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Las "temibles" criaturas acuáticas || [FB] [Priv.] [Caroline Shepard]

Gwendoline Edevane el Mar Ene 23, 2018 3:59 am

17 de diciembre de 2017 - 9:32 a.m.
Coniston Water, Cumbria. Norte de Inglaterra.

Trabajar para el Ministerio con frecuencia nos llevaba a nosotros, los empleados, a desplazarnos largas distancias para atender diversos casos. Aquello no me sorprendía lo más mínimo, y gracias a la aparición, el trayecto solía ser corto.
Sin embargo, aquel era un trabajo curioso. No había sido mi departamento quién había recibido el aviso, si no el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. ¿Qué pintaba yo en todo aquello?
Pues muy fácil: había recibido una carta de Caroline Shepard pidiendo mi colaboración.
Tras la visita de Sam a mi casa, todavía no había tenido tiempo de ponerme en contacto con ella. A fin de cuentas, me había pasado todo el tiempo libre que tenía recabando información sobre Ulises Kant para ofrecerle a mi amiga un informe lo más detallado posible del mortífago, y evitarle sorpresas. Y si estaba tardando tanto era porque quería averiguar también lo que pudiese sobre la tal "Grulla", cosa que no estaba siendo sencilla.
La cara de Caroline me sugirió que quizás Sam hubiese hablado con ella, que le hubiese hablado de mí. Y lo cierto es que no dudé ni un segundo en prestarle mi ayuda. Quizás hubiese otros mejor cualificados para tratar con aquella situación, pero estaba segura de que podría hacerlo.
Así que a alrededor de las nueve y media de la mañana, tras haber pasado unos minutos repasando un mapa y la información que Google Maps me podía ofrecer sobre Coniston Water, situada al norte de Inglaterra, escogí una zona boscosa en la que aparecerme sin llamar ningún tipo de atención.
Si alguien aparecía por allí, sería de casualidad, y le echaría la culpa a mi mala suerte.
Por suerte, no ocurrió. Experimenté esa sensación vertiginosa mientras el mundo daba vueltas a mi alrededor, y cuando se detuvo, el entorno había cambiado a mi alrededor. Árboles, canto de pájaros, silencio... Parecía mentira que siguiesen existiendo lugares así en un mundo tan ajetrado cómo este.
Me eché la capucha por encima de la cabeza y eché a caminar. Metí la mano izquierda en el bolsillo de mi chaqueta de polipiel negra, mientras que en la otra mi varita se movía sola, indicándome la dirección que debía seguir para llegar al lago dónde debía reunirme con Caroline.
Y estaba nerviosa, a decir verdad. Sam me había hablado muy bien de Caroline, pero no la conocía. Y siempre que estaba en compañía de alguien a quien no conocía, me ponía nerviosa. Era una suerte que fuese capaz de controlar esos nervios y que las palabras me saliesen fluidas.
Por fin salí de entre los árboles, la parte baja de mis vaqueros y mis botas empapadas por el rocío que cubría la vegetación del bosque. La varita se detuvo y me la guardé nuevamente dentro de la manga izquierda de mi chaqueta. El lago mostraba un aspecto hermoso a aquellas horas de la mañana, parcialmente cubierto por la bruma.

—Bueno...—Dije en voz baja, para mí, mientras me detenía a la orilla del lago.—Ya estoy aquí. ¿Cómo será Caroline? Parece simpática, y buena persona, pero...

No sabía qué seguía a ese "pero", la verdad. Me figuraba que se trataba de algo referente a mí, a mis propios nervios. Así que intenté olvidarlos. Para hacerlo, mientras esperaba, me deleité en la belleza que me rodeaba. Y pensé que, si algún día me convertía en fugitiva, me escondería en algún lugar cómo este.
¿Quién buscaría a nadie aquí? Tal vez Ulises Kant y Grulla, en su afán por reunir galeones y más galeones...
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Caroline Shepard el Mar Ene 23, 2018 3:55 pm

Las cosas durante el último tiempo habían estado todo menos fáciles. Había regresado a su ciudad natal encontrandose con algo totalmente distinto de lo que con ojos brillosos años atrás se había despedido con un esperanzador "hasta luego". Diez años tuvieron que pasar para que ella volviera. Y se encontrará de sopetón con una realidad horrible, llena de persecuciones, matanzas, torturas, y borra memorias...

La imagen de Crowley aún le persigue, pero no siente ni un atisbo de arrepentimiento.  Aún cree sentir el olor que desprendía la sangre del castaño al desbordarse por toda su oficina, aún recuerda perfectamente su último aliento y cómo de u momento a otro todo su cuerpo quedo tieso, inmóvil, sin vida. Y eso, más que hacerla retroceder no fue más que un impulso para entregarse aún más de lleno a la causa. Al conocer a Crowley por primera vez entendió que hay personas que simplemente no merecen vivir, que succionan más que entregan algo medianamente bueno a la sociedad y ella estaría más que feliz de ir por ellos/as uno, a uno.

Era consciente de los riesgos que corría con su actual doble vida, mas que mal trabajar en el edificio que luchaba en primera fila para el nuevo gobierno era algo que le daba dolores de cabeza continuamente. Pero debía resistir, debía simular y tratar de evitar lo más que pudiera a los detestables para no tener que actuar más de la cuenta (ya que era algo que odiaba). Pero cuando el sol se iba a dar una vuelta a la otra parte del mundo y la noche (siempre su más fiel compañera) hacía acto de aparición ella en la oscuridad y soledad de su oficina comenzaba a trabajar de verdad. A recabar información, a archivarla, estudiarla y de a poco ir respondiendo las innumerables encrucijadas que aún le quedaban sin resolver.

Pero hoy era un día diferente. Hoy se había despertado antes de que sonara el despertador y había ido hacia el trabajo de buena gana (¡hasta con una sonrisa en el rostro!). Hace unos días su querida Samantha le había hablado de un ex ravenclaw llamada Gwen, en un principio le costó crear el rostro de la chica en su cabeza pero luego de un par de minutos lo logró, recordandola con mucha admiración y aprecio. Y el hecho de saber que ella trabajaba en el Ministerio le causó un gran alivio, ya que los rostros amigos realmente escaseaban en ese lugar.  Es por eso que cuando recibió una nueva misión por parte del Departamento no dudó en pedir que para esta ocasión necesitaría ayuda extra, quizás de parte del Departamento de Catástrofes, para luego terminar siendo aún más especifica y entregar el nombre de Gwendoline Edevane.

Se apareció en el lugar acordado, se detuvo unos segundos y cerró los ojos para dejar pasar esa horrible sensación que le producía aparecerse. Y cuando sintió que su estomago dejaba de dar vueltas sonrió, por percibir aún con los ojos cerrados la tranquilidad y hermosura de ese lugar. Para cuando al abrir sus ojos solo terminar comprobando sus suposiciones. Salió de detrás de los árboles y arbustos cuidadosamente para comenzar a caminar hacia el Lago del cual habían recibido constantes quejas por partes de la comunidad muggle.

Sonrió cuando a los lejos observó de espalda a una mujer que si sus recuerdos no le fallaban debía de ser la amiga de Sam,  apresuró su paso hasta llegar hacia ella.- ¿Gwen?.- preguntó antes de quedar en frente de ella y ofrecerle una afable sonrisa.- Hola, soy Caroline Shepard del Departamento de Criaturas.- se presentó suprimiendo conscientemente las palabras "regulación" y "control" de su título. Para luego tenderle una beso en la mejilla y agregar.- ...y amiga de la adorable de Sam.- susurró bajito y con tono travieso.

Al separarse echo un vistazo al hermoso paisaje que le ofrecía su trabajo el día de hoy. Por cosas como esa es que amaba su profesión, porque las Criaturas al igual que ella preferían lugares apartados, silenciosos, y rodeados de naturaleza. - Wow, que hermoso...- dijo en un largo suspiro observando lo majestuoso que se veía el Lago a esas horas de la mañana.

- Por cierto, ¿has traído traje de baño?.- le preguntó con una sonrisa de lado picara. Que ella tras leer las descripciones de la Criatura que está molestando a los bañadores muggles supo enseguida que se trataba de "Plympis" unos animales traviesos  y comilones. Y para poder pillarlos o más bien desviarlos a un sector de Lago menos concurrida debían entrar en sus terrenos, debían sumergirse...
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 24, 2018 1:59 pm

No pasé demasiado tiempo sola en aquel paraje natural tan hermoso, y sin embargo, disfruté del silencio y de los cantos de los pájaros durante lo que se me antojaron horas. Podía decirse que alcancé algún tipo de estado de relajación, y por un momento me olvidé del mundo mágico.
¡Y menuda maravilla, poder olvidarse del mundo mágico por un momento!
Entonces, escuché que alguien pronunciaba mi nombre, y volví a la realidad. Recuperé un poco los nervios iniciales, pues aquella voz solo podía pertenecer a una persona: Caroline Shepard, la mujer que me había citado allí.
Me giré en su dirección y le sonreí lo mejor que pude.

—Hola, Caroline...—Empecé a decir cuando se presentó por su nombre y por el de su departamento, pero me interrumpí cuando se me acercó, me dio un beso en la mejilla, y agregó que era amiga de Sam. La adorable Sam, para más señas.—Es un placer conocerte por fin.—Acerté a decirle, aunque lo cierto es que ya la conocía, al menos de vista, y por ser la compañera de cuarto de Sam en Hogwarts.—Tengo que darte las gracias por cuidar de Sam. Me ha hablado maravillas de ti.—Agregué, y era cierto: la imagen que me había formado sobre Caroline en mi cabeza era poco menos que la de un ángel de la guarda.

Caroline contempló un poco el paisaje, y desde luego debió de gustarle. Antes de llegar, había visto imágenes de satélite de este lugar en mi móvil, pero no había nada comparado con estar allí, presente. Todo signo de civilización cercana era un largo embarcadero de madera que ocupaba uno de los laterales. Y claro, por las fotografías de satélite sabía también que no muy lejos había una población.
De hecho, aunque no lo hubiese sabido, era lógico: ¿cómo si no iba a molestar a nadie lo que viviese en este lago?

