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A little trip through our memories [ft Bee Bennington]

Caroline Shepard el Mar Ene 23, 2018 4:50 am

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 Este rol transcurre entre los años 2001 y 2008.
Pasea por las estaciones climáticas a su antojo, salta como un sapo
en medio de un lago por cada año, y  recorre traviesamente
algunos rincones del Castillo y sus alrededores
.

A Ñ O  2001 | Primer Curso | Segundo día en Hogwarts | Habitación Ravenclaw.

La lista de emociones extremas vividas en un sola noche era demasiado larga para su pequeño y joven corazón.  Con suerte había dormido un par de horas por haberse quedado hablando hasta las tantas con su compañera de habitación Samantha. Quien por cierto no le había costado ni medio minuto saber que junto a ella es que quería pasar el resto de los años ya que no pensaba dejar ir a una chica tan simpática y adorable como la rubia. Era hija de muggles, por lo que se entretuvo toda la noche hablándole de las cosas que la chica aún no conocía o sabía por encima. Le habló desde cómo mandar una lechuza hasta las reglas principales del deporte mágico por excelencia Quidditch.

Es por esa razón y porque no pudo pegar ojo ni cuando volvió a su cama dispuesta a entregarse a los brazos de Morfeo que esa mañana tenía un rostro de zombie nivel supremo. Es que justo, cuando quedaban quince minutos para que los despertadores comenzaran a chillar diciendo que  ya era hora de levantarse, ella se había quedado dormida.  ¡Y es tan horrible esa sensación! Esa de  estar a punto de entregarse profundamente al sueño y  escuchar TIT TIIIIT TIIIIT.

Se levantó literalmente con la almohada pegada a su cabeza. Ni siquiera  después de un baño y devorarse prácticamente tres platos repletos de comida en el desayuno dejó de estar con un sueño atroz. Pero no fue hasta después de su primera clase de vuelo que volvió a ser completamente ella, toda vigorosa y animada. Es que nadie podía no estar despierta luego de subirse a una escoba  y volar por los aires. Todo lo ravenclaw que tenía adentro se le había salido para disfrutar como cuál águila desplazarse por los aires en completa libertad.

Tras finalizar aquella clase había quedado con Sam de visitar la biblioteca, era uno de los lugares que lideraban su lista de "lugares fundamentales por conocer de Hogwarts" justo arriba del Lago Negro, las Cocinas y el bosque prohibido.  Iban derechito a subir las escaleras al cuarto piso cuando recordó que había dejado su lista de "Libros por leer" en la habitación. Y ella tenía memoria, pero no de los cincuenta que tenía escritos. Sí, pretendía leer cincuenta libros. Su consuelo es que tenía siete años por delante para aquello.

- Sammy, se me ha quedado algo en la habitación. Espérame en la biblioteca que ya voy...- le dijo a la rubia con una enorme sonrisa para luego comenzar a correr en dirección a la Torre de Ravenclaw.- ¡No empieces a recorrerla sin mí!.- le gritó desde las lejanías para apresurar más su paso y llegar lo antes posible nuevamente junto al lado de su nueva amiga.

Llegó con el aire entrecortado por la árdua corrida a la habitación, abrió la puerta y se detuvo en el umbral para recobrar un poco el aire encontrándose con alguien dentro de ella. - Ho...hola.- dijo reincorporándose mientras esbozaba una sonrisa.- Ayer no nos hemos podido presentar bien... Me llamo Caroline, un gusto.- se presento afable acercandose a la chica y con su personalidad cero pudorosa tenderle un abrazo pequeño pero no por eso menos cariñoso a su compañera de habitación.  

Se separó de ella no sin antes dedicarle una amplía sonrisa, para dirigirse a su baúl abrirlo y comenzar a buscar la lista en su interior, cuando  logro encontrarla volvió a clavar su mirada en la chica.- ¿Ya has conocido a Samantha?.- le preguntó curiosa.- Ahora iremos a conocer la biblioteca, ¿te nos quieres unir?.- le preguntó con ojos brillantes.


Última edición por Caroline Shepard el Miér Mar 07, 2018 1:37 am, editado 2 veces
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Beatrice A. Bennington el Miér Ene 24, 2018 2:00 am

Bea no era mucho de sentir nerviosismo, de hecho, era muy raro en ella. Por eso no supo identificar el sentimiento en su primer día, cuando estuvo a punto de ser llamada por el sombrero seleccionador. Y es que su apellido comenzaba con “B”, por ende, sería una de las primeras en ser llamada. Desde bien pequeña sabía que deseaba ser una Ravenclaw, como su hermano, pero también sabía que poseía rasgos muy cercanos a los Hufflepuff. No es que formar parte de aquella casa le molestase, todo lo contrario, pero su sueño era ser un águila. Por eso, cuando aquel ya gastado sombrero la envió a la casa que deseaba, grito como nena de cinco años y corrió hasta los brazos de Steven, quien la observaba con orgullo y diversión. Beatrice no podía esperar para contarle a su padre, quien le había asegurado que lograría quedar donde ella deseará.

Sin embargo, estaba segura de que Norman Bennington, lo ultimo que se esperaba era recibir una lechuza al día siguiente porque su hija ya había roto una de las reglas. Aunque tampoco había sido grave. De hecho, simplemente había corrido por los pasillos. ¿Qué sabía ella de que eso estaba prohibido? Ni que lo dijeran en el discurso inicial. Por suerte no había recibido un castigo, y solo se habían dedicado a repetirle una y otra vez las reglas. Las cuales ya no era capaz de recordar.

Luego de librarse, fue capaz de desayunar por fin, devorando todo lo que estaba a su paso y adueñándose de los pocos bollos de canela que había sobre la mesa. Unos cuantos habían ido a parar a su estómago, otros a su bolso, para ser devorados más tarde. Ahora tenía una clase a la que asistir.

Su primera clase de vuelo había sido estupenda, y había hecho un berrinche tremendo cuando les pidieron que dejaran las escobas nuevamente en su sitio al terminar la clase. ¡Ella se había enamorado de la suya! Aunque no fuera realmente suya y le estuviera lastimando un poco las manos, por culpa de unas cuantas astillas. Pero era capaz de soportarlo, por amor a volar.

Finalmente, solo había logrado que le quitaran un punto a su casa, aunque nadie lo había notado, y que la enviaran a enfermería para curar sus manos, donde solo estuvo cinco minutos. El enfermero era sumamente eficaz en lo que hacía.

Al llegar a su habitación, había decidido ponerse una bufanda y salir a recorrer el castillo. Quería buscar lugares secretos, ver si era capaz de encontrar al calamar gigante o quizá, hacer una que otra amistad. Claro que no esperaba que sus planes se vieran alterados por la llegada de una de sus compañeras de cuarto a la habitación. Era bonita, pero Bea no era capaz de recordar su nombre, así que agradeció que se lo dijera. ━ ¡Hola! Un gusto Carol, soy Beatrice Bennington. Puedes llamarme Bea, Bee o como gustes. ━ Dijo con emoción, correspondiendo su abrazo sin dudar. Adoraba que la abrazaran.

