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Glad to see you again {Stella T.}

Ian Howells el Jue Nov 09, 2017 10:23 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Leicester Square - 17:00 horas - Ian Howells & Stella Thorne & Perseo Masbecth

Si en algún momento de su vida le hubieran dicho a Ian que salir a dar un paseo con un bebé que no habla era entretenido, se hubiera partido el culo. Pero claro... no es lo mismo salir con un bebé cualquiera, a salir con tu hijo, esa cosa tan mona con la que puedes hablar de todo lo que quieras, que él siempre va a sonreír, a reírse y a mirarte con cara de: 'no sé qué dices, pero yo te quiero mucho, papi'. Y claro, ¿a quién no le gusta desahogarse mientras otra persona te hace mucho caso? Además, cuando salías con tu hijo... era otro rollo. El chip cambiaba completamente: de repente te volvías una persona responsable, te volvías paranoico y todo, absolutamente todo, era motivo para enseñárselo a tu hijo, aunque tu fueras perfectamente consciente de que tu hijo vive la realidad y no se iba a acordar mañana de todo lo que ha vivido hoy. Pero no sé, era una especie de ilusión extraña que te hacía querer enseñárselo todo al pequeño y embriagarle con sensaciones, una detrás de otras.

Me vestí con unos vaqueros sencillos, una camiseta básica, unas converse cómodas, mi usual gorra hacia atrás y una chaqueta de tela bastante holgada, llevando conmigo la típica mochila bien repleta de objetos de bebé necesarios para dar un paseo con él. Normalmente siempre me pasaba y llevaba más de lo verdaderamente necesario, pero oye, nada me costaba llevarlo todo allí dentro. Por parte de Perfeo, lo vestí con un chándal gris super calentito, además de ponerle una gorrita en la cabeza, al igual que su padre. Era un mini Ian en toda regla. Mismos ojos, mismo pelo y... vaya, esa sonrisa tan mona solo podía evolucionar de una manera: a ser encantadora. Será un rompecorazones, como su padre. Aunque sólo esperaba que saliese más inteligente que su padre.

Le había llevado a dar un paseo por Londres, aunque finalmente terminaron en Leicester Square, una plaza que era famosa por todos los puestos de comida que había, por la famosa tienda de m&ms que se encontraba en una esquina y por tener uno de los cines más antiguos (pero famoso) de todo Londres. Era un buen sitio para pasar el resto de la tarde, además de que dentro de poco tendría que darle el biberón y mejor tener un lugar cómodo en donde sentarse.

Comenzó a caminar por allí con su hijo. -Seguro que cuando te salgan dientes más poderosos te encantarán los m&m, pero ahora no. Que por ahora eres muy idiota y seguro que si te doy uno te lo tragas entero. Y tu madre me mata. -Empezó a hablarle a su hijo, el cual estaba sujeto por ese 'llevabebés' que se amarra al torso de la persona y sujeta al bebé por la parte frontal, dejando justo la cabeza por delante de la de Ian. -No voy a comprar ninguno porque al final tendré la tentación de darte uno y me voy a sentir mal. Sigamos. -Dijo, notando como el niño se reía por las expresiones de su padre. Siguió de largo, alejándose de ese lugar creador de caries.

Llegaron a la puerta del cine y miró con curiosidad la cartelera. -Tampoco te puedo traer al cine con lo pequeño que eres, seguro que eres el típico niño llorón que molesta a toda la sala porque se ha cagado encima. ¿O no? -Le tocó la nariz.-Claro que sí, eres un cagón y encima un llorón cuando se caga. Se nota que no te gusta tener el culo cagao', ¿verdad? -El niño sujetó el dedo índice de su padre, riendo y mostrando los pocos dientes que tenía, más feliz que un cerdito en un charco de barro. -Pero vamos a ver qué películas hay igualmente... -Entraron, dirigiéndose a la zona en donde estaban todas las películas actuales, así como los próximos estrenos.-Tengo que traer a una de la universidad un día de éstos y ya que es horrible y no pienso tirármela, mejor que sea una película buena para aprovechar el día, ¿no? -Perseo movió la cabeza, como si hubiera sentido un escalofrío. -Que la traigo porque se lo prometí. Le dije: 'si me haces el trabajo de Leyes II, te llevo al cine un día', y claro, me lo hizo la muy desgraciada. Nunca pensé que podría conseguir citas consiguiendo también trabajos, ¿sabes? ¡Si llego a saber esto yo en Hogwarts! -Perseo lo miró con curiosidad, pero repentinamente estornudó y un moco le salió por la nariz. -Vaya por Dios... -Dijo, retrocediendo un paso al notar el estornudo en su cara y chocando con un minion gigante, de estos disfraces horribles que están por ahí para hacer propaganda de la película. -Perdona, tío. -Dijo bastante seco, alejándose del minion.

Sacó un kleenex del bolsillo de su pantalón y le retiró el moquito a su hijo, el cual sonrió más contento. Había que quitárselo rápido, porque Perseo era el típico niño pequeño que si nota un moquito bajando por sus labios, sube la lengua y... ¡pum! Lo atrapa y se lo come. Y no, hombre, no.
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Stella Thorne el Lun Mayo 14, 2018 8:24 pm

Sonrió cuando escuchó tras su espalda el "Mala mujer" del castaño. Que era muy consciente de lo que acaba de hacer y tenía sus fundamentos para aquello.  No era mala, o bueno quizás un poquito. Pero la verdad es que quería practicar antes de que las cosas entre los dos se fueran por otros caminos. Porque siempre cuando los dos estaban juntos esa puerta se abría de par en par, y tarde o temprano sucedía algo. Pero tenía que tener la mente enfocada en su objetivo, y tener todas sus fuerzas recargadas para enfrentarlo. Se giró y apoyó su espalda en las cuerdas del ring.- Idiota.- dijo divertida al verle hacer ese gesto que era de todo menos sexy. - ¿Y qué es eso de hazme tuya?.- preguntó enarcando una ceja.- Te recuerdo que para hacerlo se necesitan dos personas. "Hazme tuya" "Te haré mío" PFFFF . Mejor te diré "Howells, hagámoslo aquí y ahora" . .- y ahí estaba de nuevo esa mirada felina. Era extraño porque ella en la vida no era coqueta, era todo lo contrario, o al menos no era consciente de ello. Pero con Howells por alguna extraña razón que no sabría ponerle un nombre le salía ese lado naturalmente. - Y sí, eso te quería decir que tengamos un polvo de despedida cada vez que nos encontremos.- le dijo sin más para luego subirse al ring. Que si él quería sinceridad y nada de metáforas...pues bien ella se lo daba.

