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Righteous side of hell [Priv.]

Circe A. Masbecth el Vie Dic 01, 2017 5:28 pm


Sebastian Simmons corría como si la vida le fuese en aquella estrepitosa carrera por las callejuelas de Londres mientras la lluvia mojaba sus zapatos. Su varita alzada en dirección a dos figuras que recorrían una de las múltiples calles secundarias de la capital inglesa siendo aquel peculiar trío el único rastro de humanos que había en toda la calle. Ni un solo alma se atrevía a salir con la tormenta que estaba cayendo y tan solo un gato que observaba todo desde el alfeizar de la ventana era el espectador de aquella carrera por la supervivencia.

El Mortífago, sin su máscara habitual con tonos plateados, iba enfundado en un traje de cuero y acompañaba su vestimenta con una capa que era mecida por el viento mientras seguía corriendo. Por su parte, los dos fugitivos corrían sin rumbo aparente para el Mortífago que se había encargado de impedir la aparición en la zona. Con una sonrisa sádica en sus labios imaginaba el final de aquellos dos fugitivos.

El primer hechizo impactó en la espalda de la chica, obligando a que se diese de bruces contra el suelo mojado. Su compañero siguió corriendo durante menos de cinco segundos mientras la chica se retorcía en el suelo a causa de la corriente eléctrica que recorría su cuerpo. Al darse cuenta que corría solo, volvió sobre sus pasos para ayudar a la fugitiva, se arrodilló para ayudar a que se levantarse y aquello fue su perdición.

Un segundo hechizo salió de la varita del Mortífago, haciendo caer al hombre con una profunda herida en la pierna izquierda, impidiéndole así seguir avanzando.

- Ya sois míos. – Susurró Sebastian mientras avanzaba en dirección a las dos figuras. El hombre intentaba levantarse tras su caída al suelo pero la sangre que ahora manchaba la calle le hacía ver que aquello sería complicado.

Ninguno rogó. No tuvieron oportunidad de hacerlo cuando el Mortífago eliminó el hechizo de protección en la zona y se apareció con ellos no muy lejos de donde se encontraban.

* * *

- ¡Dilo! – La voz del Mortífago llenaba toda la estancia mientras su varita apuntaba directamente al cuello de la chica. La tenía agarrada por la espalda y apretaba con fuerza sobre su piel mientras su compañero permanecía encadenado a la pared. – Dime donde está la resistencia o mataré a tu amiguita. Te aseguro que conseguiré que sus gritos te hagan hablar. – Pasó la lengua, áspera y húmeda, por la cara de la chica. – Lo haré, te seguro que lo haré.

Tiró de su cabello obligándole a salir de la estancia, mientras los gritos del fugitivo se escuchaban desde el otro lado de la puerta.

- ¡Te mataré Simmons! – Bramó el fugitivo, quien no parecía ser precisamente alguien con un temperamento sosegado capaz de vencer aquellas situaciones de estrés de la mejor manera. Ante las amenazas, él reaccionaba de la misma manera.

- No quiero oírte. – Sentenció tras empujar a la chica al interior de otra de las habitaciones. – No intentes nada o te mataré. Solo necesito a uno con vida y si te portas bien puede que seas tú. Me caes mejor, guapa. – Una mirada lasciva acompañó a sus palabras antes de cerrar la puerta tras de sí.

El Mortífago avanzó hacia la puerta donde había dejado al primero de los fugitivos pero en su camino se cruzó con dos de los elfos domésticos que habitaban en aquel lugar.

- ¿Amo Simmons? – Preguntó el primero de ellos no muy seguro de estar en presencia del que era su dueño. - ¿Necesita algo, amo Simmons? – Repitió su nombre como si de una melodía se tratase.

- Uno de vosotros a la puerta. – Señaló la habitación donde acababa de empujar a la mujer. – El otro, necesito que traigáis a alguien. – Sacó un trozo de pergamino arrugado de su bolsillo y se lo tendió a los elfos. Uno de ellos, con sus arrugados y huesudos dedos, lo tomó entre sus dedos y afirmó con la cabeza.

- Volveré pronto, amo Simmons. – Aseguró el elfo antes de desaparecerse lejos de allí.

Por su parte, Simmons volvió a la habitación donde el fugitivo estaba encadenado. Su cuerpo estaba ensangrentado, la camisa hecha girones y una de su mano prácticamente hecha pedazos convertida en un amasijo de sangre.

- ¿Ya has recapacitado, Leroy? – Preguntó con un tono cercano. Cogió una silla y la colocó cerca de aquel hombre encadenado, tomando asiento y sacando una edición del Profeta que comenzó a leer en voz alta. En la habitación colindante, prácticamente vacía sin contar a aquella chica que había encerrado y rodeado con cuerdas mágicas, podía escucharse todo lo que sucedía entre Leroy y Sebastian. – El conocido Magizoologo Leroy Clack ha sido el último trabajador del Ministerio de Magia en sumarse a las filas de los fugitivos que atentan contra la sociedad mágica y los derechos de los magos. Leroy Clarck, a quien muchos conocen por sus estudios con Arpías y Banshees fue interrogado por su relación con los robos de documentación acontecidos en las últimas fechas. Cuál fue la sorpresa de sus compañeros de departamento al descubrir que, quien creían un amigo y compañero, no era más que un traidor que ayudaba en la sombra a un grupo de asesinos…

No pudo continuar, pues Leroy se retorció entre las cadenas, quejándose de aquellas falacias.

- ¡Sabes que mienten! Sebastian, has trabajado quince años conmigo, ¿Y aún crees en esas tonterías? Sabes que soy una buena persona. Ashanti también lo es. – Dijo refiriéndose a la chica encerrada en la habitación colindante. – No le hagas ningún daño, te lo pido.

- Te aseguro que yo no le haré ningún daño. He llamado a alguien menos convencional para que se encargue de hacer hablar a tu amiguita. Si no lo haces tú, lo hará ella. Alguno lo hará mientras oye como el otro se retuerce de dolor.

La varita de Simmons se elevó en dirección a Leroy, lanzando una maldición imperdonable no verbal que le obligó a retorcerse, nuevamente, fruto del dolor.

* * *

Dos golpes a la puerta con los nudillos. Circe estaba en pijama cuando escuchó la puerta pues seguido de aquellos golpes  llegaron más y más hasta que abrió la puerta, malhumorada por la interrupción de su sueño.

- ¿Qué coño quieres? – Preguntó mirando hacia abajo al ver a un elfo doméstico. Odiaba de sobremanera a aquellas criaturas.

- ¿Señorita Masbecth? -  Hizo una corta reverencia como si llevase algún tipo de vestido de gala invisible y alzó nuevamente la vista en dirección a Circe. – El amo Simmons solicita sus servicios urgentemente. Dos fugitivos se niegan a hablar de la formación terrorista que ataca a nuestro mundo y necesita de sus habilidades para…

- Entendido. – La rubia cerró la puerta tras de sí y fue al baño para lavarse la cara antes de modificar su ropa para ir en dirección a donde se encontraba Simmons. Golpeó su cabello con su varita y este tomó un tono mucho más oscuro del habitual, prácticamente negro.

Una vez terminó, salió al exterior de la casa encontrándose con el elfo doméstico sentado sobre el felpudo. La criatura miró hacia arriba y una sonrisa se dibujó en sus labios al descubrir que no se iría de ahí solo.

- Venga, venga, señorita Masbecth. – Dijo el elfo tendiendo su mano para que ambos se desaparecieran lejos de ahí. – Está encerrada en esta habitación. El amo quiere que le haga hablar mientras él tortura a su compañero. Llevan aquí… ¡Tres horas! Y ninguno ha dicho nada. – El otro elfo abrió la puerta permitiéndole a Circe pasar, quien ya portaba la máscara de Mortífago cubriendo su rostro.

Al entrar, pudo ver una figura femenina atada con cuerdas con apenas capacidad para arrastrarse para el suelo debido a las ataduras.

- Suerte. – Susurró el elfo antes de cerrar la puerta.

Spoiler:


SEBASTIAN SIMMONS
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LEROY CLARCK
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S. Ashanti Button el Lun Dic 04, 2017 9:39 am

Su cuerpo se estremecía de dolor al sentir cómo la electricidad recorría su cuerpo. Cada musculo estaba tensionado no solo por el hechizo sino por el agotamiento. Desde que aquél Mortifago los hubiera reconocido en la calle y les hubiera dado caza, estaban corriendo intentando escapar. Maldita la hora en la que hubiera optado dejar la varita en el refugio, porque no iba a necesitarta, vamos ¿Para que llevarla si ibas a andar con un veterano miembro de la orden? Tendrían que haberle dado una bofetada por imbécil. Pudo volver a sentir el aire en sus pulmones al momento que el hechizo se corta, pero eso solo le alerta que ahora es su compañero quién estaba siendo lastimado. Recuperar la movilidad en aquel momento era mas que complicado, su cuerpo vibraba solo, con aquella descarga que había recibido...

•• ★ ••

No hay peor sensación que la de sentirse indefenso. Estar en una situación donde saber que ninguna manera de salvarte o salvar a tu compañero, es ser un inútil. La lengua tibia y asquerosa de aquél tipo, sobre su mejilla le produjo un asco indescriptible. Se movió intento zafarse del agarre pero no daba resultado. Quizás porqué estaba demasiado cansada, dolorida.  Ashanti observó al pobre Clack, tan malherido y lastimado. Atado cuál perro. Lo único que podía hacer la castaña en ese momento era mantenerse firme al igual que él. Con la mirada le decía a su compañero que no hablase, que no importaba si ella moría, sería un mal menor en comparación a lo que pasaría si los mortifagos daban con el refugio.

¡Eres un maldito!– Grita tras escupir el rostro del Mortifago justo antes de que cierre la puerta en las narices de Ash.

Las castaña gritaba y pateaba la puerta en busca de fastidiar al Mortifago y que dejase de torturar a Clack. Pero por más que quería interferir en la tortura, no lograba nada. La frustración le calaba los huesos mientras los gritos del miembro de la orden le comienzan a fragmentar la voluntad, no quería seguir escuchándolo así. Lo iban a matar y ella no podía hacer nada. Comenzó a golpear con mucha más fuerza la madera de la puerta y solo consigue hacerse daño en las manos, pues no tardan en sangrarle los nudillos. Por tan solo unos quince segundos quizás cesan lo gritos de Clack. Se siente aliviada, pero luego se asusta aun mas al pensar que pueden haberle asesinado. Comienza a hacer todo el rudo posible, grita incluso...

