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Winter Winds [Priv.]

Circe A. Masbecth el Vie Dic 08, 2017 9:28 pm


Tener a Ian como amigo era un dolor de cabeza constante. Debía admitir que, a fin de cuentas, sentía aprecio por el chico. Pero también se había planteado en un par de ocasiones el asesinato como salida sencilla a lo que día a día tenía que soportar. Pues raro era el día en el que Ian Howells no se presentaba en su casa con una sonrisa de oreja a oreja exigiendo quedarse en la habitación de invitados a la que incluso había ya bautizado como su propio hogar. Algo que, teniendo en cuenta la facilidad con la que su madre le echaba de casa, era normal. El pobre chico pasaba más noches durmiendo en el colchón de la habitación de invitados que en su propia cama.

- ¿Quieres dejar ya al perro en paz? – Dijo Circe  en dirección a su propio perro, que no paraba de acercarse a Ian, morderle el bajo de los pantalones y, en cuanto este miraba hacia abajo para ver qué hacía, se iba corriendo como si nada hubiese pasado. Incluso en más de una ocasión se había atrevido a subir su patita (tanto como su gordo cuerpo le permitía) para mearle encima a  Ian. Una vez más. Pues parecía que había desarrollado una fijación por hacerlo. Si en algún momento tenía problemas para hacer pis, Circe acabaría llamando a Ian para que le mease en los pantalones. Truco infalible.

Por suerte Joseph hacía caso a Circe y dejó a Ian tranquilo durante los siguientes diez minutos. Porque era obediente pero tnto como cualquier perro y se le olvidaban las cosas.

- Tu madre me dijo que llegaría sobre las seis para…

Al otro lado de la puerta el timbre comenzó a sonar y acto seguido un par de golpes en la puerta que demostraban las prisas que tenía aquella persona porque le abriesen.

- ¡Circe! Circe cielo, ¿Estás en casa? – Antes de que pasasen treinta segundos la voz y gritos de la madre de Ian Howells llegaban desde el otro lado de la puerta.

- Joseph, sentado. – Dijo en dirección al perro que en cuanto vio que su dueña iba en dirección a la puerta había salido de su escondite para morderle los pantalones a Ian. Suerte que no le había dado por morderle las pelotas todavía.

- ¡Circe, cariño! ¿Cómo has tardado tanto? ¿Interrumpía algo? – Miró a Ian con una sonrisa de soslayo. - ¡Dime que ya sois pareja! Ay cielo, siempre quise que fuerais novios. Mi pobre Ian necesita sentar la cabeza y ya sabes lo mucho que yo te quiero. No habría nadie a quién quisiera más para que estuviese con mi pequeño.

- No te hagas ilusiones, tu hijo ya viene con sorpresa y… No. – Dijo Circe con una sonrisa amable en el rostro. Más que nada porque con la madre de Ian era algo más amable y educada que con otras personas.

- Es una lástima, ¿Sigues con el chico aquel del que Ian me habló? Me dijo que era  muy poca cosa para ti cielo, ¿Por qué no lo dejas y te vas con mi Ian?

Circe rió sin demasiados ánimos, más que nada porque no le hacía ni puta gracia que quisiesen emparejarles constantemente.

- Venga, vamos a llegar tarde. Tengo hora en la consulta y me ha costado mucho conseguirla, no vamos a perderla.

El grupo formado por los dos Howells y Circe salió de allí en dirección a San Mungo, donde Circe había concertado una cita con uno de los médicos que, como ella decía, arreglaban la cabeza de los locos.

- ¿Crees que lo encerrarán? Circe, que no quiero que dejen aquí a Ian mucho tiempo, que yo le mando a tu casa mucho pero sabes que le quiero.

- Sí, tranquila, es sólo… Una revisión.

Siempre había pensado que algo no andaba bien en la cabeza de  Ian Howells. Desde antes de convertirse en amigos lo había pensado. Pero no era algo a lo que le hubiese dado demasiada importancia. Y, ¿Por qué ese cambio repentino? Básicamente porque quería ver cómo aquel retrasado se desenvolvía con un médico que podía encerrarle como si de un loco se tratase.

Una vez en la puerta de la consulta – a la que Ian no sabía que él mismo iría para convertirse en el centro de todas las conversaciones – Circe agarró a Ian y le colocó la ropa y el pelo, intentando que tuviese un mejor aspecto bajo su punto de vista.

- Bien, perfecto. – Sonrió de medio lado y esperó a que dijesen su nombre. Y ahí sonó, por toda la sala de espera: Ian Howells. Circe reprimió una carcajada al ver la cara de Ian.

- Ian, venga, que no tenemos todo el día. – Animó su madre tirando casi de su hijo para llevarlo al interior de aquella habitación donde el medimago de turno esperaba. – Oh, ¿Usted es el doctor? No pensaba que hubiese doctores con… Ese porte. – Rió.
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Ian Howells el Dom Dic 10, 2017 10:29 pm

Habían varias cosas que Ian no entendía en ese mundo. La primera: ¿cómo es posible que Circe y su madre se llevasen tan bien? O sea, las dos eran igual de insoportables O PEOR. Es verdad que menos por menos es más, pero joder, eso ya era pasarse. Lo segundo: ¿cómo era posible que aquel perro tan feo y pequeño tuviese en su interior tanta pis retenida? Si es que parecía que no meaba nunca, hasta que llegaba Ian. Le veía cara de arbusto. O estaba enamorado de él y quería marcarlo por siempre. Lo cual es normal, porque Ian es ideal hasta para los perros.

