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[FB] El misterio de lo indefinido... | •Priv •Circe Masbecth

S. Ashanti Button el Miér Nov 08, 2017 10:46 am

Recuerdo del primer mensaje :

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
10:29 de la mañana

«El Karma o el Destino... ¿Quién más si no esos dos, iba a poner a Circe Masbecth y a mí en la misma habitación? Es que no hay otra explicación y no sé quién es más cruel, si el Karma; por crusarme con esa peste o el Destino; por querer mostrarme algún tipo de sabiduría cósmica. Vale, tengo que dejar de asistir a la maldita clase de adivinación...

Si pudiese retroceder el tiempo y tan solo hubiera tenido la más mínima sospecha de que era esa puta. Ni si quiera lo hubiera pensado: La habría delatado de una. Y quizás podría sentirme satisfecha de que le quiten la maldita placa de prefecto, a ver si eso le mancillaba el ego.  ¡La habrían castigado hasta la graduación! Hubiera sido mi venganza perfecta... Juro que cada día, hasta el 31 de Julio, habría disfrutado tener que cruzarme con su maldita persona, porqué ella estaría acabada, destruida ¿Cómo fue que no lo noté? Las putas son fácil de reconocer, es qué ¡MALDICIÓN! ¡No puede ser que me hubiera agradado! De todas las personas del mundo ¿Por qué ella? ¿¡Por qué!? ... Tengo que calmarme... Tengo que olvidarme de eso. Eso no pasó...

En todo caso, no puedo sacarme de la cabeza aquella noche. Mientras más lo intento, más se adhiere a mi cerebro, cómo una sanguijuela. Simplemente no puedo dejar de pensar en la chica con la que estuve encerrada por casi dos horas; una persona qué; era agradable, quizás había cosas en las que diferimos pero... Pude identificarme con ella; conectar; porqué me pareció de esas chicas qué; son especiales. Entonces, cuándo por fin tuve la oportunidad de ver su rostro, de saber quién era y jugarmelas todas para invitarla a charlar en otro momento... ¿¡Circe Masbecth!? ¡No tiene el más puto sentido! ¡Ella es un sinsentido! ¡Es una ególatra con ínfulas de grandeza! ¡Es una egoísta, desgraciada sin corazón! No espera; ¡La muy maldita no tiene alma! ¡Eso es lo que pasa! ...
»

La clase de DCAO ya había acabado. Los estudiantes de la primera hora del séptimo curso, comenzaban a guardar sus pergaminos, libretas y plumas. Con la intención de abandonar el aula y disfrutar de tres horas libres, antes de su próxima clase —ya que la profesora de transformaciones, estaría ocupada con el director.—. Ash estaba perdida en... Sabrá Morgana dónde. Mientras el profesor se encargaba de impartir ciertas instrucciones ¿Sobre qué? Lo ignora, solo escucha un Blablabla constante y lejano, cada que mira a los demás.

Quiero los ensayos, para el viernes.— Recuerda a todo el alumnado y se eschan los característicos «Joder, más trabajo.» o «Si follara más, seria menos estricto.» y también «Le pagaré a algún idiota para copiarle la tarea.» —Prefecta Masbecth. Por favor no se vaya aún. Tengo algo que decirle.— Comenta observando a la rubia, para luego mirar a una distraida Ashanti.

••★••

... Señorita Button.— Dice el profesor, es la tercera vez que la llama. —¡Saphire Button!— Grita de repente y deja caer con fuerza la mano sobre la mesa de Ash.

La castaña se alarma y se levanta de golpe.

¿Pero qué mierda te pasa?– Y ¡Bam! Le conecta un derechazo en la nariz al profesor "¿Podría ser mejor?" Pensó sarcástica y alarmada. Ahora si que la había cagado en grande. —Yo... Lo lame...

Algunos alumnos que no han acabado de recoger sus pertenencias se ríen por lo bajo, otros solo se mantienen sorprendidos.

Cierre la boca...— Le dice furioso, más intenta mantener la calma. La nariz comienza a sangrarle. Saca un pañuelo del bolsillo y rápidamente se limpia. —Usted y la señorita Masbecth, serán las encargadas de dar clases de tutoría a un curso de alumnos del segundo año. Necesitan nivelarse, pues van muy rezagados y ya que ustedes...


No me joda. La lleva clara si piensa que voy a trabajar con es...

El tipo cierra el puño con fuerza apretando el pañuelo.

El profesor aquí soy yo. Y les estoy dando una instrucción a la Premio anual y a la Prefecta de Slytherin. Si tiene problemas personales con la señorita Masbecth, los arregla en sus horas libres. Y si tanto le molesta la idea de trabajar junto a ella, entregue su placa. Pero mientras no lo haga, tendrá que hacer lo que se le indique. Se llama responsabilidad.— Se aleja hasta su escritorio. —Es lo que se obtiene cuándo le adornan la capa con un reconocimiento que pocos merecen.

"Sé que no crees que lo merezco, imbécil. Pero lo tengo igual, para desgracia de ambos..." Pensó furiosa mientras observa al mayor con una expresión que describe su odio. Los profesores le tenían manía, quizás no todos pero sí la mayoría. Pero para fortuna de Ash y desgracia de los docentes, la Gryffindor es una estudiante ejemplar —al menos en lo académico — y aunque muchos de ellos desearían poder darle un buen castigo o quizás expulsarla; casi nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo. Quizás hasta ahora ¿Qué podría hacerle ese tipo por haberle lastimado la nariz? Ella lo ignora. Pero el hombre está tan calmado qué, Ash siente los ovarios en la garganta y casi no respira —a pesar que parece más furiosa que nerviosa—. "Voy alegar que fue un accidente, porqué lo fue. Además ¿Quién coño se acerca a una estudiante y pega semejante grito? Si yo falté al pegarle, él lo hizo al gritarme... Una a una."

El profesor coge varios pergaminos que luego entrega a Circe —en lo que viene de vuelta—.  —Allí están los temas que deben explicar. Luego de la clase del viernes se reunirán conmigo, para ver que metodologías y estrategias usarán para impartir los tres primeros temas. Sus tutorías serán los martes por la tarde.— Le indica a Circe "¿Acaso crees que ella es más responble que yo porqué va en tu antigua casa? Malditos Slytherin..." Pensó irritada. —¿Ustedes que hacen aquí? Todos afuera...— Les dice a los demás alumnos que observaban el show. Seguro comentarían lo sucedido en cuestión de horas. El hombre va en dirección a la salida, pero antes de cruzar la puerta observa a las jóvenes. —Quedan autorizadas a usar el aula, organizarse y comenzar a trabajar. Quiero ver para la cena un avance escrito de las ideas que tienen. Según sé, no hay Transformaciones para el séptimo curso.— Sus pasos se alejan ... —Así que sepan aprovechar el tiempo. Y Button, la quiero en mi oficina en una hora y media.— Se escucha antes de que se cierre totalmente la puerta con un golpe sordo. Ash lo escuchó claramente.

Te quedarás esperando...– Susurra la castaña. No iba a ir a ningún lado y si él quería quitarle puntos a Gryffindor, pues le vale poco.

Ashanti se vuelve a sentar. Se pasa una mano entre el cabello y lo aleja de su rostro. Se hunde en el asiento y apoya la cabeza en el respaldo de la silla al tiempo que observa el techo. Escucha ruido a su alrededor y vuelve a ser consciente de dónde se encuentra y con quién. Suspira. No tiene la más mínima idea de cómo tratar con Circe, ahora. Aunque sería capaz de tomar la varita y voltearle encima un pupitre. Aparte aún tenía jaquecas. Los libros habían dejado más de un moratón en sus brazos y hombros si no fuese porque metía las manos para cubrirse, habría quedado K.O, a causa de un golpe de esos libros "¿Exagerar? No, ella es una desgraciada, quizás esa era su intención. Así por la mañana me daban el castigo en la enfermería "  ¿Quién coño es capaz de lanzarle encima a otro, libros de mil quinientas o dos mil paginas y encuadernación dura!? "Nada más que esa puta rubia..."... No, tenía qué trabajar. Ya lleva demasiadas cuentas pendientes con ese profesor, no necesita una suspensión u otra cosa peor. No estando a cinco meses de graduarse. Observa a la rubia...

Si vamos hacer esto...– Gira levemente su cabeza para poder mirarle con más comodidad. —¿Prefieres que te lance un Obscuro y comenzamos a trabajar? Seguramente tengas una actitud menos mierda que de costumbre...– Se muerde el labio. ¿En serio quería trabajar en paz? ¡Sí! Ella quiere trabajar en paz, pero era imposible no joder el momento, sabiendo lo mal que ha pasado estos meses por culpa de aquella noche. No quería una guerra, pero ya había lanzado la primera Bombarda.

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Maestro de Dados el Sáb Nov 18, 2017 2:01 am

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Circe A. Masbecth el Sáb Nov 18, 2017 12:48 pm

Tenía una imagen que mantener. Durante casi siete años había trabajado por forjarse una imagen que no iba a tirar por tierra por llevarse, medianamente bien, con la Button rarita. Si fuese con cualquiera de sus hermanos las cosas serían completamente diferentes. Pero estaba hablando precisamente de Ashanti Button, la oveja negra de una familia purista, influyente y adinerada. Quizá eso no era lo más importante. Lo más importante era que durante años se habían tratado como el perro y el gato. Que durante años no habían sido capaces siquiera de mirarse a la cara sin lanzarse un libro a la cabeza. Y no iba a dejar caer todo aquello por tierra. Por su orgullo personal.

No era fácil ser la menor de cinco hermanos. Cada uno de ellos había dejado una marca en el colegio a su paso. Una fama que cargar a su espalda y con la que, desgraciadamente, ser comparada. Tres de ellos habían sido alumnos modélicos incluso uno con notas tan excelentes que no había visto una calificación menor al Extraordinario en sus siete años en el castillo. Tres de ellos habían cosechado un gran grupo de amigos de los que rodearse. Dos habían sido considerados como ejemplo a seguir por su comportamiento dentro como fuera del aula y por su facilidad para congeniar con el resto a pesar de sus complicados caracteres. Y luego estaba ella. Quien se mantenía bajo las largas sombras de cuatro magos a los que, no sólo debía igualar, sino superar. Al menos lo suficiente como para no ser “la hermana de”. Término que había escuchado durante años al poner el pie por primera vez en una clase. “Tu hermano era un gran mago”, “Tu hermana fue la única alumna capaz de terminar esta poción con éxito”. ¿Y qué le quedaba a ella? Alejarse de la sombra de su apellido bañada en aires de popularidad de abeja reina.

- No intentes arreglarlo. – Soltó una leve risa, pues realmente se sentía como lo que Ashanti había dicho exactamente. La representación de todo lo que no tolero. O más bien la representación de todo lo malo a lo que aspiras que tus hijos jamás se acerquen de poner un pie en el castillo. Circe podía tener buenas notas y rodearse de gente en todo momento; era la abeja reina por excelencia, el centro de la popularidad en Slytherin y fuera de ella. Pero aún así, no era la amistad que cualquier padre desearía para sus hijos. Se encargaba de meter en problemas a todo aquel que se le acercaba o se cruzaba en su campo de visión; su capacidad para hacer sentir mal al resto parecía no tener fin alguno; era cruel y no le importaba a quien quitarse de encima para conseguir sus fines, como buena Slytherin; y tenía una capacidad que pocos tienen para hacer sentir mal al resto por pura diversión. Y mejor ni hablar de su facilidad para hacer que el resto a su alrededor se conviertan en personas tóxicas, aunque nunca tanto como ella. – Soy mala persona, asúmelo. Mi escala de grises tira al negro lo mires como lo mires. – Dijo con toda la tranquilidad del mundo, pues le importaba bastante poco considerarse como tal. Según el canon establecido por la sociedad era perfectamente lo que podría tacharse como mala persona.

* * *

Buscar aquel archivo en la sección prohibida no tenía ni pies ni cabeza. Sólo podía ser algo que había salido de la mente de Ian Howells. De su incapacidad para encontrar coherencia en sus palabras. Y Circe había sido tan ingenua como para fiarse de él. O, más bien, para estar tan desesperada que no había dudado en salir en pijama en dirección a la Sección Prohibida en mitad de una de sus pocas noches libres de turno como Prefecta.

- Howells. – Se limitó a contestar a su pregunta. A ella ni se le hubiese pasado por la cabeza, precisamente, colarse en aquella sección. No es que se tomase las normas a raja tabla (más bien tenía una capacidad innata para saltarse las normas aparentando no darse siquiera cuenta), pero sí que consideraba un suicidio académico colarse en mitad de la noche en una zona como aquella que, bajo su juicio, debía estar  bastante vigilada las veinticuatro horas del día. Y no se había equivocado. – No, no me interesan. – Cualquier persona habría añadido un gracias, quizá intentar dar un rodeo para llegar a decir lo mismo de una manera más agradable. Pero ella era Circe Masbecth y no se sentía en la obligación de decorar sus palabras para aquel tipo de cosas.

No pudo evitar sonreír con cierto orgullo ante aquello. Siempre le había resultado divertido destrozar las vidas ajenas. Del mismo modo que Circe se había convertido en el proyecto personal de Ashanti, para Circe uno de sus cientos de proyectos personales era  hacer de la vida de los demás una miseria completa. Hacer que el resto sintiese que el mundo se le venía encima y que cada detalle de su vida no era más que una señal que demostraba que lo mejor que podían hacer era quitarse la vida.

- Yo creo que no me soportaba ya de antes. – Se limitó a encogerse de hombros. No era ninguna novedad que los alumnos no soportasen a Circe. Ni a Circe ni al resto de gente con la que la rubia se codeaba como si fuesen los malditos reyes de Hogwarts. – Pero fue divertido. Tenías que haber visto la cara de idiota que se te quedó cuando te dio la bofetada. Y cuando viste que se iba. Aunque… Tampoco es que fuese cara de “oh, por Merlín, el amor de mi vida me ha dejado”. Más bien la cara de acaban de humillarme públicamente y tengo que intentar fingir que no ha pasado nada.

* * *

Uno de los duendecillos impactó contra los libros mientras que el otro acabó devorado por las llamas. A Circe le importaba bien poco que hubiese podido sentir algún tipo de dolor o que aquello no fuese lo más humanitario posible. Estuvo a punto de contestar a Ashanti de mala manera pero aquellos indeseables voladores no le daban ni un respiro para poder hablar.

De la varita de Circe salió una ráfaga de aire  frío que congeló la túnica de Ashanti y su contenido, haciendo que su peso fuese tal que acabase cayendo al suelo de pura inercia. El resultado: dos duendecillos inconscientes entre bloques de hielo.

* * *

- Si hubiese algún Gryffindor que me cayese bien como para algo así, sí, claro. – A Circe nunca le había impedido acercarse a alguien el emblema que llevaba colgado en su pecho. Pero debía admitir que su trato con los de Gryffindor nunca había sido especialmente bueno. Quizá porque eran enemigos naturales y ambos lo sabían aunque fingiesen que no importaba en absoluto. – Pero sois todos gilipollas en tu curso. Además, le prometí a Ian que iríamos juntos. Nuestro pack de tres se ha roto porque el otro retrasado nos ha cambiado por una tía con la que  poder acostarse así que iremos juntos para demostrarnos el uno al otro que es más importante soportarnos que una tercera persona. – Algo irónico teniendo en cuenta que Ian Howells se tiraba a cualquiera. Pero al menos era algo rápido a lo que el chico no le daba mayor importancia.

* * *

Mazmorras,
17 de enero, 23.02 horas.

Durante todo el entrenamiento de Quidditch había estado dándole vueltas. ¿De verdad esa lista existía? ¿Los alumnos de Gryffindor cuyos nombres estaban apuntados en ella eran capaces de tratar a las chicas de Hogwarts como meros objetos? ¿Ashanti entre ellos? Al parecer sí. La prueba mostraba lo evidente y es que Circe había visto como aquel pergamino volaba a varios metros  de distancia de las manos de Grant hasta acabar bajo uno de los pupitres de última fila. La curiosidad había hecho que se animase a cogerlo al finalizar la clase y su cara al encontrar eso había sido un auténtico poema.

Se había sentido insultada. Realmente lo había hecho. ¿Y si eso de ser un proyecto personal para Ashanti no significaba otra cosa que convertirse en un blanco fácil para el tal Grant – quien por supuesto la marcaba en la lista como si fuese de su propiedad -? Aquello había sido una patada en el estómago y no había dejado de darle vueltas en lo que restaba de día.

- Masbecth, ¿Estás dormida hoy? – La quaffle entró nuevamente por su aro y cayó al suelo sin que la rubia hiciese ademán por aferrarla entre sus brazos. Miró hacia abajo para ver como acababa encontrándose con el suelo y bajó para recogerla, devolviéndola al campo de juego.

- No nos moveremos hoy de aquí hasta que seamos capaces de  terminar la jugada.  Graham, Anthonelli a mi señal. – La capitana de Slytherin elevó uno de sus brazos y lo dejó caer como peso muerto.

Las dos cazadoras se elevaron para iniciar la jugada a la que se sumó el tercer cazador de Slytherin en cuestión de segundos.

- He quedado con Button en diez minutos en las Mazmorras. – Señaló Anthonelli con una sonrisa divertida en el rostro, comentándoselo al resto del equipo de  Quidditch de Slytherin. – Había pensado que podríamos gastarle una broma. Esa idiota siempre nos está molestando. – Cualquiera habría creído sus razones al no conocer cuál era la verdad tras sus palabras, y es que estaba realmente molesta porque la hubiesen dejado tirada aquel mismo día.

- Yo me apunto. – Damon Harrelson no lo dudó ni por un segundo.

- Y yo, y yo. – El otro golpeador, Howells, tampoco lo dudó, acercándose para escuchar el plan de la cazadora de Slytherin.

Circe, quien escuchó todo, volvió al campo de juego para hablar con la capitana que aún acababa de recoger todo el material.

- Jugamos en dos semanas y no son capaces de tirar siquiera a los aros. ¿Crees que así vamos a conseguir algo? Lo llevas claro.

La semilla de la duda cobró sus frutos y pasaron las dos horas siguientes entrenando. Tirando por tierra el plan de humillación de Anthonelli había diseñado para humillar a Button. El resultado fue devolverle  lo que ella misma había hecho: dejarla tirada esperando. Pero era mucho mejor aquello que recibir la burla de  todo el equipo de  Quidditch de Slytherin.

- Mañana a las nueve entrenamiento.

- Rápido, puede que aún esté ahí esperando.

- Habrá que ver su cara cuando descubra que no te van las tías. – Rió Damon divertido. Anthonelli acompañó la risa, como si aquello fuese cierto y su mentira hubiese quedado creíble para el resto del equipo.

Circe no se cambió de ropa, sino que salió con la equipación de Slytherin en dirección al castillo, bajando hasta las mazmorras y encontrando de lleno a Ashanti, que aún seguía esperando.

