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[FB] El misterio de lo indefinido... | •Priv •Circe Masbecth

S. Ashanti Button el Miér Nov 08, 2017 10:46 am

Recuerdo del primer mensaje :

Aula 3C DCAO ~• 7mo Curso
15 de Enero
10:29 de la mañana

«El Karma o el Destino... ¿Quién más si no esos dos, iba a poner a Circe Masbecth y a mí en la misma habitación? Es que no hay otra explicación y no sé quién es más cruel, si el Karma; por crusarme con esa peste o el Destino; por querer mostrarme algún tipo de sabiduría cósmica. Vale, tengo que dejar de asistir a la maldita clase de adivinación...

Si pudiese retroceder el tiempo y tan solo hubiera tenido la más mínima sospecha de que era esa puta. Ni si quiera lo hubiera pensado: La habría delatado de una. Y quizás podría sentirme satisfecha de que le quiten la maldita placa de prefecto, a ver si eso le mancillaba el ego.  ¡La habrían castigado hasta la graduación! Hubiera sido mi venganza perfecta... Juro que cada día, hasta el 31 de Julio, habría disfrutado tener que cruzarme con su maldita persona, porqué ella estaría acabada, destruida ¿Cómo fue que no lo noté? Las putas son fácil de reconocer, es qué ¡MALDICIÓN! ¡No puede ser que me hubiera agradado! De todas las personas del mundo ¿Por qué ella? ¿¡Por qué!? ... Tengo que calmarme... Tengo que olvidarme de eso. Eso no pasó...

En todo caso, no puedo sacarme de la cabeza aquella noche. Mientras más lo intento, más se adhiere a mi cerebro, cómo una sanguijuela. Simplemente no puedo dejar de pensar en la chica con la que estuve encerrada por casi dos horas; una persona qué; era agradable, quizás había cosas en las que diferimos pero... Pude identificarme con ella; conectar; porqué me pareció de esas chicas qué; son especiales. Entonces, cuándo por fin tuve la oportunidad de ver su rostro, de saber quién era y jugarmelas todas para invitarla a charlar en otro momento... ¿¡Circe Masbecth!? ¡No tiene el más puto sentido! ¡Ella es un sinsentido! ¡Es una ególatra con ínfulas de grandeza! ¡Es una egoísta, desgraciada sin corazón! No espera; ¡La muy maldita no tiene alma! ¡Eso es lo que pasa! ...
»

La clase de DCAO ya había acabado. Los estudiantes de la primera hora del séptimo curso, comenzaban a guardar sus pergaminos, libretas y plumas. Con la intención de abandonar el aula y disfrutar de tres horas libres, antes de su próxima clase —ya que la profesora de transformaciones, estaría ocupada con el director.—. Ash estaba perdida en... Sabrá Morgana dónde. Mientras el profesor se encargaba de impartir ciertas instrucciones ¿Sobre qué? Lo ignora, solo escucha un Blablabla constante y lejano, cada que mira a los demás.

Quiero los ensayos, para el viernes.— Recuerda a todo el alumnado y se eschan los característicos «Joder, más trabajo.» o «Si follara más, seria menos estricto.» y también «Le pagaré a algún idiota para copiarle la tarea.» —Prefecta Masbecth. Por favor no se vaya aún. Tengo algo que decirle.— Comenta observando a la rubia, para luego mirar a una distraida Ashanti.

••★••

... Señorita Button.— Dice el profesor, es la tercera vez que la llama. —¡Saphire Button!— Grita de repente y deja caer con fuerza la mano sobre la mesa de Ash.

La castaña se alarma y se levanta de golpe.

¿Pero qué mierda te pasa?– Y ¡Bam! Le conecta un derechazo en la nariz al profesor "¿Podría ser mejor?" Pensó sarcástica y alarmada. Ahora si que la había cagado en grande. —Yo... Lo lame...

Algunos alumnos que no han acabado de recoger sus pertenencias se ríen por lo bajo, otros solo se mantienen sorprendidos.

Cierre la boca...— Le dice furioso, más intenta mantener la calma. La nariz comienza a sangrarle. Saca un pañuelo del bolsillo y rápidamente se limpia. —Usted y la señorita Masbecth, serán las encargadas de dar clases de tutoría a un curso de alumnos del segundo año. Necesitan nivelarse, pues van muy rezagados y ya que ustedes...


No me joda. La lleva clara si piensa que voy a trabajar con es...

El tipo cierra el puño con fuerza apretando el pañuelo.

El profesor aquí soy yo. Y les estoy dando una instrucción a la Premio anual y a la Prefecta de Slytherin. Si tiene problemas personales con la señorita Masbecth, los arregla en sus horas libres. Y si tanto le molesta la idea de trabajar junto a ella, entregue su placa. Pero mientras no lo haga, tendrá que hacer lo que se le indique. Se llama responsabilidad.— Se aleja hasta su escritorio. —Es lo que se obtiene cuándo le adornan la capa con un reconocimiento que pocos merecen.

"Sé que no crees que lo merezco, imbécil. Pero lo tengo igual, para desgracia de ambos..." Pensó furiosa mientras observa al mayor con una expresión que describe su odio. Los profesores le tenían manía, quizás no todos pero sí la mayoría. Pero para fortuna de Ash y desgracia de los docentes, la Gryffindor es una estudiante ejemplar —al menos en lo académico — y aunque muchos de ellos desearían poder darle un buen castigo o quizás expulsarla; casi nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo. Quizás hasta ahora ¿Qué podría hacerle ese tipo por haberle lastimado la nariz? Ella lo ignora. Pero el hombre está tan calmado qué, Ash siente los ovarios en la garganta y casi no respira —a pesar que parece más furiosa que nerviosa—. "Voy alegar que fue un accidente, porqué lo fue. Además ¿Quién coño se acerca a una estudiante y pega semejante grito? Si yo falté al pegarle, él lo hizo al gritarme... Una a una."

El profesor coge varios pergaminos que luego entrega a Circe —en lo que viene de vuelta—.  —Allí están los temas que deben explicar. Luego de la clase del viernes se reunirán conmigo, para ver que metodologías y estrategias usarán para impartir los tres primeros temas. Sus tutorías serán los martes por la tarde.— Le indica a Circe "¿Acaso crees que ella es más responble que yo porqué va en tu antigua casa? Malditos Slytherin..." Pensó irritada. —¿Ustedes que hacen aquí? Todos afuera...— Les dice a los demás alumnos que observaban el show. Seguro comentarían lo sucedido en cuestión de horas. El hombre va en dirección a la salida, pero antes de cruzar la puerta observa a las jóvenes. —Quedan autorizadas a usar el aula, organizarse y comenzar a trabajar. Quiero ver para la cena un avance escrito de las ideas que tienen. Según sé, no hay Transformaciones para el séptimo curso.— Sus pasos se alejan ... —Así que sepan aprovechar el tiempo. Y Button, la quiero en mi oficina en una hora y media.— Se escucha antes de que se cierre totalmente la puerta con un golpe sordo. Ash lo escuchó claramente.

Te quedarás esperando...– Susurra la castaña. No iba a ir a ningún lado y si él quería quitarle puntos a Gryffindor, pues le vale poco.

Ashanti se vuelve a sentar. Se pasa una mano entre el cabello y lo aleja de su rostro. Se hunde en el asiento y apoya la cabeza en el respaldo de la silla al tiempo que observa el techo. Escucha ruido a su alrededor y vuelve a ser consciente de dónde se encuentra y con quién. Suspira. No tiene la más mínima idea de cómo tratar con Circe, ahora. Aunque sería capaz de tomar la varita y voltearle encima un pupitre. Aparte aún tenía jaquecas. Los libros habían dejado más de un moratón en sus brazos y hombros si no fuese porque metía las manos para cubrirse, habría quedado K.O, a causa de un golpe de esos libros "¿Exagerar? No, ella es una desgraciada, quizás esa era su intención. Así por la mañana me daban el castigo en la enfermería "  ¿Quién coño es capaz de lanzarle encima a otro, libros de mil quinientas o dos mil paginas y encuadernación dura!? "Nada más que esa puta rubia..."... No, tenía qué trabajar. Ya lleva demasiadas cuentas pendientes con ese profesor, no necesita una suspensión u otra cosa peor. No estando a cinco meses de graduarse. Observa a la rubia...

Si vamos hacer esto...– Gira levemente su cabeza para poder mirarle con más comodidad. —¿Prefieres que te lance un Obscuro y comenzamos a trabajar? Seguramente tengas una actitud menos mierda que de costumbre...– Se muerde el labio. ¿En serio quería trabajar en paz? ¡Sí! Ella quiere trabajar en paz, pero era imposible no joder el momento, sabiendo lo mal que ha pasado estos meses por culpa de aquella noche. No quería una guerra, pero ya había lanzado la primera Bombarda.

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S. Ashanti Button el Sáb Dic 23, 2017 8:13 am

Aquel beso le encanta y, no duda en corresponderlo de inmediato. ¿Cómo era posible querer de ésta manera a alguien, con quién haz luchado por años? Que sus besos sean tan adictivos y el solo hecho de respirar su aire te haga suspirar. Las sensaciones que Circe provoca en la castaña son la mar de nuevas y las más encantadoras que hubiera podido sentir en sus años de vida. Se giró un poco para quedar casi de lado. Cuándo la rubia le hace aquella petición no puede evitar sonreír; en este momento se le hace tan pequeña, tan tierna, que tiene que acercarse y dejarle un corto beso en los labios luego que Circe hubiera celado los ojos.

Vuelve a su posición. —Hace mucho tiempo; en un reino lejano; en un universo alterno al nuestro...– Comienza a relatar mientras aparta el cabello rubio del rostro ajeno y lo lleva tras la oreja izquierda de la chica. —Vivía una princesa bella cómo ninguna. Los hombres decían que luego de verla, no habría mujer que se le compare. Sin embargo, tanta belleza tenía un precio y el de ella era no desarrollar sentimientos de ningún tipo, simplemente no se interesaba por nadie. Creyendo que jamás sería capaz de sentir nada por nadie, el corazón de la princesa se enfrió, a tal punto de volverse cruel y casi inhumana. Nada ni nadie le importaba y a pesar de ello, cuándo se hubiera vuelto reina, pocos años luego, sus tierras eran prósperas en lo financiero, pues según ella, sin la distracción de los sentimientos, era más lógica y eficiente, gobernaba con mano dura, quizás demasiada... Estaba haciendo más mal que bien, pero ella no era consciente de ello o quizás no quería serlo...

Con sus dedos acariciaba suavemente el brazo de la rubia, procurando no molestar su descanso, al tiempo que continuaba relatando. —Al reino llegó un herrero errante qué, vivía huyendo de su destino, pues alguna vez, cuándo era joven, una bruja le había dicho que moriría el día que se atreviera a forjar una flor. Para desgracia del pobre hombre, en cada ciudad que prestó sus servicios, llegaba un punto que le pedían forjar una flor y él, negado a morir, prefería avandonar la ciudad y mudarse a otro lugar...

Ver a Circe tan tranquila le generaba una paz muy profunda. Le tomó la mano y entrelazó sus dedos con los ajenos, acariciando suavemente con el pulgar la mano de la muchacha. —En el castillo, se solicitaba la experiencia de un herrero, pues la reina deseba cercar una gran extensión de su jardín privado, puesto que era gran admiradora de las rosas. El herrero errante fue llevado ante su magestad y se le asignó el trabajo; debía fabricar las rejas que cerrarían aquella sección del jardín real. El hombre trabajó incansablemente por seis meses; los cuales la reina pasó muy pendiente de los progresos que él realizaba. Ambos comenzaron a compartir tanto tiempo qué, sin darse cuenta, se volvieron un poco más qué amigos. La reina notó que había muchas virtudes admirables en el herrero, y sin quererlo fue desarrollando sentimientos por él a pesar que se resistió a más no poder. A la par que el hombre, fue considerando realmente la posibilidad de cumplir con su destino. Pues día tras día veía el sufrir del pueblo en el reino y ahora que conocía un poco más que el resto, a la reina, sabía que ella no era mala y si pudiese preocuparse tan solo un poco más por su gente, las cosas serían más sencillas para todos los aldeanos...– En este momento Ash desearía poder tomar una fotografía de Barbie.

La reina y el Herrero, fueron atravesando las barreras de sus propios miedos. Y se atrevieron a confiar uno en el otro, cómo nunca lo hubieran hecho con nadie más... Luego que los arreglos del jardín estuvieran hechos, el cumpleaños de la reina estaba cerca. Y dos noche antes de la celebración, el herrero comenzó a fabricar una rosa. Con el oro y las piedras preciosas con que la reina hubiera pagado sus servicios...– La castaña observó su reloj, faltaban escasos cinco minutos para su encuentro con el líder de Gryffindor, maldijo interiormente pero continuo con su historia. —Antes del atardecer del día siguiente, el herrero, entregó su obsequio a la reina y le confesó sus sentimientos. La reina correspondió los mismos y se besaron. Sin embargo el herrero confesó a la reina que no podía quedarse. Y antes de partir le entrego una carta y se marcho, preparándose para dejar éste mundo. La carta decía la razón de su partida; confesó que su nacimiento se debía a que en algún momento debía mostrarle a una mujer el valor de sentir; hacerle conocer el amor y el dolor; porque cada decisión que tomamos puede causar mucho o poco de esos sentimientos. Que aunque él no hubiera decidido enamorarse de ella a propósito, estaba honrado de haberle amado; aún a costa de su vida. Pero si su sacrificio servía de algo, le pedía que aquel amor que sentía por él, lo transmita a cada uno de sus súbditos y si sentía dolor por su marcha, que lo comparé con el dolor que ella le ha hecho sentir a su pueblo hasta antes de que él llegará... La reina, decidió tomar la muerte del herrero y transformarla en su motivación para ser una mejor persona y gobernante, lo que generó que su pueblo le amase y le respetase.

Con la mano libre le acaricia la mejilla a la rubia. —Barbie... ¿Estás dormida?– Se acerca y le besa suavemente. —Ya debo irme...– Susurra cerca de los labios ajenos.

•• ★ ••

 San Mungo
Habitación de Saphire Button. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
19 de Marzo
16:14

¡Barbie, no!– Vuelve sus labios una fina linea pues no iba a comer ese maíz. Respira hondo al escuchar la pregunta. —Cuando era niña, mucho antes de asistir al colegio. Mi hermano Longhorn me dijo que comer alimentos amarillos me haría perder la magia y me volvería Squib; como el gemelo de mi padre y me echarían a la calle. Me fastidio tanto con ello, que lo terminé creyendo; al final descubrí que no voy a perder mi magia por ello, pero... Una nunca sabe.– Dice dudando, aún en el fondo, realmente cree la historia que le hubiera contado su hermano mayor. —Igual son feos...– Le dice cómo quien quiere justificar lo injustificable.

