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[FB] School Days | Priv. Gwendoline Edevane

Beatrice A. Bennington el Sáb Ene 13, 2018 1:55 pm

Recuerdo del primer mensaje :

02/septiembre/2004
06:55 am
Castillo de Hogwarts

Iniciar cuarto año era una maravilla. Conocer nuevos alumnos, reencontrarse con amigos, nuevos libros que leer y lo más importante, más travesuras por realizar. Simplemente regresar a Hogwarts era la mejor parte del año. Aunque si aceptaba que de vez en cuando llegaba a extrañaba su hogar, más específicamente a su padre.

Ayer habían tomado el tren para regresar al castillo, y se había dedicado a parlotear sobre este con niños que ingresarían a primer año. Para ninguno de ellos paso desapercibido que la chica de catorce años les mencionaba que Ravenclaw era la mejor casa. Acto inconsciente o no, tenía unos argumentos increíbles, y había causado gran sorpresa al poder hablar tanto sin necesidad de tomar una respiración entre frases.  

De todas maneras, como ayer no había podido encontrar ninguna cara conocida, por lo menos en ámbito de amistad ya que Beatrice conocía casi a todo el mundo, ese día se levanto temprano y con gran entusiasmo, aunque esto último no era novedad en ella, deseando encontrar a alguna de sus amistades.

━ ¡Buenos días! ━ Saludo con entusiasmo a los pocos estudiantes que se encontraban en la sala común, reconociendo a algunos por ser parte de los niños de primero con los que había conversado. No le sorprendería que estuvieran nerviosos, aunque Bea no lo estuvo ni un poco en su primer día, ni siquiera para su selección. Ella siempre supo que quedaría en Ravenclaw o Hufflepuff. Además, al primer día ya estaba en detención con Filch, porque según no podía correr en los pasillos. Una regla estúpida que siempre rompía pues le divertía muchísimo hacer enfadar a aquel hombre. En fin, suponía que cualquier tipo de nervio se iba luego de pasar por su oficina.

En su camino hasta el comedor saludo a un montón de gente, y recibió miradas asesinas de serpientes como de costumbre. No era sorpresa para nadie que Beatrice era una de las personas más conocidas del lugar, y que, de hecho, la única razón por la que no tenía amigos de Slytherin, era por su estatus de sangre.

━ Pensé que no vendrías este año Bea ━ Menciono Elaina, quien era una conocida de la rubia y por el momento, la única persona en la mesa antes de su llegada ━ No te vi en el expreso ━

━ Vine con los de primero ━ Respondió de inmediato con una amplia sonrisa sentándose junto a la castaña ━ Son tan tiernos. Vinieron todo el camino hablando sobre Hogwarts conmigo… espera, creo que yo hable casi todo el camino, mejor dicho. ¡Son tan pacientes! ━ Mientras hablaba, en su plato ya había un poco de todo. Tenía que alimentarse bien, estaba en pleno desarrollo… o esa era la excusa que utilizaba cada vez que le preguntaban porque comía tanto, cuando la verdad es que solo era un baúl sin fondo, de vez en cuando ━ ¿Has visto a Line? Le envié una lechuza antes de venir a Hogwarts diciéndole que nos reuniríamos hoy temprano… o creo que la envié ━  Agrego luego de unos segundos, arrugando levemente la frente al no poder recordar si realmente había enviado la carta. Finalmente, se encogió de hombros bebiendo un vaso de leche. De igual manera se encontrarían.

━ Si la vi ━ Y esa era la razón por la que casi nadie se juntaba con Elaina: Pocas veces te daba verdaderas respuestas y de vez en cuando era como hablar con un iceberg, pero a Bea le parecía divertida. A veces.

━ ¡Gracias! ━ Se limito a responder con entusiasmo al saber que su amiga si se encontraba en el castillo, continuando con la labor de devorar su desayuno. Estaba segura de que Line aparecería en cualquier momento.
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Gwendoline Edevane el Sáb Ene 27, 2018 1:50 am

Tenía que reconocer que no había mostrado mi mejor cara, mi cara más valiente, al ver por primera vez a los elfos domésticos. Había escuchado que que eran diestros en el uso de la magia, y además trabajaban para el colegio. Y el colegio incluía a los profesores. ¿Qué les habría impedido convertirnos a las dos en un par de objetos inanimados para luego avisar a los profesores de nuestra fechoría?
Sí, lo sé: estaba exagerando. Y era demasiado miedica. ¿Pero qué le iba a hacer yo? De valientes estaba llena la casa Gryffindor, y yo era Ravenclaw. Lo mío era el cerebro, no la valentía.
Claro que... ahora me parecía sumamente estúpido haber temido a unas criaturas tan amables. El que respondía al nombre de Blas, servicial, prestó atención a nuestras peticiones, y en seguida se puso a trabajar. Me sentí mal, y avergonzada, por haber temido que me harían daño.

—Espero que no se hayan ofendido por mi reacción...—Comenté en respuesta a mi amiga.

No me hacía demasiada gracia la idea de que los elfos domésticos no cobrasen nada, y más cuando había visto a mi padre en más de una ocasión maldecir a todos los duendes de Gringotts cuando había algún tipo de retraso en el cobro de su salario. Bea me aseguró que eran felices viviendo de esa manera, y lo encontré bastante reconfortante. El ser humano, muggle o mago, siempre estaba preocupado por el dinero. Costaba creer que existiesen unas criaturas cómo ellos, que no le diesen importancia.

—Que criaturas tan sorprendentes...—Dije tras escuchar lo que Bea decía, mirándolos con el ceño fruncido mientras iban y venían de un lado para otro por toda la cocina, siempre trabajando. Por lo que yo sabía, ninguno de ellos había parado ni un solo momento a descansar desde que habíamos entrado.—Los magos deberían aprender de ellos.—Concluí. Creo que nunca había hecho una reflexión tan acertada.

La perspectiva de un futuro, del empleo y esas cosas, todavía era algo lejano. Todavía me faltaba cumplir tres cursos en Hogwarts, y después la universidad. Así que tampoco me planteaba si el futuro me haría feliz. Así que volví a encogerme de hombros ante la pregunta de Bea.

—Mi padre siempre dice que primero intente poner un plato en la mesa. Que cuando esté cobrando un sueldo veré cómo la felicidad llega sola. Sobre todo si me gano el respeto de los demás magos.—Bueno, las palabras de mi padre no habían sido exactamente esas. Más bien había sido algo así cómo: "Intenta olvidarte de tonterías cómo ser veterinaria mágica. Si de verdad quieres ser feliz, conviértete en empleada del Ministerio, gana un buen sueldo, y verás cómo la felicidad llega acompañada del respeto de los demás." Cómo lección para darle a tu hija, había que reconocer que era bastante penosa. Pero al mismo tiempo podría interpretarse cómo una visión hasta cierto punto realista del mundo que nos rodeaba.—Y no, no suena mal, aunque no sé si me gusta demasiado eso de borrarle la memoria a la gente...

Nuestra conversación fue brevemente interrumpida cuando el pequeño elfo, Blas, llegó con una bandeja repleta de comida. Sonreí cuando el solícito elfo nos habló de lo que había traído. Había mucho para elegir.

—Gracias, Blas. Y lamento haberme asustado de ti y de tus amigos antes. Eres un gran chef.—Comenté mientras echaba la mano a uno de los platos que sin duda sería picante: un taco mexicano. Me lo acerqué a la nariz, y el olor a especias me trajo muy buenos recuerdos de mi casa.—¡Oh, bendito infierno llameante! Vamos allá...—Dije en voz baja, casi un pensamiento expresado en voz alta.

Bea me explicó entonces que estudiaría para ser dragonolista, una profesión apasionante, sin duda. Aunque de mucho riesgo. Mientras me explicaba sus motivos, yo mordí un pedazo de la crujiente concha rellena de carne, y mientras masticaba cómo si tal cosa, el picante me iba inundando la boca.
Otra persona en mi situación estaría boqueando en busca de oxígeno y corriendo a buscar un vaso o una botella entera de leche. Yo no; yo disfrutaba de aquella sensación en la boca.

—Esa parece...—Empecé a decir con la boca llena, y al darme cuenta me detuve a tragar mi comida antes de continuar.—...una profesión de riesgo. ¿No te da miedo que alguno de esos dragones te prenda fuego?—Yo estaría aterrorizada en su lugar. Claro que yo no era lo que se dice ninguna valiente.

Mientras conversábamos, a Bea se le ocurrió probar la comida picante. Tal vez se había quedado con hambre después de comerse casi todo lo que Blas había preparado para ella.
No pareció gustarle la sensación, y a mí me hizo reir.

—Hay que tener una boca a prueba de bomba para comerse algo así. ¡Lástima que no puedas disfrutarlo cómo yo!—Dije, y me volví a reir... cosa que no duró mucho. Bea escuchó algo, me agarró, me llevó a un escondite tras un barril a gran velocidad, y exclamó que alguien venía. Casi me atraganto con el último pedazo del taco que me estaba comiendo.

Al asomarme un poco, el hormigueo del picante todavía en la boca, pude ver a la jefa de la casa Ravenclaw de pie a la entrada. Se me abrieron los ojos cómo platos, y sentí que se me revolvía el estómago por los nervios.
Nos iban a pillar, y nos iban a castigar.

