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Who run the world? girls! | ft Sam L.

Caroline Shepard el Miér Mar 07, 2018 4:16 am

Recuerdo del primer mensaje :


Hace un tiempo le había prometido a Sam enseñarle defensa personal. Ya que en los tiempos en que se encontraban el saber defenderse de todas las manera posibles era sumamente necesario. Además, de paso ella se sentía más tranquila sabiendo que su adorable amiga podría pegar un buen puñetazo sin terminar ella más herida que su adversario. Era justo y necesario. Y como ella aprendió dos estilos de autodefensa en su querido Japón se sentía con las facultades necesarias para comenzar a darle clases a su amiga, al menos las cosas básicas.

Habían quedado que aquel día comenzarían sus "clases", y durante la última semana Carol, como toda ravenclaw nerd. Se había hecho toda una planificación, y había buscado lugares en los cuales pudieran entrenar sin tener que temer por sus vidas. Y luego de dar mil vueltas y hacer una que otra llamada había encontrado el lugar idóneo para su primera sesión. Pero no se lo había querido decir a Sam porque le gustaba siempre tener esa cosa sorpresa.

Se levantó sin siquiera sentir la necesidad del reloj, estaba toda hiperventilada porque ella tanto el karate como el Judo, no solo los veía como una ayuda a la hora de luchar sino que como las Artes Marciales que eran. Y como todo Arte eran sumamente mágicas y apasionantes. Y no podía esperar la hora de poder transmitirle sus escasos pero arraigados conocimientos a su adorable amiga. Estaba animada, así que como un bambi en medio de la pradera se levantó de sopetón de la cama y se fue a dar una ducha. Le sirvió comida a los animalitos, que aún seguían durmiendo a pata suelta en la cama de Sam. Menos lenteja, ella no, ella se levantó a duras penas y le siguió al baño y luego a la cocina cabezando de vez en vez, pero luchando para mantenerse despierta moviendo su colita para dar amor.

Quedaron de despertarse a las 7, sí fleje temprano pero era justo y necesario porque lo más tarde que podían salir era a las 8 de casa. Ya que el lugar al que irían tenían 10 horas de diferencia y alcanzar la luz era lo importante. Miró el reloj que se encontraba en el comedor y observó que aún quedaban 15 minutos. Sonrió y se fue a preparar un desayuno de campeones. Ya que ese día necesitaban estar con full energía.

Cuando lo terminó fue con la bandeja hasta el comedor y la dejó sobre la mesa, para dirigirse al equipo de música que tenían, conecto su móvil y sonrió de lado traviesamente cuando subió el equipo a todo volúmen y puso play.


Tomó la bandeja y fue a la pieza de Sam.- A levantarse dormilonaaaaa.- canturreó como todas las mañanas (que tampoco eran tantas) que ella se levantaba primero.- Hoy nos espera un gran día.- exclamó toda animada dejando la bandeja sobre la cama de la legeremante y dándole un mega beso en la mejilla de buenos días. - Hoy dominaremos el mundo.- agregó moviendole las cejas toda divertida.
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Caroline Shepard el Lun Ago 13, 2018 7:04 pm

La sonrisa que apareció en el rostro de Caroline al encontrarse junto a Sam en la casa de uno de sus mejores amigos de Japón iluminaba igual o más que el lumus más fuerte del mundo mágico. Es que ya no podía más de felicidad, en breve tendría a dos personas que adoraba con el alma juntos, riendo con ellos en esa dimensión paralela en que no habían persecuciones, ni malvados, ni muchos menos importaba la sangre o de qué familia venías. En casa de Tak-tak todo aquel que supiera cómo sonreír y amar era bienvenido, muchos a veces se equivocan con su amigo, lo veían como alguien superficial y sarcástico pero, se equivocan. El japonés era una de las personas mas buenas que había conocido, todo lo que tenía (que no era poco) lo había conseguido con mucho esfuerzo y nunca había olvidado que ni todo el dinero del mundo se comparaba con lo que realmente importa en al vida, los amigos, el cariño, y el amor por un otro. Tak-tak era grandioso desde los pies hasta la punta de su cabeza y ahora se conocerán con Sam, teniendo a la pelirroja más emocionada que nunca.

Caroline solía bromear a Tak-tak con que el había nacido vestido de lentejuelas, porque no había conocido persona más espectacular que él, le gusta el brillo, la fiesta, y las cosas estrafalarias. Y Sam no tardó en darse cuenta al ver cómo esa enorme puerta de madera en un pestañear se volvió en un show privado para las dos, un show de su cantante favorita y diosa de todos los tiempos, Beyoncé. Los ojos de la maga brillaban felices y, pese a que estaba disfrutando enormemente la bienvenida que su amigo le había preparado quería que terminará ya, es que sentía cosquillas en sus manos de las ganas que tenía de abrazar al japonés, de darle un mega abrazo. Y ahí estaba, radiante y haciendo el rídiculo, tal y como lo recuerda siempre, todos los días. No se molestó al ver que fue directamente hacía Sam, sabía lo mucho que su amigo quería conocerla y ella al mismo tiempos quería disfrutar ese encuentro entre los dos.

- ¿Qué es un hada? .- preguntó atacado Tak-tak, y miró reprobatoriamente a Carol.- ¿Qué ésta maldita no te ha hablado de mí, de mi trabajo y mis hadas? Ay, mi corazón. Que me has herido en lo más profundo, zanahoria .- se llevó la mano al pecho y todo, bien dramático, luego sonrió y miró a Sam.- ¿Conoces a esas modelos muggles de Victoria Secrets? ¿Has escuchado que le dicen Ángeles? Pues bueno, yo tengo mis hadas, mis queridas modelos, las magas más hermosas de los cinco continentes. A Carol la invite, pero la muy me dijo que no dejaría los Kappas por andar sobre tacones...Aburrida - rodeó los ojos falsamente exasperado para luego lanzarle un beso en el aire a la pelirroja, más que mal el amor por las criaturas y el baile fue que los unió aquella noche y que generó la relación fuerte de amistad que tienen hasta hoy.

Carol puso una mueca en su rostro cuando Tak-tak se metió con su coleta, su archienemiga favorita, y que ella siempre se la vuelve a poner por comodidad y otras veces simplemente para molestarlo. La pelirroja abrió sus ojos y boca, y para sumarle más drama a todo hizo sonidos de alto impacto como "CHAAAAAN" "OOOOOH" "UUUUH" mirando como a su amigo casi le da un mini infarto al escuchar esas palabras de Sam, que lo llevaron hasta tener que sostenerse de la cosa más cercana para no caer al suelo al más estilo Blancanieves rodeada de monstruos imaginarios en medio del bosque. Pero sólo duró un par de segundos ya que la rubia no tardó en retractarse y el rostro del japonés volvió a tomar color para luego reírse sonoramente y como si fueran amigos de toda la vida tomar el brazo de Sam y comenzar un tour por sus dependencias.

