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People Change [ Sebastian ]

S. Lyssandra Østberg el Vie Nov 10, 2017 11:03 am


Lentamente se levantó de la cama con una cara de mala pulga. No sabía si estaba a sábado aún o ya había logrado levantarse el domingo, como debía ser. ¿Y todas estas cuestiones por qué? Por la sencilla razón de que había estado toda la noche desvelándose. Claro que aquello no debía significar nada bueno. Hacía tiempo que tenía pesadillas casi todas las noches, aquello se había convertido en algo inevitable. Aún no entendía bien el motivo pero le quitaba incluso, en ocasiones, el sueño. Esta vez simplemente se había desvelado, unas cuatro veces. Menos de las que eran normales. Solía despertarse más veces, entre unas seis o siete veces, todas muy juntas, no sentía que descansase bien y el nuevo curso no le daba mucho respiro al respecto. No obstante, no quería tener motivos para quedarse en su nueva casa apalancada. No quería quedarse entre esas cuatro paredes sin hacer nada, al menos no aquel día donde sus peores pesadillas habían resurgido de la nada.

Dado que se había levantado bien temprano, había tenido tiempo para ducharse y desayunar con tranquilidad para, aún así, poder salir a disfrutar de la escarcha que por el tiempo había. No es que otoño fuera de sus estaciones favoritas, pero aquel frío le recordaba a su tierra natal y eso le gustaba, a pesar de los malos recuerdos que tenía, en parte por culpa de su familia, que aunque la había dejado de lado seguía siéndolo. A pesar de todo eso, los Østberg eran de Noruega así que poco a poco quería cambiar su mentalidad y pensar en aquellas tierras a las que poco había ido, para su gusto. — Oh, no. Esta mierda no. — Soltó cuando se estuvo poniendo sus zapatos para salir, dándose cuenta de que tenían una mancha y rápidamente se los quitó. Lo cierto es que hacía tiempo que su obsesión por el orden y la limpieza no se veía reflejada en su vida, a pesar de su gran orden, todo porque estaba demasiado en sus problemas como para darse cuenta de ello. Mas ahora que la cosa estaba más calmada la cosa volvería a flote.


Ordenó toda la casa de manera concienzuda y le daría las siete y media de la mañana. Luego de todo, salió de casa con su cámara en mano. Esa cámara que llevaba consigo tanto tiempo y de la cual esperaba no despegarse nunca .Lo cierto es que se trataba de un modelo de cámara mágica un tanto anticuada ya pero había tiempo que no se había molestado por querer una. Ella quería seguir captando la esencia que antiguamente se tomaba y que hoy en día, consideraba, se había perdido. Aprovechó que aún la luz no había salido del todo y decidió salir a los alrededores del Valle de Godric, agradeciendo de lo bien situada que estaba su casa. Allí, en medio de un claro en medio de esos bosques preciosos, haría una foto del amanecer que estaba allí. Capturando aquel momento con todo su cariño, amando aquel instante. Consideraba que no había nada más bonito que aquello e iría justo a la colección que más le gustaba tener a mano.

Después de aquel momento simplemente comenzó a caminar por los alrededores, prestando suma atención a todo su alrededor y haciendo fotos a las criaturas de aquellas partes, cuando hacían algo interesante o simplemente cuando mostraban su belleza particular. Captar aquellas cosas en movimiento, a pesar de no ser una experta en la materia, le hacía sentirse como una artista y le llenaba con plenitud.
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Sebastian E. Winterburn el Lun Nov 13, 2017 8:43 pm

Era un fin de semana muy tranquilo, aparentemente. No para alguien que entre su cama se removía inquietamente, los demonios reptando en la cama para hacerlo presa de pesadillas atroces que remontaban a tiempos pasados. Arañaba entre el sueño las sábanas, se envolvía en las mantas, giraba y giraba en su propio eje llegando al borde de la cama hasta que de pronto un sonido venido de la realidad lo despertó, un ladrido sonoro que hizo eco en la habitación, haciéndolo incorporarse angustiado, el corazón latiéndole agitadamente y completamente bañado en sudor. Dager lo había visto sufriendo entre sueños y en la oscuridad de la madrugada optó por despertarlo, habiendo sido sacado de su ensueño, todavía hecho un ovillo al pie de la cama, mirándolo con un gesto preocupado.

