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Who run the world? girls! | ft Sam L.

Caroline Shepard el Miér Mar 07, 2018 5:16 am

Recuerdo del primer mensaje :


Hace un tiempo le había prometido a Sam enseñarle defensa personal. Ya que en los tiempos en que se encontraban el saber defenderse de todas las manera posibles era sumamente necesario. Además, de paso ella se sentía más tranquila sabiendo que su adorable amiga podría pegar un buen puñetazo sin terminar ella más herida que su adversario. Era justo y necesario. Y como ella aprendió dos estilos de autodefensa en su querido Japón se sentía con las facultades necesarias para comenzar a darle clases a su amiga, al menos las cosas básicas.

Habían quedado que aquel día comenzarían sus "clases", y durante la última semana Carol, como toda ravenclaw nerd. Se había hecho toda una planificación, y había buscado lugares en los cuales pudieran entrenar sin tener que temer por sus vidas. Y luego de dar mil vueltas y hacer una que otra llamada había encontrado el lugar idóneo para su primera sesión. Pero no se lo había querido decir a Sam porque le gustaba siempre tener esa cosa sorpresa.

Se levantó sin siquiera sentir la necesidad del reloj, estaba toda hiperventilada porque ella tanto el karate como el Judo, no solo los veía como una ayuda a la hora de luchar sino que como las Artes Marciales que eran. Y como todo Arte eran sumamente mágicas y apasionantes. Y no podía esperar la hora de poder transmitirle sus escasos pero arraigados conocimientos a su adorable amiga. Estaba animada, así que como un bambi en medio de la pradera se levantó de sopetón de la cama y se fue a dar una ducha. Le sirvió comida a los animalitos, que aún seguían durmiendo a pata suelta en la cama de Sam. Menos lenteja, ella no, ella se levantó a duras penas y le siguió al baño y luego a la cocina cabezando de vez en vez, pero luchando para mantenerse despierta moviendo su colita para dar amor.

Quedaron de despertarse a las 7, sí fleje temprano pero era justo y necesario porque lo más tarde que podían salir era a las 8 de casa. Ya que el lugar al que irían tenían 10 horas de diferencia y alcanzar la luz era lo importante. Miró el reloj que se encontraba en el comedor y observó que aún quedaban 15 minutos. Sonrió y se fue a preparar un desayuno de campeones. Ya que ese día necesitaban estar con full energía.

Cuando lo terminó fue con la bandeja hasta el comedor y la dejó sobre la mesa, para dirigirse al equipo de música que tenían, conecto su móvil y sonrió de lado traviesamente cuando subió el equipo a todo volúmen y puso play.


Tomó la bandeja y fue a la pieza de Sam.- A levantarse dormilonaaaaa.- canturreó como todas las mañanas (que tampoco eran tantas) que ella se levantaba primero.- Hoy nos espera un gran día.- exclamó toda animada dejando la bandeja sobre la cama de la legeremante y dándole un mega beso en la mejilla de buenos días. - Hoy dominaremos el mundo.- agregó moviendole las cejas toda divertida.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Caroline Shepard el Lun Ago 13, 2018 8:04 pm

La sonrisa que apareció en el rostro de Caroline al encontrarse junto a Sam en la casa de uno de sus mejores amigos de Japón iluminaba igual o más que el lumus más fuerte del mundo mágico. Es que ya no podía más de felicidad, en breve tendría a dos personas que adoraba con el alma juntos, riendo con ellos en esa dimensión paralela en que no habían persecuciones, ni malvados, ni muchos menos importaba la sangre o de qué familia venías. En casa de Tak-tak todo aquel que supiera cómo sonreír y amar era bienvenido, muchos a veces se equivocan con su amigo, lo veían como alguien superficial y sarcástico pero, se equivocan. El japonés era una de las personas mas buenas que había conocido, todo lo que tenía (que no era poco) lo había conseguido con mucho esfuerzo y nunca había olvidado que ni todo el dinero del mundo se comparaba con lo que realmente importa en al vida, los amigos, el cariño, y el amor por un otro. Tak-tak era grandioso desde los pies hasta la punta de su cabeza y ahora se conocerán con Sam, teniendo a la pelirroja más emocionada que nunca.

