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El sueño americano... | Sam [Priv]

S. Ashanti Button el Mar Dic 12, 2017 8:25 am

la tía buenorra:

.
.
Itziar Ottavia Parisi


✴️Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
» Mansión Parisi.
» 20 de Diciembre.
» 7:25

Hacía un buen día, quise salir a despejar mi mente. O más bien a drenar tensiones. Necesitaba soltar todo, para poder enfrentar lo que sea que se podía venir encima, las próximas semanas y meses. Viré la punta de la escoba hacia la izquierda; gire para tener una mejor visibilidad del panorama. Era un excelente espacio. Desde el aire todo se ve más pequeño. Eso me hace pensar qué, mis problemas se hacen nada cuándo estoy volando; que estoy sobre ellos y nada podría afectarme jamás y por esa misma razón, puedo ser capaz de resolver lo que sea, siempre...

Te daré una señal para que las liberes...–  Dije mientras apuntaba mi varita al cuello, así podría amplificar mi voz y el elfo doméstico en tierra, podría oírme. Aproveché el momento para soltar la escoba y colocarme los audífonos. Dejo el volumen al máximo, y mientras se reproduce el remix de; Power de Little Mix; Le doy la señal al elfo doméstico para que suelte una quaffle y dos bludgers, que no pierden el tiempo en seguirme, cómo si fuesen dos cazadores furiosos...


No había nada cómo sentir la adrenalina de volar. Sobre todo cuándo hay dos pelotas que te van a romper los huesos si te descuidas. Llevaba la quaffle con una mano y con la otra sostengo la escoba. Las bludgers pretendían hacer un sándwich conmigo de relleno, pero logro bajar solo un poco antes que ambas choquen entre sí y tomen sentidos opuestos a raíz de la fuerza del golpe. —¡Tomen eso Arpías!– Grité eufórica. Rápidamente desciendo y toco tierra, el elfo doméstico se encarga de guardar las pelotas y mi escoba...

•• ✴️ ••

En éste momento ya me siento más relajada ¿Y quién no, luego de salvarse de que un par de bludgers le apalasten el cráneo? Había dejado los jardines de la mansión para ir dentro. Hoy mis padres estaban tomando el desayuno en la cocina. Papá cómo siempre, tiene una pequeña pila de diarios del mundo mágico, lee los de varios países en el idioma de dicha nación. Tiene mala cara. Ya lo sabe... Lo sé por sus cejas fruncidas. Respiro hondo. Mi madre me invita a tomar asiento en la mesa y los elfos se encargan de cpservir el desayuno. Nadie dice nada desde que me he sentado. Esto me pone ansiosa.

¿Cómo están...?– Ni siquiera pude acabar la frase, mi padre interrumpe.

¿Vuoi spiegarmelo, Ottavia?— «¿Me quieres explicar esto, Octavia» | Dijo el señor Parisi mientras me tiende uno de los diarios para que lo mire. Yo estoy en la primera página. Estrechando la mano del entrenador de los Puddlemere United.

¿Come? ¿Lo traduco per te?– «¿Cómo? ¿Te lo traduzco?» | Dije con total sarcasmo, también hablándole en italiano. Él solo me habla en su idioma natal cuándo está realmente molesto. Pero ya soy bastante mayor para dar explicaciones a papá.

¿Podemos tomar el desayuno sin tener una discusión? Cesar, la niña recién regreso ayer, por favor...— Dijo mi madre mirando a papá.

¿E la nostra ragazza ti ha detto, perché il suo improvviso arrivo?— «¿Y te dijo nuestra niña, el por qué de su repentina llegada?» | Comentó papá furioso.

Lo entiendo, sé qué él, me necesitaba en Francia. Pero ya no aguantaba tener que ser su enlace político; por más que estuviera haciendo lo que amo. No puedo formar parte de una lucha que no es mía. Estaba harta de aquello y el Puddlemere United; era mi salida rápida de toda esa maldita locura de; encuentros clandestinos, resistencia y cambio para el mundo mágico. Ya había arriesgado demasiado mi pellejo por ello, no pretendía arriesgar también mi carrera.

¿De qué hablas, mamá? ¡Si estamos comiendo en paz... Mira!– Pinché un trozo de fresa de mi plato y lo comí tranquilamente. Levanté el diario; era una edición de hoy del mundo mágico francés...

«La jugadora estrella y excapitana del Quiberon Quafflepunchers; Itziar Ottavia Parisi, mejor conocida cómo Itotsi; ha firmado un contrato millonario con el Puddlemere United, equipo con el cuál jugará ésta temporada. ¿Alguna razón especial para tan repentino cambio de liga? Una mejor paga, seguramente. Sin embargo es importante recalcar qué, la chica es una de las jugadoras de quidditch profesional más jóvenes y mejor pagadas del mundo. Pero mientras la nación francesa se despide de una gran deportista, la liga de quidditch profesional de Gran Bretaña e Irlanda, recibe un regalo de navidad adelantado, no dudo que el Puddlemere United, tenga entre sus manos a la sucesora de Joscelind Wadcock y posiblemente una nueva copa que presumir ante sus contrincantes en ésta temporada. La gran pegunta es ¿Jugará Itotsi para Francia en el mundial?»

E papà ... Tornando al nostro argomento ...– «Y papito... Volviendo a nuestro tema...» | Mi madre respira hondo y  procede a tomar su café dando por hecho que entre papá y yo no había manera de interferir. El señor Parisi me mira fijamente, quiero reírme pero cómo lo haga; me mata.  —Per riassumere la storia; dice solo cosa; Giocherò con Puddlemere United, cosa resta della stagione Non sei felice? È la squadra più antica del campionato di Gran Bretagna e Irlanda e ...– «Para resumir la historia; solo dice qué; jugaré con el Puddlemere United, lo que resta de temporada ¿No estás feliz? Es el equipo más antiguo de la liga de Gran Bretaña e Irlanda y...»

E pensi che sia uno scherzo? Ottavia, per l'amor di Dio! Sei andato a mettere nella bocca del lupo...— «¿Y crees que esto es un chiste? ¡Octavia, por Dios! Te fuiste a meter a la boca del lobo...» | Papá tiene miedo, lo sé.

Non può essere peggio di rischiare per te. Per la tua campagna e ... i tuoi ideali.– «No puede ser peor de lo que me arriesgo por ti. Por tu campaña y... Tus ideales.»

Lo stai buttando in faccia? Non si tratta di una semplice campagna, Ottavia! Ci sono persone che soffrono là fuori! La Gran Bretagna ha torto e Saphire soffre ...— «¿Me lo estás echando en cara? ¡Esto no se trata de una simple campaña, Octavia! ¡Hay gente sufriendo allá fuera! Gran Bretaña está mal y Saphire lo sufre...»

¿Qué pasa con Ashanti?– Pregunté ya con un tanto más de seriedad.

★ Londres — Inglaterra.
» 20 de Diciembre.
» 15:20

La castaña se encontraba en un pequeño pub de la ciudad. Había pedido una malteada de fresa. El lugar estaba un tanto concurrido, quizás por el horario, después de todo "Es la hora del té". Ash está sentada en una mesa al fondo del local. Junto a una enorme pared de vidrio que deja ver hacia la calle. Lo prefirió así porqué podría ver ir y venir a las personas y así podría — quizás— ver llegar a la persona por la que se encontraba justo hoy en éste sitio.

Miró el móvil sobre la mesa junto a su vaso. Suspira y presiona el botón de encendido para visualizar la pantalla. No tiene ninguna notificación. Se muerde el labio. Tenía tantas esperanzas de que aquella chica hubiera aceptado asistir a su encuentro, pero por los vientos que soplan, parece que al final nadie iba a llegar. "Esperaré solo media hora más... Se propuso por segunda vez.  

