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Las "temibles" criaturas acuáticas || [FB] [Priv.] [Caroline Shepard]

Gwendoline Edevane el Mar Ene 23, 2018 2:59 am

17 de diciembre de 2017 - 9:32 a.m.
Coniston Water, Cumbria. Norte de Inglaterra.

Trabajar para el Ministerio con frecuencia nos llevaba a nosotros, los empleados, a desplazarnos largas distancias para atender diversos casos. Aquello no me sorprendía lo más mínimo, y gracias a la aparición, el trayecto solía ser corto.
Sin embargo, aquel era un trabajo curioso. No había sido mi departamento quién había recibido el aviso, si no el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. ¿Qué pintaba yo en todo aquello?
Pues muy fácil: había recibido una carta de Caroline Shepard pidiendo mi colaboración.
Tras la visita de Sam a mi casa, todavía no había tenido tiempo de ponerme en contacto con ella. A fin de cuentas, me había pasado todo el tiempo libre que tenía recabando información sobre Ulises Kant para ofrecerle a mi amiga un informe lo más detallado posible del mortífago, y evitarle sorpresas. Y si estaba tardando tanto era porque quería averiguar también lo que pudiese sobre la tal "Grulla", cosa que no estaba siendo sencilla.
La cara de Caroline me sugirió que quizás Sam hubiese hablado con ella, que le hubiese hablado de mí. Y lo cierto es que no dudé ni un segundo en prestarle mi ayuda. Quizás hubiese otros mejor cualificados para tratar con aquella situación, pero estaba segura de que podría hacerlo.
Así que a alrededor de las nueve y media de la mañana, tras haber pasado unos minutos repasando un mapa y la información que Google Maps me podía ofrecer sobre Coniston Water, situada al norte de Inglaterra, escogí una zona boscosa en la que aparecerme sin llamar ningún tipo de atención.
Si alguien aparecía por allí, sería de casualidad, y le echaría la culpa a mi mala suerte.
Por suerte, no ocurrió. Experimenté esa sensación vertiginosa mientras el mundo daba vueltas a mi alrededor, y cuando se detuvo, el entorno había cambiado a mi alrededor. Árboles, canto de pájaros, silencio... Parecía mentira que siguiesen existiendo lugares así en un mundo tan ajetrado cómo este.
Me eché la capucha por encima de la cabeza y eché a caminar. Metí la mano izquierda en el bolsillo de mi chaqueta de polipiel negra, mientras que en la otra mi varita se movía sola, indicándome la dirección que debía seguir para llegar al lago dónde debía reunirme con Caroline.
Y estaba nerviosa, a decir verdad. Sam me había hablado muy bien de Caroline, pero no la conocía. Y siempre que estaba en compañía de alguien a quien no conocía, me ponía nerviosa. Era una suerte que fuese capaz de controlar esos nervios y que las palabras me saliesen fluidas.
Por fin salí de entre los árboles, la parte baja de mis vaqueros y mis botas empapadas por el rocío que cubría la vegetación del bosque. La varita se detuvo y me la guardé nuevamente dentro de la manga izquierda de mi chaqueta. El lago mostraba un aspecto hermoso a aquellas horas de la mañana, parcialmente cubierto por la bruma.

—Bueno...—Dije en voz baja, para mí, mientras me detenía a la orilla del lago.—Ya estoy aquí. ¿Cómo será Caroline? Parece simpática, y buena persona, pero...

No sabía qué seguía a ese "pero", la verdad. Me figuraba que se trataba de algo referente a mí, a mis propios nervios. Así que intenté olvidarlos. Para hacerlo, mientras esperaba, me deleité en la belleza que me rodeaba. Y pensé que, si algún día me convertía en fugitiva, me escondería en algún lugar cómo este.
¿Quién buscaría a nadie aquí? Tal vez Ulises Kant y Grulla, en su afán por reunir galeones y más galeones...
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Caroline Shepard el Mar Ene 23, 2018 2:55 pm

Las cosas durante el último tiempo habían estado todo menos fáciles. Había regresado a su ciudad natal encontrandose con algo totalmente distinto de lo que con ojos brillosos años atrás se había despedido con un esperanzador "hasta luego". Diez años tuvieron que pasar para que ella volviera. Y se encontrará de sopetón con una realidad horrible, llena de persecuciones, matanzas, torturas, y borra memorias...

