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Priv. || Un misterio llamado Nodens || FB

Evans Mitchell el Lun Mar 12, 2018 3:48 am

¿Qué sucedería si se le diera de comer a una salamandra una bengala del Dr. Filibuster?

De esto y otras materias igual de disparatadas, Evans y sus amigos se preguntaban concienzudamente en sus días de académicos, paseándose en grupo por los pasillos de Hogwarts y estudiando en profundidad acerca de estos misterios de risa, claro está, como jóvenes estudiantes realmente preocupados por su futuro.

Sí, porque para ellos era de completa risa que una pobre salamandra zumbara eyectada en el aire, de aquí para acá, más allá, describiendo ángulos de vértigo con la mecha encendida de una bengala en la boca, arrojando chispas y produciendo estallidos mientras daba vuelta por el Aula de Encantamientos, señalada por un corro de curiosos que rompían en carcajadas.

—¡Mira, mira!


El profesor no había llegado aún, y Evans, cómo no, se había arrogado la atención del resto de alumnos, con su travesura del día, una de ellas. Él estaba que se carcajeaba, rodeado por sus amigotes, hasta que la salamandra salió de una rápida zambullida de colores por la puerta. Fue a buscarla, de muy buen humor. Había ido a parar al pie de una armadura, y se agachó para recogerla. Mmm, no se movía. Evans la miró con curiosidad, a la altura de sus ojos, colgada en el aire. ¿Era eso normal?, ¿que no se moviera?

—¡Ey!—Lo llamaban, vaya con la rudeza. Evans se volteó como si tal cosa, arqueando una ceja. Era un alumno de Ravenclaw—¿Qué haces tú con ese tritón?—increpó, acercándosele, beligerante—¡Sé de quién es! Y tuyo no es.

Evans reboleó los ojos, sin hacerle caso. ¿Qué pasaba con esa actitud de justiciero? Si tanto quería agarrarse a golpes por esa rana, que se diera contra las paredes. Evans tomó vía, perfilando de vuelta al aula.

—Me lo vas a dar ahora mismo. Si te parece gracioso jugar con el tritón de Smethwyck…

¿Qué?

—¿¡Qué carajo has dicho!?—
espetó Evans, lanzándose como una amenaza en caliente sobre un desprevenido ravenclaw con las manos en el cuello de su ropa. Éste se redujo notablemente al ser tomado por sorpresa y acorralado contra la pared.

Increíble cómo las situaciones pueden tornarse tan rápido a tu favor, o en contra.

—No, bueno, yo… No es mío… ¡Suelta!—Se sacudió, pero no pareció buena idea, y apartó el rostro incómodo. ¿¡Qué diantres pasaba con Mitchell, que se le encimaba con la cara ceñuda a un palmo!?

—Eso me los has dejado claro, listito. ¿Smethwyck?, ¿tú has dicho que esta salamandra es de Smethwyck?, ¿estás seguro sobre eso?, ¿¡cuán seguro!?


—Tritón—
contestó el ravenclaw, contrariado, como si aclarar la diferencia y señalarle el error fuera más importante incluso que su propia vida.

Cambió de opinión al ver la expresión huraña, violenta en el rostro de Mitchell, quien lo golpeó contra la pared.

—Ya, ya, ya, lo he entendido. ¡Sí, sí! Estoy seguro. Ese es el Nodens de Smethwyck. Lo sé, en la Sala Común, va a donde yo vaya, tiene un caprichito conmigo o algo…


—¿Quién?—preguntó, intrigado. Es que, tenía que tener cerebro de Gryffindor.

—¡Denzel!

Evans abrió mucho los ojos.

—Oh, mira tú…—dijo, interesado, escrutándolo muy de cerca con los ojos entornados, sonrisa de por medio. Pero de pronto, entendió. El ravenclaw ese miraba por sobre su hombro, en una sola dirección, claramente incómodo. Si hablaba, Mitchell le haría algo; si fingía, estaría ¿encubriendo un asesinato? Dada su cara de circunstancias, no se decidía por qué era peor.

Al voltearse, con las manos en la masa, a Evans se le murió la sonrisa. Se desentendió del otro chico y los dos se acomodaron en el sitio, con una gran, gran cara de culpabilidad. Bueno, Evans era más ducho ocultándola.

—¡Ey!—
saludó. Improvisa, improvisa. La salamandra estaba bien oculta entre sus ropas. No había problema, no había problema. La llevaría a la enfermería, y todo estaría mejor. El mundo sería un lugar mejor, tenía las cosas bajo control, todo era perfecto—¿Qué haces...? ¿Tú vas a entrar a esa aula? ¿Tú estás seguro sobre eso…?

¿Por qué no debería? Oh, claro, porque dentro todavía comentaban sobre la salamandra voladora. Aunque esperaba que no.


Crema, fresas y chocolates:
jaja Eeeeh, Nodens está BIEN, ¿ok? Digo, es un mundo mágico (???)

:pika:
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Evans MitchellGryffindor

Denzel Smethwyck el Lun Mar 19, 2018 1:23 am

Buenos días, pequeño.

Como un zombi, tanto en la voz como en sus movimientos, Denzel palpó el cristal de la pecera mientras se incorporaba. Al final ni siquiera miró cómo estaba. Si se encontraba contento de verle, si estaba nadando, si estaba tomando el sol imaginario en su roquita, o si le rugían las tripas de hambre ¿Eh? ¿Qué cómo sabía cuándo Nodens estaba contento de verle? Ciertamente, no querrías saberlo. Pero como fue, terminó embalado a cambiarse, porque, aunque su cuerpo estuviera hecho como un alga de esas a las que convierte Úrsula en la película de la sirenita, sabía perfectamente que no podía llegar tarde a clase, porque era clase de historia de la magia, y a esa asignatura no podía faltar por nada del mundo.

Fue tras volver sobre sus pasos cuando su mirada se clavó en la pecera. Entonces lo vio. Estaba vacía. Desesperado fue hacia la cama de Joshua, y es que... Había un bulto ahí.

¡Joshua, Joshua! —¿Dónde estaba ahora que más lo necesitaba? Porque efectivamente, ese bulto no era otra cosa que la almohada cubierta por todo ese edredón... Y luego el desordenado era él.

Mientras removía más aquel desorden, entre las mantas hubo un mini-quejido de algo. Era Blesk, que había asomado su cabecita entre toda esa maraña y al verlo, Denzel se imaginó lo peor.

¡Pequeña ratuela, qué le hiciste a Nodens! —Y ahí está, el loco de Hogwarts hablando con un animal. Lo más gracioso es que el hurón lo miraba con unos ojitos como si lo estuviera de verdad. Denzel tenía motivos para sospechar de él, siempre andaba detrás de su tritón cuando se salía de su pecera, pero en el fondo sabía que no tenía nada que ver. En todo ese tiempo no le había hecho nada, y la vez que estuvieron tan cerca como para que se lo pudiera haber comido, solo lo olisqueó, sucedido de un lametón.

El aguilucho dejó el cuarto patas arriba buscando a su mascota desesperadamente. Al final concluyó que no se hallaba en ninguna parte del cuarto y, además, llegaba tarde a clase.

No le dio tiempo ni a desayunar. Se echó prisa y fue lo más rápido que pudo al aula de Historia de la magia. Afuera estaban Evans, que parecía estar discutiendo con Samler, un compañero suyo de casa.

¡Evs! —Saludó mientras se acercaba —Samler —La escena le parecía de lo más rara, no llegó a escuchar qué sucedía entre esos dos, pero lo más raro fue la reacción de Evans cuando estuvo clara su intención de entrar a clase.

¿Que qué hago? ¿Qué haces tú? Toca Historia de la Magia —Lo miró de arriba a abajo con una ceja arqueada, luego cuestionó de nuevo —¿Acaso piensas... Hacer novillos? —Si Evans quería evitar que entrara al aula, lo había logrado porque justo entonces se le encendió algo en la cabeza como una iluminación, y lo que se le había encendido no era nada bueno para los otros dos. En verdad era por el hecho de tener a Samler cerca, sabía que a veces Nodens acababa con él cuando se salía de su pecera, y dada las circunstancias se le ocurrió preguntar.

Oye Samler, Nodens no estaba en su pecera esta mañana. No lo habrás visto ¿Verdad?

Samler se puso nervioso. Era de esos que no se les da muy bien improvisar, estaba demasiado tenso y por poco no le sudaban las manos —¿Nodens? Lo cierto es que no, hoy... Hoy bajé demasiado temprano de la torre de Ravenclaw

Corcholis... —Denzel quedó cabizbajo —Donde podrá estar.

Seguro que lo encuentras Denzel. Ánimo —Samler apoyó una mano en su hombro e hizo mutis hasta la puerta. Antes, tras la espalda de Denzel, echó una mirada a Evans, con los ojos muy abiertos como si dijera "Ya estás tardando en arreglarlo"

Ciertamente, no se quería ver envuelto en ese problemón.

Denzel, cuando quiso espabilar se volvió a la puerta y dijo —Bueno, seguro que aparece después de clase, espero... —Su intención era la de ir a clase. Como todo Ravenclaw, no se saltaría una por nada.


Última edición por Denzel Smethwyck el Jue Abr 12, 2018 2:19 pm, editado 6 veces
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Evans Mitchell el Jue Mar 22, 2018 8:19 pm

Dos sujetos sospechosos, ¡atrapados in fraganti!; un ravenclaw con cara de dormido. Segunda parte.

—¡Oh!—se limitó a decir, sin que su rostro evidenciara el menor interés sobre la presunta obviedad de la cuestión: Historia de la Magia, Evs, tenemos Historia de la Magia… Materia aburrida, si las hay, ¿quién querría entrar a un aula con el profesor Binns si podía evitarlo? Ravenclaw tenía que ser, por supuesto. No, no, Den nunca dejaría de asistir a una clase, que no era tonto. Así que, sólo soltó, a modo de broma, ¡con una impecable sonrisa!—: ¿Por qué?, ¿tú harías novillos conmigo?

¡Ah!, pero como le hubiera gustado proponérselo en serio, porque no le gustaba nada la posibilidad de que Denzel entrara al aula y escuchara casualmente una conversación muy entusiasmada sobre salamandras voladoras en ese momento.

—Oye Samler, Nodens no estaba en su pecera esta mañana. No lo habrás visto ¿Verdad?


A Evans se le contrajo el estómago. De forma instintiva, le arrojó una rápida, ¡fulminante! mirada al chico Samler, girando el rostro hacia él con tal prontitud que hasta sintió que le sonaban los músculos del cuello. La incomodidad entre ellos era palpable. Al final, Samler decidió que, ante todo, priorizaba su vida, y la paz y la tranquilidad que había en ella. Y Evans aprobó esa elección, no sin dejar de seguirlo con la mirada, por si se le ocurría algún gesto noble y heroico en el último minuto.

—Ey, ¿qué es eso que has perdido?—
preguntó, casual, acercándose a Denzel con las manos en los bolsillos mientras que Samler desaparecía por la puerta. Desde el aula podían oírse las voces de los alumnos, comentándose las nuevas. A Evans le sentó maravillosamente prestar oídos a lo que hablaban y darse cuenta de que el último besuqueo de una tal Rose con un tal David era el tema de plática del momento—¿Qué es un “Nodens”?

El profesor Binns entró al aula—atravesando el pizarrón con su cuerpo fantasmal—, y los alumnos se acomodaron en los asientos. Ese era un buen momento para hacer novillos. Nadie hablaba en las clases de Binns, todos dormían, así que por ese lado, no tenía que preocuparse. Lo que tenía que atender, era otro asunto. Una salamandra —sí, insistiría con ello hasta su muerte: era una salamandra—, rígida que te espanta, y qué hacer con ella, ¿cómo hacer que ‘despierte’? Vamos, no podía ser insalvable, ¿verdad? Le preguntaría a ese tal Jonathan o Johnson o Luca al respecto, él sabía sobre esas cosas, bichos y reptiles, todo sería pan comido.