Justo ahora no sabe si sigue esperando porqué realmente desea que aquella bonita chica aparezca de repente  y la vea pasar frente al gran vidrio de la ventana, o si más bien está retrasando su propia partida.

Hacía ya casi dos años que no visitaba a sus abuelos en América. Y luego de haber atravesado una situación dónde casi estuvo a punto de morir lo primero que hizo luego de salvar su pellejo, fue buscar de escapar de Inglaterra. Y de la nada solo se apareció en casa de sus abuelos, la estadía fue corta, tres o cuatro días, mientras se recuperaba. Y luego regresó aquí. Al refugio. A su hogar... Le prometió a sus abuelos volver, pero dudaba en hacerlo. Con esto que ahora era fugitiva, no sabia que tanto podía afectarles eso a ellos, claro que era otro continente y otras reglas, pero... Había confirmado en este año qué, el peligro podía llegar de la nada.

Al momento que Ash se planteó volver a la casa de sus abuelos, tenía planeado no ir sola, porqué en aquella gran casa, prácticamente ella estaba siempre en compañía de los elfos, pues los residentes habituales de aquél hogar siempre estaban viajando. Por esa misma razón y dadas la situación de persecución que vivía actualmente la castaña, el matrimonio Parisi, le ofreció a la menor la posibilidad de vivir allí, pues estaría más segura que en cualquier lugar de Gran Bretaña.

Sabiendo que Danielle y su novia Hayley, estaban un tanto ocupadas, ni siquiera se molesto en invitarles, más bien ni se le pasó por la cabeza hacerlo. Sin embargo había otra chica que estaba en la misma situación que Ash. Huía del gobierno mágico. Pensó que quizás podría obsequiarle a ella unos días de tranquilidad y normalidad en otro continente ¿No sería eso genial? Sí, justo eso le habia ofrecido a la rubia ¿Por qué no regalar un poquito de felicidad a alguien más? Y así fue cómo decidió de buenas a primeras, invitar a Sam, a pasar tres días en América.

Le debía a Sam, la vida, porqué una vez hace algunos meses, aquella chica la había rescatado. Lo que era algo un poco inusual en la vida de Ash que mayormente es quién se la pasa rescatando chicas en apuros.  

Cogió el móvil y lo desbloquea para escribir un texto:

»Hola, Sam.
Estaré media hora más en el pub. Por si deseas venir...   Razz
Ash.  Wink

Apartó la vista del móvil y la desvío hacia la calle. Aunque la verdad estaba más convencida que nunca que la otra chica quizás no aparecería. Estaba pensando en que apenas acabase el tiempo de espera, debería coger un autobús, para ir al punto de encuentro donde hubiera quedado con sus abuelos, pues ellos enviarian un elfo doméstico para recoger a Ash.
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Sam J. Lehmann el Miér Dic 13, 2017 3:08 am

Si su vida actualmente hubiera sido igual de pésima que hacía dos meses... probablemente hubiera rechazado de sopetón el ofrecimiento de Ashanti sobre irse de viaje. ¿Estamos locos? ¡Era una locura! Y encima era meterla a ella también en más peligro del que se encontraba. ¿Pero ahora? Ahora se lo pensó. Era cierto que habían conectado bastante bien después de la mala experiencia que pasaron cuando se conocieron, pero a decir verdad, pese a que compartían muchas cosas en común y Ash era mucho más madura que los de su edad, Sam se sentía un poco rara yéndose de viaje con una chica a la que le sacaba casi diez años. No por nada en especial, simplemente porque jamás había tenido una relación de amistad en donde se distanciasen tantos los años. Sentía que pertenecía a otra generación —que, de hecho, lo hacía— y eso le hacía sentirse algo vieja, aunque luego al estar con ella ni lo pensaba.

No obstante, su vida ahora mismo no era una vida convencional y, por tanto, las relaciones tampoco lo serían. La fugitiva a la que había salvado era un encanto de chica y, suponía que para 'agradecerle' por lo que había hecho por ella, se le había ocurrido invitarla a ese viaje. ¡Y mira que Sam le había dicho miles de veces que no hacía falta que le agradeciese nada! Y no iba a ser tan estúpida como para negarse a una buena experiencia, junto a un igual, bien lejos de allí. Le había costado decidirse, no voy a mentir, ¿pero al final qué había que pensar? ¿Quedarse en Londres muriéndose del asco y oprimida, o intentar vivir la poca vida que les quedaba?

Sam llevaba muchos años sumida en la más absoluta depresión como para siquiera pensarse demasiado aquella cuestión.

Se retrasó muchísimo en llegar a dónde habían llegado, pero no porque tuviera dudas o porque tuviese cosas que hacer. No, de hecho fue por algo muy simple: creía que habían quedado a las cuatro. ¡Eso era sin duda culpa de la falta de comunicación, no de ella!

Cuando de repente recibió ese mensaje de Ashanti, se apuró tanto que ni tiempo tuvo de dejarle una carta a Caroline explicándole que a dónde se iba ni con quién. De hecho, iba a tener que avisarla en algún otro momento, ya que no iba a irse sin decirle nada porque se preocuparía demasiado. Además, no podía perder más el tiempo haciendo nada porque se sentía fatal haciendo esperar a la chica y no quería que fuese todavía más lo que tuviese que hacerlo.

Se apareció en un lugar relativamente cercano a dónde se encontraba el pub en el que había quedado con Ashanti y tardó aproximadamente unos diez minutos en llegar caminando, cargando con un bolso encantado en donde llevaba todo lo que iba a necesitar. Apareció en el rango de visión de Ash antes de que la legeremante pudiese darse cuenta de que allí se encontraba ella. No fue hasta que llegó al ventanal y que la vio, que sonrió risueña y le saludó con la mano. Cada vez que Sam sonreía de verdad, se le achinaban los ojos, dándole una expresión la mar de dulce. Y hacía mucho, mucho tiempo, que Sam no sonreía de verdad. Entró al interior, frotándose las manos por el frío y quitándose el gorrito de lana que tenía mientras se acercaba a Ash. Lo primero era lo primero: —Lo siento muchísimo, pensé que habíamos quedado a las cuatro. ¿Llevas mucho tiempo esperando? —preguntó apurada. —He venido desde que leí el mensaje.

Se sentó a su lado, aunque no por mucho tiempo, ya que cuando el camarero apareció para tomarle nota a la rubia, en realidad lo menester era irse cuanto antes, ya que se les escapaba el bus. Salieron pitando hacia la parada más cercana y, milagrosamente, consiguieron coger el que salía a esa hora antes de que se escapase y tuviesen que esperar media hora más a que pasase el siguiente. ¡Y menos mal! Le daba apuro que Ash se pasase todo el día esperando cosas. Era horrible.

Una vez sentadas en el autobus, Sam dejó el bolso en sus pies y se giró para mirar a Ash, la cual se había sentado por la parte de la ventana. —Hacía muchísimo que no nos veíamos, ¿cómo estás? —preguntó sonriente. —¿Y a dónde vamos? Ya lo de ir en autobús no me lo esperaba. Hace años que no me montaba en uno. —Porque sí, ella estaba allí para vivir la aventura ahora que podía disfrutar de la poca libertad que tenía, pero Ash no le había dicho demasiados detalles, probablemente porque no tuviese muchas esperanzas en que la rubia se apareciese.

