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Peace, love and understanding [Priv.]

Fiona T. Shadows el Sáb Nov 25, 2017 6:05 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Tras la celebración de Halloween levada a cabo en el refugio de la Orden del Fénix, Fiona había perdido por completo el paradero de Drake. Este se había limitado a explicarle que tenía que irse para secuestrar a una Mortífaga y así uno de sus amigos pudiese suplantarla en su puesto de trabajo en Hogwarts. La cara de Fiona había sido un poema en aquel momento y la chica se había limitado a coger entre sus brazos a Gabriella – con su adorable traje de monstruito – cuando Drake se la había tendido para desaparecer en cuestión de segundos.

- ¿Pero qué…? – La frase quedó en el aire y Fiona con cara de no entender qué narices acababa de pasar ante sus ojos.

No mucho después dejó atrás la fiesta y los huevos de supuesto cocodrilo que había estampado contra la cabeza de algún que otro desconocido solo porque no habían comprendido que si dices “truco o trato” tienen que darte caramelos. ¿Qué tipo de madre era si no pedía dulces para Halloween? Aunque Gabriella aún no tuviese dientes para masticar debía tener la mayor cantidad de caramelos posibles en su calabaza de plástico que acumulaba polvo. ¡Era una necesidad!

El día siguiente lo había pasado en casa con la visita de unos trabajadores del Ministerio de Magia que afirmaban haber visto a Drake Ulrich en pleno centro de Londres la noche anterior y argumentando que, al no estar Fiona en la fiesta, debía haberle ayudado a pasear por las calles de la ciudad como si fuese un ciudadano no perseguido por la ley. Fiona bufó, ¿Dónde se supone qué debía estar aquella noche? ¿E una discoteca con un bebé de seis meses? Obviamente no.

- Se lo repito por enésima vez. Estuvo con nosotros en casa. Todos los años hacemos una noche de historias de terror y como Gabriella aún no entiende lo que le contamos, este año recuperamos la tradición familiar. ¿No ve que aún no entiende nada? – William se colocó frente a su niega y se agachó ligeramente para que sus rostros quedasen a la misma altura. - ¿Verdad Gabi? ¿A que a ti te da igual que te diga que el coco te va a morder esos mofletitos? – En lugar de mostrar miedo, la niña elevó sendas manos en dirección al rostro de su abuelo en un intento por atrapar su nariz mientras  abría la boca de par en par y dejaba escapar una carcajada.

- ¿Cómo piensa que mi hija estaría ayudando a ese innombrable después de todo lo que le ha hecho pasar? –Preguntó retóricamente Beberly fingiendo estar muy molesta con la situación y aquella incómoda pregunta que lanzaban desde el Ministerio de Magia. – Es una acusación muy grave señor…

- McConell.

- Señor McConell. – Repitió Beberly. – Ya ha pasado mi hija por suficientes problemas por culpa de ese hombre como para que ahora vengan a su propia casa a acusarla de algo parecido. Por favor.

No tenían pruebas que pudiesen demostrar que aquello era cierto y, para sorpresa de los dos miembros del cuerpo de Aurores enviados aquel día a casa de Fiona, tanto la mujer como sus padres eran excelentes oclumantes. ¿Qué esperaba de alguien que había ocultado durante toda su vida sus ideales a su familia? ¿Y de alguien que había querido mantener siempre protegidos a los suyos? Estaban preparados para prácticamente cualquier cosa.

Menos para lo que sucedió. Pues nada más marcharse los agente de la ley, Gabriella vomitó sobre la ropa de Beberly y luego volvió a reír, como si no fuese consciente de lo que acababa de suceder.

Fiona sentía que con tanta presión se le caía el mundo encima. El Ministerio de Magia por un lado, la Orden del Fénix por otra y el acoso constante de sus padres, quienes comenzaban a ser un enorme dolor de cabeza  día tras día. Pregunta tras pregunta. Y por eso, sin contar  con su aprobación y aún con ellos en casa, Fiona fue en dirección a la zona segura para fugitivos en busca de Drake. Aún le debía una maldita explicación por lo que había hecho.

- ¿Pero tú estás loco? ¿Cómo se te ocurre irte a Londres sin una poción multijugos? ¿No pensaste que alguien podría verte? – Preguntó Fiona en un tono de voz apenas audible, algo extraño teniendo en cuenta que le estaba recriminando su actuación y, de estar en condiciones normal, habría acompañado sus palabras con gritos. Pero tener a Gabriella dormida entre sus brazos le impedía gritar y hacía que la situación fuese un tanto cómica.
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Drake Ulrich el Miér Ene 10, 2018 4:30 am

No, no sé de quién es, pero supongo que de algún mortífago —respondí, ya más contento tanto porque Fly me hablaba en un tono normal y como una persona racional y humana, como por el hecho de haber escuchado sus palabras, las cuales apoyaban todo lo que había hecho ahí abajo. Era bonito que alguien te dijera que lo que haces, está bien. Un poco de reconocimiento siempre es bueno. Sonreí ante su sorpresa por la varita. —¿Muy leal a mí no es, eh? No te creas. Hay veces que me juega malas pasadas, pero si te soy sincero... son con cosas nimias. Sé que las varitas no tiene personalidad ni sentimientos, pero te juro que me da la sensación de que es la varita más troll de todo el planeta y sólo me jode para dejarme en ridículo en situaciones estúpidas, ¿sabes? Cuando la he necesitado de verdad, siempre me ha respondido muy bien. —Soné un poco emocionado por mis propias impresiones, las cuales no sabía si serían reales o no. A decir verdad, sé una mierda de varitas. —Yo tampoco me lo imaginaba, pero oye, ha funcionado. Echo de menos a la mía... pero esa pobre debió de hacerse trizas nada más quitármela de mis manos.

Me acababa de dar la razón. ¡Já! ¡Chúpate esa, Fly del pasado enfadada conmigo! ¡Me acabas de dar la razón! Un Drake interior muy infantil estaba bailando de todo, pese a que era bien consciente de que la gran mayoría de la razón de esta discusión la tenía la querida esposa de Ulrich.

