Situación Actual
10º-14º // 30 de abril luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Leo L.Mejor PJ ♂
Sam L.Mejor PJ ♀
Denzel S.Mejor User
Ryan G.Mejor roler
Leo y EvaMejor dúo
Beatrice B.Más cotilla
Evans M.Más voluble
Juliette H.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Priv. || La vida me dice que me encontraré a Sam || FB

Evans Mitchell el Mar Ene 16, 2018 4:53 pm




agradecimientos especiales:

Agradecimientos especiales a Gwen por el regalito (?) Es que hizo una cabecera TAN , TAN hermosa, que Evans quería una para él también (?) :3

:hug:

:pika:



Prólogo (?):

¿Y si usa el Felix Felicis para dar con ella? Sería una risa ver a Evans caminando por el campo en plan: 'AAAAAAA, LA VIDA ME DICE QUE ME ENCONTRARÉ A SAM' y de repente se encuentra con Sam buscando leña al lado de su tienda de campaña. (Ya que por verano todavía no vivía con Caroline).


Un día te despiertas, un día como cualquier otro,  y te das cuenta, ¡porque te ha dado de cachetadas la corazonada!, ¡tú lo sabes!, que te falta una Sam J. Lehmann en tu vida. ¿¡Cómo pudiste haber sido más ciego todo este tiempo, joder!? ¡Si la tenías en frente de tus ojos! Literalmente, a Evans le habían encajado El Profeta en la cara antes siquiera de que abriera los ojos, ¡linda manera de espabilarte en la mañanita! Es que los compañeros de dormitorio, eran de lo peorcito.

—¿Qué caraj…?, ¿Vane?—murmuró, todavía en el ensueño, incorporándose a medias en la cama. Sostenía contra la cara el periódico que alguien le había arrojado, ¡a lo bruto! (de momento no le quedaba claro cuál de los idiotas que compartían dormitorio con él en Hogwarts), ¿y por qué? Entonces lo escuchó, algo sobre “ESE SANGRE SUCIA TIENE MI NOMBRE. Lo han capturado y han publicado su cartel de SE BUSCA, CON MI NOMBRE EN ÉL. ¡Menuda broma el tío! ¡Me deben estar buscando por traición! ¿Me escuchas, Evans?, TRACIÓN ¡PODRÍAN INCLUSO MATARME DURANTE EL DESAYUNO! ¡Mira que usar mi nombre como alias!, ¿CUÁNTAS CHANCES DE MIERDA HAY DE QUE ESO TE SUCEDA EN LA VIDA?”

Evans lo oía todo como si se tratara de una voz histérica que venía del más allá (ese tenía que ser Chris, el berrinchudo por excelencia). Pero era inútil insistir, porque bueno, ¿qué tenía que ver eso con él, de todos modos? Ya se sabía que si existía un infeliz al que le caían encima todos los infortunios más descabellados de la vida, ese era Chris. No, no. Lo que le interesó en el momento, fue otra cosa. Porque cuando Evans Mitchell fue capaz de enfocar la vista luego de enjugarse, enjugarse los ojos, LA VIO, allí, entre un mago narigón y otro con una vaca en la foto (¿qué iría a hacer la vaca allí, por Merlín?). Y de pronto, ¡todas sus preocupaciones de las últimas semanas se desinflaron!, ¡como pinchadas por una pizquita de alivio! Porque bien mirado a la luz de la lupa, ALLÍ MISMO, tenía la solución a TODOS sus problemas. Ok, puede que no lo estuviera pensando bien. Pero. El hombre estaba desesperado, tenía que admitirlo. Las cosas en el castillo no estaban fáciles, y estaba este profesar, un enfermito, que no dejaba de leerle la mente sólo con echarle una mirada, ¡ni siquiera! Sólo le bastaba tocarlo de reojo con esos ojos maliciosos y sucios. ¡Mucha presión! Estaba harto de ir caminando por los pasillos, pensando que todos esos torturadores podían ver sus emociones, ¡esas que lo asfixiaban por dentro! Eran suyas, ¡qué carajo! Que se fueran a husmear a otra parte. ¿Y qué si Artes Oscuras le daba ganas de vomitar? Pero. Lo sabía. Ya no podía dejar que sus emociones lo dominaran. Se estaba jugando la cabeza, ¡joder! ¡Eso de sentir las miradas encima de verdad que lo sacaba de quicio! Pero, ey. Lo último que había leído de esa pinchuda era que había sido instructora de “Legeremancia”, ¿verdad? (sí, había querido ahondar en el asunto de quién era Jota Lenhmann luego de topársela muy casualmente durante las vacaciones) Sabía en lo hondo de su pecho que sonaba loco incluso sólo pensándolo, pero. Esas materias de la mente y demás gilipolleces eran cosa seria, que te hacían controlar tus emociones y sellar tus pensamientos a los intrusos, ¡y eso sonaba como el cielo en ese momento! Ok, lo suyo era la legeremancia. Pero tenía que saber algo de oclumancia, ¿verdad? Es decir, no podía ser tan vaga. Si sabías sobre una rama de la mente, tenías que saber algo de la otra. Porque si a una manzana le sumas otra manzana…

Espera un momento, ¿vacaciones? ¡Pero si estaban en vacaciones todavía! Su miedo era por el año que comenzaría, que sería más terrible que la última parte de la cursada de sexto año. ¡Ah!, sí! Es que había tenido pesadillas otra vez, y las había vivido como algo muy real, ¡todavía tenía la oscura sensación de que había vuelto a Hogwarts! Pero espera, si era así, ¿qué cojones hacía Chris en su casa?

—¡Tú!, ¿qué cojones…?—soltó Evans, saltando de la cama, como si estuviera siendo atacado de repente por todos los flancos.

Lejos de llevar la acostumbrada túnica de Hogwarts, su amigo vestía casual e iba de un lado al otro de su habitación como un hombre preso de la locura y el escándalo. Traía consigo malas noticias, eso era evidente. Menos mal que, en la actualidad, era el único Mitchell en la casa. Los demás la tenían difícil siendo perseguidos por traidores a la sangre. Pero se hubieran indignado lo mismo de saber que uno de los amigos de Evans había entrado sin tocar a la puerta, embarrando de paso el piso del hogar, usualmente impecable.

—¿Cómo que Chris, qué cojones? ¿Has estado escuchando algo de lo que he dicho?—En su defensa, sólo había soltado lamento tras lamento del lamento que era su vida, como hacía siempre que se ponía histérico. Nunca iba al punto, sólo lloraba sobre lo injusta que era la vida con él. Hasta que iba al meollo de la cuestión, tarde, cómo no—: ¡LA MERCANCÍA EVANS! Estamos en problemas, ¿ok? Toma tus cosas, porque tenemos que salir pitando de aquí y chequear que TODAVÍA tengamos algo que venderle a Pete el Tuerto, porque si no… ¡La mercancía no está donde la ocultamos, Evans!, ¡NO ESTÁ!, ¿me oyes? Y no encuentro al jodido Zachary por ningún lado, ¡por ningún lado! ¡Te dije que no se podía confiar en ese borracho! ¡Vaya a saber dónde tendrá nuestra estropeada fuente de ingresos! Y si no la encontramos Evans, o si no se nos ocurre ALGO que darle al Tuerto a cambio… ¡NOS CORTA EL PUTO CUELLO!, ¿entiendes ahora? ¡Por eso no me gustan los tipejos con apodos acojonantes para hacer negocios!

—¡Maldición!—Evans sacó los pies de debajo de las sábanas, llegando al suelo de un brinco rápido, presto a mover el culo y ver si podía salvarlo después de todo. ¡Joder, que no se podía tener una mañanita tranquila! Eso de montar una red clandestina de compra y venta de artículos catalogados, como mínimo, de ‘sospechosos’, con un grupete de amigos que se la pasaban haciendo novatadas estaba resultando ser un dolor de cabeza, por no decir en el culo. Colocándose una remera por encima de la cabeza, soltó—: ¿Dónde viste a Zachary por última vez? No me importa cómo, pero vamos a dar con el bastardo, ¡demonios que sí!

—Oh, ¿sí? ¡Pues vamos a necesitar UN MONTÓN de suerte para eso!

¡Oh! Evans se detuvo en el acto, sonriéndose, ladino. Je, lo tenía controlado.

—¿Sabes qué? ¡No te preocupes! Nos irá bien—tranquilizó, notablemente con otra actitud, otro aire. El otro lo miró con la cara desencajada—Sí, sí. No te preocupes. Todo saldrá bien—insistió, y tomó una media de uno de sus cajones. Hurgó en su calcetín, y en nada, se hizo con una botellita. Antes de tragarse todo el contenido, muy confiado, muy sonriente, le devolvió la mirada a Chris (quien no entendía nada) y brindó—: ¡Salud!

Y se bebió el frasquito hasta el fondo.

Lo próximo que supo el bueno Chris, el pobre, desesperado de Chris, fue que Evans Mitchell se ponía el abrigo y salía a la calle, diciendo cosas ininteligibles sobre un tal Felix, y en fin, mira tú, ¡dejándolo solo al pie de la picota!, ¡ese bastardo!, ¡estaba abandonando el barco! Y el barco se estaba yendo a la mierda. Pero, pero, pe… ¿y qué sentido tenía todo eso que decía? Lo siguió, apretando el paso, sacudiendo como un pingüino con el culo en llamas, soltando todo tipo de exclamaciones y sin dedicarle ni una sola palabra bonita.  

—¡Oh, cierra la boca, por la barba de Merlín! Sé que hallarás a Zachary. Estarás bien, te lo prometo. Bueno, Félix lo promete. Si voy yo, sólo será complicado. Sólo lo sé. Yo, lo que necesito, ¡ahora mismo! Es un poco de leña. ¡No puedo explicarlo! ¡Sólo lo siento en todo mi cuerpo! ¡Quiero LEÑA!

Y antes de que Chris pudiera agregar nada, Evans Mitchell desapareció, sin dejar rastro.

***

Gorrón era una lechuza, pero no cualquier lechuza. Primero, se creía un perro. En lo que a esta ave concernía, enterrar huesos en el jardín, perseguirle al cola a otros perros, mordisquear y gruñir a los desprevenidos cuidando su territorio, atacar a los gatos del barrio, todas estas cosas, eran lo suyo. ¿Qué era eso de ‘ulular’? Ésta GRUNÍA. ¿Qué era eso de ir parar a la pajarería? No, no. Gorrón se juntaba con los perros y hasta había liderado una jauría de perros callejeros como el macho alfa. Tú sabes, todo depende de tu actitud en la vida. Si no quieres que te confundan con una lechuza, ¡sé un perro!

Por supuesto que para Linda Mitchell eso era demasiada actitud, ¡porque fíjate que hasta le arrancaba las flores del jardín!, ¡el perfecto jardín! Y le traía todos esos perros en la puerta, ¡hábrase visto!, ¡una lechuza entre canes ‘ladrándole’ a los vecinos! Pero como a Aimee le hacía gracia ver a ese pajarraco grandote y con las plumas revueltas, desgreñadas, como si se tratara de algún paria tan salvaje que no respetaba las normas de la sociedad, la dejaron estar, y hasta Linda le tomó cariño, de verdad, lo demostraba dejándole las sobras en un platito, especialmente si eran huesos. Eso no evitaba que le diera un ataque de rabia de tanto en tanto con la lechuza de Evans.