••★ ••

Un elfo se aparece en la habitación y con un chasquido de sus dedos le ata a la pared. Las cuerdas se aferran a sus muñecas con fuerza. La lastiman. Pero casi podía jurar que nada le volvería a doler, tenía los nervios de los brazos adormecidos de tanto golpear la fuerte madera de la puerta. El elfo le dijo que cierre la boca, seguido de un traidora de la sangre y luego desapareció, justo cuándo los gritos de Clack volvieron a escucharse ¿Que estaba haciendo, Sebastian? ¿Darle un respiro?

La castaña tiró de las cuerdas —provocando mas daño a sus muñecas—, intento con todas sus fuerzas citar y decir cuánto improperio se le vino a la mente. Pero del otro lado los gritos de su compañero eran constantes. Nada lograba distraer a Simmons y ella ya estaba perdiendo la voz. No supo cuanto tiempo paso. Ahora solo se limita a llorar en silencio, dejando que sus lágrimas se derramen sobre sus mejillas. ¿Qué podía hacer? ¿Qué haría si asesinaban a Clack? ¡Nada! Era lo único que podía hacer... Y justo eso, era lo que mantendría a salvo a las personas del refugio... El silencio era su mejor arma, pero ¿A que precio? ¿Cuánto habría que sufrir antes de que aquel Mortifago se canse de su compañero y venga por ella? Clack ya había demostrado gran valía hasta ahora ¿Seria ella capaz de imitarle? ¿Y si al final no soportaba? ¿Y si los traicionaba? ¿Le perdonarían la vida? ¿Valía la pena vivir sabiendo que condenaría a otros?

Sus preguntas estaba por obtener respuesta, pues no mucho antes de que la ultima pregunta se formase en su mente, la puerta se abre. Ash no levanta el rostro, estaba mirando el suelo. Sus zapatos mojados al igual que su ropa y su largo cabello, que por el momento no dejaba ver su rostro.

¿Qué tanto me observas? ¿Acaso dudas en comenzar?– Le reta. Tiene miedo. Mucho. Morir no es algo que desea. Pero no se doblegaría. Soportaría lo máximo que pueda y espera que sea suficiente. —¿Acaso debes esperar que tu amo te de permiso de jugar conmigo?– Se ríe por lo bajo. Solo busca provocarle. Mientras mas rapido inicie, mas pronto sabrá a que atenerse. —Oh, si es una nena y trae antifaz. Wow... ¿Tienes miedo a ser reconocida, princesa?– Pregunta al tiempo que levanta la cabeza y observa a la contraria.
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Circe A. Masbecth el Lun Dic 04, 2017 8:49 pm

La puerta se cerró tras de sí y la rubia avanzó sin romper el silencio que había en aquella habitación. Al otro lado de la pared, los gritos comenzaron. Como si de la banda sonora de la película de la vida de aquella chica acabase de empezar pero en lugar de acordes lo formaban gritos, lamentos y huesos que golpeaban la pared. El espectáculo macabro había dado comienzo en la habitación colindante y lo único que podían hacer ambas chicas era imaginar lo que estaría sucediendo. Ninguna podía saberlo a ciencia cierta. Pero por los gritos de dolor, no parecía ser algo agradable. ¿Acaso una tortura podía llegar a serlo?

No dijo nada, y no por falta de ganas. Sino por falta de palabras. Se le congeló la sangre casi en un sentido literal. Notó que las palpitaciones de su corazón alcanzaban las nubes llegándole incluso a causar verdadero dolor físico en el pecho. Le costaba respirar e incluso tragar era un suplicio. Un sudor frío caía por su frente al reconocer el rostro de aquella chica. Aquellas palabras que no podían salir de la boca de otra persona que no fuese la impertinente que tan bien conocía. Le temblaron las manos, incluida la que segundos antes sujetaba firmemente su varita dispuesta a romper cualquiera de los límites con el único fin de cumplir su cometido.

Pero, ¿Acaso importaba su cometido? ¿Acaso le debía algo a Simmons y por eso debía cumplir a raja tabla sus órdenes? ¿Debía seguir ciegamente las órdenes de los Mortífagos y torturar a Ashanti hasta que las palabras saliesen de entre sus labios? Hasta conseguir saber quiénes eran los que perpetraban ataques cargados de odio y violencia que tanto se asemejaban a los que los propios Mortífagos habían hecho durante años. Durante todo el tiempo que habían permanecido escondidos en las sombras, atacando desde las penumbras. Empujando la rueda hasta hacerla girar, ocupando ellos la posición de vencedores.

Pero ella no se sentía vencedora. Nunca lo había hecho desde aquella noche del veinte de diciembre donde su mundo se vino abajo. Y es que el rostro de Ashanti, una mueca de decepción mezclada con el más profundo de los dolores, sólo había sido el principio de la caída. La primera pieza de dominó que había hecho que el resto cayesen en cadena.

- ¡Cállate! – Su voz resonó por encima de los gritos que llegaban desde la otra habitación. Incluso los elfos domésticos guardaron silencio, dejando atrás su conversación sobre quién limpiaría aquel día el estropicio de cada una de las habitaciones. - ¡He dicho que te calles! – Volvió a gritar antes de la última de las preguntas de Ashanti.

Ni siquiera había escuchado lo que había dicho. El sólo hecho de saber que era ella le causaba dolor. Su voz era peor tormento que el que, a pocos metros de distancia, estaba siendo obligado a pasar aquel miembro de la Orden del Fénix cuyo nombre Circe ni siquiera conocía. Aquello le dolía no sólo físicamente, sino en un ámbito emocional pues, por primera vez en toda su vida, a Circe le dolía haber decepcionado tanto a una persona. Haber llegado al límite del odio y haber demostrado que, verdaderamente, si existe una fina línea que separa el amor del odio. Y ella la había pisado, había saltado sobre ella hasta, finalmente, cruzarla.

De un golpe de varita cerró la puerta, impidiendo que nadie pudiese abrir su cerradura y se quedó mirando la puerta, sin decir nada. Se volteó sobre sí misma mirando en dirección a Ashanti pero rápidamente apartó la vista de la chica. Sólo mirar causa dolor. Y pensar que tiene que actuar como se le ha ordenado causa aún más dolor en la rubia. Aprisionó con fuerza la varita en la zurda, apoyando la espalda sobre la puerta y dejándose caer hasta quedar sentada en el suelo. Elevó sus rodillas, apretándolas contra su pecho y rodeando sus piernas entre sus brazos.

Con más valor del que se supone que tienen las serpientes, se atrevió a elevar la mirada una vez más mientras pensamientos, sentimientos y recuerdos se agolpan en su memoria, haciéndole dudar de qué es lo que verdaderamente debería hacer.

- ¿Qué coño has hecho para que te atrapen? – Apartó la máscara de su rostro, intentando fingir que no tiene más miedo ella de sí misma que el que Ashanti puede sentir. Circe era capaz de cualquier cosa y lo último que quería era causarle cualquier daño a Ashanti. Pues, al fin y al cabo, aún la quiere.
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S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 8:09 am

Debería estar sintiendo frío. Debería estar tiritando. Congelándose. Pero no. No sabía porqué —o más bien si sabe— no tiene frío. Quizás fuese porqué está llena de rabia. De ira. Importancia. Frustración. Es qué en su pecho, siente la calidez del odio... ¿Raro, no? ¿Cómo puede el odio hacerte sentir una simple calidez? Cómo si fuese una buena noticia que te dan de improvisto, cuándo en realidad deberías sentir que el pecho te va a estallar de tanta ira contenida... Saber que era ella, le desgarra el alma, porqué mucho antes de que gritase, mucho antes de qué le diga que dejase de hablar. En su pecho estaba esa calidez que hace un año la llenaba de felicidad al saber que esa mujer que le acompaña en aquella habitación, estaba cerca.

Lo sabe, sabe que es Circe. Los gritos y aquella pregunta solo sirvieron para confirmarlo. "Un error tras otro, Button." Pensó con amargura. ¿Por qué se le ocurrió volver a usar aquél collar? ¿Por qué no lo dejó guardado en el refugio? ¿Por qué tuvo que volver a usarlo luego de que la hubiera visto en la fiesta de Halloween? ¿Por qué simplemente no la olvidaba de una madita vez? "¡Porqué te quiero!" La respuesta resonó en su mente seguida de un golpe y más gritos, provenientes de la habitación conjunta. Solo se quedó en silencio mientras observaba a la contraria. El verla así tan... ¿Dolida? "No... Ella no comprende eso. No es capaz de entenderlo. Solo puede disfrutarlo." Ash se muerde el labio con fuerza para no gritar y maldecir. Hace esfuerzos por zafarse del agarre pero solo consigue que las cuerdas apreten más. Lo que le da más rabia es qué, en el fondo, le duele verla así.

¿Realmente te interesa?– Preguntó con una pequeña sonrisa. —Casi es una falta de respeto que lo preguntes, sabes.– Comenta en tono burlesco. Y se queda callada, no iba a responderle nada. ¿Para qué? ¿Qué ganaría? —¿Qué no ves que ahora somos enemigas?–  Finge diversión. Le era tan retorcido pensar que ahora realmente son enemigas. Ahora cada una juega en la posición de matar o morir, frente a la otra. Bueno, Ash solo tiene papeleta para la última opción. —Juega tu papel, Barbie...– El solo hecho de llamarla así provoca que le ardan los labios. Nunca había vuelto a repetir ese maldito apodo desde que hubiera vista a Circe el día antes de la batalla. Cuándo le dolía ahora haberlo dicho.

Los gritos de Clack la desesperan. No sabe cómo ayudar y para colmo luchaba para no desmoronarse ante Circe. El destino si que había sido especialista para orquestar sus desgracias, una tras de otra casi planeadas con sumo cuidado. — Haz lo que debas hacer... No pierdas el tiempo.– Le dice. Ash sabe que si ella no lo hace, el otro tipo lo hará. Sea cómo sea, seguro no salga en una pieza de ese lugar. —¿Necesitas acaso un poco de motivación?– Hay rabia en las palabras.

Vamos...– Iba a pronunciar el nombre ajeno, pero prefirió callarlo. —No podré odiarte más de lo que ya lo hago. Sin importar lo que hagas o lo que debas hacer...– ¿Qué hacía? ¿Aliviarle la carga? Ni siquiera Ash lo sabe. Solo quiere que se acabe. —Realmente debiste matarme ese día en la torre... Me habrías ahorrado el conocer lo ruin que puedes llegar ser.–  

Solo pensar en que Circe no se estaría conteniendo si fuese otra chica quién ocupe  su lugar "¡Demonios! ¿Realmente me enamore de éste ser?". Se siente miserable. Ella no quería ningún trato especial, no necesitaba consideraciones; solo quería una maldita chica que fuera siempre sincera, solo eso necesitaba de la rubia, pero le tocó descubrir de la peor manera que la ex-Slytherin, no era más que una gran farsa "¿Y que hay de lo nuestro? ¿Era fingido? ¿Fue una mentira? ¡Cada beso! ¡Cada caricia! ¿Qué mierda fue eso? ¿Te importó acaso?" Le duele quererla así. Le mata saber que su corazón late desbocado por la mujer que tiene en frente; que muere por abrazarla y decirle  que tiene miedo, que no quiere morir y menos por sus manos... Pero no. No le diría eso, no se mostraría débil, no agacharia la cabeza. Aunque sus lágrimas sigan manando de sus ojos, en un llanto silencioso. Ashanti no le iba a pedir clemencia. Ni a ella, ni a nadie...


