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Matt 1 - Castigador 0 [Natalie Corvinalie]

Matt Denbrough el Lun Mayo 05, 2014 2:40 pm




Aminore la marcha al acercarme al despacho del profesor, caminando los últimos metros antes de pararme frente a la puerta, esperé unos segundos para descansar y coger un poco de aire, me habían citado en su despacho inmediatamente después de terminar las clases y yo me había entretenido un poco en los jardines por lo que ya llegaba tarde ( sí, me había fugado de clase, otra vez ). Me sacudí la túnica y me arreglé la corbata instantes antes de de tocar a la puerta para entrar.


¡Adelante! ― Se escucho desde el fondo de la habitación. Abrí la puerta y pasé dentro esperándome lo peor. ― Buenos días señor Denbrough, pase y siéntese ― Dijo con un tono serio pero sin llegar a ser enfadado ― Estoy bien así señor ― respondí después de haberme acercado hasta su mesa y puesto la mochila en el suelo para acomodarme ― Bien. Tengo entendido que ayer por la noche el señor Filch le pilló por los pasillos con su gata en brazos intentando hacerla callar, y que negaba haber salido del colegio aun teniendo las botas llenas de barro fresco, igual que las tiene ahora mismo ¿ Usted no tendría que haber estado en clase ? ― Miré para mis pies con cara de culpabilidad " ¡Mierda! Como puedo haber cometido el mismo error dos veces seguidas " pensé mientras intentaba esconder, en vano, la prueba del delito tras la maleta , para seguidamente alzar de nuevo la vista con el rostro un poco sonrojado ― Supongo que al igual que anoche no querrá decir de dónde viene ― Me quedé firme, mirándolo fijamente sin saber que contestar y mi silencio fue suficiente respuesta para él ― Pues valla directamente a la sala de trofeos, allí ya le está esperando su compañera de castigo. Tendrán que limpiar uno a uno todo los trofeos a mano, sin magia. Y que esto no se vuelva a repetir, por lo menos que yo no te pille, porque no seré tan benevolente la próxima vez


Asentí con la cabeza en señal de comprensión y tras agacharme a recoger la mochila del suelo salí del despacho con una gran sonrisa en la cara. Aun que me hubieran pillado, dos veces, y castigado por ello me sentía como un ganador, aquel castigo no era nada en comparación con la que me podía haber caído, o al menos eso pensaba yo. Recorrí los pasillos del castillo hasta llegar a la sala de trofeos en donde me encontré una inesperada sorpresa, la estúpida sonrisa se me borro de la cara antes de exclamar ― ¡No me lo puedo creer! ¿Tu? ¿Aquí? ― Me giré en busca de algún tipo de supervisor que estuviese allí para comprobar que cumplíamos con el trabajo ― Quiero otro castigo, limpiaré las letrinas si hace falta! ― pero mi suplica cayó en saco roto, pues allí no había nadie más que nosotros dos. Volví a girarme riendo ― Era broma, hola


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Natalie Corvin el Lun Mayo 05, 2014 4:30 pm

Hacía años que no me pillaban en Hogwarts haciendo nada fuera de lo común; es decir, por lo que tuvieran que castigarme. Me había vuelto alguien bastante sigilosa en mis actos imprudentes, pero no siempre iba a tener suerte. Como era sabido por mí y no por muchos más, a pesar de pertenecer a Slytherin y estar rodeado de mentalidades que al parecer aman al Señor Tenebroso, tuve la imperiosa necesidad de saber más de él por mi propia cuenta. No quería preguntarle a nadie porque era consciente de que sus explicaciones estarían condicionadas por sus creencias y los profesores siempre intentarían ponerme en contra de él. Mis padres no están ni en contra ni a favor, pero tampoco nunca me han permitido saber más de lo oportuno. Por esa razón decidí colarme ayer por la noche en la zona prohibida de la biblioteca, en busca de libros en dónde realmente explicasen el poder de Lord Voldemort y no sólo las tonterías propias de la educación de Hogwarts.
Debo tener el sigilo similar al de un perro con cascabeles en los pies, pues nada más llegar a la zona de magia oscura, la bibliotecaria me pilló con las manos en la masa. La bronca que me echó fue apoteósica y fue directa a mi jefe de casa, Snape. Evidentemente, Snape no iba a quitarme puntos por estar en la zona prohibida mirando artes oscuras… Pero lo que sí hizo fue castigarme por mi estúpida acción y en parte por ser pillada.  “Para una vez que voy a la biblioteca y me pasa esto… así cualquier vuelve a motivarse a ir…” pienso desganada.
Y aquí estoy ahora, limpiando los trofeos de este pasillo creado hace mil quinientos años para guardar nada más que conmemoraciones que nadie mira, sentada en un banco de piedra rodeada de esos elementos. “¿No sería más fácil meterlos en un cuadro y ponerlos por el recorrido de todas las malditas escaleras? Seguro que es mucho más entretenido que esos cuadros habladores… y así por lo menos alguien los ve.” Pienso, raspando sin ganas una copa con un paño remojado en un mejunje extraño que me dieron los elfos.
No tarda en llegar una persona y por un momento pienso que es el desagradable de Filch para reírse de mí, como de costumbre hace cuando ve que los alumnos son castigados. Pero no, es Matt, un Ravenclaw que conozco desde primero. Su reacción al verme me hace mirarle con una ceja alzada, antes de sonreír ante su broma.
-Hola.-digo dejando mi primera y brillante pieza a mi lado.-Admítelo, en realidad te alegras de que sea yo tu compañera; hace tiempo que no hablamos. ¿No me echas de menos? –pregunto altiva cogiendo un trofeo pequeño y tirándoselo al vuelo para luego tirarle rápidamente un paño a la cara y que no le dé tiempo de reaccionar a las dos cosas.- ¿Por qué te han castigado, Matty? –le pregunto con un mote cariñoso, a pesar de no sonar nada cariñoso, más bien con sorna.

No me parecía raro que le castigaran, de hecho la primera vez que me castigaron fue por culpa de él. Está siempre metiéndose en líos él solo, algo que en parte es realmente divertido, sobre todo cuando no son los típicos líos en dónde se mete la gente. A saber en qué andaba metido ahora.
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Matt Denbrough el Mar Mayo 06, 2014 6:06 pm




Me encogí de hombros y asentí con la cabeza. En realidad ella tenia razón, cumplir un castigo en compañía de una chica tan guapa hacia que lo tedioso se convirtiera en interesante ¿Que clase de lección querían que aprendiera si al hacer algo malo me castigan con ir a una sala semi oscura, sin nadie que nos moleste y en compañía de una chica digna de ser uno de los ángeles de victoria's secret? A este paso buscare gamberradas que hacer aun que no tenga ganas ni motivos para ello, son los profesores de este colegio los que me llevan por el mal camino, no yo, que intento portarme bien para convertirme en un hombre de provecho. Bueno, voy a dejar de escupir para arriba por qué un día de estos me caerá encima.