Segundos después de que se separaron, Beatrice ya tenía la bufanda alrededor de su cuello y los ojos brillantes por la emoción que causaba realizar sus planes. ━ ¿Uh? ━ Se había distraído en el paraíso de su mente. ━ No hemos hablado, pero si la conozco de vista. ━ Respondió luego de unos segundos, un tanto dudosa porque realmente no recordaba bien el rostro de la mencionada. ━ ¿La biblioteca dices? ¡Por supuesto! ━ Sus planes eran pequeños comparados con el inmenso panorama al que Carol la había invitado. No podía negar tal invitación.

Y así las dos niñas de once años emprendieron camino a la biblioteca, sin saber que al llegar casi serían expulsadas por el escandalo natural que causaba Bea en todo lugar y que, aquel sitio sería testigo del inicio de una amistad, no solo entre Carol y Bea, si no también con Sam.

✦✦✦

Año 2001.
Primer año.
Finales de septiembre.
Gran Comedor.

━ Me lo ha negado. ━ La pequeña Bea había llegado hasta la mesa de su casa, con un puchero y arrastrando los pies desganada, como siempre hacía cuando algo no salía como ella deseaba. ━ “Son muy pequeñas para ver tales criaturas de tan cerca.” “¿Y si les ocurre algo? Me metería en muchos problemas” “¡Ni te atrevas a mirarme de esa manera Beatrice Bennington!” “Fuera de mi oficina. Ahora.” ━ La rubia repetía cada frase que el actual profesor de criaturas mágicas le había dicho, cuando fue a pedirle si tanto ella como Caroline podían formar parte de su clase. La idea había nacido cuando ambas descubrieron que compartían el mismo amor y curiosidad por las criaturas mágicas, pero no era posible, el profesor se lo había negado cruelmente. Bueno, de hecho, había sido muy amable, solo que al final de la conversación había entrado en pánico cuando vio la cara de gato con botas que Bea había puesto.

━ ¿Crees que debería volver a insistir? ━ Pregunto directamente hacía su rubia amiga, ya comenzando a devorar los comunes bollos de canela que eran su adicción. Unos segundos después, lanzo una pequeña bola de papel a su hermano, quien se encontraba a unos seis estudiantes más lejos, solo para llamar su atención. ━ ¡Steven, protege los bollos de canela que están a tu derecha! ━ Grito sin vergüenza alguna de llamar la atención. Al final, luego de casi un mes viviendo escenas parecidas, ya se habían acostumbrado. ━ Yo lo veo como un caso perdido ya. ━ Volvió a dirigirse a Carol. ━ De todas maneras, ¿Sabes quien ha roto el despertador? Me he quedado dormida esta mañana al no escucharlo. ━ Mentira, ella siempre se quedaba dormida. ¡Pero hey, ahora tenía una excusa!

Hey aquí, chica bonita:
¡Carol bella! Las fechas si no me equivoco están mal. Ambas ingresan a Hogwarts, si no me equivoco, en 2001, no en 1991. Eso es todo :pika:
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Caroline Shepard el Dom Feb 11, 2018 5:57 pm

2001 |Primer año |
Hogwarts | Último sábado de sept.

Se encontraba en medio del océano, y donde mirase solo se podía ver el sol reflejado en el mar. Como si de un día para otro la tierra hubiera desaparecido y sólo se encontrará aquella enorme caja de pandora acuática. Ella era la más feliz con aquello, claro está. Su piel era escamosa y de un verde cian, y en menos de poder decir "Parchis" ya se encontraba sumergida bajo el agua, su lugar favorito en el mundo. Nado como si la vida se le fuera en ello, cuando de pronto abajo, en lo más profundo un pequeña luz  llamó su atención. Fue en su dirección a toda velocidad y a medida que se iba acercando ante sus ojos...un paraíso marino. Sintió su escamosa piel erizarse ante tal visión, era como una gran reunión de todas las criaturas existentes, era como una especie de carnaval ya que a sus oídos llegaba una música que invitaba a bailar y celebrar. Le quedaba mucho menos de tres aleteos para tomarle la mano a la hermosa sirena que se encontraba en la puerta de un estadio enorme...Pero de pronto, un sonido estridente y sumamente molesto lo arruinó todo, la imagen se  empieza a desvanecer como un puzzle en que sus piezas salen volando por un brusco movimiento.

- No, no, no.- reclamó envuelta entre sus sábanas, negándose a abrir sus ojos porque sabía que al hacerlo la última pieza que le quedaba en su cabeza se iría a volar. Pero el "tiiiii tiiii tiiii tiiii" del despertador seguía haciendo de las suyas. Frunció el ceño y de un impetuoso movimiento sacó su mano, tomó aquel demoníaco reloj y lo tiró lejos. Cuando escuchó el crack abrió los ojos como platos, y tras tener una mini batalla con sus sábanas logró salir y ver la situación del despertador, estaba en mil pedazos esparcidos por la habitación.- Upsi.- dijo haciendo una mueca mirando para todos lados.  La mayoría de las camas ya se encontraban vacías y se preguntó ¿qué hora sería?, ya que ella era de esas personas que pone una hora y se le olvida al segundo porque despertar jamás ha sido algo que le gustará ¿por qué recordar algo que te desagrada ¿no?. Suspiró y volvió a echar atrás todo su peso, cerró fuertemente sus ojos en un vano intento de volver a su sueño, pero nada. Por lo que después de diez, quince o veinte minutos terminó por levantarse e ir a la ducha, más que nada porque sus tripas ya empezaban a gruñir exigiendo comida.

***
CUARENTA MINUTOS DESPUÉS

Cualquiera que la viera diría que es la chica más saludable de la mesa, con ese plato lleno de frutas y zumo de calabaza. Pero eso es porque no llegaron veinte minutos antes cuando tenía dos platos llenos de bolos de canela, tostadas con queso, y todo lo que tuviera manjar o chocolate encima. De hecho se le podía ver rastros de tremenda comilona en la comisura izquierda de su labio. Se llevó un pedazo de plátano bañado con miel a la boca, cerró sus ojos para poder disfrutar más de su sabor.- Delicioso.- musitó con una sonrisa de oreja a oreja.

En eso Bea, una adorable compañera de casa y habitación llegó a su lado.- Dijimos que iríamos juntas, Bea. Dos ojos de gato con botas siempre son mejor que uno.- protestó sumándose al puchero de su amiga. Soltó el tenedor y apoyó sus codos en la mesa para apoyar su cabeza en su manos en un largo suspiro mientras Bea le gritaba a su hermano. Luego una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.- Culpable, y culpable.- dijo poniendo su mejor rostro de inocencia pese a que acababa de asumir su responsabilidad.- Estaba teniendo un sueño increíble, Bea. Era una criatura marina, y estaba pasitos de una mega fiesta acuática...cuando "TIIII TIIII TIII", fue horrible. El reloj no tiene la culpa, lo sé. - terminó haciendo una mueca encogiéndose de hombros.- Prometo arreglarlo en la tarde.- agregó con una media sonrisa.- Y te habría despertado, pero te veías  durmiendo tan plácidamente que no quise repetir mi historia, volverme en una especie de reloj maligno andante, lo siento.- le dijo poniendo un puchero y ojos brillantes, de esos que aunque uno quisiera no se podía molestar. - Pero, te guardé alfajores. Cuando llegué ya solo quedaban cinco.- le dijo mientras le tendía los dos alfajores que le había guardado envueltos en un servilleta. - Si quieres también puedes sacar de mis frutas, ya me he llenado de comida no sana jiji.- dijo divertida mientras se llevaba una mano en su estomago y le daba palmaditas.

