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Righteous side of hell [Priv.]

Circe A. Masbecth el Vie Dic 01, 2017 6:28 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Sebastian Simmons corría como si la vida le fuese en aquella estrepitosa carrera por las callejuelas de Londres mientras la lluvia mojaba sus zapatos. Su varita alzada en dirección a dos figuras que recorrían una de las múltiples calles secundarias de la capital inglesa siendo aquel peculiar trío el único rastro de humanos que había en toda la calle. Ni un solo alma se atrevía a salir con la tormenta que estaba cayendo y tan solo un gato que observaba todo desde el alfeizar de la ventana era el espectador de aquella carrera por la supervivencia.

El Mortífago, sin su máscara habitual con tonos plateados, iba enfundado en un traje de cuero y acompañaba su vestimenta con una capa que era mecida por el viento mientras seguía corriendo. Por su parte, los dos fugitivos corrían sin rumbo aparente para el Mortífago que se había encargado de impedir la aparición en la zona. Con una sonrisa sádica en sus labios imaginaba el final de aquellos dos fugitivos.

El primer hechizo impactó en la espalda de la chica, obligando a que se diese de bruces contra el suelo mojado. Su compañero siguió corriendo durante menos de cinco segundos mientras la chica se retorcía en el suelo a causa de la corriente eléctrica que recorría su cuerpo. Al darse cuenta que corría solo, volvió sobre sus pasos para ayudar a la fugitiva, se arrodilló para ayudar a que se levantarse y aquello fue su perdición.

Un segundo hechizo salió de la varita del Mortífago, haciendo caer al hombre con una profunda herida en la pierna izquierda, impidiéndole así seguir avanzando.

- Ya sois míos. – Susurró Sebastian mientras avanzaba en dirección a las dos figuras. El hombre intentaba levantarse tras su caída al suelo pero la sangre que ahora manchaba la calle le hacía ver que aquello sería complicado.

Ninguno rogó. No tuvieron oportunidad de hacerlo cuando el Mortífago eliminó el hechizo de protección en la zona y se apareció con ellos no muy lejos de donde se encontraban.

* * *

- ¡Dilo! – La voz del Mortífago llenaba toda la estancia mientras su varita apuntaba directamente al cuello de la chica. La tenía agarrada por la espalda y apretaba con fuerza sobre su piel mientras su compañero permanecía encadenado a la pared. – Dime donde está la resistencia o mataré a tu amiguita. Te aseguro que conseguiré que sus gritos te hagan hablar. – Pasó la lengua, áspera y húmeda, por la cara de la chica. – Lo haré, te seguro que lo haré.

Tiró de su cabello obligándole a salir de la estancia, mientras los gritos del fugitivo se escuchaban desde el otro lado de la puerta.

- ¡Te mataré Simmons! – Bramó el fugitivo, quien no parecía ser precisamente alguien con un temperamento sosegado capaz de vencer aquellas situaciones de estrés de la mejor manera. Ante las amenazas, él reaccionaba de la misma manera.

- No quiero oírte. – Sentenció tras empujar a la chica al interior de otra de las habitaciones. – No intentes nada o te mataré. Solo necesito a uno con vida y si te portas bien puede que seas tú. Me caes mejor, guapa. – Una mirada lasciva acompañó a sus palabras antes de cerrar la puerta tras de sí.

El Mortífago avanzó hacia la puerta donde había dejado al primero de los fugitivos pero en su camino se cruzó con dos de los elfos domésticos que habitaban en aquel lugar.

- ¿Amo Simmons? – Preguntó el primero de ellos no muy seguro de estar en presencia del que era su dueño. - ¿Necesita algo, amo Simmons? – Repitió su nombre como si de una melodía se tratase.

- Uno de vosotros a la puerta. – Señaló la habitación donde acababa de empujar a la mujer. – El otro, necesito que traigáis a alguien. – Sacó un trozo de pergamino arrugado de su bolsillo y se lo tendió a los elfos. Uno de ellos, con sus arrugados y huesudos dedos, lo tomó entre sus dedos y afirmó con la cabeza.

- Volveré pronto, amo Simmons. – Aseguró el elfo antes de desaparecerse lejos de allí.

Por su parte, Simmons volvió a la habitación donde el fugitivo estaba encadenado. Su cuerpo estaba ensangrentado, la camisa hecha girones y una de su mano prácticamente hecha pedazos convertida en un amasijo de sangre.

