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Dulces gratis (Ben Brown)

Invitado el Vie Abr 25, 2014 9:22 pm

¡Hogwarts nunca me deja de sorprender!

Hacía un par de días que mi reserva de dulces peligraba debido, principalmente, a mi extraordinaria obsesión por andar regalando a cualquiera que quisiera. Además el pequeño Rum Tum Tugger había adquirido un enorme gusto por aquellas golosinas muggles que causaban cosquillas en la lengua y faltaba poco para que se me acabasen.

La noche anterior me había quedado hasta altas horas de la noche terminando los deberes en la sala común, y, sin saber cómo, me quedé dormida en un sofá cercano a la chimenea. Cerca de las 4 de la madrugada me desperté y subí a dormir a mi habitación. Sin embargo no pude dormir y, cerca de las 6 de la mañana ya estaba saliendo de la sala común con dirección a la lechucería para enviar una carta a mi madre y pedirle que me enviara más golosinas.

Atenea desde el inicio había sido una lechuza muy ruidosa y cariñosa, la gente suele decir que somos similares, pero ese pájaro es demasiado ruidoso y entrometido incluso para mí. En ocasiones, he pensado que es un animago ya que tiene una personalidad casi humana.
-Necesito que lleves rápido esta carta a mami, es muy urgente- Le pedí mientras amarraba la carta en su patita y le daba, a regañadientes, un par de golosinas. Tras eso se elevó por los aires y salió del lugar. No tenía ganas de volver a la sala común porque aún era temprano, así que decidí ir a explorar un poco el castillo...

-¡Quiero ir a Honeydukes!- murmuraba mientras volvía a la sala común después de estar charlando durante un buen rato con el hombrecito de uno de los cuadros. Fue entonces que vi, delante de mi una puerta y, a pesar de que quería volver a la sala común, la curiosidad pudo más. Lo que vi al entrar al lugar me dejó boquiabierta, era un lugar muy similar a Honeydukes, pero incluso mejor, ahí habían de todo tipo de golosinas. No tardé mucho en reaccionar e inmediatamente comencé a agarrar de todo tipo de dulces. No había nadie más ahí, por lo tanto decidí que los dulces eran gratis y salí del lugar con una dotación de golosinas que me duraría 2 meses o más.

La señora gorda me dejo pasar después de decirle la contraseña y Rum Tum Tugger vino a mi encuentro mientras dejaba todos los dulces sobre un sofá y empezaba a devorarlos con el gato sentado en mi regazo. 
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InvitadoInvitado

Invitado el Dom Abr 27, 2014 12:22 am

Era un día cualquiera en la escuela Hogwarts de Magia Hechicería y yo, Ben Brown, estudiante de Gryffindor de sexto curso, estaba descansando apaciblemente y disfrutando de mi por lo menos séptimo sueño en el dormitorio de los chicos cuando un ruido muy profundo y atronador como el de una morsa en celo me desveló repentinamente.

Cuando me levanté de mi cama, retiré los doseles color escarlata y puse mi peor cara de resignación cuando descubrí que todavía no eran las siete y, lo que era aún peor, que no era una morsa lo que tenía en mi cuarto sino un compañero de habitación con los peores ronquidos más extraños y sonoros de todo el castillo.


- ¡Maldita sea! Ya te vale, Jason. - dije arrojando con fiereza mi almohada hasta la cabeza del chico, que ni se inmutó con el impacto.

Ni siquiera intenté dormirme otra vez, pues ya me había desvelado y sabía que sería imposible volver a recuperar el sueño. Así que me limité a ponerme las zapatillas, cogí una bata de color granate y bajé con paciencia la larga escalera de caracol para hacer tiempo en la sala común hasta la hora de desayunar mientras pensaba en lo que increíble que me parecía haber sido el único en levantarme con aquel estruendoso ruido.

Me llevé una sorpresa aún mayor cuando descubrí que dicha sala no estaba tan solitaria como creí que estaría, sino que había una chica allí con lo que supuse que sería su gato. Aunque eso no era lo más extraño de todo aquello, por supuesto, lo que ocurría era que había sembrado el sofá entero de todo tipo de chucherías como si acabase de atracar la tienda de Honeydukes entera y se hubiera traído aquí el tan deseado botín.


