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Here we go again [Nerys Lily-White]

Marnie A. Lily-White el Jue Dic 28, 2017 3:27 pm

Como cada día, a primera hora llevé a cabo la ronda de la mañana por las distintas habitaciones donde se hallaban ingresados pacientes a causa de diversas dolencias, para comprobar si se había producido una mejoría en su estado y poder darles el alta o, por el contrario, prolongar su estadía al no observarse cambios positivos. Uno de ellos me tenía especialmente preocupada, pues había recibido la mordedura de una criatura altamente venenosa y su aspecto no era muy halagüeño. Su tez continuaba pálida y desde su llegada no había despertado una sola vez, pero lo peor era ver a su esposa sentada junto a él día tras día durante las horas de visita y no poder darle buenas noticias.

Sin embargo, tan pronto como terminé con las visitas me obligué a dejar de pensar en ello y centrarme en los nuevos pacientes del día, que no eran pocos. En ocasiones parecía que todo el mundo se ponía de acuerdo para enfermarse o sufrir un accidente que lo mandaba directo al hospital y hoy era uno de esos días. Claro que también sería necesario aclarar que muchos de ellos acudían por tonterías haciéndote perder un tiempo precioso que podría haber sido empleado para atender a una persona más necesitada. Pero qué se le iba a hacer, paciencia. No podía ponerme a dar sermones a la gente que se suponía debía atender adecuadamente, ni siquiera en mis peores días.

Bueno, parece que esto ya está —dije tras aplicarle un ungüento en las heridas al pequeño paciente que había sido atacado por un bowtruckle. Todavía no me explicaba cómo había sucedido aquel incidente, pero por suerte las heridas no habían sido graves y los diminutos dedos de la criatura no alcanzaron a dañarle el ojo, lo cual hubiese sido nefasto—.  Recuerda tener más cuidado la próxima vez que juegas cerca de un árbol —añadí con suavidad mientras le recompensaba con una varita de regaliz por su buen comportamiento. Seguidamente, le di un par de indicaciones a su madre acerca de cómo y cuándo aplicar el ungüento, así como también donde podía encontrar el bálsamo.

Una vez abandonaron la consulta me dispuse a terminar de escribir el informe médico y, justo cuando dejé la pluma sobre el escritorio, la enfermera dejó pasar al próximo paciente—. Buenos días —saludé antes de elevar el rostro y encontrarme con aquellos ojos color avellana que reconocería en cualquier parte—. ¿Otra vez tú? Si no fuera porque soy tu hermana y no un tío bueno, diría que lo haces a propósito como excusa para verme. Anda, cuéntame que ha sido esta vez —dije soltando un suspiro.
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Nerys Lily-White el Dom Dic 31, 2017 3:13 pm

De los artículos para El Profeta no se vive con mucho lujo, o más bien todo lo contrario. No es difícil imaginar, pues, porqué me hallaba en un bosque en el norte de Europa en busca de plumas de Jobberknoll. Las recojo y luego las vendo al mejor postor, pero jamás capturo o creo ningún daño al pequeño pájaro. Si acaso la mayor desgracia que puede pasarle a un Jobberknoll en mi presencia es que me ponga pesada y lo acose a fotografías. Jamás haría daño intencionadamente a una criatura como aquella, que no tenía el poder de hacerme ningún daño. Y es que vivo por y para las criaturas fantásticas en general, y solo se me ocurría herirlas si una de estas estuviera a punto de matarme a mí o a otro mago, bruja o muggle que se encuentre en medio de su camino.

Tuve la desgracia de escuchar hace no mucho el agónico sonido que este animal fantástico, el diminuto Jobberknoll, genera cuando está muriendo. Preferiría no haber sido testigo de ese horrible lamento. Fueron cosas de la naturaleza y, afortunadamente, no tuve que perseguir a ningún furtivo para hacerle comerse sus trampas de mierda. Que esa era otra, no solo veían diezmado su número por supersticiones o la intromisión de magos y brujas en sus territorios de cría, sino por la caza indiscriminada para cosas tan tontas como crear un polvo que con huesos que supuestamente tiene poderes afrodisíacos.