- ¡SAYURI! .- gritó Caroline deteniéndose en seco mientras se llevaba ambas manos al rostro de pura emoción, y unos ojos enormes y brillantes, una fiel copia de algún dibujo japonés ultra mega animado.- Es la yegua más hermosa del mundo entero, la más veloz, la más tierna, la más inteligente, la  más MÁS.- continuó toda contenta dando pequeños saltos como una niña de cinco años viendo por primera vez un carrusel.- Iré ahora a verla. Tak-tak enséñale la casa a Sam yo después me sumo.- fue lo último que dijo Carol para luego perderse tras una puerta de madera que se encontraba en los terrenos de la entrada.

ENTRADA + puerta de madera (jiji):

- Siempre he creído que quiere más a los animales y criaturas que tengo que a mí ¿no te pasa? .- le preguntó divertido el japonés a Sam que de seguro no entendía nada de lo que acababa de pasar.- Detrás de esa puerta está un terreno enorme  que tengo dispuesto solo para mis animales, esos bellos seres que Carol y yo amamos tan locamente, pero ya te los iré a mostrar, ahora acompáñame a dar un tour por mi hogar que desde ahora (bueno desde siempre pero ahora más) también será el tuyo cuándo quieras o lo necesites .-  Tak- tak le sonrió ampliamente a Sam y aún aferrándose de su brazo la comenzó a guiar dentro de su dependencias. Se subieron arriba de un carrito color rosa, que el japonés manejaba con maestría y cuando por fin llegaron a su casa, sonrió radiantemente, se bajó el carro y abrió ambos brazos para mostrarsela a lo grande. - ¡TADADADAAAAM! .- exclamó animado. Era una casa enorme, con una puerta alta y gruesa de madera, de dos pisos, e innumerables ventanas, pero lo que más llamaba la atención eran los múltiples colores que la adornaban que, pese a su fuerte color lograban combinar a la perfección. - Entremos .- le invitó moviendo sus cejas y estirando su mano para que la rubia se la tomará y entrara junto a él.- Bueno, acá tenemos un pequeño sector de descanso, para leer, tomarse un té antes, después, o entremedio de cada comida, o simplemente sentarse y pensar en la inmortalidad del cangrejo .- señaló risueño.

Pequeña zona de descanso floral:


Siguió caminando hasta llegar a la puerta de entrada que se abrió sola al sentirlo caminar cerca, al entrar se logra observar una gran escalera que lleva al segundo piso de color violeta.- La escalera es músical, funciona como un teclado miramira... - dijo todo animado para luego correr hacia ella y saltar de escalón a escalón, haciendo la intro de estacanción y poniendo todo el sabor en un baile que él se sabía a la perfección.- Mola ¿no? Bueno, cuando quieras haces tu propio concierto. Carol me tocó una vez toooooda una noche a Queen, me gusta pero hay un límite que rompe el deseo, eh. - soltó una risa y volvió hacia ella.- Bien, por acá se encuentra el living...muy living. Con cuadros de amigos...- dijo señalando al de un caballo enorme que se movía y relinchaba de vez en cuando, pero la mayoría del tiempo se encontraba comiendo césped, era todo un comilón. - Sillones, mesas, más escaleras...en fin, un living .- repitió encogiéndose de hombros.

Living...muy living:


- Por acá, tenemos el comedor, junto a una  pequeña cocina que casi nunca ocupo porque tengo a las mejores cocineros conmigo, que más tarde conocerás que mientras cocinan no le gusta que me aparezca por allí, y menos hoy que me dijeron que prácticamente nos dejarán boquiabiertos con el almuerzo, y no te miento cuando te dije que la temática del almuerzo de hoy es el chocolate, así que prepárate porque ellos no se van con rodeos, les gusta el espectaculo igual o más que a mí JEJÉ .- confesó divertido.- Esta de acá es una de mis primeras esculturas mágicas... - se acercó a una que se encontraba cerca de una larga mesa de madera.- Tan sólo debes decirle: "Hola querida" y la magia comienza... - le susurró a Sam para luego acercarse a ella, y estaba a punto de demostrarlo cuando escucho un relinchar en el exterior que llamó su atención y al mismo tiempo le hizo sonreír aún más ampliamente convirtiendo literalmente en una línea sus ojos.- Carol ha traído a Sayuri al patio, ven vamos a verla, después te muestro la gracia de esta hermosa...- le dijo a la maga tomándola del brazo y arrastrarla hacia el patio de atrás de su hogar.

Comedor y "Hola querida":


Al salir se encontraba un gran terreno de pasto, y una piscina que lo único que gritaba era "Ven, vena  sumergirte en mis cristalinas y tentadoras aguas", y a los lejos, como un punto que cada vez se hace más grande y nítido se lograba ver la pelirroja cabellera de Carol galopar arriba de una yegua de un color negro intenso y brillante, la animal era tan hermosa que era imposible que alguien no se quedase prendado al verla, tanto así que Carol pasaba a segundo plano, casi como un adorno.

La pelirroja llegó hasta donde se encontraban sus dos amigos con una sonrisa que cubría todo su rostro.- Mira Sam, mira a esta hermosura.- dijo abrazando al animal quién recibía gustosa sus mimos, y hasta los más observadores podrían jurar que la yegua estaba sonriendo.- ¿Quieres subirte? ¿Llevarías a mi amiga Sam a dar un paseo, Sayu?.- le preguntó a la yegua quien relincho animosa como respuesta.

