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Disfrutando de un día tranquilo {Natalie Corvin}

Invitado el Vie Abr 25, 2014 10:57 pm

Tras una larga jornada de trabajo intenso en el Ministerio, aquel soleado viernes Will había decidido que era hora de tomarse un día libre y aprovechó para pasar la tarde en el parque junto a su fiel amigo perruno. Se aseó lo justo y necesario y se puso una camiseta desenfadada, deseoso de salir del traje del Ministerio. Camisetaza y Charles . - Vamos chico. - Acarició con cariño al peludo canino, invitándolo a salir mientras le colocaba la correa. William odiaba tener que hacer aquello, pero ya le habían advertido más de una vez que era peligroso e ilegal llevar a un perro de aquel tamaño suelto por la calle, con viejecitos y niños por las calles. Él sabía perfectamente que Charles nunca sería capaz de dañar a alguien sin su consentimiento, pero prefería evitar conflictos innecesarios, por lo que se resignaba a tener que llevarle con una correa ya que al fin y al cabo el parque principal no quedaba tan lejos de su casa.

Por el camino saludaba animadamente a sus vecinos más allegados, parándose de vez en cuando para interesarse por cómo le iban las cosas a alguien en particular. Actuaba con alegría y jovialidad, sonriendo a diestro y siniestro y agitando la mano en forma de saludo enérgicamente. Aquellos días estaba de especial buen humor, las cosas le iban exactamente como él quería, tanto era así que últimamente no había casi nada que pudiera estropearle el día. - ¡Will! - La dueña de la panadería la llamó a grito pelado, llamando su atención. - ¡Cada día estás más guapo! - No había un fin de semana que la señora Hudson no le dijera ese piropo, pero eso no evitaba que William sonriera, negando con la cabeza.  - ¡No tanto como usted! - Gritó esta vez, robándole una carcajada a la amable mujer y prosiguiendo su camino.

De ese modo, llegó al parque en cuestión de pocos minutos, dirigiéndose directamente al césped al que siempre iba y sentándose en la piedra de siempre, al lado del árbol de siempre y con el sonido de fondo de la fuente de siempre. Respiró hondo, realmente hacía tiempo que no iba a despejarse y lo echaba de menos. Soltó a Charles, dejando que éste corriera libremente por la zona y sonriendo levemente, mirando cómo éste daba pequeños saltos en busca de algún otro perro social con el que pasar el rato.  "Definitivamente lo echaba de menos"


Última edición por William O'Connor el Mar Abr 29, 2014 11:05 am, editado 1 vez
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Natalie Corvin el Sáb Abr 26, 2014 1:23 am

Con una semana que pesaba sobre mis hombros, decido que lo más sensato para relajarme es ir a dar una vuelta por Hogsmeade. No quería ir al centro, después de seis años me parece monótono y aburrido y casi todos los fines de semana está lleno de los de primero y segundo. Tampoco tenía con quien ir, puesto que mis amigas habían decidido estudiar el viernes todo lo que habían suspendido en esa semana tan difícil y caótica llena de exámenes y trabajos a entregar.
Yo no iba a quedarme en Hogwarts; podría morirme del asco allí sin hacer nada. Por lo que me visto de forma sencilla, sin pasarme en ir ligera de ropa pues en Londres la primavera no existe. Me visto con una sencilla camiseta larga que no tenía ni idea de cómo había terminado en mi baúl, unos vaqueros y nos botines sencillos que hacían juego con la camiseta.

Spoiler:

Me dejo el pelo suelto y me dispongo a salir de Hogwarts. Solo llevaré un libro. Salgo temprano, para aprovechar las horas de sol del mediodía. Tardo aproximadamente media hora en llegar a Hogsmeade, aunque se me hace más llevadero de lo normal debido al buen tiempo que hace. Una vez llego al centro me pego como otros quince minutos para llegar a la parte alejada de las viviendas, dónde se encuentra un hermoso parque dónde poder descansar. Los alumnos no suelen llegar hasta allí, porque aparte de estar lejos, no hay muchas tiendas famosas cerca. Me gustaba ese lugar porque era alejado, por lo que podía hacer el vago tranquilamente. Por regla general me gustaba mucho más ir con amigas y pegarnos horas y horas hablando allí, pero me conformaría con tirarme en el césped mientras aprovecho en leerme el libro de astronomía que me había regalado mi hermano. En él aparecían las constelaciones más complicadas y se centraba más en las que poseían nombres griegos de la antigüedad y dejaban de lado las típicas del zodiaco.  
Cuando llego al césped voy casi hacia el centro, debido a que no se me apetecía nada ponerme bajo un árbol. Me acuesto boca abajo y abro el libro por dónde lo había dejado. Lo que más me gustaban eran las historias explicativas, ya que por la noche hacía los “deberes” prácticos.
En cierta ocasión un animal se acerca a mí y me empieza a olisquear la ropa. Me encantan los perros, pero… mejor tenerlos alejados de mí. Muevo la pierna, en señal de: “lárgate”; sin embargo, persiste…
-¡Fuera! -exclamo haciéndole una señal con la mano de que se alejara. Al parecer entiende todo lo contrario, pues se abalanza sobre mí.- ¡Ah! ¡será posible…! –intento quitármelo de encima, pero es tan peludo y amoroso que persiste en intentar lamerme la cara.
Sin poder evitarlo y tras tenerlo algunos segundos con sus gran pelaje sobre mí, hizo que le empujase hacia atrás para coger aire profundamente antes de soltar un alérgico estornudo.
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Invitado el Mar Abr 29, 2014 11:04 am

William permanecía inmerso en su propia realidad. Sin darse cuenta había acabado por acostarse hasta quedarse completamente en posición horizontal, mirando al cielo que aquel día estaba casi perfectamente despejado. Hacía un día radiante y en aquellos instantes lo único que le preocupaba era darle forma a las pocas nubes que había. “Esa tiene forma de Haemophilius influenzae” Sonrió ante aquel pensamiento, definitivamente, tras aquel pensamiento se dio cuenta de que quizás le estaba dedicando demasiadas horas a la Universidad, aunque a decir verdad no le desagradaba, sino todo lo contrario. A parte de la magia propiamente dicha, la genética era lo segundo que más le interesaba. Se podría decir que era otro tipo de magia, el cómo la herencia biológico de los seres humanos se había transmitido de generación en generación, provocando lo que éramos ahora.

Sin embargo, el grito de una chica hizo que aquellos pensamientos se desvanecieran, temiendo que fuera producido por Charles. Se inclinó rápidamente, quedándose sentado y levantándose seguidamente al ver a la chica intentando librarse de Charles, que, cuando quería, podía llegar a ser muy persistente. - ¡Charles! – En contra de lo que esperaba, éste no sólo no le hizo caso, sino que siguió tratando de recibir cariño de la muchacha. - ¡Charles! – Fue a paso ligero hacia donde estaba el animal, haciendo que se apartara de ella y consiguiendo tras un par de caricias que desistiera en el intento y se relajara. – Lo siento mucho, no suele comportarse así. Al parecer le has gustado más de lo normal. – Le dedicó una amable sonrisa a la chica, esperando que no le hubiese importado demasiado. – Me llamo Will. ¿Eres alérgica a los animales? – Le preguntó, recordando el estornudo que había escuchado, mientras le tendía la mano desde arriba en señal de saludo formal.

