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Whispers in the dark [Priv. Tsunayoshi Nishima]

Laith Gauthier el Vie Feb 23, 2018 10:01 am

Febrero 25, 2018.
Cementerio, Pequeño Hangleton, Inglaterra.
18:23pm, 4ºC, nublado.

El trabajo de hospital es muy interesante, la verdad. Uno siempre tiene cientos de cosas que hacer, emergencias que atender, sitios a los que hacer los procedimientos más variopintos. Firmar un contrato en un hospital tiene entre letras pequeñas: permitir que el trabajo viole tu tiempo libre si una emergencia lo ve expresamente necesario, dejar que duerma en tu cama si es necesario. Un sanador ya no se extraña si es su día libre y de pronto alguien lo llama de urgencia al hospital. Tampoco si lo que está haciendo es dormir en el cómodo sofá después de un turno de veinticuatro horas porque no fue capaz de llegar a la cama tras una ducha.

Llevaba al menos siete horas durmiendo y tenía muchas más por delante cuando recibió una llamada de urgencia, en menos de quince minutos ya estaba en el hospital, todavía adormecido, todos yendo y viniendo de un lado al otro. — Tenemos un herido en el lugar imposible de movilizar —pronunció Lindsay apareciendo de la nada, entregándole un vaso con café bien cargado a su amigo. — Debemos movernos rápido, está perdiendo sangre, lo han herido y moverlo es sinónimo de muerte, está demasiado lejos como para ser traído y no soportará una aparición —ella le dio el panorama más amplio mientras Laith la seguía de cerca.

Vale, entonces lo que me estás diciendo es que vamos a tener que —no terminó de hablar cuando había sido aparecido a traición. La mujer lo había sujetado del brazo del café para apoyarlo y que no lo derramara y ahora estaban en un cementerio. — ¡Eres la peor persona del mundo, y ni se diga de la peor amiga! —se lamentó, a punto de irse de bruces por el repentino mareo, jadeando buscando el aire que la aparición le robó. Odiaba aparecer. Su cuerpo no estaba hecho para hacerlo. Tuvo una pausa de un par de minutos antes de conseguir recomponerse poco a poco.

Me perdonarás, no había tiempo —le sonrió, — ten cuidado, fuentes dicen que hay demonios en los alrededores, prepárate para defenderte si es necesario —advirtió la mujer, atándose el cabello castaño en una alta coleta y poniéndose guantes que sacó de su maletín, dándole un par a Laith. — Debe estar por aquí, cuidado con pisar eso, parece estar mal asentado —señaló con el gesto una tumba. — Quita esa cara de “no he dormido en casi dos días”, te llevaré a desayunar mañana luego de que duermas lo que resta del día —se burló traviesa, ella recién iba comenzando su turno.

Lo que encontraron fue espantoso: un hombre de mediana edad que había sido atacado por lo que al principio creyeron que era un hombre lobo. No eran fechas de luna llena, y el hombre juraba que había sido un monstruo, un demonio. Debían moverse rápido. Estabilizarlo fue lo más complejo, entre los sueros y las transfusiones de sangre, estaba en un charco en el suelo, hemorragias internas tanto como laceraciones externas, una fractura expuesta en la pierna izquierda. Los dos sanadores, amigos desde la universidad, trabajaban rápidamente de forma magistral hasta conseguir estabilizarlo lo suficiente como para hacerlo aparecer. En San Mungo terminarían de curarlo.

Llévalo al hospital, me aseguraré que no haya más heridos, te escribiré luego para ese desayuno —le dijo él, tocándole la espalda mientras se quitaba los guantes y los metía dentro de una bolsa de desechos en la que se tiraban las gasas ensangrentadas y los guantes al terminar. Miró su reloj, casi eran las seis y treinta por la tarde, empezaría a oscurecer pronto así que tenía que moverse rápido. No quería quedarse a solas y a oscuras con lo que sea que habitase el cementerio.

Sé que lo haces sólo porque no quieres aparecerte conmigo, llorica —se quejó Lindsay. — Ten mucho cuidado y escríbeme si pasa algo, iré a visitarte más tarde —le besó la mejilla, tocando todo lo que llevaría de ella antes de aparecerse con rumbo al hospital, dejando a Laith en ese aterrador lugar. El sanador cogió su varita y empezó a explorar.


Última edición por Laith Gauthier el Mar Feb 27, 2018 9:09 am, editado 1 vez
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Tsunayoshi Nishima el Lun Feb 26, 2018 9:42 pm

Explícame esto —Tsuna apareció ante el cubículo de uno de sus compañeros de departamento portando una circular. Spencer, típico trabajador que no paraba de meterse en líos por lo desastroso que podía ser a veces en su organización. A esas alturas era imposible no culparlo cada vez que el montón semanal de registros e informes que iban a ser almacenados desaparecía, o cosas como comunicados entre los interdepartamentales no llegaban a darse cuando él debía encargarse de ello. El japonés aún no comprendía cómo no lo habían despedido aún, pero el motivo de que se presentara allí esa vez no tenía nada que ver con eso.

Spencer no había advertido su presencia hasta que Tsuna dejó el papel delante de sus narices, de una manera brusca, y le preguntara al respecto. Éste se volvió y cuestionó con un simple —¿Qué?

¿Cómo que qué? —Tsuna señaló una línea de la circular y volvió a cuestionar con un todo menos amigable —¿Por qué se me ha cambiado la tarea que tenía asignada para con los grindylows?

A mí no me mires, yo no tengo ni idea.

¿Seguro? Porque es casualidad que ahora esa tarea la tengas tú. No sé lo que habrás hecho, pero lo vas a arreglar.

¡No fastidies Nishima! Para una vez que puedo encargarme de una tarea de demonólogo sencillita. Ya sé que no es mi campo, pero no quería tener que lidiar con la que me había tocado, la del hombre lobo parecía difícil. Así que...

Así que moviste tu culo para quedarte con mi encargo. Eso si se te da bien ¿No? Pobrecito Spencer —La sonrisa que adoptó entonces daba hasta miedo, pero inesperadamente pareció acceder por esa línea —Muy bien. Me encargaré de esto, pero yo también sé hacer regalitos Spencer, cuidado.

***

El cementerio de Pequeño Hangleton. Tsuna sabía bien por qué encargos como ese eran tan repudiados. Como todo encargo que no define una criatura clara, pero dada la descripción, todo indica que se trata de la presencia de un demonio peligroso, o un grupo de ellos. Los típicos arriesgados, aquellos a los que a casi nadie le gusta abordar de forma individual, y, sin embargo, Tsuna, a pesar de odiar esos encargos, nunca quería hacerlos en equipo. La razón que siempre le daba a Jayce cuando insistía en que trabajara en equipo siempre era la misma: "Los de mi división sólo me estorbarían"

Empezó tratando de desentramar la madeja, con objetivo en mente de explorar cada rincón de aquel lugar. La humedad atravesaba sus nervios como sectunsempra, y la neblina en el suelo le daba al lugar una pinta espeluznante. Sin embargo, no se dejaba amedrentar. Había comenzado por levantar el cercado, su línea de terribilis que empleaba siempre para mantener controlada la zona. Saber quién entraba y salía, pero había algo, o más bien alguien. De nuevo, había levantado la línea con alguien ya dentro ¿Es que siempre tenía que tener tan mala suerte a la hora de poner su señal de "do not cross"?

¡Oiga! —Trató de aproximarse a paso rápido, esa era su intención, pero en el intento una mano salió de la tierra y agarró al albino del tobillo —¡Inferis! ¿Aquí? ¿Quién...? —Hablaba para sí. Estaba por sacar su varita cuando la cabeza de otro inferi salió de la tierra, y tras este otro, y otro, hasta que eran tantos que superaban la cantidad de dedos de ambas manos.

Primero se deshizo de esa mano. La separó de su dueño mediante un sectum, y estaba tan enfocado en ellos que hasta se había olvidado de la presencia del segundo individuo que había dejado a sus espaldas.

No podía empezar mejor la misión.


Última edición por Tsunayoshi Nishima el Jue Mayo 31, 2018 5:44 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Jue Mar 01, 2018 10:14 pm

Si era honesto, cuando despertó de su siesta no pensó que iba a acabar en un cementerio explorando por más heridos. Había pensado que sería una urgencia en el hospital, no que tenía que hacer un juego a distancia. Algo así como ir de visitante a realizar el procedimiento más conveniente, fuese en el campo u otro hospital. Si a eso le sumamos que es un cementerio y no conforme con eso parece que se acaba de meter a Silent Hill con la neblina y todo eso, normal que creyese que se encontraba en una película de terror. Como si Pyramid Head fuese a venir a perseguirlo con su enorme cuchillo a castigarlo por sus culpas y pecados.

