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La vida es una lenteja [Fiona Shadows]

Natalie Corvin el Miér Abr 30, 2014 11:12 am

FueradeRol: O la tomas, o la dejas  mona4 

Era fin de semana y como tal iba a intentar pasar el menor tiempo posible en Hogwarts. Me encanta Hogwarts, pero teniendo la posibilidad de estar fuera de él durante dos días haciendo lo que me apetezca sin que ningún profesor meta sus narices en mis asuntos, era mucho más llamativo que pasármelo entre las paredes del castillo con la mirada de Snape sobre cada uno de los movimientos del alumnado. Durante la semana me carteé con mi hermano Jayce continuamente y habíamos llegado a la conclusión de que mejor contarnos todas esas cosas personalmente. Curiosamente libraba el fin de semana, por lo que cómo eso era un hecho histórico de su trabajo, decidió quedar conmigo para ponernos al día y de paso me dijera que tal estaban mis padres; de los cuales no tenía demasiada idea, pues solía cartearme con ellos lo justo y necesario.
Llegado el viernes y una vez terminada la jornada lectiva, me visto con unos shorts y una sudadera para salir a media tarde hacia Hogsmeade. El camino se me hace corto, puesto que aprovecho para ir con unas amigas que iban de paso a las tres escobas a tomarse unas apetitosas cervezas de mantequilla. Si mi hermano se iba pronto, me acoplaría con ellas para tener un día redondo; aunque la verdad es que no me llamaba demasiado la atención pertenecer a una conversación de chicas en dónde sólo hablan de trivialidades varias. Normalmente me gusta, pero ya me cansaba.
Entro en el salón de té de Madame Tudipié, dónde había quedado con mi hermano y aún no ha llegado. Busco un lugar libre (lo cual no es muy difícil, ya que no es precisamente hora de comer té y pastas) y me siento, cruzándome de piernas y sacando de dentro de mi sudadera un espejo; el cual utilizaba cómo comunicador con mi familia. Yo había llegado tarde por lo que tras esperar aproximadamente diez minutos, contacto con mi hermano.
No tarda en contestar a mi llamada y poder verle a través rodeado de un montón de personas, los cuales eran sus “subordinados”. Mi hermano trabajaba en un departamento independiente de caza de hombres lobos y vampiros. En el mundo mágico se era consciente de la existencia de esas dos razas potencialmente peligrosas, por lo que siempre estaba atareado y tenía tan poco tiempo libre.
-¿No tenías el día libre? –pregunto a consciencia de que está reunido.
-Lo siento Nat… imprevistos. Intentaré llegar, pero no te prometo nada. ¿Estás sola? –me pregunta con preocupación.
-No te preocupes, arregla lo que tengas que arreglar. Quedamos otro día. –le contesto con una risueña sonrisa, a la espera de que se percatase de que estaba bien y no hacerle sentir mal.

Él sonríe y tras un guiño me corta la comunicación. Yo suspiro y veo que llega la dependienta, para tomarme nota. Sin embargo, me levanto de allí antes de que ella llegue.
-Creo que he cambiado de idea.-Y tras una cómplice mirada de circunstancia incómoda, salgo por la puerta, escuchando un fuerte bullicio al final de la calle.

Mi mirada mira hacia allí y veo una multitud rodeando algo. Como cualquier persona con interés camino hacia allí para ver qué ocurre. Mis padres siempre me habían dicho que me alejara de los problemas, pero me encantaban los problemas. Además, siempre había dudado que por mirar algo me involucrara sin querer en el problema. Quizás algún me cayese el escupitajo en el ojo; esperaba que no fuera hoy.
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Fiona T. Shadows el Miér Abr 30, 2014 3:37 pm

Compré aquel extraño dulce a la salida del último pueblo que había atravesado horas atrás y cuando llegué a Hogsmade, el sabor se mantenía como si no hubieran pasado si quiera cinco minutos. Aquellos dulces creados en el mundo mágico me seguían pareciendo sorprendentes y eso que había convivido con ellos a lo largo de toda mi vida.
El sol se había puesto una hora antes, pero seguí bajando, orientándome primero por el resplandor del pueblo, luego por las notas asombrosamente nítidas de un piano de taberna donde alguien tocaba. La carretera iba ensanchándose a medida que convergían en ella otros muchos caminos. Por aquí y por allí se alzaban las luces.

Los bosques habían desaparecido mucho antes, sustituidos por la monótona planicie: interminables campos desolados con matorrales, cabañas, espectrales fincas desiertas vigiladas por tristes mansiones, míseras chabolas y casuchas. Desde mi salida del último lugar poblado habían caído un par de chubascos, como a regañadientes en ambas ocasiones. Una región para olvidar. No había hallado nada que mereciera mi atención. Y es que sin nada que hacer en Londres, había optado por no pasar las horas muertas en el hotel. Y. ¿Qué mejor lugar que los alrededores de aquel majestuoso castillo al que tiempo atrás llamé hogar? Sonreí melancólica. Debía admitir que aquellos años habían sido lo mejor que podía haberme pasado.

La carretera describía una curva y, tras doblarla, chasqué la lengua y contemplé el lugar desde lo alto. El pueblo yacía en el fondo de una depresión circular en forma de plato. Había unas cuantas luces, casi todas apiñadas junto al lugar de la música. Hacía cuatro calles, tres de las cuales cortaban perpendicularmente la ruta principal. Chasqué la lengua de nuevo.

Ahora eran más numerosas las casas que bordeaban la carretera, la mayoría deshabitadas. A unos cincuenta metros encontré un deteriorado letrero que rezaba: HOGSMADE
La pintura estaba gastada hasta el punto que resultaba casi ilegible. Un poco más lejos había otro letrero, pero  fuI incapaz de leer en él nada en absoluto.

En las calles me con unas cuantas personas; no muchas, pero unas cuantas. Tres señoras ataviadas con faldas negras e idénticas blusas de cuello amplio pasaron por la acera opuesta. Un anciano solemne con un sombrero de paja firmemente encasquetado contemplaba el paso del tiempo desde los peldaños de una tienda clausurada. Un sastre larguirucho con un cliente de última hora hizo una pausa en su trabajo para mirar por la ventana. Saludé con una inclinación de cabeza. Ni el sastre ni el cliente devolvieron el saludo. En el lugar, algunas farolas permanecían encendidas, pero la mayoría estaban apagadas todavía.

