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Glad to see you again {Stella T.}

Ian Howells el Jue Nov 09, 2017 10:23 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Leicester Square - 17:00 horas - Ian Howells & Stella Thorne & Perseo Masbecth

Si en algún momento de su vida le hubieran dicho a Ian que salir a dar un paseo con un bebé que no habla era entretenido, se hubiera partido el culo. Pero claro... no es lo mismo salir con un bebé cualquiera, a salir con tu hijo, esa cosa tan mona con la que puedes hablar de todo lo que quieras, que él siempre va a sonreír, a reírse y a mirarte con cara de: 'no sé qué dices, pero yo te quiero mucho, papi'. Y claro, ¿a quién no le gusta desahogarse mientras otra persona te hace mucho caso? Además, cuando salías con tu hijo... era otro rollo. El chip cambiaba completamente: de repente te volvías una persona responsable, te volvías paranoico y todo, absolutamente todo, era motivo para enseñárselo a tu hijo, aunque tu fueras perfectamente consciente de que tu hijo vive la realidad y no se iba a acordar mañana de todo lo que ha vivido hoy. Pero no sé, era una especie de ilusión extraña que te hacía querer enseñárselo todo al pequeño y embriagarle con sensaciones, una detrás de otras.

Me vestí con unos vaqueros sencillos, una camiseta básica, unas converse cómodas, mi usual gorra hacia atrás y una chaqueta de tela bastante holgada, llevando conmigo la típica mochila bien repleta de objetos de bebé necesarios para dar un paseo con él. Normalmente siempre me pasaba y llevaba más de lo verdaderamente necesario, pero oye, nada me costaba llevarlo todo allí dentro. Por parte de Perfeo, lo vestí con un chándal gris super calentito, además de ponerle una gorrita en la cabeza, al igual que su padre. Era un mini Ian en toda regla. Mismos ojos, mismo pelo y... vaya, esa sonrisa tan mona solo podía evolucionar de una manera: a ser encantadora. Será un rompecorazones, como su padre. Aunque sólo esperaba que saliese más inteligente que su padre.

Le había llevado a dar un paseo por Londres, aunque finalmente terminaron en Leicester Square, una plaza que era famosa por todos los puestos de comida que había, por la famosa tienda de m&ms que se encontraba en una esquina y por tener uno de los cines más antiguos (pero famoso) de todo Londres. Era un buen sitio para pasar el resto de la tarde, además de que dentro de poco tendría que darle el biberón y mejor tener un lugar cómodo en donde sentarse.

Comenzó a caminar por allí con su hijo. -Seguro que cuando te salgan dientes más poderosos te encantarán los m&m, pero ahora no. Que por ahora eres muy idiota y seguro que si te doy uno te lo tragas entero. Y tu madre me mata. -Empezó a hablarle a su hijo, el cual estaba sujeto por ese 'llevabebés' que se amarra al torso de la persona y sujeta al bebé por la parte frontal, dejando justo la cabeza por delante de la de Ian. -No voy a comprar ninguno porque al final tendré la tentación de darte uno y me voy a sentir mal. Sigamos. -Dijo, notando como el niño se reía por las expresiones de su padre. Siguió de largo, alejándose de ese lugar creador de caries.

Llegaron a la puerta del cine y miró con curiosidad la cartelera. -Tampoco te puedo traer al cine con lo pequeño que eres, seguro que eres el típico niño llorón que molesta a toda la sala porque se ha cagado encima. ¿O no? -Le tocó la nariz.-Claro que sí, eres un cagón y encima un llorón cuando se caga. Se nota que no te gusta tener el culo cagao', ¿verdad? -El niño sujetó el dedo índice de su padre, riendo y mostrando los pocos dientes que tenía, más feliz que un cerdito en un charco de barro. -Pero vamos a ver qué películas hay igualmente... -Entraron, dirigiéndose a la zona en donde estaban todas las películas actuales, así como los próximos estrenos.-Tengo que traer a una de la universidad un día de éstos y ya que es horrible y no pienso tirármela, mejor que sea una película buena para aprovechar el día, ¿no? -Perseo movió la cabeza, como si hubiera sentido un escalofrío. -Que la traigo porque se lo prometí. Le dije: 'si me haces el trabajo de Leyes II, te llevo al cine un día', y claro, me lo hizo la muy desgraciada. Nunca pensé que podría conseguir citas consiguiendo también trabajos, ¿sabes? ¡Si llego a saber esto yo en Hogwarts! -Perseo lo miró con curiosidad, pero repentinamente estornudó y un moco le salió por la nariz. -Vaya por Dios... -Dijo, retrocediendo un paso al notar el estornudo en su cara y chocando con un minion gigante, de estos disfraces horribles que están por ahí para hacer propaganda de la película. -Perdona, tío. -Dijo bastante seco, alejándose del minion.

Sacó un kleenex del bolsillo de su pantalón y le retiró el moquito a su hijo, el cual sonrió más contento. Había que quitárselo rápido, porque Perseo era el típico niño pequeño que si nota un moquito bajando por sus labios, sube la lengua y... ¡pum! Lo atrapa y se lo come. Y no, hombre, no.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Lun Mayo 14, 2018 8:24 pm

Sonrió cuando escuchó tras su espalda el "Mala mujer" del castaño. Que era muy consciente de lo que acaba de hacer y tenía sus fundamentos para aquello.  No era mala, o bueno quizás un poquito. Pero la verdad es que quería practicar antes de que las cosas entre los dos se fueran por otros caminos. Porque siempre cuando los dos estaban juntos esa puerta se abría de par en par, y tarde o temprano sucedía algo. Pero tenía que tener la mente enfocada en su objetivo, y tener todas sus fuerzas recargadas para enfrentarlo. Se giró y apoyó su espalda en las cuerdas del ring.- Idiota.- dijo divertida al verle hacer ese gesto que era de todo menos sexy. - ¿Y qué es eso de hazme tuya?.- preguntó enarcando una ceja.- Te recuerdo que para hacerlo se necesitan dos personas. "Hazme tuya" "Te haré mío" PFFFF . Mejor te diré "Howells, hagámoslo aquí y ahora" . .- y ahí estaba de nuevo esa mirada felina. Era extraño porque ella en la vida no era coqueta, era todo lo contrario, o al menos no era consciente de ello. Pero con Howells por alguna extraña razón que no sabría ponerle un nombre le salía ese lado naturalmente. - Y sí, eso te quería decir que tengamos un polvo de despedida cada vez que nos encontremos.- le dijo sin más para luego subirse al ring. Que si él quería sinceridad y nada de metáforas...pues bien ella se lo daba.

[***]

Rió, es que era verdad. Ella tenía un agujero negro como barriga, y más si de cosas dulces, específicamente de chocolates se tratase. Aunque en esta ocasión, como caso especial quería algo salado, bien cerdo. Practicar el había abierto el apetito. Pero eso lo decía ahora que si de pronto le ponía una tarta extra chocolate en frente no la rechazaría. - ¿Qué dices? .- preguntó dándole un mini puñetazo en el pecho, es que mira que brusca se pone a veces.- Yo te dí más caña, viejete.- que el chico era un año mayor pero con eso le valía. Y eso que ella le estaba dando el espacio de optar por un empate pero el castaño s elo había perdido dándole de lleno en su ego, que no era para nada pequeño, al menos en lo que de Kickboxing se trataba.

Arrugó su nariz pensativa.- Una hamburguesa triple, quizás dos...y papas fritas, muuuuchas.- tenía los ojos entrecerrados imaginando tan maravilloso panorama mientras se le hacía agua la boca.- O una lasagna, no, no, no Pizza con extra queso.... - agregó rápidamente mientras se mordía el labio como saboreando cada comida. Es que la verdad ella no era para nada regodiona, sólo quería comer, llenar su estomago de comida y ser feliz. Y con esa simple pregunta se abría todo un mundo y escoger sólo una opción de comida resultaba muy difícil.

- En serio.- le corroboró con una amplia sonrisa. Era un restaurante que ella iba desde pequeña, era increíble y enorme. Y su comida, oh...su comida. Era de esa que uno pensaba que el plato estaba hecho sólo para tí, de manera particular y con mucho cariño. Y tenían de todo desde un menú para glotones de comida chatarra hasta los más eruditos en cocina, con esos platos que parecen más una obra de Arte que comida. - Me tengo fe en la aparición conjunta.- señaló segura encogiéndose de hombros. Que ok, nadie le aseguraba que llegarían bien y de una pieza. Pero, en parte el arte de la aparición era eso, confiar en qué todo saldrá bien , porque si dudas un segundo todo se iba al carajo y de seguro uno terminaba llegando al lugar listo para ser vendido como un rompecabezas. Rió antes sus siguientes palabras para luego acercar su nariz a su cuello.- No,  no apestas.- le indicó tras olerlo.- Al menos a mí no me molesta que vayas así todo sudado pero de seguro acá habran camarines ¿no? y podemos darnos una ducha.- preguntó y dirigió su mirada hacia los alrededores por si en algún lugar había un letrero de duchas o algo así. Porque si lo pensaba bien, no estaría nada de mal un baño express luego del entrenamiento, sacar todo el sudor y relajar los músculos con un poco de agua caliente.

