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Broken lives Priv. Edward W.

Joahnne Herondale el Dom Mar 04, 2018 3:13 am


Inquieta mordió su labio inferior, con una mirada perdida deparó en sus pies después de unos minutos de silencio. Ambos se frotaban lentamente para darse calor, era obvio teniendo en cuenta que estaban en una época invernal y la pelirroja sin medias. Al menos no debía preocuparse por las efélides que brotaban de su nariz cuando cualquier rayo de sol lastimero le rozaba la piel expuesta en verano. Mientras, la mente de Joahnne estaba en miles de lugares, en un millar de situaciones y probabilidades, menos en estas cuatro paredes que la encerraban. Se escuchó un suspiro por su parte, recostándose se tomó las manos y comenzó a caer nuevamente en sus problemas. -¿Cuesta tanto mandar una mísera carta? Por lo que sabía no cobran por mandar  una lechuza.- frunció el ceño ante sus propias palabras.- Vale, podría en el camino ser interceptada por otra persona…- mordió con rabia su mejilla interna.

Estaba frustrada, se había bloqueado completamente a todo. Las lágrimas se le acumularon en sus orbes empañándole la vista, después de tanto tiempo seguía con ese malestar interior. No, no era nada físico, era emocional. No llegaba a estabilizarse por culpa de lo que sentía. Todo lazo con su familia se había cortado, convengamos que ella fue la primera en alejarse y negarse a explicaciones. ¿Era una dramática? Tal vez. ¿Lo hizo en un mal momento? Tal vez. ¿Había pasado un año y seguía sin superarlo? Tal vez. ¿Podría llegar a morir sin arreglar sus asuntos familiares? Tal vez. Tal vez existía un modo de sentirse mejor consigo misma pero no lograba resolver siquiera cuál sería su almuerzo por lo que intentar eliminar sus dramas no era una opción viable en este momento.

-Ya, listo, voy a parar con esto porque me deprimo peor. Y sola…- recordó a Rubén que siempre le molestaba por esas actitudes hasta llegar al punto de abrazarla por ser la susceptible que lloraba por impotencia. – Te odio…- el único movimiento que había hecho, sentarse, fue ignorado al volverse a acostar.  Se acurrucó en su cama de costado, se cubrió con la manta por unos segundos para dar otro suspiro frustrado. “Soy imbécil.” Con ese pensamiento se deshizo de su plan A para llevar a cabo su plan B.

Media hora después de tanto melodrama llegó a las afueras de Hogsmeade. Hacerse pasar por un aliado del nuevo Ministerio ayudaba a pasar desapercibida y sobrevivir.

Joahnne caminó un tramo corto hasta escuchar un grito que continuó en forma de risa, un escalofrió recorrió por su espina dorsal ante la primera acción ajena. Sin mediar el espacio dio un paso hacia atrás chocando con alguien.

Spoiler:


Última edición por Joahnne Herondale el Dom Jul 15, 2018 7:18 pm, editado 1 vez
Joahnne Herondale
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Edward Westenberg el Lun Abr 09, 2018 2:33 am

Desde que había sido aceptado como encargado del Caldero Chorreante había tenido que madurar de sopetón, al menos en lo que de trabajo respecta. De la noche a la mañana entró a formar parte del mundo de negociantes mágicos. Y sin tener ningún estudio que le ayudará en ello tuvo que comenzar a estudiar como un loco todo lo que le sirviera y guiará en ese proceso de adaptación,  para no arruinarlo todo  y llevar abajo en menos de un par de meses tan icónico y popular bar. Para su suerte hasta el momento no había tenido mayores problemas, dormía poco y unas ojeras monumentales se había apoderado de su rostro pero pese a todo aquello se sentía feliz de tan gran hazaña que se encontraba emprendido.

Y justamente por el Caldero Chorreante es que se encuentra en Hogsmeade, había venido con un único propósito : generar redes de apoyo con Las tres escobas y Cabeza de Puerco. Con este último no le fue del todo bien ya que su dueño es un señor muy desconfiado que desde que el castaño puso un pie en el local le miró con rostro de pocos amigos y como si su ropa oliera literalmente a mierda. Pero no hay roca que el ex león no pueda ablandar (aunque sea un poco) con su personalidad llevadera y juguetona por lo que logró aún así, pese a las negativas de diálogo que en un principio recibió una reunión para la próxima semana para hablar con más tiempo de lo que él le tenía que ofrecer como administrador al restaurante. A diferencia de su querida y admirable Rosmerta, que al menos antes los ojos del joven mago no había mujer más amable y agradable que ella a la hora de negociar.

Es por esto que se le podía ver todo sonriente por las calles del pequeño pueblo, aunque los más observadores se podrían dar cuenta de que en esa aparente alegría se veía turbada por un pequeño ceño fruncido generado por una preocupación inminente que rondaba por la cabeza de Edward desde hace un buen tiempo: el asunto de la hija de Stella. Suspiró sin siquiera darse cuenta cuando ese recuerdo atravesó por su cabeza. Haciendo que el castaño se perdiese un poco en sus pensamientos  lo que provocó que terminará chocando con alguien.

- Lo siento.- dijo de manera inmediata, mientras pestañeaba y sacudía su cabeza para volver a enfocarse en el tiempo presente. Pero cuando su mirada se volvió a enfocar y se fijó en la persona con la que había chocado se pegó una gran sorpresa.- ¡Joahnne!.- exclamó sonriendo ampliamente y de manera impetuosa le abrazó cálidamente. No había vuelto a ver a la chica después de la noche del ataque en la que él había sido participe - ¡Que alegría volver a verte!.- dijo sincero, ya que por más que aquella noche haya estado en el bando contrario jamás se le pasó por la cabeza querer hacerle daño, aunque tampoco ayudarla... pero eran otros tiempos. O al menos así quería pensar para no sentirse ese sabor amargo de culpa que le había aparecido de pronto en su garganta. Es que realmente le alegraba volver a ver una persona como la pelirroja, quien era mundialmente conocida por los leones por su peculiar y divertida personalidad más ese talento innato en el Quidditch. Convirtiéndose en su segunda jugadora favorita, porque el primer puesto hasta el fin del los tiempos lo tendría su querida tejona.

- ¿Cómo has estado?  ¿Qué has hecho fuera de Hogwarts? ¿Estudias algo?.- le atacó con preguntas animadamente, luego se llevó una mano a su rostro tras escucharse a él mismo y comprobar que era demasiada información para procesar.- Lo siento por mi ataque de preguntas, tengo complejo de periodista.- bromeó sonriente mientras se desordenaba el cabello de manera inconsciente.- ¿Andas con tiempo? ¿Te gustaría ir a tomar algún café o comer? ¿Quieres almorzar? Yo invito.- le dijo ofreciendole una sincera y cálida sonrisa a la pelirroja.

off: Ya lo he modificado, cualquier cosa me avisas por cualquier medio que quieras jiji ¡abrazo!
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Joahnne Herondale el Miér Abr 18, 2018 4:18 am

Caminó por las afueras de Hogsmeade, tomó el puño de su sweater estirándolo para cubrir los dedos de sus manos sin llegar a un buen resultado. Lo dejó volver a su posición original, por encima de sus muñecas. Tampoco digamos que fue sensata al salir de su habitación sin ponerse un par de medias. ¿Quién usa zapatos sin medias? Ella, claro. Porque estaba siendo toda una melodramática antes de salir como si fuese a protagonizar alguna telenovela titulada “Juana Carolina la huerfanita”. Si tienes alguna intriga de qué trataría pues sería sobre una joven que se queda sin padres porque estos decidieron salir a comprar cigarrillos en la esquina, ese almacén medio extraño al que no dejaban ir a su hija. A la hora de no volver, Juana Carolina sospecharía hasta tomar riendas en el asunto animándose a desobedecer a sus padres. Entraría en el local polvoso, un hombre viejo con un gran bigote trataría de ligar con ella sin ningún logro mientras que Juana Carolina se entera de que sus padres se fugaron del país para ser dobles de actores reconocidos. Y ahí, ella con dieciséis años comenzaría a vivir una trágica vida sin apoyo familiar, sin dinero y sin esperanzas. Pero no todo estaría perdido para ella, no. Juan Carlos Sevilla aparecería para darle un giro a toda su desgracia. ¿Qué? Ah, claro al menos Joahnne se había puesto un jean y no una falda. Y también llevaba un bolso, podría buscar allí luego si había dejado una muda de ropa. Ya sabes, a veces las chicas van preparadas para todo.

Tan ensimismada en sus pensamientos provocó que al escuchar el pequeño grito se estremeciera, este continuó como una risa. Como si fuese de un niño. Joahnne antes de comprender aquello dio unos cuantos pasos atrás chocándose con alguien. La otra persona parecía también perdida entre las nubes. Su disculpa fue de inmediato, abrió y cerró su boca varias veces, incluso si se veía bien a los ojos de la pelirroja estos se estaban humedeciendo. Parpadeó rápidamente para que no fuese algo evidente. El grito le había recordado a otro, mucho más escalofriante. No rondaría por esa laguna de recuerdo, no hoy.

Recibió el abrazo aún asombrada hasta que el calor del cuerpo ajeno la relajó. Correspondió envolviéndolo con sus brazos. –Edward.- le sonrió reconociéndolo.- Hace mucho que no te veo, pensé que te encontraría en la universidad.- Es verdad, que lo había pensado en su momento, pero muchos los de su generaciones tuvieron diferentes ideas. Algunos se encontraba fugitivos, otros estudiando, otros trabajando y un par solo habitaban en la memoria de sus seres queridos. Pero allí estaba Edward, uno de sus amigos de Gryffindor. Esa familia de leones que más de una vez la apoyó en sus decisiones, en su camino.  