Seguí el ruido de la música que minutos atrás había comenzado a escuchar, y bajo el sonido de los últimos versos de un Let It Be demasiado molido, crucé el umbral de la puerta. Ante esta, había tres lámparas de queroseno, una a cada lado y una suspendida en el techo. Las voces de los allí presentes murmuraban como hilos rotos. Me detuve unos instantes contemplando el interior: una barra de tablones sostenidos por caballetes de madera; detrás, un mugriento espejo donde se reflejaba el pianista, sentado en su taburete; el camarero que atendía la barra no parecía muy amable y sus ropas estaban llenas de grasa de la cocina. O eso esperaba  que fuera. Las personas se agrupaban alrededor del piano, sentados en pequeñas mesas de madera, y el resto de la gente se encontraba en la barra.

Hubo un momento de casi completo silencio, salvo por la música que el pianista seguía interpretando, ajeno a todo. Entonces, el hombre de la barra pasó un paño sobre la barra y las cosas volvieron a la normalidad. Una normalidad, que por desgracia, fue efímera.

Aquel local de mala muerte  y con olor a cabras resultó ser la taberna donde los más indeseables del pueblo y sus alrededores se agrupaban. Negué con la cabeza, negué por mi mala pata a la hora de elegir lugares a los que entrar. Nada hubiera importado. Hubiera tomado una cerveza, entablado conversación con algún desconocido y finalmente me hubiera desaparecido en el Hotel. Pero no, uno de aquellos borrachos parecía tener sus propias redecillas. El dueño del local los mandó “amablemente” a tomar vientos, y los dos hombres comenzaron a golpearse como meros muggles en el suelo del local. Ambos hombres salieron al exterior, siguiendo con su pelea y ¿Qué pasa conmigo? Digamos que no estaba de servicio, y ni si quiera me encontraba en un país donde tuviera autorización para actuar como aurora. Por lo que, como de costumbre, me dediqué a mirar el panorama. Siempre había sido de esas personas que prefieren mirar divertidas todo lo que sucede a su alrededor. Miré con curiosidad entre la puerta abierta, hasta que finalmente me animé a salir al exterior, donde un grupo de personas se cernía sobre los dos hombres. Sin hacer nada, salvo mirar. – Que raros son los hombres. – Me encogí de hombros y apoyé mi espalda en una pared, más alejada de la zona pero con total visibilidad de lo que sucedía.
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Natalie Corvin el Jue Mayo 01, 2014 11:53 pm

Camino hacia la multitud, estaban en medio del camino principal de Hogsmeade, justo en frente de Cabeza de Puerco. “Cómo no, el lugar con más mala fama de Hogsmeade, de ahí solo puede salir carroña como esta…” pienso con molestia, pues me acuerdo de un día en dónde llegaba tarde de vuelta a Hogwarts y más de un borracho de ahí dentro que deambulaba por Hogsmeade decidió hacerme pasar una mala vuelta a Hogwarts con su estúpida y hedionda verborrea. Cuando termino de acercarme lo hago por un lateral, pegada a la pared de la misma taberna. Me pongo al lado de una chica y observo con una negación de cabeza aquella estúpida pelea. “Seguro que están peleándose por la estupidez más estúpidamente suprema. Los hombres borrachos sólo pelean por eso.” Suspiro y escucho a la chica que está al lado mía comentar que qué raro eran los hombres. Esbozo una sonrisa ante la sorna.
-No son raros, sólo muy simples. A saber por qué razón se habrán empezado a pelear estos dos… Seguro que con esa borrachera encima vieron divertido probar cómo sería pegar al otro. –Yo había estado borracha y siempre me daban unas irrefrenables ganas de pegar a la gente. Será la hiperactividad del momento. Por suerte soy una chica pacifista (en términos relativos).- Aunque luego está la posibilidad de que simplemente sean idiotas.

Al decir eso, aquellos dos hombres consiguen levantarse de la zona de pelea en el suelo y empezar a zarandearse por la zona. Uno de ellos, el más corpulento, sujeta por el cuello al más gordo, intentando mantenerlo a ralla con superioridad. Sin embargo, pierde el equilibrio y se dirige hacia nosotras el gran y enorme cuerpo del gordo. Fue bastante predecible apartarse a tiempo, ya que es algo así como si un planeta se te acercarse a la cara a la velocidad que sea. Es tan grande que te das cuenta. El hombre choca contra la pared en dónde estábamos y cómo nos habíamos movido hacia el mismo sitio (lo más lógico, pues para el otro lado había gente), aprovecho para hacer otro comentario al ver al tío exhausto en el suelo.
- Y tampoco entiendo por qué son tan rudimentarios que se pelean con las manos. Si el más inteligente sacase su varita, esto estaría sentenciado desde el principio y sería todo menos patético. –sonrío, viendo al gordo caer rendido y viendo como muchos infelices gritaban como congratulación del otro.

Disimuladamente me hice hacia atrás, no quiero formar parte de ese preciado momento en la vida de ese corpulento hombre con sangre en la ceja. Niego con la cabeza y tras algunos pasos para alejarme de allí, veo que la chica continua en la zona. Arrugo el ceño, no me había fijado, pero parece bastante joven. Sin embargo, no me suena haberla visto nunca, por lo que no es ni de Hogsmeade ni de Hogwarts. “Tampoco parece tan joven” pienso.
-¿Te vas a quedar rodeada de la evolución fallida?-bromeo, aunque por mi sonrisa traviesa se nota que me meto bastante con los borrachos que ahora mismo la iban a terminar por rodear.
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Fiona T. Shadows el Vie Mayo 02, 2014 7:47 pm

Un golpe tras otro. Del labio del hombre más gordo, brotaba un hilo de sangre que había comenzado a manchar su sudada camisa. Su contrincante, por otra parte, tenía una ceja demacrada, fruto de un puñetazo lanzado por el gordo de camisa de cuadros. Si no fuera porque estábamos en pleno Hogsmade, pueblo conocido por estar formado únicamente por población mágica, hubiera creído que estaba ante una pelea de dos muggles. Pudiendo usar una varita, como seres algo más civilizados, ¿Por qué usar los puños? Vale, yo había golpeado a alguien alguna que otra vez, pero siempre me había resultado más divertido putear a alguien con magia. Vale, yo no era un buen ejemplo a seguir, pero jamás había dado semejante espectáculo en mitad de la calle. Ni si quiera cuando el alcohol estaba de por medio.

Los golpes seguían y la gente que se arremolinaba alrededor de los dos borrachos parecía no tener intención por parar aquella estúpida pelea. Todo lo contrario, se limitaban a animar al uno o al otro, sólo animaban al que estuviera de pie o en posición de ganar en aquel momento. No tenían ni un mísero amigo que se preocupara por ellos. No sabía que era más penoso, el hecho de pelearse como neandertales en mitad de la calle,  o no tener a alguien que te valorara lo suficiente para frenar la pelea. – Me quedo con la segunda opción. – Negué con la cabeza y miré a la chica. Alumna de Hogwarts, sin duda. Y con esas, era más alta que yo. No, si yo podía ir a Hogwarts y colar por alumna de primer curso. Total, acabaría perdiéndome igual que esos niños nuevos. – Aunque viendo sus caras, lo raro sería que no fueran idiotas. – A decir verdad, se podría decir que el día que repartieron la belleza, ambos estaban durmiendo. Y por su comportamiento, lo mismo les pasó el día que se repartió la inteligencia.