—Es... mágico.—Convine con voz suave, y me di cuenta de que, en nuestros términos, aquella definición no era correcta: no porque algo fuese mágico tenía que ser bonito. Había sido una forma muy "muggle" de utilizar la palabra "magia".

Entonces, Caroline me hizo una pregunta que me pilló con la guardia baja. ¿Traje de baño? Abrí un momento los ojos cómo platos, y volví la vista en su dirección. Ella sonreía de manera pícara. ¿Sería una broma?

—¿Tenemos que...?—Dije, señalando el lago con mi dedo índice.—Yo... no sabía que habría que nadar.—Y la idea no me parecía demasiado apetecible. No porque no me interesase saber qué tipo de criatura acuática nos encontraríamos en las profundidades de ese lago, ni porque no me gustase nadar de vez en cuando. Más bien estaba pensando en la hipotermia que nos arriesgábamos a coger. Cómo mínimo, necesitaríamos un traje de neopreno para bañarnos allí. Y había otra cosa, claro:—Caroline, ¿qué es lo que hay en este lago?

No podía evitar sentir cierto temor. Me fascinaban las criaturas acuáticas, tanto de agua dulce cómo de agua salada, mágicas o no, y no me había sorprendido lo más mínimo cuando, la primera vez que conjuré un Patronus con éxito, este tomó la forma de una tortuga marina idéntica a Elroy, la vieja tortuga que mi madre y yo habíamos tenido cuando estaba en Hogwarts.
Pero me imaginaba un monstruo temible ahí abajo. Me imagiaba un leviatán, o una hidra. Una serpiente marina de gran tamaño que estuviese aterrorizando a los muggles y comiéndose a alguno que otro.
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Caroline Shepard el Dom Feb 11, 2018 8:17 pm

Hoy era un día diferente, y no porque fuera a salir a terreno en vez de quedarse encerrada en su oficina viendo y ordenando el papeleo. Sino porque hoy volvería a ver a una antigua compañera de Ravenclaw y amiga de Sam. Y en tiempos, en que escaseaban los rostros amigos, saber que contaba con alguien como ella en el Ministerio le causaba una felicidad enorme. Hace poco Jota se había juntado  con ella y como una niña en víspera de navidad había venido a contarle feliz todo su encuentro. Por lo que no dudó en contactarla y pedir su ayuda para esta misión, que a primera, segunda y tercera vista se veía divertidisima.

Se apareció en el Lago y fue en busca de Gwen, al verla a los lejos apresuró su paso hasta llegar a su lado. Cuando comprobó que efectivamente era ella la que se encontraba allí, le dió un beso en la mejilla a modo de saludo y de paso nombró a Sam, como si fuera la palabra clave que aseguraba la unión y protección entre ambas. - Digo lo mismo.- le dijo ofreciéndole una sonrisa enorme y cálida.- Las gracias te las debo dar yo, que has estado con ella todos estos años. Te quiere mucho. Y los amigos de Sam, siempre son mis amigos.- le dijo guiñandole un ojo sonriente.

Miró el paisaje y se quedó unos segundos en silencio, simplemente contemplando, disfrutando de  esa hermosa vista que le ofrecía la naturaleza aquel día. Sonrió al escuchar la descripción que le había dado Gwen.- Lo es.- le dijo mirándola. Ella era una ferviente creyente que la magia se encuentra en todas partes, desde una simple flor que abre sus pétalos al sol hasta el hechizo más increíble del mundo mágico.

En eso le preguntó si traía consigo una traje de baño, sonrió al ver su expresión y asintió tras su pregunta sin perder la sonrisa traviesa que había ganado. - Pues, no deberías hacerlo. Ese es mi trabajo, pero vamos, es un hermoso día y un Lago increíble. ¿Cómo se te da nadar?.- le preguntó curiosa, ya que ella podía ser una amante de las aguas pero no por eso todo deberían serlo ¿no?. - No lo sabremos con exactitud hasta que lo encontremos. Pero todo indica que son los traviesos Plympis, son un peces para nada peligrosos, les gusta nadar en lo más hondo pero no son muy queridos por las criaturas acuáticas por lo que le amarra sus pies y los mandan a volar. Lo más probable es que hayan hecho eso y ellos hayan salido a flote, y cuando se ven atacados...muerden.- terminó encogiéndose de hombros con una sonrisa.- Si es así, nuestra misión sería desamarrar sus piernas y encauzarlos a su habita.- le dijo muy consciente de que había hablado en plural.

- He traído un traje para tí...- comenzó a decir mientras lo sacaba de su bolso.- Te prometo que no son nada peligrosos. De hecho una vez ayudé a unos y me hicieron hasta un baile de agradecimiento.- siguió diciéndole de manera tentadora, hasta le hizo un mini baile con el bañador para representar el espactulo hecho por los Plympis para luego reír. - Además...- dijo antes de acercarse al Lago agacharse y tocar el agua con sus manos.- El agua está deliciosa.- terminó por decirle con una sonrisa radiante como el Lumus más fuerte del mundo mágico.

Estaba feliz, ya que aquel día prometía. Como un gran paréntesis de alegría en medio del mundo mágico. Se alegró al comprobar que las águilas seguían produciendo eso en ella tras el pasar de los años, esa sensación de seguridad y felicidad por igual. Como un ave que se encuentra en medio de un largo viaje con otra y recobra energías para seguir.
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Gwendoline Edevane el Lun Feb 12, 2018 3:28 pm

En los tiempos que corrían, encontrar alguien con quién pudieses ser tú misma de verdad no es que fuese difícil, si no prácticamente imposible. Por eso, pese a encontrarme en una situación nueva, con una cara relativamente nueva, me sentía a gusto. Hacía años que había aprendido a controlar los nervios—y no por ello había dejado de experimentarlos—, pero poder ser tú misma era liberador.
Y más en un lugar cómo aquel, un paraje natural sin oídos curiosos, sin ojos curiosos, sin mortífagos y cazarrecompensas. Cierto es que me pregunté dónde estaría metida Sam, cruzando los dedos para que estuviese metida en la seguridad de la casa de Caroline, y no escapando de cazarrecompensas o rompiéndose otra mano en un intento por golpearles.
Se me ruborizó un poco la cara cuando Caroline aseguró que Sam me quería mucho, y que cualquier amiga de Sam era amiga de Caroline a su vez. Le dediqué una mirada y una sonrisa a mi nueva aliada.

—Lo mismo digo.—A ambas cosas.—Me hubiese gustado estar un poco más presente en su vida en el último año, pero...—No sabía qué decir. Ya había dado mil y un motivos por los cuales no lo había hecho, y si bien Sam me había perdonado por ello, yo todavía estaba en proceso de hacerlo.

Tras contemplar en silencio aquel hermoso paraje natural, dejando que mis pulmones se llenasen del aire frío y limpio sin rastro de la contaminación de Londres, decidiendo que aquel lugar tenía que ser mágico en sí, Caroline me sorprendió con aquella pregunta. ¿Traje de baño? Seguía sorprendida.

—Bueno... mi amiga Beatrice, cuando estábamos en Hogwarts, me dio algunas clases sobre preparación física. Seguí sus recomendaciones durante años, y tarde o temprano la natación se cruzó en mi camino.—Dije, encogiéndome de hombros.—Voy a la piscina un par de veces por semana, así que... Supongo que bien.—Aunque me seguía preocupando la temperatura del agua, pero mis preocupaciones respecto a las criaturas que se encontraban en ese lago se despejaron pronto. Caroline mencionó a los Plympis, unos seres que conocía bien.—¡Cómo peces globo con patas!—Exclamé divertida. Sabía muchas cosas sobre criaturas acuáticas, mágicas o no, gracias a la obsesión que mi madre me había inculcado.—Mi madre me llevó una vez a verlos. Habían sido avistados en un lago muy parecido a este. Todo el mundo dice que son feos, pero a mí me parecen lo más bonito del mundo.—Caroline me explicó los pormenores de la misión. Al parecer algunos podían haber salido a flote con sus patas anudadas, y haberse defendido de muggles curiosos. Así que todo parecía indicar que mi trabajo consistiría en localizar a los afectados y, además de ofrecerles algún tipo de asesoramiento en materia de salud, modificar su recuerdos. Sería sencillísimo: solo tenía que sustituir a los Plympis por algún tipo de pez globo común en sus recuerdos. Justo el trabajo que me gustaba.—Suena fácil. Así que supongo que el plan de acción será ayudar primero a los Plympis, y después borrar todo rastro de su presencia en el pueblo, ¿no?

Caroline entonces me dijo que había traido un traje de baño para mí, lo cual hizo que se me subiesen un momento los colores. ¿Y por qué? Porque un traje de baño implicaba algo bastante evidente: tendría que quitarme la ropa—TODA la ropa—y ponerme el traje de baño.
¿Pero quién era yo para negarme a ayudar a la persona que había velado por mi amiga durante el último año? Ahora mismo, Caroline en mi mente tenía el estatus de salvadora, de santa. Así que no iba a decirle que no.
No pude evitar reírme un poco cuando emuló un baile que los Plympis habían hecho para ella, rebajando un poco la vergüenza que iba a darme quedarme totalmente desnuda allí en cuestión de minutos. También aseguró que el agua estaba estupenda después de comprobarlo con su mano... Eso último me produjo escalofríos.

—Está bien.—Dije mientras empezaba a desembarazarme de prendas menores. Primero me quité la chaqueta de polipiel que llevaba por encima de todo, y después la de algodón con capucha que llevaba debajo. Ya quedarme en camiseta me puso la carne de gallina, pues no hacía calor. Y menos estando cómo estábamos al norte de Inglaterra.—Todo sea por los pobres e inocentes Plympis del fondo del lago. Y por el posible baile de recompensa.—Bromeé, y tras un prolongado suspiro, me agaché para quitarme las botas y, acto seguido, los calcetines.

Cuando mis pies entraron en contacto con la hierba, mojada y cubierta de gotas heladas del rocío de la noche, ese escalofrío de antes me recorrió toda la columna vertebral. Empecé a desabrocharme los pantalones, pensando que el inevitable momento en que me quedaría desnuda se acercaba.

