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Fiona T. Shadows el Sáb Nov 25, 2017 6:05 pm


Tras la celebración de Halloween levada a cabo en el refugio de la Orden del Fénix, Fiona había perdido por completo el paradero de Drake. Este se había limitado a explicarle que tenía que irse para secuestrar a una Mortífaga y así uno de sus amigos pudiese suplantarla en su puesto de trabajo en Hogwarts. La cara de Fiona había sido un poema en aquel momento y la chica se había limitado a coger entre sus brazos a Gabriella – con su adorable traje de monstruito – cuando Drake se la había tendido para desaparecer en cuestión de segundos.

- ¿Pero qué…? – La frase quedó en el aire y Fiona con cara de no entender qué narices acababa de pasar ante sus ojos.

No mucho después dejó atrás la fiesta y los huevos de supuesto cocodrilo que había estampado contra la cabeza de algún que otro desconocido solo porque no habían comprendido que si dices “truco o trato” tienen que darte caramelos. ¿Qué tipo de madre era si no pedía dulces para Halloween? Aunque Gabriella aún no tuviese dientes para masticar debía tener la mayor cantidad de caramelos posibles en su calabaza de plástico que acumulaba polvo. ¡Era una necesidad!

El día siguiente lo había pasado en casa con la visita de unos trabajadores del Ministerio de Magia que afirmaban haber visto a Drake Ulrich en pleno centro de Londres la noche anterior y argumentando que, al no estar Fiona en la fiesta, debía haberle ayudado a pasear por las calles de la ciudad como si fuese un ciudadano no perseguido por la ley. Fiona bufó, ¿Dónde se supone qué debía estar aquella noche? ¿E una discoteca con un bebé de seis meses? Obviamente no.

- Se lo repito por enésima vez. Estuvo con nosotros en casa. Todos los años hacemos una noche de historias de terror y como Gabriella aún no entiende lo que le contamos, este año recuperamos la tradición familiar. ¿No ve que aún no entiende nada? – William se colocó frente a su niega y se agachó ligeramente para que sus rostros quedasen a la misma altura. - ¿Verdad Gabi? ¿A que a ti te da igual que te diga que el coco te va a morder esos mofletitos? – En lugar de mostrar miedo, la niña elevó sendas manos en dirección al rostro de su abuelo en un intento por atrapar su nariz mientras  abría la boca de par en par y dejaba escapar una carcajada.

- ¿Cómo piensa que mi hija estaría ayudando a ese innombrable después de todo lo que le ha hecho pasar? –Preguntó retóricamente Beberly fingiendo estar muy molesta con la situación y aquella incómoda pregunta que lanzaban desde el Ministerio de Magia. – Es una acusación muy grave señor…

- McConell.

- Señor McConell. – Repitió Beberly. – Ya ha pasado mi hija por suficientes problemas por culpa de ese hombre como para que ahora vengan a su propia casa a acusarla de algo parecido. Por favor.

No tenían pruebas que pudiesen demostrar que aquello era cierto y, para sorpresa de los dos miembros del cuerpo de Aurores enviados aquel día a casa de Fiona, tanto la mujer como sus padres eran excelentes oclumantes. ¿Qué esperaba de alguien que había ocultado durante toda su vida sus ideales a su familia? ¿Y de alguien que había querido mantener siempre protegidos a los suyos? Estaban preparados para prácticamente cualquier cosa.

Menos para lo que sucedió. Pues nada más marcharse los agente de la ley, Gabriella vomitó sobre la ropa de Beberly y luego volvió a reír, como si no fuese consciente de lo que acababa de suceder.

Fiona sentía que con tanta presión se le caía el mundo encima. El Ministerio de Magia por un lado, la Orden del Fénix por otra y el acoso constante de sus padres, quienes comenzaban a ser un enorme dolor de cabeza  día tras día. Pregunta tras pregunta. Y por eso, sin contar  con su aprobación y aún con ellos en casa, Fiona fue en dirección a la zona segura para fugitivos en busca de Drake. Aún le debía una maldita explicación por lo que había hecho.

- ¿Pero tú estás loco? ¿Cómo se te ocurre irte a Londres sin una poción multijugos? ¿No pensaste que alguien podría verte? – Preguntó Fiona en un tono de voz apenas audible, algo extraño teniendo en cuenta que le estaba recriminando su actuación y, de estar en condiciones normal, habría acompañado sus palabras con gritos. Pero tener a Gabriella dormida entre sus brazos le impedía gritar y hacía que la situación fuese un tanto cómica.
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Drake Ulrich el Jue Dic 07, 2017 2:10 am

Uf. Todo había salido decentemente en la misión con Steven. Y cuando digo 'decentemente' es porque si todo salió bien es porque Merlín es grande y nos protege allá en donde esté, porque está claro que entre que estábamos verdes y que la mujer elegida parecía más peligrosa de lo normal, fue un puto milagro. Sigo pensando que el señor encargado de validar el karma de las personas puso a Baltimore esa noche en su compañía solo para que fuese un punto a nuestro favor, porque sin duda no había tenido otro papel en aquel momento más que desfavorecer a su compañera y ayudarnos a nosotros. Pobre desgraciado.

Después de una dura noche, había descansado como un bebé, consciente de que pronto me caería la del siglo por haber hecho lo que había hecho, sin ni siquiera haberme currado una buena explicación. Pero seamos sinceros... yo bajo presión no funciono y eso de tener que explicarle a Fly que iba a raptar a una persona, pues claro, me sonaba un poco hardcore y fuerte. Que sí, que debería de haber suavizado un poco la entrada de la conversación o directamente no haberle dicho nada para ahorrarle preocupación y un acto humillante por mi parte, pero no puedo. ¡No podía ocultarle cosas a mi mujer! Además de que era mil veces peor, porque si lo intentaba, ella se daría cuenta de que yo estaba mintiendo y al final el cabreo posiblemente fuese mil veces peor a que si cuento la verdad de la manera más estúpida posible.

Es por eso que esa tarde, después de que hubiese merendado un yogur en medio de la zona común de los refugiados, me encontré a Fly de camino a mi habitación, con Gabriella dormida en sus brazos. Fue gracioso, ya que nada más acercarme a ella lo único que pude hacer fue mirar la carita somnolienta de mi hija en los brazos de aquella chica cargada de mal humor. ¿¡Cómo podía tener tan mala leche con semejante monada entre los brazos!? A mi se me ablandaba —más todavía— el corazón.

¿Me estás echando la bronca? —pregunté susurrante cuando ella terminó de hablar. —Eres consciente de que toda tu potencia hostil para echarme la bronca no va a acorde con que me susurres, ¿verdad? Parece que me estás diciendo cosas guarretas en voz baja para que Gabriella no lo escuche —bromeé eso último, sonriendo, consciente de que a ella no le haría mucha gracia porque estaba pasando de su bronca. Y claro, yo como buen marido, no iba a pasar de su bronca. —Vamos, entra.

La habitación que nos proporcionaban en el refugio era pequeña y con lo mínimo para tener un pequeño hogar, por lo que tras abrir, se vio un pequeño habitáculo con todo lo necesario para la vivencia de una sola persona, ya que yo allí abajo me quedaba solo, por lo que tenía una de las habitaciones mas pequeñas.

Deja a Gabriella aquí, mira, le hice una pequeña cunita —dije, señalándole a una cosita pequeña hecha de madera que había hecho con restos de madera que había conseguido por el refugio. Era una cosa cutre y pequeña, pero oye, me gustaba que Gabi también tuviese su zona de confort allí. —Me he vuelto carpintero en mis múltiples horas de tiempo libre aquí abajo.

Yo me senté en un taburete mientras miraba a Fly, para entonces empezar a contestar a sus acusaciones anteriores, las cuales me había tomado con soberana filosofía.  

Y no estoy loco. Claro que pensé que alguien podría verme, pero no iba con intención de bailar en la fiesta, sino que tenía un destino y lo tenía todo controlado. Y la verdad... teniendo en cuenta que todos estaban borrachísimos, lo mismo daba hasta que me pusiese a bailar en medio de ellos —le contesté. —Que sí, que si hubiera ido con una poción multijugos hubiera estado mucho más protegido, pero no es que nos sobre precisamente de esas pociones en el refugio y prefiero guardármelas para cuando me hagan realmente falta. —Después de lo mal que lo pasé cuando tuvo a Gabriella, me había obligado a tener una de repuesto para casos como ese de mucha importancia. Alcé entonces los brazos, como mostrándome entero. —Y como puedes ver, no me hizo falta.

