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Glad to see you again {Stella T.}

Ian Howells el Jue Nov 09, 2017 11:23 pm


Leicester Square - 17:00 horas - Ian Howells & Stella Thorne & Perseo Masbecth

Si en algún momento de su vida le hubieran dicho a Ian que salir a dar un paseo con un bebé que no habla era entretenido, se hubiera partido el culo. Pero claro... no es lo mismo salir con un bebé cualquiera, a salir con tu hijo, esa cosa tan mona con la que puedes hablar de todo lo que quieras, que él siempre va a sonreír, a reírse y a mirarte con cara de: 'no sé qué dices, pero yo te quiero mucho, papi'. Y claro, ¿a quién no le gusta desahogarse mientras otra persona te hace mucho caso? Además, cuando salías con tu hijo... era otro rollo. El chip cambiaba completamente: de repente te volvías una persona responsable, te volvías paranoico y todo, absolutamente todo, era motivo para enseñárselo a tu hijo, aunque tu fueras perfectamente consciente de que tu hijo vive la realidad y no se iba a acordar mañana de todo lo que ha vivido hoy. Pero no sé, era una especie de ilusión extraña que te hacía querer enseñárselo todo al pequeño y embriagarle con sensaciones, una detrás de otras.

Me vestí con unos vaqueros sencillos, una camiseta básica, unas converse cómodas, mi usual gorra hacia atrás y una chaqueta de tela bastante holgada, llevando conmigo la típica mochila bien repleta de objetos de bebé necesarios para dar un paseo con él. Normalmente siempre me pasaba y llevaba más de lo verdaderamente necesario, pero oye, nada me costaba llevarlo todo allí dentro. Por parte de Perfeo, lo vestí con un chándal gris super calentito, además de ponerle una gorrita en la cabeza, al igual que su padre. Era un mini Ian en toda regla. Mismos ojos, mismo pelo y... vaya, esa sonrisa tan mona solo podía evolucionar de una manera: a ser encantadora. Será un rompecorazones, como su padre. Aunque sólo esperaba que saliese más inteligente que su padre.

Le había llevado a dar un paseo por Londres, aunque finalmente terminaron en Leicester Square, una plaza que era famosa por todos los puestos de comida que había, por la famosa tienda de m&ms que se encontraba en una esquina y por tener uno de los cines más antiguos (pero famoso) de todo Londres. Era un buen sitio para pasar el resto de la tarde, además de que dentro de poco tendría que darle el biberón y mejor tener un lugar cómodo en donde sentarse.

Comenzó a caminar por allí con su hijo. -Seguro que cuando te salgan dientes más poderosos te encantarán los m&m, pero ahora no. Que por ahora eres muy idiota y seguro que si te doy uno te lo tragas entero. Y tu madre me mata. -Empezó a hablarle a su hijo, el cual estaba sujeto por ese 'llevabebés' que se amarra al torso de la persona y sujeta al bebé por la parte frontal, dejando justo la cabeza por delante de la de Ian. -No voy a comprar ninguno porque al final tendré la tentación de darte uno y me voy a sentir mal. Sigamos. -Dijo, notando como el niño se reía por las expresiones de su padre. Siguió de largo, alejándose de ese lugar creador de caries.

Llegaron a la puerta del cine y miró con curiosidad la cartelera. -Tampoco te puedo traer al cine con lo pequeño que eres, seguro que eres el típico niño llorón que molesta a toda la sala porque se ha cagado encima. ¿O no? -Le tocó la nariz.-Claro que sí, eres un cagón y encima un llorón cuando se caga. Se nota que no te gusta tener el culo cagao', ¿verdad? -El niño sujetó el dedo índice de su padre, riendo y mostrando los pocos dientes que tenía, más feliz que un cerdito en un charco de barro. -Pero vamos a ver qué películas hay igualmente... -Entraron, dirigiéndose a la zona en donde estaban todas las películas actuales, así como los próximos estrenos.-Tengo que traer a una de la universidad un día de éstos y ya que es horrible y no pienso tirármela, mejor que sea una película buena para aprovechar el día, ¿no? -Perseo movió la cabeza, como si hubiera sentido un escalofrío. -Que la traigo porque se lo prometí. Le dije: 'si me haces el trabajo de Leyes II, te llevo al cine un día', y claro, me lo hizo la muy desgraciada. Nunca pensé que podría conseguir citas consiguiendo también trabajos, ¿sabes? ¡Si llego a saber esto yo en Hogwarts! -Perseo lo miró con curiosidad, pero repentinamente estornudó y un moco le salió por la nariz. -Vaya por Dios... -Dijo, retrocediendo un paso al notar el estornudo en su cara y chocando con un minion gigante, de estos disfraces horribles que están por ahí para hacer propaganda de la película. -Perdona, tío. -Dijo bastante seco, alejándose del minion.

Sacó un kleenex del bolsillo de su pantalón y le retiró el moquito a su hijo, el cual sonrió más contento. Había que quitárselo rápido, porque Perseo era el típico niño pequeño que si nota un moquito bajando por sus labios, sube la lengua y... ¡pum! Lo atrapa y se lo come. Y no, hombre, no.
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Stella Thorne el Lun Nov 13, 2017 9:09 pm

No lo podía creer. Le había costado tomar el valor de salir de aquel pasaje del cual se había aparecido, un poco por vergüenza y el otro tanto de frustración.  Vergüenza por el hecho de encontrarse bajo un inmenso corpóreo de esos monitos amarillos que tanto le gustan a los niños y que Stella francamente los conoce poco y nada pero aquí está. Disfrazada como uno de ellos en pleno otoño. Y frustración porque por muy patético que sonase,  en el periodo en que se encontraba, salir vestida así es de las mejores opciones que tiene si  quiere tener un poco de esa libertad anhelada.  

Ya que las dos últimas veces en que no había tomado precauciones en su apariencia había terminado herida o dentro de una casa con muertos y convalecientes. Esto no era un juego de niños y había que tener el doble de precaución con todo y todos. Y ella un ser impulsivo por naturaleza había tenido que tragarse todo su orgullo y bajar cabeza. Y quedarse en el refugio resguardada como una vil rata esperando el momento idóneo para salir a mendigar a los exteriores algo que le haga sentir un poquito de vida.

Y Halloween con sus disfraces le había permitido ese momento.  Su tío Earl llegó con semejante ejemplar de disfraz a la fiesta de la tía Olga. Y que ella al verlo sólo se imaginó un gran corpóreo de minion caminando libremente por las calles de Londres. Dicho y Hecho. Ahí se encontraba ella, mendigando libertad. Siendo feliz  por el simple hecho de poder caminar sin preocupaciones por un par de horas, exceptuando uno que otro niño que se le acercaba para pedirle una fotografía y que al menos ella no tenía el corazón suficiente para negarles algo ni a sus cachetes regordetes y ni a sus ojos brillantes.  Por lo que ponía poses graciosas en las fotografías, y se sentía una rockstar encubierta por unos minutos.

* * *


Sentadita en una banca del parque mirando a la gente y todo lo que le rodeaba la castaña se comía una bolsa de m&m. Jugaba un poco con el azar para hacer algo más que ser una simple espectadora de aquel día.- Mmmm si sale verde…- habló con ella misma mientras arrugaba  su nariz pensativa.- Me pondré a bailar en esa esquina Thriller.- agregó con una amplia sonrisa para luego sacarse un guante de su traje y sacar un dulce de la bolsa.

Rojo.

- ¡Paf!.- exclamó encogiéndose de hombros mientras metía el dulce por la apertura que tenía su traje justo en la sonrisa del amarillento dibujo animado y comérselo. Suspiró y miró para todos lados. Estaba aburrida, sí completamente segura y protegida pero aburrida. Miró una vez para todos lados en busca de algo, algo que la sacara de ese letargo y causara un estadillo, un cambio en el transcurso de su día.

Se levantó de la banca y se acomodó dentro del traje para poder poner su mirada justo en la apertura y así poder ver mejor el panorama que le ofrecía aquel barrio en el cual se había aparecido. Y de pronto un gran cartel que decía “Jigsaw: El juego continúa” cautivó su atención. “¿Habrá otra de esa película?” “¿Que el protagonista no había muerto?” se preguntó mentalmente mientras fruncía su ceño dudosa, para luego encogerse de hombros y girarse por su propio eje en otra dirección.

EL cine no era una opción, causaría mucho revuelo un disfraz como el suyo y  de seguro le pedirán que se saque su traje para poder entrar a ver una película y eso no, no, y no. Y además de lejos no se veía nada tentador para ver, y  correr tales peligros. Pero…

- Palomitas de maíz…- susurró y en el instante se le hizo agua la boca imaginando la exquisita mezcla de chocolates y popcorn. Detuvo su caminar y dirigió nuevamente su mirada a la sala de cine que se encontraba tan solo cruzando la calle. Inspiró profundamente como si en esa entrada de aire se encontrará la respuesta a sus dudas.

* * *

- ¡Banana! .- exclamó animada a la vendedora a modo de agradecimiento tras recibir su caja XXL de palomitas de maíz, y que en menos de medio segundo ya le había lanzado encima lo que le quedaba de M&M.

Y a pesar de que el traje no permitiese verlo, una muy feliz Stella se disponía a salir del lugar e ir nuevamente a sentarse en su banca favorita para seguir comiendo como una glotona en el parque. Pero de pronto alguien choca contra ella haciendo que más de la mitad de sus palomitas volaran lejos.  Y haciendo de paso que el transcurso del porvenir  cambiará súbitamente.

- ¡Nooo! .- gritó exageradamente haciendo un puchero en dirección a las palomitas caídas.- Mis palomitas…achocolatadas.- susurró apenas para girar cabizbaja, aferrando a ella lo poquito y nada que le quedaba de lo que pudo ser una gran, gran comilona.

. ¡¿Ian?! .- exclamó sorprendida retándose al acto por tan impulsivo accionar. Pero es que toparse con el chico en esas circunstancias era algo que jamás se lo esperase, le había venido de sopetón como el hecho de que…- ¡¿Es tu hijo?!.- exclamó aún más sorprendida pero con una amplia sonrisa al ver el cuerpecito pequeño que se encontraba a su lado. – Joooo.- musitó para luego sin pensarlo ni un poquito acercarse hacia ellos.- Oh…- pronunció deteniendo su caminar y  emoción al ver el rostro de desconcierto del castaño.- Yo…- comenzó a decir para luego mirar para todos lados y comprobar que no había nadie más cerca y así acomodarse por debajo de su traje y acercar su rostro al pequeño agujero en la sonrisa del minion. – Hola, Howelles.- les saludo a ambos. Tan sólo se podía ver su mirada, pero ella creía que era suficiente para poder reconocerla y no creer que era un ser creepy y acosador en medio del cine.
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Ian Howells el Miér Nov 22, 2017 2:20 am

Pues el universitario ni reparó en que se había chocado con un minion de voz femenina, mucho menos en que le había tirado al suelo sus tan alabadas palomitas. Él se limitó a pedir perdón por cortesía (puesto que había sido su culpa) y seguir con su camino tan tranquilo como siempre. Sin embargo, cuando apenas había dado un pasito para alejarse de aquella persona disfrazada, el interior de ese minion tan feo dijo su nombre. Se giró con Perseo sujeto en el llevabebés, justo en su pecho. Miró al minion con sorpresa, ya que una parte de él sí que había reconocido la voz que salió del interior, aunque como estaba tan opacada con tanto algodón que apenas se escuchaba bien y no supo reconocerla del todo. Y cuando le preguntó por Perseo... ya supo que dentro de aquel disfraz amarillo debía de haber una persona conocida. Muy conocida.  

No fue hasta que dejó entrever parte de su rostro hasta que supo quién era. Reconocería esos ojos (y esas cejas) en cualquier sitio, eso no le cabía duda. El gesto de Ian mutó por completo, haciendo que elevase una de sus cejas y mirase sorprendido a aquel minion. -¿Stella? -preguntó sorprendido.

¡Y claro que estaba sorprendido! Hacía... ¿cuánto? ¿Casi seis meses que no sabía de ella? ¡Lo último que había sabido de ella fue aquel día en donde la tatuó en donde todavía era una obediente alumna de Hogwarts! Y desde ese momento... de repente un día salió noticia en El Profeta y todos sus carteles inundaron las calles de cada ciudad y pueblo mágico. ¿Y qué iba a pensar él? Bueno, pues lo evidente: que se había convertido en una persona del bando enemigo, sobre todo cuando después de todo este tiempo no había tenido ni una carta por su parte diciéndole que todo estaba bien. No sé, podía sonar un poco exagerado, pero Ian ya se había esperado lo peor de su amiga. Una cosa era elegir un bando (que él lo entendía, porque él había elegido uno) y otra muy distinta elegir las amistades. ¿Alguna vez Ian le había dado a entender algo malo como para que repentinamente simplemente lo apartase? Por seguridad, seguramente, ¿pero cuándo a Ian le había importado la seguridad? ¡Todas igual! ¡Rhea le había hecho lo mismo! O se las encuentra por casualidad o cada una estaría genial fingiendo no existir para la otra persona.

