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Who run the world? girls! | ft Sam L.

Caroline Shepard el Miér Mar 07, 2018 4:16 am


Hace un tiempo le había prometido a Sam enseñarle defensa personal. Ya que en los tiempos en que se encontraban el saber defenderse de todas las manera posibles era sumamente necesario. Además, de paso ella se sentía más tranquila sabiendo que su adorable amiga podría pegar un buen puñetazo sin terminar ella más herida que su adversario. Era justo y necesario. Y como ella aprendió dos estilos de autodefensa en su querido Japón se sentía con las facultades necesarias para comenzar a darle clases a su amiga, al menos las cosas básicas.

Habían quedado que aquel día comenzarían sus "clases", y durante la última semana Carol, como toda ravenclaw nerd. Se había hecho toda una planificación, y había buscado lugares en los cuales pudieran entrenar sin tener que temer por sus vidas. Y luego de dar mil vueltas y hacer una que otra llamada había encontrado el lugar idóneo para su primera sesión. Pero no se lo había querido decir a Sam porque le gustaba siempre tener esa cosa sorpresa.

Se levantó sin siquiera sentir la necesidad del reloj, estaba toda hiperventilada porque ella tanto el karate como el Judo, no solo los veía como una ayuda a la hora de luchar sino que como las Artes Marciales que eran. Y como todo Arte eran sumamente mágicas y apasionantes. Y no podía esperar la hora de poder transmitirle sus escasos pero arraigados conocimientos a su adorable amiga. Estaba animada, así que como un bambi en medio de la pradera se levantó de sopetón de la cama y se fue a dar una ducha. Le sirvió comida a los animalitos, que aún seguían durmiendo a pata suelta en la cama de Sam. Menos lenteja, ella no, ella se levantó a duras penas y le siguió al baño y luego a la cocina cabezando de vez en vez, pero luchando para mantenerse despierta moviendo su colita para dar amor.

Quedaron de despertarse a las 7, sí fleje temprano pero era justo y necesario porque lo más tarde que podían salir era a las 8 de casa. Ya que el lugar al que irían tenían 10 horas de diferencia y alcanzar la luz era lo importante. Miró el reloj que se encontraba en el comedor y observó que aún quedaban 15 minutos. Sonrió y se fue a preparar un desayuno de campeones. Ya que ese día necesitaban estar con full energía.

Cuando lo terminó fue con la bandeja hasta el comedor y la dejó sobre la mesa, para dirigirse al equipo de música que tenían, conecto su móvil y sonrió de lado traviesamente cuando subió el equipo a todo volúmen y puso play.


Tomó la bandeja y fue a la pieza de Sam.- A levantarse dormilonaaaaa.- canturreó como todas las mañanas (que tampoco eran tantas) que ella se levantaba primero.- Hoy nos espera un gran día.- exclamó toda animada dejando la bandeja sobre la cama de la legeremante y dándole un mega beso en la mejilla de buenos días. - Hoy dominaremos el mundo.- agregó moviendole las cejas toda divertida.
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Sam J. Lehmann el Jue Mar 08, 2018 4:17 am

Hecho número uno que demostraba que Sam no tenía ni idea de defensa personal: hace más de tres años, incluso antes de estar bajo el yugo de Sebastián Crowley y ser fugitiva, eEn el callejón Knockturn se encontró con un señor que intentó agredirla físicamente tras desarmarla y dejarle sin varita. Si sobrevivió a eso no fueron por sus dotes especiales en algún tipo de arte físico. Ni en broma. El único arte físico que tenía Samantha Lehmann era bailar Beyoncé y poco más. Sobrevivir a eso fue gracias a un alma caritativa que apareció de la nada para apostar por una causa justa, cosa que hizo que se diera cuenta de lo importante que era aprender a defenderse con algo más que solo la varita.

Hecho número dos que demostraba que Sam no tenía ni un pizca de idea de defensa personal: tener que tomar clases de defensa personal. Fue junto a Emily Matthews, una mujer que le había suavizado con esas clases las ganas que tenía de pegarse un tiro por todo el tema de Crowley. Fue más o menos por la misma época. Emily desapareció poco después de empezar las clases a finales del dos mil dieciséis, a la vez que Sam se convirtió en fugitiva por el cambio de gobierno. No ha sabido más de ella.

Hecho número tres de lo patética que es Sam con la defensa personal: se ha roto la mano una vez, además de crear una fisura su dedo gordo en otra ocasión por un golpe mal dado. Por no hablar de lo horrible que es intentando dar una patada. ¡Y por no hablar de lo horrible que es intentando esquivar un golpe! ¡Eso era pésimo!

¿Ha quedado claro ya lo inútil que era?

Vamos, tenía las nociones básicas además de las ganas de aprender, pero había una cosa clarísima en esta vida: Sam Jota Lehmann no había nacido para pegar a otras personas ni aprender a sincronizar de esa manera todas las partes de su cuerpo. Las artes marciales eran algo que le costaban horrores, por una parte por su naturaleza dulce e inocente, y por otra porque tenía cero fuerza y coordinación.

Pero sabía que con su amiga aprendería más de lo normal, ya que Caroline era capaz de conseguir lo imposible. Y más. Y aunque tampoco es que fuese una de sus pasiones, sabía que debía hacerlo y el hecho de hacerlo con su amiga aumentaba considerablemente su motivación.

Se despertó moviendo el culito con lentitud y pereza. Beyoncé alegraba las mañanas a cualquiera, pero a Sam le daba totalmente la vida a esas horas tan tempranas a las que hacía tanto tiempo no se levantaba, más o menos por allá cuando tenía trabajo. ¡Menuda monotonía tenía entonces! La añoraba. Alucina, ¿eh? Samantha estaba añorando la monotonía de una vida laboral, pero era su monotonía; su vida. Madrugar a las seis y media, salir a correr, ducharse, tomarse un buen desayuno y luego ir a trabajar de algo que adoraba. ¿Y ahora? Bueno, ahora dormía más, hacía bastante el vago e iba por ahí a por gente malvada que quería hacerle daño. La vida que cualquiera querría.

Comenzó a murmurar la canción que sonaba desde el salón, consciente de que en el momento menos esperado Caroline abriría la puerta, mimándola con el desayuno como muchas veces hacía. Cuando la escuchó canturrear, solo pudo estirarse mientras sonreía, aún sin abrir los ojos. Se podía acostumbrar a eso. Abrió entonces un ojo de muy buen humor, justo a tiempo de recibir el beso de buenos días de su amiga mientras seguía estirándose—Uy, eso de dominar el mundo suena a que me voy a cansar mucho —dijo tras carraspear un poco y aclararse la voz, sentándose en la cama mientras miraba con ojos hambrientos—sí, ojos hambrientos—la bandejita que había traído Carol. —¿Me vas a decir ya a dónde vamos a ir para saber al menos como vestirme? —Se restregó un ojo y la miró de arriba abajo a ella, viendo que no iba especialmente abrigada. —¿Vas a ir así, con el frío que hace? —Porque no, Sam no sabía que se iban a ir a algún lugar con diferencia horaria, simplemente ir a algún sitio a esa hora tan temprana, pero suponía que en Londres. Cogió entonces el zumo de naranja que estaba sobre la bandeja y ahora fue Sam quién le dio un besito en la mejilla a Carol. —Gracias —dijo, elevando el zumito, en relación a haberle llevado a la cama el desayuno. Bebió un poco y luego cogió un bollito de crema. Le encantaban los bollos, ¿lo sabías? Antes de pegarle un bocado, volvió a mirarla. —¿Tienes algún método de sanación urgente por si me vuelvo a romper la mano por tercera vez? Yo solo aviso. Mi mano es débil. Necesito tomar más calcio para fortalecer mis huesos. Aunque con la suerte que tengo, en mi primer día de entrenamiento seguro que me pasa alguna otra desgracia —dijo divertida, haciendo gala de su mala suerte.
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Caroline Shepard el Sáb Abr 07, 2018 12:07 am

Cuando la observó allí desperezándose  en un sonriente estiramiento se vio sumamente tentada a sumarse junto a su amiga, haciendose un lugarsito en su cama y apacharla. Es que Sam en ese preciso momento parecía una oveja tierna, esponjosa y abrazable ante sus ojos. Pero frenó su primer impulso porque sabía muy bien que si lo hacía se rendiría ante la increíble sensación de encontrarse acurrucada junto a su mejor amiga y el panorama de comer cosas ricas viendo maratones de series destruiría por completo el panorama que había planeado tan arduamente para aquel día. – Sí, nos cansaremos pero el sentimiento que dominará este día será de felicidad, i cross my heart.- le dijo haciendo una cruz en su corazón dulcemente. Porque claramente tenía pensando mucho ejercicio y entrenamiento pero en un lugar que era imposible no hacer todo aquello con una sonrisa del porte del Everest. – No, no lo haré.- dijo con una mirada traviesa sentándose a los pies de la cama de la rubia.- Sólo diré que debes ir con ropa cómoda y deportiva, y con muchas pero muuuuuchas ganas de aprender y pasarla bien.- dijo toda animada, es que lo estaba y mucho. Nada podía quitarle la sonrisa que tenía en su rostro, que se encontraba como tatuada y de difícil fin. – Pues sí, ¿qué quieres que te diga? Soy una persona de temperatura cálida.- Bromeó encogiéndose de hombros junto a una sonrisa juguetona. Es que lo que no sabía su adorable amiga es que aquella mañana irían bien lejos de Londres, donde el clima era tropical y caluroso. Cerró sus ojos con una sonrisa boba cuando recibió el besito de Sam, era casi un ritual mañanero de las dos, sin importar el día ni la hora ella siempre pasaba a la habitación de su amiga en busca de su beso del día, sentía que si no lo hacía el día no empezaba oficialmente, ese simple gesto la llenaba de energía. – No hay de qué, guapa.- le dijo sonriente mientras le robaba un mordisco de una de sus tostadas. Que ella ya había comido pero era de esas personas que no podía evitar probar un poco si es que le ponían comida enfrente. Porque pese a que su cuerpo no lo demostraba era una muy glotona, jamás podría hacerle un desaire a un alimento. - ¿Qué dices? Ya verás cómo volverás sanita y salva al finalizar el día. No dejaré que nada malo te pase.- le prometió sonriente.- Ahora come raudamente, que nos esperaba un hermoso luuugaaar.- canturreó una vez más, solo por la felicidad que sentía en su interior. De un salto volvió a estar de pie y toda animosa comenzó a caminar nuevamente a su habitación.- Iré a afinar unos últimos detalles, nos vemos en el comedor cuando termines de comer y arreglarte.- le dijo y antes de desaparecer casi por completo de la habitación de la rubia asomó su cabeza por la puerta y le ofreció una sonrisa radiante junto a una sonido de emoción. - Our love we can devour, you'll do anything for me. Who run the world? girls! .- cantó ya en el pasillo audiblemente mientras movía sus hombros imitando la increíble coreografía de la diosa de diosas Beyoncé.

[minutos después]

Cuando ya estuvo lista fue al living y espero sentadita en el sillón a Sam.- Me estoy haciendo más vieja, Jotaaaa.- dramatizó en un grito a su amiga. Es que cuando algo la animaba se ponía muy ansiosa y el tiempo se le hacía eterno. Es por eso que cuando vio a su persona favorita no tardó en ir a su encuentro y quedar de frente a ella con una sonrisa gigantesca.- ¿Lista?.- le preguntó llevando ambas manos a los hombros de la maga, y sin apartar la mirada de la suya se  le acercó.- Ahora tan sólo cierra tus ojos y confía en mí…- susurró antes de que todo comenzará a girar a su alrededor.

