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FB Necesito que alguien me abrace y me diga: vamos a comer pizza, yo pago. | Priv. Laith

S. Rox Jensen el Lun Ene 08, 2018 10:26 pm

12/noviembre/2012
Biblioteca. 18.24 pm.

De los labios de la morena salía un  murmullo constante, totalmente inconsciente, signo inequívoco de que su mente estaba totalmente metida en memorizar y comprender lo que estaba leyendo del manual de medimagia que tenía delante. Se jugaba mucho en aquel examen, estaba en su último curso en la universidad, y su empeño por ser la mejor en todo no había cambiado desde sus años en Beauxbaton.  ¿Se exigía demasiado? Posiblemente, pero no sabía ser de otra forma.

Se permitió cinco segundos de distracción mientras tomaba un trago de agua, momento que aprovechó para mirar al chico que tenía justo en frente y que estaba igual de metido en sus estudios. Sonrió ligeramente para sí misma antes de volver a centrarse en su temario, bendito Laith, qué sería de ella si no lo tuviera en su vida.

A diferencia de las amistades que había tenido durante toda su vida, Laith era una persona cálida, de las que te hace creer que hay salvación para el ser humano. Debido al círculo en el que se había estado moviendo durante toda su vida, lleno de personas cínicas e interesadas, el conocer a Laith fue como una especie de revelación para ella, con la que descubrió que había personas desinteresadas y con mucho que ofrecer fuera de lo material.

Poco a poco empezaba a pensar por sí misma, y aunque no era fácil, iba dejando atrás los pensamientos tan cuadriculados que le habían enseñado durante toda su vida. Mudarse a Londres había sido como descubrir que el mundo estaba lleno de colores, no solo de blanco y negro, y en parte el cambio que estaba haciendo como persona también era gracias a Laith, la había ayudado mucho sin si quiera proponérselo. Le había costado mucho volver a confiar en alguien después de saber que la habían engañado toda la vida, pero desde luego su amigo era merecedor de su confianza.

Su atención volvía a estar inmersa en el libro que tenía delante, su mano ya no repiqueteba en la mesa, sino que tomaba notas de lo que ella creía más importante. De nuevo estaba totalmente metida en la materia, tanto que no se dio cuenta de que su estómago empezaba a protestar por el hambre. Llevaba un par de días tan centrada en preparar aquel examen que no solo no estaba comiendo bien, sino que tampoco estaba descansado adecuadamente. Al final, tanto el hambre como el cansancio acumulado acabaron por imponerse y la mente de Rox se quedó en blanco, incapaz de procesar nada más.

No puedo más —suspiró derrotada, no sabía ni qué hora era, pero a juzgar por el cielo que se filtraba por la ventana debía de ser ya media tarde. Enterró la cabeza en el libro y empezó a darse ligeros, pero constantes, cabezazos contra éste. A ver si así le entraba más información. —¡Me bajo de la vida! —exclamó, quizá demasiado alto porque algunos de los otros estudiantes allí presentes la mandaron callar con un molesto chsssstt. Levantó la mirada hacia su amigo y  lo miró con carita de perro abandonado. — Laith, socorro. Mira si hay algún hechizo o poción que te devuelva las ganas de vivir. Me estoy muriendo, lo noto.


Última edición por S. Rox Jensen el Vie Ene 19, 2018 1:23 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Mar Ene 09, 2018 7:19 am

En completo silencio, los ojos verdes del canadiense iban leyendo todo lo que el libro tenía para decirle. Más que memorizar quería aprender, así que demoraba unos segundos en conectarlo todo a su rompecabezas mental donde intentaba entender del todo la materia. Y a pesar de ello, estaba terriblemente distraído, su mente en otro sitio pensando en una persona en particular. Vaya, iba a reprobarlo todo como siguiese así. Era gracioso que fuese un profesor quien lo hiciese reprobar, uno que llevaba pretendiendo meses, uno que a veces no sabía si había avanzado hacia él o retrocedía. Menudas complicaciones.

No había dormido los últimos tres días y no parecía afectado por ello, fiel amigo del café que en ocasiones levantaba de la mesa para sorberlo, cuidando no manchar nada gracias a la tapa del vaso. Oía el rumor de la voz de Roxanne, pero no escuchaba lo que ella decía. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina: los de medimagia, los de psicología y no podía descuidar esos cursos intensivos que estaba haciendo. Y sí, quizá sólo Laith Gauthier se ponía en los hombros dos carreras universitarias, una mágica y otra nomaj, y encima cursos para prepararse para su futuro, pero al menos así era feliz.

Creía estar preparado para todo, pero un repaso más nunca hacía daño. Alzó los ojos hacia la muchacha frente a él cuando, derrotada, rompió el silencio, además de ensanchar en su rostro una sonrisa ante los seseos de la gente mandándola a callar. — Yo te recetaría una buena dosis de “deja de estudiar o te vas a volver loca”, y cien miligramos de “escribe las respuestas en tu brazo” —bromeó con una sonrisa, suspirando y estirándose, las vértebras en su espalda crujieron con el movimiento. — Te propongo algo: el día antes de ese examen quédate a dormir en mi departamento, lleva dos paquetes de cervezas, me haces preguntas de mi examen y yo te hago preguntas del tuyo y estudiamos juntos, luego vamos y damos el examen con resaca —le sonrió travieso.

No era raro que Laith invitase a alguna amiga a dormir en su casa y sin ninguna connotación extra. Si no fuese porque el muchacho jamás en su vida se había fijado en una chica, sería porque estaba ya tenía los ojos puestos en otra persona. Solía estudiar así con Lindsay, aunque ella se había vuelto igual o más loca que Roxanne y llevaba toda la semana con las narices metidas en un libro, tanto que apenas y hablaba con ser viviente alguno. Se talló los ojos con los dorsos de las manos, bostezando largamente. Sólo quería que pasara la temporada de exámenes para dormir como Morfeo manda.

Un sonido, sin embargo, llamó su atención. Una queja de Roxanne. Más bien, del estómago de Roxanne. — Oh… Creo que ese león en tu estómago me quiere comer, ¿vamos a almorzar algo? ¿Pizza, tal vez? —cerró finalmente el libro que estaba frente a él. Se dio cuenta entonces y sólo entonces del hambre que tenía, un hambre brutal, ¿cuándo había sido la última vez que comió? ¿Fue antes o después del examen de neurocognición? Suspiró, poniéndose de pie y tomando el libro que metió en su mochila. — Si alguna vez te digo que quiero cambiarme de carrera… dame con un libro en la cara —le pidió a Roxanne, mitad en serio, mitad en broma.
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S. Rox Jensen el Miér Ene 10, 2018 10:23 pm

Rox tenía la creencia de que la personalidad de un individuo se forma a raíz de las experiencias que vive a lo largo de su vida, de modo que el carácter de alguien no es algo que pueda darse por sentado nunca. Lo pensaba porque, precisamente, es lo que le había pasado a ella. Había diferencias notables entre su yo pasado y el presente, y sabía que aún habría más conforme los años pasaran. Aun así seguía habiendo rasgos que parecían inherentes en ella, uno de ellos era la perseverancia, motivo por el cual, aun estando mentalmente agotada, una parte de su mente seguía pensando en el examen y repasando una y otra vez los conceptos asimilados.

Las protestas de la gente pidiendo silencio no amilanaron a la joven, que siguió dirigiéndose a su amigo como si no hubiese escuchado nada, e incluso se atrevió a reírse ante la sugerencia de Laith.

Laith Gauthier, ¿me estás insinuando que haga trampa? —inquirió con una sonrisa cada vez más amplia, y con un fingido tono de escándalo. — ¿Sabes qué? Deberían de haber más sanadores como tú en este mundo, más recetas como esas y las cosas en el mundo irían mucho mejor  —dijo riendo sin hacer mucho escándalo, una cosa era que no se cortara por los murmullos y otra muy distinta era montar un espectáculo. Sabía que su amigo todavía no era sanador, pero tenía tan claro que lo conseguiría que hablaba como si ya lo fuera.

