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Enemies or Allies? // Drake Ulrich, Dorcas Meadowes & Gwendoline Edevane

Gwendoline Edevane el Miér Feb 21, 2018 10:18 pm


Sábado 3 de febrero, 2018 || Pueblo de Hogsmeade || 10:30 horas

Había llegado el día de mi primera misión oficial dentro de la Orden del Fénix, y puedo decir con total certeza que estaba de los nervios. No solo por el hecho en sí de ser una novata dentro de las filas de la Orden, hecho que contribuía a mi estado de nerviosismo actual, si no porque aquel día muchas cosas podían salir mal.
Lo que más me preocupaba era la seguridad de Dorcas. Que se me viese a mí durante un evento con tanta presencia del Ministerio de Magia no era problema alguno. Después de todo, yo era una empleada más, y podía sentir la necesidad de contemplar la nueva estatua y la ceremonia previa igual que cualquier otro. Pero Dorcas tenía una cara reconocible gracias al Ministerio, y si alguien la reconocía...
El profesor Dumbledore había insistido, durante la charla posterior a la reunión que Dorcas y yo tuvimos con él, en que era de suma importancia conservar el anonimato, detener el atentado sin desvelar nuestras identidades en el proceso.
Así pretendía que fuese. Por eso mismo había citado a Dorcas esa mañana, un par de horas antes del comienzo del evento, para hablar del plan de acción.


Sábado 3 de febrero de 2018.
Sede de la Orden del Fénix.
8:30 horas


—Buenos días, Dorcas.—La saludé nada más llegar a la sede, intentando componer una sonrisa pese a la tensión nerviosa a la que me encontraba sometida.—Gracias por venir tan temprano.—Tomé asiento en una de las sillas, desplegando sobre la mesa un mapa del pueblo de Hogsmeade. Había dedicado la noche anterior a hacer un proceso de criba, a aislar los lugares de interés para nosotras.—He estado pensando cuales serían los lugares más posibles para encontrarnos con los radicales. Cabe esperar que se mezclen entre la gente y esperen algún tipo de señal para atacar. Mezclados entre la gente, ocupando la mayor superficie posible del evento, podrán hacer un daño mayor. Y cabe esperar que McDowell sea su objetivo principal. Y por mucho que me cueste decir esto...—Tragué saliva, cerrando los ojos un momento, antes de volver a abrirlos.—...vamos a tener que evitar que la maten.—No es que le desease la muerte a Abigail McDowell, ni mucho menos; de hecho, quería creer en un proceso judicial justo incluso para alguien cómo ella, uno que no terminase en muerte. Pero aquella idea no era demasiado popular entre las filas de la Orden del Fénix.—Tenemos que asegurarnos de localizar al cabecilla, al responsable de dar la orden de ataque. Tiene que haber uno. Y también tiene que tener algún sistema para abortar el ataque en caso de que surja algún problema.—Y si podíamos convencerle de que diese marcha atrás al ataque, habríamos cumplido la misión.

Hice una pausa para revisar una vez más el mapa, lugar en el que había marcado los distintos puntos de interés, esos lugares que debíamos visitar para obtener información. Mi entrenamiento en el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas me había enseñado cuales eran los mejores lugares para obtener información.
Señalé el primer punto del mapa.

—Las Tres Escobas. Nuestro primer punto de interés. También es el menos probable.—Añadí, y era cierto: aquel lugar estaría lleno de puristas que asistían al evento.—Si hay que encargarse de este sitio, me encargaré yo. Mi cara no llamará la atención.—Señalé el siguiente punto.—Cabeza de Puerco. Este es más probable. La mala reputación de esta taberna la convierte en un sitio que mantiene alejados a los ciudadanos respetables de esta sociedad.—Imprimí una evidente ironía en las palabras "ciudadanos respetables".—Si me preguntas a mí, diría que este es el lugar más posible para servir de base de operaciones a los radicales.—Señalé un tercer punto en el mapa, una vivienda abandonada.—Esta casa lleva abandonada años. En caso de que los radicales decidan evitar Cabeza de Puerco, este lugar les ofrecerá lo que necesitan: privacidad, mucho espacio, un lugar desde el que tener una vista clara del evento... La revisaremos en primer lugar.

Hice entonces una pausa, dándome cuenta de que había estado hablando cómo si las órdenes las diese yo, cuando Dorcas y yo éramos un equipo. Pese a su juventud, y que me hubiese propuesto asegurar su libertad a cualquier precio, tenía pensado confiar en ella. Ella tenía que cubrirme las espaldas, igual que yo se las cubriría a ella. Así que compuse una sonrisa de disculpa, una sonrisa nerviosa.

—Perdona, no quiero sonar cómo una profesora ni cómo una jefa tirana. ¿Te parece bien lo que he dicho?—También estaba interesada en saber si había conseguido el apoyo de otros miembros de la Orden para nuestra misión. Para peinar la zona rápidamente, íbamos a necesitar a más gente.—¿Qué tal te ha ido hablando con los demás? ¿Alguien nos echará una mano?

Merlín sabía que íbamos a necesitarlo. En caso de que no funcionase el plan que había propuesto, tendríamos que identificar y neutralizar a los radicales. Le había prometido a Juliette, y a mí misma, intentar no llegar a eso. Pero si no había otro remedio, habría que hacerlo...


Última edición por Gwendoline Edevane el Miér Feb 28, 2018 2:48 pm, editado 2 veces
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Vie Feb 23, 2018 8:47 pm

Tras la primera reunión que había tenido dentro de la Orden del Fénix había quedado algo nerviosa, bueno muy nerviosa. Sabía que era una misión sumamente riesgosa, tan sólo bastaba recordar todas las miradas de preocupación que cayeron sobre ella tras escuchar lo que  le había tocado para darse cuenta. Se le había presentado la oportunidad de poder cambiarla y quizás unirse a algo más sencillo. ¿Pero quería realmente eso? no lo sabía muy bien. Ya que jamás se ha caracterizado por ser una chica muy valiente, era más bien una observadora y estudiosa esa eran sus facultades. Pero al mismo tiempo, desde que se había unido a la Orden y conoció a Fly ha ganado mayor seguridad en sí misma y se había dado cuenta que por más que ella no creyera que podía hacer ciertas cosas al final de cuentas si lo podía lograr. Sólo había que  tener una convicción lo suficientemente grande para realizar lo que fuera necesario en el momento adecuado. Y el querer frenar un ataque al hermoso pueblo de Hogsmeade donde de paso se podrían salvar muchas vidas, al menos para ella, era una justificación suficiente para salir de nido de seguridad en el que se encontraba e ir a ayudar al exterior.

Es por eso que cuando dió el sí definitivo a su compañera de misión se dedicó a estudiar lo máximo posible. y por fortuna el hecho de que fuera muy querida dentro del refugio le ayudó mucho a la hora de conseguir más información y algunas cosas para el gran día. Como una poción multijugos, por ejemplo. Que tras pensar en las mil posibilidades que tenía para pasar desapercibida la más factible era sin duda aquella. Fue extremadamente difícil lograr conseguirla, pero lo había logrado gracias a Linda, una ex sanadora hija de muggles y que tras el ataque del nuevo gobierno escapó y ahora se enceuntra al igual que todos encerrada en el refugio.  Ella tenía un contacto de alguien que tenía reservas de la poción, las vendía carísimas pero lograron hacerle un descuento. Había reducido sus ahorros a cero, pero valía la pena.

Le había costado mil quedarse dormida la noche anterior, sólo de nervios. Entre un miedo terrible de que todo terminara mal y al mismo tiempo de una emoción enorme al pensar que todo saliera bien y la misión terminará saliendo un éxito. Es por eso que cuando despertó aquella mañana tenía una leves ojeras debajo de sus ojos que delataban el intercalado dormir que había tenido. Pero pese al sueño se levantó con toda la energía del mundo y fue a la ducha para terminar de despertar del todo. Había quedado con Gwen a las ocho, y cuando comprobó que aún le quedaba una hora para aquel encuentro fue a las cocinas en busca de algo nutritivo que le ayudará a tener energía por lo que quedaba de la mañana.

Al terminar se fue a lavar sus dientes  y fue en busca de las cosas que había averiguado para mostrarsela a su compañera de misión.  Cuando llegó a al sede de la Orden sonrió al encontrarse con que Gwen ya había llegado, siempre ha adorado a la gente puntal.- Buenos días.- le dijo sonriente.- No hay por qué, soy más de las que funcionan en las mañanas.- le confesó encogiéndose de hombros con una pequeña risita. Se acercó a una de las mesas y observó como la castaña desplegaba un mapa del pueblo. Ella por su parte dejó sus cosas a un costado y sacó de su bolsillo su pequeña libreta roja para luego escuchar a Gwen atentamente, a medida que lo hacía iba anotando cosas para ir ordenando todas las ideas.

Miró con profunda admiración a Gwen, apenas le conocía pero ahí observándola sentía que podía aprender tanto de ella. Y se sentía profundamente agradecida de haber tenido la oportunidad de conocerla y tenerla a su lado en esta misión. Miró el mapa con atención siguiendo todos los puntos. Se tentó de decirle que tenía junto a ella una multijugos pero prefirió que la castaña continuará hablando. Asintió energéticamente cuando Gwen le informó que la casa abandona sería el primer lugar de la lista.  

- No, no, no ¿Qué dices? Esta genial todo lo que dices, lo apruebo a mil.- le respondió enseguida con una amable sonrisa.- Pues, no logré conseguirme mucha gente que nos eche una mano de manera presencial. Pero Drake me dijo que contáramos con él sí o sí. Aunque él ya nos encontraría en el pueblo, que ahora anda en busca de una niñera para Gab.- le comentó con una sonrisa de medio lado.- Yo también he conseguido algunas cosas durante estos días...- comenzó a decir mientras sacaba de un bolso una carpeta y un frasco. - Primero que todo y gracias a Linda, la sanadora de la habitación 118 me he logrado conseguir poción multijugos ¡Yey!.- exclamó mostrándole el frasco a Gwen.- No sé en quién me convertiré pero ella me prometió que no era nadie buscado por la justicia. Así que al menos podré estar a tu lado sin llamar la atención.- le ofreció una sonrisa para luego sacar tres fotografías de su carpeta y tenderlas en la mesa.- Y gracias a Fly, la esposa de Drake y mi adorada madrina en la Orden jiji logré obtener información sobre algunos fugitivos que lograron identificar los Aurores durante el ataque en los Mundiales. El primero es Connor Wells.- le dijo señalando la primera fotografía.- Mestizo, se dedicaba a fabricar escobas. La noche del ataque mataron a su esposa una maga hija de muggles y a sus dos hijos, él se encontraba de viaje por trabajo por lo que no lograron dar con su paradero. Se le conocía por alguien muy agradable y amable pero en el Mundial fue todo lo contrario, mató a muchas personas, de seguro entro a una especie de demencia o algo así...- suspiró para luego apuntarle la otra fotografía.- Este es Cameron Becher, Fly me dijo que tuviéramos especial cuidado con él. Ya que mucho antes del cambio de gobierno siempre presentó un comportamiento radical y violento.  Con suerte terminó Hogwarts, no se le conoce trabajo alguno, ni familiares. Muchos barajan que tan sólo pertenece a los radicales porque le permiten satisfacer su personalidad kamikaze.- hizo una mueca para luego señalar la última fotografía.- Y por último tenemos a Madison Wood trabajaba en Gringotts, al igual que Connor toda su familia fue asesinada, ella es hija de muggle y logró escapar por poco de los Mortifagos. Todos los radicales que lograron capturar en el ataque de los mundiales, tras quizás que cosas...dieron su nombre. Ella es conocida como una de las líderes, no es la única pero una de ellos... Eso es todo lo que he logrado obtener, ojala nos ayude de algo.- terminó por decir mirando a Gwen y ofreciendole un tímida sonrisa.