Y cuando sus pies volvieron a tocar el piso, ya no era la textura de la cálida madera del suelo de su hogar, era una mucho más arenosa, y muy lejos de donde se encontraban.- ¡Taraaaaaaa!.- exclamó como una maga que saca un conejo escondido de su sombrero, extendiendo ambos brazos para presentarle tan hermoso paisaje e ignorando monumentalmente la desagradable sensación que siempre le dejaba una aparición, es que ese lugar valía la pena totalmente.-  Mi querida Sam, te presento la hermosa playa de la increíble Isla Miyako.- le relató sonriente,  mientras giraba sobre su propio eje para observar el amplió y resplandeciente mar unos pasos más allá. – Sí, estamos en Japón jiji.- agregó girando de medio lado y ofreciéndole una sonrisa juguetona. – Esta Isla fue mi hogar por un buen tiempo, y es…- hizo una pausa para encontrar la palabra precisa que describiera ese lugar.-… mágica.- terminó por decir en un largo suspiro, de esos de enamorada. Se acercó a su amiga y le rodeó sus hombros con su brazo.- Te he traído acá por varias razones, tanto prácticas como emocionales. Primero…- le dijo mientras comenzó a caminar con ella, saliendo de debajo de esa enorme roca que las cubría de ser vistas por personas no mágicas.- …porque acá mi querida y hermosa Sam nadie te perseguirá, acá todos son amigos, comprobado al cien por cien.- dijo con tono seguro ya que ella se había encargado de hacer las averiguaciones pertinentes con sus conocidos.- Así que acá SOOOOOOOOOOOMOS LIIIIIIIIIIIIBRES.- gritó alegre soltando una risita alejándose de ella y abriendo sus brazos para comenzar a girar sintiendo el sol acariciar su rostro con sus rayos de luz.- Segundo, para el entrenamiento que tengo pensando la arena será una muy buena aliada, ya pronto te explicaré aquello con más detalles.- le señaló guiñandole un ojo.- Y tercero y último (pero no por eso menos importante) porque después de nuestro entretenido día de práctica te llevaré a la casa de uno de mis compañeros más hermosos que tuve la suerte de toparme lejos de Londres, que estoy segura se llevarán genial. Y como dato,  cocina de mil maravillas.- terminó por decir toda emocionada apachurrando a su amiga cerca de ella y darle un besote en la frente.

- Ahora ¿lista para tu primer entrenamiento bajo este hermoso sol en este increíble lugar?.- le preguntó alejándose de ella, llevándose sus manos a la cintura y moviéndole provocadoramente sus cejas de arriba abajo. - ¡Ah! Y por si te lo preguntabas he guardado tu traje de baño en mi bolso sin que te dieras cuenta jijiji .- dijo achinando sus ojos y encogiéndose de hombros traviesamente.- Pero nada de nadar hasta después de entrenar.- dijo negando con su índice.- Desde ahora en adelante paso a ser la profesora Shepard. La profe estricta  pero simpaticona, y guapa también, claro está.- bromeó lanzándole un beso a su amiga y poniendo una pose coqueta.

Miyako, magic place:
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Sam J. Lehmann el Lun Abr 09, 2018 4:12 am

Era imposible no levantarte con energías con Beyoncé de fondo; un hecho en la vida de Samantha. Además, no era solo levantarte con energías, sino levantarte bien, con buen humor y ganas de disfrutar el día que se presentaba aunque tuvieras que madrugar. Aunque bueno, seamos sinceros, desde que vivía en casa de Caroline el humor de Sam cada mañana era maravilloso aunque durmiese menos de seis horas cada día y es que, desde hacía años que dormía fatal y poco. Y normal, cuando una persona controla hasta el mínimo centímetro de tu vida, una se emparanoia con la cantidad de monstruosidades que puede llegar a hacerte. Y claro, una vez te lo quitas de encima, vienen sus hermanos a demostrarte físicamente la de cantidad de monstruosidades que podían llegar a hacer los Crowley y... ahí tenían a Sam, con el sueño desecho del miedo. ¿Pero quién podía despertarse de mala leche por eso, cuando te despierta una Caroline con el desayuno y un besito de buenos días? Nadie, señores, nadie podía.

Bebió del zumito mientras la miraba con reproche al ver como mordía una de SUS TOSTADAS, que vale, la había hecho ella, pero eran SUYAS. Aquí no había respeto ya por la comida. —Me abruma tus energías esta mañana, Caroline, ¿qué te has tomado? ¿Me has echado en mi zumito eso? ¡Yo también quiero! —bromeó divertida, para entonces asentir animadamente a las indicaciones que le decía para cuando terminase de comer. Ella sería rauda y veloz, porque seamos sinceros: no hacía falta tomarse alpiste por la mañana para estar así de feliz, el simple hecho de hacer algo fuera de lo normal e ir a hacer un plan como ese con Caroline, ya era motivo suficiente para levantarte de la cama pletórica. Tragó rápidamente el trocito de tostada que tenía en la boca cuando vio a Caroline cantar desde la puerta, para poder acompañarla en el grito de: —¡Girls! —Rió al verla, para entonces seguir comiendo.

***

Apenas tardó cinco minutos en comer, a lo que se levantó y se dirigió al baño, a asearse un poco y lavarse los dientes. Volvió brincando a la habitación y eligió su ropa: unos leggins, sus playeras, una camisilla deportiva y una sudadera bien calentita. Se vio al espejo, viendo que no estaba pintada ni nada... pero le dio pereza maquillarse aunque fuese un poquito, si total, era una bobería si iba a ir a hacer deporte. Un poco le pasó lo mismo con el pelo, por lo que se lo peinó un poco con los dedos y se lo dejó medio alocado o, en sus propias palabras: como una loca. Fue entonces cuando escuchó a Caroline, a lo que cogió su pequeña mochilita con sus cosas en el interior y salió al salón, dando un pequeño saltito para presentarse preparada cual soldado a punto de empezar su entrenamiento militar. —¡Lista! —Contestó, sonriente, para entonces obedecer cuando le puso las manos sobre los hombros y le pidió que cerrase los ojos. —¿Que confíe en ti? Qué cosas más complicadas me pides, Carol... —Ironizó divertida, como si su amiga le tuviese que pedir eso.

Años siendo su ángel guardián en Hogwarts y ahora siendo uno de los pilares que la mantienen con una sonrisa en la cara en lo que viene siendo su vida de mierda, ¿cómo no podía confiar en ella? Con eso en mente, notó como todo daba vueltas a su alrededor sin la necesidad de abrir los ojos, para sentirse en un espacio y ambiente totalmente diferente. Abrió los ojos y, pese a que estaba en una sombra propiciada por una gran piedra, entrecerró los ojos por la claridad del sol sobre la arena prácticamente rubia. Miró a ambos lados, esbozando una sonrisa cargada de ilusión y dando varios pasos para admirar casi con emoción el mar. ¿Hacía cuánto tiempo que no veía el mar? Era triste decirlo pero... ¿años? ¿Cinco, seis? Madre mía. —Es broma —le dijo así, de repente, con toda la seriedad, sin creerse que pudiera estar en Japón en, literalmente, un cerrar y abrir de ojos. —¡O sea, que viviste aquí durante años y no me invitaste ninguna vez! ¡Caroline Aileen Shepard, me parece fatal! —Y se acercó a ella con ganas de atacarle a cosquillas—porque ellas se castigaban la una a la otra con cosquillas, ¿vale?—, pero recibió un medio abrazo de su amiga que, obviamente, aceptó con gusto, mirando todavía el mar y pasando su brazo alrededor de la cintura de Caroline. —¿Sólo mágica? Tía... es precioso. Buah, entre que parece el paraíso y hacía mil años que no veía el agua del mar... parece que hasta estoy en otro planeta. Y es triste, teniendo en cuenta que Inglaterra es una maldita isla. Una isla muy grande, ¡pero una isla! —Y, tras esa queja, miró a Caroline mordiéndose el labio inferior, para escuchar con tranquilidad lo que decía: los tres motivos por haber ido ahí. Aunque a Sam le valía solo uno: era precioso y merecía la pena.

Sólo el primer motivo ya hizo que para Sam valiese totalmente todo: ser libre. Bueno, sentirse libre. En la sociedad en la que vivían era imposible ser libre, por lo que casi que era como una actitud lo de querer sentirte libre, pese a que fuese muy, muy complicado. —¿Para que si me caigo la arena haga de amortiguador con mi culo? —preguntó divertida tras el punto dos, para luego reír y continuar escuchándole. ¿E ir a conocer a un amigo japonés de ella? Bueno, asumía que era japonés. A lo mejor era filipino, ¿sabes? Tal y como va la vida, con la cantidad de españoles que hay en Londres, era totalmente plausible que hubieran muchos filipinos en Japón. —Ay... —Suspiró ella esta vez. —¡Qué guay! ¿Me has hablado alguna vez de él? Es que me has hablado de tanta gente de tu vida aquí que puff... —Se volvió a morder el labio inferior, aunque esta vez en plan olvidadiza. —No me quedo con los nombres japoneses, tía, son muy difíciles y parecidos —confesó, acortando la distancia con ella para recibir el abrazo. —Chun Lin, Lee Chan, Shin Chan, Kiu Man, Lee Sin... —comenzó a decir, riéndose.

Entonces Caroline se puso seria, separándose de ella para volverse Shepard, la profesora Shepard. Sam se puso firme y se llevó la mano abierta a la frente, cual saludo militar. —Yo siempre estoy lista, Shepard. —Parecía que estaba enfadada con ella hablándose por su apellido, pero también solía usarlo en estas situaciones tan divertida y no iba a dejar pasar la oportunidad. Rió cuando le confesó lo del traje de baño. —¡Pues menos mal! Porque el agua me estaba llamando a gritos y ya estaba sopesando la idea de meterme así. De cabeza. —Y entonces la miró con una risueña sonrisa. —Obviamente, la más guapa —le dijo con ternura.

Entonces se descalzó, dejando los zapatos a un lado junto a su mochila y quitándose los calcetines. Solo entonces, miró a Caroline, dándose cuenta de que quizás era necesario permanecer con los zapatos puestos porque... sí. —¿Me los tengo que volver a poner? Asumí que estando en la playa... era un sacrilegio para la vida quedarse con los zapatos sobre la arena. —Se miró sus propios pies, moviendo los dedos con diversión.
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Caroline Shepard el Lun Abr 30, 2018 9:46 pm

Estaba sumamente emocionada y ansiosa por vivir ese día junto a Sam. Tanto así que nisiquiera esa horrible sensación que le producía la aparición causó estragos en ella, manteniendo la misma sonrisa radiante que tenía en su rostro desde que se había levantado esa mañana. Había planeado con sumo detalle todo aquel día y realmente esperaba de todo corazón que saliera perfecto. Porque el estar allí no sólo sería para ayudar a su querida amiga a defenderse - aunque era lo que ella más se enfocaría, claro está- sino que también era mostrarle una parte de lo que fue su mundo por tanto años.

- No, no lo es.- le canturreó, como lo hacía cada vez que estaba cautivada por una situación. Se mordió el labio traviesamente al verla así de feliz, es que si había algo que le alegraba en el mundo era ver el rostro de Sam iluminarse por algo. - ¡Hey!.- exclamó haciendo un puchero cuando escucho su segundo nombre en una frase. Un nombre que cabía destacar jamás ha tenido por completo su simpatía.- No traigas a Aileen al baile, que yo puedo traer también a un cierto nombre con J que se nos una, eh.- le indicó aún con rostro de "No es justo" cuando la vió acercarse con manitos de cangrejo, con lo que ella estaba segura era una ataque de cosquillas por parte de su rubia favorita. Pero antes de que eso se llevará a cabo fue ella quien la atacó primero, pero no con movimientos saca sonrisas sino que con una mega abrazo, suspiró.- Lo siento. Sé que debería haberte traído, debería haber hecho muchas cosas...pero ya estamos aquí. Más vale tarde que nunca ¿no?.- le dijo apachurrandola más a su lado y  ofreciéndole una sonrisa encantadora. De esas que era imposible seguir reclamando algo aunque uno quisiera. - ¡¿Mil años?! Pero Sam...- y ahí volvió el puchero le abrazó aún más ahora con ambos brazos. Es que le daba una tristeza inmensa que alguien pase tanto tiempo sin ver la hermosura del mar, y más si esa persona era su querida amiga.- Conmigo verás el mar muy seguido, porque pretendo que cada día de entrenamiento sea en un lugar distinto y, ahora qué me dices esto, lo haremos en lugares donde el agua este sin lugar a duda como parte del paisaje.- le tendió un besito.  Es que Sam, tenía ese increíble donde de sacar su lado más cariñoso, porque ella no se caracterizaba por ser una persona muy de piel,  pero con su amiga ese lado salía a flote como un gran pato de ulé en medio de una tina llena de agua espumosa.