Sólo quería ser cortés, aunque quizás ella lo viera como una excusa de acercamiento, teniendo en cuenta los tiempos que corrían en los que se aprovechaba cualquier situación para ligar. De todas formas no sabía qué edad tenía, pero obviamente era bastante joven como para interesarse en ella. Aun así, cuando la chica sonrió, William no pudo quitarse un pensamiento de la cabeza y era que nunca había visto una cara tan angelical y perfecta como la de aquella chica. - ¿Te ha hecho daño? – Preguntó, aunque Charles no era nada agresivo podía llegar a resultar muy poco delicado cuando se trataba de recibir una chuche o un rato de atención.
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Natalie Corvin el Mar Abr 29, 2014 1:08 pm

El perro se abalanza sobre mí en un intento de búsqueda de cariño. "¿Acaso no tiene dueño? ¿Por qué no se me puede acercar una iguana o un erizo? No, tenía que ser un animal con abundante pelo..." Intento quitármelo de encima, pero es casi imposible, ya que es un Husky de tamaño considerable con una impresionante fuerza en las patas. Y en mi defensa me gustaría decir que no estoy en la posición más adecuada para ejercer fuerza contra él. Por suerte, su dueño se da cuenta de la que está armando su perro y viene rápidamente a quitármelo de encima. Su comentario fue bastante tópico. "¿Qué clase de dueño dice que, realmente, su perro se comporta así? Ninguno." Me sacudo la ropa cuando me quita al perro de encima y miro hacia arriba, viendo a un hombre vestido bastante jovial con una camiseta de lo más graciosa. "¿Cuántos años tiene? Este su rostro y su camiseta, parece más pequeño de lo que realmente aparenta."
Me encontraba en el suelo, sentada, con la nariz delicada debido a mi fuerte alergia por el pelo de animal. Él me tiende la mano como saludo y por formalismos, se la estrecho, mirando hacia arriba y notando cómo el hombre estaba a contraluz, por lo que tenía el ceño fruncido y no podía verle bien.
- Natalie. -le suelto la mano.- Soy alérgica al pelo de animal y Charles... -digo el nombre del perro, ya que su dueño lo había gritado a los cuatro vientos y no era muy difícil llegar a la conclusión.-...tiene mucho pelo. ¿No tendrá un pañuelo, verdad? -pregunto, pues noto como tengo un cosquilleo en la nariz a la espera de otro inminente estornudo.

Le había tratado como usted, era un hombre que se notaba que era más grande que yo, por lo que cómo mis padres me habían enseñado, la educación iba ante todo. El hombre me pregunta que si me había hecho daño y antes de poder hablar, miro al suelo con la vista cansada.
- ¿Puedes ponerte por aquí... -le señalo la otra parte, o sea, detrás mío.-...o sentarte? No puedo mirarte, el sol me molesta. -le informo, pues debo de parecer un poco retrasa.- Y no, no me ha hecho daño. Es un perro muy mono, solo que se topó con alguien que no puede darle cariño. -digo risueña. Cojo aire de imprevisto y suelto un pequeño y muy mono estornudo; al cual le siguieron dos más seguidos en cadena.

Siempre que me entraba un ataque como este me duraba horas. Adoraba a los perros y a los gatos, pero ya me había acostumbrado a odiarlos intencionadamente para no tenerlos cerca. Cuando me recompuse de mis estornudos, me aireo el pelo hacia atrás para despejarme. Como siguiera así, se me iban a salir los mocos.
- Gracias. -digo simplemente, aunque ni me había fijado si me había dicho salud. Me fijo nuevamente en el hombre. Parecía adulto, pero tenía un rostro bastante infantil y atractivo.- En vista que su perro ha buscado cariños en una desconocida antes que en su dueño y cómo consecuencia me ha jodido el bienestar hasta el final del día... creo que me merezco la atención que no le ha prestado a tu perro como compensación. O por lo menos ese pañuelo... -me meto con él con jovialidad, sin ánimos de faltar el respeto. Le doy dos golpecitos al césped y noto el cosquilleo del agüilla que amenaza con salir por la nariz.
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Invitado el Sáb Mayo 03, 2014 2:58 am

A pesar de que por culpa suya la chica, llamada Natalie, había tenido un ataque de alergia bastante considerable, a William le resultaba divertida la situación, por lo que no podía quitarse de la cara esa sonrisa estúpida que tanto le caracterizaba en ocasiones. - Pues no, no tengo un pañuelo, pero puedo conseguirte uno. - Agarró a Charles, ya que había predicho sus intenciones de volver a abalanzarse sobre su agradable acompañante, tirándole al rato una rama que había cerca para mantenerlo distraído, volviendo a dirigirse a la chica. - Eso sí, si sigues tratándome de usted creo que me suicidaré tras conseguirtelo ¿Tan viejo crees que soy? - Repuso, poniendo una cara de falsa tristeza bastante graciosa. - Ahora vuelvo. - Miró a su alrededor, en busca de alguien que tuviera cara de tener un pañuelo. Sí, esas cosas se notaban, aunque no lo pareciera. Tras unos segundos localizó a su objetivo, una ancianita sentada en un banco, que llevaba un buen rato dándole de comer a las palomas que había por la zona.

Se acercó con cuidado y muy lentamente se dirigió a ella, por miedo a que al verle de repente a la mujer le diera un infarto o algo. No era plan. - Perdone.  - Bajó la cabeza un poco, para quedar a la altura de la de la señora y volvió a hablarle, ya que al parecer no le había escuchado. - Perdone señora. - Definitivamente la mujer tenía carencia de oído, por no decir que estaba sorda perdida, por lo que no tuvo más remedio que posar su mano contra el hombro de la misma para llamar su atención. - ¿Tiene un pañuelo? - La susodicha levantó entonces la mirada, que la había mantenido fija en las palomas que se comían las migas de pan que ella les proporcionaba, con cara de sorpresa.- ¡¿Que si tengo un buñuelo?! - William se tapó levemente el oído que tenía más cerca de la señora. - ¡No! ¡Un pañuelo! - Le repitió con una sonrisa ante la situación. - ¡Ah! ¡Un pañuelo! Si si, mi niño. - Tras revolver unos segundos en su gran bolso le tendió a Will un paquete de pañuelos recién abierto. - ¡Muchas gracias señora!  - Cogió uno y se lo devolvió, volviendo a donde estaba Natalie y sentándose a su lado tras su petición. - Si insistes, no me voy a negar. - Bromeó.

- ¡Salud!  - Rió amistosamente, pensando en lo mona que había resultado al estornudar varias veces seguidas. De hecho, ahora que lo pensaba y la podía mirar mejor desde aquella posición, pensó que probablemente tenía los ojos azules más bonitos que había visto nunca. Flexionó las piernas para estar más cómodo, asintiendo a lo que decía fervientemente. - Tienes mucha razón.  Toma, misión cumplida.  - Le dijo, dándole el pañuelo. - ¿Desea algo más la señorita? Hoy, teniendo en cuenta las molestias que le he causado, me tendrá enteramente a su disposición para lo que desee.  - Dijo aparentando estar serio, aunque en sus ojos se notaba claramente que estaba bromeando. - ¿Estudias o trabajas? - Alzó las cejas dos veces seguidas. Era la típica pregunta que usaban los muggles para ligar, y a William le parecía gracioso bromear con ella.

De repente vio como una pelota de tamaño considerable se aproximaba directamente hacia la cabeza de Natalie. - ¡Cuidado!  - Se inclinó para evitar que ésta impactara contra ella, llegando justo a tiempo. - Me debes la vida, Natalie. - Comentó, volviendo a quedarse en la posición anterior para ver si conseguía conocer más de aquella desconocida y enigmática chica que tanto le había impresionado a simple vista.
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Natalie Corvin el Dom Mayo 04, 2014 8:56 pm

No da tiempo de contestar a su pregunta de que si creo que es tan viejo. La verdad es que no parece para nada viejo, pero por respeto se trata a la gente mayor que tú por usted El hombre, llamado William, tras mi inesperada y poco seria petición del pañuelo, él busca una solución y me dice que ahora vuelve. Me había hecho a la idea de sorber la continua agüilla, pero la idea de tener un pañuelo era mucho más higiénica y alentadora. Le sigo con la mirada ante sus movimientos y veo como el hombre se acerca a una anciana que se encontraba sentada en un banco dando de comer a unas palomas. Sonrío cuando escucho que la anciana le pregunta a los cuatro vientos si le ha pedido un buñuelo, tanto por la reacción del hombre cómo por la cara de la mujer al pensar que un chico tan extraño le está pidiendo un buñuelo. Niego brevemente y para cuando me vuelvo a fijar en él ya está volviendo hacia mí. Le ofrezco sentarse a mí lado, pero antes de recibir contestación un ataque alérgico se apodera de mí y estornudo tres veces; cuando termino, el hombre me tiende el pañuelo que consiguió de la anciana.
-Por ahora estoy servida.-sonrío con fingida altanería, como si fuera mi sirviente ocasional. Abro el pañuelo y me sueno fervientemente, pues cada vez que entraba en contacto con pelaje animal parecía que mi cuerpo se convertía en una fábrica de picores, rojeces y mocos. Más lo último que lo anterior.-¿Eres consciente de que si fuera una asesina oculta en un flamante rostro de chica inocente, ahora mismo podría jugar contigo? Es USTED alguien muy poco precavido. –le digo, recalcando el “usted” con diversión en mis palabras.