[***]

Rió, es que era verdad. Ella tenía un agujero negro como barriga, y más si de cosas dulces, específicamente de chocolates se tratase. Aunque en esta ocasión, como caso especial quería algo salado, bien cerdo. Practicar el había abierto el apetito. Pero eso lo decía ahora que si de pronto le ponía una tarta extra chocolate en frente no la rechazaría. - ¿Qué dices? .- preguntó dándole un mini puñetazo en el pecho, es que mira que brusca se pone a veces.- Yo te dí más caña, viejete.- que el chico era un año mayor pero con eso le valía. Y eso que ella le estaba dando el espacio de optar por un empate pero el castaño s elo había perdido dándole de lleno en su ego, que no era para nada pequeño, al menos en lo que de Kickboxing se trataba.

Arrugó su nariz pensativa.- Una hamburguesa triple, quizás dos...y papas fritas, muuuuchas.- tenía los ojos entrecerrados imaginando tan maravilloso panorama mientras se le hacía agua la boca.- O una lasagna, no, no, no Pizza con extra queso.... - agregó rápidamente mientras se mordía el labio como saboreando cada comida. Es que la verdad ella no era para nada regodiona, sólo quería comer, llenar su estomago de comida y ser feliz. Y con esa simple pregunta se abría todo un mundo y escoger sólo una opción de comida resultaba muy difícil.

- En serio.- le corroboró con una amplia sonrisa. Era un restaurante que ella iba desde pequeña, era increíble y enorme. Y su comida, oh...su comida. Era de esa que uno pensaba que el plato estaba hecho sólo para tí, de manera particular y con mucho cariño. Y tenían de todo desde un menú para glotones de comida chatarra hasta los más eruditos en cocina, con esos platos que parecen más una obra de Arte que comida. - Me tengo fe en la aparición conjunta.- señaló segura encogiéndose de hombros. Que ok, nadie le aseguraba que llegarían bien y de una pieza. Pero, en parte el arte de la aparición era eso, confiar en qué todo saldrá bien , porque si dudas un segundo todo se iba al carajo y de seguro uno terminaba llegando al lugar listo para ser vendido como un rompecabezas. Rió antes sus siguientes palabras para luego acercar su nariz a su cuello.- No,  no apestas.- le indicó tras olerlo.- Al menos a mí no me molesta que vayas así todo sudado pero de seguro acá habran camarines ¿no? y podemos darnos una ducha.- preguntó y dirigió su mirada hacia los alrededores por si en algún lugar había un letrero de duchas o algo así. Porque si lo pensaba bien, no estaría nada de mal un baño express luego del entrenamiento, sacar todo el sudor y relajar los músculos con un poco de agua caliente.

Enarcó una ceja tras el movimiento del castaño pero no se apartó, en vez de eso soltó una carcajada que le hizo hasta echar la cabeza hacia atrás para poder sonar más fuerte.- Sí tío, vivimos en una selva donde tenemos que plantar nuestra propia comida, y cazarla. La semana pasada me enseñaron a deshuesar un conejo. Cuando quieras te enseño.- dijo toda seria.- Sólo debes lanzarle un petrificus totalus, lo tomas de su cuello y ...crac.- mientras lo iba diciendo lo iba demostrando todo con sus manos. Y hubiera resultado muy creíble sino fuera porque luego volvió a reír.- Que no, que estoy en una casa con las cosas básicas. Hasta internet tenemos fijate, así que si me quieres enviar memes por whatsapp o recomendar series puedes hacerlo.- bromeó, aunque a medias porque si tenían todas esas cosas pero la señal del refugio era tan paupérrima que eso de ver series o películas casi era una misión imposible.

- Pues, igual me tienta la opción de ir a tu casa. No por la comida sino por conocerla...- arrugó su nariz pensativa.- ...pero por comida, tío...Los Ángeles sería el paraíso. - hizo una pausa para pensar en cuál sería la mejor opción. Es que ambas eran muy tentadoras...- ¡Ya sé!.- exclamó sonriente y sin ánimos de apartarse de donde se encontraba realizó un "Accio" silencioso y trajo hacia ella una moneda.- Que yo también tengo dinero para que sepas.- le dijo mostrandosela con una sonrisa de medio lado.- Y bueh, si sale cara vamos a tu casa y si sale sello nos vamos al otro lado del mar.- sonrió traviesamente y sin más lanzó la moneda al aire.

OFF: * Del 1 al 10 CARA y del 11 al 20 SELLO.

Leer si sale sello:
Si sale sello este sería el lugar al qué irían:

Venden de todo, pero lo más increíble es que tienen un sector SOLO DE PASTELES.
MIRA ESTA MARAVILLA DE TORTA  :A   babas

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Maestro de Dados el Lun Mayo 14, 2018 8:24 pm

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Ian Howells el Dom Jun 03, 2018 2:07 am

"Eso te quería decir que tengamos un polvo de despedida cada vez que nos encontremos."

De repente, Stella había subido al TOP 2 de sus prioridades en esta vida. ¡Ninguna mujer le había dicho que podían tener un polvo de despedida cada vez que se encontrasen! ¿Pero habéis escuchado eso? ¡Le estaba prometiendo sexo cada vez que se vieran! ¡Madre mía, había que verse todos los días! Ian sonrió, complacido; contento. Eso era mejor que tener novia. ¿Para qué novias, cuando puedes tener a una Stella en tu vida? Eso de que su vida corriese peligro debía de ponerla muy nerviosa y querría desestresarse con sexo, seguro. Era eso. Y claro, Ian daba buen sexo (y quién diga lo contrario miente) porque lo que Stella había elegido bien. Sí. -Pues no te olvides de decirme eso. Así, con deseo y mirada sexy, que si no a mí se me olvida, ¿eh? Y no me gustaría dejarte sin sexo, que los fugitivos estáis muy necesitados. -Se metió con ella, como si fuese ahí la deseosa de mandanga, subiéndose también al ring.

