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[FB] El misterio de lo indefinido... | •Priv •Circe Masbecth

S. Ashanti Button el Miér Nov 08, 2017 10:46 am

Recuerdo del primer mensaje :

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
10:29 de la mañana

«El Karma o el Destino... ¿Quién más si no esos dos, iba a poner a Circe Masbecth y a mí en la misma habitación? Es que no hay otra explicación y no sé quién es más cruel, si el Karma; por crusarme con esa peste o el Destino; por querer mostrarme algún tipo de sabiduría cósmica. Vale, tengo que dejar de asistir a la maldita clase de adivinación...

Si pudiese retroceder el tiempo y tan solo hubiera tenido la más mínima sospecha de que era esa puta. Ni si quiera lo hubiera pensado: La habría delatado de una. Y quizás podría sentirme satisfecha de que le quiten la maldita placa de prefecto, a ver si eso le mancillaba el ego.  ¡La habrían castigado hasta la graduación! Hubiera sido mi venganza perfecta... Juro que cada día, hasta el 31 de Julio, habría disfrutado tener que cruzarme con su maldita persona, porqué ella estaría acabada, destruida ¿Cómo fue que no lo noté? Las putas son fácil de reconocer, es qué ¡MALDICIÓN! ¡No puede ser que me hubiera agradado! De todas las personas del mundo ¿Por qué ella? ¿¡Por qué!? ... Tengo que calmarme... Tengo que olvidarme de eso. Eso no pasó...

En todo caso, no puedo sacarme de la cabeza aquella noche. Mientras más lo intento, más se adhiere a mi cerebro, cómo una sanguijuela. Simplemente no puedo dejar de pensar en la chica con la que estuve encerrada por casi dos horas; una persona qué; era agradable, quizás había cosas en las que diferimos pero... Pude identificarme con ella; conectar; porqué me pareció de esas chicas qué; son especiales. Entonces, cuándo por fin tuve la oportunidad de ver su rostro, de saber quién era y jugarmelas todas para invitarla a charlar en otro momento... ¿¡Circe Masbecth!? ¡No tiene el más puto sentido! ¡Ella es un sinsentido! ¡Es una ególatra con ínfulas de grandeza! ¡Es una egoísta, desgraciada sin corazón! No espera; ¡La muy maldita no tiene alma! ¡Eso es lo que pasa! ...
»

La clase de DCAO ya había acabado. Los estudiantes de la primera hora del séptimo curso, comenzaban a guardar sus pergaminos, libretas y plumas. Con la intención de abandonar el aula y disfrutar de tres horas libres, antes de su próxima clase —ya que la profesora de transformaciones, estaría ocupada con el director.—. Ash estaba perdida en... Sabrá Morgana dónde. Mientras el profesor se encargaba de impartir ciertas instrucciones ¿Sobre qué? Lo ignora, solo escucha un Blablabla constante y lejano, cada que mira a los demás.

Quiero los ensayos, para el viernes.— Recuerda a todo el alumnado y se eschan los característicos «Joder, más trabajo.» o «Si follara más, seria menos estricto.» y también «Le pagaré a algún idiota para copiarle la tarea.» —Prefecta Masbecth. Por favor no se vaya aún. Tengo algo que decirle.— Comenta observando a la rubia, para luego mirar a una distraida Ashanti.

••★••

... Señorita Button.— Dice el profesor, es la tercera vez que la llama. —¡Saphire Button!— Grita de repente y deja caer con fuerza la mano sobre la mesa de Ash.

La castaña se alarma y se levanta de golpe.

¿Pero qué mierda te pasa?– Y ¡Bam! Le conecta un derechazo en la nariz al profesor "¿Podría ser mejor?" Pensó sarcástica y alarmada. Ahora si que la había cagado en grande. —Yo... Lo lame...

Algunos alumnos que no han acabado de recoger sus pertenencias se ríen por lo bajo, otros solo se mantienen sorprendidos.

Cierre la boca...— Le dice furioso, más intenta mantener la calma. La nariz comienza a sangrarle. Saca un pañuelo del bolsillo y rápidamente se limpia. —Usted y la señorita Masbecth, serán las encargadas de dar clases de tutoría a un curso de alumnos del segundo año. Necesitan nivelarse, pues van muy rezagados y ya que ustedes...


No me joda. La lleva clara si piensa que voy a trabajar con es...

El tipo cierra el puño con fuerza apretando el pañuelo.

El profesor aquí soy yo. Y les estoy dando una instrucción a la Premio anual y a la Prefecta de Slytherin. Si tiene problemas personales con la señorita Masbecth, los arregla en sus horas libres. Y si tanto le molesta la idea de trabajar junto a ella, entregue su placa. Pero mientras no lo haga, tendrá que hacer lo que se le indique. Se llama responsabilidad.— Se aleja hasta su escritorio. —Es lo que se obtiene cuándo le adornan la capa con un reconocimiento que pocos merecen.

"Sé que no crees que lo merezco, imbécil. Pero lo tengo igual, para desgracia de ambos..." Pensó furiosa mientras observa al mayor con una expresión que describe su odio. Los profesores le tenían manía, quizás no todos pero sí la mayoría. Pero para fortuna de Ash y desgracia de los docentes, la Gryffindor es una estudiante ejemplar —al menos en lo académico — y aunque muchos de ellos desearían poder darle un buen castigo o quizás expulsarla; casi nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo. Quizás hasta ahora ¿Qué podría hacerle ese tipo por haberle lastimado la nariz? Ella lo ignora. Pero el hombre está tan calmado qué, Ash siente los ovarios en la garganta y casi no respira —a pesar que parece más furiosa que nerviosa—. "Voy alegar que fue un accidente, porqué lo fue. Además ¿Quién coño se acerca a una estudiante y pega semejante grito? Si yo falté al pegarle, él lo hizo al gritarme... Una a una."

El profesor coge varios pergaminos que luego entrega a Circe —en lo que viene de vuelta—.  —Allí están los temas que deben explicar. Luego de la clase del viernes se reunirán conmigo, para ver que metodologías y estrategias usarán para impartir los tres primeros temas. Sus tutorías serán los martes por la tarde.— Le indica a Circe "¿Acaso crees que ella es más responble que yo porqué va en tu antigua casa? Malditos Slytherin..." Pensó irritada. —¿Ustedes que hacen aquí? Todos afuera...— Les dice a los demás alumnos que observaban el show. Seguro comentarían lo sucedido en cuestión de horas. El hombre va en dirección a la salida, pero antes de cruzar la puerta observa a las jóvenes. —Quedan autorizadas a usar el aula, organizarse y comenzar a trabajar. Quiero ver para la cena un avance escrito de las ideas que tienen. Según sé, no hay Transformaciones para el séptimo curso.— Sus pasos se alejan ... —Así que sepan aprovechar el tiempo. Y Button, la quiero en mi oficina en una hora y media.— Se escucha antes de que se cierre totalmente la puerta con un golpe sordo. Ash lo escuchó claramente.

Te quedarás esperando...– Susurra la castaña. No iba a ir a ningún lado y si él quería quitarle puntos a Gryffindor, pues le vale poco.

Ashanti se vuelve a sentar. Se pasa una mano entre el cabello y lo aleja de su rostro. Se hunde en el asiento y apoya la cabeza en el respaldo de la silla al tiempo que observa el techo. Escucha ruido a su alrededor y vuelve a ser consciente de dónde se encuentra y con quién. Suspira. No tiene la más mínima idea de cómo tratar con Circe, ahora. Aunque sería capaz de tomar la varita y voltearle encima un pupitre. Aparte aún tenía jaquecas. Los libros habían dejado más de un moratón en sus brazos y hombros si no fuese porque metía las manos para cubrirse, habría quedado K.O, a causa de un golpe de esos libros "¿Exagerar? No, ella es una desgraciada, quizás esa era su intención. Así por la mañana me daban el castigo en la enfermería "  ¿Quién coño es capaz de lanzarle encima a otro, libros de mil quinientas o dos mil paginas y encuadernación dura!? "Nada más que esa puta rubia..."... No, tenía qué trabajar. Ya lleva demasiadas cuentas pendientes con ese profesor, no necesita una suspensión u otra cosa peor. No estando a cinco meses de graduarse. Observa a la rubia...

Si vamos hacer esto...– Gira levemente su cabeza para poder mirarle con más comodidad. —¿Prefieres que te lance un Obscuro y comenzamos a trabajar? Seguramente tengas una actitud menos mierda que de costumbre...– Se muerde el labio. ¿En serio quería trabajar en paz? ¡Sí! Ella quiere trabajar en paz, pero era imposible no joder el momento, sabiendo lo mal que ha pasado estos meses por culpa de aquella noche. No quería una guerra, pero ya había lanzado la primera Bombarda.

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Circe A. Masbecth el Mar Dic 05, 2017 10:26 am

A lo largo de los años había demostrado que podía ser una persona detallista siempre y cuando se lo propusiese. Igual que Ian Howells podía afirmar que tenía la mejor amiga capaz de hacer los peores regalos de la historia de los cumpleaños dada su afición desde que se conocían por llenarle la cama de gusanos de golosina – a los cuales el chico tenía pánico – el día de esta fecha tan celebrada. En cambio, con Ashanti, fue diferente. No fue directamente a las cocinas en busca de algún alimento de color amarillo ni decidió envolver todo en un aroma a café recién hecho. Más bien intentó buscar algo que fuese perfecto para la castaña pero dado el nivel de exigencia de Circe aquello resultó imposible.

Por suerte, aquella misma noche, en su intento de encontrar a Ashanti, había caído en la cuenta de lago que podía regalarle. Mientras jugaba con el dije del collar entre sus dedos había recordado que, desde niña, lo había llevado consigo. Y en una primera instancia se había mostrado reacia a compartirlo con otra persona. En una primera instancia había dudado y pensado en comprar cualquier otro detalle que Ashanti apreciaría como aquella simple baratija. Pero no lo hizo. Precisamente porque conocía a Ashanti lo suficiente como para pensar que sería capaz de valorar, como merecía, el esfuerzo que supone alejarse de algo que tiene tu cariño. Algo que forma parte de tus pertenencias desde antes de tener la capacidad para almacenar recuerdos.

Lo colocó sobre el cuello ajeno con cuidado de no llevarse consigo ningún cabello de la castaña y, una vez terminó, dibujó una leve sonrisa en sus labios que rápidamente quedó acallada por un corto beso en su mejilla, tan cerca de sus labios que pareció incluso rozarlos. No dijo nada. Y es que con el tiempo Ashanti había logrado tirar por tierra la barrera física que Circe había levantado durante los últimos meses. Había logra colarse en ella cuando ningún otro podía siquiera rozar a Circe sin acabar recibiendo un insulto, un golpe o un hechizo por la espalda que le hiciese replantearse si realmente merecía la pena el mero hecho de respirar el mismo aire que la Prefecta de Slytherin.

- Es… Diferente. Nunca me habían regalado algo así. – Eso era un sí, por mucho que no fuese algo que quisiese decir en voz alta.

Mientras Ashanti seguía  recogiendo y ordenando libros, Circe fue en dirección a su pupitre, cogiendo su  mochila y colocándola sobre su propia mesa para sacar de su interior una bola de cristal semejante a las del aula de adivinación, aunque ligeramente más pequeña, algo que apenas puede notarse a no ser que estés familiarizado con aquella clase de bolas y, dado que Circe no acudía frecuentemente a clase de Adivinación, ni se había percatado de ello.

- Tranquila. Soy bastante asocial, no me importa. Me paso el día en la Biblioteca, por si un día quieres estudiar en algún sitio mejor que la Sala Común o donde se supone que estudies. – No iba a admitir que había intentado dar con Ashanti y había sido una misión imposible. Su orgullo no le permitía algo ni siquiera parecido. - ¿Cómo está la bola de pinchos? – Preguntó haciendo referencia a Circe, el erizo de Ashanti. – Mándale recuerdos de mi parte. Y algo rico de comer, sea lo sea lo que comen los erizos.

Sin darle demasiadas vueltas al tema, tomó asiento sobre uno de los pupitres más cercanos a donde se encontraba y zarandeó la bola de  cristal en sus manos.

- No importa, estudiar ahora mismo es una prioridad para las dos. Además, no es como si me debieses algo, ¿No? – Se encogió de hombros, dándole menos importancia de la que Ashanti le había dado.

Sí, era cierto que le molestaba no haber  sabido de ella durante un tiempo y más cuando había intentando buscarla. Porque añoraba pasar tiempo juntas, añoraba su compañía y sus conversaciones. A fin de cuentas, incluso añoraba que alguien intentase acceder de tal forma a su tan preciado espacio vital.

- Mira. – Giró ligeramente la espera para que ambas pudiesen ver  su contenido. Primero una nube de humo de color rosa palo que se tornó morado antes de comenzar a mostrar imágenes, comenzando con la corbata de Ashannti sobre las manos de Circe seguido de un beso en su mejilla.

Las escenas se fueron sucediendo ante los ojos de ambas y una leve sonrisa, con aire infantil, se dibujó en los labios de la rubia. Una sonrisa inconsciente al mirar todo aquello hasta que la nube de humo lo hizo desaparecer.

- ¿Cómo lo has hecho? – Preguntó con curiosidad, pues la magia siempre era algo fascinante.

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S. Ashanti Button el Jue Dic 07, 2017 11:19 pm

 Aula de Historia de la magia. ~• 7mo Curso
19 de Febrero
21:39

¿Y lo diferente te gusta?– Iba en plan coña. Pero insistiría hasta que le diga con todas sus letras que le ha gustado el obsequio.

Mira sobre su hombro y observa que la rubia estaba rebuscado algo en su mochila. Sonríe leve y coloca otro libro en su lugar. Se siente un poco mal al escucharle hablar así. No sé, tenía la esperanza que le hubiera dicho 'Me decepciona que no hubieras aparecido... Deseaba verte... Quería fastidiarte... Necesitaba hablarte' Se muerde el labio, por otra parte le alivia el hecho de que se crea eso de que estuvo 'estudiando todo el tiempo', claro, no era mentira. Pero la mayor parte de su estudio, era intentarse convencer que dejar de verse con Circe, era lo mejor para su situación de 'amiga que desea más que amistad'.