Última edición por S. Ashanti Button el Mar Dic 05, 2017 3:26 pm, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Mar Dic 05, 2017 10:25 am

No quería escuchar su voz. Cada palabra se clavaba como un puñal. Cada palabra se convertía en una quemadura que dejaría una cicatriz en su piel, un recuerdo de lo que Ashanti decía. Cada palabra era una verdadera patada en estómago. Cada palabra eran nauseas, odio sobre sí misma. Y es que hasta que no se había enfrentado a Ashanti, ya tantos meses atrás, un antes había sentido culpabilidad en lo que hacía. Le agradaba y le seguía agrando siempre y cuando la castaña no estuviese presente. ¿Acaso creías que iba a aceptar que te pusieses una máscara y asesinases a cuantos estuviesen a tu alcance bajo las órdenes de un hombre conocido en todo el Mundo Mágico por su maldad? ¿Acaso creías que aceptaría que pasases de lo psicológico a lo físico cuando tan mal lo pasaba ante el bullying que causabas a otros como alumna? Suponía que no, pero aquella última aceptación aún brindaba un halo de esperanza en todo aquello. O eso había pensado Circe. Pero estaba tan rota por dentro en aquellos momentos que no había sido capaz de pensaren cómo podría sentirse también Ashanti. Ella había tenido que huir de su casa y ahora veía la muerte de cerca. Mientras que Circe seguía con su vida, día tras día, conviviendo con ausencias y decepciones.

- Quiero saber qué has hecho para que tenga que matarte. – Sentenció dejando la máscara sobre el suelo y levantándose del suelo.

Sacudió sus pantalones con sendas manos, pues el estado del suelo dejaba mucho que desear en cuanto a higiene se refería. No acortó la distancia entre ambas, al menos no conscientemente. Dio un par de pasos por la habitación sin dirigirle la mirada a la chica, casi con miedo a lo que sus ojos pudiesen trasmitirle a Ashanti. ¿Qué vienes que tienes miedo? ¿Qué sientes remordimientos de lo que haces solo si ella lo juzga? ¿Qué lo único que quieres en el mundo es causarle algún dolor? Aquellos pensamientos escuecen como sal en la herida abierta.

No podré odiarte más de lo que ya lo hago”.

Se le paralizó el corazón para volver a su carrera desesperada por saltar de su pecho. Ni siquiera los gritos de Clarck en la habitación colindante lograban ser un método de relajación para alguien que se codeaba con el dolor ajeno. Apretó los puños y lanzó una mirada  a Ashanti, una mirada que en parte portaba odio. Pero no odio hacia la castaña, sino hacia sus palabras y lo que le hacían sentir. Porque ella también se había sentido idiota con todo aquello, pensando – casi inocentemente – que quizá Ashanti tomase un papel neutral en la batalla venidera. Pero se había equivocado por no querer ver. Porque era más que evidente que Ashanti tomaría partido en una batalla que había defendido a lo largo de toda su vida.

- Si te hubiese matado aquella noche no habrías sufrido. ¿Verdad? – Lo preguntaba como si realmente quisiese que sufriese con ello, cuando realmente quiere saber si lo ha pasado tan mal como ella. Si ha pasado noches aferrada a una almohada, entre lágrimas, intentando imaginar que estaba con Ashanti. Pero no lo había hecho. Había estado sola en aquellos momentos. Había estado sola cuando le habían dicho que su hermano había muerto; había estado sola en su funeral; había estado sola cuando sus padres pusieron en tela de juicio el papel que Odiseo había tomado en la batalla y apoyaron al nuevo gobierno para darle caza a su propio hijo por haber sido la causa del asesinato de su hijo menor, por inculcarle aquella ideología; había estado sola al descubrir que Odiseo casi acaba con el hijo que, en su vientre, llevaba Eris; había estado sola al descubrir que aquel hijo era parte de su familia pero también de la de su mejor amigo; había estado sola cuando Apolo había desaparecido; y también lo había estado cuando huyó de casa para no tener que ver más en lo que su familia se había convertido.

Y la culpaba por ello. Por haberla dejado sola. Por haberle dado tanta importancia a algo que no lo tenía. Pues, para Circe, aquello que resultaba ser un mundo, no era más que una piedrecita en el camino.

- Cuando se lleva a un cerdo al matadero, no se le infringe dolor. Ni se le permite ver ni escuchar lo que otros cerdos sufren para que no pase miedo. El miedo daña la carne, hace que pierda sabor y acabe dura. Mala para el mercado. Pero en este caso las cosas son diferentes, cuánto más sufráis, mejor será para nosotros. – Su varita se elevó en dirección a Ashanti. No dudó. No titubeó. – Crucio.
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S. Ashanti Button el Vie Dic 08, 2017 9:10 am

«¿A dónde fue? ¿Dónde quedó? ¿Dónde está la niña que pensaba diferente? La que le molestaba tanto tradicionalismo y la idea de tener que seguir los pasos de otros... ¿Cuánto hay de la Circe de la cuál me enamoré, en ésta qué ahora estoy mirando?»

Ash sufre. Se desmorona lentamente al no reconocer a la persona que tiene en frente. Le duele ver a la contraria tan cambiada, tan oscura, tan diabólica... ¿Acaso siempre fue así y la castaña no lo notó? No, se negaba a creer eso, se negaba a creer que esa Circe frente a ella, es la misma a la que amó, la que ama. Aquella pregunta la quiebra ¿Estaba hablando en serio? ¿Circe realmente la va asesinar? No sabe cómo procesar esto. No sabe cómo reaccionar. Solo siente... Rabia, mucho dolor.

Confiar en ti...– Contestó con rabia la pregunta. Pero en realidad es el dolor y la impotencia lo que habla por ella. —Deberías asesinarme por ser una crédula.– Sonríe con amargura mientras clava la mirada en la contraria. —Matame por pensar que eras diferente. Por quererte; esa debería ser realmente la razón.– Le dijo con dolor. ¿Por qué aún la ve y siente que ni muerta va a olvidarla?

Y al fin sus miradas se encuentran. Pero ésta vez no hubo magia. Esta vez solo había rabia, odio, miedo. Por primera vez Ash siente un miedo real ante Circe. La castaña aparta la mirada. Y las siguientes palabras de la rubia le dejan sin respiración. ¿La estaba jodiendo acaso? —¿Entonces ese era el plan? ¿Dejarme vivir para luego hacerme algo cómo esto?– La estaba matando. ¿Por qué le hacía algo así? ¿¡Por qué jugaba con su mente!? "¿Qué te orilló a esto, Circe? ¿Qué mierda te trajo a éstas personas? ¿Qué es lo que te motiva a servirle a un psicópata cómo... Él?" Pensó. Ése él, era haciendo referencia a Voldemort. Ash no lo comprende. No sabe porque la rubia hace estas cosas. Quiere entenderla, aún ahora, y estando así, quiere entender... Pero no se atreve a preguntar, o más bien, la rubia no le permite hacerlo...

•• ★ ••

Agonía... Los gritos de la castaña no se tardaron en hacerse escuchar luego que la varita de la contraria fuese alzada. El dolor físico que sintió en el momento, le nubló la mente. Su cuerpo se llegó a doblar de formas poco usuales, ante la magia que ahora se encargaba de lastimar su cuerpo o mas bien su mente. Ni siquiera era consciente de qué tan alto gritaba, solo sabe que lo hace. Sentía que la atravesaban con cuchillos; qué, rasgaban la carne, que le desmembraban el cuerpo. Seguido siente que arde, cómo si fuego vivo la estuviera abrazando, por completo, cómo si se estuviera consumiendo. El dolor era tan intenso que deseaba morir a seguirlo sintiendo. Deseaba que pare, que se detenga, quería rogar que la deje en paz, pero el mismo dolor, no la dejaba articular ni la más pequeña palabra...

Ya no escucha gritos, ni golpes, ni nada... Aún le zumban los oídos y le duele la cabeza, por el ataque. Ya no puede pensar en si Clarck  murió o no, en la habitación de al lado. Solo tiene tiempo para intentar volver al presente y la verdad es que está deseando huir de él, porqué su pasado lo tiene allí en frente. Le quema en el pecho. Y amenaza con quitarle la vida.

•• ★ ••


Su respiración era irregular.  Estaba de rodillas sobre el suelo. Cansada. Agotada. Su cuerpo era sostenido por las cuerdas que ataban sus muñecas y no permitían que se fuera de bruces al suelo. Solo había sido un solo hechizo, solo había sido un primer intento y Ash no quería seguir. Un maldito crucio tenía el poder suficiente para hacerla replantearse las cosas. Sin embargo, su orgullo, quizás era lo único que estaba intacto y era lo que sostenía lo poco o mucho de las fuerzas que mantenía firme a la castaña.

¿Qué sentía ahora? ¿Que sentimientos o emociones llenaron el vacío que dejó el dolor que causó el Crucio? Decepción... De eso estaba llena. Sentía en carne propia el significado de esa palabra y dolía, quemaba, ardía, la decepción era horrible, infinitamente peor que la tristeza o la rabia. Y es que tenía en su corazón la esperanza de que Circe no usase la varita. Quería creer que esa mujer a la que quiere —porque maldita sea, la quiere, aunque ahora esté hirviendo en rabia, el amor; el verdadero, aún con los golpes, es difícil de borrar y eso es Circe para Ash; su amor verdadero—, no iba a herirla. Pero la verdad es que lo hizo. La agonía física se dicipaba. Pero ahora quedaba su alma perforada por lo que Circe había hecho, no por la acción, sino por los motivos  y no es solo por saber que lo a aplicado sobre sí, sino que había sentido lo que seguramente otros mucho antes que ella (Ash), sintieron. Solo que a diferencia de los demás, el dolor de Ash, era a nivel sentimental. Las lágrimas surcaban sus mejillas y se unen en la base de su mentón, para luego caer en forma de gotas, sobre su jeans mojado. Miraba el suelo. Algunas pequeñas gotas rozan el dije del collar que la contraria le hubiera obsequiado y continuaban el recorrido a sus muslos, gota a gota.