Le dedicó una risa pequeña ante el pequeño interrogatorio que estaba participando.- He estado bien, algunos días son mejores que otros ¿no?- alzó una ceja acompañada de una mueca aunque con un ademán de su mano le quitó importancia.- Estoy cursando el segundo año de Medimagia y solo eso, me hubiese gustado jugar todavía Quidditch pero ya vez que no lo hice.- mencionó ese deporte que siempre los unía a todos, y a otros les creaba una enemistad por defender a su equipo. –Es tu día de suerte porque ando con hambre y no vine con ningún plan en mente.- tomó su brazo y comenzó a caminar hacia una dirección al azar hasta que este le corrigió el camino. –Lo siento, no sabía para dónde íbamos. Y ¿tú? ¿Qué andas haciendo por Hogsmeade? ¿Dando vueltas para ver si consigue al amor de su vida?- bromeó mientras seguían tomados de brazos. Pasar tiempo con un viejo amigo le vendría bien, dejaría de protagonizar "Juana Carolina la huerfanita" por un rato. Tal vez encontraría en medio del almuerzo a su Juan Carlos Sevilla.
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Edward Westenberg el Vie Mayo 04, 2018 4:25 am

Caminaba con la mente en cualquier parte menos en las heladas calles de Hogsmeade y sus alrededores. Ya había cumplido su objetivo y una sonrisa dominaba su rostro. Al menos aquel día habían salido las cosas bien, había costado pero lo había logrado. Se hubiera sentido más orgulloso de sus recientes transacciones sino tuviera un tema que le dominaba aún más. Ese punto de fuga dentro de su día desde hace semanas: la hija de Stella. No lograban avanzar mucho, y eso le frustraba .  Porque no había que ser muy observador para darse cuenta que la castaña no lo estaba pasando nada de bien y bueno, ¿quién lo estaría con semejante familia? gruño, y en ese soltar de mal humor escondido tras una sonrisa aparente, es que un despistado Edward chocó con Joahnne Herondale, una ex compañera de Gryffindor.

Y pese a todo pronóstico, ese tan inesperado reencuentro le alegró. Más que nada le dió felicidad el hecho de saber que estaba bien después de la última vez que se topó con su roja cabellera.   No se arrepentía aún de su accionar pero tampoco era algo que le diera orgullo, para nada. Pero lo hecho, hecho está. Además, mientras le vió pestañear un par de veces y luego aparecer esa inolvidable sonrisa en su rostro, comprobó que aún existía en la chica ese peculiar brillo que llevaba encima siempre. Como ese "algo" que no te permitía enojarte, ni dejar de sonreír estando a su lado. Le abrazo sinceramente, feliz.- Tome un rumbo distinto...aunque, quizás este otro año me veas dando una vuelta por ahí. - confesó con una mirada traviesa. Aún sólo era una idea en su cabeza, ahora que se concretase era algo muy distinto. Había un trecho muy, muy largo.

Le miró y su sonrisa perdió un poco de brillo, como si sintiera su sentir reflejado en las palabras de la pelirroja.- Pues, espero que hoy sea uno de esos buenos días. Sino haré lo posible para que lo sea, señorita Herondale.- le ofreció una sonrisa encantadora. De esa que muchos se quedan prendidos por un momento, para luego volver al hilo de la conversación. - Nunca es tarde para volver a las alturas.- le alentó. Es que tienen que entenderlo, dos de sus jugadoras favoritas en Hogwarts no siguieron ese rumbo, su corazón Quidditchiero sufre. Por lo que él como mecanismo de autodefensa es optimista, y jamás dejará de alentarlas para volver a verlas en acción.- Por ejemplo Joscelind Wadcock, ingresó a los 27 años al equipo de Puddlemere United. Y tiene el récord de goles en un partido, eh.- y ahí iba el dato freack, infaltable para un chico que le encantaba dicho deporte y posee memoria fotográfica. - Y wow, Medimagia. Buenísimo, siempre me ha encantado esa carrera. Aunque dicen que es mil difícil. ¿Es cierto?.- preguntó mirándola curioso. Es que a veces, cuando le quedaba un tiempito de ocio, esos minutos sagrados. Se ponía a pensar en su futuro y aunque no lo crean, entre sus opciones se encontraba la Medimagia. Por lo que saber más de ella al castaño le venía de pelos.

-Yo me iba hacia el Caldero, pero eso puede esperar.-le comentó para luego dedicar una mirada a su alrededor.- Conozco un restaurante por acá cerca. ¿Te gustan las pastas, Herondale?.- le preguntó. Lo del apellido lo decía con cariño, con nulas intenciones de sonar distante o frío. - Es que venden una lasagna ¡Maravillosa!.- exclamó animado, es que si había algo en el mundo que hacía feliz al licántropo era la comida. Alegraba hasta sus peores momentos.

- Y el amor, uff...¿qué es eso? ¿se come?.- bromeó. Es que hace mucho que no rondaba por esos lugares. No es que lo estuviera evitando, para nada. De hecho se consideraba alguien bastante enamoradizo, pero simplemente se había entregado a vivir de la vida. Sin muchos compromisos. - ¿Y tú, pelirroja? ¿Has visto al amor por estas calles?.- le preguntó con una mirada traviesa. Pero luego, por alguna extraña razón se arrepintió de haber preguntado eso. Más que nada porque hace mucho que las cosas no iban del todo bien el mundo mágico y bueno, el siempre la cagaba, por Ley. Quizás qué cosas ha tenido que pasar la chica últimamente y él viene y le pregunta eso. Esperaba que su respuesta fuera "Que sí Edward, ando de novia hace mucho. Re feliz. Todo anda de maravilla".

Cruzo los dedos mentalmente.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Joahnne Herondale el Jue Mayo 17, 2018 3:27 am

Por supuesto que no estaba protagonizando la telenovela melodramática de “Juana Carolina la huerfanita”, se encontraba en las calles heladas de Hogsmeade cubriéndose del frío con un simple sweater que debía estirarlo para cubrir sus manos. Mala idea salir sin guantes. A pesar de no ser Juana Carolina, se sentía como ella. Entre sus padres que no eran sus padres pero al menos no huyeron para ser dobles de acción, bien, esto no lo sabía con exactitud porque no habían mandado carta alguna sobre su estado ni mucho menos la pelirroja envió su lechuza para enterarse del asunto. No entró, tampoco, a ningún negocio de mala muerte con un señor que estuviese a punto de secuestrarla para uno sabe qué, pero bien que había entrado a la universidad y se sentía sola, no tenía a nadie conocido y ella no socializa desde que entró viviendo en una nube de aislamiento. Su compañera de residencia era la única con la que tenía contacto, agradeció que fuese empatica y carismatica, si la indiferencia hubiese reinado en su habitación sería la gota que colmase el vaso de su vida. ¿Estaba viviendo una trágica vida sin apoyo familiar, sin dinero y sin esperanzas? No exactamente, no tenía un apoyo familiar visible, técnicamente desaparecieron después de un PUFF de su vida. Dinero tenía, no terminaría debajo de un puente pidiendo limosnas ni vendiendo su cuerpo pero debía encontrar un trabajo de medio tiempo pronto. ¿Esperanza? Dicen que es lo último que se pierde.

Parecía que Merlín le había atendido sus plegarias porque cruzarse con Ed era reconfortante, un viejo amigo, su Juan Carlos Sevilla pero sin ese plan romántico. Tampoco lo rechazaría si fuese a pasar algo. El plan “Conseguir amigos” seguía en pie y no iba a hacerse la dificil. El abrazo consiguiente no fue más que una muestra de la alegría que tenía el chico a reencontrarla, Joahnne aprovechó y devolvió el abrazo con un apapacho extra. El calor de un cuerpo humano afectando, no sabía hasta ese momento que necesitaba aferrarse a alguien, sus ojos se humedecieron pero al no querer provocar una escena pensó en unicornios, cachorros adorables que quieren ser apretados, bebés riendo. -Me encantaría poder verte en la universidad, es bastante grande pero sabemos encontrarnos. O te buscaré.- le sonrió ampliamente, admitía que sería algo grandioso toparse con él por sus lares.

Joahnne siempre fue risueña, era de esas chicas que contagia la sonrisa con su sola presencia pero en este tiempo, en este período de su vida, no era particular devota a las sonrisas. Era transparente a tal punto de saber cuando estaba fingiendo. Por ello ni siquiera se gastó en mentirle a su amigo, no tenía ese punto de confianza de poder tener un vómito verbal sobre sus dramas pero podía confiar en que él no se aprovecharía de ella en su debilidad. Agitó la mano como si lo dicho no tuviese relevancia. -Estoy segura de que será un buen día, a pesar de este frío que congela.- achicó sus ojos con una de sus primeras sonrisas verdaderas en estas últimas horas. - Sí, no digo que lo dejaré. Podría entrar capaz  a un ¿club? Desde que dejé Hogwarts tampoco me dispuse a curiosear qué había lejos del castillo. Era una ventaja vivir allí, mucho se encontraba a nuestro alcance. La diversión siempre se encontraba en esos pasillos, sabes. Y solo tal vez, pueda ser la siguiente Joscelind pero cuando me desocupe un poco de tantos exámenes. Que sí, Medimagia es una de esas carreras difíciles pero que son hermosas por dentro, siempre tuve la sensación de que mi futuro es ayudar a otra persona, si es salvar vidas aún mejor. - le respondió hablando con su corazón, sonaba un poco (bastante) cursi pero era la realidad. Joahnne aspiró de pequeña con siempre ser fuente de ayuda hacia cualquiera, desconocido o conocido. También por esto se metió en la Orden del Fénix en su momento, con los últimos sucesos se separó de esta y trató de protegerse aunque no fue más que una excusa para perderse en ella misma de una manera egoísta que deseó nunca pasar. Aún así, ahí estaba Joahnne siendo una cobarde, mirando para otro lado, perdiéndose aún más. Era humana, no se la podía culpar por temer a la muerte, por no ser causa del daño a algún ser querido.