Dejó de pensar en películas y videojuegos de terror, suspenso, o el género que fuese para concentrarse en lo verdaderamente importante: encontrar heridos. Se decía fácil pero en la práctica… Debía tener cuidado. Escuchaba sonidos que venían de ningún lado, esos que la gente siempre escucha por pura paranoia, que si estuvieses en cualquier otro sitio en el mundo, incluso en completo silencio, no oirías. Crujidos, pasos, voces incluso, ecos perdidos entre los árboles que silbaban espectralmente el aire que cruzaba por entre su follaje. Los cuervos graznaban y entre el frío uno sólo podía pensar que estaría mejor metido entre las sábanas de la cama.

Momento. Eso había sido una voz, sin lugar a dudas. No producto de su cabeza, no una tonta alucinación auditiva, sino que realmente había oído a alguien. Contuvo la respiración, escuchando con atención con el latir agitado. No detectó ningún otro sonido. Se giró, mirando a su alrededor, la zurda mantenía la varita en ristre, preparada para atacar de ser necesario. Defenderse, más bien. La amenaza no estaba, sin embargo, ahí donde pudiese posar su mirada. La amenaza estaba cerca, pisándole los talones. Sujetándoselos con esqueléticos dedos salidos de la tierra, mejor dicho. Dio un respingo, mirando hacia abajo, por poco acaba cayéndose.

¿Qué carajo…? —cuestionó, apretando los dientes. Un sectum bastó para liberarse de aquella sujeción, pero entonces sintió un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal como un relámpago colándose en frio dentro de su sistema. Algo peligroso estaba cerca. Robaba el aliento y el aire ya de por sí frío se tornó más bien gélido. ¿Un dementor, quizá? Se temía que algo peor.

Evitó pisar las tumbas mientras intentaba alejarse de ahí. Eso al menos hasta que vio un fantasma. Bueno, al principio lo pareció, una silueta blanca que al cabo de unos segundos descubrió que era una larga mata de cabello, posiblemente de una mujer. Le pareció eso al comienzo, al menos, una mujer plana y… oye. No era una mujer, era de hecho un hombre. Un hombre de andrógina apariencia, al menos desde su punto de vista, asiático por sus rasgos, aunque era imposible para él saber de qué parte de Asia era. Hermoso, en su opinión, ¿era sólo porque le daba la impresión de ser, al menos un poco, cabrón? Qué mal gusto tenía él para fijarse en los hombres.

El caso es que vio a esa persona. — ¡Eh, tú! ¡Cuidado, hay…! —¿qué estaba diciendo? ¿Avisarle del inminente peligro cuando el que no estaba a salvo era él? Avanzando en su dirección, una nueva mano salió del suelo y en su intento por evitarla había pisado no otra que esa tumba de la que Lindsay lo había advertido, la de la tierra carente de firmeza. Había muchas como esas, aunque en particular esa había cedido bajo su peso y cayó. Y cayó. Y siguió cayendo. Era bastante más profunda de lo que uno iba a imaginarse. Sólo esperaba, ¡rezaba incluso! ¡Que le saliese cualquier demonio monstruo comegente, pero que no le saliese una puta araña!
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Tsunayoshi Nishima el Miér Mar 14, 2018 1:07 am

La situación no podría ponerse peor para Tsuna. Es que siempre le evadía la diosa de la fortuna al parecer. Habría querido acercarse a aquel segundo individuo para alentarlo, pero ya era demasiado tarde. Para empezar ¿Qué hacía allí? ¿Sería él el causante de todo ese misterio? ¿Quien habría echado la maldición sobre los cadáveres? ¿O se estaba precipitando en buscar culpables? En tal caso no había podido ni tan siquiera fijarse demasiado en él pues ante la aparición de los Inferis no pudo posar sus ojos en otra cosa que no fuera ellos. Lo tenían bastante ocupado, a decir verdad, y se las arreglaba para mantenerlos a raya mediante hechizos defensivos y algún que otro de repulsión. No obstante, poco a poco conseguían que el japonés retrocediera, eran muchos y hacían presión.

Intentaba desviar la cabeza hacia atrás para volver a dirigirse hacia aquella otra persona, pero en cuanto lo intentaba solo conseguía ofrecer una vulnerabilidad, momentos en los que permitía a los "mono-zombis" atacarle desprevenido, razón por la que volvía su vista al frente justo al instante. Estaba bastante apurado en tratar de salir de allí. Fue cuestión de tiempo en que determinaría que el sólo no sería capaz de acabar con todos ellos y lo próximo que idea fue contar.

Unos... Dos... ¡Tres! —Que no. No era un extraño gusto de esos, como el que de pronto le diera por contar cada uno de los partícipes de un ejército, de horrenda horda, molesta e insistente. Fue con esas palabras que se preparó para darse a la carrera: Era una retirada.

¡Pero!

Ya le valían sus ojos, pues nada más darse la vuelta vio cómo se precipitaba aquel que ya había identificado mejor, cayéndose por un derrumbamiento en el propio suelo ¿Y es que tan mal estaba ese lugar? Los Inferis se creían topos o algo por el estilo, porque dime tú como es que había un hoyo tan grande en ese sitio.

Tsuna se acercó, al principio ignoraba la profundidad del desnivel. Trató de iluminar su interior con la varita, pero aun así no era capaz de ver nada. Cuando se quiso dar cuanta estaba acorralado y alzando su varita se volvió hacia el resto. Solo podía hacer una cosa en un momento así. Aparecerse, lejos de allí, ya volvería luego. O eso tenía en mente.

Fue uno de los Inferis, que saltó hacia él antes de que pusiera en orden sus ideas, sin previo aviso. Esto provocó que instintivamente diera un paso hacia atrás, preparando un hechizo defensivo en la punta de su lengua, y antes de que pudiera reaccionar con nada, acabó por el mismo foso debido al borde endeble en el que se hallaba, que cedió.

Vaya sí tenía altura el foso. Y si no fuera por algún que otras raíces de las que fue tirando tan desesperadamente en la caída, no estaba seguro de si lo habría podido contar.

Allí en el suelo, trató de incorporarse entre quejidos, maldiciendo mentalmente todo cuanto había pasado. Lo mal que se habían desencadenado, y lo estúpido que fue al dejarle a Spencer salirse con la suya. Juraba que en cuanto lo volviera a tener de frente le haría sufrir. Mientras, debería centrarse en el caso.

No le llevó mucho percibirle. Una vez erguido, acabó por rascarse su cabeza, como si fuera la única parte del cuerpo que había sufrido golpes, y achinando sus ojos más que de costumbre para afinar la vista, dio por fin con aquel otro.

A ver, profanador de tumbas, no sé qué perversas intenciones tenías planeado para con los cadáveres, y no voy a meterme en tus fetiches, pero no deberías estar aquí —Se permitió bromear. Había levantado nuevamente su varita, a un nivel de la cintura, para iluminar y así poder verle. Era un tipo que parecía cuidarse bastante bien, y esos tatuajes le daba un aire camorrista. Le pareció un tipo curioso, y automáticamente le descartó como sospechoso, pues no resultó que actuara hostil.

Detrás de ambos se escuchaba el ruido como de una vieja en celo, mini quejidos, que le hizo torcerse a Tsuna en esa dirección hasta que salió de la penumbra uno de esos Inferis. Tenía toda la pinta de que había sido quien se había abalanzado sobre él, y seguramente habría caído del mismo modo por el hoyo.

Tsuna se puso en guardia.
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Laith Gauthier el Lun Mar 19, 2018 9:08 am

Con una caída tan larga, ya casi se imaginaba que iba a empezar a alucinar y llegar a Nunca Jamás. O a algún otro continente del otro lado del mundo. Esperaba no pasar por el centro de la Tierra y morirse en la lava. Sí, estaba exagerando. Sólo cerró los ojos, esperando el momento justo antes de abrir las alas. Fue un parpadeo el cambio antes de que las plumas cubrieran su cuerpo y de un aleteo remontaran el vuelo, aunque en su ascenso se dio con una raíz y volvió a caer. Las alas ahora hechas manos de nuevo fueron llevadas a su cabeza, sobando el golpe que se acababa de dar en el suelo. Al menos la caída no había sido tan brutal.