Aunque por lo que pasó pareciese que Steven y yo no hubiésemos pensado mucho en el plan, no era así. ¡En verdad sí que lo pensamos! Y habían muchos motivos por los que no necesitar poción multijugos esa noche. Eso sí, no le iba a quitar razón a Fly por haber estado preocupada, ya que dadas las circunstancias en las que vivíamos, no solo me ponía en peligro a mí, sino que la tapadera de Fly podría verse debilitada si su marido se anda por ahí.

No puedo utilizar una poción multijugos cada vez que salgo del refugio, Fly.  Siento haberte preocupado. —Me disculpé.
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Fiona T. Shadows el Vie Dic 08, 2017 4:42 pm

¿Pero cómo no iba a echarle la bronca? Después de lo mucho que les había costado conseguir sacar a Drake de Azkaban como para que encima ahora anduviese por ahí poniendo su vida en peligro sin razón alguna. Porque hasta donde Fiona sabía, Drake se había ido a secuestrar a una señora. ¡A secuestrar a una señora! ¿Pero qué clase de delincuente era? A lo mejor Drake se sentía culpable por haber acabado en Azkaban cuando no tenía culpa alguna y se estaba dedicando en cuerpo y alma a estar a la altura – delictivamente hablando – del castigo que había pagado.

Luego estaba ese pequeño problema de intentar regañar a alguien cuando tenías un bebé dormido entre tus brazos. No era fácil parecer atemorizante cuando llevas un bebé  dormido que no te permite gritar. Y eso, sumado a no alcanzar el metro sesenta, pues acaba siendo un problema. Se limitó a poner cara de pocos amigos y avanzar en dirección al interior de aquella pequeña habitación/apartamento donde Drake vivía. Su pisito de soltero, como solía llamarlo Fiona.

- Cierra el pico. – Dijo de mala manera en una especie de gruñido. Por su parte, Gabriella seguía dormida sobre los brazos de su madre sin emitir el más mínimo sonido, ajena a lo que estaba sucediendo a su alrededor. Porque así era la vida  de los niños, que viven al margen de lo que pasa a su alrededor y cuyas únicas preocupaciones son las de dormir, llorar, comer y llenar los pañales de arco iris.

Avanzó hasta situarse frente a la cuna de madera que Drake había construido como si fuese carpintero o ebanista y colocó a la niña con cuidado en ella. Gabriella se movió al no notar que estaba en los brazos de su madre y buscó desesperada –y dormida – algo a lo que agarrarse. Acabó con las dos manos aferradas a las mantas antes de que Fiona pudiese taparla.

- Pero tú eres tonto. – Le dio una colleja nada más se acercó a él, aún con la voz casi en un susurro para no despertar a Gabriella lo que hacía que aquella discusión no pareciese una en absoluto. -¿Y te parece que para salir por mitad de Londres, a una fiesta de magos donde cualquiera te puede reconocer, no es una situación donde realmente haga falta? – Preguntó sin comprender qué le pasaba a Drake en la cabeza para no ver las cosas del mismo modo que ella las veía. - ¿Tú sabes lo complicado que fue sacarte de Azkaban? ¿Quieres volver ahí? Porque si quieres, no puedes. – Contestó su propia pregunta tajante. – No puedes volver a Azkaban, ¿Te queda claro, Ulrich? No puse mi vida y la de mi hija en peligro para meterme en esa prisión burlando la seguridad y jugándome mi tapadera para que tú vayas por ahí de secuestrador y te metas en problemas de los que no puedes salir. Y que te quede claro que no tienes ningún derecho a dejarme sola con Gabriella. Es tu hija y suficiente tengo con estar sola de cara al público. Pasarme las noches sola cuidando de ella cuando se pone mala y preocupándome para que no le falte de nada mientras tú no puedes  salir de aquí. No vas a jugártela más porque se lo debes a ella y me lo debes a mí. No me vas a dejar  sola con una hija. – Aún cuando su voz sonaba en apenas un hilo para no despertar a la niña, podía notarse el enfado contenido en sus palabras. Tenía ganas de golpearle  con sendos puños en el pecho y aferrarse a él con todas sus fuerzas. No sabía lo que suponía para Fiona toda aquella situación. Toda esa soledad mezclada con la sensación de no saber qué podría pasar al día siguiente. - Ahora tienes una hija y es tu responsabilidad. No puedes hacer estas tonterías como si no hubiese consecuencias.

¿Cómo que no podía? Por Merlín, había pocionistas que trabajaban para la Orden. Sí, costaba esfuerzo conseguir tanta poción multijugos y no se podía dar a diestro y siniestro para cada vez que alguien quería pasear por Londres poniendo su vida en peligro. Pero aquello era diferente, ¡Había ido a secuestrar a una señora! Eso tenía que ser por algo, ¿No?

- ¿Por qué saliste? – No dijo nada respecto a su intento de disculpa, sólo quería saber por qué.
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Drake Ulrich el Miér Dic 13, 2017 3:11 am

Ay, jopé. En verdad me sentía mal haciendo sentir mal a Fly. O sea, era como un bucle infinito, ¿sabes? ¿Pero qué iba a hacer yo? Es decir, yo sé que tiene razón. Siempre la tiene. Además de ser Slytherin —y esa astucia la sabe utilizar muy bien para siempre tener la razón, no sé como lo hace—, es mujer y estamos casados, así que tiene un noventa por ciento de probabilidades de que tenga la razón siempre. Yo, sin embargo, lo único que tengo que pueda darme un triste diez por ciento de probabilidades, es que soy muy mono y a veces mi sonrisa ayuda. ¡Pero vamos, que no! Que estoy perdiendo en la mierda cada vez que discutimos.

Y admitámoslo, si discutimos es porque yo soy un puto desastre.

La entiendo. Claro que la entiendo. Si hasta yo me odiaría si me hiciese pasar a mí mismo un mal trago de ese estilo... pero no sé, ¿ella no podía entender que, como fugitivo que era, tenía que luchar contra la vida y eso? La opresión, y esas cosas. Que ella no está oprimida, está ahí viviendo una vida de mierda, pero al menos no está oprimida. ¿Pero yo? ¿Qué iba a hacer yo? Ella apostaba por esperar a que Dumbledore hiciese magia suprema y lo arreglase todo, pero es que si no actuábamos... todos nos íbamos a volver locos. ¡Pero claro, ya me dirás como le digo yo todo esto a Fly sin sonar como un auténtico subnormal! Ella hará todo lo posible por hacerme parecer como un subnormal Y YO LO SÉ.

Estaban borrachos —respondí a su pregunta. —Y a su rollo. Ninguno se esperaría ver a fugitivos por allí.

No sonaba muy convincente, lo sé.

Y claro... de repente me echó tremenda bronca que me dejó helado. ¿Y qué le contestaba yo a eso sin parecer subnormal? En serio, es que por mucho que pienses, no hay respuesta adecuada a esa reprimenda que pueda hacerme salir de la burbuja de retrasado que me encontraba ahora mismo.

Fly... —Carraspeé, frunciendo el ceño. —Yo te entiendo, pero... los dos sabemos que tienes toda la razón del mundo y que diga lo que diga voy a quedar como un subnormal. Eres lo más importante que tengo en esta vida y encima me has dado otra razón por la que luchar hasta morir si hace falta —dije, mirando a Gabriella. —Pero mi lucha está ahí fuera y necesito participar en ella. Sé que soy imprudente y te prometo que lo remediaré. Me pasaré hasta el último minuto del día haciendo poción multijugos si hace falta. Pero no te preocupes, porque no pienso volver a fallarte, otra vez.

Porque sí, para mí haberme dejado capturar —por mucho que fuese por una buena causa— aquel día y que me metiesen en Azkaban... fue absolutamente una derrota en mi vida. ¿Y después de enterarme que Fly se quedó embarazada? Sólo me sentía lastre y, obviamente, no quería volver a hacerlo. Si fuera por mí, me pasaría con Gabriella y con Fly todo el tiempo que se me permitiese, pero dadas nuestras circunstancias teníamos que acostumbrarnos a vivir prácticamente diferentes vidas.

Mi amigo Steven necesitaba mi ayuda —respondí, aunque era bien consciente de que no le iba a gustar la respuesta más elaborada, pese a que se la iba a decir de todas maneras. ¿Pero ayudar a un tipo a acercarse a su hija cuando yo hice una imprudencia que podría haberme alejado de la mía? Sí, definitivamente se iba a cabrear. —Su hija está en Hogwarts y no tiene contacto con ella. No se fía una mierda de todo lo que pasa en el castillo, por lo que aprovechando su metamorfomagia quiere cambiar su aspecto todo lo posible para hacerse pasar por otra persona y optar a profesor. Podrá vigilar a su hija, estar con ella y, de paso, nos servirá como un espía entre las filas enemigas —le contesté rápidamente para ver si se quedaba con lo último e importante en plan: ¡woow, un espía entre las filas enemigas! ¡Qué buena idea, te amo! Y así no me odiaba tanto. Seguí hablando, para seguir desviando la atención del tema peligroso. —Todo salió bien. La profesora en cuestión está bien lejos y con la memoria cambiada. No recuerda nada de quién era en Londres y ahora tiene una nueva vida.
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Fiona T. Shadows el Jue Dic 14, 2017 5:13 pm

Respiró hondo. Una. Dos. Y hasta tres veces.

