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Hard times will always reveal true friends | Priv |

Coraline I. Murphy el Lun Dic 18, 2017 9:28 am


22 de Septiembre | Por la tarde, 18:00 h. aprox | Zona de apartamentos

Connor (PNJ):



Había pasado una semana, quizás un poco mas, desde que Coraline había conocido a Sam en los baños del pub O'Neill's y no se la había podido quitar de la cabeza. Había vivido un extraño incidente con ella, en el cual se habían visto perseguidas con dos magos con muy malas intenciones, casi como un deja vú o un recuerdo no muy lejano. Había intentado hacer una vida normal durante aquellos días, pero había sido algo difícil hacer como si no hubiese pasado nada; la morena no podía evitar mirar a todo el mundo con recelo y sentirse de lo mas paranoica cuando sentía a alguien caminando detrás de ella. Aquello hizo que estuviese con un carácter un tanto huraño y antipático los dos primeros días, pero se le pasó enseguida que recibió una reprimenda por parte de su compañera de trabajo, Doris, quien siempre estaba metida en la vida de Cora y que en cuanto notaba que algo pasaba acudía enseguida a intentar sonsacar algo.

¡Que ganas tenia de que se jubilara y la dejara en paz! O de tener ella misma una prejubilación, pero por desgracia aún le quedaban muchos años de trabajo.

Aquel día era viernes y, como todos los fines de semana, su plan era meterse en casa y no salir hasta el lunes, acompañada de guarrerías varias y películas malas; tampoco tenía nada mejor que hacer. Al salir, pasó un momento por el pub para poner al día al señor Byrne, quien la había telefoneado varias veces para saber en que había acabado la cosa. Después, pasó por el supermercado y por uno de los pocos videoclubs que seguían abiertos hoy en día. Si, Cora era de las personas que aún alquilaba películas y que tenía carnet honorífico del videoclub... Y a mucha honra.

Se encontraba entrando ya en su barrio cuando empezó a tener una extraña sensación en el cuerpo, la cual atribuyó a la paranoia que estaba arrastrando desde hacía ya varios días. Se sentía vigilada pese a que aparentemente no había nadie peligroso en la calle por el mero hecho de que estaba lloviendo y todo el mundo se había metido a toda prisa en sus casas. La chica comenzó a caminar a toda prisa, procurando no salir corriendo para no llamar la atención.

⚜️⚜️⚜️

Connor llevaba un tiempo siguiendo a Coraline desde que escuchó ciertos rumores ¿en que clase de problemas se estaba metiendo su hermana? Por una vez no era el quien la estaba metiendo en líos y eso le hacía tener sentimientos contradictorios. Por un lado se alegraba, pero por el otro se sentía preocupado al no poder hacer gran cosa por echarle un cable. Eso le ayudó a decidirse a la hora de ir hasta su cara y plantarle cara a su hermana de una vez por todas, ya que, además, tenían muchas cosas de las que hablar.

La vio llegar hacia la calle principal de la zona en la que vivía, con un paraguas negro y cargada con varias bolsas. "Peli y manta" supuso al ver el logotipo del videoclub en una de las bolsas, era muy fácil predecir los movimientos de la morena. La observó desde un callejón intentando no ser visto, ya que no tenía planeado asaltarla en plena calle sabiendo el guantazo que se podía llevar por ello, así que se iba a limitar a esperar hasta que entrara en casa.

Pero algo llamó su atención, dos individuos que se acercaban a ella por detrás y que no eran nada discretos. Connor salio de su escondite dando un par de largas zancadas pero algo se cruzó en su camino, o mas bien alguien. Una rubia muy mona cuya cara había visto en algún lugar. — ¡Hey, bonita! Ten cuidado y mira por donde pisas. — Se quejó, mirándola de arriba a abajo. — Se que todas estáis locas de toparos con un galán como yo, pero ahora estoy ocupado. — Entonces, le pareció ver un objeto familiar en las manos de la chica y comenzó a recordar. — Yo te conozco de algo, te he visto en algún sitio... — Se rascó la barbilla, intentando hacer memoria.
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Sam J. Lehmann el Lun Dic 18, 2017 10:22 pm

No. Obviamente Samantha no se iba a quedar de brazos cruzados yéndose a un lugar seguro mientras dejaba a Coraline con esos dos tíos surcando la zona en dónde vivía. La legeremante llevaba mucho, mucho tiempo siendo víctima de ese acoso y era bien consciente de que aquellos dos tipos no iban a dejar de rondar y que iban a aprovecharse de todo lo que estuviese en su mano para conseguir información sobre Lehmann. Y ella no estaba por la labor de poner a otra persona más en peligro por su culpa. Desde que se quedó a dormir en su casa tenía clarísimo que debía de encargarse de ellos y borrar cualquier registro relacionado con Coraline, pero tuvo la muy mala suerte de no poder dar con ellos rápidamente. ¿Y qué le quedaba? Vigilar.

Tampoco se lo dijo a ella. No creo que se hubiese sentido muy cómoda siendo consciente de que era probable que los dos tipos la persiguiesen y que ella iba a estar cubriéndole las espaldas. Lo mejor es que siguiera con su vida, ajena a cualquier tipo de cosa mágica. Alguien tan buena como ella no se merecía verse envuelta en una guerra como aquella.

Aquella tarde había perseguido a Coraline y, aunque no lo pareciese, se sentía ella misma una acosadora. ¡Aquello era horrible! Sin embargo, pese a sus propios sentimientos de stalker profesional que se siente mal por invadir la intimidad de otras personas, al menos sirvió para algo. Pudo ver como, cuando Coraline caminaba de vuelta a su casa, los dos hombres que hace una semana le estaban persiguiendo a muerte, salían de un callejón y comenzaban a seguirla. Llevaba un gran abrigo con capucha y se estaba empapando con toda la lluvia que estaba cayendo, pero la verdad es que lo último en lo que estaba preocupada era en precisamente la lluvia. Lo que le tenía preocupada era... ¿cómo narices iba a enfrentarse ella sola a esos dos tipos en medio de la calle? Suspiró, para entonces caminar por la acera contraria a la que iba Cora y prácticamente con el rostro tapado, en dirección a los dos tipos. Traspasó a la chica y continuó caminando, intentando sorprender a los tipos.

