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Kiss it Goodbye [Drake]

Fiona T. Shadows el Jue 24 Abr 2014 - 20:47


I've tried so hard to be what you needed. Your imaginary enemy. I've tried for so long to make you believe it.That I am not the enemy.
Drake Ulrich · Pub, centro de Londres · 18.50 horas.
Thanks Winter!




Agotada. No había otra palabra para describirme en aquel momento. ¡Malditos aviones muggles! Pero claro, había decidido optar por volar… ¿Cómo había sido tan estúpida? Trabajando para el Ministerio de Magia y teniendo la magnífica idea de que viajar en avión sería un plan interesante… ¡Já! ¿A quién pretendía engañar? Venir andando desde Noruega habría sido menos cansado. Aunque la mitad del viaje lo hubiera tenido que hacer nadando… Un tanto húmedo, cuanto menos.

Dejé caer las maletas en el suelo del hotel. Los vecinos de abajo se quejarían del golpe, no había duda alguna. Aunque tampoco es que me importara, era un hotel, no eran mis vecinos del quinto de toda la vida. Estoy por jurar que jamás tuve vecinos en el quinto, además. Lo que más me apetecía en aquel momento era tirarme a dormir: hacerme un ovillo en la cama y dormir. No importaba lo más mínimo que fuesen las seis de la tarde. ¡Qué más da! Yo tenía sueño y las horas de avión no eran precisamente un placer divino. Me senté en la cama unos instantes, miré al techo, como si de este fuese a salir algo. No, no salía nada. La mejor opción que pasó en aquel momento por mi cabeza era la de bajar a la cafetería del hotel y tomar algo, pero… Hacía más de 5 años que no pisaba Londres, ¿Por qué no visitarla?

Pocos minutos después había cogido el abrigo y me disponía a abandonar el hotel en el que me encontraba alejada. – Buenas tardes.– El hombre que abría y cerraba la puerta del hotel saludó de manera cordial. Nunca entendería para que necesitaban que alguien estuviera allí abriendo las puertas a tu paso, ¿Es que la gente no tenía manos? Vale, es cierto que hay gente que tiene muñones, pero si la gente que pasa no tiene muñones, ¿Para qué les abres la puerta? Al menos tenía trabajo y cobraría algo… Quizá cobraba en mantecados y por eso estaba tan sumamente obeso. - ¡Hasta luego! – Sonriente, seguí mi camino, admirando cada calle que aparecía a la vista. Iba a acabar perdida. Tantos años viviendo en Londres para no ser capaz de recordar ni donde estaba el hotel en el que me alojaba. ¡Un aplauso para Fly y su inteligencia, señoras y señores!

Efectivamente, no habían pasado ni quince minutos cuando me di cuenta de que no tenía ni la más ligera idea de cómo volver al lugar del que había salido. ¿No me merecía un aplauso? Lástima que no hubiera nadie para alabar mi inteligencia. O más bien suerte, porque ya hay que ser subnormal.

Mis pasos se perdieron por las calles de Londres hasta que comenzó a llover. Maravilloso. Perdida, sin paraguas y sin compañía. ¿Algo más podía salir peor? Mejor no preguntarlo, que seguro que me llegaba a caer un rayo. Aceleré los pasos hasta dar con un pequeño pub que no parecía estar demasiado transitado. Un alivio. Crucé la puerta y tomé asiento en una de las mesas más alejadas de la puerta. No, no pensaba esperara a que cada vez que entrase alguien una bocanada de aire frío chocase contra mí.

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Drake Ulrich el Jue 24 Abr 2014 - 22:20

Mis compañeras de piso me habían obligado a traer comida a casa para cenar, ya que como era reciente la mudanza, nuestra nevera aun no cumplía con los requisitos de todos, por lo que normalmente no había muchas cosas. Bueno, vale, como soy el único que está en casa entre semana me lo como todo. ¿Contentos? Ya lo he dicho. Pero el caso es que hoy queríamos una cena más completa y me obligaron a llevar comida a casa una vez saliera del trabajo. Por lo que no iba a hacerlas rabiar. Una mujer cabreada vale, ¿pero tres? Además, Alicia me daba miedo cuando se cabreaba. Así que salí de trabajar un poco más tarde de las seis, por lo que aproveché para dar una vuelta por Londres y comprar un adaptador para conectar mi portátil a la televisión (que oye, las cosas que descubro por eBay, esa tienda muggle online es el futuro).

Intenté debatir con Poring a dónde ir a buscar la cena y pensé que algo dulce y rico no estaría mal. Primero pensé en crepes, pero eso era demasiado empalagoso. Por lo que mejor gofre. Conocía un pub dónde hacían los mejores gofres del universo y gracias a la desaparición no llegarían fríos a casa.

Caminé hacia ese sitio y empezó a llover exageradamente a medio camino. No tenía paraguas, yo nunca tenía paraguas. Siempre que me llevaba el paraguas no llovía y lo cargaba inútilmente. Me cerré la chaqueta tras que Poring se metiese dentro de ella y asomase su cabeza por mi cuello y me levanté el cuello de la cabeza, para evitar empaparme lo menos posible. Aceleré el paso y fui yendo por debajo de los toldos de las tiendas que estaban abiertas para no mojarme. Parecía un vagabundo en busca de refugio. Para cuando llegué al pub, abrí la puerta y entré (no iba a entrar por la ventana) y me quité rápidamente la chaqueta que chorreaba, haciendo que Poring cayese al suelo. Pero él era como los gatos y siempre caía de pie. Solté aire profundamente y tras poner la chaqueta en el perchero y quedarme con una sencilla camiseta negra me acerqué a la barra mientras me frotaba las manos entre sí y soplaba en medio para entrar en calor. Me senté en tu taburete y en lo que el chico me pedía con  la mano paciencia y yo se la daba, miré a mi alrededor.

Era un local tranquilo y ahora mismo estaba relativamente vacío. Me gustaba porque tenía música bajita y no molestaba. Cuando miré hacia atrás vi a una pareja comiendo, a un chico con su portátil haciendo a saber qué y a una chica al fondo. Sonreí y me di la vuelta hacia adelante otra vez. Sin embargo, con retardo, se me iluminó con tardío la bombilla. Me giré nuevamente hacia atrás y sí, mi mente no se equivocaba. ¡A esa chica la conocía yo! Me entró lo que se llama un GOLPE DE NOSTALGIA en el pecho y me quedé sin saber qué hacer. ¿No se había ido para siempre a no recuerdo dónde? ¿Cuándo había vuelto? ¿Qué habría sido de su vida? Bueno, evidentemente no conozco ninguna de esas respuestas porque JAMÁS nos carteamos.

Quizás lo más sensato hubiera sido pedir e irme. Total… llevábamos mucho tiempo sin vernos y parecía que ninguno echaba en falta al otro, por lo que mejor seguir así. Pero yo era un tolete que tras verla sentía un irrefrenable deseo de saciar su curiosidad. Quería saber qué había sido de ella. Disimuladamente me levanté de allí (aunque no sé para qué disimulé si no me estaba mirando) y caminé yendo por su espalda. ¿Y qué le digo? ¿Le saludo como dos amigos que no se han visto en mucho tiempo? ¿Y si le pregunto que si puedo sentarme y me dice que no, que está esperando a su marido y a sus tres hijos? Bueno tres no. Pero sería un bajón.

Dejé de comerme la cabeza y continué caminando, sin embargo, Poring llegó antes que yo y le molestó en la pierna, llamando su atención. La chica miró al mono e inevitablemente yo estaba un poco más atrás. Sonreí.

Hola Fly —le saludé, acortando la distancia entre nosotros—. ¡Cuánto tiempo! —exclamé a su lado. No pensé que fuera a darme tanto corte…
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Fiona T. Shadows el Jue 24 Abr 2014 - 23:46

Y allí estaba. Con el pelo prácticamente chorreando, la ropa no precisamente seca y en frente de una taza de chocolate caliente. ¿A quién se le ocurre salir por Londres sin paraguas? Efectivamente, a mí. Premio para la señorita que se encontraba empapada en mitad de vete tú a saber dónde. Si teníamos en cuenta que no visitaba Londres desde hacía años y que mi sentido de la orientación nunca fue precisamente algo de lo que presumir, teníamos la situación en la que en aquel momento me encontraba.

Opté por dejar el abrigo en una de las sillas de la mesa para que se secase. No con demasiadas esperanzas, pero quizá cuando saliese de allí el abrigo estaba más seco. O mejor dicho, menos empapado. Un poco más y parecía la sirenita con tanta agua. Negué con la cabeza al tiempo que intentaba mejorar el aspecto de mi pelo mirándome en la superficie metálica de un servilletero. No tenía demasiado arreglo, pero tampoco es que me peinara de forma habitual. Moví el chocolate caliente con la cucharilla y la impaciencia apareció. Antes de comprobar que el chocolate pudiera tomarse, ya lo había acercado a mis labios para acabar con estos quemados. Al menos entré en calor, algo positivo tenía que tener aquella situación. La próxima vez sería mejor echarme el chocolate por encima de la cabeza para ver si así se seca el pelo. ¡Total, seguro que con mi color de pelo ni se nota! Ya empezaba a desvariar. Si es que estaba cansada, aburrida, perdida y con más agua que el Lago Negro.