¿Y si te hubiese dicho con detalle lo que me disponía a hacer, me hubieras dejado ir? —pregunté, curioso. —O eso, o te unes. Ya te imagino dejando a Gabriella con Dumbledore sólo para poder acompañarme y asegurarte de que no he perdido mis facultades. —Mis facultades basadas en la torpeza y la suerte divina, porque yo era así.

Pero de repente, la conversación que había mutado a ser algo normal y agradable, se vio totalmente opacada por la intromisión de una señora en mi apartamento. Menos mal que no estábamos teniendo sexo o hubiera sido una imagen muy turbia. Yo me limité a coger a mi hija, mi varita bipolar y salir de allí persiguiendo a Fiona hacia la escena del chico. Agradecí que mi mujer tuviese esa mala hostia tan característica, ya que aquel hombre me había puesto nervioso hasta a mí. Me limité a asentir con la cabeza cuando me dijo que me quedase a intentar ayudar al chico y ella no tardó en irse con la madre escaleras abajo. Yo le pedí a una niña de doce años que me sujetase a Gabriella (pues Fly me había prohibido ante cualquier precio que no le dejase nunca la niña a las viejas) y me puse de rodillas al lado del niño.

Lo examiné por encima, ya que yo no era sanador. No obstante, llevaba mucho, mucho tiempo siendo Auror y sabía bastante bien cuales eran los efectos de aquellos hechizos más horribles que podían lanzarte aquellos que quieren verte sufrir. Y gracias a las convulsiones y al hecho de que parecía estar consciente, pese a que no podía mover nada, me quise arriesgar.

Necesitamos llevarlo a la enfermería. Creo que está bajo los efectos de un hechizo Dareen y como no empiece con la dosis de la poción pertinente desde ya, lo va a tener muy difícil —dije, metiendo uno de mis brazos por debajo de sus rodillas y el otro por su espalda, elevándolo.

El padre me vino bastante hombretón.

¡Yo lo llevo!

Le di una patada en la canilla. Y porque no tenía flexibilidad suficiente en mi pelvis como para elevar mi patada a su boca. Puto pesado.

Usa tus fuerzas para correr a la enfermería y encontrar la poción Reficiat. Y si no la encuentras, busca a alguien que sepa cómo es y tenla preparada para cuando llegue. ¡Vamos, corre! —Le insté, rápidamente. Luego miré a la niña que tenía a mi hija. —Tú, pequeña, sígueme bien de cerca y sujeta bien a Gabriella.

Unos diez minutos después, llegamos a la enfermería y había allí una locura de caos... Madre del amor hermoso. Dejé al chico sobre la camilla y respiré profundamente.

¡Si nadie sabe qué poción estoy buscando, que salga ahora mismo de la enfermería! —les dije. Salieron TODOS, menos un hombre mayor.

Yo sé, pero no leo bien las etiquetas. —Se excusó el buen hombre.

¿Estás seguro de lo que haces, Ulrich? —preguntó el padre del chico.

No, pero dadas las circunstancias, creo que confiar en mí es lo mejor que tienes. Si no, tu hijo se va a morir igualmente.

Metí en un pequeño bote de medición la cantidad exacta para sacar la mitad. De esa manera volvería a haber otra dosis que administrarle y, si surtía efecto, tiempo para hacer más poción, ya que allí no había mucha más.
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Fiona T. Shadows el Jue Ene 11, 2018 10:26 am

No había estudiado sobre varitas lo suficiente como para saber cómo funcionaba exactamente el tema de la lealtad, pero sí lo suficiente como para saber que una varita rara vez era leal con otra persona que no fuese su dueño. Existían creencias arraigadas en la sociedad mágica sobre la necesidad de asesinar a su antiguo dueño para ganarse la lealtad de esta y, aunque Fiona no dudaba que aquel Mortífago pudiese estar muerto o acabarlo estando próximamente, dudaba que por ello la varita fuese a hacerle más o menos caso a Drake. Quizá era como los elfos domésticos y, con el tiempo, acababan por cogerte cariño aunque no les agradase trabajar para ti aunque fuese su obligación y extraña lealtad intrínseca les obligase a hacerlo.

- Al menos no te falla en situaciones de vida o muerte. Es mejor que no te permita hacer un hechizo que convierta un pájaro en una copa cuando quieres hacerte el más chulo del refugio ante los muggles a que decida no funcionarte en un duelo cuando quieres salvarte la vida. Digo yo. – Argumentó Fiona dándole la razón en aquel tema a Drake. – Igualmente, a ti es fácil tomarte el pelo. – No iba a repetir lo que ya había dicho antes llamándole Hufflepuff porque ahí estaba la razón principal por la cual era tan sencillo tomarle el pelo a Drake. Era inocente como buen Hufflepuff que era y, aunque para algunos no era un defecto, para Fiona era la principal razón por la cual podía burlarse de una persona. Cualquiera que conociese a Fly lo suficiente sabía que una de sus aficiones por excelencia era la de meterse con los de Hufflepuff aunque, por suerte, jamás lo hizo con rastro alguno de maldad.

Dumbledore no le daba la impresión de ser bueno cuidando niños. Más bien lo imaginaba intentando que Gabriella comiese caramelos de limón y acabase atragantándose con uno por ser un bebé. O bañándola y poniéndole una barba a juego con la suya con espuma. No, definitivamente en el caso de dejar a Gabriella con alguien la elegida hubiese sido Clementine. Sí, podía faltarle un tornillo, dos o todos, pero no dudaba de sus capacidades para cuidar a la niña. Incluso Dorcas a pesar de su corta edad parecía ser más hábil con los niños que Albus Dumbledore. Diestro con la varita, inútil cambiando pañales.

- Tú nunca has tenido facultades. – Molestó con una leve sonrisa. – Pues… No sé. Supongo que si hubiese hecho falta te habría atado a una silla y habría ido yo con Steven para que tú no te metieses en más problemas. ¡Además con una varita que no era tuya! Drake, por Merlín, ¿Sabes cómo podría haber acabado eso? Es que además eras consciente que esa varita podía no hacerte ni caso y… - Bufó. Intentó respirar hondo. – Dejemos el tema antes de que te mate.