—Ok, yo haré mis novillos, tú tómame notas, ¿ok?—Se despidió, con un ligero timbre jocoso en su voz, antes de darle la espalda e irse. Ni sabía si lo había escuchado, porque llegar a la clase de Binns debía ser más importante que él o cualquier ser humano en el planeta. Pero eso estaba bien. Dio un par de pasos, calmados, relajados, alejándose, y luego se volteó a mirar cómo Den desaparecía por la puerta del aula. Al instante siguiente, ¡echó correr!

¡Joder, joder, joder!, ¡de todas las salamandras…!, ¿¡por qué la de Denzel Smethwyck!? ¡A quién engañaba!, ¡estaría doblemente muerta en su bolsillo en ese momento! ¡Alguien, alguien, alguien…! Corría, corría, que manera de correr por los pasillos. Se atropelló a un grupo de alumnos de primero que llegaban tarde y querían pedirle muy amablemente una que otra indicación, arrepintiéndose en el acto, porque él se los llevó por delante sin importarle un pimiento sus problemas.

Intentó en la enfermería, pero como esa mujer, ¡esa condenada vieja!, le tenía inquina, no hizo más que escupirle que no le llevara bichejos a la enfermería. Peleó, rezongó, se gritaron. Al final ella le insistió con más de lo mismo, echándolo con un escobillón: QUE ESTABA MUERTO ESE BICHO. Y él, ¡que no!, ¡que estaba loca!, ¡que era una resentida de la vida!

Su única posibilidad era intentar con ese loco, ¿cómo se llamaba?, ¡arrrgh!; ¿¡cómo se llamaba!? ¡Joder!, ¿a quién le importaba? Era el loco de los lagartos, o anfibios o reptiles, lo que fuera. Estaba chiflado por los bichos esos. Era urgente hallarlo pronto, AHORA, así que lo sacó del aula de pociones, argumentando ante el profesor  que lo llamaba el director, el mismísimo director, ¡mira tú! Pero para llegar hasta las mazmorras tuvo que pasar antes por otras aulas, sin suerte. ¡Por fin!, Theodore Malkin, de Hufflepuff, salió a su encuentro, con cara de que se hacía encima de los nervios. Evans tuvo un mal rato intentando explicar que “el director quería hablar con ‘el chico lagarto’”, pero el malentendido se solucionó enseguida, ¡bien, bien, bien! Todo saldría bien.

Su empecinamiento fue demasiado convincente como para hacer que el otro se sintiera intimidado hasta el punto de no hacer preguntas innecesarias, especialmente cuando Evans lo arrastró a un aula vacía y lo encerró allí, con él. Le explicó el asunto. Le mostró su problema. Lo dejó todo en sus manos. Y por supuesto, le echaría la bronca si le llegaba a decir…

—Está vivo.

—¿¡Qué!?—exclamó Evans, sorprendido. Ni él se lo esperaba.

Nodens, o lo que quedaba de él, estático, se hallaba colocado sobre la mesa, recostado. Theodore lo examinaba con mucha curiosidad, dándole pequeños toquecitos con la varita.  

—Sí, bueno… Medio vivo. No sé, deberías llevárselo al profesor de Cuidado, ¿no? No soy un experto. Yo diría que es un mecanismo de defensa. Por empezar, no es una salamandra.

Evans le puso mala cara.

—Es un tritón. Es diferente. No se adaptan de la misma manera. Esa bromita que le has gastado… Una salamandra estaría bien. Pero. Mira, déjame que lo consulte con el profesor de Cuidado y te diré. Mientras tanto, deberías mantenerla…

Le explicó los cuidados que debía tener con “su mascota” a partir de entonces, y una serie de recaudos que debería tener en cuenta. Evans lo anotó todo. De repente, tenía en sus manos la vida de un animalito, cuando nunca había tenido una mascota propiamente dicha. En su casa, lo tenía prohibido. En Hogwarts, su hermano era alérgico a todo. Las ranas no le interesaban —las salamandras y tritones entraban en la categoría de “ranas” para él—, y en fin, su única posesión animal era Gorrón, su lechuza. Él, por su parte, tenía un marcado interés en las criaturas mágicas, pero no por hacerse un criadero en el dormitorio, como algunos idiotas que bicho que veían, querían.

—Está muy débil. Debes afrontar que puede que sólo estemos extendiendo lo inevitable, es decir…


—Pero está vivo, ¿no?—interrumpió.

Theodore lo miró, la boca ligeramente abierta.

—Sí, de momento, pero…

—¡Bien! Eso es perfecto. Suficiente. Cuento contigo. Cuento contigo—repitió, lúgubre. Theodore sintió un ligero escalofrío al mirarlo directo a los ojos—, ¿entiendes?

Theodore suspiró.

—No sé si me estás entendiendo.

Evans sonrió.

—¿Me tomas de idiota? Cuento contigo—insistió, testarudo—No te hagas el vago con esto, ¿estamos?

—Sí, sí, Mitchell. “Estamos”.


Si no fuera porque a Theodore realmente le importaba el tritón, lo hubiera mandado a darse una vueltita y perderse para no verlo nunca más.

***

Dos días después, Evans cumplía a rajatabla con su nuevo itinerario de mamá pollito, según las indicaciones que Theodore le encomendaba, aunque éste intentara advertirle todo el tiempo al respecto de la frágil condición del pobre animalito. ¡Patrañas!, Evans veía que se movía. Eso tenía que ser suficiente. En poco tiempo recuperaría la movilidad y podría devolvérselo a Denzel, sano y salvo. No habría inconveniente.

Había instalado un acuario en el dormitorio de los gryffindor, y sus compañeros estaban muy interesados en lo que llamaban “tu nuevo proyecto de no entendemos un carajo porque nunca te hemos visto cuidando nada en tu vida, y si esto no es una planta de galeones pues no sabemos qué es”. Aunque, como Theodore, se hacían algo cansinos.

—Ey, Evans… ¿y qué dices que hace? Porque esto no se mueve—dijo Chris, golpeteando el vidrio de la pecera—¿Es que son así?, ¿están así tirados todo el día?

Mala idea, Evans se atropelló  de camino hasta él y le encestó un rollo de El Profeta en la cabeza de idioto que tenía. La represalia no se hizo esperar y rompieron en una discusión mientras que Ed, con total tranquilidad y pasando de ellos completamente, examinaba al tritón en su pecera, un espectáculo bastante deprimente la verdad, porque era cierto, ese animalito parecía estar en sus últimas.

Pero era más inteligente que Chris, y no hizo ningún comentario.

***

—¡Ey!—Evans estaba de risas con un grupo de amigos, en los pasillos, pero al ver a Den doblando una esquina, corrió hasta él. Estaba de lo más contento—, ¿cómo estás, tú? Mira, ya que te encuentro, sobre el trabajo de… ¿Qué dices?


Spoiler:
Ok. STOP. Me duele tanto, TANTO. ODIO A EVANS AHORA MISMO. POBRE ANIMALITO :aaa: EVANS, SOS UN DESGRACIADO INFELIZ. Ok, ya lo solté. Puedo seguir viviendo (?)
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Evans MitchellGryffindor

Denzel Smethwyck el Vie Mar 30, 2018 3:39 am

Denzel le habría instado a Evans para que no se fugara de clase, pero conociéndole sabía que era una misión imposible, así que simplemente lo dejó estar.

¡Por Merlín! No... —Esa fue su respuesta, y un suspiro fue suficiente para demostrar su inconformidad con la decisión que había tomado. Fue tras ello que se dirigiera a Samler para obtener alguna pista de dónde podría haberse metido su mascota, y cuando Evans intervino, lo único que hizo fue volverse hacia él con la mano en la frente y acabar corrigiéndole —"Qué" no, "Quién".

***

"... Cabe destacar la naturaleza territorial de los gigantes; A raíz de su intrusión, en el año 958 d.C, la colonia de Porfirión se encaminó en una avanzada para atrapar a sus vecinos los de Toant. Era costumbre la herencia de nombres por antiguos héroes de la historia de los gigantes, un símbolo de... "

Lo peor que podían ponerle a un lunes por la mañana a primera hora, era Historia de la Magia con el profesor Binns. Como resultado se obtenía la mitad de una clase dormida, mientras que los más interesados tomaban apuntes, tan atentos y, otros, quienes habían tenido más suerte, recurrían a sus vuelaplumas.

El problema de estos últimos es que, cuando el profesor se tomaba la libertad de hacer incisos jocosos —los cuales de gracia tenía lo que una piedra en un montón de piedras. Ninguna—, o momentos en los que empezaba a divagar, sus apuntes acababan de forma que casi era imposible entenderlos una vez se releían. Debido a esto, aquellos que acabaron rendidos a Morfeo acabarían por buscar atajos en los que sí que habían atendido, y ya podían hacerlo muy bien, pues no sólo Denzel era reacio a prestarlos, sino muchos otros cómo él, que veían injusto algo como eso. Ya podían tener amigos que se apiadasen de ellos, pues sólo esa sería su salvación.

"Tú tómame notas ¿ok?"

Por un lado, le hervía la sangre recordar esas palabras. No tenía ni la menor idea de por qué Evans se había saltado esa primera hora, pero desde su punto de vista solo veía a un vago que no tenía ganas de aguantar la voz soporífera del profesor, y tenía gracia, pues por algún motivo, esa clase se había esforzado cogiendo apuntes, sin perderse detalle.

Acabada la hora, los que parecían ser inmunes a ese somnífero, salieron primero, y luego, más rezagados, entre pasos torpes y estiramientos de axilas saludando al sol, el resto.

Denzel quería aprovechar el receso para buscar a Nodens. Tenía la esperanza de encontrarlo por los pasillos, ajeno a la preocupación que podría haberle causado a su dueño. Pero no fue así. Ese par de minutos se esfumó, y nuevamente tuvo que ir a la siguiente clase del día.

Así fue pasando la mañana sin ninguna señal de Nodens, que incluso iba perdiendo la fe en que acabaría apareciendo. Al final, lo que hizo fue preparar carteles de "Se busca" y los colgó allá en las zonas reservadas donde se les permitía a los alumnos de Hogwarts colgar anuncios.

***

Los rumores en Hogwarts vuelan, y no todos guardan bien los secretos. Había pasado un día, y a oídos de Denzel llegó lo del proyecto de "mamá canguro" que tenía Evans entre manos. Era curioso, muy curioso ¡Y extraño! ¿Evans cuidando de algo? Antes veía a Joshua sin su gorra un día entero... O no, ahí ya se había pasado.

De momento solo le parecía lo más raro, pero en absoluto sabía a qué se debía.

Al final se había dispuesto a buscarle, y no era por lo intrigado que pudiera estar al respecto de su inusual comportamiento, que también, pero era algo distinto, al final le había apiadado e iba a ofrecer sus apuntes de los que ya había pasado a limpio. Pero algo pasó de camino a la sala común de gryffindor dónde esperaba encontrar a Evans.

¡Smethwyck! ¿A dónde vas con tanta prisa? ¡Ah! Te enteraste ¿No? Evans está cuidando una salamandra. Es gracioso, porque parece que no tiene ni jota idea de lo que hace —Era uno de esos compañeros de habitación de Mitchell.

¿Salamandra? —Denzel no quería pensar mal, no debía anticiparse. De hecho, había dicho salamandra, ni siquiera era... No, no era Nodens, no podía ser... Su preocupación solo se la estaba jugando mal, haciendo que automáticamente relacionara a quién ocupaba su mente la mayor parte del tiempo, echando en falta lo que ahora era un vacío.

Había dicho salamandra, no tritón, solo estaba pensando lo peor, no debía...

Disculpa —Denzel apartó al gryffindor con una mano y entonces se encaminó a su objetivo marcado con la marcha más acelerada, pero incluso aquello no le hizo falta, pues al doblar la esquina se lo topó.