La imagen de Crowley aún le persigue, pero no siente ni un atisbo de arrepentimiento.  Aún cree sentir el olor que desprendía la sangre del castaño al desbordarse por toda su oficina, aún recuerda perfectamente su último aliento y cómo de u momento a otro todo su cuerpo quedo tieso, inmóvil, sin vida. Y eso, más que hacerla retroceder no fue más que un impulso para entregarse aún más de lleno a la causa. Al conocer a Crowley por primera vez entendió que hay personas que simplemente no merecen vivir, que succionan más que entregan algo medianamente bueno a la sociedad y ella estaría más que feliz de ir por ellos/as uno, a uno.

Era consciente de los riesgos que corría con su actual doble vida, mas que mal trabajar en el edificio que luchaba en primera fila para el nuevo gobierno era algo que le daba dolores de cabeza continuamente. Pero debía resistir, debía simular y tratar de evitar lo más que pudiera a los detestables para no tener que actuar más de la cuenta (ya que era algo que odiaba). Pero cuando el sol se iba a dar una vuelta a la otra parte del mundo y la noche (siempre su más fiel compañera) hacía acto de aparición ella en la oscuridad y soledad de su oficina comenzaba a trabajar de verdad. A recabar información, a archivarla, estudiarla y de a poco ir respondiendo las innumerables encrucijadas que aún le quedaban sin resolver.

Pero hoy era un día diferente. Hoy se había despertado antes de que sonara el despertador y había ido hacia el trabajo de buena gana (¡hasta con una sonrisa en el rostro!). Hace unos días su querida Samantha le había hablado de un ex ravenclaw llamada Gwen, en un principio le costó crear el rostro de la chica en su cabeza pero luego de un par de minutos lo logró, recordandola con mucha admiración y aprecio. Y el hecho de saber que ella trabajaba en el Ministerio le causó un gran alivio, ya que los rostros amigos realmente escaseaban en ese lugar.  Es por eso que cuando recibió una nueva misión por parte del Departamento no dudó en pedir que para esta ocasión necesitaría ayuda extra, quizás de parte del Departamento de Catástrofes, para luego terminar siendo aún más especifica y entregar el nombre de Gwendoline Edevane.

Se apareció en el lugar acordado, se detuvo unos segundos y cerró los ojos para dejar pasar esa horrible sensación que le producía aparecerse. Y cuando sintió que su estomago dejaba de dar vueltas sonrió, por percibir aún con los ojos cerrados la tranquilidad y hermosura de ese lugar. Para cuando al abrir sus ojos solo terminar comprobando sus suposiciones. Salió de detrás de los árboles y arbustos cuidadosamente para comenzar a caminar hacia el Lago del cual habían recibido constantes quejas por partes de la comunidad muggle.

Sonrió cuando a los lejos observó de espalda a una mujer que si sus recuerdos no le fallaban debía de ser la amiga de Sam,  apresuró su paso hasta llegar hacia ella.- ¿Gwen?.- preguntó antes de quedar en frente de ella y ofrecerle una afable sonrisa.- Hola, soy Caroline Shepard del Departamento de Criaturas.- se presentó suprimiendo conscientemente las palabras "regulación" y "control" de su título. Para luego tenderle una beso en la mejilla y agregar.- ...y amiga de la adorable de Sam.- susurró bajito y con tono travieso.

Al separarse echo un vistazo al hermoso paisaje que le ofrecía su trabajo el día de hoy. Por cosas como esa es que amaba su profesión, porque las Criaturas al igual que ella preferían lugares apartados, silenciosos, y rodeados de naturaleza. - Wow, que hermoso...- dijo en un largo suspiro observando lo majestuoso que se veía el Lago a esas horas de la mañana.

- Por cierto, ¿has traído traje de baño?.- le preguntó con una sonrisa de lado picara. Que ella tras leer las descripciones de la Criatura que está molestando a los bañadores muggles supo enseguida que se trataba de "Plympis" unos animales traviesos  y comilones. Y para poder pillarlos o más bien desviarlos a un sector de Lago menos concurrida debían entrar en sus terrenos, debían sumergirse...
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Gwendoline Edevane el Miér Ene 24, 2018 12:59 pm

No pasé demasiado tiempo sola en aquel paraje natural tan hermoso, y sin embargo, disfruté del silencio y de los cantos de los pájaros durante lo que se me antojaron horas. Podía decirse que alcancé algún tipo de estado de relajación, y por un momento me olvidé del mundo mágico.
¡Y menuda maravilla, poder olvidarse del mundo mágico por un momento!
Entonces, escuché que alguien pronunciaba mi nombre, y volví a la realidad. Recuperé un poco los nervios iniciales, pues aquella voz solo podía pertenecer a una persona: Caroline Shepard, la mujer que me había citado allí.
Me giré en su dirección y le sonreí lo mejor que pude.