Cuando dejé de pensar en todas esas paranoias y volví en mi mismo, apenas me dio tiempo de enfocar un objeto volador no identificado que se dirigía a gran velocidad hacia mi persona. Pude pararlo a tiempo pero no lo conseguí agarrar con firmeza, por lo que se me resbaló y empezó a saltar de una mano a otra, haciéndome quedar como un idiota mientras involuntariamente se me escapaba un ― ¡Ey! ― cada vez que la copa estaba en el aire. Finalmente un trapo sobre mi cara hiso que perdiera la visión y con ella todas las oportunidades de que el trofeo no acabara en el suelo. ― Si está roto le echaremos la culpa a Marvel ― Dije señalando la copa que aun rodaba por la sala después de haberme quitado el paño de la cabeza. ― El siniestro del señor Filch y su gata me pillaron anoche por los pasillos mucho después del toque de queda. No sé que estará tramando, pero no es normal que esté a esas horas deambulando por ahí   ― Dije sin poder evitar revelar una pícara sonrisa por lo irónico de la situación ― ¿Y tú? ¿Que ha podido hacer una inocente señorita como tu está para estar aquí cumpliendo castigo? ― Le dije bromeando porque sabía que no era tan inocente como aparentaba ser.


En ese momento miré a mi alrededor, pues me había percatado de que algo no me cuadraba en aquel lugar ― Espera un momento ― le dije a Natalie dándole la espalda y caminando unos pasos en dirección contraria a donde ella se encontraba sentada. ― ¿A dónde vas tú? ¿Te pensabas escabullir? ― con ambas manos en la cintura, aparentemente le echaba la bronca la bronca a una vitrina ― Tu también has incumplido las normas y te toda pringar igual que nosotros ― añadí extendiendo el brazo hacia adelante y dejando colgar el trapo solo sostenido con dos dedos. Tras unos segundos, de detrás del mueble apareció un simpático monito caminando cómicamente sobre sus patas traseras, cogió el trozo de tela con mala gana para seguidamente echarse una carrerita y sentarse junto a la muchacha, esta vez con un movimiento mas ágil y a cuatro patas.


Ya conoces a Marvel ¿No? ― Comenté mientras me acercaba hasta donde se había caído el trofeo anteriormente para recogerlo ― Es un gran admirador tuyo, está loquito por ti ― en ese momento el mono se tapó los ojos en señal de vergüenza en lo que yo me sentaba junto a ellos dos ― Es broma ― sonreí acariciándole la cabeza ― Es una táctica que tenemos ensayada él y yo para ligar con las chicas guapa ― confesé guiñándole un ojo a Natalie mientras Marvel se llevaba ambas manos a la boca como si estuviera asombrado.


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Natalie Corvin el Miér Mayo 07, 2014 5:02 pm

Matt era un chico de lo más singular. No era el típico Ravenclaw que se pegaba horas y horas estudiando, ni tampoco haciendo deberes. De hecho recuerdo que más de una vez lo he visto haciendo las tareas a las prisas en clase, o incluso copiándose de sus amigos. Es alguien inteligente y curioso, de eso no cabe duda, sobre todo por todas las cosas que siempre hace. Otra cosa que resaltaba en su forma de ser es su afable gesto con los compañeros, es simpático y bromista. Posee esa personalidad pícara pero, al contrario de muchos, era buena persona.
Suelto una risotada divertida ante lo de Filch. Sólo a él se le ocurren esas ocurrencias que dan la vuelta a los asuntos.
-Y siempre tiene la cara como si estuviera estreñido. ¿Te has dado cuenta? A mí me da muy mal rollo; sobre todo cuando de repente aparece en las esquinas como si tuviera un sexto sentido oculto de saber que estás haciendo algo malo. –pongo los ojos en blanco y suelto aire cuando me pregunta que por qué estoy castigada yo.- La maldita bibliotecaria, a la cual también le vendría bien des-estreñirse, me pilló ayer noche en la zona prohibida de la biblioteca. La próxima vez -ya que habría próxima vez.- me aseguraré de que se mantenga quieta en un lugar. –Nunca había visto a la bibliotecaria hacer magia, dudaba que fuese otra Squib como lo era Filch, no obstante, si la cogía despistada un Petrificus es bastante sencillo y eficaz.

Le voy  a preguntar que qué hacía deambulando por ahí por la noche, pero me pide un momento, en dónde se dirige a una vitrina y empieza a hablar como si fuera un loco. Un poco después sale de allí un pequeño mono muy adorable que camina hacia mí y se sienta a mi lado. El famoso Marvel, claro que lo conocía. Llevaba seis años viendo a un mono en mi clase de Transformaciones. Resulta bastante llamativo cuando es el único mamífero con tanta energía. Le acaricio la cabeza, ya que me conoce y, mientras Matt se sienta a mi lado cojo otro trofeo y empiezo a sacarle brillo.
-Hombre, ¿quién no? –digo con altanería a lo de que su mono estaba loquito por mí. A veces soy incapaz de reprimir un arranque de ego cuando me lo ponen en bandeja. Sonrío ante su táctica de ligue, viendo después el animado gesto de sorpresa de su mono. Se dibuja una sonrisa en mi rostro.- Lo tienes difícil Matt. Con lo adorable que es tu mono tú quedarías en segundo plano. ¿No has pensado hacer tú de mono? Yo creo que te saldría bastante bien… -me meto con él amistosamente, frotando aquel trofeo sin mucha fuerza ni ánimo.

Para que no volviera a escabullirse le paso un trofeo bastante grande a él y uno pequeño a Marvel, justo después sigo yo con lo mío. Quería terminar rápido para poder hacer algo más con mi vida este día.
-Confiésame tus oscuras intenciones. ¿Qué hacías ayer deambulando por ahí? Con suerte podríamos habernos encontrado y ninguno estaríamos aquí. Estas cosas hay que hablarlas antes. –sonrío y me fijo en sus zapatos.- ¿Y por qué tienes los zapatos llenos de barro? ¿Eres tan vago que te da pereza incluso ondear la varita y pronunciar una palabra para limpiártelos? –me meto con su pereza y de paso con él.
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Matt Denbrough el Lun Mayo 12, 2014 12:49 pm




Me senté en aquel gran banco de piedra y me puse a frotar trofeos junto a aquellos dos mientras hablábamos. Reí a su broma sobre nuestra "actuación" para seguidamente contestarle ― Si si, lo sé, él es el guapo del equipo ― hice una pequeña pausa para acariciar la cabeza de Marvel y continué explicándome  ― Pero no te preocupes, también hemos ensayado eso; yo me tapare los ojos y él dirá la frase, será mucho mas impresionante cuando le escuchen hablar y asi nos llevaremos a todas las chicas. Pero aun estamos en fase de prácticas ― todo esto sin dejar de frotar aquel gran trofeo que me había pasado ella, alternando mi atención visual entre la copa y los preciosos ojos de la muchacha que me acompañaba.


