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Glad to see you again {Stella T.}

Ian Howells el Jue Nov 09, 2017 10:23 pm


Leicester Square - 17:00 horas - Ian Howells & Stella Thorne & Perseo Masbecth

Si en algún momento de su vida le hubieran dicho a Ian que salir a dar un paseo con un bebé que no habla era entretenido, se hubiera partido el culo. Pero claro... no es lo mismo salir con un bebé cualquiera, a salir con tu hijo, esa cosa tan mona con la que puedes hablar de todo lo que quieras, que él siempre va a sonreír, a reírse y a mirarte con cara de: 'no sé qué dices, pero yo te quiero mucho, papi'. Y claro, ¿a quién no le gusta desahogarse mientras otra persona te hace mucho caso? Además, cuando salías con tu hijo... era otro rollo. El chip cambiaba completamente: de repente te volvías una persona responsable, te volvías paranoico y todo, absolutamente todo, era motivo para enseñárselo a tu hijo, aunque tu fueras perfectamente consciente de que tu hijo vive la realidad y no se iba a acordar mañana de todo lo que ha vivido hoy. Pero no sé, era una especie de ilusión extraña que te hacía querer enseñárselo todo al pequeño y embriagarle con sensaciones, una detrás de otras.

Me vestí con unos vaqueros sencillos, una camiseta básica, unas converse cómodas, mi usual gorra hacia atrás y una chaqueta de tela bastante holgada, llevando conmigo la típica mochila bien repleta de objetos de bebé necesarios para dar un paseo con él. Normalmente siempre me pasaba y llevaba más de lo verdaderamente necesario, pero oye, nada me costaba llevarlo todo allí dentro. Por parte de Perfeo, lo vestí con un chándal gris super calentito, además de ponerle una gorrita en la cabeza, al igual que su padre. Era un mini Ian en toda regla. Mismos ojos, mismo pelo y... vaya, esa sonrisa tan mona solo podía evolucionar de una manera: a ser encantadora. Será un rompecorazones, como su padre. Aunque sólo esperaba que saliese más inteligente que su padre.

Le había llevado a dar un paseo por Londres, aunque finalmente terminaron en Leicester Square, una plaza que era famosa por todos los puestos de comida que había, por la famosa tienda de m&ms que se encontraba en una esquina y por tener uno de los cines más antiguos (pero famoso) de todo Londres. Era un buen sitio para pasar el resto de la tarde, además de que dentro de poco tendría que darle el biberón y mejor tener un lugar cómodo en donde sentarse.

Comenzó a caminar por allí con su hijo. -Seguro que cuando te salgan dientes más poderosos te encantarán los m&m, pero ahora no. Que por ahora eres muy idiota y seguro que si te doy uno te lo tragas entero. Y tu madre me mata. -Empezó a hablarle a su hijo, el cual estaba sujeto por ese 'llevabebés' que se amarra al torso de la persona y sujeta al bebé por la parte frontal, dejando justo la cabeza por delante de la de Ian. -No voy a comprar ninguno porque al final tendré la tentación de darte uno y me voy a sentir mal. Sigamos. -Dijo, notando como el niño se reía por las expresiones de su padre. Siguió de largo, alejándose de ese lugar creador de caries.

