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I Need A Hero || Priv. Henry Kerr

Beatrice A. Bennington el Jue Ene 25, 2018 6:22 am

23 de enero.
10:00 am.
-5°C
Un lindo café que vende donas deliciosas.

A diferencia de muchas personas en el refugio, Beatrice no tenía miedo de salir y demostrarle al mundo que no tenía miedo, que podía ser una chica valiente. Quizá era porque no tenía mucho sentido común, o quizá porque, gracias a su personalidad, no era una persona capaz de quedarse sin hacer nada por mucho tiempo. Simplemente no podía mantenerse oculta y quieta. De hecho, tanto era su deseo de mantenerse activa que hasta poseía trabajo en una librería, uno muy bien pagado, a decir verdad.

No usaba pelucas, ni ropa o accesorios que ocultaran su rostro. Bea simplemente paseaba por Londres como ella misma, como si fuera una persona libre y sin preocupaciones. Lo cual claramente no era.
Para empezar, el mundo mágico poseía una foto suya, junto a un se busca y una recompensa, en cada rincón. Era considerada una fugitiva por poseer una varita y ser una simple hija de muggles. Había perdido su trabajo, aquel que amaba y al que le había dedicado años de estudio. Simplemente la rubia tenía demasiado por lo que preocuparse, pero no se dejaba ahogar, enviando todas esas preocupaciones al fondo de su mente y dedicándose a disfrutar de su actual libertad, siendo la chica feliz que siempre había sido.

━ Un café frío muy cargado y una dona con doble chocolate, por favor. ━ Pidió casi de forma mecánica, aún adormecida por la hora. Si, podían ser las diez de la mañana, pero para Bea eso era sumamente temprano. ━ Y agrégale una dona de chocolate con chispas de colores. ━ No pudo evitarlo, aquella dona la estaba llamando. Se froto los ojos, pensando en que, si le hubieran avisado antes, seguiría durmiendo en su cómoda y calentita cama.

Lo que había sucedido, era que la librería estaría cerrada durante todo el día, pero nadie le había avisado y recién lo descubrió cuando llego al lugar. ¿Lo peor del asunto? Es que al pensar que iba tarde, olvido su abrigo y casi se muere de frío. Por eso, y por el gran sueño que sentía, es que había ido por un café…Pero lo pidió frío, porque no le apetecía uno caliente. ¿Rara? Por supuesto.
Ah, y las donas, solo habían sido pedidas porque era una golosa sin remedio, un baúl sin fondo, una persona dulce que necesitaba ser más dulce.

━ Aquí esta su pedido, gracias por venir. ━ Dijo la chica tras el mostrador, con rostro de querer morir. ¿Tan malo sería el trabajo su trabajo? Tampoco es que le importará, tenía demasiado sueño como para buscarle conversación… Cosa que comúnmente hacía y terminaba casi empujada hasta la salida por los demás clientes, quienes por su culpa tardaban en ser atendidos. ¡No era su culpa ser una persona que hablaba mucho!

━ Casi. ━ Susurro al tropezar con, seguramente, una hormiga cabezona. Por suerte no había dejado caer nada. Volvió a ponerse derecha, lanzando un chillido de susto al ver lo que había frente a ella y casi por inercia, lanzarse lo que tenía en su mano izquierda, o sea, el café. Segundos después de notar su acto, un leve rubor apareció en sus mejillas.

━ Uh, quizá debería considerar usar otro tipo de… accesorios. Porque sí, lo que había causado su susto había sido el muy excéntrico accesorio de un hombre. ¡Como si nadie se asustará si le ponían una serpiente enorme al frente! ¿Cómo se le ocurría andar por la vida con algo así? Aunque si aceptaba que era muy original. ━ Lo siento. ━ Dijo de inmediato, al ver que quizá no había elegido bien sus primeras palabras. Bien Bea, como siempre metiéndote en problemas.

━ ¡Pero mira como me has dejado niña! ¿Es que eres tonta o algo así? ━ Bien, tenía claro que era pequeñita, muy pequeñita para tener 28 años. ¡Pero no por eso podían decirle niña! Por más que lo fuera de vez en cuando en personalidad.

━No soy una niña. ━ Reclamo, frunciendo su frente. No le importaba que le dijera tonta, porque sabía que no lo era, pero niña, eso si fue un golpe duro. ━ Además, es usted quien anda por la vida con ese tipo de criatura tan escalofriante. ━ Termino de decir, con los brazos cruzados.