Tenía ya un saco bastante cargado de plumas y estaba satisfecha con el resultado cuando vi moverse algo entre los matorrales. Eché mano de mi varita, pero fue demasiado tarde. Y es que lo que pareció una diminuta hada salió de detrás de una gran rama directa hacia mí. Por supuesto supe que no se trataba de una hada sino de una doxy. Me piqué en sus dos pares de extremidades, en su extrema negrura y aunque retrocedí lo hice demasiado despacio como para poder evitar el mordisco que me dio en el brazo. Sentí que me atravesaba las capas de piel. Aullé de dolor. La agarré de un tirón por las patas con la mano del brazo ileso para lanzarla lejos. Voló lejos. Me destapé el brazo para mirar la herida. Me aparecí al momento en San Mungo. Me agarré el brazo con fuerza para no sentir el hormigueo tan desagradable. No era la primera que me pasaba, pero eso no lo hacía más llevadero. Fui directamente al lugar donde mi hermana solía pasar consulta y una enfermera que me conocía me coló entre sus pacientes. Me hizo pasar y vi a Marie con la cabeza agachada sobre unos documentos escribiendo en ellos.

Sonreí de medio lado porque había pasado de darme los buenos días antes de verme a “quejarse” por verme allí cuando supo que se trataba de mí. —No te voy  negar que he jugado a ese juego con algún medimago.—repliqué intentando poner mi mejor cara pese a los sudores fríos que me subían por la espalda hacia la nuca. La enfermera cerró la puerta y caminé hasta la mesa. Dejé mis cosas sobre una silla y me quité con cuidado la chaqueta. Alcé la maga para enseñarle el maravilloso espectáculo de mi piel herida. —Una Doxy.


Info: Doxy y Jobberknoll
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Marnie A. Lily-White el Dom Dic 31, 2017 8:13 pm

«No te voy negar que he jugado a ese juego con algún medimago.» Aquellas palabras hicieron que pusiera los ojos en blanco pese a que, en boca de Nerys, no me extrañaba en absoluto. Ella siempre había sido mucho más tirada para delante y atrevida que yo —uno de los varios motivos por los cuales la había admirado tanto desde que éramos niñas—, además de resuelta y decidida. Decían que las comparaciones eran odiosas, pero en ocasiones me era difícil no desear ser un poco más como mi hermana mayor y poseer su mismo talante. Claro que, de ser iguales, no habría diversión ni balance. Una de las dos debía mantener la cabeza fría y ser la voz de la consciencia, mientras la otra actuaba de forma impulsiva. Sin embargo, no era momento de bromear ni divagar acerca de nuestras diferentes personalidades y, en cuanto me percaté del mal aspecto que presentaba mi hermana, adopté una expresión seria.

Nerys era mayor y sabía lo que se hacía cada vez que salía de aventuras para recabar información o sacar fotografías a las criaturas mágicas en su hábitat natural, pero esos hechos no me hacían sentir mejor o más tranquila. Siempre me inquietaba al pensar dónde estaría y si se encontraría sana y salva pues, aunque hermosas y majestuosas, muchas de las criaturas eran altamente peligrosas y quien sabía si regresaría a casa entera. Detestaba verla herida. Su vocación por la magizoología había sido la razón final y quizás con mayor peso, para que me decidiera por especializarme en las heridas y enfermedades provocadas por criaturas. De ese modo siempre estaría preparada para cuidar a mi hermana.

Esos pequeños diablillos… —mascullé tras echarle un vistazo al brazo, el cual había sido marcado por los diminutos dientecillos de aquellas «hadas mordedoras», como solían referirse a dichas bestias algunos magos—. Siéntate en la camilla y explícame qué ha sucedido esta vez —pedí tratando de no sonar como la típica madre que se enfurruñaba a la mínima que su hijo se metía en algún problema. Asimismo, me dirigí a la enfermera para que se encargara de buscar el antídoto para venenos no comunes mientras examinaba en detalle la mordedura—. Extiende el brazo —dije. Así podría verter con mayor facilidad una poción para heridas que tenía a mano y que ayudaría en la prevención y disminución de las posibilidades de infección—. Escuece un poco —le recordé segundos antes de derramar el líquido morado, el cual comenzó a echar humo nada más entrar en contacto con la piel.
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Nerys Lily-White el Mar Ene 02, 2018 5:10 pm

