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Demuéstrame lo que vales. [ Laith ]

Eris Masbecth el Miér Feb 07, 2018 10:37 am


Un trabajo que le llenaba más que los anteriores, ¿estaba siendo eso posible? Tras su embarazo, su mente inquieta había vuelto. Necesitaba esa excitación intelectual que hacía mucho que no recibía. Había pasado por una mala etapa de su vida en Alemania, aunque lo desconocieran los demás, y aquello le llevó a cometer ciertos errores, aunque no se arrepentiría jamás del de su hijo. Aquello era un caso distinto, que a pesar de las incidencias no volvería a atrás para cambiarlo. Al fin y al cabo, todo lo que había vivido antes, estaba en aquel momento en San Mungo investigando pociones, o analizando componentes. Aquello, había descubierto por experiencia, que era mucho más divertido que dar clases en Hogwarts o la universidad. Eso sí, le había dado caché, como quien dice.

Pero lo que buscaba en la actualidad era satisfacción mental. Ya tenía demasiadas relaciones emocionales, más de las que quisieras y de las que fuera a admitir. Ahora necesitaba darse un descanso y centrarse en su trabajo, si es que lo lograba. Inevitablemente se sentía muy vinculada a los que consideraba sus amigos. Bien sabía que era difícil ir en contra de su naturaleza, pero quería optar por hacer lo racional. Como en aquel caso, que debía trabajar con un medimago para analizar unas muestras de un paciente y realizar una poción a medida para el mismo. Y no es que le gustase trabajar con otros, lo evitaba. Eris sabía que era auto-suficiente en su trabajo, había tenido un gran mentor en su campo. Mas lo de trabajar con el medimago no tenía modo de escaparse, venía de arriba.

Lo que más deseaba era formar parte de ese arriba, quería subir rango ahora. Para ello era más que consciente que debía avanzar en su campo. Aquel era el mayor de sus objetivos en aquel momento. Mejorar como pocionista. Quería ser reconocida dentro de su campo, y trabajaba en un lugar donde curaba a las personas, en vez de matarlas como solía acostumbrarse antes. Cosas de la vida, ¿cierto? Pero lo cierto es que era su mejor forma de demostrar que los magos estaban por encima de la medicina muggle. Demostrar que la pureza de la magia era aquella que curaría los males, sobretodo los propios males en un futuro.

Ella mientras tanto estaba en el laboratorio con las pipetas, los distintos calderos de distintos tamaños. Todo parecía como un pequeño sueño, cuando creyó por unos años que dar clases era lo que más le gustaba. — Debe estar al llegar el señor Gauthier, ¿estás acabando ya esa poción? — Preguntaría a uno de sus compañeros con mucha seriedad, pues no estaba ahí para hacer amistades. Aunque jamás trató a nadie mal, nadie podía decir lo contrario. Deris era una persona muy educada y respetuosa, no podía quitarse esa máscara ante nadie. De todos modos, su compañero ya estaba acostumbrándose y no era tan diferente a ella. Pero aquello en aquel momento daba igual, ella seguiría trabajando hasta que llegase su nuevo compañero especial.

No sabía como era, nunca se había cruzado con él. Tan sólo le habían dicho su nombre, tampoco es que le importase muchos más detalles de él, excepto sus datos académicos. Eso sí, tenía curiosidad por qué tipo de persona trataría mientras trabajaba, y claramente quería saber su nivel intelectual. No estaba segura de si le quería poner pruebas, de manera disimulada o no, pero siempre tenía curiosidad por ver más allá de las palabras y del físico de las personas. Quería ver lo que su cabeza escondía dentro de ella.
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Laith Gauthier el Vie Feb 09, 2018 4:53 am

En todos sus años de trabajo, siempre había pensado que ese departamento era un tanto obsoleto, un paso extra dentro de la cadena de organización del hospital que robaba recursos y esfuerzo. Es decir, entendía que era necesario hacer pociones en gran cantidad para suplir las habitaciones y urgencias con los brebajes más comunes para tratar males, pero pensaba, quizá de forma un tanto arrogante, que los médimagos podían hacer sus propias pociones especializadas en las habitaciones tal cual solían hacerlo si alguna era necesaria. Es decir: todos estaban perfectamente capacitados en pociones, ¿para qué necesitaban especialistas en pociones? Se preguntaba.