¡Auch! ¡Oye! Vale... Pero... Esta bien. Prometo que la próxima me lo pienso mejor antes. Pensaré en ti antes de hacer alguna idiotez.– Menciona mientras se frota con cuidado el brazo. En el fondo ver la preocupación de la rubia se le hizo muy linda. —Solo pensé que me sentiría muy culpable si alguno de los chicos estuviera en mi lugar.– Confiesa. —Y sí... Soy un poco imbécil últimamente. Pero en parte es tu culpa.– Comenta divertida. Lo dice porqué sus amigos dicen que en clase se la pasa un poco atontada por momentos y es justo cuándo por pocos segundos su mirada se cruza con la de Circe.

Al escuchar la descripción de los libros sonríe. —El sombrero la ha jodido contigo, Barbie. Tenía que meterte de cabeza a Ravenclaw.– Comenta divertida riendo por lo bajo. Pero la verdad se le hace muy entretenido cómo ella relata los sucesos. Que si le quería contar todo el libro Ash le escuchaba toda embobada. —Pues... Me leeré la santa inquisición esta noche y, en cuanto a la novela esa para rubias; nos esperamos a que los muggles produzcan un filme y lo miramos juntas.

Sus besos son maravillosos... Corresponde cada contacto de los labios ajenos son poder evitar las sonrisas que le roba las palabras de la rubia. —Egocéntrica e intimidante. Vaya combinación.– Murmura antes de aquel besos que le deja explorar un poco la boca ajena. Por muy poco tiempo la verdad. Pues la rubia quiso volver a su comida. Las palabras de Circe aún corrían por su cabeza; 'Solo contigo...' Dijo y eso basto para hacer sonrojar una vez más a la castaña. "Estúpida y sensual, rubia. Mira lo que provocas." Pensó mientras le arden las mejillas.

•• ★ ••

Estuvo anpunto de pedirle a la rubia que se quedase mas tiempo con ella. Pero solo le bastó escuchar que si alguien les pillaba lo que tenían se acabaría y no quería que eso pase. En el fondo se sintió cómo una niña pequeña a la que le engañan con facilidad. —Sabes que no es lo que quiero...– Le dice casi en un susurro pero era perfectamente audible para la Prefecta. Afortunadamente la siguiente pregunta y aquel beso le hace cambiar de actitud y vuelve a ser la misma Ash traviesa de costumbre. —¿Acaso tú no lo haz hecho?– Inquiere acercándose a ella. Le muerde el labio inferior y tira, pero poco antes de que se libere, succiona y lo recupera, para luego volver a besarle aunque no por mucho y se aleja. —¿No me echaste de menos?– Insiste evitando sonreír. Vamos que tiene que sacarle al menor un simple; sí.

•• ★ ••

  Hogwarts
Un aula Vacía... ~• ★ Lunes. 7mo Curso
21 de Marzo
12:37

A primeras horas de la mañana había vuelto al castillo. Los primeros en recibirla claro fueron los residentes de Gryffindor, incluso las personas de los cuadros le dan una cálida bienvenida. Nick casi decapitado estaba allí para saludar también y el mismísimo Director así como el líder de su casa. Vaya, realmente se sentía bien volver. Grant, Santoni y Thomas hicieron fila para abrazarle y susurrarle alguna idiotez que le hiciera sonreír. Una niña de primer curso le acercó a su erizo y por primera vez Circe no se hacia el indiferente al verle, estaba tan loquito por estar entre sus manos cómo cuándo estaba cerca de Barbie. Claro qué, dos minutos después ya estaba dormido. Típico.

Luego del recibimiento en su Sala Común, le han dado permiso de faltar a clases y descansar. No, la verdad no fue así. Tenía que asistir normalmente a sus actividades comunes y la verdad es que lo necesitaba con urgencia.

Guardó en su mochila el libro de esa saga que Circe le hubiera dado en Londres. Ya había avanzado hasta la mitad, tenia razón era lento, pero no era malo. L estaba dando una oportunidad. Corrió animada a clase y tomo su puesto junto a Grant, cómo siempre.  Sus hermanos estaban allí y los saludó con una sonrisa, Nayra hasta le correspondió. En realidad tanto ella como Magnus fueron a verla el día domingo y aunque fue raro, los tres pasaron una hora juntos riendo y bromeando cómo cuándo lo hacían cuando eran niños.

Y allí estaba ella... —Junto al imbécil de Howells— Se le hizo difícil apartar la mirada —solo fue un contacto visual que duró tres segundos más que los de costumbre—, quería que la clase acabe de una vez, pero cómo si fuese capricho del destino, el tiempo avanzó lentamente.

Mientras el profesor dictaba la clase, Ash miraba a Circe, charlaba por lo bajo con Grant, y una que otra vez, respondía a las preguntas del docente. Así estuvo hasta que por fin la clase acabó. Entendió la indirecta de la rubia y acordó con Grant encontrarse en el Gran Comedor. Éste día estaba bastante protector. Sin embargo entendió y le dejó llendose con Santoni y Thomas.

Claro, profesor.– Comentó Ash mientras guardaba sus cosas en la mochila y ahora era la única junto a Circe, dentro del aula. Mira de reojo a la rubia frente a la puerta, aquella sonrisa. Las ganas de ir con ella aumentan, pero debe acabar de guardar sus cosas y evitar verse tan necesitada del contacto contrario.

La voz ajena la lleva alzar la cabeza y observar a la Slytherin. —Si supieses lo subjetiva que me suena esa frase y lo que provoca en mí...– Le tumban la mochila, menos mal ya la había cerrado. —Te habrías pensado un poco más si decirla o no.– Culmina su frase y coje su mochila del suelo para ponerla sobre la silla del pupitre. Se encamina hacía la puerta, con la mirada fija en la rubia.

Le coje la muñeca izquierda —con la mano derecha— y la lleva hasta la puerta dejándola contra la madera, sin soltarla. —Seguridad ante todo...– Comenta divertida al tiempo que con la mano  libre —la izquierda— toma la de Circe —la mano derecha— y entrelaza sus dedos. —Y respondiendo la pregunta...– La mira fijamente. Aquella mirada realmente hipnotiza o más bien idiotiza, que le mantendría la mirada a la rubia por un largo rato sin cansarse de ello. —¿Cómo quieres jugar?– Pregunta acercándose a dejarle un beso en los labios, pero se detiene justo en el instante que prácticamente sus narices se rozan. La provoca, pero no la besa y apenas nota un posible acercamiento de la rubia se aleja un poco. Sonríe. Estar tan cerca es una tortura, pero al mismo tiempo es divertido. —¿Es así que querías jugar?– Susurra creando nuevos roces entre sus labios y los ajenos. No sabía que tanto estaba tentando su suerte, pues la rubia le podía soltar una fresca, y gratis ¿Pero acaso no es tentador provocarla? Estar tan cerca y... Solo limitarse a sentir su respiración, acariciando suavemente su nariz con la ajena.
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Circe A. Masbecth el Sáb Dic 23, 2017 11:24 am

Cerró los ojos y escuchó la voz de Ashanti. No sólo sus palabras, sino también sus silencios. El ritmo con el que  narraba aquella historia, sus pausas para pensar cómo continuar la historia y hasta el más mínimo detalle en su voz. Circe tenía una particular relación con las voces de los demás. Había voces que podía escuchar durante horas sin problema alguno, pero tampoco con su parte positiva. Había otras, en cambio, que hacían que lo único que desease era golpear a la otra persona – algo que, teniendo en cuenta que se trataba de la propia Circe no era tan poco común – hasta tal punto de hacer que su voz no volviese a salir de entre sus labios. Y luego estaban voces como la de Ashanti. Que no tenían porque pertenecer a personas importantes o con las que tuviese un vinculo importante. Sólo personas a las que le gustaba escuchar. Y Ashanti siempre había sido una de ellas aún cuando lo que saliese por su boca años atrás fuesen insultos o estupideces a juicio de la rubia.

Cuando el cuento sonrió, Circe entreabrió los ojos para mirar a Ashanti, quién rápidamente había depositado un corto beso en sus labios.

- ¿A  dónde? – Preguntó mucho más relajada que antes, habiendo dejado que la tensión que sentía porque la puerta se abriese en cualquier momento había desaparecido. La  chica respiró profundamente volviendo a cerrar los ojos y agarró la mano de Ash para no permitirle salir de ahí. Se acurrucó aun más cerca en un intento para que se quedase más tiempo y, en apenas diez segundos, todo  lo  que le había preocupado sucedió.

La puerta de la habitación comenzó a abrirse y escuchó la voz de Enya Schell, una de sus compañeras de dormitorio que se despedía al otro lado de la puerta con alguno de los chicos de su propia casa.

- Sólo será un segundo, te lo prometo. – Dijo la pelirroja haciéndose de rogar. Circe ni siquiera alcanzaba a escuchar la voz del chico al otro lado cómo para saber de quién se trataba.

Casi tiró a Ashanti de la cama de un empujón, haciendo que la chica se levantase de la cama y señaló bajo esta para que se escondiese. También estaba la opción de esconderse tras una maldita cortina. O en su baúl si fuese contorsionista y hubiese tiempo suficiente para ello. Movió sendas manos en dirección a Ashanti animando a que se  escondiese rápidamente, con el corazón en un puño. Ella, quien estaba de rodillas sobre la cama, se volvió a acurrucar esperando a que Enya entrase o, con suerte, no lo hiciese. Y de pronto comenzó a pensar más rápido de lo que parecía posible haciendo que sus preguntas se colocasen unas encimas de otras. ¿Cómo iba a sacar a Ashanti de ahí si ya había gente en la Sala Común?

* * *

Sábado, 19 de marzo, 16.14 horas
San Mungo, habitación de S. Ashanti Button

Circe estaba de acuerdo en algo: el color amarillo era un color feo. En el caso de haber sido elegida para la casa Hufflepuff habría acabado expulsada por negarse a ponerse un uniforme con un emblema tan, pero que tan, feo. No soportaba ese color. Y para alguien que se preocupaba más por su aspecto físico que por el resto del mundo aquello era mucho decir.

- ¿Eso significa que nunca saliste con una  tejona? – Preguntó elevando sendas cejos. – Lástima, hubieses hecho buena pareja con Maxwell. Ambas sois subnormales, aunque ella en el mal sentido. – Dijo con tono divertido y es que Circe siempre había aprovechado cualquier oportunidad para meterse con Danny quien, irónicamente, resultaba ser el único miembro con vida de su verdadera familia.

Estaba molesta. Aquello era un hecho. La mera idea de perder a Ashanti hacía que un vacío devorase todo en su interior como si de un agujero negro se tratase. Un agujero negro que en poco menos de un año acabaría por conocer de primera mano. Pero no en aquel momento. En aquel momento aún vivía en una utopía que no podía ser posible. Porque verdaderamente no lo era.

- Es que eres gilipollas. – Sentenció la rubia. - ¿Y yo qué culpa tengo? Tú ya venías defectuosa de fábrica. Es más, desde que somos amigas has mejorado. – Elevó el mentón en un gesto tan ególatra como sus propias palabras.

* * *

¿Echarla de menos? Realmente no lo había hecho. Por el mero hecho que se había acostumbrado a que sus encuentros fuesen improvisados y que pudiesen suceder en cualquier momento, sin esperarlo. Quizá cada diez días. Quizá noche tras noche. Nunca era igual  y eso hacía que Circe lo viese como algo especial y único. Algo que le hacía esperar al día siguiente con más ansias y emoción por si Ashanti estaba en él.

- En absoluto. – Dijo siendo ella esta vez la que le devolviese el beso de manera divertida, como si todo aquello fuese nada más que un simple  juego. Y es que en parte todo era un juego para Circe. Y aquello no era diferente en ese sentido, pero sí en el hecho de un juego con alguien que realmente le importaba. – Deberías leer la novela, hazme caso. A lo mejor encuentras en ella un modo de fugarte de Hogwarts entresemana. – Alzó las cejas y cogió el libro para dejarlo sobre la cama. – Descansa, Ash. – Dijo ya en pie. Se encorvó ligeramente y depositó un breve beso en sus labios antes de marcharse de la habitación.

Spoiler:
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* * *

Lunes, 21 de marzo, 12.30 horas
Aula

Por regla general era agresiva. Especialmente en lo que a lo verbal se refería. Pero si lo quería también podía ser en lo físico. Ian Howells se había llevado más de un golpe por parte de Circe por tocar las pelotas demasiado; Ashanti Button había probado lo que era un hechizo de Circe que hiciese saltar los libros a su cabeza e incluso algún manotazo por comportarse como una idiota, o por acercarse más de lo debido cuando la rubia se sentía atacada; también algún rival de Quidditch al que Circe hubiese lanzando una Quaffle directa a la cara después de un partido. Pero aún así, su parte favorita seguían siendo las palabras.

En condiciones normales habría contestado con fuerza. Habría puesto todas sus energías para apartar la mano de la castaña y deshacerse de ella de cualquier manera sin importar el daño que pudiese generarle. Pero no con Ashanti. Al menos, ya no. Porque le gustaba. El juego de la una y el de la otra. Esa cercanía hacia que se le erizase de tal modo la piel que ni siquiera comprendía por qué sucedía.

- Me haces daño. – Dibujó un puchero en su rostro aprovechando el momento para acercarse a Ashanti levemente y terminar por convertir el roce iniciado por la castaña en un beso. Sonrió tras morder sus labios, con cierta fuerza incluso antes de dar un nuevo beso. Se deshizo del agarre de una de sus manos mientras que la otra seguía incluso apretada por sí misma con fuerza. La elevó colocándola en el cuello de la chica, subiendo los dedos levemente por su cabello y usándolo como empuje para besarla con más intensidad. – Prefería jugar a tirarte libros a la cabeza. – Admitió en un susurro, acercando sus labios a su oreja para hablar y depositar cortos besos sobre la piel de esta hasta bajar a su cuello. – Te he echado de menos. – Un leve beso. – Pero sólo un poco. – Sonrió dejando los besos y pegándose ella misma a la puerta de madera, bajando las manos y situándolas paralelas a su propio cuerpo. – No te lo creas demasiado. – Añadió dibujando una sonrisa ladina.
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S. Ashanti Button el Sáb Dic 23, 2017 10:06 pm

A la torre del león..– Susurra mientras acaricia el rubio cabello ajeno con la mano libre pues la otra Circe se la había cogido. La verdad no quería irse, de ser por la castaña se quedaba a pasar la noche con ella si encontraba algún modo que no las descubran. Pero mejor salir antes de que alguien más entre. Estaba por besarla y partir, pero en eso se abre la puerta y el empujón de la rubia no fue nada normal.

Ash casi va a parar al suelo, pero suerte que posee buenos reflejos. La situación se le hace divertida. ¿Bajo la cama? ¡No! La castaña pelea en silencio con Barbie y por medio de señas le dice que no se va a meter bajo la cama. La Gryffindor estaba en en suelo, agachada tras la cama. Y Circe estaba acurrucada sobre la misma, mientras la otra Slytherin seguía tras la puerta. En un arrebato de locura, la castaña sube nuevamente a la cama y sacando la varita, tras algunos movimientos rápidos, cierra las cortinas esmeraldas que rodean la cama de la rubia, seguro nadie se metía a husmear en la privacidad de Masbecth. Y antes de que la rubia fuera hacer algún reclamo, la castaña le besa.

