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I've missed you // Beatrice Bennington & Gwendoline Edevane

Gwendoline Edevane el Lun Mar 19, 2018 8:01 pm


Lunes 19 de marzo, 2018 || Calles de Londres, escenario de un desafortunado suceso || 20:38 horas

¿He dicho que febrero había sido el mes de las locuras? Bueno, eso fue antes de saber qué es lo que marzo me deparaba.
Solía decirme a mí misma que en algún momento los cazarrecompensas y los mortífagos empezarían a ir con un poco más de cuidado, a comportarse cómo personas civilizadas y dejar de destrozarlo todo en medio de Londres. Mi departamento podía arreglar cosas, podía limpiar algunos entuertos, pero no parecían comprender que la magia no era un sinónimo de milagro.


20:23 horas


Recibí un vociferador del trabajo, cuando ya me encontraba en casa, cómodamente, pensando que no sucedería nada hasta el día siguiente. Inocente de mí. El vociferador me instaba a presentarme urgentemente en una dirección de Londres para atender a una "situación extraordinaria" sucedida en el mundo muggle. Debía tratarse de un vociferador con el mismo mensaje enviado a varios empleados del departamento, pues en lugar de por mi nombre, la voz se refirió a mí cómo "señorita empleada".
Y allá que me fui. Me vestí rápidamente y después utilicé la aparición para personarme en un callejón cercano al lugar indicado en el vociferador. Caminé unos cuantos pasos hasta llegar a la calle principal... y no necesité que nadie me señalase el lugar del incidente: allí estaba, claro cómo el agua, un edificio con un enorme agujero en uno de sus laterales, a través del cual salía humo negro. En el interior podían verse danzantes lenguas de fuego.
Una multitud se congregaba entorno al lugar de los sucesos. La policía había acordonado la zona, y los bomberos luchaban para contener el incendio. Caminé en esa dirección, buscando a algún compañero con la mirada, y pronto me topé con Salleens.

—Salleens.—Dije a modo de saludo, de manera seca y totalmente profesiona. Salleens no me caía bien y no iba a empezar a pretender lo contrario.

—Edevane.—El tono de voz de Salleens no fue muy diferente al mío. Tampoco despertaba simpatía en él. Era purista, ¿cómo iba a despertarle simpatía una mestiza cuya madre sangre sucia había sido encerrada en Azkaban?

—¿Qué ha pasado aquí?—Pregunté. Salleens me lo explicó: al parecer, un grupo de cazarrecompensas se encontraba persiguiendo a una fugitiva. La fugitiva había logrado eludirlos de alguna manera, escondiéndose en aquel edificio. Creyeron avistarla dentro, y cuando lo hicieron, alguien empezó a lanzar hechizos a diestro y siniestro. Uno de ellos causó una tremenda explosión en la pared exterior del edificio. Al parecer, solo habían sido daños materiales, ninguna víctima mortal que lamentar, y de la fugitiva ni rastro.—¿Qué fugitiva?—Pregunte, temiéndome lo peor. Podía ser Sam. Las palabras de Salleens no me tranquilizaron: al parecer, el único dato que conocía mi compañero es que era rubia. Intenté aplacar los nervios, y centrarme en el trabajo.—¿Has identificado a los testigos?—¿O te has limitado a quedarte aquí, mirando cómo trabajan los bomberos? Me hubiese gustado preguntarle eso, pero mi educación no me lo permitió. Salleens negó con la cabeza, la vista todavía fija en el edificio ardiendo. Solté un suspiro de resignación.—Pues no tenemos tiempo de ponernos a mirar. Desmemoriza a todos los presentes. Yo voy a buscar más testigos por los alrededores.

No tuve que darle más indicaciones. Incluso Salleens era lo bastante inteligente para saber lo que tocaba hacer: cambiar la versión de lo sucedido a una más mundana, ¿y hay algo más mundado que una explosión de gas? No, ni mucho menos, pero últimamente estaba habiendo muchas "explosiones de gas" en Londres.
Empecé a alejarme del cordón policial. Aquella noche me esperaba mucho trabajo, e iba a ser muy larga... Al menos esperaba que Salleens hiciese su trabajo sin hacer daño a ninguno de los muggles...


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Beatrice A. Bennington el Miér Mar 21, 2018 3:55 am

20:00 pm.

Bien Bea, muy bien.

Beatrice Bennington era siempre el tipo de persona que se enfrentaba a los desafíos, que daba la cara y nunca escapaba. ¡Pero vamos! Que ni ella con su poco sentido común, se atrevía a enfrentarse a dos cazarrecompensas al mismo tiempo. Eso sería suicidio, encierro o todas las opciones juntas, si es que era posible.

Corría entre los muggles sin importarle parecer un espantapájaros. Porque definitivamente, esa era la única impresión que debía dar al ir corriendo descalza, con el cabello hacía todas direcciones y la camiseta casi destruida. Lo único que se mantenía intacto hasta el momento era su ropa interior y el pantalón, cosa que agradecía enormemente. No quería quedar como una persona exhibicionista o algo peor.

Oh rayos, era a la derecha.

Chasqueo la lengua al verse en un callejón sin salida, siendo su única opción la entrada trasera de un restaurant que, convenientemente y según sabía ella, poseía una tienda de ropa justo al lado. Hubiera celebrado su suerte mezclada con mala suerte, de no haber sentido como un hechizo rozaba su mejilla al entrar. Le había dolido muchísimo para ser solo un roce, así que no quería imaginarse de que hechizo se trataba.

Siguió corriendo entre los cocineros que saltaban del susto y enojo, al ver como tres personas revoloteaban en su cocina como si fuera un parque de juegos. Planeaba salir y ocultarse entre la ropa, aprovechando que el lugar siempre se encontraba lleno, cuando escucho un Bombarda Máxima que destruyo toda la parte delantera del edificio, dejando el inicio de las escaleras totalmente destruido y al resto del lugar lleno de fuego. Ahora si que no tenía salida y solo le quedaba armar un plan lo suficientemente bueno.

━ No tienes hacía donde correr, pequeña Bennington. ━ Dijo uno de los cazarrecompensas, con quien, hasta el momento, no había tenido el placer de cruzar palabra luego de intentar darle con un Petrificus Totalus que por suerte esquivo, al igual que él cuando intento lanzarle un Depulso. ━ La persecución no habrá servido de nada una vez te atrape. ━ Sus ojos brillaron en algo que supo identificar como codicia. ━ La recompensa será toda mía… ━

━ ¿¡TUYA!? ━ Exclamo su acompañante, una mujer para variar, quien parecía bastante molesta con el hecho de que su compañero quisiera toda la recompensa para él. ━ ¡Nuestra querrás decir! Que, sin mi ayuda, ni siquiera hubieras sido capaz de encontrar a está mocosa escurridiza. ━

━ ¡Hey, no soy una mocosa! ━ Reclamo, pero ambos parecían estar totalmente concentrados en su discusión. ¿Y realmente se hacían llamar cazarrecompensas? Ahora se sentía como una tonta por haber escapado y dejado su pizza a medio comer. Bien Bea, es ahora o nunca, pensó, antes de desvanecerse y aparecer en la tienda de lado, para ser más específica, en uno de los cambiadores. Pero antes, como era su costumbre, les dejo de regalo un simple hechizo aprendido en la universidad. Tendrían un bello aspecto de tejón, al menos un rato.

Para cuando estuvo consciente de que estaría totalmente a salvo, rodo los ojos, aún incrédula. ¡De seguro ni siquiera habían notado que se había ido! Para ella que solo eran magos normales usando un nombre que no les correspondía. Maldición, había abandonado su pizza por nada.

✦✦✦✦

20:38 pm.

Luego de tanto rebuscar en la tienda, había encontrado el atuendo perfecto. De seguro nadie la reconocería con eso. Aunque claro, si alguien la veía, esperaba que  no llegará a notar la pequeña, o quizá no tan pequeña, herida en su mejilla.

Con paso decidido, salio de la tienda observando a los alrededores. La policía ya había llegado, al igual que los bomberos, pero no eran los únicos. Podría reconocer a los magos a millas de distancias, porque si bien intentaban lucir como muggles, no lo conseguían ni siquiera un poco. Sin embargo, lo que más llamo su atención fue una en especial, una que le parecía totalmente conocida.

¡ESPEREN UN SEGUNDO! ¿¡AQUELLA ERA LINE!?

No podía estar en un error, reconocería a la que siempre había considerado una hermana mayor en cualquier lugar. La contemplo unos segundos en shock. ¿Debería acercarse? ¿Cómo hacerlo sin llamar la atención de los demás magos? Mordió su pulgar, pensativa. No podía irse del lugar sin antes hablar con ella, saber cómo estaba y abrazarla con todas sus fuerzas. No le era suficiente observarla desde lejos.

Oculto su rostro lo más que pudo con su sombrero, y comenzó a correr hacía su amiga. Corrió, empujando muggles y a unos cuantos magos en el camino, quizá tropezó un par de veces también y siguió empujando gente, hasta que… ¡Boom! Se estrello con Gwendoline, logrando que casi terminarán ambas en el suelo. Se estabilizo, antes de comenzar su actuación, sin dejar que su amiga le viera el rostro.

