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Priv. || La Rocola de los Sueños || FB

Niara Soyinka el Miér Feb 28, 2018 10:56 pm

Hey, radioyentes. Aquí, desde RMI, los chicos de Bailando con las Banshees tenemos algo para ustedes esta noche, ¡algo especial, algo peludo! ¿Qué tal van esos estiramientos nocturnos? Vas a querer dejar lo que estás haciendo para oír "Do The Hippogriff", el nuevo hit de The Weird Sisters.

Primero, la tanda de mensajes de nuestros fieles y queridos radioyentes. Veamos, ¿quién va primero? Aquí, LizzyLaVeela89, nos dice:

Queridos Ted y Yoda, de Bailando con las Banshees, ¡que los alcance un maleficio! (¡Ey, Lizzy, qué pasa con tanto odio, preciosa? Veamos…). Extraño muchísimo sus programas, ¿por qué desaparecieron esta semana? (Oooooh, tan linda, Lizzy. Ted tiene la culpa, ¿sabes? Nos perdimos en la Red Flu toda la semana intentando encontrarnos a nosotros mismos y a nuestras partes —que se quedaron en el camino— luego de meternos juntos en la chimenea —mala idea, por cierto, no por nada hay un manual sobre lo que NO debes hacer con la Red Flu— Recuérdalo Ted. La próxima vez, no me sigas tan de cerca, amigo). Por favor, dedíquenme un tema. ¡Y no vuelvan a desaparecerse, se los extraña tantísimo!

¡Y no volveremos a abandonarte jamás de los jamases, mi oyente favorita! Aprovecho ahora para agradecer a los sanadores de San Mungo, por dejarnos de una pieza a mi amigo y a mí, y por separar esas partes que no se suponía que estuvieran pegadas… Sí, pasé una semana con el codo de Ted insertado en mi ojo. Nunca más, amigo, nunca más.

Sigamos, sigamos. Aquí, ElFauno (¡Oh, ese bribón! Cómo hemos extrañado a este loco, ¿qué tal todo?), nos dice:

¡Hola, chicos!, quiero dejar mi info de contacto, para todas esas señoritas que quieran enamorarse esta noche. Sólo manden una lechuza a ElFauno, y prenderé fuego a sus calderos escurriéndome como una salamandra entre sus leños...

¡Oh, hombre, que calor! Yo y Ted ya estamos deseándote. ¿Quién más…? ¡Oh, sí! Duendecilla, nos dice:

¡Me ha encantado el último relato sobre los misterios de “Jack el Destripador, el Boggart de la ciudad de Londres”!, ¡por favor, queremos más! Se los quiere, ¡besos de Banshee!

Qué bueno que lo menciones, Duendecilla, porque hoy traemos un tema muy interesante para ustedes, sobre algo que le ha sucedido a Ted el otro día. Ted, ¿quieres hacernos el favor? Ahora, los dejo con este comadreja. Gracias a todos por sus mensajes, los amamos. Este fue Yoda, corto. Paz y amor y brujasfritas para ustedes, mis amigos.

—¡Ey, ey, ey, bansheeoyentes! Gracias Yoda. Ahora es mi turno de quitarte el micrófono, puto egocéntrico. ¿Están preparados del otro lado de la radio? Ok, hagamos esto. Les contaré sobre algo que Yoda y yo estuvimos discutiendo la otra noche. Me hizo jurar que no estaba loco, pero tengo que confesar que no lo sé. Era la Luna Llena el otro día, ¿la vieron? Sí, terrible y hermosa, ¿verdad? Nuestros amigos los hombres lobos sí que sabrán al respecto. El punto es que me sucedió algo esa noche: tuve un sueño. Maldición, tuve el mejor sueño de mi vida. Estaba esta chica, perfecta, preciosa, y me dije a mí mismo: “No quiero salir de este sueño. No me importa si el mundo mágico se va al carajo, ¡quiero soñar con esta chica por el resto de mi vida!”. Pero desperté, y en lugar de esta mujer incomparablemente bella, estaba Yoda a mi lado. Sí, fíjense la decepción. Estábamos en las camillas de San Mungo, y éste roncaba, así que tuve que despertarlo. Porque, ¡maldición!, el tipo ronca que es una pesadilla. Y le conté sobre mi sueño. Le dije: “Amigo, eso fue real. Ella era el amor de mi vida”. Y nos pusimos filosóficos al respecto, ustedes saben, sobre el amor y toda esa mierda. Porque, ustedes saben que Yoda y yo estamos como cabras con el tío. Somos un jodido desastre. Y mi cabeza giró y giró, y pensé…

»¿Cuánto sabemos realmente sobre los sueños? Todos los hemos oído, sobre casos de coincidencias inexplicables entre lo que soñamos y la realidad. Y, la pregunta es, ¿dónde está el límite? Una noche podría pasarte que sueñes con la mujer de tu vida, incluso antes de conocerla. ¿Y te digo qué? No la dejes ir amigo, no la dejes evaporarse entre los recodos de tu mente, no. Búscala.

¿Y sabes qué más? Podría sucederte, que ella esté allí, en alguna parte. ¿Has oído hablar del reloj biológico lunar? También conocido como el ritmo circalunar, refiere a cómo los ciclos lunares afectan nuestro sueño. ¿Pesadillas, encuentros con el más allá, visitas inesperadas, premoniciones nocturnas? La Luna puede ser la clave, y su magia podría ser la explicación a todos esos raros fenómenos que nos ocurren mientras dormimos, desde la parálisis del sueño hasta la oportuna predicción de que alguien cercano a ti está en riesgo mortal. Así que, es posible. Es posible que recibamos el influjo de fuerzas que desconocemos, y que nos vigilan en sueños. El vínculo entre este astro de maravilla y el hombre ha sido siempre un misterio cargado de leyendas. Nosotros sabemos que los hombres lobos son muy reales, ¿y qué hay de las musas que se cuelan en nuestros sueños para volvernos locos, locos estremecidos, embriagados de noche y rayos de luna…?, ¿por qué no serían ellas reales…? Podría sucederte, sí, que una musa te visitara en sueños, tal como le ocurrió a…


Era una tienda polvorienta, cargada de raros artículos y muy afamada entre el círculo de coleccionistas de artefactos tocados por la magia negra. Borgin&Burges tenía su fama en el mundillo, tal como la tienda Antigüedades Soyinka, así que para Niara, no era nada de otro mundo. Tampoco era la primera vez que entraba a ese local. A veces por información, otras por curiosear y otras para vender, de una forma u otra había acabado allí, frente a un sucio mostrador al fondo, llamando a un timbre de mesa que nadie atendía.

La radio estaba encendida, y oía fragmentos de un programa nocturno, sin enterarse realmente de lo que decían, y más interesada en recorrer el local con la mirada, en busca de novedades. En una esquina, hundida en las sombras, distinguió lo que era, sí, no había dudas, una rocola. Le llamó la atención, y desistió de insistir con el timbre para ir a echarle un vistazo.

…Un día, aciago día, dejó de soñarla. Así, sin nota de despedida. Y sintió que debía encontrarla, a cualquier costo…


Hurgó en su monedero por una moneda, y la insertó en la ranura.

…Pero, ¿cómo buscar a una mujer que es un sueño dentro de un sueño?...


Niara eligió una canción al azar, pero esta no arrancó, y en cambio, el mecanismo de la máquina pareció trabarse. Tsk. Con una última mirada en derredor, con cara impávida de “aquí no pasa nada, pero por si las dudas yo no fui”, se giró para comprobar si habría alguien que la pescara infraganti, cuando ¡zip!, desapareció. Un instante estaba allí, al otro, ni rastro de Niara Soyinka.

…¿cómo conseguir perseguirla saltando entre mundos de sombra y realidad?...


Rocola Mágica. Es un artefacto, que hace “desaparecer” a quien lo toque, “succionándolo mágicamente” a otro plano de existencia. Curiosamente, la única forma que tiene Niara de comunicarse con el exterior, es a través de los sueños de Ed Westerberg. ¿Tendrá algo que ver con que sea un hombre lobo?, ¿será que la extraña relación de estas criaturas con la Luna podría sensibilizarlos frente a experiencias con otros planos, etc.? Todo esto es un misterio. Lo único cierto es que Niara Soyinka es presa de un embrujo, que no le permite materializarse en el mundo tal como lo conocemos, y hasta que hallen la manera de solucionarlo, a Ed Westerberg y Niara Soyinka les esperará una convivencia llena de accidentes y sueños.


***

Gracias Ted. Ahora, con ustedes, y dedicado a LizzyLaVeela89, ¡el nuevo hit de la noche!


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Edward Westenberg el Miér Mar 07, 2018 7:01 pm

Bostezo por décima quinta vez, le había tocado tarde aquel día y eso significaba que cuando el sol se fuera a dar una vuelta a otro lugar del mundo él debía limpiar y ordenar los nuevos encargos de la bódega. Y si bien él estaba acostumbrado a hacer esas cosas y no le molestaba, más bien le entretenía porque le gusta hacer cosas porque era una batería con full energía andante, aquella tarde no era así. Hace apenas un par de días había sido luna llena. Y él un lobo a portas de acostumbrarse a que su cuerpo una noche al mes se convirtiera en un animal salvaje sin memoria, aún seguía con dolores y malestares después de la transformación. Si hubiera sido por él no habría salido siquiera de la cama. Oh bueno, quizás sí, pero sólo para comer. Nada más. Pero ahí estaba refregando y dejando brillante una mano que solían llamar de gloria. Que podía verse espeluznante, pero no señoras y señores, no se equivoquen, no se dejen guiar meramente por sus ojos, esa mano era de las que te tendía una ayuda dejándote ver en plena oscuridad. Era gloriosa sin lugar a dudas.