━ Soy libre de usar lo que quiera, ¿o es que te dan miedo las serpientes falsas, niña tonta? ━ Se burlo aquel hombre, u orangután, ya no estaba segura de que era. Para ese momento ya tenían un público atento a sus palabras y acciones.

━ Miedo da su cara, y ya le dije que no soy una niña. ━ Respondió sin dudar, con una dulce sonrisa, causando risas alrededor. Era demasiado... ella, como para aceptar que siguiera llamándola de esa manera cuando le acababa de decir, que no era una niña. ━ Ahora si me disculpas, creo que iré a llamar al zoológico, se les ha escapado un orangután. Ah, y por si no lo sabe, he tratado con serpientes peores.━

Sus palabras más las risas, parecían haber herido el orgullo del hombre, quien le sujeto de su brazo, impidiendo que se marche. ━ Repite tus palabras si es que quieres seguir conservando tu lindo brazo. ━ Genial, una amenaza. Genial, nadie parecía dispuesto a ayudarla. Genial, no podía usar su varita con tanto público.
¡Sumamente genial! ¡Asombroso! ¡Gracias vida!
Nunca más iría por un café.
Lo único positivo, es que ya no tenía sueño. Punto para Bea.
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Henry Kerr el Jue Mar 01, 2018 3:11 am

Nada como un paseo mañanero para despejar la mente de problemas y chorradas varias.

Desde que su mundo colapsara, una vez comprendida la situación en la que se encontraba, había descubierto que pasear era una de las mejores fórmulas que tenía a su alcance para no volverse loco.

Había probado muchas cosas diferentes para no comerse la cabeza con los asuntos personales que le afectaban, incluso hacer todo lo contrario a lo que estaba haciendo ahora mismo. Porque sí, también había probado recluirse en casa de vez en cuando. Más los resultados de esos experimentos tenía que reconocer que eran del todo fallidos.

Algún día, con una botella de buen alcohol al alcance de su mano, había conseguido ahogar las penas en alcohol. Pero por lo general, recluirse sólo servía para pensar aún más en sus problemas. En la traición de su familia, especialmente en su hermano.

Y cómo en esas circunstancias el alcohol era lo único que le ayuda a olvidar, se decidió por buscar otras opciones que le sirvieran para ello, para de este modo, evitar convertirse por el camino en un maldito alcohólico.

Centrarse en el trabajo, y por qué mentirse, en las capturas de fugitivos, le habían dado excusas perfectas para evitar pensar. Algo en lo que centrarse. No obstante, lo segundo ya no lo llenaba como el principio. Sabiendo que seguía un ideal impuesto a la fuerza, se sentía cada vez peor con la caza de otros magos. Y en el fondo, ahora entendía por qué se sentía tan mal cuando había perseguido a algunos sujetos en particular, que por el momento, se habían salvado de la prisión por este mismo motivo.

¿En el fondo no era purista?

El rubio suspiró cansado, pues no sabía hasta que punto su hermano había hurgado en su cabeza. No podía saberlo por sus propis medios, por sí solo, sin ayuda de nadie más que su propia mente. Y aunque creía la versión de las mujeres que le habían abierto los ojos, aún distaba mucho de ser un hombre que confiara plenamente en ellas. Sí, tenían razón, sus pruebas lo demostraban. Pero, ¿habían dicho la verdad en todo lo que le habían contado? Eso tampoco lo podía asegurar.

Casualidades de la vida. Pese a que el paseo le hubiera servido, la mayor parte del tiempo, para no pensar en todos estos asuntos que lo trastornaban, justo cuando se había dejado llevar por ellos unos instantes, una de esas personas que le revolvía el estómago perseguir, apareció ante sus ojos.

Así, como por arte de magia, la rubia cruzo su línea de visión. Tan bella como de costumbre, rodeada de esa aura de… cómo definirlo, ¿candidez? ¿inocencia? Los pocos recuerdos que tenía de la pequeña de los Bennington, eran los de una mujer adorable, con una sonrisa siempre en los labios, y una respuesta amable. El poco trato que tuvo con ella cuando se cruzara con ella y su hermano, no había hecho más que reforzar ese recuerdo.