Debía volver al hotel, debía recoger mis cosas, dormir y preparar las cosas para visitar a mis padres al día siguiente. Tantos años sin reuniones familiares y para el día que nos íbamos a juntar todos, el cachondo de mi hermano tenía que estar bajo tierra. Si el tema era poner quejas para no vernos. Vale, quizá eso no era adecuado a la situación pero ya era costumbre meterme con él. Seguí moviendo la cuchara en el interior de la taza, con tanto movimiento que el chocolate acabaría mareado. Moví y moví hasta que algo me sacó de mi propio mundo y de mi ensimismamiento. Algo trepaba por mi pierna. – Qué narices… - Miré bajó la mesa y me topé con un pequeño mono, el cual trepaba por mi pierna como si de un árbol en mitad de la selva se tratase. Si yo fuese un hombre lo hubiera entendido más, por eso de que los monos comen muchos plátanos. Pero no, no era el caso. Yo no llevaba un plátano escondido en la ropa interior.

Miré al mono divertida y pasé la mano por su cabeza. ¿De qué me era familiar aquel bichejo tan mono? Sí, tan mono, nunca mejor dicho. Porque era un mono y los monos hacen monerías. Antes de poder relacionar a aquel mono con su dueño, este hizo acto de presencia. De todos los pubs de Londres teníamos que encontrarnos en el mismo. No sabía si quería verle o no. Mentiría si dijera que cada día que había pasado lejos de allí no había pensado en si mi decisión había sido la adecuada. Había sido egoísta, pero era demasiado cabezota para admitirlo. Y había sido demasiado cabezota como para contactar con él después de tanto tiempo de amistad. Y de lo que no es amistad. ¡Todo era culpa del mono que se tenía que acercar a mí y que el otro tonto viniera a ver a su mascota! Por las barbas de Merlín… Si es que me moría por volver a verle. Y no pude reaccionar de otro modo.  - ¡DRAKE! – Me levanté y recorrí la poca distancia que ahora nos separaba. Había pegado tal grito al verle que el pobre mono se perdió de mi vista. Abracé al estúpido Hufflepuff sonriente y no tardé en darme cuenta de lo que estaba haciendo. – Perdona… ¡Cuánto tiempo sin verte! – Notaba como mis  mejillas habían adquirido su habitual tono rojizo. Quería marcharme de allí corriendo. No quería saber nada de su vida. Seguro que le iría estupendamente, tendría una vida maravillosa y yo… Bueno, yo no estaba en ella. ¡Céntrate Fiona! – Anda, siéntate. – Tiré de su mano, sin importarme que tuviera que irse, o que me odiara y quisiera marcharse de allí. ¡Qué más daba! De perdidos al río, ¿No?

Estaba nerviosa. Mucho. Bajo la mesa no podía parar de mover los pies. Tenía ganas de hablar con él, saber tantas cosas… Pero no quería al mismo tiempo. Era… ¡Era él! - ¿Tienes prisa o quieres tomar algo? – Seguro que tenía que irse y quedaría como una imbécil. ¡Fantástico!
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Drake Ulrich el Lun 28 Abr 2014 - 12:03

No me esperaba esa reacción por parte de Fly. Parecía como si no me hubiera visto durante casi ocho años. ¡Anda, qué coincidencia, hace casi ocho años que no me ve! A pesar del resentimiento que aún tenía, cuando vi que me abrazó se eliminó todo por completo y le abracé, achuchándola contra mi pecho.  A pesar de que nuestra relación no salió muy bien (¡por culpa de ella, qué conste!), siempre fuimos muy buenos amigos. De hecho, los siete años de Hogwarts los pasé a su lado (a medida de lo posible, ya que no estuvimos en la misma casa). Y eso se lleva en el corazón. Cuando me soltó, se disculpó y yo la miré con una ceja alzada. ¡Nunca se piden perdón por abrazar!

Al final, no esperaba menos después de tanto tiempo. —sonreí para quitarle importancia—.  Me siento me siento. —repito cuando me tira de la mano y continúo caminando hacia el asiento en frente de ella. Cómo estábamos pegados a la pared, en vez de ser sillas, era unos pequeños bancos bastante cómodos.

Técnicamente tenía que llevar comida a las chicas que tenía como compañeras de piso, pero aún era pronto… Normalmente se cena a las nueve, por lo que podrían esperar. Además, hay chocolate en casa y a ellas le encantan el chocolate. Que sacien su apetito con esa delicia. Poring había desaparecido por la zona, en busca de restos de comida, pero yo ni me di cuenta, realmente tenía mi atención prestada a otra cosa. La verdad es que cuando se fue me hice a la idea de no volver a verla nunca más. Sobre todo después de que casi tres meses no recibiera ninguna carta. Lo cual me hizo suponer que lo más lógico era que no quería seguir manteniendo la comunicación conmigo. Pero la verdad es que tenía una tremenda curiosidad por saber cómo le iba. ¿Habría conseguido convertirse en aurora? ¿Habría conseguido cumplir todos los sueños de los que siempre hablábamos antes de salir de Hogwarts? Aunque bueno, muchos de ellos ni para ella ni para mí se pudieron cumplir, ya que había un pequeño requisito, que era estar junto al otro. Pero bueno, pequeños sacrificios, al parecer. Negué con la cabeza ante sí tenía que irme, pero tampoco iba a decirle que no, porque si no mis otras compañeras me dejan sin descendencia si yo las dejo sin cena.

Me encantaría tomar algo, parece mentira, ¡hace eones que no sé nada de ti, mujer! Peero… mis compañeras de piso esperan la cena, así que antes de las nueves tengo que alimentarlas. Me toca pringar esta noche si no quiero quedarme sin dependencia.  —le contesté afable, bromeando, mirando al camarero para que se pasase por aquí cuando pudiera.

Él se percató de mi super seña de “pásate por aquí, mesonero” y luego volví a prestar mi atención en Fly. No había cambiado nada, seguía igual de bajita (¡lo cual la hacía adorable!) e igual de guapa. Incluso creo que los años le han sentado hasta bien. Pero definitivamente, no debía de empezar por ahí. Tras dejar de sonreír contento, le pregunté lo primero que me vino a la mente, que, en realidad, era una estampida de preguntas que se las arreglaron para salir todas la a vez.

Y… no sé ni por dónde empezar, ¿llevas mucho aquí? Yo pensé que te quedabas a vivir de por vida en… ¿a dónde te habías ido?  —Ni lo recordaba. Desde que se fue, ese lugar fue vetado para mí—.  ¿Y cómo te ha ido? ¿conseguiste convertirte en aurora? ¿Conseguiste al erizo cómo mascota al final?  —pregunté con una imborrable sonrisa. Eso último lo había dicho como anécdota. Dudaba que tuviera un erizo como mascota, pero me acordaba perfectamente de que ella siempre deseó uno, por lo menos mientras estábamos en Hogwarts.

El camarero llegó unos segundos después y yo ya tenía claro lo que pedir. No se me apetecía nada ninguna copa, pero lo que podría de hacer este encuentro todavía mejor era un estupendo batido de chocolate con sirope. Sí, esos batidos son Dios.

A mí ponme uno de esos batidos enormes de chocolate con helado de chocolate y sirope de chocolate. Sí, mucho chocolate. —pedí, pasándome la mano por la barba de algunos días que tenía en mi barbilla. Miré a Fly, para que ella pidiese lo que quisiera—.  Pide lo que quieras, por estar en mi ciudad, te invitaré. Si me dejas, claro.  
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Fiona T. Shadows el Lun 28 Abr 2014 - 16:03

A fin de cuentas, ¿Tan mala reacción había sido salir despedida de mi asiento a los brazos de alguien a quien hacía unos ocho años que no veía? Sin olvidar el grito que había dado para saludarlo. No, no parecía estar tan mal. Al menos la gente que había a nuestro alrededor no había salido con palos y pinchos a matarme por comportarme cual niña de doce años. O quizá estaban esperando al momento indicado, cuando creyese que no harían nada y estuviese desprevenida, para saltar sobre mí y descuartizarme. Debería dejar de leer libros de asesinatos y descuartizamientos, ¿Esa palabra acaso existía? Tampoco importaba. - ¿Tanto tiempo? ¡Pero si ocho años no son tiempo! – Bromeé. Drake no tardó en sentarse y yo clavé mis codos en la mesa, sujetando mi cabeza entre mis manos para verle. Seguía igual de guapo que siempre. A decir verdad, incluso más de lo que recordaba. O más bien, más de lo que las fotos que teníamos juntos mostraban. Habían pasado los años, pero no había pasado ni un solo día en el que no hubiera pensado en escribirle, en preguntarle cómo le iba todo. No había pasado ni un solo día en el que no me hubiera planteado si hice lo correcto, si dejar Londres había sido lo adecuado. Pero aún no existía un modo mágico de volver atrás en el tiempo más de veinticuatro horas. No existía un modo para volver atrás y cambiar mis decisiones.