¿Lo gracioso? Por el camino se chocó con una persona, la cual, mientras presumía de su masculinidad y atractivo —que precisamente a Sam le valía más bien poco—, ella se fijó en su rostro. A ese lo conocía de algo. ¡Claro que lo conocía de algo! De repente le entró la idea feliz, sobre todo cuando él mismo admitió reconocerla. Sam empujó al hombre al interior del callejón más cercano para no llamar la atención, aunque a ojos del resto de la calle que los viese —inclusive los dos tipos malos— debió parecer que Sam quería violar al pobre hombre en el interior de aquel oscuro callejón.

Antes de que pudiese decir nada, Sam alzó la varita que tenía en su mano de manera no agresiva, sólo para enseñársela. —Tú eres Connor Murphy.

Y tú Samantha Lehmann.

Bien, al menos las presentaciones estaban hechas.

Eres hermano de Cora, ¿verdad? —Él asintió. Recordaba perfectamente el momento en el que la chica se había presentado con apellido y todo. Ahora tenía sentido toda la historia de la familia. A decir verdad, Sam no la había relacionado en ningún momento con Connor Murphy, ya que no lo conocía más que de haberlo visto en los carteles. —Esos dos tipos la están persiguiendo por mi culpa y quiero enmendar mi cagada porque tu hermana se portó como nadie conmigo. Si me ayudas te prometo toda la información que puedan tener en sus cabezas y que no vuelvan a molestar a tu hermana nunca más.

En el mismo cartel de búsqueda y captura de la rubia ponía que era una peligrosa legeremante, por lo que suponía que Connor podría saber de sus habilidades perfectamente. Que era cierto que era legeremante, pero Sam tenía lo de peligrosa lo mismo que de morena.

Necesito a alguien que me cubra las espaldas si quiero ver qué guardan. —Básicamente, necesitaba a alguien que se encargase de uno mientras ella le leía la mente al otro. Para leer tenían que estar conscientes; para modificar recuerdos no. Pero ya que tenía oportunidad, qué menos que ver qué sabían y borrar lo máximo posible sus registros en contra de los fugitivos.

Sí, Sam era un amor: iba por ahí convirtiendo gente mala en gente buena.
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Coraline I. Murphy el Vie Dic 22, 2017 11:15 am

Es maravilloso como el mundo en su enorme grandeza resultara ser un pañuelo. También es curioso que pareciera que todos vivieran en un pueblo pequeño con pocos habitantes en el que todos se conocían, en vez de en una gran ciudad cosmopolita y reconocida mundialmente. A veces podía ser un auténtico coñazo, como cuando vas por la calle, te encuentras con alguien conocido y tienes que saludarlo por narices para no quedar mal, por muy pocas ganas que tengas de hacerlo; sin embargo, en otras ocasiones, como la que nos ocupa ahora, podía ser muy ventajoso encontrarse con una cara conocida y/o amiga.

A Connor le vino de perlas encontrarse con la rubia, a quien logró finalmente identificar cuando le dijo su nombre. Sabía que había visto esa carita guapa en algún sitio y ese sitio eran los carteles de búsqueda en los que el también aparecía; ya tenían varias cosas en común, eran guapos de narices y ambos estaban siendo buscados. Pero lo de que fuese amiga de la defectuosa de Coraline era una novedad y no se lo hubiese esperado por nada del mundo sabiendo que la chica repudiaba todo lo que tuviese que ver con la magia gracias a el precisamente. De todas formas, aquello le alegró mas que nada, pues lo veía como algo bueno, como una oportunidad para hacerla cambiar de parecer y volver a ser aceptado por ella.

Osea que ahora mi hermana se junta con brujas fujitivas, quien me lo iba a decir... — Se rascó el mentón despreocupado pese a que Sam le estuviese diciendo que aquellos dos iban a meter en problemas  a su hermana. No es que no le importara, sino que estaba tan seguro de que iba a poder controlarlo que no valía la pena gastar energías en preocuparse. — Eso esta hecho guapa, no tenías ni que pedírmelo ¿Que clase de hermano sería si no la ayudara? — Se alisó la chaqueta que llevaba puesta con ambas manos, era un maldito presumido y no tenía reparos a la hora de demostrarlo.

El hombre se libero del escondite en el que Sam le había metido para asomarse y ver el panorama, después volvió a centrar su atención en ella. — No hay ningún problema, pero estamos rodeados de casas de muggles, así que si no te importa voy a usar la fuerza. — Respondió, mientras se remangaba los puños de la chaqueta y la blusa que llevaba debajo. — Yo los distraigo y tu aprovechas para meterte en sus cabezas ¿Hecho?

Ni si quiera esperó una respuesta, porque el, con su par de narices, hacía lo que le daba la gana.

⚜️⚜️⚜️

La bibliotecaria se encontraba cerca de su casa, a tan solo una calle de esta, se encontraba caminando por una calle colindante a la que estuvo recorriendo con Sam cuando eran perseguidas y con aquel recuerdo se le escapó media sonrisa. Si, ahora le hacía gracia, pero en aquel momento lo había pasado realmente mal y había temido por la integridad de ambas.

Giró la cabeza ligeramente para mirar de reojo a sus perseguidores, aunque era absurdo intentar reconocerlos sin llevar puestas sus gafas ni las lentillas, las cuales se había quitado antes de salir del trabajo por pura comodidad. Le aliviaba saber que le quedaba poco para llegar a casa, pero tenía los nervios a flor de piel y la sensación de que en cuanto hiciera algún movimiento extraño algo malo pasaría.

Y pasó, pero no gracias a ella.

Escuchó un par de golpes e insultos en el aire y se giró inmediatamente, dejando que el paraguas y sus bolsas cayeran al suelo y se empaparan de agua. — La madre que lo parió... ¿Connor? — Si su vista no le jugaba otra mala pasada, estaba viendo como su hermano había dejado medio alelado a uno de esos tipos y se estaba enzarzando con el otro. Le pareció ver como el tipo al que intentaba retener sacaba una varita y entonces lo comprendió todo; eran los mismos que buscaban a Sam. — ¡Cuidado! — Le advirtió, señalando las intenciones de aquel maldito acosador.

