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Hielo [Priv] || Danny

Maverick O'Connor el Mar Ene 02, 2018 8:16 pm


2 de Enero de 2018 || 12:32H || -6ºC || Zona Segura para Fugitivos, Sede de la Orden del Fénix


Tosió.

Ni quince segundos aguantó tras abrir la puerta de casa antes de sufrir un estridente ataque de tos. A pesar de haber tomado una poción revitalizadora  de propia preparación el día anterior - y valga decir que las pociones no eran ni mucho menos lo suyo - su cuerpo seguía pagando los excesos que se había pegado durante la noche de fin de año. Llevaba tanto tiempo sin emborracharse ni correrse una juerga de verdad que prácticamente había olvidado lo que suponía una terrible resaca. ¿O es que se estaba haciendo viejo? Alguna cana rubia peinaba ya su a veces tan frondosa barba, pero en cualquier caso, Mavs se negaría a admitir dicha realidad mientras tuviese un lugar en el que empinar el codo como era el Excalibur.

No estaba de buen humor aquella mañana. O quizá fuese más adecuado decir que no había empezado en absoluto de buen humor el año. ¿Es que había estado de buen humor acaso durante los últimos diez años? Tal vez tan sólo cuando conseguía estar lo suficientemente ebrio como para obviar esa última y trágica década que se había pegado deambulando en busca de un fantasma que nunca aparecería. ¿O más bien había perdido ese buen humor con el paso del tiempo? Bueno, por lo menos seguía divirtiéndose consumiendo las tragicomedias con las que le obsequiaba Netflix...

Se había pasado la primera noche del año sentado en su butaca frente al televisor, echando mano de las muchas películas que le presentaba el catálogo de la plataforma muggle de películas y series online. Terminó roncando a pierna suelta mientras de fondo se reproducía una comedia muggle que protagonizaba ese actor que tanto había tardado en conseguir la estatuilla dorada esa que daban en Hollywood. Atrápame si puedes, se llamaba el filme, y dicho título le hizo tener pesadillas esa misma noche en las que trataba de capturar, sin éxito, al igual que en la vida real, al asesino de su familia.

Despertó parcialmente sobresaltado al escuchar el ruido de una de sus ventanas al romperse. Parcialmente, sí, porque Maverick era de esa clase de personas que tardan lo suyo en pasar de zombi a humano. Tardó unos minutos en desperezarse allí en su particular sofá y comprobar que no habían venido los mortífagos a su encuentro ni tampoco unos vándalos londinenses habían decidido romper su ventana. La culpable era una pequeña lechuza que bien podría haber pasado por snitch de no tener el plumaje plateado la cual había dejado caer una pequeña nota a su lado.

La letra de Albus Dumbledore era indistinguible.

Sede de la Orden, 12:00 pm.

Feliz año nuevo.



Quiso pensar que se trataba de una broma de mal gusto. Se asomó a la ventana rota, notando la fría ráfaga de viento que se colaba por esta. Tomó a la pequeña lechuza entre sus manos, para ayudarla a salir por el mismo sitio que se había colado. Fugaz, desapareció entre las nubes de nieve londinense tan pronto como había aparecido. - Reparo. - conjuró de mala gana, arreglando el cristal mientras asimilaba y maldecía su mala suerte en aquella mañana de Enero.

¿Que querría de él el maldito viejo para hacerle salir en medio de la nevada? Porque para el colmo, ni siquiera podía aparecerse hasta la zona segura del Refugio. No. Tenía que cruzar toda la maldita ciudad para utilizar alguno de los absurdos métodos que utilizaban los miembros de la renombrada organización de rebeldes para llegar hasta su cuartel general. ¿Meterse en un retrete? ¿Lanzarse a las vías del tren, en serio? Sabía que al nuevo gobierno no le importaba en absoluto que los muggles pudiesen ser conscientes de la existencia de la magia pero por lo menos ellos, que se suponía que eran el bando de los buenos, podían esforzarse más en preservar el secreto.

Atravesó la fría capa de hielo y nieve que le separaba de su parada de metro más cercana y tomó la línea siete que le conduciría hasta Chinatown. Era común ver a gente de lo más pintoresca montando en el monoraíl que recorría la ciudad, y esa mañana no sería una excepción. Un vagabundo con el pelo verde no dejó de observarle fijamente durante todo el viaje mientras tocaba su armónica a precio de coste. Algún muggle que se montaba le dejaba unas monedas que este agradecía con un rápido solo de las cuatro únicas notas que sabía tocar. Cuando estuvo a punto de llegar al final de trayecto, Maverick le dedicó unas palabras. - No por tirarte todo el viaje mirándome vas a conseguir que te dé unas libras. Y no por ser un desgraciado, unas monedas van a arreglar tu vida. - el hombre frunció el ceño, antes de que Mavs abandonase el vagón en dirección al restaurante chino.

Una vez en Soho, saludó a los chinos encargados del restaurante, en el que aparte de servirle como salvoconducto para llegar al refugio también frecuentaba de vez en cuando para ir a comer. Esperó durante unos minutos a que estos estuviesen distraídos - y mira que era difícil que esas personas no estuviesen atentos a su trabajo - antes de colarse a una de las habitaciones traseras, cruzando en el camino las cocinas. Aquella estancia debía servir como almacén de productos congelados, porque hacía un frío del demonio y un olor a pescado que echaba para atrás. Abrió la puerta de uno de los congeladores del fondo, adentrándose en él. Sus dientes rechinaron durante unos segundos, antes de desaparecer como si de un armario evanescente se tratase, abriendo de nuevo la puerta y encontrándose en el patio principal de la Zona Segura del refugio.

No había nadie allí esperándole, ni merodeando por los alrededores. Las últimas veces que había acudido a la zona de fugitivos cada vez se topaba con menos gente. Caminó por la zona de los subterráneos antes de abrir las puertas de la sede de reuniones de la Orden.

Distinguió la figura de Albus Dumbledore con los brazos en jarra, dándole la espalda mientras observaba una pintura - o charlaba, no sabía - de cierto mago del año de catapúm. Unos pasos más allá estaba una chica rubia joven con la que debía haber coincidido en alguna reunión, pero cuyo nombre desconocía.

- Llegas tarde, Maverick. - empezó el anciano, sin necesidad de volverse para comprobar quién había aparecido por la puerta. -  Ven aquí, quiero presentarte a alguien...
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Danielle J. Maxwell el Miér Ene 03, 2018 3:32 am

OFF: Atuendo

Ya no iba a beber alcohol más nunca en mi vida.

Lo peor de todo es que en fin de año no fui a ninguna fiesta en especial, sino que viajé a Finlandia con mi abuela (obviamente por traslador, no íbamos a ir de muggles por la vida) a pasar fin de año con mis padres y el resto de mi familia, todos absolutamente muggle. Hacía muchísimo tiempo que no veía a toda mi familia, por lo que claro... al encontrarme con mis padres, con mis primos de casi mi edad y con mis primos más grandes. Y mis tíos, que eran todos unos locos...

Y no sé, ¿desde cuándo el champán sube tanto? Bueno, el champán mezclado con los rones de después... Encima mis primos tenían una 'técnica secreta' que jamás me contaron en dónde me hacían una copa super rica que apenas me duraba diez minutos. Entre lo borracha que estaba, todo lo que canté al Sing Star y que para poder comunicarte con el resto de tus familiares tenías que gritar como si estuviese en un concierto (porque todos sabemos que en reuniones familiares los decibelios suben y al parecer es más guay quién más grita), hoy me encontraba en una estado de absoluta decadencia.

A-B-S-O-L-U-T-A            D-E-C-A-D-E-N-S-I-A.

Me pasé, literalmente, todo el día uno de enero durmiendo en mi casa, rodeada de mis peluches de la infancia, hasta que mi abuela apareció en mi habitación y volvimos a Londres. Obviamente seguí durmiendo hasta el día dos.

A eso de las diez de la mañana llegó una lechuza a mi ventana. Y yo no entendí nada. ¿Qué clase de persona odiosa y asquerosa me odia tanto como para despertarme el dos de enero a las diez de la mañana? ¿Alguien me lo explica? ¿En qué momento me creé semejante enemigo? Mi instinto responsable me hizo levantarme y no tirarle un libro a la pobre lechuza y menos mal, ya que era del mismísimo Albus Dumbledore. Me emocioné. La abrí rápidamente y...

'Sede de la Orden, 12:00PM
Feliz año nuevo.'

¿¡PERO SE PUEDE SER TAN CUTRE!? ¡Menos mal que no me lo ha pasado por WhatsApp o pensaría que es un difundido para todos los miembros de la Orden del Fénix! VIEJO CUTRE ÉSTE. Y yo pensando que era un tipo enrollado. He vivido engañada toda mi vida.