Mientras que Drake se quedó con el niño que yacía inconsciente en el suelo, Fiona tomó el camino en dirección a la parte baja de la sede. Entró por la puerta decorada con el fénix tan característico de la orden para la que trabajaba seguida de la mujer, la cual rebosaba nerviosismo y no paraba de hablar (haciendo que Fiona acabase por lanzarle un Silencius no verbal para que cerrase la boca).

- ¿Ha dicho algo? – Preguntó sin previo aviso a un hombre situado ante una puerta de las habitaciones de aquel gran pasillo.

- Se niega a hablar.

- Trae veritaserum.

- Pero la legalidad del veritaserum…

- ¿Me estás hablando en serio? Ese hijo de puta es un Mortífago que ha intentando matar a un niño. ¿Me estás oyendo? A un maldito niño. Y aún así tú te preocupas porque, con el Ministerio de Magia al que aún juras lealtad aunque ha caído, se considerase ilegal usar este tipo de prácticas. ¿Eres consciente de lo que estás diciendo? Joder, trabajamos para una organización clandestina y estamos en su sede secreta, no me jodas Roger.

Roger afirmó con la cabeza y salió corriendo en dirección a la enfermería.

- Te veo muy contento para haber sido capturado, Strand.

- Sabía que eras una maldita traidora, Shadows. ¿Sacaste a Ulrich de Azkaban?

- ¿Acaso lo dudas? – Fiona se colocó en cuclillas para quedar a la altura del hombre que, encadenado, se encontraba tirado en el suelo. – Y ya que no podemos encerrarte a ti, me encargaré de que sepas lo que se siente ahí dentro. ¿No nos sobran dementores? – Preguntó mirando al otro hombre que había en la sala, quien no pilló la ironía y negó con la cabeza de manera seria.

Roger no tardó en entrar a la habitación casi dando brincos de la velocidad que llevaba, con un frasco en la mano.

- Aquí lo tienes. – Parecía que el corazón se le iba a salir del pecho de lo acelerado que estaba con aquella carrera.

- Ábrele la boca, vamos a ver que sabe. – Entre los dos hombres ayudaron a Fiona a que echase aquel líquido a través de la garganta del Mortífago quien intentó ofrecer la mayor resistencia que sus fuerzas le permitían.- ¿Qué le has hecho al niño?

- Un hechizo Dareen.

- Sube corriendo a la enfermería y avisa a Drake. – Deshizo el hechizo que tenía la mujer y, Francis, rápidamente subió hasta la enfermería para avisar al ex auror. - ¿Cómo les encontrastéis?

- Seguimos al idiota de su padre. Ese imbécil no sabe limpiar su rastro.

- ¿Alguien de los vuestros sabe llegar hasta aquí?

- Saben que hay una entrada en la noria, pero no saben cómo usarla. – Alzó la varita y lo dejó inconsciente.

- Hay que cerrar esa entrada. Ya.
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Drake Ulrich el Mar Ene 16, 2018 1:20 am

Habían sólo dos dosis de la poción que YO CREÍA que podría ayudar al chico, por lo que no dude en administrarle la primera yo mismo ya que no había ningún enfermero ahora mismo por la zona que corroborase mi teoría ni que le administrase eso. Yo no tenía nociones de medicina, pero después de tanto tiempo recibiendo tortas una detrás de otras, al menos tenía cierta práctica con ello.

Una vez se la di, retrocedí unos pasos, aún con la respiración un tanto agitada de los nervios. Por mi mente no podía dejar de pasar una simple pregunta: ¿y si me había equivocado y la había cagado? Era cierto lo que le dije a su padre: mi idea era la única idea que había sobre la mesa y, además, había sido elegida con fundamento... ¿pero y si me había equivocado y no hacía mal que empeorarlo o no hacerle nada? Pese a que me hubiese mostrado serio y sereno... a mí estas cosas me ponían muy nervioso, ya que debido a mi ignorancia podía equivocarme con muchísima facilidad. El padre estaba frente a su hijo, con los brazos cruzados, mientras lo miraba a la espera de que algo pasase. Y yo bien sabía que si algo tenía que pasar, sería con tiempo si había acertado. Y lo primero que haría sería dejar de convulsionar, pero no despertaría tan fácilmente.

Me acerqué entonces a la puerta, en donde se encontraba la niña con mi hija en sus brazos. Era una pequeña muy mona y atenta a la que más de una vez le había dejado a Gabriella. Era la típica niña de Hogwarts, hija de muggles, que había acabado en el refugio absolutamente sola en cuanto a familia, por lo que yo intentaba integrarla lo máximo posible al menos en mi vida, para que tuviese a un amigo.

Fue en ese momento, cuando llegó Francis tan cansada que no fue capaz de articular los labios bien para conformar una frase. Me miró directamente, cogiendo aire antes de volver a intentarlo.

Le atacó un hechizo Dareen, lo ha confesado ahí abajo —dijo, apoyando sus propias manos en sus rodillas. —Fiona me manda a decírtelo. ¿Está bien?

Entonces me acerqué a ella para colocarle una mano en el hombro..

Estará bien entonces. Contacta con Natalie. Ella sabe de pociones y sabrá hacerla, porque tu hijo va a necesitar varias dosis y entre antes las tengamos mejor. —Le recomendé, ya más tranquilo al ser consciente de que al menos no la había cagado yo y mi iniciativa fue buena. Si no fuese feo hacerlo, ahora mismo estaría abanicándome con mi propia mano para darme aire de lo caliente que me había puesto de los nervios. Porque yo cuando estoy nervioso sudo mucho y me sube la temperatura corporal, ¿vale? Me pongo todo rojo, a excepción de las orejas.

Sujeté entonces a Gabriella, caminando hacia la puerta de la Sede de la Orden del Fénix junto con la niña, ya que yo tenía intención de esperar a Fly, aunque no iba a bajar. No quería meter a Gabriella ahí abajo sabiendo que había Mortífagos. Vale que no podían hacer nada, pero entre más lejos del problema estuviese, mejor.