Continuamos hablando de lo que pasó la noche anterior. Al igual que yo con su visita nocturna a la biblioteca, ella tenía curiosidad por en que lío estaba metido ahora, hiso un comentario sobre el barro en mi calzado y yo pillado de nuevo miré mis botas sucias. Demasiadas distracciones juntas hacen que me olvide de estas cosas. Pensé con resignación ― ¿Esto? No es nada ― me disculpe riendo mientras con un rápido movimiento de varita hacia que volvieran a estar limpias y reluciente. Aún no sabía si me podía fiar de ella para revelarle lo que había estado ocultando estos últimos días, así que intente no responderle directamente e irme un poco por las ramas  ― La verdad que hubiera sido todo muchos más agradable si en vez de salir por la noche a ensuciarme y pasar frio nos hubiéramos encontrado tu y yo en algún pasillo oscuro ― sonreí inclinándome un poco hacia donde estaba ella en un pobre intento de que se olvidara por un momento del porque de mis zapatos sucios ― El pasado ya no se puede cambiar, pero podríamos quedar esta noche después de que todo el mundo se vaya a dormir ― le dije en un tono más bajito intentando ser seductor y esta vez fui yo quien le tapó los oídos al pequeño simio que seguía ensimismado frotando aquel trofeo ― Es que es muy celoso y luego se me enfada si se entera de que quedo contigo a solas ― bromeé mirando de reojo a Marvel ― Podríamos pasarnos por la zona prohibida a buscar ese libro tuyo ¿ Que te parece ? ― le propuse con doble intención: así me enteraba de lo que estaba buscando ella y con suerte no se sacaría el tema de lo mío en lo que quedaba de noche. ― ¿ Por qué lo que buscabas anoche era un libro no ? ― Intenté sonsacarle, la verdad que lo había dado por hecho ¿Pero quién va a la biblioteca a hacer algo que no sea buscar un libro? Bueno... pensándolo bien, yo he entrado en ella por motivos totalmente ajenos a los libros que ahora no vienen a cuento.  No importa pensé sacudiéndome la cabeza y saliendo de la paranoia mental en la que había entrado para continuar la conversación con mi nueva futura cómplice ― Y después de eso ― ... ― No sé, ya improvisaríamos algo, tenemos toda la noche para nosotros solos ― y tras provocarla para llevármela al lado oscuro le enseñé la lengua pícaramente, solté la orejas del pequeñín y volví a retomar lo de sacarle brillo a aquellas viejas antiguallas.


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Natalie Corvin el Lun Mayo 12, 2014 3:14 pm

Matt tiene una habilidad para las respuestas ingeniosas que yo ni de lejos tenía. Le llamo mono y le recomiendo cambiar las tornas y él me contesta que si un mono hablara, se llevarían a todas las chicas. Sólo a él se le ocurren esas cosas. Yo niego con la cabeza con una sonrisa en los labios cuando lo dice con tanta sobrades. Lo más gracioso era eso mismo, que a pesar de que era evidente que estaba de broma, no lo parecía, por lo que parecía más gracioso.
-Sí, yo os veo futuro. ¿Habéis probado en el circo? –Saco la lengua divertida y con sorna.

Me percato de que tiene manchado los zapatos de barro y frunzo el ceño, ya que yo recuerde, no ha llovido demasiado estos días atrás, por lo que el barro superficial es muy escaso de encontrar a no ser que esté hecho a postas. Le pregunto por mera curiosidad y sin darme cuenta, me cambia de tema. La verdad es que cuando algo no me interesa demasiado, es fácil cambiarme de tema. Sus siguientes frases me hacen alzar una ceja, parece una proposición indecente pero lejos de guiarme por eso, sé por nuestra experiencia pasada que no se trata de eso. Me acerco a él tras ver cómo le tapa los oídos a su mono, sonriendo por su comentario sobre los celos.
-¿No acabas de terminar un castigo y ya piensas en volver a desafiar las prohibiciones del colegio? –pregunto retóricamente.- Me gusta; me apunto. Me haces ir por el mal camino.. –en mi rostro se forma una sonrisa traviesa.- Como nos pillen me castigarán por inútil. Colarme dos veces en el mismo sitio y ser pillada las dos veces… -bromeo, dándole con más fuerza al trofeo.

Escucho su proposición de ir a la zona prohibida de la biblioteca a buscar el libro por el que me pillaron; fue divertido ver cómo se pausaba para preguntarme si lo buscaba era realmente un libro. No me hacía especial gracia decir que buscaba información sobre Lord Voldemort y las Artes Oscuras, creo que podría traerme muchos problemas si se enteraban algunos profesores. Me corrijo: cualquier profesor.
-¿Para qué iba a estar en la biblioteca, sola, si no es para buscar un libro? –le pregunto. Si fuera acompañada, otro gallo cantaría. Es mucho más morboso ir a sitios prohibidos a hacer otras cosas que no sean buscar libros si vas acompañada de alguien al que no merezca la pena ignorar.- Buscaba un libro… sobre… -lo miro con diversión, notándoseme que mentía y dejando que se notara y percatándome de sus zapatos nuevamente, ya que al mirar al trofeo, veía sus zapatos justo en línea recta.- Hipogrifos retrasados... ¿Sabes? Cuándo me digas por qué tus zapatos están llenos de barro, te diré lo que buscaba en la biblioteca.