Miró alrededor y sonrió al ver todo tipo de objetos curiosos y sombríos. Sin entender cómo es que la gente había etiquetado ese lugar con tan mala reputación. Ok sí, el dueño no era un ser de luz y muy amoroso que digamos. Pero, siempre le dejaba un sándwich antes de marcharse refunfuñando, y eso si no es cariño no sabría decir qué era. Suspiró y decidió prender la radio, era una pequeña y muy antigua de un color rojo intenso. Se la había traído de su casa cuando descubrió que si no lo hacía terminaría aburriendose como ostra. Y eso es solo una manera de decir, que no tenía ni puñetera idea si las ostras se aburrían, pero se entiende ¿no?.

- Jooo, han vuelto.- exclamó cuando escuchó que Ted y Yoda habían vuelto a las pistas radiales. Soltó una risota de aquellas cuando los escuchó decir que habían terminando en San Mundo a causa de un mal uso de las Red Flú. Él había viajado una sola vez con ellas, en la navidad del 2004, tenía seis años e iba a pasar las fiestas donde su tía Mirna. Resultado: terminó llegando a la casa de su tío Mark en Oklahoma, y su padre tuvo que ir a buscarlo con un traslador, un método más seguro sin lugar a duda. Al menos, para su suerte llegado a un lugar equivocado pero de una pieza. Y de ahí, nunca más viajaron así. - We love you, Yoda.- gritó como si este lo pudiera escuchar a donde fuera que estuviera. Lo más probable es que si alguien llegase en ese instante a la tienda lo encontraría un lunático de aquellos, y a decir verdad lo era, pero solo un poquito.

Comenzó a escuchar la historia y detuvo su accionar. Es que él era de recordar todos sus sueños, o al menos la gran mayoría. Cuando pequeño hasta había decidio comenzar a anotarlos, pero luego se dió cuenta que no hacía falta gracias a su memoria fotográfica. Los más antiguos quizás podían perder en precisión pero aún así podría describirlos y relatarlos con una exactitud envidiable. Como esa vez en que había soñado que era una pelota roja que recorría el desierto del Sahara, o cuando era la garra que tanto anhelaban los ovnis de esa película muggle de muñecos. O cuando tomó el té con una familia de ornitorrincos...tenía una gran gama de sueños y pesadillas, ufa...no, mejor no entremos a ese terreno. Que sus pesadillas eran entre una mezcla de una película de Hitchcock y una bet seller de Stephen King. Aunque, ¿enamorarse de alguien en sueños...? arrugó la nariz pensativamente y negó con la cabeza. Quizás lo más cercano fue cuando soñó con Carol Danvers su amor platónico de infancia, pero sólo duró medio minuto y ella tan solo le guiñaba un ojo.

Pero de pronto vió un sobre en el mesón con su nombre, y curioso como siempre lo abrió sin pensar dos veces antes de hacerlo.- WESTENBERG, NO OLVIDES ORDENAR LAS CAJAS EN LA BODEGA. Y CIERRA BIEN LA TIENDA QUE NO ABRIREMOS HASTA EL LUNES.- pegó  un mega salto y se abrazó de la mano amiga gloriosa cuando esta comenzó a gritarle. Era su "adorable" jefe que le había dejado una "adorable" vociferadora recordandole que mientras él se va de vacaciones, él se quedaba ordenando las cosas en el local y era el encargado de dejar todo bien cerrado. Joder, algún día lo terminaría matando de un ataque. Suspiró, y fue de la mala gana a cerrar la puerta de la tienda y a bajar al sótano/bodega que tenían. Lo que no se dió cuenta es que había dejado mal cerrado y muy pronto una chica de profunda mirada y tersa piel entraría a la tienda...

Quizás era el fuerte ruido que causaban las cañerías de Borgin o que era un sordo en potencia pero jamás escuchó la campana del local sonar. Además en su defensa, él juraba que la tienda estaba cerrada mientras él como todo mártir empleado explotado por esta sociedad cruel ordenaba todo. Al terminar subió y la canción de los The Weird Sisters ya sonaba a todo volúmen. - Boogie down like a unicorn, don't stop till the break of dawn.- comenzó a cantar mientras sus caderas se movían solas, para acá y para allá.  Canturreo toda la canción a pleno pulmón mientras bailaba pasos improvisados y cargados de prestancia de un dios rockero.

Las media hora restante que le quedaba pasó volando como una saeta de fuego, miró para ver si estaba todo en orden y marchar luego a casa. Pero antes, en un rinconcito vió a sus amada rocola, que desde el primer momento que había pisado la tienda  se había enamorado de ella perdidamente. Es que él era un amante de la música en secreto, y si las cosas no hubieran tornado un camino más lobuno en su vida de seguro estaría estudiando un carrera muggle de eso. Pero aquí estaba limpiando el polvo de esta tienda, miró para todos lados y un pensamiento malicioso dominó su cabeza. Era viernes y su jefe no volvería hasta el lunes, por lo que la tienda estaría cerrada todo el fin de semana, y nadie extrañaría objetos de la tienda...Sonrió más aún y poniéndose guantes hizo que la rocola se achicará con un hechizo para guardarla en su bolso. Sólo estaría dos días con él, y luego prometía devolverla a primera hora el lunes. Nadie se daría cuenta, absolutamente nadie.

***

Ya se encontraba en su habitación del Caldero, se había dado un ducha y se había comido un mega plato de tallarines que le había guardado Berta, la mesera. Y antes de caer rendido en su cama, sacó la rocola de su bolso, siempre con guantes, que si algo había aprendido en Borgin es que ningún objeto se toca piel a piel a buenas y primeras que podías terminar pasando a mejor vida o hasta convertirte en una zanahoria. Los objetos mágicos son muy curiosos. Sonrió como un niño de seis años en plena navidad cuando la rocola comenzó a brillar e iluminar con colores su habitación. Miró los temas que ofrecía y se sorprendió al encontrar temas muggles en él. O quizás no eran muggles y esos cantantes siempre fueron magos en secreto. Wow. En eso encontró el tema perfecto para dejar sonando mientras él se entregaba a los placeres del dormir.

PLAY:

La música no tardó en sonar, sonrió y se lanzó en piquero como si de una piscina se tratase a su cama.- Didn't know what time it was the lights were low oh how, I leaned back on my radio oh oh .- comenzó a cantar, mientras tocaba una guitarra imaginaria y cerrando sus ojos pensaba que estaba en medio del estadio Wembley cantándole a la multitud enardecida. No sabría decir exactamente si fue en el momento que se imaginó tirándose al público, o cuando decía la hermosa frase  "Let all the children boogie" que cayó profundamente dormido, pero sea como sea lo hizo.

Encontrándose de pronto en el espacio sideral.

Joder, ¡que maravilla!, saltó de un planeta a otro como cual gimnasta olímpico. Hasta que se quedó en uno que llamó especialmente su atención: "COMILAND", el planeta de los golosos. - Wow...- dijo con ojos de huevos fritos al observar tan hermoso lugar. ¿Ese farol se podrá comer?, se preguntó. Y mordiéndose el labio traviesamente fue flotando hasta el, primero le paso la puntita de su lengua como quien no quiere la cosa.- Sabe a tiramisú.- exclamó todo feliz para luego darle un mega mordisco.

- ¿QUÉ HACES, IDIOTA?.- le gritó de pronto el farol. ¡JODER LAS COSAS TIENEN VIDA!.- Yo... yo... eh... lo siento.- comenzó a decir mientras retrocedía alejándose del farol que le miraba con cara de pocos (por no decir nulos) amigos. - ¿Lo siento? ¿LO SIENTO? ¿Crees que un lo siento me devolvera mi oreja? Anda a decirle lo siento a tu abuela ¡humano tenías que ser! ¿Ahora cómo quieres que escuche, eh? ¿EH? Joder, ¿me estás escuchando? Ay, no me escucho, Aló, Aló...- aprovechó que don farol con sabor a tiramisú sufría su mordida para escapar de allí, y fue en ese intento de fuga que choco con alguien.

- Oh, lo siento.- se disculpó encontrándose con uno ojos hipnotizadores.

Comiland; el planeta del sabor. :

OFF: Lo siento por lo largo, es que me hiperventile con el rol, me encanta. LOVYÚ<3
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Niara Soyinka el Jue Mar 08, 2018 10:01 am



¡Ups!, ¿y ése? ¡Vaya con la sorpresa! Justo se había clavado en el sitio, concentrada en un punto en la distancia cuando, ¡pap! Chocaron contra su hombro, haciéndola sobresaltar y voltearse con los ojos bien abiertos (detrás de… ¿esas eran gafas de espirales? Vaya con el efecto ‘hipnotizante’, ¿para qué le servirían?), ¡casi temer por su vida!, si no fuera porque la curiosidad de lo que había estado contemplando, con aquel artilugio de psicodelia (un punto en el horizonte de caramelo, con una forma misteriosa), la tenía absorbida, hasta el punto de ¿olvidar? que ella NO debía estar ALLÍ; pero en fin; no había que alterarse, ella nunca se alteraba. ¿De qué podía ayudarte perder los estribos dentro de lo que, definitivamente, era una experiencia psicodélica potencialmente peligrosa? (para abreviar: Experiencia P.P.P). No, había que mantener la calma, mimetizarse con el entorno, explorar, entusiasmarse con la novedad, descubrir… Espera un momento, hay algo raro con esta lista. ¿El punto no era sobrevivir la experiencia?

—¿Tú quién eres?—La pregunta no quería ser áspera, aunque brusca. Niara se levantó las gafas a modo de vincha, descubriendo su rostro. El cambio, fue notable. Te haría hasta parpadear, la diferencia. ¿Qué vería ella con unas gafas así de extrañas, que te hacían perderte en el espiral de las lentes? Ella lo ojeó de arriba abajo y pareció reflexionar sobre alguna cuestión, que no develó. No debía considerar extraño al detalle de las gafas, de un efecto hipnótico, sobra decir, porque añadió—: ¿Sabes qué es este lugar?, ¿todavía estamos en Borgin&Burkes?