Sí, tenía que ser ella. Después de la última vez que la viese, la reconocería en cualquier parte. Siendo honestos, aunque no fuera algo que dijera abiertamente a la dama, reconocería ese culito en cualquier parte.

Por unos segundos, sus pasos dudaron tanto como sus pensamientos. Una vocecilla dentro de su cabeza le decía que siguiera a la chica, que era la mejor opción para recuperar la pista del desaparecido Steven. Pero otra más bondadosa le decía que siguiera su camino. Que la olvidase, y la dejase vivir en paz.

Henry estuvo parado unos instantes, contemplando la entrada de la cafetería. Y una vez vencida la duda, sus andares lo aproximaron a la puerta del negocio. Aunque tenía que admitir, que pese haberse decidido por ir a saludar a la muchacha, algo en su interior lo angustiaba y le causaba cierta incertidumbre.

Aún no sabía si estaba haciendo lo correcto. Por ese motivo le costó un poco atreverse finalmente por abrir la puerta, y entrar al establecimiento, un movimiento realizado más por el hecho de que debía parecer un imbécil allí parado sin entrar, que por haberse aclarado con sus propios sentimientos.

Sin embargo, nada más entrar observó una situación de lo más cómica. Tanto que arrancó una sonrisa de lo más sincera al Kerr, y le hizo olvidar todo pesar o duda que albergara. Más desgraciadamente, dicha situación pasó rápidamente de la comedia a la confrontación, y algo en su interior le hizo reaccionar como un resorte, acercarse hasta ellos, y agarrar el brazo del joven. El mismo con el que había apresado el de Beatrice.

- No chico, será mejor que tú sueltes el de ella, o serás tú el que pierda el brazo-, comentó, apretando la muñeca del chico, y forzándolo a soltarla. - Sólo ha sido un accidente, no tienes motivos para ponerte así-, le dijo, dándole un suave empellón, aprovechando la ventaja que tenía sobre el chico al tenerlo medio inmovilizado. Una vez el joven quedara un poco alejado de ellos, volvió a hablar. - Tranquilo. Nadie quiere problemas. Cada uno por su lado y todos tenemos la fiesta en paz, ¿ok?

Todo un alegato sencillo en busca de los menores problemas posibles, más la contestación no fue la apropiada.

Un chorro de café ardiente le cayó en el rostro, momentos antes de que el puño de un hombre impactara en su rostro. En todo el pómulo izquierdo. ¿De dónde había venido ese café y ese golpe? No había terminado de limpiarse la cara, cuando ya se había encontrado con un golpetazo.

- ¿Aún te sigue pareciendo que hay pocos motivos para ponerse así? Por lo visto, los accidentes de café son muy comunes- dijo un hombre con una voz algo aguda y estridente, segundos antes de rompe a reír junto al chico que había agredido a la rubia.

Las palabras de ese joven, y la risa de ambos, ya le daba bastante sentido a lo que había pasado. Así que el capullo que había agarrado a Bea tenía por lo menos un amigo en la cafetería. Genial. De lo más conveniente. Si es que había días que era mejor no hacerse el héroe.

- Sigo prefiriendo parlamentar a comenzar una guerra. Debe ser que tengo cierta faceta diplomática-, respondió, acariciándose el pómulo, y finalmente llevando su mano hacia el contorno de la mandíbula, dónde siguió acariciándose. - Pero la verdad, chico, el café me ha dolido más que ese golpe. ¿Acaso tienes anemia? Toma vitaminas o algo-, lo picó.

Sí, había días en los que era mejor no hacerse el héroe… Pero joder, había otros en los que te encontrabas unos subnormales que se habían comprado todos los boletos del premio gordo, y todas las ganas del mundo para dárselos.
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Henry KerrMagos y brujas

Beatrice A. Bennington el Miér Mar 07, 2018 3:28 am

Estaba pensando. Intentando encontrar una forma de librarse de ese gigante de forma segura, y sin la necesidad de usar magia. Era hija de muggles, no necesitaba su varita para todo. Aunque claro, todos sus pensamientos fueron inútiles cuando, para su suerte, un hombre llego a su rescate, y en menos de tres segundos su brazo era nuevamente libre. Se oculto levemente tras él, no era una Gryffindor después de todo y tampoco veía la necesidad de estar en medio cuando no podía hacer grandes cosas a parte de hablar. Pero ya habían visto lo que sucedía cuando abría la boca.

