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How i met our Minister — Abi McDowell {FB}

T. Hell Drexler el Mar Mar 06, 2018 11:49 am

Taberna del callejón Knockturn. Año 2005.


El cielo estaba cubierto de nubes que anunciaban lluvia y ocultaban el sol, aunque este estuviese a un par de horas de desaparecer para dejar paso a la noche. A decir verdad, nada de eso importaba a Hell, a quién acababan de servirle una copa de whiskey de fuego, mientras esperaba la llegada de su compañero, Jeffrey, y de su nueva pupila.

El inefable había llegado media hora antes al sitio acordado para el encuentro, aquella oscura taberna, con el objetivo de disfrutar aquella copa a solas, a sabiendas de que iba a necesitar la ayuda del alcohol para aguantar el tener que llevar con ellos a una novata que apenas sabría atarse los zapatos sola. A Hellion todo ese tema de los pupilos le parecía una manera muy absurda de perder el tiempo, y su tiempo era muy valioso como para desperdiciarlo, sin contar con el hecho de que el hombre carecía de la paciencia, y sobre todo de las ganas, para poder enseñar a alguien.

Sea como fuere, a Jeffrey parecía que le había dado la neura de querer transmitir sus conocimientos, y aunque él había estado totalmente en contra de que la joven aspirante a mortífaga los acompañara aquella noche, alegando que no era niñera de nadie, de poco había servido. Conocía al pocionista desde hacía ya unos cuantos años, ambos eran ya veteranos en las filas del Señor Tenebroso, y hacía ya bastante que se podían considerar compañeros en las misiones que Lord Voldemort les encomendaba.

Echó un vistazo a la gente que había en el lugar, desde luego aquella taberna no era un sitio al que ir con la familia, pensó Hell. Cualquiera que anduviera por el callejón Knockturn carecía de buenas intenciones, eso no era un secreto para nadie, aún así Hellion había sido cuidadoso con que nadie lo viese entrar allí. Hasta que la visión del Señor Tenebroso y de los que, como él, lo seguían no fuera una realidad y los sangre sucia y todos esos traidores a la sangre estuvieran donde siempre debieron haber estado, bajo tierra, debía tener cuidado de que su imagen no se viese relacionada con sitios como aquel en el que estaba.

Todavía quedaba al menos un cuarto de hora para que llegara la hora del encuentro y Hell se encontraba tranquilamente sentado en aquella mesa, disfrutando de su wishkey de fuego, y pensando en lo que se avecinaba. No iba a mentir, lo cierto era que desde la muerte de su hermana todo cuanto no tuviera que ver con cobrarse su venganza le generaba cierto hastío, pues sentía que le quitaba tiempo al que era su principal objetivo. Sin embargo seguía cumpliendo con sus deberes como mortífago, pues no solo había jurado hacerlo, sino que aquella también era su causa y aunque la venganza lo consumiese seguía siendo leal a ésta. Aunque no todos eran tan leales como decían ser a la causa de Lord Voldemort, aquella noche debían ir tras una pareja de desertores de sus filas, y todos sabían que traicionar al Señor Tenebroso se pagaba muy caro.

La puerta de la taberna se abrió, dejando pasar a Jeffrey, seguido de una joven con cabellera roja. Hellion no ocultó su gesto de disgusto al verlo, ni lo camufló conforme se acercaron a la mesa que ocupaba.

Aquí no sirven zumos de piña — comentó haciendo alusión a la edad y apariencia de la nueva pupila de su amigo, e inspeccionándola con la mirada. Pondría la mano en el fuego porque aquella chica recién se había graduado en Hogwarts. Desde luego si la primera impresión era la más importante aquella dejaba bastante que desear, aunque tampoco es que tuviera grandes expectativas. Ignoraba si Jeffrey le habría comentado a la joven sobre su mala disposición a que los acompañara aquella noche, pero tampoco pensaba medir sus palabras para no incomodarla. — Me sorprende hasta que la hayan dejado pasar. Bueno, ¿cómo va esto? ¿Tienes que estar en casa antes de las doce?

Hellion suspiró, resignado con la situación. Lo único que le quedaba esperar era que no diese demasiados problemas, que al menos supiese defenderse, porque estaba claro que las dos ratas a por las que iban no iba a entregarse por las buenas.

Dejad que me lo acabe, voy a necesitarlo —dijo, alzando el vaso con lo que quedaba de whiskey. Aunque algo le decía que aquello no iba a ser suficiente. — Mi tolerancia a la ineptitud es muy baja, casi inexistente, espero que demuestres lo que sea que ha visto Jeffrey en ti.
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Abigail T. McDowell el Jue Mar 08, 2018 11:17 pm

Año 2005
Abigail McDowell, 18 años.
Estudiante de administración y finanzas mágicas y estudiante en la Academia de desmemorizadores.
Aspirante a Mortífago.
Jeffrey: #666699

Fue realmente fácil acceder a la fila de los mortífagos con la relevancia que tenía su abuela en ella, pese a que ya estuviese «jubilada» y no formase parte activa de ésta. La pelirroja había entrado a Hogwarts con una ideología bastante remarcada y si bien el castillo no fue precisamente la mejor etapa de su vida, sí que consiguió una cosa de vital importancia en un adolescente: que tuviese bien claro sus objetivos en la vida. No cualquier joven puede decir eso con tal solo diecisiete años.

Al graduarse se apuntó en la universidad mágica en una carrera doble y usó su tiempo libre en busca de un mentor que pudiese enseñarle realmente todos los secretos que desconocía. No quería a un Don Nadie; quería a alguien que realmente marcase la diferencia en su enseñanza y que pudiera convertirla en la mejor. Ella era bien consciente de que nadie hacía milagros y un mago no se hace de la nada, sino que se esculpe a base de esfuerzos y golpes, pero Abigail iba con una mentalidad muy decidida. Fue el mismo Jeffrey quién habló con Madeleine, la abuela de Abigal, para conocer a la joven promesa en persona. Y siendo una McDowell, pese a la oveja negra que estaba en la generación de por medio, confió totalmente en ella.

Ahora mismo, mentor y aprendiz, se dirigían a una misión. La universitaria desconocía por completo los términos de lo que iban a hacer, ya que todo había sido bastante apresurado, como si en una primera instancia no estuviese en los planes de su profesor llevarla con él a ningún lado. Como toda recién graduada estaba verde en prácticamente todas las ramas de la magia, por lo que era una decisión la mar que comprensible. Sin embargo, Jeffrey era de esas personas que pensaba que si no había riesgo, no se ganaba nada, filosofía que terminó adoptando ella también con los años, por lo que la llamó pese a las limitaciones y el peligro que podría suponer.

Aparecieron cerca de la taberna del Callejón Knockturn, aunque antes de entrar, Jeff se dirigió a Abigail. Todavía no tenían demasiada confianza, pues abrían estado en contacto cuatro o cinco veces y con una actitud bastante «teóricas», por lo que le habló con un tono tosco. Vestía absolutamente todo de negro, con una larga gabardina de cuero que le llegaba casi a los tobillos y con el pelo engominado.

Drexler es complicado, así que no seas obstinada. —La orden fue bastante clara, a lo que Abigail simplemente lo miró sin quejarse, guardando sus manos en los bolsillos de sus vaqueros rasgados.

Una vez dentro, el ataque por parte del otro mortífago fue directo hacia la aprendiz. Abi tenía una lengua muy viperina y rara vez solía dejar pasar burlas de ese estilo, fuesen por la razón que fuese, sin embargo, sólo mostró una sonrisa irónica ante ella porque su maestro le había dicho que básicamente se mantuviese con la boca callada para no cagarla. Se mordió la lengua, casi literalmente. No obstante, a su siguiente ataque gratuito con respecto a la edad, la ex-Slytherin mostró una confiada sonrisa. Tenía mucho ego, demasiado ego; un ego que no tardaría en bajar por los golpes que se llevaría y, que con el tiempo, volvería a resurgir mucho más  fuerte.

Si voy con vosotros... yo creo que a las once estaremos todos en casa. Así podrá irse a dormir pronto, que la edad ya debe pesarle. —Tenía dieciocho años, había sido la mandamás de su casa y tenía unos humos considerablemente altos, muy por encima de sus capacidades. Al menos le había tratado de usted.

Jeff le miró de reojo, con reproche por su comentario, pero se limitó a sentarse junto a Drexler. Abi lo imitó, sentándose en otra silla, justo en frente de él. Obviamente a la pelirroja le volvió a molestar su último comentario, pero el término medio, también llamado Jeff, habló, interrumpiendo cualquier contestación por parte de la chica. Eso sí, comenzaron a hablar entre ellos sobre la misión, incluyéndola a ella solo para que fuese consciente de lo que se traían entre manos.

Conocía muy bien a Georgia, quizás demasiado bien. Si se ha ido con Uriel creo que sé su paradero. —Miró de reojo a Abigail. —Una vez entras en las filas de Lord Voldemort, sólo hay dos opciones. O mueres por él, o matas por él. Y cuando hay que matar, puede ser a cualquier persona, aunque ésta sea importante para ti. No cometas la estupidez de confiar más de la cuenta en nadie. Esto no es un colegio en donde puedas hacer amigos. —Volvió a desviar la mirada a Hellion. —Uriel siempre había sido débil y Georgia demasiado empática, probablemente le haya ayudado a huir, sobre todo después de la pésima actuación en la última reunión en la que nuestro Señor Tenebroso no quedó complacido. Además, la hermana de Uriel está en nuestro poder como rehén, por lo que no se habrán ido muy lejos intentando idear un plan para rescatarla. —Pidió con un chasquido de dedos un chupito al camarero. Éste asintió. —Georgia siempre utilizaba los pisos francos de Manchester, aquellos que hace años limpiamos de aurores, como lugar en donde refugiarse. Hace mucho tiempo que eso no está siendo utilizado por nadie. Y no es tan imbécil de poner en peligro a ninguno de sus seres queridos o terminarán como la hermana de Uriel. Estoy bastante seguro de que está usando alguno de ellos, sobre todo por lo olvidados que están y el poco movimiento que tenemos en esa ciudad.