Se encontraba tranquilamente en casa de Circe viendo la televisión mientras le pegaba pequeñas patadas a Joseph, cuando llegó la madre y empezó a hablar con su amiga. -Mamá, pesada. Asúmelo ya, Circe es mucha mujer para mí. Y yo tengo el pene muy grande para ella. Es una relación imposible.

-¡Ian Joseph Howells! -El perro ladró cuando dijeron su nombre.

-Además, ya le pedí que si a los cuarenta estábamos solteros y solos nos casáramos, pero me ha dicho que no. La muy egocéntrica cree que para entonces no lo estará. ¡Con lo antipática que eres, ya veremos! -Se levantó del sillón entonces, para acompañar a Circe al médico, que estaba mala de algo. En realidad no tenía ni puta de por qué tenían que ir dos Howells a acompañar a Circe. ¿No tiene ella familia o qué?

Pero todo era una trampa. Una trampa terrible.

De repente, en San Mungo, cuando dijeron su nombre, se giró dramáticamente para mirar a las culpables. La puta de Circe hasta se reía. ¿A qué cojones le habían llevado ahí? ¿Qué puto médico es ese? ¿El urólogo? ¡No iba a dejar que le metiesen el puto dedo por el ano! ¡Se negaba! -¡Pero mamá! -Dijo al sentir como arrastraba de él.

Y nada más entrar... la vida le volvió a sonreír. ¡Era Einar! Suspiró aliviado. Einar no le iba a meter el dedo por el ano, eso estaba claro. El doctor Gudjohnsen nunca había tratado con él profesionalmente, pero cuando Eris dio a luz a Perseo, Ian estaba tan estresado con la vida que, en el momento en el que se encontraba en la cafetería pidiéndose un zumito de melocotón para el azúcar, se encontró con él. Le contó su vida y Einar, como buena persona y mejor doctor, le tranquilizó. Después de ese día, uno de los días en donde Ian cuidaba de Perseo, éste enfermó con una gripe de nada (pero claro, Ian se estresó por si al niño le podía explotar la cabeza por sobrepoblación de mocos, que con lo imbécil que es el padre, no le extrañaba que el hijo también saliese subnormal perdido), por lo que al volver a San Mungo de urgencias, fue Einar quién lo atendió. Y claro, en verdad era un buen tío. Le caía bien. Debería invitarle a tomar una cerveza. O tres.

Ian fue a sonreír, pero fue su madre la primera en intentar ligar.

-Madre, contrólese que ya tiene usted una edad. -Le trató de 'usted' para que sonase más a vieja. Obviamente Ian se llevó una colleja.

-Doctor... -Leyó en su identificación. - ...Gudjohnsen. Yo soy Cassidy Howells, madre de este despropósito de niño. -Ian sonrió cuando su madre le miró. -Creo seriamente que hay algo mal en él. ¿Es probable que saliese roto? Yo creo que cuando le di a luz, su cabeza chocó con mi rodilla y por eso salió así de subnormal.

Dos cosas estaban claras en aquel momento: la primera que la madre de Ian y el propio Ian tenían una confianza que DABA MUCHÍSIMO ASCO. Y la segunda, que las neuronas de Ian encargadas de su inteligencia eran más inestables que las luces de Stranger Things. Y eso lo notaba todo el mundo y claro, se preocupaban.

-¿Me habéis traído al loquero, en serio? Esto es odio, Einar. ¡Esto es odio! -Dijo dramáticamente. Menos mal que el médico lo conocía bien y sabía que solamente era un desastre. Muy desastre. Lo peor. Gente como él no debería reproducirse tan pronto, eso está claro.

Cassidy Howells:

#990099
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Ian HowellsMagos y brujas

Einar E. Gudjohnsen el Lun Dic 11, 2017 9:36 pm

Otro día más. Literalmente. Otro día de levantarse temprano, hacer el desayuno típico inglés, colocarlo perfectamente y comerlo. Otro día de asearse coger la bata que me dio mamá y comenzar de nuevo. A pesar de que amaba mi trabajo no podía soportar la idea en mi interior en que debería mandarlo todo a la mierda, coger una mochila y recorrer mundo. Vivir la vida. Pero a quién quiero engañar, no duraría menos de cuatro segundos en una selva o con cualquier insalubridad de las calles de cualquier lugar. Además, a veces, los pacientes que salvabas sus vidas, esos que estaban realmente agradecidos. Por eso, merecía realmente que fuera a trabajar cada día y muy agradecido.

Por fin se había normalizado la cantidad que teníamos de pacientes. Cada doctor podía volver a su área de trabajo sin que le diera un ataque al corazón cada vez que escuchaba la alarma del pánico. Incluso ya extrañaba no escucharla o incluso no estar tan ocupado. A veces tenía horas muertas, todo un mito para mi. Así que fui a recepción a primera hora de la mañana intentando ocuparme con pacientes de otras áreas. Para mi desgracia y fortuna de la humanidad no había nadie a quien pudiera atender. Así que me límite a ir a tomar mi café mañanero en la sala del personal, allí estaba Sarah, mi enfermera habitual.
- Buenos días. - Me limité a decir. Era muy temprano para tener una conversación coherente y no tenía ganas de hablar del tiempo. - Ey Einar. ¿No se supone que tienes cita en diez minutos? Me sorprende que estés aquí tan tranquilo con lo meticuloso que eres tú... - Dejé casi con la palabra en la boca a aquella enfermera y me fui a mi despacho con café en mano. ¿Cómo se supone que no sé que pacientes tengo hoy si lo he revisado por la mañana? Volví a revisar en el ordenador. Efectivamente tenía cita con... Ian Howells. ¿Ian Howells? De qué me suena este nombre... Empecé a leer el historial, hasta que me interrumpió el sonido de la puerta.