Busqué por el lugar un reloj de pared, o algo que indicase la hora, pero no parecía haber ninguno. Por mi parte, no es que soliese llevar relojes ni nada que me indicara la hora. Miré por la ventana, seguía lloviendo. Y aunque no lloviese, hubiera sido incapaz de averiguar la hora por la posición del sol, o como narices quiera que lo hiciese la gente que entiende de esas cosas. – Oh, ¿Vives por aquí? – Pregunté con curiosidad al mencionar a sus compañeras de piso. Compañeras de piso igual a pareja no estable con la que vivir. Erizos, piensa en erizos. O en patatas, no hay que pensar en “y sí…”. – Ahora resultará que eres un cocinillas y todo… - No, no lo era, por eso había bajado a por la cena, ¿No? Además, el noventa por ciento de los magos del mundo no tenían ni idea de cómo hacer un huevo. Porcentaje facilitado por la estupidez humana de Fly.

Escuché las preguntas de Drake y no pude evitar soltar una pequeña risa. – Llevo unas… ¿Seis horas? Minuto arriba, minuto abajo. – No sabía ni a qué hora había llegado a Londres, y teniendo en cuenta que no sabía la hora en aquel momento, aquella estimación no era precisamente fiable. – Jamás pensé en quedar allí a vivir, la verdad… Estuve más de lo esperado. – Y allí deberías estar, no aquí hablando con Drake. Debería estar en el hotel, descansando, con un plan de fin de semana en Londres, y volver a casa. Pero hasta yo misma sabía que no pensaba hacer eso realmente. Necesitaba más tiempo en Londres. O al menos lejos de Noruega. – No me quejo… Acabé los estudios y ahora mismo estoy trabajando en el Ministerio de Magia de Noruega. – Volví a mover el chocolate con la cuchara, como si no estuviera ya lo suficientemente frío… - Aunque estoy de vacaciones. – Entrecomillé con los dedos aquellas últimas palabras y proseguí. – De esos días sueltos que te dan libres por motivos familiares.  

- ¿Tú dejaste la academia de auror y te dedicaste a la cría de monos? – Su mono hacía rato que había desaparecido de nuevo, por lo que domador de monos no podía ser su trabajo teniendo en cuenta que no era capaz de controlar a un único bichejo peludo.

No pude evitar reír ante lo del erizo. Sí, siempre había sido pesada con el erizo, ¡Y mis años de esfuerzo habían servido! –¡Sí, ya tengo un erizo! – Reí de nuevo. – Pero está en casa, pensaba volver pronto, por eso lo dejé allí. – Aquel erizo era la cosa más adorable de todo el mundo. Y de cualquier lugar donde todavía no se hubiera descubierto rastro alguno de vida. – Y por lo que veo, tu mono sigue perdurando. – O quizá no y acababa de meter la pata. Tampoco pasaba nada, si su mono había muerto y este era el segundo (o décimo) volumen, sólo me quedaría sin palabras unos segundos antes el mítico: “está muerto”.

Uno de los camareros atendió a Drake. Jamás comprendería como una persona podía llegar a comer tanto. Quizá si yo hubiera comido tanto hubiera crecido un poco más. O al menos no sería mitad Hobbit. – Si me invitas entonces… - Pensé. No tenía hambre, para ser sinceros. Pero no tenía gana alguna de estar allí sin tomar nada. – Esto está un tanto frío… - Musité. – Creo que tomaré batido de chocolate con vodka, a poder ser. – Sonreí alegremente y esperé a que el hombre trajera lo pedido. Si Inglaterra era como Noruega, con suerte tendríamos una botella de vodka y otra de batido de chocolate. Y el chocolate estaba rico. Muy rico. - ¿Y qué es de tu vida, Hufflepuff inútil? ¿Domando monos y compartiendo piso? ¿Te casaste con un chimpancé y tuvisteis monitos?
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Drake Ulrich el Miér 30 Abr 2014 - 13:51

Lo que parecía que podía ser un incómodo reencuentro y quizás una violenta conversación, resultó ser un feliz reencuentro acompañado de una amena situación. La verdad es que mis primera impresiones antes de preguntarle nada fueron totalmente de asombro e impresión. Aunque no es para menos, hacía muchísimo que no sabía de ella. Al preguntarme que si podía quedarme a tomar algo, yo le dije mi situación, a lo que me preguntó que si vivía por la zona. Yo bufé.

¡Qué va! Vivo en Mordor, pero acabo de salir por la Red Flú aquí al lado desde el Ministerio y cómo una lechuza atentó contra mi cabeza para que llevase comida a casa, decidí pasar primero por aquí. Con eso de la aparición en realidad da igual dónde vivas. —sonreí encogiéndome de hombros—. Y no, sigo siendo igual de malo en la cocina. No me dejan cocinar a no ser que sea algo frito, lo cual no tiene ciencia. —confesé como anécdota.

Mi rostro formó una perfecta “O” con los labios cuando le dijo que llevaría apenas unas seis horas. Por un momento mi cabeza decidió desvariar sobre el destino, la casualidad y todas esas mierdas sobre el porqué de las cosas. Nada más pisar Londres y en menos de un día me encuentro con ella. Esto no puede ser simplemente casualidad. La casualidad es cuando te encuentras, por ejemplo, con Willow, que sabes que vive en Londres y está por la zona, comiendo en el Sturbucks un día cualquier por la mañana. ¡Eso es casualidad! ¡Esto no tiene nada de casualidad! Decidí dejar de pensar en eso, ya que podría pegarme en babia más del tiempo que me gustaría. Me pongo alerta en plan suricato cuando dice lo de vacaciones entre comillas.

¿Es la primera vez que vienes en casi ocho años? Para no tener en mente quedarte tanto tiempo, te has adaptado muy bien. Supongo que te fueron bien las cosas, ¿no? —pregunté, a la espera de que le contase un poco sus vivencias por allí. Probablemente tuviese una hermosa casa al lado del frío mar—. ¿Y qué te ha hecho pisar Londres?  —me esperaba lo peor. ¿Quizás sus padres se habían divorciado o algo por el estilo? O… yo que sé. Tampoco quería pensar algo en plan muerte, eso era algo demasiado pesimista para mi inocente mente.

Solté una divertida carcajada respecto a lo de la cría de monos, su erizo y otra vez el comentario de mi mono. De hecho, gracias a esos comentarios me percaté de que mi mono no estaba por la zona, así que antes de decir nada, empecé a mirar para todos lados en busca de Poring Poi. Se encontraba en la barra, sentado en uno de los taburetes mientras jugaba con una pajilla que había robado de un bote. Alcé una ceja y volví a mirar a Fly.

Sí, es un mono persistente. Ya tiene casi doce años. Yo creo que me va a seguir dando guerra por bastante tiempo… —dije, mirando a Fly tras mantener en orden a mi mono—. ¿Y entonces cuándo te vuelves a Noruega? Tu erizo te va a echar de menos. —pregunté en plan camuflado, para enterarme de cuándo se volvía a ir de Londres. Quizás podíamos volver a vernos un rato… (??) ¡No, malísima idea!

Llegó el camarero a pedir nota y yo le pedí simplemente un batido. Tampoco podía llenarme. Ella pidió lo mismo, pero fue tan inteligente que le añadió Vodka. Antes de que el camarero se fuera, hice que se lo añadiese también al mío. Fly era de las mías, todo con alcohol era mucho más divertido. Sonreí con cierta nostalgia cuando me llamó Hufflepuff inútil. ¡Oh, ese insulto tan “amoroso” por el que siempre me llamaba en Hogwarts!

El mono es indomable, pero sí… casi desde que me gradué me fui a vivir solo al piso en dónde estoy, desde entonces me he quedado ahí y todos mis compañeros han ido variando. El último me abandonó por una chica y milagrosamente conseguí llenar todas las habitaciones este año. Y no me menosprecies, Slytherin de pacotilla, que soy un respetable auror del Ministerio. Quizás no el más respetable, pero oye… —sonreí, agradeciendo al camarero que había traído los batidos con bastante presteza, batiéndolo con la pajilla—. Aprobé a la tercera, así que puedes imaginarte que mis capacidades como auror no son precisamente las mejores.

Me quedé medio rascado cuando dijo, aunque fuese de broma, lo de casarme. Realmente uno de mis sueños era encontrar a la chica perfecta y casarme con ella; era algo así como un romanticón nato que busca la familia perfecta. Sin embargo, todavía no había llegado esa chica. O llegó pero la espanté, una de dos.