Llegaron a la puerta del cine y miró con curiosidad la cartelera. -Tampoco te puedo traer al cine con lo pequeño que eres, seguro que eres el típico niño llorón que molesta a toda la sala porque se ha cagado encima. ¿O no? -Le tocó la nariz.-Claro que sí, eres un cagón y encima un llorón cuando se caga. Se nota que no te gusta tener el culo cagao', ¿verdad? -El niño sujetó el dedo índice de su padre, riendo y mostrando los pocos dientes que tenía, más feliz que un cerdito en un charco de barro. -Pero vamos a ver qué películas hay igualmente... -Entraron, dirigiéndose a la zona en donde estaban todas las películas actuales, así como los próximos estrenos.-Tengo que traer a una de la universidad un día de éstos y ya que es horrible y no pienso tirármela, mejor que sea una película buena para aprovechar el día, ¿no? -Perseo movió la cabeza, como si hubiera sentido un escalofrío. -Que la traigo porque se lo prometí. Le dije: 'si me haces el trabajo de Leyes II, te llevo al cine un día', y claro, me lo hizo la muy desgraciada. Nunca pensé que podría conseguir citas consiguiendo también trabajos, ¿sabes? ¡Si llego a saber esto yo en Hogwarts! -Perseo lo miró con curiosidad, pero repentinamente estornudó y un moco le salió por la nariz. -Vaya por Dios... -Dijo, retrocediendo un paso al notar el estornudo en su cara y chocando con un minion gigante, de estos disfraces horribles que están por ahí para hacer propaganda de la película. -Perdona, tío. -Dijo bastante seco, alejándose del minion.

Sacó un kleenex del bolsillo de su pantalón y le retiró el moquito a su hijo, el cual sonrió más contento. Había que quitárselo rápido, porque Perseo era el típico niño pequeño que si nota un moquito bajando por sus labios, sube la lengua y... ¡pum! Lo atrapa y se lo come. Y no, hombre, no.
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Stella Thorne el Lun Nov 13, 2017 8:09 pm

No lo podía creer. Le había costado tomar el valor de salir de aquel pasaje del cual se había aparecido, un poco por vergüenza y el otro tanto de frustración.  Vergüenza por el hecho de encontrarse bajo un inmenso corpóreo de esos monitos amarillos que tanto le gustan a los niños y que Stella francamente los conoce poco y nada pero aquí está. Disfrazada como uno de ellos en pleno otoño. Y frustración porque por muy patético que sonase,  en el periodo en que se encontraba, salir vestida así es de las mejores opciones que tiene si  quiere tener un poco de esa libertad anhelada.  

Ya que las dos últimas veces en que no había tomado precauciones en su apariencia había terminado herida o dentro de una casa con muertos y convalecientes. Esto no era un juego de niños y había que tener el doble de precaución con todo y todos. Y ella un ser impulsivo por naturaleza había tenido que tragarse todo su orgullo y bajar cabeza. Y quedarse en el refugio resguardada como una vil rata esperando el momento idóneo para salir a mendigar a los exteriores algo que le haga sentir un poquito de vida.

Y Halloween con sus disfraces le había permitido ese momento.  Su tío Earl llegó con semejante ejemplar de disfraz a la fiesta de la tía Olga. Y que ella al verlo sólo se imaginó un gran corpóreo de minion caminando libremente por las calles de Londres. Dicho y Hecho. Ahí se encontraba ella, mendigando libertad. Siendo feliz  por el simple hecho de poder caminar sin preocupaciones por un par de horas, exceptuando uno que otro niño que se le acercaba para pedirle una fotografía y que al menos ella no tenía el corazón suficiente para negarles algo ni a sus cachetes regordetes y ni a sus ojos brillantes.  Por lo que ponía poses graciosas en las fotografías, y se sentía una rockstar encubierta por unos minutos.

* * *


Sentadita en una banca del parque mirando a la gente y todo lo que le rodeaba la castaña se comía una bolsa de m&m. Jugaba un poco con el azar para hacer algo más que ser una simple espectadora de aquel día.- Mmmm si sale verde…- habló con ella misma mientras arrugaba  su nariz pensativa.- Me pondré a bailar en esa esquina Thriller.- agregó con una amplia sonrisa para luego sacarse un guante de su traje y sacar un dulce de la bolsa.

Rojo.

- ¡Paf!.- exclamó encogiéndose de hombros mientras metía el dulce por la apertura que tenía su traje justo en la sonrisa del amarillento dibujo animado y comérselo. Suspiró y miró para todos lados. Estaba aburrida, sí completamente segura y protegida pero aburrida. Miró una vez para todos lados en busca de algo, algo que la sacara de ese letargo y causara un estadillo, un cambio en el transcurso de su día.