Vaya, Circe se va a poner feliz cuándo le cuente que alguien dejo de llamarle 'Bicho'...– La jode un poco. Se le hace muy tierno que le llame ahora 'Bola de Pinchos', era menos despectivo que Bicho. Sonríe. Le encanta notar que la rubia es linda sin querer. —Puede llevar una dieta de perro o gato. En plan comer esas croquetas que parecen cereal. Pero los erizos salvajes se alimentan de insectos.– Ni loca dejaba que Circe coma insectos. "¿Y si lo pone mal del estómago o algo?" Es su constante pensamiento. —En todo caso él está bien. Encontró una niñera que lo atiende más que yo.– Con eso de ser Premio Anual, tener que atender a sus estudios, que los ÉXTASIS están a la vuelta de la esquina y sus dilemas con la rubia, era un tanto difícil prestarle atención al pequeño erizo, sin embargo siempre sacaba un tiempo para él. —En realidad medio Gryffindor está tras él...– Se había vuelto muy popular. Las niñas de los primeros cursos siempre querían cargarlo y la de los cursos mayores buscaban de vestirlo. Los chicos los molestaban, pero cuándo les mordía ya ni se le acercaban.  —Aunque creo que lo abruma un poco tanta popularidad. Deberías llevarlo a Slytherin. Después de todo, parece sentirse identificado con tu casa. No se aleja de tu corbata ni siquiera para comer...– El pequeño era un tanto caprichoso, si se analizaba su comportamiento. Le encantaba que lo mimasen, pero él ni de coña que se acercaba a dar cariño, bueno, a veces que se acercaba para darle lamiditas a tus dedos y eso es cuándo desea que le alimentes. La mayoría del tiempo se la pasa durmiendo. Es medio gruñón; cuidado si le quitas las cosas que reclama suyas... Sí, es que todo aquello que está cerca de él y le gusta, lo toma, se lo lleva a su zona de dormir y si se lo sacas, pelea por ello ¡Con que derecho! Ash suspira. En todo caso, le podías quitar cualquier cosa, porqué al poco rato le daba igual, pero no pasa lo mismo con la corbata de la rubia. —Deberíamos ponerle el sombrero para salir de dudas.

Aún seguía en su pecho aquella calidez tan rara y reconfortante, no molestaba en absoluto, sino era tranquilizadora, cómo que te hace sentir sereno. Sin embargo, cuando fue hasta Circe, dejando apilados unos cuantos libros, la calidez en su pecho aumentó, no quemaba, solo, estaba allí, llenándola de alegría ¿No será qué ese efecto lo causa la rubia? ¡Merlín! Estaba tan emocionada y feliz, porqué está nuevamente con la Slytherin, porqué le ha dado un obsequio y por qué, las cosas vuelven a estar bien entre ellas. Quizás no hacía falta alejarse de Circe, puede —quiere creerlo realmente— qué con el tiempo vea a la rubia cómo ésta última le ve, simplemente; Una amiga.

Está de pie tras la silla dónde se hubiera sentado la rubia. Se queda observando la esfera. Sonríe ante el primer recuerdo. —¿Al final que hiciste con esa corbata?– Pregunta con interés. Igual no era la gran cosa ¿Cierto?

Seguía observando la esfera, pero de vez en vez, observa de reojo a la rubia. "¿Tienes que verte tan linda al sonreír?" Más de una vez deseó besar aquellas sonrisas. Pero se obligaba a mantener la mirada en lo importante, los recuerdos que se reproducen en la bola de cristal. Y de todas las imágenes que pudieron ver, la más significativa para Ash, fue ver a Circe reír con la situación luego del beso. Porqué se veía tan alegre que contagiaba felicidad. En general cada buen momento con la rubia es de gran importancia. Incluso habían allí recuerdos de cuándo vivían en una incesante pelea.  Ahora que lo pensaba, hasta los malos momentos fueron buenos...

No lo hice yo...– Responde con un tanto de duda. No sabía si eso enfadaría a la contraria, por todo ese rollo de que su amistad es clandestina. Igual no es que antes no lo hubiera dicho, ya lo había hecho cuándo le hubiera obsequiado la esfera. —A mí me pareció un método muy sencillo. Solo debes ser legeremante y tener una bola de cristal.– Explica queriendo hacerlo simple, pero el solo hecho de ser legeremante ya era todo un reto. —¿Decepcionada con la respuesta?– Inquiere con diversión. A veces le costaba un poco ver lo fascinante de la magia, porqué es lo que ha conocido toda su vida, no es tan impresionante, no para ella. Pero así es Ash, muy práctica.

Vamos... – La toma de la mano y tira de la rubia para levantarla. —Eso no va a ordenarse solo y ya vi que no quieres trabajar.

Cumpleaños de Circe
Invernaderos ~• ★ Jueves 7mo Curso
25 de Febrero
15:46

Estrategia... Mucho de eso se necesitaba para encontrar la manera de romper el circulo de protección que Circe llevaba a cada maldito rincón del castillo, durante el día. ¡Por Morgana! Pero es que ni en el puto baño andaba sola. Acercarse a Circe en un día cualquier era complicado, pero su cumpleaños era todo un desafío. Ash se la ha pasado la mañana malhumorada, porqué cada que intentaba 'raptar a la rubia' de manera disimulada, aparece de la nada alguien que la saluda o la felicita. Además de que está siempre con su séquito de idiotas.

Para cuándo llegó la tarde, el séptimo curso tuvo que asistir a  una clase conjunta entre herbologia y pociones. Pero hasta este punto Ash está harta de intentar cualquier idiotez, para atraer a la rubia y que no funcione. Antes de que la clase iniciase, Santoni, Thomas y Grant, estaban hablando sobre el paquete que Andreas —el hermano mayor de Santoni—, había enviado al castillo por la mañana. Los tres chicos y Ash —que solo escuchaba, pues estaba con la vista puesta sobre cierta rubia Slytherin en la distancia—, así cómo el resto del séptimo curso, se agrupaban fuera del invernadero esperando a los profesores.

Según Andreas, muy difícilmente un Lumos podría brillar entre tal oscuridad.— Dijo Santoni a los otros dos.

Querría uno de esos en detención...— Comenta Thomas.

Sería realmente útil...— Murmura Grant..

A ver...– Ash se interesa en el tema. Estaba mirando la roca. Parecía de constitución frágil, cómo qué la apretas con un poco de fuerza y se deshace en la mano.

Estaba por hacer un comentario más, pero justo llegan los profesores e invitan a todos a pasar al invernadero. Ash no le da tiempo de devolver la roca a Santoni así que se queda con ella. Cada quién tomaba un lugar frente a la larga mesa, sobre la que se encontraban calderos y algunos frascos. Los profesores estaban dando una introducción al tema. La castaña no estaba prestando ni la más mínima atención. El gusanillo de la travesura le tienta hacer una locura...

Visualiza el lugar. ¿Y si lanzaba la roca y se lleva a Circe de allí? Se muerde el labio meditando que hacer ¿Pero acaso no lo valía? ¿El fin no justifica los medios? Vamos, qué ésta era su oportunidad más valiosa o mejor dicho la única...

Sin pensarlo más, Ash se agacha cómo si fuese atarse un cordón y deja la roca de polvos peruanos de oscuridad instantanea, bajo la mesa. Camina hacía la salida cómo si fuese a buscar uno de los guantes que están cerca de la entrada. — Toma tu mochila y sal, ahora.– Le susurra a Circe ya que estaba cerca. Y seguido con un disimulado movimiento de varita hace que los calderos comiencen a saltar sobre la mesa y que los frascos estallen, al tiempo que con otro movimiento de varita, comprime la roca hasta que se hace polvo. En cuestión de segundos una gran oscuridad emerge desde bajo la mesa y comienza llenar el lugar. Gritos y gente moviéndose de un lado a otro, van golpeándose entre sí, sin poder ver. Aprovecha el caos y se apresura a salir, cierra la puerta tras de sí con ayuda de la varita y corre hacía la Slytherin para alejarse de aquel lugar.

Ahora si que se había vuelto loca. Como la descubran no iba a pasarla nada bien ¿En serio Circe valía tanto desastre? Y aunque no lo quiera aceptar. La respuesta es; Sí.

Cumpleaños de Circe  
Cocinas de Hogwarts . ~• ★ Jueves 7mo Curso
25 de Febrero
15:58

Cómo hubiera comentado su hermano Magnus, las cocinas a ésta hora casi siempre estaban solitarias. Ya que la mayoría de los alumnos están en clase y los elfos tienen tiempo libre para holgazanear fuera de su puesto de trabajo. Ash lo estuvo pensando desde hace una semana, estuvo planeando casi con detenimiento el cómo iba actuar para conseguir darle una sorpresa a Circe, que justo ahora no está segura que le sorprenda.

Es qué; acaba de volver mierda una clase, de la que acaba de escapar, para venir aquí, con la rubia ¿Acaso no podía hacerlo en otro momento? Y la respuesta es; no.  ¿Y que hay de la mañana? Pues había tiempo, pero resulta que la rubia y su popularidad fueron un obstáculo más grande de lo que pudo imaginar y cada acción para encontrarse a solas con la Slytherin fallaba estrepitosamente. Luego estaba la tarde, en la cuál no había ni un puto hueco, en su horario. Tenía clases que atender —la cual cago y esperaba no enfentar un castigo que dure hasta culminar el año, o quizas la expulsión— y al final de las mismas, una competencia de duelo en el gran comedor.  ¿Y en la noche? Debía estar cumpliendo labores de P.A, junto al otro chico y el director y seguramente eso terminaría realmente tarde, seguro le llevaba toda la noche. Por dónde quiera que se viera estaba jodida. Entonces surgió la salvación con los polvos peruanos de oscuridad instantánea de Santoni y solo puso en marcha el plan 'improvisar'. La verdad no se habría perdonado el haber dejado pasar éste día cómo si fuera cualquiera, para Circe.

En fin... Ya en la cocina, comenzó a buscar entre los estantes algo que su hermano hubiera escondido. Pero le estaba llevando un poco de tiempo encontrarlo y la verdad se estaba cabreando.

¡Lo encontré!– Dice de espaldas a Circe, mientras toma algo de uno de los estantes.

Cumpleaños feliz, te deseamos a ti; cumpleaños, Barbie. Cumpleaños feliz...– Ash se acerca a Circe mientras canta y lleva entre sus manos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], con una mini vela encendida. Ayer en la noche junto a Magnus y uno de los elfos de las cocinas, habían realizado el pastelito. —Ahora debes pedir un deseo y soplar...– Dice colocando el cupcake sobre el mesón y esperando que la rubia sople. Cómo Ash es un tanto guarra, coge un poco de crema del pastelito y le embarra la mejilla y los labios a la contraria, al momento que desliza el índice sobre el rostro ajeno.

Lo siento, lo siento...– Dice rápidamente aunque no está ni siquiera cerca del arrepentimiento. Se ríe divertida, pero hace el esfuerzo por no seguir. —Dejame y lo soluciono...– Se ofrece y acorta la distancia entre ambas, para acercarse a la rubia mientras se quita la corbata. —No te muevas.– Le pide. Con una mano le sostiene el mentón y con la otra —usando el lado grueso de la corbata— le limpia la mejilla con cuidado.

¿Por qué estar tan cerca de Circe le produce una extraña calidez? Su pecho se llenaba de alegría al compartir momentos a su lado. El solo hecho de estar una junto a la otra encendía aquél calor y ya dudaba que fuese solo el obsequio de la rubia ¿Y si Victoria tenía razón? ¿Y si lo que cree que siente es realmente lo que siente? ¿Valía la pena intentar seguir negándose que le quiere? ¿Acaso la locura que acaba de hacer no era muestra suficiente qué está dispuesta a jugarselas todas por la rubia? —Solo quitaré la de tus...– En vez de usar la corbata, desliza el pulgar sobre los labios ajenos. "Y si te beso ahora... ¿Me correspondes?" No pudo evitar morderse el labio inferior propio, al tiempo que le mira fijamente. "Diablos, Circe. ¿Por qué tienes que gustarme tanto?"
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 08, 2017 4:44 pm

Como la niña rica y consentida que era, no apreciaba demasiado lo que los demás pudiesen llegar a regalarle. Lo había tenido todo en su vida y jamás le había faltado nada. Cuando llegaba su cumpleaños recibía una gran cantidad de regalos que, en la mayor parte de los casos, ni siquiera le importaban. A los cuales no prestaba ni un segundo de atención, ni un minuto de su tiempo. Pero aquel regalo era diferente. No sólo por el hecho de que hubiese llegado de la mano de alguien que, cualquier otro año, le hubiese regalado el peor de sus tormentos. Sino porque era diferente a todo lo que le habían regalado a lo largo de su vida. Al menos de la que era consciente.

- Depende. -  Contestó dándole nuevamente largas a Ashanti para contestar acerca de su opinión sobre aquella esfera repleta de recuerdos. Pero no había que ser muy listo como para darse cuenta que a la rubia sí le había gustado – y mucho – aquel detalle. Pues no era necesario colmarla de regalos por el mero hecho de hacerlo. Lo que era necesario era encontrar algo que pudiese llegar a llamar verdaderamente la atención de la rubia; que lograse enternecer un corazón que a veces parecía encontrarse congelado en el interior de su pecho.

Y Ashanti lo conseguía. Poco a poco había ido consiguiéndolo. Convirtiéndose en una amistad importante para la rubia. Una de esas que quieres que no acaben nunca pero que eres plenamente consciente que debes cuidar para que se mantenga intacta. Y a veces había cosas por las que merecía la pena luchar.

- Yo no meto bichos en mi dormitorio, suficiente tengo con las arpías que duermen en las  camas de al lado. – Dijo la rubia dejando claro que no pensaba llevarse consigo al erizo y haciendo alarde una vez más de lo falta de modales que podía llegar a ser aún cuando la otra persona ponía su mejor sonrisa e intento por que eso no sucediese. – Espera, ¿Es ahí dónde está mi corbata? – Circe hacía tiempo que había perdido una de las corbatas verdes y plateadas propias de su casa pero no había encontrado rastro alguno de esta. Era alguien bastante organizado pero eso no quitaba que hubiese margen para cometer un desliz y perder algo. Eso era lo que creía que había pasado con su corbata aunque según lo que parecía, Ashanti había sido la culpable de todo ello.

Ver aquellos recuerdos otra vez hizo que una leve sonrisa ocupase su rostro. Ahogó la oportunidad de que la sonrisa creciese para hacerse más visible ante la mirada de Ashanti pero no pudo evitar una leve en sus labios.

- Creo que la perdí. – Mintió encogiéndose de hombros como si no le diese verdadera importancia a la corbata. Pero lo cierto es que estaba en el baúl de su dormitorio, junto con aquellos regalos que, durante años, Odiseo le había hecho y no quería que nadie viese. Objetos muggles, literatura perteneciente a un mundo con el que no debía juntarse, principalmente. Y ahora, una corbata con los colores de la casa de los leones perteneciente a Ashanti Button. Aquello sí merecía estar anclado bajo llave en aquel baúl. – O a lo mejor está entre mis cosas, no sé. – No pensaba demostrarle esa importancia que ella le daba a Ashanti. Sus sentimientos hacia la gente, fuesen de cualquier tipo, eran algo que siempre había mantenido en un lugar oculto de difícil acceso.