—No mires, ¿vale?—Pedí mientras me daba la vuelta, cómo si evitar el contacto visual con Caroline me ofreciese algún tipo de privacidad. Me desembaracé poco a poco del resto de mi ropa, dejándola en un lugar relativamente seco, y para entonces estaba tiritando de frío. Alcancé el traje de baño que Caroline me había traido y me lo puse. No era exactamente de mi talla, pero la cosa podría haber sido mucho peor. Terminado aquel trago, me giré en dirección a Caroline. —¿Qué pinta tengo?—Pregunté mientras me recogía el pelo en una coleta y sujetaba dicha coleta con una goma que siempre llevaba en la muñeca derecha. Me esforcé por sonreír, intentando disimular mi vergüenza inicial.
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Caroline Shepard el Sáb Feb 24, 2018 12:19 am

A pesar de que había compartido poco y nada con Gwen en Hogwarts sentía que la conocía de toda la vida. Quizás era por el hecho de que Sam le había hablado de ella por horas durante los últimos días, con sus ojos brillantes y amplia sonrisa o tal vez que la castaña lograba transmitir aquello, con su sola presencia. Que no había pasado ya ni dos minutos con ella y ya había sentido unas ganas tremendas de abrazarla por un rato solo por el cariño que le producía su ser.  Es que siempre se ha considerado un chivatoscopio humano, donde su intuición jamás fallaba  y sin excepción le indicaba de inmediato cuando alguien o algo no era de confiar, pero con Gwen nada de eso se activaba solo le daban ganas de dedicarle infinitamente sonrisas. Y eso, muy pocas personas lo generaban a primeras.

- Y me lo dices a mí, que estuve lejos por diez años.- le dedicó una mueca con sus labios de pesar y bajó su mirada por unos segundos nada orgullosa de aquello, para luego inspirar y volver a elevar su mirada para clavarla en la de ella.- Pero ya estamos a su lado nuevamente y ya iremos recobrando todo el tiempo perdido junto a nuestra rubia preferida.- volvió a decir más animosa. Que llorar sobre la lecha derramada jamás a sido su estilo. Había que mirar para adelante siempre, ni un paso atrás jamás, ni para coger impulso, no, no, no.

Además, como no estar feliz y ver con ojos esperanzadores la vida si esta le ofrecía un día tan hermoso como aquel y en tan buena compañía, simplemente no podía. Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando vio la expresión de Gwen al comentarle la idea de que ella se sumergiese con ella en el Lago. Pero cuando la castaña nombró a otra águila muy querida  de su generación sus ojos ganaron un tono más sombrío.- Aún no se sabe nada de ella ¿verdad?.- fue más un aseveración que pregunta, suspiró pesadamente y frunció el ceño.- Qué horrible está todo...- susurró bajito mientras se abrazó a ella misma con sus brazos generando calor, ya que un escalofrío le había recorrido toda su espalda de tan solo pensar que podría estar pasándolo mal, quizás dónde, con quién...- Pero bueno.- agregó sacudiendo su cabeza para alejar aquellos pensamientos y volver a mirar a Gwen con una media sonrisa.- Estás muy bien con lo que me dices, este Lago se ve muy parecido al de Hogwarts, así que muchos problemas no deberías tener.- le indicó con mirada traviesa.- ¡Esos mismos!.- exclamó divertida tras la descripción que había hecho la chica de los Plympis. Con el siguiente comentario, como si ya no lo hubiera logrado de antemano,  Gwen se ganó un espacio aún más grande en su corazón. Que después de sus amigos y familia las criaturas tanto mágicas como muggles eran sus seres predilectos. Y encontrarse con alguien que hablará así, con ese cariño de criaturas tan simples como los Plympis era digna de ganar toda su atención y aprecio. - Se ve muy fácil y entretenido.- dijo con una amplía sonrisa.- Lo único que podría complicarnos un poco el panorama es que otras criaturas marinas nos vean haciendo aquello y no quieran que lo logremos. Que como ya te dije los plympis no son muy queridos por ser traviesos en extremo.- le comentó con una mueca, para luego agregar con aire despreocupado.- Pero no pasará.- o al menos eso esperaba.

Luego sacando a relucir todo su desplante persuasivo, trató de tentar a Gwen para que se le uniera a sumergirse al Lago. Le mostró el traje de baño que le había traído y hasta una coreografía le hizo para tentarla aún más. Como última carta ocupó el hecho de que ella misma tocará el agua y le comprobará que está deliciosa. Eso último era un poco de trampa porque para ella el agua siempre iba a estar así, sin importar la temperatura ambiente. Pero eso la castaña no lo sabía, aunque jamás permitiría que se entumiera de frío, no. El traje que le traía se veía inofensivo pero era sumamente protector y generador de calor, perfecto para la misión que tenían por delante.

- Yey.- exclamó elevando sus brazos a modo de victoria cuando la castaña le dijo que si la acompañaría, le tendió el traje sonriente. Al verla comenzar a desnudarse y observar cómo su piel se iba poniendo de gallina hizo una mueca, sintiéndose terrible de no haberle comentado antes aquello y haber ahorrado que ahora tuviera que sufrir frío. Rió ante sus palabras .- Y lo habrá, ya verás.- le prometió, quizás no habría baile, pero estaba segura que de alguna manera aquellas traviesas criaturas le demostraría su agradecimiento. De eso no tenía duda alguna.

Y no fue hasta que ella le indicó que no la mirará que se dió cuenta que estaba mirándola como cual obra de arte en un museo sin darle privacidad alguna.- ¡Oh, claro, lo siento!.- dijo algo avergonzada y girando ella también para mirar a otro lado. Aprovecho para cambiarse ella también, con un simple movimiento de su varita ella cambiar su ropa actual por su traje de baño, y no se giró hasta que escuchó a Gwen nuevamente.

- Hermosa.- le dijo sincera, quizás le quedaba un poco más grande pero Gwen era muy guapa como para que esos detalles la opacaran.- Pues, ya estamos listas entonces.- dijo toda animada.- Oh, no, no, no. Nos falta una cosa, ...- comenzó a decir para acercarse a Gwen y mostrarle una costura que se encontraba en el hombro derecho del traje.- ...acá puedes dejar tu varita, es muy seguro porque sólo se suelta si el dueño de la varita lo toca, mira...- dijo para demostrarle ella misma con su traje lo que acaba de decir. Guardó su varita en su hombro, tomó la mano de Gwen sin pudor y ella con sus manos la manejo para que intentara obtener su varita,  sin lograrlo. Para que luego ella rozara con su mano la costura y cediera al instante.- Son trajes mágicos, perfectos para magizoologistas acuáticos.- terminó de decir con una amplia sonrisa.

- Ahora sí que sí estamos listas. ¿Preparada para sumergirse? .- le preguntó mordiéndose el labio y con ojos brillantes. Y antes de siquiera darle tiempo de responder.- La última en sumergirse debe un almuerzo.- bromeó para salir corriendo en dirección al Lago como una niña de seis años en busca de sus regalos de navidad.
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Gwendoline Edevane el Dom Feb 25, 2018 10:13 pm

Estaba claro que ambas, tanto Caroline cómo yo, llevábamos dentro cosas de las que nos arrepentíamos. Y el motivo parecía ser el mismo: no nos sentíamos las mejores amigas que Sam hubiese podido encontrar en el mundo.
Personalmente, encontré injusto que Caroline se culpase a sí misma de nada. Después de todo, sí, quizás hubiese pasado diez años lejos, pero cuando Sam la necesitó, cuando empezaron a perseguirla simplemente por cómo había nacido, Caroline había estado ahí.
¿Y dónde estaba Gwen? Correcto: la señorita Edevane estaba sentada delante de su escritorio, asumiendo de mala manera que su madre había terminado en Azkaban. Dormida durante un año entero, cómo si le hubiesen dado una buena dósis de anestesia y no consiguiese librarse de ella.
Pero en una cosa estaba Caroline en lo cierto: estábamos a su lado ahora. Más valía tarde que nunca. Le dediqué una mirada a Caroline, y conseguí sonreír un poco.

—Tienes razón.—Le respondí a lo segundo que dijo; a lo primero poco podía decir. Tampoco quería que nos embarcásemos en un viaje de autoculpabilidad que terminaría en un "yo la he cagado más que tú" en bucle.—Sam ya me dijo esto: que eres una persona positiva y muy madura. Empiezo a verlo, desde luego.—Y veía otra cosa: Sam no exageraba absolutamente nada en relación a Caroline.

La mención, involuntaria, a Beatrice, me la trajo de vuelta a la memoria. Se me vino un poco el alma a los pies al saber que Caroline tampoco sabía nada de ella. Porque si Caroline no sabía nada significaba que probablemente Sam tampoco sabría nada de ella.
Negué con la cabeza ante su pregunta. No había recibido noticias, ni buenas ni malas, de la que fue una de mis mejores amigas en Hogwarts. Quería pensar que aquello era bueno, que estaba siendo precavida. Pero no podíamos olvidarnos de la realidad: sobre su cabeza pesaba una recompensa cuantiosa. Y habría muchos cazarrecompensas tras su pista, igual que Kant y Grulla iban tras Sam.

—Beatrice siempre fue la más alegre de las tres.—Las otras dos, por supuesto, éramos Sam y yo. Éramos inseparables en Hogwarts, y no pasaba día sin que me preguntase qué habían visto en mí para hacerse amigas mías. Igual que no comprendía cómo aquel chico, creo que se llamaba Henry, se había molestado en defenderme cuando un par de alumnos de Slytherin se dedicaban a quitarme los libros y tirarlos al suelo una y otra vez.—Espero que siga conservando esa alegría suya...—Mi esperanza era sincera, pues la vida de fugitiva no tenía que ser fácil. Por lo que sabía, su hermano, Steven, estaba en las mismas. Quizás estuviesen juntos, escondidos en algún sitio.—¿Conociéndola? Habrá sabido ver el lado bueno de todo esto.—Sonreí, divertida.—Seguro que habrá dicho: "¿Que soy fugitiva? ¡Pues genial, así no tengo que trabajar!"