La piscina coquetona:

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Sam J. Lehmann el Jue Ago 16, 2018 4:01 am

Que Sam recordase... no le había hablado de las Hadas de Tak-Tak, o esperaba que así fuese porque por muy Ravenclaw que fuese todas las cosas que atañían a Japón en la vida de Caroline le quedaban muy grandes. Le echó una fugaz ojeada a la pelirroja cuando su amigo se vio tan sorprendido  y  decepcionado por la ignorancia de Sam, en una manera de intentar buscar con esa mirada si había sido culpa de ella por su mala memoria. ¡Pero no! O bueno, creyó identificar en la mirada de su amiga que, efectivamente, no le había contado nada. —Pues claro que sé quiénes son. —¿Cómo no lo iba a saber? Esas mujeres son inolvidables —dijo con naturalidad. Sam y su gusto por las mujeres, ¿quién la iba a culpar, eh? ¡Nadie! —¿Qué dices, en serio? —preguntó, esta vez ella como la sorprendida de la situación. —¿Invitaste a Caroline a pertenecer a tus modelos y no quiso? —Miró entonces a su amiga. —¿Por qué no quisiste? —Y negó con la cabeza. —¡Podrías haberlo hecho en tu tiempo libre, con el cuerpazo que tienes tía! Bueno, antes tenías mejor cuerpazo, ahora estás más gordi porque te cebo a chocolate. —Bromeó con una sonrisa tan divertida que preparó incluso las manos para parar cualquier objeto arrojadizo que a su amiga le diese por tirarle en respuesta. Si llegan a estar en casa, seguramente un cojín hubiera terminado impactando contra la cocorota de Samantha.

¿Una yegua? Le parecía de lo más curioso que aquel hombre, con la riqueza que pudiese tener, tuviera de mascota a una yegua y no a un hipogrifo. O a una mantícora. No sé, algo más épico y mágico que una yegua. Aunque si era totalmente sincera: Sam nunca había visto a un caballo y, por tanto, mucho menos haberse subido en uno. En Austria siempre vivió en una ciudad, con unos padres con trabajos muy céntricos y bueno, en su vida en Londres obviamente no ha ido a montar a caballo ni por necesidad ni por placer. Vio como Caroline se iba corriendo en busca de la yegua, abandonando a su amiga con su japonés. Sam era muy extrovertida y aceptaba estar a solas con un conocido a medias pero... aún así le miró con esa mirada de emergencia de: "NO ME ABANDONES CON TU AMIGO", porque todo el mundo sabe que esa situación ES COMPLICADA DE SOBRELLEVAR. Menos mal que Tak-tak tenía mucho más carácter y labia y nadie y eso hacía que Sam entrase en la conversación con suma naturalidad. —Bueno, en casa vivimos con tres animales, a veces me pasa. Pero he de admitir que yo a veces también le hago más caso a mi cerdito que a ella. Pero solo a veces. —Recalcó divertida, para entonces mirar a Tak Tak con una mirada bastante amable. En realidad por todo lo que le contaba Caroline de Japón y las maravillas que había visto al respecto, entendía perfectamente que no hubiese vuelto a vivir a Londres. ¿Para qué, si aquí lo tenía todo y más? —Muchas gracias Tak Tak, es muy bonito por tu parte, pero creo que esta casa se me queda muy grande. Estoy acostumbrada a sitios pequeñitos, como el genio de la lámpara. —Bromeó al respecto, para entonces aceptar ese brazo y subirse al carrito. —¿Te llamas Tak Tak de verdad o es un mote? —preguntó por curiosidad.

Al parar el carro entraron en la cara, continuando con el tour. La verdad es que aquella casa era demasiado épica. Pocas casas habían visto así, a excepción de las mansiones inglesas a las que había ido pocas veces o bien por eventos del Ministerio o para dar clases de legeremancia. Pero la de Tak Tak tenía otras vibraciones, era un lugar enorme, pero aún así parecía acogedor. Fascinada estaba, hasta que llegaron al living y hablaron de comida y chocolate. Y podríais saber cómo estaba ahora mismo el estómago de Sam teniendo en cuenta que llevaban horas en la playa haciendo ejercicio, bañándose y tomando sol. ¡Y todo eso daba hambre! —¿Todo el menú tiene como referencia el chocolate? ¿¡Todo!? —preguntó con los ojos bien abiertos y una sonrisa de lo más divertida. Porque si es así, me mudo ya a tu casa para toda la vida. Con animales y todo. Total, en Londres no me quiere nadie —exageró, porque obviamente exageró. En Londres sí había gente que le quería: Caroline, Gwendoline, su padre y, quizás, un poquito Henry. Y ya. Bueno, creía que todavía Henry distaba mucho de que sintiese cariño por ella. No sé. Era raro, no tenía mucha fe en Coco Roto como para considerarlo una persona que la llegase a echar de menos, mejor lo descartamos.

Aún viendo aquella casa tan fascinante, fue cuando salieron al jardín y vieron a Caroline con la famosa Sayuri, una yegua preciosa de color negro. La admiró, para acercarse a ella cuando jinete y caballo pararon a unos pasos de ella. Acarició el pelaje de su cabeza, para entonces mirar a Caroline. —Pues nunca me he subido a un caballo, así que... —Le tendió la mano a Caroline, para que le ayudase a subir. Quitó su pie del estribo y Sam puso el suyo, con la ayuda de Caroline y un impulso de parte de la pelirroja, terminó sentada justo detrás de ella. Fue la jinete quién volvió a poner los pies en sendos estribos y Sam se limitó a rodear su cintura con sus brazos, apoyando su barbilla en su hombro. —Oh, mi caballera de blanca armadura y pelo en llamas, ya estamos en un palacio inmejorable —señaló la casa de Tak Tak—, ¿a dónde piensa llevarme en lomos de esta flagrante yegua? ¿A ver el mundo y ejecutar malvados? ¡Saca la espada, oh, mi caballera y cabalguemos hasta dónde se pone el sol! —Teatralizó con el brazo en alto, mirando al sol con los ojos totalmente achinados.

Tak Tak rió y Carol no tardó en manejar perfectamente a Sayuri para ir a dar un paseo.

Dos horas más tarde

Le parecía fascinante ese momento de la vida: no, no se refería a ese momento en dónde sales de un baño relajante y te sientes flotando en el aire, ni tampoco ese momento después de la mejor experiencia sexual de tu vida (de hecho, Sam, creía que ya se había vuelto virgen de nuevo, así que ni lo recordaba), ni tampoco ese momento de zen perfecto en el que lo tienes todo y no necesitas más. No, no se refería a ninguno de esos momentos. Se refería al momento que estaba viviendo justo ahora: después de comer,  tirados en el sofá, como si estuviesen de cuatro meses cada uno. Estaban callados, como si hablar pudiera producir la capacidad de la barriga de echarlo todo para fuera en el momento menos oportuno. —¿Sabéis? El mío es niña. Se llamará Cora y será Ravenclaw. Bueno... si de aquí a que tenga un hijo con el Espíritu Santo el gobierno sigue igual, me planteo traerla a Mahoutokoro —dijo con toda la seriedad del mundo.

