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Taking action || [Gwendoline Edevane & Saffron J. McAdams]

Gwendoline Edevane el Miér Ene 03, 2018 2:58 pm

19 de diciembre de 2017 - 10:43 a.m.
Zona residencial de Londres.

Salí del Ministerio cerca de las 10:25, en un esfuerzo de dar tiempo a Saffron para tomarme ventaja. Nadie me prestó atención mientras caminaba en dirección a la salida, cómo solía ocurrir.
Tenías que ser un individuo muy sospechoso—tanto para el antiguo Ministerio cómo para el nuevo—cómo para que te prestasen atención mientras caminabas por tu lugar de trabajo.
Me dejé caer por la tienda de electrónica que Saffron mencionó, y descubrí que no tenía pérdida: aquel local tenía un rótulo de lo más llamativo. Al entrar, las campanillas situadas sobre la puerta tintinearon, y el dependiente, sentado tras el mostrador, levantó la cabeza. No había nadie más, cosa que no me extrañaba demasiado: era temprano. El muggle poco más podía hacer que prestar atención a su teléfono móvil.
Me preguntó si podía ayudarme en algo, todo un ejemplo de cortesía inglesa, y yo esbocé una sonrisa.

—La verdad es que sí. Estaba buscando algo muy concreto. Es para un regalo. ¿No tendrá por casualidad algún artículo de segunda mano? ¿Algún radio casette de pletina? Es que mi padre tiene un montón de cintas y, ya sabe.—Mantuve el tono casual, intentando contener los nervios. Era habitual interpretar el papel de muggle cuando una trabajaba en el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas.

Estaba de suerte. El hombre—que cuando me referí a mi padre y sus cintas, puso una cara de "¿Qué me vas a contar a mí?"—me condujo a un expositor en el lateral que contenía algunas antiguallas electrónicas, todas ellas etiquetadas con el precio. Una pegatina de color naranja vivo en forma de estrella pegada al expositor aseguraba que todo estaba rebajado un cincuenta por ciento.
No me costó mucho elegir. Un radiocasette enorme llamó mi atención al momento. No era demasiado caro, lo cual me alegraba, pues no iba a declarar aquel gasto al Ministerio.
También le pedí al dependiente un par de cintas vírgenes. Para mi sorpresa, seguía teniendo algunas a la venta, un pack de tres a un precio ridículo.
Con mis nuevas adquisiciones en una bolsa de plástico, me encaminé a la dirección que me había dado Saffron. No tardé demasiado en llegar. Mi reloj de pulsera marcaba las 10:43.
Me mantuve alejada de la casa, la capucha de algodón de mi chaqueta cubriéndome la cabeza, por si acaso los individuos sospechosos estaban vigilándola también hoy, y esperé. Tal vez Saffron ya estuviese por allí, escondida en algún sitio, pero yo no la veía.


Off-rol: No sé si es necesario indicarlo, pero este tema es una continuación de A few problems con Saffron ^^
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Saffron J. McAdams el Vie Ene 05, 2018 9:56 pm

Pues bien, en plan ya estaba en marcha, y eso le sentaba mejor en el estómago porque desde que había salido de su casa que se sentía como si estuviera en una de esas montañas rusas que cada vuelta parece un viaje hacia el infierno o algo parecido más que una diversión extrema. (Y sí, cada vez que se había subido a alguna de esas cosas la pasaba bastante mal, los giros extremos, las vueltas muy arqueadas y cosas por el estilo, las sacudidas, le hacían muy mal, y mientras todos se reían a más no poder ella no podía contener sus ganas de que su silla se soltara y terminara con tan horrible momento, así de extrema se pondría).

Pero bueno, la cosa por fin estaba hecha, el problema expuesto y la posible solución un poco más delante de sus ojos de lo que pensaba, menos mal que había tomado las cartas en el asunto y no lo había dejado estar... A sus padres ya no les podía confiar estas cosas porque estaban bastante grandes y era más el drama que hacían, que la reacción y acción real que pudiera llegar a ayudar que podrían tener, pero era así, en su familia ya estaba acostumbrada a arreglar todo siempre, porque de una forma u otra todo acababa allí con ella desde que era una pequeña, casi como una maldición.

El tema había quedado de la siguiente forma. Ella salía primero del Ministerio de Magia para tomar cierta delantera en el camino y así llegar antes a la dirección de los muggles que obviamente estaba junto a su casa. Habían detallado todo con mejor precisión y anotado lo debido antes de salir finalmente de todo el despacho y ahora estaba todo claro, solo quedaba ver que todo fluyera de forma normal y sin complicaciones. Así lo hizo entonces, se apresuró (pero sin levantar sospecha) a su destino, que tan tan lejos no quedaba, y si no tenía ganas podía llegar a tomar un autobús, pero prefería tomar una caminata y respirar un poco más libre. Al llegar después de unos veinte o veinticinco minutos al lugar, tomó desvío por un callejón a donde se podía ver toda la calle pero, no se la podía ver a la fémina. Esperaría hasta que la mujer apareciera y se juntaría con ella o la llamaría de alguna forma.