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Gwendoline Edevane el Sáb Feb 24, 2018 2:40 pm

Dorcas permaneció atenta y en silencio durante todo el tiempo que duró mi exposición del plan que había tramado. No era demasiado sólido, y había demasiados elementos que no conocía, pero lo hice lo mejor que pude, creo, dadas las circunstancias.
Mi idea pareció convencer a Dorcas, aunque todavía faltaba su intervención. Y puedo asegurar que me sentí francamente sorprendida, y para bien, con todo lo que había conseguido la muchacha.
Para empezar, y cómo respuesta a mi pregunta, me anunció que Drake Ulrich se uniría a nosotras durante esta misión. Su ayuda iba a ser más que bienvenida. No sabía cuantos radicales se presentarían en el evento, aunque cabía esperar que fuesen bastantes. Si llegaba a darse el caso de tener que luchar, las dos solas lo tendríamos bastante difícil.
Asentí con la cabeza, satisfecha con la labor de Dorcas, y eso que todavía no lo había visto todo.
Poción multijugos. Chica lista. Con eso podría pasearse por el evento sin levantar sospechas de ningún tipo. Cabía esperar que el señor Ulrich se hubiese hecho también con alguna forma de mantener su anonimato. Así que a cada minuto que pasaba, me sentía un poco más convencida de que aquello podía salir bien.
Y entonces... llegó el punto álgido de verdad, cuando Dorcas me presentó a algunos de los radicales. Había obtenido aquella información de llamado Fly, quién resultaba ser esposa de Ulrich y madrina de Dorcas en la Orden. Trabajaba para el cuerpo de Aurores y nos había procurado la información que Dorcas estaba exponiendo.
Tomé nota mental de agradecer a esa mujer su ayuda. Si salíamos ilesas de aquello sería en gran medida gracias a su buena labor.
Cuando Dorcas terminó de exponer la información que conocía, examiné las fotografías una por una, intentando familiarizarme con los rostros de los radicales.

—No me gusta él.—Confesé, dando a la fotografía de Cameron Becher un par de golpecitos con mi dedo índice.—Nos va a traer problemas. Si nos encontramos primero con él, le veo capaz de atacarnos sin más, y eso mandaría al traste todo el plan.—Me llevé la mano a la barbilla mientras examinaba las otras dos fotografías.—De ella no sé qué esperarme.—Me refería, por supuesto, a Madison Wood, la única mujer en el trío de imágenes.—Si es una de las líderes, quizás podamos hacerla entrar en razón...—Reparé entonces en el último radical, Connor Wells.—Puede parecer una locura, pero creo que Wells sería el mejor candidato a la hora de solucionar esto sin derramamiento de sangre. Puedo entender su furia, pero... quizás nos escuche. Sobre todo si Drake y tú estáis presentes.—No estaba segura del todo, pero imaginaba que la conversación se desarrollaría mucho mejor si dos fugitivos estaban presentes. Aquello daría fuerza a nuestros argumentos, mucha más que si una empleada del Ministerio de Magia se presentaba delante de él.

Me incorporé un poco, observando todo lo que tenía en la mesa, delante de mí, y entonces volví la mirada hacia Dorcas. De alguna manera, mis nervios se habían calmado un poco, y fui capaz de sonreirle a la muchacha.

—Todo esto que has reunido es genial, Dorcas, simplemente genial. ¡Eres la mejor!—Le confesé. Estaba francamente sorprendida de su eficiencia. A su lado, mi trabajo señalando puntos en el mapa de Hogsmeade no era nada, era un mero pasatiempo. Cada vez confiaba más en ella, en que me cubriría las espaldas llegado el momento. Y además, teníamos a Ulrich.

Aquello podía salir bien. Era complicado, pero podía salir bien.
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Dorcas Meadowes el Dom Feb 25, 2018 9:45 pm

El gran día había llegado, sentía unos nervios terribles que le producían unas cosquillas que la recorrían de los pies a la cabeza, haciendo que cada vez que recordarse que en unas horas se juntaría con su compañera de misión la piel se le pusiera de gallina. Es que era de esos días en que uno lo que único que esperaba es que ya llegará la noche para saber cómo había sido. Y esperaba de todo corazón que al terminar del día se encontraran de una pieza y con una sonrisa en los labios. Aunque solo por si acaso los días anteriores le había dado un mega abrazo a todos sus seres queridos, porque nunca está demás dar el doble de amor cuando el peligro ronda tan de cerca.

Al llegar ya se encontraba Gwen y no tardó ni medio segundo en comenzar a mostrarle los pasos a seguir, de los cuales estuvo de acuerdo en todos. Confiaba plenamente en su compañera de misión, ya que era de esas personas que le transmitía una seguridad enorme. Cuando terminó le tocó su turno de mostrarle lo recabado durante la última semana. Se sentía muy orgullosa de lo obtenido, aunque se sentía más agradecida de todas las personas que la habían ayudado. Sin ellas no habría hecho podido hacer prácticamente nada. - Yo también confió mucho más en él. Creo que su accionar sólo se debe al dolor que debe estar sintiendo y lo canaliza de la manera errada. Y quiero pensar que si accedemos a él se prestaría a dialogar con nosotras. Por ejemplo el verano pasado con Fly fuimos a pedirle ayuda a un ex integrante de la Orden, y su historia era muy similar a la de Wells la causa había matado a toda su familia, con la sola diferencia de que él decidió exiliarse y no matar a personas....pero aún así, a pesar de que se negó rotundamente de buenas a primeras luego de explicarle bien la situación cedió y nos tendió su ayuda. Ojala Wells se parezca en eso a él. - hizo una mueca y suspiró.- Con lo que respecta a los dos restantes, por más que  Becher parece ser una lunático la que más me asusta a mí es ella...- dijo apuntando la fotografía de la única mujer del grupo.- Ya que es la líder, eso quiere decir que es la que guía y anima a todos a realizar las cosas. La que tiene el poder.Creo que es la que tiene las convicciones radicales más arraigadas a ella. Y persuadirla lo veo muy difícil.  Pero no imposible...- terminó por decir con una leve sonrisa, y con ese optimismo que siempre la ha caracterizado hasta en tiempos tan difíciles como en el que se encontraban.

- Oh, no, no lo soy...- comenzó a decir sonrojada ante los elogios de la castaña.- Todo esto es gracias a los que me han ayudado, sin ellos no habría traído nada. - dijo humildemente con una sonrisa de lado.  Miró el mapa y arrugó un poco su nariz recordado algo de pronto.- Gwen, creo que esta perfecto comenzar en la casa abandonada pero algo me dice que dónde realmente lograremos algo es en Cabeza de Puerco. Ya que yo...- hizo una pausa al recordar lo que le iba a contar a su compañera de misión. No le gusta mucho recordar esos tiempos, ya que por más que fue una afortunada en encontrar la sala de Menesteres no todo había sido color de rosas dentro de ella- Cuando fue el ataque en que todo cambió, en Hogwarts encerraron a todos los hijos de muggles. Pero yo tuve la fortuna de que con más alumnos encontraramos un Sala escondida y nos quedamos allí por dos meses. Y justo cuando las cosas ya no se veían muy bien una chica encontró un pasadizo que nos llevaba al exterior, y a nada más ni nada menos que al hogar del dueño de Cabeza de Puerco. Él fue muy amable, y nos ayudó a todos a escapar. Por lo que pienso que lo más probable es que siga con esa ideología de ir tendiendo ayuda o al menos un lugar en que reunirse a los fugitivos. No lo sé, quizás es algo de lo que hay que tener en cuenta...- terminó por decir con una leve sonrisa.

Miró el reloj que tenía en su muñeca y luego a Gwen.- Creo que ya es hora de tomarme esto ¿no?.- le preguntó tomando el frasco con su mano derecha. Jamás había probado una poción multijugos, pero como buena nerdy que era lo sabía todo de ella, como por ejemplo el dato de que dependiendo de la personalidad del que uno se transformaría va a depender su sabor.  Por lo que antes de llevarse la sustancia a la boca lo único que pidió es que  la persona en la que se convierta sea buena persona, y al parecer así era ya que pese a la extraña textura que tenía no fue tan terrible tomársela toda.  Y después de lo que deben haber sido máximo quince segundos comenzó a sentir el cambio, sonrió nerviosa ante la extraña sensación. Era como si de pronto sus huesos se agrandaran pero sin sentir dolor alguno, solo un cosquilleo extraño. Cerró sus ojos sólo de nervios y cuando sintió que su cuerpo había logrado tomar por completo la otra forma los abrió y miró a Gwen esperando su reacción. Bajó su mirada y notó que su ropa claramente le quedaba más pequeña y al parecer se había convertido en una chica de su edad o un poco más. Miró todo lo que estaba a su alcance de su nuevo cuerpo.- He traído más ropa por si llegase a pasar esto, me cambió y estoy lista. No tardo nada.- se apresuró a decir para ir corriendo por la ropa que se había conseguido y fue a los baños a cambiarse.  Cuando se vió al espejo no pudo más que reír y tocarse el rostro sorprendida. Wow, era fascinante, jamás dejaría de sorprenderse de las potencialidades de la magia.

Volvió en menos de cinco minutos junto a Gwen ya lista.- ¿Cómo me veo?.- le preguntó a la castaña extendiendo sus brazos para mostrarse mejor con una tímida sonrisa en su rostro. Es que se sentía extraña, no estaba acostumbrada a ser tan alta, el mundo se veía muy diferente.

Off: Nuevo cuerpo de Dorquis --> *
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Gwendoline Edevane el Lun Feb 26, 2018 8:40 pm

Connor Wells parecía ser nuestra mejor opción a la hora de solucionar aquel conflicto de manera pacífica. Tanto Dorcas cómo yo opinábamos lo mismo. Y lo que era peor: podía comprender en parte a aquel hombre y sus motivos para actuar de la manera en que actuaba.
Pude visualizarle, invirtiendo su tiempo en la fabricación de escobas—una de esas profesiones que, en mi opinión, además de un gran talento, requerían cierto amor, cierto cariño—, quizás recibiendo a clientes con una cálida sonrisa, un chiste y un apretón de manos. Un hombre con una familia que, de un día para otro, le había sido arrebatada. Un hombre que solo quería dedicarse a tu trabajo.
Es verdad eso que dicen: es un error simpatizar con alguien que tiene potencial de ser tu enemigo. Pero yo no podía evitarlo. Sam me había dicho en más de una ocasión que conseguía ver el lado bueno de todo el mundo. Que era una virtud mía.
Sin embargo, en este mundo tan podrido, no podía evitar considerarlo un defecto.
Escuché con atención la historia que me contó Dorcas, esa acerca de un miembro retirado de la Orden. Quería pensar que con Wells tendríamos la misma suerte.

—Supongo que entonces estamos de acuerdo con respecto a él.—Comenté, revisando de nuevo la fotografía de aquel hombre, que no sería mucho mayor que yo. Dorcas aportó también su visión de Madison Wood. Le asustaba más que Becher.—Nos sería útil saber qué tipo de relación existe entre Wells y Wood. Si han estado trabajando juntos durante un largo tiempo, cabrá esperar que Wood confíe en Wells. Si esa confianza es suficiente, y logramos convencerle, tal vez Wood le escuche.—Eran demasiados "tal vez" para un plan, pero por poco que me gustase, en esta misión teníamos que apelar a la humanidad de estas personas. Quizás Drake Ulrich, cuando nos reuniésemos con él, pudiese ofrecernos una visión distinta de este asunto, algo que nos ayudase un poco más. Por mucho que me pesase, aquí la novata era yo, y quizás pecase de confiar demasiado en la bondad de los desconocidos.

Felicité a Dorcas por su buen trabajo, un trabajo impecable que dejaba más que claro que la muchacha, pese a su juventud, era un activo muy valioso de la Orden del Fénix. Una joven con un gran potencial. Cada vez me gustaba más, me caía mejor.