- Cállate. – Tiró de la mano de la chica obligando a que se metiese en la zona de las mazmorras secundaria. Acto seguido, el resto  del equipo de Slytherin pasaba por el pasillo que Ashanti había ocupado pocos minutos antes.

- ¿Dónde está Button?

- Habíamos quedado aquí, no creo que se haya ido.

- Joder, Anthonelli, tenía ganas de usar la varita con esa Button.

- Sí pero…

- Te ha dejado tirada, no estás tan buena como para esperarte tanto tiempo. – El chico rió pasando el brazo sobre el hombro de la capitana para seguir avanzando en dirección a la Sala Común.

El resto del equipo no tardó mucho en seguir avanzando hasta entrar en la Sala Común.

- ¿De qué narices hablabas? – Preguntó tras comprobar que el resto de sus compañeros habían desaparecido.

Volvió la vista a Ashanti y frunció el ceño. Sacó del bolsillo trasero de los pantalones cortos de Quidditch el pergamino arrugado donde su nombre estaba escrito y lo lanzó hacia Ashanti con intención de que esta lo cogiese.

- ¿Qué cojones se supone que es esto? – Inquirió sin elevar la voz para no acabar descubiertas por cualquiera que pasase por ahí. – Te quejas de los de Slytherin y tú y tu grupo de amiguitos salidos nos ponéis en una lista como si fuésemos putos objetos, ¿No? Doble moral, Button. – Estaba molesta. Cielos, claro que lo estaba. - ¿Soy un puto juego para ti? ¿Soy un maldito juego para ti? ¿Para ganarte mi simpatía y ponerme en bandeja de plata para Grant? – Las palabras salían de su boca sin siquiera dejarle margen a respirar. – Eres una imbécil y yo lo soy más por creer que alguien como tú  podía pensar que había algo bueno en mí. Dile a tu amiguito Grant que lo más cerca que voy a estar de su polla será el día que le patee las pelotas. Y te aseguro que será pronto.

Acababa de salvar a Ashanti de ser humillada públicamente pero aún así le estaba recriminando todo aquello. Podía haberse vengado dejando que el equipo de Slytherin lo pagase con ella, pero aún así a había salvado. Eso era cosa suya, no del resto de imbéciles con serpientes en sus emblemas.

- Creía que eras diferente a esos idiotas. - Apretó los puños con fuerza, joder, si incluso notaba como su cara se había puesto colorada y como sus ojos estaban a punto de romper a llorar por aquello. Se sentía humillada y, lo que era peor, utilizada. Volvía a sentirse como si de un objeto se tratase para el resto. Incluso cuando decidía bajar poco a poco sus barreras para dejar hueco a alguien. Dejar hueco a Ashanti.

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S. Ashanti Button el Mar Nov 21, 2017 7:12 am

Ya no puedes convercerme de lo contrario. No cuándo conozco una versión de ti, que desafía a la que demuestras al mundo.– Circe podría volver a esforzarse por ser una puta con Ash y a la castaña le quedaría la sensación de que por tan malo que fuera lo que la rubia le haga; estaba actuando, por mucho que le moleste y le pueda llenar de rabia, Circe seguramente no podía ser totalmente lo que dejaba ver. En el fondo se alegra. Le sienta tan bien saber que conoce a la rubia en una faceta que otros ignoran y con suerte jamás conocerían. Había encontrado algo especial en la Slytherin y el descubrimiento era solo suyo... Está Circe era solo suya. —Es más... Hagamos una apuesta; si yo logro mi cometido —que lo haré— y encuentro el 'blanco' en esa escala de grises que te fuerzas por llevar al negro. Solo a mí me vas a mostrar esa actitud de tono 'blanco', siempre. Aunque sea en la clandestinidad.– Extiende la mano a la contraria para cerrar del trato. —Vamos, no temas...– La fastidia. —Si eres tan mala cómo dices, no tienes nada que perder ¿O me equivoco?– Sonríe. —Y en caso de que yo pierda, —que no perderé—, haré lo que tú desees, sin importar lo vergonzoso o difícil, por mi honor. Lo haré.– Promete. Igual la rubia no debía desconfiar, Ash siempre se esmeraba por cumplir sus promesas. —Pero... Siempre hay un pero. Mi fecha limite es la graduación ¿Te parece?

••★••

Su pecho se hincha de alivio. Lo sabía... Sabía que no tenías razón, Grant. El pensamiento le dibuja una sonrisa en el rostro. Era un plus saber que la Slytherin no tenía demasiados prejuicios para salir con algún alumno de otra casa. En realidad esole pone un tanto mas contenta. Ash asumía que su alegría solo era la emoción de descubrir tantos detalles de Circe. Pero... ¿Era solo eso?

Ash no puede evitar reír por lo bajo. Nunca ha perdido la oportunidad de aprovechar las palabras ajenas para malinterpretar las palabras de los demás y usarlas a su conveniencia. —Nunca pensé que el 'blanco' se iba a mostrar tan pronto.– Le toma del mentón, con cuidado. Le miró fijamente. —¿Ves qué puedes ser buena persona?– Sonríe —Acabas de aceptar que eres una gilipollas. Eso se merece un premio... No te muevas.– Se acerca y le deja un beso sobre la mejilla. Circe dijo que todos en su curso eran 'gilipollas' y ya que ambas pertenecen a ese curso, pues... La rubia es lista, seguro iba a captar la broma.

Pasar tiempo con la rubia es muy divertido. Desde algunos años atrás, sus acercamiento a las féminas solo eran por una grande y poderosa razón: Ligue. Pero con Circe... Las cosas tienden a tomar otro rumbo. Se puede sentir relajada y no necesita ir practicando un dialogo mental sobre la marcha para saber hacia donde guiar la conversación y obtener lo que desea. No. Con la rubia solo hacia falta mencionar cualquier cosa, y de ello se desprende un enorme tema o un abanico de temas de los cuales hablar por horas.

Compadezco a Howells... Pero seguro sobrevive. Han pasado prácticamente siete años en la misma sala común. Y no ha muerto.–Se muerde el labio de manera pensativa. —Vaya. Circe Masbecth es realmente buena.– La jode un poco más.

••★••

Creo que va siendo hora de ir a la cama...– No quería. Realmente no desea irse a su dormitorio, ni a su cama. No le importaba recibir el amanecer junto a Circe. Pero... Estaban fuera de la cama en horario no permitid; claro, la Slytherin podría escudarse en en hace sus rondas, pero la castaña...  —Nos veremos mañana en clase...– Tomó su capa, el tazón y dejo los bloques de hielo en el suelo. —Descansa, rubia de bote.– Le dice a modo de 'Buenas noches'.

~• Mazmorras ~• 7mo Curso
17 de Enero
23:13

¡Suelta! ¿Pero que coño te sucede?– Pregunta mientras a rastras se va con la rubia aún más dentro en las mazmorras. Tiene que guardar silencio al escuchar las voces ajenas.  Al principio había pensado que Circe no deseaba que los demás le vieran allí. Pero solo le basto prestar mínima atención paradarse una idea de lo que sucedía. —Es una zorra...– Susurra en voz baja, mientras los pasos se pierden en la distancia. Si antes estuvo molesta, ahora estaba llena de rabia. Primero por Circe, la profesora de encantamientos, luego por Zia y al final pero no menos importante, estaba sumamente furiosa, porqué fue demasiado crédula al creer que Antonelli pudo haber aceptado de manera sincera sus disculpas. Pero no, nunca fue así. Y ahora resulta que, para el colmo de los males. Le debía dar gracias a Circe, porqué... "Evitaste que me vieran..."

Respira hondo, se aleja el cabello del rostro, a modo de no estamparle a Circe una palma en el rostro. —¿De qué vas? ¡Dime! ¿De que coño vas?– Inquiere en voz baja, tampoco desea que las descubran —claro qué, nadie debería estar fuera de la cama.—, o mas bien le interrumpan, pues Ash tiene muchas preguntas y pocas respuestas. —Solo a ti se te ocurre preguntar '¿De qué narices hablas?'– Finge un tono de voz que quiere imitar el de la rubia de manera burlesca. —¡Del maldito castigo! ¿Acaso no es obvio?– Le recrimina. Quizás en vez de andar montando tal show, debería dar las gracias por evitarle un duelo en el que obviamente estaría en desventaja. Pero no, el orgullo de la Gryffindor estaba muy lastimado y fue todo gracias a Circe. Al menos así lo cree la castaña.

¿Fue a propósito qu...é?– De momento se corta, y ataja el pergamino. No se imaginaba que podría ser, incluso iba a romperlo sin ver si quiera el interior, pero no lo hizo. Desdobla el pergamino y lo observa, mientras lo hace, Circe retoma la palabra.

"¡No! No... Tú no eres ningún juego para mí. " Quiso decirle. Estaba a punto de decirlo, más la rubia le soltó aquello y se ofendió, no por 'la doble moral', no... Sino por pensar que estaba haciéndole algún favor a Grant. Si solo ver el apellido de Circe entre las conquistas le molestó muchísimo, sobre todo porqué Grant la marcaba cómo si le pertenecía... Ash no tendría problemas para liarse con medio castillo, pero la Prefecta de Slytherin se había ganado algo que no había tenido ninguna otra persona antes; la completa atención de la Button. Y no pretendía poner a Circe en el mismo escalón dónde estaban las otras chicas, primero porqué los problemas con la rubia no daban cabida a una relación —a menos que fuera hostilidad— y segundo, porqué tenía ese no-sé-qué que la interesaba tanto y le intrigaba y... Le pedía que indagase mucho más en la contraria, pues seguramente habían muchas más sorpresas de las que hasta ahora se había encontrado. Entonces ¿Cómo podía pensar que intentaba ponérsela en bandeja a Vincent? Eso si que la cabrea. Y eso no fue todo, si hubo algo que realmente le dolió, fue que le dijera qué 'es una imbécil por creer que Ash había visto algo bueno en ella' ¡Pero si que lo vio! "Sí lo vi, Circe..." Su última frase fue comparable a la bofetada que le hubiera dado en el aula de DCAO.

No eres la única decepcionada aquí...– Le dice observándole fijamente. Le sorprende ver en la mirada ajena la sombra de unas lágrimas amenazando con salir ¿Acaso Circe iba a llorar? Aquello realmente le hace sentir cuál basura. —¡Maldita sea, Circe!– Está frustrada. Atada. Porqué siente por primera vez, el daño que le hace a otro, aquella actitud tan despreocupada que suele tener con las chicas y la verdad en ese terreno Ash nunca tuvo problemas, le daba igual jugar con una y con otra, siempre le dio igual, hasta ahora...

Todo esto...– Agita la hoja. —Es tu culpa. Si no hubieras provocado el castigo. No me hubieras jodido el día. No habrías visto el pergamino. Y sabes qué... – La mira fijamente. —Seguramente habría estado a la espera de la guardiana de Slytherin, para pasar unas horas conversando con ella...– Dijo de manera sincera. —Nunca, Circe. Nunca —desde que me prometí no luchar más contra ti— te he visto cómo un juego. Eres la incógnita más interesante que he encontrado en la vida. La persona más fascinante y la que más logra emocionarme con solo una sonrisa.– Respira hondo. Sabe que no tiene escusa alguna para 'la lista'. Pero no había sido ella quién la escribió. Solo propuso algunas chicas, pero no pensó que llevarían algún registro escrito y no es que le importase, al menos no le habría importado en lo más mínimo, si el apellido de la rubia no estuviera allí.

Yo no tengo nada que ver con esa lista. Es decir; sí, estoy...– Niega con su cabeza. —Estaba... Yo estaba en el juego. Pero no sabía que estabas allí.– Y entendería que la rubia no le crea. Porqué, bueno... Es sospechoso admitir formar parte de algo y estar ausente de ciertas cosas, cómo una lista, que parecía ser el centro del juego, o más bien el sustento del mismo. —Soy inocente de lo que sea que tenía o tiene Grant pensado hacer cont... – Vale, allí estaba mintiendo. Se queda en silencio unos segundos. Grant mismo le dijo que se la quería tirar a Masbecth y era obvio que si estaba en la lista, el objetivo de cada jugador era tirar con su conquista. —No supe que estabas allí, sino hasta hoy. Te lo aseguro. Al menos en eso soy verdaderamente inocente.– Concluye.

Pero si se trata de hallar culpables... Entonces tú seguramente te sientas muy bien con lo que hiciste en clase.– Se muerde el labio. —Circe, yo entiendo tu posición, te lo dije ayer... Pero no me parece justo que me hubieras generado un castigo de mierda, solo porque sí...–  Ash se siente fatal por haberla hecho sentir mal, pero ella también lo ha pasado igual, no solo era rabia por el castigo, por Zia o por Grant y sus estúpidas ideas con la rubia. Era estar entre la espada y la pared con la actitud de Circe. Lo peor es que se lo había advertido. De cara al mundo todo sería igual. Solo no tenia idea que sería más doloroso. —¿A qué juegas, tú? Eso de ver tu lado amable en las noches y... Tener que ponerle ambas mejillas a la zorra, por las mañanas, para que golpee cuándo le plazca, no me agrada. – Le toma del mentón. —Circe, solo necesito saber si fue a propósito... Y si es así. Entonces prefiero que sigas siendo la...– Iba a decir 'Puta', más se contiene. —Persona que supuestamente dices ser... Y pelear con ella a diario, sabiendo que puedo esperar cualquier cosa... – Su miraba está fija en la de ella. —A tener que facinarme por la joven que veo en las noches y odiar a más no poder, a la que me reta por las mañanas. No me obligues a tener sentimientos encontrados por ti... Por favor. Me niego a tener que pasar un día más, luchando conmigo misma para sacarte de mis pensamientos. Me niego a pasar otro día, intentando entender que hay una parte de ti que le encanta ser cómo presumes ser. Me duele pensar que disfrutas hacerle daño a otro. Me duele que me agrade alguien que solo viva y respire para hacer mal... Aceptarte así, sería cómo aceptar a mi familia y no lo tolero.– Le suelta el mentón.

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Circe A. Masbecth el Jue Nov 23, 2017 10:43 am

Pensó en recriminar a Ashanti eso de ser gilipollas, pues tan sólo hacía mención a la casa Gryffindor perteneciente a su mismo curso. Pero no tuvo tiempo de hacerlo si quiera. Primero, por decir que podía ser buena persona  - ¿Qué tipo de broma era aquella? Si lo único que había hecho era insultar a otros – y la segunda fue la que realmente devoró sus palabras. Un leve beso en su mejilla. Algo incómodo, debía decir. No toleraba bien el contacto humano y aquello era tan contacto como innecesario. Frunció el ceño y miró directamente a Ashanti a los ojos.

- No vuelvas a hacer eso. – Casi sonó como una petición con un ligero toque amable. Al menos, al salir de la boca de alguien como Circe que parece incapaz de mostrar amabilidad hacia cualquier otro ser humano que no sea aquel que aparece en el reflejo de su propio espejo.

Si era del todo sincera, el beso no había sido tan malo. Aquel contacto humano, no había sido tan incómodo como había llegado a pensar. Pues con Ashanti sentía cierta cercanía y lo único que había hecho la chica era convertirla en algo tangible. En una cercanía que pudiese tocarse con la mano y no simplemente notarse en el ambiente cada vez que iniciaban una conversación.

- Soy buena amiga, que es diferente. Pero ya sabes que soy mucho mejor como enemiga. – Sonrió de lado, haciendo alarde de su habitual ego. No se consideraba la mejor de las amigas, pero si alguien se ganaba un hueco en el gélido corazón de la rubia se ganaría su protección hasta que aquella amistad llegase a su fin o, al menos, hasta que siguiese ese sentimiento de amistad presente en la mente de la rubia. Para alguien con tan poco sentido de la empatía como Circe, aquello ya era un mundo.

* * *

- Que te jodan, Button. – Fueron sus últimas palabras para despedirse de la castaña lanzándole una mirada de pocos amigos antes de girarse sobre sus talones para comenzar a bajar las escaleras en dirección a las Mazmorras. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios cuando supo que Ashanti ya no podía ver su rostro y, según bajaba las escaleras, lanzó una última mirada en dirección a la parte superior de estas para ver como Ashanti se perdía en la oscuridad del castillo, rumbo a la Sala Común de Gryffindor.

* *  *

¿Fue un acto de bondad? Más bien un acto de compasión que había dudado cumplir durante todo el entrenamiento de Quidditch. Llevaba horas y horas dándole vueltas a aquella nota que había encontrado en el aula de Encantamientos aquel día. Llevaba horas y horas pensando en cómo devolvérsela a Ashanti pero finalmente había decidido encararse con ella cuando tuviese oportunidad  y pedirle las explicaciones pertinentes cuando no hubiese nadie delante para, finalmente, volver al estado de guerra del que nunca deberían haber salido. Se sentía traicionada. Y se sentía imbécil por haber decidido confiar en alguien como Ashanti Button.

Había surgido la oportunidad de humillar a Ashanti pero aún así, imbécil de ella –o al menos era lo que Circe consideraba -, había adelantado al resto del equipo de Quidditch para impedir que aquello sucediese, salvando a la chica de una humillación segura por parte de varios de los alumnos de la casa rival. La mayor parte de los Slytherin de séptimo curso se la tenían jugada a Ashanti y su grupo de amigos, por lo que aquello hubiese sido un festín en toda regla para las serpientes.

Su mente estaba tan enfrascada en lo que había hecho Ashanti que ni siquiera pensó en lo que ella misma había hecho. Pues para ella ni siquiera había tenido maldad alguna. No había sido para tanto, a fin de cuentas. AL menos, para alguien que está acostumbrada a sembrar el caos allá a donde va.

No contestó. Sólo lanzó aquel papel arrugado para preguntar sobre él. Sobre lo que significaba. Porque había vuelto al juego donde ella era un simple objeto de colección del que poder fardar. Un juego de niños que mienten para conseguir el premio. Y ella había confiado en las mentiras de Ashanti. Al menos, en las que creía que lo eran.

- ¡Y QUÉ! – Gritó, elevando la voz, haciendo que cualquiera pudiese escuchar aquello aunque por suerte para ambas bajó la voz para el resto. – Aunque no estuvieses castigada, aunque yo no hubiese hecho que te castigaran, esa lista seguiría existiendo con la única diferencia que yo no lo sabría. ¿Es mejor que no sepa que soy un puto trofeo para vosotros? – Le importaba bien poco lo que Ashanti tuviese que decir, porque ella iba a estallar de mal humor en cualquier momento y aquello no sería agradable para nadie.

Le dolía. Aquellas palabras dolían como malditos puñales. Aquello dolía más que cualquier golpe de bludger. Y es que había sido tan estúpida como para bajar la guardia una vez más y que alguien acabase utilizándolo en su favor. Porque era idiota. Simplemente, idiota.