De todas maneras, unos quince minutos más tarde, pudo ver como una mujer alta y delgada, de cabellos marrones asomando y con una capucha, pasaba un poco cerca del lugar, y sabía que era ella. Apareció por detrás de ella sigilosamente, aunque no realmente "apareciendo". Simplemente rodeando el callejón y yendo por detrás. Se puso a la par de Gwendoline y le esbozó apenas una sonrisa -Bien, ven por aquí así salimos por detrás de la casa y no nos ven, tenemos suerte de que no sean casas de dos pisos las que están por detrás.- Porque era claro que no estaba bueno que vieran a dos extrañas cerca a una casa que no era de ellas, vaya.
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Gwendoline Edevane el Sáb Ene 06, 2018 3:18 pm

Me permití observar durante unos segundos el entorno a mi alrededor. El lugar no era más que un barrio residencial de aspecto tranquilo. Ni siquiera había demasiados transeuntes a la vista, lo cual estaba bien.
Sin embargo, yo estaba preocupada: temía que me estuviesen vigilando.
No me refería a ningún mortífago ni a ningún empleado del Ministerio que pudiese irle a alguien con el cuento, si no al trío de indeseables de los que me había hablado Saffron. Les buscaba con la mirada, sin moverme de dónde estaba, pero no los veía.
Si estaban allí, estaban muy bien escondidos. Y eso me gustaba aún menos.
Consulté de nuevo mi reloj de pulsera, más por costumbre que por otra cosa, y comprobé que no había pasado ni un minuto desde que había llegado. Entonces, alguien se detuvo a mi lado, y al volver la mirada me sentí aliviada al comprobar que se trataba de Saffron.
No tenía ganas de empezar a usar la varita tan pronto.
Asentí a lo que me dijo, sin decir nada, y la seguí. Bordeamos la casa y salimos a la parte trasera. Allí me detuve, y hablando en voz baja, le pregunté:

—¿Algún indicio de los hombres que me describiste?—Lo cierto es que yo no les había visto, y eso me preocupaba bastante. Sobre todo por la posibilidad de que ellos ya nos hubiesen visto a nosotras.

Si se trataba de cazarrecompensas, un mal frecuente en aquellos días, podíamos estar en serios problemas. Sabía por Sam que no eran dados a resolver sus problemas hablando. Y siendo tres, las cosas podrían ponerse peliagudas para nosotras dos.
Así que, por nuestro bien, esperaba que no nos hubiesen visto. Creía que podría salir del apuro presentándome cómo una empleada del Ministerio, pero de hacerlo, era muy probable que el incidente llegase a oídos de quienes no debía. Y eso no podía permitirlo.
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Saffron J. McAdams el Sáb Ene 06, 2018 11:14 pm

Al llegar al otro lado de la casa estaba segura de dos cosas. La primera, volvía a pensar que mejor idea que esta no podria haber tenido y que haber pedido socorro y no ser orgullosa era un acto de valentía bastante gigante en estos tiempos donde el ego y el "yo se y tú no" corría como moneda corriente, sí. Era una cosa grande que le gustaba saber que poseía, no creerse más ni agrandar un supuesto saber, poder o adquisición por algo que no era.

Otra cosa por la que sentía seguridad, es que las personas que temía no se encontraban en la escena, si bien había notado que no hacía mucho habían estado presentes (dado que dejaban algún tipo de estela tras su camino, un destello mágico suave, no demasiado notable pero uno sabía que había estado ahí).

Era algo casi obvio que la señorita Edevane estaría preocupado por la aparición de estas personas en tal lugar, por eso al momento de la pregunta sacudió la cabeza mientras se cercioraba de que nadie que pudiera llegar a estar alrededor de las casas ni del patio trasero. -No, no. Quédate tranquila, miré todo antes de que vinieras solo por si acaso y no había nadie. Aunque tengo el presentimiento de que pasaron por aquí no hace mucho... No lo sé, lo siento.-

Miro por sobre las maderas que separaban un patio trasero del otro para poder ver si había algo que perturbara la tranquilidad en su investigación pero la verdad es que solo se encontró con un pequeño cachorro maltés de un color muy lindo, lo que la hizo sonreír por un segundo breve, olvidando toda la misión y estirando la mano para acariciarle la cabeza. Después de esa interrupción boba volvió a girar la cabeza e hizo señas a Gwendoline, yendo agachada hasta donde estaban tanto la puerta al cobertizo como la de la parte de lavandería. Del costado de su vestido, en un bolsillo largo que estaba camuflado y nadie podría advertir jamás, sacó su varita que hasta ese momento habia parecido inexistente y con un bajo alohomora se abrió la puerta dando paso. Ingresó esperando a que ella también lo hiciera y miró alrededor, adentrándose en aquel lugar. -La verdad no sé ni donde está la escalera.. separémonos, la primera que lo encuentre avisa.-Comentó y empezó a andar por el lugar, había fotos de ellos, parecía que todo estaba normal, y en eso que revisaba vio la escalera y comenzó a subir -¡Srta. Edevane! Por aqui!-Medio gritó/susurró como para que oyera bien.
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Saffron J. McAdamsUniversitarios

