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Un encuentro diferente [Eva Waldorf]

Leonardo Lezzo el Jue Mar 22, 2018 12:47 am

Para Leo los días pasaban muy lentos. Estar encerrado en el refugio le tenía ansioso, nervioso y un tanto malhumorado. Desde que tuvieron que ayudar a unos fugitivos por orden de Dumbledore, habían tenido que aumentar la seguridad en todos lados. Los malditos mortifagos les vigilaban muy de cerca, y algunas entradas a la sede habían quedado clausuradas. Lo que le tenía cabreado era que la última vez que vio a Eva, habían hablado de entrenar juntos defensa personal sin magia. Y ahora, debido a la nueva seguridad, no estaba seguro de si ella podría venir. Estaba siendo un tanto egoísta anteponiendo sus deseos al bienestar de todos, y lo sabía. Pero realmente tenía ganas de verla. Un poco antes de la hora acordada, más de una hora antes, se acercó a la sala de entrenamientos. Dio un par de patadas a un saco de boxeo y luego salió. Paseaba por el patio del refugio como un alma en pena. Si Eva no conseguía llegar a tiempo podían haber dos explicaciones. La primera, la que Leo esperaba, era que la chica había preferido no exponerse. Al fin y al cabo ella no es una fugitiva, ir al refugio supone que la puedan pillar. La segunda explicación, la que Leo no quería ni imaginar, es que la hubiesen pillado. Si algo de eso e pasaba a Eva no se lo podría perdonar nunca.

Más o menos todas las entradas secretas al refugio iban a dar al patio, por eso Leo estaba esperando ahí. Empezaba a refrescar, pero él se mantenía templado caminando por la zona. Casi no había nadie allí a esas horas. Los más pequeños estarían merendando, o jugando en el interior. Los adultos, encargándose de sus cosas. Leo más bien parecía una estatua de mármol, como si siempre hubiese estado en aquel patio. En ese momento le daba vueltas a la cabeza, buscando una forma segura de poder comunicarse con Eva. Dejando a un lago las lechuzas, que son lentas y secuestrables. Y descartando toda la tecnología muggle, pues aquel lugar estaba albergando mucha magia y ocurría como en Hogwarts. Los aparatos electrónicos no funcionaban del todo bien. Aún así, Leo no podía permitirse comprar un móvil. Como mucho, usar el correo electrónico desde la biblioteca. Es imposible que los mortifagos puedan rastrear algo así. La policía si podría.

Cuando vio a Eva casi rió nervioso. Por suerte, pudo reprimirse y solamente dibujó una sonrisa amable. - Por fin... - Si aquello hubiese sido una película, Leo hubiese ido corriendo a abrazar a Eva a cámara lenta. Lo que el chico había sufrido no lo sabía nadie. - Quiero decir... Estaba preocupado. Me preocupa que puedas estar en peligro cuando vienes aquí. - Suspiró aliviado, dejando que ella hablase. Seguramente le restaría importancia al asunto, como suele hacer siempre. Pero Leo iba a estar siempre preocupado por ella.
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Eva Waldorf el Vie Mar 23, 2018 2:03 am

Estaba loca, debía ser eso. Después de aquella aventura que le subió los niveles de adrenalina de forma brutal, Eva se fue a su casa e intentó hacer vida normal durante unos días. Le costó mucho, ya nada era igual, el periódico le parecía tedioso y monótono, ya no podía salir a tomar algo con sus "amigos" del trabajo... Su vida había cambiado irremediablemente y ya no podía vivir ajena a toda aquella gente que debía esconderse.

Había oído que se estaban intensificando las búsquedas de refugios, los aurores habían sido encontrados en un callejón, todos habían muerto, así que no podían explicar lo que pasó, pero de todos modos quedaba claro que alguien los había matado para defenderse, y si tenían que defenderse es que eran fugitivos. Todo se había liado de una manera tremenda, en el periódico no paraban de hablar sobre teorías del posible asesino. Algunos apuntaban al mismísimo Dumbledore como el ejecutor de los aurores, otros pensaban que debía ser un cualquiera pero con mucho poder, digno de temer en caso de encontrárselo por la calle. Nadie sospechaba que la callada Eva pudiese tener nada que ver.

- Eva, ¿salimos a tomar algo después del trabajo? - Un compañero sacó a Eva de sus pensamientos, había estado divagando la mayor parte de la mañana, deseaba volver a ir al refugio para ver a Leo. - ¿Eva?

- No, lo siento, estoy muy ocupada, otro día mejor...  - Se obligó a responder con simpatía, para no levantar sospechas, ya que antes sí que salía de vez en cuando.

El compañero la miró con el ceño fruncido y decidió no ahondar mucho más. - Espero que no te hayas echado novio ya, llevo proponiéndote tener una cita varios meses, como para que otro se me adelante. - Podía llegar a ser muy cansino, llevaba mucho tiempo poniéndose muy pesado y estaba cansada.

- Sí, es eso, tengo un nuevo "amigo", así que no voy a salir a tomar nada. - Y con un gesto de varita, le cerró la puerta en sus narices. Obviamente era mentira, no tenía pareja, pero si así se lo quitaba de encima pues mucho mejor.

Pensar en aquello le generó fastidio, se sentía confusa en cuanto a sus sentimientos. Hacía mucho que no se enamoraba, una cosa era tener líos temporales y otra muy diferente querer a alguien en serio. ¿Ella le quería de verdad? ¿Le quería él a ella? No lo parecía... Decidió terminar rápido el trabajo para irse a casa, necesitaba cambiarse de ropa y salir a entrenar.

Comprobó por ella misma que la seguridad se había intensificado, pero la entrada de la biblioteca estaba muy tranquila, así que accedió fácilmente al refugio y apareció en el patio central. Nada más llegar se encontró a Leo dando vueltas como un animal acorralado en el patio.

- ¡Hola Leo! ¿Te pasa algo? Te veo muy nervioso... - Le preguntó con extrañeza. Tras expresarle su preocupación por ella sonrió con cariño, que se preocupase por ella le hacía sentir un pellizco en el estómago. - Es cierto que la cosa se ha puesto un poco más complicada para entrar, pero la biblioteca está muy tranquila. ¿Cómo has pasado estos días? ¿Se te curó la herida de la cabeza? He estado tan liada de trabajo que no he podido venir. - Añadió con ciertos remordimientos.