En Hogwarts, por otro lado, no había estudiante que no cuidara el refrigerio que llevaba en la mano cuando veía planear por encima de su cabeza a esta ave de intimidante tamaño, y eso si la veías, antes de que se arrojara sobre ti y te robara el emparedado. ¿Y qué hay de la lechucería? Pues fíjate que Gorrón no entraba allí ni por asomo, y si lo hacía, era para ir a picotear al resto, como el paria pendenciero que era. Hasta dirías que se mofaba de ellas, dedicándoles cabriolas, seguramente porque eran ‘lechuzas’. La única ave con la que se llevaba bien era con Horus, pero esa era otra historia. Por lo demás, vivía como un salvaje, a no ser que Evans lo necesitara para un envío, en cuyo caso, y mira tú que extraño, aparecía enseguida a su lado, llegando desde donde fuera y hacia donde hiciera falta, llamada por la urgencia de su dueño. Porque tú sabes, el perro es el mejor amigo del hombre.



Allí, en el cielo, ¿qué era eso? ¡Sí!, ¡una lechuza! Esta llegó volando y planeó hasta el interior, soltando una carta. No era la primera vez que estaba allí y hacía buenas migas con el cerdo vietnamita. Mira tú que eso de comunicarse a ladridos parecía insólito, pero le funcionaba. ¡Cuidado con las sobras! Porque fueran del cerdo, del plato, o con que estuvieran la vista, irían a parar a ese pico de ave gorrona que tenía. Pero habrase visto, ¿por qué tanta prisa en entregar la carta?


¡Ey!,
    Te escribo esta nota rápida, porque me he demorado en este puestito de perritos calientes. Sólo le quedan salchichas vegetarianas. Lo sé, lo sé, ¿¡qué le pasa al mundo que funciona tan mal!? ¡Pero me sienta mal llegar con las manos vacías! Pensar que tu estómago de paria no habrá probado un bocado decente desde vaya a saber cuánto, ¡me parte el alma! Y sí, hoy me siento especialmente compasivo porque, ¡me siento un tipo tan afortunado!, ¡tan por encima de la miseria del resto!

¿Ya estás preparada? ¡Espero que lo estés! Porque me darás clases de oclumancia. Lo sé, lo sé, que puede ser un poco inesperado, pero es que hoy me he levantado y me he dicho a mí mismo: ¡¡¡AAAAAAA, LA VIDA ME DICE QUE ME ENCONTRARÉ A JOTA LEHMANN!!! No mueras de la alegría al verme. Mis motivos son auténticamente nobles, te lo prometo. Una salchicha, por una clase. ¿Qué no haría yo para que tengas el estómago caliente?

Sinceramente (cerca que te cagas),

Felix Felicis.


Pd: Cuidado con el suelo, que está patinoso.



©️ HARDROCK






***

—¡Ey!, ¡Jota!—DE VÉRTIGO, ¿has tenido esa sensación que te trepa por la columna?, ¿cómo un frío repentino? ESTA SUCEDIENDO, ES REAL, WINTER IS HERE—Así que, esto es…

Evans Mitchell venía campante, hasta que se topó con el escenario general de lo lamentable que era la vida indigente. Sí, él venía, caminando, como si tal cosa, asaltando a la gente decente por la espalda.

—Oh, ok, no haré comentarios. Ya te lo habrán dicho todo. Digo, ¿hablas con gente?—Se oyó el chillido alegre de un cerdo en la distancia y Evans hizo una mueca y agregó—: ¿gente de verdad? Porque esto del aislamiento bajo un puente, podría dejarte secuelas… ¿Qué? Te llegó mi lechuza, ¿verdad? Vi tu cartel de SE BUSCA, y sentí que tenía que ser ESTE el día. No lo sé. Sólo lo sé. O lo sabía. Ya ni sé cuánto tiempo ha pasado desde que me tomé la botellita. Pero hay algo que sí tengo claro, te he encontrado. Y es de buena suerte. ¿Quieres saber por qué?




psss:
¡Ah! ¡Sobre el cerdo! Entendí que Sam tenía un cerdito, y lo metí. Cualquier cosa que sea incoherente, me decís y lo edito :pika:

¡Beso! :3

:hug:


Última edición por Evans Mitchell el Miér Abr 04, 2018 12:20 am, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sam J. Lehmann el Jue Ene 18, 2018 1:48 am

Verano 2017.

Irse a vivir con Caroline era una auténtica locura. Bastante tonto era ya seguir manteniendo relación con ella dadas las circunstancias, ¿pero encima meterse en su propia casa? Ay, era probablemente la mayor locura que podría cometer ahora mismo. ¡Y lo peor de todo es que lo estaba deseando, aunque supiera que era muy peligroso! Y mira que el masoquismo nunca había estado vigente en la vida de Sam, pero su situación la hacía pensar hasta en las medidas más estúpidas. Hacía ya casi seis meses que se había mantenido alejado de todos sus seres queridos, consiguiéndolo pese a lo mucho que los echaba de menos... ¿y ahora? De repente aparece Caroline y le rompe todos sus esquemas. Pero seamos francos... ¿acaso Sam era capaz de decirle que no a Caroline, la chica que siempre le había persuadido para absolutamente todo? No. Y por mucho que se hiciese la difícil, era muy consciente de que al final terminaría aceptando. Con ella siempre lo hacía. ¿Qué tenía Caroline que siempre, fuese lo que fuese, era capaz de convencer a Sam de cualquier cosa? ¡De cualquier cosa!

Estaba cogiendo leña, enumerando el pro —porque solo había uno—y todos los contras que había con respecto a esa decisión. En realidad apenas se había alejado de su tienda de campaña, sino que estaba a unos diez metros, como mucho, de ella, cogiendo trocitos de madera que pudiesen servir para la noche mantenerse bien calentita. Sin embargo, un peculiar sonido le hizo mirar hacia arriba alarmada. Reconocería el aleteo de una lechuza en cualquier parte, sobre todo ahora, que hacía que no recibía lechuza desde hacía meses, ¿cómo había sido capaz esa lechuza de encontrarla? ¿Era super inteligente? ¿Un animago? ¿Superdotada? Se acercó corriendo con la leña hasta la caseta, lugar en donde lo dejó caer y entró al interior, ya que la lechuza entró como Pedro por su casa hasta llegar justo en frente de su cerdito vietnamita.

Corrió a ver de qué era esa carta, pero algo le decía que a esa lechuza ya le había visto en otra ocasión. Cuando abrió la carta, se llevó la mano a la frente al leer, de nuevo, a aquel singular chico que parecía muy dispuesto a dar con ella. ¿Y lo gracioso? Que al parecer iba con unas ganas tremendas de que Sam le enseñase oclumancia, lo cual era gracioso, ya que Samantha era legeremante. Negó con la cabeza mientras leía aquello, sin poder creérselo. Era imposible que un niño como él pudiese dar con ella, ¿verdad? Porque no sabía si tenía muchas ganas de tratar con él, pese a que la idea de comerse un perrito vegetariano sonaba bastante bien. Llevaba días comiendo sólo sopa.

Se limitó a ignorar aquello, pese a que le preocupaba el hecho de que aquella lechuza de aspecto tan retrasado fuese capaz de dar con ella con tanta facilidad. El Ministerio de Magia debería de tener lechuzas así, capaz de rastrear personas: con enviar una carta al fugitivo darían con él en un maldito segundo. Qué perros, ni qué aurores, ni qué mierdas, esa lechuza era la clave del exterminio de los fugitivos. Miró a la lechuza con desconfianza.

Se auto-convenció de que nadie aparecería y, cuando volvió a salir de la caseta para seguir con sus quehaceres, la voz de Evans le sorprendió por la espalda, haciéndole dar un salto asustada. ¿¡Cómo narices era posible eso!? Lo miró sorprendida, ignorando un poco lo que le decía sobre el lugar en el que vivía. ¿Qué? Tampoco era tan horrible. Era una tienda mágica cuyo interior tiene todo lo indispensable para vivir. Eso sí, echaba de menos una televisión en la que poder ver películas de mierdas con las que llorar y recordar lo terrible que era su vida. —¿Cómo narices me has encontrado? —preguntó directamente, mirando a todos lados un poco paranoica. Esa misma noche se movía de esa ubicación, sin duda alguna. Cuando sonó su cerdito detrás de ellos, Sam lo miró para luego volver a mirar al alumno. —Si no me he vuelto loca ya, no creo que lo haga a estas alturas —respondió un tanto enfadada por el hecho de que un niño hubiese encontrado su maldito escondite. Sin embargo, cuando dijo lo de la botellita, no fue difícil adivinar qué botellita había sido. Entre ellos sólo había una botellita con importancia. —¿En serio te has tomado la botellita para encontrarme? Sabiendo cómo eras, pensaba que la utilizarías para colarte en Gringotts o algo así. —Ahora todo cambiaba. Al menos sabía que no había sido por la inteligencia, sino suerte pura y dura. —Quizás al ver mi cartel de SE BUSCA lo más razonable por tu parte hubiera sido ignorarlo y no venir a buscar a una fugitiva, ¿todavía no sabes en qué bando posicionarte o qué? Porque creo que va siendo hora. ¿O me has echado de menos y no tienes con quién enfrentarte a aquellas vampiresas otra vez?

Madre del amor hermoso, Sam no volvía a pisar ese lugar de 'Vlad e hijas' en su maldita vida si podía evitarlo. Lo único que le había salvado de aquello era su absoluta improvisación mezclada con su adrenalina. Y miedo le daba tener adrenalina en un lugar de vampiros, ¿no se supone que ellos huelen la sangre y esas cosas?

En fin, sólo estaba jugando con él porque era bien consciente de que era un chico muy... conveniente. Él mismo se lo había dicho la otra vez. Y él mismo se había encargado de dejárselo claro ahora mismo: se posicionaba allí en donde le interesaba y, por lo que se ve, ahora le interesaba ser amigo de Sam para que ésta le enseñase oclumancia. Lo gracioso, sin embargo, es que Sam está en huida constante, bien porque no quiere hacer daño a la gente a la que conoce y bien porque no confía en personas que desconoce, y teniendo en cuenta lo voluble que podía llegar a ser Evans, lo mejor era dejarlo en ese segundo puesto.

Cogió la leña del suelo, colocándola en la hoguera que había hecho ayer y en donde ya apenas había nada para crear fuego. —He leído la carta y quieres aprender oclumancia, ¿no? Se ve que no lees muy bien la información que se da de mí en los carteles, pero yo soy legeremante, no oclumante. Además, me niego a enseñarte nada cuando me dijiste bien claro la última vez que, de ser necesario, me venderías. —Hizo una pausa, mirándole fijamente enarcando una ceja. —Y no gano nada a cambio, más que la posibilidad de que se te vaya de la lengua que sabes cómo vivo la vida. Y paso. —Le dijo, dándose unos golpecitos en las manos para quitarse la porquería de la manera y darse la vuelta para entrar a su tienda.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Evans Mitchell el Sáb Ene 20, 2018 9:48 pm


¡Oclumancia, sí! Por fin iba de lleno al tema que le interesaba. Oh, oclumante, legeremante, ¿acaso no estaba todo relacionado? Evans se adelantó, a prisa, para lo cual, atravesó de un salto un trozo de valla oxidada, y llegó hasta ella, allí, junto a su hoguera de mendiga. Camino a su improvisado campamento, el chico se había cruzado con indigentes reunidos en torno a un barril con un fuego dentro y asando algo, ¿un perro? (¡vaya!, ¿por eso el cerdo? No la culpaba), colchones con garrapatas, cartones encimados en algo parecido a un “hogar”, drogatas, y hasta un policía que parecía interrogar a los vagabundos en busca de algún criminal suelto, cual peligro público o vaya a saber. En general, era mejorcito de lo que se esperaba. Ella, por su parte, se había hecho su propio refugio, con sus propias vallas. Sólo esperaba que su colchón no tuviera garrapatas.

