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Let's talk about pets [Joshua&Novella]

Novella A. Hilmar el Jue Mar 22, 2018 10:25 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Martes 20 de marzo, 2018 || Torre de Astronomía, Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería || 18:37 horas

Novella Hilmar observaba el cielo y el horizonte desde lo alto de la Torre de Astronomía del Castillo de Hogwarts con una sonrisa en la cara. El sol estaba poniéndose a lo lejos, escondiéndose entre las altas y escarpadas montañas que servían de cobijo al colegio, que lo escondían del ojo curioso de los muggles.
Bueno, no solo eran las montañas lo que escondía Hogwarts de los muggles. Los fundadores habían lanzado hechizos protectores y otras cosas, convirtiendo aquel lugar en una fortaleza impenetrable, el lugar más seguro del mundo mágico.
O eso contaban, claro, y Novella tenía sus dudas: recordaba al menos una ocasión en que tantas medidas de seguridad no habían servido para prevenir un ataque de esos que se hacían llamar "puristas", y que ahora controlaban el colegio, el Ministerio... y bueno, todo el mundo mágico.
A la muchacha no le preocupaba en absoluto nada de esto; el mundo era demasiado bonito cómo para preocuparse de nimiedades cómo las que estaban ocurriendo entre los magos. El mundo tenía atardeceres, amaneceres, noches estrelladas, lagos cristalinos, enormes montañas verdes, nubes con forma de patitos y otras criaturas, insectos de todos los tamaños y colores... ¿Cómo podían preocuparles a los magos esos problemas de los sangre sucia y los puristas habiendo tantas cosas bonitas que ver ahí fuera?
Fenwyck, quién hasta entonces descansaba sobre el hombro de Ella, descendió a la barandilla en la que la niña estaba apoyada, y se puso a caminar por el borde. La muchacha le siguió con la mirada.

—¡Fenwyck Hilmar, ten cuidado!—Exclamó, dándole tal susto al Bowtruckle que estuvo a punto de caerse de la barandilla.—¿Ves lo peligroso que es lo que estás haciendo? Si te caes, te vas a convertir en puré de Bowtruckle.—Fenwyck se ofendió por enésima vez en ese día, cruzando sus ramitas superiores cómo si fueran brazos. Miró a la muchacha con expresión de fastidio.—¿Que ya eres mayor para que te diga lo que tienes que hacer?—La niña hinchó los carrillos, dándose la vuelta y cruzándose de brazos. Cerró los ojos y levantó la barbilla como gesto de desprecio.—¡Muy bien, pues haz lo que quieras! Si quieres arriesgarte a caerte y que te cace al vuelo una lechuza, tú mismo. ¡Yo no me hago responsable de lo que te pase!—Ella mantuvo aquella pose durante unos segundos, hasta escuchar el cuchicheo de Fenwyck a su espalda; entonces, se volvió esbozando una enorme sonrisa, achinando sus grandes ojos en una expresión de felicidad.—¡Así me gusta, Fenwyck, que seas razonable! Ahora, sé bueno y súbete a mi hombro. Desde ahí verás mejor el atardecer. No quieres perdértelo, ¿verdad?

Ella volvió a su posición anterior, los brazos apoyados sobre la barandilla, y el Bowtruckle trepó a lo alto de su hombro, agarrándose a uno de sus mechones de pelo cómo si fuese una cuerda de seguridad. Ambos contemplaron el orbe que era el sol, y que poco a poco iba tornándose rojo. El cielo a su alrededor se tornaba naranja a medida que el astro se iba sumergiendo entre las montañas del horizonte.
¿Habría una visión más bonita en el mundo? Quizás sí. Quizás... ¡un atardecer con un montón de insectos revoloteando alrededor! ¡Aquello haría las delicias de Novella!
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Joshua Eckhart el Dom Mayo 13, 2018 9:13 am

El asunto con Fenyckella era… extraño, si era honesto. La gran parte del tiempo, Joshua sentía que estaban manteniendo dos conversaciones totalmente diferentes, uno con una y el otro con la otra, de modo que no estaban en ninguna sintonía. La miró como si le hablase en sirenio cuando empezó a decir que estaba implícito en el nombre que no podían entrar. Es decir, sí que lo estaba, ¡explícito de hecho! Pero las cosas que ella decía… no eran precisamente verdad. Quizá comprendía un poquito al bowtruckle en ese caso, a decir verdad, pero no hizo más que suspirar, distrayéndose con lo suyo.

Lo que nadie esperaba ocurrió entonces, con la aparición de ese tentáculo que se llevaron a Antonella muy profundo al interior del lago, haciendo un chapoteo al caer al agua. — ¡Robella! —¿ese era un nombre? Pues no importaba, porque fue su angustiado grito antes de lanzarse al agua, como todo un héroe, a por ella. O algo así. El caso era que no quería que le achacaran la desaparición de ningún estudiante, así que nada, tocaba ir a arriesgar el pellejo a por la muchacha.

Cayeron en el exterior, mojándolo todo donde impactaron sus cuerpos como dos peces, tosiendo mientras escuchaba cómo finalmente Gabriella se acordaba e su nombre. ¡Al fin sabía su nombre! ¿Era sólo la excitación de la adrenalina, o era realmente que finalmente se lo había aprendido? Joshua se dejó caer al suelo con los brazos extendidos, disfrutando del oxígeno cuando acabó de toser, aunque Lorella estaba muriéndose entre tos y agua, hasta el momento en que se dio cuenta de que todo estaba tranquilo. Es decir: demasiado tranquilo. Faltaban unas ramitas por ahí dando la lata, ¿dónde se habían metido Fenwyck y Rangi?

No crees que hayan ido… Quiero decir, Fenwyck quería ir al Bosque Prohibido, no crees que hayan decidido ir a poner las ramitas en peligro… ¿no? —Joshua querría decir que Rangi era un bowtruckle increíblemente racional que no se metía en problemas nunca, ¡pero qué demonios! ¡Sabía que ese bowtruckle a veces tenía como único propósito hacerlo enfadar! A veces era como una madre llena de preocupaciones, y otras como un adolescente rebelde empeñado en sacarlo de quicio. — Busquémoslos en los alrededores, no pueden haber ido muy lejos —trató de posponer la idea de ir al bosque.

Debían estar en los alrededores, jugándoles una broma para que se preocuparan por ellos al no saber leer el ambiente ya de por sí tenso de casi haber muerto en el lago. Bien, eso podía ser un poquito exagerado, pero era más o menos como se sentía. Sólo quería que Rangi saliera de entre los arbustos picándole con sus ramitas enfadado y le reclamase o alguna cosa parecida. Pero no salía.

***

Entonces vio aquel tentáculo gigante llevándose a los dos hermanos en dirección al agua, y pronto su humano también había acabado metiéndose al agua con ellos. Rangi lo encontró de lo más divertido, al principio, acercándose a mirar a la oscuridad del lago para poder observar si podía divisar algo más allá de la superficie del agua. Vio unos palitos moviéndose, pidiendo ayuda entre cuchicheos hasta que él, muy valiente, tuvo una idea maravillosa. Saltó sobre un tronco que iba en el agua deslizándose suavemente, haciendo que se tambaleara en el agua, aunque por suerte consiguió subir al mismo a su congénere.

No fue mucho tiempo luego que empezaron a escuchar a los humanos llamándoles. Un Rangi aún muy resentido con su dueño había decidido que no contestaran al llamado. Era simple: ¡una aventura! No tenía por qué suceder nada malo si sólo iban a una aventurilla. No fue difícil convencer a Fenwyck de ello, empezando a remar por el lago, ¿en dirección a dónde? La puso su compañero de ramitas: El Bosque Prohibido. No era nada del otro mundo, si era honesto, pues ese había sido el hogar de Rangi durante mucho tiempo hasta el momento en que el humano le llevó al castillo. Todo iba a salir bien.

Nada más detener su improvisado bote en el lodo adyacente al bosque, los dos protagonistas de esa aventura empezaron a explorar. Rangi parecía muy seguro de lo que hacía, incluso si Fenwyck llegase a dudar él sería quien lo impulsaría. Ellos estaban ignorantes, o bien no lo pensaban o bien ni siquiera les importaba, del hecho de que allá, lejos, sus dueños empezaban a discutir acerca de entrar, o no, al bosque por ellos.