(Off rol: perdón por el tocho, creo que me he venido arriba escribiendo Embarassed ).
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Leonardo Lezzo el Mar Mar 27, 2018 9:58 pm

No necesitaba explicaciones. Simplemente al verla entrar en el patio se esfumaron todos los miedos, y eso que había muchos. Todo estaba mucho más vigilado. En todas las esquinas había falsos aurores vigilando, salir a la calle se había vuelto casi imposible para los fugitivos. Por su parte, la Orden tenía sus entradas más que vigiladas también. Habían protocolos de alerta por si a caso uno de los mortifagos conseguía entrar. Todos debían estar en alerta permanente. Y aún así, cuando Leo vio a Eva, respiró tranquilamente, dispuesto a pasar un buen rato. Pero la mujer notó el nerviosismo del chico. Ella, muy animada, le explicó que la entrada de la biblioteca estaba muy tranquila. Para cambiar de tema, le preguntó por la herida. Leo ni se acordaba ya de la herida. - Lo siento, es que han pasado muchas cosas y es difícil mantener la calma. Mi herida está bien, no te preocupes, no hay secuelas. - No iban a quedarse en el patio, así que Leo inició la marcha hacia la sala de entrenamiento.

Quería decir muchas cosas, contar qué había estado pasando, pedirle a Eva una forma directa de comunicación que fuese segura. Lo que realmente hizo, callar y caminar. No se le daba bien ser comunicativo, eso no lo enseñaban en clases. Pero había algo que tenía que decirle. - Me da mucho miedo que pueda pasarte algo malo cuando vienes aquí. Está todo muy vigilado. ¿Y si te ven con fugitivos? Es peligro. Tienes mucho valor. - Aquello no había sonado del todo mal, a pesar de los nervios estaban todavía presentes. - ¿Crees que podamos encontrar un método fiable para comunicarnos? No sé, para poder estar en contacto sin peligros. Los aurores investigan el correo. Como soy un fugitivo buscado, también la policía muggle me sigue la pista. Podrían rastrear un teléfono móvil, o correos electrónicos. Quizás tu tengas alguna idea, pareces mucho más resolutiva que yo. - No la estaba halagando gratuitamente. No pretendía adularla, más bien expresaba una realidad. El chico le había dado ya muchas vueltas, y no encontraba ninguna alternativa viable. Sobre todo, algo seguro para Eva. Ella, al ser periodista, seguramente tendría algunas artimañas para comunicarse con gente sin dejar rastro.

Siguieron caminando por el refugio, y llegaron a la sala de entrenamientos. Leo se la había enseñado en la anterior visita. Entró sin llamar, pues sabía que no habría nadie dentro. ¿Se podía reservar la sala de entrenamientos? El chico lo desconocía, pero había hablado con los que suelen usarla para que se la dejasen libre. ¿Con qué fin? Quería que Eva aprendiese a defenderse sin presiones. ¿El verdadero fin? Le gustaba la idea de poder estar con ella asolas, entrenando. - Hemos llegado, ya conoces la sala de entrenamientos. - Dejó pasar a la mujer. Todo estaba en su sitio. Muñecos, espejos, bancos, armarios, … Allí había de todo. Era como una pequeña sala de los menesteres dentro del refugio. Los ventanales dejaban entrar la luz del sol, creando un ambiente cálido. Leo hizo lo que hacía siempre. Se puso cómodo, quitándose la chaqueta. Antes dejó dos botellas de agua, un par de toallas, y un pequeño botiquín que esperaba no tener que usar. - Quiero que estés concentrada, pero cómoda. No hay peligro real aquí dentro, solamente voy a enseñarte algunos movimientos. Hace un tiempo, hubo un hombre que nos enseñó Krav magá, es un tipo de defensa personal originario de Israel. Se basa en golpes, patadas, agarre y estrangulamiento. Todo sirve para poder neutralizar al atacante, y escapar. ¿Tienes alguna duda? - A Leo se le daba bien ser profesor, y más conociendo el tema, hablaba con seguridad. Le encantaba la defensa personal, y no se centraba solamente en la magia. Una patada a tiempo puede salvarte de un agresor, sin duda.
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Eva Waldorf el Vie Mar 30, 2018 2:01 pm

Había llegado sin problemas, ya estaba allí dentro y estaba muy emocionada, llena de energía y con ganas de comenzar. Cuando llegó al patio se encontró con Leo, que no paraba de dar vueltas, suponía que esperándola. ¿Por qué se le veía tan preocupado? Sabía que era un riesgo enorme, pero que se preocupase de aquel modo le hacía sentir especial.

Leo no se entretuvo demasiado hablando, ¿acaso estaba molesto o tenso? Le veía demasiado protocolario de repente, como si el otro día no hubiesen ido a una misión juntos, como si hubiesen dado un paso atrás... Aquello hizo entristecer un poco a Eva, y se puso más seria. ¿La veía demasiado ingenua acaso? Sólo le preocupaba que pudiesen pillarla.

- No te preocupes, sé cuidarme muy bien, si intuyo el más mínimo peligro sé disimular para no meterme en problemas. - Le comentó intentando hacerle ver que no era necesario. - No es necesaria tanta preocupación. - Añadió para dejarlo algo más claro.

No sabían muy bien cómo mantener una línea de contacto seguro, las llamadas, cartas y los e-mails estaban descartados. A Leo no se le ocurría ningún método y le preguntó a Eva. Ella estuvo unos minutos dándole vueltas, no conocía más métodos aparte de esos, hasta que se le ocurrió algo que podía ser casi imposible.

- Oye... Leí por ahí de la existencía de unos espejos conectados, te puedes comunicar con el dueño del otro, como una videollamada, pero mágica. - Le explicó. - No sé cómo de posible sería hacernos con algo por el estilo. ¿Los que están aquí qué métodos de comunicación utilizan? Les podemos preguntar.

Mientras tanto seguían caminando hacia la sala de entrenamientos. La vez anterior la vio desde de la puerta, sólo de pasada. Una vez entró, se dio cuenta de que era mucho más grande y mejor equipada de lo que creía. Se dirigió hacia un banco que había en uno de los laterales y se quitó la sudadera, quedándose en leggins y en un top deportivo muy ajustado, quería estar cómoda y sentirse libre para moverse con soltura. Leo le pidió que se concentrase, pero verlo así con esos brazos tan trabajados, se lo ponía muy difícil.

- Vale, trataré de concentrarme todo lo que pueda. - Dijo sonrojándose. - Tampoco esperes mucho de mí hoy, no tengo mucha idea y creo que soy bastante torpe físicamente... - Escuchó atentamente la explicación sobre el Krav magá, parecía una forma bastante eficaz de defenderse, le gustaba. - Sin dudas, creo que está bastante claro en qué van a consistir los entrenamientos, y espero ser una buena alumna.