Sujetó la mano del minion y tiró de él para quedarse en una posición más lateral y no entre todo el mundo que iba a comprar palomitas o entrar al cine. Perseo miraba fascinando aquel gigantesco minion, intentando tocarlo y palpar la tela del disfraz con emoción. Sin embargo, el rostro de Ian era mucho más serio. -Todavía no tengo muy claro si debería alegrarme o enfadarme por verte, estoy confundido. -Confesó, rascándose la nuca con una mano mientras la otra estaba cariñosamente posada en la espalda de su hijo. -¿Pero por qué? O sea... -¡Ni hola ni nada, Ian quería respuestas, hombre ya! ¡Mira que el pobre idiota es un poco tonto, pero le tocaba las narices que desconfiasen de él sus amigos! ¿No había dejado claro muchas veces que era muy buen amigo? -¿Por qué decidiste regalar tu libertad tan fácilmente, Stella? Podrías haber terminado Hogwarts, entrar en la universidad y hacer lo que te diese la gana, sin que tu vida corriese peligro todos los días. -De verdad que quería respuesta a esa pregunta, porque podía entender que los sangre sucias tuvieran que esconderse sí o sí, ¿pero las personas como ellas? ¿Mestizos capaces de elegir una posición favorable para su vidas? -¿Y por qué no me dijiste nunca que estabas bien?  Una carta a nombre de "la chica sexy que se dejó tatuar" me hubiera valido y no hubiera corrido ningún peligro. -Sonaba enfadado y, quizás, un poco decepcionado. No iba a mentir, él era feliz con su nueva vida, pero notaba el vacío de muchas amistades, aunque la gran mayoría, por ideología, estuviesen a su alrededor. -¿Cuestión de confianza?

Entonces Perseo soltó una risotada al tocar al minion e Ian aprovechó ese momento tan tierno por parte del bebé para relajarse. Él era más consciente que nadie del peligro que suponía quedar con Stella. Y, de hecho, si de verdad pensase conseguir la marca tenebrosa algún día, debía de aprovechar ese momento para capturarla y llevársela a Azkaban. Pero seamos sinceros... Ian nunca haría eso. Si estaba intentando abrirse camino en los mortifagos era porque ahora mismo es lo que te asegura el bienestar: estar cerca de los que tienen el poder. Suspiró y acarició la cabeza del bebé. -Y sí, te presento a Perseo, mi hijo precioso. Cuidado que babea. Mucho.
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Stella Thorne el Lun Dic 04, 2017 12:23 am

Si no fuera porque desde que tiene uso de razón tiene un chip sobreprotector con el chocolate, en el instante en que por el pequeño orificio del feliz minion vió el rostro de Howells, las palomitas y M&M sobrevivientes hubieran acompañado la gran masacre dulce que se encontraba en el suelo de aquel cine en medio de Londres.

¿Suerte o mera casualidad? No lo sabía muy bien, pero de algo si se había dado cuenta. Que a veces no sabías lo mucho que extrañabas a una persona hasta que la vida te hace chocar de sopetón con ella. Mira que por más que su amistad no haya nacido hace mucho, ella le había tomado cariño al castaño. Más que mal no podía no querer a alguien que le sacaba una sonrisa cada cinco segundos. La misma que ahora tenía en sus labios.

- La misma. O al menos su versión minion.- dijo poniendo por inercia una pose graciosa. Que no duró mucho tiempo, ya que por más que su visión del mundo sea escasa en esos momentos, podía distinguir muy bien la mirada de entre sorpresa, alegría con unas gotitas de rabia en Ian. En cámara lenta comenzó a desarmar la pose anterior como alguien que sabe que hizo algo malo y que debía afrontar los retos cabizbajo.

Se dejó llevar por el castaño aún aferrando fuertemente la bolsa de palomitas y los pocos chocolatitos de color que le quedaban- Yo puedo ayudarte en esa confusión. Si me preguntas a mí, yo elegiría la opción de alegrarse. Sonreír siempre es mejor panorama ¿no?.- preguntó en un vano intento de elevar solo su pulgar y moviendo su cabeza, como si estuviera vendiendo el mejor producto de todos. Para luego auto sosegarse a ella misma, sabiendo muy bien que no era el momento idóneo para zafarse de los problemas haciendo chistes, que a decir verdad era aburridos, porque siempre eran así cuando se encontraba nerviosa. Y sí que lo estaba,  porque a decir verdad no tenía respuestas para las preguntas que estaba segura que estaban por venir.

¿Por qué?  Ay, sintió su pecho apretarse. Recordar el porqué de su autoexilio de la vida durante los últimos seis meses eran recordar cosas que no le hacían bien, por el simple hecho de que aún están sin resolverse (si es que realmente tenían solución). Y volver a habitar esos espacios que por tanto tiempo le habían hecho solo ser un trapo sucio en vez de persona...no era su mejor opción de día. Pero a medida que lo iba escuchando comprendía que el chico merecía una explicación. Al menos ella en su lugar la hubiera exigido y mucho menos cariñosa que el castaño. Al menos ya le hubiera dado un golpecito por los malos ratos pasados, pero eso era porque era una bruta que demostraba así su cariño, eh.

Sonrió levemente al escuchar su apodo, más que por eso fue porque recordó fugazmente esa tarde junto al ex Slytherin. Su estomago gruño como protesta de que aún no olvidaba que jamás fue saciado aquel día( Sí, tiene un estomago revolucionario) mientras que los lugares en que se había hecho tatuajes le produjeron un leve cosquilleo como si estuvieran saludando. Pero no fue hasta que Howells pronunció la palabra >confianza< que salió del estado de silencio  en que se había sumergido.

Hizo el ademán de contradecir enseguida su teoría cuando una risita toda bonita le llegó a sus oídos haciéndola perder por unos segundos su atención. Se acercó al pequeño y le tendió la mano del traje que enseguida fue agarrada por sus pequeñas manitas.- Hola Perseo, si que eres un precioso.- le saludó sonriente para luego suspirar y clavar su mirada en Ian.- Creo poder elaborar una respuesta a todas esas preguntas pero no aquí que...- desvió levemente su mirada y vió como a un costado de ellos a unos quince pasos se comenzaba aglomerar un grupo de niños que miraban con ojos brillosos hacia ella como si se tratase de la última estrella del pop del momento.- ...hay un grupo de niños que estoy segura vendrán a atacar en cualquier momento. Y por más que disfruto dándomela de rockstar posando para sus fotos a veces puedo tardar muuuuuuuuucho tiempo.- le dijo recordando como hace unas horas una pequeña casi le hizo posar todo un calendario.

Por fortuna los niños pequeños no podían andar sin sus padres (quienes se encontraban haciendo filas para las palomitas de maíz)  logrando zafarse de ellos y sus fotografías saliendo rápidamente del cine. Cruzaron la calle y buscaron un lugar en aquel parque que comenzó todo. Encontraron un lugar cerca de la pileta  con patos de color blanco y grises que no paraban de parpar como si de una orquesta se tratase. Se tomó todo el tiempo del mundo en quedar sentada al lado de los Howells, y no precisamente por su traje (ya le había agarrado la onda) sino porque durante todo el trayecto había tratado de crear mentalmente la respuesta al castaño, con un orden o sentido, pero sin mucho éxito. Pero cuando su acolchado trasero tocó el pasto comprendió que había llegado el momento y que si no sabía aún muy bien qué decir, simplemente debía improvisar, suspiró.- Primero que todo no es cuestión de confianza, eh. Dejando eso claro...- se dió una pausa. Es que ¿Por dónde empezar?.

- ¿Chocolates con Palomitas?.- preguntó cortando todo el rollo.- ...o lo que queda de ello.- dijo mirando al interior de la bolsa.  Es que si Ian no quería ella sí, lo necesitaba para seguir. Se echó una porción mezclada a la boca sintiendo como  por inercia su cuerpo se calmaba tras sentir  el dulzor en su boca.- Las cosas en Hogwarts no estaban bien, ya te lo había dicho ¿no? Pero luego se comenzaron a poner peor. Cada vez estaba todo más restringido, a los hijos de muggles los encerraron en las mazmorras, les quitaron sus varitas, y  los castigaban de manera horrible...a ellos o a cualquiera que los ayudara.- tomó una bocanada de aire para poder continuar.- Y entre esos hijos de muggles se encontraba un muy buen amigo.- sintió su garganta apretarse.- Una noche me encontré con un grupo de alumnos que habían logrado esconderse la noche del ataque y que tras meses habían logrado encontrar el lugar para poder escapar del Castillo. Mi amigo no tenía su varita así que debía ayudarlo a escapar de su celda. Y  sí,  perfectamente podría haberlo ayudado a irse y luego seguir viviendo mi vida en Hogwarts...Pero nadie me aseguraba que todo saldría bien al salir y nadie me decía que yo no terminaría el año sin antes haber incendiado la oficina del nuevo Director.- le dijo encogiéndose de hombros asumiendo su impulsivo ser.

- Tiene...- hizo una pausa por el solo hecho de que le dolía que en su cabeza se hubiera formado un "o tenía".- ...catorce años y no pudo estar más tiempo lejos de su familia. Sin varita preferió volver a su vida muggle, y no seguir siendo "una preocupación para los demás".- elevó ambos brazos para hacer una especie de comillas en sus últimas palabras.- Joder, solo quería volver junto a su familia ¿sabes? Nada más ...- ay, no quería que le pasara esto, volver a emocionarse. Para su suerte el traje le cubría todo su rostro, por lo que se limpió rápidamente sus ojos aguados y se aclaró la garganta.- ¿Has sentido alguna vez la sensación de que algo va a pasar, algo nada bueno y debes al menos intentar remediarlo? .- le pregunto al castaño.- Bueno yo sentí eso con mi amigo. Fuí en su búsqueda y...llegué demasiado tarde.- hizo una pausa y bajó su cabeza.

La gente alrededor podría ver una imagen muy pintoresca, un minion todo divertido junto a un padre y su hijo sin siquiera llegar a pensar que bajo todo eso la verdad era (un poquito) más agria . Pero que se le iba hacer sólo eran muggles inmersos en su mundo no mágico disfrutando de un hermoso aire libre. Un panorama muy diferente al que estaba viviendo el trío.- Lo capturaron, se lo llevaron frente a mis ojos. No sé dónde está, si es que está en alguna parte. Fue un golpe bajo, muy bajo. Y de verdad pensé en alejarme de todo e irme lejos, pero me quedé estancada en donde me encuentro, encerrada en mi habitación pensando e ideando la forma de saber algo más.- Suspiró.- Sé que podría haberte escrito, una nota u algo. Pero hasta hace apenas un par de semanas habían días que ni siquiera me levantaba ¿sabes? Muy patética.- soltó una risa, más que nada para bajarle gravedad a algo que ella no quería volver a pasar.

Se levantó de sopetón y limpió su gran trasero de minion para luego girarse.- Lo que quiero tratar de decir, que a pesar de que fueron tiempos fuertones...Lo siento. - dijo. Ya ahí va la disculpa y tal. Sabía que tendría que llegar tarde o temprano.- Lo siento por no haber escrito ni siquiera  para  decir "Hola, quiero chocolate" y pues nada, no me hagas seguir hablando que siento que he hecho por horas un largo monólogo. Y dime ya que escoges la opción de alegrarte y todos somos felices.- terminó soltando ya algo sobrepasada con todo eso de volver a transitar la historia de su amigo Adae. Que por cierto no lo había hablado con nadie luego  de lo sucedido. Es que no era mucho de contar sus cosas a la gente en general - Que yo sí me alegro, eh. De verlo a los dos.- agregó con una sonrisa que no se veía pero ahí estaba merodeando en su rostro.
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Ian Howells el Dom Dic 10, 2017 10:29 pm

No sabía qué decir y, para ser sinceros, tampoco tenía muchas ganas de hablar sin dejar claro lo que a él ahora mismo le confundía: el por qué de que Stella, cuando más lo necesitaba, había decidido simplemente dejarlo de lado y no contar con él para nada. No sé, llámalo idiota, pero no había invertido tanto tiempo en Stella sólo para tirársela, ¿vale? Habían chicas que a Ian le gustaban como persona y amistad y no sólo sexo.  ¡Ojalá hubiera sido de esas de la que sólo le interesaba llevársela a la cama!

Él asintió ante su propuesta, por lo que salieron del cine y se dirigieron a una especie de parque. Estuvieron la gran mayoría del camino en silencio, ya que entre que Ian estaba encargándose de que Perseo se había puesto pesado y que Stella iba primera, no hablaron hasta que consiguieron sentarse de nuevo en un lugar tranquilo. Era jodidamente extraño estar en compañía de un minion, pero al menos al pequeño le mantenía distraído y no tenía que preocuparse demasiado por él.

Stella comenzó a hablar una vez se sentaron y ya por cómo empezó, Ian no estaba de acuerdo. ¿Si no era por una cuestión de confianza, por qué había sido? La confianza lo era todo: desde confiar en que tu amigo no te delataría, hasta confiarle todo lo que te preocupaba. -Yo creo que sí que es cuestión de confianza. -Le interrumpió, aunque no dijo nada más sobre eso para poder escucharla y ser objetivo.