***

¿De verdad crees que hayan ido al bosque? ¡Es una locura! ¡Les dijimos que no, es peligroso! —Joshua no quería creerlo, realmente quería pensar que les estaban tomando el pelo. — Es una locura, no podemos ir por ellos ahora —se quejó, — está pronto a anochecer, ¡quién sabe qué cosas nos encontremos por ahí! —suspiró, inhalando profundamente y exhalando. Tenían que ver una estrategia. O lanzarse a aquella misión suicida de encontrarlos.
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Novella A. Hilmar el Jue Mayo 17, 2018 10:36 pm

De un momento para otro, igual que sucede cuando un meteorito cae del cielo y elimina toda la vida existente en el planeta—¡Qué mala pata cuando pasa eso!—sucedió que Novella Adeliza Hilmar, estudiante de la casa Ravenclaw, cursando su quinto curso en el colegio Hogwarts, terminó sumergida en un lago. Y también de la misma manera, de un momento para otro, se encontró nuevamente fuera del agua, escupiendo agua mientras tosía y se preguntaba qué diablos había sucedido y cómo era posible que algo así sucediese. Otra persona quizás hubiese sido un poco más consciente, en ese momento, de lo cerca que había estado de la muerte, pero Novella no. Novella solo era consciente de que había sido salvada heroicamente por Joshua. ¡Porque sí, estaba segura de que se llamaba Joshua! El agua del lago negro debía haber actuado cómo bálsamo, aclarando sus ideas y recuerdos, permitiéndole recordar el nombre que se le resistía. ¡Qué remedio tan milagroso! ¡Alguien debería patentarlo, cómo la sangre de dragón! Quizás yo misma debería patentar la sangre de dragón... Bueno, espera, que eso no puede hacerse, porque ya ha sido hecho. Además, a Novella no le hacían gracia los dragones por su preocupante tendencia a arrojar llamaradas por la boca.
¿De qué estaba hablando? ¡Ah, sí! Del momento en que Novella fue rescatada por Joshua, quién de un minuto al siguiente se convirtió en un héroe para la muchacha. Y es que no todos los héroes tenían que llevar capa y escudo, ni una máscara ridícula con aspecto de cabeza de murciélago. ¡No! También los había que llevaban puesto un gorro mojado en la cabeza.
Así se lo hizo saber, así le hizo saber la deuda de por vida que había contraído con él. Sin embargo, las celebraciones no duraron demasiado, pues ocurrió una terrible catástrofe: Fenwyck y Rangi estaban en paradero desconocido, y Novella ya empezaba a temer que hubiesen sido pasto del calamar gigante. ¡Podía ocurrir! ¡Que la hubiese atrapado a ella con un tentáculo no quería decir nada! ¡Tenía otros ocho! Espera... Ocho tienen los pulpos... Y uno más ocho son nueve, así que ese cálculo no me parece correcto... ¿Cuántos tentáculos tiene un calamar gigante? ¿Más que uno normal? Da igual, tampoco sé cuantos tiene uno normal... ¡Eso no importaba ahora! Había que averiguar dónde se habían metido esos dos.

—¡Ese bicho-palo desgraciado sin duda ha decidido ir al Bosque Prohibido!—Sentenció con dureza Novella Hilmar, sintiendo cómo la furia se infiltraba poquito a poco entre la preocupación que sentía hacia Fenwyck. Sin embargo, Joshua proponía empezar buscando por los alrededores.—¡De acuerdo! Yo te sigo, pero permíteme que señale la evidencia: cuanto más retrasemos la entrada a ese oscuro bosque prohibido del demonio, más hondo se meterán en él. Pero vamos, yo te sigo.—Y cuando encuentre a Fenwyck le asesinaré.

***

Una vez las ramitas inferiores de Fenwyck tocaron el suelo lodoso de la orilla, el Bowtruckle se sintió libre de hacer lo que quisiese. ¡Libre de vivir su vida! Le vino muy bien que Rangi quisiese vengarse de su compañero humano por las falsas promesas de sabrosas cochinillas. Así que el Bowtruckle lo siguió.
Correteraron por el oscuro bosque cómo si fuesen dos niños en el recreo de un colegio muggle. ¿A dónde iban? Daba igual, lo primero era alejarse de aquellos quienes los buscaban. Y para ello no cabía otra opción que moverse, que correr.
No tardó mucho Fenwyck en escuchar el sonido de una rama que se partía, en algún lugar entre la maleza del bosque, y en detenerse a mirar. Aguzó sus pequeños ojos, tapándoselos un poco con una de sus ramitas superiores, cómo si hubiese algún tipo de luz solar que pudiese cegarle. ¿Y qué luz solar iba a haber? Aquello estaba oscuro cómo la boca del lobo...


***

Pero los dos Bowtruckles, evidentemente, no estaban por los alrededores, y lo que tenían los dos jóvenes era una Novella cansada por correr de un lado para otro con el peso añadido de su ropa mojada. Se dobló por la cintura, apoyando las manos en las rodillas. Inspiró y expulsó aire varias veces en un intento por recuperar un ritmo normal respiratorio normal, mientras su corazón entonaba una melodía de Jazz dentro de su pecho. Bueno, una melodía de Jazz que hubiese sido acelerada artificialmente para ser horriblemente rápida. ¡Menuda percusión tenía en el pecho la muchacha!

—Cómo ya dije antes...—Novella alzó el dedo índice de su mano derecha, todavía doblada por la cintura—...ese hipoglúcido de Fenwyck definitivamente ha ido al Bosque Prohibido. ¡Dile que no puede hacerlo, e irá con más ganas! ¡Me pone de los nervios! ¡Lo asesinaría!—Novella alzó sus dos manos en un gesto que recordaba al que haría una persona que intentase estrangular a otra, pero no pensaba realmente lo que estaba diciendo. La furia había sido sustituida de nuevo por la preocupación.—¡Joshua! ¡Me has salvado de las garras... tentáculos... del calamar gigante! ¡No seas miedoso! ¡Honra al héroe que llevas dentro!—Exclamó Novella ante el temor de Joshua de entrar en el Bosque Prohibido—un temor bastante racional, en realidad—y prosiguió su explicación, logrando incorporarse por fin del todo.—¡Nuestras vidas son reemplazables, pero las de ellos no!—Alguien debería explicarle a Novella todo lo que había de incorrecto y malo en esa frase.—¡Tenemos que salvar sus pequeñas y enervantes vidas! ¡Son nuestra razón de ser!

Enervante era la palabra. Fenwyck era el pedazo de madera más insolente que Novella había conocido en toda su vida, y mira que había conocido pedazos de madera. Había conocido rastrillos colocados estratégicamente en el suelo para ser pisados y golpear caras ajenas, escobas voladoras con mucho genio, escobas no voladoras que se negaban a obedecer órdenes... ¡Pero Fenwyck era el peor!
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Joshua Eckhart el Mar Mayo 22, 2018 10:15 am

La chica –de ahora en adelante “Ella”, por votación unánime de los pensamientos de Joshua-, parecía muy segura de que los dos bichos habían ido a meterse en el bosque, pero el joven quería creer que Rangi no era así de imprudente. Que sólo quería jugarles una broma. Eso no mitigaba, sin embargo, ni un poco la rabia que Ella sentía respecto a la decisión de su mascota-hermano. Tenía un punto muy importante y de peso descomunal, pero Joshua esperaba que retrasando lo inevitable pudieran al menos considerar la opción de que su amigo no se hubiese ido a suicidar.

Quiero pensar que Rangi sólo nos está jugando una broma, no sería la primera vez que lo hace, así que… no suena tan descabellado para mí —insistió, aunque Ella estaba bastante enfadada con ambos bowtruckles, especialmente con el suyo. — No nos matará dar un vistazo rápido antes de tomar una decisión apresurada —consideró, y ella estuvo de acuerdo en seguirlo en su encomienda de buscar en los alrededores, pese a la evidencia tan contundente de que ellos habían ido con todo propósito a desobedecerlos y meterse al bosque prohibido contra toda advertencia.