—Hola, Caroline...—Empecé a decir cuando se presentó por su nombre y por el de su departamento, pero me interrumpí cuando se me acercó, me dio un beso en la mejilla, y agregó que era amiga de Sam. La adorable Sam, para más señas.—Es un placer conocerte por fin.—Acerté a decirle, aunque lo cierto es que ya la conocía, al menos de vista, y por ser la compañera de cuarto de Sam en Hogwarts.—Tengo que darte las gracias por cuidar de Sam. Me ha hablado maravillas de ti.—Agregué, y era cierto: la imagen que me había formado sobre Caroline en mi cabeza era poco menos que la de un ángel de la guarda.

Caroline contempló un poco el paisaje, y desde luego debió de gustarle. Antes de llegar, había visto imágenes de satélite de este lugar en mi móvil, pero no había nada comparado con estar allí, presente. Todo signo de civilización cercana era un largo embarcadero de madera que ocupaba uno de los laterales. Y claro, por las fotografías de satélite sabía también que no muy lejos había una población.
De hecho, aunque no lo hubiese sabido, era lógico: ¿cómo si no iba a molestar a nadie lo que viviese en este lago?

—Es... mágico.—Convine con voz suave, y me di cuenta de que, en nuestros términos, aquella definición no era correcta: no porque algo fuese mágico tenía que ser bonito. Había sido una forma muy "muggle" de utilizar la palabra "magia".

Entonces, Caroline me hizo una pregunta que me pilló con la guardia baja. ¿Traje de baño? Abrí un momento los ojos cómo platos, y volví la vista en su dirección. Ella sonreía de manera pícara. ¿Sería una broma?

—¿Tenemos que...?—Dije, señalando el lago con mi dedo índice.—Yo... no sabía que habría que nadar.—Y la idea no me parecía demasiado apetecible. No porque no me interesase saber qué tipo de criatura acuática nos encontraríamos en las profundidades de ese lago, ni porque no me gustase nadar de vez en cuando. Más bien estaba pensando en la hipotermia que nos arriesgábamos a coger. Cómo mínimo, necesitaríamos un traje de neopreno para bañarnos allí. Y había otra cosa, claro:—Caroline, ¿qué es lo que hay en este lago?

No podía evitar sentir cierto temor. Me fascinaban las criaturas acuáticas, tanto de agua dulce cómo de agua salada, mágicas o no, y no me había sorprendido lo más mínimo cuando, la primera vez que conjuré un Patronus con éxito, este tomó la forma de una tortuga marina idéntica a Elroy, la vieja tortuga que mi madre y yo habíamos tenido cuando estaba en Hogwarts.
Pero me imaginaba un monstruo temible ahí abajo. Me imagiaba un leviatán, o una hidra. Una serpiente marina de gran tamaño que estuviese aterrorizando a los muggles y comiéndose a alguno que otro.
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Caroline Shepard el Dom Feb 11, 2018 7:17 pm

Hoy era un día diferente, y no porque fuera a salir a terreno en vez de quedarse encerrada en su oficina viendo y ordenando el papeleo. Sino porque hoy volvería a ver a una antigua compañera de Ravenclaw y amiga de Sam. Y en tiempos, en que escaseaban los rostros amigos, saber que contaba con alguien como ella en el Ministerio le causaba una felicidad enorme. Hace poco Jota se había juntado  con ella y como una niña en víspera de navidad había venido a contarle feliz todo su encuentro. Por lo que no dudó en contactarla y pedir su ayuda para esta misión, que a primera, segunda y tercera vista se veía divertidisima.

Se apareció en el Lago y fue en busca de Gwen, al verla a los lejos apresuró su paso hasta llegar a su lado. Cuando comprobó que efectivamente era ella la que se encontraba allí, le dió un beso en la mejilla a modo de saludo y de paso nombró a Sam, como si fuera la palabra clave que aseguraba la unión y protección entre ambas. - Digo lo mismo.- le dijo ofreciéndole una sonrisa enorme y cálida.- Las gracias te las debo dar yo, que has estado con ella todos estos años. Te quiere mucho. Y los amigos de Sam, siempre son mis amigos.- le dijo guiñandole un ojo sonriente.

