cogiendo sus cosas y colocándolas delante de su pecho abrazadas entre ambos brazos.

- Cuando haya decidido qué horario utilizaremos no dude en avisarnos para poder empezar a planificar todo.

- Señorita Masbecth. – Llamó el profesor mientras Circe sujetaba ya el pomo de la puerta para salir de ahí. – Jueves por la tarde. Y no quiero ni un solo problema entre Button y usted. Sé que esa chica puede ser insufrible pero realmente sabe lo que hace, aunque acabe con mi paciencia. Espero que pasando tiempo con usted aprenda a controlar esos impulsos y deje lo de ser una maleducada para cuando esté fuera de mi aula.

Circe afirmó con la cabeza, sabía que aquello era una indirecta hacia ella y su comportamiento fuera del aula pero no dijo nada en absoluto. Porque ella sí sabía controlar sus impulsos en momentos como aquel.

* * *

Pasillo del tercer piso
15 de enero, 22.45 horas

Las rondas con los alumnos de Gryffindor eran aburridas, soporíferas, carentes de sentido alguno a juicio de la rubia. Especialmente si la compañía era, precisamente, el tal Grant. Circe ni siquiera se había planteado aprenderse su nombre aunque fuese el tercer año que su horario volvía a coincidir a la hora de hacer los turnos. O aunque llevasen siete años en el mismo castillo con clases en común día sí y día también.

- ¿Noche aburrida, Circe? – Odiaba que aquel idiota se tomase tal confianza como para hablarle siquiera. Menos usando su nombre.

- Sí. – Dijo de manera seca y tajante, como si aquello fuese servir para que Grant girase sobre sus talones y fuese a su parte del pasillo a seguir con la guardia.

- Podríamos hacer algo para entretenernos, ¿Sabes? – Alzó senda cejas varias veces como si fuese todo un rompe corazones.

Circe miró con cara de pocos amigos y se giró, avanzando en dirección al lado opuesto del pasillo sintiendo la mirada de Grant clavada en su espalda. Seguramente no estaba acostumbrado a que lo dejasen hablando solo pero Circe no era de las que mostraban educación ante capullos de aquel calibre.

* * *

Pasillo del tercer piso
15 de enero, 23.24 horas

Tenía una extraña sensación que recorría todo su cuerpo. ¿Nerviosismo? Ni siquiera sabía si podía considerarse como tal. Pero era cierto que al más mínimo movimiento que notaba en los alrededores, la rubia se volteaba en busca del foco del sonido con la estúpida ilusión de que se tratase de Ashanti. ¿Ilusión? Bueno, quizá no fuese esa la palabra exacta. Pero tampoco era lo opuesto a eso. No es que tuviese la necesidad de que la chica apareciese de entre las sombras para amenizar su jornada, sino que realmente le había agradado la noche que habían pasado encerradas en aquella habitación y tenía curiosidad por saber más sobre  Ashanti. Circe siempre había sido curiosa. Quizá uno de sus rasgos más distintivos era esa curiosidad que incluso había hecho dudar al Sombrero Seleccionador de cuál era la casa más adecuada para la rubia.

Jugó con la varita entre sus dedos y avanzó en dirección a los baños de la tercera planta topándose con un fantasma que había dejado atrás su  lugar habitual para subir por las cañerías hasta ahí.

- Myrtle, sabes que no deberías estar aquí. No puedo quitarle puntos a tu casa porque estás muerta, pero lárgate de aquí antes de que avise a dirección de lo que estás haciendo.

La fantasma no estaba haciendo nada malo. Tan solo canturrear de manera melancólica por el lavabo esperando a que la muerte – una verdadera que llevase a su alma al descanso final –, la llevase consigo de una vez por todas. La rubia cerró la puerta del baño tras de sí asegurándose de que Myrtle estuviese sola en el baño de las chicas de aquella planta y siguió caminando cuando, de pronto, se topó con Ashanti.

- Soy más de salado. – Dijo en el acto pero cogió un trozo de pastel, ya que gracias a lo que había durado aquella tutoría y a su horario aquella noche no había tenido tiempo para pasar por el Gran Comedor para empezar a cenar cuando el resto de sus compañeros terminaban para volver a la Sala Común antes de que el horario para volver a esta se acabase.

Tomó asiento en el alfeizar de la ventana y cruzó las piernas dejando siempre la izquierda por encima. Desabrochó su túnica lo suficiente como para dar comodidad a sus piernas y colocó sobre sus muslos – tapados con la falda del uniforme de Slytherin – el pedazo de pastel para ir cogiendo pedazos aún más pequeños de este según hablaba con Ashanti.

- Claro que lo hago. – Dijo tras tragar el primer pedazo del pastel. – A diferencia de otras familias puristas, nunca me han obligado a tener uno de esos estúpidos matrimonios concertados. Me dieron  la opción, dije que no, y no volvieron a insistir. – Comenzó. – Y si vamos de manera más individual… Mi padre es un mago excelente y siempre se puede hablar con él de cualquier tema, es sorprendente que alguien que a veces parece tan vacío ahí arriba tenga tanto que opinar y… Te llega a sorprender con sus impresiones y opiniones, aunque no las compartas. Mi madre es un poco más complicada, pero valoro que aún tenga la esperanza porque seamos una familia, o lo que se espera de una familia que se siente a la hora de cenar, hable de banalidades triviales y esas tonterías que realmente a ninguno nos importa. Pero ella se esfuerza. – Luego estaban sus hermanos, a cual más diferente. – Odiseo adora el mundo muggle y aunque sea el bicho raro de la familia siempre ha sido el que estuvo ahí para hacerme sonreír. A día de hoy aún lo hace, aunque mi padre no quiere ni que pise nuestra  casa, claro. – El pobre estaba hasta desheredado. – Apolo es como mi padre, un gran mago y con mucha paciencia. Es como un ejemplo a seguir que además me ayuda con los hechizos. Eris es un poco zorra y no nos llevamos muy bien pero… Cuando consigo hablar con ella es una de esas pocas personas con las que puedes ser totalmente franca. Adonis es otro mundo y nos llevamos bastante mal pero… Me divierte la rivalidad que tenemos, si fuese todo de color de rosa sería aburrido, ¿No? – Dijo tras comentar a grandes rasgos lo que había en su familia más cercana que valorase. – Cada familia es un mundo. Mi familia desastrosa y disfuncional es un mundo a su manera. Al menos no me exigen seguir una ideología u otra, comportarme de una manera que ellos  consideran como adecuada… Supongo que es por ser la pequeña, pero  eso no quita que tengan expectativas en mí por ser la que aún sigue en Hogwarts. Creo que me ven como la que aún pueden moldear para que sea lo que esperaban del resto.

Una vez  terminó con el pedazo de pastel volvió sus manos a su cabello para juguetear con él como habitualmente hacía. En aquella ocasión llevaba una cola de caballo alta que recogía todo su pelo por lo que se limitó a jugar con el final de esta que caía sobre su espalda, colocándola a un lado de su cabeza.

-Les odias, ¿No? – Preguntó refiriéndose a la familia de Ashanti. – Sé cómo son los Button y tú no eres como ellos.

