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How i met our Minister — Abi McDowell {FB}

T. Hell Drexler el Mar Mar 06, 2018 11:49 am

Taberna del callejón Knockturn. Año 2005.


El cielo estaba cubierto de nubes que anunciaban lluvia y ocultaban el sol, aunque este estuviese a un par de horas de desaparecer para dejar paso a la noche. A decir verdad, nada de eso importaba a Hell, a quién acababan de servirle una copa de whiskey de fuego, mientras esperaba la llegada de su compañero, Jeffrey, y de su nueva pupila.

El inefable había llegado media hora antes al sitio acordado para el encuentro, aquella oscura taberna, con el objetivo de disfrutar aquella copa a solas, a sabiendas de que iba a necesitar la ayuda del alcohol para aguantar el tener que llevar con ellos a una novata que apenas sabría atarse los zapatos sola. A Hellion todo ese tema de los pupilos le parecía una manera muy absurda de perder el tiempo, y su tiempo era muy valioso como para desperdiciarlo, sin contar con el hecho de que el hombre carecía de la paciencia, y sobre todo de las ganas, para poder enseñar a alguien.

Sea como fuere, a Jeffrey parecía que le había dado la neura de querer transmitir sus conocimientos, y aunque él había estado totalmente en contra de que la joven aspirante a mortífaga los acompañara aquella noche, alegando que no era niñera de nadie, de poco había servido. Conocía al pocionista desde hacía ya unos cuantos años, ambos eran ya veteranos en las filas del Señor Tenebroso, y hacía ya bastante que se podían considerar compañeros en las misiones que Lord Voldemort les encomendaba.

Echó un vistazo a la gente que había en el lugar, desde luego aquella taberna no era un sitio al que ir con la familia, pensó Hell. Cualquiera que anduviera por el callejón Knockturn carecía de buenas intenciones, eso no era un secreto para nadie, aún así Hellion había sido cuidadoso con que nadie lo viese entrar allí. Hasta que la visión del Señor Tenebroso y de los que, como él, lo seguían no fuera una realidad y los sangre sucia y todos esos traidores a la sangre estuvieran donde siempre debieron haber estado, bajo tierra, debía tener cuidado de que su imagen no se viese relacionada con sitios como aquel en el que estaba.

Todavía quedaba al menos un cuarto de hora para que llegara la hora del encuentro y Hell se encontraba tranquilamente sentado en aquella mesa, disfrutando de su wishkey de fuego, y pensando en lo que se avecinaba. No iba a mentir, lo cierto era que desde la muerte de su hermana todo cuanto no tuviera que ver con cobrarse su venganza le generaba cierto hastío, pues sentía que le quitaba tiempo al que era su principal objetivo. Sin embargo seguía cumpliendo con sus deberes como mortífago, pues no solo había jurado hacerlo, sino que aquella también era su causa y aunque la venganza lo consumiese seguía siendo leal a ésta. Aunque no todos eran tan leales como decían ser a la causa de Lord Voldemort, aquella noche debían ir tras una pareja de desertores de sus filas, y todos sabían que traicionar al Señor Tenebroso se pagaba muy caro.

La puerta de la taberna se abrió, dejando pasar a Jeffrey, seguido de una joven con cabellera roja. Hellion no ocultó su gesto de disgusto al verlo, ni lo camufló conforme se acercaron a la mesa que ocupaba.

Aquí no sirven zumos de piña — comentó haciendo alusión a la edad y apariencia de la nueva pupila de su amigo, e inspeccionándola con la mirada. Pondría la mano en el fuego porque aquella chica recién se había graduado en Hogwarts. Desde luego si la primera impresión era la más importante aquella dejaba bastante que desear, aunque tampoco es que tuviera grandes expectativas. Ignoraba si Jeffrey le habría comentado a la joven sobre su mala disposición a que los acompañara aquella noche, pero tampoco pensaba medir sus palabras para no incomodarla. — Me sorprende hasta que la hayan dejado pasar. Bueno, ¿cómo va esto? ¿Tienes que estar en casa antes de las doce?

Hellion suspiró, resignado con la situación. Lo único que le quedaba esperar era que no diese demasiados problemas, que al menos supiese defenderse, porque estaba claro que las dos ratas a por las que iban no iba a entregarse por las buenas.