Después de una primera toma de contacto con el Krav magá, Eva estaba exhausta. Había sido una sesión productiva y se sentía satisfecha. De repente, sin pensárselo mucho, decidió tomar una decisión un poco loca.

- Leo, me voy a pedir las dos semanas de vacaciones que me corresponden en el trabajo. ¿Qué te parecería que me viniese a pasarlas aquí? - Preguntó, con temor de que a él no le gustase la idea.
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Leonardo Lezzo el Lun Abr 02, 2018 11:54 pm

Todo el mundo cree tener la vida bajo control, incluso sabiendo que hay un peligro tan grande que podría matarte. Por eso Leo no podía reprocharle nada a Eva. De estar en su posición, tampoco él vería el peligro, o creería poder esquivarlo. Eva le restaba importancia a la situación. El chico le daba mucha importancia a su seguridad, pero no quería discutir. Se alegraba de que ella estuviese allí por fin. Cambió de tema, preguntando por una forma segura de comunicación. Pensó que ella podía conocer más modos de hablar de forma segura. Leo jamás hablaba con nadie, ni siquiera había podido comunicarse con su madre, porque desconocía la forma segura de hacerlo. Estaba en lo cierto al pensar que Eva era más resolutiva, pues enseguida tuvo una opción. - Creo que muy poca gente de aquí se comunica con nadie del exterior. Pero eso de los espejos suena muy bien. Preguntaré por ahí y, si son fiables, a la próxima tendré uno para ti y uno para mí. - Dijo muy seguro. Estaba deseando poder preguntar a alguien sobre esos espejos y la forma de conseguirlos. Él no podía ir a la tienda de objetos mágicos, como si nada, y comprarlos. Pero encontraría la forma.

Leo llevaba pensando en aquel entrenamiento muchos días. Así que tenía preparados un par de movimientos de defensa y ataque sin magia, algo sencillo que Eva podría aprender sin problemas. Además, lo iban a practicar mucho, hasta que se le quedase grabado en la mente. Lo tenía todo ideado. Defensa, ataque, situaciones posibles, … Ella esperaba ser buena alumna, y se confesaba torpe. - No te preocupes, soy muy paciente. Y no creo que seas tan torpe como dices. - La periodista también se había puesto cómoda. Llevaba la ropa que cualquier chica lleva en el gimnasio, pero es que ella no era cualquier chica. Leo se sentía un poco intimidado.

Empezaron por algo sencillo. Ataque directo y estrangulamiento. Leo le explicó como tenía que moverse en caso de que alguien la tuviese cogida por el cuello. Girando el cuerpo y propinando un golpe fuerte con los brazos podía conseguir que el agresor la soltase. Luego podía dar unos golpes en el estómago del agresor, o puñetazos en la cara. El Krav magá es así de simple, no es un arte marcial. Se trata de un sistema de combate que no se rige por los estándares de las artes marciales. Tiene que ser útil, práctico y sencillo. Eva estaba entregada al entrenamiento. En ese momento Leo veía oportuno elevar un poco el nivel, haciendo él de agresor y dejando que Eva se defendiese. Claro está, no usando toda su fuerza si no más bien practicando los movimientos a seguir. Pero antes de que el chico se pronunciase, ella le anunció algo.

El primer acto reflejo fue sonreír como un idiota. Si Eva pasaba dos semanas enteras en el refugio podrían estar dos semanas enteras viéndose. Pero a su vez, Leo no quería ser egoísta ni pretencioso. - Me parece... bien. - Su imaginación voló, y continuó sonriendo. Tuvo que aparatar la mirada para centrarse. - ¿No preferirías ir al Caribe? Aquí no hay mucho que hacer... Y dos semanas es mucho tiempo. Aunque podrías convertirte en una campeona del Krav magá. ¿No te cansarás de mí? - La pregunta de Leo tenía trampa. Es decir, daba por hecho que Eva quería pasar las dos semanas en el refugio para estar con él. Y quizás ella solo tenía intención de conocer mejor el funcionamiento de la Orden y del refugio. Podía llevarse el chasco de su vida.
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Eva Waldorf el Mar Abr 03, 2018 1:15 pm

Sabiendo que Leo investigaría sobre los espejos se quedó tranquila. Poder ponerse en contacto sin peligro sería un gran avance a la hora de planear misiones, incluso para quedar y charlar.

- ¿Seguro que no quieres que investigue o vaya yo a por ellos? A ti podrían verte, y no sería lo mejor precisamente... - Comentó, aun sabiendo que Leo se opondría, prefería mil veces arriesgarse él, y por el momento lo dejaría estar.

Fue una primera toma de contacto con el Krav magá bastante intenso, y a pesar de la buena forma de enseñar de Leo, acabó reventada aunque satisfecha. Le enseñó varios ataques, movimientos de defensa, giros, formas de zafarse... Era mucho, y esperaba poder recordarlo todo a la perfección. Aun así, a medida que entraba en calor practicando, descubrió que no se le daba tan mal como pensaba en un principio, puede que estuviese un poco oxidada y en baja forma, pero estaba segura de que eso se iba a acabar en breve, Leo metía una caña brutal.

Para cuando había pillado más o menos el ritmo, Leo subió la intensidad y dificultad del entrenamiento. Creía que se moriría de cansancio y falta de aire, pero para su sorpresa, aguantó el ritmo.

- Que sepas que me estoy dando cuenta de que te dejas vencer eh... Así no aprenderé, tienes que ser más duro conmigo, sino voy a creer que es así de sencillo tumbar a un enemigo. - Se rió mientras se secaba el sudor. El cabello, aun recogido, se le pegaba al cuello. - Madre mía, que calor hace aquí, debo estar coloradísima, me noto la cara ardiendo. Y no, no prefiero ir al Caribe, me parecería de irresponsable irme de vacaciones en ese plan estando aquí las cosas así. Quiero aprovechar las vacaciones para adelantar en los entrenamientos, y bueno... - Bajó un poco la voz, más tímida. - Si también puedo pasar más tiempo contigo... Es un extra muy interesante, porque no me cansaría nunca. Lo que pasa es que no sé dónde dormiría, no quiero quitarle la cama a nadie.

Se giró para recoger sus cosas, el entrenamiento había acabado y había gente esperando fuera para usar la sala. Necesitaba adecentarse un poco, oler bien y sentirse limpia, jamás le gustó sudar.