No podía estar más de acuerdo con Caroline, sin embargo: las cosas daban asco. Todo daba asco. Al menos en lo que respectaba al mundo mágico. Y siendo cómo era yo aficionada a leer la prensa, tanto muggle como mágica, sabía que las cosas no iban tampoco lo que se dice bien en el mundo muggle.
Pero de nada servía darle vueltas a cosas que no tenían solución. Lo mejor era centrarse en el presente, y así lo hice. Caroline hizo lo mismo. ¿Y qué era el presente? ¡Los Plympis!
Curiosamente, no me preocupé demasiado cuando Caroline mencionó que podía haber otras criaturas acuáticas ahí dentro. Es decir, si había Plympis vivos y, cómo dirían los muggles, "dando por saco", eso quería decir que en el agua no habría ninguna criatura depredadora de los Plympis, y teniendo en cuenta que los Plympis no eran demasiado grandes, todo lo que fuese más pequeño que ellos se me antojaba manejable.
A no ser que fuesen pirañas, claro. Las pirañas eran monstruos sedientos de sangre a los que tenía mucho respeto.

—No suena complicado.—Insistí, incluso ante la mención de las otras posibles criaturas marinas.—Quiero pensar que si hubiese algo grande y peligroso aquí dentro, ya lo habríamos visto. Y lo que es más importantes: ya lo habrían visto los muggles.—Señalé en la dirección en que se encontraba la población, más allá de la línea de árboles.

El momento en que tuve que ponerme el traje de baño, uno aparentemente de neopreno que me protegería, al menos en gran medida, de las bajas temperaturas del agua del lago, fue un poco embarazoso. Embarazoso porque soy el maldito pudor hecho persona, y no era lo mío desnudarme en público.
Pero, siendo estrictos, aquello no era precisamente "público": era Caroline, una persona de la cual me podía fiar, y me podía fiar de ella porque Sam se fiaba de ella. Y las amigas de Sam eran amigas mías.
Caroline me observó hasta el momento en que le pedí que no lo hiciese, lo cual es normal. Puedo atestiguar que el ser humano siente curiosidad ante la desnudez ajena. Yo misma había sentido dicha curiosidad, aunque me gustaba compararla con mirar directamente un eclipse solar: sabes que no debes, que en determinadas circunstancias puede ser perjudicial, pero igualmente no puedes evitarlo.
Pero Caroline n me miró. Y antes de poder darme cuenta, ya llevaba puesto aquel traje. Me quedaba un poco grande, pero no había nada que la magia no pudiese reparar. Con pequeños toques de mi varita, fui encogiendo las zonas del traje de neopreno hasta que me quedó perfectamente ajustado al cuerpo. El contacto del tejido con mi piel era cálido, y no pude más se suspirar aliviada.

—Siempre puede quedar un poco mejor.—Dije con una sonrisa, una forma de explicar lo que acababa de hacer. Caroline me explicó con un ejemplo práctico que había una parte del traje, situada en el hombro derecho, destinada a la labor de sujetar la varita. Y muy práctico que resultaba aquello: solo el propietario de la varita y del traje podía extraer la varita. Lo comprobé con el traje de Caroline, y después con el mío propio. Y era cierto.—¡Qué bueno! Muy útil.—Le dije con sinceridad.

Y entonces, llegó el momento de meterse en el agua. Caroline salió corriendo, asegurando que la última en llegar pagaría un almuerzo. Me guardé rápidamente la varita en el compartimento destinado a tal función, y eché a correr tras ella.

—¡No vas a ganarme tan fácilmente! ¡Soy una nadadora casi profesional!—Exclamé, francamente divertida, y olvidándome de la gélida temperatura que seguramente me recibiría al entrar en el agua. Probablemente me pondría enferma, pero... ¿qué más daba? Para eso existían las pociones y los medicamentos muggles.

Corrí hasta alcanzar la orilla, y una vez llegué, no me lo pensé nada: salté al agua. La natación me había enseñado a entrar en el agua cómo era debido: los brazos por delante, lo más horizontal posible a fin de romper la tensión de la superficie sin hacerme daño. Mis brazos penetraron en el agua, y acto seguido mi cabeza. Pasé sumergida unos cuantos segundos, antes de asomar de nuevo a la superficie, tomando aire.
Sorprendentemente, no tenía frío. Sonreí, y cuando estuve junto a Caroline en el agua, le salpiqué con un movimiento de mano a modo de reproche.

—¡Me has engañado! ¡No me has dicho que habías aislado térmicamente los trajes de baño!—Y no pude evitar reírme. Como broma, había sido buena, y estaba dentro del agua tan bien cómo si estuviese en una piscina climatizada.—¿Buscamos a esos Plimpys?—Seguramente tendríamos que bucear. Aquello tampoco se me daba mal, y mucho menos cuando tenía a mi disposición el hechizo del casco burbuja, que me permitiría respirar bajo el agua. Debo reconocer que tenía ganas de empezar, y de ver de cerca a esos Plympis.
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Caroline Shepard el Miér Mar 07, 2018 12:24 am

A veces se preguntaba si Sam dejaría de poner cosas buenas en el camino. Porque a la rubia no solo le bastaba con ser lejos una de las mejores amigas que había tenido sino además de presentarle personas tan maravillosas como Gwen. Ok, sí. La conocía hace apenas unos ¿qué? ¿quince minutos? Pero eso no significaba que no pudiera sentir que realmente había tenido suerte de toparse con ella en el camino. Diez años había estado fuera de Londres, y la mayoría de sus amigos de años atrás estaban siendo perseguidos por el gobierno o no le recordaban, por lo que no tenía amistades de sobra. Por lo que ver la sonrisa de Gwen y tener esa intuición que te gritaba a todo pulmón que era una excelente persona le venía de maravilla. ¡Además trabaja en el Ministerio y ahora la ayudaría en una misión acuática! Más afortunada no se podía sentir. Por lo que pese a sentir un enorme peso aún en su espalda de la culpa que sentía de haber estado lejos tanto tiempo se negaba a ver el vaso medio vacío. Al menos no aquel día.

Sonrió y el brillo volvió a sus ojos cuando escuchó a Gwen decir lo que le había dicho Sam de ella.- ¿Madurez? ¿Qué es eso? ¿Se come? .- bromeó divertida para luego negar con la cabeza.- Positiva, sí. Que si no lo somos nadie lo va a ser por nosotros. Y menos en estos tiempos. la vida es una lenteja, Gwen. La tomas o la dejas.- le dijo con una sonrisa enorme mientras se encogía de hombros.

Y de pronto la imagen de Bee, su sonrisa para ser más específicos se le vino a la mente. Era de esas sonrisas contagiosas, que no importaba el día, la hora hasta el contexto no podías evitar seguirle. Porque la ravenclaw tenía ese increíble don de volver la cosa más aburrida del planeta un parque de diversiones. Ella, ni Sam merecían lo que le estaba pasando. Personas como ellas deberían estar al aire libre y contagiar de felicidad esos rostros fríos y apáticos que venía continuamente en el Ministerio. Joder, que solo bastaba estar cinco minutos en ese edificio para descubrir que la alegría hace mucho no pasa a darse una vuelta por sus vidas. Soltó una risa.- Tía, me la imagine diciendo eso. Muy ella.- dijo divertida y suspiro.- Esta bien, o al menos eso quiero pensar. Además Steven no dejaría que nada le pasara, y viceversa. Los Bennington son una familia fuerte. Ya verás como pronto tendremos novedades de ella. Hay que cocrearlo.- al decir lo último se llevó un dedo índice a su sien derecha dedicándole una sonrisa. Había que pensar y desear intensamente que vendrán tiempo mejores, y luchar con uñas y dientes por ello.

Sonrió.- Consejo: jamás de los jamases subestimes a un Lago. Se puede ver pequeño, se puede ver inofensivo, pero el agua es muy traviesa, y siempre tiene sorpresas. Eso es lo maravilloso.- miró el Lago y suspiro como una completa enamorada. Es que ella era de esas que ama profundamente su profesión, le apasionaba de una manera indescriptible. Y sentía que aún le quedaba tanto tanto pero tanto por aprender. ¡Que maravilla de día!

Y luego de insistir hasta con baile incluído Gwen aceptó sumergirse con ella al Lago, se giró para darle privacidad y ella no tardó en poner su traje. Sintió de pronto unas hormigas, como esas que sentía cuando se metía de contrabando en el bosque prohibido. Siempre las sentía cuando sabía que estaba a portas de toparse con una criatura mágica, por más que fueran los inofensivos y traviesos Plympis.

Cuando ya todo estuvo en su lugar en menos de un pestañeo ya se encontraba corriendo en dirección al Lago. Y cuando sintió su cuerpo por completo sumergido en el agua, sonrió. Es que cuando estaba en el agua sentía que todo volvía a cobrar sentido, el mundo se equilibraba, se sentía en paz. Al salir se topó con el rostro de Gwen y sonrió aún más, si es que eso era posible. Sin lugar a dudas mañana le dolerían las mejillas, ¡pero que va! valía la pena. - Una mentirita pequeñita, Gwen jijiji. - soltó una risita y puso su mejor rostro angelical. - Vamos por ellos.- exclamó animada para sumergirse nuevamente. El casco burbuja se hizo presente en las dos, le sonrió bajo el agua y levantó ambos pulgares hacia la castaña, para luego señalarle con la manita que le siguiera.

La vida en las profundidades de un Río, Lago o mar pese a sus diferencias era increíble. Cada una tenía una flora y fauna única e inigualable. Era al igual que el espacio todo un mundo, y uno que a ella le encantaba descubrir. Vió un pequeño cardumen de peces carpas, sonrió y se giró hacia Gwen para señalarselos como cual niña pequeña que flipaba con esas cosas tan simples como el ver a una pequeña familia de peces moverse de un lugar a otro. Siguió nadando cuando de pronto sintió una presencia, como en las películas de terror que sientes que algo pasa por tu espalda tan rápido que no lo alcanzas a ver pero tu piel la sintió y te hace girar en busca de "eso" desconocido.

