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The lost boy // [Priv.] [Kyle & Gwen]

Gwendoline Edevane el Lun Abr 09, 2018 4:37 pm


Domingo 25 de marzo, 2018 || Local clandestino "El Caldero Oxidado", barrio de Mordem || 19:15 horas || Mi ropa

Ya llevaba días tras la pista de los "puntos calientes" de los que había hablado a Sam, y en un alarde de pura desobediencia y falta de honestidad con ella, había decidido tomar cartas en el asunto: me había propuesto investigar por mi cuenta algunos de estos lugares.
¿Podéis culparme? Estoy segura de que no. El episodio de los Crowley estaba entonces demasiado reciente, y por primera vez desde que Sam había vuelto a mi vida, tenía genuino miedo de que le ocurriese algo malo. ¿Cómo os sentiríais vosotros si, apenas dos semanas después de que reapareciese alguien muy querido en vuestra vida, hubiese estado en peligro de muerte? Algunos dirán que soy protectora en exceso... yo digo que todavía podría hacer un poco más, y no sé ni cómo.
Aquello me pareció una buena opción para comenzar. El Caldero Oxidado estaba en boca de todo el mundo en el refugio y la sede de la Orden del Fénix. El negocio actuaba cómo hostal, bar y restaurante, y ofrecía no solo un cobijo y refugio a fugitivos en apuros, si no que además era una buena fuente de información. Y, lo más importante de todo: de cuando en cuando recibía la visita de gente del Ministerio de Magia, por lo cual yo no desentonaría demasiado allí.
Habían sucedido muchas cosas en el último mes. Para empezar, Sam y yo habíamos conocido la noticia de la muerte de Ulises Kant, y si bien habíamos conocido a Ulises cómo enemigo... la noticia me produjo una gran desazón. Juro que me sentí personalmente responsable de aquello. No compartí estas inquietudes con Sam, pues habiendo sido ella la responsable de modificar sus recuerdos, posiblemente se sintiese aún peor que yo. Kant no era un mal hombre, simplemente actuaba de manera equivocada por un motivo noble. Y saber que Grulla, con toda seguridad, le había asesinado a raíz de nuestro encuentro, no ayudaba a calmar mi conciencia.
Con todos aquellos pensamientos en mente acudí al barrio de Mordem, en calidad de empleada del Ministerio, de ciudadana preocupada, y nada más entrar, me encontré con un local casi vacío. Mostraba el aspecto de cualquier taberna, principalmente de madera e iluminada con luces de gas, al más puro estilo mágico clásico. Reinaba una paz inusitada, mientras por el aparato de radio sonaba una canción que no identifiqué.
Un hombre, el dueño, supuse, ocupaba una silla en el mostrador del recibidor, en la zona que separaba el bar y las escaleras que, deduje, conducían a la zona de habitaciones. Mantenía la mirada baja, concentrado en leer una edición de El Profeta cuyas imágenes en movimiento resultaban casi hipnóticas.
Mientras caminaba hacia él, me iba poniendo los mitones mágicos que Dorcas Meadowes me había proporcionado. Estaban encantados con una protección, así que podría tocar cualquier cosa del local sin miedo a que me cayese una maldición encima.

—Buenas tardes.—Saludé al hombre, con un tono neutro y profesional. Él alzó la mirada, despreocupadamente, y me miró a los ojos. Compuso una extraña sonrisa. Había algo en él que no me gustaba demasiado. Sus ojos, tal vez, pues parecían un tanto esquivos.

—¡Oh, buenas tardes! Discúlpeme, estaba leyendo el periódico y se me ha ido el santo al cielo. ¿En qué puedo ayudarle, señorita?—Su sonrisa se ensanchó todavía más, y lejos de parecer más agradable y cálida, tenía algo que inquietaba.

—No se preocupe. Me llamo Gwendoline Edevane, y soy empleada del Departamento de Accidentes Mágicos y Catástrofes del Ministerio de Magia Británico. Tenga, mi identificación.—Mientras hablaba, saqué de mi billetera mi identificación y se la ofrecí. El hombre la cogió entre sus rechonchos dedos, la examinó unos segundos, y me la devolvió.

—¡Oh, del Ministerio! Dígame, ¿en qué puedo ayudarla, señorita Edevane?—Respondió el hombre.

—Es usted Peter Sorkins, ¿verdad?—El hombre asintió con la cabeza.—El Ministerio de Magia ha recibido diversos avisos acerca de su local. Al parecer, aquí tienen lugar ciertas "irregularidades". Irregularidades ilegales, me refiero.

—¡Oh, por favor! ¿Otra vez con el mismo cuento? ¿No se cansan ustedes?—El hombre parecía más divertido que incómodo; sin embargo, no pude evitar apreciar el leve temblor de sus manos cuando se las frotó la una con la otra, cómo si intentase ahuyentar el frío.—Ya les he asegurado, por activa y por pasiva, que todo aquí es legal, señorita Edevane. ¿Qué más tengo que hacer? Solo quiero llevar mi negocio en paz y honrar al Señor Tenebroso.

Buena respuesta. Una respuesta legal, y acompañada de una aparente tranquilidad y calma. No esperaba otra respuesta por su parte, pero me ponía de los nervios ser incapaz de interpretar a aquel hombre, de conocer sus intenciones. De momento, pese a su aspecto inquietante, no había realmente nada que le delatase. A mis ojos, parecía lo que decía ser: un simple ciudadano del mundo mágico que intentaba mantenerse limpio y llevar un negocio en paz. Y alguien así es propenso a denunciar fugitivos. Mientras no supiese nada concreto, no podía mandar aquí a Sam...
Perdida en estos pensamientos me sorprendió entonces notar un golpe contra mí. El golpe de alguien al chocar conmigo, más concretamente. No fue un golpe muy fuerte, pero me pilló desprevenida, y antes de darme cuenta de lo que ocurría, Sorkins estaba hablando.

—¡Chico, ten cuidado, maldita sea!—Bramó el hombre en dirección a un muchacho que pasaba la fregona por el local, de espaldas a mí. Tan enfrascado iba en su trabajo que ni se dio cuenta de mi presencia.—Perdone al muchacho. Es mi sobrino y...—Empezó a explicarme, pero no terminó su explicación.

Me había quedado mirando al chico, y era así porque le conocía de algo. Por supuesto que le conocía: era el chico del que Kyle estaba enamorado, cuya fotografía llevaba conmigo en el bolsillo de mi chaqueta. Y algo me decía que su nombre no era, precisamente, Nicholas Sorkins.

—Discúlpeme, señorita. No iba mirando por dónde iba.—Dijo el chico con un tono de voz seco, aparentemente incómodo por mi mirada. Mantenía la vista baja, evitando el contacto visual conmigo.

—¿Su sobrino, señor Sorkins? ¿Está seguro de eso?—Pregunté, devolviendo la mirada a Sorkins y, evidentemente, tendiéndole una pequeña trampa. No le iba a decir que lo había reconocido cómo fugitivo, pero estaba bastante implícito en lo que dije.

—¡Oh, demonios! Por favor, señorita Edevane, es solo un muchacho.—La expresión de Sorkins mudó a una más humilde, suplicante. Creo que fue precisamente ahí cuando me convenció.—¿Qué daño puede hacerle a nadie un simple muchacho que no quiere más que sobrevivir?

Me quedé en silencio unos segundos, fingiendo meditar acerca de lo que acababa de decirme. Tenía que seguir aparentando que era una respetable empleada del Ministerio, una purista  en conflicto. Y, cuando creí que Sorkins ya se había cocinado suficiente en su inquietud, asentí levemente con la cabeza.

—Está bien, señor Sorkins. Supongo que tiene razón. Pero le aconsejo que, la próxima vez que el Ministerio venga de visita, sería prudente que el muchacho estuviese un poco menos a la vista. Pase una buena velada.—Y diciendo aquello, simplemente me retiré.


*

Unos minutos después, cerca de las siete y diez, me encontraba a un par de manzanas de El Caldero Oxidado, sentada en un banco, con mi teléfono móvil en la mano, meditando si debía avisar de aquello a Kyle. Le había dicho al muchacho que buscaría a su chico, pero también le había dicho, pocos días después de reencontrarme con él, que no podía seguir viéndole a escondidas de su madre. Que si no avisaba él a su madre, lo haría yo. Y Sam me había apoyado en dicha decisión. Tenía una familia, y tenían que saber que seguía vivo.
Suspiré profundamente... Maldita sea, Kyle... Desbloqueé la pantalla del teléfono móvil y abrí el Whatsapp. Una vez ahí, todavía medité un poco si escribirle o no. No sabía hasta qué punto le convenía saber que Nick seguía vivo... y al final le escribí.



Apoyé los brazos en mis rodillas, despues de enviarle la dirección. Evidentemente, le había enviado la dirección del sitio dónde me encontraba, no del local. No quería meter a Kyle en aquel sitio, a pesar de que me pareciese seguro. Y mucho menos me apetecía ser vista allí en compañía de dos fugitivos. Tenía que pensar un plan antes de actuar. Lo que estaba claro es que no me apetecía volver allí hoy. Sería sospechoso...
Así que puse a trabajar mi cerebro de Ravenclaw. Algo tenía que ocurrírseme.


Código:
Diálogos
[color=#9ee34b]—Sorkins—[/color]
[color=#039639]—The lost boy—[/color]

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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Kyle Beckett el Lun Abr 09, 2018 10:46 pm

¿Hasta cuánto tiempo iba a estar más escondido? Pues la verdad es que no tenía ni la mínima idea del tiempo en que podía llegar a estar en las sombras solo, era duro tener que luchar día tras día ante todos los problemas que aquello conllevaba, siempre creí que estar a veces sin padres era mejor, no habría normas y mucho menos tareas que hacer en casa, pero a veces nuestra visión es diferente a la de todos, supongo que las cosas nunca son como imaginamos, y así tuve que aprender yo como era la vida, a la fuerza, no por obligación, quizá más por decisión propia, por mis principios, por muchas cosas en general.