La verdad es que lo que contaba... relataba muy bien lo impulsiva que era Stella y lo mucho que se preocupaba por las personas que eran importantes en su vida. No obstante, a Ian le parecía una absoluta gilipollez lo que había hecho. Había perdido la oportunidad de vivir una vida cargada de normalidad sólo por ayudar a un niño que no fue capaz de quedarse quieto en donde debía, agradecer lo que la gente había hecho por él y jugársela de tal manera que al final terminó en el Área-M, lugar en donde iba a terminar de todas formas. Ian podría ser padre y tener ese instinto paternal, pero no tanto como para justificar el actuar de esa manera por amor. La verdad es que no sabía por dónde empezar a contestarle y, pese a que todo le parecía una absoluta idiotez, no tenía ganas de rebatirle nada. ¿De qué serviría? Ya lo hecho, hecho estaba.

Y además... por mucho que fuese disfrazada de minion y eso disminuyese considerablemente la cantidad de seriedad con la que podían tomarse esa conversación, Ian había notado perfectamente su tono de voz al hablar de su amigo. Él también había perdido amigos, pese a que no en las mismas circunstancias, y podía entenderlo perfectamente. Suspiró, con la mirada fija prácticamente en un punto alejado detrás de Perseo. No se sentía especialmente identificado hablándole a un minion delante aunque supiera que Stella estuviese debajo. -Tía, has dado tu vida por otra persona. No sé que significaba esa persona para ti pero... ¿de verdad ha valido la pena? Tienes que vivir escondidas, no has podido terminar ni tus estudios, no puedes visitar a tu familia sin ponerla en peligro. ¿En serio? Tenías la oportunidad de ser lo que quisieras y lo tiraste por la borda. Podrías haberle ayudado y volver a tu vida, pero te metiste de lleno en la mierda. -Lo decía con tristeza, ya que le parecía una causa perdida, de esas irremediables. Y le daba rabia que fuese ella quién estuviese en esa tesitura. -Siento mucho lo que le ha pasado a tu amigo, pero desafiar al gobierno ahora mismo es una idea pésima y tú estás en el lado del muro desfavorable. Y de patética nada, no quiero ni imaginarme por lo que tienes que estar pasando...

¡Y ni quería! ¡Quita, quita! ¡Desgracias y desgracias! Ya había tenido estos mismos pensamientos cuando se encontró con Rhea, algo que tenía más lógica ya que Rhea era nacida de muggles y, o la capturaban, o se escondía. ¡Pero Stella tenía la posibilidad de vivir como una persona normal! -Claro que elijo la opción de alegrarme, tía, pero me da rabia. Encima no puedo ni verte escondida detrás de esta mierda de disfraz, no puedo ni tomarme la conversación en serio. -Confesó, mirando entonces al minion e intentando buscar el rostro de la chica a través de los huecos en donde se podía.

Y no, no le estaba pidiendo que se lo quitase, no ahí. Ahora mismo tenía prioridades y meterse en líos con Perseo no era una de ellas, de hecho era la última de la lista de no prioridades. Ahora tenía responsabilidades serias y una vida a su cargo, por lo que no podía ir haciendo el gilipollas ni mucho menos dejándose ver con fugitivas en medio de Londres. Sí, tenía muchísimas ganas de poder ver a Stella tal cual es y no embutida en un disfraz tan feo, pero ahora mismo era imposible. -Y claro que me alegro de verte y te perdono, o sea... pensé que te había pasado algo grave. Que te habrían hecho daño o que estarías a saber en donde... Los medios os ponen como unos terroristas y, pese a que sé que no es así, uno se espera lo peor. ¿Qué haces con tu vida? ¿Dónde te quedas? ¿Necesitas ayuda? -Esa última pregunta siempre terminaba por meterle en líos. -Pese a lo que sea que creas que somos, soy tu amigo, ¿vale? O sea, no te voy a delatar, ni hacerte daño, ni nada. -Y se lo decía en serio. -No sé, quiero que sepas que puedes confiar en mí.

Inevitablemente recordó como hace casi un año fue él mismo quién se encontró con ella en la Torre de Gryffindor y se había obligado a no hacerle daño. Ian tenía ciertas responsabilidades con/para los mortífagos, pero desde nunca había apoyado realmente sus ideales y mucho menos iba a hacer daño a las personas que le importan por esa causa tan estúpida. Él se divertía con cosas que seguramente Stella viese muy mal dada su ideología, pero al menos tenía bien claro que entre más tardase en ser alguien, más tardarían en darle una marca que en realidad no quería. Apoyar un bando que pisa con tanta crueldad a iguales... no, no le llamaba demasiado. Si lo hacía es porque tenía que hacerlo, porque al contrario que Stella, él era egoísta y pensaba en sí mismo, en los suyos y en su absoluta seguridad.

Tras unos segundos de silencio, acarició el pelo de Perseo y volvió a mirar al minion. -Me espero la respuesta, pero igualmente... ¿estás bien? En general. Puedes decirme el nombre de tu amigo, puedo intentar descubrir en dónde está, o si... -Está muerto, se ahorró decir, a riesgo de quedar demasiado bruto. De todas maneras, se entendería.
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Stella Thorne el Jue Ene 18, 2018 6:46 am

- No, no lo es.- rebatió testaruda. Que joder, ella era la que estaba en su cuerpo ¿no?. Y no era confianza, era algo peor,había sido un acto completamente egoísta de su parte. Era haberse encerrado en sí misma como una ostra y no recordar que tenía a su lado gente que la podría haber ayudado y sacarla antes de su terrible estado.  Durante todo ese tiempo no había pensando en nadie ni en nada más que en ella misma junto a unas imágenes de la madre de Adae más esa horrible sensación de profunda impotencia y frustración.

Ian le escuchó en silencio todo el tiempo que duró su relato, y ella que siempre se ha caracterizado más por ser una mujer de acciones que de palabras se terminó por incomodar tras su largo monólogo. Además siempre volver a visitar el tema de Adae le bajaba de sopetón la energía. Pero aún recobrando fuerzas de nose donde se levantó del suelo para quedar parada frente a los Howelles. Y pese a su estoico y famosa orgullosa forma de ser no dudó en pedirle disculpas a su amigo. Que ella solía defender lo indefendible, pero también sabía aceptar cuando se había equivocado.

Pese a que el traje no permitiera verlo, cuando escuchó la pregunta "¿realmente valió la pena?" que la hacía Ian la sonrisa que se había dibujado en su rostro desapareció por completo. Respiró profundamente para no explotar ante esa pregunta, diciendose a ella misma  que el castaño no tenía que porqué saber lo importante que era Adae en su vida. Pero no logró mantenerse callada por más tiempo  cuando le dijo lo de tirar todo a la borda y su impulsivo ser no aguantó estar un segundo más en silencio.- ¡Claro que ha valido la pena, joder! .- exclamó más fuerte de lo que debería. Pero para su suerte se encontraban en un lugar donde al menos dentro de su perimetro solo tenían de compañeros los animales, aves e insectos de aquel parque. - Y claro que sé que fuí de lleno a la mierda . Pero ahora que sé todo lo volvería a hacer, una y mil veces. Volvería a ayudarlo, y volvería a perder todo lo que he perdido. Porque simplemente no podría haber seguido con mi vida, disfrutar de una libertad que otros no tienen por su condición de sangre ¿Qué mierda es esa, Ian? Ya no estamos en tiempos prehistóricos como para tener tan absurdos pensamientos de usurpación sanguínea, de magia. ¿Crees que a mí me gusta tener la sangre de mi madre? ¡NO! pero la tengo, y por ella es que tengo magia. Yo crecí con muggles, ellos son mi familia, yo soy igual de sangre sucia que todos los fugitivos. Estoy en lado del  muro desfavorable,   pero estoy junto a  los que quieren hacerlo estallar...- a medida que hablaba su cuerpo se iba tensando y su temperatura iba en aumento, a lo que su coporio no ayudaba en nada.
Jamás le había comentado al chico sobre su madre, pero simplemente había vomitado todo aquello sin filtro alguno. - Él valía la pena, Ian. También lo habría hecho por tí, y por todos a los que quiero.- agregó en un largo suspiró.

Bajó sus hombros abatida bajo el gran corpóreo amarillo- Estoy casi igual, aunque con más músculos que antes. He estado entrenando, estoy casi segura que ahora si te patearía el trasero en una pelea de Kick.- se permitió bromear un poco ante el comentario de que no podía tomarla en serio vestida así. Sonrió cuando por fin escuchó las palabras que quería escuchar. Le había dicho que la perdonaba y eso la tranquilizó ya que no quería más estar así de alejada del moreno. Estaba en un periodo en el cuál quería estar cerca  de sus amigos y seres queridos.- ¿Has visto mis carteles? ¿Acaso parezco una terrorista? Me veo toda angelical, tío. - siguiendo con sus bromas destensadoras de ambiente.- Aunque eso me ayuda, ahora que es el boom de los cazarrecompensas me sirve más que me vean como una presa fácil, para luego sorprenderlos.- había elevado una ceja que claramente no se vió por el traje enorme que tenía encima, pero que de seguro podía leerse en su tono de voz su vanidoso decir.

Sonrió más aún cuando escuchó sus siguientes palabras. Era agradable cuando alguien te dice que puedes contar con él y saber que sus palabras son verdaderas. QUe no eran  meramente formalidad por la presión del momento, eran sinceras. Tragó saliva pesadamente cuando terminó por ella misma la frase en puntos suspensivos que había dejado el castaño. Sabía muy bien a lo que se refería, al hecho de que si su  amigo seguía o no vivo. Pero aún así logro mantenerse en calma para recaudar los datos suficientes y responderle.-  Formó parte de un grupo secreto y en el cual hay personas en contra del nuevo régimen y sus ideales. Hasta ahora sólo soy una aspirante, pero hago misiones para ellos. Me uní hace poco y fueron ellos los que me sacaron del pozo en el que me encontraba. Vivo en un refugio junto a otros fugitivos, allí hacen clases parceladas de diversos temas, tomó las que creo convenientes para mí. La mayoría son autocuidado, seguridad, camuflaje, hechizos de defensa, etc...- tomó aire para continuar.- Pese a que no es el mejor panorama de todos, cada vez lo estoy sobrellevando mejor...- se encogió de hombros.

- La verdad sería genial si pudieras averiguar algo de mi amigo. Donde estoy he preguntado mucho, pero aún no han logrado dar con el paradero de todos los detenidos. - tomó aire, es que el decir su nombre siempre le generaba un pequeño escalofrío y un apretón en el pecho.- Su nombre es Adae West.- terminó por decirle rápido y claro, para no tener que volver a repetirlo.

Suspiró  y miró para ambos lados, no había nadie pero sabía que su simple presencia -aunque se encontrará bajo ese enorme corporeo de minion- era peligrosa tanto para ella como para la gente que se encontraba su alrededor. Miró a Ian y a su hijo, sonrió de lado haciéndose mentalmente la promesa de no alejarse por tanto tiempo esta vez.  De contar más con el castaño, es por eso que...- Sé que piensas que soy una jodida impulsiva, un caso perdido. Y la verdad es que lo soy, no te equivocas.- soltó una pequeña risa.- Pero pese aquello, y aunque no lo creas tengo un lado juicioso y precavido. Y por más que crea que me veo fabulosa bajo este corpóreo y no quiero irme en lo absoluto. Sé que cada minuto que paso fuera del refugio es directamente proporcional con el aumento de riesgo tanto para ustedes, como para mí. Pero me voy con una promesa:  no desaparecer por tanto tiempo, palabra de leona.- dijo divertida aludiendo a su casa de Hogwarts, de la cual siempre se ha sentido orgullosa de pertenecer.

- Es más, te propongo un próximo encuentro antes de irme al callejón más cercano y desaparecer junto a lo que me queda de palomitas de maíz y chocolates...- le dijo tentadoramente.- He podido entrenar y perfeccionar mi técnica de combate mágico con los demás, pero me hace falta un compañero para duelos de combate muggle. ¿Te animas a juntarnos a entrenar un poco? Habría que buscar un lugar dónde no tentemos a nuestra muerte por mano de terceros y estamos listos.- dijo entusiasta. Es que realmente quería poder practicar con alguien como Ian, que primero sabía que era muy bueno en aquella técnica y que por más que que era su amigo no tendría piedad con ella, no la dejaría ganar fácilmente, y eso era precisamente lo que necesitaba. - A menos que temas perder una y otra vez contra mí.- le picó divertida.

- Bueno, también podemos irnos a la cima de una montaña y gritar. Volver asaltar la fábrica de chocolate de Charlie, o colarnos a una fiesta de alguna parte del mundo, a lo que voy es que nos volveremos a ver Howells...este año o el próximo  que ya está a la vuelta de la esquina. - le dijo para agacharse un poco y sacar su cabeza por el agujero del traje.- No me volveré a desaparecer, promesa.- volvió a repetir pero ahora con su mirada fija en él y con una sonrisa de medio lado que ahora sí se encontraba a la vista de todos. - Además estoy muy curiosa por saber cómo es que sobrellevas todo esto de ser padre, no te ves nada mal, así que me arriesgo a decir que no va tan, taaan mal a pesar de todo. Así que la próxima vez que nos veamos el entrevistado serás tú- le dijo mirándolo con una sonrisa de lado.