Lo miro con un brillo de picardía cuando dice lo de que teníamos toda la noche para nosotros solos. Por mi mente se pasa la última vez, en dónde terminamos en el baño de Myrtle de madrugada después de vacilar a la Señora Norris por todo el Castillo con encantamientos de lo más básicos cuando nos pilló intentando salir por el recoveco del pasillo para salir del Hogwarts, conseguimos zafarnos de aquella gata endemoniada y nos pegamos casi dos horas metidos en el baño de Myrtle a la espera de que no hubiera gatos en la costa. Durante esas dos horas estuvimos hablando un poco y enrollándonos durante mucho más; más bien el incentivo para irnos de allí fue el incómodo momento en dónde yo dije no y él me llamó frígida. Odiaba que me llamasen frígida. ¡Yo no soy una frígida! El Ravenclaw se había apoderado de ese asqueroso adjetivo y desde hacía años que lo usaba contra mí. Ya me hace hasta gracia, pero me seguía molestando. Sacudo la cabeza para alejar aquel pequeño flashback y dejo el trofeo a un lado, cogiendo otro.
- ¿A qué hora en dónde? Podemos quedar una vez todo el mundo supuestamente esté dormido y empezar a caminar con el castillo en sumo silencio. O también podemos quedar después de la cena y esperar a que se apague todo; por lo que no tendríamos que salir a hurtadillas de la sala común.-suelto aire, pensativa.- Aunque pensándolo mejor, la primera opción. Ten en cuenta que casi siempre los jefes de casa te echan un ojo de que estés en la cama cuando has incumplido alguna norma y te castigan, para mantenerte vigilado. –le digo, recordando como en ciertas ocasiones veía a Snape por la sala común mandando a gente a la cama.- Somos lo peor. Como Snape me pille será el mismo el que me azote… -me di cuenta de que eso sonaba muy perturbado.- ¡No te imagines a Snape azotándome! ¿Demasiado tarde, no? –y suelto una carcajada.- En fin, ¿a qué hora? –lo miro a la espera de su veredicto.
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Matt Denbrough el Mar Mayo 13, 2014 8:14 pm




El "¿No acabas de terminar un castigo y ya piensas en volver a desafiar las prohibiciones del colegio?" de Natalie me hiso sonreír brevemente a la vez que mi mirada se perdía entre las entrelazadas grietas de las baldosas del suelo. Me recordó a mi madre y las broncas que me echaba siempre por meterme en líos, aunque en el fondo siempre me apoyaba por que veía en mi su juventud perdida. Cuando la pequeña serpiente acepto mi proposición indecente salí del pequeño transe en el que me había sumido alzando la vista con una gran sonrisa casi malévola.


¡Bien! ―Dije entusiasmado antes de que ella empezara a preocuparse por si alguien nos veía  ― Piénsalo ¿Que es lo peor que nos podría pasar si nos pillan? ¿Que nos vuelvan a castigar a los dos juntos en alguna sala abandonada, lúgubre y solitaria, donde tendríamos toda la intimidad del mundo? ― Pare un momento, mirándola como diciendo: ¿Eso te parece un método de tortura? y antes de que pudiera decir nada contesté yo a mi propia pregunta  ― Porque si es así me gustaría estar castigado el resto de mis días en Hogwars ― ¿Has visto que talento tengo para encandilar a las mujeres? Y no me lo había traído preparado de casa ni nada, ni sabía que ella iba a estar aquí, yo lo improviso todo sobre la marcha. Y tras soltarle lo que consideraba fue la frase para ligar mas épica del momento, me sentí realizado, me volví como si tal cosa y soltando un trofeo ya reluciente en el suelo cogí otro para continuar con la ardua tarea.


¡Eso es chantaje! ― exclamé dándole un cariñoso empujo en el hombro por su sucio intento de que le revelara lo que había estado haciendo esos días para mancharme las botas de barro. Me pongo serio y medito un momento si contarle o no lo que me traigo entre manos, sin ser muy consciente de ello encorvo un poco la espalda y meto la cabeza entre los hombros, aunque sabía que allí no había nadie, por la tención del momento mire de un lado a otro muy sospechosamente y en un tono muy bajo, casi susurrando, le pregunté ― ¿Has oído hablar alguna vez del Mapa del Merodeador? Porque yo creo que sé donde está ― miré hacia el pasillo como si hubiera escuchado algo, no sé, por si acaso ― El otro día encontré un libro en cierta zona de la bibliotequita que tu ya conoces que hablaba sobre él; como funciona, que es exactamente lo que hace y lo más importante, su posible paradero. Y de ahí que mis botas estuvieran manchadas de barro ―  Termine con un tono más alegre señalando mi calzado. (Si, lo sé, no expliqué PARA NADA de donde salió el barro, pero es que eso era irrelevante.) Después de eso adopte una postura mucho más relajada, haciéndome hacia atrás y apoyando los brazos en el banco ― Te toca ¿Que es lo que vamos a ir a buscar esta noche a la biblioteca? ― Continuamos hablando durante un buen rato mas mientras frotábamos la plata; de libros prohibidos, aventuras pasadas, el tiempo y todas esas cosas que se cuentan cuando hace tiempo que no te paras a hablar con alguien que te cae bien (o que está buena) y por algún motivo espontáneo se reencuentran, en fin, un poco de todo.


Después de unos... ¿Dieciséis trofeos? no sé, ya perdí la cuenta, salió el tema de quedar esta noche y Natalie propuso un plan alternativo ― ¡Eso me parece muy buena idea! si quedamos después de cenar y nos escondiéramos por ahí hasta que los pasillos se despejen, evitaríamos muchos posibles contra tiempos ― dije contento dándole una palmadita en señal de aprobación ― Pero... ¿Donde podríamos escondernos todo ese tiempo? ― añadí pensativo mientras movía la mano en círculos frotaba ya sin tener conciencia de ello ― ¡Ya se! ― Exclame sin darle importancia a que con la euforia se me había caído el trofeo al suelo ― Podríamos ir al baño de Myrtle, allí nadie nos molestaría hasta la hora de salir y estaríamos solos, como la ultima vez ― acentué eso ultimo con un pequeño codazo como diciendo ¿Te acuerdas?  mono4  Y le guiñé un ojo con picardía. Asentí con la cabeza al escuchar sus inconvenientes sobre esta, más que interesante, segunda opción pero antes de ofrecer soluciones al problema me paré a puntualizar un pequeño detalle ― Antes que Snape, me gustaría darte los azotes yo mismo ― y me reí yo mismo con las boberías que digo a veces, aunque en realidad claro que me gustaría azotarla, o que ella me azotara a mí, eso es lo menos importante. Después del pequeño inciso continúe exponiendo la posible solución que se me había ocurrido ― Nunca se acercan mucho, con que te vean en tu cama tienen suficiente. Podríamos crear un señuelo, y dejarlo preparado antes de bajar al Gran Comedor, de esa manera si pasan a vigilarnos después de cenar, verán a alguien acostado en nuestra cama y seguirán de largo ― termine por entusiasmarme un poco con mi gran plan ― ¿Que te parece?