Los golpes seguían y los gritos y vítores de los asistentes se mantenían de manera constante. En aquel momento, ambos cuerpos sudorosos y ensangrentados fueron a parar al lugar en el que, apenas unos segundos antes, estábamos apoyadas. No sabía ni cómo, ni por qué, pero ambas nos habíamos apartado de aquella zona antes de que el peso de los dos hombres golpeara la pared. Benditos reflejos que en ocasiones te salvan de un buen golpe. – Se limitarán a usarla como mondadientes. – Miré al más gordo. – Aunque lo más seguro es que ese la confundiera con un regaliz… - Era el típico gordo desagradable. Lleno de sudor, manchas causadas por este en las zonas de las axilas y el pecho, el pelo asomando por las orejas y por la espalda, y prácticamente inexistente en la coronilla. Desagradable, muy desagradable.

Me quedé embobada mirando aquella situación. De esos momentos que tu cabeza no reacciona ante lo que está sucediendo a tu alrededor. Sentía asco. No podía entender aquellos comportamientos irracionales que el ser humano podía llegar a realizar. ¿En qué cabeza entraba solucionar las cosas a golpes? Vale que yo no era la mejor persona a la hora de arreglar los problemas pero, ¿Emborracharse para acabar pegándose? ¿No sería más fácil esperar a que el otro se emborrachara y allí divertirte a su costa? Bueno, es que yo siempre había sido un tanto mala gente en muchos sentidos. Por algo caí en Slytherin en su momento, cosa que siempre extrañó al grupo con el que me juntaba por aquella época. Tanta gente había llegado a conocer, y tantos rastros había acabado por perder.

Mi cabeza se centró de nuevo en la situación que estaba ante mis ojos cuando la voz de aquella joven se clavó de nuevo en mis oídos. – Creo que prefiero ir a tomar algo. – Llevaba sin pisar aquel lugar años, y menuda vuelta tan amarga. - Siguen existiendo Las Tres Escobas, ¿No? – Obviamente sí, aquel lugar no cerraría jamás.
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Natalie Corvin el Dom Mayo 04, 2014 10:05 pm

Los comentarios de la mujer me hacen sonreír, sobre todo al tener esa actitud recíproca y no simplemente de sonreír y asentir. Cuando aquel encuentro era tan poco fructífero como las clases de Aritmancia. Intento hacer que la chica deje ese ensimismamiento en la situación que tiene en frente; algo como aquello podía tenerte con la esclava atención durante horas, era como la televisión muggle, cancerígena a la vez que inútil. Por un momento sus palabras parecían tan alentadoras como simplemente informativas. “¿Me está invitando o simplemente me está preguntando?” De todas maneras no tengo nada más que hacer y si me iba con mis amigas iba a ir  a las tres escobas, pues se encontraban allí. “Supongo que me tocará soportar sus triviales conversaciones, en dónde se trata de chicos, profesores, críticas y la mejor manera de arreglarse las uñas.” En ocasiones venía bien, pero siempre se vuelve cansino…
-Claro que sí; y tan repleto como siempre.-contesto con una agradable sonrisa.

La chica era bajita, pero a pesar de eso parecía más grande que yo. Es decir, no aparentaba ser una adulta, pero se notaba que ya había pasado la fase de la pubertad y la adolescencia. Caminamos por las calles de Londres tranquilamente, al ser primavera muchísima gente aprovechaba para visitar Hogsmeade los fines de semana, ya que en invierno con el frío que hacía rara vez se llenaba Hogsmeade.
-¿Y eso que admirabas una hazaña tan apoteósica en medio de la calle? Supongo que desde lejos parecía más impresionante, ¿no? O por lo menos por eso me acerqué yo. –le pregunto con curiosidad, puesto que no me pegaba que ella hubiera estado desde un principio y, por regla general, las féminas solemos alejarnos de las peleas como esas. A mí, en cambio, me encantaba ver hasta dónde eran capaces de degradarse algunos.  

Hogsmeade no resaltaba precisamente por su tamaño, por lo que no muy adelante nos encontramos con la famosa puerta de las Tres Escobas, en cuya salida se encontraba Madame Rosmerta hablando con un hombre que, justo cuando llegamos, se retira mediante aparición. Rosmerta me reconoce, por lo que nada más acercarme.
-Oh, Natalie, tus amigas se acaban de ir hace nada de vuelta a Hogwarts.-Hoy tengo el día redondo…”
- Gracias Rosmerta. -le agradezco y se va en dirección al interior, yo miro a mi acompañante, a la muchacha de baja estatura que también tenía cómo afición ver a gente pegándose solo para reírse de ellos.- ¿Qué te parece si me adoptas para que el día deje de darme tumbos? Me llamo Natalie y soy agradable el noventa por ciento de mi tiempo cuando estoy despierta. Ese diez por ciento restante es la primera hora después de despertarme, así que... -esbozo una risueña sonrisa mientras me paso el pelo por detrás de la oreja.- ¿Una cerveza de mantequilla? -me gusta ser agradable con la gente, no era la primera vez que me hacía "amigo" de un conocido sólo por mera inexistencia de otras obligaciones. Así se conoce a muchísima gente. De muchas te arrepientes, pero hay algunas con las que realmente merece la pena volver a contactar; además que eso de cerrarme a un cerrado círculo de amistades me parecía de lo más retrógrado y poco fructuoso. Miro a la chica en la puerta de las Tres Escobas, a la espera de su decisión. Echo un vistazo por las ventanas y veo que está bastante lleno... "No, si con la suerte que llevo, seguro que no hay mesa..."
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Fiona T. Shadows el Lun Mayo 05, 2014 4:19 pm

Al parecer, Las Tres Escobas si seguía abierto. Mi pregunta había sido un tanto estúpida, ¿Cómo iba a cerrar aquel sitio? Jamás cerraría. Era el mayor foco de energía que se concentraba en kilómetros a la redonda. Era el mejor local donde tomar una cerveza de mantequilla, y no había mago que no hubiera pisado aquella taberna al menos una vez en su vida. No eran pocos los locales donde podías tomar una de aquellas bebidas, pero ninguna era como las que servían en aquel lugar situado a escasos minutos de Hogwarts. Sonreí divertida y comencé a caminar con la chica, porque claro, ¿Qué más daba que no nos conociéramos de nada? ¡Esto era como Hogwarts! Donde te cruzabas con cualquier desconocido y optabas por tomar una bebida como si nada. ¡Y qué más da! Porque en el Mundo Mágico poco nos importaba acabar de conocernos, ¡Porque iríamos a tomar algo! - ¡Perfecto! – Sonreí alegremente a la chica mientras paseábamos por las calles de aquel pequeño pueblecito, el cual habituaba a estar repleto de magos.