Off: Te me mandado un Mp :pika:
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Ene 24, 2018 10:34 pm

Explotó. Y normal que explotase, cualquiera en su situación lo hubiera ante la falta de sensibilidad de Ian, que quizás pecaba de comodidad absoluta y un poco de egoísmo. Pero seamos sinceros: Ian no estaba a favor del Ministerio y, al igual que Stella y todo lo que estaba diciendo, pensaba exactamente lo mismo. No era lógico lo que se le estaban haciendo a los hijos de muggles, pero tampoco podías tirarte de cabeza a hundirte con ellos. Pero no le contestó, porque a fin de cuentas ella había actuado en base a sus instintos, los cuales eran bastante diferentes a los que hubiera tenido Ian. Él tenía bastante claro que no arriesgaría la comodidad de su vida por nadie, menos ahora que tenía en su responsabilidad la vida de su hijo. Además, se notaba que le había tocado ahí la espinilla y, la verdad, es que ahora mismo Ian no tenía ganas de discutir ese tipo de cosas. Es estúpido cuando uno actúa por principios y no por lógica.

La broma sobre el kickboxing le hizo sonreír, ya que hacía montón de tiempo que no practicaba debido a la universidad, su nuevo trabajo como tatuador y el pequeño detalle de Perseo. -Te ves toda angelical porque en verdad lo eres, ¿o acaso te crees que puedes poner cara de malvada terrorista? -Le picó divertido. -Nunca se me dio bien adivinación, lo sabes, pero es fácil asumir que tú no serías partícipe de algo como lo que se formó el día de los mundiales, ¿me equivoco? -Sutil manera de preguntar, ¿eh? A veces Ian pensaba, aunque él estaba seguro de que Stella jamás haría eso. No le gustaba pensar que era tan ruin como él, que si participaría más obligación que otra cosa.

Le contó a lo que pertenecía y... a Ian se le subieron un poco los huevos a la garganta. No debería de saber eso, ¿verdad? ¿Sería traición no informar de ello? Madre mía, bastante estrés tenía ya en la vida relacionándose con fugitivos como para encima añadir información extra, pero es que por lo que decía, era muy parecido a lo que él hacía cuando todo estaba al revés: pertenecer a un grupo ilícito en donde empiezas como aspirante. Alzó la mano. -Te juro que me encanta saber que estás bien, pero no deberías decirme tanta información. -Le dijo seriamente, bastante temeroso por saber más de la cuenta, ¿quién dijo que Ian era valiente? Antes se arriesgaba más, pero ahora estaba comprometido con la consecuencia de su espermatozoide más rápido. -Intentaré a ver si consigo averiguar algo de él. -Por desgracia tenía bastante contactos que podían llegar a saber.

Pese a todo... aquel encuentro no podía durar mucho más porque como bien había dicho ella, era peligroso ahí, en medio de la nada. Que era bien consciente de que tenía un super disfraz, pero era un poco sospechoso que Ian prestase tanta atención a un señor vestido de minion, así que más o menos la sospecha podía ser real. La verdad es que para como acostumbraba ser Ian: hablador hasta la médula, despreocupado y bastante divertido, ahora mismo estaba bastante callado, ya que era demasiada información seguida y repentina que le había estresado la neurona líder de su mente. Lo único que pudo decir cuando le dijo lo de entrenar, fue preguntar por lo más necesario. -¿Tienes móvil? Ahora mismo es la manera más segura para comunicarnos... si quieres. -Porque si no, volver a verse iba a ser sencillamente imposible, ya que mandarse cartas era un poco suicido. -Yo sé un sitio en donde quedar, porque obviamente parece ser que necesito recordarte que a mí nadie me gana en el kickboxing. -Ladeó una sonrisa más picarona, tal cual solía ser normalmente. Al escuchar sus últimas palabras, él también sonrió, mirándola a los ojos a través de la tela de aquel disfraz. -Me alegra volver a verte.


Una semana después

El día que se encontró con Stella había sido especialmente... extraño. No porque no se le apeteciese verla... sino más bien porque fue muy repentino y en una situación que no era nada favorable, más que nada porque desde que había tenido a Perseo se había prometido mantenerse alejado de problemas y, reencontrarse en medio de Londres con tu amiga fugitiva, era definitivamente un problema. Cuando volvió a casa en realidad se sintió un poco mal, ya que no tuvo ni de lejos la mejor actitud que podría haber tenido frente a ella. Ella ahí perdiendo su vida por intentar salvar a su amigo e Ian no era capaz ni de actuar normal al reencontrársela después de tanto tiempo. Era un poco subnormal, la verdad.

Contactó con ella por teléfono móvil, quedando con ella el próximo jueves por la noche en uno de los McDonalds más famosos de Londres. Obviamente no iban a ir al McDonalds a cenar, pero necesitaban reencontrarse en un lugar que conociesen ambos para que Ian pudiese llevarle al lugar en donde la machacaría. Y si no habían quedado antes era simple y llanamente porque el chico estaba muy ocupado con todo lo que se traía entre manos y quería ordenar sus ideas con respecto a la vida. De hecho, habló con Juliette largo y tendido, de una manera un tanto filosófica, como si ambos estuviesen hablando de cosas distintas pero en verdad todo coincidiese. Y es que Ian ahora mismo estaba en una tesitura: ¿de verdad valía la pena arriesgarse en quedar con una fugitiva? ¿Y si le pillaban qué? ¿Qué pasaría luego? ¿Para Azkaban y Perseo se queda huérfano? ¿Quién le enseñará a ligar y a afeitarse el bigote? No, no, no.

Pero luego lo pensaba y... no podía (ni quería) quedarse de brazos cruzados. Ya bastante mal había hecho como para encima seguir haciéndolo, ¿no? Además, Ian era tonto del culo, nadie repararía en a dónde iría un jueves por la noche. Todo el mundo asumiría que como es juernes, está por ahí de parranda intentando ligar y teniendo más intentos de niños.

Así que llegado el jueves por la noche, ya a las nueve, llegó al McDonalds en cuestión, aunque no entró, ya que nada más llegar vio el rostro de Stella, escondido bajo una capucha, justo en la entrada del establecimiento. Cuando sus miradas se cruzaron, Ian le hizo una señal con el dedo índice para que le persiguiese, metiéndose entonces por un callejón oscuro. Cualquiera que lo viera pensaría que van a tener sexo desenfrenado ahí contra la pared, pero no. Desde que estuvieron lo suficientemente escondidos y, sin decir nada todavía, Ian la sujetó y se desapareció con ella.

Spoiler:

Era el sótano del gimnasio al que solía asistir Ian hace ya un año, el cual evidentemente a esa hora estaba totalmente cerrado y sin nadie en el interior. Era un gimnasio de varias plantas, cuya planta inferior estaba destinada a las artes marciales y peleas, por lo que había un ring, además de varios sacos de boxeos y otras muchas instalaciones con las que poder practicar. Al aparecerse todo estaba oscuro, por lo que nada más llegar Ian se separó de ella y fue a encender las luces, dejando ver todo el interior. -Mola que los establecimientos muggles no tengan hechizos anti-aparición, ¿eh? -Sonrió de medio lado, mucho más natural que el día anterior. -Admítelo, es el mejor sitio al que podría haberte traído. Hay chicos que te llevarían al cine para meterte mano durante la peli y luego intentar tener sexo contigo, pero yo te traigo aquí para machacarte el culo, que te lo tienes muy creído. Yo soy el Rey Ian del kickboxing, así que bájate de esa nube, leoncita. -Añadió con soberbia, divertido. -Estos fugitivos, qué creído se lo tienen... Les ponen carteles y se les sube a la cabeza... -Murmuró de igual manera.  

Iba en chandal, unos pantalones largos y holgados, unos zapatos de deporte y una sudadera que se quitó para quedarse en una camiseta holgada de mangas huecas. Dejó la sudadera sobre un banco y golpeó con el puño cerrado un saco sin mucha fuerza, agarrándose a él mientras miraba a Stella. -¿Todo bien esta semana? ¿No es aburrida la vida de un fugitivo?

Y ahora sí se sentía en un lugar a gusto y a salvo, en donde poder hablar tranquilamente sin sentir que un agente del Ministerio tenía ojos en su maldita nuca. Ese era un pequeño rincón en donde era super consciente de que era sólo para ellos. Y, como mucho, algún muggle extraviado.
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Stella Thorne el Lun Feb 05, 2018 7:05 pm

Y lo vomito todo sin detenerse si quiera a respirar, ya que lo tenía todo tan guardado que al mínimo abrir de la cerradura salía todo disparatado. Porque no podía entender como es que aún estuviera la sociedad mágica liderada por esos descerebrados. No entendía como aún no habían más adeptos para generar la revolución e ir en busca de esa justicia tan perdida durante el último tiempo. Ella más que nadie sabía todo lo que había arriesgado esa noche al escaparse de Hogwarts, sabía muy bien todo lo que había dejado atrás, pero también sabía que lo volvería a hacer las veces que fuera necesarias. Y si el pago por eso era estar privada de libertad y tener que andar bajo un corpóreo de minion, pues bien.

Cambió de tema por una simple razón, no seguir hablando de su pequeño amigo. Era un tema que la ponía mal, volver a nombrarlo era abrir muchas cosas de las cuales se había encargado de guardar bajo llave, ya que tenerlas ahí de manera libre solo lograba que fuera más un zombie que persona. Se rió.- ¡Hey!.- exclamó haciéndose la ofendida.- Claro que puedo poner cara de terrorista malévola. Sólo que tendrás que esperar su super aparición porque bajo este corpóreo veo difícil mostrarla.-  aún así bajo el traje hizo varios intentos , y sin siquiera tener la necesidad de verse pensó que a de verse muy patética poniendo todas esas muecas.- ¿Estas loco? ¿Hacer incendiar un campo de Quidditch? ¡Ni loca! Si hubiera tenido galeones (y libertad) habría estado en primera fila, tío. Esa final prometía.... - le dijo encogiéndose de hombros junto a una largo suspiro. Que ella era muy impetuosa para sus cosas, pero jamás pasaría por encima de gente que no tiene nada que ver en el asunto. Ella quiere ir por los causantes, los principales causantes de todo esto e ir como en el ajedrez sacándolos uno a uno del tablero.

Observó como elevaba una mano y frunció levemente el ceño.- ¿Quién te entiende? que querías confianza y ahí la has tenido.- le dijo negando con la cabeza.- Aunque tampoco es que pensará contarte más que eso.- agregó divertida y si es que no tuviera ese inmenso traje de minion de seguro le sacaba la lengua toda infantil.Que vamos, le había contado cosas que de seguro todos se lo iban suponiendo ¿no?.- Gracias...- pegó su rostro al pequeño orificio para que el castaño pudiera ver su mirada, y así entender que sus agradecimientos eran sinceros.

Y como todo lo bueno siempre tiene un final, su alma impulsiva y traviesa se dió unas vacaciones de dos minutos  haciendo que su lado cuerdo le diera a entender que seguir ahí sólo significaba poner  en peligro no solo a ella sino que también a su amigo e hijo. Por lo que por más que le alegraba verlos en demasía, sabía que al menos por ese día había suficiente de hacerle cosquillas a la boca del lobo. - Claro, registra tu número en mi móvil.- sacó el celular de uno de sus bolsillo para luego tras uno que otro altercado lograr sacarlo a través del orificio del traje.  Rodeó los ojos cuando escuchó sus siguientes palabras y soltó una risa.- Y se supone que los leones somos los vanidosos...- soltó divertida.- Ya te bajaré de ese trono inventado que tienes, serpientoso.- bromeó solo por picarle.- A mí también.- le respondió con su mirada clavada en la de él.

***
UNA SEMANA DESPUÉS.

Se ajustó el gorro de su sudadera y elevó la bufanda que tenía hasta más arriba de la nariz, de verle alguien solo podría ver sus claros ojos y frondosas cejas. Miró alrededor y no había ni señas del castaño, miró el reloj que estaba al interior del Macdonalds en busca de hora. Grave error, porque aparte de darse cuenta que había llegado cinco minutos antes (maldita ansiedad) le habían entrado unas ganas tremendas de comerse un doble cuarto de libra con queso, ay...sacudió su cabeza y se giró para enfocar su mirada en la calle, debía concentrarse, estar atenta, y no había momento en que bajará más la guardia que cuando comía así que no, no, y no.  ´

Se cruzó de brazos y suspiró sintiendo como volvía nuevamente esa sensación de culpa que la había visitado todos estos días antes de la junta con el castaño. Que ella se había alegrado mucho al ver a Ian y Perseo, tanto así que la sonrisa no se le borró hasta muchas horas después. Pero al mismo tiempo sabía que su presencia los ponía en peligro, que quizás nadie andaría vigilando los pasos de Howells pero y si así  fuera...¿Qué hacía ella con ese "Y si..."? Que ella había logrado sobrellevar todo el asunto de Adae pero ni de coña podría soportar perder a otro de sus amigos. Eso sería horrible, y solo por su culpa.  Se removió incómoda, aún estaba a tiempo de dar media vuelta y olvidar todo aquello, pero sus pies se encontraban como pegados al suelo negandose a irse de allí. Y en medio de toda incertidumbre es que se encontró con la mirada de Ian y entendió que pese a todo lo seguiría a ese callejón e iría a dónde sea que fueran. Porque era una jodida fugitiva egoísta que lo extrañaba.