- Encantado. - Estrechó la mano con aquella curiosa y extraña mujer. - No es habitual que las madres hablen así de hijos señora Cassidy, pero si tan preocupada está le echaré un vistazo a su hijo... - Obviamente estaba de broma. ¿Cómo no iba a estar de broma? Para empezar quién viene con su hijo a ver a un neurocirujano. Lo entendería si el chaval tenía cáncer en el cerebro o algún ictus o ALGO. Pero es que para empezar no entendía los motivos reales de porque estaba media familia de Ian Howells en mi consulta. Aunque debía admitir que no pude evitar soltar media sonrisa con toda la escena. ¿Quién podría contenerse? Podría hasta hacer un programa muggle solo con ellos dos.

- A ver, calmémonos. Para empezar yo no soy un loquero, no estoy especializado en ello. Yo solo abro cabezas, no las analizo. Así que podría pasaros con el Doctor Wells, creo que tiene un hueco por la tarde... Por cierto Ian, ¿Cómo esta tu pequeño? Te dije que no le explotaría la cabeza por tener unos cuantos mocos. - Ya me acordaba de Ian. Y cómo no. Entre que se le baja el azúcar en la cafetería y entre lo peculiar que es para tratar con su hijo no podría olvidar a un paciente como él en la vida. Aunque viendo a su madre empezaba a comprender muchas cosas.
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Circe A. Masbecth el Lun Dic 11, 2017 10:05 pm

A las nueve menos de la noche del catorce de noviembre de 1997, en un hospital de Londres llegaba al mundo un hermoso bebé. Un hermoso bebé con toda su vida por delante. Un bebé al que se le abrirían las puertas del mundo y sobre el que brillaría el sol cada uno de sus días. Un bebé que un día se convertiría en una persona de provecho y que llenaría a su familia de orgullo y satisfacción (algo así como el discurso del Rey en fin de año). También en ese mismo hospital, ese mismo día pero veintiocho minutos después, llegaba al mundo Ian Howells. Un bebé al que el futuro depararía mil y una desgracia entre las que se podían enumerar: haber conocido a Damon Harrelson, haber embarazado a Eris Masbecth o haberse tatuado un pene en alguna parte de su cuerpo. A eso, por supuesto, se le podía sumar su propia personalidad, la cual ya suponía una desgracia completa para aquel pobre chico que, antes de cumplir los famosos veintisiete (donde todos los famosos con problemas con el alcohol y las drogas mueren), ya podía ver la muerte a la vuelta de la esquina a cada paso que daba y, por consiguiente, a cada error que cometía.

Un error como el de fiarse de su mejor amiga y de su madre, las cuales se compinchaban trescientos sesenta días al año para humillar a Ian. Su madre, por supuesto, lo hacía sin mala intención. De Circe Masbecth no podía decirse lo mismo pues la rubia lo hacía todo con la peor de las intenciones. Seamos sinceros, ¿Llevaba a Ian a un maldito especialista en el cerebro para que le curase su retraso mental? Por Merlín, aquello no tenía solución. ¿O acaso sería posible que el tal doctor Gudjohnsen pudiese hacer un trasplante de cerebro?

- No, no, un loquero no. Yo ya sé que mi hijo no está loco ni nada parecido. – Circe miró con cara de “¿En serio?” a la madre de Ian, pero esta estaba demasiado concentrada intentando explicarse sin insultar a su hijo. – Es un poco especial. Es… - Buscó la palabra sin dar con ella.

- Gilipollas. – Resumió Circe.

- Sí, eso. – Dijo Cassidy sin siquiera escuchar lo que había salido de la boca de Circe para, segundos después, darse cuenta de lo que la rubia había dicho. – No, no, eso no. – Negó consternada por lo que acababa de decir ella misma de su propio hijo.

- Lo que Cassidy quiere decir, es que está preocupada por Ian. Después de veinte años ya ha comprendido que lo que tiene su hijo en el interior de la cabeza debe ser algo así como… Una nuez. Y se preguntaba si habría manera de cambiar esa nuez por un cerebro. Ya sabe, para que piense, haga cosas coherentes, no se folle a las hermanas de sus amigas y las deje embarazadas… Bueno, vamos, lo normal en un chico de su edad.

La voz de Circe sonaba de lo más irónico. Básicamente porque no se creía nada de lo que estaba diciendo. Y ahí la verdadera razón por la que Circe estaba en  San Mungo junto a media familia Howells.