━ ¡Ayúdame por favor! ¡Mi hermana… no encuentro a mi hermana! ━ Intento con su voz más desesperada. ━ ¡Ayúdame a buscarla, por favor! ¡La ultima vez que la vi estaba en la tienda de ropa, pero nada! ━ Tomo las manos de Gwen entre las suyas, y finalmente la miro con una enorme sonrisa, oculta para todos los demás menos la chica frente a ella. ━ ¿Vas a buscarla conmigo? ━

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Gwendoline Edevane el Miér Mar 21, 2018 7:26 pm

Observar las consecuencias de la nueva genialidad ideada por un grupo de cazarrecompensas me puso de peor humor que de costumbre. Quién trabajase conmigo podía decir muchas cosas de mí: que Gwendoline Edevane era una persona que no hablaba a no ser que hubiese un buen motivo para hacerlo, que no era la persona más cálida del mundo en lo que a trato humano se refiere, que era la profesionalidad hecha persona... Pero seguro que nadie diría que Gwendoline Edevane tenía carácter.
Y es que no. Jamás alzaba la voz, jamás tenía discusiones con nadie. Mi actitud frente a la actitud chulesca de otros miembros del departamento y sus intentos de empezar discusiones solía ser ignorar o cortar dichos intentos con algún comentario estrictamente profesional.
Por eso me sorprendía la poca paciencia que tenía últimamente. De repente, la incompetencia de gente cómo Salleens me ponía de los nervios, por no mencionar el desastre que tenía delante. Tamaño desprecio por la vida humana... ¿Quiénes se creían que eran esos malditos cazarrecompensas? ¿Se creían con derecho a decidir si una persona debía vivir o morir? ¿Qué hacía su vida mejor que la de aquellos y aquellas a quienes perseguían? Todos eran iguales, cómo los malditos Crowley, que creían que las personas eran sus juguetes privados.
Me llevé la mano a la frente, cómo si empezase a dolerme la cabeza. De hecho, es probable que en algún momento empezase a dolerme. Necesitaba averiguar quién era la fugitiva. Si se trataba de alguna de mis amigas, tenía que asegurarme que quién fuese estaba bien. Era mi deber, como persona y como miembro de la Orden del Fénix. Pensando un modo de hacerlo me encontraba cuando algo o alguien se estrelló contra mí.

—¿Qué...?—Empecé a preguntar, más molesta por haber sido arrancada con violencia de mis pensamientos que por el golpe en sí. No es que me hubiese hecho demasiado daño, la verdad, y al darme cuenta de que cualquiera podía tener un descuido, relajé un poco la mueca en mi rostro.—Señorita, yo no soy policía...—Intenté excusarme cuando aquella mujer—quién yo creía desconocida en aquel momento, pues no estaba cómo para prestar atención al hecho de que su voz sonaba tremendamente familiar—me pidió ayuda para encontrar a su hermana.

Eché una mirada alrededor, dándome cuenta de que los agentes de la policía muggle estaban bastante ocupados con lo suyo. Me alegré un poco, eso debo reconocerlo, de ver a Salleens haciendo su trabajo, sacando discretamente la varita para borrar y modificar recuerdos a los presentes. No me prestaba la más mínima atención, cosa que me tranquilizó bastante.
La mujer me tomó de las manos. Eché un vistazo, sorprendida, a sus manos y las mías, y luego volví a mirar hacia su rostro parcialmente oculto bajo aquel sombrero. Suspiré, asintiendo con la cabeza.

—Está bien, le ayudaré a buscar a su hermana.—Accedí finalmente. Seguramente, si habia presenciado algo de lo ocurrido allí dentro, tendría que desmemorizarla también. Pero una cosa no quitaba la otra.—¿Tiene usted idea de por dónde se ha podido ir? ¿Sabe si estaba herida o algo?

Decidí dejar que fuese ella quién me guiase. Quería acabar rápido con aquello para asegurarme de que aquella fugitiva estaba bien, y, sobre todo, que no era ninguna de mis seres queridos. La preocupación me martilleaba en el corazón, y por primera vez en la última semana, la preocupación fue mucho más fuerte que el sentimiento de rabia e impotencia que sentía cada vez que recordaba lo que había visto en la mente de Sam.
Cálmate, Gwen... No merece la pena..., me repetía una y otra vez a mí misma en un intento de calmarme. Pero era mucho más fácil pensarlo que convencerse.
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Beatrice A. Bennington el Sáb Mar 31, 2018 8:08 pm

Se estaba arriesgando al acercarse a Gwendoline en ese momento. Lo sabía. Lo tenía sumamente claro. De hecho, seguramente cualquier otra persona hubiera esperado que se encontrará sola, quizá hubiera llamado su atención de otra manera, pero ella era Beatrice. Ella no servía para hacer entradas disimuladas o pequeñas. No, no. Bea estaba hecha para entradas llamativas. Todo porque según ella, la gente tiende a ignorar lo más luminoso, para ver que se oculta entre las sombras. Además, como si eso fuera poco, solamente seguía lo que quería, que en ese momento era hablar con Gwen, y siempre y cuando se mantuviera alejada de los demás magos, todo saldría a su favor.

━ ¡Pero te ves confiable! Por favor, por favor, por favor. ━ Siguió suplicando, con voz desesperada. Al menos no había intentado usar una voz diferente o hubiera sido todo un fracaso. Después de todo, siempre le salían ridículas y totalmente falsas. Se hubiera muerto de risa en ese mismo instante.

Cuando su actuación logro una respuesta afirmativa, casi se pone a saltar de la felicidad, pero no lo hizo, y solo soltó un extraño chilido. Uno que cualquiera hubiera comparado con un sonido similar al que hacen los pájaros de vez en cuando. ━ Muchas gracias, señorita. ━ Pronuncio, sin soltar sus manos. Se sentían demasiado cálidas, familiares. Aquel pensamiento le causo ganas de llorar. Estar con Gwen siempre le había dado una gran sensación de comodidad, serenidad, y saber que, aun después de tanto tiempo, seguía sintiendo como si a su lado tuviera un hogar, la emociono.

━ Estoy segura de que está completamente bien… ━ Comenzó a decir lentamente y en voz baja, más para sí misma que para la chica frente a ella. ━ Digo, sinceramente no lo sé, pero espero se encuentre bien, porque no soportaría que este herida... Ella es una gran chica sabes, un año mayor que yo y ama las tortugas marinas. Tiene una sonrisa bonita y es una de las mejores personas que he conocido. Nos reencontramos hoy luego de mucho tiempo, y no deseaba perderla de vista. ━ Mientras decía todo aquello, comenzaron a caminar hacía una cafetería cercana. No quería ir muy lejos, por si alguien necesitaba a su amiga: Estaba trabajando después de todo. Pero tampoco quería estar tan cerca, y ser reconocida por alguien. A ella sinceramente le daba igual, pero no se arriesgaría a que alguien la encuentre con su hermana mayor, y meterla en problemas. No se lo perdonaría nunca. ━ Aquí la vi por ultima vez. ━ Mintió nuevamente, y de forma demasiado obvia, pues anteriormente había dicho que el ultimo lugar donde la vio fue una tienda de ropa, y ahora ambas estaban en una cafetería. Pero buenoooooooooooo.

━ Entonces… ━ Se detuvo justamente en la entrada, observándola. ━ La verdad no quiero hacer una escena en el interior, aun cuando quizá nos regalarían comida para dejar de llorar y eso que sabes que amo la comida... Así que, Line Edevane, ¿por qué no le das un abrazo a tu hermana menor aquí y ahora? ━ Dijo lentamente, sonriéndole con emoción, antes de quitarse el sombrero y extender sus brazos. Esperando que corriera a sus brazos toda sentimental, estilo reencuentro de película, al reconocerla. ¡Que ella la hubiera abrazo super fuerte! Pero primero debía saber que se trataba de ella, de su pequeña, no tan pequeña, Bea. ¿O es que no te espantaría que te abrazará una desconocida? ━ ¡Vamos Line, que quiero entrar por una dona! ━ Definitivamente eso de los reencuentros emotivos no era lo suyo. Su pancita la guiaba.
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Gwendoline Edevane el Dom Abr 01, 2018 9:04 pm

A pesar de mi estado reciente, la recién descubierta rabia que anidaba en mi interior desde que Sam había compartido sus recuerdos conmigo, había algo más fuerte que todo aquello en mi interior: me gustase o no, seguía siendo humana. No podía pasar de la noche a la mañana de ser una buena chica a una máquina vengativa y justiciera. Así que fue por eso que mi humanidad se abrió paso entre la rabia, y fue por eso que acepté ayudar a aquella joven—a quién yo tenía por una muggle desconocida—a buscar a su hermana.
¿En qué momento me di cuenta de quién era en realidad? Si hubiese prestado suficiente atención, me habría dado cuenta en el momento en que habló. No había pasado tanto tiempo desde la última vez que había escuchado aquella voz por última vez. Y jamás podría olvidarla.
Pero estaba distraída. Preocupada y enfadada a partes iguales. Salleens continuaba trabajando, yendo con parsimonia de muggle a muggle, apuntándoles con su varita para borrarles los recuerdos del incidente que no deberían haber presenciado. Nosotras dos nos alejábamos de mi compañero de departamento, y mientras lo hacíamos, la mujer me hablaba.
Hubo algo en esta parte que hizo que sonase un "click" dentro de mi cabeza. La descripción de la hermana sonaba extrañamente parecida... bueno, a mí. Las tortugas marinas fueron las que dispararon mis sentidos.