Drake podía dar gracias de que Gabriella estuviese profundamente dormida en la cuna a no mucha distancia de donde se encontraban o Fiona estaría gritando de tal manera que haría que le sangrasen los tímpanos. Se los curaría con el hechizo preciso para ello si hacía falta y volvería a rompérselos de un grito. Y lo mismo haría con sus pelotas si seguía diciendo aquellas tonterías.

- Escúchame bien, Drake. – Su voz parecía calmada y serena. Pero lo que realmente sucedía es que estaba haciendo un esfuerzo superior a ella por no romper a gritar de tal forma que alertaría a toda la maldita Orden del Fénix y a los fugitivos que vivían en el refugio de  lo que estaba pasando. – Si vuelves a hacer eso, te capo. Cojo unas tijeras de podar y te corto las pelotas para colgarlas en el maldito árbol de Navidad este año. Sí, en ese tan grande que pondrán en la zona del refugio, en ese mismo, para que todo el mundo pueda verlas. Pero antes te las vuelvo a coser y te las vuelvo a cortar. Y así hasta que aprendas a no salir de aquí jugándote la vida y tu libertad. ¿Sabes qué mal cuerpo se me quedó cuando te fuiste así sin más? ¿Tú ves normal decirme que te vas a secuestrar a alguien y desaparecer? – Respiró hondo. Una. Dos. Y hasta tres veces.

Lo iba a matar. Señor, dame paciencia, porque como me des fuerza, lo mato.

Drake no podía parar de poner excusas para justificar sus acciones y eso a Fiona no le servía. No, no le servía para nada. Ella no quería que Drake simplemente desapareciese de la vida de ambas aunque posiblemente fuese lo más fácil para poder vivir en paz. Si Gabriella desconocía la existencia de su padre, era probable que sus condiciones de vida fuesen mucho mejores. Pero no. Fiona había elegido el camino complicado y quería que la pequeña pasase tiempo con un padre al que parecía no importarle jugarse su vida día sí y día también.

- Eso espero. – Sentenció sin decir nada más al respecto, con los brazos cruzados sobre el pecho y mirando a Drake. Aunque la diferencia de altura fuese algo evidente e incluso llamativo, Fiona se sentía en aquellos momentos tres metros por encima de Drake después de toda aquella disputa.

Cogió uno de los cojines del sofá y lo tiró directamente a la cabeza de Drake después de que contase la historia de lo que habían hecho.

- ¡Steven tiene una hija y tú tienes otra! En lugar de preocuparte por su maldita hija, preocúpate por la tuya, ¿Entendido? – Ay por Merlín, si es que encima ponía como excusa que sería un espía entre filas enemigas. ¡Steven Bennington! Al que Fiona apenas conocía pero, como miembro de la Orden, sabía que no pertenecía a ella. Y que encima el pobre seguramente no sabía ni qué demonios era aquello y ahora Drake le tachaba  de héroe que se había metido en la bola del lobo y podría proporcionarles información desde dentro. – Vale,ya está. Ya está hecho. Pero tienes que prometerme que no harás ninguna locura así nunca más, ¿Vale Drake? Soy capaz de someterte a un juramento inquebrantable y así te mueres antes de que te maten. – Sí, no sonaba muy bien, pero parecía una buena opción para que se estuviese quieto.

Incluso… La bombilla se  encendió sobre su cabeza. Tenía un plan perfecto.

- No, mejor. Vamos a hacerlo ahora mismo. – Se remangó y sacó su varita. Dudaba que Drake fuese consciente de la diferencia entre un juramento inquebrantable real y una mera actuación, por lo que la castaña, sin previo aviso, tomó el brazo de Drake entre el suyo propio y, con la varita, dibujó una floritura que hizo aparecer una pequeña luz que rodeaba sendas manos. No era más que un truco de magia barato, literalmente. – Ahora debes jurar que no saldrás de aquí sin mi permiso. Que no te jugarás tu vida a no ser que sea por tu propia familia. Y que dejarás de intentar suicidarte cada diez días poniendo un pie fuera de este lugar. – Insistió, esperando que Drake lo repitiese pero en primera persona. – Y si lo incumples, morirás.


Última edición por Fiona T. Shadows el Vie Dic 15, 2017 8:18 pm, editado 1 vez
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Drake Ulrich el Vie Dic 15, 2017 1:36 pm

Estaba muy cabreada. Demasiado cabreada. Seguro que si le apartaba el pelo podría verse su vena hinchada en el cuello, pero no iba a tentar a la suerte de acercarme no vaya a ser que me arrancase la mano de un manotazo. Que parece pequeñita, pero tiene una fuerza abismal. La verdad es que para ser sinceros... no había sido demasiado empático pensando en cómo podría haberse quedado Fly después de que yo hubiese echado bomba de humo después de la fiesta. Suspiré, teniendo claro que lo mejor era pringar y reconocer mi error, como siempre. Si es que soy un señor que vive a base de errores, un día de esto me va a dar un puto pantallazo azul de lo inútil que soy.

No lo pensé... definitivamente no lo pensé... —confesé, haciendo una pequeña pausa. —No, muy normal no es, sobre todo teniendo en cuenta que no suelo secuestrar personas...

Menuda bronca me estaba echando, madre de Merlín. Mi cara había pasado de ser una cara normal a ser la de un maldito perrito abandonado y herido en medio de una calle desierta mientras llueve a cántaros. Ése perro era yo. De repente me sentía super fatal, aunque ligeramente afortunado de tener una hija durmiendo que evitase que Fly ahora mismo estuviese gritándome con tanto odio que fuese capaz de hacer explotar mis tímpanos.

Era evidente que iba a reparar en el hecho de la hija de Steven, por lo que me limité a bajar la cabeza (aprovechando para esquivar el cojín) y mirar hacia abajo, asumiendo la culpa de idiota que tenía. Lo mejor fue cuando escuché el 'ya está hecho', imaginándome que iría acompañado de un: 'te perdono porque te amo con locura pero no lo vuelvas a hacer, cari', pero no. No llegó eso. Iluso de mí pensar que Fly diría eso, que nunca me llama cari. De repente, lo que llegó fue mucho más serio y me dejó helado. ¿Un juramento inquebrantable, en serio? La miré asustado. ¡ESO SE ESTABA PONIENDO DEMASIADO SERIO! ¿Qué sería lo siguiente: EL DIVORCIO?

Uff, taquicardia.

Lo pensé detenidamente: nunca había estado frente a un juramento inquebrantable. ¿Eso cómo narices va? O sea, sabía que iba prometiendo cosas y si no las cumplías pues te morías. Que si te pones a pensarlo seriamente, ¿qué maldita alma desgraciada habrá creado eso? Porque para crear algo así una persona tenía que estar hasta las mismísimas narices de que la gente pasase de su culo y las promesas.

¿Estás de broma? —pregunté, porque yo soy muy tonto y tengo que asegurarme de las cosas que me parecen inverosímiles. —¿En serio quieres hacer un juramento inquebrantable conmigo? ¿No te vale con mi promesa? ¿No confías en mí? —De repente me sentí el peor marido del universo. ¡MI ESPOSA QUERÍA HACER UN JURAMENTO INQUEBRANTABLE CONMIGO! Eso significaba solo una cosa: me había convertido en lo peor. En un lastre. Tío, o sea, estaba alucinando y me estaba sintiendo muy mal. ¿Puedo llorar? No, no puedo llorar. Qué clase de hombre sería si me pongo a llorar ahora.

Tomó mi brazo así sin amor y sin nada (tanto odio me estaba rompiendo el corazón) y unos hilos dorados comenzaron a rodear los dos brazos, creando un vínculo. Miré a los ojos de mi chica mientras me decía las palabras que quería que prometiese, bastante triste. Yo era bien consciente de que ahora mismo mi vida estaba totalmente vinculada a Fly y Gabriella, pero no podía prohibirme actuar en base a mis creencias, ¿no? ¿Y si de repente un día tenía que salir porque mi mejor amigo está en peligro? ¿No podría?