Era cierto que a veces uno necesitaba un poco más que ingenio para hacer las pociones. Que tal vez las que estaban escritas en el recetario necesitaban una modificación enorme para funcionar y ahí entraba ese departamento. Laith, aunque no era precisamente arrogante, sí era un hombre competitivo y más bien simple. Por ello, si al final todo era en pro de ayudar a sus pacientes, tampoco es que iba a presentar una queja formal por pensar que era innecesario ese departamento. Parte de su personalidad radicaba en su afable disposición a cooperar. Prefería trabajar solo, era cierto, pero eso no significaba que fuese nulo al trato humano.

This is not the way into my heart, into my head, into my brain, into none of the above; this is just my way of unleashing the feelings deep inside of me: the spark of black that I seem to love —canturreaba en voz baja, con una tablilla con los datos del paciente que debería revisar junto con la persona encargada del área correspondiente de elaboración de pociones. — We can get a little crazy just for fun, just for fun; don’t even try to hold it back: just let go. Tie me up and take me over ‘til you’re done, ‘til I’m done. You got me fiending and I’m ready to blow —iba metido en su propio mundo, mirando y escribiendo datos conforme aparecían dentro de su cabeza.

Era un paciente particular. Llevaba dándole seguimiento mucho tiempo, meses se atrevía a decir, y cada vez estaba más preocupado. Lo preocupaba que su afección no pudiese ser atendida con magia. Lo que tanto lo había enorgullecido, lo que aún lo enorgullecía enormemente, hoy también era motivo para que pudiesen enviarlo a la cárcel. Laith no era del tipo de sanador que se limitaba con la magia. Laith llevaba los mismos años estudiando medicina mágica como los llevaba estudiando medicina nomaj. Así que su enfoque no era único, su mente veía un mismo caso desde cientos de prismas distintos: como sanador, como médico, incluso psiquiátrico. Esperaba que un prisma más, un enfoque distinto, lo ayudara un poco.

Inhaló profundamente en la puerta del laboratorio de pociones, se arregló el cabello, desenvainó una de sus tan usuales sonrisas, y entró tras advertir su próxima intromisión con dos toques suaves en la puerta. — Buenas —saludó, dando un rápido vistazo a los ocupantes de la sala. Identificó a Eris Masbecth, a quien había visto ya por los pasillos. Laith tenía una refinada memoria para los rostros y los nombres, era difícil que olvidase alguno de ellos, incluso si nunca había hablado con la persona en cuestión. Extendió su mano hacia ella. — Laith Gauthier, para servirte, llámame Laith si te apetece —le sonrió, sin importarle quedar como el sujeto informal que en realidad era, incluso atreviéndose a tutear a la mujer.

Las formalidades lo aburrían, en especial entre compañeros de trabajo, creaba barreras donde no las debería existir. Aunque de diferentes departamentos no eran enemigos, sólo dos personas colaborando para llegar a un mismo fin. Traía algunas muestras del paciente que fue dejando en el escritorio donde su nueva compañera se encontraba para poder analizar y ver cómo proceder, ya que no estaba funcionando el enfoque principal del sanador. Había algo que no había visto y tenían que resolverlo.

[OFF]: Que se note que estoy improvisando lol Siéntete libre de añadir información sobre el paciente, síntomas, lo que sea, ya veremos cómo resolverlo. Cualquier cosa, estoy a un mp de distancia. ^^
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Eris Masbecth el Vie Feb 09, 2018 5:06 pm


Escuchó ambos toques en la puerta y se giró lentamente hacia aquella dirección. Observó como estaba entrando un hombre y no quiso hacer ninguna suposición antes de tiempo, para evitar errores. Primero pensar, y luego hablar. Claro que era un poco evidente que se trataba de la persona que estaba esperando, pero podía haber sido cualquier otro. Fuera como fuese, había sido bastante mal educado, según los principios con los que había sido educada la Masbecth. ¿Para ella? Ella realmente le resultaba un poco indiferente, mientras no le faltase el respeto. Eso sí, se estaban saltando bastante pasos de presentación previa, pero no le importaba porque eso significaba ahorrar tiempo. ¿Aquello le había agradado? Si, y no. La primera impresión, se podía decir, había sido neutral. Tampoco es que tuviera ninguna intención de tragar a la otra persona. No le gustaba trabajar en equipo, al menos no cuando era algo impuesto.