El crup reptó perezosamente hasta el regazo de su dueño, cuyas manos heladas encontraron en su pelaje la calma. Sebastian recargó su espalda a la cabecera de la cama, acariciando al animal entre la oscuridad, el reloj marcaba las cuatro de la mañana. A partir de ese momento dormitó algunas veces, mas no volvió a caer en los brazos de Morfeo. Los primeros rayos del sol iban entrando por la ventana cuando se decidió a levantarse cansado y darse un buen baño para quitarse el sudor que tenía su piel pegajosa y su cabello pegado a su rostro. Se preguntó qué hacer, y la respuesta la encontró rápido, mientras desayunaba ligeramente unos pancakes que él mismo cocinó.

¿Quieres salir a caminar, hmn? —le preguntó al crup quien estaba ocupado en su cama para perros mordiendo a su pollito, su peluche favorito. Nada más oír “caminar”, levantó su cabeza y sus orejas, entusiasmado con la idea. Eso hizo sonreír a su dueño. Pronto ya estaba suficientemente abrigado para marcharse con él, ese clima era un calvario para Winterburn.

Su apellido lo decía todo: el frío quema. Su cuerpo poseía una anomalía que lo volvía incapaz de mantener su propio calor, así que una mañana fría precisaba de suficiente abrigo para estar cómodo. Le colocó a Dager su correa en el collar para aparecer conjuntamente en el Valle de Godric, uno de sus lugares favoritos para pasar el tiempo. Tenía su cámara colgada al cuello, una vieja cámara instantánea muggle. La guardaba con mucho cariño, era un regalo de su padre a quien desde diciembre del año pasado no había visto debido a la complejidad del régimen purista en el mundo mágico. Él con suerte había salido con vida cuando se descubrió sorpresivamente de sangre mestiza.

En fin. Llevaba la cámara en la mano, de vez en cuando deteniéndose para tomar una fotografía. Había soltado al crup para que correteara a su antojo. — No te alejes mucho, Dager —lo advirtió al verlo meterse entre la maleza. Él estaba buscando el momento para tomar una fotografía de una ardilla, buscando el enfoque de luz preciso antes de dar el disparo preciso. Así fue como se distrajo un poco, sin notar que el animalito se marchaba de su lado para ir a otro punto de la vegetación felizmente, olfateándolo todo y persiguiendo ardillas.

El crup notó entonces una tercera presencia. Primero gruñó suavemente, mirándola con recelo, acechando como un cazador hasta salir de su escondite a atacar. Resultó ser una joven que tenía una de esas máquinas raras como la de su dueño, mirándola con curiosidad. En su cuello lucía una plaquita con su nombre colgando de su collar de estampado militar, y removía sus dos colitas mientras olisqueaba a aquella humana. No parecía amenazante, a sus ojos de hecho se parecía bastante a su dueño; por cierto, ¿dónde se había metido Sebastian? Miró a sus costados como si quisiera encontrarlo antes de ver a otra ardilla y perseguirla hasta un árbol, donde el peludo animal escapó.
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S. Lyssandra Østberg el Mar Nov 14, 2017 3:18 pm

La caminata por aquellos lugares se hacían bastante amenas, sobretodo si las podías ver a través del objetivo y capturabas aquellos momentos en movimiento. No había nada más bello que aquello, al menos no en aquel momento. Lo cierto es que, pensar en cosas más bellas, recordó ciertos libros y le hubiera gustado que tuvieran imágenes en movimiento, como aquellas fotos. Claro que no había nada mejor que dejar bolar a la propia imaginación. ¿Cierto? Cierto. Lyssandra estaba muy segura de aquello. Aunque de alguna forma le gustaba actuar aquellos momentos para luego, con el tiempo, crear sus propias historias con aquellas fotos. Eso también alimentaba la imaginación, de otra forma quizá pero era realmente toda una aventura que vivir. ¡Nada de lo que uno pudiera arrepentirse! Lo mejor de todo aquello era que le estaba subiendo el ánimo que tenía tan abajo por los recuerdos.

Mientras hacía fotos, pudo escuchar un gruñido muy cerca de si hasta el punto de sorprenderle. No dudó en aprovechar en hacerle una foto y darse cuenta de qué raza de animal era, por su distinguida cola bifida. ¡Un crup!No estaba segura de si se trataba de una mascota de un purista o simplemente era una mascota más. ¿Y por qué estaba segura de que era una mascota? Por la sencilla razón que había un collar que ponía claramente su nombre. Luego vería que se quedaría ahí observándole y que, al poco, marcharía tras unas ardillas. Haciéndole una foto al irse. Lyssandra se quedaría con la dirección hacia la que se marchó para después ir por el camino del que creía que venía el crup, por las huellas que había en el suelo y que claramente llevaba hasta unos arbustos.

