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Righteous side of hell [Priv.]

Circe A. Masbecth el Vie Dic 01, 2017 6:28 pm


Sebastian Simmons corría como si la vida le fuese en aquella estrepitosa carrera por las callejuelas de Londres mientras la lluvia mojaba sus zapatos. Su varita alzada en dirección a dos figuras que recorrían una de las múltiples calles secundarias de la capital inglesa siendo aquel peculiar trío el único rastro de humanos que había en toda la calle. Ni un solo alma se atrevía a salir con la tormenta que estaba cayendo y tan solo un gato que observaba todo desde el alfeizar de la ventana era el espectador de aquella carrera por la supervivencia.

El Mortífago, sin su máscara habitual con tonos plateados, iba enfundado en un traje de cuero y acompañaba su vestimenta con una capa que era mecida por el viento mientras seguía corriendo. Por su parte, los dos fugitivos corrían sin rumbo aparente para el Mortífago que se había encargado de impedir la aparición en la zona. Con una sonrisa sádica en sus labios imaginaba el final de aquellos dos fugitivos.

El primer hechizo impactó en la espalda de la chica, obligando a que se diese de bruces contra el suelo mojado. Su compañero siguió corriendo durante menos de cinco segundos mientras la chica se retorcía en el suelo a causa de la corriente eléctrica que recorría su cuerpo. Al darse cuenta que corría solo, volvió sobre sus pasos para ayudar a la fugitiva, se arrodilló para ayudar a que se levantarse y aquello fue su perdición.

Un segundo hechizo salió de la varita del Mortífago, haciendo caer al hombre con una profunda herida en la pierna izquierda, impidiéndole así seguir avanzando.

- Ya sois míos. – Susurró Sebastian mientras avanzaba en dirección a las dos figuras. El hombre intentaba levantarse tras su caída al suelo pero la sangre que ahora manchaba la calle le hacía ver que aquello sería complicado.

Ninguno rogó. No tuvieron oportunidad de hacerlo cuando el Mortífago eliminó el hechizo de protección en la zona y se apareció con ellos no muy lejos de donde se encontraban.

* * *

- ¡Dilo! – La voz del Mortífago llenaba toda la estancia mientras su varita apuntaba directamente al cuello de la chica. La tenía agarrada por la espalda y apretaba con fuerza sobre su piel mientras su compañero permanecía encadenado a la pared. – Dime donde está la resistencia o mataré a tu amiguita. Te aseguro que conseguiré que sus gritos te hagan hablar. – Pasó la lengua, áspera y húmeda, por la cara de la chica. – Lo haré, te seguro que lo haré.

Tiró de su cabello obligándole a salir de la estancia, mientras los gritos del fugitivo se escuchaban desde el otro lado de la puerta.

- ¡Te mataré Simmons! – Bramó el fugitivo, quien no parecía ser precisamente alguien con un temperamento sosegado capaz de vencer aquellas situaciones de estrés de la mejor manera. Ante las amenazas, él reaccionaba de la misma manera.

- No quiero oírte. – Sentenció tras empujar a la chica al interior de otra de las habitaciones. – No intentes nada o te mataré. Solo necesito a uno con vida y si te portas bien puede que seas tú. Me caes mejor, guapa. – Una mirada lasciva acompañó a sus palabras antes de cerrar la puerta tras de sí.

El Mortífago avanzó hacia la puerta donde había dejado al primero de los fugitivos pero en su camino se cruzó con dos de los elfos domésticos que habitaban en aquel lugar.

- ¿Amo Simmons? – Preguntó el primero de ellos no muy seguro de estar en presencia del que era su dueño. - ¿Necesita algo, amo Simmons? – Repitió su nombre como si de una melodía se tratase.

- Uno de vosotros a la puerta. – Señaló la habitación donde acababa de empujar a la mujer. – El otro, necesito que traigáis a alguien. – Sacó un trozo de pergamino arrugado de su bolsillo y se lo tendió a los elfos. Uno de ellos, con sus arrugados y huesudos dedos, lo tomó entre sus dedos y afirmó con la cabeza.

- Volveré pronto, amo Simmons. – Aseguró el elfo antes de desaparecerse lejos de allí.

Por su parte, Simmons volvió a la habitación donde el fugitivo estaba encadenado. Su cuerpo estaba ensangrentado, la camisa hecha girones y una de su mano prácticamente hecha pedazos convertida en un amasijo de sangre.

- ¿Ya has recapacitado, Leroy? – Preguntó con un tono cercano. Cogió una silla y la colocó cerca de aquel hombre encadenado, tomando asiento y sacando una edición del Profeta que comenzó a leer en voz alta. En la habitación colindante, prácticamente vacía sin contar a aquella chica que había encerrado y rodeado con cuerdas mágicas, podía escucharse todo lo que sucedía entre Leroy y Sebastian. – El conocido Magizoologo Leroy Clack ha sido el último trabajador del Ministerio de Magia en sumarse a las filas de los fugitivos que atentan contra la sociedad mágica y los derechos de los magos. Leroy Clarck, a quien muchos conocen por sus estudios con Arpías y Banshees fue interrogado por su relación con los robos de documentación acontecidos en las últimas fechas. Cuál fue la sorpresa de sus compañeros de departamento al descubrir que, quien creían un amigo y compañero, no era más que un traidor que ayudaba en la sombra a un grupo de asesinos…

No pudo continuar, pues Leroy se retorció entre las cadenas, quejándose de aquellas falacias.