[***]

-¿Pero has ido con anterioridad, no? No me fío. Ya sabes, eres fugitiva y eso. No debería fiarme de gente tan despreciable como tú, lo pone en los carteles. -Fingió desconfianza, cuando en realidad estaba bastante seguro apareciéndose con Stella siempre y cuando ésta le confirmase que había ido con anterioridad y no se había roto nada por el camino. -Nah. -Se encogió de hombros. -Si a ti no te importa que huela a macho-men, a mí me importa menos.

A ver, no es que Ian fuese un necio. Ni tampoco inocente. Pero ojo, por un momento hasta sopesó seriamente la idea de que los fugitivos viviesen en el bosque recogiendo frutitas, matando conejitos y cazando jabalíes. Y no me jodas, sería super épico. Sólo le faltaría ponerse unos taparrabos e ir por ahí gritando cuales indios en celo para espantar a los muggles campestres, ¿o quizás comían muggles también? Ian comería muggles, pero clarísimamente. Al final se iba a morir de hambre. El canibalismo estaba justificado en épocas de desesperación. Él sería el primero en hincarle el diente a otro en un apocalipsis zombie. Bueno, a ver, que nos desviamos del tema. Rió entonces, al comprobar que era una broma. Por lo que parecía, tenía una vida normal y vivía en un casa. -Oh, que vives entre cuatro paredes y todo. Pero si vives como una reina. -Curvó una sonrisa. -Y yo pensando que pasaban hambre y teníais que sufrir por sobrevivir... Me tenéis viviendo en una mentira. ¿Tienes Netflix y todo o qué? Porque me hacen falta amigos que vean Orange is the New Black para poder comentarla. Y cosas más de hombres, ¿sabes? También veo... Altered Carbon.-Sí, le había dado por la serie de lesbianas, ¿vale? ¿Algún problema? ¡Era una serie en donde solo salían chicas! Algunas muy feas, pero otras que estaban buenísima. Él le daba a unas cuantas.

Entendía perfectamente que prefiriese no ir a su casa. Era lógico. Era un Howells y la familia de Ian había declarado abiertamente su lealtad al nuevo gobierno. Era una familia muy cómoda en la sociedad: tenían dinero y cero sospechas y, en parte, la posición de Ian en las filas como aspirante hacía que también estuviese bastante tranquilo en cuanto a sospechas o relacionarse con fugitivos. Con lo idiota que era y lo bien que obedecía, ¿quién iba a sospechar de él? Y sí, Stella estaría segurísima en casa de Ian porque él no permitiría que nadie la viese ni mucho menos ponerla en peligro pero... la verdad es que siendo coherentes, mejor que no fuera. No fuese a pasar algún imprevisto y por un "desliz" la fuese a cagar y meter a su familia en la ruina. Sí, era una malísima idea.

La miró de arriba abajo, cuestionándola. -Stella, no tienes que fingir delante de mí que tienes dinero. -Se encogió de hombros. -¿Qué tienes, diez libras de paga para la semana? ¿De dónde lo sacas? ¿Se lo robas a los viejitos cuando acaban de sacar dinero en el banco? ¿O te dan una subvención en Gringotts por ser una fugitiva desempleada perseguida por la Ley? -En serio, ¿fugitivos con dinero? ¿Lo cagaban? ¿Habían hecho un hechizo que crea dinero de la nada o algo? La moneda que tiró al aire cayó al suelo e Ian la pisó antes de que vieran lo que era, mirándola divertido. -Soy un Howells y mi familia es putamente rica. Encima he tenido un hijo con una Masbecth que es una familia más rica que la mía. Y no es por alardear de tener una vida perfectamente resuelta y facilidades económicas a miles, pero creo que fervientemente que manteniendo la lógica de la situación YO pague todos los gastos de nuestras quedadas. -Confesó, sonando realmente divertido ante una lógica OBVIA en la que enfrentaba a un puto niño mimado y rico de mamá al que no le importaba repartir su dinero de mierda, frente a la clara pobreza y necesidad de un fugitivo que se esconde. O sea, en serio. ¿Fugitivos con dinero? Vale, tendrán, pero dudaba mucho que tuviera suficiente como para gastárselo en comida en EEUU. -Así que pago yo, no me seas cabezota. Quédate con tus diez libras para una careta para cuando vayas por la calle no te reconozcan, o algo. -Hizo una pausa, sonriendo de lado.

Bajó la mirada, elevó su pie y... voilá. Ahí estaba, ese esperado sello. -Pues nada, que nos vamos a Los Ángeles, creo.

Se bajaron del ring con más de algún moratón (cosa que notó Ian, sobre todo por su costado), recogieron sus cosas y... ahí vino la prueba de oro: confiar en una fugitiva para aparecerte. ¿¡Y SI LE TRAICIONABA Y LE LLEVABA FRENTE A ALBUS DUMBLEDORE Y ÉSTE LE LEÍA LA MEMORIA Y SABÍA QUE ERA UN SER MALVADO ASPIRANTE A MORTÍFAGO Y LUEGO LO MATABA!? En verdad dudaba que Albus Dumbledore lo matase. Seguramente tendría algún secuaz malvado que hacía el trabajo sucio y violento. El barbas era demasiado mono para eso.

Pero no, en realidad no pensaba nada de eso. Stella le caía bien, era su amiga y... confiaba en ella. Y, aunque él ahora mismo fuese un subnormal que estuviese en el otro bando y ella lo ignorase, esperaba que esa confianza fuese mutua en todo los sentidos. Bueno, de hecho no lo esperaba: lo sabía. Cualquier preocupación por ser fugitiva era simple y llanamente por hacerse un poco el dramático.