- Oye, ¿nos duchamos? Creo que estamos bastante sudados, jaja. - Le comentó. Sabía que era jugar sucio, pero con Leo nunca sabía a qué atenerse del todo. Siempre se había cruzado con chicos bastante más directos claros en sus intenciones. Sin embargo con Leo no sabía a qué atenerse, le daba la impresión de estar montándose la película de su vida. Iba a empezar a tomar un poco de iniciativa, se estaba volviendo loca y empezaba a monopolizarle los pensamientos. Se pasaba el día fantaseando como una adolescente con situaciones que podrían darse, todo muy de película. Esa no era forma de vivir.
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Leonardo Lezzo el Miér Abr 04, 2018 11:01 pm

No todo el mundo había escuchado hablar de los espejos mágicos para comunicarse. Mucho menos Leo, que se había criado en un ambiente sin magia y hasta ahora no había necesitado comunicarse secretamente con nadie. La idea de que los espejos fuesen el mejor método para quedar con Eva sin peligros le gustaba. Estaba deseando descubrir más sobre ellos, y poder obtener unos. No quería que los adquiriese Eva, por si la estaban vigilando. ¿Quién usa ese tipo de vías de comunicación tan íntima y secreta? Es muy posible que tal y como está el gobierno, solamente los fugitivos los usen. - No te preocupes, no he dicho que vaya a ir yo a por ellos. Es mejor ser discretos. - El chico le pediría a alguno de los compañeros de la Orden que se los comprase, alguno de los que no tienen antecedentes. Es lo más seguro. Quizás se puedan conseguir en tiendas mágicas que no estén controladas por el gobierno, o de segunda mano.

La primera toma de contacto con el Krav magá para Eva fue intenso. Leo intentó adaptar la clase, hacerla fácil, pero aquel tipo de lucha lo apasionaba y quizás se puso demasiado estricto el primer día. Es que quería que ella estuviese preparada para cualquier ataque, pero no podía enseñarle todo en un día. Cuando dio el entrenamiento por finalizado, la chica dejó claro que sabía que él la estaba dejando ganar. - La próxima vez prometo ser más duro contigo. Para ser la primera vez, no ha estado tan mal. - Ella estaba colorada y sudada. La pelea física es tremendamente activa, y el cuerpo lo sabe. Sube la adrenalina, y el sudor intenta compensar el extremo calor que el cuerpo sufre con el entrenamiento.

Eva le acababa de comentar que tenía intención de pedir dos semanas de vacaciones en su trabajo, y quería pasarlas en el refugio. La actitud inocente de Leo salió a flote. Su pensamiento iba más allá, creyendo que la chica buscaba pasar más tiempo con él. Así que dio por hecho que si no aprovechaba sus vacaciones para ir al Caribe, es que quería entrenar muy fuerte para estar preparada para todo. El chico se acercó a donde tenía la toalla, y dio un buen trago de agua. Se estaba poniendo colorado, y no precisamente por el esfuerzo físico. Casi había asumido que la decisión de Eva era totalmente firme cuando ella dejó clara su preocupación por la cama que iba a usar en el refugio. Leo casi se atraganta. Es un buen chico, leal y respetuoso, pero no pudo evitar tener pensamientos de hombre adolescente. - No te preocupes por eso. Aquí hay sitio para todos. - consiguió guardar sus malos pensamientos y sacar su vena amable y respetuosa.

Había gente esperando por la sala, y los dos estaban ya sudados y cansados de entrenar. Leo recogió las cosas. - Vamos, podemos ducharnos en mi habitación. - De nuevo hablaba la inocencia y la amabilidad. En ningún momento tuvo pensamientos demasiado pervertidos. El chico no podía negar que Eva era la chica más guapa que había visto nunca, pero no por ello iba a acosarla. Él siempre era amable. Abrió la puerta dejándola salir a ella primero. Saludó a la gente que estaba esperando para entrar. - Lo siento, no he mirado la hora. - Era una disculpa sincera, no sabía en qué hora estaba. Guió a Eva hasta su habitación. Ya la había llevado allí el día del ataque mientras Leo intentaba que la sangre de la herida en la cabeza dejase de sangrar. - Puedes ducharte tu primero. El baño está ahí. - Le señaló la puerta del baño, que era igual que la puerta del armario. El refugio estaba muy bien diseñado. Cada habitación era como una casa en miniatura, como una habitación de hotel. Una cama, un armario, una mesa y un baño. Leo había traído un sofá pequeño que tenía en su anterior ubicación. Solía ser la cama de Nico. No se necesita mucho más para vivir. Había habitaciones más grandes, para familias completas. Otras habitaciones eran compartidas, con literas. - Estoy seguro de que hay algunas habitaciones libres por ahí, puedo preguntar. Pero si quieres, puedes usar mi cama y yo puedo dormir en el sofá. - Leo estaba omitiendo a Nico, su perro, de forma involuntaria. No es que fuese a dejar a su perro durmiendo en el patio, simplemente su cerebro no pensaba ahora en la mascota.
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Eva Waldorf el Jue Abr 05, 2018 5:46 pm

Caminaron hacia la habitación de Leo. El refugio estaba muy animado, había gente por todas partes, cada uno con su tarea por hacer. Había un ambiente estupendo, no había tristeza ni pena por ninguna parte, casi podía decir que allí había más alegría que fuera, donde todo estaba cubierto por una fina capa gris.

La gente que esperaba fuera de la sala de entrenamiento no parecía demasiado molesta por la espera. Se alegraba de ello, porque le habría dado mucha vergüenza haber causado molestias ya desde el primer día. Pero luego estaban las respuestas de Leo, ni con lo de pasar las vacaciones con él ni con el comentario de la ducha había conseguido reacción alguna. Definitivamente debía de estar imaginándoselo todo, sino no tenía otra explicación, puede que se estuviese equivocando... Pero lo de carnaval fue real, a pesar de haber bebido se acordaba bien, todo aquello había pasado, ella lo había sentido, lo había visto en los ojos de Leo. ¿Entonces qué pasaba? ¿Qué se le estaba escapando? La curiosidad le podía y no se iba a dejar vencer tan fácilmente. Podía optar por soltar todo lo que pensaba de forma directa, aun a riesgo de incomodar a Leo, pero quizá no era la mejor opción.

Entre tanto pensamiento, llegaron a la habitación. Era raro que hubiese caminado tan callada todo el tiempo, Leo no estaba acostumbrado a esa actitud por su parte, pero no podía evitar perderse en sus pensamientos, darle vueltas a las infinitas opciones posibles.