Pero Fly... —Pero claro, luego estaba la contraparte: si yo no prometía eso, ella se lo tomaría como falta de confianza, ya que se creería que si no lo prometo es porque tengo intención de volver a intentar suicidarme dentro de diez días y que no me preocupo ni por ella ni por nuestra hija. —¿En serio me vas a hacer prometer algo que me puede matar? —Tragué saliva.

No quería decepcionarla, eso era lo último que quería siempre aunque no lo pareciese, pero tampoco quería arriesgarme a algo así. Sin apartar la mirada de sus ojos, intenté recordar lo que me había dicho para repetirlo, aunque con algunos cambios. Pero estaba tan nervioso que...

Juro que no saldré de aquí sin... decírtelo antes y... —No necesariamente con su permiso. Que se lo puedo mandar por carta el aviso y eso. —No me jugaré la vida si no es por mi familia... —En verdad eso lo tenía claro. No hubiera ido a lo de Steven si no llego a tener cierta seguridad en que me iba a quedar con vida. Yo soy el último que quiere morirse y abandonar a mi familia, aunque no se note. Se suponía que el secuestro iba a ser pan comido, aunque se nos torciese un poco la cosa. —Y dejaré de intentar suicidarme cada diez días. —Que podría ser en menos tiempo, aunque yo nunca intento suicidarme.

Esperé a que pasase algo mágico entre los dos brazos, confundido y muy triste. MUY TRISTE.
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Fiona T. Shadows el Vie Dic 15, 2017 9:48 pm

Con Drake había conseguido evolucionar a “madre capaz de dar regañinas” en cuestión de segundos. No comprendía cómo se le había ocurrido cometer tal acto de locura pero lo hecho, hecho estaba. Ya no había vuelta atrás. Ni aún con un maldito giratiempos podría arreglar lo que había hecho un par de noches atrás sin ser consciente de las consecuencias de sus acciones. Acción, reacción. Eso es, Drake. Por ejemplo, si le haces un regalo de mierda a alguien pueden echarte de la comitiva de hacer regalos. O darte un aviso y que decidas destrozar la casa y hogar de la dueña de la comitiva de hacer regalos y que esta, en lugar de pedirte que arregles su casa, te eche a patadas. Vamos, una metáfora de la vida misma.

Respiró hondo de tal manera que parecía que se iba a acabar ahogando de tomar tal bocanada de aire después de haberse puesto roja como si de un tomate se tratase. Y no sólo por hablar tan rápido que parecía que se iba a quedar sin oxígeno en los pulmones, sino por el enfado que tenía encima en aquellos momentos por el comportamiento de Drake. ¡Que ya tenía treinta años y parecía que tenía ocho!

¿No era obvio que no confiaba en él?

- Drake. ¿Cuántas veces te he tenido que decir ya que dejes de hacerte el héroe suicida? Te cuelas en casa cuando pueden descubrirte los del Ministerio y te vas a secuestrar brujas por ahí. Perdona si no confío en ti. – Dijo aquello con un tono irónico que casi podía olerse. ¡O masticarse! No comprendía cómo, después de todo, se atrevía a preguntar aquello. – Y eso sin contar las veces que saldrás de aquí a intentar suicidarte sin que yo me entere. Mira, así la próxima vez que tengas un plan suicida directamente te mueres y no corres peligro de que un Mortífago te pille, te torture y se acabe enterando de dónde está el refugio o que tu mujer, que sigue jugándose el cuello trabajando para el nuevo gobierno, es una traidora. ¿No es mucho mejor plan? – Sí, ahora la ironía ya podía masticarse. Aunque seguramente Drake no tendría el estómago para comer nada después de todo aquello.

Elevó una ceja ante las dudas de Drake. Si es que encima de tonto era más tonto todavía. No sólo porque se estuviese creyendo aquella pantomima que Fiona iba a usar para mantenerle quietecito en casa, sino porque además de todo seguía preguntándose si aquello iba en serio.

- Salir de aquí ya puede costarte la vida y no te lo piensas tanto. – Apretó con fuerza el brazo de Drake (draque para los amigos) dándole a entender que no pensaba dar su brazo a torcer con aquello. ¿De verdad pensaba que Fiona era capaz de someterle de tal manera? Vale que había pertenecido a Slytherin. Vale que en ocasiones no era la mejor persona que podrías cruzarte. Pero, ¿Obligar a su marido a hacer un juramento inquebrantable? Aquello era ir demasiado lejos incluso para ella.

Afirmó con la cabeza según Drake iba enumerando sus juramentos. Le valía. Total, no importaba mucho el vacío legal teniendo en cuenta que no iba a morir en ningún momento por romper el juramento. Si moría era por ser un cabeza hueca inconsciente que decidía jugarse la vida como el que jugaba una partida a la petanca con los viejos del parque mientras las palomas miraban y comían pan.

- Bien. – Afirmó esta vez de manera verbal y, con ayuda de su varita, hizo que la luz creciese hasta impactar primero en su pecho y seguidamente en el suyo propio. ¿Algo que ver con un juramento real? Nada en absoluto. Tan sólo las palabras, parte de la luz, y la posición de sus manos. Suerte que Drake era un Hufflepuff inocente capaz de creerse cualquier cosa.

Separó su mano de la del chico y guardó su varita como si nada hubiese sucedido, colocándose al lado de Gabriella para comprobar que seguía dormida y, acto seguido se acercó a Drake y tendió su mano como si fuese algún tipo de saludo formal.

- ¿En paz?
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Drake Ulrich el Mar Dic 19, 2017 4:16 am

Pues yo estaba triste, ¿vale? Que mi mujer no confiase en mí me dolía en el alma. Es decir, Fly, mi florecilla del desierto, no confiaba en mí. Si ella no lo hacía, ¿quién narices lo iba a hacer? Y claro, todo esto se debía a que le había decepcionado otra vez y, al final, había llegado a un punto en donde cada acción tiene su consecuencia y a mí me había tocado quedarme en el banquillo. Y claro, escuchar de ella con tanta tranquilidad que, evidentemente, no confiaba en mí, pues todavía me hacía sentirme más inútil y decaído. Si soy sincero, nunca pensé que pudiese llegar a decepcionarla tanto. Aunque claro... supongo que se ha cansado de perdonar a un zoquete como yo.

Lo tenía claro, iba a reducir todo lo que hacía —que era poco— hasta quedarme en nada. Viviría en mi apartamento, apartado de todo el mundo y no haría nada. Así no podría cagarla. Plan infalible. Y me daba rabia, porque después de todo, todo lo que hacía lo hacía por la causa; por los que estamos allí recluidos y por los que no pueden hacer nada.

Y claro, ¿ahora qué me quedaba? O me quedaba allí dentro, sin poder aportar mi granito allí fuera para los que lo necesitaban pero manteniendo contenta a mi mujer. O salía, hacía cosas por la gente que sí lo necesitaba y contribuía al hecho de que mi mujer pidiese los papeles del divorcio. La miré con cara de pocos amigos al escuchar sus irónicas palabras que evidentemente ME HERÍAN. No le contesté, ya que por mucho que dijera, al final ella iba a terminar contestándome algo peor y yo iba a terminar sin saber qué decir.

Y sí, sabiendo lo enfadada que estaba Fly —que hacía mucho tiempo que no la veía así—, que estaba harta de la situación actual y que ahora mismo se veía en una situación super comprometida no solo ella sola, sino también con Gabriella, veía perfectamente plausible que quisiera hacer un jodido juramento. ¿Que me costaba creerlo? Claro, ¿qué Hufflepuff enamorado hasta la médula como yo no le cuesta creer que su amor desconfíe de él tanto como para hacer eso? Pero como siempre he dicho, las prioridades en mi vida están claras, aunque ahora yo tenga un conflicto interno que me está volviendo loco. Luchar, no luchar, esconderse, no hacerlo...

Y al final, juré.

Cuando al final dijo que si estábamos en paz, la miré totalmente serio. No lo entendía. ¿Eso era una manera de dar por finalizada la discusión? O sea, después de hacerme prometer un juramento inquebrantable, ¿ME DECÍA PAZ? Ella estaba cabreada y decepcionada. Y lo entendía. Pero ahora yo estaba dolido y triste y ese 'PAZ' me acababa de matar en plan: 'ya te he hundido en la miseria, ahora podemos estar bien'. Le tendí la mano aún serio, aceptando la paz porque me convenía.