Llegaron a un callejón que obviamente no reconoció, pero al salir detrás de ella se encontraron con una calle bastante iluminada. La rubia no tardó en señalar el lugar en concreto, haciendo que Ian lo mirase sorprendido. -Qué raro, un sitio que se llama Cheesecake, ¿te vas a pedir uno triple chocolate en el que pidas extra de chocolate? Vale, ahora cuéntame la historia de cuándo narices has venido aquí. -Se metió ambas manos en el bolsillo compartido de su sudadera negra, ladeando su típica sonrisa de chulito que tanto le caracterizaba.
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Stella Thorne el Mar Jun 12, 2018 6:22 pm

- Calladito te ves más bonito ¿sabes?.- le preguntó sólo para picarle mientras subía al ring y le dedica una mirada entre traviesa y divertida. No sabría explicar muy bien el por qué de la oferta que le acababa de dar al castaño pero, tampoco quería hacerse muchas preguntas con respecto a ello. Con Ian lo pasaba bien, lo consideraba su amigo, se sentía cómoda a su lado y por alguna extraña razón le hacía sentir una atracción por su piel, por su cuerpo que jamás antes había sentido hacia una persona. Pero mientras menos racionalizara aquel sentir,  mejor. O al menos así lo pensaba hasta el momento la rubia.

***

- Hey.- reclamó mientras con cero sutileza llevaba su puño hasta el pecho del joven mago para darle un golpe.- Despreciable, dice.- señaló indignada cómo si le estuviera hablando a una audiencia imaginaria que se encontraba a su alrededor. Arrugó su ceño.- Que insolencia más grande.- agregó,  cruzándose de brazos pero sin moverse del sitio, estaba cómoda donde se encontraba. Además los más observadores podrían ver como una pequeña sonrisa se el escapaba por la comisura izquierda de su boca.

Evitó soltar una carcajada cuando escuchó el cómo se imaginaba el castaño su vivir, y a decir verdad no estaba tan lejano quizás de la realidad de otro fugitivos. Ella era muy consciente que era una afortunada dentro de su condición, había tenido la fortuna de conocer a las personas correctas en el momento preciso. Por que si Dorcas no hubiera conocido a Fly,  quién los llevó luego al refugio quizás ahora ella se encontraría, al igual que otros fugitivos merodeando bosques o lugares abandonados en busca de un lugar dónde vivir. - ¿Qué pensabas? Obvio que vivo como una reina. Si soy la Queen S, la estela más brillante del firmamento.- bromeó poniendo una pose toda graciosa y magistral para luego reír.- Tenemos netflix, pero no funciona del todo bien. La señal no es de lo mejor, al final uno termina enojandose y queriendo lanzar el computador por la ventana. Pero si quieres traerme para nuestro próxima junta temporadas descargadas de esa serie, yo feliz me la veo y te la comento después.- le tentó moviendo sus frondosas cejas de arriba a abajo. Es que realmente sería genial que el chico aceptará hacer aquello, ya que a veces cuando todo se encontraba "más tranquilo" , la vida en el refugio podía ser extremadamente aburrida. Y cuando ella se aburría cometía imprudencias, que después se la cobraban muy caro.

Rodeó los ojos divertida al ver su mirada por sobre ella junto a esas palabras tan chulas que siempre se sacaba el castaño que, a primera vista uno se podría enojar y cuestionar su estado mental pero que a Stella, en cambio, le hacían gracia, y de cierta manera formaba parte del encanto que poseía el castaño. - Tienes claro que a pesar de ser una fugitiva sigo teniendo familia ¿no? Y que al no tener tanto dinero como la tuya desde pequeña me enseñaron a ahorrar,  y que ahora que mi culo es buscado por la Ley me han servido de mucha ayuda. No me mires a huevo que esta moneda no es lo único que tengo en la vida.- le reclamó orgullosa. Aunque omitiendo la parte de que en cualquier momento todos sus ahorros se le irán al carajo y de verdad sólo tendría una moneda para vivir. Pero ya pensaría en algo cuando ese momento llegase,  por ahora simplemente centraría su atención en el lado que mostraría la moneda que había lanzando al aire y que le indicaría sus siguientes pasos a seguir.

Pero antes de poder verla Ian puso su pie por sobre ella, arrugó su ceño y clavó su curiosa mirada en él.- Eres un niño mimado millonario insoportable ¿sabías? .- le preguntó acercándose a él y rodeando su cuello con sus brazos.- Pero está bien aceptó, Ricky Ricón. sólo porque tengo mucha hambre y de seguro gasto todos mis ahorros en la comida de hoy.- bromeó, y a medias que cuando ella tenía esa hambre, como la que tenía ahora, la mayoría de los restaurantes temblaba por su presencia.- ¿En otra quedada podemos ir nuevamente a la fábrica de chocolate? De seguro que esta vez está abierta y no tendremos que pasar por las rejas.- y mira que tramposa se ponía a veces, poniendole esos ojos de gato con botas, mientras mordía sus labios traviesamente como alguien que no quiebra ningún huevo pero que si estiras un poco el cuello al costado podrás ver cómo tiene miles de huevos quebrados tras su espalda.

Llevó curiosa su ojos a los pies del chico y ahí estaba el lado de sello, sonrió ampliamente.- Bien, nos vamos a Los Ángeles.- canturreo animada, sin poder evitar que esa torta de oreo cubierta de chocolate se le apareciera en su cabeza, endulzando todo a su paso.

Se bajó del ring y se tragó una queja tras sentir un fuerte dolor en su costilla izquierda, pero era un dolor que le gustaba. Vale, sí. Era extraña,  pero es que era como un sentir que le indicaba que había trabajado, entrenado. Una especie de mensaje de su cuerpo que se quedaba allí tiñendo su cuerpo de un morado, más o menos intenso dependiendo del o los golpes dados, para recordarle que esa zona merece mayor protección, mayor atención. Cuando ya tuvo todas sus cosas junto a ella se acercó al castaño y sin pensarlo mucho, porque bueno así era ella, siempre iba a lo loco, se acercó a su amigo y se desapareció junto a él en dirección a Los Ángeles.

