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✟ No One Will Save You ✟ Ian Howells

Eris Masbecth el Sáb Feb 03, 2018 10:51 pm



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Residencia de los Howells, atardecer. Febrero, 2018.

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Estaba comprobando por propia experiencia que ser madre no era tan fácil como se imaginaba. Ahora,después de tanto tiempo siendo hija, era madre y comprendía por fin a la suya, las veces que se había quedado de lo complicado que era lidiar con una niña como era Eris de pequeña. Esto le llevó a recordar quien era en un pasado y quien soñaba ser en un futuro. Le hizo abrir los ojos hacía tiempo, unos meses atrás, y ver así que se estaba perdiendo de aquel camino por un error de cálculos. ¿Eso significaba que se había perdido del todo? Podía aún recuperarse, esto no había sido más que un fallo experimental, por haber caído en aquello que los demás humanos llamaba: sentimientos. Debilidad. Por unos momentos se había sentido humana, y ahora echaba las culpas a las hormonas. Eso sí, llegó a la conclusión de que aquello ya daba igual. Estaba segura que no iba a haber nadie que fuera a llamar su atención bajo ningún concepto.

¿Por qué motivo? Ahora volvía a ser ella misma, o así afirmaba. Buscaba auto-superarse y volver a ser más exigente con respecto a las personas a las que se acercaba. No quería que sus neuronas se fueran de vacaciones al juntarse de tan inútiles personas que le hacían caer en la simpleza de una mente común. Todo este tiempo atrás había estado tan enfocada en los sentimientos que no se había permitido a sí misma darse cuenta de ello. Aún recordaba sus tiempos mozos donde ya no podía verse reflejada en la actualidad. Claro que aquello cambiaría, y no se conformó con ser con ser profesora de universidad. Había algunas cosas que podían estar cubiertas por las ramas en las que entraba pociones y eso le llevó a San Mungo, y su laboratorio. Además, seguía dándole tiempo para estar con su hijo, para sorpresa de algunos.

Y hablando de su hijo, había ido a por el padre del mismo, con el pequeño en los brazos. El pequeño que ya mismo haría un año. Que rápido pasa el tiempo, ¿no? Parecía ayer cuando pasó todo. Recordar aquellos momentos de dolor le era bastante extraño, pues se veía tan cerca, pero a su vez era tan distante que no podía creerlo. Lo peor de todo, quizá, fuera que su mente no fuera capaz de borrar aquellos detalles que no deseaba saber. Aunque acabaría por convivir con ellos irremediablemente. Por suerte, desde entonces, se había librado de muchas personas y pudo poco a poco retirar esos sentimientos que no quería consigo. Por ejemplo: su hermana. Sabía perfectamente que estaba no le iba a querer ni ver. Realmente comprensible, pero Eris aquello le había dejado de importar. Realmente la pregunta era: ¿alguna vez le importó tanto la familia? Si, el apellido tenía demasiado peso,aunque no estuviera de acuerdo con aquello, ya que era más una imposición que una elección.

Ian, tengo noticias frescas. Tengo un juego que puede ser divertido...

Diría mientras entraba a la casa de los Howells con una sonrisa escalofriante para cualquier sangre sucia. Cuando Eris tenía ganas de dejarse llevar por sus peores sentimientos, nunca se sabía por donde podrían salir los disparos de su varita y hacia quienes. Aquellos eran los pequeños momentos donde ella dejaba que su lado más animal actuase para diversión propia, un modo más de alimentar su gran ego Masbecth. Todos gustaban de caprichos,¿cierto?

¿A que no sabes de qué me enteré la otra vez en un partido?

Claramente hablando de un partido deportivo mágico, el deporte en aquel momento daba igual. Tras aquellas palabras dejó a su pequeño hijo en un parque de niños, mágico claramente, en el cual se distraía solo con aquellos juguetes que se movían de manera agraciada para el joven infante. Eris miró por unos momentos cómo jugaba con aquellos juguetes con una sonrisa maternal cargada de orgullo, con un brillo que claramente demostraba que veía un gran futuro en el chico. Luego miró nuevamente hacia el pasillo por el que creía haber oído a Ian, aunque posiblemente simplemente fuera su imaginación, cosa que no le extrañaría. Había veces que su cerebro era demasiado activo, o así se decía a sí misma, que escuchaba aquello que deseaba sola en busca de no encontrar aburrimiento entre pregunta y respuesta contraria.