- ¿Ya has recapacitado, Leroy? – Preguntó con un tono cercano. Cogió una silla y la colocó cerca de aquel hombre encadenado, tomando asiento y sacando una edición del Profeta que comenzó a leer en voz alta. En la habitación colindante, prácticamente vacía sin contar a aquella chica que había encerrado y rodeado con cuerdas mágicas, podía escucharse todo lo que sucedía entre Leroy y Sebastian. – El conocido Magizoologo Leroy Clack ha sido el último trabajador del Ministerio de Magia en sumarse a las filas de los fugitivos que atentan contra la sociedad mágica y los derechos de los magos. Leroy Clarck, a quien muchos conocen por sus estudios con Arpías y Banshees fue interrogado por su relación con los robos de documentación acontecidos en las últimas fechas. Cuál fue la sorpresa de sus compañeros de departamento al descubrir que, quien creían un amigo y compañero, no era más que un traidor que ayudaba en la sombra a un grupo de asesinos…

No pudo continuar, pues Leroy se retorció entre las cadenas, quejándose de aquellas falacias.

- ¡Sabes que mienten! Sebastian, has trabajado quince años conmigo, ¿Y aún crees en esas tonterías? Sabes que soy una buena persona. Ashanti también lo es. – Dijo refiriéndose a la chica encerrada en la habitación colindante. – No le hagas ningún daño, te lo pido.

- Te aseguro que yo no le haré ningún daño. He llamado a alguien menos convencional para que se encargue de hacer hablar a tu amiguita. Si no lo haces tú, lo hará ella. Alguno lo hará mientras oye como el otro se retuerce de dolor.

La varita de Simmons se elevó en dirección a Leroy, lanzando una maldición imperdonable no verbal que le obligó a retorcerse, nuevamente, fruto del dolor.

* * *

Dos golpes a la puerta con los nudillos. Circe estaba en pijama cuando escuchó la puerta pues seguido de aquellos golpes  llegaron más y más hasta que abrió la puerta, malhumorada por la interrupción de su sueño.

- ¿Qué coño quieres? – Preguntó mirando hacia abajo al ver a un elfo doméstico. Odiaba de sobremanera a aquellas criaturas.

- ¿Señorita Masbecth? -  Hizo una corta reverencia como si llevase algún tipo de vestido de gala invisible y alzó nuevamente la vista en dirección a Circe. – El amo Simmons solicita sus servicios urgentemente. Dos fugitivos se niegan a hablar de la formación terrorista que ataca a nuestro mundo y necesita de sus habilidades para…

- Entendido. – La rubia cerró la puerta tras de sí y fue al baño para lavarse la cara antes de modificar su ropa para ir en dirección a donde se encontraba Simmons. Golpeó su cabello con su varita y este tomó un tono mucho más oscuro del habitual, prácticamente negro.

Una vez terminó, salió al exterior de la casa encontrándose con el elfo doméstico sentado sobre el felpudo. La criatura miró hacia arriba y una sonrisa se dibujó en sus labios al descubrir que no se iría de ahí solo.

- Venga, venga, señorita Masbecth. – Dijo el elfo tendiendo su mano para que ambos se desaparecieran lejos de ahí. – Está encerrada en esta habitación. El amo quiere que le haga hablar mientras él tortura a su compañero. Llevan aquí… ¡Tres horas! Y ninguno ha dicho nada. – El otro elfo abrió la puerta permitiéndole a Circe pasar, quien ya portaba la máscara de Mortífago cubriendo su rostro.

Al entrar, pudo ver una figura femenina atada con cuerdas con apenas capacidad para arrastrarse para el suelo debido a las ataduras.

- Suerte. – Susurró el elfo antes de cerrar la puerta.

Spoiler:


SEBASTIAN SIMMONS
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LEROY CLARCK
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S. Ashanti Button el Lun Dic 18, 2017 6:55 am

«Ahora ya no eres nada...»