Enarcó una ceja tras el movimiento del castaño pero no se apartó, en vez de eso soltó una carcajada que le hizo hasta echar la cabeza hacia atrás para poder sonar más fuerte.- Sí tío, vivimos en una selva donde tenemos que plantar nuestra propia comida, y cazarla. La semana pasada me enseñaron a deshuesar un conejo. Cuando quieras te enseño.- dijo toda seria.- Sólo debes lanzarle un petrificus totalus, lo tomas de su cuello y ...crac.- mientras lo iba diciendo lo iba demostrando todo con sus manos. Y hubiera resultado muy creíble sino fuera porque luego volvió a reír.- Que no, que estoy en una casa con las cosas básicas. Hasta internet tenemos fijate, así que si me quieres enviar memes por whatsapp o recomendar series puedes hacerlo.- bromeó, aunque a medias porque si tenían todas esas cosas pero la señal del refugio era tan paupérrima que eso de ver series o películas casi era una misión imposible.

- Pues, igual me tienta la opción de ir a tu casa. No por la comida sino por conocerla...- arrugó su nariz pensativa.- ...pero por comida, tío...Los Ángeles sería el paraíso. - hizo una pausa para pensar en cuál sería la mejor opción. Es que ambas eran muy tentadoras...- ¡Ya sé!.- exclamó sonriente y sin ánimos de apartarse de donde se encontraba realizó un "Accio" silencioso y trajo hacia ella una moneda.- Que yo también tengo dinero para que sepas.- le dijo mostrandosela con una sonrisa de medio lado.- Y bueh, si sale cara vamos a tu casa y si sale sello nos vamos al otro lado del mar.- sonrió traviesamente y sin más lanzó la moneda al aire.

OFF: * Del 1 al 10 CARA y del 11 al 20 SELLO.

Leer si sale sello:
Si sale sello este sería el lugar al qué irían:

Venden de todo, pero lo más increíble es que tienen un sector SOLO DE PASTELES.
MIRA ESTA MARAVILLA DE TORTA  :A   babas

Eso, cualquier cosa estoy a un Mp (:
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Stella ThorneFugitivos

Maestro de Dados el Lun Mayo 14, 2018 8:24 pm

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Ian Howells el Dom Jun 03, 2018 2:07 am

"Eso te quería decir que tengamos un polvo de despedida cada vez que nos encontremos."

De repente, Stella había subido al TOP 2 de sus prioridades en esta vida. ¡Ninguna mujer le había dicho que podían tener un polvo de despedida cada vez que se encontrasen! ¿Pero habéis escuchado eso? ¡Le estaba prometiendo sexo cada vez que se vieran! ¡Madre mía, había que verse todos los días! Ian sonrió, complacido; contento. Eso era mejor que tener novia. ¿Para qué novias, cuando puedes tener a una Stella en tu vida? Eso de que su vida corriese peligro debía de ponerla muy nerviosa y querría desestresarse con sexo, seguro. Era eso. Y claro, Ian daba buen sexo (y quién diga lo contrario miente) porque lo que Stella había elegido bien. Sí. -Pues no te olvides de decirme eso. Así, con deseo y mirada sexy, que si no a mí se me olvida, ¿eh? Y no me gustaría dejarte sin sexo, que los fugitivos estáis muy necesitados. -Se metió con ella, como si fuese ahí la deseosa de mandanga, subiéndose también al ring.

[***]

-¿Pero has ido con anterioridad, no? No me fío. Ya sabes, eres fugitiva y eso. No debería fiarme de gente tan despreciable como tú, lo pone en los carteles. -Fingió desconfianza, cuando en realidad estaba bastante seguro apareciéndose con Stella siempre y cuando ésta le confirmase que había ido con anterioridad y no se había roto nada por el camino. -Nah. -Se encogió de hombros. -Si a ti no te importa que huela a macho-men, a mí me importa menos.

A ver, no es que Ian fuese un necio. Ni tampoco inocente. Pero ojo, por un momento hasta sopesó seriamente la idea de que los fugitivos viviesen en el bosque recogiendo frutitas, matando conejitos y cazando jabalíes. Y no me jodas, sería super épico. Sólo le faltaría ponerse unos taparrabos e ir por ahí gritando cuales indios en celo para espantar a los muggles campestres, ¿o quizás comían muggles también? Ian comería muggles, pero clarísimamente. Al final se iba a morir de hambre. El canibalismo estaba justificado en épocas de desesperación. Él sería el primero en hincarle el diente a otro en un apocalipsis zombie. Bueno, a ver, que nos desviamos del tema. Rió entonces, al comprobar que era una broma. Por lo que parecía, tenía una vida normal y vivía en un casa. -Oh, que vives entre cuatro paredes y todo. Pero si vives como una reina. -Curvó una sonrisa. -Y yo pensando que pasaban hambre y teníais que sufrir por sobrevivir... Me tenéis viviendo en una mentira. ¿Tienes Netflix y todo o qué? Porque me hacen falta amigos que vean Orange is the New Black para poder comentarla. Y cosas más de hombres, ¿sabes? También veo... Altered Carbon.-Sí, le había dado por la serie de lesbianas, ¿vale? ¿Algún problema? ¡Era una serie en donde solo salían chicas! Algunas muy feas, pero otras que estaban buenísima. Él le daba a unas cuantas.

Entendía perfectamente que prefiriese no ir a su casa. Era lógico. Era un Howells y la familia de Ian había declarado abiertamente su lealtad al nuevo gobierno. Era una familia muy cómoda en la sociedad: tenían dinero y cero sospechas y, en parte, la posición de Ian en las filas como aspirante hacía que también estuviese bastante tranquilo en cuanto a sospechas o relacionarse con fugitivos. Con lo idiota que era y lo bien que obedecía, ¿quién iba a sospechar de él? Y sí, Stella estaría segurísima en casa de Ian porque él no permitiría que nadie la viese ni mucho menos ponerla en peligro pero... la verdad es que siendo coherentes, mejor que no fuera. No fuese a pasar algún imprevisto y por un "desliz" la fuese a cagar y meter a su familia en la ruina. Sí, era una malísima idea.

La miró de arriba abajo, cuestionándola. -Stella, no tienes que fingir delante de mí que tienes dinero. -Se encogió de hombros. -¿Qué tienes, diez libras de paga para la semana? ¿De dónde lo sacas? ¿Se lo robas a los viejitos cuando acaban de sacar dinero en el banco? ¿O te dan una subvención en Gringotts por ser una fugitiva desempleada perseguida por la Ley? -En serio, ¿fugitivos con dinero? ¿Lo cagaban? ¿Habían hecho un hechizo que crea dinero de la nada o algo? La moneda que tiró al aire cayó al suelo e Ian la pisó antes de que vieran lo que era, mirándola divertido. -Soy un Howells y mi familia es putamente rica. Encima he tenido un hijo con una Masbecth que es una familia más rica que la mía. Y no es por alardear de tener una vida perfectamente resuelta y facilidades económicas a miles, pero creo que fervientemente que manteniendo la lógica de la situación YO pague todos los gastos de nuestras quedadas. -Confesó, sonando realmente divertido ante una lógica OBVIA en la que enfrentaba a un puto niño mimado y rico de mamá al que no le importaba repartir su dinero de mierda, frente a la clara pobreza y necesidad de un fugitivo que se esconde. O sea, en serio. ¿Fugitivos con dinero? Vale, tendrán, pero dudaba mucho que tuviera suficiente como para gastárselo en comida en EEUU. -Así que pago yo, no me seas cabezota. Quédate con tus diez libras para una careta para cuando vayas por la calle no te reconozcan, o algo. -Hizo una pausa, sonriendo de lado.

Bajó la mirada, elevó su pie y... voilá. Ahí estaba, ese esperado sello. -Pues nada, que nos vamos a Los Ángeles, creo.

Se bajaron del ring con más de algún moratón (cosa que notó Ian, sobre todo por su costado), recogieron sus cosas y... ahí vino la prueba de oro: confiar en una fugitiva para aparecerte. ¿¡Y SI LE TRAICIONABA Y LE LLEVABA FRENTE A ALBUS DUMBLEDORE Y ÉSTE LE LEÍA LA MEMORIA Y SABÍA QUE ERA UN SER MALVADO ASPIRANTE A MORTÍFAGO Y LUEGO LO MATABA!? En verdad dudaba que Albus Dumbledore lo matase. Seguramente tendría algún secuaz malvado que hacía el trabajo sucio y violento. El barbas era demasiado mono para eso.

Pero no, en realidad no pensaba nada de eso. Stella le caía bien, era su amiga y... confiaba en ella. Y, aunque él ahora mismo fuese un subnormal que estuviese en el otro bando y ella lo ignorase, esperaba que esa confianza fuese mutua en todo los sentidos. Bueno, de hecho no lo esperaba: lo sabía. Cualquier preocupación por ser fugitiva era simple y llanamente por hacerse un poco el dramático.

Llegaron a un callejón que obviamente no reconoció, pero al salir detrás de ella se encontraron con una calle bastante iluminada. La rubia no tardó en señalar el lugar en concreto, haciendo que Ian lo mirase sorprendido. -Qué raro, un sitio que se llama Cheesecake, ¿te vas a pedir uno triple chocolate en el que pidas extra de chocolate? Vale, ahora cuéntame la historia de cuándo narices has venido aquí. -Se metió ambas manos en el bolsillo compartido de su sudadera negra, ladeando su típica sonrisa de chulito que tanto le caracterizaba.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Mar Jun 12, 2018 6:22 pm

- Calladito te ves más bonito ¿sabes?.- le preguntó sólo para picarle mientras subía al ring y le dedica una mirada entre traviesa y divertida. No sabría explicar muy bien el por qué de la oferta que le acababa de dar al castaño pero, tampoco quería hacerse muchas preguntas con respecto a ello. Con Ian lo pasaba bien, lo consideraba su amigo, se sentía cómoda a su lado y por alguna extraña razón le hacía sentir una atracción por su piel, por su cuerpo que jamás antes había sentido hacia una persona. Pero mientras menos racionalizara aquel sentir,  mejor. O al menos así lo pensaba hasta el momento la rubia.