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Natalie Corvin el Jue Mayo 15, 2014 4:11 pm

Matt tiene una habilidad para ligar innata. Parece que cada gesto y cada frase la utiliza para ligar y dejar boquiabiertas a las mujeres. En mi caso, ya estaba acostumbrada a su verborrea, por lo que estaba curada de sus usuales encandilaciones. Aunque a pesar de eso nunca dejaría de sorprenderme todo lo que puede llegar a decirme; aun a sabiendas de cómo soy. Enarco una ceja ante su comentario y lo miro de reojo, con una traviesa sonrisa.
-Ya estamos en una sala lúgubre y solitaria los dos solos cumpliendo un castigo y no veo que la intimidad sea algo demasiado importante. –le digo, manteniendo el trofeo sobre mi regazo mientras le mantengo la mirada, aunque para no tardo en volver a bajarla al trofeo.- Aunque por lo menos podemos hablar de conspiraciones y no atendiendo las aburridas historias del profesor de Adivinación mientras le ayudamos a limpiar las tazas de té.

Lo miro entusiasmada cuando me pregunta si conozco qué es el Mapa del Merodeador. Sólo tenía rumores de él, nunca había sabido si realmente era cierto o no. Un mapa que te manifiesta dónde está cada persona en cada segundo dentro del castillo de Hogwarts y por dónde se mueven… Resultaba de lo más llamativo. Así realmente sabría cómo es que la Señora Norris y Filch siempre están en todos los sitios a dónde intento ir sin ser pillada. Lo que no me cuadraba era el hecho de que tuviese los pies llenos de barro cuando estaba buscando el mapa. ¿Acaso está debajo del lodo? ¿Qué clase de persona esconde el mapa del merodeador bajo tierra? ¿No sería más lógico que se encontrase en cualquier recoveco del Castillo? Porque ese mapa no creo que sea muy útil si se está fuera del castillo. Lo miro con cierta confusión.
-¿Y cuál es su posible paradero, la ciénaga de un troll? –pregunto con una ceja alzada.- ¿Qué pone el libro? Y venga ya, ¿lo encontraste de casualidad? ¿Te pasas las noches en la zona prohibida a ver si encuentras libros tan interesantes de casualidad? –le pregunto con cierta desconfianza, entrecerrando los ojos para “sospechar” de sus palabras.- ¿Alguien te habló del mapa, no?  –intento sonsacarle, ya que a menos de que estés seguro de su existencia, no te pones a buscarlo. Muchos creen que no existen y se lo inventó alguien. Me pregunta que qué buscaremos en la zona prohibida y yo sonrío.- Si te lo digo, tendría que matarte.  –me encojo de hombros con una sonrisa que dejaba mucho que desear, para dejarle con la intriga.- Ya lo verás.  –le guiño un ojo.

Se lo diré si lo encuentro, si no siempre puedo decirle que no lo encuentro o inventarme alguna excusa. La verdad es que no se me apetecía decirle que buscaba información sobre las Artes Oscuras, soy consciente de que en Durmstrang eso está bien visto, pero en Hogwarts no. Actúo normalmente y él da opciones sobre cuándo quedar; según él es mejor quedar después de cenar. Al parecer el también recuerda ese momento en el baño de Myrtle, pues no tarda en recordármelo con un codazo de lo más pícaro. Alzo una ceja y lo miro de reojo. Intento no decir nada, pero cuando dice lo de los azotes suelto una inevitable carcajada, dándole un golpecito con la mano en su muslo y acercándome a él para incomodarlo, o intentarlo.
-Quieres intimidad, me recuerdas el baño de Myrtle y dices que te gustaría azotarme… ¿son cosas mías o  me estás proponiendo una noche indecente, Denbrough?  –entrecierro los ojo y sonrío volviendo a mi posición.- ¿Te quedaste con las ganas la última vez? –añado, con picardía ante sus palabras.

Era totalmente consciente que entre Matt y yo no habría nada nunca y estaba segura que él también lo sabía, sin embargo era divertido que él me dijera esas cosas y yo le contestase con estas otras. Me gustaba molestar a mi compañero de clase desde primer curso; había cierta confianza en la que acomodarse. La idea que da sobre allanar el terreno antes de cenar me parece perfecta. Era simplemente poner un cebo… Cogeré toda mi ropa y la meteré debajo de la manta formando algo parecido a un bulto con mi forma para que diera el pego.
- Me parece bien. ¿Entonces después de cenar nos encontramos en el bafño de Myrtle hasta que sea el toque de queda y esté todo el mundo en su sala común durmiendo?  –repito para que ambos lo tengamos claro.- Nada de dejarme esperando allí, que me aburro y yo no tengo un mono con el que entretenerme. Y mejor subir por separado; yo subiré por las escaleras traseras para que no se vea a una Slytherin subiendo hacia arriba, lo cual sería tremendamente sospechoso y tú vete por las generales.  –No se me daba especialmente bien eso de ser la líder, pero resultaba divertido, por lo que sonrío.- Y podría ayudarte a dar con el Mapa del Merodeador. No me pelearé por él, yo no sabría guardar un secreto así si lo tuviera en mi poder.  –confieso con sinceridad.

Observo todos los trofeos que aún quedan y los cuento, poniendo los ojos en blanco al percatarme de que quedan casi ocho. Eso sí, los ocho peores ya que ambos habíamos cogido los más limpio, dejando los peores para el final por pura vagancia. Continuamos limpiando aquello hablando de banalidades, ya que Filch pasa por la zona para ver si estamos haciendo lo pertinente y mantenernos vigilado. Por suerte no llegó hace apenas unos minutos. Tras media hora más vuelve Filch y con su cara de pocos amigos nos dice que podemos irnos ya a cenar. Sin embargo, yo hago la técnica y le digo que primero voy a ir a mi sala común.