Al abrir los ojos lo primero que hizo fue mirar al castaño de pies a cabeza, suspiró aliviada cuando lo vió de una pieza. Se anotó un nuevo récord en su aparición, jamás se había aparecido en otro continente. Sonrió toda orgullosa y no tardó en caminar hacia el restaurante que había puesto como opción. Quizás sólo era producto de su imaginación,  pero la castaña podría asegurar que  ya podía sentir el olor  a chocolate llegar a sus fosas nasales.  Caminó rápidamente hacia el frente del local, mirándolo por fuera con ojos emocionados, brillosos. Es que ese lugar era como un paraíso para la rubia.

Miró a Ian de reojo.- Sí, eso pediré.- soltó una risa traviesa y pegó unos saltitos en donde se encontraba de pura felicidad. Es que la comida era algo que ponía muy feliz a la ex Gryffindor era como una especie de portal que la transportaba a un mundo muy feliz, en ese donde come muchas cosas ricas y achocolatadas. Abrazo uno de los brazos de Ian con uno de sus brazos y comenzó a caminar con él hacía el interior.- Pues, este era mi paraíso cuando pequeña. Tengo a una tía que vive acá y pues veníamos todos los veranos. Ya cuando entre a Hogwarts mis visitas disminuyeron, ya que a Robert le gustaba aprovechar el poco tiempo que teníamos  conmigo a solas y viajar a otras partes del mundo. Que quizás no he viajado tanto como tú pero he ido a lugares increíbles ¿te gusta acampar, Howells?.- le preguntó curiosa para luego seguir en su Oda de amor a Cheescake Factory.- ¿Porque era mi paraíso te preguntarás? Bueno, y si no lo haces te diré igual porque sí.- rió y arrastró al castaño hacia una esquina. Ya que si no se equivocaba...- Voilá.- abrió sus brazos a modo de presentador de circo, mostrando el mejor show que tienen aquella noche. Y que en este caso se trataba de una vitrina de más de tres metros con toda clase de pasteles, tortas, y dulces. En su mayoría de chocolates.- Es que si esto no es el paraíso no se lo que es.- abrazó el vidrio que la separaba de esas cosas tan exquisitas y que de tan solo verlas se le hacía agua la boca, para luego pegar un saltito.- ¿Pero tu crees que acá hay solo dulce? No, no, no.- Stella había comenzando a adoptar una pose de guía turística, y ya a esa altura nadie podía detenerla. Estaba muy feliz de estar allí.- Por acá...- tomó nuevamente un brazo libre del castaño para arrastrarlo al otro extremo del local.- Se encuentra el tenedor libre más hermoso del mundo entero. Bueno, quizás con eso exagero pero al menos en mi mundo es uno de los mejores. .- dijo con una enorme sonrisa. - Todo lo que son las pastas, son exquisitas,  para chuparse los dedos.- dijo llevando su mano a la boca y lanzando un beso al aire.

- Espero que tengas hambre, porque de aquí yo no me muevo en mínimo tres horas.- bromeó divertida.- Te enseño como va esto. Hay varias mesas por lo que podemos ir tranquilos con eso...- dijo echando un vistazo por todo el lugar.- Ahora nosotros debemos ir a ese mesón donde nos darán una tarjeta, que será la nuestra durante todo el tiempo que estaremos acá. Es una especie de auto servicio, tu te sirves todo lo que quieras y debes ir registrando todo en tu tarjeta en las cajas que se encuentran en cada sector, para que después al salir por allá.- le indicó una salida diferente a la que había entrado.- La entregas, te dicen cuanto debes pagar, pagas y te vas.- se encogió de hombros sonriente.


***

Miró su bandeja con comida más el pedazo de torta enorme de tarta de chocolate con relleno de galletas oreo que tenía en un costado. Hizo una mueca.- Odio este momento en que tenía mucha hambre por algo salado, como estas papas que tengo aquí. Pero  que se ven eclipsadas por esta maravillosa torta. ¿Qué la haz visto? es hermosura pura, y de sabor... joder, se me hace agua la boca.- le dedicó una mirada de enamorada total a la torta y sin pensarlo más llevó una cuchara hacia ella y sacó un trozo para llevárselo a la boca.

Cerró sus ojos sonriente.- Igual a como la recordaba. Esta deliciosa.- los volvió a abrir y pareciera que había entrado como en una especie de trance, uno de completa felicidad chocolatera. Miró al castaño y se mordió el labio.- ¿Quieres...quieres...probarla?.- le preguntó sorprendiendose de ella misma por semejante invitación. Mientras pensaba "No, no, no. por favor dí que no, Vamos, di No. Dilo, porfavorcito. Un No y hazme feliz", y que sin querer queriendo sus ojos se encargaron de trasmitir este mensaje en silencio que se encontraba en su mente.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Mar Jun 19, 2018 2:56 am

Desde pequeña la enseñaron a ahorrar, ¡ya claro! ¿Y qué tenía? ¿Paga de cuánto al mes? No sé, no sé. Sonaba falso, Rick. Pero si ella decía que tenía dinero, habría que hacerle caso. No obstante, tal y cómo se imaginaba a los fugitivos, no pensaba en absoluto dejar que su amiga pagase nada mientras Ian estuviese presente. Por favor, qué estúpido. Ian es rico, Stella es fugitiva. A Ian le da igual el puto dinero, así que qué menos que pagarle lo que haga falta, ¿no? Pero bueno, igualmente le atendió. -¿Y cuánto tienes ahorrado, eh? Eso se va a terminar por gastar, lo sabes, ¿verdad? Así que como no se sabe cuánto tiempo va a estar la pelirroja en el poder, lo mejor es que tú te hagas la pobre delante de tu amante Howells y que él te lo pague todo, que tiene una familia odiosamente rica. -Y volvió a sonreír, con encanto; con una dulzura traviesa. Cuando le preguntó que si sabía que era un niño rico mimado, él no dudó en pronunciar su sonrisa. -Pero muchísimo, ¿eh? No has conocido a mi madre, pero si la conocieras te darías cuenta de que lo soy todavía más de lo que seguro que pasa por esa cabecita. -Confesó, divertidísimo. -Así que aprovecha a este niño mimado millonario e insoportable. No hay muchos dispuesto a compartir sus riquezas de burgueses con fugitivas sucias y hambrientas como tú, ¿sabes? -Continuó molestándola. -Qué pereza. Una vez entras en la fábrica de chocolate como polizón, se pierde la magia entrando por las buenas. Si quieres vamos otro día, pero de noche. Desactivamos las cámaras o las manchamos de negro, nos colamos en el interior, robamos mucho chocolate, te bañas en la posible piscina de chocolate que haya... -Se inventó eso último, encogiéndose de hombros.