—Pero...—Empecé a decir. De repente ya no estaba enfadada, solo confusa. Nos habíamos detenido delante de una cafetería, que evidentemente no era la tienda de ropa a la que había hecho alusión aquella chica.—¿Quién...?—Empecé a formular mi pregunta...

...pero no tuve que preguntar más. La chica habló, y mientras hablaba, empecé a reconocerla. Y todo volvió a mí con la intensidad de uno de esos flashbacks de las películas o las series de televisión: cuando Beatrice y yo nos habíamos conocido en Hogwarts, sus eternas travesuras en las que a menudo me veía envuelta, cuando contemplamos a los unicornios en el bosque prohibido, cómo años más tarde, en la universidad, nos reuníamos para tomar café en nuestras horas libres...
Mi Beatrice. ¡La que para mí era cómo una hermana!

—¿B-Bea...?—Dije a duras penas mientras se quitaba el sombrero y me revelaba su rostro sonriente y su cabello rubio. ¡Era ella! ¡Y no estaba soñando! Mis ojos se humedecieron, y no tuvo ni que decirme dos veces que la abrazase. La rodeé con mis brazos, quizás con demasiada fuerza, mientras cerraba los ojos y dos lágrimas de pura emoción, de puro alivio y felicidad, rodaban por mis mejillas. ¡Faltaba ella! ¡Faltaba saber dónde había estado metida todo este tiempo!—¡Eres tú! Por Merlín... Gracias, gracias... ¡Gracias!

No sé a quién le estaba dando las gracias exactamente, pero en los últimos tiempos me inclinaba a pensar que, a pesar de todas las adversidades, alguien ahí arriba velaba por todas nosotras. Alguien que había tenido la consideración de traer de vuelta a casa a Beatrice Bennington. La parte que le faltaba a mi vida para estar completa. Ese pedazo que me había sido arrebatado hacía año y medio.
La abracé durante un tiempo que se me antojó larguísimo, acariciándole la parte posterior de la cabeza. Cuando creí que era suficiente, me separé de ella, pero no sin antes darle un beso en la mejilla. Casi parecía que no hubiese pasado tiempo alguno desde la última vez que la vi.

—Te felicito, Bennington: tú sí que sabes hacer una entrada triunfal.—Comenté con una sonrisa, mientras me enjugaba las lágrimas con la manga de mi abrigo, refiriéndome al caos que habían creado los cazarrecompensas al perseguirla.—Ya pensé que jamás volvería a verte. No conseguía dar contigo en el refugio y...

Mientras Beatrice mencionaba que debíamos entrar en la cafetería, cosa que no me parecía la mejor idea del mundo, algo llamó mi atención: los dos cazarrecompensas emergieron del edificio que habían dejado hecho pedazos con su persecución digna de elefante en una cacharrería. Y de repente, la idea de entrar se antojó muy conveniente.

—Vamos dentro. Creo que tus admiradores siguen buscándote.—Hice referencia a los dos cazarrecompensas y entonces cogí suavemente del brazo a mi amiga, mi hermana, y la conduje al interior de la cafetería.—No vamos a tener mucho tiempo. Seguramente, también te buscarán aquí...—Y, evidentemente, yo no iba a dejar que nadie le pusiese una mano encima a mi amiga. No iban a enviarla al Área-M. La cafetería sería el mejor lugar para esconderse, por ahora. Eso sí, quizás no hubiese tiempo para esa dona que tanto le apetecía a Bea.

Aunque era más que probable que volasen unos cuantos hechizos.
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Beatrice A. Bennington el Mar Abr 03, 2018 5:10 am

Había descrito a Gwen con la intención de dar pistas, de que descubriera quien era, pero su amiga parecía más lenta que nunca, más perdida en otro mundo. ¿Le habría pasado algo? ¿Estaría cansada por el trabajo? Porque, a decir verdad, pensaba que la reconocería al instante. Aunque claro, puede que hubiera olvidado su voz, porque sinceramente, es lo primero que solemos olvidar de alguien. Aun si nunca nos damos cuenta, creamos una voz totalmente diferente en nuestros recuerdos.

¿Hace cuanto no se veían? Muchísimo tiempo, a decir verdad, y estaba segura de que ambas habían cambiado. Pero aquel cambio, no significaba lejanía, ni mucho menos significaba que sus sentimientos habían cambiado. Por algo Beatrice la había llamado su hermana, y se le había ocurrido tal espectáculo solo para acercarse a ella. Que Gwen siempre había sido su ejemplo a seguir, aunque nadie lo supiera: Siempre tan correcta, tan hermosa y buena persona. Volver a verla era una razón de felicidad, una señal de que todo en su vida seguía estando bien.

━¡Claro que soy Bea! ━ Exclamo, sonriendo tiernamente, antes de ser apresada por los brazos de la mayor en un abrazo. No había notado cuanto la había necesitaba hasta ese momento, y sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas. ━ ¡Te he extrañado mucho! ¡Muchísimo! ¡Y últimamente he tenido mucho miedo sabes! ¡Mucho miedo! ━ Confeso, aferrada a Gwen como una niña pequeña.

Desde que Steven se había ido para cumplir su importante misión, porque así lo veía ella, como una misión sumamente importante, no había sido capaz de mostrarse tan sincera en el tema sentimental. No porque no tuviera con quien, si no, porque ella era una chica valiente y no quería mostrarse como una llorona, porque no lo era. Pero en ese momento, se sintió tan relajada, tan nostálgica, que no tardo en dejar fluir todo lo que sentía.

Sollozo durante un tiempo que le pareció eterno, antes de que se separaran y tuviera que limpiar todo rastro de lagrimas en su rostro. Una cosa era que la escuchará, y otra muy distinta que la viera.

━ ¿Cierto? ━ Rio, imaginando la cara que deben haber puesto al ver a los cazarrecompensas convertidos en más ni menos que tejones. Yes, primero llorando y ahora riendo, se sentía bipolar. ━ Espera, eso ya me lo habías mencionado antes, así que quiero saber, ¿cómo sabes del refugio? ━ Pregunto, al recordar aquello que le había dado tanta curiosidad cuando leyó su carta aquella vez. Ese dato no todos lo sabían. ¿Cómo se había enterado?  ━ ¿De qué me he perdido, Gwendoline? ━ Había arrugado la frente, seria, mientras llevaba las manos a la cadera. Que confesará.

Volvió a ponerse su sombrero, mientras ingresaban a la cafetería. Esperaba que al menos tuvieran algo de tiempo para comer esas donas antes de que comenzará la acción. La verdad, dudaba que la reconocieran muy rápido, considerando que la ultima vez estaba vestida de manera diferente, así que podría recargar energías sin dudar.

Sentándose en una mesa apartada, continúo hablando. ━ ¿Cómo has estado? En la carta me comentaste que te habías hecho daño. Realmente quede muy preocupada con eso de que andabas teniendo aventuras con Sam, aunque acepto que al comienzo dije “Raios, que ruda se puso Sam” pero luego pensé que no deberías estar hablando de ESE tipo de aventuras. ━

━ Buenas tardes, ¿Qué se servirán? ━ Una camarera no había tardado en ir por su pedido, cosa que Beatrice agradeció. No tenían mucho tiempo y mientras más rápido comieran mejor. Se negaba a dejar su comida nuevamente para salir corriendo.

━ Doce donas y un cappucino de vainilla. Para la señorita… ━ Observo a Gwen, esperando que pidiera algo. Las donas eran solo para ella, eso debía tenerlo claro.
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Gwendoline Edevane el Miér Abr 04, 2018 2:54 am

Volver a verla supuso un alivio. Supuso deshacerme de una carga pesada que llevaba arrastrando conmigo un año y medio, desde que los Bennington habían sufrido de primera mano la caza de los hijos de muggles perpetrada por el nuevo Ministerio de Magia. Al desaparecer ella, y con Sam ya ausente desde hacía tiempo por culpa de Sebastian Crowley, había perdido mi último apoyo. Y quizás para algunos fuese exagerado que pensase en ella cómo una hermana... pero es que lo fue. Durante años, Beatrice fue la hermana que jamás tuve, y cuidó de mí tanto cómo yo cuidé de ella. Siempre fue la chispa de felicidad en mi vida, en las vidas de todas nosotras. Todavía recordaba la triste mirada de Caroline, aquel día, junto al lago, cuando nos disponíamos a hacer frente al problema de los Plympis. Aquella mirada, y aquel comentario, me bastó para comprender que Beatrice Bennington había sido en su vida lo mismo que había sido en la mía: un faro luminoso, la sonrisa hasta en los momentos más tristes.
¡Y allí estaba! ¡Por fin! No pensaba volver a perderle la pista. No pensaba volver a dejarla marchar hacia un destino incierto. Y si para ello tenía que luchar con aquellos cazarrecompensas... Bueno, así fuese: estaba harta de los "Crowleys" del mundo, de que se creyesen con derecho de arrebatarles la vida, la libertad y la dignidad a las buenas personas.