Pues vaya, hombre, vaya. Bostecé enérgicamente y cogí una golosina de lechuza que estaba en la repisa de la ventana para dársela y dejar que se fuese volando. En realidad, yo que era una persona normal y con antecedentes muggles, era todo un problema tener golosinas para lechuzas tan a la vista. ¿Sabéis la de mierda que me he tenido que inventar cuando mis amigos vienen a mi casa y ven eso? Ya me dirás quién cojones tiene jodidas golosinas de lechuzas en la puta ventana de su cuarto. Pues yo.

Bajé las escaleras para desayunar un buen vasito de leche con cola-cao y galletas y, cuando hube terminado, volví a subir, sopesando qué ponerme. Si era por mí, iba a la reunión en pijama, pero probablemente mi credibilidad fuese cuestionada. Así que a falta de pijamas, bueno son los chandals. Me vestí cómodamente y a eso de las diez menos veinte salí de mi casa con el skate en dirección a la entrada de metro que me quedaba a quince minutos que, por suerte, era la misma en la que estaba la entrada al refugio de los fugitivos. Menos mal que era una parada en donde metro que pasaba, estación vacía que se quedaba, ya que si no sería muy raro eso de tirarte a las vías cuando el metro recién se está yendo. Además de suicida, quedas de gilipollas.

Llegue a la Sede de la Orden del Fénix a tiempo, pero sólo estaba Dumbledore. Por un momento pensé que yo me había equivocado de día y de hora (lo cual me hizo odiar menos a Albus por levantarme a esa hora), pero no, al parecer es que esperábamos a otra persona y ésta había decidido llegar tarde mientras YO HABÍA MADRUGADO COMO UNA CAMPEONA. Mientras tanto, Albus y  yo no hablamos de nada realmente importante, sino que él me preguntó que cómo estaba mi abuela. Hace años mi abuela pertenecía a la Orden del Fénix, pero lo dejó después de tener artrosis en las rodillas y apuntarse a esos cursos de cocina. Además de que el bingo quita mucho tiempo. Pero oye, conocer a Albus Dumbledore, lo conoció ya que mi abuela es bien vieja.

Media hora después, en donde Albus me contó sus batallitas y su experiencia con mi abuela, apareció un hombre desaliñado. Lo miré de arriba abajo, reconociéndolo de anteriores reuniones en donde asistíamos una cantidad mayor de personas. Me mantuve quieta y, cuando se acercó a Albus y a mí, el ex director sonrió como si estuviese haciendo una gamberrada.  

Querida Danielle, éste es Maverick. —Miró entonces al hombre. —Maverick, ésta es Danielle. Hace tiempo que Danny... —Me puso la mano en la cabeza, como si fuese un perrito o algo así, por lo que me descolocó el gorro que tenía. —...está buscando un mentor en el que apoyar su aprendizaje. Y hace tiempo que tú necesitas enfocarte en algo y qué mejor que sea impartiendo tu sabiduría. —Alzó el dedo índice, sin dejarle tiempo a Mavs de quejarse. —Así que ahora que Danny será tu ahijada, no me hagas el feo de hacerla esperar otra vez media hora por tu llegada. Que su tiempo, mi tiempo y el de todos es igual de importante que el tuyo. —Le dijo con el ceño fruncido, fingiendo enfado.

Ver a Dumbledore enfadado era casi tan complicado como... yo qué sé, que te toque una patata deluxe cuando te pides patatas normales.

Os dejo para que os conozcáis. —Y, literalmente, desapareció.

Qué incómodo. En otras ocasiones ese momento tan tenso podrías romperlo presentándote, pero eso ya lo había hecho Dumbledore, así que ahora mismo me encontraba patidifusa. ¿Debería dejar que dijera él algo? No tiene pinta. O sí. No sé. Yo estaba emocionada pero no sabía si debía de demostrarlo muy abiertamente.

Es un placer, llevaba mucho tiempo queriendo que me asignasen a alguien para poder aportar mi granito de arena —dije sonriente, esperando que esa manera de romper el hielo funcionase.
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Maverick O'Connor el Miér Ene 03, 2018 11:56 pm

Se quedó mirando al máximo representante de la Orden del Fénix con una ceja alzada, tratando de dar crédito a las palabras del anciano. Primero y antes que nada... ¿Como podía recriminarle el haber llegado a una cita que apenas había concertado un par de horas antes? Quiso quejarse, pero Albus Dumbledore no le dio opción a réplica. Detalle que le molestó todavía más, si no había acudido lo suficientemente de mal humor a aquella reunión improvisada. Probablemente la figura del grandilocuente mago que derrotó a Grindelwald y que con ello se había ganado un puesto en los cromos de las ranas de chocolate era una de las más respetadas en el mundo mágico británico, pero en su mundo, en el mundo del que venía, más allá del charco, no era ni mucho menos tan conocido e importante como parecía ser desde que pisó Londres. Le había aceptado como líder de la organización rebelde a la que se había unido en pos del bien, de acuerdo, pero le provocaba ninguna clase de admiración. De hecho, le parecía un caudillo demasiado conservador para los tiempos oscuros que vivían.

Su mueca de incredulidad no cambió en cuanto este terminó de hablar. Observó de arriba a abajo a la joven que le acababa de representar. Sudadera, chándal y gorrito... ¿No habría salido directa del Bronx? Bueno, tal vez para ello le faltaban unas cuantas cadenas doradas y algunas rastas en su melena dorada. Pero no por eso mejoraría precisamente su primera impresión sobre la muchacha a la que Albus había nombrado como Danielle. Danny. ¿Ese no era nombre de chico?

Tuvo que aguardar hasta que el barbudo ex-director con gafas de media luna desapareciese para tomar la palabra, después de un breve instante de silencio incómodo el cual la chica se había animado a romper. Se cruzó de brazos, alzando levemente su barbilla, mientras la observaba con el ceño fruncido. - Me importa bien poco lo que haya dicho ese viejo. No pienso ser tu niñera. - contestó tajante a su entusiasta intento de empezar conversación. Sus palabras no habían salido en tono borde, ni siquiera estaban dichas con altanería. Simplemente habían sonado contundentes, como si quisiera cortar de raíz cualquier resquicio de esperanza que pudiese tener su nueva ahijada.

Levantó el puño, sacando el pulgar antes de darle opción a alguna a que protestase o dijese nada. - Primera lección, no me interesan en absoluto los planes de la Orden. Los métodos de Albus están tan anticuados como su descripción en los cromos de las ranas de chocolate. Seguro que ya ha descubierto otras seis propiedades mágicas de la alquimia. - hizo una breve pausa, asimilando que quizás en aquellos mismos instantes, el viejo estaría escuchando su conversación de alguna rebuscada forma. Más no le importaba en absoluto, así que continuó, levantando entonces el dedo índice. - Segunda lección, Maverick O'Connor trabaja solo. Así era antes de recibir esa molesta lechuza y así va a ser en cuanto cruce esas puertas. - Terminó sacando el dedo anular, como el que cuenta hasta tres con sus falanges. - Y la tercera y la última lección de hoy es más bien una pregunta... ¿Te han quedado claras las anteriores dos lecciones? Si es así, creo que podemos dar por finalizada esta reunión. - esperó durante unos instantes, antes de darle la espalda, mientras murmuraba entre dientes. - Que me hagan madrugar un dos de Enero para esto...
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Danielle J. Maxwell el Vie Ene 05, 2018 3:51 am

¿Acababa de decir en voz alta 'ese viejo' en referencia a Dumbledore? ¿Eso se podía hacer? ¿No aparecía él detrás tuya para darte una colleja repentinamente o algo así? Yo que pensaba que todo el mundo trataba con un respecto incuestionable a Albus Dumbledore y de repente este señor le llama 'ESE VIEJO' con todas las confianzas del mundo. Me pareció fatal. Sobre todo porque Albus Dumbledore no era ESE viejo, era ÉL VIEJO. Me crucé de brazos, indignada por esa actitud y, obviamente, porque se negase tan tajante a cumplir las órdenes de nuestro líder. En realidad me indigné no porque no quisiera seguir las órdenes (porque para los gustos los colores y eso), sino por haberme tratado como una niña pequeña de la cual cuidar. Siempre me habían tratado así y ya me estaba empezando a hartar muchísimo de que nadie me valorase como la bruja que soy.

No pude decir nada, ya que me alzó la mano de tal manera en la que me imponía sus palabras por delante de las mías. ¡Encima iba a darme lecciones! ¡No debería darme lecciones si no quiere tener nada que ver conmigo! Arrugué el ceño, poniendo cara de pocos amigos ante la actitud tan poco amable de Maverick. A primera instancia parecía un tipo raro, pero ahora que ha abierto la boca ya me ha demostrado que no es más que otro imbécil con los humos muy altos.