¡Evs! —Tardó unos segundos en reaccionar del susto por el encontronazo que casi le provoca chocarse de frente —Justo a ti te estaba buscando ¿Ahora cuidas salamandras?
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Evans Mitchell el Sáb Mar 31, 2018 2:28 am

¿Sala…?, ¿qué?, ¿qué…?, o mejor dicho, ¿cómo…? ¡Ah, pero Evans era rápido en situaciones así de traicioneras! En las que la ‘casualidad’ quería pescarte infraganti. ¿Que se le volcó el corazón? Sí. ¿Que si se le notó en la cara? No. Porque no por nada era un caradura hecho y derecho, de esos bien escurridizos, que saben distinguir entre una acusación y simple eventualidad, ¿pero cómo se había enterado él? Rajaría al que se lo hubiera dicho, ¡ah, pero con qué ganas!

—¿Qué dices?—Lo miró sin comprender, ¡hosco!, como si él sólo hecho de hacerlo pensar en cosas que escapaban a su comprensión lo descompusiera. En el acto, emitió un leve ¡Je! de entre los labios y soltó—: No sé de qué hablas, ¿qué haría con un bicho de esos? No tienen pinta de que fueran a gustarme, ¿qué hacen?, ¿escurrirse?, ¿sacar la lengua? —Sonrió—No, ni sé por qué me sales con esto. ¿Quieres algo?—preguntó, impaciente y cambiando de tema.

Se había acercado a Den, dejando atrás a su grupete, que se reía por vaya a saber qué cosas, y puede que, sí, muy probablemente, prefiriera volver con ellos para enterarse de qué iban; lo normal. De ahí la impaciencia, seguro. Aunque Evans tenía eso, de mostrarse siempre inquieto, como hiperactivo que era. Nada parecía importarle demasiado una vez se había puesto a ello, a menos el asunto explotara o echara chispas; si no era así; dirías que se aburría. Por esa incapacidad suya de mantener la concentración o el interés por mucho tiempo a veces daba la impresión de hallarse distraído, en otra cosa, ¿pero era así realmente? Porque claro que, cuando le convenía, se le encendían todas las luces.

Estaban de camino a la sala Común de Gryffindor y una leona que pasaba charlando con una amiga posó casualmente sus ojos en Denzel y abrió la boca, reconociéndolo en el acto como “el chico de los carteles SE BUSCA”, y se acercó y le tocó el brazo en un gesto, interrumpiéndolos.

—Lo siento por tu tritón—
dijo—¿Lo has encontrado? Es feo cuando le pasa algo a tu mascota, ¡y estar sin saber nada es lo peor! Ojalá aparezca—Miró a Evans con desconfianza y como él le devolvió una mueca antipática, ella sólo reboleó los ojos y se fue, asegurando que si veía algo, se lo haría saber.

A Evans no le gustó nada ese último comentario, se incomodó.

—¿A qué vino eso?, ¿qué salamandra? Digo, tritón. ¡Oh!, ¿y cómo esa fea se entera? Carteles… Ya veo, déjame algunos. Los pondré en la cartelera—
Se ofreció, solícito, apuntando con el dedo pulgar por encima de su hombro, hacia atrás, hacia el cuadro de la Dama Gorda, en un gesto. Aunque por el tono, no parecía que el asunto le tocara mucho. Porque claro, era la mascota de otro, ¿y a él qué?—. ¿Es todo?

—¡Ey, Evans!, ¡vuelve! Te estás perdiendo lo mejor.

Normalmente, Evans los habría mandado a callar, estando en compañía de Denzel. Algunos hasta desistían de acercársele cuando los veían juntos. Se les había hecho costumbre hacerse a un lado, pero siempre estaba el pesado. Puede que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta de ello, pero era así. Si era con el ravenclaw (ese en particular, se entiende) con el que estaba hablando, bien podían mosquearlo hasta los cojones, que él les soltaría alguna imprecación, y que se fueran todos por donde habían venido.

No en esa ocasión.

—¡Voy! Adiós—se despidió, casual. Y se apartó, sin dilación.

Intercambió alguna que otra carcajada falsa, llamó a uno “idiota” por esto y lo otro, y luego de ver cómo Denzel desaparecía, él se despegó del grupete tan pronto como había venido, dejándolos pasmados ante una ida tan repentina cuando, para rematar, estaba a punto de decir algo, como si se hubiera olvidado de ellos y del comentario, en el acto, atacado por un maleficio desmemorizador de efecto instantáneo.

¿Y a él qué? Si ni los estaba escuchando.

Ya en la Sala Común, pasó de largo el letrero de anuncios, sin dedicarle siquiera una mirada, y fue directo al dormitorio. Se detuvo frente a la pecera, abstraído y con el mentón en un puño, observando como el animalito respiraba dificultosamente. Thomas le venía diciendo que… ¡a la mierda con él! Dentro de dos horas, le daría su medicina, y todo arreglado.

Era otra cosa, sin embargo, lo que lo tenía pensativo.

¿Lo has encontrado? Es feo cuando le pasa algo a tu mascota, ¡y estar sin saber nada es lo peor!

Esas palabras le repiqueteaban en la cabeza. Y la cara de Denzel, su preocupación. Era verdad. Estar sin saber, era un coñazo. Así, sin redundancias, es lo que era. ¿Y por cuánto tiempo tendría que estar así, en ascuas, o pensando que el bicho se le había muerto? Evans no sabía cuándo la salaman… el tritón, se iba a recuperar —porque se iba a recuperar, se entiende—. Hasta entonces, ¿cómo hacer para que Denzel estuviera al tanto de la recuperación de su mascota, sin estar al tanto de quién la tenía o cómo había llegado a sus manos?

¡Obvio!, ¡cartas anónimas!, ¡un secuestro!, ¡fingiría un secuestro! Todo cuadraba.

Y en el peor de los casos, ¿acaso no sería mejor que Denzel tuviera a quién culpar?, ¿… alguien que no fuera él? Vamos, ¡él ni sabía que era su jodida salamandra! Tritón, lo que fuera. Por empezar, se parecía a una jodida salamandra. No estaría metido en ese problema si no fuera por LO MUCHO que se parecían. Y que nadie le fuera a decir lo contrario. Él no había querido. ¡Mierda!

Ey, cuanto más lo pensaba, más le gustaba la idea. Sólo tenía inventarse a un culpable, echarle la culpa a alguien, y el asunto quedaría olvidado. Denzel sabría qué pasó con su salamandra —una versión tergiversada de los hechos, se entiende—, y podría darle un punto final a todo. Sin que él, Evans, pareciera sospechoso. Ya había rumores de que andaba en algo, pero los rumores podían negarse, descartarse, inventarse, y podían jugarle a su favor en otra ocasión.

Mientras que pensaba en su perfecta estratagema, Evans, los carteles de SE BUSCA en mano, comenzó a incendiarlos con la punta de la varita, y los echó a la basura.  

***

¿Había algo más terrible que levantarse una mañana y descubrir que te llega una lechuza anónima con un mensaje que dice: TENEMOS A TU MASCOTA, ESTA MUY VIVA. JAJAJA TE LA HEMOS ESCONDIDO. NO LA ENCONTRARÁS JAJAJA”?

¡Por Merlín!, eso era, cuando menos, desalentador para empezar el día. O al contrario, podía motivarte de forma de arrancar el día buscando a los idiotas que se divertían haciendo bromitas asquerosas de ese tipo. Vaya, con los bullies.  

—¡Den!—Evans lo alcanzó (¿mientras el otro hablaba con alguien?), llegando hasta él con algo de prisa. Otra vez, con alguna de sus peticiones egoístas seguramente—Ey, ¿todo bien?

Sonreía.

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Denzel Smethwyck el Dom Abr 08, 2018 2:18 am

Si tan solo hubiese dicho que, efectivamente, cuidaba de una salamandra, podría haber colado como otro animal, distinto de Nodens, y no podría sospechar, como lo hacía ahora con esa cara con que lo miraba, porque es eso, no habría donde sospechar.

Únicamente podría juzgarlo de adquirir nuevos hobbies, hobbies raros para ser él, porque a todos nos pasa que un día conocemos nuevos hábitos a los que nos volvemos adictos, de los que no sabíamos nada y se nos abre un mundo nuevo del que no podemos dejar de pensar.

Habría colado, pero lo negó. Negó lo que minutos antes había escuchado de boca de otro gryffindor. Dos premisas opuestas ¿Quién mentía? Eso no era todo, pues Evans estaba hablando de más, que, si realmente no tuviera una "salamandra" en su habitación, no se mostraría de ese modo como si de verdad tuviera que empeñarse en demostrarlo, dejarlo claro, insistiendo tanto que hasta parecía dudoso.

Denzel no dijo nada en todo ese tiempo, alejado con Evans unos pocos metros de su grupito, se detuvieron, llegando a la sala común de gryffindor, junto a una de las escaleras cambiantes. El ravenclaw se guardaba sus palabras hasta que el adverso terminó su defensa con aquella pregunta.

Como respuesta, Denzel cogió su cuaderno de apuntes y se lo plantó justo en el pecho ajeno con rudeza.

Los apuntes de Historia de la magia —Agregó adusto con seriedad en sus palabras —¿Qué? ¿No me lo habías pedido? —Fue entonces cuando apareció aquella chica, interrumpiendo con una vocecilla a su espalda, haciéndolo girar.

"¿Lo has encontrado? Ojalá aparezca" Denzel solo había negado con la cabeza, con esa luz apagada en sus ojos. Al final contestó —Gracias, no esperaba conseguir apoyo con esto, me alegra. Si sabes algo avísame...

La chica se despidió entonces. Cuando Evans habló, despotricando contra ella, Denzel lo miró con mala cara, que no transmutó cuando, una vez más, el gryffindor llamó salamandra a su querido tritón. Ambos conceptos eran cercanos, sí, pero eso le dio que pensar, y no era porque su Nodens fuera su tritoncito deidad del alma —Lo que significaba su nombre—, y que llamarlo salamandra sería compararlo con la plebe, sino porque era bastante casualidad que todo girara en torno a salamandras y que él mismo se confundiera cuando Nodens salía en las conversaciones.

Del mismo modo en que mantenía una actitud arisca, dejó que cogiera el resto de carteles, sin parecer estar muy de acuerdo con ello. Seguía sin decir nada, y soltó un suspiro. Si en el fondo todo era imaginaciones suyas, al menos le iba a ayudar, o eso creía.

Sí, eso es todo.

Finalmente se despidió, sus amigos le solicitaban. Denzel retrocedió, descendiendo tres escalones sin volverse. La escalera empezó a moverse y él permaneció allí, quieto, sin perder la vista de Evans, mirándolo con desconfianza mientras se alejaba de una forma casi espeluznante.

***

A la mañana siguiente recibió aquella carta de amenaza, aunque no estaba muy claro si lo era. Simplemente decía que tenían a su mascota. Lo primero que se preguntó Denzel fue: "¿Quién diantres plasma una risa en una carta con tal intención?" Y lo que le resultaba más raro; secuestraban a su mascota ¿Pero no pedían nada a cambio por recuperarla? No cuadraban muchas cosas en aquel mensaje. A decir verdad, la carta habría sido lo peor que podrían haber hecho, pues ahora se disponía a empezar a indagar en el asunto, y no se iba a rendir hasta dar con el autor.

Salía del gran comedor tras el desayuno ese fin de semana. Debido a la terrible noticia se había levantado más temprano de lo habitual, lo que significaba que tenía mucho tiempo libre para dedicarle a la búsqueda de Nodens. Si hubiera encontrado a Josh le habría pedido ayuda, pero ese día no estaba cuando se levantó.

En el ala oeste se cruzó con Evans que lo abordó con un saludo. A pesar de ello Denzel no se detuvo y contestó mientras seguía su ritmo —Ahora no Evs —Pero luego se retractó y se giró para preguntar —Oh sí, me preguntaba ¿Al final dónde colocaste los carteles que tomaste?