Miró el paisaje y se quedó unos segundos en silencio, simplemente contemplando, disfrutando de  esa hermosa vista que le ofrecía la naturaleza aquel día. Sonrió al escuchar la descripción que le había dado Gwen.- Lo es.- le dijo mirándola. Ella era una ferviente creyente que la magia se encuentra en todas partes, desde una simple flor que abre sus pétalos al sol hasta el hechizo más increíble del mundo mágico.

En eso le preguntó si traía consigo una traje de baño, sonrió al ver su expresión y asintió tras su pregunta sin perder la sonrisa traviesa que había ganado. - Pues, no deberías hacerlo. Ese es mi trabajo, pero vamos, es un hermoso día y un Lago increíble. ¿Cómo se te da nadar?.- le preguntó curiosa, ya que ella podía ser una amante de las aguas pero no por eso todo deberían serlo ¿no?. - No lo sabremos con exactitud hasta que lo encontremos. Pero todo indica que son los traviesos Plympis, son un peces para nada peligrosos, les gusta nadar en lo más hondo pero no son muy queridos por las criaturas acuáticas por lo que le amarra sus pies y los mandan a volar. Lo más probable es que hayan hecho eso y ellos hayan salido a flote, y cuando se ven atacados...muerden.- terminó encogiéndose de hombros con una sonrisa.- Si es así, nuestra misión sería desamarrar sus piernas y encauzarlos a su habita.- le dijo muy consciente de que había hablado en plural.

- He traído un traje para tí...- comenzó a decir mientras lo sacaba de su bolso.- Te prometo que no son nada peligrosos. De hecho una vez ayudé a unos y me hicieron hasta un baile de agradecimiento.- siguió diciéndole de manera tentadora, hasta le hizo un mini baile con el bañador para representar el espactulo hecho por los Plympis para luego reír. - Además...- dijo antes de acercarse al Lago agacharse y tocar el agua con sus manos.- El agua está deliciosa.- terminó por decirle con una sonrisa radiante como el Lumus más fuerte del mundo mágico.

Estaba feliz, ya que aquel día prometía. Como un gran paréntesis de alegría en medio del mundo mágico. Se alegró al comprobar que las águilas seguían produciendo eso en ella tras el pasar de los años, esa sensación de seguridad y felicidad por igual. Como un ave que se encuentra en medio de un largo viaje con otra y recobra energías para seguir.
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Gwendoline Edevane el Lun Feb 12, 2018 2:28 pm

En los tiempos que corrían, encontrar alguien con quién pudieses ser tú misma de verdad no es que fuese difícil, si no prácticamente imposible. Por eso, pese a encontrarme en una situación nueva, con una cara relativamente nueva, me sentía a gusto. Hacía años que había aprendido a controlar los nervios—y no por ello había dejado de experimentarlos—, pero poder ser tú misma era liberador.
Y más en un lugar cómo aquel, un paraje natural sin oídos curiosos, sin ojos curiosos, sin mortífagos y cazarrecompensas. Cierto es que me pregunté dónde estaría metida Sam, cruzando los dedos para que estuviese metida en la seguridad de la casa de Caroline, y no escapando de cazarrecompensas o rompiéndose otra mano en un intento por golpearles.
Se me ruborizó un poco la cara cuando Caroline aseguró que Sam me quería mucho, y que cualquier amiga de Sam era amiga de Caroline a su vez. Le dediqué una mirada y una sonrisa a mi nueva aliada.

—Lo mismo digo.—A ambas cosas.—Me hubiese gustado estar un poco más presente en su vida en el último año, pero...—No sabía qué decir. Ya había dado mil y un motivos por los cuales no lo había hecho, y si bien Sam me había perdonado por ello, yo todavía estaba en proceso de hacerlo.

Tras contemplar en silencio aquel hermoso paraje natural, dejando que mis pulmones se llenasen del aire frío y limpio sin rastro de la contaminación de Londres, decidiendo que aquel lugar tenía que ser mágico en sí, Caroline me sorprendió con aquella pregunta. ¿Traje de baño? Seguía sorprendida.