No fue hasta que llegó a la tercera lección, que en verdad fue una pregunta y eso quitó como seriedad al asunto, que no tuve la oportunidad de hablar. Eso sí, desde que abrí la boca él se dio la vuelta, como si le importase un pepino mi opinión. ¡O peor, un ñordo! ¡Porque por lo menos un pepino tiene valor! Lo miré con los ojos como platos, más indignada que nunca.

¡Eh, espera! —dije enfadada, persiguiéndole. —Se supone que estás en la Orden del Fénix porque apoyas la finalidad de la organización. ¡Y si estás como miembro es porque aceptas ayudar a los nuevos! —Sentía que mis palabras traspasaban el cuerpo de Maverick y llegaban a ningún sitio. Algo así como que me estaba ignorando la hostia de bien. —No vas a tener que ser niñera de nadie, sé cuidar muy bien de mí misma. Y Albus nos ha asignado juntos, eso es porque cree que vamos a funcionar. Si quieres seguir siendo un solitario frente a las adversidades, cómo quieras, pero ahora te he tocado yo. —¿Y qué más digo? ¿Le prometo galletas caseras todas las mañanas y croquetas de mi abuela a ver si por el estómago soy capaz de conquistar a tremenda langosta antipática?

Él siguió caminando y yo seguí persiguiéndolo. Aunque claro, él era como mil de alto y yo como super bajita, por lo que una zancada de él eran como dos y medias mía y apenas era capaz de alcanzarlo. Mi único consuelo es que no podía desaparecerse, no al menos hasta que llegase a la plaza central.

Venga ya, Maverick... —¿O debería llamarle Señor O'Connor? A lo mejor le ofendo por esa falta de respeto o algo así. O quizás debería llamarle: SEÑOR SUPER ANTIPÁTICO. —Dame un oportunidad...

Aún le perseguía, sonando como un pequeño perrito abandonado que persigue a un humano en busca de hacerlo su nuevo dueño. La única diferencia es que el perro buscaba comida y yo buscaba experiencia con alguien que supiese.
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Maverick O'Connor el Dom Ene 07, 2018 4:45 am

Notaba a la pequeña rubia ostensiblemente contrariada con su actitud frente a las órdenes de Albus Dumbledore... ¿Pero qué esperaba? ¿Presentarse allí sin conocerle absolutamente de nada y que por la imposición de un abuelo pasado de rosca la aceptase bajo su cobijo y protección como había hecho Yoda con Luke en el Imperio Contraataca? Durante la última década - irónicamente, en la que había pasado de la veintena a la treintena - había desarrollado cierta aversión ante todos los jóvenes con los que se había topado, ¿Por qué iba a ser Danielle una excepción? Aún de espaldas, sí que escuchó sus protestas. Negó con la cabeza, mientras negaba en dirección a las puertas de la sala de reuniones de la Orden del Fénix.

- Nadie me hizo firmar ningún contrato en el que me comprometiese a adiestrar a las jóvenes promesas de la fuerza rebelde. - contestó, levantando ambos brazos un tanto en plan "¿Lo estás diciendo en serio?". No tardó en cruzar las puertas de la sede, caminando a paso lento pero relajado por los pasillos mientras aquella rubia con pintas de skater seguía persiguiéndole haciendo gala de todas las súplicas que nunca había esperado escuchar de un compañero de aquella organización.

La última vez que había estado allí también había salido del refugio de malas pulgas. En aquella ocasión, durante la misma tarde de fin de año, su soberano cabreo se debió a la poca predisposición de la mayoría por mover el culo y actuar frente a la opresión mortífaga de una p*** vez. ¿Pero aquello que el líder le acababa de proponer? Aquello rozaba más bien lo surrealista. ¿Qué sería lo próximo? ¿Una moción por que montase una academia de pequeños aurores?

Puso los ojos en blanco, justo en el momento en el que llegó al patio. La pseudoskater, indignada, todavía seguía su pista. ¿Tan difícil era asimilar las tres lecciones que había mentado apenas unos instantes antes? - Al parecer, no entendiste del todo la tercera lección. Lástima, tal vez esa sea la evidencia de que no estás preparada para aprender de nadie aún. - sonó rudo, tal vez hasta un poco cruel en aquello último que dijo. Más era la realidad... Si no era capaz de escuchar y hacer caso a algo tan simple. ¿Qué le hacía pensar que estaba preparada para asumir el reto de formar verdaderamente parte de la Orden?

Se giró hacia a ella por una última vez, observando su expresión de corderito degollado suplicante con los brazos cruzados.

- Pareces un cachorrito suplicando atención. ¿Y sabes algo? Ya tengo a dos de esos esperándome en casa.

No tardaría más de cinco segundos en desaparecerse del patio del refugio de fugitivos para aparecer en el portal de su pequeña casa que fronterizaba con Picadilly. Y tal y como había apreciado, tanto Ryuk como el recién unido a la familia, Titán, le recibieron con todo el entusiasmo y energía que le expresaban siempre aquellos únicos compañeros de vida que tenía Maverick O'Connor.
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 09, 2018 4:39 am

La fuerza rebelde. ¿En serio suelta eso tan tranquilo? ¿Lo habrá dicho en plan serio o con relación a Star Wars? Porque la frase 'la fuerza rebelde' era mucho de La Guerra de las Galaxias y a mí me sonaba super épica, pero claro... viniendo de ese tipo tan extraño, antipático y chungo pues con la misma lo había dicho para hacerse el interesante y no tenía ni idea de Star Wars ni de nada. Pese a que me hice ilusiones de que no fuese tan idiota de lo que parecía, lo dejé estar. Seguro que no le gusta Star Wars.

No, pero sí a hacer caso a Dumbledore y a luchar por una causa. Y yo quiero luchar por esa causa, pero necesito a alguien que me enseñe... —Pero ni caso.

De hecho parecía que el tío tenía unos auriculares invisibles, porque esa capacidad para ignorarme tan jodidamente épica me estaba molestando de verdad. Tenía la sensación de que le estaba hablando a una persona que directamente es INCAPAZ de escuchar nada. ¿Lo peor? Que sólo parecía hablar para darme un zasca tras otro en relación a cosas SUPER INJUSTAS. ¿Cómo se atrevía a decirme que no sirvo para aprender por lo de la tercera lección?

Eso no vale. —Soné tan niñata que hasta a mí me dio rabia escucharme. —Es decir, eso es juego sucio.

Que a ver, podría explicarlo con palabras, pero seguramente con los nervios que estaba sintiendo ahora mismo, no supiese explicarme del todo bien. Pero se entendía, ¿no? No podía hacerme eso. Decir que no puedo aprender porque no he acatado una orden para no aprender. ¡No tiene lógica! Y para cuando me dijo la guinda final, yo ya me había quedado con un rostro basado en algún tipo de cuadro dramático-bélico. Estaba enfadada y, para colmo, no sólo me había dejado con la palabra en la boca, sino que encima me había dicho que no sirvo para aprender y que era una cachorrito implorando por atención...

Apreté el puño con fuerza, arrugué el ceño y, muy cabreada, giré sobre mis propios pasos. Necesitaba desahogarme. ¿Y quién mejor que Dorcas para ello? ¿No iba a encontrar a ningún mentor digno jamás? ¿Todos daban con uno menos yo?

Dos días después
—Sede de la Orden del Fénix—

Había habido reunión de la Orden del Fénix, pero como era normal y usual en las reuniones, era que todos asistiésemos a la general y luego los aspirantes nos fuésemos mientras la creme de la creme se quedaba hablando con Dumbledore sobre a saber qué cosas. Bueno, yo me imaginaba que eran cosas serias, importantes y relacionadas con el bienestar de la gente y el supuesto resurgir del lado luminoso de la magia. No obstante, con la misma hablaban de la fiesta del sábado o de lo buena que están las galletas de la señora Bernardy, la del apartamento 303. Todo el mundo conoce a esa señora por sus galletas.

El caso es que me había quedado después de la reunión en la puerta de la sede, esperando a que Maverick O'Connor, ese señor tan despreciable, se dignase a salir para plantarle cara. Hace dos días, después de su actitud, me habían entrado ganas de correr a Dumbledore y chivarme. Yo toda niñata otra vez. Pero a decir verdad, no tenía sentido. Dorcas me había abierto los ojos y si Albus nos había asignado era porque de verdad creía que podíamos funcionar juntos. Lo único que necesitaba era... que me diese una oportunidad. ¿Y sabéis qué? No seré muchas cosas, pero persistente la que más. Soy de esas personas testarudas que luchan por lo que quieren. Y sí, ahora mismo era una cachorrito implorando por la atención del maldito Maverick O'Connor.

Tengo la seria teoría de que Dumbledore me puso con él porque soy muy Hufflepuff y soy la única en tener tanta paciencia, además de luchar tanto por alguien tan arisco. Albus es consciente de que me muero de ganas de tener un mentor y me ha utilizado. Lo sé.