La otra Slytherin entra a la habitación y pregunta si Circe estaba en la habitación pues se le haría raro que las cortinas estuvieran cerradas e impidan la visión hacia la cama de la Prefecta. Parecía que Ash tendría que quedarse en aquél lugar hasta que recién llegada se vaya, aunque estaba el problema de que la sala común estaría full de personas, quizás lo mejor era quedarse hasta que todo el mundo se hubiera ido a dormir. Demonios, esto seria un lío... Ya debía ir pensando en su escusa para el líder de Gryffindor.

•• ★ ••

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21 de Marzo
12:45

Bajó la guardia solo un momento tras haber visto aquel puchero y luego no se pudo resistir a corresponder el beso que la contraria le daba. Aquella mordida le provoco un ligero suspiro que acabo chocando contra los labios ajenos. Y sí, la verdad le encantaba que le muerda de esa manera. —Eres mala...– Susurra al tiempo que la rubia le habla al oído. Vamos, esto se estaba saliendo de control. Sobre todo por aquellos besos que la contraria deja sobre su piel. La Gryffindor se debe morder el labio para evitar volver a suspirar.

No pudo evitar sonreír de emoción al escucharle que le han echado de menos. Y es que Ash también lo ha hecho. Si aquel beso que le hubiera dado antes de dejarla sola en San Mungo no era suficiente para pasar el día siguiente sin verle. —¿Solo un poco? Eso es grave...– Comento soltando la mano ajena. La observa con detenimiento, tan inocente pegada a la puerta. —Circe, eres hermosa...– Se le escapa el pensamiento. Y se maldice porque sabe que esto daría pie a hinchar más el muy grande ego de Barbie. —En fin. Tendré qué...– Le coge de la corbata y tira un poco al tiempo que acaba acortando la distancia entre ambas y comienza un nuevo beso al tiempo que desajusta la corbata hasta quitarla, se separa y la mira. —Si me vas a golpear... Que sea luego. ¿Confias en mí?– Pregunta en un susurro, con el que le roza los labios; mientras le cubre los ojos con  corbata que le acaba de quitar y se la ata tras la cabeza con cuidado de no tirarle el cabello.

Oh, casi lo olvido...– Comenta como si lo hubiera recordado. Pero en realidad lo llevaba presente desde que entró en el aula. Deja un recorrido de besos sobre el puente de la nariz ajena y luego de besar la punta de la misma, le deja un pequeño pico en los labios. —Hola...– Murmura sonriendo y seguido la besa una vez más, fue un beso tierno. Uno que sin necesidad de decir algo más, es capaz de transmitir alegría, emoción por encontrarte junto ella. —Y... Gracias; por lo del boleto. Aunque tengo la duda de si debo asistir formal o no...– Tenía ambas manos sobre el rostro ajeno y con los pulgares acaricia suavemente los labios de la rubia. Había guardado el tiket ya en su baúl, junto a sus pertenencias más importante y sus cuadernos de notas y dibujos.

¿Donde me quedé?– Pregunta de la nada, volviendo a su tema inicial. —Claro... Tengo que darte algo para que me extrañes mucho más ¿No?– Susurra solo para que la rubia le escuche. —Relajate...– Murmura antes de volver a besarle; al mismo tiempo desliza el dedo índice de su mano izquierda sobre el cuello ajeno, descendiendo lentamente; deshaciendo los botones de su camisa, quizás dos o tres. Deja un camino de besos suaves que inician en el mentón de Barbie y descienden por su cuello. Con la mano derecha ya había soltado los botones del jersey ajeno, y antes de que sus labios besen la clavícula contraria, tenia ambas manos bajo la camisa de Circe. Acariciaba con sus dedos el abdomen de la rubia, intentando no dejar ningún espacio de aquella zona sin tocar. O en todo caso sin besar. Pues seguía descendiendo —luego de haber desabrochado cada botón de la camisa; que tenía practica en hacer estas cosas en menos tiempo del que se podía creer—; acariciando con sus labios la piel ajena. El calor de su respiración choca contra los pechos de la rubia...

A pesar de que estaba muy metida en lo que hace. Disfrutándolo a tope. Que Circe lleve varita la pone nerviosa. Porque un movimiento en falso y seguro la manda a volar al otro extremo de la habitación. Por lo qué desecha la idea de morderle los pechos a Barbie y simplemente continua descendiendo; dedicando especial atención a besar el abdomen ajeno; acariciándole con los labios con cada beso. Si ya era adicta a los labios de la rubia. Justo ahora se declaraba adicta a su cuerpo. A su piel suave y al aroma de su perfume...

No sería capaz de tocar o besar nada más no iba pasar más limites, es que... La noche anterior había soñado algo parecido y necesitaba hacerlo realidad o se moriría luego por no haber aprovechado la oportunidad que le ofrecía el destino y esa aula vacía.

•• ★ ••

 Alta Normandia Francia
Étretat. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
9 de Abril
13:55

Habían pasado poco más de quince días. Pero aún quedaba mucho para que pudieran ir al teatro en Londres. Durante estos días Ash había estado empecinada en salir con Circe, pero con todo el lío del colegio, la vida cotidiana del estudiante y tener una graduación cada vez más próxima se había hecho bastante difícil coger los fines de semana para salir. Además los exámenes estaban bastante demandantes y había estado estudiando a mas no poder. Incluso se iba por las noches a la biblioteca, para estudiar con Circe, y de paso poder pasar tiempo con ella ya que en el día se volvía complejo y los pocos ratos que tenían libre sus amigos la arrastraban hacer alguna payasada. En todo caso Ash encontraba un día mas que otro en el que poder secuestrar así fuese cinco minutos a Barbie y verse en algún aula, pasillo o esquina, a espaldas del mundo.

Entre sus obligaciones y responsabilidades, y ya con su licencia de aparición aprobada le era mas fácil movilizarse por si misma. Por esta misma razón fue capaz de organizarse y planear una salida con Circe, no le dijo a donde iban, pues era sorpresa, solo le advirtió a la rubia que llevase puesto bañador y protector solar, puede que también hubiera mencionado unas gafas y agua... Mucha agua mineral. Quedaron en que se verían el sábado en algún lugar del pueblo. Y apenas la rubia hubiera llegado, Ash estaba terminando un helado sentada sobre un baúl.

Cogió a la rubia de la mano, el baúl y desapareció...

•• ★ ••

Poco después reaparecen en una hermosa playa de arena banquesina que estaba casi despierta, o mejor dicho despierta, es que... Es Abril, vamos, la gente del común vive ocupada a pesar de ser sábado. Igual Ash lo prefería así, aunque igual no le molestaba si alguien se aparecía o algo, pues donde estaban ¿Quién iba a reconocerles?

Yo voy armar la cosa esta... Y no, no quiero ayuda, por si se te pasó por la mente.– En realidad se refiere a lo que hay dentro del baúl. —Por favor, no te vayas ahogar ¿vale?– Comenta solo por joder. Con ayuda de la varita logro alzar una carpa que se ataba dentro del baúl. Y claro, era obvio que dentro era prácticamente una casa; una enorme cama, un pequeño espacio con cocina y una bonita mesa en el centro y claro, el infaltable sofá.

Ya todo listo  y fue en busca de la rubia. La cogió desprevenida por la espalda y la abrazó mientras miraba hacia el océano.  —¡Hola!– Saludó besando la mejilla ajena y seguido apoyó el mentón en el hombro derecho ajeno. —¿Habías estado antes en Alta Normandia?– Pregunta. Quería que fuese la primera vez de Circe en este lugar. Había pasado un hermoso verano aquí cuando era niña, con sus abuelo maternos y una tía a la que trataba bastante mal, pero que le parecía divertida y a la cual no veía desde hace años. Pero era lindo y de algún modo especial, pues hizo buenos recuerdos. Aunque la razón real de haber traído a la rubia aquí, era crear nuevos e importantes recuerdos. Pues junto a Circe, cada evento tomaba un valor incalculable, aunque solo fuese un día más en su cotidianidad.

«Ciertamente la vida misma se vuelve importante cuando la compartes con alguien a quien comienzas a querer de verdad.»

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Circe A. Masbecth el Dom Ene 07, 2018 1:46 pm

Se le congeló  la sangre y no precisamente por las bajas temperaturas que pudiesen entrar al haber corriente en la habitación gracias a la puerta abierta. Sino por el hecho de estar ahí recostada sabiendo que, en cualquier momento, aquella chica podría descubrir que Circe no estaba sola en la habitación. Que había otra persona y que, además, esta no debería estar ahí. Sino en la torre de Gryffindor. ¿Y acaso había algo más evidente qua la rivalidad que existía desde el inicio de los tiempos entre Slytherin y la casa de los leones?

- ¿Circe? – La voz de Enya se aproximaba a su cama y Circe cerró los ojos con fuerza deseando que se marchase de allí. Como si por el mero hecho de desearlo con fuerza fuese a dar como resultado que todo se cumpliese. - ¿Circe estás dormida?

La rubia se sentó en la cama y descorrió parte de la cortina, lo suficiente como para mirar a través de ella en dirección a Enya.

- No será gracias a ti. – Elevó ambas cejas, enfadada. Cerró la cortina tras sus palabras y volvió a recostarse esperando a oír como la puerta se cerraba tras los pasos de Enya, quien ni siquiera se atrevió a contestar a la rubia.

Descorrió las cortinas por completo y casi saltó de la cama para ir en dirección a la puerta. Esperó unos segundos hasta que dejó de escuchar la voz de Enya y abrió la puerta, apenas una rendija, para ver las escaleras que llevaban a la Sala Común de las serpientes donde ya había un gran número de alumnos que hablaban y jugaban a diversos juegos de mesa. En su mayoría alumnos de primer y segundo curso, pues los que habían salido a Hogsmeade aún estaban por llegar.

Se quedó apoyada en la puerta y miró en dirección a Ashanti, molesta porque no le hubiese hecho caso en su advertencia.

- ¿Y ahora cómo piensas salir de aquí?

* * *

Lunes, 21 de marzo, 12.30 horas
Aula

¿No era obvio que era mala? Por mucho que sus acciones en ocasiones no estuviesen destinadas a causar  daño alguno a los demás acababa por hacerlo. Porque estaba en su forma de ser, intrínseco en cada una de sus acciones de una manera consciente o inconsciente. Circe era mala, hasta la médula. No era de esas personas de las que podías afirmar que no guardaban maldad sino que simplemente eran personas peculiares. Porque no era así. Ella disfrutaba sacando de quicio a los demás, como un niño que una y otra vez pone a prueba a sus padres para ver si aguantan el tira y afloja. Con la diferencia que un niño no alberga maldad, solo inocencia. Y Circe lo hacía por el fin mayor de causar verdadero daño.

Aunque, con Ash, no intentaba causar ese dolor. Porque realmente le importaba.

- No. – Dijo de manera tajante. Claro que confiaba en ella, pero no lo iba a decir, al menos no con palabras. Pues en lo referente a acciones dejó que la castaña hiciese y deshiciese a su gusto. Incluso sonrió cuando el beso terminó sobre su nariz como ya había acostumbrado Ash a hacer en un acto cariñoso e infantil al mismo tiempo. Un acto tan suyo, tan de ambas, que si no se sucedía fallaba algo.- Formal. Ni se te ocurra ir en vaqueros y deportivas. – Contestó la que siempre iba más arreglada de la cuenta. Y es que Circe era el tipo de persona que se arreglaba siempre que tenía oportunidad, algo que Hogwarts no le daba. Aquel uniforme tan aburrido le suponía un dolor de cabeza, por lo que había acabado por dejar de lado los zapatos obligados para usar botas negras más a su gusto en un intento de no ir igual que el resto.

- Ash, para… - Pero aquello se quedó en un susurro que ni siquiera el cuello de su camisa atinó a escuchar. Notó como la piel de todo su cuerpo se erizaba y como un escalofrío recorría cada centímetro de su piel al entrar en contacto con los labios ajenos.

Aún sujetaba la varita en la mano izquierda mientras que la derecha se había aferrado con fuerza a la camisa de Ashanti. Sus ojos estaban cerrados y su cuerpo poco a poco fue dejando la tensión para relajarse, sosegando incluso su respiración para que esta se volviese calmada. Pero, sin previo aviso, frenó a Ashanti en su intento de recorrer cada centímetro de su piel con sus labios. Abrió los ojos y se apartó con cuidado, colocando su pelo, apartando la corbata que tapaba sus ojos y sin decir nada para avanzar apartándose de la puerta y colocarse sobre uno de los pupitres, quedando sentada y cruzándose de piernas, algo acalorada.

- ¿Piensas  jugar con todas mis corbatas? - Dijo mientras se volvía a colocar el pelo con cuidado. La sujetó entre sus dedos y la movió de un lado a otro. Hizo un gesto con la mano en dirección a Ashanti, pidiéndole que se acercase pero sin intención de dejar que verdaderamente lo hiciese. – Porque me debes una.- Casi saltó del pupitre para abrir la puerta de la clase y echar a correr dirección a su siguiente clase, dejando a Ashanti ahí plantada al tiempo que volvía a abrocharse los botones de la camisa.

* * *

Sábado, 9 de abril, 13.55 horas
Étretat, Francia

Las semanas se habían pasado entre montañas de libros y apuntes. No había tenido tiempo para preocuparse por otro aspecto de su vida que no fuese prepararse para los exámenes que estaban cada día más cerca de llegar. Incluso durante aquel tipo tuvieron algunos parciales que les robaban más horas de lo normal. Por suerte, habían encontrado la forma de poder estudiar juntas bien fuese en los fines de semana cuando podían desaparecerse lejos del castillo o en la biblioteca sin siquiera estar en la misma mesa. Lo cual no era del todo útil. Pero a fin de cuentas, aquello era lo que hacía toda la situación tan especial.

El aviso de Ashanti le pilló desprevenida. Iban a algún sitio donde necesitaría bañador, protector solar, gafas de sol e incluso ropa fresca. La rubia tomó nota mental de todo aquello y preparó lo que Ashanti le había indicado. Para aquel día, usaba un vestido de color blanco veraniego con un bikini en el mismo tono debajo. El pelo suelto y una mochila en el mismo tono que todo lo demás donde llevaba unas gafas de sol de pasta, protector solar – además del que ya se había echado –y varios litros de agua.

Antes de poderle preguntar a Ashanti cuáles eran sus intenciones, ya habían dejado atrás el castillo.

- Pero qué. – Sonrió de medio lado y pasó sendas manos tras el cuello de Ashanti para depositar un beso corto en sus labios. Se apartó con la misma facilidad con la que se había acertado haciendo que el vuelo del vestido se levantase brevemente mientras paseaba por la arena sin alejarse demasiado. No veía prácticamente a nadie allí, ni un alma. Todo era tan tranquilo como idílico.