- Pero hay más chicas, Ash. Aunque no lo creas somos personas, también sentimos dolor si juegan con nosotras. También… - Se mordió el labio inferior, mirando el suelo antes de alzar la vista. –También nos ilusionamos. Y luego descubrimos cosas como estas y… Ash, duele. De verdad que lo hace. – Estaba haciendo un verdadero esfuerzo por no llorar. Por no golpearla y salir de ahí para no volver a saber anda de la castaña.

La odiaba. La odiaba por hacer que se sintiese diferente para luego demostrar que no era más que un juego macabro de adolescentes hormonados.

- ¿Pensabas que todo iba a cambiar? ¿Pensabas que iba a ser amable contigo y tus amigos? ¿Qué iba a dejaros una pluma cuando la olvidarais en la Sala Común o prestaros mis apuntes para que pudierais estudiar para los finales? No, Ash. Te dije que de cara al mundo sería igual que siempre había sido contigo. Porque es lo que me gusta de esto, que  de cara al resto del mundo nadie sepa que me importas, que… Que confiaba en ti y todas esas mierdas que sientes cuando alguien consigue ganarse un hueco en tu vida. Me gusta ver cómo pierdes la paciencia, cómo quieres tirarme de los pelos y se te marca esa vena del cuello cuando aguantas por no hacerlo. Me gusta que nadie sepa que creía que eras diferente, alguien que merecía la pena tener cerca. Pero está claro que me equivocaba y eres una mierda más en este castillo. – Dijo tras las palabras de la castaña, dando un paso hacia atrás para volver a evitar contacto físico innecesario. – Te dije que tu reto conmigo era imposible.  Soy así y si no lo aceptas, será mejor que te largues de aquí.– Sentenció de manera tajante.

Las voces al otro lado de las mazmorras volvieron. El pasillo principal volvía a estar concurrido, esta vez  por una pareja de serpientes que salía de la Sala Común para aprovechar la oscuridad de la noche y le intimidad de las mazmorras.

- ¿Crees que aquí no nos oirá nadie?

- Claro que no, tú confía en mí. Vamos, por aquí.

Circe no alcanzó a verles pero rápidamente escuchó como los pasos de la pareja se perdían por uno de los pasillos secundarios, por suerte no era el suyo.

- Me ofende - No, esa no era la palabra. - Me duele que pienses que solo vivo para hacer el mal cuando acabo de salvarte el trasero, podría haberme vengado de esa estúpida lista ahora mismo y en lugar de eso, estoy aquí, como una gilipollas que piensa que… - Suspiró, ni siquiera sabía lo que pensaba. – Después de todo esto, mereces la pena. - Dijo señalando al papel donde la lista estaba escrita.
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S. Ashanti Button el Vie Nov 24, 2017 3:41 am

La castaña sonríe de manera leve. Al no recibir queja alguna —no en cuánto a la apuesta—, entonces quería decir que Circe estaba abierta a la posibilidad de que Ash se vaya con todo a la idea de demostrarle que en ella hay más que esa escalas de grises. Se muestra inocente ante lo que había hecho. La verdad es que le gustaba dejar besos en la mejilla ajena. Nunca se los había dado tan seguidos a alguien, quizás la Slytherin era la primera chica a la que besaba de esa manera y desde que lo hubiera hecho por primera vez, le había cogido cierto aprecio a la acción. Era muy consciente que la contraria no gustaba del contacto físico, pero... Se le hace tan divertido ver lo ligeramente molesta que se pone, que se plantea no dejar de hacerlo. Es que no lo hace por ser malintencionada o por incomodarla, sino porqué le nace tener un detalle con ella, que no ha tenido con otra persona.

Blanquea los ojos al momento que Ego Masbecth aparece ¿Será que debía andar con una aguja para desinflar aquél elevado sentido del yo? No, por ahora no le diría nada. Solo se limitó a estar de acuerdo en silencio. Porqué aunque se eche flores —cada que puede, o todo el tiempo, mejor dicho—, la castaña es garante de qué, cómo enemiga, Circe es alguien de cuidado.

Acompañó a su compañera de curso hasta la entrada de las mazmorras ¿Acaso les dije que Ash realmente no quiere dejar ir a Circe? Se ríe por lo bajo al escuchar la despedida de la contraria. La observa bajar "Vamos... Gira a verme." Pensó esperando que la contraria voltee a verle. "Mira atrás y sonríe." Se muerde el labio deseando que Circe la mire antes de perderse en aquellas escaleras, pero... No lo hace. "Un día lo harás. Vas a girar a verme..." La castaña gira y en un trote ligero, se va en dirección a la torre del león. "Sonreirás y te estaré viendo." Completa el pensamiento al tiempo que asciende las escaleras. Está feliz, se puede notar por la sonrisa que lleva prendida en los labios.

«Estaba ansiosa porqué amanezca pronto, pues sabe que luego llegará la noche y con ella, un posible nuevo encuentro con la Prefecta Masbecth...»

•• ★ ••

~• Mazmorras ~• 7mo Curso
17 de Enero
23:35

Ashanti podría haberse levantado con el mejor de los ánimos éste día y decir que era producto de todo lo 'bueno' que le había ocurrido antes del medio día. Pero si se analizaba con detenimiento, lo que la tenía de tan buen humor era, haber pasado la noche con Circe. "Es que fue tan genial". Hablaron, rieron, fueron atacadas por duendecillos y... Aquella despedida la dejó con más ganas de indagar a profundidad en la rubia. Conocer sus gustos —pues ya sabe de muchos de sus disgustos—. Saber que le apaciona realmente. Encontrar que tonterías la hacen reír y que dramas pueden hacerle llorar ¿Acaso eso era posible? Las adolescentes solían llorar con cualquier mierda medio trágica/romántica que leen, pero ¿Circe lo haría?. Esos eran sus pensamientos. Sin embargo no les prestó mucha atención, luego de toparse con Grant,  Thomas y Santoni, finalmente se deja llevar por tontas bromas y chistes malos que se decían unos a otros, olvidando la razón de su buen amino. Seguido se fue a clases, quedó con Antonelli y creyó, que su buen humor era solo productos de una buena noche de sueño y un despojo de sus presiones familiares —luego de hablar con Circe—. No iba muy lejos de lo que pensaba al despertar ¿verdad?

Entonces... ¿Cómo fue que llegaron aquí? ¿Cómo era que ahora discutían otra vez? ¿Por qué se echaban en cara las trastadas nuevamente? ¿No era posible dejar de pelear?

•• ★ ••

El pergamino en su mano, quema. Y habría querido creer que si soltaba el papel y lo dejaba caer al suelo, su palma derecha, dejaría de arder. Pero no. Porqué el pergamino no era la razón de que se sienta mal con sus acciones. Es la culpa. Es el sentimiento de haber fallado a Circe lo que le produce incomodidad al sostener 'la lista'. No puede con esto. Arruga el papel dentro de su puño, lo vuelve una bola y la apreta con fuerza, intentando minimizar el dolor que le producen las palabras de la rubia.

Ahora no solo se siente mal por ser participe de un juego qué —aunque no quisiera darle la importancia que debía—, estaba cruelmente diseñado para ilusionar y luego destrozar las esperanzas de chicas que posiblemente pasarían a creer cada palabra y beso que posiblemente los jugadores lleguen a entregarles. También le estruja el corazón, la idea de que a Circe le hubieran hecho exactamente eso. Que algún tipo le hubiera dibujado un mundo increíble y luego lo hubiera roto en pedazos, para finalmente quemarlo y que no quedase nada del mismo ¿No era eso lo que Ash le hacía a las chicas también? Sí, pero... Vale, no hay escusa para lo que ha estado haciendo. Pero ella siempre iba en plan 'solo eres un rollo', si la relación funcionaba, pues bien, pero eso no evitaba que a la primera de cambio fuera tras otra y mientras la primera no se enterase de nada ¿Cuál era el problema? Antes nunca tuvo problemas. Pero ahora, justo en este momento, la persona afectada —por algo que ni siquiera había llevado a cabo—, le importa. Y le duele que la este pasando mal.

Te equivocas.– La corrige. —No eres un trofeo para mí.– Le aclara. —Entiendo que estés furiosa con ellos... Con todos.– Se incluye. Aceptar culpas es difícil. —Ahora sé que lo que he estado haciendo, estuvo mal ¿Vale? Y tuve que lastimar a alguien que me importa para notarlo.– Dice refiriéndose a Circe. Y sí, es que la Slytherin le importa. Puede que toda su interacción hubiera sido una larga hostilidad por años. Pero... Se siente unida a la rubia de una manera que le es difícil explicar. No es algo fisico o sexual, puede que sea sentimental, pero ni siquiera está segura de lo que es. La verda le tiene aprecio. Y le encanta poder estar con ella. Lo menos que desea es herirla. —Quizás habré lastimado alguna otra antes, pero la verdad es que... Ninguna me interesó realmente, no de una manera... Emocional.– Respira hondo. ¿De que habla? No está segura, solo le va diciendo las cosas según cómo las está sintiendo. —Seguro mis disculpas no importen. Pero si de algo sirve. Lo siento.– Dice sincera. —No puedo retroceder el tiempo y cambiar lo que hice. Fui una desgraciada y lo reconozco. Pero ten por seguro que a ti nunca iba hacerte daño. No de ésta manera. Circe, tú... Tú eres diferente para mí.– Confiesa. No podría decir en un sentido especifico cómo le agrada. Pero en general, la castaña sería feliz de ver a la rubia sonreír y que esa expresión sea real de genuina alegría.

Quiso abrazarla y minimizar de alguna manera el dolor que demuestran las palabras ajenas, más no se mueve, pues no desea que le rechase y se aleje. Así que solo le escucha. Se molesta. Le da rabia. Llevaba claro que las cosas entre ellas, serían igual que siempre. ¿Pero se lo tenia que restregar así? —Lo que dices, no evita que tus acciones me duela menos que antes...– Comenta mirando fijamente a la rubia. —¿Quieres dejarlo estar de una vez?– Dice con un tono de molestia en la voz. Ya no quiere hablar de este tema. No quiere discutir el hecho de tener que aguantar su actitud de Zorra ante los demás.—No soy ese tipo de persona contigo ¡Demonios!– Le molesta demasiado que la compare con cualquiera en el castillo. Le duele que le diga la verdad. Pero a decir verdad, Ash estaba muy lejos de ser una maldita con Circe. Aquella sentencia le golpea con fuerza. No dice nada, se muerde el labio. Escucha voces a lo lejos.

¿Podrías bajar la voz!?– Le dice, rogando que los otros ni por asomo se les ocurra ir a parar donde ellas están. Espera... ¿No debería darle una reprimenda a los infractores? "No... No hasta que aclare esto." Se determina.

¿Crees que no lo noté? ¿Crees que no me di cuenta?– Susurra con molestia. —¿Quieres que te agradezca? ¡Bien!  ¡Gracias, por no dejar que tus compañeros de casa me pateen el culo! ...– Dijo exasperada. Se queda en silencio al escuchar el resto de las palabras ajenas. —Entonces... Dejemos de discutir.– Intenta ser conciliadora. —Quiero estar bien contigo.– Se muerde el labio. No está meditando lo que dice, solo se está dejando fluir. —Quiero seguir dejando besos en tu mejilla y que te enfades un poco. Molestarte porqué se me hace gracioso cuándo me blanqueas los ojos. Escuchar atenta cada explicación que das a los temas serios y facinarme porqué es maravilloso oírte. Pensar que eres una idiota cuándo sacas a relucir tu ego y... Apreciar cada sonrisa sincera que pueda adornar tu rostro. Quiero rodearme de tu mejor versión.

Apoya la espalda en la pared de piedra. Está fría, pero no se quita. Mira al suelo. Respira hondo. Levanta el rostro y observa a la guardiana de Slytherin. —Cir... En todo este tiempo que hemos estado discutiendo. Te he visto tirar hacía el blanco... Te he oído defender a otras, hablar por ellas y no solo por ti. Te vi defenderme o más bien, cuidarme. A pesar de que la rubia que muestras al mundo, me hubiera dejado perecer a los acontecimientos. Yo... Admito que me cautivaste con ello. Que de solo pensar en tus recientes acciones, me hacen sentir orgullosa.– Y no mentía. Sea cómo sea que se hubieran dado las cosas. Estaba feliz de poder ver más de la Circe que le agrada.

Por favor no más discusión, por la lista o sobre el castigo. No ahora que es precisamente cuándo podemos llevarnos bien.– Afloja un poco el puño — dónde apreta el pergamino—, su mano está un poco entumeciada, pero no le da mucha importancia. —Sí para quedarme junto a ti... Tengo que enfrentar a la Circe que odio. Entonces, bien. Vale. Jugaremos con tus reglas. No me importaría recibir una lluvia de libros por la mañana, si en la noche te encargarás de curarme los moratones.– Sonríe un poco. —Pero quiero que me creas, cuándo te digo, que no eres un juego para mí. No eres ningún trofeo y mucho menos pretendo ponerte en bandeja, para Grant.– Se aparta el cabello del rostro. —La verdad me molesta qué, él se sienta interesado por ti... He sentido celos de él. Porqué: Es un gran chico. A pesar de lo imbécil que llega a ser, pero cuándo lo conoces. Notas que es considerado, protector, atento, servicial, estudioso, un amigo leal y un gran compañero... Odiaría que algo de eso te interese. Que quizás te conquiste y te agrade. Y le dejes apreciar lo que solo yo conozco de ti.– No había razón para que ella piense que está a favor del prefecto de Gryffindor. —Ni de coña le haría el favor de que se interese en ti más de lo que debería. Y sí, es egoísta. Quizás por estar en la búsqueda de encontrar lo que te hace 'mejor persona' debería alentarte a qué seas con otros cómo eres conmigo. Pero no quiero. Me reuso a compartir mi gran hallazgo en ti con alguien más. – Sus palabras son sinceras. —Es más, sería capaz, de jugarmelas todas e intentar conquistarte.– Bromea. No estaba en absoluto interesada en una relación seria con nadie. Pero quería que el ejemplo dejase claro que en ningún momento diría a nadie que hay una Circe por la que vale la pena luchar, a menos que fuera la propia rubia que quisiera mostrarle a otro esta faceta de ella. —Cir, creeme... No te quiero lastimar y... Todo esto que pasó, solo se salio de control. Prometo que voy a convencer a Vincent de olvidar sus estúpidas ideas para contigo y... Dejaré el juego, si con ello logro que volvamos a estar bien; Tú y Yo... Es lo que realmente quiero.

•• ★ ••

~• Mazmorras ~• 7mo Curso
17 de Enero
23:55

Ash estaba sentada en el escalón en el que hace unos minutos estuvo de piel. Quiso dejarle su espacio a la rubia para que piense y medite sobre esta situación que se les hubiera presentado. No pretendía dejar marchar a Circe hasta que llegasen a una solución que fuese favorable para ambas. —¿Ya dejaste de estar molesta conmigo?– Quiso saber preguntando una vez más. La rubia seguramente quisiera quitarle la cabeza, pero a Ash no le preocupaba. —¿Sabes quienes son los que están teniendo sexo en el pasillo contiguo?– Inquiere solo por poner un tema del cual hablar.
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Circe A. Masbecth el Sáb Nov 25, 2017 4:32 pm

Son pocas personas las que son capaces de conocer verdaderamente cómo funciona Circe Masbecth. No muchos encuentran el valor necesario para intentarlo, siquiera. Pero no basta solo con intentarlo, sino que ella tiene que dar el consentimiento y la aprobación como para mostrar lo que verdaderamente es. Para abrir esa coraza que durante años ha fabricado a base de insultos, amenazas y comentarios hirientes hacia el prójimo. Para hacerse un pequeño hueco que permita tocar apenas la superficie de lo que la rubia es. Pues como todo en esta vida, las primeras impresiones pueden no ser las correctas y las apariencias engañan. Aunque había que admitir que Circe, a pesar de haberse protegido con aquella coraza, escondía bajo ella una serie de rasgos que le hacían seguir siendo cruel e incluso mala con aquellos que se ganaban su simpatía. Pero de lograrlo, encontrabas algo más importante. Algo más único. Algo que podías alardear de conocer mientras el resto viven en una eterna ignorancia de la que resulta impensable que puedan salir pues, ¿Quién pensaría que bajo aquella persona que sólo sabe dañar emocional y físicamente al resto existe una persona capaz de entrar en razón? ¿Una persona con criterio, opinión e incluso cierto grado de empatía? Una persona preocupada por los suyos y es que Circe – en su nube de narcisismo – era capaz de dar todo por las personas que verdaderamente le importaban. Aunque estas apenas pudiese contarlas con los dedos de una de sus manos.

Y Ashanti lo había conocido. Al menos, parte de ello. Pues apenas había tenido tiempo para atravesar esa coraza y observar lo que se escondía bajo ella. Pero esa coraza también tenía era un arma de doble filo. Que quema, corta y golpea si  dañas lo que hay dentro. Que lucha por deshacerse de ti a cualquier precio por los crímenes cometidos. Una coraza capaz de atravesar la piel humana, de colarse por el hueco de tus uñas como si de puñales se tratase, de cercenar miembros y destrozar órganos desde el interior del organismo. Porque era venganza en su mayor estado puro. Resentimiento y desconfianza. Si hacías algo que dañase a lo que se escondía bajo la coraza, la coraza multiplicaría su poder por mil en un intento de venganza. Llevándose todo lo que encontraba a su paso como un maldito huracán. Pero que una tormenta tropical o un maremoto.

Circe sentía dolor. Sentía decepción. Sentía odio. Sentía tantas emociones al mismo tiempo que no era capaz de gestionarlas. Sólo quería golpear a Ashanti e irse de allí sin explicación alguna. Cobrándose una nueva venganza cuando saliese el sol.

Pero ahí estaba, de pie frente a ella. Escuchando sus explicaciones e intentando dar las suyas propias intentando – en la medida de lo posible – no dejarse llevar por sus propias emociones.

Guardó silencio escuchando cada una de las palabras de Ashanti. Las sentía como mentiras. Como si aquello no fuese más que una actuación de la castaña para volver a ganarse su confianza. Para volver a demostrar que podía hacerse un hueco bajo la coraza y traicionarla de nuevo. Circe ya sabía lo que era la traición de primera mano y no quería seguirlo comprobando.

- No lo hago por nadie. Lo hago por mí. – Dijo de manera tajante. Circe no admitiría nunca haber hecho algo desinteresado por otras personas. Aunque hubiese sucedido de manera inconsciente como era en aquel caso. ¿Le importaban el resto de la lista? Lo cierto era que no, tan sólo era una manera de dar peso a su argumento demostrando que no estaba sola. Pero si había dejado que nadie encontrase a Ashanti en la oscuridad de las mazmorras sí había sido en un intento de protección. En un intento de que la castaña no acabase metida en una humillación de la que difícilmente (por no decir imposible) podría salir vencedora. – Me gusta humillarte, hacerte pasar un mal rato o sacarte de quicio. Pero no me gusta que otros lo hagan, y menos como lo iban a hacer ellos. – El resto del equipo de Quidditch de su casa estaba dispuesto a hacerle creer a Ashanti que lo suyo con la cazadora era posible para terminar aquello con una burla pública en la que Ashanti estaría sola y desprotegida. De haber sido meses antes le habría dado igual. Pero no desde el incidente de la biblioteca donde aún pensaba que había algo en Ashanti que merecía la pena conocer más.