El canadiense tenía razón, debía dejar de estudiar o se acabaría volviendo loca, aunque quizá ya era un poco tarde para ese consejo y su mente ya estaba desquiciada. Bueno, los locos son más interesantes, pensó Rox mientras escuchaba como las vértebras de Laith crujían. Lo miró con envidia, ella también deseaba poder hacer eso, pero por mucho que se estirara no había manera, sus vértebras no hacían ni un mísero ruidito.

Eres el mal personificado, sabes que si está la palabra cerveza de por medio no me puedo negar. Me llevas por el mal camino —bromeó aceptando la sugerencia de su amigo después de pensárselo durante unos momentos. Sabía que estudiar como una desquiciada hasta el último momento no le haría ningún bien y, en cambio, el plan que le proponía Laith era más que perfecto para repasar sin estresarse y pasar un buen rato. En verdad no sabía que había tenido que pensarse tanto antes de aceptar.

Había vuelto a enterrar la cabeza entre las páginas del libro con la intención de ocultar su sonrojo ante el ruido que acababa de hacer su estómago, ciertamente parecía un león. Sin embargo levantó su rostro para mirar a Laith con la misma ilusión que tiene un niño en la mañana de Navidad.

Sí, sí quiero —volvió a exclamar en voz alta, esta vez se ganó un aviso por parte de la bibliotecaria, al final acabarían echándola y arrastraría a Laith con ella. Cualquiera diría que le acababan de proponer matrimonio, pero no, la oferta de pizza era mil veces mejor. Con el hambre que tenía no le habría que dicho que no a nada, y probablemente cualquier cosa le habría sabido a gloria, pero donde estuviera la pizza que se quitara lo demás.

Recogió rápidamente todas sus cosas metiéndolas en el enorme bolso que llevaba y esperó a que Laith estuviera listo para irse. Puede que estuviera un poco ansiosa de más, pero es que ya podía oler el deseado aroma a pizza recién hecha. Rio con lo último que le dijo su amigo antes de salir de la biblioteca, aunque no sabía bien hasta qué punto era una broma.

Dalo por hecho. No soy una persona violenta, pero como alguna vez se te pase por la mente abandonarme te daré con el manual de medimagia más gordo que encuentre, y luego dejaré que te cures solo —bromeó, dudaba que fuera capaz de darle a Laith con un libro en la cara, no al menos sin sentirse culpable lo que le quedaba de vida. — ¿Lo has pensado alguna vez? Lo de dedicarte a otra cosa, la verdad es que no te imagino dedicándote a nada más. Además llevas un letrero en la frente que pone Sanador sexy — le comentó guiñándole un ojo, y lo decía en serio, Rox sabía de cierto profesor que era afortunado por estar con Laith.

Apenas caminaron un par de metros cuando de nuevo su estómago volvió a sonar, demostrando lo impaciente que estaba por llevarse a la boca la mencionada pizza. — Necesito otra de tus recetas maravillosas, pero está vez con doble de queso, por favor. Por cierto, ¿dónde vamos a ir? ¿alguna preferencia? Yo hace tanto que no salgo que se me ha olvidado donde están las cosas —aunque parecía una broma no lo era, llevaba tanto tiempo con la nariz entre los libros, preparándose para sus exámenes, que le parecía que hacía una eternidad que no salía a distraerse.


Última edición por S. Rox Jensen el Vie Ene 19, 2018 1:25 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Dom Ene 14, 2018 2:45 am

Una sonrisa de pillo, esa tan característica de Laith, apareció en su rostro en cuanto le cuestionó si le estaba aconsejando que hiciese trampa. Los dos sabían que eso no iba a ocurrir, pero insinuarlo no tenía nada de malo y no era prueba contundente en un juicio. — Ya te digo, soy la crème de la crème —se jactó con una pequeña risa al oírla halagar su receta. Todavía le faltaban más de dos años antes de graduarse, pero estaba bien encaminado. — Claro que no, te llevo al éxito y al estudio inteligente, no a la memorización del sistema educacional actual —giró los ojos, haciendo sonar mejor el plan de “cerveza y estudio”.

Le gustaba tomar las cosas con calma, quizá porque trabajaba mejor así. A pesar de ello, sabía trabajar bien bajo presión, por lo que estudiar la noche antes no era una mala idea. Todo estaba en su cabeza, sólo hacía falta repasarlo otra vez. En especial porque ese día los dos se dieron cuenta del hambre que tenían, primero lo hizo Roxanne con el león en su estómago que gruñó intimidando al universitario, quien soltó una risilla ante la pronta exclamación que recibió al ofrecerle comida. Era tan fácil comprar a su amiga. Pronto ya estaban caminando fuera de la biblioteca, con una conversación de por medio sobre los estudios.

Qué mala persona, ¡y tú me vas a abandonar primero! —se hizo la víctima como si no fuese él quien le dijo que lo hiciera. — Lo sexy lo tengo en las venas, sería “pocionista sexy”, “escritor sexy”, “barrendero sexy” —realizó un ademán vanidoso con su mano, aunque luego se lo pensó seriamente. — Pues… la verdad nunca pensé que me dedicaría a la medicina. Es decir, había pensado estudiar psicología, pero… creo que quise ser todas las carreras del mundo —le confesó. Lo había sabido sólo cuando era momento de tomar la decisión que guiaría su futuro. — ¿Y tú? ¿Cuándo supiste que serías sanadora? —devolvió la pregunta, con honesto interés.

Era una historia que no le gustaba contar, heridas todavía abiertas que recientes no le agradaba tocar. Mejor se interesó en Roxanne y sus propósitos para estudiar la carrera. Además de eso, también estaba empezando a considerar los locales para ir a comer, Laith era como una guía para turistas de comida, sabía exactamente dónde ir para comer lo mejor. Un local nomaj de los alrededores le pareció el ideal para la tarde, así que empezó a caminar con ella para allá. Era triste que no pudieran salir a ser los jóvenes universitarios que eran, pero sobrevivirían.

Tengo un sitio que te encantará —le prometió con una sonrisa, — pero quiero pasar primero por un café —dijo. Porque sí, válgase la rareza de ver a un joven tomando café y comiendo pizza. Llevaba “estudiante de medicina” en la ropa. — Un conocido del profesor Rushforth me dijo que, si me interesa, podría revalidad materias de medimagia en medicina nomaj, para que el tiempo sea menor para terminar los estudios y poder hacer especialidades —le hizo saber, comentándole su plan a mediano plazo. Quería hacerlo, hacer ambos tipos de medicina y tener tantas especialidades como pudiera.

No era por querer abusar, pero si el contacto de Cormac Rushforth le ayudaba a crecer en su carrera nadie iba a impedírselo. Estaba interesado también en psiquiatría, neurología, pediatría, y tantas cosas que estaba convencido de que al menos una vez en su vida tocaría. Quería ser, como había dicho antes, la crème de la crème, el mejor médico nomaj y mágico que ambos mundos hayan visto. ¿Por qué? Era sencillo. Él en el lugar del paciente querría que atendiesen a sus seres amados sólo los mejores, y él quería convertirse en esa personalidad que todo el mundo quería tener en la habitación de un pariente y un amigo. Era ambicioso, pero estaba seguro que podía conseguirlo.