La rubia se giró para mirar a Ashanti, quien ya decía que no necesitaba ayuda, ¿Acaso pensaba que Circe se iba a ofrecer? La rubia ya se había deshecho de sus sandalias y caminaba hacia el agua haciendo que sus pies entrasen en contacto con el agua. Sonrió con cierto aire infantil girando levente para encontrarse con Ashanti de golpe. Sonrió de nuevo, pero esta vez por encontrarse con ella.

- No. – Contestó volteándose y apoyando su peso sobre Ashanti, juntando su espalda con el pecho ajeno. – Es precioso. – Dijo mirando cómo el agua era mecida por la suave brisa y el único sonido ahí reinante era el propio silencio, sólo roto por sus voces y el sonido de los pájaros que sobrevolaban la zona.

Se soltó de Ashanti aun cuando apenas acababa de agarrar su mano para acercarse hasta donde había dejado sus sandalias, elevó su vestido hasta quitárselo y dejarlo sobre la arena. Se notaba que no era verano y por eso una leve brisa podía hacer que se le erizase la piel por el frío. Pero aún así era una persona de invierno, alguien a quien no le hace daño un poco de frío.

- Te echo una carrera. – Apenas el agua estaba a tres metros de distancia y, cuando lo dijo, casi sus pies ya estaban en el agua, por lo que la carrera estaba más que ganada por su parte y sus trampas. Metió la mano en el agua y salpicó en dirección a Ashanti comenzando a alejarse en el agua hasta que esta le llego hasta la altura de los  muslos de las piernas. - ¿Te da miedo que te haga una ahogadilla? – Preguntó elevando ambas cejas divertida.

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S. Ashanti Button el Mar Ene 09, 2018 6:17 am

Circe llegaba a ser tan borde, que la verdad, si la castaña hubiera estado en el lugar de la slytherin que acababa de entrar a la habitación, habría hecho exactamente lo mismo. Quizás le hubiera hecho jirones las cortinas de la cama también, pues es Ash, no se iría así sin más, pero se iría. —Eres una borde...– Le susurra a la rubia con cierta diversión, justo luego que la misma se hubiera recostado nuevamente seguido que la compañera de Circe dejase la habitación. Le deja un beso en la mejilla un segundo antes que la contraria se aleje para ir a la puerta.

Se sienta en la cama y coge la almohada de la rubia para abrazarla, mientras con interés observa expectante la manera en cómo espía la contrario, por aquella pequeña rendija luego de abrir un poco la puerta. No puede evitar sonreír. Vale, si se asusto mucho cuando la otra chica entró. Conoce muy bien el precio que tendría que descubran que son amigas —o poco más últimamente—, sin contar el lío que se armaría al encontrarse en una sala común o una habitación a la que no pertenece. Pero; afortunadamente todo salió bien, y estaba bastante relajada ahora.

Le encanta ver tan cogida de los nervios a Circe. En cierto punto se le hace adorable. Apreta la almohada entre sus brazos, el perfume de la rubia estaba impregnado en aquel objeto blando. Lo adora. Era un poco cómo tener a la rubia entre los brazos. Quería esa almohada. —Tengo que poder llevarme esto...– Menciona mientras la rubia se queja. —Ok, vale. Pienso salir atravesando la puerta...– Jode un poco.

Ash deja la almohada a un lado y se levanta de la cama para ir donde la contraria. —¿Estás furiosa, Barbie?– Preguntó sin poder evitar una sonrisa, que intenta borrar pronto, pero es imposible. —Provoca comerte a besos...– Menciona estando frente a la Slytherin. —Voy a encontrar la forma de salir, y no van a notarlo; creeme.– Es una mentira que dice con mucha convicción. —Vamos, no estés furiosa conmigo...– Susurra mientras la toma del rostro con ambas manos y deja pequeños y cortos besos sobre los labios ajenos y luego uno aún más pequeño sobre la punta de la nariz ajena. —Voy a... Disfrazar.– Mira a su alrededor y observa qué había una capa sobre una de las camas, quizás de la chica que acababa de entrar. Se aleja de Circe y va a coger la prenda.

Se coloca la capa y se echa la capucha sobre la cabeza a modo que quizás solo se vea su mentón y labios, eso si solo levantaba la cabeza. —Ves, ya tengo disfraz.– Comenta con una pequeña sonrisa mientras se va dónde la rubia una vez más. —Ésta dementor necesita un beso más para irse...– Comenta de manera sarcástica y acerca su rostro al de Circe. Acaricia la nariz ajena con la propia; lenta y suavemente.

Sin pensarlo demasiado busca los labios ajenos y la besa. Cada nuevo contacto con la rubia le confirmaba lo tan adicta que se ha vuelto a ella. Lo mucho que ya dependía de momentos cómo estos para poder ir a la cama feliz y dormir en paz. —Gracias por traerme...– Susurra entre besos. Si era sincera no queria irse y si por la castaña fuese, se quedaba a dormir con la rubia. Pero eso era demasiado pedir. Ademas no podia quejarse, habia tenido el mejor premio de consolación al conocer la habitación de Circe y encontrarse con la corbata dorada y carmesí, resguardada entre las pertenencias de la slytherin. Y ni hablar de todos los besos que le ha dado. El haber estado juntas en la cama. Eran pequeñas cosas que realmente la castaña apreciaba.

Buenas noches, Barbie.– Murmura bajito, solo para que la rubia escuche. Vaya, nada era mejor que hacer eso por las noches, besarla y despedirse, con la esperanza de volver a verse al día siguiente, aunque no sepa donde o a que hora exactamente. Le da un beso más y se aleja un poco. —Vamos, dejame salir mientras aún tenga la voluntad de hacerlo...– Comenta esperando que la rubia le deje salir. Le acaricia la mejilla luego de alejarle el cabello del rostro. El plan era simple. Salir de la habitación y aprovechar que alguien abajo salga o entre de la sala común, para ella aprovechar e irse. Esperaba no tener contratiempos. Pero a juzgar su suerte, por lo general lo simple le era siempre lo complicado.— A menos que desees que me quede contigo hasta que todo el mundo se vaya a dormir...

•• ★ ••

Afortunadamente para la castaña, le estaba cogiendo el truco a la rubia; dijo que no confiaba en ella, pero si se estaba dejando hacer, la cosa tenía que haber sido broma. También podía estar imaginando todo y puede que la rubia este diciéndole la verdad. Bueno, le dejaría mejor a su intuición seguir con todo. El instinto pocas veces se equivoca.

Vale... Formal. Pero que sepas; Si voy a meterme en un vestido. Vas a ir conmigo a comprarlo.– Deja muy clara su condición. Que en realidad no es más que una escusa para estar un sábado más junto a Circe.

Ash se acaricia los labios con dos dedos, mientras que Circe solo se aleja. Sonríe. "Barbie ¿Qué demonios estás haciendo conmigo?" Pensó divertida mientras observa a la contraria. No fue suficiente, fueron muy pocos besos, muy poco tiempo, de aquel tan adictivo roce que había entre sus labios y la piel ajena. Sentía un pequeño cosquilleo en los labios, quizás ansiedad o nerviosismo, por haber deseado continuar llenando de pequeñas caricias el abdomen ajeno. Y aún así, por más poco que fuese el contacto, se sintió increíble. Era fantástico descubrir la diferencia entre dejar besos en alguien que deseas a alguien que quieres. Cada roce, beso y contacto con aquella persona se vuelve a un más significativo, por más mínimo que éste sea.

Tengo un par de ideas con las mismas...– Responde la pregunta. En el fondo está un tanto nerviosa. No sabe que hacer ahora mismo. ¿Quédarse dónde está? ¿Ir hasta laribia? Aquel gesto de la Slytherin le fue engañoso, pero era una señal al menos, la cosa era interpretarla de la manera más acertada posible, y allí la complejidad del asunto. —¿Deber? No... Ya es mía. Igual qué t...– La frase queda inconclusa ya que la contraria solo escapa. Ya llevaba planeado morderla o algo para molestarle un poco y jugar con ella, pero allí la dejó tirada. "Cuandoppta maldad, Circe..." Se muerde el labio, se coge una coleta alta en el cabello y tomando su mochila se dispone a salir del aula, pensando en lo mucho  que aquella rubia la trae emocionada. Era seguro que no la dejaría de pensar durante el resto del día o semana, y menos luego de lo que acaba de pasar.

•• ★ ••

 Alta Normandia Francia
Étretat. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
9 de Abril
14:38

Saber que era su primera vez en ese lugar le saca una sonrisa. Era tan especial poder darle algo o en todo caso, llevar a Circe a un lugar que aun no conoce. Le encanta que cada momento juntas sea un nuevo 'descubrir'. Lo que sea que le estaba pasando con la rubia, esa 'amistad o algo más', se estaba volviendo el principio de la relación más poderosa e importante de su vida, pues a ninguna otra había querido de esta manera en que quiere a la Slytherin. 'Esa niña bien', le había cautivado, con sus besos, con su voz, con su trato.  ¿Enamorada de  Masbecth? Sí, totalmente.

Entonces... Eso es un ¿Me gusta, Ash?– Pregunta al tiempo que la rubia se aleja. La castaña aprovecha y se comienza a sacar la ropa. Sin embargo mientras se quitaba el short, ya la rubia tenia medio camino hacia el agua. —¡Barbie! ¡Está fría!– Se queja un poco cuándo la salpican de agua. Aún así entra mordiéndose el labio. Solo por joder a la contraria levanta un montón de agua que lanza hacía la rubia, buscando empalarla.

¿Ahogadilla? ¿Qué es exactamente?– Pregunta alejándose un poco metiéndose un poco más en el agua. —Vamos, ven aquí...– El agua le da hasta poco mas arriba de los pechos. Puede que enel aire fuese una inútil, pero el agua era su elemento. —¿Acaso no me ibas ahogar?

•• ★ ••

  Londrea
Tienda de ropa. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
23 de Abril
14:25

El fin de semana antes del evento del teatro, ha llegado, una nueva oportunidad de dejar el castillo y poder salir. Ash se fue con Circe a Londres para buscar lo que iba a usar. Quizás hubiera sido más impactante aparecer el día de la función y que la rubia mire lo que fuese a usar, más la verdad eso de salir juntas a comprar se le hacía divertido. No podía perder la oportunidad de hacer tal cosa juntas. Habían entrado a una enorme tienda, en la que la castaña miraba unos y otros vestidos. Observaba de reojo a la rubia. —Entonces... ¿Tendremos o no ese duelo?– Pregunta mientras fija la mirada en un vestido negro que no acaba de gustarle, pero tampoco le desagrada.


Hace algunos días le había preguntado a Circe si le podía ayudar con un tipo de 'entrenamiento'. No estaba segura que tendría que hacer en la universidad para entrar en la academia de inefables, y la verdad no descartaba la posibilidad de que tenga que enfrentar a alguien. Sí, que no era la academia de aurores, pero ¿No era mejor cubrir cualquier aspecto? Podía pedirle esto a Grant, más para ser cincera, prefiere enfrentar a Circe, porque ella realmente no iba a contenerse a la hora de atacar ¿Cierto?  Era mejor opción que uno de sus amigos o buscar líos a otros alumnos, quería evitarse castigos.

Hagamoslo más interesante, si yo gano... Desfilas en ropa interior para mí, en la torre de astronomía. Y en caso de que tu ganes... Pides lo que quieras. ¿Hecho?– Comenta mientras coge otro vertido y se gira para dar frente a la rubia. —¿Azul o negro? ¿Tú que dices?– Pregunta mientras tiene un vestido en cada mano.

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Circe A. Masbecth el Jue Ene 11, 2018 10:28 am

Necesitaba tener las cosas bajo control. Encontrarse en una situación que, para ella, fuese cómoda. Donde cada suceso que aconteciese estuviese previamente previsto por ella sin importar si al resto eso le incomodaba o dejaba de incomodar. Una zona de confort, por llamarlo de alguna manera y, para alguien como Circe, salir de aquello era como recibir un puñetazo en el estómago que hacía que todo su estómago se diese la vuelta. Pues, de una manera u otra, eso era exactamente lo que a su mundo le sucedía cuando se encontraba en una situación como aquella. Una situación en la que ella misma se había metido por arriesgarse a meter a Ashanti en la Sala Común de Slytherin y en los dormitorios de las chicas. Corrían el riesgo de ser descubiertas y, por suerte, aquello aún no había sucedido, pero no había estado demasiado lejos de suceder.

- Cierra el pico. – Dijo de manera cortante demostrando que, por muy cariñosa que pudiese ser con Ashanti durante horas, también podía ser todo un tigre con sus garras. O más bien una víbora con su veneno y es que Circe era de ese tipo de persona que podrías asegurar que, de morderse la lengua, acabaría por envenenarse con la cantidad de veneno que guardaba en su interior. – No es nada sospechoso que alguien cubierto con una túnica de pies a cabeza huya a toda velocidad de la Sala Común. Seguro que nadie se fija en ti, por supuesto. – La ironía era don natural de la rubia y dejó que sus palabras lo pusieran de pleno manifiesto en aquel preciso instante.

Estaba segura de que aquello saldría mal. Y se estaba ahogando en un vaso de agua aunque no lo pareciese. Aunque sólo aparentase estar enfadada lo cierto era que estaba nerviosa, hasta preocupada por lo que podría pasar. Por mucho cariño que hubiese surgido entre ambas, si era sincera no estaba para nada preocupada por la posible pérdida de puntos y el consiguiente castigo que acarrearía su jueguecito en la Gryffindor, sino únicamente por lo que a ella misma le pasaría. Y es que, por aquel entonces, Circe seguía con aquel característico egoísmo que definía quien era. Esa incapacidad para preocuparse por alguien más que no fuese ella misma aunque de aquello ya se encargaría la Ashanti del futuro. Pero no en aquel momento.

- Ash, no tiene gracia. – Apartó la cara de la trayectoria de los labios de Ash cuando sus narices se rozaron. Estaba tan nerviosa que sentía que su estómago iba a comenzar a devorarse a sí mismo. Incluso a trepar por su garganta para salir por su boca y, teniendo en cuenta el tamaño del estómago, no sería algo precisamente indoloro.

Pero como de costumbre, el comportamiento de la castaña hizo que se relajase. Que no pensase en el fin del mundo. Que dejase de ponerse en la peor situación. Porque eso es lo que pasa cuando conoces a alguien que cambia tu mundo en un segundo. Que empiezas a ver la luz al final de tanta oscuridad. Que empiezas a darte cuenta que, una sola palabra, basta para respirar tranquilo. Que una sola sonrisa puede derretir un corazón helado.

No dijo nada. No contestó a su agradecimiento porque las palabras parecieron no poder salir de su boca, sino que fueron sus labios los que se enlazaron con los contrarios no dejando paso a la palabrería. Incluso una leve sonrisa se arqueó en sus labios al contacto con los de Ashanti.