Lo miro con una ceja alzada ante su tópica pregunta de que si estudiaba o trabajaba. Era penosa esa pregunta. Por suerte se molesta en recalcar con sus gestos que la dice por mera diversión y no realmente con la intención que utilizan muchos hombres. “¿Aunque realmente creerá que trabajo? Si se nota a la legua que vengo aquí por no estar en Hogwarts… Si no, ¿qué alma joven iba a visitar Hogsmeade libremente por puro placer? Nadie…” pienso.
-Ha tenido suerte, no trabajo como asesina a sueldo. Por ahora sólo estudio. –digo antes de cerrar los ojos fuertemente a la espera de que un meteorito impactase contra mí por culpa de su reacción. Él es más rápido que mi estúpido método de defensa de cerrar los ojos y aparta de un golpe una pelota que amenazaba con, al parecer, mi vida. Su siguiente comentario me hace gracia, pero no me rio.- ¡Mi salvador! Me salva de la muerte y encima me consigues un pañuelo. Eres mi héroe, sea dichoso este apoteósico día de mi vida. –ironizo divertida, para ser sincera, dudo que vuelva a ver a este tío nunca más, por lo que aún era más divertido pronunciar esas palabras.- Es broma, gracias. Teniendo en cuenta mis reflejos probablemente ahora tendría un fuerte dolor de cabeza.  –le confieso, cogiendo el largo fleco que tenía y pasándomelo por detrás de la oreja para una mayor comodidad.

Para molestar al desconocido que tenía delante como venganza por hacerme pasar por ese horrible picor de nariz que hacía que no parase de rascármela superficialmente como si de una cobaya me tratara, decido seguir tratándole por usted.
-¿Suele USTED ligar mucho gracias a su perro? ¿O quizá su hobbie es más acosar a ancianitas en busca de buñuelos? –e inevitablemente esbozo una risueña y divertida sonrisa al recordar su actuación de hace unos minutos.
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Invitado el Miér Mayo 14, 2014 10:56 am

La mezcla resultante entre un día precioso, un lugar igual de agradable y una compañía que no se quedaba atrás estaba haciendo que William se pusiera, si cabía, de aún mejor humor. Observaba a Charles mientras correteaba entre la hierba, en busca de su siguiente víctima y a pesar de que no conocía a aquella chica de nada estaba resultando bastante interesante entablar un diálogo con ella. No parecía la típica niña consentida a la que, desgraciadamente, estaba acostumbrado, sino alguien que iba más allá de los tópicos. Will no paraba de preguntarse qué edad tendría, ya que a juzgar por su forma de hablar y ciertas facciones parecía muy joven, pero había otros aspectos de ella que hacían que pareciera más madura. – Dicen por ahí, los que me conocen, que tengo un sexto sentido para las personas que no son de fiar, así que si fueras una asesina oculta en un flamante rostro de chica inocente serías la primera excepción. Cosa que, bueno, a decir verdad no quiero morir… Pero resultaría interesante igualmente. – La miraba de vez en cuando mientras le hablaba, ya que en cierto modo le resultaba algo vergonzoso mirarla directamente. La pregunta era, ¿por qué? Por regla general no le costaba mirar fijamente a las personas mientras les hablaba, pero de una manera u otra aquella chica le imponía un poco.

William sonreía cada vez que un pequeño estornudo salía disparado de la chica. – ¿Así que estudias? – Entonces, en principio, no debía de tener demasiados años. Iba a preguntarle dónde estudiaba cuando una pelota salvaje hizo que desviara su atención instintivamente, colocando su mano en medio de la trayectoria de la misma, evitando que ésta impactase a su “flamante” compañía. Negó divertido con la cabeza una y otra vez, observando la reacción de Natalie. – Ya tienes bastante con esa alergia como para que también te duela la cabeza… - En cierto modo William imitó el movimiento de la chica, haciéndose el pelo hacia atrás con un rápido movimiento.

Al ver que Charles se comenzaba a acercar a un grupo de niños, William silbó fuertemente, haciendo que éste acudiera a su llamada al instante. Lo acarició, evitando que se acercara demasiado a Natalie y tras un momento de silencio, que lejos de resultarle incómodo fue bastante agradable, ésta rompió el mismo para hacerle una pregunta bastante osada.  – Vaya, ¿qué le ha hecho pensar que estaba tratando de ligar con usted? – Le dijo, imitando el tono cordial y respetuoso que había usado ella. – Vale… – Bajó la mirada, una para imitar que estaba avergonzado y otra porque algo le decía que si seguía mirándola sonreír le iba a resultar bastante complicado despedirse de ella, y obviamente no podía adoptarla para siempre, aunque no le hubiera importado, era muy probablemente lo más adorable que había presenciado en años. – Me has pillado. Suelo acosar a las ancianitas en busca de buñuelos, pero ellas tampoco se han quejado nunca… - Trató de no reír, aunque tras unos segundos le fue imposible resistirse. – La verdad es que ahora mismo estaba pensando en invitarte a un helado. A no ser que seas alérgica al helado, claro. En ese caso podría invitarte a un café… Aunque, por otra parte, tampoco quiero que pienses que trato de ligar contigo, de ser así Charles se pondría realmente celoso. Miró al peludo canino y esbozé una sonrisa divertida al ver su cara de no entender nada. - ¿Tienes un plan mejor? Yo no lo creo… Pero siempre puedes hacerte la dura. – Bromeó, levantándose enérgicamente para luego tenderle la mano a ella.

Si le decía que no podía venir o le soltaba cualquier excusa iba a ser una pena, y seguramente su rostro mostrara dicha decepción, pero tenía que  intentarlo. – Es lo mínimo que te debo tras el inesperado ataque de mi amigo. Venga, él invita. – Le sonrió,  tratando de convencerla y esperando que en vez de darle mal rollo le resultara alguien de confianza, mínimo para compartir un rato de su tiempo tomando un helado con él.
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Natalie Corvin el Jue Mayo 15, 2014 10:32 pm

Por mucho sexto sentido que tuviera William no iba a encontrar gran maldad en mí; soy una gamberra con cierta discriminación social, pero lejos de eso soy alguien con un semblante bastante tranquilo, por lo que dudo que sin conocerme pueda leer poco más de lo que le muestro aparentemente. Sonrío ante lo que dice y me percato de que es alguien que no me mantiene la mirada cuando me habla. Me resulta extraño, ya que por norma general la gente suele mirarme a los ojos y yo siempre hablo clavando la mirada en los ojos de mi receptor, por lo que cuando él dejaba de mirarme, yo bajaba también la mirada al césped mientras lo arrancaba, ya que me parece tonto mirar a alguien al cachete. Bastante gente me había dicho que una mirada cómo la mía, grande, fija y de unos celestes y cristalinos ojos terminaban por intimidar, pero dudo mucho que alguien como él se deje intimidar por los ojos de una chica cualquiera.
Digo por encima que estudio, no me acuerdo exactamente por qué, pero él se fija en ese dato, repitiéndome la pregunta. No creo que esté sordo, por lo que levanto la mirada después de un estornudo y asiento con la cabeza para comentar algo al respecto.
-No es normal ver a gente de mi edad por Hogsmeade un fin de semana si no es estudiante de Hogwarts. –digo con evidencia.- Había salido para despejarme, pero Charles ha conseguido taponarme la nariz en vez de despejarme. –pongo un mohín y me encojo de hombros.