Finalmente cruzaría el mismo y buscaría a alguien, no sabía si lo encontraría o no. Así de primeras se fijó un un pequeño ave de la copa de un árbol y se quedaría mirando fijamente al mismo para luego estudiar cómo hacerle una linda foto. Tras eso, una foto haría sin querer perder mucho más el tiempo.

Seguro que a Ragnarok le hubiera gustado venir a cazar pájaros...

Por aquel momento se sintió muy mala dueña pero todo se pasaría al recordar que a Raganarok no le gustaba los tiempo fríos como aquel día. No es que fuera una amante de los animales, ni mucho menos, pero si que era cierto que tener a su mascota junto a sí le hacía sentirse menos sola de lo que podía estar realmente. Era alguien que sabía que no le abandonaría hasta el día de su muerte, el cual estaba algo cerca para el gusto de Lyssandra. Y todo aquello vendría como recuerdos por haber visto aquella mascota. Eso sí... ¿Dónde estaría el dueño? ¡Iba a perder a su mascota si no la seguía! ¿O es que le seguía desde lo lejos? No importaba, ella se adentraría un poco más por los lares, tratando de de seguir un rastro hasta... Que se topó con la espalda de un hombre, rubio. No había visto su rostro, ni si era amigable, pero le acabaría por hablar.

Disculpe, ¿el crup es suyo? Creo que se esta alejando un poco bastante de aquí... Lo digo por si acaso se pierde su mascota...

No estaba segura de quien se trataba, ni si quería saber quien era. Parecía un joven, no mucha más edad que la de sí misma. Su cuerpo era corpulento, aunque eso era fácil si se comparaba con él y su cabello se veía rubio. ¿Lo conocería? No sabía, pero tenía miedo de que realmente se estuviera equivocando y que todo aquello se volviera en su contra.
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Sebastian E. Winterburn el Miér Nov 15, 2017 5:33 am

Estaba profundamente concentrado en tomar fotografías, aquellas que quedaban completamente estáticas luego de ser capturadas. Era lo maravilloso de una fotografía con cámara muggle, sólo había un disparo, una oportunidad de una captura perfecta. Las fotografías mágicas eran más como secuencias animadas, pequeños “gif” que no necesitaban la misma precisión. De cualquier manera, en ello estaba que perdió de vista a Dager, aunque el cachorro nunca solía irse demasiado lejos. Y sí, seguía siendo tan sólo un cachorro para él, aunque ya tuviese más de un año de edad.

Su ensimismamiento no lo había dejado detectar el sonido de unos pasos que se acercaban a él, se sobresaltó al oír aquella voz tan cerca de él cuando no lo había visto venir, y preguntó por el crup que se estaba alejando de su localización. La muchacha le pareció muy familiar, le costó más de un par de segundos darse cuenta de que no era nadie más que Synnove, una chica de Hogwarts. Antes de decir nada, se llevó dos dedos a la boca y silbó fuertemente, a los pocos segundos fue respondido con un ladrido y no mucho tiempo después el crup salía de entre la maleza sacudiéndose algunas ramas y hojas para responder a su llamado.

¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó a la joven, metiendo una de sus fotografías dentro de un bolso donde tenía todas las demás, cuidadosamente colocadas para que no se dañaran. El animal de cola bífida las movía de lado a lado, subiéndosele por la pierna a Sebastian y dejando la marca de sus patas en su pantalón. Dicha posición le acercaba un poco más a su dueño apoyándose en su pierna, de modo que éste pudo acariciarle la cabeza casi sin problemas. — ¿Tomas fotos? —le preguntó, haciendo una ligera indicación con dirección a su cámara, pues él llevaba la suya en el cuello.

No recordaba alguna conversación más allá de la formalidad con ella. Más bien no quería recordar ninguna conversación anterior que hubiesen tenido. Había sido una de las primeras cosas que hizo nada más se graduó del colegio, tirar a la basura todas las vivencias que hubiesen ocurrido en su interior, al menos la gran mayoría. Desecharlas de su memoria. A partir de ahí, no había demasiado destacable, al menos por su parte, no veía nada digno de mención. Sin embargo, era del saber popular lo apático que era el rubio.