Legeremancia, ¿Eso significaba que alguien más había visto aquella esfera? No podía ser alguien de Hogwarts, ningún alumno tenía control de una magia tan avanzada. Pero seguía siendo una persona. Una persona que conocía su amistad. Que conocía  que bajo su fachada había algo que merecía la pena ser salvado.

- ¿Qué legeremante lo hizo? – Inquirió la rubia, algo molesta. - ¿Le contaste a alguien que somos amigas? – Preguntó más con curiosidad que a  modo de ataque. Ella no había hablado a nadie de esa amistad y no pensaba hacerlo pero, en cambio, Ashanti parecía que sí lo había hecho, ¿Tenía derecho a enfadarse? En absoluto. Pero aún así eso le molestaba.

Se levantó con ayuda de Ashanti y cogió un par de libros, abriéndolos para mirar su fecha en la portada. Los dejó en su lugar y consideró que aquello ya había sido demasiado trabajo.

- No le digas a nadie más. – Comenzó mientras cogía un tercer libro y lo abría por la portada, ojeando en busca de la fecha. No elevó la vista en dirección a Ashanti, sino que la mantuvo fija en la lectura. – Y gracias por el regalo.

* * *

25 de  febrero, 15.46 horas
Invernaderos

- ¿Te ha gustado? – Preguntó con una amplia sonrisa Robert Berenger, un alumno de séptimo curso que jugaba como cazador suplente en Slytherin y que, tras tenderle un paquete a Circe, parecía tener verdadero pánico a escuchar su veredicto.

- No está mal. – Dijo la rubia dejándolo en la pila de regalos que sus compañeros de casa le habían hecho. Y es que Circe Masbecth era algo así como la abeja reina dentro de Slytherin y el resto de las abejas precisaban de alabarla, especialmente el día de su cumpleaños.

Robert bajó la vista y avanzó en silencio sin decir nada, dejando paso a un alumno de cuarto curso con grandes gafas de cristal de culo de botella.

- Eh, llegamos tarde a clase. – Atinó a gritar uno de los de séptimo.

Circe ignoró por completo al crío de cuarto curso y avanzó junto con Ian Howells y un par de alumnos más de Slytherin en dirección a la salida para volver a clase, ya que apenas habían contado con veinte minutos de descanso.

- ¿Damon te ha dicho algo?

- Ni un “buenos días” en el desayuno.

- Fuerte subnormal.

- Tendría la boca demasiado ocupada con la lengua de alguna. – Dijo subiendo el tono de voz a sabiendas que Lluna Forman, la novia de Damon, no estaba muy lejos de donde se encontraban e incluso cabía la posibilidad de que escuchase sus palabras.

No estuvieron mucho en clase de Herbología pues, en cuestión de segundos, la oscuridad se sumió en los invernaderos. Justo tres segundos después de que Circe se acercase a su mochila y comenzase a caminar en dirección a la salida sin ser vista por el profesor de la asignatura. Tuvo que correr los últimos metros para no ser alcanzada por la oscuridad y cerró la puerta tras de sí apoyando la espalda en esta al hacerlo.

- ¡QUÉ NO CUNDA EL PÁNICO!- Se escuchó la voz de Odiseo Masbecth intentando tranquilizar a sus alumnos y, acto seguido, un grito de pánico que Circe conocía bien debido a los años que habían vivido juntos: el del propio Odiseo.

- ¿Quién cojones tiene polvos de oscuridad instantáneos en clase? – Preguntó Circe mirando en dirección a Ashanti antes de comenzar a correr para alejarse de ahí.

* * *

25 de febrero, 15.58 horas
Cocinas

Toqueteaba todo lo que quedaba al alcance de su mano y miraba, de soslayo, si no había ningún elfo doméstico cerca. Nunca había sentido gran aprecio hacia aquellas criaturas por lo que verlas no resultaba ser precisamente de su agrado. Más bien todo lo contrario pues además la mitad de las que vivían en Hogwarts carecían de simpatía.

Se volteó al escuchar la voz de Ashanti sin comprender qué era exactamente lo que buscaba la castaña pero saltó a la vista cuando apareció ante sus ojos con una pequeña  vela sobre un cupcake. Negó con la cabeza, con la sonrisa presente en sus labios.

Ni siquiera tuvo tiempo para soplar. Se encontraba encorvada sobre la mesa dispuesta a hacerlo cuando su rostro acabó repleto de nata. Colocó los brazos en jarras y miró a Ashanti con cara de pocos amigos, frunciendo el ceño y volviendo a colocarse completamente estirada en dirección a la castaña.

- No tiene ninguna gracia, Ash. – Dijo la rubia dejando que la castaña le limpie. Y es que para alguien como Circe cualquier rastro de suciedad en su rostro es como una patada en las pelotas para un hombre.

Negó con la cabeza y antes de que Ashanti pudiese terminar de limpiar su rostro Circe acortó la distancia entre ambas colocando sus labios sobre la mejilla de Ashanti y extendiendo los restos de nata por su cara.

-  Ahora estamos casi empatadas. – Dio un paso hacia atrás para coger el cupcake y lo colocó entre ambas para, seguidamente, soplar la vela que no tardó en apagarse. Quitó la vela dejándola sobre la mesa de madera y cogió un pedazo del cupcake que, en lugar de meter en su boca, estampó en la frente de Ashanti. – Ahora sí. – Sonrió de lado, dejando escapar una corta risita y avanzó hacia atrás para no llevarse las represalias por sus propias acciones. – En mi defensa diré que ahora estás mucho más guapa. – Cogió otro pedazo y esta vez lo llevó entre sus labios. - ¿Quieres? – Atinó a preguntar aún sabiendo que, posiblemente, Ashanti se vengaría.


Última edición por Circe A. Masbecth el Jue Dic 14, 2017 9:31 am, editado 1 vez
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S. Ashanti Button el Jue Dic 14, 2017 3:55 am

Sonríe negando levemente. Vamos, tendría que esforzarse un poco más para recibir de la rubia un "Me gusta". Pensar en ello, en tener que buscar una manera distinta, para obtener la respuesta que esperaba de la contraria, la motiva. Definitivamente lucharía por eso. Sin importar cuanto pueda tomarle. El punto es que la intensión está allí...

La rubia era complicada. Eso lo lleva muy claro. Pero de alguna manera buscaba de entenderla. Pensó que quizás llevarse al erizo al dormitorio era una locura ¡Es Circe Masbecth! Bueno, digamos que Ash no estaba pensando claramente cuándo propuso aquella posibilidad. Se encogió de hombros cuándo la rubia le hubiera preguntado por la corbata. En todo caso no era que se la iba a devolver. Así que lo dejó estar. Quería tener un objeto de la Prefecta, pero sabia que pedirlo no le iba a llevar muy lejos, no le quedaba de otra que tomarlo sin que lo notase. Y al final no sirvió de mucho, porque su pequeño erizo se adueñó de la penda.

En todo caso, ahora la corbata verde y plata, no importaba mucho. Posee algo mucho más importante ahora. Un objeto que para bien o para mal, era capaz de ponerle sobre aviso, cuándo Circe andaba por andaba en la misma habitación que ella. Quizás era un poco paranoico pensar que el pequeño objeto —que cuelga de su cuello bajo la camisa—, pueda emitir una calidez que aumentaba con la cercanía de la Prefecta, pero... Justo así es y eso le gusta.

No iba a negarlo, le sentó un poco mal que le dijese que su corbata se hubiera perdido. Aunque no era del todo seguro, puede qué aún la guarde, pero ¿Era posible eso? Ash quiso creer que sí, porqué si Circe, se hubiera desecho de la misma, también habría 'perdido', la esfera y aún la conservaba. Eso le dice mucho, sobre la posible importancia que pueda tener para la rubia lo que pueda obsequiarle. Decide tampoco indagar demasiado.

Las siguientes palabras de la rubia, le dejan un tanto confusa, pero evidentemente feliz. —Te doy mi palabra. Nadie más lo sabrá.– Le asegura con solemnidad.

No podía creerse que Circe hubiera aceptado tal cosa de buenas a primeras. Después de todo lo que había pasado entre ellas; que le considere una amiga en tan poco tiempo era la cosa más genial que le estuviera pasando ahora. Barbie era lo más bonito, divertido e interesante que hubiera tenido la oportunidad de disfrutar. Vamos, ese gracias del final le sacó una gran sonrisa.

Se acercó a la contraria y le besa la mejilla. —Gracias por ser mi amiga.

•• ★ ••

Alguien que estaba harta de fallar en tener un momento a solas contigo.– Se limitó a responder. Seguro ni siquiera le faltaba explicar que fue ella quién causó aquel desastre en clase. A pesar de que hubiera respondido la pregunta de la rubia sin pensar demasiado, agradeció no haber soltado el nombre de Santoni. No creía que Circe fuera a tomar acciones contra él. Pero sabiendo que Odiseo es quién imparte la clase, pensó en que la Prefecta de Slytherin haría algo para ponerlo en su lugar por atentar contra un Masbecth. Más valía hacerse responsable, después de todo, era la castaña quién ocasionó el caos.

•• ★ ••

Cumpleaños de Circe  
Cocinas de Hogwarts . ~• ★ Jueves 7mo Curso
25 de Febrero
16:10

Cuándo la vio sonreír, se sintió la persona mas afortunada de todas. Justo ahora era donde realmente estaba segura y plenamente consciente de que cada cosa que hizo éste día; valió la pena. No se arrepentía de nada y si tenía que asumir alguna responsabilidad por sus acciones la aceptaría con la mejor actitud. Porqué por ver a Circe de esta manera, sería capaz de hacer una locura comparada a la que realizó o incluso otra más desafiante.

Hacer feliz a las personas daba una alegría tan maravillosa. No es que tenga la certeza de que estaba haciendo feliz a Circe, pero... No hay palabras para definir lo contenta que la castaña se siente en este momento. Es increíble que todo éste sentimiento lo provoque alguien que hace no mucho tiempo atrás, solo le causaba malestar. Las cosas pueden cambiar de una manera tan drástica, que a veces cada nueva situación, por más insignificante que parezca, es realmente mágica.

Para mí tiene toda la gracia del mundo.– Comentó aún sonriendo mientras quitaba la nata del pastelito que quedaba sobre la mejilla ajena.

¡Circe!– Se queja al tiempo que frunce las cejas, ahora tenía el rostro embarrado de dulce, no es que le moleste realmente. —¡Hey!– Ahora la frente. —Esto ya se te fue de las manos...– Le dijo mientras se intenta quitar la nata evitando comprometer su cabello que precisamente lleva suelto.

Alza una ceja ante aquel ofrecimiento. —Depende...– Le dice acercándose, dejando sobre la mesa la corbata manchada con la nata del pastelito. —¿Me lo vas a poner de labial? Aunque... Pienso que me lo podrías estampar en la boca. No sé. Que eres peligrosa.– Le dice con cierta diversión. Pero lo cierto es que no se convence de aceptar. —Prueba tu primero. En todo caso es para ti...– Se muerde el labio. Pensó en qué negarse era un tanto descortés. —Mejor, deja que me lo como...– Acepta y un tato dudosa va a probar suerte confiando en la rubia. Si se lo estampaba en los labios, bien merecido se lo tenía por crédula.


•• ★ ••

Cumpleaños de Circe  
Cocinas de Hogwarts . ~• ★ Jueves 7mo Curso
25 de Febrero
16:15


Aún tienes nata...– Le dice. —No en la mejilla...– Le sostiene la mirada por un segundo. —Eres una boba...– Susurra y con un beso intenta borrar el rastro —casi inexistente — de nata, de los labios ajenos; solo por tentar aún más su suerte apresa el labio inferior de Circe entre sus dientes y tira un poco sin intensiones de querer soltarlo.

«Malditos labios de Circe que son tan provocativos...»

off: De ésta no sale sin bofetada, jurado(??)


Última edición por S. Ashanti Button el Jue Dic 14, 2017 9:19 pm, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Jue Dic 14, 2017 5:15 pm

De haber tenido voz y voto cuando tan solo era un bebé que pataleaba en su cuna con una rabieta digna de cualquier Masbecth, se hubiese negado a usar algo tan repulsivo como podían ser los pañales. Ya desde niña la rubia se negaba a realizar cualquier acción que pusiese en peligro su higiene como bien podían ser los pañales. Y, en aquel caso, como podía ser la nata cubriendo su rostro. Ese tacto pringoso en su piel. Ese olor que calaba de tal manera en las fosas nasales que parecía impensable deshacerse de él hasta que pasasen varios días y sus consiguientes duchas de agua caliente. No había sido siquiera una niña que jugase a hacer castillos en la arena, que hiciese figuras con el barro o acabase manchada de pintura para dedos hasta en las orejas. Ni mucho menos. No lo había sido de niña y tampoco lo sería durante su adolescencia. Por Merlín, si hasta era la primera en salir del campo de Quidditch para ducharse y quitar el sudor de su cuerpo antes de que el olor llegase tan hondo a su nariz que sintiese que ese leve aroma sería parte de su cuerpo – de una manera exagerada – el resto de su vida.

Pero no se molestó. Al menos no de la manera habitual que Circe Masbecth y su hostilidad lo haría.

- No empieces algo que no puedes ganar. – Dijo la rubia tras apartarse con el siguiente golpe de nata sobre el rostro ajeno.

Ella era el tipo de persona que empezaba bromas que no podía acabar. Pues si se volvían en su contra su rabieta era tal que daba media vuelta hecha un cúmulo de emociones negativas y se iba dando un portazo, aunque con él golpease en el rostro a quien se acercase. Circe era así, de un extremo a otro y normalmente apuntando hacia el lado más negativo posible.

- No creo que seas alguien a quien le guste pintarse los labios. – De ser una afirmación incorrecta había vivido engañada toda su vida, pues no recordaba haber visto a Ashanti arreglada de tal forma. – Encima que decido compartir contigo y me lo niegas. – Rodó los ojos fingiendo cierta ofensa, tomando ella misma el primer pedazo para atinarlo entre sus labios. El sabor era bueno, pero no sería algo que diría a los cuatro vientos dándole a la castaña las gracias por ello. Ya podía darse con un canto en los dientes con aquel agradecimiento no verbal en forma de sonrisas. Pues rara vez salían a flote.

Le tendió el pequeño  cupcake a Ashanti para que de un mordisco y, seguidamente, ella dio un segundo. No es que fuese gran amiga del dulce, pero en pequeñas dosis siempre venía bien. Además, ¿Acaso esperaba una tarta salada en su cumpleaños? ¿Si quiera existe tal cosa?

- ¿Dónde? – Ya no quedaba rastro del pastelito pero al parecer el rostro de la rubia aún guardaba algún resto de nata. Intentó quitárselo sin éxito, o al menos eso decía Ashanti. Pues no tardó en descubrir que, lo más probable, es que ni siquiera tuviese rastro alguno de nata en su rostro y aquello solo fuese una escusa para robarle un beso. Una vez más.