- ¡Sabes que mienten! Sebastian, has trabajado quince años conmigo, ¿Y aún crees en esas tonterías? Sabes que soy una buena persona. Ashanti también lo es. – Dijo refiriéndose a la chica encerrada en la habitación colindante. – No le hagas ningún daño, te lo pido.

- Te aseguro que yo no le haré ningún daño. He llamado a alguien menos convencional para que se encargue de hacer hablar a tu amiguita. Si no lo haces tú, lo hará ella. Alguno lo hará mientras oye como el otro se retuerce de dolor.

La varita de Simmons se elevó en dirección a Leroy, lanzando una maldición imperdonable no verbal que le obligó a retorcerse, nuevamente, fruto del dolor.

* * *

Dos golpes a la puerta con los nudillos. Circe estaba en pijama cuando escuchó la puerta pues seguido de aquellos golpes  llegaron más y más hasta que abrió la puerta, malhumorada por la interrupción de su sueño.

- ¿Qué coño quieres? – Preguntó mirando hacia abajo al ver a un elfo doméstico. Odiaba de sobremanera a aquellas criaturas.

- ¿Señorita Masbecth? -  Hizo una corta reverencia como si llevase algún tipo de vestido de gala invisible y alzó nuevamente la vista en dirección a Circe. – El amo Simmons solicita sus servicios urgentemente. Dos fugitivos se niegan a hablar de la formación terrorista que ataca a nuestro mundo y necesita de sus habilidades para…

- Entendido. – La rubia cerró la puerta tras de sí y fue al baño para lavarse la cara antes de modificar su ropa para ir en dirección a donde se encontraba Simmons. Golpeó su cabello con su varita y este tomó un tono mucho más oscuro del habitual, prácticamente negro.

Una vez terminó, salió al exterior de la casa encontrándose con el elfo doméstico sentado sobre el felpudo. La criatura miró hacia arriba y una sonrisa se dibujó en sus labios al descubrir que no se iría de ahí solo.

- Venga, venga, señorita Masbecth. – Dijo el elfo tendiendo su mano para que ambos se desaparecieran lejos de ahí. – Está encerrada en esta habitación. El amo quiere que le haga hablar mientras él tortura a su compañero. Llevan aquí… ¡Tres horas! Y ninguno ha dicho nada. – El otro elfo abrió la puerta permitiéndole a Circe pasar, quien ya portaba la máscara de Mortífago cubriendo su rostro.

Al entrar, pudo ver una figura femenina atada con cuerdas con apenas capacidad para arrastrarse para el suelo debido a las ataduras.

- Suerte. – Susurró el elfo antes de cerrar la puerta.

Spoiler:


SEBASTIAN SIMMONS
30 años · sangre mestiza · mortífago desde hace 15 años


LEROY CLARCK
38 años · sangre mestiza · miembro de la Orden del Fénix

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Circe A. MasbecthUniversitarios

S. Ashanti Button el Lun Dic 04, 2017 10:39 am

Su cuerpo se estremecía de dolor al sentir cómo la electricidad recorría su cuerpo. Cada musculo estaba tensionado no solo por el hechizo sino por el agotamiento. Desde que aquél Mortifago los hubiera reconocido en la calle y les hubiera dado caza, estaban corriendo intentando escapar. Maldita la hora en la que hubiera optado dejar la varita en el refugio, porque no iba a necesitarta, vamos ¿Para que llevarla si ibas a andar con un veterano miembro de la orden? Tendrían que haberle dado una bofetada por imbécil. Pudo volver a sentir el aire en sus pulmones al momento que el hechizo se corta, pero eso solo le alerta que ahora es su compañero quién estaba siendo lastimado. Recuperar la movilidad en aquel momento era mas que complicado, su cuerpo vibraba solo, con aquella descarga que había recibido...

•• ★ ••

No hay peor sensación que la de sentirse indefenso. Estar en una situación donde saber que ninguna manera de salvarte o salvar a tu compañero, es ser un inútil. La lengua tibia y asquerosa de aquél tipo, sobre su mejilla le produjo un asco indescriptible. Se movió intento zafarse del agarre pero no daba resultado. Quizás porqué estaba demasiado cansada, dolorida.  Ashanti observó al pobre Clack, tan malherido y lastimado. Atado cuál perro. Lo único que podía hacer la castaña en ese momento era mantenerse firme al igual que él. Con la mirada le decía a su compañero que no hablase, que no importaba si ella moría, sería un mal menor en comparación a lo que pasaría si los mortifagos daban con el refugio.

¡Eres un maldito!– Grita tras escupir el rostro del Mortifago justo antes de que cierre la puerta en las narices de Ash.