—Yo también te he echado de menos.—Confesé, todavía con los ojos húmedos de las lágrimas.—Te prometo que no voy a dejar que te pase nada malo, Bea. Te lo prometo.

No era la primera persona a la que hacía esa promesa. Estaba también Kyle. Y Sam. Y no tenía intención de faltar a ella, con ninguno de los tres. Eran mis amigos. Mi familia. Y los iba a proteger de quién hiciese falta. Solo pensar que esos dos cazarrecompensas casi la hacían volar por los aires hacía que me invadiese la rabia más pura. Me daban ganas de ir a por ellos en ese mismo momento.
Pero me refrené. No estaba allí para vengarme, si no para protegerla. Tomándome la venganza no iba a conseguir apartar a Beatrice del peligro. De hecho, Salleens estaba por allí, borrando memorias, y si me veía luchando con esos dos... Bueno, entonces mi vida cómo persona libre se habría terminado, y mis posibilidades de ayudar a mis amigas se irían por el desagüe.
La mención del refugio, por supuesto, llamó la atención de Beatrice, y me preguntó al respecto. Sin embargo, no hubo tiempo a responder absolutamente nada: los cazarrecompensas estaban fuera del edificio en llamas. Habían emergido por una puerta lateral y ya estaban husmeando los alrededores, mahumorados.
Así que conduje a mi amiga al interior, y una vez dentro y con la puerta cerrada, me sentí un poco más tranquila por varios motivos. El primero era la evidente seguridad de mi amiga, muy relativa en aquel momento; el segundo, mi propia rabia, mis propios deseos de ir a hacerles frente y hacerles pagar por todo, por lo que habían hecho e intentado hacer a mi amiga, y por lo que los Crowley habían hecho a mi "persona especial".
Nos sentamos a una mesa. No me sentía especialmente cómoda tomándome un café tan cerca de un lugar patrullado por cazarrecompensas y gente del Ministerio, pero acepté porque aquel lugar ofrecía una relativa tranquilidad, un lugar dónde escondernos un rato. Beatrice se sentó de espaldas a la puerta, de tal manera que yo, al otro lado de la mesa, tenía una vista clara de esta. En caso de que entrasen, sería la primera en verlos y podría distraerlos de alguna forma.

—Sam y yo tuvimos problemas en febrero.—Empecé, respondiéndole al comentario más reciente, el que mi amiga hizo nada más sentarnos.—No problemas de ese tipo.—Añadí, entendiendo un poco tarde la referencia que hizo Beatrice. Porque había sugerido algún tipo de "crucigrama" muy extraño y violento, ¿no?—La herida en la cara me la hizo un cazarrecompensas llamado Ulises Kant. Sam había estado teniendo problemas con él, y fuimos a hacerle frente a su casa. Necesitábamos información y... bueno, el resumen es que terminé con un corte de varios centímetros en la mejilla y retorciéndome de dolor por una maldición Cruciatus. Por suerte, Sam le venció.—Evité entrar en más detalles al respecto. Beatrice se reuniría con Sam en algún momento, y ella le contaría lo ocurrido. Si quería dar detalles acerca de su varita perdida y de los hermanos Crowley... bueno, eso ya era cosa suya.

La camarera atendió nuestra mesa, y Beatrice pidió una ingente cantidad de dulces y un capuccino de vainilla. Cuando la mujer me miró a mí, hablé con claridad.

—Una taza de café solo normal, y una taza de café solo hirviendo, por favor.—La dependienta muggle me miró con cara extrañada. ¿Por qué pedía yo dos tazas de café a distintas temperaturas? Podía parecer una manía... pero no, tenía su razón de ser. Así que la mujer acabó asintiendo, y se retiró a buscar nuestra consumición.—Sobre lo que me preguntaste al principio... ¿Has oído hablar de la Orden del Fénix? ¿Ese grupo de resistencia que lidera Albus Dumbledore?—No me anduve con ceremonias, y lo dije directamente. Era liberador no tener miedo a que Beatrice reaccionase mal a aquello. Le podía decir cosas que no me atrevía a decirle a Sam.—Me he unido a ellos...—Añadí con una sonrisa leve, casi cómo si pretendiese disculparme por tal afirmación.

Lo cierto es que no podía evitar pensar en que Beatrice podría reaccionar igual que Sam si lo descubriese: enfadándose conmigo por ponerme en peligro de esa manera. Pero, de alguna manera, confiaba en la tendencia natural de Beatrice a ponerse ella misma en peligro, su tendencia a las travesuras. Quizás esa parte suya le ayudase a comprender un poco mejor por qué lo había hecho.
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Gwendoline EdevaneTrabajador Ministerio

Beatrice A. Bennington el Sáb Abr 21, 2018 12:11 am

Los reencuentros siempre eran motivos de alegría. Mas aun cuando te reencuentras con una parte de tu familia, que pueden no ser de sangre, pero si de alma, de vida. Porque ambas habían vivido tantas cosas a lo largo de su vida, buenas y malas. Conocían secretos la de una de la otra y reconocían gestos que, quizá otras personas pasarían por alto, pero que realmente eran importantes. Reencontrarse, para Bea, significaba volver a su hogar. Era volver a encontrar a su antiguo yo, que aunque ella no lo notara, se estaba alejando.

Gwen era una parte importante de su vida. No solo por ser su consciencia, su guía de vez en cuando y la que traía calma a su mente. Si no, también porque le traía de regreso el pasado. Le hacia recuerdo de que, algunas cosas no habían cambiado y que la gente que amaba seguía creyendo ciegamente en ella, a pesar de todo lo que contaba el profeta y aquellos letreros donde la tachaban de diferentes cosas.

━ Prometo no volver a desaparecer. ━ Porque ahora había vuelto, y no pensaba alejarse de su amiga. No, no. Nada, ni nadie, lograría alejarla nuevamente.

Parecía que todo volvía a su sitio, y estaba encantada por eso. Estaba tentada a chillar emocionada, y a lanzarse nuevamente a brazos de su amiga, pero era hora de ponerse al día, aunque fuera un poco, antes de que nuevamente se viera en un duelo.

Escucho atentamente la explicación de su amiga, y asintió. Aquello parecía mucho mas coherente, la verdad. ━ No se si molestarme porque no me invitaron, o enojarme porque ambas anduvieron metidas en algo sumamente peligroso. ━ Fue lo primero que dijo, observándola fijamente. ━ No preguntare nada, pero al menos dime que le dio el merecido más grande de la historia, o en este mismo momento saldré en su búsqueda y le hare desear no haberte tocado ni siquiera un cabello. ━ Hablaba con una falsa naturalidad increíble, porque realmente estaba furiosa, y era extraño verla en ese estado. ¿Su Line recibiendo un crucio? ¿Cómo se atrevía? Ni siquiera era capaz de imaginar semejante escena. ¿Y ella no estuvo para sus amigas? Le dolió profundamente.

Suspiro, intentando relajarse. No era momento de sentirse mal consigo misma. Ahora se había reencontrado con Gwen, debía estar alegre por esa razón y por el hecho de que, no volverían a separarse. Cuando la joven muggle se fue, totalmente extrañada, aunque Beatrice no entendía la razón, siguieron hablando.

━ Espera, espera. ━ Todo estuvo en silencio unos segundos, en los cuales la rubia abrió la boca totalmente sorprendida, cubrió su boca para chillar en silencio y luego siguió hablando. ━ He escuchado de ese grupo, me lo conto un… quizá, futuro amigo. ━ No sabía como llamarle. Porque amigos no eran, pero tampoco eran desconocidos y se le hacia extraño llamarle simplemente “conocido” ━ Line, debo confesar que siempre pensé que te terminarías uniendo a algo peligroso. ━ Dijo finalmente, sonriendo levemente. ━ Siempre fuiste alguien muy tímida y reservada, pero tenias coraje. Y, aunque siempre creí que seria la primera en unirme a un grupo así, me has ganado… Quizá debería felicitarte. ━ Si, Beatrice era totalmente extraña. En vez de preocuparse por su amiga, le decía que no era una sorpresa. Tenia el premio a la amiga más rara de la tierra. Aunque realmente, la única razón por la que no le reclamaba o le exigía salir de aquello, era porque realmente confiaba en las habilidades de Line. ━ Ah, y deberías saber… que planeo unirme también. Tu no me dices nada, y yo no te digo nada. ━ Guiño un ojo, como cerrando un trato. Que pilla.

Sus pedidos no tardaron en llegar, por suerte, pues Bea no paso por alto, gracias a su vista privilegiada hacia las ventanas, como los cazarrecompensas, habían pasado caminando por el exterior. Parecían estar bien nuevamente, y con ganas de encontrarla.