Al otro extremo del largo pasillo pudo divisar a Samler discutiendo con ese otro chico, el mismo que le había contado aquello de que Evans parecía estar llevando alguna especie de proyecto de cuidado de criaturas mágicas. Denzel aún no se lo creía. Había algo en ellos que captó su atención, y es que Samler se llevaba a este otro para hablar más en privado. Si Evans estaba hablándole de fondo no le había escuchado porque había puesto todos sus sentidos en aquella escena.

Disculpa Evans, hoy tengo un asunto pendiente que debo atender, pero podemos hablarlo luego. Ah, y sobre los apuntes, procura no tardar mucho —Dicho eso se despidió, y dobló un par de pasillos hasta alcanzar a aquellos dos.

Que lo está cuidando... ¿Pero acaso tiene idea de cómo se hace?

Tío ¿A ti que más te da? Lo más probable es que esté pidiendo ayuda de alguien ¿Y por qué tanto interés? Es divertido, pero no tiene que ver contigo así que no sé por qué estás tan pesado. Sólo déjame en paz —En eso que se dio la vuelta, Denzel apareció justo detrás.

¿De qué hablaban? ¿Qué es eso que es divertido?

¡Smethwyck! Que metiche. Pero si a ti ya te lo conté

¿La salamandra?

Ajam, ahora déjenme, que me estáis poniendo nervioso —El gryffindor hizo amago de largarse, y ninguno de los otros dos hizo algo para detenerlo, en el caso de Denzel, quería hablar con Samler.

Tú, hablando con uno de los colegas de Evans sobre esa nueva salamandra suya, es curioso porque él dice que no tiene ninguna.

Escucha Denzel, no debería contártelo... Me metería en un problema si lo hiciera, pero... Evans tiene a tú tritón.

¡¿Qué?! ¿Por qué?

Es —Se tomó una pausa — una historia larga, pero hay algo más importante Denz, Nodens muy está grave... Denz...

Evans volvió a aparecer por ese pasillo, Samler lo vio y esta vez alzó la voz, mirando hacia él.

¡Es todo culpa de Evans! Estaban jugando con el pobre Nodens, debí decírtelo antes Denzel, tenía miedo, pero... Ya me cansé. Tenías que saberlo. Lo que le hizo a Nodens...

Evans —Se dirigió a éste con una voz ahogada —¿Es eso cierto? ¿Dónde está Nodens? ¿Está en tu cuarto? ¿Qué...? ¡¿Qué le hiciste...? Dime ¡Qué has hecho!


Última edición por Denzel Smethwyck el Jue Abr 12, 2018 2:21 pm, editado 2 veces
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Evans Mitchell el Jue Abr 12, 2018 11:06 am



¡Es todo culpa de Evans! Estaban jugando con el pobre Nodens, debí decírtelo antes Denzel, tenía miedo, pero... Ya me cansé. Tenías que saberlo. Lo que le hizo a Nodens...

—¡Oi!—
rugió Evans, llegando hasta ellos, con una cara de los mil demonios. El ímpetu con que se apercibió en el lugar, hizo que Samler se frenara, mordiéndose el labio de los nervios—¿Lo que le hice a QUIÉN?—espetó. Luego, se volteó a Denzel, inquieto y tan, tan molesto. Pero atemperó el tono de su voz al dirigirse a él, no sin que se lo notara cabreado—Mira, ¿a mí qué me cuentas? Es éste el que lo sabe todo, ¿no? ¡Pregúntale!

No bien Evans había visto a su inoportuno compañerito de dormitorio, ése que ya sólo de verlo era de mal agüero —Chris y la madre que te, siempre liándola parda el muy—, junto a ese pesado de Samler, y verlos a los dos, con la pinta más sospechosa imaginable, sólo con pescarlos de ese modo tan “íntimo” (como la suerte y el karma planeando juntos, mira), se había hecho a la idea de que aquello no podía ser bueno. Había querido llamar la atención de Denzel, persiguiéndolo con una obstinada insistencia que al otro parecía rebotarle en ese día (y es que mira, cuando el ravenclaw iba a su aire, no le prestaba atención a nada ni a nadie), pero nada. ¡Mierda con ese par!

Y como se lo temía, el otro justiciero de cuarta tuvo que ir a soltarle, ¡aaargh!, tenía que, ¿verdad? No podía quedarse callado, el muy bocazas. Sin embargo, frente a la acusación, Evans reaccionó naturalmente ofendido, mostrándose con Denzel como quien se siente herido en su amistad. No sin antes haberle lanzado una mirada cortante al tal Samler (¿es que se pensaba que iba a dejar que arruinara todo sin más?), que a punto estuvo de echarse para atrás, a punto estuvo, pero no. Porque aquella chica de gryffindor que le había expresado sus ánimos a Smethwyck les salió al paso, venida hasta ellos acompañada de un grupete, que miraba con curiosidad. Becky y la madre que te. Nunca había aborrecido tanto esa cara de fea que tenía, mira.

¿Es que a todo el mundo se le daba por meterse en lo que NO le importaba?

—¡Por eso arrancabas los SE BUSCA de la cartelera!—acusó Becky. De un abrir y cerrar de ojos, se había formado en torno a él una comitiva acusatoria, cual juicio de los justos. Nodens esto, Nodens aquello, y todo apuntándolo a él como perpetrador de la fechoría—¡Siempre lo hacías!, ¡no digas que no! Eso es horrible, Evans. Siempre eres tú…

Evans, quien había optado por adoptar una actitud sarcástica en el asunto, discutiéndole a ella, discutiéndole a Samler —quien defendido por un grupete parecía de repente un héroe de los desprotegidos—, y a todo el que lo encarara —toda gente resentida, mira—, se defendía a diestra y siniestra, desentendiéndose de las acusaciones. Sólo que. No podía mirar a Denzel a la cara sin mostrarse inquieto, enfadándose cada vez más con tanta presión. Hasta que.

—¡Pues yo iré a ver qué tienes en tu cuarto!—soltó Becky, enrojecidas las mejillas. Mira que era pesada la bestiecilla.

—¡Tú no irás a ninguna parte!—
La detuvo, a pleno pulmón. Y se exacerbó tanto con ese grito, que se hizo un instante de silencio, que supo a culpa suelta en el aire.

—¡No le creas ni una palabra!—advirtió una enfurecida Becky hablándole a Denzel, pero con los ojos rabiosos apuntando a su compañero de gryffindor—¡Miente! Lo hace para reírse. Él y sus amigos siempre igual, ¡haciendo estas estupideces que les parecen graciosas! ¡Pues no lo son!

—¿Y a ti quién te llamó a meterte? ¡Den!—Evans lo miró, ligeramente ansioso. En medio de la contienda de voces y escándalo no se lo notaba, pero el pecho la palpitaba a mil—. ¿De verdad que vas a dejar que esta…

—¡Oi, Evans!—cortó Chris, apareciendo de la nada, tan repentinamente como se había ido. Notó que los ánimos parecían caldeados, pero como era algo normal allí donde estuviera Evans, no le prestó atención a nada de lo que decían. Él sólo transmitía un mensaje—: Ed me dice que tu cosa ha muerto, me lo acabo de cruzar y… —Al contemplar cómo el león le clavaba la mirada (como si se lo fuera a comer ahí mismo) agregó, casi arrastrando las palabras pero muy inoportunamente—: Que está palmado. Capún. Se murió—Ah, claro. Es que debía pensar que el otro estaba tarado y no le entendía una sola palabra—Eeeeh… —De pronto miró alrededor, y empezó a pensar que quizá no fuera un buen momento, que quizá, sólo quizá, estuviera interrumpiendo algo—. Bueno, ahí lo dejo. Te veo. No mates al mensajero, ¿ok?

Y el mensajero se fue, tal como había venido. Sólo que el ambiente se había enrarecido, y Evans dejó de defenderse. Dejó de defenderse del todo. Y en cambio, esta vez, sí que intentó contestar a las preguntas de Denzel, sin darle evasivas, sólo que, ¿lo escucharía? Justo entonces, Theodore, atraído por las voces de la multitud de estudiantes escandalosos, se acercó a ver qué ocurría, con gran sorpresa por su parte, aunque no dijo nada.

—Mira, ¡no es…! Sí, tenía a tu salamandra.


—¡Tritón, por Merlín!—exclamó Samler, el protector del prójimo.

—…pero te dije que estaba bien, ¿verdad?


¿Qué?

—… Yo fui el que te mandó la nota, ¿recibiste la nota? Mira, es que te estabas preocupando… ¡Fue un accidente! Yo tenía a tu mascota en el “mientras tanto”, y quería que supieras que estaba bien…


—¿Nota?, ¿le enviabas amenazas o algo?—interrumpió Samler, otra vez—¿Para que él supiera que estaba “todo bien”? ¿Con cartas de amenaza? ¿Cuán estúpido tú eres?escupió, iniciando un coro de risillas. Samler, que no se callaba, recibió una mirada de Evans, una mirada cansina, sin ganas de nada. Y es que, no le estaba hablando a él. Podía callarse, el muy palurdo. Pero no se callaba—A ver, a ver, tú me explicas—Rió—Dices que fue un accidente, pero secuestraste a su mascota. Dices que igual estaba bien, pero la terminas matando. ¡Eres un bastardo imbécil, Mitchell! Sí, eres un bastardo—repitió, envalentonado por vaya a saber qué bicho que lo picó. Él, insultando a Evans Mitchell. Por favor, que retrataran el momento para la posteridad, para que constara.

Evans no le hizo caso, aunque Samler parecía decidido a reírse a su costa, habiéndose hecho con un público al que nunca pensó que le fuera a agradar, pero mira, allí estaba, siendo el centro de atención y riéndose, ni más ni menos, que de Evans Mitchell.

—Den...










Última edición por Evans Mitchell el Vie Abr 13, 2018 11:00 am, editado 2 veces
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Denzel Smethwyck el Jue Abr 12, 2018 3:33 pm

¿Incluso llegado a este extremo aún no sabes de quién hablamos? —El enojo era evidente en sus palabras, de notoria molestia, le salía de una forma casi brusca, como si de pronto hubiera perdido el respeto que tenía por su amigo. Pero a su vez, aquel nivel tan agresivo y alterado con el que hablaba daba la sensación de sostenerse en una base de alguien afligido.

Quiero escucharlo de tus palabras, Evs —El tono se volvió débilmente más calmo, y en ese momento quedó más llamativa la torpeza del habla, el dolor y una voz tan frágil que parecía que en cualquier momento podría romperse con tan solo un soplo al respirar. No podía creerlo, aun siendo lo más evidente, no podía hacer caso a nada de lo que dijeran otras bocas. Necesitaba oírlo salir de él, quería enterarse, no por otro, sino por él. Pero en el fondo lo sabía, tenía el presentimiento de que nada estaba bien desde el momento en que Nodens desapareció, y Evans empezara a actuar de forma extraña. Tenía un pálpito: Evans tenía algo que ver. Pero no quería reconocerlo. Cuando los detalles apuntaban hacia él, simplemente trataba de evitar pensar en ello. Quería ser lo último en que pensaría, pero ahora todo estaba claro y no podía esconderse de la luz de la verdad. Esa misma que ahora lo esclarecía todo, tanto que no había ninguna sombra donde ocultarse de ella.

La situación se volvió mucho más incómoda, incluso para él, cuando Becky apareció con su séquito, acorralando a Evans con más acusaciones, una que le hizo alzar a Denzel la cabeza como un resorte, los ojos muy abiertos y una expresión herida

¿Es eso cierto? ¿Evs? No llegaste a colgar los carteles... ¿Verdad? —Los ojos, trémulos, permanecían fijos en Evans que se alternaba entre discusiones con unos y otros, unas discusiones cuyo volumen había descendido en su percepción como bloqueado por paredes de corcho. Luego vino la noticia, y sus orbes cargados estuvieron a punto de desbordar, pero no lo hicieron. En su lugar, quedaron cristalinos, húmedos. No había dicho una sola palabra hasta entonces, ni siquiera en el momento en que Chris volvió con la noticia.