- A lo mejor es más fácil que salgas cuando todos se hayan dormido. – Ash estaba en lo cierto. No es que lo hubiese dicho exactamente de aquella manera pero a fin de cuentas quedarse a pasar la noche e irse cuando todos durmiesen era un buen plan. – Pero sólo si prometes que me harás caso. – Amenazó. – No me vale con que te diga que te escondas y te metas en mi cama solo porque quieres. ¿Sabes lo que podría pasar si te descubren aquí? Porque yo no quiero ni imaginarlo así que si te quedas es con la condición de hacerme caso a mí, ¿Queda claro? – Y es que Circe siempre, siempre, siempre, tenía que mandar.

Elevó una ceja y miró a Ashanti, dudando que esta fuese a hacerle caso. ¿En serio? Su naturaleza era la de hacer lo contrario a lo que Circe pedía sólo para hacerla rabiar.

* * *

Lunes, 21 de marzo, 12.30 horas
Aula

Si había algo en lo que las apariencias no engañaban era que Circe era una niña de papá y mamá, una pija redomada, un prototipo de chica femenina considerado por la sociedad. Adoraba eso de usar vestidos de princesa, trajes de gala y comprar ropa. Simplemente lo adoraba y aunque aquella imagen angelical se rompía cuando abría la boca para comportarse como la víbora que era, no dejaba de ser una de sus características principales.

- Mejor, así no te compras un saco de patatas y te lo pones como vestido. – Elevó una ceja, como si estuviese segura de aquella afirmación. – Igualmente, formal no es un vestido. Puedes ir en pantalón y camisa, pero no con ropa de la tuya. Ni con un uniforme. – Como siguiese haciendo matices no terminaría, por lo que sí era más sencillo ir con ella a buscar el atuendo adecuado.

Decir que aquello la incomodaba sería mentir. Se sentía extraño volver a retomar el contacto físico con otra persona cuando había desarrollado tal aversión hacía este. Pero Ashanti, como con todas sus barreras, acabó por derribarlo con más esfuerzo del que podría haber creído que necesitaría. Y, aunque el tacto es agradable y la sensación que llena cada partícula de su cuerpo hace que no pueda dejar de sonreír, no tardó en alejarse dejando la situación a medias. Porque Circe era experta en sacar de quicio a los demás pero también lo estaba haciendo por miedo. ¿Y si para Ash no era más que otro juego como ya había sido para otros antes? ¿Y si ella acababa sintiendo algo por Ash? Aunque ya era tarde para pensar en aquello último, pues cuando una persona ocupa cada uno de tus pensamientos no puede significar que es una simple persona más en tu día a día.

* * *

Sábado, 9 de abril, 14.38 horas
Étretat, Francia

Lanzó agua en dirección a Ashanti con una sonrisa invadiendo su rostro a causa de la diversión que aquello suponía. El agua estaba fría, por no decir helada. En Francia en peno mes de abril las temperaturas no eran las más elevadas pero eso no quería decir que Circe no fuese a aprovechar al oportunidad de bañarse. Para alguien acostumbrado al frío de Londres aquello era calor digno de verano y más cuando el mar estaba cerca. Sonrió una vez más antes de lanzar agua y se metió hacia la parte honda cuando vio que Ashanti comenzaba a acercarse.

- ¡Eh, mi pelo! – Dijo como si no estuviese ya mojado cuando recibió el golpe de agua por parte de la castaña y es que Circe se preocupaba más por su pelo que por la vida del resto. Pero en aquella ocasión era una argumentación carente de fundamento.

Sonrió de medio lado y avanzó en dirección a Ash. Se había alejado tanto que apenas rozaba la arena con los dedos de los pies por lo que retomar el contacto con el suelo se sintió incluso placentero. Volvió a sonreír, una vez más, antes de enlazar sus manos tras la nuca de Ashanti. Incluso se atrevió a elevar sus piernas para abrazar el cuerpo de la contraria.

- Puede que lo haga luego. – Dijo antes de unir sus labios con los de la chica sin variar un centímetro en su postura.

* * *

Sábado, 23 de abril, 14.25 horas.
Tienda de ropa, Londres.

- Puede. – Comentó desde un asiento para mirar a Ashanti mientras elegía el vestido. – No creo que se te dé bien eso de hacer duelos. Eres demasiado… - Buscó la palabra en su mente. – Buena persona. – Sí, era la palabra exacta. No era inocente, no le faltaba malicia. Pero era verdaderamente buena como para intentar dañar a Circe aunque fuese en un duelo amistoso.

La rubia se levantó para mover la parte trasera del vestido de Ashanti para ver cómo quedaba si se lo colocaba bien. Y le quedaba realmente bien, a decir verdad, pero no sería algo que le diría.

- ¿Por qué tipo de puta barata me tomas? – Preguntó la rubia. –  No pienso desnudarme en Hogwarts. –Si pedía algo parecido podía ya esperar a hacerlo en un lugar más íntimo y no en uno que quedase al alcance de cualquiera. – Siempre negro. – Señaló el vestido mientras volvía a ocupar su asiento, cerca de la zona de zapatos para irse probando unos y otros. No tenía intención de comprarse ninguno pero era algo entretenido que hacer con las manos mientras miraba como Ashanti se cambiaba de ropa. – Si pierdes que, por supuesto, perderás, yo exijo mi desfile. – Elevó el dedo índice. – Con la ropa que yo te elija. Y en privado. No voy a dejar que te humilles cuando la gente te vea con un vestido ajustado y unos tacones que te hagan parecer una chica. – Elevó una ceja, de manera divertida.

La dependienta, que parecía cansada del tiempo que llevaban ahí dentro, no dudó en acercarse para ver si necesitaban ayuda.

- ¿Ya han elegido?

- ¿Me traes este en color mostaza? – Preguntó señalando el vestido negro que Ashanti se estaba probando. – Creo que un amarillo le quedaría precioso. ¿O tampoco usas ropa amarilla?

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S. Ashanti Button el Mar Ene 16, 2018 11:12 pm

Qué es peor... ¿Ser manipulado o dejarse manipular, estando consciente de ello? Ash no está segura. Pero en el fondo y de alguna manera, sabe qué sería mucho más fácil si al menos no lo notase. Porqué eso no le golpearía tanto el orgullo. Porqué eso no la haría suspirar pensando qué... Quiera o no aceptarlo, la rubia ya tenía un poder o un control muy fuerte en ella, estando dispuesta hacer lo que la contraria diga, con tal de cuidar de aquello que ahora comparten y le hace sentir especial. Claro, eso no quiere decir que en cualquier momento podría sublevarse. Porqué sí, inesperadamente podría. Eso nos lleva de vuelta al principio ¿Ser manipulado o dejarse manipular? Aunque más que eso, es la opción de dejar que la rubia le domine —lo que le cuesta aceptar—. Porqué mayormente la castaña es quién lo hace, o lo hacía, en cada relación pasada, junto a Circe, había iniciado algún tipo de 'juego de poder', donde una u otra intenta imponer y la verdad es qué; ahora Circe lleva la delantera. ¿Y qué hacer entonces? Lo peor es que la situación actual solo favorece en gran parte a la 'petición' o más bien 'orden', que ha dado la rubia. Y aceptar ahora, la condición de Circe, le hacía pensar qué intrínsecamente estaba aceptando que la rubia debía mandar; siempre.

Ash sonríe un poco mientras observa a la contraria. —¿Una promesa?– Comenta con cierta duda que raya en la ironía, pero aun así, se nota la diversión. Toma ambas manos de la rubia y se acerca para morder el labio inferior ajeno y tirar del mismo hasta que se libera por si solo. —Me queda claro... Y; podría aceptar. Pero...– Menciona queriendo establecer una negociación. Le deja un pequeño beso sobre el mentón. —Tendrías que darme algo a cambio... Y si lo hicieras. Yo te haría caso; en todo... Casi todo.– Le mira fijamente. Le encanta esa mirada, el color de sus ojos, aún antes de que llegasen a éste 'punto de paz'. ¿Sería qué desde siempre le había gustado la rubia? ¿Acaso de manera inconsciente admiraba cosas en Circe, antes de ir descubriendo qué, ella es más de lo qué deja ver? Quizás todo sea obra de ese sentimiento que poco a poco va creciendo dentro y qué en algún punto le asusta, pero aún así, quiere tenerlo y hacerlo crecer. Ir más allá. Sin importar a dónde le lleve.

Yo haré lo qué...– Quería encontrar una palabra que no sonase demasiado sumisa. —Sugieras...– Sí, eso definitivamente era mucho menos sumiso qué; "Hacer lo que tú digas..." Aunque a fin de cuentas el significado era el mismo. —Eso, claro. Siempre que pueda besarte; dónde, cuándo y tanto cómo quiera. Y haciendo un paréntesis; eso incluye que me beses a mí; cuándo yo lo sugiera. Mientras el entorno lo permita, obviamente.– Y con ello establece qué; no está buscando de atentar su acuerdo iniciar de; "amistad clandestina" ¿Seguía siendo esto una amistad? Ash se había planteado unas cuántas veces esa pregunta. Oh vamos, sin complicaciones, le gusta estar con Circe; pero desde el inicio de sus años en el colegio, era casi un imposible —inicialmente para Ash y justo ahora; para terceras personas—, el hecho de imaginar qué; la Rubia y la Castaña, puedan si quiera estar en la misma habitación, sin que se arme un pleito, por más mínimo que fuese; ellas mismas habían dado pie a esa situación y parece que ninguna está dispuesta a cambiar eso, al menos para Ash; la Slytherin no iba a cambiar, y a pesar de que lo respeta, no lo comparte. Pero, por ahora; es feliz sabiendo qué, la contraria tiene ese lado increíble que tanto la enloquece.

¿Qué dices?– Si no fuese porqué ser Inefable es su sueño, seguramente no le iría mal en los negocios o como jueza del ministerio. —Solo tienes que decir; Acepto.– Bromea poco antes de dejarle un nuevo beso. De inmediato recuerda algo y le suelta las manos. —Y... Me tienes que dejar tu almohada.– ¿Qué? Sí, tiene que tener esa almohada, la quiere.

Sonríe mientras se saca la capa —se aleja de la rubia—, para llevarla a dónde la encontró, aunque a decir verdad, la ha dejado sobre el colchón que más le apetecía. Daba igual. ¿Quien pelearía por encontrar su capa en una cama que no le pertenece? Era ridículo, así que no le dio importancia. Se fue a la cama de Circe y vuelve a recostarse, ahora abrazando la almohada estando boca arriba, aprovechando que no tenía que esconderse —por horas— en algún lugar que seguro no le iba a gustar. ¿Qué si había aceptado la propuesta/condición de Circe? Sí, bueno... No había de otra ¿Cierto? Pero si la rubia quería que la castaña le haga caso, entonces tendría se aceptar la condición de Ash. Era un ganar-ganar ¿No? —Barbie no tienes que pensarlo tanto, sabes...– Bromea al meterle presión. —¿Qué es lo máximo que podría hacerte mientras te bese? ¿Sacarte la ropa? Eso o es tan grave...– "No tanto cómo estar bajo las ordenes de una pequeña bruja con tendencia a la maldad." Sonríe mientras observa a la contraria. —¿Harás guardia en la puerta toda la noche?– Le jode un poco y ríe por lo bajo. —Si quieres puedes venir, bueno; si acptas mi condición; deberías venir; besarme y... Volver a tu puesto de guardia. ¿No?– Tenia que encontrar una manera de dominar.

•• ★ ••

Vale, me dejaré guiar por la Fashionista Masbecth.– Es lo único que atina decir. No es que sea una conocedora de moda. La verdad esas cosas que definen a las chicas cómo 'mujeres femeninas', no iba muy de la mano con Ash. Tampoco es que no sepa arreglarse si lo sabe. Por obligación más que nada. Pero no es algo que le quite el sueño. Y si hay alguna que le quitase el sueño, le había dejado sola en aquella aula. No podía esperar para verse nuevamente con la rubia. Circe causaba un tipo de adicción bastante fuerte. Se pregunto por un momento si debía luchar contra ello, si debería intentar que lo que siente se le vaya de las manos, pero... Con lo que acababa de pasar. El haberle besado más allá que el rostro o los labios ¿ Realmente tenía control alguno sobre lo que siente por la Prefecta de Slytherin? No, era muy poco probable que tenga control sobre lo que siente, simplemente se ha estado dejando llevar; porqué le encanta.

Alta Normandia Francia
Étretat. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
9 de Abril
15:15

Ese Puede que lo haga luego..., deja en la castaña cierta incertidumbre que la mantiene en alerta máxima. ¿Temerle a Circe? No, era más bien... Desconfiar de su actitud pasiva. Que es una rubia peligrosa. Hasta que la besa y... Puede que a Ash, hasta se le olvide el nombre. Mientras corresponde el beso de la rubia, aprovecha el leve empuje del poco oleaje del mar, para impulsarse un poco hacia adelante y que sus pies estén bien apollados en la arena y el agua ya no le llega al cuello. Lo menos que desea es tragar un gran cantidad de agua mientras se pierde de manera consciente entre los labios de la contraria. Y muy a pesar de tomar alguna precaución, cómo caplicho del océano una ola sobrepasa su cabeza. —¡Eew!– Se queja haciendo un par de muecas, luego que el agua vuelva a darle al nivel de los hombros o poco más abajo. Sonríe mirando a la rubia y sube una mano a la altura del rostro —ya que la otra descansa sobre la cintura de Circe— y se intenta sacar un poco el exceso de agua. —¿Te comiste la ola también?– Pregunta con cierto tono de diversión y le deja una pequeña mordida sobre el mentón. —Muy salado... A ver tus labios.– Le lame el labio inferior, solo por joderle un poco. —Igual.– Era algo obvio, si estaban en la playa.

Me lleva contrariada el hecho de que tengas más pechos... Y aún así sigue siendo genial...– Comenta de la nada. —Porqué...Puedo hacer esto.– Se inclina un poco y le deja un par de mordiditas sobre pecho izquierdo. No apretó demasiado tampoco. Además solo quería fastidiarle. —Hey, no, no, sin agresión fui delicada...– Rápidamente se excusa con una leve sonrisa.

•• ★ ••

Luego de haber pasado un rato más entre juegos y bromas dentro del mar. Sale a la orilla para ir a la carpa, tenía algo de hambre así que mejor preparar un poco de algo de comer. Con ayuda de la magia se seca y se coloca una sudadera —con un enorme leon a sus espaldas— que cubra lo importante y le llega a la mitad del muslo ¿Que es muy grande? Oh, es que no es suya sino de Grant. Una vez se la había prestado en el colegio y luego nunca más se le devolvió, no porqué quisiera tener algo del chico, sino más bien, porqué él no se la pidió y ella olvido devolverla, así qué al final la conservó.

