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Priv. || Sobre Mitos y Demonios || FB

Niara Soyinka el Sáb Dic 30, 2017 12:34 am

—Bienvenido—Rajek apareció de pronto, salido de un costado, intempestivo y jovial. Era un hombre de facciones árabes, piel oscura y una barba incipiente alrededor de su boca, torcida en una misteriosa sonrisa. Parecía agradable, pero sus ojos eran los de un mentiroso, brillantes y maliciosos. Era de esperar, de alguien detrás de un mostrador que está a punto de ofrecerte algo, tú lo necesites o no, que querrá que compres a un precio exagerado—. ¿En qué podemos ayudar a un extranjero? Espero que no sea por direcciones. Aunque por una buena paga, damos lo que sea.

***

La expresión de una cultura es también una manera de sentir, de percibir, de dar. Con la magia, es lo mismo. No puedes separar la magia de sus orígenes, ni de su gente. Desde otros continentes, otros magos verán: brujos que no esperan, que son sangre, calor, piel, que se impacientan sintiendo correr los conjuros a través de sus venas y estallan en rítmicas reverberaciones a la hora de soltar un encantamiento que sienten como una parte de sí mismos que se desprende para convertirse en otra cosa, más maravillosa, más poderosa, magia.

Los verán saltar sobre sus pies, poseídos por una danza que esconde una magia que se nutre del ritmo, los verán hacer gestos con las manos y crear maravillas de la nada. Los verán soplar contra sus enemigos polvos de muerte y desesperación, escupiendo la magia como en una acrobacia de colores, de suspiros y sudor.



—Desierto del Sahara, Norte de África.

La caravana de los tuareg, hombres y mujeres de velo azul que avanzan sobre sus camellos bajo el sol, es desbandada por una horda de malos espíritus que los devoran con sus fauces abiertas, abalanzándose sobre ellos como negras nubes de tormenta que levantan la arena entre gemidos que provocan el espanto en los hombres.

La desgracia se impone, inevitable, cuando aparecen unos símbolos luminiscentes entre el remolino de polvo y arena. Es el distintivo trazo de las patipembas, empleadas por los magos africanos para sellar a los demonios. El equipo de avanzada antidisturbios interviene luego de haber seguido la pista de los demonios del desierto, queriendo interceptar su afán migratorio fuera de los límites de los terrenos inmarcables.

El suceso altera a las criaturas de niebla, pero estas arrasan con cualquier intento de capturarlas y huyen dejando un rastro de cuerpos moribundos y camellos despavoridos.  


—Selva del Congo, África Central.


Es la noche en la aldea de una tribu de brujos del Congo. El aullido terrible, animal, venido del vientre oscuro de la Madre Selva es espantado por el estruendo de los tambores africanos. El fuego anaranjado de una hoguera se elevaba por encima de las cabezas de hombres y mujeres enmascarados. La danza ágil de los cuerpos se entreveraba en un juego de luces y sombras sobre el suelo de tierra. La violencia del ritmo podía sacudirte las pesadillas del alma. Y en esa noche, la tribu esperaba ahuyentar a los Asasabonsam, criaturas demonio que amenazaban con invadir sus chozas y sembrar el caos. Llevaban así semanas. La disputa que se daba entre ellos era sobre el territorio. Se sabía que las criaturas demonio eran sumamente territoriales y atacaban en manada a los que consideraban intrusos. Los asaltos se daban por la noche, y el equipo de Control y Regulación de Criaturas Mágicas había mandado un equipo que se había internado en la selva y no regresaba.


***


En África no tiene sentido preguntar si las brujas existen o no. La fuerte creencia en la magia se respira a través de las costumbres y las supersticiones que son parte de la cultura del gran continente. Muchos no-mágicos han visto u oído más maravillas de las que los extranjeros puedan imaginar, y algunas historias son más ciertas que otras, pero todas tienen algo de verdad. Y sin embargo, los locales pueden pasar junto a un mago de pura cepa y no tener idea sobre qué secretos esconde. Los magos africanos conviven con los mitos y leyendas de diferentes comunidades con sus propios ritos y símbolos. Son en sí mismos una comunidad enriquecida por su diversidad, pero esto significa también que el conflicto es una constante a través de la que miles de voces se expresan haciendo y deshaciendo la historia, unas veces en armonía, otras veces en guerra.

Actualmente, la confederación unida de magos africanos, ha organizado de común acuerdo un programa de asistencia que convoca a los distintos departamentos de otras comunidades mágicas para asistir a los territorios inmarcables que aparecen en la lista de zonas afectadas por los desastres naturales que vienen asolando hace algún tiempo el continente y perturbando el equilibro natural que hace tolerable la coexistencia entre criaturas y no-mágicos y magos. Muchas criaturas han sido desplazadas de su hábitat ocasionando desgraciados sucesos como plagas mágicas, ataques a muggles, aldeas invadidas por criaturas peligrosas y demás desafortunados accidentes. Aparecen en esta lista la Selva del Congo —infestada por una alarmante sobrepoblación de los temibles Asasabonsam, criaturas peligrosas calificadas como demonios, e invadida por los Kel Essuf, oriundos del Sahara y bien llamados ‘el terror del desierto’, que han emigrado más allá de sus fronteras naturales atravesando carreteras y asentamientos e internándose en parajes que son ahora motivo de preocupación—, Tanzania, Ghana, Marruecos, entre otros.

En vistas de las circunstanas, expediciones de magos especializados han sido enviados a cubrir las diferentes anomalías a lo largo del mapa de África, tan rica de vida como de misterios.

***

“Antigüedades Soyinka”, tienda de raros artículos que es uno de las paradas preferidas por los coleccionistas, y especialmente aquellos que tienen una fijación con la magia negra. No tiene UNA localización. Hay distintas formas, distintas puertas, por las cuales puedes llegar al mismo lugar. Basta abrirlas, girar la maneja, atravesar el portal. Siempre podrás alcanzar a ver el letrero al levantar mirada y contemplar la fachada de una tienducha con sus vidrieras y sus objetos en exposición. Y siempre notaras que los muggles no son capaces de encontrar este lugar ni teniéndolo en frente de sus narices. Porque así son de despistados, los muggles.

La campanilla de la puerta hizo que Niara volteara a mirar, distrayéndose por un momento de lo que fuera que la mantenía tan atenta. Allí estaba ella, encima del mostrador, sí, encima, con las piernas cruzadas y con un periódico local desplegado frente a ella, sobre la mesa, con imágenes que se movían. Había estado leyendo, ligeramente encorvada hacia adelante y con la barbilla apoyada en un puño, pero enseguida se enderezó, ojeando a su visitante con curiosidad. En sus labios había algo como el gesto inacabado de una sonrisa, pero eran sus ojos, el brillo en ellos, lo que te convencía de que desde algún punto de su silencioso gesto te estaba sonriendo.

Y sin embargo, no habló de inmediato. Estudió al visitante por unos segundos y luego, sin presentarse (¿es que no tendría modales?), soltó:

—¿De dónde eres?—Le hablaba de costado, ladeando el rostro para curiosear al visitante de arriba abajo. Niara no solía tener conversación con los clientes (de eso se encargaba Rajek, que estaba en el depósito haciendo un catálogo o algo por el estilo). La mayoría eran parcos y raros y desagradables. Y por eso tampoco se esforzaba demasiado en hacer buenas migas. Pero este era joven, y tenía un aire diferente. Por supuesto que lo tenía, era asiático miraras por donde miraras. Puede que debiera tratarlo de otra forma— Puedo atenderte si quieres, hasta que vuelva mi hermano—Se ofreció, al tiempo que perfilaba su cuerpo hacia la puerta y bajaba del mostrador, deslizándose de un salto—. Soy Niara, de la familia. Soy quien te trae todas esas cosas que compras—agregó, con una cierta nota de orgullo, señalando los estantes cargados de curiosos objetos que hablaban de la historia de diferentes culturas. Estatuillas, máscaras, y demás bártulos que al principio podían parecer sólo ornamentación, pero que no lo eran. Y añadió, de pie y con las manos entrelazadas detrás de la espalda, inclinando su rostro hacia un lado, momentáneamente confundida—: ¿No vienes a comprar?



psss:

—Rajek no es el hermano de Niara. Es un primo. Ella le da el tratamiento de 'hermano'.
—Las criaturas y situaciones son para crear ambieantación.

Dato random: Hoy me dije: Voy a mandar todo a la mierda y le voy a responder a Tsuna porque me hace ilusión :pika:

Nos leemos :A
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Niara SoyinkaFugitivos

Tsunayoshi Nishima el Vie Ene 05, 2018 4:08 am

Unas horas antes del viaje.

¿Que si seré capaz de llevarlo a cabo? —Tsuna bufó en su cubículo. No se movía de su asiento mientras una figura asomaba apoyado con los brazos sobre las paredes de su puesto. Era Jayce, el jefe de la división de bestias, y esa vez venía a encargarle un cometido distinto a lo que estaba acostumbrado. Uno que supondría un reto bastante serio.

Claro que podré, y prefiero eso a morirme entre papeles de esta manera —Sí, porque completar informes era la parte del trabajo que más odiaba.

Señor Nishima, me alegra oír que accede, no tarde mucho en preparar todo lo necesario, pues su avión partirá esta noche —El jefe añadió con una sonrisa nacarada a punto de marcharse por donde vino. Pero eso último a Tsuna no le hizo ninguna gracia. El japonés se levantó de golpe sobre su asiento y exclamó por encima de las cabezas de los otros que se encontraban trabajando como él, insitu.

Venga ya ¿En esa tartana voladora muggle? Tiene que haberlo dicho para quedarse conmigo —El japonés alzó la voz por encima de las otras cabezas del personal que trabajaban insitu como él.

Claro que lo hará —Contestó el adverso en la distancia a medio camino de irse —Es la única forma de evitar problemas innecesarios con las leyes de fronteras de los no mágicos —Y con las mismas desapareció tras la puerta que daba a la salida. Entonces, dejándose caer a desgana sobre la silla, como si hubiera hecho la peor decisión de su vida laboral, trató de hacerse a la idea.

Kuso... —Maldijo en su idioma.

***

Las ocho horas más largas de su vida fueron aquellas que vivió encerrado bajo las paredes de hojalata en ese invento del averno muggle. Lento cuanto más. Pero entendía que, si no hacía un viaje, legal a los ojos de los mequetrefes esos, podría suponer impedimentos y dificultades en la labor por el hecho de no tener el pasaporte. El jefe quería ante todo un trabajo limpio, contundente y eficaz.

Llegó al aeropuerto de Brazzaville, y a los pies de la escalera mecánica lo esperaba un señor de tez morena, aparentemente local del lugar. A Tsuna le habían informado de él, Amir, trabaja para el sector de bestias en el Congo y cuando estuvo lo suficientemente cerca habló.

Es usted... ¿El señor Nishima? ¿Nishima Tsunayoshi?

Ah, no me diga usted, me hace sentir viejo. Sí, y tú debes ser Amir Qaiser ¿Cierto? —Tsuna extendió su brazo para luego estrechar su mano como mera formalidad, y luego de conocerse se dirigieron a las afueras del aeropuerto.

Tras informarse un poco del estado de la operación, montaron el jeep de Amir y conducido por él salieron de la ciudad para dirigirse al pueblo más cercano al área donde estaban sucediendo los acontecimientos.

A través de él se enteró, durante el recorrido, sobre la pérdida del equipo que había sido enviado para explorar la zona en cuestión, y por ende podría tomarse un descanso por el lugar hasta que pensaran nuevas medidas para atacar el problema. Ese que peleaba como un cáncer por mantenerse.

Así fue como se separaron en Gamboma habiendo acordado mantenerse en contacto. Más tarde, acomodándose al sitio, de una forma u otra Tsuna acabó en un hostal, pensando que sería la mejor forma de hacerse a la espera de un nuevo a viso, y sin embargo el hecho de permanecer allí se le hacía eterno y tedioso.