Se levantó de la banca y se acomodó dentro del traje para poder poner su mirada justo en la apertura y así poder ver mejor el panorama que le ofrecía aquel barrio en el cual se había aparecido. Y de pronto un gran cartel que decía “Jigsaw: El juego continúa” cautivó su atención. “¿Habrá otra de esa película?” “¿Que el protagonista no había muerto?” se preguntó mentalmente mientras fruncía su ceño dudosa, para luego encogerse de hombros y girarse por su propio eje en otra dirección.

EL cine no era una opción, causaría mucho revuelo un disfraz como el suyo y  de seguro le pedirán que se saque su traje para poder entrar a ver una película y eso no, no, y no. Y además de lejos no se veía nada tentador para ver, y  correr tales peligros. Pero…

- Palomitas de maíz…- susurró y en el instante se le hizo agua la boca imaginando la exquisita mezcla de chocolates y popcorn. Detuvo su caminar y dirigió nuevamente su mirada a la sala de cine que se encontraba tan solo cruzando la calle. Inspiró profundamente como si en esa entrada de aire se encontrará la respuesta a sus dudas.

* * *

- ¡Banana! .- exclamó animada a la vendedora a modo de agradecimiento tras recibir su caja XXL de palomitas de maíz, y que en menos de medio segundo ya le había lanzado encima lo que le quedaba de M&M.

Y a pesar de que el traje no permitiese verlo, una muy feliz Stella se disponía a salir del lugar e ir nuevamente a sentarse en su banca favorita para seguir comiendo como una glotona en el parque. Pero de pronto alguien choca contra ella haciendo que más de la mitad de sus palomitas volaran lejos.  Y haciendo de paso que el transcurso del porvenir  cambiará súbitamente.

- ¡Nooo! .- gritó exageradamente haciendo un puchero en dirección a las palomitas caídas.- Mis palomitas…achocolatadas.- susurró apenas para girar cabizbaja, aferrando a ella lo poquito y nada que le quedaba de lo que pudo ser una gran, gran comilona.

. ¡¿Ian?! .- exclamó sorprendida retándose al acto por tan impulsivo accionar. Pero es que toparse con el chico en esas circunstancias era algo que jamás se lo esperase, le había venido de sopetón como el hecho de que…- ¡¿Es tu hijo?!.- exclamó aún más sorprendida pero con una amplia sonrisa al ver el cuerpecito pequeño que se encontraba a su lado. – Joooo.- musitó para luego sin pensarlo ni un poquito acercarse hacia ellos.- Oh…- pronunció deteniendo su caminar y  emoción al ver el rostro de desconcierto del castaño.- Yo…- comenzó a decir para luego mirar para todos lados y comprobar que no había nadie más cerca y así acomodarse por debajo de su traje y acercar su rostro al pequeño agujero en la sonrisa del minion. – Hola, Howelles.- les saludo a ambos. Tan sólo se podía ver su mirada, pero ella creía que era suficiente para poder reconocerla y no creer que era un ser creepy y acosador en medio del cine.
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Ian Howells el Miér Nov 22, 2017 1:20 am

Pues el universitario ni reparó en que se había chocado con un minion de voz femenina, mucho menos en que le había tirado al suelo sus tan alabadas palomitas. Él se limitó a pedir perdón por cortesía (puesto que había sido su culpa) y seguir con su camino tan tranquilo como siempre. Sin embargo, cuando apenas había dado un pasito para alejarse de aquella persona disfrazada, el interior de ese minion tan feo dijo su nombre. Se giró con Perseo sujeto en el llevabebés, justo en su pecho. Miró al minion con sorpresa, ya que una parte de él sí que había reconocido la voz que salió del interior, aunque como estaba tan opacada con tanto algodón que apenas se escuchaba bien y no supo reconocerla del todo. Y cuando le preguntó por Perseo... ya supo que dentro de aquel disfraz amarillo debía de haber una persona conocida. Muy conocida.  