Se alejó de ella y giró sobre sus pies con los brazos extendidos, un gesto que sólo cobraba sentido cuando uno se encontraba en lugares como ese. Lejos de todo y de todos, recibiendo lo más bonito de la naturaleza junto a una persona grandiosa. La dicha misma. Miró a Sam y comenzó a explicarle las razones de por qué se encontraban allí y no en algún lugar cerca de casa. Rió.- Diez puntos para Ravenclaw.- bromeó toda seria en cuanto escuchó lo que decía de la arena, para luego echar a reír.- ¡Acá vive Tak-tak!.- exclamó sonriente, como si con tan sólo decir aquel apodo la rubia debiera saber quién era. Es que lo ha nombrado muchas veces, porque su amigo merece ser recordado muchas veces. Es que Takao, es un ser increíble.- El ser más excentrico, unico y cariñoso que conocerás en tu vida.- sentenció animada. Es que había soñado tantas veces con ver a Sam y él juntos, porque es  juntar a dos personas grandiosas que conoces y que estas segura que se llevaran de mil maravillas. Una explosión de amor y diversión, así lo veía ella. Una mezcla maravillosa. - Ay, y ni me digas de los nombres que me costó un mundo poder decirlos correctamente.- dijo entre risas.

Pero ya era hora de concentrarse,  y comenzar el entrenamiento. Adoptó su mejor postura de profesora seria (pero que no se la creía ni ella misma). Rió cuando le vió poner esa pose y llamarle por su apellido.- Muy bien, señorita Lehmann.- dijo poniendo un rostro todo serio,  pero que ese apretón en sus labios sólo indicaba que había una sonrisa sedienta por escapar.- Ay tía, que a mí también me dan unas ganas de ir y tirarme de cabeza al agua...- comentó en un suspiro mirando el mar, olvidándose de todo y echando a volar su papel de profe toda seria que había adoptado.- Igual podríamos revertir un poco el orden y empezar por darnos un chapuzón ¿no?.- miró a Sam y se mordió el labio traviesamente. Es que tanto el mar como Sam eran sus puntos débiles, sus talones de Aquiles ¡imaginense la oportunidad de tener a los dos allí al alcance de tu mano! ¡Qué tentación!.- No, no, no. ¿Qué cosas digo? Primero a entrenar, después nadar y luego...una bomba de diversión junto a Tak-tak.- terminó por decir con una amplia sonrisa.

Cuando le vió allí sin zapatos, ladeó su cabeza dulcemente.- Definitivamente eres mi alumna favorita, Lehmann.- le dijo sonriente.- Pues estas en lo correcto ¡zapatillas fuera!.- exclamó animadamente para sacarse las suyas de paso. Ya descalza sacó de su  bolso un tríptico.- Amo hacer tripticos jijiji .- confesó con ojos achinados y brillantes para luego  extenderlo a su amiga.- Bueno desde ahora sólo quedará como sorpresa los lugares en que entrenaremos porque allí está toda la información. - le señaló lo que había confeccionado a mano y que con un poquito de magia hasta había logrado que sus figuras dibujadas a mano se movieran dándole más interacción: un dibujo corriendo, otros haciendo abdominales, flexiones, posturas de ataque y más.-  Como en el tiempo en que nos encontramos el peligro de ser atacadas está siempre a la vuelta de la esquina, mi plan es que en las primeras cinco sesiones sólo te enseñe técnicas de Defensa personal. Cosas básicas de cómo reaccionar dependiendo desde dónde y cómo seas atacada. Para luego, en un entrenamiento mucho más prolongado comenzar a entrenar el hermoso arte marcial del Karate. En la otra hoja, ésta escrito lo que haremos a continuación más otra versión que se adapta tanto para la ciudad como en casa. Porque desde ahora mi querida alumna Lehmann, el entrenar debe ser de todos los días. O la menos tres veces a la semana. Ya que nuestro cuerpo es nuestro escudo de protección por lo que debemos prepararlo y conocerlo lo mejor posible. Pero ya basta de blablabla y vamos a la acción.- dijo toda emocionada dando un pequeño saltito en su lugar.

- Comenzaremos entonces con una breve soltura, activación de nuestras articulaciones y elongación de nuestros músculos. Para preparar y activar a nuestro cuerpo de lo que se le viene. Empezamos por nuestros pies...- comenzó a decir a medida que le iba mostrando a Sam lo que debía ir haciendo: mover sus pies, sus tobillos, rodillas y de allí seguir subiendo por todo su cuerpo.

Después de unos diez minutos de soltura y activación agregó- Nuestro cuerpo ya está más activo y con una mayor temperatura por lo que estamos listas para comenzar a correr por veinticinco minutos. Nuestro objetivo será terminar corriendo por lo menos por cuarenta y cinco minutos, pero recién estamos comenzando así que hay que empezar despacito para no dañarnos. Lo principal es no parar, disminuir tal vez el ritmo pero no detenerse. Para eso nos ayudamos de la respiración y dejamos atrás nuestra mente, ya que nuestro cuerpo siempre puede más de lo que creemos. Y la arena, bueno es porque correr aquí cuesta el doble y por consecuencia tiene mayor impacto en todo nuestro cuerpo. No tenemos el tiempo a nuestro favor por lo que mientras más cosas nos ayude en apresurar nuestra preparación mejor.- le señaló para luego tomarla de la mano e ir con ella a la orilla del mar donde el suelo se encontraba mucho más nivelado.

No pudo evitar que una risita se le escapará cuando una ola traviesa llegó a rozar su pies mojandolos.- Delicioso.- dijo sonriente para luego mirar a Sam.- He traído una lista de músicaaaa.- le dijo cantadito mientras le mostraba un mini parlante que tenía en su cadera. Para luego apretar play. Los hombritos se le empezaron a mover solos y la sonrisa se le agrandó.- ¿Lista?.- le preguntó.
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Sam J. Lehmann el Miér Mayo 02, 2018 3:28 pm

Alzó sendas manos a la vez, como si fuese inocente, cuando le 'amenazó' con traer a cierto nombre por J. Creía recordar que actualmente, sólo Henry y ella lo sabían. —Tu segundo nombre es infinitamente más bonito que el mío, no es justo. —Se quejó divertida, para entonces recibir un abrazo y una disculpa por parte de su amiga. En realidad no le había dicho nada de eso con sinceridad. Si nos poníamos a pensarlo fríamente... Sam entendía que Caroline hubiera rehecho absolutamente toda su vida en Japón, alejados de Henry y ella. Y es que, por mucho que hubieran pasado siete años increíbles en Hogwarts, la gente crece, cambia y se adapta a una nueva vida. Y era más que comprensible no llevar a tus amigos del pasado a tu futuro. Jamás se lo echaría en cara, ni muchísimo menos. Quizás, por eso, estaba tan agradecida de que hubiese vuelto a su vida y con una naturalidad en la que casi parece que no ha pasado tiempo desde aquel día de su graduación, en el lago. —No seas bobilina, Carol, no tienes que disculparte por nada. —Y luego rió, pues quizás exageró un poco con lo de los mil años, pero sí que había sido muchos, muchos años. O al menos haber visto el mar y disfrutar en el proceso, porque tal y cómo estaba su vida hasta hace pocos meses, pocas cosas disfrutaba. —Tú lo que quieres es que no preste atención a las lecciones porque estaré babeando por el agua del mar, ¿verdad? —dijo risueña, entrecerrando los ojos al recibir el beso. —Pero te compro la idea. Llegaremos todos los días a casa como gambas recién guisadas, pero merecerá la pena. —Porque ya lo estaba pensando y, con el buen día que hacía ese día en Japón, estaba segura de que iban a terminar con las mejillas y la nariz rojas, como mínimo.

Y luego se sorprendió gratamente. Tak-tak probablemente era el único japonés del que Sam recordaba su nombre, más que nada porque era un apodo y no un nombre japonés como tal. Caroline le había hablado mogollón de él y, por todo lo que la pelirroja le decía, excéntrico y cariñoso eran dos adjetivos que se le quedaban bien cortos. De hecho, seamos sinceros, en su momento sintió celos amistosos del tal Tak-tak, ¿vale? ¡Era injusto que él tuviese a una Caroline Shepard en su país y ella no! —¿En serio hemos venido a conocer a Tak-tak? —preguntó, con la boca entreabierta. —¡Siempre quise conocerlo! ¿Sabe que venimos o le vas a coger por sorpresa?

Por un mini-segundo Sam pensó que Caroline se dejaría llevar por el encanto del mar y variaría el orden de las cosas, pero no fue así. La rubia chasqueó la lengua, visiblemente divertida, cuando descartó esa idea y priorizó el entrenamiento. ¡Que ojo! Sam estaba deseosa de empezar el entrenamiento con Caroline. Había visto de lo que era capaz su amiga y... madre mía, sabía que no iba a llegar nunca a estar a su nivel, pero le encantaría al menos saber un cuarto de lo que ella sabe para no sentirse desprotegida y vulnerable cuando no tiene varita. —¡Vale, venga! ¡Nada de mirar al mar! —La animó divertida, pegando un par de saltitos como si estuviese calentando. Entonces se acercó a ella tras quitarse los zapatos, para admirar ese bonito tríptico que había hecho su amiga y que era, sencillamente ADORABLE. Se imaginó a Caroline, en el escritorio de su cuarto, haciéndolo y... vamos, qué le enamoraba el alma. Atendió a su discurso, asintiendo con la cabeza. —Entrenaré todos los días, evidentemente —le contestó, orgullosa. —Como si tuviera algo mejor que hacer, ¿no? —Que sí, que en breve comenzaría a trabajar, pero no sería precisamente un trabajo que le ocupase demasiado tiempo de su vida. Y Sam adoraba mantenerse ocupada.

Comenzaron a calentar entonces todas las partes del cuerpo, haciendo ejercicios la gran mayoría estáticos y de movimiento de las articulaciones. Lo menos que querían eran salir lesionadas por no calentar; eso era algo que ya habían aprendido con el tiempo. Así que después de unos minutos preparándose, llegó la primera parte: la resistencia física. Y, por suerte, era lo ÚNICO que se le daba bien a Sam. Cuando tenía una vida normal salía a correr todas las mañanas antes de ir a trabajar y, cuando vivía en una tienda de campaña en sitios aleatorios de la vida, lo único que hacía para intentar imaginarse que todo seguía igual y desestresarse era correr. Pero claro, quizás había estado un poco desentrenada estos últimos meses en casa de Caroline, sobre todo este año, que desde lo de los Crowley ha tenido miedo real de salir a la calle.

Fueron hasta la orilla, a lo que Sam miró a su ahora profesora con una sonrisa ladeada. —¿Sólo veinticinco minutos entonces? Yo creo que puedo llegar a los cuarenta y cinco, ¿o eres tú la que necesitas empezar en un nivel más bajito? —La miró de arriba abajo, en un intento de cuestionarla, con una sonrisa de lo más traviesa. La estaba molestando.

***

Estuvieron los cuarenta y cinco  minutos corriendo, a un ritmo bastante normal y sin acelerar demasiado. Correr en arena era muchísimo más duro que correr por asfalto y eso se notaba. Entre  eso y que la música sólo hacía que Sam quisiese cantar y revolcarse por la arena—cosa que no podía hacer o se iba a quedar sin aire el doble de rápido—, se le hizo bastante largo. Eso sí... mereció la pena. Esa situación en su vida venía no como una pequeña brisa de aire fresca, sino como una tormenta de necesidad. Un lugar paradisíaco, una compañía formidable, haciendo deporte y... ahí había un mar, en calma y limpio, que parecía estar gritando sus nombres.