Las castaña gritaba y pateaba la puerta en busca de fastidiar al Mortifago y que dejase de torturar a Clack. Pero por más que quería interferir en la tortura, no lograba nada. La frustración le calaba los huesos mientras los gritos del miembro de la orden le comienzan a fragmentar la voluntad, no quería seguir escuchándolo así. Lo iban a matar y ella no podía hacer nada. Comenzó a golpear con mucha más fuerza la madera de la puerta y solo consigue hacerse daño en las manos, pues no tardan en sangrarle los nudillos. Por tan solo unos quince segundos quizás cesan lo gritos de Clack. Se siente aliviada, pero luego se asusta aun mas al pensar que pueden haberle asesinado. Comienza a hacer todo el rudo posible, grita incluso...

••★ ••

Un elfo se aparece en la habitación y con un chasquido de sus dedos le ata a la pared. Las cuerdas se aferran a sus muñecas con fuerza. La lastiman. Pero casi podía jurar que nada le volvería a doler, tenía los nervios de los brazos adormecidos de tanto golpear la fuerte madera de la puerta. El elfo le dijo que cierre la boca, seguido de un traidora de la sangre y luego desapareció, justo cuándo los gritos de Clack volvieron a escucharse ¿Que estaba haciendo, Sebastian? ¿Darle un respiro?

La castaña tiró de las cuerdas —provocando mas daño a sus muñecas—, intento con todas sus fuerzas citar y decir cuánto improperio se le vino a la mente. Pero del otro lado los gritos de su compañero eran constantes. Nada lograba distraer a Simmons y ella ya estaba perdiendo la voz. No supo cuanto tiempo paso. Ahora solo se limita a llorar en silencio, dejando que sus lágrimas se derramen sobre sus mejillas. ¿Qué podía hacer? ¿Qué haría si asesinaban a Clack? ¡Nada! Era lo único que podía hacer... Y justo eso, era lo que mantendría a salvo a las personas del refugio... El silencio era su mejor arma, pero ¿A que precio? ¿Cuánto habría que sufrir antes de que aquel Mortifago se canse de su compañero y venga por ella? Clack ya había demostrado gran valía hasta ahora ¿Seria ella capaz de imitarle? ¿Y si al final no soportaba? ¿Y si los traicionaba? ¿Le perdonarían la vida? ¿Valía la pena vivir sabiendo que condenaría a otros?

Sus preguntas estaba por obtener respuesta, pues no mucho antes de que la ultima pregunta se formase en su mente, la puerta se abre. Ash no levanta el rostro, estaba mirando el suelo. Sus zapatos mojados al igual que su ropa y su largo cabello, que por el momento no dejaba ver su rostro.

¿Qué tanto me observas? ¿Acaso dudas en comenzar?– Le reta. Tiene miedo. Mucho. Morir no es algo que desea. Pero no se doblegaría. Soportaría lo máximo que pueda y espera que sea suficiente. —¿Acaso debes esperar que tu amo te de permiso de jugar conmigo?– Se ríe por lo bajo. Solo busca provocarle. Mientras mas rapido inicie, mas pronto sabrá a que atenerse. —Oh, si es una nena y trae antifaz. Wow... ¿Tienes miedo a ser reconocida, princesa?– Pregunta al tiempo que levanta la cabeza y observa a la contraria.
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Circe A. Masbecth el Lun Dic 04, 2017 9:49 pm

La puerta se cerró tras de sí y la rubia avanzó sin romper el silencio que había en aquella habitación. Al otro lado de la pared, los gritos comenzaron. Como si de la banda sonora de la película de la vida de aquella chica acabase de empezar pero en lugar de acordes lo formaban gritos, lamentos y huesos que golpeaban la pared. El espectáculo macabro había dado comienzo en la habitación colindante y lo único que podían hacer ambas chicas era imaginar lo que estaría sucediendo. Ninguna podía saberlo a ciencia cierta. Pero por los gritos de dolor, no parecía ser algo agradable. ¿Acaso una tortura podía llegar a serlo?

No dijo nada, y no por falta de ganas. Sino por falta de palabras. Se le congeló la sangre casi en un sentido literal. Notó que las palpitaciones de su corazón alcanzaban las nubes llegándole incluso a causar verdadero dolor físico en el pecho. Le costaba respirar e incluso tragar era un suplicio. Un sudor frío caía por su frente al reconocer el rostro de aquella chica. Aquellas palabras que no podían salir de la boca de otra persona que no fuese la impertinente que tan bien conocía. Le temblaron las manos, incluida la que segundos antes sujetaba firmemente su varita dispuesta a romper cualquiera de los límites con el único fin de cumplir su cometido.

Pero, ¿Acaso importaba su cometido? ¿Acaso le debía algo a Simmons y por eso debía cumplir a raja tabla sus órdenes? ¿Debía seguir ciegamente las órdenes de los Mortífagos y torturar a Ashanti hasta que las palabras saliesen de entre sus labios? Hasta conseguir saber quiénes eran los que perpetraban ataques cargados de odio y violencia que tanto se asemejaban a los que los propios Mortífagos habían hecho durante años. Durante todo el tiempo que habían permanecido escondidos en las sombras, atacando desde las penumbras. Empujando la rueda hasta hacerla girar, ocupando ellos la posición de vencedores.