—¡Porras!—Maldije en voz muy baja, mientras la jefa de casa empezaba a caminar por las cocinas en nuestra busca, preguntándole a los elfos domésticos si nos habían visto.—¡Tenemos que salir de aquí!—Concluí en el mismo tono de voz que había empleado para maldecir hacía un par de segundos.
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Beatrice A. Bennington el Sáb Ene 27, 2018 4:58 am

Quizá la razón para que los elfos fueran de esa manera, era que desde que nacían, se les criaba con la mentalidad de que ellos estaban hechos para obedecer, que a pesar de su gran magia, los magos y brujas eran sus dueños. Eran criaturas poderosas, que no eran conscientes del poder que tenían o bien, tenían un encantamiento encima que les obligaba a la obediencia. Todo era posible en el mundo mágico.

━ Estoy segura de que no le dieron importancia. No eres la primera en temerles después de todo. ━ O eso creía, considerando que realmente no eran criaturas hermosas a las que quisieras observar todo el día.

━ Dudo que quieran aprender de ellos. ━ Comento con una mueca. ━ Ya sabes que muchos los ven como criaturas inferiores, y hasta los propios elfos han adoptado ese tipo de pensamientos. ━ Porque era verdad. A pesar de no haberlo visto, tenía claro conocimiento de que existían magos que vivían maltratando a sus elfos por pura diversión, cosa que, realmente la hacía enfurecer. ¡Era cosa de ver a Blas y notas de inmediato que son criaturas sumamente inocentes! De vez en cuando, a Bea le recordaban a niños pequeños.

━ Tu padre tiene pensamientos extraños. ━ Concluyo. Aunque realmente la que tiene pensamientos extraños podía ser ella, no le sorprendería. ━ ¿No es la felicidad primero que nada? Preferiría quedarme sin comer que ser infeliz. ━ Se encogió de hombros, un tanto confusa por sus palabras. Quizá era ella la que tenía un punto de vista diferente del mundo, menos real quizá. Ni idea.

Cuando Line dijo “bendito infierno llameante”, Bea no pudo evitar soltar una enorme carcajada. Definitivamente su amiga se llevaba el premio a las mejores expresiones del año. En el fondo se preguntaba de donde sacaba tanta palabra extraña.

━ ¡Pues claro que me da miedo! Pero suena sumamente emocionante también, y eso causa un equilibrio perfecto para mí. ━ Observo a la mayor unos segundos. ━ Lo que me da más miedo ahora mismo, es como hacer para no morir comiendo esto. ━ Menciono, señalando el taco que anteriormente había probado y no fue capaz de terminar. Repetía: Deberían ser usadas como tortura, aún cuando Line parecía disfrutarla.

Cuando escucho la puerta, no dudo en jalar a Line hasta los barriles y cuando descubrió a la jefa de su casa, supo que había hecho bien. En lo personal, un castigo más o menos no le influía en nada, pero no quería meter a su amiga en problemas.

━ Saldremos de aquí enseguida. ━ Prometió, observando a su alrededor buscando algo que sirviera para su escape, pero todo parecía apuntar a que serían encontradas y castigadas. Piensa Bea, piensa. ¿un hechizo tal vez? ¡Claro, eso era! De inmediato saco su varita, la cual se encontraba siempre guardada en su bota izquierda, y apunto con disimulo hacía donde la mujer se encontraba. Fumus Susurro, haciendo que una gran cantidad de humo comenzará a salir de su varita, hasta que casi nada era visible en la cocina. ━  Vamos, vamos. ━ Sin perder el tiempo, porque no podían perder el tiempo, jalo nuevamente a Line hasta la salida, porque su vida se basaba en salir corriendo a todos lados y como Bea reaccionaba más rápido por pura costumbre, siempre terminaba jalando a su amiga para todos lados. Juraría que empujo a alguien mientras escapaban, pero daba igual. ¡Tenían que salir rápido!
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Gwendoline Edevane el Sáb Ene 27, 2018 11:39 pm

Los elfos domésticos habían pasado de darme miedo a darme un poco de pena. No solo tenían que pasarse toda su vida trabajando sin ver un solo centavo—y por algún motivo, me imaginaba que tampoco saldrían demasiado de los terrenos de Hogwarts, pues sin dinero poco podían hacer ahí fuera—, si no que además tenían que soportar que apareciese gente cómo yo que les tuviese miedo sin motivo aparente.
Por si fuese poco, parece ser que sus "amos" no les respetaban demasiado, y no les trataban todo lo bien que deberían. ¿Por qué era tan común eso en el ser humano?

—Algunos magos son unos salvajes. Seguro que si todavía fuese legal la esclavitud, tendrían esclavos en lugar de elfos domésticos.—Suspiré con resignación, esa clase de suspiro que parece querer decir "si fuese más grande, más rica y más valiente, haría algo al respecto, pero solo soy una cría".

Si es que existía una clase de suspiro que pudiese transmitir todas esas cosas, claro...
Mi padre tenía pensamientos que yo consideraba prácticos en esceso. Era de ese tipo de personas que penalizaba a otros por tener sueños, ambiciones y esperanzas, forzándolos a poner los pies en el suelo aunque tuviese que atarles los tobillos con una cadena sujeta a pesas de doscientos kilos. Y en cierto modo yo había adoptado parte de esa forma de ser suya. ¿Se me podía culpar? Después de todo, llevaba quince años de mi vida viviendo con él.
Bea tenía otra forma de ver las cosas, aunque no podía ser más exagerada a la hora de expresarlo. Inevitablemente, cuando dijo aquellas palabras, entrecerré los ojos y paseé mi mirada del rostro de mi amiga a la bandeja medio vacía de comida que teníamos ante nosotras, dónde solo quedaban algunos restos de los manjares picantes de los elfos domésticos.

—¡Eso es incompatible, Bea!—Exclamé casi ofendida.—Los bollos de canela y los bollos de miel te hacen feliz. ¿Cómo ibas a ser feliz en un mundo en que no pudieses comerlos?—Le pregunté, añadidendo a continuación mientras me encogía de hombros.—Mi padre es... práctico en exceso. Eso es lo que dice mi madre. Dice que no me tome demasiado en serio todo lo que dice.

Bea era más valiente que yo, en todos los sentidos. No solo por su capacidad de meterse en problemas a todas horas, si no a la hora de elegir su carrera profesional. Tenía miedo de los dragones, pero eso no impedía que la idea se le antojase emocionante.
Ya me gustaría a mí ser tan valiente cómo lo eran ella y Sam.

—Bueno, puedo asegurarte una cosa, Bea.—Empecé a decir mientras seguía comiendo mi taco super-picante elaborado por elfos domésticos.—Si como suficientes de estos, no necesitarás buscar ningún dragón: las llamaradas que voy a lanzar por la boca van a ser legendarias.—Y dicho eso me reí, con la boca hormigueando del picante.

Y entonces apareció la malvada jefa de la casa Ravenclaw buscándonos, y tuvimos que correr a escondernos. Temía que nos fuese a atrapar, y por cómo recorría las cocinas interpelando a los pobres elfos domésticos, todo parecía indicar que así sería.
Y yo solo sabía una cosa: llegados a este punto, me negaba a dejarme pillar. Sentía el corazón martilleando en el pecho, y temía el momento en que nos echase el guante.
A estas alturas, debíamos haber acumulado entre las dos una sanción de ochomil puntos, por lo menos.
Por suerte, Bea pensó rápido. Llenó las cocinas de humo que emergió de su varita, y yo sentí un gran alivio. Íbamos a poder salir de allí.

—¡Eres la mejor, Bea!—Exclamé en voz baja, mientras seguía a mi amiga. Echamos a correr en dirección a la puerta, inmersas entre el humo.

Creo que Bea arrolló en su carrera a la jefa de casa. Cuando salimos al pasillo, se escuchó un estruendo de cacerolas y taburetes, seguido de un sonoro "¡Francamente!" en voz de la jefa de casa.
Esperaba que no se hubiese hecho daño.
Eso sí, la cuenta de puntos debía ascender ya a nuevemil...

—¿A dónde vamos ahora, Bea?—Pregunté con urgencia. ¿Dónde podríamos escondernos de las iras de aquella mujer?
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Beatrice A. Bennington el Lun Ene 29, 2018 6:20 am

Elfos domésticos, esclavos, ¿cuál era la diferencia? Finalmente, ambos eran tratado de la misma manera, solo que al ser los elfos criaturas mágicas, estos si estaban obligados a obedecer completamente a sus amos y eran, de una extraña manera, felices. No lograba entender la lógica de esos seres tan tiernos y amables.

A Bea no le sorprendió que Line quisiera hacer algo por ellos, de hecho, ella misma hubiera querido ayudarles. Pero eran solo dos estudiantes, ¿qué ponían hacer, además de intentar alegrarles un poco más la vida? Porque eso era lo que Bea hacía al contarles sus travesuras en Hogwarts.

De vez en cuando hasta se preguntaba si descansaban o comían algo, pues siempre, sin importar la hora en la que fuese, estaban trabajando. Dio un suspiro de resignación, justamente coincidiendo con el suspiro de su amiga, lo cual le pareció un tanto gracioso.

━ ¡Me hacen muy, muy feliz! ━ Afirmo, refiriendose a sus tan amados postres. ━ Pero Steven tiene un buen trabajo, él me los comprará cuando me vea desesperada. ━ Aseguro sin ninguna duda. Y es que sabía que su hermano tenía una debilidad por ella, siendo incapaz de decirle que no. A veces.