Había prometido a Gwen que avisaría a mi madre, en cierto modo sabía que podía hacerlo, quizá debía de encontrar el valor de donde fuera, tomar aire, respirar hondo y hacer el mismo recorrido que hacía todos los días de mi vida para llegar a casa y poder ser recibido por mis padres y mis hermanos (cuando estos estaban en casa). En verdad había muchas cosas que echaba de menos, tantas de ellas que ciertos llantos nocturnos eran por los recuerdos, meros recuerdos que deseaba volver a revivir, pero eran imposibles.

¿Por qué no? Pensé dentro de mi cabeza mientras tomaba aire y caminaba hacia la dirección donde vivía anteriormente, la verdad es que tenía miedo, miedo de muchas cosas, tales como. ¿Qué pasaría si mi madre decidía buscarme y en verdad era una mortífaga? La verdad muchos miedos me entraron de golpe, tantos que no sabía bien que podría llegar a pasar al dejar aquella carta, pero me arriesgué, lo hice, no dude ni dos segundos en abrir la ranura de la carta y dejar caer el sobre en ella.

Al hacerlo escuche a Spark, el husky que adoptamos hará un par de años por el mero hecho de que yo si no estaba con Gwen estaba solo en casa por el trabajo de mis padres, lo echaba tanto de menos, aquella maldita bola peluda que a día de hoy sería enorme, pero a cierto modo era lo que yo mismo había decidido, el exilio por mi parte era lo que estaba pagando por querer seguir mis ideales.

Quise quedarme un par de minutos, al menos para poder recapacitar por lo que había hecho, pero en ese momento escuché a mi hermana hablar — Mamá, acaban de dejar una carta! — Grito mi hermana mientras escuchaba como la carta era tomada del suelo — ¿Para quién es? — Preguntó mi madre curiosa — Pone que es para ti, aunque no pone quien la envía, es muy raro — Comento confusa.

Al escuchar como mi madre iba a la puerta no dude ni un segundo en salir corriendo sin pensarlo, me escondí detrás de un árbol dejando ir un jadeo, los nervios aumentaron más de lo que ya estaba observando de lejos como mi madre y mi hermana salían gritando mi nombre, mi hermana eufórica y mi madre llorando ¿y ya está? Supongo que de momento debería de dejar las cosas como estaban, sería lo mejor para todos.

¿Pero que ponía en la carta? Realmente era todo lo que había pasado durante este año, todo lo que había pasado a lo largo de la fuga de Hogwarts, todo.

“Hola mamá,

Supongo que debería de haber hecho esto mucho antes, demasiado tiempo he esperado como para no decirte nada, darte una señal, hacer algo para no preocuparte, pero sinceramente siento decirte que no encontré el valor para hacerlo.

Estoy bien, estoy vivo y en un lugar resguardado, no tengo problema alguno para poder sobrevivir, me dan comida y tengo una cama cómoda para poder dormir. Os echo mucho de menos, a mi hermana, a papa, al idiota de mi hermano, a ti, muchísimo. Me gustaría volver, pero no puedo.

Las cosas en el ministerio y en el mundo mágico han cambiado, a día de hoy ya no se puede ni respirar tranquilo y si se enteran de que estoy en casa no sé de qué serán capaces de hacer, no quiero ni imaginar que podrían llegar a haceros, pero espero que podías entender el motivo porque estoy exiliado.

Como sabréis me fugue de Hogwarts, no porque fuera sangre sucia, solo porque no acepto como se miraban a los demás chicos, ya bien sabes que siempre he mirado por los demás y he luchado por mis amigos, por todos ellos, pero no quería ser sujeto de torturas, esa es la oscura verdad sobre Hogwarts.

Os quiero. A todos, dale recuerdos a Spark de mi parte, y que sepas que estoy bien, tengo un buen ángel de la guarda, aunque más bien tengo unos cuantos que me protegen y me quieren, voy a estar bien, siempre.

Un abrazo, Kyle. ”





Y así fue mi carta de bienvenido a la vida, de poder avisar a mi familia de que estaba con vida, era lo menos que podría hacer, al menos sabría que esa noche habría abierto la herida de nuevo, una herida del pasado cuando de seguro que dieron a su hijo por muerto, en alguna fuga o sin embargo en algún accidente, pero así era la vida, el exilio es duro para todos, tanto como para los seres queridos como para uno mismo.
*

A medio camino de regresar al refugio recibí un mensaje de Gwen, al parecer había encontrado a Nick. Mis ojos se llenaron de lágrimas y no dude ni dos segundos en salir corriendo hacia el lugar donde había quedado con Gwen, al menos la dirección si era coherente y exacta podría verle, podría abrazarle, de nuevo estaría con él, después de mucho tiempo estaría junto a Nick, por fin todo estaba volviendo a la normalidad.

A medida que iba llegando, mi madre por otra parte aviso a Gwen que había dado señales de vida, le hizo fotos a la carta para que pudiera leer Gwen y pudiera ayudarme a encontrarme, aunque más bien le envió las fotos para poder hablar un rato, estaba nerviosa y sofocada, a la vez que relajada por saber que uno de sus hijos estaba vivo, mi madre era así, se preocupaba hasta cuando uno de nosotros se caía de trasero en el suelo.

Tras una larga carrera llegué al metro, fui hacia la zona acordada y al salir del mismo metro corrí hasta finalmente llegar al punto donde había quedado con Gwen, exhausto, agotado y algo nervioso mire a Gwen sollozando — ¿Dónde está? — Pregunté temblado — ¿Dónde está Nick…? — Sollocé.
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Kyle BeckettFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Abr 11, 2018 3:13 am

Después de escribirle a Kyle y enciarle la dirección en la que me encontraba, me quedé pensativa. De manera involuntaria, atacada repentinamente por todas las cosas que se me estaban escapando de control en mi vida, me encontré a mí misma repitiendo una de mis viejas costumbres: mordisquearme las uñas. Una costumbre que había logrado quitarme de encima con el paso de los años y que, en ocasiones de estrés elevado, resurgía igual que una mala hierba que no ha sido eliminada del todo de un jardín.
Mi plato estaba bastante lleno últimamente. Para empezar, estaba Sam. Todavía recordaba la promesa que le había hecho, la de que la protegería. Tenía una sincera intención de honrarla, pero no podía evitar dudar de mí misma. ¿Y si no era lo bastante fuerte? ¿Y si le fallaba otra vez? ¿Y si le decía que era seguro meterse en El Caldero Oxidado y acababa capturada? No me lo perdonaría nunca...
Luego estaba el tema de Kyle. Había reducido considerablemente mis encuentros con él. ¿Por qué? Pues porque no estaba cómoda con la situación. Sentía que el muchacho se estaba apegando a mí de una manera incorrecta, cuando claramente tenía su familia. Una familia preocupada, para más seña, porque no conocían su paradero. Había empezado a evitar a Trice en el Ministerio, pues no quería tener que mentirle a la cara.
Estaba literalmente harta de la situación. Un mes y medio sabiendo su paradero, y seguía guardándole el secreto... Aquello no podía ser, y me estaba carcomiendo por dentro.
Hablando de la reina de Roma... El teléfono móvil, que descansaba sobre mi muslo izquierdo, empezó a vibrar, y lo que me encontré al desbloquear la pantalla fueron varios mensajes de Whatsapp de Beatrice Beckett. Y no solo eso: imágenes. Imágenes de una carta que Kyle había dejado en casa. ¿Por qué no me dejas fuera de esto, Trice? Observé los mensajes, y sinceramente, no iba a responder. Cerré la aplicación, pero el teléfono siguió vibrando una y otra vez...
Suspiré. Aquel era mi momento. Podía escribirle a Trice un mensaje y decirle que Kyle venía de camino hacia mi ubicación. Que viniese y se lo llevase a casa. Estuve muy tentada, y creo que una parte de mí sabía que debía hacerlo. Podía vivir con el odio de Kyle perfectamente, ¿pero mintiéndole a su madre? No, eso no... Y sin embargo, no lo hice. Dejé los mensajes leídos y no respondí. De hecho, arrojé el teléfono móvil dentro del bolsillo de mi chaqueta. La tentación sería demasiado grande si lo tenía en la mano.

—Acabemos primero con esto...—Me dije a mí misma mordisqueándome un poco más las uñas. Como siguiese así, me las acabaría destrozando por completo.


*

Cerca de una hora después, vi a Kyle llegar corriendo, sin aliento, seguramente procedente de la boca de metro más cercana. No pude más que desaprobar aquella manera de correr, tan expuesto a la vista de cualquiera. ¿Qué pasaba si un cazarrecompensas lo veía? ¿O un mortífago? Aquello tenía papeletas de acabar mal, y más si en los próximos minutos nos íbamos a meter en un local que albergaba a fugitivos para que Kyle se reuniese con su chico, perdido tiempo atrás.
Suspiré profundamente, levantándome del banco. Todavía no tenía un plan, no sabía cómo haríamos para volver allí sin despertar sospechas, pero tenía una ligera idea de cómo hacerlo. Tendría que ser Kyle quién lo hiciese, eso sí. ¿Y por qué si tenía una idea decía que no tenía un plan? Porque la cantidad de cabos sueltos que quedaban era muy grande.

—Hola, Kyle.—Le saludé cuando me increpó con sus urgentes preguntas. Entendía su urgencia, pero aún así, mantuve una expresión neutra en mi rostro. No sonreí, pero tampoco me mostré enfadada ni nada por el estilo.—Tú y yo tenemos que hablar acerca de eso de "tener cuidado". Creo que tenemos ideas diferentes al respecto.—No le iba a responder a su pregunta. Todavía no.—He recibido unos cuantos mensajes de tu madre. ¿Por qué no has ido a casa todavía? ¿No entiendes en la posición que me estás poniendo? Tu madre se va a mosquear mucho conmigo, y con toda la razón, cuando sepa que llevo un mes y medio sabiendo dónde estás...