Pero bueno, chica. Qué espíritu santo ni nada, con tanto bollo eso no se va a inflar nunca. Bueno, quizás se hinche pero por gorda. —Y se carcajeó. Sam también se rió, inevitablemente. —El mío se llamará Filippo en honor a su otro padre, porque yo sé que mi media naranja es italiana.

¿Te dijo Caroline que era bollo o es que se me nota? —preguntó, con duda real. La verdad es que se sentía con confianza con Tak Tak, ya que era un tipo muy, muy extrovertido y cercano. —Carol, ¿tú lo supiste en algún momento? Es decir, te lo conté cuando empecé con Natalie en la universidad, pero yo ya lo sabía de antes. ¿Tú no te diste cuenta verdad? Es que me da la sensación de que se me nota mucho, ¡pero no entiendo cómo!

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Caroline Shepard el Vie Sep 21, 2018 6:29 pm

Al recibir la mirada de Sam, la pelirroja puso rostro de "tragame tierra", que vamos con Tak-tak había pasado TANTAS cosas que contarlas todas eran imposible, tendría que escribir un saga de al menos siete libros y esperando que el último terminará con un continuará, que seguir escribiendo historias vividas con su amigo y amigos en general era su mayor sueño. Caroline rodeó los ojos cuando su amigo sacó  lo de cuando él la había invitado a ser  una de sus modelos, es que Tak-tak lo saca siempre, era como un constante deja-vu, que podían estar con amigos hablando de lo rico que habían estado los huevos fritos del desayuno y él iba y decía de la nada "¿Sabían que Caroline no aceptó ser parte de mi modelos?", era insufrible con ese tema. De seguro era porque no estaba acostumbrado a recibir negativas. Se encogió de hombros al escuchar su pregunta, es que ella le hubiera respondido pero eso era dar pie a que Tak-tak comenzará con un verborrea de razones de por qué todo lo que Caroline dice no tiene sentido, asi que mejor se lo ahorraba. - ¡HEY! ¿QUÉ DICES?.- exclamó haciendose la ofendida, con manito al pecho, ojos de plato y boca abierta niveles supremos, para después dedicarle una mirada de !MEH!.- Que tu envidia hace mi fama, tía. Ya te gustaría tener mi cuerpazo.- agregó poniendo una pose toda sexona para luego echar a reír y poner un rostro todo feo y divertido.- [color:fed8=##00ff99]A mí, me gustaría tener ese cuerpazo. Sísísí, lo admito y qué.- dijo el japonés enseguida levantado su mano.- Y el tuyo también, guapa .- agregó mirando a Sam  y llevándose las manos a la boca como cuando uno dice "Esto está para chuparse los dedos".

Y luego apareció Sayuri al baile y perdimos a Caroline. Quien como cuando le dicen a un niño después de la comida que ya pasó el tiempo suficiente para ir a la piscina corre descontroladamente a tirarse un chapuzón desapareció entre los terrenos del japonés en busca de la yegua, sin siquiera pensar que quizás Sam se sintiese incómoda por quedarse sola con su amigo, en su defensa NADIE podía sentirse incómoda con Tak-tak, era demasiado mono, amoroso y divertido.

- Don cerdito ¿no? Caroline me ha hablado de el, que hace meses le pido fotos a la jodida y no me las manda, tú lo harás ¿verdad? Que quiero conocer a ese cerdito de amor.- le dijo a la rubia con ojos brillantes, es que al igual que las dos magas Tak-tak era un amante apasionado de los animales y criaturas mágicas.- Ay, pero hija. Si el tamaño es el problema te confeccionamos un casita pequeñita por los jardines para cuando vengas, y ahi tienes tu casita Liliputiense para cuando estés acá .- le señaló llevándose el dedo índice a su cien, en plan "Mira que inteligente que soy".  Se subieron al carrito y el japonés soltó una risita al escuchar su pregunta.- Me llamo Takao, Tak-tak es mi especie de...nombre artístico. Lo invento Caroline, no recuerdo cuándo ni cómo sucedió de seguro en una fiesta alocada y descontrolada, pero ella lo hizo y de ahí lo adopte y me queda divino, como todo ya te habrás fijado.- dijo señalandose a él mismo con su mano. Es que el japonés se tenía mucho amor propio, y bien que se lo merecía.

Llegaron a la casa y le hizo un tour express, es que sí Sam creía que había visto mucho de la casa se equivocaba,  sólo había visto un pequeño porcentaje de toda esa mansión.- Todo .- le dijo poniéndole rostro travieso y moviendo las cejas.- Así que vamos, mudate ya conmigo y Caroline, también pueden invitar a Gwendoline que según de lo que me habla la zanahoria esta,  me caerá de maravillas. Ahora, ese chicotino roto llamando Enriqueto...¡Ay, que ya me va a dar pena recordar lo que pasó! .- se llevó la mano a la nariz como si se fuera a poner a llorar, pero no, que Tak-tak es un dramático y Sam pronto se irá dando cuenta, si no lo hacía ya. - ¡ES QUE, QUE FUERTE!, Cuando Carol me contó casi me da algo,me sentía escuchando la teleserie de la tarde. Pero ya, chuchú olvidemos esos malos recuerdos. Ustedes véngase pa acá y son mis "Hadas de Tak-tak" .- dijo todo emocionado pegando pequeños saltitos y aplaudiendo, es que el japonés era un intenso, pero de esos buenitos.

Al llegar al jardín, como era de esperarse no tardaron en ver a Caroline cabalgando con una sonrisa que pese a la distancia se lograba ver nítidamente. La pelirroja llegó hacia ellos y no tardó en invitar a su amiga a subirse con ella a tremenda hermosura de yegua, es que la pelirroja estaba enamorada de Sayuri, la conoció cuando apenas podía caminar y la cuido como si fuera su hija, y así la seguía cuidando y sintiendo. - Déjanos ser tu primera vez, Lehmann.- le dijo con dejes de doble sentido, para luego soltar una risita y ayudarla a subir. - Iremos a conquistar el mundo, mi querida doncella...- dijo con voz grave e inflando el pecho como cual caballero con armadura, para luego sacar una espada imaginaria.- ¡HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ! ¡ARRE, AAAAAAAAARRRREEEE!.- exclamó para darle unos delicados golpecitos en el costado a Sayuri quien gloriosamente relincho y partió su rumbo, a la senda del sol.