Pero nada, no me he casado con ningún chimpancé. Mi corazón pertenece sólo a un monito. —sorbí del batido con un gesto bastante infantil—. ¿Tú no has pensado en venir a Londres a volver a vivir? Aquí tenemos cosas más guays que en Noruega, seguro.
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Fiona T. Shadows el Miér 30 Abr 2014 - 16:52

Alcé una ceja ante el comentario de Drake. No había duda que podría ser un orco digno de la presidencia de Mordor, pero tan lejos dudaba que viviese. O sí, tampoco tenía mucha idea del cálculo de distancias. Además, entre los polvos flú, las desapariciones y los cientos de métodos que teníamos los magos para movernos de un lugar a otro, cualquier cosa era posible. Quizá podía vivir en Papúa Nueva Guinea e ir a trabajar todos los días al Ministerio de Magia. ¿Y por qué Papúa  Nueva Guinea y no Holanda? Principalmente porque no había un país con un nombre más divertido que aquel. ¿Quién pondría los nombres a los países? Porque ya había que tener mala leche para llamar a un país por semejante nombre.  Y a todo esto, ¿Cómo se llamarían sus habitantes? ¿Papúa Nueva Guinense? ¿Papuenses? Algo más que investigar.  – Bueno todo depende. – Sonreí algo avergonzada. – Si eres yo, da igual dónde vivas y dónde intentes ir, porque acabarás en la otra punta de la ciudad. – Bajé la mirada. Sí, yo seguía perdiéndome. ¡Pero si yo era la típica persona que se perdía en mitad de la noche al intentar ir al baño! – O de la ciudad. – Porque si no recordaba mal, más de una vez, había decidido acabar la noche en el sofá por no encontrar mi dormitorio. Aunque a decir verdad, tenía siete años y la casa de mis padres no era precisamente lo que se dice pequeña. Además, siempre sospeché que Matt hacía algún hechizo a mi cuarto para que pasaran ese tipo de cosas. – ¿Pero sabes cómo funciona una sartén? – Pregunté fingiendo asombro. – Y yo que creía que la utilizarías para jugar al tenis...

Escuché sus preguntas divertida, siguiendo con los ojos cada movimiento que realizaba. Era divertido volver a verle. Raro, sí, pero también era divertido. Después de tantos años sin saber nada el uno del otro, para encontrarnos en el lugar más extraño posible y acabar conversando como si nada hubiera pasado jamás entre nosotros. – La verdad es que sí… - No había pisado Londres, ni si quiera Inglaterra, desde que había acabado los estudios en Hogwarts. – Siempre venían a visitarme, supongo que mis padres preferían ver lugares diferentes que dejarme una habitación en casa. – Realmente sabía que no era así. Lo que pasaba es que yo era más vaga que el champú de Severus Snape. Pero, ¿Qué le iba a hacer? A ellos les encantaba viajar, y a mí tener visita. - ¿Adaptarme? ¿Qué soy? ¿Una nueva especie? – Reí. – Vale que soy rara, pero tanto… - Realmente sabía que no se refería a aquel tipo de adaptación, pero lo de sacar de contexto las palabras siempre había sido divertido. Al menos para mí. Aunque para el resto del planeta fuera una subnormal profunda. – Estudios, trabajo, pareja… - Seguí moviendo el chocolate. Eso ya no podía ser comestible, tenía hasta una capita oscura y más sólida en la parte superior. – Esas cosas que te hacen quedarte en un lugar. – Asentí a su pregunta. Podía ser irónica contestando, incluso cruel. Pero no, no era la situación ni el momento. - ¿Tú sabes lo que es tener un hermano que siempre toca las narices? Pues el mío siempre fue un especialista en eso. – Sí, no era la situación ni el momento, pero no importaba. O al menos a mí. – Matt desapareció hace un par de meses y bueno, hace dos días lo encontraron. – Me encogí de hombros. – Las filas del Señor Tenebroso han perdido un miembro, por así decirlo. – Lo último que había sabido de él era que seguía con sus estúpidos ideales de pureza de sangre y había conseguido un puesto en las filas del sin nariz. Era hasta raro para elegir las amistades.

No sabía cuánto podía llegar a vivir un mono, pero seguro que doce años era mucho. Yo había tenido un par de mascotas durante mis años en Hogwarts, y por desgracia,  ninguna de ellas había vivido mucho. Salvo la lechuza, esa murió por culpa de una ventana demasiado limpia. Muertes penosas donde las haya.  – Tenía la intención de volver en una o dos semanas. – Sí, intención. Eso dicen todos. – Pero… - Negué con la cabeza. - ¿Sabes esos momentos en los que quieres dejarlo todo y empezar de nuevo? – No, Fly, tú eres imbécil, nadie podrá comprender por qué las conexiones de tu cerebro funcionan mal. – Creo que cuando no estás seguro de algo, lo mejor es no hacerlo. Si ahora me lo planteo, ¿Qué pasará dentro de dos minutos? – Palabrería sin sentido, muy yo. – Por Merlín, no dejes que siga hablando, me doy asco a mí misma. – Rompí a reír. Sí, reír siempre había sido la solución perfecta a todo problema que había aparecido en mi camino a lo largo de los años.

- Realmente sabes que todos tus compañeros se fueron porque roncas. – Alcé una ceja divertida. Cualquiera que viviera con Drake sería capaz de acostumbrarse a sus manías o sus malas comidas, si en el fondo era un trozo de pan. Pero un trozo de pan bien hecho, no cocinado por él. - ¡Felicidades! Seguro que no eres tan desastre como yo… - Reí. Vale, yo no había aprobado a la tercera, pero yo tenía suerte en ese tipo de cosas. - ¿Sabes lo que es perderte en el Ministerio? Bueno, en mi defensa diré que es más grande que el de aquí… Creo.

Miré al mono divertida al escuchar sus palabras. ¿Y si aquel bicho peludo acababa colgado de una lámpara lanzando cócteles a cualquiera que pasase? Sería divertido, pero quizá tendríamos que huir de aquel lugar antes de que el dueño matase al simio. - ¿Pensarlo? Demasiadas veces… - En aquel momento llegó el camarero dejando las bebidas sobre la mesa. No tardé en servirme un vaso bien cargado. O en este caso, una taza. Tomé un sorbo y ladeé la cabeza. – ¿Y qué cosas guays tiene Londres? – Alcé una ceja y seguí bebiendo.
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Drake Ulrich el Dom 4 Mayo 2014 - 12:49

Por un momento mi mente rememoró ese bochornoso momento, en mi primer año de vivencia independiente, cuando cogí ese artilugio muggle llamado sartén y, EVIDENTEMENTE, la usé como raqueta de tennis para apedrear nueces.  Pero no lo he vuelto a  hacer desde que rompí aquella lámpara. Ahora la uso para lo que realmente sirve: de adorno. No es que fue muy fan de la cocina ni nada por el estilo, pedía comprar cosas ya hechas. Era mucho más fácil y no quería contaminar a nadie con mi mala comida. La verdad es que por mi propia supervivencia debería aprender a cocinar… pero ahora que vivo con tres chicas… creo que ellas cocinarán mejor que yo.

Solté una carcajada a lo que dijo de sus padres y luego lo de la especie. No era mi intención que sonara como si la estuviese llamando de otra especie, pero cuando lo dijo no pude evitar imaginármela aun en taparrabos viviendo en el campo. Hubo un momento en el que enumeró las cosas por las que había decidido permanecer en Noruega y entre ellas se encontraba la palabra “pareja”. No fue muy grato escuchar eso, ya que se me formaron un montón de preguntas en la cabeza, como por ejemplo que si aun estaría con esa pareja. Sin embargo, no creo que sea el momento de preguntar nada de eso, la verdad es que no quería cagarla preguntando nada que no debiera. Así que intenté ir por otro camino.

—  Seguro que tus padres convirtieron tu habitación en un gimnasio, por eso no quieren que vuelvas. Se acostumbraron a tener más espacio. Serás pequeñita, pero abultas mucho, ¿sabes? —sonreí divertido—. No… me refiero a que… —pero luego ella lo arregló diciendo que era una rara—. Sí, dejémoslo en que eres rara. Seguro que tienes que volver a adaptarte. Te habrás acostumbrado a vivir ahí con los noruegos y los londinenses somos más chachis, ¿sabes? Sería un duro cambio para ti. —exagero, cambiando mi rostro a medida que ella me contaba lo de su hermano. Me quedé con un gesto sorprendido, ya que vale, Matt tenía ciertas tendencias de crueldad, pero no pensé que le diera por meterse a seguir a quiénnodebesernombrado. Tragué saliva—. Vaya, lo siento. —conocí a Matt en Hogwarts, pero había ido justo por el camino más estúpido y peligroso—. Bueno, asumo que seguíais llevándoos mal, ¿no? Vuestras vocaciones eran un tanto contradictorias.
A Fly le entró uno de esos momentos filosóficos tan extrañamente coherentes. Lo cierto era que esos momentos normalmente proferían significado para el que los dice, mientras los demás sólo lo miran con cara de circunstancia. Sin embargo, sus preguntas fueron tan alentadora cómo verdadera. Aunque según la impresión que me había dado este poco rato que llevamos juntos, no parecía estar mal con eso de vivir en noruega. Si incluso dejó a su erizo allí esperándola.