"Ed me dice que tu cosa ha muerto"

Ya no importaba lo que dijeran, no le importaba la verdadera versión de lo ocurrido. Su mascota, su tan preciada mascota que lo había acompañado en los peores momentos, quién le había hecho compañía en los más duros de su vida, esos tan marcados en los que había sentido realmente el dolor de estar solo, y él le había ayudado a sobrellevarlos, aunque fuera tan solo un animal. Nodens había muerto.

El espacio se congeló a su alrededor, y solo sentía el latir de su corazón que guerreaba con fiereza en su pecho. Todo se volvió borroso por un instante. La rabia que sintió por Evans se incrementó, y más cuando empezó a reconocerlo. Sin embargo, siguió mudo.

Ese dolor que sentía era insoportable. Porque no sólo se basaba en haber perdido a alguien tan importante para él, también era Evans, precisamente él, de quien se había fiado todo ese tiempo. Le conocía bien, sabía esa forma suya de ser, pero jamás habría esperado que le hubiese hecho algo así a él. Y aun siendo un accidente, Mitchell no confió en él, ni en el principio ni después. Eso fue lo que más le dolió, el hecho de habérselo ocultado tanto tiempo, permitiendo que su pesar se hubiese prolongado tanto. Y que no se excusara con esa carta, esa ridícula carta, porque con ello solo lo empeoraría.

Todos parecían aprovechar cualquier oportunidad para meterse con Evs, le reñían, lo acusaban, pero Denzel no seguía a ninguno de ellos. Finalmente se pasó el brazo por sus ojos para limpiarlos, frunció fuertemente el ceño, e hizo lo que siempre hacía: Echó a correr. Quería alejarse de allí, no se sentía cómodo, no quería ver a Evans, ni ese día ni los posteriores. Se encerró en su cuarto llegando a faltar en clases durante una semana. Lo más difícil fue lidiar con Joshua, que parecía aspirar a prefecto —O esa era la impresión que el daba—, pues se ponía muy pesado con que no podía faltar a las clases, aun así, no consiguió sacarlo de su cama.

Samler se había dispuesto a hacer de guardián sin que él se lo pidiera y sin que supiera nada, y tenía la intención de bloquearle el paso a Evans si se atrevía a acercarse por allí.
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Evans Mitchell el Vie Abr 13, 2018 7:50 am

Quiero escucharlo de tus palabras, Evs.
¿Es eso cierto? ¿Evs?

—¡Evs!—Ed lo llamó, por quinta vez. Lo alcanzó en la entrada del Aula de Transformaciones, justo cuando un grupete de ravenclaws pasaba por su lado. A los gryffindor ni siquiera les tocaba esa materia en el día—¡Oye!

Lo había sacado de su ensimismamiento, sí, pero no era la fea cara de Ed la que hubiera querido ubicar entre la multitud de estudiantes, y pasó de él entre que el otro le metía conversación por alguna nadería mientras caminaban por los pasillos, ¿hacia dónde? No sabía, no importaba, Evans sólo actuaba por inercia. Es que, otra vez: Denzel no había ido a clases y en eso era lo único que pensaba últimamente, además de ser él la única razón por la que aparecía a primera hora —como un mártir de la puntualidad, mira— frente a la puerta de clases a las que ni le tocaba asistir, por si podía interceptarlo en el camino.

Por cierto que, habiendo hecho un seguimiento de las materias que cursaba el muy estudioso de los ravenclaw, se preguntaba cómo es que Denzel era capaz de llevar un horario tan apretado. De seguro que habría cometido algún error en sus averiguaciones—de esto cayó en la cuenta cuando se vio en la situación de tener que apersonarse en dos aulas al mismo tiempo, cuando físicamente era imposible—, pero aun así, había ido a TODAS, y Denzel no fue NUNCA, en una semana.

Eso no podía estar bien. No, ¿qué decía? Era catastrófico. Hasta le daba escalofríos de vez en cuando con solo pensarlo, y estaba internamente seguro de que, cuando oía un grito o parecía suceder algo que hacía congregarse a un corro de curiosos estudiantes, la magia negra estaba detrás de eso, como si la ausencia de Denzel Smethwyck fuera el preludio de una serie de eventos desafortunados que acabarían por asolar a todo Hogwarts más tarde o más temprano, con tragedias a la vuelta de la esquina, por lo que más valdría estar en ALERTA PERMANENTE, sólo que. Evans no podía dejar de girar en cada esquina, mandado como era, por si se chocaba con Denzel. Lo que lo desesperaba, es que eso no sucedía, y en la Sala Común de Ravenclaw no le permitían la entrada, por vaya a saber qué conjuro ultra ingenioso —nótese la ironía— que había hecho Samler para repeler a Evans —porque resulta que el chico era un cerebrito después de todo, mira—. La última vez que había intentado pasar por encima a un grupo distraído de ravenclaws que atravesaban la entrada a su Sala Común, jocosos y alegres, el gryffindor salió volando frente a la cara de pasmo de todo el mundo, expulsado hacia atrás y casi matándose en su estrepitosa caída por las escaleras de caracol.  

Una semana, era demasiado tiempo.

Sin saber nada de él, sin verlo por ninguna parte. ¿Y qué hacía en su cuarto, a ver? Que alguien le explicara, por qué se encerraba. Estaban las clases, ¿pensaba perdérselas todas? Mira, lo mal que hacía. ¿Qué pasaba con los profesores, que preguntaban por él? ¿Qué pasaba con los exámenes, eh? Pero no, más importante que todas esas patrañas, ¿qué pasaba con él, Evans?, ¿qué pasaba con él? Cómo se le iba a ocurrir desaparecerse así sin más, escudado por esa panda de descerebrados con plumas que no hacían más que cacarear como gallinas. Es que no podía encerrarse así, vamos. Eso era ostracismo, ¿ese gorras bueno para nada no le decía que eso estaba MAL?, ¿no eran amigos acaso? Inútil, hasta para eso.

—¡No sé qué haré!—bufó Ed, despeinándose los cabellos de la frustración. Hacía rato que estaba quejándose de la clase de Binns y su Historia de la Magia, avisándole a un desinteresado Evans que en el próximo examen se le enredarían todos los sucesos y fechas importantes, porque desde la primer clase que no cazaba ni una de lo que decía el profesor—Evs, ¿me escuchas? Y luego están los gigantes de, de… que atacaron a los Toant…

—Qué pesado—soltó Evans, molesto, prestándole atención por primera vez desde que empezara a parlotear. Y continuó, por una suerte de acto reflejo—: En el año 958 d.C, la colonia de Porfirión…

—¡Sí, esos!, ¡sí, sí!


—…inició una avanzada hostil contra sus vecinos, de Toant,…


—Te digo, reprobaré esta materia si no…


—… por cuestiones territoriales. Goloath, que era un héroe, tú sabes, por lo bueno que era haciendo estallar cráneos en batalla, resulta que le arrancó la cabeza (¡imagínate eso!) a la familia del que mandaba en Toant, porque era una costumbre para hacerse con el poder, ¿sabes? Bastante práctico, ¿no? Sería como ver una pelea entre Crabbe y Goyle queriendo hacerse con la bandeja de tortas, sólo que, desgraciadamente, ninguno llega hasta el final. Pero en fin, parece que no todos los gigantes estuvieron de acuerdo con el cambio de autoridad, así que, huyeron hacia el sur en lo que se conoce como el Éxodo…, ¿qué?


Ed lo había tomado del brazo, deteniéndolo en el acto, y lo miraba con el mentón caído, como si estuviera a punto de señalarle algo terrorífico que acababa de ver, sólo que se estuvo así, quieto, y señalándolo a él, Evans, con los ojos muy abiertos. Evans buscó en rededor, por si se había perdido de algo, pero no, en efecto, lo miraba a él. Y es que, había que decirlo, Ed jamás hubiera pensado que llegaría el día en que se dijera: “Quiero sentarme con Evans para el examen”. A lo sumo, se había tomado una poción para el ingenio o algo, ¿no? Sí, debía ser eso. Porque mira que largarse solito a comentarle sobre las Guerras de los Gigantes, que era tema de examen, así, como si tal cosa; sólo podía ser por obra de algún truco. Es decir, lo normal sería comentar sobre lo estúpidos que eran Crabbe y Goyle, y hasta ahí. El resto de la conversación era pero que alucinante, como mínimo. ¿Quién era ése y qué había hecho con Evans Mitchell?

—¿Cómo es que te interesa tanto el tema?

Evans hizo una mueca desagradable y se apartó, siguiendo camino. Ed lo alcanzó, intrigado por la respuesta. Pero el otro se limitó a soltarle: “Apuntes”. Y es que, había estado leyendo las notas que Denzel le dejara, leyendo y releyendo, a todas horas y por todas partes: así que se pasaba el rato antes de dormir o por los pasillos curioseando la letra del ravenclaw, y sonriéndose con los comentarios al margen. No, no se parecían en nada a los que él y sus amigos solían garabatear cuando estaban aburridos, no, los suyos eran todos sobre lo que había escuchado de Binns, aclaraciones al respecto de tal o cual cosa, pero es que había algo particular en la forma que cada cual tenía de tomar apuntes, y a decir verdad, Evans no recordaba que los apuntes de Denzel fueran jamás tan claros o fáciles de leer. Es decir, se lo había echado en cara en otras ocasiones: que eran un galimatías incomprensible, entre tanta abreviación y palabra claves o lo que fuera, que vamos, si hasta encriptaba las cosas, así no había quién se copiara.  

Los apuntes de Historia de la magia ¿Qué? ¿No me lo habías pedido?

Evans regresó al día en que se los había entregado, antes de todo ese embrollo… ¿La verdad? Lo había dicho sin pensar, ni se le ocurrió que el ravenclaw fuera a tomarlo en cuenta, su comentario. Uno que hasta le costó recordar, porque vaya que había tenido un asunto más urgente que atender ese día, que a lo que decía o dejaba de decir. Sólo que. No sirvió para nada.

¿Cuán estúpido tú eres?

No sirvió para nada, y siempre que pensaba en ello, tenía que venírsele a aparecer la cara del feote de Samler, que no dejaba de recordárselo cada vez que tenía una oportunidad. Siempre asegurándose de que Evans no podía agarrarlo, claro. Que bravito que era cuando la gente le hacía la pelota, porque mira que un montón de estudiantes que nada que ver se habían interesado en el asunto, sólo por mosquearlo. Ni les importaba la mascota. Sólo querían tener algo de lo que hablar, y mira, lo de “el gamberro que te secuestra la mascota” parecía un tema que era una joyita, en especial, por cómo lo contaba el pajarraco ese Samler: que había querido experimentar con ‘la salamandra’, que se la ocultaba a Denzel por reírse a sus espaldas, que a lo último Evans —supuestamente presionado por la multitud que lo había acorralado en el pasillo, como una horda de histéricos— había querido “arrepentirse” de lo mucho que todo el asunto contra su persona lo había intimidado y había soltado cosas sin sentido que lo habían dejado como un GRAN IDIOTA, como le encantaba recalcar a Samler ante todo el que quisiera escuchar su versión, provocando las risas.

Y es que, ¿quién sería tan estúpido como para hacer las cosas que él hizo, si no era culpable? A nadie le cabía la menor duda de que Evans Mitchell había actuado como el trujan que era, haciendo de las suyas. Porque, ¿por qué?, ¿por qué alguien se complicaría tanto con ideas tan descabelladas y sobre todo, estúpidas, cuando había formas mucho más sencillas de resolver el asunto sin hundir tanto el dedo en la llaga? La cuestión es que lo hecho estaba hecho, y Evans no tenía por qué responder ante esos moscardones molestos que se metían donde no los llamaban, él no tenía por qué darle explicaciones a nadie. A nadie, excepto Den.