Sin embargo, antes de llegar allí, vi como Fly y Roger básicamente corrían en dirección al centro del refugio. En realidad no corrían —suponía para no alarmar demasiado—, pero iban caminando muy rápido. Cuando me encontraron por el camino, yo los seguí y la niña también, la cual no se separaba de mí. Parecía mi sombra.

¿Está bien Hunter, Drake?

Lo estará —le contesté—. ¿Qué pasa, a dónde vais?

Los Mortífagos han descubierto la entrada que hay en la Noria, pero no saben como usarla. Vamos a ir a destruirla antes de que consigan adivinar cómo entrar al refugio.

Voy con ustedes —dije, tomando la decisión como buen hombre que era. Me agaché y le tendí a Gabriella a la niña de nuevo. —Vete a mi apartamento, ¿vale? Quédate allí con ella.

La niña se fue abrazada a la pequeña en dirección al apartamento y yo me di las vuelta para perseguirlos.
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Fiona T. Shadows el Jue Ene 18, 2018 10:12 am

Aquello se convirtió en una carrera contra reloj para los miembros de la Orden que estaban presentes en aquella habitación durante el interrogatorio. Las risas del mortífago – cercanas a la locura, como si se tratase de un preso de Azkaban – resonaban en la distancia mientras andaban a paso acelerado por los pasillos del refugio. En esta ocasión Fiona llevaba la voz cantante e iba la primera en aquella improvisada comitiva que subía en dirección al mundo exterior, usando una de las salidas más cercanas a la noria sin ser esa misma.

No sabían exactamente con qué tiempo contaban. Si quiera si precisaban de hacer una cuenta atrás porque al otro lado alguien estaría esperando para apresarles en cuanto tuviese la oportunidad. Sin saber si los Mortífagos estaban en la noria intentando encontrar cuál era el modo de acceder a ella desde el modo mágico que permitía dar con los fugitivos; sin saber si, por el contrario, estaban en el Ministerio de Magia tramando algo o intentando dar con el modo de volar la maldita noria si hacía falta para encontrar a esos fugitivos que les estaban complicando el trabajo más de lo que les gustaría admitir.

No sabían cuál era el estado en el que los Mortífagos se encontrarían, o si puede que ya habían dado con la manera de burlar la seguridad de la noria y hacerse paso a través de la entrada para llegar a la zona principal. Pero cuando llegaron al piso superior quedó claro que, al menos por el momento, no habían logrado burlar las barreras. Todo estaba tranquilo. Tan tranquilo que incluso era aterrador por el desconocimiento que había entre los presentes. Las ancianas de la entrada seguían en su habitual partida de cartas sin dejar de lado su conversación, mirando a los que entraban y salían y opinando siempre al respecto de estos, como si de no decir nada acabasen por estallar en mil pedazos. Los niños jugaban alrededor de aquel enorme árbol que lo coronaba todo; corrían y reían, ajeno a lo sucedido. Incluso los que habían encontrado a Francis y Hunter no mucho tiempo atrás habían vuelto a la tranquilidad del refugio, calmando a los que habían oído algo al respecto y asegurando que el niño estaría bien en cuestión de horas, aún cuando no sabían siquiera si seguía respirando.

El equipo que en un principio formaban Fiona y Roger se habían sumado algo más de diez miembros de la Orden del Fénix que querían prestar ayuda. Tanta ayuda que iban a llamar demasiado la atención.

Una vez salieron al exterior, Fiona frenó en seco para mirarles.

- Equipos de dos. Aparición en los alrededores y comportamiento de turistas. Acercaos todo lo posible a la noria. Los fugitivos quedaos en la parte baja, vigilad a ver si veis algo sospechoso y no llaméis la atención. – La mayoría eran fugitivos, por lo que la división estaba más que clara. – Roger, conmigo. – Acto seguido los grupos fueron dividiéndose y apareciendo en la zona de la noria.

Fiona y Roger, por su parte, empezaron a hacer la cola que había rumbo a la zona superior de la noria, hablando de temas normales intentando no llamar la atención, lo cual era complicado teniendo en cuenta que sólo querían llegar allí para cerrar la entrada.

- ¿Crees que nos dará tiempo?

- Sería raro que hubiesen encontrado la forma para entrar.

Elevó la vista en dirección a la noria, la fila iba avanzando y no habían visto nada sospechoso desde que habían llegado.

- ¿Estaremos bien?

- Eso no lo dudes nunca. – Intentó dibujar una sonrisa serena en el rostro, como si estuviese segura de que eso pasaría para tranquilizar a Roger. Pero dudaba que eso durase eternamente, aunque tenía esperanzas en aquel momento y la misión que debían completar si querían garantizar la seguridad del refugio.

La fila avanzó un par de metros más y en cuestión de veinte minutos estaban esperando para subir a la noria. Fiona usó la varita sin que llamase la atención para conseguir entrar al puesto que necesitaban. El hombre se negó una y mil veces asegurando que no existía tal cabina 3 por lo que se conformaron con otra cabina y, una vez en su interior, se aparecieron en la 3.

Una vez lo consiguieron, se encontraron con que no estaban solos.

La cabina número 3 de la noria estaba ocupada por un grupo de seis hombres y dos mujeres. Se giraron para mirar quién osaba interrumpirles ya que habían dado órdenes de que nadie entrase en aquella cabina, pero aún así, lo habían encontrado.