—No seas tan modesta. El recabar la información también es un trabajo importante. Y has pensado en todo.—Señalé el frasco de poción multijugos.—¿Crees que el trabajo que he hecho yo es mucho mejor? Sin la información que has traido tú, mi plan sería un clavo ardiendo al que agarrarse. Con todo esto...—Abarqué con mis manos la mesa, las fotografías, y simbólicamente la información que Dorcas me había proporcionado de todos los radicales conocidos.—...tenemos un plan bastante más sólido de lo que yo esperaba.—Y temía. Era importante señalar la parte del "temía", pues hasta hacía unos minutos pensaba que lo próximo que se sabría de nosotras sería a través de la prensa mágica: "Empleada del Ministerio y dos fugitivos involucrados en atentado contra la vida de la Ministra de Magia", o algún titular sensacionalista semejante, acompañado de nuestras fotografías.

Dorcas aportó otra cosa importante al plan, algo que yo suponía, pero que ahora estaba confirmado: Cabeza de Puerco había sido durante toda su existencia un local con una pésima reputación, y teniendo en cuenta que los puristas mandaban ahora y que éramos los pro-muggles quienes debíamos escondernos, era probable que el lugar albergase de cuando en cuando reuniones de radicales o enemigos del Ministerio.
Dorcas, quién era muy joven, había conseguido escapar de Hogwarts cuando los Lestrange se hicieron con el control. Y lo había hecho mediante un pasadizo en una sala de Hogwarts, que conectaba con Cabeza de Puerco. Aquella información era nueva para mí, y me pareció de lo más curiosa.
Asentí con la cabeza.

—Es bueno saberlo. Nos centraremos, pues, en Cabeza de Puerco.—Confirmé. Seguía queriendo comprobar la vivienda abandonada, desde luego, pero no solo por considerarla uno de los lugares probables: conocía aquella casa de cuando estudiaba en Hogwarts, y me parecía un buen sitio para aparecerse sin despertar sospechas.—Nos apareceremos en la casa abandonada, si te parece bien. Es el sitio con más privacidad. Le echamos un vistazo rápido, lo justo para comprobar si está vacía o hay alguien... y nos metemos de cabeza en Cabeza de Puerco... Valga la redundancia.—Pese a la tensión, conseguí que aquella curiosa elección de palabras por mi parte me hiciese gracia. Eso era bueno: no quería que el que podía ser mi último día cómo ciudadana libre no tuviese al menos un par de momentos divertidos.—Y permíteme que te diga, Dorcas, que creo que eres una muchacha muy valiente. No tiene que haber sido nada fácil pasar por todo lo que has pasado, ni justo. Pero me alegro de que lo consiguieses.—Le dije con una sonrisa, con toda sinceridad.

Entonces, asistí a uno de esos momentos en que la magia me fascinaba muchísimo: el momento en que Dorcas se tomaba la poción multijugos e, inevitablemente, se convertía en otra persona. Y el cambio fue notorio: dónde antes había una joven rubia de mirada angelical y sonriente, ahora había una chica con el pelo castaño, no mucho más joven que yo, con una expresión mucho más resuelta e incluso un poco pícara.
En el proceso, el nuevo cuerpo de Dorcas creció, de tal manera que su ropa se quedó pequeña. Asentí cuando se excusó para cambiarse de ropa, y la esperé allí mismo, revisando una vez más los detalles de lo que se nos venía encima. Me dije a mí misma que aquel sería el primero de los ladrillos que pondría para construir, con ayuda de toda la Orden, un futuro mejor para mis seres queridos: Sam, Bea, Caroline, mi madre... Pensé en todas ellas, y el rostro de Sam permaneció unos segundos más en mi memoria que los demás, dibujándose inevitablemente en mi rostro una sonrisa.

—No me falles, Wells... Quiero creer en ti.—Dije en la soledad del cuarto vacío, mirando la fotografía de Connor Wells. Entonces, llegó Dorcas de vuelta. Bueno, claro, era Dorcas, pero abstraída cómo estaba, por un momento olvidé lo que había ocurrido hacía escasos minutos, y me pilló desprevenida la presencia de esa chica de pelo castaño.—Nadie diría que eres Dorcas Meadowes, desde luego.—Dije con una sonrisa, convencida.—¿Nos ponemos en marcha? El evento no empieza hasta las once, y son las...—Consulté mi reloj de pulsera.—¡Algo más de las nueve y veinte! No esperaba haber estado tanto tiempo hablando.—Casi una hora revisando los pormenores del plan.—Mejor llegar temprano que tarde...—Terminé.

A esas horas, el pueblo debía estar empezando a llenarse de asistentes al evento. Posiblemente la prensa ya habría llegado y estarían preparando el terreno para la llegada de la Ministra. Todos querrían entrevistarla, hacerle fotografías, y todo ese tipo de asuntos periodísticos. Por no mencionar a los puristas más fervientes, que estarían peleándose por los mejores sitios en el evento.
No nos convenía que el lugar se llenase demasiado de gente antes de encontrarnos con el señor Ulrich.
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Dorcas Meadowes el Sáb Mar 03, 2018 7:12 pm

Mientras miraba las tres fotografías sobre la mesa comprendió, una vez más, que el odio no impulsaba a nada. Era un sentimiento vacío, y un estrago que dejaba la injusticia desmedida. Ya que podía comprender la rabia que sentían todos ellos, hasta la de Becher. Ya que se negaba a pensar que uno nacía siendo un desquiciado, ella era una fiel creyente que todos eran resultados de su propia historia y de seguro Becher como también lo que están en el poder ahora en el mundo mágico algo habían tenido que vivir que los llevó al lugar en el que se encontraban. Tenía fe en la humanidad, quería creer que vendrían tiempos mejores y que el amor siempre va a encontrar el lugar donde colarse y fundir todo nuevamente de colores y esa libertad tan anhelada para todos los que sin siquiera pedirlo habían nacido con magia en su sangre.

Asintió para corroborar que estaba de acuerdo con respecto a Wells, sonrió de medio lado al observar que él tenía leves parecidos con su padre, más que nada en la mirada, podría jurar que el castaño al igual que su padre sonreía con los ojos. Pero luego suspiró al pensar en cuánto le debe costar sentir alegría en esos momentos a Wells y cuantos otros que han perdido a más de un ser querido producto de esta dictadura del terror. - Creo que debemos andar con cuidado esos sí, quizás apelar a ese ser cariñoso y solidario que hay dentro de Wells primero . Y ya cuando despertemos eso en él preguntarle más con respecto a los radicales. Algo me dice que todos estarán a la defensiva y debemos estar preparadas para eso...- suspiró, la misión le afectaba más no por el miedo a que ella resultará herida, sino más bien porque vería frente a sus ojos a personas rotas, desesperanzadas, llenas de dolores y miedos, y que pese a no compartir sus ideales podía comprenderlos tanto que de solo pensarlos se le apretaba el pecho sintiendo angustia por lo que estaban viviendo. Pero debía ser fuerte, debían junto a Gwen demostrarles que pese a todo hay otro camino uno más sano y reconfortante.

Sonrió algo avergonzada ante las palabras de Gwen pero se dejó querer, realmente había hecho un gran trabajo pero insistía que no sería nada sin esas personas que están allí dando ánimos y le hacían sentir como en familia. - Sabes, me gustaría hacerles entender que no están solos. Que entiendo su dolor pero que hay otro camino, que acá en el refugio pese a ese encierro que se siente a veces y hasta impotencia al final del día te encuentras rodeado de personas que se convierten en una especie de familia. Por ejemplo yo sin todos los que estan acá no podría haber hecho nada de esto, pero lo hice porque ellos me han ayudado, confían en mí, y deseo que todo ellos...- dijo señalando a los tres.-... también lo sientan.- terminó por decir con una suspiro lleno de nostalgia.

Luego le contó sobre su experiencia de Hogwarts en la noche del ataque, como terminó en la Sala de menesteres junto a más alumnos y cómo meses después logró escapar junto a más fugitivos. Ya que eran datos que tal vez le ayuden este día. Sonrió ante el juego de palabras que había hecho Gwen y suspiró más animada.  Luego una vez más sintió sus mejillas sonrojarse ante las palabras de la castaña.- Gracias, yo también me alegro de estar acá y más aún por conocer a gente tan maravillosa como tú y todos los de este refugio.- se sinceró, ya que ella pese a todo se sentía una afortunada de la vida. Era de las que ante la adversidad siempre ha preferido ver el vaso medio lleno.

Hasta que llegó el momento de la transformación, soltó una risa entre nerviosa y animosa por lo que estaba por venir, jamás había hecho algo ni cercano a ello pero estaba ansiosa por saber el resultado. Tras beberlo no tardó demasiado en sentir sus efectos, y cómo si de pronto su cuerpo fuera de gelatina comenzó a modificarse. No hubo dolor solo cosquillas y elongaciones soportables. Y cuando ya todo terminó por primera vez vio el mundo de otra perspectiva, literalmente. No tardó en irse a cambiar de vestuario, y volver al encuentro con Gwen.

Sonrió ampliamente cuando la castaña le dijo que no había ni asomos de ella en ese nuevo cuerpo, y claro que no los había, esa chica era totalmente su opuesto al menos en lo que respecta al físico. Dió un pequeño saltó cuando le dijo la hora y cuanto faltaba para que el evento comenzara. Desde ahora el tiempo era oro, valía demasiado como para perderlo en banalidades. Ya más tarde si todo salía bien podría flipar con su nueva apariencia. Fue en busca de su bolso, se lo cruzó y se acercó a Gwen.- Vamos.- dijo con una sonrisa y con la esperanza de que todo saldría bien.

Cerró sus ojos y todo comenzó a girar.

Al abrirlos ya se encontraba dentro de la casa abandona, sintió un frío enorme recorrerle todo el cuerpo por lo que se abrazó a sí misma con sus brazos. Miró a Gwen.- Al parecer no hay nadie...- le susurró al oír un profundo silencio en el lugar. - Lo mejor sería recorrerlo ¿no? Por ver si hay algo...- le dijo para comenzar a caminar por el lugar. - ¡Oh! Gwen, he traído guantes por si las cosas están con algún maleficio o algo. Ya que al ser una casa abandonada de seguro han puesto cosas acá para atrapar a fugitivos...- le comenzó a decir mientras sacaba de su bolso dos pares de guantes, al encontrarlos le tendió uno a la castaña y se puso el otro par en sus manos. Ya que una vez había leído que existían objetos hasta con la capacidad de matar a una persona sólo con un roce, así que no debían tentar a su suerte y mejor prever aquello. - Le avisaré a Drake que ya estamos acá.- dijo con una media sonrisa mientras sacaba su móvil del bolso.


"Ya estamos en el pueblo, nos vemos en Cabeza de puerco.
Muchas gracias y un abrazo"

A simple vista no había nada en su interior que las pudiera ayudar, sólo escombros y uno que otro trapo que alguna vez, en sus mejores tiempos había sido una prenda de vestir, pero en eso de que movía una que otra madera suelta para ver si encontraba algo encontró una fotografía, la tomó entre sus manos y sintió una vez más su pecho apretarse.- Gwen...- dijo llamando a la castaña para que viniera a su lado.- Creo que han pasado por acá...- comentó al ver la fotografía de Wells junto a lo que parecían ser sus hijos.- Se le debe haber caído...- susurró más que nada porque de repente se le había hecho un nudo en su garganta.
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Drake Ulrich el Miér Mar 07, 2018 2:20 am

Me había prestado voluntario para ayudar a Gwendoline y Dorcas en la misión que Albus había encomendado para ellas. La que me había encomendado a mí había tenido que ejecutarse con suma rapidez, por lo que al día siguiente ya Leonardo y yo nos pusimos manos a la obra antes de que fuera demasiado tarde para nuestros compañeros, algo que salió... relativamente bien teniendo en cuenta cómo se nos fue complicando las cosas cada vez más de una manera atropelladamente rápida. Yo por un momento sentí que todo pasaba muy rápido como para que mi mente de Hufflepuff pudiese procesarlo todo y crear un plan ante ello. Porque yo era mucho de intentar resolver las cosas con estrategias y planes, ¿sabes? Pero luego en verdad no los seguía y siempre improvisaba algo que era milagrosamente mejor. Yo no sé cómo lo hacía. Yo, de verdad, no sabía como seguía vivo.