Última edición por Eris Masbecth el Miér Feb 07, 2018 9:41 am, editado 1 vez
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Ian Howells el Miér Feb 07, 2018 2:30 am

Esperaba a la madre de su hijo, pero la verdad es que no sabía exactamente por qué. Le había llegado una carta hace un rato avisándole de ello, por lo que se había vestido para la ocasión, ya que estaba en calzoncillos. Él siempre iba en calzoncillos. Cuando escuchó el timbre, bajó saltando los escalones de tres en tres por la escalera, viendo por el camino como Poppy se dirigía a abrir la puerta, tan servicial como siempre. -¡Eh, Poppy! ¡Fus, fus! ¡Yo abro! -Le dijo a la elfa, la cual sonrió y muy amablemente se dio la vuelta para irse. Llegó de un salto a la puerta y abrió sonriente para ver a la guapa de Eris en compañía de el maravilloso de Perseo.

Ay, estaba tan enchochado de su hijo que todavía no entendía ese sentimiento. ¿Era amor o hambre? Porque parecía hambre, en serio. -Hola. -Saludó a Eris, para entonces coger a Perseo en brazos. -¿Un juego? ¿Sexual? -Alzó las cejas varias veces, mirándola con una sonrisa encantadora. Eris e Ian sólo habían tenido sexo una vez en su vida y había salido la cosa tan hermosa que ahora mismo Ian tenía entre brazos, así que por estadísticas, el sexo entre ellos SÓLO PODÍA DAR COSAS BUENAS. Estaba demostrado científicamente. Ahora que parecía más inalcanzable el sexo, como que la veía incluso hasta más sexy y guapa. Lo que era la vida de ser padre soltero y que la madre de tu hijo estuviese buenísima. Era insufrible. -Vale, no parece que sea un juego sexual. -Dijo al ver su cara. Como era evidente, no tenía ni idea de lo que se enteró la otra vez en un partido, pero eso no le mató de curiosidad, sino un dato más evidente. -¿Qué narices hacías en un partido? ¡Y no me invitas! Tener hijos contigo para esto. Nuestra amistad está llegando a límites cuestionables, Masbecth. -Negó con la cabeza, con un fingido drama. -Ahora en serio, ¿me vas a decir o esperas que baje mi bola de cristal que sólo me predice cosas sexuales? -Le preguntó divertido.

Y, como no, la cotilla de Cassidy hizo acto de presencia. ¡Cómo no!

-¡Eris, cariño! ¡Ian no me dijo que venías! -Se acercó hacia ellos en mitad del hall de la entrada. -¡Ay, qué grande que está ya! ¿Vais a salir? -Dijo, cogiendo en Perseo en brazos para darle un cariñoso besito en la mejilla y abrazarlo con amor. Entonces movió la nariz. -¿Qué es ese olor? -Se acercó primero al culete de Perseo, pero luego a su hijo. -Eres tú, ¿a qué hueles?

-Es mi nuevo perfume, ¿no te gusta?

-¿Y qué pretendes? ¿Ir oliendo a cebolla cruda por ahí? Perseo cuando se hace caca huele mejor que tú. -Desde que Ian se fuese, Cassidy iría a su cuarto a hacer explotar todos sus perfumes.

-No huele a cebolla cruda. Huele a puto amo, es el nuevo perfume de Antonio Banderas...

-Eris, cariño, ¿cómo te encuentras? Estás preciosa, como siempre. Aún no entiendo cómo este idiota de olor a cebolla llegó a conquistarte en algún momento de su vida. Entra, querida. Te invito a un té. ¿O tenéis prisa? ¿A dónde vais? -Les preguntó curiosa, mirando sobre todo a la chica.
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Eris Masbecth el Miér Feb 07, 2018 10:16 am


Ahí estaba Ian, y no había día que no se pareciese al anterior con sus comentarios. Sabía bien cómo era, ahora que había visto partes de él mismo fuera del colegio, aunque tampoco es que hubiera cambiado una barbaridad, pero agradecía que fuera lo suficiente maduro para comprender lo que implicaba ser padre. Eso era algo que realmente si que no se esperaba ver en el joven universitario. Claro que era más que consciente que su nivel intelectual no era muy satisfactorio, en la mayoría de los casos, pero le había enseñado una parte de la vida que realmente desconocía y aprender algo siempre lo agradecería, aunque no lo fuera a admitir abiertamente, así como si nada.

