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Las "temibles" criaturas acuáticas || [FB] [Priv.] [Caroline Shepard]

Gwendoline Edevane el Mar Ene 23, 2018 2:59 am

Recuerdo del primer mensaje :

17 de diciembre de 2017 - 9:32 a.m.
Coniston Water, Cumbria. Norte de Inglaterra.

Trabajar para el Ministerio con frecuencia nos llevaba a nosotros, los empleados, a desplazarnos largas distancias para atender diversos casos. Aquello no me sorprendía lo más mínimo, y gracias a la aparición, el trayecto solía ser corto.
Sin embargo, aquel era un trabajo curioso. No había sido mi departamento quién había recibido el aviso, si no el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. ¿Qué pintaba yo en todo aquello?
Pues muy fácil: había recibido una carta de Caroline Shepard pidiendo mi colaboración.
Tras la visita de Sam a mi casa, todavía no había tenido tiempo de ponerme en contacto con ella. A fin de cuentas, me había pasado todo el tiempo libre que tenía recabando información sobre Ulises Kant para ofrecerle a mi amiga un informe lo más detallado posible del mortífago, y evitarle sorpresas. Y si estaba tardando tanto era porque quería averiguar también lo que pudiese sobre la tal "Grulla", cosa que no estaba siendo sencilla.
La cara de Caroline me sugirió que quizás Sam hubiese hablado con ella, que le hubiese hablado de mí. Y lo cierto es que no dudé ni un segundo en prestarle mi ayuda. Quizás hubiese otros mejor cualificados para tratar con aquella situación, pero estaba segura de que podría hacerlo.
Así que a alrededor de las nueve y media de la mañana, tras haber pasado unos minutos repasando un mapa y la información que Google Maps me podía ofrecer sobre Coniston Water, situada al norte de Inglaterra, escogí una zona boscosa en la que aparecerme sin llamar ningún tipo de atención.
Si alguien aparecía por allí, sería de casualidad, y le echaría la culpa a mi mala suerte.
Por suerte, no ocurrió. Experimenté esa sensación vertiginosa mientras el mundo daba vueltas a mi alrededor, y cuando se detuvo, el entorno había cambiado a mi alrededor. Árboles, canto de pájaros, silencio... Parecía mentira que siguiesen existiendo lugares así en un mundo tan ajetrado cómo este.
Me eché la capucha por encima de la cabeza y eché a caminar. Metí la mano izquierda en el bolsillo de mi chaqueta de polipiel negra, mientras que en la otra mi varita se movía sola, indicándome la dirección que debía seguir para llegar al lago dónde debía reunirme con Caroline.
Y estaba nerviosa, a decir verdad. Sam me había hablado muy bien de Caroline, pero no la conocía. Y siempre que estaba en compañía de alguien a quien no conocía, me ponía nerviosa. Era una suerte que fuese capaz de controlar esos nervios y que las palabras me saliesen fluidas.
Por fin salí de entre los árboles, la parte baja de mis vaqueros y mis botas empapadas por el rocío que cubría la vegetación del bosque. La varita se detuvo y me la guardé nuevamente dentro de la manga izquierda de mi chaqueta. El lago mostraba un aspecto hermoso a aquellas horas de la mañana, parcialmente cubierto por la bruma.

—Bueno...—Dije en voz baja, para mí, mientras me detenía a la orilla del lago.—Ya estoy aquí. ¿Cómo será Caroline? Parece simpática, y buena persona, pero...

No sabía qué seguía a ese "pero", la verdad. Me figuraba que se trataba de algo referente a mí, a mis propios nervios. Así que intenté olvidarlos. Para hacerlo, mientras esperaba, me deleité en la belleza que me rodeaba. Y pensé que, si algún día me convertía en fugitiva, me escondería en algún lugar cómo este.
¿Quién buscaría a nadie aquí? Tal vez Ulises Kant y Grulla, en su afán por reunir galeones y más galeones...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Sáb Mayo 19, 2018 10:43 pm