Dejad que me lo acabe, voy a necesitarlo —dijo, alzando el vaso con lo que quedaba de whiskey. Aunque algo le decía que aquello no iba a ser suficiente. — Mi tolerancia a la ineptitud es muy baja, casi inexistente, espero que demuestres lo que sea que ha visto Jeffrey en ti.
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T. Hell DrexlerMinisterio

Abigail T. McDowell el Jue Mar 08, 2018 11:17 pm

Año 2005
Abigail McDowell, 18 años.
Estudiante de administración y finanzas mágicas y estudiante en la Academia de desmemorizadores.
Aspirante a Mortífago.
Jeffrey: #666699

Fue realmente fácil acceder a la fila de los mortífagos con la relevancia que tenía su abuela en ella, pese a que ya estuviese «jubilada» y no formase parte activa de ésta. La pelirroja había entrado a Hogwarts con una ideología bastante remarcada y si bien el castillo no fue precisamente la mejor etapa de su vida, sí que consiguió una cosa de vital importancia en un adolescente: que tuviese bien claro sus objetivos en la vida. No cualquier joven puede decir eso con tal solo diecisiete años.

Al graduarse se apuntó en la universidad mágica en una carrera doble y usó su tiempo libre en busca de un mentor que pudiese enseñarle realmente todos los secretos que desconocía. No quería a un Don Nadie; quería a alguien que realmente marcase la diferencia en su enseñanza y que pudiera convertirla en la mejor. Ella era bien consciente de que nadie hacía milagros y un mago no se hace de la nada, sino que se esculpe a base de esfuerzos y golpes, pero Abigail iba con una mentalidad muy decidida. Fue el mismo Jeffrey quién habló con Madeleine, la abuela de Abigal, para conocer a la joven promesa en persona. Y siendo una McDowell, pese a la oveja negra que estaba en la generación de por medio, confió totalmente en ella.

Ahora mismo, mentor y aprendiz, se dirigían a una misión. La universitaria desconocía por completo los términos de lo que iban a hacer, ya que todo había sido bastante apresurado, como si en una primera instancia no estuviese en los planes de su profesor llevarla con él a ningún lado. Como toda recién graduada estaba verde en prácticamente todas las ramas de la magia, por lo que era una decisión la mar que comprensible. Sin embargo, Jeffrey era de esas personas que pensaba que si no había riesgo, no se ganaba nada, filosofía que terminó adoptando ella también con los años, por lo que la llamó pese a las limitaciones y el peligro que podría suponer.

Aparecieron cerca de la taberna del Callejón Knockturn, aunque antes de entrar, Jeff se dirigió a Abigail. Todavía no tenían demasiada confianza, pues abrían estado en contacto cuatro o cinco veces y con una actitud bastante «teóricas», por lo que le habló con un tono tosco. Vestía absolutamente todo de negro, con una larga gabardina de cuero que le llegaba casi a los tobillos y con el pelo engominado.

Drexler es complicado, así que no seas obstinada. —La orden fue bastante clara, a lo que Abigail simplemente lo miró sin quejarse, guardando sus manos en los bolsillos de sus vaqueros rasgados.

Una vez dentro, el ataque por parte del otro mortífago fue directo hacia la aprendiz. Abi tenía una lengua muy viperina y rara vez solía dejar pasar burlas de ese estilo, fuesen por la razón que fuese, sin embargo, sólo mostró una sonrisa irónica ante ella porque su maestro le había dicho que básicamente se mantuviese con la boca callada para no cagarla. Se mordió la lengua, casi literalmente. No obstante, a su siguiente ataque gratuito con respecto a la edad, la ex-Slytherin mostró una confiada sonrisa. Tenía mucho ego, demasiado ego; un ego que no tardaría en bajar por los golpes que se llevaría y, que con el tiempo, volvería a resurgir mucho más  fuerte.

Si voy con vosotros... yo creo que a las once estaremos todos en casa. Así podrá irse a dormir pronto, que la edad ya debe pesarle. —Tenía dieciocho años, había sido la mandamás de su casa y tenía unos humos considerablemente altos, muy por encima de sus capacidades. Al menos le había tratado de usted.

Jeff le miró de reojo, con reproche por su comentario, pero se limitó a sentarse junto a Drexler. Abi lo imitó, sentándose en otra silla, justo en frente de él. Obviamente a la pelirroja le volvió a molestar su último comentario, pero el término medio, también llamado Jeff, habló, interrumpiendo cualquier contestación por parte de la chica. Eso sí, comenzaron a hablar entre ellos sobre la misión, incluyéndola a ella solo para que fuese consciente de lo que se traían entre manos.