No hubo tiempo para las palabras, pues los hechizos comenzaron a saltar de una a otra dirección haciendo que los mortífagos comenzasen a caer inconscientes. Dos miembros de la Orden surgieron de la nada prestando apoyo y llenando la cabina 3 de hechizos que iban y venían. Un miembro de la Orden salió disparado contra la cristalera que, por suerte, aguantó el golpe aunque la hizo vibrar. Cayó inconsciente en cuestión de segundos. Lo mismo pasó con Roger y el otro hombre que había aparecido, haciendo que Fiona quedase sola en la cabina junto con tres mortífagos que aún se tenían en pie.
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Drake Ulrich el Mar Feb 06, 2018 2:33 pm

Entre pitos y flautas, me retrasé asegurándome de que mi hija iba a estar bien con aquella chica y fui en dirección a la salida del refugio, con la intención de apoyar a todos los fugitivos que habían ido a proteger la entrada. Si hubiese sido en otra ocasión... hasta me hubiese pensado seriamente el no salir con tal de quedarme con Gabriella, asegurarme de que está bien y cumplir el jodido juramento inquebrantable que Fly me hizo prometer, pero teniendo en cuenta que ahora mismo mi mujer acababa de cometer la tontería de salir ahí fuera, contra posibles mortífagos, en compañía de un pelotón de fugitivos, no iba a ser yo el hombre que se quedase en casa mientras ella, probablemente, sentencia su futuro. Y te juro que no lo entendía... ¿cómo podía venir a darme una charla sobre comportamiento suicida, si es la primera en salir ahí, con el rostro descubierto, a enfrentarse a todos los malos? ¡Venga ya! ¿Y qué íbamos a hacer los dos siendo fugitivos, escondidos hasta la muerte? Así nuestra hija tendrá una infancia de cojones.

Sinceramente, si eso pasa, le propondría irnos bien lejos y pasar de todo. En ningún momento vería lógico que mi hija se criase en un entorno hostil en donde no tiene posibilidad de ser nadie por culpa de la injusticia hacia sus padres. Ni en broma. Con Fly ahí fuera, al menos Gabriella tiene oportunidad de ser quién quiera ser.

Me aparecí cerca de la noria y fui corriendo, buscando con la mirada a algún rostro conocido que pudiera explicarme el plan. La verdad es que me sentí un poco imbécil yendo corriendo a expensas de esperarme la máxima guerra, pero en verdad estaba todo francamente tranquilo, lo cual me relajó. Estiré el cuello cual suricato y observé detenidamente, hasta que di con la cara de Melinda, la cual estaba cerca del borde del Támesis más o menos con la misma técnica del suricato que había utilizado yo. Acorté las distancias, preguntándole directamente por Fly y el resto.

Nos hemos separado en grupos de dos, pero éramos impares así que me he quedado yo aquí para tantear el terreno. Fiona ha ido con Roger, hace nada estaban en la fila y...

La mirada tanto mía como de ella vieron como varios de nuestros compañeros que se encontraban lejanos y mirando para arriba, se desaparecían alarmados. Yo, ignorando un poco lo que me decía mi compañera, corrí hacia donde se encontraban hace nada el resto de mis aliados y miré hacia su misma dirección, viendo como en la cabina 3 parecía haber habido una explosión de fuegos artificiales. Ni me preocupé en que los muggles pudiesen percatarse de que un hombre acaba de desaparecer en medio de la nada. Tal y como estaban las cosas, eso ahora mismo era problema del Ministerio y para mí los muggles ahora mismo eran más amigos que el resto de magos.

Se apareció directamente en la cabina 3 a tiempo de ver cómo el último compañero—sin ser Fly—, caía redondo al suelo, esperaba, inconsciente. En realidad habían un montón de cuerpos inconscientes en el suelo, de un bando como de otro, por lo que yo saqué mi varita rápidamente para apoyar a mi chica contra aquellos tipos. Pese a que también pondría en riesgo nuestra seguridad, conjuré un hechizo anti-aparición, ya que como alguno de aquellos tipos saliese de allí tendría información que haría que Fly adornase los muros conmigo y, sinceramente, no estaba dispuesto a ver que eso pasase.

Mira que se lo dije a Alex varias veces... que el inútil del Hufflepuff no podría haberse escapado solo. Sabía que su mujer no podría estarse de brazos cruzados —dijo uno de ellos. —Ha llegado la hora de que tu tapadera caiga, querida.

Te vamos a hacer la vida imposible en Azkaban, traidora —añadió la única chica que quedaba en pie, alzando la varita contra Fly y conjurando un mortis scarlatte hacia ella de manera no verbal.

Por mi parte, como Fiona estaba en medio de la chica y yo, solo pude atacar a los dos tipos. No se me ocurrió nada que pudiese atacar a los dos a la vez—porque en momentos de tensión mi neurona se estresa considerablemente—, por lo que perdiendo el tiempo mientras pensaba, el tipo que estaba a mi derecha me lanzó un hechizo, pero con un hechizo de protección me lo defendí, devolviéndoselo sin tener ni puta idea de lo que me había mandado. Lo cogí tan desprevenido que cayó inconsciente al suelo después de quedarse como sin aire de una manera terriblemente tétrica. De la sorpresa que yo mismo me llevé, el otro señor me desarmó, por lo que rápidamente me puse por delante de Fly sin preocuparme de mi varita—y se ve que tampoco de mi vida—y me abalancé contra él con las manos por delante.
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Fiona T. Shadows el Dom Mar 25, 2018 12:16 pm

Los tres Mortífagos no lo dudarían. Sus varitas se encontraban elevadas en dirección a Fiona pero ninguno de ellos se decidía a atacar a la castaña. No por miedo a fallar en su empeño o a recibir de vuelta el hechizo por parte de la chica, sino porque era mil veces mejor para un Mortífago regodearse en sus logros. Eran algo así como el malo de cualquier película que decide desvelar su diabólico plan en el último minuto ante el protagonista antagónico y así es como este consigue hacerle perder tanto el tiempo que también pierde su capacidad para llevar a cabo su plan. De igual manera, los Mortífagos se deleitaban alardeando sobre sus logros, pregonando que tenían razón en sus afirmaciones o algo tan simple como reírse de las desgracias ajenas. En aquella ocasión, lo que el trío de Mortífagos eligió fue el comentar, como si Fiona no estuviese presente, el que sabían que se trataba de una traidora.

Algo que quedó más que claro – si es que aún no eran lo suficientemente inteligentes como para imaginarlo – cuando Drake hizo acto en escena. Fiona le lanzó una leve mirada de reojo pero no dijo nada en absoluto, sino que elevó su varita aprovechando la distracción de los Mortífagos para hacer que la mujer se diese de bruces contra el cristal de la cabina en la que se encontraban.

Esta no tardó en contraatacar y Fiona en apartarse del camino del hechizo que salía disparado en dirección a su pecho. Cayó de bruces ante el movimiento repentino de la cabina cuando otro de los Mortífagos caía a poca distancia de donde ella se encontraba.