Se pasaba las horas mirando esa pantalla en nieve de polvo. Eso de tener que verse obligado a estar rodeado de elementos muggles le enervaba, y sentía la necesidad de purificarse echando la pota en algún lado, sin embargo, el aburrimiento no le dejaba mayor elección y de entre lo que podía elegir, el borrón gris lo veía más entretenido que cualquier otro estúpido canal.

La dueña del lugar, tan muggle como ese televisor, le huía. Se pensaba que tenía un demonio por cliente, y era irónico, pero juraba presenciar sucesos extraños cuando le notaba cerca. Su superstición (o idiotez) le nublaba de tan forma que no sabía distinguir un brujo de un demonio. Así son los no mágicos, que no entienden nada.

Tsuna estaba harto de ese lugar, creyó que quizás sería mejor salir, buscar algo que no le pusiera enfermo, y si podía ser algo que diera avance a la operación para no tener que permanecer en ese hostal, sería incluso mejor. Si Amir no iba aparecer debería movilizarse él mismo, después de todo tenía orden para poder actuar libremente si la situación lo requería ¡Y eso! ¡Eso lo requería!

***

No podía hablar con nadie, pues nadie hablaba su idioma y ni indicaciones podía pedir, acabó perdido entre las callejuelas más profundas del pueblo y entonces un cartel de lo más peculiar se hizo destacar sobre el resto. Entendía su lectura, a diferencia de los otros y resultaba bastante extraño. Al final, decidió entrar por su puerta.

Entró distraído, observando la decoración de aquella tienda y no reparó en aquella mujer hasta que su presencia se hizo más que evidente y preguntó por su... ¿Paradero?

¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso se les prohíbe la entrada a los asiáticos? Mooh... De acuerdo de acuerdo, lo capto —Y fue a girar para marcharse con las mismas, más por crear una reacción que por querer marcharse realmente y en cuanto volvió a hablar corrigió sus pasos.

Daijobu —Añadió —Lo cierto no tengo nada en mente, en principio solo iba a mirar, pero... ¿Atiendes a tus clientes siempre así? —Se interrumpió a sí mismo, alarmado al no poder evitar descentrarse con el hecho de que aquella chica estaba en esa inusual postura, encima del mostrador.

Pues encantado Niara, yoroshiku —Las palabras en japonés las decía un poco más rápidas que el resto de oraciones en inglés, pues no se preocupaba de que aquellas fueran entendidas, mas solo le salían por costumbre —A mi puedes decirme simplemente Tsuna, y te adelantas Ni ¿Puedo decirte Ni? Bien, pues ¿Como voy a tener la posibilidad de comprar si nunca antes había vendo por aquí? —Pronunció una breve risotada —Pero es curioso, me interesa un par cosillas que estoy viendo, sí, aunque... —Así, volvió su vista al estante, como si hubiera perdido el objetivo por el que estaba ahí, e ignoró incluso la siguiente pregunta formulada

Con la aparición del tercero, tomó una bolsa de palitos de huesos de mono grabados con runas y la colocó sobre el mostrador. Con ese acto moró a Niara con un "¿Ves como si iba a comprar?" Pero casi al instante reveló sus verdaderas intenciones.

Lo cierto es que me llevo esto de paso por educación, pero busco otra cosa... Necesito alguien que sea capaz de guiarme y que me haga de traductor, pues no hablo la lengua nativa. Tampoco no me valen esos muggles, ellos no durarían ni cinco segundos allá donde pretendo ir, y he de reconocer que ha sido un alivio haber dado con gente que sabe.

syntax error:
No sabia cual era el pueblo y pos puse eso entre comillas hasta que lo edite cuando lo pensemos xd


Última edición por Tsunayoshi Nishima el Sáb Feb 03, 2018 2:07 am, editado 1 vez
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Niara Soyinka el Lun Ene 08, 2018 4:34 pm

«Que no, ¿qué haces?—se preguntó, alarmada la mirada, viéndolo girarse sobre sus talones para marcharse, tan pronto como había aparecido—¡Que no es de esa manera! Venga, venga, moveré un poco las piernas sólo por ti». Le hizo gracia, que reaccionara de esa forma, aunque lo estuviera malinterpretando todo. ¿Sería que el trato local había sido algo duro con él? Podía pasar, sí. Puede que hasta lo hubieran saturado el clima y las gentes de África. Pero no te la agarres con todo el mundo, hombre. Había que ver qué clase de persona sería, si acaso no fuera él el que hacía imposible el buen trato. Siendo extranjero, podías esperarte muchas cosas: al amante de África, que quiere hacerlo todo en nombre del amor al prójimo; el que reniega de las gentes y las costumbres locales hasta con asco; el aventurero, que ansía explorar y conocer hasta la próxima gran aventura; el que está allí en un viaje personal, buscando algún sentido profundo a su existencia, y así. ¿Quién vendría a ser él?

—¿Qué más da?—preguntó, sólo por jorobar, bajando del mostrador con un saltito. Sonreía ligeramente, y pronto agregó, tocándose los brazos en un gesto, como si se desempolvara la pereza en un intento por desentumecerse, distraída—: Normalmente, no me hablan. Los clientes, no me hablan. Me pasan de largo—aclaró—. Ellos buscan primero a mi hermano. Es el que trata los negocios.

«Pero tú, tienes aire de que no sabes dónde estás parado, así que ni te enteras de por qué es famoso este lugar—se dijo, inspeccionándolo con la mirada. No tenía reparos, en que las personas sintieran el peso de sus ojos ahondar en quiénes eran, en lo que expresaban, en lo que callaban. Al rato, se preguntó—: ¿Yorosh…?». Había dicho antes “Dai…algo”, también. Se daría cuenta de que Niara no entendía un pimiento, y ella no preguntaba. Es que así sucede cuando hay barreras de sutil indiferencia entre las personas. Uno, porque estaría muy ocupado en su propia burbuja; la otra, porque se reía en silencio reparando en el detalle. A lo sumo, sería la costumbre. A ella le sucedía que soltaba expresiones locales olvidando que el resto del mundo no era África, ni hablaba la jerga que compartía con su grupo de amistades, o dentro de su familia.

¡Ah!, ¡qué gracia! Es que, tenías que ver cómo era de abierto en el trato. Bordeaba la altanería, y seguro que de conocerlo un poco mejor, descubriría una que otra sorpresa. ¿Cómo sería de agradable?, ¿cómo de desagradable? Niara accedió a que la llamara de esa forma tan casual soltándole muy tranquila, entre que lo seguía por las estanterías de la tienda: “Ni está bien”.

—No recuerdo todos los rostros—se excusó Niara, encogiéndose de hombros—No me has dicho, de dónde vienes, Tsuna. ¿Qué haces en África?

Ey, mujer, muchas preguntas. En nada, apareció Rajek, o más bien, los interrumpió, dirigiéndose al cliente, con un tacto más evidente. Y otra vez, ignoraron sus preguntas. Hizo una mueca, desilusionada con la interrupción. Mira que venir a aparecerse cuando ella quería saber un poco más.

Rajek lo escuchó con atención, asintiendo inconscientemente. Tenía las manos abiertas sobre el mostrador y se encorvaba ligeramente hacia adelante entre que el otro hablaba.  

—¡Por supuesto!—contestó, rápidamente. Era hombre solícito, parecía. Se sonrió muy disimuladamente cuando vio cómo Niara, apoyada con un codo en el mostrador, revoleaba los ojos al oír “esos muggles” con una nota despectiva. Ya estaba advertida de que no podía pelearse con los clientes cuando salían a flote esas situaciones, pero mira que sería brava la mujer, que había que estar todo el tiempo recordándoselo. Por eso, dudó de si sería buena idea elegir a Niara para ese trabajo. Tarde, por supuesto, porque enseguida ella se ofreció. Siempre era tarde cuando se trataba de ella, que se escurría como ninguna. Ya vería cómo lo arreglaba.

—¡Yo puedo!—saltó Niara, mirándolo con curiosidad—¿Empiezo hoy mismo?

—¡Bueno!, ¿pero quién me hará compañía por aquí?—atajó Rajek, desarmando a la muchacha, evidentemente atacada por la sugerencia de una negativa. Con ella, toda sutileza se rompía a pedazos—¡Oh, Niara! Ahora me doy cuenta, hazme un favor. ¿Me buscas el catálogo? Me lo olvidé en la despensa. Gracias, mi vida.

El “gracias” era sólo una forma de decir que Rajek no permitía un “no” por respuesta. Y Niara se fue, de muy mala gana. Sólo cuando ella hubo desaparecido, el otro continuó, ensanchando la sonrisa. La suya era una expresión taimada y encantadora, como una sombra oscura sobre la torcida línea de sus labios, la misma mueca que puedes esperar de un demonio, con los ojillos oscuros y avispados. Bueno, bueno, había algo que necesitaba saber antes de tratar con el extranjero. Algunas cosas, sobre las que tenía curiosidad. Así que lo ahondaría un poco.

—Estás en buenas manos. Arreglaremos los honorarios cuando no necesites más de nuestro servicio, pero tendrás que pagar una parte por adelantado. Ahora, si estás bien con la pregunta, ¿qué te trae al continente? Tienes suerte de que Niara esté aquí, es una buena exploradora. Pero, asumo que en el camino tendrá algún trabajo extra, y me pregunto, ¿qué clase de trabajo extra será ese?

En ese momento, el llamador de la puerta de entrada volvió a escucharse en la tienda y Nankín Soyinka ingresó al lugar, trayendo con él una brisa de aire nuevo. Rajek lo miró por encima del hombro de Tsunayoshi, pero no le prestó atención y continuó tratando con su cliente, con ese buen talante de hombre convincente. Por su parte, el recién llegado no mostró interés por ninguno de los dos, y avanzó sin detenerse a paso seguro, bordeando el mostrador y adentrándose por la puertita que daba a la despensa, por donde se había ido Niara.

>>Lo digo, porque últimamente han aparecido muchos extranjeros por lo que sucede con las criaturas en el Congo y otras partes. ¿Me estoy acercando? Estaremos más que encantados de ayudar. Pero, en ese caso. Quizá podamos hacer algún negocio. Puede que no tengas que pagar una cantidad exorbitante de dinero, si pudiéramos llegar a un acuerdo sobre la paga. Porque sabes, aquí nos dedicamos, entre otras cosas, al sellado demonios y su venta. Así que. Si estás de acuerdo, Niara puede acompañarte y sacar una tajada de mercancía. Es una buena chica, así que no te parecerá una carga, te lo garantizo.

Esa parte del contrato era dudosa, cuando menos.

Rajek se traicionó por un segundo en su papel de buen comerciante ladeando inconscientemente la mirada hacia la puertita de la despensa. Algo lo preocupaba. Y riéndose, soltó, a modo de excusa:

—Siento la distracción, es sólo que. Esos dos. Tengo miedo de que hagan lío allá dentro. Siempre que se cruzan acaba algo roto. ¡Y acabo de terminar el catálogo! No quisiera que me desordenaran el lugar. De todos modos, ¿por qué mientras no te enseño lo que esto que has comprado puede hacer?—dijo, desatando la bolsita con los huesos de mono— ¿Y no quieres que te muestre algunas cosas que puedan interesarte?




psss:


Nan era alto, delgado, elegante, un hombre negro ligeramente delicado. Su temperamento, por otra parte, podía volverse en tu contra muy fácilmente si sentía que le faltabas el respeto —y podía llegar a ser muy sensible al respecto—. Mal perdedor, competitivo, orgulloso, y obstinado, cuando algo se le ponía entre ceja y ceja. Ése era el más prometedor sangre pura de los Soyinka, y la persona que menos soportaba Niara en el mundo.