Conocía muy bien a Georgia, quizás demasiado bien. Si se ha ido con Uriel creo que sé su paradero. —Miró de reojo a Abigail. —Una vez entras en las filas de Lord Voldemort, sólo hay dos opciones. O mueres por él, o matas por él. Y cuando hay que matar, puede ser a cualquier persona, aunque ésta sea importante para ti. No cometas la estupidez de confiar más de la cuenta en nadie. Esto no es un colegio en donde puedas hacer amigos. —Volvió a desviar la mirada a Hellion. —Uriel siempre había sido débil y Georgia demasiado empática, probablemente le haya ayudado a huir, sobre todo después de la pésima actuación en la última reunión en la que nuestro Señor Tenebroso no quedó complacido. Además, la hermana de Uriel está en nuestro poder como rehén, por lo que no se habrán ido muy lejos intentando idear un plan para rescatarla. —Pidió con un chasquido de dedos un chupito al camarero. Éste asintió. —Georgia siempre utilizaba los pisos francos de Manchester, aquellos que hace años limpiamos de aurores, como lugar en donde refugiarse. Hace mucho tiempo que eso no está siendo utilizado por nadie. Y no es tan imbécil de poner en peligro a ninguno de sus seres queridos o terminarán como la hermana de Uriel. Estoy bastante seguro de que está usando alguno de ellos, sobre todo por lo olvidados que están y el poco movimiento que tenemos en esa ciudad.

El camarero, eficaz, levitó el chupito hasta la mesa, aunque Jeff lo cogió en el aire y se lo bebió.

Diría de empezar por ahí. —Tragó, dejó el vasito sobre la mesa y se levantó. —Vamos, no tenemos toda la noche.

Abigail se levantó justo a la vez que Tyrone, a lo que esbozó una sonrisa falsa.

No se preocupe, yo le cubriré las espaldas —dijo sarcásticamente, consciente de que con lo que la subestimaba, lo tomaría más como algo malo que como algo bueno.


¡Hola! Siéntete libre de utilizar a Jeff lo que necesites, así como de manejarlos de la manera que prefieras hacia la zona y tal. ¡Tienes permiso para mover a Abi todo lo que necesites!
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Jue Mar 22, 2018 2:38 pm

Tener carácter era algo que Hell siempre había valorado positivamente, el mundo no estaba hecho para los pusilánimes, era lo que pensaba el Inefable, pero aun así no bastaba solo con eso para caerle en gracia al americano. Ya de por sí era algo bastante complicado ganarse el favor de Hellion, pero ni él, ni tampoco la molesta pupila de Jeffrey,  estaban allí para hacer amigos.

Ni una palabra salió de su boca cuando la joven le respondió de aquella manera, que a Hell se le antojaba sobradamente impertinente, solamente se limitó a mirarla fijamente, alzando de manera casi imperceptible la comisura izquierda de sus labios. ¿Podría haberle contestado? Desde luego, pero sería una pérdida de tiempo, y lo que era más importante, rebajarse al nivel de un cría de dieciocho años, algo totalmente impensable para Hellion Drexler.

La atención de Hell se centró en lo realmente importante aquella noche, en la misión que les había encomendado el Señor Tenebroso. Escuchó a Jeffrey sin interrumpirlo, asintiendo en los momentos adecuados, y desviando la mirada hacía la joven cuando éste le dio una pequeña pero importante lección, “no cometas la estupidez de confiar más de la cuenta en nadie”. Ciertamente eso era algo clave, no solo para prosperar en aquel mundillo, sino para algo mucho más importante, sobrevivir.

Predecibles e inútiles hasta el final — esa era la opinión de Drexler sobre el absurdo intento de huir de Georgia y el patético de Uriel. Se acabó el vaso de whiskey de fuego al mismo tiempo que Jeff se bebía aquel chupito, y se levantó, mostrándose conforme con la idea de éste de empezar por los pisos francos de Manchester.

Observó a la muchacha de pelo colorado cuando volvió a dirigirse a él, afirmando que le cubriría las espaldas. Hell se habría reído de buena gana, pero de nuevo permaneció serio, sin contestar a su provocación. Ya había dejado bastante claro al principio cual era su opinión sobre su presencia aquella noche, no era su estilo repetirse. Ella le cubriría las espaldas… ya podía sentir el gélido aliento de la muerte acercándose.


▲▼▲


Después de acordar el primer sitio que comprobarían se aparecieron allí, en silencio y con la oscuridad de la noche como cómplice. Hacía ya años que Hell no visitaba aquellos pisos, tal y como había dicho Jeff, estaban prácticamente abandonados y es que la actividad de los mortífagos se centraba principalmente en Londres.