Mientras tanto, Drake seguía forcejeando con uno de los Mortífagos, el cual había perdido tanto su varita como la de Drake al recibir el impacto cuerpo a cuerpo del ex Auror.

- ¡Maeve! – Gritó el hombre antes de estrellarse contra el cristal donde Drake lo tenía aferrado, contra la espada y la pared.

La mujer Mortífaga, miró a su compañero antes de desaparecer al dar por perdida aquella batalla y Fiona pudo colarse en su aparición para seguirla a donde fuese a ir. No iba a permitir que todos acabasen en peligro por culpa de aquella mujer. Sabía demasiado. Y el demasiado no sólo hacía referencia a la entrada secreta del refugio de la Orden del Fénix, sino también sobre el paradero de Drake y la tapadera de Fiona. Y, por nada del mundo, Fiona iba a permitir que su tapadera quedase al descubierto de una manera tan simple como aquella. No pensaba permitirle ir por ahí aireando un secreto que, durante tanto tiempo, habían conseguido ocultar para así acabar con su vida con una simple acusación. Una acusación que, accediendo a la mente de la tal Maeve, sería más que suficiente para cargarle una condena de traición a sus espaldas. En el mejor de los casos sería una fugitiva más y la Orden perdería un informante en el exterior, pero también quedaba la opción de ser atrapada y tener que empezar el ciclo de nuevo en el rescate en Azkaban aunque los papeles se cambiasen en esta ocasión.

- ¡Suéltame, zorra! – La aparición tuvo lugar en un parque de las afueras que Fiona no supo reconocer. En cuanto frenó su carrera, Fiona se encargó de impedir que Maeve siguiese apareciéndose de un lugar a otro para desgracia de la mujer. – No suplicaré por mi vida. ¿Lo harás tú?

El hechizo de Maeve salió directo hacia Fiona, haciendo que una bola de grandes dimensiones impactase contra el estómago de Fiona haciendo que la mujer saliese despedida a varios metros de distancia hasta caer al suelo de espaldas. Con esfuerzo, se levantó para ver como la Mortífaga huía a toda velocidad perdiéndose entre los matorrales y empezó la carrera tras ella hasta que, pasado poco más de quince minutos, lanzó un animabilis en dirección a la figura de Maeve haciendo que esta tomase la forma de un pequeño sapo que no sabía muy  bien en qué dirección moverse. Lo cogió por una pata intentando tocarlo lo menos posible para desaparecerse, esta vez en el refugio.

- ¿Han llegado los demás?

- ¿Qué haces con un sapo?

- Traeme una caja o algo para meterlo, es una Mortífaga. – El hombre abrió los ojos de par en par y rápidamente salió corriendo en busca de lo que Fiona había pedido olvidando por completo la primera pregunta de la chica.
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Drake Ulrich el Jue Mar 29, 2018 4:51 am

Me parecía muy injusto. Super injusto. ¿Me hacía jurar no salir jamás del refugio a no ser que fuese estrictamente necesario, por eso de que no quería quedarse sola con Gabriella ni que me pusiera en peligro y... ella hace eso? ¿Así, de manera totalmente impulsiva y poco inteligente? ¡Porque ya me dirás! ¡Eso no ha sido muy inteligente! Al menos yo ya soy reconocido por la sociedad mágica, ¿si me ven, qué mas da? Pero la mínima relación entre Fly y los fugitivos podían meterla totalmente en la mierda, por no contar que, si la cogían en algún momento incómodo, quizás ni le diese tiempo a ser fugitiva, sino directamente metida en Azkaban. Y eso sí que no. Ella debía de tener más cuidado que yo para salvaguardar su jodida identidad y que nadie sospechase de ella. ¡Y no! ¡Mírala ahí, encabezando la caballería de fugitivos!

Cuando desapareció repentinamente de aquel habitáculo, me inundó una inseguridad abismal. ¿Y ahora, qué? Tenía que encargarme de todos los que estaban allí y no dejar que ninguno se fuera sabiendo nada sobre ella, ni tampoco sobre la entrada, la cual lo mejor es que fuese destruida. Pero eso, suponía, ya se encargaría Dumbledore.

Así que bastante enfadado por la actitud impulsiva de Fly—cuando a mí no me deja hacer nada—, le pegué un puñetazo al mortífago con el que estaba peleándome, dejándole totalmente inconsciente. Le pegué tan fuerte que hasta me dolieron a mí los nudillos. Así que trasladé todos los cuerpos de fugitivos, con los ojos totalmente vendados, a la plaza central del refugio de la Orden del Fénix. Recibí ayuda rápidamente de mis compañeros, por lo que dejé el asunto en sus manos al escuchar a un amigo decirme que Fly ya había llegado y estaba en busca de una caja. De hecho, me dio la caja que había conseguido para ella y me dijo que se la diese yo. No sabía a qué se refería, pero dejé a los mortífagos en buenas manos, le dije a un compañero que le dijese todo a Dumbledore y me fui de allí, en busca de Fly.

No tardé en encontrarla por donde me guió mi compañero y me acerqué a ella con paso firme.

Eh tú, Fiona Tatiana. —Drake Ulrich, muerto el dos de noviembre del dos mil diecisiete por llamar por su nombre completo a su mujer tras la valentía de enfadarse con ella. Antes de que le dijera nada, le tendió la cajita, asumiendo que era para ese sapito que tenía en la mano. ¿Por qué cojones tenía un sapito en la mano? En fin, concéntrate, Drake, no te desvíes con detallitos. —Me parece fatal que vengas enfadándote conmigo porque salgo ahí fuera de manera poco inteligente y luego tú seas la primera de tirarte de cabeza al peligro. Yo ya soy fugitivo y puedo comportarme como un fugitivo. Tú no. Tú sigues siendo una persona que tiene que aparentar si no quieres terminar metida aquí dentro las veinticuatro horas del día. Y si tú no quieres sufrir porque tienes un marido idiota, yo no quiero estar sufriendo por tener a una mujer suicida que a saber qué cosas suicidas hace ahí fuera sin que yo me entere. —Tenía el ceño fruncido y la miraba con seriedad. —Y te lo digo en serio.