La castaña no sabe cuánto va aguantar así. Ni siquiera está segura si pueda con otro golpe; no físico. Sino emocional. Estaba devastada y eso solo recién comenzaba...

¿Lo disfrutas... Te divierte el dolor ajeno?– "Mi dolor..."  

Saca fuerzas de donde puede y vuelve a ponerse en pie. Se sotiene de las cuerdas y sube. Vuelve a levantar su cabeza. Orgullosa. Con miedo, sí. Pero solo sabes que eres valiente si reconoces que tienes miedo y aún así, estás dispuesto a enfrentarlo. Así que allí estaba ella. Plantandole la cara a la muerte. O más bien, a la que fue su vida.

¿Pasarla mal? Aún lo recuerda. Porqué tan solo ayer, estaba en su cama, aferrada a una almohada. Sin conciliar el sueño. Pensando en toda la mierda que ha pasado. Que quizás no sea la peor, pero es la que vive, y para cada uno, solo la propia miseria es superior a la ajena, porque nadie la puede vivir por ti... Ash lo estuvo pasando mal. Pero quería convencerse de qué su masoquismo junto a esas ganas de querer tocarle el culo a la vida cuándo le daba la espalda, era suficiente para comenzar con lo poco que le quedaba —la dignidad—; que no era más que un vago deseo de supervivencia. Se dijo;

«¿Me buscan? ¿Me quieren matar? ¡No importa! ¡No me importa una mierda! ¡Porqué es mi vida y nadie me la va a quitar!»

Entonces comenzó a salir sin preocuparse. Sin importarle en lo más mínimo si algo cómo lo que vive ahora llegaba a pasarle...

¿Y luego que? Circe Masbecth. Claro, el puto fantasma de su vida. Alguien que resultó ser una farsa y una mentira. Y se dijo;

«No importa, volveré a enamorarme; porqué la voy a olvidar; aún cuándo me cueste la vida...»

Y salió con cuánta mujer pudo, incluso salía con una ahora, pero ¿La quería? ¡NO! No podía querer a nadie más... No podía encontrar en otros besos, el sabor de sus labios y no podía encontrar en otro cuerpo, el calor de su piel. Porqué solo había en el mundo una Circe, y nadie se comparaba a esa mujer...

¿Pasarla mal? Eso es poco cuándo las desgracias te vienen una tras otra; y para colmo, tu mayor enemigo; es también tu amor...
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 08, 2017 4:44 pm

Para conjurar un hechizo como aquel se necesitaba odio en el interior de la persona. Se necesitaba de una serie de sentimientos que Circe había acumulado durante años y que podía dejar volar en cualquier momento. Pero más en aquel donde las palabras dolían como estacas. Donde se sentía culpable por las decisiones tomadas pero también odiaba a Ashanti por haber elegido el bando contrario. Por haber seguido esos ideales que, de sobra, sabía que anidaban en su interior. Por haber optado por luchar en lugar de bajar la cabeza y renegarse a vivir una vida controlada por los Mortífagos y su poder. Había elegido el bando perdedor y eso era lo que menos le importaba a la rubia. Lo que le importaba era haber perdido a quien consideró todo. A quién lo fue y de un día para otro desapareció sin dejar rostro. Dejándola sola con su soledad por no compartir los mismos ideales.

Circe era la culpable de toda aquella situación pero su egocentrismo y narcisismo le obligaba a negarse a aceptar dicha afirmación. La culpa era de ambas. Y en aquella ocasión de  Ashanti por haberse metido de lleno en la boca del lobo. Y por todas esas palabras.

Dolía.

Pero más le dolió a Ashanti el hechizo que salió de la punta de la varita de Circe e impactó de lleno contra ella. Podría haber sido peor. En cualquier circunstancia el dolor habría sido peor de lo que fue, pues el odio que irradiaba Circe no era suficiente como para querer causarle tal dolor a alguien que, a fin de cuentas, seguía importándole tanto como lo hacía Ashanti. Lo que menos quería era seguir causándole dolor, pero debía obligarle a pasar página. A vivir lejos de lo que habían llegado a ser. Si es que tenía la oportunidad siquiera de salir con vida de ahí.

- Fulmen Cruciatus. – Antes de que el hechizo saliese de su varita la rubia cerró los ojos negándose a ver de nuevo la reacción de Ashanti a pocos metros de donde se encontraba.

En aquel momento, el collar que la castaña portaba al cuello había tomado un color morado oscuro que reflejaba el miedo que en aquel momento sentía la rubia. Un miedo hacia sí misma, hacia lo que tenía que hacer si quería  salir viva de ahí. Pues, para salir viva de ahí, tendría que matar a la propia Ashanti.

- ¡BASTA! – Los gritos de Clarck hizo que Circe frenase en su maldición, dejando a Ashanti tranquila por un momento. – Hablaré. Te diré… Te diré todo lo que sé. – Dijo el hombre casi entre sollozos. Su voz sonaba rota, tan rota como él mismo en aquel momento.

- No tenemos toda la noche, Clarck. Comienza a hablar o tu amiga volverá a gritar. – Circe conocía de sobra aquel protocolo. Elevó la varita y de nuevo una corriente eléctrica impactó sobre el cuerpo de Ashanti. Circe esta vez mantuvo la mirada.

- ¡Por favor! – Sollozó.

Lo siguiente que se escuchó fue un cuerpo caer contra el suelo, golpearlo con violencia.  Como si de un peso muerto se tratase, podía escucharse como Simmons arrastraba el cuerpo de Clarck hasta la puerta de la habitación.

- Por favor… - Jadeaba el antiguo trabajador del Ministerio de Magia e incluso si prestabas atención podías escuchar cómo sus uñas se clavaban en el suelo de madera, luchando por impedir ser arrastrado sin éxito. Las uñas de sus manos se levantaron ante el esfuerzo y la presión de la madera, dejando muescas de sangre por donde el hombre pasaba.

La puerta se abrió de par en par y sin previo aviso el cuerpo de Clarck salió disparado hacia una de las paredes de la habitación donde Circe y Ashanti se encontraban. La ahora morena se hizo a un lado, dejando a Simmons pasar. El hombre posó una mano sobre el hombro de Circe y le dedicó una sonrisa.

- Bien hecho. – La chica afirmó con la cabeza, sin mediar palabra alguna.

La varita de Simmons se elevó de nuevo en dirección a Clarck.

- Ahora hablarás. – Una maldición cruciatus le obligó a arrodillarse en el suelo, gimiendo del dolor. La sangre de sus manos quedó ahogada en su pecho mientras aprestaba sus propias ropas con fuerza. Finalmente un grito de dolor escapo entre sus labios. – Venga Clarck, esto será un juego, como en los viejos tiempos. ¿Recuerdas nuestras partidas al Snap Explosivo? Será parecido. – Una sonrisa ladina acompañaba sus palabras. – Circe, si quieres, puedes irte.

- Me gusta aprender. – Mintió la rubia, pues por nada del mundo iba a dejar a Ashanti sola ante aquel psicópata.

- Bien, presta atención. – Afirmó con la cabeza, dándole pie a Simmons para empezar. – Vamos a jugar a un juego, ¿Os gustan los juegos? Seguro que sí, por eso andáis jugando al escondite con nosotros, pero parece que no os dais cuenta que salir de vuestra madriguera puede costaros caro. A vosotros y a los vuestros. – Miró el reloj en su muñeca. – Bien, cada uno tiene tres minutos para contestar a mi pregunta. Si la respuesta no me gusta, el otro morirá. Empezaremos contigo, Button, las damas primero. Una pregunta fácil para romper el hielo. – La varita de Simmons se elevó y el temporizador de la maldición Tempus Fugit se dibujó en el pecho de Clarck. – Por la vida de mi viejo amigo el señor Leroy Clarck, ¿Qué hacíais esta noche correteando como ratas por Londres?
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S. Ashanti Button el Jue Dic 14, 2017 5:35 am

Una vez más, silencio, con los gritos de Clarck de fondo; adornando la escena o mas bien, la experiencia, más espantosa de su vida. Circe no decía nada, eso solo aumentaba su ira. Su rabia. El desespero por no poder entender. La incertidumbre de no saber que hacer. Ésta situación era casi insoportable. Ya no deseaba estar allí. Quería huir, salir de allí ¿Pero cómo? No había manera. Por cómo quiera que lo mirase estaban jodidos. Estaba jodida. Quizás sí rogaba... Si le imploraba a la contraria; ¿Le ayudaría? ¿Lo haría? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo estar segura de algo con ésta Circe? Es un Mortifago... Es tan hija de puta cómo todos los demás. "Solo se reirá en mi cara, si le ruego..."

Allí venía otro golpe. Miro fijamente a la contraria. Aguantó la respiración. Cómo si con ello fuera hacer que doliera menos. Esperó el hechizo y rogaba porque doliera menos; noto que la contraria cerraba los ojos y se sorprendió ¿Qué era lo que Circe no deseaba ver? Y nada pasó... Pero el collar brillaba, el color le extraña un poco. Nunca había estado con un morado tan oscuro. Se distrajo solo un momento y el siguiente hechizo le  golpeo de improvisto. Un nuevo dolor; un nuevo grito. Ahora es Ash quién cerraba los ojos.

Cuándo el hechizo se cortó, la puerta se abrió de golpe y Clark ahora estaba en la misma habitación. Al verlo, se sintió mil veces más miserable que nunca. Estaba tan lastimado aquel pobre hombre, mucho más de lo que lo estaba la última vez que le vio. Pero... ¿Qué podía hacer por él? ¡Nada! No podía hacer absolutamente nada por ninguno, ya se estaba dando por vencida. Y quién no... Quizás ambos han sido demasiado valientes hasta ahora.

Volvía a estar de rodillas en el suelo. Levantó la cabeza para ver a sus atacantes. Le costo comprender lo que dijo Simmons. Quizás producto del terror que estaba sintiendo. Todo esto era un tanto irreal. La verdad lo podría comparar con una autentica pesadilla. Sí, eso podría ser. Cuando menos crea, se iba a despertar, sudorosa y con la respiración agitada. Sabiendo que nada de esto estaba pasando realmente. Que Clark no estaba a punto de estallar, que Simmons solo era producto de una imaginación muy activa y Circe... Ella cómo de costumbre visitaba muchos de sus sueños.