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S. Ashanti Button el Sáb Dic 16, 2017 11:29 pm

La castaña estaba hablando con el dependiente, preguntando sobre el itinerario de los buses. Sabía dónde tenía que ir y que ruta tomar, pero mejor preguntar una vez más para no encontrarse con sorpresas. Lo cierto es que había despegado su atención de la calle solo un momento y luego que el dependiente la hubiera dejado, volvió la vista a la ventana y allí estaba Sam. Ash se sorprendió gratamente y le sonríe muy emocionada, la verdad estaba tan afligida por creer que ya no vendría que el solo verle saludar, fue un vuelco violento para su corazón. —No te preocupes. Es que al final tenía algo que hacer, y salí poco antes. Te envíe un texto avisándote que estaba aquí, pero creo lo envíe a otro destinatario, por error...– Se excusa. Quizás debió haber constatado a dónde había ido a parar el sms, quizás se hubiera ahorrado la espera. Igual poco importaba ahora.

Dieron una carrerita tras el bus. Ash estaba muy divertida con la situación. Al final lograron abordar y fueron a sus asientos. Cuándo le dejan coger el asiento cerca de la ventana, se siente cómo una niña pequeña, pues había visto —en anteriores viajes en bus— que generalmente los padres dejaban que sus hijos se sienten en dicho lugar. Reparar en ese hecho, le hace pensar en lo distantes que es su edad en comparación a la rubia. Aunque a la castaña no le importaba en lo más mínimo.

Ashanti no llevaba ningún tipo de maleta, pues lo que fuera a necesitar sus abuelos podrían facilitarlo. Y en todo caso, ya tenía cosas en aquella casa. En un bolsillo interno de su chaqueta, lleva la varita y era lo único con lo que viajaba. Mira a la rubia a su lado.—Seguro te he metido prisa. De verdad me apena.– Dijo con cierto pesar. Pero pensar en ello le hace mucha gracia en todo caso. Se imagina una Sam corriendo para llegar al Pub. —No te olvidaste las bragas ni nada importante ¿Cierto?– Pregunta solo por fastidiarle un poquito.

La verdad no sabría cómo responder eso...– Menciona sonriendo pero la expresión carece de emoción. No podía decirle que estaba bien, porqué la verdad no lo estaba y esperaba que ésta salida mejorase eso y le ayude a despejarse un poco. Igual, siendo fugitivo ¿Se puede estar realmente bien? —En todo caso, aún respiro y eso es genial.– Comenta un tanto animada ya. Después de todo, lo peor que puede pasar es dejar de vivir ¿No? Afortunadamente Sam cambia el tema y Ash se piensa un poco lo que dirá al tiempo que se muerde el labio.

Si te digo dejaría de ser una aventura...– Comenta evadiendo la pregunta. No porqué no quiera decirle. Sino porqué desea sorprenderle. —¿Tú qué estuviste haciendo después que dejamos de vernos? ¿Sigues salvando castañas en peligro?– Le pregunta con diversión en la voz.

Estuvo conversando con Sam, todo lo que restaba de camino hasta llegar a la parada más cercana a Green Park. —Aquí bajamos. Ven...– Ya en el parque, el cuál estaba un tanto solitario, al menos la zona por dónde las chicas transitaban; Ash le quita el gorrito a Sam y se lo prueba. —¿Me va bien? ... Oye, Sam... Siempre quise preguntarte ¿Sales con alguien?– Pregunta observando a la rubia y luego observa a su alrededor como quién busca algo que necesita con urgencia.

Ya estaban justo en el punto de encuentro, pero no había rastro del elfo. —A ver, te lo devuelvo... Espera. No, no, deja te lo coloco.– Se para frente a Sam. —Es odioso que seas un poco más alta...– Menciona mientas le coloca el gorrito a la rubia. La castaña mira por sobre el hombro de su acompañante y sonríe. —Espera, aquí... Encontré algo genial.– Y sin más corre en dirección a la que habían venido.

✴️Londres • Green Park. — Inglaterra.
» 20 de Diciembre.
» 16:45

No veía a Ashanti desdé que la castaña tuviese nueve años, —es más, había cogido una fotografía que había sacado de un retrato que había en casa; era Ashanti con mis padres en su graduación de Hogwarts. Cuánto había crecido—. Y eso porqué su madre la había llevado a casa de mis padres. Claro, yo nunca fui bienvenida en la familia Parisi, por Ambra, la madre de la castaña. Desde que tengo uso de razón siempre me ha odiado. Supongo que es por el hecho de no ser humana; ni criatura. Aunque todo empeoró luego que se hubiera casado con el tipo éste; Button. Después de todo, la rabia de mi hermana hacia mí, también se manifestaba en sus hijos; no era raro que la pequeña castaña ni me voltease a ver cuándo le pasaba por un lado.

Maldito invierno... En el momento que decidí aparecerme con el elfo doméstico en un punto ciego de la multitud en Green Park, pensaba que solo estaría allí quizás menos de diez minutos, pero parece que Button decidió simplemente olvidarse de dónde tenía que esperar al elfo. Yo tengo la culpa, por pensar que la niña llegaría a tiempo al encuentro, quizás seguía siendo la misma odiosa que era de niña. En todo caso, estoy cuál imbécil merodeando en el parque, esperando que no se me congele el culo y he bebido tanto chocolate que ya me duele el estomago.  ¿Por qué sigo esperando? Quizás ni se digna a venir.

Respiré hondo. Quise creer que seguro se retrasó porqué teniendo en cuenta su situación actual —eso de ser fugitiva—; seguramente salir del lugar dónde se esconde, debía ser complicado. Estaba dando una vuelta por los alrededores y ya iba de regreso una vez más al punto de encuentro en que mis padres acordaron con Ashanti. Pero no había nadie más que una rubia.

Me acerqué a la rubia.  —Hola. ¿Interrumpo?– Pregunté buscando la mirada de la contraria. —Estoy esperando a alguien. Que debería haber merodeado por este lugar. Ignoro si acabas de llegar, pero... ¿No haz visto a ésta chica pasar por aquí?– Le tiendo la fotografía que traigo de Ashanti.

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Sam J. Lehmann el Mar Dic 19, 2017 4:20 am

Rió ante la advertencia divertida y preocupada de Ash por saber si no se le habían olvidado las bragas. —¿Por quién me tomas? Soy una señorita que siempre está atenta de que no le falten bragas en el bolso. —Apoyó la broma con su sarcástica frase, sonriendo jovialmente.

Preguntar que 'cómo estabas' a una persona que vive escondiéndose de la ley las veinticuatro horas del día... pues oye, quizás tenía razón y era una pregunta un tanto extraña y difícil de contestar. Pero después de todo y pese a que Sam siempre lucharía por conseguir de nuevo su vida, había llegado un momento en el que se había dado cuenta de que había que apreciar lo poco que tenías, aunque fuese poco; aunque fuese débil. Al final, los pequeños detalles en una vida cargada de desilusión como era la de ellas, era lo que podía mantenerte a flote y no caer en una locura horrible. Y créeme, Sam había estado dentro de esa locura. Al ver que no tenía mucha intención de contestar, se prometió a sí misma animarla un poco y tampoco insistió. —Tienes suerte de ser castaña, ¿eh? Son las únicas a las que salvo, las demás no me interesan —respondió, sonriente y bromeando. —No, en serio... si te digo la verdad, dar contigo aquel día fue toda una sorpresa y obviamente no te iba a dejar allí. Pero por regla general suelo intentar alejarme de problemas tan... intensos. —Y ahora más, que tenía más esperanzas y fuerzas que nunca. Antes vivía a lo loco, pues en realidad le daba igual arriesgarse hasta el punto de morir. Ahora ya no. —Yo espero que tú hayas dejado de meterte en problemas... —La miró de reojo, intentando descubrir en su rostro la respuesta a esa premisa. Después del tiempo que había pasado con ella y después conocerla, se le había creado una especie de sentido de protección con respecto a ella.