Escucho cada palabra de su salvador, asintiendo. Aunque le falto decirle que era su culpa por andar vestido tan extravagante y asustar a chicas como ella. Claro que no lo dijo en voz alta nuevamente, más que nada por que su boca quedo abierta en forma de “O” cuando un café y un golpe fueron en dirección al héroe sin capa. ¡Que no había necesidad de comenzar con la agresión!

━ Claro que son comunes, estás en una cafetería. ━ Susurro, ya un poco molesta por todo el asunto. Además, ¿por qué se metía aquel hombre? El tema era con el de la serpiente, no con él… aunque ella no tenía porque reclamar, siendo que también había recibido ayuda. Ugh, la igualdad era un asco a veces.

Finalmente se había formado una gran discusión, donde ella prefería quedarse al margen mientras pensaba en que podía hacer para solucionar el asunto de forma rápida, porque lo último que necesitaba era que se arme una gran pelea y llamen a la policía. Podía soportar ser una fugitiva en el mundo mágico, pero serlo en el mundo muggle, ya sería demasiado hasta para ella.

━ Y si… ━ Lo pensó unos segundos, observando a su alrededor. Gracias a su escena, solo quedaban tres personas, contando a la cajera y sin contarlos a ellos. Tenía que ser rápida claro… Si, ella podía. Fingió agacharse, y disimuladamente tomo su varita. Solo en ese momento agradeció que todos estuvieran concentrados en la discusión y no en ella.  Tragababosas. Susurro dos veces, con simples movimientos, apuntando hacía el rostro de ambos hombres, quienes, de la nada para todos menos ella, comenzaron a vomitar una gran cantidad de babosas. Volviendo a dejar su varita en el interior de su bota, tomo la mano de su intento de héroe, jalándolo hasta la salida. El efecto de aquel hechizo no era eterno finalmente.

Caminaron casi tres cuadras, hasta llegar a un parque donde se detuvo y lo libero. ━ Fue todo un espectáculo, ¿no? ━ Le comento. ━ Aunque verlos vomitando babosas… Hice un super esfuerzo para no reírme. ━ De inmediato se sentó en uno de los tantos bancos, haciéndole gestos para que se sentará junto a ella. ━ ¿Te duele mucho tu rostro? ━ Pregunto con un pequeño sentimiento amargo de culpa, cosa rara en Bea. ━ Por cierto, gracias por ayudar… espera un segundo. ━ Lo apunto con su dedo índice. ━ Eres Henry Kerr, el amigo de Steven. ━ Aseguro, asintiendo para darse la razón. ━ Que pequeño es el mundo. ━ Susurro, sin poder creer que su héroe, era la misma persona de la que anteriormente había desconfiado un poco.
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Henry Kerr el Sáb Mar 24, 2018 3:51 am

Una hostia mañanera era todo lo que necesitaba un escocés para cagarse mentalmente en la madre de un inglés. Bueno, una hostia mañanera o simplemente haber nacido escocés, ya que un oriundo del norte de Britania no necesitaba nada más para acabar harto de un inglés. Menos aún si dicho norteño vivía en Londres.

Por Merlín, qué les pasaba a los londinenses. Esa ciudad estaba habitada por un atajo de locos. Imaginaba que era por culpa del estrés de vivir en una urbe tan grande, en un mundo que iba tan rápido. Pero aún así le parecía excesivo, pues el capullo por metro cuadrado no se lo quitaba nadie, y ahora mismo estaba ante dos subnormales deseos por confirmar la regla.

Y sí, puede que esos dos idiotas no fueran ingleses, mucha gente de otros lados vivía en Londres. Pero maldita sea, nadie le quitaría el gusto de mandar a la mierda un inglés, aunque fuera mentalmente.

- ¡Qué has dicho! - replicó el idiota que le había golpeado.

- Vamos, chaval. No me digas que además de debilucho eres sordo-, contestó. - Tu familia debe cobrar muchas pagas.

Oh sí, el ambiente se estaba caldeando, y tenía que reconocer que este incremento de la tensión era por su culpa. Toda la culpa que puede tener un hombre al que acaban de golpear, pero ya me entienden, debería ser más diplomático… Debería. Más lo cierto es que no le apetecía para nada rebajar la tensión, en absoluto lo deseaba.