No había manera de hacerle cambiar de opinión, para ella era primero la felicidad y punto final. Es que Bea era sin duda una persona muy terca cuando se lo proponía, pero esta vez, estaba completamente segura de que tenía razón. Porque, ¿De qué te sirve ganar muchísimos galeones, si te sentirás insatisfecho, perdido y triste toda tu vida? Sin embargo, no lo dijo en voz alta, porque si había algo que respetaba era el pensamiento ajeno. No poseía derecho para llegar e imponer el suyo.

━ ¡Por Merlín! ━ Exclamo soltando una sonora carcajada. ¡Ya podía imaginar a Line como un dragón y todo! Lo que no tenía claro es si sería un dragón acuático o no. Porque vamos, su comida era tan picante que fácilmente podría hacerle competencia a un volcán. ━ En ese caso haré prácticas cuidándote. ━ Agrego cuando al fin pudo calmar su risa, en un tono totalmente de broma.

Si las hubieran atrapado en las cocinas, seguramente se hubieran ido cincuenta puntos por cada una. Ahora que estaban en los pasillos, si las alcanzaba su jefa de casa seguramente les quitaría más, por haber escapado y más encima, haberla empujado en el proceso. Sin embargo, lo que realmente le preocupaba a Bea era si llegaban a encontrarse al jefe de casa de las serpientes, pues aquel hombre no le tenía adoración exactamente y seguramente inventaría cualquier cosa con tal de castigarlas.

━ Vamos a subir. ━ Dijo sin dudar, corriendo hacía las escaleras. No importaba a donde llegarán, mientras estuvieran lo más lejos posible de las mazmorras. Si tenían suerte llegarían a su sala común sanas y salvas, en caso contrario, al menos ya no perderían cien puntos para su casa.

✦✦✦

Quince minutos después, ¿o veinte quizá? Se encontraban en uno de los pasillos cercanos a su sala común, descansando unos segundos. Ni Bea recordaba haber corrido tanto antes. ¡Y es que no se esperaba que Filch apareciera junto a su gata, y tuvieran que cambiar de dirección a cada rato! Si bien podían haberse detenido y caminar civilizadamente, pues caminar los pasillos no era nada “ilegal” durante el día, detestaba al hombre y prefería no encontrárselo justamente el primer día.

Por suerte ya estaban lejos de las cocinas y si las encontraban sentadas en aquel lugar, podrían decir que se encontraban desde hace horas sentadas resolviendo los acertijos en el libro de Line. Plan perfecto sin duda. ━ Ahora que estamos a salvo, ¿qué te ha parecido tu primera aventura en las cocinas? ━ Pregunto sonriente, sin ser consciente de la persona que se encontraba tras ella.

━ ¿A las cocinas ha dicho, Bennington? ━ Observo a Line con una expresión de pánico total. Oh Merlín, estaban perdidas.

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Gwendoline Edevane el Lun Ene 29, 2018 11:20 pm

Al parecer, mi amiga Bea siempre tenía un plan de emergencia para cualquier situación. Conviniendo que los dulces eran uno de los motivos de su felicidad, no estaba preocupada por no poder comprarlos en el futuro: su hermano Steven tendría que encargarse de ello.
Muy lista. Cómo buena Ravenclaw que se precie. Sin embargo, había un problema mayor, y me pareció justo y necesario recordárselo.

—Es un buen plan, pero entonces tendrás que renunciar al plan inicial de cambiarle el cerebro por el de otra criatura. Ya hemos acordado que ranas no, pero...—Le dirigí una mirada que parecía querer decir "pero no hemos dicho nada de 'hermanos no'".—Recuerda que tiene que seguir pudiendo trabajar.

Y por algún motivo, a Bea pareció ilusionarle la idea de que yo me convirtiese en un dragón. Pensando en ello e imaginándome una escena en la que me convertía en una enorme criatura con alas y que expulsaba fuego con la boca, también me imaginé a mi amiga intentando domesticarme.
Fruncí el ceño, y entonces la miré.

—¿Y si te quemo con mi aliento de taco picante? ¿Seguiremos siendo amigas?—Pregunté con cierta preocupación. No existía caso alguno, que yo supiese, de una persona que se hubiese convertido en dragón a causa de comer un exceso de picante. Pero había ciertas especias mágicas por ahí, y la magia tenía sus ramas desconocidas. Además de los animagos. ¿Existía la posibilidad de ser un animago dragón?

Aquel momento estaba siendo extremadamente divertido aún a pesar de la inminencia de un castigo. Podíamos correr lo que nos diese la gana, pero en algún momento nos quedaríamos sin castillo o terrenos en los que escondernos, y acabaríamos topando con alguien. Pero no me preocupaba demasiado... hasta que empezó a preocuparme.
Creo que dicha preocupación llegó en el preciso instante en que la jefa de casa dio con nuestra pista y se abrió paso hasta las cocinas. El momento en que nos escondimos tras los barriles fue el punto álgido de la preocupación. Cuando la varita de Bea empezó a echar humo, y nos vi a las dos corriendo, ahí la preocupación llegó a su clímax máximo.
La aventura no había terminado aún, a pesar de que cada huida con éxito era un granito de arena más en la montaña de enfado de nuestra jefa de casa. Pero la aventura continuaba, así que obedecí a mi amiga y la seguí escaleras arriba.
Bien hecho. Lejos de las mazmorras, dónde residían los miembros de la casa Slytherin, y si bien casi siempre parecían ocupados en su sempiterna rencilla contra la casa Gryffindor, podían llegar a tomarla con nosotras también. Por no hablar de ese ogro que ostentaba el cargo de jefe de la casa verde.


***


Llegamos a uno de los pasillos cercanos a la sala común de Ravenclaw, y una vez allí, mis pobres piernas agradecieron el descanso. Seguía sujetando el libro, el regalo de Bea, contra mi pecho, abrazado cómo si se tratase de un hijo decién nacido.
Mi corazón y mis pulmones se recuperaban poco a poco de la carrera. Me sorprendía la resistencia de Bea, quién además de un físico atlético, tenía un aguante digno de un corredor de maratón. Y seguía tan despreocupada cómo siempre.
Aquella pregunta me hizo sonreir.

—Ha sido una aventura divertida, porque...—Entonces, se escuchó la voz que temía que se escuchase, y mi frase murió para dejar paso a una concatenación de reacciones por mi parte a su voz. Primero sorpresa, alzando levemente las cejas; después horror; por último llegó un grito que me hizo llevarme ambas manos a la boca.

La jefa de casa nos había pillado por fin. Ya no teníamos ningun lugar al que huir. Atrapadas, sin salida. Nos pasaríamos el resto del curso castigadas, borrando pizarras al estilo de los muggles para luego escribir en ellas al estilo de los muggles "No volveré a empujar a la jefa de casa ni a huir de ella" una y otra vez, hasta que se nos partiesen las muñecas de puro agotamiento. Entonces, nos llevarían a la enfermería, nos arreglarían los huesos, y vuelta a empezar...
Pasaríamos el resto de nuestra vida en Hogwarts anhelando ver la luz del sol, viviendo solo para escrbiir en pizarras, cuidar de arañas gigantes, lavar los sacos de los elfos domésticos...

—¿Tiene usted algo que decir, Edevane?—Interrumpió la jefa de casa mi línea de pensamiento, devolviéndome al presente.—¿Qué les parece si empezamos con lo evidente? 100 puntos menos para Ravenclaw... y acabamos de empezar el curso.—La mujer emitió un suspiro de resignación, uno que parecía decir "Otro año que no nos llevaremos la copa de las casas".—Y ahora, señoritas, ¿tienen algo que decirme?

Guardé silencio. Ya estaba: este año nuestros compañeros nos odiarían desde el primer día. Esto ya debía ser un record en la historia de Hogwarts.


Off-rol: Un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de la "concatenación de reacciones" por parte de Gwen xD
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Beatrice A. Bennington el Mar Ene 30, 2018 7:53 am

Eso de tener un plan para cada emergencia solo era cosa de vez en cuando, porque digamos que no eran totalmente efectivos. Si bien su naturaleza se lo pedía, y ella lo creaba con éxito, siempre ocurría algo que no estaba planificado, ya sea por su torpeza o su lado parlanchín, logrando que terminará improvisando la mayor parte para no meterse en algún problema.

━ En ese caso tengo a Zoe. ━ Menciono de inmediato como solución, recordando lo buena que era su cuñada para hacer postres. ━ Aunque quien sabe, quizá termino siendo alimentada por ti. ━ Dijo finalmente con una sonrisa divertida. Ya se veía llegando a casa de Line con la ropa toda chamuscada, pidiendo sus tan anhelados dulces, bajo la atenta y preocupada mirada de la mayor.

Bea era capaz de imaginar a Line como un dragón, uno muy hermoso de escamas azules o verdes, que siempre se las arreglaba para camuflarse y le lanzaba fuego para que no se acercase, pues hasta de dragona la veía tímida y toda tierna. De todas maneras, la preocupación con la que realizo aquella pregunta la hizo reír internamente. ¿De verdad creía que podría convertirse en un dragón por comer tanto picante? Porque no le veía ni pies ni cabeza a algo semejante.