***

Su escape había sido un verdadero éxito, ¡rotundo! ¡Toda una hazaña! Ya se pensaría ese humano en volver a herir sus sentimientos, prometiéndole cochinillas que no llegarían, eso no iba a ser tolerado por el gran Rangi que, acompañado por su fiel compañero, se aventuraba en las más intensas y sorprendentes aventuras. O eso parecía ahí, desde el suelo, mientras corrían como dos chiquillos entre la maleza y esquivando hojas secas, ramas, rocas y otros obstáculos que no eran obstáculos en sí mismos. No había miedo, no había temor, nadie podría detenerlos, desde ese día hasta el fin del mundo, eran dueños de sus propias acciones, sin preocupaciones…

¿Qué había sido eso? Un ruido extraño venido de ahí, entre las tinieblas del bosque, más allá de la maleza, un depredador peligroso dispuesto a comérselos de un bocado. Rangi tomó un palo de madera del suelo, como si con éste fuera a hechizar al malévolo enemigo como lo hacían los humanos. Entonces Rangi se ocultó tras Fenwyck al tiempo que la criatura se abalanzó sobre ellos como una bestia salvaje lista para devorárselos de un bocado, ese gigante y peligroso… conejito. Sí, de entre las ramas que se movían ahí en la peligrosa oscuridad salió un conejo, muy bonito de hecho, de tonalidades de café.

Rangi se enfadó, lanzando hacia el conejo la ramita que había tomado para protegerse y evidentemente haciendo que el conejo se marchara saltando ante el repentino movimiento. Ninguno de los dos habría podido advertir que el problema no era lo que estaba frente a ellos, ese conejo, sino lo que estaba… Atrás, de hecho. Porque atrás de ellos, una criatura bestial con colmillos filosos y puntiagudos emitió un gruñido. Rangi, el muy valiente que siempre podía con todos los peligros que se le presentaran sin miedo alguno, salió corriendo como alma que lleva el diablo.

***

Tú ganas… —suspiró, rindiéndose a la posibilidad de que los bowtruckles salieran de sorpresa a saludarlos burlándose de ellos. Había que ir al bosque a por ellos. — No es que sea miedo, es que… Digamos que prefiero ir a sitios que no prometer un castigo peor que lo que hay de por sí ahí dentro —le contestó, aunque realmente no pensara que aquello fuera un tema relevante para Ella, porque… mírenla, ¿es que parecía que algo llegaba a preocuparla? ¡En lo absoluto!

Se quitó la gorra, sacudiendo su cabello que estaba mojado, y todo procedió a secarlo con un hechizo de aire caliente. Sí, tenían que ir, pero, ¿de qué estaba hablando? Ella era una muchacha muy extraña… y él que pensaba que Denzel era raro con “r” mayúscula, pues había que ver a Ella, si ellos se juntaban, Denzel y Ella, ya se los imaginaba haciendo una casa submarina para vivir con los seres del agua. Sí, estaba exagerando, pero el punto no era ese. El punto era ir en búsqueda de las criaturas y traerlas de vuelta sin un daño.

Tienes tu varita, ¿verdad? —le preguntó, sacando la suya. Iban a necesitarla ahí dentro. — Será mejor que no pierdas la concentración, prepárate y no te alejes demasiado —es mejor simplemente estar juntos y evitar empeorar las cosas perdiendo no sólo dos bowtruckles sino también a una estudiante. — Y no llames la atención… —y el camino en dirección al bosque empezaba, como un viaje del que quizá no iban a salir sin rasguños al menos. Pero algo tendrían que hacer para impedirlo.

No fue mucho tiempo luego cuando estuvieron ahí, frente a frente con el Bosque Prohibido. Y tenían que entrar. Joshua inhaló, se acomodó la corra en la cabeza y dio el primer paso, encendiendo una luz en la punta de su varita para iluminar el oscuro camino que los aguardaba. En su interior, Joshua sólo esperaba que no hubiera cangrejos de fuego ahí adentro, empezando a explorar el panorama peligroso ante ellos.
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Novella A. Hilmar el Jue Mayo 24, 2018 3:25 pm

Rangi actuó cómo todo un valiente, o eso creía Fenwyck cuando le vio hacerse con un pedazo de mandera pequeño, una triste rama que, por un momento, Fenwyck creyó que funcionaría cómo varita. Pero no, porque Rangi se escondió tras Fenwyck, quién le dedicó una mirada indignada. Aterrorizado, el bowtruckle de Novella Hilmar esperó la muerte y...
...y no llegó, en realidad, pues lo que salió de entre la maleza no era más que un pequeño conejo. Bueno, no era pequeño en comparación con los dos pequeños seres, pero sí en comparación con un ser humano.
El susto puso de mal humor a Rangi, quién arrojó su ramita, su arma ofensiva, contra el conejo. Ante tamaño ataque contra su integridad física, el conejo salió brincando en dirección opuesta. Aunque, sabiendo lo que Fenwyck y Rangi tanían detrás, quizás no estaba escapando precisamente de ellos.
¿Y qué tenían detrás? Bueno, a saber. Rangi, desde luego, no se quedó a comprobarlo, pues ya había puesto piese en Polvorosa, y por la velocidad a la que se alejaba, Polvorosa debía estar muy lejos. Fenwyck, que tardó un poco más en darse cuenta de lo que ocurría, arrojó una serie de cuchicheos blasfemos hacia su compañero, llamándole cobardica... hasta que se dio la vuelta y se percató de aquella figura. ¡Un tejón voraz!
Pasó de llamar cobardica al otro bowtruckle a decirle "¡Cobardica, espérame!". El tejón, con sus afilados colmillos relucientes, echó a correr tras ellos. No sabía lo que eran, pero si se movían, desde luego, debían estar deliciosos. ¡Iba a darse un festín con ellos cuando los atrapase!


***

Y allí estaban, vuelta a empezar, desde el principio—valga la redundancia—frente al bosque prohibido, Joshua y Novella. El prefecto de la casa Ravenclaw se había rendido ante la evidencia: no quedaba más remedio que ir a buscarlos al bosque prohibido. Aquellos dos eran un par de palos de madera dotados de vida por algún milagro de la magia de lo más ingrato que había conocido jamás Novella Adeliza Hilmar. Se notaba que a Joshua no le hacía gracia haber llegado a aquel punto, pero no quedaba otra opción: un pequeño bowtruckle conlleva una gran responsabilidad... o algo así.
Así que Novella escuchó atentamente lo que Joshua decía. O bueno, todo lo atentamente que Novella era capaz de permanecer durante un corto periodo de tiempo. Teniendo en cuenta que, nada más empezar Joshua a hablar, se dedicó a maravillarse consigo misma por haber sido capaz de recordar bien su nombre al final, podéis haceros una idea de su capacidad de atención. Fue y vino del mundo dentro de su abarrotada imaginación, y fue pillando algunos retazos de aquella conversación.

—¡Siempre la llevo encima!—Exclamó Novella ante la pregunta acerca de su varita, sacándola con tanto entusiasmo de su túnica que la varita se le escapó entre los dedos y salió volando, cayendo entre la hierba.—Bueno... quizás no siempre.—Matizó la muchacha, levantando el dedo índice.—Un momentito.—Pidió a Joshua, y acto seguido fue a buscar su varita allí dónde había caído, regresando junto al prefecto.—No perder la concentración, no alejarme. De acuerdo.—La muchacha asintió con la cabeza, convencida, mientras en su cabeza pensaba: No perder la concentración... ahí quizás tengamos un problema. Y cuando Joshua le recomendó no llamar la atención, pensó: Y ahí tenemos el segundo problema.

Pero bueno, aquel era el equipo de rescate que tenían. Eran pocos, pero valientes. Novella estaba dispuesta a entrar en el bosque, en aquel terrible lugar sobre el que le habían advertido, ese lugar que conllevaba castigos y una posible muerte en las garras de criaturas potencialmente peligrosas, y por un breve momento se cuestionó si realmente Fenwyck sería tan irremplazable cómo había dicho. Es decir... ¿no podría ser que saliese él solito, por su pie? Eran bowtruckle valiente, poderoso... ¡Y tú eres una cobardica, Novella Adeliza Hilmar!
Aquello sí que no iba a tolerárselo a la voz en su cabeza. ¡Novella Adeliza Hilmar no era ninguna cobardica! Y para demostrarlo, mandó a la porra la segunda recomendación de Joshua: echó a correr dentro del bosque, alejándose del prefecto cómo quién corre hacia la batalla. Y si pensáis que aquello era todo, ni de broma, pues también rompió la tercera norma de aquel pequeño viaje: no llamar la atención.