No fue hasta que dejó entrever parte de su rostro hasta que supo quién era. Reconocería esos ojos (y esas cejas) en cualquier sitio, eso no le cabía duda. El gesto de Ian mutó por completo, haciendo que elevase una de sus cejas y mirase sorprendido a aquel minion. -¿Stella? -preguntó sorprendido.

¡Y claro que estaba sorprendido! Hacía... ¿cuánto? ¿Casi seis meses que no sabía de ella? ¡Lo último que había sabido de ella fue aquel día en donde la tatuó en donde todavía era una obediente alumna de Hogwarts! Y desde ese momento... de repente un día salió noticia en El Profeta y todos sus carteles inundaron las calles de cada ciudad y pueblo mágico. ¿Y qué iba a pensar él? Bueno, pues lo evidente: que se había convertido en una persona del bando enemigo, sobre todo cuando después de todo este tiempo no había tenido ni una carta por su parte diciéndole que todo estaba bien. No sé, podía sonar un poco exagerado, pero Ian ya se había esperado lo peor de su amiga. Una cosa era elegir un bando (que él lo entendía, porque él había elegido uno) y otra muy distinta elegir las amistades. ¿Alguna vez Ian le había dado a entender algo malo como para que repentinamente simplemente lo apartase? Por seguridad, seguramente, ¿pero cuándo a Ian le había importado la seguridad? ¡Todas igual! ¡Rhea le había hecho lo mismo! O se las encuentra por casualidad o cada una estaría genial fingiendo no existir para la otra persona.

Sujetó la mano del minion y tiró de él para quedarse en una posición más lateral y no entre todo el mundo que iba a comprar palomitas o entrar al cine. Perseo miraba fascinando aquel gigantesco minion, intentando tocarlo y palpar la tela del disfraz con emoción. Sin embargo, el rostro de Ian era mucho más serio. -Todavía no tengo muy claro si debería alegrarme o enfadarme por verte, estoy confundido. -Confesó, rascándose la nuca con una mano mientras la otra estaba cariñosamente posada en la espalda de su hijo. -¿Pero por qué? O sea... -¡Ni hola ni nada, Ian quería respuestas, hombre ya! ¡Mira que el pobre idiota es un poco tonto, pero le tocaba las narices que desconfiasen de él sus amigos! ¿No había dejado claro muchas veces que era muy buen amigo? -¿Por qué decidiste regalar tu libertad tan fácilmente, Stella? Podrías haber terminado Hogwarts, entrar en la universidad y hacer lo que te diese la gana, sin que tu vida corriese peligro todos los días. -De verdad que quería respuesta a esa pregunta, porque podía entender que los sangre sucias tuvieran que esconderse sí o sí, ¿pero las personas como ellas? ¿Mestizos capaces de elegir una posición favorable para su vidas? -¿Y por qué no me dijiste nunca que estabas bien?  Una carta a nombre de "la chica sexy que se dejó tatuar" me hubiera valido y no hubiera corrido ningún peligro. -Sonaba enfadado y, quizás, un poco decepcionado. No iba a mentir, él era feliz con su nueva vida, pero notaba el vacío de muchas amistades, aunque la gran mayoría, por ideología, estuviesen a su alrededor. -¿Cuestión de confianza?

Entonces Perseo soltó una risotada al tocar al minion e Ian aprovechó ese momento tan tierno por parte del bebé para relajarse. Él era más consciente que nadie del peligro que suponía quedar con Stella. Y, de hecho, si de verdad pensase conseguir la marca tenebrosa algún día, debía de aprovechar ese momento para capturarla y llevársela a Azkaban. Pero seamos sinceros... Ian nunca haría eso. Si estaba intentando abrirse camino en los mortifagos era porque ahora mismo es lo que te asegura el bienestar: estar cerca de los que tienen el poder. Suspiró y acarició la cabeza del bebé. -Y sí, te presento a Perseo, mi hijo precioso. Cuidado que babea. Mucho.
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Stella Thorne el Dom Dic 03, 2017 11:23 pm

Si no fuera porque desde que tiene uso de razón tiene un chip sobreprotector con el chocolate, en el instante en que por el pequeño orificio del feliz minion vió el rostro de Howells, las palomitas y M&M sobrevivientes hubieran acompañado la gran masacre dulce que se encontraba en el suelo de aquel cine en medio de Londres.

