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Drake Ulrich el Miér Mar 07, 2018 2:18 am


07/03/2018

Me aburría. Mucho. Pero eso no era novedad, ¿eh? Yo me solía aburrir mucho en el refugio, motivo principal de que últimamente me hubiese vuelto tan sociable con la vida y me pasease por todos lados en busca de amigos o de algo con lo que mantenerme ocupado. Ese día en particular terminé en la sala de entrenamiento de la Orden del Fénix, ya que había ido a buscar a Dumbledore para hablar de un asuntillo con él con respecto a la última reunión. En realidad esa era la excusa, pero realmente es que me gustaba hablar con Dumbledore solo por hablar, ¿sabes? Era un señor muy simpático y sabio; aprendías muchas cosas de él simplemente hablando, además, tenía la sensación de que yo le caía bien y por eso me daba pie a los temas de conversación, lo cual era agradable. Pero claro, nuestro querido líder era un señor ocupado—a saber en qué—y no tardó en dejarme hablando solo.

En la sala de entrenamiento se encontraba Stella, suponía que entrenando, ya que esas cosas son las que se suelen hacer en una sala de entrenamiento. No lo digo yo, lo dice el nombre. No quería interrumpirla pues se le veía bastante concentrada pero...

¡Stella, hola! —le saludé sonriente, en un arrebato impulsado por mi Drake más social y desesperado por hacer amigos. Caminé hacia ella todavía con la sonrisa en el rostro. —¿Cómo estás? ¿Ya te sale el patronus cien por cien bien? —pregunté por curiosidad, haciendo memoria de nuestra última clase juntos en la que tenía una cara de patata mustia que jamás se me olvidaría.

Sin embargo, pese a que la tranquilidad que solía reinar en la sede de la Orden del Fénix era infinitamente superior a la que reinaba en general en el refugio, las grandes puertas que delimitaban ambas zonas se abrieron fuertemente. Se trataba de Charlotte y Adam, dos hermanos que siempre iban juntos. En realidad faltaba una tercera, la menor de todos, una niña de unos doce años que siempre iba junto a sus dos hermanos mayores. Ni Charlotte ni Adam—de veinticuatro y dieciocho años, respectivamente—entraron tranquilos, sino que Adam cojeaba y Minerva tenía tremenda herida en la cabeza que tenía la mitad de su rostro empapado de sangre. No parecía grave, sino de esas heridas que sangran más de lo que son, pero aún así yo fui corriendo hacia ellos al ver tremendas pintas.

¡Drake! —gritó Charlie. —¡Drake, por favor!

¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado? —pregunté, poniéndome frente a ella para ojear la herida de la cabeza y cerciorarme de que no era nada excesivamente grave; como había predicho, era más lo que parecía que lo que era. —¿Dónde está Anne?

¡Escondida, atrapada, no lo sé! ¡No le digas nada a Dumbledore por favor! ¡Nos matará por salir del refugio! ¡Porfa, porfa!—dijo desesperada, soltando a su hermano ahora que estaban quietos y habían dado con ayuda. —Estábamos en un refugio que teníamos en una casa abandonada en el bosque y... y... nos encontraron... y le dijimos que se escondiese por miedo a que nos pillasen y peleásemos, para mantenerla a salvo porque no nos podíamos aparecer... pero claro, luego nos hicieron salir de la casa y solo pudimos huir desapareciéndonos cuando ya estábamos lejos. ¡Pero ella sigue dentro! ¡Sola!

Yo iba a entrar pero Charlotte no me dejó. —Se quejó Adam.

Si te llego a dejar dar la vuelta en ese momento, Adam, te hubieran matado. Nos seguían los talones. —Me miró de nuevo. —Anne está todavía allí. La dejamos escondida en una falso fondo de unos de los armarios, pero si los aurores revisan aquello, darán con ella. Y nosotros no podíamos hacer nada... mi varita apenas me responde bien y Adam no tiene. Anne sigue conservando la suya pero... solo tiene doce años. Por favor, ayúdanos a sacarla de ahí. Ya sé que ha sido una cagada pero...

¿Estáis locos? No vais a volver así —les dije claramente, pues serían más un lastre que una ayuda. Miré directamente a Charlotte. —Llévame a las cercanías de ese refugio e intentaré ayudarla, ¿vale?

Pero Drake, eran por lo menos siete... déjame ayudarte. Te cubriré las espaldas.

Yo también, te prometo que no nos sobre-expondremos. Pero déjanos ayudar a nuestra hermana. Dejanos ayudarte. No sé, por favor.

Ambos prácticamente me estaban pidiendo por favor que les dejase ayudarme, pero era toda una responsabilidad y una tontería dejar que esos dos jóvenes volviesen ahí fuera teniendo ese aspecto.

Adam, tú te quedas. Estás cojo y no tienes varita. No me sirves tirando piedras. —MirÉ entonces a Charlotte, intentando no sonar duro, aunque de repente sólo sonaba demasiado serio. —Tú me llevarás y... ya veremos, porque tampoco es de mucha ayuda que intentes ayudar con una varita que no te hace mucho caso.

Obviamente me había olvidado de que Stella seguía por allí, pues desde que entraron la pareja de hermanos, éstos captaron absolutamente toda mi atención. Además, la pequeña Anne era una chica tan dulce, tierna e inocente que había que darse prisa antes de que cualquier persona diese con ella. Me negaba a dejar que una niña terminase en manos que no supiesen valorar su vida. No se merecía terminar en el Área-M, ni mucho menos ser enjuiciada por ideologías que ni entiende.

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Drake UlrichFugitivos

Stella Thorne el Mar Abr 10, 2018 4:10 pm

Después del altercado de mi última salida del refugio decidí tomarme las cosas con más calma. Algo difícil en mí, sí. Pero no imposible. La promesa mental que le había hecho imaginariamente a Robert cuando me encontraba petrificada en el suelo a portas de ser capturada por un cazafortunas, mortifago, gilipollas o lo que fuera me había colado profundamente. ¿Realmente quería ser capturada? Porque una cosa era morir en un batalla, o en un misión de importancia y otra muy diferente era quedar a manos de esos gilipollas y pasar a convertirme en su rata de laboratorio y eso, eso sí que sería horrible. Prefería la muerte sin duda alguna.  Es por esto que desde aquel día me he comportado como toda una buena niña y he permanecido dentro de las dependencias del refugio, y como nunca se me ha podido ver pasar más tiempo (del que hice en Hogwarts durante mis siete años) en la biblioteca o practicando en la Sala de entrenamientos.

MI día prácticamente se divide en cuatro cosas: comer porque sino lo hago me pongo gruñona (más aún de lo que ya soy), entrenar; tanto mágica como mugglemente, leer; en especial sobre encantamientos, hechizos y magia negra, y por último (aunque últimamente cada vez más escasamente) ir a visitar a mis amigos del refugio que eran muy pocas la verdad. De un momento a otro me había vuelto algo antisocial, aunque si alguien me venía con una chocolate no había nada que hacer, soy fácil de ganar si ese magnífico dulce se ponía frente a mis ojos.