Había hecho la misma pregunta a un merengue gigante, a una torre de helado de chocolate, y a una farola parlante, en ese orden. Ese muchacho, deambulando muy tranquilo, le resultaba todavía más extraño e interesante. En primer lugar, porque daba la impresión de que no encajaba allí, en ese mundo de dulces y colores. No, bueno, más que nada porque tenía nariz y manos y pies, como ella. El alivio de hallar a alguien semejante a ti, es inmediato. A Niara la hizo sentirse más confiada, porque tenía que confesar que perderse sin compañía, podía  hacerla sentir intranquila. Si te pierdes, que sea con alguien, mejor si se trata de una buena compañía.

—Aló, aló… ¡AAARGH!, ¿¡dónde estás humano!?...

Ah, ¡ese era el farol! Niara no pudo evitarlo. Reparó en el rastro de comida que señalaba al muchacho como culpable de un delito tal como la gula, y rompió a reír, rompió a reír a costa del pobre farol, de la situación imposible de la que no sabía cómo salirse, y de todo, en general. El muchacho, inclusive. ¿Serían los nervios postraumáticos por succión inesperada? Entonces, al tiempo que sonreía, se señaló a sí misma, a los labios, queriendo indicarle por qué reía, sólo que, o porque él parecía no entender o porque ella era más rápida y nada remilgada, le limpió las migas culposas de su fechoría repasándole la boca con su propia mano, de entrometida. Lo que hizo luego, fue probar sus dedos, chupándolos con interés. No, no le hacía asco a nada. El gesto, en lo que a ella concernía, era de lo más casual.

—¿Tiramisú?—preguntó, forzando la expresión en un signo de interrogación muy curioso.

***

Al instante siguiente de haber desaparecido del local, Niara había reaparecido en aquel extrañísimo lugar en que lo disparatado era considerado normal, cual mundo del revés. Recordó aquella historia que le leía su madre cuando niña, “Alicia en el País de las Maravillas” y “Alicia a través del Espejo”.

Aquel sitio se le parecía mucho al desestructurado orden de las cosas en aquel paraje cargado de personajes insólitos. ¿Pasaría allí del mismo modo? Eso es lo que pensó, sí, a medida que descubría que el farol hablaba y las baldosas eran de caramelo.

Había encontrado las gafas sobre un banquito en una plaza de grandes bolas de helado, y se las había colocado —incapaz de contenerse—, para descubrir que con ellas podía ver a distancia. Y quizá, si las mordía, también resultaría que eran comestibles. Pero le resultaron útiles y no lo hizo. Fue cuando creyó visualizar a alguien o algo en la distancia, que se chocó con el devorador de farolas.

¿Su varita? No la encontraba. ¿Se daba cuenta de que había pasado un tiempo considerable desde que Edward Westerberg regresara a su casa de la tienda? No, tampoco. ¿Estaba rico COMILAND? Sí, mucho. A Niara le había divertido ir probando sabores en el camino, y mira que no había probado hasta entonces el de tiramisú, de sus sabores favoritos.

Por lo demás, su situación era desesperada.

***

—Aló, aló… ¡AAARGH!, ¿¡dónde estás humano!?... ¿con quién hablas?, ¿me oyes?, ¡oh, no puede ser!, ¡AAAARGH!, ¡INTRUSO!, ¡INTRUSO…!

Al instante, se oyeron las sirenas.


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Edward Westenberg el Jue Abr 12, 2018 8:11 pm

Desde siempre que ha tenido sueños extraños, y los recuerda todos, a cada uno con lujo de detalle. Y este, por más que tan solo ha pasado( en su raciocinio de simple humano) no más de cinco minutos algo le decía que sería de esos memorables. Sería una aventura de aquellas, que le harían despertar riéndose o con el pulso acelerado porque corrió con todas sus fuerzas escapándose de un mega monstruo o comido por una comida ¡já!.

Se quedó congelado en su sitio y con la mirada clavada en esos ojos que giraban sin césar y que le susurraban "mírame, mírame, mírame" y que él obedientemente miraba, miraba y miraba.- Yo...- balbuceo hipnotizado, podría haber respondido lo primero que se le vino a la cabeza como "Soy una pizza con doble queso" sólo por decir algo, pero no lo hizo, se quedo callado como petrificado ante tan peculiar mirada. Hasta que paf, como si la chica hubiera sacado un hechizo sobre él se apartó los lentes y apareció otra mirada, completamente diferente y mucho más agradable a su vista, o al menos una que no hacía que se comportará como un idiota. Parpadeó un par de veces y hasta se frotó los ojos para apartar una manchitas negras que habían aparecido como si de una película antigua se tratase.- ¿Borgin&Burkes? .- preguntó con el ceño fruncido.- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Ah?.- no entendía nada, nada de nada.- Espera, espera, espera ¿Tú...? ¿Qué?...¿Ah?.- al parecer su boca se había rebelado y sólo salían de ella preguntas. ¡Vaya papelón!

Iba a comenzar a decir algo coherente, como su nombre por ejemplo, pero de pronto una voz conocida le hizo ponerse en alerta.- Ay...- susurró bajito desviando su mirada a su espalda y viendo como a lo lejos se encontraba el farol con rostro de pocos amigos. Sí, que tenía rostro y todo y uno que estaba seguro sería más amigable si él no tuviera su oreja en su estomago. Oh...que asqueroso a sonado eso en su cabeza. Y de la nada se empezó a reír junto a la chica, es que tenía una risa muy contagiosa y además lo absurdo de toda la situación ayudaba considerablemente a su felicidad reciente. Le pilló desprevenido el siguiente movimiento de la misteriosa chica pero lo dejo estar y asintió con su cabeza divertido.- Delicioso ¿no? bueno,  son los restos de su oreja.- soltó de sopetón poniendo una mueca de preocupación.

Y de pronto...
Spoiler:

- Joder...- soltó y miró a la chica. Todo lo que antes era colores y un mundo que te invitaba a recorrerlo ahora se había vuelto sombrío con luces rojas por todas partes y una voz que repetía "Alerta, alerta, alerta. Intrusos en Comiland, instrusos en Comiland" y como si no fuera poco todo aquello de la nada una pantalla ENORME apareció en el cielo donde su rostro fue proyectado. Frunció el ceño al ver que definitivamente no habían capturado su mejor perfil pero que le iba a hacer.- Creo que llegó la hora de correr...- le dijo con ojos de huevo frito y sin más le tomó de la mano y la arrastró junto a él mientras en su cabeza se repetía una y otra vez como un gran bucle la frase épica de su niñez "Corre Forest, corre" y eso hacía corría y corría, por él, por forest y por la chica que ni siquiera su nombre sabía.

 Hasta que de pronto pilló un callejón o habitado y poco iluminado donde se escondió un momento para recobrar fuerzas.- Jooo, lo siento por arrastrarte hasta acá...- desvió mirada y probó su suerte sacando un pedazo de pared.- ¿Quieres un poco de...pared?.- preguntó divertido mientras él se llevaba un pedazo a la boca.- ¡Por Merlín sabe a sandía! ¡Este lugar es mi perdición!.- exclamó entre abrumado y feliz por encontrarse allí.- Edward Westenberg, un gusto.- se presentó por fin dedicándole una sonrisa encantadora.

- ¡AHÍ ESTAS MALDITO COMINIBAL (1)!.- gritó una voz y al mirar donde provenía se encontró con Don farol y con un ejercito que parecían ser donuts con pies y armas de ositos de gominola.

oh, oh, estaban fritos, literalmente.

(1) Se le llama a los personas que andan por Comiland comiéndose a sus ciudadanos. Para los humanos esta palabra es familiar de lo que ellos llamarían caníbal.
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Niara Soyinka el Dom Abr 29, 2018 8:29 am

¡Un apagón!, no, sólo sombras y luces rojas, advirtiendo sobre INTRUSOS, como si hubiera activado un sistema de alerta, ¿pero por qué exactamente en ese minuto en que esos dos se cruzaban? Niara había estado paseándose por los alrededores sin que surgiera ningún altercado, y no porque no hubiera sabido hincar el diente, entonces, ¿por qué AHORA?

Hay algo sobre los sueños, sobre el inconsciente, que actúa igual que el resto de cualquier organismo vivo: si hay un agente externo, intrusivo, éste deberá de ser ERRADICADO, porque el organismo, o en este caso, “el soñador”, podría estar en peligro, no, ÉL ESTÁ EN PELIGRO, incluso aunque no lo sepa. Todo lo que sea externo tiene que ser ELIMINADO, por la seguridad de lo que debe ser protegido. Era imposible, sin embargo, que esos dos, se dieran cuenta, de que el sólo hecho de que sus caminos se cruzaran, pudo haber sido el verdadero factor que alterara la normalidad del sueño, si por normalidad entendías lo que era “normal” en Comiland. Y que separarlos, era el verdadero objetivo de tanta puesta en escena.

En medio del abrupto cambio de los escenarios —felicidad y dulces, y luego peligro y sirenas—, Niara intercambió una rápida mirada con el chico Tiramisú, y para cuando quisieron darse cuenta TODO EL MUNDO LOS OBSERVABA, GUAO, que curioso, eso de contemplarse a sí mismo desde arriba. Tuvo que admitir que llamó su atención. ¿Sobre qué aspecto tenía o qué tan grande tenía la nariz? De eso nada, ella siempre salía bien enfocada. Sólo que era demasiado modesta para jactarse de ello, arrogancia que otros llamaban “tener seguridad y confianza en sí mismo”. Y es que, siendo honestos, ella estaba deslumbrada con toda la situación, e incluso teniendo un pepino por nariz lo que más le hubiera llamado la atención era lo asombroso del descubrimiento, antes que pensar que necesitaría una cirugía plástica urgente.

Creo que llegó la hora de correr…

¿Correr?, ¿por qué?, ¿qué le decía? Niara no atendía a las preocupaciones del muchacho, y en cambio, se quedó mirando el cielo hasta el segundo en que tironearon de su brazo. “¡Oye, espera!”, sí, eso le hubiera dicho, pero las palabra son llegaron a salir de su boca, porque entonces los ¿policías amarillos? DISPARARON contra ellos, auch, auch, auch, ¡su cargamento de gominolas! Duras gominolas, malas gominolas, ¡que herían, que punzan, auch!