Buenas, Laith. Creo que ya me conoce, Eris. — Trató de resultar igual de cordial que lo estaba siendo él. Tratando de mostrarse mucho más amable, que como lo había estado siendo antes con su propio compañero. La sonrisa de Eris era tan falsa como creíble, como la gran mayoría de las veces. No por nada, sino porque había aprendido a aquello, a ser amable incluso cuando uno no quisiera serlo. Realmente aquello le estaba pareciendo de lo más aburrido, y sobretodo algo que no le gustaba. No obstante, debía mantener aquella postura para poder trabajar con él y simplemente acabar cuanto antes. Porque no tenían porque estar ahí todo el día, no estaban ahí para ser amigos.

Ella estaba para fingir que era amable y él, posiblemente, fingir que le gustaba estar ahí. ¿A quien le gustaba trabajar en estas condiciones? Ni que hubiera sido algo de mutuo querer.

Entonces observó la muestra que le había dejado el paciente. La tomó y observó su aspecto. — ¿Este es del paciente de la 512? — Preguntó algo obvio. ¿No era eso lo que solían hacer el resto de personas?Los momentos en los que se había detenido a observar a sus compañeros de San Mungo, en los últimos días, había comprobado esos patrones en ellos. Algo más frecuente de lo que creía común. — Está bien, ¿podría hablarme de lo que le ha ocurrido al paciente últimamente? No me han llegado esos archivos. —Informaría con la misma amabilidad con la que le había saludo dado mientras con la varita, y con gran comodidad, atraía todos los utensilios necesarios para observar aquella muestra y su composición, sobretodo la mágica.

¿Qué estuvo comiendo últimamente? — Aquello solía ser muy determinante para muchas patologías, y una gran pista para saber qué remedio pocionista llevar a cabo. Siempre le agradó el buscar un problema y solucionarlo con una poción, aunque sobretodo con un hechizo. La magia era algo que realmente le apasionaba. Sería cuestión de tiempo que se interesase más intensamente en ella, más que en las pociones, aunque era algo complicado con todo el amor que estaba teniendo a su trabajo últimamente. —Aquí hay unos pequeños restos mágicos, un patrón sintético específico de un material desconocido. Por ahora. — Su mente ya estaba recopilando esa información, quizá ya conocida, y más. Hacía una especie de puzzle en su cabeza y visionando, a su vez, todas sus piezas para saber cómo ordenarlas y conectarlas entre sí. Mientras seguía buscando cosas inusuales.

No sabía qué era lo que había estado descubriendo el hombre, ahí presente junto a ella. Lo que más necesitaba en aquel momento era su información para poder seguir haciendo una búsqueda más específica.
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Laith Gauthier el Mar Feb 13, 2018 10:12 am

El sanador sonrió, inclinando un poco la cabeza en un gesto condescendiente, dándole la razón en conocerla de antemano. Al menos de vista, lo hacía. — Es un placer —le dijo, al menos había partes de la presentación que no podía saltarse. Pero si estaban juntos en ese caso, en esa misma situación, significaba no otra cosa que Eris era tan profesional como él. Laith no tenía tiempo que perder, y Eris le daba esa sensación de tampoco estar disfrutando su compañía, aunque sus gestos y su expresión contasen otra historia. Por ello decidió poner los asuntos (y las muestras) sobre la mesa para empezar cuanto antes.

Había dejado los pequeños frascos y ella tomó uno para observarlo, aunque hubo un pequeño detalle que le hizo sonreír. — Sí, es la muestra de David —confirmó, añadiendo el nombre del paciente en cuestión. Él miraba personas en sus pacientes, no números de habitación o dolencias, aunque comprendía cuánto facilitaba la existencia no aprenderse los nombres de cada paciente. — David llegó con nosotros en diciembre del año pasado con dolores de moderados a altos en el costado izquierdo, no estaba comiendo bien y presentaba fatiga, se diagnosticó como deficiencia de hierro y se le trató como tal —explicó con detalle, — sin embargo no presentó mejora, sino que regresó al cabo de unas semanas y siguieron las investigaciones, la deficiencia de hierro degeneró en anemia a pesar del tratamiento, actualmente presenta eso, anemia y hay sangre en la orina.

Dejó sus papeles también sobre el escritorio, donde estaba la historia clínica del seguimiento que había tenido el caso junto con el resto de los datos del paciente. Con las pociones administradas debería, en teoría, haber tenido mejora que no estaba presente. De ahí provenía aquella inquietud del sanador, del hecho de que se encontrase indiferente al tratamiento. Laith se temía alguna enfermedad que la magia aún no hubiese alcanzado o, peor todavía, que fuese de hecho una enfermedad mágica de la que no se tenía por el momento registro alguno. Ambas posibilidades tan altas como peligrosas para la vida de su paciente en constante deterioro.