Un par de hechizos sencillos fueron suficientes para acceder al primero de los pisos, parecía deshabitado pero cuando se trata de comadrejas uno nunca podía estar seguro, un Homenum Revelio confirmó que allí no había nadie, que el sitio estaba limpio.

Aquí ya no hay nadie, pero han podido estar aquí, lo más inteligente sería ir cambiando la ubicación, aunque Uriel fuera estúpido Georgia tenía un poco más de cabeza. Busquemos algún rastro, un vistazo rápido —comentó Hell mientras se internaba en la vivienda, si habían estado allí podrían haberse dejado algo que los llevara hasta su paradero actual.

Perdió de vista tanto a Jeff como a su pupila cuando entró en una de las habitaciones, la cocina. Echó una ojeada a algunos estantes, no encontró nada y fue precisamente eso lo que le llamó la atención. Habían sido muy meticulosos y no era para menos, al fin y al cabo sabían de quién estaban huyendo y lo que les pasaría si los cogían.

Han estado aquí —afirmó cuando volvieron a reunirse en el pasillo de la vivienda. — No hay ni rastro de polvo.

Estoy de acuerdo, además yo he encontrado esto —les mostró un pequeño plástico, que habría pasado desapercibido para cualquiera, a excepción de ellos, que sabían que aquel piso debería de estar deshabitado desde hacía tiempo.

¿La novata ha encontrado algo? —preguntó Hell sin dirigirse directamente a Abi, era evidente que lo había dicho por molestar un poco, no esperaba ningún tipo de respuesta.

El piso más cercano es el de Sheffield St. —informó Jeff. Inmediatamente después desaparecieron de allí.


▲▼▲


Los habían encontrado en el piso de Sheffield St, los habían pillado por sorpresa pero no por ello se rindieron como si nada, era evidente que iban a presentar pelea, era su vida lo que estaba en juego.

La cobardía y el miedo a morir despiertan los instintos más básicos en un hombre, y Uriel no fue la excepción, que en su desesperación por escapar de allí captó el elemento extraño en aquella escena. Jeffrey y Hellion solían hacer misiones juntos, eran un buen equipo, frío y metódico, tenían muchos éxitos a sus espaldas que los avalaban, pero había algo, o más bien alguien, que no debería de estar allí. Abigail.

La sabandija de Uriel supo sumar dos más dos por una vez en su vida, y asumiendo que se trataría de una aspirante fue directamente a atacar, a lo que Hell había denominado,  el eslabón más débil. Al fin Uriel había hecho un movimiento inteligente, aunque fuera a las puertas de la muerte. Jeff estaba encargándose de Georgia por lo que había sido él quien le había acabado cubriendo las espaldas a la joven. En el momento no había hecho ningún comentario, pero era evidente que no iba a dejar pasar aquello, Hell nunca dejaba pasar la oportunidad de recalcar cuando tenía razón en algo.

A veces tener razón siempre es como una especie de maldición —sentenció Hellion, obviamente malhumorado con lo que había pasado. Salteó el cadáver de Uriel, para no pisarlo y manchase la suela de los zapatos. — "Yo le cubriré las espaldas..." No te dejaría cubrirle las espaldas ni a un hámster.

¿Qué si estaba enfadado? Lo cierto es que no, hacía falta algo más para sacar de sus casillas al inefable, más bien estaba molesto. Hellion entendía lo que acababa de pasar, Abi era novata, era normal que cometiera errores, lo que al americano le molestaba era que dichos fallos lo afectaran a él. Drexler no era su mentor como para estar pendiente de la joven, ese era el trabajo de Jeff, pero si dichos errores afectaban a su desempeño también se volvían cosa suya.

La próxima vez que decidas sacarla de excursión procura que sea cuando vas con Haner o cualquier otro, yo ya he alcanzado mi cupo —le habló al hombre. Era un cupo muy pequeño pero precisamente por eso Hell no tenía ningún pupilo a su cargo, porque sabía que no sería capaz de aguantar demasiado. Carecía de la paciencia necesaria para enseñar a alguien. Desvió la vista de su compañero para volver a fijarla en la joven. — Ya por mera curiosidad, ¿alguna vez has matado a alguien? ¿Sabías a lo que venías? O no, mejor dicho, ¿por qué estás aquí, cuál es tu motivo para meterte en esto?

