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Priv. || Nothing Wrong With Me ||

Evans Mitchell el Vie Mar 02, 2018 1:22 am

¡Auuuu!, ¡au!, ¡au!, ¡auuuu!

Era ya molesto. ¿Lo hacían a propósito?, ¿qué era a eso de aullarle a la luna a plena luz del día?, ¿un circo de gorilas soñando con el hocico y la cola? Bastaba comprobar las miraditas que les lanzaban a través del pasillo para adivinar que tramaban algo. Se reían como idiotas. Evans Mitchell entre ellos, y él nunca aventuraba nada bueno. Juntaban las cabezas, murmuraban, ¡YA ESTÁ!

—¡Sólo un segundo!

Becky, la prefecta de Gryffindor, se adelantó y les echó la bronca. Había detenido a Joshua Eckhart en el camino, pensando que iba a tener una conversación civilizada con alguien civilizado, pero las sorpresitas estaban a flor de piel ese día.

—¿Qué es lo que pasa?, ¿¡están tarados!? ¡Si tienes algo que decirme Evans, me lo dices a la cara!

Los muy bestias estallaron en carcajadas, provocándola con sus bufidos. Becky podía ser muy complaciente con los que le caían en gracia y una furia con los que la sacaban de quicio. Buena en el fondo, pero un poquito temperamental.

—¡No, Becky!, ¡Becky!—
Reaccionó Evans, conciliador. Se acercó, muy zalamero. Y riéndosele en la cara. Ella, los brazos en jarras, puso los ojos en blanco—¿Por qué?

La prefecta de Gryffindor era una chica de complexión firme y muy segura de sí misma. Una larga coleta rubia le caía hasta más allá de la cintura. Si no tenías cuidado, podía sacarte un ojo con ella cada vez que se volteaba, tan de repente y con esa energía tan suya, cortando el aire con su pelo lacio.  

No era especialmente bonita, pero tenía una expresión franca y simpática que infundía su encanto sobre los demás, y hacía que quisieras acercarte. Era también popular, por ser jugadora del equipo de quiddicth de su casa.

—¿Quién querría meterse contigo?¡Ey, Gorras!¿Qué haces?¿Tú sabes? Justo estábamos comentando con los chicos...


Le guiñó un ojo, al llegar hasta él, con las manos en los bolsillos. Sonreía de una forma que alertaba peligro.

¡Auuuuuu!

—¡Pero qué molestos!—Becky se exasperó, mirando en dirección al grupito de tarados, que seguían en su numerito de zoológico—¡Subnormales, paren ya!

—¿Es que no lo sabías?—
inquirió Evans, fingiendo sorpresa.

—¿Qué, Evans? ¿Que eres subnormal?

—Shhh, estoy intentando tener una conversación civilizada aquí. ¿Por qué me atacas? Calmate, mujer. Desde que Vane te dejó estás como una cabr…

Ay, supo enseguida que no debió decir eso. ¡Mierda!

—Oh, ¿de esto va todo?—Roja de ira, ¡se había puesto roja de ira!—, ¿tomarle el pelo a la despechada? ¿Pues sabes qué?...

—No, no, me has entendido mal…


No se supo qué sucedería con él, porque en eso sonó el timbre, y una cantidad informe de alumnos inundó los pasillos, a modo de avalancha humana, y todo rastro de Evans Mitchell se perdió entre la multitud…, ¿habría que buscarlo por partes?

***

El día, la semana, había sucedido de esa manera. Joshua pasaba y el grupito de idiotas lo señalaban y se reían por lo bajo, con risas asquerosas. Evans actuaba con un exceso de confianza, de esos que te hacían querer desfigurarle la cara de tunante que tenía, ¿pero de qué iba? Por un lado, se mofaba de él a sus espaldas; por el otro, se acercaba como si quisiera iniciar una tregua, ir por el camino de la amistad, hacer buenas migas. Sólo cuando lo encontró a solas, le confesó que había iniciado un rumor idiota (cuyos detalles, decía, no era necesario conocer, pero que involucraba una fobia muy rara que Joshua, aparentemente, padecía desde que estaba en pañales: lupolipafobia), y que lo había hecho sólo por picarlo.

—Oh, vamos, sólo quería ponerte un poco nervioso—reconoció, tomando asiento. El aula estaba vacía—. Es que, sé que tú quieres. Veo la maldad en tus ojos. Becky está muy pesada con saber qué pasó con su conejo, y no es tonta. Y tú mueres por dentro por decírselo, ¿a que sí? Me jugarías una mala pasada, ¿de verdad no te da ni pena perderte esa oportunidad? Pero yo, no tengo muchas ganas de lidiar con ella, ¿sabes? Contigo, es todo un encanto. Con el resto de la gente normal, es una auténtica pesadilla.

Sonrió.

»¿No dije que te dejaría en paz? Yo cumplo mis promesas—
aburrido, jugueteó con una pluma que no le pertenecía— ¿Qué haces ahora?—Ey, estaba de broma, ¿verdad? Si quería cumplir sus promesas, que se fuera derechito por donde había venido. Pero no. Ensanchó la sonrisa con el rostro gacho, entre que tramaba vaya a saber qué maldad—. Joshua—dijo, muy tranquilo. No lo miraba. Más interesado estaba en lo que tenía entre manos, que en el feo de Joshua Eckhart. De en serio, ¿qué le había visto su hermano?—Eres un mal nacido, ¿sabes? La otra vez tú, irrumpiste en mi dormitorio. Y no dijiste “lo siento” ni una sola vez—Evans negó ligeramente con la cabeza, chasqueando la lengua—Mal, Gorras, muy mal. Quedé traumatizado—Lo miró. De traumatizado un cuerno, mira la cara de tunante que tenía—Un hombre lobo me atacó. ¿No crees que eso es estresante? Tuve unas semanas de mierda. ¿Y tú qué?, ¿te has disculpado? No, no. Pero vas, me avergüenzas en frente de mis amigos. Me exiges que te guarde un secreto, ¿y tú qué me das a cambio? Mira, siempre supe que eras un mimado y que no valías nada, como persona. Pero tú sabes, ¿no crees que tu frialdad ha pasado los límites? ¡Hablamos de una vida humana! ¡Casi me despedazas! ¿Dices que te hubiera gustado MATARME? Al gemelo de mi hermano, ¿su familia?

Si lo mirabas bien, dirías que hasta había amanecido de un humor  de perlas. ¿Qué era todo ese drama, entonces? No era la primera vez que se lo sugería, pero vamos, qué manera de tocar los cojones. Y sí, que puede que el aula estuviera vacía, ¿pero iba a ponerse gritar que Joshua era un hombre lobo a cada oportunidad?

Lo cierto era que, luego de lo que fue una temporada sin Evans Mitchell, de pronto veías su cara por todas partes, hasta en los cromos de las ranas de chocolate. Era como si hubiera vuelto de un viaje hacia el centro de la Tierra, y ahora respirara más ruidosamente que nunca. Se las arreglaba para cruzarse con Joshua aquí y allá, lo más natural. Y por alguna razón, se creía con el derecho de aparecérsele por sorpresa. Si le rehuías, aullaba. Se quedaba calladito, sin embargo, si le seguías el juego. Casi domesticado, dirías.

¿Evans quería acercársete cual compinche, ahorcándote en un abrazo? Apártalo. Aullaba. ¿Quería ser parte de tu grupito de proyecto (por las notas, se entiende)? Molestaría a todo el mundo, sí, pero al menos, no gemiría por lo bajo cual perro. Que lo haría por mosquear, seguro. Pero su actitud, si bien molesta, no pasaba de eso, molesta. De ahí a oler peligro, era todo un trecho. Mientras pudieras esquivarlo… Sólo que no podías.  
AKAJSHDASGFLAKGF:

Eeeeh, jeje el título es el de la canción que estaba escuchando (!!)  xDDDD


Sí, yo también te quiero :pika:


(?)


Lupolipafobia: fobia a que te persiga un hombre lobo con las medias puestas :3


Pd: Dejate llevar, dejate llevar, que la espontaneidad te puede, yo sé. Y que las musas sean tu guía (??)

Escena eliminada (?):


—¡Joshua!—Lo llamaban. Becky sonrió. Era muy atenta con él. Le gustaba, porque era un chico tranquilo. No la panda de imbéciles con los que acostumbraba atratar.

La prefecta de Gryffindor era una chica de complexión firme y muy segura de sí misma. Una larga coleta rubia le caía hasta más allá de la cintura. Si no tenías cuidado, podía sacarte un ojo con ella cada vez que se volteaba, tan de repente y con esa energía tan suya, cortando el aire con su pelo lacio.  

No era especialmente bonita, pero tenía una expresión franca y simpática que infundía su encanto sobre los demás, y hacía que quisieras acercarte. Era también popular, por ser jugadora del equipo de quiddicth de su casa.

Un poco temperamental, pero bondadosa en el fondo. Podía ser muy complaciente con los que le que caían en gracia, y una furia con los que la sacaban de quicio.