—¡Esto está oscuro cómo la misma noche sin estrellas! ¡Vamos a solucionarlo! ¡Lumos Máxima!Y allá que se fue a la porra la tercera recomendación: una intensa luz emergida de su varita mágica iluminó el bosque cómo si de un faro se tratase. Cualquiera que observase aquello desde fuera seguro que se llevaría la mano a la frente en el clásico "facepalm".—¡Ay, eso es demasiada luz!—Exclamó Novella Adeliza Hilmar, tapándose los ojos, repentinamente ciega.

Sí, exactamente: a tomar viento también la primera recomendación, pues su concentración no podía estar en aquellos momentos más perdida y más dispersa. La misión estaba siendo un rotundo éxito...
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Joshua Eckhart el Lun Mayo 28, 2018 9:52 pm

Vio aquella varita salir volando y se dio cuenta de que todo tenía sólo pinta de empeorar. Joshua inhaló y suspiró, ¿realmente era tan importante ir a rescatar a Rangi? ¡Si él se metía en esos aprietos, entonces que aprendiera a salir de ellos por su cuenta! Era egoísta pensarlo y, la verdad, Joshua mismo no se veía capaz de dejar a ese revoltoso bicho a su suerte, así que no tenía más opción que realmente irse a meter a la boca del lobo para salvarlo. Aunque fuera irónico utilizar esa expresión con la condición de Joshua.

Se llevó una mano al rostro, apretándose el puente de la nariz. — Sólo… sólo no te alejes demasiado —le indicó, era al menos la única indicación que creía que podía llevar a cabo realmente. Esperaba que nada se los comiese por la imprudencia de la muchacha. Joshua, por su lado, era bastante más prudente, ¡un experto en la materia al lado de Ella! — Ten cuidado, no vayas a… —“hacer demasiado ruido”, era lo que iba a terminar sus palabras, y lo que habría dicho de no haber sido porque decidió que la mejor idea era echara correr bosque adentro. — ¡Ella! —la llamó, pero no fue escuchado.

Esto no podía estarle pasando a él, ¿por qué él, de entre todas las personas, tenía que meterse en el Bosque Prohibido con… ella? Porque el karma es así y a veces pagas por cosas que ni siquiera sabías que tenías que pagar, por ejemplo, era algo que cualquier persona con dos dedos de frente entendería. O algo así. El caso es que empezó a perseguirla esquivando los troncos secos y las ramas que brotaban del suelo atrapando los pies de los jóvenes, así como las ramas más bajas de los árboles que amenazaban con pegarles, queriendo alcanzarla y detenerla.

Ella se le estaba yendo de las manos, y de los ojos, y todo. Básicamente porque una rama asesina le dio justo en el rostro y la perdió de vista, perdiéndosele entre la densidad y la oscuridad del bosque. Trató de seguirla, con cuidado. — ¿Ella…? ¿Dónde te metiste, Ella? —la llamó suavemente, no quería llamar todavía más la atención de las criaturas, pero la Ravenclaw no estaba ni la mitad de conforme con ese plan. La detectó por su voz gritando, giró su rostro hacia el sonido de la voz y tuvo que apartar varias ramas espinosas con cuidado para llegar a ella.

La vio, y acto seguido fue cegado por una luz brillante que quemaba las pupilas. Joshua se llevó la mano a la cara por dos motivos: el primero, para golpearse el rostro con la palma, frustrado. El segundo, porque se cubrió los ojos para no enceguecer. Esa no estaba siendo una buena idea en ningún grado. Arañó el aire un par de veces, tratando de sujetarla, aunque era inútil. — ¡Nox! —sacó la varita y trató de deshacerse de la luz. Tenían que alejarse de esa zona de movimiento lo antes posible, porque había un grupo de amenazas cerca. Amenazas con tenazas y fuego que no estaban felices por los invasores.

***

Los pechitos subiendo y bajando, escondidos dentro del tronco de un árbol donde ellos pensaban que pasaban perfectamente desapercibidos. Al parecer no eran tan valientes como lo habían pensado al principio, pero al menos estaban vivos, por el momento. De pronto, el plan de ir al Bosque Prohibido ya no pareció una buena idea, ni mucho menos la grandiosa idea que ambos habían pensado que sería al principio del todo. Podían escuchar a la bestia ahí fuera, pero al menos Rangi no se atrevía a asomarse.

Lo que sí que se atrevía a hacer era cuchichear con Fenwyck, quejándose con él por haberlo abandonado, aunque había sido Rangi quien lo abandonó realmente. Y su discusión se habría alargado hasta el fin de los tiempos de no haber sido porque olisquearon algo delicioso entre la corteza húmeda de aquel tronco donde se habían metido, ¿qué era ese delicioso manjar? ¿Sería acaso… cochinillas? ¡Eran cochinillas! Rangi se lanzó hacia ellas atrapándolas con sus manitas para empezar a comérselas, al demonio si se morían comidos por un depredador, él iba a devorarse todas las cochinillas del mundo.
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Novella A. Hilmar el Vie Jun 01, 2018 2:30 pm

Demasiada luz. Aquello era demasiada luz, y Novella intentaba cubrirse los ojos con la mano que no sostenía la varita. ¿Se le ocurrió pronunciar el contrahechizo en algún momento y terminar con aquella locura? Pues... la verdad es que no. Demasiado concentrada estaba en intentar no quedarse ciega cómo para comprender que pronunciar una simple palabra podia evitarle ese mismo problema. Pero Novella, en su lugar, intentaba hacer las paces con la situación en que ella misma se había metido. Intentaba ver lo bueno de aquello—aunque principalmente no venía nada más allá del rojo de sus párpados—y mentalizarse para utilizar aquella luz para recorrer el bosque y encontrar al palo ingrato que era Fenwyck. Tendría unas palabras con él acerca de desobedecer órdenes y echar a correr para meterse en sitios tan peligrosos...
...ojalá alguien le hubiese dicho que, en aquel momento, aquellos pensamientos suyos eran de lo más hipócrita.
Y de repente, todo se volvió negro, justo después de que alguien pronunciase esa misma palabra que debía habérsele ocurrido a ella: Nox. Novella aventuró a abrir los ojos... pero lo único que consiguió al hacerlo fue ver negro. Un negro tan denso y profundo que no podría conseguirse con ningún pigmento. Y empezó a pensar seriamente que, quizás, y cómo castigo por su imprudencia, los dioses, el karma, Santa Claus o quién fuese, había decidido privarla del don de la visión.

—¡Oh, no, estoy ciega!—Exclamó con tristeza, lanzando hacia delante su mano izquierda, la que no sostenía la varita, hasta que toparon con algo. Algo cálido y que tenía forma de nariz. Novella llegó a la conclusión de que, precisamente, aquello era una nariz. Eso suscitaba más dudas aún, pero en su lugar...—¡Alto ahí! ¡Estoy armada, soy peligrosa, y aunque he perdido el don de la visión, sé lanzar hechizos!—Y cómo si pretendiese amedrentar de verdad a quién fuese que estaba allí, delante de ella, agitó la varita sin sentido alguno.

Pero entonces, por algún milagro de la ciencia mágica, Novella empezó a vislumbrar sombras delante de ella. Siluetas, mayormente, pero ya suponía un cambio con respecto a su situación anterior. ¡Pues claro, estúpida! Tus ojos estuvieron expuestos durante demasiado tiempo a una fuente de luz muy potente, y cuando esta se apagó, tus pupilas eran del diámetro del cabello de un unicoernio. ¡Ahí no hay luz que valga que entre! Un poco de conocimiento general básico conseguía tranquilizar a cualquiera, y Novella se sintió profundamente aliviada.
¿Pero quién era la silueta con gorro que tenía delante de ella? Con gorro... Espera un momento.

—¿Joshua? ¿Eres tú?—Preguntó con cautela, esperando que fuese el prefecto y no un ser terrible y desconocido, quizás uno de esos vampiros de los que tanto se hablaba.