Finalmente llegaron, primero a la cafetería donde Laith consiguió su café americano, y apenas a locales de distancia estaba la pizzería a la que pretendían ir. Un sitio cálido, agradable y amplio donde el aroma de la pizza recién salida del horno le abrió el apetito y le hizo agua la boca. Se sentaron y pronto vino alguien a pedirles la orden. — Una pizza grande con doble queso y pepperoni —pidió con una sonrisa, dando un sorbo al café, quemándose con temperaturas casi infernales el labio superior al intentar sorber.
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S. Rox Jensen el Sáb Ene 20, 2018 2:50 am

Roxanne rio por lo bajo al escuchar lo bien que le estaba vendiendo Laith aquel plan, a pesar de no que no fuera realmente necesario, era oír la palabra cerveza y el sí salía prácticamente solo. Vamos, era mucho más apetecible lo que le proponía su amigo que el quedarse en su piso estudiando y agobiándose a partes iguales.

¿Por casualidad no será sexy tu segundo nombre? —bromeó mientras se reía de las ocurrencias de Laith. Barrendero sexy, anda que… Sin embargo las risas se acabaron cuando la conversación se encaminó por terrenos más serios.

Psicología. Pese a haber hecho grandes avances en el tema de la tolerancia, todavía le costaba entender cómo a alguien que se había criado rodeado de magia le interesaban las profesiones muggles. Había superado los prejuicios que le habían inculcado desde pequeña, y aunque cosas como aquella le chocaran, hacía su mayor esfuerzo por comprenderlo y, sobre todo, por no juzgar. Sabía que todavía le quedaba camino por recorrer en ese aspecto, dieciocho años de estricta educación no se borran de un plumazo, y aunque todavía seguía comportándose como una estirada con las personas que no conocía, el poder relacionarse con personas como Laith la ayudaba a ir cambiando poco a poco.

A los diecisiete, cuando conocí a mi tío —contestó después de pensárselo un poquito, no porque no tuviera clara la respuesta, sino porque todavía le costaba tocar ciertos temas, y el tema familiar para Rox era demasiado complejo. — También es sanador, y supongo que me transmitió esa pasión que tiene él por su trabajo. Antes de eso nunca me había parado a pensarlo, solo aceptaba lo que mis padres tenían planeado para mí —habló mientras se encogía de hombros.

No es que le estuviera restando importancia al hecho de que sus padres tuvieran su vida planeada sin consultárselo, es que para ella no la tenía porque siempre había sido así. De no haber sido por Phil, Roxanne seguiría presentándose como Shirley, estudiaría cualquier cosa que hubieran querido sus padres, seguiría viviendo en Francia y, seguramente, habría acabado pasando el resto de sus días con alguien escogido minuciosamente por Maël y Elora. Su tío Phil la había rescatado de una vida en la que estaba destinada a ser una marioneta, probablemente su decisión de ser sanadora tuviera más que ver con la admiración que sentía por su tío que por el hecho de que éste le hablara con pasión de su trabajo.

Rox siguió los pasos que le marcaba su amigo, asintiendo cuando le dijo de pasar antes por un café. Lo escuchó con atención mientras le contaba sus planes para el futuro, desde luego a su amigo le encantaba echarse presión sobre los hombros, la carrera de medimagia de por sí no era sencilla pero si encima le añades medicina muggle… Laith iba a necesitar toneladas de café. Ella, al contrario, estaba deseando dejar atrás los estudios para poder empezar a trabajar de verdad, a ser una auténtica sanadora. Le podía la impaciencia.

Eres increíble, de verdad. Creo que eres el único mago que conozco que también se interesa por la medicina muggle, es admirable —le dijo con toda sinceridad. De hecho, ella misma se incluía dentro del grupo de magos que solo se centraba en la medimagia, quizá fuera algo egoísta pero al fin y al cabo su mundo era el mágico, no el muggle. — ¿Y cuántas especialidades estás pensando hacer?

El olor a pizza le inundó las fosas nasales nada más entrar al establecimiento, justo después de pasar a por el café de Laith. Aquel aroma solo hizo que su estómago protestara con mayor fuerza, gruñendo con la anticipación que da el saber que la comida está cada vez más cerca. Que bien la conocía Laith, pensó Rox cuando escuchó el pedido que había hecho y que causó que se le hiciese la boca agua.

¡Ah, y fingers de queso también! —añadió rápidamente, y quizá con demasiada ansia, para que el camarero no se fuera. Tenía toda la intención de arrasar con la cocina de aquel sitio. — Y aros de cebolla, no se tú, Laith, pero yo no pretendo besar a nadie esta noche… Y de beber, albóndigas — no pudo evitar reírse ante la mirada que le dirigió el empleado, como si estuviera loca cuando estaba claro que solo estaba bromeando, pero ojalá existiese un batido de albóndigas. — Está bien, está bien. Mejor una Coca-Cola, pero que sea Zero, que hay que cuidar la línea.

Aun con la sonrisa en los labios, volvió su atención a su amigo que parecía haberse quemado al beber su café. Se removió un poco en su asiento, buscando ponerse cómoda, y aprovechando para echarle un ojo con más detenimiento al sitio. Era un lugar muy agradable, bonito a la vista, y cuando rápidamente le trajeron su bebida, Roxanne acabó de decidir que definitivamente le gustaba el sitio.

¿Crees que me he pasado con la comida? —preguntó después de darle un trago a la fría bebida. Se moría de hambre, pero quizá se había emocionado demasiado al pedir. Bueno, si sobraba se la llevaría a casa, las sobras nunca sobraban. — Oye, ¿y cómo descubriste este sitio? Bueno, mejor dicho cómo descubres todos los sitios, siempre te las apañas para sorprenderme. Espero que esté igual de bueno que el último al que me llevaste, que fue hace como medio siglo, por cierto. Malditos exámenes... —se quejó por su falta de vida social— Prométeme que cuando acabemos nos emborracharemos tanto que tendremos que llevar una pulsera con nuestra dirección por si se nos olvida donde vivimos.
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Laith Gauthier el Lun Ene 22, 2018 3:59 am

Laith “Sexy” Gauthier, claro —le siguió el juego. Lo cierto era que no era un hombre particularmente egocéntrico, pero sí era un tanto vanidoso y sabía cómo lucía a los ojos de los demás. Le gustaba el plan de la cerveza y el estudio, dándole los mejores atributos para poder convencerla de que estudiase con él. La verdad, él era de los que pensaban que lo que no se aprendía en todo el curso no iba a aprenderse los últimos minutos con estudio.

Empezaron a hablar respecto a las carreras, diciéndole una que le había interesado desde el principio antes de que se graduase del colegio. Ahora estaba haciendo dos carreras y no pretendía quedarse sólo con dos. Roxanne, por su lado, todavía tenía esas dificultades para entender su mundo, con la mente cerrada de la mayoría de la gente criada sólo en el mundo mágico, pero iba ayudándola poco a poco a no juzgar la vida que él había decidido llevar, caminando entre la fina línea que divide los dos mundos. Suspiró cuando la oyó decir que antes de su tío, habría hecho cualquier cosa que su familia dijese.

Pero es algo que te gusta, ¿no? Creo que es del tipo de trabajos que no puede hacerse bien sin mucha dedicación —le preguntó, sin saber si era realmente su sueño tener aquel oficio o si era sólo otro trabajo impuesto para sorprender a su familia o algo parecido. Sonrió entonces cuando la oyó decir que era el único mago interesado en la medicina nomaj. — Quiero ser el médico que todo el mundo quiere que atienda a sus seres queridos, que esté preparado para cualquier cosa —le confesó, — quiero ver al menos un poco de teoría de la mayoría —aunque tenía en mente algunas que quería tocar muy específicamente.

Ya tenía su café y por el momento parecía estar tranquilo, guiando el camino hasta llegar a la pizzería hasta que entraron al establecimiento. Los dos se estaban muriendo de hambre, tomó la palabra pidiendo la pizza, una que a los dos les gustase, lo que no era nada complicado considerando el amor de ambos por la comida. Roxanne tomó la palabra pidiendo dedos de queso antes de que el camarero se marchase, riendo al pedir aros de cebolla alegando que no iba a besar a nadie. El empleado parecía mirarlos como si no hubiesen comido jamás en su vida, tomándoles la orden antes de marcharse.