***

- Hey.- reclamó mientras con cero sutileza llevaba su puño hasta el pecho del joven mago para darle un golpe.- Despreciable, dice.- señaló indignada cómo si le estuviera hablando a una audiencia imaginaria que se encontraba a su alrededor. Arrugó su ceño.- Que insolencia más grande.- agregó,  cruzándose de brazos pero sin moverse del sitio, estaba cómoda donde se encontraba. Además los más observadores podrían ver como una pequeña sonrisa se el escapaba por la comisura izquierda de su boca.

Evitó soltar una carcajada cuando escuchó el cómo se imaginaba el castaño su vivir, y a decir verdad no estaba tan lejano quizás de la realidad de otro fugitivos. Ella era muy consciente que era una afortunada dentro de su condición, había tenido la fortuna de conocer a las personas correctas en el momento preciso. Por que si Dorcas no hubiera conocido a Fly,  quién los llevó luego al refugio quizás ahora ella se encontraría, al igual que otros fugitivos merodeando bosques o lugares abandonados en busca de un lugar dónde vivir. - ¿Qué pensabas? Obvio que vivo como una reina. Si soy la Queen S, la estela más brillante del firmamento.- bromeó poniendo una pose toda graciosa y magistral para luego reír.- Tenemos netflix, pero no funciona del todo bien. La señal no es de lo mejor, al final uno termina enojandose y queriendo lanzar el computador por la ventana. Pero si quieres traerme para nuestro próxima junta temporadas descargadas de esa serie, yo feliz me la veo y te la comento después.- le tentó moviendo sus frondosas cejas de arriba a abajo. Es que realmente sería genial que el chico aceptará hacer aquello, ya que a veces cuando todo se encontraba "más tranquilo" , la vida en el refugio podía ser extremadamente aburrida. Y cuando ella se aburría cometía imprudencias, que después se la cobraban muy caro.

Rodeó los ojos divertida al ver su mirada por sobre ella junto a esas palabras tan chulas que siempre se sacaba el castaño que, a primera vista uno se podría enojar y cuestionar su estado mental pero que a Stella, en cambio, le hacían gracia, y de cierta manera formaba parte del encanto que poseía el castaño. - Tienes claro que a pesar de ser una fugitiva sigo teniendo familia ¿no? Y que al no tener tanto dinero como la tuya desde pequeña me enseñaron a ahorrar,  y que ahora que mi culo es buscado por la Ley me han servido de mucha ayuda. No me mires a huevo que esta moneda no es lo único que tengo en la vida.- le reclamó orgullosa. Aunque omitiendo la parte de que en cualquier momento todos sus ahorros se le irán al carajo y de verdad sólo tendría una moneda para vivir. Pero ya pensaría en algo cuando ese momento llegase,  por ahora simplemente centraría su atención en el lado que mostraría la moneda que había lanzando al aire y que le indicaría sus siguientes pasos a seguir.

Pero antes de poder verla Ian puso su pie por sobre ella, arrugó su ceño y clavó su curiosa mirada en él.- Eres un niño mimado millonario insoportable ¿sabías? .- le preguntó acercándose a él y rodeando su cuello con sus brazos.- Pero está bien aceptó, Ricky Ricón. sólo porque tengo mucha hambre y de seguro gasto todos mis ahorros en la comida de hoy.- bromeó, y a medias que cuando ella tenía esa hambre, como la que tenía ahora, la mayoría de los restaurantes temblaba por su presencia.- ¿En otra quedada podemos ir nuevamente a la fábrica de chocolate? De seguro que esta vez está abierta y no tendremos que pasar por las rejas.- y mira que tramposa se ponía a veces, poniendole esos ojos de gato con botas, mientras mordía sus labios traviesamente como alguien que no quiebra ningún huevo pero que si estiras un poco el cuello al costado podrás ver cómo tiene miles de huevos quebrados tras su espalda.

Llevó curiosa su ojos a los pies del chico y ahí estaba el lado de sello, sonrió ampliamente.- Bien, nos vamos a Los Ángeles.- canturreo animada, sin poder evitar que esa torta de oreo cubierta de chocolate se le apareciera en su cabeza, endulzando todo a su paso.

Se bajó del ring y se tragó una queja tras sentir un fuerte dolor en su costilla izquierda, pero era un dolor que le gustaba. Vale, sí. Era extraña,  pero es que era como un sentir que le indicaba que había trabajado, entrenado. Una especie de mensaje de su cuerpo que se quedaba allí tiñendo su cuerpo de un morado, más o menos intenso dependiendo del o los golpes dados, para recordarle que esa zona merece mayor protección, mayor atención. Cuando ya tuvo todas sus cosas junto a ella se acercó al castaño y sin pensarlo mucho, porque bueno así era ella, siempre iba a lo loco, se acercó a su amigo y se desapareció junto a él en dirección a Los Ángeles.

Al abrir los ojos lo primero que hizo fue mirar al castaño de pies a cabeza, suspiró aliviada cuando lo vió de una pieza. Se anotó un nuevo récord en su aparición, jamás se había aparecido en otro continente. Sonrió toda orgullosa y no tardó en caminar hacia el restaurante que había puesto como opción. Quizás sólo era producto de su imaginación,  pero la castaña podría asegurar que  ya podía sentir el olor  a chocolate llegar a sus fosas nasales.  Caminó rápidamente hacia el frente del local, mirándolo por fuera con ojos emocionados, brillosos. Es que ese lugar era como un paraíso para la rubia.

Miró a Ian de reojo.- Sí, eso pediré.- soltó una risa traviesa y pegó unos saltitos en donde se encontraba de pura felicidad. Es que la comida era algo que ponía muy feliz a la ex Gryffindor era como una especie de portal que la transportaba a un mundo muy feliz, en ese donde come muchas cosas ricas y achocolatadas. Abrazo uno de los brazos de Ian con uno de sus brazos y comenzó a caminar con él hacía el interior.- Pues, este era mi paraíso cuando pequeña. Tengo a una tía que vive acá y pues veníamos todos los veranos. Ya cuando entre a Hogwarts mis visitas disminuyeron, ya que a Robert le gustaba aprovechar el poco tiempo que teníamos  conmigo a solas y viajar a otras partes del mundo. Que quizás no he viajado tanto como tú pero he ido a lugares increíbles ¿te gusta acampar, Howells?.- le preguntó curiosa para luego seguir en su Oda de amor a Cheescake Factory.- ¿Porque era mi paraíso te preguntarás? Bueno, y si no lo haces te diré igual porque sí.- rió y arrastró al castaño hacia una esquina. Ya que si no se equivocaba...- Voilá.- abrió sus brazos a modo de presentador de circo, mostrando el mejor show que tienen aquella noche. Y que en este caso se trataba de una vitrina de más de tres metros con toda clase de pasteles, tortas, y dulces. En su mayoría de chocolates.- Es que si esto no es el paraíso no se lo que es.- abrazó el vidrio que la separaba de esas cosas tan exquisitas y que de tan solo verlas se le hacía agua la boca, para luego pegar un saltito.- ¿Pero tu crees que acá hay solo dulce? No, no, no.- Stella había comenzando a adoptar una pose de guía turística, y ya a esa altura nadie podía detenerla. Estaba muy feliz de estar allí.- Por acá...- tomó nuevamente un brazo libre del castaño para arrastrarlo al otro extremo del local.- Se encuentra el tenedor libre más hermoso del mundo entero. Bueno, quizás con eso exagero pero al menos en mi mundo es uno de los mejores. .- dijo con una enorme sonrisa. - Todo lo que son las pastas, son exquisitas,  para chuparse los dedos.- dijo llevando su mano a la boca y lanzando un beso al aire.

- Espero que tengas hambre, porque de aquí yo no me muevo en mínimo tres horas.- bromeó divertida.- Te enseño como va esto. Hay varias mesas por lo que podemos ir tranquilos con eso...- dijo echando un vistazo por todo el lugar.- Ahora nosotros debemos ir a ese mesón donde nos darán una tarjeta, que será la nuestra durante todo el tiempo que estaremos acá. Es una especie de auto servicio, tu te sirves todo lo que quieras y debes ir registrando todo en tu tarjeta en las cajas que se encuentran en cada sector, para que después al salir por allá.- le indicó una salida diferente a la que había entrado.- La entregas, te dicen cuanto debes pagar, pagas y te vas.- se encogió de hombros sonriente.


***

Miró su bandeja con comida más el pedazo de torta enorme de tarta de chocolate con relleno de galletas oreo que tenía en un costado. Hizo una mueca.- Odio este momento en que tenía mucha hambre por algo salado, como estas papas que tengo aquí. Pero  que se ven eclipsadas por esta maravillosa torta. ¿Qué la haz visto? es hermosura pura, y de sabor... joder, se me hace agua la boca.- le dedicó una mirada de enamorada total a la torta y sin pensarlo más llevó una cuchara hacia ella y sacó un trozo para llevárselo a la boca.