—¡No te avergüences a ti misma!—Evans se acercó, mirando en derredor, algo distraído, con la curiosidad de los que se dicen mentalmente: “No tocaré nada, por si me agarro algo contagioso”. Aunque se lo veía sorprendido. Sí, de que se pudiera vivir así. Era, sin embargo, un muchacho muy educado, porque sabía que de señalar el asunto de su vivienda, ella se mostraría reacia a escucharlo sobre cualquier cosa. Así que él, como si nada. Ya sabes lo que dicen: “Hazte amigo del entorno”—Estoy seguro que tú sabes un poco de ambas. ¿Estoy equivocado?—Vaya, que optimista. ¿Era un iluso o un hombre con n plan? Difícil decir. ¡Ah, pero ella insistía en poner trabas! ¿Venderla? Oh, sí, quizá hubiera dicho algo así. Que rencorosa. Evans, al ser apuntado con esa mirada, se estuvo quieto en el sitio, como si la mujer tuviera una pistola antes que unos ojos azules. Touché, ¿eh?—¡Ahí es donde te equivocas!—soltó, a la manera de un presentador en un juego de preguntas y respuestas. A punto estuvo de maravillarla con la respuesta correcta, pero ella se volteó y pasó de él. Evans negó con la cabeza soltando un suspiro y mostrando los dientes en una mueca de resignada paciencia. Incapaz de desistir, la alcanzó, adelantándosele y cortándole el paso al tiempo que alzaba las manos en un gesto conciliador. Se lo notaba, ahora, ciertamente consciente de que no hubiera puesto sus pies allí, de no ser porque tenía (él creía) una muy buena razón para ello—Tú sabes lo que quiero—Por el tono, mira tú, resulta que sí sabía lo que era entablar un diálogo civilizado. Hizo una breve pausa, dedicándole una mirada, y se señaló a sí mismo, llevándose una mano al pecho—Ahora me toca a mí averiguar que es lo que TÚ quieres. Vamos, veo esto y me digo—abrió los brazos en un gesto, en clara referencia a su situación de vivienda—Que hay algo que tú puedes querer de mí, algo que YO te puedo dar. Piénsalo. Sí, sólo piénsalo. Te ofrezco un intercambio. ¿Por qué acudo a ti, me preguntas? Justamente POR ESTO. Porque eres una fugitiva, porque tú eres del “bando” de los exiliados. Y los que me preocupan son los que están entre los muros de Hogwarts, en el Ministerio, los que, a diferencia de ti, todavía comen con tenedores. ¡Ok, no sé cómo es tu vida de fugitiva! Pero sé que… Este año, este nuevo año en Hogwarts, no será como los demás. Me exigirán cosas que, yo… Yo no puedo… ¡Sé que me perseguirán en sueños!, ¿sabes? Y ellos sabrán de eso al minuto, ¡y no tendré forma de defenderme! Si no controlo lo que pasa en mi mente, siento que verán a través de mí, y estaré en problemas. Necesito manejar mis emociones, de una forma en que pueda sobrevivir a esta mierda. Porque, si lo piensas, y esto resulta algo gracioso si lo piensas lo suficiente, tú y yo no somos tan diferentes, excepto por el hecho de que tú eres la que corre, y yo soy el que tuve que quedarme. Yo y otros como yo, ¿tú crees que en Hogwarts abundan las caras felices desde que Dumbledore se fue? Te aseguro, que no hay “dos bandos” en Hogwarts. Sólo son estudiantes. Asustados. Yo estoy que me cago en las patas de sólo pensar que tengo que volver, ¡pero huir no es una opción! No para mí. Así que, te digo esto, antes de que vuelvas a atacarme con todo ese resentimiento femenino que llevas encima. Lo mío no es personal, ¿sabes? Estoy tan sujeto por el cuello como cualquiera. Y a veces, se trata de saber ceder un poco y no de encerrarse en tu tienda de campaña, toda enfurruñada. ¿Que te vendería? Sinceramente, espero que no nos volvamos a ver después de esto. Pero necesito de tus habilidades, porque no puedo compartir esto con “ellos”. ¡Ellos no pueden saber! Y tú me necesitas. Sí, tú sí me necesitas. ¿De verdad que estás bien por tu cuenta? Vamos, ¡todos necesitamos de alguien en cierto punto! ¿Qué hay de suministros?, ¿información?, ¿contactos? Siempre es bueno con alguien que se mueva el ambiente, y no sea un vampiro, y sabes lo que quiero decir. ¿Me vas a decir que no te lo estás pensando? ¡Y lo que pido es tan poco! No creo que tengas nada que hacer próximamente, ¿verdad? Sólo quiero que me guíen en los principios básicos sobre cómo controlar la mente y cerrarla a los indeseables. Vamos, debes morirte secretamente de aburrimiento sin nada que hacer. ¿Qué dices?

Escuchar a Evans Mitchell tan convencido, tan confiado, entregado a esa teatralidad tan suya, con la que buscaba enredarte hasta que acabaras convencida tú también, era una de esas cosas que lo hacían el negociador que era, aunque muchas veces solía verse traicionado por su mal genio y su lengua impertinente. Lo que hacía que esas palabras fueran reales, o que causaran esa impresión, era contemplarlo, en algún punto de sí mismo, desesperado. No mentía, cuando daba a entender, de una forma casi implícita, que veía en aquello su única opción contra algo que lo aterraba. Más incluso que cualquier otra consecuencia que pudiera tener ese encuentro, debajo de un puente, en territorio de nadie. Estaba tan empecinado en cerrarse al resto del mundo sobre los miedos que experimentaba en su día a día, que, bravío y tozudo como era, sólo podía ver el camino de los tiros, es decir, en una sola dirección: TENÍA QUE APRENDER OCLUMANCIA. Y, lo curioso, era que un chico así, tan insolente, tan independiente, se pusiera a hablar de lo importantes que eran los lazos en momentos de necesidad, cual si fuera un predicador que predicara sobre la fraternidad, pero no, era alguien que simplemente entendía que el mundo funcionaba como si se tratara de algo tan sencillo como una cadena de favores. Era así de práctico en su visión del universo. Tan conveniente.




psss:
Lo siguiente quería agregarlo, pero imaginé que era del todo ido de la olla, teniendo en cuenta que seguro tu chica colocó ese hechizo que repele a los muggles... o no (?) Pero es que me daba mucha graciaXD, así que te lo dejo por acá (iría al final):

—Ejem, ejem, ¿disculpen?—Era un policía. Les hablaba desde la distancia, con una libretita y un boli en las manos. Diríase que era como cualquier vecino de barrio que se pasaba tranquilamente a saludar—Estoy buscando a un fugitivo, ¿podría hacerles algunas preguntas? No tardará mucho, lo prometo. Es que han encontrado un cuerpo desmembrado cerca de aquí. Tal parece que hay un psicópata por los alrededores y… Bueno, ¿les importaría?

Evans se lo quedó mirando, un poco desorientado. Es que, ver a un muggle, en plan “existe un mundo distinto al de ustedes”, siempre era novedad.  

—Buen barrio, por cierto—dijo, por lo bajo, dirigiéndole una mirada del todo elocuente—. ¿Sacas a pasear al cerdo seguido? Quizá debas cuidarte de los vecinos de la cuadra. Los vi hambrientos. Oh, pero no importará. Porque puede que nuestro amigo el psicópata los quite del medio—Y agregó, impaciente—: ¿Lo confundes tú o lo confundo yo?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sam J. Lehmann el Mar Ene 23, 2018 6:17 pm

No me avergüenzo a mí misma... (?)—murmuró antes de nada al escuchar su reprimenda, sin entender muy bien por qué. Parecía su padre cuando después de su primer año en Hogwarts volvía a casa triste, hablando sobre lo malas personas que eran algunos magos y brujas por llamar a la gente 'sangre sucia' y tratarlos con tanto desprecio.

Pero vamos, a Samantha no le dio tiempo de añadir mucho más, ya que Evans se acercó a su hoguera y a su tienda, para entonces comenzar a hablarle con una perspicacia, tranquilidad y verborrea digna de un auténtico político. No le dio tiempo a alejarse de él, sino que simplemente lo miró como haciéndose un poco hacia atrás con la cabeza. Fue imposible no prestarle atención, sinceramente, ya que hablaba con tanto ímpetu que parecía una falta de respeto simplemente no hacerlo. Además, había gastado un bote de Felix Felicis en reencontrarse con Sam: de verdad que creía que al menos se merecía ser escuchado.

Y claro... él era inteligente y sabía perfectamente por dónde tirar para convencer a una alma débil como lo era Sam. Que si los alumnos de Hogwarts seguían siendo víctimas, que no querían ser subyugados bajo el nuevo Ministerio, que las personas como ella se suponía que seguían luchando por todos aquellos que aún están ahí... Pero enverdad eso último no. Sam luchaba, en realidad, por los que ya estaban condenados; esos que ya no tienen nada, como ella, ¿qué más le daba la gente que quedase por ahí, asustada por sus ideales? ¡Pues que luchen, en vez de intentar esconderlos!

Cuando terminó de hablar, la retención de información que había tenido Sam había sido muy limitada, sinceramente. Este chico hablaba demasiado rápido y ella ahora mismo estaba todavía demasiado sorprendida por el hecho de que el poder de un Felix Felicis fuese tan mortífero en contra de fugitivos. —Mira, Evans... —Hizo una pausa, sin saber muy bien por dónde empezar. —Lo primero de todo... es que no vivo tan mal, ¿vale? Vivo sola, sin compañía humana y obviamente con un nivel muy inferior al de un humano medio con paredes en su propia casa. Pero pese a mi estatus sanguíneo, sigo siendo maga y el interior de mi tienda no es ni de lejos como una muggle. —Esperaba que pillase la referencia. —Claro que necesitaría suministros, contactos e información...  ¿pero tú que me puedes dar? A ver, es que... ¿cuántos años tienes? ¿Quince? Vas a entrar a Hogwarts ahora otra vez, ¿desde ahí que me vas a decir que me interesa? ¿O qué me vas a mandar que me pueda hacer falta? ¿Pudin de calabaza? No eres un buen contacto. Y ahora mismo estás en una posición en la que menos todavía me puedes ayudar. Además... —Volvió a tomarse unos segundos, mirándolo de reojo. —Me parece fatal que vengas a contactar con una fugitiva para que te enseñe oclumancia sólo para que no puedan leerte la mente y descubrir tus verdaderas intenciones, ¿y luego qué? ¿Ocultas tus acciones y sigues actuando en contra de todos nosotros, viviendo una vida plena y alejada del peligro? ¿No crees que eso es un poco egoísta? No sé...

Don Cerdito salió de la tienda de campaña al escuchar tantas voces, por lo que Sam le dio un cariñoso golpecito en el culete para que volviese a entrar. —Y ya te lo he dicho, si me viene un legeremante de mi nivel a intentar entrar en mi mente, probablemente lo consiga. Sé lo básico de la oclumancia porque coincide mucho con la legeremancia, pero además de que es complicado de enseñar, también es difícil de asimilar...  y sólo te asegura un poquito de ventaja; una ventaja muy pobre. ¿De verdad estás dispuesto a quedar más veces? ¿O de abrir tu mente para mí? —preguntó un tanto incrédula por el hecho de que ese chico estuviese tan receptivo. El Felix Felicis hace milagros. —El control mental lleva años de estudio. No es tan fácil como parece. Y aunque no lo parezca, tengo muchas cosas de las que encargarme como para perder el tiempo.

Estaba siendo testaruda y muy terca, ya que en realidad su conversación e intento de convencer sí habían hecho huella en ella. Sin embargo... ¿de verdad le interesaba que un chico de Hogwarts, tan debilucho, supiera tanto de ella? Imagináos que le leen la jodida memoria y descubren que con un Felix Felicis la encontró tan rápidamente. Eso era jodidamente contraproducente.

Y antes de poder decir nada más, un policía apareció ahí, en frente de ellos. Madre mía, ¿algo más? Un Sam interior se hizo a sí misma un facepalm por haber sido tan idiota de no haber estado atenta al hechizo anti-muggles. Miró a Evans antes de dirigirse al policía, sin poder evitar sonreír por su broma del barrio. —Anda, cállate, desde que te vayas pienso irme de aquí. —dijo divertida. Sacó entonces su varita rápidamente y apuntó al policía, confundiéndolo de tal manera que se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria. Dos segundos tardó Sam en volver a conjurar una barrera para que ese señor no pudiese volver a encontrarlos. Ni tiempo le dio al policía en reaccionar.