- Yo sólo quería humillarle y me parecía que acompañarle a esta mierda podría ser divertido. Algo que recordarle el resto de su vida. Como la mitad de gilipolleces que hace, vamos. – Dijo Circe solo con la intención de ver el mundo arder, tomando asiento en una de las sillas preparadas para los pacientes.
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Ian Howells el Miér Dic 13, 2017 7:18 pm

Sabiendo como era Einar de serio y profesional, aquello debería de parecerle una locura. Primero la madre de Ian llamándolo subnormal, luego llamándolo gilipollas... ¿Y todo por qué? ¿Porque era un poquito tontito? Que vale, le faltaba riego sanguíneo en la cabeza, eso lo sabíamos todos. ¡Pero de ahí a pensar que tenía un problema cerebral! ¡Ala, qué brutos! Pero es que Cassidy era muy bruta. No entendía como Juliette le había salido tan bien y como es que Ian le había salido tan mal. ¿Acaso es que los mellizos vienen con un tope de inteligencia y, en este caso, se había repartido de manera muy injusta? Porque está claro que si fue así, fue un noventa para la chica y un diez para Ian.

-¿Ves mamá? Te lo he dicho, no es normal que me llames subnormal todos los días. Te podría denunciar por agresión verbal. -Le señaló con el dedo. -Es culpa tuya que haya salido así. De tanto repetírmelo me lo he terminado creyendo. Deberías ser tú la culpable de todo esto... tus genes estropeados.

Cassidy no sabía ni en donde meterse, ni cómo explicar la retrasadez de su hijo sin herir los sentimientos del mismo y/o sonar demasiado agresiva para Einar. No obstante, ahí estaba Circe, la señorita a la que le importa una mierda la vida y lo que piensen de ella, para poder relatar con absoluta claridad lo gilipollas que era Ian y los verdaderos sentimientos de su madre.

Tras la declaración de Circe, Ian no pudo más que acercarse al Doctor de apellido super chungo y pasar uno de sus brazos por detrás de sus hombros. -¿Ves, Einar? ¿Ves con lo que me rodeo  todos los días? ¿No es normal acaso que haya salido gilipollas rodeándome de esta clase de seres? Mi mejor amiga me trae aquí para humillarme y recordármelo el resto de mi vida... ¡Y mi propia madre me trae porque cree que soy gilipollas y tengo un retraso mental! -Se quejó a su doctor, el cual se había convertido en su doctor de confianza. Había tratado poco con él, pero parecía un buen tío. Además, eso de que le 'defendiese' un poquito, le llegó al alma de ser incomprendido. Porque al fin y al cabo, Ian era un incomprendido. Nadie entendía su inteligencia. -Y nada de Doctor Wells. Mi madre si me ha traído a ti, Einar, es porque está loca y de verdad cree que abriéndome la cabeza y moviéndome el cerebro encontrarás la manera de arreglarme. Cayó en Slytherin por sangre, pero en verdad es idiota como una Hufflepuff.

-¡Yo no estoy loca! ¡Ian, por favor! -Contestó la madre, ofendida.

-¡Estás loquísima, mamá! ¡El primer paso para superarlo es aceptarlo! ¡Yo ya acepto que soy medio gilipollas!

-Gilipollas entero. -Respondió Circe. Ian la miró en plan: 'deja de meter fuego, perra inmunda'.

En verdad Ian se sentía inteligente, lo que demostrarlo daba mucha pereza, ¿sabes? Que en realidad su capacidad intelectual estaba por debajo de la media, pero oye, su imaginación e improvisación a veces sorprendía, ¿eh? Era tan simple como el codo de un Playmobil, pero pensar con tanta simpleza solo lo puede hacer un cabeza-nuez como él, ¿eh? No cualquiera tiene esa capacidad de sintetizar la información en lo más simple y actuar en base a ello. Él era especial.

-Y Perseo está genial. Puff, qué susto me llevé, ¿te acuerdas? -Eso se lo dijo a Einar, mostrando una sonrisa. En el fondo Ian, aunque fuese un incomprendido gilipollas subnormal, estaba super ilusionado con su hijo. Y vamos, ¡él era el primero que no quería que su hijo saliese como él! Aunque no lo pareciese, Ian era bien consciente de que era un gilipollas subnormal. -Ahora le ha salido una especie de sarpullidos en la piel y siempre se intenta rascar, ¿puede ser algún tipo de alergia? ¿Le echarías un vistazo si te lo traigo? -Eris se emparanoiaba hasta limites horribles, por lo que cualquier mínima cosa ya sacaba su vena hipocondriaca y era Ian quién tenía que soportarla.

-A ver, nos estamos desviando del tema. -Carraspeó Cassidy. -¿Entonces mi hijo tiene solución o qué? ¿Va a ir de mal en peor o se quedará así toda su vida? Es que yo no sé, pero para mí que empeora con los años. -Se llevó la mano al pecho, como una señora que se cierra la rebeca, indignada por la vida.

-Mamá, llevas casi siete años sin vivir conmigo. En Hogwarts era mucho peor y en casa me comportaba. Ahora que vivo en casa otra vez contigo, pues me ves más gilipollas, pero he sido así toda la puta vida. -Le contestó, mirando a Circe. -Díselo Circe. Si de lo gilipollas que era no era amigo de Circe hasta quinto año, imagínate. No nos soportábamos.
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Einar E. Gudjohnsen el Jue Dic 21, 2017 10:02 pm

Perplejo era poca palabra para describir aquella situación. Incomprensión, tal vez esa palabra venía un poco mejor, porque no estaba entendiendo absolutamente nada en este panorama. En serio, necesito un pause y que alguien me explique. Vale, rebobinemos. Estaba yo levantándome a las 7 de la mañana y… no bueno, eso es muy temprano, a ver céntrate, intenta dejar los gritos de gallinero de fondo. Café, papeles, cita con Ian Howells, recuerdo porque le conozco. Hasta ahí genial, seguimos. Vienen a mi consulta... ¿Y a que se supone que vienen a que le diagnostique? ¿Para ver si su hijo es subnormal? En serio… ni hablando con mi consciencia consigo entender esta maldita situación.