Aquella frase la quebró y ¿Acaso se podría estar aún más roto de lo que ya se encontraba? Sí, definitivamente siempre se podía estar peor. Cada frase que la rubia decía; le golpeaba con tal fuerza qué, prefería volver a ser castigada con Crucios, antes que seguir escuchando a Circe. Y aún así, se negaba a creerle. No, todo lo que decía no podía ser cierto. Lo que habían vivido no podía estar sostenido solo por un vago deseo de 'llenar un vacío' de la rubia. Tenía que ser mentira. Se muerde el labio, escuchando y evitando desplomarse. Se alejó de la contraria y deja de abrazarle. El frío de la noche le pega de lleno y la calidez de su pecho ni siquiera podía sacar un poco lo helado que se sentía su cuerpo. Tan solo observa a su acompañante y finge que no le afecta. "Porqué todo es mentira. Todo eso es basura... Nada de eso es verdad ¡Nada!" Pero... Una parte de la castaña lo creía. Una parte de su ser le cree, porqué... Circe podía ser una persona despreciable —era posible que la rubia solo hubiera aprovechando todo lo que vivieron, para usarlo en su beneficio, y ahora que ExGryffindor era un problema más de la sociedad. Mejor alejarse— aún sin hacer gran esfuerzo.

No. ¡No me da la gana de creerte!– Dice con severidad. —Simplemente estás buscando de joderme. Porqué lo que dices contradice tus acciones...– Aún quiere aferrarse a la posibilidad de que Circe solo quieres dañarle jugar con su mente —A una simple amiga no la hubieras intentado salvar. Y aún cuándo fuera especial; no te hubiera importado lo que me pase. – Toma el rostro de la rubia entre sus  manos. —No me hagas esto...– El tono de su voz casi es un ruego. —Tu recuerdo es lo único que me queda. Y simplemente no puedes mandarlo al diablo con una frase. No tienes derecho.– Se aleja unos pasos. No podía asumir la posibilidad de recordar alguna vivencia juntas y llegar a la conclusión de que solo fue un pasatiempo para Circe, que significaba nada. No. No podía ni quería aceptarlo, pero, maldita sea. Duele.

¡No fue mentira!– Gritó. —No fue mentira... Nada lo fue.– Repite en voz baja. Negada a creer lo que afirma la rubia, pero es difícil mantenerse firme; cuándo todo lo que pudo durar su relación, Circe nunca manifestó con palabras si sentía o no algo real por Ash ¿Pero hacía falta? No... Nunca hizo falta ni siquiera darse un título, porqué era tan obvio; fue tan obvio para Ash, que ambas estaban tan enamoradas una de otra. Que están tan enamoradas aún, por ser capaz de protegerse de la manera en que lo hacen. Sin embargo, Circe es difícil de leer. Y podía sorprender con cada cosa. Pero esto no podía ser cierto. No.

Se aparta el cabello humedo de rostro, sin saber que creer. Se siente tan confundida. Tan herida. Desesperada por no saber si debería resignarse y creer en las recientes palabras de Circe; o afirmar con más fuerza que aquello no era verdad, porqué dentro de su ser sabe que todo, absolutamente todo entre ellas; fue real. Incluso el odio que en algún momento las hizo ser enemigas en el colegio. Entre ellas jamás hubo un sentimiento fingido. Despues de haber establecido la paz; Ash siempre se esmeró por ser integra y transparente para con la rubia y sintió que en todo momento la contraria le pagó igual.

¿Quieres que realmente te crea?– Le dijo mirándole fijamente. —Entonces besame.– Le reta. —Ya no quiero escucharte decir todas esas malditas mentiras. Porque no tienen sentido alguno. Pero si aun así. Tú afirmas que son verdad.– Acorta la distancia entre ambas. —Hazlo... Porque ésta es la única manera en la que no me puedes engañar.—Al menos la castaña confía en ello.

Puede que la rubia ni siquiera se hubiera inmutado cuándo la castaña le abrazó —lo que realmente le ha dolido—, pero en un beso, seguro no pudiera fingir tanta frialdad e indiferencia. —Si lo que quieres es apartarme; pidelo. Dime que no quieres que siga guardando una maldita esperanza de que las cosas entre nosotras funcionen. De igual manera ¿Cómo podrían hacerlo?– Le dice con rabia. —Pero no intentes arruinar lo bueno de ti, que existe y vive en mí. No te voy a permitir que lo hagas.– Le advierte. —Me da igual si ahora eres una maldita asesina. Me importa un coño, si te da placer lastimar a otros. O a mí.– Le mira furiosa. —Estoy segura qué; cada beso que nos hemos dado y que cada momento que pasamos juntas; fue lo más increíble que hemos vívido. Y si a ti no te importa mantenerlo intacto ¡Es tu puto problema! ¿Vale? Más a mí no me lo arruines.– Acaricia la nariz ajena con la propia. —Porqué sino puedo tenerte a ti... Al menos que me quede tu recuerdo.– Le susurra rozandolos labios ajenos.
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Circe A. Masbecth el Lun Dic 18, 2017 5:42 pm

