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FB: Everything will be alright [Priv./Laith Gauthier]

Steven D. Bennington el Miér Nov 15, 2017 6:52 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Nada más leer el mensaje de Laith había dado al botón de llamar. ¿Cómo es que había acabado dando clases en Hogwarts? ¿Y a qué se refería con que había conocido a alguien que se parecía a él pero “más peque y mona”? ¿Y eso de quitarle puntos indiscriminadamente? Sin pensarlo ni un segundo había llamado al chico para pedirle explicaciones al respecto.

- ¿Cómo que ya me contarás? ¡Laith!  - Casi suplicó el castaño ante las negativas del Sanador para darle una explicación pertinente. –Me da igual que sean las doce de la noche, voy ahora mismo a tu casa y me cuentas. – Parecían las dos típicas amigas adolescentes pegadas al teléfono a todas horas contándose sus aventuras amorosas. Aunque, como Laith esperase a que Steven le contase sus idas y venidas en el amor, bien podía ponerse cómodo si no quería acabar con un buen dolor en la espalda de pasar tanto tiempo de pie. – Vale, pues mañana. Mañana por la mañana te llevo churros para desayunar y…

- Steve, ¿Con quién hablas, cariño?

Steve tapó el altavoz del teléfono y miró en dirección a la mujer que acababa de llamar su atención.

- Dame un momento Agnes, ahora te ayudo. – Volvió la voz al teléfono, mientras Agnes seguía su carrera (a paso lento pero constante) hasta Steven, quien estaba en el comedor mirando por la ventana mientras hablaba por teléfono. – Joder, Laith.

- ¡Steve, esa boca!

- Perdona, Agnes. – Rara vez aquel tipo de palabras salían de su boca pero… ¡Laith estaba acabando con su paciencia! Y con la batería de su teléfono, ya que Steven tenía esa mala costumbre de olvidarse conectar al teléfono cuando quería dejarlo cargando. Sí, enchufaba el cargador al teléfono pero por algún juego del destino lo que olvidaba era conectar el cargador a un enchufe.  – Luego te mando un mensaje con lugar y hora. Pero de mañana no pasa.

Agnes, que ya se había acercado suficiente a Steven, no paraba de hacer gestos que el castaño no entendía bien. Frunció el ceño mirando a la anciana hasta que comprendió a que se refería. Sonrió, negando con la cabeza y volvió a hablar.

- Agnes te manda recuerdos.

- ¡Y un tupper con cocretas! – Arrancó el teléfono de la mano de Steven como si le fuese la vida en ello.

Cuando Steven quiso mirar el teléfono, Agnes había colgado sin darse cuenta tocando todos los botones de aquel aparato.

- ¿Laith? – Pero no había respuesta al otro lado. – Vale, se ha cortado.

* * *

¿Nervioso? Aquello era decir poco. Por primera vez en mucho tiempo iba a tener algún tipo de información sobre cómo estaba su hija Alexandra en Hogwarts. Tenía cientos de dudas que lanzarle a Laith en cuanto este hiciese acto de presencia pero el primer comentario que salió de sus labios en cuanto lo vio aparecer poco tuvo que ver con su hija.

- ¿Qué te ha pasado en la cabeza? – Preguntó al ver el cambio de color de pelo del chico. Ya no era casi blanco, sino más bien casi negro. Por no decir que lo era totalmente.

Tocó su pelo como si fuese algún tipo de peluca, incluso dio un corto tirón para comprobar que formaba parte de su cabeza y no estaban en un Halloween adelantado.

- Estás raro. – Dijo sin más, encogiéndose de hombros y comenzando a andar hasta el local del que le había hablado en sus últimos mensajes la noche anterior.

Se trataba de un pub irlandés situado cerca de la vivienda de Agnes. Un lugar que frecuentaba cuando vivía con aquella anciana y al que le había cogido cierto aprecio y por eso lo visitaba de vez en cuando. El castaño dejó que Laith pasase en primer lugar y cerró la puerta tras ellos. El olor a cerveza era evidente pero también lo era el olor a pizza, y es que si Steven iba a aquel lugar era precisamente porque servían aquel manjar de manera gratuita cuando iba ganando Irlanda en cualquier evento deportivo.