Posiblemente, ser compañera de estudios de Caroline Shepard habría sido algo precioso. No solo por la maravillosa persona que había resultado ser, alguien a quién muy poco había conocido en Hogwarts—estaba demasiado ocupada pasando todo el tiempo posible con Sam, quién desde mi segundo curso en el colegio mágico se había convertido en mi persona favorita en el mundo—; también porque habría estudiado aquello que había sido mi sueño de infancia. Sin embargo, pensándolo en frío, tampoco me arrepentía del camino que había seguido en la vida. Ese camino me había permitido pasar tiempo junto a Beatrice, Henry y Sam—y Natalie, la primera novia de Sam que, si bien siempre había sido simpática y agradable, por algún motivo jamás me había acabado de caer bien—en la universidad, y aquellos fueron buenos tiempos.
Pero podía visualizar un universo alternativo con una Gwendoline alternativa, convertida en magizoóloga. Quizás el tiempo alejada de Inglaterra, en una tierra desconocida cómo era Japón, hubiese obrado algún tipo de milagro con esa otra Gwendoline, convirtiéndola en una persona extrovertida, risueña y divertida cómo Caroline. Quizás... pero tampoco servía de mucho pensar en ello, ¿no?

—Japón.—Comenté con una ligera sonrisa.—La verdad es que la idea de visitar Japón suena cómo toda una aventura.—Al parecer, además, Caroline también tenía otras aspiraciones laborales, y se planteaba la idea de volver a estudiar. En su caso, pedagogía mágica. Profesora y magizoóloga... Desde luego, está claro que tiene que ser una gran persona.—Es una carrera apasionante, sin duda, aunque creo que no sería lo mío. Hará cosa de un año, o quizás año y medio, trabajé de canguro de fines de semana para una compañera del Ministerio, Beatrice Beckett, y era un desastre: al pequeño, Kyle, apenas conseguía separarlo de la videoconsola, y no hablemos ya de sus hermanos mayores...—Solté una leve carcajada sarcástica, negando con la cabeza.—No puedo con un niño y dos adolescentes, cómo para intentar manejar una clase llena de gente.—Y eso, sin mencionar, por supuesto, el hecho de que me ponía terriblemente nerviosa cuando tenía que hablar en público, ante un montón de gente... o con gente que no conocía. De hecho, en ese momento aún estaba nerviosa.—Bueno, yo imagino que las cosas en algún momento acabarán cambiando. Quizás entonces puedas ser una excelente profesora.—Animé a Caroline, imaginándomela en un futuro impartiendo la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas en el Colegio Hogwarts.

Asentí con la cabeza con una sonrisa un poco más pronunciada ante lo que dijo. En aquel momento pensé que quizás terminaría aceptando su oferta, pero el futuro me deparaba muchas cosas. Por aquel entonces no había conocido las brutalidades que los Crowley harían a Sam en poco menos de una semana, ni había conocido a Ulises Kant, Savannah y Grulla. Por no hablar que no había empezado a sentir esa inquietud moral acerca de lo que mi empleo suponía: manipular mentes ajenas sin ningún tipo de consentimiento, reestructurándolas a mi antojo, siguiendo los deseos del actual Ministerio.
Cuando todo eso ocurriese... las cosas serían diferentes. Si entonces me hubiesen contado que dedicaría mis ratos libres a estudiar medimagia por mi cuenta, hubiese pensado que me gastaban una broma.


***

Minutos después de aquella parte de la conversación, me encontraba sentada en la orilla del lago, mientras gotas de agua caían de mi pelo mojado y del traje de baño que Caroline había traído para mí, con la marca del ataque de uno de aquellos Grindylows. Aquellos Grindylows de los que me había defendido de la única manera que se me había ocurrido en aquel momento, quizás no la más efectiva ni la más respetuosa. Y Caroline revisaba mi herida, preocupada; a mí no me parecía para tanto, simplemente escocía un poco, cómo quién se araña con unas ortigas. Su explicación me vino muy bien entonces—y la recordaría cuando optase por estudiar medimagia—y elogié a Caroline por cómo hablaba, por lo bien que se expresaba. Daba gusto hablar con ella.

—Los animales y las criaturas mágicas, en general, lo son. El ser humano debe aprender mucho de ellos.—Coincidí ante su afirmación; siempre lo había pensado, y siempre lo pensaría. Un mundo regido por animales o criaturas mágicas no mostraría la decadencia que mostraba nuestro mundo mágico actualmente.—¿Bromeas? Me lo estoy pasando muy bien.—Respondí con una media sonrisa ante su esperanza de que aquella no fuese la última vez. Si en mi mano estaba, trabajaría con ella todas las veces que pudiese.