:pika:

jaja Es un NPC que me traje por acá, poque se me ocurrió algo de una competencia, aunque veamos qué pasa. ¿Viste Legolas y el enano de El Señor de los Anillos? (???) Bueno, Niara y Nankín son algo así. En cuanto a relación, digo. Se llevan asíXD

Ay, por cierto, dulce. Yo sé que a veces soy muy bíblica XD Pero no soy de fijarme en la cantidad de palabras con la que me contestan, ¿ok? Es decir, no tenés que sentir que me debés mil palabras si yo te posteo con milXD Porque si es por mí, te escribo más de diez mil, viste (de puro amor :3). ¿Y después quién me para? Y no es cuestión de torturarte (!)

AH, y la ciudad. Bueno, el local de los Soyinka, creo (?) que está en Ghana. Pero tu chico pudo aparecer allí viniendo desde cualquier otro lugar. El Congo, por ejemplo. Fijate si querés elegir alguna misión de las que están descritas antes, por cierto:

—La de los Kel Essuf.

—La de los Asasabonsam.

O improvisamos adsasdasd :pika:

Y creoque me falta comentarte algo que ahorita no recuerdoXD Pero bueno, ya veremos. ¡Nos leemos! :3
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Tsunayoshi Nishima el Sáb Feb 03, 2018 3:40 am

Y entiendo por qué. Ciertamente yo también casi te confundo con una estatua —Bromeó. No sería extrañar si siempre sucedía que la clientela la veía sentada, cual gárgola sobre el mostrador. Capaz hasta la confundían con un elemento decorativo, y suerte tenía que no fuera "el oso de un Natura". Tsuna, tras su comentario jocoso la miró de arriba a abajo para después enfocar toda su atención en la estantería, dando un paseo de aquí para allá, en busca de algún elemento exclusivo, pues no todos los días te encuentras una tienda de magia oscura en un continente distinto. Porque sí, había sabido de su temática con solo una vista. Las muñecas vudú... No hacía falta ser de allí para conocerlas, entre otras cosas.

Tras escuchar lo que necesitaba, sobre quién iba a atenderle de verdad, podía notar como los ojos ajenos se clavaban en su nuca mientras fingía distraerse. No dijo mucho más desde entonces, pero la pregunta que hizo haciendo hincapié sobre su paradero y sus intenciones le hicieron hablar de nuevo, solo que una vez más no ofreció una respuesta que seguramente la dejara satisfecha —Tú también te diste cuenta ¿No? —Cuestionó con ironía en una diminuta sonrisilla en los labios, sin despegar la vista de cualquier otro sitio que no era ella —Eso es algo que me guardaré para más adelante, porque... ¿Acaso importa? —El que dijera que recurrían a su hermano para los negocios quizás fue el error que lo provocó, pues ahora solo esperaba su aparición para empezar a explicar su llegada.

Casi al instante de terminar de exponer su petición, sin siquiera dar los detalles, Niara se ofreció voluntaria —Es una expedición —Sus ojos tornaron desde Rajek hasta la chica, con una expresión en señal de desaprobación —Bastante peligrosa, debo añadir —No fue su intención subestimarla, pero considerar el hecho de que pudiera acabar lastimada por su culpa, era algo que le dejaba intranquilo. Aun así, estaba el punto de que llegaría a pagar bien por ello. De todas formas, fue él mismo quién atajó de inmediato con esos intereses y de la misma forma, en una charla privada.

Por supuesto, usted solo diga el precio —Total, piensa ponerlo al corriente del ministerio, ellos le envían a una misión de tal calibre ellos acarrearán con los gastos —¿Está seguro de que es capaz? —Tsuna no conocía a Niara, de hecho, su primera impresión de ella era el de una "loquilla" que hace las cosas sin pensárselas demasiado, o que actúa según lo primero que se le viniera a la cabeza. Aunque, ya sabes lo que se dice de las primeras impresiones, nunca te fíes de ellas.

La conversación avanzaba y la aparición de Rajek lo hizo girar su torso para dirigir su mirada hacia aquel que había causado que los ojos de quien le atendía se desviasen por un instante —Si lo pregunta usted iré al grano —Entonces se encogió de hombros y con aire despreocupado dijo sin más —Quizás como trabajo extra deba combatir un demonio, nada del otro mundo —Sin despeinarse un pelo, como si un demonio fuera poca cosa. No obstante ¿De qué tipo? ¿Qué clase de demonio? De nuevo ocultando los detalles. Pero, momento. Lo que dijo a continuación le sorprendió. Había captado ahora su total interés con aquella perspicacia con la que trataba de negociar —Oh... Así que es eso —Si no había entendido mal, pretendía sacar ganancia de las capturas, de la cacería de demonios. Aquello le sacó otra de sus sonrisas al japonés y sus ojos se achicaron más que de costumbre —Le daré solo la tercera parte, y si no le parece suficiente, entonces intervendrá el dinero para equilibrar. Deberá saber, que necesito llevarme una buena parte de ellos para su análisis.

Entonces notó como algo dentro parecía distraerle del asunto que abarcaban, y justo al momento se confirmó —Puedo esperar aquí mientras se ponen de acuerdo. Ah, y no se preocupe ¿Acaso piensa privarme de la diversión que podría suponer descubrirlo por mí mismo? Vaya, no me moveré —Era una forma de hacer que fuera allá donde su mente se desviaba, y no, no conseguiría encasquetarle de más, aunque insistiera.


Última edición por Tsunayoshi Nishima el Mar Feb 20, 2018 11:16 pm, editado 1 vez
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Niara Soyinka el Mar Feb 20, 2018 9:10 pm

—Es una expedición —Sus ojos tornaron desde Amir (???) hasta la chica, con una expresión en señal de desaprobación —Bastante peligrosa, debo añadir.

Oh, tenía gracia que lo dijera. A ella, que era la primera en lanzarse a una cueva y caer a un pozo cuando las circunstancias lo requerían. Bueno, puede que hubiera algo que se llamara “prudencia”, pero esa era otra historia. No se había metido en el negocio familiar para quedarse detrás del mostrador de la tienda. Eso no.

—Me las arreglaré—repuso, encogida de hombros, sacando los dientes en una media sonrisa, que punzaba con un poco de burla, un poco de desafío. Su mirada podía resultar especialmente molesta, porque era adorable y osada, mezcla inquietante que evidenciaba un quiebre entre su edad y la naturaleza pueril, caprichosa de su insolencia. Diríase que en cualquier momento se lanzaba en una apuesta sobre quién cazaba más demonios.

Habiendo arreglado los pormenores dinerarios de la empresa que tenían entre manos (Rajek tenía el suficiente tacto como para abordar el tema del dinero como si fuera algo secundario, cuando se le notaba a la milla que sus ojillos negros y ambiciosos brillaban sólo con oír el tintineo de las monedas), se oyeron ruidos provenir de la trastienda.

A Rajek se le hundió el estómago y se excusó con el cliente con una sonrisa circunstancial. No pudo evitar una carcajada con el comentario. ¿Diversión, decía? Pues sí, un poco lo era, divertido, ver cómo esos dos se seguían comportando como niños, siempre compitiendo y llevándose la contra. Entre ellos, siempre sacaban su lado más infantil.

—No lo haremos esperar mucho. Por cierto, ¿ha estado al tanto de las noticias de aquí? Puede suscribirse a La Esfinge, que es para extranjeros. Publican las noticias en inglés, y tiene una sección especial, “El viajero perdido”, por si alguna vez lo necesita. ¿Es su primera vez aquí? Si le digo la verdad, no me sorprende nada la cantidad de extranjeros que han caído por aquí este último tiempo. Y todos vienen por lo mismo. Ha habido una movida muy grande desde el gobierno para…

Vaya, cómo hablaba.

—¡Tiene gracia!—
El hombre que había entrado antes, los interrumpió saliendo de la trastienda, abierta su boca a punto de la risa más cruel. Hablaba con Niara, que venía detrás, reboleando los ojos, harto impaciente—¿Quién es?, ¿él?

Nan, quien quebraba el espacio y el tiempo sólo con aparecerse, con una presencia ostentosa y altiva, parecía mucho más vivo que hacía un rato. Ahora, sus ojos, sensuales, maliciosos, recayeron en el extranjero, y sin atreverse a burlarse de él también (porque, evidentemente, le estaría tomando el pelo a su hermana por algo), más porque no tenía idea de quién era y no solía adelantarse a sacarle canas a la gente sin saber sobre su status, le hizo un gesto con la cabeza, saludando con un dejo de curiosidad.

Era, para vestir, elegante, sobrio y moderno, pero tenía una notoria inclinación por el lujo: anillos de oro y plata, y uno grande, de piedra, que era en verdad una reliquia familiar, se exhibían en sus dedos. Todo en él tenía aire costoso, y su cuerpo tenía el pulso lánguido de alguien que dedica horas a hacer nada, o más bien, horas que se dedica a sí mismo. Hasta que te atacaba con la mirada o el gesto, y comprendías que debajo del profundo sueño de narciso, había un hombre terco y difícil, y muy intenso.

—Si Niara te causa problemas, no tienes más que decírmelo. De nada.

Niara lo empujó con el hombro prendiéndolo fuego sólo con la mirada y él se rió, dedicándole a la vez una mueca de asco con los labios levantados, que era una provocación.

—Nankín—advirtió Rajek, y se giró hacia su cliente—. Sobre esta expedición. Nan quizá pueda tenerlo al tanto de cómo va la caza de demonios.

—¡Demonios!—exclamó Niara, emocionada. El brillo de excitación en sus ojos era inconfundible. Y agregó, hacendosa—: ¡Iré a hacer mi mochila!

—Demonios, ¿eh? La última noticia, fue la de esos extranjeros que se perdieron en la Selva del Congo. Creo que todavía no han resuelto el asunto de los Asasabonsam por allí, ¿y qué demonios nos traerá Niara a casa este año? Tú sabes que es peligroso, ¿verdad? —intentó picarla con el comentario, pero ella estaba demasiado ocupado yendo de aquí por allá por la tienda, tomando objetos que pensaba que podrían serle de utilidad, como una revoltosa gallina que va de compras. Nankín desistió con un gesto desagradable, y se dirigió a Tsuna, cruzados los brazos sobre el pecho y ligeramente inclinado hacia un lado, evaluador. Había descaro en esa pomposidad suya, que le rezumaba de los poros, la boca, la profundidad abrasadora de sus ojos—¿Y tú eres uno de los extranjeros que han estado cayendo por aquí convocados por el ministerio?, o quizá, sólo un cazador particular—Lo de indagar en los asuntos ajenos, debía ser algo de familia—Hay muchos grupos de magos allá fuera, haciendo lo suyo. Puede que los demonios no sean lo peor que se encuentren. El otro día tuve que quitarme de encima a unos cazadores de oportunidad que querían llevarse mi premio. Te diré algo. Si Niara caza un solo demonio que no me haga bostezar, me sorprendería mucho. Recuerdo que la última vez...  

—Ella lo hará bien. Te mandaría a ti, pero recibimos quejas del último cliente.

Nan le lanzó una mirada de fuego, pero Rajek se limitó a desbordar esa cordialidad tan característica en un buen vendedor que, ante todo, sabe salirse con la suya.

—¡Estoy lista! Dime cuándo habríamos de acordar para… ¿o es hoy mismo? ¡No tengo ningún problema!

***

OPCIONAL (?):
¿Qué edad tienes?, ¿dónde está tu hogar?, ¿tienes familia?, ¿has probado los mandazi ya? (“Vamos, puedo ir por unos, sólo espera un poco, te gustarán”), ¿en qué colegio estudiaste?, ¿por qué llegaste hasta África solo?, ¿qué haces cuando no cazas demonios?, ¿has viajado en alfombra mágica?

Resultó que estar en compañía de Niara era apegarse a alguien que no desaprovechaba una oportunidad para meter conversación. No podía estarse con la lengua quieta, y a veces pecaba de una franqueza algo molesta: “Es lo que te estoy diciendo, lo pronuncias mal. No es con una “s”, sino con “z”. Bueno, lo has pronunciado mal toda tu vida”.