Fue todo un esfuerzo mantener la calma, hacer que mi voz sonase razonable, pero no enfadada. Necesitaba dejar claro ese tema. Hablarle con franqueza. ¿Cómo podía seguir escondiéndole? No, no, aquello era totalmente impensable. Quizás Kyle se enfadase conmigo, pero... era lo que había. Hacer las cosas bien no tiene por qué ser algo bonito...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Kyle Beckett el Mar Abr 17, 2018 11:46 am

Ya había pasado un mes y medio desde que fui descubierto por Gwen, ella me ayudo en cierta parte de toda esta sombra, no me delató a mi madre y mucho menos a nadie de mi familia, y eso se lo agradecería toda la vida, pero no podía mostrarme así porque sí a la cara de mi madre y menos de mi familia, en cierto modo era consciente de todos los problemas que le traería a Gwen si mi madre descubriese que ella me escondía, y temía de que la descubriese ya que ella eran buenas amigas, no eran amigas del alma pero sí que mi madre tenía la confianza de confesarle ciertos problemas, como el punto de mi desaparición.

Estar escondido del mundo no era nada fácil, no poder ir a los lugares que siempre solía frecuentar ya que de seguro que mi madre al salir del trabajo podría pasarse por ahí día tras día para saber si podía encontrarme, y ahora gracias a aquella carta sería capaz de esperarse en la cafetería de delante de la zona “friki” ya que conocía mis gustos, así que lo más seguro es que se quedaría parada durante el tiempo que a ella le pareciese todo y cuando no sobrepasar los límites.

Ver a mi hermana y a mi madre buscarme en aquella calle hizo que se me encogiese el corazón, muchísimo, pero debía antes de resolver unos asuntos importantes como para poder volver de nuevo a hablar con ellos, al menos podría tener una socialización tranquila.

Lo que más deseaba en el mundo era poder abrazar a mi madre, poder molestar a mi hermana junto a mi hermano, poder hacer muchas cosas las cuales solía hacer cuando antes residía en casa, pero algo estaba claro, mientras las cosas no cambiasen no volvería a casa, no lo haría, quería que todo este caos que se había envuelto en el mundo mágico y en la ciudad de Londres disminuyese, quería que todo se acabase, pero era consciente de que tardaría mucho tiempo en volver a casa.

Tras entrar en el metro me puse los cascos de música y me quede en silencio escuchando música pensando en todo lo que había ocurrido en todo el tiempo desde que estalló la guerra en Hogwarts, había sido capaz de renunciar a mi “inmunidad” por las cosas que quería luchar, había decidido abandonar todo lo que me gustaba para poder estar con la gente que necesitaba ayuda en ese tiempo, había renunciado a mi familia, a mi comodidad para poder estar con aquellos que más necesitaban apoyo, y ahora de nuevo, después de muchos meses, un año y pocos meses, había decidido hablar a mi madre con una carta gracias a Gwen, quizá se lo debía todo a ella.

Tras salir del metro fui corriendo hasta el punto donde había quedado con Gwen, al menos quería llegar rápido, no podía esperar poder verle a la cara, no podía esperar abrazarle y aferrarme a él cual marmota. Tenía pensado que Gwen me dijese algo como “ Aquí esta Nick” o “Lo tengo escondido lejos de la gente” Cosas típicas de película que no pasarían en la vida real, y era consciente.

A mi llegada jadeante y cansada por haber corrido casi una calle entera esquivando, me acomodé un poco retomando el aire que me faltaba, tras no recibir respuesta a ninguna de las preguntas tome aire y me incorpore por completo agachando un poco la cabeza — Perdón…yo sentí tanto nerviosismo y emoción que…salí corriendo a toda leche para poder…llegar a donde ti — Exclamé mientras suspiraba.

Como era de esperar mi madre acribillo a Gwen a mensajes por la carta, entendí la posición de Gwen desde que entregué la carta a mi madre, trague saliva y me apoye en la pared de forma leve — No puedo volver a casa, Gwen, ahora mismo soy un peligro tanto para ti como para mi familia, temo que te pase algo algún día por mi culpa aunque no lo creas…volver a casa no te puedo prometer que vuelva, lo que sí que te prometo es que…iré a ver a mi madre, se dónde encontrarla fuera del trabajo, si te quedas tranquila, iré a verla, pero no voy a estar en esa casa — Comenté mientras metía las manos en mis bolsillos con los ojos medio llorosos dándome cuenta de todo lo que estaba perdiendo, y lo que más me llegaba a doler, era tener que decirle adiós a Gwen en algún momento de mi vida por ponerla en peligro.
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Kyle BeckettFugitivos

Gwendoline Edevane el Sáb Abr 21, 2018 2:30 pm

Quizás soné más autoritaria de lo que pretendía. Quizás hablé por primera vez en lo que llevaba de relación con Kyle Beckett cómo la madre que era a ojos del muchacho, pero simplemente no podía dejar aquello estar. Porque que un niño se niegue a volver a casa, sea fugitivo o sea un niño muggle normal y corriente, simplemente es algo que no puede ser. ¿Qué clase de mundo esperaba encontrarse ahí fuera? ¿Un mundo perfecto en el cual no hubiese mortífagos y cazarrecompensas deseosos de apresar a un pequeño muchacho fugitivo cuya cabeza valía algunos miles de galeones?
Estaba segura de que Kyle pensaba que podía protegerse solo. Que no necesitaba esconderse en casa y que podría escapar de todas las situaciones. Quizás incluso pensase que era lo suficientemente fuerte cómo para vivir alejado de su familia... y para resistir lo que los mortífagos o cazarrecompensas quizás decidiesen hacerle antes de entregarlo a las autoridades a cambio de una bolsa de galeones.
Pues déjame decirte una cosa, Kyle: no lo sabes. No sabes lo que es ser sorprendido por la espalda cuando crees que estás a salvo; no sabes lo que es que te noqueen por la espalda y despertarte en una habitación que no conoces; no sabes lo que es que dos salvajes decidan que la información que tienes es más valiosa que tu integridad física; no sabes lo que es padecer horas de dolor cuyo final no sabes cuando llegará, mientras esos dos salvajes se turnan para torturarte, uno poniéndose imaginativo contigo mientras el otro busca maneras de pasar el rato, cómo si todo fuese un maldito juego; no sabes lo que es mirar al suelo y no ver más que salpicaduras de tu propia sangre y pedazos de piel sanginolentos ante tus ojos... Tuve que detenerme ahí, a mitad de ese pensamiento, al darme cuenta de que, en efecto, yo tampoco sabía cómo era aquello. Y es que aquello no me había ocurrido a mí, si no a Sam. La legeremancia había obrado el milagro... cuestionable... de que ahora aquello formase parte de mí. Me recordó a uno de esos videojuegos que había jugado una vez con Kyle, Assassin's Creed, en el cual un hombre experimentaba los recuerdos de sus antepasados, y mediante algo conocido cómo efecto sangrado, el hombre acababa embebiéndose de aquellos recuerdos y aprendiendo las mismas cosas que sus antepasados sabían hacer.
Con Sam había experimentado ese efecto sangrado, y si bien no había podido experimentar aquel dolor atroz que ella sí había experimentado, sus sentimientos estaban impregnados dentro de mí. Y sabía que jamás se marcharían del todo.
Por lo que, más que preocuparme por lo que Trice pudiese decirme o hacer cuando descubriese que había estado ocultando a su hijo, tenía un miedo sincero por lo que pudiese ocurrirle: Kyle era mi responsabilidad, me gustase o no, y una persona muy preciada para mí.
Así que, cuando Kyle me explicó sus motivos, y de manera defensiva se metió las manos en los bolsillos, con los ojos llorosos, no pude evitar rebajar un poco el tono. Él me veía cómo a una madre; yo le veía, más bien, cómo a un hermano pequeño. Y no me divertía en lo más mínimo que se entristeciese. Así que di un par de pasos hacia él y le puse las manos en los hombros, inclinándome un poco hacia delante para que nuestros rostros quedasen más o menos a la misma altura.

—Perdóname, Kyle. No pretendía ser tan dura contigo.—No se pasó por mi cabeza ni por un momento contarle aquella historia acerca de Sam. No porque no confiase en él, si no porque aquel secreto no era mío para contarlo, por no mencionar el hecho de que aquella historia era del todo menos apropiada para un niño. Y seguramente, si algún día conocía a Sam, el muchacho no podría imaginarse que ella hubiese pasado por semejante atrocidad.—Reconozco que estaba enfadada, y si bien lo que he dicho no deja de ser cierto, ese no es el único motivo por el que te he hablado así.

Cogí una de sus manos y le conduje al banco cercano, dónde estaba sentada antes de que llegase. Me senté allí y le invité a sentarse conmigo. Le pasé un brazo alrededor de los hombros, y continué hablándole con suavidad.

—¿Crees que te digo todas estas cosas solo para hacerte sentir mal? No, ni mucho menos.—Hice una breve pausa, buscando en mi bolsillo. Siempre llevaba conmigo un paquete de kleenex por si acaso, y le ofrecí uno a Kyle.—Quiero que vuelvas con tu familia porque sé que con ellos estarás a salvo. Sí, lo sé, el refugio para fugitivos puede parecer un sitio muy seguro, un lugar perfecto, pero... ¿nunca has pensado que la decisión de estar o no contigo también es de tu familia? Tu madre se preocupa por ti, te quiere...—Tragué saliva antes de seguir hablando.—...y yo también. Y lo único que ambas queremos es que estés a salvo.