Hoy me había despertado temprano, algo también muy extraño en mí que soy una dormilona empedernida. O al menos lo era, cada vez me desconozco un poco más. Quizás eso es madurar, o simplemente que estoy en hoyo deprimente que me hace ser otra persona, no lo sé. Pero sea como sea, me desperté antes de mi despertador. Me levanté, desayuné, leí un poco, volví a comer hasta encontrarme aquí, en la sala de entrenamientos una vez más. El día de hoy le tocaba al hechizo "Fumos Manipulae", pero estaba lejos de lograrlo hasta el momento sólo había generado una pequeña nube de humo que no cubría ni a un duende.

En eso una voz familiar llegó a mis oídos que me hizo desfruncir el ceño y mirar a la persona a mi costado, sonreí.- ¡Drake, hola!.- exclamé animada, es que de las pocas personas que me gusta toparme en el refugio el castaño era una de ellas. - Aquí estamos...- le dije encogiendome de hombros, es que nunca se me ha dado mentir y responder mecánicamente bien cuando en el interior no lo estaba.- Y tú ¿Cómo estás?.- le pregunté recobrando la sonrisa.- ¡Sí lo logré! ¿Te lo muestro? Hasta logré poder enviar un mensaje, o bueno espero que haya llegado hacia esa persona...- a medida que iba avanzando en la frase iba bajando en su volumen como si fuera perdiendo fuerza en mis palabras. Es que, ¿habrá llegado a Adae? o peor aún ¿Aún estará Adae en algún lugar?, y si es así ¿Cómo estará? Ay... sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos y volver a fijar mi mirada en Drake.- Ahora estoy practicando el "Fumos Manipulae" pero sólo he logrado pequeñas nubes de humo, nada más.- dije haciendo un puchero.- ¿Estas ocupado? ¿Me podrías ayudar con él? es que no sé qué estoy haciendo mal.- le expliqué con una mueca en los labios.

De pronto las puertas de la sala se abrieron abruptamente desvié mi mirada eran dos chicos que en más de una ocasión me los había topado en el refugio pero espera ¿Él estaba cojeando? ¿Ella está cubierta de sangre? ¿No tenían una tercera hermana? me pusé en alerta enseguida y aferré mi varita fuertemente por acto reflejo, corrí junto a Drake a su dirección. Observé como el castaño dominaba toda la situación de manera impecable, sin perder los estribos como yo estaba tan tentada de hacer, mi primer impulso era querer ir corriendo hacia el lugar donde se encontraba su hermana más pequeña sin más y atacar con todo. Pero no, me contuve y escuché en silencioel relato de los hermanos. Hasta de de pronto sin aviso alguno fuí corriendo hacia mi habitación. Allí tomé mi bolso extensible, guardé en el unos polvos peruanos y esencia de Murtlap que para situaciones como esta siempre venia bien.

"Adam, tú te quedas. Estás cojo y no tienes varita. No me sirves tirando piedras..."

Fue lo que escuché cuando volví a la sala y volví a ponerme a su lado, y cuando Drake terminó de hablar le dije.- Yo también iré.- todas las miradas de los presentes se dirigieron a mí como si de pronto hubieran recordado que había otra persona en aquel lugar, y yo en mi interior esperaba que la convicción de mis palabras fuera lo suficientemente fuerte para no recibir una negativa de parte del mago. Pero por las dudas agregué.- Son muchos Drake, no puedes hacerlo solo. Llevó en este bolso polvos peruanos que nos pueden ayudar y dar ventaja. Además traje esencia de Murtlap para calmar la herida de Charlotte.- saqué el frasco y eché un poco de ella en una gasa para tenderla a la chica.

- Gracias, Stella .- le sonreí de vuelta y volví a mirar al castaño.- Vamos Drake, sabes que puedo ser de ayuda. Soy joven sí, pero tengo mi varita y prometo seguir tus indicaciones...- traté de endulzar mi expresión aunque sin saber si lo había logrado del todo.
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Drake Ulrich el Mar Abr 10, 2018 10:52 pm

¡Qué mona! Había conseguido hacer el patronus y encima intentaba aprender nuevos hechizos bastantes complicados por si misma. Iba a ofrecerme de manera automática a ayudarla, sobre todo cuando me lo pidió, pero… llegó una distracción que captó absolutamente toda mi atención. En otro momento hasta me hubiese sentido mal por haber dejado la conversación con Stella a medias, pero ahora mismo… no cabía otra opción. Se había hecho costumbre sobre-atender a los heridos, no fuese a venir con algo más grande detrás. Desde un ataque, un secuestro, un hechizo que podría ser más complicado de lo que aparentemente parecía...

Y seguían intentando convencerme. Nunca había sido de esas personas que buscan defectos o se limitan a ver sólo lo que parece que se ve, ni tampoco de los que juzgan. Me gustaba dar oportunidades siempre y cuando hubiera oportunidades reales de que la cosa saliese bien. Pero ahora… ahora era imposible que la cosa saliera bien si iba con un herido y una chica que no tenía varita propia, ni una que le respondiera bien. Para colmo, Anne, la pequeña que se encontraba en apuros, tenía su varita, pero como hiciese magia ahí fuera… la localizarían y no tardarían en ir a por ella, metiéndola en Azkaban. Así que había que darse prisa, antes de que la más pequeña de los hermanos entrase en pánico y cometiese un error muy grave.

Charlotte, me llevarás y nada más. Luego te vuelves y cuidas de tu hermano. —Le ordené, pero no como un autoritario, sino más bien como un líder. No quería que se pusiera en peligro intentando darme un servicio que no podría ni cumplir.

Pero entonces, arrepintiéndome de no tener ayuda solo por no poner a nadie en peligro, apareció Stella a mi lado, diciendo que ella venía, sin pedirme permiso ni nada. ¡Así, porque sí! La miré un tanto sorprendido, pues ni me había dado cuenta de que estaba allí a nuestro lado. No iba a negarlo, su predisposición y motivos eran sin duda mucho más útiles y llamativos que los de los propios hermanos, que no podían ni mantenerse en pie—en un caso, literalmente—, además, lo sabía por propia experiencia: necesitas sosiego cuando vas a por un ser querido, algo imposible de conseguir cuando sabes que un ser querido está en peligro y que sólo tú vas a ayudarlo. Yo sabía que si Fly estaba en un peligro, sería el primero en tirarme a la borda por ella, algo que sabía que estaba mal.

Me hizo un poquito de gracia que dijese que ella tenía su propia varita, como si ese fuese un motivo de peso para confiar en la magia que salga de ella. No era cuestión de si era tuya o no, simplemente si era leal o no. Yo había tenido la suerte de encontrar una relativamente leal a mi una vez salí de Azkaban sin nada con lo que canalizar la magia.

Me iba a negar a que viniera Stella pero… lo pensé seriamente. No podía hacerlo. Necesitaba apoyo y ahora mismo era lo más cerca y competente que tenía. Además, el hecho de verla tan motivada aprendiendo en la Orden del Fénix me motivaba, así como el hecho de que hubiera conseguido, por fin, conjurar el patronus corpóreo ella sola. Podría sernos de ayuda  y eso denotaba que estaba dispuesta a darlo todo.