¿Cómo no contradecir sus acciones con sus palabras? Había demostrado que la vida de uno de los suyos era tan importante como la de un mosquito. Y, aunque eso era cierto en cualquier circunstancia, tenía un valor totalmente diferente cuando lo hacía para salvar a alguien, especialmente si este alguien era Ashanti. Sus acciones no podían negar que no quería que nada le pasase a la castaña. Que lo único que quería era que esta siguiese viviendo aunque fuese  lejos de ella. Por mucho dolor que le causase saber que podría seguir siendo feliz al margen; sin que esa felicidad, esa sonrisa, fuese causada por sus acciones, palabras o simples caricias. Había dejado de lado, al menos un poco, su egoísmo natural para salvar la vida de Ashanti, para dejar que esta fuese feliz. Porque dolía. Dolía imaginarla con otras personas. Pero más dolía imaginarla muriendo. Porque sería el futuro que le depararía si se quedaba a su lado.

Todos morían. Todos decepcionaban. La noche del 20 de diciembre Circe no perdió únicamente a la  que había considerado como su alma gemela. Sino que también había perdido a su familia, la cual se había convertido en cenizas en su boca. Odiseo había luchado a favor de Hogwarts y había huido antes de ser llevado ante la justicia. Adonis había muerto. Eris había rehecho su vida y poco después había demostrado que era capaz de decepcionar una y mil veces. Apolo había desaparecido. ¿Y sus padres? A ellos no les había importado nada. Y Circe había hecho un esfuerzo para no romperse por fuera del mismo modo  que ya lo estaba por dentro después de perder tanto en una misma noche.

- ¿Y si busco joderte no será precisamente porque no me importas? – Preguntó intentando convencer a Ashanti cuando sabía de sobra  que esta no quería ser convencida. Igual que Circe no mucho tiempo atrás, Ashanti se aferraba a lo que habían sido. Pero aquello no era más que un recuerdo que rememorar cada noche antes de quedarse  dormida. Antes de que el sueño venciese y le hiciese pensar en cualquier otro aspecto negativo de su vida que le causaría mil y una pesadilla.

Le costaba. Le resultaba casi imposible hilar palabras y crear oraciones que tuviesen sentido para alejar a Ashanti lo máximo posible. Le resultaba complicado, tanto que sentía que las palabras iban a dejar de tener sentido en cuanto saliesen entre sus labios. Porque su cerebro, su parte racional, sólo repetía una y otra vez  que debía alejarla antes de que fuese demasiado tarde. Antes de que el daño fuese irreparable.

Pero ya sentía que el daño que le había causado a Ashanti lo era.

- Eso no tiene sentido. No pienso hacerlo. – Pero quería hacerlo aunque fuese una última vez. Una última vez para recordar cómo era besar aquellos labios, los de la persona a la que realmente quería. No otros con los que intentaba olvidar día tras día  que Ashanti existía, que aún quería estar con ella como cuando podían estarlo sin ser perseguidas por los Mortífagos e incluso por el bando de Ashanti. – Te lo estoy pidiendo antes de que lo hagas, apártate. No te atrevas a hacerlo, Ash. – Sentenció mirando a los ojos a la castaña. Su rostro carecía de emoción alguna y sus ojos intentaban no reflejar lo que estaba sintiendo. La pena que sentía en aquel momento por estar diciendo todo aquello y la alegría contenida por saber que estaba bien, por haberla visto de nuevo, por saber que aún la quería tanto como la quería ella.

Dio un paso hacia atrás pero no sirvió de nada. Ashanti acortó la distancia entre ambas acercando sendos rostros, acariciando sus narices de un modo infantil que hizo a Circe derretirse por dentro. Porque siempre le había gustado ese juego que ambas se traían entre manos. Y lo añoraba. Joder, cómo lo añoraba.

- Ash, no lo hagas. – Aquello fue casi una súplica. Una voz que se perdió entre sus propios labios, una voz apenas audible para alguien más que no fuese Ashanti debido a la corta distancia que separaba a ambas chicas en aquel momento.