La rubia no se apartó a pesar de estar ya en sobre aviso de lo que vendría. Se mantuvo estática en su posición y, cuando llega el mordisco por parte de la castaña se apartó de un tirón. Frunció el ceño y miró a Ashanti con descaro.

- ¿Qué te dije de estas gilipolleces? Soy tu amiga, no un juguetito más como esas frescas que tanto te gustan. – Aquello lo decía más celosa que cualquier otra cosa. No quería ser una más para Ashanti. Además, a ella le gustaban los chicos, ¿No? Se supone que había sido así a lo largo de toda su vida y parecía sentirse reacia a dejar que aquello cambiase. A lo que había que sumarle la negativa de la rubia a tener cualquier tipo de relación sentimental o, simplemente, carnal. – Además, como sigas así alguna de  tus amiguitas se va a poner celosa de que andes comiéndole la boca a otra. – Y aquello no era más que una búsqueda de respuestas. Quería saber si había alguien más para Ashanti. Si la rubia no era más que otro entretenimiento sin valor  alguno, pues  ella se sentía como alguien único en el mundo para Ashanti. Con ella sentía que era especial, que su amistad – o aquello que tuviesen – era diferente a cualquier otra. Y no quería encontrarse con la verdad  de golpe, que esta le diese de lleno en el pecho al descubrir que no era más que una chica más en su lista.

Lunes, 29 de febrero, 22.30 horas
Alrededores del campo de Quidditch

Los entrenamientos de Slytherin se habían alargado más de lo previsto. Hacía ya algo más de media hora que pasaba la hora en la que ambas chicas habían quedado en los alrededores del terreno de juego y, cuando el resto de los jugadores volvió en dirección a sus dormitorios, la rubia se perdió entre los senderos secundarios más cercanos al bosque respecto al castillo en busca de Ashanti hasta que dio con ella.

Pasó sendas manos tras ella cubriendo sus  ojos en ellas dibujando una leve sonrisa al final.

- Los golpeadores querían practicar no se qué jugada y hemos tardado en terminar más de lo que pensaba. – Fue su disculpa antes de seguir caminando aún con el uniforme de Quidditch puesto. – Pensaba que te habrías ido con el estúpido de Grant y el resto de tus amigos unineuronales. – Dijo con tono divertido y burlón hasta dar con el tronco de un árbol que le permitió apoyarse en este, elevando una de sus piernas y clavando la suela sobre ella. – Mira. – Del bolsillo de su uniforme salió una pequeña snitch dorada que sobrevoló la zona, giró alrededor de Ashanti y, seguidamente, fue en dirección al bosque perdiéndose en la oscuridad. - ¿Pediste un deseo? Es como una estrella fugaz.
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S. Ashanti Button el Vie Dic 15, 2017 6:23 am

El cupcake estaba realmente bueno. No había errado después de todo en la elección de sabores. Y esperaba que a la contraria también le hubiera gustado. Claro qué, con tanta sonrisa, seguro que a ella también le agradaba. Le encantaba ésta situación. Estar con Circe y poder compartir. Bromear. Entrar en una pequeña lucha, que claro acaba por ganar la rubia, pues Ash no es alguien que le guste luchar. No con la rubia. Aunque había sus excepciones. Lo cierto es que ahora no tenía con qué contraatacar y no pensaba tirarle el pastelito, a pesar que Circe pensase diferente.

Pensó que le iban a dar un bofetón por lo que estaba haciendo, pero no. Aunque se confió demasiado. El encanto del beso, se rompió luego que la rubia se aleje tan de repente.

Alza una ceja al escuchar la queja. La actitud de la rubia le divierte. Hasta en cierto punto le hace gracia, pero no se atreve a reír, y aún así, le es inevitable sonreír. —¡Por Morgana! No todas me gustan... Algunas no son tan bonitas, pero besan...– Se muerde ligeramente el labio inferior. —Increíble.– Dice solo por joderle, aunque no estuviera mintiendo ¿Circe se sorprendería si le contase qué no había vuelto a pensar en nadie más? Que no le interesaba ninguna otra. Que sí, habían chicas que estaban muy buenas, sobre todo en su curso, pero aunque su mirada se pierda en otras faldas; cada que en su pecho se encendía aquella calidez que emanaba el collar, la ansiedad de verle y cruzar miradas —con Circe— era inmensa y cualquier otra se hacía menos, si Barbie estaba merodeando por allí. — En todo caso; a excepción de ahora... No he vuelto a besar a nadie desde la tarde... –  Hace una pequeñisima pausa. — Del veintitrés de enero.– Hace poco más de un mes solo había besado a Circe, aquél día en el invernadero.  —Vamos, no me crucies tanto. Me estoy portando cómo buena persona. Pero parece que la señorita Masbecth, solo puede verme besuqueando a medio colegio.– Se hace la ofendida a modo de broma.

No es tan fácil cómo piensas, sabes...– Y eso lo dice por la propia Circe, pues es ella a quién ha estado deseando besar desde hace semanas; cada noche antes de despedirse luego de estudiar o pasar un rato conversando. Que realmente le hacía mucha ilusión acercarse y decir: "Buenas noches, Barbie", después de haberle besado y dejarle partir a su sala común. Que fuese aquella acción, la última cosa que hiciera antes de ir a la cama y levantarse enérgica al día siguiente, a enfrentar un nuevo amanecer, sabiendo que se la cruzarían en los pasillos, las aulas o el baño y sus miradas iban a tener un significado diferente, aunque los demás pudieran ver más de lo mismo. En el fondo, ellas dos sabrían qué; pasa algo increíble entre ambas.

Hay chicas qué... Parecen casi inalcanzables. Por las que provoca hacer hasta lo imposible, por conseguir solo un roce de sus labios. Y a veces, aunque se pueda obtener más que eso. Aunque puedas robarle un beso. No hay certeza de que correspondan lo que sientes. Y es frustrante. Mucho.– Le explica. Se aleja un poco y se apoya en el borde de la mesa. —Igual no lo entenderías. Que eres hetero y a ustedes les encantan qué anden allí rogándole todo el rato. Y los hombres de masoquistas persiguiéndolas. No lo comprendo.– Le dice intentando quitarle importancia al beso de hace un momento. Y es que lo llevaba claro. Aunque le guste Circe y le pueda robar algún beso, no cambiaría el hecho de que fuese Heterosexual ¿Cierto? O bueno, ¿Era posible qué Ashanti Button, le guste a Circe Masbecth? "No, seguro que no. Yo solo estaría 'con suerte', encabezando su lista de la FriendZone."

•• ★ ••

 Alrededores del campo de Quidditch Hogwarts. ~• ★ Lunes. 7mo Curso
29 de Febrero
22:30

Estaba sentada en una roca plana; leyendo aquél diario que hubiera encontrado una vez, en aquella sección de la biblioteca dónde se había quedado atrapada con Circe. Desde que lo hubiera encontrado no le había prestado atención sino desde hace tres noches. Tenía que ocupar su mente en algo más que no fuera los exámenes o Barbie. Lo cierto es que había descubierto que las páginas de aquél texto estaban encantadas, había logrado encontrar un hechizo que pudiese revelar la escritura que habían en las cinco primeras páginas, pero estaba escrito en Latín y la verdad era lo único que había logrado descifrar por el momento.

Sobre sus piernas, el pequeño erizo —hecho una bolita—, dormía, cubierto por el lado grueso de la corbata de la Prefecta de Slytherin. Que seguramente estuviera por terminar su práctica. Aunque en todo caso, tan concentrada estaba Ash, en su intento de descifrar el contenido del diario, que ni se había fijado en la hora. De la nada sonríe. Sabe que Circe esta por aparecer en cualquier momento. Pero aun así no deja de leer. Le cubren los ojos y automáticamente lleva una de sus manos hasta las manos ajenas. Acariciando suavemente los dedos ajenos con los propios. Sabe que es la rubia y no necesita preguntar, porqué algo en su pecho le confirmaba tal verdad. No se lo dijo al final. No quiso decirle a Circe que aquél obsequio que le había dado, era capaz de ponerle sobre aviso, cuándo la rubia estaba cerca. Quizás era mejor mantenerlo así. Al menos por ahora.

No importa. Estaba algo entretenida.– Menciona cerrando el libro.

El pequeño erizo se despierta al escuchar la voz de la rubia he intenta saltar del regazo de Ash, para ir hasta la guardiana de Slytherin. —Cuidado. Vas a caerte.– Le dice al pequeño y se levanta de su asiento para ir hasta la contraria y le tiende al animalillo. —Solo dile algo para que se tranquilice. Te quiere más que a mí... Y ni lo cuidas.– Se queja la castaña mientras observa al mamífero con una mirada reprochadora.

No seas mala. Yo no me meto con los tus idiotas aduladores. Ni digo cosas feas del acosador de Howells.– Comenta también divertida. —Además. Los chicos creen que salgo con alguien a sus espaldas. Me pregunto con quién piensan que lo hago...– Dice un tanto meditabunda. Le era gracioso pensar en qué Grant, Thomas y Santoni, puedan creer que Ash estaba saliendo con una chica y no les quería decir. Pero para ser sincera no salia con nadie —¿Acaso pasar las noches con Circe era un sinónimo de ello? No podia dar nada por hecho con la rubia.—, quiso explicarles, pero ellos no quisieron escuchar fingiendo estar ofendidos. No es que estuviera peleada con ellos, sino que estos se sienten un tanto desplazados. Seguro se les pasaba en la mañana.

¿Qué?– Pregunta al ver con atención lo que sale del bolsillo de su uniforme. Se queda observando la vestimenta de la contraria " Tendré que pensarme en asistir más seguido a los juegos." La verdad es que a Ash, le daba igual el quidditch; las escobas, la altura y la agitación propia del juego, no era lo suyo. Pero no se podía negar que los uniforme les sentaban bien. Bueno, le gusta mucho cómo se ve en Circe. Pero los uniformes en general le parecen odiosos.

Sonríe al ver la pequeña pelotita volar a su alrededor. "Un deseo..." Mientras miraba a la esfera dorada perderse en el bosque, asiente con la cabeza ante la pregunta de la rubia. —Pero supongo que el cielo tendría que caerse a pedazos, para que se cumpla lo que pedí.– Comenta al tiempo que estira la mano y aparta un mechón de cabello del rostro ajeno y aprovecha para acariciar el borde de la mandíbula de la rubia, hasta que su dedo índice acaba sobre el mentón contrario y aleja la mano.

Jugarás contra Gryffindor en tres días ¿No?...– Pregunta. Nunca había estado tan atenta al quidditch, cómo lo estaba últimamente, solo porqué las serpientes —Circe— jugarían contra su casa. —Estaba pensando darte un premio de consolación luego de la derrota.– Le fastidia un poco. —Aunque si quisieras algo en especifico... Es la hora de pedirlo.

Se muerde el labio mientras piensa algo. —Casi lo olvido...– Comenta cómo quien recién recuerda algo. Se acerca más y le deja un beso —sobre el mentón — rozando ligeramente su labio inferior. —¡Hola!– Susurra animada a modo de saludo.

¿Quieres dar una vuelta por el lago?
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 15, 2017 9:44 am

¿Podía decir que eran celos? No exactamente. Pero sí algo parecido a ellos y posiblemente la palabra más acertada para definir lo que sentía en aquellos momentos si fuesen los celos. Aunque no fuesen como tal. Pero eran algo parecido al fin y al cabo. Pues no quería que Ashanti tratase a otras personas como la trataba a ella; no quería que Ashanti hiciese sentir a otras personas como se sentía ella. Con Ashanti se sentía especial, como si verdaderamente mereciese la pena por encima de su capa de de maldad, comentarios hirientes y golpes bajos. Como si la parte más humana también mereciese cierta admiración por parte del resto.

- No lo estás arreglando. – Frunció el ceño. Sí, realmente estaba celosa de que pudiese besar a otras. Si era sincera, estaba celosa hasta de las chicas a las que habría besado antes que a ella. De esas estúpidas con las que se pasaba el día comiéndose la boca. Sí, las odiaba a todas y cada una de ellas, de la primera a la última. Y odiaba a Ashanti por besarlas. Y se odiaba a sí misma por sentir celos. Era un bucle infinito. La pescadilla que se muerde la cola. – Sí, venga, ¿A quién intentas engañar? – No quería creer sus propias palabras. – Seguro que tuviste una romántica cita en San Valentín y por eso estuviste tan ocupada ese día. – Circe ni siquiera celebraba aquella estúpida fecha pero al llegar era más que evidente de qué  se trataba. Por  mucho que no le agradase, era consciente de cuando llegaba el catorce de febrero. Y no sólo porque las hormonas en Hogwarts pareciesen aún más revolucionadas de lo normal. – Teniendo en cuenta que es lo que he visto durante todos estos años… Sí. – Admitió con tranquilidad encogiéndose de hombros. Como si no le importase.

Ashanti hacía que se plantease todo. Su día a día y el  día  que aún estaba por venir. Ponía el mundo patas arriba y podría decir que lo hacía sin darse cuenta, pero tenía claro que lo hacía de manera premeditada. No hacía mucho tiempo que había dejado atrás las inseguridades. El miedo a que todo aquello fuese un juego pero aún así sentía que aquella amistad podía deshacerse en cualquier momento como un copo de nieve ante el calor del sol. Y no quería. Protegería aquel copo si era preciso.

- Claro. – Afirma falsamente. – Es que la sexualidad de las personas es algo que las hace tan únicas y diferentes. – Ironizó. – Porque no olvidemos que todas las lesbianas son como tíos pero sin pene. Que todos los gays van por ahí poniendo el culo y todos los heterosexuales tienen suerte en el amor. – Marcó cada palabra con más ironía que la anterior antes de soltar una risa irónica. – No te niego que los tíos sean gilipollas. Pero eso a veces es peor que cualquier cosa, te lo aseguro. – Y ella se llevaba el premio gordo en haber conocido tíos gilipollas. – Además, ¿Quién te dice a ti que soy heterosexual? – Toda la vida había sentido que lo era. Nunca había sentido atracción hacia el mismo sexo, pero eso era algo relativo pues a fin de cuentas cada persona es un mundo. – Soy asexual, y orgullosa de ello. – Dijo de manera divertida.

La vida le había dado tantos palos que había preferido situarse fuera del conocido como mercado. Había preferido vivir sin pensar en relaciones  sentimentales, carnales o de cualquier otro tipo. Las personas en sí eran algo que no le agradaba y a cada día que pasaba  ese sentimiento se acrecentaba. Pero con Ashanti… Ashanti era diferente.

- Anda, come. – Volvió a tenderle lo poco que ya quedaba del cupcake.