Se puso de pie, mirando hacia arriba, ¿era su idea o se iba cerrando la sombra? No, era alguien cayendo. Se apartó del camino para escuchar al asiático caer de lleno, hizo un ligero gesto de dolor, tomando su varita del suelo para encender la luz en silencio. — ¿Disculpa? Podría decir lo mismo —apuntó con su diestra, la mano que no llevaba la varita, acusador. — Que eso de hacerse el muerto no me pone, ¿pero qué haces tú aquí? —devolvió la pregunta en tono inquisitivo, quizá demasiado exagerado, era porque estaba inquieto y era una forma de relajarse.

Pero no tenían tiempo para relajarse y bromear, no cuando los quejidos, gemidos lastimeros parecían acercarse en su dirección. Los dos giraron hacia la penumbra, intentando iluminar. El sitio era demasiado oscuro, probablemente más grande de lo que hubiesen podido llegar a pensar al comienzo. El origen de aquellos sonidos tan retorcidos no era otro que uno de esos inferi. El inferius tenía esa expresión llena de maldad que los que pudieron ver en la zona del cementerio, ¿es que alguien habría decidido usar a los cadáveres del mismo como ejército? ¿O era algo más oscuro todavía?

No sé mucho de demonios, pero… ¿es posible que todo esto esté lleno de zombies homicidas? —creyó, ingenuamente, que estaba hablando con alguien con el mismo nulo conocimiento al respecto. La magizoología no era su materia favorita y tampoco lo era demonología. — Creí que moriría de otra manera, no comido por zombies —susurró, más para sí mismo que para nadie, mirando hacia arriba al hueco por donde habían caído que se veía pequeño a la distancia. El inferius se estaba preparando para atacarles.

Laith se dio cuenta que estaba, de algún modo retorcido, protagonizando una película de zombies y muertes, entre las que esperaba no estuviera la suya. Pero eso seguía, de hecho, sin explicar qué era lo que había atacado a su paciente de una forma tan bestial. ¿Sería acaso que los inferí no eran el único peligro? Mientras más lo analizaba, más le perturbaba la posible respuesta. No tanto como el inferius lanzándose hacia ellos, la luz se apagó, al menos la de su varita, cuando la alzó en su dirección. Hubo un sonido y gruñidos, gemidos llenos de desesperación, quejas salidas del alma.

El inferius había quedado atrapado en un bloque de hielo que hizo con la varita. Una explosión no era lo más adecuado considerando su situación y el fuego consumiría el oxígeno disponible, que no era mucho en su situación. — Tenemos que tener cuidado de no traernos el lugar encima —masculló, mirando hacia el techo. La luz se apagó, aquella arriba. — Laith, por cierto —dijo su nombre. Así evitarían el: “¡Oye, tú!” o un “¡Te hablo a ti, idiota!”. Era mejor saberse los nombres. — Este lugar se ve… increíblemente grande…

La luz no alcanzaba a chocar con ninguna pared a su alrededor, y del techo no podrían alcanzar el hueco. Si bien Laith podría salir volando, ahora no era una opción cuando algo, o alguien, había cubierto la entrada. Ahora tenían varios caminos: por uno, la muerte. Por otro, la muerte. Otro más aguardaba la muerte. Y esperaba que ninguno tuviese arañas adentro de su lista de cosas malas. Sí, el sanador pensaba que cualquier cosa, zombies, monstruos, eran mejores que las arañas.
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Tsunayoshi Nishima el Dom Abr 01, 2018 6:40 pm

Alguien estaba manipulando a los inferis, de eso no cabía duda ¿Pero quién? De momento no tenía una pista que pudiera ayudarle a descubrirlo. En su lugar había acabado precipitándose por un foso con otro tío, que, desde su parecer, no debería haberse metido en aquel embrollo. Se preguntaba que le había traído hasta allí, quizás sabía algo. No obstante, el adverso se adelantó y preguntó primero.

¡Pero vaya con el tonito! —Vaciló adoptando una actitud despreocupada —¡Escucha...! —Estuvo a punto de reprocharle con la varita en ristre, cual aguijón amenazador, cuando el inferi que aguardaba a su espalda captó la atención de ambos, y la frase quedó a medio comenzar.

Bastó la intensidad de ambos focos para vislumbrar el inferi que había caído con él. —¿Demonios? ¡No! —Se le escapó una risotada, sin importarle en que pudiera incomodar al adverso —Por favor ¿Eres de Hoguratsu? ¿Qué os enseñan ahí? Es obra de magia oscura, y es obvio que hay una mente maestra detrás. Pero, es curioso que lo nombres —Sí, bastante curioso, pues tenía un sexto sentido para notar la mano de algún demonio cuando obraba tras intrincados sucesos como ese. Demasiada experiencia con ellos. Sin embargo, ningún demonio conocido es capaz de conjurar un inferius, y eso era lo extraño.

El fogonazo consiguió cegar al muerto viviente por una fracción de segundos, pero al mismo tiempo agravó su hostilidad. Con un chillido agudo, la boca muy abierta, soltando espumarajos negros, y enseñando sus manos de huesudas falanges y uñas deterioradas, demostró su malestar, una señal de que se lanzaba al ataque.

La misma distancia que recortó en su salto Tsuna le hizo retroceder hasta chocar contra la pared con un hechizo aturdidor, luego actuó el contrario, y el inferi quedó congelado en el sitio —Tsugoi. Que oportuno —El japonés se aproximó hacia el cubo de hielo, deteniéndose en la figura del inferi mientras el otro hablaba a sus espaldas. Al fin se presentó.

Laith entonces, estaba por llamarte necrófilo —Tsuna giró sobre su eje y sacó su identificación.  

¿Queda claro ahora por qué estoy aquí? —Una sonrisa de lado y unos ojos más cerrados precedieron a su siguiente pregunta —¿Y tú? ¿Viniste a dejar flores a un pariente? —Su mirada se volvió al techo y mientras inspeccionaba la sedimentación comentó —Es una suerte que se haya tapado la entrada, piénsalo, no habría sido buena idea trepar por allí con tanto inferi suelto, tampoco habría sido buena idea que, como locos, terminaran bajando a por nosotros, y quién sabe; Si nos aguardan más de ellos adelante quizás nos terminarían acorralando. Es más, algo me dice que no es la única salida ¿No opinas igual?

El demonólogo tomó la delantera, alumbraba con el haz de su varita a un lado y a otro para acabar encontrando algo que pudiera palpar. Esperaba que el otro hiciera lo mismo y es que tenían que encontrar una segunda salida. Mientras comenzó por comentar banalidades.

Va va, sé que me he comportado de lo peor desde el comienzo, pero empecemos de cero. Oye, lo de antes. He de admitir que me gustó ese estilo tuyo ¿Sabes? Menos mal que no tengo que hacer esto solo, habría sido muuuy aburrido —Entonces tocó al fin algo —¡Curioso! —No era rugosa, era una pared lisa, y parecía haberse construido con sumo detalle, pues las piedras estaban realmente finas al igual que sus uniones, aun así, el tiempo había dado paso a que la naturaleza, incluso allí abajo, había reclamado lo que es suyo con algunos líquenes y raíces que salían por las hendiduras. Podría decir entonces que, ese lugar llevaba bastante tiempo allí abajo.

Caminó en la dirección que le permitía la pantalla de piedra para comprobar hasta dónde le llevaría, entonces la luz de la varita le mostró algo: Una antorcha apagada, no muy por encima de su cabeza. Su entrecejo se frunció extrañado y decidió prenderla con su varita. Muchas otras se encendieron solas en cadena, como por magia, y sus flamas verdes mostraron ante ambos una estancia cilíndrica con una única puerta como salida.

aish:
Yo en tu lugar me mataría por haberme tardado tanto. Pero estaré más atento a la cuenta a partir de ahora, lo juro
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Laith Gauthier el Mar Abr 03, 2018 8:58 am

Iba a haber una evidente discusión entre el asiático y el canadiense, a juzgar por sus actitudes de queja y reproche, aunque lamentablemente, o por suerte según se vea, el inferius decidió interrumpir su discusión. Los ojos verdes se entornaron en dirección al albino cuando éste se burló, aunque no se sentía particularmente ofendido. Qué le importaba a él si eran demonios, obra oscura o la puta que les parió, si al final a él no le competía actuar en respuesta, sino sanar los destrozos que causaban en los cuerpos. Además… ¿Le había dicho que era de dónde?