—¿Cómo estás? Quería felicitarte por tu proyecto de Herbología, ¡estuvo guaaay! Con las prácticas y eso, sé que es difícil. Y eso. Voy a ir a la biblioteca ahora, por si quieres sumarte. Somos cuatro estudiantes con los pelos parados, ¡con lo cerca que están los exámenes!—Si lo decía por los pelos, ella no tenía ninguno fuera de lugar. Recordando algo de repente, soltó—: ¡Ah! Sé que la otra vez estuviste en el dormitorio de Mitchell y compañía—Oh, los rumores vuelan—, ¿todo bien con los chicos? Y por casualidad, ¿tú no sabrás nada sobre un conejo que….?  
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Joshua Eckhart el Sáb Mar 03, 2018 9:09 am

Estaba totalmente harto de aquellos jodidos aullidos que emitía el grupo que brillaba por su poca inteligencia, esos idiotas. Evans les había dicho algo de él, y se temía que fuese su secreto, aquella oscura cortina que escondía su verdadero yo parecía estar peligrando. Algo muy dentro le decía que si realmente lo supieran lo marginarían como si tuviese la peste, pero realmente le disgustaban esos aullidos. Es decir, bastante tenía con el mero hecho de saber su naturaleza como para tener que oír aullidos cada vez que intentaba alejar a aquel idiota y marcharse.

Becky lo había detenido cuando iba caminando para hablar con él, y aunque mucho humor no tenía lo aceptó y se detuvo para prestarle atención. Hasta que oyó ese jodido aullido de nuevo. Puso los ojos en blanco, luego les miró, un grupo de imbéciles que cuchicheaban entre ellos, murmurando cosas, riéndose, ¿de qué? Nadie lo sabría decir. No había dicho palabra alguna cuando la prefecta de los leones se había adelantado para hacerlo ella. Casi quería que la provocasen lo suficiente como para que ella sacara a la leona que tenía adentro para abalanzarse con ella.

Becky, hablaremos en otro momento —le dijo a la muchacha, ignorando olímpicamente a Evans cuando se acercó a ellos para emprender el camino. Es lo que hubiera hecho, sin embargo, de no haberse llenado su cabeza a través de los oídos de aquel nuevo aullido. Iba a golpearlos. Alzó la vista al techo, airado, ¡casi se pone a animar a Becky para que golpease a ese pedazo de subnormal! No podía creer que realmente esto estuviese llegando a los extremos de que en pleno pasillo se ponían a montar su escenita con su zoológico o lo que fuese.

Él fue parte de los que se perdieron entre la multitud nada más se llenó el pasillo de alumnos saliendo de sus respectivas aulas de clase. No le interesaba seguir con esos Gryffindor idiotas, ni siquiera con Becky que para variar se perdió también. Cada quien por su lado y esperando no verse el resto del día, por el bien de todos.

***

La semana se estaba volviendo larga y capaz de destrozarle los nervios. Probablemente lo habría hecho con la cara de Evans de no saber que eso podría lastimar a su novio como ocurrió con su pleito el día del circo. No sabía cuánto tiempo más podría seguir aguantando, esos jodidos aullidos le daban ganas de herirles severamente. Se veía sorprendido de pensar de esa forma tan irracional, pero ¿no tenía acaso motivos suficientes para sentirse así? A pesar de eso, no quería convertirse en esas criaturas irracionales y agresivas. Tenía que coger fuerza y seguir para adelante como lo había hecho desde el primer día en el colegio, sin dejarse llevar por las provocaciones.

Te lo digo por enésima ocasión: no me interesa, pero quizá consideraré comentárselo la próxima vez que tú y tu estúpida pandilla vuelvan a fastidiar con esos aullidos —gruñó, estaba bastante harto de aquello, aunque le hubiese dicho que había esparcido el rumor de aquella absurda fobia. Su mirada se afiló poco a poco con cada palabra que escuchaba. Cómo desearía mandarlo a tomar por culo. — No te debo disculpas por entrar en tu dormitorio, no cuando tú has irrumpido en el mío, y yo no te mandé a estar en el Bosque Prohibido en luna llena, no es mi jodido problema, ¿entiendes? ¡Y deja de gritar lo que ha ocurrido, la gente puede escucharte!

No estaba seguro cuánto tiempo más duraría su de por sí frágil paciencia. No había modo de deshacerse de Evans, como un hedor asqueroso que se impregna en la nariz y te persigue aunque hayas dejado el motivo del olor bastante lejos, seguía ahí, como una lapa, pegado. Salía de entre las sombras sólo para molestar, joder. Justo como le había ocurrido entonces, él había estado tan tranquilo metido en sus propios asuntos cuando, boom, vino este pelmazo a venir a irrumpir su paz y tranquilidad, dos cosas de las que no tenía mucho últimamente. Y aunque ahora estaba calmado, gritar su secreto en un aula, aunque vacía, no era el modo para guardarlo.

Tienes que parar el acoso, en serio, no sé qué es lo que quieres pero no lo vas a conseguir aullando o gritando lo que pasó esa noche en los pasillos —bufó, cerrando su libro y enrollando el pergamino para meter ambas cosas dentro de su bandolera, había dejado casi a terminar aquel ensayo, pero no había modo de acabarlo con esa interrupción. — ¿Por qué no vas con Adrien? Apuesto a que le maravillará verte —es cierto, ¿por qué no iba a ser una plasta con su hermano en lugar de estar ahí con él? Sólo un poco más. Estaba trabajando en un proyecto líquido que le ayudase al buen Evans a olvidarse del pequeño incidente en el bosque. Casi lo conseguía en las ocasionales sesiones de pociones que tenía a solas. Sólo un poco más.


Última edición por Joshua Eckhart el Dom Mar 04, 2018 8:24 am, editado 1 vez
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Osbert el Sáb Mar 03, 2018 2:47 pm

-"Soy tan superior molestando a los demas", ñi ñi ñi...-

Es la voz que se escuchó como eco en aquel salón de clases, una voz medianamente madura pero lo suficientemente jocosa y semi-ronca para no causar tanto impacto, una voz irónica, voz que llamó la atención de los dos jovenes allí presentes.

-Saben... ¿qué pensarían los demás estudiantes si supieran el secreto del... apestoso Ravenclaw?-

Aunque giraron asustados, prontamente el joven Ravenclaw se vió mas preocupado, mientras que el Gryffindor parecía mas bien fascinado, pero para el indiferente de Osbert era dificil saber ello, y sin manifestarse aún siguió hablando mientras ataba los cordones de los zapatos de ambos:
-¿Crees que por ser un "grifinder" eres mejor que los demás? Oh pero sí, debes creerlo... Ahora...-

Entonces sí, se manifestó entero, sentado sobre la mesa de los profesores, con las piernas cruzadas y con una mirada de seriedad tan profunda que ni los mismos maestros podrían tener. El par de jovenes dudaban de lo que tenían al frente, o cómo sabelotodos lo ignoraban.

"Así que Hogwarts eh! Hace tanto tiempo que no me pasaba por aquí, espero no encontrarme con Peeves" pensó Osbert mientras comenzaba a decir: -Soy Osbert, el apuesto Osbert... rey de Strotenham, misionero errante, líder de la cuarta sede de hospitales de...- Prontamente vió como denuevo al Gryffindor le parecía divertido todo lo que decía, y lo señaló: -Tú, tu eres Evans Mitchell ¿no?- Entonces comenzó a flotar sobre el salón como buscando algo... o varios "algos". Al breve empezó a tirarle libros, caracoles, pequeñas piedras y ramas que encontraba dentro del salón mientras decía:
-Deben de pensar que soy como su amadísimo Peeves... que ando aterrorizando jovenes criaturas en un solo lugar... A Sir Osbert no le gusta eso... Yo me declino mas por atormentar a los atormentadores... Como tú Mitchell...- Entonces se volvió invisible, y justo cuando el par de estudiantes iban a moverse, Osbert poseyó los asientos del salón, entre los que estaban a un lado y los que estaban dispares por ahí:
-Me has traido de vuelta a este Colegio con tu actitud molesta y caótica... Hahaha! Muchas Gracias!-

Solo faltaba que dieran un paso...
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Evans Mitchell el Sáb Mar 03, 2018 5:57 pm

Tú sabes lo que dicen sobre el karma, sabes lo que es la ironía, y seguramente habrás oído esa frasecita aleccionadora que te advierte: “Todo lo que das, te vuelve”. Por eso, que un poltergeist persiguiera la cabellera de Evans Mitchell por los pasillos para sacarle canas, no sólo que sería el sueño vengativo de muchos, sino que parecía del todo predestinado.

Si eras Evans Mitchell, por otro lado, no podías menos que hallarte auténticamente sorprendido, sin siquiera una pista sobre qué había ido a hacer allí un fantasma salido de la nada, y encima, ¿con amenazas?

—¿Peeves?