La habitación era más o menos como la recordaba, lo único nuevo era aquél sofá. Cuando el chico añadió que seguro que había habitaciones libres por ahí, se giró con una cara difícil de describir. ¿Frustración? ¿Incredulidad? ¿De dónde había salido aquél chico tan caballeroso? ¿Desde cuándo los chicos de 20 años tenían tanta consideración? La fascinaba.

- Me sorprendes cada día más Leo, de verdad. - Respiró hondo, en realidad era ahora o nunca, si quería que no hubiese malentendidos ni meteduras de pata más adelante, cuando una equivocación pudiese costarles la vida en una misión, tenía que aclararlo todo. - Comienzo a pensar que estoy malinterpretando algo que está pasando entre tú y yo, o que me lo estoy inventando, y antes de nada quiero aclararlo.

Hizo una breve pausa para mirar la reacción de Leo, que no le dijo gran cosa, así que continuó tras coger aire.

- No sé muy bien cómo decirlo sin que suene... excesivo, pero allá va... Quiero que te metas en la ducha conmigo, y no quiero que te vayas a dormir al sofá precisamente cuando me quede. - Concretó intentando que no le temblase la voz. - No sé si lo he dicho lo bastante claro y sincero.

Y ahora sí pensó: tierra trágame, mátame camión...
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Eva WaldorfMagos y brujas

Leonardo Lezzo el Vie Abr 06, 2018 1:21 pm

A pesar de todo, Leo había recibido una correcta educación por parte de su madre. No le daba miedo pedir perdón, ni vergüenza dar las gracias, y pedía las cosas con educación. Pero sobre todo, siempre trataba con respeto a las mujeres. Es algo muy difícil de ver en la juventud de hoy en día. A esa educación se unía su timidez, y su fe. Así qué, cuando Eva le propuso pasar allí sus vacaciones su mente empezó a pensar cosas un tanto indebidas. Se conocían de hacía poco, ni siquiera se conocían bien. Les había ido bien juntos en su primera misión, y Leo se alegraba de tenerla de su bando. Sabía que la chica era muy guapa, y no le importaría poder llegar a conocerla mucho más profundamente. No por ello se sentía tranquilo al invitarla de nuevo a su habitación, y se llenaba de nervios al pensar en tenerla durmiendo en su misma habitación.

A pensar de la situación, Leo fue totalmente correcto con Eva. Así que la reacción de la chica le pilló desprevenido. Parecía enfadada, o más bien indignada. Él escuchó atentamente, no sabía qué había hecho mal. Lo que ella tenía que decir no era para nada parecido a lo que él imaginaba que iba a escuchar. Esta vez si que le subieron los colores a la cara, Leo podía notar como el rubor le cubría el rostro y el cuello. ¿Y ahora qué? No hablaba porque había demasiadas cosas que quería decir, y su mente estaba tardando en ordenarlas. - Ha sido muy claro, si. - Contestó sin mirarla. Tenía las palabras, sabía lo qué quería decir, pero no le salía. Era como si le hubiese explotado el cerebro.

Cuando al fin dejó de mirar el suelo y afrontó la mirada de Eva, supo que tampoco ella lo estaba pasando bien con aquello. Había sido directa, mucho, quizás demasiado. A saber cuanto tiempo llevaba pensando así sobre Leo. Quiso acercarse un poco, y sin querer tropezó con sus propios pies. - Eva, yo... - Lo que estaba a punto de decir le dolía, y sentía miedo. No quería dejarla escapar, ni que ella se enfadase con él. Pero debía ser fiel a él mismo. - No puedo decir que no me sienta igual que tu, porqué también esas cosas han pasado por mi mente. - De nuevo se acercó a ella, hablando con tono amigable para intentar relajar el ambiente. - Pero, siento que es demasiado precipitado. - Aprovechando la cercanía, le cogió torpemente la mano. No le estaba diciendo que no, estaba pidiendo tiempo. Leo buscaba la comprensión de Eva. - Me gustas. Mucho. - Sonrió aunque los ojos los tenía tristes, estaba pasando por un mal momento. Un momento adulto. - Por eso mi intención no es meterte en mi ducha o en mi cama. Por ahora. Has ido a dar con el chico más tímido y reflexivo del mundo. Y lo que de verdad me gustaría es poder conocernos mejor. - Leo había sobrevivido. Posiblemente había sudado más en aquel momento que en todo el entrenamiento. Las relaciones personales son bastante complicadas, y más si se trata de mujeres. Mucho más si se trata de mujeres que te gustan de verdad. Se acercó lentamente y besó a Eva en la mejilla, buscando luego sus labios.
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Eva Waldorf el Vie Abr 13, 2018 3:00 pm

Song: Glades - Drive

Vaya... Al final sí que se había precipitado. Como siempre, debió mantener la boca cerrada. La reacción de Leo fue bastante clara, le hizo sentir avergonzado con todo lo que le había soltado tan de sopetón. ¿En qué momento pensó que podía ser una buena idea o podía salir bien?

Tenía dos opciones, hacer como si nada hubiese pasado y comportarse como hasta el momento, o comenzar a comportarse de una forma más seria. No tenía muy claro si podía ser capaz de hacer como si nada, la respuesta de Leo le entristecía, creía que las cosas estaban de otro modo. Menuda vergüenza... Tenía que decir algo, quedarse en silencio no era una opción, magnificaba la tensión del momento, y tampoco quería estropear la amistad que tenían, al menos quería conservar eso.

- No pasa nada Leo... Ha sido un error mío que nos ha hecho sentir mal a los dos. - Dijo mirando hacia el suelo. - Créeme, no volverá a pasar nunca más, te lo prometo.

Cuando Leo le cogió de las manos y le dijo que le gustaba mucho, levantó la vista del suelo y le miró con un poco de incomprensión. Era confuso, en cierto modo le comprendía, era un chico romántico, más tradicional... Y lo que ella había propuesto quizá le había sonado irrespetuoso o escandaloso, si era así entonces sentía haberse precipitado.

Iba a responderle que le comprendía y que respetaría su ritmo, que no pasaba nada, pero se acercó y la besó en la mejilla, para luego girar un poco buscando los labios de Eva.

El corazón se le disparó. De repente se sentía pequeña, adolescente, torpe y con el corazón en la garganta, casi podía sentir como comenzaba a temblar un poco de los nervios. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo reaccionaba? Sabiendo lo que le había dicho Leo, ¿debía quedarse quieta? ¿Respondía? Ay dios...