Sea como fuera, al final habían acabado incluso colaborando. El otro había empujado a la criatura y él entonces reaccionó congelándola en un bloque de hielo, de modo que se quedó completamente en su sitio. El otro parecía mezclar su idioma nativo con el inglés, o era la impresión que le había dado. Además, su personalidad parecía ser densa, un poco lo que se diría cargante. Laith imaginó que era uno de esos que seguramente lo único que vale la pena de ellos es su físico, como le pasaba con la gran mayoría de los hombres que le llamaban la atención.

Puso los ojos en blanco, sonriendo con encanto y haciendo uso del buen “si no tienes nada bueno que decir, entonces no digas nada”. — A podar el césped, evidentemente —Laith ironizó cuando le preguntó si ya sabía por qué estaba ahí tras enseñarle su identificación. — Sí, le vine a dejar flores a mi gato —le dijo, aunque más temprano que tarde corrigió. — Soy sanador, había un herido en los alrededores, seguramente por estas cosas o algo peor —le explicó, eran un par dispar en realidad. Volvió a mirar hacia arriba cuando mencionó que era mejor estar encerrados, Laith sólo agradecía no tener claustrofobia. — Sí, supongo, digamos que sí para ser optimistas —Laith tendía al pesimismo y a pensamientos catastróficos. Era mejor ser positivo.

Laith dejó que el tipo, cuyo nombre todavía no estaba seguro de cómo se pronunciaba, tomara la delantera para que se lo comieran a él si alguien les atacaba. Mientras tanto el sanador les guardaba las espaldas. Vio lo que hacía, palpar para buscar alguna salida alternativa, así que con el dolor de su corazón paseó su mano a través de la otra pared, esperando no cruzarse con ninguna araña en el camino. El silencio no parecía tan malo en realidad, aunque el otro decidió que quería romperlo, al parecer… ¿arrepintiéndose? De haber sido tan idiota al comienzo del todo. Laith sonrió.

No soy muy… ofensivo, soy quien cura a la gente, no quien hace daño, pero me defiendo —le comentó, haciendo conversación mientras avanzaban. — ¿Tiendes a hacer esto solo? ¿No es peligroso? —suponía que todo tenía mucho que ver con la práctica y la experiencia que tuviese en su trabajo. Se sobresaltó ligeramente al escuchar la exclamación del asiático, ¿es que había encontrado algo? Se acercó a él. — ¿Qué pasa, viejo? —le preguntó, tocando la pared que estaba tocando, lisa, como si hubiese sido hecha por una persona y no por la naturaleza. Algo estaba muy extraño ahí.

Sintió un escalofrío, cada segundo más aquello parecía una película de miedo, y de eso sabía él. Inhaló profundamente y el aire salió de forma lenta y pausada con el fin de tranquilizarse lo suficiente. No le gustaba ni un pelo el hecho de que todo se encendiera y sólo había un camino disponible, aquella puerta donde se imaginaba que habría un ritual satánico o una cosa por el estilo, o liberarían a todos los demonios de ultratumba que los iban a poseer y tomarían sus lugares en el mundo antes de que los exorcicen y mueran en el proceso. Sí, Laith había visto muchas películas de miedo.

¿Cómo se pronuncia tu nombre? —hizo conversación para aligerar los nervios, caminando en círculos y mirando todo, como si estuviese esperando ver una escotilla secreta que lo ayudase a escaparse. Sólo esa puerta. — ¿Qué tan buena idea es abrir una puerta sospechosa en medio de unas catacumbas bajo un cementerio? —hacía preguntas quizá un poco bobas, aproximándose a la misma. Según la respuesta del asiático iba o no a abrirla.

[OFF]: No te mataré, loviu.
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Tsunayoshi Nishima el Lun Abr 09, 2018 9:20 pm

"A podar el césped" "Vine a dejar flores a mi gato"

Aquellas respuestas a las que el albino no contestó flotaron livianas en su cabeza. En su momento le habían sacado una muy amplia sonrisa ladeada. Se veía que el adverso también tenía su punto de humor. Por ello, seguía pensando que no iba a aburrirse aquella vez. El japonés seguía pensando que había sido una suerte toparse con alguien así, un sanador ni más ni menos. Porque tú sabes, nunca venía mal tener alguien como él cerca cuando estás muy metido en asuntos de los que puedes no acabar muy bien parado.

Soy sanador, había un herido en los alrededores, seguramente por estas cosas o algo peor.

Así que hubo heridos. Entiendo entonces la gravedad de la situación —Añadió antes de dar una observación con respecto a lo de estar encerrados, y luego quedar muy centrado en poder distinguir las leves siluetas en la penumbra.

¿Tiendes a hacer esto solo? ¿No es peligroso?

Te voy a ser sincero, muchas veces he estado a punto de morir, pero —Se dio la vuelta, y con su rostro, no muy lejos del contrario, alumbrado con la luz de su varita, añadió con una sonrisa —Ahí reside lo interesante de todo esto. Y sí, lo hago solo —Se guardó sus motivos. Aquellas eran las palabras de un atrevido, o quizás loco, amante de su trabajo, y de los peligros que le aguardaban.

No había tardado mucho en conseguir que aquella habitación se iluminara. Fue un golpe de suerte, pero igualmente con tan solo la luz de una llama posiblemente habría podido ver la sala con nitidez, aunque menos que con toda esa hilera de antorchas. Sin duda había magia en aquel lugar.

A la reacción causada en el contrario por su sorpresa respondió —¿Cómo que viejo? Aún soy bastante joven —Por su procedencia, a pesar de llevar un par de años en Inglaterra, aún no se hacía a esa forma de hablar y se lo tomó literal.

¿Cómo se pronuncia tu nombre? —Y ahí se dio cuenta.

¿Eh? Agh, claro, la luz... —Se llevó los dedos para frotarse el puente de la nariz tras su última pregunta, pues odiaba tener que presentarse, y era por eso por lo que recurría a su identificación. No obstante, no lo haría una segunda vez —Tsunayoshi Nishima, demonólogo del ministerio. Pero entre nosotros, mejor dime Tsuna.

Una vez más tomó la iniciativa para abrir aquella puerta, su compañero no parecía muy convencido con lo de avanzar por allí ¿Pero qué otra opción tenían? Antes de abrirla por completa y adentrarse por ella, Laith ya había dicho algo al respecto.

También podemos quedarnos aquí abajo a jugar al snap explosivo si lo prefieres, y cuando nuestro querido amigo cubito de hielo se derrita podemos hacer que sea nuestro mayordomo ¿Hm? Oye es buena idea —Pero como era evidente que no iba en serio, no tardó en dar un paso adelante en aquella nueva sala.

Era un largo pasillo un poco menos iluminado que la estancia anterior, pero lo suficiente como para ver en su interior. Al fondo se podía notar una neblina que parecía estar en todo el lugar, el pasadizo tenía desvíos a derecha e izquierda, y parecía el comienzo de un lugar con pasillos seguidos uno tras otro. No podía decirse que fuera un laberinto, pues no resultaba ser muy complicado de sobrellevar, sin embargo, nada comenzó bien cuando, al dar el primer paso, notó como uno de los adoquines del suelo reaccionaba a su pisada y justo una flecha salió disparada, clavándose en la puerta que quedaba abierta hacia fuera, Tsuna giró la cabeza con lentitud para mirarla y finalmente comentó.

No lo vamos a tener fácil para salir de aquí.

Spoiler:
No te cortes si se te ocurre algún suceso o cualquier cosa solo porque tenga pensado por donde encauzar la trama, tú inventa todo lo que quieras que así es más divertido cómo ingeniármelas para redirigirlo por donde tengo pensado
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Laith Gauthier el Jue Abr 12, 2018 5:16 am

Le explicó al otro cuanto sabía y sus motivos para estar ahí, poniéndose un poco serios tras aquel breve intercambio de piques aparentemente amistosos. Laith buscaba conversación, de alguna manera, con el asiático, sólo descubriendo lo orgulloso que era, haciéndolo sonreír. — Qué presuntuoso eres —comentó al oírlo jactarse de casi morir diciendo que eso era lo interesante del oficio. Si era honesto, le pareció que aquella arrogancia le sentaba bien, pero también se dijo a sí mismo que tenía que pensar en frío y concentrarse en salir de ahí en una pieza.