* * *

Lunes, 29 de febrero, 22.30 horas
Alrededores del campo de Quidditch

Para Circe – quien veía a aquel erizo sólo cuando Ashanti estaba cerca y lo portaba entre sus pertenencias – aquel animalito debía ser igual  con todo el mundo. Lo imaginaba saltando del regazo de la chica para acercarse hasta a los desconocidos. Aunque no fuese así.

- Que feo eres, bicho. – Le dijo arqueando sendas cejas en dirección a Ashanti antes de sonreír. El erizo al escuchar la voz de Circe se tranquilizó y volvió a estarse quieto sobre las manos de la chica pero al escuchar la risa de Circe volvió a ponerse nervioso. - ¿No has pensado ir a que lo miren? A lo mejor algo va mal en su cabeza. - ¿Un erizo podía estar loco?

Las amistades de la una y la otra no congeniaban. Ni ellas mismas lo harían con el grupo de la otra, eso era algo evidente.

- ¿Cómo que acosador de Howells? Mejor refiérete a él como el pobre chico al que cuido para que no se mate intentando respirar y andar al mismo tiempo. – Aclaró la rubia. No es que no sintiese cierto aprecio hacia su propio mejor amigo, pero debía admitir que no se caracterizaba precisamente por su inteligencia. - ¿Y sales con alguien a sus espaldas? –Preguntó mientras se acercaba hasta el árbol más cercano para apoyarse en él.

En el siguiente entrenamiento de Quidditch podría llevarse una buena represalia por haber robado la Snitch, si es que alguien se enteraba que había sido ella. Pero no era así. Nadie pensaría que Circe, precisamente, había robado aquella pelotita dorda.

- ¿Bromeas? Ese partido está ganado. A lo mejor eres tú la que debería ir pensando en su premio de consolación. – Siempre confiaba en que su equipo ganase, aunque la victoria en la mayor parte de los casos estuviese condicionada porque la imbécil de  Forman cogiese la snitch dorada.

Negó con la cabeza ante el saludo de Ashanti. Una sonrisa se dibujó en sus labios casi de manera instantánea e intentó ponerse seria para que Ashanti no lo notase. Porque le agradaba, realmente lo hacía.

- Claro. – Dijo antes de comenzar a avanzar en dirección a este. – Los de las clases de apoyo tienen examen este viernes. Me encontré a Oliver esta mañana y me dijo que si podíamos ayudarles el resto de la semana. Le dije que hablaría contigo así que… Estoy hablando contigo. – Explicó sin demasiado interés en aquel grupo de alumnos a los que ayudaban con clases extraordinarias por obligación de uno de los profesores del colegio. – Ah, y otra cosa. – Frenó en seco y miró a Ashanti de manera divertida antes de unir sus labios apenas por dos segundos y llevarse consigo el labio de la contraria entre sus dientes. Sonrió con la mirada aún con los labios ajenos agarrados y los soltó de golpe. – Te la debía. – Y acto seguido,  aceleró el paso rompiendo a correr por el bosque en dirección al lago.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

S. Ashanti Button el Dom Dic 17, 2017 6:39 am

Sonríe. "Cómo no te beso ahora mismo para confirmarte que justo ahora no me importa ninguna otra; más que tú." Pensó observando a la rubia fijamente. La idea de tener a Circe celosa se le hace muy encantadora, más cuando la tiene tan a la defensiva. Le escucha y apoya las manos en la mesa que tiene a su espalda. —No estaba intentando arreglarlo, Barbie. y mucho menos te engaño. Solo te digo la verdad.– Se aparta el cabello del rostro, no puede evitar tener esa sonrisita pícara dibujada en los labios; por lo que se muerde el inferior, para intentar borrar la expresión de picardía. —Vale, mi comportamiento me condena. Pero, actualmente no voy por allí besando a la primera que me parece linda.– Explica. —Y para tu información, Masbecth. No tuve ninguna cita en San Valentín. Aunque... Me hubiera gustado tener una, sí. Solo que dudé demasiado sobre si mi posible Valentín, aceptaría o no la invitación, en realidad di por hecho que no lo haría, porqué estuve evitandole. Además que ella seguramente hubiera preferido salir con algún idiota descerebrado, de esos qué, lo único interesante que tienen es el apellido de su familia por lo dificil que es pronunciarlo ¿O me equivoco?– Quería saberlo. Tocarle las narices lo suficiente a la rubia para averiguar si hubiera salido con al quien aquel día.

Vale, vale. Lo siento.– Dice con diversión. —Barbie me lastima con tanta ironía.– Sonríe. Alza una ceja al saber aquello. —Vaya que fuerte... ¿Estás jugando con mi mente?– Dijo fingiendo sorpresa. Más en el fondo le daba un poco de temor que Circe realmente sea asexual.

Aquella incomoda sensación de temor se disipa pronto al ver que la rubia le ofrece de su pastelito. Sonreí. Se le hace tan linda que estaba dudando comer el cupcake, para comerle los labios a ella. Pero finalmente decide por el dulce. Que es adorable cuándo comparte.

«Es inevitable que me gustes; si  con esos gestos te ves tan hermosa...»

 Alrededores del campo de Quidditch
Hogwarts. ~• ★ Lunes. 7mo Curso
29 de Febrero
22:55

En ese caso tendría que llevarte a ti también. Pues seguro eres la causa de lo que va mal.– Comenta con una media sonrisa. —Dale un besito. Seguro es lo que quiere.– Dice solo por joder. Pero en el todo caso, Circe se andaba muy animado cuándo la rubia está cerca. La castaña se dijo que si un día se lo llevaba a clase y lo soltaba, seguro iría a parar al pupitre de Barbie. Tenía ganas de probar esa teoría, pero lo deja de lado por ahora.

A veces le daba un poco de pena meterse con Ian, pues Circe llegaba a ser mucho más malvada de lo que Ash pretendía ser. Solo ríe por lo bajo. La pregunta la toma con la guardia baja. Se muerde el labio inferior al tiempo que se piensa la respuesta. —Pues... Si pasar tiempo contigo; es sinónimo de 'salir con alguien'. Entonces yo salgo con Circe Masbecth.– Vamos, decir aquello hasta causo impresión en si misma. Pero al mismo tiempo le gustó y mucho.  "Ash, pisa tierra. Eso no es posible ¿Ok?" Se recuerda y la emoción se dispersa un poco.

Una sonrisa de sorpresa se le dibuja en el rostro. No puede creer que Circe estuviera hablando en serio ¿Le iba a dar un obsequio si Gryffindor pierde? Eso si que es una gran novedad. No imaginaba que la rubia podía ir por la vida siendo tan 'amable'. Entonces comienza a creer que posiblemente, sea un tanto más especial para la Prefecta de Slytherin, de lo que ésta última es capaz de admitir. —Sé que los leones van a ganar. Tienen al mejor cazador de todo el colegio.– Grant. Pero no se atreve ni a mencionarlo. —Aún atrapando la  pelotita dorada, no podrían ganar.– Asegura, pero solo por molestar. Sabe que Circe es una hábil guardiana, pues el mismo Vincent lo ha aceptado. —Pero... Digamos que ustedes ganan... En ese caso, lo único que me haría sentir mejor sería...– Se lo piensa mínimamente. —Conocer la habitación de la guardiana de Slytherin.– Comenta divertida. —Aún puedes pedir algo. Mira que soy buena y te dejo elegir.– Le invita nuevamente a pedir algo.

Comienza a caminar cuidando que el pequeño erizo vaya cómodo en su mano y con la mano libre se lleva la mochila al hombro. —Por mí está bien. Tengo varías horas libres en la semana. Sería cuestión de buscar que horas son las más convenientes para ellos. Tendré que pedir un horario; porque me parece que les movieron algunas materias. Pero no estoy segura. La verdad me estaba quedando dormida mientras el director mencionaba algo relacionado con es...– La palabra queda inconclusa en sus labios pues tiene que frenar de momento su avance al tener en frente a la rubia.

¿Qué cosa?– Pregunta en un susurro. Cuándo estuvo por corresponder aquel mínimo beso, la contraria solo aprovecha para morder y aquello le roba un pequeño suspiro a la castaña. ¡¿Pero qué hace?! ¡Merlín! ¿Cómo fue tan cruel de dejarle así? ¡No! Automáticamente  corre tras la contraria para seguirla, evitando que el pequeño animalillo entre sus manos no vaya a parar al suelo.

•• ★ ••

Al entrar en los terrenos del lago, suelta la mochila en el suelo y deja a Circe sobre la misma y va dónde la rubia. La coge de la cintura y  evita que se le pueda escapar. —No fue justo...– Se queja para luego respirar hondo e ir normalizando sus latidos. —Además mordiste fuerte... Mira.– Hace un pucherito pequeño. Pero no había daño alguno, solo fue un intento de distracción para robarle un pequeño beso y seguido le muerde. —Gryffindor, veinte; Slytherin, diez.

•• ★ ••

 Aula de DCAO
Día del partido. ~• ★ Jueves. 7mo Curso
3 de Marzo
14:30

Un grupo de chicos del segundo año estaba reunido en el aula para ponerse al día y estar en su ultimo día de preparaduría, antes de su examen de mañana. Sin embargo, cada que hay un partido la mayoría en el castillo anda demasiado atento a las expectativas del juego que a cualquier otra cosa. Además cada que los Leones y las Serpientes se enfrentaban era un suceso casi épico.  Hasta la castaña estaba emocionada, aunque no precisamente por el juego, sino por el resultado del mismo, de ello dependía ir a conocer la habitación de Circe y para ello tenían que perder, pero la verdad no quiere; pues ganar significa poder fastidiar a la rubia por un buen rato.

En fin, debía mantener la atención en la clase. Aunque es inevitable quedarse observando a Circe, admirando la manera en cómo se desenvuelve y explica las cosas. Pues causa admiración. Por la seriedad que emplea. Por el tono de su voz. Por lo clara y precisa que es. Suspira cuál idiota, mientras al igual que los menores, esta observando a la rubia que esta impartiendo la lección.

La Gryffindor, es más del tipo que recurre a los ejemplos que se pueden encontrar en la vida diaria  y suelen causar gracia y  provoca alguna que otra carcajada en más de uno, por lo desvergonzada que suele ser al hablar de cualquier tema. Si alguna vez Ash decidiera ser docente, sería aquella que no teme hacerse más amiga de los alumnos que una persona de autoridad en el aula. Sin embargo... —¡Hey! Ustedes dos.– Le llama la atención a un Ravenclaw y una Slytherin que estaban hablando cuál cotorras. —Le pueden pedir mil autógrafos a la guardiana de Slytherin luego ¿Vale? Igual tienen cinco puntos menos.– No tiene ni idea de que hablaban ese par, pero siendo que el partido era el tema del momento, trajo a colación a Circe, por estar involucrada en ello. Los murmullos y las quejas de Ravenclaw no se hacen esperar, pues no hay casa más competitiva que esa cuándo se trata de ganar puntos, y el perderlos era cómo abofetearles.

Poco despues, cuando Circe volvio a tomar la batuta para dirigir la clase. Ash estaba junto a la mesa de un chico de Hufflepuff qué, no había comprendido muy bien lo que antes las jóvenes de séptimo curso hubieran explicado. Sin embargo ahora si parecía estar cogiendo el ritmo. La castaña sonríe y le alborota el cabello. —Muy bien ¿Ves que era fácil? Solo tienes que intentar soltarte un poco más ¿Vale? No puedes forzar el conjuro o te vas a bloquear. Recuerda estudiar también la teoría. Mientras más sepas del hechizo, más fácil te será comprenderlo. Lo demás es cuestión de práctica y pronunciación.– Le anima para que no se sienta mal. —Ya puedes guardar tus cosas. Creo la prefecta Masbecth está por acabar y podrán irse.–  

La castaña fue hasta el escritorio del profesor para ir por su propia mochila; quería constatar que no hubiera dejado en la habitación, algo que tenía que entregarle a Circe...

Cuándo el aula estaba sola y solo quedaban las chicas en la misma; la castaña se coloca la mochila —aunque antes ha sacado el 'regalo' de Circe.— y se acerca a su compañera de curso. Se para gente a la rubia con las manos tras la espalda. Se inclina y le deja un pequeño beso en la punta de la nariz. —¡Hola!– No había tenido tiempo de verla en la mañana y realmente no se podía esperar a la noche para saludarle. —Ten... Mi lechuza trajo algo para ti.– Le muestra lo que trae escondido. Era un paquete de chuches saladas.

Mira el Reloj. Quedaba exactamente media hora para que comience el partido. —¿Debería darte un beso de la suerte?– Sonríe. —No, corrección. De 'mala suerte'... Que no van a ganar.– Asegura.

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Circe A. Masbecth el Dom Dic 17, 2017 10:26 am

Circe no dudaba en las capacidades de Slytherin para ganar. Por el momento, habían ganado su primer momento contra Gryffindor gracias al papel de la buscadora de Slytherin, por mucho que a Circe le costase admitirlo y tachar a la rubia como alguien competentes sobre la escoba. El resto de partidos jugados también los habían ganado y apenas les quedaba enfrentarse a Hufflepuff y a Gryffindor una vez más para convertirse en los ganadores aquel año.

- Hablaré con la guardiana de Slytherin para convencerla. Será complicado que acceda así que… No prometo nada. – Afirmó frunciendo el ceño aún a sabiendas cuál sería la respuesta de la guardiana de su equipo, ya que era ella misma quien ostentaba ese puesto. En caso de que Gryffindor perdiese, sería complicado lograr que Ashanti entrase, simplemente, a la Sala Común de Slytherin pero si lo planeaban bien era posible que nadie tuviese porque darse cuenta de lo que estaba sucediendo. - ¿Sí? Pues… Yo quiero entrar a la Sala Común de Gryffindor. – Dijo siendo totalmente directa. -  Y puede que quiera ver la habitación de la Premio Anual. – Elevó ambas cejas, sería divertido ver aquello y, hasta con un poco de suerte, hacerle algún destrozo a Grant en su habitación.

Si era sincera, aquellas clases de apoyo que ambas se habían visto obligadas a dar a los alumnos de cursos inferiores estaban resultado ser mejor de lo que esperaba. No sólo porque eso engordaba sin mucho esfuerzo su propia nota final de la asignatura sino también porque aquello le permitía pasar un tiempo en compañía de Ashanti de una manera diferente. No era como en clase donde debían fingir odiarse tal y como habían hecho durante los años previos. Y tampoco eran como las noches como aquella donde, clandestinamente, acordaban verse. Era un término medio, pues no se trataban como las mejores amigas del mundo pero sí con más respeto y contacto que en cualquier otra clase convencional.

Sin previo aviso frenó en seco, enlazando sus labios por una fracción de segundo antes de envolver los labios ajenos entre sus dientes con cierta fuerza. Incluso buscaba causar un poco de dolor a la castaña solo por ver su reacción. Pues Circe era simplemente así. Alguien que buscaba la acción y la reacción. Alguien que actuaba en muchas ocasiones únicamente para encontrar el límite ajeno. Su capacidad para cruzar o no la línea de lo posible.