━ Seguiremos siendo amigas aún si me lanzas de tu espalda cuando volemos. ━ Porque sí, hasta se llegó a ver como una jinete, surcando los cielos sobre la espalda de su dragón más fiel. Quizá en parte por eso adoraba a esos magníficos seres escamosos, por ser reyes de los cielos. Cuanto daría ella por observar el mundo desde tales alturas, porque estaba completamente segura de era algo totalmente diferente a volar en escoba, las cuales estaban limitadas hasta cierta altura.

✦✦✦

Todo iba demasiado bien para ser verdad. Demasiado bien para estar ella incluida, considerando lo atrae problemas que era. ¡Pero que apareciera justamente la persona que estaban evitando, era horrible por parte del destino! Que jugada más cruel.

No se atrevía a girar y estar cara a cara con su jefa de casa. Aunque después del grito de Line, ese que solo logro sobresaltarla y espantarla, borro su expresión de pánico para enfrentar a la mujer.

━ A decir verdad, profesora. ━ Comenzó a decir al girar, bajo la atenta mirada de aquella aterradora mujer. ━ ¿Qué es lo evidente? ¿100 puntos por qué razón? Que sepamos no está prohibido descansar en el pasillo. ━ Su carta bajo la manga era fingir confusión. Simple, pero que solía ser efectivo.

━ Fingiendo inocencia para variar Bennington. ━ Dijo la mujer notándose harta, Bea solo pudo sonreír inocentemente afirmando inconscientemente las palabras de su profesora.  ━ ¿Qué haré contigo? De seguro has sido tu quien ha llevado a Edevane hasta las cocinas… para empezar, ¿cómo sabes la ubicación? ━

━ Preguntando se llega a Roma. ━ Aseguro, utilizando aquella frase tan conocida en el mundo muggle. ━ Ouch. ━ Murmuro al notar que aquello solo había sido una trampa, y se había delatado en menos de cinco segundos. ━ De todas maneras, profesora, ¿Quitarnos 100 puntos en el primer día? Ni siquiera tenemos esa cantidad aún. ━ Se quejo haciendo un puchero cual niña de cinco años, aunque sus palabras tenían mucha razón. ━ ¿Se puede tener puntos negativos? ━ Consulto luego de unos segundos por pura curiosidad.

El silencio se hizo presente nuevamente, siendo roto solamente por el nuevo suspiro de la mujer.

━ Se los advierto señoritas, una más y ambas terminaran limpiando calderos hasta navidad. Tienen suerte de que sea el primer día. ━ Fue lo único que dijo, dándoles una última mirada que decía “hablo en serio” antes de comenzar a caminar hasta las escaleras, murmurando algo sobre averiguar si podían tener puntos negativos. Información que Bea esperaba compartiera con ella.

Se giro hacía Line, aún algo confundida, pero con una radiante sonrisa. ━ Así es como te libras de un castigo sin perder puntos en el proceso: Dando justo en la curiosidad… O por lo menos eso parece, hasta yo estoy sorprendida. ━ Acepto luego de unos segundos, encogiéndose de hombros. Jefa de Ravenclaw debía ser, teniendo las mismas características de sus estudiantes. ━ Entonces… Ha sido una aventura divertida, ¿por qué? ━ Pregunto, recordando las palabras de su amiga antes de ser interrumpidas. ━ Por cierto, ¿Qué castigos creías que nos iban a dar? Porque por unos segundos llegue a creer que nos tendría trabajando como elfos domesticas hasta el año siguiente. ━ Confeso, fingiendo estremecerse antes de soltar una carcajada al imaginarse cocinando para todos los estudiantes. ¡De seguro no se aguantaba y les hacía una que otra broma! Conociéndose era tan capaz.
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 31, 2018 12:43 am

Incluso a tan corta edad, y con la inocencia que me caracterizaba entonces—una inocencia quizás impropia de una adolescente de quince años—, era consciente de lo afortunada que era por tener a una amiga cómo Beatrice Bennington. Y no solo porque, de no ser por ella, seguiría siendo esa cría asutada de todo y de todos, incapaz de hablar cuatro palabras sin tartamudear, yendo de un lado para otro recibiendo empujones, intencionados o no, de compañeros y no tan compañeros.
Sentadas las dos tan cerca de la sala común, y recordando todavía la conversación que habíamos mantenido en las cocinas, no podía más que sentirme feliz de que tanto ella cómo Sam hubiesen decidido tomarse el tiempo con aquella cosa asustadiza que era yo en mi segundo año en Hogwarts, tras haber pasado un primer curso casi por completo sola, enfrascada en libros, y relacionándome con compañeros solo para lo básico.
Cada día, Bea me enseñaba cosas nuevas, y resultaba sorprendente que la mayor de las dos fuese yo. Pero Bea tenía una sabiduría que pocos sabrían apreciar a simple vista. Era inteligente cómo una Ravenclaw, y veía las cosas de una manera refrescante.
De otra manera, jamás me habría atrevido yo a hablar con un elfo doméstico. Y esa era solamente una de las cosas que me había enseñado.
Y toda esa alegría y diversión se convirtió en miedo y un estridente grito cuando la jefa de casa nos descubrió allí. Permanecí en silencio sin saber qué responder, esperando las iras de aquella mujer como quien espera que la lleven a la guillotina, mientras Bea le respondía.
La miré con los ojos muy abiertos, consternada, mientras pensaba: ¡Beatrice Bennington, no la hagas peor! ¡Por favor! La profesora exigía saber cómo conocía Bea la situación de las cocinas, y entonces Bea le daba largas. Las respuestas no eran las más elocuentes, pero por algún motivo... nos libramos.
La jefa de casa terminó tirando la toalla, cómo si nos diese por imposibles, aún a pesar de que había supuesto que Bea me había arrastrado en su travesura. No era yo muy dada a aquel tipo de comportamiento... a no ser que me mezclase con Bea, en cuyo caso lo hacía. Quisiese o no.
Fuese cómo fuese, nos habíamos librado de aquello... y yo miraba incrédula a Beatrice.

—No tengo ni la más remota idea de lo que acaba de pasar aquí.—Confesé con total sinceridad, patidifusa cómo pocas veces antes. Pero, fuese cómo fuese, parece ser que habíamos recibido la carta de inmunidad del primer día en Hogwarts. No sabía si se podían obtener puntos negativos, pero mientras la jefa de casa lo averiguaba, estábamos a salvo.—Pues se me ha ido lo que iba a decir... ¡Ah, sí! Que ha sido divertida porque he visto y aprendido cosas que no sabía. Me has presentado a un montón de elfos domésticos y me alegro mucho de haberlos conocido. Y bueno...—Hice una pequeña pausa, y lo siguiente lo dije en voz baja. Medité mucho si debía decirlo o no, pues sabía que solo daría más alas a mi amiga.—...reconozco que ha sido emocionante, tanto cuando nos iban a pillar, cómo cuando escapábamos. Eso sí, recuérdame que empiece a ponerme en forma, que casi me muero.—Respecto al castigo, me volví a acordar del guardabosques, de las criaturas que habitaban en el bosque prohibido, y decidí que era mejor no volver a mencionar a las arañas gigantes parlantes que allí habitaban.—Pues... pensé que nos tendrían escribiendo en pizarras mágicas hasta el día del juicio final, incluso aunque se nos rompiesen las muñecas. Nosotras escribiríamos y escribiríamos, y cuando terminásemos una línea y empezásemos la siguiente, la primera se borraría... y jamás podríamos llenar las pizarras.

Sentí un escalofrío al pensar en ello. Lo triste de todo es que era muy posible hacer algo así, y si bien dudaba realmente que fuese legal castigarnos hasta que se nos rompiesen las muñecas, seguro que algún alumno desobediente había probado ya las "pizarras infinitas".
Por suerte, hoy no; mañana... tal vez. Junto a Beatrice Bennington, todo era posible.
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Beatrice A. Bennington el Miér Ene 31, 2018 7:19 pm

Beatrice siempre ha sido una chica sociable, desde bien pequeña cuando asistía a un colegio muggle, hasta cuando comenzaría a trabajar como medimaga en San Mungo, pero si podía decir que verdaderos amigos, de esos que siempre estarían con ella en todas, eran mayormente personas con las que había tenido la posibilidad de compartir esos momentos.

Si bien cualquier otra persona le estaría gritando por, primero que nada, llevarla obligada a las cocinas, luego hacerla escapar de un posible castigo y luego ser casi castigadas, por alguna razón sus amigas siempre parecían disfrutar de esos momentos tanto como ella. ¡Lo cual le encantaba! Porque eso era lo que siempre buscaba, que se diviertan y salgan de su zona de confort, y que aun cuando en el camino tengan uno que otro problema, no sea la causa de apagar esa llama aventurera que todos poseían en su interior.

Podía decir que sus amigas eran limitadas, pero que eran lo mejor de lo mejor, y no las cambiaría por nada en el mundo. Porque, así como Bea las ayudaba inconscientemente a desarrollar más su personalidad, ellas le apoyaban hasta el final cuando la insensatez se le salía de control.

━ Si te soy sincera, yo tampoco lo sé. ━ Acepto, totalmente confundida. Si bien la intención de sus palabras, era que la profesora se olvidará del castigo, nunca pensó que realmente podría funciona.  ━ Supongo que fue porque realmente no tenemos puntos para que nos quite. ━ Se encogió de hombros despreocupada. ¡Lo que realmente importaba, era que no estaban castigadas y no habían perdido puntos para su casa!