—Bueno... mi amiga Beatrice, cuando estábamos en Hogwarts, me dio algunas clases sobre preparación física. Seguí sus recomendaciones durante años, y tarde o temprano la natación se cruzó en mi camino.—Dije, encogiéndome de hombros.—Voy a la piscina un par de veces por semana, así que... Supongo que bien.—Aunque me seguía preocupando la temperatura del agua, pero mis preocupaciones respecto a las criaturas que se encontraban en ese lago se despejaron pronto. Caroline mencionó a los Plympis, unos seres que conocía bien.—¡Cómo peces globo con patas!—Exclamé divertida. Sabía muchas cosas sobre criaturas acuáticas, mágicas o no, gracias a la obsesión que mi madre me había inculcado.—Mi madre me llevó una vez a verlos. Habían sido avistados en un lago muy parecido a este. Todo el mundo dice que son feos, pero a mí me parecen lo más bonito del mundo.—Caroline me explicó los pormenores de la misión. Al parecer algunos podían haber salido a flote con sus patas anudadas, y haberse defendido de muggles curiosos. Así que todo parecía indicar que mi trabajo consistiría en localizar a los afectados y, además de ofrecerles algún tipo de asesoramiento en materia de salud, modificar su recuerdos. Sería sencillísimo: solo tenía que sustituir a los Plympis por algún tipo de pez globo común en sus recuerdos. Justo el trabajo que me gustaba.—Suena fácil. Así que supongo que el plan de acción será ayudar primero a los Plympis, y después borrar todo rastro de su presencia en el pueblo, ¿no?

Caroline entonces me dijo que había traido un traje de baño para mí, lo cual hizo que se me subiesen un momento los colores. ¿Y por qué? Porque un traje de baño implicaba algo bastante evidente: tendría que quitarme la ropa—TODA la ropa—y ponerme el traje de baño.
¿Pero quién era yo para negarme a ayudar a la persona que había velado por mi amiga durante el último año? Ahora mismo, Caroline en mi mente tenía el estatus de salvadora, de santa. Así que no iba a decirle que no.
No pude evitar reírme un poco cuando emuló un baile que los Plympis habían hecho para ella, rebajando un poco la vergüenza que iba a darme quedarme totalmente desnuda allí en cuestión de minutos. También aseguró que el agua estaba estupenda después de comprobarlo con su mano... Eso último me produjo escalofríos.

—Está bien.—Dije mientras empezaba a desembarazarme de prendas menores. Primero me quité la chaqueta de polipiel que llevaba por encima de todo, y después la de algodón con capucha que llevaba debajo. Ya quedarme en camiseta me puso la carne de gallina, pues no hacía calor. Y menos estando cómo estábamos al norte de Inglaterra.—Todo sea por los pobres e inocentes Plympis del fondo del lago. Y por el posible baile de recompensa.—Bromeé, y tras un prolongado suspiro, me agaché para quitarme las botas y, acto seguido, los calcetines.

Cuando mis pies entraron en contacto con la hierba, mojada y cubierta de gotas heladas del rocío de la noche, ese escalofrío de antes me recorrió toda la columna vertebral. Empecé a desabrocharme los pantalones, pensando que el inevitable momento en que me quedaría desnuda se acercaba.

—No mires, ¿vale?—Pedí mientras me daba la vuelta, cómo si evitar el contacto visual con Caroline me ofreciese algún tipo de privacidad. Me desembaracé poco a poco del resto de mi ropa, dejándola en un lugar relativamente seco, y para entonces estaba tiritando de frío. Alcancé el traje de baño que Caroline me había traido y me lo puse. No era exactamente de mi talla, pero la cosa podría haber sido mucho peor. Terminado aquel trago, me giré en dirección a Caroline. —¿Qué pinta tengo?—Pregunté mientras me recogía el pelo en una coleta y sujetaba dicha coleta con una goma que siempre llevaba en la muñeca derecha. Me esforcé por sonreír, intentando disimular mi vergüenza inicial.
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Caroline Shepard el Vie Feb 23, 2018 11:19 pm

A pesar de que había compartido poco y nada con Gwen en Hogwarts sentía que la conocía de toda la vida. Quizás era por el hecho de que Sam le había hablado de ella por horas durante los últimos días, con sus ojos brillantes y amplia sonrisa o tal vez que la castaña lograba transmitir aquello, con su sola presencia. Que no había pasado ya ni dos minutos con ella y ya había sentido unas ganas tremendas de abrazarla por un rato solo por el cariño que le producía su ser.  Es que siempre se ha considerado un chivatoscopio humano, donde su intuición jamás fallaba  y sin excepción le indicaba de inmediato cuando alguien o algo no era de confiar, pero con Gwen nada de eso se activaba solo le daban ganas de dedicarle infinitamente sonrisas. Y eso, muy pocas personas lo generaban a primeras.