No das asco, mujer. Exagerada. Yo es que también pienso que si no estás seguro, no lo hagas. No soy para nada impulsivo si tengo tiempo para pensarme las cosas—dije encogiéndome de hombros—. Bueno, aunque díselo a mi instructor de auror, es él el que puede corroborarte que si no estoy seguro de algo, no lo hago. —sonrío. Ese era uno de los muchos motivos por lo que tardé tanto, en realidad más que tener lo que hace falta para ser auror, yo lo fui adquiriendo. Por decirlo de alguna manera, no lo llevaba en la sangre—. Pero yo creo que ese arranque filosófico que te ha entrado en fruto de cierta desmotivación. Cuéntame Shadows, ¿qué te preocupa? —sonreí divertido, tocándome la barbilla con gesto de psicólogo pensativo. Hubiera sido mejor colocarme las gafas, pero no las llevaba puesta.

Era consciente de que A VECES roncaba pero no tanto. Normalmente Poi se encargaba de meterme (metafóricamente hablando) un calcetín en la boca o darme la vuelta. Pero no es mi culpa roncar, es una de esas cosas que te hacen ser un hombre. En el fondo es adorable, pero las mujeres no saben apreciarlo.

Sí sí… más grande… —la miré por encima del vaso del batido—. Todos sabemos que incluso te pierdes en Honeydukes a pesar de haber pasado por allí siete años. —bebo del batido metiéndome con ella amistosamente—. Yo creo que eso de ser bajita hace que tu sentido de orientación se atrofie. Ya sabes, yo  veo por encima de las estanterías y de las cabezas de la gente. —proferí un divertido sonido de burla, sin malas intenciones, sólo de rememorar la cierta confianza que teníamos.

Me preguntó que qué cosas tenía Londres de guay. Buena pregunta, oye. Me hice el pensativo durante unos segundos. La verdad es que al vivir aquí, creo que no soy capaz de ser objetivo y mirar qué cosas buenas tiene Londes. Y evidentemente no le voy a decir los sitios históricos porque esa mierda no tiene nada de guay. No sé que tiene de guay ir a ver un Castillo muy grande con un reloj en una torre. En serio.

Pues… Primero, puedes tener ocasión de ir a tomarte un café y encontrarte con algún conocido super guay de Londres, como por ejemplo, el chico tan chachi que tienes delante… —me auto-alagué con diversión—. Podrías trabajar en el Ministerio británico y tendrías a Willow como compañera, aparte de a mí, además de que como bien has dicho, es más pequeño y no te perderás tanto. ¡ADEMÁS… —me hice el pensativo, ya que no se me había ocurrido nada más, pero creía que mis motivos no habían sido muy convincentes—…hace menos frío… es más agradable… —vale, me rindo, en realidad Londres era una mierda—. Pero en verdad en Noruega ya tienes de todo, ¿no? De nada te sirve mudarte, allí seguro que ya tienes todo montado. Sería una estúpida locura. ¿Además, qué hacía yo convenciéndola de que se viniera?
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Fiona T. Shadows el Dom 4 Mayo 2014 - 15:27

Las películas americanas acostumbraban a mostrar las casas del hijo que deja el hogar como un nuevo lugar de ocio, por regla general un gimnasio. Con sus cosas de hacer deporte. Sí, esas cosas que nadie en su sano juicio usa, pero que quedan muy bonitas adornando una habitación para decir a tus invitados: “Eh mira, nosotros hacemos deporte”. Pero no, realmente todos sabemos que luego sólo servirían para acumular polvo y, quien sabe, quizá serían útiles como percheros o para que el perro juegue cuando se canse de romper las cortinas y mear en la alfombra. Pero no, no imaginaba a mis padres haciendo deporte. El único deporte que mi padre había hecho en su vida era el de levantarse a la ventana a coger el correo que traían las lechuzas. Vamos, es que incluso había pasado años trabajando en casa. Todo por no moverse, que lo sé yo. – En un gimnasio lo dudo, peros seguro que compraron un aparato de esos que hacen burbujas… ¡Esas bañeras grandes que dan masajes!– Nunca recordaba el nombre de esa cosa, y eso que me había criado entre muggles gran parte de mi vida. Pero tenía mala memoria, y mala orientación, en serio ¿Yo hacía algo bien? Sí bueno, yo desvariaba muy bien. Era capaz de decir tonterías, pensarlas y dibujarlas. Sí, la tontería y el desvarío eran lo que mejor se me daba. Lo debería poner en mi curriculum: Experta en desvaríos varios. Quizá de algo servía, aunque lo dudaba. – Sé que los londinenses sois chachis… ¿De dónde te crees que soy yo, cacho de tonto? Además, ¿Tú no eras medio italiano? – No me acordaba, pero me sonaba que tenía familia por allá, o algo de eso. La verdad es que era muy mala para recordar cosas y habían pasado muchos años.

La verdad, es que aún no había asumido que Matt ya no estaba, así que no le daba real importancia al asunto de su muerte. – Bueno, me regaló un erizo. ¡Creo que eso era una mejora! – Reí. Al principio había pensado que el erizo tendría alguna maldición y había pasado unas semanas encerrado en una jaula, donde habíamos comprobado que no le pasaba nada extraño. Sorprendente, pero cierto. – Bueno, da igual. Prefiero no hablar del tema. – Negué con la cabeza. No, no estaba preparada para tratar aquel tema en profundidad. Prefería comportarme como si mi hermano siguiera desaparecido en algún lugar, con misiones varias del sin nariz. Prefería no saber nada de él a saber que realmente se había ido para no volver.

Reí divertida a sus comentarios. Si Drake había aprobado su examen de auror a la tercera, su pobre instructor se había tenido que haber aburrido de dar clases, ayudar y explicarle cómo hacerlo correctamente. En mi cabeza apareció un Drake vestido con su túnica de futuro auror, preparado para enfrentarse al peligro, nervioso pero con el talante firme. En el momento que lo nombraban para comenzar su prueba, caminaría, sin alterar su rostro ni lo más mínimo. Pero ahí venía lo que yo imaginaba: en cuanto debía comenzar su examen, el Drake de mi imaginación estaba demasiado nervioso y salía huyendo de la sala para no tener que enfrentarse a un examen. Un tanto absurdo y surrealista. Lo sé. – Creo que pensar da cáncer. – Sí, definitivamente lo daba. – Sería mejor no pensar. ¡Pero claro! Si no piensas hay consecuencias, y te hacen pensar luego… ¡Que mierda de vida! – Volví a reír, esta vez tomando un sorbo de mi copa. Miré la cara de Drake y reí de nuevo. - ¿Tú qué eres? ¿Mi psicólogo? – Serví un poco de alcohol en su copa. – Me preocupan demasiadas cosas ahora mismo, Ulrich.

Sí, Drake tenía esa capacidad para meterse conmigo como si nada. Capacidad que ambos compartíamos y estábamos mostrando después de tanto tiempo sin vernos. - ¡Deja de meterte conmigo! ¿Qué maneras son esas de tratar a una vieja amiga que hace años que no ves? – Volví a beber, esta vez acabando con el contenido de la copa. – Así normal que te mandasen a Hufflepuff… Por insoportable. – Saqué la lengua y volví a llenar mi copa. – Y no eres tan alto… - No, no lo era. Pero a mi lado hasta un Duende de Gringotts era alto. Vale, tanto no, que yo era más alta que esas criaturas. Pero casi.

Drake comenzó a enumerar razones por las que Londres era mejor que Noruega. Sonreí cuando mencionó a Willow, tenía intención de volver a contactar con alguno de esos antiguos compañeros de Hogwarts, pero no sabía si alguno seguía por la ciudad. Al parecer, ya sabía de una Gryffindor y de un Hufflepuff que seguían dando tumbos por la ciudad. – Que mal se te da eso de convencer a la gente. – Sonreí. Había bebido demasiado rápido, y era demasiado pequeña, ¡Esas dos combinaciones no eran precisamente buenas! Sujeté la cabeza entre mis manos y miré a Drake. – La verdad es que… - Pensé. No sabía ni lo que pensaba, pero como bien había dicho antes, si no estaba segura de algo, sería mejor no hacerlo. – Creo que allí no tengo nada por lo que volver. Aquí al menos tengo a mi familia. O más bien lo que queda de ella. – Total, tampoco sabía nada de mi primo, que era con el único familiar con el que mantenía trato alguno. – Creo que necesito cambiar de aires. – Yo y mi modo de huir de los problemas.
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Drake Ulrich el Mar 6 Mayo 2014 - 17:47

Yo no sabía que había hecho mi madre con mi habitación vacía, pero era tan nostálgica y victimista que estaba seguro que habían dejado todas mis porquerías en el mismo sitio donde yo las dejé. De hecho estoy seguro que si voy, veré aquella maqueta de barco amorfa que hice con apenas ocho años y que aunque sea una boñiga, ella sigue guardando como recuerdo. Reí divertido ante su negada mental a buscar una palabra en concreto. Si es que cuando estresas a la neurona funcional es lo que pasa…

¡Un jacuzzi mujer! Que tu neurona se satura y no da para más. ¡No corras tanto que la frustras! —me meto con ella, dándome después un golpecito en la frente teatralmente—. ¡Anda, es verdad, que soy medio italiano! —bromeé—. Ya sé que eres londinenese, pero quizás se te ha olvidado lo chachi que es la gente después de pegarte ocho años fuera. ¡Nunca se sabe! A mí se me ha olvidado cómo son los italianos… Lo único que recuerdo es que hablan así… —y acto seguido uní todos los dedos en una punta y empecé a mover la mano cerca de mi cara, gesticulando con diversión mientras decía par de mierdas que recordaba en italiano. Hacía años que no hablaba en italiano.