No supo cuántos kilómetros hicieron, pero cuando sonó la alarma de Caroline, Sam bajó el ritmo progresivamente antes de tirarse al suelo y hacer lo que llevaba deseando hacer desde el minuto uno. Se tiró a la arena y giró cual croqueta, para entonces quedarse boca arriba y cantar gritando la canción que ahora mismo sonaba en el reproductor de música de Caroline. —¡LISTEEEN! I am alone at a crossroads, I'm not at home in my own home. And i've tried and tried to say what's on my mind. You should have known. ¡Now i'm done believing you! You don't know what i'm feeling. I'm more than what you've made of me. I followed the voice, you gave to meeeeee... —Y, entonces, se quedó sin aire y más a gusto que un patito. Suspiró fuertemente y rió ampliamente. —Qué temazo es ese, madre mía. ¿Te he dicho ya que Beyoncé es mi amor platónico? ¿Cuándo me vas a llevar a conocerla, Caroline? —Preguntó, aún riéndose ella sola mientras se sentaba sobre la arena y se levantaba de un saltito, bien animada. ¿Cómo no iba a estar animada? —Bueno, venga. —Suspiró, de nuevo. —¿Y ahora qué, profesora Shepard? ¿Quiere que le demuestre mis habilidades en batalla física? —Se puso en posición de boxeo, pegando un puñetazo bastante cutre al aire. —¿O dejamos esta humillación para la intimidad de nuestra casa? —Añadió, riéndose ampliamente.
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Caroline Shepard el Mar Mayo 15, 2018 5:32 am

Sus años lejos de Londres fueron hermosos. Llenos de aventuras, personas y lugares increíbles. El Oriente era el paraíso de las criaturas marinas, era su hogar predilecto por lo que los amantes como ella de todo el mundo acuático realmente podían sumergirse de lleno por estas tierras y no salir a la superficie nunca más. Y así estuvo ella, recorriendo por diez años este lado del mundo y nutriéndose lo más posible de algo que le apasionaba de sobremanera. Pero ahora, que se encontraba rodeando la cintura de su amiga en un mega abrazo pegadita como una sanguijuela pensó qué, no se arrepentía de haber vuelto y ahora encontrarse al lado de Sam. Sí, habían sido diez años maravillosos pero estaba segura que si hubiera decidido quedarse allí su brújula pasaría desequilibrada...ya que su Norte ahora se encontraba en Londres, junto a Henry y Sam.- Sí, ese es mi plan malévolo.- bromeó divertida aún sin apartarse , es que estaba tan re cómoda allí.- Tía, que seremos la envidia de todo Londres. Todos blanco como la nieve y nosotras todas morenzas.- movió sus cejas y rió. - He traído protector...- dijo alejándose de ella y sacando uno de su bolso.- Mírame.- le señaló para luego comenzar a repartir crema por todo el rostro.

- Siiiiiiiiiiii, se conocerán al fin.- señaló emocionada dando pequeños saltitos de alegría. ¿Es que saben por cuánto tiempo ha deseado esto? ¡Muchísimo! ¡Por años! Su sueño era poder ir de fiesta con Tak-tak, Sam y Henry. Jamás se dió antes por la diferencia horaria y bueno, la pérdida de contacto posterior. Al menos hoy podría cumplir a medias su fantasía. - Lo sabe desde hace un tiempo, no sé con qué nos encontremos pero conociendo a Tak-tak nos tendrá una bienvenida en grande. Lo último que preguntó es que si nos gustaban las lentejuelas...- señaló haciendo una mueca divertida para luego encogerse de hombros soltando una risita. Es que su amigo estaba loco, pero de esos lindos y que uno tan solo puede amarlos.

Ufa, y después vino el Mar. Es que acaso había algo más coqueto y hermoso que esa agua salada. Al menos para la pelirroja no, de hecho el estar tan cerca de él y no haberse sumergido le hacía sentir toda una guerrera. Que el mar era su talón de aquiles, su debilidad...pero también lo era Sam, y le había prometido enseñarle autodefensa y eso es lo que haría primero que todo.   Así que guardando en una cajita sus ganas de nadar comenzó a explicarle el plan de acción a su querida amiga, con tríptico y todo. Es que ella amaba hacer esas cosas manuales y luego ponerles un poquito de magia para darles mayor diversión.

Luego de explicarle todo con detalle comenzó su parte favorita: la práctica. Empezaron soltando su cuerpo, activando sus articulaciones y elongando los músculos protagonistas de la sesión de hoy. Es que si algo había aprendido durante todos sus años de entrenamiento es que al cuerpo se le prepara tanto para empezar como para terminar una práctica. Esta última es lo que a manera personal más le costaba, es que imaginense terminar una sesión de más de tres horas y después con todo tu cuerpo molidito tener que volver a elongar, pfff era un martirio. Pero después se dió cuenta que ese dolor que se sentía si no elongaba al otro día se triplicaba y amanecía tiesa como una estatua. Así que por eso en su tríptico salía "Elongación y soltura antes y después de la sesión" en negrita y con brillo a los lados, re monona.

Ya listas en la orilla y con los zapatillas a un lado se dispusieron a correr, ella por su parte había traído una playlist para amenizar la corrida. - ¡JÁ! Guapa,  que yo puedo correr hasta más de una hora sin cansarme. Soy una máquina.- le dijo guiñandole un ojo toda vanidosa, pero es que no mentía tenía una resistencia buenisima. Aunque ella prefería ocuparla en otras cosas, el correr no era de sus cosas favoritas pero aún así lo hacía porque sabía que era una manera de entrenar y preparar el cuerpo muy completa.

[***]

La falta de práctica le había pesado durante esos cuarenta y cinco minutos, no se había detenido nunca pero le había costado. Es que el cuerpo tiene memoria y te cobra la factura si tu lo abandonas por un tiempo. Y eso había hecho ella durante estas últimas semanas. Había bajado considerablemente sus horas de entrenamiento por cosas del trabajo pero más que nada por pasar más tiempo junto a Sam. Por lo que comenzar a practicar junto a ella le vino como anillo al dedo ya que así se cercioraba que estaba bien, entrenaba y al mismo tiempo le enseñaba a defenderse. ¿Podía haber un panorama mejor que este? No lo creía.

Rió cuando al sonar su alarma lo primero que hizo Sam fue tirarse en tiro libre a la arena y rodar por ella toda feliz. Que linda imagen tenía enfrente ¿a dónde estaba su cámara en esos momentos? ¡JUSH! Pero a falta de ella simplemente se dignó a cerrar sus ojos y a pronunciar un silencioso "click" en su cabeza. Y ya está, acababa de sacarle una fotografía mental a su amiga y la guardaba junto a muchas más que tenía en su cabeza. Ahí guardaditas en un rincón que nada ni nadie podrá destruir jamás.  Y sin poder evitarlo más se dejó caer a su lado y canturrear un rato a su lado.- ...But now I've gotta find my own.- cantó intentando imitar a su diosa del pop, sin mucho éxito pero poco le importaba. Le miró sonriente.- Tía, que también es el mío. Yo me caso con ella, así sin pensarlo. Es que es taaaaaaan guapa que me llega a estresar.- dejo caer todo su peso sobre la arena.- Pues la próxima vez que ande en gira vemos si estará en algún lugar que hemos ido y te invito. Pinky promise.- le dijo elevando su dedo meñique y tendiendoselo a su amiga.

Ays, que ella estaba disfrutando estar ahí acostadita a la orilla del mar y recibiendo los rayos del sol en su cuerpo cuando Sam se levanta toda animosa para continuar la práctica, suspiró.- Que si ese es tu mejor golpe, mi querida Sam tenemos mucho trabajo por delante...- le molesto con cariño mientras se ponía de pie nuevamente.- Pero para eso estamos, para aprender.- agregó ofreciéndole una sonrisa toda encantadora. - No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, Lehmann.- le dijo recobrando su pose de profesora dice refranes y todo eso.- Pues bien, ahora pasaremos a aprender algunos movimientos de técnica de autodefensa. Muy básicos pero que te pueden llegar a ayudar a defenderte tanto en las calles muggles como mágicas.- comenzó a decirle para luego separarse un poco de ella y quedar de frente.

- Bien, lo primero es aprender la postura base: una pierna adelante otra atrás, esta última un poco más abierta para darnos estabilidad. Bajamos nuestro mentón pegandolo un poco a nuestro pecho y con nuestros puños en alto cubrimos nuestro rostro, el pulgar siempre afuera ya que si lo mantenes debajo de los otros dedos en un solo puñetazo lo perdemos.- mientras le iba diciendo todo esto de paso se lo demostraba con su propio cuerpo para que su amiga lo entendiera mejor. Mientras más sentido estimulara, en este caso visual y auditivo, mayor era la comprensión. - Lo primordial siempre es una buena base y la protección de nuestro rostro, es por eso que bajamos el mentón para no dejar las zonas más débiles al descubierto como el cuello, mandíbula o nariz. Dejando nuestra frente que knock knock es mucho más dura.- le sonrió.

- Hoy practicaremos dos ataques y sus respectivas defensas para luego pasar a entrenar puñetazos simples que nos ayudarán a ir fortaleciendo nuestro brazos y puños. El primero es si alguien viene y nos quiere lanzar un puñete...- le dijo llevando su puño derecho directo al rostro de la rubia pero deteniéndose a escasos centímetros.- SI alguien viene así lo primero que tienes que tener en cuenta es que esa persona tiene un alcance limitado,  sus brazos solo le llegan hasta un cierta distancia, y sus piernas también....entonces lo primero que  uno tiene que pensar en un ataque es salir de ese campo. Eso significa que si esa persona me golpea con esta mano...- le tomó uno de sus brazo y lo movió como si le fuera a dar un golpe.- ...yo tengo que salir hacia afuera de su cuerpo porque si entro  cabe la posibilidad que quizás logre esquivar ese puñetazo pero me encuentre con su otra mano y esta si que llegue a darme. Por eso  si tu vienes me atacas  con mi brazo lo esquivo hacia adentro mientras yo voy hacia afuera, dejandote con todo tu cuerpo girado. Y es allí donde yo tendré la ventaja por unos segundos para poder atacar. Y cuando se está recibiendo esos ataques esas mínimas ventajas son fundamentales. También podemos ocupar cosas, que nos ayuden a ganar en potencia y daño en un ataque por ejemplo nuestras simples llaves...- se sacó sus llaves de su bolso las tomó con su puño y de una se las fue poniendo entre medio de cada dedo.- Por ejemplo si un día vienes de regreso a casa, es de noche y sientes que te están siguiendo si es un mago/a pues nada sacas tu varitas pero si es un simple muggle dispuesto a robarte o algo más tu vas tranquilamente tomas tus llaves y puaf de un momento a otro tu puño se vuelve letal.- sonrió ampliamente. Es que realmente todo eso de la autodefensa le apasionaba mucho. - Donde los lugares más dolorosos serían los ojos, la nariz, los oídos, las costillas...- todo lo demostraba enseguida para que fuera quedando más claro.- ...si lo clavas en la costilla antes de sacarla girala,  así se vuelve más doloroso.- terminó por decirle para luego volver a alejarse y guarda sus llaves.