Dager había seguido olisqueando un poco los alrededores, generalmente era bastante protector con su dueño, pero en esa ocasión Sebastian parecía calmado con la presencia de la chica, lo que le dio curiosidad. Así que se acercó a ella, olfateando sus zapatos como si fuesen la cosa más interesante del mundo, pese a acabar estornudando porque una hoja se le pegó en la nariz al acercarse tanto al suelo. Parecía una bola de pelos llena de energía, bastante contrario al usualmente perezoso dueño que tenía.

Se preguntó si habría sido mejor salir con la cámara mágica, aunque normalmente no veía a nadie en sus exploraciones. Esa la reservaba para el trabajo, pues se mantenía haciendo sesiones fotográficas en eventos. — No esperaba verte por aquí —confesó, aunque no esperaba ver a nadie, mirando su cámara y regresando, más o menos, a su labor. Hubo un movimiento que lo había devuelto a su sesión fotográfica personal, una mariposa de hermosos colores violetas que tras fotografiar, inmovilizó con su varita en un hechizo en voz baja durante unos segundos para meterla en un frasco. La disecaría cuando regresase a casa.
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S. Lyssandra Østberg el Miér Nov 15, 2017 9:57 am

Más recuerdos no se podían venir en aquel día, no tantos como se estaban llegando en aquel momento cuando observó frente a sí el rostro familiar de un joven niño con sus mismos ojos, su mismo cabello. No podía ignorar aquel rostro que había estado viendo durante casi toda su vida por los pasillos, desde que entró a Hogwarts.¿Qué hacía él en el Valle de Godric? Se lo imaginaba en muchos sitios menos en aquellos terrenos, había sido toda una sorpresa y también lo pareció para él, al menos en su medida cuando escuchó su pregunta. «¿Qué estoy haciendo aquí? Buena pregunta, tengo muchas más para mí misma?» Pensó para sus adentros. Así, por encima,la pregunta principal era : ¿qué hacía con mi vida? y ahí estaba. Frente a él, sosteniendo la cámara con sus manos sin estar segura de que decirle a su antiguo compañero.

Si, me apasiona tomar fotos. Por lo que veo... Tú también saliste a lo mismo.

Claro que tenía por seguro que aquella cámara no era mágica, su tía se había encargado bien de enseñarle las diferencias entre ambos y, cómo no, como buena ravenclawn se había encargado de estudiar muchas cámaras distintas para elegir bien cuál quería. Aunque aquello realmente quedaría en un segundo plano cuando ciertos recuerdos de la niñez en hogwarts salieron a la luz. Unos recuerdos que no estaba segura de si los quería volver a tener en su cabeza por mucho tiempo. ¿Y de que trataban? Como era lógico, se trataban todos ellos de Sebastian y Lyssandra cuando eran no más que dos canijos frente a unos abusones en común. No era nada agradable, cierto era aquello. Mas ellan o elegía siempre que recordar, como era aquel caso. Aquello hacía que la mirada de Lyssandra se volviera ligeramente más suave a la hora de mirar el contrario.

No es que quisiera quitar sus defensas frente a él por el simple hecho de haber sufrido un pasado en común.No quería caer en ese acto débil, seguía sintiendo la necesidad de ocultarse tras su capa, aunque fuera un poco,para no recibir daño alguno. Ni si quiera de sus seres queridos en muchas ocasiones, y no lo veía como algo malo realmente. Simplemente era un método de protección donde elegía salvarse a sí misma antes que a los demás. Luego de aquello, se acercaría el crup a los pies de la rubia y esta respondería con una ligera sonrisa. Ciertamente algo enternecida por ese estornudo tan tierno que había dado por culpa de una hoja. Claro que su preocupación realmente estaba en que no le fuera a mear en la pierna, eso si que no hacía gracia.

Tras las palabras del contrario, alzaría la mirada a él nuevamente. Tranquila, quizá algo nostálgica por ciertos caminos que hubiera preferido haber vivido en aquella época pasada.

Yo tampoco esperaba verte, creí que te habías perdido en tus cosas.

Aquella era la pura realidad, no creía que se volvería a ver con él como en aquel momento. Pensaba que una vez se hubiera ido del colegio mágico no volvería a encontrarse con aquel chico. Claro que, después de tanto tiempo y tanto vivido con él, lo suficiente, no estaba segura si la confianza que le debía dar a él debería ser diferente de la que tenía planteada en un principio. Mas al final optaría por ver como iban avanzando las cosas y cómo había tratado la vida al chico hasta aquel momento en el que se encontraban. Ya que el tiempo hacía cambiar a las personas, incluso a personas como a ellos. Sobretodo en tiempos como los que corrían hoy en día. Aun así, podía ver aún el reflejo, aunque fuera, del Sebastian que había conocido hacía tiempo.