En aquella ocasión, las cosas no cambiaron mucho. Estaba repleto de magos y de alumnos, especialmente de tercer año, que se amontonaban frente a los escaparates de las tiendas, admirando aquello que comprarían y con lo que presumirían durante la semana delante de los compañeros que no podían haber realizado la visita al pueblo. A esas edades, lo divertido era pasar los fines de semana comprando dulces y bromas en Zonko’s, bromas que luego eran tremendamente útiles para que la semana se hiciera más amena. Levanté la vista para mirar a la chica, la cual había comenzado a preguntar sobre la pelea. No pude evitar reír ante su comentario, donde ironizaba acerca de la tan “apoteósica hazaña”, como ella la había denominado. – Una hazaña digna de aparecer en los libros de historia. ¡Será una hazaña que contar a mis nietos! – Sí, no pensaba tener hijos, iba a tener nietos. Já. – No, realmente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. ¿No es así la frase? – Nunca utilizaba ese tipo de frases hechas, y cuando tenía que usarlas, olvidaba cómo eran realmente. Normalmente, acababa por hacer  mis propias versiones de aquellas frases tan corrientes. ¡Pero creo que esa la dije bien! – El aburrimiento, que es muy malo… - Sonreí divertida.

No tardamos mucho en aparecer frente a la puerta de Las Tres Escobas, donde un impecable letrero anunciaba la entrada. Las cristaleras parecían recién limpiadas, y a pesar de la antigüedad de aquel lugar, había que tener en cuenta que la dueña se esmeraba notablemente para mantener el local como nuevo.  La dueña del local pasó a saludar a la chica, escuché con curiosidad aquella conversación, para volver la vista al local mientras estas hablaban. La conversación no duró mucho, pero fue tiempo suficiente para observar el local. Hacía tantos años que no lo pisaba… Parecía una vieja rememorando hazañas del pasado, sí, pero, ¿Qué le iba a hacer? – Ya tengo mascotas, pero creo que podría hacer un hueco para una… ¡Persona! – Sonreí divertida. Natalie, vale, sólo tenía que hacer tres y fáciles cosas. En primer lugar, recordar su nombre. En segundo lugar, recordar su cara. Y en tercer lugar pero no menos importante, relacionar ambas cosas. – Yo soy Fiona y soy desagradable el cien por ciento de las veces si me llamas por mi nombre. – Sonreí de manera inocente. – Así que llámame Fly. – Sí, creo que lo de llamarme Fiona ya lo habían comprobado ciertos individuos como mi hermano o Jace. ¿Qué sería de semejante personaje? Debía preguntar a Drake…  - Y claro. – Pedimos dos cervezas de mantequilla, las cuales no tardaron mucho en aparecer sobre la barra. – Es una pregunta un tanto obvia pero… ¿Estudias en Hogwarts? – Sí, era obvia, pero quizá estaba hablando con una trabajadora precoz del ministerio y  no lo sabía. ¡Quién sabe! Que yo era muy inútil para este tipo de cosas. O más bien para todas.
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Natalie Corvin el Lun Mayo 05, 2014 10:55 pm

Río divertida ante la hiperactividad de a chica al decir lo de la gran hazaña que contar a sus nietos. Sólo de imaginármelo recreaba una imagen divertida en mi mente. Al momento escucho una frase hecha que no parecía muy bien hecha, la miro con el ceño fruncido, como si no fuera así.
-Creo que no… pero no importa, te he entendido que es lo que importa, ¿no? –digo con conformismo; odiaba a la gente que se reía o se molestaba en corregirme las cosas que están mal dichas o se podrían decir de alguna manera mejor.“Joder… si me entendéis, ¿por qué darle más vueltas?” pienso cada momento que alguien intenta corregirme.- Odio a la gente que se complica la vida corrigiendo a la gente aunque te hayan entendido. Merecen morir. -digo intentando sonar amenazadora y misteriosa, pero sin poder evitarlo suelto una risueña sonrisa.

Llegamos a las Tres Escobas y Madame Rosmerta me dio la mala noticia de que al parecer nada podría salirme bien hoy. Mis amigas acaban de irse para Hogwarts y todos los planes que parecía tener para hoy se habían ido a la mierda. Sin embargo, tengo un amigo que siempre dice que la improvisación es el mayor de los placeres y tenía a mi lado a una chica hiperactiva que tras mi proposición de que me adoptara, no lo duda ni un momento. Río con una dulce carcajada a lo que dice de la persona y ambas entramos a las Tres Escobas, dirigiéndonos a la barra, puesto que las mesas estaban en su mayoría pilladas.
-Fly, qué bonito. Y qué original. ¿No se han metido nunca contigo llamándote “mosca”? –pregunto sin ningún tipo de maldad, pero ese tipo de mote en una persona en Hogwarts ahora mismo sería algo bastante de objeto de burla. Sobre todo si es Hufflepuff; entonces sí que sería gracioso.

El local estaba bastante lleno pero al pedir las cervezas de mantequillas y al estar en la barra nos las sirvieron con bastante rapidez. Me pregunta que si soy de Hogwats y para no quedarnos de pie y no tener la necesidad de apoyarme en la barra sucia, me siento en un taburete antes de contestarle.
-Claro, ¿qué alma joven estaría un fin de semana en Hogsmeade si no fuera porque cuatro paredes de piedra le retienen entre semana? –Pregunto retórica y jovialmente.- Sí, curso sexto. –concluyo. Ella no parece muy grande, por lo que con ese margen de error de no saber si acertaré, le pregunto.- ¿Tú perteneciste a Hogwarts también? ¿Acabaste hace poco, no? –y esto último lo digo con la motivación de que la veo especialmente joven como para que haya pasado mucho tiempo después de su graduación, aunque no haya sido en Hogwarts. “Pero no tiene cara de francesa remilgosa como las de Beauxbatons, ni tampoco pretende escacharte la cabeza con la mirada cómo lo hacen mis padres que vienen de Durmstrang…” pienso, jugando con el borde de la jarra de cerveza antes de beber de ella.
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Fiona T. Shadows el Miér Mayo 07, 2014 10:40 am