Vale, venga. Hay que darse prisa. —Acepté después de unos largos segundos en donde todo el mundo quedó expectante de mi veredicto, como si fuese quién dice quién gana el Óscar a mejor película. —Adam, quédate aquí hasta que vuelta Charlotte. Y tú desde que llegues, llévale a la enfermería, ¿vale? No me fío una mierda de lo que lanzan los mortifagos. Cada vez utilizan más trucos sucios para hacer de un hechizo convencional algo letal.

Sujeté mi varita y en apenas unos segundos, Charlotte nos hizo aparecer a Stella y a mí en el bosque, bastante alejados. Hacía frío, joder, y yo iba en manga corta.

¿Seguro que no quieres que me quede, Drake? —Insistió.

No, Charlie, vete a cuidar de tu hermano. Nosotros nos encargamos de Anne. —Le dije, mostrando una sonrisa. Ella asintió, sin estar muy convencida y se volvió a desaparecer, aunque antes nos dijo en qué dirección había que ir y en donde habían dejado, exactamente, a Anne escondida. Yo miré entonces a Stella cuando estuvimos solos. —Vamos a hacer una cosa… yo me adentraré el primero, acercándome a la casa. Tu mantendrás las distancias y me cubrirás desde lejos, pues tendrás una mayor visión de la casa y sus alrededores. Cuando esté dentro, te mandaré una señal y entraras tu, ¿vale? No soy fan de la violencia ni trabajo con ella, así que si ves a alguien, solo déjalo inconsciente y ya nos encargaremos de él, ¿entendido? Una vez dentro y posicionados, actuaremos juntos, cubriéndonos mutuamente. Cuando esté dentro, te abriré camino para que vengas. No quiero que, de ser una trampa, caigamos los dos, así que si por alguna razón no te llega ninguna señal, cuenta cinco minutos y luego vete.

A ver, no es que yo fuese un estratega de primera (ni de segunda, ni de tercera), pero me gustaba hacer un plan, aunque luego costase seguirlo. En realidad, el día que un plan mío se siguiese a rajatabla, me sentiría pletórico, si seguía vivo, claro. A la mejor el hecho de que no se cumplan ninguno de mis planes es porque soy un inútil y la vida me está diciendo que mis planes nos llevan hacia la muerte siempre y por eso no se siguen.

¿Estás conforme con todo? —Miré la hora en mi reloj. —Fly me mata como sepa que estoy aquí ahora… madre mía. En fin, ¡vamos! No tengas reparo en atacar cuando veas al enemigo. Recuerda que ellos no van a tener piedad y nuestros rostros ahora mismo para ellos son un fajo de billetes.

OFF asdfasd:
Si hay erratas chungas es porque lo escribí en el dentista y el auto-corrector me odia mucho, aviso XD
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Drake UlrichFugitivos

Stella Thorne el Mar Mayo 01, 2018 7:17 am

Esos segundos que le mantuve la mirada a Drake fueron eternos. Trate de poner mi mejor rostro de gato con botas mezclado con terminator. Para ablandarle el corazón pero al mismo tiempo decirle "Puedo con todo y todos" y...resultó. ¡YAAAAAAAAAAAAAS! Suspire aliviada pero mantuve mi postura firme y dispuesta. Había que accionar rápido y para que todo resultase bien debía estar atenta.

Aferré mi varita hacia mí y me acerqué hacía Charlotte que en menos de un "Narcisos Pitantes" ya nos tenía a Drake y a mí en un bosque. Me abracé a mí misma al sentir una helada recorrer todo mi cuerpo ¡Que frío joder! Sacudí mi cabeza y traté de no pensar en aquello. La adrenalina ya pronto haría lo suyo y el frío pasaría a segundo plano, de eso estaba segura. Escuché atentamente las indicaciones de CharIie y las fuí guardando en mis disco duro de memoria, ese que resiste y bloquea las lagunas mentales que a veces tengo.

Luego continuaron las indicaciones de Drake, lo mire y escuché atenta, asintiendo cada vez que me hacía preguntas para ver si lo iba siguiendo. Hasta que...- ¿Irme? Dices, ¿dejarte allí?.- pregunté con el ceño fruncido sin poder creer lo que me estaba pidiendo. Ni de joda lo dejaría allí a su suerte, ni de joda lo dejó morir solo frente a esos gilipollas, y ni de joda les daría el gusto de capturar o hacer lo que sea con alguien tan genial como Drake. Observé como me dedicaba una mirada de "esas son las reglas, ¿lo tomas o lo dejas?, suspiré frustrada.- Ok, ok, si no hay señal me voy.- mentí, porque repito : NI DE JODA DEJARÉ SOLO DRAKE ULRICH.

- Con casi todo.- agregué mirándolo de reojo con una sonrisa pequeña en la comisura de mis labios.- Cuando sepa el por qué,  no lo hará.- le anime. Bueno tampoco es que sepa muy bien cómo es Fly, de las pocas veces que me la había topado se notaba que era alguien de carácter fuerte, pero pertenecía a la Orden por lo que de seguro entendía cuando el deber llamaba ¿no?. - Atacar sin piedad. Okey.- dije asintiendo y comenzando a caminar a paso seguro en dirección a la casa, pero luego me detuve en seco.- Oh...tú adelante. Yo te sigo de atrás, eso, eso jejé.- soltó una pequeña risita para destensar un poco el ambiente y espere que Drake se me adelantará.

En eso a los lejos logré divisar la casa, era pequeña y de madera. A primera vista se veía como una casa abandona a la deriva, sin rastro de humanidad en ella. Pero si uno enfocaba un poco más el ojo se podía observar que las flores que se encontraban en la entrada brillaban como nunca, como si alguien hace apenas unas horas las hubiera regado dándoles amor. Fruncí el ceño al pensar en lo bien que lo debían haber estado pasando los hermanos cuando se vieron interrumpidos por esos gilipollas ¡ARG, COMO LOS ODIO!

Drake se detuvo y yo le imite pasos más atrás, me dirigió una mirada para indicarme que me quedara allí mientras él ingresaba a la casa. Apenas lo ví entrar sentí una manada de Doxys revoloteando en mi estomago desaforadamente, y a mi corazón latir fuertemente. BIM BAM BUM. Traté de permanecer en calma y en el lugar en que me había dejado el castaño pero, en el fondo quería ir ahora ya a su encuentro. Es que ¿Qué pasaba si adentro lo estaban esperando todos y él no alcanzaba a decir ni "Pío"? ¿Ah? ¿Qué hacía ella, eh? ¿Qué? ¿Quedarse allí esperando esos cinco minutos interminables? Ays...- Vamos, Drake...dame la señal.- susurré pegada a un árbol mientras dirigía miradas rápidas por todo el perímetro.

Esperen, ¡No le había dicho cuál sería la señal! Ays, ays, ays... ¡Que no cunda el pánico!