***

La felicidad, la dicha, la alegría de estar y ser junto a seres maravilloso, en un lugar aún más hermoso. Es que si de un momento a otro cae un meteorito y todo se acaba, Caroline lo haría con una sonrisa y panza de globo, y con una dicha que te mueres. Estaban en silencio pero el canto de los pájaros, y animalitos que tenía su amigo eran su banda sonora de fondo, una muy hermosa por cierto. Comenzó a reírse por las palabras de su amiga y posteriormente de su amigo pero se detuvo en el acto, que hasta reír le dolía por toda la comida que se había metido dentro.-  Los míos son gemelos, fijo. Y si me empeño...- se levantó la camisa que traía e inflo aún más su estomago.- ...Trillizos, "Mary, Mery, y Mauri", Hufflepuff, Ravenclaw, y Gryffindor. Sorry not sorry Slytherin, que no me alcanzó pa tanto.- elevó su mano todo en plan divo, para luego suspirar y dejar caer nuevamente su peso.

Clavó su mirada en su amiga y asintió.- Que sí, que lo intuí antes, pero no te decía nada porque yo no soy nadie para sacar a alguien del armario...

- ¡JÁ! Lo dice la que ha sacado a media población femenina japonesa del armario ¿Qué no te ha dicho esta? Es una jodida rompe corazones .- le interrumpió Tak-tak con tono de cotilleo supremo a lo que Caroline rodeó los ojos.- Que exagerado eres.- le reclamó la pelirroja, mientras a su lado el japonés le decía modulando a Sam "Que no lo soy, que es verdad".  

- Pues la verdad no sé cómo empecé a intuir que te iban las mujeres, pero creo que fue como en quinto...o sexto... ¡Buah, jodida memoria que me gasto! pero bueno, fue por ahí y no sé...es que creo que fue porque me decía "Pero que Sam es tan guapa, y tiene a medio Hogwarts detrás y ella ahí como si nada" ¡AH NO! Quw ya recuerdo, fue cuando Jacob, ese guapote capitán de Hufflepuff, que todas (hasta yo) iban detrás se le declaró en plan que te mueres...de verdad, con bombos y platillos, y ella así como si nada, en plan, "No gracias, que seamos amigos" y yo ahí me dije, "Aquí algo anda extraño" Que vale, que el gusto es subjetivo y tal, pero ERA EL PUTO JACOBO, UN ADONIS Y ADEMÁS SIMPÁTICO, TIERNO, INTELIGENTE, ya que no sigo que sino me voy a buscarlo a donde quiera que esté...

- ¡Yo te acompaño! Que con esa descripción lo quiero conocer .- le interrumpió Tak- tak levantando su manita.

- Bueno, no sé. Simplemente lo intuí y ya.- terminó por decir encogiéndose de hombros. - Aunque en general, mi radar es una mierda.

- Bah, pero que a ti te vale mierda el radar, que está convierte en bollera hasta la más heterosexual del condado .- le reclamó Tak-tak a lo que Carol sólo rodeó lo ojos, en plan "¡Que exagerado te pones!".

- ¿Y tú estás con alguien, Sam? o los tres somos los jodidos Tres Solterones. Que si es así, yo te llamo ahora mismo a toda mi población bollera y armamos un fiesta ahora ya. .- le dijo sentándose ahora al lado de la rubia y clavando su oriental mirada en la de ella.

- ¿Has dicho fiesta?.- preguntó de pronto Caroline que de un momento a otro había cerrado los ojos con ganas de pegarse una mini siesta pero que al escuchar la palabra "fiesta" había despertado de sopetón.

- Mira que esta no cambia, que pensé que los aires aburridos de Londres te harían sentar cabeza pero no, sigues igual de parrandera que siempre .- bromeó el japonés llevándose la mano al rostro.

Carol le dedicó una mirada angelical a su amigo y se reincorporó para parecer más persona que una ameba esparcida en el sillón.- Es que Sam, yo te he hablado de las fiestas de Tak-tak, y buah... es que son épicas, de verdad.- le dijo mordiéndose el labio inferior.

- Lo son, sísí. Eso no te lo voy a negar, zanahoria .- dijo el japonés.- Es que con lo que respecta a la moda, los tatuajes y las fiesta soy un puto amo .- se encogió de hombros sonriente, para luego mirar a Sam.- ¿Qué dices, rubita? ¿Te animas a vivir la experiencia más extravagante e inolvidable que tendrás en tu vida?
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Sam J. Lehmann el Miér Oct 10, 2018 1:36 am

¿Caroline sacando a personas del armario? Se lo creía. ¿Una rompecorazones? Se lo creía también. En realidad llevaban muchísimos años separadas, viviendo vidas totalmente diferentes unidas por un débil hilo conector llamado internet. Samantha, hasta hace poco, no conocía cómo era la vida de Caroline, cómo había cambiado o por cuántas cosas había vivido. Sí, tenían conocimiento de sus parejas, de sus progresos laborales y de la vida, en general, pero de esos detalles de los que hablaba Takao… pues está claro que no. Hasta hace menos de un año, Caroline y Sam no habían compartido vida adulta.

Entendió a la perfección a lo que se refería el japonés, pero prefirió no hacer hincapié en los ligues femeninos de Caroline. Sabía que a su amiga no le importaba en absoluto el género de las personas, pero tampoco había indagado mucho en sus experiencias con las féminas. Bueno, ni con los varones tampoco. En general, como sabía que Caroline tenía una vida sexualmente plena, ¿para qué indagar? No era lo mismo que con Gwen, que sabiendo lo ameba que era, pues a una le surgía curiosidad por saber cómo progresaban sus amoríos. ¡Y bueno, era raro! ¡Caroline siempre había sido su amiga-amor prohibido, no molaba nada enterarse de esas cosas! Que ya le valía. Sam en Hogwarts auto-flagelándose—metafóricamente hablando—porque le gustaba su mejor amiga hetero y luego resultó ser bisexual, ¡podría haber habido una oportunidad! Gracias a Merlín, las cosas habían salido bien y sus traumas juveniles ya habían pasado página, convirtiéndose en una bonita anécdota. Eso sí, otra cosa le llamó la atención.

Básicamente le llamó la atención que Caroline dijese con tanta seguridad que había intuido la orientación desviada de Samantha. ¡Venga ya! ¡Eso era imposible! Abrió los ojos como platos, sorprendida de verdad, cuando su amiga relataba la historia. O sea, sencillamente, ¿cómo era posible? ¿Cómo iba a intuir que le gustaban las chicas a su mejor amiga, si es que sólo tenía ojos para Caroline? ¿Acaso se había dado cuenta de cómo le miraba y no le había dicho nada? ¿Y por qué si intuía que a Sam le podían ir las chicas, seguía de pesada con los chicos? No entendía nada. O sea, es que era inviable que ella lo pudiese haber intuido cuando es que ni Sam lo tenía  del todo claro.