Parejas preocupándose por posibles cuernos y nosotros preocupándonos de que el otro no sea lo suficientemente gilipollas como para que su inocencia—en mi caso—y una impulsividad letal—en su caso—fuesen el motivo de nuestra muerte inminente.

Si yo te prometo comportarme como un ser tranquilo y contártelo todo, quiero lo mismo. Quiero estar seguro de que ante una cosa así... yo que sé, te lo pensarás y al menos salvaguardarás tu identidad. Que pudo habernos visto cualquier ahí fuera, Fly —continué hablando, más tranquilo. —Que yo entiendo que no quieras perderme, que soy el padre de tu hija y todo eso, pero tú eres lo único que hace que Gabriella pueda vivir en un mundo normal. No te arriesgues así.

Sí, lo sé, soy un poco sucio. Era obvio que la excusa de Gabriella era perfectamente válida, pero no era mi razón de peso. Mi razón de peso es que Fly se volvía loca y no quería que su impulsividad terminase no solo con su identidad, sino con su vida. Pero vamos, era bien consciente de que mi mujer ahora mismo apreciaba más la vida y la normalidad en la vida de Gabriella que cualquier otra cosa. Y, seamos sinceros, Fly nunca ha sido precisamente una persona que se ponga a cuestionarse las peligrosidades de su vida. Por desgracia.
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Fiona T. Shadows el Sáb Mar 31, 2018 12:26 pm

Presumía de cabeza fría y mente preparada para cualquier situación que se le podía venir encima. Presumía de ser capaz de medir las consecuencias de sus acciones y de prever lo que cada una de sus acciones podía desencadenar en un hipotético caso. Pero no era más que una mentira que ella misma había pasado a creerse. Fiona era impulsiva, un nudo de nervios, una explosión a punto de estallar a cada segundo que pasaba. Y en aquel momento había quedado claro cuando sin pensarlo demasiado había salido con la voz cantante a liderar a un grupo de fugitivos. O más bien a un grupo de magos pertenecientes a la Orden del Fénix y donde la mayoría estaban siendo perseguidos por la justicia mágica por estúpidos crímenes que no habían cometido.

Por suerte, el plan improvisado no salió tan mal como podría haber sucedido. El grupo de fugitivos no tardó en dejar fuera de combate a los Mortífagos e incluso se encargaron de limpiar más de una de sus cabezas para así acabar con sus propios recuerdos. Ni que decir que una rubia ya entrada en años cuyas canas se veían bien marcadas en lo que, posiblemente, había sido una bien cuidada melena cuando tenía tiempo para preocuparse por ella, se había encargado de hacerle creer a uno de los Mortífagos que era una cabra. No una vaca, no una oveja. No, no. La mujer había hecho creer al Mortífago que a lo largo de toda su vida había sido una cabra con complejo de tener el pelo demasiado áspero y los cuernos demasiado pequeños. Una cabra. Simplemente una maldita cabra. Pero no era algo que hubiese ido diciendo al resto de fugitivos para no acabar metida en un problema dentro de su propio bando. ¡Ni que le sobrasen los problemas!

Frunció el ceño nada más oír su nombre completo. No es solo que Fiona solo lo usase su madre en el momento de “te voy a matar aunque seas mi hija”, sino también porque su segundo nombre siempre iba encadenado con un “te has metido en un gran problema”. Miró a Drake con instintos asesinos pero no dijo nada al ver que tenía la caja entre sus manos. Sin miramiento alguno, cogió la caja y metió dentro sapo, el cual intentó salir despedido de su interior incluso antes de hacer contacto con el artefacto. La castaña elevó la varita haciendo que la caja quedase cerrada e hizo un par de agujeritos para asegurarse que podía respirar. Como si fuese muy importante mantener con vida a una Mortífaga sapo.

- ¿Algo más? – Ni siquiera había oído la mitad de lo que Drake acababa de decirle. Era plenamente consciente que no había sido la mejor de sus ideas, pero en momentos como aquellos donde la vida de todos pendía de un hilo, no es que tuviese tiempo para buscar una poción multijugos o algo parecido que le garantizase que su rostro estuviese fuera del campo de mira del maldito Ministerio de Magia para el que trabajaba diariamente. – Si quieres la próxima vez espero a que los Mortífagos encuentren la entrada el refugio que ya conocen, nos masacren a todos y al resto que quede vivo lo encierren en el Área M. Sí, creo que la próxima vez que suceda algo así haré eso para garantizar la seguridad de mi propio culo. Porque, claro, yo no salgo diariamente a trabajar al Ministerio de Magia donde me investigan, entran en mi cabeza y me siguen la pista porque no confían plenamente en mí. – Ironizo. – Claaaaaaaro. – Alargó la “a” y abrió los ojos de par en par, negando con la cabeza.

Tenía ganas, muchas ganas, de lanzarle el puñetero sapo a la cabeza. Pero no lo hizo. Al menos no por el momento.

- Agh. – Drake tenía la razón y Fiona odiaba darle la razón a otra persona. Cogió la caja con el sapo y siguió avanzando en dirección a la planta baja de la Orden, donde tenían lugar las reuniones.

Cogió un paquete de pegatinas y pegó una sobre la caja. Puso con rotulos grandes y en letra mayúscula “Mortífaga convertida en sapo, frágil”. Y dejó la caja en mitad de la mesa a sabiendas que no tardarían en aparecer otros miembros de la Orden del Fénix que se encargarían de sus platos sucios. O rotos. Porque aquello estaban tan rotos que dudaba que pudiesen utilizarse en cualquier otro momento.

- Ponte en mi lugar también. – Se limitó a decir con los brazos en jarras mirando en dirección a Drake. – Pero sí, perdón. – Ni siquiera le miró a los ojos a la hora de disculparse. - ¿Vamos a por Gabriella y nos comportamos como una familia normal durante un par de horas? – Preguntó de manera incluso inocente.

La puerta se abrió de par en par y dos hombres que discutían acaloradamente entraron en escena.