El tiempo pasaba y se agotaba. Ash deseaba despertarse ya. Realmente lo deseaba. Pero no era un sueño. Aguanta las lágrimas, se niega a llorar. Mira al otro fugitivo. No sabe que hacer, está muerta de miedo. Nunca había tenido que pasar por tantas cosas juntas y nunca una vida había dependido de ella sin que le esté ausente la varita. ¿Y si dejaba morir a Clark? ¿O acaso era mejor condenarse ambos? ¿Le decía a Simmons que solo fueron a comer? ¿Le iba a creer? La verdad no siempre era complicada, pero ¡Maldita sea! La simpleza siempre le ha sido un problema. ¿Y si le mentía? ¿Pero con qué? ¿Qué podía decir para interesarlo? Estar al borde de la muerte, vuelve estúpida a la gente, o quizás solo era a ella.

Sabe que no hay nada que pueda decirle a ellos que les haga sentir satisfechos. Tiene miedo, pero es terca y bajar la cabeza le cuesta. —Pues... Salimos a comer. ¿Te decepciona mi respuesta?– Dice con cierto tono de sarcasmo, mirando fijamente a Circe y luego de vuelta a Simmons.
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Circe A. Masbecth el Jue Dic 14, 2017 5:16 pm

La rubia había tomado asiento sobre un mueble viejo. Una cómoda harapienta cubierta por una capa de polvo tal que parecía haber salido recientemente de un anticuario. No le importo, contrariamente a lo esperado de alguien tan pulcro como podía ser Circe. No le importaba nada en aquel momento salvo encontrar un modo de que Ashanti saliese viva de aquella situación. La castaña le importaba. De eso no cabía duda alguna. Pero tampoco era  algo que ella misma quisiese admitir. Una parte en su interior quería que Simmons se deleitase con aquellos dos fugitivos y borrase a Ashanti del mapa para que, de una vez por todas, desapareciese su debilidad por ella. Otra parte deseaba que fuese el propio Simmons el que comenzase a arder en combustión instantánea si era preciso para que dejase  en paz a Ashanti y esta pudiese salir de ahí sin sufrir ningún daño.

Pero no pasó ni lo uno ni lo otro. Simmons, como casi cualquier Mortífago, se deleitaba en el sufrimiento ajeno. En poner al límite a cada una de sus víctimas y eso sería un duro golpe para alguien que no quería ver sufrir a una de las dos víctimas.

Apretó sus manos en la madera, buscando un resquicio en su mente para conseguir sacar de ahí viva a la chica. Pero no lo había. Estaba perdida. Y Circe estaba atada de pies y manos sin nada que poder hacer al respecto. Ya no era mano ejecutora, sino que se había convertido en un mero espectador que no tiene más remedio que aceptar lo que sucede en la gran pantalla. Por horrible que sea esto. Por mucho dolor que cause. Por todo lo que se odiaba a sí misma en aquel  momento.

- Dice la verdad. – Interrumpió la rubia.

- ¿Cómo lo sabes? – Simmons, quien no confiaba en la palabra de Ashanti, se volteó violentamente para mirar a Circe, quien había tomado una posición infantil allí sentada y con las piernas cruzadas y elevadas sobre el suelo, mirando aquel brutal espectáculo.

- Estaba recordando, no imaginando. Sólo tienes que mirar sus ojos. – Circe no sabía si Ashanti mentía o vivía. Sólo quería que se llevase la confianza de Simmons aunque conociendo la personalidad de la castaña no tardaría en lanzar algún improperio que hiciese que Simmons elevase la varita y tirase por tierra todos los esfuerzos de la rubia.

- Veamos entonces si tu amigo valora tu vida. – La varita de Simmons hizo desaparecer los números que, sin previo aviso, se habían dibujado en el pecho de Clarck y que se convirtieron en humo ante sus ojos.

Al apuntar al pecho de Ashanti fue esta la que vio en ella dibujada  aquellos números. Una cuenta atrás que, de llegar a término, acabaría con la vida de la chica. Circe apretó nuevamente sus manos, presa del nerviosismo. Mordió su labio inferior hasta tal punto de notar el sabor de su propia sangre y sus ojos permanecieron clavados en la espalda de  Simmons sin encontrar el valor necesario para mirar a otro lugar.

- Por la vida de la señorita Button. – Miró a la chica y luego sonrió. – A la que su familia no echará de menos e incluso me premiará por su asesinato. ¿Dónde estabais escondidos?

Los segundos comenzaban a bajar en el pecho de Ashanti y Clarck no parecía dispuesto a colaborar. Miró a Ashanti y luego al suelo, dudando de si era capaz de sacrificar la vida de Ashanti a cambio de  salvar la de otros muchos. Debía elegir, una vida a cambio de cientos. Él tenía la llave.

- Nos matará de todas formas si hablo. – Sus ojos buscaban los de  Ashanti intentando encontrar consuelo en ellos. – Nosotros ya estamos muertos. Debo pensar en los que aún tienen oportunidad.

- ¡Silencio! Clark, ¿De verdad piensas dejar morir a una niña que aún tiene toda la vida por delante? ¿Serías tan cruel?

- La matarás de todas formas.

- Te equivocas. – Mintió.

- Sé cuando mientes, Simmons. Ashanti y yo estamos muertos desde que nos trajiste a esta casa. No pienso matar también a más de los nuestros.

Los segundos se agotaban en el contador y Circe estaba cada vez más nerviosa. Su varita ya ocupaba un puesto entre su mano izquierda dispuesta a lanzar un hechizo por la espalda a Simmons para acabar con aquello. Pero no hizo falta.

- Bien. – La varita de Simmons hizo una floritura haciendo que la numeración en el pecho de Ashanti desapareciese cuando el contador estaba cerca del cero. En su lugar, el conteo final terminó el pecho de Clarck, quien cayó al suelo con los ojos abiertos de par en par y una mueca de tranquilidad en su rostro. De descanso. No había sido el culpable de ninguna muerte. Aunque su propia muerte podría seguir teniendo su repercusión. – Una lástima, Clarck siempre fue mi compañero favorito en el trabajo. – Dijo aquello mirando a Circe y encogiéndose de hombros.

La rubia respiró. Respiró aliviada al ver que Ashanti aún seguía con vida, pero  el juego estaba aún lejos de acabar.

- Verás, sé más de ti de lo que crees, Button. Aún dudaba que fuesen ciertas algunas de las cosas que sé pero parece que he acertado de lleno en ellas. Sé que Clarck y su vida no eran importantes para ti. Incluso si trajese a tu propia madre podría morir pero… ¿Qué tal si jugamos con la vida de tu amiguita? – Sin previo aviso, Circe recibió un hechizo de lleno que hizo que cayese al suelo. La cómoda estalló bajo sus pies y el contador apareció en su pecho. Dos minutos. – Por la vida de Circe Masbecth, ¿Dónde está vuestro escondite?

Circe había palidecido. Y sus ojos buscaban de manera desesperada los de Simmons, ¿Acaso se había vuelto loco? ¿Cómo sabía que aquellas dos eran amigas? O, al menos, que antaño lo habían sido.

- Simmons, no vas a llegar a ninguna parte con esta. – No podía moverse, otro hechizo se lo impedía. Había quedado de rodillas – estas hechas jirones a causa de la caída – y miraba hacia arriba  en busca de Simmons. – Me odia más que a ti, le estás haciendo un favor.

- Deja de hablar Masbecth, suficiente daño hará esto a tu familia como para que tú lo empeores. No es nada personal, pero tú misma te has metido en la boca del lobo aceptando a quedarte a ver lo que le pasaba a tu amiga.
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S. Ashanti Button el Jue Dic 14, 2017 8:37 pm

No, no estaba mintiendo. Solo había ido con Clarck por algo que comer. Incluso había sido ella quién había insistido en salir del refugio. Es que nunca había tenido algún problema cuándo lo hubiera hecho sola. Y lo que había iniciado siendo una simple salida por hamburguesas, se transformó en una salida divertida. Visitaron varios restaurantes. Estuvieron hablando de todo un poco, probaron varios sabores de helado. Rieron de las tonterías de los muggles y reconocieron el beneficio de muchos de sus inventos, estando de acuerdo que ellos eran muy ingeniosos y también necesarios. Ash planteo la idea de que quizás sería bueno abolir el estatuto del secreto; más Clarck le dio a entender a la chica qué hacer tal cosa, podría traer más problemas que beneficios. Aunque la mente de los muggles fuese un poco más abierta en estos tiempos, jamás faltaría aquél que quiera poseer la magia, habría guerra, muerte y con toda la tecnología que tenían los humanos no mágicos, darían mucha más batalla que sus antepasados...

Ash nunca pensó que hallaría en aquél hombre un ser tan interesante. Le hizo ver un nuevo punto de vista. Le dio una nueva perspectiva de las cosas y todo aquel que le diera algo nuevo en que meditar con seriedad sobre la vida, era digno de admirar. La charla le hizo perder la noción del tiempo y entre tanto parloteo se le había hecho muy tarde, y queriendo volver a 'su hogar', transitando alguna calle de la ciudad a pie. Apareció Simmons...

¿La estaba defendiendo? No, en realidad la estaba apoyando. Circe estaba corroborando su verdad. Era impresionante que fuera tan detallista, pero ¿Por qué? ¿Para qué 'ayudar'? No lo entiende del todo, pero está aliviada de que Simmons le crea. Y quizás no hubiera sido posible si Circe no interviene. Pero...

Aunque hubiera querido agradecer el acto de la contraria, así sea con una mirada disimulada. La tranquilidad que sentía se desvaneció por completo. Ahora el contador estaba en su pecho y sus números no dejaban de retroceder. Su vida se resumía en esa cuenta. Escuchar las palabras de Clarck, era el fiel recordatorio de qué realmente no había forma de evadir éste momento. Observó al hombre y de manera casi imperceptible le sonrió. Tenía razón; había gente que merecía otra oportunidad y si la misma le costaba la vida, pues... Que así sea.  

«Y antes que el último número se dibujase en su pecho. Quién dejó de respirar fue Clarck.»

Las cosas pasaron tan rápido que no hubo tiempo de preguntar si quiera qué pasó. Su corazón late con fuerza. Golpea tan rápido y con tanta violencia en su pecho, que podría escucharse a una cuadra de dónde se encuentra. Ver a Circe en problemas le hace hervir la sangre. En este momento solo desea no estar atada para partirle la cara a ese maldito que tiene en frente. —¡Basta!– Le grita. No podía verlo. Simplemente no lo soportaba. La ex-rubia la pudo haber matado cuándo tuvo la oportunidad. Habría aceptado la muerte, por proteger a los del refugio. Podían hacerle lo que quisieran, y lo habría aceptado sin más. Pero lo que nunca estaría dispuesta a asimilar era; la muerte o tortura de Circe en su presencia.

El contador en el pecho de la contraria, le desespera.—Te lo ruego.– Le pide o más bien implora. —Dejala ir.– Le dice mirando fijamente al hombre, ignorando completamente a la contraria y sus palabras. —Juro que yo misma soy capaz de meterte de incógnito al refugio...– No estaba mintiendo. Lo haría. Por ella —Circe—, daría la vida sin pensarlo, pondría en riesgo a inocentes; sería una traidora; no le importaba. Nada importaba más —para Ash— qué la propia vida de Circe.