Le respondió al beso, acariciándole suavemente la nuca, jugueteando un poco con su cabello, estaba húmedo por el sudor. Pero eso le daba igual, tenía los labios tan suaves, tan mullidos... Besaba tan bien que se mareó un poco, no quería que se acabase. Duró unos breves segundos y luego se separaron muy nerviosos.

- Vaya... Esto... No sé qué decir... - Dijo acelerada, colorada y temblando de nervios. - Leo, yo... No quiero hacerlo mal, te valoro demasiado como para fastidiarlo todo.

Quería seguir besándole, para siempre. Tenía unos labios adictivos y... en fin. Pero veía a Leo muy nervioso y desubicado, así que decidió hacer un poco más sencilla la situación, para ambos.

- Creo que debería irme a la ducha o algo... -  Añadió. - Cuando salga podemos hablar del tema de las vacaciones, comienzan mañana. - Y acto seguido cogió su ropa y la toalla y se fue hacia el baño taquicárdica perdida. Leo iba a acabar con ella.
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Eva WaldorfMagos y brujas

Leonardo Lezzo el Miér Abr 18, 2018 12:51 am

Ella había dicho las cosas muy claras. Tan claras que por poco Leo sale corriendo de su propia habitación. Aún con sus nervios y la falta de educación emocional suficiente para salir de aquella situación, lo consiguió. Logró trasmitirle a Eva sus sentimientos, y ella pareció entenderlo al final. Para dejárselo todavía más claro, él se armó de valor y buscó sus labios. ¡Qué beso! Ella no puso impedimentos, y se besaron tímidamente al principio, para luego hacerlo con más brío. En ese momento pudo comprobar que lo que dicen de las mariposas en el estómago era totalmente cierto. Jamás se había sentido así. Por un instante le pareció estar flotando. Se centró cuando abrió los ojos y el beso cesó. Estaba paralizado, muerto de miedo. Aquella situación era nueva, en cierto modo. Soltó un suspiro al escuchar las palabras de Eva. - No hay nada que no se pueda solucionar hablando. ¿No? - Pudo articular palabra a pesar de su estado emocional. - Mañana... - Dijo en voz baja al saber que mañana empezaban las vacaciones de Eva. Agradeció que Eva finalmente entrase en la ducha. La tensión le iba a matar.

Cuando ella cerró la puerta tras de si, Leo se sentó en la cama y se aguantó la cabeza entre las manos. Lo que acababa de pasar era real. Hasta aquel momento no se había permitido el lujo de pensar, y ahora su mente pensaba al doble de velocidad. Le vino a la mente la primera vez que vio a Eva. Supo que era preciosa, sí. Pero estaba tan asustado por las cartas anónimas que solo buscaba explicaciones, y fue bastante brusco. La siguiente vez fue un encuentro más normal, y se permitió el lujo de verla de otro modo. Su experiencia con mujeres se reducía a los meses que estuvo con Yvette. Con ella todo resultó fácil. Eran amigos, muy íntimos, y se dio. También ayudó que se fuesen a vivir juntos para ir a la universidad. Todo surgió solo. Pero cabe decir que Leo e Yvette durmieron juntos muchas noches antes de que pasase algo entre ellos. Él siempre fue muy respetuoso. Y lo iba a seguir siendo.

Sabiendo que Eva podía tardar un poco en salir, bajó a las cocinas y cogió algunas provisiones. Había quemado mucho durante el entrenamiento y necesitaban recuperar. Subió de nuevo a la habitación con algunas galletas, zumo y fruta. Su estómago estaba cerrado, sentía un nudo por dentro que le iba desde la garganta hasta el intestino. Dejó la comida sobre la mesa y buscó algo de ropa para después de la ducha. Una camiseta limpia, unos pantalones cómodos y calcetines. ¿Lo tenía todo? Él pensó que sí, aunque estaba olvidando una prenda interior muy importante en su armario. Cuando Eva salió intentó sonreír. Quería tranquilizarse, y que ella también se calmase. Estaba preciosa con el pelo medio mojado todavía. - He traído algo para comer. - Tomó su ropa y se dirigió al baño. - Es mi turno. Después hablamos... - Aquello sonaba como una amenaza, y pese a que la dijo Leo, no sabía muy bien hacia quien iba dirigida. Casi le temblaban las piernas al pensarlo. Estaba tan nervioso y su cabeza puesta en otras cosas, que resbaló dos veces en la ducha y por poco se parte la crisma. Cuando logró ducharse, se secó, se pasó una toalla por el pelo sin cepillarlo luego, y se fue a vestir. No había calzoncillos. Tardó un instante en asimilar que no estaba solo en la habitación, que había una señorita fuera esperando y que iba a estar todo el rato sin calzoncillos. ¡Que vergüenza! Se vistió, se armó de valor, y salió dispuesto a hablar. - ¿Cuanto tiempo llevas planeando esto? Me has pillado tan por sorpresa que casi me da algo. ¡Jolines! - Leo empezó a reír, de los puros nervios, y se acercó a Eva dispuesto a sacar algo en claro. ¿Cómo le pides salir a alguien que te ha pedido sexo explícitamente y que mañana va a dormir en tu cama? Es complicado.
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Eva Waldorf el Miér Abr 18, 2018 11:13 am

Song: Maldita Nerea - La respuesta no es la huida

Eva intentó caminar con seguridad hacia el baño, intentar tomar las riendas de la situación en vez de que la situación la dominase a ella. Por favor, no era para tanto... Pero sí que lo era.

Abrió el agua caliente mientras se desvestía, sonreía pensando en lo que acababa de pasar, no eran imaginaciones suyas, había sido un beso tan increíble y tan corto, y tan todo que le costaba respirar hondo. Se metió en la ducha y escuchó la puerta de la habitación cerrarse, quizá Leo había salido a tranquilizarse, podía ser que necesitase espacio. Sonrió al pensar que quizá le tensaba tenerla duchándose tan cerca, y por eso puso distancia. Parecía una cría hormonada, tonta e impulsiva, quién se lo iba a decir. Al poco tiempo volvió a escuchar la puerta, parecía que Leo estaba de vuelta, de repente una simple puerta le parecía poca separación, ¿y si entraba en el baño? ¿Y si había cambiado de idea? Todo el arranque que tuvo hacía un rato se había ido por el desagüe, ahora se sentía vulnerable.

No entró y Eva terminó de ducharse, salió de la ducha y se lió en la toalla, necesitaba respirar hondo, volver a ser dueña de sí misma, que Leo viese que nada había cambiado, aunque había cambiado todo, había dado rienda suelta a tanto y había tenido que contenerse tanto a la vez. Lo mejor era dejar la mente en blanco o la cabeza le daría vueltas, así que se vistió, reunió valor y salió del baño.