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S. Ashanti Button el Lun Nov 13, 2017 10:10 pm

Pasillo del tercer Piso ~• 7mo Curso
15 de Enero
23:57





"Le agradan las comidas saladas..." Se hace una nota mental. Seguro lo tendría en cuenta para otro momento "¿Otro momento?" Para eso tendría que tener un nuevo encuentro con Circe. "Vaya..." No había terminado éste y ya estaba considerando la posibilidad de volver a encontrarse. ¿Y cómo no hacerlo? Había tanto en la rubia que le intrigaba. Era cómo haber encontrado un enorme cofre con distintos objetos y entonces para saber que es cada uno, se debe ir examinando uno por uno de manera minuciosa. La contraria tomo asiento y Ash solo la miraba como quién ve un acontecimiento sin presidentes; está sorprendida; en otra situación estarían discutiendo, lanzándose maldiciones, pero éste no era el caso...

Ash se quitó la capa y la dobló —se había guindado la placa de P.A, en la sudadera—, tomó asiento en el suelo en pose indio —frente a Circe. Sentandose sobre la capa. Que el suelo de piedra siempre está frío— y tapó la taza con los pasteles —luego de coger un pedazo—, dejándola a su lado derecho. Para cuándo volvió a mirar a la rubia, se encontró con un par de muy —a su juicio— hermosas piernas. La abstinencia le lleva muy mal, pero... A Circe le daba hasta con el uniforme puesto..."¿Qué? Pfff... Vale, debo dormir más..." Niega levemente ante su pensamiento. Posiblemente no se viera mucho de las piernas de Circe, pero desde su perspectiva, y por la diferencia de altura, lo que alcanza a ver le agrada.

Circe comenzó a relatar y Ash se iba imaginando cada cosa que la rubia decía. En este momento veía a la contraria; cuál ñiño que con ilusión se sienta a escuchar las fantásticas historias que un abuelo puede contar. Las sonrisas no tardan en dibujarse en sus labios una y otra vez. Piensa en que aquella chica frente a ella, debería ser así cada día de su vida. Una persona sociable y ... Encantadora. Sí, justo eso le estaba pareciendo ahora.

Ojalá Odiseo no sea el único que pueda hacerte reír en el futuro... Digo; deberías hacerlo más seguido. Incluso el solo verte sonreír se me hace muy lindo y raro, viniendo de ti, pero... Es increíble verte hacerlo cuándo es sincero. – No, no está intentando coquetearle. Solo no tiene filtro para decir las cosas. Y le gusto muchísimo aquella sonrisa  que vio hace unas horas. Aún cuándo fuese por poco tiempo. Comió trazos de su pastel mientras seguía escuchando a su compañera. Estaba bastante bueno a decir verdad y ella no era una fanática del chocolate.

Para cuándo la rubia acabó de explicarle las cosas que valora de los Masbecth, ya entendía un poco más el porqué del comportamiento ajeno. La contraria no deseaba decepcionar a su familia y eso podía comprenderlo. Cuándo hubiera recién iniciado en el colegio, su actitud era de completo rechazo a todo aquello que no estaba a la altura de su familia. Pero ya luego con los meses entendió que ese no era el camino y que si al tomar sus propias decisiones y pensar por si misma iba a ser la desgracia de los adultos en casa, lo prefería, a tener que vivir con el malestar que le hace sentir el humillar o discriminar a otro.

Mordió un nuevo trozo de pastel justo cuando Circe hiciera aquella pregunta y el sabor del chocolate se hizo tan insoportable que deseó escupirlo. Sin embargo no lo hace y con dificultad lo traga. Miró el resto del pastel en su mano, pensando en cómo abordar aquella pregunta, aunque pudiera responderse con un simple "Sí. "

Gracias por notarlo.– Dice con un ligero tono de alivio en la voz. Cualquiera que notase que ella no es cómo su familia le quitaba un peso de encima. —Sabes... Habia un grupo de niños del primer curso que se escondían al verme, a principios de año.– A pesar de sonreír al recordarlo, hay tristeza en esa expresión. —La muy maldita de Nayra les había dado 'una charla' sobre la importancia de no cruzarse en el camino de un Button, ignoro por cuanto tiempo hubiera estado haciéndolo. Eso de torturarlos...– Niega levemente. El solo hecho de recordarlo le produce decepción e ira, es qué ¿Quién puede ser tan desgraciado cómo para poner a tres niños de cabeza por media hora? Su hermana, obvio. Podría ser un chiste, le habría hecho gracia de ser chicos de su edad, pero, son niños... ¡Eso no se hace! —No sé qué les habría hecho si yo no hubiera pasado por allí, y creo que hubieran llegado a quitarme la placa, si no hubiera llegado Magnus para detener un posible duelo...– Solo le había quitado puntos a Ravenclaw, pero eso no le pareció suficiente. Nada era suficiente cuando se trataba de su familia. —Mi familia no tiene límites. Circe.– Levanta la cabeza y mira a la rubia. Está decepcionada, dolida, furiosa, con cada integrante de su familia.

Ver  cómo los condecoran por labores humanitarias, por inversión en proyectos de caridad, parece un mal chiste. ¡Mierda! La mayoría se dedica a la salud, pero... Están podridos, todos... Todos lo estamos.– Su voz era pasiva, pero había mucho odio en ella. Sabe que a pesar de mostrarse diferente a su familia de algún modo era cómplice de sus actos. Antes de volver al colegio fue testigo de la tortura de su padre a unas personas que nunca había visto en su vida, pero a juzgar por las palabras que Caio Button decía, eran muggles o personas con cuentas por pagar...  Y Ash no hizo nada. Solo observó en silencio, cómo lo hicieron sus dos hermanos mayores. ¿Qué podía hacer? Estaba oculta, aterrada... Aquél día se escondió en el peor lugar de la mansión; el despacho de su padre. No hay día ahora, que no se arrepienta de no haber hecho algo. Vio morir aquellas personas y solo luego de una semana se atrevió a reclamarlo. Pero todos la vieron cómo si estuviera loca, cómo si fuese la equivocada ¿Debía apoyarlos acaso? "No, eso nunca..."

Odio es una palabra que se queda muy paqueña, cuándo se trata de describir lo que siento por cada uno de ellos.– Suspira. —He oído decir a personas qué, estarían felices de formar parte de los Button; por su dinero, prestigio e influencias. Pero si supieran que tras esa fachada de individuos sabresalientes, pilares de la comunidad; y el estigma de familia exitosa: Hay que jugar con la vida de otros... Posiblemente pocos deseen la maldición que conlleva poseer mi apellido.


Nunca le había dicho a otra persona lo que pensaba de su familia. Quizás no hubiera detallado gran cosa tampoco, pero quizás lo que dijo era suficiente, para dar una idea a la rubia sobre lo que siente. —Si cada familia es un mundo... Quisiera encontrar la manera de salir del mío.– Confiesa con sinceridad. Mira nuevamente el trozo de pastel que le queda. Pero se le ha quitado cualquier animo de comer. Se levanta del suelo y recoge su capa y la taza con pasteles.

¿Más?– Dice mostrando a la rubia los otros dos trozos de pastel dentro del recipiente. —¿Tú ronda acaba pronto? ¿Te gustaría ir a la biblioteca? Por si hay alguien...– Cambia de tema y le sonríe un poco mas animada.