El paciente no recuerda haber ingerido nada fuera de lo común que desencadenase algo extraño, ha estado los últimos dos días aquí en el hospital, pero vive en una zona mágica muy… rural, así que no descarto algún tipo de contagio, aunque contradiría la versión de David —le explicó a partir de su punto de vista. Nunca había vivido en un sitio particularmente rural, así que no tenía ni la menor idea de si habría podido haber quizá algo que al tocarlo lo contagiara, o alguna cosa que comió, pero no habían encontrado por ahora rastro alguno de ello. — También he notado que David está aletargado, puede ser debido a la fatiga y la anemia pero me parece que es por otro motivo, su ritmo de respuesta es lento —le daba todo lo que él sabía, incluso las hipótesis que se había formulado.

Observó a la mujer hacer lo suyo con el caldero, pensando en lo que dijo. Residuos mágicos no era una buena señal y menos cuando había ese tipo de malestar tan pronunciado. Seguramente hubiese algo grave y eso sólo hacía crecer su preocupación respecto a David, su paciente. Quizá Eris podría pensar que era poco profesional tratar con esa cercanía a sus pacientes pero, contrario a ello, consideraba que realmente era la única forma de ayudar de verdad, y a quien le apeteciera juzgarlo bien podía hacerlo. Era el tipo de médico que se involucraba en serio y por ello es que había resultado ser tan bueno en su trabajo, siempre que no le nublase su buen juicio el querer ayudarlos.
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Eris Masbecth el Jue Feb 15, 2018 3:57 pm


¿No hubiera sido más fácil haberle pasado el expediente y contado todo lo necesario en un informe? No, era mejor trabajar juntos. Al menos, agradecía, que no lo hiciera demasiado pesado. Había pasado bastante rápida la presentación entre ambos, y parecían haberse entendido en aquel instante. No un entendimiento de alma gemela, no hablando de eso, sino más bien: ambos estaban dispuestos a hacer lo posible para acabar aquello lo antes posible, y de la mejor forma posible. Respetándose. Aquello era lo primordial, ante todo. Estaba el paciente, si. Eris realmente no tenía esa devoción por salvar vidas, al menos no hasta el momento. La única devoción era hacia ser buena en su campo, ser reconocida. Ser buena en su trabajo era primordial, porque eso implicaba que sería mejor para los demás, aunque realmente no era algo en lo que pensase. Estaba claro que todo erradicaba de la carencia de reconocimiento dentro de su familia.

Entiendo de que le habéis observado los riñones, entre las primeras cosas, y le habéis tomado una muestra de orina. ¿No es así? ¿Qué encontrasteis? — Esperaba que la respuesta a la primera pregunta fuera afirmativa, por eso dio por respondida y preguntó la siguiente. Sin apartar la vista de la muestra que le había traído. El problema estaba en que no era suficiente, ahora que conocía un poco mejor el caso: necesitaba más información aún. No una información como el que le estaba dando su compañero, sino información en base de material. Orina, mucosa, más sangre... El paciente en sí. Acceder al mismo no iba a ser complicado, estaría en su habitación ingresado y solo era llevarlo a una sala para tomar las muestras. — La anemia no me termina de preocupar tanto como la sangre en la orina. ¿Habéis observado el interior de los riñones? No visto en negativo, por dentro. Quizá se le ha desgarrado el tejido, o quizá una de las vías.

Se giró lentamente hacia su compañero, para mirarlo de brazo cruzados, no por seriedad sino por descansar los brazos en algún lado. — Hasta la propia poción mal administrada puede dañar los tejidos. ¿Qué cantidad y qué poción se le dio? — Preguntó, intrigada científica y mágicamente hablando. — Quizá presuponga muchas cosas, de que fue bien administrada. Así que quiero evitar caer en ello y preguntarlo, para asegurarme. ¿Lo hiciste tú? — Ella sonreía, no tan falsamente como antes. Hablar en aquel ambiente, alejado de la sociedad, era algo mucho más cómodo donde se encontraba muy bien, al menos mejor que relacionarse con otras personas con las que no estaba acostumbrada. Ahora quería pensar, para mejor, que le había conocido hacía tiempo. Para evitar sentirse incómoda.