Sin decir nada, caminé hacia el sillón y me senté frente a la cunita que le había hecho a Gabriella, meciéndola un poco mientras la miraba con la cara de tonto —aunque más seria de lo normal— que siempre se me quedaba, acariciando con uno de mis dedos la mejilla regordeta de mi hija. ¿Cómo podía pensar Fly que yo pondría cualquier cosa por delante que la vida de esa preciosidad y de ella misma? Sabía que era torpe e inconsciente, pero llevo años siendo Auror y sigo vivo pese a su insistencia en decirme que soy un Hufflepuff inútil. Y me daba rabia que cuando por una vez quiero hacer las cosas bien, no pueda hacerlo. Suspiré, resignado. No iba a continuar siendo imbécil, después de todo, era ella quién podía perfectamente dejar de arriesgarse en venir aquí y dejarme ver a Gabriella, ya que ni a mi casa podía ir.

¿Te vas a quedar o te vas ya? —Estábamos en paz, así que esperaba que se quedase, pero no sé, a lo mejor estábamos en paz pero seguía enfadada y prefería terminar de odiarme E IRSE. —¿Quieres que le dé de comer yo cuando despierte? Puedes descansar. O... no sé.
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Fiona T. Shadows el Miér Dic 20, 2017 3:57 pm

A lo mejor se estaba pensando. Incluso ella consideraba que se estaba pasando ligeramente teniendo en cuenta que estaba engañando a su marido – que, para más inri, era Hufflepuff de corazón, de cerebro, de estómago y hasta de riñones – para que hiciese un falso juramente inquebrantable y así dejase de jugarse la vida día sí y día también para salir del refugio para cometer alguna locura. Pero si así garantizaba que no se metería en problemas, que no acabaría siendo capturado por la justicia mágica y que seguiría de una pieza durante mucho tiempo, era un precio que podía pagar.

Intentó sellar la paz cuando terminaron el supuesto juramente inquebrantable pero Drake, contrariamente a lo que era y lo que se podría esperar de un Hufflepuff como él, se mostró bastante más serio de lo que normalmente era. Como podría decir Drake, él normalmente estaba en estado de bailar la Macarena o incluso la Gozadera con arroz y habichuelas pero en aquella ocasión parecía más bien sacado de una marcha fúnebre y con suerte tocaría la banda sonora de La lista de Schindler (típico peliculón del que todo el mundo habla pero que nadie ha visto realmente) con una cucharita para el té dando golpes contra la taza de porcelana de la colección de su abuela la que cuidaba cerdos, cabras y gallinas en Italia con una señora desmemorizada.

- Pensaba quedarme. Pero supongo que me estás echando. Así que será mejor que coja a mi hija y nos vayamos de aquí. – Dijo remarcando bien el “mi”. A fin de cuentas a ojos de la ley Fiona era madre soltera y Drake era peor que un muerto. Era un prófugo de la ley que no sólo estaba en busca y captura por sus acciones sino que había cometido crímenes y se había fugado de prisión, razón por la cual querían darle más caza que casi a cualquier otro fugitivo. Se había reído de la seguridad de Azkaban y seguía por ahí demostrando que la prisión mágica no era tan firme como se suponía que debía ser. – No estoy cansada. No empiezo a trabajar hasta enero y aunque no duermo porque Gabriella tiene cólicos noche sí y noche también, puedo ocuparme de ella. – Dijo manteniendo aquella forma tan seca de hablar a Drake.

Fue en dirección a la pequeña cocina con la que contaba el apartamento y se sirvió un vaso de agua  de la nevera. Se lo bebió de un trago y cogió un segundo vaso que llevó en dirección al salón. Tomó asiento en uno de los sillones y apoyó el vaso sobre la mesita situada frente a este, mirando a Drake jugar con la cuna de Gabriella mientras esta aún permanecía dormida.

- ¿Cómo van las cosas aquí abajo? – Preguntó intentando cambiar de tema en la medida de  lo posible. Aunque teniendo en cuenta que no dejaba de darle vueltas al comportamiento suicida de Drake le resultaba complicado. Sólo quería preguntarle si veía normal todo lo que había hecho, si no valoraba lo suficiente a su familia o si no le importaba. Pero ella misma sabía dar respuesta a aquellas estúpidas preguntas y no necesitaba que Drake se lo resolviese en voz alta. Incluso aquello le haría sentir más idiota porque, ¿Cómo considerar que Drake no quería a su familia? Precisamente Drake, aquello era impensable. - ¿Ha venido más gente últimamente? Albus me dijo que estaban preparando más apartamentos para los nuevos y cada vez que bajo veo caras nuevas. El otro día había un par de ancianas discutiendo por quién debía quedarse el apartamento más cerca de las entradas para enterarse de quién entraba y salía del refugio. – Dibujó una leve sonrisa buscando la mirada de Drake. – Al menos con gente así puedes mantenerte entretenido. ¿No?
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Drake Ulrich el Jue Dic 21, 2017 1:53 pm

No te estoy echando... —dije con tranquilidad, sobre todo al ver su tono de voz tan altanero al recalcar lo de 'MI' hija. ¿Por qué me odiaba tanto? ¿No sabe que así no sólo me molesta, sino que me hace daño?

Porque a mi no me importa la molestia, a fin de cuentas estoy acostumbrado a vivir con una persona a la que le encanta molestarme, pero siempre he querido pensar que lo hace con cariño y no verdaderamente para dañar mis sentimientos.

Y es que... después de todo, míranos. Aquel gobierno, aquella situación... nos había roto. ¿Desde cuándo nosotros éramos así? La simple idea de tener que hacer un juramento inquebrantable para poder confiar entre nosotros era suficiente como para darse cuenta de lo horrible que estaba yendo todo en nuestra relación. Además, habíamos tenido a una niña y en vez de ser fruto de  una mejora en nuestra relación, parece que sólo ha traído decadencia. Y lo comprendía... a fin de cuentas, era Fly quién se estaba encargando prácticamente al cien por cien de ellas y yo sólo podía hacerlo cuando venían al refugio.

Era impotencia lo que sentía. Y claro que me ponía triste. ¡Yo era una persona muy susceptible! Pues no estaba cansada, oye. Suspiré, ya que ese tono de voz NO DABA PIE A ARREGLAR NADA, FIONA TATIANA.

Pues cuando se despierte yo la cambio y le doy de comer —le dije, consciente de que no estaba cansada, pero igualmente yo quería hacer esas cosas por mi hija.

Sin embargo, al parecer el camino hasta la cocina —que era algo así como tres pasos, cuatro si tenemos en cuenta que sus pasos son menos que la media por lo bajita que es— le sentó bien, ya que intentó comenzar con una nueva conversación alejada totalmente de la discusión principal. ¿Era un intento de dejar el enfado atrás e intentar arreglarlo? ¿O simplemente sacar otro tema para que la situación no fuese tan incómoda? Fuese como fuese, no iba a ser yo quién le rechazase esa opción.

Sonreí inevitablemente por las viejas cotillas, de esas había montones en el refugio. A fin de cuentas, las abuelas daban lo que fueran por sus familias y muchas eran traidoras, pero otras muchas eran hijas de muggles que no tenían nada que hacer con su vida más que ocultarse para sobrevivir los años que les quedasen.

Sí, hace poco dimos... —Vamos a hablar claro, no le vaya a dar otro ataque a Fly por imaginarme ahí fuera frente al peligro. Seguí meciendo a Gabri. —...bueno, dieron con un refugio en uno de los polígonos de fábricas abandonadas en la zona industrial del Este. Y claro, allí la calidad para vivir era pésima, por lo que fueron trasladados aquí. Se está agrandando la zona de apartamentos para todos, aunque por ahora hay muchos que están compartiendo habitación para que todos tengan su hogar —le conté lo que sabía, alzando la mirada entonces hacia ella. —He ayudado en eso, de todas maneras he dedicado mi tiempo a hacer lo que me dijiste: dar clases. Al final aquí hay montón de gente que necesita muchas cosas, así que además de dar clases para todos, las doy privadas.  Hay gente que necesita saber aparecerse, otros mejor defensa con la varita, otros que ya no tienen ni varita necesitan aprender a defenderse sin ella... Y no sé, de todo un poco. Todos los días tengo a alguien. —Que aunque no lo pareciese y me quejase, ahí debajo tenía muchísimas cosas que hacer en realidad. Si decía que me 'aburría' o que 'no tenía nada que hacer' era simplemente porque quería salir de ahí. ¿Pero hacer cosas? La verdad es que la Orden del Fénix no descansaba.

¿Sabéis ese mal cuerpo que se os queda cuando discutís? A mi me pasaba siempre. No me gustaba discutir y menos con una persona importante para mí. Así que ahora mismo estaba nervioso y en un estado de zen horrible. Solté la cunita de Gabriella y me trasladé por el sofá hasta quedar más cerca del de Fly. Le sujeté suavemente una de sus manos. Yo con Fiona no tenía orgullo, era mi mejor amiga, mi esposa y lo más grande que me había pasado, ¿de verdad crees que voy a preferir estar un día enfadado con ella sólo por creer firmemente que no tengo razón? Tal y cómo están las cosas, no estoy como para perder un día. Si actuaba mal no era por enfado, era por tristeza. Y prefería mil veces aceptar mis errores y estar bien con ella.