Última edición por S. Ashanti Button el Jue Nov 16, 2017 2:31 am, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Miér Nov 15, 2017 6:53 pm

Había personas que eran capaces de sacar lo peor de otras sin ningún tipo de esfuerzo al tiempo que podían sacar lo mejor de otras. Así era Odiseo Masbecth, el mayor de los hermanos de Circe que, desde que era niño, se había encargado de sacar la peor parte de sus padres y de los dos primeros hermanos que le siguieron tras su nacimiento. Odiseo se había encargado de hacer que sus padres llegasen incluso a desheredarlo y que tanto su padre como sus dos hermanos lo odiasen. Para su suerte Adonis y Circe, los dos hermanos que llegaron después, no eran igual. O, al menos, su relación no lo era. Mientras que Odiseo era capaz de sacar las peores partes de Apolo y Eris a relucir, también era capaz de hacer lo que parecía imposible: lograr una Circe relajada e incluso simpática. Con Odiseo no había oportunidad para que Circe dejase salir su mal humor natural, su crueldad o sus ganas de destruir a todo aquel que se cruzase en su camino. Odiseo le había enseñado – posiblemente sin darse cuenta – que en el mundo había cosas buenas a las que merecía prestarles atención. Así había descubierto el cine o la literatura muggle, algo que con los años no había dejado de apasionarle. También su peculiar forma de ser le había hecho ver que por mucho que la gente juzgase a una persona, ella debía darse la oportunidad de conocerla antes de poder opinar y dejarse llevar por las masas. Que no era necesario sentirse superior a los muggles porque estos también tenían muchos detalles de los que era importante aprender. Y que siempre hay un hueco en toda  persona para volver a ser como un niño.

- Si riese siempre no tendría el mismo valor. – No es que siempre estuviese de un humor de perros y pasase las veinticuatro horas del día siendo una borde con todo el mundo. Pero sí que era cierto que sus sonrisas se basaban en las desgracias ajenas y que su crueldad no desaparecía ni con las personas con las que tenía mayor trato, como bien podía ser Ian Howells e incluso su hermano Apolo. – Así cuando lo hago llama más la atención y es más especial. – Añadió echándose flores y es que siempre había un hueco especial para un ego como el de Circe Masbecth.

No hacía falta conocer en profundidad a la Button como para saber que poco tenía que ver con el resto de los que llevaban su apellido. Al menos, con aquellos que convivía en Hogwarts o lo había hecho durante los años previos. Y más cuando Circe había compartido Sala Común con algunos de ellos.

No es que Circe fuese la mejor amiga de Ashanti, ni mucho menos. Pero los enemigos también necesitan conocerse. O más bien ese conocimiento se sucede sin siquiera darse cuenta. Sin tener la oportunidad para impedirlo. Pues acabas pasando tiempo con esa persona y conociendo cuáles son sus puntos fuertes y los débiles. Así como aquello que puede volverle loco por completo o hacerle la persona más feliz del mundo.

-Tu hermana es una zorra de cuidado. Sin ofender, claro.– Dijo con toda la naturalidad del mundo. ¿Acaso mentía? Tenían el trato necesario por ser quienes eran, pero eso no significase que se llevasen bien. Simplemente se toleraban y hacían lo que se esperaba de ellas. – Ninguna familia tiene límites. – Hizo una breve pausa. – Aparentemente. Tú mejor que nadie sabes cómo son tus hermanos. Sabes cómo puede ser Nayra y lo que busca es sacar lo peor de ti. Y tú… Eres fácil. – Se encogió de hombros. – Eres como la pólvora y no necesitas una llama demasiado fuerte para estallar. Es más, estás deseando tener una llama cerca para destrozar todo a tu paso. Eres de las personas a las que merece la pena molestar por lo divertido que resulta. – Admitió encogiéndose de hombros. Circe no buscaba al débil, al desvalido. Circe buscaba siempre alguien que intentase contraatacar, que le mirase a los ojos y se sintiese con posibilidades de arrasar. Aunque eso no llegase a suceder, le gustaba ese juego de competencia.

No pudo evitar soltar una leve risa al escuchar aquello. Canto menos irónico, debía admitir. Familias puristas conocidas por sus torturas y su desprecio a la vida humana recibiendo premios por sus buenas obras. ¿Era algún tipo de enrevesado juego de palabras? Posiblemente – y para desgracia de la comunidad mágica y muggle – no.

- Sé sincera y piénsalo bien. ¿Conoces a alguna persona que no esté podrida? ¿Alguien que realmente pueda sentirse orgulloso de ser buena en su totalidad? Todos somos una escala enorme de grises. Aunque algunos tiremos más al negro que otros, no quiere decir que no tengamos nuestras partes más blancas. Y tampoco quiere decir que porque tú veas algo negro otro no pueda verlo blanco. – Intentó explicarse. – Por ejemplo. ¿Has probado las golosinas con forma de gusanos? Bien, a mí no me disgustan, no es que sea mi dulce favorito ni mucho menos porque siento que estoy comiendo plástico, pero… Bueno, eso. –Movió la mano como quitándole peso al asunto. Era consciente que hablaba en exceso cuando tenía la oportunidad de hacerlo. – Yo les daría un tono grisáceo claro, no son buenas pero… - Se encogió de hombros. – No están mal. Pero Ian las odia. Les tiene pánico, para él son el negro más oscuro. Por eso mismo siempre le lleno la cama de ellas en su cumpleaños. - ¿Para qué tener enemigos teniendo a Circe como amiga? – Algo así pasa con las personas y sus actos.  Lo que para uno es blanco, para otro es negro.

Para Circe la palabra “odio” era lo contrario. Era algo demasiado grande como para dárselo a alguien. Significaba dar atención a alguien que no lo merecía. Además, para alguien tan indiferente de la mitad de lo que sucedía a su alrededor aquella palabra englobaba demasiado.

-Nadie está conforme con lo que tiene y para cualquier purista descerebrado tener el apellido Button es mejor que cualquier otra cosa en el mundo. – Irónicamente y aunque sus actitudes pareciesen contrarias, Circe no era purista y no alardeaba por ahí de serlo. – Pero hay que ser retrasado como para querer ser de tu familia. – Miró a Ashanti con cierto desprecio que, por primera vez, fue fingido. – Tenerte como hermana tiene que ser jodidamente horrible. Normal que Nayra tenga ese palo metido por el culo. – Y de sus labios surgió una leve sonrisa antes de saltar del alfeizar para ponerse de pie.  – La familia está sobrevalorada. Te unen lazos sanguíneos, siempre puedes mandarles a tomar por culo y seguir con tu vida. – Eso mismo había hecho Odiseo y no le había ido tan mal, ¿No? Si hasta había conseguido un puesto como profesor de Herbología en Hogwarts. Sorprendente, pero cierto.

Limpió las migas que había en su falda y se dejó caer al suelo con cuidado de no arrugar su ropa, apoyando la espalda en la pared y situándose frente a la chica con las piernas dobladas hacia un lado.