La razón le decía que debía llevar la situación de una forma más conciliadora, aunque no fuera por amabilidad, porque siempre podía haber otro amigo de aquellos dos en la cafetería o alrededores. En el baño, o fuera, sin darse cuenta de lo que pasaba dentro. Y si ya era un problema pegarse con dos personas, si acaban al final siendo más, pues sobraba decir lo mucho que empeoraría su situación.

Pero por Ravenclaw que fuera, no le apetecía hacerle caso a la razón.. Ese imbécil le había cabreado, y si no se amilanaba y largaba, le daría la paliza que debería haberle dado su padre en su día.

- A que no te atreves a rep…-, el joven no terminó la frase.

De un segundo para otro, el chico comenzó a soltar babosas por la boca, al mismo tiempo que su amigo, para sorpresa de todas las personas que había en la cafetería. A él no le sorprendía el hechizo en sí, lo conocía más que de sobra, pero sí que le había sorprendido que de repente los chicos empezaran a escupir babosas de la boca.

- Puaj, que asco. Menuda panda de asquerosos. No sé ni por qué me molesto en hablar con dos guarros como vosotros-, comentó, con fingida repulsión en el rostro, alejándose de espaldas, dando pasos hacia atrás sin dejar de mirar a los hombres. - No pienso perder un minuto más con ustedes. Tenga buen día, aunque dudo que pueda tenerlo-, dijo finalmente, con falso enfado.

Justo al decir esto último, sintió un tirón en su mano. Era Beatrice, por supuesto, así que se dejó llevar por la suave mano que lo aferraba.

Corrieron y corrieron, y hasta se permitió el lujo de reír en un momento dado, sin parar de correr. Era como sentirse de nuevo un niño, corriendo por Hogwarts después de alguna trastada. Y la verdad, pasado el impacto de ver a dos tipos escupir babosas de forma repentina, tenía que reconocer que había sido muy gracioso, y justo castigo por todo lo que habían hecho. Así aprenderían.

En todo caso, llegó el momento de terminar la carrera. Y dar paso a una presentación más apropiada.

- Un espectáculo, y muy divertido, ¿o no? -, respondió a la rubia, antes de reír. - Se lo merecían. Eran unos capullos. Aunque supongo que habrá que llamar al Ministerio para que desmemorice a esos dos, y a la dependienta-, comentó, sin pensar mucho en lo que estaba diciendo y percatarse en lo que significa. -Bueno, ya lo haré yo. Diré que me porté muy mal, que esos malditos muggles me estaban acosando y me tenían harto. Aquí no ha estado ninguna Bennington-, le guiñó el ojo.

La chica era inocente y adorable como la recordaba. Igual al día en que se reencontró con ella en aquel centro comercial, junto a su hermano. Pero sobre todo, como la recordaba del colegio.

Después de lo que había vivido los últimos, era imposible de cuantificar lo bien que se sentía al poder recordar a alguien de su pasado. Saber que algo de su antiguo yo, seguía estando ahí.

- Bueno, tampoco es tan grave, quizás no haga falta llamar a nadie. Sólo han quedado como unos guarros que comen babosas-, rió una vez más. - Así es, joven Beatrice. El mundo es un pañuelo, o eso se suele decir-, sonrió la joven. - Tengo que reconocer, que te había visto entrar en la cafetería, y justo entraba para saludarte. No esperaba para nada encontrarme con esa escena tan desagradable-, decidió sincerarse.

Total, qué había de malo en saludar a una amiga. El problema para ella, es que él no era un amigo, sólo un capullo manipulador, un ser despreciable que la perseguía, más eso la rubia no lo sabía. Es más, con los dilemas morales que tenía, ni siquiera él mismo estaba seguro de lo que era. ¿Amigo o enemigo? No era una pregunta que pudiera responder.

- Y... creo que no he sido de mucha ayuda-, rió por tercera ocasión. - Gracias a ti por salvarme-, comentó, antes de dedicarle otra alegre sonrisa. Recordar cosas de su pasado, más la carrera que habían tenido, le había puesto de muy buen humor. - En todo caso, ha sido un placer volver a verte. Y saludarte, claro-, mantuvo el gesto sonriente. - Supongo que con todo lo que ha pasado no has comido, y tendrás hambre, ¿te apetece tomar algo? Hace tiempo que no te veo. Quizás podamos ponernos un poco al día. Si gustas de pasar un rato con este salvador tan cutre. Prometo invitar, para compensar ser tan mal héroe-, volvió a reír.