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Sam J. Lehmann el Vie Dic 22, 2017 10:25 pm

Seamos sinceros... no es que Sam tuviese muchas referencias con respecto a hermanos. Ella era hija única y la única referencia que tenía con respecto a hermanos era a Nathaniel Kerr, el hermano de Henry, su mejor amigo. Y claro... teniendo en cuenta lo ruin y despreciable que era Nathaniel no solo con su hermano, sino con el resto de personas... pues oye, no se sorprendería lo más mínimo que un hermano no diese una mierda por su hermana. Pero claro, cómo bien digo, la rubia lo más cercano que había tenido a tener un hermano o hermana, era Henry y Caroline. Y había comenzado a tenerlos a partir de los once años, así que poca objetividad tenía. —Créeme, hermanos así he visto a montones.

Le gustó la predisposición de Connor, activo y con iniciativa. Salir ahí fuera y cogerlos por la fuerza, pegando puñetazos y patadas para hacer que ambos tipos se separasen. No hizo mucho más que encoger los hombros y asentir, saliendo detrás de él.

Hubiera sido mil veces mejor que hubiesen esperado a que Coraline se metiese en la casa, más que nada para que no se viese involucrada, de nuevo, en asuntos de magos. Sam estaba vestida con una gran chaqueta y capucha, además de que fue la última en acercarse a los tipos en cuestión. La rubia no tenía especialmente muchos conocimientos de defensa personal —pues por desgracia sus clases habían concluido hace tiempo sin aprender demasiado—, pero ella no tenía problema en usar la varita. Con la que estaba cayendo, poca gente estaría mirando y menos todavía repararían en que una persona tiene una palito de madera en la mano.

Cuando Connor dejó medio ido a uno de ellos de un puñetazo y se enzarzó con el otro. Sam aprovechó para apuntar al que estaba recién golpeado y solo para hechizarle con un 'confundus' que hizo que se cayese de culo al suelo. Se acercó a él, le sujetó por el cuello de su camiseta y se agachó a su lado, mirándole a los ojos y conjurando un 'legeremens' que hizo que pudiese entrar en su mente con suma facilidad. No solo pudo ver las verdaderas intenciones que tenían con Coraline —que mejor no las digo—, sino también muchísima información sobre los fugitivos que andaban persiguiendo. La rubia se quedó sorprendida de la cantidad de detalles que tenían, pese a que todos ellos viviesen escondidos y, aparentemente, sin dar información. Intentó rebuscar en su mente en busca de detalles más comprometidos, pero cuando se quiso dar cuenta, algo se clavó en su vientre. No fue una sensación en la que algo penetra a otro alzo, sino más bien punzante, como quién te pincha con el dedo.

Tú, puta, hoy vas a dormir en Azkaban. —De repente dejó de ver la mente de aquel hombre y frente a él estaba el tipo, con la varita puesta en el vientre de Sam. —¡Expulso!

Y voló.

Ahora sí, cualquier muggle que estuviese viendo eso debía de estar alucinando en colores psicodélicos. Salió disparada verticalmente y hacia atrás y cayó prácticamente diez metros más lejos sobre el capó de un coche, rompiendo el cristal. No es por exagerar, pero del golpe ella juraría que se le movió hasta el cerebro dentro de la cabeza.

Se apartó el fleco empapado de la cara e intentó bajarse de allí, sintiendo un dolor terrible. Aquel inesperado golpe le había dejado totalmente desubicada. El tipo comenzó a atacarle con diferentes maldiciones mientras se acercaba a ella, pero fue lo suficientemente avispada como para defenderse de todas. No fue hasta que el tipo conjuró un expelliarmus y la chica también se arriesgó con el mismo hechizo, que ambas varitas salieron disparadas. La del tipo cayó bajo un coche, mientras que la de Sam cayó hacia atrás, quedándose más cerca de Cora que de nadie más. Sin varitas en la mano, el tipo se relamió, seguro de que esa monada no podría hacer nada contra él. Sin embargo, nada más acercarse un poco, Sam rebuscó entre sus clases de hace dos años de defensa personal y... esquivó un golpe para luego dar un fuerte puñetazo en el rostro del enemigo.

Increíble, ¿verdad? Eso era fruto de la adrenalina y nada más. ¿Consecuencia?

Sí, el tipo cayó al suelo con la nariz rota y medio subnormal. ¿Pero ella? Con su otra mano sujetó su puño izquierdo, temiéndose lo peor. ¡Mira que le habían dicho que cerrase bien el puño! Zarandeó varias veces las mano y dio varios saltos, soportando ese terrible dolor en la mano. Comenzó a buscar, aún cagándose en todos sus muertos por haberse roto la mano —o eso pensaba ella—, su varita por el suelo. Necesitaba su maldita varita o iba a ser totalmente inútil.
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Coraline I. Murphy el Vie Dic 29, 2017 2:30 am

Coraline estaba alucinando mas que nunca, no comprendía lo que estaba pasando y tenía demasiadas preguntas que hacer: ¿Que hacía Connor allí apaleando a esos dos? ¿Y por qué estaba con Sam? Aquello era lo que mas la desconcertaba, pues la última vez que habían estado solas y habían hablado de el, la rubia no le había dicho que le conociera, ¿la había engañado o se habían conocido mas tarde? Necesitaba saberlo con todo lujo de detalles. Lo único que le había quedado claro es que ambos parecían tener un objetivo en común y este era reducir a los perseguidores que querían cobrar por la cabeza de Sam y que ahora también estaban interesados en la bibliotecaria. Poco a poco todo iba teniendo mas sentido según iba analizando la situación, pero no era momento de pararse a pensar bajo la lluvia mientras veía como ellos peleaban.

Tenía que hacer algo.

Con impotencia siguió los pasos de Sam sin preocuparse por Connor, tal y como el presumía siempre era un tipo duro de roer y sabría defenderse solo frente a aquel caradura, pero Sam... Había salido despedida ante un hechizo salido de la varita del otro tipo y había chocado contra un coche; le dolió tanto a Cora como a ella, aunque no literalmente, claro.

La varita de Sam acabó cayendo en el lugar en el que ella se encontraba y comenzó a correr tras ella al ver que estaba siendo arrastrada por una corriente de agua que había en el suelo, probablemente lo que menos necesitaba la rubia en esos momentos era perder su varita. Coraline imaginaba que eso era una de las peores cosas que le podían suceder a un mago, al fin y al cabo ese objeto era el centro de su magia - desde su punto de vista muggle - y por eso también era muy importante romperlas cuando alguien quería usarlas en tu contra. La varita de Sam estaba apunto de meterse por el hueco de una cloaca cuando Cora se lanzó en plancha contra el suelo para recogerla a tiempo.