El hombre no tarda en acoger una imitación de mí sobre el tono respetuoso con el que le hablaba, por lo que él no tarda en tratarme de usted. Yo lo miro con una traviesa mirada, enarcando una ceja con un gesto desinteresado cuando me pregunta que qué me hacía pensar que estaba ligando conmigo. Lo cierto era que no esperaba que nadie ligase conmigo en Hogsmeade, por lo que la verdad es que era una pregunta desinteresada para meterle en un pequeño compromiso. A ojos de muchos, que un hombre estuviese ligando con alguien de mi edad, estaría mal visto; por lo que mi intención era simplemente la de incomodar un poco al simpático chico que tenía en frente. Una carcajada dulce y divertida resuena desde lo más profundo de mí ser cuando nombre a las ancianitas y a los buñuelos, haciéndome incluso un poco hacia atrás mientras me balanceaba.  Cuando consigo parar, me ofrece una invitación para un helado o un café. Odiaba el café. Escucho su comentario sobre hacerme la dura; hacerme la dura nunca ha estado en mis planes… si algo me apetece lo hago y si no, no. No cabe más en mi razonamiento.
-En mi pueblo invitar a un helado a una chica es ligar… -bromeo, sujetando su mano, cálida y ancha, la cual me ayuda a levantarme de un enérgico tirón. Una vez arriba le suelto la mano, me sacudo los pantalones y me remango las mangas de la camisa holgada que llevaba.- Prefiero el helado, hace un buen día como para echarlo a perder con el amargo sabor del café.

Sonrío y tras coger mi libro y llevarlo en la mano, tomo la iniciativa y empiezo a caminar hasta la tienda de helados más cerca que recuerdo por la zona. Es una de las tiendas que se encuentra entre la oficina de correos y las tiendas principales de Hogsmeade. Por el camino me doy cuenta de que me gusta hablar, pero hablar con un desconocido me resultaba más difícil, ya que no sé qué preguntarle. Decido indagar un poco sobre su situación actual, puesto que no era usual ver a alguien de su edad por Hogsmeade sacando al perro. En Hogsmeade en los fines de semanas destacaban alumnos, abuelas y padres. Me llevo las manos detrás de la espalda y camino tranquilamente, girando la cabeza de vez en cuando para tener contacto visual mientras le hablo.
-¿Y usted qué? Ya sabe que estudio… ¿Qué hace con su vida aparte de acosar a ancianitas? Porque debe de aburrirse mucho para venir un fin de semana a Hogsmeade a sacar al perro… -El pelo me caía como una cortina por detrás y por los hombros, lo tenía ondulado y suelto, como recién había salido de la cama tras algunas pasadas con el cepillo. Por norma general me gusta tenerlo liso, hoy había sido una excepción porque no iba a hacer nada en especial. A lo lejos se veía la tienda de helados, un puesto que daba para la calle en cuyo escaparate estaban todos los sabores disponibles. Cuando noto que me mira, señalo con una mirada al puesto de helados.- ¿Ya sabe que pedirse? Le dejaré la caballerosidad de pedírmelo. Un vasito de helado de sorbete de limón, los cucuruchos y yo nunca nos hemos llevado especialmente bien. –sonrío.

Recuerdo aquel día cuando mi mano tenía más cantidad de helado de la que yo me había comido y lo humillante que fue para mí terminarme aquella bola de helado tan desproporcionalmente grande en comparación con el cucurucho de galleta. Desde aquel día había sido vetado para mí. Continuamos caminando, acortando la distancia hasta la tienda de helados, en dónde había una cola de dos o tres personas; eran en su mayoría abuelas, sin contar dos alumnos que eran los que ya estaban pidiendo. Sin poder resistir la tentación, le doy un golpecito en el hombro y me acerco a él para susurrarle.
-Ponte guapo, para impresionarlas, ya sabes. –alzo ambas cejas, señalándole con la mirada a las ancianas.- Quizás estas si tengan buñuelos… -Y por el karma de la situación de meterme con él, tuve que girarme rápidamente hacia el otro lado para soltar un estornudo pequeño que me hizo esconder la cara bajo mis manos, acompañado otra vez de dos estornudos más. Mis estornudos iban por series.- El karma… -balbuceo a William mientras me paso delicadamente el pañuelo por la nariz que ya había adoptado su color rojo, sonriendo tras eso con los pelos aún más despeinados por culpa de los estornudos.
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Invitado el Miér Mayo 21, 2014 7:55 pm

William se encontraba bien con aquella especial compañía a su lado y la verdad era que no tenía prisa ni motivo alguno por el que volver antes a casa, sino al contrario, así que no vio nada de malo en invitarla a tomar un helado. Si aquella excusa valía para seguir pasando una agradable tarde con Natalie le era más que de sobra. Por otro lado, algo dentro de él le hacía plantearse si aquello era realmente correcto. Ahora que sabía que estudiaba en Hogwarts... ¿qué edad podía tener como máximo? ¿Diecisiete? En el mejor de los casos era probable que le pasara más de 15 años, y no es que tuviera en mente, obviamente, ligar con nadie de esa edad, y de hecho esperaba que ella no pensara que esa era su intención, desde luego. De todas formas, no parecía que a ella le importara que Will le robara algo de su tiempo, por lo que se sintió libre de coger un poco más de confianza, interesándose por ella.

No obstante, ella también parecía interesada en él y vio justo decirle algo al respecto. - Hagámos un trato. Iremos contando cosas alternativamente. Tú me has contado que estudias en Hogwarts, así que contestaré a tu pregunta. Soy desmemorizador en el Ministerio. Ahora, pregunto yo, ¿en qué curso estás? - Caminaban a paso lento pero sin pausa, esquivando de vez en cuando grupos de gente que se amontonaban en los lados de las aceras, mientras vigilaba que Charles siguiera a su lado. Su respuesta era de esperar en parte, William se barajaba entre la posibilidad de que fuera de sexto o de séptimo. Sin embargo, su siguiente pregunta si que no se la esperaba, por lo que una sonrisa se dibujó en su cara. - Asumo que no tienes pareja, ¿no? Porque si estas aquí un día como hoy...  - Era obvio que su pregunta iba directa al ego más profundo de William, en busca de poder picarle, así que éste lejos de enfadarse o tomárselo a mal decidió seguirle el juego. - Me ofendes. Charles y yo tenemos una relación estable desde hace muchos años... No eres muy perspicaz si no te habías dado cuenta ya. - Le guiñó un ojo, tratando de picarla ahora a ella.  - ¿De qué casa eres? Déjame adivinar... ¿Ravenclaw? Tienes cara de listilla. - Bromeó, mientras divisaba la heladería a lo lejos.

Tras un par de preguntas más sin importancia llegaron a las puertas de la misma, en la que como de costumbre ya había gente delante. Hizo que se colocaba el pelo seriamente tras la broma de Natalie, haciendo lo mismo con la camiseta.  - ¿Qué te vas a pedir? ¡Hey! ¡Me encanta esa música!  - Por la radio de la heladería sonaba un tipo de música llamada Electro Swing, el estilo favorito de William. - Deberías verme bailando esto... Aunque pensándolo bien igual te enamoras si lo haces, y no es plan.  - Sacó la lengua divertido y se acercó al mostrador después de que la mujer despachara a unos chicos que había antes que ellos. - Póngame un vaso con sorbete de limón, por favor.  - Pidió amablemente. - Estás de suerte cielo, creo que queda el último poco. - William se acercó a Natalie y le susurró un "¡Bien!" cargado de victoria, aunque al parecer Natalie no pensaba lo mismo. - ¿Ahora me vas a decir que también es tu favorito? - Ella se limitó a asentir con unos morritos que hicieron que William tuviera que apartar la mirada, si no quería matarla debido a la ternura que le había transmitido. - Está bien...  - Se dignó, cediéndole su vaso de helado a ella y echando un vistazo al rest[/b]o de sabores. - Entonces... Póngame un poco de chocolate con... ¿vainilla? Nah, la vainilla está sobrevalorada. Nata y fresa. - Dijo por fin, con firmeza, presionado por la multitud de personas que se estaba acumulando poco a poco a su espalda.