- A las doce y media llega Damon. – Dijo nombrando al prefecto de su propia casa. – Pero siempre llega tarde así que hay algo más de media hora donde no hay nadie por aquí vigilando. – Le comentó, pues quizá le venía bien incluso saberlo. - ¿Quieres pasarte la madrugada encerrada en un armario con libros llenos de polvo? – Preguntó con cierta curiosidad. – Pero acepto, tengo que ir a mirar un par de cosas. No volví a ir desde que nos quedamos encerradas ahí. – Aún no había terminado de mirar lo que andaba buscando. O más bien ni había dado con ello. - ¿Qué se supone que andabas mirando en la Sección Prohibida? – Y es que realmente ninguna llegó a decirle la verdad a la otra. – Se supone que los Gryffindor os metéis en problemas por ir de héroes de las causas perdidas por la vida, no por colaros en la biblioteca a deshoras.
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S. Ashanti Button el Jue Nov 16, 2017 6:51 am

Miró a la rubia en plan 'vale, tu aura de diva hizo acto de presencia'. Pone los ojos en blanco. Quizás habían cosas en esa rubia que nunca pudiese tragar. Y es que si intentas comer el ego de Circe, era muy posible que mueras solo en el intento, porqué; es  gigantesco. Igual no dijo nada y la dejo ser. Por el momento no iba a cortarle el rollo.

Hizo un ademán con su mano, a modo de dar a entender que no le importaba si ofendía a Nayra. La verdad es que secundaba las palabras de la Slytherin; Nayra es una persona de cuidado y por encima de ello, muy zorra "En todo el esplendor de la palabra." Las siguientes frases de Circe la llevan a internalizar un poco. Le sorprendió mucho que la contraria le hubiera definido cómo «pólvora». Y no mentía. Sobretodo últimamente estaba encendiéndose por casi cualquier cosa. Estaba bajo mucha presión por el momento. Su entrada a la universidad, los pleitos con su familia, su responsabilidad como «P.A», los profesores toca cojones, pleitos en general del colegio, Circe. Sí, Masbecth tiene un apartado especial en la vida de Ash. Era su piedra en el zapato. —¿Soy fácil?  Eso realmente duele oírlo– Bromea al tiempo que sonríe. —Ah, claro. Aquí es dónde comprendo el porqué te empeñas en molestarme... Nunca creí que la verdad fuera tan simple cómo: 'Te divierte hacerlo'– Comenta en tono divertido. — A mi solo me divierte cuándo logro que el cabreo te lleve a usar la varita y tener un duelo. Aunque eso me dejase más de un moratón o cicatriz.– Confiesa tranquilamente. Es que todo es más divertido —para Ash— cuándo entre la rubia y ella, hay magia de por medio.

« Quién me hubiera dicho que en ti hay una persona sensata, capaz de analizar y ver los distintos puntos de una situación. Le habría dicho que seguramente fuese una de esas excelentes y muy convincentes actuaciones tuyas. Le habría dicho que dentro de tu cerebro no había nada que valiera la pena. Si alguien me hubiera dicho lo entretenido que es escucharte hablar de la manera en cómo lo haces ahora; le habría dicho que está loco...

No puedo creer que esté deseando poder hablar más contigo; no solo de nuestras familias, sino de todo o cualquier cosa. Es que seguramente hasta un tema absurdo y aburrido, en tu voz e inteligencia seguramente se vuelva interesante...

¿Cuándo fue que te volviste tan increible para mí? ¿Por qué esperé tanto para intentar conocerte?

Eres fascinante, Circe; realmente lo eres.
»

Ash observa en silencio a la rubia, escuchando y meditando internamente todo lo que decía. Realmente no conocía a nadie que fuese bueno en su totalidad y le daba la razón en que todos somos una gran escala de grises, pero... Le encantaría que su familia no tirase tanto hacia el negro, o en todo caso... —Creo que si estuviera en tú escala de grises, si pudiese usar tan siquiera un poco los tonos que tú usas; en casa estarían más que conformes.– Y por un instante deseo tener la actitud de Circe; poder fingir de manera convincente el estar de acuerdo con cosas en las que no creía, poder mantener una postura con la que su familia se sintiese a gusto, sin que se le note la molestia o incomodidad, por hacer o dicir algo que no le agrada. Niega levemente, no podía tan si quiera con el hecho de pensar en dañar a otro solo porque sí, o porque es la manera en cómo debería comportarse. Respira hondo.

Sonríe. No le importaba en absoluto que dijese que había que ser retrasado para querer ser un Button. En todo caso le agradó que ella piense así. Saber que hay alguien más de su lado, es cómo recibir un soplo de aire fresco; relajante. —Gracias.– Dice de la nada. Agradece que alguien le diga palabras que levantan su animo. Aunque más que nada aquel agradecimiento se debe al haberle escuchado. Sintió que haber exteriorizado lo que siente por su familia, le ha ayudado a liberar presión, aparte de sentirse mas normal sabiendo que ella no es la única que piensa que su familia hay un grupo de enfermos. Claro, Circe no lo dijo así, pero el punto es que están de acuerdo.

Me agrada esto de hacer cosas a escondidas. Me genera adrenalina.– Comenta de manera sarcástica. Pero es que luego que la rubia dijese aquellos sobre 'no habrá nadie vigilando', es cómo admitir de manera indirecta, que se esconden. La situación le hace un tanto de gracia. De camino a la biblioteca va resolviendo las dudas de la rubia. —No realmente. Ademas no vine preparada para tomar notas. En todo caso, la última vez que estuve encerrada con libros polvorientos, no fue tan mala.– La verdad no había tenido tiempo a volver, con todo lo que estaba pasando en su cabeza, era difícil concentrarse y desde que hubiera vuelto, solo tenía cabeza para descargar su rabia en cualquiera que la molestase tan solo un poco —y si era Circe, mucho mejor—, pero eso ya acabó. Está más serena ahora. No sabría explicar porqué precisamente se le antojó ir a la biblioteca, quizás solo quería pasear un rato con la rubia; caminar y seguir conversando.

Cuarto piso, Biblioteca ~• 7mo Curso
16 de Enero
00:09

Miraba libros.– La jode. —Vamos, sin hacer caras de disgusto...– Le dice divertida. —Por las noches vengo a estudiar para los é.x.t.a.s.i.s. Aunque no he vuelto desde poco antes de comenzar las vacaciones de navidad.– Confiesa mientras desliza sus dedos sobre los lomos de los libros en la estantería más cercana a su cuerpo. —Voy leyendo todo lo que puedo sobre los diferentes tipos de magia y sus efectos sobre la materia. En resumidas cuentas: Hago mi propia investigación...– Pensaba hacerlo cómo un tipo de proyecto personal, irse adelantando a lo que la academia de inefables pueda deparar, aunque con lo poco que se sabe sobre el trabajo de esos magos y brujas, era difícil saber en que temas debía enfocarse más; por lo que decidió tocar todos —o los que le sea posible—. —¿Tú qué buscabas aquí esa noche? – Inquiere. Sigue a Circe a donde sea que vaya. No había ido a la biblioteca a buscar algo, no ésta noche. Solo le está haciendo compañía a la rubia. —Se me hace raro que no hubieras deducido qué, mi causa perdida es hacerte mejor persona.– Bromea con tono sarcástico.