Escuchó todo lo que tenía que decir, pero no, su explicación no fue suficiente para convencer a Sam. De hecho, se había puesto hasta un poco nerviosa, básicamente porque ella fue el detonante de que la orientación de Sam estuviese cambiándose de acera, ¿acaso llevaba sabiendo todo este tiempo que le gustaba? —Tía venga ya, es imposible que lo supieras solo por eso —dijo finalmente, quitándole méritos. —Debiste enterarte cuando yo te lo dije, ya en la universidad cuando empecé con Natalie. Tengo la teoría que durante todos estos años tu cerebro ha intentado buscar evidencias en el pasado de mi desviación sexual y ahora tienes un recuerdo que no es el  real. Es decir, ¿sólo porque rechacé al excéntrico y prepotente de Jacobo ya sabías que me iban las tías? ¿En qué mundo? ¡Pero si jamás te dije nada al respecto! ¡Además, Jacobo me caía mal! Lo lógico era pensar que no quería novio, o que me atraía más un libro de la biblioteca, o que Jacobo no me gustaba, o que era un bicho palo asexual sin capacidad de atracción humana, ¿pero lesbiana? ¡Oh, venga! —Volvió a quejarse.

De verdad, votaba por el hecho de que su cerebro le había cambiado la perspectiva de la realidad. Al saber que Sam era de la otra acera y buscar evidencias, ahí empezó a cambiar el pasado. No podía haber otro motivo. El único plausible de que lo supiera es que se hubiese dado cuenta de que le gustaba ella misma y eso habría sido muy, muy raro. Teniendo en cuenta como se ha resuelto su amistad, por suerte sabía que no era esa la opción.

Pero ella lo seguía negando. —No pudiste haberlo intuido, me niego. —Sam, que se hartaba a decir que no se le notaba su homosexualidad, se negaba a creer que su amiga lo hubiese intuido cuando ella todavía temía por las posibles reacciones como alguien se enterase que le gustaba su amiga. —Y Jacobo no era tan guay: era un pedante egocéntrico y me caía mal. —¿Y cómo no iba a caerle mal? Era el famosillo, el guay de la clase, mientras que Sam era la invisible, esa que pasaba desapercibida escribiendo apuntes y leyendo libros.

Rió divertida cuando Takao le preguntó por su soltería, haciendo cuentas mentales de cuánto tiempo llevaba soltera: ¿ya hacían… seis años? Madre del amor hermoso. Seis años sin pareja y sin sexo con otra persona. Podría haberle importado de verdad ese dato dadas las circunstancias, pero habían dos factores que lo hacían un dato irrelevante: el primero, que su última pareja le había puesto los cuernos y lo cierto es que desde entonces había rehusado de cualquier intento de relación, negándose al amor. El segundo es que llevaba dos años siendo presa de un monstruo que en más de una ocasión le amenazó con ‘tocarla’ y ‘obligarle a tocarle’, por lo que el libido de Sam, después de tanta obligación sumisa y amenazas contra su vida y moral, había desaparecido completamente. El libido era negativo. Y tal cual está su situación había que decir que ni ganas tenía de complicarse más la vida con una pareja. Pero pese a sus dramas mentales y del pasado, ella sonrió, pues el hecho de que llevaba años sin pareja y sin sexo no dejaba de ser divertido, pues no lo echaba de menos. —Soltera peeero… —Alargó la palabra, para captar la atención de ambos. Cuando la tuvo, se puso más seria. Sólo un poquito. —No es por menospreciar a tu población de bolleras, pero no estoy interesada. No es que precisamente esté en un momento en donde me apetezca tener una relación de ningún tipo —explicó, intentando sonar divertida y casual. —¡Pero a la fiesta sí que me apunto! —Asintió a lo que dijo su amiga. —Siempre me hablaba por llamada de lo increíbles que eran tus fiestas y… ¿sabes qué? Nunca fue capaz de irme a buscar a Londres para traerme a una. ¿Sabes cómo se le llama a eso, Takao? —Le gustaba llamarlo Takao, ahora que sabía que era su nombre real le parecía super bonito. No tanto como Ryosuke, pero al menos lo suficientemente fácil para que no fuera ñuñuñu. Tras una pausa dramática, continuó hablando: —Se le llama odio. Caroline me odiaba. ¡Y debería de odiarla yo a ella por abandonarme en Londres! ¡Así que claro que me apunto! ¿Cómo no me voy a apuntar?

Por favor, sólo mirad la casa. ¡Solo mirad la casa! Si es capaz de tener una casa tan increíble siendo normal, imaginar todo aquello enfrascado en un ambiente de fiesta debía de ser la cumbre de la epicidad. —¡Déjame ayudarte! —Y, pese a que Coraline—la comida que tenía en su barriga—todavía amenazaba con mantenerla cual buena gorda un buen rato, se sentó mejor en el sillón. —¿A quién invitamos? ¿Ryosuke? —Miró a Caroline, sonriendo ampliamente como quién habla de su crush adolescente. Menos mal que se sabía a la legua que a Sam no le iban los pitos, o aquella reacción tan emocionada hubiera sido el desencadenante de un shippeo instantáneo.
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Caroline Shepard el Miér Oct 31, 2018 2:52 am

Y Allí acostada sobre un sofá, o más bien echada sobre el, es que Sam le preguntó si en algún momento ella supo su condición sexual, y como buena ravenclaw que guarda sus recuerdos bien ordenaditos (o al menos lo intenta) comenzó a excavar en ellos, su primer impulso fue responderle que lo había intuido dentro de Hogwarts, y si iba más llá, el hito que había hecho que se planteara seriamente esa teoría había sido en la declaración que le había hecho Jacob, el guapo de hufflepuff y que su amiga lo había rechazado con bombos y platillos.

Sam por su parte negó enseguida su teoría e hizo que Caroline elevará un poco su cabeza para poder observarla mejor, y de paso escuchar atentamente por qué su amiga rebatia con tanto ahínco sus palabras. Soltó una risa al verla ahí toda enojada al respecto, sin entender muy bien de dónde es que se venía esa negación tan grande de sus recuerdos y teorías con respecto a su amiga y sus gustos, termino por elevarambas manos.- Vale...vale que no dispares contra mí. Quizás haya trastocado un poquito mis recuerdos y efectivamente los adorné tras saber que tenías novia y eso, pero no me quites todos los méritos, eh. Que una que otra vez se me paso por la cabeza esa opción es cierto, quizás no me habías dado las señales pero no por eso no lo pensé, o no baraje esa opción, eh. Porque es tan válida como todas las que dijiste antes- le rebatió toda testaruda- Además, no me puedes negar que se te caía la baba al mirar a Beyoncé desde que éramos unas pequeñuelas.- agregó en broma.