- Una pinta de Budweiser. – Señaló al camarero tras mirar levemente la carta, donde había gran cantidad de variedad de cervezas. Se giró a mirar a Laith cuando este hubo pedido y se dirigió a uno de los asientos que había no muy lejos de la barra, en una mesa baja con sillones. – Ahora empieza a hablar, ¿Qué se supone que hacías en Hogwarts? ¿Cómo está Alex? ¿Estaba bien? ¿Tenía pinta de que la estuviesen haciendo daño por ser hija de un sangre sucia? – Tenía mil preguntas y como Laith no le frenase o empezase a dar respuestas las iba a soltar todas de golpe.
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Steven D. Bennington el Jue Ene 11, 2018 10:25 am

Había pocas situaciones que acabaran con la paciencia de Steven pero aquella era una de estas. No precisamente por estar al otro lado de la puerta donde una mujer loca y con ganas de matar usando el trozo de un espejo. No precisamente por haber sido engañado por dos personas que sólo buscaban darles caza e incluso matar a Laith si era preciso. Sino por no saber lo que estaba sucediendo porque no podía oírlo. Era uno de sus mayores miedos hechos realidad, y es que para alguien que había sabido lo que era oír y la vida se lo había quitado, no había mayor frustración que la de saber que pasaba algo y no poder saber qué era porque su oído no se lo permitía. Le enfadaba y frustraba al mismo tiempo. Le ponía nervioso y le asustaba. Pensar en que, a causa de aquel defecto que había adquirido podía ponerse en peligro o poner a otra persona en peligro, era aterrador. Ya no sólo el hecho de pensar todo lo que se podría perder y se estaría perdiendo a causa de ello, sino que en aquellos momentos lo que ponía en peligro era la diferencia entre la vida y la muerte.

- Llámame loco, pero ese palo de madera que tienes en la mano quizá te sirva para hacer magia. Lo sé, lo sé, suena como una auténtica locura pero me apuesto tu cabeza a que si encuentras el hechizo adecuado incluso podrás despertarlas. – Dijo Steven en tono irónico con una sonrisa tan infantil como inocente surcando sus labios. – Tengo un imán para los problemas. O, bueno, creo que me colocaron un imán para ellos la noche que quemaron Hogsmeade, mataron a la mitad de la gente que vivía ahí que no se sometía a los Mortífagos y luego comenzaron a darnos caza por no apoyar un régimen donde los exterminan como si fuésemos mosquitos. Creo que fue esa noche, pero tampoco estoy muy seguro. – Si lo estaba. Era como si desde aquel momento alguien hubiese dibujado una diana en su espalda para convertirle en una presa en un coto de caza.

Arreglar aquel estropicio con ayuda de la varita le llevó menos tiempo de lo que les habría llevado hacerlo de tener que hacerlo con las manos. Una ventaja más de ser un mago. Entre esa y la ventaja principal de ser tratado como una diana en un bar con borrachos tirando dardos, no sabía cual de las dos era mejor.

- Tampoco creo que supiésemos donde buscar. Ni que tú lo supieses. Debe ser duro perder a alguien y no saber qué ha sido de él. La incertidumbre puede acabar con cualquiera. Pero es cierto que deben de llevar algún registro de dónde están los presos o si les han matado o qué ha pasado con ellos. Pero no creo que esté al alcance de cualquiera, deben ser archivos clasificados a los que tienen acceso un par de personas. Incluso es posible que la información esté fragmentada para que, de conseguir hacerte con ella, tengas que seguir buscando para encontrar el resto que te permita entenderlo. – Dijo Steven ni siquiera seguro de aquello mientras salían en busca de algún lugar donde tomar aquella bebida.

Pasearon un par de manzanas hasta dar con un lugar abierto donde parecía haber luz. Una cafetería que más bien parecía estar a punto de comenzar a caerse a cachos pero que, por suerte, seguía abierta a pesar de las horas. Apenas había un alma en aquel lugar. Dos ancianas que conversaban en una esquina mientras pintaban sobre un periódico viejo, un indigente con todos sus bártulos alrededor de la mesa y un joven con un portátil sobre las rodillas que movía las piernas al ritmo de la música que sonaba en sus auriculares.