- Y me lo dices a mí, que estuve lejos por diez años.- le dedicó una mueca con sus labios de pesar y bajó su mirada por unos segundos nada orgullosa de aquello, para luego inspirar y volver a elevar su mirada para clavarla en la de ella.- Pero ya estamos a su lado nuevamente y ya iremos recobrando todo el tiempo perdido junto a nuestra rubia preferida.- volvió a decir más animosa. Que llorar sobre la lecha derramada jamás a sido su estilo. Había que mirar para adelante siempre, ni un paso atrás jamás, ni para coger impulso, no, no, no.

Además, como no estar feliz y ver con ojos esperanzadores la vida si esta le ofrecía un día tan hermoso como aquel y en tan buena compañía, simplemente no podía. Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando vio la expresión de Gwen al comentarle la idea de que ella se sumergiese con ella en el Lago. Pero cuando la castaña nombró a otra águila muy querida  de su generación sus ojos ganaron un tono más sombrío.- Aún no se sabe nada de ella ¿verdad?.- fue más un aseveración que pregunta, suspiró pesadamente y frunció el ceño.- Qué horrible está todo...- susurró bajito mientras se abrazó a ella misma con sus brazos generando calor, ya que un escalofrío le había recorrido toda su espalda de tan solo pensar que podría estar pasándolo mal, quizás dónde, con quién...- Pero bueno.- agregó sacudiendo su cabeza para alejar aquellos pensamientos y volver a mirar a Gwen con una media sonrisa.- Estás muy bien con lo que me dices, este Lago se ve muy parecido al de Hogwarts, así que muchos problemas no deberías tener.- le indicó con mirada traviesa.- ¡Esos mismos!.- exclamó divertida tras la descripción que había hecho la chica de los Plympis. Con el siguiente comentario, como si ya no lo hubiera logrado de antemano,  Gwen se ganó un espacio aún más grande en su corazón. Que después de sus amigos y familia las criaturas tanto mágicas como muggles eran sus seres predilectos. Y encontrarse con alguien que hablará así, con ese cariño de criaturas tan simples como los Plympis era digna de ganar toda su atención y aprecio. - Se ve muy fácil y entretenido.- dijo con una amplía sonrisa.- Lo único que podría complicarnos un poco el panorama es que otras criaturas marinas nos vean haciendo aquello y no quieran que lo logremos. Que como ya te dije los plympis no son muy queridos por ser traviesos en extremo.- le comentó con una mueca, para luego agregar con aire despreocupado.- Pero no pasará.- o al menos eso esperaba.

Luego sacando a relucir todo su desplante persuasivo, trató de tentar a Gwen para que se le uniera a sumergirse al Lago. Le mostró el traje de baño que le había traído y hasta una coreografía le hizo para tentarla aún más. Como última carta ocupó el hecho de que ella misma tocará el agua y le comprobará que está deliciosa. Eso último era un poco de trampa porque para ella el agua siempre iba a estar así, sin importar la temperatura ambiente. Pero eso la castaña no lo sabía, aunque jamás permitiría que se entumiera de frío, no. El traje que le traía se veía inofensivo pero era sumamente protector y generador de calor, perfecto para la misión que tenían por delante.

- Yey.- exclamó elevando sus brazos a modo de victoria cuando la castaña le dijo que si la acompañaría, le tendió el traje sonriente. Al verla comenzar a desnudarse y observar cómo su piel se iba poniendo de gallina hizo una mueca, sintiéndose terrible de no haberle comentado antes aquello y haber ahorrado que ahora tuviera que sufrir frío. Rió ante sus palabras .- Y lo habrá, ya verás.- le prometió, quizás no habría baile, pero estaba segura que de alguna manera aquellas traviesas criaturas le demostraría su agradecimiento. De eso no tenía duda alguna.

Y no fue hasta que ella le indicó que no la mirará que se dió cuenta que estaba mirándola como cual obra de arte en un museo sin darle privacidad alguna.- ¡Oh, claro, lo siento!.- dijo algo avergonzada y girando ella también para mirar a otro lado. Aprovecho para cambiarse ella también, con un simple movimiento de su varita ella cambiar su ropa actual por su traje de baño, y no se giró hasta que escuchó a Gwen nuevamente.