Oh, yo sí quería besar a alguien, pero creo que tendrá que ser otro día —dramatizó divertido, conforme con el pedido que habían hecho. — Nunca te atrevas a decir que te has excedido con la comida —la amenazó, señalándole cómicamente con el dedo de forma acusadora, como si fuese alguna especie de pecado pensar que había pedido demasiada comida. — Amo la comida, tengo buena memoria para las cosas que me gustan —se encogió de hombros como si fuese lo más normal del mundo. — Ya verás que cuando acaben los exámenes saldremos de fiesta y se nos olvidará hasta el primer nombre —prometió.

La verdad, Laith controlaba muy bien la bebida y nunca llegaba a ese punto sin retorno de no acordarse de nada. Disfrutaba el hecho de salir de fiesta, beber y recordarlo todo. Pero en ese momento no le importó prometerle alguna falsedad a la estudiante para que se tranquilizara. Inhaló profundamente, sus tripas se estaban comiendo entre ellas, mientras miraba el contenido de su café ahora que lo había destapado para que se enfriase. Los ojos verdes del sanador se habían iluminado cuando vio al camarero volver con su pedido, ¡qué hambre! Casi oía las canciones celestiales y los cánticos angelicales al verlo dejar su pizza, los dedos de queso y los aros de cebolla.

¡Provecho! —le deseó, tomando un plato y un trozo de la pizza. Le dio un bocado y se quemó la boca, pero sabía tan bien que quemándose y todo siguió masticando. — Alguien debería darnos a un asistente que nos recuerde comer, no me acuerdo cuándo fue la última vez que comí, ni tampoco he dormido en varios días —se quejó en un enfurruño, limpiándose la boca con una servilleta desechable y tomando un dedo de queso. No se servía dedos ni aros, compartía sin miramientos, sólo los que había mordido para no monopolizar la comida. Qué bien se sentía comer con hambre.
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S. Rox Jensen el Sáb Ene 27, 2018 3:06 am

Sí, claro, me encanta. No sé si de no haber conocido a mi tío me lo habría planteado, pero ahora no me veo haciendo otra cosa —respondió con sinceridad. Le gustaba su carrera y sabía que todavía le gustaría más su trabajo, cuando por fin pudiera ayudar a la gente de verdad. Rox estaba de acuerdo con su amigo, aquel era un oficio que no se podía desempeñar bien si no te gustaba lo que hacías. — Estoy segura de que lo conseguirás, serás el médico que querría que me tratase a mí, que es aún más mejor —bromeó a medias con aquello último, había hecho la broma de anteponerse a sí misma ante sus familiares, pero lo que no era broma era lo que había dicho antes, estaba segura de que lo conseguiría, o al menos de que se esforzaría por ello.

Sonrió sin ninguna vergüenza ante la mirada que les dirigió el camarero, y más sorprendido se iba a quedar cuando viera que, probablemente, no sobraba nada. Ni Laith ni ella eran de los que acostumbraban a dejarse comida en el plato.

O también puedes lavarte los dientes, aunque quizá le guste el regustillo de los aros de cebolla —bromeó, aunque le costaba imaginarse al profesor favorito de Laith siendo fanático de los besos con sabor a cebolla. Rox levantó ambas manos como si el dedo acusador de Laith se tratase de una pistola, algún día terminarían explotando como un globo con demasiado aire, pero en su caso sería comida. — Podríamos ir a un bar de esos que con la cena te ponen barra libre de cerveza, piénsalo.

Puede que se arrepintiera de todo aquello cuando, después de la fiesta post-exámenes, la resaca la hiciera desear la muerte. Pero de eso se encargaría la Roxanne del futuro, ahora en el presente lo que tenía que hacer era acallar al monstruo de su estómago con toda la comida que acababan de ponerle delante. ¡Qué olor! Alimentaba solo con respirar, tenía tanta hambre que no sabía ni por dónde empezar, su cerebro había colapsado al ver la comida delante de ella, por fin.

Igualmente —respondió la morena con la boca llena de un aro de cebolla, tenía tanta hambre que se había olvidado de sus modales. Estaba cogiendo un finger de queso cuando Laith mencionó lo del asistente, a lo que Rox no pudo más que asentir de acuerdo, al menos hasta que tragó y pudo hablar. — Y que lo digas, yo también llevo unos cuantos días sin comer apenas ni dormir, irónicamente estudiar para ser sanadores nos va a costar la salud —bromeó mientras se daba un respiro y darle un trago a su coca-cola. — Aunque ya que nos ponemos, en vez de recordarnos que debemos comer, podría prepararnos la comida directamente —se quedó pensando en más cosas que podría hacer el supuesto asistente por ella, y llegó a la conclusión de que lo que ella necesitaba era un elfo doméstico.

Puso un trozo de pizza en su plato y le soplo un poquito antes de llevársela a la boca, ya se había quemado con el aro de cebolla y el finger de queso, no quería volver a repetirlo. — ¿Entonces planeas ver esta noche al profesor sexy o estás esperando a acabar los exámenes? —preguntó por mera curiosidad al acordarse del comentario que había hecho Laith momentos antes.
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Laith Gauthier el Lun Ene 29, 2018 8:16 am

Una sonrisa amplia apareció en sus labios cuando ella le respondió que realmente le encantaba la medimagia, tranquilizando su posible preocupación de que ella lo hiciese por obligación. Además, tan mona ella, le dio una palabra de aliento para su plan de querer ser el mejor médico, el que todos quisieran en su habitación. Era una meta ambiciosa, pero así era él, pensaba en grande y fantaseaba cuanto podía. Soltó una leve risa, esperaba que ella tuviese razón y fuese ese médico que esperaba ser en su futuro próximo.

Qué asco —expresó con una risa divertida, no quiso ni imaginarse un beso sabor a cebolla, mejor un beso fresco y sin residuos de comida. Roxanne era la tentación hecha mujer, una cena con barra libre parecía ser el mejor plan para cerrar la temporada de exámenes, como buenos estudiantes que eran. — Mi hígado te odia pero mi estómago está enamorado de ti —sonrió divertido, mirándola travieso. Ni siquiera pensaba en la resaca que iban a tener después, en especial cuando una distracción bañada de queso y delicioso aroma vino a plantárseles justo frente las narices.

Mientras empezaban a comer, se le ocurrió una idea. La verdad es que no le vendría nada mal tener a alguien que le recordase no morirse de hambre, se estaban jugando la salud estudiando, justo como Rox lo había dicho. No comían apenas ni tampoco dormían, con las narices metidas en libros las veinticuatro horas del día. Era una graciosa ironía. Su exigencia fue tal que ya no bastaba recordar comer, sino también hacer la comida, lo que hacía del asistente más bien una persona que tenía que encargarse de mantenerlos con vida. O tener un elfo doméstico. Laith sin embargo estaba en contra de la posesión de elfos domésticos, jamás en su vida tendría uno.

No sería un mal plan, aunque creo que sería un poco más como esclavitud, ¿no te parece? —se burló un poco, mirando un dedo de queso y aplastándolo un poco para sacar su delicioso interior. Se distrajo tanto con su dedo que la pregunta de Roxanne le tomó por sorpresa, y una sonrisa nerviosa se escapó a sus labios. — No lo sé, no he hablado con él hoy —confesó, queriendo restarle importancia al asunto. Cormac no pretendía arruinarle la carrera, así que eran infrecuentes las ocasiones en que se encontraban en temporada de exámenes. — ¿Y tú? ¿Ya tienes algún galán? Joseph, uno de los que estudian Pociones, siempre se queda mirándote cuando pasas —le dio el dato, uno que había notado desde hace unas semanas.