Cuando vio detener a la mariposa, no se sorprendió en absoluto. Se podía imaginar qué es lo que iba a hacer con ella y no tenía nada en contra. Lo cierto es que no era una joven muy defensora de los animales, aunque les pareciera bonitos muchos de ellos y prefiriese cuidarlos. El estudio de los mismos implicaban métodos poco agradables para una mayoría de públicos.

¿Sueles salir mucho por estos terrenos? Lo cierto es que hay criaturas muy interesantes a las que hacerles fotos... — Señalaría hacia la la derecha de él, el interior del bosque que rodeaba el Valle.—Por allí hay unas aves invernales que estarán punto de salir en la época del año que se aproxima. Son algo difíciles de ver salir pero su plumaje es realmente curioso.. ¿Los has visto?

No sabía qué tema de conversación sacarle después de tanto tiempo. Así que consideró que no estaba mal hablar de algo en común como la fotografía y los posibles objetivos que pudieran tener. Se acercó un poco a Sebastian con la finalidad de no tener que estar hablando a gritos y hablar lo más bajito posible, por seguridad y por intimidad.No por nada fuera de lo normal, simplemente no le gustaba que sus conversaciones se enterase todo el mundo.Y una vez cerca de él, se agacharía levantando un poco la mano con la palma hacia arriba, ofreciéndole que olisquease el crup con la intención de después acariciarlo con suavidad y cierto cariño natural que le daban las mascotas.

Hacía mucho que no veía uno, se le nota que tiene energías para todo lo que quiera.
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Sebastian E. Winterburn el Vie Nov 17, 2017 8:36 am

De todas las personas y cosas que habría esperado ver ese día, Synnove no era una de ellas. Si tenía que ser honesto, ese encuentro lo jodía un poco, aunque quisiese bloquear de su memoria cada recuerdo que pasó con ella, no podía. Verla al rostro significaba regresar a un pasado desagradable, del que vino huyendo de las pesadillas de su cama. Como el gran conversador que era, no supo hacer nada más que preguntar lo evidente, si le gustaban las fotografías. Claro, ¿por qué sino traería aquella cámara en las manos que evidentemente estaba usando? Ya, de gustarle a saber usarla bien había un trecho enorme, pero por algo se empezaba después de todo.

Supongo que es evidente —reconoció con ese voz de ligera prepotencia del que se había armado desde hace años. Ya ni siquiera tenía que forzarse a usarlo, le salía tan natural como respirar. Había resultado ser casi terapéutico, una forma de esconder lo que realmente sentía bajo una faceta de hombre inquebrantable. Pero esa chica le recordaba muchas cosas, bastantes desagradables. Le hacía recordar cómo se sentía la impotencia y la fragilidad, dos cosas que desde hace tiempo no había tenido que enfrentar.

Dager había encontrado cierto interés por la Ravenclaw, así que se había acercado a ella para olisquearla un poco, pero su volátil atención pronto se distrajo de la rubia. Reconoció no haber esperado verla en ningún momento, y ella le dijo que tampoco lo esperaba, que, en cambio, creía que se había perdido en “sus cosas”. Los ojos de Sebastian se clavaron en ella unos segundos, tratando de descifrar qué significaban sus palabras, pero no encontró malas intenciones en ellas. Todavía estaba algo susceptible al tema de su sangre, había conocido quienes tan pronto verle le preguntaban si estaba huyendo de la ley. Nadie, ni el propio Sebastian, habría llegado a creer nunca que su familia no compartía sangre con él. Que lo “sangre sucia” lo tenía sólo de nombre.

Lo hice. Estas son mis cosas —le mostró en un breve ademán la cámara que colgaba en su cuello. En realidad, vivía su vida lejos de la gente del colegio, estudiaba una carrera que lo apasionaba, tenía una mascota que quería, hacía las cosas que le gustaban. Sí, su vida fuera de Hogwarts no era tan mala. Otra de sus aspiraciones, cuando se graduase, era largarse a seguir estudiando en otro sitio lejos de Londres, donde las oportunidades de ver a alguien conocido fueran mínimas. Pero eso ya sería cuando se graduase de su actual carrera. — ¿Tú no te perdiste en tus cosas? —devolvió la pregunta.