El camarero, eficaz, levitó el chupito hasta la mesa, aunque Jeff lo cogió en el aire y se lo bebió.

Diría de empezar por ahí. —Tragó, dejó el vasito sobre la mesa y se levantó. —Vamos, no tenemos toda la noche.

Abigail se levantó justo a la vez que Tyrone, a lo que esbozó una sonrisa falsa.

No se preocupe, yo le cubriré las espaldas —dijo sarcásticamente, consciente de que con lo que la subestimaba, lo tomaría más como algo malo que como algo bueno.


¡Hola! Siéntete libre de utilizar a Jeff lo que necesites, así como de manejarlos de la manera que prefieras hacia la zona y tal. ¡Tienes permiso para mover a Abi todo lo que necesites!
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Jue Mar 22, 2018 2:38 pm

Tener carácter era algo que Hell siempre había valorado positivamente, el mundo no estaba hecho para los pusilánimes, era lo que pensaba el Inefable, pero aun así no bastaba solo con eso para caerle en gracia al americano. Ya de por sí era algo bastante complicado ganarse el favor de Hellion, pero ni él, ni tampoco la molesta pupila de Jeffrey,  estaban allí para hacer amigos.

Ni una palabra salió de su boca cuando la joven le respondió de aquella manera, que a Hell se le antojaba sobradamente impertinente, solamente se limitó a mirarla fijamente, alzando de manera casi imperceptible la comisura izquierda de sus labios. ¿Podría haberle contestado? Desde luego, pero sería una pérdida de tiempo, y lo que era más importante, rebajarse al nivel de un cría de dieciocho años, algo totalmente impensable para Hellion Drexler.

La atención de Hell se centró en lo realmente importante aquella noche, en la misión que les había encomendado el Señor Tenebroso. Escuchó a Jeffrey sin interrumpirlo, asintiendo en los momentos adecuados, y desviando la mirada hacía la joven cuando éste le dio una pequeña pero importante lección, “no cometas la estupidez de confiar más de la cuenta en nadie”. Ciertamente eso era algo clave, no solo para prosperar en aquel mundillo, sino para algo mucho más importante, sobrevivir.

Predecibles e inútiles hasta el final — esa era la opinión de Drexler sobre el absurdo intento de huir de Georgia y el patético de Uriel. Se acabó el vaso de whiskey de fuego al mismo tiempo que Jeff se bebía aquel chupito, y se levantó, mostrándose conforme con la idea de éste de empezar por los pisos francos de Manchester.

Observó a la muchacha de pelo colorado cuando volvió a dirigirse a él, afirmando que le cubriría las espaldas. Hell se habría reído de buena gana, pero de nuevo permaneció serio, sin contestar a su provocación. Ya había dejado bastante claro al principio cual era su opinión sobre su presencia aquella noche, no era su estilo repetirse. Ella le cubriría las espaldas… ya podía sentir el gélido aliento de la muerte acercándose.


▲▼▲


Después de acordar el primer sitio que comprobarían se aparecieron allí, en silencio y con la oscuridad de la noche como cómplice. Hacía ya años que Hell no visitaba aquellos pisos, tal y como había dicho Jeff, estaban prácticamente abandonados y es que la actividad de los mortífagos se centraba principalmente en Londres.

Un par de hechizos sencillos fueron suficientes para acceder al primero de los pisos, parecía deshabitado pero cuando se trata de comadrejas uno nunca podía estar seguro, un Homenum Revelio confirmó que allí no había nadie, que el sitio estaba limpio.

Aquí ya no hay nadie, pero han podido estar aquí, lo más inteligente sería ir cambiando la ubicación, aunque Uriel fuera estúpido Georgia tenía un poco más de cabeza. Busquemos algún rastro, un vistazo rápido —comentó Hell mientras se internaba en la vivienda, si habían estado allí podrían haberse dejado algo que los llevara hasta su paradero actual.

Perdió de vista tanto a Jeff como a su pupila cuando entró en una de las habitaciones, la cocina. Echó una ojeada a algunos estantes, no encontró nada y fue precisamente eso lo que le llamó la atención. Habían sido muy meticulosos y no era para menos, al fin y al cabo sabían de quién estaban huyendo y lo que les pasaría si los cogían.

Han estado aquí —afirmó cuando volvieron a reunirse en el pasillo de la vivienda. — No hay ni rastro de polvo.

Estoy de acuerdo, además yo he encontrado esto —les mostró un pequeño plástico, que habría pasado desapercibido para cualquiera, a excepción de ellos, que sabían que aquel piso debería de estar deshabitado desde hacía tiempo.

¿La novata ha encontrado algo? —preguntó Hell sin dirigirse directamente a Abi, era evidente que lo había dicho por molestar un poco, no esperaba ningún tipo de respuesta.

El piso más cercano es el de Sheffield St. —informó Jeff. Inmediatamente después desaparecieron de allí.


▲▼▲


Los habían encontrado en el piso de Sheffield St, los habían pillado por sorpresa pero no por ello se rindieron como si nada, era evidente que iban a presentar pelea, era su vida lo que estaba en juego.

La cobardía y el miedo a morir despiertan los instintos más básicos en un hombre, y Uriel no fue la excepción, que en su desesperación por escapar de allí captó el elemento extraño en aquella escena. Jeffrey y Hellion solían hacer misiones juntos, eran un buen equipo, frío y metódico, tenían muchos éxitos a sus espaldas que los avalaban, pero había algo, o más bien alguien, que no debería de estar allí. Abigail.

La sabandija de Uriel supo sumar dos más dos por una vez en su vida, y asumiendo que se trataría de una aspirante fue directamente a atacar, a lo que Hell había denominado,  el eslabón más débil. Al fin Uriel había hecho un movimiento inteligente, aunque fuera a las puertas de la muerte. Jeff estaba encargándose de Georgia por lo que había sido él quien le había acabado cubriendo las espaldas a la joven. En el momento no había hecho ningún comentario, pero era evidente que no iba a dejar pasar aquello, Hell nunca dejaba pasar la oportunidad de recalcar cuando tenía razón en algo.

A veces tener razón siempre es como una especie de maldición —sentenció Hellion, obviamente malhumorado con lo que había pasado. Salteó el cadáver de Uriel, para no pisarlo y manchase la suela de los zapatos. — "Yo le cubriré las espaldas..." No te dejaría cubrirle las espaldas ni a un hámster.

¿Qué si estaba enfadado? Lo cierto es que no, hacía falta algo más para sacar de sus casillas al inefable, más bien estaba molesto. Hellion entendía lo que acababa de pasar, Abi era novata, era normal que cometiera errores, lo que al americano le molestaba era que dichos fallos lo afectaran a él. Drexler no era su mentor como para estar pendiente de la joven, ese era el trabajo de Jeff, pero si dichos errores afectaban a su desempeño también se volvían cosa suya.

La próxima vez que decidas sacarla de excursión procura que sea cuando vas con Haner o cualquier otro, yo ya he alcanzado mi cupo —le habló al hombre. Era un cupo muy pequeño pero precisamente por eso Hell no tenía ningún pupilo a su cargo, porque sabía que no sería capaz de aguantar demasiado. Carecía de la paciencia necesaria para enseñar a alguien. Desvió la vista de su compañero para volver a fijarla en la joven. — Ya por mera curiosidad, ¿alguna vez has matado a alguien? ¿Sabías a lo que venías? O no, mejor dicho, ¿por qué estás aquí, cuál es tu motivo para meterte en esto?

Eran preguntas importantes, aunque a él ciertamente no le incumbían, pero si iba a volver a tener alguna misión con ella quería saber que era por los motivos adecuados. No quería cargar con alguien como Uriel, de cuerpo presente, cuyas metas e ideas eran débiles y lo habían llevado a la muerte.
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Abigail T. McDowell el Lun Mar 26, 2018 2:54 pm

No, por aquel entonces Abigail no tenía ese punto meticuloso y observador que hacía que tuviera un ojo avisor y una capacidad crítica en cuanto a buscar pruebas. De hecho, ¿cuántas veces habría buscado pruebas? Por no contar que no conocía absolutamente nada de las personas a las que se supone que perseguían. No se molestó en implicarse demasiado, pues sabía perfectamente que no era cuestión de implicación, sino de prácticas y experiencias que todavía no había vivido. Eso sí, observó con detenimiento tanto a Jeffrey como a Drexler, atendiendo con sumo interés a todo lo que decía. Las preguntas claves, por típicas que sonasen, eran perfectas para llegar a una conclusión óptima. ¿Cómo había pasado eso? ¿Por qué está eso así? ¿Cuándo? ¿Dónde?

No se dejó picar por la pregunta de Drexler, pese a que Abi le mirase de reojo un tanto disconforme. Pero vamos, tenía razón: no había hecho absolutamente nada más que estar presente y observar sin mucho éxito.