Todavía no dije nada de Nick. Estaba intentando idear un plan más decente que el que tenía en mente. Necesitaba tiempo, pues aquello era complicado. Había logrado salir del paso la primera vez que había visto al muchacho perdido en el Caldero Oxidado, pero... ¿cómo explicar mi presencia en aquel lugar con un fugitivo? Tenía que idear algo bien pensado, algo que no terminase con Nick y Kyle en Azkaban, a poder ser. Piensa, Edevane... siempre has sido buena pensando a contrarreloj. No empieces a fallar ahora...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Kyle Beckett el Dom Abr 29, 2018 1:02 am

Tenía que madurar más de lo que ya estaba haciendo. Eso es lo que tenía que hacer, en cierto modo no me daba cuenta de que quería ser un niño, querer jugar siempre a videojuegos, querer salir con mis amigos a dar una vuelta, tomar algo y poder disfrutar un poco de la vida de persona normal y corriente, era raro, sí, pero quizá en cierto modo lo único que quería era poder estar un día en la calle sin miedo a nada, sin tener que huir de nadie, sin tener que temer por morir al girar la esquina o ser enviado a Azkaban, quería disfrutar un día, un solo día como un chico normal, un simple chico de catorce años.

Había aceptado como aquel que dice el “exilio” al mundo mágico, y si bien era cierto, mis únicos apoyos en ese momento eran Gwen y Bea, Sam poco a poco iba hablando con ella y era un gran posible apoyo por lo que me había contado Gwen a través de ella por su buen corazón que tenía, y la verdad es que lo agradecía, agradecía tener a las mejores personas que había conocido nunca en mi vida, y es que en cierto modo, era lo único que tenía que supiera donde encontrarme, que supiese donde podía localizarme.

Cuando Gwen me pidió perdón negué con la cabeza de forma leve mientras me frotaba de forma suave los ojos quitándome las pequeñas lágrimas que me habían brotado de mis ojos quizá por los nervios de ver a Gwen de esa forma — No es tu culpa Gwen, a veces soy un poco irresponsable con ciertos asuntos…— Exclamé mordiéndome el labio inferior de forma leve y tierna sin hacerme daño ya que cuando estaba nervioso o incomodo solía hacerlo, aunque en parte mi cabello poco a poco fue tomando un color amarillo muy brillante. ¿Incomodidad? Tal vez, pero también salieron leves tonos azul claro por los nervios que sentía en aquella situación.

Deje que Gwen acabase de hablar para que asintiese con la cabeza nuevamente — Y te comprendo, comprendo que estés así…cualquiera en tu situación…ya me hubiera entregado a mi madre y se hubiera desentendido de mí y…hubiera hecho que me buscase yo solo las castañas con el problema de Nick…— Comenté observando sus ojos fijamente ya que esta había posado sus manos en mis hombros y se había puesto a mi altura.

Tome la mano de Gwen con firmeza y delicadeza yendo hacia un banco para podernos sentar y estar cómodos hablando del tema, ¿de cuál? No tenía ni tan siquiera seguro si hablaríamos de mi compostura, de lo que tenía que hacer, de Nick, de que pensaba Gwen sobre todo aquello, supongo que todo sería una sorpresa a partir de ahora para mí.

Negué con la cabeza ante sus palabras dándole la razón ya que sabía que Gwen no quería hacerme sentir mal, ni mucho menos — Soy consciente de que no quieres hacerme sentir mal Gwen, sé que tú no eres así — Comenté antes de cerrar los ojos escuchando sus palabras, de nuevo era consciente de todo, tenía una madre que me quería, una familia maravillosa y lo eche a perder un año atrás, todo lo había mandado a la mierda por así decirlo, deje de ser un “Beckett” para tener a mi propia familia a salvo, para no involucrarles en los problemas que podía traerles, pero algo había en ello, mi propia madre sufría, sufría por mi “muerte.

Me quede en silencio un segundo antes de agachar la cabeza intentando mantenerme fuerte, intente respirar, mire a Gwen a los ojos con firmeza temblando poco a poco hasta que el temblor se fue hacia mis labios los cuales poco a poco temblaban más y más hasta tal punto de que mis ojos rompieron a llorar en lágrimas haciendo que aquello fuese lo que durante un año entero había callado, poder hablar todo con alguien de un tirón o al menos poder intentarlo era lo que necesitaba.

Me abracé a Gwen de forma firme y tierna apoyándome en su hombro dejando un mar de lágrimas por mis mejillas correr, pero a veces, aguantar tanto tiempo sin llorar, no es la mejor opción de todas, y menos para mí.

Cuando pude tener el valor de apartarme mire a Gwen a los ojos y me limpie los ojos con las mangas de mi chaqueta — Yo…lo único que quería era proteger a mi familia…no quería que nadie sufriese por mi culpa…sin embargo yo les he hecho sufrir todo este tiempo sin saberlo…y prometo…que veré a mi madre, prometo que hablaré con ella Gwen…prometo que…que quedaré más con ella…— Comenté antes de dejar ir un leve jadeo acompañado de un sollozo.
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Gwendoline Edevane el Miér Mayo 02, 2018 4:37 pm

Una cosa innegable en este mundo es que quiero a Kyle, ¿de acuerdo? De no quererle, para mí sería muy sencillo lavarme las manos, entregarle a su madre, y desentenderme del asunto. Sin preocuparme si su madre—lo dudaba—era purista. Porque Kyle, claramente, no era mi responsabilidad... pero más allá de la responsabilidad estaba el cariño que sentía por el pequeño, y el respeto que le tenía a la madre del niño. Sin embargo, sabía que no, que aquella situación no estaba bien. Lo mirases por dónde lo mirases, un niño de la edad de Kyle no podía estar deambulando solo por el mundo de esa manera, y mucho menos si pesaba su cabeza una recompensa por haber traicionado al nuevo gobierno.
¿Irresponsable? ¡Por favor, no era más que un niño! No era una cuestión de que él fuese un irresponsable o no. Los niños tienen derecho a serlo, a vivir sus vidas despreocupadamente, sin miedo, y somos los adultos quienes debemos cuidar de ellos. Y educarlos para que hagan las cosas de la manera adecuada. Sin darme cuenta, con aquellos pensamientos estaba asumiendo el rol que Kyle me había asignado: el de su madre. Nunca me sentiría cómoda con aquel rol, pues no me veía cómo tal y el niño tenía su propia madre, pero... dadas las circunstancias, tenía que ser yo quién ejerciese aquel papel.

—Este no es un mundo justo, Kyle.—Le dije, todavía con las manos en los hombros y mirándole a los ojos.—En un mundo justo, no tendrías que preocuparte por ser un niño.—Evité la palabra "irresponsable", pues no quería añadir más peso sobre sus hombros.—Pero no podemos elegir el mundo en que nos toca vivir. Y no sabemos el tiempo que durará esta situación. A lo mejor algún día las cosas vuelven a la normalidad, y podemos volver a vivir tranquilos.—O a lo mejor no. A lo mejor yo muero algún día. No podemos saber eso... Evité decir aquellas cosas, para no asustarle.—Te propongo un par de cosas para evitar esto. Mira, es sencillo: lleva siempre una gorra puesta, y antes de salir de cualquier sitio, observa bien la calle. Si cualquier cosa te parece rara, o sospechosa, te das la vuelta. Y si alguien intenta cogerte... corres todo lo rápido que puedas. ¿Podrás hacer eso por mí?

Eran sencillos consejos, pero podían suponer la diferencia entre ser capturado o seguir libre. De hecho, lo de la gorra era vital en su caso: ante mis ojos, su pelo primero adoptó un tono amarillo brillante, para de pronto adquirir matices azules. ¿No se daba cuenta de que aquello era casi cómo un faro? Podía hacer cundir el pánico en una calle llena de muggles, y a consecuencia llamar la atención del Ministerio.

—También deberíamos buscarte un profesor. Alguien que sepa enseñarte a controlar un poco mejor tu metamorfomagia.—Añadí, esbozando una sonrisa esperanzadora en mi rostro. No quería que nada de lo que le decía sonase duro. Si supiese cómo hacerlo yo misma, lo haría, pero no era el caso.

No creo que nadie se hubiese desentendido de Kyle de la manera en que el muchacho sugería, a no ser que ese alguien fuese un purista no demasiado radical, sin ganas de buscarse más problemas, o directamente alguien bueno pero demasiado precavido que no quería buscarse problemas con el nuevo gobierno.
Le puse un dedo en la barbilla, para que levantase un momento la mirada, y le miré sonriendo.

—¡Oh, vamos, Kyle Beckett! Ya me conoces, y sabes que yo nunca abandono a mis amigos.—Ensanché mi sonrisa, intentando quitarle hierro al asunto, aunque, por lo que pude comprobar a continuación, no tuvo demasiado efecto.

Una vez sentados en el banco, Kyle se vino abajo y rompió a llorar. Era evidente que aquel llanto no era debido solamente a lo que yo le había dicho. Tenía que haber algo más, y me podía imaginar el qué. Le estreché entre mis brazos, acariciando su pelo y dándole un beso en la parte superior de la cabeza, entre su alborotado pelo, y por primera vez en todo aquel tiempo sí me sentí cómo una figura materna para él. Dejé que se desahogase, simplemente ofreciéndole mi consuelo, mientras intentaba imaginarme lo duro que había tenido que ser todo aquello para él. Solo era un niño, y era injusto que gente cómo él, cómo Dorcas, cómo Leo... tuviesen que verse metidos en semejante situación.
Kyle confesó lo que se le pasaba por la cabeza, y no pude más que escucharle en silencio mientras lo hacía, mi mirada perdida en la calle por delante de nosotros. Entendía lo que quería decir. Lo entendía todo. Sam me había contado exactamente lo mismo.