Como ella prefería no hablar del tema (LO CUAL ERA LÓGICAMENTE COMPRENSIBLE), dejé el tema de lado, puesto que no quería incomodarla. Yo perdía a mi hermano y me podía dar un chungo, pero claro, yo me llevo bien con mi hermano. Sin embargo, ella se llevaba a matarse… la verdad es que no sabía cómo habían terminado, pero teniendo en cuenta en dónde terminó cada uno, asumo que no muy bien. Simplemente esbocé una sonrisa cómplice y no añadí nada más.

Sonreí nuevamente ante su cacao mental, entre eso y su negada mental me estaba dando cuenta que o bien le preocupaban muchas cosas o que mucha gente le ha dado golpes en la cabeza.

Sí es como un bucle. Si haces algo sin pensar, lo haces mal y eso te hace pensar más y al final terminas pensando el doble. Es como el karma a la pereza, ¿sabes? Yo le doy vuelta a esas cosas tan importantes, sí —Y pensar que hay aurores como ella y yo por ahí sueltos… que tienen como dilemas existenciales cosas como estas…— Pues podría serlo, oye. Psicólogo Drake Ulrich, Auror en mis tiempos libres. Anda dime, ¿quién mejor que yo para que le cuentes tus preocupaciones? Seré objetivo. —me encogí de hombros y bebí de mi batido de chocolate que ahora contenía algo de alcohol. Sin embargo el chocolate lo endulza todo.

Solté una divertida carcajada en medio del local cuando dijo que dejase de meterme con ella. ¡Era inevitable! Lo había hecho durante tanto tiempo que de repente no lo hice y ahora soy incapaz (y tampoco es que quiera) evitarlo.

No… me mandaron a Hufflepuff porque soy un cobarde, un cafre y odio las serpientes. Aunque sí, también soy un poco insoportable, pero es que lo echaba de menos. Eras la única bajita en mi vida, ahora no puedo decirle eso a nadie. —bromeé, ya para finalizar. En realidad la había visto tanto que para mí ya su tamaño era el estándar y las demás eran demasiado altas.

Sus palabras me resultaron confusas. Era normal que una vez vuelves a tu sitio de nacimiento dónde todo es tan sumamente guay, prefieras quedarte. Pero ella en Noruega lo tenía todo, ¿no? Si mal no había escuchado tenía trabajo, casa y pareja. ¿Qué más necesita? Volví a beber de mi chocolate y tras pásame la lengua por los labios la miré.

¿Pero por qué? ¿Acaso te aburriste o algo por el estilo? Es decir, ¿te va todo muy bien allí, no? ¡No es que no quiera tenerte como vecina en Londres! —exagero, ya que Londres es enorme—. Me refiero que por qué ese cambio de opinión.
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Fiona T. Shadows el Mar 6 Mayo 2014 - 21:07

¡Eso era! Un jacuzzi… ¡Pero qué palabra más rara! Es que con ese tipo de palabras tan raras que usaban los muggles lo extraño era que me acordara de alguna. ¡Y de alguna me acordaba! Como… Bueno, ¡Freidora! No sabía lo que era, pero esa palabra siempre me había resultado curiosa cuanto menos. – Por eso tienes esa cara de pizza. – No tenía sentido alguna. La pizza sabía rica y él… Vale, Drake también sabía rico, pero eso no iba al tema.

El chico no tardó en comenzar a hacer cosas tremendamente extrañas. Y para que yo diga que algo es extraño, ya tiene que ser mucho. No entendía que narices hacía, pero parecía un loco teniendo un ataque epiléptico. No sabía si reír o llorar, pero me estaba dando vergüenza ajena. Sí, Drake era especialista en ese tipo de cosas que dan vergüenza a todo el que está a su alrededor pero a él no. La gente del local miraba asombrada tal espectáculo de subnormalidad y yo notaba como el calor en mis mejillas aparecía. Ahora estaba completamente colorada. – A veces me pregunto cómo narices pude salir contigo… - Dije negando con la cabeza. Obviamente sí lo sabía, y tenerlo delante me hacía replantearme seriamente el haberme ido y el haberle dejado en Londres. Porque sí, era una idiota.

Asentí conforme Drake hablaba, pero realmente no entendía muy bien qué narices decía. Conversación de besugos donde las haya. – La pereza acabará dominando el mundo… Bueno no, porque es pereza, y le da pereza dominar el mundo. ¿No? – Reí por tal estúpido comentario y bebí de nuevo. Notaba como el alcohol comenzaba hacer efecto ya que me reía más de lo habitual. Por cosas incluso más absurdas de las habituales. – Creo que contarte a ti algunas de mis preocupaciones no sería precisamente cómodo. – Le miré de reojo, puesto que no quería, y no era capaz, de decirle aquello a la cara. Intenté salir del apuro con algún tipo de broma, pero claro, yo en esos momentos no puedo bromear. ¡Porque estoy seria! Porque estoy presionada… - Si de auror eres nefasto no quiero imaginarte como psicólogo. - ¿Era eso una broma? O sea, yo no lo había dicho en serio, ¡Pero quizá se enfadaba! Llevaba tanto tiempo sin entablar conversación con Drake que no sabía si había evolucionado a un Drake maduro e insoportable.

Después de pasar ocho años sin ver a una persona, lo normal si te encuentras con ella, es que sea una conversación forzada y poco natural. Pero no, con Drake era todo totalmente diferente. Era como si no hubiera pasado jamás nada. Como si el tiempo no hubiera hecho mella en la amistad y nos hubiéramos acabado por distanciar. Era como volver a estar con un amigo de toda la vida. Y, a fin de cuentas, ¿Qué era Drake? Ese amigo de toda la vida, o al menos de los momentos más importantes de ella. – Si odiaras las serpientes no habrías estado saliendo con una. – Reí. Escuché la continuación de la frase y no pude evitar sonreír. – Espero que ese puesto sea siempre mío. - ¡Yo era la bajita de su vida! Ese puesto no lo podía ni ocupar su mono, aunque fuera más bajito que yo. Aunque claro, el mono era macho… Pues no lo podía ocupar ni la mujer de su mono. Tomé de nuevo un trago de la bebida y dejé la botella lejos de mi alcance.

Hablar de mi vida era algo que siempre me había resultado tremendamente difícil, pero con Drake nunca había tenido secretos. Aunque ocho años sin hablar eran muchos años. – Sí todo va bien. – Me encogí de hombros y notaba como mis ojos se cargaban de lágrimas. Porque yo siempre he sido muy llorona. Hice un esfuerzo por contenerlas y desvié la mirada hacia el asiento contiguo al mío, como si alguien invisible estuviese allí hablando conmigo. – Estoy muy agobiada. – Bajé la mirada, esta vez sobre la mesa de color caoba que tenía delante. – Pensaba que quería una cosa, pero cada vez estoy más segura que cometí un error con ello. – Sí, definitivamente había cometido un tremendo error diciendo que sí a un matrimonio demasiado precipitado. ¡No quería casarme! Ni de broma. Y menos con… Dios, yo no quería ni bodas ni nada, yo quería volver a Londres, rehacer mi vida con cabeza y no a la ligera. – Drake, estoy cansada, de verdad. Mucho. He tomado decisiones horribles en mi vida, y ahora me voy dando cuenta. – Metí la cabeza entre mis brazos, como una niña pequeña que intenta dormir.
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Drake Ulrich el Miér 7 Mayo 2014 - 23:17

“La pereza no podría dominar el mundo porque le daría pereza hacerlo” ¡Luego es ella la que no cree haber podido salir conmigo! Omití decirle nada, ya que la verdad es que para mí lo que no terminaría de creerme nunca es que alguna vez tuvo que terminar la relación y le pregunté por las preocupaciones que tenía. Cierto era que hablar con tu ex no es cómodo, pero yo ante todo era su amigo. Siempre. Además, ¿cuánto llevábamos sin hablar, sin vernos, sin nada? ¡Más de ocho años! Pero bueno, si no se sentía cómoda, no se sentía cómoda. Qué se le va a hacer.