- Sí, tu puta madre se va a encargar de hacer eso.

- Albus te ha dicho a ti que lo hagas.

- Yo no pienso destruir el maldito London Eye.

- No te ha dicho literalmente que hagas eso.

- Tengo que cargarme una cabina.

- La entrada que hay en una cabina. Ni siquiera tienes que… - En ese momento se dieron cuenta que no estaban solos. – Drake, Fiona. – Saludó el que parecía menos enfadado en aquella disputa para seguidamente, volver a su palabrería. – Tienes que subir ahora. Yo te acompaño y…

- ¿Es un sapo? – Preguntó el segundo cambiando de tema y mirando en dirección al matrimonio.

- Y Mortífaga.

- Dos por uno. – Afirmó con la cabeza antes de coger la caja y salir de allí, sin olvidar la discusión con su compañero, por supuesto.

- ¿Pizza y peli? Seguro que Gab se duerme pronto. Es un bebé, solo duerme, caga, come… Llora cuando yo tengo sueño. Lo normal.
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Drake Ulrich el Mar Abr 03, 2018 3:04 pm

¿Algo más? ¿Algo más? ¿ILGUI MIS?

La miré con rostro enfadado. En realidad no era un rostro totalmente enfadado, solo parcialmente. Era curioso porque normalmente cuando discutíamos solíamos discutir por bien que tiene la razón—obviamente, para eso se discute—, pero a mí me daba igual no tenerla. Eso sí, cuando sabía a cien por cien que la razón estaba de mi parte, mi rostro adoptaba una forma chulesca que la invitaba a decirme cualquier cosita que pudiese apoyar su argumento, consciente de que no sería tan guay como mis argumentos. ¡Y yo sabía que eso era imposible, que yo tenía razón! Y claro, estas situaciones pasan realmente poco en nuestra vida. En mi vida. Rara vez, en una discusión con Fiona, yo tenía razón.

¡Tía, no digo eso! —le contestó, poniendo las manos en su cintura con cara de no estar conforme con su respuesta. ¿Ella no era consciente de que si a ella le pasa algo, a mí me da un patatús, me muero y entonces Gabriella se queda huérfana? —No es que te quedes al margen, jamás te pediría eso sabiendo lo culo inquieto que eres, ¿vale? Lo único que te pido es que tengas cuidado. Ponte una mascarita, cámbiate el pelo... ¡algo! Lo que sea, con tal de que no se te reconozca y cualquier mirada indiscreta pueda revelar tus verdaderas intenciones. Porque dime, ¿qué te dice a ti que el gobierno al enterarse de todo eso, no vaya a por los muggles que lo presenciaron todo, intentando buscar evidencia de magos? ¿Y si alguno te vio? —pregunté retóricamente, ya que hasta yo me cansaba a mí mismo con mis insistencias. Además, por mucho que una parte de mí se sintiese pletórica por tener razón, jamás alardearía de eso frente a mi adorable mujer. Que si no luego sí que me tira el sapo a la cabeza. —Bueno, ya da igual.

Pero ella se disculpó—¡sin mirarme, la perra inmunda!— y, pese a que no me dio la razón, eso de que no me mirase para pedir perdón era un claro ejemplo de que me estaba dando la razón. Yo lo sé. Ella lo sabe. Hasta Gab lo sabe. Eran muchos años juntos ya para conocernos muy bien.

Por eso, cuando dijo de comportarnos como una familia normal, me compró totalmente. Ella sabía darme lo que quería para ponerme feliz: ser una familia normal. ¡Madre mía, si ese es mi sueño! Así que me acerqué a ella, la rodeé con el brazo para atraerla a mí en un abracito y le di un beso en la coronilla. Pero claro, mi momento super dulce y tierno se vio interrumpido por dos personas que entraban discutiendo. Sonreí divertido al escuchar la conversación.

Finge que es una explosión y vístete de terrorista. Es lo más fácil para hacer que un ataque así sea lógico y todos los muggles se lo crean sin dudas. Eso sí, ten cuidado que la explosión no ocasione ninguna desgracia en cadena —ofrecí como idea, consciente de que la gran mayoría de encubrimientos eran o algún invento sobre fugas de gas o ataques terroristas. Normal que se crean que están en alerta cinco de terrorismo, ¿vale? Los magos les trolleamos todo el rato, pensando que así es.

Y, cuando se fueron, yo me volví de nuevo a mi mujercita.

Ay, tú si que sabes hacerme feliz hasta cuando estoy enfadado. Bueno, 'enfadado', tú sabes que yo esto de enfadarme no lo llevo muy bien... —Y pocas veces me había enfadado yo de verdad con ella. Pero claro, Fly me decía una cosa bonita o me ofrecía cosas monosas de familia y yo ya me ablandaba cual galletita pocha. Sonreí, sujetándole la mano para empezar a caminar hasta mi apartamento. —Entonces peli, pizza... ¿y cuándo Gabriella se quede dormida, sexo, no? —Y sonreí tal que así, o algo parecido. —¡Es broma! Menos mal que no tienes ya al sapo entre las manos. En un momento pensé que me lo ibas a tirar en la cabeza. Y ahora hubiera sido el momento perfecto para tirármelo, lo sé.

Y caminamos hasta la habitación, momento en donde hubo otra pequeña discusión por el sabor de la pizza y la película. Yo no sé en qué momento acepté esto de mi esposa pero: ¿por qué, Fly? ¿Por qué te gusta la pizza con piña? Y claro, esa había sido nuestra primera discusión de pareja. Nuestra primera crisis. El tambaleo de nuestra relación. Sí, ese y no los monos. Ese y no que soy un cafre. Ese. Sólo ese. Desde entonces, no compartimos pizza. Ella se compra una aberración con piña, yo una normal que me apetezca y luego compramos algo en común que es lo único que compartimos. ¿PERO LA PIZZA? No. Yo no me ajuntaba con gente así de hereje en mi vida.

Pero bueno, lo importante de toda esta historia es que pese a las diferencias y el estrés de la vida, siempre permanecía el amor, conseguíamos tener paz y nos entendíamos mutuamente.
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