Pero ella no se sentía vencedora. Nunca lo había hecho desde aquella noche del veinte de diciembre donde su mundo se vino abajo. Y es que el rostro de Ashanti, una mueca de decepción mezclada con el más profundo de los dolores, sólo había sido el principio de la caída. La primera pieza de dominó que había hecho que el resto cayesen en cadena.

- ¡Cállate! – Su voz resonó por encima de los gritos que llegaban desde la otra habitación. Incluso los elfos domésticos guardaron silencio, dejando atrás su conversación sobre quién limpiaría aquel día el estropicio de cada una de las habitaciones. - ¡He dicho que te calles! – Volvió a gritar antes de la última de las preguntas de Ashanti.

Ni siquiera había escuchado lo que había dicho. El sólo hecho de saber que era ella le causaba dolor. Su voz era peor tormento que el que, a pocos metros de distancia, estaba siendo obligado a pasar aquel miembro de la Orden del Fénix cuyo nombre Circe ni siquiera conocía. Aquello le dolía no sólo físicamente, sino en un ámbito emocional pues, por primera vez en toda su vida, a Circe le dolía haber decepcionado tanto a una persona. Haber llegado al límite del odio y haber demostrado que, verdaderamente, si existe una fina línea que separa el amor del odio. Y ella la había pisado, había saltado sobre ella hasta, finalmente, cruzarla.

De un golpe de varita cerró la puerta, impidiendo que nadie pudiese abrir su cerradura y se quedó mirando la puerta, sin decir nada. Se volteó sobre sí misma mirando en dirección a Ashanti pero rápidamente apartó la vista de la chica. Sólo mirar causa dolor. Y pensar que tiene que actuar como se le ha ordenado causa aún más dolor en la rubia. Aprisionó con fuerza la varita en la zurda, apoyando la espalda sobre la puerta y dejándose caer hasta quedar sentada en el suelo. Elevó sus rodillas, apretándolas contra su pecho y rodeando sus piernas entre sus brazos.

Con más valor del que se supone que tienen las serpientes, se atrevió a elevar la mirada una vez más mientras pensamientos, sentimientos y recuerdos se agolpan en su memoria, haciéndole dudar de qué es lo que verdaderamente debería hacer.

- ¿Qué coño has hecho para que te atrapen? – Apartó la máscara de su rostro, intentando fingir que no tiene más miedo ella de sí misma que el que Ashanti puede sentir. Circe era capaz de cualquier cosa y lo último que quería era causarle cualquier daño a Ashanti. Pues, al fin y al cabo, aún la quiere.
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S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 9:09 am

Debería estar sintiendo frío. Debería estar tiritando. Congelándose. Pero no. No sabía porqué —o más bien si sabe— no tiene frío. Quizás fuese porqué está llena de rabia. De ira. Importancia. Frustración. Es qué en su pecho, siente la calidez del odio... ¿Raro, no? ¿Cómo puede el odio hacerte sentir una simple calidez? Cómo si fuese una buena noticia que te dan de improvisto, cuándo en realidad deberías sentir que el pecho te va a estallar de tanta ira contenida... Saber que era ella, le desgarra el alma, porqué mucho antes de que gritase, mucho antes de qué le diga que dejase de hablar. En su pecho estaba esa calidez que hace un año la llenaba de felicidad al saber que esa mujer que le acompaña en aquella habitación, estaba cerca.

Lo sabe, sabe que es Circe. Los gritos y aquella pregunta solo sirvieron para confirmarlo. "Un error tras otro, Button." Pensó con amargura. ¿Por qué se le ocurrió volver a usar aquél collar? ¿Por qué no lo dejó guardado en el refugio? ¿Por qué tuvo que volver a usarlo luego de que la hubiera visto en la fiesta de Halloween? ¿Por qué simplemente no la olvidaba de una madita vez? "¡Porqué te quiero!" La respuesta resonó en su mente seguida de un golpe y más gritos, provenientes de la habitación conjunta. Solo se quedó en silencio mientras observaba a la contraria. El verla así tan... ¿Dolida? "No... Ella no comprende eso. No es capaz de entenderlo. Solo puede disfrutarlo." Ash se muerde el labio con fuerza para no gritar y maldecir. Hace esfuerzos por zafarse del agarre pero solo consigue que las cuerdas apreten más. Lo que le da más rabia es qué, en el fondo, le duele verla así.

¿Realmente te interesa?– Preguntó con una pequeña sonrisa. —Casi es una falta de respeto que lo preguntes, sabes.– Comenta en tono burlesco. Y se queda callada, no iba a responderle nada. ¿Para qué? ¿Qué ganaría? —¿Qué no ves que ahora somos enemigas?–  Finge diversión. Le era tan retorcido pensar que ahora realmente son enemigas. Ahora cada una juega en la posición de matar o morir, frente a la otra. Bueno, Ash solo tiene papeleta para la última opción. —Juega tu papel, Barbie...– El solo hecho de llamarla así provoca que le ardan los labios. Nunca había vuelto a repetir ese maldito apodo desde que hubiera vista a Circe el día antes de la batalla. Cuándo le dolía ahora haberlo dicho.