- Pero bueno, ¿se celebra algo? - dije cuando me hube acercado a la chica y me crucé de brazos, observando toda aquella plantación ilegal de golosinas.
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InvitadoInvitado

Invitado el Lun Abr 28, 2014 4:48 am

Mientras estaba sentada llenándome de azúcar, escuché que alguien bajaba de las habitaciones de los chicos. Voltee a ver quién era y sonreí al ver a Ben, realmente no nos conocíamos, pero lo había visto en más de una ocasión jugando al quidditch, en el comedor y en la Sala Común, y, a decir verdad siempre me había parecido muy lindo.

-¡Claro! hoy se celebra el cumpleaños de alguna persona del mundo y el no cumpleaños de todos los demás. ¿Quieres unirte a la fiesta?- Le pregunte mientras señalaba uno de los sofás cercanos y le ofrecía algunas grajeas. -Venga, te prometo que no les eche pociones de amor ni nada por el estilo... Aunque eso sería genial- Dije con una sonrisa que intentaba ser malévola pero por el contrario me hacía ver bastante infantil.

-¿Has probado estos?- Le pregunte a Ben mientras le tendía un diablillo de pimienta y yo me comía otro. En cuanto lo tuve en mi boca me empezó a salir fuego y humo por la boca y mi cabello se tornó, involuntariamente de color rojo.

-Por cierto, soy Emily- Le dije sonriendo amistosamente mientras Rum Tum Tugger salia de mi regazo y se comia unas meigas fritas que lo hicieron levitar al instante. Comencé a reír al ver como el gato se retorcía en el aire intentando resistirse.-¡Gato tonto!- Exclame mientras él me observaba con sus enormes y gatunos ojos.

-¿Qué haces aquí a estas horas? yo descubrí que es la mejor hora para robar dulces-Dije dando pequeños aplausos como niña chiquita. -No sabes lo que me costó entrar a la sala común de Hufflepuff. Además esos tejones si que saben donde esconder el botín, pero finalmente logré encontrarlo.- Agregué mientras sonreía burlonamente e intentaba imaginarme en una misión para robar todos los dulces de Hogwarts.
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InvitadoInvitado

Invitado el Jue Mayo 01, 2014 12:36 am

La verdad es que visto de ese modo... Supongo que aquella era otra bonita forma de decir que cualquier momento era bueno para celebrar una fiesta y más aún para comer dulces, y si esos dulces eran los del mundo mágico pues mucho mejor. Hice caso a su invitación y me senté en uno de los enormes sillones a su lado y cogí una gragea que, de haberlo sabido con anterioridad, la habría soltado inmediatamente pues mi cara justo después de meterla en la boca debió ser el signo más representativo de la palabra "asco".

- Ciempiés... - dije con un gesto desagradable en la boca - Creo que prefería lo de la poción de amor. Definitivamente, me quedo con las ranas de chocolate.

Luego la Gryffindor me ofreció otro tipo de chuchería diferente, que estuve tentado de coger para eliminar el mal sabor de boca producido por aquella desagradable gragea, pero al ver el efecto que éstos produjeron en la chica decidí rechazarlos muy educadamente y sonreí cuando llegó la hora de las presentaciones.

- Ben, es un placer. - saludé muy amistosamente y reí cuando aquel gato tan simpático comenzó a volar por toda la sala común - Algunos sí que saben pasárselo en grande, ¿verdad?

Un poco más cómodo y viendo, con aquella actitud de la chica, que la situación no era tan extraña como parecía a simple vista, me acomodé en el sillón y me incliné para coger una varita de regaliz del montón que tenía Emily junto a las grageas. Con eso sí que no habría riesgo, un dulce con sabor dulce.

- Pues debería preguntarte lo mismo. Lo cierto es que en mi caso tengo un compañero de habitación que no sabe lo que es respirar por la nariz. - le respondí con media sonrisa de resignación - Pero espera, ¡¿has dicho que entraste en la sala común de los tejones?! Si dicen que esa zona está muy bien vigilada.
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