Le pareció fascinante que por las pocas pruebas que pudieron sacar del primer piso, así como su intuición y conocimientos previos... fuesen directos al lugar adecuado en donde los encontraron. Quizás, en ese momento, ya Abi no pasó tan desapercibida, pero no porque hiciese algo especialmente espectacular, sino por todo lo contrario. Es evidente que intentó dar lo mejor de ella, pero hay que decir que ahora mismo Abigail era un diamante sin pulir, un cachorro sin adiestramiento. Tenía potencial, sin duda, pero la inexperiencia es el enemigo de todo ser humano en los primeros días en donde se emprende un camino. Y vamos... como era normal, su inexperiencia y altanería fueron probablemente las causantes de que terminase como terminó. Uno de los enemigos vio con claridad que Abigail no era más que un lastre para los mortífagos y, aprovechándose de eso, fue a por ella, probablemente en pos de dividir al equipo y, al menos, llevarse algo por delante o conseguir un aval por una tregua. Muy necio. Había tenido suerte de que Uriel fuese lo suficiente inútil y Drexler lo suficiente rápido, porque si el enemigo llega a cogerla, ¿qué más le daría a Drexler vender a Abi? Sin Jeffrey delante, todo quedaría como un perfecto accidente.

Sin embargo, Hellion ayudó a Abi cuando ésta se vio no solo acorralada, sino herida y sin defensa frente a Uriel. Su muerte fue inminente cuando su decepcionado compañero lo mató sin ningún tipo de pudor.

Sus comentarios herían el orgullo de la pelirroja, ¿cómo no? Sin embargo, ésta era bien consciente de que se los merecía, pese a no aceptarlos. Testaruda y demasiado orgullosa como para asumir su error y su debilidad. Drexler se acercó a ella, mientras se levantaba, recogí su varita y, con la manga de su abrigo, se limpiaba un hilo de sangre que caía por la comisura de sus labios. No contestó a nada de lo primero, ya que Jeffrey apareció frente a ellos de nuevo, limpiándose las manos de sangre con un pañuelo que había sacado de su túnica.

No fue hasta que las preguntas se volvieron personales, que Abi le miró con ojos serios. Hellion le imponía, sabía que era poderoso y que podría con ella tan fácil como matar a una hormiga con el dedo, pero no le amedrentaba. Por aquella época Abi era demasiado inconsciente como para eso.

¿Y usted qué cree? ¿Que estoy aquí recibiendo golpes y burlas de un veterano altanero sólo porque soy gilipollas y masoquista? —preguntó retóricamente, enarcando una ceja con algo de enfado. —Si estoy aquí es porque quiero seguir el mismo camino que ustedes, conseguir lo mismo que ustedes y jurarme a un ideal. Digo yo que para eso se lucha por conseguir esa marca. —Echó, de reojo, una mirada al antebrazo de Drexler, pese a que estaba tapado. —No he matado nunca, ¿pero me puede decir a qué edad arrebató usted su primera vida? —Se guardó la varita, mirándole con terquedad. De hecho, todavía no sabía hacer la maldición asesina. Jeffrey sólo le había enseñado, por el momento, las otras dos maldiciones imperdonables. Defendía que la maldición cruciatus abría puertas que hacían letal, a un nivel superior, la maldición asesina.

Sintió la mirada de Jeffrey a un costado. Una mezcla entre 'satisfacción' por las palabras que salieron de la boca de Abigail—pues en cierta manera, le gustaba su carácter seguro, uno de los motivos por los que la eligió—y también porque le había dicho perfectamente que tratase con respeto al resto de mortifagos, sobre todo a Drexler, que era un buen amigo y ella, después de todo, solo era una niñata de dieciocho años que perfectamente no podría llegar al año si seguía por ese sendero.

Así que volvió a mirar a Drexler y, muy a pesar, actúo de manera adulta.

Gracias por lo de ahora —refunfuñó bastante claro, volviéndose a pasar la chaqueta por la herida del labio de la que no paraba de salir sangre. —No volverá a repetirse.

▲▼▲

Año 2009
Abigail McDowell, 22 años.
Becaria en el departamento de desmemorizadores
Mortífaga.

¿Los ves? —preguntó a Drexler.

No es que hubiesen estrechado lazos hasta el punto de ser buenos compañeros, no. De hecho, los piques seguían ahí. ¿Qué había cambiado para que Drexler confiase en Abi en una misión mortífaga, sin estar en compañía de Jeffrey? Bueno, la pelirroja ya tenía la marca tenebrosa y había demostrado ser bastante menos inútil que hace cuatro años en Sheffield St. Muchísimo menos inútil.

Ahora mismo se encontraban en unas ruinas de una fábrica, en un polígono industrial. ¿Qué hacían ahí? Esconderse. No porque estuviesen siendo perseguidos, sino más bien porque ellos, los cazadores, habían terminado por desviar el duelo mágico a un lugar como ese y habían perdido a sus víctimas de vista entre los escombros y la oscuridad. Llevaban las máscaras de mortífagos y habían conjurado un hechizo para evitar la desaparación. Sólo había que dar con ellos y declararles oficialmente un último duelo a muerte.
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T. Hell Drexler el Lun Mayo 14, 2018 11:46 pm

Haber encontrado a Uriel y Georgia al segundo intento fue más bien un golpe de suerte que obra de sus capacidades deductivas. Habían descubierto acertadamente que habían hecho uso del primer piso que fueron a visitar, como seguramente también habrían usado otros tantos, pero nada les garantizaba que fuesen a estar en Sheffield St. Era la ubicación más cercana al sitio donde se habían aparecido por primera vez, pero eso no era ninguna garantía. Un golpe de suerte, pero a veces eso basta para salir vencedor.

Cuando todo hubo terminado y Hell se dirigió a Abigail no empleó un tono suave o amigable, sino más bien uno demandante, y aunque la joven no había respondido de manera alguna a la pequeña provocación que le había lanzado al examinar el primer piso, Hellion sabía que aquella vez si le contestaría. Lo sabía porque en el fondo Abi y él eran parecidos en algunos aspectos, lo había podido ver en el bar antes de comenzar la misión, y lo que el mortífago estaba haciendo era echar sal en la herida, una herida profunda en su orgullo, algo que ni él mismo dejaría pasar y que por supuesto, Abi tampoco lo hizo.

¿Por eso se lucha, por jurarse a un ideal? ¿Tú crees que este de aquí consiguió su marca por eso?  —le contestó haciendo un gesto al cuerpo inerte de Uriel. Observó por el rabillo del ojo como Jeffrey iba a intervenir pero Hell le hizo un gesto para que lo dejase continuar, el inefable quería dejar aquel punto bastante claro. — Imposiciones familiares, apostar por el bando más fuerte, ambición, oportunismo, miedo… son muchos los motivos que te pueden impulsar a conseguir esta marca —dijo arremangándose la manga para dejar a la vista el objeto de aquella discusión. — Eres joven e ilusa, y no te culpo por ello, pero no tener la determinación adecuada te puede llevar a la muerte, cosa que no me importa a no ser que estés a mi lado y tengas que cubrirme la espalda. Unas motivaciones débiles te harán débil, como a ellos dos, asegúrate de que tus metas son las adecuadas.

A pesar de que no eran muchos los que se atrevían a huir del lado de Lord Voldemort, Uriel y Georgia no eran los primeros desertores a quienes les daban caza y probablemente no serían los últimos, Hellion sabía que no todos los que juraban lealtad lo hacían asumiendo todas las consecuencias, algunos eran débiles como Uriel. Muchos permanecían del lado del Señor Tenebroso por el poder que este tenía, pero ¿qué pasaría si los mortífagos perdiesen, a dónde irían todas esas alimañas? Huirían, jurarían haber estado coaccionados o bajo amenazas…

A los cuatro años —contestó como si nada cuando la joven le devolvió la pregunta, cuestionando a qué edad había arrebatado él su primera vida. — Timothy Perkins, del jardín de infancia. Me quitó la plastilina —explicó mientras volvía a taparse el ante brazo. Observó la reacción de Jeffrey al escuchar la historia sobre su primer asesinato, que evidentemente era mentira, Jeff sabía cómo había sido, se conocían lo suficiente como para haber hablado de aquellas cosas. Aquello era típico en el americano, usar la ironía como respuesta a casi todo.

Tampoco le pasó desapercibida la manera con la que miraba a su joven pupila, Hell se podía hacer una idea de porque había elegido a Abi como alumna, conocía a Jeffrey lo bastante bien como para saber qué cualidades apreciaba el mortífago en los otros, y el carácter de Abigail era algo que sabía que su compañero valoraría positivamente, además, él también había notado que la joven tenía talento.

Asintió cuando Abi le dio las gracias, una de las cosas en las que Hell había notado que eran similares, era en el orgullo, y aquel agradecimiento le debió de sentar como una patada en las costillas a la joven.


▲▼▲

Año 2009
Hell Drexler, 43 años.
Inefable. Mortífago.



Sí, están a tus tres, jugando al parchís. El de color verde le acaba de comer una ficha al de color rojo —contestó con un tono de voz que dejaba en claro que estaba poniendo los ojos en blanco.