Luego volvió a prestar atención en su acompañante indeseado. —¿Y mi perrito vegetariano? —preguntó divertida, cruzándose de brazos. —A ver, contéstame a unas cuántas cosas, Evans... ¿por qué tienes miedo de que puedan descubrir lo que guardas ahí dentro? —Señaló con la mirada su cabeza. —Si no quieres ser un objetivo, no te comportes como uno. Mantén tu trasero al margen de todo esto. Y ahora respóndeme con seriedad. Y sabré si me estás diciendo la verdad. —Le advirtió. —¿Qué opinas de todo este nuevo gobierno? ¿De verdad crees justo el trato que se nos da a los hijos de muggles y personas que apoyan la igualdad? Si te ayudo, ¿nos ayudarás o te mantendrás en una posición neutra que, igualmente, nos perjudica? —Lo miró con seriedad, esperando ver a un chico sincero que no intentase venderse.

Si quería aprender con ella lo básico de la oclumancia, tendría que confiar en la rubia, básicamente porque todo lo que le está preguntando, podría encontrarlo ella perfectamente en su mente una vez se meta.

Leeme:
Me imagino que Sam habrá puesto ese hechizo, pero eso tiene una duración, no es infinito. Así que podría perfectamente haberse acabado y que a Sam se le hubiese olvidado volver a ponerlo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Evans Mitchell el Lun Feb 19, 2018 12:02 am



Lo primero de todo... es que no vivo tan mal, ¿vale? Vivo sola, sin compañía humana y obviamente con un nivel muy inferior al de un humano medio con paredes en su propia casa…

—¡No, por supuesto!—
¡Si ella lo decía! ¡Ay!, pero esa mirada en derredor que lanzó, fugaz y elocuente, dio a entender a las claras que eso no era, precisamente, lo que pensaba. Mira que ella había intentado explicarle que no vivía en la indigencia, pero él era demasiado materialista y se guiaba por lo que veía: una carpa en una villa debajo de un puente y un cerdo, sólo hablaban de pobreza extrema ante sus ojos. Así y todo, Evans asintió, aparentemente muy metido en una nueva estrategia: “Dale la razón, así se queda contenta y se muestra más perceptiva a tus demandas”. O, en pocas palabras: “Hazle la pelota”.

A ver, es que... ¿cuántos años tienes? ¿Quince?

—¡Ey!, ¿yo toco el tema de tu edad? ¿Una soltera de treinta viviendo en una carpa, debajo de un puente? (y con un cerdo, no olvidemos el cerdo) ¿Ves? No te ha gustado, ¿verdad? ¿Cuándo hemos empezado a atacarnos así? ¡No hagas lo que no te gusta que te hagan!—aleccionó, con la corona de los moralistas sobre esa cabeza testaruda e inexplicablemente optimista. Era evidente, que el comentario le había hecho mucha gracia, porque se sonreía, y aquella era una sonrisa tibia, tibia, que acompañó con el brillo risueño de su mirada. Le duró tan sólo un momento, porque enseguida puso su mejor cara de tunante—Bueno, siempre puedes necesitar a un amigo. ¡No me vas a negar eso! Y uno que no te conteste en “cerdito” cada vez que le preguntes algo—Daba la impresión que se lo tomaba todo muy a broma, pero si había llegado hasta allí a pedir un “favor” que era más un disparate, asumiendo riesgos personales, pues te dejaba pensando.

Además, se estaba tomando el sermón sobre su conducta y los pudines de calabaza francamente muy bien, cuando normalmente lo discutía todo, y de malos modos. El que se mostrara zalamero y simpático, era sólo la prueba, de que iba muy en serio.

—¡Mira! Te puedo parecer un niño, pero, ¿recuerdas dónde nos conocimos? No fue en un patio infantil, ¿verdad? Gracias que no, pienso que habrías sido una niña insoportable, ¡digo!, ¡lo que quiero decir es…! ¡Seguro que eras una buena niña!  Me retracto, me retracto, ¿ok?

Fue sólo cuando ella mencionó el asunto de “abrir la mente”, que él adoptó una actitud más seria, marcada por una ligera amargura. En ese momento desvió un poco la mirada, y se cruzó de brazos, pensativo y vuelto hacia sí mismo. Y respondió, con voz fuerte y clara:

—¡Lo estoy! Por eso estoy aquí. Confío en ti—¿Qué? La miró, con una media sonrisa. La expresión de su mirada era casi resignada—¿Sabes? Hay algunas cosas que tú no vives con alguien sin que te deje una huella, sobre quién es. Tú tienes tus ojos, y tu magia de la mente. Pero el resto de nosotros, tenemos que fiarnos de nuestros instintos. A la hora de apostar por alguien, digo. Y tengo que decir, que se me ha dado bien, en general. Me han estafado—confesó, moviendo la cabeza hacia un lado, como si tuviera una molestia en el cuello. No debía ser fácil para ese niñato orgulloso tener esas declaraciones—, muchas veces. Y así es como te curtes, un poco. Sólo un poco, porque nunca acabas de conocer del todo a las personas, o adivinar sus movidas. Tampoco puedes saber exactamente de qué lado va a inclinarse la balanza en cada ocasión. Pero, yo no quisiera abrirle la mente a ningún profesor de Hogwarts ahora mismo, te lo aseguro. Contigo, pienso que puedo hacer una excepción. O quizá, sólo sea porque, si tengo suerte, me enseñes Oclumancia, y luego te montes en un hipogrifo y no vuelva a verte nunca de los nunca, ¡nunca!—soltó, ¿a modo de broma?—Tú sabes, es incómodo que alguien sepa cosas sobre ti, más de lo que quisieras. Pero, ¿no te ha pasado? Que a veces es más fácil abrirse con un extraño, que con alguien que conoces bien. Creo que tú eres mi extraña. ¡Y no puedo hacerlo solo! No al principio, ¡y sólo te pido un pequeño empujoncito! ¡Por el buen camino!—Diríase que quería alentar a la buena samaritana dentro de ella, a que saliera a ver por la ventana, para apiadarse de ese joven tan guapo, tan simpático, tan bonachón, ¡que sólo quería aprender! Llenar su cabeza de algo más que polvo y amapolas. Vaya pesado más comprador que era—No te pido más que el tiempo que puedas darme… Tú sabes, cuando no estés tan ocupada… Dándole de comer al cerdo y esas cosas que haces por aquí. ¡Oye! Lo sé, me lo imagino, ser fugitivo puede ser estresante. Pero sobre eso. Y justo por eso, moverse por el mercado negro, como te he visto haciendo—señaló, falsamente acusador—, se vuelve cada vez más peligroso, ¿verdad? He escuchado, que incluso circula mercancía falsa que quieren hacer llegar a los fugitivos, para, bueno, tú sabes que los malos sólo quieren encontrarlos y acabar con ustedes, ¡y me ha llegado a los oídos que hay una movida muy peligrosa! ¿Pero y si tuvieras un proveedor que te ofrezca cierta seguridad? Alguien confiable. Alguien conocido. Alguien guapo. No te desplazarías entre tanto peligro, ¿verdad? Y ya no estarías tan sola. Porque créeme, eso de hablar con los cerdos…

Evans negó con la cabeza, dejando las palabras en el aire. En eso llegó el policía y los interrumpió, para irse luego, como un muggle muy confundido.

—¿Qué? ¡Oh!, ¿así que me invitas a comer? Eso es amable—dijo, fingiéndose sorprendido, pero hurgó en su bolsillo. Un bolsillo extensible, por supuesto. Con cuidado, sacó una bolsa aplastada y calentita, que olía rico—Hasta te he traído aderezos. Están en la bolsa. Toma los dos, porque no me gusta la comida vegetariana. ¿Tú serás vegetariana, por casualidad? Oh, bueno, pero aunque no lo seas, creo que ya no puedes ocultar que te hizo ilusión la idea de recibir comida. Ok, ok, ¡me retracto, me retracto!

Y Sam lo atacó con una oleada de preguntas, antes de que pudiera agregar cualquier otra gansada. Diríase que estaba en un confesionario. Entendió que si lo taladraba con la mirada era porque debía estar haciendo “eso” con su magia. Así que, no apartó la dirección de sus pupilas. Adoptó una actitud grave y confiada, aunque no podía ocultar que estaba molesto, muy en el fondo. Es que nunca resulta muy cómodo que quieran examinarte hasta lo hondo de tu alma.

Analizó las preguntas con cuidado. Pinchuda tenía que ser. Había llegado al fondo de la cuestión. La cruda verdad es que Evans había decidido convertirse en mortífago. Visto de esa manera, a ella nunca le convendría relacionarse con él. Pero, incluso si existían un Voldemort y un Dumbledore, aquel no era un mundo en que las personas se vistieran de blanco y negro, a menos, no de la forma en la que él lo veía. Tú te cruzas con personas que son apasionadas, tristes, ambivalentes, caprichosas, indolentes, que tienen su idiosincrasia y sus motivos personales y sus cruces cargadas a la espalda, y cómo te cambie o te defina ese encuentro, tendrá como resultado una variable. Siempre estarás atado a un vínculo, y estos te direccionarán de una forma u otra. Es por esto, que no puedes apostar por un bando a manera de garantía de algo. Tú apuestas por personas. Estas pueden decepcionarte, pero son las piezas del tablero de la vida, no hay otras piezas; tú no puedes reemplazarlas. Y por raro que suene, no hay casilleros, sólo abismos de probabilidad y kilómetros de incertidumbre.

El vínculo más importante de Evans Mitchell era Adrien, su hermano. El mundo podía venirse abajo, que a él no le importaba. Él haría hasta donde su apuesta lo llevara, y esa apuesta era, no un reflejo de Narciso, sino, un mismo latido separado al nacer y reencontrado para pertenecerse. Así, bien mirado, para él, no había bandos. Él iba a donde lo llevara el amor, el amor por su gemelo.

—Porque pueden hacerme daño. ¿Ese no es motivo suficiente?—No era tampoco, toda la verdad. Había miedo en su corazón, pero no era por los hombres de Voldemort y sus varitas y su odio. Si fuera así de cobarde, nunca se hubiera arrastrado hasta allí. A veces, incluso los cobardes pueden mostrar algo de coraje. Si Evans Mitchell estaba aterrado, era por no poder alcanzar el objetivo de pertenecer al lado de su hermano, el lado de Vodemort— Y porque me jodió, que Dumbledore desapareciera del mapa, ¿ok? No puedo vivir al margen, lo que seguramente sería lo más inteligente. No puedo, pero tampoco me importa nada sobre ser purista. Si fuera por mí. Quisiera que esto termine. Este gobierno me promete privilegios si agacho la cabeza, pero me aterra. Nunca me importó la pureza de la sangre de nadie. Y no creo que eso te haga mejor o peor mago. Y no es justo, pero la vida nunca lo es, ¿verdad?

E hizo la pregunta, la obvia pregunta, “¿Me ayudarás si…?”.

—Si no pones en peligro mi vida o la de mi hermano, por supuesto. De otro modo, nunca.

Impaciente, incómodo, se dio cuenta de que quizá, aquella no había sido su frase más compradora.

—¡Mira!, ¿me ayudarías tú a mí si te lo pidiera? Hazte tú esa pregunta. Luego, yo rendiré cuentes cuando llegue mi momento de hacerme esa pregunta. No, no, tiene bastante lógica si lo piensas. No soy ningún héroe. No iré a rescatarte de las garras de los malvados al ver la batiseñal en el cielo. ¿Cuándo tú has hecho eso por mí? Yo soy un tipo sencillo, que vine a pedirte un favor muy sencillo. ¡Y te ofrezco algo a cambio!, ¿sabes cómo se le lama a eso? ¡Un negocio!  Esto es una compra, yo compro tu talento, tú… me compras a mí, temporalmente.