Finalmente ganó la opción de Los Ángeles y fue la misma Stella la que hizo los honores de hacer la aparición. Menos mal que no se vio visiblemente los nervios de Ian, pero existían. Siempre solía preferir aparecerse él, ya que confiaba en sus habilidades (que para algo que se le da bien...), pero por suerte, no hubo ningún percance que conllevase a la pérdida de algún miembro. Que no es por nada, pero Ian tiene cinco y había uno al que le tenía mucho aprecio.

El chico le preguntó con verdadera curiosidad como es que una inglesa podría saber un lugar al que le tuviera tanto aprecio y que estuviese tan lejos. Y claro, comenzó a relatarle su historia, una historia cargada de ilusión por su parte que hizo que Ian la atendiese por completo. -¿Y ya no te llevas con esa tía? A lo mejor podría darte un lugar en dónde dormir para que no te quedes bajo un puente. -Preguntó por curiosidad. ¿Había dicho ya lo mucho que disfrutaba Ian metiéndose con Stella y su condición de fugitiva? Ahora que ya había aceptado que su cabeza-loca le había llevado a ser lo que es, pues se lo tomaba con mucha más diversión. -Sí, claro que me gusta acampar. -Afirmó con convicción, recordando aquella acampada que hizo junto a Davina y Rhea. Era una putada ir con tu ex y una amiga con derecho a roce a una misma acampada. Mentalmente se apuntó no repetir esa combinación de factores. -En realidad me gusta eso de hacerme una mochila con un par de cosas, la varita e irme a algún sitio aleatorio por el que caminar por terreno desconocido. Y ahí a ver qué pasa. Lo he hecho par de veces: una vez con Damon, cuando era mi amigo. Y otra vez con mi hermana porque le gané una apuesta, pero fue un poco fracaso. Mi hermana no sirve para esas cosas. -Confesó, encogiéndose de hombros.

Y entonces fue partícipe directo de LA EMOCIÓN personificada en un menudo cuerpo de mujer. ¡Madre mía, se notaba que a Stella lo que más feliz le hacía en esta vida era COMER! O sea, nada más. Sexo no. Sexo debía de quedar postergado allá por el tercer hueco. Ella primero tenía el chocolate, luego comer a secas y luego ya si eso sexo. Un día deberían tener sexo con chocolate y así hacen el combo definitivo del TOP 1 que será inquebrantable.

Uy, qué se pierde.

Continuó prestando atención a su amiga. -O sea, te comes todo lo que te quepa y luego ya se encargan de quitarte el riñón, ¿no? -Hizo una pausa. -Me gusta. Odio tener que pedir viendo el precio, me pone de los nervios. ¿Sabes qué es lo guay de ser un niño mimado millonario insoportable? Que no tengo que mirar los precios cuando voy a comer por ahí. Te encantaría vivir como una niña mimada millonaria insoportable, créeme. -Y volvió a esbozar una sonrisa. -Venga, que te invito a que te explote la barriga.

***

Puffff... parecía que le habían metido un jodido yunque en el interior de la barriga. Cómo le pesaba, joder. Un jabalí, se había comido un jabalí en forma de montón de pijadas. Estaba en ese momento en donde no sabías si tirarte un eructo, un pedo, abrirte el canal para hacer hueco y seguir comiendo, o hacer como en el capitolio y vomitar para poder amortizar toda la comida que había allí dentro. ¿Pero sabéis qué? Aunque Ian ahora mismo tuviese una barriga de embarazado, era obvio que todavía tenía hueco para los dos postres que había cogido. Uno era una tarta de limón y otro una especie de polvito uruguayo.

Y era gracioso, ver a esos dos ingleses ahí, en medio de un local de Los Ángeles, con esas pintas deportivas y sudados por el deporte, haciendo lo imposible por abrir el hueco necesario para los postres. Parecían dos muertos de hambres implorando por su último deseo comestible.

Entonces pasó algo que nunca creyó que podría pasar: Stella ofreciéndole un trozo de su torta de chocolate. ¿Y sabéis qué? Ian podría haber sonreído y negado con dulzura porque era consciente de que ella en realidad no quería darle. Ella quería comérselo todo, como la gorda y amante del chocolate que era. Pero... Ian no desaprovechaba esa oportunidad. Así que cogió su cuchara, la clavó en la torta de Stella sin previo aviso. -¡Pues claro que quiero! -Y... ¡ZAS, LE QUITÓ UN TROZO SUPER GRANDE! Tan grande que pudo notar la mirada de Stella atravesándole LA VIDA. Se lo comió super a gusto, pese a que todavía tenía sus dos postres delante. -Qué rico tía, ¿me das otro trozo? -Le preguntó, juguetón, con la cuchara en alto en un intento de buscar el hueco para robarle otro trozo. Era consciente de que como siguiese por esa vía, Stella podría utilizar la boca como arma defensiva y quedarse sin un dedo si se confiaba. Pero sólo por ver su cara merecía la pena.
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Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 2:46 am