Le parecía que era lo lógico que las personas hacían cuando salían de ese encierro. Hacer sus vidas y, de ser posible, no volver a ver las caras que le hicieron daño en el pasado. Regresó a su distracción de tomar fotografías. Tenía algunas mariposas en el mismo frasco donde metió a aquella nueva, teniendo que meterla con cuidado para que las demás no saliesen volando; tenían pequeños huecos para respirar hasta que volviese a su departamento y finalmente no les fuese necesario el oxígeno. Synnove no le dijo nada al respecto, pero sí que acabó rompiendo el silencio, causando que la mirase de reojo.

La verdad, no tendía a hablar de sus gustos con nadie. Prefería asumir que todos eran unos lerdos al respecto y, como hacen todos los ignorantes, no le darían el valor que se merece. Ella en cambio parecía saber de lo que hablaba. — Vengo con frecuencia, vi a algunas de esas aves el año pasado —le hizo saber. Era un lugar maravilloso sin mucha gente y en paz. — Normalmente vengo por las mañanas, ¿tú paseas mucho por aquí? —no la había visto nunca, aunque ahora su mirada estaba ahí, en el área del bosque que ella había señalado, con quizá demasiado interés. No le gustaba adentrarse mucho pues no sabía qué podía encontrarse, pero era una atracción como un imán.

Estando más cerca, evidentemente su tono de voz había disminuido significativamente. Eso ayudaba a que no se interrumpiera la calma del sitio. Dager tendía a ser un tanto agresivo con las personas desconocidas, pero al ver la mano de la chica simplemente se acercó a olisquearla y se dejó acariciar sin problema, sentándose en el suelo y removiendo las hojas a sus espaldas con sus colas al moverse de lado a lado. Le solía generar curiosidad cuando el crup hacía eso. Era como si le estuviese sugiriendo a una persona.

Espero que las energías se le acaben al terminar la mañana —comentó, ajustando el enfoque de su cámara. — Cuando no las libera aquí, acaba haciendo destrozos por todos lados, supongo que si no fuera por… —su voz había empezado a disminuir su tono cuando se dio cuenta que estaba hablando demasiado. Y siguió con lo suyo como si no hubiese dejado a medio decir una oración. — ¿No tienes mascotas? —no un crup, al menos, por lo que había dicho de no ver uno hace tiempo.

Llamó con un pequeño sonido a Dager para que supiese que iba a seguir avanzando y no se quedase atrás. Y entonces miró a la rubia, sin saber qué hacer, pero a ella le hizo un leve gesto con la cabeza en la dirección que iba a tomar, por si quería andar con él. Al menos no había sido ruidosa ni inoportuna, así que quizá su compañía no era tan mala idea.
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S. Lyssandra Østberg el Vie Nov 17, 2017 9:35 am

Por un momento creyó que el encuentro iba a ser más violento de lo que era, si es que lo era algo. Simplemente trajo recuerdos que hacían que su capa de protección se viera reducida, por la sencilla razón de que habían sufrido juntos, él también debía recordarlo. ¿No era así? Por ello no creía que fuera a ser una persona que le fuera a hacer tanto daño como otras que anteriormente se habían saltado esa capa que le gustaba tener por protección. No estaba segura de si estaba lista para enfrentarse a toda una conversación con Sebastian, pero ahí estaban al fin y al cabo. Haciendo frente a un pasado que se hacía tan vivo que por unos segundos le había robado el aliento. De todos modos, era costumbre de Lyssandra el ocultar aquello que en su interior pasaba con total facilidad para que no fuera utilizado en su contra.

Ni si quiera le quiso tomar cuenta cuando dio esa contestación tan distante de vuelta, tal ... ¿Altivo? No estaba segura de que el Sebastian que conoció se fuera a convertir alguien así, por mucho que las personas cambiasen. Igualmente aquello que hacía parecía ser esas cosas en las que se vio envuelta. ¿La fotografía? Lo apuntaría en su cabeza,desde luego aquello mostraba que no todos nos podíamos deshacer de todas las cosas que nos ligaban al pasado, puesto que conocía que su afán por la fotografía no era algo reciente, y lo cierto es que nunca había visto sus trabajos directamente. Ni si quiera aquella vez que trabajó para sus padres, aunque aquel día si que prefería no recordarlo porque implicaba recordar su sangre Sorensen. Eso sí, cuando se dio cuenta, la pregunta vino de vuelta.