- Ay tía, pero a quién no le pasa eso con Beyoncé. Que hasta yo babeo y eso que soy más homosexual que las dos juntas .- soltó Tak-tak encogiéndose de hombros, y de paso hacer un par de pasos de Beyoncé para luego sonreír.- Joder, la puta ama, eso es lo que es esa mujeh ¡LA PUTA AMA! .- exclamó elevando sus brazos y lanzando besos al aire como si llegasen algún día hacia la cantante.

- Y Jacobo no era un pesado, de hecho para tener ese cuerpazo y lo buenísimo que era en el Quidditch no era para nada vanidoso, solo le gustaba ir por ahí haciendo el rídiculo y cabe destacar .- levantó su dedo para darle más relevancia a sus palabras.- la mayoría del tiempo era para que le prestarás un poquito de atención, pobre...si supiera que jamás iba a tener una oportunidad.- terminó de decir divertida.

Caroline soltó una risa al escuchar la propuesta de Tak-tak de invitar a toda la población bollera de la redonda y más, es que su amigo siempre había tenido complejo de cupido, y una de las razones de aquello es que conocía a tanta gente que podía hacer las conexiones necesarias para juntar a dos personas completamente desconocidas y que su único nexo era conocerlo a él. - Yo tampoco ando en busca de nada serio, pero si quieres invitar a una que otra amiga o amigo tuyo que crees que puede congeniar conmigo, no me quejo, eh.- le soltó por debajo a su amigo, quién soltó una risotada.- Tú no cambias, eh .- le dijo risueño a lo que la pelirroja le respondió guiñandole un ojo y lanzandole un beso por los aires.

Y luego apareció la palabra mágica: Fiesta. Y no una cualquiera sino una organizada por Tak-tak.

Cuando escuchó las palabras de Sam se llevó la mano al pecho toda ofendida.- Mira que mal hablada eres, claro que te invite pero o tu andas metida en tus estudios, trabajo o con tu ex noviecita, esa perra que si me la llego a topar le diré unas cuantas verdades.- terminó de decir con rostro refunfuñón, es que, ¿qué se creía esa de andar engañado a su amiga, y no una cualquiera sino que la grandiosa Sam Lehmann? ¡Menuda gilipollas!, pensó para sus adentros.

Tak-tak por su parte miraba ambas todo sonriente, feliz de verlas reunidas. Es que conocía a la pelirroja desde hace años y era magnífico por fin poder conocer a esa personita que tanta veces dominaba sus conversaciones o era la dueña de esos suspiros por parte de su querida amiga, o más bien hermana.

- LET´S START THE PAAAAARTY .- gritó Tak-tak levantándose del sillón con la manos alzadas y con voz de megáfono.

***

Es que ni Caroline que conocía a Tak-tak desde hace años se hubiera imaginado la magnitud que habría alcanzado esa fiesta, organizada en tanpoco tiempo. La noche ya había caído y la casa de su amigo se había convertido de un momento a otro en la mejor disco de la isla. Estaba repleto de personas y la música sonaba a tope, haciendo vibrar tu cuerpo e invitandote a darlo todo. Tak-tak se encontraba como Dj´s en un tarima fosforescente, en la piscina hasta había aparecido un mini tobogán y una mini pista de baile en su interior, a un costado barras donde repartían alcohol gratis, también rondaban pulseras, lentes, collares flúor, hasta había un stand donde podías hacerte de esos típicos maquillajes fluor o con brillantes, y para rematar flotando mágicamente había una pantalla enorme donde se reproducía los videos musicales de las canciones que Tak-tak iba escogiendo y mezclando con su toque único. Era un fiesta que se joden, de esas que uno queda con los ojos como plato y la boca abierta, y con unas ganas tremendas de darlo todo y más, olvidarse de todo hasta la mañanas siguiente.

Y no crean que eso era todo, ya que ese solo era el sector piscina y sus alrededores, porque también habían ambientado un lado con todo lo necesario para karaokes, y otro donde cada cierto rato hacían concursos y en otro rincón un cabina donde poder sacarse fotografías y llevarte un recuerdo de la fiesta.Y es en este último lugar en dónde se encontraba Sam y Carol.

- Buah, que bonita ha quedado.- dijo toda emocionada la pelirroja abrazando su fotografía, para luego tenderle la copia a su amiga.- Salimos jodidamente guapas.- dijo sin más al verla, es que se habían arreglado bien fiesteras para la ocasión.

- Caroline Shepard esta canción es para tí, guapa .- le escuchó decir a Tak-tak, y la pelirroja expectante  espero a que comenzara a sonar la canción.

canción pa mover la cuerpa:

- Woooo, amo este tema. Vamos a bailar, Jota.- le dijo Caroline a su amiga antes de tomarla del brazo y arrastrarla a la pista de baile que se encontraba cerca de la piscina. Donde al llegar empezó a darlo todo al ritmo de la canción.
fotitos fiesteras:

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Sam J. Lehmann el Sáb Nov 03, 2018 12:16 am

¡Venga, venga! Sam no pudo evitar quejarse cuando Caroline le dijo con tanta facilidad que ella ya lo sabía desde Hogwarts. Claro, esa queja no se debía a nada más que al hecho de que a Sam le gustaba precisamente ELLA y, en su opinión, había sido bastante reservada con ese hecho hasta el punto de que nadie se había dado cuenta. Al final Caroline terminó diciendo que quizás sí que su cabeza lo hubiera adornado todo un poquito, ya que era terriblemente difícil asumir que en Sam, precisamente en Hogwarts, era lesbiana. No pudo evitar sonreír cuando Caroline le dijo que ya desde adolescente se le caía la baba con Beyoncé, para finalmente negar con la cabeza. —No se me caía la baba con Beyoncé precisamente. Pero te concederé el beneficio de la duda, ¿seguro que no eres clarividente o qué? —Se metió con ella y sus dotes adivinatorias, dejando caer incluso que no era precisamente con Beyoncé con quién a Sam se le caía la baba con dieciséis años.

Está claro que Caroline tenía una visión de Jacobo muy diferente a la que tenía Sam. Quizás por aquel momento Jacobo no era más que una molesta piedra en el zapato de la Ravenclaw, ella intentando entender su maldita orientación sexual mientras Jacobo no paraba de intentar arrimar la cebolleta. Está claro que incómodo era. Quizás si ahora lo viera desde otra perspectiva pudiera a llegar a verlo con otros ojos. —No, la verdad es que ninguna oportunidad —repitió a lo dicho ella, riendo.