Los gritos de Clack la desesperan. No sabe cómo ayudar y para colmo luchaba para no desmoronarse ante Circe. El destino si que había sido especialista para orquestar sus desgracias, una tras de otra casi planeadas con sumo cuidado. — Haz lo que debas hacer... No pierdas el tiempo.– Le dice. Ash sabe que si ella no lo hace, el otro tipo lo hará. Sea cómo sea, seguro no salga en una pieza de ese lugar. —¿Necesitas acaso un poco de motivación?– Hay rabia en las palabras.

Vamos...– Iba a pronunciar el nombre ajeno, pero prefirió callarlo. —No podré odiarte más de lo que ya lo hago. Sin importar lo que hagas o lo que debas hacer...– ¿Qué hacía? ¿Aliviarle la carga? Ni siquiera Ash lo sabe. Solo quiere que se acabe. —Realmente debiste matarme ese día en la torre... Me habrías ahorrado el conocer lo ruin que puedes llegar ser.–  

Solo pensar en que Circe no se estaría conteniendo si fuese otra chica quién ocupe  su lugar "¡Demonios! ¿Realmente me enamore de éste ser?". Se siente miserable. Ella no quería ningún trato especial, no necesitaba consideraciones; solo quería una maldita chica que fuera siempre sincera, solo eso necesitaba de la rubia, pero le tocó descubrir de la peor manera que la ex-Slytherin, no era más que una gran farsa "¿Y que hay de lo nuestro? ¿Era fingido? ¿Fue una mentira? ¡Cada beso! ¡Cada caricia! ¿Qué mierda fue eso? ¿Te importó acaso?" Le duele quererla así. Le mata saber que su corazón late desbocado por la mujer que tiene en frente; que muere por abrazarla y decirle  que tiene miedo, que no quiere morir y menos por sus manos... Pero no. No le diría eso, no se mostraría débil, no agacharia la cabeza. Aunque sus lágrimas sigan manando de sus ojos, en un llanto silencioso. Ashanti no le iba a pedir clemencia. Ni a ella, ni a nadie...


Última edición por S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 4:26 pm, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Mar Dic 05, 2017 11:25 am

No quería escuchar su voz. Cada palabra se clavaba como un puñal. Cada palabra se convertía en una quemadura que dejaría una cicatriz en su piel, un recuerdo de lo que Ashanti decía. Cada palabra era una verdadera patada en estómago. Cada palabra eran nauseas, odio sobre sí misma. Y es que hasta que no se había enfrentado a Ashanti, ya tantos meses atrás, un antes había sentido culpabilidad en lo que hacía. Le agradaba y le seguía agrando siempre y cuando la castaña no estuviese presente. ¿Acaso creías que iba a aceptar que te pusieses una máscara y asesinases a cuantos estuviesen a tu alcance bajo las órdenes de un hombre conocido en todo el Mundo Mágico por su maldad? ¿Acaso creías que aceptaría que pasases de lo psicológico a lo físico cuando tan mal lo pasaba ante el bullying que causabas a otros como alumna? Suponía que no, pero aquella última aceptación aún brindaba un halo de esperanza en todo aquello. O eso había pensado Circe. Pero estaba tan rota por dentro en aquellos momentos que no había sido capaz de pensaren cómo podría sentirse también Ashanti. Ella había tenido que huir de su casa y ahora veía la muerte de cerca. Mientras que Circe seguía con su vida, día tras día, conviviendo con ausencias y decepciones.

- Quiero saber qué has hecho para que tenga que matarte. – Sentenció dejando la máscara sobre el suelo y levantándose del suelo.

Sacudió sus pantalones con sendas manos, pues el estado del suelo dejaba mucho que desear en cuanto a higiene se refería. No acortó la distancia entre ambas, al menos no conscientemente. Dio un par de pasos por la habitación sin dirigirle la mirada a la chica, casi con miedo a lo que sus ojos pudiesen trasmitirle a Ashanti. ¿Qué vienes que tienes miedo? ¿Qué sientes remordimientos de lo que haces solo si ella lo juzga? ¿Qué lo único que quieres en el mundo es causarle algún dolor? Aquellos pensamientos escuecen como sal en la herida abierta.

No podré odiarte más de lo que ya lo hago”.

Se le paralizó el corazón para volver a su carrera desesperada por saltar de su pecho. Ni siquiera los gritos de Clarck en la habitación colindante lograban ser un método de relajación para alguien que se codeaba con el dolor ajeno. Apretó los puños y lanzó una mirada  a Ashanti, una mirada que en parte portaba odio. Pero no odio hacia la castaña, sino hacia sus palabras y lo que le hacían sentir. Porque ella también se había sentido idiota con todo aquello, pensando – casi inocentemente – que quizá Ashanti tomase un papel neutral en la batalla venidera. Pero se había equivocado por no querer ver. Porque era más que evidente que Ashanti tomaría partido en una batalla que había defendido a lo largo de toda su vida.