Se levantó rápidamente y tras un par de resbalones corrió junto a la chica, quien había dejado atontado a su atacante, y le dio su varita. — ¡Aquí tienes! ¿Estás bien? — Vio como sujetaba su propia mano herida y todas sus alarmas internas comenzaron a sonar ¿se la había roto? Dios, ojalá no fuera eso.

El mago volvió a levantarse y Cora, en un estúpido acto de valentía le dio una patada en la rodilla que había aprendido en sus clases de defensa personal que hizo que el tipo volviera a acabar en el suelo. Connor vio aquello de refilón y se quedó sorprendido por la actitud de su hermana, casi se pudo apreciar un ápice de orgullo en su mirada. Aquella distracción le hizo recibir el golpe de un hechizo en el costado, el cual le hizo rabiar de dolor pero no fue suficiente para tumbarle. Esta vez acabó por sacar su varita y lanzar un hechizo contra su atacante, el mismo que habían usado contra Sam, para que probaran de su propia medicina.

Aquel tipo quedó fuera de combate al chocar contra una farola y acabó inconsciente en el suelo, con una postura bastante graciosa y digna de un borracho de pueblo. Pero, ahora tenían otro problema... Connor pudo ver como desde el portal de uno de los bloques de apartamentos, había un chaval de no mas de diez años grabando con un Iphone todo lo que estaba pasando. No podía creérselo, ¿que hacía un crío tan pequeño con un móvil tan caro? Además de que se habían metido en otro problema mucho mas gordo aún.

¡Eh chaval! ¿Que estás haciendo? — Le increpó. El niño al darse cuenta de que había sido descubierto, salió del portal y se fue corriendo por un callejón aledaño al edificio. — Joder, lo que me faltaba. ¡Chicas! ¿Habéis terminado? Tenemos otro asunto que resolver — Demasiado trabajo, hurgar en la mente de aquellos dos y probablemente tener que desmemorizar a aquel chaval.
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Sam J. Lehmann el Mar Ene 02, 2018 10:31 pm

Madre del amor hermoso, ¿cómo podía ser tan idiota? ¿Cómo podía tener tanta fuerza y administrarla tan mal con su puño? Sentía que se le iba a caer a trocitos la mano sólo con moverla un poco. ¿Lo bueno? Al menos el tipo había quedado medio atontado, porque lo peor hubiera sido quedarse sin mano y encima no conseguir nada en el inteto. Esperaba con toda su alma que no fuese nada grave, porque como se hubiese hecho daño de verdad en la mano, aquello podía ser muy doloroso. Doloroso de verdad. Además de que ella tenía muy reducido sus conocimientos con respecto a magia curativa y curar eso a lo muggle le daba la sensación de que iba a ser peor.

Sin darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor, de repente sintió a Coraline a su lado, dándole la varita. Seguro que ella no sabía el valor de una varita, pero el rostro de una Sam que creía perdida la varita debió de dejárselo bien claro. La sujetó con su mano buena, para entonces mirarla y negar con la cabeza. —No dejes que vuelva a intentar pegar un puñetazo nunca en mi vida, por favor. —Y lo dijo con un rostro dolorido, manteniendo la mano todo lo quieta que le permitía la situación.

En su cabeza ahora mismo había una mini-Sam quejándose continuamente de lo idiota que había sido. Si Emily apareciese ahora, no estaría nada orgullosa de ese golpe. Aunque en su defensa debía de decir que llevaba casi un año y medio sin practicar y ella siempre había sido una negada en todo eso. Milagro había sido que todo saliese relativamente bien. La legeremante, ahora con la varita en la mano y aprovechando la patada de Coraline, se acercó al tipo y ni se preocupó en leerle la mente. Simplemente lo dejó inconsciente con un sencillo hechizo y le modificó la mente para que olvidase todo lo relacionado con Sam Lehmann y los hermanos Murphy. Al ver como Connor dejaba fuera de combate el otro, Sam corrió hacia él, sintiendo un mini infarto al sentir que casi se cae de culo por resbalarse con un charco de agua. Sin embargo, sana y salva, llegó al otro tipo, repitiendo el proceso rápidamente en su mente. Gracias a Dios eso sí se le daba bien, no cómo lo de pegar un puñetazo.

Pero antes de poder encargarse de los cuerpos o alguna cosa así —ya que de repente dejarlos ahí era como un poco raro—, fue cuando Connor llamó la atención de las chicas para alertarlas de que había un niño de diez años grabándolo todo con un móvil. ¿En serio? Podían enfrentarse a mortífagos, a cazarrecompensas, a un gobierno entero... ¿y un niño de diez años con un móvil les estaba desafiando? Eso ya era cosa de locos.

Corrió hacia allí y sólo pudo sentir como su mano le ardía horrores. ¿Qué hizo? Pues lo único que en ese momento le ayudaría a hacer algo de provecho. Se apuntó a su propia mano y con un frigus no verbal se hizo un ligero hechizo en la mano. La piel de esa zona comenzó a tornarse ligeramente blanquecina y azulada, creando una fina capa de hielo que además de aliviarle el dolor, se encargaría de evitar que pudiese gesticular con la mano y que le doliese. Así que ahora que estaba mejor, corrió unos segundos después detrás de Connor y Coraline. Para cuando llegó a ellos, el niño se había resbalado con el pedregoso suelo mojado y se había caído de culo. El iPhone se empapaba en medio de ese charco, pero él estaba de rodillas pidiendo clemencia.

¡POR FAVOR, NO ME MATÉIS NI ME HAGÁIS ESO QUE LE HABÉIS HECHO A ELLOS! —Dijo llorando, un tanto desesperado porque obviamente no entendía qué narices les había pasado a los dos tipos de la calle. —No quiero morirme. Y eso parecía doloroso. Prometo no decir nada, lo juro. Lo juro por mi madre. ¡Y por mi hermana pequeña! ¡No diré nada! Por favor, no diré nada...