Al oír esa voz tan repentina le había dado un ligero escalofrío, que pasó por alto. Al agachar la cabeza, el intruso ya se había deslizado fantasmagóricamente, regalándole un bonito nudo que hizo a mano con sus cordones, mira tú. Era siempre desagradable cuando te tocaba un fantasma, y el frío le picó el nervio. Y sin embargo, estaba más extrañado que otra cosa. ¿Peeves? No, qué va, hubiera reconocido los ojillos maliciosos de Peeves al instante, ¿y éste era…?

—¿Tú quién…?—Se le adelantó, presentándose como Osbert. Evans torció sus labios en una mueca, entre el humor y la desconfianza. ¿Un nuevo fantasma en Hogwarts?—Oh, ya veo. “Rey”—observó, ligeramente sarcástico. Sus ojos brillaban, curiosos y evaluadores. ¿De qué habría que cuidarse esta vez? Siempre había novedades en Hogwarts, vaya. Si no era Voldemort iniciando la guerra mágica, era una plaza libre entre los fantasmas del castillo—Bueno,  Osbert…

No podía evitarlo, le fascinaba por dentro la sola idea de aprovecharse de la situación. Que el Gorras la pasara realmente malas era una oportunidad demasiado buena como para dejarla correr. Le lanzó fugazmente una mirada al ravenclaw, mordiéndose el labio antes de soltar, 'astuto' como él solo:

—Aquí mi amigo, tiene algo que confesarte, sí. ¿Tú sabes? Le hizo algo terrible a una chica, amiga mía. Secuestró a su mascota para experimentar con ella, ¿te lo puedes creer? ¡Casi mata al pobre conejo!, ¡y ahora tiene el tamaño de un perro sin que nadie sepa cómo volver a reducirlo! (es un coñazo, si te digo la verdad; la otra vez, se comió mi zapatilla) No quiere que ella lo sepa, pero yo estoy aquí, hablando con él, intentando que tome consciencia sobre sus actos… ¿Pero sabes qué? Pienso que deberías decirle al mundo lo que hizo. Sí, díselos. Tú diles que Joshua Eckhart secuestró al conejo de Becky… ¿qué?—De lo que parecía la calma de un experto, Evans trocó en abrupta desconfianza—¿¡Por qué sabes mi nombre!?

Karma, Evans, karma.

No hubo mucho tiempo para exigir por explicaciones, entre que se escudaba con un brazo levantado de las cosas que el fantasma arrojaba. Pero a medida que habló, se dio cuenta de que la tortilla se estaba volteando de una forma que sólo le auguraba problemas y fastidios, ¿es que acaso no tenían suficiente con Peeves cuando se trataba de fantasmas incivilizados?, ¿y actitud molesta y caótica?, ¿¡pero de qué hablaba!?

Habiéndose incorporado (lo primero fue caerse de boca en el intento por incorporarse, y sólo luego recordó que le habían anudado los cordones, sí, muy oportunamente luego) y alejándose lentamente con precaución, se detuvo un momento, calculador, como quien está a punto de salir corriendo, pero tomándose su tiempo.

Había algo del discurso de “ese” que se autoproclamaba su pesadilla, que le llamó la atención (¿Qué él lo había traído DE VUELTA?, ¿desde cuándo tenía tanta mala suerte?). Su actitud previsora cambió por una de alarma al ver las sillas en el aire, y sin pensárselo dos veces, sacó la varita.

—¡Palalingua!—
gritó, apuntando hacia el fantasma.

No va que una silla fue a estrellarse contra su cabeza, que dura la tenía, y desbaratado por el impacto, y posiblemente, anuladas sus intenciones con aquel hechizo, trastabilló hacia un lado y optó por una solución más segura: echar a correr, cubriéndose la cabeza con los brazos. Y se largó, asegurándose de cerrar la puerta tras él.

asdsadsada:

Palalingua es el conjuro de un embrujo que pega la lengua de la víctima a su paladar. Se sabe que funciona tanto en magos y brujas como en espíritus (incluso poltergeist, como Peeves).


Fantasmín, podés decidir si el hechizo te impacta o no. :pika:

Recordá, cof. Lo del hombre lobo, cof.

Me divertí con el post, bienvenido al foro :3
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Joshua Eckhart el Lun Mar 05, 2018 11:40 pm

Una tercera voz de pronto sonó en la habitación, una voz más bien salida de ultratumba, por un momento pensó en alguno de los fantasmas del castillo, pero no era una voz que pudiese reconocer. Ronca y burlona, que causó girarse hacia su presencia, el sitio de donde provenía en cuanto pronunció sobre su secreto. Lo que le faltaba, que un jodido fantasma escuchase el griterío de Evans, además le llamaba apestoso, ¡si él se había bañado ese día! ¡El que seguramente emitiese la peste sería Evans! Sin embargo, el peso y la presión de que su secreto se supiera era demasiado grande, ¿qué tanto había llegado a escuchar?

Miraba hacia todos lados buscando quién o qué era, sin darse cuenta de lo que ocurría ahí abajo en sus pies. Entonces se hizo físico, más o menos, ahí en el escritorio, sentado. Un fantasma desconocido. Más bien, un poltergeist, a juzgar por sus intenciones, o un recién fallecido con un carácter muy peculiar que había usado el castillo como su hospedaje. Iba a decir algo al gemelo malvado de su novio, pero el fantasma se adelantó a ello, presentándose como Osbert. ¿Cuánto tiempo podría sobrevivir ese nombre en la memoria de teflón de Joshua?

Evans, como el buen granuja que era, no tardó en querer tornar la situación a su favor, como si alguien fuese a creerle el cuento. Bastaría con que Joshua hablase con Becky para aclarar la situación, lo que, de hecho, ponía a Evans en la incómoda posición de su palabra contra la de él. Hablando con la prefecta de Gryffindor, los dos sabían cómo iba a resultar eso. — ¡Oye, idiota, deja de mentir! ¡Ten valor y dile a Becky de una vez qué le hicieron tú y tus amigos a su conejo! A nadie engañas, a ver si… —se interrumpió de pronto, devolviendo la mirada en dirección a aquella entidad.

A continuación sucedieron tres cosas interesantes: la primera fue que Osbert conocía a Evans. Un arma de doble filo, si consideraban su presencia casi malévola. Segundo: conocía a Peeves también. Amado, decía. Bufó con una pequeña, casi imperceptible, sonrisilla irónica. Tercero: atormentaba a los atormentadores, ¿eso significaba, tal vez, un poco de karma para Evans? ¿Qué tan malo podía ser eso? Mucho si consideraban que era otro tipo tan pesado como Peeves haciendo de sus bromas de mal gusto. Inhaló profundamente y suspiró con lentitud. Menuda suerte tenía ese castillo.

Evans, es evidente que… —el momento de Ravenclaw reflexivo cambió de pronto cuando se puso de pie y casi sufre el mismo destino que Evans ahí besando el suelo. Quizá peor, porque el escritorio con el que apoyó a duras penas su antebrazo causándose daño pudo haber sido el sitio de impacto de su cabeza. Un moretón iba a salirle un poco debajo del codo. — Tu nueva forma de joder a las personas es traer fantasmas como Peeves, ¿eh? —masculló, dolorido, deshaciéndose el nudo de los cordones con un movimiento de varita, atándolas con el mismo método mágico.

Oh, pero las cosas empeorarían, sí que sí. Usó su bandolera con los enormes libros que tenía dentro como escudo para las sillas que volaban contra ellos, corriendo a la puerta. Un par de pasos y adelantaría al sinvergüenza aquel. Sin embargo eso no ocurrió y literalmente le cerró la puerta en la nariz, chocándose de lleno y causando un dolor y algo de sangre. Gritó el nombre del perpetrador de tal herida que le había encerrado de algún modo con el espectro, echando la cabeza hacia el frente para evitar tragar sangre de la hemorragia. No parecía haber fractura, pero algunos de sus vasos nasales no estaban felices con el impacto, y no podía hacer mucho para abrir la puerta cuando una de sus manos intentaba parar el sangrado y la otra se escudaba con la bandolera.
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Osbert el Miér Mar 07, 2018 1:24 am

-JAJAJA! Pequeños, burdos, básicos... Se guardan secretos como si a alguien le importara! Lo que acabas de decir ahora suena interesante Evans... pero tan simple...  no tanto como lo que escuché antes! Oh sí! El Molesto Evans Mitchell! Y el Apestoso de Joshua... Apestoso Ravenclaw... o debería decir... Apestoso Hombre Lobo! ¿Tu novio sabe de ello? ¿Los demás alumnos? Contarlo sería aburrido... pero que tal, si un maestro se enterase...-

Todo ese discurso echado a la basura mientras Evans se daba contra una silla y Joshua se pegaba en el brazo. Osbert sonrió, pero su risa se volvió muda. Palalingua.

"¿En serio te habías atrevido a pegar mi lengua a mi paladar, como era eso siquiera posible?" pensó e inútilmente trató de expresarlo pero solo salían murmullos y quejidos idiotas de su boca.