Ir por las calles de África era una cosa, ir a través de la África de los magos otra muy distinta. Al salir de la tienda, muy curiosamente, no volvieron al mismo lugar del principio, sino que directamente desembocaron en una calle de piedra, larga y angosta, que parecía salida de un cuento de Las Mil y Una Noches, y apretada entre el vozarrón de curiosos vendedores, niños correteando y magos muy dispares en cuanto a formas de vestirse, rasgos, e incluso el idioma, y en fin, una variedad que no hallarías en las monótonas calles del callejón Diagón, en Londres. Y nadie de allí repararía jamás en eso, entre que iban y venían en medio del trajín.
sdfafsdasd:

Eeeh…. xDD No podía decidirme qué postear, porque se me venían a la cabeza situaciones muy distintas (porque pensé que era hora de cambiar de escenario, no sé. O no, quién sabe). Y no sabía cómo hacerlo sin arrastrar a tu pj, pobre. Así que, lo último lo puse “opcional”, porque pensé: quizá vayan por la ciudad, o quizá se monten a una alfombra mágica y acaben en algún bosque inmarcable o algo por el estilo, cerca de unas ruinas o algo. Unas ruinas misteriosas (?) O quizá, en una aldea de magos, y luego se adentren en la oscuridad densa y húmeda de un bosque lleno de peligros, y acaben en una cueva, o se crucen un lago…

En fin, como verás, había muchas opciones xDDD Pero no me quise adelantar mucho, para no tironear a tu pj asdsadas. Y no me queda claro qué demonios hay que enfrentar ni en qué zona, pero se me vienen varios a la cabeza... ¿Sabés? Podríamos rolear en una cueva subterránea, o unas catacumbas o… Y se presentarían distintas criaturas… No sé si se nota mi emoción (!). Y quizá yo debería ajustarme más a la línea lógica del post, sin saltos repentinos. Sorry por eso. I NEED HELP.
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Tsunayoshi Nishima el Miér Feb 21, 2018 1:15 am

Vaya si era temeraria la chica. Radiante de una fuerte convicción de sí misma o, todo lo contrario, portadora de la mayor insensatez, sin siquiera saber a lo que se enfrentaban. Porque ella parecía tomárselo como un juego, solo le faltaba decir lo divertido que le parecía. No iban a irse de exploración, a disfrutar de los paisajes, a comer de un picnic bajo la copa de un árbol en la sabana, no, pero había algo que el japonés no había considerado hasta casi después, y es que, por muy hostil que fuera el lugar, las criaturas o demonios que fueran a cazar, eran más familiares para ella que para él, un forastero.

Si hubiera conocido antes esa revista de la que le comentaba, La Esfinge, sin duda habría solucionado mucho de sus problemas, entre ellos, tener que aguantar una charla tan interminable como aquella. Se impacientaba ¿Que tanto hacían ese par allí dentro? Solo necesitaba un guía y en su lugar parecía que había encontrado el lugar perfecto para el cotilleo, o siendo más precisos una especie de inquisición con tanta pregunta personal.

Diríase que habría estado en un apuro por cortar entre tal perorata, pero lo cierto era que su información le estaba pareciendo tan interesante que en ningún momento habría querido que parara, y hora que le hablaba sobre el tema que le acometía —Es interesante que lo digas. Así que hay más metidos en esto —Atendería con más ahínco. Cualquier información como esa podía ser muy útil según qué casos.

Su mirada fue directa entonces hacia el tercero que había llegado no hace mucho. Se abstuvo de decir ningún comentario ante su aparición, y únicamente lo que hizo fue esperar a que se diera una resolución por parte de aquel negocio familiar. Ya no le importaba si tendría que terminar haciendo equipo con aquella chica. Estaba seguro de que hasta le haría darse cuenta de que estaba equivocado.

Tsuna se había erguido de nuevo, tomando los bordes de su túnica hasta cruzar los brazos —No creo que lo haga peor que los incompetentes de mi supuesta escuadra. Ellos desaparecieron incluso antes de que llegara —Luego se encogió de hombros. Fue lo único que dijo tras aquellas pequeñas chispas que saltaban entre ambos hermanos.

Acto seguido, cuando la información de dicha misión fue sabida por Niara, que causó que reaccionara de la forma tan animosa con que lo hizo de nuevo mermó toda confianza en creer que de verdad tendría una ayudante en condiciones. Ni que fueran a irse de excursión, como para estar tan contento. Aun así, los otros dos parecían estar bastante convencidos con la decisión, quizás no debería preocuparse tanto.

Asasabonsam en el Congo. La verdad resulta un tema curioso. No soy de por aquí, pero tenía entendido que esa especie de criaturas era típica de Ghana... —¿Podría ser exportación clandestina? Lo cierto empezaba a cansarse de tanta pregunta, y pensó que con mostrarles acabarían al fin. En eso sacó su billetera donde se reflejaba su identificador del ministerio y con las mismas lo volvió a guardar. Habría sido capaz de bromear incluso tras ellos "¿Hay algo más que quieran saber sobre mí? ¿El color de mi ropa interior?" Pero, aunque se vio bien tentado no quiso estropear la relación, y que por ello le pudiera salir más caro el servicio en su atrevimiento.

Entonces vamos. Y sí. Empezamos hoy —Tras comunicarlo, sacó una pequeña parte de lo acordado y lo dejó en la mesa —Ahí va mi adelanto para afianzar el trato. Si lo necesitan, les mantendré informados. Jaa ne —Y así se despidió con un gesto de mano abierta que despegó desde su sien.

***

¡Por Inari-no-kami! ¿Es que tu curiosidad no tiene límites? ¡Tengo veinticuatro, soy de Japón, eso no es interesante, no, mi familia ni la menciones y...! ¿Se puede saber qué demonios es eso? ¿Porque sabes? A la porra la misión, quiero probar eso—Ni idea de lo que era, pero gracias mandazi por darle una excusa para no tener que seguir respondiendo a esa loca tan atropelladamente. Porque en un primer momento pasaba olímpicamente de hacerle caso y solo hablaba ella, hasta uno termina por explotar, y aunque sabía ocultarlo bien con su sonrisa bonita, esa chica sabía bien como destapar su buen actuar ¿Y era necesario hablar sobre su acento?

Escucha bien —Y la tomó por los hombros hablando cara a cara, a ver si así se centraba en lo que estaban —Mis cosas las tengo en el albergue así que deja de preguntar tanto y... ¿Espera que fue eso último que has dicho? —¿Alfombras mágicas? Si en vez de andarse con tanta preguntita, empezara por ahí

Necesito una ¿Para empezar dónde estamos? No, no me refiero a eso. Entiendo que esto es un mercado, pero evidentemente no es por donde vine. Es decir... Lo peguntaré de otra forma ¿En qué parte de África estamos... exactamente? —Tenía que buscar una alfombra de esas por ahí, seguro Niara sabría donde vendería y entonces volverían al Congo. Esperaba no estar muy lejos porque si tendrían que tratar con los demonios del bosque, desubicados, allí al sur... Eso era raro, pero eso ya lo investigarían más tarde.

Spoiler:
Tengo la sensación de que me salió el post un poco patata pero espero que te guste
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Niara Soyinka el Miér Feb 21, 2018 9:16 pm

—¿Inaminoka…?, ¿quién…?

Es que no podía esconder, que lo de conocer forasteros tan peculiares la tenía muy entretenida, aun a costa de los nervios del extranjero japonés. Era raro, también, que un viajero no se abriera a la cháchara. La reserva de Tsunayoshi le hacía gracia, ¿querría hacerse el misterioso? Eso era lo que le había parecido antes en la tienda. En todo caso, Niara nunca había conocido a un demonológo, ¿de Japón?, así que si el joven quería tener una tarde tranquila, la tendría muy difícil. Es que, tú ponte a pensar, todas las trivialidades por preguntar: cómo enseñan la magia allá de dónde vienes, qué personas has conocido, cuál es tu historia.

¿Sería que Tsuna la esquivaba en la plática por eso que solían decir sobre los asiáticos de lo reservados que eran? Eso no tenía mucho sentido. Niara también se guardaba cosas (ella podía ser tan reservada como cualquier otro, o más, Tsunayoshi no la iba a convencer de lo contrario. Lo que pasaba es que era un poco payaso, y eso la llevaba a meterse con él), pero el día era soleado, la plaza estaba alegre, el perfume del trópico le llegaba a los pulmones con sólo tomar un sorbo de aire, y más allá, a través de kilómetros de espesura y por encima de los rugidos de la vida, tenía una cita pendiente con el destino.

¿Qué más podía pedir?

Con el pensamiento de que gracias a la extraña casualidad de toparse con el extranjero japonés es que había salido de la tienda y de lo contrario seguiría allí, aburrida, lo reconsideró y se mostró un poco más atenta con su aparente exasperación, o al menos, hasta donde pudiera recordar frenar su impaciencia para con tanta novedad, que era lo que él era para ella, una nueva muy curiosa.

—¿Mmm?—La cazó por los hombros, justo cuando ella recibía los mandazi en una bolsita caliente y rica de mano de un vendedor muy simpático (a ese seguro que no le molestaba tener una conversación sobre patatún y patatán, ¿verdad?). Vendría a ser como un pan frito, dulce, al que ella nunca perdía oportunidad de hincarle el diente. El humo del fuego tierno, delicioso, le entraba por la boca, y a ella se le hacía agua. Así y todo, le dedicó a Tsunayoshi su atención, entre que mordía un panecito—¿Las alfombras mágicas?—Verlo tan empeñado en salir de su apuro hizo que soltara una sonrisita. A ella debía darle la impresión de que era una mujer muy discreta, porque no explicó de qué reía, evidenciando la estrecha complicidad que tenía consigo misma y sus pensamientos—. Oh, conque es así (Ey, toma, ¿no quieres uno?). Raj habrá pensado que te hospedabas aquí. Bueno, esta es La Feria del Nilo—Niara había echado a andar, con los mazanbi en la mano y recorriendo las tiendas con la mirada. Había encantadores de serpientes, bailarines callejeros, niños correteando—¡Oh! Estamos muy, muy lejos del Congo. Esta es la parada de los turistas, más cerca del Delta y las pirámides. Hay muchos extranjeros como tú, si te fijas, que vienen de vacaciones. Bueno, no como tú—puntualizó, remarcando que él se salía de lo típico en cuanto a caras del lugar. Injusto, porque había de toda clase magos y seres por allí—. ¡No te preocupes! Relájate (y prueba un mazanbi, mira, toma). No necesitamos una alfombra para llegar. Hay una estación de portales, porque así como en Londres tienen las chimeneas, nosotros usamos puertas, ¿has estado en Londres?, ¿y cuáles son los transportes habituales en Japón?* Sí, sí, te llevaré. Aunque…—Niara se detuvo un momento—, ¿será que no eres muy bueno en aparición?

No buscaba mosquearlo con el comentario, pero daba a entender, por la forma en que abría los ojos saltones que tenía, que le resultaría muy, muy extraño. Hubiera atacado con otra pregunta, si no fuera porque en ese momento surgió un disturbio muy cerca de ellos, y en la confusión, un niño se chocó con Tsunayoshi y se escurrió por entre una multitud caótica llevándose consigo algo que le pertenecía, sin enterarse de las consecuencias. Era un pequeño ladronzuelo, escabulléndose deprisa por una ciudad llena de escondrijos y gentes y portales, y endemoniadamente escurridizo.

Entre los tambores y los cuerpos acalorados, Niara intimidaba a un grupo de adolescentes. Sólo uno, que parecía ser el líder, el más confiado, le hacía frente con una mueca desenfadada de auténtico canalla. Aunque nadie le hubiera pedido que intervenga, Niara era de las que se iba  a meter, y lo arreglaría todo según su roma de hacer las cosas. Mira que podía ser mandona si quería. Había ser muy franco con ella para que no hiciera de las suyas todo el tiempo... y así y todo lo haría igual.