Después de un gran viaje, bajaron en la parada. Para ser sinceros, Sam no tenía ni pajolera idea de nada en aquella ubicación, por lo que se dejó guiar por la castaña un poco a ciegas por aquel parque. Cuando le quitó el gorrito, la miró de reojo, sorprendiéndose por la pregunta que le hizo. ¿Y eso a qué venía? —No, que va. —Respondió con tranquilidad y rapidez. Hacía años, literalmente, que Sam no tenía absolutamente nada con nadie. Por no hablar que la única relación relativamente seria que ha tenido en su vida fue en la universidad. ¿Y de eso hace cuánto que hacía? —¿Tú crees que si yo tuviera una pareja me dejaría ir por ahí salvando a damiselas en apuros? Además, dadas las circunstancias en las que vivimos... no creo que sea para nada recomendable tener a alguien tan importante a nuestro lado al que poner en peligro. —Dio su opinión, con tranquilidad. —¿Y tú qué?

¿Sabéis esas personas homosexuales que tienen algo así como un radar que es capaz de descubrir a otros homosexuales sólo con intercambiar una palabra con ellos? Bien, Sam no lo tenía. Ella tenía, de hecho, el anti-radar. Para Sam, Ash era super heterosexual y de hecho se la imaginaba perfectamente con algún chico guapo y apuesto. Se agachó un poquito cuando Ash se quejó de que ella era más alta, para así reírse un poco de ella. —¿Eh? —dijo de repente cuando se fue corriendo y la dejó allí.

Miró a todos lados, sintiéndose abandonada. A decir verdad, ni se le había pasado por la cabeza la idea de tener la mala suerte de encontrarse con problemas políticos o que algún agente de la ley las encontrase en un lugar tan alejado al centro. Sin embargo, cuando una chica se acercó a Sam, ésta le miró, en principio con buen humor. Sobre todo porque comenzó la conversación con un '¿interrumpo?', ¿qué iba a interrumpir? ¿Su roce con el viento? ¿O el hecho de que estaba sintiéndose árbol? —No, tranquila —le responde, para entonces seguir escuchándola y que empiece a sospechar. ¿Y cuando le enseña la foto de Ashanti? Ahí ya se quedó un tanto incómoda. ¿No se suponía que venía a recogerla un elfo doméstico? Esa chica no tenía, ni de lejos, parecido con un elfo doméstico. De hecho si encontraba parecido con alguna criatura mágica no sería precisamente esa. ¿Y si la estaban buscando? ¿Y si era una cazarrecompensas? Aunque debía de admitir que no tenía aspecto de cazarrecompensas. De todas maneras, decidió ir por la vía segura. —Pues... no —decidió decir al final, ya que si seguía postergándolo iba a sonar más falsa todavía. —Yo es que acabo de llegar y esto está un poco desértico. Así que ni idea... apenas he visto a nadie. Lo siento. —Iba a poner una excusa en plan: 'tengo que hacer no sé qué', pero teniendo en cuenta que le había visto, literalmente, no hacer nada en medio del parque, todo lo que se le ocurría le sonaba super falso. —Espero que tengas suerte.
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S. Ashanti Button el Mar Ene 09, 2018 6:39 am

Mientras la castaña miraba sobre el hombro de su acompañanate, logró captar a unos chicos que caminaban en su dirección, con bebidas de Starbucks. Pensó qué mientras esperaban al elfo, podrían tomar chocolate, comer algo y seguir hablando. Así que en una carrera dejó a la rubia. Seguro aquella cafetería no debía estar muy lejos y la verdad no lo estaba realmente. Claro qué, la tienda estaba a una cuadra de la entrada del parque. Igual; con motivación no existe destino lejano.

Al llegar a la tienda, se fue al mostrador y pidio dos chocolates, que le encantaron por el embalse con motivo navideño, unas galletas y alguños cupcakes. Mientras esperaba, pensaba en su buena suerte, lo de ser fugitiva le había generado problemas o más bien dificultades. Pero gracias a ello estaba experimentando nuevas situaciones fuera del circulo familiar. Que a fin de cuentas, era lo que buscaba luego que hubiera dejado Hogwarts. Quizás no del modo más ortodoxo, pero era vivir en la clandestinidad o confinada al refugio. No podia pasar por alto a las buenas personas que había conocido hasta ahora —de las cuales a algunas estaba dejando de lado, quizás para protegerles—, los buenos momentos que a disfrutado con ellos a pesar de ser pocos, le han servido para aferrarse a seguir adelante.

Le es muy divertido compartir tiempo con Sam. Sobre todo porqué a su lado podía mantener con más fuerza su esperanza de vivir su vida a pesar de las circunstancias ¿Qué era peligroso? Sí, pero... ¿Acaso no es todo más divertido con algo de peligro? Ash se iba quemando un poco los dedos mientras caminaba con dos vasos de chocolate caliente y una bolsa de papel que guardaba las galletas y cupcakes que hubiera comprado en starbucks. Ya estaba de camino al parque. Y mientras procura no tirar las bebidas al suelo, aún ronda por su mente, lo que le ha dicho a Sam...

•• ★ ••

La castaña se pensó las palabras de la rubia un poco. Era muy cierto que es peligroso tener una relación en éste momento. O mejor dicho; tener una relación tomando en cuenta su condición. —Pues... Ahora salgo con una chica. A veces es difícil mantenerse a raya de las relaciones, aún en está situación.– Le dice medio sonriendo. Lo de Hayley pasó de repente. La verdad cuándo se dio cuenta que estaba en el lío, la que era su actual pareja, —bueno; la que quizás fuese su actual pareja; ya qué hace un tiempo que se mantiene al margen de ella—, ya estaba dormida a su lado.

•• ★••

Y volviendo al presente, mientras se quema las manos...

Se sintió algo culpable por tener en secreto la situación que vive, a la chica con quién sale, o salía. Diablos realmente tenia que poner las cosas en orden con Hayley. Negó levemente con su cabeza para alejar éstas cosas, no era el mejor momento de pensarlas. Hoy se iría a disfrutar del calor de América con una rubia bonita y divertida. A lo lejos miró a Sam junto a otra chica. Oye que esa Sam es amigable, hasta en aquel desierto de parque se le pegaba la gente. Llegó casi en silencio.

Alzó una ceja mientras observa a la extraña. ¿Alguna vez haz estado frente a alguien que te come con la mirada? ¿Sabes lo qué se siente? Pues seguramente eso estaba sintiendo Sam, porqué Ash estaba muy atenta a cómo la desconocida —que se le hacía conocida—, observa a su compañera de viaje. —Sam...– Dice la castaña para luego entregarle a la mencionada uno de los lindos vasos con chocolate. —Ten cuidado. Quema. Lamento la tardanza. Había algo de fila... ¿Quién es tu amiga?


✴️Londres • Green Park. — Inglaterra.
» 20 de Diciembre.
» 17:03

Sonreí amable. —Gracias...– No puedo negar que me dé cierta desconfianza lo que dice la chica. Pretendía marcharme para definitivamente darme por vencida pero en eso se me pasó por la mente que Ashanti pudo haber usado una multijugos. Es lo lógico ¿no?En todo caso... Tú también pareces esperar a alguien. ¿Un elfo domestico, tal vez?– Podía lanzarle la frase y si su reacción es la que espero entonces era Ashanti. O quizás me tome cómo loca y eche a correr. Debí haber dejado al elfo encargarse de esto y no estaría haciendo el ridículo frente a una extraña. Aunque, vamos, ella está en el punto, que se supone estaría mi sobrina ¿No es eso un poco sospechoso?