Sam se quedó atrás de Connor y Coraline, esperando que ellos tomasen la decisión. Si ellos querían, ella lo haría. Sin embargo, hace tiempo que los muggles son mejores aliados de los magos y, tal y como estaban las cosas, la rubia había sido partidaria de dejar que la magia comenzase a fluir por el mundo muggle de la mejor manera posible. Ahora, más que nunca, los 'magos buenos' necesitan apoyo, ¿no?
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Coraline I. Murphy el Miér Ene 03, 2018 4:24 am

Aquello parecía una muy mala película de comedia, de esas que se solían poner en la televisión las tardes de los domingos y que solo se tragaban las madres cincuentonas que se apropiaban de la televisión del salón de sus casas. Telefilm las llamaban y eran películas con argumentos absurdos, efectos especiales mas cutres que los de las películas de los ochenta y actuaciones aún mas pésimas. Por eso, Cora se sentía como en uno de esos telefilms, porque aquella situación era totalmente absurda. Por un lado, tenían a dos magos inconscientes tirados en plena calle y por otro a un niño con alma de youtuber que les había grabado para hacerles famosos. ¿Que les faltaba? ¿Una villana de telenovela barata que quisiera hacer la vida imposible a Sam y Cora y quedarse con Connor para ella? ¿Un dinosaurio rex con ojos láser?

Que desastre.

Por si fuera poco a Coraline lo que mas le importaba de todo, dejando de lado aquel lío enorme en el que se habían metido los tres, era que la mano de la rubia tenía muy, pero que muy mal aspecto; o ese tío tenía una cara de hierro o la chica tenía muy poca fuerza. Supuso que era mucho mas normal que se tratara de la segunda opción, dado que los magos acostumbraban a hacerlo todo bajo el uso de sus varitas y lo físico no era muy habitual en ellos.

Al ver a Connor ir tras el niño, la morena corrió tras el para evitar que hiciera alguna estupidez. No, no estaba pensando en que su hermano fuese a hacerle daño a un niño pequeño, ya que por muy imbécil que fuese no era una mala persona del todo; aún así era un maldito cabezón y mas bruto que un arado, lo que le hacía ser capaz de asustar al niño hasta tal punto de crearle un trauma.

Lo siento chaval, pero no tenías que haber grabado eso ¿No tenías algo mejor que hacer, como jugar al Pokemon Go? — Escuchó decir a Connor, quien le apuntaba con una varita. La bibliotecaria se acercó a el y le obligó a bajar la varita poniéndose frente al niño. —  ¿Pero que le vas a hacer al pobre crío? — Espetó, molesta con su actitud. Su hermano puso los ojos en blanco y apoyó las manos sobre su propia cintura con un gesto cansado. — No le voy a matar, solo es un pequeño "obliviate" para que vuelva a su casita sin recordar nada. — Respondió en tono burlón, como si Cora fuese incapaz de entender lo que aquello significaba.

Se agachó y ayudó al niño a levantarse, quien estaba muerto de miedo, y después cogió su teléfono mojado del suelo. Intentó encenderlo varias veces, pero estaba completamente empapado. — Mira, no funciona, no tenemos por que hacerle nada. — El niño se escondió detrás de Cora y miró fijamente la mano de Sam, a quien tenía de frente. — P-puedo ayudar a la señorita, mi mamá es enfermera y tiene cosas para curar en casa.  — Se ofreció, en un intento de salvar el pellejo.

Connor puso los ojos en blanco y se acercó a Sam, sabiendo que iba a ser imposible tratar de negociar con su hermana, era tan cabezona y testaruda como el mismo. — ¿De verdad tenemos que fiarnos de este crío? Con un hechizo sería suficiente para mandarle a callar. Además aún tenemos que resolver el problema de tus amiguitos. Deberíamos darle el soplo a algún miembro de la orden para ver si puede echarnos una mano. — Connor odiaba pedir ayuda, pero en aquel momento la necesitaban mas que nunca. Literalmente estaban con el agua hasta el cuello.
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Sam J. Lehmann el Jue Ene 04, 2018 9:59 pm

Había muchas maneras de pegar un puñetazo: bien, mal, decente, fatal, de puta madre y CATASTRÓFICAMENTE MAL. Bien, ¿a qué no adivinas cuál fue la opción de Sam? Sólo te digo que probablemente en ese segundo en el que ella tuvo que improvisar ese puñetazo, no tuvo muy claro nada. Ni de tensar la muñeca, ni de pegar con los nudillos, ni de cerrar bien el puño... nada. Y claro... por mucho que tengas o no fuerza, un golpe mal dado, era un golpe fatal en un lugar tan delicado como es la mano, con tantos huesos tan débiles. Y así estaba, con sus remedios caseros a base de hielo corriendo detrás de los hermanos Murphy mientras se sentía terriblemente empapada por todos lados.

Cuando llegó frente a los dos y el niño, con la mano buena se hizo el pelo hacia atrás, quitándose de en medio de la cara todos los mechones cargados de agua que le impedían ver. Ella, desde que comenzó todo su despropósito de vida, tenía bien claro quiénes eran ahora mismo sus enemigos y quiénes podían ser sus aliados, por lo que no iba a cometer la idiotez de ayudar a aquellos que quieren meterla entre rejas preocupándose porque unos muggles sean conscientes de que existe la magia.

Entre la discusión de los hermanos, Connor decidió acercarse a Sam en buscar de una segunda opinión y probablemente una que distase de la que tenía Coraline. Por desgracia, no la iba a conseguir. —El móvil está roto y nadie va a creer nada de lo que diga un niño de ocho años —dijo Sam.

Tengo diez. —Se quejó el niño.

Sam lo miró de reojo, como si esa matización fuese totalmente irrelevante, pero bueno, no dijo nada, ya que suponía que el niño se sentía ofendido por haberle quitado dos años.

Tenemos a los dos tipos en medio de la calle tirados a los que nos vendría bien llevárnoslo de ahí para evitar más problemas como éste. —Señaló al niño. —Ya no recuerdan nada de nosotros ni de Coraline, pero tanto como si queremos seguir sacándoles información como si no, tenemos que llevarlos a un sitio en donde no sea tan descarado. Si los encuentran ahí o se despiertan, no serán tan imbéciles de obviar el detalle de que han sido desmemorizados frente a la casa de Coraline Murphy, casualmente hermana de un fugitivo que vale treinta mil galeones. —Sí, estaba dándole todo el peso importante a los tipos, ya que al menos para Sam aquel niño no tenía ningún tipo de maldad. Y si la tenía, ¿qué más da? Los muggles ahora mismo eran preocupación del gobierno, no de ellos. Además, imagináos por un momento al niño volviendo a su casa emocionado y soñando a partir de ahora con palos de maderas que hacen magia, ¿no era adorable? Se llevaría una decepción cuando dentro de un año no le llegase la carta de Hogwarts. Como el 90% de niños del mundo.