-¿Lasagna? Creo sentir como hace miles de años no he degustado una buena comida, eso de comer de un dispensador de golosinas o ensaladas insulsas me hicieron perder el gusto. ¡Si consigues que ame este restaurante te agradeceré con mi vida!.- exageró la situación mientras le cogía el brazo así darse calor mientras caminaban hacia el local de comida.

Curiosa preguntó sobre su vida, un poco arriesgado teniendo en cuenta que cualquier tema de conversación podía ser un detonante para ver qué tan mal uno podía pasarlo en estos tiempos. El amor, voluble ya de por sí. Se rió ante su respuesta, tranquilizandose que no había pisado un terreno lleno de minas.- No, hace mucho que el amor no toca a mi puerta. Ni siquiera he tropezado con el hombre que se ganara mi amor. Aunque choqué contigo, puede que seas tú  el hombre de mis sueños.- bromeó negando con la cabeza. Su cabello pelirrojo se desordenó mientras reía. - Pero no, no he tenido ningún chico en mi vista. Tener la mente solo en el estudio, restringe un poco en la búsqueda. De hecho, no tengo pensado tampoco conocer a alguien y hacer eso de tener citas. Ojo, si aparece alguien que quiera conquistarme lo dejaré entrar en mi vida, no rechazaré una posibilidad que puede no llegar a repetirse.- agregó la pelirroja mientras las calles se veían pobladas de gente yendo y viniendo. Demasiada movilización ¿Habría alguna oferta en las tiendas? ¿Eso del hot sale también ocurría aquí? Se notaba que Joahnne no había pisado Hogsmeade hacía tiempo.

-Cuéntame un poco de ti, si no estudias debo suponer que debes estar trabajando. ¿De qué? ¿O andas de vago? Si es así vamos ya a cualquier tienda para conseguir trabajo.- como si fuese tan fácil.- pero nada de estar rascándose el ombligo jovencito. Mira que no quiero un Gryffindor mostrando holgazanería.- hablaba como si fuese una mamá ¿leona? - Me pondré a llorar aquí mismo si tú andas desperdiciando tiempo. Te referías a eso de un rumbo distinto ¿no?- se paró abruptamente haciendo que su brazo sea tirado un poco porque Edward había dado más pasos que ella. Sus manos corrieron a cubrir su boca que estaba formando una gran "o" sorprendida.- ¿No estarás dentro de nada raro no? No eres un traficador o peor aún, no robas nada ¿No? Ahí si que me enojaré y te haré entrar en rehabilitación.- con sus manos en la cintura, dibujó un ceño fruncido en su rostro. Ahí estaba Joahnne desvariando.
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Edward Westenberg el Miér Mayo 30, 2018 8:40 pm

La vida muy pocas veces te ofrece encuentros tan geniales como el que estaba teniendo en ese preciso momento Edward. Casualidad o cosas del destino pero como fuera ahora se encontraba abrazando a una ex compañera Gryffindor, una de sus favoritas. La culpa aún le carcomía su lobuno corazón, pero no quería seguir ahogándose en ese vaso sin fondo, porque él podía ver que la chica estaba bien, pese a todo. Que estaba de un pieza sonriéndole. Ahora solo quedaba mirar para adelante, al menos ese pensamiento lo hacía más feliz.

- Bueno, si todo marcha bien...ya me tendrás ahí molestando y poniendo caras graciosas por los ventanales en medio de un exámen. - sonrió travieso. Es que alguien que no lo conociera tanto creería que el castaño estaba bromeando, pero lo que si le conocían sabían perfectamente que no mentía ni un poquito en la frase que acaba de decir.

- Que si, que hace mucho frío. Pero ven, yo te doy calor.- le rodeó los hombros con su brazo y la apachurro junto a él sin pudor alguno. Es que el ex Gryffindor siempre ha sido de piel, de esos que abrazan con ganas no a medias. Y si alguien tenía frío, él iba y hacía de su estufa personal sin problema alguno. Sonrió ampliamente cuando le escuchó decir todo aquello, y de paso se preguntó qué es lo que a él le motivaba de la misma manera en que la pelirroja hablaba de Medimagia. Encontrando solo unas notas musicales como respuesta, suspiró.- Mira que bonito lo qe dices. Me alegra que te guste lo que estás estudiando. Entonces si alguna vez un troll me hace papilla ¿puedo ir hacia tí?.- bromeó soltando una risa contagiosa.- Si decides unirte al club me avisas, que no me pierdo ningun partido si estas tú arriba de un escoba, pelirroja.- le dijo cariñosamente.

Uy, y después vino el tema de conversación favorito del licántropo: COMIDA. Y nada le podía poner más contento que ir a comer con Joahnne, Lo que fuera, desde un simple helado hasta una mega plato de lasagna extra queso y dos salsas en una. ÑAM.

- LO AMARAS, YA VERÁS.- dijo todo emocionado mientras le tendía gustoso su brazo para guiarla al local. Y de camino apareció un tema que Edward al menos, no ha visitado hace mucho tiempo: EL AMOR. Quizás es por desidia, o algún escrúpulo cobarde como diría Hamlet, pero sea como sea no ha estado con ninguna chica en plan amoroso. Rió ante sus respuesta y se quedó prendado unos segundos viendo sus cabellos rojizos moverse con el viento.- ¿Qué no puede llegar a repetirse? ¿Qué dices?.- le preguntó con una mueca de incredulidad.- Eres extremadamente guapa, inteligente y simpática, Joahnne. Chicos golpeando a tu puerta deben haber muchos, quizás estas muy sumida en tus libros para darte cuenta, eso debe ser. - le señaló, es que al menos para él la pelirroja era una chica grandiosa. De hecho había estado prendado de ella cuando iba en tercer año pero ya ni recuerda cómo pero ella lo había friendzoneado de una manera brutal y bueno, él había decidio mejor desistir de aquello.

Su vida...¿Por dónde empieza a responder esa pregunta?, se preguntó.
Suspiros mentales.

No le respondió enseguida sino que avanzó un poco para ver si iba por el camino correcto, pero a penas había dado unos cuatros pasos cuando la pelirroja lo arrastró nuevamente a su lado del brazo. Se tuvo que aguantar la risa durante todo el monólogo de mamá leona que estaba teniendo Herondale en ese momento. - Me has descubierto. Soy el mayor traficante de la zona, ahora me llaman "Edward, el dios del polvo blanco".- puso toda el rostro de serio que pudo, pero no le duró ni medio segundo para luego estallar en risas.- Que es una broma.- le indicó al ver el rostro que tenía la joven maga, se acercó nuevamente y volvió a rodear sus hombros con su brazo ofreciéndole una sonrisa de los más encantadora. - Pues, al salir estuve un tiempo trabajando en Borgin&Burkes y, bueno por diversos motivos tuve que buscar un empleo que me diera un poco más de dinero y ahora me encuentro siendo el encargado del Caldero Chorreante. Así que no llores, que este león se ha ido por el buen camino, es todo un hombre serio  y maduro.- dijo, poniendo pose de serio y maduro, aunque nadie le podía quitar la sonrisa traviesa que se le escapaba.

- Hemos llegado.- dijo mientras se detenía y miraba el gran ventanal que ofrecía el restaurante. A simple vista se veía un lugar sumamente acogedor. Se acercó a la puerta ya la abrió.- Después de usted, hermosa señorita.- le dijo todo caballeroso, invitandola a pasar.
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Joahnne Herondale el Jue Jul 05, 2018 5:39 am

-Espero y que todo marche bien, sabes que cuentas con mi apoyo. Puedo ser tu tutora en alguna asignatura que vayas a tener a no ser que repruebe este curso, me rebases y me enseñes tú a poder aprobar algún examen. – sonrió con sinceridad, hacía mucho que esto no le ocurría y aunque Geraldine sea una buena acompañante no era una amiga de confianza a pesar del tiempo que había transcurrido en convivencia. La Joahnne que conocía no era completamente trasparente y las dos chicas lo sabían perfectamente pero ninguna lo mencionaba. No si quieres ganar con ello un silencio incómodo de la pelirroja y unas muecas extrañas por Geraldine. Y hablando de caras. –Y ojo con poner demasiadas caras que me vas a tener riendo por una hora que hasta seguro me echan en pleno examen por tu culpa.- lo codeó con diversión, su mirada vislumbró el contorno del rostro varonil. La sonrisa que se había formado gracias a sus labios curvándose le transmitió un poco de paz. ¿Qué había pasado con la Joahnne risueña? Se extrañaba ella misma.

El abrazo la reconfortó, no, más que eso, la llenó de esa calidez que había abandonado hace un tiempo atrás. El sentir. El tener los brazos masculinos rodeándola y dando el calor corporal que hacía alarde. El frio de Hogsmeade que golpeaba sus mejillas junto a su nariz, no era nada comparado con lo que tenía por dentro, o mejor dicho, lo que faltaba en su interior.  Era mimos a su alma que estaba perdida. Tal vez estaba siendo un poco dramática, no se encontraba en una telenovela pero creía estarlo.

Ni uno era más alto que el otro, por lo que encajaban en ese abrazo. Se estiró hacia atrás, para no quedar en situaciones bochornosas como las miradas conectándose y sus labios deseando los del otro, no, no quería eso por el momento. Elevó la comisura de sus labios en una clara muestra de aprecio. – Sería capaz de pelear con cualquier otro medimago para poder atender a mi gran amigo Eddie que seguro habrá pateado el trasero de ese troll antes de venir a San Mungo ¿No?- se separaron, sus brazos no colgaron sobre sus costados, es más, se acarició el codo izquierdo con su mano libre mientras ascendía por su brazo hasta llegar a su cuello al cual acarició. Se imaginaba entrando a un club, sería una buena manera de canalizar todo lo que sentía desde arriba de una escoba. Era una idea que analizaría más tarde. –Te llamaré si me uno, luego cuando me haga famosa podrás decir que veías mis prácticas y eres un buen amigo para mí. ¡Eh! Podría darte autógrafos sin que pagues así conquistas chicas.- lo codeó con mejor ánimo que antes.