La castaña preparó algunos sándwichs, sirvió dos basos de jugo, cogió una botella de agua, algunas galletas —que coloco en un plato— y paquetes de chuches saladas, a la par que algunos chocolates, lo dejó todo sobre una gran bandeja y se fue a la cama, dejando la misma sobre el colchón. —Listo...– Le dice a la rubia. Cogió un sándwich y comenzó a comer. Rebusco con su mano libre el reloj que debería andar por allí tirado y observó la hora. —Seguro tengamos que volver en tres horas máximo...– El reloj iba con la hora de Reino Unido, pero no había mucha diferencia, Francia esta por encima de la misma, por una hora.

Haciendo un paréntesis. Eso de andar tras el tiempo le era tedioso a Ash. El no poder pasar con tanto tiempo cómo desearía con Circe, era un pequeño aspecto de sus salidas que le arruinaba el momento, cada que es consciente de ello. Así que para no estresarse, simplemente deja el reloj de lado y se concentra en seguir comiendo. —¿Duermes conmigo?– Pregunta observando de reojo a la rubia, poco después que da un trago a su bebida.

¿Obsesión con el dormir? No. Es solo el deseo de poder hacerlo. Es decir; dormir junto a la rubia. Simplemente desea poder echarse en la cama y descansar cómo cualquier pareja en el mundo. Volver a sentir el calor ajeno, mientras le abraza. La primera y última vez que lo hubiera hecho había sido en la habitación de la Slytherin. Y solo estuvieron poco tiempo, muy poco según la percepción de Ash y ahora que volvía a tener la oportunidad de hacerlo no quería perderla. Que claro, llevarte a la chica que te gusta a la playa para solo tener unas horas de sueño era algo casi tonto. Aunque la castaña es de pensar que cualquier momento junto a Circe, haciendo cualquier cosa. Es perfecto. Incluso si solo se miran en silencio, por mas aburrido que suene. —Barbie... Creo que nunca pregunté; ¿Qué harás al acabar el colegio?– Seguramente ir a la universidad, pero mejor para Ash, si no daba las cosas por sentado, siempre estaba la posibilidad de que Circe se mudase a otro país a estudiar en otro lugar o simplemente... Irse, así sin más. ¿Y por qué pensaba así? Pues precisamente porqué Ash pensaba mudarse con sus abuelos para hacer una carrera en América. Eso inevitablemente le hacía pensar ¿Qué pasaría cuándo ambas acaben el colegio? ... Solo quedaban tres meses hasta su graduación. Desde que hubiera comenzado el año estuvo segura que se mudaría con los Parisi. Pero ahora estaba Circe en su vida y sinceramente soportaría a los Button unos años más, solo con saber que la Slytherin estudiaría en la universidad mágica británica.

•• ★ ••

Londres
Tienda de ropa. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
23 de Abril
16:45

¿Puede? ¿Buena persona?– Repite las palabras de Circe con el ceño un poco fundido, eso era un ataque directo a su orgullo. —Que si quiero puedo ser mala... Es decir, peligrosa.– Comenta con una leve actitud de niña consentida o malcriada. Y no mentía, podía ser así sin problemas. Pero para ser sincera, su plan no era atacar a Circe a modo de lastimarla, quizás dejarle fuera de combate con estrategia. Pero piensa en que la rubia usará lo mejor para llegarle y eso era lo que esperaba, porqué puede practicar en su defensa de manera eficiente, lo que no pasaría con alguno de sus compañeros. —¡Vamos, di que sí! ¿Sí?

Cuándo la rubia se acercó, Ash le roba un beso, aprovechando que no había alguien precisamente cerca de allí. Se ríe al escuchar la queja de la contraria. — Es muy injusto que tú puedas usar la palabra con 'P' y yo no.– Se queja haciendo un pequeño puchero. —Y en todo caso... Te iba a pagar bien.– Menciona solo por joderle. Se iba a reír pero lo deja de lado o al menos lo intenta. Aunque a decir verdad, se tuvo que morder la lengua para desaparecer en gran medida la posible carcajada.

Se queda con el vestido negro. —Vaya seriedad... ¿Vas a ir de blanco?– Pregunta solo por fastidiarle un poco. —Es el color de la pureza...– Se acaba de cambiar y se mira luego al gran espejo en la pared. —Se ve mejor puesto.– Ahora no le desagrada nada el dichoso vestido negro. Observa de reojo a la rubia mientras le escucha.

"Maldición. Debí haber sido más específica también... " Pensó mientras escuchaba las exigencias de la Slytherin. —Y yo que pensaba que eras mala. Mira lo considerada que eres. Casi muero de ternura.– Le dice con divertida ironía y seguido le lanza un beso. En eso llegó la dependienta y Ash frunce un poco las cejas ante el comentario de la rubia. —No, no me gusta la ropa amarilla. Es como ser un inmenso grano de maíz. O la mazorca completa.– Le saca la lengua.

Quiero llevar éste vestido y...– Menciona mientras se saca la prenda y señala a su derecha, al sofá mejor dicho. —Los seis que están allí...– La dependienta estaba por irse. —Disculpe; también los tres pares de zapatos que hay allí y...– Se lo piensa un poco. —La rubia de allá, también. Por favor.– Menciona señalando a Circe. —Nada más. Gracias.

En fin...– Se comienza a vestir mientras observa a la Slytherin. — ¿Vamos a la sección de ropa interior? Creo que tengo derecho de escoger lo que usarás.– Pregunta divertida, poco después de ponerse la ropa. Dando por hecho que Circe perdería. Solo por molestarle.

•• ★ ••

Lago Negro
El Duelo. ~• ★ •••. 7mo Curso
25 de Abril
00:50

¿Nerviosa? Sí. En otra ocasión un evento cómo éste; contra Circe, sería un encuentro para intentar hacer comer tierra a la rubia. Pero no ahora. Ahora solo puede pensar en maneras de ganarle a la Slytherin de forma elegante e inteligente, cómo lo haría un Ravenclaw. Pero la verdad es que Ash es más de contacto y los planes se le dan en proceso de las circunstancias. Era cómo si la adrenalina del momento, despertaba una brecha al ingenio y la valentía o más bien el corage, para darle la oportunidad de actuar, defenderse o atacar. "Vamos, puedo tener un duelo con Circe y darle una paliza. Romperle una uña será el menor de mis problemas; evitar que ella me haga carne molida es el dilema." Entonces el plan seria defenderse y atacar a la primero oportunidad. Si jugaba con la rapidez, posiblemente podría penetrar cualquier defensa de la rubia y anotar el punto correspondiente.

Tener un plan medio bosquejado le daba más tranquilidad. No porqué dudase sobre lo que debería hacer, sino más bien por el hecho de no perder el control. Y era fácil perderlo si sabías darle a Ash en el orgullo y Circe tenía una maestría en ello. Por otra parte la ocasión se le hace divertida. Pues; ¿Quién diría que se enfrentaría a Circe por mera competición? Es algo bastante extraño tomando en cuenta los insensatos años de odio; que por cierto eran recuerdos de quizás una vida que le parecía ajena. Y es que los meses que ha compartido con la rubia, dónde abundan los besos y las más significativas experiencias de Ash en una relación; han dado un nuevo matiz a las vivencias pasadas, haciéndolas menos desagradables cuándo las recuerda.

La castaña estaba sentada sobre un gran tronco cerca de la orilla del lago. Con ayuda de la varita hacia levitar tres hojas que se movían suspendidas en el aire formando un círculo, seguida una detrás de la otra. Dio un rápido vistazo al reloj. Aun faltaban escasos minutos para su encuentro con la rubia. Comenzó a pensar en el beneficio de ganar. "Circe en ropa interior..." Eso era realmente un lujo que muy poco tendría el privilegio de apreciar. Sí, sí, que ya le había visto en bikini. Pero... Era diferente, allá fueron a pasar tiempo juntas y divertirse en la playa. Si ganaba éste duelo, podría devorar con la mirada a la rubia, sin ningún tipo de disimulo. Y no es qué antes se hubiera cohibido; sino qué de ganar la batalla, tendría un tiempo quizás extendido, para disfrutar de la Slytherin con menos ropa de la que acostumbra. ¿Perversión? No. Solo es un nuevo nivel de diversión, al menos para la castaña. Pero no en el sentido de un juego que practicaba con cualquiera. De ganar el encuentro; sería la primera vez qué jugaría así con una chica.

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Circe A. Masbecth el Jue Ene 18, 2018 10:13 am

¿Sabes ese tipo de personas que captan las oraciones con segundas intenciones al vuelo? Circe era una. Pero no cuando se refería a segundas intenciones que iban en el sentido que Ash quería que fuesen. En ese sentido se había vuelto tan inocente como una niña pequeña y es que había abandonado por completo la opción de volver a tener algún tipo de relación sentimental o que simplemente se basase en lo físico. Había dejado esa opción tan al margen que parecía que iba a salirse del cuadro de posibilidades y darse tal golpe que se mataría con un buen derrame cerebral tras la caída. Pero algo había aparecido en su vida que, por mucho que no quisiese llamar como tal, había hecho que volviese al cuadro de posibilidades, alejándose poco a poco del margen para volver a la zona periférica. Aún demasiado lejos como para verlo, pero no tan lejos como había estado durante los meses pasados.

- ¿No te vale no acabar castigada por colarte en una Sala Común ajena o la humillación pública de cómo te tragaste tu orgullo para ir a ver a la Prefecta de Slytherin a la que aseguras odiar pero a la que adoras y no puedes vivir sin ver? – Preguntó con tono sarcástico, sin siquiera ella creerse la mitad de las palabras que estaban saliendo por su boca en algún momento.

Frunció el ceño no muy segura de aquello. Antes de toda la situación de conocer a Ash verdaderamente ya conocía lo suficiente de ella como para saber que podía ser una grandísima hija digna de sus padres si se lo proponía. Pues la Button podía ser diferente a su familia en muchas cosas, pero en eso de encontrar el modo de sacar de quicio a los demás era tan experta como el resto de los que llevaban su apellido y pregonaban a los cuatro vientos sobre temas de pureza de sangre y lo limpia que estaba la suya, como si fuesen un maldito anuncio de lejía.

- Acepto. – Fingió no tener dudas. – Repito tus palabras: mientras el entorno lo permita. Y a eso hay que sumar que sólo será hasta que consigas salir de aquí. Luego, volveré a mandarte a la mierda cada vez que intentes acercar esa boca a mí. – Cogió su almohada y sin pensarlo dos veces la agarró con fuerza en la parte baja y golpeó con ella a Ashanti en toda la cara con la parte opuesta, haciendo incluso que la fuerza hiciese que la chica se meciese hacia atrás con tal golpe.

Había dejado la posición en la puerta sólo para lanzar el golpe y pensaba no seguirle el juego a la chica, pero Circe no es del tipo de personas que no caen fácilmente en los juegos de los demás cuando se trata de un tira y afloja, de un reto personal como era aquel. De demostrar quién tiene más narices para llevar a cabo alguna hazaña, quizá rasgo que había copiado de pasar tanto tiempo pegada a Ian Howells y su carente inteligencia.

- Venir, lanzarte una almohada. – Se inclinó ligeramente y depositó un beso sobre la frente de la chica. – Besarte y… Volver a mi puesto de guardia. – Guiñó un ojo y se volteó haciendo que su pelo acompañase en su movimiento con una sonrisa narcisista en el rostro. No volvió en dirección a la puerta, sino que se tiró al otro lado de la cama y corrió las cortinas impidiendo que otra persona pudiese ver lo que pasaba ahí dentro. Y es que no pensaba arriesgarse una vez más a que alguien entrase y viese que había alguien en el dormitorio que no debería.

Se colocó de rodillas sobre la cama, mirando en dirección a donde estaba la castaña y se quitó el jersey, dejándolo a un lado.

- ¿Ves? Sé sacarme la ropa yo sola, sin ayuda. – Se giró y esta vez se metió entre las sábanas. – Buenas noches. – Ni corta ni perezosa, cerró los ojos con toda la intención del mundo de dormir en mitad de la tarde. Porque Circe era así de poco agradable.

* * *

Sábado, 9 de abril, 15.15 horas
Étretat, Francia

La ola pasó sobre sus cabezas de tal forma que hizo que ambos cuerpos se meciesen por su fuerza. La rubia movió el cabello que, caía en cascada sobre su espalda, intentando quitar el exceso de agua que ahora hacía que pesase tanto su melena. Pasó sendas manos por su rostro limpiándose la cara tanto como era posible teniendo en cuenta que se encontraban en el agua y lo que intentaba limpiar era, precisamente, agua. Puso especial atención en sus ojos para que la sal no hiciese que le comenzasen a picar y, antes de poder decir nada, la lengua de Ash ya pasa por sus labios.

- Que asco, joder. – Y de verdad lo pensaba. Echó la cabeza hacia atrás (haciendo así que su cuerpo tuviese que inclinarse hacia atrás al mismo tiempo) y volvió a meterla bajo el agua, repitiendo el mismo proceso de limpiar su rostro después de hacerlo.

Contrariamente a lo esperado no se molestó por las palabras ni acciones de Ash, más bien lo contrario. Que alguien alimentase el ego de Circe siempre era algo positivo.

- ¿Esperabas tener tú más que yo, señora tabla de planchar? – Le pincha y acompaña sus palabras clavando el dedo índice en el esternón de la castaña, como si aquello fuese el pecho. – Mira el lado bueno, así puedes dormir boca abajo. – Siguió picando, de la manera habitual: metiéndose con los demás.

* * *

Circe permaneció en el agua un rato más que Ash aún cuando la castaña ya había salido. Nado y jugó con las olas en un acto infantil. También dejó que su cuerpo fuese mecido por el oleaje antes de salir y quedarse un rato sentada en la arena, viendo como las olas se movían y notando el calor del sol en su piel antes de entrar a la tienda de campaña. Se hizo con su varita y secó su cuerpo antes de enfundarse en el vestido que había traído, dejando que su pelo, aún mojado, cayese por su espalda mojando tanto su piel como la tela blanca.

- ¿Tres horas? – El tiempo se le había pasado volando, no cabía duda de aquello. – Que secuestro tan corto, deberías practicar más, todavía no se te da bien eso de secuestrar gente. – Dijo la rubia antes de comenzar a comer lo que Ash había preparado. – Estoy comiendo, así que no. – Sonrió de medio lado, cogiendo su zumo para darle un trago. Dormir abrazada a alguien podía parecer lo más relajante del mundo siempre y cuando estuvieses cómodo con esa persona y, en parte, así lo era para Circe. Pero en parte también era más contacto físico del deseado al tiempo que guardaba algún tipo de connotación sentimental que hacía que le resultase, todo aquello, extraño.

Circe había dado mil vueltas a lo que estudiaría una vez terminase en Hogwarts. Tenía claro que iría a la universidad, pero todavía no estaba ni cerca de saber qué sería lo que acabaría por elegir.