Yo creo que tendría más futuro como psicólogo que como auror. ¡Además, qué tendrá que ver una cosa con la otra! —me quejé mirándole de reojo por hacerle pensar por esa comparación que no tenía ni pies ni cabeza.

No insistí en que me dijese nada, tampoco quería ser un pesado. QUE LO ERA. Pero tampoco quería atosigarla, ya tendría suficientes preocupaciones como para encima añadir un Drake persistente a ellas. Prefiero ser un animador que un depresivo, definitivamente. Alcé una ceja con lo de la serpiente y resoplé con resignación.

Touché. Pero tú eras especial, no es lo mismo. Tú eres una serpiente sin veneno e inofensiva muy mona que no intentaba patearme el culo por ser Hufflepuff. Era imposible no… ¿Qué estoy queriendo decir? Intenté cambiar de frase y no decir realmente lo que me iba a salir— …no salir contigo. Además, ya sabes, Hufflepuff guapo, Slytherin guapa. Era el destino. —sonreí ante lo del puesto y sin poder evitarlo tuve que meterme nuevamente con ella, ya que me lo había dejado a huevo—. Bueno, no creo que exista nadie más bajita que tú en el mundo, así que… —le hice un guiño acompañado de un movimiento de cejas con cierta travesura, antes de beber de aquel batido de chocolate.

Me resultaba fascinante todavía tenerla en frente de mí, era como un sueño. Esa sensación tan poco probable que incluso piensas que no puede ser real. Al fin y al cabo… era Fly. No era una amiga cualquiera con la que perdí contacto al salir de Hogwarts. NO. Era Fly. Sin embargo, me resultaba todavía más impactante el hecho de que a pesar de tanto tiempo, no me costase lo más mínimo ver en sus ojos cómo intentaba aparentar cuando realmente se le notaba triste; mal. Yo no quería meterme en su vida privada, que para algo era privada y suya. Si había pasado lo que había pasado era precisamente porque ella quería que su vida fuera suya y la mía independiente a la de ella. Y yo lo respeté con resignación y odio. PERO LO ACEPTÉ. No obstante, en ocasiones como aquellas no hablábamos ya de comodidad, hablábamos de que me daba MUCHÍSIMA pena verla así. A ver… es que cómo se le ocurre mirarme con esa carita, decirme que está agobiada, bajar la mirada y luego acostarse sobre la mesa tapándose la cara. Sabía que perder a un familiar era algo muy duro, pero era lo único que sabía… No tenía ni idea de lo que estaría pensando esta mujer, pero inevitablemente me ablandaba mi blandito corazón super ablandatario. Por un momento incluso me sentí mal yo. ¡Cómo si yo hubiera tenido la culpa de algo! Dejé el chocolate a un lado y, consciente de que no querría decirme nada, pues ya anteriormente me había dicho que no se sentía especialmente cómoda, decidí no insistir. Bueno, lo intenté, ya que me era inevitable la necesidad de ayudarla, aunque sea para escucharla. ¿Si no, para qué sirve un amigo? No sé, debo de ser el amigo más inútil de la historia. Por lo que dijo, intenté darle una respuesta filosófica, ALGO que por lo menos la hiciera pensar y quizás pudiera ayudarle. Me nombró “error” y “decisiones horribles”. Con eso tendría suficiente.

Anda, levanta… —le acaricié amistosamente la mano, lo cual me hizo sentir una nostálgica sensación increíblemente agradable, por lo que no la retiré—. ¿Sabes que he aprendido con el tiempo? Que de errores se aprende y que nunca es el final. Si tienes un problema simplemente pregúntate… ¿Tiene solución? —hice una pequeña pausa— Si la tiene, despreocúpate. Y si no la tiene, pues despreocúpate también, total, ¿qué vas a hacer si no? —pregunté retóricamente— Y alguien me dijo una vez, una persona que ahora mismo no tengo maldita idea de dónde esta… “Arrepiéntete de cosas que hayas hecho, no de las que deseaste haber hecho”. Así que… si ahora te arrepientes, como he dicho, nunca nada es definitivo. —le guiñé un ojo, con un afable gesto que esperaba una emoción O POR LO MENOS UNA MIRADA más feliz por parte de mi amiga. Odiaba ver a mis amigos tristes, pero odiaba más ver a Fly triste. ¡Joe, qué es Fly! A veces me da por filosofar. ¿QUÉ PASA? —le pregunto con un gesto de lo más teatral.
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Fiona T. Shadows el Jue 8 Mayo 2014 - 14:56

No podía negar que el futuro de Drake como psicólogo sería mejor que como auror. Porque ciertamente, ¿Qué hace un psicólogo? ¡Nada! Hablar con acento argentino (que en el caso de Drake o practicaba o se iba diez años a Argentina a ver si se le pegaba el acento) y sentarse en un sofá de diseño anotando chorradas o haciendo dibujos, para acabar diciendo al final de cada frase de su paciente: “¿Y cómo se siente al respecto?” Sí, la vida de un psicólogo no era precisamente trabajosa. Podías pintarte ojos en los párpados y tumbarte cómodamente en el sofá de diseño mientras un loco te cuenta su vida. Vida que ni te interesa, ni tienes interés por solucionar. Sólo lo haces porque al final de la sesión de terapia tendrás dinero suficiente para comprar un elefante. – Nada, nada… - Reí. No tenía mucho que ver ser auror con ser psicólogo pero eso no quitaba que fuera un buen método para meterse con él sin venir a cuento. Aunque tampoco necesitaba razón alguna para hacerlo, para ser sinceros.

Noté como mis mejillas se sonrojaban, bien por lo que dijo o porque tenía un calor de narices a causa del alcohol que llevaba encima. Porque no es lo mismo beber para un hombre que para una mujer. ¡Y mucho menos si esa mujer es tremendamente bajita! Negué con la cabeza a sus palabras, aún con una sonrisa tonta en el rostro. Una sonrisa que sólo él había conseguido sacar alguna vez. - ¿Cómo qué no? - ¡Claro que había gente más bajita que yo! Fingí estar ofendida, cuando en realidad no lo estaba en absoluto. - ¡Las elfas domésticas son más bajitas que yo! Y las niñas... – Aunque no todas, porque algunas parecían estar alimentadas a base de pociones de crecimiento. En serio, no entendía que existieran niñas de once años que midieran más que yo. Vale que era bajita, vale que sus padres midieran cuatro meros, ¡Pero aquello no era normal! ¿Con qué se alimentaban algunos niños? ¿Con carne de gigante? No, si al final iba a resultar que la cría de gigantes como seres de compañía estaba permitida en Inglaterra y yo sin saberlo.

Levanté levemente la mirada, sin dejar de apoyar mi cabeza entre mis brazos y miré a Drake mientras hablaba. Notaba su mano sobre la mía y un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo. No, no y no.
Drake comenzó a hablar. Pero a hablar en plan serio. Alcé ambas cejas mientras este pronunciaba un discurso que fácilmente podría haber pasado por ensayado o sacado de un libro aburrido. Nunca me había gustado la filosofía, me daba dolor de cabeza eso de pensar en cosas tan profundas como las Fosas de las Marianas. Es que claro, cuando eres bajita y piensas en algo profundo, corres el riesgo de ahogarte. Menos mal que mis pensamientos eran sólo pensamientos y nadie oía lo que pensaba, pues hubieran podido pensar que el alcohol me había afectado severamente. Cosa que sería totalmente acertada. – La tiene. – Afirmé levantándome de mi postura. – Pero creo que lo más fácil de solucionar ahora mismo me espera en el baño. – Dije poniéndome en pie y saliendo lo más rápido que pude hacia el baño. Beber es malo cuando tienes una vejiga pequeña.

Antes de salir del baño me miré al espejo y mojé mis manos para posteriormente mojar mi rostro. Apoyé sendas manos sobre la pila y di un último vistazo al espejo. – Espabila. – Me dije a mi misma. Total, estaba sola, nadie pensaría que hablaba con mi reflejo si no me veían.

Con  más decisión de la que había tenido desde que dejé Inglaterra, salí del baño y me aproximé a la mesa donde estábamos sentados Drake y yo. En ese momento le vi de pie, así que me armé de valor y tiré de su mano, haciendo que se diera la vuelta y me mirara para ver que sucedía. Había cerrado los ojos para no echarme atrás en el último momento, por lo que ni si quiera vi su rostro cuando acabé besándole. No tardé demasiado en apartarme, y el beso resultó ser peor de lo que recordaba. En ese momento abrí los ojos y me encontré frente a mí a un desconcertado camarero. – Yo… Yo… - Balbuceé. No sabía que decir, el hombre rió y me dio un beso en la mejilla para seguir siguiendo sirviendo las mesas. Bien, Fly, tener valor para equivocarte al besar. Normal que no me hubieran mandado a Gryffindor con esa mierda de valor.