Ey, ey, Evans, no te pongas nervioso.






asdasdsad:
¡Vida hermosaaa!, ¿cómo estás? :3 Me cuentan que borracha y con espadita láser yaoming Ok, nah. ¡Te comento! Ya sé que le falta acción al post xDDD Es que, ya iba casi por las dos mil palabras, y me dije, bueeeno, la persecución y las bombas lo dejo para el próximo post (¡!) Y como verás, la flipo de amor yendo de diálogo en diálogo. xDD

En fin, beso :3
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sam J. Lehmann el Miér Feb 21, 2018 1:38 am

¡Pero bueno! —Se quejó divertida cuando dijo que seguro que era una niña insoportable. ¡Y no lo era! Sam de pequeña era una niña muy mona, de esas invisibles y tranquilitas a las que siempre le levantaban la falda en el recreo del colegio y tenía que venir algún otro defensor a vengarse de tal insolencia infantil. —Eso, retráctate. Ya no solo te metes conmigo, ahora también te metes con mi yo del pasado que tan dulce era. Ahora soy super malvada en comparación, ¿vale?

Y es que no, no podía tomarse en serio esa conversación con Evans. Si ya de por sí hablar con ese chico era un caso aparte por las ocurrencias que tenía y la lógica que aplicaba, sólo conveniente para él, ahora que estaba bajo los efectos del felix felicis daba la sensación de que tenía todavía una verborrea más ingeniosa y perspicaz. Además, esa manera de gesticular o de incitar cada palabra de manera tan entusiasmada hacía que la legeremante lo viese más como un muñeco hiperactivo que como un humano en búsqueda de ayuda.

La cosa se puso un poco más seria, pero cuando digo 'poco' es, literalmente, poco. Jota prestó verdadera atención a todo lo que decía, ya que a menos que la insultase—consciente o inconscientemente—no iba a interrumpirle hasta el final. Debía de al menos otorgarle la capacidad que tenía para hablar como un auténtico negociante, capaz de dar en el punto clave del corazón de cada persona. Y claro que Sam era bien consciente de que estaba haciendo eso a propósito, para conseguir lo que quería, pero también hay que añadir que Samantha no era una mala persona y Evans jamás le hizo nada de mal, pese a que lo hubiera amenazado en más de una ocasión en voz alta. Además, eso de ser 'su extraña' sonaba hasta bonito. ¿Tan sola estaba, que hasta eso le sonaba bonito y le hacía sentir un poquito necesaria? Madre mía.

Había dejado todas sus cosas en el suelo delante de su tienda de campaña, cruzándose de brazos hasta que él terminó de hablar. Eso sí, no dijo nada hasta que le dio la comida que le había prometido por carta. Y mentiría si dijese que no se le hizo la boca agua al oler lo que salía de esa bolsa. —¿Quieres dejar de meterte con el hecho de que tenga un cerdo? El pobre, se va a ofender pensando que sólo lo tengo por si algún día me voy a quedar sin comida —respondió con cierta diversión. —Y sí, soy vegetariana. Se ve que el felix felicis hoy te ha cundido pero bien. —Entonces le señaló con la mano una piedra. Sí. Los asientos de lujos de Samantha Jota Lehmann eran piedras en medio del campo y, si te ponías quisquillosos, hasta te podía llegar a ofrecer un trozo roto de tronco. Pero eso era sólo si eras especial. Ella se sentó justo en frente, en ese tan famoso tronco roto. —A ver, Evans. Te entiendo perfectamente. Siempre será infinitamente más sencillo contarle tus problemas a un desconocido porque a éste le va a importar una mierda. Es una manera de desahogarse sin complicaciones; sin que nadie te de un abrazo de verdad —comenzó a relatar, cruzándose un poco de piernas y colocando la comida en su regazo. —Y sé por lo que estás pasando, o sea, mírame. Entiendo perfectamente lo horrible que es vivir con miedo a que te descubran.

Las preguntas que le hizo no eran al azar. Sam no quería ni iba a ayudar a alguien que no le convenciese. No necesitaba necesariamente a alguien que le ayudase al cien por cien, simplemente una persona que tuviese unos motivos reales y no movidos por la codicia, la violencia o unos ideales absurdos. Al principio sus palabras fueron claras y concisas, pero hacía mucho tiempo que ella ya había visto esa misma seguridad acompañado de ese brillo de ojos. No hacía falta más que remontarse a hace tres horas, cuando se miró al espejo y se dijo a sí misma que es todo estaba bien, con un brillo en los ojos que era el mismo reflejo del miedo que la aterraba día tras día. A veces somos tan idiotas de no verlo, pero el miedo en realidad no nos hace débiles. Nos hace luchar por lo que queremos de verdad; por sobrellevarlos.

Y le gustó lo que escuchó al final, esa decisión dispuesta a hacer lo que fuese por la vida de otra persona. ¿Sabes lo que denotaba eso? Que no era una persona egoísta—pues Sam, por lo poco que conocía, era lo que pensaba—, sino que le movía un motivo mucho más fuerte. Y ya me dirás si en un mundo de odio y muertes como en el que vivían, no valía la pena avivar la llama de un amor así. La rubia esbozó una pequeña sonrisa al escucharle, sobre todo al final cuando saltó con que aquello no era cuestión de favores, sino de hacer un negocio. Negó con la cabeza. —Evans, si yo te viera por ahí en peligro, a menos que sea un caso suicida, te ayudaría sin pensármelo. No me has hecho nada malo nunca, de hecho lo contrario: me ayudaste a no perder el poco dinero que tenía. Pero no me refiero a eso. No quiero que veles por mí o me pongas una señal a la que acudir si estoy en peligro. Lo único que quería saber es si serías capaz de ser realmente lo que dices y luchar por lo que es justo para todos, no simplemente utilizar la oclumancia como un poder con el que esconderte porque eres un cobarde demasiado cómodo. ¿O me vas a decir que con el gobierno de Milkovich no tenías privilegios? El primer privilegio que tenías era que no tenías que andar buscando a nadie para que te ayude a cerrar tu mente por miedo a que personas sepan tus verdaderos pensamientos. ¿Acaso no hay mayor privilegio que poder pensar lo que te de la maldita gana sin que eso tenga consecuencia? —Porque vamos, lo jodidamente frustrante ahora era encima no poder siquiera tener tu propia mente con la libertad para ser tú mismo y pensar lo que te diera la absoluta gana. —Y ya sé que esto es un negocio, pero me gusta negociar con buenas personas —añadió finalmente, mirándole a los ojos. Era cuestión de moral, tampoco era tan difícil de entender.

Entonces miró dentro de la bolsita de comida que tenía en el regazo, sacando del interior un paquete de patatas fritas. Madre mía, se le hizo la boca agua sólo de olerlas, ya que debían de haber pasado meses desde la última vez que comía de eso. Cogió un par para llevárselas a la boca, para luego ofrecer al chico. —Acepto tu trato, ¿vale? Pero haz de saber que vas a necesitar aprender por tu cuenta. Yo no soy oclumante, pero las bases de ambas técnicas en términos generales son lo mismo. Así que no te fíes de nada de lo que aprendas conmigo, porque no es para nada fiable si no trabajas duro —le dejó claro desde un principio. —Si quieres cuando me coma esto, probamos. Al ver tus carencias, sabré por donde empezar, aunque asumo que será desde el principio absoluto. ¿Has estudiado algo o sabes algo sobre el dominio de la mente? Porque facilitaría mucho las cosas.

Ábreme, guapo:
¿PERSECUCIÓN Y BOMBAS? :rp: xDDDDDDDDDDD A mí me ha encantado tu post sin acción, así que ni te preocupes, de hecho yo he hecho uno igual porque... es un tema muy guay :A Evans es tan fadsfasdfasdf como siempre. <3
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Evans Mitchell el Dom Mar 04, 2018 5:15 am



Acepto tu trato, ¿vale?


¡Oh, bueno, pero por qué no empezaba por ahí! Mira que hacerle gastar saliva, para al final… Mordió una papafrita, observando a su profesora con curiosidad. El culo lo tenía más rígido que el de una monja. Literalmente, tenía una piedra encajada en el… Las sillas y cualquier vestigio humano de una época civilizada escaseaban por el lugar.

—“No te fíes”, “nada fiable”—
citó, poco convencido—Mira, si vas a ser mi mentora—Ey, ey, ¿ahora era como si él le estuviera haciendo un favor a ella o qué?—, intenta inspirar un poco más de confianza—aconsejó, al tiempo que inhalaba aire e inflaba el pecho a modo de demostración, como si quisiera insuflarla de algo llamado “actitud”. O sea, no sólo pedía que le enseñara, sino que le mostraba cómo tenía que hacerse—¡Por supuesto que entiendo que es… todo un coñazo!—Ese era él, hablando de esfuerzo—¡Lo haré! Soy el más interesado en esto, ¿verdad? ¿Pero sabes? Si empiezas desde el vamos echándome la culpa cuando el problema es tu método de enseñanza, sólo pensaré que eres una mala mentora. Y creo que puedes ser mejor que eso, así que no le achaquemos la culpa al estudiante si ni hemos empezado, ¿ok?

Si lo que quería era alentarla, tenía una curiosa forma de mostrarlo. En todo caso, su reacción debía ser el acto reflejo de un vago, acostumbrado a minar el campo de defensas frente a cualquier alusión a la palabra “esfuerzo”, como si fuera su enemigo natural, su némesis, o algo de lo que había que cuidarse.

—Sí, claro…—Evans se llevó el reverso de la mano a la boca, y se la frotó en un gesto. Miró para otro lado. Sí, claro… ¿qué había leído sobre eso? A decir verdad, sí que tenía sus fuentes sobre el tema—. Bueno, esto de la oclumancia, me lo imagino como lo que hace este pelado de Marvel. No sé si tú… El tipo va en silla de ruedas, y hace estas cosas—con los dedos en la sien, realizó una fiel imitación del Profesor X. Iba muy en serio—, del control mental y eso. Y se le da bien. No es magia, pero se le parece. ¡Vamos! Al final, es sólo eso: leer la mente y cerrarla de los mirones, ¿verdad? Ok, no he leído nada, específicamente sobre cómo lo haces. Pero, ¡espera! Ahora sí que recuerdo algo. Leyendo sobre el maleficio Imperius. En alguna parte de este libro, que casi se devora mi tentempié, y todo eso sólo por una tarea; en fin, allí decía que rechazar el maleficio requería—muy ensimismado en lo que decía, gesticulaba al hablar. Sus manos iban de una lado al otro, señalizando y puntualizando sobre lo dicho, cada palabra que se le iba ocurriendo en esa ráfaga de sabiduría que le había dado. Fruncía el ceño, como persona seria. Él pensaba mientras hablaba. Él pensaba—de una fuerza de voluntad equivalente a lo que necesita un oclumante para reprimir sus emociones y cerrar su mente a la intrusión de un agresor. Me han lanzado el maleficio Imperius—soltó, jactancioso dirías—, ¿y sabes qué? No se me da mal, lo de resistirme—Claro que no. En algunos casos, tener una personalidad de impertinente seguro que ayudaba. Sonrió, tocado por un exceso de confianza—¡Creo que has dado con tu estudiante favorito!

Sólo que tú no lo habías pedido, y te había “caído del cielo”, como esas cosas que dejas caer a propósito, y que bueno, que le duela a otro.