- Creo que tus amigos eran tontos o yo demasiado simple. – Admitió mientras hacia una señal a la camarera para que se acercase a donde se encontraban. – Francés con triple seco para él. Y yo quiero un chocolate caliente. – La mujer tomó nota y se marchó por donde había venido. – Tenía un compañero, también nacido de gente no mágica, que pensaba que cuando un mago moría se convertía en fantasma y volvía al lugar que más le había marcado a lo largo de su vida. Había dos gemelas sangre limpia que siempre se inventaban historias para engañarnos y le hicieron creer durante un tiempo que sólo te convertías en fantasma si alguien te maldecía previamente, incluso le dijeron que su familia sabía cómo hacer esa maldición y que lo harían con él si era necesario. Imagina el tiempo que le tuvieron chantajeado hasta que se dio cuenta que aquello no tenía sentido. Creo que fueron… ¿Cinco años? Sí, juraría que sí. Aunque luego se acabó casando con una de las gemelas, no sé si seguirán juntos pero lo último que supe es que también habían tenido gemelos. – La mujer volvió dejando sus bebidas y esperó hasta que pagasen, como si no se fiase que se fuesen a quedar ahí. – Creo que lo que menos me llamó la atención de Hogwarts eran los fantasmas. Vale, sí, nunca había visto uno. Pero estaban tan pintados en el cine y se les veía tan pacíficos que nunca les di importancia. Salvo al maldito poltergeist, espero que lo hayan echado ya del castillo. ¿En tu escuela también había fantasmas?
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Laith Gauthier el Dom Ene 14, 2018 2:46 am

El gesto que hizo con sus ojos y su sonrisa decían lo aburrido que encontraba sólo despertarlas con magia. ¿Y no era eso arriesgado? ¡Mejor un balde con agua! Vale, no. Pero la magia podría despertarlas demasiado pronto para su escapada, así que decidió usar un siempre útil teléfono para usar una alarma, ya despertarían eventualmente. Mientras tanto ellos iban conversando sobre el por qué Steven daba tantos problemas, y se dio cuenta que, realmente, desde ese día debió haber sido muy duro hasta vivir para su amigo. Y de eso, para bien o para mal, no podía culparlo.

Steven comprendía a dónde quería llegar y eso, de cierto modo, lo ayudaba a sentir que por él no había quedado ese intento de ayuda. Que luego se deformó bastante en una aventurilla de la que pudieron haber salido muy mal parados, con la loca de los cristales. Ya era bastante tarde, pero todavía tenían un par de sitios a los que ir, como esa cafetería destartalada de la que esperaba conseguir su café con licor. Se sentaron mientras hablaban sobre fantasmas, porque el mejor tema para cambiar uno oscuro y hostil eran fantasmas, ¿por qué? Ninguno de los dos lo sabía.

Voto porque eras simple —era sólo por molestar, como era de esperarse, dejando que pidiera para ambos. — ¿Cinco años? Y el colegio dura, ¿cuánto? ¿Seis? ¿Cómo no se me ocurrió a mí? —preguntó, incrédulo de que eso fuera cierto. Tantos años engañado y con miedo, siendo chantajeado por no querer ser fantasma. Seguramente, aunque se le hubiera ocurrido, no hubiese sido él quien haría ese chantaje. — Y luego se casa con una de ellas… menuda historia de amor, mejor que Crepúsculo —bromeó con esa película de pseudovampiros-hadas-lo que fueran. — Sí, también…

Miró a la mujer que dejó sus bebidas, quedándose como una guardia junto a la mesa. Laith la miró sin entender unos segundos, hasta que se dio cuenta de qué era lo que quería. Con un gesto con la ceja dejó el dinero de ambas bebidas en la mesa para que ella lo tomara y pudieran retomar la conversación con Steven. Sonrió, encantado, como si no hubiese interrupción alguna cuando la mujer se hubo ido, tomando la bebida y dándole un sorbo pequeño. Menuda noche más agitada habían acabado teniendo, ya era hora de relajarse un rato.

Y cuéntame sobre tu plan, ¿ya vas dominando la cara de esa persona? Puedes inventarte que un accidente te obligó a hacerte una cirugía estética y quedaste irreparablemente feo, yo me lo creería —le dio una idea, aunque creía que lo fundamental no era hacer una copia exacta sino evitar parecerse a sí mismo en la mayor medida posible. — La verdad es que hay que estar muy mal de la cabeza o muy desesperado. Creo que tú eres las dos cosas —hizo un pequeño ademán con su mano, restándole importancia. Pero desde hace tiempo ya no lo juzgaba, tampoco es que su voz tuviese peso cuando él le dio las herramientas que necesitaba. — ¿Y Agnes?