Era impresionante que consiguieran tener tiempo libre para salir con los amigos y ligar con sus carreras tan extenuantes. En especial Laith que estaba decidido a matar su tiempo libre, aniquilarlo entre clases y carreras. Lo llevaban bien siempre que no fuese temporada de exámenes, era algo así como la “Temporada de conejos” versión sanador, donde todos los profesores iban con su respectiva escopeta a conseguir sacar de la carrera a la mayor cantidad de alumnos posible. Y era una exageración, pero bastante acertada en la actualidad.

¿Ya estás haciendo las prácticas laborales? Estoy pensando aplicar a San Mungo, pero todavía me falta al menos un año para pensar en eso, podrías enchufarme al hospital donde entres a trabajar —le guiñó un ojo con una sonrisa traviesa, le agobiaba un poco pensar en el futuro, pero creía que tenía todas las de ganar si seguía igual de dedicado, aunque se temía que su salud no pensara lo mismo de su rendimiento académico y su vida a un nivel tan agotador.
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S. Rox Jensen el Vie Feb 02, 2018 4:51 pm

Se encogió de hombros con una sonrisa divertida adornando sus labios, ciertamente aquel concepto de asistente se acercaba más al de esclavitud que otra cosa, de hecho ella misma lo había pensado después de decirlo, pero tampoco es como si hablase en serio o fuera a ocurrir. Le tocaría seguir haciéndose la comida, o mejor dicho comprándola en cualquier sitio, que era lo más probable teniendo en cuenta que Roxanne odiaba cocinar.

Mientras no le des con un látigo para que trabaje más rápido… Eso sí estaría feo —comentó divertida mientras lo observaba apretar sin piedad al pobre finger de queso, mientras que ella terminaba de soplarle al trozo de pizza y se puso a atacarla del mismo modo que Laith a su finger, sin piedad.

De no haber estado tan ocupada masticando aquel delicioso manjar Rox habría sonreído al ver la sonrisilla nerviosa que puso su amigo cuando le mencionó el tema del profesor Rushforth, era adorable. Se preguntó si ella habría puesto alguna vez aquella sonrisa por alguien, aunque el fondo sabía que si tenía que preguntar la respuesta era que no.

Normal, ¿tú has visto este culo? —bromeó después de haber trago el último trozo de pizza, ¡qué rápido se había acabado! Lo cierto era que aquella información le había pillado por sorpresa, nunca se había fijado en lo que Laith decía. — Fuera coñas sobre mi alucinante trasero, la verdad es que no tenía ni idea. ¿Seguro que no te lo estás inventando para que me olvide de mi amargada vida de solterona? —cuestionó mirándolo con los ojos entrecerrados y apuntándolo con un finger de queso. Finger que luego se llevo a la boca, por supuesto.

Que cierto era lo de la vida de solterona, Rox se preguntaba como Laith era capaz de estar con alguien, con todo el tiempo que ello implica, y seguir estudiando sin bajar el rendimiento. Aunque en el caso de su amigo todavía tenía más mérito al estar estudiando no solo una, sino dos carreras. Ella, al contrario, había dejado al último novio serio que había tenido en primero de carrera, al agobiarse entre tantos exámenes y encima alguien que reclamaba parte de su tiempo. Tampoco había sido una gran pérdida, de todos modos.

Hace tiempo que no me divierto, quizá cuando acaben los exámenes me de un homenaje con el tal Joseph —dijo con una sonrisa traviesa. Había llegado a la conclusión que diversión toda la que quisiera, pero compromiso solo con sus estudios.

Roxanne se emocionó cuando escuchó a Laith preguntar sobre sus prácticas laborales, cada vez que pensaba en ellas a la francesa le entraban nervios e impaciencia a partes iguales. Todavía no se creía que aquel fuera su último año de carrera y que estuviera a punto de empezar las prácticas en el hospital. ¡Qué rápido había pasado el tiempo!

Las empiezo en Enero, en San Mungo, además —respondió con una amplia sonrisa. Le había gustado mucho su carrera, pero no veía hora de poner en práctica todo lo aprendido. Al fin y al cabo sería su primera toma de contacto con lo que significaba ser una sanadora en la vida real, la perspectiva era igual de emocionante que aterradora. — Sería genial que hicieses las prácticas en San Mungo y que yo me quedara allí después de acabar. Volveríamos a estar juntos ¡y que tiemble el hospital, muajajaja!—exclamó en un tono maligno, quizá demasiado forzado pero que la hizo reír igual. — La verdad es que estoy muy emocionada pero también nerviosa, quiero decir que ya no hay margen de error, sé que no voy a tener casos muy complicados, pero aun así impone mucho saber que ya no es como en clases o en los exámenes, donde si te equivocas no pasa nada y puedes volver a intentarlo... Además, ¿y si la bata me hace gorda? —dijo aquello último intentando quitarle hierro a todo el asunto, su preocupación era real pero no quería fastidiar la tarde poniéndose en lo peor cuando ni siquiera había empezado las prácticas.
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Laith Gauthier el Sáb Feb 03, 2018 2:41 am

La comida iba sufriendo mientras ellos la devoraban sin clemencia, pensando en ese supuesto esclavo que les haría de comer y todo, cosas demasiado maravillosas. En realidad sólo divagaban, todavía dependían de la comida comprada o, en su caso, cereales y sopas instantáneas, lo que formaba parte de su dieta casi diaria. Le comentó sobre Joseph para salirse del tema del profesor en cuestión, lo hacía sentir extraño. La verdad, era la primera vez que se sentía así por alguien, se podría decir que era su primera relación en serio. Lo único que lo ayudó a olvidar la promiscuidad de la juventud en la que vivió hasta entonces.

Un culo muy bonito, sí señor —le dio la razón con una sonrisa socarrona. Claro que le había mirado el culo como cualquier persona normal. Mejor dicho, como cualquier buen amigo gay que se respete. — Te lo prometo, el tipo alto y rubio cuyo pelo parece sopa instantánea, pues ese —se lo describió haciendo ademanes en su cabello para mostrar los rizos que tenía Joseph, no estaba bromeando con ella. — Aunque no salgas con él, me pondría celoso si me abandonas —bromeó con ella con una pequeña sonrisa tranquila.

La verdad es que no estaba siendo fácil compaginar sus estudios y su vida social, pero al menos se esforzaba en hacerlo. Su horario de sueño se lo estaba cobrando muy caro, mas sin embargo se convencía a sí mismo pensando que estaba practicando para cuando fuera sanador. Los turnos rotativos y las largas jornadas de trabajo podían mermarle la pasión a uno, pero no para alguien que ya lo venía haciendo desde sus épocas de estudiante. Se sentía seguro consigo mismo, quizá demasiado optimista respecto al futuro, además que contaba con muchas personas en las que podría apoyarse si todo se complicaba, así como él quería servirles a esas personas como apoyo.

¿En San Mungo? —preguntó con cierta sorpresa, notando la emoción de Roxanne al hablar de ese tema. A ambos les apasionaba estar cada vez un poco más cerca de su trabajo deseado. Soltó una carcajada en cuanto oyó su maligno plan de estar juntos en el mismo hospital cuando él hiciese las prácticas. — Ya te digo, tú me enchufas y hago las prácticas ahí también, nada puede salir mal —le sonrió travieso. Le divertía un poco pensar así, cuando en realidad dependía mucho de las aptitudes de uno. — Pero también vas a empezar a salvar vidas, creo que eso justifica hasta tu gordura con la bata —guiñó su ojo en su dirección.