Si la dejas Ir. Desaparecer, sin que tus elfos, ni nadie más, la sigan...– Tenía que ser muy clara en esto. No quería dejar cabos sueltos. —Tú y yo; entramos al refugio... Y luego, haces lo que te venga en gana.– Hay determinación en la mirada de Ash. —Y quiero ver cuándo se vaya, saldremos los tres de ésta casa. La dejarás alejarse un par de metros de nosotros y desaparecer, pero si faltas a tu palabra. Vas a tener que matarme, porqué no abriré la boca.– Negocia. La salvación de Circe, por la perdición de un grupo de personas —junto a la suya propia— qué quizás ahora descansaban, creyéndose seguros.  ¿Qué la muerte de Clarck fue en vano? Sí, puede ser. Pero Ash nunca a actuado apegada a una manera definida y desde que se hubiera vuelto fugitiva, las malas decisiones le acosaban ¿Para que cambiar ahora?

En el fondo le duele. Pero ella no podría vivir —o morir luego— sabiendo que Circe ha muerto antes que ella, sin que pudiera hacer hasta lo peor, por protegerle; y le importaba una mierda —en ésta situación— lo que pase a otros, si le salva la vida a la chica. —Solo tienes cinco segundo, Simmons... Cuatro; tres; dos...– Presiona. Pues el contador en el pecho de Circe no se detiene.

No tenía idea de cómo aquel hombre sabía cosas de su persona. Solo se le podría ocurrir que alguien le hubiera dicho y solo habían dos personas capaz de algo así —al menos que Ash sepa—; Victoria Grant y la misma Circe. Aunque la última la descartó de inmediato. Su cerebro estaba trabajando a toda marcha. Y esperaba que Simmons sea inteligente, quizás su señor le recompense por haber dado con los fugitivos. Estaba rogando porqué el tipo se ciegue con esa posibilidad.


Última edición por S. Ashanti Button el Vie Dic 15, 2017 3:49 am, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Jue Dic 14, 2017 10:28 pm

Simmons era un hombre meticuloso hasta la médula. Observador, analítico y concienciado con su trabajo. Seguía al dedillo sus propias instrucciones y antes de actuar pensaba. Era alguien racional, no intuitivo. Le movían sus pensamientos, nunca sus emociones. No se dejaba llevar por sus propios sentimientos, sus creencias o los pensamientos subjetivos de su día a día. Él era alguien organizado y, cuando elegía una víctima, esta no tenía posibilidad alguna de salir airosa.

- Sebastian, ¿Estás bien? – La voz de Lana Simmons, viuda a los treinta y tan preocupada de su único hijo que parecía ser este lo único que quedaba de su propio mundo.

- Sí, mamá. – Pero la puerta se abrió aun con las indicaciones de Sebastian Simmons. – Te dije que estaba todo bien, no hacía falta que…

- Uno de los elfos acaba de llegar. Parece agotado. Dice que estuvo siguiendo a la señorita Button durante dos días y tres noches. Creo que él tampoco ha dormido desde entonces. También dice que… ¡Sebastian!

Sebastian Simmons casi saltaba las escaleras que le separaban del piso inferior de la vivienda para encontrarse con uno de sus elfos domésticos, el cual tomaba un trago de agua fría recién servido por la señora y educada señora Simmons, quien tenía ese aire maternal incluso con aquellos que carecían de una madre. Incluso de los derechos de cualquier persona. Pues a fin de cuentas no eran personas.

- ¿Qué has visto?

- Entra y sale. Debe haber un lugar escondido al que no sé llegar. La señorita Button sabe entrar a un lugar donde yo no puedo llegar. Se desvanece en el aire. ¡Pium! – Chasqueó sus dedos. – Y de pronto ya no está.

- ¿Dónde le perdiste la pista?

- En el centro. Salió con el señor Clarck a…

- ¿Leroy Clarck?

- El mismo, amo Simmons. – Dijo el elfo con satisfacción, dibujando una sonrisa torcida en sus labios, pues había hecho algo de utilidad para su amo y señor. Como si del genio de la lámpara se tratase cumpliendo deseos.

- Vamos, no hay tiempo que perder. – Amo y señor se desaparecieron del lugar y la carrera comenzaba en busca de la captura de Clarck y Button. Los días de aquella chica a la que había seguido el paso desde hacía tanto tiempo estaban contados.

* * *

- ¿Me lo ruegas? – Una carcajada escapó entre sus labios. Tenía inmovilizada a la rubia y controlada a la castaña. Ninguna de las dos podía moverse, estaban tan quietas como el propio Leroy Clarck cuyo corazón había dejado de latir y su cadáver decoraba el suelo de la habitación. – No me hagas reír, Button. – Se acercó con una sonrisa a la chica, acortando la distancia entre ambos para alzar las cejas de manera divertida antes de alejarse.

Seguidamente miró a la rubia. Una mirada cargada de asco, como si estuviese decepcionado con ella. ¿Acaso es que Circe había hecho algo para merecer ese desprecio? Desde que el nuevo gobierno se había alzado la rubia no había hecho nada en absoluto para merecer ese desprecio.

- Yo también luché aquella noche en Hogwarts. Mi tarea era la de impedir que los alumnos de Ravenclaw saliesen de sus dormitorios. Que no se derrame sangre mágica, había dicho Lord Voldemort. Y vi lo que pasó. La benevolencia de una de los nuestros… - Chasqueó la lengua. – Una decepción. A Eris y Apolo les apenará saber que otra Masbecth lucha a favor de los traidores. ¿Le mandarás saludos al pequeño Adonis de mi parte?

Circe no lo pensó, escupió al rostro de Simmons haciendo que este se regodeara aún más en lo que sucedía. Se limpió el rostro con desdén y avanzó por la habitación mientras el contador corría dibujado en el pecho de la rubia.

- ¿Eso es un trato? – El contador del pecho de Circe desapareció cuando el número uno apareció en su pecho. A punto de morir, no dijo palabra alguna. Había palidecido. Sentía verdadero pánico a morir. A quedarse ahí, sin tener oportunidad de emitir el más mínimo movimiento. Sin nada que hacer a un destino tan evidente como podía llegar a ser la propia muerte. – ¡Tenemos un trato para la señora!

Circe abrió los ojos. No había muerto. Podría haber respirado aliviada, pero no lo hizo. En ningún momento lo hizo.

- Bien, dejaré ir a la señorita Masbecth a cambio del refugio. Pero no iremos solos. No sé lo que nos podrá esperar ahí dentro y no me fio nada de ti, Button. Circe puede irse a casita, pero tú y yo iremos con más de los nuestros. – Aseguró el Mortífago.

De la nada surgieron los dos elfos domésticos que miraron a Simmons esperando sus órdenes.

- Coged a la señorita Masbecth, con cuidado, es nuestra invitada. – Ambos sujetaron a Circe con las cadenas que aún impedían que la rubia se moviese con libertad. Por su parte, Simmons casi arrastra por el suelo a Ashanti en dirección a la salida. Pero nunca llegaron a la salida.

Uno de los elfos desató las cadenas de Circe sin previo aviso y, antes de llegar a la puerta, golpeó al otro elfo doméstico dejándolo inconsciente en el acto.

- ¿Así, ama Circe? – Preguntó la elfina con una sonrisa infantil en el rostro. Se volteó y atacó dando un cabezazo en la entrepierna de Simmons, obligándolo a retroceder.

La varita ajena voló sobre ellos hasta llegar a la mano de Circe gracias a la elfina y su magia.

- ¡Buena puntería, ama Circe! – Dijo la elfina con una risita infantil escapando de sus labios.

- ¿Qué demonios? ¿Dónde está mi elfo? – Circe no articuló palabra, sino que aprovechó para elevar la varita ajena dejando fuera de combate a Simmons, quien cayó inconsciente al suelo.

- Busca mi varita, rápido. – Indicó a la elfina, que rebuscó entre las ropas de Simmons hasta que dio con tres varitas que rápidamente cedió a su dueña.

Circe le tendió dos varitas a Ashanti. Una era la de la chica, otra la del caído Clarck. Circe cogió la suya propia y le dejó una varita – alto al sacrilegio – a la elfina.

- ¿Quieres los honores? – Le preguntó a modo de recompensa.

- ¡Por supuesto ama Circe! – Se aferró a la pierna de  Circe como si fuese un perro.

- Quita. – Articuló con desgana. La elfina se separó y elevó la varita. En lugar de usar algún hechizo que podría salir mal, la clavó directamente en el ojo de Simmons haciendo que este  se despertase gritando. La elfina rió y Circe alzó la varita lanzando una maldición imperdonable que acabó con la vida del Mortífago.

- Sebastian, cariño, ¿Va todo bien? – Circe miró a Ashanti y antes de poder decir nada tomó su mano. La elfina hizo lo mismo y las tres desaparecieron yendo hasta un paraje situado no muy lejos de allí. Un pequeño parque del centro de Londres que, dada la hora, apenas estaba concurrido.

Circe miró a Ashanti y tragó saliva. No sabía qué decir. Las palabras estaban ancladas en su garganta y se negaban a salir de ella.

- ¿Estás bien? – Apenas fue un susurro.
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S. Ashanti Button el Vie Dic 15, 2017 6:20 am

•• ★ ••


"Estamos vivas... Estoy viva. Ella lo está. Y no tuvo que morir más de un inocente por ello..." Aún no puede creerlo. Está tan alucinada con todo lo que ha pasado. La muerte de Clarck, el peligro que corrió Circe, la muerte de Simmons. ¿En cuánto tiempo pasó todo eso? ¿Cómo era que las cosas habían llegado a ser favorables para ella? Juraba que no iba a sobrevivir. Estaba pensando que se tendría que despedir para siempre de Circe, que no la vería jamás, pero... Estaría tranquila porqué seguro la rubia buscaría de escapar. Porqué tendría una oportunidad de vivir, aunque eso le hubiera convertido en fugitiva. Pero era mil veces mejor ser fugitivo, que un difunto. En todo caso, aunque las cosas —que aún no se explica cómo— le han favorecido a ellas, si tuviera que repetir ésta experiencia sabiendo que el resultado sería el que esperaba, lo prefería. Habría sido responsable de la muerte de muchos, por saber que esa chica  que ahora le acompaña en la aparente soledad del parque;  está viva.