Miró a Gwen, al parecer los pymplis no serían con lo único mágico que se toparían en ese Lago.
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Maestro de Dados el Miér Mar 07, 2018 12:24 am

El miembro 'Caroline Shepard' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Gwendoline Edevane el Miér Mar 07, 2018 8:46 pm

Sam no había hecho más que decirme cosas buenas de Caroline desde el momento en que nos habíamos reencontrado. Caroline, quién había cuidado de ella en tiempos de necesidad cómo los que corrían, en esos tiempos en que buenas personas eran perseguidas, capturadas y asesinadas por el sencillo motivo de haber nacido diferentes a sus perseguidores, se había convertido para mí en poco menos que una figura venerable. Valiente, responsable, alegre... Había hecho la vida de Sam un poco mejor. ¿Cómo no iba a adorar a Caroline? Me arrepentía de no haberla conocido antes.
Pero, cómo suele decirse, nunca es tarde si la dicha es buena. Y eso podía aplicarse a toda nuestra actual situación: no era tarde para volver a la vida de Sam, no era tarde para convertirme en alguien dentro de la vida de Caroline, y no era tarde para replantearme mi pasividad frente a la situación actual.
Caroline era la viva imagen de la positividad. En serio, si buscase en un diccionario muggle la definición de "positivo", uno de los significados sería "Caroline Shepard". Incluso podrían incluir una fotografía al lado de la palabra, con un pie de foto que dijese: ejemplo de persona positiva.

—Bueno.—Me encogí de hombros.—Llevo un año trabajando en un nido de víboras, y estoy segura de que mi jefe de departamento es un purista. Y no me han descubierto. Supongo que yo también tengo motivos para ser positiva.—Era una buena forma de verlo. Aunque claro, cómo ya había dicho en más de una ocasión a quién me había preguntado, incluso los puristas y mortífagos eran seres humanos. Seres humanos que querían trabajar, acabar su jornada e irse a casa. Los días en que se buscaba cortar cabezas dentro del Ministerio habían quedado atrás. Supongo que la purga había sido hecha correctamente... o eso creían ellos. Caroline y yo éramos la prueba de que podrían haber buscado un poco mejor.

Otra de las personas perjudicadas por el cambio de gobierno había sido Beatrice Bennington. Costaba imaginarse a la alegre Bea escapando de perseguidores, luchando por su vida, cuando a lo largo de toda su vida había sido la felicidad hecha persona. Si Caroline Shepard podía ser una definición más de la palabra "positivo", Beatrice sin duda sería una definición más de "felicidad".
Caroline creía que pronto tendríamos noticias de ella. En lo de tener noticias, no se equivocaba; lo de pronto no era exacto, desde luego. Pasarían largos meses, dos concretamente, hasta que tuviese noticias de Beatrice. Concretamente, recibiría una carta suya el día de mi veintinueve cumpleaños.
Por supuesto, esto no lo sabía entonces. No tenía forma de saberlo. Y tenía la esperanza de que ocurriese pronto.

—Una vez más, tienes razón. Yo me aferro a que, si fuésemos a tener malas noticias, ya las tendríamos. Los puristas no son famosos por ocultar sus capturas. Alguien habría aparecido reclamando la recompensa.—Los puristas y mortífagos, esos que se dedicaban a perseguir fugitivos cómo modo de vida, eran predecibles. Sí, quizás les gustase matar a secas, pero todos se movían por lo mismo: el dinero. Y si alguien había capturado o asesinado a nuestra amiga, habría llegado corriendo, como un perro con la lengua de fuera, a reclamar sus doradas monedas.

Llegó el momento de entrar en el agua. No fue hasta que estuve dentro que me di cuenta de que Caroline había aislado los trajes, de tal manera que conservábamos nuestra temperatura corporal incluso bajo el agua. Aquello no dejaba de ser curioso: sentir el agua en contacto con la piel, saber que debería estar fría cómo el hielo, y notar una temperatura normal. Una sensación curiosa... y muy agradable.
Caroline rió, y yo también, ante la pequeña jugarreta que me había hecho. Era divertido, sin duda, sobre todo si eras tú quién hacía la broma. Pero bueno, no sufrí ningún daño, así que podía decirse que la broma había terminado bien.
Nos sumergimos con el encantamiento del casco burbuja permitiéndonos respirar. Llevaba en mente lo que Caroline me había dicho, que no subestimase el lago, pero yo seguía sintiéndome reconfortada por el hecho de que nada grande habitase en ese lago. Temía que apareciese una cosa enorme, una criatura muy peligrosa a la que no pudiésemos hacer frente solas.
A medida que descendíamos, el entorno se iba oscureciendo. Caroline me señalaba las distintas formas de vida acuática que habitaban en aquel lago. Un banco de peces carpa pasó muy cerca de nosotras. Cuando pasaron junto a mí, alargué una de mis manos y por una fracción de segundo logré acariciar el lomo de uno de estos peces, los cuales se asustaron un poco y nadaron más rápido, alejándose de mí. Era lo que tenían los peces: huidizos cómo ellos solos.
Había más peces por allí, todos ellos nadando, ajenos a nuestra presencia. Me di cuenta de que algo no iba bien en el momento en que estas apacibles criaturas acuáticas dejaron de estar tranquilas y nadaron en dirección a nosotras. Pasaron de largo, alejándose de algo que nosotras no podíamos ver.
Miré a Caroline con inquietud, suspirando dentro de mi casco burbuja.

—A ver qué está pasando aquí...—Dije. Yo pude escucharlo, pero sabía que mi compañera no podría escucharme.

Alcé mi varita en dirección a la oscuridad que teníamos por delante. Pensé en conjurar un hechizo Lumos para ver lo que teníamos por delante, pero tuve una idea mejor. Me concentré en un recuerdo feliz, un recuerdo con mi madre, y entonces, sin pronunciar, conjuré mi Patronus. Una luminosa tortuga marina emergió de la varita y pareció nadar a través de las oscuras aguas. Al ser básicamente luz, el Patronus iluminó todo a su paso a medida que avanzaba.
Y entonces, los vi.
O, más exactamente, vi sus ojos brillando a la luz de mi Patronus. Debieron tomarse la presencia del Patronus cómo un ataque, pues se pusieron en movimiento. Vi sus formas moverse velozmente en el agua, mucho más velozmente que nosotras, y me puse en guardia.
Uno de ellos se lanzó hacia mí. Pude ver entonces sus dientes y su manos de tres dedos llenos de ventosas. Se movió tan rápido que logró cerrar una de sus pequeñas manos entorno a una de mis muñecas. Sentí sus ventosas succionando dolorosamente contra mi piel.
Le apunté con la varita y conjuré un Expulso no verbal, enviándolo lejos de mí, forzándole a soltarme de inmediato. Volví entonces la mirada en dirección a Caroline, y al ver que otro se acercaba a ella, le lancé un segundo hechizo repulsor.
Íbamos a tener que trabajar juntas para alejar a estos Grindiylows de nosotras.
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Caroline Shepard el Sáb Abr 07, 2018 1:07 am

- Te entiendo, es horrible trabajar en un lugar que es la viva imagen de lo que uno más detesta en la actualidad. Pero si te sirve de consuelo, yo todas las mañanas me repito mentalmente; Es mejor explotar de adentro. Estamos dentro de su juego, ahora es nuestra misión lograr cambios, de apoco, que parezcan inofensivos, pero cuando menos se lo esperen serán una gran explosión.- le dijo ofreciéndole una sonrisa y guiñandole un ojo.- Por ejemplo ahora tengo la idea de poder implantar un proyecto de agregar la palabra Cuidado a mi “querido” departamento, y de hacer un curso de pasantías o visitas dónde jóvenes interesados en las criaturas logren tener un acercamiento a ellos más que sólo lo visto en Hogwarts que, sin desmerecer a los profesores se queda muy corto para el increíble mundo que ofrecen estos increíbles seres mágicos. Me gustaría poder ser tutora de un grupo y hacer salidas a terrenos o algo así. Aún estoy afinando algunos detalles para luego presentarlo con los manda más…espero que al menos uno me resulte.- terminó de decir soltando una risita. – Y otra cosa, dentro de ese nido de víboras ya no estás sola. Cuando quieras me vas a visitar y salimos a comer algún chocolate o helado para endulzar la vida.- agregó amablemente.

Ante la mención de Beatrice no pudo evitar que miles de recuerdos comenzaran a revolotear traviesos por su mente. Pero encima de todos ellos reinaba la sonrisa de la rubia, su risa era imposible de olvidar, hasta si se esforzaba un poco podía volver a escucharla, traviesa y juguetona como ninguna, e increíblemente contagiosa.  Y por ese increíble recuerdo y por muchos más es que se obligaba a ser positiva, a pensar que la rubia junto a su hermano se encuentran en algún lugar, escondidos pero sanos y a salvo. Donde su inolvidable risa sigue haciendo de las suyas junto a esa traviesa mirada que invitaba a cualquiera a cometer una locura sin importar los riesgos que esta conllevara.

Cuando sintió su cuerpo sumergirse por completo se sintió como en casa, porque eso le producía el agua, cuál fuese, desde el indomable mar hasta un dulce Lago, le hacía sentir en paz, como si allí todo mal se fuera lejos y se desvaneciera. Al salir y encontrarse con Gwen rió ante su pequeña mentirilla, una piadosa y divertida. No tardaron mucho en encontrarse sumergidas nuevamente, donde gracias a la magia podían disfrutar tranquilamente el hermoso panorama que les ofrecía aquel Lago.  Sus ojos se encontraban resplandecientes. Porque por más que ha pasado toda su vida intentando descubrir las maravillas del agua, aunque viviera mil años más sabía que no terminaría de sorprenderse de lo hermosos que podía llegar a ser el mundo acuático. Y como una niña en la mañana de navidad viendo sus regalos en un árbol,  se encontraba observando el cardumen de peces que acaba de pasar, se los señaló a Gwen feliz e imitó sus modo de nadar sólo por bromear, cuando de pronto tras su espalda sintió una presencia, miró a Gwen y encontró en su mirada el mismo sentimiento de alarma.