Entre leer un titulo y otro, sobre el lomo de los libros recuersa algo importante.—¿Al final cómo acabó lo del viejo de dcao?– Se interesa en saber, después de todo seguía siendo una responsabilidad con la cuál cumplir, en caso del que profesor hubiera preferido dejar un recado con Circe, que se resumiría en una palabra: "detención o castigo". Mira a su alrededor y observa que algo se mueve no muy lejos de donde ellas están. —¿Viste eso?– Pregunta señalando hacia dónde visualizó el movimiento.

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Maestro de Dados el Jue Nov 16, 2017 6:51 am

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Circe A. Masbecth el Jue Nov 16, 2017 9:25 am

La mayor parte de las acciones realizadas por Circe tenían que ver con su nivel de aburrimiento en cada momento de su vida. Actuaba por el mero hecho de salir de la rutina. De poner algo de luz en su día a día aun cuando eso significase llenar de nubarrones negros el día de otra persona. Se alimentaba de las lágrimas de los demás y de sus comentarios que solo demostraban el dolor que sentían por dentro. Pero, lo que más adoraba de todo aquello, era que le siguiesen el juego. Encontrar personas cuyo orgullo era tal que necesitaban ponerse a la altura de Circe en un intento por desacreditar a la rubia. Personas como Ashanti. E incluso como la idiota de Danny Maxwell.

- ¿Y por qué iba a hacerlo sino? También admito que en tu caso es por ser tan subnormal de acercarte a mí en primero e intentar humillarme. – No admitiría que en parte lo había conseguido. Pues, aunque no había sido una humillación púbica porque todas sus compañeras habían acabado en iguales condiciones y los causantes de la broma apenas habían tenido tiempo para ver los resultados, había acabado por ser algo doloroso en la vida de Circe y desde ese momento había puesto todos sus esfuerzos en irse vengando, paso a paso, de la castaña cuanto estaba en su mano. Incluso si eso significaba alzar la varita y atacarla. Ya que Circe era de esos pocos Slytherin que preferían atacar con palabras antes que  con hechizos. Pero Ashanti era una de esas excepciones que se encargan de confirmar la regla. - ¿Por qué empezaste? No te había hecho nada. Sólo era una idiota de primero que intentaba hacerse un hueco en Hogwarts y tú tuviste que intentar joderlo todo. – No lo decía con dolor. Tampoco con resentimiento (aunque siempre le tendría guardado ese recuerdo, una pequeña espinita de la que Ashanti no podría deshacerse por mucho empeño que pusiese en ello). Realmente tenía curiosidad. Quería saber qué era lo que había motivado a Ashanti para atacarla por primera vez y haber iniciado aquella guerra que existía entre ambas.

Cada familia era un mundo. Eso era un hecho. Circe veía cientos de defectos en la suya propia y otros detalles que estaría bien poder cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Pero al fin y al cabo eran su familia. El primer círculo social que había conocido. A pesar de decir que la familia son solo lazos de sangre, Circe realmente adoraba a la suya. Con sus particularidades, con todos los dolores de cabeza que podían llegar a provocarle. Tenía situada a su familia – como conjunto – en un escalón muy alto del que no tardarían mucho más de un año en caerse poco a poco. Todos y cada uno de ellos irían cayendo hasta que el concepto de familia de Circe se fuese al traste. Como lo haría también todo en su vida.

- Ten claro que si hubiese alguien por aquí y oportunidad de acabar descubiertas no me movería. – Admitió con sinceridad. – Me caes bien, Button, pero serías una mancha en mi historial. Además, tus amigos son subnormales y no quiero tener que ver con ellos. – Aquello era más bien un acto de terquedad que otra cosa. Llevaba más de seis años jugando a  amargarle la existencia a Ashanti como para cambiar de parecer de un día para  otro. Delante del resto del castillo seguiría siendo la misma zorra con ella que antes.

Clase de Encantamientos,
17 de enero, 12.30 horas.

Como de costumbre, su pupitre estaba pegado al de Ian Howells. Ambos jugaban dibujando círculos y cruces en un pergamino situado entre ambas mesas mientras la profesora daba un discurso sobre la importancia de diferenciar un hechizo de un encantamiento. Y una especial mención a las diferencias evidentes a los encantamientos que podían darse en su asignatura frente a Transformaciones y Defensa contra las Artes Oscuras. Entre otros.

- Gané otra vez. – Le susurró a Ian, quien no se había dado cuenta de la última jugada de su amiga y, al notarlo, hizo una bola de papel con el pergamino y la lanzó directamente contra la espalda de la profesora.

La mujer se giró, evidentemente malhumorada.

- ¿QUIÉN HA SIDO? – Cogió el papel arrugado y lo abrió. – Así que jugando en mi clase. Cincuenta puntos menos y dos horas de castigo para el culpable. – Toda la clase guardó silencio.

La mujer miró el pergamino analizando el contenido hasta que lo vio “Poder Button”. Escrito con mayúsculas en una pequeña  esquina del pergamino. La mujer se puso hasta colorada de la rabia.

- Cincuenta puntos menos para Gryffindor. Button y Grant, aquí después de clase.

Circe miró en dirección a Ashanti y le sonrió de manera divertida siendo plenamente consciente de que ella había sido la causante de todo aquello. Básicamente porque si había escrito aquello en el pergamino era a sabiendas que Ian lo acabaría tirando, aunque no había pensado que lo lanzaría directamente hacia la cabeza de la profesora.

Rodó los ojos ante las palabras de Ashanti. Otra vez sin respuesta. Aunque por suerte las palabras de la castaña no tardaron en salir de su boca y dieron la respuesta que Circe buscaba. Un tanto decepcionante, debía admitir.

- Estás de broma, ¿No? – Preguntó sin creer que los fines de aquella chica fueran meramente académicos. – Esperaba algo más interesante. Menos legal. Menuda decepción de Gryffindor estás hecha. – Dijo negando con la cabeza y con un inicio de sonrisa en sus labios, pues sus palabras solo  buscaban molestar a la contraria. – Buscaba un archivo que debería estar en el Ministerio de Magia. Sobre registros de animagia en los últimos años, ya que los libros de la biblioteca están bastante desfasados. Pero… No encontré nada, supongo que la próxima vez me tocará colarme en el Ministerio. – No tenía intención de hacerlo. Si lo estaba buscando era simplemente por pura curiosidad y conseguir los archivos directamente del Ministerio de Magia era simplemente imposible.

Si Ashanti pensaba realmente conseguir que Circe fuese mejor persona, lo llevaba claro. O, al menos, eso era lo que Circe pensaba. Circe en ese sentido, se tenía en baja estima. Se consideraba una mala persona y no le importaba admitirlo. Aunque, irónicamente, Ashanti no tardaría en conseguir ver  que debajo de todas aquellas capas de gris oscuro casi negro había algo blanco todavía salvable.

-Soy tu propio proyecto. – Miró hacia la chica y sonrió negando con la cabeza. – Suerte con ello, es un imposible. – Admitió encogiéndose de hombros antes de seguir su paso por los pasillos de la biblioteca.