En eso, desde los interiores de la casa sonó un...¿pájarito? O bueno, un intento de él. Sonreí, estaba segura que esa era la señal de Drake y si no, pues ¡Que va! Camine hacia la casa sin dejar de mirar hacia todos lados con mi varita en mano, cerciorándome que aún se encontraban solos. Cuando entró lo primero que divisó fue a Drake en medio de un pasillo.- Holí de nuevo, Drake pinzón.- sonreí, me alegraba verlo de una pieza, es que por más que tan sólo había pasado dos minutos lejos de él me había aliviado de verle. Es que no quería más perdidas en mi vida, no más.

- Drake, no toques nada.- agregue de sopetón.- No sin antes ponerte...- hice una pausa dramática y saqué de mi bolsito un par de guantes.- Estos topisimo guantes de temporada.- bromeé modelandolos brevemente. Ok sí, era una pésimo lugar para hacer bromas y eso pero, así soy y la gente me quiere tal como soy. O al menos eso espero. Me acerqué a él y se los tendí.- Charlie dijo que la habitación en que se encontraba Anne era la última del pas...

- Karl, te digo que es una pérdida de tiempo volver. ¡Que no hay nada!.- se escuchó a lo lejos, pero lo suficiente para que llegase a nuestros oídos, miré a Drake con ojos de huevo frito. Me acerqué a la ventana y corrí levemente la cortina.- Vienen...- le susurré.

- Cállate Tom y mueve tu perezoso culo hacía acá.

Ays, ays, ays.

Tom: #009999 || Karl : #66ff33
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Stella ThorneFugitivos

Drake Ulrich el Sáb Mayo 12, 2018 4:18 am

¿Sabéis cuál era uno de mis artes oculto? Mi excelente capacidad para hacer ruido de animales muy aleatorios con la boca. Ajá, sí, eso. Toda mi vida pensé que era una mierda de superpoder, que sería algo así como el superhéroe inútil al que le toca el poder de convertirse en maceta, pero... todo inútil tiene su lugar en este mundo, ¿lo sabías? Y yo tenía el mío, con mi superpoder que, de pequeño, creía que era una mierda. Hoy, años más tarde, me ha servido para hacerle una super señal a Stella Thorne.

No tardó en meterse en la casa, además de advertirme de que me pusiera unos guantes. Los reconocía: eran de esos que te protegían de objetos malditos. Dudaba mucho que en esa zona hubiesen, cuando los chicos acababan de llegar prácticamente de ahí, pero siempre era mejor prevenir que curar.

Había que recorrer todo el pasillo hasta el fondo. Era una casa alargada, como una especie de granjero/establo que había sido re-modelado hasta crear un edificio decente en el que poder vivir. Sin embargo, antes de poder ponernos manos a la obra, escuchamos las voces de dos personas en el exterior. Me asusté. He de decir que yo me asusto con relativa facilidad y aunque hubiese ido con intenciones de encontrarme con gente... ¡uno siempre se espera que no!

Vamos hacia allí antes de que lleguen. Si podemos, evitamos el confrontamiento, ¿vale? —Le susurré, repitiéndole lo de antes para que lo tuviese claro. —Vamos, vamos...

Y comencé a caminar por el pasillo, subiendo unas escaleras y llegando al piso superior. Llevaba la varita en mi mano derecha, pero antes de llegar a ningún lado, ya pudimos escuchar como la puerta principal se abría de un fuerte golpes. Ellos comenzaron a hablar en voz alta de boberías que no eran importante, pero justamente se quedaron callados en el momento en el que Stella y yo pisamos una zona del piso superior en donde las tablas del suelo estaban bastante sueltas. Se escuchó un chirrido bastante revelador que hizo que los dos nos quedásemos quietos y nos mirásemos en plan: "menuda cagada".

¿Escuchaste eso? —preguntó uno de ellos que, en el silencio, se pudo escuchar perfectamente desde el piso inferior pese a que estaba hablando a un tono normal. —Hay alguien.

O pudo ser un fantasma.

No, imbécil. Hay alguien. Saca la varita y...

Pero dejó de escucharse absolutamente nada. Teniendo en cuenta el modus operandi en el que solían actuar esta gente, asumía que iban a cortar cualquier método para poder desaparecer, así evitarían que nos fuésemos a ningún lado.

Así que comencé a caminar de nuevo hacia nuestro objetivo y... me equivoqué catastróficamente. Cuando llegamos a la última habitación, al final del pasillo—que se trataba de un grandísimo salón, con múltiples muebles antiguos, chimenea y otras puertas—, uno de los mortifagos se apareció en el interior.

¡Lo sabía! ¡Dos ratillas perdidas! —Y nos apuntó con la varita desde delante.

El otro apareció por la escalera de atrás, apuntándonos por la espalda.

Sin piedad —le susurré a Stella, antes de darme la vuelta y atacar el que venía por la espalda para empujarlo y que cayese por la escalera.

Podemos hacerlo todo narrativo (soy partidario de esto) pero, pero, si te parece bien, podemos tirar dado sólo para saber cómo terminamos el rol en cuanto a daños, ¿qué te parece? En el sentido de:

Del 1 al 5 recibes daño leve.
Del 6 al 10 recibes daño moderado.
Del 11 al 15 recibes daño grave.
Del 16 al 20 necesitamos que el otro nos ayude a salir de escena.

Y como los dos saquemos del 16 al 20, pues nos morimos Very Happy

JAJAJAJAJA

Si los dos sacamos del 16 al 20, podemos meter a Charlotte y Adam como que nos sacan las castañas del fuego, ¿qué te parece? Te dejo decidir. Si te gusta, tira tu dado en tu próximo post y yo en el siguiente mío ^^
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Stella Thorne el Vie Mayo 25, 2018 10:19 pm

Hoy era de esos días que uno se levanta sin mucha expectativa y de la nada ¡PAF! menuda sorpresa te da la vida. Quien iba a pensar que entrenando así tranquilita iba a llegar Drake y después los hermanos Charlotte y Adam, sin Anne.  Todo pasó muy rápido y yo como nunca reaccioné aún más rápidamente. Tanto así que logré que Drake me dejará acompañarlo. Y si no me dejaba que yo me colgaba igual a su chaqueta justo en el momento en que se desapareciera, porque yo no iba a dejar que otra pequeña inocente cayera en manos de ese gilipollas. Esta misión era personal, me llega ahí a la fibra misma de mi corazón.

A penas llegamos Drake me dió los pasos a seguir, y al final termine mintiendo, cosa que no me agradaba nada porque le tengo un cariño fuerte al castaño pero debía hacerlo. Porque dejarlo solo ahí con esos, no, eso si que no lo iba a permitir. Morir luchando si era necesario, he dicho. Y ahí detrás de los árboles y más atenta que una Suricata me quedé esperando la señal de Drake. Hasta que un sonidillo de pájaro llegó a mis oídos haciéndome avanzar hacia la casa.