Y entonces llegó la hora de hablar de mi familia. Mencioné el tema de manera involuntaria, confesando a la magizoóloga que era mestiza, y que mi madre, hija de muggles, estaba encerrada en el Área-M. A Caroline se le ensombreció el rostro, y estoy segura de que por su cabeza tuvieron que pasarse cierta ex-instructora de legeremancia de rubia cabellera, y cierta ex-sanadora que tenía por costumbre meterse en travesuras cuando era más joven. No supe qué decir ante lo primero que dijo, que lo lamentaba, pues realmente no había mucho que decir, salvo quizás un "gracias".
Ante sus siguientes palabras, tampoco sabía muy bien qué decir. Entonces, a finales de 2017, yo ni siquiera era capaz de concebir en mi propia persona la furia y la rabia que en meses venideros sentiría, al conocer la auténtica historia de Sam y lo que había padecido a manos de los Crowley, así que poco podía saber yo de la maldad humana. Jamás había podido comprenderla.

—Al igual que tú, no lo comprendo. No cabe en mi cabeza que exista gente tan cruel, sin siquiera tener un motivo para serlo. Ni siquiera entiendo la crueldad con motivo.—Hasta cierto punto, podía "comprender" el motivo de alguien para "asesinar" a alguien. A veces, no existía otro remedio, ya fuese en defensa propia, ya fuese porque con una muerte se pudiesen salvar otra vidas... Sin embargo, seguía teniendo presente aquella máxima de mi madre: "Toda vida es sagrada". Y no pretendía olvidarlo.—Ojalá tengas razón, Caroline. Ojalá...—Conseguí esbozar una sonrisa ante las palabras de Caroline, y sin embargo, aquel tema me puso, nuevamente, triste. Sabía que las posibilidades de que mi madre saliese de allí, en la actualidad, eran pocas o ninguna.

Y entonces, Caroline me habló acerca de un ritual japonés conocido cómo "Misogi". Algo que servía para eliminar todo pensamiento negativo y que estaba muy relacionado con el agua. De alguna manera, aquello me sonó bonito. Bonito, pero cómo esas cosas que crees en principio que te dicen en broma. Cuando quieres darte cuenta, estás esbozando una sonrisa divertida, preguntándote si debes seguir o no seguir la broma a la otra persona, y entonces te das cuenta de que la otra persona ciertamente habla en serio.
Yo no puse todos aquellos pensamientos en palabras, pero puedo asegurar que se pasearon por mi mente en aquellos momentos, momentos previos a aceptar su oferta. Porque... ¿por qué no? No había nada de malo en probar aquello, y me sonaba vagamente familiar además: películas y animes japoneses mostraban a maestros de artes marciales meditando bajo cascadas con una expresión de profunda concentración, casi cómo si el mundo exterior desapareciese y solamente quedasen ellos... y el agua.
¿Funcionaría de verdad? No estaba de más comprobarlo.

—No tienes ni que preguntar.—Dije mientras me ponía en pie, estirándome un poco para desentumecer los músculos.—Guíame, Caroline, y tengamos nuestro propio Misogi.
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Caroline Shepard el Lun Jun 04, 2018 3:33 am

Una de las cosas que mas le gustaba a la hora de conocer a gente "nueva", y entre comillas porque Gwen no era del todo una persona desconocida para la pelirroja ya que, en Hogwarts solía verle mucho junto a Sam. Pero jamás habían compartido así hasta ahora. Pero volviendo, lo que le gustaba era cuando ocurría ese acto mágico en que te das cuenta que la persona que tienes al frente, o al lado tuyo tiene similitudes contigo increíbles. Y te preguntas ¿Por qué no la conocí antes? ¿Por qué no me reí junto a ella antes? Pero que va, eso ya es del pasado, lo importante ahora era disfrutar el presente. Y en eso, ella era especialista.