Cerró sus ojos sonriente.- Igual a como la recordaba. Esta deliciosa.- los volvió a abrir y pareciera que había entrado como en una especie de trance, uno de completa felicidad chocolatera. Miró al castaño y se mordió el labio.- ¿Quieres...quieres...probarla?.- le preguntó sorprendiendose de ella misma por semejante invitación. Mientras pensaba "No, no, no. por favor dí que no, Vamos, di No. Dilo, porfavorcito. Un No y hazme feliz", y que sin querer queriendo sus ojos se encargaron de trasmitir este mensaje en silencio que se encontraba en su mente.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Mar Jun 19, 2018 2:56 am

Desde pequeña la enseñaron a ahorrar, ¡ya claro! ¿Y qué tenía? ¿Paga de cuánto al mes? No sé, no sé. Sonaba falso, Rick. Pero si ella decía que tenía dinero, habría que hacerle caso. No obstante, tal y cómo se imaginaba a los fugitivos, no pensaba en absoluto dejar que su amiga pagase nada mientras Ian estuviese presente. Por favor, qué estúpido. Ian es rico, Stella es fugitiva. A Ian le da igual el puto dinero, así que qué menos que pagarle lo que haga falta, ¿no? Pero bueno, igualmente le atendió. -¿Y cuánto tienes ahorrado, eh? Eso se va a terminar por gastar, lo sabes, ¿verdad? Así que como no se sabe cuánto tiempo va a estar la pelirroja en el poder, lo mejor es que tú te hagas la pobre delante de tu amante Howells y que él te lo pague todo, que tiene una familia odiosamente rica. -Y volvió a sonreír, con encanto; con una dulzura traviesa. Cuando le preguntó que si sabía que era un niño rico mimado, él no dudó en pronunciar su sonrisa. -Pero muchísimo, ¿eh? No has conocido a mi madre, pero si la conocieras te darías cuenta de que lo soy todavía más de lo que seguro que pasa por esa cabecita. -Confesó, divertidísimo. -Así que aprovecha a este niño mimado millonario e insoportable. No hay muchos dispuesto a compartir sus riquezas de burgueses con fugitivas sucias y hambrientas como tú, ¿sabes? -Continuó molestándola. -Qué pereza. Una vez entras en la fábrica de chocolate como polizón, se pierde la magia entrando por las buenas. Si quieres vamos otro día, pero de noche. Desactivamos las cámaras o las manchamos de negro, nos colamos en el interior, robamos mucho chocolate, te bañas en la posible piscina de chocolate que haya... -Se inventó eso último, encogiéndose de hombros.

Finalmente ganó la opción de Los Ángeles y fue la misma Stella la que hizo los honores de hacer la aparición. Menos mal que no se vio visiblemente los nervios de Ian, pero existían. Siempre solía preferir aparecerse él, ya que confiaba en sus habilidades (que para algo que se le da bien...), pero por suerte, no hubo ningún percance que conllevase a la pérdida de algún miembro. Que no es por nada, pero Ian tiene cinco y había uno al que le tenía mucho aprecio.

El chico le preguntó con verdadera curiosidad como es que una inglesa podría saber un lugar al que le tuviera tanto aprecio y que estuviese tan lejos. Y claro, comenzó a relatarle su historia, una historia cargada de ilusión por su parte que hizo que Ian la atendiese por completo. -¿Y ya no te llevas con esa tía? A lo mejor podría darte un lugar en dónde dormir para que no te quedes bajo un puente. -Preguntó por curiosidad. ¿Había dicho ya lo mucho que disfrutaba Ian metiéndose con Stella y su condición de fugitiva? Ahora que ya había aceptado que su cabeza-loca le había llevado a ser lo que es, pues se lo tomaba con mucha más diversión. -Sí, claro que me gusta acampar. -Afirmó con convicción, recordando aquella acampada que hizo junto a Davina y Rhea. Era una putada ir con tu ex y una amiga con derecho a roce a una misma acampada. Mentalmente se apuntó no repetir esa combinación de factores. -En realidad me gusta eso de hacerme una mochila con un par de cosas, la varita e irme a algún sitio aleatorio por el que caminar por terreno desconocido. Y ahí a ver qué pasa. Lo he hecho par de veces: una vez con Damon, cuando era mi amigo. Y otra vez con mi hermana porque le gané una apuesta, pero fue un poco fracaso. Mi hermana no sirve para esas cosas. -Confesó, encogiéndose de hombros.

Y entonces fue partícipe directo de LA EMOCIÓN personificada en un menudo cuerpo de mujer. ¡Madre mía, se notaba que a Stella lo que más feliz le hacía en esta vida era COMER! O sea, nada más. Sexo no. Sexo debía de quedar postergado allá por el tercer hueco. Ella primero tenía el chocolate, luego comer a secas y luego ya si eso sexo. Un día deberían tener sexo con chocolate y así hacen el combo definitivo del TOP 1 que será inquebrantable.

Uy, qué se pierde.

Continuó prestando atención a su amiga. -O sea, te comes todo lo que te quepa y luego ya se encargan de quitarte el riñón, ¿no? -Hizo una pausa. -Me gusta. Odio tener que pedir viendo el precio, me pone de los nervios. ¿Sabes qué es lo guay de ser un niño mimado millonario insoportable? Que no tengo que mirar los precios cuando voy a comer por ahí. Te encantaría vivir como una niña mimada millonaria insoportable, créeme. -Y volvió a esbozar una sonrisa. -Venga, que te invito a que te explote la barriga.

***

Puffff... parecía que le habían metido un jodido yunque en el interior de la barriga. Cómo le pesaba, joder. Un jabalí, se había comido un jabalí en forma de montón de pijadas. Estaba en ese momento en donde no sabías si tirarte un eructo, un pedo, abrirte el canal para hacer hueco y seguir comiendo, o hacer como en el capitolio y vomitar para poder amortizar toda la comida que había allí dentro. ¿Pero sabéis qué? Aunque Ian ahora mismo tuviese una barriga de embarazado, era obvio que todavía tenía hueco para los dos postres que había cogido. Uno era una tarta de limón y otro una especie de polvito uruguayo.

Y era gracioso, ver a esos dos ingleses ahí, en medio de un local de Los Ángeles, con esas pintas deportivas y sudados por el deporte, haciendo lo imposible por abrir el hueco necesario para los postres. Parecían dos muertos de hambres implorando por su último deseo comestible.

Entonces pasó algo que nunca creyó que podría pasar: Stella ofreciéndole un trozo de su torta de chocolate. ¿Y sabéis qué? Ian podría haber sonreído y negado con dulzura porque era consciente de que ella en realidad no quería darle. Ella quería comérselo todo, como la gorda y amante del chocolate que era. Pero... Ian no desaprovechaba esa oportunidad. Así que cogió su cuchara, la clavó en la torta de Stella sin previo aviso. -¡Pues claro que quiero! -Y... ¡ZAS, LE QUITÓ UN TROZO SUPER GRANDE! Tan grande que pudo notar la mirada de Stella atravesándole LA VIDA. Se lo comió super a gusto, pese a que todavía tenía sus dos postres delante. -Qué rico tía, ¿me das otro trozo? -Le preguntó, juguetón, con la cuchara en alto en un intento de buscar el hueco para robarle otro trozo. Era consciente de que como siguiese por esa vía, Stella podría utilizar la boca como arma defensiva y quedarse sin un dedo si se confiaba. Pero sólo por ver su cara merecía la pena.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 2:46 am

Rodeó los ojos y resopló, para luego poner un rostro burlón antes las palabras del castaño, quien se empeñaba en dejarla como un pobretona a su lado. Y era verdad, Stella al lado de Ian, en lo que respectaba al dinero, era una rata come basura pero admitirlo en voz alta, jamás. - Pues mucho, soy una excelente ahorradora.- mintió con total descarado. Nadie tan fanático al chocolate como ella podía ahorrar mucho pero eso el castaño no tenía porqué saberlo.- No creo que llegue a conocer pronto a tu madre, al menos no pronto. Es que no creo que le emocione mucho que su hijo tenga de amiga una fugitiva. Ahí dejarán de darte mesada, ricachón.- ladeó su cabeza sacó su lengua burlona para luego reír. Pero no le duró mucho, es que mira que bruto el ex Slytherin de decirle sucia y hambrienta para calificarla. Sendo golpe le propinó con sus dos manos en el pecho al joven mago, con cero cariño.- Hey, sucia y hambrienta será tu vecina.-  le reclamó toda indignada y con ceño fruncido. Pero ese enojo duró poco, la rubia al lado del Howells era una montaña rusa, sin duda. Es que quién puede seguir haciéndose la ofendida con alguien que le invita a meterse a la fábrica de Willy (su gran amigo Willy) y crearle en su imaginario una piscina de chocolate, al menos Stella no podía.- Piscina de chocolate...ñam.- se mordió el labio imaginando muchas cosas en ella y más si tenía a Howells de compañero.- ¿Crees que existirá una piscina así? que sí existe, yo gastó todos mis ahorros y voy a por ella, eh.- bromeó para luego reír.  

Y luego, con toda la confianza en ella misma se atrevió a aparecerse en conjunto con Ian en Los Ángeles, antes de eso jamás había hecho una distancia tan grande como esa. Pero una de las cosas que tenía la rubia a su favor, era que si algo se le metía en la cabeza, no importaba ni la distancia, ni la dificultad pero ella lo iba a lograr, como sea y con toda la convicción del mundo. Y así fue, con esa actitud que llegó de una pieza junto al castaño al otro continente, ella por su parte con una sonrisa ancha por el orgullo propio de haberlo logrado y porque sabía que en unos minutos más tendría dentro de su boca la comida y pastel más exquisito que ha probado en su vida.