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Drake Ulrich el Lun 12 Mayo 2014 - 17:42

¡Madre mía! ¿Desde cuándo soy un filósofo en potencia? Si es que esto del vodka me vuelve más inteligente. O quizás el chocolate. O la mezcla de las dos, no lo sabía con certeza. La verdad es que esas frases filosóficas no solucionan nada, sólo hacen que tengas que pensar en ellas y, por consiguiente, no pienses en el problema. Que oye, lejos de no ser nada, sirve para distraer la atención. No me gustaba ver a nadie triste y a su vez me gustaba ayudar; y si diciendo esas estupideces consigo eso, pues bienvenida sean esas hartadas de estupideces.

Fly afirmó que “La tenía”. ¿Supongo que se refería a que su problema tenía solución? No estaba muy seguro, ya que hablé de tantas cosas que hasta yo me quedé confundido. A veces mi mente busca en su registro cosas filosóficas y las vomito todas que luego no sé ni lo que digo. Sonreí ante lo de ir al baño y con un asentimiento vi como caminaba hacia el lavabo. Yo me quedé allí sentado, a su espera. Me eché más vodka ya que me sentía, en realidad, bajo presión inconsciente. Estaba cómodo a su lado, pero era Fly, inevitablemente me sentía cohibido. No sabía por qué… ese nerviosismo de ver a alguien que fue tan importante en tu vida en una etapa en dónde ya nada es lo mismo. Cada uno tiene su vida ahora, así que ni de lejos aquella importancia resuena por el tiempo. Simplemente quedó atrás.

Bebí de mi batido, colocándome más cómodamente sobre aquel banco. Pero tenía encima esa incomodidad de no saber ni cómo sentarme, por lo que antes de que viniera el camarero, cambié por lo menos cinco veces de posición. El camarero vino para ver si queríamos algo más de comer y yo aproveché para pedirle, para cuando me fuera, esos gofres que vine a comprar en un principio. Él me sonrió cuando le conté el porqué de tantos gofres y compañeras de piso cabreadas y fue entonces cuando alguien tiró de él, dándole la vuelta y besándole. Aquello hubiera sido algo sumamente divertido de haber sido otra persona, pero sólo quedó en divertido al ver a Fly con cara de “¿Qué coño he hecho?” cuando se separó del camarero y éste le dio un beso luego en la mejilla. No te pases camarero. ¿Y ESE BESO A QUÉ VINO, CAMERERO? ¿Sabéis esa sensación INCÓMODA cuando pasa algo que no está en los planes y que te molesta pero en realidad no quiere que te moleste? Sí, algo así como celos. Sí. Eso. Celos. PUES CELOS. Sonreí fingidamente cuando Fly se sentó nuevamente, intentando que pareciera natural.

Ajá. ¿La solución era besar al camarero? —pregunté, volviendo a coger mi batido y bebiendo mucho de él. Pero mucho. Esperaba haber echado antes suficiente alcohol como para que el chocolate sólo fuera placebo. Luego pensé que por qué narices habría besado al camarero. ¿Le gustaran los uniformes de camarero? ¿Quizás antes de que yo llegara habían tenido feeling? ¿Por qué lo hace delante de mí? ¿Eh? ¿Eh? ¿No se supone que tenía pareja? ¿Antes me dijo que tenía pareja? O quizás se quedó en Noruega por la pareja y luego lo dejaron… Madre mía Fly, qué ganas de hacer que me coma la cabeza innecesariamente...

¡No sabía ni cómo seguir con la conversación! Aunque lo primero que debería hacer es dejar de beber de mi batido. Intenté seguir con aquello como si fuera una agradable anécdota. Sería lo mejor y así no me comería tanto la cabeza sobre el “por qué” y el “me importa y no debería”. Sonreí tras dejar el vaso sobre la mesa, esta vez aparentando mucho mejor.

—  ¿A qué ha venido eso? —miro al camarero y justo está mirando a Fly. ¡No me extraña, maldito! ¡Olvídate de ella! Le tiro una maldición con la mirada y espero que deje de mirarla si no quiere que se la mande con la varita—.  Ahora le has dejado loquito. No para de mirarte. Fly, no puedes ir por ahí armando corazones de amor. —intenté bromear, aunque como ahora ya estaba en paranoia fui incapaz de pensar que si, en realidad, a lo mejor ahora ella iba por ahí de esa manera. Que hombre, le serviría, es guapa e inteligente, un hombre, COMO ESE CAMARERO, caería a sus pies con un beso como el que le acaba de dar. Encima no fue un simple beso no, fue un beso beso beso. Uno de esos besos de verdad. Suspiré a la espera de que Fly me contase qué trabe le había dado. También tenía ganas de preguntarle si no era que tenía pareja o no, pero yo que sé, me daba corte. ¿Quién era yo para juzgar nada? ¡Pues nadie, sólo su amigo al que hace mucho tiempo que no ve y ya está! Eso sí, parece tener suma confianza en mí, porque mira que bien se besa delante de mí con otros, parecemos amigos de toda la life. Pues si esto es lo que supone ser su amigo. ¡No quiero ser su amigo!

Me hacía gracia la actitud infantil que había adoptado mi Drake interior que, por poco, se va a un rincón de mi cabeza, se amula y no respira, pero era lo que había. No me esperaba sentirme tan mal y fuera de lugar delante de algo así.
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Fiona T. Shadows el Lun 12 Mayo 2014 - 20:17

Sí, la situación posterior a la visita al baño fue de todo menos cómoda. Pero no hablando de cómodas de esas que hay en las habitaciones. Algo que jamás comprenderé,  ¿Por qué se llama cómoda a la cómoda si es un trozo de madera nada cómodo? Vamos, si tuviera cojines, o fuera una cama de agua, pues entendería que se llamara cómoda. Pero ahí no había manera humana de dormir, vamos, eso pensaba yo. Y eso que pensar no era precisamente lo mío.

¿Quién sería capaz de cometer semejante fallo si no soy yo? Porque NADIE, y repito NADIE besa a un desconocido por equivocación. Da igual lo que hayas bebido, lo que te hayas fumado o que te acabes de levantar de la siesta. ¡No – haces – eso! No, no, no y no. ¿Por qué? Vamos, ambos eran hombres más altos que yo pero… ¡NADA MÁS! No se parecían ni en el blanco de los ojos, básicamente porque Drake no los tenía muy blancos después de tanto Vodka. Y… ¡Ah! Estúpida niñata encerrada en el cuerpo de una mujer enana. Si es que no se podía ser más estúpida. Cuando Drake ironizó acerca de la situación me quedé en blanco, incluso más de lo que ya estaba. Negué con la cabeza y pasé ambas manos por mi cara, intentando recobrar algo de la consciencia que había perdido en aquel momento. No contesté, sino que le limité a dejarme a caer sobre el banco en el que estaba Drake sentado y esconder mi cabeza. Bajé la mirada al suelo, apoyando mis codos sobre mis piernas y sujetando la cabeza con ambas manos. Con la vista fija al suelo. Idiota, eso es lo que eres Fiona, idiota. – Actúa como si eso no hubiera pasado nunca, Drake. – Sentencié levantando la mirada y mirando al chico que tenía a mi lado.

Efectivamente, ahora el camarero miraba y sonreír. ¡Sí, te he besado porque soy idiota, quita tu mirada de esta mesa y vete a servir mesas, maldito muggle! Sí, la vena Slytherin en algún momento tenía que salir. Pues aunque jamás había sido mala gente (no mucho), ni había discriminado por nadie por su sangre, aquel hombre me enervó. Aunque si hubiera sido mago, el mismo comentario se lo hubiera llevado en mi mente. En aquel mismo instante habría salido corriendo por la puerta y habría desaparecido en dirección al Hotel donde debería estar en aquel momento. Cogí la botella de vodka que había sobre la mesa y bebí lo que quedaba en ella del propio recipiente. Así, tipo vagabundo colocado en mitad de la acera. – Déjame. – Negué con la cabeza y apoyé mi cabeza sobre su hombro, de manera que mi vista quedara fuera de la vista de cualquiera que intentara ver mis ojos. Los cerré, pensando que no era más que una mala pesadilla. O más bien, deseando que lo fuera.

Subí ambas piernas al banco, de manera que quedé encogida, en posición fetal y agarrada al brazo de Drake. No quería, ni podía, hablar. No sabía qué decirle. ¿Por qué había hecho aquello? Pues porque le había confundido con el camarero, pero casi que prefería que no lo notara y me mandara a tomar vientos por donde había venido. Porque claro, aparecer después de ocho años y comportarme así, era de todo menos normal. – Yo… - Volví a balbucear al tiempo que levantaba la cabeza. Pero no tardé en esconderla de nuevo sobre su hombro.
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