Cerró los ojos, imaginando que Ashanti no estaba ahí. Imaginando que no había nadie salvo el viento frío que hacía que se congelase hasta los huesos y bajó las manos, tomando las de Ashanti para apretarlas entre las suyas.

- Vive tu vida, por favor. Aférrate a un recuerdo, si quieres. Que ese recuerdo te mantenga viva hasta que encuentres uno nuevo pero no lo hagas. Si lo haces vas a hundirte más cuando me vaya, porque me iré. Siempre me iré Ash, porque yo no te quiero como tú me quieres a mí. – Volvió a mentir, abriendo los ojos y soltando las manos de la chica. Aquello dolía, y era incapaz de decir tantas mentiras mirándola a los ojos. Sabiendo que estaba tan cerca y a la vez tan lejos. Pero aún así, seguía a su lado.
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S. Ashanti Button el Mar Dic 19, 2017 11:09 am

Un beso le había cambiado la vida una vez. Y los muchos besos que le siguieron a ese, solo fueron pequeños cambios que le hicieron ver qué, la vida se trataba de dar, más que recibir. Y que no había nada más hermoso, que entregar y de la misma manera — aún cuándo no esperabas nada— te paguen igual. Y no importaba si la rubia jamás se lo hubiera dicho con palabras. Sus acciones eran lo que necesitaba para arde cuenta que Circe le quiere.

De Circe amaba todo. Sus cabreos, sus chistes malos, sus bromas pesadas, sus manías, su voz, su confianza, su astucia, su ego... Y ahora; con todo lo que últimamente habían vivido; también amaba su maldad. Porqué cuándo amas a alguien y es sincero, intrínsecamente, aceptas todos sus defectos y sí, lo más lógico sería ayudarle a superar los mismos. Buscarías de hacerle mejor persona, en nombre de ese gran amor que les une. La castaña creyó que lo estaba haciendo bien, creyó que haber encontrado el blanco en la escala de grises de la rubia, la ayudaría a ver la vida con un matiz distinto... Pero quizás no era suficiente. Nada lo fue. ¿Sería verdad entonces? ¿Era verdad que la rubia nunca sintió nada? Pero si eso fuese verdad ¿Estarían ambas tan cerca? ¿Pediría Circe que no intente besarla? Aquí algo no cuadraba. La castaña sigue aferrada a lo que siente. No quiere creerle.

No puedes mentir. No con tu cuerpo...– Susurra. Se estremece al momento que Circe la toma de las manos. Deseaba tanto el contacto ajeno, que ese simple hecho la calma. A pesar de que las palabras de la rubia estuvieran lastimándole. Lo prefería. No importa cuánto duela si la tenía así de cerca.

No podía permitir dejar ir a la rubia sin saber que era lo que pasaba realmente. La duda estaba sembrada en su interior, pero las acciones contrarias hablan en favor de ambas, reiterando que es real, todo entre ellas lo ha sido, pero... Tenía que confirmar de alguna manera que Circe esta mintiendo. Porqué lo que han vivido tenía que haber tenido valor real en la contraria. No se rendiría. No podía hacerlo, porqué eso sería cómo darle la razón a sus mentiras y no. No había razones para creer que su relación era nada. Más bien sobraban motivos para demostrar que lo que tenían era sincero, verdadero y único.

Estar a centímetros de sus labios era una bendita tortura. —Lo sé... Tengo claro que seguramente es la última vez que te vea. Que te sienta tan cerca.– Susurra al tiempo que la contraria le suelta las manos. Notar la ausencia de su tacto le desespera, porqué siente que se le escapa, cómo agua entre los dedos, imposible de contener. Sin embargo Circe no se aleja y respirar su aire es un pequeño consuelo entre tanto dolor. —Circe por favor. Basta...– Ese susurro es casi una súplica. —No lo arruines. No quebrantes mi fe en lo que nos une. Porqué sí, nos une.– Afirma con convicción.

No repitas algo que no es cierto...– Insiste. Coge la camisa ajena —al nivel de la cintura contraria— y la apreta entre sus puños, cómo si eso pudiera evitar que la contraria al final la deje. Pero sabe de sobra que no es así. —Las dos sabemos que no es así.– No puede evitar apresar el labio inferior ajeno entre sus dientes y tira ligeramente hasta que se libera por si solo. El más ligero contacto entre sus labios, seguía causándole la sensación más maravillosa y placentera del mundo, algo que no había vuelto a sentir con nadie más.