Volviendo a la situación, había que decir que no iba a negar que su idea por un momento le resultó de lo más tentadora. Seguramente, para sorpresa de Ian, ella sólo había hecho aquel acto con tres personas realmente, y no iba a quejarse de como fue con él, para lo que se acordaba de lo ocurrido. — ¿Sexual? No, no vengo a eso, Ian. Pero que me alegra que puedas leer mi cara... — La cual andaba con una ceja arqueada, incomprensible de como podía haber llegado a esa idea. Negó para sí misma con una media sonrisa, luego volvía a escuchar sus palabras y no pudo evitar soltar una carcajada. ¿Por qué debía haberle avisado? Aprender el concepto de familia quizá le hizo caer mucho en sus sentimientos, más que en la lógica, pero nunca había aprendido que debiera contar con estas personas para hacer actividades. ¿Y si era así? Tomaría una nota mental.

Se acercó lentamente a él, transformando esa media sonrisa en una pícara. No tenía realmente ninguna intención,en aquel momento, hacía él. Aun así le gustaba jugar, y sabía que ese tipo de juegos quemaban las neuronas por unos momentos y te mantenía apartado de cualquier lógica, cosa que le quemaba a ella también por dentro, pero le gustaba el riesgo en ocasiones. Algo que realmente le perdía. Una vez cerca de él, acercó los labios a los suyos, sin tocarlos. Tan sólo era aproximación, el niño era demasiado pequeño para aprender nada, o acordarse de si papi y mami se besaron. — ¿Estas seguro que predice esas cosas? Ya veremos, graciosillo. — Y cuando quiso acercarse más, por un impulso animal, para así robarle un beso...

Carraspeó y tomó distancia para mantener una sonrisa falsa en su rostro mientras miraba hacia donde estaba la madre Howerlls. — Se puede decir que es una visita un poco sorpresa. — Respondió formal mientras observaba a la mujer oler el culo de Perseo y luego oler a su hijo, Ian. Eris se cruzó de brazos mirando aquello pasar con gran gracia. La actitud de algunos magos eran de lo más llamativas. Conocía, por propia experiencia,que oler el trasero de un bebé era gran indicador de cambiar pañales, pero decirle aquello a su hijo fue de lo más divertido. Eso sí, sintió un escalofrío por su espalda, temiendo que aquello se repitiese en un futuro con su propio hijo Perseo.

¿Quién decía que no iba a salir como Ian? ¿Cómo quería que fuera su hijo? Debía educarle para ello? Eso sí, tenía claro que esperaba que su hijo saliera con su inteligencia. No la de Ian.

Las palabras de la madre, tras haber estado discutiendo de la colonia con su hijo, fueron un poco punzantes en el corazón de Eris, y su orgullo. — Yo también me he preguntado lo mismo desde que me enteré de la noticia. Tras meditarlo, creo que fue la tensión sexual, que el alcohol me hizo no poder evitarlo. — Observó a Ian unos segundos, analizando con la mirada detenidamente, y luego volvió a mirar a la madre del mismo. —Sin duda fue eso. Su hijo tiene grandes dotes para usar la cadera. ¿Lo apuntó a algún deporte mágico para ello? — Ella estaba siendo totalmente seria, y sincera, observando a la madre como si darle aquella información fuera de lo más normal. Había partes de la vida que no era capaz de comprender del todo. Si había sido tan sincera era porque: ni ella le daba importancia el decirle aquella información a ella y creía que, por lo que le estaba contando, estaría más orgullosa de su hijo. ¿Era así como iban las cosas en las personas más instintivas?

Lo siento mucho, Cassidy. Me temo que debo llevarme a su hijo por unas horas, pero antes debo hablar en privado con él. Gracias de todos modos por el té, la próxima visita será para ese té. — Fue lo más educada que pudo, pero el té en aquel momento era más una molestia. Debían tratar cosas importantes en aquel momento que un interrogatorio. Sabía que si hubiera aceptado se hubiera venido el aguantar una pregunta tras otra. Pero esquivado aquello, miró al universitario y le hizo un gesto con el rostro para que fueran a una habitación más privada. — Hablemos de esas adivinanzas. — Le dijo, aunque en parte no quería hablar de las adivinanzas sexuales, sino más bien de los planes que tenía por la cabeza y ver si él lograba adivinarlos.
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Ian Howells el Jue Feb 08, 2018 3:25 pm