Cerró los ojos y todo comenzó a girar para luego llegar a un lugar en plena oscuridad, sintió que se alejaba de ella para luego...- Wow.- exclamó al ver un gimnasio enorme, sus ojos hasta ganaron brillo al toparse con tan magnífica imagen. - Joder, esta increíble.- dijo mientras comenzó a recorrer el lugar y sacarse la ropa que tenía de sobra para ponerse más cómoda. Soltó una risa toda sarcastica al escuchar sus siguientes palabras.- Pues yo soy la reina, así que me quedo en la nube que quiera, serpientoso.- enarcó una ceja toda vanidosa más una sonrisa toda provocadora.- Idiota...- dijo divertida, sin un atisbo de insulto todo lo contrario nunca había dicho esa palabra con tanta gracia y amabilidad. Que Ian tenía ese increíble don de decir gilipolleces que en vez de hacerla rabiar solo le sacaba sonrisas.

- ¿Qué hay en las otras plantas?.- preguntó toda curiosa y animada como una niña de seis años en medio del gran parque de Walt Disney cuando llegó a un extremo del gran salón y se topó con unas escaleras. Le miró golpear y enarcó una ceja.- Por favor dime que ese no fue tu mejor golpe, porque ya me va a dar pena competir contigo.- le picó divertida para luego junto a un largo suspiro acercarse a él.- Pues ha sido una semana toda normalita.- comenzó a decir encogiéndose de hombros, es que no había mucho que contar la verdad.- Lo es, pero no siempre. Es como un Hogwarts sin los terrenos exteriores ni salidas a el pueblo.- trató de explicarle pero luego frunció el ceño.- Ok eso a sonado horrible, y no lo es tanto. Porque las clases son electivas y la cocina es igual de enorme- agregó luego riendo, se acercó al chico y abrazó el saco del toro lado.- Lo que quiero decir que no se está tan mal después de todo. Uno se va acostumbrado.- mentía, aún no se acostumbraba, aún había días en que le daban ganas de irse lejos y desaparecer el mapa mágico y muggle, volverse una trotamundos que deja todo atrás. Pero no, ahí seguía resistiendo.

- ¿Y cómo va todo eso de ser padre? .- le preguntó curiosa.- No se ve mal y el otro día creo haber visto a Perseo de una pieza, así que debe ir bien ¿no?.- agregó mirandolo con una sonrisa de lado. Pero de pronto como un flash se le vino algo a la cabeza.- ¡Oh, oh, oh! ¿Has sabido algo de Adae?.- le preguntó de sopetón para alejarse del saco y quedar de lleno frente al castaño con mirada expectante y llena de esperanza.
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Ian Howells el Miér Feb 07, 2018 3:29 am

La verdad es que quedar con ella después de haber... 'dejado claro' ciertas cosas, como el hecho de que ella no había sido partícipe de ese ataque gratuito a los mundiales, o que pese a todo, seguían siendo amigos, era muchísimo más conciliador. Y de verdad que tenía ganas de volver a verla y quedar con ella, porque Stella era una de esas personas que, pese a que en inteligencia sobrepasaba mucho a Ian, luego a la hora de comportarse hacían muy buena unión. Y... a Ian le molaba eso, su naturalidad y que no se ofendiese por cualquier burrada que pudiese salir de sus labios, ya que asumía desde un primer momento que Ian era tonto y no iba a dejar de ser tonto.

Una vez encendió la luz, la chica se quedó maravillada. Y es que para un amante del deporte aquello era como un paraíso en donde podías hacer lo que quisieras y entrenar lo que más te gustase. -Pues hay dos plantas más. La última está cargada de máquinas para hacer deporte, el típico gimnasio, y en la del medio hay varias salas insonorizadas en donde se dan diferentes tipos de baile: urbano, aerobic, ballet y hasta clases de salsa. -Mostró una sonrisa divertida, encogiéndose de hombros. -Mi profesor de kickboxing siempre me entrenaba en mi casa porque soy un asqueroso niño rico de mamá, pero cuando crecí era aquí en dónde se hacían los torneos y venía a entrenar con él. Por eso lo conozco. En realidad hace mucho tiempo que no venía... pero sé que siempre cerraban relativamente pronto y que estaría vacío. -Entonces escuchó su burla cuando Ian golpeó con suavidad el saco de boxeo, mirándola de reojo. -Más quisieras que éste fuese mi mejor golpe.

En realidad si lo pensábamos fríamente... Ian no solía tener diferencia entre hombres y mujeres en torneo, pero Stella era su amiga y mandarle un golpe así por la cara y hacerle daño como que no estaba en sus planes. De todas maneras, ya había ido ligeramente concienciado y a jugar de una manera más limpia, limitándose a tirarla al suelo.

Le preguntó que cómo le iba la vida de fugitiva, ya que a ojos de Ian tenía que ser jodidamente aburrida. Y... vamos, su explicación se lo corroboró, por mucho que ella creyese que lo estaba arreglando con su explicación sólo le estaba dejando claro que era aburrido pero no sabía como intentar ver que no. -Vaya, parece que te lo estás pasando en grande. -Ironizó divertido. -Pero vamos, me lo imaginaba. Tampoco os imaginaba viviendo bajo un puente con el único calor de una hoguera, me suponía que os uniríais como en grupitos y tal y que así todo sería más fácil de llevar. -Confesó, bastante tranquilo por el hecho de que los mortífagos no le hubieran hecho ir demasiado a por los fugitivos. ¿Os imagináis que se encuentra con Stella? Que estrés.

Le devolvió la pregunta, pero en correlación con el pequeño hecho de que ahora Ian era padre. Y vamos, Ian siendo padre era todo un show, de eso no cabe duda, pero pese a todo, el chico estaba haciendo lo imposible por intentar ser un padre decente y cuidar como nunca de su hijo. La verdad es que era comprensible que nadie pudiese entenderlo por cómo es Ian, pero el cariño y el cuidado que tenía con Perseo no lo tenía con nadie. El universitario esbozó una sonrisa dulce, una muy poco común en él. -Cuando Eris estaba embarazada yo quería tirarme por un puente, ¿vale? No estaba preparado para ser padre. Y si te digo la verdad... ahora todavía dudo que esté preparado. Pero no sé... te juro que no sé describir lo que siento. Nunca pensé que sería tan gratificante tener a un pequeño a tu cargo, ¿sabes? Y es un trabajo de la hostia, pero como que el mínimo gesto por parte de esa cosita pequeña parece que te lo recompensa. Es super raro. Y si me hubieras preguntado antes de que naciera te hubiera dicho una y otra vez que me arrepentía de todo, ¿pero ahora? ¡Ahora ni en broma! Hasta los cinco meses sin hablar con Circe valieron la pena. -Confesó. -Prometo que otro día te lo presento mejor. Cuando nos vimos hace una semana estaba un poco estresado, no esperaba verte.

Le preguntó por Adae y... la verdad es que si bien había intentado informarse sobre él, tampoco había tenido especial información. Y era normal. Un preso que termina en el Área-M es como un preso sin información, ya que todo lo que ocurre ahí abajo, se queda ahí abajo. Eso es peor que Las Vegas. -A ver... no sé mucho. Cuando lo capturaron, El Profeta dijo que entró en Azkaban. Lo único que hice fue preguntar a las personas que conozco que trabajan con gente de por allí y sólo sé que terminó en el Área-M... Pero es imposible saber nada más de alguien que trabaja ahí a menos que tú también trabajes ahí. Sólo se puede entrar si eres un trabajador o un preso y... dadas las circunstancias... -Se pasó la mano por la nariz, un tanto incómodo por no darle mejores noticias. -Y ni se te ocurra la estúpida idea de entrar como preso. Que te veo venir con  tus instintos suicidas, Thorne. -Le señaló con el dedo. -No quiero desanimarte, pero si huir de Azkaban ya es terriblemente complicado... el Área-M es otro mundo aparte.
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Ian HowellsUniversitarios

Stella Thorne el Mar Feb 20, 2018 6:16 pm

Desde que conocía a Ian este le había llevado a lugares increíbles. Como el gimnasio que tenía frente a sus ojos, por ejemplo.  Sintió cosquillas en el estomago cuando la luz se encendió y logró verlo en todo su esplendor.  El pequeño gimnasio de su pueblo no era ni una brisa de este, y aunque el de Edale siempre será el favorito en su corazón en que estaba ahora junto al castaño claramente se encontrará en su top five de favoritos. ¡Que tenía hasta otras plantas! Ok, debía calmarse.

- Wow.- exclamó una vez más estirando su cuello por la escalera para mirar hacia los pisos de arriba, encontrándose solo con una profunda oscuridad.- Si alguna vez me ves yendo al segundo piso, detenme con todas tus fuerzas.- agregó divertida para comenzar a caminar hacia el castaño.- Una vez en Hogwarts me castigaron con clases de tap. Fue horrible. - mintió a medias, ya que sí había sido horrible pero no del todo. Al final si le gustó ese baile, pero que ella era una patosa nadie se lo podía negar, tuvo que trabajar mucho para ser medianamente decente. Ella era más de las que bailaba estilo libre y loco en la pista, de eso no había duda. Soltó una risota al escuchar su propia descripción de "asqueroso niño rico  de mamá" y negó con la cabeza divertida.- Que aburrido entrenar en casa, tío. Aprendes mucho viendo a otros. A mí por más que me costaba trillones levantarme en las mañanas ¿Es que quién piensa hacer clases de Kick a las  ocho de la mañana? Sólo en Edale...- hizo una breve pausa para rodear sus ojos y suspirar.- ...me motivaba el hecho de ir a entrenar con otras personas. Que saben más que tú, y te tienen mucho que enseñar. Que mi pueblo puede ser aburridisimo a la vista de la mayoría, pero que tiene buenas personas en el Kickboxing, las tiene.- dijo inflando el pecho toda orgullosa, ya que él causante de todo aquello era su tío Earl.  - Y no, no me gustaría que ese fuera tu mejor golpe. Si te he pedido esto es porque realmente creo que eres bueno en esto. Y soy de las que les gusta batallar con alguien que le puede dar la pelea.- le dijo con naturalidad encogiéndose de hombros vanidosa como toda ex Gryffindor y con unos dejes de coquetería innatos en ella.

Y luego la pregunta del millón. Pensar en su vida de fugitiva hacía que los hombros se le decayeran un poco. Y por más que intentó con todas sus fuerzas pintarle un panorama más multicolor al castaño supo al instante que no lo había logrado, era solo cosa de escucharse a sí misma y saber que de emocionante su vida no tenía nada. - Pero vamos, es la mejor opción que tengo. Y de verdad, verdad, verdad que no es tan malo. Después de todo...- arrugó la nariz al comprobar que nuevamente había tratado de sonar mejor pero sin lograrlo, por lo que solo atinó a reír a modo de resignación.

La ronda de preguntas ahora le tocaba a Ian, y lo primero que se le cruzó por la mente fue preguntarle sobre cómo llevaba todo lo de ser padre. Que  de solo pensar estar en su lugar se le ponía la piel de gallina, que ella  disfrutaba mucho de la compañía de los bebés o niños pequeños, pero porque no eran suyos y a la hora en que se ponían a llorar u olían mal podía pasarlo a uno de sus padres con una sonrisa de apoyo y ya está. - Joo.- exclamó y sin pensarlo llevó su dedo índice a la comisura izquierda de la nueva sonrisa que acababa de ver en el castaño. Pensó en lo bonita que era y lo lindo que era que fuera resultado de pensar en Perseo. - Me alegra mucho escuchar aquello. Y me encanta que saber que estás ahí al pie del cañón ayudando en la crianza del pequeñín.- le dijo con dejes de admiración en su tono de voz. Que ella era hija de alguien que no había querido aceptar ese reto de tener un hijo quizás a primera no deseado, por lo que cuando se topaba con personas como Ian, que tenían todo para irse lejos y dar media vuelta y que aún así no lo hacían y trataban de dar lo mejor,  ganaban todo su respeto y admiración.- Y claro que otro día me lo tienes que mostrar mejor. Quiero ser su amiga que le regala los mejores chocolates de la ciudad.- bromeó divertida.