¿Suerte o mera casualidad? No lo sabía muy bien, pero de algo si se había dado cuenta. Que a veces no sabías lo mucho que extrañabas a una persona hasta que la vida te hace chocar de sopetón con ella. Mira que por más que su amistad no haya nacido hace mucho, ella le había tomado cariño al castaño. Más que mal no podía no querer a alguien que le sacaba una sonrisa cada cinco segundos. La misma que ahora tenía en sus labios.

- La misma. O al menos su versión minion.- dijo poniendo por inercia una pose graciosa. Que no duró mucho tiempo, ya que por más que su visión del mundo sea escasa en esos momentos, podía distinguir muy bien la mirada de entre sorpresa, alegría con unas gotitas de rabia en Ian. En cámara lenta comenzó a desarmar la pose anterior como alguien que sabe que hizo algo malo y que debía afrontar los retos cabizbajo.

Se dejó llevar por el castaño aún aferrando fuertemente la bolsa de palomitas y los pocos chocolatitos de color que le quedaban- Yo puedo ayudarte en esa confusión. Si me preguntas a mí, yo elegiría la opción de alegrarse. Sonreír siempre es mejor panorama ¿no?.- preguntó en un vano intento de elevar solo su pulgar y moviendo su cabeza, como si estuviera vendiendo el mejor producto de todos. Para luego auto sosegarse a ella misma, sabiendo muy bien que no era el momento idóneo para zafarse de los problemas haciendo chistes, que a decir verdad era aburridos, porque siempre eran así cuando se encontraba nerviosa. Y sí que lo estaba,  porque a decir verdad no tenía respuestas para las preguntas que estaba segura que estaban por venir.

¿Por qué?  Ay, sintió su pecho apretarse. Recordar el porqué de su autoexilio de la vida durante los últimos seis meses eran recordar cosas que no le hacían bien, por el simple hecho de que aún están sin resolverse (si es que realmente tenían solución). Y volver a habitar esos espacios que por tanto tiempo le habían hecho solo ser un trapo sucio en vez de persona...no era su mejor opción de día. Pero a medida que lo iba escuchando comprendía que el chico merecía una explicación. Al menos ella en su lugar la hubiera exigido y mucho menos cariñosa que el castaño. Al menos ya le hubiera dado un golpecito por los malos ratos pasados, pero eso era porque era una bruta que demostraba así su cariño, eh.

Sonrió levemente al escuchar su apodo, más que por eso fue porque recordó fugazmente esa tarde junto al ex Slytherin. Su estomago gruño como protesta de que aún no olvidaba que jamás fue saciado aquel día( Sí, tiene un estomago revolucionario) mientras que los lugares en que se había hecho tatuajes le produjeron un leve cosquilleo como si estuvieran saludando. Pero no fue hasta que Howells pronunció la palabra >confianza< que salió del estado de silencio  en que se había sumergido.

Hizo el ademán de contradecir enseguida su teoría cuando una risita toda bonita le llegó a sus oídos haciéndola perder por unos segundos su atención. Se acercó al pequeño y le tendió la mano del traje que enseguida fue agarrada por sus pequeñas manitas.- Hola Perseo, si que eres un precioso.- le saludó sonriente para luego suspirar y clavar su mirada en Ian.- Creo poder elaborar una respuesta a todas esas preguntas pero no aquí que...- desvió levemente su mirada y vió como a un costado de ellos a unos quince pasos se comenzaba aglomerar un grupo de niños que miraban con ojos brillosos hacia ella como si se tratase de la última estrella del pop del momento.- ...hay un grupo de niños que estoy segura vendrán a atacar en cualquier momento. Y por más que disfruto dándomela de rockstar posando para sus fotos a veces puedo tardar muuuuuuuuucho tiempo.- le dijo recordando como hace unas horas una pequeña casi le hizo posar todo un calendario.