-EWENS METCHELL! PADAAS PORUL INSOLENCE!- Era inútil, el derrotado poltergeist ya no era más que solo una burla, asi que como acto final simplemente señaló a Evans y a Joshua mientras estos terminaban de escapar, entre golpes y demás, repitiendo en su mente "nos volveremos a encontrar", mientras retrocedía volando para desaparecer entre las paredes, moviéndose torpemente, tratando de separar su lengua en su boca con sus manos...

¿Acaso se quedaría así para siempre?

Tururu!:
OFF: Perdón por dejarlo tan cortito, pero ya de por sí se cumplió lo que debían y terminaron escapando. Además sé que deben seguir con sus roles. Si a futuro desean (cualquiera de los dos, o los dos)  rol conmigo, nada mas me mandan un MP. Y pues, les quedó perfecta la narración, jajaj, me he reído mucho.
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Evans Mitchell el Dom Mar 11, 2018 4:52 am



Evans, Evans Mitchell, a que tenía un nombre muy pegadizo, eh. En los pasillos podía oírselo, cada dos por tres, generalmente acompañado por un ronco gemido de rabia contenida o un grito histérico y ofendido, porque bueno, la gente allí parecía no poder arreglárselas sin él, y porque además, hacía cosas, como cerrar la nariz en la cara a cierto ravenclaw y romperle la nariz. O peor, atraer poltergeists vengativos al castillo cual imán para los problemas, ¿es que podía tenerse más mala suerte?

¡¡¡EWENS METCHELL! PADAAS PORUL INSOLENCE!!!

¿Qué?, ¿por qué hablaba raro?, ¿era el palalingua?, ¿había funcionado? Evans recargó la espalda contra la puerta del aula, llevándose una mano a la cabeza dolorida por el impacto de una silla que lo hizo precipitarse hacia la salida. Se tocó y, ¡auch! Entonces, ¿se había ido? Y a la tremenda, porque oyó un fuerte ruido de bártulos desacomodados, que ahora serían flor de desastre, en el suelo. Al volver a entrar, asomó por el resquicio de la puerta, todo fresco y… cauto. Normalmente, le hubiera ofrecido la mano, ¿por consideración? No, por tomarle el pelo. Pero mira que el gorras estaba de un humor de perros últimamente —nunca mejor dicho—, y lo conocía muy bien; si daba un paso en falso sin estar preparado, ése seguro que le arrojaba un maleficio, o peor. Ah, Joshua y sus problemas de conducta.

—¡Oh, tú hubieras hecho lo mismo!—
exclamó Evans, conciliador, con aire de mejores amigos. Pero tenía que admitir, que sí había cerrado la puerta con cierta malicia. ¡Pero qué exagerado! Evans, triunfal por vencer a una pesadilla con nombre y apellido, se había puesto de muy buen humor, y lo seguía, molestando. Era evidente que no entendía la lección de ese día y ese encuentro: cambiar de rumbo en su vida, y especialmente, revertir esa actitud de buscaproblemas. Es que, todavía no se enteraba de que el poltergeist había ido a por él, le faltaba le colocaran el cartel en mayúsculas frente la cara—Sólo que yo fui más rápido. ¿Crees que no me duele saber que me abandonarías y me dejarías detrás? Sólo me adelanté, antes de que me rompieras el corazón—soltó, con un exceso de dramatismo, hasta juntando las manos sobre el pecho en un gesto, tan, tan sentido—. Y sobre Bety… Oh, no, no, pero tú tienes otras preocupaciones, ¿verdad?, ¿algo sobre un hombre lobo?

Evans rió.

—Oh, vamos, sé más relajado. ¿Qué tiene de raro hablar de brujas y duendes y lobos en los pasillos de Hogwarts? Tenemos una cuartada: somos magos, en un colegio de magos. A veces, el cerebro no te funciona bien—Vaya, con la insistencia por estar pegado a su sombra. Cambiando de tema, Evans empezó a decir—: Y sobre lo que quiero… ¿de verdad no me crees capaz de disfrutar tu compañía?—preguntó, con una espléndida sonrisa de tunante—No tengo que querer algo para rondarte.

Él mentía, definitivamente, él mentía.

De la nada un ruido, y Evans se volteó al instante, ¿asustado? Ah, es que de ahora en más tendría a alguien a quien rendirle cuentas. Ejem, ejem, mejor hacer que nada pasó, nada pasó.  
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Joshua Eckhart el Lun Mar 12, 2018 2:37 am

Estaba aturdido gracias al golpe que Evans le había dado pero, por suerte, el poltergeist decidió que era momento de marcharse. Joder, cómo le estaba doliendo la nariz que no dejaba de sangrar. Evans no dejaba de ser un canalla ni siquiera cuando llegaba otro canalla peor que él. Empezó a caminar con dirección al baño, abriendo la puerta sin soltar la varita para conseguir algo de papel y limpiarse el desastre carmesí que estaba hecho. Como si él tuviese la culpa del golpe que le había dado seguía hablándole, ¿por qué no usar también un hechizo para callarle como lo hizo el león con el fantasma?

¡Evans, cállate un mes! ¡Si estuviera en mis manos te dejaría en un puto pozo para que me dejes en paz! —porque sí, estaba bastante enfadado. Y seguía con el tema de Becky. — ¡Becky, su nombre es Becky! ¡Y deberías decírselo, que como piensa más que tú y toda tu pandilla juntos seguro sabe cómo revertir el hechizo! —se había alterado un poco, sólo un poco, nada en comparación a su reacción en cuanto mencionó el tema del hombre lobo. Iba a asesinarlo. — ¡Mitchell! —repuso de inmediato en una suerte de regaño.

¿Qué era lo que tenía que hacer para dejar atrás a aquella peste y poder estar aunque fuera un par de horas a solas? Se estaba devorando todo su tiempo y su energía como un dementor persiguiéndolo todo el día. Casi prefería que rondase a Adrien como si fuera lapa antes que estuviese detrás de él. Podían compararlo con el tema de… ¿Robert? El poltergeist de antes, que había decidido seguir a Evans. Sí, era una buena comparación. Empezó a ignorarlo. Al menos lo intentó. Se estaba volviendo una tarea complicada.

Estoy casi seguro que Adri quería hablar contigo, así que piérdete y ve a buscarlo, ¿de acuerdo? —aunque eso no iba a pasar. Si fuera tan sencillo ya se habría deshecho de Evans desde hace mucho tiempo. Los problemas, sin embargo, estaban lejos de acabarse.

Hay veces en que los planetas se alinean y no es el nombre de Evans Mitchell el que resuena en los pasillos. Como un místico evento cósmico que sucede una entre tantas veces. Y de pronto el sonido que resuena no es ese nombre tan conocido, no. En esas ocasiones, en lugar de oír “Evans Mitchell”, uno escucha “Joshua Eckhart” con la potencia que tienen los pulmones enardecidos por la cólera de alguien al final del pasillo a quien, casi de la sorpresa, se le cayeron los libros al momento de alzar la mano y señalarlo con el ímpetu del resentido.

Era Nestor, un joven de Slytherin de la misma edad que ellos dos, a quien casualmente cierto Ravenclaw le había arruinado uno de sus plantíos de quiénsabequé en uno de los invernaderos. Y, como era Joshua una mente criminal, éste se giró hacia él con el gesto resuelto. — ¡Nestor! Justo al chico que quería ver. Verás, iba a explicarte lo que sucedió en los invernaderos, ya que estamos todos aquí. Lo que sucedió es que Evans me dijo, muy seguro, que lo que vertí en tu maceta servía para hacerla crecer —le comentó, muy seguro de sí mismo. — Entonces tomé el frasco que me dio, queriendo ayudarte, y el resto de la historia ya la conoces —le explicó.

La verdad es que la planta chillaba. Literalmente chillaba. Y era tan necia que Joshua simplemente le vertió algo para acallarla, con la mala fortuna de que la secó “accidentalmente”. Y ahora era un buen momento para argüir una buena excusa y pasarle la culpa a Evans, quien era mucho más creíble que quisiese asesinar una pobre planta chillona.
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Evans Mitchell el Mar Mar 13, 2018 8:48 am

No, Evans Mitchell no estaba acostumbrado a quedarse en segundo plano cuando se trataba de jaleo, intrigas y metidas de pata. Había dado media vuelta en el lugar, ¡de un suspiro!, contenido suspiro, cuando gritaron su… JOSHUA ECKHAAART, no definitivamente, él no tenía ningún Joshua Eckhart, y su nombre, su pegadizo nombre, tenía una musicalidad más hermosa que “eso”. Así que, un ligeramente pasmado Evans Mitchell se quedó en el lugar, observando la escena con un dedo en su labio y la boca abierta, cual cara de tonto. Miraba a uno y a otro, muy, muy curioso, y oía, sí, una historia increíble, contada por una lengua de verso y mentira, muy entrenada en el arte del embuste, sí, ¡pero si era evidente! —y por supuesto, él ya lo sabía, ¡siempre lo decía!— Mira tú con que seguridad…

Decía su nombre, sí, ¿lo estaba inculpando? Lejos de reaccionar —lo que hubiera sido lo habitual, pero no en este caso, porque había algo que al gorras se le escapaba en esa situación—, y muy metido en su papel de espectador idiota, el león inspeccionó al chico Nestor, cuya reacción apenas verlos fue lanzárseles al tiempo que incrementaba el doble su tamaño, como alguna especie de esponja que absorbe ira y resentimiento y hambre homicida. Debía de querer mucho a sus plantitas, porque hasta hiperventilaba.