Circe no era de las que fácilmente daban su brazo a torcer. Pero las palabras de Ashanti lograron hacer que se siéntese mal por sus acciones. Que su corazón quedase apretado en un puño de tal manera que llegase incluso a producir malestar físico. Sentía que le faltaban las fuerzas para seguir discutiendo – algo insólito en alguien como era Circe – y que su piel se había tornado a un pálido enfermizo dejando atrás los matices rojos en los que parecía estar a un paso de explotar. Incluso sentía que ese  color blanquecino que su piel había tomado estaba relacionado con el frío que sentía en su rostro y en sus manos, la sensación de estar incluso mareada.

- ¿Seguro que no me estás vendiendo a Grant? – Preguntó elevando una ceja al ver como se encargaba de pintarlo como todo un caballero. O, más bien, como una persona medianamente interesante. – No me interesa conocer esa parte de ese imbécil. Ni de ningún otro. No me interesa conocer a nadie y mucho menos… ¿Conquistarme? – Gruño, asqueada. – No me hagas  querer vomitar. – Circe no estaba interesada en conocer a nadie de aquella manera. Estaba curada de espanto a aquellas alturas de su vida y lo último que quería era toparse con alguien por quien dejase conquistar.

No dijo mucho más al respecto. No se sentía con fuerzas para hacerlo. Se encontraba mal, de verdad que lo hacía. Todo aquello había resultado ser un mal trago y había descubierto que discutir  cuando alguien te importa resulta ser más doloroso que en cualquier otra situación. Nunca hasta entonces le había dolido una conversación con Ashanti. Ni cuando hacían lo posible por destrozarse la una a la otra. Porque ahora no existía  esa necesidad de destruirse.

- Lo olvidaré con una condición. Quiero vengarme de Grant y tú eres perfecta para que logre hacerlo. – Dibujó una leve sonrisa que hizo que hasta su estado vital mejorase. – Voy a darle al equipo de Slytherin lo que buscaban esta noche. Vengarse de un Gryffindor tocapelotas y tú vas a ayudarnos a ello. Aunque será mejor que nadie sepa que eres parte de ello, no es bueno ni para ti ni para mí. – Circe era alguien que se tomaba la venganza como algo personal. Pero sin duda en aquella ocasión lo era más que en cualquier otra.

* * *

- Puede, tienes que ganarte que deje de estarlo. – Lo cierto era que aquellas palabras habían logrado ablandar el corazón de la rubia. Aún sentía cierto recelo por mostrar confianza hacia Ashanti pero una parte de ella quería confiar ciegamente en que realmente eran amigas. Que aquello no era una actuación en la vida de Ashanti Button. – Murray y Whelan, llevan toda la semana dándose el lote en la Sala Común y la mitad de Slytherin ya les ha tirado algo a la cabeza para que dejen de intentar follar en zonas comunes. – Dijo con toda la naturalidad, y es que a veces parecía que los alumnos de Slytherin pensaban que las mazmorras eran un picadero. – Vamos.

Golpeó su propio atuendo con su varita haciendo que el uniforme de Quidditch quedase cubierto por la túnica de la casa Slytherin, se volteó y miró a Ashanti. Colocó el dedo índice sobre sus propios labios en señal de silencio y avanzó en la oscuridad hasta donde se encontraban los dos tortolitos.

Tosió falsamente haciéndoles darse cuenta que no estaban solos.

- Masbecth. – Dijo Murray  sorprendida al ver que les habían descubierto. Tenía la parte baja del uniforme a medio quitar y rápidamente intentó taparse.

-   Si en menos de cinco minutos no estáis en la Sala Común me encargaré personalmente de avisar a la jefa de nuestra casa para que estéis castigados hasta el día de vuestra graduación. Largo de aquí y si queréis follar, utilizad Hogsmeade un maldito fin de semana, no un antro lleno de mugre y polvo. ¿Queríais que los elfos domésticos se matasen a pajas mientras lo hacíais?

Aquello pareció causar suficiente vergüenza a los chicos de sexto curso como para salir en dirección a la sala común a medio vestir.

- Cada día pierdo más la fe en la humanidad. – Negó con la cabeza. – Sábado, a la una en Hogsmeade, cerca de la Casa de los Gritos. – Añadió antes de salir de ahí para seguir el paso en dirección a su propia sala común. Lanzó una última mirada a Ashanti, dibujando una leve sonrisa antes de desaparecer en aquella dirección.

Sábado, 23 de enero
13.00, Hogsmeade

Salió del castillo dejando atrás al grupo que tendía a acompañarla a todas partes y fue con el tiempo justo para llegar a aquella hora cerca de la Casa de los Gritos. La nieve bañaba todo el terreno y dado que aun era temprano ni las pisadas de los alumnos destrozaban aquella parte del paisaje aislado del resto del pequeño pueblecito mágico escocés.

- ¡Button! – Gritó Circe al tiempo que una bola de nieve salía de su mano en dirección a la figura de Ashanti.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

S. Ashanti Button el Dom Nov 26, 2017 7:35 pm

Y allí estaba otra vez. Nuevamente hablaba la rubia preocupada por alguien más que no fuera ella misma. Claro, decir 'me gusta lastimarte y no que lo haga otro', no podría definirse realmente cómo un preocupación, pero Ash entendió el sentido de esas palabras. Sabe qué —o mejor dicho; cree—, la contraria no seria capaz de ser así con todos, eso de querer la exclusividad de molestar a una persona y evitar que los otros lo hagan, dejó una marca en la castaña. Comienza a creer qué —aunque la Prefecta de Slytherin no lo admita en voz alta—, es importante para la rubia. Darse cuenta de ello la lleva a sonreír. Tenía la intención de decir algo en cuanto a ello, joderle un poco, pero seguro sería tentar demasiado a su suerte, por lo que lo deja estar.

El verla tan pálida le preocupa. Estaba a punto de darle un alto a esa conversación y llevarse a la rubia hasta la enfermería incluso si debía llevarla a rastras. Sin ambargo las cosas no pasaron a mayores. Circe retoma la palabra y Ash se relaja. Prefería mil veces tenerla furiosa y roja de la ira, que presenciar cómo estuviera a punto de desplomarse o desmayarse. —Te lo aseguro.– Le prometió. Quizás antes hubiera hecho algo para ayudar a Grant con alguna chica, pero jamás si se trataba de Circe, porqué no quería una chica cómo ella junto a su compañero, pero ahora que conoce un poco más a la rubia, mucho menos sería un enlace entre esos dos en ningún sentido, porqué sinceramente no quiere que Circe esté con Grant, ni con ningún otro. Las palabras de la contraria le deja una sensación de alivio. Era cómo quién se preocupa por algo que aún no sucede y de repente confirma que jamás sucederá, entonces pasa a relajarse y deja de atormentarle el futuro. Se ríe por lo bajo. Ahora se siente un tanto animada. —¿Vomitar? Mi club de fans desearían estar en tu lugar, ahora.– Miente con fingido egocentrismo, ni siquiera sabía si dicho club existía. Solo lo dijo por molestar a la rubia.

Venganza... Se muerde el labio. Ayudar a Circe en esto, sería traicionar a Grant ¿Pero acaso no lo merecía? "En todo caso ¿No lo merecemos todos? Dejar que Circe y el resto de Slytherin lo lastime es... Traicionarlo. ¿Cómo me niego a ello? Ponerme en contra me hará perder la poca paz que he sellado con la rubia. Pero ayudarla me dejará un cargo de conciencia que me atormentará. ¿Estás probando mi lealtad, Masbecth?" Respira hondo. No dijo nada. Solo asiente con la cabeza aceptando ayudarle, quizás, al final solo sea algo tonto ¿Cierto? Una broma de mal gusto. Grant podría sobrellevar eso. "¿Lo podré hacer yo...?"



•• ★ ••

Ash suspiró. Circe era más difícil de lo que se pensaba. ¿No era suficiente el hecho de estar de acuerdo para ayudarle a vengarse de Grant? —Dejaré de pensar en conquistarte.– Había diversión en su voz. Se pone de pie, quizás ya iba siendo hora de irse. Le hace gracia saber que aquel par de dos solo querían intimidad. —Si faltasen a una clase en el día, puede llevarse a la chica a su dormitorio y nadie se enteraría de lo que pasó.– Y habla la voz de la experiencia. —Deberías recordarle que las chicas pueden entrar a las habitaciones del sexo opuesto.– No es que Ash se la pase en dichas habitaciones... Sí, lo hace, pero solo para ir hablar con sus compañeros.

Acatando la indicación de Circe, se mantiene en silencio, aunque tuvo que cubrirse los labios con una mano para evitar que su risa se escuche. Fue demasiado gracioso oír el sermón de la rubia. Desde la oscuridad observa a los chicos alejarse. Luego se acerca a la rubia. —No me agradaría que me pilles a mí en esa situación...– Comenta con sinceridad son una leve sonrisa.

Vamos, no seas tan dura. Solo son un par que necesitaba manosearse.– Le dice restando importancia al asunto, luego que la rubia menciona que perdía la fe en la humanidad. Alza una ceja ante las siguientes palabras ajenas. "¿Cómo debo tomarme eso?" —Vale...– Acuerda. Estaría allí sin falta. No se esperaba algo así, pero estaba realmente feliz de que fueran a encontrarse el sábado ¿Querría Circe hacer algo especifico ese día? O solo caminar un rato. Bereber algo... Daba igual.

Una sonrisa... Su sonrisa. Había algo en aquella acción que Ash simplemente quedaba encantada. —Cir... Espera.– Se acerca a la rubia. —Gracias.– Le dice sincera. Estaba agradecida de que a pesar qué, las cosas no estaban a su favor, la rubia le ha creído. —¿Te puedo pedir algo más? – No espera ninguna respuesta y se acerca a la contraria para dejarle un beso en la mejilla. —No te enfades conmigo.– Dice medio sonriendo, haciendo referencia al beso. Y la deja partir, para ella también alejarse de los dominios de Slytherin.

•• ★ ••

Cerca de la casa de los Gritos ~• Hogsmeade ★Sábado ~• 7mo Curso
23 de Enero
13:15

Antes de salir con su grupo para ir al pueblo. Cogió su mochila y dentro guardo su monedero, para luego partir a Hogsmeade. Grant, Santoni y Thomas, le acompañaron a la tienda. Compraron dulces y alguna que otra bebida. Sin embargo Ash no comió ni bebió nada. Por su parte la castaña compró unas cuantas chuches saladas y algunas bebidas, ignoraba que sabor le podría gustar a Circe, así que decidió pedir los tres sabores de los que disponen.

¿Proviciones nocturnas?— Pregunta Grant con diversión he ironía.

Tengo un apetito bastante grande...– Responde encogiéndose de hombros. —Sí. Y ese paquete de allá. No, no, las de queso están bien. Gracias.– Dijo la castaña dejando de ver a Grant y observa a la dependiente de la tienda.

Guardó todo en su mochila y después de mirar la hora, se despide de los chicos. Estos últimos se ofrecen acompañarle a donde quiera que va y Ash les comenta que tiene cosas que hacer. Grant entiende la indirecta y convence a los demás de dejar que Ash se encargue de sus asuntos. Le daba tanto remordimiento de conciencia ver que su compañero la apoya en casi cualquier cosa y saber que atentó o atentará contra la amistad que los une le pesa. Igual trata de alejar aquellos pensamientos y se encamina al punto de encuentro... A su cita.

•• ★ ••

Ash estaba admirando aquella casa vieja, frente a ella. Junto a su pie derecho había un pequeño montoncito de rocas del tamaño de un galeón. Mientras esperaba a Circe, tomaba una roca y la lanzaba hacía la casa, intentando que alguna llegue al techo de aquella estructura, muy mal hecha según su parecer, sin ventanas o puertas, al menos ella no alcanzaba a mirarlas, quizás por la distancia, o quizás porque estaban selladas, en todo caso ¿Quién demonios vive en un lugar así? O viviría. El Director del colegio decía que ese lugar estaba embrujado. La castaña siempre tuvo curiosidad de entrar pero ¿Cómo ingresar?

Mientras estaba meditando en cómo penetrar aquellas paredes, escucha que le llaman, al girar para dar frente a quién llamó, una bola de nieve le da en el hombro. —¿Querías darme en la cabeza? ... ¡Tienes una puntería de mierda!– Comenta con diversión y se agacha rápidamente para hacer una bola de nieve y lanzarla al cuerpo de Circe. Pronto hace un par de bolas más y se las lanza a la rubia. —¡Voy a seultarte bajo la nieve!– Advierte y se ríe por lo bajo. Busca con la mirada un lugar dónde cubrirse. Lanza otra bola fría hacía la contraria. Corre a esconderse entre dos montículos de nieve no muy lejos de dónde se encuentra. Sigue atacando como mejor puede y se cubre para evitar posibles ataques.

Mientras está agachada, fabricando más proyectiles para atacar a la rubia. Se queda observando al la cima del montículo de nieve que está frente a ella. Una pequeña cosa o bolita con púas, se viene rodando desde la punta de la pequeña montaña blanquecina, hasta llegar a los pies de la castaña. Ash sonríe al descubrir que se trata de un pequeño erizo. —¡Espera! ... ¡Alto al fuego!– Grita poniéndose de pie y una bola de nieve le da entre el mentón y el pecho. —Carajo, si quieres que lo coma, al menos avisa...– Con la mano libre se aparta la nieve ya que en la otra el erizo está vuelto una bolita. Sonríe mirando a Circe. —No... Cir, baja eso... Esto no es nieve.– Dijo señalando al pequeño a animal en su mano. Se acerca a la rubia. —Mira... Acaba de llegar rodando.– Comenta sin dejar que la sonrisa abandone su rostro. Se ríe un poco al ver que el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. —Ya le agradas.

Aprovecha la cercanía que comparte con la rubia y sin aviso le deja un beso en la mejilla. —Hola.– Saluda por fin, queriendo molestarle y ver su carita furiosa por el contacto. Es que no había tenido tiempo de hacerlo cuándo la contraria la encara con un coñazo de nieve. Ademas hace unas noches que no le habia visto. —¿Nos lo podemos quedar?– Le pregunta cómo si la decisión de quedarse con el erizo depende de Circe. En realidad estaba bromeando, en lo de pedir consentimiento, pero la verdad si que pensaba mantener al mamífero consigo. —Ignoro si su familia está cerca...– Mira a la rubia. —Se ve tan solitario...– La mirada de la castaña se torna suplicante. —¿Le das un besito?– Inquiere solo por joder a la contraria. Acerca lentamente al animalillo hacía Circe.

¿Hay alguna razón especial para venir aquí?– Pregunta mientras aleja al pequeño erizo. El resto de la semana estuvo dando vueltas al asunto sobre el porque de éste encuentro. Mira el panorama. Por el momento solo eran ellas, el erizo y mucha nieve. Claro, la casa hechizada y un panorama medio aterrador. Pero... Ash pensaba que era lindo. —Compre algunas cosas ¿Quieres ir por allí y comer? O lo hacemos aquí... Solo debemos buscar donde sentarnos.– Le invita. Nunca había tenido este tipo de acercamiento con una chica. Eso de sentarse a merendar con alguien y hablar solo era para compartir con sus compañeros ¿Qué le estaba pasando con Circe?
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Circe A. Masbecth el Dom Nov 26, 2017 8:28 pm

Lo que podía parecer una cita conociendo los antecedentes que Ashanti Button, para Circe no era más que un encuentro casual. A diferencia de muchas otras personas – por no decir todas ellas – de su edad, es que Circe carecía de interés romántico, sentimental o simplemente sexual hacia otras personas. Era, lo que podía considerarse, como alguien asexual. Era una fase, como todas en su vida. Pero en aquel momento sentía que era algo que sucedería durante el resto de su vida debido al odio que actualmente profesaba hacia ese tipo de relaciones. Consideraba simplemente como imposible la opción de hacer despertar en sí misma el más mínimo interés hacia otro ser vivo por agradable, fascinante o increíble que llegase a ser. Se negaba a volver a recibir un golpe tras otro. Ya había sufrido demasiado – o eso consideraba desde su papel de protagonista de su vida con tan solo diecisiete años  a su espalda – y se negaba en rotundo a volver a hacerlo.

Contrariamente a sus propias creencias y prejuicios, estaba actuando de una manera impulsiva guiada por la necesidad de conocer más en profundidad para Ashanti. Para alguien que siempre ha visto como foco de atención al género opuesto, aquello no era nada sorprendente. Tan solo una amistad a fin de cuentas. Una amistad clandestina. Una amistad diferente al resto que tenía pues, por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba completamente cómoda con alguien. Pues con Ashanti podía hablar de prácticamente cualquier tema y pensar que, aunque su opinión no era lo mismo, esta estaba cargada de matices que despertaban su interés. Con Ashanti podía pensar en imposibles sobre esa enemistad arraigada en ambas casas y sentía que, dijese lo que dijese, su compañera lo valoraría de algún modo u otro. Se sentía escuchada y motivada. En parte, sentía que con ella era una versión mejor de sí misma. Pero no sería algo que siquiera fuese capaz de pensar por mucho que lo sintiese.

En cuanto atisbó a ver a Ashanti a lo lejos, se hizo con una bola de nieve que moldeó entre sus manos y lanzó en dirección a la castaña tras llamarla para que se girase a ver quién había. Antes de que la chica girase la cabeza, la bola ya recorría la distancia que separaba a ambas para impactar en uno de sus hombros.

- ¿Qué esperabas? Soy guardiana, no cazadora. – Se justificó, aunque lo cierto es que de ocupar cualquier otra posición en el campo de Quidditch estaba convencía que sería una completa inútil. Pero eso era algo que prefería dejar anclado en sus pensamientos, donde nadie tenía acceso a ellos. Donde también escondía ese cierto aprecio que presentaba por la chica que acababa de lanzarle una bola de nieve.

Por suerte, la rubia se apartó en cuento vio las intenciones de Ashanti y se colocó tras un árbol no demasiado grueso, pero sí lo suficiente como para ocultar su cuerpo y permitirle contar con cierta visibilidad para ver lo que sucedía al otro lado si sacaba la cabeza para mirar.

Lanzaron un par de bolas sin atinar la una en la otra debido a los múltiples obstáculos entre ambas por lo que con ayuda de la varita hizo que una bola de nieve se elevara y fuese directamente a parar al rostro de la castaña al ver cómo esta parecía demasiado ensimismada con la nieve como para reaccionar. Lo que no sabía, es que había alguien más. O más bien, algo más.