Le dio pereza solo de escuchar hablar a Caroline con eso de ‘congeniar’ con otra persona. Echaba de menos esos momentos flirteo, de mirada, de seducción, esos roces que finges que son sin querer y sólo son para acercarte un poquito más a la otra persona y tocarla… Le encantaban esos momentos. Sin embargo, ahora mismo estaba en modo sentimentalismo de palo y por mucho que le encantasen y los echase de menos, no se le apetecían en absoluto.

Luego fue el momento en donde Sam se metió con Caroline por no haberla invitado a su vida en Japón, para escuchar lo que decía. La parte de ‘con tu ex noviecita’ sonó a novia celosa, pero Sam se ofendió y se le olvidó bromear al respecto. —¡Oh, venga ya! —Se quejó, cruzándose de brazos. —Con esa tía solo estuve tres meses y fue de mi último año de carrera, ¿los otros tres años qué? Yo no recibí ninguna invitación para venir a ninguna de las famosas fiestas de Takao… —Se hizo la loca, mirando al chico a la par. —Te quería toda para ella solita y me dejaba de lado. —Le dijo esta vez a Takao, sabiendo que Caroline se molestaría por el comentario.

***

No supo exactamente en qué momento Takao había hecho todo lo que había hecho. Sam creía que había hecho una llamada a una persona organizadora experta, le dijo: ‘Hola, quiero hacer una fiesta, hazlo todo’ y de repente TODO llegó a la casa. En lo que Sam subía a la planta de arriba con Caroline a bañarse, arreglarse y vestirse ya prácticamente estaba todo preparado. Luego empezó a llegar la gente y… ¿hola? ¿En qué momento se había unido tanta epicidad juntas para conformar aquella fiesta propia de la película El Gran Gatsby?

Se encontraban en una máquina—que no sabía muy bien en qué momento había llegado—sacándose fotos con Caroline, poniendo pose de los más idiotas y divertidas. Al final eligieron las más decentes de todas y, al salir, salieron unas instantáneas para las dos. —No salimos jodidamente guapas Carol, somos jodidamente guapas. —Y elevó la mano para que su amiga se la chocase y ambas proclamasen su narcisismo por encima de niveles estratosféricos. Evidentemente estaban de broma, pero con alcohol en vena ese tipo de comentarios salían por sí solos.

Takao se escuchó por encima de la música, dedicándole una canción de Sean Paul a Caroline. Claro que sabía qué canción era, como dirían las viejas de su edad, era de su época. No habría escuchado veces ese tema en las discotecas. Es por eso que se dejó llevar hasta la pista de baile, dejándose poseer por el espíritu del ritmo del perreo intenso con su amiga. Porque todos sabemos que una sólo perra al 100% de su habilidad cuando está en compañía de su mejor amiga, ahí, dándolo todo con cualquier canción. Era mejor, ya que cuando perreabas con algún desconocido o ‘ligue’, éste solía aprovechar para meter mano. Que ojo, en esas ocasiones estaba bien, pero Sam ahora mismo sólo quería bailar. Lo mejor de todo es que después de Temperature—que había conseguido que a Sam le diese mucho calor bailando con tantas ganas—, Takao puso otra canción siguiendo el ritmo de Sean Paul. Así que ellas no se movieron de la pista de baile durante un buen rato. Fue cuando Sam se sentía con una sed horrible que paró de bailar, diciéndole a Carol que iba a por algo de beber, que si le traía algo.

Se fue a la barra y pidió dos vodka con limón—típico pero infalible—y desde ese mismo lugar, pudo ver como un chico se le acercaba a Caroline de manera inmediata, a lo que Sam se sintió estorbo. Era japonés y tenía estilazo. No era del estilo de Sam—eso de tener pene y tetosterona siempre era un punto malo para Sam—pero debía de admitir que era mono. De lejos vio como el chico, algo tímido, dio dos palmaditas en el hombro de Caroline para llamar su atención desde atrás.

¿Caroline Shepard, la amiga de Tak-tak? —preguntó en japonés, idioma que dominaba su amiga. —Soy Kang Ha, ¿te acuerdas de mí? Nos conocimos en nuestro tercer año en una de estas maravillosas fiestas. Recuerdo que nos tocó hacer juntos el reto de tirarnos del tejado a la piscina por haber perdido el Beer Pong. Me arrepentí de no haberte pedido el número aquel día —le dijo, todavía en japonés.

Sam entonces se quedó en la barra, con dos vodka limón en sus manos. No quería cortarle el flow, ¿o sí? ¿Estaría interesada en ese señor? La verdad es que teniendo en cuenta cómo habían sido sus vidas, Sam no conocía en absoluto a Caroline ni sus gustos con respecto a las personas, por lo que estaba un poco perdida. Cuando al fin se decidió a cortarle el rollo—bcz así son las amigas—, Ryosuke apareció al lado de Sam.

¿Todo eso para ti sola? —preguntó en inglés, haciendo que Sam—al estar acostumbrada a escuchar ñuñuñuñañá por todos lados en japonés—, se girase hacia él. Era su amor. Sonrió de manera inmediata, mirándose las manos.

¡No! —dijo al ver que tenía dos copas. —Una es para ti. —Y se la tendió a Ryosuke, éste la cogió. —En realidad me disponía a ir a llevársela a Caroline, pero un señor me la ha quitado. —Señaló con la cabeza hacia allí, para entonces mirar a aquel risueño japonés que, no sabía por qué, le inspiraba un no sé qué, qué sé yo muy bonito. —¿Tú cómo estás Ryo? ¿Te veremos por casa en algún otro momento que no sea cuando tengas que echarnos una mano? Me gustaría invitarte a cenar un día, sin heridos ni enfermos de por medio.

Él rió, bebiendo de su nueva copa que, en un principio, era para Caroline.

Ustedes me invitan y yo voy. Tampoco conozco mucho Londres, no me vendría mal un tour. Caroline siempre me prometió uno. —Sam lo miró y si hubiera habido alguna miniSam heterosexual en su cabeza—cosa que ya te digo yo que no existía ni por asomo, pues Sam es superbollera—ahora mismo estaría bailando la macarena al imaginarse una cita con Ryosuke. Repito que ese señor le transmitía a Sam un buen rollo increíble que pocas veces había sentido.

Yo podría llevarte. Considéralo mi manera de pagar y darte las gracias por salvarme la vida. —Y bebió de su pajita.
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