- Hermosa.- le dijo sincera, quizás le quedaba un poco más grande pero Gwen era muy guapa como para que esos detalles la opacaran.- Pues, ya estamos listas entonces.- dijo toda animada.- Oh, no, no, no. Nos falta una cosa, ...- comenzó a decir para acercarse a Gwen y mostrarle una costura que se encontraba en el hombro derecho del traje.- ...acá puedes dejar tu varita, es muy seguro porque sólo se suelta si el dueño de la varita lo toca, mira...- dijo para demostrarle ella misma con su traje lo que acaba de decir. Guardó su varita en su hombro, tomó la mano de Gwen sin pudor y ella con sus manos la manejo para que intentara obtener su varita,  sin lograrlo. Para que luego ella rozara con su mano la costura y cediera al instante.- Son trajes mágicos, perfectos para magizoologistas acuáticos.- terminó de decir con una amplia sonrisa.

- Ahora sí que sí estamos listas. ¿Preparada para sumergirse? .- le preguntó mordiéndose el labio y con ojos brillantes. Y antes de siquiera darle tiempo de responder.- La última en sumergirse debe un almuerzo.- bromeó para salir corriendo en dirección al Lago como una niña de seis años en busca de sus regalos de navidad.
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Gwendoline Edevane Ayer a las 9:13 pm

Estaba claro que ambas, tanto Caroline cómo yo, llevábamos dentro cosas de las que nos arrepentíamos. Y el motivo parecía ser el mismo: no nos sentíamos las mejores amigas que Sam hubiese podido encontrar en el mundo.
Personalmente, encontré injusto que Caroline se culpase a sí misma de nada. Después de todo, sí, quizás hubiese pasado diez años lejos, pero cuando Sam la necesitó, cuando empezaron a perseguirla simplemente por cómo había nacido, Caroline había estado ahí.
¿Y dónde estaba Gwen? Correcto: la señorita Edevane estaba sentada delante de su escritorio, asumiendo de mala manera que su madre había terminado en Azkaban. Dormida durante un año entero, cómo si le hubiesen dado una buena dósis de anestesia y no consiguiese librarse de ella.
Pero en una cosa estaba Caroline en lo cierto: estábamos a su lado ahora. Más valía tarde que nunca. Le dediqué una mirada a Caroline, y conseguí sonreír un poco.

—Tienes razón.—Le respondí a lo segundo que dijo; a lo primero poco podía decir. Tampoco quería que nos embarcásemos en un viaje de autoculpabilidad que terminaría en un "yo la he cagado más que tú" en bucle.—Sam ya me dijo esto: que eres una persona positiva y muy madura. Empiezo a verlo, desde luego.—Y veía otra cosa: Sam no exageraba absolutamente nada en relación a Caroline.

La mención, involuntaria, a Beatrice, me la trajo de vuelta a la memoria. Se me vino un poco el alma a los pies al saber que Caroline tampoco sabía nada de ella. Porque si Caroline no sabía nada significaba que probablemente Sam tampoco sabría nada de ella.
Negué con la cabeza ante su pregunta. No había recibido noticias, ni buenas ni malas, de la que fue una de mis mejores amigas en Hogwarts. Quería pensar que aquello era bueno, que estaba siendo precavida. Pero no podíamos olvidarnos de la realidad: sobre su cabeza pesaba una recompensa cuantiosa. Y habría muchos cazarrecompensas tras su pista, igual que Kant y Grulla iban tras Sam.

—Beatrice siempre fue la más alegre de las tres.—Las otras dos, por supuesto, éramos Sam y yo. Éramos inseparables en Hogwarts, y no pasaba día sin que me preguntase qué habían visto en mí para hacerse amigas mías. Igual que no comprendía cómo aquel chico, creo que se llamaba Henry, se había molestado en defenderme cuando un par de alumnos de Slytherin se dedicaban a quitarme los libros y tirarlos al suelo una y otra vez.—Espero que siga conservando esa alegría suya...—Mi esperanza era sincera, pues la vida de fugitiva no tenía que ser fácil. Por lo que sabía, su hermano, Steven, estaba en las mismas. Quizás estuviesen juntos, escondidos en algún sitio.—¿Conociéndola? Habrá sabido ver el lado bueno de todo esto.—Sonreí, divertida.—Seguro que habrá dicho: "¿Que soy fugitiva? ¡Pues genial, así no tengo que trabajar!"