- Japón es increíble, un día te llevará a tí y Sam para irnos de aventura.- prometió y Caroline siempre cumplía su palabra.- Pero a pesar de todo seguro fue una experiencia muy gratificante. Yo no sé cómo es que me irá con los chicuelos, pero lo que si sé es que me agrada mucho enseñar las cosas que me gustan y espero poder lograr transmitirle ese mismo amor que siento a un otro.- reflexionó encogiéndose de hombros junto a una sonrisa cariñosa.- Quien sabe... pero bueno, si no es de profesora serán otras cosas las cuales querré aprender. Ya sabes, los ex ravenclaws tenemos ese complejo, que si no aprendemos cosas nuevas nos oxidamos.- soltó una risita de lo más infantil, como quién dice en voz alta una verdad que el trae gracia.


***


Las cosas habían dado un giro inesperado aquella mañana, y el Lago le había ofrecido una corriente traviesa con unos Grindylows mordelones. Fue un pequeño altercado que la pelirroja no tardó en solucionar para volver nuevamente junto a su compañera. Su primera acción fue verle la mordedura y prometerle una pomadita que tenía en el estante del baño de su casa. En su cabeza ya tenía toda la imagen formada, ella curandole la herida, ofreciendole una galletas y té para luego tentarla a quedarse a ver una película junto a Sam. Las tres ahí en el sillón con una mantita y mucha comida, porque en la casa de la pelirroja y la rubia JAMÁS falta comida, puede faltar lo que sea pero comida jamás, ES LEY.

Sonrió ampliamente cuando le escuchó decir que pese a todo lo estaba pasando muy bien, es que realmente no quería que Gwen le pasará mal y no quisiera trabajar más con ella, porque lo estaba disfrutando mucho y sentía que le faltaban muchas mañanas, tardes o noches hablando con la castaña descubriendo su hermoso planeta.

El patronus tiene esa hermosa característica de tomar la forma de algo o alguien que te ha hecho muy feliz. Y donde hay alegría también puede existir la tristeza, como era en el caso de Gwen. Esa tortuga representaba a su madre, quién se seguro fue una mujer que le ocasionó muchos momentos alegres pero que hoy se ven abrumados por una neblina de tristeza, de anhelo por esos tiempos pasados. Y Caroline maldecía esa neblina que había caído sobre todos hace más de un año, nublando todo a su paso, volviendolo frío y sombrío. La escuchó atentamente e inconscientemente se acercó más a ella, un afán de su cuerpo de decirle "Hey, que no estas sola, guapa". Sólo pudo decirle un "Lo siento", es que simplemente no sabía qué más decir. Pero no mentía, realmente lo sentía, sentía que ella tuviera que estar pasando por esto, realmente sentía no poder hacer mucho para ayudarla, realmente sentía que esto estuviera ocurriendo, sentía muchas cosas. Impotencia por sobre todo.

- La crueldad no tiene justificación. Porque por más que uno haya tenido una vida miserable no es motivo para hacer la vida de otros así. Donde falta amor se cuela la maldad, los beatles no se equivocaron al decir que lo único que necesitamos es amor. Y es así, si todos contaran con ese hermoso sentimiento en sus vidas las cosas serían distintas. Y con esto no quiero decir que ahí dejaría de existir la maldad, porque bueno qué es el Yin sin el Yang ¿no? Pero, una cosa es hacer una maldad y otra cosa muy distinta es ser cruel, a posta. - suspiró clavando su mirada en Gwen, y pese a todo pronóstico sonrió.- Lucharé para que eso ocurra, Gwen. Lucharé para que tu tortuga brille fuertemente.- le prometió, sabiendo que no era algo fácil de cumplir pero si de ella dependía haría todo lo que estuviera al alcance de sus manos  para hacer feliz a la castaña.

Y de pronto, como un flash le vino a la mente el "Misogi" uno de sus rituales favoritos que había oído escuchar en Japón. Había tenido la fortuna de poder vivirlo junto a personas hermosas años atrás. Ahora el escenario era completamente diferente, pero no por eso menos maravilloso. Se levantó e invitó a la castaña a ir junto a ella al Lago para ir juntas a sumergirse en las gélidas aguas, como las antiguas guerreras lo hacían en su tiempo.