- He quedado con Sam en la biblioteca.- dijo comenzando a levantarse de la mesa, no sin antes tomar un último bollo de canela apoyar su cuerpo sobre la mesa y acercarse más a su amiga.- Y con respecto a lo de las criaturas, no todo está perdido. Y menos para dos ravenclaw.- le dijo con una sonrisa traviesa.- Como dice un viejo refrán "Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña", nos vemos a las tres en el Lago.- le guiño un ojo y se estiró para darle un besito en la mejilla a la rubia. Para luego irse corriendo energéticamente a la biblioteca, ya iba cinco minutos tarde, al parecer hoy los relojes la odiaban.

***
HORAS DESPUÉS

Salió a los exteriores con una enorme sonrisa en el rostro, en sus manos tenía un par de libros que había escogido como lectura ligera para el fin de semana. Uno era sobre la historia de los duendes y el otro sobre Quidditch. Corrió como un bambi en medio de la pradera hacia el Lago Negro, y al bajar a los lejos logró vislumbrar la rubia cabellera de su compañera.

- Hola Beeboop.- le saludó mientras se abalanzaba a darle un abrazo.- Que hermoso día hace hoy ¿no?.- le dijo mientras echaba un rápido vistazo al paisaje que aquel día le ofrecía Hogwarts. - Un día perfecto para ir a ver criaturas más de cerca al Bosque prohibido...- comenzó a decir mirándola de reojo picaramente.- Vamos, Bee. ¿Qué tan peligroso puede ser?.- le preguntó clavando su mirada en ella. Aunque en el fondo de ella algo le decía que sí lo era, porque sino le hubiera dicho a Sam de tales planes, pero no lo hizo porque estaba segura que la rubia era capaz de encerrarla en la habitación con tal de que no cometiera tal locura.

offrol: Gracias por el dato, guapi <3 Como los relojes odian a Caroline a mí me odian los números jijiji
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Beatrice A. Bennington el Lun Mar 05, 2018 9:55 pm

Cualquiera llamaría a Bea una persona impulsiva, y en cierta manera lo era, pero eso no significaba que no pensará antes de hacer algo. De hecho, la razón por la que había ido sola en búsqueda del profesor, era más profunda de lo que parecía. El plan se dividía en dos: El grandioso si y el lastimoso no. Para su mala suerte había obtenido el ultimo, pero más que nada había sido porque no le puso el empeño necesario. En el fondo, había deseado que se negará a su idea por el simple hecho, de que ella planeaba conocer a esas admirables criaturas por su cuenta, y con Caroline a su lado. Ambas eran Ravenclaw, ambas habían pasado horas durante ese mes investigando sobre las diferentes criaturas mágicas. ¿Qué podía enseñarles un profesor, que no apareciera en los libros?

━ No importa realmente. De seguro también me quede dormida por desvelarme la noche anterior. ━ Confeso, riendo levemente ante su relato. Ojalá ella hubiera soñado con algo como eso, pero para su desgracia o suerte, no lo sabía exactamente, su mente parecía igual de agotada que su cuerpo, por lo que esa noche la había pasado en completa oscuridad. Eso le pasaba por ayudar en una broma hacía los Slytherin a altas horas de la noche.

━ ¡Eres la mejor! ━ Chillo, lanzándose a sus brazos antes de sentarse y comenzar a devorar todo lo que Carol había guardado para ella, más lo que había robado de otras mesas cuando iba hacia la suya. Para su desgracia no era suficiente para un baúl sin fondo como ella, pero al menos le ayudaba a mantener su estomago en silencio por algunas horas.

Sus ojos brillaron de emoción al reconocer, lo que posiblemente, sería una aventura. Una de sus primeras aventuras en Hogwarts. ━ Este será un día espectacular. ━ Susurro, mordiendo una manzana antes de ponerse de pie y salir en búsqueda de Line. Debía contarle de sus investigaciones sobre criaturas mágicas marinas, estaba segura de que sería algo de su interés indudablemente. ━ ¡Eso no es comestible! ━ Chillo, lanzándose sobre la espalda de un Gryffindor para arrebatarle una trufa que parecía llamarla, causando que perdiera toda intención de ir a ver a su amiga, como era su idea inicial. Otro día normal para Bea en Hogwarts, en la vida, en el espacio y hasta en Narnia.

✦✦✦

Tenía dos razones por las que había llegado al lago temprano… bueno, tres: La primera, era que no quería llegar tarde, porque se trataba de una misión super importante donde ellas harían de Mahoma e irían a buscar aventuras. Segundo, porque los Slytherin se habían enterado de su participación en la broma y ahora andaban en su búsqueda. Ja, como si la fueran a atrapar. La tercera, pero no por eso menos importante, era que necesitaba disfrutar del silencio que le otorgaba el lugar…  Bueno no, la tercera era que había robado comida del bolso de Steven y no quería ser encontrada.

Si lo pensaba, parecía toda una fugitiva.

━ ¡Hasta que llegas! ¡Pensé que me habías abandonado a mi suerte! Me sentía tan solita, triste y abandonada. ━ Dramatizo, correspondiendo el abrazo. ━ Un día perfecto para realizar una gran aventura, querrás decir. ━ La apoyo, sonriendo con la picardía típica de un niño que sabe que hará algo malo y disfruta de ello. ━ No creo que sea peligroso. ━ Se encogió de hombros, sinceramente relajada y entusiasmada. ━ Por otro lado, ¿quién le llama a un lugar “bosque prohibido”, sabiendo que la palabra “prohibido” solo les da fuerzas a tus ganas de explorar? ━ Cuestiono en voz alta, comenzando a ingresar a aquel tétrico lugar que, en ese momento y ante sus ojos, parecía una pradera llena de flores hermosas. Sentía ganas de correr por todos lados, explorar hasta conocer cada rincón de aquel bosque. ━ ¿Crees que encontremos un unicornio? Dicen que no es raro encontrarlos aquí. ━ Menciona con los ojos bien abiertos. No quería perderse de nada, hasta tenía miedo de pestañar. Además, estaba intentando memorizar el camino, porque estaba segura de que ese sería su hogar más que el castillo por todo ese año y los seis próximos.
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Caroline Shepard el Sáb Abr 07, 2018 12:07 am

Tuvo que contenerse de contarle a Sam la aventura que emprendería esa tarde con Bea por la simple razón que de lo poco que llevaba conociendo a la rubia (aunque sentía que la conocía de toda la vida por lo hermosa conexión que tenía con ella en tan escaso tiempo de conocerla) sabía que no sería muy partidaria de que fuera a un lugar donde primero, su mismo nombre lo decía estaba “prohibido” bajo reglamento y segundo porque era sumamente peligroso, y más aún para una maga de tan sólo once años. Pero su curiosidad era digna de la casa a la que pertenecía y a la cuál su fundadora había hecho tanto hincapié en describir la sed insaciable de conocimiento que poseían sus integrantes. Y ella, en los pocos años que tenía de vida había descubierto que no sólo se aprende de libros, sino que también de esas aventuras inesperadas junto a personas grandiosas.