Así que el niño, al ver como las chicas le defendían, caminó detrás de ellas hasta colocarse a resguardo del hombre. Cuando tuvo la oportunidad, salió corriendo por el callejón por donde había llegado para entrar en su casa rápidamente. Seguro que se llevaba dos collejas de su madre: una por empaparse de esa manera en invierno, no fuese a coger una pulmonía y otra por haber perdido el iPhone. Un maldito iPhone.

Sam siguió los pasos del niño sin tener muy en cuenta si Connor estaba o no de acuerdo con dejarlo ir —ya que ella no estaba por la labor de desmemorizar a un niño—, hasta llegar de nuevo a la principal. Entonces se dirigió al hermano de Cora. —No tengo relación con ningún refugio de fugitivos, pero supongo que tú sí. ¿Quieres llevarlos allí y ver qué sacas o nos deshacemos de ellos en algún otro lugar? —preguntó, por aportar el granito de arena con todos sus aliados.

Ella ya tenía la consciencia tranquila sabiendo que esos dos cabezas huecas ya iban a dejar a atormentar a Coraline en pos de encontrarlos a ellos. Lo que hacer ahora, se lo dejaba totalmente en manos de Connor.
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Coraline I. Murphy el Lun Ene 08, 2018 8:10 am

El mayor de los Murphy resopló al ver que era imposible convencer a aquellas dos de desmemorizar al niño; definitivamente no le gustaban las mujeres que hablaban por los codos y eran moralistas, como ellas. Se limitó a ver con resignación como el maldito niñato huía de ellos hacia su casa. Le dolía admitirlo, pero Sam tenía razón, si alguien hacía caso a un niño que explicaba que había visto a un grupo de personas haciendo magia con varitas en plena calle estaba muy pero que muy loco. Sin embargo, para mantener su orgullo intacto y evitar a toda costa darle la razón a la lluvia hizo voto de silencio; solo esperaba que aquel crío recibiera una buena tunda por parte de su madre por haber perdido su móvil. Y es que si, el niño podía haber sido muy avispado al salir corriendo, pero el teléfono seguía en manos de su hermana.

Se acercó a ella y se lo arrebató de las manos con cierta brusquedad, para a continuación lanzarlo contra la pared situada a su lado y hacerlo añicos. Sin duda alguna, si lo que pretendía Connor era hacer las paces con Coraline, lo llevaba claro. — Problema número uno solucionado, a ver quien tiene narices de recomponer esto. — Recogió los pedazos rotos del teléfono y los tiró a la basura mas cercana ante la atónita mirada de su hermana. — ¡Venga, claro que si! Vamos a romper cosas y a armar jaleo para terminar de ser descubiertos.  — Exclamó Cora con sarcasmo, nada contenta con la actitud de Connor.

Se quedó escuchando la conversación entre ambos sin entender demasiado bien de que hablaban y a que se referían con lo del refugio, conocía el tema de la orden de pura pasada, pero poco mas. En resumen, lo que le quedó claro era que debían hacer algo rápido para sacar a aquellos dos de la calle y al ver que su hermano no estaba por la labor de ofrecer una solución inmediata decidió intervenir.

¿Y que tal la casa de Lady Wallace? — Preguntó cortando la conversación entre Sam y su hermano. — Es una casa de... Citas. — Trató de explicar de forma elegante. — Un prostíbulo dirás. — La cortó Connor, corrigiendo sus palabras como solía hacer siempre. — ¿Y como sabes tu que es un prostíbulo? En fin, podemos quitarles las varitas, romperlas y llevarles hasta allí; al fin y al cabo solo parecen dos borrachos ahora mismo y podría dar el pego. — Coraline pensó que era una solución mucho mas estable, además de que aquel lugar no estaba muy lejos de allí y podrían llevarles a cuestas.

Connor la miró pensativo, con el rostro serio y dubitativo. — Y que la señora Wallace y sus chicas terminen de drogarles hasta las trancas y les quiten todo lo que lleven... No es mala idea. Unas copas de mas, buena compañía y descontrol absoluto, puede colar; con un poco de suerte esta cagada hará que finalmente les retiren de las calles y se deshagan de ellos. ¿Que pensáis? A mi no me daría ninguna pena si los llevan a Azkaban por negligencia o si se los cargan. — Tan sincero como siempre, Connor terminó de dar su opinión respecto a la sugerencia de Coraline, ahora solo faltaba ver que pensaba Sam.

Además... Quizás puedan ayudarnos con tu mano, tiene muy mala pinta. — Añadió Cora acercándose a la rubia y tomando su mano fría como el hielo para examinarla. — La próxima vez es mejor que ataques directamente a sus partes nobles, te dolerá menos. — Dijo la experta en dar patadas en los cataplines a magos malignos.

Murphy hijo, cansado de estar allí y con ganas de acabar con aquello, volvió a la calle principal y cogió a uno de los tipos a cuestas para empezar su camino hacia el burdel. — Venga, coged al otro como hago yo, como si fuese un colega muy perjudicado. — Coraline miró a Sam sin estar demasiado convencida de aquello, pero finalmente se acercó al otro tipo y comenzó a incorporarle.

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Sam J. Lehmann el Lun Ene 08, 2018 10:49 pm

La legeremante soltó un bufido de lo más divertido cuando Connor dijo que haber quién tenía narices de recomponer eso. Que oye, que lo hubiese dicho Coraline, que no tenía ni idea de nada del mundo mágico pues hubiera tenido su gracia, ¿pero Connor? ¿Será consciente de lo fácil que es recomponer eso con un 'reparo' si están todas las piezas? No dijo nada, claro. Lo que le faltaba, meterse en asuntos de hermanos que se ve que no se llevan del todo bien. Ella solo opinaba cuando se le decía que opinase, en realidad. Ya ella estaba bien tranquila habiéndole quitado a la morena a aquellos dos estorbos de encima.