Una risa clara y cristalina. Tan pura como el agua.

Se sentía feliz. De verdad que necesitaba un poco de alegría en su vida. Y una divertida carrera, y cuatro frases, habían conseguido ayudarle más de lo que nadie pudiera imaginar.
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Henry KerrMagos y brujas

Beatrice A. Bennington el Jue Abr 19, 2018 12:41 am

Cuando sales de casa para ir a trabajar, y finalmente terminas buscando donde comer, nunca te esperas encontrarte en medio de un escándalo, sin poder comer y más encima, reencontrándote con alguien que nunca esperabas encontrar en el sendero de la vida. Que día más extraño la verdad, pensaba mientras corrían y escuchaba la risa de su acompañante. Risa que rápidamente se le contagio. Que vamos, les había tirado un tragababosas. ¡Era asquerosamente divertido!

━ Totalmente divertido, hasta podríamos repetirlo. ━ Luego le observo un momento. ━ Sin la parte de los golpes claro, tampoco es necesario repetirlo todo. ━

Beatrice no veía necesaria la parte de que les cambien los recuerdos, pues no la habían visto hacer magia y cualquiera podía ponerse a vomitar babosas de la nada. Y obviamente, no era buena idea que alguien del ministerio la viera. Aunque claro, no fue necesario decirlo en voz alta porque Henry pareció pensar en lo mismo. ¡Por suerte!

━ Mira que mal te ha salido ir a saludarme. ━ Dijo, haciendo referencia a su rostro herido. ━ Pero no creo que te sorprenda. Eres amigo de Steven, debes conocer la suerte que nos rodea a los que portamos el apellido Bennington. ━ Porque vamos, estaba segura de que ni Alexandra, su sobrina, se había salvado de la mala suerte que lleva su apellido.

Se rio fuerte cuando le agradeció por salvarlo. Que vamos, se le hacía re divertido como la situación se había invertido. Había pasado de salvador a víctima, y ella de victima a heroína. Aunque realmente lo único que hizo fue lanzar un hechizo y correr. Ah, aquello le recordo a Hogwarts por segundos. Era típico de ella hacer eso último, en especial lo de correr.

━ Igual, ha sido un placer volver a verte. En especial considerando que nuestro primer y ultimo encuentro fuera de Hogwarts, duro menos de diez minutos. Todo un récord debo decir. ━ Y ahora ambos se habían ayudado y actualmente se reían como si fueran viejos amigos. Una caja de sorpresas el mundo.

Se puso de pie inmediatamente, con una sonrisa enorme y los ojos emocionados. Había dicho la palabra mágica: comida. Bueno, de hecho, solo dijo que tomen algo, pero no importaba. ━ Con gusto iré a tomar algo con mi héroe, solo si incluye algo de comer también. Discutir y correr deja a cualquiera totalmente hambriento. ━ Sin dudarlo, entrelazo su brazo con el de Henry. No se trataba de ser demasiado confianzuda o para no perderlo de vista, más bien, era una acción inconsciente que realizaba con casi todos. Y decía casi, porque tenia excepciones, como Laith, a quien siempre tomaba de la mano.