La comida, estaba haciéndose agua en la boca de solo pensar que comería algo más que una insulsa ensalada o alguna barra de cereal. No se estaba cuidando, literal, no era una dieta lo que hacía Joahnne simplemente se había descuidado a tal punto que comía cosas pequeñas que entraban en su estómago en ese momento. El estudio la aturdía pero aún más lo hacía ella misma por lo que concentrar en trabajos extras para tener así mejor promedio era su “salida fácil”. Sin embargo, ajeno a ello su amigo le insistía que sería un amor a primera vista, y así esperaba. Estaba en plan “Seamos la Joahnne que se reía de la palabra pudín, que hablaba por los codos y que comía una cantidad insana de comida”.

Eran todo risas entre los dos jóvenes, leones de corazón, que caminaban tomados del brazo como si fuese un musical. Faltaba que solo se pusieran a caminar con las buenas vibras que desparramaban por el camino. –No creo que sea fea, ni poco inteligente. Es más, me creo una persona bonita, mi cara es más redonda que la del promedio de chicas en Hogwarts pero no por ello me creo menos. A lo que me refería es que, mira, si yo misma hace menos de un segundo me he comparado en mis tiempos de Hogwarts. ¿Cómo puede ser que todas sean como modelos? O hasta podríamos comparar alguna con actrices muggles reconocidas, no sé si sabes de lo que hablo. Pero todos en ese Castillo eran adonis o diosas, yo también pero en la categoría de hija de algún dios que se le dio por bajar y hacer una fiesta con alguna humana. A lo que voy, es que los chicos se fijan precisamente en esas diosas o en algo que suena peor, en alguien fácil. No digo que ser modelito te hace fácil, no, solo que son como dos opciones regularmente. Algo que yo no quiero, y sigo sosteniendo hasta el día de hoy. No me gustaría ser usada sexualmente por alguien o… - hizo una mueca de desagrado, chistó con su lengua.- Lo siento, me he venido muy arriba y me descargué así como de la nada.- arrepentida bajó la cabeza, un movimiento sutil pero que daba a  entender a ciencia exacta que estaba avergonzada.

-¿Estás de broma?- salió sin previo aviso de los labios de la pelirroja cuando escuchó que era traficante por la zona, hasta tenía un apodo malo no, lo siguiente de malo. Hasta se sorprendió de sus propias palabras. Se abrieron sus ojos como si se tratase de un búho y seguro que estaba imitando el cuadro del grito. Negó con su cabeza cuando le aclaró la broma, lo acompañó en la risa sin aguantarse el pensamiento de cómo se habrá visto su expresión. -¿Y elegiste “Edward, el dios del polvo blanco”? Te creía más creativo querido.- cesó el burbujeo de alegría mientras escuchaba atentamente lo que tenía para decirle. –Me enorgulleces leoncito.- apoyó su cuerpo levemente sobre él sin durar demasiado tiempo por el caminar.- Yo he estado buscando empleo, no tan minuciosamente realmente. Antes de comenzar la universidad estuve un tiempo haciendo de mesera en la tienda de Té de Madame Tudipié pero cuando vi todo el estudio, lo dé aunque ahora estaría necesitando juntar un poco de dinero.- chasqueó su lengua al pensar en todo lo que gastaba, en el dinero familiar y, de nuevo, en todos sus dramas.

Edward abriendo la puerta golpeó una pequeña campanilla que anunciaba la entrada de un nuevo cliente. –Gracias, apuesto caballero.- continuó con un tono de burla mientras se dejaba inundar por el calor del establecimiento. No tardaron demasiado en localizar una mesa, sus pedidos, eso sería otro caso. – Hoy decides tú qué me harás probar, suficiente tiempo estuve sin comer algo bueno. Vamos, confío en ti.- alentó la pelirroja mientras se mordía el labio, el aroma que desprendía el ambiente ya la estaba haciendo babear.  

Y algo le sorprendió. ¿El servicio era rápido? No o no sabía, lo que la dejó consternada fue la escena que sucedía frente de ella. Una anciana, con varias arrugas encima pero sumamente simpática, se acercó bizqueando un poco hacia la mesa de los jóvenes. Parecía que debía andar con un bastón para caminar bien pero eso no le fue problema cuando salió disparado hacia el suelo, sus manos salieron disparadas a las mejillas de Edward. ¿Qué?- Pero mira cómo ha crecido nuestro nieto, Carlisle.- con una voz ronca de típica abuela de noventa años que hace galletas para antes de cenar. El anciano que la acompañaba se puso unos anteojos del grosor de la base de una botella, achicó los ojos y se dispuso a examinar al chico en cuestión. Joahnne no se aguantó, unas carcajadas nacieron de su garganta tentándose con solo ser una simple espectadora. -¿Y esa jovencita guapa? ¿Es tu novia? Pero mira cómo crecen estos niños, espero que mi hijo te haya dado la charla. Ante todo deben cuidarse y protegerse porque si no andan soportando llantos de bebés que solo quieren tu atención y una porción de tu alma.- negaba con la cabeza mientras traía una silla, de la mesa continua, para hacerles compañía.
Joahnne Herondale
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Edward Westenberg el Vie Ago 24, 2018 7:19 am

Sonrió al escucharla, y fue como si de pronto en una fracción de segundos volviera a encontrarse junto a la pelirroja como años atrás, cerca de la chimenea en una fría tarde de invierno, o tomando un limonada para capear la tarde de un caluroso verano en la sala común de los leones, donde la ex Gryffindor, siempre tan amable y amorosa le tendía su ayuda hasta a veces sin él ni siquiera habersela pedido. Y de paso, el licántropo se dió el tiempo de recordar con nostalgia, como hace mucho no hacía, sus días en el Castillo y pensar en lo diferente que eran las cosas ahora. No mejor ni peor, simplemente diferentes. - Muchas gracias por tu apoyo, bueno no sé si llegue a superarte porque ni siquiera sé si llegue a estudiar algo pero nunca está demás decir que si necesitas algun compañero de estudios, aunque sea uno que no sepa ni un carajo la materia, yo estoy aquí.- dijo risueño más un pasitos improvisados de un baile rídiculo y saca sonrisas.- Bueno no sería ni la primera ni la última vez que te haga reír en medio de un clase, Herondale.- dijo divertido encogiéndose de hombros, como quien admite una verdad innegable, recordando cómo en más de una ocasión, sólo por bromear y por tender a hacer cosas idiotas sin razón alguna le ponía rostros graciosos a sus compañeros leones en plena clase.

Y el castaño, quien en dar abrazos reconfortantes se considera todo un profesional no tardó en apapachar a la pelirroja que está siendo víctima de aquella fría tarde. No sabía si efectivamente estaba logrando su cometido pero él realmente estaba poniendo todas sus intenciones en reconfortar a la joven maga. Al menos existía la intención. Le devolvió la sonrisa haciendo que sus ojos tomaran un aire oriental y radiante.- Mira, así como patearle el trasero....- hizo una pausa y arrugó la nariz haciéndose el pensativo.- ...no te prometo nada, pero al menos haré el intento, eso sí, simplemente porque tengo que salvar mi vida.- soltó una risota y pasó su mano por el brazo que no se encontraba pegado a su cuerpo para darle más calor.- Pero me alegra mucho saber que si alguna vez aquello llegase a pasar (ojala que no, que debe ser doloroso) contaré con mi querida pelirroja.- Apoyó su cabeza en la de la chica tiernamente, pero luego pegó un saltito al escuchar sus siguientes palabras.- ¡Joooo!, ya lo imaginé todo, me ví en esos programas como de documentales de famosos, y yo en plan: "Oh sí, sí. Yo conocí a Joahnne de muy pequeño. Hemos vivido muchas cosas juntos ¡Hasta una vez volvió a unir todos mis huesos tras una batalla con un troll!".- terminó diciendo la frase entre risas, para luego desordenarse el cabello, mientras negaba con la cabeza divertido al escuchar las cosas que él mismo decía.

Lo otro que tenía muy feliz a Edward aquella tarde de encuentros inesperados, es que iba caminando campantemente hacía un restaurante de comida que ay...de sólo pensar en su plato favorito su boca comenzaba a salivar, deseosa de probar esa lasagna bajada del mismísimo Olimpo. Y fue en esa caminata que de pronto Joahnne le soltó su pensar a Edward, y él quien siempre ha sido un buen oyente se le quedó mirando hasta que la maga terminase sus palabras para añadir.- ¡Pero que va! No te avergüences y menos conmigo, señorina.- le reclamó el licántropo quien no tardó en llevar su mano a la barbilla de la pelirroja para levantarle el rostro que hace un par de segundos había tendido a mirar al suelo.- Me confieso, no sé si he entendido muy bien tus palabras porque soy de los que reflexiona lento pero, vamos por orden. Primero, no creo que simplemente seas una diosa promedio, osea por favor.- se detuvo en seco e hizo que la ex Gryffindor mirara su reflejo en la vitrina más cercana, para luego continuar la caminata.- Date más fichas a ti misma por favor. Segundo, el campo llamado "los chicos" es un amplío, y sí hay algunos que son unos completos idiotas (yo a veces tiendo a caer en ese saco, y no, no me siento orgulloso) pero también están otros mil trillones de quintillones multiplicados por infinitos más, y que te puedo asegurar que hay mínimo cien que estoy seguro estarían dichosos de verte despertar en las mañanas y no son unos gilipollas. Y tercero, vamos qué es eso de "chica fácil", que si la niña quiere pasarla bien, es cosa de ella, uno no es fácil o difícil, me gusta pensar que simplemente uno desea o no y ya está. Bueno, al menos eso pienso yo, un chico de diecinueve años que si no come ahora esa lasagna se le romperá la hiel.- dramatizo  lo último llevándose una mano al estomago y haciendo un mini puchero, es que tenía hambre, mucha hambre.