━ ¿Qué deberíamos hacer con ellos? ━ Le pregunto, apuntando disimuladamente hacia donde estaba el par, hablando con una mujer. Seguramente le preguntaban si la habían visto. ━ No podemos llamar mucho la atención, esta tu compañero de trabajo a unas pocas cuadras. ━ Le recordó, aunque sabia que Gwen no lo olvidaría. No por nada, era la hermana mayor y la mas sensata.
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Gwendoline Edevane el Dom Abr 29, 2018 2:10 pm

Hay por ahí circulando una canción que dice algo así cómo "Solo echas de menos la luz cuando se está apagando, solo odias la carretera cuando echas de menos tu hogar, y solo sabes que quieres a alguien cuando le dejas ir". Aquel sería un buen resumen de lo que se pasaba por mi cabeza durante los primeros meses del año anterior, cuando todo mi mundo se había desmoronado, antes de que llegase la aceptación y de que comenzase esa vida que no muy diferente había sido de estar muerta.
Quizás las palabras no fuesen literales, pero estaba claro lo que querían decir: no aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes. Me había pasado con mi madre. Me había pasado con Sam. Y, por supuesto, me había pasado con Beatrice. Mi Beatrice, mi hermana pequeña, esa persona que hasta en los momentos más estresantes de mi vida, había estado ahí para sacarme una sonrisa. La que conseguía hacer una broma de cualquier cosa. ¿Alguna vez habéis estado al borde de un ataque de nervios frente a un examen importante, sintiéndoos terriblemente estúpidos porque nada os entra ya en la cabeza, por mucho que estudiéis? Seguro que sí... y puede que en ese momento solo necesitéis a alguien que os escuche. Pero... ¿alguna vez habéis tenido a alguien que coja esa situación, y consiga de alguna manera que te rías de ella?
Esa persona es Beatrice Bennington. Y creedme: es una sensación maravillosa poder reírse de algunas cosas malas que nos pasan en la vida. Casi cómo darle una bofetada a la providencia, o al destino, o cómo se llame lo que sea que envía esas cosas malas y nos las pone delante para que tropecemos con ellas.

—Ahora tienes que honrar esa promesa. Todas te echábamos de menos: Sam, Caroline, yo... No pienso dejar que te marches de nuevo.—Conseguí, pese a todo el torrente de emociones negativas que últimamente me sobrevolaban la mente, sonreír e incluso reír un poco.

Una vez dentro de aquella cafetería, dónde de nuevo me volvieron a asaltar pensamientos paraonicos—desde luego, el hecho de estar compartiendo mesa con una fugitiva no dejaba de ser algo que pondría paranoico a cualquiera—pero Beatrice y yo pudimos ponernos al día. Al menos un poco. Y todo empezó con la carta que Beatrice me había escrito el día de mi cumpleaños, y en cuya respuesta había informado a mi amiga de que entonces tenía una cicatriz fruto del enfrentamiento con Ulises Kant que había terminado conmigo en el suelo, retorciéndome de dolor, y con Sam teniendo que hacer el trabajo sucio de derrotar al cazarrecompensas.
La noté tensa al escuchar aquello. Yo estaría igual si me contase algo parecido respecto a sí misma, y más en mi estado actual. Pero siempre me recordaba a mí misma—no necesitaba hacerlo con demasiada vehemencia, la verdad—que una maldición Cruciatus no era nada en comparación con lo que los Crowley le habían hecho pasar a Sam, torturándola durante horas cómo si no fuese otra cosa que un pedazo de carne.

—Te habríamos invitado, pero... bueno, para serte sincera, ni siquiera yo estaba invitada.—Saqué de mi manga la varita nueva, la de nucleo de pluma de Augurey.—Sam perdió su varita en diciembre.—Expliqué sin entrar en detalles, no porque no confiase en Beatrice para contarle la historia de Sam con los Crowley, si no porque aquel secreto no era mía para contárselo.—Cuando nos encontramos con este cazarrecompensas, Sam llevaba una varita que no le hacía caso. Así que me negué a dejarla ir sola. Y durante el enfrentamiento, se hizo con mi varita.—Esbocé una leve sonrisa, mirando mi nueva varita y recordando la primera.—Vi que la varita le obedecía a la perfección, así que se la regalé. Ya sabes, no es cómo que pueda presentarse en Ollivander's y comprar una nueva cuando quiera...—Hice una pequeña pausa, guardando la nueva varita en la manga de mi abrigo.—Lo que quiero decir es que, de no ser por eso, ni siquiera me habría dejado acompañarla. Y además, tampoco sabíamos cómo localizarte.—Esbocé una leve sonrisa, mirando a mi amiga, cómo queriendo decirle sin palabras que, por suerte, aquello ya se había terminado.—No te preocupes por el cazarrecompensas: Sam le derrotó y modificó sus recuerdos.—Y más tarde le asesinaron... a él, un hombre de familia que en realidad nunca había sido tan malo... Seguía apenándome su muerte, pues estaba segura de que aquel hombre no merecía morir. Y me sentía responsable de ello. Si no se hubiese encontrado con nosotras, quizás...

Pero dedicarle tiempo a aquellos pensamientos era nocivo. Tan nocivo cómo cuando Sam insistía en que era culpa suya que yo hubiese salido herida de aquel encuentro. Seguramente, Grulla había acabado con la vida de Kant, y si ella había sido la mano ejecutora... mejor no empezar a sentirnos culpables. Además, esos pensamientos no ayudaban en este caso. No quería que empañasen nuestro reencuentro.
Y, con una sorprendente facilidad, acabé confesándole la verdad a Beatrice: que me había unido a la Orden del Fénix, el grupo liderado por Albus Dumbledore. ¿Y qué fue lo maravilloso de todo aquello? Que Beatrice no me respondió con reproches, ni diciéndome que era una inconsciente. Estaba segura de que Sam no se lo tomaría tan bien cómo ella cuando lo supiese. Pero esto era lo bonito de Beatrice Bennington: que era capaz de ver más allá de qué debías o no debías hacer, y veía tus motivos para hacerlo. Los comprendía.
Beatrice confesó que conocía aquel grupo, y que planeaba unirse. Y si bien mi instinto fue precisamente decirle que no lo hiciese... no lo hice. ¿Por qué? Pues porque, por mucho que fuese algo realmente peligroso, si Beatrice sentía que debía hacerlo, debía hacerlo. Me aseguraría de estar a su lado.

—No podía seguir sentada mientras pasaban injusticias alrededor. Alguien me lo ofreció y... decidí unirme.—Me expliqué simplemente, alargando una mano para coger la de mi amiga. Desde que Sam había vuelto, estos pequeños gestos que tanto me costaban antes se habían vuelto muy naturales para mí. Apreté suavemente su mano con mis dedos, y asentí.—Tienes todo mi apoyo. Si planeas unirte, me aseguraré de estar a tu lado. Y no puedes librarte de mí, así que ni lo intentes, Bennington.—Por no mencionar el hecho de que me reconfortaba saber que en el refugio nos veríamos, aunque...—¿Vives en el refugio? ¿Estás en algún otro sitio con Steven? Si no tienes un sitio dónde estar, quiero que vengas a casa conmigo.—No necesité ningún tipo de valor para sugerirle aquello. Mi apartamento quizás no fuese gran cosa, pero podríamos hacer sitio para ambas.

Mientras la camarera muggle llegaba con un montón de bollería para Beatrice y mis dos tazas de café, tras la cristalera, en el exterior del local, ocurría algo que llamó mi atención: los cazarrecompensas interrogaban a una persona, y supuse cual sería el tema de conversación. Beatrice también lo notó.

—¿Tú qué crees que vamos a hacer?—Esbocé una sonrisa de medio lado.—Patearles el trasero, por supuesto.—Dirigí mis ojos verdes a los dos cazarrecompensas. La persona con la que hablaban estaba señalando en dirección al interior mientras les explicaba algo. Seguramente estaba diciéndoles que había alguien en el interior que encajaba en el perfil que buscaban.—Saldremos por la puerta trasera... pero todavía no. Quiero que primero estén dentro...—¿Y por qué quería eso? ¿No parecía un suicidio acaso? No, no lo era. Si nos veían desde fuera, iban a pedir refuerzos. Sí, refuerzos para una sola bruja que, además y teóricamente, ya estaba en compañía de alguien del Ministerio.—Espera a mi señal, ¿vale?

Eché mano de la taza de café buena, la que no hervía, y di un pequeño sorbo. La otra taza estaba hirviendo de verdad, y veía el café burbujear y todo. Perfecto, simplemente perfecto. Eso necesito. En el exterior, los cazarrecompensas se dirigían a la puerta. El tintineo de la campanilla sobre la puerta nos dio una clara indicación de que habían entrado, y pude ver por encima del hombro de Beatrice que venían en nuestra dirección.
El primero, el hombre, se quedó mirándome mientras yo bebía con naturalidad un poco de café y le devolvía la mirada. Con mucha calma.

—Señorita Edevane, ¿verdad? Del...—El hombre, que estaba hablando horriblemente alto, se dio cuenta, y bajó el tono de voz al momento hasta casi un susurro.—...del Ministerio de Magia. ¿Qué hace usted aquí con... esta señorita?—El hombre señaló despectivamente a Beatrice. Parece que le quemó la lengua llamarla "señorita", seguramente prefiriendo llamarla "sangre sucia".