Pero bueno, eso mejor que no lo supiese nadie. Mejor que fuera yo el único que cuestionase mis capacidades, ¿no? Bueno y mi mujer. Fly sí que cuestionaba mis capacidades de una manera cruel y horrible, pero en realidad tenía razón. Pero bueno... mejor que quedase entre ella y yo, si no tampoco nadie querría contar conmigo. ¡Y por mucho que yo me deje en mal lugar, fui auror en su momento, ¿vale?! Algo sé. Algo aprendí en la academia y, después de todo, sigo vivo.

Así que para no poner en peligro la misión de mis compañeras, me hice con una poción multijugos de contrabando, es decir, fui por ahí prácticamente implorando a mi pocionista de confianza, alias la viejita del quinto, que me dejase una de sus multijugos, pues yo era bien consciente de que tenía un arsenal de pociones de emergencia y yo me había quedado hace tiempo sin nada a lo que poder acudir. Además de que Fly se había encargado de que yo no tuviera multijugos y así también se aseguraba que yo cometía la estupidez de salir fuera del refugio. Me tenía totalmente vigilado, pero bueno... Yo ya le había hecho entrar en razón de que las misiones de la Orden del Fénix no podía simplemente saltármelas con tal de no ponerme en peligro, por lo que para poder convertirme en alguien necesitaba un pelo de alguien que no fuese fugitivo, por lo que acudí Jeremy Ackerman, un profesor de universidad que era famoso por ser un friki en Runología, además de que rara vez solía verse su pelo fuera de la universidad, pues eran de esos que se pasaban la vida encerrado en casa. Fue fácil dar con él a la salida de la universidad, dejarle un poquito confundido y robarle un par de pelos. Me dio pena destrozarle su hermoso pelo afro, pero era por una buena causa.

Así que tiempo antes de que el evento empezase, yo ya me encontraba en Hogsmeade, convertido en Jeremy Ackerman y peleándome con sus grandes gafas y su terrible falta de vista. Que yo tenía un poquito de falta de vista pero... ¡madre mía, eso era otro nivel! No paraba de tocarme el puente de las gafas para recolocármelas, ya que no estaba nada acostumbrado a salir a la calle con tremenda falta de vista, ni mucho menos con tremendas gafas.

Estaba apoyado en una farola, bien lejos de la zona del evento, pero en un lugar perfectamente estratégico. A priori parecía que Jeremy Ackerman estaba esperando una cita, tranquilo, pensativo y en su mundo. Nadie sospecharía. Estaba pasando desapercibido, perfectamente camuflado con el ambiente tranquilo y silencioso, cuando...


Me metí rápidamente las manos en el bolsillo para sacar el móvil y apagar la música de la notificación. ¡Más nunca ponía de tono de llamada una canción infantil para Gabriella! ¡Madre mía, el infarto es real! Observé a todos lados que nadie había escuchado esa canción, así como que nadie se hubiera dado cuenta de que tengo un móvil en medio de Hogsmeade y, tras leer el mensaje de Dorcas, me dispuse a ir al punto de control.

Tardé cuatro minutos en llegar caminando a paso tranquilo, pero no había nadie. Me senté en un banquito al frente, cogiendo la prensa de El Profeta mientras hacía como que leía, ya que yo con esas gafas no me hacía lo más mínimo, pero bueno, pasar desapercibido siempre fue mi fuerte.

Esperé, esperé y esperé y... ¡ahí estaban! Vi a Gwendoline acompañada de una niña muy mona y... vamos, fue fácil asumir que Dorcas había sido tan inteligente como siempre y había dado con una poción multijugos. Seguro que a ella la viejita del quinto se la había dado sin rechistar. Me puse de pie lentamente sin llamar la atención, dejé el periódico sobre el banco y me acerqué a ellas. Era el momento de decir la contraseña super complicada que Dorcas y yo habíamos pensado, para que supiesen que se trataba de mí pese a mi inusual aspecto.

Hola, soy Drake —dije con simpleza frente a ellas, apuesto a que no te esperabas esa contraseña. —Voy a hacer el paripé de que nos conocemos y estas cosas y os estaba esperando. —Y me incliné hacia adelante para darle dos besitos amistosos a Gwen y luego dos a Dorcas. Miré el reloj de mi muñeca. —¿Habéis visto algo extraño? ¿Creado un plan? Quedan quince minutos para que empiece el evento.

Yo debería de haber estado observando detenidamente a ver si veía algo extraño o sospechoso... y no preocupándome de pasar desapercibido. Está claro que voy a pasar desapercibido: soy Jeremy Jodido Ackerman. No le importo a nadie.

Aspecto de Drake con multijugos:
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Drake UlrichInactivo

Gwendoline Edevane el Jue Mar 08, 2018 7:25 pm

No podía decirse que tuviésemos entre manos el más sólido de los planes, si no más bien el más humano. El profesor Dumbledore no nos había ordenado directamente una forma u otra de proceder. Los únicos requisitos de la misión: evitar el atentado y evitar a toda costa que nos descubriesen. La segunda parte estaba más que cubierta, y la primera... haríamos todo lo que estuviese en nuestras manos.
Otros miembros de la Orden, estoy segura, habrían preferido ser más drásticos, neutralizar por medio de la violencia a los radicales; otros habrían preferido unirse a ellos y aprovechar la ocasión de acabar con McDowell. Yo no. No me había apuntado para mitigar una sed de venganza que no tenía. Quería cambiar las cosas para mejor, y si combatíamos de la misma manera que nuestros enemigos, no habría ningún cambio para mejor.
Me alegraba que Dorcas tuviese una forma de pensar cómo la mía. Habló con una madurez poco común en alguien de su edad, pero también con el corazón. Y yo asentí con la cabeza.

—Me has quitado las palabras de la boca.—Le respondí con una sonrisa.—Ya sé que no puedo pretender haber vivido lo mismo que tú, que Drake, o que muchos de los otros miembros de la Orden. Pero con todo, entiendo lo que estáis sufriendo. Tengo amigos que están en la misma situación que vosotros, privados de vuestra libertad y... no es justo. Y ellos...—Señalé las fotografías sobre la mesa.—...están en las mismas. Yo también quiero pensar que todavía hay esperanza para ellos.

Y si la había, podríamos construir un futuro mejor. Pero no lo íbamos a conseguir dándonos palos los unos a los otros cómo si fuésemos animales. Teníamos un objetivo común y diferentes ideas sobre cómo alcanzarlo. Y si bien entendía la furia que podían sentir personas cómo Maverick O'connor, o el propio Connor Wells, jamás compartiría una hipotética necesidad de hacer las cosas así.
En los tiempos que corrían había demasiada ira, demasiado odio... y lo que tenía que prevalecer no era ni la ira ni el odio, si no la piedad.
Cuando Dorcas volvió, convertida en esa nueva persona desconocida y vestida acorde con su nuevo cuerpo, todo estuvo listo para que nos marchásemos. Antes de hacerlo, le puse la mano en el hombro a Dorcas para llamar su atención.

—Somos un equipo. Nadie da las órdenes aquí, ¿vale? Somos compañeras. Tú me cubres a mí, yo te cubro a ti. Y lo mismo con Drake.—Estaba segura de que hacía bien depositando mi confianza en Dorcas. Había demostrado ser inteligente y capaz, y estoy segura de que yo misma no tenía demasiada experiencia en combate real cómo para considerarme superior a ella.

Dejamos atrás el refugio, desapareciéndonos del lugar, y para cuando el mundo dejó de moverse a mi alrededor, Dorcas y yo estábamos en la casa abandonada. Por suerte para mí, la aparición ya no me provocaba las nauseas y mareos que me provocaba mientras aprendía.
Aquella idea trajo a mi mente un recuerdo divertido. Mi madre había estado conmigo cuando me había sacado el permiso de aparición. Tras realizarlo con éxito hasta en tres ocasiones, siendo aprobada, mi madre se me acercó y me dijo que estaba orgullosa de mí por no haber vomitado. Había asentido e, inmediatamente después, había tenido que darme la vuelta y vomitar.
Menos mal que aquellos días de mareos y vomitonas habían quedado atrás.
Observé Hogsmeade a través de uno de los ventanales de la vivienda. La multitud empezaba a reunirse delante del monumento, evidentemente una enorme estatua, cubierta por una tela que impedía verla. Había seguridad del Ministerio por todas partes, pero todavía no había ni rastro de McDowell.
Un rostro entre la multitud llamó mi atención: Duncan Edevane, mi padre, a quién no había visto desde hacia meses. Conversaba con otros empleados del Ministerio, riéndoles bromas de manera exagerada e intercambiando comentarios con ellos.
Le miré hasta que Dorcas llamó mi atención. Me giré hacia ella, escuchándola.

—Sí, vamos a ver qué encontramos.—Convine. A eso habíamos venido. Y Dorcas, que había pensado en todo, trajo consigo unos guantes encantados que permitían manipular objetos mágicos sin peligro. ¡Qué bien me habría venido algo así cuando tuve que lidiar con aquella ouija maldita!—¡Has pensado en todo! Me estás dejando quedar fatal.—Bromeé con una ligera carcajada divertida.

Invertimos algunos minutos revisando la propiedad, y por supuesto, no nos encontramos nada. No tenía muchas esperanzas para este sitio al saber la auténtica naturaleza de Cabeza de Puerco, pero hubiese estado bien dar con algo. Lo que fuese, una pista...
Estaba echando campanas al vuelo, después de todo. Dorcas encontró algo que yo no había visto y me lo mostró. Tomé la fotografía entre mis dedos y pude ver a Connor Wells con dos niños pequeños. Sus hijos, seguramente. No pude evitar que me embargase un poco la pena al observar esta escena.

—Bien hecho.—Dije con un hilillo de voz, devolviéndole la fotografía a Dorcas. No quería tenerla cerca demasiado tiempo.—Guárdala. Creo que Connor Wells necesitará verla para entender a dónde queremos llegar... y querrá recuperarla, claro.

Antes de dejar atrás la casa, tomé mi pequeña medida de prevención: si bien mi cara no dispararía las alarmas, ni mi presencia sería rara en un evento así, prefería no llamar la atención. Saqué un momento mi varita y me apunté al pelo. Con un hechizo no verbal, lo teñí de pelirrojo y le di más volumen, de tal manera que cualquiera que me viese de espaldas me ignoraría.

Aspecto de Gwen:

Salimos discretamente por la puerta trasera y nos internamos entre el gentío que paseaba por las calles. Era inevitable recordar los momentos bonitos que había pasado en las calles de aquel pueblo. Era inevitable acordarse de Sam y de Bea. Las peleas de bolas de nieve que casi siempre iniciaba Beatrice. Los dulces, la cerveza de mantequilla... Tiempos mejores que parecían ficción.
Intenté ahogar todos estos recuerdos y pensamientos. No los necesitaba en este momento. Lo que necesitaba era terminar con eso, acabar con una amenaza cómo lo era el grupo radical.
Nos detuvimos delante del bar de mala muerte, Cabeza de Puerco, acerca del cual nos habían advertido tantísimas veces en Hogwarts cuando mis amigas y yo éramos pequeñas. De hecho, recordaba que Raminta se había puesto especialmente pesada respecto este lugar. Decía algo de cabras y energía oscura y no sé qué otras cosas. ¡Qué más daba! Nadie entendía a esa mujer...
Fue entonces cuando un joven afroamericano, con el pelo más afro que había tenido ocasión de ver en toda mi vida, al menos de carne y hueso, nos interceptó. Se presentó cómo Drake, y por un momento pensé que aquello era una broma. No estaba familiarizada con los efectos de la poción multijugos. Nunca dejaría de sorprenderme.