Se alejó corriendo en cuanto soltó los labios de la castaña ya temiéndose las represalias a sus propias acciones. Acción y reacción, posiblemente nadie mejor que ella se entendiese con aquellas dos palabras. Se alejó cuanto pudo siendo esto insuficiente, ya que Ashanti no tardó en dar con ella. No había mucho margen para alejarse y tampoco es que fuese una competición para ver quién recorre el diámetro del lago en el menor tiempo posible. No. Incluso sus pasos frenaron casi de manera inconsciente para ver qué sucedía cuando Ashanti daba con ella.

Las manos ajenas sobre su cintura le hicieron sentir un leve escalofrío, como si la brisa hubiese aumentado a medida que se acercaba hasta la zona del lago. Sonreía mirando a Ashanti cuando sus labios volvieron a unirse para ser ella en aquella ocasión la que se lleva el mordisco.

- ¡Eh! – Se quejó sin alejarse lo más mínimo de la chica, con cara de pocos amigos y con ambos cuerpos separados por apenas centímetros de ropa de abrigo o, en el caso de Circe, el uniforme de Slytherin y una sudadera gruesa con el logo de su propia casa. - Slytherin siempre quedará por encima de Gryffindor. – Elevó sus brazos tras la cabeza de Ashanti, colocándolos sobre sus hombros y enlazando sus manos levemente tras el cuello de la chica. Acortó la distancia entre sus rostros haciéndola casi inexistente siendo esta vez ella la que iniciase el beso y, contrariamente a las veces anteriores, sin alejarse para morder los labios ajenos. Alargó el beso durante lo que, para Circe, resultó ser un mundo. Una eternidad que al mismo tiempo parecía una fracción de segundo. Sin decir nada, separó sus labios de los de la chica y bajó sus manos, como si nada hubiese sucedido.

- ¿Tú eres de las que cree en la historia del calamar gigante? – Preguntó colocándose en cuclillas cerca del lago y moviendo el agua como si se tratase de una poción con ayuda de un simple palo  recogido del suelo.

Jueves, 3 de marzo, 14.30 horas.
Aula de DCAO.

- No, si quieres que surta efecto el giro de la muñeca tiene que ser más suave. – Sujetó la muñeca del chico colocándose a su espalda y apoyando su pecho contra él, notando como aquello ponía nervioso al chico de su propia casa. – Bien, ahora deja que mueva tu mano. – No le agradaba demasiado el contacto humano como aquel pero a veces era la mejor solución si querías enseñar un hechizo. Además, esa aversión que durante meses había estado sintiendo hacia el más mínimo contacto humano comenzaba a disiparse, como si poco a poco hubiese ido superando uno de los fantasmas de su pasado. Y así había sido y, aunque no lo admitiría en voz alta, era todo gracias a Ashanti, a quién ahora miraba con una leve sonrisa desde la distancia mientras quitaba puntos  a unos alumnos de Ravenclaw.

- ¿Circe? – La voz del Slytherin la sacó de su ensimismamiento.

- Sí, ahora giramos levemente a la derecha, como si dibujásemos la letra “c”. – Hizo el movimiento guiando la muñeca ajena. Lo repitió una segunda y una tercera vez. – Inténtalo tú. – No soltó su muñeca, sino que dejó que este hiciese el movimiento aún cuando su mano seguía sobre la suya. – Más suave, no lo fuerces.

El semicírculo que formaba la “c” fue casi perfecto.

- Sigue practicando el giro de muñeca y, cuando lo tengas, inténtalo contra el muñeco. – Señaló un pelele de te trapo que había situado en mitad de la habitación, esperando recibir el golpe de cualquiera de los hechizos que ahí practicaban los alumnos.

Los alumnos se marcharon a todo correr para ir a prepararse para ver el partido. Por su parte, Circe ya iba justa de tiempo a causa de aquella clase extra y ya iba a salir corriendo en dirección a los vestuarios del campo de Quidditch cuando Ashanti frenó su intento de huida.

No dio las gracias, rara vez lo hacía. Cogió la bolsa entre sus manos y le devolvió el beso a Ashanti, esta vez en la mejilla. Podía estar agradecida porque Circe tirase por tierra lo que tanto tiempo le había costado construir. Que se dejase llevar y deshiciese la barrera a lo físico que había ido creando.

- Deberías asumir que vais a perder. – Sentenció con una sonrisa torcida antes de salir de ahí y dejar a Ashanti con la palabra en los labios.

Sábado, 12 de marzo, 18.45 horas
Habitación de Circe

El árbitro pitó el final del partido cuando la buscadora de Slytherin se hizo con la Snitch dorada. El partido había estado muy igualado y había durado casi cinco horas, lo que a Circe se le hizo insoportable y dudaba que pudiese más con el cansancio. Había buscado a Ashanti con la mirada en las gradas pero no había dado con ella debido a la gran cantidad de gente  pero no había dudado en, las rondas de la semana, hablar con ella para llevar a cabo ese famoso premio de consolación que la Slytherin daría a la Gryffindor por haber perdido.

- Venga, rápido. – En la Sala Común de Slytherin tan sólo había un alumno de primer curso que dormía sobre un libro de pociones pues el resto había salido a Hogsmeade y, aquellos que no podían, no se encontraban en la Sala Común a aquella hora del día, sino disfrutando del buen día que en aquellos momentos les brindaba el mes de marzo. Algo raro teniendo en cuenta las lluvias a las que se habían tenido que ir acostumbrando.

Pasaron por la Sala Común sin despertar al niño y entraron en la habitación de las chicas de Slytherin casi corriendo. Circe sentía el corazón en el puño y no precisamente porque se le fuese a caer el pelo si alguien descubría que había dejado entrar a una Gryffindor a su Sala Común, sino porque era precisamente Ashanti Button. ¿Cómo podía justificar aquello?

- ¿Contenta? – Cerró la puerta tras de sí y se apoyó en ella para respirar hondo. Habían entrado sin ser vistas, era un primer paso aún cuando sólo había un único alumno (y, encima, dormido). – La de la derecha es la mía. – Señaló en dirección a su propia cama, con los colores de Slytherin decorando todo, un baúl en la parte delantera y dos mesillas a cada lado. Igual que las del resto de casas, con la diferencia de los colores y que, sobre la mesilla, había una foto de Circe con sus hermanos al lado de un peine y una caja de música con pequeños objetos en su interior. Incluida la corbata de la Gryffindor, la cual no estaba en el baúl como había pensado Circe todo este tiempo. – Si quieres destrozar alguna, esta de aquí es de Lluna. – Señaló la más cercana a la puerta antes de avanzar en dirección a su propia cama y sentarse en un lado, subiendo las piernas para sentarse a modo de indio sobre el colchón.



Última edición por Circe A. Masbecth el Dom Dic 17, 2017 10:40 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Dom Dic 17, 2017 10:26 am

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S. Ashanti Button el Mar Dic 19, 2017 10:15 am

 El Lago Negro
Hogwarts. ~• ★ Lunes. 7mo Curso
29 de Febrero
23:19

Sonríe. —Sabes... Creo que solo por ésta vez...– Susurra al tiempo que la contraria le rodea con los brazos. —Estoy de acuerdo contigo.– Y eso solo lo decía por el hecho de que la rubia sea la que le rodee el cuello y ella la cintura. Igual solo fue un murmuro, para luego corresponder lo que sería el beso que lo cambiaría todo en su corta vida.

Hay momentos que son trascendentales en la existencia humana y no tienen que ser extraordinarios para que causen gran impacto —al menos no para Ash—, y aún así, un beso de la bombón de Circe Masbecth, era algo de otro mundo. Y es que siendo la rubia, una de las chicas más hermosas y populares del último curso de Hogwarts. Estar con ella era cómo ganarse la lotería, una qué Button, nunca hubiera pensado que ganaría. Si antes hubieron besos que le fueron increíbles; el de Barbie, era fuera de este mundo; y es que era la primera vez que entregaba más que solo los labios en un encuentro cómo éste, porqué Circe no es una chica más en su vida. Lo que sentía por la rubia pasaba el mero hecho de lo físico, iba más allá de lo carnal; se trataba de la entrega de sentimientos con el solo contacto de sus labios.

Se acarició suavemente los labios con dos dedos, luego que el beso acabó. Lo qué le pareció una fracción de segundo. Fue demasiado poco. "Diablos, Circe ¿Cómo lo haces?" Pensó con una pequeña sonrisa que adornaba su rostro. Era increíble lo que un beso podía causar y había tanta emoción y felicidad dentro de su cuerpo qué, andaría eufórica toda la noche sin poder dormir si quiera. Observó a la rubia a orillas del lago, jugando con un palito. Siendo sincera eso le pareció lindo.

Se agachó junto a la rubia al escuchar aquella pregunta. —No sé; pero siento que estar agachada aquí; va a ser un problema.– Lo dice porqué tiene la sensación de que Circe le va a mojar. Más sin embargo trata de sacarse la idea de la cabeza y se limita a responder la pregunta, al tiempo que le aparta un mechón de cabello del rostro, a Barbie, llevándolo tras la oreja izquierda ajena. —La verdad no creo... Pero hay tantas cosas en este lago; al menos he leído tantas cosas sobre las posibles criaturas que lo habitan qué; no descarto la posibilidad de que exista. ¿Quieres entrar y averiguarlo?– Preguntó buscando la mirada ajena.

•• ★ ••

 Campo de Quidditch
Día del partido. ~• ★ Jueves. 7mo Curso
3 de Marzo
19:07

Tranquila, estoy seguro que vamos a ganar... ¿Estás mareada o algo?— Dijo Thomas al tiempo un tanto preocupado.

Ash estaba muerta del susto. Negó con la cabeza a la pregunta de su compañero, al cuál le tenía tomado de la mano, una manera de no sentirse tan aterrada en las gradas gracias a la altura. El partido está tan reñido que nadie estaba seguro quién podría ganar realmente. Cada jugador estaba poniendo todo su empeño; en especial Gryffindor, que ya había perdido un partido contra las serpientes. Las gradas estaban eufóricas, los alumnos gritaban y animaban a los competidores.

Ash nunca fue dada a ver los partidos, quizás si hubiera asistido a dos en su años previos, y solo para ver a Grant jugar y apoyarlo junto a Thomas, seguido volvió para ver a Santoni en su primer partido y nunca más volvió... Hasta ahora. Tenía tantas ganas de ir a ver a la rubia qué, no se podía perder eso, aún cuándo estar a tal altura —en las gradas— le cause mareos, aunque la cosa no era tan mala si evitaba poner su mirada en el césped del campo.

No podía evitar saltar de su asiento y celebrar con cada atrapada de la rubia y rápidamente tenía que disimular ante Thomas y el resto de leones a su lado, la emoción y disfrazarla de frustración. Pero no podía negar que adora ver a la Guardiana de Slytherin. Igual tenía sentimientos encontrados porqué Vincent estaba haciendo su mejor esfuerzo. Pasaba igual cuándo los melenudos anotaban un tanto, se mordía el labio pensando en lo linda que se ve la rubia un molesta por no evitar que la Quaffle atraviese sus aros; nunca un juego le fue tan entretenido y frustrante a partes iguales, porque apoyar a su casa era lo correcto, pero... La rubia estaba en el equipo opuesto y también necesitaba apoyarla.

Al final, acabó ganando Slytherin. Con la cantidad de personas moviéndose en las gradas le fue difícil cruzar miradas con la rubia. Ash estaba feliz por Circe. Y la verdad habría deseado correr a la carpa de las serpientes para ir a felicitarla, comerla a besos y asegurarse que se encuentre bien, pues sabe de sobra que el Quidditch es un deporte de cuidado. Sin embargo terminó por meterse a la carpa de los leones a ver cómo estaban los chicos y felicitarles por su trabajo.

•• ★ ••

 Sala común de Slytherin
Habitación de Circe. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
12 de Marzo
18:57

Observó de reojo a la rubia que estaba justo ahora recostada contra la puerta. —Muy contenta.– Dice con diversión mientras observa atenta su alrededor. Se fija en el lugar de la rubia y va directo a curiosear la mesa de noche con la fotografía y demás objetos. Se agacha para observar con detenimiento. Abre la caja de música que no tarda en dejar escuchar una suave melodía, sonríe al ver la corbata. Iba hacer un comentario sobre ello, pero Circe habla antes y vuelve a cerrar la caja para ponerse en pie.

"La cama de Lluna" ... La castaña hubiera dado una fortuna en galeones quien fuera —de la casa de las serpientes— y le ayudase a entrar a la Sala Común de Slytherin, para tener la oportunidad que ahora tenía. —En tercer año habría movido un continente por venir a ésta habitación...– Siempre —al menos lo que duró el primer semestre de tercer año— quiso venir a dejarle una caja de bombones con amortentia a Forman. Y ahora le parecía una idea tan idiota. —Solía admirar a Lluna.– Comenta intentando no darle demasiada importancia. — No podría destrozar su cama, aunque hubiera atrapado la Snitch. – No, no iba a destrozar las pertenencias de nadie. Solo había ido por el deseo de estar en la misma habitación dónde cada noche la rubia venía a descansar.

Caminó un poco por el lugar y seguido volvió junto a la rubia.  —Creo que no te felicité por haber obtenido tu licencia de vuelo profesional... ¿Cierto?– Dice antes de inclinarse y dejar suaves y cortos besos sobre el puente de la nariz ajena, descendiendo hasta llegar a los labios de la rubia y robarle un beso. —Y ya que estamos aquí... Y no hay nadie.– Parecía que estaba claro a dónde iba. —Deberíamos dormir la siesta.– ¿Era eso lo que quería decir? Sí, absolutamente. Con Circe no había ningún tipo de dobles intensiones. Y era la primera chica, con la que no sentía la necesidad de tener sexo de buenas a primeras. Además, la rubia es una Orgullosa Asexual, quizás por ello se había hecho a la idea que entre ellas la palabra 'Sexo', venía sobrando. Y realmente no estaba desesperada por ello. Lo que es raro, Ash era una persona muy activa sexualmente. Más junto a Barbie, le es más significativo compartir tiempo juntas.

La castaña se recuesta en la cama dejado espacio para la rubia. —Ven... No tienes que dormirte realmente. Bueno, no creo que puedas, que te notas muy tensa.– Vamos, que ella estaría igual si ésta situación fuese en la sala común de Gryffindor. —Pero en todo caso, yo si quiero hacerlo ¿Me cuidas mientras tanto?– Pregunta a modo de broma y cierra los ojos. —Barbie, me está dando frío ¿Me dejas abrazarte?– Pregunta divertida. —Solo media hora. Que luego tengo que ir a ver al líder de mi casa y no podre verte sino hasta mañana.– Hace pequeños pucheros.