Entonces, empezó a escucharse el sonido de matorrales al agitarse, no muy lejos de la posición en que se encontraban. Novella entornó la mirada y se volvió en la dirección de la que venían aquellos sonidos. Algo les estaba acechando... ¿Qué podría ser? ¡Voy a morir joven, sin haber inventado nada y sin haberme graduado! ¡Y todo es por culpa de ese palo ingrato de Fenwyck!
Sí, vale, ella también tenía parte de culpa. Quizás sus gritos y su hechizo luminoso fuesen los responsables de que aquella cosa que les acechaba les estuviese acechando, precisamente...

***

Fenwyck y Rangi discutieron durante unos minutos acerca de quién era el que había abandonado al otro. Rangi insistía en que había sido Fenwyck, y viceversa. Ocultos en el hueco de aquel tronco, creyéndose a salvo durante un rato, por lo menos, fueron capaces de dejar a un lado el miedo y abandonarse al caos de una discusión en forma de cuchicheos.
Eso, hasta que olieron las cochinillas, claro.
Generalmente, a Fenwyck le tenían prohibido comerse insectos, pero cuando su compañera humana no estaba... No dudó en unirse al festín que se estaba dando Rangi. Disfrutaron del sabor de aquellos pequeños manjares divinos, y por un momento olvidaron sus diferencias.
Hasta que se escuchó el gruñido de aquella terrorífica criatura que les perseguía.
Fenwyck pegó un bote, dejando caer una cochinilla a medio comer, y rodeó a Rangi con sus ramitas superiores, tirando de él para que se escondiese en uno de los laterales de la abertura en el tronco. El bowtruckle le tapó la boca a su compañero, sugiriéndole por medio de cuchicheos que guardase silencio.
Mientras tanto, en el exterior, el depredador pasaba por delante de la abertura en el tronco. Sus patas hacían crujir la hierba bajo su peso...


Off rol: Siento estar dándote tantos problemas... ¡Vamos a tirar un dado de criatura, a ver con qué se encuentran Josh y Ella! xDDDD
Off rol 2 (post dado): Em... bueno, pues vale, no vamos a morir xDDDDD


Última edición por Novella A. Hilmar el Vie Jun 01, 2018 2:33 pm, editado 1 vez
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Joshua Eckhart el Dom Jun 10, 2018 10:30 pm

Cegados por la luz, eran incapaces de ver nada cuando la noche volvió a ellos con sus sombras cada vez más densas. — ¡No estás ciega! —espetó con la voz ahogada al tener su nariz aplastada por una mano, apartándose con brusquedad y sin tratar de hacer movimientos bruscos por miedo a caerse gracias a las ramas y rocas del suelo. — ¡Soy yo, tranquilízate Ella! —trató de hacerla entrar en razón. No quería que lo atacara por accidente pensando que era algún tipo de peligro, porque en ese momento más peligroso que él parecía serlo aquella chica con varita y no muy claros pensamientos.

Esa cosa con gorro, esa precisamente, la sombra difusa frente a su nariz, no era otra cosa más que el joven. Pero realmente parecía que para ambos todos los planes de no llamar la atención ni hacer tonterías ahora estaban en el suelo y bien pisoteados al punto de que ya no parecía ni siquiera ser un plan. A pesar de ello, no parecía que hubiesen llamado la atención de nadie, ¿verdad? Ninguna criatura mágica, ni siquiera los cangrejos de fuego que se les acercaban por la izquierda y un leprechaun a la derecha.

Tenemos que… Deberíamos ir a buscarlos ya y larganos de aquí sin haber ruido —le dijo a Ella esa gran idea, porque en cuanto oscureciera y cayera la noche, no se vería nada entre la ya de por sí negra densidad del bosque. Lo que Joshua no contemplaba, sin embargo, era que tan sólo su voz ya era ruido suficiente para advertir a los enemigos de su presencia. — ¡Cuidado! —pronunció tan pronto vio cómo una bola luminosa venía desde su izquierda, impactándose contra un tronco de árbol que crujió ante el calor de la bola de fuego que les había sido lanzada a traición por aquellos cangrejos.

El Ravenclaw no quiso ni pensar que aquello pudiese estar sucediendo. De entre todas las criaturas que habían podido aparecer, los cangrejos de fuego eran con seguridad de los peores. Inhaló con fuerza e invocó un aguamenti para apagar las brasas del tronco del árbol. Y cuando lo hizo… ¿qué? El chorro de agua tras haberlo apagado se devolvió hacia ellos, producto de una broma de una criatura de sombrero que acabó mojándolos, entre risas que se perdían a través de los árboles. ¿Se trataría de algún duende o de un poltergeist? No lo parecía, y sin embargo…

Los cangrejos no cedían en su ataque, y era complicado intentar defenderse de sus ígneos ataques cuando cada vez que conjuraba agua, el agua les caía a ellos. — ¿Sabes qué? —le dijo, alterado, a lo que sea que se escondiera entre los arbustos. — ¡Haz lo que quieras, me largo! —pero era una mala idea decirle a una criatura traviesa que hiciera lo que quisiera, sujetando del brazo a Ella para intentar tirar de ella y marcharse. Tenían que encontrar a los bowtruckles y el tiempo lo estaban perdiendo en bromas sin sentido.

***

Rangi consideró que no tenía que preocuparse de nada más que de aquellos manjares, de deleitarse con lo delicioso de las cochinillas cuando están frescas, que ni siquiera pareció escuchar el gruñido de la tenebrosa criatura que amenazaba con comérselos como ellos se comían a esos insectos. Lo que sí le pareció amenazante y que, de hecho, le disgustó mucho, fue que Fenwyck le tirase de la boquita dos cochinillas (porque, sí, Rangi come de a dos cochinillas a la vez) al rodearlo con sus ramitas superiores y arrastrándolo a otra parte dentro del interior más oscuro y recóndito del tronco.

Los cuchicheos no se hicieron esperar a pesar de que fueron pronto ahogados por una ramita en su boca, misma que tardó más bien poco en morder. Sus quejas y discusiones advirtieron al depredador de su verdadera localización, y pronto vieron a esas patas intentar colarse por el interior de la rendija que a ellos les mantenía protegidos, arrancando con sus poderosas garras trozos de corteza y haciendo cada vez más y más grande la abertura. Tenían que pensar rápido o de lo contrario iba a acabar comiéndoselos, Rangi ya estaba despidiéndose del mundo cruel cuando otra cosa sucedió. Un depredador más grande que el tejón hizo acto de presencia...

[OFF]: ¡Tranquila! Mientras nadie muera...
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Novella A. Hilmar el Miér Jun 13, 2018 4:29 pm

Una voz angelical y lejana... o cercana, más bien... informó a Novella no solo de que conservaba su sentido de la vista intacto, si no de que al parecer se trataba ni más ni menos de que "Yo". La muchacha Ravenclaw hizo un rápido repaso en su memoria de las personas que conocía, haciendo una asociación de nombres que en aquellos momentos de tensión le resultó harto complicada. ¿Conocía a un tal "Yo"? A ver, te habla tu cerebro: "Yo" es un pronombre personal, no un nombre. Intenta identificar la voz. ¿Ni siquiera eres capaz de hacer eso? Novella entrecerró los ojos, lo cual no tuvo ningún tipo de efecto pues lo único que veía eran siluetas, una superposición de sombras aquí y allá. Y entrecerrar los ojos no cambió eso, ni mucho menos.
Tiene que ser la única persona con la que he entrado aquí, reflexionó, dándose cuenta de que, además, la voz coincidía. ¡Por supuesto! ¡Era Joshua, ese muchacho que le había salvado la vida, que llevaba gorro, y cuyo nombre tanto le había costado aprenderse! Solo había necesitado una pequeña inmersión en el lago negro y estar privada de oxígeno unos treinta segundos para finalmente aprenderse el nombre del chico.

—¡Joshua!—Exclamó a voz en grito Novella, dándose cuenta a continuación de lo que había hecho. Se colocó el dedo índice delante de los labios con un "shhhh", y continuó hablando en voz más baja.—¡No grites, Joshua! ¡Parece mentira que grites en una situación cómo esta!