—Señor... Drake.—Estuve a punto de decir "Serñor Ulrich", pero por suerte pude contener mi lengua a tiempo. Ulrich era un apellido notorio. ¿Drake? También era un nombre curioso, pero dudaba mucho que llamase tanto la atención cómo el apellido. Por algún motivo, en la sociedad actual, los apellidos importaban más que los nombres.—No le habría reconocido ni en un millón de años.—Hice una pausa para mirar alrededor y dejar pasar a un par de magos, enfrascados en sus conversaciones.—Creemos que nuestros... "amigos"... pueden estar tomando una copa en Cabeza de Puerco. A tan poco tiempo de que comience el acto, crucemos los dedos para que sigan ahí. Si no... estarán entre la multitud, y será más difícil.—Aquello no sonaba como un plan, pero tenía que decir que lo que estaba a punto de decir tampoco era exactamente un plan.—Debemos hablar primero con Connor Wells. Según lo que sabemos de él, puede que nos escuche. Si no nos escucha... tendremos que enfrentarnos a él.—Suspiré, esperando no llegar a semejantes extremos.—¿Entramos?—Miré a mis dos compañeros de misión, esperando su aportación.

También crucé los dedos porque nadie del Ministerio me reconociese y quisiese acercarse a hablarme. No tenía tiempo para semejantes tonterías. Confiaba en que mi cabello pelirrojo desviase la atención, me hiciese parecer otra. Así me ahorraría conversaciones innecesarias.
Y me ahorraría que mi padre pudiese verme y reconocerme desde lejos.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Lun Abr 16, 2018 9:48 pm

Cuando mis pies pisaron el suelo de la Casa abandonada la sonrisa que se había apoderado de mi rostro aún no desaparecía. Me gustaba hacer equipo con Gwen, me sentía cómoda y empoderada. A su lado creía que todo podía llegar a ser posible, me daba esa seguridad que a veces me faltaba y eso era muy reconfortante.

Miré hacia todos los lados rápidamente y al menos a simple vista no había nada que nos pudiera ayudar, aun así le tendí unos guantes a Gwen, a veces las cosas más inofensivas podían ser muy malignas, además en estos tiempos había que ser el triple de precavida, ya que todo podía llegar a ser una posible trampa para fugitivos.  

Le avisé a Drake dónde sería nuestro punto de encuentro y de paso comencé a recorrer el lugar en busca de algo, alguna pista que nos ayude en nuestra misión, y estaba justo por desertar aquello cuando debajo de una madera gastaba y llena de polvo encontré una fotografía que me dejo por unos minutos sin aliento y una gran angustia en mi pecho. Era de Wells y sus hijos, esa simple fotografía representaba su vida pasada y de seguro la llevaba con él para reconfortarle y animarle a hacer lo de hoy. Y por unos segundos me cuestione ¿Quién era yo para detenerlo? Si ni por asomo he vivido un poquito de lo que él ha tenido que vivir y pasar…por suerte Gwen llegó a mi lado antes de poder responderme a  mí misma esa pregunta.

Asentí y guardé la fotografía en mi bolso, mientras lo hacía realmente desee que todo aquello saliera bien y poder volver a ver esa sonrisa en Wells. Porque quizás no podría prometerle la vuelta de sus idos pero si podía prometer traerle su alegría de vuelta ¿cómo? No lo sabía muy bien, pero si se decidía unirse a nosotros, haría todo lo que estuviera a mi alcance para lograrlo.

Antes de salir de la casa Gwen hizo un pequeño cambio de look que me dejo boquiabierta.- ¡Te queda genial! ¡guapísima! .- dije sincera  mientras contemplaba su pequeño cambio pero que estaba segura podía ayudarnos mucho en lo que venía. Ya que Gwen era de esas increíbles personas que pese a no ser perseguidas estaba allí junto a nosotros al pie del cañón. A modo personal ella era para mí una persona digna de admiración.

En el camino hasta Cabeza de puerco me sentía la persona más torpe del planeta, aún no me acostumbraba a mi nueva contextura y altura e iba chocando por aquí y por allá, y tropezando con mis propios pies cada dos por tres lo que me hacía estar roja como un tomate todo el tiempo y pasando cero desapercibida, algo muy malo para el contexto en el que nos encontrábamos. Pero bueno, debo respirar con calma…mientras piense que todo saldrá bien, lo estará.

Y cuando llegamos a Cabeza de puerco por segunda vez en aquella mañana se me desencajo mi mandíbula, porque Drake no era nada más ni nada menos que… -  Eres… Jeremy Ackerman .- lo miré con ojos abiertos y brillosos como una niña pequeña en la mañana de Navidad. ¡Es que Drake era  el profesor Ackerman el maestro de la runología! Que quizás para todo el mundo no era full famoso pero para una nerdy como yo sí, ¡Y AHORA MISMO ME ESTA SALUNDANDO! Bueno, bueno, no él sino que Drake multijugado de él, pero aunque sea por unos segundos déjenme disfrutar de esta sensación, él era como un rockstar para mí. – Eso, eso, eso… - apoyé las palabras de Gwen y  sacudí mi cabeza para alejarme de esa especie de trance de alto impacto en el que me había sumergido para volver a tocar con mi pies la tierra.- Entremos…
Ay…- Lo siento, no pude aguantarme .- me disculpé con mirada traviesa y mordiéndome el labio inferior cuando mi mano derecha, sin permiso de mi cabeza,  terminó en el cabello de Ackerman falso.- ¿Drake eres su amigo? ¿Crees que puedas conseguirme que me autografíe algunos libros que tengo de él? .- le pregunté toda flipada y con ojos brillantes antes de abrir la puerta de Cabeza de Puerco y ¡PLAF! chocar de lleno con alguien.

Miré a la persona para disculparme topándome con la felina mirada de Becher que antes de dedicarme una sonrisa del terror me lanzo un vistazo de abajo para arriba que me hizo ponerme nuevamente roja como un tomate.- Lástima que estoy yéndome…- susurró lascivamente, - Yo que tu guapa no salgo de este antro en un buen rato, aunque me extrañes en el.- fue lo último que dijo antes de subirse la capucha de su chaqueta y desaparecer en la multitud. Yo por mi parte parecía como si me acabarán de comer la lengua los ratones y más roja que nunca, miré a ambos.- Creo  que debemos apresurarnos, están marchándose .- les susurré, mientras me llevaba ambas manos a mi rostro sintiendo el contraste de mis heladas manos contra mis mejillas.

Dentro de mi estadía en Hogwarts jamás había ido a este lugar y ahora que ya me encontraba en su interior lograba entender porque siempre nos precavían de el. Y por más que le tenía una respeto y agradecimiento eterno a su dueño por ayudarles a escapar del Castillo, tenía que admitir que su bar era un lugar muy poco acogedor y ostentoso.

No sabía si era una idea mía pero por alguna extraña razón sentía que los que se encontraban dentro nos miraba con rostro de que nuestra presencia desencajaba allí, pero bueno si no lo hacían ahora sí que lo hacían tras mi torpe choque con una luces de navidad colgadas en el techo de las cuales me enredé tan patosamente ¡Que vergüenza! .- Ay… - balbucee avergonzada tratando de desprenderme de ellas.- Lo siento, aún no me acostumbro a este tamaño, la vida de un alto es muy complicada saben…- les susurré bajito a ambos, y fue en eso cuando ante mis ojos apareció Connor Wells  tomándose algo de un sopetón en la barra.- Chicos… allí .- le apunté con mis rostro hacia el lugar dónde lo había visto.

Y ahora, ¿Qué haremos?.

Código:

Connor Wells: [color=#996600][/color]
Cameron Becher: [color=#0099ff][/color]
Madison Wood: [color=#cc66ff][/color]
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Drake Ulrich el Sáb Abr 21, 2018 3:44 am

Vale, bien bien bien. Ellas sabían. Ellas tenían un plan. Y menos mal, porque yo había ido un poco ahí a ver qué pasaba porque Dorcas me pidió ayuda, pero claro... yo en verdad no tenía información, ni mucha idea de lo que iba a pasar. Sólo sabía lo que Dumbledore había dicho en la reunión y ya. Y vamos, no es que yo tuviera muchos ánimos de salvar a la perra sucia de Abigail, pero bueno, eso es lo que marca la diferencia; la manera de actuar y que nadie de igual. Además, si Dorcas me pedía algo, YO LO HACÍA. Era la ahijada de mi mujer y, como yo no tengo ahijados porque todo el mundo me odia y Dumbledore al parecer no se fía para darme a nadie a mi cargo, pues me tengo que conformar con proteger a los de mi mujer. Así es la vida, ¿vale? En este matrimonio nos compartimos hasta los ahijados. Todo.

Gwendoline —le respondí susurrante, con un asentimiento de cabeza. Como quién pone en orden que todos los presentes sean quiénes en realidad son, aunque ella no tenía poción multijugos, pero no importaba. También era una manera de saludar. Entonces me dirigí hacia quién se suponía que era Dorcas, pero que ya no era Dorcas, en su lugar era una señorita bastante guapetona. —Sí, ese mismo, ¿estás enamorada de él? Esos son ojos de enamorada, señorita. Los reconozco. Bueno, admiración. —¡Y de repente, me tocó el pelo! ¡Madre mía, qué sensación tan extraña, parecía un estropajo! Reí al mirar a Dorcas de miedo, con cara de: '¡pero qué haces!'. —Menos mal que no soy el auténtico Jeremy Ackerman o eso podría tomármelo muy mal, ¿eh? —En verdad no, pero hacer drama era gratis.

Pero ahora había que ser serios y saber cómo actuar. Gwendoline había dicho que había que hablar con un tal Connor Wells. Bueno, espera. Dijo que primero deberíamos hablar con Connor Wells, ergo si se sabían el nombre y había que hablar PRIMERO con él, es que sabían de otras personas que estarían ahí y con las que había que hablar luego. Y si había que hablar con Connor, es porque sabían quién era Connor. ¿Y sabes? Yo no sé quién es Connor, ni cuántos malvados no-malvados hay ni nada de nada. Así que... sí, es muy guay que ellas tengan un plan, pero mostrármelo a mí antes de meternos de cabeza en terreno pantanoso era lo primordial, creo. Que yo soy muy torpe y si la lío con plan, imagínate si no sé el plan.

A ver, espera, espera. ¿Quién es Connor Wells? —Pregunté, antes de entrar, susurrante. —¿Y cuántos hay? ¿Tenéis esa información? Dorcas, tú a mi no me has dicho nada, solo quedaste conmigo aquí, a lo loco. Que fui auror, pero no leo mentes ni me creo propias estrategias en segundos. Digamos que soy un auror de mentira, tenéis que decirme las cosas. —Me quejé, porque quejarse era gratis.

Pero claro, justo estábamos en la puerta del Cabeza de Puerco y un señor se chocó con Dorcas, que iba valientemente la primera. Su comentario me pareció sinceramente repulsivo. ¡Que tenia dieciocho años, hombre ya! ¡Desgraciado pervertido! ¡Búscate una vida! "Aunque me extrañes en él", dice. Egocéntrico. Y encima feo. Bah. No me gustaba esa gente. Le miré con desaprobación mientras se iba, a lo que, una tercera persona, casi parecía poder ver a un señor bastante afeminado bastante indignado con aquel señor tan rudo.

Una vez dentro y después de que Dorcas se pelease con unas luces de navidad que estaban ahí por pereza del propietario en quitarlas, supongo, fue cuando nos señaló al sitio en donde se encontraba un hombre tomándose un buen whisky de fuego.

¿Ese, es ese? Yo me encargo. Seguidme la corriente.