Cuando Gwen aceptó y se levantó del suelo, la pelirroja no tardó en tomarle la mano e ir junto a ella nuevamente al lago, esta vez se introdujo lentamente, aprovechando al máximo la sensación que le producía sentir el agua cubriendo su cuerpo de a poco. Cuando ambas ya estuvieron cubiertas hasta los hombros, clavó su azul mirada en la castaña.- En el agua, al igual que en el espacio nuestro cuerpo pierde peso. Nos volvemos livianos...me gusta pensar que es porque nos encontramos tan a gusto que nuestros cuerpos abandonan toda atadura a la tierra.- soltó una risita.- Cerremos nuestros ojos, flotemos y dejémonos guiar por el agua...- le sonrió y elevó sus pies para entregarse al lago.

Y ahí con su cuerpo extendido y ojos cerrados se permitió liberar su cabeza de todo lo que le hacía mal, dejando sólo aquello que le producía una felicidad en estado puro. Como la sonrisa de algunas personas, esos momentos mágicos que tiene grabado a fuego en su mente, en su piel...


***


- ¡Que menudo baile nos han hecho! ¿Viste la miradita que no dió el más gordinflón? ¡Que ternura, madre mía! Que me han derretido el corazón.- exclamó una sonriente Caroline saliendo del agua.

El tiempo ya había pasado y la misión habían completado. Los plimpys no habían sido para nada un trabajo difícil, de hecho más de media hora no habían tardado, hasta podría asegurar que fueron quince minutos, el resto sólo fueron agradecimientos por parte de las criaturas.

- Ahora tú y yo vamos a mí casa. Que no te dejaré volver a tu trabajo sin antes ponerte una pomadita allí. No acepto un "No" como respuesta, Gwen.- le señaló en un tono que efectivamente no daba cabida a una negativa por parte de la castaña.
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Gwendoline Edevane el Jue Jun 07, 2018 5:25 pm

La verdad es que, en aquellos momentos, no me visualizaba a mí misma en Japón. No me visualizaba haciendo la gran mayoría de cosas que, en meses venideros me vería haciendo, pues en aquellos momentos todavía estaba demasiado asustada, actuaba con demasiada precaución en todos los campos de mi vida. Había dado mi primer paso de gigante hacia la rebeldía hacía cosa de una semana, aceptando la petición de ayuda de Sam, y en ese momento ya sabía que no me arrepentiría de ello, ocurriese lo que ocurriese.
Sin embargo, Japón entonces se antojaba una especie ya no de paso de gigante, si no un salto de longitud que entonces no me visualizaba dando. ¿Y lo más gracioso de todo? Que en unos meses me vería a mí misma no solo en Japón, si no en Japón yo sola, buscando la manera de comprar un amuleto omamori de la amistad, precisamente, para Caroline. Algo totalmente impensable para mí en aquellos momentos. ¿Se me antojaba una idea apetecible ir a Japón con Sam y Caroline? Por supuesto, pero entonces solamente había empezado a romper la crisálida que me envolvía, y todavía tardaría un poco en entusiasmarme la idea.

—Pues...—Solté un bufido.—Gratificante fue, pero frustrante, también. Kyle y sus hermanos... bueno, eran niños. Los niños tienden a ser rebeldes.—Comenté con una leve sonrisa, prometiéndome a mí misma que no volvería a hacer de niñera en mi vida, a no ser que el dinero empezase a escasear demasiado.—Pero estoy segura que tú podrías manejarlos mejor.—A mi cabeza vino entonces una escena del pasado, una especie de flashback: Sam y yo derribadas por un par de bolas de nieve arrojadas a discreción por Beatrice Bennington, sentadas en medio de la pista de hielo sin muchas ganas de levantarnos; Henry Kerr persiguiendo a una Beatrice en plena fuga; y Caroline Shepard entornando la mirada en dirección a la rubia más joven de nuestro grupo, lanzándose hacia ella para defender nuestro honor a golpe de bola de nieve.—Estoy segura de que no se te resistirán.

Y había mucho de cierto en lo que Caroline decía. La sed de conocimientos de los antiguos alumnos de la casa Ravenclaw no conocía descanso. Por aquel entonces, todavía, no me había picado el gusanillo de estudiar algo más—ni había experimentado las consecuencias que podía tener el trabajar con mentes humanas durante tanto tiempo—pero siempre estaba intentando aprender cosas por mi cuenta. Ya fuesen tonterías, cómo recetas de cocina, o cosas más importantes, cómo lo podía ser el control de criaturas mágicas.
Así que entonces, ¿quién sabía? No sabía lo que el futuro me deparaba. Podía ser bueno, o podía ser malo, pero por aquel entonces estaba claro que era desconocido.