La situación apuntaba a que iba a ponerse todavía más peliaguda. Novella no tuvo claro en qué momento se dio cuenta de que la situación iba a peor, pero si tuviese que elaborar una teoría al respecto, sin duda el el momento más probable sería cuando algo centelleante y cegador, además de muy caliente, pasó entre las caras de su compañero y ella. Sí, aquel parecía un momento cómo para darse cuenta de que ocurría algo malo. ¿Y cuando empezó a arder el árbol que tenían a su derecha, fruto del impacto de aquella cosa? Bueno, ahí más o menos ya tenía claro que estaban en problemas.
A la luz crepitante de aquellas llamas, Novella pudo ver cómo Joshua utilizaba su varita para conjurar agua. Agua que utilizó para intentar sofocar el pequeño incendio, mientras Novella lo observaba todo con los ojos muy abiertos. ¿Podían suceder más cosas en tan poco tiempo? ¿Qué sería lo siguiente? ¿Un meteorito que se llevase por delante todo el bosque prohibido?
Pues no. Lo siguiente fue... agua en sus caras, la de Joshua y la de ella. La chica no comprendió qué estaba ocurriendo. Solo sabía que aquel ataque líquido era injusto, desproporcionado, ilógico... ¡Y quería que parase de una maldita vez, mientras intentaba cubrirse la cara con las manos con poco o ningún éxito! Y en un momento de desesperación, la muchacha llegó a creer que su propio aliado, Joshua, estaba haciendo aquello a propósito. ¡Que estaba mojándolos a ambos con su varita con aviesas intenciones!

—¡Joshua, detén esta locura! ¡Somos aliados! ¡Y el fuego está para el otro lado!—Y cómo si hubiese invocado al fuego solamente por nombrarlo, lenguas de fuego empezaron a emerger del suelo. ¡¿Qué demonios estaba sucediendo allí, por Merlín?! Novella se encontró a sí misma bailando cómo lo haría un secundario de las películas del Oeste cuando le empezaban a disparar a los pies, sin saber muy bien cómo estaba esquivando las lenguas de fuego que brotaban, aparentemente, de la misma Tierra.—¡¿Qué es esto?! ¡¿El día del Juicio Final ese?!—Exclamó Novella.

Cuando Joshua la cogió de la mano—y a pesar de interpretar erróneamente aquel "Haz lo que quieras" cómo un mensaje para ella—Novella corrió siguiendo al prefecto. Lenguas de fuego brotaban a su paso, mientras una risa siniestra a la par que sarcástica les perseguía, y por algún milagro no se quemaron. Al menos, Novella no sintió el dolor de las quemaduras en ninguna parte de su cuerpo. Aunque sí olía a quemado.
Corrieron y corrieron, y en un momento dado, tropezaron contra unas raíces que sobresalían del suelo... ¡Bueno, vale! ¡Novella tropezó! Su pie se enganchó en una de las raíces, y repentinamente se encontró perdiendo la verticalidad y cayendo de bruces al suelo. Y, cómo eran un equipo, se aseguró de arrastrar a Joshua en su caída. ¿Qué como lo hizo? Fácil: no lo soltó mientras caía... y ambos acabaron en el suelo. Y Novella seguía oliendo a quemado. Será mi cerebro, de tanta actividad...
Solo que no era así. Lo que realmente estaba ardiendo era el hombro de su túnica escolar, y la muchacha se dio cuenta al sentir mucho calor en su mejilla derecha. Al girarse para contemplar lo que tenía en el hombro, se encontró con una pequeña llama que consumía la tela.

—¡Estoy que ardo!—Gritó la muchacha, levantándose de un brinco, y quitándose la túnica escolar de un tirón. La arrojó lejos, quedándose con la ropa de calle. Se dobló por la cintura, agotada por la carrera y por el estrés general al que se había visto sometida en los últimos minutos.—La idea de meterse en este bosque no ha sido buena. ¡Debimos abandonarles! ¡Te lo dije!

Salvo que no había sido así, por supuesto. La locurra de minutos atrás había sido culpa única y exclusivamente de Novella Adeliza Hilmar. Pero, en aquellos momentos, con la sensación fantasmagórica del fuego lamiéndole la mejilla izquierda, la muchacha veía aquella conversación de una manera totalmente distinta en su cabeza.

***

El ser monstruoso arrojaba zarpazos al interior del hueco del tronco, intentando alcanzarlos. Por fortuna para los dos pequeños seres de aspecto arbóreo, las zarpas del monstruo solo rasgaban el aire, pero era cuestión de tiempo que la suerte se les acabase. Fenwyck deseó haber hecho cosas más productivas con su vida, ahora que sabía que se acercaba el fin, y lamentó que su muerte fuese a tener lugar allí, rodeado por un árbol hueco y con un compañero de especie que le había mordido hacía escasos segundos.
Pero el destino a veces es cambiante... o casi siempre. Y cuando los dos se daban ya por muertos... tuvo lugar uno de esos cambios que al destino tanto le gustaban.
Escucharon el sonido de aleteo por encima de sus cabezas, cosa que llamó su antención y la del tejón. Este detuvo sus furiosos zarpazos para observar lo que ocurría por encima de su cabeza. Y cuando lo vio... ¡echó a correr! ¡Fenwyck se puso a dar saltitos de alegría, creyéndose a salvo!
Pero no lo estaba, por supuesto. Ni él ni Rangi lo estaban...


***

Novella se atrevió a conjurar un hechizo Lumos—uno normal, en esta ocasión—pues de otra manera no iban a ver un burro a tres pasos. Y justo al hacerlo, escuchó un sonido de aleteo por encima de su cabeza. Se agachó de manera instintiva y siguió con la luz de la varita a la criatura que le había pasado por encima. Se parecía a un hombrecillo alado.
A esta criatura la siguieron otras dos... y Novella abrió los ojos cómo platos: forcejeando en brazos de aquellas cosas, iban los dos pequeños seres que habían ido a rescatar.

—¡Se los llevan, Joshua! ¡Esos hombrecillos voladores se los llevan! ¡Arriba!—Novella alzó su varita en dirección a uno de ellos. No distinguía cual de los dos llevaba a Fenwyck, pero daba lo mismo. ¡Había que rescatar a ambos!¡Petrificus Totallus!El hechizo de Novella fue certero y petrificó a uno de los seres voladores, que se detuvo en pleno bueno y cayó a plomo, liberando al bowtruckle que tenía prisionero. ¡Quedaba otro!

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Joshua Eckhart el Lun Jun 18, 2018 9:23 am

¡Lo que verdaderamente parecía mentira, más que gritar en una situación como esa, era haberse metido en la situación en primer lugar! Sólo acababan de entrar y ya Joshua empezaba a sospechar que quizá el camino de salida no iba a ser para nada sencillo, cuando encontrar a dos bichos en medio de aquel espeso bosque del que apenas podían ver nada parecía una misión imposible con todas sus letras. El joven Ravenclaw deseó no haberse metido en esa situación, ¡pero todo apuntaba a ser culpa de Rangi, ni siquiera podía enfadarse con el bowtruckle de Ella cuando sabía que no era del todo su culpa!

Por si las cosas no estaban ya bastante peliagudas, resultó que estaba a punto de empeorar con aquellas cosas ígneas que decidieron encender un árbol. Con el miedo que Joshua le tenía a dicho elemento, atinó a intentar apagarlo con tan mala suerte de que no iba a ocurrir, ¡es que vamos! ¡Parecía que era cierto eso de que todo lo que pueda empeorar va a hacerlo! Porque el agua les cayó a ellos devuelta con su fuerza original, empapándolos de pies a cabeza. ¿Era bueno o era malo? Considerando el fuego que empezó a emerger de la tierra, cabía preguntárselo.

Joshua no pudo más, en ese momento, dándole la victoria al maldito leprechaun y empezando a correr de aquel fuego, con el corazón agitado y alejándose del leprechaun y lo que fuera que estuviese generando aquel extraño fuego. Y pudieron alejarse más de no haber sido porque cayeron. Y por “cayeron” se refería, más bien, a que Ella se tropezó y lo tiró en el proceso. Apenas pudo meter un brazo antes de aterrizar con todo lo que se llama cara en el suelo, sintiendo ese olor a quemado que no debería estar lejos.