- ¿Te rindes tan fácilmente? – Preguntó con otra bola sobrevolando la cabeza de Ashanti a punto de caer sobre esta. Pero al ver que realmente hablaba en serio, la bola cayó sobre los pies de Ashanti sin llegar a rozar a la chica siquiera. - ¿Qué excusa de mierda te has inventado para no recibir una bola en toda la cara?

Se acercó hasta donde estaba con la varita en la mano por si todavía tenía que demostrar a Ashanti que era difícil engañarla y, cuando comprobó que esta no mentía, guardó la varita en su bota izquierda.

- A  mí no me agrada. Esos bichos huelen mal y se rebozan en su propia mierda. – Recriminó la rubia mostrando su poco tacto. Si Ashanti esperaba encontrar la sensibilidad de Circe al ver cualquier criatura “adorable” podía seguir esperando sentada. Circe no era una damisela en apuros ni tampoco una chica sensible que dejase ablandar su corazón por ver un cachorrito.

Estaba mirando al animal cuando notó el beso de Ashanti sobre su rostro, frunció el ceño e hizo que una nueva bola de nieve impactase en la cara de la chica. Esta vez con ayuda de su propia mano y expandiéndola por su rostro con ayuda de esta.

- Vuelve y te comes más nieve. – Amenazó con un atisbo de sonrisa en los labios pues, aunque el contacto físico no le agradase en demasía, le resultaba incluso divertido la manera de actuar de Ashanti. – Quédate al bicho pero luego tendrás que responsabilizarte de él, no es ningún juguete. Esos bichos comen, duermen, hay que limpiarlos… Es un ser vivo, si no lo cuidas se muere. – Se sentía como una madre regañando a su hijo por adoptar un perro y luego no hacerse cargo de él. – Quita. – Apartó las manos de Ashanti con su habitual mal humor, alejando al erizo de su cara.

¿Razón especial? En absoluto. Circe había considerado  que un lugar poco transitado eran los alrededores de la casa de los gritos en plena época de exámenes para muchos de los alumnos de Hogwarts. Aquello garantizaba un fin de semana donde Hogsmeade estaría poco transitado, lo cual crecía aún más al encontrarse en un lugar que todos consideraban embrujado.

- Le pedí a Odiseo un traslador. – Atinó a decir acercándose a la zona de la valla. – No me ha dicho que es pero… - No tardó en encontrarlo. – Qué ingenioso. – Rodó los ojos al encontrarse un sujetador que, por el tamaño y el color, pertenecía a una persona mayor. Algo que quedó más que claro cuando Circe se acercó para ver que con ayuda de un simple rotulador muggle había escrito “aquí yacen las tetas de mi madre” por toda la tela. – Tener hermanos para esto, jodido deficiente mental.

Miró el reloj de su muñeca, apenas faltaban cinco minutos para la hora que había acordado con Odiseo.

- Agarra. – Dijo cogiendo el sujetador por una tira y tendiéndole a Ashanti la otra para que lo sujetase, algo que hizo que en cuestión de segundos dejasen atrás Hogsmeade para abrirse paso a un jardín también cubierto por la nieve.

Frente a ellas, había lo que parecía un invernadero al que Circe se dirigió para cerrar las puertas tras de sí. Por suerte, la temperatura en el interior del lugar era más agradable que en el exterior, permitiendo a la rubia quitarse el abrigo y quedar en un jersey de color burdeos de cuello alto.

- Aquí es más cómodo. – Sentenció con una leve sonrisa sentándose sobre una pequeña encimera de madera rodeada de plantas. – Mi hermano siempre quiso tener su propio invernadero en casa. Mis padres pensaron que si le daban todo tipo de caprichos centraría la cabeza, dejaría de relacionarse con los muggles y volvería a ser un Masbecth. Como puedes deducir no lo consiguió. ¿Qué has traído? – Preguntó casi tendiendo las manos para picar algo. -  Puedes soltarlo por aquí, estará más cómodo que en tus manos. – Añadió en dirección al erizo.
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S. Ashanti Button el Mar Nov 28, 2017 5:19 am

¿•••? Fuera de Hogmeade ~• Invernadero ★Sábado ~• 7mo Curso
23 de Enero
13:27

Ya en el invernadero, Ash se encarga de mirar a su alrededor. Varios estornudos la atacan. —Cómo me resfrie... El próximo beso será en tus labios.– Advierte con fingida seriedad mientras la rubia se sentaba sobre aquella encimera. Aún podía sentir el frío de la bola de nieve en el rostro. Pero pensaba que había valido la pena. Había visto las cejas ajenas fruncidas y luego una sonrisa. Ya iba progresando. Al menos así lo siente la castaña, que desea encontrar la manera en que Circe no le incomode el contacto físico.

Tenía razón. Dentro del invernadero era más cómodo. "Y menos frío..." Observa el lugar, camina entre las mesas con plantas al tiempo que escucha a la contraria. Sus palabras le hacen hacer una deducción rápida de dónde podrían estar. —¿Estamos en tu casa?– Inquiere mientras se acerca nuevamente a la slytherin. Se quita la mochila y la deja al lado de la rubia —a su izquierda—. —Abrela...– Dice alejándose un poco para mirar dónde iba a dejar al pequeño erizo. —Hay muchas chuches saladas. Y papas con sabor a queso.– "Que no pretendo comer..." Nada con color amarillo entraría a su boca.

Al final decide dejar al pequeño sobre las piernas de Circe. —Circe, cuida de ella...– Sí, llamó Circe al erizo. Solo por joder a la rubia. El mamífero se hizo una bolita y luego se quedó dormido. Ash pensaba que aunque su compañera de curso dijese qué 'Circe no le agrada', seguramente tenía un pensamiento similar a la mayoría de los animales.

Se aleja para caminar por el lugar. —Por cierto. También hay soda. No sabia que sabor te agradaría, así que traje todos los que había.– Comenta mientras observa las plantas de una mesa y otra, estaban algo descuidadas, al menos unas más que otras —cuándo se vive con una herbologa -su abuela- aprendes un poco sobre el cuidados de éstas especies—. Se preguntó que querría hacer el hermano de la rubia con un invernadero. Claro, cultivar ¿No? Pero ¿Con qué fin? —¿Tu hermano deseaba ser herboligista o algo así? Además... ¿Hace cuánto que no viene por aquí?– Inquirió. Le era difícil mirar al chico cultivando plantas y relacionarlo con el tipo que deja mensajes sobre sujetadores de abuela. De solo recordar el traslador no puede evitar reír por lo bajo. Aunque lo más gracioso de todo era la expresión de la rubia al ver la prenda.

En el suelo habia una gran raiz, si es que se podia llamar de una forma, a esa gran linea gruesa y verde que se mueve suavemente sobre el piso, arrastrándose cual serpiente. Sin pensarlo mucho le sigue para saber dónde va. La castaña coge una ramita de una de las mesas —por el camino—, — tendría algunos 30 cms de longitud— se acercó a la planta que parecía haber sido plantada en una de las esquinas del invernadero. Tuvo que alzar la vista de sus pies al techo, para observar lo alto que llegaban los tentáculos ¿Cuánto podía haber de altura? ¿Tres metros, poco más? Nota que la planta parece estar bien fijada al suelo. —¡Joder! ¡Tiene lazo del diablo!– Dice Ash en voz alta, con emoción, cuál niña eufórica que hace un gran descubrimiento "¿No se supone que esa planta se da en la oscuridad?". La castaña es una curiosa por naturaleza y una jodedora por elección. Así que va fastidiar a la planta, picando los tentáculos que se movían aparentemente pasivos. Lo que Ash ignora es que la planta no es lo que ella cree realmente.

¡Aaahhh!– La Gryffindor grita cuándo la planta le sorprende y la toma del tobillo para alzarla y ponerla de cabeza. —¡Ci...Circe! ¡Es tentacula venenosa!– Grita nuevamente. Ahora que se encuentra de cabeza puede visualizar que los otros tentáculos que se acercan a atacarle  tienen picos que buscan de morderle. Habían estudiado la planta en año anterior y algún otro incauto había sido puesto en esta situación, ella se había burlado del chico —era un Slytherin— ¿Esta era la manera en que el destino se burla de ella? Se encuentra muerta del susto, porqué su varita está en la mochila. Cómo puede, intenta alejar los otros tentáculos con ayuda del palito que tiene a la mano, para evitar dejarse morder. Sabe que la mordedura de la planta es mortal y morir es lo menos que quiere en ésta etapa de su vida. —¡¡Circeee!!– Se remueve y lucha para intentar soltar su tobillo del agarre. La altura tampoco ayuda, solo mirar abajo y se siente mareada. Ash padece Acrofobia. Esta situación era doblemente jodida para ella. Deseó no haber molestado a la planta y maldecía su suerte mientras intenta defenderse.

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Circe A. Masbecth el Mar Nov 28, 2017 10:43 am

Para Circe, aquellas palabras carecían de amenaza real. No veía a Ashanti como el tipo de chica capaz de reunir el valor necesario como para besar – en los labios – a alguien como ella. Circe no sentía esa incomodidad que sientes cuando alguien intenta acercarte a ti con segundas intenciones. Más bien todo lo contrario. Sentía una comodidad única, como la que sientes cuando estás, por fin, en casa tras un largo periodo de tiempo fuera de ella. Sentía que aquella amenaza lo único que buscaba era molestarla, del mismo modo que el  comportamiento de Circe en más de un ocasión buscaba lo mismo en dirección a la castaña por lo que no dio demasiada importancia – por no decir ninguna – a aquellas palabras.

- Algo así. Mis padres nunca bajan al jardín y mucho menos entran aquí. Así que es… Una extensión de mi casa poco transitada por los que viven en ella. – Aclaró. Y es que posiblemente desde que Odiseo se había independizado la única qua iba al jardín era Circe. Al invernadero, directamente, no iba nadie. Quizá alguno de los elfos domésticos de la familia en un intento por escapar del comportamiento egoísta y narcisista que reinaba en la mansión. Siempre había imaginado a los elfos domésticos como empleados frustrados que en sus ratos libres dejan su puesto de trabajo para fumarse un cigarro a escondidas del jefe. Y el invernadero parecía ser el lugar perfecto para aquello.

Ya en el interior del invernadero Ashanti le tendió su mochila. Circe comenzó a sacar todo lo que encontró en ella para colocarlo a un lado, pero parecía que nunca iba a dejar de sacar cosas de aquella mochila, como si tuviese algún tipo de hechizo en su interior o estuviese tan llena que de no vaciarla pronto acabaría explotando sobre la espalda de Ashanti llenando todo de comida y bebida a su paso.

- Me gusta esto. – Dijo sacando un pequeño paquete con lo que simulaban ser varitas hechas de pan y recubiertas por sal y diferentes frutos secos. En el caso de aquel paquete, era de pipas. La rubia lo abrió y cogió uno, extendiéndole a Ashanti el paquete por si quería tomar uno sin ofrecérselo verbalmente. - ¿Dulce o salado? – Atinó a preguntar tras dar el primer mordisco. Circe siempre había sido partidaria del salado pero debía admitir que era alguien que, por regla general, comía mal. No le gustaba la mitad de la comida y la otra mitad le cansaba su sabor después de un par de mordiscos. Algo que no tardó mucho en pasar con aquello y lo guardó para sacar uno de los botes de soda.

El erizo acabó sobre sus piernas y Circe, en lugar de apartarlo, clavó su dedo índice sobre su nariz haciendo que se arrugase más y que levemente abriese las patas para en cuestión de segundos recuperar su forma de bolita.

- Espera, ¿Acabas de llamar al bicho por mi nombre o me has pedido que lo cuide yo a él? – Dudaba de aquello último y por la cara de Ashanti estaba casi segura que era lo primero. Hija de puta, pensó negando con la cabeza. - ¿Cómo sabes que es chica? – Pues aquel bicho se había pasado el rato hecho una bola y era imposible ver algo más que sus púas y parte de su rostro escondido entre estas.

Con la palma de la mano abierta apoyó esta sobre las púas del erizo para comprobar cuan infalible era su método de librarse de los depredadores comprobando que no pinchaba apenas.

- Pensaba que un erizo pincharía más. ¿Son los puercoespines los que son como cactus? – Preguntó sin demasiado conocimiento de siquiera si había un animal capaz de emular las púas de un cactus. – Odiseo me regalaba todos los años un cactus por Navidad diciendo que era la única planta que sería capaz de cuidar. – Estaba en lo cierto, pues Circe no tenía interés en mantener vivas sus plantas y, de tener alguna, seguía viva gracias al trabajo de los elfos domésticos de su familia, no a su propio esfuerzo. – Un año me regaló uno que había encontrado en uno de sus viajes por África, me dijo que era de la isla de Madagascar y que tuvo que le pelear contra un ejército de monos con el culo pelado para conseguirlo. – Odiseo siempre se inventaba historias para entretener a la menor de sus hermanos. – Lo consideraban una especie de Dios. Al cactus, no a mi hermano. Y cuando él se lo robó, le lanzaron una maldición para llegar siempre tarde. Esa era su excusa para no ser puntual. – Admitió, negando con la cabeza ante las ocurrencias del mayor de sus hermanos.

- Mi hermano es el profesor de Herbología de Hogwarts, concretamente. Ese pirado de la vaca es mi hermano. – Aclaró la rubia, quien no iba pregonando su relación familiar ni con Odiseo ni con la profesora de Pociones por aquel entonces. – Lleva dos años dando clase y aún no le han despedido. Debe ser su propio record. – Pues era conocido que Odiseo no duraba demasiado tiempo en un mismo puesto de trabajo por su extraño concepto de la responsabilidad. Pero parecía ser que su corazón se había ablandado por los alumnos o realmente Albus Dumbledore daba tantas segundas oportunidades como canas había en su barba. – Creo que desde… - Hizo memoria, casi contando con los dedos. – No sé ni qué edad tiene, pero se fue de casa a los dieciocho, en cuanto pudo librarse de mi familia. Pero creo que sigue viniendo a escondidas para ver cómo están sus plantas, aunque es evidente que cada vez viene menos. Además, los elfos tienen la orden de patearlo si le encuentran por casa sin invitación de mis padres. Es lo malo de estar desheredado. – Ravenclaw había sido el menor error que había cometido. Luego su amor por los muggles había servido para que su familia dejase de dirigirle la palabra.

Circe estaba jugando con las patitas del erizo, intentando que dejase su forma de bola, cuando escuchó el grito de Ash. Elevó la cabeza en busca de la castaña y no la encontró a la altura y, contrariamente a lo esperado, alcanzó a verla agarrada de un tobillo por una de las plantas del invernadero.

¿Se levantó rauda y veloz, varita en mano, para salvar a Ashanti? En absoluto. Volvió la vista al erizo y miró de reojo lo que pasaba sobre su cabeza. La planta, por su parte, intentaba golpear con todas sus fuerzas el cuerpo de Ashanti al tiempo que todos sus esfuerzos estaban puestos en sus tentáculos. Finalmente, uno de ellos, logró aferrarse al cuerpo de Ashanti a través de uno de sus brazos dejando una pequeña herida en este al apartarse para dejar caer su cuerpo sobre la madera del suelo.

Circe, con cuidado, dejó el erizo en una parte llena de arena y algunas plantas secas y se acercó hasta donde estaba Ashanti. En lugar de acercarse a preguntar cómo estaba, avanzó en dirección a la planta congelándola no verbalmente a su paso para que no volviese a molestar. La planta quedó cubierta por una fina capa de hielo mientras Circe avanzaba hasta un pequeño baúl, miraba lo que había en su interior, y volvía con Ashanti.

- No hay nada para curarlo. – Dijo con un tono neutro. - ¿Cuánto estimas que tardará en hacerte efecto? – Preguntó como si Ashanti estuviese verdaderamente entre la vida y la muerte. Lo que no le había dicho a la chica es que conocía de sobra a aquella planta y Odiseo se había encargado de quitarle todo rastro de veneno no mucho tiempo atrás. Incluso Circe había sido su conejillo de indias para comprobarlo llevándose así el susto de su vida. Y, además, una cicatriz de por vida en un lateral de la cadera. – Nunca es buen momento para morir, pero si quiere escribirle una nota a alguien o que me encargue de hablar con alguien con tu despedida o últimas palabras te haré ese favor.

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Circe A. MasbecthUniversitarios

S. Ashanti Button el Mar Nov 28, 2017 9:04 pm

 Jardines. Mansión Masbecth ~• Invernadero ★Sábado ~• 7mo Curso
23 de Enero
13:49

Le sorprendió que Circe decidiese que su '¿Cita, encuentro? Lo-qué-sea', fuese en los alrededores de su casa. Ahora tenía mucha curiosidad de conocer más de aquella mansión. Sería cómo ver otra parte de la Slytherin. Conocer su entorno dónde ha vivido de pequeña, dónde comenzó a forjarse la rubia que llegaría a odiar hasta hace unas semanas. Estuvo tentada a pedirle a la contraria que le mostrase su habitación en la mansión. Sonríe. ¿Qué podría tener Circe en su habitación? ¿Cómo estaría decorada? ¿Colecciona objetos? Cómo la demente de su dormitorio en Hogwarts, aunque la chica tenía un enorme álbum con sellos postales. Sin embargo se guarda por el momento la idea de ir a curiosear el dormitorio. Seguro en otro momento podría pedirle tal cosa.

Cuándo Ash estuvo decidiendo entre los muchas chuces que habían en aquella tienda en el pueblo. Sin embargo le era demasiado difícil saber que podría agradar y que no, a su compañera de Slytherin. Al final había pedido que le dieran de todo un poco, pero que en su mayoría fuera salado, aunque podría haber galletas, chocolate y varitas de regaliz, incluso ranas de chocolate —las cuales odia, por la forma que posee—, junto a un montón de otras cosas que no tuvo tiempo a saber que eran, pero lo cierto es que casi compra media tienda. El dinero no era problema. La señorita Premio Anual decidió no tomar de lo que la rubia le acerca, porque realmente estaba mas entusiasmada en su alrededor. La botánica no era de gran interés para ella pero le encantaba la belleza, forma y los beneficios que dan las plantas. Conocía muchos tipos gracias al jardín en su propio hogar y por su abuela.

"Ya te agrada..." Pensó la castaña mirando de reojo que la rubia molestaba al pequeño Circe. —Le he pedido a Circe que cuide de ti, rubia. Pero parece que prefiere dormir.– Dijo de manera tranquila. Definitivo. Así se iba a llamar el pequeño erizo. —No lo sé.– Responde a la pregunta. —Tu nombre parece ser andrógino, así que no creo que le afecte demasiado al pequeño. Además, da igual, la gente acostumbra a categorizar demasiado, los nombres no deberían tener género, según mi opinión. Podría llamarlo Marie y que sea macho ¿Y cuál es el problema con eso? No va a volverse gay por ello, o algo.– Ash tenía una idea muy clara y era que cuándo se decidiese a constituir una familia, sus hijos tendrían nombres que no hicieran alusión a su genero. Un nombre, color o tipo de vestimenta, no te define. Ella no dejaba que lo externo la defina y mucho menos los comentarios de los demás. Y pobre de aquel que intentase ponerle una etiqueta, porqué lo haría comer la misma, a punta de hechizos o a puño limpio si era necesario.