***

Amor. Una reflexión interesante por parte de Caroline. ¿Era el amor tan poderoso cómo para cambiar el mundo a mejor? Bueno, no había que olvidar algo importante: muchos de los actos más deleznables en la historia de la humanidad habían sido cometidos en nombre del amor. La venganza, generalmente, venía motivada por el amor. Alguien había daño a las personas que te importaban, y tú tomabas el camino de la venganza. Generalmente, la venganza desdibujaba a la persona, la convertía en un monstruo, una criatura totalmente distinta a lo que era originalmente. El amor podía ser una fuerza poderosa, sí, pero podía hacernos actuar tanto bien cómo mal.
Cierto, muchas personas lo único que necesitaban era abrir su corazón y, quizás de esa manera, convertirse en mejores seres humanos. Pero, en mi opinión, el amor también te podía hacer obrar de manera incorrecta.
Sin embargo, entendía lo que quería decir Caroline.

—El amor es importante, sin duda.—Convine con un asentimiento de cabeza, observando las marcas con forma de ventosas de los dedos del Grindylow en mi muñeca.—Pero también es importante tener cuidado, pensar en las consecuencias que puede tener un acto llevado a cabo por el amor que se siente hacia otra persona.—En unos meses, yo misma sería capaz de entender, de experimentar, cuan lejos puede llegar una persona cuando hieren o intentan herir a alguien que le importa.—Pero tampoco es que el odio sea una alternativa mucho mejor...

No pude evitar sonreir ante la última frase que dijo Caroline, pero no encontré las palabras para responder. Entonces, todavía no tenía suficiente confianza con ella, y si a Sam le había costado años llegar hasta lo más profundo de mi corazón en un esfuerzo de sacarlo del bloque de hielo en que vivía encerrado, era lógico que en aquel momento todavía pareciese un poco apática. Apreciaba mucho a Caroline, pero todavía no podría decir que mi zona de comfort la incluyese a ella. Eso cambiaría con los meses, por supuesto.
Llegaría un punto en que yo también lucharía por ellas dos, en que se convertirían en mi familia. Gracias a ellas, y a la situación que desgraciadamente nos tocaba vivir, acabaría descubriendo toda mi fuerza interior. Una fuerza que, si en aquel entonces me hubiesen dicho que llevaba dentro de mí todo el tiempo, me hubiese reído. ¿Fuerte, yo? Me limitaba a ponerme cada día una máscara para ir a trabajar, y lo poco que hacía por la gente era tan discreto que apenas tenía impacto sobre la vida de nadie.
Y un poco insegura estaba cuando acepté la oferta de Caroline de practicar el Misogi, pero igualmente acepté. Porque... bueno, ¿qué podía salir mal? En el peor de los caso, simplemente haríamos un poco el ridículo, y cómo tampoco es que hubiese nadie alrededor para verlo... no pasaba nada. Después de todo, aquel día ya me había desnudado en medio de la naturaleza. Después de eso, cualquier cosa era posible.
Entramos en el agua poco a poco, hasta que esta llegó a Caroline por los hombros y a mi un poco por encima, hasta la mitad del cuello. Escuché las palabras de Caroline, que sin duda sonaban un poco a la filosofía japonesa, y no pude evitar recordar aquellas palabras de Bruce Lee sobre el agua. Sí, cierto, Bruce Lee era de origen chino y no japonés, pero la idea parecía ser la misma.
Flotando allí, junto a Caroline, con los ojos cerrados, apenas moviendo un poco los pies para desplazarme, fue casi cómo si el mundo desapareciese durante un instante. Ese instante perfecto en que todo se congela, en que sientes que no existe nada más que tú... y de repente, el mundo reaparece. Fue cómo una especie de vértigo, y me imaginé que aquello debía ser algo parecido al estado zen, al nirvana, y a todos los sinónimos que se encontraban de una forma u otra en las distintas culturas. ¿Era eso un atisbo de la "paz interior"?

—Eso ha sido... intenso.—Comenté, sonriendo incrédula, cuando volví a abrir los ojos. ¿Era así cómo se sentían esos maestros que meditaban bajo las cascadas? ¿Desaparecía el mundo de esa manera y solamente quedaban ellos, dentro de sus cabezas, lidiando únicamente con sus pensamientos?