A pesar de haber crecido (en mentalidad, que no en altura), seguía con ciertos comportamientos que me diferenciaban del resto de personas que conocía. Comportamientos como ser un culo inquieto, no poder estar en el mismo sitio durante mucho tiempo o ponerme nerviosa y comenzar a soltar una serie de palabras sin sentido alguno. Esa era la Fly que era, que soy y que, posiblemente, seré. – Bueno, suena parecido. – Me encogí de hombros. Jamás había aprendido las frases hechas y ya no hablamos de los refranes. A quien árbol se arriba algo de sombra había en la frase, porque claro, yo nunca me acordaba de las cosas, ¿Cómo iba a acordarme de una frase sin sentido que la gente ladraba como si tuviera realmente algún tipo de lógica intrínseca? – La gente en general es complicada. – Asentí divertida. - ¿A quién se le ocurre inventar frases como esas? ¡Pero si no tienen ningún sentido! – Escuché como su tono se tornaba a amenazante, pero la chica era incapaz de no sonreír. En ciertos aspectos, me recordaba a mí en otra época. – Totalmente de acuerdo. Se les podría soltar en mitad de un bosque lleno de acromántulas. – A decir verdad, jamás había visto una de ellas. Supuestamente, el bosque prohibido estaba plagado, pero por muchas veces que había acabado perdida en aquel lugar, nunca había tenido el gusto de toparme con uno de esos peculiares y peludos seres.

La cerveza de mantequilla no tardó mucho en aparecer sobre la barra, donde no dudé en dar un buen trago. Acababa de tomar una en Cabeza de Puerco, pero aquel incidente me había impedido finalizarla, aunque había tenido su lado positivo: me había ido sin pagar. En aquel momento, Natalie me preguntó sobre el mote de “mosca” y no pude evitar apartar la cerveza de mi boca y taparme con las manos por si acababa por caerse por la risa. Efectivamente, más de una vez había recibido ese nombre, especialmente por la que era en aquel tiempo mi mejor amiga. Curioso que fuera una Ravenclaw, sí. Pero siempre prefería cualquier mote cariñoso antes que mi nombre. En parte, le agradecía a mi hermano el hecho de haber destrozado mi nombre y haberme encontrado un mote decente. En el fondo, algo bueno tenía que tener aquel maldito mortífago. – Más de una vez. – Me encogí de hombros divertida. – Es más, siempre me gustó que lo hicieran.

Al parecer, la chica si pertenecía a Hogwarts. ¡Oh, vaya, felicidades Fly, por una vez en tu vida aciertas en algo! Una Fly en miniatura aplaudía en mi cerebro por tal acto. Al igual que ella, tomé asiento, pero a diferencia de mi acompañante, la distancia entre mis pies y el suelo era algo más que evidente. - ¡Sexto! Entonces no te queda nada para acabar… ¿Y tienes pensado que estudiarás luego? – Pregunté con curiosidad. Había personas que incluso cursando su séptimo año no tenían ni la más ligera idea de lo que querían hacer en un futuro. En mi caso, había decidido prácticamente el primer día a que quería dedicarme. Ciertamente, me habría encantado trabajar en Hogwarts, pero aquello suponía un problema, puesto que mi intención era estudiar fuera del país. Por lo que finalmente, había optado por la segunda opción, la cual, en un futuro, podría llevarme a la primera. – Acabé hace… - Conté con los dedos. - ¿Ocho años? Sí, algo así. – Siempre se me habían dado tremendamente mal las matemáticas y todas esas ciencias infusas. Quería preguntarle si seguían los mismos profesores dando clase, pero no recordaba la mitad de los nombres. A decir verdad, no recordaba el nombre ni del jefe de mi casa por aquella época. - ¿Y en qué casa has tenido el placer de caer? – Pregunté curiosa. Caer en una casa u otra condicionaba mucho.

En aquel momento, un grupo de alumnos de tercer curso entró en las Tres Escobas, tan rápido que acabaron empujando a todo el que se encontraba cerca de la puerta. Negué con la cabeza. Los alumnos estaban persiguiendo a otro grupo más pequeño formado por tres chicos, los cuales iban ataviados con los colores de Hufflepuff. Como no, Hufflepuffs siendo acosados, pensé divertida. Yo había sido de esas personas a las que no les importaba molestar a los demás, pero nunca aprovecharía un grupo formado por mayor número de personas. Saqué la varita divertida, sin que se pudiera ver a lo lejos. De esta, salió una pequeña chispa, y el grupo de alumnos que acababa de entrar cayó al suelo. – Mucho mejor. – Sonreí a mi acompañante.
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Natalie Corvin el Miér Mayo 07, 2014 11:47 pm

Mi nombre no daba pie a demasiados motes, era un nombre típico, aburrido pero bastante bonito. Nunca me habían puesto motes ni apodos. “Nat” era lo más lejos que llegaba la imaginación de nadie. El hecho que le hubieran llamado mosca no me sorprendía, cualquiera lo había hecho, pero lo que si me sorprende es que le gustara que lo hiciera. Supongo que todo depende de quién te lo diga. No es lo mismo que mis amigas me llamen culo gordo a que me lo llame un tío que me odia. Bueno “culo gordo” no creo que sea algo que me afecte me lo digan cómo me lo digan, pero era por poner un ejemplo.
Le digo que estaba en sexto y ella no tarda en preguntar lo que todos los adultos preguntan durante estos dos últimos años en Hogwarts. Que qué quiero hacer con mi vida. Suspiro sin mucha idea.
-No sé… ¿gobernarlos a todos? –sonrío por la broma, bebiendo de mi cerveza otra vez antes de continuar hablando.-La verdad, no lo sé. Siempre me ha gustado la política del Ministerio –Más bien no, pero tenía la obsesión desde pequeña con convertirme en Ministra de magia y como dije en broma, gobernarlos a todos. Pero yo no sirvo para eso, por lo menos por ahora.- Quizás trabajar ahí estaría bien. Siempre me gustó el puesto de Desmemorizador. Pero para ser sinceras no me he informado de qué cosas se puede hacer en el Ministerio, es tan grande. –me encojo de hombros y me sorprendo al ver que se graduó hace ocho años.- ¡Ala, no me lo creo! ¿En serio? ¡Si pareces que te graduaste hace tres años! Parece mucho más joven. ¿A qué te dedicas tú? Quizás así me ayudes a decidirme en mis  decisiones con la vida. –pregunto con interés.