- Piri qii nii ti qiidis biji il pinti.- repitió burlona las palabras de Howells con un rostro de lo más feo, para luego suspirar y mirarlo, entrecerró sus ojos por un momento e hizo una mueca, como analizando al castaño si le decía la respuesta verdadera a esa pregunta, para luego encogerse de hombros.- No me ha ofrecido un lugar porque tiene en su casa a mi padre y mi tío. Quienes se tuvieron que ir de Edale porque bueno, cuál es el primer lugar a dónde vas en busca de una fugitiva...su casa. Y han tenido que dejarlo todo y venir para acá. Y si yo vengo, contagiaría el único lugar donde ellos están bien y a salvo, soy una jodida peste contagiosa.- sonrió a duras penas, para luego sacudir la cabeza y cambiar de tema.- Pues, podríamos ir a acampar algún día. Conozco muuuchos lugares geniales, y ya has comprobado que en eso de aparecerme soy toda una experta.- dijo toda vanidosa, ladeando su cabeza y sonriendo traviesamente.-  Y como ya viene el verano, pues no sé, se me ocurrió que podríamos ir, solo si quieres, claro.- agregó lo último rápidamente. Que ella odiaba ser molestosa con la gente, que quizás el castaño ya tenía planeada unas vacaciones soñadisimas con su familia multi ricachona y ella venía a ofrecerle una carpa en medio de la nada, pero una nada muy hermosa, eh.

Y por fin llegaron. Eso de que dicen que el cuerpo tiene memoria es verdad, y Stella pudo comprobarlo en el preciso instante en que puso un pie en el local. No venía hace mínimo un par de años y era como si el tiempo no hubiera pasado nunca, el restaurante tenía el mismo olor, color,  orden y gracia. Y como una niña que cuenta emocionada cómo se le había salido su primer diente, Stella le hizo un tour por todo el lugar a Howells, deteniéndose especialmente en el sector de postres, su lugar favorito.- Así es, lo has descrito perfectamente.- le comentó sonriente.- Pues, con tal de que me alcance para siempre tener mi chocolate diario, yo más que feliz.- puso un mueca y se encogió de hombros. Es que para alguien que siempre ha vivido de lo más normal, sin muchos lujos pero tampoco muriendose de hambre, cosas tan sencillas como una rana de chocolate le hacían muy feliz.- A QUE NOS EXPLOTE LA BARRIGA, YEEEY.- exclamó con sus brazos elevado con cero pudor de que ahora la mayoría de lo que se encontraban en el local la mirasen como si le hubiera crecido otra cabeza.

***

La felicidad en Stella se podía reflejar en muchas cosas, y una de ellas (quizás una de sus favoritas) era la comida. Entonces imaginense lo feliz que ha de estar si se encuentra en uno de sus lugares favoritos para alimentar su hambre, donde nadie la puede capturar porque hay un mar que los separa y puede comer literalmente lo que se le dé la gana o hasta que llegue a explotar. ¡Era la dicha misma!

Se dió el tiempo de oler y apreciar la hermosura que tenía frente a sus ojos, al instante en que estuvo cerca suyo su boca se le hizo agua, y sin llegar a tocarla ya podía sentir su sabor. Pero cuándo al fin se la llevó a la boca, y su lengua volvió a saborear esa torta se dió cuenta que ningún recuerdo, ni el mejor y más claro de todos los recuerdos de esa torta le hacían el peso. Era mil veces mejor a como la recordaba. Y no sabría decir qué la impulsó a lo que a continuación haría, quizás fue la emoción del momento, esa embriaguez que te deja algo que deseabas mucho y lo obtienes pero como sea, Stella le ofrece UN POCO, UNA CUCHARADITA de su torta junto a unos ojos que rogaban una negativa por parte del otro.

Abrió los ojos y boca cuando vió lo que acababa de hacer el castaño, su corazón tuvo un mini infarto y todo pero todo se comenzó a teñir de rojo, al mismo ritmo de su temperatura que hacía que su rostro también fuera ganando ese color.- PERO SI SERAS BRUTO, QUE TE HE DICHO UN POCO ¡JODER!.- gritó a todo pulmón levantándose indignada, sin importarle una mierda las miradas, con el ceño fruncido y brazos cruzados. Su primer impulso fue querer golpearlo, sí así de bruta era pero luego se le ocurrió otra idea, mucho mejor. Miró de reojo el lugar en donde se encontraban los postres, y ahí a los lejos veía su adorada torta en gloria y majestad, así que tenía todo el permiso del mundo para hacer lo que haría a continuación.- ¿Quieres otro pedazo? Mira tú, pues bien ten otro pedazo.- dijo para luego llevar toda su mano al plato de la torta tomando lo que más puedo, y acercarse a Howells para esparcirla por todo su rostro. Se largó a reír cuando lo vió allí todo cubierto de chocolate, una vez más.- Jmm verte así me ha producido un Déjà vu .- dijo divertida, recordando aquella vez en las cocinas de Hogwarts, y al igual que en esa ocasión no pudo evitar probar esa combinación de factores. Por lo que se sentó sobre el castaño y sin pudor alguno mordió y saboreó la boca del ex Slytherin.- Chocolate más Howells, ñam.- dijo traviesamente para pararse rápidamente.- Iré  por más pastel, que yo pensaba moderarme pero ahora me comeré toda esa jodida torta, me lo merezco.- señaló encogiéndose de hombros y girando por sobre su propio eje comenzó a caminar hacia el sector de postres. En cuanto giró sonrió maliciosamente, lanzarle el chocolate era una juego pero luego  sacarlo de esa forma y luego marchar sin más,  esa si que era su real venganza. Una que de paso ella disfrutaba enormemente haciéndola.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Jul 02, 2018 1:57 pm

Veía lógico y comprensible que ni siquiera se acercase a la familia que le quedaba por ahí, tranquila, no fuese a ser que su condición terminase por ponerla en peligro. A veces él, en estas situaciones, se preguntaba: ¿y si alguien le veía y de repente la cagaba de tal manera que ponía a toda su familia en peligro? La verdad es que a veces se sentía un poco inconsciente (cómo si no lo fuese el 80% del tiempo de su vida) relacionándose con los enemigos directos del gobierno y, por tanto, también de su familia, sin embargo... se sentía confuso. Mira a Stella. Era su amiga y no le iba a dar la espalda. Y no sé, estaba claro que no era un peligro para la sociedad, ¿no? Mírala, si lo único que quiere es comer chocolate. Tú le das una tarta de chocolate y ya está, la mantienes entretenida de manera inofensiva durante un día entero.

Le sorprendió que Stella le ofreciese irse de acampada con él. De hecho, la miró con curiosidad, con una mirada de lo más impresionada. -A ver... que yo me entere... ¿me estás invitando a meterme durante unos cuántos días en una tienda de campaña de dimensiones reducidas junto a ti? -Preguntó, pícaro. No sé, a él se le antojaba como un plan muy bueno. -Porque supongo que será una tienda campaña a lo muggle, ¿no? De esas cutrecitas y pequeñitas. Tú eres pobre y esas cosas, no tendrás una mágica. -Curvó una sonrisa ladeada, ya que adoraba meterse con su pobreza. -Claro que quiero. -Dijo al final cuando ella añadió ese matiz innecesario antes de finalizar la frase. -¿Cómo voy a decir que no a irme de acampada con una chica guapa? Cómo si no me conocieras, Thorne. ¿Y a dónde tienes pensado llevarme? ¿A la montaña? ¿Haremos caquita en la naturaleza y todas esas cosas? -Y se rió.

Él tenía planeada unas vacaciones con su familia, pero suponía que Stella tenía libertad de días por eso de ser una fugitiva nini que no hace nada con su vida más que ocultarse, así que no habría problema por cuadrar fechas. Además, Ian siempre estaba disponible, con o sin universidad de por medio. No era precisamente el mejor estudiante y probablemente faltase más a clase de lo que asistía.

***

Se encontraban en ese restaurante, comiendo como auténticos cerdos. Bueno, al menos Ian. Y es que... era un puto bruto. Él era de esos que quería probar todo lo que no había probado nunca y había que decir que en ese sitio habían muchísimas cosas que todavía no había probado, así que ya podéis haceros una idea de la cantidad de mierda que tiene ahora mismo en la barriga.

Eso sí, siempre había hueco para el postre y... ¿sabéis lo mejor? Siempre había hueco para el postre de otros. Cuando Stella le ofreció de su torta de chocolate... ¡já, ahí Ian vio la oportunidad para ver el mundo arder! Y no lo dudó ni un segundo. Tomó tremendo trozo que la cara desencajada de Stella fue digna de admiración. No se le iba a olvidar en la vida. Ni tampoco cómo se levantó, cómo se puso roja como el mismísimo demonio enfadado y cómo cogió esa torta a una velocidad abismal para tirársela a Ian en la cara y removerla bien removida, ahí, que le entrase hasta por la nariz.