En una plaza de piedra más pequeña, con pintadas en los muros y columnas, apartada de las calles principales, era posible encontrarse con grupos de magos de distintas edades, jóvenes y adultos, que se traían la magia y los tambores, y hacían ritmo con el cuerpo, desafiándose en lo que para ellos eran retos de valía. Era sabido que los magos africanos tenían una afinidad corporal con la magia, que en pocas partes. Estos jóvenes no tenían la maestría de alguien que pudiera manipular la destreza que en cambio tenía un mago avanzado, pero tenían todo lo que necesitaban, tal como sus ancestros antes que ellos: la magia que era piel, que era nervios, un soplo de estallido a través de los sentidos de la carne excitada. Y siguiendo la música de los instrumentos, batiendo palmas y deshaciéndose en bruscos movimientos de extraña sensualidad, todos ellos se lucían en una muestra de lo que eran capaces, lo que valían.

Niara no daba brazo a torcer, pero insistirle al muchacho aquel, un tal Amir, no parecía dar resultado. Ella no se enfadaba, sino que lo sondeaba con un ligero aire de suficiencia. Todo lo que le decía le entraba por una oreja y le salía por la otra, y así y todo, ella no desistía, porque mira que era así de empecinada cuando se proponía algo.

—Yo no sé de lo que estás hablando. Quizá lo tenga, quizá no.

—Ese niño está con tu grupito. Vino a ti. Te hemos pillado, ahora devuélvelo.


—Mira que eres pesada, te digo que… Está bien. ¿Tanto lo quieren?, ¿y por qué no se lo ganan? Si pierdes, nos dejan en paz.

—Eso es ridículo. Es suyo. Tú lo robaste. No te quedarás con algo que no es tuyo.

—¿Puedes probarlo? Tómalo o déjalo, ¿o es que eres gallina?


Hubo un coro de provocación a sus espaldas, de sus amigotes. Niara negó con la cabeza gacha, sumida en sus pensamientos, y se volteó hacia Tsunayoshi llevándolo aparte. Lo encaró y muy seria le preguntó:

—¿Sabes bailar?

En aquella plaza, los bailarines saltaban por los aires, escupían fuego, giraban sobre sí mismos en rápidas acrobacias, ¿a eso se refería? Y había un opresivo, incitante, ambiente cargado de magia, como si pudieras sentirla en la punta de tus dedos y te susurrara en los oídos.

—No, no digo que hagamos lo que él dice. Eso está claro, ¡no voy a hacer lo que un caradura me dice! Pero, sé que el niño que te robó está por alguna parte, y no podemos buscarlo con ellos encima. Si tú los distraes y yo lo busco, sería más fácil. Sí, tú. Porque tú eres, bueno, muy blanquito. Un poco sí que llamas la atención aquí, mira alrededor.

Lo que no le dijo, es que, según ella, le haría bien probar un poco del sabor local y así quizá dejar de alterarse tanto. Pero antes de que se debatieran de si poner en práctica o no su brillantísima idea, de nuevo, otro disturbio.



*Niara piensa que Tsuna representa el gobierno de Japón.
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Tsunayoshi Nishima el Dom Feb 25, 2018 10:03 pm

Tsuna entornó los ojos ante el nombre de Inari, mal pronunciado. No dio respuesta, no tenía caso intentar desviar la atención que la adversa ponía en esas preguntas de cuyas respuestas no necesitaba conocer. Quizás debía haber protestado antes en la tienda cuando aún estaba a tiempo, y hasta uno se cuestionaba si aquel otro de buen vestir habría resultado menos cargante. No obstante, no se podía ignorar el detalle de aquella sensación que transmitía, tan altanero y difícil de tratar... Que no estaba muy seguro de qué habría sido peor.

A Niara se le veía muy contenta. En cambio, Tsuna estaba de los nervios, porque aquello no era una excursión, y la chica se empeñaba en que sí. No sabía cómo decírselo ya, pero a ella le parecía divertido "Prueba esto o aquello, o mira esto de aquí" ¡No quiero un maldito souvenir! Es lo que le habría contestado, pero en su lugar la seguía de aquí para allá, con una sonrisa a la espera de que se terminara aburriendo, porque, sería sobrehumano pasarse las horas allí, mira que te mira sin que uno termine con las piernas molidas.

¿Conque es así? —Sí, así —No tenía ni la más remota idea de qué estaba confirmando, pero solo quería que se centrara. Cogió ese extraño pan y le dio un bocado sin despegar la vista de Niara. Es que parecía que no iba a continuar si no tomaba esa dichosa cosa que su mano le estaba ofreciendo. Daba la impresión de que se quedaría así, con el brazo tendido hasta que lo probara, y podía estar todo lo rico que quisieras, que no era capaz de detenerse en el sabor, estaba más enfocado en lo referido a las alfombras y llegar de nuevo a por sus cosas —Pues Raj debió creer que sería gracioso ¿La feria del Nilo? ¿Y no podía dejar la puerta quietecita en el Congo? —Ya se había despegado tras comprender lo lejos que estaban de su albergue ¡Y qué de fácil habría sido aparecerse! Pero la imagen del lugar... No era capaz de reflejarla en su mente para hacer un viaje seguro. Si lo hacía capaz terminaban en cualquier otro sitio de África al azar.

¡Oh! ¡Pero se agradece! Ahora sé dónde quedarme la próxima vez que venga por aquí —No habrá próxima vez, de eso se podría seguro, pero lo dijo tan contento que hasta parecía verdad. En el fondo estaba que rabiaba, y esa insistencia que tenía Niara por visitar cada tienda acababa con su paciencia. Además, quería que se relajara ¿Cómo iba a relajarse? Claro, ahora entendía —Portales... Ah, como la red Flu. Yokatta... —Y se sintió aliviado de que tuvieran una forma rápida de llegar —¿Como dices? ¿En Japón? Pues depende. La razón por la que las alfombras se me hacían familiares es porque allí también se usan. Para llevar a sus alumnos al colegio de Mahoutokoro por ejemplo es algo necesario. Pero también tiene su método para viajes instant... —Justo en ese punto se cortó a sí mismo en vista de lo que estaba haciendo —¡Vaya! —Nuevamente se le ensanchó una sonrisa, como si le hubiera parecido divertido, y bromeó, como si de la nada fueran un par de dos colegas cercanos, incluso exageraba sorpresa —Pero bueeeno ¿Que brujería es esta? Me has hecho hablar —Y encima dudaba de su habilidad en aparición, pero el japonés parecía mostrarse indiferente al respecto —Por supuesto, me has pillado —Y sin ser cierto, le guiñó un ojo. Resultaba confusa su actuación, chocante como cuando le había sacado de sus casillas en ese apuro que tenía hasta hace un momento.

La pequeña rata ladronzuela salió de la nada y con él, se llevó no solo los huesitos de mono que había comprado, incluido estaba algún que otro panecillo de esos que había ido aceptando por parte de Niara y que, en vez de comer, lo había ido guardando en la misma bolsa —¡Se lleva los mandazis! —Claro, lo más importante. Ni la sorna era notoria. Aparte, si iban a correr, no se daría mucha prisa en perseguirlo. Ese chaval sabía moverse entre aquellas calles y dudaba mucho el poder alcanzarlos. Si al final lo habían logrado, no sabía ni como lo habían hecho.

Tsuna se quedaba al marguen mientras veía a ese par discutiendo, porque el asunto parecía haberse convertido más en problema de Niara que suyo. Parecía afectarle incluso más a ella, como si le hubiera ofendido su honor o algo por el estilo. No dijo nada, solo se quedó esperando de brazos cruzados a su espala, analizando la situación, y cuando por fin la chica se volvió hacia él contestó vacilante —¿Bailar? Tiene gracia. Yo creo que sería más fácil... Matarlos a todos —Y con esos labios curvados suyos dio un paso al frente con un gesto vil que hizo que los muchachos se miraran y temblando se prepararan para lo que pudiera venírseles encima. Con lo que no había contado es que tenía a Niara la corta-rollos con él y debía estar locosi accedía a seguirle el juego.

¡Está Bien! —Espetó incluso con pausa entre palabra y palabra —¿Y esperas que lo haga tan bien como ellos? —Esperó su respuesta y su expresión se volvió cara de póker —Menuda excusa más cutre —Resopló, y una idea brilló en su cabeza.

Esta danza cósmica y decadente no nos da permiso. Retuerce nuestros brazos colectivos. Pero si la dulzura puede vencer, y vencerá, entonces seguiré aquí mañana, para darte la mano ayer, mi amigo. Paz...

Cara de kabuki, una larga melena blanca (mayor que la que ya tenía) y abanicos en las dos manos. Te preguntas ¿En qué momento ha pasado todo esto? Hasta el disturbio que estuvo a punto de dar comienzo, quedó en nada con todos mirando a un único punto. Dos focos que ni en su origen te centras, porque no puedes, eres incapaz de evitar mirar a otro lado que fuera su actuación. Y así se ganó la atención de los chiquillos. Un espectáculo bien montado, absurdo, incoherente. No era baile, era teatro. Y el japonés daba saltos sobre una pierna al ritmo de los tambores. La horda no comprendía que era esa ridiculez, y a punto estaban de salir de su confusión para saltar con abucheos. De pronto, el líder de los muchachos cayó de bruces hacia el suelo. Los tambores cesaron al instante. Todos se giraron hacia el culpable, y quien apareció a su espalda, no era otro que él mismo a quién miraba, Tsuna. Pero vestía como antes y en su mano llevaba una vara. Una vara de kendo.

Ups, lo siento, no me caía bien —La sonrisa se ensanchó incluso más que de costumbre cuando contempló a todos como le miraban furiosos. Lo que había hecho había sido tiempo suficiente para Niara, pero ahora él se las tenía que arreglar para enfrentar un ejército de niños que se abalanzaban sobre el en venganza de su jefe. Unos le intentaban asestar hechizos aturdidores con la palma de sus manos y él tenía que arreglárselas para manejar con una suya, hechizos defensivos, mientras con la otra golpeaba a base de palos a todo aquel que recortaba las distancias.

Intentaba retenerlos como podía, sin matarlos, aunque habría sido más sencillo. Ahora venían los locos que echaban flamas por la boca ¡Ey, esos los conozco! ¿No salían en esas películas muggles del hostal? Y se impacientaba, pensando "Nii ¿Te queda mucho?"

Spoiler:
Te juro que el post me salió largo solo xddd
Es que tenía tanto que detallar

Ah y dos cosas:
- Yokatta significa menos mal
- Y lo que pasó al final fue que usó  Relitate Fictium
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Niara Soyinka el Lun Feb 26, 2018 5:29 pm

Era un demonio, y prendidos de esa fuerte impresión que les caló hasta el hueso —la teatralidad de los movimientos, la exageración de la vestimenta, capturó su más honda entrega a la superstición: algo malo, terrible, los amenazaba, y temían que si se quitaba la máscara, mandinga les sonriera con malicia—, se escandalizaron.

¿Qué era lo que aquel extranjero había librado frente a ellos?, ¿qué artimaña artificiosa y maligna les había arrojado?

Un muchacho larguirucho cayó de culo, luego de haber sido empujado por otro que salió corriendo, que no parecía querer descubrir cuál sería el truco del japonés, a costa de sufrir una sorpresa desagradable. Los que quedaron, se sacudieron la impresión para reaccionar: vocearon y se pusieron a la defensiva.

Sólo cuando la máscara reveló al japonés, se indignaron con la apasionada ira de los hombres, puede que más enojados consigo mismos por perder el sentido de la realidad por un momento, instante en que creyeron hallarse frente a una criatura de mito y fantasía. Si no era un demonio, sabían qué hacer.