La verdad no estaba seguro de que fuese a verse gorda, pero después de todo no estaban ahí en un desfile de modas así que creía que debía ser más cómodo que agradable a la vista. De todos modos, consiguieron devorar todo bajo la sorprendida mirada del camarero que no pensó que dos muchachos fuesen a comerse la pizza entera, los aros de cebolla y los dedos de queso en una sola sentada. Pero los dos jóvenes seguían charlando sonrientes e ignorantes de aquella sorpresa mientras reposaban la comida que les acababa de llenar las tripas. O casi lo hacía.

Quiero helado, vamos por un helado —le dijo como si no fuese otra cosa que un chiquillo pidiendo el postre. Sacó de su billetera el dinero suficiente para pagar por toda la comida. — Tú invitas el helado, y quiero que tenga el tamaño de tu cabeza, que es más grande que la mía —le sacó la lengua travieso, poniéndose de pie y suspirando aliviado de que su estómago estuviese en paz. Pero todavía quería helado, eso no podía pasar desapercibido en ningún momento. Salieron del local mientras Laith pensaba a dónde ir para conseguir un buen helado, aunque en ese momento algo los distrajo.

Fue en un parque cercano a la pizzería que podían ver perfectamente desde su lugar, cómo un chiquillo había salido volando de un columpio y en el proceso uno de sus brazos había acabado rompiéndose al caer contra el suelo. Laith creyó verlo todo en cámara lenta antes de sujetar la mano de la muchacha a su lado y sin decir nada arrastrarla a aquel niño, con intenciones de al menos intentar ayudar aunque apenas eran estudiantes, el chiquillo de seis o siete años lloraba a gritos del dolor.
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S. Rox Jensen el Miér Feb 07, 2018 8:49 pm

Rox le guiñó un ojo a su amigo cuando este le dio la razón respecto a su culo, lo cierto era que no solía mirárselo mucho pero nunca había tenido quejas de ningún tipo, y además, era magnifico para sentarse sobre él. Era gracioso ver como Laith describía al susodicho con gestos y todo, pero no pudo evitar arrugar el gesto ante la descripción.

¿Pelo como sopa instantánea? Que mal me lo estás vendiendo —bromeó mientras se reía, aunque no era del todo mentira, ¿desde cuando la sopa instantánea era considerado como un atributo? Semejante comparación solo la podía hacer su amigo, desde luego. — Yo jamás te abandonaría… y mucho menos por alguien que tiene el pelo como la sopa.

Decir todo aquello en voz alta fue como quitarse un gran peso de encima, como si de repente pesara diez kilos menos. Hasta ese momento solo lo había pensado, todas esas inseguridades y miedos solo habían estado dentro de su cabeza dando vueltas y angustiándola más y más, por eso poder hablar del tema fue algo muy liberador para Roxanne, y por supuesto, las palabras de Laith fueron un consuelo. Él tenía razón, tenía que centrarse en que a partir del momento en que empezase sus prácticas comenzaría a salvar vidas, aquello debía opacar los pensamientos negativos.

Puede que tengas razón, pero que no se te suba a la cabeza —bromeó aceptando las palabras de su amiga y decidida a centrarse solamente en lo bueno de aquella nueva etapa que iba a comenzar. Como le gustaba decir, de lo malo ya se preocuparía la Rox del futuro.

Estuvo a punto de abrir la boca para protestar por el hecho de que Laith fuera a pagar por la comida, pero decidió aceptar el trato que le ofrecía y pagar ella el helado. Además, siendo ambos igual de comilones aquello era un hoy por ti y mañana por mí, si hoy pagaba Laith a la próxima lo haría ella, ocasiones no les faltaban para gastar el dinero en comida. Eran un buen equipo.

Está bien, si el chico sexy quiere un helado un helado será lo que tendrá —si había una regla no escrita con respecto a la comida, era que siempre, siempre, SIEMPRE había espacio para el postre. No importa cuando hayas comido, porque en el estómago hay un pequeño sitio que está reservado para el postre comas lo que comas. — Más quisieras Gauthier, tú cabeza es del tamaño de un zepelín —se defendió sacándole la lengua de vuelta para luego echarse a reír. Daba igual quien tuviera la cabeza más grande porque de seguro el helado los superaría a ambos.

Estaba pensando en los sabores que iba a escoger a parte del de choclate, mientras se dejaba guiar por Laith de nuevo, cuando sintió como éste se paraba y la agarraba de la mano. Roxanne, interrogante, miró a su amigo buscando saber cuál había sido el motivo del alto en su camino. No necesitó preguntar nada en voz alta, su mirada siguió la de su amigo y lo vio todo, como el niño practicaba vuelo al estilo muggle, y como obviamente, se hizo daño en el brazo, probablemente estuviera roto. Tampoco tuvo tiempo de decir nada, Laith la arrastró hasta el lugar, donde el niño no dejaba de llorar. Sabía que tenían el deber moral de ayudarlo, pero era un niño muggle, no iba a ser tan fácil como sacar la varita y soldarle el hueso en un momento. Para cuando llegaron hasta donde estaba el chiquillo, la madre ya estaba allí también, mirando preocupada a su hijo.

¿Es usted la madre? —preguntó a la señora y prosiguió una vez que asintió— Somos estudiantes de medicina, podemos ayudar a su hijo mientras usted llama a… esto… una ambulancia —se trabó un poco y terminó la frase en un tono interrogativo, dudando de como llamaban los muggles al transporte sanitario que usaban. Menos mal que al final le había venido el nombre a la cabeza.

Se arrodilló junto a Laith, mirándolo durante un segundo, para luego pasar su atención al niño frente a ellos, que lloraba mientras se sujetaba el brazo, que estaba empezando a inflamarse. — Hola, peque. ¿Nos dejas ver qué tienes ahí? — Rox alargó sus manos, queriendo inspeccionar el brazo del niño, que se negaba a que lo tocaran. — Tienes que dejar que mi amigo y yo veamos tu brazo, así sabremos qué te pasa. Te prometo que no tardaremos mucho.

Volvió a mirar a su amigo, Laith era una persona mucho más cálida que ella, que solía pecar de ser demasiado distante, probablemente el niño cedería antes con él que con ella. Era evidente por como parecía dolerle y la hinchazón que tenía que estaba roto, pero necesitaban palparlo para estar seguros y para ver qué hueso y a qué altura estaba la fractura. — Quién echa de menos la varita... —murmuró con ironía en voz baja para su amigo, con una pequeña sonrisa en sus labios.
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Laith Gauthier el Vie Feb 09, 2018 9:20 am

¡Oh, lo intento! ¿Sabes que sobrevivo a base de sopa instantánea? ¡Es un gran partido, te ayudaría a sobrevivir! No es muy nutritiva, pero te mantiene con vida —giró los ojos como si ella fuese quien no entendía las maravillas de la sopa instantánea de la que hablaba cuando lo cierto es que no era su mejor cualidad. — Me alegra saber eso, nos estás ahorrando que te llame a las cuatro de la mañana ebrio y pidiéndote que regreses a ser mi amiga y nunca me dejes —era una tontería clásica más de enamorados que de amigos que para fines dramáticos como los de ese juego servía bastante bien.

Dejó a Roxanne desahogar con él sus inquietudes del futuro, a pesar de lo mucho que se molestaban consideraba Laith que tenían ese tipo de amistad que por encima de todo se apoyaba. Por ello le dio un buen consejo, una palabra de aliento para sobrellevar mejor los nervios del porvenir, aunque por supuesto la seriedad les duró poco cuando hizo un gesto galante nada más ella lo advirtió de no hincharse el orgullo con tener la razón, sólo para hacer ver que era demasiado tarde para esa advertencia.

Terminaron de comer y pagaron la cuenta. Y por pagaron es decir que Laith lo pagó. Ya se encargaría Roxanne de alguna otra cuenta que tuviesen que pagar, como la de los helados. Hizo un sonidillo de emoción cuando lo llamó sexy y confirmó que le daría su helado como si fuese un niño. — Mi cabeza es perfectamente proporcional con mi cuerpo, la tuya parece uno de esos muñecos cabeza de globo —movió de un lado a otro su cabeza como esos muñecos tan graciosos, riendo con ella cuando terminó su barata imitación.