No bien el gorras había mencionado el nombre de “Evans”, el chico lo apuntó con su nariz entornando peligrosamente los ojos. Sin que ello, sin embargo, pareciera enturbiar la paz bobalicona estancada en el rostro del muy canalla, atento a todo, casi esperando y todavía con el dedo en la boca.  

—Evans me dijo, muy seguro…


Aaaah, por supuesto que conocía a Evans Mitchell. Era el mismo malnacido que le había jodido la vida en otras oportunidades, y por su parte, Evans… no tenía idea de quién era ese chico de Slytherin, pero ya adivinaba por la forma en que lo miraba —con odio, odio, odio—, que seguro se habrían cruzado en alguna “feliz” ocasión, por ahí, por la ruta de la vida.

Dirías que le saltaría en cualquier momento, hasta que.

—Entonces tomé el frasco que me dio… y el resto de la historia ya la conoces.


El cuento venía bien, excepto por…

¿¡Y QUIÉN DEMONIOS LE HARÍA CASO A EVANS MITCHELL!?—gritó Nestor, volteando hacia el ravenclaw con una expresión que decía a las claras: “¡No me tomes por idiota!”.

La tensión del momento fue rota por una risilla ahogada, una persistente, baja, sibilante risilla, de un Evans Mitchell que se doblaba en dos, cubriéndose media cara con una mano y los ojos fuertemente cerrados, partiéndose de la risa por dentro. Lloraba, lloraba, porque tuvo que secarse una lágrima que le resbalaba por la comisura de un ojo. Sorbió aire con la nariz, con un sonido de succión, una vez, otra, y lentamente, lentamente, fue recomponiéndose, a duras penas.

Que sí, que lo estaban llamando menso en herbología, a las claras, o en cualquier materia para el caso, pero eso no tenía comparación con ver cómo al gorras le destrozaban su mentira en la cara, como si tiraran de un hilo y todo se viniera abajo: su fachada, su reputación, SU MÁSCARA DE DECENCIA. Que el mundo viera el rostro deforme y temible detrás de esa máscara…, ¿estaría el mundo preparado para eso?

Entre que Evans se regodeaba en aquella pequeña victoria personal, ensimismado en sus raros pensamientos, Nestor lo miraba extrañado y sin comprender, pero enseguida recobró la actitud, encarando a Joshua, como quien ha llegado a una conclusión, inteligente e irrebatible.

—Tú… ¿por qué lo estás protegiendo?


Evans se atragantó.

—¿Qué? ¡Está claro que yo no tengo nada que ver con tu estúpida planta! ¿No lo ves…?, ¡él…!, ¿eres realmente TAN idiota?
Opcional (?):
—¡Lo que yo veo! Es que tú debes estar aprovechándote de él, como te aprovechas de todo el mundo. ¡Como conmigo cuando tú me...!

—Espera, ¿tú quién carajo eres? ¡No me mariconees, no te he visto nunca!

—¡Oh!, ¿de verdad! , ¿no me recuerdas?, ¿siete años y tú no…?

—Tienes una cara fea qué te cagas, ¿por qué querría recordar esa cara, Héctor?

—¡Es Nestor!, ¡acabas de oírlo!

—¡Lo que sea!

—¡Me pagarás esto, Mitchell!, ¡lo que le hiciste a mi planta! ¿Y sabes qué? ¡Buena suerte en tu proyecto de herbología, porque no lo haré por ti! ¡No me obligarás esta vez a…!

Oh.

—¡Oh! Tú eres ese tipo… El de herbología…

—Bueno, ¡ERA ese tipo!, ¡ahora lo recuerdas!

—Oye, no te pongas así…

—Y lo siento, Joshua. No debí dudar de ti. Ya creía que algo estaba mal, contigo siendo culpable de la muerte de mis plantas… Estaba muy dolido, lo siento. No debí gritarte así. Ahora que sé que fue Evans…

—¿Qué?

—…todo tiene sentido. Aléjate de este tipo, Joshua no te conviene para nada. Es mala hierba. Pierdes tu tiempo intentando hacérselo ver.

—Despacio ahí, tú, predicador de cuarta.

—¡Adiós Mitchell! Joshua, si necesitas ayuda con tu proyecto, me avisas. Nos vemos, gracias por todo.

Y se fue, levantando los libros que se le habían caído al suelo y marchándose sin más, dejando tras de sí a un Evans en estado de shock, pasmo total.

—¿Qué caraj…? ¡Pero si era obvio OBVIO que tú estabas mintiendo!

Reputación Evans, se llama RE-PU-TA-CIÓN, y tiene un peso mucho más aplastante que la verdad.

Spoiler:


La conversación "opcional", es por si te convence esa parte o preferís eliminarla y hacer algo distinto.
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Joshua Eckhart el Sáb Mar 17, 2018 3:50 am

¿Qué era aquello? ¿El desesperado intento de un águila para deshacerse de un león? ¿En las fauces de una serpiente? Néstor no era un mal chico, en realidad, pero tenía un pésimo gusto en herbología, ¿cuál era la necesidad de hacer un plantío de hierbas que chillan y hacen doler la cabeza? Que las semillas se las hubiese regalado su tatarabisabuela no parecía importarle mucho a Joshua y no lo hizo al momento de envenenarlas. Solía ser bastante más cauteloso cuando trataba con plantas sintientes, pero de ahí a dejar que una le taladrase los oídos sin piedad había un trecho enorme.

Pasó, sin embargo, por alto el mísero detalle en el cual Néstor de tonto no tenía ni un pelo. O quizá sí, pero era lo suficientemente inteligente para saber que uno no iba confiando en Evans decisiones importantes. La apariencia estoica de Joshua no se vio mermada por el grito del Slytherin, conforme la tensión crecía en el pasillo hasta que Evans empezó a reírse como el retrasado que era, llorando y doblándose a causa de su estúpida risa. Néstor y Joshua lo miraban, como si pensaran que era un retrasado. No podían estar tan equivocados, pero el caso era ese.

Néstor era… más estúpido de lo que Joshua pensaba, ¿él protegiendo a Evans? Le costó más de la cuenta no ser él quien soltara la carcajada, riéndose en la cara de la serpiente. Su expresión, a la vez, era de curiosidad. Lo que sucedió entonces es que su mirada pasó de un lado al otro, como en un juego de tenis, de Néstor a Evans, de Evans a Néstor, mientras estos discutían sobre quién sabe cuáles trapos sucios que ya tenían de hace tiempo. ¿Era el karma? ¿La presencia del fantasma? ¿Los planeas alineados contra Evans? No lo sabía, pero lo adoraba.

Gracias, Néstor, no te preocupes —aceptó su oferta de ayuda, así como sus disculpas con un gesto breve. — Lo tomaré en cuenta —alzó su mano para dejarle marcharle, la sonrisa confundida. Algo raro había ocurrido ahí, ¿cómo era que, casi sin proponérselo, teniendo todo en su contra, había salido bien parado? Al menos con Néstor. Con Evans… era otro cuento. — Qué tipo tan agradable —dijo con un gesto resuelto, continuando su camino. De repente el dolor de la nariz que había conseguido hacer dejar de sangrar ya no bastaba para arruinar su buen humor.

Tenía una pequeña sensación de victoria que seguramente no desaparecería tampoco con la posible repercusión que tendría aquello. El hecho de que Evans seguramente no dejara aquello impune. No olvidaba el pequeño pleito ocurrido en la escapada al circo con Adrien y el merrow, una escapada… Particular, ahora si lo pensaba bien. Siguió su camino con dirección al baño, casi con prisa, para poderse lavar la sangre en proceso de secado del rostro y la ropa, por supuesto, aunque eso podría limpiarlo con magia. Pero algo sucedió, algo particular de hecho.