Ya adentro no tarde en tenderle unos guantes, que ok yo podía ser impulsiva pero una que tiene siempre cartas-guantes bajo la manga. Que yo podía morir de cualquier cosa pero por un objetivo que ni la culpa tenía, eso sí que no.  Y apenas íbamos a empezar a caminar escuchamos unas voces en el exterior, fuí hacia la ventana más cerca y los ví caminar hacia la casa, le dedique una mirada modo : AY DIOH. ¿Cómo es esa cara? Que no sé, que no me estoy viendo en un espejo, pero de seguro era una muy parecida a ese cuadro muggle llamado "El grito"

Pero Drake mantuvo la calma y yo tan solo le seguí, calladita y asintiendo a sus palabras, comenzamos a subir las escaleras, en medio de estas escuchamos la puerta abrirse y a los gilipollas entrar. No mentiré, sentía unas ganas profundas de bajar y decirle "Larguense de una vez idiotas descerebrados" pero no, no lo hice. Más que nada por Drake estaba conmigo y bueno, él no merecía lidiar con una impulsiva suicida como yo.  Pero ay, justito antes de llegar al segundo piso los gilipollas se quedaron callados y las escaleras se pusieron gritonas. Muy mala combinación. Me detuve cual Suricata escuchando un ruido desconocido, y miré a Drake.

Silencio.

Seguimos caminando de puntillas, como quien regresa a casa a las cinco de la mañana cuando debía ser a las doce. Con la única diferencia que en vez de ser descubierto por nuestros padres, lo seríamos por unos idiotas con varitas que no dudarán en volvernos papilla. Una diferencia ínfima, muy sútil. Y llegamos a la última habitación, la abrimos, y ....

"¡Lo sabía! ¡Dos ratillas perdidas!"

Mierda.

Elevé mi varita y paf, sentí un ruido a mi espalda, giré rápidamente ¡ahí estaba el otro! Escuché las palabras de Drake y sonreí. - Sin piedad.- repetí. Y antes de que pudiera siquiera pronunciar algo el mago que tenía enfrente, lleve en seco mi puño directo a su nariz. Y pese al ruido que se había generado por el batallón que había empezado, logré escuchar el crack de su tabique. Que hermoso sonido.

- ¡Arg! Asquerosa rata, ya verás .-  dijo entre gemidos el mago, lo que yo aproveche para empujarlo fuera de la habitación y quedarme con él en el pasillo.

- Ya verás como esta rata te hace papilla.- le escupí mis palabras, en estos momentos me encontraba como viendo todo rojo, al más estilo de una película de Tarantino. Drake se ocuparía del otro mago mientras yo lo hacía con este. ¿Y de qué manera? de la manera que más le doliera en su orgullo, la muggle. Por eso elevé mi varita solo para pronunciar un.- Expelliarmus.- directo hacía su mano,  con ganas de que su varita volará lejos y realmente comenzará la diversión.
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Maestro de Dados el Vie Mayo 25, 2018 10:19 pm

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Drake Ulrich el Dom Jun 03, 2018 4:56 pm

Nada más sentir como Stella tomaba la iniciativa con el tipo de atrás, pude ver como el que tenía delante alzaba la varita contra ella, para pararle los pies después del golpe que le había propiciado a su compañero. Yo, sin embargo, le golpeé la mano con un hechizo a tiempo de desviarlo, haciendo que su maldición chocase contra el techo de la cabaña e hiciese un agujero.

Después de eso, yo me volví su mayor problema, por lo que su mirada además de clavarse en mí, también lo hizo la dirección de su varita.

Yo sabía que los dos chicos que escaparon tenían una tercera hermana. No es la primera vez que se le ven juntos. La pequeña sigue aquí, ¿verdad? —Curvó una sonrisa, siniestra. —Será una adquisición muy preciada en el Área-M. Se la rifarán ahí dentro. Y tú volverás a Azkaban para que los dementores te den la muerte que mereces, Drake Ulrich.

Uhhh, me reconocía, ¡qué miedo!

Lo que tú digas —le dije con pocas ganas, con la varita en alto.

Fui yo el primero en atacar, aprovechando que el idiota iba a volver a abrir la boca para soltar alguna gilipollez varia. La verdad es que ya llevaba mucho tiempo siendo fugitivo y recibiendo amenazas como para que alguna cosa ingeniosa de este señor me fuese a sorprender. Así que comencé lanzándole un 'expulso' que lo envió bien lejos, haciéndole chocar de lleno con una especie de piano de pared que destrozó por la mitad con su cuerpo. Las teclas cayeron al suelo, además de que las pocas que quedaron en su sitio, emitieron sonido cuando él se apoyó en ellas para poder erguirse de nuevo.

Se levantó rápidamente, casi de un salto. Yo le lancé otro hechizo sin perder el tiempo, moviéndome a la par que me escondía detrás de uno de los sofá para evitar así que pudiera tener una visión completa de mí y así minimizar el riesgo de que pudiera darme. Sin embargo, comenzó a esquivárselo todo, hasta el punto que dio una voltereta por el suelo hasta lanzarle al sofá que tenía delante—un riesgo que si bien tuve en cuenta, no le presté atención—un 'reducto' que lo hizo explotar delante de mis narices: había sido muy rápido. Tuve que cubrirme con las manos el rostro si no quería quedarme sin ojos, además de retroceder dos pasos, algo que él aprovechó para lanzarme al cuerpo, arrastrándolo con magia, uno de los armarios que había en aquel lugar a mi derecha, haciendo que cayese al suelo y éso cayese encima mío.

Sentí como las maderas se me clavaban por todas partes del cuerpo, aunque por suerte no atravesaron nada. Mis manos estaban a la altura de mi rostro, de nuevo, protegiéndome la cabeza. Porque desde que me dejase un poco tocado, tanto de la vista, como mentalmente, aquel duelo iba a ser muy corto y yo muy inútil. Lo primero de todo era protegerte a ti, incluso por encima de la varita, cuando es con lo único que puedes hacer magia. Intenté hacer fuerza para quitarme eso de encima, aunque ya escuchaba los pasos del mortífago dirigirse a mí.


OFF: Tiro dado, depende de lo que saque, mis próximos post serán en mi contra o a mi favor. STELLA, NO TE ME MUERAS TAN PRONTO. YO TE SALVARÉ.
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Maestro de Dados el Dom Jun 03, 2018 4:56 pm

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Stella Thorne el Mar Jun 12, 2018 6:27 pm

Su día en menos de un pestañear había girado en ciento ochenta grados, y de lo que sería un día normal dentro del refugio se volvió de pronto en ayuda a unos de los fugitivos del lugar, yendo a buscar a su hermana menor a una casa en medio de un bosque rodeada por cazarrecompensas. Ok, todo indicaba que sería una misión peligrosa, principalmente por la no preparación de esta. Pero aún así fuimos a lo loco con Drake, sin siquiera fijar unas mínimas directrices. Bueno, ya al llegar allá el castaño me pidió que si las cosas no salían del todo bien me fuera. ¿Pero qué regla es esa? Una muy injusta al menos a mi modo de ver. No pensaba dejarlo solo, no. Eso ni loca. Por lo que tuve que mentir, y asentir a modo de respuesta. No me enorgullece haberlo hecho, el mentir digo. Pero que va, en la acción demostraría que escapar era lo último que pensaba hacer.