Perdóname —le pedí de corazón. —Yo te quiero mucho, sabes que lo último que quiero es hacerte daño.

Chi. Yo era el puke raimbow de la relación, totalmente. ¿Pero y qué? Lo admitía y a mucha honra.
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Fiona T. Shadows el Jue Dic 21, 2017 9:03 pm

¿Cómo no iba a estar molesta? Drake – draque para los amigos – parecía no querer darse cuenta de lo que suponía salir del refugio de buenas a primeras. No quería darse cuenta que aquello podía costarle la vida y que, cuando eres padre, se tienen responsabilidades. No vale con soltar al espermatozoide veloz de turno e irse con una sonrisa en los labios a pasar una buena temporada en Azkaban. No. También hay que responsabilizarse del resultado que, mágicamente, se produce cuando ese espermatozoide veloz encuentra un óvulo dispuesto a formar descendencia. Aún cuando su dueña lo último que quisiese en el mundo era, precisamente, dejar descendencia en este mundo. Pero así era la vida. Y así de hija de puta era que siempre ponía trabas para que la gente se diese de bruces contra el suelo sin poder poner las manos en el camino para evitar un golpe en toda la boca.

Y, teniendo en cuenta el carácter de Fiona, eso hacía que fuese aún más borde de lo que naturalmente – como los yogures – ya lo era. ¿Pero cómo no iba a ponerse borde? Si es que había tenido que recurrir a un falso juramento inquebrantable para que ¡Aquel idiota no saliese del refugio! De un momento a otro le iba a salir humor por las orejas.

Respiró hondo en la medida de lo posible y pensó en intentar arreglar todo aquello. Pero no por pensar en que Drake tenía su parte de razón por intentar ser útil para la Orden. No. Porque ella y sus hormonas seguían revolucionadas cuando de Gabriella se refería y no quería, por nada del mundo, que se criase sin un padre. Sin importar el por qué. No le perdonaría eso a Drake de nuevo, ya le había perdonado acabar en Azkaban cuando ella lo necesitaba.

- ¿Todavía hay gente sin varitas? Me refiero, magos. – Porque también había otras personas como muggles o squibs que trabajaban para la Orden o que simplemente vivían el refugio por lo que era un poco tontería darles varitas a ellos que no podían usarlas, por supuesto. – Creo que en la sala de reuniones había un par de varitas de mortífagos bajo llave. Podríamos repartirlas entre los que han perdido la suya y probar a ver si alguna funciona con ellos. Ya sabes que ese tipo de gente tiene varitas bastante toca huevos y pueden ser más un problema que una solución pero… Nunca se sabe. – Sabía que quedaban unas cuentas que habían ido recolectando de los Mortífagos en los últimos meses y a las que aun no se les había dado un dueño por lo que era probable que al menos un cinco por ciento de esas varitas sirviesen para algo más que pinchar malvaviscos y ponerlos en la chimenea durante las próximas navidades. - ¿Ves cómo todavía podías ser útil desde aquí? – Añadió mirando a Drake de reojo antes de dar un trago al agua.

A diferencia de Drake, Fiona sí tenía orgullo para discutir. No era de esas personas que daban su brazo a torcer con nadie y eso en ocasiones causaba más problemas que cualquier otra cosa. Era alguien con demasiado carácter y no sabía cuando era el momento de frenar en seco y asumir que, una discusión, ambas partes tienen su parte de razón.

- Te perdono. – Dijo tomando la mano de Drake. Sí, así de seca. Pero, ¿Qué se dice cuando alguien te pide perdón? Pues te perdono, de toda la vida del señor. – Yo también te quiero Drake y por eso no quiero que te juegues la vida por cosas así. Suena egoísta, lo sé. Pero, ¿Qué nos queda a Gabriella y a mí si a ti te pasa algo? Piensa en ella antes de hacer algo así, por favor. – Bajó la mirada al suelo y casi en un susurro volvió a hablar. – Yo también lo siento. – No, no iba a decirle que el juramento era falso.
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Drake Ulrich el Sáb Dic 23, 2017 4:32 am

Había mucha gente en el refugio y no solo magos, sino también squibs. Entre que esos no necesitaban varita y que muchos de los que van viniendo lo hacen sin su herramienta principal de magos, la Orden del Fénix se quedaba sin varitas suficientes que repartir. Yo mismo tuve que coger una varita prestada del la sede cuando volví de Azkaban, porque como es evidente, la mía habrá terminado hecha astillas en a saber qué rincón. Obviamente ese es el motivo de que me cueste tanto duelarme, ¿sabes? Era ese y no que soy un inútil. Había perdido mi habilidad y confianza en una varita que no era mía.

Algunos hay, sobre todo de los nuevos —respondí, para entonces encogerme de hombros—, pero sí, siempre intentamos que todos tengan si tenemos ahí de sobra en la sede, pero como bien has intuido... —Negué con la cabeza, dando a entender que había muchas varitas que servían sólo y exclusivamente con sus dueños y nada más. —Pero bueno, poco a poco se hace el moco.

Y claro que podía ser útil ahí dentro, eso ya lo sabía. Pero era una mierda, quedarme ahí dentro haciendo lo que sé hacer sólo y exclusivamente porque mi mujer no me deja salir para no ponerme en peligro. Que joe, sabiendo el historial de todas las personas de aquel refugio, los que tienen antecedentes como yo son los que deberían salir más a menudo y no otros que no han acabado ni sus estudios. ¡Eso era lo que me daba rabia! Pero claro, vete tú a quejarte a Doña Shadows, que luego te hace hacer un juramento inquebrantable chungo y te quedas sin poder hacer menos todavía.

Si bueno, si nos ponemos en serio, mis facultades creo que me permiten ser útil aquí debajo hasta el fin de mis días, si me lo propongo —dije con sinceridad. —Si no sirvo para ayudar al resto, siempre puedo ponerme a limpiar, a cocinar o a tejer bufandas. Con todas las viejas que hay por ahí, alguna sabrá enseñarme a tejer. —Solté un bufido divertido. —O a hacer galletas, siempre he querido aprender a hacer galletas.

Como soy el hombre de la relación, me disculpé con propiedad. La verdad es que si hubiese sido un poquito más inteligente —y todos sabemos que yo de eso escaseo un poco—, me hubiera disculpado antes de que a mi mujer le entrase la paranoia del juramento inquebrantable y ahora no estaría cagándome mentalmente en todos mis muertos por haber aceptado eso. Coño. Si es que soy tonto. Tonto tonto. Solo esperaba una cosa: que Gabriella saliese con el carácter e inteligencia de su madre, por favor.

Pero bueno, al menos mi disculpa sirvió para relajar las tensiones y hacer que Fly dejase de odiarme —además de gritarme—, ya que yo me estaba sintiendo un poco mal con tanta hostilidad en el ambiente. Eso no debía de ser bueno para el sueño de nuestra hija. Fue muy mono por su parte decirme 'que pensase en Gabriella antes de hacer algo así', como si pudiese, vamos.

Claro, pero... es que... no sé... —Iba a intentar tratar el tema con cordialidad y tranquilidad. —Yo sé que tú sabes que soy muy torpe, que siempre lo he sido  y que crees firmemente que me moriré bajando de la cama una mañana, pero sabes que me he sacado una carrera complicada y que siempre lo di todo como auror. Entiendo que te preocupes y entiendo que no quieras que salga. De veras que lo entiendo. Si la situación fuera al revés, yo me volvería loco si tú salieses por ahí a secuestrar personas. Pero no sé, ayer todo salió genial, ¿vale? Lo teníamos todo bajo control. —A ver, un poco de trola tampoco dañaba a nadie. Era un poco para reforzar mi teoría, pese a que fuese el peor ejemplo. —Teníamos un plan y contábamos con el factor sorpresa y que estaban borrachos. Fue pan comido desarmarlos y dejarlos K.O. —Menos mal que Steven no estaba allí o se estaría partiendo el culo mientras yo intento mentir con propiedad. —A lo que me refiero es que... hay veces que lo tenemos controlado. Que todo está bien. Y por eso vale la pena arriesgarse.

Puse mi otra mano encima de la de ella, sonriendo ya más tranquilo. Me daba igual que me mandase a la mierda, pero al menos me había podido explicar con tranquilidad sin que ella tuviese ganas de gritarme hasta por la vena que se le hincha en la frente.