Tras darle el dinero correspondiente, invitándola como buen caballero que era, salieron de la tienda, saboreando sus respectivos vasos de helado antes de decidir qué hacer.  - ¿Te apetece dar una vuelta? Conozco un sitio tranquilo en el que poder charlar y que sigas metiéndote conmigo... Y casi nunca hay viejecitas que puedan despistarme. A NO SER, que ahora que te he pagado el helado decidas echarte a correr y abandonarme. Sería muy cruel por tu parte, pero me lo podría esperar... - Le dijo llevándose otra cucharada de helado a la boca, sintiendo cómo el agradable frío le recorría la garganta.
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Natalie Corvin el Jue Mayo 22, 2014 3:23 pm

A medida que nos adentrábamos en el centro de Hogsmeade, William aporta la idea de hacernos pregunta mutuamente para conocernos un poco mejor y no parece que acosábamos al otro intentando fomentar la conversación entre desconocidos. Me parece una buena idea, por lo que sin pensármelo le sigo el rollo. Lo primero que hizo fue contestarme a mi pregunta de a qué se dedicaba; tenía pinta de ser una persona normal, con un trabajo normal, un sueldo normal y un perro. Tiene un perro, por lo que ya sólo por eso parece una persona de lo más normal. Sin embargo, su profesión me parece fascinante, ya que de todo lo que puedo hacer en el mundo mágico, aquello era una de las cosas que más me llaman.
-¡Eres Desmemorizador! Nunca pensé que conocería uno antes de graduarme. Siempre me ha parecido fascinante. Servís para todo, ¿no? Y siempre estáis en medio de todo. Era una de mis opciones después de graduarme. Estoy entre eso o entrenadora de Hipogrifos por lo que… -bromeo, dándole a entender que realmente sólo tenía una idea para mi futuro y dándole también la impresión de que no tenía mucha idea de lo que hacer con mi futuro. Mis padres eran lo menos orientativos del mundo, la verdad es que en Hogsmeade me encuentro con gente agradable que a veces me ayuda con su opinión. Me toca preguntarle a mí, por lo que le pregunto sobre su estado sentimental. Su contestación me hace gracia, por lo que lo miro fingiendo molestia.- Pues creo que tu relación se  va a pique. ¿Acaso no te diste cuenta de cómo Charles se abalanzó sobre mí? No le das todo lo que se merece y lo busca en otras personas. -La gente siempre suele equivocarse cuando intenta adivinar mi casa; cierto era que tampoco tenía ninguna casa predilecta ya que técnicamente debí haber cursado en Durmstrang, pero aun así siempre había pensado que Slytherin era la casa perfecta para mí.- Megg… Error  –digo divertida.- Soy Slytherin. Supongo que para entrar a Desmemorizador no se necesita un Extraordinario en Adivinación. –esbozo una sonrisa. Me llevo una mano a la barbilla haciéndome la pensativa.- Me toca… ¿Cuántos años tienes? Me imaginaba a los Desmemorizadores viejos, con bastón y muy sabios.
Le sonrío por la broma de la imagen que poseía de los Desmemorizadores y nos pusimos en la cola de la heladería. Desde la radio de la heladería se escuchaba una animada canción que si mal no recuerdo, ya la había escuchado, pero no recordaba en dónde ni cuándo. La canción parece llamar el interés de William y lo miro sorprendida, con una ceja alzada por su egocéntrico comentario sobre su capacidad de baile. Yo siempre he sabido bailar, mis padres son unos retrógrados de mente cerrada, pero tenían una actitud firme y elegante y mi hermano y yo fuimos a clase de baile de pequeños, ya que asistíamos a muchos bailes importantes con nuestros padres.
-Creo que te sobreestimas. Eso habrá que verlo. –A continuación, William pide mi helado como primero y el comentario de la anciana que vende los helados me obliga a mirarle de reojo ante lo que dijo. ”¿”El último poco”? ¿Qué clase de expresión es esa? pienso. La mujer tiene un acento extraño, por lo que asumo que es alguna expresión típica y lógica de dónde sea que es. Justo después Will me mira con cara de victoria cuando la mujer le tiende el vaso de sorbete de limón y se lo apropia para él, diciendo que es su favorito. Yo puse unos morritos de “enfado” y no tarda en caer ante mi “monosidad” y darme mi vasito de limón. Antes de empezar a comérmelo, escucho su pedido y no puedo evitar soltar una sonora carcajada. Entre aquella entretenida música y aquella conversación entre la anciana con expresiones extrañas y comentarios de William, había conseguir hacer un ambiente de lo más gracioso. Después de pagar William coge su vaso y tras salir de la cola, me mira para preguntarme que de qué me río.- ¿Dices super serio que la vainilla está sobrevalorada y te pides NATA con FRESA? O sea nata y fresa, que debe ser la combinación más típica y realmente sobrevalorada del mundo. Después de tu despectivo comentario me esperaba que te pidieras frutas del bosque, mango y piña o… yo que sé, ¿melocotón con chocolate? –pregunto, cogiendo aquella pequeña cucharilla y llenándola de aquel riquísimo helado de sorbete de limón.
La idea de comer aquello en un sitio tranquilo me parece una buena idea, además de que me siento mucho mejor. Eso de caminar mientras cojo aire había hecho que todo lo que me echó Charles encima desapareciese, quitándome en la medida de lo posible la gran parte de mi incomodidad con la alergia. En mi rostro se perfila una sonrisa ante su comentario de las viejecitas y lo miro con un gesto que demuestra claramente mi indignación ante su comentario.
-Claro que no, ya que me has pagado el helado voy a aprovecharme a ver si me pagas algo más antes de irme. –saco un poco la lengua en un pillín gesto.- Sí me apetece dar una vuelta. Sorpréndeme, aunque llevo seis años viniendo aquí, lo tienes difícil.  
Continúo comiendo mi vaso de helado y sigo sus pasos. Nos mantuvimos callados algunos minutos, ya que ambos (o por lo menos yo) estaba ocupada bajando el volumen de mi helado antes de que empezase a derretirse por los bordes.
Llegamos a la zona de la oficina de correo, junto a la parada del Expreso, la cual a aquellas horas estaba vacía. Me paro justo en el borde de la vía del tren y es entonces cuando veo a William saltar tranquilamente a las vías, cogiendo a Charles para bajarlo.
-¿En serio? –pregunto y él simplemente se encoje de hombros. Me siento en el borden, dejo el vaso en el suelo y me bajo con cuidado, cogiendo desde abajo el vaso nuevamente. Voy hacia el otro borde y William ya había subido a Charles y su propio culo. Carraspeo intencionadamente.- Aquí voy a necesitar la ayuda de un caballero.
Vuelvo a dejar el vaso sobre el borde y estiro la mano para coger la que él me ofrece. Cuando consigue subirme y tengo la intención de agacharme para coger mi helado, veo como Charles lo lame hasta acabárselo y acabar con todo el hocico manchado. Miro a su dueño con reprobación tras mirar con pena a mi vaso.- Tu perro me odia. –Y cómo tenía nada más que hacer con mis manos, me las meto en los bolsillos resignada. Continuamos caminando mientras hablábamos.- Empiezo a entender lo de la relación, yo creo que Charles me tienes celos porque me invitas y a él no.  –Caminamos por un camino de tierra hasta llegar a un banco bastante cerca de la civilización pero, por su estado, no era muy conocido. Él se sienta primero y yo me siento a su lado.- Retiro mis palabras, nunca había venido aquí. Para ser sinceros, nunca se me habría ocurrido cruzar las vías del tren. ¿Solías venir aquí en tu época de estudiante? Bueno, ¿estudiaste en Hogwarts, no? –me giro hacia él, ya que no tenía nada en qué entretenerme como, por ejemplo, en comerme mi pobre helado inexistente.  Y era lógico que no hubiera ancianas por aquí, las pobres serían incapaz de bajar o subir por las paredes de las vías.
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Invitado el Miér Mayo 28, 2014 10:19 pm