Eran preguntas importantes, aunque a él ciertamente no le incumbían, pero si iba a volver a tener alguna misión con ella quería saber que era por los motivos adecuados. No quería cargar con alguien como Uriel, de cuerpo presente, cuyas metas e ideas eran débiles y lo habían llevado a la muerte.
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T. Hell DrexlerMinisterio

Abigail T. McDowell el Lun Mar 26, 2018 2:54 pm

No, por aquel entonces Abigail no tenía ese punto meticuloso y observador que hacía que tuviera un ojo avisor y una capacidad crítica en cuanto a buscar pruebas. De hecho, ¿cuántas veces habría buscado pruebas? Por no contar que no conocía absolutamente nada de las personas a las que se supone que perseguían. No se molestó en implicarse demasiado, pues sabía perfectamente que no era cuestión de implicación, sino de prácticas y experiencias que todavía no había vivido. Eso sí, observó con detenimiento tanto a Jeffrey como a Drexler, atendiendo con sumo interés a todo lo que decía. Las preguntas claves, por típicas que sonasen, eran perfectas para llegar a una conclusión óptima. ¿Cómo había pasado eso? ¿Por qué está eso así? ¿Cuándo? ¿Dónde?

No se dejó picar por la pregunta de Drexler, pese a que Abi le mirase de reojo un tanto disconforme. Pero vamos, tenía razón: no había hecho absolutamente nada más que estar presente y observar sin mucho éxito.

Le pareció fascinante que por las pocas pruebas que pudieron sacar del primer piso, así como su intuición y conocimientos previos... fuesen directos al lugar adecuado en donde los encontraron. Quizás, en ese momento, ya Abi no pasó tan desapercibida, pero no porque hiciese algo especialmente espectacular, sino por todo lo contrario. Es evidente que intentó dar lo mejor de ella, pero hay que decir que ahora mismo Abigail era un diamante sin pulir, un cachorro sin adiestramiento. Tenía potencial, sin duda, pero la inexperiencia es el enemigo de todo ser humano en los primeros días en donde se emprende un camino. Y vamos... como era normal, su inexperiencia y altanería fueron probablemente las causantes de que terminase como terminó. Uno de los enemigos vio con claridad que Abigail no era más que un lastre para los mortífagos y, aprovechándose de eso, fue a por ella, probablemente en pos de dividir al equipo y, al menos, llevarse algo por delante o conseguir un aval por una tregua. Muy necio. Había tenido suerte de que Uriel fuese lo suficiente inútil y Drexler lo suficiente rápido, porque si el enemigo llega a cogerla, ¿qué más le daría a Drexler vender a Abi? Sin Jeffrey delante, todo quedaría como un perfecto accidente.

Sin embargo, Hellion ayudó a Abi cuando ésta se vio no solo acorralada, sino herida y sin defensa frente a Uriel. Su muerte fue inminente cuando su decepcionado compañero lo mató sin ningún tipo de pudor.

Sus comentarios herían el orgullo de la pelirroja, ¿cómo no? Sin embargo, ésta era bien consciente de que se los merecía, pese a no aceptarlos. Testaruda y demasiado orgullosa como para asumir su error y su debilidad. Drexler se acercó a ella, mientras se levantaba, recogí su varita y, con la manga de su abrigo, se limpiaba un hilo de sangre que caía por la comisura de sus labios. No contestó a nada de lo primero, ya que Jeffrey apareció frente a ellos de nuevo, limpiándose las manos de sangre con un pañuelo que había sacado de su túnica.

No fue hasta que las preguntas se volvieron personales, que Abi le miró con ojos serios. Hellion le imponía, sabía que era poderoso y que podría con ella tan fácil como matar a una hormiga con el dedo, pero no le amedrentaba. Por aquella época Abi era demasiado inconsciente como para eso.

¿Y usted qué cree? ¿Que estoy aquí recibiendo golpes y burlas de un veterano altanero sólo porque soy gilipollas y masoquista? —preguntó retóricamente, enarcando una ceja con algo de enfado. —Si estoy aquí es porque quiero seguir el mismo camino que ustedes, conseguir lo mismo que ustedes y jurarme a un ideal. Digo yo que para eso se lucha por conseguir esa marca. —Echó, de reojo, una mirada al antebrazo de Drexler, pese a que estaba tapado. —No he matado nunca, ¿pero me puede decir a qué edad arrebató usted su primera vida? —Se guardó la varita, mirándole con terquedad. De hecho, todavía no sabía hacer la maldición asesina. Jeffrey sólo le había enseñado, por el momento, las otras dos maldiciones imperdonables. Defendía que la maldición cruciatus abría puertas que hacían letal, a un nivel superior, la maldición asesina.