***

La misión concluyó poco después con éxito. Salvo por la complicación de los Grindylows, todo salió bastante bien, y los pequeños seres con aspecto de pez globo con patas nos agradecieron la ayuda con una especie de baile que incluía no solamente movimientos de patas, si no también una especie de reverencias. Cómo si dijesen: "Muchas gracias, humanas. Vuestra inestimable ayuda no será olvidada. Cuando hagáis sonar el cuerno, Rohan responderá a la..." Bueno, eso último no, evidentemente.
La cosa es que las criaturas volvieron al lago, desapareciendo bajo la superficie, y nosotras ya podíamos oficialmente cantar victoria. Ojalá todos los días de trabajo fuesen cómo aquel, y no consistiesen en reparar los entuertos causados por los cazarrecompensas persiguiendo fugitivos, con la única intención de hacerlos pedazos con sus hechizos para luego cobrar el dinero que valían sus cabezas.

—La verdad es que son unas criaturas de lo más agradecidas. No me lo habría esperado, por la mala fama que tienen.—Cierto que aquella mala fama se debía única y exclusivamente al veneno que segregaban sus espinas, que provocaba erupciones y otras molestas afecciones en la piel.—Cuenta conmigo para la próxima vez.—Añadí con entusiasmo, sacando la varita de la vaina improvisada que llevaba el traje de baño en el hombro.

Y entonces, Caroline anunció que nos íbamos a casa. Efectivamente, mi primer impulso fue abrir la boca para decir que debíamos volver al trabajo. Bueno, al menos yo, pues empezaba a darme miedo la montaña de documentos que tendría que revisar. Pero, textualmente, Caroline no aceptaba un "no" por respuesta. Lo mismo que le había dicho yo a Sam cuando nos habíamos reencontrado, y le ofrecí algo de cenar.

—La verdad es que ya casi no me duele.—Confesé, y era cierto. Alcé mi mano y mostré el dibujo casi en espiral en mi muñeca, las marcas de las ventosas enrojecidas.—Parece peor de lo que en realidad es...—Pero bueno, Caroline había dicho que no aceptaría un "no" cómo respuesta, así que tampoco es que tuviese mucha opción. Así que compuse una sonrisa y asentí con la cabeza.—De acuerdo. Pero, ¿no deberíamos quizás dar una pequeña vuelta por el pueblo, para ver si hay que desmemorizar a alguien?

Lo cierto es que jamás comprendería esa parte del trabajo en el Ministerio: desmemorizar a muggles por haber sido testigos de la aparición de criaturas mágicas. ¿Acaso no eran criaturas vivientes? ¿Qué más daba que los muggles conociesen su existencia? ¿Y qué derecho teníamos los magos a ser los únicos que conociesen a ciertas criaturas? No veía necesario esconder la existencia de peces globo con patas o curiosas aves que se creían extintas. Lo único que se me ocurría para justificarlo es que se tratase de un acto de preservación de criaturas en peligro de extinción, pues era bien cierta la tendencia de los muggles a explotar aquello que puede ofrecerles algún tipo de beneficio, cómo los recursos naturales.
A saber qué harían los muggles cuando descubriesen la existencia de los cangrejos de fuego y sus caparazones compuestos de piedras preciosas...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Caroline Shepard el Jue Jun 28, 2018 5:13 pm

Caroline no sabría decir a ciencia cierta cuándo es que había comenzado aquella conexión tan especial que tenía con el agua. Debe ser porque desde que tiene uso de razón cada vez que se encuentra sumergida en ella se siente cómoda y como en casa. Quizás en otra vida fue un pez, a veces se pilla pensando que tal vez fue una mantarraya, o una electrizante medusa. Sus padres le dijeron que siempre ha amado el agua, en todas sus formas. Y que desde muy pequeña se le vio revolotear por río, lago o mar que encontrase en el camino. En Hogwarts pasaba más en Lago que en en su sala común, y nunca se le ha de ver si una botella llena de agua para hidratarse en el día.  En resumidas cuentas el agua es parte de ella, y ella es parte del agua. Y ahora, que se encontraba en esa especie de Misogi improvisado junto a Gwen, no hacía más que comprobar aquello.