***

La Oclumancia es un arte complicada. Algunos magos la dominaban un poco, sólo un poco. Un verdadero maestro oclumante cerraba su mente, y nadie podía hurgar en sus secretos, sus trapos sucios, sus vergüencitas, sus… ¿ese era un Evansito Mitchell atropellando a una anciana con un triciclo? Sí, y la anciana dejó la bolsa de la compra para perseguirlo con una rama de apio, con la cara de un troll verde en los pasillos de Hogwarts… ¿ERA ESE UN TROLL? Vaya, en Hogwarts siempre estaban al día con nuevos métodos educativos, cada vez más mortales, se veía… ¡Y ahí otro troll! ¡Ah, no! Ese era Evans, ¿contorsionándose delante del espejo? Mira que era un lindo…

Decir que entrar en la mente de otra persona era tarea sencilla, era mentira. Imágenes desparramadas, voces confusas, olores extraños se entremezclaban y causaban la impresión de vivir esas memorias, sólo que en una suerte de sopa espesa. La cosa se ponía rara cuando de la sopa te salía la cara de ¿Evans? No, no, era él, no porque pudieras diferenciarlo, sino porque ÉL lo sabía, Él era el que sentía la desesperación, y en fin, salía la cara de este chico que no era Evans pero se le parecía mucho de este plato de sopa, como si se asfixiara con los fideos. No, era en una cueva, ¿una cueva? ¿Trolls, cuevas y triciclos?, ¿qué clase de vida loca tenía Evans Mitchell?

—¡¡ESO NOOO!!


Al volver, volvió como si se asfixiara, frotándose el cuello. Él estaba despatarrado en el piso, cómodo si no fuera porque hacía un rato estaba de pie y ahora le dolía el culo como si se hubiera dado una buena tunda.

—Eso era un Boggart, lo tengo controlado... ¡Espera!—
Evans se levantó, trastabillando. No tenía la varita en la mano, porque la última vez convirtió al pobre cerdito en un florero, por vaya a saber qué encanto maravilloso, pero de puro accidente—¡Una más! ¡Puedo una más!

Era testarudo. De pronto, se interrumpió en su exceso de confianza, y agregó, mirando para otro lado, fingiéndose muy ocupado pateando el suelo:

—Tú no viste… Estaba esta chico…—Se pasó una mano por la cabeza, peinándose los cabellos hacia atrás. La miró, desconfiado—¿Debajo del agua? Bueno, que sepas. Eso no fue un beso. ¡Era una situación de vida o muerte! Y él es diferente, No estoy diciendo que. ¡No me importa si piensas que soy gay!, ¿ok? No es así, de todos modos. Estoy cool con los gay, también. Con los muggles y los gay, ¿ok?—Lo aclaró por si la mujer resultaba ser una militante del amor, pro muggle, pro gay, pro everything— Excepto un gay, que lleva gorra. Pero el resto me da igual. ¿¡Por qué me haces hablar tanto de todas formas!?—nadie lo hacía hablar, él hablaba solo. Y se nota que debía tener la cabeza confundida, porque ya no sabía ni lo que decía—¡Sólo sigamos!






AHGSDKJASHGD:
Evans se refiere a esta escena. jaja Y sí, yo acá disimulando la publicidad "Evzel" xDDD Es que se me antojó gracioso xDDD

Besos para vos :pika:


asdsad:
La oscuridad, la desesperante oscuridad de lo profundo del agua, le entraba por los ojos, los poros, los oídos, le entraba por los pulmones. ¡No podía respirar! No tenía idea sobre cómo había acabado allí, desnudo y en la fría agua del lago, o más bien, los recuerdos de su corrida en bolainas por la nieve como un loco de atar volverían a él pasada la crisis a la que había sido arrastrado, cuando en lo único que podía pensar era en vivir o morir. Tan rápido como pudo, o sólo porque la situación así se lo exigía, Evans entendió que: él y Denzel estaban bajo el agua, rodeados de Grindylows belicosos, que se pasaban de graciosos y que de una forma u otra, eran mantenidos a raya por la varita del ravenclaw. Puede que hubieran podido salir bien parados del asunto, turbulento asunto, si no fuera porque Evans se había quedado sin aire. Ah, pero Denzel traía puesto un casco-burbuja. Y la respuesta al dolor de sus pulmones, estaba justo allí, delante. Sólo tenía que estirar sus manos, y así lo hizo. De un arrebato, en medio del ataque de los Grindylows, Evans tironeó del rostro de Denzel y lo atrajo hacía sí entre burbujas y rápidos aleteos, encasquetándole el subidón de adrenalina que llevaba consigo y partiéndole los labios en la urgencia de volver a descubrir qué sabor tenía el oxígeno. Y se aferró tanto a él, colgado a ese momento, “flotando en ese momento”, mientras que las burbujas hallaban una forma de escaparse de sus bocas, que los Grindylows aprovecharon esa distracción para derribarlos. Y luego, todo se volvió oscuro. Por la culpa, por supuesto, de Evans Mitchell.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sam J. Lehmann el Mar Mar 06, 2018 3:35 am

Madre mía, ¿este señor no se había llevado nunca un Oscar al tipo más dramático sobre la faz de la Tierra? Porque era suyo, sin duda alguna. Samantha se mantuvo callada mientras el chico comenzaba a quejarse de que Sam era una mala profesora por la poca confiaza que depositaba en su futuro alumno, además de echarle la culpa sin haber empezado. ¡Cuando no le había echado la culpa en ningún momento! Pero bueno, ella alzó las manos levemente, en señal de que vale, que tenía razón.

Cuando nombró Marvel, hizo memoria. ¡Ella había visto cosas de Marvel! Recordaba haber ido a ver a ese señor de las mallas rojas y chistes verdes. ¿Deadpool? Sí, ese. Si mal no recordaba de la clase que le dio Emily sobre ello, ese pertenecía a Marvel. Eso sí, ¿un pelado en silla de ruedas? Ella recordaba a uno en silla de ruedas, pero tenía pelo. —Ese señor tiene pelo. —Pero claro, Sam era de esas que veía solo las películas nuevas, no las viejas. Y por decir 'nuevas' en realidad era solo la película en la que ese señor tiene pelo. —De todas maneras no es exactamente así, ese señor es capaz de leer y controlar la mente de otra persona. La legeremancia... es verdad que puedes controlarla, pero no de la misma manera. El término correcto sería decir que puedes modificarla y, depende de cómo lo hagas, esto afectará de una manera o de otra, llegando a poder controlarla indirectamente. —Explicar esas cosas así de repente y sin una clase previa era un poco precipitado, pero ya que había salido el tema, qué menos que aprovecharlo. Sonrió con cierto orgullo al escuchar lo que decía sobre el parecido entre el Imperio y la Oclumancia, sorprendida por lo que decía a continuación. —¿Has sido sometido a un Imperio? —preguntó sin poder evitarlo. —¿Quién te lo hizo? ¿Cómo fue? ¿En dónde?  

Ella nunca había sido sometido a una maldición Imperius y menos mal. Lo había pasado muy mal y, de hecho, lo seguía pasando muy mal frente a Crowley, pero con el Juramento Inquebrantable de por medio, ¿a quién narices le hace falta un Imperius de por medio? Pero él joven y, por mucho que las cosas estuviesen realmente mal en el mundo mágico, ¿tanto? ¿Habían llegado las cosas tan lejos en Hogwarts? Sam había tenido tan poco contacto después del ataque del diecinueve de diciembre que no tenía muy claro lo que había pasado en muchos sitios, solo que todo era caos.

-

Estaban en medio de sus segunda intromisión mental. Sam no estaba siendo nada malvada ni intensa, ¿vale? Después de tanto tiempo siendo legeremante, controlaba bastante bien lo mucho que introducirse en la mente del contrario, por lo que estaba siendo bastante buena, en busca de un primer contacto con el joven dramático de Hogwarts que, repentinamente, tiene como alumno. Y era todo un show. Quizás estaba consiguiendo ocultar algún que otro recuerdo, pero la gran mayoría aparecían frente a Sam sin ningún tipo de problemas y con una facilidad terrible. Eso sí... eran cosas nimias y sin demasiada importancia, por lo que la rubia decidió apretar un poco más.

Quiso encontrar algo de relevancia: quizás un momento incómodo, alguna situación embarazosa o algo que verdaderamente ocultase con recelo a ser visto por alguna otra persona. Y, de repente, la conexión entre ambos se cortó y el se tiró hacia atrás, sujetándose el cuello y prácticamente revolcándose en el suelo tan bien como lo hace el cerdo de Sam. La rubia soltó una pequeña risa, mirando a ambos lados sorprendida por el alto nivel en drama que ese señor tenía en vena. ¡Y luego ella se quejaba de su vida! ¡Si es que Evans vivía así de intenso todos los días de su vida! Que tampoco había sido para tanto lo que había visto. ¿Un beso? Eso era de lo más común a su edad. Si era normal para Sam, que era de lo más rarito en su época adolescente, me imagino para él que se nota que extrovertido y simpático es un rato. Pero vamos... lo que sí entendía era el querer ocultar el hecho de que su primer beso fuese con otro hombre. Sam había pasado lo mismo cuando en séptimo se besó por primera vez con otra chica: algo que no contó jamás o sí pero... puff, ¿cuántos años después? Y, a día de hoy, probablemente nada más se lo haya contado a Henry y poco más.

Le empezó a dar explicaciones y Sam las atendió en silencio, ¿sabes por qué? Porque interrumpir a Evans Mitchell era sencillamente imposible, ya se había dado cuenta. Cuando acabó de hablar, Sam lo miró con sosiego. —¿Ya? ¿Has acabado de darme explicaciones de tu vida que no te he pedido? —preguntó sin ningún tipo de malicia, ya que Sam no solía tener de eso en su vida. Se cruzó de piernas un poco, casi sentándose como los indios. —Lo peor que puedes hacer es negarte esas cosas, Evans —le aconsejó, pese a que no le había pedido opinión. Pero Sam se pegó años negándose una y otra vez lo que sentía por Caroline y... ¿para qué? ¿Para sentir que todo lo que hacía estaba mal y que era ella quién estaba rota? Ahora lo veía todo desde otra perspectiva, aunque interiormente pudiese a llegar a pensar lo mismo. —No hay nada malo por besar a nadie, sea hombre o mujer. Así que si quieres hacerlo, hazlo. Y ya luego te planteas si valió la pena o no. —Sonrió, encogiéndose de hombros. —No sé como lleva la retrógrada mente de los puristas la homosexualidad pero... yo creo que va siendo hora de luchar un poco por sí mismo, ¿no? —le preguntó. —No sé, solo te lo digo porque creo que no está de más que alguien te diga que eso es normal. A veces hace falta escucharlo de un tercero, por muy idiota que parezca —añadió finalmente.

Dio una suave palmadita, haciéndole un movimiento con la mano para que se acercase. —Vamos a intentarlo otra vez. Voy a intentar volver a acceder a ese recuerdo, ¿eh? Tengo curiosidad por saber qué pasó después con ese chico... —dijo, consciente de que eso probablemente lo molestaría y, obviamente, no querría enseñárselo. En realidad a Sam le daba igual lo que hubiera pasado después con ese chico, pero sabía que al menos eso le avergonzaría, que era lo que necesitaba ahora mismo de él: que quisiera guardar el secreto y luchase por ello. —Así que más te vale demostrarme ahora cuán resistente puedes ser, ¿eh? —Alzó ambas dejas a la vez. —Que esto realmente funciona cuando tienes algo que ocultar, si no... uno nunca da todo de sí.

JEJEJEJE HOLA:
YO VOTO POR TIRAR DADOS JIJI Si sale par, consigues que no vea nada, pero si sale impar, veo algo comprometido/vergonzoso de Evans, no necesariamente con relación con Evzel, ¿qué te parece? Obvio tú elección, si prefieres no tirar dado, lo que tú prefieras <3
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Evans Mitchell el Miér Mar 07, 2018 4:01 am

—¿Has sido sometido a un Imperio? —preguntó sin poder evitarlo. —¿Quién te lo hizo? ¿Cómo fue? ¿En dónde?