Se quedo pensativa, la fauna muggle —por llamarla de una manera—, era temas que no frecuentaba demasiado. Pero lo que dijo Circe le encendió aquella llama curiosa que duerme en su interior. Bueno, había adoptado al pequeño erizo, seria mejor conocer mas sobre el mismo, seria algo que iba a investigar al volver al colegio. —No estoy segura. La verdad conozco poco de la fauna muggle. Pero dame una semana y te aclaro la duda.– Responde mientras se saca la sudadera y la deja sobre una de las mesas —de donde cogió el palito— y se queda con una camisa gris que en la espalda tiene dos varitas cruzadas, sobre las cuales dice: S. Button y bajo las mismas varitas, escribe: Club de duelo.

Y hasta ahora se enteraba que el profesor de Herbologia y Circe eran hermanos. Sabia que Eris lo era, porque se le notaba lo Zorra a un kilometro de distancia. Pero podrían pensar que ella tampoco es hermana de Nayra o Magnus y mucho menos de Ridgeback y Longhorn, que se habían graduado hace ya tres años. Le pareció muy divertida la anécdota, pero tenia una duda. —¿Los monos en África saben hacer magia?– La cosa se le hacia graciosa y no pudo evitar hacer la pregunta solo por joder. En el fondo le dio mucho pesar saber que le hubieran desheredado, no es que Ash fuera muy lejos de aquel destino con la actitud que mostraba y eso sería darle un final amistoso, al menos en su familia.



•• ★ ••



¡¡Ciiir..ceee!!– Vuelve a llamar a ver si la Slytherin corre a su auxilio, pero no. La muy desgraciada ni se acerca. Aquello si que la habia hecho sentirmal. Y le da mucho mas coraje para pelear —o en todo caso seguirse resistiendo a la planta—. A pesar que patalea, se mueve, lucha e intenta que aquellos picos no se acerquen a su cuerpo, no puede evitar lo que terminaría pasando; la mordida de la tentacula venenosa.

El brazo le arde con violencia —seguramente solo por el daño que le hubiera provocado la mordida de la planta—, Ash jura que se debía al veneno recorriendo su sistema circulatorio. Ya en el suelo siente que todo le da vueltas, el mareo por estar de cabeza, el miedo por encontrarse en las alturas, le estaban pasando factura. Su respiración es irregular, está cansada, exhausta y las lágrimas no paran de recorrer sus mejillas —aquel llanto es silencioso—, intenta sentarse pero no dura ni cinco segundo cuándo vuelve a recostarse. —¿¡A qué te refieres con nada!?– Dijo alarmada. —¡Circe, dame lo que sea! ¡Un Bezoar! ¡Coño, que me voy a morir igual!– Le reclama y a pesar del mareo se apoya de una de las patas de la mesa más cercana. —No importa cuánto tiempo se lleve al final...– Le dice furiosa y muerta de miedo. —De igual manera no llegaste para salvarme.– Le recrimina con verdadera tristeza en la voz.

Se mira el brazo. Hilos de sangre se desliza con rumbo a su mano. ¿Cómo había pasado todo aquello? Ahora de momento tenía el tiempo contado. "Puedo morir ahora o... Poco más tarde. Pero moriré." No había nada con que combatir el veneno y Circe parecía estarse burlando de ella con lo que decía ¿Valía la pena molestarse con la rubia? ¿Por qué? "Mañana ni siquiera voy a recordar esto. No voy a recordar nada..." Dejo de mirar a la Prefecta de Slytherin. Observo a la planta congelada. Se entristece, porqué dejaría muchas cosas inconclusas. Nunca dejaría su hogar —a menos no de la manera que planeaba—; no sería Inefable; no viajaría por el mundo; en realidad no iría más lejos de dónde estaba sentada ahora —no con sus propios pies.—

Respira hondo, acaba de secarse el rostro con la mano que no tiene lastimada, para apartar las lágrimas, ya ni llorar le servía de algo. Al menos el mareo había pasado un poco. Vuelve a mirar a la rubia. —Seguro no tengo tiempo de escribir alguna cosa. Y solo hay dos personas a las que tengo cosas que decirle...– Circe y su madre. —Gracias. Por haberme mostrado que vale la pena abrirse a alguien. Por enseñarme que las personas no siempre son lo que aparentan y que sin importar que tan malas puedan llegar a ser contigo; también pueden llegar a quererte de verdad.– Y si no fuera así ¿Su madre acaso no se hubiera intentado de deshacer de ella y sus hermanos incluso antes de que nacieran? De alguna manera, su madre debía amarle, a pesar de aquella frialdad, de los silencios. Si iba a morir, entonces debía decirle que la quería. Si no hubiera compartido estas semanas con Circe, quizás jamás hubiera notado tal cosa. Porqué eso hace aquella rubia. Le cambia los esquemas, le hace ver la realidad con otro enfoque.

Se acerca sin previo aviso a la contraria y simplemente le toma del mentón y le roba un beso. Fue un contacto suave, pero rápido. —Nunca volveré a besarte la mejilla, y te advertí que la próxima vez que lo hiciera, sería así. Me alegra que mi última vez, sea contigo.– Dice con una leve sonrisa y en una pequeña carrera, va por su sudadera y por el pequeño Circe. Necesita escapar de ese lugar y encontrar alguna chimenea para ir hasta Surrey, quería que su madre fuera la última persona que viera éste día antes de no despertar nunca más. Se colocó cómo bien pudo la sudadera —le duele morver el brazo lastimado y tener al erizo no ayuda tampoco—, corre para ir a la puerta del invernadero.

«Quizás la cosas no fueron nunca lo que ella hubiera deseado, pero si éste era el final, intentaría de hacer lo correcto y decirle a su madre, que le quiere, porqué así lo siente y siempre se había resistido a decirlo.»

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Circe A. Masbecth el Vie Dic 01, 2017 5:29 pm

Desde el momento en el que la planta alzó la pierna e Ashanti haciendo que su cuerpo se elevase a varios metros de distancia Circe sabía cuál iba a ser el fatal desenlace. De haberse encontrado ante una planta convencional – y no una variante modificada por el científico loco que a veces parecía ser su hermano – habría actuado sin dudarlo. Habría hecho que Ashanti se diese de bruces contra el suelo en una caída pero al fin y al cabo habría actuado impidiendo que acabase con un mordisco de aquella planta que ahora amenazaba con poner fin a sus días. Días que acababan casi de dar comienzo puesto que ni siquiera había alcanzado la mayoría de edad según la sociedad muggle.

Pero no. No lo hizo. No movió la varita ni tuvo intención de hacerlo. Se limitó a ver el espectáculo por el rabillo del ojo fingiendo ignorar lo que realmente estaba sucediendo ahí arriba. Como Ashanti se retorcía y luchaba contra una planta que lo máximo que podía hacerle era dejarle una llamativa cicatriz en alguna parte de su cuerpo. Lo ignoró todo mientras sus dedos se posaban en las pequeñas manos de aquel animalito que aún tenía entre sus piernas. Como arrugaba la nariz al contacto con su dedo sobre esta y cerraba los ojos escondiendo así los ojos negros que se ocultaban bajo su capa de piel al tiempo que se convertía en una bolita de pinchos.

Cuando se produjo el golpe de la planta, actúo. Congeló a la planta que dejó de moverse de una vez por todos, dejando atrás esa pataleta infantil que parecía tener. Como si se tratase de un crío de tres años al que le niegan comprarle sus cereales favoritos y convierte el pasillo de unos grandes almacenes en su escenario perfecto para montar un espectáculo apto para todos los públicos.

Fingió que no había nada. Nada en absoluto. Y, si era sincera, es que realmente no lo había. Aquel baúl acumulaba polvo pero no había rastro alguno de un bezoar en su interior. Ni siquiera de un frasquito que escondiese en su interior algún tipo de brebaje que pudiese proporcionarle una muerte menos agónica, una espera más corta para que llegase el final de sus días.

- ¡Que no hay! – Dijo elevando la voz para que le quedase claro que no tenía nada en absoluto que darle para poder dejar atrás el problema en el que ella misma se había metido por golpear una planta cuando no debía. – Fuiste tú quien se puso a jugar con las plantas. ¿No piensas que algunas pueden ser peligrosas? Bueno, tampoco es que aprender eso ahora fuese a servirte de algo. – Bajó levemente la voz como si realmente ella también estuviese creyendo que el final está cerca.

Se quitó su jersey y lo hizo girones ante los ojos de Ashanti con la ayuda de su varita. Limpió la sangre en la herida mojando primero la tela con su varita para seguidamente pasarlo por la piel de la chica, mostrando dos pequeñas aberturas en su piel con la forma de los tentáculos de aquella planta. En circunstancias normales aquella cicatriz no sería visible para nadie siquiera, pues lo próximo que Ashanti vería sería la parte interior de su propia caja de muertos. Pero no en aquella ocasión donde la planta no tenía ningún veneno.

Circe simuló que realmente aquello era mortal, limpiando la herida con cuidado hasta que no quedó rastro alguno de la sangre.

- Está limpia. – Dijo mirando la herida. ¿Acaso eso importa cuando piensas que vas a morir?

Escuchó las palabras de Ashanti ahogando no romper a reír. La ironía estaba aferrada a su garganta dispuesta a salir en cualquier momento aunque debió admitir que aquello hizo que su congelado corazón llegase a estremecerse. Sentía empatía en sus palabras. Ella también había conseguido abrirse a alguien después de rechazar hasta el más mínimo trato con los demás. Ella también había aprendido que no todo lo que brilla es oro, como podría decirse. Y que hay personas que muestran una cara mientras lo que hay bajo ella es otra muy distinta. Estuvo a punto de contestarle, de decirle que no le diese tanta importancia porque no iba a morir. Pero ni siquiera contó con tiempo para ello.

Lo que sucedió a continuación hizo que se echase hacia atrás. Desconcertada, y en cierto punto molesta. Y no precisamente porque hubiese atentado directamente contra su espacio vital y hubiese tirado por tierra su odio hacia el contacto humano. Sino porque aquello acababa de hacerle ver que lo que había entre ambas no era una simple amistad. Al tiempo que se demostraba a sí misma que verdaderamente sentía algo más fuerte que una simple amistad por Ashanti.

Se quedó en silencio mirando como Ashanti se levantaba en dirección a la puerta, para marcharse de allí a hacer cualquier locura antes de que la muerte llamase a su puerta. Circe se puso en pie y acortó la distancia entre ambas, cogiendo su mano y obligando a que girase sobre sí misma.

- No tiene veneno. Sólo te dejará una fea cicatriz si no la cuidas. – Dijo con cierto reparo en sus palabras. – No vuelvas a hacer algo así, por favor. – Le pidió casi en un susurro respecto a aquel beso. ¿Lo había odiado? En absoluto. Más bien todo lo contrario. Pero se había negado a sí misma la opción de desarrollar un vínculo tal como aquel que acompañan los besos.

La magia de todo aquello era su amistad, ¿No? Eso era lo que pensaba y que Ashanti lo hubiese puesto todo patas arriba con un simple beso hacía que Circe se replanteaba todo lo que la rodeaba. Además, Ashanti era el tipo de chica que iba por ahí besando a cualquiera, ese beso no la hacía especial, más bien al convertía en una más. Y odiaba sentirse así.

- Perdona por no decírtelo antes. – Soltó el brazo de la chica y, acto seguido, rompió a reír. – Tenías que haber visto tu cara. – Y es que podía haberle incomodado aquel beso pero sin duda la reacción de la chica había sido tal que no podía frenar la necesidad de reírse de ella.
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S. Ashanti Button el Lun Dic 04, 2017 9:31 am

 Jardines. Mansión Masbecth ~• Invernadero ★Sábado ~• 7mo Curso
23 de Enero
14:13

Cuándo notó que Circe fue capaz de hacer trizas una prenda de su ropa por limpiar su sangre, se sintió enternecida. Era un bonito gesto —al menos ella lo aprecia así— ¿Y acaso cualquier acción en pro de ayudar a un moribundo no es linda? De algún modo saber que no iba a ver nunca más aquél rostro, le hizo sentir triste. La Slytherin se había convertido en una de esas pocas personas que pasó a querer en un tiempo muy corto ¿Podria ser posible qué quisiera desde antes a Circe? Bueno, quería medio matarla pero... ¿No hay también un poco de amor en el odio? Comenzó a dudar que realmente hubiera odiado a la contraria durante aquellos años. Puede que una muerte al asecho, haga que cada recuerdo en la vida se vea con un matiz distinto.

"Lastima que ya no me quede tiempo para definir lo que me haces sentir realmente..."

•• ★ ••

«¿Hay en los besos alguna magia especial? No estoy segura, pero podría apostastar sin temor a perder, que tan solo un beso te puede cambiar la perspectiva de las cosas en un segundo. Porqué un pequeño contacto con la boca ajena me hizo desear poder reencarnar para estar junto a la rubia. Desearía que mi final fuese diferente; que no fuese hoy... Tener solo un día más. O tan solo ésta noche y poder fallecer en paz luego de decirle a Circe qué tal vez  ya lo encontré, que he notado el blanco en su escala de grises y que posiblemente solo tenía que dejarse querer, para dejar al descubierto la maravillosa persona que lleva en su interior. Pero no se cuánto tiempo tengo, no se cuánto pueda durar consciente en este mundo y aún tengo a una persona más que ver... Pero de poder, pasaría el resto de mi último día, con ella... Solo con ella.»

Cuándo Circe le toma la mano y detiene su avance, juraba que le darían algún golpe o algo. Más las palabras de la rubia solo sirven para confundirla. —¿Qué? Tú; habías dicho que moriría... Pero...– Habría la boca y la volvía a cerrar. Estaba confundida, aliviada, un tanto molesta o más bien cabreada. —¡Estás enferma!– Le dice molesta sin llegar a gritar, luego de haber entendido que era una broma. Quería hacer volar a Circe, literal. —Oye al menos deja de Reírte...– Menciona mirándole con el ceño fruncido. No podía creer que esa rubia le jugase tal broma. —¿Qué ibas hacer si salía de aquí a lanzarme hacía el primer auto que cruzase la calle?– La Slytherin seguía riendo y Ash solo se ponía más colorada de la rabia, dejó al pequeño erizo sobre la mesa más cercana. —Te lo advierto. Deja de reír.– Comenta a modo de clara advertencia. Pero al ver que la rubia estaba muy divertida y no paraba de reírse. Se acercó y con una clara intención de molestarle, une sus labios a los ajenos, presionando con algo de fuerza, solo por ser borde, al mismo tiempo rodea a la Prefecta con ambos brazos para evitar que se aleje. ¿Qué Circe le iba a medio matar por acercarse así? Puede que sí, ¿Pero importaba? No demasiado... La verdad. Le encantaba tenerla tan cerca, lo había descubierto cuándo pensaba que moriría y si por el resto de sus días en el colegio, le iban a dar un coñazo por acercarse de más, lo prefería. —¿Vas a seguir riendo? ... Vamos no te enfades, tú fuiste quién comenzó, con el chistesito de mi muerte...

Frunce un poco las cejas al sentir leves punzadas en el brazo. —No tienes idea de cuánto me está doliendo esa mordida...– Se hace la víctima e intenta manipular a la contraria, aunque no mentía; si le duele el daño que ha dejado la planta, además el esfuerzo de mantener entre sus brazos a la rubia, provoca que gotitas de sangre manchen la sudadera. —Deberías sentirte mínimamente culpable...—  Sabe que no ha sido culpa de la Slytherin que todo eso hubiera ocurrido.

Guardó unos segundos de silencio mientras observaba a la contraria. Admiraba la belleza ajena. Cree que lo más hermoso de aquél rostro; era esa mirada, esos ojos azules. —¿Me obsequias un abrazo?– Le pide, al tiempo que en su mente la frase que dijo sonaba un tanto diferente "¿Me obsequias un beso?", haciendo un pequeño puchero ¿Ashanti se había vuelto loca? Quizás... —Confieso que en la vida, había pedido uno...– Dice sincera. Ash no era de las que pedía nada. Solo iba y lo tomaba. —Eres una primera vez para mí ¿No es genial?...– Le jode un poco, aunque no mentía.  —Creo que estoy tentando demasiado mi suerte... ¿Me piensas  golpear?– Preguntó divertida atenta a ver si le hace algo.

A fin de cuentas estaba aliviada. Saber que no iba a morir, que tenía toda una vida por delante, era reconfortante. Le emociona saber que podría seguir molestando a la rubia y que tenía la oportunidad que tanto había deseado hace poco para estar con ella. Al igual que descubrir aquello que siente por la chica, porque definitivamente, siente algo por ella.

 Seis días antes de San Valentín Cumpleaños de Ash ~• Puente cubierto. ★ Lunes ~• 7mo Curso
8 de Febrero
15:37

Desde hace una semana Ash prácticamente se le escondía a Circe. Si la veía pasar por un pasillo ella evitaba tomarlo. Y en las clases que tomaban juntas, durante toda la semana se fingió enferma. Realmente la estaba evitando a toda costa. En las noches ni se le ocurría merodear los pasillos y sabía que la contraria tenía ronda, se quedaba en su habitación. Estaba tratando de alejarse de ella, pues creía que así se la iba a sacar de la cabeza. Pero solo lograba pensarla cada vez más. Los últimos tres días había dormido poco...

¿Qué haremos en tu cumpleaños? Si no recuerdas, será una cita triple...— Dice Grant mientras camina junto a Ash, para ir al irterior del castillo.

Dudo que los acompañe...– Se apresura en contestar. Grant se sorprende y aunque iba a preguntar la razón de la negativa, Ash se adelanta a hablar. —Por cierto ¿Victoria ya volvió a Londres?

¿Ella es lo único que te importa?— Dijo el chico un tanto exasperado. Desde que hubiera iniciado el mes, Ash estaba ansiosa por saber de Victoria. —Sí. Papá me dijo que llegó hace tres días. No me digas que vas a dejar tirado a Thomas por salir con mi hermana...

¿Me ves con ánimos de querer salir?– Le dijo al chico con evidente emoción.

No, pero... Ash, el pobre necesita ayuda...

Lo siento, Vin. Puedes convencer a Santoni y entre ambos buscarle una nueva cita a Thomas. No creo que su Ex se moleste demasiado si sabe que tendrá de Valentín a una chica gay...– Le dice mientras toma dirección contraria al chico.

Lo sé, pero Thomas está deprimido y... ¿A dónde vas?— Pregunta confuso deteniéndose. Ash estaba corriendo hacía el circulo de piedra.

¡A pedirle concejos a tu hermana!– Gritó sin siquiera voltear y corrió con más energía para ir hacía la lechucería. Necesitaba hablar con alguien sobre lo que le estaba pasando. Se negaba rotundamente a la posibilidad de... Estar enamorada.