Alzó la mirada en dirección a la chica sólo para descubrirla ardiendo, en el sentido más literal de la palabra. Se apartó de ella girando sobre su propio eje en el suelo y poniéndose de pie, una muestra que decía más o menos “Quémate, pero quémate sola”. Joshua recargó su antebrazo en un árbol, agotado por la carrerilla y pensando en cómo salir de esa situación. — ¡Tú fuiste la que insistió en venir! —exclamó cuando ella empezó a reclamarle, pese a que los dos sabían que ninguno quería abandonar a sus amigos palitos.

Una locura, una locura con todas las letras de la palabra, eso era lo que estaba ocurriendo. Joshua ya ni siquiera quería pensar en ese clásico “podría ser peor” porque parecía que cada vez que el mísero pensamiento se le cruzaba por la cabeza, algo empeoraba. Sólo tenían que marcarse su misión: buscar a los bowtruckle y marcharse de ahí antes de que algo realmente malo ocurriese. Más bien pensaba que si los cuatro habían entrado, los cuatro debían salir sin ninguna excepción, pese a que las criaturas habitantes del bosque tenían intenciones de ponérselos difícil.

***

Rangi supo que su vida estaba terminada cuando vio aquellas furiosas garras con que la bestia arañaba el tronco, buscando la manera de llegar a ellos. Se arrepintió, además, de no haber comido suficientes cochinillas cuando tuvo la oportunidad, ¡incluso tomó una del interior del tronco y se la llevó a la boca, casi llorando disfrutando del manjar que era su última cena! Menudo melodrama de bowtruckle era aquel, porque casi de inmediato escucharon el zumbar furioso de unas alas aproximándose al depredador que intentaba comerse a las dos verdes criaturitas.

Ellos salieron de su escondite cuando oyeron al depredador alejarse, dando brinquitos de victoria y felicidad, pero no les duró demasiado, no cuando unas manazas les sujetaron de las ramitas que servían de brazos y se los llevaron volando. Rangi gritaba que era inocente, que eso era secuestro y tantas cosas que realmente no podían escucharse con sus cuchicheos, probablemente sólo su compañero de raza podría entender toda la palabrería que iba diciendo conforme eran arrastrados en el aire por las maléficas criaturitas, llevándoselos a los confines del bosque…

Sí, ese era Rangi exagerando de nuevo, porque realmente no los llevaron hacia allá, sino más bien en su camino iban a encontrarse con viejos conocidos… que vendrían a ser esos dos conocidos de los que escaparon en primer lugar.

***

Del lado de los humanos, la luz de Ella esta vez fue suficientemente buena como para ver y no demasiado como para dejarles ciegos en el proceso, y era momento de ponerse a buscar en serio y encontrar a sus dos amiguitos. Pero ellos fueron más rápidos ya que, de hecho, fueron encontrados cuando las criaturas aladas pasaron por encima de ellos, ¿eran… doxys? ¡Y llevaban con ellos a Fenwyck y a Rangi! Ambos alzaron sus varitas hacia las criaturas y el hechizo de Ella impactó en uno de los doxy, tirándolo al suelo con un golpe seco y llevándose con él a Rangi, que se dio en todo lo que se llama cara justo contra el suelo.

Sus cuchicheos de queja no se hicieron esperar, diciendo que cómo podían ser tan malos salvadores que no les cuidaban, malos dueños y tantas cosas. — ¡Jaulio! —pronunció, y de su varita el doxy con el otro bowtruckle fue atrapado. Gracias a lo delgadito que era, Fenwyck pudo salir a través de los barrotes, pero el doxy siguió zumbando violentamente, yendo de aquí a allá, antes de que Joshua pusiese a cubierto a los dos bowtruckle y pudiese abrir la jaula. — Regresemos ahora al colegio —instó a Ella.
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Novella A. Hilmar el Vie Jun 22, 2018 1:56 pm

La huida desenfrenada de aquel infierno de luz, fuego, destrucción y ondas vitales culminó... bueno, mayormente, culminó a saber dónde, pues Novella había perdido por completo el sentido de la orientación. Posiblemente lo dejó caer en su huida, o cuando se quitó la túnica en llamas y la arrojó lejos. No es que, teniendo encima de la cabeza un sol de justicia que les permitiese ver con todo lujos de detalles aquello que les rodeaba, el sentido de la orientación de la muchacha fuese a ser mejor, ni mucho menos; pero el caso es que la más completa oscuridad, que era lo que les rodeaba en aquellos momentos, no ayudaba para nada a mejorar su ya esaso sentido de la orientación.
Así que conjuró un Lumos. A su alrededor se hicieron visibles las siluetas de los troncos de los árboles, la hierba del suelo, las raíces, el ramaje más bajo de los árboles, y el rostro de Joshua, que se había alejado, indudablemente, a causa del fuego que ardía en su compañera segundos antes. Un fuego literal, no uno de esos fuegos que llevas dentro y que arden metafóricamente. Cómo fuese, ahora ya veían algo. ¡Ah, sí, ahora mucho mejor! Ahora... sigo sin saber dónde estoy. Pero al menos ya sé que no soy ciega.
Y entonces, esos bichos voladores no identificados pasaron volando—valga la redundancia—y agitando sus alas por encima de las cabezas de Joshua y Novella. Uno de ellos, el que no llevaba ningún bowtruckle en las manos, echó la mano al gorro de Joshua, casi con rabia. No consiguió alcanzarlo, pero cualquiera diría que el gorro se le antojó un premio de consolación. Sus dos compañeros de especie habían cogido cada uno a uno de los pequeños seres, y él no había podido coger nada. ¡Odiaba su vida en esos momentos!

—¡Bravoooo!—Exclamó Novella Adeliza Hilmar cuando, apenas dos minutos después, Rangi y Fenwyck volvían a ser criaturas libres. El precio a pagar había sido uno de esos seres, doxys o cómo se llamasen, perdiese su libertad.—Pobre bicho. Pasarás el resto de tu vida entre rejas por el delito de secues... ¡Pero no lo sueltes!—Exclamó Novella cuando Joshua abrió la jaula para dejar salir al monstruito. Su condena había durado más bien poco. Debía ser famoso o algo.

Libre de aquellas garras voladoras, Fenwyck sabía que lo que seguía era un castigo. Así que, disimuladamente, llevándose las ramitas superiores a unos bolsillos que no tenía y silbando para disimular, empezó a caminar para alejarse de Novella. Pero aquello no iba a funcionar. Novella entrecerró los ojos y echó la mano a Fenwyck. Este intentó huir a la carrera, pero fue un esfuerzo vano: Novella lo cogió por una de las hojas que tenía en lo alto de la cabeza, alzándolo hasta que quedó a la altura de su rostro.

—¡¿Cómo se te ocurre escapar, Fenwyck Hilmar Doblador Rodríguez?! ¡¿Quieres que me de un infarto?! ¡¿Que me coman las acromántulas?!—Fenwyck respondió con una serie de cuchicheos indignados, azotando las ramitas de un lado a otro, y finalmente dijo una palabra tan pero tan sucia, que Novella abrió la boca y se llevó la mano libre a esta oara taparla, tal era su sorpresa.—¿Pero de dónde has sacado ese lenguaje? ¿Te ha enseñado Rangi esa palabra? ¡No me vuelvas a llamar eso!

La discusión pudo haberse alargado un poco, pero entonces, con efecto retardado, al cerebro de Novella llegó la sugerencia en tono de orden de Joshua de regresar al colegio. O quizás el muchacho hubiese repetido algo que ya había dicho antes. No lo tenía claro, pero lo importante es que la sugerencia llegó. ¡Y mira por dónde, a Novella le pareció la mejor sugerencia del mundo en aquellos momentos!

—¡Salgamos de aquí! ¡Sígueme!—Dijo Novella, alzando los brazos con entusiasmo... hasta que se dio cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de cómo salir del bosque.—O, pensándolo mejor, te sigo yo a ti.

Sí. Sin duda, aquella sería una mejor opción. Novella acomodó a Fenwyck sobre su hombro izquierdo y se dispuso a seguir a Josh. La aventura ya había durado suficientemente para ella. Aunque mejor no pensar demasiado en eso, no fuese a ser que atrajese a la mala suerte y apareciese algo más en su camino...
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Joshua Eckhart el Lun Jun 25, 2018 2:50 am

Uno de esos bichos voladores casi le arrancó el gorro al paso, lanzando su manaza a intentar arrebatárselo de la cabeza, con tal suerte que Joshua alcanzó a agacharse a centímetros de aquella criatura. Pronto se dieron cuenta que ellos llevaban de rehenes a los dos bowtruckle que, más temprano que tarde, habían sido liberados de su secuestro. Había tenido que atrapar a uno de ellos y Ella estaba dictaminando su veredicto de culpabilidad y su consecuente sentencia cuando Joshua decidió que era momento de abrir la jaula y dejarle escapar de ella, volando hacia la oscuridad del bosque.