Claro que lo sabía. Las cosas entre Eris y él había terminado super bien, teniendo en cuenta que Ian era un imbécil un poco inmaduro y que ella ya era toda una mujer hecha y derecha. Si había preguntado lo del juego sexual era simple y llanamente porque podía; después de casi medio año apoyándose con el embarazo y casi un año compartiendo a Perseo... la confianza entre ellos había ido creciendo. Y obviamente Eris debía de entender que, CON LO GUAPÍSIMA QUE ERA, Ian no iba a dejar de ofrecerse como tributo para lo sexual en cualquier momento. Era la madre de su hijo, además y eso le daba un plus en cariño que no solía tener normalmente Ian con las mujeres. Pero vamos, que era bien consciente de que si había conseguido tener un hijo con ella era sólo y exclusivamente porque el alcohol es milagroso. -Qué decepción. -Bromeó, como si realmente lo fuese. Cómo si él no supiese ya las intenciones de Eris.

Pero se equivocó. De repente se acercó a él con ESA SONRISA cargada de picardía. Sí, esa misma que le soltó durante la fiesta de graduación de Circe y que tuvo como consecuencia a ese bebé que tenían entre los brazos. Ian se quedó con cara de idiota, viendo como ella se acercaba a él, sorprendido. ¡Y casi le besa!

No lo hizo por culpa de su santa madre, la cual había aparecido metiendo las narices, como siempre hacía. La madre de Ian tenía un severo problema con respecto al aburrimiento y la vida en general, motivo por el cual SIEMPRE estuviese metida en medio de los asuntos de Ian, sobre todo si éstos tenían que ver con Perseo, su adorado nieto, o su deseosa nuera. Porque está claro que ahora que Eris e Ian habían hecho a tremendo tesoro, su madre estaba convencida de que Eris e Ian estaban hechos tal para cual. Eso sí, la madre de Ian tenía bien claro que su hijo era un despropósito y, ante todo, lo que le pasaba por su cabeza era la sorpresa de que hubiera podido conseguir que semejante mujer le diese un hijo, aunque fuera todo un error. -Tener madres para esto. -Murmuró, poniendo los ojos en blanco.

Sin embargo, Eris fue bastante resolutiva con su respuesta, haciendo que el chico sonriese orgulloso a ese apoyo. ¡Quién necesita madre cuando tiene a una nueva madre de su hijo! No pudo evitar reír ante las palabras de la chica y, sobre todo, al ver la cara de Cassidy.

-¿Un deporte mágico para mover las caderas...? -Preguntó, carraspeando como una señora incómoda.

-Sí, mamá, que soy el puto amo en la cama y le embelesé con mi movimiento de caderas. Ya sabes a lo que se refiere, no te hagas la sueca. -Le dijo Ian, divertido. -Bueno, en la cama no fue, pero se entiende.

Por suerte la madre desvió el tema y Eris fue bastante concisa en decir que no a la invitación. Ya Ian había asumido que si estaba allí para buscarle a él era para llevárselo a algún lugar a hacer algo y, teniendo en cuenta la predisposición de las hermanas Masbecth en elegir a Ian para hacer cosas turbias, se imaginaba un poco por dónde iban a ir los tiros. -Mamá, quédate con Perseo un rato.

-Sin problemas, cariño. -Dijo con una sonrisa enamorada de su nieto. En el fondo Cassidy era una madre de diez y una abuela de veinte. Trataba a Perseo mejor que a cualquiera dentro de esa casa.

La señora se dirigió al salón, mientras que ellos dos caminaban hasta el despacho de la primera planta, el cual estaba al lado de la biblioteca. Todo era bastante elegante y poseía un diseño propio de haber invertido mucho, mucho dinero, no obstante, no era una casa tan ostentosa y enorme como la mansión de los Dankworth o la Masbecth, sino mucho más hogareña. -Adivinanzas... -Ian se dejó caer sobre uno de los sillones de cuero. -Pues por la habilidad que presentáis lo de vuestra familia para hacer cosas turbias, yo diría que vienes a utilizarme como escudo humano. -Bufó divertido. -Es broma, pero supongo que tengo que ganarme la marca en algún momento... -dijo convencido, pese a que no estaba convencido. Cada vez que pensaba en la marca tenebrosa le daba repelús, pero claro, ¿qué iba a hacer ahora? Demostrar inconformidad o duda ahora mismo sería fatal, tal y cómo están las cosas. Pero ya me diréis para qué cojones quiere Ian la marca tenebrosa, sólo para destrozar sus preciosos tatuajes en el antebrazo. -Supongo que te has enterado de algo especialmente jugoso y vienes a compartirlo con el padre de tu hijo, ¿me equivoco? -En el fondo Ian no era tan estúpido como parecía. -O quizás me necesitas para algo. O has pensado en mí por mis increíbles dotes estratégicas. -Bufó, ya que de eso no tenía mucho. Eso sí, improvisar se le daba de puta madre y eso sí que no era broma. Probablemente eran de los mejores de los que se desenvolvían bajo presión, tanto con varita como sin ella. Que podía ser un poco idiota, pero era mago a fin de cuentas. Un mago al que le encantaba pegar hostias.
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Eris Masbecth el Vie Feb 09, 2018 4:36 pm