- ¿Ir a la universidad? – Contestó con otra pregunta. – No tengo ni idea de qué estudiaré, pero mis padres dicen que tenemos una de las mejores universidades del mundo en la puerta de casa y que no lo desaproveche. Además, mis hermanos estudiaron ahí y no les ha ido tan mal a ninguno. – La única diferencia es que ellos tenían claro qué hacer con sus vidas y Circe no tenía ni la más remota idea. - ¿Tú sigues con eso de ser Inefable? – Preguntó, pues aunque habían tocado levemente aquel tema, sí que recordaba a qué quería dedicarse Ash. - ¿Sabes qué hacen? – Añadió con curiosidad, y es que ella sí que no sabía cuál era la función de un inefable. Y, quién sabe, quizá llamase lo suficiente su atención como para plantearse dedicarse a ello.

* * *

Sábado, 23 de abril, 16.45 horas.
Tienda de ropa, Londres.

- Acepto sólo porque quiero ver la cara que se te queda cuando pierdas el duelo y se te baje ese orgullo tan grande que tienes. – Y es que, por su parte, Circe estaba segura que la que ganaría aquel duelo sería ella.

Circe no había elegido lo que se pondría y es que era del tipo de chica que tarda tanto a la hora de elegir ropa que cualquiera diría que le va la vida en ello. Pero, a diferencia de Ash, no necesitaba acudir a una tienda de vestidos para hacerse con uno. El armario de Circe estaba lleno, hasta los topes, de ropa, por lo que eso de necesitar ropa no era un problema para ella.

- Te sienta bien. – Aunque debía admitir que veía a Ash bastante rara con un vestido pero aquello se lo guardó para sí misma en un intento de que la castaña no cambiase de opinión. – Normal, la ropa amarilla por lo general es peor que un dolor de ovarios. – Aceptó la rubia, que sólo buscaba molestar a la chica con el tono del color elegido.

La dependienta, por su parte, rodó los ojos esperando a que decidiesen. Tuvo suerte y Ash no tardó mucho más en hacerlo, facilitándole el trabajo a la mujer. Ni siquiera sonrió ante la broma de Ash, demostrando que había personas en el mundo muggle que también tenían un palo metido por el culo.

- Seguro que tienes mal gusto. – Dijo sin dudarlo ni un segundo. La dependienta ya se había llevado su ropa y dejado en la caja, mientras que ellas comenzaron a caminar hacia la zona de ropa interior. – Te dejo elegir un conjunto y sólo porque necesito ropa nueva. – Mentía, Circe siempre quería ropa nueva, pero no la necesitaba en absoluto.

* * *

Lunes, 25 de abril, 00.50 horas
Lago negro, Hogwarts

Elevó la varita en cuanto vio a Ash sentada en el bosque. Las hojas que volaban sobre la cabeza de la castaña se convirtieron en cenizas después de arder rápidamente, anunciando así la llegada de la rubia que, con una sonrisa y bajo la túnica de Slytherin, aparecía en mitad del bosque.

- ¿Preparada para perder, Button? – Preguntó esperando a que la castaña se levantase, elevando su varita dispuesta a iniciar el duelo. – Nos saltamos la parte aburrida y vamos a lo divertido, ¿No? – Dijo haciendo referencia al ritual previo a todo duelo planificado, dejando de lado aquellos formalismos para empezar a lo realmente divertido.

Sin pensarlo ni un segundo Circe elevó la varita lanzando un Expulso que fue directamente hacia Ashanti, haciendo que esta saliese despedida un par de metros de distancia. Aquello daba por iniciado un duelo en el que Circe no dudaría a lo que recurrir para ganarlo.

* * *

Martes, 26 de abril, 18.00 horas
Despacho de Herbología, Hogwarts

Había citado a Ash cerca del despacho que frecuentaba su hermano, el profesor de Herbología por aquel entonces y, en cuanto la vio aparecer, la sonrisa se dibujó en sus labios.

- Vamos, no tenemos mucho tiempo. – Ian se había encargado de alertar a Odiseo de un altercado en la parte baja del castillo, haciendo que este tuviese que dejar lo que estuviese haciendo para separar a los alumnos que habían comenzado a duelarse gracias a las indicaciones de los dos de Slytherin. – No tardará en subir. – Con un golpe de varita abrió la puerta del despacho que no contaba con demasiada seguridad y pasó por delante del sofá para invitados lleno de trastos y abrigos, la mesa del profesor (también llena de bártulos) hasta llegar a la chimenea. – Odiseo siempre tiene la chimenea abierta por las tardes cuando no tiene clases, se pasa el día yendo a casa de mis padres a desordenarles los muebles sin que lo sepan. – Advirtió la rubia antes de usar la red flú que había en el despacho para ir, precisamente, a su casa y, desde ahí, en dirección al teatro que no quedaba excesivamente lejos de allí.

Aún llevaba el uniforme de Slytherin cuando golpeó su ropa, para cambiarla por un atuendo mucho más adecuado para aquella situación. Colocó la chaqueta de color blanco sobre sus hombros y miró a Ash antes de comenzar a andar en dirección al teatro.

- Aún queda una hora para que empiece. -Pero la fila ya era larga para comenzar a entrar al teatro. - ¿Alguna vez habías venido a algo así? – Preguntó con curiosidad, tomando la mano de la contraria mientras se colocaban en la fila.

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Circe A. MasbecthUniversitarios

Maestro de Dados el Jue Ene 18, 2018 10:13 am

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S. Ashanti Button el Lun Feb 12, 2018 9:26 pm

Me encantaría bajarte el ego a mordidas...– Dice divertida luego de escuchar las palabras de la rubia. Y para ser sincera, en cierto modo Barbie tiene razón. Quizás no sea tan literal lo de 'no poder vivir sin verla'; más la ansiedad la devoraría si hubieran más de dos días continuos sin estar con ella de la manera en que lo hace ahora. El no poder besarla o pasar tiempo charlando de cualquier tema por un tiempo prolonado. —La verdad que si me castigaban o si hubiera tenido que vivir con la verdad pública de qué; la Prefecta de Slytherin; me agrada. Puede que lo hubiera sobrellevado mejor, que la señorita Masbecth; que seguro habría preferido una desagradable tortura, a tener que aceptar que hay cosas de mí, que le gustan ¿O me equivoco?– Solo pretendía bromear. Pero quizás tiene mucha razón, la idea no le sienta muy bien, pero aparta el pensamiento con rapidez.

¿Segura; me alejaras? Es cómo fuerte la idea de tener que rogar por tus besos... Nunca lo he hecho con nadie.– Y eso se debía a que había una fila de la que poder escoger si le venia en gana. Pero siendo que últimamente solo había un par de labios que quería besar... "Ay, Circe... Parece que soy más adicta a ti de lo que debería." ¿Y es que acaso ya no lo sabía? Por supuesto. Pero había resistencia a ello. A admitirse a si misma qué... Puede que la Slytherin sea de la primera con la que realmente desee estar por mucho tiempo.

Se comió aquel almohadazo de lleno. Cabe destacar que  hasta medio mareada quedó. Sonríe leve ante el beso. Estiró el brazo para alcanzarla con su mano al ver que pretendía irse, pero no hizo falta. —Eres una persona horrible... Me dará jaqueca.– Murmura mientras se acomoda para hacerle lugar a Circe. Coge la almohada y se la coloca tras la cabeza, mejor prevenir. Por un momento se esperó que la rubia fuese a darle algún otro golpe al verla de rodillas sobre la cama, pero para su sorpresa solo... Traga grueso al ver que se saca el jersey, creyó su algo más pasaría. Se muerde el labio. Maldice en sus adentros. — Si quieres te ayudo con lo demás.– Le fastidia de manera divertida y se le acerca para besar sus labios y seguido la punta de su nariz. —Descansa Barbie...– Vuelve a recostarse en la cama. Se gira de lado y estira la mano para acariciar la mejilla de la Slytherin. Después de lo que ocurrió muy difícilmente dormiría. Además tenía que estar atenta. Su mejor oportunidad de irse sería cuándo todo mundo estuviese descansando. Mientras podría seguir recorriendo el rostro ajeno con sus dedos de manera suave y pausada. Le encanta el silencio que hay en el ambiente y el estar allí con Masbecth, aún cuándo no estén haciendo algo en particular.

 Alta Normandia Francia
Étretat. ~• ★ Sábado. 7mo Curso
9 de Abril
18:07

Tengo la proporción exacta de pechos que mi cuerpo necesita.– Le saca la lengua y luego sonríe. —¿Que pasa? ¿Tienes problemas para dormir?– La fastidia un poco y le roba un rápido beso. —Terrible sabor a mar, señorita sirena.

•• ★ ••

Sí. Lo siento Barbie. Pero estar en los últimos meses del séptimo curso no da para planear un secuestro que dure más tiempo. Además no podemos llegar tarde. Tienes ronda hoy, te recuerdo.– Le explica. Y la verdad le habría encantado quedarse con ella muchas horas más, pero habían responsabilidades que no podían pasar por alto, menos cuando eran referente a sus compromisos con el colegio.  Al menos Ash estaba pensando en Circe, porque justo la castaña no tenía ronda, pero seguro se le aparecía por allí a la Slytherin, para darle las buenas noches e ir a estudiar antes de dormir. Rueda los ojos. —No hablaba de que fuese ahora mismo. Puedes acabar de comer primero... Pero ya me has dado un 'no', así que; no.– Menciona luego de acabar de comer, frunciendo un poquito las cejas.

¿ Irás?– Dice sarcástica. —Pensé que te iban a casar con algún; imbécil con suerte...– La fastidia y seguido presta atención a lo que continúa diciendo la rubia. —Ya... Entonces te quedarás.– La situación le emocionaba y al mismo tiempo le causaba un pequeño descontento consigo misma.  Ya lo había pensado antes. Quiere estar con Circe. Pero... ¿La Slytherin querría lo mismo? ¿Cómo saber? —Yo... Sí. Es lo que más deseo...– Menciona queriendo decir algo más, pero no tiene idea de lo que desencadenará. —Sé que trabajan en el departamento de misterios del ministerio. Quizás haciendo investigaciones sobre los diferentes tipos de magia o algo más profundo. A lo que sea que se dediquen debe ser demasiado intenso para no poder revelar lo que realmente hacen...– Seguía con esa espinita de saber a donde caminaba 'lo que sea' que pase entre ella y Circe. —Supongo qué al visitar la universidad mágica en América quizás descubra algo más concreto.– ¿Estaba intentando saber si a Circe le importaba si se va o no? Sí. Por ello pone mucha atención en la rubia, para intentar leer 'algo' en sus gestos y expresiones, esperando poder encontrar la razón que necesita para seguir adelante con ésta 'indefinida relación', que tanto quiere. Porqué la quiere. Justo en éste punto; quiere más que solo 'esta amistad'.

•• ★ ••

Unas horas más tarde, cuándo el sol ya había bajado y la puestaestaba próxima; Ash estaba guardando un último objeto en el baúl, y seguido con un movimiento extra de la varita cierra la misma y va dónde la rubia. —¿Lista para volver?– Pregunta poco antes de dejarle un beso en la mejilla. Alza una mano para apartar un mechón del cabello ajeno que se movía hacia el rostro de la rubia y lo lleva tras la oreja derecha de la chica. Se queda mirando fijamente a la contraria. —Me encanta el color de tus ojos... Y sabes, es algo que me pasa desde que hiciste explotar mis libros en primer año.– Confiesa. Sabe que seguro esto es hinchar su ego. Pero ahora no le importaba. Solo le nace decirlo.

Si se fuese a América, ya no volvería apreciar aquella mirada. —Descubrí que me gusta verte estudiar. Cuándo te concentras en algo y apreciar cuándo trabajas en ello; causa admiración.– Sonríe leve mientras su mirada brilla, al expresarse de esta manera de Circe. Le acaricia el labio inferior con el pulgar. —Incluso cuándo haces alguna 'travesura' y sonríes; es encantador. Y no, no me agrada cuándo eres despreciable con alguien más, pero...  Esa... Aura de grandeza y chiquilla todopoderosa: Admito que te hace atractiva. – Se muerde el labio aún con la mirada fija en ella. —Voy a extrañarte cuándo ya no estés, Circe.– Y no mentía. Si la extrañaba si no lograba encontrarla por los pasillos en el colegio. Estar en otro continente seguro iba a ser bastante malo. Pero más que eso... A lo que realmente se refería es; "Voy a extrañarte cuándo, en tres meses, ya no exista lo que ahora tenemos." Se Acerca y le deja un pequeño beso en la punta de la nariz. —Venga. Ya vamos tarde..– Le dice mientras se hpgira para ir hacia el baúl.

•• ★ ••

  Lago Negro
El Duelo. ~• ★ •••. 7mo Curso
26 de Abril
01:27

Cuándo las cenizas caen Ash recién dejaba sus pensamientos de lado.  Se pone en pie rápidamente y observa a la Slytherin. —Vaya entrada. Ya tengo miedo...– Ice de manera sarcástica mientras le observa. —Claro no hay problema...– Estaba por decir algo más pero aquel hechizo le da de lleno. Cuándo fue consciente ya estaba en el suelo, o mejor dicho dentro del lago, afortunadamente en la orilla —Pero al caer de espaldas se empapó completa—. Sonríe. Nunca dudó que sería ruda. Se levanta y se aparta el cabello mojado del rostro. Toca la capa con la varita para hacerla desaparecer pues está mojada y pesa.

Sin perder tiempo mueve su varita apuntando a la rubia y le lanza un obscuro. Seguido hace una aparición para quedar frente a la Slytherin. Le pone la punta de la varita en el cuello —Quieta... Esto es tiempo muerto.– Susurra cerca de los labios ajenos y seguido la besa mientras hace descender la punta de su varita, deslizando la misma sobre el cuello ajeno, la union entre sus pechos, hasta llegar al abdomen de la rubia. —Hola...– Dice con una sonrisa divertida. —Y adiós.– Murmura haciendo otra aparición para alejarse de ella unos metros. —¿Tienes aún cuatro sentidos para encontrarme, serpiente. ¿Podrás?– Desaparece otra vez —unos metros por detrás de la rubia.— Mueve la varita y lanza un bombarda a la derecha de Circe, solo para desorientarle con la explosión, levantando tierra y rocas pequeñas.

•• ★ ••

  Apollo Victoria
El Teatro. ~• ★ •••. 7mo Curso
26 de Abril
18:39

Ash siguió a Circe a donde quiera que la rubia iba. Se apresuro para usar la chimenea. Pero antes hecho un vistazo a la oficina del profesor. Si que era desordenado ese hombre. Le hace gracia el saber que Odiseo iba a fastidiar a casa de sus padres. Quizás ella también se lo hiciera a los Button si la universidad le daba tiempo para ello, seguro sería divertido.  Ya en la casa de la rubia; Ash le dice a la Slytherin que le de unos minutos y desaparece haciendo uso de la red flu. Unos quince minutos despues volvió completamente arreglada. —Listo... Ya tenemos lugar para el desfile, luego del teatro.– Comenta con una sonrisa. Quién no conozca a la castaña podría decir que siempre ha sido ese tipo de chica súper femenina, pero la verdad es que el estilo de Ash es mucho más relajado, sin embargo por obligación a tenido que arreglarse mas de lo que acostumbra y estar sobre tacones, para asistir a compromisos con su familia, de allí su habilidad de andar en tacones y no fracasar en el intento.