El salón se encendió mágicamente, erizándole la piel a Laith de forma desagradable. Aquello no le gustaba mucho por su clara semejanza a una película de horror de esas donde nadie sale con vida. Esas que el sanador veía tan machito pero que, al final durante la noche, la paranoia se lo comía vivo. Casi ni siquiera le prestó atención al hecho que interpretó literalmente sus palabras al llamarlo “viejo”, en un son de colegueo más que por pensar que realmente era demasiado mayor. La verdad era que debían rondar la misma edad.

Tranquilo, sólo te pregunté tu nombre, sé leer —se burló un poco al mirarlo cuando volvió a presentarse, nombre, apellido y cargo. Repitió en su mente varias veces su nombre, haciendo un leve gesto con las cejas. Qué complicado. — No me gustan las abreviaciones —comentó, — así que quedas como… Tsunayoshi —vaciló un poco, esperando haberlo pronunciado de forma correcta. Eso no era lo relevante ahora, no cuando tenían que pasar por la puerta asesina. — Es la mejor idea que has tenido toda la aventura, ahora que lo mencionas tengo mi baraja aquí —buscó en su bolsillo pero como era lógico no tenía ni por asomo ese juego encima.

Esa no era su definición de “un domingo tranquilo”, pero era lo que había. El canadiense ni siquiera parecía entender la gravedad de la situación, no cuando tenía en bucle una canción de Avril Lavigne en la cabeza, ¿qué persona en su sano juicio tiene pegada a la mente una canción de Lavigne en pleno 2018? ¿Y en medio de una sala asesina? La cantaba dentro de sus pensamientos, aunque todo en su cerebro se quejó en silencio cuando vio aquella flecha. Antes de empezar a sonar de nuevo. Al menos su mente no era una radio, ni el otro sabía leer mentes. O eso esperaba, contaba con ello.

Primera regla, tener cuidado donde pisas —apuntó mentalmente, llevándose la palma de la mano a la frente. — La segunda pero más importante es no morir, toma nota —apuntó a Tsunayoshi con su dedo, como si pudiese saltarse esa norma a propósito. — Derecha o izquierda, elige uno, no creo que sea un laberinto pero en mi experiencia hay que coger un camino y seguirlo hasta el final, acabaremos llegando a algún sitio tarde o temprano —le dijo al asiático. El plan era simple, pero elaborarlo no era simple ni por asomo.

Si Tsunayoshi se negaba, Laith insistiría hasta que eligiese un maldito camino. Principalmente porque era un idiota obstinado, y no hay nada peor que la obstinación en un idiota. Con la varita en la mano se encaminaron al primer pasillo hacia el lado que Tsunayoshi eligiese, y como Laith se lo temía dos nuevas bifurcaciones hicieron acto de presencia, izquierda y derecha, al llegar al fondo del pasillo, siguiendo el de la misma dirección que antes. Notó también que la neblina, igual que al fondo del pasillo principal, se volvía más densa conforme avanzaban. Su experiencia en videojuegos le decía que había que visitar cada uno de los pasillos y obtener un “algo” que los ayudase en su misión final, ¡nunca era tan sencillo como caminar en línea recta!

¡Cuidado! —Laith jaló al otro cuando uno de los dos, posiblemente ambos a la par, tropezaron con una barrera mágica. Más bien como un hilo detector en el suelo que era invisible y activaba una trampa, una cuchilla que salió justo a un costado del albino. El moreno tragó seco, con la espalda contra la pared y el demonólogo prácticamente pegado contra él al atraerlo e impedir que la cuchilla les partiese a la mitad. — Si quieres seguir siendo positivo, creo que vamos en dirección correcta, no habría trampas sino —lo que él ignoraba es que había trampas en literalmente todos los corredores.

Gauthier lo soltó al final, pasado el susto inicial. Al fondo del pasillo esta vez no había más bifurcaciones, sino una sala de tres metros por tres en la que apenas y se veía entre la neblina y la oscuridad, pues cada paso la luz se quedaba más y más atrás. Lo que había al final era una figura humana, sin serlo. Laith iluminó con cuanta fuerza pudo con la varita, y frente a ellos encontraron una dama de hierro. Lo que había dentro, tapizado en los agujeros de los clavos del féretro era mucho más peligroso que aquellos simples inferi, tras una muerte horrible, los símbolos en sangre en el suelo justo frente a la figura sólo les decía una cosa: poseía una magia poderosa cuanto oscura.

Un paso en falso, fue todo lo que les hizo falta, antes de que la dama de hierro se abriese de par en par, y un chillido infernal aturdió a los magos inundando la sala cuando la criatura fue traída a la vida. Había dejado de ser humana hace mucho, mucho tiempo, sin embargo no era un esqueleto sin inteligencia putrefacto. Había evolucionado para el mal.
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Tsunayoshi Nishima el Vie Abr 13, 2018 3:10 am

No me gustan las abreviaciones, así que quedas como Tsunayoshi.

El japonés se encogió de hombros, había tomado en cuenta la posible dificultad que supondría su nombre completo, y por eso le había dado la oportunidad de —O más bien sugerido— llamarlo por la forma corta de su nombre.

Tú mismo. Pero no vale quejarse si para cuando intentes llamarme en un apuro hayas muerto antes de acabar mi nombre —Pasarla bromeando no tenía fin para el albino, y tenía su gracia, pues obviamente los muertos son incapaces de quejarse, a menos que fueras una momia, o un zombi, o un inferi. Lo único que a esos le faltaba cerebro como para saber siquiera lo que es quejarse.

De nuevo, el castaño le hizo ladear otra sonrisa, esa vez, más tosca y breve. Era como si hubiesen establecido un mutuo acuerdo por sacar una broma tras otra, ironía tras ironía, chanza tras chanza, para hacer menos terrorífico aquel lugar que inevitablemente tendrían que recorrer. Y parecían conseguirlo, aunque en su caso ya estaba acostumbrado a escenarios así, pero el cuerpo siempre reacciona igual ante la sensación de peligro, y puede uno haber vivido diversas situaciones similares, que el miedo seguirá presente, como una garrapata, siempre dispuesta a provocar la paranoia, y a su vez, ayudar a permanecer alerta.



Pero, o bien la garrapata del miedo no se había clavado lo suficientemente fuerte, o el somnífero de las bromas era más elevado, pues la historia casi se habría acabado para él nada más empezar por no estar prestando atención a los detalles de su entorno.

Touché —Le dio la palabra a Laith —Hey, pero no me señales así, no me voy a matar —Vaciló, haciendo un gesto con la mano para que bajara su dedo. Ya le estaba tratando como un imprudente y descuidado, pero no podía culparle por ello, se lo había ganado a pulso —Igual, si me pasa algo te tengo a ti para que me cures.

No tardaron en llegar a una de las bifurcaciones del pasillo, fijándose en el suelo. No había más trampas en aquella parte del lugar. Luego tomaron la izquierda, Tsuna siempre elegía la izquierda para todo. Si llevabas un tiempo conociéndole y jugaban a "saber en qué mano tengo escondida la moneda", le ganarías siempre. Pero venían más bifurcaciones y eso conllevaba elegir de nuevo. Al principio no era un problema, inicialmente el plan consistía en ir improvisando un recorrido para ir formando un mapa mental. No habían doblado muchas esquinas y por ello no era muy difícil memorizar sus decisiones.

El que no se activaran más trampas en todo el tiempo que llevaban andando, había causado que se descuidaran una vez más. Reaccionó lento cuando se escuchó el descuelgue de algo metálico, y suerte que los reflejos de Laith fueron mayores. En un pestañeo se vio muy cerca del adverso, mientras la hoja daba un silbido al cortar el aire a su espalda. Estaban frente con frente, muy juntos, por su parte con las manos apoyadas a la pared a ambos lados del adverso. De verse en aquella situación, esbozó otra de sus sonrisas ladinas.

Eso estuvo cerca —Dijo aún sin separarse.

Si quieres seguir siendo positivo, creo que vamos en dirección correcta, no habría trampas sino —El japonés había dejado que continuara el otro, y contestó.

Tiene sentido, sigamos pues —Le dio la razón, más por el hecho de que ya era el camino que habían elegido, que por estar de acuerdo realmente. No sabían lo que encontrarían más adelante, y si lo hubieran sabido, se lo habrían pensado dos veces antes de seguir por ese camino.