Y al parecer no sólo ellas lo habían sentido, ya que todos los seres que se encontraban plácidamente en aquel lugar nadaron rápidamente lejos, como buscando un lugar seguro donde refugiarse de un “algo” que hasta el momento aún se negaba a mostrarse al par de magas. Y fue allí que para su sorpresa una hermosa tortuga de luz hipnotizante apareció ante sus ojos. La miró anonadada, hasta contuvo por unos segundos la respiración por tan hermosa vista. Miró a Gwen asombrada y con una sonrisa boba en su rostro, hasta se le olvidó por breve lapsus de tiempo que quizás no estaban solas y podían correr más peligro del necesario para una misión tan “fácil” a simple vista, es que era tan hermoso ese pa

Muy pocas veces en su vida había tenido la suerte de ver el Patronus de otras personas, decía suerte porque así lo creía. Porque realmente encontraba hermosos ver convertido en un animal un recuerdo feliz, que además de iluminar mejor que cualquier Lumus protegía a su dueño. Recordaba como si fuera ayer la primera vez que había leído sobre aquel hechizo, recordaba cómo su piel se había puesto de gallina y una sonrisa se había casi tatuado en su rostro por días de imaginar lo hermosa que podía llegar a ser la magia.

Sacudió su cabeza para volver al aquí y ahora, y fue allí cuando dirigió sus ojos hacía donde su querida compañera de misión,  encontrándose con unos ojos que reconocía muy bien. Resopló, y pensó para sus adentros por qué justo en un día tan agradable como aquel tenían que encontrarse con los rabietas de los Grindylows. En menos de un pestañeo uno ya se encontraba atacando a Gwen, sacó su varita pero antes de siquiera poder pensar lo mejor de paso a seguir,  uno ya venía hacía ella pero que Gwen no tardó en llevar lejos.
Le hizo señas a la castaña con ambos brazos diciéndole que dejará de atacarlos, trató de gritarle que esa no era la mejor manera de retenerlos. Ya que los Grinds podían ser unas criaturas muy poco sociables pero cuando las atacaban eran peores, además si se comportaban así era más por miedo a que le conquistaran “su territorio” o destruyeran su hogar, que por realmente fueran unos seres malvados por naturaleza.

Vio a otros aparecer y comenzó a lanzar “Petrificus totales” a los que podía y con señas invitó a Gwen a hacer los mismo. Cuando lograron tener a todos congelados los reunió a todos y sin dejar de ejercer el hechizo sobre ellos nadó hacia el exterior para poder hablarle a la castaña.- Gwen, nada hacía la orilla . Yo sé cómo mantenerlos más tranquilos a los Grinds, no te preocupes por mí, iré en breve a tu encuentro y veremos tu muñeca ¿sí? .- agregó lo último con una mueca ya que había observado como uno de los Grindylows le había mordido.- ¿Me puedes conjurar el hechizo de casco burbuja, por favor. Que no debo dejar de tenerlos congelados.- le dijo con una media sonrisa, cuando volvió a tener el casco en su cabeza nadó con los Grindylows petrificados hasta bien el fondo. Y cuando estuvo lo suficientemente alejada de la superficie y la orilla los descongelo. El primer impulso de ellos fue ir a atacarla, pero no tardó en pronunciar un “Obstum odio” que hizo que las cinco criaturas detuvieran su accionar y sacudieran su cabeza como si acabaran de despertar de un largo sueño. De uno de los bolsillos de su traje sacó unas algas de un verde fosforescente que con un hechizo las lanzó aún más lejos y que las criaturas no dudaron en seguir hambrientas.

Cuando los vió alejarse lo suficiente, nadó lo más rápido que pudo al encuentro con la castaña, y cuando sintió que el agua perdía en profundidad supo que había llegado a la orilla, donde al salir se topó con una mojada Gwen. Salió del lago y fue rápidamente hacia donde ella.- Déjame verte esa muñeca…- dijo tomándole su brazo preocupada.- ¿Te duele mucho? He dejado mis pomadas en casa, pero apenas terminemos vamos por ella ¿sí?.- fijó su mirada en ella e hizo una mueca.- Ya se han ido lejos, lo prometo. No volverán a atacarnos, sólo se sentían invadidos, sólo eso.- trató de justificarlos mientras le daba pequeñas caricias en la muñeca a la castaña.- ¿Aún quieres ayudarme en la misión? Entendería si no quieres, de verdad.- hizo una leve puchero sintiéndose culpable por lo que acaba de pasar, debería haber estado más alerta en vez de entregarse tan de lleno a la felicidad que le producía estar dentro del agua.

Por cierto, tu patronus es hermoso.- agregó sonriente. Adentro no había tenido la oportunidad de decírselo, pero ahora que ya se encontraban en el exterior no iba a perder la oportunidad de decirle su profunda admiración.
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Gwendoline Edevane el Dom Abr 08, 2018 7:02 pm

Una vez más, aquel día, me vi sorprendida por la positividad de Caroline. Sam no había exagerado lo más mínimo al ensalzar todas aquellas virtudes que la pelirroja tenía. Una se sentía segura a su lado, pues no solo era positiva, si no que tenía una gran confianza en sí misma. Era imposible no contagiarse de todo aquello, y sentir que pasase lo que pasase, todo saldría bien al final. Pensar que Sam tenía a alguien cómo ella para cuidarla me hacía sentir bien, calmaba mis inquietudes, pues no se me ocurría nadie mejor.
Mi recuerdo de ella en Hogwarts era un poco vago. Mi propia timidez me había llevado a tener una relación escasa con ella, aunque no inexistente dado el tiempo que había pasado yo pegada cómo una lapa a Sam. Aquel grupo compuesto por nosotras dos, Caroline, Henry Kerr y Beatrice Bennington, bien sabían que yo era un tanto "dependiente" de Sam a nivel de amistad. Había sido mi mejor amiga desde siempre, a excepción de los últimos dos años, durante los cuales había ocurrido algo que no alcanzaba a entender y que había terminado con nuestra amistad hasta hacía poco. Así que, evidentemente, conocí a Caroline entonces, y si bien ya entonces mostraba una naturaleza valiente y defensora de lo más débiles—por lo general, Sam y yo—me sentía incapaz de relacionar conscientemente a aquella niña con la adulta que tenía delante.
Y aunque entonces no lo sabía, Caroline acabaría convirtiéndose en una de las personas más importantes del mundo para mí en los meses venideros.

—Me gusta tu forma de pensar.—Respondí con una sonrisa divertida, soltando a continuación una breve carcajada.—¡Cómo Sam nos escuche hablar así, se enfadará con nosotras! Lo único que quiere ella es que no hagamos heroicidades ni nos pongamos en peligro.—Entonces, Caroline me explicó que tenía en mente un proyecto consistente en educar a jóvenes en ciencias magizoológicas, una especie de educacion auxiliar mejor que la recibida en Hogwarts.—¿Sabes que yo quería ser magizoóloga? De hecho, tenía pensado estudiarlo en la universidad, pero mi padre insistió en que tendría un futuro mejor si me dedicaba a ser desmemorizadora.—Me encogí de hombros. No me gustaba hablar de mi padre.—Me alegra que tengas esa idea, la verdad. Puede servir para abrir algunas mentes cerradas. Si fuese más joven, sin duda me interesaría por tus clases.

Pronto dejamos esta conversación, y todas las demás, para hacer frente a la misión que nos había traído aquí: los Plympis. Para ello, nos internamos en el lago con la ayuda de unos trajes especiales que Caroline había traído consigo, y la magia del casco burbuja.
Todo era hermoso a nuestro alrededor. Los peces y otras formas de vida de aquel lago pasaban a nuestro alrededor en paz, y yo me sentía cómo una niña allí abajo. Estaba ilusionaba, adoraba las criaturas acuáticas, ya fueran mágicas o no, ya fuesen marinas o de agua dulce. Y no pude evitar sonreír con diversión, buscando la mirada de Caroline bajo el lago. Ella parecía tan feliz cómo lo estaba yo.
Y entonces... sucedió algo. Algo que perturbó la tranquilidad bajo el lago, e hizo que las criaturas acuáticas huyesen, dejándolas solas en la penumbra del lago. Intentando comprender qué es lo que ocurría, conjuré mi patronus, una tortuga de luz que recorrió las profundidades del lago, ofreciéndonos un poco de iluminación. No sé si fue mi patronus lo que detonó el ataque de los Grindylows, pero el caso es que, cuando quise darme cuenta de lo que ocurría, uno de ellos me había agarrado. Logré zafarme de él con un hechizo repulsor, y al ver que uno de aquellos seres intentaba atacar a Caroline, reaccioné lanzando un nuevo hechizo hacia él para evitar que le hiciese daño a mi compañera.
No tuve mucho tiempo a pensar, pues el primer Grindylow reanudó su ataque. En lugar de enfrentarme a él, me protegí: conjuré una barrera Aura no verbal, de tal manera que el ataque de la criatura topó contra mi barrera. La mantuve en alto, volviendo la mirada en dirección a Caroline para ver qué estaba ocurriendo con ella, justo a tiempo de ver sus gestos. Acto seguido, la pelirroja empezó a atacar con el hecizo Petrificus Totalus, neutralizando a las criaturas de una forma más efectiva.
La emulé, petrificando primeramente al que tenía delante, y acto seguido, con otro hechizo petrificador neutralicé a un segundo que nadaba hacia mí. Mientras tanto, Caroline había logrado hacer lo propio con los que quedaban, y acto seguido, me hizo señas para que volviese a la superficie con ella, cosa que hice. Nadé a toda velocidad hacia arriba, y una vez arriba, ambos cascos burbuja dejaron de envolver nuestras cabezas, y pudimos volver a hablar.

—¿Estás segura de que podrás?—Pregunté, sin aliento, más por la adrenalina de la improvisada batalla contra los Grindylows que por no poder respirar, pues el casco burbuja me había permitido respirar perfectamente.—No te preocupes, estoy bien.—Aseguré, pero daba igual: Caroline estaba decidida a ir sola, y después de todo, ella era la profesional. Así que le hice caso. Le conjuré un nuevo casco burbuja y, mientras ella se sumergía en el lago una vez más, yo nadé hacia la orilla.

Empapada, pero manteniendo mi temperatura corporal normal gracias al traje, me puse a revisar mi muñeca. Mostraba una marca con la forma de los dedos del Grindylow, y marcas rosadas circulares dónde las ventonas habían succionado mi piel. No dolía a no ser que las tocase, pero el aspecto era bastante feo.
Volví a alzar la mirada, y para cuando lo hice, Caroline había logrado derrotar a los Grindylows. Nada más llegar a la orilla, se puso a examinar con preocupación mi muñeca.