—Bueno, desde que todo esto del nuevo régimen empezó… En Hogwarts tienen un nuevo método de enseñanza, ¿sabes? Básicamente es aplicar los maleficios imperdonables sobre los alumnos. La profesora la tiene conmigo, porque, ¿quieres saber algo gracioso? Se me da fatal Artes Oscuras, siempre fue así. Y a ella le gusta reírse de eso, y cuando quiere a alguien para dar una demostración… Bueno, me tiene a mí y a todo el que le “caiga en gracia”. La clase en que tratamos el Imperius por primera vez, la perra no me soltaba.

La boquita, Evans, la boquita.

—Hasta que me rebelé—Se sonrió, malicioso—. Y ella acabó arrepintiéndose. Tú no controlas tu magia cuando estás “poseído” y te sientes amenazado, y cosas suceden. Claro que después de eso, su tirria contra mí se hizo algo personal. Pero, ¿cómo iba yo a tener la culpa de que la cara se le llenara de pústulas por un mes?—Rió—En la enfermería no podían quitárselas con nada… Aunque, ¿sabes? Creo que la enfermera lo hizo a propósito. No le hizo ninguna gracia cuando Dumbledore se fue, pero se mantuvo en el puesto. Y después de eso, se portó mucho más amable conmigo, así que.

***

Vaya, pero si se había impregnado de polvo, tierra. Evans se sacudió, palmeándose con ahínco. No entendía cómo es que hasta del pelo le caí la mugre… como si se hubiera estado revolcando con el cerdito ese de la pinchuda. Ante este pensamiento, Evans miró el suelo con desconfianza.

No tuvo mucho tiempo para ponerse al día con su aspecto, sucio y desaliñado, cuando el comentario de su mentora lo hizo reaccionar, negando con un sonoro resoplido, cual gruñido. ¿Ves? ¡La gente siempre era así! Se pensaban lo peor. Por cualquier cosa, mínimamente ‘comprometedora’, y a veces ni eso, ya sacaban el tema de la homosexualidad. Si pasaban mucho tiempo juntos, gay. Si te estudiaban fijamente con la mirada, gay. Si te tirabas un pedo, gay.

—Lo peor que puedes hacer es negarte esas cosas, Evans…

Genial, lo que faltaba. Revoleó los ojos.

—No hay nada malo por besar a nadie, sea hombre o mujer…

Ya, ya, lo entendía. A él no le importaban esas cosas, qué mujer. Lo que sí. Le importaba, mucho, lo que la gente diría. Le entraba la mala sangre a la hora de tratar con idiotas, y prefería no darles excusas para que abrieran la puta boca, porque aunque no quisiera admitirlo, era muy reservado con respecto a lo que estaba dispuesto a dar a conocer a terceros.

Ella podía ser una militante del amor, no se había equivocado con ello. Pero el resto del mundo era “normal”; eran un dolor en el culo, vamos. Y a esos era a los que había que tener a raya, no dándoles lo que querían.

Evans era, en fin, esa contradicción de “chico problemas”, al que sí le importa lo que la gente dice. Podía darle la espalda sí, a los comentarios, los prejuicios, las miraditas, pero lo sentiría con una ira explosiva, y su vulnerabilidad lo punzaría desde adentro. Después de todo, el vivir en una familia en la que los secretos se acumulaban por debajo de las baldosas y las apariencias lo eran todo, le dejó su huella.

—¡Le retrógrada mente de los puristas!; ¡es la retrograda mente de la gente normal!, ¿lo entiendes? Y es la gente normal a la que tienes que soportar día a día… —Evans se arremangó, decidido. Estaba muy chispita, y enérgico. Fruncía el ceño, huraño, porque así era al hablar de cosas que le molestaban, pero se sonreía con una cierta picardía. Era tan empeñado cuando se lo proponía, que lo único que tenía en mente en ese momento era RECHAZARLA, a como diera lugar. Era curioso, cuando menos, que ella no le molestara. No debía considerarla “normal”. Bueno, es que eso de vivir con los cerdos…—¡Y te digo que no es una cosa gay! ¡Es diferente!

¿Nadie lo entendía? Tsk.

Ah, si era por cosas que ocultar…

Mujeres, las mujeres eran terribles. Locas, todas. Como esa chica Amy, que lo había atormentado durante sus primeros años en Hogwarts, iniciando toda serie de rumores sobre él, metiéndose hasta con su sombra, para fastidiarlo, desde que estaban en primero.

Cómo será de cruel la vida, que las “nenas malas” se metían con el pobre diablillo de Evansito Mitchell, haciéndolo rabiar.  

En una oportunidad, Amy entró al dormitorio de los chicos, sigilosa y riendo entre dientes, mientras estos dormían o roncaban o balbuceaban en sueños, llevando una rata sujeta de la cola. El bicho colgaba de sus dedos, retorciéndose en el aire. Evans la vio justo cuando…

¡Ey!, pero había un motivo para decirle que NO a esa INTRUSA. Evans, el Evans que se debatía interiormente con un montón de mierdas como “pon tu mente en blanco” (un imposible, si se piensa. A menos que uno se concentrara en crema y merengues, y ni así), reaccionó, y direccionó toda su fuerza voluntad contra el agente externo que ansiaba hacerse con la primicia de algo indecoroso, un episodio de su vida que todavía lo hacía cosquillear de la impresión, si pensaba en ello.

No supo por qué, pero se imaginó que la intrusa podía ser derribada a la carrera por un cerdo enfurecido. Con eso en mente, la “atacó” en el pensamiento. Ey, que improvisar tenía su mérito.  


agfdgfdg:

Su recuerdo no es tan previsible como parece (?)

Veamos si tu chica descubre qué pasó (?)

Creo que entendí lo de los dados para la chacota, pero.


Sorry xDDD


avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Maestro de Dados el Miér Mar 07, 2018 4:01 am

El miembro 'Evans Mitchell' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dado de 20' :
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
Mensajes : 3077
Puntos : 1352
Ver perfil de usuario

Evans Mitchell el Miér Mar 07, 2018 4:20 am

En una oportunidad, Amy entró al dormitorio de los chicos, sigilosa y riendo entre dientes, mientras estos dormían o roncaban o balbuceaban en sueños, llevando una rata sujeta de la cola. El bicho colgaba de sus dedos, retorciéndose en el aire. Evans la vio justo cuando…

Soltaba la rata en sus calzones, y como en una ensoñación, sintió un hormigueo vivo y escurridizo entre sus piernas, no como algo que le sucediera a él, sino a alguien más, pero esa ilusión le duró tan sólo segundo, porque al instante siguiente saltó en la cama, sacudiéndose LO QUE FUERA QUE ESA LOCA, ¡puaj!, ¿y acaso habría gritado?, porque inmediatamente, el cuarto de los chicos se convirtió en un caos: Chris se había caído de la cama, Vane había lanzado un conjuro medio dormido asaltado por un sexto sentido de alerta, y Ed corría desnudo y en círculos por la habitación.

Evans se había arrojado sobre una Amy que reía a carcajadas, y cayeron al suelo en una pelea de tú a tú, como si estuvieran en el barro, y tan ensimismados que estaban desgreñándose los pelos, que ni se dieron cuenta cuando Ed tropezó con ellos, yendo a caer de boca y rompiéndose la nariz, mientras que un Vane insomne lanzaba conjuros a diestra y siniestra, rompiendo las cosas.

Chris, arrastrándose por el suelo para no ser alcanzado por la varita de ese loco que murmuraba hechizos en el quinto sueño, intentó separarlos, acusándolos con vaya a saber qué palabrotas por la que se estaban montando, ¡cuando de pronto!...

—¡NO; ESO NO!, ¡que pares, maldición!


dsfdsf:
Me copé con los dados (?) Puedo seguir escribiendo lo que me queda de vida e inventarme cosas random hasta que me toque par...  POR FAVOR ESTO NO ES SPAM; ES MADNESS. Gracias por entender (?)


Última edición por Evans Mitchell el Miér Mar 07, 2018 4:21 am, editado 3 veces
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Maestro de Dados el Miér Mar 07, 2018 4:20 am

El miembro 'Evans Mitchell' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dado de 20' :
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
Mensajes : 3077
Puntos : 1352
Ver perfil de usuario

Sam J. Lehmann el Sáb Mar 10, 2018 4:29 am

Se había sorprendido gratamente cuando le contó lo de la maldición Imperio, más que nada porque había que tener huevos para enfrentarse en estas circunstancias a un profesor de Hogwarts. ¿No eran los Lestrange los que estaban al mando del castillo? A ella, personalmente, esa gente le daba mucho mal rollo. Los dos tenían una cara de dementes que no eran ni normales... Y claro, atreverse a plantarle cara a un profesor que estaría protegido bajo ese matrimonio... uy, no sonaba muy convincente. Pero le gustó. Entre eso y que había ido en busca de una fugitiva sólo y exclusivamente para que le enseñase oclumancia... pues oye, estaba claro que Evans era una persona que se arriesgaba por lo que quería y, teniendo en cuenta como están las cosas en este momento, era importante que existiesen personas capaces de arriesgarse de verdad por lo que quieren.

Tampoco quería darle demasiada importancia a eso, ya que estaba claro que no era un tema del que fuese bonito hablar, además lo importante era la relación de eso con respecto a la oclumancia y, más pronto que tarde, la misma Sam se iba a dar cuenta si realmente tendría que ver y cómo de capacitado estaría Evans al respecto de la invasión mental.

Se quejó ante las palabras de Sam cuando ésta habló sobre lo que había visto. ¡No era ella quién había pedido los detalles! Y a ver, ya Sam tenía una edad y conocía esa frustración. ¡Pero qué agresivo con el tema! No fue capaz de decir nada constructivo, solo seguir quejándose. Y no sabía de qué se estaba quejando. ¿Se quejaba de la gente que no era de mente abierta? ¿Se quejaba de lo que podrían decir? ¿De qué narices...? Sam lo miró confundida, alzando las manos en señal de paz, ya que estaba claro que lo que había dicho sólo había servido para hacer que se estresase todavía más con el tema. —Vale, vale. El problema es la gente normal, no es una cuestión gay. —Repitió sus mismas palabras. —Está bien. Debería dar igual la gente normal y también la cuestión que sea. Todo el mundo va a hablar, siempre. ¿No sabías que vivimos en un mundo en donde criticar es gratis y, además, lo más fácil? —Bufó. —La gente se respalda buscando desgracias ajenas con tal de no lidiar con las suyas propias.

Y no dijo más nada, por miedo a que volviese a quejarse de la queja de la queja. O ella qué sabía ya.

Volvieron a ponerse manos a la obra y, como había prometido, fue directamente en busca de eso que realmente le hiciese luchar por apartar a Sam de su mente. Fue de lo más divertido, ya que el recuerdo fue apareciendo poco a poco, como si de alguna manera él quisiese que eso no apareciese delante de las narices de Samantha. ¿Lo divertido? Que la legeremante lo notaba. Estaba notando esa pequeña prohibición que hacía que le costase acceder de manera libre por todo el recuerdo.