•• ★ ••

 San Mungo
Habitación de Saphire Button. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
19 de Marzo
15:21

La tarde del viernes, Ash tenía unas horas libres. Había comentado con Grant, Thomas y Santoni, la posibilidad de llevar a cabo una poción que hubiera encontrado en un viejo diario. La castaña había logrado traducir la receta y sus compañeros, al saber de la misma, estuvieron emocionados de realizarla. Cómo bien pudieron y empleando artimañas y maniobras bastante peligrosas que le hubieran costado la expulsión, consiguieron los ingredientes. Luego de realizada la poción había llegado la hora de saber ¿Para qué sirve? La traducción que hubiera hecho la Premio Anual, no mencionaba para qué se usaba o el beneficio que otorgaba.

Lo más sencillo es hacerlo al azar...— Dijo Grant.

Me parece bien.— Comentó Santoni.

Quiero ser el último en probarla, al menos alguien tiene que quedar vivo.— Thomas era el único que siempre estuvo en contra de probar algo que no conocían.

Basta de quejarse. Parecen bebés. Yo lo haré.– Y a pesar de las intervenciones de los chicos, Ash se bebió la mitad de un vaso con aquel líquido asqueroso de color purpura que era la poción. —Ya. No paso nad...– La castaña cayó al suelo poco después de haber ingerido aquel brebaje y comenzó a convulsionar...

Rapidamente los chicos informaron a los profesores y la castaña fue enviada de inmediato a San Mungo. Los varones, afirmaron que no sabían que había pasado. Obviamente incubrieron los hechos, pues eso sería un lío mayor si decían la verdad. Se deshicieron de las pruebas —el resto de la poción y la hoja que Ash había traducido de un libro que ellos ignoraban su ubicación — y solo se limitaron a afirmar reiteradamente que no sabían que había pasado. El resto del día del viernes y también la noche, Ash estuvo inconconciente en el hospital mágico de Londres, la habían sacado del cuadro de gravedad que presentaba por envenenamiento y esperaban que reaccione en el trancrso de la semana.

Afortunadamente, Ash había reaccionado la mañana del sábado —al día siguente—. La familia Button, estuvo con la chica aunque no era más que por fingir una preocupación que no sentían, al menos no el padre de la castaña, quién solo estaba empecinado en que se abriera una investigación en el colegio para saber cómo fue que su hija estuvo en medio de tal peligro. Todo un show para desprestigiar a la institución o más bien a la directiva del mismo. Lo cierto es que para inicios de la tarde, sus abuelos y padre ya no estaban en el Hospital.

Grant, Thomas y Santoni salieron del castillo, ya que era fin de semana, para visitarle. Hablaron y coordinaron su gran mentira, para que las cosas no fueran a mayor y en cuestión de días solo fuese un mal recuerdo. Bromearon y hablaron hasta que el director y algunos profesores llegaron. Los adultos estuvieron hablando con la chica y luego partieron junto a los otros Gryffindor.

La castaña ahora se encontraba sola en aquella habitación. Claro que cada cierto tiempo las enfermeras o los sanadores venían a verle. Había cierto 'trato especial', que ella odiaba que la gente le diera, cómo esa atención tan agobiante de estar prácticamente sobre su perona, para hacerla sentir 'a gusto'. Era la manera en que su familia se desentendía de ella, dejando su cuidado en manos de otros que el dinero podía comprar.

Se había girado sobre la cama, para dar la espalda a la puerta y que si alguien entraba pensase que estaba dormida. Quizás eso hiciera que las visitas fueran menos constantes. La verdad no le daba rabia que fueran a verla, después de todo era su trabajo, sino qué, le agradaría que fuesen por el hecho de realmente les preocupaba su bienestar, eso claro, era en cuanto a su familia. Sus amigos ya habían venido a verle y también los profesores. Pero hubiera deseado ver a su madre, pero seguro estaba demasiado ocupada para algo así...

Y entonces Barbie se le cruzo en el pensamiento. El recuerdo de Circe la hizo sonreír y deseó poder salir pronto de ese lugar para volver a verla. Inconscientemente comenzó a desear verla entrar por la puerta, por lo que se giro y miró hacía la entrada. Esperando que algo pase, aunque en el fondo creía que quizás aquello no fuese posible...

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Circe A. Masbecth el Miér Dic 20, 2017 4:41 pm

Se colocó en cuclillas cerca del agua. Como si de una niña jugando con el reflejo de sí misma se tratase. Mirando su reflejo y haciendo que el agua se moviese desdibujando esa versión acuática de sí misma. Siempre le habían gustado los reflejos, no necesariamente en un espejo. Su ego era de tal tamaño que le agradaba ver su propio reflejo sin importar donde pero una de los mejores lugares, sin duda alguna, era el agua. Porque parecía que estuviese ahí abajo, mirando desde un universo paralelo. Imitando cada uno de sus movimientos y, en cualquier momento, alzaría su mano para sujetar su cuello y llevarla hasta el fondo del lago. Pero eso no pasaría. Tan sólo era una idea que atormentaba su cabeza cuando su imaginación comenzaba a funcionar.

- Dicen que Godric Gryffindor era un animago y se convirtió en el calamar gigante para vivir eternamente en el Lago Negro. Así vigilaría a los alumnos, especialmente a los de Sytherin. ¿Sabías que desde nuestra Sala Común se puede ver parte del lago? Los de primero se quedan embobados mirando con la esperanza de ver algo pasar. Pero nunca aparece nada. Aunque siempre está el listo que presume de haber visto un merrow o cualquier otra criatura. – Comentó la rubia aún jugando con su propio reflejo en la superficie del lago. – ¿No crees que de ser un animago sería  un león? – Preguntó volteándose para mirar a Ashanti y, seguidamente, tomando asiento para no cansar demasiado sus propias piernas. – Salazar podía hablar con las serpientes y tenía un basilisco. ¿Por qué Godric elegiría un león si era un maldito calamar? – Quizá porque un calamar no era un animal que evocase valor. Ni miedo. Era un maldito calamar. ¿A quién imponía un calamar?

Metió la mano en el agua y la removió. Su mano no tardó en bajar su temperatura e incluso un escalofrío recorrió su cuerpo antes de sacarla y lanzar, con ayuda de sus dedos, un par de gotas de agua directas al rostro de Ash.

- Otro día, cuando haya sol y no haga tanto frío. – Había pociones y hechizos que regulaban la temperatura pero quizá era una de las cosas que a Circe menos le agradaban de la magia. Le gustaba tener la oportunidad de notar en su propio cuerpo el proceso natural del cambio de temperatura y la magia acababa de lleno con todo su encanto.

* * *

Sábado, 12 de marzo, 18.45 horas
Habitación de Circe

Nunca había dejado que nadie entrase a su Sala Común y mucho menos a su propio dormitorio. No era algo que planteaba siquiera como una posibilidad. Y menos cuando había conseguido el puesto de Prefecta. Sus padres le habían hecho incluso una fiesta la noche que había llegado la placa a su casa sujeta en el pico de una lechuza blanca junto con una carta con todas y cada una de las indicaciones que, como Prefecta debía seguir a raja tabla. Había cumplido con sus obligaciones. Había bajado puntos, castigado y regañado incluso a los alumnos de su propia casa. No había tirado por tierra ninguna de las pautas que debía seguir hasta aquel momento. En el que había abierto la puerta a Ashanti para que se abriese paso por la Sala Común de las serpientes.

- ¿Admirar a Forman? – Elevó sendas cejas. – Es una hija de puta. – Dijo con total naturalidad. Saltaba a la vista que Lluna y Circe no se llevaban precisamente bien. No es sólo que Circe no tuviese un buen trato con prácticamente todas las compañeras de su dormitorio, sino que tenía una relación de rivalidad y hostilidad con Lluna que podía casi masticarse. – El curso pasado comenzó a salir con Harrelson. Me organizaron una fiesta sorpresa de cumpleaños y luego se enrollaron. – Contó el chisme sin darle importancia aún cuando seguía molesta por cómo Damon Harrelson había dejado de lado tanto a Ian como a la propia Circe por el mero hecho de tener pareja. Y ahí se encontraba la razón por la cual Lluna y Circe no podían estar en la misma habitación. – Además, es repelente. – Añadió. Ashanti compartía varias clases con ellas como para saber que era el tipo de alumna que levantaba la mano en todas y cada una de las asignaturas para responder al profesor, aportar nuevas ideas y, por supuesto, recordar cuando había tareas o exámenes.

Casi con la mano abierta golpeó a Ashanti en el hombro, intentando apartarla cuando comenzó a lanzar besos sobre su nariz hasta llegar a sus labios. Su  mano se bajo y le devolvió el último beso antes de, con ambas manos, empujarla lejos poniendo todo el peso sobre los hombros ajenos.

- Dormir la siesta. – Repitió incrédula, mirando como Ashanti tomaba asiento sobre su cama dispuesta a dormir. – Tú eres tonta. – Y sin querer evitarlo una sonrisa se dibujó en sus labios mientras se acercaba hasta sentarse al lado de la castaña, quien ya se había tumbado cómodamente en la cama como si se tratase de la suya propia. – Mejor que te cuide tu erizo. – Dijo sin moverse lo más mínimo pero sin apartarse un centímetro de la chica. - ¿No prefieres una manta? – Preguntó buscando una alternativa para no tener que establecer ese contacto humano innecesario.

Pero en parte no era innecesario y sin pensarlo se acostó al lado de Ashanti. La miró durante un par de segundos, mientras sus ojos seguían cerrados y una sonrisa surcó su rostro casi de manera inconsciente. Aún mantenía los ojos abiertos, como si estuviese en estado de alerta y es que aún sentía que en cualquier momento la puerta podría abrirse.

- ¿Te gustaba Lluna? – Pregunta de sopetón, y es que desde que la había mencionado Circe había comenzado a darle vueltas a esa opción en su cabeza. Y es que con Ashanti, aunque no quiera admitirlo ni sentirlo, sí que siente celos. O algo parecido a aquello.

* * *

Sábado, 19 de marzo, 9.45 horas
Gran Comedor

- Con suerte estará muerta.

- Tampoco es como si alguien fuese a echarla de menos.

Y sin previo aviso, un golpe llegó de lleno a la nariz de Richard Miller, un alumno de séptimo curso de Slytherin que conversaba con otros dos de sus compañeros de curso; otro Slytherin y un Ravenclaw. La sangre salía de la nariz de Miller cuando elevó la vista en dirección a Grant.

- Voy a partirte la cara, imbécil. – Y ahí comenzó la pelea.

Ninguno necesitó de ayuda de varita. Todos decidieron que la fuerza bruta  era la mejor forma para golpear al contrario y una batalla campal de tres contra tres se inició en la entrada del Gran Comedor, fuera del alcance de los profesores que, al tratarse del fin de semana, habían preferido salir y librarse un día más de soportar a aquellos alumnos revolucionados por sus propias hormonas.

Circe iba a salir del Gran Comedor en compañía de una de sus compañeras de casa cuando vio aquel espectáculo. Elevó su varita haciendo que los seis alumnos se separaran, quedando cada uno a un lado. Grant intentó levantarse para propinar otro golpe a Miller, pero la varita de Circe lo sacudió un par de metros más hasta que se dio de lleno contra una pared.

- Cuidado, caballerete. – Dijo un hombre rechoncho con tintes venecianos desde el cuadro que había golpeado con su cabeza.

- ¿Qué se supone que pasa aquí? – Preguntó Circe furiosa. – Cincuenta puntos menos para cada uno. ¿No os da vergüenza partiros la cara como muggles? – Aquello fue una recriminación en dirección a los dos alumnos de su casa.

- ¡Fue Grant!- Gritó el Ravenclaw, elevando el dedo en dirección al Gryffindor.

- Y una mierda. ¡Vosotros os estabais burlando de Ash! – Circe no comprendía a qué venía todo aquello.

- ¿Y qué mierda importa eso? Todo el mundo se burla de la imbécil de Button y no por ello debes partirles la cara. Sino habrías matado ya a medio castillo, Grant.

- No lo entiendes, ella está en San Mungo. – Grant se levantó, encorvado por el dolor de los golpes. – Está muy grave.

- No sabemos si saldrá de esta. – Afirmó Santoni, quien parecía que nunca tenía nada interesante que decir.

- Largo de aquí. – Se limitó a decir la rubia intentando alejar de allí todo aquel espectáculo. Cargó la capa sobre su espalda y casi pálida, salió de allí en dirección a Hogsmeade a toda velocidad.

* * *

Sábado, 19 de marzo, 15.30 horas
San Mungo, habitación de S. Ashanti Button

Había pasado por San Mungo nada más apareció en Londres y, antes de entrar a la habitación de Ashanti se había topado con que los tres alumnos de Gryffindor ya habían llegado. Luego profesores del colegio e incluso la familia de la castaña, lo que hizo que Circe no pudiese poner un pie en aquella habitación.

La rubia volvió sobre sus pasos pero esta vez visitó la zona de Londres más muggle y, un par de horas después, volvió a San Mungo, subiendo nuevamente a la habitación de Ashanti y entrando por la puerta, encontrando con la castaña tumbada sobre la cama mirando en dirección a la puerta.

- ¿Esperabas visita? – Preguntó al ver cómo miraba en aquella dirección. Cerró la puerta tras de sí y dio un toque con su varita garantizando así que nadie fuese a abrir (o, al menos, sin esfuerzo) tras ella.

Sin pedir perdón ni permiso tomó asiento sobre la cama De Ash y se giró con un aire infantil para mirar su rostro.

- Tienes peor cara que nunca. ¿Vas a morirte? – Había escuchado brevemente una conversación entre los tres alumnos de Gryffindor mientras dejaban atrás San Mungo y ya sabía que se recuperaría prontamente, por lo que bromeó a sabiendas que Ashanti era capaz de intentar tomarle el pelo con eso. – Siempre que  me pongo mala me gusta tomar ramen, ¿Lo has probado? – Dijo sacando dos paquetes y colocándolos sobre la cama de Ash con cuidado. Sacó palillos chinos y también un par de libros. – También me gusta leer. – Dejó a un lado, sobre una silla cercana, dos libros de literatura muggle. - ¿Qué te pasó? – Preguntó sin andarse con rodeos mientras abría los dos paquetes de ramen que, previamente, había preparado para que pudiesen tomarse.
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S. Ashanti Button el Vie Dic 22, 2017 6:41 am

Quizás porqué simplemente se sentía más identificado con un animal marino.– Le contesta en referencia a lo que cree de la transformacion de Godric como animago ¿Por qué complicarse? Ash se decantaba por pensar que las personas se complicaban demasiado o esperaban que la respuesta a sus preguntas fueran complicadas y elaboradas. Pero a veces o casi siempre las cuestiones se generaban en bases simples. —Porqué es muy difícil que un calamar viva en una torre...– No se estaba tomando el tema en serio. Y no porque no le interesase. Es solo porque quería fastidiar a la rubia. La verdad se había hecho una nota mental para investigar lo que la Prefecta de Slytherin dijo del fundador de su casa. Y estaba claro que cuando descubra algo o en virtud de venir por respuesta, traería a la chica al lago e intentarían encontrar respuestas a sus cuestiones. Sí, eso haría antes de que el año acabe.