•• ★ ••

Por la noche de éste mismo día, Ash había recibido la respuesta de Victoria. La castaña estaba tirada en su cama, el pergamino con las palabras de Grant, yacía en su abdomen. Le había dado un par de consejos para su situación sentimental. ¿Qué situación? En la que se había metido sin querer, al reconocer para si misma, que le gusta Circe Masbecth. Desde aquél beso con la Slytherin, Ash no había parado de pensar en la rubia ¿Era eso algo nuevo? No realmente, pero si antes siempre la llevaba en el pensamiento para encontrar maneras de joderle la existencia. Ahora lo hacía porqué le encantaba; su sonrisa, su mirada, esa manera tan interesante cómo expresa sus argumentos, lo empatica que puede ser sin querer, hasta sus bromas de mal gusto, pero ¿Era posible qué Circe se sintiese atraída por Ashanti?

"¿Qué voy hacer con esto que siento, Circe?"

•• ★ ••


Los días que siguieron fueron más de lo mismo. Asistía a clases. Circe le fastidiaba cada que podía —La castigaron dos días seguidos a causa de la Slytherin—, pero intentaba controlarse. Tomaba sus asignaturas extracurriculares y las noches evitaba a la rubia si por casualidad el destino se la cruzaba en el camino. Se la pasaba estudiando para sus ÉXTASIS, con la esperanza que si su mente estaba ocupada, se iba a sacar de la cabeza que cierta Prefecta le encantaba. Se carteaba con Victoria de manera constante y cada que la castaña hacía mención en sus misivas a Circe, la apodaba 'Barbie'. La culpa de tal apodo la tenía la chica Grant, quién decidió darle tal mote a la rubia, pues Ash se negaba a decir el nombre de quién le gustaba. Unas cuántas cartas luego, Victoria le envió un paquete a la Button —por la mañana del día Viernes—; se trataba de una muñeca [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y otra que ni al caso, pero Ash pensó que tenía [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y se quejó de ello luego de agradecer el obsequio.

Victoria le recomendó que practicase sus diálogos, para que pudiese acercarse nuevamente a la rubia y dejase de lado la idea idiota de aislarse de alguien a quién quiere.

•• ★ ••


El sábado por la noche, se la pasó estudiando en su habitación. Eran quizás aproximadamente las nueve y estaba sola, sus compañeras seguro andarían haciendo preparativos para mañana. San Valentín era un día demandante. Ash realmente no le importaba demasiado, ni siquiera por ser su cumpleaños, hasta el año pasado, el día del amor y la amistad, solo era un día más en el calendario, según su percepción. Aunque quizás este año fuese la excepción.

Estaba poniendo el punto final a su ensayo de pociones, cuándo Circe se le cruzó en el pensamiento. "¿Y si le obsequio algo?" Pensó dudando. Le dio vueltas al asunto por un rato. Mientras guardaba sus libros y libretas. ¿Qué podía darle a la Slytherin, que no hubiera tenido nunca? ¿Qué le das a alguien que lo ha tenido todo? ¿Y cómo te disculpas por evitarla durante todo éste tiempo sin fracasar en el intento?

Cansada de no saber que hacer, toma la varita y con un movimiento saca del baúl a las muñecas. Aún estaban guardadas en sus cajas. Las miró por un momento y luego las sacó. Se puso a jugar con las supuestas versiones miniatura de Circe y ella misma.

Entonces... ¿Pasarias San Valentín conmigo? Podemos hacerlo que quieras... Es, mi disculpa por evitarte.– Dijo moviendo un poco a la pequeña Ash en su mano derecha. La mini Circe —que lleva en la mano izquierda—, levantó la mano, le dio una bofetada a mini Ash y en un vago intento de fingir la voz de la Slytherin, dice.

Ni siquiera me hables.

Vale... No te preocupes.– Aleja a mini Ash de la mini rubia.


Ash vuelve a guardar las muñecas —las devuelve al baúl — y se mete bajo las sabanas. Al girarse a la izquierda, encuentra un pequeño Erizo que duerme junto a su almohada, sobre el lado grueso de una corbata de Slytherin. Sí, la corbata es de la rubia. Ashanti se la había quitado —más bien robado, con un hechizo, luego de despedirse— una noche del mes pasado. Y el pequeño Circe se adueñó de la prenda y a dónde quiera que iba a dormir, mordía un lado de la corbata y se la llevaba consigo, y cuándo intentas sacársela, muerde. La castaña dedujo que el animalillo era fan del perfume de la rubia o la extrañaba. Quizás tanto cómo lo hace la castaña.

¿Cómo no iba a separarse de Circe si estar con ella le dolía? Quería más de lo poco que tenían A veces quería besarla y acababa por reprimir aquellos deseos, pues no quería hacer sentir mal a la rubia. Circe se lo había dejado claro. Ella no quería nada con nadie.


  San Valentín Cumpleaños de Ash ~• Hogsmeade ★ Domingo ~• 7mo Curso
14 de Febrero
13:21

Los corazones pasaban de una mano a otra. Las chicas entregaban notitas a los chicos y viceversa. Algunos se besuqueaban en la esquina —mientras pensaban que nadie les pillaba—, otros iban tomados de la mano. Algunos reían. Los que no tenían pareja estaban en grupos y con alegría discutían algún tema. Lo cierto es que la mayoría se preparaba para ir al pueblo a disfrutar de un domingo en compañía de amigos o pareja.

Ash estaba en la sala común mirando a sus amigos hacer tonterías. Tiraban una moneda y el perdedor intentaba quitarle la corbata al erizo. Sonríe de vez en vez al ver que los leones fallan en su cometido, pues dejaron de fastidiar al pequeño Circe en el momento que mordió al Santoni. De momento llegaron las citas de los chicos y todos se despiden de Ash y 'Cir' —Vamos, no iba a decirle que se llamaba Circe. Que luego se iban a poner pesados y a joderle a más no poder.—.

Sobre las 13:15. Una chica de quinto curso convence a la castaña de que le acompañe al pueblo, bajo la escusa de sacar a Cir, de paseo.  En todo el camino su compañera de casa le iba hablando pero Ash no estaba prestando verdadera atención...

«... Quizás si la hubiera ido a ver ayer en vez de meterme a la cama, quizás hoy hubiéramos encontrado la forma de escabuirnos de la multitud e ir a cualquier parte. Le habría explicado el porqué de mi actitud. ¿Pero cómo debería comportarme? No es que ese beso hubiera significado algo para ella... En todo caso, no tenía que haber significado nada para mí, solo era... Un beso de despedida. Nada más...

¿Y que hice las semanas siguientes luego del beso? Nada... Solo fingí que el beso jamás pasó. Me mantuve en el acuerdo inicial. Frente a todos nos odiamos y en la clandestinidad somos más... O en todo caso, Circe se vuelve más amable. No es que me moleste realmente. Me encanta hablarle y bromear con ella. Molestarla y hasta hacerle enfadar. Solo que ahora deseo más que eso... Deseo poder tomarla de la mano, hablarle en cualquier momento del día sin temor a que vaya a tratarme cuál basura, poder acercarme sin sentir que el contacto la incomode... Besarla y que me corresponda. Pero llego un punto en que era demasiado difícil estar así. Sintiendo algo que no quiero admitir, no sé si por respetar la posición de ella, o por dar mi brazo a torcer y querer a una sola chica, que definitivamente no va a quererme...

Pero no lo dejará. No le dará la espalda a lo que es y lo que representa por... Ser mi novia. Ni siquiera sé porqué estoy pensando semejante cosa. ¿Yo queriendo tener una novia formal? Claro, cómo si fuera posible ser fiel... Aunque, con alguien cómo Circe, yo... Juro que me replanteo eso de la exclusividad.
»

Ashanti...

¿Hmm?– Murmuró la castaña, saliendo de sus pensamientos. Ni siquiera se había dado cuenta que ya estaban en el pueblo ¿Cuando habían llegado? Hogsmeade, estaba a rebosar de personas. Quizás debido a la fecha.

Aquellos chicos te están hablando...

Cuándo la castaña miró hacía su izquierda se encontró con Vincent, Santoni, Thomas y cuatro chicas. Ash se sorprende al ver a Victoria entre ellos. Ésta última se alejó del grupo y llegó hasta Ash besándole ambas mejillas cómo saludo; la chica tira de la mano de Ash, más la castaña se resiste un poco.

Tranquila, puedo cuidar de Cir, ve con ella.

De verdad te lo agradezco mucho. Por favor, no dejes que ande en el suelo y si lo quieres tranquilo todo el rato, mantenlo sobre la corbata...– Ash acaricia al pequeño erizo y se marcha con Victoria.

•• ★ ••

¿Cuándo piensas confesarselo?

¿De que hablas?

Ash, puedo escuchar tus pensamientos casi desde que dejaste el castillo. Además de que llevas todo el rato mirando a los lados buscando alguna cosa con desesperación. Y ambas sabemos que es.

Ni siquiera estoy segura de que hubiera venido...– Comentó la castaña mientras deja de caminar y mira unos metros alejado de ellas, una reunión de adolescentes. "El club de drama venerando a su reina..."

Tu hermana siendo el centro de mesa.— Dijo Victoria mientras tira de la mano de Ashanti para seguir caminando por el pueblo. —Vamos, sé que no quieres estar aquí.

¿Podrías dejar de leer mi mente?– Le pregunta fingiendo molestia.

Creeme, es más divertido escuchar lo que piensas de Nayra, que ese melodrama que traías antes de verla. ¿Qué hay de Magnus?

Supongo que debe estar con el equipo de Quidditch...– Responde con simpleza.


Ash se alejó con Victoria, lo suficiente cómo para que el bullicio del pueblo solo fuese un murmullo. Estuvieron horas hablando sobre su 'querido tormento'. La chica Grant, le estuvo haciendo preguntas y de momento reían. A pesar de que no pasó la tarde con Circe —que lo que en el fondo deseaba—, se había divertido. El sol se estaba poniendo y debía regresar al castillo.

Ya que debes irte, te daré tu obsequio.

¿Otra muñeca con cara de puta?– Pregunta divertida. Grant niega con su cabeza al tiempo que sonríe.

Me había pasado por la mente. Pero no, en realidad te voy a dar una oportunidad.

¿Ahora si soy suficiente mayor para un beso?– Inquiere con sorpresa y diversión. Cuándo Ash estaba en segundo año, Victoria, hacía el séptimo. Y le había pedido un beso a la chica, que nunca le dio, porqué era muy pequeña en aquél tiempo.

Sigue y te irás de aquí con un zape...— Saca la varita y con un movimiento hace aparecer una esfera de cristal.

Vale, me vas a leer el futuro. Que novedad...

Victoria le pega en la cabeza con la varita a Ash. —Shh. Relajate...— Le dice.

Oomm...– Se burla la castaña.

Y sin aviso, la contraria entra en la mente de la menor. Explora los recuerdos ajenos, Ash no pone ninguna resistencia —en todo caso no habría podido aunque quisiera, pues no trae varita—. La intrusa observa y se impresiona al notar que 'Barbie', era nada más y nada menos, que Circe Masbecth... Unos minutos más tarde sale de la mente de Ash y seguido extrae varios recuerdos, los cuales se adhieren a la punta de su varita y los introduce dentro de la esfera de cristal, la cuál brillaba tenuemente de color rosa claro.

Ya está... Ten. Dile que la agite y podrá ver lo que hay dentro.— Comenta con una pequeña sonrisa. —Deberías decirle.

No creo que me corresponda...

Mejor eso a quedarte con la duda ¿No crees?

¿Y si lo que siento, no es realmente lo que creo que siento?

Ash... No se lo digas aún si no te crees segura. Pero yo veo muy claro que le quieres. Va ser más doloroso estar a su lado y fingir ser solo su amiga, cuándo quieres ser más que eso.

Temo que me rechace...– Dice un tanto cabizbaja.

Es un riesgo que debes correr...— Le dijo y seguido la abrazó con fuerza. —Ahora ve a buscarla. Puede que darle eso ayude en algo.

¿Puedo verla yo?

No. Busca a la chica.— Advierte y seguido desaparece.

¡Al menos me hubieras dado el aventon!– Suspira. Tener que volver al castillo a pie desde dónde se encuentra, le desanima.

Comienza a caminar mirando la esfera en su mano. Una especie de humo en tonos rosa y ahora violeta se arremolinan y van cambiando entre color y color...

  San Valentín Cumpleaños de Ash ~• Pasillo 4to piso ~• 7mo Curso
14 de Febrero
21:58

La ronda de guardia nocturna ya se había dado. Le hizo sonreír un poco el saber que la rubia estaba entre los prefectos de esta noche. Aunque la verdad le atacan los nervios porqué se supone que tiene aprovechar la situación para entregarle 'el obsequio' a Circe y acercarse. No tiene idea que hubiera puesto Victoria allí, pero sea lo que sea, no iba a ser algo que le perjudique ¿Cierto?

Respira hondo. Intenta relajarse. Camina por el silencioso pasillo, observando las estatuas y los cuadros. Cuándo está por doblar en la esquina se encuentra a la rubia. —¡Barbie!– Dice de repente. —Digo... Circe. Hola.– Saluda, pero no le besa la mejilla cómo había acostumbrado. Está nerviosa. Mucho. —No esperaba verte... Más bien deseaba verte...– "Desde hace poco mas de una semana." —Pero supuse que tendrías planes hoy.– Se muerde el labio mientras le mira. —Quería... Quiero; darte algo.– Rebusca en uno de los bolsillos internos de la túnica y saca la esfera. Se la da a la rubia. —Solo tienes que agitarla para ver lo que hay dentro... De antemano me disculpo si ves algo que no deberías, digamos que una legeremante loca sacó algo de mi mente y... Lo puso allí.– Bueno, ya estaba hecho. Ahora dudaba si quedarse o no a verlo con ella. —Te dejaré para que lo mires... Adiós.– Tuvo el impulso de besar la mejilla ajena pero solo retrocede unos pasos y camina hacía las escaleras móviles.



Última edición por S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 2:03 am, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Lun Dic 04, 2017 8:49 pm

Había personas incapaces de comprender cuál era la línea imaginaria entre una simple broma y una broma de mal gusto. Circe era una de esas personas y era plenamente consciente de ello. No es que tuviese un humor peculiar que pocas personas comprendían, es que su humor sólo existía para causar dolor, faltar al respeto o degradar a otras personas. Había sido así desde que tenía uso de memoria. Pues, ahí donde estaba, aquella chica había sido cruel desde bien niña. Desde que comenzó a crecer y ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. Desde ese momento comenzó a dejar volar su imaginación a la hora de  hacer todo lo que estuviese en su mano para hacer rabiar al resto a toda costa. Para sacar lo peor de estos. Para hacerles sentir inferiores, dolidos, devastados. Pero contrariamente a otras situaciones, en aquella ocasión carecía de una maldad como tal. Lo único que buscaba era ver la reacción de la chica. Ver cómo se comportaba ante un supuesto de muerte inminente que, como agua de Mayo, llama a tu puerta en un momento exacto. Ser víctima de un envenenamiento era como conocer desde el principio de tu vida en qué momento y cómo ibas a morir. Lo esperabas y cuando se acercaba contabas los minutos y segundos para que, finalmente, sucediese. Y eso hizo Ashanti, agotando los segundos de su contador uniendo los labios con los de la rubia.

Fue una sensación cálida. Como la que sientes al volver a casa tras estar en la nieve. Cuando los copos que se han asentado en tu cabello a causa de la brisa invernal comienzan a derretirse mojando todo a su paso. Cuando por fin te quitas los zapatos y acercas los pies, embutidos en calcetines de lana, a la chimenea. Te quitas los guantes y los dejas a un lado para acercar las palmas de ambas manos a la chimenea con un calor que, poco a poco, va recorriendo tu cuerpo hasta hacerte sentir como tal. Que, por fin, estás en casa.

Pero no dijo nada. Lo guardó en su mente como un tesoro que nadie debe conocer. Como un secreto. Pues al fin y al cabo todo con Ash se basaba en eso, secretos.

- Es que tenías que haberte visto – Dijo aún entre carcajadas. Le dolía el estómago de reír. O quizá de tragarse aquella sensación tan cálida que había recorrido su cuerpo cuando sus labios se unieron. Pero aquello era estúpido. ¿Cómo podía sentirse tan cómoda precisamente con la presencia de Ashanti? Debía admitir que todo aquello había sido un descubrimiento. Ver que detrás de aquella máscara había una persona que merecía la pena conocer, una persona con impresiones interesantes y opiniones diferentes que merecían ser escuchadas. Una persona que hacía que se iluminase su mirada cuando la miraba; una persona que le hacía replantearse el rumbo de todo en esta vida; una persona que hacía que riese de verdadera felicidad, que sus labios doliesen de mantener la sonrisa perpetua en su rostro. Porque Ashanti era especial. Una amiga, ¿No?

No dejaba de reír. El rostro de Ashanti era un poema y su comportamiento merecía enteros versos sobre lo que había hecho, pensado o dejado de pensar. Se tomó a modo de burla su amenaza, encorvándose ligeramente aún para reír cuando los labios de ambas se encontraron de nuevo. Los brazos ajenos alrededor de su cintura y, sin darse cuenta, ella misma acompañaba al beso sin oponer resistencia. Incluso cerró los ojos y se dejó llevar por la situación en lugar de mantenerse estática como si de una estatua de piedra se tratase.

- Puede. – Se limitó a contestar, apretando los labios para no volver a sonreír. Aunque lo cierto es que aún le costaba no reírse solo por cómo había reaccionado la chica. - ¿Tanto? – Cogió el brazo de la chica por la altura de su mano y lo sostuvo entre sus manos. Observó con detenimiento la herida, como si le estuviese prestando verdaderamente atención y miró directamente a los ojos de Ashanti sin soltarla. - ¿Crees que deberíamos cortarlo para que no vaya a más? – Preguntó como si realmente creyese lo que estaba diciendo. – Me subestimas si piensas que por esta tontería de nada me iba a sentir culpable. – Dejó caer el brazo ajeno aún sujetando su mano entre sus dedos. – Además, ¿Quién fue la imbécil que golpeó una planta peligrosa y no consiguió librarse de ella cuando es tan diestra usando la varita? – Dijo dejando en claro a quién se refería.

En lugar de aceptar su petición, retrocedió sobre sí misma y elevando la mano de Ashanti para finalmente dejarla ir.

- Puede que lo haga. – Pero en lugar de eso volvió a juguetear con el erizo, quien había comenzado una carrera de obstáculos para no ser golpeado por un extraño cactus que lo perseguía por la zona del arenero. – Ey, amigo, ¿Qué crees que estás haciendo? – El erizo se subió a las manos de Circe como si aquello fuese aún parte del recorrido que debía completar.

* * *

6 de febrero, 12.30 horas.
Aula de Transformaciones.

- ¿Entonces salimos el fin de semana?