—Estoy bien. No me duele a no ser que lo toque.—Respondí, componiendo una mueca de dolor cuando sentí el leve dolor, que más bien era un escozor, cuando Caroline me examinaba.—Siento haberles atacado. Me puse nerviosa y no supe qué más hacer. ¿Te han hecho algo?—No mostraba ninguna herida a simple vista, y además aseguraba haberse encargado de ellos.—¿Estás de broma? No voy a dejar que un pequeño susto me impida ayudarte.—Comenté con una sonrisa. Aquello me había asustado un poco, pero no lo suficiente cómo para echarme atrás.

Sonreí de manera tímida cuando ella dijo que mi patronus era hermoso. Lo cierto es que todos los patronus lo eran, teniendo en cuenta lo que significaban: buenos recuerdos, pensamientos felices. Un patronus mostraba la felicidad. Y, a decir verdad... era la primera vez que lo conjuraba en muchísimo tiempo. Ni siquiera lo había intentado en el último año, y dado mi estado emocional, dudaba mucho que algo hubiese salido.

—Muchas gracias. La verdad es que, cuando pienso en mi madre, no me cuesta conjurarlo. Supongo que Sam ya te habrá dicho que la encerraron en Azkaban...—Me sentí lo bastante cercana a Caroline cómo para confesarle aquello, y de todas formas, seguro que Sam le había hablado de nuestro encuentro. No es que fuese un secreto, en realidad...
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Caroline Shepard el Dom Abr 29, 2018 7:10 pm

Sonrió ampliamente, es que le agradaba de sobremanera contar con personas como Gwen en el Ministerio. Es uqe hasta el momento no tenía amistades en su trabajo. Y no es que no fuera alguien sociable, todo lo contrario. De hecho estaba segura que al menos en su departamente habían muchas personas que ella les agradaba y viceversa, pero una cosa era tener conocidos que te caían muy, pero muy bien y otra cosa muy diferente es que ellos se conviertan en tus amigos. Y en el poco tiempo que había compartido con la castaña más todas las cosas maravillosas que Sam le contaba de ella le hacía sentir que ahora existiría alguien dentro de ese edificio que fuera mucho más que una persona para pasar un buen rato y hablar de banalidades. Y eso era muy reconfortante.

Rió.- Sam es la menos indicaba para enojarse con nosotras por meternos en problemas. Que ella es la que sale todos los días al mundo exterior sabiendo que su hermoso rostro inunda las calles mágicas. Ella es la que está al límite todos los días, nosotras...bueno, nosotras lo hacemos pero de manera incógnita.- soltó una risita y se encogió de hombros. Y no es que todo el tema de que Sam arriesgará literalmente su vida todos los días le fuera indiferente, pero al paso del tiempo lo había llegado a comprender por el mero hecho de que si los papeles estuvieran invertidos ella haría lo mismo, y esperaría por parte de su amiga un apoyo más que reprimendas.

- ¿De verdad? Ays, es que es una carrera maravillosa.- dijo con ojos brillantes, es que estaba completamente enamorada de su trabajo.- ¿Y en qué te hubiera gustado especializarte?.- le preguntó curiosa, que ella terminó por profundizar en los Kappas pero en sus primeros años tuvo que estudiar todas sus ramas, y como la nerdy que siempre ha sido para las cosas que le gusta, podría contarle algunas curiosidades de las criaturas que le llamasen la atención a la castaña.- Si tienes tiempo podrías unirte ¿sabes? Porque pretendo hacerlo en horarios que sean fáciles para todos, como fines de semanas, ya que la mayoría de los jovenes aspirantes, están en Hogwarts aún o trabajan en la semana para poder costear sus estudios.- le dijo ofreciéndole una sonrisa radiante. Es que la idea de que Gwen le acompañará le emocionaba montón.


***

- Sí, podré hacerlo.- dijo con tono seguro con los Grindys petrificados junto a ella. Y ofreciendole una cariñosa sonrisa a Gwen volvió a sumergirse en las aguas. Lo que continúo no le causó muchos problemas, durante sus años de estudio lo que más le enseñaron fue como reaccionar ante los diversos ataques de criaturas mágicas. Y de lo que ella siempre conserva como un gran tesoro de su aprendizaje, es que mientras menos daño se les haga mejor. Es como la fábula del león, que ataca porque tenía una astilla en su pie no porque fuera agresivo por naturaleza. Sólo son sus circunstancias dadas; ellas se metieron en su terreno, y ellos no tenían qué por qué saber que lo hacían de manera respetuosa.

Al pasar de unos minutos volvió a salir a flote y nadó rápidamente hacia donde se encontraba la maga. Cuando llegó a la orilla no tardó en sentarse a su lado y ver su muñeca. - Duele porque tu organismo no reconoce la saliva de los Grindylows, pero tranquila no es venenosa. Sólo que hay que poner una pomada para desinfectar y hacer que cicatrice más rápido.- le sonrió dulcemente para tranquilizarla.- No, no lo han hecho. Sólo se fueron medios adormilados a seguir su día, quizás ni recuerden que fue lo que pasó.- le señalo. - Y no te preocupes, no es tu culpa sólo fue una reacción ante sus mordeduras revoltosas. Pero para una próxima ocasión dependiendo de qué criaturas te encuentres ocupa hechizos menos invasivos. Por ejemplo, para criaturas como los Grindys o más pequeñas, es muy buena opción petrificarlos . Porque te da tiempo para pensar qué hacer y no hacerles mucho daño. Otro día te puedo enseñar otros hechizos, si quieres.- le invitó, es que para ella era fundamental que las personas en especial lo magos aprendieran cómo combatir de la mejor manera a las criaturas. Para que al final del día salieran ganando las dos partes y no sólo un lado.

- Bien, me alegra saberlo. Me gusta tenerte como compañera de misión- dijo sincera y con una sonrisa que brillaba con luz propia. Ese gesto le hizo recordar lo genial que era toparse con ex ravenclaws. Que sí,  su principal atributo era su increíble inteligencia pero cuando se trataba de tenderle una mano a los demás compañeros de casa, aunque ni siquiera hayan cruzado una palabra siempre, siempre sin excepción - al menos lo que a ella le ha tocado vivir-  lo hacían sin dudarlo. Les salía toda esa valentía digna de un león y la amabilidad de un tejón. Quizás su visión no era objetiva, pero las águilas para ella era únicas e incomparables.

Frunció levemente su ceño.- No, Sam no me ha comentado nada. Siempre ha sido muy reservada con las cosas de los demás.- le dijo mirándola sin molestarse, ya que ese siempre ha sido un atributo que admira de su amiga. Es que su amiga es lejos la persona más leal que ha conocido, ella sólo cuenta las cosas que  le competen, andar hablando de cosas de los demás sin su consentimiento jamás ha sido lo suyo. Por eso hasta el fin de los tiempos su querida Jota sería su confidente favorita- ¿Qué le pasó a tu madre? .- le preguntó acomodándose a su lado. Después de todo tenían toda la mañana para cumplir la misión y apenas llevaban media hora, por lo que descansar un poco no les vendría nada mal, como tampoco el saber un poco más de la otra. Quería saber la historia para saber si había aunque sea una mínima posibilidad de poder ayudarla.
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Gwendoline Edevane el Lun Mayo 07, 2018 2:00 pm

La magizoología había sido una de esas aspiraciones de juventud, uno de esos sueños jamás cumplidos que, de una forma u otra, al crecer, había terminado olvidando. No tanto por decisión propia, si no por presión familiar. Y es que de alguna forma, mi padre siempre había respetado los empleos "importantes" dentro del Ministerio de Magia, y a ojos de Duncan Edevane, un magizoólogo no desempeñaba un trabajo importante. Según él había dicho en algunas ocasiones, un magizoólogo era el equivalente a un animalista en el mundo muggle. "Menos preocuparse por dar de comer a animales y más preocuparse por los problemas importantes", había dicho en una ocasión mi progenitor. ¿Y qué es lo que tienes en tu vida cuando tienes diecisiete años, estás a punto de graduarte en Hogwarts, y tienes poca confianza en ti misma? A tus padres. Y si bien mi madre siempre me había insistido en que hiciese aquello que quisiera con mi vida, mi padre no.
Y así fue que acabé estudiando en la Academia de Desmemorizadores. "Los desmemorizadores llevan a cabo una labor, si bien ingrata en ocasiones, importante sin asomo de dudas, Wendy", dijo en una ocasión Duncan Edevane a su única hija, yo. Y aquellas palabras, de alguna manera, se habían grabado en mi mente.
Pero allí estábamos. Allí estaba Caroline probando que mi padre se equivocaba, que los magizoólogos también desempeñan una labor importante.

—La verdad es que no llegué a pensarlo.—Respondí, pensativa, llevándome el índice derecho a la barbilla.—Seguramente me habría especializado en alguna rama de criaturas acuáticas, pero tenía pensado decidirme a medida que fuese estudiándolas, ¿sabes? Pero eso no llegó a ocurrir, así que...—Me encogí de hombros sin terminar la frase, cómo si aquel encogimiento de hombros fuese suficiente para dar a entender lo que seguía. Caroline, además, me sugirió que me apuntase a las clases que pensaba ofrecer ella, y medité un poco acerca de ello.—Me lo pensaré.—Respondí finalmente con una sonrisa.

Desgraciadamente, el futuro no me deparaba estudiar magizoología. En el futuro tendría una varita diferente—la que llevaba entonces pasaría a ser de Sam—y estaría luchando del lado de la Orden del Fénix—idea que entonces ni se me había ocurrido aceptar—, y habría conocido horrores suficientes cómo para cambiar mis prioridades. Y finalmente me decidiría por la medimagia. Pero aquel momento todavía estaba lejos de llegar, todavía tenía mucho que vivir hasta entonces.


***

Y allí que se fue Caroline a hacer frente a los Grindylows ella sola. Fue algo rápido y profesional, y de alguna manera no esperaba menos de ella. A fin de cuentas, ella era la profesional. Mientras tanto, allí esperaba yo, sentada en la orilla, observando las marcas que las ventosas del primer Grindylow habían dejado en mi muñeca. Era un dolor molesto, no realmente doloroso, más bien cómo una picazón.
A su regreso, Caroline me explicó el motivo de aquello. Tomé nota mental de aquellos datos—algo sencillo para mí, pues por lo general tengo muy buena memoria—que en un futuro, sin yo saberlo entonces, me resultarían de lo más útiles. Y al preocuparme por ella—no pude evitarlo, y en el futuro podría evitarlo aún menos—Caroline le restó importancia al asunto. No le habían hecho nada, y parecía tan feliz cómo antes de haberse metido en el agua. ¿Era posible que esta mujer que tenía delante dejase de sonreír en algún momento?