Fuera se encontró a Leo, sonriendo un poco tenso, nervioso, se le veía tan muerto de miedo como a ella.

- Gracias... - Fue todo lo que se le ocurrió contestar ante el gesto de llevar comida a la habitación. Lo cierto es que estaba muerta de hambre, pero no creía poder tragar nada.

Antes de poder decir nada más, Leo se dirigió con paso rápido hacia el baño mientras decía que después hablarían. No sabía si sonaba bien o mal, quizá estaba disgustado con todo eso, o le parecía mala idea que ella se quedase allí con él. Su inseguridad en sí misma comenzó a aflorar sin control, como un gesto involuntario se acarició el tatuaje que tenía al final del lumbar derecho, cerca del glúteo, una huella de gato. Se prometió no dejarse dominar por la inseguridad, y ahí estaba, sentada en una cama, con el pelo mojado, empapando su camiseta y acariciando el tatuaje. Entonces Leo salió, tan atractivo como siempre, con el pelo húmedo y revuelto, le entraban tantas ganas de acariciarlo que... siguió acariciando su tatuaje. Le sorprendió preguntándole y por un momento se quedó en blanco.

- Pues no es algo que tuviese planeado, lo de las vacaciones lo he dicho para ver qué te parecía... - Hizo una breve pausa mientras acariciaba el cabello mojado. - Y lo demás... Sólo he hecho caso a mi impulso, a lo mucho que me apetecía y... No sé, estoy muy muy nerviosa, Leo. Estoy muerta de miedo.

Leo se le acercó, riendo e intentando quitar hierro a toda la tensión que había, su risa era preciosa, apenas le escuchaba reír y era una pena, y esos labios tan mullidos que... Paró en seco lo que estaba pensando, estaba intentando calmarse. Se fue a levantar cuando se dio cuenta de que quizá Leo no llevase calzoncillos, era un poco obvio y Eva se sonrojó y comenzó a reírse, nerviosa también. Cualquiera podría haber dicho que era virgen. ¿Y ahora qué? Tendría que disimular que no se había dado cuenta, pero era tan evidente. Ay dios, Leo iba a matarla.
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Leonardo Lezzo el Jue Abr 19, 2018 11:02 pm

A pesar de todo lo ocurrido el momento asolas en la ducha le dejó calmarse, y nada más salir de nuevo al encuentro de Eva atacó con una pregunta comprometida. Sentía curiosidad por saber si aquello era algo planeado. Quería saber si podía acusarla de asesinato premeditado. Notando el latido de su corazón, sabía que le podía dar un infarto en cualquier momento. Y los malditos nervios. Cuando estaba nervioso pero contento, empezaba a reír. No podía evitar esa risita nerviosa. Eva dijo que no era algo premeditado, simplemente surgió. Leo supo que ella debía tener mucha más experiencia en ese tipo de asuntos. Él estaba muy verde, y se sentía totalmente vulnerable. Como un niño pequeño al que lanzan a la piscina para que aprenda a nadar sin haberle dado ninguna clase antes. Ella dijo que estaba muerta de miedo, y eso le abrió los ojos a Leo. Ambos eran vulnerables.

Sin pensar en su falta de ropa interior, se acercó a Eva lentamente. Primero dudó, poniendo su mano sobre el brazo de Eva, pero al final se acercó y la abrazó. Tenía el pelo húmedo y olía muy bien. Estaba cálida, a pesar del pelo, y su corazón latía rápido como e de Leo. - Tenemos que tranquilizarnos. ¿Vale? - Disfruto del abrazo, y del aroma de la chica. - ¿Esto te tranquiliza? Debería servir... - La cara de Leo fue buscando el pelo de ella, y lo besó. - Deberías secarte el pelo. No quiero que te resfríes... - No quería soltarla del abrazo, para que no viese la cara de idiota que tenía. Sonriendo, con la mirada perdida y la mente ocupada guardando aquel momento bajo llave.

Se había tenido que armar de valor tanto hoy que no le quedaba valor para nada en el resto del mes. Pero tuvo que soltarla, y separarse. Tenían que hablar, sincerarse y hablar de las vacaciones de Eva. - Eres preciosa, lista y muy valiente. Es imposible que no me gustes. Me he puesto nervioso hoy pensando en que ibas a venir y ahora creo que me va a reventar el corazón. La verdad es que soy nulo en temas... - Amorosos. Quería decir amorosos, pero no le salía la palabra. - Soy cauto, reservado. Debería agradecerte tu asalto, porque yo no te hubiese dicho nada en la vida. Y menos ahora, con los tiempos que corren. - Leo se miró los pies. No llevaba calcetines. Los habría dejado en el baño sin darse cuenta. Tenía tantas cosas en la cabeza que se había vestido a medias.

Por lo menos se había atrevido a besarla, y a abrazarla. Eso era un punto a favor de su timidez. De hecho, le seguía apeteciendo besar sus labios. Quería besarla hasta que los nervios desaparecieran, hasta que la incomodidad desapareciese. Hasta que los besos se volviesen parte de su día a día. Y mañana... Ella iba a quedarse mañana. - ¿Qué te gustaría hacer los días que estés aquí? Dada mi situación, no puedo salir a pasear, ni al cine, ni a tomar un helado... ¿no te aburrirás? - Leo quería hablar de ese tema para esquivar un poco el tema sentimental, aunque al fin el tema era el mismo. Estaba demasiado alterado. Ambos se gustaban y ahora lo sabían. Podían pasar muchas cosas en aquellos días, pero el chico prefería no pensar en ello. No quería ponerse más nervioso todavía.
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Eva Waldorf el Vie Abr 20, 2018 1:52 am

Song: Nick Jonas - Chainsaw

Eva:
Pero con los labios sin pintar.

Leo se le acercó lentamente, haciendo que Eva se levantase de la cama. Estaba muy nerviosa, apenas podía sostenerle la mirada, ¿a dónde había ido toda la valentía? ¿Por qué Leo la hacía sentir tan pequeña y tan tímida? Leo la abrazó... Entonces pudo suspirar de alivio, el pecho de Leo subía y bajaba rápido, era cálido, firme y a la vez mullido. Se permitió restregar un poco la nariz e inspirar hondo, olía a suavizante y a él, eso la volvía loca, le daban ganas de morderle la barbilla. Él decía que tenían que tranquilizarse, ¿pero cómo hacerlo? Estaba muy sensible a cualquier estímulo, quería respirar hondo y no era capaz, quería saltarse toda la lentitud que Leo necesitaba, pero también quería que él se volviese tan loco como ella. En cierto modo, al ser él tan "tradicional", le hacía más ilusión que fuese él quien diese el primer paso.