Niara no necesitó ni preguntar, y apretando el paso, se adelantó al muchacho, sin soltarlo en ningún tiempo y tironeando de su brazo, indicando a las claras que estaba dispuesta a guiar la marcha si él no se apuraba. Y en eso estaba, buscándoles una salida por entre las casas de caramelo —porque vaya que había apretado el paso—, cuando ¡otra vez!, la arrastraron en otra dirección, pero sin que ella opusiera resistencia. Después de todo, hay algo en el calor de una corrida por tu vida (cuando te tienen a punta pistola, pistola de gominolas), que hace que confíes en esa persona que ha tenido el gesto de salvarte del peligro. A una acción amable, le sigue otra, y así, en el círculo de la camaradería. Puede que Niara no conociera al muchacho, pero le caía mejor que todos esos pitufos amarillos, ¡que le hicieron llorar el ojo!

Habían encontrado refugio en un callejón, y Niara se refregaba el ojo por el que le había entrado una gominola, que tenía enrojecido y lloroso. No porque se dejara derrotar por una herida de guerra así de insignificante —alto que lo tenía, el orgullo de aventurera a prueba de todo riesgo—, pero es que era como esas piedritas en el zapato, ¡incómodas! Su amigo de escapada, sin embargo, vivía muy bien la situación general, entregado al apetito. Vaya que parecía el personaje de un sueño, con todo ese apetito. Y sino, ¿qué o quién más podía ser?

—No, gracias—dijo, muy tranquila a pesar de las circunstancias. No es que se alterara fácilmente tampoco. Lo observó, ligeramente curiosa. Había una gravedad dormida en sus expresiones, pero su voz solía ser más simpática de lo que te esperabas—Niara, puedes llamarme Niara. ¿Tú cómo te llamas?

Edward Westenberg, un gusto.

Niara rió, una risa breve, agradable. Y es que, esa sonrisa encantadora la había movido a risa, más que nada porque le hacía gracia el aire a coqueto que tenía el muchacho, especialmente en una situación en la que, o te escondías o te encontraban con calamitosas consecuencias, y luego de una carrerita a la desesperada. El contraste se le hizo notablemente encantador, y curioso.

—Un gusto, también.

Y aunque lo dijo con una sonrisa sincera —tú dirías que sonreía, debajo de su velo de reserva, porque sí, había un dejo de sonrisas no formuladas y alegrías bien guardadas por debajo de la leve curva de sus comisuras—, se echó hacia atrás con un suspiro, recargando la espalda contra la pared, ¿de sandía? Estaban frente a frente, y Niara se había dejado caer al suelo, cruzada de piernas. Encorvó la espalda hacia adelante y apoyó su perilla en un puño, pensativa.

—Estaba de pie frente a una rocola—empezó a contar, de la nada. Debía ser que estaba examinando su situación en voz alta, y pensó que no le venía mal un oyente. Pero hasta ese momento, lo cierto era que pensaba en Ed como otra entidad que era parte de ese mundo. Sólo hacía falta ver cómo engullía esa sandía (como si ella no se hubiera manchado de tiramisú)—. Y luego aparecí aquí—Sí, tú sáltate la parte en que relatas cómo tocaste algo que tenía un GRAN letrero que decía NO TOCAR. Soyinka tenía que ser, siempre traspasando carteles de advertencia. Toda la familia, lo mismo—. En un mundo de caramelo—Lo miró, sonriéndole con ojos perspicaces—. ¿Y cuál es tu historia, Ed Westerberg? No creo ni que seas real, pero todos tenemos una historia, ¿cuál es la tuya?

¡AHÍ ESTÁS MALDITO COMNÍBAL!

El hallazgo de su escondite los tomó desprevenidos, y Niara casi salta en el lugar. Entonces fue cuando los arrestaron (o más bien, la arrestaron A ELLA): un pitufo amarillo les ordenó subir al vehículo mientras que otros dos corrían a Niara dando trompicones, con esposas de regaliz listas para cerrarse en torno a sus muñecas, sólo que Niara se resistió y mandó a uno a rodar por el suelo de una patada. Mala idea, ¡tanta agresión mujer! Pero es que tú sabes, que cuando te ves acorralado, toda medida parece válida. El pitufo se alejó rebotando, pero todavía quedaron sus amigos, que se la ensañaron con ella, y la rodearon, queriendo llevársela. No contaron con que eran pitufos, y ella. Sólo un poquito más alta —conste—, pero de piernas ágiles.

De alguna manera, se las arregló para apartarlos y montar al vehículo —cargando una de esas pistolas de gominolas como una Schwarzenegger  en potencia—, y animó a Ed a que subiera a bordo, rumbo desconocido.
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Edward Westenberg el Dom Mayo 13, 2018 6:28 pm

Por comer la oreja de un farol es que ahora se encontraba de pulso acelerado escondido en un callejón sin salida, pero oscuro, silencioso, y deshabitado.  Un lugar seguro, al menos por un tiempo. Tiempo que haría que su corazón volviera a su pulso normal y él pudiera ofrecer sonrisas en vez de ceños fruncidos. Debería haber aprendido que comer en ese lugar al parecer era un crimen, pero no. No lo había comprendido, porque se encontraba allí comiendo un pedazo de pared con sabor a sandía mientras de reojo echaba un vistazo a tan misteriosa chica.

Niara, mira que lindo nombre tenía, y ella le hacía justicia. Oh sí. Se presentó todo encantador para luego terminar el trozo de pared que tenía en sus manos. En una de esas miraditas que le dedicaba a la chica le vió que un ojo le lloraba.- ¿Qué te han dado en el ojo?.- preguntó y sin más se acercó a ella y llevó su mano a su rostro para ver si aún había rastros de alguna gominola que estaba causándole problemas.  Pero nada, resopló.- Jo, lo siento por meterte en todo esto. Siempre supe que algún día el ser tan comilon me traería problemas.- y lo dice él que hace menos de un minuto se había terminado el pedazo de pared. ¿La pared también se pondrá a gritar que le ha comido su nariz? Esperaba de todo corazón que no. Alejó sus manos todas invasivas del rostro y hombro de la chica y suspiró, echando un vistazo a tan peculiar lugar.

>>Estaba de pie frente a una rocola<<

Un corte circuito ocurrió en su cabeza, uno de tal magnitud que le hizo llevarse una mano  a su sien izquierda. Rocola, rocola, rocola. ¿Por qué esa palabra le era tan familiar?  La chica continuaba hablando pero Edward no la escuchaba del todo, más bien escuchaba su voz lejana, y con un eco. Es que él no era consciente que se encontraba en un sueño, él estaba viviendo su vida como si fuera normal viajar por el espacio sideral y encontrar un mundo de comida. Pero al escuchar esa simple palabra "Rocola" provocó en él esa sensación que da cuando se ve un gran teatro caer a pedazos.  Se miró las manos y se las vió enormes, pestañeó un par de veces como quién se empieza a dar cuenta que está dentro de un sueño o en una realidad muy, muy extraña.

La voz del farol sin oreja logró sacarlo de ese bucle en que se encontraba. Quiso ayudar a Niara, de verdad que sí. Pero no podía moverse, estaba congelado en el sitio mientras veía en cámara lenta como la chica se defendía de esos pitufos amarillos. ¿Qué le habían lanzado un Petrificus Totalus o qué? ¡ARG! ¡Que impotencia sentía! Miró nuevamente sus manos y puso toda su fuerza y concentración en moverlas, cerrarlas en un puño. Vamos, vamos, vamos, se repetía mentalmente en un fracción de tres segundos, que al menos a él se le hicieron eternas. Paralelamente el farol también ponía todas sus fuerzas en moverlo pero tampoco sin mejores resultados, se había convertido en un estatua, de esas pesadas e inmovibles.

¡Y PAF! de la nada su cuerpo ganó movilidad, miró hacia el frente y vio todos los pitufos en el suelo y a Niara arriba de un auto con una pistola de gominola con una mirada que le invitaba a subirse . Y contra todo pronóstico sonrió, es que la chica se veía toda radiante allí arriba.  Y fue allí, cuando el farol sin quererlo lo ayudo. Ya que estaba ejerciendo tanta presión en moverlo que cuando el porfin gano movilidad recibió un empujón de aquellos, de esos que te dicen "VE Y CONQUISTA EL MUNDO". Y así fue, de sopetón cayó encima del auto. No tardó en abrir la puerta y entrar en el.

- ¡Se escapan, se escapan! .- chillaba el farol que a medida que avanzaban se iba achicando cada vez más. Echó su cabeza hacia atrás y comenzó a reír. No entendía nada de nada, pero joder estaba como viviendo dentro de una película.  - Lo siento, es que...no...puedo...dejar...de...- ni siquiera pudo terminar la frase, ataque de risas, muchas, por montones.  Se agarró de la guantera de adelante y se llevó la mano al estomago, le dolía de tanto reír. Menudo ejercicio estaba haciendo. Intento respirar para calmarse, y así inspirando y exhalando fue que logró tener nuevamente una compostura medianamente decente.- Lo siento, yo...no sé que me ha pasado allá afuera. ¿Estás bien?.- le preguntó clavando su ahora brillosa mirada.

Y de pronto las palabras que había dicho Niara hace minutos atrás volvieron a sus oídos, como si hubieran viajado en el tiempo, buscándolo.- Espera, espera, espera.- abrió los ojos como huevo frito, como si de pronto una gran epifanía hubiera llegado a su cabeza.- ¿Tocaste la Rocola en Borgin&Burkes?.

Y de ahí, todo se fue a negro.

Abrió los ojos de sopetón encontrándose con su habitación, miró la Rocola.- Joder...- susurró.