Gwendoline Edevane el Dom Ene 07, 2018 4:12 pm

La respuesta de Saffron logró tranquilzarme a medias. Sí, había revisado todo el perímetro antes de encontrarse conmigo. Y no, no había divisado a ninguno de los tres merodeadores que tan pocas ganas tenía de que nos pillasen desprevenidas.
Sin embargo, había que tener en cuenta otros asuntos, y ahora mismo el que más me preocupaba era la policía muggle. Después de todo, lo que estábamos a punto de hacer no podía describirse con otras palabras que no fuesen "allanamiento de morada". Estaba preparada para ese tipo de vicisitudes, pero prefería evitar borrar la memoria o modificar los recuerdos de más muggles de los necesarios.
Sin embargo, Saffron parecía estar segura también de que habían pasado por aquí no hacía mucho. Solo esperaba que no hubiesen entrado a la propiedad, y que no hubiesen puesto sus garras encima a la ouija. De lo contrario, Saffron tendría problemas.
Y, por el motivo que fuese, no me apetecía que alguien cómo ella tuviese problemas mientras intentaba ayudar a su hermana pequeña.
La seguí. Ella parecía conocer la propiedad. Quizás en su infancia hubiese jugado con los hijos del matrimonio muggle que me había mencionado, los Roberts. No pude evitar sentir una punzada de culpabilidad al pensar en lo que sería de sus vidas una vez solucionase aquel problema. Quizás tuviesen que mudarse, abandonar esta casa, a causa de las habladurías. Tragué saliva y decidí dejar esos pensamientos atrás. No iban a ayudarme lo más mínimo en aquellas circunstancias.
Al bordear la casa, nos sorprendió un perro, un cachorro. Por un momento, mi estado de tensión casi me llevó a echar mano de la varita, guardada en mi manga, pero por suerte lo refrené. El pequeño perro, por la forma en que se dejó acariciar por Saffron, no suponía una amenaza. Y por suerte no se puso a ladrar.
No me apetecía dejar temporalmente mudo a un animal, o incluso aturdirlo. Hacer daño a los animales estaba muy mal, y no me apetecía ser parte de algo así.
Superado este pequeño incidente, Saffron abrió mágicamente la cerradura de la puerta, y pasamos al interior. Una vez allí, tomé la precaución de cerrarla tras nosotras. Al momento, saqué mi varita, cuya punta se iluminó con un Lumos no verbal. Saffron confesó que no sabía dónde estaba la escalera, y sugirió que nos separásemos.

—Ve con cuidado.—Le pedí, al tiempo que dejaba la bolsa que contenía el radiocasette en el suelo junto a la puerta, y me ponía a caminar en dirección opuesta a ella por el pasillo.

No me encontré con gran cosa. Solo fotografías enmarcadas colgando de las paredes. Fotografías que una vez más supusieron una punzada de culpabilidad en mi conciencia. Cometí el error de detenerme a mirarlas, y cuando quise darme cuenta, estaba parada en el pasillo, examinando cada fotografía a la luz de mi varita.
Se les veía una familia feliz. Muy aficionados a tomarse fotografías juntos. Navidades, cumpleaños, reuniones familiares... Entonces me imaginé a John Roberts tumbado en su cama una noche, los ojos abiertos cómo platos, mientras escuchaba las voces procedentes del desván. Me lo imaginé bajando las escaleras, enloquecido de insomnio y alucinaciones, hasta la cocina. Me lo imaginé volviendo a su habitación con un cuchillo en la mano. Y me lo imaginé persiguiendo a su esposa escaleras abajo, gritando incoherencias, tratando de asesinarla.
No tenía forma de saber si el hecho había sucedido tal y cómo me lo imaginaba, pero fuese cual fuese el escenario, el asunto había terminado de una manera triste.
Perdí la noción del tiempo, y solo la recuperé cuando escuché la voz de Saffron. En el silencio de la vivienda, su susurro sonó bastante elevado. Pude volver a moverme entonces, y me encaminé en su dirección.
Al llegar dónde estaba, me la encontré subiendo las escaleras hacia el desván.

—¡Saffron, espera!—Exclamé, intentando no alzar la voz.—Déjame ir primero. No sabemos qué es lo que hay ahí arriba.

Técnicamente, sí lo sabíamos: un tablero de ouija encantado. Pero por lo que a mí respectaba, los merodeadores podían haber dejado de merodear y haber pasado a allanar la casa, igual que nosotras. Si ahí arriba había alguien, podían estar esperando precisamente a que alguien apareciese para recuperar el objeto.
Y así atrapar al responsable, entregárselo al Ministerio, y ganarse algún tipo de recompensa.
Quizás Saffron no concibiese aquella posibilidad, pero yo había visto a esos cazarrecompensas.
Y cuando el Ministerio ofrecía una recompensa por la cabeza de algún mago fugitivo, había algunos que se lo tomaban de forma literal.
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