Buscó sin éxito el archivo que buscaba. Por mucho que hubiese creído en primera instancia que estaba ahí sabía casi a ciencia cierta que se confundía. No podía ser tan fácil y era innecesario que ese tipo de documentación estuviese en el castillo.

- Clases los jueves por la tarde. – Se limitó a contestar. – Deberías aprender a hablar con los profesores si quieres salir ganando. Insultarles y ponerte a su altura no sirve de nada cuando son ellos los que tienen el poder. Funciona mucho mejor si intentas ser amable. Si yo puedo serlo, para ti no tiene que ser muy complicado. Además, se te da bien actuar, cualquiera diría lo enamorada que estabas de  mí hace unos años. – Se giró y puso una mueca de tristeza en el rostro, ladeó la cabeza y, con voz que fingía ser triste, volvió a hablar. - ¿Todo bien con tu novieta la que te dejó en mitad de clase? – Se giró sin esperar respuesta, volviendo la vista a los libros.

Hasta que lo escuchó.

Se volteó para mirar en la dirección que señalaba Ashanti, sin ver nada. Miró a la chica, algo contrariada porque sí era cierto que sí había escuchado algo. Volvió a mirar, escudriñando la vista en busca de algo y… Lo vio. O más bien los vio. Cinco criaturas azuladas de pequeño tamaño que revoloteaban por aquel corredor. Dos de ellos no tardaron en dejar atrás lo que estaban haciendo al ver a Ashanti y Circe y aceleraron el aleteo para llegar hasta donde se encontraban. Frenaron en seco, como si fuesen a decir algo, y en lugar de eso cogieron un libro y lo lanzaron en dirección a las chicas.

Circe se apartó para evitar el golpe y alzó su varita, haciendo que uno de los duendecillos saliese disparado contra una de las estanterías, cayendo inconsciente en el acto del golpe. Eso hubiese sido un punto a su favor si no hubiese sido porque los otros cuatro lo tomaron como una venganza personal e intentaron tirarle del pelo y de la ropa.

- ¡Ay!

La rubia lanzó un par de hechizo sin mucho éxito para aquellas pequeñas criaturas que ahora iban directamente hacia ella como si de una colmena furiosa de abejas se tratase. Otro de los duendecillos salió convertido en una llamarada que acabó siendo cenizas ante los ojos de los demás, que retrocedieron levemente para, en cuestión de segundos, volver al ataque contra ambas chicas.

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Maestro de Dados el Jue Nov 16, 2017 9:25 am

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S. Ashanti Button el Sáb Nov 18, 2017 2:01 am

Por una apuesta...– Respondió con sinceridad. —En ese tiempo el primer curso de Gryffindor andaba queriendo apalear a Slytherin, ya ni siquiera recuerdo cuál fue la razón exacta que me llevó a participar en las apuestas. Sólo recuerdo que mi mayor motivación era ridiculizar serpientes. Lo cierto es que junto a...– Iba a mencionar a Grant, pero se arrepintió. Eso le recordó lo que él le hubiese dicho sobre 'ir a la graduación con Circe'. Frunce ligeramente las cejas. —Otros dos compañeros... – Reanuda su dialogo. —Debía hacerle una broma a un Slytherin que ellos debían elegir y desafortunadamente fue a ti a quien eligieron.– Era solo un juego de niños, no había un plan elaborado, solo era el hecho de querer divertirse a costa de otros. Echarse unas risas y evitar a toda costa un posible castigo en caso que un profesor o prefecto le hubiera pillado. —Después de ese día, nunca olvidé la fecha de tu cumpleaños.– Era gracioso la manera en cómo puedes recordar una fecha. El cumpleaños de Circe era un día especial para amargar en la medida de lo posible, la existencia de la rubia. Ahora que se estaban llevando medianamente bien, Ash se sintió extraña al notar que posiblemente, en éste último año, sea la primera vez que no fuese hacer alguna travesura para cabrear a su compañera. "En algún momento tenía que parar..." Se dice sin darle muchas vueltas al asunto. Era momento de meter el freno en su hostilidad para con la Slytherin.

A ver. No te estoy pidiendo exclusividad. En realidad no estoy pidiendo nada en absoluto. Solo me gusta que hablemos. Y pasar el rato juntas.– Confiesa. —Entiendo tu posición, aunque no la comparto. Soy de las que le importa poco con quién pasar tiempo, mientras me agrade. Sin ambargo, verme contigo a plana luz del día y hacer lo que hacemos ahora; sería cómo abofetear mis principios, porqué... Eres la viva representación de lo que no tolero; bueno... No ésta Circe que estoy mirando ahora, sino... La desgraciada que no le importaría fastidiarte la existencia y se que siempre serás esa Circe de cara al resto.– Eso le preocupa un poco. Ash llevaba claro que no propiciaría ningún tipo de enfrentamiento de ahora en más —Al menos se está haciendo a esa idea.—, porqué realmente no quiere seguir peleando con la rubia. ¿Pero podría mantener la paz, en caso de que Circe ataque? La castaña quería creer que si podía...

~• 7mo Curso
17 de Enero
Poco antes de la clase de Encantamientos

Las cosas siempre andan mejor cuando logras sacar de tu sistema todo aquello que te ahoga. Cuándo la vida te acerca a alguien en que puedes confiar, te sientes más fuerte, más dispuesto a dejar de lado lo que te hace daño y solo centrarte en lo bueno que tienes o lo que estés por conseguir. Podría contar con los dedos de una mano, los días de paz con Circe, porqué, bueno, solo han pasado dos. Y era increíble verla pasar y simplemente no sentir las ganas extremas de decirle algún improperio, ella se prometió no iniciar riñas y lo estaba manteniendo. Si la rubia le hubiera dicho algo, la castaña solo hizo oídos sordo o simplemente se alejó sin más fingiendo estar demasiado concentrada en sus compañeros o alguna conversación. Lo cierto es que no dio pie a riñas en toda la mañana —al menos no con Circe.—

Hoy era un día bastante especial para Ash. Era justo ese día dónde las cosas comienzan con buen pie. En la clase anterior la habían puesto de pareja de Zia Andreotti, una Slytherin del 7mo, con quién cursa transformaciones. Estuvieron hablando entre susurros y haciendo chistes; que para Ash se traduce cómo coqueteo. Al finalizar la clase, la castaña y Zia ya tenían un acuerdo de encuentro. Ash estaba por ir a su siguiente clase, pero la Slytherin la detuvo...

¿Hoy te parece bien?

Claro. Tengo encantamientos ahora, pero... Estaré libre un par de horas, luego.

En el circulo de piedra...

Estaré allí sin falta, lo prometo.

Clase de Encantamientos ~• 7mo Curso
17 de Enero
12:46

Ash miró a su compañero arrugar un nuevo pergamino y volverlo una bola y tirarlo dentro de su mochila —que esta abierta en el suelo junto a su mesa.—

Espera... No puedo contar así. Ayer conseguí una posible cita para el fin de semana, no me he dado puntos por ello y... ¿Resulta que ahora tengo que darte treinta puntos, porqué vas a besuquearte, con una de las cazadoras de Slytherin?