Al llegar, lo primero que hice fue repartirles guantes de protección a Drake. Quizás era una minidad a diferencia de los mucho que nos podríamos encontrar aquí. Pero vamos, al menos una vez que sea precavida en la vida no está nada de mal , además nunca está de más protegerse un poco las manos de objetos bajo la custodia de maleficios. No alcanzamos a dar siquiera diez pasos dentro de la casa cuando escuchamos voces en el exterior. Eran dos hombres. Si me preguntan, asquerosos a la vista. Pero eso es porque yo los tiño siempre con un velo de repelús total a toda persona que es partidaria al nuevo gobierno. Para mi todos ellos se convierten de manera inmediata en un Troll deforme. Su solo ideal los hace convertirse ante mi vista en personas horribles y despreciables tanto física como mentalmente. Pero esa soy yo, quizás Drake es más objetivo en su descripción.

Subieron lo más rápido que pudieron al segundo piso, pero unos escalones traidores sonaron más de lo previsto dando cuenta a los dos hombres que no se encontraban solos. Y ahí estábamos, a un par de pasos de entrar a la habitación que los hermanos nos habían indicado como posible refugio de Anne, cuando esos hombres nos rodearon. Uno apareció frente a Drake y otro tras de mí.

Lo primero que hice fue atacar de lleno a la zona más débil del rostro de aquel hombre. El sonido de su tabique quebrarse fue tan hermoso como el escuchar a los pájaros cantar en las mañanas de primavera. Lo empujé hacia el pasillo, así dejaría  con más espacio a Drake para combatir contra el otro mago.  Un Expelliarmus fue lo primero que lance. Ya que un mago sin su varita, generalmente por no decir la mayoría de las veces se volvía un poco inútil. Es que si pasas mucho tiempo con tu varita llega un punto en que te das cuenta que ella lo puede hacer todo por tí, y llega el momento en que olvidas que alguna vez, en algún momento de tu vida no pudiste contar con ella y tu única fuente de protección eras tú, tu propio cuerpo. Y eso, eso yo lo sabía muy bien.

Por lo que cuando observé su varita volar lejos fui a por él, con todo, sin piedad como segundos atrás habíamos quedado con Drake. Sentí una pequeña explosión pero no me deje desconcentrar, un mínimo descuido y ese hombre me tendría  a su merced, y eso ni loca. Bajo mi cadáver me convierto en una rata para su laboratorio. Un puñetazo, dos, y tres. Un lado, otro, por debajo. Le golpee por todos los blancos posibles. Mi rodilla entro al juego golpeando de lleno en el sector de su hígado, que lo hizo caer de bruces al suelo. Y si esto fuera una batalla real, ese último movimiento me hubiera causado la expulsión, pero en mi defensa, siempre lo había querido hacer contra alguien que realmente lo mereciera. Y al menos antes mis ojos, ese hombre lo merecía al cien por ciento.

Retorciéndose en el suelo, así lo deje cuando fuí por su varita. Y como al parecer hoy la vida se medía con pasos, tan sólo me faltaba un par para tenerla en mis manos cuando él muy maldito, sacando fuerzas de no sé donde me toma de mi tobillo y me hizo caer al suelo. Y si no fuera por mis manos, que por acto reflejo cubrieron mi rostro. De seguro por segunda vez en aquella tarde habría escuchado el sonido de un tabique quebrarse. Me arrastró por el suelo, y yo no tardé en comenzar a dar patadas por diestro y siniestro. Saqué mi varita de mi bolsillo y le lance un "Expulso", pero que el muy cabrón logró zafarse de un movimiento. ¡Maldita supervivencia humana que te hace reaccionar hasta cuando tienes más sangre que rostro! El mago de un salto se encontraba nuevamente junto a su varita. Y yo muy a mi pesar, me levanté con la varita en alto sabiendo que la hora de atacarlo a la manera muggle había acabado. Había ganado ventaja, sí. Pero no sabría cuanta hasta que el mago comenzará a atacar. Y no tardó demasiado, una lluvia de rayos luminosos comenzó a ir por mí. Me protegí de todos, o al menos de la gran mayoría. Ataque también, no me quedé atrás. Si el me había hecho un corte en mi brazo derecho, pues yo ya le había hecho dos en su pecho y pierna izquierda.
Todo parecía ir a mi favor, hasta que de un momento a otro me vi expulsada escalera abajo. Sentí todos los escalones, uno por uno golpear mi cuerpo. Moretones y algo más de seguro tendría al otro día. Si es que llegase a haber otro día. De ahí en adelante todo se volvió en cámara lenta, mis ojos se abrieron a duras penas, como si acabara de despertar de un largo sueño. Ví el primer piso y luego, de las ventanas ví entrar abruptamente ramas de árboles que destruyen todo a su paso, con un único objetivo: llegar a mí.

Dentro de la arte marcial  Jiu-jitsu existe una llave llamada "Mata león", tiene que ese nombre gracias a una mitología griega,la del gran  Hércules matando al león de Nemea. ¿Y en qué consiste? estrangular al león por la espalda, dejarlo sin respiración hasta que su aire no de para más y decida cerrar los ojos, para siempre o al menos por un rato que te asegure poder escapar. Pues bueno, esas ramas me atacaron por mi espalda, rodearon mi cuello y lo único que atine fue a llevar mis manos allí en un vano intento de alejarlas de mí.  El aire se iba...- ¿Qué tiene que decir la ratita ahora? .- el mago acercó de manera burlona  su oreja hacia mí. Estiré mi mano en un intento de alcanzarlo y golpearlo, muy patética me debo de haber visto porque el hombre sólo atinó a retroceder lanzando una carcajada. - Ver cómo se te acaba hasta el último aliento de aire, será un poema para mí, asquerosa traidora .- escupió de su asquerosa boca.

Yo por mi parte, sentía que en cualquier momento dejaría de responder. Y de manera ilógica un pensamiento dominaba mi cabeza: que injusticia más grande morir a manos de un árbol, yo que los amo tanto.
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Drake Ulrich el Lun Jul 02, 2018 3:45 pm

¿Estás ahí bajo, Ulrich? —dijo el Mortífago, acercándose al armario que estaba sobre mí.

Intenté empujar, pero él se puso encima, a comenzar a saltar como si fuese una cama saltarina. Madre mía, ¿este señor cuántos años tenía? Pese a que podía ser contraproducente lo que estaba punto a hacer, ahora mismo era de las pocas salidas que me quedaban si no quería terminar perdiendo la movilidad de un brazo, ya que una de las tablas me había aprisionado de mala manera mi antebrazo izquierdo.

Apunté hacia arriba la varita, directa al armario. Fue un expulso lo que conjuré de manera no verbal, haciendo que el armario saliese volando hacia arriba, llevándose al tipo por delante hasta golpearlo contra el techo. Claro que... todo lo que sube, luego tiene que bajar, ¿no? Giré sobre mí mismo como una croqueta, para quitarme del impacto, por la gravedad, que iba a volver a caer en dónde yo me encontraba. Se produjo un gran golpe y pude ver, justo a mi lado, como el armario quedaba hecho añicos. Pude ver, incluso, la camiseta con toques hawaiano que había en su interior. Me levanté rápidamente, viendo al Mortífago más allá del armario, recomponiéndose del golpe, ya que tenía una herida abierta en la cabeza.