Sé que te vas a ir...– Hay dolor en sus palabras. —Y...– Respira hondo, realmente está evitando llorar. —No voy a evitarlo. No voy a detenerte... Aunque me muera por hacerlo. Por pedirte que busquemos una manera de resolver esto. Pero no la hay.– Y nunca la habrá, porqué sabe que la rubia no dejará de hacer lo que hace.

Tira del agarre que tiene sobre la blusa ajena e intenta que no exista ni un centímetro que las separe. —Lo siento... Pero necesitó saber, que fue real.– Murmura. —Que aún lo es...

«Y se arriesgó. Simplemente la besó. Buscando en los labios ajenos la verdad que ambas conocen.»
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Circe A. Masbecth el Miér Dic 20, 2017 5:41 pm

Nunca había sabido mentir. Era una habilidad que ni siquiera los años le habían permitido desarrollar. Ella era sincera por naturaleza. Ella era sincera aunque doliese pero en aquella  ocasión no podía serlo. Porque decirle la verdad a Ashanti sólo le daría más razones para luchar por lo que habían sido y por lo que ambas aún sentían. Porque Circe la quería con todas sus fuerzas y más. Porque la echaba de menos desde antes de que se viesen obligadas a distanciarse. Y se odiaba a sí misma por haber dejado que todo aquello que, algún día sabía que sucedería, sucediese sin hacer nada por evitarlo.  Ella había dejado que pasase, sin moverse en absoluto. Sin contarle a Ashanti la verdad sobre para quién trabajaba porque sabía que aquello significaría terminar con todo aquello antes. Y lo había alargado todo lo humanamente posible.

No tuvo tiempo para contestar a Ashanti. Las palabras se agarraban con fuerza a su garganta y, cuando intentaba pronunciarlas, un vacío se las llevaba consigo. No podía. Por mucho que lo intentase no lo conseguía. Como si sus cuerdas vocales le hubiesen jurado lealtad al silencio. Como si no quisiesen darle lo que ella pedía. Y es que eso estaban haciendo. Se negaban  una y otra vez. Una tras otra a hacerle caso. A permitirle refutar cada palabra que salía de los labios de la contraria. Porque ella misma sabía que era  verdad. Que Ashanti estaba yendo con la verdad por delante mientras que ella intentaba escudarse en una mentira que no se sostenía por ninguna parte.

- No lo hagas. – Dijo en apenas un susurro antes de que sus labios se encontraran con los ajenos.

Y no hizo nada por impedirlo.

Porque lo deseaba. Porque lo añoraba. Porque cada célula de su cuerpo le pedía a gritos que aceptase, que fuese ella quien diese el primer paso en volver a besar a Ashanti. Se moría por dentro por no acortar la distancia entre ambas y del mismo modo se moría ahora por dentro pensando en las represalias de aquel beso.

Aquel instante les costaría muy caro aunque no lo quisieran. Ambas pertenecían a bandos opuestos, a mundos diferentes. No podían tirar por tierra una barrera imaginaria para poder estar juntas. Y el saber que la otra aún guarda sentimientos se hace más doloroso cuando no puedes tenerla, no cuando ella no quiere estar contigo.

Se alejó. Demasiado tarde, pero lo hizo. Separó sus labios de los de Ash y la miró directamente a los ojos.

- ¿Y esto de que te sirve ahora? – Preguntó de manera directa, sin apartar la mirada de los ojos ajenos. – Sólo te sirve para que, cuando me vaya, sea peor que antes. ¿Te  sirve de algo saber que aún me importas? ¿O que te echo de menos? A mí sólo  me sirve para sentirme más culpable por tener que dejarte ir. – Dijo, por primera vez, con sinceridad. -  No voy a intentar mantener lo insostenible. No voy a luchar por ti, Ash. Yo he elegido a qué causa soy leal y no voy a tirar todo por tierra por algo tan… Tan estúpido como esto. – Como tener sentimientos. Como ser capaz de desarrollar un vínculo efectivo hacia alguien. – Esto ha sido una pérdida de tiempo. Siempre lo fue y ahora tienes que vivir con ello más de lo que ayer lo hacías.

Circe  se aparto y en cuestión de segundos volvió a acercarse. Esta vez fue ella la que entrelazó los labios con los ajenos, tomando incluso de la mano a la castaña mientras que la otra mano se encontraba reposando tras su nuca. Fue un beso breve pero intenso. Un último beso.