Me pregunta por la casa en la que caí en su momento y justo por la puerta entran mas o menos ocho alumnos de Hogwarts que reconozco. El grupo más pequeño era de Hufflepuff, notorio por esas bufandas tan de color limón, mientras que el grupo más grande, a pesar de no llevar signos característicos, pertenecen a Slytherin, pues reconozco sus rostros. Veo como la chica saca su varita y tras una chispa de diversión que sale de ella hace caer a todos los acosadores. Sonrío ante su gesto, sintiendo algo de vergüenza ajena. Aun no entiendo esa obsesión slytheriana de ir en grupos mayores a los de tus "víctimas", es lo más poco serio que ha existido nunca. Además de que pierden todo el respeto yendo en grupo, ¿Quién necesita escolta?
-Pertenezco a la casa de esos abusadores que ahora besan el suelo. Supongo que tras eso no queda muy honorífico, pero Slytherin es y será siempre la mejor aunque haya gente como esa dentro de ella. No todos somos así. Sólo va por épocas y es que esa generación tampoco es muy avispada...–digo con la cerveza entre mis manos, con un mohín divertido, observando como aquellos chicos (de dos cursos menos) se levantaban confusos mirando a todos lados. Se pensaron que los que ocasionaron su caída fueron los propios Hufflepuff (chicos de tercero que no pueden hacer magia fuera de Hogwarts, no fue muy inteligente por parte de ellos pensar que podrían haber ido ellos).- Creo que es peor el remedio que la enfermedad… -Los Slytherin empezaron a perseguir a los Hufflepuff por toda la taberna, formando un escándalo más grande del que cuando entraron. Caen vasos, sillas, se chocan con todo el mundo... Salen por la puerta tras los gritos de Madame Rosmerta y miro a Fly con una cómplice sonrisa de: mejor no decir nada sobre la veda.-Sí, definitivamente no todos somos así... ¿Tú a qué casa perteneciste? –le pregunto.
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Fiona T. Shadows el Jue Mayo 08, 2014 4:32 pm

¿Gobernarlos a todos? No sonaba nada mal. Viendo cómo están los gobiernos últimamente sería mucho más entretenido tener una gobernadora mundial que al menos se ríe, no como los politicuchos que existían por aquel momento. Aunque claro, también había que ver lo que denominaba ella “gobernar el mundo”, pero cómo no se trataba más que de una obra, no le di más vueltas al asunto. Aunque… ¡Quién sabe! Quizá aquella castaña que tenía ante mis ojos no era más que una loca que quería dominar el mundo mágico, como el sin nariz pero versión remasterizada.

Escuché sus verdaderas versiones sobre lo que pensaba hacer tras finalizar Hogwarts y asentí con la cabeza a cada palabra que decía. Parecía el típico perrito que los muggles colocaban en sus coches para decorar, el cual se movía de arriba abajo o de adelante atrás cuando el coche estaba en marcha. Muggles, curiosos cuanto menos. – Pues quizá deberías mirando algo… Por los exámenes finales y eso… - No tenía ni idea de si el sistema educativo había sufrido algún cambio, pero en mi época, al menos, dependiendo de a lo que quisieras dedicarte, necesitabas unas notas u otras. Y los profesores eran muy nazis a veces a la hora de calificar y tirarte toda la carrera a la basura.

Tomé de nuevo un sorbo de la cerveza y esta vez no tuve que apartarla por un ataque de risa, sino que me limité a sonreír cuando Natalie mencionó mi edad. Sí, la estatura era algo que hacía que pareciese mucho más pequeña de lo que realmente era. Aunque eso era algo positivo, ¿Me mantenía joven? ¿Cuándo tuviera sesenta años aparentaría tener treinta? Mira que lo dudaba, pero nunca se sabe. Además, no tenía intención de llegar a los sesenta años, eso de ser viejo y que alguien tenga que hacer todo por ti nunca llegaría a ser de mi agrado. Vale que era vaga, pero no hasta tal límite. – La altura hace que parezca tener diez años menos. Bueno… Tantos no, pero unos cuantos. – Bebí de nuevo y dejé la jarra sobre la barra. – Trabajaba como auror en Noruega, pero creo que pediré el traslado al Ministerio Británico. – En realidad no sabía qué quería hacer con mi vida, pero no tenía demasiadas ganas de volver a Noruega. Y si no tenía ganas ahora, significaba que no debería volver, ¿No? No sé, que vida tan difícil la de la mujer agobiada. Quien fuera un pingüino… Ahí, con su pico naranjita, sus colores blancos y negros y  tan monos como aparentaban ser en las fotografías. – Es entretenido, siempre que te gusten los turnos de trabajo largos. – Me encogí de hombros. Cuando trabajabas para el Ministerio, te tocaban guardias eternas y días sin nada que hacer. Tu despacho era un sitio que apenas pisabas, o al menos en mi caso. Pero porque creo que no sabía bien dónde estaba, a decir verdad. – Veamos… - Comencé a enumerar con los dedos. – Está seguridad, la parte de accidentes, la de criaturas y bichejos peligrosos…  - Pausa para pensar. – El de cooperación, el de transportes. Aunque este último no te lo recomiendo, dicen que hay que tener mucha orientación. – Y claro, como yo no la tenía, los demás no podían tenerla, muy lógico. – El de deportes y… Luego está el de Misterios, pero como bien dice su nombre… Sí, es misterioso. – Me encogí de hombros. – No conozco a nadie que trabaje allí y no sé qué hacen exactamente. Dar honor a su nombre, básicamente.

El grupo de alumnos de Slytherin no tardó en comenzar a perseguir a los pequeños de Hufflepuff por toda la taberna, tirando a todo aquel que osara encontrarse en su camino. Un par de ancianos situados en una mesa apartada farfullaron y alzaron la voz contra los atacantes, pero no se movieron si quiera de sus mesas. Demasiado trabajo, parece ser. Por su parte, la dueña del local optó por echar a aquellos chiquillos, ya seguirían con sus problemas fuera del local. A todo esto, Natalie había dicho que pertenecía a Slytherin, pero no tuve tiempo de dar contestación alguna gracias al espectáculo que pasó ante nuestros ojos.

Cuando la chica me miró por lo que había hecho no pude evitar mostrar una sonrisa ladeada e intentar poner cara de inocencia. No, yo no había roto un plato en mi vida. Aunque mi madre siempre presumía de haberme dado un plato de la vajilla mala cuando era niña para que lo rompiera y no pudiera decir en mi vida que jamás había roto un plato. Menuda estaba hecha mi madre… - Hay de todo. Ya sabes, algún Ravenclaw idiota habrá. – Y algún Gryffindor miedoso. Y algún Hufflepuff útil. Estábamos marcados por los estereotipos, pero no creía que una casa u otra se decidiera por cómo eran las personas, sino que era la casa la encargada de condicionar aquello. Cada uno era cómo elegía ser, un estúpido sombrero no podía decidir sobre cómo serías en un futuro. Cuando tienes once años, lo más probable es que no te parezcas a lo que serás dentro de siete cuando acabes tus estudios. – Slytherin, y he de decir que también el repertorio de seres curiosos era muy variado...  – Sí, había algún slytherin adorable, otro insoportable. Pero eso era como en todas las casas. Había de todo. Aunque en aquella casa reinaban los aspirantes a Mortífagos.
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Natalie Corvin el Lun Mayo 12, 2014 8:30 pm