Pero en eso, como un rayo en medio de una pradera recordó que el castaño averiguaría cosas sobre su amigo. Ese brillo esperanzador que habían ganado de pronto sus ojos se esfumaron al segundo al comprobar que Adae se encontraba en el Área- M. Lo ppoco y nada que sabía de ese lugar es que era peor que mil Azkabanes y diez mil besos de dementores. ¿Era muy terrible al pensar que quizás era mejor que su amigo estuviera muerto? Apretó su mandíbula para contener el nudo que se le había producido de repente en su garganta.  Soltó una risita pequeña, cansada, al escuchar las siguientes palabras por parte de Ian.- Preferiría morir antes de ser una jodida rata de laboratorio de esos gilipollas.- soltó de manera ácida, es que los odiaba tanto. A ellos si que los incendiaria a todos, los encerraría en un lugar y les prendería fuego. Y los odiaba por eso mismo, porque despertaban en ella sentimientos que detestaba. - Sé que es peligroso, se que es ir directo a la boca del lobo diciendo cómeme. No te preocupes, no iré...- le dijo mirándolo con una media sonrisa.- ...al menos no como presa.- agregó después bajito, casi inaudible.  Que quizás, sólo quizás podía entrar a ese lugar pero como otra persona. Pensaría esa posibilidad más tarde, que de hacerlo su planificación llevaría meses. - Gracias.- le agradeció después junto a un suspiro, mientras le daba un pequeño golpe en su hombro a modo de agradecimiento. Que ella era toda brusca para esas cosas, y a esas alturas eso ya debía saberlo el castaño.

- Pero vamos, basta ya de blablabla y vamos a lo que nos conlleva. Patearte el trasero, Howells.- le picó divertida con una sonrisa juguetona.  Se alejó del chico y vió en una esquina el cuadrilátero yendo hacía él mientras se hacía una coleta con su cabello.- Miau.- exclamó al llegar y llevar sus manos hacia las cuerdas que lo limitaban, giró su mirada para mirar al castaño y sonreírle. Se subió sin mucho problema y cuando estuvo ya arriba dio unos saltos para probar el suelo, y sonrió aún más al comprobar que era de esos que tenían el rebote perfecto, preciso.  Comenzó a elongar un poco sus articulaciones y músculos, enfocándose en sus piernas, brazo y muñecas. Cuando vió que Ian subía también le miró.- Se que decir esto es hacer un poco de trampa, pero mis puntos débiles son mi puñetazo izquierdo y el kick de mi pierna derecha que realmente da pena. Así que si tienes oportunidad de atacarme esos sectores hazlo con todo sí, para poder practicarlos, te lo agradecería mucho.- le ofreció una sonrisa enorme.- ¡Oh! Y sin piedad, eh.- le dijo acercándose y clavando su mirada en la de él.- Que esto es para entrenar que si uno de esos gilipollas me quieren dar un Crucio que al menos sea después de romperle la cara o un hueso ¿sí?.- le preguntó con su mirada fija.

Se alejó del castaño y fue a una esquina, estiró un poco más por aquí por allá, dió unos pequeño saltos para activar sus piernas y ya.- Estoy lista, que comience la diversión.- dijo poniéndose en posición elevando ambos brazos a la altura de su rostro con sus manos empuñadas, junto a una sonrisa traviesa en su rostro.  

OFF: Pues, te doy a escoger a tí si quieres con dados o no (: Me imagino que pueden ir batallando pero enseñandose al mismo tiempo, ambos se van dados tips o algo así jejé Eso, abrazote.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Vie Mar 02, 2018 11:34 pm

Londres tenía la creme de la creme de probablemente todo lo que te esperases y era por eso que hasta un simple gimnasio podía convertirse en un palacio del deporte. Es sabido que Ian era a un chico al que jamás le ha faltado de nada, motivo principal de que haya sido bastante pijo a la hora de elegir a que gimnasio ir a practicar kickboxing. Y sí, probablemente estuviesen no solo en uno de los establecimientos más caros de ese estilo en Londres, sino también de los más grandes. Eso sí, cuando está cerrado... es sólo de quién tiene la suerte de poder colarse en su interior sin ser visto. -¿Con todas mis fuerzas? ¿Y si te resistes? ¿Me tiro a por ti y te sujeto por el pie mientras grito dramáticamente? -Bromeó, curvando una sonrisa. -No era aburrido entrenar en casa. Tenía a un entrenador para mí solo que era el puto amo, aprendía viéndole a él. Eso sí... no te voy a quitar punto de razón: desde que ya pude venir por mi cuenta aquí la motivación era distinta. Venir, competir, aprender de otros... pero cuando estás empezando, es casi mejor tener la atención de tu entrenador solo para ti. O al menos a mí me molaba. -Al final era cuestión de puntos de vista, en base a la experiencia. Pero no le iba a quitar razón porque ir a entrenar con más gente sin duda era una gozada. -Tranquila, no era mi mejor golpe. Si quieres que te de guerra, te daré guerra. -Y ahí se replanteó el relajar un poco la cosa. Si ella iba con todo y esperaba un verdadero reto... él iba a tener que hacer lo mismo. Ian no era de esas personas que dejasen ganarse sólo por impresionar o hacerle el gusto a nadie. Sino todo lo contrario.

Ian no era tan idiota como para pensar que de verdad ser fugitivo podía llegar a tener algo bueno. Su vida debía de ser una constante mierda, pese a que Stella dijese que no era tan mano, ¿cómo podía no ser tan malo? Debía de ser peor. La verdad es que el universitario no se veía perdiendo la libertad, no ahora tal cual vive. Y eso, en parte, le molestaba porque se estaba arriesgando de tal manera que podía contribuir totalmente a ello. Pero bueno... teniendo en cuenta en donde estaban, eso era una opción terriblemente improbable. -¿En serio no es tan malo? No me lo creo. No quiero inmiscuirme mucho en tus asuntos porque creo que, por definición, deberíamos ser enemigos pero... en realidad si necesitas algo, puedes contar conmigo. No sé si te lo dije el otro día o estaba demasiado alucinado como para hacerlo pero... bueno, eso. -Esbozó una sonrisa nerviosa. Ofrecer ayuda a una fugitiva era sinónimo de terminar en Azkaban, pero no pasa nada. Por suerte todo el mundo trata a Ian como un idiota, nadie reparará en si ayuda o no a fugitivos. -Y sí, claro. O sea... en realidad desde que Eris me dijo que se había quedado embarazada quise inmiscuirme aunque ella no me dejase, pero bueno, poco a poco me fue cogiendo confianza y ahora nos llevamos muy bien, lo cual es genial para Perseo. Y no sé, siempre tuve claro que si dejaba embarazada a alguien no iba a irme a ningún lado. Es mi descendencia, ¿sabes? Que no tengo muy buenos genes de los que presumir. ¡Pero son mis genes! -Se defendió divertido, obviamente en broma. Mejor que Stella no le sacase en profundidad el tema de Perseo o Ian podía pegarse mucho tiempo hablando con ella de eso.

No pasó desapercibido lo que dijo Stella. El Área-M era un tema peliagudo, él tenía compañeros que sabían lo que se hacía ahí y... no, no era agradable ni siquiera para una persona que disfruta con el sufrimiento ajeno. Habían límites. Ian era de esas personas que tenía el orgullo muy alto y un temperamento todavía mayor, además de que le gustaba dejar claro que el valía más que nadie, pero de ahí a experimentar hasta la saciedad con personas humanas había un largo trecho a recorrer... De hecho, el comportamiento del gobierno (y probablemente también el nacimiento de Perseo) le habían quitado un poco ese instinto de imbécil violento que tenía, pese a que lo siguiese siendo, claro. La miró seriamente. -¿Estás de broma? Ni se te ocurra entrar ahí, ni como presa, ni como nada. No sé si te habrán llegado los rumores, pero si dicen que ya es prácticamente imposible escapar de Azkaban, al Área-M lo tienen como el lugar más seguro de todo el mundo mágico. Hasta por encima de Gringotts. -Le dijo, con el ceño un poco fruncido. -Es en serio, no hagas eso.

Pero entonces se pusieron manos a la obra, dirigiéndose al ring. Ian fue prácticamente brincando, subiendo de un salto a la parte alta y rebotando sobre la tarima mientras relajaba los brazos y las piernas, así como el cuello. Comenzó a articular para calentar un poco, escuchando las palabras de Stella. -Siempre hay algo que se te da peor, es todo cuestión de práctica. A mí siempre me dicen que se me da de puta pena defenderme, que soy muy agresivo, así que no te lo tomes como algo personal. -Esquivar se le daba bien, pero lo que era cerrar los brazos y cubrirse... poco. Realmente poco. Ian era demasiado agresivo como para estar haciendo esas gilipolleces. Él ponía la puta cara para parar el golpe, como un machote. -Cuando termines en el suelo sin poder moverte no me vengas llorando, ¿eh? ¡Oh, Ian, es que pegas demasiado fuerte! ¡Oh, Ian, es que tienes unos músculos muy duros y no puedo competir contra ellos! ¡Oh, Ian, es que eres tan bueno! -Sonrió de manera pícara, mirándola con encanto mientras se ponía en posición de ataque, sin dejar de botar sobre sí mismo.

Y fue Stella la primera en atacar, haciendo que Ian se lo esquivase con relativa facilidad. Eso sí, fue de chulo y, cuando fue a sonreír para picarla, se llevó un puñetazo en la boca que le hizo retroceder un paso. -Vale, seriedad, ¿no deberíamos ponernos los guantes para no partirnos los labios a la primera? -Dijo divertido, sintiendo como uno de sus dientes se le clavó por el interior del labio. Nada grave.

[15 minutos después]

Con los guantes era otro cantar, pues podías ir más a muerte sabiendo que probablemente le hicieses mucho menos daño a tu contrincante, además de que te protegías a ti mismo. Ya por aquel entonces, Ian había recibido alguna que otra patada en su flanco derecho, pero la cara la tenía más o menos protegida. Él, por su parte, había estado atacando a sus puntos débiles, corroborando lo que decía.

En una de estas, Ian golpeó su costado izquierdo y ella aprovechó para hacer un puñetazo hacia arriba en la barbilla del rubio. Él retrocedió hacia atrás, un tanto confundido. -Casi me muerdo la lengua... -Murmuró divertido, llevándose la mano con el guante a la barbilla para darse un golpecito y suspirando. -Todas las que te pego por la izquierda te entran. Si se te da mal el gancho de izquierda, lo mejor es que lo reduzcas al máximo y lo utilices mayormente para la defensa. Me da la sensación de que estás prestando tanta atención a ese brazo que al final no terminas de ser un todo, ¿sabes? Es raro. -Se hizo, como pudo, el pelo ya un sudado hacia atrás con el guante. -Cuando atacas con esa, te expones y lo tengo muy fácil, por eso te lo digo. Tengo la sensación de que como te sientes insegura, por eso el gancho te sale mal.

Se acercó a ella y sujetó ese brazo, alzándolo a la altura de un puñetazo alto como ella lo hacía, dejando en evidencia todo el hueco que quedaba libre bajo él. -Sueles abrir mucho el brazo para golpear, quizás es el problema. ¿Y si intentas simplemente hacer ganchos directos? No intentes laterales. -Retrocedió entonces un par de pasos, moviendo la mandíbula y volviendo a rebotar sobre sí mismo. La miró travieso y con un movimiento de mano (un tanto opacado por el guante) le invitó a que fuese a por él otra vez.

OFF: Mejor sin dados, así lo hacemos más interactivo y de aprendizaje. Por mi parte acepto todos los golpes que quieras darme, así que a gusto darle con ganas. Además, he adelantado un poquito en el tiempo (en plan minutos y tal), pero para darle más chicha al asunto, siéntete libre de adelantar lo que consideres.
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Ian HowellsUniversitarios

Stella Thorne el Mar Mar 13, 2018 6:51 am

Soltó una sonora carcajada, de esas que vienen del estomago mismo cuando se imaginó mentalmente la imagen que el castaño acababa de describir.- Así tal cuál, y no te olvides del grito que es crucial.- bromeó negando con la cabeza divertida.- Es verdad...en mi casa era mi Tío Earl, también es el puto amo. Por él aprendí primero a pegar un puñetazo que hablar...- rió y se encogió de hombros. Recordando la tarde de retos por parte de su padre hacía su tío cuando llegaban notas del colegio por mal comportamiento. En su defensa, siempre había sido por autodefensa o injusticia a vista de todos, y como ella siempre ha sido de las que en vez de quedarse observando va y hace algo...los castigos siempre fueron los suyo.  Sonrió.- Esa es la actitud que estaba esperando.- agregó con una sonrisa de medio lado, mientras sentía un cosquilleo en los dedos, como una especie de adrenalina, algo que siempre le pasaba antes de iniciar un entrenamiento o batalla cuerpo a cuerpo.