Sintió la mirada de Jeffrey a un costado. Una mezcla entre 'satisfacción' por las palabras que salieron de la boca de Abigail—pues en cierta manera, le gustaba su carácter seguro, uno de los motivos por los que la eligió—y también porque le había dicho perfectamente que tratase con respeto al resto de mortifagos, sobre todo a Drexler, que era un buen amigo y ella, después de todo, solo era una niñata de dieciocho años que perfectamente no podría llegar al año si seguía por ese sendero.

Así que volvió a mirar a Drexler y, muy a pesar, actúo de manera adulta.

Gracias por lo de ahora —refunfuñó bastante claro, volviéndose a pasar la chaqueta por la herida del labio de la que no paraba de salir sangre. —No volverá a repetirse.

▲▼▲

Año 2009
Abigail McDowell, 22 años.
Becaria en el departamento de desmemorizadores
Mortífaga.

¿Los ves? —preguntó a Drexler.

No es que hubiesen estrechado lazos hasta el punto de ser buenos compañeros, no. De hecho, los piques seguían ahí. ¿Qué había cambiado para que Drexler confiase en Abi en una misión mortífaga, sin estar en compañía de Jeffrey? Bueno, la pelirroja ya tenía la marca tenebrosa y había demostrado ser bastante menos inútil que hace cuatro años en Sheffield St. Muchísimo menos inútil.

Ahora mismo se encontraban en unas ruinas de una fábrica, en un polígono industrial. ¿Qué hacían ahí? Esconderse. No porque estuviesen siendo perseguidos, sino más bien porque ellos, los cazadores, habían terminado por desviar el duelo mágico a un lugar como ese y habían perdido a sus víctimas de vista entre los escombros y la oscuridad. Llevaban las máscaras de mortífagos y habían conjurado un hechizo para evitar la desaparación. Sólo había que dar con ellos y declararles oficialmente un último duelo a muerte.
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T. Hell Drexler el Lun Mayo 14, 2018 11:46 pm

Haber encontrado a Uriel y Georgia al segundo intento fue más bien un golpe de suerte que obra de sus capacidades deductivas. Habían descubierto acertadamente que habían hecho uso del primer piso que fueron a visitar, como seguramente también habrían usado otros tantos, pero nada les garantizaba que fuesen a estar en Sheffield St. Era la ubicación más cercana al sitio donde se habían aparecido por primera vez, pero eso no era ninguna garantía. Un golpe de suerte, pero a veces eso basta para salir vencedor.

Cuando todo hubo terminado y Hell se dirigió a Abigail no empleó un tono suave o amigable, sino más bien uno demandante, y aunque la joven no había respondido de manera alguna a la pequeña provocación que le había lanzado al examinar el primer piso, Hellion sabía que aquella vez si le contestaría. Lo sabía porque en el fondo Abi y él eran parecidos en algunos aspectos, lo había podido ver en el bar antes de comenzar la misión, y lo que el mortífago estaba haciendo era echar sal en la herida, una herida profunda en su orgullo, algo que ni él mismo dejaría pasar y que por supuesto, Abi tampoco lo hizo.

¿Por eso se lucha, por jurarse a un ideal? ¿Tú crees que este de aquí consiguió su marca por eso?  —le contestó haciendo un gesto al cuerpo inerte de Uriel. Observó por el rabillo del ojo como Jeffrey iba a intervenir pero Hell le hizo un gesto para que lo dejase continuar, el inefable quería dejar aquel punto bastante claro. — Imposiciones familiares, apostar por el bando más fuerte, ambición, oportunismo, miedo… son muchos los motivos que te pueden impulsar a conseguir esta marca —dijo arremangándose la manga para dejar a la vista el objeto de aquella discusión. — Eres joven e ilusa, y no te culpo por ello, pero no tener la determinación adecuada te puede llevar a la muerte, cosa que no me importa a no ser que estés a mi lado y tengas que cubrirme la espalda. Unas motivaciones débiles te harán débil, como a ellos dos, asegúrate de que tus metas son las adecuadas.