No podía estar más de acuerdo con Caroline, sin embargo: las cosas daban asco. Todo daba asco. Al menos en lo que respectaba al mundo mágico. Y siendo cómo era yo aficionada a leer la prensa, tanto muggle como mágica, sabía que las cosas no iban tampoco lo que se dice bien en el mundo muggle.
Pero de nada servía darle vueltas a cosas que no tenían solución. Lo mejor era centrarse en el presente, y así lo hice. Caroline hizo lo mismo. ¿Y qué era el presente? ¡Los Plympis!
Curiosamente, no me preocupé demasiado cuando Caroline mencionó que podía haber otras criaturas acuáticas ahí dentro. Es decir, si había Plympis vivos y, cómo dirían los muggles, "dando por saco", eso quería decir que en el agua no habría ninguna criatura depredadora de los Plympis, y teniendo en cuenta que los Plympis no eran demasiado grandes, todo lo que fuese más pequeño que ellos se me antojaba manejable.
A no ser que fuesen pirañas, claro. Las pirañas eran monstruos sedientos de sangre a los que tenía mucho respeto.

—No suena complicado.—Insistí, incluso ante la mención de las otras posibles criaturas marinas.—Quiero pensar que si hubiese algo grande y peligroso aquí dentro, ya lo habríamos visto. Y lo que es más importantes: ya lo habrían visto los muggles.—Señalé en la dirección en que se encontraba la población, más allá de la línea de árboles.

El momento en que tuve que ponerme el traje de baño, uno aparentemente de neopreno que me protegería, al menos en gran medida, de las bajas temperaturas del agua del lago, fue un poco embarazoso. Embarazoso porque soy el maldito pudor hecho persona, y no era lo mío desnudarme en público.
Pero, siendo estrictos, aquello no era precisamente "público": era Caroline, una persona de la cual me podía fiar, y me podía fiar de ella porque Sam se fiaba de ella. Y las amigas de Sam eran amigas mías.
Caroline me observó hasta el momento en que le pedí que no lo hiciese, lo cual es normal. Puedo atestiguar que el ser humano siente curiosidad ante la desnudez ajena. Yo misma había sentido dicha curiosidad, aunque me gustaba compararla con mirar directamente un eclipse solar: sabes que no debes, que en determinadas circunstancias puede ser perjudicial, pero igualmente no puedes evitarlo.
Pero Caroline n me miró. Y antes de poder darme cuenta, ya llevaba puesto aquel traje. Me quedaba un poco grande, pero no había nada que la magia no pudiese reparar. Con pequeños toques de mi varita, fui encogiendo las zonas del traje de neopreno hasta que me quedó perfectamente ajustado al cuerpo. El contacto del tejido con mi piel era cálido, y no pude más se suspirar aliviada.

—Siempre puede quedar un poco mejor.—Dije con una sonrisa, una forma de explicar lo que acababa de hacer. Caroline me explicó con un ejemplo práctico que había una parte del traje, situada en el hombro derecho, destinada a la labor de sujetar la varita. Y muy práctico que resultaba aquello: solo el propietario de la varita y del traje podía extraer la varita. Lo comprobé con el traje de Caroline, y después con el mío propio. Y era cierto.—¡Qué bueno! Muy útil.—Le dije con sinceridad.

Y entonces, llegó el momento de meterse en el agua. Caroline salió corriendo, asegurando que la última en llegar pagaría un almuerzo. Me guardé rápidamente la varita en el compartimento destinado a tal función, y eché a correr tras ella.

—¡No vas a ganarme tan fácilmente! ¡Soy una nadadora casi profesional!—Exclamé, francamente divertida, y olvidándome de la gélida temperatura que seguramente me recibiría al entrar en el agua. Probablemente me pondría enferma, pero... ¿qué más daba? Para eso existían las pociones y los medicamentos muggles.

Corrí hasta alcanzar la orilla, y una vez llegué, no me lo pensé nada: salté al agua. La natación me había enseñado a entrar en el agua cómo era debido: los brazos por delante, lo más horizontal posible a fin de romper la tensión de la superficie sin hacerme daño. Mis brazos penetraron en el agua, y acto seguido mi cabeza. Pasé sumergida unos cuantos segundos, antes de asomar de nuevo a la superficie, tomando aire.
Sorprendentemente, no tenía frío. Sonreí, y cuando estuve junto a Caroline en el agua, le salpiqué con un movimiento de mano a modo de reproche.

—¡Me has engañado! ¡No me has dicho que habías aislado térmicamente los trajes de baño!—Y no pude evitar reírme. Como broma, había sido buena, y estaba dentro del agua tan bien cómo si estuviese en una piscina climatizada.—¿Buscamos a esos Plimpys?—Seguramente tendríamos que bucear. Aquello tampoco se me daba mal, y mucho menos cuando tenía a mi disposición el hechizo del casco burbuja, que me permitiría respirar bajo el agua. Debo reconocer que tenía ganas de empezar, y de ver de cerca a esos Plympis.
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