Cuando vi que la puerta se abría, me levanté de mi skate —en el cual estaba sentada mientras me movía de un lado para otro— y lo cogí, acercándome a Maverick.

Creo que empezamos con mal pie —le dije, sin saludar ni nada. Suponía que si le decía 'hola' me iba a ignorar, así que mejor adelantarme a los acontecimiento. —¿Podemos hablar de todo esto?
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Maverick O'Connor el Vie Ene 12, 2018 12:25 am

Otra vez en el refugio.

Otra maldita reunión de la Orden del Fénix a la que por supuesto, no podía faltar. Todas las misivas que le llegaban citándole a una nueva reunión de la Orden parecían adornar aquellas citas como acontecimientos de vital importancia a los que la asistencia de cada miembro era sencillamente imprescindible. Luego, llegaban todos allí y nada más lejos de la realidad: Repaso a los últimos incidentes, recuento de refugiados, bienvenida a los nuevos y pobres desgraciados exiliados del amparo de la ley mágica de Reino Unido... Por no hablar, por supuesto, de las rancias galletas de la señora Bernardy. ¿Por qué todo el mundo parecía comérselas con tanto gusto? No pensaba tener un paladar precisamente exquisito para apreciar que siempre le quedaban el tentempié pasado de cocción. Y no, comer galletas quemadas no mejoraba su humor tras más de una hora de, a su juicio, inservible reunión.

La cita se había solventado con una intervención estelar de uno de los miembros más longevos de la Orden, Jeremías Shucklebott.

- ¿Mantener la calma? ¿Actuar con cautela? ¡Al carajo con tu cautela, Albus! Me voy a morir de viejo sabiendo que esa panda de desgraciados tiene en sus garras a mi pobre nieta... ¿Y tú sigues pidiéndome que tenga paciencia? Mi pobre Mary, a saber lo que le están haciendo en Azkabán... - su mueca se torció, desesperanzada, esperando una reacción de su líder. Ni siquiera por aquellas el líder de la Orden estaba dispuesto a tomar una revolucionaria reacción.

Una vez más, salió ofuscado de la sala de reuniones de la Orden del Fénix. Y lo peor es que no era la primera vez en aquella semana, lo que le ponía todavía de peor humor. ¿Cuando pensaba Dumbledore que empezásemos el contraataque? ¿A que descubriesen cualquier día al niño estúpido de turno usando una de las vías para desplazarse hasta el refugio y fuesen masacrados a punta de varita todos los allí alojados? Por suerte para él, seguía teniendo su propio hogar, bien custodiado bajo el encantamiento Fidelio. Para encontrarle, deberían rebuscar entre los recovecos de la mente del supuestamente mago más talentoso de la época - que no atrevido - lo cual era más bien poco probable. Lo único que temía es que aquél anciano decidiese revelar su paradero a otros miembros de la Orden con la única  intención de que no tratase de actuar por su propia cuenta.

Trabajar en equipo se le daba rematadamente mal, y se había dado cuenta al poco de unirse a los allí presentes. El modus operandis de la organización no le beneficiaba tampoco demasiado, y no es que la cautela que siempre se encargaba de proclamar el líder ayudase en absoluto. Todo había cambiado tanto desde sus tiempos en el cuerpo de aurores en el MACUSA, aquellos días en los que compartía equipo con su querida Audrey...

Tragó saliva, apartando aquél melancólico recuerdo de su mente en lo que volvía a toparse con la chica rubia del otro día, que parecía estar esperándola skate en mano. Esperó que no se hubiese percatado de su gesto contrariado antes de poner los ojos en blanco, frunciendo el ceño, los labios y habría fruncido cualquier otro rasgo de su rostro de haber sido posible.

No sabía si saludando de aquella forma había pretendido sonar amable, conciliadora o simplemente tenía que dirigrse a él de algún modo que no la dejase tan en evidencia como dos días atrás. Sin embargo, su humor no era mejor que en su primer encuentro, por tanto, su primera reacción tampoco. - ¿Otra vez tú?- preguntó la evidencia. Tal vez otra cosa no, pero sí podría concederle el crédito de la persistencia. - ¿De qué quieres que hablemos? ¿Has estado reflexionando a cerca de las lecciones del otro día? - volvió a preguntar, deteniéndose por tan solo un instante a escuchar qué le tenía que decir esa vez antes de que pudiese marcharse a tener lo que se dice una merienda decente en el Dunkin Donuts en vez de esas horripilantes galletas de la señora gorda de turno.
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 16, 2018 1:19 am

Qué vergüenza. Una chica de diecinueve años ahora mismo, suplicándole a un señor de casi cuarenta de que por favor le enseñase a ser una bruja decente en esta vida. ¿Y lo peor? La jerga que he utilizado. El '¿podemos hablar de todo esto?' me había sonado a la pareja malvada que la caga en una relación y va como un perrito a pedir perdón tras la discusión que ha dejado brecha en su atorado corazón. Obviamente era frase de película mala de los domingos, de esas que echan y tu madre siempre la ve mientras dobla la ropa después de una siestita. Esa peli.

¿Y lo peor? Que yo con este señor no he intercambiado más de una conversación cutre y hostil en la que sólo me ignoraba y me mandaba para la pinga educadamente, por lo que en realidad él debería de ser quién viniese a mí a pedirme perdón y una maldita segunda oportunidad. Y no. Soy la pringada de esta relación, sin duda alguna. La que pringa y la que sigue pringando.

Cogí aire pacientemente cuando me contestó con esa actitud. Me había prometido no perder los estribos con Maverick, porque estaba claro que tenía un arte especial para hacerlo y yo no es que estuviese pasando por mi época más pasota y tranquila. Y me jodía en el alma de Hufflepuff que tengo que después de tanto tiempo buscando a un mentor en la Orden del Fénix, tener que tratar con una persona así que no me quiere. ¿No sería más fácil ponerme con otra persona que sí quiera y tal? No sé, Albus. Está claro que esto no lo pensaste, viejo.

He reflexionado sobre las lecciones y evidentemente no son más que para quitarme de tu camino, algo que por desgracia no voy a hacer —le respondí con un tono de voz bastante amable, sujetando mi skate bajo uno de mis brazos y plantada frente a él con la cabeza inclinada hacia arriba, ya que él era bastante más alto que yo. ¡Já! Yo rendirme. No. Está claro que muchos defectos tengo, pero rendirme nunca. Tendría que verme este señor en una cola kilométrica a la una de la mañana en el McAuto. ¿Y me rendía? No. Yo esperaba como una auténtica luchadora. Quizás no sea el mejor ejemplo, pero tú entiendes el punto, que es lo importante. —Quiero que hablemos porque Dumbledore ha considerado oportuno unirnos por algo. Y yo de verdad que quiero que alguien me enseñe a desenvolverme ahí fuera... y sé que tu no quieres a ninguna molestia, pero yo no lo seré, de verdad. Aprendo rápido. Quiero aprender. —Como volvía a sonar cachorro suplicando por atención (sí, me había dolido esa comparación), paré de hablar para tragar saliva y continuar. —Le propongo hacer una lista de pros y contra. Verá como le salgo rentable.

Estaba segura de que volvería a mandarme a la mierda, pero era, por el momento, lo que se me había ocurrido para que al menos quisiese malgastar unos minutos a mi lado pensando en por qué valgo la pena o no. Y... en realidad, así podría escuchar lo que él consideraba que no funcionaba de mí y... no sé, intentar ocultarlo y/o arreglarlo. ¡No tenía ni idea, ¿vale?! Estaba super perdida con cómo hacer esto y ninguna de mis amigas había podido ayudarme al respecto. Porque claro, tengo tanta mala suerte en mi vida, que está claro que tenía que ser a mí a quién le tocase el mentor repugnante que se niega a enseñarte una mierda.

No quiero que esto suene a amenaza pero... —Me salió, sin querer, una pequeña sonrisa por la frase en sí, la cual era horrible, ya que en las películas cuando decías que no querías que algo sonase a amenaza, normalmente sonaba super a amenaza. —Pero no voy a descansar hasta que me de una oportunidad. Y soy tremendamente pesada.
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Maverick O'Connor el Mar Ene 16, 2018 3:57 am

Un momento le había coincidido a la pseudoskater de turno. Sus tripas rugían, reclamando una merienda que se estaba demorando en llegar más de la cuenta. Tal vez sí que habría tenido que probar alguna de las galletas rancias de señora Bernardy, aunque tan sólo fuera por ganarle algo de tiempo a su voraz apetito. Contempló a la rubia con detenimiento, abstraído de cualquier cosa que pudiese decir o hacer y por un momento, su cara se le asemejó a un rico donut glaseado. Como para no tener hambre, tras pasarse las buenas dos horas diarias ejercitándose en el pequeño gimnasio particular que tenía en su casa.