Soltó la mano de Circe. Se sentó en la banca más cercana — frente a la rubia que se encuentre de pie— luego de que hubiera escuchado el  susurro ajeno. —No. No lo estoy.– Le confirma. Y era la verdad. No estaba bien. ¿Cómo podría estarlo? Había muerto gente hace un momento. Sí, Simmons lo merecía. Pero Clarck... No. Él no era culpable de nada. Quizás solo era víctima de su ingenuidad. Por haber cedido ante la insistencia de una joven con deseos de dejar el maldito refugio ¿Y que consiguió? ¡La muerte! Las lágrimas descienden por sus mejillas. Su llanto es silencioso. Observa la varita del hombre junto a la suya y se siente miserable. ¿Cómo fue posible que lo dejase morir? ¿Por qué no fue igual de valiente para intentar salvar su vida, cómo lo hizo con Circe? ¡Porqué no le importa! No le importaba nadie... "Nadie más que ella."

Alza la cabeza para mirar a Circe, luego de secarse las lágrimas. —Te lo agradezco...– Comenzó diciendo. Hay absoluta sinceridad en esa frase. Verla así le molesta. Es... Ese color de cabello lo que... —¿Puedes sacar ese color del cabello? No soporto verte así...– Confiesa con rabia en la voz.

Se quedó observando aquellos ojos azules que tanto le gustaban. La miró cómo si fuese un milagro ante su vista. Porqué no se cree que la tenga allí. Muere por abrazarla, pero se contiene. Se resiste. Porqué no se trataba de felicitarla por lo que hizo o por lo que se dedica hacer como Mortifago. No se trataba de celebrar el que estén vivas. No. Había pasado tanta mierda en un año, había pasado tanto en tan solo unas horas. Que no sabía quién tenía realmente en frente. Sentía rabia, ira, impotencia y miedo... Pero aún así, a pesar de ello; Tambien siente amor. Mucho más de lo que con palabras podría admitir.

Circe, no sé porqué me salvaste...– Retoma la palabra. Aguanta como mejor puede las ganas de llorar. Aunque las lágrimas le brillen en los extremos de los ojos,  puntos de derramarse. —Pero no hacía falta. No tenías porqué. No me debías nada. Solo quería que te fueras. Que te alejes lo más posible de todo esto... Que no me vieras morir.– Respira. —En realidad yo no deseaba verte morir... Es algo que no quisiera ver nunca.– "Y lo evitaria de la forma que sea. Sin importar lo que tenga que hacer. Incluso si me cuesta la vida o la de otros" Se muerde el labio, pensativa.

Lo siento...– Sigue habiendo sinceridad. —Debería estar preguntando si tu estás bien. ¿Lo estás?– Inquiere.

Siempre quise decirte...– Menciona de la nada. —Que había salvado a una niña que estaba en peligro. Que la escondí en el sótano de la mansión Button.– Aparta la mirada. —Que cuándo no estaba en la universidad o contigo; estaba cuidando de ella. Y que por ello, a veces era difícil verte.– Se mira las manos. Las lleva lastimadas, hinchadas. Hay sangre, raspones y moratones. Duele. Pero es soportable. —Por cómo estaban las cosas el año pasado. No quise contarte nada. Pensé que sola podía resolverlo, porqué... No quería poner en peligro nuestra... Lo que sea que había.– "O más bien no quise ponerte en peligro a ti.." —Por proteger a una nacida de muggles. – No tenía porqué decirle esto, pero ¿Tendria otra oportunidad luego? No, quizás no.

Sin querer... La quise y me sentía culpable, por no haber salvado a sus padres. Estaba sola y yo de alguna manera era responsable.– Traga grueso. —Mis hermanos lo descubrieron... La iban a entregar a las autoridades. Busqué ayuda y termine metida en un lío aún mayor.– Sonríe, pero hay tristeza en esa expresión.

Quise salvarla, de verdad. Pero fue inútil.– Se levanta de su puesto. —Y luego te enfrente a ti... Y perdí lo único que de verdad me importaba.– El viento sopla. Y los truenos se escuchan. Quizás volvería a llover. —Y nunca lo entendí. Nunca entendí porqué estás con ellos... Hasta hoy.– Llegar a esa conclusión la desgarra. —Y no sé; si es peor; haber muerto o vivir sabiendo que te gusta hacer esto. Vivir así, siendo; una de ellos.– Respira hondo. — Lo realmente malo, es que exista gente cómo yo. Dispuesta a entregar vidas inocentes, por salvar a alguien cómo tú.– Se muerde el labio. —Y lo peor es que no me arrepiento... Porqué; Te amo.
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 15, 2017 9:44 am

No. No estaba bien. ¿Y acaso era posible que lo estuviese? Ashanti no era como ella. No era como el resto de las personas con las que, normalmente, Circe se movía. No era como el resto de su círculo social, por eso nunca había pertenecido directamente a él. A Ashanti le importaba la diferencia entre vivir y morir no sólo en sí misma, sino también en los demás. Le dolía ver como un inocente caía y, posiblemente, se sentiría como la peor de las personas por ser la causa de que una mala persona viviese.

- Ama Circe, ama Circe. – La elfina tiró de la ropa de Circe con aquella sonrisa de dientes amarillos que tan poco le gustaba a la rubia. Pero primera vez en su vida le debía algo y no podía tratarla como si se tratase de un simple trozo de basura como siempre hacia. La rubia – ahora morena – se colocó en cuclillas para quedar a la altura de la criatura. – La varita del señor Simmons. He limpiado la sangre de su ojo de la punta pero hay que frotar más. ¿Quizá sangre de dragón?

- Deshazte de ella. No puedes quedarte nada que te relacione con Simmons.

La elfina parecía decepcionada. Había conseguido hacerse con una varita y su dueña se la dejaba, para que formase parte de sus pertenencias. Pero de pronto… De pronto debía deshacerse de algo tan preciado como su nueva varita.

- Sí, ama Circe. Saphi se encargará de que nadie encuentre nunca la varita del señor Simmons. ¿Eso haría feliz a la ama Circe?

- Eso me haría feliz, sí. – Una leve sonrisa se dibujó en los labios de la chica antes de que la elfina diese un paso hacia delante y desapareciese en el acto.

Por su parte, la chica se levantó y avanzó hacia Ashanti. Golpeó su propio cabello con su varita haciendo que la tonalidad de su pelo se fuese aclarando hasta recuperar su rubio natural. Miró a Ashanti, juntando el valor necesario para hacerlo, y ver las lágrimas caer por su rostro le rompió el corazón. Más de lo que ya lo estaba. Quería acercarse. Pasarle la mano por el hombro y aferrarla entre sus brazos prometiéndole que todo iría bien. Pero no iba a ir bien. Ela seguía siendo la presa y ella la cazadora. Y no iba a dejar el papel vencedor que ocupaba. Ni tampoco era alguien que diese muestras de cariño con tal facilidad. Por mucho que Ashanti fuese especial, Circe seguía siendo Circe.

- Aunque no lo creas, lo que hice esa noche fue salvarte. – Intervino la rubia. – Si no te hubiese dejado fuera de combate habrías vuelto a luchar y ahora estarías muerta. Teníamos órdenes de no derramar sangre mágica, pero siempre hay excepciones cuando alguien toca demasiado los cojones y tú eres experta en eso. – Ella no habría terminado con la vida de Ashanti en ningún momento, pero había decenas de Mortífagos en el castillo. Un paso en falso le habría costado su propia vida. Y Circe no se lo podría haber perdonado.

Acortó la distancia entre ambas tomando asiento en el mismo banco. No miró a Ashanti, sino que  miraba la oscuridad del parque a través de la arboleda situada frente a ellas.

- Estoy bien. – Mintió. No lo estaba. No lo estaba desde hacía mucho tiempo. Pero lo que sí que era cierto es que aquella noche estaba mejor que cualquier otra. Que sentía que lo estaba sólo porque respiraban el mismo aire. Porque podía pasar dos minutos a su lado como si nada hubiese pasado. Que recuperaba  algo que había perdido y que tanto había echado de menos. Pero no era más que una ilusión que se desvanecería antes del amanecer.

Escuchó sus palabras. Circe no sabía nada. Ni siendo miembro de los Mortífagos había accedido a aquella información lo que demostraba lo baja que aún se encontraba dentro de su propia categoría. Apenas había recibido la marca tenebrosa unos meses atrás, ni siquiera un año, y aún no era un miembro de confianza. Ni siquiera al que contar los sucesos importantes pues si de algo se enteraba aparte de sus propias misiones era porque Apolo se lo contaba. O con un poco de suerte Abigail, la Ministra de Magia.

- Hiciste bien. Si yo hubiese sabido algo esa niña habría muerto. O yo lo habría hecho por ocultarla. – Miró al suelo. – Antes de que te pongan la marca tenebrosa comprueban que no seas un traidor. Tienen legeremantes muy poderosos, así que todo lo que supiese lo habrían sabido ellos. Hiciste bien en no confiar en mí. – Pero hiciste mal y confiar el resto de veces. Se mordió la lengua. Las palabras dolían pero las que se quedaban en su mente lo hacían más.

Porque te amo.

Aquello dolió más que cualquier otra palabra. Sus ojos estaban a un paso de las lágrimas. Quería abrazarla. Quería decirle que la echaba de menos y que también a quería. Quería recuperar el tiempo perdido y decirle que los momentos juntas habían sido los mejores de su vida. Pero no lo hizo. No podía ni quería hacerlo.

- Te agradezco haberme salvado esta noche, Ash. Pero la próxima vez tienes que pensar en salvar a los tuyos. ¿De verdad una vida vale tanto como cientas? – Ella misma habría vendido a su propio padre, por lo que no era quien para juzgar. Pero Ashanti era diferente a ella. Siempre lo había sido y esa era una de las razones por las que, sin quererlo, se había acabado por enamorar de ella. Por lo que seguía enamorada de la chica. – Tienes que irte con los tuyos, que te curen. Invéntate alguna historia que justifique la muerte de Clarck y sigue viviendo tu vida. – Se levantó alejándose de la chica y no se atrevió a devolverle la mirada. – Si aun sigues con vida es por nuestra amistad, por lo que fue. Pero no te puedo prometer que no te mataré la próxima vez que nos veamos. A la tercera va la vencida. – Pero no era así. Aunque hubiese doscientas veces más no haría nada por dañar a quien ama. – Vete. – Apretó los puños, si Ash no se marcha pronto acabará por romper a llorar, y no quería que viese algo así. Un signo de debilidad. Una señal de que aun la quería.
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S. Ashanti Button el Dom Dic 17, 2017 8:35 am

No podía mentirse. Jamás se le ocurrió pensar que Circe le hubiera dejado fuera de combate, para protegerle. Es que habían pasado tantas cosas. Le habían ocurrido tantas cosas qué... Ya no podía ni quería confiar en los actos de compasión de terceros. ¿Creerle? Sí, le cree. Porqué no había mayor prueba que lo que acababa de hacer la rubia por ella, matar a un aliado, por salvarle la vida ¿Y acaso Ash no haría algo así? Sí, lo haría sin remordimiento alguno. Quizás en el fondo, la castaña no era tan diferente a un Mortifago.