—Tu madre te quiere, Kyle, y se preocupa por ti. ¿Y sabes por qué quiero que la veas?—Le dije cuando terminó de hablar y se separó de mí, secándole las lágrimas de las mejillas con mi manga, para después depositar mi mano derecha sobre su mejilla.—Porque eres su hijo, y la decisión de cuidarte es suya.—Hice una pausa, y me corregí a mí misma.—No, no es una decisión; es una responsabilidad que contrajo contigo el día en que naciste. Entiendo tus motivos para huir, pero... Si tengo que poner la mano en el fuego por el amor que esa mujer tiene por ti, lo haré.—Le aseguré con sinceridad.

Y es que así eran las cosas. Beatrice Beckett amaba a sus hijos más que a nada en el mundo, y seguía notando la falta del más pequeño en su casa. Se notaba por los mensajes que me había mandado. En algún momento le respondería, pero primero... debíamos solucionar todo aquel embrollo.
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Kyle Beckett el Vie Mayo 04, 2018 11:35 pm

Escuche con detalle las palabras de Gwen una a una, en cierto modo lo entendía, ahora mismo debería de estar en Hogwarts, disfrutando de ser un niño, sin preocupaciones, sin tener miedo a que algo malo pudiera ocurrirme, si tener miedo de lo que iba a encontrarme si giraba la esquina de la calle, poder hablar con mis padres, poder ver a mis hermanos, quizá, poder estar con Nick de forma tranquila, sin haber tenido que huir ni perder la pista de él, sin tener que haber sufrido todo lo que sufría, y por muy triste o duro que fuera, sabía que aún me quedaba mucho por sufrir, demasiado como para poder contarlo, y eso era lo que más me dolía, sabía de sobras que cuando llegase la calma, de nuevo un huracán me golpearía de tal manera que me destrozaría de nuevo.

Cuando Gwen dijo aquellas últimas palabras sonreí de forma dulce antes de mirar a los ojos a esta misma — Ojalá que tengas razón y que todo algún día vuelva a la normalidad, poder ir tranquilos por la calle, poder hacer cosas de personas normales, y no tener que escondernos de nada ni de nadie, jamás, nunca — Comenté mientras sonreí de forma leve y tierna, quizá, debía de madurar, mucho, pero aún tenía la misma alma inocente de cuando era un simple niño.

Ante las ayudas de Gwen hacia mi persona asentí con la cabeza sacando el gorro que siempre solía llevar en mi cabeza, pero esta vez lo saque de mi bolsillo mientras que sonreía esta misma — Siempre lo llevo puesto, por si las moscas, o aunque no sea puesto, lo llevo encima en mi bolsillo para que nadie me vea si tengo algún ataque en el pelo — Exclamé con una leve sonrisa mirando el gorro el cual sujetaba con mis manos apretando este con fuerza, en parte odiaba tener que llevarlo, pero en cierto modo apenas salía de mi cuarto, digamos que la única forma que tenía de no estar en mi cuarto o no pensar en ello era jugando a videojuegos — Gwen, haré lo que me pidas por ti, y que sepas que siempre voy con cuidado aunque seguro, para que nadie sospeche de mi — Comenté riendo.

¿Profesor para controlar mi metamorfomagia? Supongo que alguno habría que pudiese ayudarme con ello, pero había una pregunta muy clave para ello ¿Quién? ¿Quién iba a ayudarme a centrarme en no tener estallidos en el pelo? La verdad es que eso iba a ser muy difícil, tanto que hasta había empezado a no querer mostrar mis sentimiento a las demás personas para que nadie sospechase nada, era lo único que podía hacer, aunque me costase — Claro, alguien podemos encontrar Gwen, pero no será fácil — Comenté.

Escuchar mi nombre completo de la voz de Gwen hizo que dejase ir una leve risa negando con la cabeza — Claro, sé que nunca me abandonarás, sé que tú no eres así y eso me gusta mucho de ti, creo que es lo que te hace ser única en este mundo, a pesar de muchas otras cualidades tuyas — Dije con un tono dulce y tierno a la vez que las puntas de mi cabello se tornaban de un color rosa pastel.

Pero lo que había intentado evitar no pude hacerlo ya que en menos de un segundo acabé rompiendo en llanto entre los brazos de Gwen, aquel beso en mi cabello cálido era lo que llevaba necesitando durante más de un año, cariño es lo que necesitaba en todo caso, cariño y muestras de afecto, necesitaba aquello y más, y volver a ver a mi madre supongo que me ayudaría en muchas cosas, quizá verla era lo que necesitaba — Mi madre me quiere más que a nada en el mundo y por cobarde yo la he dejado perder…— Comenté entre sollozos mientras sorbía un poco mis mocos por el llanto

Con cuidado seque mis ojos con las mangas de mi chaqueta y mire a Gwen a los ojos —¿Tú crees que me sigue queriendo Gwen? ¿He sido un mal hijo por apartarla de mí...? — Exclamé medio temblando, sabía lo que iba a hacer, después de estar con Gwen, antes de que mi madre fuera a casa, sabía que antes se pasaría por la zona “friki” de Oxford Circus, quizá se quedaría un poco esperando a que alguien apareciera, a que yo lo hiciese, y lo haría, después de más de un año, volvería a los brazos y los ojos de mi madre.
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Gwendoline Edevane el Dom Mayo 06, 2018 4:37 pm

Ser madre no era lo mío. Estaba segura de ello y nadie me quitaría de la cabeza esa idea. No consideraba que tuviese la experiencia necesaria para dedicarla a tal tarea, y por ese mismo motivo, me hacía sentir terriblemente incómoda que Kyle me viese con esos ojos. ¿Hermana mayor? Bueno, sí, eso me gustaba más, aunque estaba claro que empezaba a tener en mi vida una superpoblación de hermanos pequeño. Véase: Beatrice, Kyle... ¿Alguien más? En otros tiempos quizás hubiese contado a Sam también, pero...
El caso es que mis consejos, si bien bienintencionados, no venían desde la experiencia. Venían desde lo que se suponía que era lógico. Pero, cómo es de suponer, yo jamás he tenido un hijo, ni he sido fugitiva. Así que lo que le di eran nociones básicas. Claramente, esas nociones debían ser pulidas por alguien con experiencia en la materia. Quizás Sam pudiese darle mejores consejos a la hora de esconderse, y bueno... ¿Qué mejor figura materna que la figura materna de verdad que tenía? Yo no era más que una burda sustitución, y me gustaría conseguir que Kyle lo comprendiese.
Por suerte, el muchacho parecía no ser tan inconsciente cómo yo creía, y me sorprendió mostrándome un gorro con el que normalmente se cubría la cabeza. ¿Y cómo no te lo pones, muchacho? Creedme, en pleno metro de Londres no habría ningún tipo de problema por ver a alguien con el pelo teñido de amarillo pollido, de azul celeste o de verde radiactivo... el problema viene cuando ese pelo va oscilando de un color a otro sin control.
En ese caso... puede llamar un poquito la atención, sí.

—Deberías llevarlo siempre puesto.—Afirmé, asintiendo con la cabeza, mientras observaba el gorro.—Ahora bien, deberías pensar en cambiarlo por una gorra. La bisera de la gorra de tapará un poco más la cara, y además, cuando llegue el verano... esto se volverá llamativo y te dará demasiado calor.—Le aconsejé, con una expresión tranquila en el rostro, incluso sonriendo levemente. Ya había visto lo que pasaba cuando le hablaba con dureza.

El chico aseguró que siempre tenía cuidado, pero ahí faltó a la verdad. Al menos, en este caso, no había tenido demasiado cuidado. Había salido corriendo, cabeza descubierta, en plena calle... y gracias que era domingo, y había poca gente en la calle. Si no, todo habría podido acabar muy mal. En realidad, todavía no deberíamos cantar victoria todavía. Las cosas aún pueden salir muy mal, y más teniendo en cuenta lo que nos queda por delante.
Otra sugerencia que le hice fue que encontrase a alguien que pudiese enseñarle a controlar su metamorfomagia. Era importante. No era mi intención, ni mucho menos, que se convirtiese en un experto de la transformación, un maestro del disfraz, ni nada de eso. Me conformaba con que fuese capaz de evitar esos cambios de color aleatorios relacionados con sus cambios emocionales. Porque sería una pena que, después de tener todo el cuidado del mundo, un simple cambio en sus emociones le delatase delante de la persona menos adecuada. ¿Y si esa persona fuese un cazarrecompensas que no le había reconocido, no del todo, pero al ver su metamorfomagia le llamase la atención y de repente le sonase su cara? Demasiado arriesgado.
Dedicaría algo de esfuerzo a preguntar en el refugio, cuando volviese. Quizás diese con algún metamorfomago experto que pudiese educar un poco las habilidades de Kyle.

—Buscaré a alguien, no te preocupes. No creo que sea fácil, pero lo intentaré.—Aseguré al pequeño. También le aseguré que nunca le habandonaría, que yo nunca abandono a mis amigos.—Te sorprendería la cantidad de personas que no te abandonarían en esta vida.—Le dije con una sonrisa. No me consideraba única en ese sentido. Sin ir más lejos, Sam... Sam siempre había luchado por mí, por protegerme, y me había cuidado mucho. Y sabía que ella nunca me abandonaría. Ni Beatrice. Ni Caroline. Y por un momento me maravillé: estaba rodeada de personas maravillosa, sin saber qué había hecho para merecerlas.

En mis brazos, Kyle rompió a llorar y yo le escuché. Tenía dudas, por supuesto, y pese a ser unas dudas perfectamente comprensibles, no podían ser menos infundadas: Beatrice Beckett amaba a cada uno de sus hijos, y no hacía distinciones entre ellos. ¿Qué clase de miedo podía tener el muchacho a volver? Le recibirían con los brazos abiertos, y quizás con una regañina por haberles preocupado durante tanto tiempo. Bueno... eso tampoco de te matará, Kyle...