Las palabras de Line la emocionaron, a tal punto, que comenzó a saltar en el pasillo con una sonrisa radiante en el rostro. ━ ¡Lo sabía! ¡Sabía que te gustaría visitar las cocinas! ━ Exclamo con alegría y un brillo especial en los ojos. Entendía como se sentía. La sensación de tu corazón acelerado por el terror de ser pillado, mezclado con la diversión de estar haciendo algo “ilegal”, era realmente fantástico. ━ Puedo ayudarte con la resistencia, si es que logras resistir el entrenamiento de una bailarina. ━ Dijo luego de parar sus saltos, con una sonrisa picara que decía “te reto” de forma muy clara.

No es que fuera complicado o algo así, de hecho, a ella se le hacía bastante fácil y hasta relajante. Es que trotar, estirar, mantener el equilibrio y luego repetir los pasos de la maestra es algo que cualquiera con la suficiente motivación podía hacer.  
Mientras hablaban, avanzaban hacía la sala común. Ya habían descansado lo suficiente después de todo, y el suelo ya no era tan cómodo como al comienzo.

━ Nunca he oído de un castigo similar. ━ Informo con una sonrisa tranquilizadora. Si bien hoy se habían salvado, su deber era mantener tranquila a su amiga… en especial por si en un futuro la volvía a meter en problemas, como era común. ━ A lo más te hacen limpiar los retretes sin magia, limpiar los trofeos o calderos y ese tipo de cosas. ━ Le aviso. ━ Pero en general, no te preocupes, el único capaz de darte un castigo que puede atentar contra tu integridad física, es el jefe de casa de los Slytherin. ━ Hizo una mueca. Por suerte nunca la había atrapado, porque según, este era especialmente cruel con los hijos de muggle. No es que le tuviera miedo o algo, simplemente le tenía un TERROR ABSOLUTO a la idea de que la envíen cerca de las acromántulas. ━ De todas maneras, la única forma de que sea él quien te atrape, es estar exclusivamente en las mazmorras, porque no se mueve de ese lugar. Digna serpiente. ━ Agrego.

Se encontraban llegando a la sala común, luego de subir esas largas escaleras y no podía estar más emocionada. Amaba la forma de entrar, aunque siempre le ponían acertijos demasiado fáciles, ¿sería lo mismo con los demás?

━ Por cierto, no he visto a Sam hoy, ¿está castigada o algo así? ━ Cuestiono divertida, antes de pensarlo mejor. ━ Espera, que la única que siempre anda castigada soy yo. ━
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Gwendoline Edevane el Jue Feb 01, 2018 2:21 pm

Cabía la posibilidad de que la jefa de casa decidiese volver, tras consultar las normas o lo que fuese, e imponernos esa penalización de puntos de la que nos habíamos librado. Pero algo me decía que no, que el peligro había pasado por ahora. Mi cuerpo no acababa de creérselo del todo, pues seguía un poco nerviosa, pero empezaba a tranquilizarme.
Bea tampoco estaba segurada de lo que acababa de ocurrir. Debía ser la primera vez que la veía librarse de un castigo, pues pese a lo adorable que podía llegar a ser, algunos profesores no sucumbían a sus encantos, el castigo llegaba igualmente.
En especial si tratabas con el jefe de la casa Slytherin.

—Bueno, sea lo que sea lo que hayas hecho, enhorabuena.—Le dije con una sonrisa, mas divertida que nerviosa. Empezaba a creerme de verdad que nos habíamos librado del castigo.

A Bea le entusiasmó que hubiese disfrutado con la pequeña "excursión no autorizada y sin supervisión" que habíamos hecho por las cocinas. Sabía que le entusiasmaría, y temía que eso la llevase a planear la siguiente travesura más pronto que tarde. Bea siempre tenía alguna en mente, pero temía que antes de que se acabase el día, nos viésemos envueltas en otra.
Todo podía suceder estando junto a Beatrice Bennington.

—¡Pero no te emociones!—Me apresuré a decir, pero la seriedad de mis palabras se esfumó casi al instante: no era capaz de disimular mi sonrisa, todavía divertida por lo ocurrido. Ya era imposible disimular.—No nos metas en otro lío antes de la cena... y bueno, tampoco después, por favor. Que no quiero empezar el día de mañana con un castigo.—Porque habría de suponerse que no nos pondrían jamás un castigo a la hora de dormir... ¿verdad? ¡¿Verdad?!—A mi madre le entusiasmaría mucho que hiciese más deporte. Es decir, aparte de caminar por la playa... no hago mucho más. Así que vale, acepto la propuesta. Aunque dudo que llegue a saber bailar algún día.—Me conformaba con no morirme cada vez que corría más de dos metros.

Nuestras impresiones de los castigos que podian tocarnos en suerte si nos pillaban. Yo temia una pizarra incapaz de llenarse, que fuese borrándose sola, y que sin duda sería toda una pesadilla en cualquier colegio muggle. Había oído en ocasiones que, al parecer, era un castigo común en esas escuelas.
Bea, sin embargo, ofreció otras opciones que se me antojaron mucho menos dramáticas, y mucho más realistas. La limpieza de retretes tampoco parecía tan mala en comparación con la posibilidad de fracturarnos una muñeca escribiendo una y otra vez la misma frase en una pizarra.

—Me alivia saberlo.—Respondí, suspirando con tranquilidad. Si había alguien experta en castigos, esa era Beatrice. Debía de tener un record personal de travesuras en su historial académico. Mencionó que el único capaz de castigos cómo el que yo proponía era el jefe de la casa Slytherin, y que bastaba con mantenerse alejadas de las mazmorras.—Pues puedo estarme tranquila, porque solo bajo ahí cuando hay que dar clases, y poco más. Me niego a merodear por ese sitio.—Tampoco es que hubiese nada bonito que ver por allí.

Llegamos ante la entrada de la sala común, yo todavía abrazando mi nuevo libro contra mi pecho, y entonces, Bea mencionó a Sam. Es cierto, no la habíamos visto todavía, lo cual era extraño. Pero dudaba mucho que estuviese castigada. Principalmente porque nosotras nos habíamos librado de un castigo hacía escasos minutos.

—No creo, ¿no? Nosotras nos hemos librado, y cuando digo nosotras te incluyo a ti. Así que si tú te has librado de un castigo, ¿cómo iban a pillar a Sam?—Comenté, riendo divertida.—No la he visto, no. Pero me muero de ganas de verla y que nos cuente cómo ha ido su verano.

Era curioso no habernos encontrado aún. Pero seguro que pronto aparecería, y nos contaría unas cuantas anécdotas más interesantes que mis paseos por la playa con Elroy y mi madre.
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Beatrice A. Bennington el Lun Feb 05, 2018 7:51 am

Los pensamientos de Gwen no estaban alejados de la realidad, ya que la mente de Bea se había llenado de tentadoras ideas divertidas, que de seguro podrían meterlas en algún otro problema o provocarles un castigo. ¡Pero vamos! Solo tenían una vida, podían hacer lo que quisieran.

━ En unas horas iré a visitar a Hagrid. ━ Menciono, como quien no quiere la cosa. ━ ¿Quieres venir? Solo charlaremos… y quizá nos enseñará al perro de tres cabezas que compro hace poco. Finalizo, diciendo la última parte solamente en su mente. A todos les agradaba el semi gigante, así que tenía claro que posiblemente Line no se negaría, pero vamos, si le mencionaba a la nueva mascota de Hagrid, seguramente no querría ni acercarse a su cabaña. Además, si charlarían, así que no estaba mintiendo, solo omitiendo información.

━ En ese caso, comenzaré un plan de entrenamiento ahora mismo. ━ Informo cantarina, al estar emocionada con la idea, mientras ambas ingresaban a la sala común, no sin antes responder el acertijo que les habían designado, el cual, había sido extremadamente fácil como siempre. ━ Será simple, más que nada para tu resistencia, lo prometo. ━ Aseguro para no alarmarla o ponerla nerviosa ante la idea. Porque vamos, Bea era tan rara, que cualquiera creería que podría hacer un plan de entrenamiento todo exagerado, pero no.

En cuanto al tema de Sam, quizá no la habían visto porque pasaron la mayor parte de su tiempo engordando unos cuantos kilos en la cocina, y luego bajándolos al correr por casi todo el castillo.

━ Ne, Line. ━ Llamo la atención de su amiga, aunque su mirada, la cual brillaba en picardía, estaba enfocada en otro punto de la sala común. ━ ¿Es cosa mía, o John te está observando como si fueras una veela? ━ Cuestiono fingiendo confusión y curiosidad, apuntando con disimulo al joven castaño, quien era dos años mayor que ella, pero que solo le llevaba un año a Gwen y a quien observaba como si fuera lo más hermoso del mundo. Sabía que su amiga era una hermosura, además de muy inteligente y dulce, así que no era sorpresa que tuviera una gran cantidad de chicos embobados a su paso, pero ella no parecía notarlo. ¡Así que no podía perder esa oportunidad para verla toda sonrojada!

━ De todas maneras, podrías leer algo mientras creo tu bonito entrenamiento. La cita con Hagrid es a las tres. ━

✦✦✦

14:45 PM.
Sala común de Ravenclaw.