- No, no es tan malo.- dijo haciendo hincapié en el "tan", asumiendo de una vez por todas su aburrido estar en el refugio. Y no mentía, porque sería una mala agradecida decir que era un martirio vivir allí. Porque había gente que molaba montón y que sin lugar a duda te tenderían una mano si la necesitas. El problema principal para ella era que desde que tiene uso de razón siempre se ha caracterizado por tener un espíritu libre. No por nada su padre le dice "Mona" como el animal. Porque mientras todas las chicos de su edad se encontraban jugando dentro de casa o en la seguridad de su jardín, ella se escapaba tardes enteras a recorrer los bosques, inventarse historias de aventura y escalando árboles para ver la vida desde más altura. Y eso extrañaba de sobremanera, el vivir al aire libre, siendo libre. Y no perseguida por idiotas cazafortunas, asesinos o torturadores. - Y ¿Qué es eso de "por definición, deberíamos ser enemigos"?.- preguntó frunciendo el ceño.- ¿Acaso eres de los gilipollas con máscaras o qué? .- le preguntó en broma soltando una risita, ya sabía que se refería por lo de prestar ayuda a un fugitiva, ya que ni de joda Ian se uniría a ellos. Que podía pertenecer a una familia importante y tal, pero de eso a unirse a las filas del que se proclama rey y salvador había un trecho muy largo. Quería creer que un amigo de ella no sería capaz de eso, sin saber que estaba algo equivocada. - Tú también puedes contar conmigo, eh. Nunca está de más tener una amiga buscada por el gobierno para darle un poco de acción y rebeldía a la vida ¿no? Menuda suerte que tienes de tenerme.- bromeó sonriente inflando el pecho y elevando su mentón divertida. - Tío que fuerte que sea Eris la madre de Perseo...- soltó mientras imágenes de ella se le cruzaban en la cabeza haciendo fruncir levemente el ceño.- En Hogwarts nos llevábamos fatal, es que tiene un carácter...- negó con la cabeza y movió sus mano derecha en plan : "un carácter que te jodes".- Me alegra que haya aceptado que te involucraras. Ahora, no las cagues, eh. Que de lo poco que te conozco y por lo que creo que nos llevamos tan bien, es porque tenemos un don especial para atraer a los problemas. Porque al final de cuentas, y  aunque nos cueste aceptarlo, nos gusta meternos en la boca del lobo.- agregó divertida, sonriéndole con la mirada mientras se encogía de hombros como quien terminaba por aceptar un verdad innegable.

Luego el castaño le confirmó que Adae se encontraba en el Área- M. Sintió como nuevamente la rabia y una profunda tristeza comenzaban a inundarla, pero respiró profundamente y apretó su mandíbula para que ese sentir no la dominara por completo. Ya había golpeado su saco de boxeo, y llorado hasta la saciedad, no quería volver a hacerlo y menos frente al castaño. Que ella no era de las que llorase mucho en público, sólo podría contar con una sola mano las veces en que lo había hecho. Es que era muy orgullosa. Sonrió.- ¿Qué? ¿Temes perder a tu mejor rival en Kickboxing?.- le preguntó bromeando moviendo las cejas de arriba abajo, pero luego al ver su cara de serio suspiró.- No puedo prometerte que no lo haré porque hasta el momento jamás he fallado a mi palabra y quiero seguir así. Pero si te puedo decir que si alguna vez lo llego a hacer me la pensaré mucho, no iré a tontas y a locas...Es que acaso ¿tú no harías hasta lo imposible si alguien a quien estimas está allí?.- le preguntó clavando su mirada en él, invitandolo a ponerse en sus zapatos.

Pero ya basta de platicas y más acción.

No tardó en subirse al ring y probar su suelo. Era perfecto, sonrió gustosa y comenzó a soltar y activar su cuerpo de manera rápida y eficaz. Le dijo sus puntos débiles principalmente porque, por más que le gustaba provocarlo y retarlo a batallar, se había juntado con él porque sabía que tenía cosas que aprender del castaño, y que este le podría ayudar a perfeccionar su técnica. Rió el escuchar la débilidad de Ian, ya que se lo imaginó todo kamikaze luchando, de esos que ganan pero con el rostro desfigurado por los golpes y lleno de sangre,  todo bruto. - La defensa es igual de importante que el ataque, tío... Digo, si no quieres terminar con dientes menos, o tonto de tanto golpe.- le dijo divertida. La risa que soltó después fue más sonora que todas las anteriores.- ¿Tú no me conoces nada o qué? Si terminó en el suelo como dices (cosa que por cierto no creo ni de joda) lo primero que haré es pedirte una revancha. Y no te engañes, eh. Que pueden verse pequeños pero son muy fuertes...- dijo elevando su brazo y apretar para mostrarle sus músculos, mientras le guiñaba un ojo divertida.

Se puso en posición de ataque y no tardó en lanzar su primer golpe. Frunció el ceño al comprobar que había sido demasiado obvio ya que el castaño lo logro esquivar con mucha facilidad. Pero como bien solía decirle su Tío Earl "Lo fundamental es encontrar el cómo y cuándo volver a atacar", dicho y hecho. En cuanto observó que Ian iba a sonreírle el plan "te lo dije" le tiró un puñetazo a la boca que le hizo retroceder.  Se tragó el dolor que le había producido aquel golpe, su nudillos había chocado de lleno con la mandíbula del castaño haciéndole sentir el impacto. Asintió cuando Ian llamó a ponerse lo guantes. Es que si iban a batallar de verdad, al menos no quería terminar echa un moretón andante, ni tampoco dejar mal parado al castaño.

[ 15 minutos después ]

Había olvidado la agradable sensación de competir contra otra persona. Y más con una que disfrutaba al igual que ella del Kickboxing. Hace dos veranos había aceptado comenzar a tomar cursos de esa técnica de manera más profesional, y había comprendido un sin fín de cosas. Como por ejemplo, y algo que a ella le gustaba montón era el hecho de que a medida que iba desarrollándose la batalla con un otro, ella comenzaba a comprender (en mayor o menor medida) la forma que tenía al moverse, y cuando lo lograba descubrir poder adelantar sus movimientos. En esta ocasión Ian se encontraba de lleno defendiendo su rostro, lo que le permitía siempre atacar de manera improvista sus laterales, siendo su lado derecho "él más débil", o también el hecho de que siempre después de realizar un buen golpe lo celebrará permitiéndole ganar segundos a su favor. A primera vista Ian era de movimientos staccatos, cortos y precisos.

Él por su parte,  como buen amigo le había atacado donde a ella más le costaba, y se lo agradecía. Ya que era muy distinto entrenar con un saco que con una persona que te atacaba cuando menos lo esperabas manteniendo todos tus sentidos en alerta. Este le lanzó un golpe lateral y antes de darle,  aprovechó el mínimo descuido por su parte para pegarle un puñetazo directo a la mandíbula, le miró para ver si se encontraba bien. Que podía ser bruta la mayoría del tiempo, pero en verdad no quería generarle daño verdadero al mago.

Asintió cuando escuchó sus palabras, anotando mentalmente cada cosa que el castaño le iba diciendo y de paso generando con su cuerpo movimientos para ir incorporando corporalmente todas sus indicaciones. Frunció el ceño, al recordar que palabras muy similares le decía su Tío, pero ¿cómo dejar de ser consciente de algo que lo tienes tan metido en la cabeza?. Con más confianza, quizás.  Se dejó mover por el castaño y miró como efectivamente su lateral izquierdo quedaba en pleno, frunció aún más su ceño marcandolo notablemente.- No abrir tanto el brazo, gancho directo... ok.- se repitió para volver alejarse y mover un poco su cuello para destensar sus hombros.

Respiró profundamente y nuevamente fue a por él, esta vez protegiendo con su brazo izquierdo su lateral y su brazo derecho su rostro, enseguida recibió un puñetazo de su parte del cual se protegió con su guante. No tuvo tanta suerte con la patada posterior que le dió el mago de lleno en su pecho que le hizo detener por unos segundos su respiración y retroceder un par de pasos.  Sonrió, que el castaño podía tener más fuerza pero ella era más ágil, se agachó un poco y de dos movimientos le dió un gancho directo con su puño izquierdo en pleno estomago y un puñetazo lateral en plena cara. Eso debió doler, pensó... se separó.- Protección lateral y gancho directo ¡BOOOM! .-  dijo divertida. - Eh ¿ puedes continuar o ha sido mucho para tí, viejete?.- le preguntó, solo para picarle con una sonrisa de medio lado.

- Te pasa un poco lo mismo que a mí, pero con el lateral derecho, sabes. Con la única diferencia de que a ti te pasa, no porque lo pienses demasiado sino porque no lo piensas en absoluto, por lo mismo también te he pegado cuatro veces en la mandíbula. No celebres tus golpes, tan solo defiendete y pega.- le dijo humildemente, dejando de lado toda la fanfarronería que tenía anterior. Al igual que él le había ayudado antes, ella también quería darle su opinión. Quizás no la tomaría en cuenta, pero que va ya se lo había dicho.

- Ahora vamos, dame con todo lo que tienes.- le invitó con una sonrisa de medio lado.

[10 minutos después]

- Fuaa...- suspiró,  echando todo su cuerpo en las cuerdas del ring apoyó por completo su peso, en una especie de mini breack dejó caer su cabeza para atrás y así poder ver el otro lado de la habitación.- Retiro lo dicho.- dijo de repente.- ¿Podemos ir a ver las otras plantas?.- le preguntó incorporándose nuevamente y mirándolo traviesamente.
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Ian Howells el Mar Mar 20, 2018 1:20 am

Socorro.

Mayday, mayday. Auxilio. Estamos frente a un claro momento de impacto social prominente. La neurona de Ian se había convertido en una mezcla de alarma de incendios y foco intermitente de la policía, alertando de que algo muy malo estaba ocurriendo ahora mismo. Él era muy malo mintiendo porque siempre iba con la verdad por delante, pero decirle a Stella que sí que era de esos gilipollas con máscaras acarrearía dos cosas: la primera que dejaría de tener relación con él, seguramente y la segunda, una patada en los huevos. Y si lo sabía iba a seguir preguntando cosas e Ian, estresado con su vida, dejaría vía libre a su neurona, la cual le contaría que fue él mismo el que luchó contra ella en la batalla de Hogwarts y... ¿sabes lo que conllevaría eso? A otra patada en los huevos. E Ian no estaba por la labor de recibir dos patadas en los huevos y perder a su amiga. Así que sonrió, siguiéndole la broma que ella misma había creado de manera totalmente afortunada. -No, joder. -Contestó intentando sonar lo más natural posible. -No me refería a eso...

¿Había salido del paso? Había salido del paso. ¿Confirmamos? Confirmamos. La gotita de sudor cayó por un lateral de su frente.

Hablar de Perseo y Eris sí era un tema que Ian dominaba y no tenía que ocultar en absoluto. Y tenía razón: él todavía no se creía que el pibonazo de Eris Masbecth fuese la madre de su hijo. Debía de ser la envidia de todos los jóvenes magos del mundo mágico. -Sí, sigue teniendo el mismo carácter, pero hay que saber cómo tratarla... -Le contestó, sin entrar en demasiado detalles. Ian era tonto, ¿vale? Era obvio que no era precisamente su actitud lo que hacía a Eris más sumisa. Si había conseguido que Eris le tratase como un igual, le dejase cuidar de Perseo y no le humillase tanto o más como su hermana pequeña es porque sabía complacerla. ¡Obviamente! Pero no iba a decir eso en voz alta, que hablar de una mujer con otra mujer no es buena idea nunca. Sonrió ante la reflexión de Stella, asintiendo casi de manera inconsciente. -Tienes toda la razón, pero con Perseo me lo tomo todo más calmado. No puedo hacer el imbécil cuando voy con él, o al menos no hacerlo tanto. -Añadió con una sonrisilla, encogiéndose de hombros. -Yo y a tengo asumido que ser imbécil me vino de fábrica y mi arte para meterme en líos también, aunque contigo se incremente. Esperemos que hoy nuestro karma nos de un respiro o algo. -Rió. -Porque está claro que papeletas tenemos para meternos, otra vez, en líos.

La historia de ir a por algún ser querido al Área-M era complicada... obviamente se replantería la opción, pero Ian había visto tanta maldad en el bando al que pertenecía que... era bien consciente de que quién entraba ahí y no debía, probablemente no volviese a salir. -Stella, soy tonto pero no tanto, no sé... Yo no iría. Sé cómo funcionan esas cosas y... no. Claro que intentaría buscar la manera, pero al final tienes que ser realista. Puedes intentarlo y desearlo, pero las probabilidades de que salga bien son escasas y por ser generoso, ya que yo creo firmemente que directamente no hay posibilidades de que eso salga bien. -Se encogió de hombros, intentando dejar de sonar tan dramático, pese a que era lo que pensaba de verdad. -Si vas a tomar la decisión suicida en algún momento de tu vida, avísame al menos para el polvo de despedida. -Y se le formó una pequeña y divertida sonrisa, a la que acompañó un movimiento de cejas.

*

El entrenamiento fue intenso, muchísimo. Normalmente una clase de kickboxing solía llevar un rato de entrenamiento, otro rato de perfeccionamiento, otro de golpeo y luego, si da tiempo, al final algún pequeño enfrentamiento, que al final era lo que más cansaba y te preparaba, pero Ian y Stella habían calentado un poquito y habían ido directos al meollo de la cuestión: pegarse golpes, que era lo divertido.