Es por esto que cuando terminó de terminar unos deberes junto a su mejor amiga inventó una excusa para irse corriendo al encuentro de la menor de los Bennington. Era una tarde que prometía y lo demostraba la enorme sonrisa que poseía en su rostro. Fue lo más rápido que sus pequeños pies le permitieron hasta el Lago Negro, pasos que apresuró aún más cuando vio a los lejos la radiante cabellera rubia de su compañera de aventuras, a quién no dudó en darle un abrazo enorme cuando llegó a su lado. No sabía muy bien cómo es que lo hacían las águilas pero tenían un increíble don de ganarse su corazón en un tiempo  breve, en apenas unos meses se habían convertido como en su segunda familia o algo así.

Rió ante el dramatismo de la rubia.- Jamás te abandonaría a tu suerte, antes prefiero ser comida por un Troll que dejarte Beeboop.- le dijo ofreciéndole la sonrisa más radiante que podía ofrecer.  Su ojos ganaron en brillo y picardía tras escuchar las siguientes palabras de su compañera de casa. Dio unos pequeños saltos de felicidad y se mordió el labio de emoción de tan sólo imaginar lo que se les avecinaba. A los lejos podía divisar el gran bosque, con su árboles hermosos e imponentes. Caminaron hacia allá, y con cada paso que daban su corazón ganaba en velocidad, sintiendo una especie de adrenalina y expectación.- Creo que lo hacen precisamente para eso, para avivar a las mentes curiosas y alejar a los temerosos. No creo que seremos ni las primeras ni las últimas en hacerlo- reflexiono rápidamente mientras se encogía de hombros. Es que quizás ella no poseía la valentía enervada de los leones pero aun así lo que sentía estaba muy lejos de ser llamado miedo, ni por lo que se pudieran encontrar en ese lugar ni por las represalias si es que las llegaban a  descubrir.  

Al entrar sintió su piel erizarse al ver tan maravilloso lugar, era lejos de ser un lugar temible,  ante sus ojos se encontraba el bosque más hermoso que su mirada había tenido la dicha de observar, parecía salido de un cuento de hadas de esos que tan dulcemente le leía su madre antes de dormir cuando era más pequeña . Pensó que hasta ese increíble mundo ficcionario llamado Narnia quedaba pequeño ante lo que contemplaba.- Lo creo.- dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras se devoraba todo con su mirada.- A mí me gustaría encontrarme con Centauros…- comenzó a decir con ojos brillantes.- Dicen que son unas criaturas grandiosas, muy inteligentes y leales. Mi madre me contó que los magos aventureros y amantes de las criaturas mágicas dicen que en los ojos de los centauros uno puede observar toda la historia de los magos, desde el principio de los tiempos…- comentó soñadora.- ¿No te dan ganas de correr?.- le preguntó de pronto mirándola de reojo traviesamente.- ¡La última en llegar a ese árbol es huevo podrido!.- gritó divertida apuntando a un árbol a los lejos para luego  comenzar a correr hacia allá con todas sus fuerzas, mientras lo hacía abrió sus brazos para ir tocando los troncos, flores y ramas que se cruzaban en su camino.

Y pese a que todo el mundo diría que es una locura lo que estaba haciendo, ella no se sentía para nada insegura en aquel lugar, todo lo contrario se sentía cómoda y tan feliz, como si hubiera pertenecido allí todo este tiempo.  Cuando llegó al árbol se aferró a él en un gran abrazo.- “Si te hacen falta energías el abrazo de un árbol no viene nada de mal”.- repitió con un tono más agudo citando a su Tío Mario, un herbologista de vocación. Iba a decirle algo más a la rubia cuándo escuchó lo que parecía ser un rama quebrarse a su espalda, volteó rápidamente para ver de dónde provenía ese sonido pero no vió nada, se encogió de hombros y depositó nuevamente su mirada en su amiga. Abrió su boca una vez más para hablar pero el sonido se hizo más fuerte esta vez.

- Al parecer no estamos solas…- le dijo bajito a Beatrice.


Última edición por Caroline Shepard el Miér Mayo 16, 2018 4:22 pm, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Sáb Abr 07, 2018 12:07 am

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Beatrice A. Bennington el Lun Mayo 07, 2018 4:13 am

Once años y con pocos días de iniciar sus clases. Prácticamente poco sabían de los peligros que acechaban el bosque prohibido, y casi nada sabían de hechizos como para defenderse en caso de… de cualquier contra tiempo. Pero eran Beatrice Bennington y Caroline Shepard. No solo tenían en común aquella radiante sonrisa y ojos traviesos. No, no. Que además ambas habían quedado en la casa de Rowena Ravenclaw. Habían quedado en la casa de aquellas personas llenas de ansias de conocimiento y curiosidad en exceso. Sin embargo, si bien los libros eran encantadores y apasionantes, llenos de ilustraciones deslumbrantes, nada se podía comparar con hacer tus propios descubrimientos. Eran águilas aventureras, que preferían volar hacia el exterior y disfrutar de las novedades que les ofrecía.

La rubia tenia algo llamado “altas capacidades sociables”, que le permitía acercarse a la gente con una rapidez asombrosa, pero si había personas que podía llamar amigas reales, eran pocas. Caroline era una de esas limitadas personas. Podía tener once años, pero sabía en quien confiar y en quien no. Llámenlo intuición o suerte, sea lo que sea, tenía sumamente claro que podía confiarle todo a su amiga y esta no la defraudaría. Por eso se sentía completamente segura caminando con ella por aquel bosque. Porque si aparecía algo extraordinario o malo, no se abandonarían a su suerte. Eran la guardiana de la otra.

Aquel apodo, Beeboop, le parecía fascinante y adorable. Si algún día, y esperaba que no, tuviera alguna discusión con Caroline, si ella le llamaba de esa forma se lanzaba a sus brazos olvidando todo. Que le gustaba mucho, oye. ━ Tampoco es necesario que te coma un troll. ━ Se rió, correspondiendo aquella encantadora sonrisa. Luego de ver aquellas sonrisas, cualquiera pensaría que se trataban de niñas tranquilas y nada traviesas. Algo muy alejado a la realidad.

El bosque era simplemente fascinante, y cada rincón parecía brillar cual gema, llamando su atención. Quería fotografiarlo todo. Guardar en su memoria aquella experiencia compartida. La primera aventura, de muchas que se vendrían en el futuro.

Su conversación rápidamente se vio envuelta en las criaturas mágicas, más específicamente en los centauros. Bea había leído en algún lugar que ellos se especializaban en la astrología. También, que eran seres sumamente sabios. Si se encontraban alguno, esperaba no se molestará si le llenaba de preguntas. Estaba realmente curiosa por saber hasta que grado sería su nivel de sabiduría, y si era verdad eso de que nunca te dan una respuesta entendible. Aunque para esta ultima parte, la rubia sospechaba que solo la gente inteligente como ellos, serían capaces de comprenderles. ━ Espero veamos más que uno. Tengo tantas preguntas. ━ Realmente no las tenía, pero improvisaría… Y entonces, Caroline ofreció una carrera. ¿Y podía Beatrice negarse a una competencia, que más encima incluyera correr? Claro que no, nunca. Por eso no tardo en seguirle, riendo y sintiéndose como la brisa chocaba en su rostro.