Antes de que el camino de Matt y el mío se separase lo miro y el guiño un ojo cómplice de los próximos acontecimientos. Ya lo veré después de la cena en el baño; quizás con alguien con más práctica que yo pueda entrar en la biblioteca sin ser descubierta.
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Matt Denbrough el Jue Mayo 29, 2014 5:31 pm



¡Pues la verdad es que si! Lo encontré por pura casualidad... ― me apresuré a responder a su pregunta con cierto asombro ― No, no, nadie me hablo de él ― Le aclaré y continué con mi relato ― Fue un día en el que me encontraba en la zona prohibida por un motivo totalmente ajeno al del mapa del merodeador ― (pasaré un poco por alto esos detalles pues es otro tema confidencial) ― Rebuscando entre los libros descubrí algo extraño, al sacar uno bastante grande y con mucho polvo encima, vi, justo detrás de él, al fondo de la estantería, una pequeña cajita de madera   ― expliqué mientras hacía gestos con las manos para que pudiera tener una ligera noción de las proporciones a las que hacía referencia. ― La cogí y, tras dejar todo como estaba, salí de allí antes de que algún profesor me viera y quisiera apropiarse de mi gran hallazgo. No fue hasta estar completamente a salvo entre las cuatro paredes de la sala común de mi casa, que la abrí para ver su contenido ― hice una pequeña pausa para que aumentara aun más la tención ― Y no había nada ― bromee soltando una gran carcajada al ver la cara que había puesto Natalie ― Es broma ― aclaré sin dejar de sonreír mientras dejaba caer mi mano en su muslo totalmente apropósito ― Había un pequeño papelito doblado muy cuidadosamente donde se podía leer; un acertijo y un mapa con el supuesto paradero del Mapa del Merodeador


¿Yo? ¿Proponer? ¿Indecente? ¡JAMAS! ― Exclamé haciéndome el tonto ― Yo ya no soy de esos, he cambiado, soy un chico reformado ― le dije, dejando ver claramente por mi cara de pillo, que mis palabras no eran siestas ― Y si, de ti siempre me quedo con ganas ― y con la guinda perfecta para terminar la frase continuamos planeando lo que íbamos a hacer esta noche. Me gustaría que la palabra sexo se mencionara en la conversación.


Después de planearlo todo un poco por encima pero bastante conciso, y tras haber limpiado casi todos los trofeos de aquella sala. La palabra sexo no fue dicha por ninguno de los allí presentes. Desconsolado, me puse en pie cuando el soso de Filch vino a levantarnos el castigo y decirnos que ya nos podíamos ir. Ya era la hoce de cenar, por lo que teníamos que ir sin perder ni un instante a nuestras habitaciones a cumplir la primera parte del plan. Caminábamos rápido por los pasillos, pero sin correr, y cuando llego la hora de separarnos Natelie me guiño un ojo ― SEXO! SEXO! ― exclamó en silencio mi subconsciente. Le respondí con otro guiño y doblé la esquina perdiéndola de vista. Una vez había llegado a mi sala común, entré a hurtadillas para que, en caso de que quedara algún rezagado, nadie me viera. Legue hasta m habitación sin ningún problema y rápidamente me puse manos a la obra; arrugue la ropa de la cama metiendo la almohada debajo para que simulara un cuerpo, tras unos cuantos golpecitos di unos pasos hacia atrás, hacia la entrada, para contemplar mi creación con perspectiva. Volví a acercarme de nuevo para retocarla un poco y salí corriendo hacia el comedor para no llegar tarde, por el camino me encontré unos chicos de mi casa que bajaban por las escaleras y disimuladamente me uní a ellos.


En la cena apenas me pude concentrar en la comida. Estaba allí sentado comiendo, si, pero mi mente no estaba en esa mesa, sonreía como un tonto pensando en todo lo que me podría deparar esa noche; aventuras, peligros y misterios en compañía de una hermosa dama ¿Que más se puede pedir? .  Justo frente de mi, unas mesas mas allá, entre unas cuantas cabecitas podía ver el rostro de mi compañera, esos ojos sexys e inconfundibles que me miraban cómplices entre la multitud desvelando lo que solo nosotros dos sabíamos. Yo le devolvía las miradas en una especie de guerra bastante seductora, o por lo menos a mi me lo parecía.


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Natalie Corvin el Vie Mayo 30, 2014 10:04 am

Matt puede hacer de una historia totalmente ordinaria, algo totalmente de suspense. Me atrapa con su historia sobre la caja y su contenido y la verdad es que cuando termina, lo miro con indignación, dándole un golpe para que continúe con la historia verdadera. Lo de encontrar un acertijo era muy Ravenclaw, sin duda.
-¿Has pensado que quizás el anterior poseedor del mapa fuera Ravenclaw? Eso de dejar un acertijo y un mapa… Un Slytherin te hubiera dejado una foto con esto… -y le hice un corte de manga en plan “jódete, te quedas sin mapa”.- Un Gryffindor te hubiera puesto un tostón sobre la responsabilidad que supondría un gran poder como ese… y bueno, un Hufflepuff te hubiera puesto una galleta. –lo miro y suelto una carcajada ante mi razonamiento improvisado. Los Hufflepuff tan inútiles como siempre...
Al acusarle de indecencia se excusó en que es un chico reformado que ya no piensa esas cosas. Lo miro de reojo y bajo la mirada al trofeo cuando afirma que de mí siempre se queda con las ganas. Inevitablemente recuerdo aquel momento en dónde un “no” sale por mi boca. Lo gracioso es que no había sido sólo una vez. Normal que siempre se quedase con ganas de mí.
Una larga conversación fue interrumpida por Filch cuando terminamos el castigo, dándonos vía libre para irnos cada uno por nuestro lado. Bajo hasta las mazmorras tranquilamente y una vez en mi cuarto les cuento a mis amigas que he quedado con un chico muy guapo de Ravenclaw esta noche y que por favor me cubran las espaldas. Ellas se pensaban cosas totalmente fuera de lugar a lo que realmente iba a pasar, pero no importa, entre más emocionadas se encontraran ellas, mejor harán su trabajo que para eso estaban. Me ayudaron a hacer un bulto en la cama que pareciera realista y tras eso me desabrocharon el último botón de la camisa, me aflojaron la corbata y me peinaron. Cuando se enteraron que era Matt se volvieron locas y fue entonces cuando, tras volverme a despeinar y coger el suéter para el frío de la noche, salgo de allí hasta el gran comedor para cenar.
Me pongo el suéter con el bordado de Slytherin y me siento en mi mesa, en la zona de los de sexto. Jugueteo tranquilamente con la comida con el tenedor y elevo la mirada hacia el frente, sonriendo al ver a Matt devolvérmela desde el otro extremo.
Cuando el director da la cena por terminada, me levanto junto a un gran grupo de mi casa y salgo de allí tranquilamente hablando con Sylver, el prefecto. En la puerta ignoro por completo lo que me dice ese tío que tan mal me cae a pesar de mostrarle una amplia sonrisa y, tras percatarme que no hay moros en la costa, le doy dos golpecitos en el pecho, mandándole a callar con aparente dulzura.
-Tengo que ir al baño, Sylver. Nos vemos.-Y con una irónica sonrisa, lo dejo con la palabra en la boca.
Comienzo a subir hasta la primera planta y ahí cojo la desviación por el primer pasillo, para llegar al fondo y subir por las escaleras de caracol hacia los pisos superiores. Se escuchaba un gran murmullo de voces desde ahí de todos los alumnos subiendo hasta sus salas comunes, por lo que yo paso totalmente desapercibida. Llego al piso del baño de Myrtle y entro cerrando tras de mi la puerta, apoyándome justo en frente en aquel circular lavabo a la espera de que llegue Matt. Pero creo que es más importante cerciorarme de que no hay una fantasma llorica por la zona que pueda delatarnos, así que empiezo a mirar en todos los retretes para asegurarme de que soy la única allí dentro.
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Matt Denbrough el Mar Jun 24, 2014 9:52 am