•• ✴️ ••

Tuve que confesarle a la rubia que Ash era mi sobrina y que había venido en lugar del elfo para recogerla personalmente. Era una fortuna que esta chica no fuese Button, así no podría sentirme una pedófila mientras la observaba. Le extendi la mano a la otra y estaba a punto de decirle mi nombre cuándo apareció la castaña.

¿Tú madre nunca te enseño modales, Button?– Mencioné con cierto deje de diversión. Esperaba que con eso se acosdase un poco de mí.

¿En serio? ¿Ahora mis abuelos transforman los elfos en arpías? Bueno, en la mitad de una. Que mal gusto.

Ashanti me dio su mirada de desagrado total. Ya estaba al tanto de que era yo.

Te mandan sus saludos, pero para tu información trabajo con el servicio secreto de semiVeelas de la MACUSA.– Respondí divertida.

Vaya, ahora eres dama de compañía. Siempre supe que lo lograrias. Ya tenías cara puta en la juventud.

Eso hirió mi ego. Respire hondo y no quise seguir en éste infantil juego.

Entonces ¿Te despides de tu novia para irnos?

'Mi novia', nos acompaña.

Perfecto. Al menos alguien decente entre las presentes. Hagan el fovor de no soltarse.– Esperé que ellas estén listas y en medio de la soledad de aquel lugar desaparecemos las tres...

★Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
» Mansión Parisi.
» 20 de Diciembre.
» 12:03 ... aproximadamente

"Ésta maldita..." Pensó la castaña mirando sus botas bañadas de chocolate al tiempo que su bonito vaso dejaba gotear el último poco de liquido de su bebida. No sabía si se había derramado al momento de desaparecer o quizás justo en el momento que reaparecieron, el punto es que lo había botado todo. Al menos las galletas estaban intactas. Se preocupo por Sam y su bebida.

Observó a Sam y le soltó la mano, para luego dedicarle una pequeña sonrisa. — ¿Se ha derramado tu bebida? ¿Te quemaste o algo? ... Lamento que hubieras tenido que presenciar esto.– Se disculpa bastante apenada, por la discusión que armó con Octavia. Ni siquiera sabía porqué debía estarse comportando así con 'su tía', frente a su invitada, pero quizás solo era la mera costumbre de tocar narices y que además, jamás —o al menos que ella recuerde—, se hubieran llevado bien con la semiVeela. Trataría de ahora en más minimizar eso, pues no iba a incomodar a Sam.

No tenía idea que venías, pero te puedo llevar a una de las habitaciones. Sí a tu novia no le importa. Igual parece que debe limpiarse un poco.– Dijo Octavia a Sam.

Ash observó a su tía, con rabia, al ver lo 'atenta' que está con Sam. Oye que es su invitada y no de la tía esa con cara de puta. La castaña no dijo nada, tampoco es que tenga poder sobre su compañera de viaje. —Iré a cambiarme. Ten, Sam. Por si deseas comer mientras desempacas. La castaña le entrega la bolsita de galletas a la mencionada.

La menor de las tres, se acercó a Sam y le beso la mejilla, cómo marcando territorio. Y seguido se alejó de ambas rubias para ir antes al baño, perdiéndose de la vista de las mayores.

✴️Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
» Mansión Parisi.
» 20 de Diciembre.

Le mostré a Sam la que sería su habitación. Y pronto la dejé para que se ponga cómoda. La duda de si la rubia era realmente la novia de mi sobrina hace mucho ruido en mi cabeza. Me sorprendió mucho que Ash si quiera fuese a gustarle las chicas. De pequeña era bastante bestia y salvaje, pero con la madre que tiene, hasta pensé que en la pubertad se convirtiese en una "niña bien". Quizás siempre tuve razón al pensar que esa castaña sería el talón de aquiles de sus padres.

Sé que no me incumbe pero... ¿Realmente son novias?– Pregunta a la chica mientras estoy apoyada en el marco de la puerta sin atreverme a pasar a la habitación que ahora ocuparía Sam. Bonito nombre.

De repente aparece un elfo doméstico junto a mí —en el lado de afuera de la habitación—

Ama. La comida se servirá en media hora.

Gracias, Blonda. Avisa a Ash, seguro estará merodeando el jardin buscando a Circe. Por cierto, ella es la señorita, Sam. Estará con nosotros unos días. Deberás atender sus ordenes mientras esté aquí. ¿Entendido?

Sí, ama.— La elfina volteó a ver a Sam. —Bienvenida a la mansión, ama Sam.— Dijo la elfina para luego desaparecer.

Volví mi atención a Sam. —Te dejaré por si deseas descansar o hacer algo más antes de comer. Sintete a gusto de explorar lo que desees. El comedor principal esta en la planta baja. Si llegas a perderte solo llama a Blonda. O a mí. Solo debes gritar 'Octavia'.– Estaba por dejarla, incluso ya habia dado media vuelta para comenzar alejarme, pero volví a girar para mirar a la chica. —Sam... Es por Samantha o... ¿Simplemente Sam?– Quise saber.

✴️

¿Puedes bajar a ese erizo de allí?– Dije observando a Ash.

Circe solo está descansando ¿Te molesta acaso?

¿En la mesa? ¿Crees que es lugar idóneo? Claro que me molesta.

Ash en un intento de ser 'adulta', me pidió que intentemos llevarnos bien frente a Sam. Yo acepté, porque creí que en todo momento iba a comportarse, pero sigue siendo la misma caprichosa que cuándo era niña. Incluso, es ahora mucho más insoportable. Preferí no seguir insistiendo en el tema del erizo, así que solo lo deje por la paz, mientras sigo aguardando a que Sam llegue para que se sirva la comida.

¿Le hiciste algo a Sam?– Preguntó Ash. Solo levanté una ceja mirándole.


¿Disculpa? Si aún no ha bajado no es porqué le hubiera hecho algo, aunque a juzgar por lo infantil que estás siendo... Se hubiera vuelto a Londres y no la culparía.

Ash se levanto de repente, me miro con una cara de pocos amigos y tomando al erizo en una de sus manos solo se fue del comedor. Sonreí, lo admito. Me agrada molestarla un poco, además que si Sam se aparecería por allí, podría conversar un poco con ella, sin la molesta castaña.
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Sam J. Lehmann el Jue Ene 11, 2018 1:43 am

Negar que conocía a Ashanti era fácil, pero si se separaba de aquella chica con relativa velocidad, ya que si no su amiga podía llegar en cualquier momento y ver que, evidentemente, estaba mintiendo. Y mira que Sam era experta en captar las mentiras de la gente, pero eso de mentir... no se le daba tan bien como le gustaría. Sin embargo, pese a que su primer instinto fuese desconfiar de la chica, en realidad ésta no le transmitía ningún tipo de sentimiento malicioso o de desconfianza, además de que haberle preguntado por un elfo doméstico hizo que un pequeño click en su cabeza se abriese por completo. Se quedó callada, mirando a la rubia con confusión y sin decir absolutamente nada. Y menos mal que le explicó que era la tía de Ashanti, porque sino ahora mismo Sam se iba a romper por no entender nada. Estuvo medianamente segura de que no mentía —al fin y al cabo, su legeremancia le servía para algo más que leer mentes—, por lo que se mostró bastante más afable. —Pues debería de estar al llegar, no sé a dónde se ha ido...

Y fue entonces cuando escuchó a su amiga aparecer a su lado. Madre mía, qué vergüenza. Primero niega haber visto a Ashanti y, al momento, ve a su amiga a su lado. Habrá quedado como una persona horrible. Se puso roja irremediablemente, cogiendo uno de los vasos que le ofreció la castaña y admirándolo, como evitando que la conversación fuese con ella.