Ian no siempre era tan tonto como parecía, que parecía realmente tonto. Lo cierto es que se podía ver pequeños momentos de lucidez, como aquel instante, donde demostraba que tenía más neuronas de las que se manifestaban normalmente. Conocía a las Masbecth, que tan sólo había dos. Simplemente hablando de las hermanas, y ya daba por sentado de que le estaba comparando con Circe por la misma mente retorcida, cosa que no le hacía nada de gracia. ¿Por qué le comparaba con esa? Lo único que sabía era quejarse y patalear, parecía una cría como las que nunca había visto. Ah, y decir cosas a su manera, como si aquello le hiciera más guay y borde. Tras la comparación de Ian, Eris no hizo más que bufar. — Ignoraré esa vaga mención de mi hermana, tienes razón. Traigo algo interesante para ambos, y así tendrás la marca. — De la cual no es que estuviera orgullosa. Ella era mortífaga por conveniencia de sus principios puristas, no porque creyese fielmente en Lord Voldemort.

Entonces volvió a acercarse a él para comenzar a acariciar con los dedos el cuello de la camiseta que llevaba el contrario, mirando su cuello distraída mientras analizaba físicamente el mismo. Aquello realmente era como una especie de rutina, y aunque pudiera parecer aquello coqueto.. Tan sólo miraba que estuviera en buenas condiciones para aquel juego. —Me he enterado de que hay cierto ex-político muggle que se ha enterado de nuestra existencia, nuestro mundo mágico, y está dispuesto a apoyar a los magos, darlos a conocer de buena forma y... ¿A que no queremos eso? — Miró con cierta inocencia a Ian, una inocencia más que falsa. Estaba, claramente, dando a conocer su plan. Al menos el objetivo que debían conseguir. Aquello era lo primordial.

Tras analizar el cuerpo masculino, acarició con delicadeza su cuello y se separó para sentarse en el antebrazo de un sillón cualquiera y cruzarse de piernas. Mirándole fijamente con una sonrisa torcida. — Desconozco su paradero exacto actual, sé donde debe estar esta noche a las diez. Tiene una reunión importante con un ex-compañero. Eso quiere decir que sus planes, en su circulo de amigos más intimo, puede que se esté esparciendo. Los muggles no pueden saber de nosotros, y menos aún para esos fines. — Sacó su varita con mucha delicadeza y se la llevó al mentón con cuidado. — Debemos interferir antes de la reunión, es en una casa privada que tienen en las afueras de la ciudad, por privacidad. Como ellos no saben de nosotros, no se lo esperarán. Tenemos que acabar con los que sepan de nosotros, quitar los testigos posibles e irnos como si nada hubiera pasado, para nuestro mundo. — Entonces volvió a levantarse, impaciente.

Se acercó a él y le tomó del rostro para volver a acercarse tanto como lo había hecho antes. Caprichos de la vida.— Aunque no me guste, debemos utilizar la menos magia posible, y de utilizarla tiene que ser similar a armas, o métodos, muggles. ¿De acuerdo? Sin dejar rastro ni huellas. Nada. Que parezca un asalto o algo así.— Entonces acarició los labios de él para tentarle y que le robase un beso. —¿Estas listo y concentrado? — Susurró con cierto toque malévolo, por ambos motivos presentes. — ¿Tienes alguna duda? — Una de las mayores satisfacciones estaban por llegar. El sentir sangre correr de las venas de otros, aquello era realmente divertido. Siempre que no resultara de alguien querido. Eso le llenaba de inquietud, pero sabía que debía ser paciente y, sobretodo, no abandonar la racionalidad. Cosa que intentaba mientras miraba a Ian a los ojos, tan tierno como siempre. Aunque no dejaba de parecerle un idiota.
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Ian Howells el Dom Feb 11, 2018 11:53 pm