Caroline solía bromear a Tak-tak con que el había nacido vestido de lentejuelas, porque no había conocido persona más espectacular que él, le gusta el brillo, la fiesta, y las cosas estrafalarias. Y Sam no tardó en darse cuenta al ver cómo esa enorme puerta de madera en un pestañear se volvió en un show privado para las dos, un show de su cantante favorita y diosa de todos los tiempos, Beyoncé. Los ojos de la maga brillaban felices y, pese a que estaba disfrutando enormemente la bienvenida que su amigo le había preparado quería que terminará ya, es que sentía cosquillas en sus manos de las ganas que tenía de abrazar al japonés, de darle un mega abrazo. Y ahí estaba, radiante y haciendo el rídiculo, tal y como lo recuerda siempre, todos los días. No se molestó al ver que fue directamente hacía Sam, sabía lo mucho que su amigo quería conocerla y ella al mismo tiempos quería disfrutar ese encuentro entre los dos.

- ¿Qué es un hada? .- preguntó atacado Tak-tak, y miró reprobatoriamente a Carol.- ¿Qué ésta maldita no te ha hablado de mí, de mi trabajo y mis hadas? Ay, mi corazón. Que me has herido en lo más profundo, zanahoria .- se llevó la mano al pecho y todo, bien dramático, luego sonrió y miró a Sam.- ¿Conoces a esas modelos muggles de Victoria Secrets? ¿Has escuchado que le dicen Ángeles? Pues bueno, yo tengo mis hadas, mis queridas modelos, las magas más hermosas de los cinco continentes. A Carol la invite, pero la muy me dijo que no dejaría los Kappas por andar sobre tacones...Aburrida - rodeó los ojos falsamente exasperado para luego lanzarle un beso en el aire a la pelirroja, más que mal el amor por las criaturas y el baile fue que los unió aquella noche y que generó la relación fuerte de amistad que tienen hasta hoy.

Carol puso una mueca en su rostro cuando Tak-tak se metió con su coleta, su archienemiga favorita, y que ella siempre se la vuelve a poner por comodidad y otras veces simplemente para molestarlo. La pelirroja abrió sus ojos y boca, y para sumarle más drama a todo hizo sonidos de alto impacto como "CHAAAAAN" "OOOOOH" "UUUUH" mirando como a su amigo casi le da un mini infarto al escuchar esas palabras de Sam, que lo llevaron hasta tener que sostenerse de la cosa más cercana para no caer al suelo al más estilo Blancanieves rodeada de monstruos imaginarios en medio del bosque. Pero sólo duró un par de segundos ya que la rubia no tardó en retractarse y el rostro del japonés volvió a tomar color para luego reírse sonoramente y como si fueran amigos de toda la vida tomar el brazo de Sam y comenzar un tour por sus dependencias.

- ¡SAYURI! .- gritó Caroline deteniéndose en seco mientras se llevaba ambas manos al rostro de pura emoción, y unos ojos enormes y brillantes, una fiel copia de algún dibujo japonés ultra mega animado.- Es la yegua más hermosa del mundo entero, la más veloz, la más tierna, la más inteligente, la  más MÁS.- continuó toda contenta dando pequeños saltos como una niña de cinco años viendo por primera vez un carrusel.- Iré ahora a verla. Tak-tak enséñale la casa a Sam yo después me sumo.- fue lo último que dijo Carol para luego perderse tras una puerta de madera que se encontraba en los terrenos de la entrada.