Rodeó los ojos y resopló, para luego poner un rostro burlón antes las palabras del castaño, quien se empeñaba en dejarla como un pobretona a su lado. Y era verdad, Stella al lado de Ian, en lo que respectaba al dinero, era una rata come basura pero admitirlo en voz alta, jamás. - Pues mucho, soy una excelente ahorradora.- mintió con total descarado. Nadie tan fanático al chocolate como ella podía ahorrar mucho pero eso el castaño no tenía porqué saberlo.- No creo que llegue a conocer pronto a tu madre, al menos no pronto. Es que no creo que le emocione mucho que su hijo tenga de amiga una fugitiva. Ahí dejarán de darte mesada, ricachón.- ladeó su cabeza sacó su lengua burlona para luego reír. Pero no le duró mucho, es que mira que bruto el ex Slytherin de decirle sucia y hambrienta para calificarla. Sendo golpe le propinó con sus dos manos en el pecho al joven mago, con cero cariño.- Hey, sucia y hambrienta será tu vecina.-  le reclamó toda indignada y con ceño fruncido. Pero ese enojo duró poco, la rubia al lado del Howells era una montaña rusa, sin duda. Es que quién puede seguir haciéndose la ofendida con alguien que le invita a meterse a la fábrica de Willy (su gran amigo Willy) y crearle en su imaginario una piscina de chocolate, al menos Stella no podía.- Piscina de chocolate...ñam.- se mordió el labio imaginando muchas cosas en ella y más si tenía a Howells de compañero.- ¿Crees que existirá una piscina así? que sí existe, yo gastó todos mis ahorros y voy a por ella, eh.- bromeó para luego reír.  

Y luego, con toda la confianza en ella misma se atrevió a aparecerse en conjunto con Ian en Los Ángeles, antes de eso jamás había hecho una distancia tan grande como esa. Pero una de las cosas que tenía la rubia a su favor, era que si algo se le metía en la cabeza, no importaba ni la distancia, ni la dificultad pero ella lo iba a lograr, como sea y con toda la convicción del mundo. Y así fue, con esa actitud que llegó de una pieza junto al castaño al otro continente, ella por su parte con una sonrisa ancha por el orgullo propio de haberlo logrado y porque sabía que en unos minutos más tendría dentro de su boca la comida y pastel más exquisito que ha probado en su vida.

- Piri qii nii ti qiidis biji il pinti.- repitió burlona las palabras de Howells con un rostro de lo más feo, para luego suspirar y mirarlo, entrecerró sus ojos por un momento e hizo una mueca, como analizando al castaño si le decía la respuesta verdadera a esa pregunta, para luego encogerse de hombros.- No me ha ofrecido un lugar porque tiene en su casa a mi padre y mi tío. Quienes se tuvieron que ir de Edale porque bueno, cuál es el primer lugar a dónde vas en busca de una fugitiva...su casa. Y han tenido que dejarlo todo y venir para acá. Y si yo vengo, contagiaría el único lugar donde ellos están bien y a salvo, soy una jodida peste contagiosa.- sonrió a duras penas, para luego sacudir la cabeza y cambiar de tema.- Pues, podríamos ir a acampar algún día. Conozco muuuchos lugares geniales, y ya has comprobado que en eso de aparecerme soy toda una experta.- dijo toda vanidosa, ladeando su cabeza y sonriendo traviesamente.-  Y como ya viene el verano, pues no sé, se me ocurrió que podríamos ir, solo si quieres, claro.- agregó lo último rápidamente. Que ella odiaba ser molestosa con la gente, que quizás el castaño ya tenía planeada unas vacaciones soñadisimas con su familia multi ricachona y ella venía a ofrecerle una carpa en medio de la nada, pero una nada muy hermosa, eh.

Y por fin llegaron. Eso de que dicen que el cuerpo tiene memoria es verdad, y Stella pudo comprobarlo en el preciso instante en que puso un pie en el local. No venía hace mínimo un par de años y era como si el tiempo no hubiera pasado nunca, el restaurante tenía el mismo olor, color,  orden y gracia. Y como una niña que cuenta emocionada cómo se le había salido su primer diente, Stella le hizo un tour por todo el lugar a Howells, deteniéndose especialmente en el sector de postres, su lugar favorito.- Así es, lo has descrito perfectamente.- le comentó sonriente.- Pues, con tal de que me alcance para siempre tener mi chocolate diario, yo más que feliz.- puso un mueca y se encogió de hombros. Es que para alguien que siempre ha vivido de lo más normal, sin muchos lujos pero tampoco muriendose de hambre, cosas tan sencillas como una rana de chocolate le hacían muy feliz.- A QUE NOS EXPLOTE LA BARRIGA, YEEEY.- exclamó con sus brazos elevado con cero pudor de que ahora la mayoría de lo que se encontraban en el local la mirasen como si le hubiera crecido otra cabeza.

***

La felicidad en Stella se podía reflejar en muchas cosas, y una de ellas (quizás una de sus favoritas) era la comida. Entonces imaginense lo feliz que ha de estar si se encuentra en uno de sus lugares favoritos para alimentar su hambre, donde nadie la puede capturar porque hay un mar que los separa y puede comer literalmente lo que se le dé la gana o hasta que llegue a explotar. ¡Era la dicha misma!

Se dió el tiempo de oler y apreciar la hermosura que tenía frente a sus ojos, al instante en que estuvo cerca suyo su boca se le hizo agua, y sin llegar a tocarla ya podía sentir su sabor. Pero cuándo al fin se la llevó a la boca, y su lengua volvió a saborear esa torta se dió cuenta que ningún recuerdo, ni el mejor y más claro de todos los recuerdos de esa torta le hacían el peso. Era mil veces mejor a como la recordaba. Y no sabría decir qué la impulsó a lo que a continuación haría, quizás fue la emoción del momento, esa embriaguez que te deja algo que deseabas mucho y lo obtienes pero como sea, Stella le ofrece UN POCO, UNA CUCHARADITA de su torta junto a unos ojos que rogaban una negativa por parte del otro.