No te preocupes... —le dije, aunque en mi interior había un Drake MUY PREOCUPADO por ese juramento inquebrantable, haciendo cálculos para buscar vacíos legales. —Entonces ya estamos bien. La verdad es que me supo mal irme ayer, sobre todo porque era Halloween y nos lo estábamos pasando bien, pero era el momento idóneo —añadí finalmente, para dejar el tema ya zanjado. —Por cierto... cuando comiences el trabajo otra vez, ¿dónde dejarás a Gabriella? ¿Con tu madre? —pregunté por curiosidad, haciéndole cosquillitas por su mano y su antebrazo. A mi me parecía una idea genial, pero sabiendo como era Fly con Beberly... quizás se lo estuviese replanteando. Para cuando tuviera que volver, nuestra hija todavía sería pequeña para ir a una guardería y la verdad es que la idea de contratar niñera era una tontería teniendo a dos abuelas con unas ganas horribles de malcriar a nuestra hija. Pero malcriar en el buen sentido.
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Fiona T. Shadows el Sáb Dic 23, 2017 12:32 pm

Drake podía ser una persona positiva y alegre en la mayor parte de los casos pero  Fiona ya se había dado cuenta que, como Hufflepuff que era, también era capaz de ahogarse en un simple vaso  de agua. No sabía si aquello se había acrecentado pro el mero hecho de tener demasiado tiempo libre o por el de haber estado encerrado en compañía de dementores durante tiempo. O quizá incluso aquello no hubiese ido a más  simplemente era una impresión de Fiona al haberse incrementado los problemas que se sucedían de un lado a otro.

- Pues si quieres aprende a hacer galletas, pero no metas la cabeza en el horno para suicidarte ahora que no puedes  intentarlo ahí fuera a manos de un Mortífago. – Sonrió de manera irónica sin darse siquiera cuenta de que había lanzado una nueva pulla cuando ya habían firmado la paz. Pero no pidió perdón sino que tan rápido como lo había dicho cambió de tema para que no se notase demasiado lo que acababa de decir. - ¿Qué les enseñaste en clase? Seguro que la varita esa que tienes te jugó una mala pasada e hiciste el ridículo como de costumbre. – Intentó sonreír, aunque en aquella circunstancia debía admitir que no le resultaba tarea sencilla.

Había intentado relajarse todo lo humanamente posible para alguien como ella. Y es que a pesar de su pequeña estatura parecía que cuando se enfadaba medía tres malditos metros y miraba al resto desde  arriba con tanta furia que bien podrías pensar que, con el puño, te aplastaría. Pero no era así. Bien dicen que las personas bajitas tienen peor carácter y Fiona lo demostraba día a día, como si intentase demostrar que aquella frase tenía razón y que, efectivamente, los hobbits como ella tenían muy mal carácter.

Drake podía dar gracias que Fiona no se había ido a la primera de cambio de allí llevándose consigo a Gabriella. Porque lo había sopesado y era la opción que más peso tenía en un primer momento. Por suerte había comenzado a ser una persona medianamente racional y había planteado que en aquellos momentos lo mejor sería relajarse y hablar las cosas. O, al menos no largarse sin dar explicación alguna sobre el tema. Primero porque capaz  les pasaba algo a algunoy dejar el mundo pensando que seguían enfadados no sonaba precisamente bien. Segundo porque, aunque no fuese a admitirlo en voz alta, sabía que era totalmente comprensible que Drake intentase salir de ahí para ayudar a los demás. ¿Ella misma no haría exactamente lo mismo?

- Ni siquiera me avisaste, Drake. Porque avisar no es decir las cosas y huir en cuestión de segundos sin dar ninguna explicación. Eso sólo hace  que yo me preocupe aún más. ¿Crees que pegue ojo después de saber que salías a secuestrar  a alguien? – Preguntó Fiona algo molesta. Respiró hondo de nuevo antes de que tuviese otra vez los ánimos para pegarle un grito a Drake. – Sí, sé que a veces todo parece fácil y que merece la pena salir ahí fuera porque no te va a pasar nada. Pero, y si hubiese pasado, ¿Hubiese merecido la pena? Ya sabes cómo están las cosas ahí fuera. Sabes que os hubiesen matado a los dos o arrastrado hasta Azkaban. Y yo no hubiese sabido nada hasta que fuese demasiado tarde porque sólo sabría que saliste a secuestrar a alguien. – Frunció el ceño. - ¿Desde cuándo a ti te parece bien secuestrara a alguien, Drake?

Fiona ya había hablado tanto con su madre como con su padre para que se encargasen de Gabriella cuando fuese necesario pero teniendo en cuenta que ambos trabajaban todavía, aquello resultaba bastante complicado.

- Mi madre trabaja por las mañanas. Intentaré pedir el turno de tarde y noche siempre que pueda y el resto de días… ¿Tú madre podría? Sino podría bajarla aquí, no creo que por un día o dos al mes que no pueda cambiar mi horario alguien note que no está en Liverpool con mi familia y que está aquí abajo contigo. – Dijo dando su brazo a torcer para demostrarle a Drake que no estaba tan enfadada.

La puerta se abrió de par en par sin previo aviso y una mujer con el pelo cubriendo su rostro entró en ella. Parecía desesperada y es que realmente lo estaba.

- Francis, ¿Estás... - Fiona no pudo terminar la frase.

- Es Hunter, lo han hechizado. - Dijo refiriéndose a su hijo menor de apenas cinco años.
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Drake Ulrich el Mar Ene 02, 2018 1:56 am

La miré de reojo ante su siguiente pulla, pero la ignoré con el fin de mantener la paz como un buen marido. Al final, volver al tema una y otra vez iba a hacer que no lo dejásemos estar y eso es lo último que yo quería ahora mismo. ¿He dicho ya que no me gusta discutir? Es horrible. Soy pro dejar las cosas del pasado detrás. Y teniendo en cuenta que mi acción de ayer, ni tampoco el juramento de ahora, son irreparables, poco podíamos hacer.

Pues la primera clase que di fue la del patronus, pero luego he dado otras. He enseñado sobre todo hechizos defensivos y que dejen al enemigo fuera de combate. La verdad es que por lo que la experiencia me ha enseñado, lo mejor es evitar una confrontación que dure demasiado. Normalmente esas cosas suelen, por el mínimo error, girar las tornas rápido —hablé con más  tranquilidad. —Y luego también he dado clases de defensa personal. No es que yo sea aquí el máximo en ningún arte marcial, pero oye, me defiendo bastante bien. Y siempre le viene bien a todo el mundo saber pegar un puñetazo sin dejarte el puño por el camino. —Y la verdad es que en un principio Fly tenía razón (como siempre) y es que ejerciendo de profesor, pese a que en realidad nunca había sido mi vocación, me sentía mucho más útil ahí debajo, aportando ese pequeño gran granito de arena que podía significar un cambio significativo. —Eso sí, con mi varita hubiese sido mucho más fácil. Esta que tengo ahora... es complicada.

No tenía ni idea de qué harían con las varitas de los presos. ¿Las romperían o las almacenarían? Suponía que con lo radical que era el nuevo gobierno lo lógico era mandarlas todas para la pinga, pero quizás tener un arsenal de varitas por ahí tampoco fuese tan descabellado.

La verdad es que yo nunca había sido muy partidario de la violencia, ya que yo tenía un turrón de azúcar como corazón y las cosas malas me parecían horribles, pero... tal cual están las cosas, habían ciertas cosas que había que hacer. Además, mi consciencia estaba tranquila teniendo en cuenta que la señora no había sufrido ningún daño. La diferencia entre ellos y nosotros es que ellos nos secuestran para mandarnos a una pesadilla, mientras que al menos yo secuestro y doy una nueva vida cargada de felicidad, campo y cabras a ellos.

La señora a la que secuestramos era profesora de Hogwarts, mortífaga reconocida y partícipe en la batalla del diecinueve de diciembre. No me la encontré en el Ministerio, pero mató a varios de nuestros compañeros y a saber lo que hizo en Hogwarts con los nacidos de muggles. No era una santa y, pese a que probablemente el karma le tenía reservado algo fatal, lo único que hicimos Steven y yo fue mandarla bien lejos y darle otra vida alejada de toda la mierda en la que estaba metida —le respondí a Fly. —Nunca me verás matar, ni tampoco torturar. Pero tampoco puedo quedarme de brazos cruzados frente a personas así, ¿no crees? Después de todo, de eso va nuestro mundo ahora. O ellos, o nosotros. Tarde o temprano serán o ellos o nosotros.

E inevitablemente, recordé al señor que me metió en Azkaban. Normal, hablando de ese preciso momento en el Ministerio era imposible no hacerlo. Recordaba perfectamente el rostro del mayor de los Masbecth prometiéndome un futuro horrible en Azkaban. Menuda familia de mierda esa. Mira que nunca había albergado demasiado odio en mi interior por nadie, pero ese hombre lo tenía. Sobre todo después de darme cuenta de todo lo que me había hecho perderme.