Una distracción sin embargo fue suficiente para que empezara a preocuparse. Fue como un mal presentimiento que lo hizo detenerse y mirar en otra dirección, saliendo volando y largando en el aire hasta el momento en que colisionó contra el suelo, como una especie de vuelo ilegal y muy peligroso. No eran más que estudiantes, pero en ese momento eran lo mejor que había hasta que llegasen los verdaderos paramédicos. Lo que tan fácil hubiese podido ser curarle la fractura con magia era varias veces más complicado en el mundo nomaj. No lo pensó, sólo llevó a Roxanne con él para que al menos hiciese acto de presencia. Ella se encargó de la madre.

Una ambulancia —confirmó Laith en cuanto ella recordó el nombre de aquel medio de transporte para quitarle la interrogación y darle el sentido de afirmación a sus palabras. Él se había arrodillado a un lado del niño, junto con ella intentando convencerlo de dejarles mirar su herida, pero no quería hacerlo. — ¿Te duele mucho? ¡No debería! Por un momento creí que eras un superhéroe, ¿sabes? Estoy seguro que eres tan fuerte como… ¿Cuál es tu superhéroe favorito? ¿Superman? ¡El mío también! Parece que tu brazo está un poco herido pero no es nada que un superhéroe no pueda aguantar, ¿nos dejas ver? —le sonreía amistosamente, sin mostrarse preocupado en lo absoluto.

El niño con semejante caída ya debía estar lo suficientemente asustado como para que alguien tratase con seriedad su herida. Y si bien era seria, él no tenía por qué saberlo, ya bastante tenía con que le doliese tanto. Con los ojos llorosos y rojizos sollozando ahogadamente miró al menor de los dos estudiantes, sujetándose con fuerza el brazo, pero tenía un pequeño brillo de orgullo en sus ojos. ¡Que le acababan de comparar con un superhéroe! Aunque le dolía un montón, quería por un momento creérselo y pensar que lo era, así que tímidamente soltó su brazo.

Eso es, mira, no pasa nada —le dijo, tomándolo con cuidado. Miró con algo de gracia a Roxanne, estaba seguro que ella preferiría hacerlo con la varita. — ¿Te golpeaste en la cabeza cuando caíste? ¿Otro sitio te duele? —iba conversando un poco con él mientras revisaba su brazo, no parecía haber fractura expuesta, permitió que ella lo mirase mejor pues era quien tenía más experiencia mientras él tomaba su teléfono para encender la lámpara del mismo y revisar su respuesta visual y buscar otras heridas. — Pronto llegarán los otros doctores, ¿cuál es tu hombre? ¿Julián? Qué bonito nombre, ellos te revisarán mejor que nosotros pero nosotros quisimos hacernos los guay y venir primero, apenas estamos estudiando para ser como ellos —estaba tratando con éxito hacerlo reír, aunque el dolor no pasaba del mismo modo que el susto.
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S. Rox Jensen el Mar Feb 20, 2018 4:47 pm

¿¡Cómo un muñeco de globo!? Lo iba matar, lo mataría y tiraría su cuerpo al Támesis y aquí paz y después gloria, nadie se enteraría de nada y ella y su cabeza de tamaño normal vivirían con honor lo que les restaba de vida. Si es que tenía una mente de villana muy desaprovechada… aunque al final con Roxanne todo era mucho ruido y pocas nueces, a lo máximo que podía llegar la joven era a enseñarle el dedo medio y a sacarle la lengua, lo que probablemente habría causado la risa de su amigo.

Su aterradora amenaza se perdió en el olvido cuando aquel niño se cayó del columpio, haciendo que Laith acudiera al rescate, seguido por Rox, que era arrastrada hacia el lugar por la mano de su amigo. Sabía que era su deber ayudar en ese tipo de situaciones, aunque fuese a muggles y el tipo de medicina que habían estudiado, al menos Rox, no sirviese de mucho en esos casos, pero al menos podrían hacerle un pequeño reconocimiento hasta que llegaran los médicos muggles.

Rox sonrió y asintió a la madre del chiquillo cuando Laith afirmó lo de la ambulancia, es que menudos nombrecitos… y hablando de nombres raros, ¿Superman? ¿Pero qué clase de nombre ridículo era ese y por qué alguien que se suponía era un héroe decidía llamarse así? Arrugó un poco el ceño mientras miraba divertida como Laith se las apañaba para lidiar con el niño, parecía que lo del tal Superman surtía efecto, porque el pequeño accedió a mostrarles el brazo. Luego tenía que preguntarle a Laith quién narices era ese tal Superman.

Observó por el rabillo del ojo como la madre del niño ya estaba al teléfono diciendo lo que había ocurrido, la ambulancia no debería de tardar demasiado, aunque claro, no es que fuera una usuaria habitual de las urgencias muggles como para saber la rapidez con la que respondían a las emergencias.

Julián, tienes un nombre muy bonito, ¿lo sabías? Yo me llamo Rox y mi amigo, el de la cabeza grande, se llama Laith —le dijo con voz suave y guiñándole un ojo. Tomó el brazo del niño para volver a examinarlo mientras Laith miraba que no tuviera ninguna otra herida. — A mí de pequeña me pasó algo parecido, ¿quieres que te lo cuente? —preguntó en un intento de distraerlo mientras le palpaba el brazo, por donde la hinchazón era más prominente, y lo rotaba ligeramente. Efectivamente, estaba roto, aunque sin una radiografía no sabría decir exactamente si era el cubito o el radio. — Cuando tenía tu edad más o menos, era muuuy patosa, en serio, me tropezaba hasta con mi sombra, y un día me caí y me hice daño en el brazo, como tú. Pero cuando fui al médico me pusieron una escayola y me dejó de doler, y lo mejor de todo fue que todos mis amigos me la firmaron y me hicieron dibujitos y quedó súper chula.

Le relató para luego de haberlo examinado quitarse el pañuelo del cuello, que llevaba para taparse la garganta, y anudarlo en torno al cuello del niño para que hiciera de cabestrillo improvisado. Dirigió su vista hacia Laith, esperando que no hubiera encontrado ninguna otra herida, y luego miró a la madre, que se había acercado hasta ellos y los miraba preocupada.

Tranquila, se pondrá bien, se ha roto un brazo pero nada que una escayola no vaya a solucionar — le informó la joven mientras se levantaba y aprovechaba para soltar un poco las piernas, que estaban un tanto tensas por la postura en la que había estado. — Muchas gracias, de verdad, habéis sido muy amables —les agradeció la mujer con una sonrisa agradecida y poniéndose al lado de su hijo, que ya había dejado de sollozar. Rox miró a su amigo y le dio una sonrisa y una palmadita en la espalda, se le daban realmente bien los niños.

Muy bien doctor Gauthier, me parece que se ha ganado usted ese helado del que hablábamos antes —le comentó sin perder la sonrisa, ahora solo tenían que esperar a que llegara la ambulancia, que no debería de tardar demasiado, y su trabajo allí habría terminado.
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Laith Gauthier el Vie Feb 23, 2018 8:29 am

En cuanto creyó que podían hacer algo por el niño, a Laith le sobró tiempo para decidirse a hacerlo. Era una mezcla extraña de muchas características, y por encima del aire burlón que molestaba a sus seres cercanos, era un hombre sensible con un sitio blando para los niños. Roxanne entendió muy rápido lo que significaba aquello, qué había que hacer: hablar. Muchas veces los niños lloran y sufren más por el miedo que por el malestar en sí mismo, están asustados por lo que acaba de suceder, así que hablar es uno de los grandes remedios para calmar a un niño asustado, sea de lo que sea.