Sólo que Den no estaba por ninguna parte, había ido a encerrarse en su dormitorio como una doncella en apuros custodiada por ogros tan apestosos como Samler. ¿Y Evans había accedido tranquilamente a esto? No. Él le mandó a Gorrón para que lo picoteara y saliera de su ostracismo, quiso atravesar la Sala Común de ravenclaw en varias ocasiones pero con resultados deprimentes en cada oportunidad, y hasta había acorralado a Joshua para arrancarle un pelo y hacerse una poción multijugos (hasta eso había llegado en su empeño, pensar en tragarse el sabor de ÉSE), sólo que no era una poción fácil de conseguir y para colmo tuvo que soportar que el otro chillara como un mandril con las manos en el culo, sólo que éste huía con las manos en la gorra, que no se la toques o se ponía loco!

Y tal medida desesperada la urdió tan sólo al segundo día de reclusión por parte del ravenclaw. Ahora, había pasado una semana. Si antes estaba desesperado. ¡Maldición! Bien, había que pensar. ¿Qué haces tú cuando se te muere una mascota? Te consigues otra, ¿no? Sí, así es como lo había razonado Evans pocos días atrás, y esa era la razón por la cual llevaba una pequeña cría de tritón —sí, ahora se había documentado sobre la diferencia— encima. Hubiera querido encontrarse a Den para entregársela, pero como el otro insistía en aislarse del mundo —y Evans lo reprendía internamente por ello—, por el momento sólo la llevaba consigo a todas partes, hasta el punto de haberse acostumbrado al bicho. En sobre por qué Den insistía en encerrarse en su dormitorio era sobre lo que Evans estaba pensando, cuando…

De la nada, Ed soltó un grito que lo sacó nuevamente de su ensimismamiento —estaba muy dentro de su cabeza últimamente—,  al toparse por sorpresa con la visión de ¿una pequeña lagartija? trepando por el cuello de Evans, emergida de debajo de sus ropas. Evans ni se sobresaltó, sólo lo miró extrañado, y aunque Ed intentó advertirle que, bueno, que tenía “algo” ahí, el otro ni se mosqueó y siguió caminando, las manos en los bolsillos y muy dueño de sí mismo, con la cabeza en cualquier otra parte. Hasta que luego del segundo período los de ravenclaw volvieron a su Sala Común, y contando con que Samler estaría allí también, Evans se encaminó derechito a la Torre de Ravenclaw.

Era algo que venía haciendo desde que el muy infeliz había puesto un encantamiento en la entrada que funcionaba como el “repello inimicum”, sólo que éste sólo repelía a Evans como si él fuera el enemigo de la humanidad o algo. Que no era bienvenido, lo había entendido a la primera. Pero eso no le impedía volver y pararse frente a la puerta siempre a la misma hora, varias veces al día, para repetir una escenita que al gryffindor no dejaba de tocarle los cojones, pero a la que cedía igualmente: él frente a la puerta y Samler soltándole idioteces desde el interior, muy cómodamente apoyado en el resquicio de la entrada, gozándolo como el insufrible que era. Lo que Evans esperaba, era que Denzel apareciera en alguna oportunidad, aunque esto nunca sucedía. Y no sucedía.

Estaba de camino, cuando chocó el hombro de Theodore Malkin, quien a su vez salía de la Sala Común de los Ravenclaw, ¿a visitar a un amigo? A Evans le sorprendió ver al hufflepuff, y aunque al principio casi le suelta un “¡Serás pelmazo, fíjate por donde andas!”, al reconocer quién era se limitó a encogerse de hombros y pasar de él. Theodore estuvo a punto de decir algo, pero se sonrió y siguió de largo. Mitchell era toda una pieza de trabajo, la verdad.  

—¡Mitchell, mira que eres cansino!—saludó Samler, carcajeándose solo y cruzado de brazos, desde el otro lado de la puerta. La única razón por la que hacía de portero cada vez que el otro se aparecía era porque disfrutaba de ese cambio de roles en el que él podía tomarle el pelo sin preocuparse por el suyo (después de todo, tenía a toda la panda de avechuchos detrás), y por supuesto, para que todo el mundo viera lo buen tipo que era. Si hasta Emily lo había empezado a mirar diferente desde que se había enfrentado a Mitchell, encantada con su papel de protector y justiciero en esa historia.

Sólo que esta vez, Evans no se mostró con tantas de ganas de insultarlo como otras veces. Sólo se quedó de pie, allí, callado y con las manos en los bolsillos, mirando hacia el interior donde otros alumnos reían y vivían su vida tan despreocupada, y con…

—Ey, Mitchell, ¿eso de ahí…?—Samler lo inspeccionó con la mirada, curioso, fijándose en el animalito bebé que se escondía, veloz, entre las ropas del gryffindor—¿Es una salamandra?

—Tritón, idiota.

Evans lo miró con mala cara y Samler se sonrió con sarcasmo, pero mosqueado. Hasta que el gryffindor sacó su varita.

—¡Espera, espera!—Samler se alarmó. Lo cierto era que Mitchell tenía fama de ser buen duelista y no le gustaba nada eso de “desenfundar varitas”, aunque apretó fuerte la suya en la mano—¿Qué vas a hacer?—preguntó, pero lo supo enseguida. El otro lo miraba con una sonrisa descarada, jugueteando con la varita en la mano, y tan tranquilo. ¡Por Merlín!, ¿¡por qué tenía que ser tan pesado!?

—No sé, Samler, dime tú. Tú sabes, una semana es DEMASIADO tiempo para ver tu cara. Y estoy harto de ver tu cara. Sal de ahí, vamos. Oh, pero, tampoco es necesario, ¿verdad?—Y alzando la varita a la altura de sus ojos, como si calibrara su puntería, agregó—: Puedo apuntarte perfectamente desde aquí.

Samler #d0acf3 ||Becky #1f5ed6 || Chris #edcf57 || Theodore Malkin  #66cc66 || Ed #71bd20
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Denzel Smethwyck el Lun Abr 23, 2018 9:05 pm

Pasada media semana Denzel había sembrado el caos por toda su cama. Había libros de distintas materias aquí y allá. Parecía un volcán de la lectura, vomitando coladas de hojas escritas sin ninguna organización desde donde se hallaba Denzel, y llegaba al punto de desbordar. Eran libros que había reservado para ese semestre, lo que era una suerte, pues no habría querido tener que verse en la situación de salir a buscar el contenido a la biblioteca, y con ello, correr el riesgo de toparse con Evans. Una actitud cobarde, pero es que él nunca se había descrito a sí mismo como alguien valiente. Había decidido seguir el ritmo de las clases por su cuenta, y como no hacía presencia en ellas, no estaba muy seguro de si iba retrasado o si se había pasado.

Lo peor fue convencer a Carter, uno de sus compañeros de habitación, para que le llevara parte de las comidas cada vez que volviese de las horas correspondientes en el gran comedor. Esa era una situación bastante complicada que él mismo se había montado, y sabía muy bien que no iba a durar mucho, que los profesores no lo consentirían en cuanto notaran su ausencia, y que tarde o temprano tendría que hacer frente a lo que trataba de evitar. Eso lo tenía muy en mente. Trataba de ganar tiempo para hacerse a la idea, necesitaba darle vueltas a todo eso, porque él era siempre así de complicado, pensar demasiado las cosas hasta el punto de hacerse daño a sí mismo.

Durante su aislamiento había recibido la visita del halcón de Evans, al que reconoció al instante. No obstante, no trató de ahuyentarlo. No veía justo para el pobre pájaro darle el trato de un orco, pues no era su culpa tener un amo que, a su actual ver, era un idiota. Por ello, si le había mandado una carta a través de éste, con las mismas, sin leerla siquiera, iba a parar a la chimenea.

Tardó una semana para darse cuenta de que todo eso era ridículo. De hecho, cuando estaba recogiendo, organizando el desastre que había desatado en su parte del dormitorio, vino Carter a decirle que no iba a poder seguir con lo que le había pedido, a pesar del trato que habían hecho. Fue el ultimátum de los profesores, que le vino a través de su compañero. Sus palabras fueron algo así como: "Este no es un colegio para abastecer a gente que no asiste a sus clases, si Smethwyck deja de asistir a clases, se llevará a cabo su expulsión, debería tenerlo muy presente". Aquellas palabras habían sido lo suficientemente amenazantes como para hacer que se replanteara lo que estaba haciendo. Pero se quedó quieto, como si realmente necesitara pensarlo con detenimiento cuando la solución era bastante clara. Fue quizás ese el motivo para que sus compañeros se pusieran serios y le presionaran para que saliera de una vez y le diera el aire.

Por el sombrero de Merlín, Denzel ¡Vas a acabar majareta!

¡Me da igual! —Ya solo discutía por llevarles la contraria, pero en eso, Carter, con la paciencia agotada, tiró de él por una manga de su túnica y se lo llevó a la fuerza escaleras abajo mientras él gritaba que lo soltara. Pero fue justo en ese momento en que la gente se congregaba a la salida de la sala común, donde se podía escuchar una discusión entre dos voces, dos voces que alcanzó a distinguir entre los murmullos de la gente, y tras quedar mirando en esa dirección unos segundos, se dirigió hacia allí con pasos más acelerados, abriéndose paso entre el tumulto, para acabar descubriendo a Sammler y Evans batiéndose en duelo con la varita.

Cuando consiguió salir de entre la última fina de ravenclaws curiosos quedó en medio de escena con Samler de rodillas en el suelo. Denzel exclamó.

¡¿Qué está pasando aquí?! —Miró un segundo a Evans, luego a Samler y sacó sus conclusiones. Aun así, por si no le hubiese quedado claro Samler fue el primero en contestar.

Solo intentaba... intentaba —Soltó un quejido, que parecía más teatro que real —Evans intentaba entrar en la sala común de Ravenclaw ¡Y los gryffindor no tienen permitido entrar! —Se incorporó, como si con su argumento irrefutable hubiese recobrado las fuerzas, unas palabras que incluso muchos otros ravenclaw aprobaron con asentimientos.

Eso es cierto. Pero esa no es la verdadera razón ¿A que no?—Denzel se acercó a Samler con su característico entrecejo fruncido cuando se enfadaba, estaba igonarando a Evans de forma intencionada. Luego añadió —En ningún momento necesité que hicieras de custodio. Nunca te pedí tal cosa —Samler se limitó a quedar callado pues sabía que cualquier cosa que pudiese decir para justificarse solo empeoraría la situación. El otro aguilucho pasó una mirada al resto y luego a Samler otra vez —No eres ningún héroe Samler. Esperaste tres días para decirme lo que ocurría, y estoy seguro de que si no te hubiera preguntado directamente, te lo habrías guardado hasta el final. No eres mejor que Evans.

Cuando acabó, habiendo dejado a Samler descompuesto por la contundente verdad, giró sobre su eje sin borrar el enfado de su rostro. Miró a Evans durante una fracción de segundos, y sin decirle nada fue en dirección a las escaleras para alejarse de allí, tratando de evitarle una vez más, sin querer tener que ver con nada de eso por más tiempo.

Más npcs yujuu (???):


Carter #e09b6e
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Evans Mitchell el Lun Abr 30, 2018 1:09 pm

Ese era Evans, siempre donde había platos rotos. Se la estaba montando a lo grande, perdiendo un poco el sentido de lugar y tiempo, porque claro, él SIEMPRE se entusiasmaba demasiado en un duelo, SIEMPRE. Y se perdía, en medio de la contienda, con la cabeza en otra parte: esquivar, atacar, atacar. Hasta que Samler cayó de rodillas, llevándose las manos al estómago luego de un impacto, con la expresión aquejada como si estuviera a punto de vomitar.

¿¡Qué está pasando aquí!?

Evans ni siquiera pudo suprimir esa sonrisa fanática en su cara, y acabó mordiéndose el labio entre la satisfacción y la bronca. Mierda. Mierda. ¡Mierda! No sentía que tuviera que dar explicaciones (eso sí que no), y sin embargo: él sabía lo hipócrita y pesado que podía ser ese mentiroso de Samler, ¡mierda, él odiaba a las víctimas! No tardaría mucho en ponerse a lloriquear. Bueno, pero era muy obvio lo que estaba ocurriendo: ESE IDIOTA estaba ocurriendo, ese que se ponía en el medio.