Le dió mucha risa ver el rostro que había adoptado la pelirroja al creer que se había convertido en un traficante de drogas. Y mira que el castaño no se negaba a hacer de camello si las circunstancias lo ameritan y el dinero escaseaba pero afortunadamente había encontrado otro trabajo que lo hacía muy feliz y que no tenía para qué inventarse nombres, porque como ya lo pudo comprobar la pelirroja, era pésimo.- JEJÉ, lo siento no puedo ser tan perfecto.- bromeó dedicando una pose toda vanidosa para luego echar a reír.- Pues, si necesitas en algun momento algun dinero extra, y no odiaste tanto ser camarera, las puertas del Caldero estar abiertas, siempre andamos necesitando personas, sobre todo las noches de los fin de semanas.- le comentó, siendo totalmente sincero en su oferta. Es que mientras Edward pudiera ayudar a sus amigos, siempre lo va a hacer, sin pensarlo.

¡Y por fin llegó el momento tan esperado! El estomago del castaño se pusó a bailar el chachachá, de pura felicidad de haber llegado al local, y que un exquisito aroma inundara sus fosas nasales haciéndolo sentir en casa. Invitó a pasar a la chica y buscaron una mesa. El ex gryffindor siempre tan comilón, lo primero que hizo al sentarse fue buscar con la mirada a alguien que lo atendiese, rogando con que fuera la señora de visos azules que siempre le daba una porción de extra papas de aperitivo quien los atendiera, pero no alcanzó a ni siquiera verificar si ella se encontraba de turno porque unas manos arrugadas pero sumamente suaves apretaron sus mejillas. Edward miró divertido a la mujer, para luego dedicarle una mirada a Joahnne de "no tengo idea de qué está hablando, pero feliz le sigo la corriente".- No, abuela. Simplemente es una amiga, una muy querida. Y no te preocupes, su hijo me enseño perfectamente, siempre ando con protección, bisnieto no tendrá pronto, se lo prometo.- le dijo sonriente, siguiendo el juego sin ningún problema.

- Miriam, que este no es Charlie es otro chico...deja esa silla a un lado mujer, que los estas molestando.- refunfuño el anciano, para tomar el brazo de la mujer.- ¿Qué dices, Carlisle? Sí es Charlie ¡Yo sé reconocer a mis nietos hasta con los ojos cerrados!.- la anciana cerró los ojos y llevó sus manos hacia el rostro de Edward.- ¡Aquí está, la nariz Harnett!.- gritó la mujer divertida, mientras tocaba con su mano derecha la nariz del licántropo, quien a esa altura ya se reía con total descaro.- ¡Aquí están!.- el anciano sacó algo del bolso que estaba trayendo en su brazo un estuche del cual salieron unos lentes.- ¡Ponte los lentes y compruébalo tu misma!.- le puso los lentes a la mujer, quien tras parpadear un par de veces soltó una risita avergonzada, como una niña pequeña que fue descubierta haciendo una travesura.- Uy, lo siento...yo creí, de verdad pensé que... uy, lo siento, de verdad pensé que era mi nieto Charlie. Lo siento, yo... lo siento.- dijo mientras se paraba de a poco de la silla.- ¡Oh! no se preocupe, yo feliz puedo ser su nieto Charlie por una tarde, acompáñenos si quieren a comer...- le dedicó una mirada a la pelirroja para ver si ella aprobaba la invitación que él acaba de hacer a los dos ancianos.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Joahnne Herondale el Lun Nov 19, 2018 4:09 pm

En este último tiempo, Joahnne era de esas personas que componían una porción considerable de población que se sentía nostálgica con cualquier tipo de cosa, hasta viendo perritos. Considerar tales sentimientos no era algo de lo cual avergonzarse o deprimirse pero si para reflexionar la situación. La pelirroja se encontraba de esa manera por lo que había perdido, mejor dicho, lo que se había negado a seguir luchando por ser. A veces uno cree que puede ser feliz por un largo, largo tiempo o que simplemente los demás factores no le afectan a tal punto de desestabilizar. Pero somos humanos, más allá de tener corriendo dentro de nuestra sangre magia, seguimos siendo esos hombres o mujeres que luchan por conquistarse así mismo para obtener, como resultado, la victoria de la felicidad. ¿Pero y si obviamos nuestra libertad, la responsabilidad ante un compromiso? Joahnne era quien se preguntaba aquello cada noche, no era raro teniendo en cuenta que por un problema familiar había huido sin mirar hacia atrás sintiendo como su vida era una mentira.

No era difícil pensar que Joahnne había sentido como algo dentro de ella se rompía cuando las palabras de sus supuestos tíos –con anterioridad, llamados “papá” y “mamá”-  fueron expulsadas de sus labios corrompiendo el lazo de confianza que habían creado. No era descabellado asimilar que la pelirroja había sufrido y que no sabía siquiera donde estaba parada. ¿Cuál era la verdad y cuál era la mentira? No había repuesta, al menos que dejara atrás el orgullo y hablase con ellos para aclarar los tantos.

Se fundió en el abrazo, recomponiéndose de su falta de sentir. Le entregaba más que una calidez física y aunque este no lo supiese se dejó llevar por esos minutos, rememorando sus tiempos de Hogwarts. –Más te vale patearle el trasero, que tampoco quiero que tu vida dependa de mis manos. Falta que te termine de matar yo.- bromeó entre sus brazos. Se sobresaltó cuando dio un pequeño salto para exclamar alegremente.- No se te ocurra decirle a esos programas de chimentos algo que me deje una mala imagen como jugadora que ahí yo seré quien te separe todos los huesos que te uní.- realmente estaba divirtiéndose, era una burbuja aparte de la cual no quería salir. ¿Siempre podía volver a ser de esta manera? Claramente pero parecía que para la pelirroja eso estaba un poco nublado en su mente. Sin esclarecerse de verdades, siguió encapsulada pensando que en algún momento esto terminaría y era mejor disfrutar mientras podía.

Todo ese planteo sobre la imagen que se había hecho hace un tiempo salió por sus labios sin permiso alguno. Su amigo no pudo callarse tampoco, no podía asimilar que su autoestima no estuviese tan alta como en aquellos tiempos. Nunca fue arrogante, ni se creyó la pelirroja más sexy del mundo pero era cierto que se apreciaba a tal grado de bromear de lo “hermosa” que estaba. Por supuesto, con sus compañeros de casa y con otros amigos. Si hiciese aquello con sus compañeros serpientes podría llegar a ser la burla de la semana y quería todo menos eso. Se detuvieron frente a unas vitrinas que reflejaban a los dos leones que no eran para nada iguales a los retratos de sus primeros años. Sonrió ante tanto drama. –Sé que el campo de los chicos es bastante amplio, no dudo que por alguna parte de este país alguien llegue a babear por mí pero precisamente no lo he encontrado.- bufó, sabía lo que venía. – Tampoco puedo dramatizar tanto si estos últimos meses estuve metida entre las páginas de los libros para no tener un mínimo de interacción social, te sorprenderías de que seas uno de los primeros que sale conmigo y no a una tarde de estudios. Y sí, me expresé mal, o no realmente. No pienso que una chica al querer pasarla con alguien la haga fácil, tampoco estoy muy familiarizada con esas situaciones, tengo que sincerarme. Solo que vivimos con la mirada… ¿machista? Se toma más importancia a las palabras o pensamientos de un hombre…- recordó a una compañera, menor que ella. Freya. Muchos hablaban a sus espaldas diciendo que de inteligente tenía también de fácil. Era asqueroso escuchar esas palabras salir entre risas de otros compañeros que veían si podían ir al armario de escobas con ella al menos por unos minutos. Digamos también, ya que estamos, que la adolescencia de la mayoría no se caracteriza por los comentarios más acertados. Es una prueba y error. –Vale, vayamos por esa lasagna que también tengo demasiada hambre.- admitió alejándose de la figura con cabellos rojizos que manifestaba la vitrina.

-No. ¿En serio?- se detuvo para girarlo hacia ella por unos breves segundos, esa oferta de trabajo no la perdería, claro que no.- ¿En serio? ¿Trabar en el Caldero? La verdad es que necesito dinero y no me importa verme como una necesitada de trabajo.- rió mientras hablaba para darle un tono más casual al asunto cuando, efectivamente, necesitaba un trabajo y desprenderse de cualquier dependencia. No daría demasiadas vueltas tampoco al hecho de que minutos atrás había pensado en reformar el lazo con su familia sea verdadera o falsa. -¡Lo quiero! Si es que se puede o si debo hacer una entrevista llámame cuando quieras.- le guiñó de manera exagerada. La chispita de diversión y espontaneidad volvía a ella. Veamos hasta cuándo.

Al arribar al restaurante no perdieron tiempo en ubicarse en una mesa, estaban ansiosos de comer. Cualquiera diría que en este encuentro, lo más importante era la comida  y no estarían perdidos. La carcajada fue audible para muchos de los que se encontraban en aquel lugar. La pelirroja no podía aguantarse, toda la simpatía que desprendía la señora era proporcional al agarre que tenía hacia las mejillas de su amigo león. Por el semblante del chico pudo distinguir que solo le seguía la corriente y eso solo la hizo cubrir sus labios con sus manos aguantando las risas. ¿Siempre anda con protección? No quería hablar sobre ese tema pero la confianza que había en ese par era hasta envidiable aún más sabiendo que se conocían hacia cinco segundos.