A William le había sorprendido que Natalie perteneciera a Slytherin, desde su punto de vista no tenía cara de "serpiente". Recordaba de los años en los que el había estudiado en Hogwarts que los alumnos de aquella casa iban siempre con cara de amargados o de asco, riéndose de todo el mundo por cualquier motivo sin importancia y menospreciando a los que, según ellos, eran inferiores. Por supuesto, aquel no parecía ser el caso de su joven acompañante. Ella tenía un rostro casi angelical  y le parecía bastante más amable de lo que recordaba que lo fueran los de Slytherin, aunque bueno, sabía perfectamente que siempre habían excepciones y que quizás desde sus años las cosas podrían haber cambiado, resultando no ser tan elitistas como antes incluso.
Además al parecer, Natalie sentía más devoción por el oficio de desmemorizador de lo que habría cabido esperar.  Aquello a William le resultó gracioso a la vez que grato. Le impresionó que estuviese tan interesada en el tema y sin saber exactamente por qué aquello le motivó a sobremanera, sintiéndose radiante de repente. La verdad es que el no había tenido tan claro nunca a qué dedicarse en su futuro. De hecho, se podría decir que se encontraba ejerciendo de Desmemorizador por puros azares del destino, o a saber, pero tampoco es que hubiera sido su pasión desde el principio. William le contó por el camino algunas de las cosas a las que se dedicaban, tanto él, como Ryan, del que le habló un poco en lo que llegaban a la heladería.

Definitivamente, estar y charlar con ella era divertidísimo. Natalie conseguía sin ningún esfuerzo que William sacara su parte más jovial y amena, dejando a un lado todo el rollo sobre la genética de la Universidad o su habitual forma de ser sabelotodo e inteligente. Era como un relajante, un remedio para el estrés que, sin saberlo, había estado acumulando durante toda la semana.

Tras un rato caminando y después de cruzar las vías por donde pasaba el tren hacia Hogwarts (donde Charles no vio incoveniente en zamparse el poco helado que le quedaba a Natalie, provocando un par de risas burlonas de William), llegaron al sitio al que éste había planeado llevarla. Para él se trataba de un sitio bastante acogedor, y lo mejor de todo es que a pesar de ser un lugar precioso, lo conocía tan poca gente que casi nunca había nadie. En aquella ocasión en concreto, para su sorpresa, había un par de personas en uno de los rincones del lugar, pero pronto Willliam localizó un banco vacío e invitó a Natalie a sentarse.

Permanecieron un rato en silencio, observando el paisaje, hasta que William decidió hablar, tras terminarse el helado. - ¿Y por qué quieres exactamente dedicarte a esto? Es decir... Por desgracia la mayoría de los que están inmersos en este mundillo suelen odiar un poco a los muggles, no sé por qué y se aprovechan de su trabajo para hacer alguna que otra fechoría. - De repente le vino a la mente su amigo Ryan, que no le tenía mucho aprecio a los muggles. - Además como eres de Slytherin... Yo era de Gryffindor, no deberíamos ser amigos, ahora que lo pienso. - Rió ante su propio comentario, percatándose de que quizás se estaba tomando demasiadas confianzas con ella, aunque a decir verdad, teniendo en cuenta que la había invitado a un helado y habían pasado una agradable tarde juntos lo mínimo que esperaba era, quizás, volver a verla en otra ocasión. A decir verdad, todo aquello era más extraño de lo que parecía. William no solía invitar a cosas a la gente así porque sí y menos cuando se trataba de chicas con tantos años de diferencia. Pero bueno, supuso que para ser amigos no importaba qué edad tuvieran o a qué casa pertenecieran, era sólo cuestión de pasarlo bien, por lo que se propuso no volver a darle más vueltas al asunto.

Entre comentario y comentario Natalie le preguntó por Ryan, al cual había nombrado por el camino momentos antes. William se puso serio un instante y miró al cielo pensativo para volver a mirarla a ella de nuevo. - Es como un hermano para mí. - Se lo había soltado así, bastante resumido, y por su cara supuso que requería de algo más de información, y lo veía lógico. - Somos amigos desde muy pequeños, nuestros padres eran amigos también. Pasabamos todo el tiempo juntos, nos contábamos todo... Lo típico, vamos. Luego nos distanciamos, ya que el fue a Durmstrang y yo a Hogwarts y bueno, aunque seguimos teniendonos el mismo aprecio que al principio él ha cambiado un poco su forma de ser... - Hizó una pausa, planteándome si venía a cuento seguir con aquel tema, llegando a la conclusión de que era mejor darla por zanjada de momento. - Por cierto, la pregunta que me hiciste sobre si tenía pareja, yo podría preguntarte lo mismo a tí... Que por si no lo has notado tu también estabas sola. - Bromeó, devolviéndole la de antes con cierta suspicacia. - ¿A cuántos chicos tienes detrás tuya? Todo Slytherin debe de estar loquito por tí, mínimo. - Le soltó un pequeño piropo sin importancia, como quien no quería la cosa, aunque la verdad es que no podría estar más acertado. Dejando de lado la edad que tuviera la verdad es que era guapísima, por qué negarlo. - Yo, en mis tiempos... - William puso la típica voz de abuelito, con una reluciente sonrisa. - Las traía a todas de cabeza. No había una que se resistiera... - Rió entre dientes y apartó sus ojos de ella para volver a disfrutar del paisaje, disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía de aquella amena y casual conversación.
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Natalie Corvin el Jue Mayo 29, 2014 2:15 am