Seguía de pie. Allí, con mi cara de perplejidad o de empanao o de estúpido, según quién me mirara. Admirando la escena de como la madre de Ian discutía con éste. Me lleve una mano a la cabeza suspirando hondamente. [i]Esto parece más a una telenovela latinoamericana que una consulta. ¿Cómo se supone que paro ésto? ¿Debería probar con ¡Callénse pendejos! con un horrible acento español?

Y pasamos de la telenovela latinoamericana para pasar a un programa basura de salsa rosa, en la que no sé por qué me vi involucrado en menos de cinco segundos. Por lo cual, ahí estaba yo de pie, sin cambiar esa estúpida cara mientras Ian me agarraba por los hombros como si fuéramos colegas de toda la vida. ¿En serio era yo el único que se daba cuenta que seguíamos en una consulta? Solo daba gracias a que era Ian mi última cita del día y ningún otro paciente estaría esperando para ser atendido.  


-A ver señores un poco de calma, estamos en un hospital. - Pero no sirvieron de nada mis palabras. Tanto la madre como el hijo seguían con su retahíla y no tenía ni idea de como detener esta situación, aunque en el fondo no podía evitar admitir que era muy gracioso, pero debía hacer bien trabajo bajo ningún concepto.

Se acabó. No pude soportarlo más. Cuando escuché que Ian aceptaba que era medio gilipollas mientras a su madre la llamaba loca y que la otra chica lo llamaba gilipollas entero. No pude contener la risa y se me escapo esa risilla de fondo que intentas ocultar y que nunca puedes. Así que me rendí y dejé que toda la escena transcurriera hasta que llegara a su fin.

Intente recobrar la compostura cuando Ian me habló sobre su hijo Perseo.
- Si… Deberías traerlo para ver si puede ser la varicela. Estate atento por si tiene fiebre y no dejes que se rasque. - dije entre medias risas. Aunque viendo como era este chico y su última visita con Perseo, podría adivinar que le habría picado algún bichito y poco más.

-Señora. Me temo decirle que el caso de su hijo cada vez irá a peor y es irreversible. Sólo a simple vista he podido noticiar como su hijo empeora por momentos. Deberían dejar la sala cuanto antes y preparar la sala de quirófanos. ¡Esto es urgente!- Actué de forma rápida y exagerada pero me detuve de inmediato al ver la cara de perplejidad de mis “pacientes”. Sí, esa de gilipollas que tenía yo hace veinte minutos. -Lo siento señora, pero no puedo usar los tratamientos médicos, ni maquinaria especializada si su hijo no tiene nada. Lo único que puedo ofrecer para que se quede más tranquila es chequear la cabeza de su hijo. - Y con suerte podremos irnos todos a casa después de este programa televiso tan intenso.
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Circe A. Masbecth el Vie Dic 22, 2017 9:07 pm

Cualquiera con sentido del ridículo estaría de los nervios. Pero no era el caso de ninguno de los presentes. Por su parte, Ian era gilipollas entero, como ya había quedado claro. Su madre no sabía lo que era la dignidad ni soñaba con saberlo. Circe sólo estaba ahí para reírse de Ian y dejarlo en mal lugar. Y el pobre doctor  estaba con un ataque de  risa propio de una situación como aquella.

Por suerte para Einar, la madre de Ian no se dio cuenta del ataque de risa porque de haber sido así habría cogido cualquier informe de su mesa y le habría atizado en la cabeza con él. Ya podía dar gracias que la mujer estuviese demasiado estresada con la situación como para pensar en ello y que, además, no hubiese cerca un objeto pesado con el que darle tal golpe que lo mandaría a urgencias para que a él si le revisaran la cabeza.

- Sí, yo creo que el retraso es de nacimiento. No es que haya venido así de golpe de un día para otro. – Explicó en dirección a Cassidy pero esta estaba tan estresada que sólo escuchaba sus propios pensamientos y no lo que el resto tenía que decir.

- Ay, doctor. – La mujer se había levantado y había comenzado a dar vueltas por toda la habitación sin saber qué hacer. A veces miraba al suelo, otras al techo, otras miraba a Ian con frustración y otras buscaba la mirada del doctor en un intento por seducirlo casi irracionalmente. – Ay. Este niño sólo sabe darme disgusto. ¡Un día va a darme un infarto, Ian! – Gritó la mujer y en ese momento cogió a Ian por la camisa y lo zarandeo haciendo una papilla con las pocas neuronas que a Ian podrían quedarle aún con vida.

Cassidy lo soltó como si nada hubiese pasado y siguió escuchando las palabras del doctor. Y la mujer solo escuchó la parte que le interesaba escuchar. Como cabía esperar de Cassidy Howells.

- Cada vez a peor. – Repitió sin casi creerlo. - ¿Cómo puede ir esto a peor? Ay, por Merlín, ¿Ya no podrá ni ir a mear solo? Verá, este niño se meaba en la cama casi hasta los cinco años. ¿Eso es normal? También dejó muy tarde de tomar la teta. Pero su hermana fue igual y ella no es medio gilipollas.

- Gilipollas entero. – Añadió Circe de nuevo.