- Si te hubiese matado aquella noche no habrías sufrido. ¿Verdad? – Lo preguntaba como si realmente quisiese que sufriese con ello, cuando realmente quiere saber si lo ha pasado tan mal como ella. Si ha pasado noches aferrada a una almohada, entre lágrimas, intentando imaginar que estaba con Ashanti. Pero no lo había hecho. Había estado sola en aquellos momentos. Había estado sola cuando le habían dicho que su hermano había muerto; había estado sola en su funeral; había estado sola cuando sus padres pusieron en tela de juicio el papel que Odiseo había tomado en la batalla y apoyaron al nuevo gobierno para darle caza a su propio hijo por haber sido la causa del asesinato de su hijo menor, por inculcarle aquella ideología; había estado sola al descubrir que Odiseo casi acaba con el hijo que, en su vientre, llevaba Eris; había estado sola al descubrir que aquel hijo era parte de su familia pero también de la de su mejor amigo; había estado sola cuando Apolo había desaparecido; y también lo había estado cuando huyó de casa para no tener que ver más en lo que su familia se había convertido.

Y la culpaba por ello. Por haberla dejado sola. Por haberle dado tanta importancia a algo que no lo tenía. Pues, para Circe, aquello que resultaba ser un mundo, no era más que una piedrecita en el camino.

- Cuando se lleva a un cerdo al matadero, no se le infringe dolor. Ni se le permite ver ni escuchar lo que otros cerdos sufren para que no pase miedo. El miedo daña la carne, hace que pierda sabor y acabe dura. Mala para el mercado. Pero en este caso las cosas son diferentes, cuánto más sufráis, mejor será para nosotros. – Su varita se elevó en dirección a Ashanti. No dudó. No titubeó. – Crucio.
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S. Ashanti Button el Vie Dic 08, 2017 10:10 am

«¿A dónde fue? ¿Dónde quedó? ¿Dónde está la niña que pensaba diferente? La que le molestaba tanto tradicionalismo y la idea de tener que seguir los pasos de otros... ¿Cuánto hay de la Circe de la cuál me enamoré, en ésta qué ahora estoy mirando?»

Ash sufre. Se desmorona lentamente al no reconocer a la persona que tiene en frente. Le duele ver a la contraria tan cambiada, tan oscura, tan diabólica... ¿Acaso siempre fue así y la castaña no lo notó? No, se negaba a creer eso, se negaba a creer que esa Circe frente a ella, es la misma a la que amó, la que ama. Aquella pregunta la quiebra ¿Estaba hablando en serio? ¿Circe realmente la va asesinar? No sabe cómo procesar esto. No sabe cómo reaccionar. Solo siente... Rabia, mucho dolor.

Confiar en ti...– Contestó con rabia la pregunta. Pero en realidad es el dolor y la impotencia lo que habla por ella. —Deberías asesinarme por ser una crédula.– Sonríe con amargura mientras clava la mirada en la contraria. —Matame por pensar que eras diferente. Por quererte; esa debería ser realmente la razón.– Le dijo con dolor. ¿Por qué aún la ve y siente que ni muerta va a olvidarla?

Y al fin sus miradas se encuentran. Pero ésta vez no hubo magia. Esta vez solo había rabia, odio, miedo. Por primera vez Ash siente un miedo real ante Circe. La castaña aparta la mirada. Y las siguientes palabras de la rubia le dejan sin respiración. ¿La estaba jodiendo acaso? —¿Entonces ese era el plan? ¿Dejarme vivir para luego hacerme algo cómo esto?– La estaba matando. ¿Por qué le hacía algo así? ¿¡Por qué jugaba con su mente!? "¿Qué te orilló a esto, Circe? ¿Qué mierda te trajo a éstas personas? ¿Qué es lo que te motiva a servirle a un psicópata cómo... Él?" Pensó. Ése él, era haciendo referencia a Voldemort. Ash no lo comprende. No sabe porque la rubia hace estas cosas. Quiere entenderla, aún ahora, y estando así, quiere entender... Pero no se atreve a preguntar, o más bien, la rubia no le permite hacerlo...

•• ★ ••

Agonía... Los gritos de la castaña no se tardaron en hacerse escuchar luego que la varita de la contraria fuese alzada. El dolor físico que sintió en el momento, le nubló la mente. Su cuerpo se llegó a doblar de formas poco usuales, ante la magia que ahora se encargaba de lastimar su cuerpo o mas bien su mente. Ni siquiera era consciente de qué tan alto gritaba, solo sabe que lo hace. Sentía que la atravesaban con cuchillos; qué, rasgaban la carne, que le desmembraban el cuerpo. Seguido siente que arde, cómo si fuego vivo la estuviera abrazando, por completo, cómo si se estuviera consumiendo. El dolor era tan intenso que deseaba morir a seguirlo sintiendo. Deseaba que pare, que se detenga, quería rogar que la deje en paz, pero el mismo dolor, no la dejaba articular ni la más pequeña palabra...