En torno a ellos, las voces cuchicheaban. Evans había perdido la noción de entorno, hasta que reparó en que, en efecto, eran el centro de atención. Pues, que se fueran todos a ocuparse de sus asuntos, que algo tenían que hacer, ¿no? Eran ravenclaws, ¿no se suponía que les gustaba mantener las mentes ocupadas? Pero mírales ahí, papanatas todos, con la boca bien abierta y la lengua cotilla siseando de aquí para allá. No es que le molestara. Eso de ser el centro de atención. Era sólo que en ese momento, de verdad, podían irse todos a eselugarqueesdetodomenosbonito.

No eres ningún héroe Samler. Esperaste tres días para decirme lo que ocurría…


—¡Eso!—exclamó, todavía acalorado por la contienda, acercándose y señalando a Samler, acusador, pero contento de que por fin Denzel entrara en raz…

No eres mejor que Evans.

Ok, sobre eso. Él tenía otro punto de vista al respecto. Por lo atacada de la expresión, podías ver que el comentario lo había tomado por sorpresa. Sí, por sorpresa. Porque tenía una muy alta opinión de sí mismo, claramente. Y como es natural, se mostró indignado, más rápido de lo que tardas en decir “Quidditch”. Míralo, que gallito estaba hecho. Todo rojo y dispuesto a sacar pecho, emplumado y cacareando. Te lo veías venir, al gallito Evans, cuando raudo, siguió el paso de Denzel.

—No, no, no. Tú…


¡Tú te quedas!

Fue detrás de él, bajando por la escalera, cacareándole al oído sobre patatún y patatán. Aunque no parecía que el otro quisiera escucharlo para nada. ¡Terco que estaba hecho! El resto de ravenclaws los observaron largarse, sin que nadie hubiera entendido nada de lo que habían cazado al aire de lo que era… ¿Evans Mitchell dando un sermón?

—¿Y dónde estabas, puede saberse? ¡Den!—
Le hablaba con un tonito demandante, ansioso. Y se asombraba malamente de que el otro quisiera pasarlo de largo, pero no desistía (¡tremenda era su necesidad de atención!). Se chocó a un par de alumnos en el camino, pero no le importó, sólo soltó un par de maldiciones al pasar (por costumbre, dirías)—No estabas yendo a ninguna de tus clases, ¿tú no vas a clases todo de repente? Es que un día te haces prefecto, ¿y ya está? ¿Ya nada importa? No puedes hacer eso, ¿lo sabes? ¡Ni siquiera te vi en el comedor! ¿Qué te crees? ¿A qué viene eso de desaparecerse? Una vida ermitaña, es una vida de mierda. Te lo digo, ¡la gente no hace esas cosas!, ¡tú no te asilas hasta los 200 años!

Si Evans había estado preocupado, tenía una rara forma de demostrarlo: todo enfadado, lanzando réplicas, como si se hubiera tomado la desaparición de Denzel como algo personal. Al final, intentó asirlo de la muñeca y dar fin a esa corridita por los pasillos, que hacía que todos detuvieran los ojos en ellos al pasar.

—¡Para ahí, maldición!—Evans se echó hacia atrás con un suspiro derrotado, boqueando con el corazón acelerado. Le ardía la mirada, intensa que tenía. Antes de hablar hizo una pausa, mordiéndose el labio—¿Y por qué?

¿De verdad?

Evans le esquivó la mirada, girando el cuello de un lado al otro, inquieto, hasta que se carcajeó hacia dentro, con una risa breve, interrumpida, de canalla.

—¿Sabes qué? Si tienes un problema conmigo, ¡tú vienes A MÍ! No vas a encerrarte en tu torre de lameculos. ¡Yo sí estuve buscando por ti! ¿Y qué? ¿Vas a dejar de hablarme así nada más? O por tu tritón o porque lo sea, ¿sólo vas a desaparecerte cada vez que yo busque por ti? Bueno, ¡que amigo de mierda tú eres!
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Denzel Smethwyck el Dom Jun 03, 2018 7:38 pm

Denzel bajaba la escalera de caracol a toda prisa mientras hacía oídos sordos a las llamadas de Evans en su intento por detenerlo. Era una situación bastante ridícula la verdad. Uno huyendo del otro, evadiendo lo inevitable, y éste insistiendo, tratando de hacerlo volverse, llamándolo sin conseguir ningún efecto. Algunos ravenclaw que se encontraban subiendo la escalera se apartaban de golpe cuando veían a aquellos dos bajar tan deprisa. Y otros, alarmados por su sentido del oído se obligaban a girar para acabar de igual modo a uno de los lados.

¿Dónde estaba? ¿Que no estaba yendo a clases? Pero es que no se daba cuenta... No le iba a responder. Y así fue como arrastró ese vociferador andante tras de sí, hasta que llegó a la planta baja y al fin consiguió encararle. Automáticamente reaccionó, con el mal humor marcado en su entrecejo.

¡Para ahí maldición!

Se volteó con los ojos inyectados en furia, pero no gritó, no alzó la voz, aún.  Lo miraba de hito en hito. La situación lo había puesto sumamente nervioso, inquieto, incómodo. Se sentía acorralado, conteniendo la ira que sentía en ese momento.

¿...Sólo vas a desaparecerte cada vez que yo busque por ti? Bueno, ¡Que amigo de mierda tú eres!

Las palabras de Evans le llegaron como si Thor, con martillo en mano, le hubiese dado el más poderoso y contundente de sus golpes en el pecho. Entonces reaccionó. La paciencia que había arrastrado por toda esa escalera había estallado en mil pedazos que volaron en una dirección, rabiosos y agresivos, clavándose en el gryffindor. Se había jurado no malgastar su voz en alzársela a él, pero lo hizo.

¡Hablas tú de decir las cosas a la cara! Me reiría ahora mismo si no fuera por lo enojado que estoy ¿Viniste tú acaso a contarme lo que sucedía? ¿Jugar de forma tan imprudente con la mascota de un amigo? Y yo me pregunto también ¿Los amigos se hacen eso entre ellos? ¡Disculpa! Pero sí ni tú mismo estas seguro de cómo debe ser el comportamiento de los amigos, no puedo tomarte en serio cuando cuestionas lo que hice. —En ese momento tomó una pausa, bajó la mirada al igual que su nivel de voz en cuanto se reconoció alterado —No fue la muerte de Nodens lo que más me dolió Evs... Sino el hecho de que no confiaras en mí para hablarlo, y si mi decisión por evitarte para no aguantarlo es lo que me hace una mierda de amigo ¡De acuerdo! Soy una mierda de amigo, pero seré solo una mierda de amigo contigo.

Había perdido toda razón en sus últimas palabras, y dándose la vuelta para marcharse tras creer que no había nada más que aclarar, se retractó y volvió a mirar a Evans para añadir, más calmo. La bipolaridad

Si de verdad quieres hacer algo bien, podrías darme al menos el cuerpo de Nodens... Eso si no lo has tirado a la basura... —Lo cual no le extrañaría, y fue entonces cuando reparó en algo que no se había fijado hasta entonces por su mal humor. Ese pequeño acompañante que se escondía en la túnica de Evans había hecho que se compusiera el desconcierto en el rostro de Denzel, intentando comprender qué significaba eso, no tardó en darse cuenta, pero no dijo nada. Agitó la cabeza y se volvió de nuevo. Esta vez sí que se puso en marcha, ignorando la mirada de algunos que se habían parado solo para quedarse a husmear. Iría a la biblioteca en un intento de compensar el ritmo que había tenido de dudosa efectividad, o al lago negro, quizás, para despejarse de todo aquello. Era algo que decidiría en el camino.
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Evans Mitchell el Lun Jun 04, 2018 10:23 am

—¡Yo no jugaba con tu mascota…!—Pero se interrumpió, y eso fue lo único que llegó a decir, mascando la rabia (o impotencia disfrazada de rabia, incluso podría ser angustia) y quedándose en su sitio. En su mirada, brilló la impaciencia. Se estaba deshaciendo de nervios por dentro, pero no había modo de explicarle lo que había pasado, no sólo porque era reconocer una estupidez, sino porque, ¡porque no podía!, ¿ok? Joder, que difícil que se lo hacía la gente. Sí, la gente. Como Samler, ese idiota.

No fue la muerte de Nodens lo que más me dolió Evs... Sino el hecho de que…
Soy una mierda de amigo, pero seré solo una mierda de amigo contigo.

—¡Mira! Eso es lo que dices ahora—Sorprendentemente, Evans había adquirido su tono más diplomático, y es que no había que olvidar, que siempre se salía con la suya hablando. Bueno, eso es lo que él se creía. Parecía sincero, sin embargo—Pero la jodí con tu tritón— Dirías, que quería hacerlo reflexionar sobre la cuestión, desde su punto de vista, que era… Bueno, con todo lo que había hecho, no podía afirmarse que fuera muy fiable—¿y la verdad? No creo que te lo hubieras tomado muy bien, ¿sabes? Y no si tienes esos amiguitos como Samler escupiéndote sandeces al oído—exclamó, llevando las manos a la altura de las orejas como si sacudiera el aire alrededor de ellas, en un gesto rápido y desdeñoso—¡Oh, vamos! Siempre soy yo el que la— El que la “caga”, no existe palabra para embellecer tan malos hábitos. Evans cortó lo que fuera a decir, y se lo pensó—: El que lo arruina, ¿ok? ¡Y hubieras dado por sentado que fue adrede o que...!

En la lógica de Evans Mitchell, todo era muy sencillo: si Denzel se enteraba, lo odiaría. Así que, decidió encubrírlo, de la forma más desesperada. Pero se enteró, de todos modos. Ahora lo odiaba el doble. No había contado con eso.

—¡Por supuesto que no podía confiar en ti, estando enojado conmigo, el que la jodió con tu tritón!, ¡me ibas a odiar de todos modos!, ¡y yo no quería eso! ¡Den!


Pero Denzel se volteó, él de verdad que no quería saber nada de un tal Evans Mitchell en ese momento, y aunque el mentado Evans estaba decidido a insistir e ir detrás de él, que lo abordara tan repentinamente por el cuerpo del difunto, sí que lo tomó por sorpresa. El alma, se le cayó el alma a los pies.

—Sí, bueno… ¡No!, ¡no lo tiré!—soltó, ligeramente enojado con tal acusación (¡que hasta lo daba por sentado!, ¡pero!, ¡de eso es de lo que él estaba hablando! Daban muchas cosas por sentado, cuando se trataba de él, Evans Mitchell), y desvió la mirada, hastiado. Es que mira, él era el que iba por ahí matando tritones, pero tenía todo el derecho de ofenderse, ¿sabes?—. ¿Pero qué esperabas que hiciera con el cuerpo? ¡Lo enterré! No iba a dejarlo ahí, ¡muerto!—Evans no se había dado cuenta, pero mientras hablaba, su nuevo amiguito se había asomado de entre sus ropas. Que con tanto calor, se había olvidado completamente de él—¡Espera!

—¡Sr. Mitchell!


—¿¡Qué, demonios!?—soltó él de malos modos, volteándose.

Y ay, ay.

Se le deslizó el mentón de la sorpresa, porque estaba ni más ni menos que frente a una de esas profesoras, que tú NUNCA, NUNCA, tienes que contrariar, y menos de esa manera. Es que, no había podido controlarlo. Venía conteniendo las ganas de explotar, y justo aparece esa y… Lo retienen allí, en contra de su voluntad. Aunque se juró, que saldría detrás de Denzel. Sólo tendría que saldar algunas cuentas primero, si acaso no moría en el intento.

—Lo siento, profesora, no sabía…  

Curioso, "lo siento" era una expresión que podía utilizar con sarcasmo o falsedad, pero jamás desde el corazón. No era fácil, desde el corazón. Porque cuando es real, cuando es sentido, te duele. Y sientes que mueres un poquito. Y sientes que la otra persona toma algo de ti, ¿pero qué haría con ese algo de ti, que eres tú, como si te tuvieran en un puño? Te aterraba pensarlo.