Estaba todo tan malditamente oscuro que casi le costaba verla a ella, cómo demonios iba a ver al par al que perseguían. Usar el encantamiento Lumos era contraproducente, pues la luz delataría su posición y Hell no tenía intenciones de morir aquella noche, ni de resultar herido. La única luz que se filtraba, por algunos de los agujeros que había en el techo o por las ventanas, era la de la luna, y teniendo en cuenta que había nubes no es que fuese una luz cegadora.

Nocte Visionem —conjuró el inefable varita en mano, giró la cabeza para mirar a su compañera, por raro que se le hiciese llamar a Abi de aquella manera en vez de pupila molesta de Jeff, y la vio sin mayor problema. El hechizo había dado resultado.

Habían pasado cuatro años desde el incidente en Manchester, cuatro años en los que Hellion había visto evolucionar a Abi guiada por las lecciones de Jeff, y que habían dejado en claro que la joven ya no era ninguna pupila, pues en su antebrazo izquierdo portaba la marca tenebrosa de igual manera que él.

Apostaría una buena cantidad de galeones a que muchos se sorprendieron cuando Drexler confió en Abi para que le acompañase en aquella misión en vez en Jeff, o cualquier otro de sus compañeros más antiguos. Pero siempre había un motivo detrás de las acciones del inefable y es que uno de los sujetos a los que perseguían trabajaba en el mismo departamento que la joven mortífaga y para Hell era primordial conocer bien a su presa antes de cazarla.

No veo a nadie a nuestro alrededor, deberíamos avanzar —murmuró sin dejar de empuñar la varita ni por un segundo — Tú conoces a ese bastardo de Jonathan Miller, ¿cuál dirías que es su estilo, esconderse y esperar o moverse y atacar? —desde hacía ya unos años unos cuantos magos y brujas habían decidido plantarle cara al Señor Tenebroso y sus mortífagos, luchando por los derechos de los sangre sucia, y el tal Miller era uno de ellos. Cuando un insecto te molesta, lo aplastas. Eso era lo que tenían que hacer con esos magos traidores.

¿Puedo confiar en que esta vez me cubras las espaldas o me voy a arrepentir de haber querido venir contigo hoy? —susurró con una sonrisa en la boca, divertido por la provocación que le había lanzado sobre el día en que se conocieron.


Última edición por T. Hell Drexler el Vie Jun 01, 2018 11:34 am, editado 1 vez
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Abigail T. McDowell el Mar Mayo 22, 2018 1:08 am

Cuatro años después, la pelirroja todavía recordabas la palabras de Drexler de la primera vez que lo conoció. Solía tener memoria selectiva y le gustaba recordar esos momentos en donde cayó y cómo se levantó. No eran pocos, por desgracia. Además, las palabras tanto de él como de su maestro tiempo después, marcaron bastante el camino que terminó por tomar Abigail en la fila de los mortífagos. En realidad, a la chica le daba igual el ideal. Los ideales cambian y era consciente de que era un motivo estúpido por el que luchar; insípido y variable. Ella tenía unas ambiciones bien marcadas desde bien pequeña y, hasta el momento, ya con veintidós años, había conseguido unas cuantas en su lista de objetivos.

Después de todo, después de aquel desafortunado momento hace cuatro años, Drexler había vuelto a confiar en ella, ahora como una adulta mortífaga en solitario y no como una adolescente rebelde que no era más que una aspirante sin base ni nivel; una carga en compañía de la que hacerse cargo, básicamente. Así que eso demostraba que había mejorado, no solo como estratega, sino también como duelista.

Miró de reojo a Drexler por la frase tan sarcástica que había soltado e, inevitablemente, hizo que Abi sonriese debajo de la máscara. Será idiota. Le había cogido totalmente por sorpresa esa 'broma sarcástica' por parte de precisamente Hellion. Sólo imagínatelo jugando al parchís.

Imitó el hechizo del hombre de manera no verbal, moviéndose en dirección contraria a él para abarcar mayor perímetro. Se encontraba agachada, moviéndose en sumo silencio porque también había conjurado sobre sí misma un Muta Silentia, el cual inhibía cualquier tipo de ruido proveniente de sus pies al caminar. No vio absolutamente nada, por lo que volvió a donde se encontraba su acompañante el cual no tardó en hablar y preguntarle por Jonathan Miller, uno de sus enemigos de esa noche.

Es un cobarde. Teniendo en cuenta que les hemos acorralado, estará escondido como una rata esperando el momento en el que se le aparezca alguna oportunidad o buscando la manera de huir —respondió en voz baja. —Pero al otro no lo conozco, ni tampoco cómo influirá en Miller. No quiero sacar conclusiones precipitadas, así que vamos con cuidado hasta que demos con ellos. —Parecía una orden, pero en realidad era solo una opinión. Era consciente de que él era más experimentado y podía tener una idea mejor. Eso sí, actualmente eso había cambiado mucho y era raro cuando Abigail no soltaba una afirmación en modo de orden.

No le hizo falta verle el rostro para imaginarse la cara que tendría Drexler en el momento en el que soltó esa frase, queriendo picar a la pelirroja. Y la mirada de reproche que le lanzó Abi a través de los orificios de su máscara también fue bastante reveladora.

Te vas a arrepentir porque vas a quedar como un viejo a mi lado, Drexler, ¿vas a poder seguirme el ritmo o te traigo un bastón? —Le susurró, traviesa, a medida que se levantaba, pasando alrededor de él para apresurarse en ganar terreno y altura en aquellas ruinas.

Y se pusieron manos a la obra. Abigail aprovechó que ahora mismo no hacía ruido alguno y podía ver bastante bien en la oscuridad para ganar posición, más a lo alto que a lo largo. Utilizó el hechizo 'Carpe Retractum' para crear unas cuerdas que se engancharon en los extremos superiores, para luego deslizarse mágicamente hacia arriba por ellas y llegar a lugares mucho más inaccesibles sin aparición. La ventaja estratégica, al menos, estaba garantizada. Desde allí arriba, le hizo dos señales a Drexler que era prácticamente universales: le señaló hacia adelante, dándole vía libre para avanzar. Ella, por su parte, hizo lo mismo pero unos cuántos metros por delante y dos pisos por encima. Justo delante de la pelirroja el suelo desaparecía, ya que habían habido desprendimientos y se había creado un gran hoyo central, con muchísimos escombros y desniveles que creaba montón de pasillos sin salidas y otros muchos con múltiples opciones. Aquello era un laberinto, sobre todo al verse tan mal por la oscuridad.

Una mirada significativa hizo que se percatase de que había movimiento dos pisos más abajo de dónde se encontraba Drexler. Entre la oscuridad—pese a que estaba viendo—que no ayudaba con la profundidad y que estaba en alto, no podía decirlo con exactitud. No obstante, volvió a elevar el puño para llamar la atención de su acompañante y entonces señalar hacia donde se encontraban. Cuando él los viese en su ángulo de visión y tomase la iniciativa, Abi lo apoyaría. Mientras tanto, no dejó de vigilarlos, con la varita en alto, mientras ellos parecían ajenos a que estaban siendo vigilados.

Es hora de que los cazadores se lancen al cuello de la gacela.
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T. Hell Drexler el Vie Jun 01, 2018 2:34 pm

Genial, me encantan las ratas —murmuró de nuevo con sarcasmo. El tal Jonathan Miller era un cobarde, ¿a alguien le sorprendía? A Hellion no, desde luego. De un tiempo a esta parte el inefable tenía la sensación de que fuera a donde fuera siempre se encontraba con gente como lo fue Uriel, o el ya mencionado Jonathan. Cobardes. Los que prefieren arañar hasta el último segundo de una patética existencia, en vez de morir con orgullo. ¿Dónde había quedado aquello de mejor morir de pie que vivir de rodillas? Aunque claro, en este caso, qué se podía esperar de alguien que lucha por los derechos de los muggles.

Que no te suba a la cabeza —dijo después de asentir, mostrándose de acuerdo con ella. A pesar de que Miller fuese una rata no sabían de qué calaña era el tipo que lo acompañaba, por lo que no debían confiarse. ¿Quién le iba a decir a él hace cuatro años que iba a estar de acuerdo con la pelirroja? Ver para creer.

Bajo la máscara, aquella maldita e incómoda máscara, Hell se permitió sonreír durante un momento. Sabía que Abi no se contendría a la provocación que acababa de soltarle, y la respuesta de la joven no defraudó al inefable.

Depende de cual sea tu ritmo —contestó de la misma manera y sin girarse a mirarla, sus ojos seguían escrutando en la oscuridad en busca de cualquier signo de movimiento. — Si es como el de la última vez prefiero quedarme como estoy.

Hellion estaba más que enterado del progeso de Abi, lógicamente no le habría pedido que lo acompañase de creer que seguía siendo la misma joven de hace cuatro años. Pero las viejas costumbres no hay que perderlas y picar a la pelirroja era una buena costumbre para él, además de una muy divertida. En contra de la creencia de algunos, Hell sí tenía sentido del humor.

Dicho aquello ambos tomaron caminos por separado, quedando Hellion en el piso de origen y Abi subiendo dos alturas más. El inefable avanzó sin dudar ante el gesto de la joven, muestra de la confianza que debía de haber entre dos compañeros que se están jugando el cuello, pues más allá de las provocaciones verbales, Hell confiaba lo suficiente en Abi como para dejar que lo guiase por la oscuridad.

Continuó avanzando, sin vacilar y atento a cualquier rastro que pudiera delatar a los objetivos que perseguían. Un nuevo gesto por parte de Abi hizo que el mortífago se detuviese y mirase hacía donde la pelirroja señalaba. A pesar de la ventaja que les daba el conjuro “Nocte Visionem” Hellion no era de los que daban pasos en falso, por lo que conjuró un “Suprasensus” para evitar caer en alguna trampa.