—Buenas noches, señor No-me-importa-cómo-se-llame.—Respondí con educación, bebiendo un sorbo de café y, evidentemente, ofendiendo al cazarrecompensas.—¿Han terminado usted y su compañera de hacer destrozos en Londres ya?—Mi tono de voz era suave, tranquilo, aunque estaba claro que escondía algo de inicisivo. Quería enfadarles un poquito.

—¡Perseguíamos a una fugitiva!—Respondió con indignación, en esta ocasión la mujer, que tampoco alzó la voz.

—Sí, sin duda son ustedes un par de miembros ejemplares de nuestra sociedad.—Respondí con sarcasmo.—Vamos a hacer una cosa: ahí—señalé con el pulgar de mi mano izquierda la puerta trasera de la cafetería—está la puerta trasera, que da al callejón. Saldremos los cuatro, como personas civilizadas, y resolveremos este asunto. ¿Les parece bien?—Ambos lo meditaron un par de segundos y asintieron con la cabeza. Miré entonces a Beatrice.—¿A ti te parece bien?—Le pregunté, guiñándole discretamente un ojo. Íbamos a patearles el trasero una vez estuviésemos fuera.—Bien, pues en ese caso... ¿por qué no pagan la cuenta? Es lo mínimo, pues pronto tendrán mucho dinero...

A regañadientes, el hombre sacó un billete de cinco libras del bolsillo y lo puso sobre la barra. La camarera lo cogió y lo observó con cierta indignación.

—Esto no llega, señor...—Respondió con humildad la mujer, a lo cual el cazarrecompensas volvió la mirada en dirección a Beatrice.

—¿Que no lleg...? ¡¿Pero cómo puedes comer tanto, Bennington?!—El hombre parecía sinceramente sorprendido e indignado, pero de todas formas se volvió hacia la camarera.—¿Cuánto?

Mientras el hombre discutía sus negocios con la camarera, yo me levanté echándole una mano a la taza de café hirviendo, y la otra al brazo de Beatrice, cómo si la tuviese retenida contra su voluntad. Me volví hacia la mujer cazarrecompensas, y con un gesto de la cabeza le indiqué que nos moviésemos hacia el callejón. Mientras su compañero contaba calderillas a fin de pagar lo justo, nada más, por lo que habíamos pedido, las tres mujeres salimos del local y cerramos la puerta. Nos movimos tras el muro del edificio, dónde nadie podía vernos, y entonces hablé a Beatrice.

—¿Te acuerdas que te dije que esperases mi señal? Bueno, pues...—Me di la vuelta, soltando el brazo de Beatrice, y entonces arrojé el café hirviendo directamente a la cara de la cazarrecompensas. Empezó a chillar de puro dolor mientras la bebida caliente le abrasaba la cara, y juro que no sentí el menor remordimiento. Saqué la varita de mi manga y le lancé un Desmaius no verbal, haciendo que cayese desmadejada en el suelo. Su cara estaba roja por las quemaduras.—Esta es la señal. Ahora, falta el otro...

Miré a Beatrice con una sonrisa de complicidad. Aquello iba bien. Si su compañero era tan tonto cómo ella, no tendríamos ningún problema. Después, no teníamos más que modificar sus memorias, y Beatrice podría marcharse a mi apartamento. Allí me esperaría.
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Gwendoline EdevaneTrabajador Ministerio

Beatrice A. Bennington el Mar Mayo 01, 2018 12:37 am

Saber que sus amigas, su familia, la extrañaba, la hizo inmensamente feliz. Era como si hubiese perdido algo, y todo ese tiempo hubiera creído que nunca lo recuperaría, cuando estaba equivocada, porque realmente nunca lo había perdido. La presencia de Gwen venia con muchas buenas noticias, con felicidad y una sensación de calma. Era como si todo el tiempo hubiera estado preparándose para una tormenta que nunca llego. Porque realmente lo que llego a su vida, fue el sol. Un sol radiante, con figura humana y sonrisa hermosa.

¿Era la única que veía como si la cafetería estuviera toda brillante, y toda la gente feliz? Puede que sí, puede que no. Quizá el hecho de estar con su hermana mayor la hacia ver un mundo mucho más hermoso. ━ ¿Así que te has colado a la fiesta? No esperaba eso de ti Gwen. Me he perdido de muchas cosas estando lejos. ━ Observo la nueva varita de su amiga, fascinada. Le encantaban las varitas y aquella, se veía sumamente hermosa.

Escucho atentamente, y no pudo evitar sonreír. Así que la varita de Gwen termino siendo para Sam. Aquello era curioso, muy curioso. ¿Una conexión demasiado fuerte, quizá? Bueno, no es algo que la sorprendiera. Ambas siempre estuvieron muy unidas. No de la manera en que Sam estaba unida con Caroline o ella misma con Gwen. No, no. Era algo diferente, pero que, por las pocas señales, nunca fue capaz de detectar correctamente. ━ Me alegra saber que ambas están sanas y salvas. Meterse en un problema así… ━ Sus ojos se oscurecieron unos segundos, antes de corresponder la sonrisa leve de su amiga. Por un momento su mente había viajado al pasado, pero se obligo a si misma a olvidar, a cubrirlo con la felicidad que estaba sintiendo en ese momento. El pasado solo era eso, y lo había superado. Claro que lo había hecho.

Por otro lado, estaba la Orden del Fénix. ¿Quién era ella para reprocharle a Gwen su unión a aquel grupo? Estaba en su deber como hermana apoyarla, por las mismas razones que le acaba de decir. Ambas se conocían lo suficiente como para saber que eran valientes, y que harían cualquier cosa para proteger a los que quieren o a los más débiles. No eran heroínas, pero si podían ayudar, lo harían. ━ Gracias por apoyarme Line. La verdad, pensé que me lo negarías por lo riesgoso que puede llegar a ser, pero saber que tengo tu apoyo, me alivia. Sabes, realmente quiero ayudar a todos esos fugitivos como yo, que son buscados por razones injustas. He visto tantas cosas, he conocido a tantas personas… Quiero hacer algo por ellos, y si ese algo que podría salvarles, es unirme a este grupo, lo haré. ━ Lo pensó unos segundos. ━ Quizá podrías ayudarme para poder ingresar. ━ Dijo, mirándola con esos ojitos llenos de ternura que ponía y que causaba que nadie le pudiera negar algo. Sabía que Line no se podría resistir y rio por eso, asintiendo cuando le pregunto si vivía en el refugio. ━ Actualmente estoy en ese lugar, aunque sin Steven. ━ Confeso, haciendo una pequeña mueca cuando dijo “sin Steven”. Tonto hermano mayor. ━ Él esta en una peligrosa misión por el momento. ━ No entro en detalles, porque finalmente, y aunque fuera su hermano, ese era un tema privado de él. ━ ¿Lo dices de verdad? ¡Claro que quiero vivir contigo! ━ Exclamo de inmediato, chillando en voz baja de la emoción. Se verían todos los días, desayunarían juntas, almorzarían juntas, podrían quedarse charlando y poniéndose al día hasta tarde. Le sonaba como volver a Hogwarts… Solo que tendría que tener muchísimo cuidado de que no la vean en aquel lugar o podría meter a su amiga en problemas.

“Patearles el trasero, por supuesto”

Su emoción fue inmensa al escuchar esa frase. ¡Ella siempre estaba dispuesta a patear traseros! Aun cuando no entendiera que tramaba Gwen, pero aun así confió en ella. Su hermana mayor nunca haría algo donde ella pudiera terminar dañada. Así que simplemente comenzó a comerse sus donas, disfrutando del sabor que le ofrecía cada una. Eran tan deliciosas que por momentos se sentía desvanecer.

Al igual que Gwen, escucho el tintineo de la campanilla, y resistió su impulso por mirar hacia atrás, dejando que la mayor llevara la conversación. En ese momento Beatrice simplemente se dedicó a comer, asintiendo cuando le pidieron su opinión. Le sorprendía que aquella pareja hiciera tanto caso a lo que Gwen decía, hasta se sintió orgullosa de aquel poder que parecía tener su hermana sobre ellos. ¡Y mejor se sintió cuando pagaron su cuenta! No es que le faltara el dinero, simplemente a cualquiera le fascina comer gratis.

Salieron, Beatrice sujetada del brazo y entonces sucedió: Gwendoline le lanzo agua hirviendo a la mujer… EN PLENA CARA. Abrió la boca en forma de “O” totalmente sorprendida, parpadeo y se largo a reír. ¡No podía creer eso! ━ Eso estuvo buenísimo. Excelente. ¡Merlín! ━ No podía detener su risa. Que vamos, se esperaba cualquier tipo de señal, menos esa.

Por suerte fue capaz de calmarse antes de que el único cazarecompensa que quedaba llegara al callejón, pero ya escuchaba sus pasos acercándose. No era el ser mas silencioso del planeta, la verdad. ━ Yo me encargo. ━ Le dijo a Line, sonriendo, mientras sacaba su varita de su manga. El hombre no tardo en aparecer, susurrando cosas en voz baja. Beatrice solo alcanzo a escuchar su apellido, mezclado con “una cuenta demasiado alta” antes de lanzarle un Mocomurciélago no verbal, seguido de un Desmaius. Ambos totalmente efectivos.