ENTRADA + puerta de madera (jiji):

- Siempre he creído que quiere más a los animales y criaturas que tengo que a mí ¿no te pasa? .- le preguntó divertido el japonés a Sam que de seguro no entendía nada de lo que acababa de pasar.- Detrás de esa puerta está un terreno enorme  que tengo dispuesto solo para mis animales, esos bellos seres que Carol y yo amamos tan locamente, pero ya te los iré a mostrar, ahora acompáñame a dar un tour por mi hogar que desde ahora (bueno desde siempre pero ahora más) también será el tuyo cuándo quieras o lo necesites .-  Tak- tak le sonrió ampliamente a Sam y aún aferrándose de su brazo la comenzó a guiar dentro de su dependencias. Se subieron arriba de un carrito color rosa, que el japonés manejaba con maestría y cuando por fin llegaron a su casa, sonrió radiantemente, se bajó el carro y abrió ambos brazos para mostrarsela a lo grande. - ¡TADADADAAAAM! .- exclamó animado. Era una casa enorme, con una puerta alta y gruesa de madera, de dos pisos, e innumerables ventanas, pero lo que más llamaba la atención eran los múltiples colores que la adornaban que, pese a su fuerte color lograban combinar a la perfección. - Entremos .- le invitó moviendo sus cejas y estirando su mano para que la rubia se la tomará y entrara junto a él.- Bueno, acá tenemos un pequeño sector de descanso, para leer, tomarse un té antes, después, o entremedio de cada comida, o simplemente sentarse y pensar en la inmortalidad del cangrejo .- señaló risueño.

Pequeña zona de descanso floral:


Siguió caminando hasta llegar a la puerta de entrada que se abrió sola al sentirlo caminar cerca, al entrar se logra observar una gran escalera que lleva al segundo piso de color violeta.- La escalera es músical, funciona como un teclado miramira... - dijo todo animado para luego correr hacia ella y saltar de escalón a escalón, haciendo la intro de estacanción y poniendo todo el sabor en un baile que él se sabía a la perfección.- Mola ¿no? Bueno, cuando quieras haces tu propio concierto. Carol me tocó una vez toooooda una noche a Queen, me gusta pero hay un límite que rompe el deseo, eh. - soltó una risa y volvió hacia ella.- Bien, por acá se encuentra el living...muy living. Con cuadros de amigos...- dijo señalando al de un caballo enorme que se movía y relinchaba de vez en cuando, pero la mayoría del tiempo se encontraba comiendo césped, era todo un comilón. - Sillones, mesas, más escaleras...en fin, un living .- repitió encogiéndose de hombros.

Living...muy living:


- Por acá, tenemos el comedor, junto a una  pequeña cocina que casi nunca ocupo porque tengo a las mejores cocineros conmigo, que más tarde conocerás que mientras cocinan no le gusta que me aparezca por allí, y menos hoy que me dijeron que prácticamente nos dejarán boquiabiertos con el almuerzo, y no te miento cuando te dije que la temática del almuerzo de hoy es el chocolate, así que prepárate porque ellos no se van con rodeos, les gusta el espectaculo igual o más que a mí JEJÉ .- confesó divertido.- Esta de acá es una de mis primeras esculturas mágicas... - se acercó a una que se encontraba cerca de una larga mesa de madera.- Tan sólo debes decirle: "Hola querida" y la magia comienza... - le susurró a Sam para luego acercarse a ella, y estaba a punto de demostrarlo cuando escucho un relinchar en el exterior que llamó su atención y al mismo tiempo le hizo sonreír aún más ampliamente convirtiendo literalmente en una línea sus ojos.- Carol ha traído a Sayuri al patio, ven vamos a verla, después te muestro la gracia de esta hermosa...- le dijo a la maga tomándola del brazo y arrastrarla hacia el patio de atrás de su hogar.

Comedor y "Hola querida":


Al salir se encontraba un gran terreno de pasto, y una piscina que lo único que gritaba era "Ven, vena  sumergirte en mis cristalinas y tentadoras aguas", y a los lejos, como un punto que cada vez se hace más grande y nítido se lograba ver la pelirroja cabellera de Carol galopar arriba de una yegua de un color negro intenso y brillante, la animal era tan hermosa que era imposible que alguien no se quedase prendado al verla, tanto así que Carol pasaba a segundo plano, casi como un adorno.

La pelirroja llegó hasta donde se encontraban sus dos amigos con una sonrisa que cubría todo su rostro.- Mira Sam, mira a esta hermosura.- dijo abrazando al animal quién recibía gustosa sus mimos, y hasta los más observadores podrían jurar que la yegua estaba sonriendo.- ¿Quieres subirte? ¿Llevarías a mi amiga Sam a dar un paseo, Sayu?.- le preguntó a la yegua quien relincho animosa como respuesta.