Y lo siento, pero Sam tuvo que reírse a carcajada limpia al ver aquello: era surrealista. Intentó controlarse para no perder la conexión que tenía, pero madre mía, no entendía como es que eso podía pasar en la vida de uan persona normal. Ya no era solo el recuerdo que tenía Evans por parte de Evans, ya que una vez lo ves con perspectiva, desde una tercera persona alejada de cualquier suceso, te das cuenta de verdad de los detalles: ¿nadie se había fijado de ese pobre chico desnudo que corría por ahí y que cayó sobre Evans y Amy? Seré sincera: Sam estaba expectante por saber cómo narices terminaba ese recuerdo. Por qué Amy había sido tan malvada de hacer eso, cómo es que todos en ese cuarto estaban majaras perdido y, sobre todo, el por qué de tanto odio. Pero no llegó a descubrir el final, ya que entre la risa, el despiste de la curiosidad y todo lo que estaba pasando en ese recuerdo que la tenía tan concentrada sólo en eso, fueron el detonante de que Evans con un poco de esfuerzo consiguiese sacar a Sam sin apenas esfuerzo. —¿Qué... —Pero claro, desde que uno pierde la concentración, lo pierde todo. —Me he quedado con las ganas de saber cómo termina eso, ¿qué narices pasó esa noche? —preguntó antes que nada, antes de que se le fuera la curiosidad por el recuerdo, pues entraría en materia. —La verdad es que pese a que evidentemente estás verde como una lechuga, sabes lo que hay que hacer. Te siento ahí dentro. —Tocó con el dedo índice, cariñosamente, la frente del chico. —Y aunque parezca lógico, porque es tu cabeza, no lo es. Mucha gente no es consciente de cuando alguien se mete en su propia mente, por lo que es muy complicado saber cómo asechar al invasor y, sobre todo, echarlo. —Continuó explicando, haciéndose un mechón de pelo por detrás de la oreja. —No creo que lo hayas hecho conscientemente, pero poner ese tipo de recuerdos en primera línea de visión suele ser buena idea. Es un recuerdo vergonzoso que te deja en evidencia, por lo que el legeremante puede pensar que es lo que más quieres guardar y no indagar en cosas más peliagudas. Eso sí, los legeremantes tenemos bastante facilidad para descubrir si alguien miente o no, por lo que tienes que creértelo muy bien para que él se lo crea —añadió, dándole un pequeño truquillo que iba en contra de los suyos propios. —Mejor lo dejamos por hoy, con cansancio mental no se llega a ninguna parte. Lo primordial de esto es no perder la concentración nunca. A mí me cogió tan desprevenida ese recuerdo tan aleatorio que la perdí por completo —confesó.

No es que no le estuviese tomando en serio, pero estaba claro que no era lo mismo meterse en la mente de alguien como Evans en una tutoría tranquila e inocente, que estar leyendo la mente de algún enemigo en medio de un momento muy estresante y peligroso. La concentración no se pierde tan rápido en esas situaciones.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Evans Mitchell el Sáb Mar 10, 2018 9:09 pm




—¿Te refieres… a qué no pasó?—
Evans rió entre dientes y se levantó del piso, de nuevo—Una loca, eso fue lo que pasó—Por el tono de humor, dirías que hasta se había puesto nostálgico—. Pero en verdad, no recuerdo muy bien. Hoy me entero que Ed corría desnudo—Ella lo tocó con un dedo entrometido, y él arrugó la nariz en un gesto. Sonreía, cansado, entre que se acomodaba la ropa—Te lo dije, sé resistirme—Ya, ya, tú sabes lo que hay que hacer (porque lo que tenía de cabeza dura, no se le quitaba con nada, ni maleficios ni intromisiones mentales). Le gustaba la confianza, alimentaba su ego. Y ey, ¿no le había dicho que sería un buen alumno, uno del que estar orgulloso?

Los humos Evans, los humos.

***

El verano seguía su curso, y las clases ocupaban a un interesado, empecinado Evans. Se había tomado la Oclumancia como un desafío personal, y aun sabiendo que le quedaría mucho por descubrir de esta rama de la magia, solo y con su obstinación como principal recurso, no parecía desalentado por el camino que le quedaba por delante, incluso cuando su desempeño en las prácticas fuera, de a ratos, paupérrimo o de un patetismo desesperado.

Había tomado la costumbre de llegar a la tienda de campaña de la maga con un paquete de comida chatarra —todo un gesto, viniendo de un gorrón como él—, y de, ¡ey! mira tú que bonito, ponerse a jugar con el cerdito, que lo recibía medio espantado, medio curioso, y chillando como un cerdo —la ironía—. Evans, como humano de compañía, era molesto y pesado —lo confundía tanto al pobre animal en sus juegos, que a las claras sólo quería marearlo y tomarle el pelo—, pero el cerdo, que era más inteligente, le seguía la corriente, porque le daba a escondidas de su dueña unas golosinas muy curiosas, que eran adictivas y sabrosas, sólo que después tenían un efecto sobre el animalito —humo que te sale de las orejas, devolver canarios, estirársele la lengua—, que unas veces lo hacían entusiasmarse y sacudirse de contento, divertido, y otras, sólo asustarse.

—¿Qué? ¡Le gustan!, ¡mira cómo se pone de contento! Ok, ok, quizá me he pasado esta vez. No te enojes, tienes una cara horrible cuando te enojas. Te avejenta el cutis, ¿sabes? Poco saludable, digo yo. Tienes que ser más risueña, sonreírle a la vida—¿Desde cuándo se había convertido en un predicador? Ah, es que el parloteo le salía natural, espontáneo—Tienes suerte de que yo venga a visitarte, a alegrarte un poco—Que nadie se cayera de espaldas, por favor. Evans se adecentó un poco la ropa, distraído, ahí de pie, con pintas de no haber matado nunca a una mosca. Y le lanzó una pícara mirada de reojo al añadir, sonrisa de por medio—: ¿Qué harías sin mí? Sales, quiero pensar—La miró con curiosidad—¿Qué es eso que escondes?

¿Qué?

—Tú te metes en mi cabeza y hurgas en mi jalea, pero yo no necesito varitas para darme cuenta que estás toda rara hoy. ¿Qué escondes?—
insistió—. Oh, vamos Jota—rió, y soltó, a modo de broma—: no me dirás que tienes vampiros en la carpa.



ASGHDHASKD:
Ey, sólo te tiro posibilidades. Vos movete como quieras :pika:

*TRAMA DE SECUESTRO (!).

Sam secuestró a alguien y no sabe qué hacer con él/ella (!!!) jaja Ok, qué loco. Es que las ideas me llegan y no piden permiso (?)

*TRAMA DEL SACO (?) -indirectamente relacionada con la trama de secuestro xD (por el “hombre del saco” (?))-

Mira cómo serán las casualidades, que un hombre (muggle o mago o lo que sea) perseguido por alguna misteriosa razón y desesperado, arroja un saco desde el puente que le cae a Sam en la cabeza, y huye corriendo. ¿Qué habría en ese saco tan importante, que el hombre no quería que hallaran?



Jajaj Ok, paro, paro. xD Que me vino también la idea de atrapar a un psicópata suelto por el barrio que era en realidad una criatura mágica y se comía las gorras de los linyeras (???) Ando rara con las ideas hoy (?)

¿Dije que AMO a Sam?  :pika:
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 10.050
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 333
Puntos : 228
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sam J. Lehmann el Dom Mar 18, 2018 7:35 pm

Otro día más de verano, aunque este día era un tanto... especial. ¿Sabes eso que, entre más en la mierda estás, más parece que caen desgracias sobre ti? Ya comenzaba a pensar que eso era cosa del karma. O de un destino puñetero. ¿O quizás las casualidades, que eran más inoportunas que nunca? No lo sabía. Ya ni sabía en qué creer. ¡Ella siempre había pensado que tenía muy buen karma, pero ya no lo tenía tan claro! No lo sabía, está claro que no sabía porqué el mundo de repente iba en su contra. De hecho, había llegado un momento en su vida en donde todo iba cuesta arriba y no sabía en qué momento todo había dado un giro tan estresante.

Estaba en su tienda de campaña, cerca de un lago en el bosque de Epping, caminando de un lado a otro mientras se mordía la uña del dedo gordo. Estaba en uno de esos momentos de estrés supremo en donde la cabeza tiene tanto en lo que pensar, que en realidad está bloqueada sin llegar a ningún punto en claro. Y eso lo único que conseguía era agobiarla todavía más.

No fue hasta que escuchó a su cerdito en el exterior, acompañado de una risa que reconoció a la perfección, que salió de allí para ver de nuevo a aquel chico en los límites de su cutre y móvil propiedad. Podría haberle saludado, pero cuando vio a su cerdito rebotando contra el suelo como si fuese una pelota de baloncesto, frunció el ceño. —¡Evans! ¿Quieres dejar de cebar a mi pobre cerdito con esas golosinas? ¡Vas a hacer que se ponga malo! —Y nadie quiere tener a un cerdito malo de la barriga, créeme. Sam tenía la teoría de que Evans lo cebaba para robárselo en el momento menos esperado y hacer chorizo con él, por eso no le quitaba el ojo de encima normalmente. Hoy era un caso especial.

Lo miró con cara de pocos amigos cuando le dijo que tenía que ser más risueña. ¡Será...! ¡Pero si Sam era un amor siempre! ¡Siempre, siempre! Y por no decir risueña. —Claro que salgo. —En realidad no, pero ella se defendió como una buena señorita que era, ofendida por sus palabras altaneras.

Se quedó con la mirada de un búho acechador asustado cuando Evans averiguó repentinamente que Samantha ocultaba algo. Y es que sí, tal cual lo piensas: Sam era horrible para ocultar sus emociones, sobre todo cuando algo le preocupaba tanto; no hacía falta más que mirar su dedo gordo para ver si su uña estaba mordisqueada o no. —¿Qué dices? —Era más fácil dejarlo de loco a él, a que él descubriese que la loca que oculta algo es ella, aunque ya lo supiese. Pero claro, cuando la llamó 'Jota' un click se desbloqueó en su cerebro. Que la llamasen así le hacía sentir bien; le hacía recordar a sus mejores amigos. —Evans, ¿del uno al diez cuánto confías en mí? Supongo que si te has ofrecido a que pueda leer libremente toda tu mente —porque admitásmolo, Sam podría leer toda la mente de Evans en un santiamén si quería, si no lo hacía es porque le estaba enseñando y por eso iba poco a poco—, es porque confías en mí. Bien, porque necesito tu ayuda.

No hacía falta recalcarle que no dijese nada a nadie. Quién viese a Evans contándole por ahí a la gente que ha ayudando a Samantha Lehmann a hacer trapicheos extraños. —Ven.

Y lo llevó ante el problema.

Entraron en la tienda y, en un poste central que sujetaba prácticamente todo, estaba atado un adolescente de unos diecisiete años, rubio, de ojos verdes y mirada dulce. Estaba atado, pero era libre de hablar, aunque no lo hacía. Miraba a los dos como si no supiese en dónde estaba, ni qué hacer con su vida, ni nada. —No sé quién es —dijo Sam, mirando a Evans. —Ha aparecido hoy en una barca en el lago, gritando mi nombre. ¡Gritando mi nombre, Evans! —Recalcó. —Le he preguntado que quién era y no me ha dicho nada de nada. Y ha sacado esto así de repente. —Enseñó la varita que le había quitado al chico. —Y claro, pensé que me iba a atacar o algo y le desarmé y lo dejé inconsciente. Lo dejé ahí para que cuando despertase preguntarle con sosiego y calma pero... le he preguntado mil cosas y no me contesta absolutamente nada.

El tipo negó con la cabeza, afirmando que no iba a decir nada de nada con cara de no haber roto un plato.

¿Ves? ¿Qué narices hago?

Obviamente la incertidumbre de Sam recaía en que... si un tipo ha llegado hasta la localización de Sam con tanta tranquilidad y, encima, preguntando por ella, es porque algo no cuadra y sus métodos para esconderse tampoco son tan efectivos.


adjlfafd:
Te loviu, lo sabes <3 Me activaré tu notificación personal para lo próxima vez no te me quedes atrás >.< Pinky promise!

Se me ocurrió esto con las ideas que me soltaste en tu spoiler, que es un poco random, pero oye... me pareció divertido meter un factor sin sentido que dejase a Sam sin entender nada en la vida, más todavía, digo xDD

Yo sí que adoro a Evansote :A
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Desempleada
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 6.615
Lealtad : Neutral
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 636
Puntos : 430
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.