- Te he dicho que no once veces en lo que va de mañana.

Ian comenzó a contar con los dedos como si no creyese el conteo que Circe llevaba a cabo.

- ¿Estás segura?

- En la Sala Común, en el desayuno, en el pasillo mientras hablabas con Juliette, al subir a Encantamientos, en encantamientos me lo preguntaste tres veces, antes de ir a la enfermería a ver cómo estaba Hannah, cuando le estaban dando la poción crecehuesos y casi te la echa en la cara, antes de entrar a Transformaciones y ahora mismo. Once veces.

- Decía lo de salir.

- No.

En lugar de insistir volvió a su pergamino, tomando nota de lo que estaba diciendo la profesora a no mucha distancia de donde se encontraban los chicos en aquel momento.

Una vez finalizó la clase Circe vio como el grupo de Gryffindor donde se encontraba Ashanti se separaba a la hora de dirigirse a las escaleras movedizas. Pasó entre la gente con la mochila aún en su mano con el pergamino a medio guardar en esta y avanzó en dirección a Ashanti pero rápidamente la chica desapareció de su vista.

Y esa fue la primera de muchas.

* * *

9 de febrero, 23.30 horas.
Pasillo, tercer piso.

Pues en otras ocasiones la castaña ni siquiera aparecía por clase cando tenían asignaturas comunes, haciendo que Circe permaneciese en silencio mirando su pupitre en silencio y con peor carácter de lo que ya de por sí podía llegar a tener. Pero no por enfado. Sino por frustración. ¿Acaso la estaba evitando? Fue algo que comenzó a pasar por su mente cuando intentaba coincidir con ella en los turnos entre Prefectos y Premios anuales y acababa – siempre y en cada una de las noches y turnos en los que lo intentó – dando con Grant, con aquella sonrisa de idiota imborrable en su rostro. Como si fuese el rey de la fiesta pero el resto aún no fuesen consciente de aquello.

- ¿Qué coño haces aquí, Grant? Hoy no te toca a ti.

- Ya, bueno, Ash me pidió hacer un cambio. ¿Querías algo?

- No. Sería mejor que ambos le cambiaseis el turno a alguien que pueda dar una conversación interesante y que no sea un cabeza hueca.

- Eh, Masbecth, un respeto, que yo soy todo un caballero si me lo propongo. Sólo deberías darme una oportunidad para conocerme. ¿Qué tan en San Valentín?

- Estás de coña, ¿Verdad? – Elevó una ceja. Sabía de sobra que no lo estaba y no precisamente porque conociese a Grant como si se tratase la propia palma de su mano. Sino porque era un hombre. Y al parecer todos tenían las neuronas trabajando a la altura de su propio escroto.

- Yo no bromearía con algo así, ¿Qué me dices Masbecth?

- Que puedes meterte tu invitación por el culo. – Comenzó avanzar lejos de allí, elevando el dedo corazón a su paso en un gesto soez.

- Venga, Masbecth, sabes que estás loquita por mis huesos.

La voz de Grant se perdió en el corredor mientras Circe se alejaba de allí. ¿En serio no iba a poder ver a Ashanti ni un maldito segundo del día? Ni siquiera en el Gran Comedor atinaba a verla, como si sus horarios de comida no fuesen los mismos.

* * *

14 de febrero, 13.30
Calles de Hogsmeade.

No es que su relación con Adonis Masbecth – el siguiente en ser el hermano menor después de Circe – fuese la mejor que podía imaginarse. Más bien no se toleraban. Estar en la misma habitación ya suponía un tormento para ambos y para quien estuviese cerca pues los efectos de aquella bomba de fácil detonación podían llegar a cualquiera por lejos que estuviese.

- La abuela ha mandado un paquete para ti. – Dijo Circe tendiéndole lo que, evidentemente, era una caja de chocolatinas con forma de corazón.

- ¿Seguro?

- Lleva dieciocho años mandándote una maldita caja de bombones con forma de corazón y una foto vuestra dentro de la caja, claro que seguro. – Adonis ya se temía que su hermana le estuviese engañando y, junto con sus amigos de Slytherin le estuviese gastando alguna broma pesada al ex Ravenclaw. – Si no la quieres puedo quedármela yo. Acabo de recogerla en la oficina de correos pero no me cuesta nada regalársela a cualquiera que lo aprecie. – Comenzó a abrir la caja y rápidamente Adonis la cerró de un manotazo.

- Está bien, dámela. – Tiró de ella, quitándosela de encima a Circe. – Gracias. – Dijo aquello último a regañadientes.

- Ahora me debes un favor.

- ¿Por qué? Has sido tú quien ha cogido un paquete que llevaba mi nombre. Más bien me lo deberías tú a mí porque…

- Porque. – Puso una mueca que simulaba imitar el rostro de Adonis al tiempo que le hacía burla con su tono de voz tan característico. - ¿Qué se supone que haces aquí ahora que eres un libre universitario? ¿Tanto echabas de menos a tu hermanita que querías cruzarte con ella?

- No. – Sentenció el chico con sus pocas palabras habituales. – Vittoria sigue en séptimo curso, así que hemos quedado para tomar algo por San Valentín. Además, Stellan y Todd querían subir a ver si veían a Nayra.

- ¿También una cita con la Button putilla?

- Venga, Circe, no te metas con ella. Es buena chica cuando la conoces – Claro, como que Adonis Masbecht había tenido oportunidad en su vida siquiera de cruzar una palabra chica sin que le lanzase algún insulto o le dejase a la altura de los betún de los zapatos. – Pero no, es su cumpleaños y ellos son amigos así que…

Circe se volteó sobre sí misma dejando a Adonis con la palabra en la boca pero en lugar de pedir explicaciones ante un acto al que ya estaba habituado, se limitó a darse la vuelta y seguir en compañía de sus amigos.

* * *

14 de febrero, 14.30 horas.
Calles de Londres.

Había dejado tirado a Ian una vez más y no es que se fuese a sentir mal por dejar de lado al que se sentía el maldito Don Juan de todo Hogwarts. Seguramente Ian ya se había encargado de buscar planes mejores antes de saber siquiera que Circe no iba a aparecer por Las Tres Escobas para comer juntos y dar una vuelta por Hogsmeade. Su plan había sido el de demostrar a Damon que dos personas pueden mantener una relación sana de amistad sin tener que recurrir al sexo. O simplemente porque ambos estaban tan decepcionados con el castaño que lo único que hacían era intentar destrozarle todas las citas y, según sabían, tenía una con su novia aquel día. Esa novia por la cual les había dejado de lado hasta tal punto de retirarles la palabra. ¡Hasta ese punto!

Pero era algo que no tenía hueco en la mente de Circe en aquel momento pues la rubia estaba demasiado preocupada buscando algo que poder regalarle a Ashanti por su cumpleaños. Esa fecha especial que muchos no tienen en consideración porque es un día más en el año pero que, para Circe, era especial porque era “su día”. En este caso, el día de Ashanti.

Pero por muchas vueltas que dio, por muchas tiendas que visitó y por todo lo que vio, no fue suficiente. Nada le parecía suficiente. Nada estaba a la altura como para ser un buen regalo que, a juicio de Circe, fuese suficiente como para regalárselo a Ashanti por su cumpleños.

La rubia no estaba pesando, por suerte, en por qué le estaba dando tanta importancia a aquel cumpleaños pero, al finalizar el día y cerrar las tiendas, volvió a Hogsmeade y seguidamente a Hogwarts sin nada en absoluto que darle a la chica. Y, para colmo, tenía reunión con los Prefectos.

* * *

14 de febrero, 21.58 horas.
Pasillo, cuarto piso.

Se separó de Damon sin darle ninguna explicación, dejando que el chico bajase con el resto de Prefectos de los cursos inferiores. Cuando les perdió de vista, contando con la compañía de las chicas de Ravenclaw, comenzó a bajar en dirección a las mazmorras. O al menos ese era su plan inicial hasta que Ashanti – por fin – apareció de la nada. La rubia se volteó para toparse con ella y ahogó una sonrisa que no llegó a dibujarse en sus labios. Su orgullo no se lo permitía.

- Sí, tenía planes. – En parte era cierto. Los tenía, aunque no los había llevado a cabo por culpa de la castaña, aunque esta no supiese nada sobre ello. – Pero que… - No tuvo tiempo de decir nada más. Ya podía asegurar que sabía lo que era quedarse con la palabra en la boca.

Avanzó hacia las mazmorras y, en lugar de entrar en ellas, salió al exterior del castillo, sentándose en la puerta principal. Movió la bola de cristal tal y como Ashanti le había explicado – si aquello podía considerarse como explicación – y esperó a que la magia sucediese. Pues como si de una pantalla de televisión se tratase, las imágenes comenzaron a sucederse ante sus ojos.

Lo apretó entre sus manos, sin perder detalle de  lo que estaba sucediendo en el interior de aquella bola de cristal. Una sonrisa brotó en el primer instante y no se desvaneció hasta que el último de los recuerdos desapareció. Imágenes que ambas, durante aquellos años y en especial aquellos últimos días, habían compartido.

Cuando terminó de reproducirse, volviendo al nítido blanco de la bola de cristal, volvió a zarandearlo para volver a ver lo que acababa, apenas dos segundos atrás, de estar viendo. Aún con la sonrisa en su rostro.

* * *

19 de febrero, 20.00 horas.
Aula de Historia de la Magia.

Lo malo de tener un profesor con tantos años de experiencia en Hogwarts y, que para colmo, estaba muerto, era que parecía imposible conseguir hacer algo que acabase con su paciencia hasta tal punto de ganarse un castigo. Pero Circe Masbecth superó todos los records aquel día consiguiendo no uno, sino dos castigos. Y ni siquiera los dos fueron para ella. El primero contó con la ayuda de Ian Howells, Spencer Harris Jr. y Ewan Whitesides. No era muy complicado que aquellos tres actuasen para satisfacer las necesidades de la rubia. El primero de ellos porque además de ser su mejor amigo no se caracterizaba por su inteligencia. Los otros dos porque creían tener una oportunidad de conseguir algo así como una cita con Circe.

La tarea de los chicos consistió, nada más y nada menos que en soltar una jaula de duendecillos en mitad del aula de Historia de la Magia haciendo que el resto de alumnos se revolucionase y los gritos de unos y otros acabasen con la paciencia del fantasma que daba clase de Encantamientos. ¿Resultado? Whitesides confesó que había visto como Ashanti Button colocaba aquella jaula donde no debía y eso había hecho que, entre los intentos de escapar de los duendecillos, la jaula volcase. Como resolución: Button castigada dos horas después de clase.

Lo siguiente fue más sencillo, especialmente conociendo a Circe. Pues se pasó toda la hora interrumpiendo las explicaciones de Binns y afirmando que lo que decía carecía de sentido desde la punta hasta los pies. Y no había nada que molestase tanto a un fantasma como que le negasen lo que él había visto con sus propios ojos. Como resolución: Masbecth castigada dos horas después de clase.

Rondaban las nueve cuando todos se marcharon y el fantasma les pidió ordenar cronológicamente todo el estante situado al final de la clase. Circe miró a Ashanti con un gesto inocente, como si no hubiese roto un plato en su vida.

- Dos horas. Todo colocado, nada de peleas, nada de insultos. No me oirán venir, y si yo oigo alboroto mañana tendrán un nuevo castigo. Con lo que han sido sus hermanos y lo que son ustedes dos… Ay, si vuestros abuelos levantasen la cabeza. Sabes, Button, yo di clase a tu abuelo y… - El fantasma seguía hablando cuando atravesó la pared, dejando la conversación a medias.

Mientras recogía un par de libros y los colocaba sobre una de las mesas, miró a Ashanti de reojo hasta que, finalmente, se sentó ella misma sobre el pupitre.

- El catorce fue tu cumpleaños, ¿Verdad? – Preguntó la rubia a sabiendas de la respuesta. – ¿Tomaste tarta? – No, no tenía un pedazo de tarta en su bolsa ni pensaba bajar a las cocinas a por una. Principalmente porque ni a ella le gustaban las tartas, al menos no demasiado salvo sabores muy concretos. – Pensé que te gustaría tener algún regalo. Ya sabes, es tu cumpleaños y pos los cumpleaños se dan regalos. Ya me entiendes. – Se desató el colgante que siempre llevaba atado al cuello y se lo tendió a Ashanti. – Lo tengo desde que era  niña. No es gran cosa, no es como si tuviese un diamante en el medio o algo por el estilo. – Más que nada porque era un colgante de oro que ni siquiera pertenecía a su familia, a la que ella consideraba como tal. Sino que era de su verdadera madre, de esa que no sabía nada. Ni siquiera su existencia. – Felicidades. – Dijo levantándose para acortar la distancia entre ambas y, en lugar de tenderle el colgante, colocárselo a la chica alrededor de su cuello. – Eran recuerdos. Como un pensadero. La bola de cristal, ¿Quieres verlo? – La llevaba en su mochila, y no porque fuese con ella a todas partes, sino porque había planeado pasar un rato con Ashanti aquella noche.

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S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 8:42 am

 Aula de Historia de la magia. ~• 7mo Curso
19 de Febrero
21:21

Un nuevo castigo... Se le estaba volviendo costumbre eso de vivir en detención. En éste séptimo y último curso ha estado más castigada qué en sus anteriores años de colegio, en realidad antes nunca tenían como probar sus travesuras. Lo peor es que ella se portaba bien este año y los castigos llovían, cómo caídos del cielo. Vamos, quizás exageraba un poco. No, en realidad no estaba exagerando. ¡Bendito Merlín! ¡Circe la iba a volver loca! Es que se inventaba unos planes, bárbaros... Sin embargo ya le estaba cogiendo el truco a todo ello. La rubia le provocaba castigos para pasar tiempo juntas. Al menos eso quiere creer ¿Había acaso otra explicación? No hay manera que Circe se busque castigos conjuntos, solo para tener el placer de perder valiosas horas de su vida en algún aula, encerrada con la castaña, solo por juntarse con alguien que le evita descaradamente.

Mientras Binns estaba dando sus instrucciones, Ash se queda observando ese gesto inocente en la rubia. Era tan buena para fingir que si no supiese de lo que es capaz, se habría comido todo el cuento que le estaba vendiendo Circe, con tan solo esa actitud que estaba demostrando. A pesar que se hubiera molestado por quedarse castigada. Se había pensando por un momento que quizás era su culpa. Se había empecinado en la idea de tomar su distancia de Circe y quizás la Slytherin estaba tomando cartas en el asunto. La verdad es que Ash no está segura de si el comportamiento de su compañera de curso -eso de causarle castigos-, se debía al deseo de querer pasar tiempo juntas a espaldas del mundo o tan solo es por joderle cómo de costumbre.

Y... El abuelo moriría de un infarto si se entera que lo avenguenzo a diario.– Dice la castaña con notable diversión intentando completar la frase  del profesor fantasma.

Juiciosamente comenzó a trabajar en lo que el fantasma les había encargado. Estaba ordenando los libros en la repisa, pero antes tenía que ir mirando tras las portadas para saber cual iba antes que otro. Mientras tenia dos pilas de libros ya ordenados, iba tomando los mismos para dejarlos en la repisa, al tiempo que escuchaba la voz de la rubia a sus espaldas.

Sí...– Contesta con tranquilidad a la primera pregunta de la rubia, mientras mira otro libro. —Los prefectos de Gryffindor me llevaron una tarta la noche siguiente, ya que ese día tuve guardia.– Le explica al tiempo que pone dos libros de una vez en la repida. Sonríe, escuchar a Circe hablar de obsequios le confunde un poco "¿De que vas, Barbie?[/i]" Se pregunto mientras seguía ordenando, inocente de lo que hacía la contraria.

Iba a preguntar de que estaba hablando la rubia. Pero al girar, queda frente a la chica qué, recién estaba pasando los brazos sobre sus hombros y le colocaba algo alrededor del cuello. Fue imposible no mantenerle la mirada. La observaba con detenimiento, apreciando cada detalle del rostro ajeno. —Gracias...– Comenta sin dejar de mirar a la Prefecta y sin demorar se acerca para besarle la mejilla, aunque el beso acaba más bien, sobre la comisura izquierda, de los labios ajenos.

Cogió el pequeño dije entre sus dedos, lo observó y se llenó de tanta alegría al saber que lleva algo de Circe que puede que sea muy importante en su vida, puesto que si lo conserva desde pequeña, debía tener un valor especial o algo parecido. De pronto siente una extraña calidez. La misma emana del obsequio que le acaban de entregar y hasta cambió de color. Estaba a punto de indagar si había magia en el objeto, más la contraria retoma la palabra. Y decide dejar de lado el tema, por el momento. —Y... ¿Te ha gustado?– Inquiere con rapidez haciendo referencia al pensadero esfera. —Digo... Sí, me agradaría verlo.– Intentó imaginar que recuerdos hubiera usado Victoria, pero no se imaginaba que rayos pudo haber elegido.

Ash se afloja la corbata y desabrocha algunos botones de su camisa. Se aleja un tanto de la rubia para volver a su trabajo de ordenar lo que Binns había pedido.  Mientras estaba de espalda a la contraria, se plantea la posibilidad de hacer caso a Victoria y decirle a la Slytherin, lo que le está sintiendo ¿Qué era lo peor que podía pasar? Igual son... ¿Amigas, cierto?, quizás la Prefecta solo le dijese a Ash que lo suyo no podía ser y mejor seguir cómo están. Puede que incluso tal respuesta, le ayude a no ver a Circe de la manera en que ahora lo hace. Pero ¿Quéria Ash dejar de ver a Circe cómo posible futura relación?

Barbie...– Dice sin reparar mucho en cómo la ha llamado, mientras se gira con un libro entre manos, para darle el frente. Está decidida a tener está conversación con Circe, así por fin se liberaba de ello de una vez. —Lo lamento...– Se disculpa. Está arrepintiéndose de lo que está por hacer, o más bien, las palabras quedan atrapadas tras los labios. —Por haberte estado evitando. Y por seguirlo haciendo en estos últimos días...– ¡Vamos! Aún no se arrepentía. ¡Adelante Ash! —Es solo qué... La universidad está a la vuelta de la esquina y estuve estudiando todo éste tiempo.– "¿Qué haces?" Se riñe a si misma. Al final se arrepintió de decir la verdad. De aceptar frente a ella que le gusta y que desea intentar algo. —Circe te extraña mucho...– Dice cómo si eso viniese al caso. —Y yo también.– Sería el colmo que no aceptase eso. Y era una gran verdad que le costó asumir. Le hacía falta tener más noches en compañía de la rubia. Poder pasar horas hablando con ella, riendo, bromeando o hasta discutiendo por algún tema. —Siento si en algún momento mi comportamiento te hubiera sentado mal. No era realmente mi intención.– Finaliza tratando de quitarle peso al asunto, volviendo al trabajo.



Última edición por S. Ashanti Button el Miér Dic 06, 2017 3:22 pm, editado 1 vez
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