Y me acerqué a él. ¿Había que hablar con él? Vale, no necesito nada más. Que a ver, aquí hay que ir con la verdad por delante, ¿vale? No podías ir yendo hacia él y pedirle amablemente que si tenía un momento para hablar de Dios. NO. Si tenía como misión capturar/matar a la Ministra de Magia, lo iba a hacer si o sí y tres pringados no le iban a convencer de lo contrario. Había que ser poderoso. Ir con lo salvaje. Decirle claramente quién manda, con poderío y la esencia del macho alfa.

Así que me acerqué a él cuando dejó el vasito sobre la barra.

¿Connor Wells? ¿Si, no? —dije, con voz tranquila. Miré para todos lados, para asegurarme de que nadie me estaba escuchando ni mirando, ni tampoco estaba a la distancia propicia como para escuchar lo que estaba a punto de decir. —Tenemos que hablar antes de que atente contra la vida de la zorra pelirroja —dije, falsamente sonriente, mostrándole una de  mis manos en dirección al baño para que caminasen hasta ahí y poder hablar en intimidad en un sitio que olería fatal, pero al menos podríamos hablar tranquilamente.

¿Quiénes sois? —preguntó, sorprendido, dando un paso hacia atrás.

Los buenos. —Y sonreí, orgulloso, haciendo hincapié—o hincamano, depende de como lo mires—con mi mano para que se moviese hacia la zona de los lavabos. Siempre había querido decir eso.

¿Aceptaría? Curiosidad, precaución... o simplemente podía pasar de tres desconocidos e ir a por esa zorra pelirroja. No sabía quién era ese Connor Wells ni como actuaba pero toda opción para mí era plausible en ese momento.
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Drake UlrichInactivo

Gwendoline Edevane el Sáb Abr 28, 2018 4:05 pm

Frente a Cabeza de Puerco, y ante mis ojos atónitos, ocurrió una escena que me dejó profundamente desconcertada. A ver, para entenderlo hay que tener claros unos cuantos datos básicos: ante mí había dos personas a las que, si bien no conocía tan bien cómo me gustaría, eran conocidos y aliados míos, pero con un aspecto totalmente diferente. Mientras Dorcas Meadowes era una joven de cabello oscuro más alta que la joven fugitiva, Drake Ulrich había asumido el aspecto de un hombre afroamericano que rondaría la treintena y con un pelo a lo afro bastante curioso, todo un cliché. Vale, efectos de la poción multijugos, ese invento del demonio que la gente utilizaba para convertirse en otra gente... ¿Entonces qué había de desconcierto en aquella escena?
Imaginaos a "Dorcas" en modo fangirl reconociendo el aspecto que llevaba Drake y profesándole su sincera admiración, casi cómo una adolescente enamorada de One Direction, para acto seguido acariciarle el pelo. Sí, sí, venga... Sigamos siendo discretos. ¿Nos vestimos los tres de coristas y bailamos también un cancán? Estaba nerviosa, y la verdad es que no comprendía cómo ellos estaban tan tranquilos.

—¿Hemos terminado?—Pregunté con cautela, después de que intercambiasen algunos comentarios. Al parecer, el aspecto de Drake pertenecía a un tal Jeremy Ackerman, y posiblemente debiese conocerlo... pero en aquellos momentos solo tenía un pensamiento en la cabeza: Atentado terrorista. En breves. ¡A salvar a la Ministra, Gwen!—Sugiero que dejemos esto para otro momento y vayamos entrando...

Quizás fuese demasiado seria; quizás me tocaba ser la seria del grupo, ahora me daba cuenta. Pero no solo mi libertad estaba en peligro, si no también la de ellos dos. Y me sentía responsable. No quería que ninguno de ellos acabase en Azkaban, y si llamábamos la atención, quizás tuviésemos dos problemas: los radicales y los cuerpos de seguridad del Ministerio de Magia. Seguro que nos iría muy bien haciendo frente a dos enemigos distintos... Notad la ironía en mis palabras.
Ulrich parecía tener ciertas dudas, concretamente sobre... toda la misión. No tenía ni idea de que no conocía toda la información, por lo cual lo mejor sería que le diese una breve explicación al respecto.

—Hemos identificado a tres de los radicales. Bueno, Dorcas lo ha hecho, en realidad. Sus nombres son: Madison Wood, quién sospechamos que podría ser la líder de este grupo; Cameron Becher, alguien que sospechamos que puede ser un peligro para sí mismo y para los demás; y Connor Wells, un antiguo fabricante de escobas que perdió a su familia y decidió unirse a la causa de los radicales. Creemos que él puede ser la clave para resolver esto sin violencia.—Dije todo esto en voz baja, lo más rápido que pude. Era un resumen muy escueto, pero tendría que servir.

Así que entramos en el decadente local que pretendía—sin conseguirlo—hacerle la competencia a Las Tres Escobas. No saqué la varita—esa varita que pronto dejaría de ser mía y pasaría a ser de Sam—pero sí me mantuve en guardia por si tenía que sacarla. Estar allí dentro me disparaba todas las alarmas... y nada o poco ayudó a calmar mis nervios que la primera persona en cruzarse con nosotros fuese, precisamente Cameron Becher. El peor de los tres, el más impredecible, alguien que, según la información que Dorcas había conseguido, solo se había metido en aquello para asesinar a cuantas personas pudiese.
Becher casi choca con Dorcas, y le dedicó unas palabras que me hicieron dedicarle una mirada de reojo cargada de desprecio. Un breve vistazo al rostro de Jeremy Ackerman pilotado por Drake Ulrich me dio a entender que el fugitivo pensaba lo mismo que yo.
Sus palabras, y la forma en que se echó la capucha por encima de la cabeza, me dieron a entender que allá iba, a dar comienzo al atentado. Vale... pues alguien tiene que encargarse de él... Cuando cerró la puerta tras de sí, me giré hacia Dorcas.

—Dorcas... Tú y Drake tenéis que encargaros de convencer a Wells, y Wood si la véis, de que detengan esto. Yo tengo que ir a por Becher...—Con Becher dudaba mucho que sirviesen las palabras, así que debía ser extremadamente cuidadosa de aquel momento en adelante.—Confío en vosotros.

Fue todo lo que dije. No estaba dispuesta a perder un solo segundo más. Cada segundo podía suponer la diferencia entre la vida o la muerte de McDowell. Sí, lo sé: su vida debería importarme una mierda... pero no lo hace. Es una persona, cómo todas las demás, y cuanto menos se merece un juicio justo, no ser ejecutada por sus ideales. No podíamos ser cómo aquellos a quienes hacíamos frente... y eso era algo que Becher debía comprender, por las buenas o por las malas.


Exterior, calles de Hogsmeade...

Al salir al exterior, me golpeó de nuevo la luz del sol en los ojos, cegándome momentáneamente. Y en el momento en que puse un pie fuera de Cabeza de Puerco, empecé a cuestionarme si había sido una buena idea o no el dejar a mis dos compañeros atrás para ir a enfrentarme sola a Becher. Solo es uno, Gwen, recuerda... Si las cosas se ponen feas, solo es uno.
El primer problema se me planteó en el momento en que pisé la calle: ¿Por dónde se había ido Becher? Las calles del pueblecito eran un hervidero de gente, y costaba diferenciar una persona de otra. El único dato que tenía de Becher es que iba encapuchado. Así que debía localizar a un encapuchado en medio de toda aquella multitud. Venga, Gwen... que se note que cuando eras pequeña te gustaba jugar a '¿Dónde está Wally?'
Tras un rato mirando de un lado para otro a pie de calle, de manera infructuosa, me di cuenta de un principio básico: jugando a '¿Dónde está Wally?', el jugador tenía una perspectiva prácticamente aérea del montón de gente entre la cual se escondía ese simpático personaje con gafas y ropa a rallas blancas y rojas. Así que estaba claro: necesitaba observar Hogsmeade desde un lugar elevado.


Segunda planta de la casa abandonada...

Me desaparecí de la calle, aprovechando un recodo entre dos edificios, y me aparecí directamente en la segunda planta de la casa abandonada, desde cuyas ventanas tenía una vista mucho mejor de la calle. Agitada cómo estaba, mis ojos verdes recorrieron a la multitud allí congregada, quienes esperaban que diese comienzo el acto enfrascados en sus conversaciones.
Me costó un poco, pero tras un par de minutos logré localizar a Becher. Se había metido entre la gente, y creía pasar desapercibido, pero lo cierto es que entre tanto mago elegantemente vestido, un hombre con una capucha puesta llamaba demasiado la atención. Llevaba las manos en los bolsillos de sus pantalones, y miraba en dirección al palco montado ante la estatua, que todavía estaba cubierta por una gran lona.
Allá vamos... Esto puede salirme muy bien... o muy mal...
Me desaparecí de dónde estaba, apareciéndome justo detrás de Becher, y con la misma celeridad, puse una mano en su hombro, desapareciéndome con él de la calle y regresando a la segunda planta de la casa abandonada. Fue un proceso mareante, y a ambos nos fallaron las piernas un momento. Logramos manteneros en pie, pero Becher, sorprendido, sacó su varita y me apuntó con ella; yo hice lo mismo.

—¡¿Qué cojones pasa?! ¡¿Quién cojones eres tú?!—Exclamó Becher, devaluando en el proceso los genitales masculinos en dos ocasiones.

—Alguien que intenta evitar que cometas un gran error, Cameron.—Me referí a él por su nombre de pila, y le hablé con un tono de voz suave, manteniendo la varita apuntada hacia él.

—¡¿De qué coño me estás hablando?!—Seguía exaltado, y en esta ocasión devaluó los genitales femeninos, aunque por suerte solo lo hizo una vez.

—Lo que estás intentando hacer, Cameron... No puedes hacerlo. Todavía estás a tiempo de volverte atrás.—Mis dedos se cerraban con fuerza entorno a la empuñadura de la varita; Cameron Becher seguía apuntándome con la suya.

—¡Tú no tienes ni puta idea de lo que quiero hacer!—Respondió, ofendido, el señor Becher.

—¿Asesinar a McDowell? ¿Voy desencaminada? Creo que no. Y déjame que te lo diga: es una forma perfecta de tirar tu vida a la basura...—Le respondí.

En el momento en que dije estas palabras, supe que habían tenido efecto... aunque quizás no el efecto que yo esperaba. Y es que sus ojos se abrieron cómo platos y su rostro se incendió de pura rabia. Y antes de que pudiese darme cuenta, la cosa pasó a mayores.

—¡Fuera de mi camino, zorra de mierda!—Y con este grito tan cargado de amor, Becher empezó a atacarme. Conjuró un hechizo de fuego que logré bloquear exitosamente con un hechizo protector, pero no cejó en su empeño: continuó lanzándome distintos hechizos, obligándome a protegerme y retroceder, hasta que finalmente uno de ellos logró abrir una brecha en mi defensa.

Sentí cómo la magia cortaba la tela de la manga derecha de mi ropa y también la carne que había debajo. Tenía una herida que empezó a sangrar profusamente, pero no tenía tiempo de prestarle atención. Cambié la varita a la mano izquierda—la mano del brazo sano—y conjuré un Depulso no verbal, arrojando por los aires a Becher. El joven aterrizó varios metros más allá, sobre los polvorientos tablones podridos del suelo. Me incorporé de nuevo—sus ataques me habían obligado a doblar la rodilla en el suelo—y me dispuse a seguir atacando.
Sin embargo, el joven radical ya estaba atacando, sin molestarse en ponerse de pie, y tuve que abortar mi plan, defendiéndome.
Entonces, el suelo de la habitación del segundo piso de la casa abandonada en que estábamos se vino abajo con un crujido de madera podrida, y Becher y yo nos precipitamos al piso inferior.