- Eso Circe, gracias cariño. – Cassidy se había sentado directamente en un lateral de la mesa de Einar y había doblado una pierna por encima de la otra enseñando parte de esta entre la falda como quien no quiere la cosa. Como si fuese algo casual. Y es que inconscientemente estaba intentando ligarse al médico, porque de verdad que en aquel momento sólo pensaba en Ian y su retraso mental. - ¿Una operación? ¿Ya? – Se levantó de golpe, nerviosa y corrió fuera de la habitación a buscar a una enfermera para que preparasen el quirófano.

- Yo no entiendo cómo se sigue preguntando cómo puedes ser gilipollas. Tu padre no es así, ¿No? – Pues Circe apenas había tenido trato con el padre de Ian, sino que todo su contacto se resumía a su madre, principalmente.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Ian Howells el Vie Dic 29, 2017 5:18 am

Cuando Einar comenzó a hablar con tanta seriedad, Ian se lo creyó, por lo que le miró con cara de: 'pero qué estás diciendo, tío'. Peor e irreversible dice. ¡Que su madre era muy tonta también, que iba a terminar creyéndoselo de verdad! Menos mal que al final dejó claro que no estaba hablando del todo en serio y que la única manera de tranquilizar a una madre con semejante problema en la cabeza era hacerle un chequeo cerebral a Ian para asegurarse de que no había nada fuera de lo común. Que era lo que iba a pasar. Ian no tenía un retraso: ÉL ERA RETRASO. TODO. Él era un todo del retraso. Así que en su cerebro no se va a evidenciar nada.

Pero al parecer, el hecho de que Ian fuese retrasado venía claramente de su madre, la cual no parecía escuchar nada, más lo que sus oídos querían filtrar. Se sentó en la camilla, mirando con curiosidad como seguían su madre y Circe poniéndose en contra de él. Vio como su señora madre se sentaba en la mesa con toda su tranquilidad, enseñando carne e Ian se bajó rápidamente de la camilla. -¡Pero mamá, tápese, que ya tiene usted una edad como para ir enseñando carne a mi médico de confianza! -Se quejó.

Y es que Ian era egocéntrico y narcisista, pero la vanidad en la casa de los Howells la tenía absolutamente toda Cassidy Howells. Esa mujer sí que tenía el ego por las nubes, aunque al menos no era una señora insoportable que se cree divina de la muerte sólo por tener un físico de escándalo. Pero bueno, tampoco había que pedir mucho. Estaba claro que Cassidy estaba buena pero le faltaba un hervor, por eso salió de allí rápidamente a buscar que le preparasen una sala de quirófano. ¿Será consciente de que por muchas tetas que tenga no van a prepararle ninguna sala de operaciones si no es médico? M

Ian se giró hacia Circe. -Mi padre es un soso, te caería bien. -Le dijo a Circe, la cual apenas había tenido contacto con él. El padre de Ian era super inteligente, con una verborrea super intelectual y cargada de datos ingeniosos y curiosos que hacen de una conversación muy enriquecedora. Encima era guapo y un poco friki de lo suyo, pero muy poco, lo suficiente como para parecer adorable. Ian siempre había entendido que su madre estuviese enamorada hasta la médula de él, ¿pero él que vio en Cassidy además de dos grandes tetas? Será su pasión por la vida. -Yo creo que salí a ella y no se da cuenta de que ella también es un poco idiota. -Miró entonces a Einar, sonriendo malévolamente. -Deberías decírselo a mi madre cuando vuelva. Le dices: 'señora, el retraso de su hijo es hereditario, así que si su marido no tiene nada que ver con esta vejación, es muy probable que el problema sea usted. No se preocupe, la nuez de su cabeza no se pondrá pocha. Será nuez toda la vida.' Y así al menos me dejará en paz. Es un buen plan, ¿no? -Miró a Circe, buscando apoyo. -Es un buen plan, díselo. Apóyame, AMIGA. -Resaltó lo de 'amiga', dándole a entender de que aunque fuese un plan de mierda, le apoyase, que eso hacen los amigos. -Y si no me puedes dar un golpecito en la cabeza con la varita, inventándote un nombre extraño de hechizo sanador super poderoso en suajili profundo y le dices a mi madre que es para que mi nuez se convierta en un cerebro de verdad, ¿vale? Se lo va a creer. Que ella es muy inocente y torpe. Además, le gustas y cuando le gusta una persona siempre le hace caso en todo. Mira como de mimada tiene a Circe, porque le encanta.

Estaba claro que las soluciones que proponía Ian estaban totalmente al nivel de su madre, pero no sé, quizás al resto se le ocurriese alguna idea mejor para que su madre le dejase en paz. -Venga, lluvia de ideas. Tú, rubia traidora. -Señaló a Circe, obviamente. No iba a señalar a Einar con lo de rubia traidora, sería muy perturbador. -¿Qué se te ocurre? Ayuda, que me has metido tú aquí. A saber qué le has dicho a mi madre cuando te ha preguntado que me iba a traer al médico, perra inmunda. -Entonces señaló a Einar. -Médico mojabragas, ¿tú qué? ¿Qué se te ocurre? Venga, venga. Que mi madre está loca y desde que reciba tres negativas vendrá hecha una furia buscando la hoja de reclamaciones y un nuevo cerebro para su hijo.
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Ian HowellsMagos y brujas

Einar E. Gudjohnsen el Dom Ene 14, 2018 10:44 pm

Y luego me dicen que ser médico es aburrido, pues que vengan aquí y lo vean. Sabía que eso estaba mal, que tenía que poner orden y hacer algo al respecto, pero sin darme cuenta me había unido a esta especie de circo aunque desde una perspectiva diferente, la del espectador. Y es que quería saber en como acababa todo esto.