En efecto, veía movimiento y también, gracias al hechizo que acababa de conjurar, era capaz de escuchar algunos susurros y ver un rastro de magia. Probablemente encantamientos de protección, pensó Drexler. Los huecos en el suelo y los escombros repartidos por la mayoría del suelo creaban un buen escenario del que poder sacar ventaja, aunque no solo podría beneficiarlos a ellos. Se movió hacía su izquierda, bordeando el agujero que le permitía ver el escenario dos pisos más abajo, y buscó una posición con mejor vista para poder atacar.

Conjuro de manera silenciosa un “Cadunt Praesidium” para neutralizar cualquier escudo o protección y sin esperar más se dispuso a atacar, pues no habían ido hasta allí para hacer de voyeurs y observarlos desde la distancia.

Inferno —conjuró apuntando a uno de ellos, no reconocía a cuál pero poco importaba. Aunque unos segundos después supuso que le había dado a Miller, pues su compañero lejos de ayudarlo o entrar en pánico, como haría alguien con la personalidad de Jonathan, atacó sin pensárselo con un “Bombarda” que hizo estallar un escombro en pedazos, uno de los cuales le dio al inefable en la espalda, haciéndolo apretar los dientes.

El duelo había comenzado y ellos no pensaban perder.


¡Hola! No sabía si pasar rápidamente el duelo, como en la anterior escena, o recrearnos un poco más, así que lo he dejado abierto, espero que no te moleste. Si optas por pasarlo rápidamente puedes mover a Hell cuanto quieras, tienes mi total permiso. Incluso si prefieres que edite yo el post para avanzar un poco más en el siguiente puedes decírmelo por MP y lo hago sin problema alguno Very Happy
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Abigail T. McDowell el Dom Jun 03, 2018 6:30 pm

Ella los veía perfectamente desde su posición, pero no estaba segura de si Hellion también lo haría desde su posición más desfavorable, por lo que sencillamente esperó, sin perderlos de vista, como cazador que acecha desde detrás de los matorrales el comportamiento de su presa.

Sin embargo, desde que vio que él tomaba la iniciativa y los atacaba, Abigail hizo lo propio, apoyando a su compañero. Se enganchó de nuevo con la cuerda en uno de los metales salientes del escombro y se dejó caer rápidamente hacia abajo, creando fuerza en la cuerda cuando estuvo a punto de pisar suelo firme. Cayó desde unos centímetros de altura y corrió hacia la dirección en donde se encontraba un tipo siendo abrazado por cuerdas de fuego, mientras el otro intentaba mantener a Drexler a una distancia prudencial para que su amigo pudiese quitarse eso.

Pudo ver como el que estaba libre de fuego, continuaba mirando en dirección a dónde se encontraba su acompañante, por lo que cuando le vio alzar la varita de nuevo contra él, Abigail conjuró un flare desde su posición, la cuerda flamígera sujetó la muñeca del tipo que desconocían y tiró de ella hacia otra dirección, haciendo que el hechizo que iba a conjurar, impactase en un montículo de escombros que explotaron en mil pedazos, ocasionando una explosión realmente fuerte que creó un sonido horrible y realmente ensordecedor. La explosión fue cerca tanto de Abi como de los enemigos, por lo que a la pelirroja le empezó a sonar un pitido realmente molesto en su oído izquierdo. No quería ni imaginarse como narices hubiese repercutido esa explosión en la zona en donde se encontraba Drexler.

En medio de un montón de polvo en suspensión, tuvo que conjurar un 'echoes' para poder ver en dónde narices se encontraban los enemigos, así como su compañero. Los pudo vislumbrar, además de darse cuenta de que Miller había conseguido quitarse las abrasadoras llamas que lo mantenían preso, aunque tuviese quemaduras por todo el cuerpo. Jonathan había sujetado a su amigo y ambos estaban huyendo, piso abajo, por unas escaleras en un horrible estado, con tal de esconderse y buscar un lugar en el que cubrirse.

Abigail los persiguió y, antes de que pudiera desaparecer por las escaleras, volvió a conjurar su hechizo predilecto—he de decir que desde que lo aprendió, se convirtió en su sello personal—y con una de las cuerdas flamígeras, latigueó a uno de ellos haciendo que cayese al suelo y se separasen, mientras que al otro lo sujetó por el cuello, tirando de él para tirarlo al suelo de la fuerza, dejándole una marca de quemadura por toda su garganta. La pelirroja fue a acercarse a él, pasando todos los obstáculos que tenía de por medio, pero entonces recibió un hechizo derribador en el pecho por parte de la rata de Miller, que se encontraba escondida. Ella salió despedida hacia atrás, siendo un montículo de cemento y ladrillos lo que paró su trayectoria, haciendo que se quejase de dolor.

Se llevó la mano a la cabeza, viendo como se había abierto una pequeña herida en la coronilla al impactar con tanta fuerza. Así que se levantó y, con un aumento de la mala hostia considerable, buscó con la mirada a su acompañante para unirse a él y acabar con esos dos.

A mi es que narrar batallas me da la vida *-* Si quieres, podemos hacer esta corta y acabar con tu post y ya luego, si te mola, podemos recrearnos en la del Ministerio de Magia cuando el ataque y ya, que esa sí va a ser muy chula.
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T. Hell Drexler el Mar Jun 19, 2018 9:12 pm

No tuvo que esperar demasiado para que Abi lo apoyara en el ataque, pudo verla deslizarse desde una de las cuerdas que había conjurado anteriormente e ir directa hacía los dos sujetos, mientras él terminaba de recuperarse del ataque. Una cuerda de fuego se enredó en la muñeca del tipo que lo acababa de atacar, desviando un nuevo ataque que hizo estallar un cúmulo de escombros.

Hellion tuvo el tiempo justo para conjurar un hechizo defensivo que lo cubriese de la explosión, aunque no fue todo lo efectivo que debería y uno de los escombros impactó contra su abdomen haciéndolo caer de espaldas. Durante unos instantes el inefable se quedó sin respiración, y cuando el aire volvió a llenar sus pulmones no solo sintió el efecto de aquel golpe sino que comenzó a toser a causa del polvo que había levantado la explosión.

Aquello iba a dejar marca, pensó Hell notando el dolor que habían dejado los golpes recibidos. Pero había estado en situaciones peores y no se había rendido, aquella no iba a ser la excepción. Con los puños apretados, uno de ellos empuñando firmemente su varita, fue tras los pasos de Abi y aquellos dos bastardos, con ganas de devolver el daño multiplicado por mil.

Llegó justo en el momento en el que su compañera era lanzada hacia un montón de escombros con fuerza. Sin darles tiempo a atacar de nuevo, Hell conjuró mentalmente un Opuggno usando los escombros y ladrillos que había repartidos por la estancia, dándole de lleno al que acababa de atacar a Abi que quedó tendido en el suelo, inconsciente.

Quedaba uno y Abigail fue rápida en levantarse y volver al ataque. Igual que le había ocurrido a él, la pelirroja parecía venirse arriba después de recibir un golpe, y es que pocas cosas duelen más que un golpe en el orgullo. Entre ambos no tardaron demasiado en hacer caer al sujeto que quedaba en pie, con Miller fuera de combate, estaba en desventaja contra dos mortífagos con muchas ganas de hacerle morder el polvo.

Aun así aquel tipo, del que desconocía el nombre, plantó cara hasta el último momento algo que, aunque no lo fuese a decir en voz alta, a Hellion le parecía admirable. Claro que, aquello no lo libró de la muerte.

Aquella noche Hell pudo comprobar que, en efecto, Abi ya no era aquella aspirante que conoció haría cuatro años. Había mejorado, era buena duelista, y no se arrepentía de haber contado con ella para aquella misión. Por supuesto, todo quedó en sus pensamientos, no estaba dispuesto a subirle el ego a la joven pelirroja.

Miller sigue vivo, solo está inconsciente —habló mientras le daba unos toques con la punta de su zapato al cuerpo del traidor.— Podemos matarlo aquí o podemos llevárnoslo, a ver si sabe algo de utilidad. ¿Tú qué dices? Si es tan cobarde como dices acabará soltando la lengua.

Ladeó el cuello hacia derecha e izquierda, haciendo crujir sus huesos. Sentía sintiendo un persistente dolor en las zonas golpeadas, pero nada que no pudiese resistir. Lo que estaba claro es que iba a dormir como un angelito en cuanto tocase la cama.

No tengo pegatinas de caritas sonrientes aquí pero la próxima vez recuérdame que te de una —sonrió de lado mirando a la pelirroja de reojo.— No lo has hecho del todo mal hoy.


Te gusta narrar batallas porque se te da genial *-* en cambio a mi... jajajaja, bueno, espero haberlo hecho más o menos bien. Como has dicho la del Ministerio va a ser muy chula, así que he acabado esta y así ya podemos pasar al meollo del asunto (?)
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Abigail T. McDowell el Jue Jun 21, 2018 9:12 pm

Tras el derribo de Abigail, se puso en pie, encaminándose hacia ellos a la vez que Drexler, como un equipo. No había sido su maestro, pero le recordaba a él: quizás por eso se sentía tan a gusto con él de compañero pese a su costumbre de subestimarla. En realidad eso le divertía; ya que no había nada que le gustase que demostrarle a la gente lo equivocado que estaban.