Los mordiscos no eran la cosa más grave a la que me había enfrentado pero como todo siempre está la opción del que se infecte y la cosa se ponga fea. Por otro lado las Doxy tienen veneno así que con su mordedura uno no se enfrenta solo a la propia herida sino a las consecuencias de su ponzoña. Por eso me decidí rápidamente a aparecerme por San Mungo. Todo magizoólogo que se precie debe saber escoger los momentos de investigación, y es que no vale para nada ser el primero en avistar algo nuevo, por maravilloso que pueda ser, si vas a espicharla antes de poder documentarlo. ¿Qué clase de valor genera eso para el bien del conocimiento general o para uno mismo? Soy algo terca y a veces debería andarme con más cuidado, pero me digo a mí misma que en momentos así que debe estarme quietecita y eso es lo que hice.

No me pasó inadvertida la manera en que mi hermanita puso los ojos en blanco, reprochándome por ser tan “listilla”, o quién sabe qué adjetivo usaría ella. Era bien sabido por quienes nos conocían a ambas que ella era más reflexiva, más calmada, y eso nos había salvado de más de una buena. Cada una tenía lo suyo, y lo que nos diferenciaba estaba bien. No creo que me hubiera llevado muy bien con una pequeña réplica de mí misma. Y quién sabe si no estaríamos ya enfrentadas causando incómodas reuniones familiares de tener un carácter más parecido. Me esforcé en que no se notase mucho que la herida dolía, porque una criatura tan pequeña como una hada mordedora puede ser más letal que un animal grande más lento y tranquilo. Iba a tener que ser sincera en todo si preguntaba, de lo contrario entorpecería su trabajo, pero en un primer momento siempre me salía el que no pareciese que me iba a dar algo por no preocuparla.  

Me senté donde me dijo y miré alternativamente el ir y venir de Marnie por la sala y mi propio brazo, que mantenía doblado con la muñeca hacia arriba. —Estaba en un bosque en Noruega. Recogía unas cosas para el mercado.—ella ya sabía de mis negocios, no en vano teníamos una habitación llena de trastos de una y otra en la que guardaba todo lo que no estaba vivo.—Aparecieron entre los matorrales un par de ejemplares. Solo una me atacó. Me la quité de encima en seguida, pero ya sabes que esas doxy son muy rápidas. Y hala, echaron a volar lejos.
Marnie me escuchaba haciendo esfuerzos por no ponerse demasiado protectora, o eso me parecía por el leve fruncimiento de sus cejas. Le pidió a la enfermera que trajera el antídoto. Extendí el brazo como me pidió y me fijé en el pequeño frasco que acercó a mí. Echó un líquido morado sobre la herida.
¡Un poco dice!—resoplé apretando los dedos en un puño. Escocer era poco, pero aquello valía la pena a cambio de no quedarme sin brazo, me contenté. La enfermera llegó con lo otro y se lo dio a ella. Se quedó ahí plantada, imagino que querría ver para aprender, o a lo mejor solo le iba el cotilleo de emociones ajenas. Le eché una mirada de ira y luego miré a mi hermana. —¿Y eso también escuece?—una de esas preguntas que en cuanto la haces te arrepientes. La respuesta de mi piel humeante ante el primer potingue no me hacía gracia, pero confiaba en Marnie así que no hice comentarios. —Bueno, cuéntame ¿qué tal iba la mañana hasta que he llegado?
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Marnie A. Lily-White el Miér Ene 03, 2018 12:02 pm