Off rol: Os dejo un poco con la duda de qué pasará con este duelo. Lo resolveré en mi siguiente post ^^
PD: Que no se note nada la influencia de haber visto ayer Infinity War.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Vie Mayo 11, 2018 4:14 pm

Sentí como mis mejillas ganaban calor cuando escuche las palabras de Drake.- ¿Qué dices? Es sólo admiración. ¿Sabías que fue el primero en traducir manuscritos completos en Runología? ¡Y sus libros! ¡Oh! es que son geniales.- dije con ojos brillosos, sonrisa enorme y unas ganas tremendas de tocarle el cabello...y bueno, fuí y lo hice. Esponjoso, concluyó risueña. - Ay, lo siento.- me disculpe atrayendo mi mano hacia mi cuerpo y haciéndole una especie de calabozo con mi otra mano, para evitar cualquier otra ocurrencia de ir tocando cosas no debidas. Mire tanto a Gwen como Drake como un perrito que sabía que no había hecho las cosas correctas ni el momento correcto, baje un poco mi mirada arrepentida. Es que no estaba acostumbrada a ser así, yo era cautelosa, estructurada, pero a veces, sólo a veces me desbordaba. Es que, ¡Drake era Jeremy Ackerman!

¡Ays! Que se le había olvidado poner al tanto al castaño (ahora ruliento) de todo lo que había averiguado. Es que una parte de mí esperaba que Fly le contará algo, ya que gracias a ella es que tenía toda esa información. Pero para mi suerte, Gwen tenía un poder de síntesis admirable. Que en menos de un minuto logró poner un poco al día al mago. Hice el ademán de sacar las fotografías que tenía de cada cual pero desistí en el intento. Primero porque me demoraría mucho y ahora el tiempo era oro, y segundo porque era muy peligroso ir mostrando esos rostros en plena calle del pueblo sabiendo que son buscados por el gobierno. No, no, no. Ya dentro Drake podrá conocerlos en persona.

Fuí de las primeras hacia el Caldero, a paso decidido pero, antes de entrar choqué con Cameron Becher. Hice todo lo posible para no poner rostro de asombro al verlo. Y quizás sólo era producto de mi imaginación pero podría asegurar que tenía una mirada mucho más perdida que en la fotografía. Se veía más cansado, más ido. Lo que continúo me dejo con mi nariz arrugada, mejillas rojas y una sensación de escalofrío en mi cuerpo.  Es que no estaba acostumbrada a esa clase de palabras, ni trato.

Lo observé irse por unos segundos para terminar de entrar al Caldero, con la sensación de que el tiempo desde ese momento estaba en nuestra contra. No alcance ni a dar tres pasos cuando me enrrede en unas luces de navidad sintiéndome patética. Una alta patosa que no tiene consciencia de su cuerpo, así me sentí. Pero cuando logré liberarme de esas luces del mal divisé en la barra a otro de nuestros radicales identificados: Connor Wells.

>>¿Ese, es ese? Yo me encargo. Seguidme la corriente. <<

>> Dorcas... Tú y Drake tenéis que encargaros de convencer a Wells, y Wood si la véis, de que detengan esto. Yo tengo que ir a por Becher...Confío en vosotros"<<

- Pero Gwen...- pronuncie anonadada, mientras de paso le dirigía una rápida mirada a Drake que se dirigía a paso seguro a Connor.- Cuídate ¿sí? mantén su celular contigo. Nos vemos pronto.- le dije rápidamente, para luego ir rauda hacia el lado del castaño.

>>Tenemos que hablar antes de que atente contra la vida de la zorra pelirroja <<

¿Qué? ¿Cómo ¿Ah?
AY.

Miré para todos lados con ojos de huevo frito, es que yo estaba preparada para actuar un poquito, ganandonos de a poco su confianza pero, no así yendo tan directo al grano. Pero confiaba en Drake , él sabía lo que estaba haciendo ¿verdad?. Además el tiempo apremiaba así que debían ser así, sin pelos en la lengua. Es sólo que en ese momento se sentía en medio de la boca de un lobo bailando el chachachá.

El rostro de Connor era para fotografiarlo, como si en su mente miles de cables estuvieran buscando su conexión para poder decidir cuál sería el siguiente paso a seguir. Hasta que al parecer por fin lo encontró, suspirando y dedicandonos una sonrisa, de una manera que causaba todo menos alegría, era una sonrisa fría, con dejes de crueldad que hicieron que mi piel se pusiese de gallina. Cuando elevó su mano derecha llevé mi mano hacia donde se encontraba mi varita. Pero su mano no iba hacia su varita, sino hacía sus labios donde chifló una melodía corta y precisa. Ahí aproveche de acercarme a Drake y susurrarle.- Gwen se ha ido por Cameron.- arrugué mi ceño, nerviosa.

-  "Los buenos"...- comenzó a decir sin perder esa sonrisa tan perturbadora. Oh, es que ya no se veía tan dulce como en la fotografía.-  Una pregunta,  en esto del bien y la maldad ¿Dónde exactamente encajamos nosotros? .- preguntó. ¿Nosotros? me pregunté hasta que... Oh...de pronto de todas partes comenzaron a salir personas que de a poco fueron rodeandonos. Unos ¿diez? ¿doce? No lo sé, pero muchos más que nosotros. De diferentes edades, alturas, grosores...- Jeremy..- susurré casi inaudible a medida que me acercaba más a él.

-  Démosle una bienvenida a nuestro amigos "Los buenos".- y en cuanto terminó todos dieron un paso hacia nosotros con varita en alto. Elevé mi varita mientras extrañaba realmente la presencia de Gwen. Que ahí al menos seriamos un poco más frente a todos ellos.

-  Wells .- dijo una voz que provenía de su espalda. Una voz felina, pausada, y segura.-  No asustes de esa maner a nuestros buenos amigos .- me giré y me pille con la roja cabellera de Madison Wood. Con su sola presencia los demás relajaron su expresión. Como si con ella presente la calma llegará por consecuencia. Sonriente y con una mirada de halcón se acercó a nosotros. Nos dirigió una mirada rápida pero analitica de pies a cabeza para luego clavarla en nuestro rostros.- Y bueno, somos todos oídos...¿Qué tienen que decirnos? .- preguntó con una calma perturbadora, de esas que no logran su objetivo sino más bien todo lo contrario.
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Drake Ulrich el Sáb Mayo 12, 2018 4:18 am

Pero... ¿por qué, Gwendoline? Cuando Dorcas me dijo que Gwen se había ido a por Becher, la miré con reproche. Le iba a preguntar que por qué la dejó hacer eso, pero Dorcas estaba aprendiendo y dudaba mucho que si quiera tuviese muy claro de lo peligroso que era separarse en este tipo de misiones. Pero claro, de Gwen esperaba un poquito más. Que al menos me lo dijera a mí, y no a Dorcas. ¿Y si no llego a estar yo, qué? ¿Cómo resuelven esto? Así que un poco contrariado con la decisión de mi compañera, decidí optimizar el tiempo lo máximo posible.

Eso sí, fue el tipo que teníamos delante el que se encargó de meternos en un problema, ya que de repente empezaron a rodearnos varias personas. Yo sujeté mi varita, pero obviamente no la alcé, ya que eso era peligroso dada las circunstancias en las que nos encontrábamos; con la otra mano, protegí a Dorcas. Sin embargo, y gracias a Dios, apareció una persona que los calmó a todos y nos dio la oportunidad de hablar.

Seré claro y breve —hice una pausa: —Nos manda Dumbledore para que os convenzamos de que no hagáis lo que estáis a punto de hacer. Hay muchos civiles en la zona y también mucha protección hacia la Ministra. Si abrís fuego, habrá una batalla y todos aquí somos conscientes de que probablemente mueran y salgan heridos más inocentes que los auténticos guerreros.

Ya se empezaron a escuchar murmullos desde atrás de personas que no estaban de acuerdo con lo que estaba diciendo. La chica, nuevamente, mandó a callar al ver que yo no había terminado.

No tenemos intenciones de ponernos hostiles y, de hecho, vinimos con toda nuestra buena fe a intentar dialogar con vosotros. Sé que vuestras intenciones se reducen a erradicar aquello que es peligroso para la sociedad mágica, pero entre nuestras prioridades se encuentran asegurarnos de que nadie que no lo merezca, salga herido. —Miré a ambos lados. —Así que en esta ocasión, chocan nuestros intereses.

Y así, sinceridad. No iba a andarme con rodeos teniendo en cuenta que encima Gwen está por ahí, ella sola, intentando convencer a un tipo en solitario. A mí esta gente no me inspiraba precisamente confianza, mucho menos ahora que nos habían divido. Porque todos sabíamos la famosa frase de "divina y vencerás", bien, pues tal y como estaba la cosa, no parecía que tuviésemos muchas oportunidades.

Todo estaba en silencio y quizás debí respetar dicho silencio, pero no, abrí al boca:

Dumbledore estará encantado de...

Dos minutos después

¡Corre, corre, corre, corre! —Le decía a Dorcas mientras corrían por los callejones de Hogsmeade, huyendo de los más impulsivos, los cuales habían recibido la orden de mantenernos alejados del enfrentamiento que no iban a cancelar para evitar estorbos. —¡Pero bueno! —Y la sujetó a tiempo de parar su carrera, escondiéndose ambos en un rinconcito lleno de basura. Me apoyé en la pared y cogí aire, mirándola. —Vale, ha salido mal. Quizás tengo que mejorar mis dotes de persuasión, pero vamos, ¿qué narices íbamos a decirle? ¡Fui claro! Era eso o intentar sobornarlos, y no sé tú, pero si ya me costó conseguir un puto pelo imagínate conseguir algo que ellos quieran. —Y volví a coger aire, echo polvo de esa carrerilla. Buah, he perdido forma física. —¿Y los vistes? Había uno que quería matarnos desde que nombré a Dumbledore, ¿por qué tanto odio?

Que ojo, podía entender que hubiera odio hacia Dumbledore desde los radicales, a fin de cuentas, si apoyaban a otro líder que no era nuestro querido barbudo, era porque tenían cosas contra él. Podría ser un mago excelente y conseguir atraparnos a muchos de nosotros con su sabiduría y su forma de ser, pero podía comprender que muchas de sus decisiones han perjudicado a muchas personas.

Vale a ver... Esta gente se va a dirigir directamente a la plaza y dudo mucho que les haya importado una mierda el hecho de que puedan caer inocentes, así que tenemos tres opciones tú y yo: o encargarnos de que ningún inocente salga herido, enfrentarnos a todos esos que vistes ahí hace un momento o... —Se me encendió la bombilla, apareciendo en mi mente una idea que parecía perfecta. —¿Y si nos adelantamos y creamos un falso ataque lo suficientemente cutre como para hacer sonar las alarmas y que la gente huya a ponerse a salvo, haciendo así que el ataque del resto se vea eclipsado y no tengan tiempo de actuar? Podríamos salvarlos a todos. —Pregunté, sin tener muy claro si era buena idea. Yo en esta vida pocas cosas tenía clara. —¿Es buena idea? Dime si es una idea de mierda sin cortarte ni un pelo, ¿eh? Yo en estos momentos no pienso bien. ¿O prefieres ir a buscar a Gwen?
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Gwendoline Edevane el Sáb Mayo 12, 2018 4:07 pm

En las películas, una caída cómo esa no parecía para nada dolorosa. Cómo quién se precipita sobre un montón de colchonetas tras una caída de medio metro. Pero ese día descubrí que cuando el suelo se rompe bajo tus pies y caes a plomo sobre un cuarto de estar lleno de viejos y polvorientos muebles, tiene tendencia a doler. ¡Y vaya si dolió! Sentí un latigazo en la espalda, y entonces estaba segura de que me había llevado de propina un pinzamiento lumbar o algo por el estilo. Que eso te sirva de lección, Gwen: no eres una guerrera, ¿cómo se te ocurre salir corriendo detrás de Becher de esa manera? En ese momento empezaba a arrepentirme de haber actuado de manera temeraria, pero...
Becher. ¡Becher! El radical había caído conmigo, y no podía contar con tener la suerte suficiente cómo para que se hubiese hecho tanto daño cómo yo. Posiblemente ya estaría poniéndose en pie, listo para seguir atacándome. Así que me forcé a mí misma a levantarme de entre los restos de la mesa que había reducido a astillas con mi caída, gruñendo por el dolor de cada movimiento. Una densa nube de polvo me impedía ver nada, y no tenía tiempo de que se depositase: Becher podía estar alzando su varita ahora mismo.