Tampoco lo voy a dejar con cadena perpetua, sólo quería que soltase al bowtruckle —explicó, mirándola regañando a su bowtruckle. Y la verdad, no le extrañaría que fuese Rangi quien le enseñó semejante palabrota, ¡si es que se juntaba con Evans Mitchell! Le pegaba su estúpido lenguaje malhablado. — ¡Y tú tampoco creas que estoy feliz contigo, Rangi! —riñó de inmediato a su bicho que intentaba escaparse para no tener su debida reprimenda. — ¡Que siempre tienes que hacerme lo mismo, no vas a tener cochinillas por una semana! —fue Rangi quien se llevó las ramitas superiores a la boca.

¿Cómo ese profano le decía que no podía tener cochinillas? ¡Era un ultraje! ¡Un castigo sin motivos! ¡Tonto humano! ¡Era injusto! Y estuvo a punto de irse corriendo de no haber sido que fue atrapado por esa mano humana que no se lo permitió. Tonto humano. Encima querían terminar con su aventura (porque parecía olvidarse que casi se lo comen y que fue secuestrado, todo la misma noche) y marcharse de vuelta al castillo. Era todo un aburrido. Ella al principio quiso que la siguieran, lo que Joshua contempló como una mala idea, estaba casi seguro que los perdería más.

Yo nos llevaré de regreso, tranquila —con su mano hizo un ademan, como si esperase calmar a una bestia, y tomó su varita. — Oriéntame —pronunció, y la varita funcionó como una brújula que señaló el norte, de modo que Joshua supo qué camino era el que debían seguir. — Es por aquí —con su mano indicó que lo siguiera, caminando en dirección al castillo, en un camino silencioso. Estaba agotado y se sentía lleno de tierra, ¡le hacía falta un buen baño, cena y a la cama! Qué lindo se decía, pero sabía que estaba alejado de la realidad.

De hecho, ¿no era esa noche en que tenía que preparar el ensayo de Pociones? Se llevó una mano a la cara, pensando en sus propios asuntos, y es que tenía cierta tendencia a hacer las cosas a última hora. La había adoptado esos últimos años en el castillo y, lo cierto, estaba cobrándole con creces el tiempo que disponía para dormir. En fin, dejó de preocuparse cuando llegaron al castillo, y con un suspiro aliviado miró al bowtruckle: una ceja enarcada y una expresión de severidad, como si le amenazara si intentaba escaparse de nuevo.

Será mejor que nos separemos —le dijo a Ella. — Necesito una ducha urgente —y se le notaba, ahora a la luz. Tenía las mejillas y la ropa llenas de tierra y ramas secas, de aquella caída que había tenido. — Creo que fueron demasiadas aventuras por una noche —o mala suerte. Todo podía suceder, por supuesto. ¿Era quizá Ella un amuleto de la mala suerte que había hecho todo ese desastre con las criaturas mágicas? No, no había que ser malo, tenía que pensar que sólo fue una casualidad tormentosa.
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Joshua EckhartUniversitarios

Novella A. Hilmar el Vie Jun 29, 2018 1:01 pm

Novella y Joshua tuvieron una ligera desavenencia sobre el destino de la criatura voladora número... ¿tres? Sí, tres sería un buen número de prisionero para aquella criatura que, poco antes de ser liberada, se aferraba a los barrotes de su jaula cómo si pudiese romperlos. ¿Y cual fue la desavenencia? La condena que le tocaría cumplir a la criaturas. Y es que, mientras Novella Adeliza Hilmar abogaba por la cadena perpeuta, Joshua fue más blando y decidió que la criatura podía salir por buena conducta. ¡Indignación entre el jurado! Solo que el jurado no existía, claro, a no ser que uno mirase dentro de la cabeza de Novella. Allí dentro podría ver un rico y poblado mundo interior en el que, quizás, sí existía ese hipotético jurado.
La criatura voló libre, mientras Joshua discutía con Rangi. La niña alzó su puño y lo agitó, con indignación. No le gustaba la sentencia, pero la única forma que tenía de comunicar su disgusto era agitar el puño y entrecerrar los ojos con una mueca de desagrado en la cara.

—¡La sociedad nunca perdonará tus crímenes! ¡Y yo no olvido!—Advirtió a la criatura voladora, a lo cual Fenwyck se sumó con algunos cuchicheos indignados, agitando su ramita superior derecha. Novella lo miró con los ojos entrecerrados.—Tú te callas.—Fenwyck se calló, pero también se cruzó de ramitas superiores, indignado.

Así que había llegado el momento de regresar al castillo. Novella sintió que estaba preparadísima para volver. ¡Suficiente emoción para una sola noche! Novella al principio creyó que sería buena idea guiar la marcha... y entonces se dio cuenta de que quizás sería mejor que lo hiciese su compañero. No es que no conociese el hechizo que estaba utilizando, ni mucho menos, si no que...

—¡Qué suerte tienes!—Dijo, con una mueca de tristeza en su rostro.—Cada vez que yo intento hacer eso, la varita se vuelve loca y a veces sale disparada de mi mano.—¿Tendría algo que ver con lo amueblado de la cabeza de Novella? Posiblemente. Con el barullo que había normalmente allí dentro, ni la magia debía aclararse con lo que tenía que hacer. Si Novella había sido seleccionada para la casa Ravenclaw con once años era por su inteligencia y sed de conocimientos, no por lo bien que se le diese la magia.

Así que recorrieron los terrenos, y cuando salieron del bosque, Novella se sentía mucho mejor. De repente, el cansancio empezaba a hacerse pesado. ¡No habían caminado ni nada! Quién los viese, sucios, despeinados, con cara de haber sido comidos y regurgitados por un cancerbero, pensaría que volvían de una de esas aventuras sobre las que escribían los novelistas antiguos, de esas en que los héroes iban vestidos de acero y llevaban espadas. ¿Cómo se llamaban? ¿Caballistas? ¿Cabestrillos? ¿Camarones? No tengo ni la más remota idea, pero algo me dice, algo en lo más profundo, que ninguna de ellas es correcta.
¿Pero a quién le importaba eso ahora? Ya consultaría en la biblioteca más tarde. En lugar de eso, siguió a Joshua, y en cuanto llegaron al castillo, la muchacha, con los ojos entrecerrados por el cansancio, se limitó a asentir con la cabeza repetidas veces.

—Tienes razón en todo lo que dices.—Y allí teníamos otra de las cosas que la gente debería decir a Novella que hacía mal: cuando una persona decía que necesitaba una ducha, tú simplemente no le dabas la razón. Aquello podía resultar ofensivo para algunas personas. Pero había que comprender que el cerebro de Novella funcionaba de una forma distinta a la de los demás seres humanos, y no era consciente de las cosas ofensivas que a veces decía. Aunque, unos segundos después, medio lo arregló.—Yo también necesito una ducha. Tengo tierra hasta en el...—Novella no continuó. Algo le decía que era mejor que no continuase.—Lo que quiero decir, Joshua, mi salvador y mi guía en la oscuridad, es que deseo que tengas unas buenas noches, y que durante tu regreso a tu cuarto no te sorprendan más incidentes. ¿Has pensado que quizás la mala suerte te persigue?

Claro, seguro que la mala suerte lo perseguía a él. No es que se hubiese juntado, para su desgracia, con un ser tan inconsciente cómo era Novella Adeliza Hilmar. En aquella situación podía aplicarse aquella frase hecha de los muggles, "le dijo la sartén al cazo".
Así que se despidieron. La despedida de Novella y Joshua fue normal; la de Fenwyck y Rangi terminó con una pequeña pelea que, una vez más, sus compañeros humanos tuvieron que detener. Con aquella bonita escena, ambos se separaron y se encaminaron, por lo menos en el caso de Novella, a darse una ducha. Es cierto que tengo tierra hasta en el oído.
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