En vista de que mi carrera profesional amenazaba con ser una mierda como no eligiese pronto mi especialidad, decido preguntarle a la chica que tengo delante, es más grande que yo y también salió de Hogwarts, por lo que seguramente tenga más idea que yo. No quiero preguntarle a los profesores porque soy consciente de que la gran mayoría, al no conocerme demasiado, tirarán por sus ámbitos y, para ser sincera, no me llamaban la atención ninguna de las asignaturas de Hogwarts más que Astronomía. Y no iba a hacerme Astrónoma.
Fiona me confiesa que era Aurora en el Ministerio de Noruega, a lo que abro los ojos con impresión. Nunca había mantenido una conversación con un auror y supongo que por eso me los imaginaba muy diferente. Altos, fornidos, con rostros independientes y serios, con un aura de luz alrededor de ellos (?)… Pero no, tengo a una de ellas delante y no era ni alta, ni fornida y su rostro era afable y divertido.
-Nunca había hablado con un auror. ¿Qué hacéis exactamente? ¿Buscar los malos y apresarlos en Azkaban? ¿O hay más cosas? –pregunto curiosa. Mis padres, al igual que del Señor Tenebroso, me han  lo justo y necesario de los aurores. Sólo tengo una impresión negativa por culpa de lo que me han dicho y me han hecho creer. Supongo que ya es hora de sacar mis propias conclusiones y dejar de creer que todo lo que dicen papá y mamá es la realidad.

A continuación, como me doy cuenta de que no tengo mucha idea de las cosas que me ofrece el ministerio, le pregunto por si ella sabe más o menos orientarme. No pretendo tratarla de orientadora, pero ya que está puedo aprovechar la situación para abrir un poco mis conocimientos y ver si de una vez por todas puedo decantarme por algo. De lo que me dice todo me llama más bien poco… El que más llama mi atención es el de accidentes mágicos y supongo que la planta de desmemorizadores estará ahí a la espera de que pase algo para actuar y librar a los muggles de recuerdos que no deben tener por su propio bienestar mental. Aun así, lo corroboro.
-¿En el de accidentes mágicos se supone que engloba la planta de desmemorizadores? Y el del Misterios… ¿Quién entra a trabajar ahí si nadie sabe lo que hacen ahí? –pregunto retóricamente, enarcando una ceja.- Y el de deportes tampoco está mal, pero nunca se me ha dado el Quidditch. Pero lo bueno es que ahí dentro yo no tendría que jugar. –me encojo de hombros a la vez que bebo de mi jarra de cerveza de mantequilla.- ¿Tú siempre tuviste claro lo que querías hacer? –pregunto. Si es auror, seguro que perteneció a Gryffindor o algo por el estilo. Casi todos los aurores salen de ahí.

La armada de los Slytherin hace que Las Tres Escobas se volviera un caos momentáneo. La gente no hace demasiado por evitar que esos chicos sigan montando aquel escándalo, hasta que Madame Rosmerta salta, echándoles de allí con patadas mágicas y un buen grito amenazador. No les doy mucha importancia y cuando vuelvo a mi agradable charla con Fly, me suelta que perteneció a Slytherin. Abro los ojos sorprendida.
-¿Anda sí? Quién lo diría. Una Slytherin que termina siendo auror. Debes ser única en tu especie; no abundan. –sonrío con sorpresa pero a la vez admiración. Era admirable eso de caer en una casa condicionada por ciertos ideales, convivir con ellos durante siete años y aun así mantener tus metas claras. Aunque claro… con metas como esas… ¿Cómo cayó en Slytherin? Sacudo la cabeza para no pensar demasiado sobre eso, ya que el sombrero nunca se equivoca y cada cual hace su propio camino.- La gran mayoría de los de mi casa sueñan con las artes oscuras y son felices martirizando la prójimo… -“Si vale, yo también era feliz martirizando al prójimo en ocasiones… Pero eso de las artes oscuras… ¿Qué cosa sabe la gente que yo no sé para que vean de eso algo tan atractivo”- Jamás verían ni cómo opción convertirse en un auror.
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Fiona T. Shadows el Sáb Mayo 17, 2014 9:12 pm

Los diferentes trabajos que podían realizarse en el Ministerio de Magia podían dar para una conversación de varias horas, pero ambas optamos por resumir la conversación a la mera mención de los puestos. Al comentar a qué me dedicaba, Natalie parecía curiosa. Aunque a decir verdad, era algo normal. Yo a su edad sentía curiosidad por cualquier cosa, es más, a día de hoy la seguía sintiendo. Pero el trabajo de un auror siempre era foco de atención para los que desconocían en qué consistía aquel trabajo exactamente. A decir verdad, ni yo misma sabía realmente en qué consistía aquel trabajo realmente hasta que había aprobado el examen de entrada. Porque sí, todo muy bonito en la academia, todo precioso, pero luego llegas a un despacho hasta arriba de papeles, y gracias a Merlín que ese despacho sólo tienes que pisarlo una vez a la semana, como mucho, para ver qué tienes que hacer durante el resto de días. Gracias a Merlín que mi compañero de despacho era un encanto y  me mandaba por lechuza lo que me tocaba hacer aquella semana y no tenía apenas que pisar aquel lugar tan destartalado. Porque sí, ser auror no era tan de color de rosa como lo pintaban. – Resumidamente, sí. – Reí. Sí, a fin de cuentas ser auror se resumía en seguir información, conseguirla y apresar a quien se esté buscando. Pero en muchos casos no era tan divertido como parecía. Los aurores no se limitaban únicamente a apresar a aquellos que estaban a las órdenes de Lord Voldemort. O los malos, como bien había dicho Natalie. Sino que su trabajo en ocasiones se limitaba a pasar horas en reuniones discutiendo métodos para conseguir atrapar a alguien. O lo que era peor, pasar días siguiendo a algún individuo. Eso sí era aburrido. – Pero no es todo acción, también tiene sus partes aburridas. Muchas partes, realmente. – Sonreí. Claro, todo trabajo tenía su lado bueno y su lado malo. – Perseguimos gente, investigamos indicios, llevamos gente a Azkaban, se establecen relaciones entre los mortífagos y ese tipo de gente… Cosas así. – Me encogí de hombros. Éramos como una especie de policías en el mundo mágico, pero sin regular el tráfico.