Había escuchado tantas cosas terroríficas sobre el bosque prohibido, pero en ese momento no era capaz de verlo. Lo único que, si veía, y con mucha claridad, era hermosura. Naturaleza que causaba libertad. Por eso, cuando su amiga dijo esas extrañas, pero sabías palabras, no dudo en abrazar aquel árbol, sonriendo totalmente relajada. O así era hasta que escucharon aquel fuerte ruido. Se miraron unos segundos, y llevo su dedo índice hasta sus labios, en señal de que guardará silencio. Con emoción, con mucha emoción, se acercaron al lugar donde el ruido se escuchaba con mayor claridad, y abrió la boca impactada. Frente a ellas, aunque esperaba que el animal no pudiera verlas gracias a los arbustos, se encontraba un Augurey.

Podía reconocerlo a kilómetros, y su presencia, la motivo a mantenerse en total silencio. Según sabía, eran tímidos, no quería espantarlo. Además, desde esa distancia, podía ver como sus plumas brillaban como si reflejaran el sol. Eran de color verde, mezclado con negro. Realmente preciosas. ━ ¿Puedes creerlo? Es un Augurey… ━ Susurro, con los ojos brillando y la boca aun ligeramente abierta. Todo parecía un sueño. Uno del cual no quisiera despertar.

Hasta ese momento, toda su aventura estaba siendo increíble y no podía llegar a imaginarse a todas las otras criaturas que habitaban aquel lugar. ¡Que buena decisión habían tomado al ir!

[Off]: Lanzo dado, esperando un nueve hermoso precioso. No me defrauden daditos.
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Maestro de Dados el Lun Mayo 07, 2018 4:13 am

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Caroline Shepard el Sáb Mayo 19, 2018 7:05 am

Ay, el corazón le latía fuertemente. Es que estaba animada y mucho, desde muy pequeña que Caroline escuchaba historia de Hogwarts, cosas que hablaban sus padres y que sinceramente le parecían fascinantes. Y los libros, las imágenes que veía en ellos de todas las cosas que podía encontrar ahí adentro. Siendo el bosque prohibido como un parque de diversiones para cualquier alma aventurera. Y ojo, que no por esta visión pensaba que adentro nada malo le podría suceder, era muy consciente, o al menos lo que una niña de once años puede ser. Pero la curiosidad era tanta, que no hacía más que reforzar la decisión que había tenido el sombrero seleccionador apenas rozó su cabello rojizo.

Y ahí se encontraban, minutos después. Con la sonrisa de oreja a oreja y de sus ojos desprendiendo una luz más brillante que el mejor Lumus del mundo mágico. Felicidad, eso sentía la pequeña Caroline al mirar ese lugar de más cerca. Sus colores, sus árboles, sus arbustos...era como si de ellos se desprendiera un olor lleno de historias, aventuras y belleza.

Le dedico una mirada toda traviesa a la rubia y curiosa.- ¿Qué le preguntarías a un Centauro si lo tuvieras en frente?.- le preguntó, y de paso se hizo la misma para pregunta a ella misma. Descubriendo que serían miles, se volvería en una pequeña y parlanchina Caroline, que con suerte respiraba, simplemente porque era necesario para vivir que por otra cosa.

Abracita a un árbol la pelirroja se sentía muy cómoda, como si estuviera recibiendo toda la fuerza del mundo con ese mero acto de amor. Invitó a su amiga, claro está. Es que jamás se debía perder la oportunidad de abrazar a un árbol, que son lejos lo seres más increíbles del mundo entero. Pero de pronto un ruido la sacó de ese lugar y le hizo ponerse en alerta, pero lo dejo estar es que estaba muy cómoda y feliz como para perderse en un ruido salido de la nada en medio de un bosque. Y otra vez el ruido, pero ahora más fuerte. Miró el gesto que le hacía su amiga y sonrió traviesamente, sintiendo hormiguitas en su estomago. Y caminando hacía donde provenía el sonido es que se encontraron a un hermoso, alucinante, y quita aliento Augurey.

Y ahí viéndolo, pensó que si la magia se convertía en una criatura sin duda sería esa. Quizás exageraba, pero para una niña de tan solo once años esa ave era lejos lo más hermoso que había visto hasta entonces. Ese verde, esa majestuosidad...Sí, era más delgado que cualquiera otra ave pero su belleza erradicaba en algo distinto, una especie de melancolía mezclada con prestancia, que lo hacía único entre toda las aves vistas hasta ese entonces. -... es hermoso.- dijo de ojos brillosos e hipnotizados por lo que estaban viendo. ¿Acaso ella era la única con ganas de verlo de más cerca?, se preguntó. Y no solo hizo eso, sino que osadamente lo puso a prueba dando un paso más en dirección al ave mágica. Que todo astuta, no tardó en ser consciente de que no estaba sola en ese lugar y expandiendo gloriosamente sus alas marchó rumbo a otros sectores del frondoso bosque.

- Ay, lo siento...no pude evitar querer acercarme más.- dijo haciendo pucheros, es que se había quedado ahí como congelada en su sitio a penas había sentido que el ave había adoptado una posición de alerta. - Que maravilloso es, yo solo había visto fotografías pero, definitivamente no le hacen el peso. - dijo alucinada suspirando mirando a su amiga.- Ahora no sabremos nunca si lloverá mañana.- señaló como toda nerdy , que ya se había leído por completo el libro de Criaturas mágicas, y como lectura liviana de almuerzo por lo que sabía que el llanto de esas aves lograba predecir el clima . Elevó su mirada.- Pero al parecer no lo necesitamos, es que mira esa nubes....- con su dedo índice señaló hacia el cielo, que ahora tenía un color gris oscuro como si arriba una guerra de tormentas comenzará a agarrar fuerza. Sonrió ampliamente, es que la pelirroja adoraba la lluvia, en verdad a toda el agua, en todas sus variables.

En la actualidad Caroline quizás aseguraría que pasaron tan solo unos cinco minutos más después de ese evento en el bosque prohibido y se devolvieron a la Sala común. Pero eso es porque su mente no le permitía recordar esas horas que pasaron corriendo de aquí para allá, donde solo su ternura de niñas inocentes o buena suerte le ayudaron a que no les pasara nada grave. Pero sea el tiempo que haya sido, fue feliz. Recorriendo lugares prohibidos y lleno de historia. Y más aún, lleno de criaturas mágicas de las cuales ella soñaba de pequeña.

Sanitas y alegres llegaron al Gran comedor y dedicándose miraditas de un extremo a otro en la mesa de los ravenclaw, las dos rubias comieron felices y con una aventura increíble bajo la manga.

[***]

Sábado 2003,
Hogsmeade.

Miró para ambos lados de la calle, y nada. No sabía a dónde es que se encontraban Sam y Henry, no los pillaba por ningún lado. Y le indignaba, sí. Porque de seguro estaban haciendo travesuras y ella se encontraba toda sola sin saber qué hacer sin sus amigos. Pero como la vida siempre le ponía regalitos por el camino es que en ese buscar la pelirroja se topó a los lejos, visualizando la estantería de Honeydukes a su querida y aventurera amiga ravenclaw.

Haciéndose paso entre la gente es que llegó a quedar detrás de su espalda, y con una sonrisa toda traviesa elevó ambos brazos y cubrió sus ojos con sus manos.- Adivina buen adivinadora, ¿Quién soy?.- preguntó, hasta cambió de voz para poder hacerle más difícil la misión. Pero se le escapó una risita delatora, esa que solo un buen amigo podía descubrir, y era claro que la rubia de ojos vendados sabría que era ella. Pero es que no lo había podido evitar. Encontrar a Beatrice en medio de su soledad era como haber encontrado oro.