¡Rubia de bote!– Se queja cuándo aquellas gotas golpean su rostro. —Mejor comienza a correr...– Le da un mínimo margen de ventaja en el que no se mueve de su puesto, para ir por ella.

Seguramente se la comería a besos en cuanto le atrape...

•• ★ ••

 Sala común de Slytherin
Habitación de Circe. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
12 de Marzo
19:15

Momento de la siesta: 00:27:00 minutos antes de su encuentro con el/la líder de Gryffindor...

No le sorprende ver la extrañeza en las palabras de Circe. Pero sí, aunque casi ya no lo recuerde —el porqué exacto de que Lluna le gustase—, debía admitir que en un tiempo anduvo pateando banquetas por la capitana del equipo de Quidditch de Slytherin. Igual ahora ya no era un hecho nada importante, es más lo había olvidado, hasta que la rubia hubiera hecho mención a su compañera de casa. En el momento no respondió nada, porqué, sinceramente no era importante ahora.

Estando en la cama de la Prefecta, con los ojos cerrados, pudo sentir a la rubia moverse sobre el colchón. —Circe se echaría a dormir conmigo y tu corbata, sin preocuparse por si se acaba el mundo.– Le dice tranquilamente. —Vamos, no te hagas de rogar...– Para su fortuna, Circe se recostó a su lado. Ash buscó a tientas una de las manos de la contraria y comienza a jugar con sus dedos, recorriendo la palma ajena con los mismos.

Una vez... Por seis meses.– Responde la pregunta sin molestarse en abrir los ojos. —En realidad... Antes...– Antes de Circe mejor dicho. —Solo solía admirar la belleza en las demás. Pero no pasaba de eso. Quizás por ellos jamás podía establecerme con alguien. Porqué observaba lo mismo en todas.– Confiesa con tranquilidad. —Hasta que que con un beso fui capaz de entregar más que los labios y pude sentir mucho más que solo deseo por quién besaba.– Con dos dedos —y aún sin abrir los ojos— recorrió uno de los brazos de Circe, ascendiendo lentamente; acariciando el hombro ajeno, luego su cuello; continuó llegando al borde del rostro de Barbie; siguió hasta el mentón de la chica y subió hasta sus labios, los cuales delineó suavemente. —Y si te digo quién es no me creerías.– Abre sus ojos y se levanta un poco para acercarse al rostro contrario y morderle ligeramente el labio inferior tirando hasta que se libera por si solo.  Claramente hablaba de la rubia. Y es que para la castaña ha sido toda una sorpresa tener sentimientos hacía Circe.

•• ★ ••

 San Mungo
Habitación de Saphire Button. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
19 de Marzo
15:59

¿Tan poderoso era el poder de la mente? ¡Por Morgana! Verla entrar por esa puerta fue la sorpresa más maravillosa que hubiera recibido esa tarde. Juraba que algo así no iba a pasar, quizás tenia menos fe en Circe de la que pensaba, pero allí estaba la rubia para abofetear cualquier duda que hubiera en la castaña. Realmente no se lo creía. Incluso recurrió al pellizco —lo que si dolió— para asegurarse que no fuese a estar soñando. Se sentó en la cama poco antes que la otra lo hiciera y opta por atarse el cabello en una gran coleta alta de caballo.

Pues... La única a la que esperaba recién a cruzado la puerta.– Responde con una leve sonrisa. —Vaya, ya te haz enterado; y yo que pensaba enviarte una carta informando de la gravedad de mi situación.– Bromea con la idea de morir.

Observa las cosas que la rubia deja sobre la cama y se da cuenta que va caliente, al ver los palitos deduce que es comida asiática. —La verdad no... Pero si tiene cositas amarillas no me las voy a comer...– Advierte. En algún punto sigue creyendo que esto no estaba pasando ¿Cómo podía ser posible? ¿Quizás se lo estaba inventando? Era una posibilidad...

La última pregunta de la rubia le lleva a tomarse unos segundos para plantear una respuesta concreta, que no suene a 'soy imbécil'. Sin ambargo, había algo más urgente que hacer, algo que iba a traer a tierra a la castaña, pues anda medio alucinada con todo esto.

Primero dejame confirmar que realmente estas aquí...– Murmura inclinándose ligeramente hacía la rubia y la besa. Sonríe un poco entre el beso. —Llámame loca; pero... Juraba que te estaba imaginando.– Mumura por lo bajo y tras dejarle un pequeño pico sobre los labios —Hola.– Susurra solo para que sea audible a la rubia y se separa.

Juega con sus palitos por un momento. —Y sobre lo que preguntaste...– Se muerde el labio pensando por donde empezar. "Vamos, sin complicarte. Solo dile." —Realicé una poción con los chicos... No sabíamos para que servía; obviamente alguien debía probarla y...– No hacía falta contar el resto. Circe podría intuir que Ash cómo siempre, era la primera en tirar hacía el peligro. Pero vamos, que se había planteado la posibilidad que la cosa fuese a ir mal, en eso los chicos estaban indecisos y ella simplemente tomo la iniciativa, porqué al final pensó qué, ella se sentiría más culpable que ellos si a alguno le pasaba algo, cuándo no les había contado de dónde había sacado la receta y que había posibilidad de morir si se realizaba mal. —Igual fue una tontería.– Dice para quitarle peso al asunto.

Coge su comida y antes de probarla o mirarla si quiera. Echa un ojo amlos libros que estaban en la silla. —¿De que van? ¿Es alguna novela para rubias?– Le molesta. Se dispone apreciar lo que va a comer. Hace pucheritos y coge un trocito de algo que ignora lo que sea, pero que lo pincha con el papito y lo saca. —Comelo, no lo quiero...– Le dice. Es que es de color amarillo. Lo acerca con cuidado a la rubia.

Mientras vuelve a su comida, piensa en lo importante que es ésta visita para ella. Lo mucho que la alegra o más bien que la hace feliz. Porqué eso hace Circe; le da felicidad. Vuelve acercarse a Barbie y le besa la mejilla. —Gracias por venir a verme.– Dice de la manera más enternecida posible, incluso se encuentra sonrojada.

•• ★ ••

Luego de comer, o más bien de probar de poquito en poquito su comida, pues todo lo que había y le parecía de color amarillo intentaba dárselo a Circe, lo peor es que estaba muy bueno —al menos lo que hubiera probado—. La mayor parte del tiempo estuvo dando de comer a Circe —o intentandolo— y probando de su ramen, porqué sí, podían estar comiendo exactamente lo mismo, pero Ash aseguraba que el de la rubia estaba mucho más bueno que el propio. Manías de castaña enamorada, quizás...

¿Te irás pronto?– Pregunta con un deje de tristeza en la voz cuándo ni siquiera sabe si la Prefecta estaba por irse o no.
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 22, 2017 8:08 pm

Se dejó caer a su lado y fue incapaz de cerrar los ojos. Por una parte se encontraba en completo estado de alerta mirando de reojo en dirección a la puerta para ver si esta se abría de par en par con una de sus compañeras de dormitorio. Por otra parte su estado de tensión era tal debido a la corta distancia que las separaba a ambas aún cuando, con Ashanti cerca, sentía esa tranquilidad por la que podría dormir tranquila durante horas. Esa sensación cálida de estar realmente cómodo en la compañía de alguien.

Dejó que las manos ajenas jugaran entre las propias y fue ella quien le siguió el juego con los dedos, golpeando punta con punta, antes de que prefiriese subir a recorrer su rostro y, por su parte, fuese ella quien ahora cerrase los ojos mientras sentía aquel cosquilleo recorriendo su piel. Un cosquilleo que hizo que se le pusiese la piel de gallina no sólo por las cosquillas sino por lo que aquello conllevaba.

- Seguramente no lo haría. – Se limitó a decir mientras su labio era estirado entre los dientes de Ashanti. Por su parte, sus ojos seguían completamente cerrados y, cuando la distancia entre ambas volvió a hacerse, la acortó moviéndose levemente para  unir ambos labios y acercar su cabeza y cuerpo a los de Ash para, seguidamente, acurrucarse a su lado, colocando su cabeza al lado del cuello de la chica y doblando ligeramente las rodillas hacia delante. – Cuéntame un cuento. – Elevó la mirada ligeramente para buscar los ojos de la chica y, al encontrarlos, bajó nuevamente para cerrarlos en un acto casi tan infantil como sus propias palabras. Y es que a Circe le encantaba escuchar a Ashanti hablar y aquello era darle el pretexto para que lo hiciese.

* * *

Sábado, 19 de marzo, 15.59 horas
San Mungo, habitación de S. Ashanti Button

Quizá de haberse enterado de otra manera no hubiese estado en sus planes desaparecerse en mitad de Hogsmeade y trasladarse a San Mungo para, rápidamente, visitar a Ashanti y saber cómo se encontraba. Y pasar tiempo con ella en un ambiente diferente, lo cual lo hacía divertido y arriesgado. ¿No estaba la posibilidad más que nunca de que alguien descubriese su amistad? No le importaba, lo de vivir al límite generaba tensión y adrenalina y aquellas dos eran necesarias para que un momento fuese más valioso que cualquier otro.

Se dejó caer sobre la cama de Ashanti y le tendió algo de comida así como dos libros que dejó a un lado. Frunció el ceño ante la afirmación de la contraria de no comer nada que fuese de color amarillo y se planteó como reto personal hacer que un día – si no fuese aquel, cualquier otro – la castaña probase algo de color amarillo sin siquiera darse cuenta de ello. Tarde o temprano lo conseguiría, ¿No?

- Tiene maíz. – Admitió abriendo su propio bol de comida y comprobando que era lo único amarillo que había. El cerdo era de color marrón, los fideos de un tono blanquecino, la verdura no rozaba el amarillo ni de lejos y las dos pequeñas tiras de narutos tampoco lo hacían, siendo estas blancas y rosas. – Pero puedes quitarlo fácilmente. – Admitió cogiendo un trozo de maíz entre sus propios palillos y acercándolo en dirección al rostro de Ashanti. Frenó en seco y cambió de dirección para llevarlo entre sus labios. - ¿Qué te pasa con la comida amarilla? – Preguntó con cierta curiosidad, y es que ya había notado (o más bien ahora comprendía que no era casualidad alguna) que la comida de color amarillo nunca entraba entre las preferencias alimenticias de su amiga.

Con el beso de la chica sonrió. Sonrió como siempre hacía que sus labios se juntaban y es que sentía una sensación cálida recorriendo todo su cuerpo. Una necesidad de, simplemente sonreír. De darse cuenta que nada a su alrededor podía molestar porque estaba Ashanti a su lado. Y ya se había acostumbrado a devolverle el beso cada vez que sus labios entraban en contacto. E, incluso en ocasiones, tenía ella la iniciativa.

- Bromeas. – No bromeaba. Ashanti era capaz de eso y mucho más. Y Circe lo sabía de sobra. - ¿Pero tú eres tonta? – Le preguntó preocupada más por su salud mental que por la física en aquel momento. - ¿Cómo se te ocurre? ¿No pensaste que esa mierda podría haberte matado? Has tenido suerte que hayan podido curarte y que la poción no fuese mortal. ¿En qué pensabas cuando la tomaste? – Con la palma de la mano abierta y sin apenas fuerza golpeó el brazo de Ashanti. – ¿Eres imbécil o qué te pasa? – Preguntó golpeando una vez más. ¿No pensaba en que podría haber muerto? ¿En qué no se habrían podido volver a ver? ¿En qué iba a dejarla sola después de haberle mostrado un mundo de posibilidades? La golpeó de nuevo, esta vez con algo más de fuerza.

Abrió la boca para tomar un pedazo del plato de Ash que esta no quería. Por lo general Circe era alguien escrupuloso. Una persona a la que no le gustaba comer algo que otro hubiese tocado o, simplemente, mirado. Pero con Ash muchas cosas cambiaban.

- Uno es sobre los juicios de Salem, es mi parte favorita de historia de la magia. – Admitió la aficionada a aquella asignatura. – El otro es la primera parte de una saga. Va sobre un hombre que persigue a otro a través del desierto mientras el otro intenta buscar una torre. Es más de lo que parece. – Circe devoraba cualquier libro que cayese en sus manos. – Pero es el más lento de los siete. – Dijo antes de llevarse otra pinchada a la boca.

Sonrió al escuchar las palabras de Ash y acortó la distancia dejando un beso leve entre sus labios.

- Soy un encanto. – Sonrió sin separarse demasiado y en aquella ocasión el beso fue más largo. – Cuando quiero. – Volvió a separarse con aquella sonrisa tan suya y unió los labios de nuevo. – Pero sólo contigo. – Otro leve beso. – Siempre y cuando te lo merezcas. – El beso esta vez fue más largo, entrelazando más que los labios y, como si nada  hubiese pasado, se separó de Ash para seguir  comiendo.

* * *

Al terminar de comer dejó a un lado los platos de ambas para que Ashanti no tuviese que salir de la cama. Volvió a tomar asiento dejando caer sendas piernas por el lateral de la cama.

- Debería. Tus padres pueden volver en cualquier momento. O los idiotas de tus amigos y… Si me pillasen aquí tendría que dejar de verte. Y no querrías eso, ¿No? – Ladeó la cabeza con aire infantil, tan propio de Circe que a veces costaba creer la edad que tenía, y sonrió. - ¿Eso es que me has echado de menos? – Preguntó dando un leve beso a Ash, como si sus besos fuesen ya adictivos. Pues en parte, ya lo eran.

* * *

Lunes, 21 de marzo, 12.30 horas
Aula

Tras la clase esperó a que el resto de alumnos se fuesen marchando. Miró a Ash de reojo haciéndole un leve gesto para que no saliese y, si era necesario, que se inventase cualquier excusa para no hacerlo. El resto de alumnos se fueron marchando y no mucho después ambas habían quedado solas.

- Nos vemos mañana, recuerden hacer la redacción. – Matizó el profesor mientras salía del aula a toda velocidad indicando a las dos chicas que aún quedaban en el aula que cumpliesen su trabajo.

Circe se acercó a la puerta y la cerró sin salir, apoyándose en ella y mirando en dirección a Ashanti. Sonrió. Sonrió como sólo lo hacía cuando estaba con ella.

- ¿Sigues enferma o ya puedo jugar contigo? – Preguntó con tono divertido. Su varita estaba sujeta en su  mano izquierda y, con un leve movimiento, movió la mochila de Ash haciendo que cayese al suelo en un juego de niños.
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