[***]

Pasó todo su día libre como un ratón buscando en Borgin&Burkes algo que hablará de La rocola de los sueños. Y nada, absolutamente nada. Hasta se había dado todo el tiempo del mundo sacando archivo por archivo para ver desde cuándo había sido ingresada en la tienda, y cuál era exactamente su función o dueño.  Pero al parecer al igual que los sueños su historia e instrucciones se habían esfumado, o se habían perdido en otro planeta.

No iba a mentir, en un momento del día pensó que se había vuelto loco y que su sueño tan sólo había sido producto de su imaginación. Que tan sólo divagaba y que estaba perdiendo su tiempo en buscar algo que tal vez ni siquiera fuera real. Pero había un algo, que le hacía permanecer allí como un mono porfiado, buscando, buscando y buscando.

La noche llegó, y ahí estaba él sentado en su cama con su mirada clavada en la Rocola. Quería dormir, de verdad que sí, quería ver si efectivamente era real todo lo que pensaba. Que esa chica había entrado a la tienda, había tocado la Rocola y ahora se encontraba allí en un mundo onírico y comible.  Pero como siempre que uno desea mucho algo, el tiempo se vuelve lento y sus ojos parecían como pegados con scotch de lo abiertos que estaba.

Suspiró y se levantó de la cama, se puso los guantes y se acercó a la Rocola que, hasta ese entonces ya la había revisado de pies a cabeza. Sólo quedaba esperar...y bueno, mejor si era con música no.

PLAY:

La música comenzó a sonar y él no hizo más que caer con todo el peso sobre su cama. Exhausto y con una vaga idea de que se estaba volviendo loco. Y fue con ese pensamiento en su cabeza que Edward se volvió a quedar dormido.

- ¿Niara? ¿Estás por acá? ¿Estás en algún lugar?.- al parecer estaba muy lejos de Comiland, tal vez hasta en otro planeta. Lo único que sabía es que se encontraba en medio de una pradera llena de margaritas gigantes. A lo lejos vio el auto, corrió hacia el pero cuando llegó estaba vacío, sin rastros de nada ni nadie.

- ¿Dónde te has metido chica misteriosa?.- preguntó susurrante.
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Niara Soyinka el Sáb Mayo 26, 2018 7:52 am

Es durante el día, que estás envuelto en el trajín, y el día te puja, te puja, y eres consiente a un nivel físico sólamente, actúas por acto reflejo. Te saludan, tú saludas. Te sonríen, tú sonríes. Y te cruzas con tu ex, y resulta que todo está bien, mejor que bien, ¡maravilloso!, y cuando llega la tarde, no, cuando pasa la hora de la tarde, tienes hambre y lo sabes, pero todavía no ha llegado la hora en que eches un respiro, y como que tu cuerpo se acostumbra a ese maltrato, e incluso si te desfalleces, te vuelves a levantar. Porque la cosa es que estás ocupado y tienes esa impaciencia en el cuerpo como si estuvieras llegando tarde a todas partes, y luego recuerdas que adelantaste las agujas de tu reloj para engañarte a ti mismo, y estás donde se suponía incluso antes de que llegue nadie y no sabes qué hacer con tu vida, pero pronto se te pasa, porque “pronto es demasiado pronto”, y así estás, corriendo, hasta que, ¡finalmente!, todo acaba. Debería acabar. Cuando cae la noche, entrada la noche, te recuestas sobre la almohada y hay algo, algo que te molesta en esa cabecita tuya. Y lo sabes, recién comienza. Ahora es cuando se ha hecho el silencio, y los pensamientos te atormentan. Puede que hasta fueras feliz durante el día, pero esa noche, de entre todas las noches, divagas entre las horas, te elevas en la oscuridad y las sombras como un fantasma hecho de levedad, cuando lo que te pesa es el hambre en el cuerpo, el cansancio, ese problema que sólo evadiste, ese ex que se fue en la dirección opuesta, y eres cautivo de las agujas del reloj, ¿y mañana, cómo será el mañana? Sólo te queda cerrar los ojos y soñar, abrazar ese pedazo de cielo que te da la inconsciencia entre las mantas… Si acaso, no tienes esa noche otro cuerpo al que abrazarte, sólo te queda, ese sueño, que te lo perdona todo. Esa caída a ningún lugar, pero en el que estás mejor, más seguro, que en cualquier otra parte.



Hey, radioyentes. Aquí, desde RMI, los chicos de Bailando con las Banshees, regresando luego de la tanda. Y aquí estamos para ustedes con un mensaje de Duendecillo, respondiendo al tópico de esta noche: ¿Cuál ha sido tu sueño más fumado? Oigan EL DESMADRE que nos cuenta nuestro bansheefriend.

¡Hola Yoda!, ¡hola Ted!, no he podido resistirme a contarles (¡y nosotros no nos hemos resistido a tu historia, amigo. Nos hemos echado unas buenas risas con Ted, aquí, en el estudio) ese sueño loco que tuve, luego de haberme juntado con los chicos y bebernos unas cuantas copas de whisky de fuego. Llegué a casa, ¿sabes?, arrastrado por un amigo que me tiró a la cama, así, hasta con los zapatos puestos, y en algún momento habré cerrado los ojos y la palmé, porque lo siguiente que supe fue que estaba sentado en el váter deprimido porque no quedaba rollo de papel, ni una revista cerca, ¡y estaba abrumadísimo, porque el rollo de cartón estaba desnudo, hombre! No me sentía así desde que me dejara esta chica porque yo la quería, hombre, y ella me dejó, ¡por nada, hombre!, y me puse a llorar, sobre la taza del váter, y lo solté todo hombre, y a las truchas también, ¡las truchas, hombre!, ¡porque estaba cag*** truchas!, y me asusté cuando sentí que chapoteaban en el agua del inodoro, ¡estaba todo asustado!, y me incliné para mirar, ¿y sabes qué?, yo las miraba a ellas y ellas me miraban a mí, no sé hombre, hubo como una especie de conexión muy guay en ese momento, ¿sabes?, y me dio un no sé qué, y quise agarrar una, quería tomarla y hablarle, porque sentía… ¡yo las sentía, hombre!, como las únicas que podían comprenderme en ese momento, no sé, yo quería mucho a esas truchas, ¡y entonces pasó!, metí la mano intentando atrapar a una, ¡y me succionaron, hombre!; pero yo ya no estaba asustado, porque sabía que no me lastimarían, ¿sabes?, no como esa chica que me dejó tirado, ¡por nada, hombre!, y me invitaron a ir con ellas… yo descendí por las cañerías hombre, y respiraba el agua, no sé, no me ahogaba, yo me sentía bien nadando con ellas y las truchas querían guiarme, ¿sabes?, enseñarme este nuevo mundo… de las cañerías, ¡que era alucinante!, ¡que era todo otro mundo!, ¡y yo estaba conmovido!, ¡me llegaron al puto corazón!, y nadamos juntos, y si miraba hacia arriba, podía ver a otra gente…haciendo lo suyo, ¿sabes?, y tirando de cadena, y así fuimos de baño en baño, viendo los culos pasar, algunos muy buenos y otros no tanto, si tengo que ser sincero… y veíamos sus historias, ¿sabes?, era como si yo supiera por lo que estas otras personas estaban pasando y los sentía como parte de mi familia, ¿sabes?… una niña tenía la regla y estaba asustada porque pensaba que estaba embarazada luego de besarse con su noviecito y no sabía cómo contárselo a sus padres, ¡imagínate!, y luego un gordo que me cayó súper simpático no sé por qué, y que estaba indignadísimo con cómo quedaron atrás los Chuddley Canon en la liga y puteaba como un guarro sentado sobre el váter mientras leía los resultados en El Profeta, y yo viajaba con mis truchas como por un túnel luminoso a toda velocidad, y los veía pasar por encima de mí…hasta que la vi a ELLA, mi chica, no, mi ex, ¿y sabes qué?, yo podía verle la cara, y estaba llorando, ¡por mí, porque me extrañaba!, y yo nadé hasta ella siempre con mis truchas siguiéndome y… y le escupí su propia mierda en la cara antes de que le diera a la cadena y hui por la cañería dejándola toda indignada, ¡y me sentí feliz!, ¡nunca fui tan feliz!... y nos reíamos, mis truchas y yo, y… Me desperté, y estaba llorando, hombre. Fue duro. Quise volver a soñar, y no pude... Eso, hombre, ¡saludos a todos los bansheeoyentes! Los quiero, hombre.


Yoda: ¡Ey, Duendecillo!, ¡esa sí que ha sido una historia! Ted y yo queremos aclarar que cuando tienes un problema con tu pareja, o tu ex, no recaigas en el resentimiento, ¿ok? No hace bien, no hace bien. Esto va para todos ustedes, despechados. Sean mejores. No muestren resentimiento. Aunque lo sientan. Pero nadie puede culparnos por lo que soñamos, ¿verdad?

Ted: JAJAJA No, Yoda, ni cuando sueñas con tu ex y te despiertas al lado de tu chica o chico, o lo que tengas. Técnicamente, eres “no culpable” hasta que se demuestre lo contrario. Pero esta historia de nuestro amigo, me ha hecho pensar que todos nos sentimos solos a veces, ¿no? Y queremos creer que hay una trucha ahí, esperando a ser soñada cuando cerramos los ojos. Que nos de consuelo cuando las pasamos mal, que este ahí para nosotros. Y no he podido evitar recordar a la chica de mis sueños, de las que les hablaba la otra vez, ¿se acuerdan? La chica de mis sueños.

Yoda: ¿Has vuelto a soñar con ella, Ted?

Ted: Bueno, a eso iba, la otra noche,…


… la había estado buscando noche tras noche, y durante el día, en lo único en lo que podía pensar era en ella…


Niara abrió los ojos, tendida sobre un lecho de, ¿margaritas? Miró hacia sus costados y no comprendió nada. Hacía un segundo —para ella, ¡había sido tan sólo hacia un segundo!—, estaba montada sobre un cochecito huyendo de la ley, rumbo desconocido con… ¡Ey, pero si allá estaba, el “chico Tiramisú”! No, ey, que le había dicho su nombre. Ed Westenberg. ¿Cómo es que siempre acababan juntos?