Asintió a todo lo que Edward los había invitado. Seria muchísimo más divertida la tarde teniendo en cuenta esos dos ancianos que eran la típica pareja de abuelitos que se ganaban el amor de los niños. Por lo poco que había retenido de la conversación, la mujer se llamaba Miriam y su esposo Carlisle. La confusión de la señora había sido que Edward para ella era su nieto Charlie. Y se alegraba grandísimamente de que su hijo le haya enseñado a su nieto sobre protegerse en las relaciones sexuales. ¡Todas esas confianzas en pleno restaurante! No se perdería el almuerzo con tan magnífica abuela. –Sí, sería un honor comer con ustedes. ¡Yo hasta puedo también ser una nieta o la mejor amiga de Charlie que lo reprende por sus travesuras!- exclamó entre pequeñas risas.-Además, siempre hace bien al alma conocer nuevas personas.- agregó recordando su para nada patético plan de hacer amigos y volver a ser lo que era antes.

-Entonces nos quedamos, está decidido, vamos Carlisle tráeme el bolso y siéntate.- dijo ubicándose nuevamente en la silla que minutos atrás había ocupado para apretar las mejillas de su “nieto”- ¡Empecemos con las presentaciones muchachitos! Cómo habrán escuchado a mi esposo, este cascarrabias, soy Miriam. Y lamento haberte confundido con mi Charlie o tal vez debería pedirles, más tarde, disculpas a él por no reconocerlo.- quedó pensativa dando el hueco necesario para que los otros tres restantes dijesen sus nombres. Su esposo, estaba poco interesado en conocer dos jóvenes que tal vez eran un rollo pasajero, claramente había quedado un poco tocado después de enterarse que uno de sus nietos había cambiado de pareja tres veces en una sola semana. La pelirroja se acomodó en el asiento y continuó mientras esperaban ser atendidos. –Yo soy Joahnne, es un placer conocerlos.- curvó sus labios aunque poco después desaparecería para darle muestras a una mueca ante un comentario.- ¿Un placer? Si no nos conoces niña. ¡Podríamos ser…!- Miriam interrumpió la frase con un codazo hacia su marido y un ceño fruncido que dejaba el ambiente un poco tenso. –No seas irrespetuoso Carlisle, luego te quejas que los jovencitos te faltan el respeto. ¡Cómo no si les hablas de esa manera!- chasqueó la lengua hasta que su mirada conectó con los dos leones que esperaban expectantes.-Está de mal humor porque uno de nuestros hijos se casó y recién nos enteramos. ¡Dos semanas después de la boda!-
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Edward Westenberg el Lun Dic 24, 2018 3:23 am

Abrazó cálidamente a la pelirroja, donde en aquel gesto se colaron innumerables recuerdos junto a ella en el Castillo y en la Sala común de los leones, ese lugar en que en un momento de su vida se volvió en su hogar, uno que siempre recordará con mucho cariño, a el y todas esas personas que de una u otra manera le marcaron. Soltó una risa al escuchar sus palabras.- Vale, vale trataré de darle con todo para que después seas la sensación del hospital al salvarme.- le dijo divertido, imaginando todo el panorama en su cabeza. En eso pegó un salto y le dijo cómo es que él se imaginaba hablando de ella en unos años más, soltó una carcajada aún mayor cuando volvió a escuchar las palabras de la ex Gryffindor.- Lo prometo, por mi garrita.- le tendió su meñique para que ella terminará por sellar esa promesa.

En eso, un pensamiento por parte de la pelirroja hizo que Ed detuviera su andar, más que nada para hacerle entender de mejor manera su reflexión entorno a sus palabras. Es que quizás no era el más sabiendo en temas de mujeres, ni mucho menos en el amor, que de lo poco que había vivido había terminado un poco mal, pero no era su naturaleza quedarse callado cuando algo no le parecía correcto, y debía casi por necesidad hacerle audible su pensar a la maga. Por lo que hizo que esta se volteara y se detuviera unos momentos a mirar su reflejo en él, y  aunque sea por unos segundos poder verse como él la veía, una chica increíblemente hermosa, inteligente y divertida. Hizo una mueca cuando escuchó que durante este último tiempo había estado más sola de los habitual, es que en los recuerdos de Ed la pelirroja siempre estuvo rodeado de gente, es que había que ser un gilipollas si no querías pasar un ratito que sea con Joah.- Pues, bueno quizás eso era lo que necesitabas en ese entonces, un poco de soledad a veces no viene nada de mal. Pero ahora, ya has cambiado de opinión y tu cuerpo te pide mayor interacción con el mundo, y para eso debes saber que me tienes a mí para lo que sea, desde ir al cine hasta darlo todo en un fiesta.- le señaló junto a una sonrisa.- Y sobre lo visión machista, buah...solo me queda decir el más enorme lo siento, por mí y todos mis compañeros. Soy consciente de cómo históricamente las mujeres han tenido que sufrir por nuestros actos y me da mucha rabia. Pero ¿sabes? creo que esta en nosotros cambiar aquello, desde nosotros mismos y luego hacía nuestro alrededor, no dejar pasar más comentarios como aquellos y muchos menos dejar que te afecten, si alguien piensa así solo hay dos opciones, pasar de él o tratar de hacerle comprender lo idiota que suena, cualquier sea tu decisión es completamente válida.- le dijo abrazándola por la espalda y dándole un cariñoso besito en la mejilla.- Y sí, vamos por esa lasagna.- terminó por decir con ojos brillantes y lamiéndose la boca por el hambre que tenía.

- Claro que hablo en serio.- le corroboró sonriente.- Pues perfecto, tú dime cuando mejor te acomoda por tu horario y vienes al Caldero para la entrevista, igual es solo formalidad ya que yo soy el que te la tomará y claramente te diré que sí, pero aún así hay que hacerla para que después los demás no piensen que es favoritismo jiji.- soltó una risita traviesa para luego encogerse de hombros.- A veces el trabajo se pone pesado, pero el ambiente laboral es bastante agradable, todos son personas muy simpáticas y acogedoras, ya verás.- le señaló, y no mentía, es que una de las cosas que más le agrada de trabajar en el Caldero era la gente que trabaja en él, realmente formaban un muy buen equipo.

Cuando por fin llegaron al lugar buscaron el mejor lugar  para poder disfrutar de la exquisita comida que Ed añoraba con todas sus fuerzas. Pero antes de siquiera pedir un par de ancianos se acercaron a ellos, y la mujer se acercó específicamente a Ed atrapando sus mejillas y hablándole como si fuera su nieto, que no hizo más que hacer reír al licántropo, quien no dudó en seguirle la corriente. Y cuando por fin la mujer, gracias a su marido, se dió cuenta que el castaño no era lo que pensaba, este le invitó a unirse a su mesa y compartir un momento junto a ellos. Ed soltó una carcajada al escuchar el rol que tomaría Joah aquella tarde.- Pues te queda perfecto el papel de amiga que me reprende por mis travesuras.- soltó divertido. Luego la anciana comenzó con las presentaciones de rigor, y de paso hizo que los jovenes se enteraran de la una de las últimas andanzas de uno de sus hijos.- Oh, que mala leche lo de su hijo. ¿Cuántos hijos tienen?.- preguntó solo por curiosidad.- Oh, no me he presentado, lo siento. Yo soy Edward, o Charlie, bueno como deseen llamarme.- terminó por decir junto a una sonrisa encantadora y dedicándole un guiño travieso a la mujer, que se rió toda cocoroca.- ¿De verdad que son solo amigos? Pero si es tan guapo, miralo, y ella también, se verían muy bien juntos.- les dijo para nuevamente agarrarle una mejilla a Ed y de paso estirar su camisa que estaba algo arrugada.- De verdad que solo somos amigos, unos muy buenos.- le respondió Ed divertido.

-Tres.- soltó de pronto el anciano, Ed lo miró con la nariz arrugada sin entender de qué hablaba el hombre.- Tenemos tres hijos, Josh, Antonella y Paul. El menor fue el que se casó sin decirnos, y no me hubiera molestado tanto si es que me dice que quería algo privado y ya, pero yo vi las fotos y ví al capullo de Cameron, ¡Lo ví!.- exclamó algo exaltado.- Cameron es su hermano..- susurró Miriam a los jovenes.- ¿Qué hacía Camero allí? ¿Qué? ¿eh? Si lo único que sabe ese es tomar e irse de parranda nada más, pero claro él si lo dejaba hacer todo mientras uno se empeñaba en enseñarle cosas que le sirvieran para un futuro...- se levantó de sopetón.- Lo siento, necesito ir al baño, ya vuelvo.- dijo el hombre y sin decir más se fue hacia el sector en donde se encontraban los baños. Miriam suspiró.- Lo tiene muy mal aquello, no enteremos hoy y bueno, ya no podemos hacer nada ¿no?.- dijo encogiéndose de hombros.- Nunca le hagan eso a sus padres, ¿bueno? que duele mucho.- les señaló bajando su mirada, Ed no sabía muy bien qué hacer y sólo atino a llevar una de sus manos y acariciarle el hombro.- Ay, que viejos más pesados estamos siendo, lo siento queridos.- se disculpó la mujer.- Mejor hablemos de otro cosa, pero...aún no nos han atendido...esperen.- la mujer se levantó un poquito de su asiento y con una de las servilletas de la mesa llamó a un camarero, que no tardó en llegar hacia nosotros.- ¿Qué desean comer?.- preguntó el chico.