Es que, ¿había algo mejor que pasar su cuarta salida a Hogsmeade con Beatrice Bennington? NO, SEÑORAS Y SEÑORES. Eso era único, y seguramente épico, e inolvidable.
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Beatrice A. Bennington el Miér Jun 13, 2018 9:52 pm

Su primera aventura estaba siendo un éxito, y hasta estaba considerando escribir un libro sobre eso. Se titularía: “El vuelo de las águilas”, por su casa de Hogwarts y por su mente. Porque su mente vivía más en el cielo que en el mundo real. De hecho, aun cuando Beatrice era una Ravenclaw, no era… tan Ravenclaw. Si, le gustaba aprender y sus calificaciones eran sumamente altas, pero ella en sí, era más bien incomprendida. Mientras sus compañeros se la vivían en la sala común leyendo libros, ella prefería salir al mundo y explorar, conocer la verdad sobre lo que se esta escrito. Los demás creaban planes antes de actuar, pero la rubia simplemente actuaba, guiada por sus instintos. Recién comenzaba su primer año, y ya creía que el sombrero se había equivocado, o que simplemente había seguido su deseo de estar cerca de Steven y por eso la había enviado a aquella casa.

Atesoraba eso sí, a las personas que había estado conociendo gracias al sombrero seleccionador. Caroline, su fiel acompañante en ese momento, era una de ellas. La pelirroja era muy similar en alma, en sus deseos de explorar, de conocer criaturas y tener aventuras. Porque vamos, no le iba a decir a Gwen o Sam que tengan una aventura en el bosque prohibido, porque seguramente les daba un infarto.

━ Le preguntaría como estará el clima mañana. ━ Bromeo. Vamos, que tenía millones de preguntas para ellos. No podía elegir una y si pudiera sería una super boba, porque bueno, seguía teniendo once años. ¡De seguro si hacía la pregunta del clima y todos la terminaban mirando extraño! No los culparía.

Por otro lado, el Augurey la había enamorado completamente. Era una criatura majestuosa, perfecta… y que se había ido volando con rapidez, al detectar sus presencias. Bee no estaba molesta por su partida, de hecho, estaba bastante feliz. Poder ver semejante ave, le había puesto de un humor muchísimo mejor, y eso que su humor siempre era bueno. Sentía un boom de energía. Como si la hubiera recargado con su presencia. Se giro hacía su amiga, revolviéndole el cabello en un gesto de “no hay problema” cuando se disculpo y comenzó a hacer pucheros. También era su culpa, que tampoco había soportado ver de lejos a la criatura.

━ Las imágenes son solo eso: imágenes. Verlo con nuestros propios ojos… es mágico, asombroso, único. Nunca podre olvidarlo. ━ Y se rió ante su comentario. Ciertamente, ahora no sabrían si llovería al día siguiente, pero las nubes le indicaban que en ese momento sí. Al parecer, su aventura había acabado por aquel día.

Eran niñas de once años que habían visitado el bosque prohibido, visto algo hermoso y volvieron intactas. Años después no sabría si había sido suerte, o simplemente el bosque había confabulado a su favor. Fuese como fuese, nunca olvidaría aquella primera experiencia. La primera de muchas.

✦✦✦

Sábado 2003,
Hogsmeade.

━ ¡Iré a Honeydukes! ━ Le aviso a su querida Line, quien había decidido quedarse en la librería buscando un nuevo ejemplar de sus libros favoritos. Y quizá, solo quizá, había dado el aviso demasiado fuerte, porque rápidamente escucho “Shhh” viniendo de cada rincón del lugar. ━ ¡Lo siento! ━ Volvió a gritar, antes de salir corriendo mientras reía. Molestar era su tercera actividad favorita.

Ya en Honeydukes comenzó su búsqueda. Porque de verdad, ¿sabes lo difícil que es encontrar algo con chocolate amargo? No es que odiara el chocolate normal, pero siempre había preferido las cosas amargas. Su padre solía decir que era por su personalidad demasiado dulce. Era lo misma razón por la que siempre solía tener las manos frías: Tenía el interior demasiado cálido. Norman Bennington siempre tenía algo lindo para decir.

En medio de su búsqueda, sus ojos fueron cubiertos, haciéndola dar un pequeño salto de sorpresa. ¿Quién sería? ¡Le gustaba ese tipo de juego! ━ Uhm… ━ Fingió pensarlo brevemente, aun cuando aquella risa había dejado en descubierto rápidamente la identidad de la persona. ━ ¿Eres Sam? No, no, Sam no tiene esa risa. ¡Line entonces! No, no. Ella tampoco. ━ Estaba aguantado la risa, mientras llevaba sus manos hasta las que cubrían sus ojos. ━ Si, estas manos grandes deben ser de Henry entonces. ¿O no lo eres? Mmmm. ━ Y soltó una leve risa. ━ Bromis, bromis. ¡Eres mi rojita, por supuesto! ━ Y se giró, lanzándose a sus brazos como si hace años no la viera, aun cuando realmente la había visto esa misma mañana.

━ ¿No venias con Sami y Henry?... ¡Ven, ven! ¡Creo que he encontrado lo que busco! ━ Y claro, que frente a ellas se alzaba toda una sección dedicada al chocolate amargo. Podía babear.
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Caroline Shepard el Vie Jun 29, 2018 5:40 am

Para la pequeña Caroline, quién recién había comenzando hace un par de meses su tercer año, el pueblo aún era sumamente atractivo para sus ojos. Aún encontraba lugares que le eran nuevos e increíbles a la vista. Pero por más que a su corta edad ya encontraba atractiva la soledad, ella era más bien un águila que le gusta volar en bandada. Salir a explorar y descubrir cosas desconocidas junto a sus amigos, es por eso que le causó tanto enojo cuando sin siquiera avisarle Henry y Sam desaparecieron de su vita. Sólo había bastado que se quedará pegada más de la cuenta viendo la portada de un libro para que el par entre risas se fueran de su lado. Se cruzó de brazos de manera infantil, con ceño fruncido y todo. Hasta que de pronto, en menos de un flash su rostro cambió por completo. ¿La causante? Beatrice Bennington, o más conocida para la pelirroja como la hermosa e incomparable Beeboop.

Como una ninja profesional se hizo paso entre la gente hasta llegar a estar detrás de la espalda de su amiga, y antes de que está pensara siquiera en darse la vuelta ya tenía sus dos manos cubriéndole los ojos, invitandola a adivinar con tan solo escuchar su voz y sentir el tacto de su piel quién osaba en privarla de su vista. Quiso aguantarse la risa, de verdad que sí. Pero simplemente no podía, se le escapaba por cualquier espacio por mínimo que fuera que se producía en su boca. Hizo un gran puchero cuando comparó sus pequeñas manos con las enormes de Henry, que ella se las había visto con detalle, solo de curiosa un día se había puesto a mirar las manos de sus amigos, creyéndose una adivinadora de primer nivel diciéndole sus predicciones para un futuro. Por lo que podía asegurar que una mano de Henry, era dos de ella. Pero ese pensamiento fue a volar lejos, cuando la rubia terminó por admitir que desde un comienzo sabía de quien se trataba, su risa fue claramente su delatora.