Por fortuna los niños pequeños no podían andar sin sus padres (quienes se encontraban haciendo filas para las palomitas de maíz)  logrando zafarse de ellos y sus fotografías saliendo rápidamente del cine. Cruzaron la calle y buscaron un lugar en aquel parque que comenzó todo. Encontraron un lugar cerca de la pileta  con patos de color blanco y grises que no paraban de parpar como si de una orquesta se tratase. Se tomó todo el tiempo del mundo en quedar sentada al lado de los Howells, y no precisamente por su traje (ya le había agarrado la onda) sino porque durante todo el trayecto había tratado de crear mentalmente la respuesta al castaño, con un orden o sentido, pero sin mucho éxito. Pero cuando su acolchado trasero tocó el pasto comprendió que había llegado el momento y que si no sabía aún muy bien qué decir, simplemente debía improvisar, suspiró.- Primero que todo no es cuestión de confianza, eh. Dejando eso claro...- se dió una pausa. Es que ¿Por dónde empezar?.

- ¿Chocolates con Palomitas?.- preguntó cortando todo el rollo.- ...o lo que queda de ello.- dijo mirando al interior de la bolsa.  Es que si Ian no quería ella sí, lo necesitaba para seguir. Se echó una porción mezclada a la boca sintiendo como  por inercia su cuerpo se calmaba tras sentir  el dulzor en su boca.- Las cosas en Hogwarts no estaban bien, ya te lo había dicho ¿no? Pero luego se comenzaron a poner peor. Cada vez estaba todo más restringido, a los hijos de muggles los encerraron en las mazmorras, les quitaron sus varitas, y  los castigaban de manera horrible...a ellos o a cualquiera que los ayudara.- tomó una bocanada de aire para poder continuar.- Y entre esos hijos de muggles se encontraba un muy buen amigo.- sintió su garganta apretarse.- Una noche me encontré con un grupo de alumnos que habían logrado esconderse la noche del ataque y que tras meses habían logrado encontrar el lugar para poder escapar del Castillo. Mi amigo no tenía su varita así que debía ayudarlo a escapar de su celda. Y  sí,  perfectamente podría haberlo ayudado a irse y luego seguir viviendo mi vida en Hogwarts...Pero nadie me aseguraba que todo saldría bien al salir y nadie me decía que yo no terminaría el año sin antes haber incendiado la oficina del nuevo Director.- le dijo encogiéndose de hombros asumiendo su impulsivo ser.

- Tiene...- hizo una pausa por el solo hecho de que le dolía que en su cabeza se hubiera formado un "o tenía".- ...catorce años y no pudo estar más tiempo lejos de su familia. Sin varita preferió volver a su vida muggle, y no seguir siendo "una preocupación para los demás".- elevó ambos brazos para hacer una especie de comillas en sus últimas palabras.- Joder, solo quería volver junto a su familia ¿sabes? Nada más ...- ay, no quería que le pasara esto, volver a emocionarse. Para su suerte el traje le cubría todo su rostro, por lo que se limpió rápidamente sus ojos aguados y se aclaró la garganta.- ¿Has sentido alguna vez la sensación de que algo va a pasar, algo nada bueno y debes al menos intentar remediarlo? .- le pregunto al castaño.- Bueno yo sentí eso con mi amigo. Fuí en su búsqueda y...llegué demasiado tarde.- hizo una pausa y bajó su cabeza.

La gente alrededor podría ver una imagen muy pintoresca, un minion todo divertido junto a un padre y su hijo sin siquiera llegar a pensar que bajo todo eso la verdad era (un poquito) más agria . Pero que se le iba hacer sólo eran muggles inmersos en su mundo no mágico disfrutando de un hermoso aire libre. Un panorama muy diferente al que estaba viviendo el trío.- Lo capturaron, se lo llevaron frente a mis ojos. No sé dónde está, si es que está en alguna parte. Fue un golpe bajo, muy bajo. Y de verdad pensé en alejarme de todo e irme lejos, pero me quedé estancada en donde me encuentro, encerrada en mi habitación pensando e ideando la forma de saber algo más.- Suspiró.- Sé que podría haberte escrito, una nota u algo. Pero hasta hace apenas un par de semanas habían días que ni siquiera me levantaba ¿sabes? Muy patética.- soltó una risa, más que nada para bajarle gravedad a algo que ella no quería volver a pasar.