Fényes, su cuervo, vino a toda velocidad surcando el pasillo, como la montura adorada de otra criatura más pequeña. Rangi cabalgaba al cuervo a toda velocidad y con una gracilidad se lanzó encima de Evans… ¿abrazándolo? — ¡Rangi! —riñó al bowtruckle. Con sus bracitos verdes, parado encima del hombro del Gryffindor, lo abrazaba. Era nuevo en el “equipo” de Joshua, así que con toda seguridad lo estaba confundiendo con Adrien. Aunque a veces era digno de temer, generalmente era cariñoso y pacífico, y llenaba de amor a las personas. — Ten cuidado, no le hagas daño —le pidió, acercándose a él con intenciones de tomarlo.
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Evans Mitchell el Dom Mar 18, 2018 3:37 pm


—¡Oye!—
Lo frenó, no se le fuera a acercar, no demasiado. Colocó un brazo entre los dos, sonrisa de por medio—¿Cómo te crees?, ¿hacerle daño?—inquirió, extrañamente jocoso— ¡A esta cosita!—exclamó, jugueteándole al bowtruckle con el dedo. A éste parecía gustarle, porque se retorcía de la gracia, complacido y mimoso sobre su hombro—Pero mira que cosita—insistía Evans, con ese tono que daba escalofríos, de lo empalagoso—. ¿Cómo iría yo a hacerle daño?—Lo miró, pero muy al contrario de  lo que decía, esos ojos, ¡esos ojos!, no aventuraban nada bueno—Relájate. Tú de verdad que eres un tipo nervioso, ¿lo sabías?

Se le dio por largarse a caminar, enfilando por el pasillo con su nuevo amigo, todo zalamero él, y manteniendo al otro a distancia, muy casual, muy socarrón, por molesto, sabiendo que el otro se esperaba lo peor —vaya, con la gente catastrófica—, porque le tenía tanta mala fe como para sospechar que podía salir con cualquier cosa, fijate, que podía ser terrible, terrible, inoportunamente ocurrente. Desconfiado, el tipo.

—Bueno, mientes sin que se te mueva un pelo. ¿Pero te has dado cuenta? No funciona conmigo—
dijo, como si estuviera confesándose sobre un superpoder secreto, extraordinario, como si eso lo hiciera interesante. Suspiró, desganado—Nunca entenderé cómo haces para engañar a esos bastardos.

Dio media vuelta, parándose en seco, y lo encaró.

—Si vas a estar tan pesado—
soltó, devolviéndole su bicho, que se resistía—Tómalo—Pero no, el bowtruckle no quería, no quería, y se enfurruñó y se aferró a Evans con fuerza, con fuerza, lloriqueando, ¿tendría problemas de apego? A Evans esto no pareció sentarle demasiado bien—¡Que te lo doy!, ¡no, no así! ¡me va a desgarrar la tela!—Intentar desprendérselo no estaba siendo fácil, y empeoró cuando el Bowtrukle fue a esconderse por debajo de su ropa. A Evans le entró la risa tonta—¡Mierda!—Rió, ¡pero ah, ah, ah!, ¡que se lo sacudiera!

Chris los vio, allí, en medio del pasillo, los dos puestos las manos sobre Evans, y se preguntó qué hacían. Se acercó justo cuando Evans se palpaba el pecho, brazos y cuello, como si le hubiera dado algo, ¿una picazón?, ¿una serpiente? Oh, eso estaba interesante.

—¡Pero es tu bicho!, ¡sólo dile que pare!—
gritó, y se sonreía. Eso estaba raaaro.

—¡Auuuu!—saludó Chris, haciéndose el gracioso. Evans lo miró con cara de pocos amigos, y tenía que admitir, su entrada no tuvo el efecto que esperaba. Si se incomodó por eso, no lo demostró. Demasiado orgullo, demasiado estirado—Oi, que mala vibra por aquí. ¿Qué pasa? Ustedes dos de nuevo, ¿qué planean?

—Chris, vete a la mierda.

—¡Vete tú a la mierda! O ven conmigo, tengo que mostrarte algo. Y, ¿puedes dejar de jugar a esta rara escenita entre ustedes? Me da hasta escalofríos.


***

Rato después, en algún lugar de Hogwarts.

—¿Qué es eso?—señaló Chris, mirando a su cuello.

—¿Tú otra vez?—
Evans se sorprendió, y tomó al bicho entre sus manos, que lo miraba compungido—Ok, ok, sólo no me piques. Y luego le explicarás tú a tu dueño dónde estabas, ¿estamos?

El bowtruckle se alegró notablemente, aunque no entendió nada. Ni tenía idea de lo que le esperaba. Un día, a lo Evans Mitchell.
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Joshua Eckhart el Mar Mar 20, 2018 9:05 am

Evans era un desastre en toda regla, ¿cómo iba a dejarle a una de sus mascotas en sus sucias manos? Pero sólo había que ver cómo Rangi se estremecía ante sus caricias, juguetón y mimoso, acariciándole la cara como si la mascota fuese el Gryffindor y no al revés. Lo hacía con Adrien, así que tenía claro que la criaturilla estaba muy confundida, realmente confundida, con quién era a quien tanto amor otorgaba. Se llevó las manos al rostro, frustrado, cuando el bowtruckle decidió que iba a pasar tiempo con su “amigo”, cuando lo único que tenía de semejante con Adrien era el rostro. No podía estarle pasando a él.

Se le llama “prestigio”, y se gana cuando uno no va por la vida haciendo el idiota y haciendo daño a los demás —gruñó en cuanto le dijo que “no sabía cómo engañaba a esos bastardos”. La verdad, en ese momento, a Joshua también le sorprendía. El caso era que Rangi no quería volver con él, muy obstinado. — ¡Entiende que no es Adri, ya te llevaré a ver a Adri más tarde! —le habló al bowtruckle que no comprendía el contenido de sus palabras. Para él no había otro Adrien que el que estaba ahí con él.

Chris era una de esas presencias que siempre llega a mal momento. Haciéndose el gracioso con ese aullido, cuando ni siquiera su “amigo” lo tomó de buena manera. Joshua apenas fue consciente del momento en que uno de sus compañeros de habitación prácticamente le secuestró arrastrándole de la túnica para que le ayudase con una poción ahora hecha un corrosivo veneno en un aula cercana, sin dejarlo reclamar y mucho menos recuperar a su pequeño amigo secuestrado por Evans Mitchell.

***

Mientras Joshua Eckhart, preocupado, buscaba a un león por todo el castillo intentando recuperar a su mascota, Rangi no estaba preocupado en lo absoluto. Él estaba, o se sentía, sano y salvo junto con Adrien. A través del follaje de los árboles alcanzaban a filtrarse haces de luz dibujando la figura de las hojas en el suelo, el viento fresco propio todavía del invierno a pesar de que los rayos del sol ya le daba un poco de tregua a los habitantes de la tierra para calentar un poco, donde un bowtruckle se las arreglaba haciendo y deshaciendo por aquí y por allá.

Rangi podía ser tanto como un crío mimado y caprichoso que se marchaba con la gente sólo porque creía que eran sus amigos, como una madre empática y dulce. Por ello es que desde el primer momento en que oyó el rugir del estómago de Adrien, había tirado de su ropa, casi obligándolo a ir al exterior para poder llegar al suelo, escarbando y buscando cochinillas que intentó por la fuerza darle en la boca. Lo único que quería era alimentarlo, aunque sus dietas estaban lejos de ser mínimamente parecidas.

Tuvo una idea más pronto que tarde, cuando recordó uno de los desayunos que había pasado con su dueño, y lo que hizo fue prácticamente arrastrar a Adrien hasta el lago negro. Había visto que Joshua comía esas criaturas, ¿por qué no Adrien? Y así empezó su intento de cacería, lanzándole pequeñas rocas a los peces. Con suerte, le daría a uno en la cabeza y podría pescarlo, pero eso claramente estaba lejos de suceder. Al menos lo estaba intentando. Corría hacia tierra firme, recogía cuantas rocas podía y regresaba al muelle a seguir lanzándolas, pero los peces eran suficientemente inteligentes como para evadir los proyectiles.
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Evans Mitchell el Jue Mar 22, 2018 8:25 pm

Evans se la estaba pasando de risa, de risaaa. Ese nuevo amiguito suyo, ¿que cómo había dicho el gorras que se llamaba?, ¡oh, qué importaba!, él le pondría un nombre: Johnny. ¡Johnny era perfecto! Si hasta respondía cuando lo llamaba y toda la cosa. Y en fin, ese nuevo amiguito suyo, ¡le estaba haciendo pasar una tarde de risa! Chris no lo soportaba, pero ése era un tiquismiquis, a nadie le importaba qué carajo opinara.

Iban de camino a Hogsmeade, porque Chris conocía a un tipo que conocía otro tipo, y así. La cosa es que Evans se dejaba arrastrar porque le pareció que la historia era de drogadictos, y quería meter la nariz, hurgar en toda esa rara comedia sobre un universitario que tenía algo que mostrarles. Es que esos vagos no tenían que hacer que rumiar en Las Tres Escobas con una cerveza en la mano y recordar cuando todo era tan fácil allá en Hogwarts, como si ellos vivieran la fiesta con esos Lestrange en la administración. Evans no veía la hora de.

Bueno, no. Sabía que la hora llegaría, pero si se lo pensaba, y tocando temas más serios, lo que le esperaba a él después de Hogwarts era diferente. Él no tendría tiempo que perder en Las Tres Escobas. No, él. Oh, ¿por qué pensar en eso? Justo en ese momento, Johnny le saltó al pecho, con la mitad de un sanguchito en sus manitas de escarbadientes, despejando todas sus preocupaciones con esa repentina aparición, ¡ah, pero qué simpático!