Una dama de hierro. De su interior salió una criatura que Tsuna no había visto en toda su carrera como demonólogo, la criatura salió de su interior cuando el sarcófago de pinchos se abrió, aturdiéndolos en un principio por su agudo chillido. Luego caviló en movimientos lentos en dirección hacia ambos, se notaba sus intenciones, iba a atacarlos.



El nipón no se lo pensó dos veces y estiró un pequeño pero largo pergamino en el aire, que recorrió con su varita con una maestría propia de alguien que lleva toda su vida practicando aquella magia. Del pergamino salieron disparados una ráfaga de shúrikens, como una lluvia de meteoros. Para su sorpresa, la criatura, mientras seguía avanzando, esquivaba cada uno con una facilidad sorprendente y velocidad impensable para ese cuerpo que tenía.

Tal parecida a una cinta negra, al moverse dejando como una estela a su paso, consiguió lanzarse sobre el japonés, a quién derribó quedando sobre él, y clavó sus largos dedos como agujas de costura en su pecho.

¡Laith...!

Tsuna gritó de dolor, y sacó su varita para quitárselo de encima, pero los hechizos de repulsión no lo alejaban, y los dañinos, si le hacían algo, al momento se regeneraba. La criatura reía desquiciada y hundía cada vez más sus dedos en la herida. Si no conseguía quitárselo a base de magia, usaría la fuerza.

Unos dientes afilados sustituyeron los anteriores del japonés y una mordida en la cabeza putrefacta de la criatura fue suficiente para apartarlo momentáneamente. Luego, en su forma animaga, trató de mantenerse en sus cuatro patas, pero entonces notó que cojeaba.
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Laith Gauthier el Vie Abr 13, 2018 11:13 pm

Tengo suerte de que me sepa cuidar solo, mira sino, muerto antes de poder pedir ayuda —hizo un gesto soberbio cuando dijo que sabía cuidarse solo, aunque seguramente en ese momento sus habilidades fuesen más bien poco efectivas considerando la peligrosidad de la situación, y que el otro era un demonólogo mientras que él apenas conocía los peligros más comunes, agresiones de criaturas mágicas, peleas entre magos, accidentes mágicos, y una buena serie de afecciones nomaj. Lo más cerca que había estado de un demonio había sido… posiblemente una película.

Al menos estaban entre broma y broma, sería denso y quizá hasta escalofriante sino. Los dos estuvieron más pronto que tarde conscientes de que debían cuidar sus pasos si no querían acabar atravesados por una flecha o algo peor. Nunca es agradable curar una herida que va de lado a lado en el cuerpo dejando un hueco, y eso era propio de las flechas. En realidad no iba en serio cuando señaló tan claro que él intentaría matarse a propósito, ¿quién en su sano juicio lo haría? ¡Al menos que le dijera cómo salir de ahí antes de suicidarse! A pesar de que en su opinión debían haber miles de sitios más interesantes para suicidarse.

Claro, depende del pobre sanador, eso significa que debes impedir que me maten si quieres que te cure —se hizo el importante con un guiño y una sonrisa a medio lado, cuando minutos antes se jactaba de lo bueno que era cuidándose solo. No parecía ser necesario tener una relación entre sus hilos de bromas para usarlas en el intento de hacer más amena la aventura tan gris que se tenían entre manos, ¿cuántas veces había llegado a estar en una posición así de imprudente? Oh, espera, bastante seguido de hecho, aunque ahora involucraba demonios.

Bajar la guardia en ese sitio resultaba ser casi suicida, lo supo en cuanto sin haber siquiera analizado lo que ocurría cuando apegó contra su cuerpo al asiático, quedando con los cuerpos tan cerca suficiente como para no ser cortados por aquel filo que cruzó el pasillo. Sus manos en la espalda del albino, con él contra la pared encerrado por los brazos ajenos. Sonrió pocos segundos luego, contagiado por la sonrisa ladina de Tsunayoshi, concordando en que había que seguir avanzando. Ojalá uno de los dos hubiese dicho que no, que cogiesen otro camino y no siguieran adelante por el mismo.

Entre la luz que se filtraba entre la neblina de aquel lugar, una criatura salió del sarcófago que quién sabe cuánto tiempo había sido su hogar sólo para atacar a los invasores. La táctica de Laith habría sido largarse corriendo, ¿cómo no? Pero una parte un poquito más valiente de él se decantó por quedarse al ver que Tsunayoshi planeaba utilizar la ofensiva con aquel pergamino que no le hizo ni cosquillas con el arma que usó, estrellas ninja de tinta. Tenía que preguntar cómo se hacía eso, si salían con vida. — ¡Tsuna…! —sí, el asiático tenía razón, morirían antes de que acabase de pronunciar su nombre.

Lanzó hechizos ofensivos, queriendo repelerlo sin éxito ninguno, como si una capa de inmunidad a la magia lo volviese invulnerable a todo lo que ellos pudieran hacer. La impotencia formó parte del sanador, tan sólo un breve momento. Al apartarse la criatura, reaccionó rápidamente: los ataques físicos, sin embargo, parecían estar funcionando, así que con la varita arrancó de su sitio a la dama de hierro, lanzándola contra una pared y llevándose a la criatura por el camino, tenían que encontrar un sitio a salvo para poder curar las heridas del demonólogo.

El problema radicaba en... ¿dónde estaba el demonólogo? Le costó encontrarlo en el piso, una figura blanquecina a nivel del suelo. — ¿Tsunayoshi? —preguntó para asegurarse que fuese él, ¿era un animago? — Joder no hay tiempo para esto —se quejó entre dientes, más consigo mismo que con nadie, Tomó entre brazos a la peluda forma del asiático, con cuidado puesto que era consciente de que estaba herido, la criatura no tardaría en recomponerse del golpe así que la mejor opción era huir, incluso cuando casi le corta la misma cuchilla de la que antes había rescatado al albino.

Los chillidos le helaban la sangre, siguiéndolo muy de cerca mientras intentaba escaparse de sus garras, incluso decidió utilizar un hechizo Devastier, aunque en lugar de atrapar a la criatura, lo que las raíces de los árboles de la superficie hicieron fue crear una pared que no duraría mucho. Cruzó casi sin pensar al pasillo contrario al de la dama de hierro, esperando encontrar... ¿qué estaba esperando encontrar? No lo sabía. Trató de esquivar las trampas que se les presentaron, huecos abriéndose en el suelo, flechas disparadas en su dirección, protegiendo al zorro entre sus brazos mientras su mente maquinaba una idea lo más rápido que podía. Llegaron a una segunda estancia, una habitación pequeña en la que apenas se podía ver nada.

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Tsunayoshi Nishima el Jue Abr 19, 2018 8:22 pm

Laith tenía un carácter peculiar, siempre con una buena respuesta para cada chanza que el japonés se atrevía a soltar. Se preguntaba cómo de importante tenía que ser para él la salud de los demás, llegando al extremo de arriesgar su vida de aquella forma, en busca de más heridos, a pesar de que sabía lo peligroso que era ese sitio cuando le comentó sobre el aspecto que tenía la primera víctima que encontró. Tsuna se guardó su pregunta, no le dijo nada al respecto, pero le pareció curioso.

Allí abajo era imposible que encontraran ninguno de esos heridos que estaba buscando Laith, o al menos eso era lo que le dijo que había venido a hacer allí. De todas formas, la prioridad de ambos era conseguir salir de aquel sitio. El problema fue haber elegido el camino que creyeron correcto, pero ¿Acaso había camino correcto? ¿Podría ser que había peligros mayores que aquel ser? La criatura demostró ser más fuerte de lo que parecía, y eso le costó caro al japonés.

La herida que el monstruo había causado en su pecho se volvía un problema cuando adoptaba su forma animaga, acentuándose un dolor entre una pata y el costado, lo que suponía un problema para apoyarse con la diestra de las delanteras. Sin embargo, estaba preparado para clavarle sus colmillos por si el enemigo volvía a acercarse. No hizo falta, pues en una fracción de segundos el sarcófago del que había salido fue disparado arrollando a la criatura —no sabía si clasificarla como semi-humana— y miró en dirección a Laith, quién, sin siquiera esperar un segundo, se lo llevó de allí en una retirada.