A decir verdad, poco interacción pudo tener Sam en la conversación entre tía y sobrina y menos mal, ya que no parecía que tuviesen una relación demasiado sana y prefería no entrometerse. Aunque gracias a la conversación Sam entendió dos cosas: la primera, el por qué del evidente atractivo de la rubia, además de que también entendió que Ashanti era un amor con Sam teniendo en cuenta cómo trataba a su tía. Era un carácter fuerte de la castaña que jamás había visto y, aunque pareciera que no, le gustaba. La legeremante solía admirar las cosas que ella era incapaz de hacer y, por norma general, ella no poseía esa actitud tan potente.


Después de aparecerse, a ella no le pasó nada pues puso una mano encima de la tapa del chocolate caliente —ya que ya había tenido bastante malas experiencias con eso—, pero a Ashanti se le cayó todo encima. No hacía falta ninguna de que se disculpase, como si no fuese evidente que cualquier persona en este mundo se pudiera llevar mal con un familiar. Eso estaba a la orden del día. —No te preocupes. —Y ante la oferta de la rubia, Sam se limitó a mirar a Ash, ya que al fin y al cabo, estaba allí como invitada de ella y... no sé, lo lógico era estar con ella. Sin embargo, cuando le ofreció las galletitas y se fue a cambiar, sonrió. —Nos vemos luego.

Y se quedó, de nuevo, con la tía de Ash, observándola con cierta timidez en lo que ahora era una mansión enorme. Y la cara que se le quedó cuando vio la que sería su habitación, ya fue otro poema muy diferente. No exagero cuando digo que esa habitación era más grande que el piso de Sam que tenía en Londres, además de que todo el mobiliario probablemente también fuese más caro que el propio piso. Se quedó alucinando, formando una perfecta 'O' con su boca. —¿En serio me vas a decir que esta es la habitación de invitados? Madre mía... —preguntó divertida, dejando su maleta encantada con sus cosas dentro sobre el sofá más cercano a la puerta. Y ante la pregunta que le hizo sobre Ash, Sam se limitó a negar con la cabeza, sonriendo un tanto risueña. —No, que va, solo somos amigas y le saco unos cuantos años. Prefiero verme como su hermana mayor, o algo así. —Además de que se había enterado hace un rato de que Ashanti era homosexual, ya que la rubia no tenía esa habilidad capaz de reconocer a las personas de su misma acera. De hecho se le daba fatal.

Apareció el elfo doméstico de la mansión y le pareció enternecedor que le llamase 'ama Sam', ya que jamás en la vida había tenido ninguna de esas criaturas ni mucho menos una ajena que la tratase tan bien. Por norma general en Londres casi todos los elfos pertenecían a las familias ricas y puristas y, de igual manera, tenían una filosofía que trataba con desdén a las personas como Sam. Cuando se hubo ido, volvió a mirar a la tía de Ash. —En realidad mi nombre es Samantha Lehmann, pero evidentemente prefiero que me llamen Sam. Cuando lo hacen por el nombre completo sólo recuerdo a mi madre llamándome para echarme la bronca... —bromeó con simpatía, para finalmente asentir con la cabeza. —Claro, gracias por todo.

Y... no voy a mentir, ¿sabéis lo que hizo Sam nada más Octavia cerró la puerta? Correr hacia aquella enorme cama y tirarse sobre ella en plancha, sonriendo ampliamente. ¿En serio Ashanti tenía todo eso al otro lado del charco? Y ahora que lo pensaba... ¿por qué había ido a Hogwarts si su familia era estadounidense? Para ser sinceros, Ash no tenía ni de lejos la pinta de ser una niña rica y, en cierta manera, le gustaba la imagen que daba pese a tener todo esto detrás. Tendría que preguntarle más por su vida, sobre todo ahora que había abierto la brecha de la curiosidad.

Se quitó el gran abrigo que tenía, pues el frío en Londres no se comparaba en absoluto con la calidez que sentía allí dentro y también el gorrito de lana que tenía, quedándose con la falda, las medias, los tacones y aquel suéter de punto holgado y femenino que tanto le gustaba. Y como era  evidente, no se quedó allí dentro esperando la media hora... sino que tras colocar algunas de sus cosas, se asomó por la puerta de la habitación y miró a ambos lados del pasillo. Le habían dado permiso para cotillear, pero cotillear sin Ash a su lado le resultaba tremendamente invasivo. Debería ir a hacerle compañía para que no se sintiese tan fuera de lugar. Estuvo a punto de volver a meterse en el interior de la habitación por vergüenza a caminar por ahí y encontrarse con alguien extraño a quién no conociese, pero al ver retratos en el pasillo, salió para curiosearlos. Había montones a lo largo del pasillo y le costó unos cuantos metros encontrar aquel en donde salía Ashanti y el otro en el que salía Octavia, las dos únicas Button que conocía.

Quiso aventurarse un poco más, pero se dio cuenta de la hora que era y que ya había pasado esa media hora que había dicho el elfo doméstico, por lo que en un intento de buscar a Ashanti para bajar con ella y no sentirse un poco acoplada en aquella casa, fracasó y tuvo que empezar a bajar las escaleras ella solita intentando estar atenta por si aparecía alguien que no conocía, huir y esconderse o algo así. Cuando se dirigió patidifusa hasta el comedor, sólo vio en el interior a Octavia. No quería ser un lastre para ella, que parecía que tenía que lidiar con la invitada de su sobrina, por lo que se limitó a asomarse por el marco de la puerta para hacerle un par de preguntas. —Hola, Octavia, perdón por molestar, ¿has visto a Ashanti? No la veo desde que llegamos y me da un poco de... vergüenza estar en esta casa tan grande yo sola. —Confesó con tranquilidad, ya que era algo normal que la invitada se sintiese cohibida, sobre todo en esa pedazo de mansión. —¿Sabes si aún se está duchando o algo? Es que no sé ni cuál es su habitación. —Porque evidentemente, hubiera ido a su habitación a molestarla para luego bajar las dos al comedor.
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S. Ashanti Button el Mar Ene 16, 2018 12:41 am


✴️Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
» Mansión Parisi.
» 20 de Diciembre.

Mentiría si no admito qué; me emocionó saber que Sam y Ash no son realmente novias. Porqué sí, eso justamente era la respuesta que esperaba. —Es un nombre muy lindo. – Comenté mientras le observo. Luego de ello reiteré que cualquier cosa podría consultarme si tenía alguna duda. Sin más la dejé y cerré la puerta. Tomé una ducha rápida antes de bajar al comedor y sentarme a la mesa.

•• ✴️ ••

Estaba mirando algunos articulos que hacen referencia a la situación política en Gran Bretaña en el diario mágico; en lo que la voz de Sam me saca de la lectura. Bajé el periódico y miré a la chica. —No molestas, solo... Miraba la sección de sociales.– Mentí de manera natural. Después de todo se supone que yo no me interese en esas cosas. Pero imposible no tener un ojo en esa situación luego de haber trabajado cómo una especie de espía para mi padre. —Ella acaba de irse, pero seguro no tarde en llegar.– Comenté mientras con la mano le señale una de las sillas. —Aunque mejor toma asiento y así esperamos por ella. En realidad te esperábamos a ti.– Mencioné dejando el periódico a un lado. —Su habitación está junto a la tuya, hacía la derecha..Y la mía a tu izquierda. Pensé. Seguro que no era relevante decirle aquello.

Me quedé unos segundos en silencio contemplando a la otra chica. Creo que eso de mirarle tanto era un poco invasivo, así que dejo de lado aquello de acosarla en silencio. Sonreí un poco al notar que me estaba comportando de una manera idiota. —Sam...

★Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
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» 20 de Diciembre.

La castaña venía de regreso de las habitaciones o mejor dicho de su habitación. Mientras transitaba el pasillo de los retratos se encontró con uno de sus abuelos maternos. Siempre les agrado verlos juntos, porqué ha logrado observar a través de los años que aquél amor que se profesaban era genuino. Eso le hizo pensar en la historia que le había contado su abuela sobre la manera en que conoció a su abuelo.  Un encuentro tan casual cómo cualquier otro que hubieran tenido con alguien más, pero aun así, a pesar de ser una situación cotidiana, la señora Parisi tuvo una corazonada de que Cesar sería el amor de su vida. El amor podía ser un tanto patético a veces y muy peligroso otras. "Y justo allí tengo algo de experiencia..." Se mordió el labio mientras reanudó su caminata y decidió bajar nuevamente al comedor quizás Sam estuviera descansando y no deseaba molestarle, mejor sería comer con Octavia. Poco antes de llegar a las escaleras Blonda se le aparece y le entrega una carta, era de sus abuelos. Sonríe y no pierde tiempo en abrirla. Las primeras frases hacen referencia a una disculpa por no poder acompañarle, pues surgieron varios imprevistos, otras es para decirle cuánto le quieren y le apoyan en estos momentos. Un paréntesis para explicar sobre unos boletos para un juego de béisbol y habían un pequeño párrafo más que no leyó porqué, comenzó a correr escaleras abajo para ir  a la planta baja, luego que Blonda le hubiera dicho que había visto bajar a Sam. Al escuchar voces continuó guiada por las mismas hasta que llegó al comedor principal.

Al fin llegas...– Dijo su tía, aunque a Ash le dio la impresión de que le habían fastidiado algo. Poco le importaba.

Lo siento.– Dijo para salir del paso y miró a Sam. —¡Sam! ¡Vamos a ver el béisbol!– Le dice con emoción la castaña no tenía mucha idea de que iba, pero era un momento para salir con la rubia y joder un rato perdiéndose por allí.

Oh, cierto, casi lo olvidaba. Justo eso iba a mencionarle a Sam. Realizarán un juego de las estrellas, es un partido amistoso. Fuera de la temporada, porqué recientemente conmemoran la muerte de un famoso jugador, por ello lo harán en éstas fechas. Podemos alistarnos luego de comer... Usen algo ligero.– Ash frunce un poco las cejas. Pero vamos, que ella no tenía idea de cómo rayos se movía ese... "¿Era un deporte, verdad?"


Creo qué... Te falta un boleto.– Dijo mirando a su tía. —Solo tengo dos.

Papá envió el mío ayer.

"Mucha perra. Deberían colgarla por puta... No creas que soy idiota, Octavia. Pero Sam vino conmigo." La castaña solo se limita a sonreír falsamente. ¿Celosa? ¡Sí! Vamos, no es en ese sentido. Es más bien que no quiere sentirse en segundo plano por culpa de su tía.

Sam, no tengo un itinerario planeado ni nada, así que... Luego del partido tú dices dónde podemos ir ¿Te parece?– Pregunta con una sonrisa a la rubia amable. Porqué claro, Octavia es la rubia puteska. "Solo hay que mirar esa expresión en su rostro. Una mirada de sádica diabólica. ¿Es el maquillaje que crea ese efecto? Por eso no lo uso diario..."

¿Puedes dejar de mirarla cómo si te la vas a comer? No es agradable.– "¡Diablos, ésta mujer me exaspera!" La castaña frunce un poco el ceño. —¿Intentas usar tu seducción extraña?


✴️Williamsburg, Virginia — Estados Unidos de América.
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» 20 de Diciembre.

Se me hace graciosa la reacción de la castaña. Parece un animal protegiendo a su cría. Y todo porque me encuentra mirando a Sam. —Sam ¿Te enfada que te observe? ¿Quizas te es un tanto molesto?– Pregunté para que sea la propia rubia que me ponga algún límite. —No hago nada, Ash...– Mencioné para luego fijar mi vista en Sam. —¿O te sientes diferente, Sam? ¿Te parezco atractiva?– Tenía que agradecerle a Ash sus tonterías. Me estaba haciendo más sencillo poder saber hacía dónde tiran los gustos de la señorita Lehmann.

La comida ya se había servido y entre charlas, las tensiones se iban disipando, hasta el punto que se podía decir que teníamos una conversación medianamente sana. Justo habían servido el postre; se podía escoger entre una variedad de helados, pastel o , y también malteadas; entre golosinas típicas de la región. Aunque no sea capaz de decirlo a viva voz, me alegra ver a Ash tan tranquila, al menos esa sensación es la que percibo yo. No conozco cuál es la situación de Sam, pero me he cohibido en todo momento para no sacar algún tema que sin querer lleve a ambas a un punto que las quiebre. Me gusta verlas reír o sonreír. Sobre todo Sam. Sonríe muy lindo.


Vamos, ligar con una chica es más complicado. No es simplemente llegar sonreirle y te la tiras, hay que tener un súper poder y hacerle la pelota por medio año.– Ash intentando defender su argumento —comiendo un enorme helado—; parecía que hubiera tenido que lidiar con chicas dificiles la mayoría de las veces. Pero no dije nada, solo me reí un poco. —En todo caso tú no conoces eso, Octavia, seguro con mirar a cualquiera ya le tienes en pelotas.– Dijo la castaña para luego mirar a su amiga. —Sam, necesito apoyo...– Yo sonreí mirando a Sam.

Ash, 'mi habilidad' solo funciona con hombres ¿No es así, Sam?– Mi mirada estaba puesta en la rubia. —No hace falta súper poder tampoco, solo un tanto de creatividad. Las mujeres son más de... Saber convencer. Al menos en mi experiencia. Y si eres bonita, quizás tienes resultado más rápido.

Claro, lo dice la estrella del quidditch...– La castaña blanquea los ojos. —Tu popularidad afloja las piernas de muchas o muchos en realidad. ¿Sam, no tengo razón?

¿Qué hay de ti, Sam? ¿Consideras que eres de las difíciles o no? ¿Te puede la popularidad de las figuras públicas?– Pregunté con un poco más de interés del que debería. Era seguro que la rubia británica ya hubiera notado que me agrada ¿Y cómo no? Es linda, educada y parece buena chica. ¿Quién no querría todo eso en una mujer?
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Sam J. Lehmann el Mar Ene 16, 2018 4:06 am

No tenía pensado quedarse ahí si no estaba Ashanti, pero aceptó la invitación de Octavia de sentarse junto a ella a esperar a la morena. Caminó hasta la silla que estaba junto en frente de ella, notando con evidencia como la miraba, algo que la estaba poniendo muy nerviosa. No porque le incomodara, sino más bien porque no sabía cómo actuar al respecto, ya que estaba claro que devolverle la mirada no era una opción sino quería terminar ruborizándose por completo al hacer frente a esa mirada tan intensa. No, Sam no acostumbraba a ligar lo más mínimo, por lo que estaba totalmente desentrenada y le daba mucho apuro. Además, de toda la vida le había dado vergüenza el hecho de que alguien le comiese con la mirada. Fin. —Está bien saberlo, gracias —le respondió con respecto a lo de las habitaciones. Y no supo que más decir, ¿cómo podía tener una mirada tan intensa? ¡Madre mía! ¡Si es que se estaba poniendo hasta nerviosa! ¡Debía de tener las orejas ardiendo y super rojas! Siempre le pasaba cuando se ponía nerviosa: le sudaban las manos y las orejas se le ponían rojas. —¿Sí?