- Ok, eso es lo básico si es que de pronto paf alguien viene y te ataca tu esquiva hacia adentro, tú sal hacia afuera y ataca con un puñetazo en el rostro,en la costilla o también de lleno un rodillazo en el estomago. Ahora si por ejemplo alguien viene y te tomá de las muñecas hay dos opciones una es simplemente salirte de aquel amarre o la otra es romperle el brazo. Ahí uno debe evaluar porque por ejemplo,  si a mi alguien me está tironeando para subirme a un auto yo voy y le rompo el brazo pero si un desconocido en una disco viene y me tira de la muñeca para ir a bailar...- hizo una breve pausa.- ...bueno ahora que lo pienso,  yo también le rompería el brazo jejé pero esa soy yo.- achino sus ojos divertida ofreciéndole una sonrisa toda encantadora, es que si una cosa le encantaba era dejar a los hombres a raya y más si eran de esos molestosos y cargantes.- Pero bueh, a lo que voy es que  si me agarras una muñeca.- espero que Sam le tomará una de las suyas para continuar.- Yo bajo mi mano, y por dentro hago palanca hacia afuera donde tarde o temprano la persona tendrá que soltar el amarre. Ahora si el ataque está siendo más invasivo, yo bajo mi mano en vez de generar palanca por dentro giro y tomo la muñeca de mi contrincante doy un paso hacia adelante y con mi otro brazo pegó con mi codo en todo su húmero hacia abajo. Y ¡Paf! adiós bracito.- todo se lo demostró con sumo cuidado y sin causarle ningún daño.

- ¿Entendido? ¿Alguna duda? Porque sino vamos ensayando, iré intercalando tanto puñetazos como agarrones de muñeca ¿si? Vamos, ¿preparada?.- le preguntó con su mirada clavada en la de ella.


OFF: Guaaaaaaaapi, mega post que traje ¿se nota que me anima montón todo esto? PORQUE SI, ME ENCANTA <3 jijiji Psss nah, ¿te parece que para hacerlo más interactivo lancemos daditos? Ellos me odian pero yo los amo, soy porfiada. Pero esta vez yo no lanzaré jiji
Entonces, si te sale:
1-6: No te está resultando, por lo que mejor ir a algo más básico.
7-13 : Lo estas logrando se puede agregar otro ataque y su defensa, seguimos practicando hasta que salga perfecto.
14-20: Lo logras a la perfección, se agrega otro ataque y luego LA DIVERSIÓN TOTAL.  :A
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Sam J. Lehmann el Jue Mayo 17, 2018 1:11 am

Esas eran palabras mayores. —¿Perdona? —La miró, girando su cabeza dramáticamente aún tirada en la arena después de ese estallido de su Beyoncé interior con la canción de Listen. ¡Aún estaba exhausta! Necesitaba coger aire urgentemente, pero como Caroline había cometido una pequeña osadía, no pudo evitar sentarse de golpe y mirarla. —Perdona, pelirroja, pero Beyoncé es mía, ¿eh? Aquí va a haber un conflicto de intereses —fingió seriedad. —¿En serio? En realidad... el último disco, el Lemonade, lo sacó hace relativamente poco, quizás todavía esté de gira. Y vivimos en Londres, ¿sabes? En algún lugar cercano tendrá que venir... —Y sonrió, alzando las cejas, ilusionada. —Cuando volvamos a casa, miramos.

Y luego comenzó la clase de verdad, en donde Caroline dejaba claro no solo lo mucho que le gustaba todo este mundillo de las artes marciales, la defensa personal y cómo demostrar que era una chica guerrera, sino también en donde se veía bastante reflejado que Samantha era totalmente lo contrario. Y es que... madre mía, la cercanía que había tenido toda su vida Sam con este tipo de cosas era prácticamente nula si no contábamos estos últimos años en donde se ha visto relacionada con ellos por casi obligación.

Callada y atenta, prestó atención e imitó la postura básica, imitándola a la perfección. Otra cosa no, pero imitar poses en donde no tuviese que mover nada, eso se le daba bien. Sonrió entonces al final, dándose ella misma, con suavidad, unos golpecitos en su frente. —Vale, entendido. —Y la miró, en la postura base, con una miradita de lo más atrevida y malvada por encima de sus puños, como si fuese a ganarle en batalla sólo por haber acertado en ponerse en posición. —Pero los puñetazos los damos con la palma abierta, ¿no? La última vez que pegué un puñetazo con el puño cerrado fue catastrófico y, gracias a Merlín, sólo me disloqué un dedo. Me refiero con esta parte... —Y le señaló la parte baja de la palma de la mano, la que daba a la muñeca y en donde había dureza porque debajo estaba justo el hueso del antebrazo.

Y luego lo explicó todo. Sam ya había entrado en modo concentración extrema, ya que para ella esas cosas necesitaban del cien por cien de su cerebro o se perdía a mitad de la explicación. A ella podías hablarle de cualquier cosa teórica y densa hasta agobiar al cerebro más prodigioso, que ella lo iba a seguir y posiblemente a entender, ¿pero estas cosas físicas y coordinación del cuerpo? No. Su némesis. Si ni era buena coordinándose con sus dedos para poder utilizar decentemente el mando de una consola, imagináos para estas cosas. Sin embargo, observó a Caroline como quién intenta mimetizarse con la otra persona. Se dejó mover por ella para hacer más didáctica la explicación, pero no pudo evitar poner cara de desagrado cuando dijo lo de las llaves. —Entiendo que sea necesario, ¿pero de verdad me ves con la sangre fría como para hacer eso? Bueno, vayamos a algo más simple: ¿de verdad crees que tengo la fuerza como para clavar una llave en el cuerpo de otra persona? —Y se rió levemente. —Pero me gusta tu técnica. —En realidad, si lo pensabas fríamente: si alguien te atacaba de esa manera es porque quería hacerte algo malo de verdad, no había tiempo para estarse pensando si le ibas a hacer daño con unas llaves o no. De hecho, esa parecía ser la idea principal.

Y entonces soltó una carcajada divertidísima cuando, la brutita de su amiga, admitió su amor por romper brazos a personas abusonas. —Esa eres tú y es lo que más me gusta de ti. —Porque sí, Caroline era extraordinaria en todos los aspectos, pero sobre todo enfrentándose a los problemas. Eran de esas personas que tenían garras y las cosas tremendamente claras, algo que siempre había admirado de ti. —Yo probablemente sea de las de salirme del amarre pacíficamente. —Y se encogió de hombros. Algún día, en alguna situación del peligro, tendría que optar por la opción más agresiva y recordaría este preciso momento de su pasado. —Claro, venga, vamos a probar.

Retrocedió entonces unos pasos, saltando un poquito para posicionarse y colocarse en la postura base que le había dicho hace unos minutos. Se protegió bien la cara, se flexionó un poco y mantuvo las distancias con Caroline. ¿Esa eran las tres bases principales, no? O eso creyó entender. Su amiga comenzó a acercarse a ella, buscando la manera de hacer caer sus defensas con golpes o intentando sujetar sus muñecas. Sam, por su parte, intentaba ponérselo difícil, en el sentido de guardar las distancias y buscar la manera de que no llegase a ella ni para el agarre ni con los golpes directos.

Sin embargo, la inexperiencia de Sam se vio eclipsada con la técnica de su amiga y terminaba por llegar a ella con movimientos super ágiles, así como con movimientos que eran prácticamente inesperados para la rubia. Pero ahí estaba, dando todo lo posible para esquivar los golpes y contraatacar tal cual le había dicho, además de ir alternando la manera de la que zafarse de ese agarre. Y, debía de admitirlo, la de romper el brazo además de más fácil, le resultaba hasta más emocionante. Aunque seguía pensando que sería al típica que lo intentaría y se rompería ella primero el codo que el otro el brazo.

OFF: Tiro dado y ya pones la resolución (con la respuesta de Caroline a lo que sea que pase, o proeza o desastre >.<)
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Maestro de Dados el Jue Mayo 17, 2018 1:11 am

El miembro 'Sam J. Lehmann' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Caroline Shepard el Mar Mayo 29, 2018 5:54 pm

Enarcó una ceja y se mordió el labio inferior divertida. – Perdona, rubita.- dijo poniendo el mismo tono de voz que había utilizado anteriormente su amiga para referirse de su cabello, mientras se incorporaba y se acercaba a Sam. Sólo para picarla, solo para ponerle un poquito de drama porque bueno, es Beyoncé. – Si vamos a empezar a hablar de conflictos de interés te diré que,  quién tendría todos los derechos sobre la diosa del pop más grande de todos los tiempos…sería este pechito.- se señaló a ella misma mientras ponía una mueca en sus labios a modo de “esto lo sabe todo el mundo”.- Tía, que yo la sigo desde las Destiny Child. Yo fui la que hizo popular la canción “Say my name” en Hogwarts. – si mentía, nadie lo podría saber ya que Caroline lo decía con una convicción tal que muy pocos se atreverían a rebatirle.- Pero tranquila, que a mí el poliamor me va. Que la amamos las dos y por mi bien. Siempre me ha parecido que el tres es un número re bonito.- bromeó encogiéndose de hombros divertida mientras ofrecía una sonrisa de los más coqueta. Para luego soltar una risa traviesa y arrugar la nariz- Ay, qué curiosidad me dio, quiero saber ese dato ya.  Pero ya lo averiguaremos en casa.- suspiró, a veces le dominaba la ansiedad y quería saber en ese instante si es que Beyoncé andaba haciendo una gira por esos lados. Pero recordó que había ido hacia esa parte del mundo con un objetivo claro, y aún quedaba mucho de la sesión por hacer.

Y con la mente clara en el objetivo se levantó de sopetón y comenzó la clase de la profesora Shepard.

Hay muchas cosas en la vida de Caroline que hacen de su vida un lugar más colorido, las artes marciales y Sam eran parte de ello. Por lo que no se podrán imaginar la emoción y alegría que estaba sintiendo en esos momentos enseñándole algo que le gusta a su persona favorita. Le era divertido ver a la rubia así de concentrada, por unos instantes recordó esas tardes, o noches de estudio junto a su amiga donde ellas, siempre tan nerdy, se pasaban horas aprendiendo algún hechizo o alguna historia mágica de tiempos de antaño.  Y verse aquí nuevamente, fue como un cariñito para su alma, que mientras ellas sigan juntas aprendiendo desde un simple “alohomora” hasta quebrarle el brazo a alguien, todo iba a estar bien, todo iba a ser felicidad, pese a los tiempos en que se encontraran.

Lo primero que le mostró fue la posición base, y le explico qué es lo que harían en lo que restaba de tiempo. – Eso pasó probablemente porque disociaste tu puño del resto de tu cuerpo. Cuando uno golpea no solo lo hace tu mano, ni tu brazo, lo haces con todo. Por eso es fundamental la base, porque esta nos permite movilizarnos en bloque. Así que no, no golpearas con la mano abierta sino ya empuñada, pero tranquila que he traído manoplas de boxeo para amortiguar tus golpecitos y no dañarte.- le guiño un ojo y le lanzó un besito todo cariñoso. Que lo último que haría era dañar a su querida Jota.

Y luego pasó a enseñarle  dos ataques y sus respectivas defensas, sonrió divertida.- ¿Qué sí creo que tienes la fuerza para hacerlo? ¡Claro que sí! Y si llega un momento de peligro y tienes unas llaves cerca, tú vas y las ocupas, eh.  Que cuando uno pelea cuerpo a cuerpo rige la Ley de la selva, sobrevive el más fuerte y,  no solo de cuerpo sino que también de mente. Dejas atrás toda inseguridad y atacas, te defiendes, te mueves sabiendo que tu cuerpo está allí para protegerte. Y para ganar esa seguridad es que estamos aquí, entrenando. Como un músico ensayando su partitura para liberarse en el momento de la interpretación. – le animo con una sonrisa radiante.

Ladeó su cabeza y la apoyó en su hombro mientras ponía un rostro de alguien que no rompe ni un huevo.- Jijijiji.- rió toda angelical, totalmente contraria a la imagen que se había generado de ella de “la rompe brazos Shepard”.  Pero es que así era Caroline, una persona que podía llegar a ser un terrón de azúcar hasta un líquido agrio y mortal. Todo dependía de la persona y el contexto.  Sonrió de lado mientras se le derretía el corazón por dentro.- Y eso es lo que más me gusta de ti.- le imitó tras escuchar la forma en que ella escaparía.  Sam era lejos la persona más buena que había conocido la pelirroja en su vida, de esas que dañar a alguien no estaba dentro de sus parámetros, y era hermoso porque durante años fue su cable a tierra en el Castillo. Esa que le hacía ver lo bonito dentro de un mundo que a veces le hacía sentir querer pegarle un puñetazo a todo y a todos. – Sí, sí, sí. Vamos a la práctica.- dijo mordiéndose el labio animosa. Es que esta era su parte favorita.