Pero rápidamente se me fue esos pensamientos a tomar por culo cuando Fly dijo con ese amor que podría dejar algunos días a Gabriella ahí abajo conmigo ¿Sabéis lo que pasaría esos días, verdad? ¡IBA A MALCRIAR A MI HIJA! Sonreí inevitablemente con intención de mostrar mi contento, no obstante, no pude, ya que de repente alguien irrumpió en mi apartamento, ocasionando dos cosas: la primera, que a mi me diese un mini-infarto y, segundo, que Gabriella se despertase de golpe, sorprendida y con los ojos como platos.

Me levanté rápidamente, cogiendo a Gabriella para evitar que llorase, aunque mi hija era un ser muy inteligente y poco llorica, por lo que sólo mostró descontento pero rápidamente intentó volver a quedarse dormida entre mis manos.

¿Cómo que lo han hechizado? ¿Quién? ¿En dónde? —Nos acercamos a Francis.

Venid... —Corrió por los pasillos y nosotros la perseguimos. Por el camino, ella habló. —Estábamos afuera. Habíamos quedado con su padre para que lo viese... pero al parecer habían comenzado a sospechar de Joseph y lo persiguieron, dando con nosotros... He... he intentado huir. Pero justo al intentar desaparecerme junto a Hunter... un hechizo le dio y...

Abrió de un portazo su apartamento y estaba Hunter en el medio acostado, con la mirada perdida, convulsionando cada momento, sin poder hablar, ni transmitir absolutamente nada. Estaba totalmente ido. Sus manos estaban rígidas y sus dedos tenía una posición que parecía atrofiada.

¿Está inconsciente? —pregunté al verlo, sin saber cómo proceder. Miré a Fly de reojo.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Dom Ene 07, 2018 1:48 pm

De haber sido Fiona quien se encontrase en la situación de Drake las cosas hubiesen sido muy diferentes. Y no sólo por el hecho de que Gabriella y su existencia pasarían desapercibidas para todo aquel que no residiese en el refugio, sino porque a pesar de estarle echando esa bronca monumental Fiona habría sido peor. Pero en el hecho de salir cada diez minutos del refugio y no para sólo sentirse útil para la Orden del Fénix y su causa, sino también para cobrarse una particular venganza hacia todos aquellos que les mantenían encerrados, que les cazaban como si fuesen conejos en un maldito coto de caza y que les torturaban hasta hacerles perder el juicio. No, Fiona no se habría quedado de brazos cruzados ni se habría renegado a dar clases a adolescentes que se habían visto obligados a dejar Hogwarts. Ella se habría puesto en el foco del peligro como siempre hacía. Como ya hacía manteniendo un simple puesto de trabajo como Auror en el Ministerio de Magia después del cambio de gobierno y la llegada de una ideología tan radical.

- Esa gente te lo agradecerá. No sólo ahora porque les mantienes entretenidos también a ellos, que no eres el único aquí abajo que necesita distraerse un poco. Sino porque cuando lo necesiten lo que les has enseñado les será de utilidad. Además, un patronus es lo mejor para comunicarnos entre nosotros. Era el mejor hechizo que podías haberles enseñado. - Afirmó sus palabras, intentando que las dudas que pudiese tener Drake sobre su labor ahí abajo menguasen. - ¿Sabes de quién es? - Puntualizó señalandocla varita. Y es que habían robado tantas al bando contrario y había que hacer tantas pruebas para comprobar que fuesen al menos utilizables que desconocía por completo a quién pertenecía la de Drake. - No me imaginaba que la varita de un Mortífago pudiese ser leal a un... - Le miró de arriba abajo, con cierta desaprobación antes de sonreír de manera divertida. - Hufflepuff.

Por suerte para aquella mujer se había topado con Steven y con Drake, no con cualquier otro mago que no tuviese un corazón que parecía estar hecho de algodón de azúcar y es que aquellos dos bien podían competir por quién de los dos era más parecido a un cachorrito recién nacido. Y eso era algo que a Fiona le encantaba de Drake. Aunque ella fuese en ocasiones como aquella todo lo contrario, adoraba esa parte de Drake que lo diferenciaba tanto del resto.

Al oír el relato fue capaz de pensar qué habría hecho ella en aquella situación. Su actuación poco habría tenido que ver con la de Drake y es que, aunque no habría utlizadocla maldición asesina, estaba casi segura que lo que habría hecho habría acabado con la vida de aquella mujer. Ella no tenía esa benevolencia de Drake, tampoco esa bondad natural. No era una mala persona, pero si una que se dejaba llevar demasiado por sus propias emociones. Una persona que iba más allá en lo referente a los duelos y es que si había elegido ser auror no era por la vocación de salvar al mundo como si fuese un maldito súper héroe, sino porque adoraba el combate. Era una persona hecha para la adrenalina y quizá el hecho de seguir trabajando para el Ministerio de Magia en aquellos momento se debía únicamente al golpe de adrenalina que todo aquello le provocaba.

- Si lo piensas fríamente no es así. No es nosotros o ellos, al menos en ese caso. Fuisteis vosotros quiénes la buscásteis y atacásteis, si os hubiéseis quedado aquí quietecitos nadie hubiese corrido peligro. - Dijo en cierto tono de reprimenda. Y es que si realmente pensabas en ello no era un "nosotros o ellos" era más bien un "vamos a por ellos, nos ponemos en peligro y ya elegimos si nosotros y ellos". - Pero sí, te daré la razón porque a saber qué habría hecho esa mujer antes y qué haría a los que tendrían que soportarla después. - Le dio la razón, hito histórico. - Peeeero. - Siempre había un pero, ley de vida. - Eso no quita que fuese una gilipollez y que deberías haberme dicho algo más.

El destino no quería que Fiona diese su brazo a torcer pues, cuando comenzó a mostrarse más amable (incluso asegurándole a Drake que dejaría que cuidase a Gabriella en el refugio en más de una ocasión) la puerta se abrió de par en par dejando que una mujer entrase en el apartamento. Por suerte, Gabriella estaba ya tan acostumbrada a que la despertasen (especialmente las ancianas del refugio cuya mayor diversión y entretenimiento parecía ser apretar sus moflejetes, de preferencía cuando estaba profundamente dormida) y no comenzó a llorar. Miró a su alrededor apenas por tres segundos para cerrar los ojos e intentar dormir nuevamente. Había heredado el complejo de marmota de su madre, de eso no cabía duda alguna.

- Francis, respira. - Dijo Fiona al ver cómo aquella mujer parecía que iba a combustionar en cualquier momento de lo agobiada que estaba. Pero, ¿Qué madre no estaría en su estado si su hijo era hechizado y no sabía con qué ni cómo arreglarlo?

Fiona y Drake avanzaron tras Francis en dirección al lugar donde su hijo se encontraba. A su alrededor había un par de ancianas (que, por suerte, estaban demasiado entretenidas con el estado catatónico del niño como para darse cuenta que Gabriella y sus moflejetes se acercaban), dos miembros de la Ordenpuerta del Fénix que Fiona conocía únicamente de vista y otro hombre que no conocía de nada pero que identificó como el padre del niño.

- Finite. - Dijo en apenas un susurro. Nada sucedió, tal como esperaba, pero había que intentarlo para descartarlo.

- ¿De verdad crees que no he intentado ya salvar a mi hijo de una manera tan obvia? Si fuese tan fácil ya estaría bien ¡Pero no lo está! - El hombre se abalanzó sobre Fiona como si ella fuese la culpable de todo a lo que la castaña contestó elevando la varita y haciendo que el hombre saliese despedido a un par de metros de distancia.

- ¿Qué pasó con los que os atacaron? - Preguntó haciendo caso omiso de lo sucedido y de que el hombre murmuraba improperios a poca distancia mientras intentaba encontrar las fuerzas para levantarse del suelo.

- Matamos a uno mientras huíamos. Volví a por los demás tras dejarles aquí, pensando que todos estaban bien y conseguí capturar a uno de ellos. Lo han llevado abajo.

Fiona afirmó con la cabeza y miró a Drake.

- Eres mejor con la sanación y yo con los interrogatorios. Te espero abajo, voy a ver si sabe algo del refugio. - Miró a Francis. - Sabes que le has condenado por traerle aquí, ¿Verdad?

- Y no me arrepiento de ello. - Sentenció segura de sus palabras. Fiona comenzó a caminar hacia el lugar donde retenían al Mortífago. - Iré contigo. - Francis estaba dispuesta a pagar el precio de lo sucedido.
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