Cuando terminó, respiró y abrió los ojos, sintiendo como salía la tarta disparada. Y ya lo siguiente... Stella se acercó, se sentó sobre su regazo y lo besó, ahí, con toda su energía pasional de amor por el chocolate y con ganas de hacer que Ian también se motivase. Pero de repente, se levantó y se fue, dejando ahí a Ian con la boca abierta. Ni se fijó en la gente que estaba a su alrededor, la cual no era demasiada, pero la que estaba, estaba mirando con curiosidad y diversión a esa estúpida situación. Ian se levantó entonces. -¡A mí no me des la espalda, Scar! -Y se levantó, sujetándole la mano a Stella, para hacer que volviese sobre sus pasos hacia Ian. Parecía que la iba a besar pero... no la besó. ¡Qué romántico sería sino! ¡Ian de eso no tenía! Todo el mundo que miraba se lo esperaba, pero no lo hizo. Lo que hizo fue acercarse a ella y unir su cara a la de ella, para mancharla por todos lados de arriba a abajo, a un lado, para todos lados. Luego se separó, ladeando una sonrisa. -AHORA... -Recalcó.-...es cuando puedes irte a por tu torta, gorda. -Y la soltó un poco, para luego volver a acercarla a él y susurrarle. -Pero yo ahora mismo me comía otra cosa. -Y la miró de arriba abajo, para entonces soltarla y que se fuese a por su torta. La echó una última ojeada y se giró de nuevo hacia la mesa, cogiendo una servilleta para limpiarse la cara, aunque al final decidió que eso es tontería y sería una guarrada, por lo que se dirigió hacia el lavabo de hombres para lavarse la cara.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Miér Jul 25, 2018 4:50 am

Estaba contenta, es que era de esas personas que con poquito podía ser muy feliz. Solo le bastaba sentirse un poquito libre, comer (y más si se trata de esa mega torta de chocolate) y pasar el tiempo con algún amigo y ya esta, era feliz. Sonrió al escuchar la pregunta del castaño, y se hubiera hasta sonrojado pero ella no era de esas, en cambio asintió con su cabeza encogiendome de hombros.- Pues sí, eso mismo te estoy ofreciendo.- le corroboró.- Lo único, que para tu sorpresa, sí tengo una tienda de acampar mágica. Así que eso de pensar en tí y yo  en dimensiones reducidas lo deberías ir olvidando...- bromeó con una sonrisa de medio lado coqueta, y mentía claro está que veía muy difícil mantener distancias con el castaño en esas circunstancias. Rió al escuchar lo de la caca, y sacudió su cabeza cuando su mente (siempre tan imaginativa) comenzaba a formar la imagen de Ian haciendo del dos en plena naturaleza, para comenzar a pensar en cualquier otra cosa, como un campo lleno de margaritas por ejemplo.- Tengo mucho lugares en mente, puedo mostrartelos mientras comemos y escogemos,  o dejarlo al azar, siempre está esa opción.- terminó por decir mostrándole la moneda que tenía guardada en su bolsillo.

Ahora, hola comida, adiós todo lo demás.

***

Fue esa misma felicidad que sentía hace tiempo atrás que le hizo cometer uno de los mayores errores de su vida, ofrecerle UNA CUCHARADITA de su postre al glotón de Ian, quien no se demoró ni un segundo en comerse medio plato de su postre (no fue tanto, pero así lo vieron los ojos de la castaña y lo recordará por toda la eternidad así). Indignada, así se sentía en esos momentos Stella, de puños apretados y rostro rojo, como cual Kraken deseando hacer trocitos a un barco/Ian. Pero en vez de armar un escándalo monumental, solo se limitó a tomar un gran trozo de tarta en sus manos y esparcirlo por todo el rostro de Howells. Soltó una gran carcajada al verlo una vez más cubierto de chocolate. Su mente no tardó en recordar escenas anteriores junto al castaño, una en particular muy parecida a esta. Se acercó a él con mirada traviesa, y sentándose encima de sus piernas sin pudor alguno beso y mordió la boca del joven mago, saboreando esa mezcla de Howells y chocolate. Ñam, ñam. No fue mucho lo que duró ese contacto, ya que se volvió a poner de pie y fue caminando hacia la vitrina para pedir todo lo que quedara de torta.

Sonrió al escucharlo tras su espalda y luego al sentir su mano coger la suya para voltearla.  Soltó tremenda carcajada al ver como unía su rostro al de ella y la dejaba toda cubierta de chocolate, sabía que debía indignarse sobre todo después de lo que había hecho pero no podía, con Howells siempre al final terminaba riéndose. Cuando el castaño la acercó un poco más hacia él y le susurró aquello se mordió el labio.- ¿Y por qué no lo haces? ¿Desde cuando tan controladito, Howells?.- le preguntó enarcando una ceja  mientras lo veía marcharse a la mesa  dedicandole la misma mirada que él le había dirigido segundos atrás, que ella también se había quedado con ganas de más, hizo un pequeño puchero y se giró nuevamente en dirección a la vitrina de postres (su lugar favorito en el mundo el día de hoy).

Pero al llegar no estaba, NO ESTABA LA TORTA DE CHOCOLATE Y OREOS, abrió la boca al más estilo de El Grito de Munch, pegó su rostro en la vitrina en su búsqueda, tanto que hasta su nariz se achato por el contacto.- ¿Dónde está la tarta de chocolate? Por favor no me diga que se la ha acabado, que me muero, aquí mismo, ahora... en tres... dos...- comenzó a decirle exageradamente a un chico que se encontraba cerca y que tenía el vestuario de empleado del local, mientras dirigía una mirada de odio nuclear hacia Howells, quién le vió irse al baño de hombres.- Se nos ha acabado, PERO TRAEREMOS MÁS, no mueras por favor no...- dijo divertido el chico, ofreciéndole una sonrisa tan encantadora a la rubia que hizo que ella confiara plenamente en sus palabras.- Ufa, que casi me da un infarto...¿Y en cuánto más llega? ¿Ahora?.- preguntó con ojos brillantes y sonrisa enorme, el chico no hizo más que soltar una carcajada.- Otra fanática más de esa torta...- el chico negó divertido con la cabeza.- ...llegará dentro de unos quince minutos, el camión que las entrega debe estar por llegar.- le comentó, y la maga sonrió ampliamente.- Vale, esperaré. ¡Gracias!.- le respondió al chico y volvió a la mesa donde se encontraba sentada junto a Ian.

Iba a sentarse en la silla, como la buena chica que era pero de pronto un pensamiento malicioso cruzó por su chocolatosa cabeza, miró para todos lados, pese al horario y día el local que se encontraba medianamente vacio, tanto así que nadie se fijaría si ella fuera a dar un paseo por el baño de hombres...con su dedo índice sacó el resto que quedaba de torta del plato y se lo llevó a la boca mientras caminaba en dirección a los baños. Al llegar, miró por última vez a su alrededor y entró al de hombres. Si había alguien más aparte de Howells, pues ocuparía sus nulos estudios de actuación e improvisaría un "Lo siento, me he equivocado ¡Qué vergüenza!" pero si no había nadie...

Entró y enseguida cerró la puerta tras su espalda, notó la mirada de Ian sobre ella, le sonrió de manera traviesa para luego echar un rápido vistazo a todas partes y comprobar que no había nadie más, al hacerlo sonrió aún más y sacando su varita de su bolsillo cerró la puerta del baño con seguro. Habían dicho que en quince minutos estaría la torta pues bien, ella quería aprovecharlos muy bien.

- Pues, ya debes saber que yo jamás he sido una chica controladita ¿no?.- comenzó a decir mientras caminaba hacia a él a paso lento, como cual felino que quiere hincar sus dientes en su presa y que esta en vez de escapar se queda ahí prendada de esa mirada que le prohíbe moverse un milímetro. - Me han dicho que la tarta estará en quince minutos, y la verdad a mi también me apetece comerme otra cosa.- le susurró antes de volver a besarlo como minutos atrás, ahora con la diferencia que no había chocolate de por medio (muy a su pesar) y que no pretendía marcharse, al menos no pronto.

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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Ago 06, 2018 10:18 pm

"La virgen, es que no se le puede dar a Stella un trocito de chocolate porque mira como lo pringa todo..." pensó a la par que se restregaba la poca barbita que tenía, la cual se había hecho una síntesis con el chocolate de la torta. Aprovechó incluso para mojarse el pelo y hacérselo hacia atrás, refrescándose después de aquella ardua sesión de entrenamiento con Stella. Ahí, restregando mientras se miraba al espejo y ya prácticamente limpito, fue cuando escuchó que alguien abría la puerta tras de sí. No le hizo falta voltearse, ya que observó a Stella a través del espejo. Esa mirada y esa sonrisa... ¿estaba pensando en lo que Ian creía que estaba pensando? Se escuchó como echó el seguro de la puerta con magia, para luego acercarse a él. Se limitó a cerrar el grifo con agua, dándose la vuelta para recibirla de frente... ¡y madre mía, Thorne, cómo le vas a decir eso! No le dio tiempo a decir nada ingenioso, ni travieso, ni seductor porque su amiga ya había atrapado sus labios. Él le devolvió con ganas el beso, metiendo una de sus manos por debajo de su camisa para tocar directamente su piel y pegarla a él.

Le gustaba Stella porque probablemente era la chica que más le había costado "tener" en el sentido sexual y pese a las intenciones de Ian en un primer momento, ella supo ver que era más que una cabeza de chorlito idiota, hacerse su amigo y... aún así seguir aprovechándose de su amor por el sexo. Para algo que se le da bien al idiota de Howells, ¿por qué no aprovecharse de él? Si algo bueno tenía es que en el sexo era el único momento en dónde dejaba de pensar en sí mismo.