Lo apunté con la varita directamente, conjurando un incarcerous no verbal. Las cuerdas salieron, amarrándolo por completo las manos al tronco. Sin embargo, cuando salté el armario, el tipo se dio la vuelta, me apuntó con la varita y me derribó, haciéndome volar hacia atrás, hasta el punto en el que me caí por las escaleras. Odio, profundamente, cuando tienen la varita oculta y no se la puedo desarmar como primero. ¿¡U os creéis que soy subnormal y le ato antes de desarmarle!? ¡Pues no! Caí por las escaleras, rodando, sintiendo golpes en la cabeza y en el costado. Cuando llegué abajo, me sentía mareado, incluso con un poco de náuseas. Me intenté recomponer en el suelo, estirándome levemente, dándome la vuelta con lentitud para ponerme en cuatro patas y levantarme. Sin embargo, para cuando recién me había levantado, el tipo estaba a la punta de arriba de la escalera, lugar en dónde no dudó en atizarme un latigazo con llameante en la espalda, haciéndome volver a caer.

La madre que lo parió, será hijo puta.

Escuché como el látigo volvía a cortar el aire, pero me giré rápidamente, poniendo la mano de por medio. El látigo rodeó mi antebrazo. ¡Me cago en la...! ¡Como quema! Apunté con mi varita al tipo, haciendo que de su varita desapareciese aquella abrasada cuerda. ¿Lo siguiente que hice? Fácil. Conjurar un muro que nos separase. ¿Por qué? ¡Pues porque me estaba atosigando, necesitaba respirar! Caminé unos pasos hacia atrás y... entonces lo vi. Como para no verlo. ¿¡Cómo cojones no me había dado cuenta de que el bosque se había hecho uno con la casa!? Ese señor, con Stella prácticamente sujeta entre raíces, se acercaba a ella. Asco me daba solo de pensar en lo que estaría pensando.

Lo maldije con un Religio justo después de desarmarle, para entonces hacer que esas raíces y ramas dejasen respirar a Stella. La miré de arriba abajo en una décima de segundo, asegurándome de que no tenía nada grave, para entonces ver como el tipo que había dejado en el piso superior, entraba por una de las ventanas, no sin antes conjurarme un magicae anulum sin que yo me diese cuenta. Cuando intenté defenderme a su hechizo, evidentemente no pude y un corte me cortó de manera transversal el pecho y el brazo. Al intentar volver a defenderme, tampoco pude y otro corte me cortó de nuevo en las piernas. De nuevo, otra vez. Y otra. De nuevo volvió a conjurar aquel látigo y, desesperado por no saber por qué narices no me funcionaba la varita, tras recibir el primer latigazo, saqué fuerzas de lo más profundo de mi interior y corrí hacia él, placándole y tirándole al suelo. Comencé a pegarle puñetazos, uno tras otro, en el rostro. No me di cuenta de que mis nudillos se llenaron de sangre y su rostro se empezaba a desfigurar, además de que empezaba a dejar de hacer fuerzas.

No lo maté. No soy tan bruto, pero al final, cuando el tipo había soltado la varita sin fuerzas, caí a su lado. Exhausto. Eso sí, luego recordé cómo había dejado a Stella y me senté rápidamente, intentando buscarla para ver si necesitaba ayuda.
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Stella Thorne el Dom Ago 05, 2018 8:37 pm

Al caer por la escalera del segundo al primer piso, bastó con que mi cuerpo se detuviese gracias al respaldo de un mueble para sentir todas las zonas afectadas que, en el mejor de los escenarios el día de mañana sólo estarán teñidas de un color violeta intenso. Me quedé aturdida, como quien despierta de un aletargado sueño y necesita de unos minutos para recordar quién es y dónde se encuentra. Lamentablemente cuando logré dar con todos esos datos ya tenía las ramas de un árbol venir hacía mí de una manera poco amigable. Fue en cosa de segundos que las sentí en mi cuello con claras intenciones de asfixiarme en un corto plazo de tiempo. Intenté en vano liberarme, y proporcionarle un puñetazo en el rostro a ese imbécil que de manera burlona se acercaba a mí para refregarme en la cara que era él quien ahora tenía una clara ventaja por sobre mí, de no haber tenido la boca seca le hubiera lanzando un escupo en pleno ojo, para disminuir el goce de verme de esa manera, literalmente cediendo mi último aliento ante su mirada.

Pero no pasó nada de eso, o al menos así lo recuerdo antes de caer al suelo desmayada. Ví al descerebrado poner cara de troll sorprendido al ver su varita volar lejos, para luego verlo amarrado con cadenas. De no ser porque luego de aquella imagen todo se vino a negro hubiera hasta sonreído al verlo así, no ví de dónde provenían aquellos hechizos pero todo me decía que había sido de Drake, al menos antes de caer y sumergirme en ese inconsciente que solo se muestra al cerrar los ojos,  supe que el mago aún seguía bien y con vida.

No supe exactamente cuánto fue el tiempo que me encontré prácticamente desvanecida sobre aquel piso de madera, pero al abrir nuevamente mis ojos y sentir como de a poco todos mis sentidos volvían a reactivarse, logré escuchar la voz de Drake dialogando con otra mucho más dulce, quien entre sollozos le contaba una historia que no sabía si era por la distancia o por alguna otra extraña razón que  desconocía no podía escucharla del todo bien, me comencé a levantar de a poco, sintiendo un dolor enorme en todo mi cuerpo, casi a nivel general, mis pies eran los único que al parecer iban a liberarse de un pintoresco hematoma. Ví mi varita a unos pasos de mí, estiré mi mano y la tomé agradecida de aún poder concervarla.

- Drake...- susurré, y al girarme lo pude ver junto a una chica de unos doce años, Anne. Me re incorpore de a poco, y comencé a ver todo, aún sin caer bien en qué es lo que había sucedido, pero no bastó más que ver a un mago desmayado pasos más allá y a otro atrapado entre cadenas con un hechizo de silencio  sobre él, para recordarlo todo. Me moví rápidamente para levantarme.- Ouch.- susurré, retandome a mi misma mentalmente por ser tan poco delicada para algunas cosas.- ¿Qué pasó?.- pregunté idiotamente, mientras me refregaba los ojos para enfocar mejor mi vista, y en ese simple acto sentir como si una manada de elefantes hubiera bailado la macarena sobre de mí. Me dolía todo.

Un nuevo ruido se escuchó fuera de la casa, miré a Drake con ojos de huevo frito, recordando que los hermanos de la pequeña nos habían dicho que eran alrededor de siete los que le habían atacado, y si mis matemáticas no me fallan habíamos dado sólo con dos y yo al menos había terminado fatal, no quería ni pensar cómo nos iría con cinco más. - Debemos irnos.- dije antes de acercarme a ellos y rodearlos para aparecerme en el refugio.