—Por supuesto que te quiere. Una madre siempre querrá a sus hijos.—Y un padre... No pude evitar recordar brevemente a mi padre, y cómo estaban las cosas con él en este momento. Y no voy a negarlo: me entristeció un poco. Seguía sin perdonarle, por muchos motivos lógicos que existiesen y apoyasen su forma de actuar, pero... mi madre seguía en el Área-M, ¿sabéis?—Está bien, dejemos eso. Es hora de trabajar.—Atajé aquel tema, alejando tanto el pesar de Kyle cómo mis propios sentimientos contradictorios respecto a mis padres.—Hablemos de tu chico, Nick. Le he encontrado trabajando en un hostal a unas manzanas de aquí. No quería quedar contigo allí delante por si acaso te daba por entrar cómo un caballo desbocado ahí dentro. Eso sería un error, pues tenemos que pensar con claridad cual va a ser el plan. ¿Me escucharás y harás lo que te diga? Porque si no... nos vamos de aquí.

Esto último lo dije con toda la seriedad del mundo, pues estaba dispuesta a tirarlo todo por la borda si Kyle decidía ponerse en peligro. Antes estaban su seguridad y su libertad que su amor por ese muchacho. Tampoco podía decirse que tuviese plan alguno, pero... algo pensaría. De buenas a primeras, no quiero encontrarme de nuevo, cara a cara, con Sorkins... Quizás debamos esperar a que Nick salga fuera. Tal vez a sacar la basura o algo así...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Kyle Beckett el Dom Mayo 20, 2018 10:10 pm

Todo aquel mundo era grande, y a la vez era muy pequeño. Sin ir más lejos Londres a pesar de ser una ciudad muy grande muchas personas apenas se habrían visto en su vida, muchos magos que fueron a Hogwarts, la mayoría se hubieran visto por la calle jugando o por algún centro comercial con sus madres o padres, y apenas se habrían acordado, o para los puristas en el caldero chorreante, pero quizá no se reconocerían, sin embargo con las nuevas leyes hasta en el mundo mágico hoy en día te conoce el hombre que reparte el periódico, era estúpido.

No quería llamar la atención, no en los tiempos que corrían, y la verdad es que era un poco difícil no llamarla, en cierto modo cuando menos te dabas cuenta tu cara podía salir en los diarios mágicos y ponerte en busca y captura. A día de hoy, era mejor ser una sombra, alguien que jamás ha existido, alguien que nunca ha querido conocer el mundo mágico, un chico normal, un muggle, en mi caso, esa vida, la había abrazado con fuerza, había decidido dejar la vida mágica a un lado, no del todo, porque no podía, era un mago, vivía en un sitio con magos, mis padres eran magos, mis hermanos, Gwen, Bea, Sam, ellas también lo eran. Y por nada del mundo cambiaria mi vida y mis raíces, pero sí que debería de vivir una vida diferente a la que había conocido hasta ahora.

Gwen y yo tuvimos una pequeña charla, una leve sobre las normas de salir a la calle con o sin gorro y me acabe dando cuenta de que debía de llevarlo siempre, y entendía el peligro que corría si alguien me veía cambiando de color el cabello en medio de muggles, la verdad es que debía de tener mucho cuidado, debería de llevar siempre el gorro como ella decía, aunque el comentario de la gorra hizo que dejase escapar una leve risa — No sé si va a quedarme bien la gorra, creo que no se me verá mi bonito rostro — Comenté a modo de broma dejando escapar una leve risa negando con la cabeza misma — Es broma, lo decía en broma Gwen — Comenté mientras le dedicaba una dulce y tierna sonrisa.

Sin decir nada más, sin replicar nada a Gwen, me puse el gorro, y al hacerlo le dedique una dulce y tierna sonrisa — Creo que deberé ir de compras, por gorros y a por gorras, de seguro que hay de bonitas, quizá de Batman, o Harley Quinn, o alguna de un equipo de baseball, seguro que cuando vea a mi hermano estará orgulloso de mi — Exclamé feliz por aquello, realmente me gustaba saber que mi hermano me miraba con buenos ojos, al fin y al cabo para él siempre había sido especial, aunque después de haberme fugado, no sabía si mi hermana me había robado el puesto de hermano favorito.

Buscar un profesor que fuese metamorfomago sería bastante difícil, y más en los tiempos que hoy en día corrían, la verdad si alguien de los Mortifagos, o puristas de por sí, te relacionaban con la orden del fénix, o simplemente con algún fugitivo o muggle, la verdad es que podrías tener un destino un tanto cruel, así que sería un tanto difícil encontrar a alguien, pero como dicen siempre, la esperanza es lo último que se pierde.

Tras las palabras que dijo Gwen, sonreí de forma dulce y asentí — Con que los más cercanos a mí nunca me abandonéis, seré la persona más feliz del mundo, y Gwen, gracias por hacer todo esto, todo lo que estás haciendo por mí, lo agradezco de todo corazón — Exclamé feliz y con una enrome sonrisa en mi rostro, quizá una que hacía mucho tiempo que no había dejado mostrar a nadie, una llena de felicidad pura, y llena de esperanza, y sabía, sabía que algún día todo aquello se acabaría.

Mi madre me quería, aquello fue suficiente como para sonreír de lado a lado asintiendo con la cabeza secándome las lágrimas con las mangas de mi chaqueta escuchando a Gwen con atención.

Al parecer Nick estaba trabajando en un hostal, la verdad aquello hizo que me pusieran los pelos de punta, realmente saber que estaba vivo era algo que me aliviaba muchísimo, tanto que trague saliva por ello, saber que estaba bien , sano y salvo era lo único que necesitaba para poder dormir tranquilo, al menos una noche, descansar con tranquilidad — Gwen! — Comenté mostrando “molestia” de forma cómica — ¿Cómo puedes pensar eso de mí? Yo nunca entraría como un caballo desbocado — Comenté dejando ir un segundo de silencio antes de reír — Bueno, puede que un poco — Exclamé riendo.

Asentí con la cabeza ante las anotaciones de Gwen e hice un saludo miliar — A sus órdenes capitana, yo le sigo! — Comenté mientras sonreí — ¿Qué tienes en mente, Gwen? —
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Gwendoline Edevane el Jue Mayo 24, 2018 3:23 pm

En otro momento, con algo más de tiempo, me gustaría poder ofrecerle a Kyle alguna lección de verdad sobre cómo pasar desapercibido. Nunca había tenido que huir de la justicia, o lo que en estos días en el mundo mágico se conocía cómo justicia, pero conocía gente que sí. Gente cómo Sam, quién no solo había sufrido en sus carnes las consecuencias de que te atrapen. También conocía a Beatrice, pero el ejemplo de Beatrice no era el mejor: por mucho que intentase buscarle una lógica, no conseguía comprender cómo esa chica había logrado seguir en libertad tanto tiempo. La discreción no era su mejor aliado.
Kyle aceptó que debía, por lo menos, cubrise la cabeza. Ese pelo no solo era un problema por el hecho de que le viesen mortífagos, puristas o simples cazarrecompensas que buscaban dinero fácil. También era cómo un maldito faro, y además multicolor. Cualquier muggle que observase cómo el pelo de un niño empezaba a cambiar delante de sus ojos se pondría histérico. Bueno, en caso de que el muggle estuviese bajo los efectos de alguna sustancia prohibida, esas drogas que algunos consumían, quizás lo pasase por alto. Pero cualquier ser humano coherente y racional se sorprendería, o por lo menos no permanecería impasible ante tan extravagante hecho ocurrido delante de sus ojos.
Pese a todo aquello, a que había suavizado un poco el tono con que hablaba a Kyle, me costó bastante encontrar el humor en una situación potencialmente peligrosa para él. Escuché su broma con una expresión inexpresiva en el rostro, y a pesar de que matizó que se trataba de un comentario satírico, no conseguí encontrarle la gracia.

—Tu seguridad no es ninguna broma, Kyle.—Le dije con firmeza, y pensando que tal vez debería suavizar un poco el tono, terminé esbozando una leve sonrisa. Kyle tenía suerte de que mi mal humor no durase demasiado.

Y entonces sugirió irse de compras, conseguir alguna gorra de Batman, la payasa esa "amiga" del Joker que se llamaba Harley Quinn, o de algún equipo de baseball. Supuse que aquello sería una cuestión de gustos, pero estaba segura de que una gorra que tuviese algún dibujo de la payasa antes mencionada sería demasiado llamativa y coloridad cómo para considerarse un equipamiento óptimo para alguien que se escondía de la justicia. Pero bueno, pequeños detalles, no iba a ponerme a darle clases en aquel momento, pues había otros asuntos más apremiantes. Así que me limité a asentir con la cabeza.

—Haz sentir a tu hermano aún más orgulloso manteniéndote con vida. Nada le pondrá más orgulloso que tener un hermano pequeño vivo.—Le respondí con una sonrisa cálida esta vez, pues estaba segura de algo muy sencillo: su hermano preferiría saber que estaba bien, y estaría orgulloso de él siempre. La familia está condenada a esa maldición.

Sonreí a Kyle cuando me aseguró que estaría contento conque no le abandonásemos aquellos a quienes quería. No podía hablar por todos los demás, pero en mi caso, sabía que no entraba en mis planes dejar tirado a ninguno de mis seres queridos. Y Kyle, para su fortuna o su desgracia, ahora formaba parte de ese grupo de los llamados "seres queridos de Gwendoline Edevane". Haría todo lo que estuviese en mi mano por cuidar de los integrantes de ese grupo, y me confortaba saber que no estaba sola en aquella labor.
No respondí a aquello con palabras, si no con una cálida sonrisa y una caricia que revolvió el pelo de Kyle. Y entonces pasamos a planear la acción. Kyle debía reunirse con su chico, un encuentro que ya demasiado tiempo se había pospuesto. ¿Y qué plan tenía? Pues bueno, no uno demasiado sólido, pero era lo mejor que había.