Se levantó de sopetón y limpió su gran trasero de minion para luego girarse.- Lo que quiero tratar de decir, que a pesar de que fueron tiempos fuertones...Lo siento. - dijo. Ya ahí va la disculpa y tal. Sabía que tendría que llegar tarde o temprano.- Lo siento por no haber escrito ni siquiera  para  decir "Hola, quiero chocolate" y pues nada, no me hagas seguir hablando que siento que he hecho por horas un largo monólogo. Y dime ya que escoges la opción de alegrarte y todos somos felices.- terminó soltando ya algo sobrepasada con todo eso de volver a transitar la historia de su amigo Adae. Que por cierto no lo había hablado con nadie luego  de lo sucedido. Es que no era mucho de contar sus cosas a la gente en general - Que yo sí me alegro, eh. De verlo a los dos.- agregó con una sonrisa que no se veía pero ahí estaba merodeando en su rostro.
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Ian Howells el Dom Dic 10, 2017 9:29 pm

No sabía qué decir y, para ser sinceros, tampoco tenía muchas ganas de hablar sin dejar claro lo que a él ahora mismo le confundía: el por qué de que Stella, cuando más lo necesitaba, había decidido simplemente dejarlo de lado y no contar con él para nada. No sé, llámalo idiota, pero no había invertido tanto tiempo en Stella sólo para tirársela, ¿vale? Habían chicas que a Ian le gustaban como persona y amistad y no sólo sexo.  ¡Ojalá hubiera sido de esas de la que sólo le interesaba llevársela a la cama!

Él asintió ante su propuesta, por lo que salieron del cine y se dirigieron a una especie de parque. Estuvieron la gran mayoría del camino en silencio, ya que entre que Ian estaba encargándose de que Perseo se había puesto pesado y que Stella iba primera, no hablaron hasta que consiguieron sentarse de nuevo en un lugar tranquilo. Era jodidamente extraño estar en compañía de un minion, pero al menos al pequeño le mantenía distraído y no tenía que preocuparse demasiado por él.

Stella comenzó a hablar una vez se sentaron y ya por cómo empezó, Ian no estaba de acuerdo. ¿Si no era por una cuestión de confianza, por qué había sido? La confianza lo era todo: desde confiar en que tu amigo no te delataría, hasta confiarle todo lo que te preocupaba. -Yo creo que sí que es cuestión de confianza. -Le interrumpió, aunque no dijo nada más sobre eso para poder escucharla y ser objetivo.

La verdad es que lo que contaba... relataba muy bien lo impulsiva que era Stella y lo mucho que se preocupaba por las personas que eran importantes en su vida. No obstante, a Ian le parecía una absoluta gilipollez lo que había hecho. Había perdido la oportunidad de vivir una vida cargada de normalidad sólo por ayudar a un niño que no fue capaz de quedarse quieto en donde debía, agradecer lo que la gente había hecho por él y jugársela de tal manera que al final terminó en el Área-M, lugar en donde iba a terminar de todas formas. Ian podría ser padre y tener ese instinto paternal, pero no tanto como para justificar el actuar de esa manera por amor. La verdad es que no sabía por dónde empezar a contestarle y, pese a que todo le parecía una absoluta idiotez, no tenía ganas de rebatirle nada. ¿De qué serviría? Ya lo hecho, hecho estaba.