No me perdí en mis cosas, digamos que tuve ciertos problemas familiares. — Se encogió de hombros, restándole importancia a aquella parte del pasado. — Pero ahora es momento de vivir mis cosas como yo quiera, así que posiblemente me pierda en ellas pronto.

Si, Lyssandra era una persona dada a explicarse bien cuando le hacían preguntas de ese tipo, claro que también iba relacionado hacia quién iba la respuesta. No es que tuviera tanta confianza con Sebastian para explicarle las cosas pero sabía que alguna idea se podía hacer sobre qué tipos de problemas estaría refiriéndose, si se acordaba la fiesta aquella en la que sus padres le trataban como una sirvienta. Cuando ella tenía una sangre más limpia de la que tenía su madre. ¿Hasta qué punto había llegado la hipocresía en aquella familia? A un punto en el que Synnove era el objetivo de todas las frustraciones de los Sorensen. Mas ahora no era Synnove, ahora era Lyssandra y era otra mujer distinta. Si hacía algo con su vida era porque ella así lo quería, no porque sus padres le incitaran a ello.

Le agradó mucho que supiera sobre las aves de las cuales le estaba hablando, sobretodo le agradó bastante que incluso las hubiera visto, porque eran difíciles de encontrar y requería un trabajo importante para ello, seguir unos pasos que no todo el mundo era capaz de seguirlos. Muchas personas se perdía en el primer paso: no hacer ruido. Sólo demostraba que el Sebastian que conoció en un pasado se había convertido en todo un hombre de provecho.

Yo es que vivo cerca de aquí, así que suelo pasar mucho por estas zonas pero a horas más tempranas, cuando hay menos ruido aún y casi todo está dormido.

Contestaría a la pregunta contraria para luego comenzar a acariciar a aquel crup de manera tranquila, sin prestar mucha atención a lo que hacía el contrario por esos momentos, pero escuchándole con suma atención. Sus palabras llegaron aun punto que su frase se vio cortada y cambiaría de tema. ¿Quizá por la cualidad especial que tenía el crup contra los muggles? Por parte de Lyssandra no tendría problema con ello, realmente no le estaba dando mucha importancia a aquello por el momento. Su dolor por la tortura se había calmado y volvía a esa postura neutral, o al menos lo más neutral que podía. Si no quería hablar más sobre sí mismo, tampoco le culparía porque entendía totalmente el cómo se sentía en aquellos casos.

Tengo un gato, se llama Ragnarok.

Se notaba su gran influencia nórdica, al fin y al cabo venía de aquellos lares. Después de su respuesta el perro haría caso a las órdenes de su dueño y observaría a Sebastian a los ojos, captando el gesto que había hecho con la cabeza que le hizo incorporarse y seguir los pasos del mayor, sin preocuparse hacia donde fueran realmente. Si vivía con miedo entonces aquello de ser Lyssandra no tendría ningún sentido. Además, ni le molestaba estar callada, el silencio con él no se hacía algo incómodo porque sabía que tampoco era necesario de decir mucho para saber qué era lo apropiado. Al menos ella necesitaba un momento en silencio con él para ir aceptando aquella situación tan inesperada.

Supongo que estarás en la universidad, ¿qué estás estudiando?

Preguntó al rato que estuvieron caminando, justo junto a él para hablar a un tono bajo y que sólo fuera audible para el mismo. Se demostraba así su parte curiosa de ravenclawn, pero sin tampoco preguntar por algo tan personal porque no iba a ser apropiado, y tampoco tenía mucho interés de saberlo por estas alturas de la conversación. Conocía que había límites que no había que superar sin más, ahora la cosa era ponerse al día de cómo le iban las cosas a su ex-compañero. Igual sabía que, detrás de ese rostro serio que parecía tener todo el rato (al igual que ella), estaba en el fondo al Sebastian que un día conoció. O al menos eso quería creer.
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Sebastian E. Winterburn Ayer a las 8:57 am

La última vez que había visto a Synnove era en aquella reunión a la que sus padres lo contrataron para fotografiar el evento. Uno que había sido tremendamente extraño, a pesar de que no hizo nada para interponerse. No era asunto suyo, fue lo que quiso hacerse creer, y necesitaba que el trabajo estuviese bien hecho para recibir la paga completa. Uno dejaba de tener ciertas libertades cuando tocaba trabajar para mantenerse, incluso si el trabajo no era otra cosa que una de sus mayores pasiones. Suponía que la rubia podría comprenderlo y no lo juzgaría por no haber metido las manos al fuego sacrificando su bienestar por el de otra persona.