—No me hagas recordarte cómo has llegado corriendo, anda...—Le dije, alzando las cejas de manera cómica ante sus comentarios. Claro que pensaba aquello de él: le había visto comportarse así, y menos mal que no le había seguido ningún mortífago o cazarrecompensas.—Bueno, no es un plan demasiado elaborado, si te soy sincera. En realidad, ni siquiera lo llamaría plan, pero es lo que tenemos dadas las circunstancias.—Suspiré profundamente, negando con la cabeza ante el entusiasmo de Kyle, quién me llamó capitana y se puso a mis órdenes.—Verás, en algún momento, Nick ha de salir. Ya sea a tomar el aire, ya sea a sacar la basura, saldrá. Mi idea es apostarnos en el callejón trasero del hostal, el único lugar al que se atreverá a asomarse si piensa cómo un fugitivo que es, y esperar a que salga. Una vez que lo haga... podréis hablar.

Mi otro plan, el original que tenía, iba a incluir elementos que no funcionarían. El principal: Kyle no dominaba su metamorfomagia lo suficiente. De haberla dominado, cómo Steven Bennington, el hermano de Beatrice, podría cambiar totalmente de aspecto. Y cambiando de aspecto, podría asumir una identidad falsa, "arrestar" a Nick, y una vez fuera, desvelarse cómo quién realmente era.
Pero no, aquello no serviría, pues cómo se denotaba por nuestra anterior conversación, Kyle necesitaba un profesor de metamorfomagia para, cuanto menos, dominar los cambios de color aleatorios de su pelo.
Así que nos pusimos en pie y nos encaminamos hacia 'El Caldero Oxidado'. Los nervios empezaron a jugar en mi contra...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Kyle Beckett el Dom Mayo 27, 2018 10:25 pm

Ser serio era algo de lo que carecía bastante, podía entender muchas cosas, podría saber entre otras lo que estaba bien o estaba mal, sin embargo sabía de sobras que con el tema que hablaba con Gwen no era para bormear, era consciente de que estaba en peligro, de que cualquier cosa que hiciera podría matarme, podría llevarme a Azkaban, podría enviarme al área M, podría costarme la vida misma, la libertad. En cierto modo todo aquello era una mierda, no poder ser quien quería ser era algo agotador, algo que realmente me frustraba, odiaba tener que esconderme y no poder hacer mi vida normal. Todo aquello, todo aquello ya no era la vida que siempre había soñado.

Tras ver el rostro inexpresivo de Gwen, deje escapar una leve sonrisa nerviosa mientras asentía con la cabeza ante sus palabras, que aunque no fueran con un tono duro, era levemente autoritario, era consciente del peligro el cual estaba viviendo, era todo muy duro, siempre intentaba ver las cosas buenas, buscar un punto de humor a las cosas, sin embargo, me daba cuenta de que todo lo que hacía, todo lo que quería hacer, siempre estaba prohibido por ser un fugitivo, por ser mago, ya a día de hoy nada podría hacerse. — Sé que mi seguridad no es ninguna broma Gwen, siento haber bromeado, no era mi intención — Comenté con un tono dulce acompañado de una leve sonrisa.

Tras aquella pequeña pausa un poco tensa, intente desviar los temas de la conversación nuevamente a como cubrir mi cabeza, si bien era el caso, quería una gorra, una nueva de hecho, aunque el comprar una gorra nueva que no fuese un gorro, era un tanto complicado para mí, no es que no me gustasen, simplemente que yo no era el chico de las gorras, claro está que aquel cuya cual tenía mil gorras era siempre mi hermano, y a veces mi hermana usaba sus gorras para sus fotos de Instagram, como no, era la pija de la familia, pero bueno, era la única chica de la familia y quería hacerse notar, y a veces, aunque para mi gusto fuera tan diva, amaba su forma de ser.

Comenté el tipo de gorras que quería comprarme, la verdad, es que tenía unos gustos un tanto peculiares a la hora de elegir complementos, si me sacabas de mis gorros, la verdad ya no sabía que tenía que hacer, o más bien que comprar, así que dije las opciones que tenía para las gorras, Harley Quinn, de ellas tenía tantos tipos de gorras, negras, rojas, rosas, azules, con rombos, mezclas de ambos colores, y como no sacando de la clásica Harley, las demás eran llamativas, pero por suerte, Gwen me aconsejo de la mejor manera que pudo — Genial, entonces supongo que podría comprar alguna gorra de baseball, hay pequeñas tiendas que conozco las cuales solía comprar con mi hermano, o más bien me arrastraba al principio, pero se dónde se encuentran y no suele transitar mucha gente, más bien lo úncio que hay son fanáticos del baseball — Comenté riendo, puede que aquel lugar fuera la única zona lejos de mortifagos y caza recompensas.

A veces, en ciertas ocasiones de la vida, no hacen falta palabras para explicar, decir, o hacer sentir algo. Tras comentarle a Gwen que no quería estar solo (y aun sabiendo que no me iba a dejar estar solo jamás) Su mirada y su sonrisa hicieron que las palabras sobrasen, no dijo nada, tan solo sonrió de aquella manera y me dio una leve caricia en al cabello, con ternura le sonreí de oreja a oreja mostrando una de mis mayores sonrisas a la contraria, como mi madre decía, “una mirada, vale más que mil palabras”.

Cuando saco el tema de recordar que había llegado corriendo, desvié la mirada a un lado observando una simple farola — Bueno…eh…no volverá a ocurrir — Comenté mirando a Gwen a los ojos riendo de manera nerviosa.

Me incorporé de nuevo escuchando “el plan” de Gwen, al parecer su idea era esperar a que Nick saliese de aquel sitio. Tenía razón y lógica, en algún momento debería de hacer un descanso, relajarse, tomar el aire, vaya, lo típico, por eso que necesitaba encontrar la manera de hablar con él, y realmente, aunque no fuera un plan muy elaborado, para mí era más que suficiente — Me parece correcto, aunque…deseo y espero que no haya ya hecho su descanso — Comenté riendo de forma dulce.

*

Poco después de ponernos detrás del callejón del hostal, me quede pensando en todo lo que podría llegar a pasar, era raro volver a ver a Nick, es decir, saber que estaba bien, vivo, que en parte estaba teniendo un trabajo, realmente me alegraba por él, al menos tenía la edad suficiente como para trabajar.

La puerta trasera del hostal se abrió un par de veces pero no salía nadie, solo se escuchaban risas y se volvía a cerrar, realmente me iba a salir el corazón por la boca, todo aquel estrés hacía que mi pelo estuviese blanco y verde, aunque bueno, al menos gracias al gorro solo se podían ver algunos pelos.

Sin embargo en una tercera apertura de la puerta, escuche a un hombre diciéndole a alguien que le daba solo “5 minutos de descanso”. Mire a Gwen y me encogí de hombros sin saber si sería o no Nick, aunque cuando se cerró la puerta observe aquella cabellera castaña, me puse de pie sin pensarlo antes de dar un par de pasos, no dije nada, no podía. Aunque en ese momento cuando Nick se giró se quedó de piedra al verme, hubo un silencio frio, antes de que el contrario se tirase hacia mis brazos levantándome dando una vuelta — Dios! Pensé que habrías muerto, pensé que había pasado algo malo…— Comentó el castaño temblando con lágrimas en los ojos.

Sorneí, con mis mejillas empapadas acariciando su rostro secando las lágrimas de este sonriendo — Yo pensé lo mismo de ti…—Exclamé antes de darle un tierno beso en los labios.

Nos quedamos unos minutos abrazados, sin decir nada, supongo que ambos tendríamos muchas preguntas, muchas las cuales ahora no nos daría tiempo de responder. Nick me bajo de sus brazos y observó a Gwen — Tu. Tú eras la mujer de hace un rato, la que estaba en el hostal — Comentó este asintiendo con la cabeza al verla, realmente Nick recordaba los rostros de las personas con tan pocos segundos de verlas, eso era bueno, a mí me costaba lo suyo.

Mire A Nick unos segundos y asentí con la cabeza — Ella es Gwen, es mi “hermana” mayor, es muy buena Nick, y ella me ha ayudado a encontrarte…— Comenté sonriendo mientras este le dio las gracias por todo, más no le faltaba al castaño ponerse de rodillas y agradecerle de esta forma, sin embargo su tiempo se agotaba y tenía que volver, este me miro y me beso la frente — Gracias de nuevo Gwen, y por favor, evita que Kyle se meta en líos, es demasiado despistado, inocente e imprudente — Comento este mirándome mientras alzaba una ceja a modo de “queja” por lo que había dicho — Kyle, haz caso de lo que te diga Gwen y sobre todo, nunca te metas en líos, nunca hagas alboroto y nunca vengas solo por aquí, y sobre todo, haz caso a Gwen — Dijo mientras me quito un poco el gorro y me revolvió el pelo rojo y morado el cual estaba puesto en ese momento — Te quiero pequeña antorcha — Comentó para besarme e irse dentro de nuevo.