━ Y bien señor Kerr. ━ Lo pensó unos segundos. ━ No, no. Creo que luego de tal espectáculo, podemos llamarnos por nuestros nombres. Así que, Henry, ¿Qué haces paseando por el Londres muggle? ¿Buscas fugitivos a quienes atrapar? ━ Bromeo, sin saber que, en cierta parte, no estaba tan errada tampoco. ━ ¿Quieres ir a algún lugar en específico? Hace poco me llego el rumor de que se abrió una nueva tienda de malteadas cerca de aquí, por si quieres ir. Te ves cómo alguien que disfrutaría de una malteada. Y si no, siempre puedo tomar dos. Una por ti, y una por mí. ¿Ves lo solidaria que soy? Deberían darme un premio por eso, quizá una tercera malteada. ━ Mientras charlaban y comenzaban a caminar con lentitud, cubrió bien su rostro con el gorro. Que una cosa era que la descubrieran a ella, y otra muy diferente era meter en problemas a su casi salvador. ━ Por cierto, no te había llegado a preguntar. ¿A qué te dedicas? Espera, espera. Déjame adivinar. ━ Se detuvo unos segundos, parándose frente a él y observándolo. Nada podía darle pistas, y sin dudarlo hubiera creído que trabajaba en el ministerio, pero al tomar sus manos entre las suyas, descubrió algo interesante que casi logro que le faltara la respiración. ¡Tenía quemaduras! ¿Y que criatura te deja quemaduras? ━ ¿¡Eres Dragonolista!? ━ Se le notaba la emoción en la voz, y es que amaba esas criaturas desde que tenía recuerdo. ━ ¿Cómo es trabajar con dragones? ¿Es tan emocionante como parece? ━ Chillo, encantada. Poco le importaba estar comportándose como una niña. ¡Ella solo quería saber todo sobre su trabajo! Si es que era su trabajo, claro. Porque una cosa era hacer suposiciones, y otra muy diferente, es adivinar correctamente.
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Henry Kerr el Lun Jul 30, 2018 1:23 am

No tardó en obtener respuesta de la bella rubia, y la felicidad que sentía no hizo más que acrecentarse en cuanto escuchó la voz de la muchacha. Esa sensación de paz y tranquilidad que le acompañaba desde que saliera a la carrera de aquella cafetería, y que sin ninguna duda tenía que ver con la inesperada compañera de bromas que había encontrado en tan bonita mañana.

Si esas buenas sensaciones se debían a la jugarreta que acababa de presenciar, a la divertida carrera posterior, o al cálido timbre de voz de la mujer, que transmitía la sensación de que la joven poseía un nicho inmenso e insondable de inocencia y bondad, no era una cuestión que pudiera concretar. Cómo solía ocurrir en estos casos, con toda probabilidad era una mezcla de todas esas circunstancias a la vez, pero que en definitiva, tenía a la Bennington como origen de todas ellas de forma directa o indirecta.

- No será para tanto-, volvió a reír. - Yo diría que saludarte ha estado bastante bien. Un golpe es un precio que siempre pagaría por un poco de diversión-, comentó  en cuanto refrenó su risa, en un tono suave y cálido, y rematando esas sinceras palabras con una sonrisa. - La fortuna va y viene, pero si el desenlace es bueno, se podría decir que hemos tenido buena suerte, ¿no lo cree así? -, agrandó la sonrisa.

Qué era eso de la suerte de los Bennington. No conocía a Steven lo suficiente como para saber esos detalles, o puede que simplemente no lo recordara, un hecho que se estaba volviendo demasiado regular y cotidiano para su gusto. En cualquier caso, por esas palabras era fácil deducir que esa familia tenía una especie de maldición con la fortuna o algo así. Seguro que era una exageración, pero si no lo era… ¿estaba en peligro ahora mismo? ¿Quizás le cayera un piano de repente, sin venir a cuento? ¿Una ardilla le robaría la cartera?

Bueno, este era el punto donde a uno supersticioso le cruzaría una gota fría por la frente, pero por suerte, él no era una de esas personas con miedo a lo desconocido, y con facilidad para creerse cualquier cosa. Era un Ravenclaw de pura cepa, de la vieja escuela, metódico y pragmático. Dudaba mucho que la suerte fuera una constante en ninguna persona, ya fuera de forma negativa o positiva. Eso sí, nada más pensar en ello, el bueno del Kerr no pudo evitar reconducir sus pensamientos hacia sí mismo, y llegar a la conclusión de que, aunque esto era cierto, últimamente su suerte no era de las mejores. Quitando su encuentro con Beatrice y alguna que otra anécdota, su vida se había convertido en un jodido infierno en vida.

- Diez minutos. Ah bueno, no quiero mentirte, suelo causar ese efecto en las mujeres. Me ven y boom, salen volando en escoba. Si son brujas, si son muggles ya les cuesta más escapar de mí-, bromeó sin perder la sonrisa.

No puso impedimento alguno a la acción de la chica, y dejó que enlazara su brazo con el suyo.