A pesar de que no eran muchos los que se atrevían a huir del lado de Lord Voldemort, Uriel y Georgia no eran los primeros desertores a quienes les daban caza y probablemente no serían los últimos, Hellion sabía que no todos los que juraban lealtad lo hacían asumiendo todas las consecuencias, algunos eran débiles como Uriel. Muchos permanecían del lado del Señor Tenebroso por el poder que este tenía, pero ¿qué pasaría si los mortífagos perdiesen, a dónde irían todas esas alimañas? Huirían, jurarían haber estado coaccionados o bajo amenazas…

A los cuatro años —contestó como si nada cuando la joven le devolvió la pregunta, cuestionando a qué edad había arrebatado él su primera vida. — Timothy Perkins, del jardín de infancia. Me quitó la plastilina —explicó mientras volvía a taparse el ante brazo. Observó la reacción de Jeffrey al escuchar la historia sobre su primer asesinato, que evidentemente era mentira, Jeff sabía cómo había sido, se conocían lo suficiente como para haber hablado de aquellas cosas. Aquello era típico en el americano, usar la ironía como respuesta a casi todo.

Tampoco le pasó desapercibida la manera con la que miraba a su joven pupila, Hell se podía hacer una idea de porque había elegido a Abi como alumna, conocía a Jeffrey lo bastante bien como para saber qué cualidades apreciaba el mortífago en los otros, y el carácter de Abigail era algo que sabía que su compañero valoraría positivamente, además, él también había notado que la joven tenía talento.

Asintió cuando Abi le dio las gracias, una de las cosas en las que Hell había notado que eran similares, era en el orgullo, y aquel agradecimiento le debió de sentar como una patada en las costillas a la joven.


▲▼▲

Año 2009
Hell Drexler, 43 años.
Inefable. Mortífago.


Sí, están a tus tres, jugando al parchís. El de color verde le acaba de comer una ficha al de color rojo —contestó con un tono de voz que dejaba en claro que estaba poniendo los ojos en blanco.

Estaba todo tan malditamente oscuro que casi le costaba verla a ella, cómo demonios iba a ver al par al que perseguían. Usar el encantamiento Lumos era contraproducente, pues la luz delataría su posición y Hell no tenía intenciones de morir aquella noche, ni de resultar herido. La única luz que se filtraba, por algunos de los agujeros que había en el techo o por las ventanas, era la de la luna, y teniendo en cuenta que había nubes no es que fuese una luz cegadora.

Nocte Visionem —conjuró el inefable varita en mano, giró la cabeza para mirar a su compañera, por raro que se le hiciese llamar a Abi de aquella manera en vez de pupila molesta de Jeff, y la vio sin mayor problema. El hechizo había dado resultado.

Habían pasado cuatro años desde el incidente en Manchester, cuatro años en los que Hellion había visto evolucionar a Abi guiada por las lecciones de Jeff, y que habían dejado en claro que la joven ya no era ninguna pupila, pues en su antebrazo izquierdo portaba la marca tenebrosa de igual manera que él.

Apostaría una buena cantidad de galeones a que muchos se sorprendieron cuando Drexler confió en Abi para que le acompañase en aquella misión en vez en Jeff, o cualquier otro de sus compañeros más antiguos. Pero siempre había un motivo detrás de las acciones del inefable y es que uno de los sujetos a los que perseguían trabajaba en el mismo departamento que la joven mortífaga y para Hell era primordial conocer bien a su presa antes de cazarla.

No veo a nadie a nuestro alrededor, deberíamos avanzar —murmuró sin dejar de empuñar la varita ni por un segundoTú conoces a ese bastardo de Jonathan Miller, ¿cuál dirías que es su estilo, esconderse y esperar o moverse y atacar? —desde hacía ya unos años unos cuantos magos y brujas habían decidido plantarle cara al Señor Tenebroso y sus mortífagos, luchando por los derechos de los sangre sucia, y el tal Miller era uno de ellos. Cuando un insecto te molesta, lo aplastas. Eso era lo que tenían que hacer con esos magos traidores.

¿Puedo confiar en que esta vez me cubras las espaldas o me voy a arrepentir de haber querido venir contigo hoy? —susurró con una sonrisa en la boca, divertido por la provocación que le había lanzado sobre el día en que se conocieron.
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T. Hell DrexlerMinisterio

Abigail T. McDowell Hoy a las 1:08 am

Cuatro años después, la pelirroja todavía recordabas la palabras de Drexler de la primera vez que lo conoció. Solía tener memoria selectiva y le gustaba recordar esos momentos en donde cayó y cómo se levantó. No eran pocos, por desgracia. Además, las palabras tanto de él como de su maestro tiempo después, marcaron bastante el camino que terminó por tomar Abigail en la fila de los mortífagos. En realidad, a la chica le daba igual el ideal. Los ideales cambian y era consciente de que era un motivo estúpido por el que luchar; insípido y variable. Ella tenía unas ambiciones bien marcadas desde bien pequeña y, hasta el momento, ya con veintidós años, había conseguido unas cuantas en su lista de objetivos.