Mira que bonito abrazo le tendía su amiga, haciéndola sonreír ampliamente. - Me han dejado botada en la librería, le he dicho que me esperaran solo cinco minutos, y al salir ya no estaban por ninguna parte.- un puchero del porte del titanic tenía en esos momento la pelirroja por tan nefasto accionar de sus amigos. - ¿Qué? ¿Qué buscas?.- preguntó curiosa mirando para todas partes como cual Suricata, había tantas cosas alrededor que no sabía muy bien a cuál exactamente se estaba refiriendo la ravenclaw. Pero un algo le decía que eso que tanto buscaba se encontraba en las dependencias de Honey.

Dicho y hecho. En menos de un pestañear ya se encontraban dentro del local. Caroline no era una chica precisamente dulce, eso se lo dejaba a Sam. Pero aún así era una niña que las golosinas algo le producían a su cuerpo que pese a no ser fanática a ellas, igual terminaba cayendo ante sus encantados. La culpa de aquello la tenía en gran medida Honeydukes, que con tantos colores, juegos y golosinas mágicas y alocadas, hacía de ese lugar un espacio irresistible para cualquier persona con alma de niño.

Elevó su mirada por sobre el estante para ver si Bee seguía dentro del local, eso era por el trauma del abandono que le habían producido Sam y Henry hace un rato. Es que imaginense quedar sola por segunda vez esa tarde, ya se pondría a pensar que algún Karma ha de estar pagando por semejante soledad. Pero no, ahí estaba su traviesa rubia, con ojitos brillantes y llenando una cesta enorme con dulces y chocolates, camino hacia ella sonriente.- ¿Algunas de esas cosas son para mí?.- le preguntó con mirada traviesa.- A mi me gustan mucho los regaliz, ¿sabes?.- le preguntó mientras sacaba uno de su mini carrito y se lo llevaba a su rostro para ponerle una mirada nivel gold de gatos con botas a su amiga. No perdía nada con intentarlo.

En eso otra cosa llamó su atención e hizo que sus ojos se abrieran como dos platos enormes.- ¡Bee, mira!.- exclamó animada apuntandole una cabina de color rojo que se encontraba a unos pasos de las dos. Corrió hacia ella y comenzó a leer el cartel en voz alta.- Producto del Aniversario de nuestras ranas de chocolate, hemos querido instalar una cabina donde todo mago o maga puede sacarse una fotografía y tener su propio cromo..- abrió su boca por la sorpresa y miró a la ravenclaw flipando a full- Tenemos que hacerlo.- le indicó con un tono que no daba espacio para replicas.- ¿Crees que podemos hacer uno de las dos? En plan: salimos nosotras y con una bajada que dice "Las ravenclaws más criaturas mágicas lovers existentes en hogwarts".- lanzó abriendo sus brazos como si estuviera diciendo el mejor titular de todos los ya existentes en el mundo entero, luego se largó a reír.- O bueno, algo así. ¿te animas? Yo invito, mis padres me han enviado dinero este mes.- agregó junto a una sonrisa radiante, al ver que el precio no era precisamente económico.
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Beatrice A. Bennington el Jue Jul 19, 2018 2:49 am

Beatrice iba para cosas sumamente precisas a Hogsmeade, porque realmente, ella muchas veces prefería quedarse en el castillo y hacer travesuras, aprovechando que la mayoría de los estudiantes no se encontraban. En esa ocasión había ido a petición de Line quien quería visitar la librería, por sus caramelos y por la tienda de bromas. Ella era del tipo de chica que siempre solía estar metida en problemas, y que es tan molesta como un grano en el culo, pero también es alguien a quien se te hace difícil de odiar. Su sonrisa dulce, junto a aquella actitud despreocupada, siempre dispuesta a ayudar, le habían creado un espacio especial en los corazones de muchos.

Y así como ella había logrado aquello, había personas que se habían ganado su tierno corazón en poco tiempo, siendo Caroline una de ellas. La chica era pura dulzura, sincera e inteligente, su simple presencia causaba que la alegría se incrementará y hacía brillar a los corazones más oscuros. O esa era la impresión que Beatrice siempre tenía de ella, y no exageraba diciéndolo.

━ No te preocupes rojis, ya verás que te divertirás mucho más estando conmigo. ━ Le dijo enseguida, buscando deshacer aquel puchero que se había instalado en el rostro de su amiga. ¡Era tan tierna! ━ ¿uhm? ¡Chocolate amargo! ━ Respondió a su pregunta, apuntando con energía el estante que poseía aquel tesoro. ━ Sabes que adoro las cosas amargas, y ese choco-choco es mi favorito. ━ Parecía pronto a ingresar a algún mundo de fantasía, donde estaría rodeada de chocolatitos diferentes, todos de sabores amargos rellenos de fresa o menta. Si. Un paraíso total.

No había perdido el tiempo, llenando su canastito con diferentes caramelos y chocolates, siendo el amargo el primero, con una sonrisa demasiado alegre. Los dulces mágicos, tan coloridos y juguetones, le llamaban demasiado la atención y sin darse cuenta ya tenía más de los previstos, pero aun así no pudo ni quiso negarse a la mirada de su amiga, dejando varios regaliz en el canasto. Mientras pagaba Caroline encontró algo sumamente fascinante, por lo que la siguió enseguida, emocionada.

━ ¡No puedo creerlo! ━ Chillo, dando pequeños saltitos. ¡Podían tener sus propios cromos! Asintió enseguida y varias veces, cuando le dijo que debían hacerlo. Beatrice nunca se negaría a eso, tan asombroso. ━ ¡Oh oh! ¡Siiiiiiiiiii! ¡Que diga eso! No acepto otra cosa, tiene que ser eso. ━ E ingreso a la cabina, asomando su cabeza uno segundo cuando le hablo de pagar. Sinceramente no le gustaba que Caroline tuviera que gastar tanto dinero sola, pero si aportaba de su bolsillo, no le alcanzarían sus productos de bromas. ━ Te lo compensaré. ━ Prometió, dejando su bolsa con dulces en la orilla, mientras ambas se acomodaban.

¡Iban a tener su propio cromo! ¡Juntas!

El día estaba siendo demasiado perfecto.

✦✦✦

Llevaban varias horas andando de aquí para allá, saltando y riendo como las niñas que eran, admirando muchas veces sus cromos nuevamente, como si no pudieran creérselo. No se habían encontrado con ninguna de sus amistades, o por lo menos no las de Ravenclaw, por lo que suponían que ya todos se habían ido al castillo. Beatrice había puesto todas sus compras en un pequeño bolso con un hechizo extendible que Steven le había regalado para su cumpleaños, así que se sentía tan ligera como una pluma.