Ya no escucha gritos, ni golpes, ni nada... Aún le zumban los oídos y le duele la cabeza, por el ataque. Ya no puede pensar en si Clarck  murió o no, en la habitación de al lado. Solo tiene tiempo para intentar volver al presente y la verdad es que está deseando huir de él, porqué su pasado lo tiene allí en frente. Le quema en el pecho. Y amenaza con quitarle la vida.

•• ★ ••


Su respiración era irregular.  Estaba de rodillas sobre el suelo. Cansada. Agotada. Su cuerpo era sostenido por las cuerdas que ataban sus muñecas y no permitían que se fuera de bruces al suelo. Solo había sido un solo hechizo, solo había sido un primer intento y Ash no quería seguir. Un maldito crucio tenía el poder suficiente para hacerla replantearse las cosas. Sin embargo, su orgullo, quizás era lo único que estaba intacto y era lo que sostenía lo poco o mucho de las fuerzas que mantenía firme a la castaña.

¿Qué sentía ahora? ¿Que sentimientos o emociones llenaron el vacío que dejó el dolor que causó el Crucio? Decepción... De eso estaba llena. Sentía en carne propia el significado de esa palabra y dolía, quemaba, ardía, la decepción era horrible, infinitamente peor que la tristeza o la rabia. Y es que tenía en su corazón la esperanza de que Circe no usase la varita. Quería creer que esa mujer a la que quiere —porque maldita sea, la quiere, aunque ahora esté hirviendo en rabia, el amor; el verdadero, aún con los golpes, es difícil de borrar y eso es Circe para Ash; su amor verdadero—, no iba a herirla. Pero la verdad es que lo hizo. La agonía física se dicipaba. Pero ahora quedaba su alma perforada por lo que Circe había hecho, no por la acción, sino por los motivos  y no es solo por saber que lo a aplicado sobre sí, sino que había sentido lo que seguramente otros mucho antes que ella (Ash), sintieron. Solo que a diferencia de los demás, el dolor de Ash, era a nivel sentimental. Las lágrimas surcaban sus mejillas y se unen en la base de su mentón, para luego caer en forma de gotas, sobre su jeans mojado. Miraba el suelo. Algunas pequeñas gotas rozan el dije del collar que la contraria le hubiera obsequiado y continuaban el recorrido a sus muslos, gota a gota.

La castaña no sabe cuánto va aguantar así. Ni siquiera está segura si pueda con otro golpe; no físico. Sino emocional. Estaba devastada y eso solo recién comenzaba...

¿Lo disfrutas... Te divierte el dolor ajeno?– "Mi dolor..."  

Saca fuerzas de donde puede y vuelve a ponerse en pie. Se sotiene de las cuerdas y sube. Vuelve a levantar su cabeza. Orgullosa. Con miedo, sí. Pero solo sabes que eres valiente si reconoces que tienes miedo y aún así, estás dispuesto a enfrentarlo. Así que allí estaba ella. Plantandole la cara a la muerte. O más bien, a la que fue su vida.

¿Pasarla mal? Aún lo recuerda. Porqué tan solo ayer, estaba en su cama, aferrada a una almohada. Sin conciliar el sueño. Pensando en toda la mierda que ha pasado. Que quizás no sea la peor, pero es la que vive, y para cada uno, solo la propia miseria es superior a la ajena, porque nadie la puede vivir por ti... Ash lo estuvo pasando mal. Pero quería convencerse de qué su masoquismo junto a esas ganas de querer tocarle el culo a la vida cuándo le daba la espalda, era suficiente para comenzar con lo poco que le quedaba —la dignidad—; que no era más que un vago deseo de supervivencia. Se dijo;

«¿Me buscan? ¿Me quieren matar? ¡No importa! ¡No me importa una mierda! ¡Porqué es mi vida y nadie me la va a quitar!»

Entonces comenzó a salir sin preocuparse. Sin importarle en lo más mínimo si algo cómo lo que vive ahora llegaba a pasarle...

¿Y luego que? Circe Masbecth. Claro, el puto fantasma de su vida. Alguien que resultó ser una farsa y una mentira. Y se dijo;

«No importa, volveré a enamorarme; porqué la voy a olvidar; aún cuándo me cueste la vida...»

Y salió con cuánta mujer pudo, incluso salía con una ahora, pero ¿La quería? ¡NO! No podía querer a nadie más... No podía encontrar en otros besos, el sabor de sus labios y no podía encontrar en otro cuerpo, el calor de su piel. Porqué solo había en el mundo una Circe, y nadie se comparaba a esa mujer...

¿Pasarla mal? Eso es poco cuándo las desgracias te vienen una tras otra; y para colmo, tu mayor enemigo; es también tu amor...
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 08, 2017 5:44 pm

Para conjurar un hechizo como aquel se necesitaba odio en el interior de la persona. Se necesitaba de una serie de sentimientos que Circe había acumulado durante años y que podía dejar volar en cualquier momento. Pero más en aquel donde las palabras dolían como estacas. Donde se sentía culpable por las decisiones tomadas pero también odiaba a Ashanti por haber elegido el bando contrario. Por haber seguido esos ideales que, de sobra, sabía que anidaban en su interior. Por haber optado por luchar en lugar de bajar la cabeza y renegarse a vivir una vida controlada por los Mortífagos y su poder. Había elegido el bando perdedor y eso era lo que menos le importaba a la rubia. Lo que le importaba era haber perdido a quien consideró todo. A quién lo fue y de un día para otro desapareció sin dejar rostro. Dejándola sola con su soledad por no compartir los mismos ideales.