Éstas Masbecth, odiándose entre ellos como si fuesen enemigos. No lo entendía. Era cierto que tanto Circe como Eris eran dos espécimen complicados con los que tratar, más Circe que Eris, había que ser sincero, pero aún así... ¡eran hermanas! Ian era incapaz de concebir ese tipo de relación fraternal, ya que siempre había tenido una con su hermana que era jodidamente buena, pese a que siempre estaban jodiéndose. Pero claro, no era lo mismo ese 'joder' para molestar, que el joder para joder. Por amor al arte. Porque las dos eran unas perras. Y ellas parecían que se odiaban a puto muerte. Que oye, lo podía entender, ¿eh? Y más ahora con Perseo e Ian de por medio. Estaba claro que Circe no quería perder a su super amigo Ian Howells y el hecho de que tuviese un hijo con Eris podía conllevar a que cambiase su percepción de Masbecth favorita. ¡Y Circe no querría dejar de ser la Masbecth favorita de Ian! Está claro que es por eso. Circe, si lees esto, no seas bobi, tú siempre serás la Masbecth favorita de Ian.

Pero no comentó nada al respecto, no fuese a llevarse una hostia. Ya tenía muy claro que hablar con una Masbecth de otra Masbecth era un craso error del que no quería ser partícipe. Otra vez. Se quedó callado, escuchándola mientras se acercaba a él y le acariciaba el cuello de su camiseta. -Ah, ¿no queremos eso? ¿El Ministerio no planea darnos a conocer a los muggles para matarlos a todos y esas cosas? Si te digo la verdad, la ideología purista me confunde. -Soltó como si nada. Con Eris había confianza y estaba bien claro que Ian apoyaba lo que apoyaba y tenía sus ideas 'claras', pese a que la profundidad del purismo no llegase a tener lógica para él. ¡Pero oye! Eso no era un problema. Era lo suficientemente tonto como para apoyarlo igualmente, sólo por conveniencia. Y por Perseo, obvio. Ahora Perseo era probablemente lo que más le movía y quería lo mejor para él. ¿Has visto? Ian preocupándose por alguien más que él mismo y su pene. La gente madura y, al menos Ian, maduraba con lentitud, pero poco a poco.

La siguió con la mirada cuando se sentó a su lado, escuchando atentamente. Básicamente era una misión de ir, sorprender y matar. Matar. Vaya por Dios, matar. La gente lo decía con demasiada tranquilidad, ¿eh? ¡Vamos a matar, hostia! ¡Vamos tranquilitos y los matamos! Que a Ian le daba igual matar si no conocía a nadie, ¿vale? Se la sudaba tres putos pueblos. Pero al menos era consciente de que eso creaba cosa mala en la cabeza, ¿eh? ¿Nadie tenía remordimientos o qué? Si Ian tenía remordimientos por haber metido una vez a tres niños en el puto Área-M. Suspiró, sin muchas ganas de negarse no fuese a haber consecuencias. Además, eso le aseguraría bastante reconocimiento. Quiera o no, la madre de su hijo es mortífaga y... sabe lo que se hace.

Desvió la mirada a sus labios cuando se acercó tanto, haciendo que el chico ladease una sonrisa. Obvio que cuando tuvo la oportunidad, le robó ese beso. Pero no fue un pico, sino que le mordió el labio inferior, tiró suavemente de él y luego la besó durante dos o tres segundos. -Cuidado, que te hago otro hijo. -Bromeó al separarse. -Claro que estoy listo. Nací listo. Bueno no, nací gordo y arrugado, pero para esto estoy más que listo. Concentrado quizás no tanto, ¿vas a dejar de ponerme tu pechonalidad en la cara, o qué? -¡Que él no tenía problema! Pero que no le exigiese concentración con eso ahí delante, hombre. -No tengo preguntas sobre el plan, ¿pero por qué no podemos usar magia? Que no tengo ningún problema en romper narices con los puños, la verdad, pero... no entiendo el por qué. ¿No quieres que puedan descubrir que ha habido indicios de magia? Si vamos a matar a quiénes lo saben, no creo que ningún muggle sea capaz de saberlo. A menos que lo que quieras es que no se entere el Ministerio de que fueron magos quienes mataron a esa gente. No sé, eso no lo pillo. -A ver, que estaba claro que había una clara diferencia entre ESTAR LISTO y SER LISTO. E Ian estaba solo lo primero. Pero oye, no me puedes negar que su duda al menos tenía lógica. Él todavía era muy joven e inexperto como para estar pensando en estrategias tan complicadas y enrevesadas. Él iba allí, los reventaba a todos y se volvía. Fin.
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Eris Masbecth el Jue Feb 15, 2018 6:28 pm


A veces, si que era complicado lidiar con Ian, sobretodo cuando demostraba la deficiencia intelectual que Eris necesitabas a veces como compañía. « Al menos besa bien, eso es bueno. ¿Cierto? » Pensó tras el beso que acabó disfrutando.