La mortífaga se despreocupó del amigo de Miller, pues Hellion lo había dejado fuera de combate rápidamente con varios golpes producidos por la caída de escombros sobre él. Sin embargo, Miller... Lo acosó a hechizos, hasta que tuvo que desviar su atención a Hell cuando lo atacó, momento en el que Abigail aprovechó para golpearlo y, acto seguido, derribarlo. Fue él el encargado de hacer que enemigo quedase reducido y no pudiese hacer nada por defenderse ni mucho menos escapar de ahí.

Se reunieron de nuevo, para entonces escuchar las palabras de Hellion.

Soltará la lengua —afirmó con seguridad. —Nos llevaremos a los dos y utilizaremos a su amigo, destrozado y al borde de la muerte, para infundirle el miedo necesario.

Bufó, de nuevo, mostrando una irónica sonrisa.

¿Vienes con una novata y no traes las pegatinas de caritas sonrientes? ¿Ya estás senil y con alzheimer, Drexler? —Se metió consigo misma, sólo para poder meterse con su edad. Una edad a la que ella no le daba en absoluto ninguna importancia más que el hecho de que era un adulto; un adulto experimentado. Le solían gustar los hombres mayores que ella, motivo de que le encantase tanto demostrarle lo equivocado que estaba. Y, con una mirada de lo más pícara, ladeó la sonrisa. —No lo he hecho nada mal. Y espera que te enseñe como le saco hasta las entrañas a este imbécil...

19 de diciembre del 2016
Ataque en el Ministerio y subida al Poder de los Mortífagos.

Abigail McDowell, 29 años.
Asistente de la Ministra de Magia, futura Ministra de Magia
Mortífaga.

Lena Milkovich yacía muerta, en mitad de aquella amplia sala, mientras todos miraban. Algunos eran mortífagos y admiraban aquello como el símbolo necesario para alzarse en el poder, mientras que otros, más alejados, miraban con horror lo que acababa de suceder. Abigail no se había cebado con ella. Ni siquiera la había hecho sufrir. Lena Milkovich había sido una buena Ministra de Magia, si no fuese porque tenía unos intereses diferentes a los que ella quería llegar, además, había sido una buena jefa y una persona que al final era, sencillamente, demasiado ilusa e inocente. Era una situación comprometida y McDowell no iba a poner aquel ataque en peligro sólo por jugar con una persona a la que no tenía que demostrarle, en absoluto, su poder. Habían claras prioridades que seguir y en ese momento había conseguido la más importante de todas.

¿Ahora qué quedaba? Matar y meter entre rejas a todos aquellos que todavía tuviesen en mente ir en contra del nuevo régimen. Y en eso iba a participar Abigail. De hecho, fue directa al Departamento de Seguridad Mágica, más concretamente a la Oficina de Aurores. ¿Su objetivo? Su madre. Años y años aguantando a Ariadne McDowell, con su instinto justiciero, honorable, francamente agotador... y ahora, por fin, podría demostrarle los logros de su hija y meterla entre rejas. Ella sí era una persona a la que quería demostrarle su poder y arruinarle la vida gracias a ello.

Por el camino tuvo que enfrentarse a varias personas y había tanto caos que fue víctima de varias acciones que, muchas, no eran para ella. Cortes varios, alguna que otra parte del cuerpo dolorida por golpes... Pero nada que no pudiese soportar. Lo había pasado peor muchas veces.  

Sin embargo, cuando uno de sus aliados le dijo en donde estaba su madre y se iba a poner de camino hacia allí, uno de los Jefes de Aurores le cortó el camino, apuntándola con la varita.

Sé lo que has hecho, McDowell. Siempre supe que eras una asquerosa mortífaga. Maldito el día en el que Lena te dio una oportunidad y...

Abigail le pegó la lengua al paladar, poniendo los ojos en blanco. Sí, ahora todo el mundo sabía que era una zorra mortífaga. Lo de zorra bueno, no lo ocultaba, pero lo de ser mortífaga sí que había sido su secreto más bien guardado.

¿Te quieres morir ya? —Él fue el primero en atacar, pero Abigail lo esquivó físicamente y le maldijo con un dartho en la mano con la que utilizaba la varita, haciendo que éste tuviese que soltarla al sufrir una necrosis instantánea. Gritó y, aunque no podía insultar a Abigail, sus ojos hablaban por sí solos. Se acercó a él, pisando con sus botas de plataforma y tacón la varita ajena, apartándola de allí. Lo movió con la varita hacia una pila de escombros, haciendo que unas enredaderas lo mantuviesen preso contra ellos. Dichas enredaderas cortaron con sus espinas su piel, introduciendo en su organismo un veneno que lo iba a matar lentamente, mientras que sus largas ramas iban poco a poco rompiendo sus huesos y asfixiándolo. —Ahora disfruta de tus últimos minutos de vida lamentándote de tus errores.

No tardó en seguir de largo, en busca de su objetivo.
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T. Hell Drexler el Dom Ago 26, 2018 7:13 pm

Asintió, de acuerdo con lo propuesto por Abigail. Preguntarle sobre lo qué hacer con aquel par, fue de hecho, la particular manera de Hell de reconocer la valía de la pelirroja.

Fallo mío —reconoció Drexler, con las manos en alto y encongiéndose de hombros.— Me centré solo en cogerte los pañales y se me olvidaron las pegatinas. Te compraré una piruleta para compensar.

Aquella relación de piques e insultos mutuos era el pan de cada día entre Hell y Abi, parecía que no sabían relacionarse de otra forma, pero por raro que pudiese parecer a ojos ajenos y desesperante en algunas ocasiones para ambos mortífagos, lo cierto era que funcionaba. A la vista estaba el resultado.

¿Me vas a dar un sangriento espectáculo privado? —le respondió con una sonrisa ladeada. Realmente tenía curiosidad por ver cómo le sacaba las entrañas, como ella misma había dicho. — Lo estoy deseando, pero cuidado con mancharme los zapatos, cuestan más de lo que ganas tú en un mes.


▲▼▲

19 de diciembre del 2016
Hell Drexler, 51 años.
Inefable. Mortífago.



Hellion no vio como Lena Milkovich pasaba a mejor vida, aunque le habría gustado. Él estaba ocupado en el Departamento de Seguridad Mágica, donde estaban los aurores, los que más problemas podrían darles a los mortífagos con aquel golpe de estado. Se jugaban mucho con aquel ataque, él mismo iba con la cara descubierta, como una muestra de su lealtad y compomiso con la causa de Lord Voldemort.

El inefable, que hasta ese momento había mantenido su identidad como mortífago en secreto, como la gran mayoría, ahora se llevaba a cualquiera que se pusiera en su camino por delante. Vencer o morir, y Drexler no pensaba morir aquel día. Habían esperado y luchado mucho por aquel momento, todo debía salir bien. Él hacía todo aquello por sus ideales, y por su familia, por darle a su hija un mundo más justo en el que crecer, y en donde un simple hijo de muggles no tuviese los mismos derechos que ella, una bruja de sangre limpia.

No estaba intacto, aquello sería practicamente imposible, contaba con unos cuantos cardenales y cortes pero la adrenalina y las ganas eran mayores que los golpes recibidos.

Al fin dais la cara, sabandijas —le increpó un auror que le había salido al paso.— No os vais a salir con la vuestra.

Hellion no pudo evitar poner los ojos en blanco ante aquella frase tan cliché.

Creo que ya es un poco tarde para eso —respondió mientras alzaba la varita y conjuraba un flare con el que pretendía apresar el cuello del auror, pero éste se defendió usando algunos de los escombros que había en el lugar como escudo. Drexler derribó dicho escudo con un bombarda máxima, lanzando por los aires también a su adversario y conjuró un captare sobre aquellos mismos escombros, que persiguieron y, finalmente, sepultaron al auror.

Opción CON interacción:
Por el rabillo del ojo captó el movimiento de una familiar melena pelirroja que justo iba en su dirección. Sabía muy bien quien era la dueña de aquella llamativa cabellera; Abigail.

¿Tanto me echabas de menos que has venido a por mi? —la picó cuando estuvo a un par de metros de distancia, aunque intuía que el motivo de su presencia en aquel departamento no era él, sino uno mucho más familiar.


Opción SIN interración:
Apenas tuvo tiempo de respirar pues otra auror lo atacó por la espalda, cegada por la ira al ver como Drexler acababa de matar a su compañero. La mujer lo derribó con un hechizo que lo hizo volar unos cuantos metros por los aires, cayendo de espaldas y ahogando un gemido de dolor. Pero no había tiempo para lamerse las heridas, con la rabia fluyendo por sus venas Hell se levantó, dispuesto a ser la última visión de la mujer en aquel mundo.


¡Hola, hola! :A
Te he dejado dos opciones de fin de post, jajaja. A mi me gusta más la última, pero quizá a ti te resulte más fácil responder con la primera, así que he puesto las dos y así eliges la que tú prefieras *-*
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Abigail T. McDowell el Mar Ago 28, 2018 1:54 am

Cojo la opción SIN INTERACCIÓN to' claro :A


No sé si lo sabíais, pero la relación entre Abigail y Ariadne nunca había sido buena. La pelirroja desconoce el por qué de que su madre nunca la haya tratado como una hija, pero así era su vida. Ariadne se preocupaba de cualquier cosa menos por ella y, la abuela de la pelirroja, mientras tanto se aprovechaba de su mente débil para crear un odio acérrimo por todo lo que le relacionara a la madre que tenía. Fue esa mujer entrada en años quién sembró esa semilla del mal en el cerebro de Abigail. No le hizo falta mostrarle nada, no le hizo falta convencerla, ni siquiera le hizo falta decirle lo que era el purismo, ni explicarle quién era Lord Voldemort o buscar en ella ese afán de superioridad. Fue sutil, como la perfecta manipuladora que era. Abigail lo desarrolló todo, creó sus propias ambiciones, se alejó de su madre y... ahora mismo tenía muy claros sus objetivos.