Circe era la culpable de toda aquella situación pero su egocentrismo y narcisismo le obligaba a negarse a aceptar dicha afirmación. La culpa era de ambas. Y en aquella ocasión de  Ashanti por haberse metido de lleno en la boca del lobo. Y por todas esas palabras.

Dolía.

Pero más le dolió a Ashanti el hechizo que salió de la punta de la varita de Circe e impactó de lleno contra ella. Podría haber sido peor. En cualquier circunstancia el dolor habría sido peor de lo que fue, pues el odio que irradiaba Circe no era suficiente como para querer causarle tal dolor a alguien que, a fin de cuentas, seguía importándole tanto como lo hacía Ashanti. Lo que menos quería era seguir causándole dolor, pero debía obligarle a pasar página. A vivir lejos de lo que habían llegado a ser. Si es que tenía la oportunidad siquiera de salir con vida de ahí.

- Fulmen Cruciatus. – Antes de que el hechizo saliese de su varita la rubia cerró los ojos negándose a ver de nuevo la reacción de Ashanti a pocos metros de donde se encontraba.

En aquel momento, el collar que la castaña portaba al cuello había tomado un color morado oscuro que reflejaba el miedo que en aquel momento sentía la rubia. Un miedo hacia sí misma, hacia lo que tenía que hacer si quería  salir viva de ahí. Pues, para salir viva de ahí, tendría que matar a la propia Ashanti.

- ¡BASTA! – Los gritos de Clarck hizo que Circe frenase en su maldición, dejando a Ashanti tranquila por un momento. – Hablaré. Te diré… Te diré todo lo que sé. – Dijo el hombre casi entre sollozos. Su voz sonaba rota, tan rota como él mismo en aquel momento.

- No tenemos toda la noche, Clarck. Comienza a hablar o tu amiga volverá a gritar. – Circe conocía de sobra aquel protocolo. Elevó la varita y de nuevo una corriente eléctrica impactó sobre el cuerpo de Ashanti. Circe esta vez mantuvo la mirada.

- ¡Por favor! – Sollozó.

Lo siguiente que se escuchó fue un cuerpo caer contra el suelo, golpearlo con violencia.  Como si de un peso muerto se tratase, podía escucharse como Simmons arrastraba el cuerpo de Clarck hasta la puerta de la habitación.

- Por favor… - Jadeaba el antiguo trabajador del Ministerio de Magia e incluso si prestabas atención podías escuchar cómo sus uñas se clavaban en el suelo de madera, luchando por impedir ser arrastrado sin éxito. Las uñas de sus manos se levantaron ante el esfuerzo y la presión de la madera, dejando muescas de sangre por donde el hombre pasaba.

La puerta se abrió de par en par y sin previo aviso el cuerpo de Clarck salió disparado hacia una de las paredes de la habitación donde Circe y Ashanti se encontraban. La ahora morena se hizo a un lado, dejando a Simmons pasar. El hombre posó una mano sobre el hombro de Circe y le dedicó una sonrisa.

- Bien hecho. – La chica afirmó con la cabeza, sin mediar palabra alguna.

La varita de Simmons se elevó de nuevo en dirección a Clarck.

- Ahora hablarás. – Una maldición cruciatus le obligó a arrodillarse en el suelo, gimiendo del dolor. La sangre de sus manos quedó ahogada en su pecho mientras aprestaba sus propias ropas con fuerza. Finalmente un grito de dolor escapo entre sus labios. – Venga Clarck, esto será un juego, como en los viejos tiempos. ¿Recuerdas nuestras partidas al Snap Explosivo? Será parecido. – Una sonrisa ladina acompañaba sus palabras. – Circe, si quieres, puedes irte.

- Me gusta aprender. – Mintió la rubia, pues por nada del mundo iba a dejar a Ashanti sola ante aquel psicópata.

- Bien, presta atención. – Afirmó con la cabeza, dándole pie a Simmons para empezar. – Vamos a jugar a un juego, ¿Os gustan los juegos? Seguro que sí, por eso andáis jugando al escondite con nosotros, pero parece que no os dais cuenta que salir de vuestra madriguera puede costaros caro. A vosotros y a los vuestros. – Miró el reloj en su muñeca. – Bien, cada uno tiene tres minutos para contestar a mi pregunta. Si la respuesta no me gusta, el otro morirá. Empezaremos contigo, Button, las damas primero. Una pregunta fácil para romper el hielo. – La varita de Simmons se elevó y el temporizador de la maldición Tempus Fugit se dibujó en el pecho de Clarck. – Por la vida de mi viejo amigo el señor Leroy Clarck, ¿Qué hacíais esta noche correteando como ratas por Londres?
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