¿Cuanto pergamino traes a clase? ... Lo siento Vin, pero lo tuyo no está confirmado. Y yo ya tengo hora de encuentro. Creeme ya me gane esos puntos, es obvio que va a pasar algo. – Dice la castaña con evidente diversión. Aunque ambos chicos tienen que recurrir a los susurros ya que están en clase. Ash obviamente no estaba prestando atención ¿Pero quién lo hace cuándo la profesora está tan intensa? No se centra en la clase sino en ridículas argumentaciones sobre diferencias entre su materia y otras. Ok, quizás si prestaba atención, pero no la que debería.

Grant, rebusca entre sus libros y saca un pergamino que coloca sobre su pupite, en él había una lista. —Ash no la había visto sino hasta ahora—

Lion roar:
—Resulta que un grupo de Gryffindor, se había reunido una noche del curso pasado, en julio. Y habían pactado un juego que le pondría fin a su riñas personales de manera más civilizada. Estos chicos peleaban entre sí desde el primer curso —por la idea de que uno era mejor que el otro en cualquier aspecto— y... Para evitar caer en los duelos —ya que pertenecian a la misma casa y suficiente tenían con enfrentarse a  Slytherin—, los futuros graduando del 2016, estuvieron de acuerdo en medir sus habilidades, en un terreno más difícil de conquistar... Habían cuatro alumnos. Y entre ellos, solo una chica. Era un grupo bastante elitista —por llamarlo de alguna manera—, el que no destacaba por popularidad y fortuna familiar, lo hacía en deportes o estudio, y otros muy suertudos destacaban en todo lo anterior.—

Dicha lista estaba dividida en tres grupos. Jugadores ~ Conquistas ~ resultados, y en ella figuraban un grupo de chicas que seguramente serían la máxima perfección para cualquiera de los jugadores, ya fuera por su belleza, su inteligencia o popularidad; sino, por todas las anteriores juntas. El que lograse al final de año conquistar (o más bien acostarse) con la mayoría de las chicas de la lista, finalmente sería considerado el mejor; al menos entre ellos ¿Acaso eran retrasado? Sí, un poco, pero más que nada era un estúpido juego para establecer que sexo podía ligar más, todo empezó porqué Ash de alguna manera u otra le iban lloviendo las chicas sin hacer mucho esfuerzo, y los demás se picaban por ello. Y cómo la Gryffindor jamás dice que no a un reto; junto a los chicos se dio a la tarea de proponer a las estudiantes  —que ellos consideraban— más sobresalientes de su curso y se prometieron comenzar con el reto a inicios de año.

Ash realmente había pasado de ese jueguito por todo el caos que últimamente estaba viviendo. Pero desde que empezase a llevarse medianamente bien con Circe, desde que el hablar con ella la hiciera soltar tanta presión. Wow, la vida se le había facilitado mucho, de verdad que se sentía muy bien. Y el que de repente  Zia Antonelli, le hubiera hablado entes de entrar a la clase, la Gryffindor sintió que volvía a las andadas. "Éste va a ser mi mejor año." Pensó divertida mientras mira que Vincent le agrega treinta puntos a su contador y junto a ellos pone el apellido de la cazadora de Sly.

La lista:

Lion roar ~ 7mo Curso ~ Gryffindor

Jugadores
•Button = 30 puntos. (Anthonelli )
•Grant =
•Thomas =
•Santoni =

Conquistas

Anthonelli
N. Button
Evans
Gagnon
Jones
Masbecth (De Grant)
Li
O'Sullivan
Roberts
Davies
Tremblay
Walsh

Resultados (Enero 2016)

•Thomas, sin resultados esta semana.
•Santoni, sin resultados esta semana.
•Grant, acercarse a Circe Masbecth; Sin ningún resultado.
•Grant, Posible cita en el pueblo con "A. Li"
•Button, tendrá un encuentro con  'Zia Antonelli'

Ashanti se quedó observando el pergamino. Se ríe por lo bajo. —¿Que hace mi apellido allí?

Thomas, Santoni y yo, creemos que Nayra debería estar allí...— Ash se alarma.

¡No pienso ligar con mi hermana!– Le da un codazo a Vincent.

¡Auch! Mierda, Button. No hagas eso... Pues no ligues con ella. No es necesario, igual no vas a ganar.

¿En serio? Si sabes que seis de esas chicas son heteroflexibles ¿No?

Alardea, vamos...

¿Masbecth De Gran?– Leer aquello no sabia si le molesta o... Le molesta ¿Le molesta? "¿Me molesta? No. Joder ¿Cómo va a molestarme? No..." —¿Me explicas que mamada es esa?– Dice fingiendo indiferencia, pero le está latiendo levemente la ceja.

¿Tú también? Ya se lo dije a los otros dos; Circe no es inalcanzable.

¿Yo también, qué?– Sí, definitivo le molesta. —No irás en serio con... Ella.

Vincent se encoge de hombros. Ash respira profundo.

Circe es hermosa ¿quién no querría cogerla?

Le volvió a dar otro codazo a Vincent y estuvo por decirle algo a su compañero, pero la profesora alzó la voz y tuvo que por fin prestar atención a lo que pasaba. La docente tenía un papel en las manos. Sacó puntos a Gryffindor y le castigó... También a Grant pero... ¿Por qué?

Espere... Profesora. Disculpe, pero...– Se estaba controlando ¿Que fue lo que le dijo Circe? "Ser amable... Vale." Respira hondo. "Debo actuar con serenidad." —¿Por qué la violencia tan gratuita? No hicimos un coño.– Ok, no podía ser tan amable, después de todo es Ash Button, los profesores se la sudan. Y ésta la estaba jodiendo por algo que no hizo.

La profesora se acerca y Vincent arruga 'la lista' rápidamente, y la tira a su mochila que estaba abierta en el suelo, pero calculó mal y la bola de papel fue a parar bajo otra mesa, sin darse cuenta. La mayor muestra el pergamino arrugado a los Gryffindor y advierte a los alumnos castigados no moverse del aula y ella se aleja, para salir de la misma.

Dile adiós a tus treinta puntos.— Se ríe.

Perfecto...– Dijo la castaña con sarcasmo y evidente molestia. Comienza a guardar sus cosas en la mochila, no se iba a quedar allí.

Ash miró a su alrededor y se cruzó con la mirada de Circe. "¿Fuiste tú?" Pensó mientras fulminaba con la mirada a la rubia. Quería convencerle de lo contrario, pero solo le bastó mirar aquella sonrisa... ¿No es suficiente aquella sonrisa? "¡Mira! Es que se nota que lo disfruta la muy desgraciada". No, no estaba nada feliz "¿Cómo fue capaz?" Oye, que la castaña no esperaba un trato especial, sabía que las cosas serían igual que siempre, pero coño ¿Provocarle un castigo? Hasta parece que la rubia se esforzaba porqué 'la supuesta paz' fuese no más que un mal chiste. No, espera, ¿Acaso habían hecho la paz en algún momento? "No, yo solo lo supuse.." ¿Entonces que le sorprende? Si precisamente las cosas son cómo de costumbre. "Maldición... Soy yo la que pensé que tratarias de ser diferente, Circe. Lo acepto. Fue mi error."

Ash... ¿Estás bien?