Una trifulca, en una calle africana, sin embargo, siempre podía acabar en los resultados más dispares. Si de un manotazo al aire, era posible quedarse con la nariz de un transeúnte al azar, la cantidad de accidentes que podían resultar de un disturbio público, se multiplicaban en sus azarosas posibilidades.

No había que olvidar, que eran jóvenes y testarudos, y llevaban la magia en la sangre, como un pulso de calor y nervio, que al hacerlos rabiar, estallaba en desastrosas consecuencias.

Si el extranjero japonés había sido el causante, ello pasó al olvido. Porque de un momento a otro, los hechizos cruzados hicieron que todo el mundo se pusiera a cubierto o se entregara a la confusión, intentando frenar los nervios calientes o sumándole leña al fuego.

—¡Te encontré!

Detrás de una pared, guarecidos, un grupillo de niños observaban con interés los huesos desparramados en el centro del círculo, juntas las cabezas e inclinados sobre algo que parecía interesarles más que la pequeña revuelta que tenía lugar a tan sólo pocos metros.

Niara comprobó, alarmada, que eran los huesos de mono.

—¡Ustedes!—Se adelantó, espantando las caritas de curiosidad, y de una sacudida de la varita, elevó los huesillos en el aire, volviendo a colocarlos de donde habían salido, y asiéndolos muy fuertemente en su mano—¿Saben qué…?—No, por supuesto que no sabían. Se quejaron, intentando manotearle la bolsita—¡Pues no! No es tuyo, ni tuyo. ¡Y no es para jugar!

Rajek se lo había enseñado una vez, lo que podían hacer. Y la demostración le había erizado la piel.

Lo que no supo, no de inmediato, es que había llegado tarde.

—¡Es mío!, ¡mío!—saltó un chico, estirando la manita hacia ella, para alcanzar “su” posesión.

—¡Lo has robado!

Justo entonces, sintió un escalofrío y se volteó a mirar. Hubiera jurado, que acurrucada en una esquina había visto una figura espectral, negra y peluda. Fue sólo por un segundo. Al parpadear, ya no estaba.

—¡Ustedes!, ¿No habrán…?

Pero cuando Niara se dirigió a los niños, acusadora, estos echaron a correr. Y ella se quedó sola, con la bolsita en la mano y el presentimiento de que había metido la pata. Oh bueno, no podía ser tan malo, ¿verdad? Seguro que Rajek sabría cómo…

En eso, un maleficio aturdidor le pasó rozando la oreja y se espantó de vértigo, recordando de pronto que había dejado solo a Tsunayoshi. Aunque, ése debía estar encantado, con el tumulto que ocasionó, todo por sí mismo. Y mira que ella sólo le había dicho de bailar un poco.

—¡Tsuna!

Niara se apareció de la nada, junto al japonés, y lo tomó del brazo. Lo siguiente, fue desaparecer. Y huyendo de lo que parecía una revuelta en pleno callejón atestado de magos enfurecidos, fueron a mezclarse entre las cabezas de transeúntes muy ocupados en sus cosas como para prestarles atención. Y una voz ronca rompió el aire, de repente:

—¡Portal en cinco minutos!—
Era un hombre alto, barbudo y con turbante, que agitaba una campanilla, de pie junto a lo que parecía, no, que era, un pozo de agua, por el que un par de magos acababan de arrojarse, dejándose caer, ¿es que Niara no había mencionado una PUERTA? Sí, bueno, saldrían por una puerta, al menos, ERA DE ESPERAR— ¡Congo, Marruecos, Montañas Viruca, Pirámides! Hoy, salida especial al Teatro de Los Faraones por el imperdible recital de…

Muy contrariamente a lo esperado, Niara no abrió la boca enseguida. Miraba en derredor, como si esperara que les saltara algo por detrás. Y aferraba la bolsita contra su pecho, en un gesto que olía sospechoso.

—¿Qué? Oh—Parecía desconectada—Nada, no pasa nada. ¿Es al Congo que quieres ir, verdad? ¡Pues vamos a ello!

E hizo el ademán de guardarse la bolsita… ¿es que había olvidado que no era suya?
asdsadasd:
*Los huesillos de mono pueden liberar a una bestiecilla que persigue a su portador y lo envuelve en situaciones que parecen obra de la más mala suerte (algo así como un espíritu de los enredos y de la mala suerte). No es lo único que hace (?). Sería como tener una mascota, que te vuelve loco. Además, de provocar escalofríos. Hay una forma de liberarla, y otra de encerrarla. Niara no sabe hacer lo segundo, claro está. Podemos ponerle un nombre y todo *-*

Creo que para deshacerse de la bestiecilla, hay que cumplir algo. Realizar algo. Es como si la bestiecilla quisiera cumplirte un deseo, pero fuera muy patosa para conseguirlo, y en vez de eso, te provoca desgracias. Aunque sus intenciones sean buenas (!)
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Tsunayoshi Nishima el Vie Mar 16, 2018 5:14 pm

Veo que recuperaste los huesos de mono —Comentó bajo el ruido urbano, al advertir como su compañera guardaba tan cuidadosamente la bolsita para ella ¿Es que le había cogido capricho? Sus ojos se achinaron más que de costumbre, y daba escalofríos, porque si por lo general una persona cuando sospecha de algo ya te hace sentir cierta incomodidad con la expresión que pudiese adoptar, imagínate la de un oriental de ojos rasgados.

No le pidió de vuelta la bolsa. No porque no tuviera interés en aquella última compra, que de hecho lo había obtenido como algo casual, más bien era por el hecho de que era su posesión. Él no era un alma caritativa que iba regalando sus cosas por ahí. Sin embargo, había algo que lo tenía más intrigado, ese nervio con el que trataba de actuar, como si supiera de algo sobre los huesos de mono que él desconocía. Si ese era el caso, estaría tardando en contarle ¿Qué misterio podría haber detrás? ¿Es que no eran unos simples huesos para la clarividencia? Los había escogido pensando en ello. Aunque él no era muy aficionado a esa rama de la magia, pero había veces que la runología y la clarividencia se daban la mano, y los huesos de uso para interpretar el futuro era uno de esos casos.

¡Portal en cinco minutos! —Gracias, hombre traductor. El anuncio se repitió una segunda vez a llamada de pregonero. La atención de Tsuna se desvió nuevamente, apartando esos ojos incómodos que se habían mantenido fijos sobre Niara.

Vamos, hay que darse prisa —Encabezó la marcha en una cola que se amontonaba para traspasar un arco circular, de cuyo interior lo cubría una capa que ondulaba como el agua en ondas inquietas. La sensación de traspasarlo fue la de ver como el espacio que veían tras el otro lado de la fina capa transparente, trasmutaba a un lugar distinto, como el de un metamorfomago adquiriendo un nuevo aspecto. Aun así, la transición no duró más de una fracción de segundos.

Yoi... Tadaima —Comentó, más para sí mismo. Aunque si hubieras entendido su idioma habría tenido gracia, porque era lo que típico que se decía cuando volvías a tu "hogar", y ese, obviamente, no era su hogar.

Habría derribado la puerta de su hostal como muestra de su desagrado, esa última vez que pisaría el local. Tenía pensado despedirse a lo grande, pero estaba Niara, y debía comportarse.

Espérame aquí, no tardaré —Se limitó a subir a por sus cosas mientras dejaba a Soyinka con la recepcionista, dueña, y encargada de casi todo en el hostal. La miraba igual de raro como hacía con Tsuna. No dijo palabra, solo la miraba con una expresión entre aterrorizada, asco, y era evidente las muchas ganas que tenía de que se marcharan cuanto antes.

Tsuna bajó con un maletín y un gran rollo de pergamino atado a su cintura. Entonces se dio cuenta de cómo la anciana miraba a Niara. Reaccionó casi al momento y cambió su expresión mirando a la puerta. Tsuna se limitó a pagar la estancia, dejando el dinero en el mostrador, y cuando estuvo a punto de salir, la anciana por fin después de tanto tiempo hospedándose ahí —Bueno, tanto no, que solo fueron tres días— habló con un aire de desprecio

¡Kindoki...! —Que en uno de los idiomas bantúes significa "Brujería", y aunque Tsuna no entendiera su significado, el tono en que lo dijo le hizo darse la vuelta. Estaba sonriendo, como alguien amigable que solo tiene buenas intenciones, pero algo había en él, como si tuviera un aura invisible que lo delataba, y te decía "cuidado, lo has cabreado".

El japonés sacó su varita a la velocidad de un battōjutsu e hizo volar los papeles, así como los documentos de su estantería trasera y las llaves que colgaban de sus ganchos. La anciana se llevó las manos a la cabeza y se encogió de miedo.

Llevaba un tiempo queriendo darle su lección a esa maldita muggle —Añadió una vez fuera —Bien, y ahora... ¿Sabes dónde queda la Selva del Congo? —Pero no la dejó responder, casi al momento cogió la bolsa con la que tan protectora se veía, a la voz de un —Dame un momento los huesos de mono, quiero ver que nos dicen —Aún se creía que era para clarividencia, y estaba claro que no fue una petición, porque lo hizo sin tomar en cuenta su parecer. Cogió los huesos, se puso de cuclillas, los tiró al suelo y si algo estaba diciéndole Niara de fondo, era como el sordo sonido tras una pared de corcho en su cabeza.

Los huesos se dispusieron de una manera, formando una combinación de runas que al interpretarlas Nishima se quedó descompuesto —¿Qué clase de futuro es este...? No tiene sentido —Un humo negro salió de los huesos, como si fuera verduras al vapor en un caldo hirviendo.

El humo tomó forma y se materializó en una especie de pequeño genio. De altura medía poco menos de un metro, era rechoncho, casi como una bola, y parecía una cría de tapir negro.

¡Nyurufufufufufufu! —Y para colmo hablaba.

¿Pero qué...? —Exclamó el japonés alarmado.

¡Nyu! Al fin me despiertan, nyu

¿Nyu? ¿Qué eres maldito bicho? ¿Dónde está mi futuro? —En ese momento, Tsuna sacó su varita creyéndose amenazado.

Nyurufufufu, yo no digo el futuro, nyu.

Tsunayoshi prefirió no darle cuerda a esa conversación. El enano le estaba crispando los nervios. Su mirada se dirigió a Niara con una expresión que pedía a gritos una explicación. Si ya tenía suficiente con aguantar a alguien cargante como Niara, tener a dos cargantes iba ser insoportable.

los tapir son cuquis:
Puedes sentirte libre de manejar a "Nyu". Sí así voy a llamarle jajaja.

Por esa coletilla suya que suya al final de sus frases. Es travieso, juguetón, y se victimiza para conseguir lo que quiere.
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Tsunayoshi NishimaJefe Departamento

Niara Soyinka el Dom Mar 18, 2018 9:24 am


Veo que recuperaste los huesos de mono.

¿Eh?, ¿qué? Sí, sí. ¿Qué? Niara estaba en su elemento: la cara de nada. Haz de cuenta que no pasa nada, tú no te enteras. Tsunayoshi la tenía bien sujeta a esa mirada de intriga y sospecha, oh bueno, ¿para qué mentir?, la estaba amonestando, era evidente, la estaba ta-la-drán-do.

—¡Ya está!—exclamó, acabando por atarse la bolsita a la cintura. Tú sabes, si lo hacía ante tus narices y a plena luz del día, no era porque estuviera ocultando nada, ¿verdad? Y añadió, muy casual—: Ahora sólo tenemos que preocuparnos por ir a por tu equipo, ¿listo?

Demostrarle que ella podía mantenerse clavada en el sitio, toda fresca e ingenua, se hacía crucial en esas circunstancias. No podía hacer ver que ahí había gato encerrado, él no tenía que preocuparse. Así que, le sostuvo la mirada, con unos ojitos muy redondos, curiosos y reflexivos, esperando instrucciones, del todo solícita para con él, como si eso no fuera suficiente para pensar que algo raro sucedía. ¿Pero qué pasó? Niara salió victoriosa, ¿y cómo es que llegó a dudarlo?