Si no es ahora, ¿entonces cuándo? —miró la cámara en sus manos. Le había faltado tiempo para “perderse en sus cosas” cuando se graduó de Hogwarts y, en su opinión, aquella chica ya había esperado demasiado. Pero a fin de cuentas no era quién para juzgar, vivían por completo en mundos y familias distintos, bastaba haber estado en esa reunión para poder comprobarlo.

Era bastante inusual para él poder hablar sobre el paisaje y la fauna dentro de aquellos bosques, algo que se reservaba normalmente a sí mismo y no compartía con muchas personas. Prefería no hablar de lo que le gustaba para no darle a la gente la oportunidad de menospreciarlo como tendían a hacer con todo lo que no les fascinaba. Era un método de ahorro de enfados innecesarios. Era algo divertido, si se lo preguntaban a él. A veces se le complicaba por el inquieto cachorro de crup, pero en general no solía llevarle más de unas horas que las aves se confiasen lo suficiente como para dejarse ver y ser fotografiadas.

Tampoco es que haya mucha gente normalmente —el comentario había salido un poco más hostil de lo que realmente pretendió. No podía controlar el tono de su voz cuando no estaba expresamente prestándose atención a sí mismo para ello. Para lo que sí que prestó atención fue cuando empezó a hablar de cosas personales. Iba a comentar alguna cosa referente a Dager y las cosas que a veces mordía cuando se aburría y tenía mucha energía, pero no lo vio necesario. Tenía los problemas típicos de comportamiento contra muggles, pero normalmente no lo llevaba a esas zonas ni él tampoco las frecuentaba mucho, así que era un problema más bien poco importante.

Simplemente asintió con la cabeza con el dato de su gato, ¿no era así como se llamaba un juego de rol online? De ahí le sonaba el nombre, poco más. En fin, llamó la atención del animal para que lo siguiese y, recordando que no estaba solo, también lo hizo igual con la chica con la que… ¿entablaba una conversación? Más bien era como ponerse al día de los sucesos más relevantes de la vida del otro. Era el nombre más apropiado. De cualquier modo, caminaron un rato en silencio, sin que eso pareciese perjudicar a ninguno de los dos. Los silencios no siempre eran incómodos, era más molesto cuando alguien quería llegar un silencio con palabras vacías que el silencio en sí mismo.

Runología —respondió a la brevedad cuando ella asumió correctamente que estudiaba en la universidad. — ¿Qué hay de ti? ¿Entraste? —vivía bastante lejos, así que dudarlo no era algo del otro mundo. Lo normal sería que viviese en los alrededores de la universidad, pero, siendo magos, no importaba mucho. Uno siempre podía aparecerse ahí cuando se le diera la gana. Era diferente en el colegio muggle, uno tenía que vivir cerca o tendría que madrugar bastante para llegar a tiempo, podía recordarlo todavía de forma bastante vaga.

El camino seguía avanzando de la misma manera que antes: en silencio y, extrañamente, parecía tranquilo. Dager se perdía entre la vegetación como si no le importase nada, y lo cierto es que no debía hacerlo demasiado, simplemente metido en su propio mundo. Sebastian se detuvo de pronto, sin decir ni una palabra, y alzó su mano con dirección a Synnove para hacer que ella también se detuviera. Las hojas rompiéndose bajo pasos que no eran los de ellos habían llamado la atención del rubio, se escondió detrás de un árbol sin hablar y entonces apareció frente a sus ojos una cierva hembra con su cervatillo. Alzó su cámara a la altura de su ojo, poniendo atención en la luz y el enfoque para hacer una buena fotografía.

Miró a la rubia para ver si tenía las mismas intenciones que él; si las tenía no iba a moverse hasta que hubiese terminado. Él miró la fotografía instantánea que había salido de su cámara, bastante buena en realidad. — ¿Te acomodó bien la luz, Synnove? —le preguntó, pues pensaba que el único sitio donde hubiese habido buena iluminación era del sitio donde él la había tomado, aunque podría equivocarse. Más bien lo pensaba porque no imaginaba otra foto distinta a la que tenía en su mano, no por otro motivo, mera curiosidad. — ¿Cuánto tiempo llevas con la fotografía? —inquirió, como una repentina duda.
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