La mención de Noruega provocó un nudo en mi estómago. Habían pasado ya cinco años desde el incidente, pero lo tenía por siempre grabado en la retina. Bastaba con destapar una pequeña rendija de la caja de los recuerdos para que estos saltaran fuera y me martirizaran nuevamente. Mas adopté mi mejor cara de póker con tal de que mi hermana no se sintiera mal por mí, o culpable por haber invocado esos momentos dolorosos que me habían marcado de por vida. Ya debió de ser suficiente para mi familia tener que aguantar las constantes pesadillas que me persiguieron durante meses tras el ataque, como para tener que volver a preocuparse cada vez que me daba un bajón emocional. Además, había sido Nerys quien sufrió recientemente el mordisco de una doxy y, por tanto, debíamos centrarnos en ella—. Pues menos mal que solamente quiso darte un bocado una de ellas —respondí negando levemente con la cabeza. Cualquiera pensaría que una bruja dedicada a la Magizoología estaría siempre preparada por si ocurría algún imprevisto, ya que las criaturas mágicas eran imprevisibles y no se podía razonar con ellas del mismo modo que un humano, pero eso era porque no conocían a mi hermana—. Deberías llevar siempre contigo un doxycida por prevención. Además, no pesa —le aconsejé. Otra opción era colocar personalmente dicho aerosol en el bolsillo de su túnica o maletín, pero pecaría de hermana pesada y sobreprotectora.

Tras verter la poción sobre su brazo, no pude evitar sonreír al ver cómo mi hermana refunfuñaba a causa del escozor que provocaba dicha pócima al tocar la herida—. Vamos Nerys, no seas exagerada. Estoy segurísima de que las criaturas te lo habrán hecho pasar aún peor —contesté para picarla un poco, pues acostumbraba a mostrarse como una persona fuerte y firme a la que poca cosa le hacía echarse hacia atrás. O tal vez solo era así conmigo porque conocía mi tendencia a preocuparme por ella. Pero la cosa no acabó ahí, pues cuando la enfermera se acercó con el frasco del antídoto, Nerys manifestó su recelo por si aquel otro remedio también le irritaba la dermis—. ¿El qué? ¿El antídoto? —pregunté antes de echarme a reír. Era imposible no hacerlo tratándose de mi hermana. Realmente parecía que la poción para esterilizar las heridas la había impresionado—. Tranquila, no te haré sufrir mucho más. De todas maneras esta debes ingerirla. ¿No os enseñaron estas cosas en vuestro Plan de Estudios? —Me resultaba raro que les enseñaran que una criatura mágica contenía veneno pero no el remedio para contrarrestarlo en caso de que se lo inocularan.

Al mismo tiempo que le entregaba el frasco para que bebiera su contenido, mi hermana preguntó cómo se presentó lo que llevábamos de jornada—. Pues ha sido una mañana movidita, la verdad. Apenas ha habido tiempo para el aburrimiento —Entre aquellos que tenían cita para una revisión o acudían tras advertir que el malestar y síntomas de enfermedad no pasaban con el tiempo, y los que se presentaban por una urgencia médica, no había tenido tiempo siquiera para ausentarme y comer algo—. Hoy tuvimos el típico caso de madre hipocondríaca. Estaba atacada de los nervios. Creía que su hijo iba a echar a volar en cualquier momento y de manera permanente porque, según ella, le había picado un billywig —relaté manifestando mi exasperación. A veces era horrible tratar con ese tipo de personas, pero debía mantenerme profesional y no pegarle cuatro gritos—. ¿Y sabes qué? La picadura fue cosa de una arañita común —terminé por explicar mientras intercambiaba una mirada con la enfermera, quien también estuvo presente y ahora se esforzaba por aguantar la risa.
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Nerys Lily-White el Sáb Ene 06, 2018 3:46 pm

Apenas me acordaba de los días en que siendo pequeña me contaron que iba a tener un hermano o hermana y entré en cólera tras una breve reflexión. Lo que sí recuerdo son los celos y los planes que hice para negociar con mis padres y con el mismísimo mundo cómo serían las cosas. No estaba lista para que todo fuera diferente. ¿Por qué tenía que existir otro ser que vendría a quitármelo todo? Sin embargo cuando conocí a Marnie me dije que no podría ser tan malo, aquella cosa rojiza con los ojos negruzcos casi no tenía nada que ofrecer. Con el paso del tiempo me di cuenta de que no eran solo mis padres quienes la querían y la protegían, sino que yo misma lo hacía. Y a medida que crecimos la cosa fue a más.