Tsuna se revolvió entre los brazos del sanador, denotando su desacuerdo con respecto a verse cargado de aquella forma. Luchaba por zafarse de ellos cuando se escucharon los gritos desgarradores de la aberración persiguiéndolos muy de cerca. Entonces sus intentos de saltar de sus brazos cesaron. Por un lado, había mil cosas que quería probar para luchar con aquella cosa, pero por otro no estaba muy seguro de si tendría éxito, y más en su estado.

Cuando consiguieron escapar lo suficientemente lejos, hasta que, o bien habían conseguido despistar a su persecutor, o bien una trampa se lo había tragado. Tsuna rodó de sus brazos golpeándose contra el suelo por intención propia y nuevamente adoptó su forma humana con la espalda apoyada en la pared.

No te pedí que me cargaras —Comentó en un tono molesto mientras iluminaba la estancia con su varita. Tenía la respiración muy agitada debido a las heridas que le había causado la extraña criatura de hace un rato. Luego hizo un movimiento con la misma para separar el punto de luz para dejarlo estático sobre sus cabezas y así ver mejor la estancia en la que se hallaban. No había mucho, era una sala vacía.

Tsk, mierda —Maldijo Tsuna cuando se llevó la mano a su pecho ensangrentado y notó como una punzada de dolor se acentuaba al tacto —No me esperaba que fuera tan ágil, me cogió desprevenido —Esta vez dijo sin mirar a Laith, como si su orgullo hubiese sido herido.
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Laith Gauthier el Dom Abr 22, 2018 10:33 pm

El zorro decidió que era un maravilloso momento para ponerse a tocar los cojones intentando conseguir que lo soltara, ¿pero qué demonios le pasaba? ¡Estaba intentando evitar que se lo comieran! Joder, menudo malagradecido. Al menos se detuvo cuando la verdadera amenaza estuvo peligrosamente cerca de ellos, intentando escaparse de sus garras hasta llegar a una habitación nueva donde finalmente dejó que si el animal quería caerse y abrirse la cabeza, que entonces lo hiciera. El corazón le latía rápido y la adrenalina pasando le hizo notar un dolor en su hombro derecho, un araño profundo quizá de una flecha apenas esquivada.

Sí, de nada por evitar que te coman —ironizó, apartando su propia ropa del hombro para sacar su varita y curarse el araño con gran facilidad, tan sólo seseando del ardor hasta que su piel quedó como nueva, acomodando sus prendas antes de disponerse a revisar al asiático. Parecía que estaban a salvo ahí. — Eso no importa ahora, déjame ver, quítate la camisa —le preocupaba que la criatura pudiese infectar aquello que tocaba o una cosa desastrosa de esas que hace la magia oscura. Si era necesario, obligaría a Tsunayoshi a dejarlo revisar la herida, quitándole él mismo la prenda si se ponía tozudo y se negaba.

Eran cinco huecos no muy grandes pero sí profundos, iluminando de cerca con su varita hizo una valoración, limpiando la sangre que manaba por los cinco agujeros. No era nada demasiado grave, buscó dentro de uno de sus bolsillos un frasco con un gotero, recargándolo contra la pared, invasivo en sus formas, sujetó la varita con los dientes y abrió el frasco dejando caer cinco gotas, cada una en una herida, provocando ardor junto con un humo que salía a través de los huecos. Tapó correctamente el medicamento y tomó su varita con la zurda, susurrando un hechizo rítmico hasta el punto en que las heridas hubieron cerrado por completo.

Cuando alzó la mirada, vio que estaba a sólo centímetros del rostro de aquel demonólogo. Sonrió, mirándolo a los ojos, bajando los ojos en dirección a sus labios, en una ligera tensión antes de alejarse de él. Vaya momento para pensar en ligar, en medio de unas catacumbas asesinas. — Parece una herida limpia, no te vas a morir —le dijo con el gesto resuelto, mirando alrededor. No parecía haber nada. — ¿Tienes alguna idea de cómo deshacernos de esa cosa que nos persiguió? —se atrevió a preguntarle a Tsunayoshi, ofreciéndole la mano para ponerse de pie. — ¿Te ha hecho alguna otra herida? —se aseguró que todo estaba bien.

Se sentía extraño, por un lado no estaba seguro de cómo salir de ahí y mucho menos de cómo conseguirlo con vida, ¿es que algo estaban buscando? ¿Cómo se deshacían de esa cosa? ¿Sería tan fácil como aparecerse fuera? Lo dudaba, cuando esa criatura poseía magia poderosa, seguramente todo el lugar estuviese así de hechizado. Tampoco sabía qué hacer o si de hecho debía hacer algo con la información sobre la forma animaga de Tsunayoshi. Se le ocurrieron algunas bromas al respecto, pero se las guardó porque no era el momento de decirlas.

En tu opinión, ¿crees que haya una de estas cosas en cada pasillo al que vayamos? ¿Qué es lo que estamos buscando, no es más fácil explotar el techo y…? O sea, sé que si lo intentamos probablemente todo colapse encima de nosotros, pero… —Laith se calló cuando se dio cuenta que realmente estaba hablando tonterías, necesitaba aclarar sus ideas antes de preguntarlas, pero es que estaba nervioso, la adrenalina todavía estaba presente y no lo dejaba pensar con claridad. Si, debía pensar como el profesional que era y no como los adolescentes de las películas de miedo, ¡por eso es que morían todos!
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Tsunayoshi Nishima el Jue Abr 26, 2018 12:23 am

Tsuna compuso una teatral sonrisa ante el primer reproche por parte del adverso, a pesar de que en el fondo maldecía de mil y una formas posible. No obstante, aunque no resultaban del todo ofensivas, se las guardó para sí, pues quería mantener un estado de ánimo amigable, a sabiendas de que ya se lo podría haber cargado mucho antes con su horrible personalidad que, por esa vez, no se había tomado la molestia de cuidar.

Esperas un gracias entonces —Complementó la queja ajena entornando los ojos, y aunque las palabras que precedían a esas últimas le sabían amargas en la boca las soltó, casi como si hubiera pasado por su garganta un vómito —Uh, gracias —Aun así, no había mirado directamente a Laith cuando lo dijo, y solo se volvió a éste cuando se fijó en cómo se trataba al mostrar la herida que se había hecho en el hombro, asomando por el cuello de su camisa.

Se preguntaba si aquel descuido había sido por su falta, por mantenerse inquieto en sus brazos mientras huían. Aquello podría haber supuesto un sentimiento de culpabilidad, una sensación tan leve, latente en su interior, encerrado por millones y millones de candados y puertas cerradas, que apenas era capaz de sentirla, y cuando este minúsculo sentimiento apenas conseguía lograr montar en la lanzadera hacia el exterior, su expresión era tal, mínima y ausente, que parecía en absoluto alterado por ésta.

Al menos se fijó en su profesionalidad reduciendo aquel rasguño a nada, como si nunca se lo hubiese hecho, y le sorprendió, pues si hubiera estado en su caso, en el intento de sanárselo él mismo le habría quedado, como mucho, una fina línea, un hilo de tono más claro de recuerdo por la herida.

Pero claro, él tenía sus propias preocupaciones, de hecho, algo peor. Y ni se le había pasado por la cabeza pedirle ayuda al contrario hasta que este le pidió que se quitase la camisa. Aunque más que pedirlo, casi parecía exigirlo, pues al principio, Tsuna se mostró reacio a colaborar, gruñendo, y no fue, hasta que se acercó con intenciones claras de quitársela él mismo cuando cedió y lo hizo por cuenta propia.

Se quejó, casi como un siseo, cuando la prenda superior rozó la herida al momento de retirársela. Tsuna no apartó sus ojos esa vez. Se quedó muy serio mirándole mientras él estudiaba la herida con detenimiento. Pudo permanecer así mientras el dolor no se acentuase, pero, al sacar el frasco y dejó caer aquellas gotas en la herida, sintió como se quemaba la zona bajo su piel. Era un dolor insoportable, y de nuevo volvió a sisear. Se agarró fuerte al brazo del sanador y apretó los dientes con fuerza mientras el dolor se prolongaba y notaba como si la carne burbujeara.

¿Todos los sanadores en San Mungo sois as-? ¡Ngh! —Se interrumpió, tras unas palabras que había sacado costosamente, debido a una última punzada de dolor al cerrarse la herida. Finalmente se palpó la zona. Daba la sensación de estar anestesiada, pero la piel se veía claramente intacta.

"¿Así cómo?"

Una pregunta que no había sido formulada había quedado en el aire, y no hizo falta si quiera cuestionarlo, pues bastó verle la expresión a Laith, cuando le ayudó a levantarse, para saber que debía continuar la frase que no había acabado y de nuevo, antes de explicarse, se curvaron las comisuras de los labios del japonés.