Sí. Estoy bien. Pero no me van a castigar por algo que no hice.– Le responde a Vincent mientras mantiene la mirada fija en Circe. Realmente está deseando hacerle algo. Enserio le había había fastidiado el día. Sin embargo, más que molesta de alguna forma se siente defraudada.

Se levantó de improvisto de su asiento y salió del aula iba a ir tras la profesora.

Ashanti, no. Carajo. Vuelve...

El prefecto de Gryffindor no pierde tiempo y coge su mochila para seguir a la Premio Anual.

••★••

No puede evitar reír. ¿En serio? Pero que había de malo en ser alguien preocupada por lo académico. — Circe. Hay complejidad en la simpleza ¿Sabes?– Le dice sin darle mucha importancia al asunto. La verdad es que la castaña no era alguien que iba por allí interesada en grandes planes o en cuestiones demasiado elaboradas. Tampoco quería ir impresionando a los demás. Por ello, lo más complejo de su vida, era intentar ser alguien simple. Pues su entorno no daba cabida a ello, en ningún sentido.

Ya. Buscar aquí un archivo que debería estar en el ministerio. Eso es muy inteligente ¿Fue tu idea?– La jode. La castaña daba por hecho que encontrar tal información era imposible, sobre todo porqué cómo bien dijo la rubia, es precisamente un documento que maneja el ministerio. —En todo caso... Hay algunos volúmenes de animagia avanzada aquí. Por si te interesa.– Le dice recordando vagamente aquellos textos "¿Dónde estaban exactamente?" Intenta recordar.

Se propuso que por obtener más expresiones emocionales sinceras por parte de Circe, se las jugaría todas. —Bueno, a partir de este momento. Eres mi proyecto personal.– Si antes había sido una una broma, ahora realmente estaba decidida a encontrar en Circe aquello que la hace mejor persona.

"Jueves por la tarde..." Se recordó. No le afectaba. Usaba ese horario para malgastarlo en la sala común. —No se hablar con alguien que solo se esfuerza por lanzarme puñales. Deberías saberlo...– Dice medio sonriendo. Alza una ceja. —¿En serio? No estaba enamorada de ti, sino de lo que hacías sobre el escenario.– Le dice con diversión. —¿Sofia? Cómo van a estar bien las cosas, me dejo por tu culpa. Y al parecer el vernos pelear constantemente, solo le hizo creer que teníamos algo realmente. Me parece que aún lo cree. Quizás por eso no te soporta.  Ni modo.– Dijo tranquilamente, la verdad no le importaba en absoluto Sofia o lo que crea.

••★••

¡Lanza un maldito hechizo para congelarlos!– Dice cogiendo del suelo el libro que los dundecillos habían lanzado y le había pegado en un hombro. Abanica con el libro y le pega a una de esas alimañas mandándola al suelo. No estaba segura de haberle matado, pero al menos estaba inerte en el suelo. —¿En cerio? ¿Cenizas? ¿Estás mal o qué coño?– Dice mirando a la rubia luego que se deshizo de otro pequeñin alado.  Ahora solo quedaban dos. Cogió la capa —que estaba sobre la mesa— y atrapó a los últimos traviesos dentro de la misma, usándola cómo especie de bolsa. —Si quieres... Usar la varita... Ahora. No me... Jode.– Dice apretando con fuerza el agarre para evitar que se escapen las criaturas.

••★••

Cuando las cosas se hubieran calmado —era un milagro que no hubieran escuchado el alboroto—. Y las pequeñas bestias azules ya no molestaban. Ahora yacen dentro del recipiente con tapa de los pasteles. Ash se sentó en la mesa y dejo que sus pies colgasen mientras mira a Circe. —¿Saldrias con algún Gryffindor? Digo... Cómo ir a la graduación o algo así...– Y allí estaba tanteando a la Slytherin para sacarse por fin la espinita que hubiera clavado Vincent hace un rato.



••★••

Final de la jornada lectiva ~• Mazmorras ~• 7mo Curso
17 de Enero
22:43

Luego de haber salido del castigo. Estuvo por todo el castillo buscando a Zia, pero no la encontró. Tuvo que dejar la busqueda de lado, para apegarse a su horario y asistir a sus clases de la tarde. Vincent le había dicho que diera por hecho que Zia no volvería a dirigirle la palabra, por haberle plantado, sin embargo Ash no se daba por vencida, no. Esos treinta puntos seguían siendo suyos y estaría por encima de los chicos. Parecerá tonto, pero realmente estaba empecinada en ganar aquella apuesta —por mero orgullo la verdad—. Aunque sinceramente prefería centrar su atención en ello, que en andar indagando que mierda pasaba por la mente de Circe, para ocasionarle el maldito castigo que al final no pudo evitar.

Con suerte, antes de la cena había logrado coincidir con Zia. Ash se disculpó con la chica y quedaron en verse en las mazmorras luego del toque de queda. La castaña acepta feliz, pues hoy tenía que hacer ronda y no le afectaba. Para cuándo el momento del encuentro había llegado. La Gryffindor tuvo que esperar más de lo acordado, en realidad tuvo que esperar demasiado. Se había sentado en el último escalón de las escaleras que hace de salida y entrada a las mazmorras. Sin querer, Circe se le vuelve a colar en la mente. Se preguntó porqué hizo lo que hizo, porqué fue ella, ¿Cierto?. Lo máximo que se esperaba de Masbecth, de ahora en más, sería comentarios desagradables, pero lo que hizo, generarle un castigo —que le arruinó lo que sería un día increíble—, le hizo dudar sobre su tregua. "La supuesta tregua que al parecer solo está en mi mente." Bufo por lo bajo.

Pasó una hora y media para comprender que la habían dejado plantada. "Gracias, Circe... Esto solo es culpa tuya." Pensó mientras se ponía en pie y ascendía las escaleras, para dejar las mazmorras. No sabía ahora si estaba más Cabreada —por el castigo—, Decepcionada —por lo que hizo Circe, porqué lo hizo ¿No?— o Desmotivada —por ser plantada por Zia y haber sido tan credula cómo para caer en la trampa—. Lo cierto es que lleva un humor de mierda y ojalá nadie le dé por salir de la cama y tener el infortunio de encontrarse con ella.

El lugar estaba solitario, había ascendido diez escalones. Y de repente se encuentra de golpe con alguien. La otra persona estaba un escalón sobre el de ella y al subir el rostro casi que se golpea la frente con el mentón ajeno. —Juro que si pudiese quitarte puntos, lo haría.– Dijo subiendo el escalón que le faltaba para quedar a la altura de la contraria. Observó fijamente a la rubia. —¿Lo hiciste tú? ¿Fue a propósito?– Le pregunta refiriéndose a lo del castigo. —Sin demasiadas explicaciones. Solo dame un 'Sí o No'– Le pide antes de que la otra sea capaz de articular una respuesta. Se iba a ir luego de escuchar una respuesta, pero no podia, necesitaba saber algo más. Detiene su ascenso —dos escalones por sobre Circe —¿A que coño  juegas? Porqué lo de hoy realmente me ha jodido el día. Estoy pagando con creces la inocencia con la que comienzo a mirar a los Slytherin y me estoy cansando.– Argumenta antes de dejar espacio a que la Prefecta pueda expresarse.

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