Y además... por mucho que fuese disfrazada de minion y eso disminuyese considerablemente la cantidad de seriedad con la que podían tomarse esa conversación, Ian había notado perfectamente su tono de voz al hablar de su amigo. Él también había perdido amigos, pese a que no en las mismas circunstancias, y podía entenderlo perfectamente. Suspiró, con la mirada fija prácticamente en un punto alejado detrás de Perseo. No se sentía especialmente identificado hablándole a un minion delante aunque supiera que Stella estuviese debajo. -Tía, has dado tu vida por otra persona. No sé que significaba esa persona para ti pero... ¿de verdad ha valido la pena? Tienes que vivir escondidas, no has podido terminar ni tus estudios, no puedes visitar a tu familia sin ponerla en peligro. ¿En serio? Tenías la oportunidad de ser lo que quisieras y lo tiraste por la borda. Podrías haberle ayudado y volver a tu vida, pero te metiste de lleno en la mierda. -Lo decía con tristeza, ya que le parecía una causa perdida, de esas irremediables. Y le daba rabia que fuese ella quién estuviese en esa tesitura. -Siento mucho lo que le ha pasado a tu amigo, pero desafiar al gobierno ahora mismo es una idea pésima y tú estás en el lado del muro desfavorable. Y de patética nada, no quiero ni imaginarme por lo que tienes que estar pasando...

¡Y ni quería! ¡Quita, quita! ¡Desgracias y desgracias! Ya había tenido estos mismos pensamientos cuando se encontró con Rhea, algo que tenía más lógica ya que Rhea era nacida de muggles y, o la capturaban, o se escondía. ¡Pero Stella tenía la posibilidad de vivir como una persona normal! -Claro que elijo la opción de alegrarme, tía, pero me da rabia. Encima no puedo ni verte escondida detrás de esta mierda de disfraz, no puedo ni tomarme la conversación en serio. -Confesó, mirando entonces al minion e intentando buscar el rostro de la chica a través de los huecos en donde se podía.

Y no, no le estaba pidiendo que se lo quitase, no ahí. Ahora mismo tenía prioridades y meterse en líos con Perseo no era una de ellas, de hecho era la última de la lista de no prioridades. Ahora tenía responsabilidades serias y una vida a su cargo, por lo que no podía ir haciendo el gilipollas ni mucho menos dejándose ver con fugitivas en medio de Londres. Sí, tenía muchísimas ganas de poder ver a Stella tal cual es y no embutida en un disfraz tan feo, pero ahora mismo era imposible. -Y claro que me alegro de verte y te perdono, o sea... pensé que te había pasado algo grave. Que te habrían hecho daño o que estarías a saber en donde... Los medios os ponen como unos terroristas y, pese a que sé que no es así, uno se espera lo peor. ¿Qué haces con tu vida? ¿Dónde te quedas? ¿Necesitas ayuda? -Esa última pregunta siempre terminaba por meterle en líos. -Pese a lo que sea que creas que somos, soy tu amigo, ¿vale? O sea, no te voy a delatar, ni hacerte daño, ni nada. -Y se lo decía en serio. -No sé, quiero que sepas que puedes confiar en mí.

Inevitablemente recordó como hace casi un año fue él mismo quién se encontró con ella en la Torre de Gryffindor y se había obligado a no hacerle daño. Ian tenía ciertas responsabilidades con/para los mortífagos, pero desde nunca había apoyado realmente sus ideales y mucho menos iba a hacer daño a las personas que le importan por esa causa tan estúpida. Él se divertía con cosas que seguramente Stella viese muy mal dada su ideología, pero al menos tenía bien claro que entre más tardase en ser alguien, más tardarían en darle una marca que en realidad no quería. Apoyar un bando que pisa con tanta crueldad a iguales... no, no le llamaba demasiado. Si lo hacía es porque tenía que hacerlo, porque al contrario que Stella, él era egoísta y pensaba en sí mismo, en los suyos y en su absoluta seguridad.

Tras unos segundos de silencio, acarició el pelo de Perseo y volvió a mirar al minion. -Me espero la respuesta, pero igualmente... ¿estás bien? En general. Puedes decirme el nombre de tu amigo, puedo intentar descubrir en dónde está, o si... -Está muerto, se ahorró decir, a riesgo de quedar demasiado bruto. De todas maneras, se entendería.
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