━ Será tan divertido probar mis nuevas bromas. ¡No puedo esperar! ━ Los ojos le brillaban en señal de travesura, porque su mente ya comenzaba a maquinear poco a poco como llevar a cabo sus planes. ━ ¿Crees que realmente estén en el castillo, rojis? Me preocupa un poco no haberlos vistos en ningún lado. ━ Confeso luego de unos segundos, mirando a su alrededor, como si con esa simple declaración ellos fueran a aparecer enseguida, pero nada sucedió. ━ Mejor comamos caramelos antes de llegar a ellos. ━ Y comenzó su búsqueda infinita en aquel pequeño bolso, antes de recordar aquel hechizo de primer año. Accio. Pronuncio, pero nada salía de su bolso. ¡Era muy extraño! De hecho, parecía como si no hubiera ningún dulce en el interior… ¡ESPERA UN SEGUNDO! ¡NO PODÍA SER! ━ ¡Rojis, olvidamos los caramelos en Honeydukes! ━ Estaba super duper espantada. ¡Es que debía ser una mala broma!
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Caroline Shepard el Vie Sep 21, 2018 5:54 am

Sonrió ampliamente cuando escuchó sus palabras, es que realmente no le cabía duda que al lado de la rubia lo pasaría increíble, de hecho agradecía enormemente haberse topado con ella entre todas las personas que se encontraba en el pueblo, era como esos regalitos que te pone la vida cuando uno cree que se pondrá gris, Beatrice Bennington era su arcoiris multicolor en esos momentos. Miró hacia donde apuntaba la ravenclaw y se acercó a ella para mirar mejor aquel chocolate, pegando su rostro al ventanal haciendo que su nariz se achatase lo vió, y sintió por acto reflejo su boca aguarse.- ¡Que delicia! Es que el chocolate amargo es el mejor de todos, dicen que hace muy bien y que es el chocolate más chocolate de todos.- le comento como dato random para luego sonreírle traviesamente.- Te gustan  todas las cosas amargas, pero con excepciones dulces...como yo.- le pusó una pose toda encantadora para luego echar a reír.  

Y entraron a ese país de fantasías llamado Honeydukes, que sin importar que te gusten o no los dulces al entrar te conquistaba por completo, e iba más allá de los innumerables dulces que podías encontrar y toda esa decoración que era un verdadero cariño para el alma, sino que era algo más... era un no sé qué, que te hace sentir un no sé cómo, pero que hace que los pelos se te pongan de punta la primera vez que entras y hace que te prometas volver, como sea pero volver. Por ejemplo la pelirroja no era de cosas dulces, pero ahí estaba feliz como una perdiz, y dirigiéndose hacía Bee que se encontraba unos pasos más allá y que a primera vista parecía querer comprarlo todo. Y vieran la sonrisa que puso Caroline al ver a su amiga poner el triple de regaliz en su canasto, irradiaba un brillo que te mueres, era enorme como el porte del amor que sentía la ravenclaw hacía su compañera de aventuras y comilonas.

Y de pronto, como si el tiempo junto a Bee ya no fuera lo suficientemente emocionante vió frente suyo una cabina que hizo que la pequeña maga flipara de la emoción. ¡Es que podía tener sus propios cromos! ¿Será real o lo está imaginando? se preguntó para sus adentros.- Que no tienes por qué, de verdad.- le dijo sincera, que  a ella no le importaba gastar su dinero en esas cosas, era lo que le había sobrado de las compras de sus libros así que estaba destinado a ser pura diversión, y algo mejor que eso no creía encontrarlo.

CROMO DE AMOUR:
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***

Las horas junto a la rubia pasaban rápido, sentía que apenas habían pasado un par de minutos y ya se había caído el sol para ir en busca de nuevos horizontes al otro lado del mundo. Y su sonrisa, ahí estaba intacta. Caminaba por las calles del pueblo mirando para todas partes, como quien visita un lugar por primera vez, era culpa de su inconmensurable curiosidad, quien creía que siempre por más que estuviera en un lugar conocido había algo nuevo que descubrir.

Sonrió divertida al escuchar a la maga.- ¿Qué te has comprado de bromas? ¿Quiénes serán los que las reciban esta vez?.- preguntó curiosa. Ella no era tan partidaria de las bromas, pero si alguien llegaba a molestar alguien que quiere pues bueno, ahí cambia la cosa. Por ejemplo se quedó sin venir a Hogsmeade la primera salida por pegarle un puñetazo (muy merecido a su parecer) a un estúpido que andaba molestado a Sam, y si le preguntan te dirá mil veces que no se arrepiente ni un poquito. Miró para todas y arrugó un poco el ceño, es que era verdad que no se veía ni por asomo alguien de Hogwarts ¿Es que se habrán ido todos ya? o si vamos más allá ¿Es que quedaran carruajes para el regreso? el corazón le empezó a latir un poquito más fuerte, que ella no sabía cómo volver si no era con los carruajes...pero la rubia cambió totalmente su pensar al ofrecerle caramelos, haciéndola sonreír nuevamente.- No hay nada que un dulce no pueda arreglar.- dijo toda sonriente, mientras esperaba que su amiga sacará dulcecitos de su bolso, y al ver que se demoraba más de la cuenta pues iba ya ella a sacar lo suyos de su mochila cuando le escuchó decir que se le habían quedado en el local ¡Madre mía!

- Nooooo, pero Bee nos queda la nada antes de que se vaya el último carruaje.- si es que no se ha ido ya, se dijo así misma poniendo una mueca en su boca. Miró hacia el horizonte para ver como quedaba aún unos atisbos de sol antes de que se fuera por completo dejando a la luna la labor de iluminar las calles, para luego dirigir nuevamente su mirada a su amiga que se veía toda triste ¡Ay, que no le gusta verla así! pensó, y sin decir más tomó de su mano.- Si corremos de seguro alcanzamos a ir a buscarlos y volver a tomar el último para irnos a Hogwarts.- le dijo para luego ir corriendo hacia la tienda de dulces.

Sentía que el corazón se le iba salir de lo rápido que iba, en ningún momento le soltó la mano a su compañera ni siquiera cuando llegaron al local y la señora Flume con tan solo verlas cerca de la puerta las reconoció y fue a su encuentro para pasarle los productos a Beatrice.

- Estos dulces ya te estaban extrañando, dulce.- le dijo la anciana sonriente.- ¿Qué no es muy tarde para todavía estar en el pueblo? ¡Corran antes de que se le vayan los carruajes!.- nos señaló empujandonos cariñosamente. MIré a Beatrice con rostro de circunstancias.- ¡La última en llegar es huevo podrido!.- gritó divertida antes de echar a correr, que si no se lo tomaba así pues lo iba a pasar mal.- ¡GRACIAS SEÑORA FLUME!.- gritó la pelirroja volteandose unos segundos para ofrecerle una sonrisa a la anciana.



***

Sala común HUfflepuff
2005
Quinto año


- Ay, leo un capítulo más y me explota la cabeza, de verdad.- comentó la pelirroja alejándose del escritorio donde libros, pergaminos, plumas, tinta y objetos se encontraban esparcidos sobre el. Miró a la rubia que se encontraba sentada sobre uno de los sillones y se sentó a su lado dejando caer todo su peso.- Si repruebo todo y me echan volando de acá, al menos recuerdenme como la aguila poco inteligente pero divertida.- le dijo a su amiga con el ceño arrugado. Es que vale, Caroline no iba de dramática por la vida, pero para esas pruebas así como importantes, se le venía todo el lado cebolla que tenía dentro. Es que estaba segura que la noche antes de los T.I.M.O.S iba a tener pesadillas y todo. Y pobre de Sam que va a tener que recibirla todas las noches en su cama para que la pelirroja pueda dormir, es que si había un remedio para los desvelos era dormir pegadita junto a Sam, era como su espanta cucos con patitas.
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