Siempre intentaba sacar el lado bueno de las cosa para no encontrar motivos para deshacerse del padre de su hijo. No le aguantaba por amor al arte mágico, no. Le tenía cariño, él le cuidaba y sabía que le cuidaría, porque tenía a Perseo de su lado. Se podía decir que era como tenerle amarrado, agarrado. Anclado. No exactamente en su palma de la mano, aunque en antaño hubieran estado en ese punto. Donde Eris llegó a amenazar con la vida de su propio hijo para deshacerse del padre, ahora era una de las pocas, en la vida, de lo que se arrepentía. Arrepentirse por pensar en haberle quitado la vida a su hijo, pero no se arrepentía tanto porque en su momento era la mejor advertencia.

No es lo mismo tener ideologías puristas y los mortifagos. Son dos cosas distintas, por muchos que la gente se confunda en ambos términos. Tener una ideología purista no implica ser mortifago, ser mortífago si que implica ser purista. Sin embargo, los métodos de buscar la pureza no tiene porqué ser la misma entre ambos grupos, a veces coinciden y otras no. Hoy, específicamente, no nos conviene a ninguno de nosotros. — Explicaría mientras caminaba tranquilamente por aquella sala, para luego humedecer su labio más, relamiéndose por el beso que hubiera gustado saborear más, pero reprimió ese instinto animal por hoy. Pero ella tenía bastante claro que ser purista no implicaba ser mortifago. Ni si quiera tener la marca te hacía ser mortífago. Sólo te hacía una persona con una marca que te ligaba a otras personas, a un grupo de personas con una misma ideología pero... ¿Quién dice que todos tienen la misma ideología? Eris estaba segura, por estadística, que uno de cada 10 (por lo menos) que mienta.

Eso sí, Ian no había llegado al punto al que quería llegar Eris. Estaba claro que no se enteraba de la esencia de no matar con magia. Igualmente, quería dejar todo claro. Pues había estado callada escuchándole pero entendió,entre todo lo que le dijo (ignorando lo del hijo) que no había pillado del todo lo que quería decirle. El trasfondo. — La cosa de matarlos sin magia es para cubrirnos. Si hacemos magia pueden dejar señales de ella,pueden dar huecos de no explicación argumental en la búsqueda del cómo han sido asesinados. Si da la casualidad de que uno de los investigadores sabe algo, ¿en quienes crees que pensarán? Magos. No sé cuantos saben de nuestra existencia, a mí personalmente no me hace gracia. ¿Que los sucios esos entablen amistad con los magos traidores? No, ni de coña. — Resopló, molesta, mientras salía a poco de la habitación. Tenía una sonrisa falsa, cargada de molestia por el último pensamiento.

Primero tenemos que ir a un cementerio, ahí nos encontraremos con un hombre que nos tiene que contar unas cosas. Se trata de un amigo... — Comenzó a ponerse de camino al lugar, junto a Ian. Sin perderle de vista, más que nada para no ir sola allí. — No me gusta demostrar mi ideología en público, no quiero que nadie, que yo no quiera, la sepa. Espero que respetes eso, yo respeto lo tuyo. Resulta algo que quiero dejar claro, es como.. ¿La religión muggle? Creo que es ese el mejor ejemplo, no tengo muy claro ese tema. — Se encogería de hombros, ya que para muchas cosas de este ámbito era muy ignorante, por obvias razones. — Supondré que físicamente te defiendes, ¿cierto? ¿Qué sabes hacer? — Ella no sabía ninguna técnica en especial, lo cierto es que lo único que sabía era manejarse con los cuchillos, principalmente, y torturar de muchas formas pero... ¿Pelea a cuerpo? Esperaba no tener que acabar en ello.
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Ian Howells el Mar Feb 20, 2018 12:13 am