La idea de hacerlos pasar por borrachos en un prostíbulo y aprovecharse para romperles las varitas, sin duda era una idea genial. Aunque más que romper las varitas... Sam optaría por quedárselas, al fin y al cabo, estaban a la orden del día los fugitivos que se quedaban sin varitas, por lo que no sobraban precisamente. Connor podría llevárselas, ya que él sin duda alguna tendría más acceso a fugitivos que la hubiesen perdido en alguna ocasión. El rostro de Sam contrajo un gesto bastante afable, ya que la idea en general le había gustado. —Por mi bien —respondió escuetamente. La verdad es que si somos sinceros, ahora mismo no le apetecía tener una charla larga y tendida teniendo en cuenta el palpito que sentía en la mano. —Si trabajan para el Ministerio y los encuentran así, les retirarán como mínimo. No creo que terminen en Azkaban, básicamente porque tiene que haber muy poco hueco libre reservado expresamente para los traidores de la sangre y toda esa mierda clasista que tanto le gusta al nuevo gobierno. —Argumentó, frunciendo los labios. —Aunque ojalá terminen ahí.

La frente se le frunció automáticamente cuando Cora sujetó entre su manos la suya, ya que le dolía muchísimo. Su recomendación había sido posiblemente la misma que le hubiera dado cualquier persona inteligente con nociones pegando puñetazos y defendiéndose, pero está claro que cuando piensas en las cosas fuera del momento intenso, las cosas suenan mucho mejor y más lógicas. ¿Pero ella? Ella hace un rato y teniendo al tipo tan cerca y amenazante, vio la idea de cerrar el puño e impactar contra su nariz fuertemente como una idea maravillosa. —Ya... —Esbozó una pequeña sonrisa. —Fue un acto reflejo, hace mucho que no practico y en ese microsegundo parecía una buena idea —confesó, encogiéndose ligeramente de hombros. —Obviamente no lo pensé muy bien.

Iba a tener que ponerse a tope con eso y refrescar lo que había aprendido hace dos años, además de aprender cosas nuevas que le ayudasen, porque se ve que no era para nada diestra con la varita, por lo que al menos tener cierta defensa física en la que apoyarse.

Suspiró, para entonces ver a Connor, fuerte y poderoso, coger a aquel hombre con facilidad y arrastrarlo como si nada. La chica miró a la morena, esbozando una pequeña sonrisa divertida y aceptando la opción, ya que utilizar más magia dadas las circunstancias no parecía muy inteligente. Así que se apartó el pelo mojado de la cara y ayudó a Cora, haciéndose con la mitad del peso del tipo con el brazo bueno. Connor parecía un velociraptor, ya que estaba unos cinco coches por delante de ellas cuando las dos chicas comenzaron a caminar. Sam esperó un momento antes de empezar a hablar, ya que creía que Coraline se merecía una especie de explicación de por qué Connor y Sam habían impedido justo en el momento que los dos tipos fuesen a por ella. Y claro, sus sospechas seguro que eran claras. —Sí, te he estado vigilando esta semana porque sabía que esos dos tipos iban a ir a por ti solo para encontrarme a mí. Quería quitártelos de encima sin que te dieses cuenta, pero claro... Perdón por no avisarte y acosarte desde la esquina. —Lo dijo con un tono divertido, esperando de verdad que no se molestase ni por 'la vigilancia' ni por no habérselo dicho. —Lo que no me esperaba era encontrarme con tu hermano vigilándote también desde el callejón hoy... ¿No os lleváis muy bien? —preguntó por curiosidad, esperando no molestar con la pregunta, ya que se basaba en lo que había vivido ahora mismo entre ellos.
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Coraline I. Murphy el Vie Feb 23, 2018 2:30 pm

Aquel tipo que Sam y ella llevaban a cuestas olía a una mezcla de perro mojado y cuero envejecido a causa de la ropa que llevaba, cosa que le hizo preguntarse si todos los magos que llevaban aquellas pintas tan extrañas olían igual; cosa rara, porque Sam iba la mar de mona siempre y olía muy bien, pero claro, ella no era como los demás y lo había dejado claro desde el primer momento. Le preocupaba la mano de la chica y el hecho de que no pudiera cargar bien con el tipo, pero al parecer podía apañarse, así que se centró en aligerar el paso para llegar cuanto antes al burdel... Digo, a la casa de citas de la señora Wallace. Casi todos los del barrio conocían aquel lugar, ya fuese por las buenas o por las malas, y la mayoría (exceptuando a algunas esposas despechadas) apreciaba a la singular mujer y sus chicas, pues la verdad era que nunca habían causado demasiados problemas y eran bastante discretas. Si tu no te metías en sus asuntos, ellas no se metían en los suyos, así de fácil.

La voz de la rubia la sacó de sus pensamientos y rápidamente puso su atención en ella, cayendo en la cuenta de que era cierto, parecía que la había estado siguiendo. — Puff... No quiero regañarte, pero... Es verdad, tendrías que haberme avisado de que me seguían, quizás hubiésemos podido solucionar las cosas de otra forma. — Se encogió de hombros haciendo que uno de los brazos del tipo se levantara ligeramente, como si estuviese despierto. Le miró alarmada esperando otro movimiento, pero seguía completamente tieso. — Pero no pasa nada, dentro de lo malo las cosas han salido relativamente bien, aunque me sigue preocupando ese crío. — Mas que nada porque eran vecinos y tendría que verselas con su madre en cuanto le fuese con el cuento y no sabía que excusa le iba a dar ante los delirios del niño.

Miró a Connor quien parecía estar en una carrera compitiendo con ellas, ya que las había adelantado sobremanera. — Si, la verdad es que no tenemos una relación perfecta de hermanos que se quieren con locura. — Explicó, bufando con molestia al ver como comenzaban a caer gotas del cielo nuevamente. — Durante toda mi vida se ha estado burlando de mi por ser squib y ahora le ha dado un venazo y quiere hacer las paces conmigo ¿Te lo puedes creer? — La miró con indignación. — Se que lo intenta y lo hace de buena fe, pero la verdad es que con ese carácter de mierda que tiene no va a conseguir nada.

Connor giró la esquina y se metió por una calle poco concurrida cuyo suelo estaba lleno de agujeros y bastante destrozado por el paso del tiempo. Poco después Coraline tirando de Sam y del otro mago, llegaron a su situación y se encontraron con el hombre hablando con la famosa señora Wallace, quien se encontraba en la puerta del edificio que utilizaba como "casa de citas". — ¿Esa es tu hermana, Connie? Que cosa mas bonita, y su amiga también eh. — Le dio un codazo cómplice en el costado, aprovechando para meterle algo de mano, mientras Connor sonreía con orgullo, sabiendo de sobras lo que solía provocar en las mujeres.