Y ahí estaban frente a frente, comenzó lentamente a lanzar puñetazos, los cuales no tardó en zafarse Sam y de paso hacer que una sonrisa apareciera en la boca de Caroline, es que le flipaba ver a su amiga defenderse así, era como ver otro lado de Jota que le animaba mucho.- Ok, vas bien. Muy bien, pero jamás bajes tu defensa. Si esquivas con este brazo, el resto de tu  cuerpo siempre debe estar atento por si viene otro ataque. ¿Sí? “Ocupar la fuerza de tu enemigo a tu favor” , como dicen los grandes maestros.  Ser agua, fluir con los golpes, esquivar, esquivar, esquivar hasta que veas el momento idóneo y si eres precisa, con tres golpes podrías acabar con esa persona.  – le señaló haciendo un paréntesis  para luego volver a entrenar. Esta vez fue un poco más rápida en sus movimientos y notó que esto le dificultaba más a su amiga, después de un rato de ir probando y alternando entre puñetazos y agarres se detuvo.- No está para nada mal, señorita Lehmann. Aprende muy rápido. – concluyó con tono solemne, inmersa en su rol de profesora, aunque una sonrisa traviesa se le escapaba por su comisura izquierda. – Ahora, debemos seguir trabajando la velocidad y la disociación, entendiendo esta última como que si estoy esquivando con este brazo perfectamente puedo golpear con esta pierna…- se los demostró con su propio cuerpo, para luego seguir.- Pero eso ya lo veremos más adelante.

- Ahora, ya sabes dos tipos de defensa y ataque en pie. Hay que seguir practicándolos y tal pero antes de pasar a los puñetazos, para entrenar nuestros brazos y fuerza, me gustaría poder ver qué hacer si te llegan a botar al suelo y van por ti. Entonces, si caes al suelo de espalda, lo importante es mantener la piernas vivas, molestar con ellas, enfocándonos en los sus puntos más débiles, lanzándole una patada a la rodilla, a sus tobillos, o estómago. Pero si llega a pasar nuestra defensas y ya se sube arriba nuestro…- hace una pausa y se lanza sobre la arena de espalda.- Ven, súbete arriba mío.- le indicó, y cuando Sam ya estuvo en la posición le tomó sus manos y se las puso en su cuello.- Si nos toca alguien que le gusta asfixiar, lo que debemos hacer es subir las rodillas,  cruzar las manos sobre el pecho, dejando los codos sobre los suyos y con la cadera lo movilizó hacia un lado. Si quiero que sea a la derecha levanto mi cadera izquierda. Si para la izquierda hay un barranco yo voy y levanto la derecha para lanzarlo lejos.- bromeó risueña a medida que lo hacía zafándose del cuerpo de Sam y dejándola ahora ella sobre la arena.- Y ahí pues, puedes irte de allí, o atacar a la persona. Por ejemplo,  ahora yo estoy en la perfecta posición para atacarte con cosquillas.- dijo con mirada traviesa para llevar sus manos al cuerpo de su amiga y atacarla con cosquillas de amor.

- ¿Quieres probarlo ahora tú?.- le preguntó entre risas y con mirada brillante. – Para así ya pasar a los puñetazos y luego ir a sumergirnos en el aguuaaaaaaaaaaaa.- canturreo girando por sobre el cuerpo de Sam hasta quedar con su mirada hacia el océano. – Que hermoso que es el mar…- suspiró con una mirada de enamorada total mientras veía el chocar de las olas.
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Sam J. Lehmann el Sáb Jun 02, 2018 4:51 am

"Disociaste tu puño del resto del cuerpo" ¡Madre mía, cuánta profundidad! Sam la miró, admirando tamaño vocabulario para pegar un puñetazo de la manera correcta. —O sea, disocié mi puño de mi cuerpo —la repitió, divertida. En el fondo, aunque le hubiese hecho gracia especialmente esa manera de explicarlo, lo entendía perfectamente. La muñequita de Sam debía de ser su articulación más débil y no era difícil que un puñetazo de ella fuese de lo más débil y peligroso para su propia mano precisamente por eso.

Ella seguía sin verse capaz de utilizar las llaves como arma blanca, la verdad. Entre que no se veía con suficiente pudor como para sacarlas con la intención de clavarlas y que mucho menos se veía con la fuerza suficiente para hacerlo... no. De hecho, Sam era de esas personas a las que le costaba imaginarse pegando. Cuando estaba frente a un saco de boxeo, podía pegar fuerte, pero cuando estaba frente a una persona... Sentía que no tenía suficiente fuerza como para poder pegar y ser efectiva con ello. Hasta que no le entraba ese arranque de adrenalina, no era capaz de poder defenderse físicamente con propiedad. ¿Falta de confianza? Sí. ¿Sentirse débil sin la varita en la mano? También. Pero seamos sinceros: Sam no era guerrera. Tú le quitabas la varita y le costaba arrancar. Era por eso que necesitaba tanto este tipo de clases en donde desinhibirse y ver que era capaz. —Ya... lo sé. Eso es lo primordial... tener confianza. No es la primera vez que me quedo sin varita y... de verdad, me siento idiota. Necesito tiempo para arrancar y saber qué hacer. ¿Pero sabes lo curioso? Apenas pienso. Una vez me quedo sin varita, parece que mi cuerpo se mueve solo buscando la manera más efectiva de salir del problema... lo que hace la adrenalina, ¿eh? Qué haría yo sin ella... —Suspiró, agradeciéndole infinitamente a esa hormona tan motivadora que había decidido en muchas ocasiones su destino.

Practicaron durante un rato esos movimientos que recién le había enseñado Caroline y... ¡oye, nada mal, ¿eh?! ¡Y sin adrenalina! Se concentró muchísimo, eso sí, pues no tenía intención ni de perder el tiempo que Caroline invertía en ella en eso, ni mucho menos hacerle perder el tiempo a su amiga. Mucho menos, encima, cuando se había tomado hasta la molestia de llevarla a un lugar con sol y mar, dos cosas que en Londres no se veían demasiado. Sonrió ampliamente, con un gesto de lo más infantil y contento, cuando su amiga dijo que no había estado nada mal. Ella ya de por sí se tenía poca confianza con esas cosas, así que cualquier comentario positivo era como un gran logro para ella que le motivaba bastante.

Continuaron con las lecciones, esta vez más de agarre. Le hizo caso cuando le pidió que se sentase sobre ella, haciéndolo con confianza. Le colocó las manos en el cuello—obviamente sin ejercer presión—y luego atendió a las indicaciones. Cuando menos se lo esperó... ¡ahí estaba, ella con la espalda contra el suelo y el pelo lleno de arena! Miró divertida, y con reproche, a su amiga, ante de sorprenderse cuando empezó a hacerles cosquillas. —¡Caroline! —Y se rió a carcajada limpia, pues le había cogido totalmente desprevenida y ella tenía unas cosquillas horribles en la zona del costado. Empezó a patalear. —Ay... como te odio cuando me coges tan bien las cosquillas... —Dijo entre risas, ya más sosegada pues había dejado de hacerle cosquillas a traición. Porque eso había sido a traición. ¡A horrible traición!

Sam persiguió la mirada de su amiga hasta el mar, pero al verla todavía sentada sobre ella en esa posición tan ausente y soñadora, admirando la preciosidad del océano, no tardó en aprovecharse. Sujetó sus manos que, aunque no estaban en su cuello, tenía acceso a ellas y... subió las rodillas, cruzó las manos en el pecho, dejó los codos sobre los suyos y... ¡tiro de caderas!

Consiguió desequilibrar un poquito, lo suficiente como para tirar a Caroline hacia un lado y quitársela de encima, pero no lo suficiente como para que ella se posicionase, de nuevo, encima de su amiga y tener esa posición "dominante". Y claro, esa cosa amorfa no hizo más que hacerla reír de nuevo. —¡Casi! ¡Casi lo consigo! Ni pillándote desprevenida. —Se quejó divertida, para entonces tirarse sobre amiga de manera perpendicular, quedándose cruzada por encima de ella, encima de su barriga. —¿Has visto? Esta técnica se llama la técnica de La Manta Acuática Perezosa. —Empezó a moverse con curvas. —Sirve para confundir al enemigo y cuando menos te lo esperas... ¡lo atacas sin piedad! —Y esta vez ella se cobró su venganza, haciéndole cosquillas en el costado.

Apenas fueron tres minutos en donde evidentemente Sam iba perdiendo, pues Sam siempre perdía con eso de las cosquillas pues su carcajada siempre terminaba por ser su peor enemiga. ¡Ella no podía reírse tanto y seguir concentrada, era superior a sus habilidades! Así que minutos después, terminó sentada sobre la arena, llena de arena por todos lados: cara, cuerpo, ropa, pelo... Y claro, no tardó en mirar a su amiga y señalarle con el dedo índice. —¡Pero bueno, Caroline, qué manera de tomarte las clases de defensa personal es esta! ¡Seriedad, tía! ¡Yo pensé que eras una profesora seria y respetable y mírate...! —dijo, aún riendo, echándole la culpa sin poder siquiera mantener el rostro serio.
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Caroline Shepard el Lun Jun 04, 2018 3:38 am

- El maravilloso instinto de supervivencia lo logra todo cuando genera esa adrenalina en nuestros cuerpos.- dijo avalando sus palabras.- Y no te sientas idiota por perder tu varita, a todos nos puede pasar. Y más aún en estos días dónde lo que más desean esos idiotas es dejarnos sin nuestra compañera de magia. Pero para eso estamos acá, para poder contar tanto con nuestra varita como también con nuestro propio cuerpo. Y así, la próxima vez que alguien intente arrebatartela tu vas y le pegas un puñetazo de los buenos.- le sonrió ampliamente. Es que realmente le flipaba enseñarle esto a su amiga, ayudarla a confiar en toda la capacidad que podía llegar a tener su cuerpo. Y que no tenía que hacer falta la aparición de la adrenalina para su ejecución. Sino que tenía esa fuerza allí, al alcance de su mano.

Y  comenzaron, no se sorprendió en nada cuando observó que Sam no iba mal con lo aprendido. Es que Caroline siempre ha confiado plenamente en las capacidades de su amiga, tanto físicas como mentales. Para ella Sam, era el ser más inteligente y fuerte del planeta tierra. Simplemente no entendía como ella seguía viendose más débil pese a todo lo que ha tenido que pasar para encontrarse allí.  Que había tenido que resistir cosas inhumanas, y ahí seguía luchando al pie del cañón, con una sonrisa hermosa y una personalidad que te daban ganas de comertela a besos. Es por eso que no tardó en comentarle que no estaba nada mal, al contrario iba muy bien para ser recién su primera clase.  

Se hubiera quedado ahí a contemplar su risa favorita de Sam pero debían seguir avanzando para aprender más defensas. La siguiente fue una de suelo, la que más utilizaba la gente para poder acabar con su contrincante. La mayoría de las personas pensaban que ya encontrándose encima de otra tenían el juego ganado, pero no. Caroline le estaba enseñando exactamente lo contrario a su amiga en esos momentos.  No le costó mucho hacer girar a Sam que se encontraba arriba suyo y dejarla sobre la arena.