Hm, me refiero a... Así como eres: Tozudos, tan empecinados con sus pacientes, pesados, irritantes, cautelosos... —Empezó con un tono como de crítica, exagerando a posta, que acabó cambiando a uno más misterioso, cercano al susurro, a medida que enumeraba — Saben cuidarse, meticulosos... —Se tomó una pausa siguiendo sus labios —Tentadores.

Estaban a tan poca distancia el uno del otro. Su rostro, sus ojos y su boca, a esta última la seguía muy de cerca, como si generaran una fuerza magnética sobre los suyos hasta el adverso acabó por separarse, y de nuevo, una pregunta le hizo volver al tema en el que se veían envueltos, haciendo que su mente aterrizara.

Por sus antepasados kitsunes ¿En qué estaba pensando? Se preguntaba.

Primero negó con la cabeza ante la segunda pregunta que le había hecho, luego se apresuró a responder —Si te soy sincero no lo había visto en mi vida —En eso, se quedó mirando a la tenue luz que había sobre ellos —Pero ya he pensado en algo cuando volvamos a encontrarnos con algo parecido, puede que no podamos hacerle daño, pero si inmovilizarlo. Deberíamos centrarnos en buscar primero a quién está detrás de todo. Algo me dice que si acabamos con el marionetista nos cargaremos a todos sus juguetitos, y con ellos el hechizo que nos impide aparecernos. Porque lo notaste ¿Verdad?

Tsuna se puso de nuevo la camisa y se cruzó de brazos esperando más preguntas por parte del adverso. Le había sacado una breve risotada por aquella solución que no parecía ir muy enserio y acto seguido acabó respondiendo a lo que consideraba más curioso —No lo sé. Pero, hablando de aquella criatura, había algo en ella que me llamó bastante la atención, parecía muy humano —Al darse cuenta de lo que había dicho vaciló y añadió —Ya sé que los inferis en su día también lo fueron, pero ese en concreto... Se veía diferente ¿No crees? Como si... Quien fuera el mal nacido que le hizo eso quería conservar su poder, que se yo, le molaría el no dejarle como un simple peón. Si hay más como él, algo o alguien se está dedicando a hacer de brujos, sus títeres.

Tsuna se dirigió hacia la puerta, pero de primeras no salió por ésta, en lugar de ello se apartó a un lado reflexionando, y luego miró a Laith con detenimiento. Pensaba en las dos veces en las que lo había tenido a tan corta distancia y, tras esbozar una sonrisa ladina, apartó esos pensamientos.

¿Entonces? —Preguntó más por saber que iba a decidir él antes de continuar, si avanzar sin más, o si pensar mejor sobre el sitio donde se encontraban, por si tal vez Laith se había dado cuenta de algo que él no.
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Laith Gauthier el Vie Abr 27, 2018 1:43 am

En realidad Laith no esperaba un “gracias”, en ese caso sólo se conformaba con que el otro no se comportase de forma desagradable después de haberle salvado el pellejo. No pudo, sin embargo, decirlo antes de que el albino decidiera de hecho agradecerle por haberlo salvado. Las palabras parecían ser sumamente difíciles de pronunciar para él, y sin embargo las dijo amargamente y sin mirarle directamente. Le pareció, de hecho, muy curioso, pero sonrió a medio lado, un poco confundido por lo inusual de la situación.

No fue nada —respondió de forma agradable, sin orgullo o vanidad en su voz. Acto seguido se dispuso a curarse a sí mismo, con tanta naturalidad como era posible. Lo cierto era que vivía lastimándose en todos los ámbitos de su vida, así que al final era casi rutinario acabar curándose a sí mismo. Cuando terminó con su hombro y hubo acomodado la ropa en su hombro, fue turno de ver qué tenía Tsunayoshi, aproximándose a él pidiéndole que se quitara la camisa, petición, o más bien exigencia, que quedó sin respuesta inmediata, aunque Laith no tendría problemas en hacer valer su voz así fuese por la fuerza.

Es decir, ¿qué tanto orgullo podía tener ese demonólogo para no querer curarse una herida evidentemente seria? Ni siquiera iban a ser capaces de salir de ahí con aquel medio desangrándose a causa de las heridas. Inspeccionó su pecho, decidiendo que no debía tratarlos sino como cortes normales. No se quejó cuando sintió que apretaba su brazo a causa del dolor, permitiéndoselo si eso le ayudaba a soportarlo mejor. Cuando terminó el humo, empezó a cerrarla con magia, oyendo esa pregunta proveniente del adverso, sólo enarcando una ceja pero todavía sin mirarlo directamente, concentrado en su rol de sanador.

Una sonrisa divertida se extendió en los labios del sanador cuando empezó a describirlo tan negativamente, ¿así de malo era? Jo. Las tornas cambiaron, sin embargo, cuando empezó con las positivas hasta llamarlo “tentador”. Ese hombre iba a matarlo si no lo hacían antes las criaturas. — Tienes suerte, creo, yo soy edición limitada, la mejorada —susurró, preguntándose si estaba bien dejarse caer a la tentación del misterio. Fue él el primero en darse cuenta que primero debían preocuparse por otros temas, alejándose de él apenas segundos antes de acercarse a eliminar esa poca distancia entre ellos.

Empezó a hacer preguntas, asumiendo que no sabía a qué era a lo que se enfrentaban y, por desgracia, tampoco lo sabía el albino. Laith había notado que la magia era de algún modo repelida por la criatura humanoide, pero la mordida del zorro y el golpe de sarcófago habían resultado ser útiles para deshacerse de la misma. A juzgar por la cantidad de inferí que había, había un mago oscuro detrás de aquello controlando, ¿pero dónde? El moreno se acarició el cuello con suavidad mientras intentaba pensar, ¿realmente creía que lo que estaban buscando estaba ahí abajo, entre los laberínticos pasillos del lugar?

¿Entonces me estás diciendo que sospechas que haya más de esas… criaturas? Quiero decir, suena… Tiene lógica, pero si ya nos ha costado enfrentarnos a uno… —sí, estaba preocupado. Laith nunca había sido el as de los duelos ni mucho menos, era de la casa de los sanadores, no de los guerreros. — ¿Qué tanto sabes de… rituales de invocación? —preguntó. — Me refiero a… ¿Te fijaste que había algo así como un ritual donde la criatura? —se preguntaba si eso tenía algo que ver con la fuerza y magia que parecía tener alrededor esa criatura.

Entonces, casi obligándose, se decidió a continuar. No le estaba gustando esa jodida aventura, cada vez más parecida a algo de horror. Oían gritos lejanos de la criatura, lo que tanto como lo angustiaba llegaba a calmarlo. Escucharlo era malo, pero escucharlo lejos era reconfortante, de hecho. Siguieron explorando pasillos, en el orden que anteriormente lo habían decidido, cuidándose de las trampas que se activaban al verlos pasar. Laith casi rezaba que no hubiera más criaturas, que la teoría del titiritero fuese sólo eso, una hipótesis sin fundamento claro, aunque se temía que era ingenuo pensarlo.

En la mayoría de las habitaciones no había nada en lo absoluto. En otras se encontraban con mesas y escritorios que se encontraban vacíos. Nada realmente útil. Pero en ese momento, quizá por motivo de la paranoia, Laith cruzó su brazo frente al pecho de Tsunayoshi, haciéndolo detenerse. — Espera, silencio, ¿escuchas eso? —¿escuchar qué? — Eso, escucha, silencio… —le pidió en voz baja, entrecerrando los ojos para intentar afinar el oído.

Pasos. Un sonido metálico, como el arrastrar de cadenas. Un lamento. Debía estar cerca, pero no lo suficientemente cerca para habérselo encontrado, quizá varios pasillos a la distancia. Allá, esa criatura caminaba, con las piernas atadas en cadenas individualmente, arrastrándolas con cada paso. Un cuerpo esquelético pero peligroso, igual de deforme que su congénere, y uno de sus brazos también estaba envuelto en cadenas. El otro había sido reemplazado por un objeto filoso, una especie de enorme cuchillo. En su cuello una rueda de metal, parecía a una llanta de bicicleta. La sangre que goteaba venía de su rostro pues había sido desprovisto de sus ojos ahora como dos huecos negros: la criatura era ciega, pero no estúpida.
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