━ ¡Finalizado! ━ Exclamo emocionada, observando el pergamino frente a ella.

Semana 1:
›Hacer 10/15 minutos de calentamiento.
›Corre 5 minutos sin parar y luego caminas 3 minutos. Repítelo 4 veces.
›Estira bien.
Semana 2:
›Hacer 10/15 minutos de calentamiento.
›Correr 8 minutos sin parar y luego caminas 3 minutos. Repítelo 4 veces.
›No olvides estirar.

Siguientes semanas: Corre los minutos que quieras, pero siempre camina 3 minutos. No olvides el calentamiento inicial y el estiramiento al final. ¡Puedes agregar subir las escaleras del castillo o algo así!

¿Fácil? Mucho. ¿Super simple? Tenía poco tiempo. ¿Te acompañaré? Por supuesto.

Parecía hasta una broma, pero no lo era. La resistencia comenzaba acostumbrando a tu cuerpo, así que no podía decirle que iniciará corriendo como si estuviera en un tipo de maratón que durará quince minutos. Todo tenía que ir con su ritmo correspondiente.

Bea simplemente estaba muy orgullosa de su trabajito, y además, emocionada porque ya era hora de ir con Hagrid.

¡VERÍA A UN PERRO CON TRES CABEZAS!
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Gwendoline Edevane el Mar Feb 06, 2018 11:35 pm

Rubeus Hagrid me caía bien. No había tratado demasiadas veces con él, pero las pocas veces que habíamos cruzado un par de palabras, o que me había encontrado yo en un grupo que había cruzado un par de palabras con él, el gigantón se había mostrado bonachón, agradable, siempre sonriente. Siempre tenía un dulce que ofrecer a los invitados a su cabaña, y desbordaba un gran amor hacia las criaturas mágicas.
El único problema es que desbordaba amor hacia todo tipo de criaturas mágicas, independientemente de su nivel de peligrosidad. Sería capaz de recibir el aliento de un Nundu y excusar a la criatura diciendo que se había puesto un poco nervioso, nada más.
Beatrice tenía intención de ir a hacerle una visita. La proximidad de su cabaña con el bosque prohibido me inspiraba un poco de respeto. Pero supongo que, con la supervisión de un adulto, que era Hagrid, a los profesores no les importaría demasiado.

—Vale.—Dije con un encogimiento de hombros, cómo si tal cosa.—Hagrid me gusta. Siempre ha sido muy bueno con todos nosotros. Aunque me molesta cómo lo miran algunos chicos de Slytherin.—Y era cierto: en Slytherin abundaban los que miraban al gigantón con superioridad, cómo si se creyesen mejores que él. Ya les gustaría siquiera llegarle a la suela de los zapatos.

La carrera por el castillo me había hecho darme cuenta, y no por primera vez precisamente, de que mi forma física no era precisamente la mejor. Bea se ofreció amablemente a hacerme un plan de ejercicios, y aunque en aquel momento ella no lo supiese—ni yo tampoco, vamos a ser sinceras; no era clarividente cómo, supuestamente, la profesora Raminta—aquello sentaría la base a mi forma física en el futuro.
No, jamás abandoné los consejos de Bea respecto a mi salud física, y puedo decir que actualmente estoy bastante en forma. No hay más que verme cuando decido correr por las calles de Londres.

—A ver qué tienes en mente.—Le dije con una sonrisa dubidativa. No sabía con qué me saldría, ni lo duro que sería dicho entrenamiento.

Antes de marcharse para ponerse a trabajar en mi plan de ejercicios, Bea llamó una vez más mi atención. Cuando levanté la mirada para prestarle atención, hizo referencia a uno de nuestros compañeros: John, que iba un curso por encima de mí. Al parecer, me estaba mirando cómo a una Veela.
Arrugué el ceño, pues justo en el momento en que le miré, John desvió la mirada y prestó atención a un libro que tenía entre las manos. Lo estaba leyendo con gran interés, de repetente, aún a pesar de que lo sostenía del revés. Y entonces comprendí a qué se refería Bea.

—¿John? Solo me mirará en busca de alguien que le haga los deberes. ¿No ves cómo sujeta el libro? Decididamente, necesita algo de ayuda...—Y negué con la cabeza con pura resignación. ¿No se suponía que a Ravenclaw entraban los más inteligentes? Y allí teníamos a un muchacho que no sabía la diferencia entre boca arriba y boca abajo.

Y no, ni por un momento asomó a mi mente juvenil la idea de que el joven Ravenclaw de pelo castaño solo estaba usando aquel libro para disimular mientras me espiaba en la distancia.
Bea se despidió de mí entonces, recordándome la cita con Hagrid. Tenía pensado acudir, pero mientras esperaba, podía leer un poco. Así que me encaminé en dirección a la biblioteca para sacar tomar prestado algún libro.
John seguía centrado en su libro, vuelto del revés. cómo si de verdad hubiese algo interesante en él.


***


Me pasé el resto de la mañana leyendo algunos libros sobre criaturas mágicas, pero el que siempre me dejaba embobada era Animales fantásticos y dónde encontrarlos, de Newton Scamander. Estaba recostada en una de las butacas de la sala común, con las piernas descolgadas de uno de los reposabrazos, absorta en la lectura sobre criaturas marinas.
Y entonces, Bea volvió a aparecer, entusiasmada, mostrándome el plan de entrenamiento que tenía preparado para mí. Y cuando lo revisé en profundidad me pareció curiosamente sencillo.

—¿Nada más que esto? Suena sencillo de hacer.—Le respondí, revisando una vez más el contenido de la hoja, por si acaso había pasado por alto algún pequeño detalle.

Caí entonces en la cuenta de la hora que era, las tres menos cuarto. La cita con Hagrid—si es que la había, y no era una visita improvisada de Bea—era en unos quince minutos. Así que cerré el libro de Newton Scamander.

—Bueno, vamos a ver a Hagrid. Voy a dejar este libro en mi baúl, y vamos para allá.—Dije levantándome de un salto y encaminándome al cuarto para dejar el libro a buen recaudo. No quería que nadie me lo cogiese y llevarme las culpas por su desaparición.
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Beatrice A. Bennington el Lun Feb 19, 2018 5:01 am

Hagrid siempre sería una de sus personas favoritas en Hogwarts. Además de Caroline, él era el único que lograba comprender su amor por las criaturas mágicas y eso los hacía muy cercanos, pues muchas veces la había encubierto para no ser regañada cuando la encontraban rondando el bosque prohibido y sus alrededores. Aunque claro, Beatrice nunca llegaría al nivel de decir que las acromantulas eran de lo más hermoso. No, no. Ni ella estaba tan loca…  o quizá solo se debía a que les tenía terror.
De todas maneras, luego de pensarlo extremadamente bien, decidió que ese día en concreto no irían a visitar al semi gigante. ¿Qué pasaba si luego a Line le daba algo por ver a un perro de tres cabezas? No quería que terminaran en la enfermería, no en el primer día al menos.

━ De todas maneras, lo que dije hace rato, eso de que John te veía como una veela era verdad. ━ retomo el tema mientras ambas hacían su camino hasta la “cabaña de Hagrid” o eso creía Line claro. ━ El libro lo tenía del revés porque lo uso para disimular. ━ Le explico, siendo para ella más que obvio todo el asunto. ━ Deberías ser más observadora. ━ Le aconsejo, porque realmente Bea creía que serlo era importante. Aunque finalmente ella fuera igual de despistada.

Su camino se resumió en charlas al azar, algún comentario estilo Bea donde le preguntaba si se casaría con una tortuga algún día y cosas así. Simplemente estaban comportándose como cualquier par de amigas, solo que, si mirabas bien, veías que poseían un lazo de amistad fuerte y verdadero. Porque la verdad, Beatrice adoraba a Line como una hermana mayor, de esas que intentan detenerte, pero finalmente se unen a tus travesuras. Simplemente la quería muchísimo, y siempre buscaba la forma para sacarla de aquel cascaron llamado timidez, que le impedía rebelar por completo su personalidad. Finalmente, sus acciones siempre poseían una buena causa eh.

━ Por aquí, por aquí. ━ le dijo, señalando una dirección totalmente contraria a donde quedaba la cabaña del semi gigante. ━ Es una ruta diferente para llegar. ━ Mintió con un poco de culpabilidad. No le gustaba mentirle a su amiga, pero vamos, era por una linda razón. ━ Tardaremos un poco más, pero podrás ver la lindura del lugar. ━ Aseguro, con una sonrisa tranquilizadora, antes de comenzar a internarse en el bosque. Para ella no había nada más bonito, y esperaba que Line pensará lo mismo al verlo.

✦✦✦

Llevaban caminando unos veinte minutos, y se estaba aburriendo muchísimo. Comúnmente había pequeñas criaturas corriendo por el lugar, las cuales eran inofensivas siempre y cuando no tocarás sus dientes llenos de veneno, pero ese día estaba todo desierto. Aquello la puso a la defensiva, aunque no lo demostró. ¿No escapaban los animales al sentirse amenazados? Quizá algo estaba sucediendo, o ella estaba siendo paranoica. Sin embargo, chillo de felicidad cuando vio su destino: Un pequeño lago de aguas cristalinas, donde había una hermosa cascada.