Negó con la cabeza, más para despejar aquellas ilusiones que por momentos creía ver que por haber escuchado lo que su aspirante a compañera había dicho en primera instancia. Al igual que la otra ocasión, se cruzó de brazos, expectante a ver cual era su forma de suplicar aquella vez. Para su sorpresa, no parecía tan cría en ese momento. Incluso le trataba de usted, hecho que le hizo sentir irremediablemente viejo de un momento para otro. - Reserva el trato de usted para gente como Albus o Jeremías. Todavía no soy un octogenario. - aclaró, carraspeando, antes de que esta propusiese hacer una lista de pros y contras para aceptarla bajo su tutela. Se llevó una mano a la barbilla, frotando la barba mientras meditaba por un momento en silencio.

- Veo muchísimos contras y muy pocos pros. Dime... - hizo una breve pausa tratando de recordar su nombre. Pero lo omitió. - ¿De verdad has reflexionado? ¿De verdad eres consciente de lo que supone formar parte de esto? Si lo has hecho, cosa que honestamente pongo en duda, sabrás que serías un caramelito ahí fuera. Si un mortífago te sorprende y te lanza un cruciatus... ¿Como reaccionas? - no le dio opción a réplica. - Yo te lo diré: Retorciéndote de dolor en el suelo esperando una muerte segura. ¿Como quieres ser un pro para la Orden si ni siquiera eres capaz de invocar un patronus corpóreo para mandar un mensaje de socorro? ¿Que pro me supondría el tener que estar pendiente de una jovencita recién salida del colegio que claramente no está preparada para sobrevivir ahí fuera? Ya no vivimos en ese bonito mundo en el que terminabas los estudios y podías alistarte en la academia de aurores... En el que el ministerio te ponía las cosas fáciles... No. ¿Observas la gente que hay a tu alredor? A algunos de ellos quizá ya no los veas mañana. Lo que no te ha dicho Dumbledore es que formando equipo, lo más probable es que acabemos los dos muertos, y puedo asegurarte que los seguidores de quién-tú-sabes son cada vez menos partidarios de ofrecer una muerte rápida haciendo uso del avada kedavra. - El otro día fue rotundo en su negación mas esa vez había sido terriblemente sincero hasta el punto de poder haber sonado cruel en sus palabras. No le importó realmente el haber sido tan franco pues realmente pensaba que la joven algún día, si es que ambos llegaban a verlo, se lo agradecería.

Rodó los ojos cuando esta hizo hincapié en lo testaruda que podía llegar a ser con tal de que le diese una oportunidad. De hecho, lo dijo hasta en tono amenazante, para su total incredulidad. Iba a decirle algo, pero entonces, un chico delgaducho y de cabello azabache le saludó desde lejos, acercándose con gesto alegre y jovial. - ¡O'Connor! - le dió una palmada en el hombro, como si se conocieran de toda la vida. - Mañana volvemos a salir a patrullar la ciudad. Maverick, Jerry, Ulfric y Samantha. ¿Te das cuenta? ¡Somos como las tortugas ninja de Londres! - dijo, suponía que en evidente referencia a que se escondían sobre el subsuelo. En fin, Jerry Strauss siempre había tenido un humor muy particular... - Oh, vaya. ¿Esta debe ser tu sobrina, no? - Él negó con la cabeza, pero el hombre pareció hacer caso omiso a su gesto, ofreciéndole una mano a Danielle, dedicándole la mejor de sus sonrisas. - Jerry Strauss para servirte, jovencita. Llevo ya todo un año en la Orden. ¿Te lo puedes creer? Bueno Maverick, nos vemos mañana. - terminó, antes de esfumarse tan rápida y precipitadamente como acababa de decir todo aquello. Mavs puso cara de circunstancias, antes de dedicarle un último momento de atención a la rubia. - En fin... Piensa en eso que te he dicho. - y sin más, crac, desapareció para reaparecer probablemente en los baños de cualquier Dunkin Donuts de la ciudad.
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Danielle J. Maxwell el Miér Ene 17, 2018 3:39 am

Pensé que quizás la idea de hacer una lista de pros y contras podría abrirle un poco los ojos sobre todo lo que tengo que ofrecer, pero me equivoqué estrepitosamente, ya que antes de poder decir absolutamente nada, él ya tenía claro que todo yo ofrecía muy pocos pros en comparación a los contras. Lo peor de todo es que a medida que hablaba, yo no tuve ninguna oportunidad de dar mi opinión, cosa que hizo que todo lo que salía de su boca entrase en mis oídos y se impregnase en cada parte de mi mente.

Pero no me parecía justo. Me parecía muy pero que muy injusto que estuviese tratándome de esa manera y dando por hecho ciertas cosas que, se supone, que debo de aprender con la experiencia que nadie se decide a compartir conmigo. ¿Cómo iba a saber cómo enfrentarme con un mortífago si jamás había tenido oportunidad de hacerlo? ¿Cómo iba a intentar aprender a conjurar un patronus corpóreo si nadie se ha molestado en enseñarme cómo hacerlo? ¿Acaso se cree que no lo he intentando? Cerré fuertemente uno de mis puños y fruncí el ceño, escuchando hasta la última palabra de sus labios. ¿De verdad que se creía que yo no era consciente de todo lo que conllevaba pertenecer a la Orden del Fénix? Yo sabía que era arriesgar mi vida. Yo sabía que era una absoluta locura. Yo era consciente de que un error podía costarme la libertad que tengo en mi vida. ¡Yo era consciente que de un día para otro podía perder a todos mis seres queridos que se encontraban ahí abajo! ¡Y claro que era consciente que inmiscuyéndome podía ser yo la que no llegase a mañana! ¡Y pese a eso, aquí estoy, suplicando para que un idiota intente hacerme una bruja mejor!

Estaba harta de que me tratasen como a una niña pequeña. Harta.

No estás siendo justo conmigo, Maverick. —Le respondí cabreada. —¿Y tú cómo reaccionarías a un cruciatus? ¿Eh? ¿Acaso no te retorcerías de dolor hasta esperar la muerte segura? ¿Pues sabes qué? Si yo estuviese a tu lado, podría sacarte de esa agonía y salvar tu vida. —Sonaba evidentemente cabreada. —No te estaría pidiendo ayuda ni consejo si ya supiese hacer un patronus corpóreo, o si ya supiese sobrevivir ahí fuera por mí misma, o si ya supiese cómo vencer a un mortífago, ¿vale? De ser así, serías totalmente prescindible. Pero te pido ayuda porque eres un Auror con experiencia y, como bien has dicho, no quiero que todo lo que está a mi alrededor de repente desaparezca si yo puedo hacer algo por evitarlo. ¡Y no es justo que me exijas por lo que se supone que te necesito! —exclamé al final, frustrada. —Por gente como tú, nos vamos a ir todos a la mierda, ¿acaso te crees que tú solo vas a conseguir cambiar algo? —Ceño fruncido, mandíbula apretada y mirada intensa. ¿Yo enfadada así? Muy pocas veces. Pero llevaban subestimándome toda mi vida y, por una vez, pensé que la Orden del Fénix iba a conseguir algo diferente, pero se ve que no. Mis ilusiones y mis ganas de... ayudar en el cambio, eran absolutamente cortadas de raíz.

Y no tuvo contestación. De hecho no fuimos capaz de seguir con aquella absurda conversación porque desde que el compañero de Mavs se fue, él desapareció de la misma manera que lo había hecho hace dos días, dejándome con las palabras y las ganas en la boca. Me llevé las manos al rostro, frustradísima con la situación. Me giré para irme y, aprovechando que había una lata en el suelo, la pateé con todas mis fuerzas.

***
Tres días después, refugio de la Orden del Fénix

Un lacio sagittas salió de la varita de mi oponente, creando casi cinco flechas que recorrieron el espacio que nos separaba a una velocidad de vértigo. Con un movimiento de varita de arriba hacia abajo, hice que todas las baldosas pedregosas del suelo se alzasen delante de mí, creando un muro que me protegió y destrozó todas las flechas.