━ Realmente son una pareja de tontos. Tenían que haber atacado cuando pudieron. ━ Dijo, observando como el hombre estaba en el suelo junto a su pareja, con la cara luciendo asquerosa. ━ Sabía que eran idiotas. Lo supe cuando me enfrente a ellos hace un rato, pero nunca espere que tanto. ━ Murmuro, pensando en que cada vez los cazarrecompensas estaban siendo mas faciles de derrotar. No es que se quejara, claro. ━ Entonces, ¿Les modificamos la memoria? Aun no olvido el hechizo que me enseñaste. ━

Porque Memoror cambiatio era imposible de olvidar, menos cuando lo usas tan seguido y te era tan extremadamente útil.

━ Por cierto, Line, ¿Cómo se sintió lanzarle el agua caliente? ¡Nunca lo voy a olvidar! Se lo contare a todos. ¡Estoy orgullosa! ━
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Gwendoline Edevane el Jue Mayo 03, 2018 3:29 pm

El asunto de Kant, desde luego, pudimos haberlo manejado mucho mejor de lo que lo manejamos. Entonces era mucho más inexperta que ahora, a pesar de que hubiese pasado apenas un mes de aquello. Había entrenado mucho desde entonces, y no solo eso: ahora estaba furiosa. Furiosa por lo que había visto dentro de la cabeza de Sam, lo que los Crowley le habían hecho. Sentía toda esa rabia dentro de mí y no tenía ni la más remota idea de cómo hacer que se fuese. Y es que la rabia era tan intensa que a veces dolía.
Esa rabia me habría venido muy bien contra Kant. Quizás si hubiese sido menos considerada con él, las cosas no habrían terminado cómo terminaron... claro que ahora, observando mi nueva varita, me daba cuenta de que quizás habían terminado exactamente cómo debían terminar. De no haber luchado con Kant, Sam no habría tenido que utilizar mi varita. Seguiría llevando esa porquería que había pertenecido a Vladimir Crowley—y que había tomado parte activa en la tortura que mi amiga sufrió durante horas el 28 de diciembre de 2017—y que no la obedecía. Me recordé a mí misma que esa varita seguía guardada en un cajón en mi apartamento. ¿Por qué? No lo sé, simplemente... no me quería deshacer de ella. Quizás quería que me sirviese para recordar lo que pueden hacer los puristas a las buenas personas cómo Sam.

—No podía dejarla ir sola.—Me defendí. Si me había "colado en la fiesta" era porque me preocupaba, sinceramente, que algo pudiese ocurrirle. ¡Me volvía loca la maldita posibilidad de que Sam resultase herida!—Ya sabes lo especial que ha sido siempre ella para mí...—Dije, apartando la vista al momento. Aquello no era ningún secreto, y si bien es cierto que me daba igual cual de ellas estuviese en peligro, ya fuese Sam, Caroline o la misma Beatrice, pues mi reacción sería exactamente la misma, sentí la necesidad de decir aquello. Casi un impulso.—Pero sí, estamos bien.—Volví a mirar a Beatrice, componiendo una sonrisa en mi rostro que, esperaba, resultase tranquilizadora.

¿Y por qué, si quería mantener a salvo a mis amigas, a la gente a la que quería, ofrecí mi apoyo a Beatrice cuando dijo que tenía intención de unirse a la Orden del Fénix? Era una idea peligrosa, desde luego, y entrañaría riesgos mucho más graves que las travesuras que tanto le gustaban a la que para mí era una hermana pequeña.
Pues había muchos motivos, realmente. Para empezar, no iba a estar sola. En la Orden del Fénix había buena gente, gente que le cuidaría las espaldas, igual que cuidaban de mí. Y siempre pensaría que es mejor, si sientes que debes luchar, que lo hagas con el apoyo de una organización. Además, aquel gobierno no iba a caer solo, la cosa estaba clara, y si ninguna de nosotras daba un paso adelante y luchaba... bueno, pues ya podíamos acostumbrarnos a vivir bajo el régimen dictatorial de Lord Voldemort.
Y por supuesto, me tendría a mí a su lado. No iba a dejar que le ocurriese nada, aunque tuviese que sacrificar mi vida por ella. Porque ella era mi familia.

—Te comprendo. Yo misma he pasado por ahí, y ni siquiera he sido nunca fugitiva. Pero... lo entiendo. ¿Sabes lo mucho que odio que Sam no pueda volver a su casa porque han decidido que no es lo bastante buena para vivir en el mundo mágico? ¿Lo mucho que odio llevar casi año y medio sin verte? Esto tiene que acabarse... en algún momento.—Y asentí con la cabeza cuando me pidió que la ayudase a entrar. Por supuesto que iba a hacerlo. Aunque dudaba que hiciese demasiada falta mi ayuda, y en cuanto la conociesen, estarían encantados de ofrecerle un puesto en sus filas.

Al parecer, Steven estaba en una peligrosa misión, lo cual me hizo fruncir el ceño. ¿Qué clase de misión sería esa? No tenía demasiado trato con el hermano mayor de Beatrice, pero al ser su hermano, para mí era casi una extensión de mi propia familia. Así que no pude evitar morderme el labio inferior de preocupación. Y le ofrecí a mi hermana un lugar dónde estar... cosa que le entusiasmó, y puso una sonrisa en mi cara.

—Totalmente en serio, aunque tendré que hacer unas pequeñas remodelaciones en mi piso. Ya sabes: soltera, con un gato... no es que tenga habitación de invitados.—Y las pocas veces que Sam se queda a dormir, o bien nos quedamos dormidas en el sofá, o bien dormimos en mi cama... Me paré a pensar un segundo en aquello... y preferí no seguir por ahí.

De todas formas, tampoco hubo mucho más tiempo, pues los cazarrecompensas decidieron interrumpir aquella escena. Y puedo dar gracias porque fuesen tan estúpidos cómo después me confirmó Beatrice. Porque para que un plan cómo ese funcionase... hacía falta que tu enemigo fuese una especie totalmente nueva de idiota, alguien con muy pocas luces. Gracias a Merlín por aquellos dos estúpidos.
La acción se trasladó al callejón, y mientras uno de los cazarrecompensas pagaba la cuenta contando cada moneda, la otra nos acompañó al callejón. Y fue la primera, le tocó en suerte, padecer un poco de aquella rabia que últimamente me consumía por dentro. Y le cayó en plena cara cómo si fuese agua hirviendo... literalmente. Quizás la antigua yo, la que no conocía las cosas horribles que Sebastian Crowley y sus hermanos habían hecho a Sam, no habría hecho aquello, una cosa que podría clasificarse cómo monstruosa. Pero no lo pensé, y si tenía que poner en los platillos de una balanza a mi amiga encerrada, y arrojarle café hirviendo a la cara a una cazarrecompensas, estaba claro hacia que lado se inclinaría la balanza.
Quizás me sentí un poco mal después de que cayese al suelo, inconsciente, con la cara abrasada y humeante, pero aquello no duró demasiado, pues todavía teníamos trabajo que hacer.
Beatrice reía, divertida. Aquello me ayudó a rebajar un poco la tensión. Ya me ocuparía de esa cara abrasada cuando modificase sus recuerdos, pues tampoco me había vuelto tan cruel cómo para dejarla vivir con aquellas quemaduras.
El hombre emergió por la puerta, y apenas tuvo tiempo de sorprenderse ante la imagen de su compañera derrotada, pues Beatrice ya se había puesto en movimiento. Si bien su forma de librarse del hombre fue curiosa—¿Mocomurciélago? ¿Quién usaba ese hechizo? Bueno, ¿para qué preguntaría yo? Beatrice Bennington, claramente—no dejó de ser efectiva. Y el segundo cazarrecompensas terminó en el suelo, junto a su compañera. Había sido muy, pero muy fácil. Quizás ni siquiera hubiese sido necesario lo del café hirviendo.

—Desde luego que no son demasiado listos.—Asentí con la cabeza. Casi me sentía mal por haber reaccionado de manera excesiva con ellos... luego recordaba cómo habían intentado hacer saltar por los aires a Beatrice con un hechizo explosivo, y se me pasaba el remordimiento.—Sí. Tú te encargas de él, yo de ella.—Respondí, esbozando una sonrisa cuando Beatrice mencionó el hechizo que yo misma le había enseñado. Un hechizo de desmemorizadores.—Pero pongámonos de acuerdo en la historia que vamos a "fabricar": hagamos que no te recuerden a ti, si no a cualquier otra fugitiva. ¿Te suena Wanda Kovak? ¿Esa hija de muggles que lleva en paradero desconocido cerca de seis meses y que supuestamente asesinó a todos aquellos mortífagos en agosto del año pasado?—Seguro que le sonaba, pues Wanda Kovak era bastante infame. Estaba desaparecida, y las malas lenguas decían que en realidad había muerto, o que ni siquiera existía. Cómo fuese, nos serviría para construir aquella historia: cambiar a Beatrice Bennington por Wanda Kovak, y borrar toda mi implicación en el suceso.