- Lo intento Leo, pero soy incapaz de tranquilizarme, ¿tú puedes? - En el fondo quería oír que no, que no podría tranquilizarse con nada mientras la tuviese abrazada. - ¿A ti este abrazo te tranquiliza...? - Le besó el cabello, un beso tierno, muy dulce y protector. Intentaba rebajar la tensión que asfixiaba en la habitación con ternura.

- No te preocupes, no creo que me resfríe, aquí hace mucho calor. - Se alejó un poco de su pecho con mucha fuerza de voluntad y le miró a los ojos. No era consciente de lo alto que era, de lo mucho que tenía que inclinar la cabeza a esa corta distancia para mirarle, eso la hizo sonreír. Él también sonreía de un modo muy especial, estaba disfrutando de tenerse en brazos mutuamente. Cuando la soltó y dio un paso atrás Eva suspiró, se sentía un poco menos en casa.

Leo le explicó lo mucho que le gustaba ella, trataba de hacerle entender la situación desde su punto de vista. Y Eva intentó entenderse, ponerse en su piel. Era una confesión en toda regla, muy al estilo de Leo, dando rodeos.

- Lo cierto es que me siento un poco culpable por asaltarte así, has debido llevarte muy mala impresión de mí. - No sabía muy bien como enfocar lo que quería decir. - Yo tampoco tengo demasiada experiencia, yo no... Apenas he estado con chicos, y hacía tanto que no sentía... - No podía decir que empezaba a enamorarse, era capaz de terminar de espantarlo del todo.

Mañana... Mañana comenzaban dos semanas muy intensas.

- Pues mañana es día 20 de abril, que comienzan oficialmente mis vacaciones. Puedo quedarme a pasar la noche e ir ya mañana a recoger algo de ropa a mi piso, o puedo irme a mi piso a dormir y ya mañana vuelvo... - Prefería que fuese él quien eligiese cómo hacer las cosas. - Sé que suena arriesgado, pero podrías acompañarme, conozco un McDonals al lado de mi casa que es seguro, es 100% muggle. Después el resto de las dos semanas estaremos seguros aquí, entrenando y... hablando. ¿Qué opinas?

Tiró de su camiseta y se volvió a abrazar a él, poniéndose de puntillas y hundiendo la nariz en su cuello. Prefería no mirarle a los ojos mientras contentaba, y además no podía contenerse más. Iban a ser dos semanas muy duras.
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Leonardo Lezzo el Lun Abr 23, 2018 1:11 am

Un abrazo puede tranquilizar a alguien cuando ese alguien está asustado, molesto, agobiado, enfadado, triste, … Pero en ningún momento lograron tranquilizarse con aquel abrazo. Leo se sentía bien con la proximidad de sus cuerpos, y con la seguridad de no tener la atenta mirada de Eva sobre él. Pero no se sentía más tranquilo de ninguna manera. Al contrario, estaba más inquieto. Esa proximidad le hacía pensar en un futuro no muy lejano. Iban a pasar muchos días juntos, durmiendo juntos, y sabiendo que ambos estaban interesados en el otro. Era una bomba explosiva de hormonas revolucionadas que asaltaron a Leo de repente. No podía soltarla ahora, no podía ver sus ojos, se iba a morir. Se soltó un poco, sincerándose. El principal problema del chico es que no sabía como afrontar la situación. No tenía mucha experiencia previa con mujeres, y Eva había sido tan sumamente directa que Leo se sintió bastante más inseguro.

No añadió nada más. Ya notaba el corazón a punto de salir por su boca, había hablado bastante sobre el tema. Intentó cambiar de tema, pues sentía curiosidad por las cosas que Eva y él podrían hacer durante las vacaciones de la chica. Leo no tenía mucho que ofrecer, y el refugio no era un lugar muy animado. Temía que Eva se aburriese. Tampoco debía estar encerrada siempre, ella podía salir libremente. Ella le dio varias soluciones para el día de hoy. Fuera como fuese, ella quería estar con él desde esa misma noche. Y él quería lo mismo, aunque no se atrevía si quiera a pensarlo. Eva mencionó algo sobre un McDonalds cercano a su casa, y eso lo terminó de convencer. Hacía más de un año que no comía una hamburguesa. No se trataba de la mejor calidad, pero eran hamburguesas. Un tanto adictivas. Se moría de la vergüenza al pensar en que iba a estar en su casa, pero tenía que conseguir decir que sí. Ella le abrazó de nuevo. ¿Se sentiría igual? - Te acompaño. - Logró pronunciar sin titubear. - Hace tiempo que no salgo, y menos a comer una hamburguesa. Estando contigo, sé que estaré bien. Se te dan muy bien los hechizos. - Se separó un poco de ella, acariciando su cara y mirando fijamente sus labios. Deseaba besarla. - Tendremos tiempo de hablar de muchas cosas. - Concluyó con mirada inocente. Quería volver a sentir sus labios, pero estaba indeciso. No quería complicar más las cosas. Habían acordado irse hoy, y Leo debería coger un pijama decente, y ponerse ropa interior. Pero sus labios...  

Se salvó del dilema por el perro. Unos sonoros rasguños en la puerta le indicaron que Nico estaba en la puerta. Leo fue a abrir, y el perro se dirigió directamente a su rincón, donde tenía el agua y la comida. - Am... este es Nico, mi fiel compañero de aventuras. Suele ser más simpático, pero los niños del refugio le tienen agotado de tanto jugar. - El perro daba sonoros lengüetazos al agua. Después de eso, se acercó a Leo buscando una caricia y esperó educadamente sentado frente a Eva. - Chico, esta es Eva. Vas a verla mucho estos días. - Era algo importante para él. Nico era su fiel amigo, un compañero leal. Habían compartido muchas penas, y ahora compartían habitación y refugio. Quería que Eva y él se llevasen bien. Aunque sobraba decir que Nico iba a dormir unos días en el cuarto de las mascotas caninas, y los elfos se harían cargo de él como siempre. - Bueno, me cojo el pijama. ¿No? - Leo se dirigió al armario, poniendo ropa limpia y un pijama decente en una bolsa. Luego cogió ropa interior y calcetines, y fue al baño a adecentarse. No podía salir de allí sin ropa interior. En menos de tres minutos estaba listo.
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