A penas mis pies tocaron el piso de la zona de fugitivos dónde aquella mañana me había topado con Drake escuché la voz de Charlotte y Adam decir el nombre de su hermana, con alivio de verlos ella corrió hacia ellos y con ambos brazos rodeo sus cuellos mientras ellos la abrazaban fuertemente. Miré a Drake y suspiré.- Lo siento por haber sido más un estorbo allá que otra cosa.- apreté mi mandíbula molesta conmigo misma, mientras llevaba mi mirada al suelo.- Pensé que lo tenía pero en un descuido él ya me tenía desarmada, aún me queda mucho por aprender, Drake. Pero a veces siento que encerrada acá  jamás podré hacerlo.- confesé, pero luego inspire profundamente y sacudí mi cabeza.-  Pero bueno, estabas tú allí así que todo salió bien, y Anne ya está con sus hermanos. - puse toda mi energía en poner una sonrisa que pareciera creíble en mi rostro. Mientras pensaba silenciosamente que debía entender que salvar a niños pequeños de las garras de estos idiotas no es lo mío. No pude salvar a Adae, ¿qué me hizo pensar que esta vez sí podría hacerlo con Anne?
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Drake Ulrich el Lun Ago 06, 2018 10:58 pm

Había veces que me gustaba recordar quién era, antaño. Era difícil, teniendo en cuenta la vida que vivo, sentirte como un héroe. Yo antes me sentía así, pero no por prepotencia o necesidad de ser reconocido. ¡Por favor, si era el auror más cutre de toda el Cuerpo Británico! No, no es eso. Siempre me había gustado ayudar, luchar contra la injusticias y salir airoso frente a duelos en donde la máxima es la muerte. Yo intentaba no matar, no era necesario hacerlo para implantar justicia. Aquel día, sin embargo, todo surgió de manera repentina. Si Fly me hubiese visto aceptar aquel cometido de aquella manera tan descarada sin apenas pensármelo un segundo… probablemente me hubiese tirado muy fuertemente de la oreja y me hubiera echado una buena bronca. A veces, incluso, ese sentido sobre-protector y hostil que mi mujer tenía conmigo hasta era suficiente como para hacerme pensar las cosas dos veces. Era curioso como, cuando tu vida está en riesgo, en realidad sólo puedes pensar en cómo tu posible muerte puede perjudicar a la persona que más amas y no preocuparte en absoluto de la tuya propia.

Al finalizar aquel duelo, dejando a los dos enemigos fuera de combate—que no muertos—me acerqué a Stella lo primero de todo, asegurándome de que estaba de una pieza y sus pulsaciones dentro de una normalidad estable. Le acaricié paternalmente la mejilla y, antes de irme a buscar a Anne, destruí las dos varitas de mis enemigos, sin darle oportunidad alguna a que pudiesen salir de ahí.

Encontré a Anne escondida en un armario, apuntándome con miedo. ¿Pero sabes qué? Al parecer sus hermanos le habían hablado de mí: ¡Drake Ulrich, el señor que escapó de Azkaban! Y claro, con esa premisa, ¿cómo no asumir que Drake Ulrich estaría de su parte? Me sujetó la mano y bajamos al piso inferior, en donde tuve que explicarle que en realidad no me escapé yo solo de Azkaban con mi habilidad de torpe auror, sino que me ayudaron a salir, unos aliados muy buenos que ella también tendría en la Orden del Fénix siempre que los necesitase. Fue en ese momento, cuando Stella volvió en sí.

Hey… —mencioné suavemente, acercándome a ella. —Pues que te tocó el tipo difícil, ¿estás de una pieza? ¿Te puedes mover?

Ignoraba los daños que pudiese tener, pero no quería arriesgarme. Si tenía que irme con Anne y volver con atención médica para que Stella no empeorase su posible estado, lo haría.

Sin embargo, se levantó rápidamente, se acercó a nosotros y nos desaparecimos de aquel lugar horrible en el que sin duda se predecía que podrían haber pasado muchas más cosas si no nos llegamos a ir. Una vez en la entrada principal del refugio, yo me estiré para notar varias partes de mi cuerpo que mañana se quejarían, tanto por los golpes de hoy como por la paliza que me iba a meter Fly. Anne corrió hacia donde estaban sus hermanos, que gritaron sus nombres con alivio y alegría. Nos dieron las gracias, pero yo me preocupé más por Stella. Le puse la mano en la espalda, guiándola de manera secundaria hasta la enfermería del refugio.

Stella, si te dejé venir conmigo es porque necesitaba que alguien recibiera los golpes y me distrajera a uno de nuestros enemigos mientras yo estaba con el otro, para yo poder ir uno a uno, ¿sabes? —La miré, de soslayo. —Has hecho tu trabajo perfectamente. Esto es trabajo en equipo.

Obviamente estaba bromeando, no quería que se lo tomara en serio. Esperaba que mi rostro hablase por sí solo, pese a que yo ya notaba con bastante evidencia la tristeza que repentinamente le había inundado.

¿Sabes cuántas veces me presenté para ser Auror, Stella? —Hice una pausa dramática. —Tres veces. Es decir, le preguntas a cualquier conocido mío y te diría que yo jamás podría haber conseguido una plaza en el Cuerpo de Aurores. Era torpe, manazas y vivía a base de descuidos. No veas la de veces que la cagué y tuve que ser salvado por mis compañeros. ¡Mi propia mujer era quién me sacaba las castañas del fuego cada vez que la cagaba! —Reí, encogiéndome de hombros. —¿Pero sabes qué? Al final no importa. ¿Te crees que importa lo que ocurre durante ese momento o cómo termina todo? No es cuestión de hacerlo bien, es cuestión de hacerlo en equipo. Quizás es el consuelo de los perdedores, pero en más de una ocasión por estar entretenidos con el auror idiota, es decir yo, mis compañeros hacían que cambiasen las  tornas de la situación.

Llegamos a la enfermería, pues estaba prácticamente al lado de la entrada del refugio, para ejercer también como lugar de emergencias. Me senté en la camilla, dándole un par de golpecitos a mi lado para que se sentase.

Ni tú ni yo lo hicimos bien hoy. Por favor, me tiraron un armario encima, ¿vale? Tú no lo viste, pero casi muero enterrado vivo por un armario de tres toneladas —confié, casi en un susurro. —Hacerlo bien significa entrar, lanzar un hechizo que deje al otro inconsciente y cumplir con tu misión en el primer intento. Jamás en mi vida he hecho algo así de bien y llevo años siendo Auror. Lo de hoy salió bien porque tuvimos suerte: eran solo dos, no siete y encima uno de ellos era medio idiota. Salimos con vida y no debes de pensar en eso como una derrota, sino como una experiencia más de la que aprender. —Entonces miré al frente, a la pared. —Me acuerdo que mi profesor de la Academia siempre me decía: “Cuando te caigas, levántate con ganas, porque no importan tus victorias, sino tus caídas. Entre más fuerte sean, si te levantas, es que realmente vales la pena.” —Y finalmente la miré a ella. —La Orden del Fénix es una oportunidad muy buena para aprender y saber cómo levantarte después de muchas caídas, pero muchos de los que podrían enseñarte tienen una vida ahí fuera también. Yo, sin embargo, no. Mi mujer me obliga a quedarme aquí sin hacer nada, así que podría ayudarte. Eso sí: en esta partida que nos ha tocado jugar, no vale sentirse derrotada. Hasta haciéndolo mal puedes salir victoriosa y eso tienes que tenerlo aquí. —Posé mi dedo índice en su sien. —Si te sientes derrotada, ellos han ganado.
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