Siguiente escena. La rubia vuelve a la carga y no para ayudar precisamente. Entre ella y la madre no podía decidir si tomarme esto en serio o seguir en esta obra de teatro. Así que puse una mano en la cara intentando pensar en qué hacer, hasta que llegó ESE momento incómodo. ¡¿Pero qué se supone que está haciendo esta señora?! ¿De verdad… Está flirteando conmigo? ¿Qué pretende conseguir haciendo eso? Con mi cara de perplejidad de nuevo de vuelta, fingí tos mientras me separaba de la mujer hacía el lado opuesto de la mesa.

Mientras tanto no se habían tomado descanso y con la misma que la señora se sentó, se levantó de nuevo para pedir quirófano a una de mis enfermeras.
- ¡Pero señora...! - Traté de decir antes de que saliera disparada de la consulta. Esto se lo cuento a mis compañeros y me meten directo a psiquiatría. En fin un poco de paz... Pero no, no hubo paz. Vino el más listo del grupo Ian a proponer un plan “genial” (genial sólo en su cabeza). Aunque me estaba debatiendo internamente de quién era más tonto de los dos si la madre o el hijo. De momento iban empate, o eso creía hasta que escuché a Ian. Por lo menos admite haber heredado la estupidez. Vale. Minipunto para Ian Howells. Va ganando la señora por estupidez. - Para empezar no sé todavía porque estáis en mi consulta y ahora quieres involucrarme en lo que quiera que sea esto para echarle la culpa a tu madre de que TÚ seas estúpido. Aunque hiciera eso; que no lo voy hacer. No creo que nadie les tenga que decir a ambos que no tienen muchas luces. Pero bueno, mirándolo por el lado positivo, sois muy graciosos. Deberían abrir un programa de cómicos. - Creo que me había pasado. No era normal en mi decir las cosas de esa manera, pero como podía ser profesional en una situación como esa, sino podía parar de reír. - ¿Suajili? ¿Tú nuez en un cerebro? - Ahora sí que sí. Explote. Explote en esas risas que te salen de lo más profundo y que no te dejan ni respirar y que no puedes parar hasta que no te sale esa lagrimita de felicidad mientras te ríes en periodos cortos. - Si ya he notado como tu madre se sentaba tan sugerentemente. - Dije mientras tomaba un kleenex del escritorio del despacho. - ¿Médico mojabragas? Dejando eso a un lado. Creo que tengo una idea. Te llevaré a quirófano y allí haremos el paripé de que te curo. El problema lo tendrás tú con ella con el tiempo, cuando con el tiempo al ver que no te has “curado”. Lo único que se me ocurre para ese momento es que le digas a tu madre que los resultados tardan bastante en aparecer. -Lo peor que podría pasar es que esa señora viniera de nuevo a mi consulta pidiendo reclamaciones.
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Circe A. Masbecth el Jue Ene 18, 2018 11:15 am

A veces Circe se preguntaba como Cassidy Howells podía dudar de la inteligencia de su hijo de su procedencia cuando precisamente ella parecía carecer de un cerebro en esa enorme cabezota a juego con el tamaño de sus tetas. Luego pensaba precisamente en eso, en que carecía de ese cerebro, y lo comprendía todo. Lo que estaba claro es que si el padre de Ian sí era alguien inteligente no había decidido casarse con Cassidy precisamente por la conversación.

- Te apoyo, te apoyo. – Dijo Circe con la sonrisa en el rostro en un intento por no soltar la carcajada de lo surrealista que era todo aquello. – Es un plan horrible que en ningún caso funcionaría. Pero teniendo en cuenta la inteligencia de tu madre yo creo que no hay manera de que no funcione. Se lo creerá todo. Si se lo pones por escrito y con un sello de San Mungo al lado de tu firma con letra de médico que no se entienda nada, le valdrá. Y si yo además digo que he oído de este método y su gran éxito en la facultad seguro que ya ni siquiera duda que vaya a salir todo bien. – Cassidy era una persona bastante inocente, había que decirlo todo.

Claro que ella le había metido ahí. Después de ir a casa a buscarle y que Cassidy estuviese dándole conversación durante dos horas entre té y pastas, la mujer había decidido que su hijo era perdidamente subnormal y que no tenía remedio. Como Circe era alguien bastante irónico no había dudado en sugerirle en ir a San Mungo para que le arreglasen la cabeza con tal mala suerte que Cassidy se había tomado como algo real aquella ironía por parte de la rubia. Quizá cualquier persona hubiese corregido a Cassidy para que no fuese a San Mungo a hacer el ridículo pero, seamos sinceros, Circe no era cualquier persona y no iba a desaprovechar bajo ningún concepto la oportunidad de humillar públicamente a Ian. Para eso están los amigos.

- Yo me inventó tasas de fiabilidad de ese método y algún dato inventado sobre otros pacientes que ya lo han probado, no te preocupes. – Aseguró la rubia quien, por una vez, iba a prestarle ayuda solo para ver cómo salía todo aquello.

La puerta se abrió nuevamente y fue una enfermera la que entró.