- Lasagna.- dijo sin dudarlo Ed.- Oh, muy buena elección. Acá es exquisita la lasagna.- señaló la anciana, quien pidió de paso fetuccinis con salsa de champiñón.- Hace unos meses decidí volverme vegetariana. Miré a mi perro Land que amo con locura y me dije: Yo no puedo estar comiendome a los primos de Landa, y desde ahí no he tocado nunca más un pedazo de carne.- les contó la mujer, y Ed sonrió fascinado, por la mujer y por lo hermosa que es la vida y sus sorpresas.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Joahnne Herondale el Jue Ene 17, 2019 6:12 pm

Si a Joahnne le preguntasen en este preciso instante lo que sentía podría ser encerrado en una simple pero valiosa palabra: cariño. Y no es que no sintiese en otros días aquel sentimiento pero si se le hacía complicado aceptarlo cuando en su cabeza solo existía la insistente voz que reclamaba que resolviese sus problemas y relatara de forma correcta su pasado. Tampoco era dar vueltas en un carrusel, absolutamente todo se terminaría si las tres –o cuatro- personas que debían hablar lo hacían pero ellos –como siempre hicieron en su escuetos años- estaban dando el espacio que ella quería y necesitaba según su imaginario. Mientras que ella estaba excediéndose de este. Sin embargo, era consciente de que no podía seguir aplazándolo. ¿Llegarían las navidades y ellos así de alejados unos de otros? Le destrozaba lentamente el alma pensarlo siquiera, pero ella aun así no cedía.

Pero, no era tonta. Lo resolvería, tal vez más tarde cuando la conversación con su amigo terminase. Y es que no desaprovecharía la oportunidad de un almuerzo con alguien que le llenó de diversión sus días en Hogwarts. Sus labios se curvaron mientras su meñique llegaba al de él así sellar la promesa. Menos cuando a la vuelta de la esquina, todo podía cambiar. ¿Cuánto dudaría este período de pseudo tranquilidad? ¿Siquiera se imaginaba que en menos de un mes estaría huyendo por su vida? No, no se daba idea de que terminaría siendo fugitiva, que terminaría en más de una discoteca ebria, que todos sus planes de restaurar su relación con sus tíos –o padres, anteriormente vistos- serían echados al retrete, que presenciaría como una ex compañera de Hogwarts se enteraba de su embarazo. Nada de eso pasaba por su mente al pensar en el futuro.

Aquí y ahora sus preocupaciones eran otras. Ahí, de frente a una vitrina, fijándose en su reflejo. Su cabello rojizo cayendo de manera desordenada por sus hombros, sus ojos verduzcos, su cuerpo y los demás rasgos que la componían recién siendo observados luego de un largo tiempo. -Sí.- bufó de manera un poco exagerada dándole la razón, es que había caído en ese pozo de inestabilidad perdiendo consigo esa actitud firme de la cual siempre alegaba.- Aunque no sé ciertamente si necesitaba una soledad completa pero sí un espacio donde pueda llegar a pensar con claridad ciertos acontecimientos de mi vida.- admitió sin dejar de pensar que nunca en sus cortos años había llegado al punto de alejarse de todos para poder analizar las situaciones que se presentaban. Claro, ella tenía a su mejor amigo en ese entonces para ayudarla con aquello. Sin mencionar que sus dramas adolescentes eran tontos comparados a lo que estaba atravesando.

Poco a poco, esa inquietud que la tenía hecha un manojo de ansiedad se fue disipando con el tiempo que hablaban. -Siempre fui esa clase de persona que tomaba en consideración cada comentario, más allá de expresar mi molestia o no al otro. Pero estamos en confianzas y a ti te cuento. En varias ocasiones, en Hogwarts, los cuchicheos eran molestos hasta el punto de querer pararlos pero me detenía a pensar un poco más y llegaba a la conclusión de que no sería algo que se tomase en serio si venía de mí. Y ahí ya hablo con experiencia. Ser prefecta a veces era causa de mofa. Por eso es que paso de ellos pero, inconscientemente, en mis momentos de vulnerabilidad los recuerdo, es el mal de nuestro fuero interno tal vez. - sintiendo como los brazos de él abrazaban su cuerpo en un gesto cariñoso que extrañaba.-Eres increíble Ed, realmente lo eres. Muchos hombres deberían aprender de ti.- refiriéndose a sus últimas palabras.- ¡Y claro que vamos por la lasagna!- rió ante la emoción que irradiaba su amigo.

Se detuvo en su lugar, estaba siendo su día con mayor suerte del año. ¡Lo había vuelto a ver a Ed y encima se iba casi con un trabajo! Pegó unos cuantos saltos en el lugar cuando la afirmación de él la llenó. -¿Ya te dije que eres increíble? ¡Porque lo eres!- lo abrazó en el impulso de querer gritar a los cuatros vientos para que la oyese hasta Merlín. –Entonces te pasaré el horario de la universidad que es el único que se debería respetar y claro que te diré las mejores respuestas para una entrevista solo para que no crean que hay favoritismo.- lo acompañó en la risa mientras no paraba de murmurar lo genial que era poder conseguir un trabajo y que hacía tiempo lo necesitaba para su independencia económica. –No tengo la menor duda, teniéndote allí para la compañía ya es mucho.- comentó mientras se encaminaban nuevamente al local. Y no es que estuviesen excesivamente lejos del restaurante donde almorzarían pero la conversación había tenido tantos altibajos emocionales que se detuvieron en el camino unas dos o tres veces, tal vez.

Tener un almuerzo con un amigo era maravilloso pero un almuerzo con un viejo amigo y unos ancianos que lo confundieron con su nieto lo era aún más. No podía dudar que sería una gran tarde junto a esas tres personas, lejos de sus tan conocidas cuatro paredes rodeadas de libros por leer y resumir. Un tiempo para ella y su felicidad. Hasta le mandaría un mensaje a Geraldine para que se enorgulleciera de ella pero eso sería al regresar.

-Oye, siempre fui una buena amiga que reprende a sus amigos de travesuras insensatas.- exclamó con la risita escapándose de sus labios y no mentía. Muchas veces había dado advertencias amigos cuando estos pensaban que una idea era buena y era todo lo contrario. Aunque en otras no dudaba en participar. –Eso sí que debió doler. Mis padres harían todo un drama si hiciese lo mismo.- exclamó la pelirroja obviando la realidad que vivía. –La verdad es que llevo perdidamente enamorada de él hace tantos años pero heme aquí como una simple amiga.- bromeó mientras esperaba sus reacciones, sin aguantar más tiempo rió alto llamando la atención de unos cuantos que se perdieron al ver que era una “cena familiar” a simples vistas.- Es broma, somos buenos amigos aunque uno nunca puede decir que no.- guiñó un ojo a la anciana que sonreía como si estuviese haciendo el papel de cupido que le está yendo fantástico en su labor.

Lo restante fue rápido aunque un poco angustiante. Carlisle se vio afectado por la noticia y no era para más si su propio hijo lo había excluido de su vida. ¡En un momento tan especial! Solo invitando al hermano de su padre. Eso sí que debió haberlo destrozado al punto de disculparse y retirarse a los baños para tranquilizarse. –No se disculpe señora, se entiende. Yo no podría concebir la idea de casarme sin invitar a mis… padres.- finalizó la oración sin corregirse aunque su semblante se frunció. ¿Cómo los llamaría de ahora en adelante? ¿Padres? ¿Tíos? Ellos la habían criado y le regalaron un hogar sintiéndose querida en sus años pero. Esa palabra “pero”. El tener un “pero” le complicaba su concepción de las cosas. Decidió dejarlo, nuevamente, para después y disfrutar de la compañía.

-Oh, eso me hace hasta dudar de lo que quiero comer.- con una mueca observó a Ed.- Pero como me invitaste a probar la lasagna, pediré lo mismo que él. Gracias.- fijo su vista en el camarero para que tomase el pedido. –Y dentro de un rato volverá mi esposo para pedir.- mencionó la mujer. Con las últimas aclaraciones sobre la condimentación, se retiró. Era interesante aquello, ni siquiera ella misma sabía que se podía pedir con ciertos ingredientes o no. Será por eso que el sitio estaba lo suficientemente lleno como para que prosperara. –Retomando la conversación, Carlisle no es vegetariano por eso es que no pedí por él. La última vez que intenté mostrarle mi estilo de alimentación terminó refunfuñando toda la noche. ¡Y hay que soportar a ese hombre murmurando por las esquinas! Se convierte en todo un caso.- chasqueó la lengua mientras negaba con la cabeza mientras nos hacía gestos de que nadie quisiera verlo en esa faceta. –Aunque aun así lo amo, no mentiré y confesaré que yo también puedo volver un poquito pesada.- señaló tapándose la boca con una de sus manos mientras risitas huían. –Pero bueno, basta de mí. ¿Ustedes niños que me contarán? Me desilusiona saber que no son unos tortolitos pero quiero saber.-comentó con mirada expectante. –Pues… soy Joahnne aunque eso ya lo dije hace unos minutos. Lamento si empiezo a hablar demasiado es que los nervios y lo sé, no debería de ponerme nerviosa pero es que no lo sé. ¡Usted es tan dulce! Que sí, no tiene nada que ver con mis nervios. Por Merlín, Ed cállame.- pidió y la mujer no hizo más que lanzar un beso dándoles la señal que su misión de cupido no se vería interrumpida. Con ese gesto, la pelirroja intentó igualar el color de sus mejillas con su cabello.
Joahnne Herondale
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Edward Westenberg el Dom Feb 10, 2019 6:16 pm

Edward sonrió en ese abrazo, y se hubiera sonrojado si no fuera porque muy pocas  cosas logran eso en él.- ¿Qué dices? A mí también me queda mucho por aprender, ni de lejos soy un ejemplo. Lo que sí, es que creo que aprendo de mis errores, porque sí, debo admitir que he cometido muchos.- le confesó a la pelirroja, recordando algunos eventos por los cuales no se sentía nada orgulloso.

De camino el castaño también le ofreció un puesto en el Caldero a la pelirroja, es que Ed es de aquellos que mientras pudiera no dudaría en tenderle una ayuda a viejos amigos, y Johanne era de esas compañeras de casa que el castaño haría lo que fuera por animarla. Ya que ella podía creer que ser prefecta le había traído muchas mofas, pero al menos por su parte, él sólo había sentido admiración por su persona durante los años que estuvo en el Castillo.- Muy bien, muy pronto te enviaré una lechuza para fijar una entrevista.- le dijo, sin saber que la vida le tenía preparada cosas muy distintas a ambos.