Ya se iba haciendo tarde y, aunque la compañía de Steven le gustaba, también pensaba que tendría que marcharse pronto. El trabajo lo exigía, después de todo, así que sólo iba a beberse ese café antes de irse, más para calmar los nervios de casi haber sido expuesto por ambas mujeres que por querer seguir bebiendo. Le gustaba pensar que controlaba perfectamente la bebida y que sabía cuándo detenerse, lo que en una buena parte de las ocasiones acababa siendo cierto. Al menos desde un tiempo hacia acá. La conversación le resultó amena, aunque el reloj de su diestra le dijo que se acabó el tiempo de juegos.

Será mejor que me vaya yendo… Quiero decir, soy un hombre activo en la sociedad que trabaja —le guiñó un ojo con aire divertido, aunque al menos se acordaba que Steven tenía su trabajo de repartidor de pizzas, sin saber si aún lo tenía o si ya lo había dejado por sus planes de ir a suicidarse al colegio. Dio el último sorbo a su café terminándolo de una sentada. — Escríbeme si necesitas algo, o llámame o lo que sea —se levantó de la mesa dándole un golpecito en el hombro, sin saber si también se marcharía o se quedaría otro poco.
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Steven D. Bennington el Dom Ene 14, 2018 11:57 am

Era de imaginar que Steven se juntaba con otros alumnos que, como él, eran bastante inocentes. Steven se creía cualquier cosa pero tenía un límite. En cambio, aquel chico a su corta edad no era capaz de ver donde estaba el límite entre la verdad y una historieta inventada solo para poder chantajearle durante más de la mitad de su estancia en Hogwarts.

- Siete. – Corrigió el chico. – Creo que tú no tienes lo que hay que tener para chantajear a alguien. A no ser que ese chantaje consista en tú consiguiendo alpiste para pájaros. – Dijo haciendo referencia más a su forma animaga que a su afán por engullir todo lo que quedaba al alcance de su mano y podía meterse en la boca. Y es que a veces no sólo se planteaba que Laith tuviese un agujero negro en el lugar donde debía estar su estómago, sino que también era mitad pato. ¿Los colibrís tenían una relación directa con los patos? Además de ser aves, algo así como primos cercanos. Quizá por eso Laith engullía como los patos y a Steven le recordaba tanto a un pavo real. Que los pavos también tienen plumas y encima de llamativos colores. ¿Por qué Laith no sería un pavo? Era una forma animaga mucho más acertada. – Treinta años para no haber visto Crepúsculo. Es el vampiro ese que brilla y se enamora de una humana, ¿No? La que no tiene expresión en el rostro. – Eso era lo máximo que Steven sabía de aquella saga de películas. Es más, no sabía ni que estaban basados en libros porque le interesaba tan poco como el limpiasuelos que usaban en aquel lugar. – Qué típico.

Había estado practicando pero aún era pronto como para decir que había conseguido ser idéntico a Adam Widmore. Mantenía ciertos rasgos parecidos y, en esencia, era él, pero también era cierto que no todos los detalles encajaban y que aún había muchos que evocaban al recuerdo del verdadero Steven, lo cual podía ser un problema si se tomaba en aquel castillo con alguien que le reconociese. Y su hija era alguien que lo reconocería enseguida, más sabiendo las habilidades que su padre tenía para cambiar de rostro.

- Al menos consigo no parecerme demasiado a mí pero… Es complicado. La metamorfomagia no es tarea sencilla y mucho menos cuando tienes que cambiar tu rostro para imitar el de otro. Cada uno de sus rasgos, no es como imitar el color de ojos o incluso la forma de las orejas. Debes cambiar todo imitando a otra persona y hasta el más mínimo error salta a la vista haciendo que no tengas nada que ver con esa persona. Pero voy mejor, creo que en pocas semanas lo tendré dominado. – Estaba poniendo todo su interés en terminar aquello lo antes posible para poder entrar a Hogwarts. Lo que no sabía todavía era cómo hacerlo. Pero de eso ya se preocuparía el Steven del futuro. – Agnes no sabe nada de la magia, mucho menos de mi idea suicida. – O eso creía Steven, ya que Agnes era más lista de lo que parecía y plenamente consciente de lo que a su alrededor estaba sucediendo. – Siempre que voy a verla pregunta por ti, así que ahora que desapareceré un tiempo deberías ir a hacerle alguna visita.

Al igual que Laith, Steven también se levantó de allí tras terminarse su bebida para ir rumbo al refugio. A diferencia de Laith no tenía nada que hacer socialmente hablando al día siguiente, como eso de tener un empleo. Pero sí que debía seguir practicando si quería que el tema de la metamorfomagia quedase arreglado lo antes posible.
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