Desde siempre he tenido una presión, ejercida por mis padres, sobre lo que está bien y lo que está mal y, según ellos, lo que dicen es sagrado. Desde siempre me he visto obligada a no mantener ninguna relación con muggles, vivo en el Valle de Godric por esa razón y jamás he ido a un restaurante muggle. Me dejan ir al cine porque no hay cine mágico normalmente. Es horrible. Así mismo, ellos deseaban que no fuera a Hogwarts, pues eran conscientes que por mucho que me tocara la casa en la que estoy, terminaría siendo una traidora a la sangre, aceptando a sangres sucias como mis iguales. Es mentira, no los acepto, simplemente los aguanto. ¿Acaso no hay diferencia? Aceptarlos es aceptar que son mis iguales, aguantarlos es aparentar que creo que son mis iguales. ¿De qué me sirve buscarme enemigos? Pero mis padres un así, no entendían mi manera de ver las cosas. Por esa razón, simple y llanamente, jamás había pensado en hacer ninguna “fechoría” contra los muggles, es que me dan exactamente igual. Yo no tengo esa actitud agresiva, ni tampoco disfruto haciendo daño. Lo que si me gusta es dejar claro quién es mejor y, por regla general, la sangre gana al iluso. Para mí una de las cosas más importante era salvaguardar el secreto de la magia de los muggles, por eso me gustaba ese trabajo.
-Me gusta ese trabajo porque soy la que decide por los demás. Me gusta saber que tengo poder.-sonrío ladeadamente.- Dicen que la ambición es el rasgo más característico de Slytherin. –comento y me encojo de hombro ante lo de que era Gryffindor.- ¿En serio, Gryffindor? Qué decepción… -me muerdo la lengua divertida, mirándole de reojo para ver si se molesta ante mis palabras.- Es broma. Deberíamos llevarnos mal pues, ¿qué haces invitándome a helado? Dile a tu perro que se abalance contra mí y mátame. –exagero bromista.
Aprovecho para preguntarle por su amigo Ryan, ya que anteriormente me lo había nombrado con cierto ahínco, además de que no parece ser simplemente un compañero de trabajo. Acierto, ya que según sus palabras era como un hermano. Lo miro con cara de: ¿Y qué más? Y me cuenta un poco por encima la historia entre ambos. Lo atiendo y abro los ojos levemente con sorpresa. No entiendo a ciencia cierta lo que se siente, pero tenía un hermano que iba a ese colegio en vez de al mismo que yo e, igual que a ellos, la relación no fue luego la misma.
-La gente que va a Durmstrang al parecer siempre vuelven empalados en una justa de seriedad… -comento con cara de asco.- Mis padres pertenecieron también a esa institución en su época y obligaron a mi hermano a ir. Me llevaba muy bien con mi hermano, pero desde que se graduó… -bajo el pulgar y el gesto de mi cara habla por mí.- Yo debería haber ido también, pero siempre he sido la niña mimada y aceptaron meterme en Hogwarts –me encojo de hombros, parpadeando teatralmente algunas veces para hacer la gracia.- Aunque ahora rara vez no se meten conmigo porque dicen que las enseñanzas de Hogwarts dan mucho que desear. Vamos, ahora el mimado es mi hermano. –sonrío en busca del resumen final, cruzándome de piernas para estar más cómoda.
William vuelve a retomar el tema de las parejas y yo sonrío al ver cómo lo saca y cómo mete la pulla de que debo tener a medio Slytherin detrás de mí. Sólo tenía que mirar cuántos amigos tenía... ninguno. Tengo solo amigas y es porque los chicos al mínimo gesto de confianza se flipan. Una sonrisa es una sonrisa, no un "hola, quiero rollo contigo". Tener pareja nunca ha sido primordial para mí, de hecho, si no tengo ni he tenido más que rollos es porque nadie me parece valer la pena.
-Pues sí, has dado en el clavo. Todo Slytherin, todo Ravenclaw, todo Hufflepuff y los Gryffindor no porque no les encanto con mi mirada. Son un poco prepotentes. –digo irónica diversión, ya que soy yo la que está siendo prepotente.- Pero si lo hiciera, ¡seguro que también! –Me está encantando la conversación, por lo que no paraba de sonreír nunca.- No, ahora en serio, no tengo pareja simplemente porque no quiero. –suelto una sonora y dulce carcajada cuando habla de “sus tiempos”. ¡Si parece que es un viejales!- ¿En tus tiempos ”mozos”, no? Pero no me extrañaría, los Gryffindor os creéis siempre unos envalentonados casanovas y no llegáis ni a quasi-raspador. –me meto con él y de paso con los leones de la casa roja. Hablando de las parejas, empiezo a recordar por qué no me llama nada la idea.- Eso de depender de alguien suena realmente aburrido y agobiante, por eso y porque todos son iguales, no tengo pareja. Están sobrevaloradas. -comento como opinión personal. Tengo 17 años, era consciente de que mi opinión tampoco era la mejor del mundo.- ¿Tú… Usted qué opina, señor que ha vivido en sus tiempos mozos con muchas chicas? ¿Y cuántos años tiene? Si habla de tiempos como si fuera de antaño, va a hacer que crea que se conserva muy bien.-sonrío risueña, haciéndome el pelo por detrás de la oreja.
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Invitado el Sáb Jun 14, 2014 3:28 pm

Cuanto más hablaba con ella más se interesaba por sus gustos y por su forma de ver las cosas en general. Aquel rato en la zona a la que habían llegado guiados por William se estaba pasando realmente rápido y ameno y ahora éste se comenzaba a preguntar si habría alguna forma de volver a verla sin que pareciera raro o demasiado atrevido. Aquel tipo de charlas y de paseos relajaban a cualquiera, y William las necesitaba especialmente teniendo en cuenta la vida un tanto estresada que tenía entre manos. Tenía a Ryan, pero no era lo mismo, no era el mismo tipo de compañía.

La mayoría del tiempo William se limitaba a asentir, dándole la razón en todo lo que decía. No porque fuera un calzonazos y quisiera hacerle la pelota, sino porque realmente estaba de acuerdo con ella en todo. Era cierto que aquellos que optaban por ir a Durmstrang se volvían más duros, insensibles y estrictos. Él había visto esos efectos con sus propios ojos en su amigo y la verdad que de vez en cuándo se solía preguntar cómo podían ser exactamente allí las clases para que sus alumnos salieran de allí con mentalidades y personalidades tan cerradas. No obstante Ryan le tenía a él a su lado, por suerte, y probablemente fuera gracias a ello que no había perdido la cabeza del todo. - Si tienes un hermano en Durmstrang te animaría para que hagas lo que puedas porque no se le vaya mucho la cabeza y con respecto a la opinión de tus padres... Dumbledore estudió en Hogwarts, al igual que Merlín, Minerva McGonagall y tantos otros antes que ellos. YO MISMO estudié en Hogwarts, y mírame.  - Se miró bromista de arriba a abajo. - Yo no creo que las enseñanzas de Hogwarts dejen mucho que desear, más bien el pensamiento de tus padres deja mucho que desear. Desde el respeto, claro. - Aclaró. No sabía muy bien cual era la posición de Natalie en cuanto a sus padres pero era posible que pudiera ofenderla a ella si menospreciaba los pensamientos de sus progenitores.

William alzó una ceja divertido tras su comentario sobre los Gryffindor, cambiando las facciones a algo de sorpresa cuando añade que no tiene pareja, simplemente porque no quiere. - Pues eres un especímen raro. A tu edad es una de las pocas de las que se preocupa la gente.  - La madurez que Natalie transmitía en algunos de sus comentarios hacía que William se olvidara por completo de que hablaba con alguien bastantes años menor que él. - Pero bueno, de ser así, ¿qué te preocupa entonces? ¿Eres buena estudiante? - Una lucecita en su cabeza se iluminó de repente, dandole quizás la excusa que necesitaba para procurar no perder el contacto con ella. - Yo podría ayudarte, no es por fardar, ya que te habrás dado cuenta de que soy un chico tremendamente humilde... Pero mi especialidad era, y bueno, supongo que sigue siendo la Defensa Contras las Artes Oscuras. Contra los Slytherin me venían muy bien.  - Añadió a modo de puya.

De vez en cuando se recolocaba en su asiento, cambiando las piernas de posición o colocando los brazos de diferente forma. Algo que le caracterizaba desde pequeño era su incapacidad de estar quieto demasiado tiempo. - ¿Crees que no llego ni a quasi-raspador? Vaya... Creía que lo estaba haciendo mejor... - Bromeó mirándola con diversión y sonriendo aún más al verla ella. Su sonrisa era realmente contagiosa. - Tengo 102 años, estoy bajo un hechizo rejuvenecedor que me hace aparentar los... - Un leve golpe de su parte en el hombro, al percatarse fácilmente de que la estaba vacilando, hizo que William riera con ganas y decidiera hablar en serio. - Tengo nada más y nada menos que 33 años de experiencias y conocimientos. - Le aclaró, con un tono un tanto de misterio. Por puro instinto William miró a su cara, intentando adivinar si opinaba algo al respecto y el qué, pero sus facciones no le transmitieron demasiada información, lo que no sabía si era bueno o malo.

William clavó sus ojos azules en el cielo, percatándose de que el tiempo cambiante que había últimamente en Hogsmade estaba entrando en acción, haciendo que empezaran a salir varias nubes grises y provocando en consecuencia que hiciera un poco de frío a pesar de no ser demasiado de noche aún. - ¿Tienes frío? - Le preguntó a su acompañante, tendiéndole su chaqueta amablemente. - Puedes usarla si quieres, yo estoy bien. - En el fondo era todo un galán, aunque se ocultara bajo una fachada algo chulesca y pasota. - Creo que es mejor que vayamos volviendo, puede que empiece a llover. - William conocía bien los comportamientos del tiempo, y algo le decía que en poco empezarían a caer las primera gotas de lluvia y no era su intención que su acompañante se resfriara, la pobre ya había tenido suficiente con el ataque de alergia de antes. - ¿Vas a Hogwarts no? Puedo acompañarte, si quieres. - Se prestó a hacerle compañía durante el camino, ya que no le resultaba ningun inconveniente, es más, le apetecía pasar un poco más de tiempo con ella.
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Natalie Corvin el Lun Jun 16, 2014 2:44 pm