El muro protector desapareció y salí apuntando directamente a mi compañero, haciéndolo volar hacia atrás fuertemente con un hechizo derribador. Mientras volaba, conjuré un muto atmosphaerae, un hechizo que estaba aprendiendo hace poco y que cada vez intentaba dominar más. Para cuando Freddy, mi compañero, se recompuso del derribo, ya en la estancia había convencido a llover fuertemente. Lo que hice fue congelar el agua que caía, creando varios proyectiles de hielo y lanzarlos hacia él. Él conjuró un poderoso Aura que hizo que todos los proyectiles cayesen al suelo tras golpearlo. Sonreí animada, totalmente mojada, al igual que mi amigo. Él comenzó entonces a atacarme y pese a que mi defensa consiguió evitar varios golpes, de repente conjuró un sectum dispersa que hizo que varios hechizos rebotasen en la pared, haciendo que tuviese que darme la vuelta para conseguir que no me impactase. ¿Lo peor? Que en ese momento, una de sus cuerdas mágicas sujetó mi tobillo, tirándome al suelo y arrastrándome hacia él. Me di la vuelta a medio camino y le lancé un confundus que consiguió que dejase de atraerme, por lo que pude quitarme las cuerdas a tiempo. Cuando me puse en pie, él ya me apuntaba de nuevo, conjurando un hechizo que me derribó hacia atrás, haciéndome chocar contra la pared que, gracias a Albus Dumbledore, apareció un acolchado cojín que hizo que no me rompiese la vida. Aún así, caí al suelo de rodillas. Me puse en pie rápidamente y le fui a tirar una de las sillas de madera encima mientras me adelantaba, pero él se dio cuenta a tiempo y desvió el mueble hacia mí, haciendo que por la rapidez por la que venía tuviese que agacharme y ponerme las manos en la cabeza si no quería quedarme sin. Al ver que me iba a dar si o sí, Freddy frenó el hechizo, me sonrió y me hizo una señal con la mano de que me pusiese en pie para continuar con aquello.

Pero yo ya iba en decadencia. Varios hechizos me hicieron volver a caer pese a que le mantenía los hechizos en un duelo de iguales y, pese a que aparecían colchones, cada caída era como una nueva derrota. ¿Qué me faltaba? ¿Atacar más rápido? ¿Ser más defensiva? ¿Tener más reflejos? No sabía que me fallaba, pero siempre era yo la que perdía la ventaja y salía perdiendo. Necesitaba tranquilizarme o me iba a terminar ganando. Otra maldita vez.

Volví a levantarme una vez más.

Esta vez no le lancé nada, sino que esperé que él me lanzase a mí lo que considerase. Y no fue hasta ese momento, que me esquivé el hechizo físicamente y le lancé rápidamente una cuerda mágica que le rodeo la cintura. De un fuerte jalón, se desequilibró, acercándose a mí. Vi como apuntaba con su varita hacia mí, pero antes de que pudiese hacer nada, opté por el hechizo más chorra que te enseñan en primero de Hogwarts y le hice un traspié. Cayó de bocas al suelo y, una vez acostado ahí, con un sencillo hechizo de desarme, le dejé sin varita.

Era una norma no utilizar hechizos finalizadores, ya que aquel entrenamiento era para entrenar la rapidez y fluidez en batalla, por lo que la idea era dejar desarmado al oponente en una situación comprometida, por lo que el punto principal era no llegar nunca a estar en esa situación comprometida.

Me puse de cuclillas y sonreí a Freddy.

¡AL FIN! —exclamé divertida, ya que Freddy era de mi edad, pero estar tanto tiempo allí metido le había convertido en un gran duelista, uno al que yo nunca había ganado. Me levanté, le di la mano para ayudarle a levantar y le di luego un abrazo. —Te he dejado sudando, ¿eh? —Bromeé por el hecho de que estaba totalmente empapado, al igual que yo, por el encantamiento que había utilizado antes.

Poco a poco se hace el moco, ¿no? —dijo él, copiándome la frase que yo siempre decía. —Vas mejorando, aunque creo que yo también me confíe un poco. Y estar claro que no es buena idea subestimar a Danny Maxwell. —Me dio un golpecito en el hombro y yo puse cara de 'oh, stop it...'. —Me voy a bañar y a descansar, que en una de esas creo que me destrozaste el hueso del culo —añadió divertido, yéndose de allí.
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Maverick O'Connor el Jue Ene 18, 2018 4:04 am

Al parecer, redactar un informe sobre el fracaso de la misión del día anterior no era suficiente para los cabecillas de la Orden del Fénix.

Sí, tuvo que personificarse una vez más en el Refugio al día siguiente y explicar, junto a Samantha y Ulfric, qué era lo que exactamente había pasado en los alrededores del Big Ben frente a los principales miembros de la organización. Una reunión más bien privada y ajena a la mayoría de habitantes del subsuelo que brindaba cobijo a todos los prófugos del nuevo régimen que dictaba la ley mágica.

- Nos estaba esperando. - empezó Ulfric, el más veterano de los cuatro que habían encabezado la misión. - Esa panda de hijos de puta llevaba ya un buen rato allí entre la muchedumbre de muggles. Y por sorprendente que os parezca, no hicieron nada hasta vernos aparecer...

La sala de reuniones se plagó de murmullos mientras se miraban los unos a los otros. Samantha tomó la voz cantante, carraspeando para hacerse notar.

- Nos superaban en número. Por cada uno de nosotros había cuatro de ellos. Lamento deciros esto, pero esa misión fue un auténtico suicidio... Anteponer la vida de tal cantidad de turistas muggles a la nuestra propia... Era algo completamente inviable... - se llevó una mano al rostro, mientras varias lágrimas se deslizaban por el mismo. -  Jerry no pensó lo mismo. Lo conocíais todos igual que yo. No había miembro más aférrimo a los principios de la Orden que ese chico... Quiso protegerles, y cuando le alcanzó ese Víscera Expulso... Oh... - su tono de voz, completamente ahogado, se quebró y esta rompió a llorar sobre el hombro el compañero que tenía al lado.

No fue hasta entonces que Maverick tomó la palabra. Serio, con pinta de no haber dormido en absoluto durante la noche y de brazos cruzados, empezó su intervención. - Fue absolutamente imposible hacer nada por salvar a Jerry. Tampoco pudimos hacer nada para que se cobrasen la vida de otras diez inocentes personas y que otras tantas resultasen heridas. - parecía hablar de forma impasible, como si no le afectase en absoluto aquello. Lo cual no era cierto, pero... ¿Cuanta gente había muerto ya a su alrededor? La sensación ya no era en absoluto la de la primera vez. - Maldita sea, ni siquiera fuimos capaces de traer de vuelta el cuerpo de Jerry... Como responsable del grupo, asumo el fracaso y me hago responsable de la caída de nuestro compañero.

Hizo una pausa larga, mientras tanto el debate entre los miembros más veteranos allí presentes estaba servido. No obstante, no había terminado de hablar.

- No obstante... Creo que ha llegado el momento de asumir que no podemos seguir actuando de este modo... ¿Alguno de vosotros le ha sacado las entrañas a alguien? No podemos seguir defendiéndonos, lanzando contraataques y ya está. Seguir escondiéndonos bajo el subsuelo como ratas de alcantarilla. Así solo lograremos ir cayendo poco a poco, de uno en uno. - se la estaba jugando expresando sus pensamientos en voz alta, pero ¿qué carajo importaba aquello? ¡No dejaba de morir gente! - ¿Queréis poneros mañana en la piel de Jerry Strauss, que murió defendiendo a los inocentes? ¿O queréis combatir y acabar con esa banda de malnacidos que a tantos seres queridos nos está arrebatando? - hizo otra pausa, mucho más breve en aquella ocasión. No hubieron murmullos entonces, tan sólo silencio. - Yo no dejaré que su muerte haya sido en vano.

Y dicho todo aquello, se dió media vuelta y se marchó de la sala de reuniones. Desde hace tiempo notaba que necesitaba soltar todo aquello de dentro y la fatídica muerte de su compañero durante la jornada anterior tan sólo había sido la mecha que había conseguido hacerle explotar de una vez por todas. No había esperado si quiera a ver cual era la reacción de sus semejantes ya que estaba convencido de que el expresar en voz alta lo que muchos pensaban pero nadie se atrevía a decir generaría controversia, disparidad de opiniones e incluso le tacharían de loco y sucida.

Como parecía ser la costumbre de esa semana (y del nuevo año, vaya), recorrió el camino desde la sede de reuniones hasta el patio para marcharse de una vez de allí, abstrayéndose por fin en su propio refugio protegido por el encantamiento Fidelio. En el camino se cruzó con Melinda Oxton, una bruja de unos cuarenta y pico años que había conocido nada más incorporarse a la Orden. Entre ambos había surgido cierta confianza y respeto mutuo ya que habían llegado incluso a compartir alguna que otra guardia ahí fuera. Quizá por ello no dudó en abordarle en su camino hasta la desaparición, aún sabiendo que probablemente no era el mejor momento para hacerlo. - ¡Mavs! Tienes que ver esto. - le dijo, tomándole a la fuerza por el brazo y conduciéndole, curiosamente, al mismo lugar al que él se dirigía.

Dos jóvenes se batían en duelo en el patio del refugio. Menuda novedad, pensó Mavs. Hasta que reparó, claro, en quién se estaba dueleando. El chico le dio un tanto igual, no conocía en absoluto lo más mínimo sobre su persona aunque no pareciera hacero mal. Incluso podría decirse que apuntaba maneras, zafándose una y otra vez de su rival. En quién sí se fijó fue, precisamente, en la rubia que tan sólo encajaba los hechizos que le proponía el muchacho haciénole caer una y otra vez. No llegaba a plantearle un contraataque a la altura de lo que parecía ser el combate pero si había que destacar algo era sin duda su actitud: La chica no se rendía bajo ninguna circunstancia. Su amenaza del día anterior resonó en su cabeza en lo que contemplaba el desenlace del enfrentamiento. Puede que no estuviese ante una gran duelista pero la perseverancia y actitud de la que se jactaba era verídica, no cabía duda.