Bufó con una sonrisa suave cuando ella aprovechó para decir que tenía una cabeza grande, siguiendo con la discusión de antes. La dejó contarle su relato mientras ambos lo examinaban, parecía todo estar bien, sólo unas cuantas contusiones y el brazo malherido, pero Roxanne se encargó de inmovilizarlo mientras llegaba la ayuda. — Los dibujos en la escayola son lo mejor del mundo, haz que todos tus amigos lo hagan —le sonrió a Julián, todo estaba bien, finalmente respiraba tranquilo. — Los paramédicos llegarán pronto, a veces incluso tienen escayolas de colores si no estoy equivocado, pero en la blanca uno puede dibujar mejor —le dio un pequeño consejo.

Laith también se irguió poniéndose de pie, sonriendo con la palmada en su espalda que le dio ella mientras le decía que se ganó su helado, lo que le sacó un infantil sonidillo de emoción. La ambulancia tardó más bien poco en llegar, y cuando lo hizo el canadiense sonrió, cruzando su brazo por la espalda de la francesa abrazándola para empezar a caminar, despidiéndose del niño con su mano libre haciendo una garrita como solía saludar o despedirse con su mano. Ahora podían dirigirse por su helado como dos ganadores.

Muy bien hecho, doctora Jensen, estoy muy satisfecho con su desempeño de hoy —le dijo con una sonrisa traviesa, sin soltarla al menos hasta que se quedó como un bobo mirando algo. Una vitrina. Joder, era la chaqueta más genial del mundo. Se quedó parado de repente dejando que su amiga se le escapara unos cuantos pasos, segundos antes de negar con la cabeza y sonreír. — Fuera, impulso de idiotez —se dijo a sí mismo, volviendo a caminar. Laith era un comprador compulsivo que a veces tenía que ponerse el freno él mismo y evitar gastarse todo su dinero en compras innecesarias. — Concentrémonos en ese helado del tamaño de tu cabezota —le sonrió.

Se sentía, de algún modo, reconfortado. Luego de todo el estrés que habían pasado estudiando, llegar a ese acuerdo de estudiar con cervezas de por medio y salir a comer algo delicioso con grandiosa compañía lo relajaba mucho. Si a eso le añadimos el hecho de que hizo su buena acción del día con el niño, su humor no podía encontrarse mejor. Ahora, sumemos a la ecuación helado, ¡el mejor día de toda su semana! Sólo una cosa más podría hacer de su día el mejor del mes, pero eso no tenía pinta de llegar con un teléfono en silencio que no hace ruido, pues no hay mensajes ni llamadas entrantes. Laith era muy nomaj y entre ello, el uso de un teléfono celular era indispensable para la comunicación con las personas sin magia, incluso entre algunas que sí la tenían.

Quiero un… helado de… fresa con moras —susurró, aunque hablaba consigo mismo, estaba intentando pensar qué tipo de local podía darle lo que quería, queriendo ubicarlo dentro de su mapa mental. — Oh, oh, ¡sé a dónde ir! —le dijo, sonriendo de repente con energía renovada. No estaba muy lejos de ahí, una de sus heladerías favoritas con un montón de sabores y una ración de helado bastante encima del promedio, así que cumplía todas sus expectativas. — Por cierto, ¿piensas especializarte en algo? ¿O serás sanadora general? —le preguntó de pronto, recordando.

Quizá podía, quién sabe, especializarse en quemaduras, maleficios, infecciones, parásitos, había muchas cosas en las que uno podía especializarse. O ser uno de esos sanadores ambiciosos que quieren formarse en todo para poder, cómo no, curar cualquier mal que le pongan en frente. Dígase, sanadores ambiciosos como Laith.
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S. Rox Jensen el Vie Feb 23, 2018 6:30 pm

Somos un buen equipo, si San Mungo sabe lo que le conviene nos contratará a los dos —asintió satisfecha con el trabajo que habían realizado.

Roxanne rió por lo bajo al escuchar el ruidillo emocionado que había emitido Laith al mencionarle el helado. Con todo aquel asunto del niño accidentado el helado había quedado relegado, pero ahora que todo estaba bajo control la idea volvía a sus cabezas, con más ganas que antes si es que era posible. Un helado como recompensa por una buena acción debía de saber mucho mejor que uno normal. Cuando llegó la ambulancia con los paramédicos Rox se quedó más tranquila y le sonrió al pequeño mientras su amigo se despedía de esa manera tan particular suya.

Habían echado a andar, dejando atrás aquel parque, para ponerse rumbo a alguna heladería donde su gula quedara satisfecha, porque después del atracón que se habían dado momentos antes a base de pizza, fingers de queso y aros de cebolla, lo que tenían ahora no otra cosa salvo eso. Cuando la francesa se dio cuenta de que estaba andado sola, paró de inmediato y miró a su alrededor hasta encontrar a su Laith a unos cuantos pasos por detrás. Desanduvo sus propios pasos hasta posicionarse al lado de su amigo, mirando aquel escaparate.

Como compres una prenda de ropa más tendrás que hacerle a tu armario un hechizo de extensión indetectable o acabará por explotar —bromeó la castaña. Lo que no dijo fue que la chaqueta le había encantado, pero es que como dijera aquello probablemente Laith caería en la tentación y de verdad que no quería perder a su amigo por una explosión de armario.

Escuchar su susurro sobre el sabor de helado que quería la hizo pensar en su propio helado, estaba segura de que quería chocolate y probablemente fresa también, ¿pero y vainilla? Decisiones, decisiones. Hablando de decisiones, su pregunta sobre la especialidad la pilló totalmente por sorpresa, a punto estuvo de contestar con la palabra chocolate.

La verdad es que si tuviera que elegir probablemente me decantaría por el tema de los envenenamientos o maleficios. Me encanta todo lo que tenga que ver con pociones, pero los maleficios y los embrujos irreversibles son fascinantes, ¿no crees? —contestó después de poner en orden sus pensamientos. La verdad es que era algo que ya había pensado con anterioridad pero nunca había llegado a decidirse por nada. Aprovechó para preguntarle su opinión al moreno, pues sentía curiosidad por si él también tenía algún campo predilecto. — De momento prefiero no cerrarme puertas y tocar todas las disciplinas que pueda, y si en algún momento me decido por alguna pues entonces haré la especialidad.

Hasta su tío le había preguntado sobre ello alguna vez. Roxanne pensaba que, como estaba a punto de terminar sus estudios, eran preguntas normales que hacerle a cualquier alumno en su misma situación. Laith todavía tenía algo de tiempo para pensar en ello, aunque conociendo a su amigo dudaba que fuera a decantarse por una sola rama de medimagia. ¡Si hasta estaba estudiando otra carrera muggle! El moreno llevaba la palabra vocación a otro nivel.

Igual que antes, Rox se dejó guiar por Laith, que parecía tener claro el sitio al que irían a por los helados. El establecimiento les quedaba cerca, algo que la castaña agradeció debido al peso en forma de libros y apuntes que llevaba en el bolso, que sería suficiente para dejar a un hombre inconsciente si le daba con ellos en la cabeza.

¡Quiero un helado de chocolate, fresa y vainilla! —dijo nada más acercarse al mostrador donde tenían puestos los diferentes tipos de helado. Tan enérgica había sido que ni siquiera se dio cuenta de que había una mujer delante de ellos. Sí, se acaba de colar. O bueno, mejor dicho de intentarlo, porque la mujer no dudó en reprocharle que ella estaba primero, sacándole los colores a la francesa. — Qué vergüenza, Laith… —murmuró mientras se acercaba a su amigo y escondía la cara, totalmente roja, en el pecho de éste. — Si de verdad eres mi amigo, mátame, por favor.
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