En ese preciso instante Caroline se sentía tan pequeña, tan ínfima en comparación a la grandeza de la naturaleza. Era para ella una sensación extraordinaria,  sentía su piel de gallina y muy sensible a los estímulos de su alrededor.  Estaba allí pero al mismo tiempos en muchos lados, recuerdos y personas. De ojos cerrados y sonriente se encontraba flotando en aquel Lago, pensando en un todo y al mismo tiempo en la nada. Estaba disfrutando el momento. Después de un tiempo volvió a abrir los ojos,  pillandose con un cielo grisaceo pero sumamente bello, se re incorporó  y buscó con la mirada a Gwen.  Sonrió cuando escuchó las palabras de la castaña y sonriente volvió a sumergirse en el Lago.

***

Cosas que amaba de su trabajo eran por ejemplo las que le sucedieron esta mañana. Conocer una Lago que ni siquiera sabía su existencia antes de ayer, toparse con criaturas que no veía desde sus años universitarios y, por sobre todo conocer a personas increíbles. En Japón a la mayoría de sus amigos los conoció por su trabajo, exceptuando Tak-tak , con él fue como una especie de conexión sideral y danzarina.El día de hoy pudo conocer más profundamente a esa Gwen que años atrás solamente era la buena amiga de Sam, y compañera de casa. Pero que desde esta mañana también se sumaría a esa lista  descripciones como "Excelente compañera de misión" y "Una mujer misteriosa, de gran corazón  y dulce sonrisa ".  

Mientras que con un movimiento de varita se sacaba su traje y se colocaba su vestuario de trabajo pensó que la castaña era un planeta maravilloso y que con gusto quería seguir conociendo. La sonrisa aquel día no se la quitaba nadie, Caroline estaba muy feliz. - Me alegra escuchar eso, apenas tenga otra misión de estas recibirás mi llamado.- le guiño un ojo divertida, para luego elevar ambos brazos y estirar un poco su cuerpo, sonrió al sentir como un rayo de sol se hacía espacio entre las grandes nubes para darle un poco de calor a su rostro. Miró a Gwen y le anunció que era hora de irse a casa, y no era una pregunta, era un hecho. O al menos así se lo quiso dejar en claro, era consciente de que el día laboral recién había empezado, y que aún le quedaban horas por rendir.  Pero sabía que sin importar cuando trabajo debiera terminaría por cumplir con todos sus deberes, porque ella era así, una nerd total en las cosas que le gustaban.

- La pomada aparte de hacer que el dolor que sientes, aunque sea poco se vaya , hace además que la herida cicatrice más rápido y por completo.  Si lo dejas estar así sin más, quizás desde hoy te quedes con una cicatriz como de puerco espin en tu mano recordandote este día.- soltó risueña, para luego encogerse de hombros. Ya había dicho que no aceptaría una negativa, por lo que ella en su interior estaba segura que se irían como fuese a su casa. Pero luego Gwen tocó un punto muy importante que la hizo soltar una carcajada.- Pero mira que torpe soy.- dijo llevándose una mano a la frente.- Claro que hay que ir a hacer eso, es que yo nunca lo hago ¿sabes? por eso se me olvida esa parte.  Además si fuera por mí dejaría que las conozcan para que aprendan a convivir con ellos.  En Japón,  por ejemplo, a los lugares donde iba de misión por mi trabajo,  casi siempre había más naturaleza que personas y si llegaba a haber alguien no mago o maga, la mayoría sabía de la existencia de la magia y eran conocedores de las criaturas, de ellos aprendí mucho de criaturas. - le comentó a la castaña, para luego suspirar, es que a veces le pasaba que recordaba su vida allá y la extraña. - Pero vamos, vamos. Démonos una vuelta y luego vamos por unos cupcakes a casa.- le ofreció una amplía sonrisa y ya lista partió junto a ella a recorrer los alrededores para ver si algún muggle se había topado con aquello adorables Plimpys.

Fue una mañana mágnifica, sin lugar a duda. Donde maravillosa amistad comenzó a generarse entre las magas una de enorme y profunda lealtad, apoyo y admiración, una perfecta combinación que termina por consolidarse con la dulce de Sam. Muchas cosas le esperaban a ese trío por delante, y este evento fue tan solo el comienzo.
Caroline Shepard
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