Después de años de pullas y discusiones, de años en donde su propia madre no le dejaba ver a su hermano y de años compartiendo el puesto de trabajo y luchando por una superioridad continua... Todo ese odio iba a llegar a su fin y Abigail iba a devolverle el trato recibido, metiéndola en la celda más pequeña de todo Azkaban, con un dementor privado que le hiciera la vida imposible.

Continuó caminando, hasta que vio como justo delante de ella un cuerpo volador pasaba de un lado para otro, chocando contra la pared. Reconoció al momento a Hellion. Sin pensárselo demasiado, se puso delante de él mirando hacia dónde había venido, conjurando un escudo mágico que paró un hechizo que iba directo a Drexler. Cuando se disipó contra su defensa, vio allí a su madre con una intención bastante homicida en contra de Drexler. Es curioso, porque desde que vio a Abigail dio un paso atrás y cambió el apuntar de su varita. Sabía perfectamente a lo que venía su hija: o a matarla o, si todo salía bien para el bando atacante, meterla en Azkaban.

Hell, esa es para mí —le dijo a su compañero. —Es personal. —Y cuando un Mortífago decía que aquello era personal, es que era importante.

Quería destrozarla y hacerle un cruciatus que le demostrara todo el odio que tenía en el interior su hija.

Cúbreme las espaldas —le pidió en voz baja a Hell, siendo muy consciente de que iba a perder toda su concentración en aquel duelo.

Fue Ariadne quién no se arriesgó a dejar pasar ni un solo segundo y, asegurándose de su maestría como auror, atacó a Abigail. Se defendió de un ataque tras otro, creando en aquella sala un sinfín de de chispas de colores. Abigail no pudo ver el momento de atacar debido al frenetismo de su madre en el ataque, por lo que cuando intentó buscar el hueco libre, recibió un corte certero en el hombro y, al retroceder, fue impactada después por un derribador en el pecho, haciendo que chocase contra una columna hecha piscos. Podría seguir pecando de soberbia, como siempre hacía, pero le echó una suspicaz mirada a Drexler. No quería perder contra Ariadne y quería demostrarle su poder, ¿pero sabías qué? Abigail McDowell no jugaba limpio.

No lo miró con una mirada insustancial, sino que por las de veces que habían compartido ese tipo de situaciones, le estaba pidiendo que le echase una mano. Sólo necesitaba que distrayese a Ariadne. Una vez estuviese atenta a una contienda, sólo necesitaría atacarle por la espalda y ya sería suya. Y por primera vez iba a sentir el vínculo madre e hija.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Miér Ago 29, 2018 7:25 pm

Lo primero que Hell vio al incorporarse fueron unos zapatos, unos característicos zapatos de tacón, y no necesitó alzar la vista para saber a quien se encontraría parada delante de él. Abi acababa de interceptar otro ataque que, de no ser por ella, le habría dado de lleno. Al inefable le vino una especie de Déjà vu a la inversa de la noche en que se conocieron. Aquello le escoció en el orgullo, nada que fuera a admitir delante de la pelirroja, por supuesto.

Toda tuya —masculló mientras se ponía en pie.

¿Personal? A Hellion le picó muy fuerte la curiosidad al escuchar aquello. ¿Quién sería aquella mujer para que Abigail tuviera algo personal en su contra? No le sonaba la cara de la auror que tenían frente a ellos con la varita en alto apuntando hacia Abi, pero claro, él no solía fijarse en los demás. Se limitó a asentir brevemente, quedándose a un lado, listo para intervenir si fuese necesario.

Que se conocían estaba más que claro, no solo por la frase de Abi, sino por el ímpetu con que la auror atacaba a la mortífaga, que prácticamente no podía hacer más que defenderse. La estancia se llenó de aquellas características chispas de colores, fruto de hechizos ofensivos y defensivos colisionando.

Hellion no perdía detalle del duelo, estuvo a punto de intervenir en algún momento, cuando vio que Abi no tenía oportunidad de contraatacar, pero las palabras de la pelirroja hicieron eco en sus pensamientos. Es personal. Y si era personal para Abigail no sería él quien se interpusiese. Por eso se mantuvo en su posición, alerta pero pasivo, observando el intercambio de hechizos y cubriéndole las espaldas a la pelirroja.

En algún momento alguna de las dos iba a fallar, en algún momento, el ataque o la defensa flaquearía y le daría la oportunidad perfecta a la otra. Pero cuando llegó ese momento fue Abi la que se vio en desventaja. La pelirroja recibió sendos impactos sobre el hombro y el pecho, haciendo este último que impactase contra una columna. La auror, que durante todo el duelo no había dejado de atacar a Abigail con un ímpetu imparable, tenía ahora la oportunidad perfecta para dejar fuera de combate a la mortífaga, pero cuando fue a atacar de nuevo, la defensa de Drexler se interpuso haciendo que el hechizo ofensivo fallase.

Hasta ese momento la inferioridad numérica no había perjudicado a la auror porque el inefable se había mantenido al margen, pero no pensaba dejar que su compañera recibiese aquellos ataques si podía evitarlo.

Miró a Abi, para encontrarla de nuevo lista para el ataque, pero la pelirroja le dio una mirada que Drexler entendió a la perfección. Abigail quería ganar aquel duelo a como diese lugar y Hell, admirando aquel coraje y determinación que mostraba la pelirroja, le devolvió una sonrisa cómplice, haciéndola ver que la había entendido a la perfección. Aquella zorra lo había atacado por la espalda, sería un placer pagarle con la misma moneda.

Se movió unos cuantos pasos a la derecha, llamando la atención de la auror, que lo apuntó con su varita y, de nuevo, las chispas de colores se hicieron dueñas del lugar. La auror había atacado primero y Hell levantaba defensa tras defensa, evitando que los hechizos acertaran en el blanco. Siguiendo el mismo patrón de antes, aquella mujer no daba tregua con sus ataques, hasta que a causa de uno de sus hechizos y de la defensa levantada por Drexler se creó una nube de polvo que permitió al inefable lanzarle un Gravitas Incrementum que ralentizó los movimientos de su contrincante.

Podría haberla atacado, pero aquello era cosa de Abi, él solo se limitaría a distraerla para darle la oportunidad a la pelirroja.
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Abigail T. McDowell el Jue Ago 30, 2018 2:03 am

Ariadne McDowell era una auror respetable, que se había hecho un nombre y un lugar en el Ministerio de Magia, luchando por lo que era justo en un gobierno liderado por Lena Milkovich. Tenía unos amplios conocimientos contra las Artes Oscuras, así como un nivel en duelos increíblemente alto. Era auror, al fin y al cabo. Podría decirse que incluso era mejor que Abigail—algo terriblemente normal teniendo en cuenta edad y experiencia—, pero lo que ahora mismo tenía la pelirroja en aquel lugar que Ariadne no tenía era un aliado. ¿Y no eran ellos quiénes se hartaban del poder de los aliados? Le iba a dejar bien claro el poder de la unión.

Drexler tomó la iniciativa después de aquella simple pero determinante mirada y en el fondo agradeció, teniendo en cuenta el pasado que los unía, que aquel hombre hubiera seguido la línea de sus pensamientos. Quizás, antaño, no hubieran sido la mejor pareja de baile en mitad de una batalla a muerte, pero ahora mismo aquella mirada había denotado no solo la complicidad, sino también la confianza que año tras año habían ido adquiriendo. Muchos dirían que esas cosas no existen en las filas de los Mortífagos, pero todas esas personas no tenían ni idea de cómo iban las cosas en realidad.

Abigail se recompuso tras su caída, notándose la espalda dolorida por haber chocado contra los azulejos rotos de una columna. No le importó en absoluto pese al dolor, sino que aprovechó el momento, alzando la varita contra su madre, cuando Drexler consiguió bajar su nivel de precisión y su rapidez. Ese hechizo duró poco en ella, pero lo suficiente para que una cuerda flamígera saliese de la varita de Abigail e impactase de lleno contra la muñeca de su madre, aquella que portaba la varita. Le dio con tanta fuerza que la varita cayó al suelo y su piel se tornó roja, con graves quemaduras.

La auror se agachó para recoger su varita con presteza, pero ese momento Abigail lo aprovechó para latiguear aquella cuerda contra su espalda mientras se dirigía a ella. La ropa se le rompió por el impacto y el fuego traspasó la gravedad del daño a la piel de su espalda. Cayó al suelo y, cuando se fue a recomponer a cuatro patas para ponerse en pie, lo siguiente que sintió fue una fuerte patada en el rostro que la hizo caer hacia atrás, con la nariz rota y sangrante. Abigail la apuntó con la varita, conjurando un cruciatus, posiblemente el crucio que más había disfrutado en toda su vida. Su madre gritó como si estuviesen destrozándola por dentro y ella saboreó el sonido de sus gritos.