Enseguida, oyeron el grito de un estudiante enojado, quejándose porque le habían estropeado su sándwich. En Hogsmeade, el tumulto de voces y estudiantes disfrutando de su fin de semana lo hacía olvidarse a uno del frío. Porque vaya, diríase que iba a llover. El cielo gris, el vientecillo que te daba un fresquete. Evans no quería saber nada de mojarse. Mejor que entraran pronto a Las Tres Escobas.

—¡Mitchell!, ¡tú y ese bicho!—exclamó el perjudicado, yendo hasta ellos. Chris dijo algo sobre “Te lo dije…”, “Sólo nos retrasa”, “Cochinillas”, pero ni caso.

‘Ese bicho’, decía. No, Johnny. ¿Qué?, ¿no se enteraba?

—¿Y a ti qué te pasa?—espetó Evans, volteándose para encararlo. Johnny se escondió en su bolsillo y Chris suspiró, malhumorado—Tienes un problema, lo arreglamos aquí. ¿Quieres tu puto sándwich? Te doy tu…—Iba a tirárselo, de malos modos, pero cambió de opinión. Los ojitos levantados del bowtrucle lo miraban desde su bolsillo, ¿es que iba a tirar lo que le había traído especialmente…? No, se lo pensó y se lo mandó a la boca, cual provocación, antes de alejarse seguido por un Chris con cara ni de muchos amigos ni de muchas pulgas.

Joder, con la gente.

—¡Imbécil!


En Las Tres Escobas, se sentaron a la mesa con un tal Ferdinand. Las ganas de estar allí se le fueron en el instante en que puso sus ojos en ese tipo. Lo miró cómo miras a un asco de hombre, imperturbable y con el culo en el borde de la silla, para irse cuanto antes por donde había venido. Pero Chris lo detuvo con una mano en el hombro. Y él revoleó los ojos, rogando por paciencia.  

Fue cuando el tal Ferdinand se mostró muy interesado en el bowtrucle, que lo mandó a donde no llega el sol, y se largó, bajo la lluvia. Pero el otro, pesado, lo siguió. Evans se chocó con alguien en el camino, pero no reparó en ello. Ferdinand lo detuvo, quería intercambiar el bowtruckle por, ¿por qué? Llueve, y se siente húmedo. Ellos forcejean. El universitario está sacado, un poco ido, un poco torpe, un poco enojado. Ni sabe por qué insiste, su estado es lamentable. Hay cada cual, que se fuma cada cosa. Pálido, los ojos enrojecidos, y desesperado por mostrarle, ¿qué?

—¡Ya vete a la mierda!—
Lo apartó de un empujón—Y tú gorras, qué carajo….—¿Qué carajo quieres? Ey, pero desde cuándo… —¿Y desde cuándo estás tú aquí?—increpó, brusco.

***

Chris no lo entendió. Salió de Las tres Escobas, luego de pagar —sí, él fue el idiota que quedó atrás pagando la cuenta. Ya arreglaría cuentas con Evans— cuando vio cómo “el chico de la gorra” salía corriendo debajo de la lluvia en dirección al bosque, los alrededores de Hogsmeade. Y a Evans siguiéndolo diciendo que le devolviera su sanguchito, o más bien, RUGIÉNDOLE cual bestia desaforada, acaparando todas las miradas.

Se los quedó mirando, en mitad del pasmo, cuando se chocó con el universitario. Le hubiera preguntado a él qué pasaba, pero éste se bambaleaba de aquí para allá con la boca abierta y cara de nabo. Desistió. Pero estaba muy, pero que muy intrigado. Bah, pero. ¿Qué le importaba a él?, que se mataran. Él se iba al castillo, directo a la cama. Donde tendría dulces sueños. Mientras que Evans, los soñaba despierto, en un estado inquieto de sonambulismo salvaje.
jjkilllllsk:
Sé que se supone que deberían caerse duros en el suelo. Pero. Los prefiero sonámbulos, ¿te parece? (por las risas) Puedo editar, igual. Por otro lado, te presento a Musa A: “Yo quería algo de este tema. Lo voy a tener. Quería un lobo, o algo parecido, un ataque, una resolución, y que se vayan a la cama, CON BARRO.” Musa A te dice (?), que quiere un conflicto en el bosque, con peligro, además del sueño delirante. Dice que quiere drama y dolor, y risas :3  

Desde ahora, podrían  plantearse dos realidades: la del sueño (puro delirio), y la realidad (la gente de Hogsmeade los vería pasar haciendo cosas locas, asaltando las casas de los vecinos, hasta que se internaran en el bosque y suceda una tragedia). ¿Vas captando la idea?

Historia del sueño: Evans Mitchell, Ministro de Magia, quiere comerse tu sándwich (que es ni más ni menos que Johnny). A ti no te importa sublevarte al orden, con tal de salvar tu almuerzo, al que te muestras muy apegado, enfermizamente apegado. Se conocieron en el salón de un baile, y desde entonces, sólo piensas en masticarlo, y se lo dices todo el tiempo. No dejarás por nada del mundo que el malvado Ministro de Magia los separe, a ti de tu bocado.  

Ok, el sueño puede ser sobre cualquier cosa.

Pd: Musa B le recuerda a Musa A (te presento, también, a Musa B), la idea de que, en un cierto momento dado, Joshua mienta para cubrirlos a los dos, Joshua y Evans. Musa A dice que esa posibilidad se ve muy difusa en el futuro. Musa B insiste. Me pide, que te lo haga saber, para que lo tengas en cuenta por si se te ocurre armar algo con esa idea.

:3

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Evans MitchellUniversitarios

Joshua Eckhart el Lun Mar 26, 2018 3:04 am

No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado buscando a Evans en el castillo. Más que buscar a Evans, estaba buscando a Rangi, tenía que encontrarlo de una buena vez. En momentos como ese odiaba que el castillo fuese tan grande, lleno de recovecos donde un imbécil puede esconderse con un bowtruckle. Era desagradable ir preguntando a la gente si habían visto al dichoso Evans Mitchell, ellos se preguntaban desde hace cuánto eran tan amigos, ¿probablemente a causa de alguna noticia traviesa que se haya colado por la revista de cotilleo por excelencia en el mundo mágico?

¡Josh! —oyó de pronto a sus espaldas, la voz de Becky llegando hasta él, haciéndolo parar y mirarla por encima de su hombro derecho. — ¡Espera un segundo! He estado buscándote por todo el castillo —venía agitada, notoriamente cansada y las piernas un tanto débiles. Joshua tuvo que mantener una expresión seria y no sonreírse con burla. — ¡Escuché que buscas a Evans! ¿Qué fue lo que sucedió? Ese tarado siempre metiéndose en problemas —eso llamó un poco más la atención de Joshua, quien se giró sobre sus talones hacia ella. — ¡Sólo quería avisarte que le he visto con Chris yendo hacia Hogsmeade!

Hubo un momento de silencio, casi tenso, pero terso. Era extraño, al menos, para Joshua, pero este sonrió. Brevemente, apenas la curvatura del borde de su labio. — Gracias, Becky —dijo, aunque dio un pequeño paso hacia atrás, apartándose de su alcance cuando ella intentó tocarle el brazo en un gesto conciliador. — Iré a buscarlo, gracias por avisarme —y nada más dijo aquello, emprendió su camino hacia la puerta principal para salir con dirección a Hogsmeade. Becky le agradaba, pero a veces era un poquito… extraña, por lo menos. Pero eso no era el punto, no. El punto era recuperar a Rangi.

***

Uno en un día normal no encontraba extraño encontrar un repentino: “¡EVANS MITCHELL!” en su camino, la voz iracunda de una persona que había sido afectada por el nombrado. Pero esta vez, como una especie de alineación planetaria, nadie decía su nombre, no parecían querer darle pistas de dónde encontrarlo. Envió a volar a Fényes, su cuervo, para ver si lo veía desde los aires, mientras Joshua caminaba y miraba en el interior de las tiendas. Si él fuera Evans, ¿dónde se habría metido…? En las tiendas de bromas, evidentemente, pero ahí no había rastro de Mitchell.

Miró hacia el cielo cuando oyó un graznido de cuervo venir de ahí, para encontrarse a su pequeño Fényes aleteando las alas, con el pico en su dirección antes de apuntarlo hacia otro sitio. El corazón le dio un vuelco antes de latir apresurado, con la misma velocidad que las piernas de Joshua haciéndose espacio por entre la gente y mirando a todas direcciones, siguiendo la silueta negra por entre las calles y callejones hasta encontrarse con el gemelo malvado de su novio. Lo vio forcejeando con otro joven, un poco mayor que ellos si tenía que apostar, que no estaba usando el uniforme del colegio. Debía ser alguien externo.