Ella se puso en pie, a prisa, todavía con la sensación de que los perseguían —y lamentaba no tener el arma de gominolas mano—, y le hizo señas, llamándolo:

—¡Aquí!—
indicó con un brazo levantado, y corrió hasta donde él estaba, mirando en rededor, buscando a la policía y sin comprender como nada de eso había pasado. De pronto, ¿estaban en un sitio completamente distinto del mapa?—¿Qué ha pasado?, ¿tú estás bien?

Lo miraba, sorprendida, que no era lo mismo que alarmada. Lo recorrió con ojos minuciosos, buscando señales de forcejeo, alguna herida de guerra.

—¿Cómo hemos terminado aquí?

Ella preguntaba, como si su aparición fuera lo más normal del mundo. Porque a decir verdad, en lo que a ella respectaba, no se habían separado para nada. Y soltó, de pronto, un tanto ensimismada en sus pensamientos:

Tiene que haber una manera de volver a Burgin&Burkes.
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Edward Westenberg el Jue Jun 07, 2018 3:16 am

Camino con mirada perdida y ceño fruncido. Sus manos en su bolsillo, queriendo ganar calor. Su boca de vez en cuando mascullaba palabras inconscientemente e inaudibles. De seguro los que se habían topado en el caminar del castaño hacia su hacia su habitación en el Caldero, lo hubieran tildado de loco, pero él estaba muy lejos de allí para preocuparse del qué dirán. Él estaba en un país muy lejano, donde unas cabellos rizados le enredaban sus pensamientos y una mirada hipnotizadora cubría una mirada mejor, mucho mejor y atrayente. Sus audífonos blancos resaltaban de su vestimenta oscura.  En sus oídos sonaba su programa favorito, ese imperdible, él que uno a dónde esté prende un aparato y escucha gozoso. Pero esa vez no lo estaba escuchando, esa vez recordaba un sueño tan particular que le robaba sus pensamientos, incansablemente.  Hasta que de pronto, de la lejanía como una voz que te grita al final de un túnel escuchó a Yoda, él dog del cat de Ted. Cat-dog. Por sólo unos segundos su mente vagabundeó en ese programa televisivo que veía de pequeño, pero luego sacudió su cabeza y parpadeó un par de veces para escuchar con mayor atención.

Los sueños, era nuevamente el tópico. Y no cualquiera, sino que el más fumado.

Soltó una risa y negó con la cabeza mientras dirigía una mirada hacia el lado de la calle de dónde provenían los autos. Que no quería morir, menos ahora que él estaba viviendo su propio sueño, o al menos eso creía. ¿Es que acaso él se había fumado algo el día de ayer? No, al menos que él recordase. Simplemente se había llevado ilegalmente la Rocola a su casa y ahora se encontraba así. Perdido, en busca de esa respuesta que corría escapandose de él, se sentía toda una Alicia corriendo detrás del conejo blanco, en busca del tiempo, en busca de ese sueño que no es sueño, y de esa chica de sonrisa inolvidable.

Llegó a su habitación y jamás le había costado tanto quedarse dormido. Cerraba sus ojos y nada. Un poco de música necesitaba, pensó. Y ahí fue a poner algo de música en la bendita Rocola. Se lanzó en caída libre a su cama. Cerró una vez los ojos, recordó gomilonas, orejas de faroles y la chica. Esa chica, que al igual que Ted había sido  lo único en lo que podía pensar ese día.

Abrió los ojos, y margaritas. Muchas y enormes frente a sus ojos. El nombre de la chica fue lo primero que pronunció, buscándola en quizás dónde es que se encontraban ahora. Y la escuchó unos buenos pasos más allá, sonrió como quien escucha los pasos de alguien que estima llegar a casa.  La vió correr hacía él, y se sumó a esa corrida de película donde ambos protagonistas se encuentran al medio de un lugar baldío, o como en este caso lleno de margaritas gigantes. - Desperté, ese paso.

No sabía qué más decirle, porque tampoco es como si hubiera podido descubrir un poco más durante estas horas lejos. Había sido una tarde muy frustrante la verdad.- Estoy bien, ¿tú?.- le preguntó y de paso le pego una mirada de los pies a la cabeza, por si llegaba a pillar algún rastro de herida. Pero no, por suerte. Seguía identica a cómo su memoria la había fotografiado. Sanita y de una pieza.

- Al parecer tus manos curiosas han tocado algo que no se debía tocar.- le señaló, con cero tono regañador, de hecho era con una comprensión abismal, y de una absoluta complicidad. Le sonrió, pero no le duró mucho porque después su ceño se arrugó como si acabaran de darle el limón más ácido de todos.- Debe haberla, sí.Pero yo al menos no he encontrado nada esta tarde. - le confesó y bajó su cabeza junto a una mueca, para luego suspirar y mirar alrededor como en busca de la respuesta a esa encrucijada. Esperando que alguien llegase y le dijese "Señorito Westenberg, aquí tiene. Su respuesta" Pero no, nada. Sólo habían margaritas, le miró.- ¿Cómo llegaste acá? .- le preguntó curioso, imaginandose a la chica recorrer en el auto la carretera espacial y llegar a otro planeta. Uno mucho más tranquilo y menos tentador para su estomago.- Que bonitas que son...- susurró llevando su mano izquierda al tallo de la margarita más cercana.

Y de pronto, como si el castaño hubiera apretado un botón invisiblemente mágico, la flores se comenzaron a mover. Como si hubieran despertado de un sueño muy largo, de millones de años tal vez, al igual que la estrella más luminosa que ahora algún ser debe estar viendo en el cielo de Londres.

Suspiros varios, risitas, susurros traviesos y otros no tanto. Toda una ciudad de margaritas sobre sus ojos ahora los miraban expectantes, no reconociendo a esos desconocidos que estaban habitando su tierra y que, por alguna extraña razón las despertaron.

¿Por qué? ¿Por qué esos no margaritas han de haberlas despertado? se preguntaban, comentaban una con la otra, cuchilleaban, algunas más curiosas llevaban sus pétalos más cerca, rozandolos y generandole cosquillas en sus mejillas.

"Traiganlos hacia mí" pronunció una margarita de las lejanías, todas las demás se enderezaron, la voz de la selva margarital había sonado. La más cercana se acercó a los jovenes magos. Edward se acercó a Niara tomándole de la mano. Que podían ser hermosas y todo, pero era gigantes y se movían, los miraban, y la última vez que vió una cosa no era esa cosa sino que otra cosa que al final terminó persiguiendolos con gomilonas letales.  Los elevó, quedando ambos sentados  en un pétalo. De un empujoncito los elevó y los hizo saltar a otra flor y así, una tras otra.

Edward en ningún momento soltó a Niara, lo más entretenido era que no estaba para nada tenso, de hecho lo estaba disfrutando y mucho.  

Pero eso era porque aún no conocían a "MARGARITA" La reina de las margaritas.  El saltico de flor en flor se detuvo Y ahí fue la primera vez que Edward soñó con esa flor, violeta e imperante.

La flor se abrió, sorprendida.- "La profecía se ha cumplido. Los no margaritas han llegado".

Las margaritas se levantaron impactadas, generando un viento que removió los delgados cabellos de los dos magos.
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Niara Soyinka el Jue Jun 14, 2018 11:56 pm

Al parecer tus manos curiosas han tocado algo que no se debía tocar.


No, ¿qué? No, no. Seguro que no. ¿Ella? No hacía esas cosas, no. Cara de póker, Niara, cara de póker. De pronto se preguntó cómo es que Ed Westerberg la conocía tanto. Se lo quedó mirando como quien persigue el sentido de algo que no comprende, toda silenciosa de pronto, toda sospechosa. Ed, porque bueno, se llamaba Ed y pensaba llamarlo así a partir de entonces, no la estaba acusando, eso le quedaba claro, pero tampoco era cosa de ir diciendo que ella metía mano a todo lo que le llamaba la atención. A su edad. En su profesión. Tenía una familia. Un empleo. No, no, no era cuestión de dejarse atrapar como una fisgona.

Pero, pensándolo de forma de poder llegar al fondo de la cuestión, puede que algo de eso, sobre lo de un cartel que decía NO TOCAR, así, todo grande y en letras rojas, algo de eso le sonara de alguna parte. De hecho, ¡claro! Niara parpadeó y echó levemente la cabeza hacia atrás, como si le hubieran dado un golpe de certidumbre sobre una cuestión que, sin poder terminar de entender del todo, no podía quitarse de la cabeza. ¿Es que acaso había sufrido una suerte de amnesia temporal? ¡Pero ahora que lo pensaba!, ¡Ed tenía razón…! Definitivamente, la Rocola tenía algo que ver con eso de estar de pronto en un lugar y luego en otro, y en otro, ¿y en otro…? Era cuestión de reflexionar, muy seriamente, cómo era posible que ella…

—¿Esta tarde?—
Ed la había dejado en tal estado de shock al hacerle recordar la Rocola (y culpa suya no era, con tanta laguna mental que se le hacía estando dentro de ese objeto mágico, teniendo en cuenta que sólo abría los ojos cuando él soñaba mientras que Ed se paseaba por el mundo tangible, yendo y viniendo… ¿pero y ella?, ¿qué pasaba con ella cuando Ed dejaba de soñarla?, ¿moría…?), y en fin, tan desconcertada la había dejado que apenas llegaba a hilar las ideas—Entonces, ¿tú vas y vienes?—concluyó, mirándolo con ojos como platos. Y a su pregunta de cómo llegó, contestó—: Ahora recuerdo la Rocola, ¡ahora la recuerdo! Estaba en la tienda de Burgin&Burkes. Yo iba a arreglar una venta con el dueño, pero cuando entré no había nadie. Y la Rocola estaba…allí— con un GRAN cartel encima que decía NO TOCAR, pero esa parte no la dijo—. Yo quise poner un tema, ¡y nada!—exclamó, sorprendida hasta de su propia historia—Aparecí aquí, digo allí, en donde sea que fuera ese lugar, o donde que sea que es “aquí”.  