Tome aire, y me gire para Gwen yendo poco a poco a esta para abrazarla con fuerza — Muchísimas gracias… de verdad — Comenté con los ojos llorosos mientras los secaba con mi manga de la chaqueta — Ahora mismo soy el chico más feliz de este mundo, gracias — Comenté riendo de forma tierna.
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Kyle BeckettFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Mayo 31, 2018 4:10 pm

Los minutos en aquel callejón trasero transcurrían a la misma velocidad que si de horas se tratase: horriblemente lentos, y por un momento, tuve intención de atajar aquello entrando en el hostal y sacando a Nick de allí. Pero si por algo me he caracterizado siempre, ese algo es mi paciencia. Y no, la paciencia no consisten en que el tiempo se te pase más rápido que a una persona impaciente, si no en tu manera de sobrellevar esta lenta percepción del tiempo que experimenta la mente humana cuando se aburre, o se ve obligada a esperar a que suceda algo.
Allí estábamos, Kyle Beckett y yo, en la parte trasera de un hostal, esperando. Me había cruzado de brazos y apoyado la espalda en la pared, y tuve tiempo suficiente cómo para replantearme mi vida: ¿qué hacía yo allí? ¿Con un niño fugitivo? ¿Esperando a otro niño fugitivo? Aquello era surrealista, y por algún motivo, ya no me sorprendió lo más mínimo que mi vida hubiese adquirido semejante cariz. Muchas cosas habían cambiado en los últimos meses, y me veía haciendo cosas que antes ni soñaría con hacer. ¿Para ejemplo? Hacer frente a un cazarrecompensas en su propia casa y recibir a consecuencia de ello una maldición Cruciatus. ¿O quizás debería remontarme un poco más atrás y recordar Hogsmeade, y esa desastrosa primera misión para la Orden del Fénix? El duelo con Cameron Becher había sido muy "entretenido", pero meses antes ni se me habría ocurrido hacer frente a una cosa cómo aquella. Y había tenido suerte de sobrevivir.
La puerta que daba al hostal se abrió por un momento, llamando mi atención y arrancándome de aquel mundo que solo se encontraba en mis pensamientos. Al exterior se escuchaba el bullicio, posiblemente, de la cocina del hostal, y risas divertidas. Acto seguido, por el hueco entre la puerta y el umbral salió la colilla de un cigarrillo, todavía encendida, que rebotó en el suelo antes de caer en un charco, dónde se apagó con un siseo.

—Por lo visto pueden fumar dentro, pero no tirar las colillas.—Dije entre dientes, en un tono de voz tan bajo que más fue un comentario para mí que para nadie.

Y la espera continuó un rato más, hasta el punto en que me puse a comprobar una y otra vez la hora que era, tanto en mi reloj de pulsera cómo en el reloj de mi teléfono móvil, casi cómo si esperase que uno de ellos se equivocase y en realidad hubiese pasado más tiempo del que en realidad había pasado. Me tuve que recordar a mí misma que daba exactamente igual el tiempo que transcurriese, pues aquello sucedería cuando tuviese que suceder, de manera aleatoria. Y de nuevo empecé a replantearme mi vida, allí sentada.
Tenía que hablar las cosas con Kyle. Tenía que decirle cómo serían las cosas de aquel momento en adelante. Decirle que aquello no funcionaba porque no estaba bien. Su familia estaba preocupada, y yo les estaba ocultando lo que sabía. Incluso Sam me había dicho que no podía encubrirle. ¿Y por qué lo había hecho? Porque tenía miedo de que huyese... Pero ya me daba igual, porque un niño cómo él no tenía mucho lugar al que ir. Si se lo decía a su madre, supongo que se enfadaría conmigo, y si aún así se negaba a volver a casa, se ocultaría en el refugio. De todas formas, estaría a salvo. Pero yo, en lo personal, no podía seguir haciendo aquello. Notaba una angustia en mi interior cada vez que accedía a reunirme con él que resultaba muy difícil de soportar.
Suspiré profundamente, pensando si debía aprovechar aquel momento para decírselo finalmente... pero fui interrumpida. La puerta se abrió, en esta ocasión de verdad, y al exterior salió el muchacho, ese que ya había conocido en mi anterior visita a "El caldero oxidado".
Se abrazaron y besaron, mientras yo observaba en silencio. Profundamente incómoda y sintiendo que allí, por lo menos, sobraba uno de nosotros tres. Una, en concreto. Así que me obligué a apartar la mirada, mirándoles solo cuando se dirigían a mí.

—Es un placer conocerte... esta vez bien, Nick.—Dije con una leve sonrisa, todavía meditando acerca de todo lo que segundos antes perturbaba mis pensamientos.

Si tengo que describir aquel encuentro de alguna manera, lo cierto es que me pareció un tanto... frío. Yo era experta en ser fría y distante con gente con la que no tengo confianza, pero aquello fue demasiado. Incluso para mí. ¿Ya estaba? ¿Nick se iba, de esa manera? Cuatro consejos, principalmente que me hiciese caso y que se cuidase, y de la misma manera que había llegado volvió a meterse dentro. ¿Cuanto tiempo había estado con Kyle? ¿Dos minutos? Aquello fue... anticlimático, cuando menos.
Kyle me habló y me dio las gracias, y si bien yo todavía estaba sorprendida por lo fugaz de aquel reencuentro, esbocé una leve sonrisa para disimularlo. Me dio un abrazo, y se lo devolví, pero seguía sin entender todo aquello. Bueno... cada uno tiene su forma de demostrarse amor, supongo.

—No hay de qué, Kyle. Me alegra que seas feliz.—Le dije, cuando se separó de mí, acariciándole ese pelo multicolor que lucía en aquellos momentos. Entonces, me puse un poco más seria.—Terminado esto, tenemos que hablar. Esta vez, en serio.—Inspiré profundamente, y dejé escapar el aire lentamente, antes de seguir hablando.—Sabes que te quiero, que eres parte de mi familia, que nunca voy a abandonarte...—Ahora es cuando viene el pero...—...pero no puedo seguir haciendo esto. No puedo seguir viéndote a espaldas de tu familia. No puedo ser tu amiga cuando debería decirles a tus padres que sé dónde estás, que he sabido dónde estabas todo este tiempo. —Hice un esfuerzo por mantener mi rostro serio, y no sonar dura en mis palabras.—Si alguna vez me necesitas, voy a estar ahí para ti, por supuesto. Pero no te voy a guardar más el secreto.—Negué con la cabeza para apoyar mis palabras.—Quizás te parezca mal y te enfades, pero te aseguro que de estar en mi posición, lo entenderías.

En aquella situación, ya desde el principio, no podía estar de los dos lados: o bien apoyaba las locuras de Kyle, o bien ayudaba a su familia. Hacía demasiado tiempo que no tenía contacto con Beatrice Beckett. Yo no había sido una gran niñera, nunca, y cuando ocurrió toda la locura del cambio de gobierno, ni quise saber nada más de nadie más. Me encerré en mí misma, y toda posibilidad de cuidar de los otros dos niños Beckett la descarté de inmediato. Mi mundo se había desmoronado y no quería saber nada...
Pero cuando le dijese a Trice lo que sabía, y que había estado ocultándoselo todo durante tanto tiempo, sabía que lo poco que quedaba de nuestra relación se iría a pique. Es lo que hay, Gwendoline. Debiste haber sido prudente y habérselo dicho todo desde el principio. Me tocaba enmendar mi error...
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Kyle Beckett el Vie Jun 01, 2018 10:51 pm

La verdad es que sentía una extraña sensación, quizá el tiempo que debía de estar con Nick tenía que ser mucho más largo, tenía que ser como siempre había deseado desde que el contrario desapareció de mis brazos, desde que se separó de mi lado, sin embargo me di cuenta de que aquello no funcinaba así, supongo que el contrario tenía mucho trabajo, había sido un reencuentro frío y corto, sin más me había dado cuenta y era consciente, pero con saber que estaba bien me era más que suficiente, realmente quizá con solo haberle visto, con tan solo verle de lejos y saber que era él me hubiera sido más que suficiente.

Cuando el mayor entro dentro de nuevo no pude negar dejar escapar un leve suspiro, de tristeza y frustración, aunque en cierto modo estaba feliz y muy contento por haberle podido ver, por saber que estaba vivo, saber que realmente Nick estaba vivo trabajando en un lugar donde parecía seguro, al menos para mis ojos es lo que era, sin embargo no me negaba a querer verle más veces, pero como le había prometido, no iría a verle ya que era peligroso rondar por esas calles, por otra parte, también tenía la promesa de Gwen “No llames la atención” tampoco podía jugármela en ese lugar.

Tras girarme abrace con fuerza a Gwen con una enorme y tierna sonrisa, la verdad es que le debía tanto a Gwen, le debía tantas cosas, no sabía cómo realmente podía darle las gracias a Gwen de todo aquello, creo que no había palabras para poder definir aquello, no había emociones algunas para poder expresar tanta gratitud por los actos de ella, realmente Gwen era más que una amiga, era como una hermana mayor más, como Bea.

Sin embargo, después de aquel reencuentro y aquella sensación dulce que me había dejado saber que Nick estaba vivo, hizo que aquella “leve charla” de Gwen me pillase por sorpresa, dejándome unos segundos en silencio saber lo que estaba ocurriendo. Poco a poco fui entendiendo las cosas, Gwen era como de mi familia, sí, lo era, pero mi verdadera familia estaba entre la espada y la pared, estaba realmente agobiada por no saber mi paradero, sin saber si estaba vivo o no, sin saber que realmente estaba a salvo.

¿Realmente podía seguir metiendo a Gwen en aquella bolsa de mierda? Por así decirlo, tener a Gwen a mi lado sin que le dijese nada a mi madre, sabía que mi madre trabajaba con Gwen y eso la llevaría a una tensión muy rara en su entorno, sabía más o menos como era Gwen de correcta y sabía que hacer lo que le pedía que hiciera no estaba bien.

Sonreí de forma dulce mientras asentía con la cabeza — Sé que tengo que volver con mi madre, sé que tengo que volver a verla y que ella me necesita…— Comenté de forma dulce y tierna mientras alzaba la vista al cielo mirando aquellas nubes — Te prometo…que voy a verla Gwen — Comenté mirándola a los ojos con una dulce sonrisa — Voy a armarme de valor y a ir…donde ella va siempre…sé que lo debía de haber hecho antes, pero tenía miedo — Comenté.

Tras unos pocos segundos sonreí a Gwen de forma dulce sonrojándome de manera leve — Voy a hacerlo, pero…aún no sé cuánto, pero te prometo que pronto! Lo juro! — Comenté sonriendo mientras poco a poco nos alejábamos de aquel sitio, era mejor no estar cerca de ahí y menos con aquellos cabellos que llevaba, que al poco tiempo de salir del callejón volvieron a ser rubios de nuevo, era hora de volver al refugio, de meditar las cosas, y saber cómo actuar.
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