Mientras me ponía de rodillas en el suelo, para poder trabajar mejor en la modificación de memoria, Beatrice hizo una pregunta que me pilló por sorpresa: ¿Cómo me sentí al hacer eso? Bueno, no es la mejor forma de hacer esto, pero...

—Si me preguntases hace tres meses, te diría que mal. Pero...—Miré a los dos cazarrecompensas, con cierto desprecio.—Por otro lado, intentaron volarte por los aires. Así que no me da pena ninguna.—La punta de mi varita se iluminó con una luz blanco azulada mientras me concentraba en dos cosas: extraer los recuerdos de la cazarrecompensas, y modificarlos. Cuando terminase, le curaría esas quemaduras, y solo para asegurarme, le aplicaría un Leniendo. Y que siguiese durmiendo durante un rato, el suficiente para que Bea y yo nos alejásemos de aquel callejón dónde no queríamos ser vistas por nadie del Ministerio.
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Beatrice A. Bennington el Sáb Mayo 26, 2018 2:38 am

Ya sabes lo especial que ha sido siempre ella para mí.

Beatrice sonrió ante esa frase, como si supiera miles de secretos que no podía revelar, aun cuando realmente no sabía ninguno. ¿Saberlo? Lo tenía más que claro. Sam era, quizá, lo que cierta persona había sido para ella en el pasado: Un amor, que no era capaz de entender, ni de aceptar. Pero Bea no podía decirlo en voz alta, ni decirlo como si fuera verdad, porque Gwendoline siempre había sido una persona tímida y de sentimientos más reservados. Quizá ese cariño que le tenía a Sam era una conexión inexplicable, y ella estaba interpretándolo de manera errónea. Quien sabe.

Para su suerte, Gwen no había tomado a mal el hecho de que quisiera ingresar a la Orden. Le gustaba contar con su apoyo, porque realmente no sabía por donde comenzar. Además, aquello para Bee, era un signo claro de que le tenía la suficiente fe, como para saber que podría con todo lo que unirse a ese grupo pudiera significar.

━ ¡Puedo ayudar con eso! ━ Dijo de inmediato. Remodelaciones, algo sumamente emocionante y en lo que ella, estaría encantada de ayudar. Le hubiera dicho que no le molestaba dormir en el sofá, pero sabía que la mayor no lo aceptaría. La conocía. ━ Un gato… ━ Murmuro con emoción. Le encantaban los animales. Solo esperaba que se llevará bien con su hermoso perrito.

Los cazarrecompensas irrumpieron en su plática, siendo lo que eran: Unos desubicados que no dejaban a la gente ponerse al día y comer en paz. Pero no tardaron en acabar con ellos, de maneras muy divertidas. Porque para Beatrice todo el asunto había dejado de ser serio desde el momento en que el tipo le pago todo lo que había comido. ¿Qué cazarrecompensas que se respete hace eso por un fugitivo? Idiota, muy idiota el hombre. ¿Y la mujer? Pues ni que decir, peor aún.

Conocía a Wanda Kovak, no en persona claro, pero si sabía quien era, y esperaba le perdonara algún día por ponerla falsamente en los recuerdos de otras personas. Memoror cambiatio. Pronuncio en voz baja, luego de asentir hacía su amiga, modificándole los recuerdos al hombre en el suelo. Beatrice Bennington no existía en su memoria, pero Wanda sí. Nuevamente, esperaba que la pobre Wanda la perdonara.  

Observo a la mujer tirada cerca, mientras seguía en su labor. ━ ¿Le sanarás las quemaduras? ━ Pregunto con una sonrisa amable, aunque sabía la respuesta. Podía haberle lanzado el agua hirviendo sin problemas, sin sentir culpa, pero Beatrice sabía que Gwen, aun así, querría sanarla. Estaba en ella ser así de buena.

No tardo demasiado en quitarle los recuerdos, y modificarlos, por suerte. ━ ¿Iremos a casa? ━ Y que extraño se sentía decir esas palabras luego de tanto tiempo. ━ Esa quemadura ya la tenía. ━ Menciona, sonriendo orgullosa ante el buen trabajo que había hecho Gwendoline curándole las quemaduras a la mujer. ━ Serías una gran sanadora. ━ Y no lo decía en broma, ni por ser buena amiga. Lo decía con toda la sinceridad del mundo.
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Gwendoline Edevane el Dom Mayo 27, 2018 3:34 pm

Pues parecía que había quedado decidido: desde aquel día 19 de marzo, y hasta que las cosas cambiasen de alguna manera, Gwendoline Edevane y Beatrice Bennington habían pasado a ser compañeras de piso. Sabía que no me iba a arrepentir, pues por Beatrice Bennington era capaz de tirarle café hirviendo a la cara a una cazarrecompensas, cómo acababa de quedar claro. Sin embargo, estaba claro que, si antes me preocupaba su paradero y su seguridad, al no tener una sola noticia sobre ella, ahora me preocuparía el doble. ¿Qué eso no tenía lógica? Bueno, en ese caso os recomiendo preguntarle a Caroline Shepard lo que pensaba cada vez que Sam salía por la puerta y tardaba cinco minutos más de lo habitual en llegar. Seguro que mi amiga pelirroja me daría la razón en mis preocupaciones. Y en caso de Beatrice, había peligro extra: la joven ex-Ravenclaw tenía una tendencia preocupante de meterse en líos... y de juntarse con gente que la podía meter en más líos, resultando en una mezcla explosiva e inestable del calibre de la nitroglicerina.
Pero bueno... De ahora en adelante, es mi responsabilidad asegurarme de que esté bien, de que esté segura y de que no se meta en demasiados líos hasta que las cosas mejoren. Esbocé una leve sonrisa, negando con la cabeza, inclinada sobre el cuerpo de la cazarrecompensas a la que acababa de modificar los recuerdos, de acuerdo a lo acordado con Beatrice.
Hecho aquello, y una vez más—cómo siempre ocurría conmigo—se impuso mi naturaleza más amable. Porque sí, podía estar furiosa por muchas cosas, pero no por ello dejaba de detestar la violencia sin motivo. Así que me puse a rociar la cara de la cazarrecompensas con agua que emergía de mi varita, a fin de aliviar el efecto del líquido hirviendo. Y una vez hecho aquello, un hechizo regenerativo no verbal me sirvió para devolver a su rostro un aspecto normal. Hasta que las quemaduras fueron una pequeña marca nada más, algo que podrían terminar de curarle en San Mungo sin ningún problema. Lo siento, ¿de acuerdo? Pero no permito que nadie ponga en peligro a mi familia.

—¿Tú crees?—Pregunté cuando Beatrice aseguró que sería una gran sanadora, y mentiría si en aquel momento dijese que me lo había planteado. Más allá de aplicar ciertas técnicas de primeros auxilios muggles de cuando en cuando a gente de mi entorno que lo necesitaba—que se limitaban a limpiar pequeñas heridas con alcohol, agua oxigenada o similares, y luego poner apósitos o tiritas—nunca me había imaginado a mí misma cómo sanadora mágica.—Yo todavía tengo trabajo que hacer.—Respondí a su primera pregunta, mientras me ponia en pie tras dejar reposar con cuidado la cabeza de la cazarrecompensas en el suelo. Me acerqué a Beatrice, cogiendo su mano derecha.—Adelántate tú, esta es la dirección.—Saqué un bolígrafo de mi bolsillo, siempre llevaba uno por si acaso, y anoté la dirección en su mano.—Es un apartmento en la zona del Támesis. Creo que te gustará. Tómate la libertad de aparecerte dentro, si quieres. Yo me reuniré contigo cuando termine aquí.

Dicho aquello, antes de dar a Beatrice opción de marcharse, envolví en un abrazo a mi amiga, atrayéndola hacia mí con mis brazos. Aquel tipo de cosas, aquellos gestos de cariño, jamás se habrían convertido en algo tan natural para mí de no ser por Sam. Y, por supuesto, reservaba aquellos gestos para aquellas personas más cercanas a mí. Los desconocidos, o la gente a la que empezaba a conocer, ni podían soñar con este tipo de tratamiento por mi parte.
Retuve a Beatrice unos segundos entre mis brazos, para acto seguido separarme de ella dejando que mis manos descansasen sobre sus hombros.

—Te he echado mucho de menos.—Le dije a mi amiga.—Vamos, ve. Yo me encargo del resto.—Y rematé aquellas palabras con una sonrisa, mientras ella se alejaba de allí.

Volvería a verla en casa. Casi no podía creérmelo. La vida por fin empezaba a sonreírnos. Finales de 2016 y 2017 habían sido malos años. Quizás 2018 fuese nuestro año. Quizás pudiésemos empezar a reconstruir nuestras maltrechas vidas con lo poco que nos habían dejado. Sam había vuelto. Beatrice había vuelto. Y ahora, también, tenía a Caroline. Ahora, lo único que resta es luchar para que no vuelvan a arrebatarnos lo que hemos recuperado.
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