En ese parte del relato, cualquiera hubiera empezado a sentirse un poco desesperado al comprender que sus circunstancias eran no sólo extrañas, sino que preocupantes. ¿Cómo haría como volver a la normalidad?, ¿qué hacer con los peligros que se corrían en ese lugar?, ¿podía sufrir daños, incluso si todo aquello parecía el mundo de un sueño, quizá sufrir daños o incluso morir? Pero no, Niara se asombró, maravillada con el curioso hallazgo de cómo había llegado allí, y empezó a elaborar sus propias hipótesis sobre el cómo aquello sería posible.

—¡Como la lámpara de un genio!—concluyó, chasqueando un puño cerrado contra su palma libre, en un gesto. Y enseguida buscó la mirada de Ed, queriéndolo hacer partícipe de sus hipótesis. Había en ella ese brillo, de la mente curiosa a la par que laboriosa. Podías decir de ella que tenía conocimientos y le gustaba recurrir a ellos en tiempos de necesidad, con la pasión que les predicaba a los datos sobre viejas reliquias, magia antigua, leyendas, símbolos y demás asuntos que atañían a la historia y la magia.

Por otro lado, no había que malinterpretarla. Se daba cuenta, que su situación no era regular, pero eso no la desalentaba. Si te desalientas antes de andar el camino, no habrá forma de desandar lo que está mal hecho. Es decir, que en su forma, ya no sólo de ver, sino se ser y sentir y actuar, Niara tenía la peculiaridad de no desalentarse fácilmente. No se dejaba invadir por el miedo o la ira o pasiones intensas y desequilibrantes, que pudieran desequilibrar su juicio, cada vez que tenía que lidiar con una nueva situación, de un grado de dificultad incluso difícil de imaginar. No, Niara Soyinka experimentaba cierta… indolencia frente a las pasiones del hombre, y descartaba cualquier emoción violenta si acaso sentía que no la dejaba actuar con propiedad al caso. Y esto es diferente que decir, que era sólo inconsciente o despreocupada. Ella no era de ese modo, no precisamente. Su adaptabilidad a las circunstancias duras o inesperadas, era simplemente diferente.

—Lo son, son bonitas…—A pesar de que Niara se había ensimismado en su propia mente intentando resolver el puzzle, Ed la distrajo, y quiso responderle. No contó con esa otra respuesta que sobrevino a tan inocente acción. Que vamos, esta vez Ed no había mordido a nadie. Sólo había tomado una margarita, y las demás parecieron “despertar”. Era precioso de ver, a decir verdad. Pero Niara no perdió tiempo y se acercó a Ed, más en un gesto protector que otra cosa (porque tú sabes, si detectas un peligro, lo primero que haces es aproximarte y estar pendiente de la persona con la que piensas echar a correr), mientras que observaba en torno todo cuanto ocurría, lo que de pronto había acontecido, ¿y con qué inesperado final?—Están… ¿están hablando?—inquirió, al tiempo que Ed tomaba su mano. Ella no la apartó, sino que lo entendió como un gesto de común acuerdo de echar a correr cuando detectaran alguna amenaza… o gominolas.


*


Al principio no le gustó nada, porque esa terrible sensación de que te remuevan el suelo y no puedas sentirte seguro donde pisas te hacía ponerte sobre alerta. Y sin embargo, como no estaba sola, se dejó llevar un poco por el buen humor de Ed frente a todo el asunto del transporte de flor en flor. No le soltó la mano en ningún momento, sino que la apretó un poco de más. En el fondo, tenía que confesar, que ella se sentía mucho mejor con los pies en la tierra, sabiendo que había tierra firma debajo de sus pies, y no sentir ese vértigo que se le trepaba por el alma, como el miedo a las alturas. Pero como Ed lo llevaba bastante bien, ella hizo otro tanto, y enseguida fue hasta fácil, sólo soltarse, aunque sea un poquito, a esa sensación.

Hasta que los saltitos se detuvieron, y apareció frente a ellos una flor colosal, hermosa, imperial, de un violeta precioso, que abrió sus pétalos y… ¿los nombró cómo?, ¿los qué? Niara se apartó de Ed para acercarse a la flor, contemplándola con asombro y curiosidad. Diríase que quería tocarla, y no se hubiera negado a hacerlo si se lo pedía. Pero de momento sólo la miraba, con el cuello ligeramente inclinado hacia un lado y la boca entreabierta, sin creérselo. ¿Eran Ed y ella parte de una historia?, ¿una historia en la que había “elegidos”?, ¿elegidos para qué y por qué? Todo ese asunto era muy interesante. Lo que ella quería, por supuesto, era ir al fondo de todo ese misterio, y cómo no era idiota, se atrevió a hacer preguntas. Lo lógico, cuando te encuentras una flor parlante que te señala como “el elegido”. Tú le preguntas, de qué va ese cuento.


La profecía se ha cumplido. Los no margaritas han llegado.


—¿La profecía?, ¿qué profecía?—preguntó, con legítimo interés, avanzando con cuidado (todavía tenía la impresión de que el suelo que pisaba no era seguro).

Alrededor de ellos, las margaritas se agitaron, y fue entonces que conocieron una historia, una historia que Niara no había leído jamás entre sus libros y pergaminos, sobre la que nadie le había comentado, ninguna historia que ella hubiera cantado sentada al fuego de una fogata. Y ella se sabía un montón de historias, sobre villanos, malos espíritus, héroes y dioses, mitos que te hacían regresar en el tiempo. Pero era la primera vez que escuchaba a una margarita contar que…

Hace mucho, mucho tiempo, hubo un “visitante” llamado Rabastan. Regularmente él visitaba aquel mundo “por debajo de la consciencia”, y al principio, él iba y volvía, pero un día, decidió que quería quedarse. Porque tú no envejecías en el mundo de la Rocola, y lo que era más importante para él, tú no morías. Rabastan había sido un mago condenado por una maldición que arrastraban sus ancestros desde que uno de ellos había sido tocado por la magia negra, y estaba predestinado que él moriría, que llegaría un tiempo en que su cuerpo y mente le fallarían, y él dejaría de existir. Y él vivía atormentado por ello. No había magia o antídoto para lo que él tenía, pero encontró que dentro de la Rocola, su situación cambiaba y creyó que había dado con la manera de vivir, e incluso, pro mucho, mucho tiempo. Sólo que. Esto no era tal como él lo hubiera deseado, y a esas alturas, luego de pasar tanto tiempo dentro de la Rocola, estaba negado a verlo: puede que él no sufriera la muerte sobre sí mismo, pero al hacerse parte de la Rocola, esta tomó por él su maldición, y lentamente ese extraño de mundo, de esos que hallarías dentro de la lámpara de un genio, este mundo, perecía. Y lo haría hasta consumirse. Por eso era que otros campos de margaritas se habían marchitado, por eso era que MARGARITA estaba preocupada.


*


—¿Qué?—
Niara atrapó a una margarita pequeñita que quería zafarse de su plato (un pétalo sobre el que las cabezas de una margaritas muy pequeñas se removían), y abrió la boca intentando comérsela, pero esta no se dejaba. Era una visión tragicómica a decir verdad. Los defensores del mundo verde tendrían mucho que opinar al respecto, y nada que fuera bueno—Dije que tenía hambre y me las trajeron. Come tú también—dijo, como si fuera lo más normal del mundo que tu comida se quejara de que quisieras zampártela. Niara le tendió su florecilla, en un notable gesto de buena voluntad. Esta amenazó a Ed con un puño, o no, más bien, debía ser un pétalo que se parecía a un puño, ¿pero cómo distinguir la realidad del sueño? Niara rió—Puede que esta se demasiado picante, de todos modos.

Niara estaba sentada disfrutando de su ”manjar”, y le había pedido a Ed su compañía para conversar sobre el asunto que los atañía. Que lo de ser “el elegido” era más emocionante si tenías compañía. Ella parecía haberse tomado muy bien todo el asunto. De hecho, diríase que hasta estaba fascinada con lo curioso que podía ser el día a día de una margarita en un mundo surreal, con un villano que se olía peligroso e incontables preguntas sobre cómo todo eso era posible incluso en el mundo del revés. Todo sería más sencillo una vez que tuviera un plan.

—¿Y a qué te dedicas?—
preguntó, casual, intentando ponerle sus dedos como garras a una florecilla que saltaba en su plato-pétalo. Sí, le interesaba una conversación casual en ese momento. Primer movimiento estratégico: conoce a tus amigos.





Rabastan es un mago que decidió instalarse “de por vida” en el plano de existencia de la Rocola, un artefacto mágico. Él cargaba consigo una maldición y pensó que le escaparía a sus consecuencias. Pero, la maldición ahora afecta a la Rocola, porque ya se sabe que la magia negra lo consume todo. El caso es que la extraña conexión que tiene Ed con la Rocola es través de los sueños. Esto podría ser porque la Rocola (como artefacto mágico que es (?)) está buscando una forma de pedir ayuda. Pero cuidado. Porque si en esos sueños Rabastan anda suelto, es posible que sean peligrosos, y los riesgos son… incalculables (!). ¿Sería posible ser poseído por un mago a través de un artefacto mágico? Chachachachán.

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Edward Westenberg el Dom Jul 01, 2018 5:15 am

Cualquiera quizás en su lugar hubiera devuelto la Rocola a la tienda pensando que era lo mejor para su propia salud mental. Porque, qué era eso de andar soñando con desconocidas en planetas que se puede comer hasta sus integrantes que después te perseguían con gominolas en mano, y aún así regresar, por gusto y curiosidad propia. Él era consciente de que había sido un sueño, porque abrió los ojos y sintió su corazón palpitar al igual que todas esas noches en que había despertado después de un buen sueño o una divertida pesadilla, pero con la mínima diferencia que todo lo que vivió mientras sus párpados se encontraban cerrados buscando descansado había sido realidad, o una especie de realidad donde una cosa con otra cosa se unen tanto que crean una línea tan pequeña entre la realidad o la ficción que al final todo se vuelve TRIPLEMENTE REAL. Tanto así, que simplemente no lo podía dejar pasar, no podía alejarse de la Rocola y no podía dejar de pensar en la chica de mirada hipnotizante.