Cuando la cena se termina y todo el mundo se levante, entre ellos Natalie, yo me quedo apenas un minuto más sentado a la mesa, pues los compañeros con los que hablaba aun no habían terminado. Esperé el tiempo prudencial para ponerme en pie de un salto y interrumpir la conversación ― Espera, tengo que preguntarle una cosa a... ― y como no se me ocurrió ningún nombre que tuviese sentido en ese momento salí corriendo del comedor sin terminar la frase. Una vez había salido de la casa deje de correr y me puse a caminar, no muy despacio, pues tenía ganas de llegar ya al baño para ver a mi cómplice. Esta noche promete. Pensé mientras subía los escalones de dos en dos.


Cuando llegué al desvío miré de lado a lavo para comprobar que nadie viese que no iba hacia los dormitorios de Ravenclaw, y como no habían moros en la costa me dirigí hacia el baño de Myrtle. Una vez allí me encontré la puerta cerrada, sabía que lo mas lógico era que la hubiese cerrado Natalie para que no le viese nadie, pero aun así y siendo un baño de chicas, no pude evitar tocar antes de entrar para no sentirme incomodo. Di tres golpecitos muy suaves en la puerta antes de abrirla muy despacio ― ¿Natalie? ¿Estas ahí? ― Pregunté muy bajito casi susurrando. A primera vista no vi a nadie así que di un paso dentro y volví a cerrar la puerta con cuidado ― ¿Hola? ― Volví a preguntar en el mismo tono de voz mientras me adentraba casi de puntillas en el sombrío baño.

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Natalie Corvin el Mar Jun 24, 2014 5:02 pm

En lo que miro que Myrtle no está por la zona, escucho como alguien toca a la puerta. Asumo que es Matt, ya que nadie viene a este sitio a esta hora. Más bien nadie viene a este sitio si no es para hacer cosas ilícitas, como estábamos haciendo Matt y yo. Como lo veo un tanto perdido y no me ha visto, me escondo en el primer retrete con suma delicadeza, sin hacer ni una pizca de ruido. Me preocupo de pegar mi espalda contra la pared de plástico y ocultar mi cuerpo de una primera ojeada del chico. Cuando escucho sus pasos por un momento pierdo la ubicación del Ravenclaw, pero no tarda en hablar y volver a delatarse. Cuando noto que está justo al lado de mí, salgo rápidamente para asustarle, en un seco movimiento y sonido típico: “bú”. El chico se sobresalta y yo suelto una risueña carcajada. Aquello ha sido sumamente infantil, más no me importa lo más mínimo. La cara que se le quedo al chico ha sido suficientemente épica como para que me dé igual.
-Llegas tarde, te lo mereces.-digo por decir algo, ya que no tengo motivos para haberle pegado tremendo susto, más el simple hecho de que se me apetecía.
Camino hacia el centro de aquel baño y me siento en el lavamanos central, haciendo que se me cuelguen los pies y cruzándolos en el aire mientras se zarandean de atrás hacia adelante. Aquel sitio es precioso, era una pena que estuviera en desuso por culpa de una fantasma llorona como lo era Myrtle. Miro a Matt, el cual conserva aún esa cara de susto gracias a mi obra maestra.
-Parece que te comió la lengua el gato... Lo cual sería una pena.-digo con una sonrisa de lo más traviesa. Luego me dejo de bromear y aun con ese zarandeo giro la cabeza hacia un lado para mirarle antes de hablar.-Tú eres el experto, Denbrough. ¿Cuándo es seguro salir? El toque de queda es justo después de que todos salgan del gran comedor y lleguen a sus salas comunes.  
En aquel momento no nos vendría nada mal ese mapa del merodeador que cree que podrá encontrar. Seguro que no es un bulo, pero dudo que haya encontrado la forma de conseguirlo. Y es que saber la posición de todos en Hogwarts debe de ser bestial, aunque en cierta manera carecería de emoción a la hora de pasear por los pasillos a deshora con esa emoción de ser pillada.
-Y para colmo la bibliotecaria siempre se queda hasta tarde organizando los libros. ¿Tienes alguna idea?
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Matt Denbrough el Miér Jul 02, 2014 10:33 am



Eché un pequeño vistazo por la sala, y a simple vista estaba totalmente vacía. Que raro. Pensé, pues había visto como la Slytherin había salido del comedor con todos sus compañeros serpientes. Ya tendría que haber llegado, el rodeo que tenía que dar para venir hasta aquí no era tan grande como para aparecer más tarde que yo. Seguí dándole vueltas a mi cabeza "preocupado" por si la habían pillado cuando de repente escuche algo detrás de mí; movimientos fuertes y pasos rápidos "nada bueno" fue lo último que se me paso por la cabeza antes de girarme apretando los dientes con fuerza con miedo de lo que se me venía encima.


Tras el susto de la siempre guapa pero infantil de mi compañera, necesité unos segundos para recuperarme del mini infarto que me había dado por lo que no contesto a lo que me dice, solo la miro mal como si planeara mi venganza, aun que doy por hecho que ella sabe que es de broma. La sigo por el baño y me acerco hasta donde está sentada, sonrió ante su comentario del gato, pienso en decir algo para que viera que no era verdad, pero no se me ocurre nada coherente y por unos segundos me encuentro en un silencio un tanto incomodo hasta que ella me salva volviendo a preguntar sobre cuando es seguro salir.


Cuando subí aún quedaba gente en el comedor y siempre hay algunos rezagados que se quedan hablando por ahí en los pasillos y tardan en entrar a sus cuartos, por no hablar de los profesores que siempre son los últimos en irse a dormir y merodean por los pasillos en busca de algún rezagado   ― Le expliqué por encima lo que pasaría, según mi experiencia, en la próxima hora ― A sí que tenemos algo de tiempo ¿Se te ocurre algo que podamos hacer para entretenernos? ― Le pregunté con cierta intención a la vez que me moví de donde estaba, acercándome a ella y colocando ambas manos en los extremos del lavamanos donde se encontraba sentada. Continúe, diciéndole con un tono de voz más suave y pausado ― Tu y yo juntos, aquí a solas... ― mientras me acercaba a su cara lentamente hasta que nuestro labios apenas se rozaron. En ese momento unos pasos fuertes, como de alguien corriendo, se empezaron a escuchar a través de la puerta provenientes del pasillo ¿Por qué a mí?  Fue lo único que se me paso por la cabeza antes de reaccionar. Cogí a Natalie por el brazo y tiré de ella para meternos juntos un uno de los cubículos del baño, dándome tiempo de cerrar la puerta antes de que, de un golpe, algo o alguien abriera la puerta irrumpiendo en el baño.