Pero no era muy normal estar orgulloso de que una señora cincuentona, con el maquillaje corrido y vestida como si tuviese veinte años estuviese atraída por el, mas bien daba algo de grima. Menos mal que Lady Wallace era una buena persona a pesar de su profesión, sino la cosa hubiese sido mucho peor.

Vamos, entrad que estáis empapados, mis chicas y yo nos haremos cargo de estos dos machotes. — Soltó una carcajada se metió en el interior del edificio, seguida por Connor. Coraline miró a Sam con cara de circunstancia, empezando a arrepetirse de haber tenido aquella fabulosa idea. — ¿Estás preparada? No nos pasará nada... Espero. — Jamás había cruzado el umbral de aquella puerta y no estaba segura de querer ver lo que se escondía allí dentro.
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Sam J. Lehmann el Lun Feb 26, 2018 9:51 pm

Estaba claro que nadie aceptaba de buen grado el hecho de que te siguiesen. Eso era probablemente un sentimiento universal. Era invadir la intimidad de la otra persona y, por mucho que tuvieses tus buenos motivos para hacerlo, era algo que de una manera u otra podía llegar a molestar al receptor. ¡Y con toda la razón del universo! Pero le pareció de lo más agradable que Cora no quisiera regañarla, aunque lo hiciese un poquito. —Ya, no quería meterte en nuestras mierdas... otra vez. —Se excusó, pese a que era bien consciente de que era una excusa de mierda. —Gracias por no enfadarte. Es que en serio... te juro que cuando actúo pienso que hago lo correcto, pero mírame... entre esto y la mano rota... está claro que debo de pensar más antes de actuar... O pensar más, a secas. —Esbozó una sonrisa de lo más divertida. ¡Y es que es verdad! Sam jamás hacía nada con maldad. Si se equivocaba era... más por sobreprotección que por otra cosa.

Le preguntó por pura curiosidad por el hermano, ya que no se parecían ni en lo blanco del ojo. Ya no sólo físicamente, pues por muy creído que se lo tuviese Connor, su hermana le daba tres mil patadas en cualquier categoría—aunque quizás Sam no es demasiado objetiva en ese aspecto, oye—, sino en la actitud de ambos. Madre mía, toda la educación que parecía tener Cora parecía haberle faltado al chico. Se sorprendió al escuchar la historia de ambos, mirándole un tanto incrédula. —¿En serio? —Negó con la cabeza. —Pues no sé, pero es un poco estúpido intentar buscar el perdón y la reconciliación cuando su cabecita está por ahí en todo el mundo mágico. Digo, si lo que pretende es mantenerte a salvo, algo está haciendo mal —dijo con sinceridad, sin ánimos de sonar agresiva u hostil hacia el hermano, simplemente estaba dando su punto de vista. Ella intentando alejarse de sus seres queridos para no inmiscuirlos y ese señor intentando restablecer sus lazos fraternales, madre mía.

Continuaron con el camino, girando una esquina a tiempo de ver a Connor hablando con una señora. Señora mayor, que no vieja, cincuenta y tantos. Escuchó sin decir nada, hasta que la morena la miró, preguntándole que si estaba preparada. La verdad es que si era por Sam, prefería dejar al señor que llevaban a cuestas en la puerta y esperar ahí fuera, aunque estuviese mojándose hasta sus huesos. Pero bueno, tampoco iba a quedarse ahí sola, la verdad. Así que asintió con la cabeza y entró junto a ella, arrastrando todavía a ese pobre señor que a saber qué harían con él.

El interior estaba super cargado de calefacción y poseía unas luces de neón rojas por todos lados, dando un aspecto muy... chungo. Entre que no se veía bien—al menos para Sam—y que casi todo el inmobiliario era de cuero rojo y resbalaba con lo mojado que estaban y que le dolía a horrores la mano, ahora mismo Sam estaba muy lejos de estar en su zona de confort.

Venid por aquí, chicos, ignorar a esos tipos, son un poco intensos... —Les dijo la señora, señalando a un grupo de hombres en una de las mesas centrales con toda la superficie de la misma llena de chupitos vacíos. Debían de estar hasta la médula de alcohol y, por su comportamiento, lo parecía. —Tenemos el sitio perfecto en donde dejarlos hasta que podamos encargarnos de ellos. No os preocupéis, que una vez los dejéis aquí, podéis estar tranquilos. Tenemos a un desmemorizador genial que dejará a esos dos idiotas como una regadera. —Abrió una puerta al final de un pasillo, pero antes de entrar se giró hacia ellos. —Supongo que tendrá que borrar cualquier rastro de vosotros tres, ¿no es así?

Preferiblemente... —contestó ella.

Está bien, ¿qué te pasa en la mano, querida? —preguntó la señora al fijarse en ella, viéndola helada.

Un fallo de cálculos...

¡Una patada en los huevos siempre es mejor, mujer! Te falta experiencia —dijo ella divertida, entrando al interior de la habitación.

Sam miró de reojo a Coraline, mordiéndose el labio inferior, negando con la cabeza. Si es que iba a tener que hacerse experta a pegar patadas a la entrepierna de los hombres y olvidarse del uso de las extremidades superiores. Una vez dentro, la puerta se cerró detrás de todos y la señora les señaló que dejasen a los tipos sobre un sillón de tres plazas. Ellas obedecieron, ya que al menos la rubia tenia ganas de quitarse a ese tipo de encima ya.

Vale, mi Connie lindo y tú eres... Samantha Lehmann, ¿no? Vaya por Dios, dichoso sea mi corazón de buena persona, o si os delatara ahora mismo a ambos podría tener vacaciones pagadas hasta el día de mi muerte... —Soltó una carcajada. —Siempre he querido ir a Madagascar.... Pero tenéis suerte de que me gustan más los negocios. Sentáos, sentáos. ¿O tenéis prisa?

Sam miró de reojo a Coraline, más perdida que un hipopótamo escalando el Everest. Ella prefería irse y curarse esa mano, pero tampoco sabía qué podía ofrecerles esa señora. Así que en base a su estado desubicado, miró a Cora buscando en ella respuesta. Lo cual era gracioso: pidiéndole consejo a una squib que probablemente tuviese menos idea que la propia legeremante. Pero ahora mismo, de ahí dentro, era su única amiga.
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