La piscina coquetona:

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Sam J. Lehmann el Jue Ago 16, 2018 5:01 am

Que Sam recordase... no le había hablado de las Hadas de Tak-Tak, o esperaba que así fuese porque por muy Ravenclaw que fuese todas las cosas que atañían a Japón en la vida de Caroline le quedaban muy grandes. Le echó una fugaz ojeada a la pelirroja cuando su amigo se vio tan sorprendido  y  decepcionado por la ignorancia de Sam, en una manera de intentar buscar con esa mirada si había sido culpa de ella por su mala memoria. ¡Pero no! O bueno, creyó identificar en la mirada de su amiga que, efectivamente, no le había contado nada. —Pues claro que sé quiénes son. —¿Cómo no lo iba a saber? Esas mujeres son inolvidables —dijo con naturalidad. Sam y su gusto por las mujeres, ¿quién la iba a culpar, eh? ¡Nadie! —¿Qué dices, en serio? —preguntó, esta vez ella como la sorprendida de la situación. —¿Invitaste a Caroline a pertenecer a tus modelos y no quiso? —Miró entonces a su amiga. —¿Por qué no quisiste? —Y negó con la cabeza. —¡Podrías haberlo hecho en tu tiempo libre, con el cuerpazo que tienes tía! Bueno, antes tenías mejor cuerpazo, ahora estás más gordi porque te cebo a chocolate. —Bromeó con una sonrisa tan divertida que preparó incluso las manos para parar cualquier objeto arrojadizo que a su amiga le diese por tirarle en respuesta. Si llegan a estar en casa, seguramente un cojín hubiera terminado impactando contra la cocorota de Samantha.

¿Una yegua? Le parecía de lo más curioso que aquel hombre, con la riqueza que pudiese tener, tuviera de mascota a una yegua y no a un hipogrifo. O a una mantícora. No sé, algo más épico y mágico que una yegua. Aunque si era totalmente sincera: Sam nunca había visto a un caballo y, por tanto, mucho menos haberse subido en uno. En Austria siempre vivió en una ciudad, con unos padres con trabajos muy céntricos y bueno, en su vida en Londres obviamente no ha ido a montar a caballo ni por necesidad ni por placer. Vio como Caroline se iba corriendo en busca de la yegua, abandonando a su amiga con su japonés. Sam era muy extrovertida y aceptaba estar a solas con un conocido a medias pero... aún así le miró con esa mirada de emergencia de: "NO ME ABANDONES CON TU AMIGO", porque todo el mundo sabe que esa situación ES COMPLICADA DE SOBRELLEVAR. Menos mal que Tak-tak tenía mucho más carácter y labia y nadie y eso hacía que Sam entrase en la conversación con suma naturalidad. —Bueno, en casa vivimos con tres animales, a veces me pasa. Pero he de admitir que yo a veces también le hago más caso a mi cerdito que a ella. Pero solo a veces. —Recalcó divertida, para entonces mirar a Tak Tak con una mirada bastante amable. En realidad por todo lo que le contaba Caroline de Japón y las maravillas que había visto al respecto, entendía perfectamente que no hubiese vuelto a vivir a Londres. ¿Para qué, si aquí lo tenía todo y más? —Muchas gracias Tak Tak, es muy bonito por tu parte, pero creo que esta casa se me queda muy grande. Estoy acostumbrada a sitios pequeñitos, como el genio de la lámpara. —Bromeó al respecto, para entonces aceptar ese brazo y subirse al carrito. —¿Te llamas Tak Tak de verdad o es un mote? —preguntó por curiosidad.