No tan sólo verídica. También resultaba eficaz. Su oponente cayó de bruces (no ante la mejor de las estrategias) y con un hábil y práctico Expelliarmus logró dejarlo fuera de juego. Melinda giró sus ojos hacia él, mirándole de una forma un tanto extraña, frunciendo los labios en una tímida sonrisa. - Tal vez deberías darle una oportunidad. - le dijo, consciente de que el mismo Albus Dumbledore la había asignado bajo su tutela, aún sabedor de lo reacio que él era a actuar en equipo.

Mavs no contestó, si no que simplemente se acercó hasta donde se había quedado la joven tras despedir a su contrincante. Parecía bastante feliz de como le habían salido las cosas, pero lo más probable es que al toparse con él ese estado de ánimo cambiase.

- Te has caído tres veces. - apreció en voz alta, nada más llegar hasta a ella. Pudiera parecer que iba a adoptar la misma actitud hosca de las últimas ocasiones. - Y te has levantado las mismas. Tu amigo ha caído una sola vez y ahí se ha quedado. - observó también antes de dejar paso a su reflexión. - Tu actitud es la adecuada pero ahí fuera, no tendrás ocasión de caerte tres veces. Ni siquiera una. Quiero que tengas eso en cuenta... - dejó las palabras ir, meditando realmente si iba a decir aquello que al parecer la chica tanto estaba esperando. - Mañana a esta misma hora nos veremos aquí, pero no duelearás más con tu amigo. Espero que hayas saboreado bien esa última victoria.


Última edición por Maverick O'Connor el Lun Ene 22, 2018 12:18 am, editado 1 vez
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Danielle J. Maxwell el Vie Ene 19, 2018 5:03 pm

Me despedí de Freddy Kruger, quedándome allí empapada en medio de la nada. Mi próxima parada sería la habitación de Dorcas para que me apañase con una toallita o algo, porque está claro que si salgo ahora mismo ahí fuera así de mojada, la pulmonía me la cojo seguro. Y tampoco se me apetecía ser el centro de atención, porque está claro que una persona mojada en medio de un Londres nevado, como que llama un poquito la atención. Sin embargo, antes de poder tomar ninguna decisión, la voz de Maverick resonó a mi espalda. Me puse nerviosa, sobre todo porque me esperaba una reprimenda por la ida de olla del otro día, por todo lo que le dije. ¡Pero es que me había puesto muy nerviosa y mi mente de ameba inútil no concibe la opción más acertada de callarme la maldita boca!

Me giré a la vez que ponía una cara de arrepentimiento, con intención de disculparme por las formas —que no por lo que dije—, no obstante, no llegué a hablar, ya que él estaba demasiado ocupado recordándome las veces que había caído. Madre mía, que alguien le de un puto premio por los discursos motivadores. Aunque luego me quedé confundida... ya que no tenía muy claro si lo que me decía era algo bueno o malo, porque claro, me tenía acostumbrada a decirme tantas cosas malas que la simple idea de que dijese algo positivo parecía surrealista.

Intenté que no se me notase que estaba contenta, ya que si sonreía demasiado quizás me iba a decir que era demasiado voluble emocionalmente y, yo que sé, lo ve como una especie de COSA NEGATIVA a la hora de ENFRENTARME AL MUNDO. Yo ya me esperaba cualquier cosa, sinceramente.

Lo tengo en cuenta. —La emoción era real, ¿eh? En serio te lo digo. La última vez que sentí esta emoción fue cuando gané el torneo de Mortal Kombat en la universidad muggle. Era un poco triste. Tenía, urgentemente, que meter más emociones fuertes en mi vida. —Aquí estaré.

Y, como yo soy muy Hufflepuff, algo que creo que es bastante evidente y, obviamente, las cosas que me crean consciencia suelen pesarme demasiado, decidí obrar como lo haría una señorita digna de ser hija de Helga Hufflepuff. No me gustaban las injusticias, ni contra mí ni contra nadie. Te juro que eso era lo único que de verdad conseguía sacarme de mis casillas y obrar como no me gusta hacerlo.

Siento lo del otro día, estaba enfadada y no fueron formas —me disculpé.

***
Al día siguiente

Después de haber recibido esa noticia por parte de Maverick, había ido directamente a la habitación de mi gran y queridísima amiga Dorcas no solo para pedirle una toalla —que eso era lo primordial—, sino también para contarle el milagro que se acababa de formular delante de mis ojos. Diosito existe y le ha dicho a Maverick que me de una oportunidad. Dice que se hace llamar Melinda Oxton; el Mesías.

Así que al día siguiente me vestí y salí de casa sin intención de volver hasta la noche. Tenía que ir por la mañana a clases en la universidad mágica y por la tarde a clase en la universidad muggle, por lo que apenas me quedaban dos horas entre medias en las que comería en el McDonalds antes de ir de un sitio a otro. ¿Lo mejor? Que al menos salía un poquito antes y podría llegar al refugio con tiempo de sobra para no llegar tarde. Normalmente un día así podría considerarse estresante pero... yo estaba especialmente feliz y con ganas de que llegase precisamente este momento.

Esta vez no vestía de chandal, sino que como había tenido que ir a ambas universidades y llevaba todo el día fuera, tenía una vestimenta bastante más normal. Aunque ya de por sí no es que yo vista muy normal, pero... bueno, al menos no iba con la ropa más parecida a un pijama. Porque seamos sinceros: si yo pudiese salir en pijama a la calle, lo haría. Todavía no entiendo cómo es posible que no haya nadie tan gandul como yo y, a la vez, un poquito más valiente como para envalentonarse a crear tendencia. ¿Acaso no ve que la vida sería mucho más fácil si todos pudiésemos salir a la calle en pijama sin ser juzgados? Hasta los mortífagos serían más felices. Al final toda la maldad sale de esos cinco minutos de puro congelamiento en plena mañana de invierno cuando tienes que quitarte el puto pijama para ponerte la ropa con la que ir a la universidad. Y así no se puede vivir.

Esta vez no tenía el skate —ya que estaba prohibido en la universidad muggle—, por lo que me aparecí y me quedé sentada en uno de los muros, dejando mi mochila cargada de libros a un lado. Saludé a algunos conocidos que pasaban por allí, hasta que me quedé prácticamente sola ya que a esa hora la gran mayoría de personas estarían o haciéndose la cena o cenando. Me llevé las manos a la boca, soltando vaho para calentarlas mientras esperaba.
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Maverick O'Connor el Lun Ene 22, 2018 2:13 pm

Al fin la rubia se había ganado una oportunidad. Y eso se notaba.

Su lenguaje corporal lo evidenciaba, por más que esta se esforzase en remprimir sus emociones con frases cortas y simplemente asintiendo. Incluso se disculpó por su lamentable comportamiento del otro día cuando le había explicado, de la manera más clara y sincera posible, como eran de verdad las cosas ahí fuera. - A la próxima, no te bastará con una disculpa. Tendrás que salir a pasear y recoger las cacas de mis dos perros. Y te advierto que... El pequeño CAGA MUCHO. - puso especial énfasis en eso último, al igual que había hecho ella días atrás cuando le había remarcado lo cabezota que podía llegar a ser con tal de que le diese una oportunidad. Bien, ahora tan sólo quedaba ver si realmente la aprovechaba o directamente le hacía perder totalmente la paciencia tras su primer día de tutelaje. Podría ser en ese caso que al fin hubiese encontrado una niñera para cuidar del rebelde nuevo miembro de la familia, Titán, en vez de una potencial compañera de la Orden del Fénix.
Chasqueó los dedos, antes de desaparecer una vez más del patio de los fugitivos.


***


Llegaba tarde. Y no era en absoluto casualidad.

¿Qué profesor no le había hecho esperar durante su periplo por la academia de aurores estadounidense? Recordaba que Astrid, una mujer ya entrada en años y que impartía clases teóricas de Rastreo, siempre, ABSOLUTAMENTE SIEMPRE, llegaba al aula con más de media hora de retraso. Sin contar ese día en el que se puso enferma y directamente, no acudió. O esa otra semana que les dió plantón por irse de vacaciones a las Canarias. También estaba su esposo, Horace el sabelotodo, que les daba clases de Disfraces y Ocultamiento jactándose de que a él nunca le habían descubierto en el mundo muggle... A pesar de que su barriguita fuese bien reconocible en los rutinarios desayunos que tomaba en la hora previa a su clase. Hora que siempre se acababa extendiendo más allá, hasta la hora y cuarto, hora y media...