¡Ventus!Conjuré verbalmente, incapaz de concentrarme para hacerlo de manera no verbal, apuntando mi varita al frente y generando una corriente de aire que empezó a despejar el polvo en suspensión.

Y allí estaba Becher, a un par de metros frente a mí, una rodilla clavada en la mugrienta alfombra. Se cubría la cara con el antebrazo, posiblemente intentando protegerse los ojos del viento y el polvo que volaba en su dirección. Aproveché este momento para cancelar mi hechizo y terminar de ponerme en pie. También me dolían las rodillas. Vamos, que no te has matado de milagro, Gwen...

—¡Detén esto, Cameron!—Dije, y no pude evitar toser a causa del polvo que, seguramente, había respirado. Cuando conseguí sobreponerme al ataque de tos, añadí:—Todavía no es tarde...

—¡Que te calles, zorra de mierda!—Gritó Becher mientras alzaba de nuevo su varita y reanudaba el duelo conmigo. Así iba a ser, nada de tregua.

Si tan solo supiera lo que estaba ocurriendo mientras tanto al otro lado del pueblo... Aquella misión se estaba yendo al traste, y sentía que en gran parte era culpa mía. Bueno... me consolaré pensando que soy una maldita novata y que en algún momento mejoraré...
Empecé a responder a los hechizos ofensivos de Becher con mis propios hechizos defensivos. El joven mago estaba furioso, y fue gracias a esta furia que pude protegerme eficazmente de la mayoría de sus hechizos; los que no pude defender, pues bueno, ni siquiera iban en mi dirección. Becher atacaba con mucha fuerza, pero si ningún tipo de control, y detrás de mí, pedazos de madera saltaban convertidos en astillas, allá dónde sus hechizos fallidos impactaban.
Aproveché los pequeños huecos en su ofensiva para moverme, pasito a pasito, hasta encontrar la cobertura de una cómoda cubierta con una sábana polvorienta. Pegué la espalda al lateral del mueble, y un nuevo hechizo impactó sobre este, haciendo explotar la mayor parte de este en una lluvia de astillas. Jadeaba, sin aliento, tanto por el polvo que había respirado cómo por el esfuerzo que estaba suponiendo aquel duelo. Las rodillas casi no me dolían ya, pero la espalda y el brazo en que Becher me había herido sí dolían. Tenía que acabar ya con este duelo si no quería perderlo.

—¡Te lo pido por última vez, Ca...!—Empecé a decir; la respuesta del joven, que me interrumpió fue un nuevo hechizo explosivo que hizo saltar por los aires otra buena parte de lo que restaba del mueble que me servía de cobijo.—Parece que no...—Murmuré, negando con la cabeza.

Así que tenía que derrotarle. No podía razonar con él de ninguna manera. Busqué con la mirada algo que me sirviese, lo que fuera... y la respuesta que obtuve fue una pequeña lámpara con base de porcelana y pantalla de tela, tan polvorienta cómo el resto de la estancia. Descansaba sobre una pequeña mesita auxiliar, junto a un sillón cubierto también con una sábana.
Apunté mi varita en dirección a la lámpara y esta comenzó a levitar. Giré sobre mí misma, haciendo un movimiento de varita al tiempo que salía de detrás de mi escondite. La lámpara salió despedida en dirección a Becher, quién se olvidó de la magia para protegerse la cara con los antebrazos. La lámpara impactó sobre él y se hizo añicos, lo cual provocó un gruñido de frustración por parte de Becher.
Era mi momento. Conjuré un Expelliarmus no verbal, y sin perder tiempo, un Depulso. Conjuré tan rápido ambos hechizos que ocurrió algo curioso: el joven radical pareció salir despedido al mismo tiempo que perdía la varita. Mi segundo hechizo lo arrojó contra una cañería expuesta en una de las paredes de la estancia, y aproveché ese momento para conjurar un Religio no verbal. Unas cadenas negras inmovilizaron a Becher contra la cañería, dando por finalizado este duelo.
Agotada, me doblé por la cintura y apoyé las manos en las rodillas, jadeando pesadamente. Finalmente, terminé sentada en el polvoriento suelo, sin dejar de respirar pesadamente. La estancia seguía llena de polvo en suspensión, y aquello me impedía respirar correctamente.

—Cameron, lo que queréis hacer está...—Empecé a decirle, pero no pude terminar, pues el radical empezó a reírse. ¿Pero de qué narices se estaba riendo?

—Estúpida zorra de mierda... ¿Te piensas que parándome a mí has conseguido algo? ¡No soy el único en mi grupo!—Exclamó el vencido radical.

De nada servía intentar hablar con él. No iba a conseguir nada. Becher era tan irracional cómo me había advertido Dorcas... o quizás un poco más. Bueno... lo importante es que he detenido a este. Veamos cómo les va a Dorcas y Drake. Saqué de mi bolsillo el teléfono móvil, que por suerte no se había hecho pedazos en la caída, y busqué en la agenda el número teléfono guardado cómo "D.M.O.F." El número de teléfono de Dorcas. Pulsé el botón de llamada y me llevé el teléfono a la oreja.
Poco o nada sabía yo de la situación en que estaban metidos mis compañeros... y de lo inoportuno de mi llamada en aquellos momentos.
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Dorcas Meadowes el Jue Mayo 24, 2018 1:09 am

Y ahí me encontraba yo, más alta y castaña de lo normal. Entre una Gwen que se iba en busca de Cameron y Drake que se iba por Connor sin más. Ay, ay, ay por Merlín y Morgana, Ay. Miré la puerta, miré a Drake, repetí ese mismo acto un par de veces y me fuí a por Drake. En menos de dos minutos nos encontrábamos rodeados, uno que otro rostro lo podía recordar de los carteles  repartidos por Londres mágico pero habían otros que jamás había visto, y por lo que veía ahora, a primera vista no tenían rostro muy amigable que digamos. Esperaba equivocarme.

Tenía mi varita en mi mano, empuñada firme, muy nerviosa pero trataba de disimularlo. Y no sabía si lo estaba logrando porque no me encontraba con mi cuerpo, ni siquiera sé cómo era el rostro de nervios de esta chica. Quizás ahora tengo un rostro todo patoso, o uno de poker face total. Bueno, que va. Eso no importa ya, lo que importa es que ahora teníamos también a nuestro lado a la líder. Ay, un escalofrío me recorrió la columna. Es que al menos para mí y mi chivatoscopio artesanal llamado intuición, Madison era la más peligrosa de los tres que le había mostrado a Gwen esta mañana. Porque Cameron sí, estaba loco y ahí radica su debilidad en que no era consciente de lo que hacía en cambio Madison, ella sabía muy bien sus pasos a seguir, las decisiones que tomaba, tanto así que el resto decidía seguirla, acatar sus órdenes.

La observé atentamente mientras Drake le hablaba, mira que cobarde me he de ver escondidita detrás de Drake. Pero tenía miedo, vale. Osea claro, si atacan yo respondo pero así de buenas a primeras agradecia profundamente que el castaño versión Ackerman(el guapo) estuviera a mi lado. La mujer durante todo el tiempo que Drake hablaba permanecía en silencio, de brazos cruzados y una sonrisa de lado, casi imperceptible, pero que yo si me esforzaba podía ver, ahí escondida pero maliciosa como ella sola.

Silencio.

- Dumbledore,siempre mandando a sus ovejitas...- ladeó la cabeza y clavó su mirada en nosotros, tragué saliva pesadamente, mi garganta se encontraba seca por la tensión.- ...ojala ese anciano esté bien posicionado. Por que hoy verá a Hogsmeade arder .- sonrió más ampliamente y se giró.- Atrapenlos.

Fue lo último que le escuche decir a Madison para luego ponernos a correr.

***

Y corrí, como cual Forest por las calles de Hogsmeade. Ni aire tenía en mis pulmones pero eso poco importaba cuando corrías con todas tus fuerzas, la cosa era que en algún momento tus piernas lograran llevarte a un lugar seguro. Pero de pronto detención total y arrastre a un rincón. Pum, pum, pum. Joder, se me iba a salir el corazón, en cualquier momento. Adiós, adiós corazón. Inspiré profundamente para recobrar la respiración, una y otra vez solo asintiendo a lo que decía y preguntaba Drake. Yo permanecía allí, calladita como un pequeño tejón asustado. ¡Que no! Que debes moverte, reacciona ¡Ahora ya!

- Yo...- sí, tú... Sigue, sigue. No pude, y no porque no sabía qué decir o porque estuviera cansada y toda mal de resistencia física (NOTA MENTAL: Necesito entrenamiento físico, CON EXTREMA URGENCIA). Sino porque Drake se había puesto hablar y maquinaba los próximos pasos a seguir. Lo escuché atentamente, cambiando mi expresión facial a medida que una cosa me parecía o no, andaba de lo más expresiva con mi rostro ya que al parecer mi lengua se la habían comido los ratones. En mi cabeza, se iban moviendo los cables de aquí para allá, conectando los uno con lo otro, sumando un número con otro, multiplicando, dividiendo, para decir...- Sí, creo que es lo mejor que podemos hacer.- concluí, clavando mi marrón mirada sobre el castaño. Que imagen más surreal tenía en este momento, una yo que no era yo pero que si lo era, con Drake que no era Drake sino que Ackerman. Ay Ackerman. Sacudí mi cabeza.- Pero primero debemos ir por Gwen, ese Cameron no me da buena espina...- arrugué mi nariz, como cuando uno huele un olor desagradable, eso me producía ese fugitivo. Pero ahí, como el mejor acto de magia comenzó a sonar mi móvil. Lo saqué rápidamente de mi bolsillo y ví un "Lín" en la pantalla.- ¡Es Gwen!.- exclamé sonriente, y aliviada. Que me había dado horrores pensar que ella iba sola por él.- Gwen ¿cómo estás?.- le pregunté pero luego sacudí mi cabeza ¡Que no había tiempo!.- ¿Dónde estás?.- cambié mi pregunta, a penas escuche su respuesta tomé a Drake del brazo y me aparecí con él, en la casa abandonada.

- ¡Gwen!.- exclamé feliz cuando la ví allí de una pieza, un poco maltrecha pero de una pieza. Vi alrededor.- Wow.- pronuncié, impactada al ver cómo estaba todo el lugar y como pasitos más allá se encontraba Cameron.

- ¡Tú! ¡Debía haberme dado cuenta de que también eras una zorra! .- comenzó a gruñir, pegué un saltito hacia atrás y abrí los ojos como dos huevos fritos. Pestañee rápidamente y miré a Drake.- Jeremy...- sí hay un radical usamos nuestras otras identidades. ERA LEY. Ahora, ¿cómo era que me llamaba mi yo alta y castaña? ¿Susan? ¿Rachel? ¿Jessica? Ay. Bah, sacudí mi cabeza.- ...tiene un plan. Atacar primero, para dispersar a la gente. La pregunta es ¿te quedas acá o vienes con nosotros?.- le pregunté, para accionar lo más rápido posible. Que el tic tac del reloj andaba más rápido que nunca, como si estuviera persiguiendolo un conejo.

Y de pronto, de la nada como un acto de profundo cariño y agradecimiento abrace a Drake, mi Ackerman falso favorito.- Gracias por estar aquí, junto a nosotras ayudándonos.- dije sin más apartandome de él y ofreciéndole una sonrisita. Que sí, no teníamos todo el tiempo del mundo, pero siempre hay un huequito, un paréntesis para un abrazo ¿no?.  Y más para alguien que estaba arriesgando su pellejo con algo que ni siquiera tenía el deber de hacer.
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