Ella intentaba ser una profesora seria, pero no le salía. Menos cuando la pancita de Sam se encontraba ahí tentandola a hacerle cosquillas. Cosquillas que no tardó en hacerle. - Mentira no me puedes odiar, porque me amas mucho, Jota.- ahora fue ella quien soltó una risita de lo más infantil.  La invito que probase ella ahora ese movimiento, pero cuando lo hizo el mar, tan coqueto siempre llamó su atención. Y mira que tramposita fue Sam, que pillandola así desprevenida fue y la dió vuelta sin más dejándola sobre la arena.  Pero los actos reflejos de la pelirroja eran lo suficiente rápidos para que no lograse del todo el movimiento, haciendo que cayese pero no que Sam quedase sobre ella.

- Pero estuviste muy cerca, mira qué buena alumna me he conseguido.- le alabó, que realmente había estado bien solo que ella por inercia había logrado escabullirse antes de que terminase arriba. Pero era solo cuestión de práctica para que la rubia lo lograse a la perfección y hasta contra sus buenos reflejos. Dejó que Sam se subiera sobre ella de manera cruzada, y se rió al escuchar sus palabras siguiente. Haciendo que el cuerpo de su amiga subirá y bajará a causa de su risa. - No,  Sam no. Sabes que las cosquillas son mi perdición.- chilló revolcándose en la arena con vanos intentos de escaparse de las traviesas manos de su amiga. Pero qué va, se lo merecía que ella había abierto  la guerra de guerrillas de cosquillas,  esa venganza era inminente. ¿Pero creían que la pelirroja se quedaría allí de brazos cruzados? Pues no, que sus manitas eran muy juguetonas y más cuando de cosquillas se trataba.

Después de estruendosas risas , lagrimillas de felicidad saliendo de sus ojos y arena por todo su cuerpo se sentó junto a Sam.- Ño, no puedo ser seria.- hizo un puchero de lo más infantil.- Y menos si tu eres mi alumna. Seré una pésima profesora si tengo alumnas como tú, Sam. Seré de esas que al primer ojitos de gato se derretirá.- Carol le había comentado a la rubia sus ganas de entrar a estudiar pedagogía, por lo que ahora le señalaba uno de sus grandes miedos: que su corazón de abuela no le permitiría enseñarle bien a los niños, y que estos hicieran lo que quisieran con ella. Pero en el fondo, sabía que no era tan así, porque sabía muy bien también como era cuando se enojaba y bueno, ningún ojo de gato hasta el más peludo y abrazable de todos podía contra su enojo. Pero ella solo quería dramear un poco, que era gratis y a ella le encantaba darselas de drama queen.

Pero de pronto una idea se le cruzó por la cabeza, haciendo que se mordiera el labio inferior y le dirigiera una mirada traviesa a su amiga.- Ahora que ya has descubierto que son una pésima profesora, pues hagamos alarde de eso ¿no?.- le dijo para luego de un pestañear y silencioso hechizo hacer que ambas tuvieran puesto sus traje de baños.- ¡Oh! ¿Pero cómo ha sucedido eso? ¿Cómo han llegado estos trajes de baño acá?.- preguntó poniendo rostro de sorpresa. Es que la pelirroja podía llegar a ser muy buena actriz cuando se lo proponía. Rió y se re incorporó.- Nadar también es buen deporte ¿sabías? Uno muy completo.- soltó una risita para luego girarse.- La última en llegar al mar es un huevo podrido.- gritó divertida para comenzar a correr.

Tenían todo el día para seguir entrenando, y un poquito de mar no le hace mal nadie.
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Sam J. Lehmann el Miér Jun 06, 2018 3:35 am

Le parecía entrañable la emoción con la que hablaba Caroline de todo esto. Suponía que como Sam siempre había sido muy blandengue y débil en este sentido, le estaba pareciendo hasta divertido sacarle ese fuego interior con el que pudiese defenderse en cualquier ocasión posible. Y aunque Sam siempre se había visto escéptica en este mundillo porque no se veía capaz, ni de lejos, de igualar a nadie en ningún arte marcial, sí que ganaba confianza y experiencia, que al final es lo que necesitaba ante todo.

Pero claro, tomarse en serio al cien por cien ese tipo de lecciones era imposible, mucho menos cuando lo haces en un paraíso como en el que se encontraban y en compañía de la otra. Cuando empezó a hacerle cosquillas de esa manera, Sam no pudo evitar acordarse de todas las veces en Hogwarts en donde Caroline se metía en su cama, con el pretexto de estudiar juntas o dormir juntas y... ¡zas, aprovecharse para hacerle cosquillas! ¡Qué buenos tiempos esos en dónde ser sangre sucia no estaba castigado con una vida cargada de sufrimientos! —¡Claro que te odio, te odio mucho, mucho! —Dijo entre risas, todavía. Claro que no la odiaba, por favor. ¡Eso estaba clarísimo desde siempre! Pero el drama era gratis y en aquel momento era necesario también. Sin embargo, encontró el momento perfecto para revertir las posiciones y ser ella, esta vez, quién la atacase. ¡Madre mía, es que no paraban de venirle buenos recuerdos de Hogwarts! ¿Tanto lo echaba de menos? No bueno, lo que echaba de menos era la normalidad, las carcajadas y la tranquilidad de una vida convencional. Sí, era eso.

Estuvo un rato haciéndole cosquillas, hasta que ambas se sentaron, como dos Sims sin acción, llenas de arena hasta las orejas. Sam continuó con la sonrisa, escuchando a su amiga. —Eso es porque eres muy buena persona y te derrites ante una miradita inocente y dulce. —La miró, parpadeando exageradamente varias veces. —Yo me sé tu truco y lo utilizo cuando quiero que me traigas algo de la cocina de paso, ¿sabes? O cuando quiero comerme el último trozo de chocolate. Lo que no te lo he desvelado nunca. He aquí mi gran secreto. —Y se rió de nuevo, ya que evidentemente era de broma.

Curvó una sonrisa de lo más traviesa. —Me gusta como suena eso —admitió divertida, para entonces sentir como toda su ropa era sustituida por un traje de baño. Bueno, más concretamente: su traje de baño de confianza. Sin embargo, pese que siempre había estado muy cómoda con ese traje de baño, hacía mucho, mucho tiempo que no se lo ponía. Y actualmente no se sentía tan cómoda. Después de todo lo que le pasó en diciembre, siendo la espalda la parte que peor se quedó, se le habían quedado unas marcas horribles que, al menos a ella, con lo coqueta que siempre había sido, le habían bajado bastante su propia autoestima. Después de todo el daño sufrió, las marcas fueron inevitables. Aún recordaba como si hubiese sido ayer esos latigazos. Sin embargo, no pudo evitar sonreír igualmente al ver la emoción de Caroline, levantándose para correr al mar. Sam la imitó, admirando lo bien que le quedaba su bikini y pensando qué hacer antes de meterse en el agua. Al final optó por ser un huevo podrido y perder esa "competición". De hecho dio unos pasitos hacia su mochila para coger la varita, se volvió a hechizar y una camiseta corta de color blanco básico apareció sobre su bikini, tapando sus marcas en su espalda desnuda.

Luego corrió hasta el mar, entrando tranquilamente hasta la cintura antes de sentir lo fría que estaba. —Soy un huevo podrido que se quema con facilidad... no quiero terminar siendo una gambita al sol. —Puso como excusa al hecho de ponerse una camiseta. En realidad le daba vergüenza reconocerlo, pero no se sentía nada a gusto con sus marcas. Y... bueno, podía colar. Sam era de Austria, más blanquita que nada y con una facilidad suprema para quemarse hasta asomándose por la ventana. —¿Qué fría, no? —Dijo de repente, sonriendo, pegando pequeños saltitos cada vez que venía una ligera ola. Caroline se había metido de golpe bajo el mar y la podía ver, nadando cual tiburón acechador, hacia ella. ¡Seguro que la iba a mojar! —No me mojes. —Le advirtió, alzando el dedo índice como advertencia seria. Luego se le escapó una sonrisilla. —Te lo veo en la mirada, amiga mía, me vas a mojar. ¡Como me mojes me enfado! —¿Sam, enfadarse? Retrocedió unos pasos, viendo como su amiga se ponía de pie y todo el agua empezaba a caerle. —¡Pero bueno...! ¡Caroline, que te veo las intenciones! ¡Aléjate hasta que me meta con sosiego! ¡Fus, fus! ¡No...! ¡Eh! ¡No! —No se podía aguantar la risa. Y al ver como su amiga se acercaba lenta y amenazantemente—obviamente de broma—, para tirarle agua o a saber qué plan perverso tenía, Sam salió corriendo en dirección contraria, levantando los pies más de lo normal para poder correr por el agua. ¿Lo gracioso? Se estaba empapando por completo corriendo como una idiota por el mar.
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Caroline Shepard el Vie Jun 22, 2018 4:57 am

Sentadita ahí al lado de Sam, mirando el mar y con su cuerpo que protestaba silenciosamente unas cosquillas juguetonas, se sintió realmente plena y con unas ganas tremendas de quedarse ahí por toda la gloriosa eternidad. Es que sentía que se encontraba justo donde quería estar y con la mejor persona del planeta. Estaba viviendo la dicha misma, con miles de recuerdos bailoteando por su cabeza y que hoy pese a añorarlos con el alma le hacían tener una sonrisa de lo más radiante en su rostro. Ahí en esa fracción de tiempo que permanecieron en silencio recuperándose de sus manos traviesas y saca risas, Caroline clavó su azul mirada sobre su amiga y mientras lo hacía iba guardando cada facción de Sam en su memoria, como una especie de fotografía mental, de esas que uno ocupa cuando necesita la imagen de alguien que uno ama. Puso un rostro todo atacado cuando escuchó las palabras de la rubia, llevándose la mano al pecho y todo, bien dramática.- Me siento toda utilizada, cuantos últimos trozos de chocolates perdidos, cuántos desvelos por hacerte un pancito con manjar,  y cuantos desayunos a la cama. ¡Joder, he aquí el fin del más grande de los misterios!.- exclamó toda exagerada, elevando ambos brazos y mirando a los cielos, como si estuviera hablándole a toda la humanidad, se rió.- Ay, pero que va. Aunque lo sepa, no podré resistirme. ¿Es que quién podría resistirse a esta hermosa carita? ¿eh? Nadie.- le dijo llevando su mano a al rostro de Sam y apretando sus mejillas  convirtiendo su boca como en la de un pez, para luego seguir riendo.  Aunque no mentía, eh. Eran contadas solo con una mano las veces que se había enojado con Sam o le había negado algo, realmente la pelirroja no podía resistirse a los encantos de la rubia y hace mucho tiempo que lo había asumido.

Y hablando de cosas que le son irresistibles a Caroline es que pasamos al siguiente cuadro donde ésta en un pestañear cambió el vestuario de las dos para sustituirlo por sus respectivos trajes de baño.  La pelirroja corrió como si su vida dependiera en ello, para luego sumergirse de un sopetón en las frías aguas. Paz, y una muy profunda sentía la maga en el momento en que todo su cuerpo quedó cubierto. Tantas eran sus ganas por nadar que no se percató que Sam no había corrido tras de ella hasta que volvió a salir a la superficie y vió en la orilla a su amiga con una camisa encima, frunció el ceño y pensó por unos segundo el por qué de aquel cubrir. Y escuchó sus palabras, pero ese radar de amistad como una especie de detector de mentiras que solo se gana después de conocer mucho a una persona se activó. ¿Es que ven cómo se le arruga la nariz a Sam? pues bueno, eso siempre hace cuando está mintiendo, ella no lo sabe y Caroline tampoco se lo va a decir porque es su As bajo la manga, saben. El método infalible para saber que sucede dentro de la cabecita de su amiga. - Claro, el sol.- le dijo mirándola con los ojos entrecerrados, en plan: Que a mi no me engañas, Jota. Pero lo dejo pasar, porque algo le decía que era por las marcas que tenía en su cuerpo, y la verdad es que lo estaban pasando tan bien que no quería ponerse a debatirle a su amiga que era hermosa como fuera, o quizás sí pero por ahora... su mirada ganó en brillo y su sonrisa se volvió sumamente traviesa, como quien sabe que está a portas de hacer una maldad.- Turú pam pam, turum pam pam .- empezó a tararear la canción tan famosilla de la película de ese tiburón comilón, mientras se acercaba a Sam lentamente y con aires amenazadores. Convirtiéndose en una cazadora marina y Sam en su presa favorita, pero la muy tramposita de su amiga se puso a correr, la pelirroja se largó a reír y comenzó a perseguirla.- Sabes que terminaré pillandote igual, JotaJota.- gritó divertida para apresurar aún más su paso hasta estar a solos unos pocos pasitos y....- ¡Te atrapé!.- exclamó abrazandola por la espalda con sus dos brazos y arrastrandola junto a ella al mar hasta sumergirse por completo junto a Sam. Cuando volvió a salir del agua se subió arriba de Sam en un koala y le abrazó fuertemente.- Holi.- le saludo con el rostro más angelical que tiene.- Viste, el agua no está helada, solo había que sumergirse jiji.- le sonrió ampliamente y le dió un besito en la nariz.- ¿Carrera de nado?.- le preguntó juguetonamente mientras le movía sus cejas tentadoramente. Es que en el agua Caroline Shepard volvía a ser una niña.