Abrió los ojos y boca cuando vió lo que acababa de hacer el castaño, su corazón tuvo un mini infarto y todo pero todo se comenzó a teñir de rojo, al mismo ritmo de su temperatura que hacía que su rostro también fuera ganando ese color.- PERO SI SERAS BRUTO, QUE TE HE DICHO UN POCO ¡JODER!.- gritó a todo pulmón levantándose indignada, sin importarle una mierda las miradas, con el ceño fruncido y brazos cruzados. Su primer impulso fue querer golpearlo, sí así de bruta era pero luego se le ocurrió otra idea, mucho mejor. Miró de reojo el lugar en donde se encontraban los postres, y ahí a los lejos veía su adorada torta en gloria y majestad, así que tenía todo el permiso del mundo para hacer lo que haría a continuación.- ¿Quieres otro pedazo? Mira tú, pues bien ten otro pedazo.- dijo para luego llevar toda su mano al plato de la torta tomando lo que más puedo, y acercarse a Howells para esparcirla por todo su rostro. Se largó a reír cuando lo vió allí todo cubierto de chocolate, una vez más.- Jmm verte así me ha producido un Déjà vu .- dijo divertida, recordando aquella vez en las cocinas de Hogwarts, y al igual que en esa ocasión no pudo evitar probar esa combinación de factores. Por lo que se sentó sobre el castaño y sin pudor alguno mordió y saboreó la boca del ex Slytherin.- Chocolate más Howells, ñam.- dijo traviesamente para pararse rápidamente.- Iré  por más pastel, que yo pensaba moderarme pero ahora me comeré toda esa jodida torta, me lo merezco.- señaló encogiéndose de hombros y girando por sobre su propio eje comenzó a caminar hacia el sector de postres. En cuanto giró sonrió maliciosamente, lanzarle el chocolate era una juego pero luego  sacarlo de esa forma y luego marchar sin más,  esa si que era su real venganza. Una que de paso ella disfrutaba enormemente haciéndola.
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Ian Howells el Lun Jul 02, 2018 1:57 pm

Veía lógico y comprensible que ni siquiera se acercase a la familia que le quedaba por ahí, tranquila, no fuese a ser que su condición terminase por ponerla en peligro. A veces él, en estas situaciones, se preguntaba: ¿y si alguien le veía y de repente la cagaba de tal manera que ponía a toda su familia en peligro? La verdad es que a veces se sentía un poco inconsciente (cómo si no lo fuese el 80% del tiempo de su vida) relacionándose con los enemigos directos del gobierno y, por tanto, también de su familia, sin embargo... se sentía confuso. Mira a Stella. Era su amiga y no le iba a dar la espalda. Y no sé, estaba claro que no era un peligro para la sociedad, ¿no? Mírala, si lo único que quiere es comer chocolate. Tú le das una tarta de chocolate y ya está, la mantienes entretenida de manera inofensiva durante un día entero.

Le sorprendió que Stella le ofreciese irse de acampada con él. De hecho, la miró con curiosidad, con una mirada de lo más impresionada. -A ver... que yo me entere... ¿me estás invitando a meterme durante unos cuántos días en una tienda de campaña de dimensiones reducidas junto a ti? -Preguntó, pícaro. No sé, a él se le antojaba como un plan muy bueno. -Porque supongo que será una tienda campaña a lo muggle, ¿no? De esas cutrecitas y pequeñitas. Tú eres pobre y esas cosas, no tendrás una mágica. -Curvó una sonrisa ladeada, ya que adoraba meterse con su pobreza. -Claro que quiero. -Dijo al final cuando ella añadió ese matiz innecesario antes de finalizar la frase. -¿Cómo voy a decir que no a irme de acampada con una chica guapa? Cómo si no me conocieras, Thorne. ¿Y a dónde tienes pensado llevarme? ¿A la montaña? ¿Haremos caquita en la naturaleza y todas esas cosas? -Y se rió.

Él tenía planeada unas vacaciones con su familia, pero suponía que Stella tenía libertad de días por eso de ser una fugitiva nini que no hace nada con su vida más que ocultarse, así que no habría problema por cuadrar fechas. Además, Ian siempre estaba disponible, con o sin universidad de por medio. No era precisamente el mejor estudiante y probablemente faltase más a clase de lo que asistía.

***

Se encontraban en ese restaurante, comiendo como auténticos cerdos. Bueno, al menos Ian. Y es que... era un puto bruto. Él era de esos que quería probar todo lo que no había probado nunca y había que decir que en ese sitio habían muchísimas cosas que todavía no había probado, así que ya podéis haceros una idea de la cantidad de mierda que tiene ahora mismo en la barriga.

Eso sí, siempre había hueco para el postre y... ¿sabéis lo mejor? Siempre había hueco para el postre de otros. Cuando Stella le ofreció de su torta de chocolate... ¡já, ahí Ian vio la oportunidad para ver el mundo arder! Y no lo dudó ni un segundo. Tomó tremendo trozo que la cara desencajada de Stella fue digna de admiración. No se le iba a olvidar en la vida. Ni tampoco cómo se levantó, cómo se puso roja como el mismísimo demonio enfadado y cómo cogió esa torta a una velocidad abismal para tirársela a Ian en la cara y removerla bien removida, ahí, que le entrase hasta por la nariz.

Cuando terminó, respiró y abrió los ojos, sintiendo como salía la tarta disparada. Y ya lo siguiente... Stella se acercó, se sentó sobre su regazo y lo besó, ahí, con toda su energía pasional de amor por el chocolate y con ganas de hacer que Ian también se motivase. Pero de repente, se levantó y se fue, dejando ahí a Ian con la boca abierta. Ni se fijó en la gente que estaba a su alrededor, la cual no era demasiada, pero la que estaba, estaba mirando con curiosidad y diversión a esa estúpida situación. Ian se levantó entonces. -¡A mí no me des la espalda, Scar! -Y se levantó, sujetándole la mano a Stella, para hacer que volviese sobre sus pasos hacia Ian. Parecía que la iba a besar pero... no la besó. ¡Qué romántico sería sino! ¡Ian de eso no tenía! Todo el mundo que miraba se lo esperaba, pero no lo hizo. Lo que hizo fue acercarse a ella y unir su cara a la de ella, para mancharla por todos lados de arriba a abajo, a un lado, para todos lados. Luego se separó, ladeando una sonrisa. -AHORA... -Recalcó.-...es cuando puedes irte a por tu torta, gorda. -Y la soltó un poco, para luego volver a acercarla a él y susurrarle. -Pero yo ahora mismo me comía otra cosa. -Y la miró de arriba abajo, para entonces soltarla y que se fuese a por su torta. La echó una última ojeada y se giró de nuevo hacia la mesa, cogiendo una servilleta para limpiarse la cara, aunque al final decidió que eso es tontería y sería una guarrada, por lo que se dirigió hacia el lavabo de hombres para lavarse la cara.
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