Después de todo, después de aquel desafortunado momento hace cuatro años, Drexler había vuelto a confiar en ella, ahora como una adulta mortífaga en solitario y no como una adolescente rebelde que no era más que una aspirante sin base ni nivel; una carga en compañía de la que hacerse cargo, básicamente. Así que eso demostraba que había mejorado, no solo como estratega, sino también como duelista.

Miró de reojo a Drexler por la frase tan sarcástica que había soltado e, inevitablemente, hizo que Abi sonriese debajo de la máscara. Será idiota. Le había cogido totalmente por sorpresa esa 'broma sarcástica' por parte de precisamente Hellion. Sólo imagínatelo jugando al parchís.

Imitó el hechizo del hombre de manera no verbal, moviéndose en dirección contraria a él para abarcar mayor perímetro. Se encontraba agachada, moviéndose en sumo silencio porque también había conjurado sobre sí misma un Muta Silentia, el cual inhibía cualquier tipo de ruido proveniente de sus pies al caminar. No vio absolutamente nada, por lo que volvió a donde se encontraba su acompañante el cual no tardó en hablar y preguntarle por Jonathan Miller, uno de sus enemigos de esa noche.

Es un cobarde. Teniendo en cuenta que les hemos acorralado, estará escondido como una rata esperando el momento en el que se le aparezca alguna oportunidad o buscando la manera de huir —respondió en voz baja. —Pero al otro no lo conozco, ni tampoco cómo influirá en Miller. No quiero sacar conclusiones precipitadas, así que vamos con cuidado hasta que demos con ellos. —Parecía una orden, pero en realidad era solo una opinión. Era consciente de que él era más experimentado y podía tener una idea mejor. Eso sí, actualmente eso había cambiado mucho y era raro cuando Abigail no soltaba una afirmación en modo de orden.

No le hizo falta verle el rostro para imaginarse la cara que tendría Drexler en el momento en el que soltó esa frase, queriendo picar a la pelirroja. Y la mirada de reproche que le lanzó Abi a través de los orificios de su máscara también fue bastante reveladora.

Te vas a arrepentir porque vas a quedar como un viejo a mi lado, Drexler, ¿vas a poder seguirme el ritmo o te traigo un bastón? —Le susurró, traviesa, a medida que se levantaba, pasando alrededor de él para apresurarse en ganar terreno y altura en aquellas ruinas.

Y se pusieron manos a la obra. Abigail aprovechó que ahora mismo no hacía ruido alguno y podía ver bastante bien en la oscuridad para ganar posición, más a lo alto que a lo largo. Utilizó el hechizo 'Carpe Retractum' para crear unas cuerdas que se engancharon en los extremos superiores, para luego deslizarse mágicamente hacia arriba por ellas y llegar a lugares mucho más inaccesibles sin aparición. La ventaja estratégica, al menos, estaba garantizada. Desde allí arriba, le hizo dos señales a Drexler que era prácticamente universales: le señaló hacia adelante, dándole vía libre para avanzar. Ella, por su parte, hizo lo mismo pero unos cuántos metros por delante y dos pisos por encima. Justo delante de la pelirroja el suelo desaparecía, ya que habían habido desprendimientos y se había creado un gran hoyo central, con muchísimos escombros y desniveles que creaba montón de pasillos sin salidas y otros muchos con múltiples opciones. Aquello era un laberinto, sobre todo al verse tan mal por la oscuridad.

Una mirada significativa hizo que se percatase de que había movimiento dos pisos más abajo de dónde se encontraba Drexler. Entre la oscuridad—pese a que estaba viendo—que no ayudaba con la profundidad y que estaba en alto, no podía decirlo con exactitud. No obstante, volvió a elevar el puño para llamar la atención de su acompañante y entonces señalar hacia donde se encontraban. Cuando él los viese en su ángulo de visión y tomase la iniciativa, Abi lo apoyaría. Mientras tanto, no dejó de vigilarlos, con la varita en alto, mientras ellos parecían ajenos a que estaban siendo vigilados.

Es hora de que los cazadores se lancen al cuello de la gacela.
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