- Doctor Gudjohnsen, ¿Interrumpo? – Miró a Ian y Circe, pues por alguna razón esperaba verle solo. – Verá, hay una paciente que asegura que no se ha escapado de la zona de psiquiatría del hospital pero no para de gritar y decir que alguien tiene que preparar el quirófano para que le abran la cabeza a su hijo. Algo de un cerebro del tamaño de una nuez. – La mujer no parecía sentirse cómoda contando todo aquello. - ¿Podría comprobar cuál es su habitación para llevarla de nuevo a ella?

Y Circe rompió a reír imaginando el espectáculo que debía dar la mujer ahí fuera.

- No se ría, por favor. Esto es algo muy serio. Se ha hecho con una varita y ya ha inmovilizado a tres enfermeros. No sabemos de qué será capaz y si la atacamos nosotros las consecuencias podrían ser nefastas si no conseguimos dejarla fuera de combate a la primera. – Se veía que estaba realmente asustada con la situación lo que a Circe le causaba aún más gracia.
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Ian Howells el Miér Ene 24, 2018 10:36 pm

¿Era muy cruel reírse de la subnormalidad de tu propia madre pese a que tú eras consciente de que tu idiotez la heredaste de ella? ¿No, verdad? Eso debería de ser perfectamente normal y no considerarse cruel, pero es que en serio, era imposible no reírse después de haberse parado dos segundos a pensar la cantidad de gilipolleces que habían salido de su boca en tan poco tiempo sólo para intentar que su madre dejase de tocarle los huevos con que su retrasadez era algo que se podía arreglar, ¿no se daba cuenta que la de ella era también irremediable y eterna? ¡Nacieron idiotas, el primer paso era aceptarlo! -Eh, respeta. -Le dijo al Doctor Gudjohnsen. -Yo no quiero echarle la culpa a mi madre de que es por su culpa que yo haya salido idiota, sólo quiero que deje de intentar abrirme la puta cabeza para asegurarse de que no es una nuez mi cerebro. Yo creo que teniendo en cuenta que mi padre es quién es, ella sabe que parte de mi retraso podría deberse a su genética, pero no lo admite y por eso intenta buscar fallos en mi cerebro. ¡Esa esa la realidad! -Señaló al doctor con el dedo índice, como si tuviese bien claro lo que pasaba allí.

El problema que vio su buen amigo Einar fue contrarrestado por una muy buena solución de su buena amiga Circe. Si es que él sabía que rodeándose de personas inteligentes, él podía seguir adelante como una persona medianamente normal. Lo sabía. Tan idiota no podía ser si se rodeaba de gente tan inteligente, ¿no? Piénsalo.

El caso es que esta vez Ian señaló al Circe, moviendo la mano como si estuviese remarcando con intensidad el hecho de que lo que decía era MUY BUENA IDEA. -Sabía yo que tu mente es prodigiosa. Mi madre lo sabe, por eso te hará caso le digas lo que le digas. ¿Podrías hacer eso, Einar? Hacemos el paripé de que nos vamos un momento y volvemos con un papel en el que diga lo que me has hecho, una firmita y listo. Mientras tanto, Circe estará con mi madre diciéndole lo eficaz que es esta técnica milenaria de reconstrucción de cerebro, ¿vale? -De verdad, desde que tuvo a Perseo estaba más pesada de lo normal. Yo creo que Cassidy se piensa que la poca inteligencia que podía haber en el cuerpo de Ian Howells se traspasó a Perseo por su espermatozoide infalible y por eso Ian ahora es más retrasado de lo normal. Pero en verdad no, siempre ha sido así.

Pero en medio de su estrategia, apareció una chica para quejarse de Cassidy Howells. Madre mía, es que su madre era un caso excepcional en peligro de extinción. No deberían haber dejado que se reproduciese. Si su padre era tan inteligente, ¿cómo no lo vio venir? Está claro que dos tetas tiran más que dos carretas. Cuando Circe comenzó a reír y la enfermera adoptó ese tono tan serio, Ian no pudo evitar reírse también. -Señorita, esa señora es mi madre y le digo yo a usted que ojalá estuviese loca. -Confesó divertido, sin poder reprimir la risa al ver a Circe descojonándose. Y es que cuando Circe se descojonaba (que pocas eran las veces), Ian también lo hacía. -A ver, seriedad, que mi madre está siendo confundida por una loca. Yo creo que lo mejor es darle con un hechizo, modificarle la memoria y mandarla a casa, ¿eso está permitido o es moralmente incorrecto? Porque si no está permitido, no he dicho nada. -Le dio un codazo a Einar, para entonces guiñar un ojo en plan: 'aunque sea ilegal, sabes que es una idea genial'.

-¿Doctor Gudjohnsen? -preguntó la enfermera con una cara un tanto patidifusa. Ya no sabía ni qué pensar o qué decir o qué hacer.

-Inmovilizarla. -Repitió Ian. -Camisa de fuerza. Un susto en psiquiatría... perfecto. Esa no vuelve a hacer más nada de esto. -Y se sentó sobre el escritorio de Einar, sin ningún tipo de intención de ir a ayudar a su madre.

La enfermera miró a Ian mientras éste hablaba, pero luego volvió a mirar a Einar.

- ... (?) -Ahora mismo la enfermera sólo podía pensar que por qué ella. ¿Esta situación tan surrealista no podía pasar otro día o a otra hora en el que ella no tuviera que lidiar con semejante especímenes?
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