Tenerla tan cerca era casi una tortura. Porqué la calidez que siente en el pecho, le recuerda eventos del pasado que fueron tan maravillosos e importantes, que saber que ahora eran prácticamente imposible revivir, es un certero golpe a su alma. Cierra ambas manos en torno a las varitas que sostiene. Escuchar su voz otra vez era increíble. Pero no era que la iba a tener para siempre. Porqué ésta charla solo es un infortunio, algo que sucedió por puro capricho del destino y quizás hasta fuese la última vez que escuche a la contraria. Esto le molesta, le llena de rabia e ira. Lo que tenía con Circe era casi perfecto, fue perfecto, hasta que los malditos bandos reclamaron a cada una. Respira cuando siente que le falta el aire, ni siquiera era consciente que aguantaba la respiración. Se seca las mejillas, quitando las molestas lágrimas ¿De que le valía llorar ahora?

Sonríe sin poder creer que le pregunte tal cosa. —Sí. Para mí, tu vida vale tanto cómo la de cientos de personas.– Le deja claro. —Vale más que la mía.– Tanto la ama qué poco le importa lo que le ocurra a si misma, siempre que la rubia esté bien. —¿Vivir mi vida?– Apreta los dientes para no perder la cordura. —Ninguno de nosotros tiene una desde que ustedes nos obligaron a dejar todo.– Le dice y se siente la rabia en su voz. Al momento que la rubia se aleja, Ash le sigue y se queda de pie tras ella, le toma la mano para que no siga avanzando.

No tenía cabeza para pensar en inventar una historia por más simple que fuese, para justificar la muerte de Clark. No quería pensar. Estaba harta de tener que vivir alrededor de una mentira. Porqué eso era lo que vivía desde que se volvió fugitiva. Lo poco que quedaba de su vida era una mentira. Una fantasía dónde piensas que aún puedes continuar a pesar de toda la mierda que vivas, pero ésta tan harta de todo, que no puede ver más allá de lo que ahora está sucediendo.

No esperes una próxima vez.– Le dice mientras da los pasos que necesita y se detiene frente a la rubia. Le toma la mano  —con la que Circe sostiene la varita—, y la levanta hasta que queda a la altura de su pecho. —Hazlo ahora.– Le reta de manera seria mientras le sostiene la mirada. —Le harías un favor a aquellos que te esmeras por cazar. Porque yo, jamás, voy a poner tu vida por debajo de otro. Y si tengo que asesinar a medio mundo mágico por salvarte, al menos para mí valdrá la pena. Aunque a ti ni siquiera te importe.– Suelta la mano de Circe.

Ojalá hubiera en mí, el poder de hacerte ver las cosas desde mi perspectiva. Que entiendas que toda esta mierda es... Innecesaria.– Dece refiriéndose a la insensata guerra que ha desatado Voldemort. —Quisiera llevarte conmigo. Irnos de este maldito continente y comenzar de cero, en otro lugar... Dónde solo seamos tú y yo...– No era la primera vez que la idea le cruzaba por la cabeza. Mucho antes de que las cosas se salieran de control. Mucho antes de ser fugitiva. Aquel pensamiento era una constante en su cabeza. —Pero Circe es Circe ¿Cierto? Y ella jamás abandonaría esto...– Hay decepción y dolor en su voz, no porque la rubia se pudiera negar a dejar todo atrás e irse a vivir juntas a algún otro lado. Sino más bien por el hecho de que la rubia sea una asesina ¿Circe sería capaz de dejar eso? ¿Dejar el poder?

De la nada simplemente da dos pasos y abraza a la contraria. La estrecha. Esconde su rostro en el cuello ajeno. Nunca la había extrañado tanto cómo lo hacía ahora ¿Y cómo puedes echar de menos a alguien que tienes entre los brazos? Pues, lo haces cuándo sabes que luego de este día, posiblemente nunca más vuelvas a verle. —Te odio...– Susurra, pero en realidad no lo hace. No odia a la rubia, sino odia lo que hace. —Por dejar que te ame así.– Hay rabia en su voz. —Y no poder sacarte de mi vida.

A pesar de estar mojada, del frío de la madrugada y el cumulo de emociones que hay en su interior. Le da un poco de paz tenerla tan cerca, sentir de alguna manera el calor que tanto extrañaba. Circe fue su amiga y —quizás solo para Ash—, también su novia, aunque nunca hubieran usado tal título. Pero si había algo que no dejaría de ser jamás es; su primer y único amor verdadero.

Le duele, le da tanta rabia que estén en los extremos de todo éste conflicto. Porqué eso solo era un gran muro entre ambas. Porque estar con ella bajo estas circunstancias, sería traicionar lo que cree. Pero lo más grave es que cualquiera podría morir por el solo hecho de si quiera verse sin llegar a levantar la varita ¿Valía la pena poner en riesgo la vida de la otra, solo por intentar estar juntas? Ash no lo cree, y no pondría en riesgo de ninguna manera la vida de Circe.
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Circe A. Masbecth el Dom Dic 17, 2017 11:13 am

Cualquier dolor físico parece una simple caricia comparada con estar al lado de Ashanti. Lo que eran los mejores momentos apenas unos meses atrás  se había convertido en el peor de los tormentos en la actualidad. Le dolía verla herida. Le dolía saber que todo era por su culpa. Le dolía saber que no había podido seguir con su vida. Le dolían tanta cosas que no era capaz de enumerarlas de manera consciente y, posiblemente de ser capaz, la culpa corroería cada centímetro de lo que era Circe Masbecth hasta acabar con ella. Hasta convertirse en una persona que no quiere seguir viviendo en un mundo como aquel sabiendo lo que ha hecho. Pues Circe jamás había sentido remordimientos por sus acciones, por las vidas que había robado antes de tiempo o el daño que había hecho a cualquier persona que se cruzase en su camino. Pero sí sentía remordimientos por lo que le había hecho a Ashanti. Por cómo había destrozado su vida aún cuando no había querido hacerlo. Quizá, precisamente, porque su intención no era la de causarle ningún dolor. Y eso duele más que ninguna herida.

- ¡Pues no debería ser así! – Su voz se notaba molesta. Temblaba, como si fuese a desplomarse en cualquier momento. A pesar del grito, del mal comportamiento o la brusquedad no parecían palabras firmas. Parecía que se iban a desplomar en cualquier momento y convertirse en simples  cenizas en la boca. – Tú no eres así, Ash. Tú eres buena, tú te preocupas por los otros. No puedes dejar que una vida cueste tantas otras. Eso es lo que siempre te hizo especial, diferente al resto. – Pues, a pesar de cómo podía ser Ash, Circe se enamoró de su bondad. De lo que la diferenciaba del resto. De la manera que hacía que se sintiese. Aunque jamás lo dijo en voz alta, se había enamorado de ella irremediablemente.

Había tantas cosas que decir que no dijo. Tantos silencios que devoraron la verdad aquella noche como cualquier otra antes de esa. No dijo que la amaba. No dijo que se moría de ganas por recuperar ese tiempo juntas. No dijo que echaba de menos su simple presencia. No dijo que guardaba todo lo que le quedaba de ella en un caja cerrada bajo llave para que doliese menos. No dijo que cada noche era lo último en lo que pensaba antes de quedarse dormida; ni tampoco dijo que cada mañana al despertar era su sonrisa el recuerdo que evocaba. No digo que, pasase lo que pasase, seguiría enamorada de ella; de lo que era; de lo que le hacía sentir. No le dijo que había sido incapaz de  volver a mirar la esfera de recuerdos que le había regalado tiempo atrás porque aquello le recordaba el momento exacto en el que se dio cuenta que estaba enamorada de Ashanti Button. Porque si Ashanti pensaba que Circe no sentía nada, seguiría su vida. O al menos no le quedarían razones para seguir luchando por una causa perdida.

Si sus palabras le dolían, la cercanía quemaba. Ardía. Era como aferrarse a un clavo ardiendo. Pues, a fin de cuentas, no quieres soltarlo por mucho que duele, que arda. Que te cause tanto dolor que parece que vayas a caer inconsciente en cualquier momento. Porque aquello era lo que parecía. Lo que sentía. Sentía debilidad, dolor, miedo. Tantas emociones juntas y todas tan negativas que sentía que iba a colapsar.

Pero, bajo todo aquello, había felicidad. Porque Ashanti estaba viva. Porque estaba a su lado aunque fuese algo con fecha de caducidad.

No contestó. Si lo hizo fue solo con el silencio y esperó a que Ashanti se marchase de  allí para poner un pie camino a casa. Pero Ashanti nunca había sido sencilla, nunca había sido lo que se esperaría. Y por eso no se  fue, la aferró como si fuese a desaparecer en cualquier momento. Quería  devolverle el abrazo, llorar sobre su regazo, pedirle que no se alejase nunca más. Pero a veces, por tópico que sonase, la mejor manera de amar a alguien era dejarlo ir. La mejor manera de hacerle feliz, de dejar que viva. Que rehaga su vida aunque sufra, llore o patalee. Aunque a Circe le doliese más por saber la verdad.

- Eres tú la que está empeñada en enamorarte de alguien que no te corresponde. Ash, yo nunca te quise, ¿Entiendes? Eras mi amiga, sólo eso. Te utilicé para no sentirme tan sola, para superar a otra persona. Pero tú nunca fuiste especial. Eras el  clavo que saca a otro clavo y ya no lo eres. Ahora ya no eres nada. – No había ninguna verdad en sus palabras. Ninguna en absoluto. Circe sí había correspondido sus sentimientos. Circe sí había querido a Ashanti. Circe nunca la había considerado como una mera amistad en su vida. Para  Circe, Ashanti no fue la forma de sentirse acompañada o superar nada. Ashanti siempre fue especial y en aquel momento, después de todo, seguía siéndolo todo. Y por eso dolía tanto mentir. - ¿De verdad quieres morir porque alguien no te quiera? Hasta para ti eso es una gilipollez, Button. – Intentó recordar cómo se llevaban antes de realmente haberse conocido. El trato que se daban. Pero no sonaba igual que antaño, porque no había rastro de odio verdadero. – No seas imbécil y vete. Deja de pensar en algo que fue mentira y sigue con tus mierdas de fugitiva antes de que alguien no sea tan benevolente y te mate.

Las palabras no salían por mucho que lo intentase. ¿Dónde había quedado su habitual crueldad? Era incapaz de seguir diciendo aquellas mentiras.
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