En cualquier caso, Maverick había tomado buena nota y aprendido de sus profesores. Si Danielle pretendía ganarse el puesto de su pupila en la Orden del Fénix tendría que, antes que nada, armarse de paciencia. El yankee evaluaría durante aquella primera jornada sus virtudes y defectos y más le valía a la rubia que el saber esperar fuese uno de ellos. Se lanzó a las vías en dicha ocasión para aparecer al acto en el patio del Refugio. Algunos ya se preguntarían si vivía allí, de lo mucho que frecuentaba el lugar desde que empezase el nuevo año.

Reconoció a su aspirante sentada cerca de uno de los muros del patio y a paso lento, avanzó hasta a ella. No tenía un saludo premeditado para ella, así que simplemente la miró, asintiendo levemente con la cabeza, como si aquello fuese protocolo suficiente. - Bien. Antes de nada, quiero que me cuentes qué se te da bien y en qué eres terrible. Por el momento lo único que sé es que se te da bien levantarte y ser cabezota, pero eres terrible con los contraataques y el razonamiento. - apreció, frotándose la barbilla. Ya que Albus le había asignado a aquella jovencita ya podría de paso haberle facilitado un informe con su historial del colegio y sus ¿inexistentes? logros. Aguardó de brazos cruzados a que esta se explayase, tal vez con menos curiosidad de la que habría sido pertinente. Apunto se le estuvo de escapar un bostezo - llevaba unas noches durmiendo terriblemente mal - pero logró reprimirlo.

Extendió su brazo, abriendo la palma de la mano. Podía parecer que la estaba invitando a que la tomase pero nada más lejos de la realidad. - Dame tu varita, Maxwell. - le pidió, aunque por su tono quizá pudiera parecer que más bien le estaba dando una orden. ¿Y qué si se la estaba dando? Para algo quería acceder esta a la Orden del Fénix (jajá). - Por más que seamos magos, no siempre vas a tener tu disposición la magia... Cuando menos te lo esperes necesitarás de tus reflejos, tu fuerza y tu capacidad de correr como alma que carga el diablo si quieres ser capaz de sobrevivir ahí fuera. - le hizo un gesto con la mirada, como invitándola a esquivar sus ataques aprovechando todo lo grande que era el patio. A continuación, la apuntó con su varita. - Veamos como te manejas sin ella. - sonrió ¿con cierta malicia? antes de lanzarle sendos hechizos silenciosos de inmobilizamiento, dándole cierto margen a la reacción.
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Danielle J. Maxwell el Vie Ene 26, 2018 1:19 pm

Yo también moví la cabeza como saludo suficiente entre padrino-ahijada, levantándome del muro en el que estaba sentada para quedarme en pie frente a él. La verdad es que si llego a recordar lo alto que es, frente a lo bajita que soy yo, me hubiera quedado sentada. ¿Lo peor de todo? Que si había ido con una motivación excepcional con la intención de intentar contagiarlo un poquito, empezó con una pregunta demasiado difícil para mí. No me esperaba esa pregunta y eso que era una pregunta sumamente obvia teniendo en cuenta que iba a enseñarme cosas.

¿Qué se me da bien y qué se me da mal? En una milésima de segundo, mi mente funcionó más rápido que en toda mi vida, creándome una lista de cosas que se me dan bien y cosas que se me dan mal.

Habilidad extrema y velocidad exquisita en comer croquetas
Destreza y jugabilidad experta en la Play Station
Talento elevando en skate, con el logro de no matarme en el intento
Maestría y pericia frente a las pociones
Aptitud elevada y motivación para ver series en tiempo récord
Maña y adaptación para navegar por internet y perder el tiempo

INDEFINIDO: Quidditch.

Falta de ingenio para saber cómo vivir como una persona normal
Escasa habilidad para hacer galletas
Mal perder
Falta de adecuación y de adaptación a la vida
Poca fuerza de voluntad para levantarme de la cama
Torpeza elevada en el día a día
Absoluta decadencia tanto en canto como en baile

Y un segundo tardé en darme cuenta de que esa lista era una absoluta MIERDA en la que no servía nada. Yo le decía algo de eso a mi padrino como respuesta seria y podía empezar a llorarle a Dumbledore para que me asignase otro, porque estaba claro que Maverick pasaría de mi culo hasta la eternidad. Así que en el segundo restante que me sobraba para no parecer retrasada mental por tardar tanto en contestar, decidí introducir el tema, dándome tiempo para saber qué narices podía decir sobre mí que fuese medianamente interesante y pudiese servirle a él para conocerme un poco más dentro de lo que se nos acontece.

Hmm... —Y esa era mi manera para conseguir un poco de tiempo. —También se me dan bien las pociones, estudio la carrera de pocionista en la universidad mágica; y pese a que no lo parezca, se me da bastante mejor esquivar los hechizos físicamente que con una varita en mano. —¿Sabéis por qué? En Hogwarts mis stats en esquive físico se vieron altamente favorecidos gracias a los Slytherin que se empeñaban en intentar verme caer. La gente no se lo creía, pero el bullying era real. —También se me da bien aprender y discrepo a lo del razonamiento, soy una persona muy razonable siempre y cuando me den buenos motivos por los que hacerme cambiar de opinión —le respondí, esbozando una sonrisa para que no se lo tomase como un ataque hacia su persona, ya que no lo era. —Y se me dan fatal los duelos, creo que me falta... destreza y soltura a la hora de defenderme, ya que una vez me atosigan apenas puedo encontrar el momento del contraataque. Tampoco tengo ni una pizca de idea de defensa personal, aunque he de decir que en Hogwarts pegué unos cuántos puñetazos y ya sé cómo se supone que no se debe pegar —relaté divertida, contando sin decir nada que obviamente me había hecho daño golpeando de mala manera. —Tampoco se me dan las artes adivinatorias como adivinación, aritmancia, runas antiguas y toda esa porquería. También tengo pocos conocimientos sobre defensa contra las artes oscuras, ya que séptimo es el curso en donde se supone que más se especializa uno en ese tipo de hechizos y... bueno, me tocó vivirlo de mano de los Lestrange. Lo primero que hicieron fue borrar esa asignatura y rebautizarla como artes oscuras. Así que tengo una laguna bastante grande en ese ámbito...

Quizás me enrollé un poco, pero así de paso se daba cuenta de que 'hablar' también se me daba muy bien, sobre todo cuando no tengo ni pajolera idea de lo que decir. Es uno de mis dones: hablar cuando no tengo ni puta idea. Vamos, ahí me sale el nuevo testamento en verso en forma de verborrea inútil.

Cuando me pidió mi varita, se la tendí sin apenas preguntarme por qué. Ni lo cuestioné, ya que lo primero que supuse es que sabría de varitas y querría olerla para... yo que sé, saber de qué madera está hecha y esas mierdas. ¡Hay gente muy rara en este mundo! ¡Yo no voy a estar juzgando a personas por querer oler varitas! ¡Cosas peores he visto! Pero claro... de repente mi neurona comenzó a vibrar como una loca en pos de conseguir esos impulsos nerviosos inteligentes que me hicieron deducir que... ¡me acababa de desarmar y ahora quería atacarme! Lo vi en sus ojos, porque está claro que él no era hombre de muchas palabras.

¿Qué? —Y pese a que me dio margen para reaccionar, mi reacción no fue ni de lejos la que se esperaba, ni por él, ni por mí, ni por mi autoestima tampoco.

Retrocedí un paso e hice el amago de esquivar un hechizo, pero fue todo 'tan rápido' —ya que en verdad no fue rápido, solo soy yo, que soy imbécil—, que me dio el primero. Fue un hechizo que me inmovilizó, pero podía seguir hablando pese a que me había quedado como una estatua.

¡Perdón! ¡Es que me has cogido desprevenida! —Otra cosa que añadir a mi lista de defectos que no contar jamás a nadie: 'soy una persona lenta, la realidad para mí pasa a velocidad negativa'.

Maverick me dio otra oportunidad y yo me quité la chaqueta para poder tener mayor movilidad y facilidad a la hora de moverme. Esta vez si me separé lo suficiente de él, mirando que no hubiera moros en la costa y, cuando estuve en posición, asentí con la cabeza para que empezase. Los primeros los esquivé con relativa facilidad... pero como era evidente, cada vez era más complicado y yo cada vez más ridícula en busca de formas con las que poder esquivar esos hechizos.

OFF: Tiro dado de veinte.
Vamos a intepretarlo como una tirada de 'destreza' por parte de Danny. Depende del resultado del dado, te dejo asumir la calidad de lo que ha hecho Danny (asumiendo que el 20 es lo mejor y el 1 lo peor). No me trollees, dado.
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Maestro de Dados el Vie Ene 26, 2018 1:19 pm

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