Ahora estaba ante la misma criatura, soltándonos los chistes y puyas de siempre, ¿quien me habría dicho que alguna vez sería ella quien me curaría las heridas? Suspiré suavemente, intentado que no se me notase el momento de reflexión tonta y lacrimógena. Y seguí quejándome de lo que escocía la medicina que me estaba aplicando mi hermana. —Que pueda soportar mucho más que esto no significa que no quiera quejarme un poco. Me gusta hacerlo ¿vale?—repliqué, refunfuñando porque se reía de mí. —Vaale me pondré el doxycida en la bolsa de viaje. En realidad sabía que debería haberlo llevado en aquella zona, pero se me había terminado y yo lo que quería era seguir buscando cosas, no tener que volver a la civilización para comprar cosas de “por si acaso”. —Nos lo enseñaron, pero se me terminó y…—me encogí de hombros dejando que ella misma se hiciera una idea.

Me bebí el frasco que, todos lo sabemos, podría saber mejor. Pero tenia que dejar eso para otro momento. Pero valía la pena con tan de deshacerme del veneno y sus efectos. Me reí cuando Marnie me contó que había tenido que lidiar con una madre exagerada que creía que su hijo había sido víctima de la picadura de un Billywig. Desde luego para trabajar como médico hay que tener una paciencia ante ciertas cosas… de la que yo carezco.  La enfermera y mi hermana se echaban miradas cómplices, y es que debían haber tenido que aguantar a la señora aquello entre las dos. —Madre mía, cómo os admiro a veces. No por salvar vidas, que también, sino por las chorradas que tenéis que escuchar sin soltar alguna verdad.—dije poniéndome en pie y tapándome ya el brazo. Me encontraba algo mejor, aunque puede que fuera en parte autosugestión. Me acerqué a la mesa donde mi hermana solía pasar consulta y levanté un marco que tenía. Sonreí, aunque no se notó casi. Salíamos las dos con nuestras mascotas en movimiento. —Oye, ¿te vengo a buscar luego para irnos a comer por ahí?—propuse alzando las cejas. Ella sabía tal como yo que nos podríamos aparecer en cualquier parte, y viajar aunque solo fuera unas horitas a mí me encanta.
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Marnie A. Lily-White el Dom Ene 07, 2018 3:25 pm

En ocasiones parecía mentira que Nerys fuese la hermana mayor y yo la pequeña. Como por ejemplo ahora que renegaba como una cría por la medicina que le aplicaba en el mordisco de doxy. Pero la guinda del pastel fue cuando alegó que le gustaba quejarse y listo; algo que solamente acrecentó mis ganas de reír por lo cómico que me resultaba la situación. ¿Cómo una mujer hecha y derecha podía rezongar tanto por un simple tratamiento que buscaba restaurar su salud? Me hubiese gustado responderle que se quedaría sin su varita de regaliz por no haber permanecido impasible mientras le administraba una de las curas, al contrario que el pequeño del bowtruckle, pero me parecía ir demasiado lejos con la broma. Además, no quería correr el riesgo de molestarla lo suficiente como para que decidiera no volver a pasar por mi consulta en cuanto sufriese algún percance con una criatura.

Entonces, antes de embarcarte en una de tus incursiones, deberías revisar que tienes todo lo necesario para no llevarte ninguna sorpresa —respondí sin poder evitar que el sentimiento de protección aflorara en mí. No sabía a ciencia cierta si Nerys se tomaba a broma aquel asunto, pero la forma en que hablaba y esa forma de dejar la frase en el aire —junto con el encogimiento de hombros—, me hacía pensar que se lo tomaba un poco a la ligera. Tal vez para restarle importancia, pero aquello me indignaba. Esta vez había sido una doxy pero, ¿y si en lugar del hada mordedora hubiese tenido un encontronazo con un runespoor, una acromántula o cualquier otra criatura mágica clasificada como XXXXX por el Ministerio de Magia? Si le era imposible usar la aparición para ponerse a salvo o acudir a un centro hospitalario como San Mungo, al menos podría tratarse ella misma de llevar las pociones y cremas pertinentes.