- Comida, claro que sí. Hoy antes de salir he desayunado muy poco, así que necesito tomar algo con propiedad-, afirmó con la cabeza. - Por lo que ahora mismo ambos debemos comer algo, no sólo sería cuestión de invitar a comer a una bella mujer, que no digo que no sea el caso-, siguió con su buen talente y sus broma, mirando a la joven de soslayo con una sonrisa dibujada en los labios, y comenzando a caminar. - A ver, dónde hay un bien sitio para comer por aquí-, terminó por decir, tomando pose pensativa y agarrándose el mentón con su mano libre.

No pudo pensar demasiado en ello, porque la pregunta de la chica lo descolocó un poco, y le hizo hasta perder el compás de sus pasos por un instante.

- No, no. Nada de atrapar muggles-, rió, volviendo a recuperar la compostura.

Diablos, casi había parecido que le había leído la mente. Si no fuera por su tono de broma hubiera podido pensar incluso que… ¿Y sí podía hacerlo? Mierda, eso podría complicarlo todo.

- Aunque pensándolo mejor-, miró a la joven directamente a los ojos, con mirada acusadora, como un interrogador haría con un sospechoso. - No serás capaz de rebuscar en mi mente y recuerdos-. Mantuvo la mirada sobre ella durante unos segundos, antes de explotar de risa. - Por un segundo hasta pareció que se me da bien interrogar-, siguió riendo.

La chica sólo había bromeado, se había notado en su tono de voz y en el curso que habían seguido sus siguientes frases. Aunque con los Bennington vivía una doble vida, entre lo que era y lo que fingía ser, tampoco entraba en sus planes volverse un paranoico.

- Apruebo las tres malteadas. Considéralo un premio por buena persona. Es lo mínimo que puedo hacer por mi salvadora, porque por mucho que digas, ambos sabemos que el héroe de esta historia no es un varón. Ni siquiera uno tan guapo como yo-, remarcó sus palabras con un guiño. - Hay muchos sitios para comer por aquí-, siguió hablando, sin tomar en cuenta sus propias y vanidosas palabras sobre su persona. - Pero conocer un nuevo local nunca está de más-, sonrió, con divertida picardía dibujada en el rostro.

Fue entonces cuando la dama lo sorprendió con una increíble deducción. Había acertado a la primera. Todo un logro, teniendo en cuenta todo el abanico de profesiones que existían en el mundo, más aún sumando las que sumaban los magos a la lista de oficios más corrientes.

- Sí, cómo lo has sabido. ¿Me sigues leyendo la mente, o es que también eres adivina? - rió con leve intensidad, enarcando una ceja mientras escudriñaba el rostro de Beatrice en busca de respuestas. - No me digas que tu hermano te ha contado cosas sobre mí. Eso sería demasiado fácil. No rompas la magia del momento.

No lo había pensado antes de iniciar aquella misión tan particular y personal. Del mismo modo que él sabía cosas de Steven, el australiano sabía cosas sobre él. Lo que era una ventaja para atraparlo, también se podía volver en su contra, debía andarse con ojo.

De todos modos, no tenía ganas de pensar en capturas o persecuciones de fugitivos. Ahora mismo, como le solía pasar con Steven, quería pararlo bien, sin más. No esperaba nada de Bea, no deseaba un saco lleno de galeones por ella, sólo seguir un rato más conversando con ella. Y a esa sensación no tardó en sumarse la felicidad de alguien que habla con otra persona que ama lo mismo que tú también amas.

- Te gustan los dragones, eh-, sonrió con cierta ternura, mirando hacia adelante en su caminar por la acera. Feliz de poder hablar de criaturas mágicas con alguien, en especial aquellos seres alados por los que tenía predilección. - Es muy emocionante. Pero no menos divertido. Es peligroso, no te engañaré, pero con cautela y cabeza no es más peligroso que tratar con cualquier persona. A fin y al cabo, un mago que te lance por los aires con una bombarda, no es menos peligroso que un dragón quiera convertirte en su almuerzo-, rió, antes de volver a clavar la vista sobre la fémina. - Con tres malteadas, seguro que te puedo contar más sobre ellos. ¿O eran cuatro? - comentó en tono travieso. - Igual, después de tomar esas deliciosas bebidas cremosas, podemos ir a comer algo. Por aquí cerca conozco una pizzería. Cualquiera te diría que es un poco pronto para una pizza, pero que quieres que te diga, para mí nunca es tarde ni pronto para una pizza, sobre todo cuando tengo tanta hambre-, dijo con alegría, antes de romper a reír.
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Henry KerrMagos y brujas

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