***

Espérame aquí, no tardaré.

Eso fue lo que dijo, antes de desaparecerse escaleras arriba, dejándola allí, anonadada. La mujer de mediana edad que atendía el mostrador de la recepción no había respondido a saludo alguno y, sin entender al principio por qué, le lanzaba miradas de horror y desconfianza. Pero era cuestión de ojear a su alrededor (y para eso ella, ni lenta ni perezosa), y detenerse en cada uno los amuletos de protección que colgaban de las paredes, en el altar dedicado a una de las santas entidades contra los malos espíritus y demonios. Entonces, comprendió, el asco.

Había una creencia popular contra los brujos, o de almas que se creían “poseídas” por espíritus maléficos. Eran personas tóxicas, que acarreaban la mala suerte y todo tipo de desgracias para quienes se acercaran demasiado. Estaba el caso de los “niños brujo”, por ejemplo, acusados arbitrariamente. Estos eran bebés que sus familias abandonaban en las calles, a la intemperie; niños de todas las edades que no conocían otra cosa que la marginalidad más violenta.

Esto sucedía con niños o adultos, que fueran señalados de una u otra forma, por su íntima conexión con lo maligno en un acto de discriminación. Pero, al no ser personas humanas, al llevar al diablo en el cuerpo, no había perjurio en aislar, apedrear, abandonar, dañar a aquellos que eran víctimas del kindoki, esta posesión maligna.    

Niara reflexionó sobre esto y levantó la mirada escaleras arriba, pensando en su japonés. Fue entonces cuando la mujer del mostrador, habiéndose percatado de algo inusual: la bolsita de huesos de mono, que se removió abruptamente; y presa del pánico, la increpó con amenazas y en medio de una sarta de palabras confusas y rápidas, le escupió directo a la cara. Niara abrió muchos los ojos en su rostro silencioso, y alzó una mano, repasando la mejilla injuriada con un gesto lento, paciente. La mujer se inquietó y calló de repente, porque Niara se limitó a mirarla, muy quieta en su sitio y sin parpadear. Se la adivinaba severa, pero no se mostraba enfadada. Había un dejo imperturbable en sus expresiones, que era parte de su gracia natural, y aunque la mujer del mostrador se sintiera amonestada, atacada por esa mirada, imaginándosela furiosa y vengativa, lo cierto es que la Soyinka no sentía hacia ella ni ira ni repulsión ni resentimiento mientras se limpiaba las manos, pensativa y tranquila, hasta que.

—Él no es un brujo.

En un principio, su oyente habría pensado que aquello era una maldición, pero le extrañaron sus palabras, y su voz, porque, hay algo en la indolencia del que habla con la sanción de los justos, que paraliza al corazón y lo hace dudar, no porque eso vaya a transformar nada, sino porque existe una verdad siempre escondida incluso bajo los actos más necios, crueles: al hablar desde el corazón, tienes que llegar a otro corazón, si hay algo bueno en este. Sólo que ese momento de interacción es una ilusión, y el desencuentro se produce demasiado pronto, y entiendes que no es sobre lo que es justo o no, sino sobre emociones, irracionalidad mal direccionada, y en este caso, superstición. Y los muros de una mente cerrada, son infranqueables. Más difícil de derribar cuando se trata de un conjunto de creencias compartidas, bien arraigadas al pensamiento común, tan despiadado como agresivo en sus formas más combativas contra lo raro, “anormal”, diferente, cuando lo diferente es sólo otra forma de sentir, hacer, explicarse como sociedad, individuo, hombre y mujer. Porque si te declaras contra un sistema de creencias, amenazas su mundo, su realidad, a ellos mismos, de una forma tan explícita, que los aterra, los envilece, y los mueve a atacar.  

Hubiera respondido, pero Tsunayoshi bajó y la mujer habría pensado que no era prudente tenerlos a esos dos allí por mucho más tiempo, así que apuró las formalidades como casera desconfiada que era, y se hubieran marchado sin mayores altercados si no fuera porque.

Niara se enojó tanto.

Si había una cosa que no la hacía feliz e incitaba a su pecho a que se expresara, indignado, era ver cómo alguien, en este caso un mago, se aprovechaba de su magia o su fuerza o su ventaja, para reducir a otro que es débil y no tiene defensa. Pueden escupirte a la cara, pueden blasfemarte, pero es caer más bajo todavía sacar las garras contra una polilla asustadiza. Eso ella no lo soportaba. La rabia la inundó como una ráfaga líquida en caliente. Y se le fue lo bonita.

—¡Tsuna!—advirtió, a voz en grito.

Fuera, lo siguió afuera.

—“Esa muggle”, ¡no te había hecho nada para que respondieras de esa manera!—lo increpó, saliéndole al paso. Lo estaba amenazando, con el cuerpo. Se estaba apretando, contra su zona de confort. Lo señalaba, con el dedito acusador. Más que dedo, era toda la mano a punta de pistola, lista para un cachetazo. Cuidado, que estaba en vena. Ella, con su metro setenta y ocho y su delgadez huesuda, que la empequeñecía tanto, era toda una temperamental si se lo proponía—¡Eso fue rudo, prepotente…—él le sacó la bolsita y ella giró un poco la cabeza, confundida, ¡pero no señor!, ¡no iba a perder el hilo de esa discusión! Ni se le pasó por la cabeza pensar por qué era tan importante que él no tocara con los huesos de mono, lo pasó por alto a pesar de poder verlo muy bien, ¡porque la bronca! Mira cómo tenía el rostro de endurecido, la frente de agresiva. Y así y todo, era tan chiquita—, innecesario!—Lo seguía, lo seguía—No tolero a alguien que no sabe medirse cuando toca, ¡no te pienses que puedes…!

No la escuchaba. Ey, pero vaya, si se había hecho con los huesos de mono y pensaba usarlos. Niara bufó, ofendida, y se cruzó de brazos, pero con la boca torcida en una sonrisa apática, ardida de resentimiento. ¿Su futuro decía? Bueno, eso iba a ser, cuando menos, divertido. ¿Qué tan malo podría ser? Ah, pero enseguida tuvo segundos pensamientos, y desencajada, con una cara de sorpresa que te caes de culo, estiró la mano a punto de gritar: “NO, NO HAGAS ESO”, pero tarde. ¿Y en qué momento él había…? ¡Oh, no!, ¡si hubiera estado más atenta!

Las manos a la cabeza, se llevó las manos a la cabeza, pero antes de siquiera recapacitar del todo sobre las consecuencias que se desencadenarían a partir de ese momento, en lo primero que reparó fue en la reacción de Tsunayoshi, tan atacado por el sobresalto, ¡que ah!, ¡que risa! ¿Qué eres maldito bicho?, decía. ¿Dónde está mi futuro?, decía. Y Niara se echó a reír, con unos dientes blanquísimos, y retrocediendo por instinto, ese instinto de los niños culpables cuando saben que tienen que dar explicaciones por sus travesuras, pero sin parar, sin poder parar de reír. Y soltó todo su enfado en esa risa, lo dejó irse, porque a ella de nada le servía, porque tampoco era de ella esa emoción, sus emociones eran otras, afines a otros rincones, otras teclas de su corazón, pero no esa, no la furia, no el enojo, que aunque le pertenecieran en un sentido intrínseco como ser humano, no eran los puentes con que se comunicaba desde dentro hacia fuera, hacia el mundo, hacia las personas. Si era por una causa que creía justa, por supuesto, pero eso tiene otro nombre: amabilidad. A veces, la amabilidad, tiene curiosas formas de expresarse, formas que ni siquiera Niara, que se creía tan observadora, podía adivinar. Porque las personas, a esas, nunca las entenderás del todo. Por eso es que ella no entendió. Ella simplemente no entendió todo lo que sucedió allí dentro, en la recepción del hostal. ¿Y qué había pasado? Sólo lo que sus ojos habían visto, esos ojos grandes a los que poco se les escapaba, pero lo importante, lo importante es muchas veces invisible a los ojos, y hay un futuro en el que quizá puedas volver hacia atrás y replantearte cosas, ¿pero el futuro?, ¿dónde estaba el futuro? En su lugar, había, ¿una entidad provocadora del conflicto y la mala fortuna?

Momentos después, en el asentamiento de la Tribu del Congo, asediada por los Assasanbonsam.

—Bueno, no parece tan malo—intercedió Niara, dubitativa al principio, pero recobrando la confianza enseguida, por lo muy acostumbrada que estaba a inventarse historias. Y tenía que conseguir que lo que decía sonara creíble, ¿verdad? Como un buen, buen verso—“Casi” te caes de la alfombra mágica, pero no te caíste. Es muy poco frecuente, es verdad. Y nos alcanzó un rayo en el camino, con el día soleado. Pero sólo pueden ser coincidencias. Mira, la verdad, a mí me resulta muy simpático—dijo, ensanchando su boca en una sonrisa, refiriéndose a un Nyu muy contento que jugaba inocentemente entre los arbustos como un animalito demasiado tierno y juguetón para este mundo cruel— Todo eso sobre su mala fama… ¡tonterías! ¡Es adorable!, ¿a que sí?

Dicho sea, Niara había perdido la cabeza por ese demonio de las travesuras. Muy conveniente, ya que ello sólo empeoraba la situación de Tsunayoshi, a quien curiosamente, le empezaron a suceder cosas muy, muy extrañas de camino. Para colmo, Niara ni parecía muy comunicativa al respecto y esquivaba el tema. Le había explicado algo, sí, pero muy vagamente.

En la tribu, se encontraron con una versión escandalizada de cuanto había ocurrido últimamente: los Asasabonsam eran terribles, un grupo de investigadores se había internado en el bosque para no volver y no sabían si estarían vivos, y así, en general, todo indicaba que había que entrar en el bosque y enterarse por propia cuenta sobre qué sucedía con esas criaturas que, cierto es que eran muy territoriales y querían avanzar sobre la tribu por considerarlos “intrusos” en su autoproclamado territorio, pero diríase que algo todavía más oscuro, terrible, acechaba en el interior del bosque, por las distintas versiones de los locales, que ya no sabían qué hacer con esa plaga, y estaban desbordados.  
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Niara SoyinkaFugitivos

Tsunayoshi Nishima el Lun Abr 02, 2018 12:40 am

En aquel momento, toda queja dada por Niara se chocaba contra el muro en el que se había encerrado el japonés. Tan centrado en lo suyo, en lo que tenía en meter comprobar de una vez por todas. Incluso fuera hacía como si no existiera mientras le regañaba, no la miraba. Incluso en el momento en que hizo lo que hizo, y después, mantenía tal serenidad, imposible de alterar, que parecía que ambos estaban en frecuencias distintas. Esa manera de ignorarla. Había sido incapaz de hacerle sentir ni una gota de arrepentimiento.

Había tanto odio en su corazón para con los muggles. Esos sucios no mágicos, culpables de todas las desgracias en el mundo. Su aversión hacia ellos tenía un motivo más profundo, uno que había tratado de sepultar con los años. Había tenido mala suerte en conocerlos, pero a todos los veía recortados bajo la misma tijera: Incapaces de ver lo bello, lo que es único, destructores de lo que no comprenden, malograron la figura que faltaba en su infancia, su madre, que siempre quiso y le falló. Su padre, un sucio cobarde.

Se aprovechaba con cada defecto, cada nuevo ejemplo por el que culparlos y hacerlos parecer el cáncer del planeta para justificarse. Sí, estaba ciego, y utilizaba de los fallos como excusa para tapar el de los brujos: Como lo era su vanidad.

Simplemente no podía soportar ver una vez más como esos insignificantes se atrevían a ofender así a alguien que creía de los suyos ¿Se había metido en medio en su defensa? ¿Aunque ella no lo hubiera pedido? Eso era... Una ridiculez.