¡Evans! —gritó su nombre al alcanzarlo. Rangi estaba ahí, sano y salvo, muy para su sorpresa. — ¡Devuélveme mi bowtruckle! —le exigió, tratando de tomar de nuevo a Rangi, pero él se lo estaba pasando tan bien… ¿era momento de regresar con su dueño y dejar de jugar con Adrien? — ¡Rangi, ven aquí! —forcejeaba con Evans para alcanzar a la criaturilla, que todavía dudaba mirándolos a los dos. Tan ocupados en su discusión que descuidaron un tercer elemento tan importante como los dos primeros, evidentemente, que no iba a desaprovechar su oportunidad ahora que estaban distraídos.

Joshua no tuvo ni la menor idea de cómo sucedió. Cómo de estar forcejeando con Evans, se encontraba ahora sentado en el suelo tras un empujón. No era Hogsmeade donde se encontraba, ni se le parecía. Parecía más bien estar asolado, en grises tonos llenos de tristeza, la lluvia caía encima de ellos y dolía en el pecho. No quedaba nada. No quedaba más que el arma maestra, la llave para devolver ese mundo, su mundo, a su estado original. Sólo una llave que no se encontraba en sus manos: el sanguchito. La destrucción del sanguchito podía sumir a su mundo, tal y como lo conocían, en el caos absoluto, tanto como traer de vuelta la paz que algún día existió entre ellos. ¿Quién era el villano y quién el héroe de esa historia?
Mundo:
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¡Devuélveme el sanguchito! —exigió Joshua, poniéndose de pie de un brinco y apuntando acusador a Evans. — ¡No tienes ni idea de lo que el sanguchito es capaz, tienes que devolvérmelo! —y prosiguió a perseguirlo, intentando arrebatarle su precioso bocadillo para poder hacer… lo que el Joshua del sueño quisiera hacer con él. Y mientras tanto, la gente de Hogsmeade observaba a dos locos gritándose algo de un sanguchito, yendo uno detrás del otro. Usaban como armas las cosas dentro de las casas y las tiendas, hablando de quién sabe qué otras cosas, como si estuviesen locos de atar. Lo estaban seguramente.

Pero en el mundo dentro de sus cabezas todo parecía ser completamente lógico. El cómo entraban a las casas vacías, y esquivaban a las bestias que habitaban un mundo postapocalíptico, atacándolas tanto como se atacaban entre ellos en la lucha del sanguchito. Hasta que Joshua se hizo con él, ¡tenía la llave, el arma absoluta entre sus manos! Era su momento de huir. De llegar hasta aquel sitio, uno que no sabía del todo dónde se encontraba o para qué servía pero como siempre ocurre en los sueños, consideraba que era el punto culminante del todo, corriendo mientras se adentraba al bosque con el sanguchito en las manos. Dejando detrás a un Hogsmeade a medio destruir por culpa de ellos dos.

Sanguchito:
No me gustó tu idea del sueño del sanguchito así que hice una nueva. Si no te gusta la mía, podemos soñar cosas diferentes y no pasa nada(?)

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Evans Mitchell el Lun Abr 02, 2018 12:33 am

Inducere somnia : Permite al conjurador hechizar un objeto que sumirá en un sueño a todo el quién lo toque. Él también se introducirá en el sueño, siendo capaz de controlarlo en su totalidad y a hacer al resto partícipe de su historia. En el sueño no se puede sufrir daños reales. La única manera de salir es siendo despertado en el exterior o muriendo en el interior.

Estaba en boga, o había sido redescubierto por universitarios, ¿curiosos sería la palabra?, o que simplemente no hallaban algo mejor que hacer. ¿De qué se trata? El “inducere somnia”, un hechizo bastante popular para a los que les gustaba tomarse ciertas sustancias y multiplicar por dos el efecto sobre sus sentidos sumergiéndose en un sueño grupal, para disfrutar la experiencia alucinógena al máximo. Era tronchante.

Y sólo bastaba dejarse llevar un poco para sentir que LA ADRENALINA era real, EL VÉRTIGO te trepaba, que EL ÉXTASIS (jajaja, se me acaba de poner Rybak en reproducción automática) te hacía sucumbir, todo en una experiencia ilusoria, sin límites, ¿de la que podías escapar? Sólo con el fulminante beso de la muerte, o por un pesado que fuera a sacudirte el hombro en la mejor parte del sueño.

Sólo que, a veces, no despertabas tan fácil, a veces, te daba la impresión de que no había escapatoria, ¿y lo conoces?, ¿ese instante en que las mentiras se hacen realidad?, cuando lo ilusorio nos hiere de verdad. Es una completa pesadilla. Imagínate si el conjurador del sueño es un drogata en la quinta Luna, que ha consumido tantas sustancias que ya no es él el que controla el sueño, sino al revés, y hasta sueña despierto. No, por eso no recomendaban esa práctica: mezclar sustancias con el “Inducere Insomnia”, sólo podía significar mala cosa, ¿y los resultados?, probablemente de un elevado riesgo. ¿Pero la experiencia? Tronchante.

Sólo bastaba ver a esos dos, ¿perseguidor y perseguido? No importaba quién se les acercara, o a quién se llevaran por delante, que no parecían hacerle caso a nada ni nadie, ¿sumergidos en su propio mundo? Iban causando destrozos, confusión, ¿qué les había picado? El apocalipsis, eso, como sucedía con algunos alarmistas. Entraron a una tienda y la dependienta tuvo que sacarlos con un escobillón, y aun así, ni caso. Aterrorizaron Hogsmeade, pero no se quedaron allí. Un grupillo de asustados alumnos de primero los vio atravesar corriendo los patios de Hogwarts y perderse ellos solos, adentrándose en la profundidad del bosque. Lo olvidarían tan inmediatamente como empezó a llover. Los alumnos mayores estaban algo locos, eso les quedó claro.

***

Se hacía la noche. La luna llena refulgiría, completa e intensa, ella misma en todo su esplendor de locura, magia y fantasía, una vez que las nubes negras se apartaran en el cielo de tormenta. El hombre lobo olfateó el aire, aún en su forma… No era un hombre ya, había dejado de serlo para convertirse en un adefesio salvaje, monstruoso. Los dientes amarillos, puntiagudos, y las manazas como garras. Rió, con una risa baja, como un inquietante gruñido. Sangre fresca. Era siempre un lujo para los sentidos, cuando el hambre era desmedida, irracional, impulsiva. Cuando no había hambre en realidad, sólo un vacío insatisfecho, y vivo, pero sobre todo, cruel.

En un pequeño claro sombrío, cercados por nudosos troncos y una oscuridad hormigueante que se te colaba por debajo de la piel como un presentimiento de algo inquietante, Evans había ido a saltarle al encuentro a ese pedazo de gorra imbécil, con un brazo sangrándole. Estaba loco de rabia. El pequeño Johnny, saltaba sobre un tronco, a sus pies, entre ellos, impaciente y con los bracitos en el aire intentando mediar en lo que parecía ser una pelea, ¡tremenda pelea! Había estado todo tan divertido, se la habían estado pasando tan bien los tres juntos —según la perspectiva de Johnny, claro—, ¿por qué ahora tenían que enojarse?  

—…a propósito! ¡Tú QUERÍAS herirme!—
S
e le arrojó, dejando de lado que su brazo le sangraba. Él quería el atropello, buscaba destrozarle la cara impávida que tenía, llevárselo por delante y desquitarse a fuerza de pulso y grito caliente. Es que, con Evans era siempre el forcejeo, la escaramuza—¡Has sido tú! ¡Estás mal de la cabeza!, ¿¡te enteras!?

Algo lo distrajo, porque ladeó el rostro, avisado por un vil presentimiento de que algo, alguien, ¿o era sólo su imaginación…? Le entró el pánico. Quedó helado en el sitio. Y su rostro demudó en una cautela. La sensación de peligro le hizo olvidarse del gorras. Es en esos momentos en que tú buscas tu varita de forma inconsciente, seguro de encontrarla donde siempre… Pero no estaba, ¿¡dónde carajo!? Evans se alarmó y giró el rostro, desesperado, buscando… pero hacía tiempo que ese hombre lobo los estaba apuntando con su propia varita y atacó a Evans, lanzándole un conjuro que lo encadenó al suelo, sujeto por gruesas raíces que surgieron del suelo, ¡ahg!

El intruso rió, una risa que daba escalofríos.

—Tú. Eres el que me interesa. Quédate quieto—Lo desarmó con un gesto de su varita—. ¡Oh, tu eres muy ruidoso!—exclamó, dirigiéndose a Evans, y las raíces lo engulleron todavía más. Evans, enterrado bajo el peso de esa sujeción, lo miró con rabia, enfurecido—. No me he olvidado de ti, que sepas. Pero ya te llegará la oportunidad de desgarrarte la garganta a gritos— Sonrió, una sonrisa lupina, horrorosa—. O puede que lo haga con mis propias garras. La luna llena—alzó la mirada, mostrando los dientes—, está cerca. ¿Lo sientes?—preguntó, dirigiéndose a Joshua. Caminaba hacia ellos al hablar, con una grave parsimonia que daba escalofríos. Rió—. Vine como un amigo, descuida.
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