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Denzel Smethwyck el Jue Jun 07, 2018 11:39 pm

No se dio cuenta cómo hizo para llegar hasta la biblioteca. Fue como esa sensación que te azota tras haber caminado largo rato ¿No te ha pasado? Andar sin darse cuenta, como un zombi dirigido por un control remoto, pensando en mil cosas, de modo que tu cabeza queda embotada por las preocupaciones, o ideas. Más embotada que cuando eres atacado por torposoplos. Y pensaría, Denzel, que así había sido, que todo era culpa de esos dichosos torposoplos que cuenta el quisquilloso, pero ¿De verdad existen los torposoplos?

El aguilucho agitó la cabeza cuando se vio en frente de la entrada de la biblioteca. Como bien había sentido, habría creído que se habría aparecido allí desde el momento en que partió dejando a Evans atrás. Lo único era que... Él no sabía aparecerse, y lo cierto es que la idea sonaba completamente ridícula teniendo en cuenta que allí no podían aparecerse. Era un disparate. Habría sido más plausible pensar, que algún gracioso alumno de Hogwarts le había borrado sus recuerdos durante su caminata en dirección a la biblioteca. Otro disparate sin lugar a duda.  El tema era dejar toda imagen que evocaba sobre Evans alejado con cualquier absurdo que se le ocurría, por ello, ni se había dado cuenta de que había caminado tanto.

No sabía qué quería, no sabía lo que estaba haciendo. La biblioteca ¿Acaso iba a poder concentrarse? Ni, aunque buscara el libro más tonto de la estantería iba a poder quedarse con lo que sea que fuera a leer. Tan aturdido como estaba, sin obedecer a la razón de su mente se dispuso a darse una vuelta por las estanterías. Cogía un libro, lo habría por la mitad y sin leer nada en concreto lo volvía a meter en su sitio. Pasito, y otro más a la derecha, y cogía otro libro.

Hubo un momento en que cogió uno más gordo. Y si estimar el peso que este iba a imponer sobre su mano acabó por resbalarse de esta y acabó por caer sobre la cabeza de alguien más que tenía ahí al lado.

¡Lo siento! —Se apresuró a disculparse, exclamando.

¡Shhhhhhh! —Sonó un siseo al otro lado de la habitación

Lo siento —Añadió una vez más, esta vez en un cuchicheo. —¿Estás bien?

Era Theodore Malkin, un alumno de la casa Hufflepuff, bastante aficionado por los anfibios y los reptiles. Tal era su afición que lo llamaban el semiescamado poroso, o el lagarto pipiens... Incluso llevados por la definición más intrínseca de la palabra anfibio llegaban a decir de él locuras como que tenía dos vidas. Pero claro, si no había muerto por el golpe de ese libro, empezaba a creer que era cierto.

Ash... ¿Smethwyck? —Cuestionó en cuanto levantó la mirada, esa que mantenía en el piso mientras esperaba a que el dolor bajaba mientras se tapaba la coronilla con una mano. —Decían que habías decidido llevar una vida de ermitaño ¿Cómo cambiaste de opinión? —Ahora el que bajaba la mirada era el aguilucho, y tardó un rato en volver sus ojos al rostro de Theo. Le había puesto incómodo con esa pregunta, pero al final le respondió.

Es una larga historia... —Esgrimió la mejor de sus sonrisas, los nervios y su voz torpe delataban que lo hacía por educación, que no había recibido muy bien aquella cuestión por parte del otro. EL adverso lo notó, y tras parpadear un par de veces, se agachó para recuperar el libro y se lo devolvió a Denzel.

¿Cuidados y tipos de flores fluorescentes de jardín? Por la cara de aburrimeinto que pones en clase de herbología... Pensaba que no te interesaba este tema —Cuando Denzel miró la portada se dio cuenta de que no había prestado atención a los libros que había tomado. Cuando habló, esa vez, se quedó con una "a" en la boca, buscando una buena excusa para que aquello tuviera sentido.

Necesitaba algo en que basarme para repudiarlo justificadamente —Dejó el libro en su sitio y añadió —Aunque viendo el grosor que lleva, dudo mucho que pueda tener éxito en mi intento. Y eso que solo habla de flores de jardín... —Theo permaneció un rato en silencio, como si la excusa que le acababa de contar no hubiese sido demasiado creíble para él. En vez de preguntarle más por ello solo dijo.

Ya... —Se cruzó de brazos y le hizo un gesto con la cabeza para que Denzel le siguiera a la entrada de la biblioteca. Así podrían hablar sin molestar demasiado a los que estaban estudiando. —¿Pasa algo? —Cabía mencionar que Denzel y Theodore no tenían entre ellos ninguna amistad forjada, pero sí que habían tenido algún que otra conversación. Denzel tenía un tritón, al fin y al cabo, y había ido a buscar consejo de él en cuanto su fama como el rarito que era en el tema se había extendido.

Denzel había negado con la cabeza tras la pregunta mirando al suelo. Theo no le creyó, así que siguió hablando.

Mitchell vino el otro día a pedirme consejo. Tú te llevabas con él ¿No? Traía consigo un tritón en un estado ciertamente preocupante, y me estaba preguntando cómo le había ido con ello —Denzel levantó súbitamente la cabeza, como si de un resorte se tratara —Se le veía bastante preocupado por el tema. Pero, si te soy sincero, no creo que haya conseguido reanimarlo, respiraba fuerte, como cuando uno de esos está en las últimas. Al principio lo noté, su sistema defensivo, la muerte fingida, pero ese pobre animal no solo estaba intentando hacer creer que lo estaba, sino que estaba muriendo de verdad. Verás, cuando un anf...

¡¿Cómo dices?! —Denzel lo interrumpió cuando el otro iba a proseguir con su "pequeño discurso sobre anfibios" y Theo extrañado trató de seguirle el hilo —Que el anfibio para protegers...

¡Eso ya lo sé! Me refiero a lo primero. Malkin ¿Dices que Evans vino con un anfibio? —Entonces recordó el pequeño que hace poco había visto escondido bajo la túnica del gryffindor —¿Pero era pequeño?

¿Como pequeño?

Ya sabes... Pequeño ¿O... ¿En su etapa adulta?

Alto alto ¿Qué te pasa de pronto? Era uno en su etapa adulta. Me parece que el libro que me calló en la cabeza te afectó más a ti que a mí, amigo mío. —Denzel esbozó una sonrisa

Si eso es cierto... —Denzel se dio la vuelta, mirando al pasillo detrás de él, finalmente se volvió hacia Theo y añadió —Gracias, mil gracias Malkin. En serio, agradezco que me hayas contado eso ¡Tengo que dejarte! Debo arreglar algo que hice.

Theodore no dijo más. Cuando Denzel se despidió con toda esa prisa suya que tenía Theo levando una mano ligeramente, despidiéndose, y Denzel desapareció por el pasillo corriendo. SI se topaba con un profesor le regañaría por ello, pero a él le daba igual, tenía que arreglarlo, la había cagado, sí, lo había estropeado todo. Había pensado mal, Nada no era como él creía.
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Evans Mitchell el Vie Jun 15, 2018 12:22 am

Salía del despacho de la profesora con un castigo encima, otro, de tantos. ¿De verdad? Es decir, ¿por qué, por Merlín? Joder con la mala suerte. Bah, no es que le hubiera ido tan mal. La vieja estuvo a punto de soltarle un sermón más largo que el anterior cuando ¡saltó de pronto!, ¡atacada por el susto!, y gimiendo algo de que tenía fobia a los reptiles. Bruta. Su tritón no era un reptil, era un anfibio. Ja. Había que ver, lo ignorante que era la gente, a que sí.

—Ya sé cómo te llamaré—dijo a su nuevo amigo, ese que llevaba sobre su hombro, y toqueteándolo con un dedo, luego de girar la cabeza en rededor para cerciorarse de que no había duendes en la costa—“Bicho”, ¿qué te parece? Me gusta.

Sí, muy original. No es como si se le hubiera ocurrido cuando oyó a la vieja gritar, levantándose toda exaltada de su silla detrás del escritorio: “¿Y qué es ese BICHO que lleva, Mitchell?”. ¿Y qué? Era corto, y pegadizo. Inolvidable.

Pero Bicho se escondió cuando oyó otro grito, ¡y ya íbamos otra vez! Otro desesperado, llamándolo por su nombre. Ok, no es que a esas alturas Evans Mitchell no sintiera hasta cierta jactancia y amor propio al oír su nombre, siempre pegadizo. Pero resulta que caminando y caminando por los pasillos, fíjate que justo tuvo que ir a toparse con ESOS, que eran unos pesados como tú no te imaginas.  

Evans suspiró imperceptiblemente y alzó un solo dedo (solo uno, mira) dirigido a un alumno de Slytherin en un FUCK YOU muy elegante y hasta desganado, antes de perderse por una esquina. Esto, por supuesto, no le fue posible. Perderse. Porque lo estaban buscando, iban tras él. Y cuando Evans “los perdió de vista”, echó a correr, oyendo cómo apretaban el paso queriendo atraparlo.

Y es que, puede que Evans le hubiera tomado algo prestado a ese chico de Slytherin, algo que tenía pinta de valer galeones (un regalo de los papis, por supuesto) y que lo revendiera para lucrarse con ello. Sí, mientras lo pedía prestado. ¿Pero sabes por qué? Porque esos antídotos y demás parafernalia para anfibios, no le habían salido precisamente baratos.

Daba la casualidad de que ese chico de Slytherin le caía tan mal, porque era un desgraciado y solían andar como perro y gato entre ellos, que no pudo resistirse a jugarle una mala pasada. Y sí, puede que esa no fuera la mejor de sus ideas. Pero el chico estaba currado en galeones. Era tan idiota, además, que a Evans le sorprendía que se hubiera dado cuenta de que algo le faltaba en el baúl.  

—¡EVANS!


El chico se Slytherin y su grupete de amigos corrieron y corrieron, y al doblar por una esquina, ¡no lo encontraron! ¡Era tan escurridizo cuando se te escapaba! Y era el más rápido en eso. Así que, continuaron en su persecución, confiados de encontrarlo si apretaban el paso, sin darse cuenta que pasaron por su lado sin siquiera notarlo. Es que, ¿sabes?, si llevas tanto tiempo escapando como cobarde en los momentos de necesidad, te aprendes algunos trucos.

A camuflarte con el entorno, por ejemplo. Estaba practicando el encantamiento, y en ocasiones presentaba dificultades, pero lo consiguió, y Evans no hizo más que apoyarse contra la pared del pasillo y ¡PLIM!, los muy idiotas siguieron de largo, sin darse cuenta. No es que pudiera mantener el hechizo por mucho tiempo tampoco, pero Evans fue recobrando la apariencia, difuminada al principio, justo cuando los gritos del grupete habían dejado de oírse, o se oían a lo lejos. Y hasta se había echado a reír, cuando.

—¡CARAJO Y LA MADRE DE…!—saltó, sorprendido por la espalda. ¡El susto que le había dado!, ¡tanto que había mandado a volar toda compostura! Evans se volteó con una expresión de los mil demonios, y en pánico. Tuvo que recargar su peso con una mano en la pared y tomar aire mientras que con la otra comprobaba las palpitaciones de su corazón, porque le había dado un no sé qué—¡Eres tú…!—expresó en caliente, fulminándolo con la mirada. Y se llevó una mano al rostro a modo de visera, buscando tranquilizarse—¿Y se puede saber qué quieres ahora?



ta te ti (?):


—Evans saltó de tal modo, que te rompió la nariz de un codazo.
—Los chicos de Slytherin los encuentran.
—Evans oye que los de Slytherin vuelven por donde se habían ido, y sin darle mucho tiempo al otro a hablar, los esconde a los dos en el escobero. Porque sí, hay un escobero cerca. Se entra por una puertita (?) y es un lugar estrecho.
—Cualquier otra opción.  

Jaja Sí, me emocioné con la trama a full :pika:
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