Giró entonces, dejando a Stella pegada contra el lavamanos, bajando por todo su cuello con besos. Sujetó la camiseta de Stella por debajo, sacándosela por arriba. -En quince minutos te voy a hacer llegar más de una vez, así que prepárate. -Le susurró en el oído y, tras dejar la camiseta encima del lavamanos, la sujetó por la cintura para sentarla sobre la encimera en donde habían casi cinco lavamanos uno al lado de otro. Colocó sendas manos en las rodillas de la chica, moviendo una hacia cada lado para que Ian pudiese ponerse entre ellas. -Y voy a empezar por el postre. -Ladeó una sonrisa de lo más seductora y pícara, moviendo con lentitud ambas manos en dirección ascendente por sus muslos.

¿Sabéis una cosa? A él le gustaba Stella. Claro que le gustaba; ¿cómo no le iba a gustar una tía que estaba buenísima, le hacía descojonarse, se dejaba tatuar por él, le apalizaba en el ring y encima se metía en el baño de hombres con esa sonrisa traviesa y muy dispuesta a comerse otra cosa como postre? Visto así diréis: ¿a quién narices no le gusta una mujer así? Ian lo admitía: adoraba a esa mujer, pero si le preguntases por algo más íntimo él te diría que tampoco le importaría perderla, que tampoco era tan importante en su vida. Y eso era mentira, quizás una creada a partir de que él no quería tener una relación tan apegada como se sentía con una fugitiva que pudiese poner a toda su familia, incluido su hijo, en peligro. Sin embargo, pronto se daría cuenta de que no era cuestión sólo de eso: no quería verla con otra persona tal y cómo estaban ellos ahora mismo y, sobretodo, se daría cuenta más pronto que tarde de que la posibilidad de perderla no estaba entre sus opciones, por mucho que perteneciesen a bandos naturalmente opuestos.

***

Se subió los pantalones en un saltito, aún si camiseta y sudando. El calor que hacía en ese baño era insoportable. Se acercó a dónde estaba Stella, quedándose justo a su lado mientras la admiraba ponerse la ropa interior. -¿Sabes? -Por cómo lo había dicho, tan susurrante y seductor, uno podría pensar que iba a decir una obscenidad. -Ahora mismo soy traidor al gobierno, he intimado sexualmente con una fugitiva. Antes podría haber dicho que había peleado contigo y no había mentido, ¿pero ahora qué? ¿Intentaba crearte un hijo a la fuerza para que saliese puro de tu impureza? Sería mi única defensa plausible, la repoblación del mundo mágico. -Rió divertido, evidentemente en broma. Sí, Ian se ponía a pensar en esas tonterías siempre que podía, ¿he dicho ya que tiene miedo de resultar sospechoso sólo por si lo llevan a juicio? ¿Él con qué se iba a defenderse si le leían la mente? Con nada.

Posó sus dos manos en la cintura todavía desnuda de Stella, colocándose delante de ella y mirándola directamente a los ojos sin saber muy bien qué decir. Qué mierda, la había sujetado por pura inconsciencia y ahora se había quedado sin saber qué decir. ¡Ian por favor, dí algo que pareces tonto! Carraspeó. -Bueno... -Acarició suavemente su cintura, para finalmente apartarse, como tonto que era. Ian era de esas personas a las que le cuesta horrores decir realmente lo que piensa, sobretodo si se pasa de sentimental. -Creo que si tuviésemos este tipo de encuentros tres veces por semana, de entrenamiento y luego sexo desenfrenado... conseguiríamos unos cuerpos fitness de la hostia en menos de un mes. -Ladeó una sonrisa.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Mar Sep 25, 2018 6:33 pm

Un cantante una vez escribió que la vida es eterna en cinco minutos, imaginense en quince, se pueden hacer muchas cosas, y entre todas ellas Stella escogió dirigirse hacia el baño de hombres en busca de Howells, y entró sin más que una mirada y sonrisa traviesa, que crecieron en intensidad al entrar y encontrarse solo con el castaño dentro. Cerró con seguro, pensando que nadie se a muerto por llevar quince minutos sin mear encima. Se acercó al mago y sin siquiera preguntarle atrapó sus labios con sus dientes para luego besarlo juguetonamente. Sonrió dentro del beso al sentir la respuesta del chico y sus manos siempre tan traviesas hacer contacto directamente con su piel. Se dejó girar sin  un atisbo de resistencia, cerrando sus ojos al sentir los labios de Ian sobre su cuello mientras ladeaba su cabeza para darle más espacio al recorrido que estaba haciendo el mago con su boca, y dejarlo sacar su camisa para luego acercarse nuevamente a su cuerpo, es que a Stella le gustaba sentir el calor que desprendía de la piel de Howells sobre la suya, ya que pese a que el calor estaba infernal aquel día la joven maga siempre ha sido una persona muy cercana al fuego. Y para ella, Ian era eso fuego.

Sintió un escalofrío recorrer su columna al escuchar y sentir el roce de los labios del mago sobre su oído, se mordió el labio y soltó un pequeño gemido cuando el castaño la elevó para dejarla sobre el lavamanos, clavó su mirada en los ojos del ex Slytherin, trasmitiendole con ella de que estaba más que preparada para lo que estaba próximo a pasar. Es que pese a que Stella en experiencia iba por detrás de Ian, pues no era algo que le fuera un impedimento, ella lo ligaba al hecho de que el castaño le transmitía confianza y un sentir que despertaba todos sus sentidos intuitivos y seductores, que le hacían dejarse llevar y disfrutar, dando y recibiendo placer. Con una sonrisa atrapada por una mordedura de su labio inferior, llevó su mano derecha sobre el lavamanos mientras que la izquierda recorrió un camino desde la mano de Howells, pasando por su brazo hasta llegar a su castaño cabello entrelazando sus dedos con el, quedándose allí dándole pequeñas y lentas caricias.

Y luego se dejo llevar, es que a la ex Gryffindor le gustaba llevar la mayoría del tiempo la riendas de cualquier situación, pero cuando se trataba de Howells simplemente soltaba las amarras y cedía ante sus movimientos y palabras. Y no sólo en el plano sexual sino que también en el día a día, es que la castaña confiaba en el mago como jamás pensó llegar a hacerlo, de un momento a otro se había convertido en alguien, por más que nunca lo llegue a decir quizás en voz alta porque era una torpe para esas cosas, muy importante para ella. Dejó caer su cabeza para atrás sintiendo como su respiración iba en aumento al igual que su calor corporal para luego comenzar una batalla de pasiones que ella disfrutaba enormemente.

***

Se comenzó a poner la ropa interior, le dedicó una fugaz mirada y sonrisa a Howells al sentirlo a su lado, pero sin detener su accionar. Soltó una risa al escuchar sus palabras y negó con la cabeza divertida, se subió el short que llevaba ese día y mientras se lo abrochaba miró al castaño.- Pues sí, lo eres. Puedes decir que eres tan malo en el sexo que es tu forma de torturar a fugitivas rebeldes, o que estabas bajo los efectos de una amortentia sexual, una...- hizo una pausa como si estuviera pensando algo realmente relevante, para agregar.- sexualtentia.- terminó por decir divertida, aunque por un segundo se le pasó por la cabeza la idea de que efectivamente lo llegasen a interrogar en un juicio y se le apretó el estomago, de miedo por haber metido en un terreno peligroso al castaño, pero luego sacudió su cabeza para alejar esos malos pensamientos.

Iba a ponerse la camisa pero no pudo ya que Ian se puso frente suyo depositando ambas manos sobre su cintura, ella clavó su mirada en la de él esperando esas típicas palabras chulas que decía Ian en plan "No hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera" pero no, no hubo nada, sólo un silencio extraño que, si no fuera porque muy pocas veces ella se sonrojaba en la vida, ahora sus mejillas tendrían un leve color rojizo, se le quedó mirando y sonrió inconscientemente. Es que le gustaba la mirada que el castaño tenía sobre ella, porque por alguna extraña razón sabía que ella tenía la misma en ese momento, y eso le agradaba, compartir el mismo sentir con alguien, que no sabía muy bien cuál era ni tampoco tenía ganas de ponerle un nombre, pero era una algo muy placentero de sentir.

- ¿Qué dices? Que yo ya tengo una cuerpo fitness de la hostia.- le reclamó elevando ambos brazos y depositando un besito en cada biceps, y luego tamborear con ambas manos su estomago, que vale, no tenía los músculos full marcados pero estaba ahí próximos a estar. Es que ser fugitiva te daba mucho tiempo, el cual la castaña lo aprovechaba para entrenar como condenada.- Pero como soy una chica muy solidaria, me haré el tiempo para entrenar y tener sexo desenfrenado posterior para bajar esa ponchera de cerveza que tienes por estomago.- le picó la castaña en broma, solo para provocarlo. Llevó sus manos al estomago del mago  recorriendo su cintura y atraerlo hacia ella nuevamente, acercó su rostro hacia el de él y comenzó a jugar el "haber si me atrapas" con su boca y la del mago, y cuando estaba a punto de volver a darle un beso todo menos inocente se escuchó un intento de abrir la puerta del baño y reclamos posteriores. Abrió los ojos divertida.- Pues, nos vemos en un ratito en la mesa.- fue lo último que le dijo antes de tomar su varita y su camisa para desaparecer del baño, no sin antes darle un fugaz beso.