Menos mal que mi hermana no rechistó al ingerir el antídoto y se interesó por mi día. Así pudimos cambiar un poco de tema y no me vería obligada a comenzar una discusión con Nerys que no llevaría a ninguna parte—. Oh vamos, no es para tanto —repliqué haciendo un ademán con la mano. Agradecía los halagos y buenas palabras que pudiesen hacerme, ya fuera por mi labor de sanadora o cualquier otra cosa, pero no me sentía muy cómoda porque nunca sabía muy bien cómo responder. No era de las que hinchaban el pecho llenas de orgullo o fanfarroneaba de sus logros cada que se presentaba la oportunidad—. Pero no te negaré que en más de una ocasión nos hemos planteado escribir un libro basado en algunas de estas historias —comenté entre risas. Incluso se podría hacer el guión para una serie de televisión, pero eso en el mundo mágico no existía, y menos ahora con los tiempos que empezaban a correr.

Observé a mi hermana acercarse a mi escritorio y sujetar uno de los marcos que había sobre él, aquel que contenía una fotografía nuestra con Bolita, su puffskein, y mi gato Brownie. El otro cuadro era una imagen de nuestros padres. Me gustaba tenerlos a todos conmigo en mi zona de trabajo—. Ir a comer fuera me parece una idea fantástica. Te mandaré una lechuza cuando esté libre —No sabía cuándo encontraría un hueco para reunirnos juntas y almorzar tranquilamente, por lo que no quería acordar una hora concreta si luego me retrasaba o, milagrosamente, me adelantaba—. Pero antes de que te vayas... —añadí posando una mano sobre su hombro—. Si al cabo de unas horas continuas sintiéndote mal, hay más antídoto en casa. Creo recordar que está en un frasco verdoso aunque de todas formas está etiquetado. ¿Vale? —No creía que fuera a ser necesario, pero mejor mencionárselo antes de su huida de la consulta.
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Nerys Lily-White el Dom Ene 14, 2018 10:42 am

Tuve que soportar que mi hermana se pusiera en plan madre conmigo ¡ella era la pequeña! Pero lo aguante estoicamente porque otras veces era yo la que se ponía insoportable intentando que ella estuviera bien, sobre todo desde que sufrió el ataque. Aquello nos marcó a ambas, y a estas alturas cada luna llena e incluso antes una teníamos unos rituales de contención, y raramente había algo que me impidiera estar con ella.

Vaaale mamá, lo revisaré mejor la próxima vez.—respondí a modo de burla, aunque era cierto que intentaría ir con más ojo. Era cierto que podría caer en algo mucho más peligroso y quedarme en el sitio, cosa que no estaba en mis planes. Me dejé una nota mental para revisar mi mochila de viaje aquella misma noche y repasar su contenido con detalle, claro que al final acabé añadiendo cosas sin vaciarla entera porque era muy vaga. Y cambié de tema sutilmente después de ver las adorables fotos familiares que mi hermana tenía en su escritorio. Le pregunté cómo había ido el día y aquello nos llevó a la típica anécdota de pacientes (y/o familiares de los mismos) insoportables. —Ese libro sería top ventas, te lo digo yo.—dije sin dudarlo, porque es bien sabido que a la comunidad mágica le gusta tanto un cotilleo y una historia entretenida como a los muggles, y sino leed Corazón de bruja. La famosa revista, sin ir más lejos, estaba en las salas de espera de San Mungo.

Le propuse comer o desayunar juntas, pero como ya era habitual Marie prefirió no hacerme falsas promesas y es que no sabía a qué hora estaría libre. Me avisaría cuando pudiera. Fingí poner cara de pena infantil. Se nota que ya estaba de mejor humor, aunque el brazo aún me seguía molestando. —Vale, me avisas cuando acabes.—me puse con cuidado la chaqueta y agarré mi chaqueta. Antes de que me fuera volvió a decirme que en casa había más doxycida por si no me sentía mejorar. —Gracias bichejo, nos vemos luego.—alcé el brazo sano y di un leve apretón en su hombro. Aparqué las ganas de revolverle el pelo como si fuéramos otra vez un par de mocosas de 5 y 10 años. Que conste que me controlé porque estaba la enfermera presente. Me aparecí en casa y me tumbé en el sofá acariciando a Brownie, la gata más consentida del edificio.
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