━ Shhh. ━ Le susurro, haciéndole señas de que se acercaran sin hacer grandes ruidos. Si bien el lugar era hermoso, no habían ido solo por eso, claro que no. Su verdadera meta era más grande y bella, porque no todos los días puedes ver a cinco unicornios a tan solo tres metros de ti. ━ Hermosos, ¿verdad? ━ Esperaba que a Gwendoline le gustará la sorpresa, porque realmente Bea siempre quedaba maravillada con esas criaturas. Les adoraba.

Psss hermosa:
Estaba pensando que podrían encontrar alguna criatura en el bosque, aprovechando los pensamientos de Bea con respecto a las criaturitas desaparecidas. ¿Quizá una enorme pero inofensiva? ¿O quizá una pequeña pero peligrosa? Si es que te gusta la idea, lo dejo a tu elección. :pika:
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Gwendoline Edevane el Mar Feb 20, 2018 1:27 am

Bea y yo nos encaminábamos a ver a Hagrid. Ese gigantón de sonrisa perpetua y gran corazón era una de las mejores personas que había en Hogwarts. Si había una gota de maldad en su corazón, yo todavía no la había visto.
La primera vez que me había visto, me había dicho: "¿Te llamas Gwendoline? ¡Que nombre tan bonito y gracioso! ¡Me gusta mucho! Quizás se lo ponga a una de las Acromántulas." Otros hubiesen considerado eso un insulto, pero en mi caso no lo consideré así: cualquiera que conociese a Hagrid sabría que adoraba a todas las criaturas mágicas, por peligrosas que fuesen, y que decidiese ponerle tu nombre a una significaba que le caías bien.
Por supuesto, sospechaba que el motivo de la visita podría ser que Bea se había enterado de que Hagrid tenía alguna criatura nueva, y quería verla. No me preocupaba mucho si era así, pues aunque Hagrid podía estar un poco ciego en lo que respectaba a la peligrosidad de sus criaturas, no era tan irresponsable cómo para poner a ningún alumno en peligro. Si hubiese un riesgo real, no nos dejaría ni acercarnos.
Así que, pese a todo, decidí seguirle la corriente a Bea. ¿Qué había de malo en dar una vuelta hasta allí, después de todo?

—¿Tú crees?—Le respondí a mi amiga, francamente sorprendida cuando sacó de nuevo el tema de John, ese genio que leía libros del revés.—¡Soy observadora!—Protesté entonces, y lo creía de verdad.—¿O no me di cuenta perfectamente de que el libro estaba al revés?

Por aquel entonces, era muy difícil que yo entendiese a qué se refería mi amiga. Podía ser la mayor de las dos, ser más responsable que Bea, pero en cuanto a madurez emocional, mi amiga me superaba con creces. Incluso dentro de algunos años, sería una persona excesivamente complicada emocionalmente hablando.
Enfrascadas en conversaciones triviales sobre distintos asuntos, generalmente cotilleos sobre el colegio y otras anécdotas, seguimos nuestro camino. Hasta que, en un momento dado, fui plenamente consciente de que Bea escogía la dirección opuesta a la cabaña de Hagrid. No era muy buena orientándome, pero incluso yo podía notar la diferencia en ese caso.

—¿Sabes? ¡No te creo! ¡Me vas a meter en otro lío!—Protesté... pero igualmente la estaba siguiendo. Porque así son las cosas: el sol sale por la mañana, se esconde por la noche, y Beatrice Bennigton te arrastrará a sus travesuras, quieras o no.


****


Y, efectivamente, terminamos en el Bosque Prohibido. Lo sabía. Lo sabía, y aún así, allí estaba yo, siguiendo a Beatrice. Siguiéndola a través de un bosque lleno de criaturas potencialmente peligrosas... aunque es cierto que todo estaba extrañamente silencioso por allí. Y, pese a que estábamos en plena tarde, el lugar estaba oscuro. Como envuelto en una especie de bruma, hasta el punto que tuve que sacar mi varita y susurrarle un Lumos para ver al menos los troncos de los árboles y no estamparme con ellos.
Seguí a Bea hasta un hermoso lago con una cascada, una vista hermosa. Estaba situado en un claro, de tal manera que el sol lo iluminaba cómo si fuese un pedazo de paraíso. Apagué la luz de mi varita y cuando vea me pidió silencio, involuntariamente me puse en cuclillas y me quedé callada. En seguida comprendí qué quería que viese.

—¿Eso son...?—Susurré, dejando morir la última palabra, pues no era necesaria: eran unicornios. Apacibles, tranquilos y luminosos unicornios. Creo que era la primera vez que veía unicornios, y nada menos que un grupo de ellos.—¿Sabías que el núcleo de mi varita es de pelo de unicornio? El señor Ollivander me dijo que yo era hermosa cómo un unicornio, que me pegaba... ¡Que exagerado!—Susurré, negando con la cabeza.

Observé durante unos instantes los unicornios, ajenos a nuestra presencia en aquel lugar. Y casi me olvidé del tiempo, y de dónde estábamos metidas. Aquel lugar era precioso, y el tiempo parecía haberse detenido a nuestro alrededor.

—Gracias por traerme aquí...—Le susurré a mi amiga, mirándola y dedicándole una sonrisa.


Off Rol:
Me gusta tu idea. A ver qué tienes preparado. Que no nos maten, a poder ser, porque un día tus travesuras nos van a llevar al camposanto...  :pp:
Es broma. Se te quiere. Me gusta tu idea ^^
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Beatrice A. Bennington el Miér Mar 07, 2018 12:29 am

Dos de aquellos unicornios eran de un hermoso tono dorado, demostrando que eran solo pequeños potros a comparación de los otros tres, que mostraban el blanco más puro que había visto en su vida. Era al ver criaturas como aquellas, cuando agradecía haber nacido bruja. Durante todo ese tiempo había tenido la oportunidad de ver seres escalofriantes, ¡había conocido a las acromántulas, su peor temor! Pero también se le había dado el regalo de poder apreciar de tan de cerca a tan hermosa especie. Agradecía a Merlín, Morgana, Dios y hasta al mismo Alsan por darle semejante don.

━ Eres hermosa Gwen, eso es cierto. ━ Dijo, observándola con dulzura antes de volver su vista al lago. ━ Pero creo que él se refería a tu interior. ━ Le aseguro. ━ Ese hombre es capaz de verte, de conocer cosas de ti misma que tu recién llegas a notar cuando vas creciendo. No por nada es quien fabrica a quien será tu eterna compañera, a una especie de alma gemela. ━ Por unos segundos su vista fue a su varita, escondida siempre en la bota izquierda. ━ De seguro al decirte aquello, hacía mención a que eres pura, hermosa y que, en algún momento de la vida, dejarás atrás aquel cascaron de oro, dejando que todos vean aquel blanco brillante que ocultas. ━ No sabía de donde habían salido esas palabras, y sus mejillas rápidamente adquirieron un tono rosado que intento ocultar con su cabello. ━ Aunque claro, solo es mi opinión. Finalmente, ese hombre está bien chiflado, así que no se como piensa. ━ Intento excusarse, saliendo de su escondite y caminando hacía aquellas bellas criaturas.

━ Nunca me había acercado a ellos. ━ Menciono, con un tono que dejaba clara su fascinación. Mientras más se acercaban, los unicornios las observaban con desconfianza, en especial los machos, pero aquel par de color dorado, curiosos quizá, no tardaron en ir a su encuentro. ━ Hola pequeños… ━ Susurro con voz dulce, como quien le habla a un bebé para no asustarlo. ━ Estoy encantada de conocerles. ━ Dijo finalmente, extendiendo su mano izquierda para acariciar al más cercano. ━ ¡Gwen, su pelaje es muy, muy, muy suave!━ Chillo emocionada, acercándose con más confianza a ambos potros. Ir había sido la mejor decisión del mundo.

✦✦✦

━ Eso fue sensacional. ━ Balbuceo, sin creerse todavía que habían pasado casi toda la tarde jugando con unicornios. ¡Había sido tan emocionante! En especial cuando los más grandes tomaron confianza y se acercaron a ellas. Realmente, si pensaba que el pelaje de los más pequeños era suave, la de los mayores lo era en extremo. Quedo más encantada que antes. ━ Deberíamos volver otro día, están seguido en ese lugar. ━ Comento, con una suave sonrisa antes de bostezar. A decir verdad, habían pasado por tanto ese día, que se comenzaba a sentir cansada. Sin embargo, no llego siquiera a comentar sobre eso, cuando pisadas se comenzaron a escuchar. Beatrice se alerto enseguida, encendiendo la luz de su varita, la cual había llevado todo ese tiempo en su mano solo por si acaso.

━ Nunca había escuchado pisadas así antes. ━ Confeso, tomando la mano de Gwen para que no se separarán. La niebla cada vez parecía más espesa y se le dificultaba saber hacía donde iban. Solo les quedaba confiar en que sus piernas sabían el camino. ━ Sabía que era una mala idea. Bueno, no lo sabía, pero lo sospechaba. Ya sabes que siempre me dejo llevar por mis locas ideas y no uso mucho la razón, o la uso, pero me equivoco. Deberías haberte negado, eres mi razón y consciencia Line. Ya no importa, ahora solo queda saber co… ━ Su gran discurso fue bruscamente cortado cuando entre la niebla logro distinguir una criatura. Bueno, no la logro distinguir, porque en el momento de ver que tenía más de dos patas, chillo cual niña chiquita al pensar que podía tratarse de una acromántula, pues ya se habían encontrado con varias telarañas gigantes, y comenzó a correr sin soltar la mano de su amiga. Porque tenía terror, pero eso no significaba que fuera a dejar a su casi hermana sola con aquella criatura. Claro que no.