Imperturbable, Tsuna se aprovechó el acercamiento, ese intento ajeno de incomodarle, lo que no surtió efecto alguno en él, en su lugar, alargó el brazo para hacerse con los huesos de monos y luego... Pasó lo que para él había sido impensable.

***

¡Disculpa! No es tan malo ¡Claro que no! —Tsuna ya estaba hasta arriba, en el punto máximo en que ya empezaba a desbordar tras aquella serie de catastróficas desdichas. Una podía ser causalidad, dos ya empezaba a resultar extraño ¡Pero es que ni siquiera fueron tres! Y todo había sucedido desde que Nyu apareció.

¡¿Pero cómo puede ser que lo veas como la cosa más normal del mundo?! No cuela, seguro que este bichejo...

Nyu —Corrigió, o más bien interrumpió, porque él no se denominaba de ninguna forma a sí mismo.

Nyu, lo que sea —Y al fijarse en que le estaba siguiendo el rollo, agitó su cabeza de lado a lado para darse cuenta de que se había olvidado de lo que iba a decir —Si tan simpático te parece quédatelo tú cuando acabemos con esto, qué digo, propongo que lo exorcicemos aquí mismo ¡Sí! ¡Qué es culpable! Solo mira su cara, ávida de sangre y muerte.

¡Nyu! ¡Yo no tengo culpa de nada, nyu! —Y se escudó disparada como un globo desinflándose en dirección a la única que le defendía, buscando sus brazos —¡Solo estoy para ayudar, nyu! —En esto último su trompita se estiró provocando un sonidito de corneta, como si con eso fuera lo clave para convencerlos de su inocencia.

Tsuna tenía papel y brocha preparadas para expulsarlo, pero de por medio estaba la escudero particular. Ni siquiera le dejaba concentrarse en trazar los símbolos correspondientes —¿Qué haces? ¡No! ¿Es que no lo ves? ¡Acabará con nosotros! —La incluía para que se preocupara de verdad, porque estaba visto que las cosas malas solo le pasaban a él. Lo veía como algo más grave de lo que realmente era, y exageraba. No entendía su finalidad, y no conocía cual era el alcance de aquella mala fortuna.

Lo que sí tenía claro es que tenía que ver con él, porque era demasiada casualidad ¡Pero es que no tenía pruebas! —Quieta, deja mi pergamino quieto ¡Para ya! —Y el papel acabó con una gran traza de borde a borde, por lo que el sello quedó inacabado. La mirada de reproche del japonés no tenía precio. Quería deshacerse de la criaturilla, pero estaba visto que mientras estuviera Niara de por medio, no podría.

***

Nunca antes había sentido el nudo del miedo en la garganta al tratar de meterse en lo peligroso de sus misiones. Confiaba bastante en sus habilidades, pero esa vez contaba con el infortunio que cargaba, que ya era bastante evidente.

La Selva del Congo, flora de todo tipo, una humedad tan cargada que se notaba por ese aire tan pesado, y ese frío perforante que te cala hasta los huesos. Antes de meterse a la aventura recordaba haber escuchado por boca de Amir en una conversación la de animales salvajes que podría hallar en donde quería dirigirse: Que tuviera cuidado con las mambas y las pitones, que por mucho que supiera de demonios, nada podría hacer contra un ataque sorpresa. Pero de serpientes nada. De momento tenía que lidiar con esos dichosos mosquitos que zumbaban en sus oídos y picaban tan rastreros, uno tras otro, y trataba de quitárselos de encima con ráfagas de aire.

Su mirada se posó un momento en Niara ¡Su cabeza no parecía una colmena como la suya —¡Oye! No me hablaste de un repelente ¡Dime qué..! —Instintivamente se aproximó hacia ella, porque claro, había cosas que parecía guardarse solo por verlo sufrir, y parecía que disfrutaba, o solo era su imaginación. No obstante, algo pasó, peor que los mosquitos, a medio camino notó como su andar se entorpecía con una cuerda allí tirada y una red acabó por atraparlos a él y a Niara.

Si esto no es mala suerte dime tú que es... ¡Nyu! No te quedes como bobo mirando, haz algo y corta las cuerdas —Pero éste se encogió de hombros ¿Qué podía hacer un cuerpecito etérico?

Casi al momento una tribu de salvajes, aborígenes de aquella zona al parecer, salieron de su escondite, y aunque no eran los Assasabonsam, se les notaba cabreados.
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Niara Soyinka el Dom Abr 15, 2018 9:15 pm

Si tan simpático te parece quédatelo tú cuando acabemos con esto, qué digo, propongo que lo exorcicemos aquí mismo ¡Sí! ¡Qué es culpable! Solo mira su cara, ávida de sangre y muerte.

Niara rió mostrando los dientes, risa musical que era la suya. No exageraba jamás una carcajada. Ella era, un poco más reservada en cuanto a expresarse apasionada o ruidosamente por algo. A no ser. ¿No sería que ella se la creía demasiado? Mira que cuando le entraba en gana, no se tragaba ni un pío.

Pero desde ya, tal ocurrencia—¡descabellada idea!, ¡pero si la cara de Nyu era… curiosa, era curiosa, y de ojitos tiernos!—, le arrancó una sonrisa de esas que provocan el buen humor. El otro, por cierto, que iba muy en serio. Si hasta sacó la brocha.

Niara, con el diablillo en brazos cual mamá chimpancé, le cortó el rollo al japonés malvado, que mira, se estaba poniendo insistente con el tema. Tuvo que avisarle con un ceño pinchudo que no, que no le gustaba nada lo que se proponía, y hasta se enzarzaron en un forcejeo (Nyu tuvo que colgarse del cuello de su protectora), en el que ella, brava como era, metió mano en sus cosas, como quien “¡Ups!, ¿y si yo te toco aquí?, ¿y si te muevo esto así?”. Un poco porque le interesaba esa brocha, ¿y con eso hacía sus sellos en el pergamino? Sí, ella lo había leído, sobre las técnicas japonesas de…

—Ups—dijo por último, llevándose una mano a la boca, con una pena pero que fingidísima, mira. Es que la gente sin modales iba por ahí, tocándote la brocha. Y ni vergüenza les daba.

***

—¿Mmm?—
¿Que qué, decía? Niara se volteó distraída, y abrió los ojos sorprendida: ¡se había dado cuenta! Y es que, no es que ella fuera rencorosa, pero sí que se guardaba cosas que le hacían gracia secretamente. Y cuando tú tienes la oportunidad de reírte un poco de alguien, pues.

¡Oh!

De sopetón, mira. Ni tiempo hubo de gritar, que igual no lo hubiera hecho. Pero vaya que Tsuna no se ahorraba una queja. Ella no supo cómo ni cuándo ni por qué, en un instante sus pies tocaban la tierra firme, y al siguiente se tragaba una mosca sobre el hombro del japonés, atragantada con su propia “malicia inocente” y sin poder escapar de esa red, y la incómoda circunstancia de…

Oh, no bueno, a ella no le incomodaba lo de “no poder moverse”, de lo apretados que estaban, porque se movía igual, y vaya que la Soyinka se había ensañado con esas cuerdas, intentando cortarlas con las manos, pero resultó, que tenían un encantamiento que se lo impedía, y entonces los lugareños aparecieron salidos de entre el boscaje.  

—¡No lo es!—Que no era mala suerte, ¿no lo veía? O sea, ¿no lo veía en las caras de mal talante que se acercaban con arcos y flechas y alguna lanza de madera, con picas y…? Está bien, que era terca la mujer. A ella, sin embargo, lo que afirmaba le parecía tener toda la lógica del mundo—¡Sólo mira!

No, es que justo en “mirar” estaba la cosa, Niara.

***

Era un hombre con un cuerno en la nariz, pintarrajeado de pies a cabeza, que reía de contento por las cosas que Niara… le traducía. Es que mira, se habían hecho muy amigos, con el mediador de la tribu. Y a éste parecía encantarle Tsuna, pero que muy.

Les explicaron que la trampa era para los Assassabonsam, y no contaban con pescarlos a ellos, y así en general, les comentaron la situación y se alegraron de recibir ayuda, sólo que. ¿Por qué Kombe (así se llamaba) y Niara se reían tanto?

—¿Qué? Le he  traducido lo que me has pedido. Así, tal cual—
dijo, caminando junto a él (con Nyu siguiéndolos entre que se lo veía entretenido con algo). Había que admitirlo. Era dura de roer, con esa cara de póker—. ¿Quieres que les pregunte algo más? Yo creo que tenemos que apurarnos. Si hay un equipo en el bosque que puede necesitar ayuda, el tiempo urge. Deberíamos…

¿En qué momento se había convertido en la que tomaba las decisiones sobre qué hacer? Le bastó oír que el grupo de una expedición podría estar pasándola malas en el bosque para querer tomar la batuta. O es que, desde el principio, tendría planeado hacerse con el poder, sigilosa como ella sola, discreta y sin ganas de perder.
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Niara SoyinkaFugitivos

Tsunayoshi Nishima el Lun Jun 04, 2018 5:27 pm

Tsuna estaba que rabiaba. Vale, sí, al final no había salido tan mal la cosa después de que les capturaran. Podrían haberles hecho prisionero, podrían incluso haberles atado a un palo y cocinados a vapor de olla como en las películas de la orbe-novela. Pero resulta que la situación era totalmente distinta, y es que encima ese que parecía dirigir todo el cotarro, o al menos parte de él se llevaba de maravilla con Niara ¡Y eso no era lo peor! Además, parecían reírse a su costa ¡Sí! Podía notarlo. Todas esas risitas que se traían entre manos. Tan íntimos.

Seguro —Musitó para sí mismo con los ojos más achinados que nunca, plantado mientras ella daba los primeros pasos para abandonar la aldea. No tardó en reaccionar, y cuando ésta se dio la vuelta con una última pregunta, Tsuna se aproximó y la sostuvo del brazo para parar esos pies inquietos —Sí, espera un momento ¿Es cierto que se estaban protegiendo de los Assasabonsam? ¿Y si tan interesados están en borrarlos del mapa por qué no nos ofrecen un par de sus guerreros como apoyo en la incursión? Va, pregunta —Y con un gesto de mano abierta señaló al mismo nativo del que estaban a punto de despedirse.

Esperó a que Niara tuviera la "negociación" con ellos. Sinceramente, las prisas con Tsuna no iban en ese momento. Él pensaba, si mueren, será por su incompetencia. Entraba de nuevo su vanidad y el ego, pues él se veía como aquel quién arreglaría el estropicio. Como el único que sabía cómo debían hacerse las cosas.

Al fin habían abandonado la aldea, habían atravesado un largo recorrido lleno de altos troncos y helechos cruzados en el camino, el musgo comenzaba a ser predominante en la corteza de los árboles, y Tsuna por extraño que fuera había contenido toda su queja por entonces. Pero hubo un momento en el que el silencio se le hizo insoportable y decidió romperlo.

Sabes por dónde nos estás guiando ¿Verdad? —Preguntó en base a la necesidad de saber, por ni siquiera tenía la más remota idea de a dónde se estaban dirigiendo, ahí en medio de la selva, le era imposible saber cómo iban a hacer para llegar hasta donde Amir le había comunicado la última vez.

Podríamos incinerar toda la selva, sería más fácil si los Assasabonsam salen de su escondite en vez de tener que ir nosotros a su territorio —Cortó con la varita una rama que se interponía al paso y añadió —Luego podríamos hacerles creer a esos cegatos muggles que se debió al problema que tanto bombo le dan, el cambio climático —Entonces, las palabras de Jayce resonaron en su cabeza, "¡Recuerda no pasarte de la raya!" Pero de eso Niara no tenía ni idea, si se lo negaba sería por la protección del ecosistema, seguro. Era ridículo, con la multitud de formas que hay posibles para solucionar las cosas de manera más simple, y ellos empeñados en recortar su imaginación.
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