Ahora ¿por qué ella llegó a ese lugar? por sus manos curiosas, pero ¿y él? qué había hecho él para estar allí, porque él se había puesto guantes, demasiado tiempo trabajando en Borgin&Burkes para no hacerlo.  Pero por alguna extraña razón, o conexión sideral esa noche al igual que la anterior solo le bastó con cerrar sus ojos para volver a estar en otro mundo, planeta, realidad paralela o alguna parte del gran Universo. En esta ocasión era un terreno repleto de margaritas, unas gigantes y tan hermosas como su altura se los permitía. Y entre ellas la vió, una vez más y no pudo evitar correr sonriente a su encuentro.

Asintió una vez, y otra respondiendo a sus preguntas, sin jamás abandonar esa sonrisa que se había depositado en sus labios y que se había rehusado aparecer en todo el día, hasta ese momento en que el rostro de la maga volvía a estar frente suyo. - La verdad, sí había alguien en el local, y ese alguien soy yo.- hizo una mueca y soltó una risita para luego por inercia desordenarse en cabello.- Escuché ruidos, subí pero ya no había nadie. Y bueno, como el jefe se fue de viaje y no va a volver hasta la otra semana, el empleado del mes se llevó la Rocola a su casa JEJÉ, puse un tema antes de irme a dormir y bueno, el resto de la historia ya la sabes...- se encogió de hombros, sin saber muy bien qué más decir, es que mucho más que eso él no sabía. - Traté de buscar archivos, o alguna nota en Borgin pero no encontré nada. Prometo seguir buscando, es extraño jamás había escuchado de objetos así, y al menos en el local pareciera como si hubieren eliminado cualquier dato sobre ella..- le comentó, sin lograr entender aún la finalidad de ese objeto que a primera vista solo era para poner algo de música. - Como la lámpara de un genio...- repitió ofrenciendole un cálida sonrisa.

Pero en eso todo tomó un curso diferente ¿las culpables de qué las margaritas enormes cobrarán vida? nuevamente unas manos curiosas, pero esta vez fueron las de Edward, quién embobado por la belleza de esas flores no le bastó sólo con mirarlas sino que también deseo sentir su textura y si se acercaba un poco más hasta olerlas podría, pero no pudo, un movimiento general sacudió toda la pradera cubierta de flores, quienes comenzaron a moverse como si despertaran después de un largo dormir y empezaron a hablar entre ellas en susurros que se perdían a través del viento. El primer impulso del castaño fue ir al lado de Niara y tomarle su mano, fuertemente. No pensaba dejarla sola en ese lugar que de lo poco que lo conocía, sabía que practicamente TODO podía suceder. Como el hecho de que ahora una margarita los tomará de sorpresa y comenzará a lanzarlos de flor en flor. Él podía al igual que Niara sentirse un poco nervioso con esa situación y apretar igual o más fuerte que ella su mano pero, la verdad se encontraba dichoso, es que no hay nada más gratificante que saber que estás dentro de un sueño, saber qué es solo eso y que en algún momento despertarás. Bueno, no era el mismo caso que de la joven maga a su lado, así que por más que lo estuviera disfrutando mucho, en algun momento debía concentrarse.

Sin aliento, así se sintió cuando vió por primera vez a la única e inigualable "MARGARITA", se quedó prendado a ella como cuando uno ve por primera vez una estrella fugaz, y te das cuenta de que todas esas historias de constelaciones y mundos lejanos no son nada en comparación con eso que acabas de ver.  Arrugó su nariz confundido al escuchar sus palabras, pero no fue hasta que Niara habló que él salió de esa especie de trance en que se había sumergido.- No lo sé.- le susurró con una rostro de confusión del porte del monte Everest. Pero esa sensación no le duró mucho tiempo ya que la hermosa y enorme flor comenzó a contarle una historia muy peculiar. Una pieza más de ese gran rompecabezas onírico y músical.

***

La mente de Edward estaba funcionando a mil por hora, y a diferencia de Niara quién ya se encontraba disfrutando (o haciendo el intento de) su comida, él había pasado todo el trayecto preguntándole cosas a MARGARITA sobre ese tal Rabastan. Entre todas sus preguntas sólo dos le parecían un dato extra y de ayuda: la primera es que en la Rocola SE PUEDE HACER MAGIA, y dos Rabastan ERA ANIMAGO, un águila imperial para ser exacto. Jamás lo han visto en su forma humana, sólo han recibido sus hechizos de mago en contra de ellas y lo han visto volar en los cielos, observando todo y a todos.

Pero de pronto una vocecita, que lo sacó de sopetón de sus pensamientos.

MIró a Niara y sonrió al verle batallar con su plato de comida.- Pues bien, disfrutalo.- le dijo divertido, para luego soltar una risa al ver esa margarita empuñar su pétalo hacia él.- Al parecer ella no quiere ser comida por mí, Ni.- le señaló mirando como la margarita se arremangaba sus pétalos, se encogió de hombros por alguna razón en ese planeta no le daba apetito, y eso era algo muy, pero muy extraño en él.  Escuchó su pregunta y clavó su mirada en la joven.- Pues, me gradúe el año pasado, y en vez de entrar a estudiar pues...entre a trabajar a Borgin&Burkes que me alcanza para tener una pieza en el Caldero ¿y tú? ¿Qué haces?.- le respondió la pregunta curioso. Hasta el momento no se había dado cuento que solo sabía el nombre de ella, y nada más. Pues bueno, ya había llegado la hora de conocerse mejor.

***

Despertó de sopetón, miró el reloj más cercano, era domingo, podía dormir cuánto se le diera la gana, sólo tenía que lograrlo, sólo tenía que cerrar sus ojos, entregarse al mundo de lo sueños y volver a encontrarse con Niara. Diez, quince, media hora lo intento, girando entre las sábanas de un lugar a otro, buscando la pose perfecta para poder dormir pero sus párpados parecían pegados a sus cejas de lo abiertos que se encontraban sus ojos. Frustrado se levantó de la cama y fue en busca de algo para comer, si su mente no le fallaba dentro de uno de los cajones de su escritorio se encontraba una paquete de galletas con chips de chocolate. Sonrió al encontrarlas y caminó hacia la Rocola, lanzó las galletas a la cama y se puso los guantes para poder tocarla e inspeccionarla mejor, la revisó completa, pero no había nada en ella que se diferenciara a otra Rocola común y corriente. Suspiró y decidió desistir por un momento en su misión, y la prendió, comenzó a buscar alguna canción que quisiera escuchar, o albúm, ya que un poco de música siempre ayuda a los desvelados, o al menos eso había leído en algún artículo alguna vez. Pero de pronto se encuentra con un botón verde, donde arriba de el tenía las letras A.M.

Incesante como la soledad incesante
cada día y cada hora del tiempo espacial
Presentado por su anfitriona Elizabeth Mandhella.
103.995……….
Megahertz
Solos en el universo  
Las ondas de radio que se diseminan en la atmósfera
Los insectos eléctricos que vibran en tu cabeza
Cuando regresas a casa por la noche
Cuando las neurotoxinas invaden las aguas de tu cerebro
y ya no quieres estar solo
o sola
en tu líquido cefalorraquídeo …………

Edward puso una mueca en su labios y se encogió de hombros, al parecer esta Rocola tenía su propio programa radial, un bostezo, otro y otro...el castaño aprovechó ese momento de ataque de bostezos para lanzarse en piquero a su cama, dispuesto a una vez más entrar en esa peculiar máquina.

Solos en el universo
Un programa para corazones solitarios
¿Están allí, radioauditores?
¿En esta noche con lluvia de estrellas?
¿Pueden oírnos?
Somos el amor obsoleto
que se pierde en la nada
¿Nos sintonizan?
estamos transmitiendo ahora o hace mucho tiempo atrás
Busquenos en el dial
no sabemos si estaremos vivos o muertos
pero nos oirán…lo prometemos
Nuestro programa dura una eternidad...

Cada palabra que pasaba iba sonando más lejana para el castaño, junto a él abrazandolas, las galletas con chips de chocolate.

Abrió los ojos, se encontraba en una pieza enorme, larga y completamente blanca. Al fondo, a los lejos se veían tarros de pintura, uno al lado del otro. Edward miró para todos lados y no había rastro de Niara. Recordó el último lugar en que la había dejado antes de despertar, pero su mente le estaba fallando, y ahora lo único que su cuerpo quería era ir hacia esos tarros y manchar esas paredes de múltiples colores. Corrió hasta el fondo con todas sus fuerzas, pero a diferencia de las veces anteriores el cuerpo  le pesaba, como sucede en los sueños de verdad. ¿Es que acaso estaba soñando fuera de la Rocola? ¿Será eso posible? se preguntó.  Al llegar al fondo, después de un ardúo trabajo como si su cuerpo se manejara solo tomó un tarro, lo abrió y lo lanzó a la pared, después otro y lo mismo, y luego otro, y otro hasta que quedaron todos vacíos. Y mientras observaba cansando como la pintura comenzaba a caer por la pared, un extraño mensaje apareció.

"QUEDARSE, SIGNIFICA POR TODA LA ETERNIDAD...
RABASTAN"

Y luego, la nada. Un punto blanco en el fondo, que crece. Edward se acerca o hace el intento de. El blanco aumenta cada vez más, cegandolo. Cierra los ojos, se los cubre con su manos y...al abrirlos se encuentra con los ojos de Niara por sobre él.

- Hola, nuevamente. - le sonrió, gustoso de volver a verla.- Creo....creo que Rabastan ya sabe que estamos acá.- le soltó, aunque confundido, aún sin entender nada.

¿ Acaso también se podían tener pesadillas en la Rocola de los sueños?.
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