A decir verdad, no era una persona que se enterase de muchas cosas. Es más, no me enteraba ni de lo que iba conmigo, ni de lo que no. Vivía en mi propio mundo de fantasía. Mi magnífica fantasía. – Sí, principalmente están los desmemorizadores. Aunque también están en el departamento de Regulación de Criaturas Mágicas. Ya sabes, por si algún muggle ve un hipogrifo o un dragón. Y no son precisamente pocos los casos donde ha pasado esto. –  Había estudiado historia de la magia, sí. Era buena en ello, aunque no recordaba ni la mitad de lo que había estudiado. – Aunque ahí hay menos, sólo se dedican a borrar la memoria a los muggles. – Sabía del caso del monstruo del Lago Ness, los desmemorizadores no habían realizado el encantamiento correctamente y el mito de la existencia de una criatura marina situada bajo las aguas del lago se extendió a lo largo de todo el mundo. – Nadie sabe lo que hacen, nadie sabe quién trabaja ahí y mucho menos cómo se consigue un puesto. Supongo que cuando llevas tiempo trabajando en el Ministerio te dan la opción formar parte de ese equipo. Si eres útil claro. Y si no aceptas… Quizá también usen desmemorizadores para esos momentos.

¿Claro? Yo jamás había tenido claro nada. Si yo me despertaba por la mañana pensando en desayunar una tostada y acababa tomando un vaso de leche por pura pereza. Pensar era un acto que requería pensar y eso me daba pereza en todos los aspectos. – Sí y no. Estaba segura que quería trabajar en Hogwarts. Pero mira, al final no. – Sonreí. – Hasta el último momento todo puede cambiar. – Y tanto podía cambiar. Una parte de mí sabía que había acabado en un puesto de auror para proteger a mi hermano en caso de ser necesario, pero no había hecho bien aquello, por lo que parecía. – Todos decían que el sombrero se había confundido al ponerme en Slytherin. – Aunque a decir verdad, cuando acababan conociéndome no tenían duda alguna de que mi casa no había estado mejor elegida. – Los prototipos, supongo. – Me encogí de hombros. Era cruel, muy cruel. Hacía lo que fuera para conseguir lo que quería y no me importaba saberlo, pues no cambiaba en ese aspecto. Cuando sus palabras siguieron avanzando una sonrisa tímida se dibujó en mi rostro. – Las artes oscuras son realmente fascinantes, no te quepa duda. – Sí, era tétrico siendo auror, pero las había adorado desde que entré en Hogwarts, y era algo que nunca había dudado en admitir. – Están mal vistas por el uso que muchos dan de ellas, pero bien controladas… - Tomé otro sorbo de la cerveza. – Seguro que te gustarían. – Añadí sonriente. Pues no, no me había topado con ninguno de mis compañeros de casa siendo auror, pero teniendo en cuenta que había Hufflepuffs aurores, cualquiera podría optar al puesto. Sí, mantenía mi creencia en que los de Hufflepuff eran las sobras que no tenían cabida en el resto de las casas.

Acabé con el contenido de mi cerveza y me volví hacia la chica. – Si tienes más dudas respecto a tu carrera, no dudes en enviarme una lechuza. – Sí, esos bichos siempre daban contigo, no sabía cómo narices lo hacían. Cosa de la magia, supongo. – Y a esta invito yo. – Añadí al tiempo que dejaba un par de galeones sobre la barra. – Ha sido un placer, Natalie. – Sonreí a la chica y salí del local.
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Natalie Corvin el Mar Mayo 20, 2014 4:02 pm

Nunca he tenido especial interés en conocer los distintos tipos de trabajo que hay en el Ministerio, pero debo admitir que el de “auror” era uno de los que más me llaman la atención, más que nada por el acérrimo odio que le tienen mis padres a los partícipes de esa profesión. Según lo que me dice Fiona, se encargan mayoritariamente de meter en Azkaban a los malos y por regla general los malos generales son los mortífagos. Mis padres no son mortífagos, por lo que no termino de entender su odio. Supongo que algún día cuando les haga algún que otro capricho podrán contarme el porqué de sus retrógradas mentes y sus férreos ideales anti-balas.
-No parece tan malo. Nunca antes había hablado con un auror, en realidad parece hasta divertido. –Tenía curiosidad por saber qué cosas hacen a alguien ir a Azkaban, pero suponía que tampoco querría meterse en tecnicismos. Si está por estos lares será para despejarse de su trabajo, ¿no?
Después de eso Fiona se toma el detalle de explicarme un poco lo que sabe sobre los distintos departamentos del Ministerio en dónde poder trabajar. Desde siempre me han llamado los desmemorizadores, pero la verdad es que vivir para borrar mentes a muggles curiosos que están en el sitio equivocado en el momento erróneo no era algo que me fascinase. Para ser sincera, habían pocas cosas que me fascinaran y una de ellas era la Astronomía y ahora mismo las Artes Oscuras. Y estoy segura de que no podré vivir de ninguna de las dos. Sonrío cuando dice que quizás también usan desmemorizadores para los inefables que dejan su puesto y me encojo de hombros.
-Gracias por tu clase de formación y orientación de estudiantes. La verdad es que no vendría mal una orientadora en Hogwarts que te explique qué narices hacer con tu vida de mago. –digo antes de beber de mi cerveza de mantequilla. Hay gente que venía segura a Hogwarts sobre lo que quería hacer con su vida, pero otras (yo) que estaban más perdida que nunca.
Comento por encima que una Slytherin aurora es muy difícil de ver y ella me lo explica. La verdad es que Slytherin con diferencia es la mejor casa de Hogwarts; la única que mantiene unos ideales fijos, un nivel y un fin, pero en mi opinión era la casa en dónde más difícil te lo ponían para entrar, a pesar de que dentro puedan llegar a haber imbéciles. Me quedo sorprendida cuando me dice que las Artes Oscuras son fascinante. Se notaba que fue Slytherin, ¿acaso los Aurores no se suponen que evitan las Artes Oscuras ante todo? Mientras bebo de la cerveza, la escucho y cierto era que jamás he tenido intención de utilizar mi magia para el mal. Llamemos a mis métodos simplemente justicia; o igualdad. O por lo menos mis padres siempre lo atañen a eso. La chica me deja pensando sobre las Artes Oscuras y no hace más que motivarme a un próximo e inminente castigo, ya que pretendo colarme esta noche mismo en la zona prohibida de la biblioteca. Quizás antes de que me pillen doy con algo útil, porque es imposible que no me pillen, parece ser que tienen un chip implantado en cada alumno.
No tarda en dar paso a la despedida y le presto atención, ya que era evidente que no se va a quedar mucho más hablando con una desconocida. Tendrá mejores cosas que hacer.
-Hecho. Muchas gracias, Fion…Fly. –sonrío y alzo la mano para despedirme jovialmente.
Una vez la chica sale por el local, Rosmerta viene a mí y hablamos un rato sobre banalidades antes de acabarme la cerveza e irme también del local que se había atiborrado de gente. Emprendo rumbo hasta Hogwarts, con intención de echarme una siesta para por la noche estar suficientemente despierta.

off: un placer rolear contigo fly! Very Happy
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