Todo fue incluso mejor de lo que se imaginaba Ian que iría, ya que rápidamente se destensó y comenzó a moverse con una naturalidad muy alta y sin ningún tipo de limitación. De repente Stella se había convertido en su compañera de ring y... ahí valía todo. Los golpes iban y venían y, para ser justos, había que decir que prácticamente en igual cantidad. Stella tenía una base muy buena en el kickboxing y se notaba, ya que le estaba costando bastante rebasar su defensa pese a saber incluso cuáles eran sus puntos débiles. Y lo disfrutó mucho, pese a que se llevó varios golpes en la cabeza que probablemente lo hubieran dejado más tontito de lo que ya es, pero eso ya no era problema: Ian estaba acostumbrado a ser un tontito.

Los consejos de Stella le vinieron bastante bien, sobre todo porque después de eso y de haberlos interiorizados, comenzó a haber una batalla un poquito más igualada que los hizo a ambos quedarse prácticamente exhaustos. Y es que el kickboxing era un arte en el que no podías mantener quieto en ningún momento: de eso trataba, ser el más rápido, de buscar los puntos flacos y, para eso, tenías que estar en continuo movimiento.

*

Ian le imitó, haciendo prácticamente lo mismo pero con las cuerdas del ring opuesto. -Te lo he dado todo, ¿eh? Ese último puñetazo fue potente, ¿estás bien? Si te sale un moratón, me considero culpable. -Le dijo divertido, quitándose poco a poco los guantes porque tenía las manos totalmente sudadas y acaloradas.

Dejó los guantes allí tirados, acercándose entonces a Stella mientras se estiraba, sintiendo como le dolía un costado, probablemente de las múltiples patadas que había recibido ahí una y otra vez por su mala defensa. Se levantó al camiseta para verse el costado, un tanto curioso por ver como estaba eso por ahí. Alzó la mirada para mirar a la chica cuando nombró de ir a los otros pisos. -Podemos, pero es altamente probable de que haya cámara de seguridad, para asegurarnos de lanzarle un algo para que no nos graben. -Le dijo, para entonces apoyarse a su lado. -Pero ya te digo, tampoco es gran cosa. ¿Qué quieres ir a ver las salas de baile o las máquinas de gimnasio más específicas? Creo que en la última planta también hay algunas máquinas de comida y los vestuarios. Pero si quieres ir, vamos, no creo que haya nadie. Supongo yo que ya te cansaste de recibir una paliza de Howells, ¿no?
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Stella Thorne el Sáb Abr 21, 2018 6:31 pm

Arrugó levemente su ceño y entrecerró sus ojos cuando notó esa extraña reacción por parte del castaño pero luego sacudió su cabeza alejando cualquier sospecha, o mínima idea de que Ian formará parte de esos seres tan detestables como los mortifagos. En ese momento no sabía lo ilusa que estaba siendo, pero una regla de vida que siempre había tenido era confiar hasta morir en sus amigos hasta que bueno,  alguien le demostrará lo contrario.

Soltó una risa al escuchar sus siguientes palabras.- ¿Qué dices? No eres imbécil...- le dijo toda cariñosa que bueno sí a veces Howells tenía unos arranques bastante gilipollas pero era su amigo ¿sí? y a ella a la gente que le agradaba la miraba con cariño.- ...o bueno un poquito tal vez.- agregó bromeando con una sonrisa de lado.- ¿No nos meteremos en lío hoy? Bua, que decepción.- soltó en broma mientras hacía un puchero del porte del titanic.-  Y yo que pensé que después de esto nos iríamos de fiesta a Babylon y gritaremos "ABIGAIL MCDOWELL ERES UNA ZORRA MALIGNA QUE APESTA".- gritó lo último mientras levantaba sus ambos dedos de al medio mientras imitaba cómo es que lo haría si es que lo que acaba de decir fuera verdad. Imaginandose en medio de miles de magos y que ella descaradamente se los paseaba a todos. Claramente no lo haría y mucho menos incitaría a Howells a hacerlo pero soñar era gratis.

- "Seamos realistas, pidamos lo imposible", Howells.- citó enarcando una ceja y apretando su mandíbula. Y sintió rabia porque en el fondo sabía que lo que decía el castaño era verdad. Sabía que ir allá era prácticamente meterse en la boca del lobo y decirle "cómeme" pero simplemente no podía pensar en seguir viviendo su vida sin siquiera intentar hacer algo, por mínimo que sea. Simplemente no podría seguir su vida así sin más, sabiendo que su pequeño amigo sigue allí sufriendo quizás que cosas...suspiró y rebotó sobre el piso sacudiendo su cuerpo al sentir como este se había tensado al pensar en ello. Mientras lo hacía sonrió de lado al escuchar lo siguiente que dijo el joven mago,  detuvo su accionar y clavó su mirada en la de él.- ¿Sabes que cada vez que pongo un paso fuera del refugio corro el riesgo de ser impactada por algún hechizo fatal y morir?.- preguntó sin apartar su mirada acercándose a él lentamente.- Desde que mi rostro está por las calles de Londres cada encuentro nuestro es una posible despedida eterna.- siguió diciendo hasta quedar frente a él.- Yo...- comenzó a decir bajando levemente su mirada hacia su boca y mordiendo su labio inferior.- Tan solo te lo digo, para que lo tengas en cuenta...- terminó por decir con una sonrisa traviesa para girar sobre su eje y dirigirse al ring.- Ahora ¡a entrenar!.- exclamó elevando ambos brazos animosamente.

***

Luego de haberlo dado todo, donde ambos trabajaron sus puntos más débiles y potenciaron sus puntos más fuertes cayeron rendidos sobre la cuerda del ring. Stella por su parte tenía una sonrisa del porte del Titanic, porque por más que en esos momentos le doliera más de una parte de su cuerpo se sentía feliz. Es que ella desde que tenía uso de razón había admirado el arte del Kickboxing, sus movimientos, su técnica, por lo que cada vez que podía practicarlo  más que sentir un miedo por quizás resultar herida era más bien un sentimiento de profunda liberación, una inyección de energía directo a la vena.

Soltó una risa y miró a Ian.- Bah, ¿qué dices? ese último sólo fue un caricia.- mintió solo para molestarlo porque aún sentía esa parte resentida por el golpe recibido.- Él que amanecerá con más de un moretón serás tú, Howells.- siguió sólo para picarle para luego centrar su atención en los demás pisos. - Tengo hambre, esa es la verdad.- confesó haciendo un mini puchero cuando el castaño llegó a su lado. Que bueno sí su alma curiosa quería ir a ver que había en los otros pisos, pero su alma comilona dominaba todas sus demás almas desde siempre. Y tan sólo imaginarse una hamburguesa triple del Mac hacía que su estomago comenzará todo un concierto de alaridos y gruñidos.- Sé justo, admite que la paliza fue mutua, eh.- le encaró sonriente.

- Howells alimentame.- le exigió mientras lo encerraba con sus brazos en la cuerda de ring.- Soy tan solo una miserable fugitiva que no tiene que comer ¡ten piedad!.- bromeó toda dramática para luego echar a reír.

- Juuum, conozco un lugar que es el paraíso de la comida en Los Ángeles.- recordó de pronto abriendo sus ojos como dos huevos fritos al recordar el lugar donde su Tía Claire le llevaba cuando pequeña.- ¿Qué me dices Howells? ¿Estás dispuesto a ir al otro lado del Mar?.- le preguntó con mirada traviesa moviendo sus frondosas cejas de arriba abajo.- Joder tío, soy una pésima influencia para tí en estos momentos ¿no?.- soltó con una mueca en sus labios muy cercana a una sonrisa.



Perdón por la demora! Que no he tenido internet durante este último tiempo
pero espero haber vuelto esta vez de manera definitiva a la nube jiji ¡Abrazote!


Última edición por Stella Thorne el Lun Mayo 14, 2018 2:48 am, editado 1 vez
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Mayo 02, 2018 3:30 am

Seamos realista, pidamos lo imposible.

No sabía si esa era una frase jodidamente pesimista o demasiado optimista. Le daba la sensación de que era lo segundo y... no había nada más fatal que enfrentarte a algo esperando que todo saliese bien. Sobre todo cuando las probabilidades de que todo saliese fatal eran todavía más grandes. No había nada como chocarte de bruces con la desilusión y la decepción de haber fallado. Sin embargo, Stella no comentó nada más al respecto de ir al Área-M a salvar a ese niño, sino que se enfocó solo en lo último que había dicho Howells, sobre lo del polvo. Stella se acercó a él, clavó su mirada felina en sus ojos y... esas palabras, acompañadas de ese mirada sobre sus labios, hicieron que el chico la mirase con deseo. Eso sí, cuando cambió repentinamente de actitud y se giró para alejarse de él, Ian la miró con reproche, esbozando una sonrisa divertida. -Mala mujer. -Dijo, retrocediendo él hacia atrás. -Entonces... ¿debemos tener un polvo de despedida siempre que nos reencontremos? ¿Es eso lo que me estás queriendo decir? Porque a mí no me vengas con metáforas y frases a medio rellenar, ¿eh? A mí me lo dices claro. -Y sonrió, mirándola de arriba abajo. -Me tienes que decir con voz sexy y seductora: "Ian, hazme tuya." -Imitó su voz, toqueteándose el cuerpo cual mujer, haciendo el payaso, como de costumbre. -Y yo te hago mía. Así son las cosas.

***

Miró hacia arriba, derrotado, ante la afirmación de la chica. Soltó aire y alzó las manos. -¡Stella Thorne teniendo hambre! ¡Menuda novedad! ¡Esto es posible sólo porque se han alineado los astros, madre mía! -Gritó divertido, para luego volver a mirarla. -No sé cómo es posible que todavía no se me haya ocurrido conquistarte por el estómago, si es que mira que me lo pones fácil con el agujero a otra dimensión que tienes como barriga. -Exageró, para entonces mirarla de cerca, pues se le había encarado. -Fue mutua, aunque yo te di un poco más de caña. Sólo un poco. -En verdad ella le había dado más caña, pero admitirlo jamás.

Llevar a Stella a cenar algún lado era complicado, casi que prefería meterla en su casa que estar por Londres con ella abiertamente, pese a que era bastante consciente de que era poco probable que los viesen. Pero vamos... mejor prevenir que curar. Tal y cómo estaban las cosas, ahora con Perseo, no quería arriesgarse ni un poquito en perderlo. -¿Y qué quieres comer? -Y cuando le dijo lo de Los Ángeles. ¿Y por qué no Japón, tía? ¡Si está ahí al lado! La miró con ojos sorprendidos, pues él estaba pensando en corto, en Inglaterra, y ella quería irse al otro jodido continente. Que oye, si lo pensábamos con detenimiento en realidad era mejor: en los Ángeles dudaba mucho que alguien los reconociese. -¿En serio? -Preguntó, sorprendido. -En realidad si lo que quieres es ir a un lugar en donde comer públicamente, lo mejor es irse a otro continente, sin duda. -Rió. -Peor sería que quisieras ir al McDonalds de Picadilly. Ahí quizás estaríamos un poco comprometidos. -Añadió, aún encerrado entre las cuerdas del ring y ella. -¿Sabes llegar sin sufrir un despartición por el camino? ¿Y vamos a ir así de guarros? No es por nada, pero tú eres mujer y hueles bien. Pero yo ahora mismo huelo a macho machote. -En realidad olía a rosas masculinas. Estaba sudando un montón, pero en realidad no es que oliese especialmente mal. -Que oye, si tú vas así, yo voy así. No tengo problema en repartir esencia de Ian por el mundo.

Iba repartiendo amor, hijos y esencia de Ian por todos lados, así que poco le importaba. -Pero acepto, va. -Y le acercó a ella, sujetándola de manera repentina por su cintura. -Mi plan era llevarte a mi casa y darte comida de mi madre. Lo sé, me lo curro un montón, pero he pensado que como fugitiva que eres, comerás cosas horribles, ¿no? ¿Tienes una especie de huerto en donde plantar patatas y zanahorias? ¿Un árbol que te de fruta? ¿Matas tú misma a los animales para tener carne? ¿Cómo va todo eso? -Exageró divertidísimo. -Qué menos que comerte un buen potaje hecho en una cocina y con amor. Porque supongo que no tendrás cocina, ¿no? Si vives ahí como debajo de un puente o en alguna casa de ocupa. Y si vamos a los Ángeles, invito yo. No quiero que caiga sobre mi consciencia la imagen de Stella sin comida por no tener dinero por invitarme a comer a otro país.

Que él era un Howells; existía para derrochar dinero y utilizarlo para buenas causas.

Y que sí... quizás no era la mejor idea llevarla a su casa, pero era consciente de que en su casa estaría cien por cien a salvo. No la enseñaría a su familia, pero en el caso de que la viesen, era consciente de que ninguno diría nada y respetaría su decisión. A fin de cuentas, los Howells siempre han sido de esos que aparentas, no de los que defienden nada. Si ahora se declaraban puristas era simple y llanamente porque era lo que convenía y nada más.
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