—Da gusto escucharte hablar. Sabes un montón sobre las criaturas mágicas, y por si fuese poco las tratas con mucho respeto.—Respondí, sonriendo y a continuación mordiéndome el labio inferior con una mueca de dolor cuando Caroline examinó la... ¿mordedura? ¿herida de ventosa? Cómo se llamase.—No me vendría mal aprender un poco más sobre los procedimientos a la hora de tratar con criaturas mágicas, y me apunto todos tus consejos. Después de todo, quizás no sea la última vez que colaboramos... ¿no?—Lo que dije era más una sugerencia que una suposición. Venía a querer decirle que me encantaría volver a unir fuerzas con ella para algún trabajo similar.

Hablar de mi Patronus, la tortuga marina que convocaba con los recuerdos felices de mi madre—en meses futuros, habría más recuerdos felices a los que acudir, especialmente aquellos que tenían a Sam de protagonista—dio paso a hablar de mi madre. Realmente, las palabras salieron de mi boca casi inconscientemente. No lo pensé hasta que lo hubie dicho... y me sorprendió que Sam no hubiese comentado nada respecto a mi madre. Es decir, no era ningún secreto ni nada por el estilo, y no me habría enfadado lo más mínimo que Caroline lo supiese a estas alturas.
Pero no lo sabía. Al parecer, Sam no había contado aquella parte de mi vida. Bueno, es tu traumático pasado, es responsabilidad tuya contárselo a otras personas. Así que empecé a contárselo a Caroline.

—Lo mismo que a Sam. Lo mismo que a Beatrice.—Hice una pausa, apretando ligeramente los dientes dentro de mi boca, odiando una vez más el actual gobierno y su política de tolerancia cero hacia los hijos de muggles.—Una parte de mi familia es mágica, los Edevane. Durante generaciones han sido magos de sangre limpia, en su mayoría puristas. Aunque no puristas extremistas, jamás les verás llevando la marca tenebrosa o persiguiendo a nadie por ser diferente. Simplemente quieren a los no mágicos... lejos.—Casi sonaba a un patético intento de defenderlos, pero era así. Si bien con el cambio de gobierno me había separado tanto de mi familia muggle cómo de mi familia mágica, podía decir con sinceridad que echaba de menos a Abu, Astreia Edevane, la otra mujer de mi familia a la que admiraba.—La otra parte es muggle, y dentro de esa familia, mi madre fue la primera bruja en nacer. Mis padres se casaron, nací yo... Bueno, no necesito contarte esa historia, ya te imaginarás cómo va.—Dije con una sonrisa divertida, pues con toda seguridad no necesitaría darle a Caroline detalles acerca de cómo nacen los niños.—La condición de mi madre cómo hija de muggles le trajo problemas con el cambio de gobierno, y a diferencia de Sam y Beatrice, ella no tuvo ocasión de escapar. Fue juzgada y... bueno, ya te imaginas el resto.

Aquella historia me entristecía. ¿Sabéis ese algo, esa circunstancia en vuestra vida que, por muy felices que logréis ser, siempre conseguirá amargaros la existencia? ¿Algo con lo que cargáis toda la vida? Pues desde hacía un año, esa era mi circunstancia destinada a amargarme la existencia. Sam había vuelto, y con su regreso, me había traido la felicidad. Una felicidad que entonces ni siquiera alcanzaba a comprender ni entender del todo. Pero si me ponía a pensar en el Área-M... Bueno, las cosas cómo son: procuraba no hacerlo.
Procuraba vivir con los ojos cerrados de cara a esa rama de mi vida, pues tampoco es que pudiese hacer gran cosa para solucionarlo.
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Caroline Shepard el Miér Mayo 16, 2018 3:23 am

La miró con ojos brillantes cuando señaló que se hubiera especializado en criaturas acuáticas. Entendiendo una vez más por qué Sam le había dicho que ambas se llevarían tan bien. Tenían muchas cosas en común que le hacía sentir muy a gusto a su lado, en un estado de felicidad permanente.- Gwen, hubiéramos sido compañeras de estudios. Bueno, si hubieras decidido irte a Japón que es donde se especializan en eso, aunque en Londres también lo hacen pero su especialidad es más en las criaturas terrestres. - le comentó encogiéndose de hombros sonriente.- Nunca es tarde Gwen, siempre se puede volver a estudiar. Aún somos jovenes.- le puso una pose toda juguetona y rió.- Yo si llegó a estudiar de nuevo me gustaría entrar a estudiar Pedagogía mágica, así podría impartir clases en Universidades o Colegios...- comentó con ojos brillantes que no duraron más de tres segundos para luego suspirar.- Pero bueno, como estan los tiempos mejor me olvido de aquello. Me niego a ir a enseñar a lugares donde los muggles son vistos como seres inferiores.- hizo una mueca y resopló.

- Te iré avisando como va todo con esa especie de taller que quiero hacer. Para ver si te animas.- terminó por decirle guiñandole un ojo sonriente.

]***]

El tema de los Plympis era simple, debería tomar como máximo media hora ocuparse de ellos, quizás una si es que se encontraban muggles alrededor que retrasaban toda la captura y posterior liberación hacia otras corrientes. Pero en su departamento le habían dado casi toda la mañana para eso, lo que le hacía cuestionarse si efectivamente sus superiores entendían de las Criaturas mágicas o simplemente estaban allí por ser algo de alguien que tenía más poder e influencia. Porque aquello era realmente un conocimiento muy básico. Pero la pelirroja no se iba a quejar por eso ¿Saben por qué? Porque había tenido la fortuna de conocer a Gwen y de pasadita haberse topado con unos Grindylows, criaturas traviesas y gruñonas que no veía desde su tercer año de Universidad. Se liberó de ellas sin muchos problemas para luego ir nadando hacia la orilla en donde se encontraba la castaña.

Lo primero que hizo al llegar a su lado fue revisarle su mordedura, más que nada para ver lo profunda que había sido y si le dolía mucho. Le explicó que no era venenosa y que ya más tarde iría por la pomada que haría que ella se sintiese como nueva, como si esos dientes traviesos de los Grindylows jamás hubiesen llegado a tocarla. Y de paso le dió unos mini consejos de cómo tratar a criaturas como aquellas en un futuro, con un método mucho menos invasivo y dañino para ambas partes. Ya que si cuidas  a las criaturas ellas también lo hacen contigo, esa es una de las reglas generales al menos en la magizoología. - Es que amo mucho a las criaturas mágicas ¿Sabes? Son los seres más hermosos del mundo entero y no sólo las acuáticas. Son muy agradecidos, llenos de historias, muy inteligentes y de corazón maravilloso.- y ahí ya se encontraba hablando de sus criaturas con ojos de enamorada y rostro de idiota. Sacudió su cabeza y sonrió.- Espero que no sea la última, creo que hacemos un excelente equipo, Edevane.- le llamó de su apellido de la manera más cariñosa existente junto a un guiño de ojo todo travieso.

Y luego entro esa curiosidad tan características de las águilas, donde la pelirroja le preguntó sobre su Patronus sin saber que aquella hermosa tortuga al parecer contaba con una gran historia detrás, ligada con la madre de Gwen. Tan sólo le bastó con ver su rostro para comprender que la historia que venía a continuación no sería del todo feliz. Quizás se equivocaba, pero estaba casi segura de que no. Es que siempre ha tenido ese don(como ella le suele llamar) de reconocer e identificar las expresiones fisonómicas  de las personas. Los mentirosos por ejemplo, no tenían posibilidad ante sus ojos. Se acomodó al lado de la castaña y comenzó a escucharla con atención en silencio, contemplandola mientras narraba la historia de su madre. Le acompañó en su risita pero como con una espina molestando en su pecho. Una sensación que siempre le sucedía cuando le contaba casos como esos. Porque sabía que la historia de Gwen no era la única, habían muchas historias como esas de padres, hermanos, seres queridos que habían sido juzgados y encerrados. O peor aún matados sin piedad alguna. - Lo lamento...- susurró bajito pero lo suficiente para que la castaña le escuchase gracias a su cercanía.

- Que impotencia me da todo aquello. - soltó con un ceño fruncido y los labios apretados.- No entiendo como puede existir gente capaz de hacer todas esas cosas horribles. O de trabajar en esos lugares, siempre me pregunto ¿Cómo es que logran dormir todas las noches? o ¿Qué clase de traumas han de haber vivido que le arrebataron todo atisbo de razón o empatía?...- miró a Gwen y le sonrió débilmente pero llena de cariño.- ... eres una gran persona Gwen, y tarde o temprano toda esa bondad volverá a tí. Y verás como cuando menos lo esperes tu madre volverá y esa tortuga brillará más que nunca. Sólo debemos seguir creyendo y luchando para que así sea, todos los días, sin cansancio...- le dijo con sus ojos clavados en ella y con una seguridad que no daba espacio a duda alguna. Ella quería creer que era posible un futuro diferente, ella quería pensar que existía la posibilidad de un cambio, de una transformación total en la mente de todos porque si no lo hacía...uf, el mundo se le venía encima.

- ¿Sabes? En Japón existe un ritual que se llama Misogi. Muchos guerreros y maestros iba a ponerse bajo cascadas, o sumergirse en ríos o lagos como una especie de purificación. Decían que cuando se encontraban allí era como si todo obstaculo desapareciera, y hubiera una eliminación de todo pensamiento negativo, encontrándose en un estado radiante, en una limpieza total de su subconsciente...- mientras lo iba diciendo desvió su mirada de la castaña para depositarla en el lago, era una visión realmente hermosa la que tenían ambas frente a sus ojos. Sonrió y se levantó para tenderle una mano a Gwen.- ¿Qué me dices? ¿Vienes conmigo a sumergirte nuevamente y tener nuestro propio Misogi?.- le preguntó con una sonrisa radiante.
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