Al llegar al local que el castaño amaba a la hora de comer, le siguió una serie de eventos muy divertidos, que lo llevaron a terminar sentados en una mesa la pelirroja, un par de ancianos y él, que fue confundido con uno de sus hijos. La historia de sus vidas no se quedó atrás y salió a la luz rápidamente, y el par de anciano se desahogo con los jovenes que le invitaron a sentarse a su lado y compartir juntos las exquisitas comidas que ese restaurante ofrecía a su clientes.

Edward enarcó una ceja divertido cuando escuchó a la pelirroja decir que había estado enamorada de él todo este tiempo.- ¿Qué quieren que les diga? Nadie puede resistirse a mis encantados.- bromeó encogiéndose de hombros para luego reír, contagiando a la mujer que se llevó su mano a la boca y negando con la cabeza la picardía del joven.- Así es, uno nunca puede decir que no. Carlisle y yo partimos siendo muy buenos amigos y mirenos ahora, ya llevamos cuarenta años juntos.-  comentó la anciana que descaradamente se la estaba dando de centinela con los dos jovenes. Pero lo que ella no sabía es que cuando ella había dicho esa frase, era otra persona la que había aparecido en la mente de Edward, una maga de rubios cabellos y sonrisa encantadora, para ser más precisos.

Carlisle se paró de la mesa tras estallar con lo del casamiento de su hijo, Edward de paso recordó a sus padres y pensó que había estado muy lejano de ellos este último tiempo y le dieron ganas de llamarlos y decirles que pese a la distancia el cariño seguía intacto. Pero se contuvo, ya lo haría más tarde.

El mesero llegó a su mesa y no tardó en pedir su plato favorito, le siguió la anciana que les comentó sobre su nuevo estilo de vida culinaria tras volverse vegetariana.- Uff, a mi me encantaría poder ser vegetariano, pero no puedo, amo demasiado la carne.- confesó con una mueca en su rostro. Censurando la parte de que desde que se había vuelto un hombre lobo se había vuelto mucho más carnívoro que antes.- No te arrepentirás.- le susurró a la pelirroja junto a una sonrisa. La mujer solo pidió para ella para luego comentarles la razón a los chicos, Edward no perdió jamás su sonrisa, es que Miriam era muy encantadora.

- No me pidas eso, porque no lo haré. Tu voz es como música para los oídos y tienes muchas cosas interesantes que decir y contar. Está mujer estudiando para salvar vidas y es la mejor de su clase.- le contó a Miriam mientras apuntaba con su dedo índice a la pelirroja. Eso de que era la mejor de su clase se lo había inventado pero algo le decía que no era mentira, y si lo era, para él Johanne siempre será la mejor. - Por mi parte yo me he querido dar un tiempo antes de entrar a estudiar, pero ahora me encuentro siendo el encargado del Caldero Chorreante.- le contó junto a una amplía sonrisa.

- ¡Wow! Hace mucho que no vamos al Caldero con Carlisle, quizás un día de estos nos ves por allí. - dijo la anciana junto a risita.- ¡Pues claro! Venga, vengan. Yo los recibo feliz.- le respondió el castaño.

En eso su esposo volvió a nuestra mesa, esta vez con su ceño menos profundo.- Lo siento, por irme de esa manera.- se disculpó apenas se sentó.- No he pedido tu comida aún, querido.- le comentó su mujer, el hombre movió su mano restándole importancia.- Ya pediré en cuanto vengan nuevamente, no te preocupes.-  le dijo con tono cansado, para luego esbozar una sutil sonrisa en su rostro.

La comida llegó, y Carlisle pidió la suya. Esta deliciosa, y la compañía aún mejor. Se pasaron el resto del tiempo hablando de sus vidas, riendo y compartiendo experiencias. Edward se lo pasó muy bien, y su estomago aún más. Ya fuera del local se despidió calurosamente de ambos ancianos, los mejores compañeros de comida improvisados que pudieron haber tenido. Cuando los vió alejarse, suspiró.- Ojalá llegar  a viejito con la misma energía de Miriam.- dijo volteando su rostro para mirar a la pelirroja.- ¿Tienes algo más qué hacer? Yo feliz te acompaño, aún me queda tiempo libre, y tu compañía es muy agradable.- le dijo, depositando una sonrisa que achinaba hasta sus ojos en su rostro.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Joahnne Herondale el Jue Mar 07, 2019 5:08 am

No podía mentir, hacía tiempo que no comía un plato decente que no fuese una ensalada empaquetada —vaya a saber uno hace cuánto estaban de ese modo— o algo que medianamente llevara poco tiempo de cocción, como una ración de cuscús.  No es que no tuviese dinero, sus padres —o quienes fuesen— le habían dejado una suma considerable para su mantención, como mesadas que le depositaban constantemente. Eran transacciones que no influían en su relación, seguía sin verlos y eso la lastimaba en lo más profundo del alma. Joahnne había actuado mal desde el comienzo al recibir la noticia, no concebía la idea de estar equivocada en sus acciones. Ahí su peor error. Un poco orgullosa, desde su fuero interno exigía disculpas sin darlas primero.

La propia Geraldine la fastidiaba para que dejase ese enojo incomprensible a un lado. Se arrepentirá del tiempo perdido, había dicho la morena a una pelirroja que hacía oídos sordos. Tengo poco tiempo, respondía sin cuidado, sin detenimiento mínimo para analizar lo que ocurría. Su tía, más bien su madre, tampoco se había acercado. Era una señal que ella no quería entender.

Sin embargo, no se detuvo a divagar porque anhelaba probar la lasagna que Edward había recomendado. Y añadirle un par de ancianos a su almuerzo le regaló más de una sonrisa dibujada en sus labios. No se arrepintió de esta salida un poco improvisada. Es más, le encantaba. Le daría las gracias más adelante al castaño por cada detalle espontáneo que le alegró el día.

Guiñó ante el comentario. Edward era atractivo, carismático y tenía esa chispa que hacía emocionarte con solo estar a su lado. La pelirroja no era tonta pero nunca se había sentido atraída de manera amorosa a algún chico, podía fantasear —culpa de tantos libros eróticos que adornaban unas cuantas repisas— pero no llegaba a ser más que un sueño. Eso no decía que ella no se había enamorado, claro que lo había hecho pero de alguien que solo huyó luego de que le regalase su virginidad. Que tragedia para una adolescente.

La frase dicha le recordó al rubio, negó con una sonrisa fingida. Unos cuantos mechones de cabello cayeron sobre su rostro con el movimiento. La nostalgia se apoderó de ella por unos segundos, carraspeó alejando el sentimiento. Otra razón por la que dejó fuera de la ecuación, tal sensación, fue el estallido del anciano. Enojado, alejándose de los jóvenes.

Asintió a la par de que Edward se excusaba de ser integrante del club de la carne. Le daban pena los animales, el proceso para que llegue a conformar parte de tu alimentación pero era más fuerte que ella. ¡Perdonen animalitos! Pensó. —Eso espero, querido. — bromeó mientras escuchaban como Miriam aclaraba el hecho de que su marido no compartía el estilo de vida que llevaba.

Sus facciones compusieron una mueca de “Por favor, no sabes lo que dices” mientras escuchaba. —Por favor. — gimió cuando el tinte carmesí adornó sus mejillas.  —No tengo tantas cosas interesantes para contar, tal vez dentro de unos años sí aunque eso sería tener un gran optimismo. — añadió humildemente. —No es que sea mala, tampoco soy la mejor de la clase. O… bueno, no lo sé, no me he tomado la libertad de compararme. — la última oración salió mucho más rápido de lo habitual. — Lo siento, lo pensé y creo que mi boca se abrió sin permiso. En serio Ed, no es muy buena idea tenerme hablando. — repitió suplicando con la mirada. Por suerte, el castaño se encargó de presentarse a la anciana comentando que era encargado del Caldero. —Si a mí, el encargado, me acepta la entrevista, podré hasta verlos de nuevo. ¡Eso sería grandioso! — mucho más animada compartió. Su mirada trató de buscar la de Edward con el fin de reírse, no era de las personas que presionaban —a no ser que estuvieras en el mismo equipo de Quidditch— por lo que siempre que tenía un comentario del estilo era para tomárselo como una jugarreta de su parte.

El almuerzo siguió su paso tranquilo y entre risas. Como era costumbre, gimió del placer al probar la comida. Le daría una estrellita al lugar, realmente era exquisito. Y a Edward, quién se lo recomendó. Las ensaladas parecían muy lejanas con cada bocado. Al acabar, se despidieron deseando volver a reencontrarse. El tiempo lo diría.

Se volteó al sentir el suspiro de su compañero. —Sí, me encantaría llegar con tal vitalidad. Aunque procuraré que mis hijos sí me inviten a sus bodas. O me volveré una espía para interrumpir la boda. — arrugó su nariz con gracia. — ¿Te miento o te respondo con la verdad? — inquirió con su dedo índice colocándose en la comisura de sus labios, moviendo de un lado al otro. —Podría fingir que debo estudiar. — exhaló todo el aire que no sabía que contenía. — Pero mi compañera seguramente me reprenderá por no aprovechar la oportunidad de divertirme. Estoy libre, como dije, hacía tiempo que no tomaba un minuto para mí. Tampoco estoy diciendo que terminaremos en una habitación pintando nuestras uñas hablando de chicos, eh. Te haría un altar con tan solo llevarme a Honeydukes. ¡Como toda una niña! — dijo acariciando sus manos. Amaba este clima, cuando sabía que debía abrigarse de pies a cabeza. — ¿Quieres ir a algún sitio en particular? En este punto, confiaría ciegamente en ti, me hiciste probar el mejor plato que pude haber comido en todo un año. Y no miento. —fingió seriedad que pronto se transformó en una sonrisa.
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