***

No sabría decir con exactitud cuánto tiempo más estuvieron allí jugueteando en el agua y luego tendidas en la arena hablando de  múltiples cosas y evocando recuerdos que solo sacaban risas,  recordando tiempos donde esté presente quizás pensaba que sería muy diferente, pero que aún así se tenían a la otra y eso era algo que la pelirroja agradecía enormemente. Porque por más que hubieran pasado más de diez años lejos de ella, y en las tierras Orientales haya pillado más de un muy buen amigo, nadie era como su querida Sam. Era extraño porque su amistad surgió hace mucho tiempo atrás cuando eran mucho más pequeñas e inocentes que hoy, pero le había quedado tan grabada a fuego en su piel que simplemente  nadie podría reemplazar su lugar. Algo muy parecido le pasaba con Henry, pero de él si que no quería ponerse a pensar en el día de hoy, porque ahí el sol iba a perder un poco su brillo y su sonrisa iba a tener un tropezón.

- Tengo hambre, mucha.- le dijo junto a un puchero a Sam que se encontraba recostada a su lado.- Vamos donde Tak-tak, de seguro que nos tiene un mega banquete.- sonrió ampliamente recordando que se encontraba su alocado amigo en esa Isla. Se levantó de un salto y le tendió una mano a la maga.- Señorita, Lehmann. ¿Me permite su mano para guiarla a un lugar de ensueño?.

Esa fue la última pregunta que le hizo Caroline antes de llevar a Sam a la gran mansión de su amigo Tak-Tak.

Tak-tak:

Tak-tak =#00ff99

- Hay algo que no te he dicho de Tak-tak... él es un japonés muy, muy pero muy adinerado.- le dijo antes de tomar a Sam de su brazo y aparecerse a las afueras del humilde hogar de su amigo.

Lo que se encontraba ante sus ojos era algo indescriptible, ahí en medio de toda la naturaleza se encontraba una gran mansión, con unas enorme puertas de madera tallada, Tak-tak se había encargado que allí estuviera toda la historia de la dinastía japonesa, lo que rodeaba la gran hectárea eran unas paredes cubiertas de enredaderas donde en partes existían cerezos en flor de un rosado intenso. La primera vez que Caroline vió ese lugar se quedó sin respiración, es que si las puertas eran hermosas imaginense su interior, es alucinante.  La pelirroja se acercó a un auricular que se encontraba a un costado y apretó un botón para decir.- ¿Do you believe in life after love?.- sí, ahí se encontraba Caroline haciendo esa pregunta que sólo Tak-tak sabría responder, y que él sin dudarlo ni un segundo al escucharla sabría que su amada pelirroja se encontraba en sus dependencias. Dicho y hecho, por acto de magia todas las figuras de las grandes puertas comenzaron a moverse y empezaron a tararear una canción, bajito casi en un susurró mientras se iban reuniendo entre todas generando un gran tumulto de personas y animales que clavaban ahora sus ojos en ellas para que luego de entre todos ellos sale Beyoncé de madera. Caroline soltó una gran carcajada.- Tan pomposo que es este hombre, por Merlín.- dijo entre risas para llevarse la mano al rostro divertida, al ver cómo ante sus ojos comenzaban a recrear esa coreografía alucinante de los Grammy 2011.- Esto solo lo hace porque vienes tu, sabes. Se ha emocionado mucho al saber que por fin te conocería en persona y cuando Tak-tak se emociona....hace hasta bailar a las puertas.- le comentó a su amiga entre risas. Y ahí se quedaron alucinando  por el semejante espectaculo que estaba observando frente a sus ojos, y cuando la recreación de semejante show llegó a su fin, las grandes puertas se abrieron para dar paso al dueño de todo aquello, quién antes de saludarlas les dedicó unos pasitos al más estilo Beyoncé, que había estado practicando toda la jodida mañana.- ¡AMADAS, BIENVENIDAS!.- gritó para correr a sus brazos.- Samantha Lehmann, es que ni te imaginas lo emocionado que estoy de conocerte.- le dijo todo amoroso después de haberle ofrecido un gran abrazo,  para luego dar una vuelta entorno a todo su cuerpo hasta volver a quedar frente de ella.- Definitivamente las fotografías no te hacen justicia, es que eres una obra de arte, nena. Pero mira que cuerpazo, mira que cabello, mira qué rostro. ¿No has pensado en dedicarte al modelaje? Yo podría convertirte en una estrella, señorita. En un día, o menos de un día. ¡Joder pero que idiotas son esos magos ingleses! que perseguirte a ti, si eres tan mona. Serías mi hada preferida, sabes- le dijo todo sonriente, que al igual que Victoria Secret, el japonés también tenía a sus ángeles, o bueno hadas.

- Tak- tak, no la agobies, por favor. - le regaño Caroline desde un costado con sus brazos entrecruzados y una sonrisa de lado.- Mi querida pelirroja, mis ojos siempre tan dichosos de tenerte cerca.- le dijo para luego ir hacia ella y abrazarla fuertemente.- Y sácate esa coleta, cuantas veces te he dicho que le haces daño y tienes un cabello tan hermoso.- le retó el japonés al ver que Caroline se encontraba con  una gran coleta producto de su entrenamiento, la pelirroja por su parte solo se digno a rodear los ojos y sonreír.- Pues bien, tienen hambre me imagino. Vamos, vamos adentro que una gran mesa de comida la está esperando, hoy por tu llegada hermosa Sam, tenemos un especial de postres de chocolate.- le señaló el mago guiñandole un ojo.- Caroline antes de entrar a casa anda a saludar a Sayuri, que desde esta mañana que anda insoportable al saber que venías.- resopló, para coger del brazo a la rubia y caminar con ella hacia los interiores de su gran mansión.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Sam J. Lehmann el Lun Jul 02, 2018 3:36 pm

Agradeció profundamente que Caroline no le diese importancia al hecho de que se hubiese puesto esa camiseta. Era bien consciente que no iba a creerse—al menos no del todo—la mentirijilla de que se la puso simple y llanamente por no quemarse, pero por suerte también se esperaba que su amiga no le diría nada. Ella, sin duda, era de las personas que mejor deberían saber cómo se sentía Sam al respecto y que por mucho que le dijera, no iba a quitársela. No era cuestión de que hubiera gente, o estar en confianza... no. No era cuestión de apariencia, era más bien cuestión de cómo se sentía ella, marcada de esa manera.

Sin embargo, pese a ese pequeño bache en el camino, todo se terció de manera maravillosa. Como era de esperar, Caroline Shepard, alias el Tiburón Travieso del grupo, llegó hasta Sam y la tiró al agua, haciendo que se sumergiese en el mar. ¿Fría? ¡Congelada! ¿Le molestó? En absoluto. Fue sumergirse y sentir cómo se hacía una con el mar, adaptándose al momento. Cuando salió al exterior, haciéndose el pelo hacia atrás, sintió como su amiga se subía cual koala. —Hola. —Y le chingó con el agua del mar. —¿Carrera de nado? ¿No prefieres jugar a eso de adivinar canciones bajo el mar? —Y se rió divertida, tan infantil como siempre le salía en compañía de su amiga. ¡Pero es que adoraba ese juego! Además, era desternillante ver la cara del otro, bajo el agua, "gritando" mientras intentaba crear algún tipo de ritmo. —Bueno venga, primero te demuestro lo por encima que estoy en este deporte y luego te enseño lo bien que se me da cantar bajo el agua. Ni Sirenita —le dijo, divertidísima.

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Si me lo dices así... —¿Cómo vas a decir que no, a ir a un lugar de ensueño? Y si se lo decía estando ya en un lugar de ensueño, no quería ni imaginarse lo que venía después. Y no, por mucho que le hubiese advertido de que Tak-Tak era un señor muy adinerado, no se esperaba encontrarse con... eso.

Al aparecerse delante de la casa, Sam se quejó ojiplática, con la boca abierta. ¿Y cómo no hacerlo? Estaba un poquito—muy poquito—acostumbrada a sus ex-amigos adinerados de Inglaterra, pero hay que recordar que Sam siempre ha sido del populacho, de la clase baja, de la media en los mejores momentos de su vida. ¿Pero eso que tenía delante de sus ojos? Por Merlín y Morgana, debía de ser ilegal que unos tuvieran tanto y otros tan poco. Si ya de por sí estaba alucinada por lo que veía, cuando aquel espectáculo comenzó, sólo pudo sonreír, pero sin cerrar la boca. En serio, ¡que alguien le cerrase la boca o le iba a entrar una mosca! No, sencillamente ni se esperaba eso, ni tampoco estaba en condiciones de procesarlo con rapidez. ¡Eso había que disfrutarlo!

Sin embargo, antes de poder decir nada al respecto, apareció el famoso Tak-Tak, haciendo unos pasos muy característicos de la común amada Beyoncé. Sam ya pudo reír, cerrando la boca. —¡Hola! —Saludó ilusamente a Tak-Tak cuando corrió hacia ella, sin esperarse en absoluto ese abrazo tan amoroso. ¿Pero qué hizo Sam? ¡Devolvérselo! ¿Cómo no? ¡Con lo que ella adoraba los abrazos! —Igualmente... —Pero no pudo decir más nada, ya que el japonés se separó, dio una vuelta alrededor de ella y comenzó a hablar. Sam solo pudo mantener esa sonrisa y aguantar una risa. —¿El modelaje? —Y ya no pudo aguantar la risa. Por favor, Sam como modelo, ¿en qué mundo? Y entonces alzó una ceja. —¿Hada? —Por un momento pensó que quizás era una mala traducción, pero Tak-Tak parecía tan convencido hablando, que lo dudó. —¿Qué es un hada?

Entonces se metió con la coleta que tenía puesta Caroline, a lo que Sam se metió de por medio, acercándose a su amiga para darle un par de golpecitos a su coleta, haciendo que se moviera de un lado para otro. —Oh, venga ya. Cierto es que tienes un cabello hermoso, pero la coleta te queda genial. No le hagas caso a tu amigo, que no sabe de moda... —Bromeó, consciente de cómo se pondría el japonés, el cual fingió indignación de una manera parecida a esta. —¡Es broma! ¿Sabes? No eres el único que ha tenido información del otro. Que Caroline es una cotilla. —Y el japonés rió, para entonces coger del brazo a Sam y empezar a caminar hasta la mansión.

Bueno, iba a decir que no, pero en realidad sí: Sam seguía con la boca entreabierta cada vez que veía algo nuevo. Y miedo le daba entrar, a ver qué se iba a encontrar en el interior. —¿Sayuri? —Preguntó entonces a ambos. —¿Quién es? —Esperaba, sinceramente, que Caroline nunca le hubiese hablado de esa tal Sayuri, porque sería muy vergonzoso no recordar, otra vez, el nombre de uno de sus amigos japoneses. ¡Pero es que se le daba muy mal!
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