Le gusta que Circe le mire. No pudo evitar sonreír cuándo le toma la mano. La sensación que la embaga le emociona. Antes nunca se sintió cómoda con la idea de saberse de alguien, pero ahondó la Slytherin la toma de la mano; se sintió completamente suya, a tal punto que pensó en el momento qué, no sería capaz de pertenecerle a nadie más —Y en el futuro confirmaría tal verdad. —, aún cuándo existe la posibilidad de que todo lo que viven no sea nada más que un pasatiempo para la rubia. Sin embargo para Ash es real y eso —por ahora— le basta.


La verdad es mi primera vez. Siempre evitaba estos lugares. Aunque en casa solo a mis abuelos les agrada.– No mentía. Pero solo lo dijo para fastidiarle. —Igual debe ser más interesante venir contigo, que con cualquier otra persona.– Podría estar sentada junto a Circe charlando cualquier tema y eso le seria interesante. ¿Es normal sentirse así con alguien? ¿Solo pasa con la persona que realmente te gusta? Porqué es la primera vez que 'cualquier cosa', es lo mejor del mundo, si es con esa Slytherin que le toma la mano.

La fila comenzó avanzar. El Apollo Victoria es precioso. Había mucha gente. Todos emocionados por ver que la función comience. —Parece que es un musical muy popular...– Menciona mientras sigue andando hacía el interior del lugar. Entre la multitud va haciéndose espacio para dar con sus lugares y sentarse. —Acabo de recordar porqué evitaba los vestidos...– Menciona en voz baja para la rubia. Y la razón se debe a que hay pocas posiciones en las que puede dejar las piernas mientras está sentada. Mira de reojo a la rubia. —¿Volveremos a mitad de la noche al colegio?– La pregunta solo se le viene a la mente. Claro que Ash ya tenia un lugar donde podian quedarse, sin embargo seguro tendrían que volver antes del amanecer al colegio, o al menos eso pensaba la castaña.

•• ★ ••

Luego de la función

Tras la culminación del musical, Ash desaparece con la rubia en algún punto ciego cerca del teatro y reaparece frente a una puerta que marcaba el número 252. Ash sacó la varita y reordenó los números a 225 y seguido la puerta se abrió. [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] pertenecía a la madre de Ash. Los padres de Ambra, le obsequiaron el departamento a su hija poco antes de que cumpliese la mayoría de edad y aquí vivió hasta que se casó, ya que los Parisi vivían en Francia. La ultima vez que la madre de la castaña estuvo en el lugar había sufrido una remodelación para actualizarlo, a mediados de agosto del presente año, cuándo recorría Gales por cuestiones de trabajo. Pero seguramente fuese a ser de Ash si al final terminaba por quedarse a estudiar en Inglaterra.

Bienvenida...– Comenta dejando que la rubia entre antes y luego le cigue cerrando tras de sí. —No tengo elfo doméstico por el momento. Así qué... Si a Barbie le dan ganas de comer o beber algo; la cocina está allí. Las habitaciones por aquel pasillo. A la izquierda los baños.– Explica mientras va hacia la cocina. —Igual hay un baño en la habitación principal...– Coge el teléfono. —¿Quieres comer o beber algo, antes de desnudarte?– La molesta y sonríe mientras vuelve a colgar el teléfono y se coge una guía telefónica. Por si a Circe le daba por pedía algo que no fuese pizza o comida italiana en general.

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Así va la niña
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Maestro de Dados el Lun Feb 12, 2018 9:26 pm

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Circe A. Masbecth el Sáb Mar 31, 2018 11:04 am

Nunca había dado valor a nada. Ni positivo, ni negativo. Simplemente las cosas sucedían a su alrededor y Circe no buscaba cuál era su origen ni mucho menos su intención. No le importaba lo más mínimo cuál era la razón por la cual una persona decidía tomar una decisión u otra. No lograba a alcanzar dónde estaba esa magia oculta que las personas guardan con cuidado en su interior y que, en el momento preciso, dejan escapar en forma de sonrisa y de acciones desinteresadas. Porque ella misma era incapaz de realizar algo parecido. Su egoísmo y su ego le impedía darse cuenta que, en muchas ocasiones, las demás personas tomaban una decisión u otra solo pensando en la felicidad ajena. Pensando en ver una sonrisa emerger de sus labios o en la gratitud de la que ni siquiera es necesario hablar para poder palparla. Pues una persona incapaz de hacer algo por los demás, también es incapaz de imaginar que el resto hace cosas por ella.

Algo que había cambiado drásticamente en los últimos meses. Algo que había cambiado drásticamente al darse cuenta que Ashanti movía cada uno de los hilos que conformaban su vida para formar un tapiz del agrado de Circe. Qué decir del agrado, más bien hecho a medida para aquella rubia cuya capacidad de pensar en los demás parecía inexistente. Como si de algún modo u otro Ashanti estuviese intentando demostrarle a Circe que, bajo aquella coraza que durante años se había esforzado en fabricar, había una parte tan humana como la que residía en el resto de personas. Una parte humana capaz de empatizar, sentir aprecio e incluso hacer algo que parecía tan imposible para la rubia: hacer algo por los demás.

- Menuda excusa tan poco original. Estudiar, séptimo curso, exámenes finales, responsabilidades de prefectos… - Chasqueó la lengua dibujando una leve sonrisa al finalizar aquella enumeración tan acertada que lo único que buscaba era molestar a la castaña de algún modo, aún a sabiendas que el carácter de la contraría no era tan irascible como era el suyo propio. – Que manera tan poco sutil de decir que no quieres pasar tiempo conmigo. – Hizo una leve pausa mientras sus ojos se clavaban en los contrarios. – O que no sabes organizar bien las cosas. – La sonrisa emergió nuevamente, acompañando uno de los habituales comentarios mordaces de la pequeña de los Masbecth.

A pesar de todo. A pesar de sus palabras, sus gestos, sus acciones e incluso de sus reacciones. A pesar de lo que pudiese pacer, Circe se sentía agradecida hacia Ashanti. Sentía esa extraña sensación que la gente suele sentir cuando encuentra una persona que movería el mundo sólo por verte sonreír. Y es que a fin de cuentas, el sentimiento era tan complicado como fácil al mismo tiempo. Complicado por el hecho de ser algo nuevo. Fácil por la simpleza en la que una persona puede enamorarse perdidamente de otra aún cuando afirma haber cerrado su corazón. Pues, puede ser más complicado, pero no imposible. Un corazón roto necesita más energía para volver a latir. Necesita repararse y destruir esa coraza que, personas como Circe, construyen a su alrededor para no volver a ser dañadas. Pero poco a poco, con sus acciones más que con sus palabras, Ashanti había logrado acceder a esa coraza y tocar con la punta de los dedos un corazón que afirmaba estar helado.

- ¿Te imaginas? ¿Un matrimonio por conveniencia? En pleno siglo XXI. – Resopló a sabiendas que aquello era tan común como el simple hecho de respirar. – Mis padres lo quisieron durante un tiempo. Luego se dieron cuenta que intentar casarme con alguien era contraproducente y lo único que iban a conseguir era quedar en mal lugar dentro del Mundo Mágico. No iba a dar una buena imagen de la familia si me obligaban a hacer esa gilipollez. – Por mucho que Circe se hubiese esforzado en dejar en buena estima el legado familiar, tenía más que claro que a la más mínima oportunidad lo hubiese pisoteado sin ningún miramientos sólo por el hecho de no poder hacer lo que desease. Era una persona que se consideraba libre, aunque en ocasiones hasta era plenamente consciente de que no lo era realmente. Una persona que apreciaba poder hacer lo que quisiese cuando quisiese y con quién quisiese. De perder algo así, el mundo habría ardido en llamas provocadas por la menor de la familia, a la que poco le importaba acabar quemándose por sus propias acciones.

- ¿Tienes que ir al otro lado del mundo para saber cómo funciona un Ministerio que tienes en la puerta de tu casa? – Rodó los ojos. – Interesante. – No quería que se fuese y al mismo tiempo deseaba con tanta fuerza que lo hiciese que incluso dolía. En aquel momento donde se centraba en disfrutar del momento sin pensar en las consecuencias de sus decisiones, sabía que tarde o temprano sería ella quien tomaría la decisión de romper el corazón de Ashanti en mil pedazos. Si se alejaba lo suficiente, era probable que ese momento no llegase. Que la distancia pusiese las cosas en su lugar y se encargase de enfriar las llamas de aquello en lo que Circe prefería no pensar. – Si es lo que te gusta, hazlo. – Se había movido por esa ley desde que tenía uso de memoria, sin importar a quién pisotease en su camino a la hora de elegir hacer lo mejor para si misma. Siempre por y para ella misma. Aunque eso hubiese cambiado.

* * *

Se estiró colocando con cuidado el cabello sobre el hombro izquierdo. Avanzó y rápidamente el viento se encargó de volver a moverlo y, antes de tener la oportunidad de apartarlo, los dedos de Ashanti rozaron levemente su piel. Una leve sonrisa emergió de sus labios, mirando los ojos ajenos con cierto entusiasmo.

- Soy encantadora. – Notaba que de alguna manera sus mejillas querían tornarse coloradas en un acto infantil de colegiala. Pero su ego y su carácter era tal que ni siquiera su piel se atrevía a comportarse de aquella manera. La sonrisa permaneció en sus labios, una sonrisa diferente a la habitual. No había ego en ella ni rastro de amor propio. Sólo de felicidad ante aquellas palabras. De verdadera felicidad y gratitud. – Es lógico, no encontrarás a nadie que explote tus libros tan bien como yo lo hago. Y mucho menos alguien que lo haga pero aún así solo pienses en besarla. – Acortó la distancia entre ambas para juntar tan levemente sus labios que apenas pasó un segundo en el tiempo en el que mordió el labio inferior de la contraria para seguir como si nada hubiese pasado.

Lunes, 25 de abril, 00.50 horas
Lago negro, Hogwarts

Podía esperarse un mejor comportamiento por parte de una señorita. Pero nunca por parte de Circe Masbecth. Poco le importaba el aprecio que ella misma sentía hacia Ashanti como para plantearse no atacar con toda su armería. Elevó la varita y no lo pensó ni un segundo, sin dejar que la castaña pudiese defenderse para hacerla volar hasta la altura del lago negro. Sonrió de medio lado, incluso sopló la punta de su varita en un acto infantil mirando directamente al rostro de Ashanti. Una sonrisa se dibujó en sus labios, esta vez de satisfacción.

Apenas tuvo tiempo para moverse. O para articular palabra. Ni siquiera para pensar cuando sus labios se enlazaron con los ajenos y la sonrisa que aparecía en sus labios cada vez que aquello sucedía surgía como de la nada.

Parpadeó.

Aquello fue suficiente para que la oscuridad hiciese desaparecer por completo rastro alguno de la castaña. La rubia miró a un lado y a otro antes de notar la explosión a pocos centímetros de sí misma.

- Si no paras de aparecerte el juego no tiene gracia. – Cerró los ojos aunque con ellos no podía ver nada en absoluto en aquel momento. Avanzó con las manos levemente elevadas para no llevarse un golpe en dirección a la voz de la castaña pero aquella ya no estaba en aquel punto. - ¿Vas a jugar mucho más tiempo al escondite? – Preguntó solo por buscar un nuevo punto de referencia. – ¿O prefieres que lance hechizos hasta destrozarte la cara? – Amenazó y no en vano. Circe jamás amenazaba si no iba a cumplir con sus palabras.

Martes, 26 de abril, 18.40 horas
Teatro Apollo Victoria

- ¿Por qué? – Pregunta sin siquiera pensarlo. Evitar lugares como aquellos. No comprendía porque una persona querría hacer algo como aquello pero lo que estaba claro desde el primer minuto es que Circe y Ashanti poco tenían que ver la una con la otra. Aunque, contrariamente a lo esperado, a Circe realmente le interesaban las razones por las cuales se movía Ashanti. Verdaderamente le interesaba saber dónde estaba la verdadera razón por la cual evitaba aquellos lugares. Adoraba escuchar su punto de vista de las cosas aunque poco tuviese que ver con el suyo propio. Adoraba conocer un poco más de aquel mundo que le hacía perder la cabeza de tal forma que olvidaba por completo que había algo más en el mundo que no fuese la compañía de Ashanti. - Como quieras, el despacho de Odiseo siempre está abierto. – Afirmó la rubia a sabiendas que su hermano era tan desastre que era imposible que recordase cerrar su propia chimenea. Aunque por suerte no sería algo que tuviesen que comprobar, ya que los planes para aquella noche habían cambiado sin que ella fuese consciente de ello. – Y ahora cierra el pico. – Podía llegar a ser tierna en ocasiones contadas con Ashanti, pero no en todas. Una de cal y una de arena no era suficiente para alguien como Circe. Ella metía la cal y la arena por la boca del contrario hasta que dejase de respirar sin ningún tipo de miramientos.

Y fue entonces cuando dio comienzo la función.

* * *

- ¿Es tuya? – Preguntó una vez en el interior de la vivienda. Miró de un lado a otro, escudriñando con la mirada hasta el más mínimo detalle de aquella casa. Sabía que la familia de Ashanti tenía el dinero suficiente como para poder permitirse doscientas viviendas como aquella pero dudaba que, teniendo en cuenta la relación de Ash con su familia, fuesen tan amables como para proporcionarle una. Aunque conociendo a la castaña también cabía la posibilidad de que las llaves hubiesen aparecido mágicamente en su mano sin que nadie en su familia tuviese la menor idea.

Avanzó por la casa mirando un lado y otro sin prestar demasiada atención a las palabras de Ash hasta que esta habló directamente con ella. Con la chaqueta ya en su mano, se volteó para mirar en dirección a la castaña elevando una de sus cejas.

- ¿Sushi? – Preguntó sin saber si aquel plato sería del agrado de la castaña aunque poco le importaba. Si Circe quería algo, lo tenía. – Voy a mirar por ahí. – El sonido de sus zapatos al caer al suelo enuncian que ha quedado en medias antes de acelerar el paso, dando pequeños saltitos en un aire infantil, en dirección a la habitación principal. Abrió la puerta, mirando a un lado y luego al otro para finalmente dejarse caer sobre la cama. Colocó ambas manos sobre su pecho y miró al techo, ladeando la cabeza con una leve sonrisa aún en los labios. - ¿A cuántas has traído aquí antes? – Preguntó elevando la voz para que la pregunta llegue a los oídos de Ashanti. Ni siquiera le interesaba conocer la respuesta, lo único que buscaba era molestar a la contraria como de costumbre.
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