Hablaron tranquilamente, pero no tuvieron una conversación demasiado tendida, ya que Ashanti hizo acto de presencia con una emoción de lo más contagiosa. De hecho la legeremante se sorprendió que fuese por ir al béisbol. Seamos sinceros: el béisbol no era algo que le llamase demasiado la atención. Los deportes en donde hay pelotas voladoras agresivas no le gustaban a Sam y la pelota de béisbol, no sabía por qué, pero se le recordaba a las odiosas bludger que con tan solo doce años le rompieron un brazo. Y no. No es que le llamasen demasiado ese tipo de deportes; de hecho, odiaba con toda su alma el quidditch y hacía como quince años que no iba a un partido. Aún así sonrió porque era una experiencia nueva y porque Ash estaba sonriendo y era francamente contagiosa su sonrisa. Se mantuvo al margen de la conversación de tía-sobrina, hasta que ella se vio envuelta. —Me parece bien, pero van a tener que hacerme un resumen de nuestras posibilidades... o decirme qué cosas hay que hacer por aquí. Es la primera vez que cruzo el charco y vengo a Estados Unidos, ¿ir a ver cosas emblemáticas es muy típico? O aburrido, que vosotras sois de aquí... —Que hombre, suponía que habían exactamente las mismas posibilidades que en Londres, pero no quería decir nada que no hubiese o ella qué sabía. —Porque siempre he querido ir al Disneyland de aquí. —¿Eso había sonado muy muggle e infantil, verdad? ¡Pero lo siento! La vida era así. Sam seguía conservando a la niña enamorada de Disney que vivía en ella desde bien pequeña. Adoraba a Rapunzel con toda su vida. —Y siempre he querido sacarme una foto en el puente de San Francisco. —En realidad uno de sus muchos sueños era sacarse una foto desde esas grandes torres del puente de San Francisco, ¿no sería terriblemente genial? Y teniendo en cuenta que son magos, no era tan difícil acceder ahí y hacerte una foto que te quitase el hipo cada vez que la vieras. Debía de ser increíble. —Pero en verdad me da igual, si es que no sé ni en dónde estamos. ¿En qué estado estamos ahora mismo? Creo que cualquier cosa de Estados Unidos me va a emocionar de igual manera. ¿Cuándo es lo del béisbol, hoy?

Y luego no pudo evitar soltar un bufido, irremediable espontáneo, cuando Ash le dijo a su tía que dejase de mirar a Sam de esa manera. Es que inevitablemente la manera que tenía de expresarse le hacía muchísima gracia y, cómo no, había hecho que la austriaca se volviese totalmente roja por, de repente, no sólo convertirse en el centro de atención, sino también el foco de las preguntas de Octavia.  —¿Qué? No, no pasa nada... —dijo nerviosa, bajando las manos hasta colocarlas sobre su propio regazo, bastante tímida con la situación. Y ya cuando le preguntó que si le parecía atractiva... ¿¡que narices se contestaba a eso!? Se mordió el labio inferior y sonrió, pasándose las manos por la falda porque notaba que estaban sudándoles un poquito. —Yo creo que ningún ser de este planeta pondría en duda tu atractivo, Octavia —respondió con sinceridad lo evidente. Era una semi-veela, por favor. Tendrá poder sólo con los hombres, pero el atractivo se lo ve cualquiera.

Obvio que le parecía atractiva, pero responderle directamente a la pregunta tal cual la había formulado habría hecho que Sam terminase todavía más roja de lo normal. ¿Por qué nadie se apiada de ella y dejan de hablar de esos temas? Se iba a quedar sin sangre en el resto del cuerpo de toda la que le está subiendo a la cabeza.

Gracias a Merlín, apareció la comida y la conversación pasó a ser mucho más tranquila y amena, además de que Ashanti y Octavia se tomaron un tiempo muerto de ataques gratuitos para mantener una agradable charla en donde Sam se rió más de una vez. Sí, era obvio que la rubia era la que menos hablaba, pero porque todavía estaba entrando en confianza, ya que a una de las personas apenas la conocía y, debía de admitir, que le cohibía bastante por la presencia que le suponía. Ya cuando iban por el postre, fue cuando volvió a salir el tema de las chicas. La verdad es que muy pocas veces Samantha había dicho en voz alta su orientación sexual, pero suponía que era porque desde que era joven lo ocultaba por miedo a ver la reacción de las personas, ya que la manera de descubrirlo no fue precisamente algo que pudiese compartir con facilidad con sus más allegados. No fue hasta más adulta en la que le fue más fácil abrirse, algo que todavía le cuesta bastante. Es por eso que normalmente prefiere darlo por sentado.

Ella también pensaba que Octavia tenía muchísimas facilidades para ligar con cualquiera, ya que no sólo era preciosa, sino que además tenía una trabajo que creaba admiración y fanatismo, dos cosas que abrían muchas puertas. Podía tener, literalmente, a cualquiera que se propusiese y a Sam eso no le cabía la menor duda. —Sí, según tengo entendido la habilidad de las veelas solo se extienden a los hombres. —Y menos mal, madre mía. No quería ser ella quién se enfrentase a lo que fuese que les hacía sentir a los hombres con aquella mirada. Rió ante la ocurrencia de Ashanti. —Lo siento, Octavia, pero debo de apoyar a Ash en esto —dijo, encogiéndose de hombros y mostrando una suave sonrisa. —Tienes uno de los trabajos que más fanatismo ocasionan y sólo por ser jugadora de quidditch, te digo yo que tendrás miles de personas que te consideran su amor platónico e incondicional sólo en este continente. Y creo que me quedo muy, muy corta. Cualquiera de ellos, o de ellas, se tiraría a tus pies. Y eso sin contar 'la seducción extraña' que nombró Ashanti antes.

Cuando le preguntó a ella, Sam tenía un trozo de helado en la boca, por lo que se tomó ese pequeño margen de tiempo en lo que tragaba en pensar. ¿Ella era difícil o fácil? ¿Se suponía que eso era una pregunta fácil de responder? La verdad es que era una pregunta horrible de contestar, ya que no es que Sam hubiese tenido precisamente una vida demasiado activa sexualmente, ni a cuanto a sexo sin compromiso se refería ni en cuanto a relaciones. Pero si hacía un repaso rápido a la relación que tuvo en su momento y a su manera de estar con otras chicas... quizás sí que pudiera considerarse un poco estricta, ¿pero tan difícil era poder llevar una relación sana? —Pues no sé... simplemente me gustan que las cosas se hagan bien. Hay quién podría tacharme de difícil, no te digo yo que no... pero no creo que sea justo —confió divertida, sin tomárselo tampoco muy en serio la pregunta. —Y no... —respondió eso último con una pequeña sonrisa en el rostro y una mirada de lo más traviesa, la cual le echó directamente a la jugadora de quidditch. —Por la experiencia que he tenido, las figuras públicas suelen tener el ego muy grande además de que la privacidad suele escasear en sus vidas y es algo que a mí me importa mucho, sobre todo teniendo en cuenta la posición en la que me encuentro ahora mismo... —Miró de reojo a Ashanti, aludiendo al hecho de que ambas eran fugitivas y ahora mismo estar ocultas y en las sombras era lo primordial. Se encogió de hombros y llevó su cucharilla de nuevo al helado. —Somos chicas malas en Londres, ¿eh? Cuidado con quién te juntas, Octavia. —Mostró una risueña sonrisa, mirando a su amiga de reojo. ¿Sam una chica mala? Eso habría que verlo. —¿Y tú cuándo sabes que no están contigo por tu fama o por los efectos de tus poderes? ¿Eso no te agobia? —preguntó con sincera curiosidad. Sam era del montón, si alguien se interesaba en ella pues suponía que era algo real, ¿no?
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