Como toda persona cuerda yo también opino que las enseñanzas entre Durmstrang y Hogwarts no son tan alejadas. Sí, en Durmstrang te enseñan Artes Oscuras como primordial y en Hogwarts Defensas contra ellas. Una era una escuela ofensiva y la otra conservadora. En una te enseñan para adoptar una actitud clasista y en la otra te separan por casas como si fuéramos todos diferentes, cuando en realidad intentan que todos intentemos tratarnos como iguales. Ninguna institución por lo que parece es perfecta.
-Ojalá pudiera. Está demasiado ocupado con su nuevo trabajo.-Pongo los ojos en blanco con respecto a la información de mi hermano. Antes Jayce y yo nos llevábamos muy bien. Ahora también, pero ni de lejos tenemos la misma relación.-No, si yo también lo pienso.-Es lo único que digo. No iba a decirle que realmente pienso que la sangre influye, que las Artes Oscuras es lo más atrayente que hay y que por mucho que intente refutar por propio orgullo, es inevitable pensar que Durmstrang es mejor que Hogwarts. Al fin y al cabo llevo 16 años con familia que me hace pensar eso. Y no hay que ver sólo como vanaglorian a mi hermano...
Alzo una ceja con cierta indiferencia a lo de ser un espécimen extraño por no preocuparme por la pareja. Las hormonas de muchos están por los aires, incluidas las mías, pero no por eso nadie se vuelve especialmente atrayente.
-Buena estudiante…-Lo miro pilla.- La verdad es que no, odio estudiar. –Saco la lengua asqueada, poniendo un mohín desdeñoso.- Pero como suspenda me cambian, por lo que soy una excelente estudiante. O sea, de esas que estudia el día antes y aprueba. –Sonreí orgullosa.- ¿Tú? ¿Humilde? ¡Pues la verdad es que se te da muy bien aparentarlo! –Me meto con él.
Con un poco de insistencia el hombre termina por confesarme su edad. Nada más ni nada menos que treinta y tres años. Por un momento pienso que qué narices hago yo ahí en Hogsmeade hablando con alguien de su edad. Aparenta mucho menos, pero aun así era extraño. ¿No debería estar en HoneyDukes con mis amigas de mi edad? De hecho incluso ahora que se su edad, me siento un poco fuera de lugar. Sin embargo no tuve que añadir mucho, ya que él es el de soltar la indirecta sobre el tiempo. Es el tema comodín para empezar o finalizar una conversación. Me ofrece su chaqueta, pero no me parece apropiado ponerme la chaqueta de alguien que acabo de conocer. Le digo que no con un gesto despreocupado, pero él insiste, tirándome la chaqueta a la cara. Lo miro con reprobación y al final termino por ponérmela ya que él no la coge. Tiene un aroma agradable. Creo que es ese desodorante tan famoso y que huele tan bien.
-Sí, eso parece. Acompáñame sí, por lo menos hacia la otra parte de la vía de tren, que si no, no puedo subir. –Sonrío con algo de diversión por mi poca supervivencia. Yo en un apocalipsis zombis no duraría mucho si tuviera que cruzar una vía de tren.
Nos levantamos de allí y me acompaña hasta la vía del tren, ayudándome tanto a bajar como a subir por la otra parte. No me apetece hacer que el hombre pierda más tiempo por una simple chica de dieciséis años, por lo que intento ahorrarle el sufrimiento.
-No hace falta que me acompañe hasta el límite. Aquí está bien. Además no quiero robarte más tiempo. Charles parece cansado. –Miro al perro, el cual está jugando con a espantar palomas enérgicamente. Frunzo el ceño- Aunque no lo parezca, yo lo noto cansado. –Añado en vista de mi fracaso analizando al chucho. Le tiendo la mano, sonriente.- Un placer conocerte William y que tengas un buen regreso a casa. –le guiño el ojo para quitarme su chaqueta y dársela. Sin embargo, meto la mano en un bolsillo y noto como hay como una especie de tarjeta. No sé de qué es, pero no quería parecer cotilla, por lo que evito la tentación de sacarla y mirarla.
Espero a que coja su chaqueta, ya que como bien predijo Will, no faltaba mucho para que empezara a llover. Ya empiezo a sentir como las primeras gotas me caían en la punta de la nariz y empezaba ese helado frío típico del Hogsmeade nublado.
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Invitado el Lun Jun 23, 2014 1:16 pm

Aquel relativamente poco tiempo le había bastado a William para hacerse una idea general de la forma de ser de su joven y guapa acompañante. Había salido de casa con la idea de pasar una típica tarde de paseo con Charles y para su sorpresa había acabado conociendo a alguien desde su punto de vista, bastante interesante. Tampoco había hurgado demasiado en su forma de ser o en sus gustos, ya que tampoco les quedaba mucha tarde por delante, pero a voz de pronto y en primera instancia se había sentido bastante cómodo con ella para ser prácticamente una extraña, y eso ya era algo casi inaudito. No todos los días se conocía a alguien de esa forma tan inesperada, aunque a William le encantaran ese tipo de cosas impredecibles, que alejaban de alguna manera la pesada monotonía de su vida diaria. Así, en cierto modo le debía a Natalie haberle salvado de un día probablemente aburrido e igual a todos los demás.

Tras insistir un poco para que acepte su chaqueta, Natalie acaba aceptando, casi obligada. La chaqueta le quedaba bastante holgada, lo que le daba un aspecto bastante adorable, eso sumado con su bonita sonrisa hacía que de vez en cuando William desconectara por unos segundos, casi hipnotizado, haciendo que él también sonriera como respuesta la mayoría de las veces. ¿Sería posible permanecer serio hablando con ella? Desde su punto de vista era casi imposible, Natalie tenía una cara demasiado risueña como para permanecer serio por más de 2 o 3 minutos.

William acompañó a Natalie de buena gana, junto a Charles. Llevaba un paso divertido e incluso podría decirse que  bailarín en cierto modo, ya que parecía que llevaba un compás. De vez en cuando miraba a Natalie de reojo y en alguna que otra ocasión sus miradas se cruzaban de forma breve pero intensa, haciendo que ambos volvieran a fijar la vista en algún punto sin importancia. William comenzó a mitad de camino a tararear una obra de música clásica que solía tocar al piano últimamente, primero en voz muy baja, subiendo el tono de forma gradual a medida que se motivaba hasta que fue consciente de la atención que Natalie le estaba prestando, donde paró y le dedicó una sonrisa cómplice a su acompañante. Tras un rato breve, llegaron a las vías del tren que atravesaron, Natalie con la ayuda nuevamente de William que la alzó hacia sí con una mano sin demasiada dificultad.

William se opuso amablemente a dejar que fuera sola desde allí y no le costó demasiado en convencerla, a pesar de que ella ya estaba dispuesta a librarse de él. Al principio dudó un instante, creyendo que quizás Natalie no quería ser amable, sino que a lo mejor quería de verdad que dejara de acompañarla. Aún así, William en un último intento de pasar un rato más con ella volvió a insistir. – No me cuesta nada acompañarte, de hecho creo que tenemos que ir por el mismo sitio. - Por lo que Natalie acabó aceptando su propuesta y William hizo que volviera a ponerse la chaqueta, de forma que ambos juntos pusieron rumbo a sus respectivos destinos, separándose una vez llegados a una esquina ya en el centro de Hogsmade.   – Bueno, supongo que aquí se separan nuestros caminos. - – Dijo William, con un tono algo apesadumbrado, mirándola con los ojos entreabiertos. La lluvia había comenzado a resurgir y resultaba molesta a la hora de mirar de frente a Natalie. – Puedes quedarte la chaqueta, mira la que está cayendo. – Le señaló William.   – Ya me la devolverás si volvemos a vernos. Un placer haber pasado esta tarde contigo Natalie, has sido una agradable compañía.  – Éste le dedicó una amplia sonrisa y agarró su mano con delicadeza, dándole un leve beso en la palma de la misma. Sin esperar una respuesta a cambio, ya que sabía que ésta se negaría a quedarse con su chaqueta, William hizo una señal a Charles que ya estaba bastante empapado y ambos comenzaron a alejarse a un paso ligero pero continuo en dirección a su casa, que no quedaba demasiado lejos de allí. “Si volvemos a vernos…”  Se repitió a sí mismo, mientras esquivaba a las pocas personas que aún trataban de escapar de la lluvia que se avecinaba.
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