Lo que no se esperaría años más tardes, era saber que la criatura que vio, se trataba de más ni menos que un centauro que se había acercado para guiarlas. Bueno, mejor prevenir que lamentar, ¿no?
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Gwendoline Edevane el Dom Mar 11, 2018 3:48 pm

Gwendoline Edevane, con quince años, era ingenua, sin duda. Pasaría mucho tiempo hasta que se convirtiese en la persona que soy ahora, que si bien puede no ser la persona más desenvuelta del mundo en entornos sociales, de ingenua tiene poco.
Y sin embargo, ya entonces no era ingenua del todo. Insegura, quizás, y mucho, si me preguntáis. Quizás fuese esa misma inseguridad la que se mezcló con forma de ser "no-ingenua-del-todo" para comprender que el señor Ollivander, en su día, solamente le había hecho un cumplido. No tenía claro que la teoría de mi amiga fuese del todo correcta, pues pese a ser conocedor de la psique humana, de leer a las personas que iban a su tienda a comprarse varitas cómo libros abiertos, no dejaba de ser un vendedor. Y un vendedor tiene que ser amable con sus clientes si quiere vender. Que vale, sí, Ollivander seguiría siendo en 2018 el mejor fabricante de varitas, el más famoso, de Inglaterra, pero eso no quería decir que pudiese desatender el trato a sus clientes.
No es que me hubiese creído lo que decía de mi supuesta hermosura a los once años—ya con once años era muy incrédula e insegura, por raro que fuese de creer—, ni mucho menos. Quizás hubiese visto algo bonito dentro de mí, algún tipo de potencial... pero yo prefería creer que simplemente estaba siendo adulador.
Bea, en cambio, aprovechó el momento para soltar un discurso extrañamente profundo acerca de lo que ella creía que Ollivander había visto en mí. Fueron unas palabras muy bonitas, y pese a que al principio miraba a la cara a mi amiga, finalmente fui incapaz de seguir haciéndolo. Si ella se había puesto roja, yo me había puesto del color de una lata de Coca Cola.

—Sí...—Logré decir tras un rato en silencio, pasando de estar roja cómo una lata de Coca Cola a simplemente estar roja cómo un tomate que empieza a madurar. Y pese a lo mucho que me hubiese gustado corresponder a sus bonitas palabras con algo igual de bonito, no pude. La Gwendoline de 2004, jamás sería capaz de decir algo así.—Seguro que está un poco chiflado, desde luego. Con esos pelos alborotados se parece a Albert Einstein. Y ya dicen que todos los genios acaban chiflados...

Entendedme. No es que no quisiese a mi amiga. La quería, mucho. El problema era que no sabía cómo demostrarlo. No sabía cómo comprender mis propias emociones. Aquella sería mi maldición durante toda mi vida. Dónde otras personas encontraban sencillo cogerle la mano a alguien, o darle un abrazo, yo simplemente no comprendía ese tipo de interacciones. ¿Cuando era correcto demostrar cariño? ¿Cuando no? ¿Cuando habías hecho una demostración exageradamente larga? ¿O una exageradamente corta? ¿Y cómo ponías en palabras todas esas cosas que se te agolpaban en el pecho? ¿Cómo podía el resto de la gente encontrarlo tan sencillo?
Desde luego, yo era única en mi especie. De cuando en cuando me sorprendía a mí misma pensando que quizás yo no era humana, que formaba parte de algún tipo de raza alienígena. Que no era una persona si no una especie de calamar vestido de persona. Eso explicaría por qué me gustaban tanto las criaturas marinas... y por qué era casi incapaz de entender estas emociones humanas.
Pensando en eso me sorprendió Bea cuando decidió internarse en aquel pequeño remanso de paz. Me puse un poco nerviosa, no tanto por el hecho de que los unicornios pareciesen peligrosos, si no porque temía que Bea los espantase.
Para mi sorpresa, no sucedió, pero yo permanecí agazapada, observando cómo Beatrice acariciaba a los más jóvenes, esos que tenían el pelaje todavía un poco dorado. Ninguno de ellos, ni los más jóvenes, ni los adultos, mostraron intención alguna de marcharse.
Al principio no me atreví a acercarme, pero finalmente, al ver que nada malo ocurría, decidí hacerlo. Me guardé la varita en la manga, cómo hacía siempre, y caminé con cierta inseguridad hacia ellos. Uno de los pequeños se me acercó, y tendí la mano en su dirección con un poco de reparo. No tenía ganas de recibir un mordisco, y cómo había escuchado que los mordiscos de caballo dolían un montón, me imaginé que un mordisco de unicornio no sería muy distinto.
Pero no lo hubo. El unicornio simplemente me olisqueó, y cuando creí que no había peligro, acaricié su morro con precaución.

—Hola, amiguito.—Dije con voz suave, notando la suavidad de su pelaje en las yemas de mis dedos. Beatrice tenía razón.—Espero no haberos asustado. No era mi intención perturbar vuestra paz...—Le susurré al unicornio, que no parecía preocupado en absoluto por nuestra presencia. Ni los más grandes lo parecían: se limitaron a levantar la cabeza, dejando a un lado por un momento la tarea de pastar para prestarnos atención, para acto seguido seguir comiendo.


***


Finalmente, dejamos a los unicornios seguir disfrutando de su tranquilidad en aquel pequeño remanso de paz, y nos encaminamos de vuelta la castillo. Consciente de que quizás no nos librásemos de un castigo esta vez, pero disfrutando de la pequeña experiencia que acabábamos de vivir, caminaba tranquila junto a Beatrice. Ella, en cambio, parecía totalmente exaltada, embargada por la emoción.

—No sé si será buena idea volver.—Empecé a decir. No quería arruinar la diversión de mi amiga, pero iba siendo hora de que ejerciese mi papel cómo "la mayor de las dos".—Ha sido una experiencia inolvidable, pero no creo que la próxima vez vayamos a librarnos de un castigo. Por no mencionar los peligros de...

No sé de qué me percaté primero, qué fue lo que me hizo dejar la frase a medias. Pudo ser la pose defensiva y de alerta que asumió Beatrice, desenfundando su varita, o pudo ser el sonido de las pisadas en sí. Pero sentí que mi corazón se aceleraba al momento, y me maldije a mí misma por invocar a los peligros del bosque. ¡Allí venían, para comernos cómo si fuésemos un manjar suculento!
Y quizás lo fuésemos, que era lo peor.
La figura que apareció entre la bruma nos observó en silencio, y si bien mi primer impulso no fue salir corriendo, no tuve demasiada opción: Beatrice me agarró de la mano y echó a correr, llevándome con ella casi en volandas. ¿Y por qué mi primer impulso no fue salir corriendo, os preguntáis? Bueno, principalmente porque me dio la impresión de que la criatura tenía torso humano.
Quizás fuesen imaginaciones mías, quizás hubiese visto lo que quería ver, pues claramente no tuve tiempo suficiente cómo para ver nada con claridad. De todas formas, poco importó, pues ya estaba corriendo, huyendo del lugar cómo quién huye de un asesinato que acaba de cometer.
No sé cuánto tiempo pasó, pero llegó un punto en que mis piernas no podían más, por no hablar de mis pulmones. Fue en ese momento en que empecé a dar golpecitos en la mano a mi amiga, intentando que se detuviese. El terror que se había apoderado de ella acabaría matándome.

—¡Pa! ¡Pa! ¡Pa!—Intentaba decir, medio ahogada, pero no fue hasta el cuarto intento que conseguí decir la palabra completa.—¡Para!—Y fue en ese momento en que logré soltarme de su mano, cayendo de bruces en el suelo. Y creedme, nunca había agradecido tanto antes una caída de bruces al suelo. Por suerte, el suelo seguía siendo de hierba, pues a esa velocidad, temía que acabásemos en el castillo en cuestión de segundos. Me levanté, sacudiéndome las hojas y la suciedad de la túnica.—¡Que ya no nos sigue! ¡Ni estamos en el bosque!—Exclamé, y entonces me doblé por la cintura, apoyando las manos en mis rodillas para intentar recuperar el aliento. La urgencia del momento me había impedido responder a lo que Beatrice dijo antes de echar a correr, pero no me había olvidado.—¡Me engañaste! ¡Dijiste que íbamos a la cabaña de Hagrid! ¿Cómo esperas que impida que hagas estas locuras si ni siquiera sé que me estás metiendo en estas locuras?—Protesté, volviendo a doblarme por la cintura.

Me faltaba el aliento. Tenía que empezar, de verdad, a trabajar en mi resistencia física. No me apetecía correr riesgo de morir por echar una pequeña carrera.

—Propongo...—Dije, todavía doblada por la cintura, levantando el dedo índice derecho.—...que volvamos al castillo. Una sola emoción fuerte más y me muero. ¡Me muero!—Y dicho aquello, volví a concentrarme en respirar, en recuperar la vida que se me estaba escapando por la boca con cada palabra que decía.
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