No se deleitó como le hubiera gustado, por precaución. El Ministerio todavía no era de ellos.

Venga, mátame ya... —le dijo la madre, exhausta.

Max no me lo perdonaría —le respondió. —La idea de verte muerta no me satisface tanto como la de verte pudriéndote en Azkaban mientras un dementor te lo arrebata todo.

De repente, un hombre hizo aparición en escena.

¡McDowell! ¿¡Está aquí... está bien... —Dijo, refiriéndose obviamente a Ariadne.

¡Víctor, vete ahora mismo! —Pero antes de que éste pudiese irse, el flare que aún salía por la varita de Abigail se alargó hacia el famoso Víctor, lo sujetó por el cuello y lo arrastró por toda la estancia hasta quedar al lado de Ariadne. Al quitarle la cuerda, el cuello lo tenía al rojo vivo. —¡Abigail, no le hagas nada!

Esto es la guerra, mamá. Y siempre ha existido entre tú y yo —dijo con sorna y una sonrisa ladeada. —Me encantaría arrebatarte lo que más quieres en este mundo, pero desgraciadamente coincide con lo mío. He sabido ser paciente, ahora déjame disfrutar un poco de tu desgracia antes de desprenderme de tu asquerosa presencia. —Y justo cuando Víctor sacaba su varita, Abigail lo apuntó con la varita, apartó la suya a un lado y con un imperius lo doblegó. No era más que un becario al cargo de Ariadne, un auror en plena formación sin ningún tipo de resistencia mental. —]b]Víctor... hazme el favor de hacerte daño hasta la muerte de una manera lenta y dolorosa. [/b]

Y mientras Víctor se iba a suicidarse—como quién se va al baño—, Abigail se agachó frente a su madre.

Quizás hasta la fecha la única McDowell que resaltaba eras tú. —Mostró entonces la marca tenebrosa en su antebrazo izquierdo y Ariadne, como si le tuviera asco y repulsión—con razón—apartó la mirada hacia otro lado. —Pero a partir de hoy haré historia con ese apellido defendiendo unos ideales por los que siempre has luchado.

No sé qué he hecho mal para que termines siendo igual que... —Pero no terminó de decir nada, pues Abi le interrumpió.

Más bien pregúntate qué cojones no hiciste.

Y mientras tanto, Víctor andaba cortándose las venas con un azulejo roto, con manos temblorosas. Él sabía que no quería suicidarse, pero que debía hacerlo. Las contradicciones éticas y morales de un imperius bien hecho.


Minutos después

Víctor había acabado por matarse delante de Ariadne, desangrándose con los brazos llenos de cortes horribles. Ariadne había terminado con sendos tobillos rotos, atada a una columna. Abigail, por su parte, se acercó a Drexler, sonriente.

Sí, Abigail estaba sonriendo. No era una sonrisa ilusionada ni emocionada, era una sonrisa perversa, cargada de satisfacción personal. Pero, después de todo, una sonrisa real. Poca gente podía ver a McDowell sonreír de esa manera teniendo en cuenta el mal humor que solía tener y poco sentido del humor que la acompañaba. Por el camino recogió la varita de su madre y se la guardó para su colección, para finalmente mirar a su compañero.

Parecía que iba a agradecerle lo que había hecho en ese momento de calma, pero... obviamente no lo hizo. Por favor, se trataba de Hellion Drexler y Abigail McDowell. El día que se dijeran algo bonito iban a volar los putos cerdos.

¿Te he salvado la vida hace un rato de las garras de mi madre? Al final va a resultar que todas las McDowell te van a pasar por encima, Drexler... —Ladeó una sonrisa burlesca, con una mirada pícara, para entonces estirar el cuello para desestresarse. Por Merlín, se sentía como nunca después de haberle arrebatado la vida a Milkovich y arruinarle la vida a su madre. Estaba ardiendo por dentro. —Vamos a limpiar el Ministerio de carroña —le dijo, con una mirada pérfida.

Drexler ya no estaba delante de la niña que conoció con diecinueve años, estaba frente a una mujer que pronto sería Ministra de Magia, de ideas claras, con una mente bien formada y cargada de perversidad. No ibas a encontrar errores tontos de su parte, ni alabanzas absurdas de su poder. Se había convertido en una bruja competente, poderosa y fuerte.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

T. Hell Drexler el Lun Sep 03, 2018 7:57 pm

Drexler era experto en mostrar una fachada alejada de lo que realmente pasaba por dentro de su cabeza, o lo que sentía, y haciendo gala de ello se apoyó contra una pared, con una pose que casi podía parecer relajada a pesar de que realmente se mantenía alerta. La batalla por el control del Ministerio todavía no había acabado y no podía darse el lujo de relajarse cuando aún podía haber sorpresas.

Observó la escena que se desarrollaba ante sus ojos como quien está delante de una película de media tarde, con cierto desinterés pero con el oído atento al intercambio de palabras entre las dos mujeres.

No hizo falta ni que cambiase de postura cuando aquel nuevo invitado a la fiesta privada de Abigail entró en escena, la pelirroja y su letal flare se encargaron del muchacho agarrándolo por el cuello y dejándole unas graves quemaduras como regalo.

Naturalmente todos los allí presentes estaban demasiado ocupados como para prestar atención a la expresión de sorpresa que cruzó el rostro de Hellion en el instante en que escuchó aquella palabra. No era fácil sorprender a Drexler, y mucho menos conseguir que su rostro lo reflejase. Lástima que se lo hubieran perdido.

Con que mamá, ¿eh?… Vaya con Abigail. Desde el momento en que Abi había aparecido, reclamando aquel duelo como algo personal, Hell se había preguntado qué era lo que aquella auror le habría podido hacer a la pelirroja, pero haberla parido no estaba en las posibilidades que había barajado mentalmente.

Desde luego Abigail parecía encajar en el estereotipo de hija rebelde, pero Hellion sabía que aquello iba mucho más allá que la rebeldía, en sus palabras se podía apreciar un odio visceral hacía aquella mujer. Drexler se anotó mentalmente el comprarle la muñeca que su hija le había pedido un par de días atrás, no quería que la pequeña Nia le guardase rencor y acabase por hacerle un crucio como el que le había hecho Abi a su madre.

Ahora sí, con más interés que el que había mostrado antes, el inefable clavó la vista en ambas y en el pobre Víctor, que lo estaba dejando todo perdido de sangre mientras obedecía el mandato de Abi y su maldición Imperius. Pobre Víctor… si tuviera la más mínima probabilidad de sobrevivir seguro que aprendía la lección de no meterse donde no lo llamaban.

Siempre era bonito presenciar una reunión familiar.

Era imposible que la sonrisa de Abigail le pasase desapercibida al inefable, era una sonrisa que podría ponerle los pelos de punta a más de uno, pero que él le devolvió con complicidad, aunque eso sí, de manera mucho menos entusiasta. Él, por su parte, seguía en el mismo sitio de antes, con la espalda y una de sus piernas flexionada apoyando también su pie derecho contra la pared.

Abigail rezumaba poderío por los cuatro costados mientras se acercaba a él, desde luego aquel rato madre-hija le había sentado divinamente a la pelirroja. Estuvieron unos segundos en silencio, simplemente mirándose hasta que a Abi le dio por abrir la boca haciendo que el inefable pusiese los ojos en blanco.

Créeme que recordaría si me hubieses pasado por encima alguna vez —respondió a su provocación, incapaz de negar el hecho de que le había sacado las castañas del fuego momentos antes. — Oh, espera, ya me suena… ¿te refieres a lo que ha pasado antes de que necesitases mi ayuda para encargarte de tu madre?

Una cosa era no negar lo evidente y otra muy distinta no devolverle la provocación, si prácticamente no sabían comunicarse de otra forma. Se incorporó con movimientos lentos, casi perezosos, quedando de pie al lado de la pelirroja a la que miró brevemente antes de extender su mano hacía el pasillo que se extendía ante ellos.

Detrás de usted, Srta. Ministra —la miró con una sonrisa ladeada, haciéndole un galante gesto para que emprendiera ella la marcha.

Caminando por aquel pasillo Hellion se permitió divagar durante unos segundos sobre lo mucho que había llovido desde la noche en que se habían conocido, cuando Abi no era más que una joven aspirante a mortífago a la que había tenido que salvarle el trasero. Afortunadamente la pelirroja había aprendido mucho por el camino, de hecho, si aquella noche once años atrás le hubieran dicho que la pelirroja acabaría siendo Ministra de Magia lo más probable es que Drexler se hubiera reído de buena gana. Cierto era que todavía no lo era, pero lo sería cuando terminasen por hacerse con el Ministerio.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando un hombre y una mujer les salieron al paso, sus miradas hicieron contacto durante un breve momento. Saltaba a la vista que ambos habían sufrido algún ataque previo, aunque el hombre era quien mostraba estar en peores condiciones, apoyando parte de su peso en el cuerpo de su compañera.

Ella ha matado a Milkovich —escuchó como la mujer le decía al hombre, haciendo el ademán de retroceder un par de pasos. Se miraron entre ellos unos breves segundos antes de deshacer sus pasos, volviendo por donde habían llegado; huyendo de ellos, o intentándolo.

Drexler que había alzado una ceja expectante no pudo evitar echarse a reír ante el lamentable intento de huida que estaba protagonizando aquel par.

Parece que las noticias vuelan —dijo todavía divertido con la escena. — ¿Qué me dices? Si seguimos a las ratas quizá demos con la madriguera.
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