Tras eso, cogió el expediente del paciente, sin prestar atención de si lo llamaba por su nombre o no, tan sólo sabía que estaban hablando de la misma persona. Poco a poco estaba sacando más conclusiones y sabía por donde ir.—Entonces, con lo de aletargado, puede que haya sido una planta. Dentro de un ambiente rural te puedes encontrar una serie de plantas muy complejas, ¿sabes si ha viajado? ¿Ha tenido contacto con personas que han viajado? Con los síntomas que estoy leyendo, lo que me estás diciendo y lo que estoy viendo... Hay unas 8 enfermedades registradas. — Aquello lo diría puramente de memoria, como si un rabot mágico se tratase.— Que contradiga la versión de un paciente no debe ser algo malo, no se puede fiar de un paciente al 100%. El ser humano, mágico o no, destaca por su afán por las mentiras y ocultar aquello que no quiere que se sepa. Si hizo algo fuera de lo común, que le llevó a esto, seguramente pueda estar ocultándolo.
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Laith Gauthier el Sáb Feb 17, 2018 10:27 am

Laith asintió cuando ella preguntó por sus revisiones sobre los riñones, como cualquier procedimiento de rutina, y buscó entre sus cosas un papel que le tendió para que lo leyera por su cuenta. Tenía registrados todos los resultados que habían dado los estudios, como lo tenía de todos los pacientes, perfectamente organizado. — La anemia fue diagnosticada en la primera visita del paciente, la sangre es un nuevo síntoma —le comentó, sólo para que estuvieran en el mismo canal. — Sí, se han descartado lesiones en los riñones, no hay tejidos dañados, también se descartaron quistes —le explicó.

Cuando ella se volvió en su dirección, el sanador bajó la vista al suelo para ver dentro de sus recuerdos la poción administrada. Hizo una ligera mueca con los labios mientras pensaba en ello, era complicado cuando uno no podía supervisar a un paciente todo el tiempo sin pausas. — Hubo que… enviar acá la poción en cuestión, una reabastecedora, tuvimos que añadir suplementos para tratar la anemia, está… escrito… —mientras hablaba iba buscando en los papeles hasta extenderle un nuevo papel. — Se le dio setenta y cinco miligramos en intervalos de ocho horas durante tres días para deshacernos de la sangre dañada y reponerla con nueva, así que tenía extracciones antes de cada dosis —le dijo, muy seguro de sí. — Le administré tres de las nueve dosis, las otras seis fueron administradas por los enfermeros del piso.

Le gustaría tener otra respuesta, pero no la había. No podía dedicarse enteramente a un solo paciente, no cuanto tenía tantas cosas que hacer, muchos pacientes que atender. Aunque le gustaría darles más atención personalizada, y si bien desde la entrada del nuevo régimen (muy para mal, en su opinión) había bajado la entrada y salida constante de pacientes, todavía era un hombre demasiado ocupado. La dejó sacar conclusiones, que leyera todo lo que ella quisiera, había algo que se le escapaba y, más que sentirse orgulloso y negarse a la ayuda, sólo quería que le señalaran su fallo para corregirlo, mientras más rápido mejor.

No ha viajado, y hasta donde tengo conocimiento tampoco ha estado en contacto con alguien que lo haya hecho —le dijo, aunque entonces sonrió, casi con gracia. Ella tenía razón, él no era idiota, no pensaba descartar posibilidades sólo por la incongruencia en las historias. — En mi opinión, esto se debe a una trombocitopenia, la sangre que no coagula correctamente debido a las plaquetas puede tener estos síntomas, sin embargo quería descartar primero otras enfermedades. Si no encontrásemos nada relevante aquí y ahora, procedería a hacer una exploración en el hígado o el bazo, pero me temo que pueda ser algo relacionado a la médula ósea o un trastorno inmunitario —dio finalmente sus apuestas.

Era natural que quisiera esperar a estar seguro antes de realizar otra operación exploratoria, el cuerpo del paciente necesitaba tiempo para recomponerse y no quería someterlo a más estrés del que fuera absolutamente necesario. El reloj ya iba contando, poco a poco, segundo a segundo, debían considerar cientos de diferentes alternativas en un intervalo de tiempo tan corto que si fallaban podría ser sumamente perjudicial. Por eso y no por otra cosa un sanador se plantaba para pedir una segunda opinión, dejando de lado el orgullo y la vanidad, sólo un hombre intentando ayudar que al parecer no encontraba la forma de conseguir hacerlo por su propia cuenta.
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