Apareció en el callejón y corrió hacia el restaurante para ir en busca de su amada torta de chocolate y oreos, al llegar ni siquiera dedicó una mirada hacia la mesa que tenía junto a Ian sino que fue directamente a su objetivo. Es que cuando Stella volviera a tener su trocito de torta para ella solita recién ahí iba a comenzar a pensar en  otra cosa que no fuera chocolate.- He vuelto.- fue lo primero que dijo al llegar a la vitrina de postres y sonreír ampliamente al ver la torta allí en todo su esplendor.- ¿Cuántos trozos quieres?.- le preguntó el chico sonriente.- ¿Puedo pedirla toda?.- preguntó con ojos de gato con botas a lo que el chico soltó una carcajada.- Me encantaría decirte que sí pero es la más pedida del local, y te aseguro que como tú hay muchos en busca de esta torta que no son tan amigables a la hora de saber que no queda hasta mañana.- le respondió el chico junto a una mueca de lamento por la negativa. Stella hizo un puchero pero luego se encogió de hombros, no todo podía ser tan perfecto.- Pues, entonces quiero el trozo más grande del planeta tierra.- le dijo con una amplia sonrisa.- Vale, te daré el más grande todos.- dijo entre risas el chico, para luego comenzar a cortar un cariñoso trozo para la castaña, mientras tanto Stella desvió su mirada y la dirigió hacia la mesa donde ya se encontraba el castaño dedicándole una sonrisa, para luego gritarle.- ¡Hey! ¿Quieres un trozo? Que yo ahora ni de joda te comparto, eh.- le advirtió, que desde ese día la joven maga se había prometido nunca más ofrecerle de su comida al ex Slytherin, que ella aprendía de sus errores, o bueno al menos alguno de ellos. Ian le levantó su pulgar desde lo lejos y la castaña volvió a depositar la mirada el joven que la estaba atendiendo.- Pues, me pido dos trozos, que ese glotón de allá también quiere.- le dijo señalando a Howells divertida, el chico le miró y asintió, aunque con menos entusiasmo que antes.- ¿Qué tu novio también es adicto a la torta?.- preguntó mientras cortaba el segundo trozo.- ¿Novio? Pfff, qué dices, no, no, somos solo amigos, sí...amigos.- y mira que no avergonzarse con nada de lo anterior y terminar por hacerlo frente al chico de los postres, que hasta torpe se había puesto con ese imprevisto interrogatorio amoroso, sin fijarse que él chico había vuelto a sonreír. Espero un par de minutos más para luego recibir dos trozos de torta más unas servilletas.- Ahí tienes, que las disfrutes, te he dado un buen trozo y el que tiene el chocolate encima. Espero poder verte pronto por estos lados, siempre a esta hora llega el repuesto de torta, eh.- le señaló con una sonrisa toda encantadora, y si no fuera porque Stella era una lerda se hubiera fijado que hasta coqueta.- ¡Que bueno saberlo! Me lo anotare para estar aquí por esta hora a la próxima, muchas gracias, buen día.- se despidió sonriente, para ir hacia donde el mago con una ganas tremendas de llevarse un buen trozo de esa torta a la boca.

Dejó caer todo su peso en la silla y depositando los platos encima de la mesa.- Ahí tienes tu trozo así que mantente alejado del mío, eh.- le advirtió la castaña que como cual Gollum acercó su plato bien cerquita de ella, en plan es mío y de nadie más. Sonrió toda feliz cuando se llevó el gran trozo soñado a su boca, es que joder esa torta era una maravilla hecha comida, se iba a limpiar la comisura de sus labios cuando vió algo en la servilleta que llamó su atención, enarcó una ceja y miró mejor.- Joder, que el chico de los postres me ha dado su número.- le dijo a Ian sorprendida para luego desviar su mirada tímidamente hacia el joven y ver cómo este le dedicaba una sonrisa. Desvió nuevamente su mirada y la clavó en Howells.- Al parecer le gustan las locas por el chocolate, que me he comportado como una pirada con él, no entiendo que le llegó a atraer, de verdad.- dijo aún sin entender aquel gesto del chico, pero sin darle mayor importancia. Es que para capturar la atención de Stella hacía falta más que una servilleta y sonrisa encantadora, aunque no se quejaba de esas muestras de afecto, de hecho le causaba bastante gracia y eran un cariñito para su autoestima.

- ¿Cuánto tiempo libre te queda? Es que conozco unos lugares todos guays por aquí, eh. Hasta un local donde podemos terminar bailando hasta el amanecer.- le tentó moviendo sus frondosas cejas.- Pero si debes cuidar a Perseo, pues tú me dices y ya acabamos acá, que no quiero ser la causante de que seas un mal padre, eso si que no.- agregó rápidamente mientras se llevaba otro trozo a la boca.
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Ian Howells el Mar Oct 09, 2018 11:41 pm

-Sexualtentia.

La miró. Le miró. Se miraron. E inevitablemente se rieron. Está claro que quién diseñe la "sexualtentia" como tal se hará millonario teniendo en cuenta la cantidad de depravadores sexuales que hay por ahí.

Curvó una sonrisa cuando Stella pareció "sacrificarse" por el futuro cuerpo fitness de Ian, sugiriéndole que le estaba saliendo una barriga propia del gordinflón cervecero. -Verás, debido a que ninguna mujer me quiere he decidido amar indefinidamente a la cerveza. Ella no me abandonará nunca. -Bromeó divertido, ya que ambos estarían de acuerdo en que aunque Ian no hiciera deporte regularmente, poseía un cuerpo delgado y bastante formado. El haber hecho kickboxing durante tanto tiempo se lo había dejado bien marcado, aunque ahora estuviese un poco fofo. ¡Que en realidad no estaba fofo! Pero no tenía mucho tiempo para hacer ejercicio teniendo la universidad por un lado, los tatuajes por otro lado y Perseo en mitad de su vida. -Pero acepto con gusto tu sacrificio. ¿Tres veces por semana te parece bien o es abusar?

Pero Stella no tardó en irse tras un divertido (¡y molesto!) juego para darle un beso, todo porque algún hombre estaría meándose en los pantalones. Unos minutos más tardes se encontraron de nuevo en la mesa, como si nada hubiera pasado a ojos de nadie. Aunque eso de que ambos hubieran desaparecido durante casi quince minutos quizás hizo sospechar a más de uno, ¿pero y qué? ¿Quién iba a decir nada? Ian vio a Stella hablar con el Señor Tartero sobre la tarta, a lo que Ian se limitó a recoger la mesa porque la habían dejado hecha un desastre. Al ratito, cuando Stella volvió, le dejó su último trozo de tarta delante, a lo que Ian sonrió ampliamente. ¿Comer, sexo y luego postre? Por favor, qué combinación tan buena. Deberían patentar eso.

Comenzó a comer, hasta que Stella dijo que el chico le había dado su número en una servilleta. ¡Pero será hortera! ¡En una servilleta! De repente sus alertas saltaron y los celos también. Y te preguntarás: ¿celos por qué? Simple y llanamente porque no quería que el "comer + sexo + postre" con Stella terminase nunca. Decidió no mostrarse celoso porque eso era feo y ya se lo habían dicho muchas chicas. Y bueno, con Stella ya llevaba mucho tiempo siendo amigos, así que lo importante era seguir siéndolo. -Pues porque eres guapa, tu acento británico seguro le gustó y quizás él también sea un loco del chocolate. O de otra cosa. No sé, la gente que se emociona por las cosas que le gustan son guays y auténticas. Nadie debería de cohibir su emoción o sus gustos. -Carraspeó y se llevó de nuevo un buen trozo de torta a la boca para así dejar de hablar. Miró a Stella y se encogió de hombros.

No te pongas celoso, estúpido retrasado, ¿no ves que es un repartidor de torta de chocolate AMERICANO? ¿¡Qué tienes que perder!? Por un momento Ian se imaginó a Stella yéndose a América para escapar de su vida de fugitiva con el americano repartidor de torta de chocolate. Frunció el ceño. El cerebro era un hijo de puta.

Pero después de que su mente decidiese jugarle una mala pasada, Stella apareció ofreciéndole un nuevo plan en dónde el señor repartidor de torta de chocolate quedaba totalmente aislado. Ir a bailar hasta el amanecer. Ian miró su reloj y pese a que mañana por la mañana bien temprano tenía clases, eso no era un impedimento para seguir de fiesta con ella, pues sabía muy bien que por mucho que acordase, en broma, que harían clase fitness + sexo tres veces por semana, aquello sería imposible con su condición de fugitiva. Por lo que su decisión fue clara. -Hoy no tengo a Perseo, está con su madre, así que me apunto a esa clase de baile. Pero vamos a tener que cambiarnos las pintas que tenemos. Que ese top te queda muy sexy, pero esos leggins ya pasaron de moda en las discotecas, ¿sabes? -Sonrió divertido.

***

Una hora más tarde, se encontraban en medio de un callejón, ambos con las varitas. Los dos se cambiaron de ropa y, mientras que ella se ponía un vestido super sencillo y despampanante en el cuerpo que tenía, él se limitó a ponerse unos pantalones largos vaqueros y una camisa de manga corta y de botones. Sin peinarse y sin nada, entraron a la discoteca a darlo todo. Bebieron, pero para ser sinceros, después de todo lo que habían comido apenas se emborracharon. Eso sí, salieron sudando de allí horas después, después de haber bailado de todo. Desde regaetón hasta salsa, desde electrónico hasta baladas. Aquella discoteca no se cortaba con los estilos musicales y se lo estaban pasando tan bien que hasta que no los echaron, no se fueron de allí, a vagar por las calles de los Ángeles sin ningún paradero al que ir. Fue ya muy de madrugada cuando decidieron volver y, de nuevo, separar sus caminos hasta saber cuándo.
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