- Siento todo lo que te he hecho. Encuentra a alguien mejor y sigue con tu vida, hazlo por mí. Por lo que fuimos. – Y acto seguido dio un paso hacia atrás, soltando poco a poco la mano de Ashanti hasta que el contacto físico desapareció.

Una leve sonrisa se dibujó en sus labios justo antes de desaparecer.

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S. Ashanti Button el Vie Dic 22, 2017 12:46 am

Sus labios son una bendita tortura... Ella entera era un mal que no deseas experimentar, pero aún así la tentación te lleva a caer en sus garras. Y después de probar sus besos, no hay nada en el mundo que se le compare. Porqué en su imperfección, es perfecta; porqué es la persona  que quieres; que amas. Es lo que necesitas para darle sentido a tus días. Ella se vuelve el universo, el mundo; porqué si la tienes; lo tienes todo.

Por más frío que pueda causar el viento, Ash no logra sentirlo. No puede sentir nada más, qué, los labios de la rubia a la cuál besa, quién además le corresponde. Y allí estaba otra vez, entregando todo de sí, en un contacto tan mundano, tan simple; pero que compartido con la persona que amas, se convierte en el acto más sincero y único que podrás experimentar en la vida.

Y habría querido que hubiera durado más que un instante...

La lejanía de Circe dejó que el viento frío de la madrugada le golpee de lleno y la haga estremecer. El reclamo de la rubia la deja sin palabras. Pero al mismo tiempo la hace tan feliz. Porqué le está confirmando lo que muy en el fondo, a pesar de la ira, decepción y rabia, que llegó a sentir luego de su lucha en el castillo aquel veinte de diciembre; algo muy dentro gritaba que sea como fuere; la rubia realmente le quería. Y la amó, mucho más que antes, por tener el valor de decirle aquello. Se sintió la castaña mas afortunada de la tierra, a pesar de las circunstancias, a pesar de qué las cosas entre ellas eran un caos; aún dentro de ese caos, existía un mundo, quizás pequeño, pero existía, dónde su amor tenía cabida; uno en el cuál ser feliz.

No te pido que lo hagas. No quiero que luches.– Se apresuró a decir. "Porqué tengo las fuerzas suficientes para hacerlo por ambas..." Pensó mientras escuchaba a la contraria. Le dolía, no lo niego. Le duele que ella diga que por la elección que ha hecho, jamás pueda haber un lugar para la castaña. Pero Ashanti siempre ha sido terca, ahora que sabe que Circe corresponde sus sentimientos, no la iba a perder otra vez. No lo haría, por mucho que Barbie se esfuerce por correr. La fugitiva le demostraría que hay más de un camino para un "nosotras". Tenía que haberlo... Siempre lo hay para personas que se aman.

Quizás estuviera siendo un poco eufemista, quizás no estaba considerando todos los factores que afectan y que impiden un futuro para ellas, pero Ash solo puede pensar en maneras de cómo recuperar lo que es suyo; El amor de Circe.

Su corazón se acelera golpeando con fuerza al ver que Circe se dispone a partir. Pero para su sorpresa al instante se acerco a besarla nuevamente...

«Y entonces aprendes a ver el mundo de otra manera; cuándo ella te besa...

Porqué el propio tiempo pierde sentido, cuándo te encuentras a su lado...

Ella pasa a ser el universo...

Porqué te haz enamorado.
»

Y una mierda...– Le dice ante la idea de tener que seguir con su vida junto a alguien más. Luego que el beso hubiera acabado. —Eres mía Circe... ¿Lo entiendes?– Comenta con firmeza a pesar de que sus ojos se cristalizan y la rubia comienza a separarse. —Esto no terminó...– Le asegura. Le desgarra sentir cómo la mano de la contraria se va deslizando sobre la suya. Siente un maldito nudo en la garganta. Sabe que no hay modo de detenerla.—Porqué...– Murmura cuándo el contacto físico se acabó.

Te amo.

Le repitió cuándo aquella sonrisa se dibujo en el rostro ajeno y desapareció, lo que provocó que las lágrimas desciendan por sus mejillas.

«Y secando rápidamente su rostro, fue por su varita y la de Clarck y desaparece de ese lugar. Ahora hay un reto más que enfrentar, pero se siente más fuerte; capaz de todo... Solo por ella.»
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