Última edición por Matt Denbrough el Miér Jul 02, 2014 1:15 pm, editado 1 vez
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Natalie Corvin el Miér Jul 02, 2014 12:54 pm

No sé cómo son las cosas en las plantas más altas de Hogwarts durante la noche, pero si es cómo en las mazmorras, no faltarían alumnos escondiéndose, a deshora fuera de la sala común y haciendo travesuras por todas partes con ese riesgo de ser atrapados por algún profesor al que le toque hacer la guardia por esa zona. En nuestro caso, casi siempre era Snape y nos tiene especial cariño, por lo que por mucho que nos pille, nos deja ir tras un aviso.
Le pego un susto que lo deja más aturdido de lo que esperaba y luego me siento en uno de los lavamanos, con un gesto sugerente mientras le pregunto el plan. Él es el experto en esto; y yo en mis seis años, aun ando un poco verde con esto de esconderme de los profesores. Se acerca a dónde estoy yo y posiciona sus manos sobre ambos extremos del lavabo, a cada lado de mí. Sus susurrantes palabras fueron tal cuales las pensé yo y es que era un hecho que Matt y yo en el Baño de Myrtle no podíamos pensar en otra cosa. No desde aquella vez. Le sujeto por la corbata y lo acerco a mí, pero sólo un leve roce nos separamos al escuchar cómo unos pasos, al parecer proveniente del mismísimo troll de las cavernas, pues sigiloso no era, se acercaban a nosotros. Me bajo del montículo y él me tira hacia uno de los cubículos, cerrando la puerta. Es bastante espacioso para una persona, pero estando dos se volvía de lo más estrecho. Termino con la espalda pegada a un lateral, con Matt cara cara hacia mí. Alguien entra con la respiración acelerada al baño y por lo que puedo oír está dando vueltas alrededor de los lavabos maldiciendo por lo bajo. Parece un alumno y no tardo en corroborarlo cuando alguien más abre la puerta detrás de él. Es la voz de un profesor y el niño no tarda en saltar.
-¡Profesor! ¡Le juro que yo no fui el que realizó ese tragababosas! ¡Se lo prometo!-Dice el chico que, por su voz, parece bastante pequeño. Yo ignoro un poco el duelo verbal que se produce ajenamente a mí y subo las manos por el torso de Matt, hasta llegar a rodear su cuello. Sonrío seductoramente.
-Gracias por delatarte sin tener que esforzarme demasiado.-Contesta el profesor.- Mañana te pasarás el día lavando con un cepillo de dientes todas las mesas del Gran Comedor, espero que aprendas la lección de que los duelos desautorizados están totalmente prohibidos en Hogwarts, jovencito.-Añade, con voz serena y sumamente cabreado.
Yo, mientras tanto, me acerco al oído de Matt, aprovechando que la grave voz del profesor taparía mi susurro.
-¿No te parece todavía más emocionante que puedan pillarnos en esta situación?–Le susurro de tal manera que sea sólo para él.
-¡Fue en defensa propia!-Añade el pequeño.
-Irrelevante, señor O’Donoghue. Váyase a su sala común si no quiere ser castigado con limpiar también las camillas de la Enfermería por estar a deshora fuera de su habitación.-concluye el profesor.
Yo no estoy prestando atención a nada que esté fuera de ese cubículo, por lo que no tengo la más mínima idea de lo que se traen el profesor y el alumno entre manos. Sólo sé que aprovecho ese momento para atraer lentamente a Matt hacia mí y hacer que el simple roce de labios de hace un minuto, que imperiosamente debía tener otro fin,  se convierta en un beso; lento e intenso.
-¡Pero profesor…!-Interrumpe el niño, dispuesto a llevarle la contraria para salvarse de cualquier castigo y de lo que dice ser, una injusticia.
Yo por mi parte, estaba demasiado ocupada con mi propia travesura de esa noche como para preocuparme por las de otros.
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Matt Denbrough el Miér Jul 02, 2014 7:31 pm




Esa mezcla de adrenalina, tensión y medio a ser descubierto, combinado con estar encerrado en un compartimento muy pequeño frente a frente con Natalie me resultaba muy, pero que muy, erótico. Instintivamente puse mi dedo índice sobre mi boca en señal de silencio al oír que entraba un profesor, pero al darme cuenta de que ella ya sabía que no debía hacer ningún ruido, baje mi mano lentamente mientras la miraba fijamente a los ojos. Fuera se estaba librando una batalla entre el profesor y el alumno, se oían frases amenazadoras y disculpas bastante falsas, pero a mí nada de eso me importaba en ese momento, yo solo podía escuchar el latido de mi corazón que parecía querer salirse de mi pecho y la respiración un tanto acelerada de aquella chica que ya no podía tener más cerca. Aquel instante se me hiso eterno y cuando por fin me besó el tiempo se paró, o eso me pareció a mí, porque la verdad es que el tiempo se nos había pasado muy rápido; cuando paramos de enrollarnos ya no había nadie en el baño y un silencio sepulcral lo inundaba todo ― ¿Te enteraste en qué momento se fueron esos dos? ― Le pregunté tras hacer una pequeña pausa de tanto beso ― Yo no me di ni cuenta ― Después de volver a darle un último y apasionado beso cogí a Natalie de la mano y salí del cubículo recorriendo el baño sigilosamente ― Vámonos que ya se nos ha hecho tarde, si quieres seguimos después donde le dejamos ― y tras guiñarle un ojo abrí con cuidado la puerta de baño, lo justo para poder asomar la cabeza ― No hay moros en la costa, salgamos ― abrí por completo la puerta y nos adentramos en los oscuros pasillos.


Hogwarts es un lugar sombrío y tenebroso por la noche, da bastante miedo caminar por los oscuros pasillos aunque no vayas solo y si a eso le añades el plus de estar haciendo algo "ilegal" tenemos un cóctel no apto para cardíacos. Los dos caminamos a hurtadillas por los pasillos del castillo sin toparnos con ningún percance hasta llagar a la biblioteca.


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