Atendió a la explicación de Eris, sin estar muy de acuerdo. Es decir, él no era tan tonto, ¿vale? Se había sacado Hogwarts año por año, como un buen estudiante, pero está claro que habían cosas que su mente entendía de una forma muy diferente al resto; o al menos diferente, aunque sea estúpida o poco usual. Se cruzó de brazos ante la explicación de la diferencia entre mortifagos y personas con ideologías puristas, aunque al final alzó el dedo índice, dispuesto a dar su opinión. -Pero eso es una tontería, es decir, tú eres mortífaga y no tienes una ideología purista férrea, ¿me equivoco? Yo creo que cualquier persona con dos dedos de frente es consciente de que es una soberana gilipollez asumir que un sangre sucia es peor que un sangre limpia. La sangre no hace al mago. En eso estamos de acuerdo, ¿verdad? -Menos mal que había confianza y Eris era lo suficientemente inteligente como para pegarle un bofetón a Ian por decir esas gilipolleces cuando tenía intención de recibir la marca. -Es decir, yo creo que no necesariamente se tiene que ser purista para ser mortifago, simplemente profesar la lealtad pertinente a Voldemort así como a sus necesidades, ¿no? Es cierto que él es purista y todo el rollo, ¿pero qué mas da que yo no lo sea si yo juro luchar por él como su secuaz más malvado? -Sonó un poco divertido en eso último, ya que... en verdad lo dijo con un tono divertido porque le parecía demasiado gracioso todo ese rollo. -No sé, creo que todo esto del purismo y el nuevo régimen... tienen más matices de las que nos quieren hacer ver. Al fin y al cabo, al Ministerio le interesa que se vean los bandos claros y así la gente tenga que elegir con mayor presión. -Reflexionó con tranquilidad.

¿Eh? Ian parecía tonto. Ian era tonto. Pero en el fondo tenía sus reflexiones profundas y hasta un poquito (reitero eso de 'poquito') maduras. Pero es que ya llevaba unos cuantos meses preguntándose que qué cojones hacía intentando meterse en medio de un grupo de asesinos que luchaban por la pureza de sangre que a él se la comía exageradamente. ¿No era suficiente, ahora que estaban en el poder, simplemente asumir la lealtad y ya está?

Qué vida más complicada, cojones.

Luego llegó otro tema que también repercutía negativamente sobre la capacidad intelectual de Ian: matar o no con magia. ¡Cuánto lío, joder! Atendió de nuevo a las palabras de la hermosa madre de su maravilloso hijo, aunque seamos francos: todavía estaba pensando en lo que pensaría su pequeño Perseo si supiesen que sus padres están pensando en matar a otras personas. Eso es feo.

Asintió varias veces. -Vale, lo pillo. Básicamente evitar cualquier tipo de hechizos que evidencien que alguien ha muerto mágicamente y ya. ¿No es más fácil así? Macho, que me habláis con palabrerío muy técnico y no me entero. -Se quejó, persiguiéndola para salir de la habitación.

Le pareció cuánto más curioso que le dijera que no quería decir su ideología en voz alta. La verdad es que le parecía un poco idiota, ¿acaso no portaba con orgullo la marca tenebrosa? Que sí, que se la podía ocultar con ropa o con magia, pero no sabía él hasta cuánto de leal. La persiguió, aunque evidentemente no iba a dejar ese tema que tanta curiosidad le abrió de lado. -Lo respetaré, evidentemente, pero no lo entiendo. O sea, ¿no estás orgullosa de lo que eres o qué? ¿Por qué ocultar en lo que crees? ¿No se consideraría eso una ofensa ante la lealtad frente a Voldemort? No sé, yo es que soy nuevo en esto, ¿eh? Todavía ni tengo marca, pero qué menos que entender un poco el mundillo. -Rió. -Pero ocultándolo de esa manera... parece que te avergüenzas, o que no crees por lo que luchas, ¿acaso dudas? -Le dio un codazo.

Sí, Ian jugando con fuego. La gente tomándose tan dramáticamente el tema 'Voldemort' en compañía de los ideales puristas y el nuevo gobierno y él ahí tomándose como Pedro por su casa, con total naturalidad e ironía, como siempre. Antes de salir de la mansión Howells, cogió una chaqueta de cuero del perchero y se la puso. -¿Al cementerio de Godric, asumo? -Le tendió la mano, para desaparecerse directamente allí de ser así. Si no, lo mejor es que fuese ella quién los desapareciese a ambos hacia el cementerio en donde quedaron con el hombre.
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