Al parar el carro entraron en la cara, continuando con el tour. La verdad es que aquella casa era demasiado épica. Pocas casas habían visto así, a excepción de las mansiones inglesas a las que había ido pocas veces o bien por eventos del Ministerio o para dar clases de legeremancia. Pero la de Tak Tak tenía otras vibraciones, era un lugar enorme, pero aún así parecía acogedor. Fascinada estaba, hasta que llegaron al living y hablaron de comida y chocolate. Y podríais saber cómo estaba ahora mismo el estómago de Sam teniendo en cuenta que llevaban horas en la playa haciendo ejercicio, bañándose y tomando sol. ¡Y todo eso daba hambre! —¿Todo el menú tiene como referencia el chocolate? ¿¡Todo!? —preguntó con los ojos bien abiertos y una sonrisa de lo más divertida. Porque si es así, me mudo ya a tu casa para toda la vida. Con animales y todo. Total, en Londres no me quiere nadie —exageró, porque obviamente exageró. En Londres sí había gente que le quería: Caroline, Gwendoline, su padre y, quizás, un poquito Henry. Y ya. Bueno, creía que todavía Henry distaba mucho de que sintiese cariño por ella. No sé. Era raro, no tenía mucha fe en Coco Roto como para considerarlo una persona que la llegase a echar de menos, mejor lo descartamos.

Aún viendo aquella casa tan fascinante, fue cuando salieron al jardín y vieron a Caroline con la famosa Sayuri, una yegua preciosa de color negro. La admiró, para acercarse a ella cuando jinete y caballo pararon a unos pasos de ella. Acarició el pelaje de su cabeza, para entonces mirar a Caroline. —Pues nunca me he subido a un caballo, así que... —Le tendió la mano a Caroline, para que le ayudase a subir. Quitó su pie del estribo y Sam puso el suyo, con la ayuda de Caroline y un impulso de parte de la pelirroja, terminó sentada justo detrás de ella. Fue la jinete quién volvió a poner los pies en sendos estribos y Sam se limitó a rodear su cintura con sus brazos, apoyando su barbilla en su hombro. —Oh, mi caballera de blanca armadura y pelo en llamas, ya estamos en un palacio inmejorable —señaló la casa de Tak Tak—, ¿a dónde piensa llevarme en lomos de esta flagrante yegua? ¿A ver el mundo y ejecutar malvados? ¡Saca la espada, oh, mi caballera y cabalguemos hasta dónde se pone el sol! —Teatralizó con el brazo en alto, mirando al sol con los ojos totalmente achinados.

Tak Tak rió y Carol no tardó en manejar perfectamente a Sayuri para ir a dar un paseo.

Dos horas más tarde

Le parecía fascinante ese momento de la vida: no, no se refería a ese momento en dónde sales de un baño relajante y te sientes flotando en el aire, ni tampoco ese momento después de la mejor experiencia sexual de tu vida (de hecho, Sam, creía que ya se había vuelto virgen de nuevo, así que ni lo recordaba), ni tampoco ese momento de zen perfecto en el que lo tienes todo y no necesitas más. No, no se refería a ninguno de esos momentos. Se refería al momento que estaba viviendo justo ahora: después de comer,  tirados en el sofá, como si estuviesen de cuatro meses cada uno. Estaban callados, como si hablar pudiera producir la capacidad de la barriga de echarlo todo para fuera en el momento menos oportuno. —¿Sabéis? El mío es niña. Se llamará Cora y será Ravenclaw. Bueno... si de aquí a que tenga un hijo con el Espíritu Santo el gobierno sigue igual, me planteo traerla a Mahoutokoro —dijo con toda la seriedad del mundo.

Pero bueno, chica. Qué espíritu santo ni nada, con tanto bollo eso no se va a inflar nunca. Bueno, quizás se hinche pero por gorda. —Y se carcajeó. Sam también se rió, inevitablemente. —El mío se llamará Filippo en honor a su otro padre, porque yo sé que mi media naranja es italiana.

¿Te dijo Caroline que era bollo o es que se me nota? —preguntó, con duda real. La verdad es que se sentía con confianza con Tak Tak, ya que era un tipo muy, muy extrovertido y cercano. —Carol, ¿tú lo supiste en algún momento? Es decir, te lo conté cuando empecé con Natalie en la universidad, pero yo ya lo sabía de antes. ¿Tú no te diste cuenta verdad? Es que me da la sensación de que se me nota mucho, ¡pero no entiendo cómo!

El radar, querida. Entre homosexuales es infalible.
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